GLORIA O MUERTE
Un beso, Angie. Este post es para ti.
Seguramente en Sevilla no se había visto a nadie con los pelos color naranja hasta que apareció Nacho por aquí. Aquello debió suceder allá por 1984 y se había venido desde Vigo aburrido de aguantar las manías de primadonna de Alberto Comesaña en el grupo Semen-Up. Claro que al venirse aquí las cambió por las de José María Sagrista en Círculo Vicioso y para poder llevar él mismo la voz cantante no tuvo más remedio que fundar su propia banda.
La moneda cayó de cara cuando la echó al aire, por eso esta historia que estamos comenzando a contar no es la de una banda llamada El Reverendo Perkins y su Fiel Iglesia, sino que la suerte quiso que su nombre fuese PARAPLÉJICO Y LOS MONOS.

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Nacho Fernández era batería de vocación, pero se tuvo que reconvertir en guitarrista poco virtuoso porque siempre pensó que para dirigir un grupo es necesaria una guitarra. Pero aunque en Parapléjico y Los Monos ya se atreviese a coger este instrumento para sacar adelante las canciones que previamente había compuesto con una vieja guitarra de palo a la que solamente le quedaban dos cuerdas, sus inicios como componente de bandas de rock los hizo sentado ante los tambores.
Y la primera de todas fue una banda heavy llamado Epsilon. Porque Nacho además de batería de vocación, también era heavy de vocación, pero a base de darse caña con los punkies de su ciudad se dio cuenta de que, al fin y al cabo, con quince años que tenían todos, tampoco eran muy diferentes los unos de los otros, y en Vigo, tras el bombazo de Siniestro Total primero y de Golpes Bajos después, el mundo de la música parecía mucho más divertido del lado de los de las crestas… pero no tuvo demasiada suerte, el sexo y las drogas no molaban tanto si a cambio uno tenía que pelearse constantemente con Alberto Comesaña. Y además, ¿para qué sirve ir de poeta, como iba ése, cuando uno puede decir que su chica le gusta y es lo más importante del mundo con solo cantar sobre su culo al bailar…?

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Y como en Lugo no pegaba una banda como la que Nacho hubiese querido montar, se vino a Sevilla. Por aquí anduvo en Concierto Grosso y en Los Moderados antes de sustituir en la batería de Círculo Vicioso a Francis Romo, que se tuvo que ir a marcar el paso. Vale que Sagrista no era ni la décima parte de chungo que Comesaña, y vale también que la música de Círculo Vicioso era mucho más honesta que la de Semen-Up, pero Nacho seguía teniendo que estar a lo que dijesen los demás y respetar la imagen que marcaba la compañía multinacional que les tenía en su escudería… y las limitaciones nunca fueron algo que tuviesen que ver mucho con él.
Por eso comenzó a componer y a montar su propia historia; habló con Miguel Ángel Redondo, que era compañero suyo en Círculo Vicioso, para que le ayudase con su guitarra a tapar las limitaciones que él tenía con la suya y le dio un toque al Rama para que se ocupase de la batería. De cantante puso a un amigo suyo, peluquero, el Jesús; pero enseguida se dio cuenta de que aquello era un error porque aparte de no tener imagen ni nada, cantaba peor de lo que podía hacerlo Miguel Ángel, que ya tenía experiencia de haberlo hecho en Refugio, otro grupo anterior… ¿os imagináis que banda tan rara…? un guitarrista que cantaba a duras penas, otro guitarrista que apenas sabía tocar y un batería… ni siquiera tenían bajo… lo cierto es que si lo que Nacho quería era salirse de lo convencional, con estos primeros Parapléjico y Los Monos lo consiguió por completo. Los conciertos eran un descontrol total, en los que más que la música primaba la risa: reírse de sí mismo y de los demás; con el público conectaron a la primera.
Pero había que ir más allá, había que experimentar y buscar sonidos nuevos, abrirse a más tendencias, pero eso sí, siguiendo siempre a los Cramps y a los Ramones. La banda se remodeló entrando el Alfonso (Yoni para los amigos y El Mutante para los no tanto) como cantante, así conseguía más diversión en el grupo, que al fin y al cabo era lo que Nacho siempre quiso; lo abría a la improvisación y al espectáculo, porque el Yoni, aparte de buena voz, tenía un gran enganche con el público.
Y otra buena elección que hicieron por entonces además de ésa, fue buscarse de manager a Guillermo Garrigós, otra figura de la escena musical de aquellos años que también habría que reivindicar más a menudo por su empeño en que todas las bandas sevillanas a las que llevaba por entonces sacasen la cabeza al menos como los 091, que también manejaba él, o por haber reconvertido más tarde la fábrica de turrón de su abuelo en los estudios Central, donde tantas otras bandas locales tuvieron la oportunidad de grabar su música. Nacho tenía muchos proyectos, y alucinaba por un tubo con ellos, pero todo se quedaba en labia; él controlaba el arte, pero de ninguna manera hubiese podido controlar el comercio de no haber tenido a Guillermo para eso.
Y así el grupo se fue asentando. Su música siguió basada en las melodías de los sesenta, pero con guitarras mucho más fuertes y pasionales, e incorporaron nuevos elementos, abrieron las puertas al heavy que siempre le gustó tanto, pero no a Iron Maiden o a Europe… “para eso mejor la música disco, que al menos te hace bailar…” decía, sino a los clásicos, Purple, Zeppelin; al glam, a Johnny Thunders… eso hizo que algunos comenzaran a hablar de Parapléijico y Los Monos como una alternativa a Dogo y Los Mercenarios, pero en realidad los parecidos solo eran Thunders, el Silvio y el Rock and Roll; frente al Iggy de unos, estaba el pop de los 60 y el glam de los otros; frente a la onda guitarrera fuerte de unos, estaban las guitarras más heavies de los otros… además, Nacho nunca tuvo la magia divina del Dogo para las letras, lo suyo eran historias más simples… ya sabéis, “pasamos la noche en un motel y volví a partir su culo…”

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Yo hago rock; diferencio claramente lo que es rock y pop, son dos formas de vida. Los rockers somos chicos depresivos, con experiencias duras, con sangre demasiado cerca, vicios, amigos muertos… duros, muy duros, pero de corazón blando; a quien se quiere, se quiere bien.
De todas formas, hasta este momento Parapléjico y Los Monos no pasaba de ser una banda supeditada a los compromisos de dos de sus componentes principales con otra de mucha mayor actividad, como era Círculo Vicioso. El punto en el que se rompió este status-quo, que duró un poco menos de dos años, lo marcó el concurso de rock “Provincia de Sevilla” del que hablamos en el anterior post. Se presentaron porque pensaban que podría ser divertido, pero sin ningún aliciente más, pero una vez allí… “nos lo llevamos de calle, para eso somos mucho más guapos”.
Y aunque no se lo llevasen de calle, porque el jurado tardó más de dos horas en decidirse, sí que tuvo razón Nacho pensando que iban a ganarlo. Aunque al final se quedasen sin premio porque WEA les prohibió grabar el maxi-single que había para el grupo ganador, porque les interesaba más que él y Miguel Ángel se centrasen en Círculo Vicioso. Aquello fue la gota que desbordó el vaso de su paciencia; entre que su pertenencia a Círculo hacía que Parapléjico tuviese que estar parado mucho tiempo y que la forma de vida que llevaban hacía que los malos rollos menudeasen en el interior de la banda, apenas un par de conciertos más después del concurso, entre ellos aquél de protesta por el cierre de los bares que terminó con la policía pidiendo carnets a diestro y siniestro y con los heavies dándose de hostias por las esquinas, Nacho anunció que decidía terminar con el grupo.

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Pero aquello no fue un punto final, sino un punto y aparte, porque lo que hizo Nacho fue reconstruir la banda con gente nueva. Solamente mantuvo a su lado al Rama en la batería y esperó a que Jesús Arispont terminase sus compromisos madrileños para que se uniese a ellos tocando, por fin, el bajo. No volvió a meter en el grupo a otro cantante, pensó que el único que le podía dar todo el sentido a las letras que había escrito era él mismo, y se puso a ello. La verdad es que lo hacía peor que el Yoni, pero cantaba lo suyo y creía que lo hacía de forma más personal, más auténtica.
Ése fue desde entonces su gran caballo de batalla, conseguir en directo la autenticidad que reflejaban unas letras que hablaban de lo que pasaba todos los días..
Si tengo que abrirme en canal como el cantante de los Christian Death, lo haría; si es necesario, me sacrificaría; ahora no se sabe dónde está, si loco, si internado, o dónde. Yo entiendo que lo hiciera, por pasión sería capaz, lo haría…
Parapléjico fue un grupo inestable desde siempre, y puede que ése incluso fuese uno de sus mayores alicientes. Cada una de sus actuaciones podía ser tan desastrosa como vacilona; eso de ensayar durante mucho tiempo no iba con ellos, es más, el error en el escenario no solo estaba permitido sino que era casi obligado, así pensaba Nacho que cada persona se esforzaría lo máximo en escena. La música se fue arropando más con el acompañamiento de los saxos de los hermanos Aquiles y Gautama Del Campo, pero él seguía tocando la guitarra bastante mal y decidió abandonarla por fin. Se hizo cargo de ella Tony Barea, que venía de Ley Seca. Después se fueron los saxos y entró otro guitarra más, Miguel Ángel Montero, de Dulce Venganza…

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Pero las patadas del caballo y los bocados del mono estaban pasando de vueltas a Nacho, y su fuerza y ferocidad comenzó a mostrarse también fuera de los escenarios.
No soy nada hippy. La violencia es una forma de expresión importante; mira los chavales dando caña, solo con violencia se consiguen cosas. A mí, cada vez que quiere me para un policía, si me piden papeles me avío, pero si no me dejan entrar en El Corte Inglés y se lo digo a un madero se lleva riendo toda la tarde. Cada vez que muere un policía, un alma más al infierno.
Una actitud que contrastaba con la de los demás miembros de la banda… Jesús Arispont me dijo por entonces que estaban pensando en que sería mejor cambiarle el nombre al grupo porque lo de “Parapléjico” podía molestar en un momento determinado a algunas personas. Aquello no tenía futuro.
Y cayó el telón sobre Parapléjico y Los Monos tras apenas dos años y medio de existencia, con tan solo cuatro maquetas (mal)grabadas, una canción plastificada en el single que acompañaba al fanzine “27 Puñaladas”, un puñado de conciertos memorables y otros no tanto y el status de ser uno de los grupos míticos y malditos de ésta Sevilla nuestra.
Nacho lo intentó durante algún tiempo más, formando grupos casi fantasmas… Rey Muerte, Doctor Muerte… en los que se rodeaba de músicos de bandas tan correctas como los Amos del Mundo o los Tiernos Mancebos, que se ahorraban el dinero del psiquiatra descargando con él en el escenario los malos rollos.
Puede que fuese la depre que le entra a la gente por Navidad, pero poco después de pasar la de 1988 Nacho dejó para siempre Sevilla y se fue a Berlín. Allí estuvo viviendo en una casa de okupas hasta que el sida terminó con él sin haber llegado a cumplir siquiera los veinticinco. Y el Yoni le siguió también hace unos años.
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Le conocí por primera vez en una fiesta de nochebuena que alguien se había animado a convocar en un piso de Rochelambert, allá por 1984. Huyendo del ruido del tocadiscos en el salón, acabé buscando refugio en la cocina y allí se encontraba él también, en silencio, ajeno a aquel jolgorio. Confieso no haber tenido ni idea de quién se trataba, y eso que había visto a su grupo al menos tres veces en directo y casi otras tantas en “Tropical Express” de RTVE, pero siempre me había quedado con las pintas de Alvaro, el cantante, o de Pacoco, el bajista. En aquellos días, los HELIO solían atraer a sus conciertos a los pocos “mods” que había en Sevilla, con sus parkas, motocicletas y cuadraditos en blanco y negro. Y así fue que las primeras palabras que crucé con él fue preguntarle si también era un mod. A lo que me dijo sin dudarlo que no, que éso sería encasillarse en un solo tipo de música y a él le gustaba demasiado todo el pop y el rock como para andar excluyendo. 22 años después, ese amor por toda la mejor tradición pop sigue siendo la marca de fábrica de Jose (así, con el acento en la “o”) Casas. Y se nota…









Y desde esa tarde, por todos los bares, garitos y salas de concierto por las que se movía comenzó a preguntar por mí a los conocidos comunes que teníamos: “Quillo, Blas, ¿Quién es el Carrasco hijoputa ese, que mira lo que ha dicho de mi programa?”, “Oye Luis, ¿tú conoces al cabrón del Carrasco y sabes por donde suele parar?”, “Niño, Jóse, si ves que está por aquí el Carrasco mamón ése señálamelo, que lo voy a rajá…”
Antonio todavía piensa que el nombre se lo copiaron. Una de las cosas que él solía hacer era enviar grabaciones de sus programas a un montón de contactos que tenía repartidos por toda Europa, que a su vez le remitían los suyos para que los emitiese aquí, y así se establecía un circuito en el que esta música tan poco convencional se iba extendiendo. Uno de los contactos más fuertes que tenía Antonio, y de los que más colaboraban con él era Cruz Goróstegui, al que curiosamente yo conocía hace años por intercambiarnos cassettes, cuando éste aún trabajaba en una fábrica metalúrgica y no hacía radio ni prensa. Por entonces Cruz ya colaboraba en el Festival de Jazz de San Sebastián y era uno de los pilares de la “cultura”, y tenía un programa de radio muy escuchado en toda esa zona, en el que emitía de vez en cuando los programas que le enviaba Antonio. Es muy normal pensar que a muchos de los que oyesen el nombre de “La Oreja de Van Gogh” éste les llamase la atención, y también es normal pensar que si iban a sacar un grupo musical (aunque de un género bien distinto) pensasen en ponerle ese nombre. Y sí, ese grupo en el que estás pensando es precisamente de aquella zona. Es una pena que ni Antonio ni el director de Radio Aljarafe pensaran siquiera en registrar el nombre.
Desde entonces “el Murga” ha ido editando de forma casera, en formato de cassettes antes, y de CDs ahora, una multitud de proyectos que iba repartiendo entre su círculo, a la vez que iba colaborando en todos los proyectos audio-visuales que le interesaban. Y haciendo radio, su “Espantasiestas” nos ha acompañado muchas tardes en que la música electrónica ha sustituído a la rápida cabezada en el sofá.
Y también es una novedad para la editorial, porque no es una casa discográfica; hasta ahora solo ha editado libros, y ésta es la primera vez que los acompaña con un CD musical. No desentona, por supuesto, porque todos los que habían pasado hasta ahora por esta casa tienen esa impronta subversiva e iconoclasta que hace que su arte sea tan marginal.
