En esta semana se van a cumplir veinte años desde que se editó este disco:
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Forgemasters – “Track with no name”
Como puedes apreciar, es una pieza de baile sin grandes pretensiones ni calidad suficiente como para ser recordada por sí misma. Sin embargo fue la primera de las ediciones de WARP Records, un sello discográfico que es pura historia de la música dance y electrónica. Y su cumpleaños sí que tenemos que celebrarlo debidamente.
Warp fue fundado en 1.989 por Steve Beckett y Rob Mitchell, propietarios de una tienda de discos en Sheffield y convertidos al acid house, que montaron el sello con la pequeña ayuda que pudieron conseguir de los subsidios estatales, y a partir de ahí levantaron un mini-imperio desde los rescoldos de la escena rave, que se convirtió en el sello independiente más importante de Gran Bretaña desde Factory Records.
Y al igual que esta otra histórica discográfica, las primeras ediciones de Warp se nutrían de músicas que salían de una vibrante escena local, en este caso el minimalista sonido bleep-and-bass del que fueron pioneros gente como Nightmares On Wax y LFO.
Esa música iba envasada en vinilos con una poco trabajada etiqueta blanca y unas tiradas de aproximadamente 500 ejemplares, que los propios fundadores del sello se ocupaban de vender desde el maletero de su coche, en el más puro estilo rave. Y aún a pesar del poco éxito que cosecharon al principio, su persistencia logró el premio.
Cuando comenzamos, lo único que queríamos hacer era sacar discos que matasen por completo en las pistas de baile. En una forma positiva. Y entonces, nuestro quinto lanzamiento entró en el Top-20…
Ese hit fue el primer single de los citados LFO, llamado como ellos mismos, que en 1.990 llegó al Top-20 y fue el primero de los discos de Warp en entrar en las listas de éxitos. Por un breve periodo de tiempo, durante los primeros años ’90, el bleep parecía que se iba a convertir en el nuevo sonido de la juventud inglesa, hasta el punto de que unos maltratadores de altavoces como LFO llegaron a ser superventas. Aunque su cumbre la alcanzaron poco después con el primer y único disco que grabaron como dúo antes de que su fundador, Gez Varley, se fuese en el ’96. “Frequencies” era una obra unificada y perfectamente ejecutada, llena de pistas sobre las discordantes abstracciones electrónicas que el otro miembro fundador, Mark Bell, utilizaría posteriormente en sus trabajos de producción en el “Homogenic” de Björk.
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LFO – “LFO”
A partir de aquello el sello Warp logró mantenerse en un nivel bastante estable, hasta que remontaron definitivamente el vuelo en el ’92, a raíz de la recopilación de música ambient y techno que editaron con el título de “Artificial Inteligence”, en el que presentaban a futuras estrellas tales como Aphex Twin (como The Dice Man), Richie Hawtin (como UP!) o Autechre a una audiencia mucho más amplia, que hizo que el sello variase su fortuna de la noche a la mañana y se estableciese como el hogar espiritual de la música electrónica. Dos décadas después de su inicio Warp se ha transformado gradualmente en uno de los más innovadores y consistentes sellos discográficos de la música dance y electrónica no solo de Gran Bretaña, sino de toda la aldea global que habitamos.

“Artificial Intelligence” fue el primer disco que sacó el techno de las pistas de baile y lo trajo al saloncito de nuestra casa, generando de paso inadvertidamente el término “Intelligent Dance Music”. La música que contenía cambiaba constantemente de vía, saltando de los crujidos breakbeats del “Crystel” de Authechre, al mareante ambient del “Fill 3” de Speedy J, a través de los ofrecimientos inspirados en el sonido Detroit de Black Dog Productions y B12 (como I.A.O. y Musicology respectivamente). La portada era también una buena pista: ésta era música confeccionada con el propósito de que fuese disfrutada en casa, y está envejeciendo notablemente bien. Tú mismo puedes apreciarlo porque tienes el disco completo ahí a la izquierda ocupando una de las pantallas del Radioblogin’.
Desde aquí, y como la historia la hacen sus protagonistas, os iré presentando algunas de las propuestas de todos los que han hecho (y continúan haciendo) de este sello lo que es. Su historia, como todas las historias, ha tenido momentos bajos y amargos, pero Warp ha sabido sobrevivir a una mudanza desde Sheffield a Londres en el 2.000 y a la trágica pérdida de Rob Mitchell debido al cáncer al año siguiente.
Aún sin formar parte del stablishment, nos encontramos en la actualidad con una gran empresa que no busca cosas nuevas necesariamente, sino cosas auténticas y reales; que construye carreras de largo recorrido con sus artistas y que no está interesada en géneros de corta vida que se olvidan pronto. Su catálogo abarca desde los suntuosos Grizzly Bear, a los penetrantes Squarepusher, pasando por los raperos Gang Gang Dance, junto a veteranos del sello como Autechre.
Además, un perdurable interés en lo visual ha visto el desarrollo de Warp Films, que ha mantenido colaboraciones de gran éxito con Chris Morris, Shane Meadow, Lynne Ramsay y Chris Cunningham. Todo esto ha ayudado a establecer una identidad única, tanto musical como visual, la cual es tan distintiva como la de Motown, 4AD, Blue Note o la Factory con la que al principio la comparamos. Tal voluntad de mirar más allá de sus raices en la música dance ha mantenido a Warp en la punta de lanza de la vanguardia; no por nada los Radiohead citaron los discos de Warp como su inspiración cuando grabaron “Kid A”.

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Aphex Twin – “Icct Hedral”
En el terreno del techno underground en el que nos estamos moviendo, ese hombre de la foto de arriba es lo más cercano que podemos tener a una estrella. Es Richard D. James, a partes iguales bromista, visionario y chiflado; el rey de los geekies y un prodigio musical al que conocemos como Aphex Twin, un nombre que ya es virtualmente sinónimo del propio sello Warp, porque su ascenso a la preeminencia en la música electrónica durante los ’90 siguió una línea paralela muy cercana a la del propio sello que nos ocupa, en el que su marca de fábrica encontró su hogar natural.
Para introducirte en su mundo te recomiendo el disco que editó en el ’95, “I care because you do”. Para entonces Aphex Twin ya era celebrado por su habilidad para producir tanto agotadores ritmos para las pistas de baile como evocadores trabajos de ambient, y aquí puedes disfrutarle en todo su esplendor, desde la cinematográfica orquestación de “Icct Hedral” y los descomunales rítmos del chirrido industrial de “Ventolin” al jungle de “Come on you slags!”. El punto en el que las extrañas distorsiones de la realidad de Aphex Twin por fin lograron el reconocimiento merecido por mucha más gente que sus habituales seguidores.
Aunque quizás los no iniciados podéis encontrar su “Richard D. James” como el menos intimidante de los múltiples discos que ha editado en Warp. No es que tenga esquemas diferentes a los demás, pero tiene unas delicadas texturas melódicas que compensan las complejas programaciones percusivas, hasta el punto que dos de sus cortes (“Girl/Boy song” y “To cure a weaking child”) fueron considerados tan comerciales como para ser incluídos después en sendos anuncios de televisión.
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Aphex Twin – “Girl/Boy song”
Otro de los nombres esenciales en el devenir de Warp es el de Andy Weatherall, aunque este hombre nunca ha permanecido demasiado tiempo en ningún sitio; su errática carrera musical se parece más a una sucesión de despedidas creativas. Por eso su segundo disco en este sello, el “Haunted dancehall” de Sabres Of Paradise, poco tenía que ver con el anterior “Sabresonic”. El pulso techno que tenía el primero estaba aquí reemplazado por unos afilados rítmos de hip-hop, una especie de dub que debía tanto a Lee Perry como a Joe Meek… y todo envuelto en una fina atmósfera electrónica… “Tow truck” parece inspirado en la guitarra de Link Wray… “Wilmot” parece un calypso digitalizado… muchas de las cosas de aquellos primeros ’90 ya están superadas y bastante desfasadas, pero este disco todavía suena fresco. Os remito a la otra pantalla del Radioblogín’, donde aparecen todos los cortes que voy citando y no incluyo directamente en esta entrada.

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Sabres of Paradise – “Tow truck”
Otros que han estado en Warp casi desde el principio y ya llevan veinte años de continuos servicios son Nightmares On Wax, tampoco una banda en el usual sentido de la palabra, porque después de la marcha de Kevin Harper se convirtió en el proyecto en solitario de George Evelyn en 1.995, precisamente con el mejor disco que lleva esta firma de las “pesadillas en cera”, “Smokers delight”, en el que revisitaba todas sus primeras influencias: soul, jazz, funk y hip-hop. George Evelyn enlaza cosas de Quincy Jones, The Crusaders y The Main Ingredient para crear unas vibraciones lánguidas que estaban a años luz de sus primeros singles de clara influencia techno. Seguramente no hay mejor ilustración de cómo Warp ha ampliado su rango durante las últimas dos décadas que seguir la carrera de George Evelyn y su proyecto Nightmares On Wax en los ocho discos que ha ido editando desde 1.991 hasta hace justamente un año.

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Nightmares on Wax – “Bless my soul”
La primeriza escena techno inglesa creó extrañas alianzas, y pocas más intrigantes que ésta entre un militar de la Royal Navy reconvertido en programador de ordenadores, Ken Downie, y la pareja de antiguos breakdancers Andy Turner y Ed Handley, que operando desde Londres bajo el nombre de The Black Dog, cultivaron una sombra mística embellecida con referencias al Antiguo Egipto. En el ‘95 editaron un disco llamado “Spanners”, fiel reflejo de lo que te digo; y aunque su imaginería te pueda parecer opaca, su música tiene una exuberancia que te invita a entrar en ella: melodías de sintetizador que ondean como serpentinas a través de un animado house latino (“Barbola work”) y metálicos cortes de guadaña (“Tahr”) conviviendo juntos.
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The Black Dog – “Barbola work”
Una de las joyas más brillantes del catálogo del sello Warp es el primer disco de los hermanos escoceses Michael y Marcus Sandison, “Music has the right to children”, de 1.998. Es el equivalente aural de las viejas películas en Super 8; un éxtasis electrónico compuesto de rítmos espasmódicos, harmonías llenas de fuzz y crípticos samples, con unas cualidades emocionales difíciles de aprehender, que van mucho más allá de los paisajes fumetas habituales del ambiente house, y que te empujan hasta el abismo, pero sin dejarte caer en él.
El sonido rico y conmovedor de Boards of Canada, que así se llama la banda de estos hermanos, es el polo opuesto de ese cliché que quizás puedas tener en tu cabeza sobre que la música electrónica es fría y clínica; éstos son incluso psicodélicos por momentos, y de una importancia seminal en Inglaterra tal como para que canciones suyas como “An eagle in your mind” o “Turquoise hexagon sun” hayan sido una clara influencia en la música de Radiohead posterior a “Kid A”, no tienes más que comparar el “All I need” que la banda de Thom Yorke grabó en el disco “In Rainbow”, con el “Roygbiv” de los Boards que tienes en el Radioblogin’.
Sígueles la pista después también a través de su “Geoggadi”, del 2.002.

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Boards of Canada – “Telephasic workshop”
Y el eslabón perdido entre Boards Of Canada y otra gente que quizás conozcas mejor, como Stereolab, es Broadcast, una banda que emergió desde una escena post-rock de muy corta vida en Birmingham a finales de los ’90, que además de ellos mantenían otros grupos como Pram o Plone, muy inventivos también pero con peor suerte posterior.
En su disco del 2.003, “Haha sound”, mi preferido, los Broadcast grabaron unos temas con gran influencia futuras y retro a la vez… “¿eso puede ser, Carrascus?”… Bueno, si tenemos en cuenta que la etérea voz de Trish Keenan y los riffs del bajo de James Cargill crean una fusión que tiene referencias de Neu!, de los Cocteau Twins y de uno de los primerísimos pioneros de la música electrónica como Raymond Scott, no nos equivocamos mucho al llamar “retrofuturista” a esta banda.
Y aunque ya permanezcan como dúo, Broadcast comenzó grabando como un quinteto, y así puedes oirles en otro de sus grandes discos de tres años antes, “The noise made by people”, y su brillante mezcla de bandas sonoras de pelís de ciencia ficción de los ’50, electrónica etérea, pop del que hacían los grupos de chicas y psycho-rock.

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Broadcast – “Pendulum”
Steve Beckett ha admitido que muchos se despistaron cuando fichó para el sello a un grupo de guitarras como Maxïmo Park, aunque la propia banda no tuvo ninguna duda, incluso su líder, Paul Smith, siempre ha estado agradecido de que Warp nunca intentase venderlos como “los nuevos Radiohead”. Y aunque su sonido, muchas veces más new wave que otra cosa, suena extraño junto al de sus colegas de sello, canciones como “Graffiti” y “Going missing” tienen una vitalidad melódica que no solo les ha llevado a ser uno de los grupos que más seguidores arrastra de toda la escudería a los conciertos, sino que su primer disco, “A certain trigger”, llegó a vender en el año 2.005 más de 300.000 copias tan solo en Inglaterra, lo que es todo un logro para un grupo así.
Quién le iba a decir a Steve que casi veinte años después de sus inicios, Warp iba a tener el primer éxito comercial masivo con un grupo de post-punk.

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Maxïmo Park – “Graffiti”
Una de las virtudes que ha hecho que Steve Beckett haya alcanzado este status con su sello es que además de hacerle caso a su propio olfato musical sabe escuchar a quien le da buenas razones para apoyar a otra gente. Así por ejemplo, tras una recomendación de Scott Herren, miembro de Prefuse 73, otro de los grupos de su sello, Steve fichó a los Battles, un cuarteto de New York en el que figuran el multi-instrumentista Tyondai Braxton y el antiguo batería de Helmet, John Stanier, y que marcaron algo parecido a una desviación de la norma, incluso para los standards habituales de Warp. Por una parte, no sonaban como el hip-hop arty habitual de Herren, que fue quien les recomendó como ya te dije; en vez de eso, empujados por los atronadores riffs de la batería de Stanier, ejecutaban complejas y radicales síntesis de krautrock, jazz experimental, y ese sonido que ahora llaman “stoner”, que practican grupos como Queens of Stone Age.
Y en directo deben ser igualmente sorprendentes, ya que alguien con un tan buen demostrado criterio como Brian Eno le ha dicho a Steve Beckett que Battles son la mejor banda que ha oído en la última década.
De momento, en directo tendremos que esperar a que Vidal nos los traiga alguna vez al “Territorios Digitales”, ya que el año pasado no los vimos en el FIB; pero grabados los tienes en plena forma en su disco “Mirrored”, editado hace un par de años, y en el que aún a pesar de que a veces suenan muy cercanos a Van Der Graaf Generator o Gentle Giant, se ve que estos Battles son también del palo de Aphex Twin o Squarepusher a la hora de sentarse ante la mesa de mezclas o de sus ordenadores y decir “…vamos a ver qué pasa si tocamos aquí…”.

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Battles – “Atlas”
Y ya que hemos mencionado los “Territorios Digitales”, en su programación de este año estuvo el concierto de Daedelus, un dandy experimental que está a la cabeza de una intrigante escena electrónica alternativa californiana, junto al extraño remezclador que es Nosaj Thing y al maestro del laptop Steve Ellison, al que conocemos mejor por su nombre de trabajo, Flying Lotus, sobre todo tras ser aclamado el año pasado por su febril remix del single “Reckoner” de los Radiohead.
Pues bien, Flying Lotus, después de una serie de ediciones en el sello americano Plug Research, fue fichado también por Warp, donde ha editado el disco “Los Angeles”, absolutamente recomendable, y con unos arreglos percusivos de Ellison que hacen que no tengan sentido alguno las divisiones entre electrónica, hip-hop y jazz; temas como “Beginners falafel” y “Golden diva” podrían ser un brillante eslabón entre el difunto productor de hip-hop J Dilla y el Miles Davis de los años ’70.
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Flying Lotus – “Beginners falafel”
Y no sé si habrás observado que las últimas obras que te estoy presentando del sello Warp están hechas por americanos en lugar de por ingleses. Esto es porque Steve Beckett, comparando las escenas musicales de Inglaterra y Estados Unidos, piensa que en la actualidad hay mucha más profundidad al otro lado del Atlántico. Por eso no es tampoco sorprendente que el fichaje de más éxito de los que recientemente ha hecho Warp es el cuarteto de Brooklyn encabezado por el cantante Ed Droster y el guitarrista Daniel Rossen, que está adquiriendo fama a pasos agigantados con el nombre de Grizzly Bear.
De ellos puede decirse que son también aventureros sónicos, de otra forma posiblemente Steve los hubiese dejado pasar, pero están enraizados en las tradiciones clásicas del rock y el pop americanos, y su tercer LP, el “Veckatimest” de este mismo año, conecta influencias tan dispersas como los Beach Boys (“Two weeks”) y el jazz improv de David Axelrod (“Fine for now”) en una forma tan irresistible que ha calado en la gente tanto como para salir disparado al Top-10 de la lista de ventas americana.

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Grizzly Bear – “Two weeks”
Como introducción, creo que puede servirte lo leído y escuchado hasta ahora. Si tienes interés en conocer a fondo la historia y trayectoria del sello, Rob Young escribió un libro sobre él, llamado “Warp”, que te recomiendo también.
Y el resto, a partir de aquí, es el futuro…