GLORIA O MUERTE

Un beso, Angie. Este post es para ti.

Seguramente en Sevilla no se había visto a nadie con los pelos color naranja hasta que apareció Nacho por aquí. Aquello debió suceder allá por 1984 y se había venido desde Vigo aburrido de aguantar las manías de primadonna de Alberto Comesaña en el grupo Semen-Up. Claro que al venirse aquí las cambió por las de José María Sagrista en Círculo Vicioso y para poder llevar él mismo la voz cantante no tuvo más remedio que fundar su propia banda.

La moneda cayó de cara cuando la echó al aire, por eso esta historia que estamos comenzando a contar no es la de una banda llamada El Reverendo Perkins y su Fiel Iglesia, sino que la suerte quiso que su nombre fuese PARAPLÉJICO Y LOS MONOS.

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“La casa de los monos”

Nacho Fernández era batería de vocación, pero se tuvo que reconvertir en guitarrista poco virtuoso porque siempre pensó que para dirigir un grupo es necesaria una guitarra. Pero aunque en Parapléjico y Los Monos ya se atreviese a coger este instrumento para sacar adelante las canciones que previamente había compuesto con una vieja guitarra de palo a la que solamente le quedaban dos cuerdas, sus inicios como componente de bandas de rock los hizo sentado ante los tambores.

Y la primera de todas fue una banda heavy llamado Epsilon. Porque Nacho además de batería de vocación, también era heavy de vocación, pero a base de darse caña con los punkies de su ciudad se dio cuenta de que, al fin y al cabo, con quince años que tenían todos, tampoco eran muy diferentes los unos de los otros, y en Vigo, tras el bombazo de Siniestro Total primero y de Golpes Bajos después, el mundo de la música parecía mucho más divertido del lado de los de las crestas… pero no tuvo demasiada suerte, el sexo y las drogas no molaban tanto si a cambio uno tenía que pelearse constantemente con Alberto Comesaña. Y además, ¿para qué sirve ir de poeta, como iba ése, cuando uno puede decir que su chica le gusta y es lo más importante del mundo con solo cantar sobre su culo al bailar…?

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“Eva”

Y como en Lugo no pegaba una banda como la que Nacho hubiese querido montar, se vino a Sevilla. Por aquí anduvo en Concierto Grosso y en Los Moderados antes de sustituir en la batería de Círculo Vicioso a Francis Romo, que se tuvo que ir a marcar el paso. Vale que Sagrista no era ni la décima parte de chungo que Comesaña, y vale también que la música de Círculo Vicioso era mucho más honesta que la de Semen-Up, pero Nacho seguía teniendo que estar a lo que dijesen los demás y respetar la imagen que marcaba la compañía multinacional que les tenía en su escudería… y las limitaciones nunca fueron algo que tuviesen que ver mucho con él.

Por eso comenzó a componer y a montar su propia historia; habló con Miguel Ángel Redondo, que era compañero suyo en Círculo Vicioso, para que le ayudase con su guitarra a tapar las limitaciones que él tenía con la suya y le dio un toque al Rama para que se ocupase de la batería. De cantante puso a un amigo suyo, peluquero, el Jesús; pero enseguida se dio cuenta de que aquello era un error porque aparte de no tener imagen ni nada, cantaba peor de lo que podía hacerlo Miguel Ángel, que ya tenía experiencia de haberlo hecho en Refugio, otro grupo anterior… ¿os imagináis que banda tan rara…? un guitarrista que cantaba a duras penas, otro guitarrista que apenas sabía tocar y un batería… ni siquiera tenían bajo… lo cierto es que si lo que Nacho quería era salirse de lo convencional, con estos primeros Parapléjico y Los Monos lo consiguió por completo. Los conciertos eran un descontrol total, en los que más que la música primaba la risa: reírse de sí mismo y de los demás; con el público conectaron a la primera.

Pero había que ir más allá, había que experimentar y buscar sonidos nuevos, abrirse a más tendencias, pero eso sí, siguiendo siempre a los Cramps y a los Ramones. La banda se remodeló entrando el Alfonso (Yoni para los amigos y El Mutante para los no tanto) como cantante, así conseguía más diversión en el grupo, que al fin y al cabo era lo que Nacho siempre quiso; lo abría a la improvisación y al espectáculo, porque el Yoni, aparte de buena voz, tenía un gran enganche con el público.

Y otra buena elección que hicieron por entonces además de ésa, fue buscarse de manager a Guillermo Garrigós, otra figura de la escena musical de aquellos años que también habría que reivindicar más a menudo por su empeño en que todas las bandas sevillanas a las que llevaba por entonces sacasen la cabeza al menos como los 091, con los que también tenía mucho contacto, o por haber reconvertido más tarde la fábrica de turrón de su abuelo en los estudios Central, donde tantas otras bandas locales tuvieron la oportunidad de grabar su música. Nacho tenía muchos proyectos, y alucinaba por un tubo con ellos, pero todo se quedaba en labia; él controlaba el arte, pero de ninguna manera hubiese podido controlar el comercio de no haber tenido a Guillermo para eso.

Y así el grupo se fue asentando. Su música siguió basada en las melodías de los sesenta, pero con guitarras mucho más fuertes y pasionales, e incorporaron nuevos elementos, abrieron las puertas al heavy que siempre le gustó tanto, pero no a Iron Maiden o a Europe… “para eso mejor la música disco, que al menos te hace bailar…” decía, sino a los clásicos, Purple, Zeppelin; al glam, a Johnny Thunders… eso hizo que algunos comenzaran a hablar de Parapléijico y Los Monos como una alternativa a Dogo y Los Mercenarios, pero en realidad los parecidos solo eran Thunders, el Silvio y el Rock and Roll; frente al Iggy de unos, estaba el pop de los 60 y el glam de los otros; frente a la onda guitarrera fuerte de unos, estaban las guitarras más heavies de los otros… además, Nacho nunca tuvo la magia divina del Dogo para las letras, lo suyo eran historias más simples… ya sabéis, “pasamos la noche en un motel y volví a partir su culo…”

El Nacho y el Yoni. Tras ellos, Miguel Ángel CV. (Escaneo de uno de los fanzines “Trilita”)

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“La chica de la Harley gris”

Yo hago rock; diferencio claramente lo que es rock y pop, son dos formas de vida. Los rockers somos chicos depresivos, con experiencias duras, con sangre demasiado cerca, vicios, amigos muertos… duros, muy duros, pero de corazón blando; a quien se quiere, se quiere bien.

De todas formas, hasta este momento Parapléjico y Los Monos no pasaba de ser una banda supeditada a los compromisos de dos de sus componentes principales con otra de mucha mayor actividad, como era Círculo Vicioso. El punto en el que se rompió este status-quo, que duró un poco menos de dos años, lo marcó el concurso de rock “Provincia de Sevilla” del que hablamos en el anterior post. Se presentaron porque pensaban que podría ser divertido, pero sin ningún aliciente más, pero una vez allí… “nos lo llevamos de calle, para eso somos mucho más guapos”.

Y aunque no se lo llevasen de calle, porque el jurado tardó más de dos horas en decidirse, sí que tuvo razón Nacho pensando que iban a ganarlo. Aunque al final se quedasen sin premio porque WEA les prohibió grabar el maxi-single que había para el grupo ganador, porque les interesaba más que él y Miguel Ángel se centrasen en Círculo Vicioso. Aquello fue la gota que desbordó el vaso de su paciencia; entre que su pertenencia a Círculo hacía que Parapléjico tuviese que estar parado mucho tiempo y que la forma de vida que llevaban hacía que los malos rollos menudeasen en el interior de la banda, apenas un par de conciertos más después del concurso, entre ellos aquél de protesta por el cierre de los bares que terminó con la policía pidiendo carnets a diestro y siniestro y con los heavies dándose de hostias por las esquinas, Nacho anunció que decidía terminar con el grupo.

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“Todos bailan”

Pero aquello no fue un punto final, sino un punto y aparte, porque lo que hizo Nacho fue reconstruir la banda con gente nueva. Solamente mantuvo a su lado al Rama en la batería y esperó a que Jesús Arispont terminase sus compromisos madrileños para que se uniese a ellos tocando, por fin, el bajo. No volvió a meter en el grupo a otro cantante, pensó que el único que le podía dar todo el sentido a las letras que había escrito era él mismo, y se puso a ello. La verdad es que lo hacía peor que el Yoni, pero cantaba lo suyo y creía que lo hacía de forma más personal, más auténtica.

Ése fue desde entonces su gran caballo de batalla, conseguir en directo la autenticidad que reflejaban unas letras que hablaban de lo que pasaba todos los días..

Si tengo que abrirme en canal como el cantante de los Christian Death, lo haría; si es necesario, me sacrificaría; ahora no se sabe dónde está, si loco, si internado, o dónde. Yo entiendo que lo hiciera, por pasión sería capaz, lo haría…

Parapléjico fue un grupo inestable desde siempre, y puede que ése incluso fuese uno de sus mayores alicientes. Cada una de sus actuaciones podía ser tan desastrosa como vacilona; eso de ensayar durante mucho tiempo no iba con ellos, es más, el error en el escenario no solo estaba permitido sino que era casi obligado, así pensaba Nacho que cada persona se esforzaría lo máximo en escena. La música se fue arropando más con el acompañamiento de los saxos de los hermanos Aquiles y Gautama Del Campo, pero él seguía tocando la guitarra bastante mal y decidió abandonarla por fin. Se hizo cargo de ella Tony Barea, que venía de Ley Seca. Después se fueron los saxos y entró otro guitarra más, Miguel Ángel Montero, de Dulce Venganza…

Aquiles y Nacho. Por cierto, ¿sabíais que el padre de Aquiles es el autor del mosaico del estadio del Sevilla?

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“Pat Rem”

Pero las patadas del caballo y los bocados del mono estaban pasando de vueltas a Nacho, y su fuerza y ferocidad comenzó a mostrarse también fuera de los escenarios.

No soy nada hippy. La violencia es una forma de expresión importante; mira los chavales dando caña, solo con violencia se consiguen cosas. A mí, cada vez que quiere me para un policía, si me piden papeles me avío, pero si no me dejan entrar en El Corte Inglés y se lo digo a un madero se lleva riendo toda la tarde. Cada vez que muere un policía, un alma más al infierno.

Una actitud que contrastaba con la de los demás miembros de la banda… Jesús Arispont me dijo por entonces que estaban pensando en que sería mejor cambiarle el nombre al grupo porque lo de “Parapléjico” podía molestar en un momento determinado a algunas personas. Aquello no tenía futuro.

Y cayó el telón sobre Parapléjico y Los Monos tras apenas dos años y medio de existencia, con tan solo cuatro maquetas (mal)grabadas, una canción plastificada en el single que acompañaba al fanzine “27 Puñaladas”, un puñado de conciertos memorables y otros no tanto y el status de ser uno de los grupos míticos y malditos de ésta Sevilla nuestra.

Nacho lo intentó durante algún tiempo más, formando grupos casi fantasmas… Rey Muerte, Doctor Muerte… en los que se rodeaba de músicos de bandas tan correctas como los Amos del Mundo o los Tiernos Mancebos, que se ahorraban el dinero del psiquiatra descargando con él en el escenario los malos rollos.

Puede que fuese la depre que le entra a la gente por Navidad, pero poco después de pasar la de 1988 Nacho dejó para siempre Sevilla y se fue a Berlín. Allí estuvo viviendo en una casa de okupas hasta que nos llegó el rumor (aunque convertido en certeza felizmente rectificada en los comentarios de este mismo post) de que el sida terminó con él sin haber llegado a cumplir siquiera los veinticinco. El Yoni sí que se fue para siempre hace unos años.

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“Degeneración al sur”

La última banda de Monos: Jesús, Rama, Nacho, Miguel Ángel DV y Tony.

ESTO ES SEVILLA, AQUÍ HAY QUE MAMAR… FANGO

Nunca me imaginé que por una de las destartaladas puertas de la acera derecha, según se viene desde Sevilla a Triana, de la calle San Jacinto, se pudiese acceder a un solar tan inmenso como era aquél de la antigua Hispano Aviación. Enorme, como todo lo que había allí, incluyendo la magnífica cubierta metálica, diseñada y construida por el mismísimo Eiffel, bajo la que actuaron los diez grupos que se clasificaron para la fase final del “I Concurso de Rock Provincia de Sevilla”, los días 26, 27 y 28 de febrero de 1987.

Aquello lo organizó la Fundación Luis Cernuda, con la colaboración del Ayuntamiento y se recibieron 64 maquetas de grupos de toda la provincia, que se encargó de reducir a diez finalistas un jurado compuesto por dos representantes del Área de Juventud y Deportes de la Diputación y del Ayuntamiento respectivamente, más tres miembros destacados de los medios sevillanos: Luis Clemente, que ya por entonces había comenzado a publicar el “27 Puñaladas”; Enrique López, uno de los comentaristas musicales más recordados de la ciudad, por entonces con su programa en Radio Cadena y que actualmente nadie sabe dónde anda y Blas Fernández, que mantenía el mejor (y probablemente el único) programa en el que se daba cancha a los grupos de rock locales en Radio Aljarafe, la emisora municipal que además estuvo retransmitiendo en directo todo el concurso; así que si la humedad no se ha encargado ya de destruirlas, aún habrá interesantísimas cintas musicales en algún olvidado archivo de Tomares.

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Reincidentes – “Andalucía entera”

Los Reincidentes fueron los primeros en actuar, abriendo la semifinal del jueves, seguidos por Baldomero Torre y sus Cuchillos Afilados, Garganta Seca, Los Flatillos Volantes y Vuelta al Negro. El viernes subieron al escenario Hospital Psiquiátrico, Numerus Clausus, Etiqueta Negra, Arden Lágrimas y Parapléjico y los Monos. El sábado, la gran final, tocando de nuevo los cinco mejores grupos de los dos días anteriores. Y cada una de las noches un fin de fiesta con una banda invitada, que fueron respectivamente La Frontera, Danza Invisible y The Lords of the New Church. El viernes también participó en el montaje final el grupo sevillano Alto el Fuego, algo que muchos vieron como una muestra de publicidad gratuita para una banda que no se había presentado en sociedad siquiera y que ya había gozado del favor previo del Ayuntamiento para grabar un maxi con dinero municipal.

Porque no creáis que todo fueron beneplácitos para este certamen. Al contrario que los posteriores (y ya comentados en este blog) que organizaron los dueños de un par de bares, arriesgando en el empeño su propio dinero, para organizar éste se contaba con un presupuesto que salía del bolsillo de todos los contribuyentes sevillanos, y que ascendía a la cantidad de siete millones de pesetas de las de entonces… y éste fue el kid de la cuestión: las voces discordantes clamaban que si se suponía que el fin del concurso era ayudar a los grupos a entrar en el mundo de la música, en el mercado… ¿por qué emplear toda esa pasta para que saliera a flote de la mierda uno solo de los grupos, mientras los demás iban a seguir hundidos por la carencia de buenos equipos, de buenos locales de ensayo y de salas donde tocar? Con esos siete millones de pesetas se podían haber organizado 70 conciertos por año, en el que todos los grupos, además, hubiesen cobrado por tocar; mientras que de esta forma solo habría un par de ellos que se llevasen cien mil y setenta y cinco mil pelas, que más o menos debería ser el pago normal por las dos actuaciones que hiciesen… y todos hubiesen cobrado similares cantidades de dinero si la mayoría de éste no se hubiese empleado en sueldos de organización y administración, en alquileres de suelo y equipos y, sobre todo, en los pagos a los grupos estrellas que vinieron a actuar como ganchos…

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Numerus Clausus – “No decidas”

Y el caso es que a las voces discordantes no les faltaba razón. El sábado, día en el que se celebró la final, la gente seguramente asistió en su mayoría a ver a Lords of the New Church, para los que hubo una considerable cantidad de público, que previamente había pasado por completo de ver a los grupos sevillanos, que en realidad eran la razón de ser de todo aquello. A uno se le caían lagrimones de impotencia viendo como Numerus Clausus subían al escenario para comenzar la final, y en la explanada había más personas encargadas de la seguridad que espectadores… y eso que todo comenzó con un considerable retraso, porque de otra forma mucho me temo que hubiesen actuado solamente para la gente que les estuviese oyendo desde su casa a través de Radio Aljarafe, y para los dos o tres que, desde la mesa de grabación, controlábamos la retransmisión.

Abro aquí un inciso para alabar la visión de los oyentes y currantes de Radio Aljarafe, porque durante los dos días previos a la final, mientras actuaban los grupos semifinalistas, se organizó una encuesta para que votasen por sus favoritos, y fue asombroso comprobar cómo, aunque el orden final no coincidiese del todo, eligieron para la final a las mismas cinco bandas que eligió después el jurado: Numerus Clausus, Arden Lágrimas, Etiqueta Negra, Parapléjico y los Flatillos Volantes recién creados por el Sitín, y que se subían a un escenario aquí por primera vez, al igual que también lo habían hecho los Reincidentes (que aún siguen su trayectoria) y los Garganta Seca del desaparecido Kike López (ningún parentesco con el miembro del jurado de su mismo nombre). Mi voto fue para Parapléjico y Los Monos, con lo que ya comenzaba a funcionar (botón de irónico autobombo en “on”, please) mi característica habilidad para encontrar la aguja en el pajar, como se demostró posteriormente con la Compañía Malpaso en el concurso del Bourbon y Bar-Bería. Así que ya sabéis quienes fueron los ganadores del concurso. De ellos nos vamos a ocupar extensamente en el próximo post, y tendréis fotos, biografía y música.

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Flatillos Volantes – “Bajo las ruedas”

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Etiqueta Negra – “De prisa de prisa”

Tras dos horas de no ponerse de acuerdo en el resultado del concurso, por fin los clasificados en segundo y tercer lugar, Arden Lágrimas y Etiqueta Negra (por cierto, la única banda finalista que no era de la capital, sino de Gines, y de la que por su sonido se decía que era el grupo “más madrileño” de todos los de por aquí), recibieron los cheques por las cantidades mencionadas anteriormente, y para los vencedores el primer premio del concurso era la grabación de un maxi-single, con la edición de mil copias del mismo, para darlos a conocer discográficamente… pero…

¿Conocéis vosotros algún concurso en el que el premio se repartiese entre los finalistas, en detrimento del ganador? Pues poco más o menos eso es lo que ocurrió aquí. Resultó que Parapléjico y Los Monos tenía entre sus componentes a Miguel Ángel y a Nacho, que a su vez eran también guitarra y batería de Círculo Vicioso, otra banda sevillana que ya tenía un contrato de grabación con la multinacional WEA, y la postura de esta compañía frente a la grabación del disco de los vencedores fue más que clara: “Que no… y punto.”

El disco de Parapléjico y Los Monos solamente hubiese significado promoción, incluso para los propios Círculo Vicioso, y por ende, hubiese sido beneficioso para WEA, pero se mostraron intransigentes y la respuesta personal que le dieron a sus dos pupilos la contaba el propio Nacho:

Nos dijeron que lo que teníamos que hacer era trabajar más para Círculo Vicioso. Cuando les insistimos decían “no me liéis, no me liéis…”, muy malages. A nivel personal ha acabado mi relación con WEA. Si tuviera que hacer una portada para un disco la haría crucificado. Tengo que mamar fango.

Así que al final el dinero del premio se utilizó para grabar un maxi-single, tal como estaba previsto, pero con cuatro canciones, cada una de ellas aportada por las otras bandas finalistas.

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Arden Lágrimas – “Noches de delirio”

Si en el post que dedicábamos hace poco al otro concurso de rock decíamos que Los Restos terminaron desilusionados por ser siempre los segundos, ¿qué podríamos decir de Arden Lágrimas? Segundos en los concursos de Fuengirola, Ceuta y Salamanca, éste último a nivel nacional y con las cámaras de televisión española por medio… y ahora de nuevo segundos… el mismo día que Nacho decía lo que reproduje anteriormente también decía esto otro:

Si hubiésemos perdido nosotros no pasaba nada, pero los Arden están quemados; no ganar un concurso de tantos es un palo, no le veo futuro a su historia, aunque me gustan mucho. Si sales y no partes, malo. Tienes que ir rápido, rápido…

Y no se equivocó Nacho en sus apreciaciones, y los miembros de Arden Lágrimas se fueron cada uno por su lado después de que con su segunda maqueta tampoco pasase nada. Un día los tenemos que reivindicar con un post desde aquí, porque fueron una de las mejores bandas de esta ciudad durante los primeros años de la segunda mitad de los 80.

Y a pesar de ser un punky de lo más tirado de Sevilla, las palabras de Nacho dejaban entrever que tenía muchísima más sensibilidad en la punta de cualquiera de sus pelos coloraos que este lector de Coria que enviaba una carta al director del ABC.

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Baldomero Torre y sus Cuchillos Afilados – “Volando en un deportivo rojo”

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Vuelta al Negro – “Mi obsesión”

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Garganta Seca – “El sureño”

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Hospital Psiquiátrico – “Balada a un puerco”

LA GRAN ZORRA LOS PARIÓ

En un comentario del post anterior habló Epi tan bien de mí, que ahora no tengo más remedio que corresponderle dedicándole una entrada en este blog a la COMPAÑÍA MALPASO.

Pero no, no lo hago por eso en realidad, sino porque este grupo fue uno de los tres o cuatro mejores que tuvimos en Sevilla a finales de los años 80 y durante los primeros 90 y es de justicia que reciban el reconocimiento debido por ello. Y esto que digo no es un juicio de valor lanzado a la ligera por mi parte, sino que sus méritos se basaban en tres pilares fundamentales: el sonido, la técnica y el concepto. Vamos a intentar dar fundamento a esto que decimos…

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“Algo se ha roto”

En esta ciudad teníamos por aquel entonces un montón de bandas con un catálogo de estilos que más o menos eran un breve compendio de la Historia del Rock… sí, sí, así con mayúsculas; no tienes más que prestar oído al radioblogin’ que tienes ahí al lado… rockabilly, 60s, blues, heavies, punkies, power pop, rock cañero, rock babosillo, incluso… sin embargo, Compañía Malpaso no prestaba atención a los libros de Historia del Rock, sino a las revistas que contaban la actualidad, y por eso su sonido era único. El grupo se encontraba conectado estilísticamente con la mejor vanguardia de la escena indie de los 90 (Epi siempre ha mantenido que a pesar de que nació en 1988, Compañía Malpaso era una banda de rock de los 90), y no eran encuadrables en ninguna escuela, salvo la integrada por la gran familia del rock.

Ellos ofrecían un sonido compacto, sin fisuras, en el que todos los instrumentos “sonaban” y eran reconocibles. Sus componentes tenían técnica. Epi era el que más llamaba la atención con su abrasiva guitarra, pero el conjunto no sería el mismo sin el bajo martilleante de Paco en la segunda etapa del grupo, o en la primera el bajo más agudo de Chiqui, ecualizado de forma diferente y usado casi como una segunda guitarra. Dani, el batería, no tenía influencias conocidas, y su labor consistía en aportar el sensorround apropiado para completar la pared de vatios sobre la que el Chuma tenía que hacerse oír. Y lo conseguía. Chuma, que no tenía ninguna experiencia previa como cantante y la Compañía Malpaso fue la primera banda con la que cogió el micro, supo aprovechar todos los años que estuvo en ella para ir moldeando perfectamente su voz desgarrón a desgarrón. En directo eran una máquina poderosa que arrojaba verdaderas andanadas de rock, obuses de alto calibre.

Y dicho todo esto, nos queda el concepto. ¿Qué se suponía que debía ser una banda de rock de los 90? La vinculación del rock con causas sociales y políticas sonaban ya inevitablemente a rancio y polvoriento en una época en la que el único ideal de la juventud comenzaba a ser poder tener un curro para vivir, o al menos para pagarse las copas. Lo único que honestamente se le podía pedir al rock era que su música hiciese vibrar una cuerda sensible dentro de quien la oyese. Ya no se trataba solo de buenas canciones (que en el repertorio de la banda había muchas) sino de ideas legítimas, de buen sentido, de que una banda de rock no tenía por qué implicar posturitas fotogénicas, ni consignas aburridas, ni toneladas de watios para encubrir sesos resecos ni música para tontos de baba. Sevilla, que había sido una de las primeras ciudades españolas en recibir el impacto del nuevo lenguaje musical que era el rock, estaba llegando a la mayoría de edad con grupos que habían abandonado todo el ropaje y se habían quedado con la sustancia del rock; algunos de ellos están en la mente de todos, pero hubo también otros que apenas tienen algunas líneas en los libros, revistas e internet, como es el caso de Compañía Malpaso, o poco después, de Rhinozeros, que tras ofrecer el puesto de guitarra a Epi y rechazarlo éste porque bastante trabajo tenía ya con su propia banda, lo ocuparon con David, que ya no la tocaría más en unos desilusionados Restos.

El Chuma.

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“Fuego”

Así pues, Compañía Malpaso se hicieron un hueco entre un notable grupo de fieles sevillanos; no es que estemos hablando de un estereotipo, sino de gente que escuchaba a los mismos grupos de rock de los 90, que iba a los mismos conciertos, a los mismos bares, y que compraba los mismos discos… y rizando el rizo, me atrevería a decir que incluso los compraba en la misma tienda… y aunque los seguidores de los Malpaso tenían las mismas pautas, poco más o menos, la vida termina siempre por darte sorpresas, y una de ellas fue ver a Chuma una noche corriendo apurado, perseguido por un grupito de seis o siete quinceañeras a la caza de un autógrafo después de su actuación en el Lago de la Cartuja.

Al igual que ocurría con Chuma, la Compañía Malpaso fue también el bautizo sónico de Chiqui, el bajista, pero Epi y Dani ya estuvieron juntos en una banda anterior, Retrato de una Dama, que incluso llegaron a editar un maxi-single en 1986 con cuatro canciones en las que la guitarra de Epi ya comenzaba a agobiar y a distorsionar. Después de un rodaje previo su carta de presentación fue una primera maqueta que reflejaba la frescura y el descaro de una gran banda de rock.

La bola de nieve comenzó a adquirir velocidad el 6 de noviembre de 1989, la noche que demostraron en la sala SAL de Sevilla ante los cientos de espectadores que habían ido a ver a los New Christs, que ellos también eran un peligro eléctrico real. En directo siempre desplegaron un poder exuberante, aunque no siempre tenían el control de la situación… cuando no estaban sumergidos en una tormenta de deformados riffs, respirando vida en el interior de algún rítmo de finales de los 70, o generando un feedback frenético, es que estaban dando la bronca con algún enorme y buen rock…

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“Tus labios” (En directo en “SAL de Sevilla”, 6-11-89)

Sus conciertos eran una lección de espontaneidad y carácter que les llevaba a moldear el sonido golpeándolo mientras el hierro todavía estaba al rojo vivo, para convertirlo en una espesura sónica que algunos llaman… ruido… uff! salió la palabra… mira que si después de todo tenía razón el jefe de aquel programa de Canal Sur Televisión que les privó de ser los ganadores del concurso que organizaba… la música es la sucesión de sonidos modulados para recrear el oído; y la Compañía Malpaso no intentaba recreártelo: las letras querían obligarte a que demuestres que no eras tú el que fallaba en el sistema, la sección rítmica pretendía crisparte los nervios y provocar tu salto y los acoples, zumbidos, discordancias y riffs de guitarra te taladraban, te dejaban con un mono enorme de otro chute de… ruido… de sonido inarticulado y confuso más o menos fuerte… ruido… una vez le pregunté al Chiqui: “Tío, ¿por qué hacéis ruido en vez de música…?”. “Porque en el fondo estamos amargados”, me contestó. “Pero no lo consideramos ruido, son nuestros sentimientos traducidos a música.”

Ya lo ves, así era la música de la Compañía Malpaso; si buscabas en las profundas oscuridades emocionales que había por debajo de los decibelios ten por seguro que podías oír misteriosos ecos de tus propias pesadillas. El rock que hacían era atemporal y eterno, poseía la valiosa sustancia de la que están hechos los sueños, el sostén de la vida. Tan simple como eso. Tan simple como la gran música que es el rock.

Con el premio del concurso del que hablamos en el post anterior y algo de dinero más que pusieron ellos, fruto de sus actuaciones, se fraguó su único disco, un miniLP, que sin embargo no era la primera aparición de la banda en vinilo, ya que anteriormente se habían incluido un par de sus canciones en la recopilación “Singles del año 90” que editó Trilita. Este disco, “Hijos de Dios”, era una apuesta perfecta para entrar en el club de los que se reparten la tarta, sin tener que dar a cambio nada de su espíritu underground; estaba lleno de canciones crudas, pero calientes, con abundantes destellos de accesibilidad.

No puedo negar que guardo especial predilección por ese disco, ya que cuando lo grababan, los Malpaso decidieron incluir en él la canción que unos meses antes habían compuesto a petición mía para que fuese la sintonía del programa de radio que yo hacía por entonces, “El Trip de las 5”. Alguien con bastante mala baba me dijo una vez que sonaba igual que algo de Sonic Youth. Esa banda era, claro, uno de sus obligados puntos de referencia, pero no hay nada malo en tener influencias; Compañía Malpaso por supuesto que las tenían, pero sabían estar por encima de ellas, por eso yo prefiero decir que “El Trip” es una de las grandes piezas que Sonic Youth nunca llegaron a hacer…

El Chiqui.

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“El trip de las 5”

Pero a pesar de todo, Compañía Malpaso nunca llegó a ser la llave para que se fraguase el cambio fundamental que parecía haber en la naturaleza de la música rock sevillana. Llegó el 92 y la mayor parte de las bandas que todos conocíamos estaban desencantadas y con sus componentes dedicándose a otra cosa que les permitiese llevar una vida adelante; al igual que el sello Trilita, que era el que más vida les daba, las bandas de rock caían una tras otra y el relevo (Colectivo Karma, indies del Aljarafe…) todavía no había llegado… ¿no es un claro retroceso que las bandas que más se pudieron mover por la escena sevillana todos esos meses fuesen de nuevo las que hacían el blues de siempre?

La Compañía Malpaso sufrió un parón entre el 92 y el 93, periodo durante el cual tuvieron que cambiar de bajista. Entró en la formación Paco Muñoz, quien, con algunas diferencias, pero se mantenía en el estilo del Chiqui. Con él reaparecieron en la sala Rrio teloneando a Lagartija Nick, para después dar el concierto mencionado antes en el Lago de la Cartuja, dentro del concurso para bandas locales organizado por Circuito Base. Mientras iban recargándose de energía después de la prolongada actividad, iban también dando forma a nuevas canciones que posteriormente verían la luz en otra maqueta llamada “Anemia”; canciones que, como siempre, irían firmadas por Compañía Malpaso, ya que eran de todos, porque entre todos les daban la forma final a las ideas, acordes y riffs que en los ensayos venían de Paco o de Epi; las letras, en la mayoría de los casos eran del propio Epi o de Viki, su mujer.

Fue por entonces cuando le pregunté a Epi que hasta donde pensaban llegar con el grupo. Lo que me contestó hablaba por sí mismo de cómo sería el final de Compañía Malpaso:

Piensa que uno ya va siendo bastante mayor como para dejar el trabajo y meterse de cabeza en estas historias. Las cosas salen como salen, eso está claro. De momento, lo más a lo que podemos aspirar es a meternos en el local y currárnoslo duro, ensayar hasta que tengamos otro montón de temas y luego ya veremos a dónde vamos con ellos…

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“Mientes”

El Epi.

DETRÁS DEL JARDIN DE LA FLOR DEL MAL

Jose Casas, 1985Le conocí por primera vez en una fiesta de nochebuena que alguien se había animado a convocar en un piso de Rochelambert, allá por 1984. Huyendo del ruido del tocadiscos en el salón, acabé buscando refugio en la cocina y allí se encontraba él también, en silencio, ajeno a aquel jolgorio. Confieso no haber tenido ni idea de quién se trataba, y eso que había visto a su grupo al menos tres veces en directo y casi otras tantas en “Tropical Express” de RTVE, pero siempre me había quedado con las pintas de Alvaro, el cantante, o de Pacoco, el bajista. En aquellos días, los HELIO solían atraer a sus conciertos a los pocos “mods” que había en Sevilla, con sus parkas, motocicletas y cuadraditos en blanco y negro. Y así fue que las primeras palabras que crucé con él fue preguntarle si también era un mod. A lo que me dijo sin dudarlo que no, que éso sería encasillarse en un solo tipo de música y a él le gustaba demasiado todo el pop y el rock como para andar excluyendo. 22 años después, ese amor por toda la mejor tradición pop sigue siendo la marca de fábrica de Jose (así, con el acento en la “o”) Casas. Y se nota…

Jose Casas 2006

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Jose Casas – Plasticland

Con más de un cuarto de siglo haciendo musica por puro gusto (el no vivir de ello le ha evitado no pocas servidumbres y callejones sin salida), en el 2003 se permitió el lujo de aplicar un estricto control de calidad a los cientos de canciones que tenía escritas y elegir las ocho (escritas en inglés, algo muy poco frecuente para Jose) que componen su primer Cd en solitario, “Plasticland”. Esta vez declinó llevar la voz cantante y le pasó el micro a Chencho Fernández (Smoking Kills) y a José Romero, quien ha permanecido junto a él como parte de la banda que el viernes 26 hace su presentación en directo en la sala “Sevilla Suena”, y que han bautizado como “La Pistola de Papá”. Jose reconoce que la experiencia es más un ensayo ante el público que un concierto propiamente dicho, y que la idea es ir dándole rodaje a las cerca de veinte canciones (cuatro de ellas versiones) que tienen montadas.

La Pistola de Papa

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Jose Casas – Bo Diddley Kidnaps

Con tantos años dedicados al pop y al rock, no es que Jose Casas haya sido cocinero antes que fraile: es que ha pasado por todo el convento. Hagamos un repaso rápido. Nominalmente, estuvo dedicado a HELIO entre 1980 (cuando sólo eran tres crios de Torreblanca que ensayaban con “guitarras de palo”) y 1995. En medio, cualquier parón forzoso le sirvió a Jose para buscar vias alternativas, y anduvo como miembro fundador de dos de los mejores grupos sevillanos de los 80: ARDEN LAGRIMAS y RELICARIOS. En los primeros años 90, los HELIO vuelven a pillar fuerza, llegando a grabar primero dos sencillos y luego dos Lps (“COMBUSTION” en 1992 y “RETRATO DE FAMILIA” en 1993) para el sello Trilita. Tras la sequía generalizada de actuaciones en Sevilla a partir de 1993, HELIO decide ampliar el negocio con otro nombre paralelo y así montan THE NEW WAVE BAND, que se anticipa en una década a todo el revival de los años 80 que ahora tenemos. El último intento de los HELIO, ya en 1995 y con algún cambio de personal, se llamó LA FAMILIA BOMBA, y resultó efímero: a estas alturas, el resto de los miembros tenía ya demasiados compromisos (familia y trabajo entre otros) como para gastar energía en bandas de pop y rock. Todo ello sin perder nunca la amistad de casi tres décadas a golpe de conciertos y ensayos, como muestra la foto de abajo, tomada en la primera presentación del disco de Jose.

HELIO 20 años después

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HELIO – Dentro de mi Universo

El propio Jose reconoce que durante la segunda mitad de los 90 vivió su propia travesía del desierto y anduvo algo alejado de su carrera musical, hasta que el gusanillo volvió a picarle y, aprovechando todas las posibilidades técnicas de los ordenadores, vuelve a escribir y grabar canciones por su cuenta hasta desembocar en “Plasticland”. El hecho de no contar con una distribuidora y otra serie de problemas familiares le impiden dedicarse en serio a mover el disco hasta el año 2006, cuando monta por fin su propia banda y se hace de su propia página, además del inevitable myspace.

En el estudio

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Jose Casas – Where are my heroes

Respecto a “Plasticland”, confieso que ha sido uno de los discos que servidor más ha disfrutado en mucho tiempo. Aunque si sois juiciosos y no os fiais de mi gusto, teneis tres canciones del mismo repartidas a lo largo de este post. Si os ha gustado, ya sabeis donde podeis escucharlo en directo, el próximo 26 de enero.

Y si os ha gustado mucho mucho, tenemos el placer de anunciaros que BLOGIN IN THE WIND os traerá a JOSE CASAS Y LA PISTOLA DE PAPÁ en el concierto oficial de presentación que tendrá lugar el próximo viernes 20 de abril en la Sala Malandar de Sevilla. Y, de paso, también será nuestra puesta de largo en el mundo real, después de varios meses castigando al respetable con todos estos posts. Así que ya teneis una buena ocasión para que podamos encontrarnos todos. Id reservando la fecha…

VERSIONES PUTATIVAS

No sé si lo hemos dicho ya, pero aquí en Blogin’ nos encantan las versiones: las retorcidas, las directas, las potentes, las irreconocibles, los calcos. Incluso las versiones no reconocidas. ¿Cuáles son esas? Bueno, su propio nombre lo dice, er…las que no indican que se trata de una versión o sample.

Oh, no, por favor, no empleeis esa palabra, de ningún modo. No estamos en círculos académicos. Plagio es lo que hacen Dan Brown y Ana Rosa Quintana. Ésto es algo más sutil, y que está incluso en las raíces de la propia cultura pop.

Los blueseros piden prestados elementos del gospel, los chicos country a su vez toman elementos del blues sin pedir permiso, los urbanitas pillan del soul, y así en este inmenso Patio de Monipodio que es el pop, rock y demás elementos adyacentes. ¿Acaso no fue Ray Charles quien coló de rondón un tema gospel (“My Jesus Is All the World to Me”) para crear “I Got a Woman”, y las bases del soul, rock y todo lo que se menea desde entonces? ¿Y acaso Sam Cooke no hizo lo mismo con “I Got a Woman” y le llamó “Ain’t good news”? Aunque no le sirvió para obtener cien años de perdón, más bien cuatro tiros en un motel de mala muerte… ¿Y no saqueó acaso el pobre James Brown todo el arcón gospel para hacer su “Please Please Me”? ¿Y no le saquearon a él todos los DJs sampleadores del mundo? Y así, seguro, cuando hay mil propuestas que todos podeis Y DEBEIS traer hasta este lugar para que podamos leerlas, ¿quién de entre nosotros está en condiciones de tirar la primera piedra?… Eso me parecía. Amen.

Lo mejor del caso es que no hay que viajar muy lejos para encontrar ejemplos de este tipo de versiones, digamos, putativas. En Sevilla tenemos varios ejemplos. La mayoría de las veces, el autor de la “versión” no es ni siquiera consciente de ello (eso mismo dijo George Harrison en juicio pero no le creyeron, malditos bastardos) y lo único que hace es tirar de su memoria musical, de algún tema escondido en cajones perdidos de su recuerdo. Algo así hizo nuestro mito local, Silvio, quien un día empezó a improvisar en el local densayo la pieza que hoy todos conocemos como el himno extra-oficial del, ejm, Betis, en aquellos días pre-Lopera.

Fantasia Occidental

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Silvio y Sacramento – Betis

En la contraportada del disco aparecía acreditado como “tradicional”. O algo así. Lo cual no dice mucho de la cultura musical de los que andábamos por allí el dia de la grabación, ya que, pocos días después de ver editado el disco, nos dimos cuenta de que tenía un parecido más que sospechoso con una canción de Elvis Presley que fue incluso número 1 en su época: nada de temas oscuros o caras B, si vas a pillar prestado hazlo a lo grande.

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Elvis Presley – His latest flame

Y claro, una vez oídas estas canciones a nadie le extrañará el pasillo cómico que se montó en la Expo del 92 cuando los Scorpions vinieron a tocar al Pabellón de Alemania. El concierto se montó al aire libre en aquellas escalinatas tan apañadas por las que se accedía al Pabellón, y consistió en un set semiacústico en el que el grupo repasó clásicos del soul y el rock’n’roll, entre los que se encontraba “His latest flame”. Había que ver la cara de alucinados que ponían los señores scorpiones mirándose unos a otros sin entender nada mientras cantaban eso de “What else was there for me to do but cry” tapados por algunos centenares de voces garrulas que decían “… y hasta la Real de Sosiedá aa aá…“, y a continuación mientras ellos atacaban la parte instrumental, se veían respaldados por un enorme coro al grito de “Beeeeeeetiiiii… Beeeeetiiiiii“. Inolvidable, oiga.

La Escuela Sevillana, en general, ha hecho siempre buen uso de este tipo de recursos. Así, la propia Maribel Quiñones, alias Martirio, en su exitoso debut del año 86 del brazo de Kiko Veneno y Nuevos Medios, hizo este (peaso de) tema cuya letra, por cierto, sigue siendo actual:

Martirio

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Martirio – Separada sin paga

Aunque aquí sí que más de uno dimos un salto del asiento al escuchar los primeros acordes, por cuanto no había duda en nuestras mentes. Aquello que sonaba era, ni más ni menos, uno de los grandes clásicos del rock. Lo cual, supimos luego, no pasó desapercibido para los músicos de sesión (entre ellos Manuel “Imán” Rodriguez) que participaron en la grabación, ni para los asistentes al “Be Bop”, el club de jazz que había en la calle del Sol. Allí nos reunimos un montón de gente después de uno de los conciertos de la Cita en Sevilla, entre ellos un pesadísimo Kiko Veneno empeñado en que el equipo de música dejase de emitir jazz un rato para que todos escuchásemos la cinta con el disco de su patrocinada. Para cuando el Manolo (“Kiko, haz el favó…! que la gente ya se está aburriendo…“) volvió a poner la música adecuada al lugar, ya eran muchos los que le habían dicho a Kiko que sí, que muy bien, que la chica estrafalaria ésa tenía buena voz, pero que las guitarras de la canción de la separá olían a Lou Reed tela marinera. También le dijeron algunas cosas en referencia a las sevillanas de la “arreglá pero informá”, y a aquello de “méteme goleh”, pero esas son irreproducibles en un blog políticamente correcto como éste.

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Lou Reed – Sweet Jane

Esa noche, en el club también estaba un gitano que ya era muy conocido en Sevilla, pero que aún estaba lejos de convertirse en la estrella que luego fué. Aunque estaba asediado por una preciosa chica en plan groupie, que se empeñaba en que la tocase a ella como hacía con su guitarra, él, con una papalina considerable, prefería pasar de ella y dedicarse a darnos el coñazo a los presentes enseñándonos una y otra vez una ajada foto en blanco y negro que decía que era de su mujer y sus hijos. Lo que nos recuerda que…

…La familia Amador se lleva la palma en cuanto al uso de “samples” de tecnología plana a discreción en sus éxitos. Y la verdad es que comenzaron muy jóvenes. De hecho, podemos encontrar a un jovencisimo Raimundo Amador en “Triana”, el disco grabado para CBS por la Familia Montoya, aprovechando el tirón que una de las integrantes, Lole, estaba teniendo junto a su marido Manuel Molina en aquel inolvidable dúo flamenco. Y en medio de tanta juerga (“Yo no te quiero / tengo en mi casa / genero nuevo”, pregonaban la Negra y Carmelilla en uno de los momentos más inspirados), aparece un tema firmado por Raimundo, su primera pieza en vinilo… con Manolo Rosa al bajo y Antoñito Smash a la batería.

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Montoya – El Polígano

polingano

Pieza que hizo levantar no pocas cejas en su día, dado que aquellos primeros acordes eran, sin lugar a dudas, los mismos que usaron unos mastodontes del rock sinfónico en su momento para una de esas interminaaaaaables piezas con las que mushos se liaron sus primeros canutos.

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Emerson, Lake & Palmer – From the beggining

Aunque, probablemente, el sampleado no reconocido que más proyección ha tenido en la carrera de los Amador fue el que hicieron, en una improvisación de última hora, para darle un estribillo decente a una pieza que grabaron en homenaje a Camarón en aquel disco denominado “Blues de la Frontera” y que fue votado como lo mejor del año y hasta de la década…

blues de la frontera

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Pata Negra – Camarón

Por supuesto, fue imposible disimular el parecido del estribillo con éste otro.

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Eric Clapton – Lay down Sally

Pero así se escribe la historia. Particularmente, queremos decir aquí que todas estas versiones supusieron, como mínimo, una mejora considerable respecto del material original, aunque aquí nos estemos sesgando un poco. Un poco mucho, vale, vale… Si teneis alguna sugerencia de otras versiones putativas por ahí, sevillanas o de donde sea (como esa del “…uno mas uno son sieé teeee…”), ya sabeis donde teneis vuestra oportunidad de hablar.

CERO EN GIMNASIA

Normalmente hemos estado hablando en este blog de grupos o solistas que están a muchos kilómetros de distancia y, normalmente, a muchos años en el tiempo. Hoy quisieramos comenzar una nueva categoría donde hablemos de gente mucho más cercana en el tiempo y espacio. En este caso, aunque recientemente se ha establecido en Málaga, Antonio “Sr. Chinarro” Luque ha pasado la mayor parte de su carrera musical afincado en Sevilla, al margen de que haya o no escena local, o de que ésta se acabase en 1.996 con la salida del libro sobre la “Historia del Rock Sevillano”, que no vamos a entrar en eso, ya que tampoco quedó muy claro en la discusión que mantuvieron en la presentación del mismo su autor (Luis Clemente) y Antonio.

Bien es cierto que ese vinculo sevillano no parece determinante en su obra, ya que quien busque referencias locales entre su musica tendrá que estar atento a los rincones de sus letras y a los arreglos camuflados en sus canciones, sobre todo en los últimos discos. De todos modos siempre han sido más llamativas sus referencias foráneas, a las que alguna vez ha rendido homenaje a nada que alguno de los espectadores de sus conciertos se lo haya pedido a voz en grito: “Love will tear us apart” a capella, o “Polly” el día de la muerte de Kurt Cobain. Y aunque su primitiva pasión por The Cure llegase a ser casi enfermiza, las canciones de Chinarro están lejos de referencias concretas; podríamos decir que es un grupo de mundo. O de mundos: los mundos de Luque.

Aqui Chinarro, aquí un amigo

Es cierto, la música de Chinarro, pasados los años y asentadas las influencias (ahora es él el influyente, acogiendo hasta sus propios grupos más o menos protegidos como Salieri) recuerda, ante todo, a él mismo, el único punkie local auténtico al margen de apariencias y parafernalias. Con lo cual tenemos una rara avis en la escena sevillana, un artista que lleva ya más de quince años con sus ciclos más o menos regulares de discos y conciertos y que no se ha echado a perder, ni ha recurrido a esa frase célebre de “es que tengo que pagar el colegio de los niños” para justificar un cambio de chaqueta, ni siquiera ha trincado posición en el proceloso mundo de la cultura subvencionada. Si no fuera por tantas otras cosas que lo desmienten, se diría que Sevilla ya no es lo que era, con garitos que llegan a los 20 años en activo y cantantes que llevan más de una década y media de carrera sin acabar repudiados.

Directo en Los Conciertos de Radio3

Ya le vale: Chinarro es, repetimos, un mundo en sí mismo, y todos sus discos, que, como podeís ver aquí, ya son unos cuantos, se salvan por propios méritos y por pura media aritmética: desde aquel primer CD del año 1994 (“Sr Chinarro“) hasta el del 2006 (“El mundo según Sr Chinarro“), siempre ha habido unos cuantos que han pensado que aquello era una porquería frente a unos cuantos más que se han dedicado a aprenderse las canciones una y otra vez en su cuarto. Lo mejor del caso es que ambos grupos se van turnando de disco en disco, a tal punto que son pocos los aficionados que coinciden en cuáles son sus discos buenos y cuáles los menos buenos. Ha pasado con sus dos últimos discos, el de 2005 junto a J de Los Planetas y el que él mismo se ha hecho lejos de El Ejercito Rojo: si tuvieramos que guiarnos por la opinión que uno lee, no tendríamos claro si el anterior era un petardo o lo es éste, o si ambos son de lo mejor que ha hecho. Todo lo cual invita, como es lógico, a que sea uno mismo el que los escuche y compare. Y se pregunte de qué demonios va todo esto…

Luque y la movida

A poco que uno se dé una vuelta por la web, verá que hay muchos rincones donde juran y se hacen cruces en el nombre de Antonio Luque, a quien estiman como si fuera de su familia; y uno, superado el trauma de ver tanta muestra pública de afecto, piensa que no sólo es cuestión de karma sino, sobre todo, de lógica. Pues es la lógica quien nos enseña que si un artista lleva en activo tantos años con un chorro de discos sin haber pasado nunca por los 40 o la 100 (sus cauces han discurrido más bien por la 3) entonces tenemos un artista de culto. O, mejor, un artista culto, puesto que su principal baza está en las letras, donde gana por la mano a toda la competencia. Son letras de ésas que dices “¿cómo diantres va a caber eso en una canción?”, pero luego las oyes en su voz y de repente todo tiene sentido. No es de extrañar que tenga tanto devoto suelto…

“Dí la flor de la corona para el reino de la cama
ví el domingo pasar con el dos por ciento de interés
y si llega el lunes, como si llegara el jueves
y si llega el jueves, Calle Feria, qué vendrá después
y si en el arenal despiertas
pasarán las horas muertas
llevas dentro tantos días de Cuaresma
y si en el arenal te acuestas
dejaré la puerta abierta
fuera los botones,
esto no es ningún hotel”
(“Angela” – 2006)

o bien ésta otra, aunque podría servir casi cualquiera de su discografía, además de que cualquiera de sus seguidores tendrá otras favoritas.

Lleva tiempo,
lleva en los bolsillos una recompensa
para quien apriete el gatillo.
Saluda cabizbajo,
sombrero de ala ancha,
teniente retirado allá en sus tierras,
toda la mancha.
Salpica de aceite el traje.
Hay yonquis que aparcan coches de caballo.
Revuelven las pocas tripas
al grito salvaje: “chipirones plancha”.
Quiere teñir los charcos con las gitanillas,
con claveles; fauna, la chiquilla.
Como una bala la calesa en un atajo del circuíto.
El alumbrado deja seca a su señora,
a buenas horas.
Don Mangas Verdes parece del T.B.O.
La pipa de juguete que su empresa
dio por trofeo,
la chaqueta que estrenan vendedores de libros,
catavinos colgando, a Dios rogando,
siempre lo mismo.
Deja un reguero de pólvora, una conversación,
un gran cuento chino.
No convence a la estanquera,
que, sin chiringuito, prende la cartera
y fuma,
que estas cosas ponen muy nervioso,
y lo estudia: un rosco, las espuelas…
Gorra la que lleva el tío de las correas;
tánto bache y él ni se menea.
Como una bala la calesa…
… le importa un pito.
(“El idilio” – 2002)

La explicación de esta última canción, por cierto, aquí.

Con todo este material en su cabeza, no sería de extrañar que algún día algún artista de estos que suelen morar por las listas de éxitos le pida alguna canción para su disco, y le llegue la popularidad que hasta la fecha ha tratado de esquivar. O puede que no, que Antonio siga midiendo sus pasos como hasta ahora y que su trabajo siga siendo un plato exquisito sólo para una clientela dedicada. O puede …que siga desbaratando todas las previsiones que se hagan sobre él.

Directo

Aunque en las entrevistas pueda dar otra imagen, lo cierto es que Mesié Chinarro tiene una relación cercana con los que le siguen, como puede verse con echarle un vistazo a su fotolog o, mejor aún, al de este amigo suyo, para los cuales va nuestro agradecimiento por dejarnos usar las fotos. O incluso, inevitablemente, también a su propio myspace. A diferencia de otros muchos artistas, Antonio no tiene reparo en contestar comentarios y contar cómo le ha ido el día o incluso, oh tempora, lo que ha comprado en el mercado…

LA OTRA OREJA DE VAN GOGH

Hace muchos años, yo hacía un programa de radio los sábados por la tarde. Comenzaba a las cinco. Y antes del mío, a las cuatro de la tarde, se emitía otro que solía programar música similar a ésta:

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Age Wave

Yo iba a la emisora y hacía el programa en directo. Pero el programa anterior era grabado. El tipo que lo hacía solía ir un día entre semana y meterse en un estudio donde lo dejaba enlatado, por lo que aunque llevábamos varios meses saliendo en la radio uno detrás del otro, aún no nos conocíamos.

Una tarde, la canción con la que abrí el programa era de Alan Vega, y la presenté diciendo más o menos que aquello “era el mejor remedio para una indigestión de techno-pop”, que por aquel entonces era un estilo que sonaba mucho.

El problema fue que el que hacía el programa anterior, allá en su casa se había quedado a oír el mío después de terminar el suyo (cosa que solía hacer), y mi frase le sentó fatal porque pensaba que estaba refiriéndome a su programa. Nada más alejado de mi intención, por supuesto, pero eso fue lo que él pensó.

Y desde esa tarde, por todos los bares, garitos y salas de concierto por las que se movía comenzó a preguntar por mí a los conocidos comunes que teníamos: “Quillo, Blas, ¿Quién es el Carrasco hijoputa ese, que mira lo que ha dicho de mi programa?”, “Oye Luis, ¿tú conoces al cabrón del Carrasco y sabes por donde suele parar?”, “Niño, Jóse, si ves que está por aquí el Carrasco mamón ése señálamelo, que lo voy a rajá…”

Así hasta que nos encontramos en un concierto del Fun Club una noche que, gracias a Dios, el tío no llevaba navaja. Los demás ya le hablaban bien de mí, claro, y le decían que seguramente sería un malentendido, pero él no se lo creía del todo hasta que pudimos aclararlo, y a partir de entonces creció entre los dos una amistad que todavía perdura.

El “navajero” en cuestión se llama ANTONIO MURGA y es éste tío raro que podéis ver aquí abajo cobijado bajo un paraguas en una habitación cerrada, contemplando como otro pirado como él estrangula a un bebé mientras están velando a un muerto, al que han vestido de forma muy poco decorosa para tal ocasión.

Ambrosio le conoció aún antes que yo, más o menos en la época en que fue tomada esta foto, cuando Antonio Murga formaba parte del grupo Estertor. Le cedo ahora la palabra a mi colega de blog:

Debía ser allá por el último trimestre de 1985. Por algún motivo que aún no tengo claro, me encontraba compaginando los estudios con la absurda pretensión de escribir un libro sobre los grupos sevillanos de la época, lo que requería ir de entrevista en entrevista. Fueron Eva Tovar y Blas Fernández, como siempre, quienes me pusieron en la pista de una nueva banda que había grabado una maqueta que se hacía notar desde un principio, como si fuese un grano en la punta de la nariz. La banda se llamaba Estertor.

Guitarras abrasadoras, una voz de alguien que parecía ser peligroso y estar muy enfadado y letras… Definitivamente, eso era lo más intranquilizador, al menos para un tipo apocado como menda: proclamaban limpiarse el culo con Jordi Pujol, mandaban a la mierda a unos cuantos canónigos, se revolcaban en la esquizofrenia más aguda, junto con referencias culturales inimaginables para una banda de aquellos días.

Así que, os podeís imaginar, marqué su número de teléfono con bastante aprehensión: imágenes de tipos gigantescos con botas claveteadas, enfundados en cuero, con puntiagudos collares de perros y crestas de mohicano cruzaban mi mente. Para mi sorpresa, la voz del otro extremo parecía muy tranquila. Para mayor sorpresa aún, resulta que los componentes de la banda vivían en mi propio barrio. Rayos, no recordaba haberme cruzado nunca con un tipo de ésos. Pero también es cierto que yo salía poco.

En el dia, hora y lugar señalados para la entrevista, los esquemas se me terminaron de derrumbar cuando por allí aparecieron dos chicos que podían haber estado perfectamente en mi clase. Nada de pinchos, cuero o crestas mohicanas. Es más, aquel día tuve la satisfacción de conocer al lider de aquella banda, Antonio Murga, y de contar con su amistad en lo sucesivo. En los años posteriores, a medida que sus habilidades musicales se expandían, sus aventuras musicales fueron haciendose cada vez más arriesgadas. Con frecuencia, sus fondos musicales transmitían intranquilidad. Como un largo tunel oscuro, aquella música se podía soportar mejor acompañado, con alguien al lado para hacer algún comentario ocasional.

Para mí, siempre será un misterio cómo estos desasosegadores experimentos musicales pueden provenir de alguien tan “buena gente”.

El programa que Antonio Murga hacía antes que el mío se llamaba “La Oreja de Van Gogh”. Una tarde, oyendo la radio en mi coche unos meses (o años, no recuerdo) más tarde presentaron en la emisora que oía la canción de un grupo totalmente nuevo, que se llamaba “La Oreja de Van Gogh”. Mi primera reacción fue decirle a mi mujer, que me acompañaba, “coño, el Murga ha grabado un disco y no me ha dicho ná”. Enseguida me di cuenta de mi error, nada más empezar a sonar la canción.

Antonio todavía piensa que el nombre se lo copiaron. Una de las cosas que él solía hacer era enviar grabaciones de sus programas a un montón de contactos que tenía repartidos por toda Europa, que a su vez le remitían los suyos para que los emitiese aquí, y así se establecía un circuito en el que esta música tan poco convencional se iba extendiendo. Uno de los contactos más fuertes que tenía Antonio, y de los que más colaboraban con él era Cruz Goróstegui, al que curiosamente yo conocía hace años por intercambiarnos cassettes, cuando éste aún trabajaba en una fábrica metalúrgica y no hacía radio ni prensa. Por entonces Cruz ya colaboraba en el Festival de Jazz de San Sebastián y era uno de los pilares de la “cultura”, y tenía un programa de radio muy escuchado en toda esa zona, en el que emitía de vez en cuando los programas que le enviaba Antonio. Es muy normal pensar que a muchos de los que oyesen el nombre de “La Oreja de Van Gogh” éste les llamase la atención, y también es normal pensar que si iban a sacar un grupo musical (aunque de un género bien distinto) pensasen en ponerle ese nombre. Y sí, ese grupo en el que estás pensando es precisamente de aquella zona. Es una pena que ni Antonio ni el director de Radio Aljarafe pensaran siquiera en registrar el nombre.

Desde entonces “el Murga” ha ido editando de forma casera, en formato de cassettes antes, y de CDs ahora, una multitud de proyectos que iba repartiendo entre su círculo, a la vez que iba colaborando en todos los proyectos audio-visuales que le interesaban. Y haciendo radio, su “Espantasiestas” nos ha acompañado muchas tardes en que la música electrónica ha sustituído a la rápida cabezada en el sofá.

“Lemur de ojos tristes”, “Desarraigados”, “Psycholoop”, “Tatix”, “Estrella de Irak”, “Calaveras de colores”… loops, ritmos tribales, electrónicos, psicofonías… Premio a la Creación Audiovisual Andaluza con “Pentálogo Insalvable”… Multitud de exposiciones de mail-art… cuatro poemas visuales que incluyó en el 2º volumen de la “Antología de la Poesía Visual” de Víctor Pozanco en su Biblioteca CYH, Ciencias y Humanidades…

Precisamente de esta colaboración surgió la obra que ahora presenta en sociedad. Es la primera de ellas que Antonio va a editar de forma comercial, al menos en solitario, porque sí que se han distribuido comercialmente varias de las recopilaciones en las que él ha participado.

Y también es una novedad para la editorial, porque no es una casa discográfica; hasta ahora solo ha editado libros, y ésta es la primera vez que los acompaña con un CD musical. No desentona, por supuesto, porque todos los que habían pasado hasta ahora por esta casa tienen esa impronta subversiva e iconoclasta que hace que su arte sea tan marginal.

Y así es también “EL ARTE ENCUBIERTO” de Antonio Murga, un ataque a los poderes fácticos de la política y la cultura, que protesta contra el abuso que éstos hacen de ese poder que poseen, y les dibuja con el tono irónico que podéis apreciar por vosotros mismos en todos estos poemas visuales que reproducimos aquí y que forman parte de la obra presentada, que muestra hasta 80 de ellos.

La parte musical consta de otras 80 piezas cortas, de duración en torno al minuto. De ellas hemos entresacado todas las que ilustran este post. Como podéis oír tambien, son un acompañamiento excelente para este contestatario trabajo. A la primera escucha a mí me han traído reminiscencias de mis queridos Residents. No es casualidad, claro, esta banda también ha sido una clara influencia en la obra de Antonio. Y además, posiblemente las aplicaciones que éste usa de forma casera en su ordenador tratan la música de forma similar a como lo hacían los programas que una banda experimental americana pudiese usar en un estudio en la época en que los Residents editaban, por citar solo un ejemplo, su “Commercial Album”. El párrafo que arriba ha escrito Ambrosio tiene partes que sirven perfectamente para definir la música que contiene “El Arte Encubierto”, no vamos a repetirnos, mejor nos vemos y hablamos de todo ello en “La Carbonería”, el jueves 16, a las ocho de la tarde…