Atrapado por el blues de Memphis
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LA SÉPTIMA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

La Cita en Sevilla de 1.990 nació marcada por el mal rollo cuando la verdad es que desde el principio lo tenía todo a favor. Se contaba con un presupuesto de 143 millones de pesetas, de los que la División Cultural de la Expo ’92 iba a aportar 25. Y con las contrapartidas que implicaba esa aportación llegaron las discordias.

La Sociedad Estatal de la Expo ponía a disposición del Ayuntamiento 25 millones para esta Cita y 30 para la próxima, 13 millones más para el programa de Música Antigua de estos dos años, y otros 50 para la Bienal de Flamenco. Y en contrapartida, el Ayuntamiento cedía durante la celebración de la Expo a la Sociedad Estatal de forma gratuita todos los espacios escénicos municipales: el teatro Lope de Vega, el Teatro Alameda, el Auditorio del Prado, el Casino de la Exposición…

Sin embargo la oposición municipal consideró este trato como un “nuevo intento de avasallamiento de la ciudad por parte de la Expo”, y se negó en redondo a firmarlo. En realidad el problema de fondo era que durante 1.991, antes de la celebración de la Expo, habría nuevas elecciones municipales, y como los socialistas estaban ya tan quemados, prácticamente nadie confiaba en que volviesen a tener mayoría y nadie quería que se llevasen ellos los beneficios de estos dos años, y le dejasen la cultura hipotecada en el ’92 cuando el alcalde fuese de otro de los partidos. Jaime Bretón, concejal del grupo popular lo dejó bastante claro al decir que el alcalde Manuel Del Valle sabía que iba a perder esas próximas elecciones y que estaba buscándose un carguito como Consejero Delegado de la Expo, mientras el presidente de ésta, Jacinto Pellón, aspiraba a subir peldaños en la política sevillana: “Si Pellón quiere ser el alcalde de Sevilla, que se presente a las elecciones y las gane”.

A los populares se unieron los andalucistas, porque Rojas Marco aspiraba (cosa que conseguiría) también a la alcaldía, y los de Izquierda Unida, porque, aunque les daba igual todo aquello, se acogieron al viejo aforismo de que “al enemigo, ni agua”.

Por lo tanto el contrato inicial fue rechazado sin ser aprobado y durante varias semanas todos se enzarzaron en guerras particulares, bastante sangrientas algunas veces, hasta que se pusieron de acuerdo en la redacción de uno nuevo que tenía consenso general. Cuando este nuevo acuerdo vio la luz, la prensa nos lo presentó como un triunfo de la oposición, que había obligado al Ayuntamiento a aceptar todas sus modificaciones y enmiendas, y habían logrado un nuevo texto más equilibrado. Los partidos de la oposición brindaban sonrientes, y uno se temía lo peor…

Pero te ponías a leer el nuevo acuerdo… y en realidad la modificación más “importante” que se veía es que donde antes decía “el Ayuntamiento cede el uso de sus espacios escénicos a la Expo”, ahora dice “el Ayuntamiento da prioridad en el uso de sus espacios escénicos a la Expo”. ¿Y para esto tantas hostias y tanta mala sangre? Porque la participación económica de la Expo seguía siendo la misma, y prácticamente todo quedaba igual salvo algún matiz pamplinoso como que en la publicidad, en lugar de poner “Expo ’92-Ayuntamiento”, pondría “Ayuntamiento-Expo ‘92”

Así que para el presupuesto de la Cita en Sevilla se podía seguir contando con los 25 millones de la Expo. El Ayuntamiento ponía 43, con lo que incrementaba sensiblemente su participación con respecto a años anteriores, y los otros 75 millones restantes salían de las arcas de la Junta de Andalucía y de la Universidad, y de los bolsillos de promotores privados y empresas colaboradoras que asumían el riesgo de participar activamente en el desarrollo de la Cita.

Y ésta comenzaría el 20 de abril porque la Expo ’92 quería que la gente se fuese acostumbrando a esa fecha ya que ésa misma iba a ser la de la inauguración de la gran muestra dos años más tarde. Y para empezar a lo grande, la Cita se iba abrir con el artista internacional de más prestigio mundial en ese momento: Phil Collins.

Y ahora volvemos un poco hacia atrás de nuevo para preguntarnos si en las encarnizadas negociaciones antes mencionadas no hubo algo oculto, ni algún mosqueo no publicado de la Sociedad Estatal de la Expo, ni algo extraño de lo que nunca tuviésemos noticia. Porque cuando el día 3 de abril fuimos todos al Casino de la Exposición para la presentación del programa de la Cita nos encontramos con que ésta iba a comenzar el día 21 de abril con la actuación de Kool & the Gang. Phil Collins y la fecha mágica se habían caído del cartel.

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Kool & The Gang – “Celebration”

Así que en la noche del sábado, día 21, aunque la banda elegida no tenía mayor interés para mí, me encaminé al Auditorio para presenciar el espectáculo de 325.000 watios más 8 cañones de luz, 25.000 watios de sonido y 16 músicos en el escenario que prometía la publicidad. Y más o menos se cumplió aquello; el problema fue que la cantidad de gente empleada en la organización y desarrollo de dicho espectáculo fue casi mayor que la cantidad de gente que pasó por taquilla. Los espectadores no llegábamos a mil ni contándonos generosamente. Aquella fue la inauguración más pobre de todas las Cita en Sevilla que se llevaban celebradas.

Y con el segundo de los conciertos previstos para el viernes siguiente, día 27 de abril, continuó la desventura; porque si en la anterior ocasión en que se anunciaron Kid Creole & the Coconuts, su concierto se tuvo que suspender por el retraso con el que la banda llegó a Sevilla, ésta vez fue la lluvia la que obligó a suspender de nuevo su actuación. Aunque en realidad casi mejor que fuese así, porque apenas se habían vendido entradas para verles. Definitivamente, Kid Creole no ha tenido suerte con Sevilla.

Hubo que esperar a que se terminase la Feria para reanudar la Cita, y por eso no hubo ninguna nueva actuación hasta el siguiente viernes, 4 de mayo. Esa noche el escenario del Auditorio lo ocupó Duncan Dhu, en un concierto organizado por la Universidad Hispalense (que esta primavera estuvo muy prolífica) para que sirviese de contrapeso a otras actuaciones de audiencias más minoritarias que también organizaría. Se sumaba así la Universidad a la programación de la Cita en el Auditorio por partida triple, ya que después vendrían los conciertos de La Guardia y Lito Vitale, y quizás debió haber programado también allí el concierto de reaparición de Gualberto después de diez años, ya que el salón de actos de Arquitectura se le quedó pequeño el día 8.

Duncan Dhu aparecían por aquí estrenando la nueva gira por España y Europa que iban a hacer ahora que se habían convertido en grupo multitudinario, que volvía de una extensa gira por los USA, adonde habían llegado de la mano de la inclusión de su canción “Herida de miel” en la banda sonora de “Dick Tracy“, interpretada con Ofra Haza. El concierto lo abrieron de forma contundente, con las canciones más guitarreras de su último disco, “Autobiografía”, que fue la base del repertorio. Y eso fue lo peor también, porque sus treinta canciones eran tan irregulares que por fuerza el concierto tenía que terminar siendo también así, a pesar de que al menos incluyeron diez de sus éxitos anteriores. A mí me parecieron tan empalagosos como siempre, cosa que al sector femenino de la audiencia no parecía importarle, y solo se arriesgaron un poco con algunos ritmos jazzísticos que salían, sobre todo, del teclado de Luis Lozano, sin duda ninguna el mejor instrumentista de los 14 que había sobre el escenario.

Todos sabemos que cuando un concierto es gratis va mucha más gente que cuando hay que pagar; pues bien, Duncan Dhu son la demostración palpable en esta ciudad: apenas un par de años después actuaron gratis en la Expo y abarrotaron la plaza Sony y los alrededores, congregando a 120.000 espectadores, en el que pasa por ser el concierto de mayor afluencia de público de la historia del rock español. Y sin embargo esta noche fueron escasos lo espectadores que asistieron pagando las mil pesetas de la entrada.

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Duncan Dhu y Ofra Haza – “Herida de miel”

Después de los desastrosos taquillajes obtenidos hasta ahora, el grupo popular volvió a la carga, acusando al Ayuntamiento de irresponsabilidad a la hora de hacer una programación abocada al fracaso y que estaba generando unas pérdidas que iban a tener que sufragar con el dinero del contribuyente. Y que hubiese sido mejor que en lugar de programar dieciseis conciertos durante un mes y medio, el dinero se hubiese empleado en solo tres conciertos de gran nivel internacional, como han hecho en otras ciudades, que van a contar con las actuaciones de Phil Collins, los Rolling Stones y Elton John.

Aquí sin embargo nos teníamos que conformar con No me pises que llevo chanclas, que el jueves, día 10 de mayo, venían a hacer la presentación oficial de su segundo LP, el “Buenos días, te lo juro”. Y ya véis, con ellos se produjo la primera buena entrada de la Cita de este año, que hasta ahora estaba pasando con muchísima más pena que gloria.

Yo no estuve allí esa noche, porque era mi cumpleaños y no me apetecía celebrarlo con Pepe Begines y su banda de agropó; pero la gente que acudió se lo pasó en grande con ellos, berreando con el grupo todas sus canciones, que se sabían al pie de la letra… al menos las del primer disco. Y eso que al principio del concierto comenzó a caer una fina llovizna, pero duró poco y no enturbió para nada las ganas de pasárselo bien de todos.

Cuando sí acudí fue tres días después, el sábado, día 12, porque había una cita ineludible; venía uno de los más grandes de todos los tiempos: Jerry Lee Lewis.

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Jerry Lee Lewis – “Whole lotta shakin’ goin’ on”

Pero antes de que subiese al escenario el maestro teníamos además a unos teloneros interesantes, Los Picapiedras, que hacían también la presentación oficial de su segundo disco, “Corta el rollo, periquito”.

Vinieron ya con su nuevo batería, el Dustis, después de que Carlos se quedase en el camino durante la grabación del disco, y en general todos los del grupo andaban ya un poco quemados con el trato de la discográfica y la marcha de la banda, así que se puede decir que este concierto marcó también el final de su carrera. Pedro Picapiedra se marchó a Granada tras sacar las oposiciones de Canal Sur, y después anduvo por ahí, vinculado a la música a salto de mata, hasta ahora, currando en Alemania.

Como Pedro nunca ha sido músico que tire de repertorio antiguo y siempre le ha gustado recrear en el escenario sus últimas composiciones, el concierto de esta noche se basó casi en su totalidad en ese segundo disco; pero no fue una noche para recordar especialmente. Sobre todo porque la actuación estelar que siguió tampoco fue nada memorable.

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Los Picapiedras – “Villa Fiorentina”

Jerry Lee Lewis había reunido a gente de todo pelaje; allí estábamos los rockeros “de toda la vida”, junto a las nuevas generaciones que le habían conocido a través de la recientemente estrenada película sobre su vida, que volvió a convertirlo en un icono. Todos juntos aclamábamos y bailábamos con la estrella a pesar de que la veintena larga de canciones añejas y sabrosas que nos dejó las fue soltando a un ritmo constante pero relajadito, que solo fue vibrante en contadas ocasiones como en la recuperación de grandes clásicos como “Shake, rattle and rock” o “Great balls of fire”, que era la más conocida por todos, ya que le había dado título a la película sobre él, y sonaba en las radios a todas horas.

Lo cierto es que Jerry Lee ya no estaba para muchos trotes porque la edad y la mala vida iban haciendo estragos; pero eso sí, aunque el killer se vista de chorreras y zapatos de charol, killer se queda… e intentó montarse su show habitual ya hacia el final para que no nos fuésemos de allí sin decir que no habíamos visto al Jerry Lee clásico. La banqueta del piano salió volando de una patada, y después se acercó a él para subir encima la pierna y aporrearlo con el pie… pero las fuerzas ya no son las que eran, y como el pie no le llegaba, lo único que pudo poner sobre las teclas fue su viejo culo… un par de años después, sin embargo, en Coruña, sí que reunió fuerzas suficientes para darle una patada en el culo a uno de los roadies que le ayudaban, provocando un abucheo tan generalizado del público que tuvo que abandonar el escenario no mucho después de haber comenzado su actuación.

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Jerry Lee Lewis – “Great balls of fire”

Aquí no tuvimos ningún espectáculo como ése, aunque estoy seguro de que si llega a alcanzar a algún “pipa” desafortunado la gente lo hubiese celebrado igual que cuando realizaba sus habituales numeritos de aporrear el piano. Y es que bastaba que el mito posase un solo dedo sobre el teclado para poner a todo el Auditorio a bailar. Aunque a veces (demasiadas) fallase la coordinación con su banda, un grupo de músicos mercenarios ingleses reclutados a la manera de Chuck Berry, con los que Jerry Lee apenas cruzó palabra alguna siquiera porque llegó, guiado por una chica, poco antes de comenzar su actuación, y se marchó nada más terminar sin tener ningún roce con nadie más. Si cerramos los ojos mitómanos y abrimos los iconoclastas, debemos reconocer que el de esa noche fue un concierto más patético que divertido.

Pero la siguiente fue la gran noche de la Cita de este año. El miércoles 16 de mayo reinaron las guitarras en el Auditorio, que estuvo prácticamente lleno de espectadores con ganas de asistir por fin a un buen concierto, y que se pasaron todo el rato bailando, tan apasionados como agradecidos por el blues eléctrico, el rhythm & blues y el rock que nos brindó Johnny Winter.

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Johnny Winter – “Jumpin’ Jack Flash”

La sesión la abrió Robben Ford, un músico de sesión que toca el blues como pocos músicos más pueden hacerlo. Por eso no era de extrañar que hubiese trabajado con músicos de jazz, blues y rock, que van desde Miles Davis a Little Feat. Esta noche fuimos testigos presenciales de su técnica, depuradísima y elegante, que le permitió moverse por terrenos mucho más eclécticos que aquellos en los que Johnny se movería después. Sus dedos desgranaron notas de blues sosegado, de aires jazzísticos, e incluso a veces Robben parecía transfigurarse en el propio Ry Cooder para darnos un paseo por la frontera. Una sorpresa inesperada para los que no le conocíamos demasiado, a pesar de haberle escuchado tocar en innumerables discos.

Tras él subió al escenario ése al que todos conocían como el mejor guitarrista blanco de blues. Una leyenda viva que aún hacía ondear la gran melena albina que todos tenemos tan firmemente asociada a su imagen. Su guitarra Lazer sin clavijas, demasiado moderna para el sonido que sacaba de ella, estaba acompañada por el bajo de Jeffrey Ganz y la batería de Tom Compton, y entre los tres hicieron una exposición de puro sonido negro interpretado con personalidad propia, con la impronta de Johnny Winter marcada a fuego.

A pesar de que en sus últimos discos se había estado rehabilitando como figura del blues americano moderno, en su concierto se decantó por un espeso repertorio de blues-rock… “Sunshine of your love”, “Gimme shelter”… mucho más cercano a lo que hacía en los años ’70 que a lo que estaba haciendo una década y pico después. Y todos se lo agradecimos, porque, en realidad, eso era lo que íbamos buscando… aunque a veces es cierto también que la similitud entre muchos de sus desarrollos instrumentales hacía que la actuación fuese algo monótona. Pero para curarte de esas malas sensaciones siempre aparecía por tu lado algún clásico de la escena musical sevillana, como el malogrado Juan Azagra, para gritarte: “tíooo… me estoy corriendo de gustoooo!”.

El tiempo se detuvo cuando comenzó a sonar el inconfundible riff de “Johnny B. Good”, que demostró que, a pesar de haber pasado ya cuarenta y seis años, el diabólico veneno que Johnny llevaba en su sangre no había perdido ni un ápice de su poder de contagio. Cuando terminó de despachar, sin delicadeza alguna, el “Jumpin’ Jack Flash”, y un algo más sosegado “Hey Joe”, ninguno de los presentes queríamos irnos aún a nuestra casa.

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Johnny Winter – “Johnny B. Goode” (…o mejor “Johnny W. Goode”)

Dos días después, el viernes 18, la gente se retrajo de nuevo a la hora de acudir al Auditorio, y solamente hubo una corta media entrada para el concierto que patrocinaba Coca-Cola con su nuevo grupo para la imagen de marca, los Gabinete Caligari.

A las doce en punto de la noche salió la banda, entre los acordes por megafonía del “Je t’aime”, que se fundió con el “Tomando el airecico”, ya con los Gabinete en vivo. Las canciones de su nuevo disco, “Privado” no les llegaban ni a hacer sombra a las de “Camino Soria”, que eran las que la gente más conocía y cantaba con la banda. Y la verdad es que era solo en estos momentos en los que se lograba escuchar algo, porque no recuerdo ningún otro concierto con un cantante de tan escasísima voz como la de Jaime Urrutia esta noche. Fieles a su estilo, los Gabinete dieron un concierto que gustó a sus incondicionales, y a los que estábamos en un término medio no nos molestó como fondo para nuestras cervecitas.

Antes que ellos, el escenario lo ocuparon los Avíate, una banda de Gibraleón, que calentó el ambiente y poco más.

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Gabinete Caligari – “Solo se vive una vez”

El sábado 19 de mayo no estuve yo en el Auditorio porque la copla es un género que no me atrae apenas, pero los aficionados más viejos del lugar dicen que no recuerdan una apoteosis semejante a la que generó esta noche Marifé de Triana. Su triunfo fue un hito memorable para un público cautivado, fanatizado, traumatizado por la voz profunda y trágica de esta mujer. Al contrario que ocurriese en años anteriores, cuando fallaba el público de la copla con otras de sus grandes estrellas, seguramente ésta sí que fue (con permiso de Johnny) la noche más grande de la Cita de este año.

Al siguiente concierto tampoco asistí. Fue el que protagonizaron los granadinos de La Guardia el miércoles, día 23, en la segunda noche en que la Universidad ejercía sus funciones de empresarios de la Cita en Sevilla. Pero algo más allá de su canción “Mil calles llevan hacia ti”, el pseudo country-rock en el que este grupo se movía era tan pegadizo y comercialote como para que podamos aplicarle el calificativo de superficial. Nada que me moviese demasiado a ir a verlos.

Como tampoco iba acudir a ver a los que actuaban la noche siguiente, los Héroes del Silencio, cuya actuación se aplazó inicialmente para la siguiente semana, y después se suspendió del todo, arrastrando también la actuación de El Norte, la banda que tenía que abrir la noche que tocasen los zaragozanos. De las causas de la suspensión, la verdad es que ni me acuerdo ni he encontrado ningún sitio donde la aclarasen. Pero no creáis tampoco que nos libramos tan fácilmente de ellos, porque en la Cita del año siguiente volvieron a estar en el cartel.

Y así avanzamos un día más y llegamos al viernes 25 de mayo. Esa noche había flamenco, y ganas de quitarse la espinita que nos dejó clavada Camarón el año anterior. Pero como antes que él saldría al escenario Diego Carrasco, nos daba tiempo de asistir a otro acontecimiento musical singular e inigualable que había en el Lope de Vega un poco antes.

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Camarón – “Yo vivo enamorao”

La Universidad estaba programando uno de sus ciclos, el que dedicaba a los “Encuentros Internacionales de Música de Cine”, y esta noche venía John Zorn a recrear, triturar, emborronar, embellecer, la música que Alex North crease para películas maravillosas como “Un tranvía llamado deseo” (su melodía nunca sonó más tensa), “Espartaco” (genial su tema de amor), “Cleopatra” (qué íntimo exotismo!), “¿Quién teme a Virginia Woolf?”, “Dublineses”, “El largo y cálido verano” (nunca tan sudoroso como en este blues), “Vidas rebeldes”… y no sería éste un concierto cualquiera, sino el estreno mundial de dicho espectáculo. Para el que John Zorn había ensamblado con precisión de relojero a un fantástico grupo compuesto por… pásmate… Wayne Horvitz, Anthony Coleman y David Weinstein, en los teclados; Marc Ribot en la guitarra; Mark Dresser en el contrabajo; Bobby Previte y Ciro Baptista en las percusiones; la arpista Carol Emanuel; la violinista Jill Jaffee; y los metales de Marty Ehrlich, que le daba el contrapunto al saxo de John Zorn, Vicki Bodner y Tom Varner.

Al salir de allí, Antonio Murga y yo solo tuvimos que dar un pequeño paseo hasta el Auditorio; pero llenos aún de un éxtasis que hacía que los bailes y el colegueo gitano que Diego Carrasco se traía ya casi al final de su actuación nos pareciese un sinsentido. Dando unas vueltas para respirar el ambiente y poder coger tono para el Camarón nos dimos cuenta que algunos de los músicos que acabábamos de escuchar en el Lope de Vega también habían tenido nuestra misma idea, así que nos aproximamos a ellos y logramos entablar conversación con Carol, la chica del violín, antes de que los demás se fuesen desbandando, cada uno a su aire.

Cuando Camarón llevaba ya un rato en el escenario apareció junto a nosotros el mismísimo John Zorn, que a nuestras preguntas sobre qué le parecía esto del flamenco no paraba de balbucear, babeando y con los ojos como platos, “unbelievable… unbelievable… unbelievable…”. Y la verdad es que tampoco era para tanto; ya me hubiese gustado a mí haberlo visto en una actuación de Camarón realmente buena, porque la de esta noche tampoco fue mucho más allá de la mediocridad del año pasado.

Apenas tres meses antes ya tuvo una actuación más que discreta aquí en Sevilla, y esta noche repetía programa y textos flamencos, con lo que hacía aún más visible su declive. Ya no era el cantaor poderoso que todos conocimos, sino un hombre empequeñecido y quemado al que solamente el morbo o el desconocimiento de los guiris como Zorn impelía a prestar atención. Y no solo eso, sino que excepto con algunas excepciones honrosas, como cuando le daba a sus queridos tangos de toda la vida, en los demás palos parecía perder el compás y la cuadratura… cantiñas, soleás, bulerías, tientos, en los que la banda se perdía con él y solo salvaban el paso por tratarse de músicos tan contrastados como Raimundo Amador, el Manglis, Tino di Geraldo, Moraíto chico… Camarón ya no era un cantaor, sino un fenómeno sociológico. Menos mal que aún le quedaba una nueva Cita al año siguiente para poder despedirse de Sevilla con algo parecido a un triunfo.

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Camarón – “Rosa María”

Tras el fin de semana, la Cita se reanudaba el lunes, día 28, con la noche dedicada a Los 40 Principales. Y aunque la banda que traían no era mala, porque se trataba de La Frontera, el haber adelantado la fecha de celebración (¡cabrones!) en cuatro días hizo que el concierto coincidiese de lleno con el que nosotros, los esforzados chicos de Producciones Informales, organizábamos en el Roll Dancing con Died Pretty y Cancer Moon. Así que os podéis imaginar que esa noche no aparecí para nada por el Auditorio del Prado.

Y los que optaron por acudir a la Cita se perdieron uno de los mejores conciertos que se han celebrado en las salas sevillanas. Y no es porque lo diga yo, podéis preguntarle a cualquiera que conozcáis de los que andan por aquí… para mí, éste fue el mejor de todos los conciertos que organizamos, y del que más contento salieron tanto los espectadores (que fueron muchos) como los músicos.

A Cancer Moon les traje dos veces a tocar a Sevilla. Y a través de ellos comprendí lo arrastrada que debía ser a veces la vida de los grupos españoles que comenzaban a hacer giras por el país y quedaban en manos de los habituales organizadores de conciertos.

Eran cosas nimias, cosas que yo daba como sobreentendidas… y por eso me extrañaba como los miembros del grupo se sorprendían por algo tan básico como tener preparadas toallas para ellos después de su actuación… “Hostia, tíooo! Toallas nuevas…!!!”, alucinaba Josetxo secándose el sudor… mientras, la peña entusiasmada por su concierto les pedía que saliesen de nuevo. Me miraban… y yo no entendía por qué. Hasta que de nuevo Josetxo me preguntó… “podemos salir…? nos apetece, está siendo un concierto grande…”. Y ahora el sorprendido era yo. Yo suponía que el grupo salia si quería, pero parecía ser que la norma es que no… que las estrellas se mosqueaban si le robaban protagonismo los teloneros. Le dije que sí, claro que sí. Y él… “y los Died Pretty no van a decir nada…?”. “Que digan misa si quieren, niño… además ahora están comiendo y no se enteran de ná. Vosotros salid y tocad hasta que os canséis…” Y allá que salieron de nuevo al escenario más contentos que unas pascuas. Y la gente que los veía, y yo, más aún… figúrate tú…

Así que cuando los volví a llamar para preguntarles si querían venir a tocar en un concierto-fiesta para la emisora de radio en que yo estaba, con los Lagartija Nick y los Cerebros Exprimidos, dijeron que sí sin preguntar siquiera cuánto les íbamos a pagar…

Y si después de verles a ellos pensábamos que la noche no podía ir a más, estábamos equivocados; Died Pretty nos sorprendieron con una intensidad instrumental digna de la Velvet Underground, salida de la guitarra de Brett Myers y el teclado de John Hoey (nunca se me borrará su sonrisa de sorpresa y felicidad al ver botando en primera fila junto a los demás al promotor local de su concierto) y la fuerza vocal de Ron Peno (el cantante más feo de la historia, joé) que se dejaba llevar y nos arrastraba a los años 70, a Jim Morrison, a Michael Stipe… una banda absolutamente vibrante, sin perder ni un poquito del sentido de la melodía. Geniales en directo.

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Died Pretty – “Blue sky day” (En directo en el “Roll Dancing”)

Pero volvamos a la Cita en Sevilla, porque la noche siguiente también había concierto, el tercero de los que organizaba la Universidad. El invitado de esta noche era Lito Vitale, un músico argentino, pianista, encuadrado últimamente en la New Age, que inicialmente tendría que haber actuado la noche siguiente en el Teatro Lope de Vega, un escenario que se adapta mucho mejor a su música, pero que al estar ocupado por José Luis Gómez y su representación de “Azaña”, rebotó a este espacio abierto del Auditorio. Me perdonaréis que no reseñe más de este concierto, pero lo cierto es que preferí quedarme en casa descansando de la intensísima noche anterior.

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Loquillo y los Trogloditas – “Mis problemas con las mujeres”

Volví al Auditorio dos días después, el jueves 31 de mayo, para ver la actuación de Loquillo y los Trogloditas. Había mucha gente para ver a José María y su banda, totalmente entregados todos de antemano; y en momentos así es como Loquillo se crece; esta noche estuvo más estrella, más chulo y hasta más alto que nunca, ofreciendo un muy buen concierto de rock and roll, en el que también brillaron los Trogloditas, una de las mejores formaciones de rock que había entonces en España… que pena que ya no estuviese Sabino en ella. Una lástima también que Loquillo, con los años, no haya seguido siendo el revulsivo para el rock nacional que solía ser, y se haya tirado de lleno a esa ola de conservadurismo formal que, para qué vamos a engañarnos, siempre dejó también entrever.

Y hasta el miércoles siguiente, día 6 de junio, en el penúltimo de los conciertos del programa de este año, no hizo acto de presencia Silvio, que seguía sin fallar en ninguna de sus ediciones.

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Silvio y Sacramento – “Marguerita Margueró”

Pero antes que él hubo otros invitados. La noche se abrió con la Sevilla Big Band, una banda dirigida por Pepe “El Saxo”, que aglutinaba a músicos de la banda municipal, profesores del conservatorio, y rockeros sevillanos de amplia trayectoria; dieciséis músicos en total, que tocaban cinco saxos, cuatro trompetas, tres trombones, tuba, guitarra, bajo y batería, entre los que destacaban, además de Pepe, Ángel de Jesús con la trompeta, Manolo Rosa en el bajo y Manuel Marinelli en la batería. Su repertorio se nutría de piezas de Glenn Miller, Duke Ellington… ya os podéis hacer una idea.

Emilia Pinzón Group era la banda siguiente. Se suponía que éste debía ser el concierto de presentación del disco que Emilia tenía que haber grabado en Discos Senador como premio por haber sido la ganadora del Festival de la Canción Femenina; pero la maqueta previa que presentó no cuajó y el disco no llegó a grabarse, con lo que se jodió la presentación de esta noche. Y en realidad no sé siquiera si llegó a existir ese Group de acompañamiento de Emi, que debía estar compuesto por el Pájaro a la guitarra, Ale al bajo, y algunos miembros más, pero esta noche el concierto lo hizo Emilia Pinzón (espectacular sobre la moto) acompañada de algunos de lo músicos de Silvio, cantando el repertorio habitual que le conocíamos, en el que siempre brillaba su versión de “My way”.

Y el posterior concierto de Silvio y Sacramento tampoco fue para recordar. Presentaban su nuevo disco, “En misa y repicando”, que aún no había salido siquiera, y del que Silvio prácticamente no atinaba con ninguna de sus letras. Estaba ya en condiciones bastante malas y esto era el principio del fin de la banda, e incluso de “La Factoría” que lo sustentaba todo. Pive Amador se estaba pasando ya de lleno a la televisión (era el tiempo de “Fanzine”, “Duduá”, en el que también colaboraba yo…) y los músicos de la banda estaban cada uno con sus proyectos paralelos… el disco de Los Flotadore, el grupo del Pájaro y Miguel Ángel Iglesias, salió casi a la vez que el de Silvio… todo iba quedando ya en recuerdos… ¿volvería Silvio también a la Cita del año próximo?

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“¿cual quieres, Silvio…?

Y al día siguiente se acabó todo por este año; el jueves 7 era Canal Sur quien patrocinaba el concierto, y se trajo a dos bandas que estaban en plena campaña de promoción de sus últimos discos: Los Rebeldes, con “En cuerpo y alma” y los Presuntos Implicados, con “Alma de blues”. Pero tampoco esa noche anduve por allí.

Se cerraba una edición en la que, con algunos conciertos que reunieron a bastante público, no se llegó a llenar el Auditorio ni una sola noche, y eso que su aforo tampoco era nada espectacular. Los miembros del grupo popular del Ayuntamiento volvieron a incidir en el fracaso de la Cita y esta vez fueron incluso más allá, con unas declaraciones kafkianas del concejal Jaime Bretón que consideraba que la Cita de este año había sido tan floja porque el Ayuntamiento lo había hecho así deliberadamente, para el año próximo programar algún bombazo que la hiciese subir de calidad y así usarla de forma partidista para ayudarle a ganar las elecciones que se habían convocado durante la celebración de la misma… !!!

Y al margen del relativo éxito o fracaso artístico, en lo que no hay duda es en que económicamente sí que fue un palo para el Ayuntamiento, porque la Cita generó un déficit de 58 millones de pesetas. En su conjunto, organizarla costó más de 145 millones y medio, de los que solamente se recuperaron 41 a través de los distintos taquillajes… una cifra para echarse a llorar.

Este certamen anual cada vez interesaba menos a la gente, y ya solo quedaba darle la puntilla… pero eso ya será una historia que tendrá lugar a partir de “la octava y última vez que nos citamos en Sevilla”.

MÚSICA ORGÁNICA

¿Vosotros sabéis qué es la “música orgánica”…?

Es ésta una etiqueta que se ve muchas veces últimamente asociada a la música electrónica, y en una forma parecida a como nos pasa a nosotros con el jevi y el hard (siento volver a sacar el tema, Lu), nadie parece ponerse de acuerdo exáctamente sobre su significado.

Y saco esto a colación porque este fin de semana vamos a tener aquí en Sevilla conciertos de dos grupos que hacen “música orgánica”.

Luego nos ocuparemos más a fondo de ellos, pero de momento los mencionaremos solo de pasada. El primero de los grupos, el que tocará mañana viernes, es AUFGANG, y tienen una página de MySpace en la que dicen que “su música es profundamente orgánica y se revela a sí misma completamente sobre un escenario, donde puede crear el caos…”

La otra banda, la que toca el sábado, es TO ROCOCO ROT, de la que nuestro amigo Blas Fernández dice en su blog del Diario de Sevilla que están “entre la electrónica y la música orgánica, y fueron uno de los nombres grandes de la era dorada del post-rock europeo, facción sintética…”

Con estos dos ejemplos nos bastará, aunque el término se usa en casi todas las descripciones de la música de estos dos grupos que he leído. Entonces, pues, ¿qué vamos a escuchar los que vayamos a estos dos conciertos? ¿Dónde está lo “orgánico” de su música…?

Según algunas definiciones está en las texturas y paisajes sonoros, creándose sonidos volátiles y etéreos… según otras en los trabajos de ambient y de dub, que crean sonidos burbujeantes, con mucho reverb y texturas que evolucionan… otras dicen que está en el intento de captar la belleza de la naturaleza, y también de hacer que eso influya en el sonido de la música y que la imite…

Como véis todas son definiciones muy volátiles que sirven para convertir esta etiqueta en otro cajón de sastre en el que meter música que nadie sabe con seguridad donde encasillar.

Si queréis saber mi opinión, aunque últimamente está bastante desautorizada tras la polémica del rock duro, os diré que la música orgánica es la que se hace con instrumentos tradicionales y se secuencia por medio de un sampler… así de fácil.

Y eso es lo que hacen las bandas anteriormente citadas… a no ser que ahora entre Vidal y nos diga otra cosa…

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Aufgang – “Barock (remix)”

Pero lo que de verdad espero con todo eso que os he escrito anteriormente es despertaros la curiosidad para que asistáis a los dos conciertos que forman la segunda parte del III Ciclo de Música Electrónica de la Universidad de Sevilla, Electrochock (US) 2010, que se celebran el viernes y el sábado en el CICUS (calle Madre de Dios, número 1, la antigua Escuela de Comercio), y son gratuitos; solo tenéis que recoger una invitación previamente, a partir de las 9 de la noche, y después tomaros una cervecita por algún bar cercano (el sábado incluso podéis echarle mientras un vistazo al Mundial para ver como el niño Torres sigue arrastrándose por esos campos sudafricanos), hasta que entréis a disfrutar de los conciertos, que comienzan a las 10 y media.

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To Rococo Rot – “Horses”

Mañana viernes tenemos en el escenario a Aufgang, una banda con una formación tan poco habitual como la de dos pianos y batería. Son un trío compuesto por un pianista luxemburgués y otro libanés, Francesco Tristano y Rami Khalifé; más un batería francés reconvertido en programador, Aymeric Westrich, que están juntos desde que Francesco conoció a los otros dos hace cinco años en Barcelona, cuando estaba actuando en una galería de arte y Rami se le unió. Después de eso, con cinco noches de ensayo, los tres subían ya como Aufgang a uno de los escenarios del Sonar.

La música de esta banda es la aproximación más cercana que tenemos a lo que podría estar haciendo Bach si hubiese nacido trescientos años más tarde. Aufgang es una de las bandas más innovadoras a la hora de mezclar la música clásica con la electrónica, y nos la presenta con una irrupción al principio, seguida por un desarrollo y un intercambio de motivos rítmicos y líneas melódicas, que tejen una estructura sobre la que van introduciendo nuevas ideas, van creando espacios, densos unas veces y aéreos otras… música experimental, urbana e insólita.

El sábado podremos escuchar a To Rococo Rot (¿os habéis fijado que el nombre es un palíndrome?), otro trío, esta vez alemán, con más años de existencia que los anteriores, (se formó en 1.995, aunque últimamente se han tirado cinco años sin grabar nada nuevo) aunque casualmente también se conocieron y formaron en una galería de arte; y que en lugar de mezclar la electrónica con la música clásica lo hace con el rock, pero con resultados igualmente atractivos.

La formación de este grupo es más “convencional” que la de Aufgang, porque aquí tenemos guitarra, Robert Lippok; bajo, Stefan Schneider; y batería, Ronald Lippok, hermano del primero y uno de los componentes de Tarwater, una de las piedras angulares sobre las que se asentaba el post-rock. Pero no esperes escuchar la habitual música que saldría de una formación así, porque por encima de todo, los tres trabajan con la electrónica y los efectos.

Básicamente, su música se basa en ámplios y suntuosos paisajes apuntalados por las lúgubres líneas de bajo de Stefan, y viene a ser algo así como música electrónica abstracta. Son más accesibles que los del viernes, sobre todo si basan su concierto en el disco que han editado hace poco, “Speculation”, que tiene sonidos más intimistas que los que solían recrear, aunque igualmente mantienen lo intrincado de sus melodías… digamos que ahora son más elegantes que sofisticados.

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To Rococo Rot – “Seele”

INDIESEABLES

Para Lu. Que aguanta estoicamente el petardeo que se traen los rockeros integristas en su blog contra los indies.

Desde hace algún tiempo los INDIES están comenzando a resurgir de nuevo en Sevilla. En realidad no sé si en las demás ciudades españolas y europeas está ocurriendo lo mismo, aunque intuyo que sí. Y valga este post para rendirle un homenaje a la escena indie y, en la medida de mis escasas posibilidades, devolverle un poco del respeto que le tienen perdido los rockeros más integristas, dando de lado el hecho de que de ella han surgido algunos de los mejores discos de pop de todos los tiempos.

Y en realidad… todos éstos que denostan a los indies, ¿saben bien qué son? ¿dónde y cómo surgieron? Es más… ¿se han parado alguna vez a escucharlos sin dejarse influir por sus prejuicios? Al fin y al cabo los indies sacan su inspiración del punk, y están enamorados de la cultura de los ’60. Así que tampoco creo que haya tantas cosas que les separen.

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The Stone Roses – “I wanna be adored”

Nuestra historia comienza en la tarde del martes, 28 de diciembre de 1.976, en los estudios Indigo, en Manchester. Allí hay un grupo, los Buzzcocks, que en apenas cinco horas han grabado y mezclado cuatro canciones.

Un mes después se edita el EP “Spiral scratch” en el sello New Hormones, que pertenece a la propia banda. Ése es el primer disco indie.

“Indie” no es lo mismo que “independiente”. Ya se habían editado muchísimos discos antes en sellos independientes, desde los años ’50 hasta la mitad de los ’70 en que salió éste. “Spiral scratch” no fue ni siquiera el primer disco de la era punk editado por uno de estos sellos independientes, honor que pertenece al “New Rose” de los Damned en Stiff Records. Pero el “Spiral scratch” de los Buzzcocks fue el primer disco en ser auto-editado por sus creadores y en asentar conscientemente una declaración ideológica: el poder de hacer arte pertenece a la gente de la calle.

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Buzzcocks – “Breakdown” (Del “Spiral scratch”)

Hablando tanto en términos de forma musical como de propiedad de los medios de producción, “Spiral scratch” fue un disco revolucionario, sin el que probablemente no hubiesen existido muchos de los que le siguieron… Echo & The Bunnymen, This Mortal Coil, Felt, Joy Division, The Fall, The Smiths, My Bloody Valentine, Primal Scream, Stone Roses… hasta los Artic Monkeys… y aunque los Buzzcocks pronto cedieron a las presiones económicas y ficharon por una multinacional, su cóctel molotov metafórico contra la industria musical sirvió como faro de guía para todos los demás. Acababa de nacer la estética indie. La gente comenzó a experimentar la excitación pura de hacer las cosas por sí mismos.

La escena indie floreció en esta Inglaterra gobernada por Margaret Thatcher y el clima político de confrontación que hubo allí en los últimos años ‘70 y primeros ’80. La Dama de Hierro estaba en guerra contra la sociedad y eran tiempos bastante malos. No es extraño, pues, que la mayoría de los sellos independientes importantes emergieran en sitios donde eran fuertes el Partido Laborista y el sindicalismo organizado… Factory en Manchester, Zoo en Liverpool, Rough Trade y Creation en las partes menos “nobles” de Londres… el estilo retro que aportaban los indies hacía volver al recuerdo de tiempos mejores. En mayo del ’83 el single número 1 en las listas oficiales era “True”, de Spandau Ballet, una banda de chicos a la cara y última moda, tal como “debían ser” las aspiraciones de los jóvenes de clase obrera, el sueño thatcheriano hecho realidad. En el número 1 de las listas independientes estaba “Hand in glove”, el primer single de los Smiths, una banda de Manchester que fue la encargada de dar la salida a los perdedores de todo el mundo.

Sí, puede que nosotros vistiéramos de trapillo… pero teníamos algo que ellos no tenían…

Los dos discos venían de universos diferentes. Y ser indie significaba que tú, instintívamente, sabías a cual de ellos pertenecías.

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The Smiths – “Hand in glove”

Los Smiths también pasaron muy pronto a las listas generales de ventas y disfrutaron de una considerable fama y fortuna, aunque siempre propugnaron un principio clave de los indies, la libertad de fallar. Entre el subsuelo cultural, el ser competente musicalmente era mirado de forma sospechosa, pero el mayor de todos los crímenes era la ambición. Por eso el boom del Britpop marcó la muerte espiritual del indie, porque muchas bandas que estaban en los primeros sellos indies, amenazados ahora de ruina financiera, se aliaron con grandes sellos discográficos con el fin de aspirar a verse en las listas de éxitos. Como en todas las revoluciones, una vez que los indies asumieron las propuestas del régimen al que antes se habían opuesto, perdieron su autoridad moral.

Hoy el fenómeno indie persiste principalmente como una definición genérica de la música que surgió de la fermentación posterior al punk, el sonido sin “las posturitas”. Pero eso no quiere decir que no haya ahora mismo buenos discos indies, ni importantes sellos independientes, que los hay a puñados, sino que en la era del capitalismo global y de internet la independencia ya no es lo que fue en su momento.

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My Bloody Valentine – “You made me realise”

LA SEXTA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Pues llegaba una vez más el momento de organizar la nueva “Cita en Sevilla”, y después de haber rebasado ampliamente el primer trimestre del año 1.989 nuestros ediles estaban tan en desacuerdo unos con otros que todavía ni siquiera habían aprobado los presupuestos municipales de este año. Así que el Área de Cultura tuvo que utilizar los presupuestos prorrogados del año anterior. Por lo tanto no se podía tirar la casa por la ventana.

Menos mal que en el año anterior, aunque como recordaréis muchos perdieron dinero, el importe de los contratos de los distintos artistas iba a correr por cuenta de promotores particulares. Pero claro, las incertidumbres de la taquilla, y mucho más en esa Sevilla nuestra, hizo que éstos estuviesen cortitos a la hora de arriesgar el dinero, y de entrada, antes incluso de la presentación del cartel de este año, ya se habían caído de él las dos máximas estrellas que iban a darle relumbrón: Pink Floyd y Elton John.

Así que el presupuesto para la organización del evento iba a sumar 70 millones de pesetas, de los cuales los “arriesgados” promotores locales solamente iban a aportar 13 para traer gente a actuar… así que ya os podéis imaginar como fue el desfile de conciertos de este año por el Prado. El Ayuntamiento pondría 47, treinta de ellos para gastos de infraestructura y diecisiete más para gastos de producción.

De todas formas debo decir que, como siempre, esto le pareció al Partido Popular un gasto desmesurado, ya que consideraban que la Cita de este año no tenía ni calidad ni altura, y aunque nos pesase reconocerlo, les asistía la razón en eso, porque la programación, más que de una gran urbe como comenzaba a ser Sevilla, parecía la de la Feria de cualquier pueblo o pequeña ciudad de provincias (con todos mis respetos para estas comunidades, eh), y se desarrolló con carácter innovador mínimo y escasa variedad temática.

Pero volviendo al dinero, si sumamos, nos salen solo 60 millones. ¿Y los otros diez…? Pues esos los pondría un patrocinador nuevo que desde este año salía a la luz y del que ya no íbamos a dejar de tener noticias hasta en la sopa. La mayoría de ellas para bien. Y este nuevo mecenas no era otro que la Expo ’92, y estaba dispuesto a hacer un regalito de 10 millones de pesetas para la causa.

Ahora bien, imponía sus condiciones; y éstas eran que todos ellos irían destinados al espectáculo inaugural de la Cita, que tendría que hacerse coincidir con los actos que tenían ya preparados para conmemorar los tres años justos que faltaban para el inicio de la Exposición Universal. Por lo tanto este año hubo que retrasar el inicio de la Cita en Sevilla, y no se inauguró durante la Feria, como los anteriores, sino que esperó hasta el viernes 21 de abril, que era el día siguiente al que se iba a presentar el himno oficial de la Expo, y el anterior al que se presentaría en sociedad a la mascota… ese Curro al que tanto cariño le cogimos. Así que quedaría establecida una sucesión de tres días a mayor gloria de la futura Expo del ’92, que comenzaría el día 20 en el teatro Lope de Vega con la pieza que Manuel Castillo compuso para la muestra universal, terminaría el día 22 en la Plaza de España con un gran espectáculo en el que Curro llegaría a Sevilla, y en medio tendríamos la noche del día 21 en el Auditorio del Prado, en el que todos iríamos a disfrutar de Camarón y Pata Negra.

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Camarón – “Soy gitano”

Aunque decir disfrutar fuese mucho decir, porque en realidad el espectáculo resultó bastante mediocre. Camarón no tuvo una buena noche y Pata Negra se presentaba por primera vez desgajado de su miembro principal.

Nunca había visto antes, ni volví a ver después el Auditorio del Prado más lleno que esta noche… y gitanos… todos los gitanos del mundo estaban allí para reverenciar a Camarón, transidos de una emoción casi religiosa. Más de 10.000 personas que vieron como su héroe no les dijo esta noche absolutamente nada; como sus cantiñas, sus tarantos, sus tientos, sus fandangos, se limitaban solo al apunte, al esbozo; Camarón, acompañado a la guitarra por Tomatito, además de por Carles Benavent, Jesús Bola y Manolo Soler, entre otros, se limitaba a cumplir, viniéndose un poco arriba solamente en el cuplé hecho bulería. Todavía le quedaban tres años de vida, pero quizás ya no podía, y estábamos asistiendo al principio del fin. La fiesta gitana que montó con el grupo que le acompañaba animó más el ambiente. La verdad es que a mí el baile flamenco nunca me ha dicho nada, pero los que entienden de eso decían que Joselito, el hijo de Curro Fernández, marcándose unas bulerías, fue lo mejor de la noche; y que Diego Carrasco también estuvo a gran altura.

Y después salió Pata Negra. Y aunque nos quisieron hacer creer que sin Raimundo aquello iba a ser lo mismo, ya que al fin y al cabo el que cantaba siempre era Rafaelillo, y éste era el que permanecía en el grupo, el mal bajío que había hecho chocar de tan mala manera a los dos hermanos se hizo patente allí de alguna forma para aguar la fiesta. Y no es que a Rafael le acompañasen malos músicos, que allí estaban Juanjo Pizarro a la guitarra, Jesús Arispont al bajo, Antoñito Smash a la batería, y Emilio Fernández a la guitarra flamenca… pero el “duende” se había quedado en casa.

El que hubiese tantísimo público, tan heterogéneo, me hizo recordar la espantá el año pasado de Juana la del Revuelo en el festival del Palacio de Deportes… esta noche nadie se movió del escenario antes de tiempo, pero ni los de arriba, ni muchísimos de los de abajo, estaban motivados, ni fluía la comunicación necesaria entre todos.

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Pata Negra – “Camarón”

Todo lo contrario que ocurrió el domingo 23 en la actuación del guitarrista Lee Ritenour. Era un concierto inicialmente previsto para el teatro Lope de Vega, sede habitual de todos los que como éste también, organizaba la Universidad de Sevilla; pero como Lee venía con una banda de siete músicos, pertrechados de una gran infraestructura para soportar la moderna tecnología que aplicaban a sus sonidos, se prefirió ubicarlo en el Auditorio. La idea no fue ni buena ni mala… tampoco es que nos diésemos cita allí muchos más que los que hubiesen acudido al Lope de Vega, pero seguro que nos entregamos más aquí, donde además podíamos bailar con las trazas brasileñas y los rítmos funkies que Lee aplicó a su jazz-fusion.

Lee Ritenour es un guitarrista muy ecléctico, y aquí lo demostró, alternando sus vertiginosas correrías por el mástil de guitarras diferentes, acústicas y eléctricas, con las ensoñaciones de los rítmos brasileños según los lee la tradición jazzistica del Village neoyorkino. Para ello contaba con la ayuda inestimable de, entre otros, el bajista Anthony Perkins, asiduo de los discos de Quincy Jones y Michael Jackson, con el que establecía contínuas luchas instrumentales que hacían enardecer el ambiente; del teclista Dave Widom y de Phil Perry, un vocalista que brillaba sobre todo cuando entonaba un buen blues.

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Lee Ritenour – Bahia funk”

La del miércoles día 26 fue una noche fallida, porque la actuación anunciada de Alaska tuvo que ser suspendida unos días antes, ya que la cantante aducía unos problemas que hacían que ese día tuviese que estar en Londres. Yo, que soy muy mal pensado, creo que el dejar de lado esta noche sevillana, que iba a ser la primera de su larga gira por España, tiene más que ver con que en la noche anterior (la del martes) y su consiguiente larga madrugada, Alaska iba a ser una de las invitadas VIP del concierto que Village People daban en Madrid… aunque a lo mejor son solo cosas mías.

De todas formas, al confirmarse con antelación que Alaska no iba a poder estar, nuestro Ayuntamiento, con buen criterio, decidió suspender el concierto aunque sí que estuviese disponible para actuar el otro grupo que iba a hacerlo esa noche. Éstos eran Milli Vanilli, pero como por esta época ya se sabía que cantaban en playback, los programadores pensaron que no valía la pena ponerlos a ellos solos si del cartel se caía Alaska. Así que les dijo que podían ahorrarse el viaje, y aquí tuvimos noche de descanso. Lo que no me explico de este caso es que si aquí en Sevilla, unos programadores musicales ya se habían olido que los Vanilli eran un auténtico bluff, y que era mejor pasar de ellos, ¿cómo es que en todo el mundo siguieron siendo un gran éxito, e incluso les llegaron a conceder un Grammy varios meses después…?

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La Unión – “Lobo hombre en París”

El descanso de esa noche lo prorrogué yo también a la noche siguiente, porque el cartel del concierto no me atraía en absoluto. Las estrellas de la noche fueron La Unión, que estaban promocionando su cuarto disco, “Vivir al este del edén”, pero que después de sus más que prometedores inicios con la historia del aquel lobo hombre en París, paulatínamente se habían ido desinflando, para estar actualmente acomodados en la cara fácil del pop, como carne de radiofórmulas y versioneros por el palo del “bacalao” de sus canciones más comerciales.

Si a eso unimos que quien les teloneaba era Un pingüino en mi ascensor, con una música aún más facilona que la de La Unión, la decisión de no asistir no me costó mucho trabajo tomarla. Esto del Pingüino era un proyecto del madrileño José Luis Moro, en plan “yo me lo guiso y yo me lo como”, al que apoyaba Mario Gil, al que antaño yo admiraba cuando estaba en Paraiso y en La Mode. Cierto es que a su favor tenían unas letras cachondas, pero que después de haberlas oído ya varias veces en disco, ir a un concierto a hacer lo mismo hubiese sido como acudir a escuchar chistes que ya te sabías. De todas formas, todos los que amamos la música tenemos que estarles agradecidos porque con el tiempo se convirtieron en uno de los nombres que más se significaron en la lucha contra la incorporación a la música pop de los dichosos gaiteros.

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Un pingüino en mi ascensor – “Espiando a mi vecina”

La siguiente noche, viernes 28 de abril, volvían a subir al escenario los chicos de Albania, que el año pasado telonearon a Duncan Dhu, y este año iban a hacer lo mismo con Al Stewart. Este concierto significó el principio del declive de Albania, con un segundo disco que se quedó en los cajones de todas las tiendas, una compañía discográfica que por pasar de ellos hasta pasaba de darles la carta de libertad, y que para poder tocar en un escenario tuvieron que convertirse en orquesta de fiestas. Un triste final para el primer grupo sevillano que vió su música editada en CD.

El concierto de Al Stewart tampoco fue de los que pasaron a la historia; acompañado por una banda muy bien engrasada fue dejando pinceladas de sus baladas, extraídas sobre todo de su por entonces último disco, “Last days of the century”. Pero ni estas canciones nuevas, ni las que interpretaba de su primera época levantaron el ánimo del personal, que alíi había ido masivamente a escuchar “Year of the cat”. Y fue esta canción, y otras de su mismo disco, las que dieron a la noche la poca emoción que tuvo.

Y eso fue debido sobre a que éstas las conocíamos y podíamos identificarlas sobre las demás, porque no recuerdo haber asistido en mucho tiempo a un concierto más plano que éste. Al Stewart procuraba que todo pareciese espontáneo y sincero (“auténtico”, como comenzaba por entonces a llamarse a aquello), y su banda, tan profesional y robótica como cualquiera, no fallaba una nota; sin embargo todas las canciones sonaban igual, ya fuese una vieja conocida como “On the border”, o estrenos como “Josephine Baker”.

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Al Stewart – “Year of the cat”

Después de aquello hubo un parón de prácticamente una semana, y aunque comenzaba ya a tener “mono” de conciertos debido a ello y a la escasa atracción que ofrecía la programación de este año, el jueves 4 de mayo decidí faltar también a la actuación de Joaquín Sabina, porque era éste ya un artista que hacía algún tiempo que había dejado de interesarme.

Y no fui el único en perder interés por él, porque a pesar de que Sabina llevaba ya tres años sin aparecer por Sevilla, y que un concierto de bastante expectación que tenía que haber dado en el mes de octubre pasado se había cancelado por la lluvia, dejando a la gente con las ganas, la verdad es que en esta noche apenas se reunieron 3.000 personas para verle en directo. Sabina llegó rodeado de buenos músicos, entre los que estaban Pancho Varona, Javier Paxairiño, o el batería Ñete, uno de los nombres más míticos de “la movida”; pero sobre todo de lo que llegó rodeado fue de parafernalia y luminotécnia, como la estrellona que ya era, y que podía permitirse el lujo de dejar a la gente sin piezas codiciadas como “Pongamos que hablo de Madrid” o “Calle melancolía”. Así y todo, los asistentes disfrutaron de sus canciones y le hicieron salir a varios bises. Aunque a punto estuvo la noche de terminar bastante mal cuando uno de los espectadores le lanzó a Sabina una botellona, algo que al cantante le sentó fatal y se encaró con él. Menos mal que la botellona era de plástico y no fue una litrona de la Cruzcampo… y al fin y al cabo el lanzador no dejaba de ser un fan extasiado mostrándole su cariño…

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Joaquón Sabina – “Una de romanos”

Y si la última vez que Sabina estuvo en la Cita en Sevilla, hacía tres años justos, había coincidido en la misma noche con otro concierto de Isabel Pantoja, esta vez casi sucede lo mismo, porque quien actuó en el Auditorio del Prado la noche siguiente a él, fue también ella. Isabel Pantoja tenía dos actuaciones en la Cita de este año, y la primera fue en la noche del viernes 5 de mayo; pero si hace tres años su concierto en el Sánchez Pizjuán significó que éste se abarrotase por completo, hoy estuvo lejísimos de lograr lo mismo; hay que tener en cuenta que allí la entrada era gratis y aquí había que pagar 2.000 pelas; también hay que tener en cuenta que allí estaba aún reciente el morbo de su vuelta tras la muerte de Paquirri, y el “espectáculo” añadido de Paquirrín… en suma, que al concierto de esta noche fue muchísima (pero muchísima) menos gente de la esperada.

No sé si esto fue lo que realmente motivó (recordad que por ahí arriba ya os he dicho que soy muy mal pensado) que el concierto programado para la noche siguiente, el sábado 6, se suspendiese; lo que la organización adujo fue que la fría noche había afectado a la garganta de Isabel, y ésta tenía hoy una afonía que le impedía cantar.

Seguramente, a estas alturas los programadores estarían tirándose de los pelos pensando en que una típica guerra de divas había hecho que Paloma San Basilio se cayese de los carteles de la Cita, porque la fecha que le ofrecían era justamente la siguiente a los conciertos de la Pantoja, y Paloma pensaba que iba a ser demasiado concierto glamouroso seguido para los sevillanos, y la iban a dejar más sola que la una… bien pensado, en vista de lo sucedido, seguramente ella estaría también ahora arrepintiéndose de su decisión.

Pero los conciertos siguieron sucediéndose, y mi interés por ellos seguía por los suelos. El siguiente fue el que patrocinaban “Los 40 Principales”, para para reforzar la doctrina de sus oyentes conversos, mientras escuchaban las canciones de El Norte y Rey Lui, dos jóvenes grupos de pop españoles que, desde que naciesen en los pasados tres o cuatro años, se habían hecho un hueco en las ondas con algunas canciones muy comerciales; aunque en realidad Rey Lui, más que una banda en sí, era como los del Pingüino, el proyecto de un solo músico, Raúl de Góngora. Curiosamente, tras un montón de años inactivos después de separarse a principios de los ’90, las dos bandas continúan ahora en activo de nuevo… o al menos continuaban hasta hace poco…

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Rey Lui – “Quiero ser como tú”

La noche siguiente tampoco estuve en el Auditorio; esa noche el grupo estrella era Danza Invisible, con el que me pasaba algo similar a La Unión, había ido perdiendo interés en ellos a medida que su carrera se iba consolidando y se iban acomodando con trabajos que les iban dando el status de “grupo imprescindible” de la escena musical española. Ya ni siquiera fui a verles cuando estuvieron en la sala “Rrio” unos días antes de navidades, así que aquí también opté por emplear las 800 pesetas de la entrada en alguna otra cosa más reconfortante.

Sus teloneros fueron La Luna les Canta, un trío barcelonés que estaba presentando su primer disco, con canciones llenas de arabescos, intentando seguir la senda de sus paisanos de El Último de la Fila… lo que ocurre es que si éstos últimos con el tiempo pasaron a ser reiterativos en sus planteamientos, los de La Luna ya nacieron siendo así. En directo tenían un sonido muy profesional, fruto de la cantidad de años que llevaban sus miembros como músicos de estudios, pero no fue ésta tampoco una noche en que mucha gente lo apreciase.

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La luna les canta – “Y la luna les canta”

Y como ya era hora de volver a presenciar algún concierto, la noche siguiente me decidí por fin a acudir a la Cita, aunque el espectáculo previsto no fuese de los que más me atraían.

El viernes, día 12, era la dedicada a “Noches de Brasil”, y si bien los artistas previstos inicialmente no me hubiesen hecho asistir a ella (más que nada porque no conocía a ninguno de los que iban a venir: Nara Leao, Roberto Menescal y la Familia Caymmi), el que casi sobre la marcha se cambiase el cartel sustituyendo a todos los previstos por la única presencia de Caetano Veloso me hizo cambiar de opinión.

Y menos mal que hubo este cambio a última hora, porque de haber seguido el cartel como estaba previsto, los artistas hubiesen tocado prácticamente en familia, ya que con la presencia de Veloso, que ya era un artista consagradísimo, no llegamos a reunirnos allí ni siquiera mil espectadores. Y el precio era de los más baratos del ciclo, 400 ó 500 pelas…

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Caetano Veloso – “Tropicália”

Posiblemente ocurra que la gente no asociaba el nombre de Caetano Veloso con algunas canciones que sí les eran muy conocidas, ni su compañía discográfica se moviese demasiado para promocionarlo, porque su último disco por entonces ni siquiera se había editado en España; quizás también el cambio de última hora afectó a la publicidad local, porque si para los demás conciertos Sevilla amanecía llena de carteles anunciadores, de Caetano Veloso no apareció casi ninguno.

Por todo esto seguramente el concierto comenzó frío, pero enseguida todos nos enganchamos a aquellas canciones de tan peculiar psicodelia, herederas del tropicalismo del que él mismo fue uno de los fundadores. Durante un rato del concierto, los cuatro músicos que le acompañaban le dejaron solo con su guitarra, y esos fueron los momentos más intimistas, melancólicos, acariciadores y sensuales de la noche. Su voz sonaba perfecta y llena de matices, y su estilo de cantar era muy llamativo, por lo poco en común que tenía con el de otros brasileños también clásicos. El resultado fue que al final todos tuvieron que volver a alargar los bises, en el que sonaron su emocionante recreación de “Terra”, y algunas canciones en plan “rebujito” en las que mezclaba los más puros sonidos de Bahia con algunos fragmentos sorprendentes entre los que se podían adivinar notas del “Billie Jean” de Michael Jackson o del “Eleanor Rigby” de los Beatles.

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Elena García – “River deep, mountain high”

Y tras un nuevo parón de cinco días, llegó la divertida noche habitual de los últimos años, el “Festival de la Canción Femenina”, que en esta quinta edición presentaba una novedad muy importante, ya que el concurso iba a ser además una muestra, para lo cual se eligieron a las nueve mejores cantantes de las cuatro ediciones anteriores, y éstas fueron las que subieron al escenario.

Se está agotando la cantera femenina musical después de cuatro años de selección, por eso el recital de esta noche será más interesante, porque todas han demostrado ser buenas cantantes. Este V Festival de la Canción Femenina representa lo que es, ha sido y será Sevilla, el crisol, la patria de las mezclas, lo más puro, que es la mezcla feliz (Pive Amador, siempre tan barroco).

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Inma Trujillo – “Rezaré”

Desde luego, en lo que a Pive no le faltaba razón era en lo de la mezcla, porque esta noche se mezclaba el viejo soul de Phil Spector (“River deep, mountain high” de Elena García) y el soul de los beat ingleses de Spencer Davis Group (“I’m a man” de Lourdes Carvajal), con los recuerdos del pop italiano, ya sea el clásico (“Parole” de Antonia de Miguel) o el heredado del rock’n’roll americano y tamizado por la devoción sevillana (“Rezaré” de Inma Trujillo), y con la canción española de Quintero, León, Quiroga y el Maestro Solano (“La zarzamora” de Johana Jimenez y “Tengo miedo” de María del Valle García), pasando por el power pop (“Town called Malice” de Mercedes Rivero), las baladas de hard rock (“Distant thunder” de Emilia Pinzón) o esa (per)versión realizada con la complicidad del Pive por Carmen Feria, aquella niña de doce años (ahora con quince) que nos sorprendió a todos en la segunda edición del festival, de una de las canciones más conocidas de Silvio: “La chamaca de la Nueva España”.

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Carmen Feria – “La chamaca de la Nueva España”

Además de poder cantar de nuevo ante tanta gente, las chicas tuvieron la oportunidad también de grabar un disco, patrocinado por el Área de Cultura del Ayuntamiento, y editado por Cambayá Records, en el que cada una de ellas aportó una canción (que es la que ilustra este texto), acompañada por la flor y nata de los músicos sevillanos, Juanjo y el Pájaro en las guitarras, Antoñito Smash en la batería (excepto en “I’ll go crazy”, que las baquetas las tomó el Pive), Miguelito Suarez al bajo, los saxos de los hermanos Aquiles y Gautama del Campo, las trompetas de Guillermo Fernández, el piano de Jesús Arispont… en realidad no todas ellas cantaron la misma canción en el Festival que en el disco, Lourdes cantó en directo “I’m a man”, pero había grabado el “I’ll go crazy” de James Brown con el que ganó la edición del año anterior.

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Lourdes Carvajal – “I’m a man”

La vencedora absoluta fue Emilia Pinzón, por lo que se embolsó las 200.000 pesetas que había de premio, además de firmar un contrato discográfico. La segunda fue Antonia de Miguel, quedando Lourdes Carvajal en tercer lugar. A ésta última, junto a Emi y a Elenita volvimos a oirlas juntas en este mismo escenario seis días después… pero a eso ya llegaremos.

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Emilia Pinzón – “Distant thunder”

El fin de fiesta volvió a correr a cargo de Baldomero Torre y sus cuchillos afilados, que acababan de editar su segundo disco, “Sin un duro”, endureciendo el sonido rockabilly del anterior, quitándole bastante de la chulería que le caracterizaba y acercándose más al palo de Dogo y los Mercenarios (por cierto, en la última formación del Dogo, el año pasado, el bajista era Luis “Baldomero”). No cuajaron, y ellos pensaban que era sobre todo por culpa de la compañía discográfica.

La técnica de la compañía es “a ver si al burro le suena la flauta”, y les sonó con los Chanclas. Es la ley del porcentaje: graban veinte discos y a alguno le sonará la flauta. Estamos deseando que los Chanclas triunfen, se vayan a Estados Unidos y nos dejen algunas actuaciones.

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Baldomero Torre y sus Cuchillos Afilados – “Volando en un deportivo rojo”

Con ellos volvieron a la Cita los grupos de pop y rock españoles y sevillanos, que coparon las noches siguientes. El viernes 19 abrieron el fuego La Frontera, pero su concierto no se pareció ni de lejos al que les vimos dos años antes en los locales de la Aeronáutica de Triana, cerrando una de las noches del concurso de rock de la Diputación. Seguramente sería porque por entonces aún eran esa banda diferente de rock vaquero que derramaba entusiasmo. Ahora, estaban a contrapié, pisando un terreno que les iba a hacer sacar enseguida su cuarto disco, “Rosa de los vientos”, del que presentaron aquí varias canciones, que les asemejaba en su postura a los ya mencionados antes La Unión y Danza Invisible (también por cierto, invitados éstos a cerrar otra de aquellas noches del concurso de la Dipu). La capacidad creativa de Javier Andreu se estaba desplazando hacia el lado de los clichés de forma alarmante.

Y las estrellas de la noche, Los Ronaldos, tuvieron esa misma actitud pero multiplicada por tres. A estas alturas, esta banda ya era una de las punteras del panorama nacional, pero yo siempre que les ví en directo me parecieron decepcionantes. Si a eso les unimos que habían cogido las costumbres de los grupos que pasan a ser mayoritarios… ya sabéis… ahora a dar palmitas… ahora a ponernos uniformes y previsibles… pues el resultado final es un concierto perfectamente olvidable, como así ocurrió.

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Los Ronaldos – “Adiós papá”

De todos modos, con ellos la gente volvió al Auditorio. Se notaba que había ganas de verlos después de su fallido concierto de fin de año. Pasado el verano del año anterior, Manolo Están, uno de los organizadores de eventos (exitosos y fallidos) más famoso de Sevilla, instaló en el Prado, al lado mismo del Auditorio la “Disco Carpa Cu”, una enorme carpa, capaz de alojar a cuatro mil personas, en la que había una discoteca, con césped artificial, calefacción… y cuando fueron llegando las navidades comenzó a anunciar una macrofiesta de fin de año, en la que por 2.500 pesetas (cuando el precio medio de los cotillones en la ciudad era de 4.000) tendrías fiesta, barra libre de champán (entonces aún no se decía cava) y el concierto de Los Ronaldos y Tam Tam Go, la banda de moda entonces tras la sorpresa masiva de su primer disco. El caso es que los hosteleros sevillanos de siempre vieron en esto una competencia desleal y lesiva para sus intereses, y no pararon de dar el coñazo en el Ayuntamiento hasta que lograron que las autoridades municipales prohibiesen esta fiesta. Esta anulación y las trabas continuas hicieron que Manolo cerrase el macro-chiringuito poco después.

Pero ahora estábamos a sábado, 20 de mayo, y si anoche tocaron por fin Los Ronaldos, hoy lo iba a hacer la otra banda de aquel cotillón, Tam Tam Go, el grupo revelación del año pasado con su elegante pop en inglés, y sus canciones límpidas y bonitas que hicieron que todos sacasen sus mecheritos, menos los que estábamos ya en la barra con las manos ocupadas por los vasos de cerveza, y que después de haber visto a 21 Japonesas, aquello ya no nos decía nada de nada.

La noche comenzó con los sevillanos Círculo Vicioso, ahora ya fuera de la multinacional WEA y con cambios de formación, ya que ahora el bajo lo tenía Pacoco, el de Helio, y la batería Ricardo Pachón, el hijo del manager y mentor de Pata Negra, entre otros grupos. Las canciones se sucedían desde las más conocidas de su primer disco a las nuevas del “Habitaciones vacías” que José María Sagrista editó en su propio sello discográfico de La Jungla. Pero ya no era lo mismo, las canciones habían perdido el sabor y la eterna promesa que era Círculo Vicioso comenzaba a afrontar lo que el propio Sagrista solía decir, en una de sus frases lapidarias: “Aquí acaba la vida y empieza la supervivencia, como decía el jefe indio”.

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21 Japonesas – “Piel tabú”

Lo mejor de la noche fue, sin duda ninguna, la segunda banda en subir al escenario, 21 Japonesas, unos chavales de San Sebastián que calentaron el ambiente desde el principio, haciendo que la gente recuperase las ganas de divertirse y se animara con sus rítmos importados directamente de África, intensos, cálidos y bailables, arropando a unas letras muy inteligentes. Insttrumentalmente eran bastante discretos, pero les sobraba garra para conectar de forma efectiva con la gente. En este concierto estaban además presentando muchas de las canciones de su segundo disco, aún sin publicar, en el que los rítmos latinos se imponían a la magia africana. Con esta música nueva a veces parecían el Sting en su vena más exótica, o el Peter Gabriel más rítmico que reflexivo… pero así y todo no les perdí el cariño cogido con la sorpresa del primer disco.

El martes 23 llegó la ineludible cita de Silvio con el festival. Fue una noche netamente sevillana, en la que los primeros en salir fueron Los Picapiedras, grupo coleguita de los Baldomero (todos provenían del instituto San Isidoro, e incluso compartían al batería) y una de las bandas más simpáticas y optimistas surgidas de Sevilla. Su concierto resultó tan divertido como sus letras, sus melodías se te pegaban al oído enseguida y no te soltaban… y en directo su rock subía muchos enteros con respecto a los singles que tenían publicados.

Los conciertos de Dogo y los Mercenarios nunca defraudaban, y éste menos aún. Con ellos ardió el escenario igual que lo hacía Sevilla desde los surcos de su segundo disco, que ya había dejado huella; así y todo los momentos mágicos fueron los tiros bien dados por una lbanez Steve Vai de “Gloria o muerte” y toda la peña coreando el “Rock and roll caliente”, dos canciones de sus primeros tiempos. A Dogo le he oído decir “siempre hemos dicho que las baladas son rock’n’roll”, y escuchándoles tocar “Solo mi cuerpo” no hay quien lo dude. Estuvieron soberbios.

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Dogo y los Mercenarios – “El polígono Sur”

Y después llegó el turno de Silvio y Sacramento. En uno de los mejores momentos de su carrera, Silvio llevaba un año en el que apenas se bajaba de los escenarios repartidos por casi todos los pueblos de esta parte occidental de Andalucía. El éxito de su “Fantasía occidental”, y de las canciones del single que le precedió hizo que el teléfono de Pive no dejase de sonar pidiendo actuaciones. Y eso también hizo que el rítmo de un disco cada cuatro años se alterase y el nuevo, que estaban presentando ahora, “En misa y repicando”, solo tardase un año en salir después del anterior. Sus facultades iban mermando a ojos vista, sin embargo nunca fue más apreciado ni provocó más delirio en sus admiradores que en esta época dorada. Lástima que le llegase tan tarde; incluso sus músicos de acompañamiento comenzaron poco después a desmarcarse, de ahí el comentario que me puso el Pive en esta foto de abajo, la última en la que aparecieron juntos con Silvio todos los que subieron con él aquella noche al escenario: el propio Pive, Miguelito, Juanjo, el Pájaro y las tres chicas del coro, Lourdes, Emi y Elenita. En la foto también están Manolito Luzbel y Don Curro, eternos amigos de Silvio que, tras dejar constancia de que nunca fallaba en la Cita en Sevilla, dejó el escenario despidiéndose de la gente canturreando aquello de “blaaaaaanca y radiaaaaaaante va la nooooviaaaaaaa…”.

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Silvio y Sacramento – “Tres pasos hacia el cielo”

La noche siguiente subió a este mismo escenario otro de los asiduos de la Cita, otro cantante de los que casi nunca fallaban y que este año nos enteramos de porqué tenía especial interés en venir siempre que podía y darse un baño de multitudes en Sevilla. Aute quería quitarse una espinita que tenía clavada con nosotros desde que hace quince años tenía que dar un concierto en dos funciones en el cine Alkázar. La primera de las funciones la tuvo que suspender porque solo se presentaron catorce espectadores… “anda, hacedme un favor y tomaros algo en el bar mientras va llegando la gente para la segunda sesión…”. Yo no estuve esta noche tampoco, pero en este concierto interpretó casi todas las canciones de su nuevo disco, “Segundos fuera”, con el que intentaba reivindicarse como “auténtico”, en contraposición a todos aquellos antiguos amigos izquierdistas que tanto le estaban defraudando.

Según el programa establecido ya solo hubiese quedado una noche de conciertos, con la que se hubiese cerrado la edición de este año, pero desde hacía un par de semanas, los programadores venían gestando la idea de traernos un artista sorpresa, en un intento de compensarnos un poco por la linealidad y la falta de interés que la Cita estaba teniendo hasta entonces. Aunque con los últimos grupos triunfantes en España que habían venido el interés subió un poco, los del Área de Cultura mantuvieron la idea, y se buscaron a un cantante muy popular, que vendía muchos discos y que iba a traer una nueva dosis de alegría a la Cita. No repararon en esfuerzos para que el día 1 de junio pudiéramos disfrutar de la música de… José Luis Perales. Nada más que añadir.

Y por fin llegó la clausura en la noche del viernes 2 de junio. Unos prácticamente acabados Mermelada abrieron el concierto con su rythm’n’blues que ya solo interesaba a los nostálgicos pre-movida. Pero la mayoría de los presentes estábamos allí por Los Rebeldes, que aunque también convertidos últimamente en éxito de Los 40 Principales, sin embargo, al contrario que la mayoría de los divos sobrevenidos del pop español, Carlos Segarra sabía evitar los momentos más radicales, para fastidio de sus nuevos fans. Que eso de “renovarse o morir” no tiene porqué ser una equivocación siempre. Su nuevo rerpertorio era más pop, pero ellos seguían siendo explosivos desde el principio con “Bailando con el hombre lobo” hasta el bis final con “Mescalina”, y todos bailamos y disfrutamos con su música llena de rockabilly, soul y, sobre todo, fuerza. A la altura de cuando estuvimos dos años antes con ellos en Alcalá de Guadaira grabando su disco en directo.

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Los Rebeldes – “Mescalina”

Y al final, en una Cita tan fallida como ésta, incluso los números le dieron la esplada al Ayuntamiento. Los 47 millones de inversión previstos al principio se habían convertido en más de 52 y medio; y gracias a que pudo recuperar casi seis millones que a duras penas pudo arrancarle a la Junta de Andalucía, tres y medio que nos gastamos los pocos espectadores en las barras, y otros trece más que aportaron entre la Cruzcampo, la Coca-Cola e Hijos de Ybarra, porque si hubiese dependido de su parte correspondiente del taquillaje, el fiasco hubiese sido escandaloso.

Porque es que aunque la inversión en el caché de los artistas por parte de las empresas privadas y la Expo-92 fue de 21 millones y pico de pesetas, el taquillaje total vendido en toda la Cita en Sevilla apenas sobrepasó los once millones y medio. Con eso no hubiesen tenido ni para pagar a los dos cantantes que más cobraron, Joaquín Sabina, seis kilos y medio, y la Pantoja, seis kilos más…

Pérdidas por todos lados, debidas a una programación fracasada que no supo despertar el interés del público. Esta fue la Cita en Sevilla a la que menos espectadores asistieron. Ante unas perspectivas como ésta, es poco explicable como varios locos nos liamos la manta a la cabeza y en noviembre formamos “Producciones Informales” con la finalidad de traer a Sevilla a tocar a bandas de rock extranjeras arriesgando nuestro propio dinerito, sin depender de la ayuda de papá Ayuntamiento.

Eso sí, para el próximo año la Concejalía de Cultura habría de tomar medidas, y la principal de ellas sería mejorar la calidad y variedad de los espectáculos, así como traer a más figuras internacionales… pero eso ya será una historia que tendrá lugar a partir de “la séptima vez que nos citamos en Sevilla”.

EN AQUELLOS TIEMPOS, LA MÚSICA…

En este blog hemos retrocedido en el tiempo muchas veces para contar algunas historias, pero nunca tan atrás como hoy. Lo que os voy a contar en esta entrada sucedió hace 95 años, pero para situarla en su contexto hay que retroceder casi un siglo y medio.

Se me ocurrió hablar de ello cuando en el post anterior, nuestro amigo Ambrosio nos metió en los comentarios el video de Pata Negra haciendo playback en Ibiza, y yo os recordé más cosas de los conciertos con música pregrabada del programa de televisión en el que colaboré… ¿Cuándo fue la primera vez que a alguien se le ocurrió que las máquinas podían reproducir fielmente la música y las canciones como si estuviesen en vivo?

Todo comenzó el día que Thomas Alva Edison, en su laboratorio de New Jersey, se puso a cantar “Mary tenía un corderito” a través de un rudimentario micrófono. El sonido fue grabado en un papel encerado y quedó ahí registrado, haciendo de Edison el primer ser humano en grabar un sonido y luego reproducirlo.

Unos meses después él mismo descubrió el primer fonógrafo, el cual usó para grabar una nueva versión de la misma canción (se ve que en su cerebro no había sitio para aprenderse más canciones), esta vez sobre papel de estaño.

Y una tarde de un viernes, treinta y ocho años después de eso, otro fonógrafo de Edison convenció a varios cientos de personas en la cercana ciudad de Montclair de que una grabación podía sonar igual que la vida misma.

El concierto fue por estricta invitación. Todo el que estaba allí era porque alguien de Phonograph Sales Company, el proveedor local de los productos de audio de Edison y sponsor del evento, pensaba que era uno de los miembros más distinguidos de la comunidad. Se contrató a varios intérpretes: la contralto Christine Miller, el violinista Arthur Walsh y el flautista Harold Lyman. Pero cuando la gente comenzó a llenar la sala del Montclair Club, el 17 de septiembre de 1.915, la verdadera estrella del espectáculo estaba ya en el escenario, justo en el centro, frente a todo el mundo… Un fonógrafo Edison Diamond Disc sobre un precioso mueble de madera.

El fonógrafo Diamond Disc no era una “máquina parlante” cualquiera, un término, además, que a Edison le parecía un insulto a lo que él consideraba nada menos que como un instrumento musical. Él y su equipo de investigación cuidadosamente seleccionado habían pasado años desarrollándolo, realizando cientos de pruebas y haciendo incontables ajustes para conseguir una máquina que sonase de forma perfecta. Incluso habían inventado ellos mismos un nuevo tipo de resina para los discos.

El fonógrafo Diamond Disc era perfecto porque “desaparecía” cada vez que lo ponías en marcha. La máquina era un medio neutro: lo escuchaba todo, y no añadía ni sustraía nada, emitiendo una música tan pura que Edison confiaba en que podía resistir el más difícil desafío.

El concierto de esa noche se anunció como una “prueba de tono”.

Verdi E. B. Fuller, el jefe de la división fonográfica de la compañía de Edison salió al escenario:

-Señoras y caballeros -dijo-, el mero hecho de la reproducción del sonido hace ya tiempo que no es ninguna novedad. Pero últimamente ha sido desarrollado por el señor Edison un nuevo arte de grabación y recreación de todas las formas de sonido. Ustedes han sido invitados a escuchar este nuevo instrumento de recreación de sonidos, en el que el nuevo arte del señor Edison ha quedado plasmado.

En las invitaciones ya se mencionaba algo de aquello, una especie de comparación entre la voz en vivo y su facsímil reproducida. Fuller le dijo a la audiencia que la máquina de Edison podía “oír” con la misma sensibilidad que el oído humano, y que por eso podía reproducir un sonido que era indistinguible del original.

-Vamos a demostrarles que el tono característico de cada instrumento musical puede ser fielmente recreado -añadió en su discurso-, y la reproducción de la voz humana es igualmente fiel.

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Christine Miller – “O rest in the Lord”

Fuller invitó a pasar a Christine Miller al escenario y puso en el fonógrafo un disco de ella cantando “O rest in the Lord”, un aria del “Elijah” de Mendelssohn. El disco comenzó a dar vueltas y Christine lo dejó sonar unos momentos. Luego comenzó a cantar a la vez que él… y después se paró. Hubo exclamaciones de sorpresa entre la audiencia. Era extraño lo cercanamente que la voz grabada de Christine reflejaba los sonidos que salían de ella misma en el escenario. El disco continuaba sonando con Christine parándolo y volviéndolo a poner en marcha, como un DJ. La audiencia aplaudía cada vez que ella dejaba de mover sus labios y hacía que el disco cantase por ella. Después hizo lo mismo con otra grabación de ella misma cantando el “Abide with me” de Liddle.

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Christine Miller – “Abide with me”

Luego se tomó un descanso y Fuller presentó a Arthur Walsh, que hizo un solo de violín sobre una grabación del “Ave María”. Después llegó el turno de Harold Lyman, y tras él Christine Miller volvió a cantar “Ah! Mon fils” y algunas canciones folklóricas escocesas, acompañada por los dos instrumentistas. Y luego llegó el momento del número final. Fuller puso una grabación de Christine cantando “The olds folks at home”, de Foster. Su voz salía al aire fuerte y potente desde el altavoz del fonógrafo…

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Christine Miller – “The olds folks at home”

Way down upon the Swanee River
Far, far, away
That’s where my heart is yearning ever
Home where the old folks stay…

La Christine del escenario comenzó a cantar junto con la Christine de la máquina. Cuando la Christine mecánica cantaba, la Christine de carne y hueso la seguía y dejaba de hacerlo a intervalos… los espectadores estiraban el cuello todo lo que podían para ver cuando sus labios dejaban de moverse. Ésa era la única forma que tenían de saber si ella estaba cantando o no. Cuando la canción ya llevaba más de la mitad, en un momento en que las dos Christine estaban cantando, la audiencia recibió una sorpresa final. Se apagaron todas las luces de la sala.

El público permanecía ahora sumido en una total oscuridad mientras la música continuaba. Solo podían guiarse por sus oídos, y sus oídos les engañaban.

Las luces volvieron a encenderse, y allí estaba Christine Miller, con sus labios congelados en una amplia sonrisa… ¿Cuándo había dejado de cantar…?

Todo el público estalló en una enorme ovación y gritos de elogio.

…que todavía hoy perduran en todas las salas de concierto donde se usa playback y música pregrabada.

LA QUINTA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

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Jingle de Silvio y Sacramento

La principal novedad de la Cita en Sevilla de 1.988, en lo que se refiere a asuntos extramusicales, fue que el Ayuntamiento renunció a ser “manager” y no contrató directamente a los artistas, como venía siendo habitual. En parte por el revuelo que organizaron el año pasado los empresarios sevillanos, y en parte también por ver si así, siendo menor la inversión pública, el grupo popular (bueno, y Rojas Marcos, que seguía látigo en mano) dejaba de echarles en cara los estrepitosos fracasos económicos anteriores y les daba menos caña, cosa que a priori sí que consiguieron. El Ayuntamiento seguiría asumiendo todos los gastos de infraestructura necesarios, más de cincuenta millones de pesetas, pero ya ni la Junta de Andalucía ni la Diputación aportarían capital, y la contratación de los artistas que constituirían la programación correría a cargo de iniciativas privadas.

La consecuencia inevitable de esto, y la que más nos afectaba a los espectadores, era que el precio de las entradas iba a aumentar mucho, quedando este año en torno a las mil quinientas pesetas cuando se trataba de artistas de primera fila, que aunque ahora parezca barato, en aquellos años era una pasta importante para un joven, ya fuese universitario, currante o parado. De lo que se recaudase por taquillaje el Ayuntamiento se llevaba un porcentaje que variaba según el contrato específico que hubiese firmado con cada uno de los organizadores privados. De lo que se trataba era de que el taquillaje quedase en manos de los empresarios hasta un caché y unos costes de organización preestablecidos, y lo que sobrase (cuando sobrase, jejeje…), es decir, los beneficios, se repartirían a partes iguales entre el organizador y el Ayuntamiento.

Al igual que se venía haciendo en los años anteriores, los espectáculos de la Cita comenzaron a rodar durante la Feria, esta vez con programa triple, desde el jueves 21 al sábado 23 de abril, con el ambicioso espectáculo de Los Cantores de Híspalis con la Royal Philarmonic Orchestra de Londres.

En aquella segunda mitad de la década de los ’80 las sevillanas se pusieron muy de moda en toda la geografía española, y en Madrid no paraban de inaugurar salas rocieras que enseguida se llenaban de famosos del papel couché que iban allí a bailar y a alternar, y servían de tirón para que la bola ne nieve siguiese creciendo. Fueron unos tiempos espléndidos para Los Cantores de Híspalis, los cuales contaban las ventas de sus discos (de platino, por supuesto) “Gente güena” y “Danza” por cientos de miles. Éste último era el que estaba recién salido al mercado cuando tuvo lugar esta Cita, y en él participaba la Philarmonic londinense poniendo un pretencioso respaldo musical a las sevillanas. Y aunque en sus actuaciones habituales, los Cantores, obviamente, no podían contar con tan fastuoso respaldo, para la inauguración de la Cita decidieron echar la casa por la ventana y traerse a la Royal Philarmonic al audiorio del Prado para montar un espectáculo llamado “Con la música a otra parte”, en el que además de la Royal iban a intervenir todos los elementos que habían tomado parte en el disco. Ellos mismos actuaban como empresa organizadora.

El problema es que a la gente de Sevilla les pareció más divertido gastarse las mil pelas de las entradas en manzanilla (creo que por entonces todavía no se había inventado el asqueroso rebujito) y escuchar las sevillanas in situ en el Real de la Feria, y al concierto no fue ni el Tato. Así que tras varios años de éxito en el inicio de las Citas con la Mondragón, Sade y Miguel Bosé, en éste hubo un fracaso de tal magnitud que las pérdidas económicas ascendieron a TRECE MILLONES de pesetas. La iniciativa privada comenzaba haciendo aguas. Aguas mayores.

Anda, que si lo llegan a saber se hubiesen metido en esto “por los cojones”, como me decía el Fali, amigo polinganero de patadas al balón (y padre de Falete); y encima habían ampliado las dos fechas previstas iniciales del jueves y el viernes porque el concierto que tenían previsto el sábado en Málaga se les cayó y tenían ya contratada a la Royal… setenta y cinco tíos con habitaciones individuales en un hotel de Rota, tres autobuses a su disposición para moverse, ayudantes para transportar el equipo, siete millones de pelas para ellos y casi otro tanto para viajes, alojamiento, comidas, atenciones… la ruina. Una ruina de la que tampoco se libró el Ayuntamiento, porque se encontró con que no podía recuperar ni una sola peseta de la inversión en infraestructura de los posibles beneficios. Bernardo Bueno era otro de lo que también estaban contentos… “mira que les dijimos a los Cantores que solo actuasen una noche… pero no… ellos no solo no se conformaron con las dos que les dimos al principio, sino que encima pidieron una tercera…”. Y es que, como siempre, la culpa de todo se la echaron a él “por no haber programado esto antes del comienzo de la Feria, cuando los sevillanos están todavía ansiosos por escuchar sevillanas y tienen menos alternativas de diversión”… tócate los güevos!

El jueves 28 comenzó el rock, de la mano de Kruiz, a los que teloneaban los españoles De Calle, un grupo heavy del que nunca más se supo. Yo tampoco estuve allí esa noche para apreciar la música de Kruiz, una banda rusa que, para ser de heavy metal, eran bastante comedidos, porque ni bebían más que coca-cola, ni fumaban… seguramente por eso los dejarían salir de Rusia, para que nos mostraran que eran el crisol en el que se fundían las juventudes socialistas de la Perestroika. El líder del grupo, Valery Galyna, había sido incluso galardonado por el Partido Comunista ruso con la distinción de “mejor guitarrista de la Unión Soviética”, porque siempre se había negado a tocar con músicos occidentales, por eso creó este grupo hacía ya siete años. Las letras que cantaban eran de su compañera, Olga, y hablaban casi exclusivamente de paz, porque los del grupo decían que en su país el rock no se empleaba como protesta contra el modelo de sociedad en el que vivían (…tuviera que ver… por la cuenta que les traía) , sino solo para dar a conocer la música.

Que por aquí viniese a actuar un grupo heavy de un sitio tan raro como Rusia, fue sobre todo debido al empeño que puso el concejal Luis Pizarro (hermano, como sabéis de Juanjo, el guitarrista de los grupos de Silvio y Dogo, y de Manuel, de los Reincidentes), que a través del colectivo “Artistas por la paz”, que estaban vinculados a Comisones Obreras (Luis era de Izquierda Unida) y eran los que estaban preparando la gira del grupo, se enteró de las fechas en que iban a andar por España e hizo unas llamadas para gestionar que tuviesen también una parada en Sevilla. Seguramente los del colectivo acabarían arrepintiéndose de haber hecho caso a Pizarro, porque con este concierto perdieron un millón de pesetas.

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Kruiz – “Brave new world”

Entre los pocos que se dejaron ver por el auditorio para escuchar a estas bandas estuvo nuestro amigo Maese Rancio, que nos cuenta sus impresiones:

“Vientos de cambio”, que cantaba Scorpions. La veterana banda rusa de heavy Kruiz cruzó el Telón de Acero para aterrizar en la “Cita en Sevilla”. Los que allí asistimos lo hicimos más por curiosidad que por ser seguidores de la banda, a la que, en aquellos tiempos sin internet, yo juraría que no conocía nadie entre los asistentes. El trío de bajo, batería y guitarra eran la base del sonido de los rusos (voz aparte, claro) que tocaban un speed metal más que correcto. También usaron un teclado para hacer la intro de una canción que me pareció un pelín larga. En resumen un concierto que atrajo a curiosos por ver como sonaba un grupo heavy ruso y que al final no defraudó.

Poco tiempo después llegué a ver un vinilo de Kruiz a la venta en “Sevilla Rock” y en el 89 se celebró en Rusia el “Moscow Peace Festival” con Ozzy Osbourne, Scorpions, Mötley Crüe, Bon Jovi y la banda local Gorky Park entre otros. Los propios Bon Jovi hicieron de padrinos de los Gorky Park, a los que ayudaron a lanzar un disco a nivel mundial aunque su repercusión fue escasa. “Winds of change”.

Antes de que se organizase un nuevo evento en el Prado, la Cita se paró el fin de semana porque en la noche del viernes al sábado se celebró en el Palacio de los Deportes del Polígono de San Pablo el festival “Andalucía abierta”, del que seguramente hablaremos más en profundidad en alguna otra ocasión. Ahora solo os diré que aquello fue una cosa muy desigual que comenzó a las seis y media de la tarde de la mano de José Manuel Soto, para seguir después con Javier Ruibal, Paco Ortega e Isabel Montero, los Viceversa sin Sabina ni Pancho Varona, Gwendal, Raúl Alcover… para ir dejando durante la noche el camino abierto a los más rockeros: 21 Japonesas, La Dama se Esconde, Ana Curra, Semen-Up, los Secretos, Brighton 64, Siniestro Total, Os Resentidos, Micky (el antiguo), que también ejerció de presentador, los Inhumanos, con strip-tease de una chica incluído, Ketama, Martirio, Ricky Amigos, para algunos geniales y para otros de vergüenza ajena, Sendero Luminoso, los sevillanos Picapiedras y Baldomero Torre… algunas cosas no pegaban demasiado, por eso Juana la del Revuelo se había bajado del escenario a las dos y pico de la mañana apenas después de haber interpretado un par de tangos y bulerías porque la gente no le hacía ni puto caso… y es que, como decía ella misma en los vestuarios deportivos, apañados como camerinos (por los que pude deambular porque estábamos retransmitiendo aquello para “Radio Aljarafe”), …”la noche no está pa ná… y este público no está pa esto…”.

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Duncan Dhu – “Cien gaviotas”

En la Cita en Sevilla el primer lleno se produjo el martes siguiente, día 3 de mayo. Y en realidad no fue un lleno absoluto, porque en el Auditorio cabían más personas de las 6.500 que habían entrado con todas las localidades que se pusieron a la venta, cosa que solamente consiguieron en toda la Cita Duncan Dhu esta noche, y Gabinete Caligari diez días después. Es cierto que algunas de las figuras internacionales que pasaron también por aquí recaudaron en taquilla más pasta que ellos, pero eso fue porque las entradas eran más caras, porque en lo que respecta al número de espectadores, ninguno logró batir los récords de estos dos grupos españoles.

Duncan Dhu atrajo sobre todo a un público que comenzaba a dejar atras la adolescencia y que les gradeció con constantes muestras de entusiasmo el desfile de canciones, muy conocidas la mayoría, que la banda iba desgranando. Yo debí ser la excepción de la regla que marcaba que había que divertirse, porque durante toda la noche no dejé de pensar que la delicadeza que tenían las melodías de la banda quedaba estropeada por no dejarlas sueltas y que nos empujasen con su fuerza natural, y es que los Dhu se empeñaban en imprimirles una potencia artificial a base de martillearlas con un bajo atronador que, más que darles una mayor pegada, cosa que no necesitaban unas canciones líricas y soñadoras como las suyas, les arrebataba toda su fuerza melódica. Con lo bien que hubiesen quedado dejando que las guitarras llevasen la función rítmica librando al bajo y a la batería de la carga de poner en movimiento los cuerpos de los espectadores…

Antes que ellos subieron al escenario a calentar el ambiente los miembros de la nueva formación de Albania, una banda sevillana que ya actuó en la primera de las Citas cuando aún se llamaban SS 20. Ahora les había fichado una discográfica grande, como Zafiro, y tras haber echado de la banda a Víctor y tomado Manolo el mando, hacían unas canciones en las que la brillantez anterior la tapaban ahora con maquillaje comercial para que les dejasen entrar en las radio-fórmulas.

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Albania – “Días de sol”

Y la noche siguiente tuvimos un nuevo descanso en la Cita, pero esta vez forzoso, ya que la lluvia obligó a suspender el concierto de Aute, que venía a presentarnos su nuevo disco, “Templo”.

El jueves 6 de mayo fue el día en el que pudimos ver a la flor y nata de la música rockera sevillana, como todos los participantes no se cansaron de decir durante los días previos: Kiko Veneno, Silvio y Sacramento y Pata Negra, según el orden de actuación.

Aunque ya llevábamos escuchando en directo las canciones de “Fantasía Occidental” durante mucho tiempo, en realidad el disco todavía no se había llegado a editar, solamente había salido el single esta misma primavera con aquellas canciones semanasanteras, así que el concierto de esta noche era, aparte de la ineludible cita de Silvio con este evento, parte de la promoción de dicho disco, cuya salida ya sí que era inminente.

Unos días antes, en uno de los descansos en la grabación del programa que hizo con Jesús Quintero, el propio Silvio hablaba de lo que iba a ser el concierto de la Cita:

Po yo que sé… que vamos a tocá el día 6. Yo creo que estaremos hora y pico, depende de la gente, y haré tó mis temas nuevos, en eso he quedao con el Pive… güeno, si me acuerdo de las letras, porque hay uno del que me cuesta trabajo acordarme, pero creo que de aquí a entonces ya me la habré aprendío… sí, sí, ése, “Swing Maria”… a la gente le gusta musho, cuando salió se quedaron tós como las cabras, loquitos de contento; no ha habío nadie que se haya quedao como los cocodrilos, con los dientes abiertos…

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Silvio y Sacramento – “La Pura Concepción (Swing María)”

Y loquitos de contentos se quedaron todos los asistentes cuando al final de la noche asistieron a la insólita reunión de los tres grupos tocando al unísono “para darle gloria al público”, como decía Raimundo Amador. Fue uno de los mejores momentos, no ya de esa noche, sino de todo el rock simpático sevillano, ver ya al final a Raimundo a la batería y a Silvio entonando algo así como

Mi caballo se bebió
cubo y medio de aguardiente…
Viva mi caballo y yo…

que era una de esas canciones a las que Silvio se refería como “canciones de la cuatro de la mañana”… que vete tú a saber de donde salían, y ni tenían autor ni ná….

Ese fue el broche de oro al “mejor cartel que podía salir de Sevilla”, según afirmaba Pive Amador sin cortarse un pelo… y en realidad no le faltaba razón, porque Silvio era la estrella más genuina, Kiko era por entonces el mejor autor de canciones del país (o casi) y Pata Negra era el grupo más internacional de Andalucía, como lo demostraba el hecho de que poco después de terminar este concierto partían para New York a comenzar una gira americana y posteriormente europea. Silvio interpetó rock, Pata Negra flamenco y Kiko… canciones de toda índole, como era habitual, e incluso estrenó dos o tres de las nuevas que tenía para su posterior reencuentro con Raimundo en unos nuevos y fallidos Veneno: “A la Habana yo me fui”, “Buscando la vida”, la adaptación que hizo de “Palabras para Julia”

Pata Negra provocaron una conmoción, nunca estuvieron más cercanos a la genialidad que en estos momentos, y además se veía como los hermanos se divertían sobre el escenario tanto o más que los que estábamos abajo. Dos guitarras y la voz de Rafalillo, para hacer un concierto de blues que iba y venía del flamenco, del rock, o de lo que se terciara, de lo que les diese la gana a ellos, porque no había dúo de guitarras capaz de hacerles sombra. Por aquel entonces Raimundo todavía tenía esa mirada niña que derretía las cuerdas…

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Pata Negra – “El rock del Cayetano”

Ya quisiera yo haber salido igual de contento seis noches después, el día 12, del concierto de Joe Cocker. El caso es que la noche se presentaba muy bien, había dejado de llover y el concierto salía adelante contra todo pronóstico, porque hasta solo un par de horas antes nos temíamos que éste también se iba a suspender como el de Aute, o el de Rocío Jurado de dos días antes, aunque ése solamente se aplazó una semana. En la cola para entrar, muchísimas risas, porque me había tocado delante Terry White, aquel pivot que estaba en la primera formación del Caja San Fernando, y que era tan payaso fuera como dentro de las pistas de basket. Muchísima gente joven también en las colas, algo que me sorprendió un poco porque yo pensaba que Joe era para los más puretones, pero se ve que la publicidad que sacó de “Oficial y caballero” y de “Nueve semanas y media” había sido todo un revulsivo. Por lo tanto es normal que éste fuese el concierto que más dinero recaudó de toda la Cita, más de siete millones y cuarto de pelas (superando en unas 300.000 al de Rocío Jurado), aunque, como ya os dije antes, no fuese el que más gente reunió.

Al salir de allí aquella noche, yo pensaba que Joe Cocker ya estaba acabado para siempre, sin embargo, apenas tres años después, cuando le volví a ver en el Auditorio de la Cartuja formando parte del heterogéneo elenco de “Leyendas de la Guitarra” me congracié con él. En apenas tres o cuatro canciones derramó más pasión y energía aquella otra noche que en este nefasto concierto… joé, si hasta el “Unchain my heart” que era su canción estrella del momento, brilló más en la macarrónica versión que hizo Silvio una semana antes…

De todas formas, a la gente pareció gustarle bastante lo que oía, porque no faltaron canciones para todos los gustos: las de las pelis mencionadas antes, para los más jóvenes y últimos reenganchados; o “Feelin’ alright”, “The letter” o “You’re so beautiful”, para los seguidores “de toda la vida”. Y por supuesto, “With a little help from my friends” para todos… y anda que no le vino bien ni ná la “ayuda de la amistad” que le proporcionaron las fabulosas negritas del coro, que le tapaban todos los defectos vocales.

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Joe Cocker – “The letter”

Tampoco es que la noche siguiente fuese más animada. En cuanto a público, sí; ya os he comentado antes que los únicos que lograron vender todas las entradas que se pusieron a la venta habían sido los Duncan Dhu, y ahora también Gabinete Caligari. Y no se parecieron solo en eso estos dos grupos, sino que parece que Jaime Urrutia había creado escuela con su forma de cantar, y Mikel Erentxun el otro día hizo lo mismo que Jaime esta noche: cantar todas las canciones igual. Y claro, así no fueron capaces de crear la atmósfera conveniente para sacar adelante un espectáculo musical, que pierde mucho con estas interpretaciones tan planas y homogéneas.

La gente disfrutó de todas formas… y a estas alturas del texto ya me está entrando complejo de inconformista retroactivo… con el camino a la gloria de Gabinete, que desde Soria hasta el mercado americano había hecho una pequeña parada en esta Sevilla que se supone que tanto sabe de toreo, y que tan bien supo apreciar los pases airosos de esta banda tan cañí. Lo dicho, al final, ovación, oreja y vuelta al ruedo… ea.

De teloneros tuvieron a un grupo malagueño (concretamente de San Pedro de Alcántara) que se llamaba Cuerpo Diplomático, que eran un sexteto comandado por Maite Martinez, una chica que cantaba de una forma tan blandita que solo merecía la pena escucharla pasándola por el tamiz de una buena cerveza. Y eso es lo que hice, irme a la barra huyendo de una canción horrorosa que presentaron como “Vieja mansión”. Por aquellos días tenían en circulación un miniLp que se llamaba “Cartas credenciales”, pero, la verdad, ignoro si llegaron a seguir algo más adelante.

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Frank Zappa – “Ravel’s Bolero”

El domingo, 15 de mayo de 1.988, fue uno de los días más grandes de todas las Citas, junto al de los Kinks de hace dos años. Éste fue el día que subió al escenario Frank Zappa para, ayudado por otros once músicos a los que dirigía magistralmente, dejarnos una sucesión de piezas suyas y ajenas, engarzadas en una suite que todavía permanece en la memoria de los que estuvimos allí.

Estuvo casi el mismo tiempo con la batuta que con la guitarra, pero cuando pulsaba las cuerdas de su Fender sacaba unos sonidos tan cálidos, tan sugestivos, tan… indescriptibles. Con aquel ropaje de una sección de viento de cinco componentes, a cual más polivalente, había veces que costaba pillar qué pieza estaban interpretando, pero cuando llegaba a reconocer algunas de mis favoritas, “Montana”, “Cosmic debris”, “Willie the Pimp”, “My guitar wants to kill your mama”… me quedaba alelado con la forma en que Zappa había sabido recrearlas; las había recompuesto, alterado; solo un genio tan corrosivo e irredento como éste hubiese sido capaz de escribir de nuevo aquellas partituras cambiándoles el sabor de esa forma, pero es que muy pocos músicos sabían tanto de estructuras musicales como Zappa.

Y su grupo, no ya solo con los vientos, sino con los teclados, las percusiones, las voces… una orquesta ensayada al milímetro pero que aún así era capaz de encontrar resquicios para improvisar en medio de aquellos intrincados nuevos arreglos. Fantástico el teclista Bobby Martin y su soberbia demostración vocal cuando entonó el “Whipping post” de los Allman Brothers poniendo el punto final a unos bises densos y espectaculares en los que engarzó el “Bolero” de Ravel con el “Stairway to heaven” de Led Zeppelin, en el que la voz cantante la llevó esta vez el guitarrista, Ike Willis… y es que allí todo el mundo sabía hacer de todo.

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Frank Zappa – “Stairway to heaven”

Su impronta iconoclasta salió a la luz en un bloque en el que estuvo aderezando clásicos beatlelianos con notas de su cosecha, pero la gente se extasiaba cuando reconocía “Norwegian wood”, “Lucy in the sky with diamonds”, “Strawberry fields”, en aquella manufactura sónica no tan espectacular por sus trucos, sino por reflejar un modo de comportamiento sobre el escenario que tendría que sentar cátedra. Hasta el tema de “Bonanza” sonaba cool.

“Pues mira, aquí que hemos venido a ver a una leyenda”, me decía un antiguo compañero de carrera al que me encontré entre la gente. Uno más entre los casi cuatro mil doscientos espectadores que anduvimos por allí; muy pocos para los que se merecía este “genio del rock and roll”, como lo anunciaban los carteles. Un genio que comenzaba a apagarse precisamente en estos meses en que estaba haciendo, sin saberlo, su última gira. Hubo suerte de que casi todos sus conciertos, incluído éste, fuesen grabados para algún proyecto futuro que nunca llegó a hacerse realidad. El de Barcelona, que tuvo lugar dos días después que éste, fue retransmitido por la segunda cadena de TVE y existen buenas grabaciones de él, así como otras, extraídas de aquí y de allá, formando parte de singles y recopilaciones, de donde he extraído el “Stairway to heaven” y el “Bolero”. Del concierto de Sevilla también llegó a editarse de forma oficial una de las piezas, este “Strictly gentle” que escucharéis ahora, que formaba parte del disco “Make a jazz noise here”, que Zappa editó tres años más tarde. Ahí al final podéis escuchar gritando y aplaudiendo a todos los que anduvimos por allí.

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Frank Zappa – “Strictly gentle” (En directo en Sevilla)

Cuando alguna figura del mundo de la música para por Sevilla, sobre todo si además se le ve moverse en algunos ambientes concretos, siempre sale algún chismorreo sobre él, o se corre algún rumor que nunca llega a concretarse en nada. Le ocurrió ya, por ejemplo, a Ian Dury, al que incluso le adjudicaron amoríos con alguna dama sevillana. Y también ocurrió con Zappa, ésta vez hasta haciéndose la prensa eco de ellos. Se publicó que Zappa se había quedado tan alucinado con Sevilla que le había propuesto a Bernardo Bueno, el Delegado de Cultura del Ayuntamiento, la grabación de una “ópera flamenca”, con Paco de Lucía, el Camarón y el Tomatito… aunque a mí me olía más a que algún socialista cachondo mental había querido meterle a su compi de la oposición en el consistorio, el Montoya, la parte ésa que rima con su apellido, en vista de lo que a éste le gustaba darse el pisto de adelantar noticias “culturales” en la página de cotilleo que mantenía en el ABC. Y no es que no me crea que Zappa alucinase con Sevilla, sino lo del flamenco; sobre todo porque a Zappa era un género que no le interesó en absoluto, y cuando lo descubrió decía que no lo entendía, y que le aburría.

No fue ésta la primera vez que se habló de proyectos de esta clase; no mucho tiempo después, cuando John Zorn anduvo de conciertos por Sevilla, también se dijo que había quedado alucinado con la forma en que la gente le tocaba las palmas… ya sabéis, con ese ritmillo por seguiriyas con que a veces el público obsequia aquí a los intérpretes, sobre todo cuando pide algún bis. Y se aseguraba que Zorn iba a componer una pieza musical con ese rítmo como base. Aunque nunca llegó a hacerlo, al menos que yo sepa. Seguramente tan solo fue un rumor; sin embargo de John Zorn sí que me hubiese creído lo de la fusión de flamenco con cantaores y guitarristas, porque él sí que se maravilló con este arte, y sobre todo con Camarón; y eso sí que lo sé de primera mano… porque fue a mí a quien se lo dijo.

Zappa volvió a Sevilla un año después con la pretensión de venderle a los organizadores de la Expo un proyecto de orquesta étnica formada por músicos de muchos países tocando todos a la vez instrumentos étnicos, combinándolos con música electrónica y los instrumentos habituales de una orquesta filarmónica. El asunto no coló, y tras pasar una noche en “La Carbonería”, con Gualberto, Javier García Pelayo y otros amiguetes más, parece que se dirigió a Madrid a ver si Juan Barranco sí picaba, aprovechando que allí también iban a organizar fastos del Quinto Centenario.

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Frank Zappa – “Cuaaatro jineteees vienen de Bonaansaaaaaa” (A caballo por Sevilla)

El martes, 17 de mayo, se dieron cita en el auditorio más de cinco mil personas para asistir al concierto de Rocío Jurado, trasladado a esta fecha a causa de la lluvia del día 10. Un bombazo que también llenó los bolsillos del promotor, que era Angel Arias, el propietario de la famosa discoteca “Zaira”, que parece que le pilló el gustillo a esto de organizar conciertos después del éxito que tuvo cuando trajo a Cicciolina, y para la Cita en Sevilla se atrevió con Rocío y Serrat. De momento, en este concierto recaudó prácticamente siete millones de pelas, con unos beneficios que le arreglaron el cuerpo para una temporada.

Según parece, los espectadores se dejaron arrastrar por las portentosas cualidades artísticas (no hay por qué negarlo) de la diva, y salieron muy contentos de su espectáculo. Les dio todo lo que esperaban e incluso más, no solo todas sus canciones más conocidas, sino incluso una fiesta flamenca, con ella en “cantaora”, para terminar los bises con un fandango sin acompañamiento después del “Clavel” dedicado a Sevilla, ya en plan apoteosis. Incluso se atrevió con el “Feelings” de Morris Albert… en inglés!

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Cristina Luengo – “Fernando”

Y el martes 19 de mayo tuvo lugar el habitual Festival de la Canción Femenina, que ya llegaba a su cuarta edición y en el que entre las participantes estaba la que acabáis de escuchar ahí arriba, Cristina Luengo, a la que recordaréis porque aquí la declaramos “vencedora moral” de la primera edición, y que fue la única participante que apareció en dos ediciones del certamen sin haber sido la ganadora de alguna edición previa. Su interpretación de este año nos volvió a traer rocanroll por derecho y, lo que es más importante, comprobamos como había pulido algunos de los defectos que se le notaban en la primera edición. De algo le tenía que haber servido capitanear durante casi un año a una banda punkarra sevillana llamada Metralla, quienes antes de eso habían sido los problemáticos Montón de Guardias Civiles Muertos, y habían cambiado su nombre con el cambio de su cantante por Cristina. La canción que ella eligió para este nuevo Festival fue una versión muy particular de los Dead Kennedys (otro nombre encantador), a la que ella lamaba “Fernando”.

Y no fue solamente en Cristina en la que se notó una gran mejoría, sino en todas las participantes en general, ya que esta edición supuso un “salto de calidad” con respecto a las anteriores, que se notó no solo en las ganadoras, sino también en las que quedaron atrás.

Para elegir a las doce finalistas que actuaron en la Cita hubo antes que hacer una criba con las ochenta participantes que se inscribieron en total, que esta vez se llevó a cabo por completo en el Teatro Duque, lo que empezaba ya a indicar un cierto distanciamiento de Pepe Benavides de este proyecto que era, cada vez más, la niña bonita de Pive Amador.

Y precisamente el Pive, por azares del destino, volvió a encontrarse un montón de años después como jurado de otra de las participantes de este Festival.

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Joana Jimenez – “La Zarzamora”

La de la foto de ahí arriba y la que canta la canción son la misma persona, con veinte años de diferencia. Joana Jimenez era en 1.988 una niña de diez años educada en las artes de la peineta y el abanico, que hoy en día reina entre sus pares tras su triunfo en la primera edición del multitudinario programa “Se llama copla”.

Este festival no lo ganó, quedó en segunda posición, pero sin duda ha sido la chica a la que la vida ha deparado un triunfo mayor de todas las que participaron en estos festivales. No es que sea éste de la copla nuestro palo favorito pero, bueno, ya sabéis que aquí estamos abiertos a lo que haga falta… y si queréis saber más cosas de ella, de su disco, de sus actuaciones, pues te remitimos a su página web oficial.

De la otra participante que también venía con canción española, Maika Fernández, no se supo nada más, así como de las participantes con canciones melódicas, Elena Rodriguez, Ester Romero, María José Márquez, que entonó un bossa-nova, Clara González, con una canción francesa… ni tampoco de las rockeras más light, como el cuarteto de Las Niñas o la jerezana Montse Rueda. Sí volvimos a ver por los escenarios sevillanos a Michelle Anderson, una negrita de Los Angeles que posteriormente formó como vocalista en el grupo de soul Ragtime. Y sobre todo a las que formaron el podio junto a Joanna.

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Elena García – “I won’t feel bad”

Puede ser discutible que precisamente las tres chicas que actuaron en los últimos lugares fueron a la postre las que ganaron los tres primeros premios, pero después de todo las reglas de un buen espectáculo dejan claro que la traca siempre va al final, y no cabía la menor duda de que en aquella ocasión resultaron ser las que más juego dieron. Y también, aunque en distintos niveles, las tres siguen aún en activo.

La tercera posición fue para Elena García, a la que presentaron como cantante de “funky blanco”, y aunque hoy en día se haya especializado en el formato acústico-íntimo, como podrás comprobar accediendo a su página de MySpace, aquella noche se presentó en el escenario ataviada con una chaqueta a lo David Byrne, es decir, varias tallas más grande, y poniéndole voz a una canción del segundo disco de los Simply Red, “I won’t feel bad”.

En años posteriores montó el grupo La Bruja Maruja y Sus Granujas junto a unos cuantos músicos locales, y a partir de 1.992 se fue a Londres, donde además de tener dos hijos y un gato también ha tenido numerosos proyectos musicales, en los que continúa. Así y todo, alguna vez ha vuelto por aquí, como en aquella ocasión en que vino expresamente a Málaga a participar en el programa que por entonces hacía Marifé de Triana en Canal Sur, “Lo que yo te cante”, en el que grabó una impresionante versión del “Rescue me” que durante mucho tiempo fue el vídeo de cabecera de mi hija Celia, aún pequeñita, y una de las piedras sobre las que comenzó a basarse su afición por el soul y la gran Aretha.

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Lourdes Carvajal – “I’ll go crazy”

Y la gran triunfadora fue Lourdes Rodriguez Carvajal (aunque el Rodriguez desapareció enseguida de su nombre artístico), una chica que por aquel entonces prácticamente debutaba con el micro, aunque siempre se había movido por la llamada “Escuela Sevillana”. Esa noche se puso a James Brown por montera, y cantando en un lindo dialecto vikingo no muy distinto al que Silvio solía emplear en sus actuaciones, se llevó al jurado de calle.

Lourdes también intentó posteriormente hacer carrera en Gran Bretaña, pero se volvió pronto de allí, y de nuevo en Sevilla unió su carrera profesional y también personal a la de Antonio Samuel Rodriguez, al que todos conocéis como Antoñito Smash, y actúa junto a éste por los escenarios de esta parte de Andalucía y de los de más allá que pueden llegar. Y la verdad es que a veces incluso llega a restarle el debido protagonismo a Antoñito, como ocurrió en Utrera, donde en un momento determinado del concierto le comenzaron a llover a éste algunos gritos para que se callase y dejara que cantase solo la chica… lo que habla muy bien del gusto musical de los utreranos. Nuestro amigo Yinyerbeiquer estaba allí.

Esa tarde fuimos a ver a Antoñito Smash. Tocaba en un pub del centro, un local pequeño. Esperaba un concierto en familia aunque la cosa fue aún peor. Íntimo casi, porque aparte de Antoñito Smash, su mujer y apenas otro músico estábamos Media Mandarina y yo, algún que otro transeúnte aburrido y… Rogelio. Quien lo conoce sabe que no es precisamente la clase de persona que invitarías a una fiesta en tu embajada (en el poco probable aunque no despreciable caso de que llegaras a tener una).

Empezó cantando la estrella, que causó entre el respetable una sensación que si pudiera trascribirse sería mediante aquello de “ZZZZZZZZZZ” que ponían en los tebeos, aunque la cosa se recuperó bastante cuando su mujer tomó la voz cantante. Pero ¡ay! poco dura la eufonía en la casa del pobre y hete aquí que Antoñito volvió a empuñar el micrófono para dejar claro que lo de su mujer no había sido sino una guest starring; cuando, de entre el público, es decir, Rogelio, se oye salir una súplica a voz en grito “¡noooo! ¡tú nooooo! ¡que cante ellaaaaa!!!!”.

La boca de Antoñito masculló un sonido que podríamos transcribir con otra de esas cosas que ponían en los tebeos, “mcgntotuputmdr”… o algo así… ponle tú mismo las vocales.

El fin de fiesta del Festival femenino corrió a cargo de los siempre divertidos Baldomero Torre y sus Cuchillos Afilados, que estaban presentando debidamente las canciones de su primer disco, que fue el primero que se editó en el sello Mano Negra; antes incluso que el de Silvio.

Y el otro gran fiasco económico de la Cita de este año llegó el domingo, día 22. No es que estuviésemos en familia, como con Antoñito en Utrera, pero que el promotor de un concierto de Leonard Cohen pierda tres millones de pesetas por traerlo a Sevilla da que pensar.

El concierto de Lenny no estuvo nada mal; se presentó distinguido, sobrio, con otros siete músicos tan efectivos y discretos como él y dos chicas para los coros que sí se hacían notar bastante más. Los que estábamos allí seguramente nos hubiéramos entregado sin condiciones a cualquier cosa que nos ofreciese, y lo que hizo fue darnos sus clásicos irrenunciables: “Dance me to the end of love”, “Bird on the wire”, “Joan of Arc”; no faltaron tampoco canciones nuevas de su “I’m your man”, como la del título o el ahora ya famoso “First we take Manhattan”… con el “Suzanne” se hizo de rogar y la dejó para los bises, acompañándola con el “Hallelujah”, y “So long, Marianne”. Incluso interpretó alguna canción prescindiendo de la banda y apañándoselas él solo con un teclado que tenía el bajo y los rítmos secuenciados, pero eso sí, las dos chicas no le faltaron tampoco. Un tipo elegante y un concierto rebosante de buen gusto.

Unos días después Leonard Cohen tenía que haber actuado también en Badajoz, pero el concierto se suspendió a causa de la lluvia, y el manager desapareció de la ciudad con los seis millones y medio de pesetas que había cobrado por anticipado… se ve que el hombre tenía ganas de recuperarse de cómo palmaron en Sevilla.

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Leonard Cohen – “Suzanne”

Dos días después de Leonard la estrella era Serrat, pero esta vez no fui a su concierto. La verdad es que tenía miedo de que se pusiese a cantar todos aquellos tangos a los que se había aficionado recientemente, y que ahora paseaba por las televisiones. Pero no, fue un concierto de los habituales suyos, con todas las canciones que todo el mundo conocía. Como siempre, brilló ante un público entregado de antemano.

El viernes 27 tampoco fui a la “Noche Afrojamaicana” protagonizada por The Wailers. Su concierto tenía que haber tenido lugar una semana antes, el día 20, pero había sido desplazado al 27 con bastante antelación, no recuerdo bien porqué. Esto tuvo como consecuencia que desapareciesen del cartel los Ghetto Blaster, y fuesen sustituidos por Ray Lema. Esa noche fue una de las que menos público asistió, pero recuerdo que en algún otro lugar de este blog alguien mencionó una vez este concierto, así que desde aquí le invito a que nos cuente alguna cosa de él en los comentarios.

El sábado por la mañana los que subían al escenario del Prado serían Espinete y sus amigos del “Barrio Sésamo”, pero a mí ya me pillaba muy mayor y parece que los papás sevillanos estaban demasiado ocupados para acercarse allí con sus hijos, porque este show, propiciado por la TVE, fue otro de los que mayores pérdidas económicas tuvo en esta Cita.

La gente parecía haberse aburrido de la Cita tras el concierto de Zappa, porque dejando aparte algo tan casero como el certamen de canción femenina, solamente Serrat dio un concierto que repartiese beneficios, todos los demás resultaron con pérdidas. Y todavía quedaban dos… que también fue de los que más pasta perdieron: más de tres millones de pesetas entre ambos.

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Dulce Venganza – “Y además no está de moda”

En las pérdidas del martes 31 de mayo colaboré también yo activamente, porque fui uno de los que no se presentó a escuchar a Olé Olé. El grupo que abría la noche, Dulce Venganza, sí que me interesaba, sobre todo porque Benito había conseguido aglutinar un grupo fantástico con (además de Lola, claro) Miguel Ángel Montero, en la guitarra; Manolo Sutil en la batería y Jesús Arispont en el bajo, pero las canciones de sus “veinticinco años de cultura televisiva” ya las había escuchado en directo varias veces (la última hacía poco, cuando tocaron en Dos Hermanas con Los Secretos), y me parecía demasiada penitencia para disfrutar de ellas tener que aguantar después a Marta Sánchez con sus medias de malla y sus bodies estilo primera época de Madonna… y encima vendrían creciditos después de que los locos de la Coca-Cola les hubiesen dado 100 kilos por un contrato de publicidad… creo que entonces fue cuando me pasé del todo al vodka con limón…

Supongo que esa noche Benito notaría la falta de asistencia de todos nosotros y le jodería bastante, porque unos días antes de la actuación decía lo siguiente:

Cuando tocamos el año pasado con Radio Futura me fijé atentamente en el público, como siempre hago, y me alegré de ver caras nuevas… menos mal, porque es triste actuar para los incombustibles rockeros de siempre…

Me temo que esta noche solo vería “caras nuevas”, que no estaban allí precisamente por él. Joé… a lo mejor los rockeros incombustibles hicimos mal dejándolo solo aquella noche…

Y ya solo quedaba la despedida. El último concierto de esta Cita. Y aunque siempre he sido algo reacio a tragarme un concierto entero de blues clásico, los antecedentes que tenía de este artista me hicieron cambiar de opinión y allá que fui.

Y no me arrepentí, porque a James Cotton le gustaba cambiar el punto de vista que tenía la gente sobre los blues. La gente espera escuchar música triste, pero él solía insuflarles alegría a todas esas canciones antiquísimas que recuperaba junto a composiciones propias y otros clásicos más modernos y mucho más conocidos.

No es que no interpretase ninguna balada, que sí prestó su voz aguardentosa para dejarnos cuatro o cinco de ellas, rotundas, de una intensidad emocionante. Pero donde sobresalían él y los siete músicos que componían la Chicago Blues Band era en la alegría, que nos contagiaron llenos de espontaneidad y fuerza interpretativa. Porque el buen hacer musical no está reñido con la diversión, y estos tipos se lo pasaron de puta madre tocando, sobre todo el guitarrista gordinflón Michael Coleman que, sin perder el ritmo ni una vez se montaba unas juergas increíbles, que nos llevaron a a soltar alguna carcajada incluso en algunos de los momentos más tensos de sus interpretaciones. El único blanco del grupo era el teclista, Tomas O. Heindal, que se movía a toda velocidad por entre aquellos blues, supongo yo que para no quedarse atrás en la marcha que tenían todos aquellos negros, sobre todo cuando el bajista, Tim Green, le azuzaba metiéndole marcha. Todos ellos hacían resaltar la opacidad de la armónica de Cotton en su labor de hacer que aquello no fuese una simple y lánguida noche de blues. Fue una pena que hubiésemos tan pocos espectadores para apreciarlo.

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James Cotton & The Chicago Blues Band – “Rocket 88″

Los números finales decían que aunque el número de asistentes a los distintos conciertos había descendido en proporción (solamente se habían vendido 60.573 entradas en todos los conciertos del Auditorio), la recaudación total obtenida (48 millones de pesetas) había sido superior a las que se habían obtenido en las anteriores Citas, prueba evidente de lo que os decía al principio sobre el incremento en el precio de las entradas que supuso la intervención de la iniciativa privada en la organización.

Los empresarios privados se repartieron estos ingresos de forma muy desigual, porque esos 48 millones eran bastante menores que el total que se gastaron en los cachés de los artistas, que ascendió a 70 millones. Eso hizo que algunos tuviesen grandes pérdidas, aunque después las compensaran con los patrocinadores que tenían, o con los seguros que habían suscrito antes; otros se limitaron a cubrir gastos y dar gracias a Dios, y alguno que otro se forró, como el mencionado Ángel Arias, que con su empresa de Bética de Espectáculos decidió seguir tentando a la suerte, y aprovechó la invitación de Bernardo Bueno para que los empresarios siguiesen usando durante el resto del año el Auditorio del Prado, y el 3 de junio nos trajo a El Último de la Fila, y en septiembre, una vez pasados los calores, a Miguel Bosé y a Mecano.

En lo que respecta a las cuentas del Ayuntamiento, los gastos totales fueron de unos 56 millones de pesetas, en realidad cinco más de los previstos, porque esta cantidad se utilizó para compensar un poco las pérdidas (para que luego digan que los políticos son mala gente, jejeje) de los promotores que trajeron a Leonard Cohen, los Wailers y James Cotton. Y de las distintas empresas colaboradoras, inscripciones y ambigús solo recuperó seis millones, por lo que las pérdidas de este año “se limitaron” a cincuenta, que como siempre, se consideraron “una rentable inversión de futuro”.

Pero después de todo, aún con pérdidas, la experiencia de colaboración entre organismo público y empresas privadas fue considerada positiva por ambas partes y se decidió que se mantendría para la próxima Cita, aunque, eso sí, esta vez el Ayuntamiento no se iba a limitar a poner la infraestructura para que actuase la iniciativa privada, sino que pretendía cobrar un cánon por la prestación de sus servicios y vigilar para que los promotores ajustasen los cachés con los artistas y éstos no pidieran cantidades disparatadas, como había sucedido con alguno este año… pero eso ya será una historia que tendrá lugar a partir de “la sexta vez que nos citamos en Sevilla”.

DÍAS DEL FUTURO PASADO

Para Juan Antonio, que lo pidió tras haber hecho el comentario nº 8000. Espero que lo lea con el mismo sentido del humor con que yo lo he escrito.

A mediados de los ’80 la música NEW AGE fue ofrecida al mundo como el definitivo paso adelante. Eminentemente instrumental, artísticamente intrincada, convenientemente ambiental… y lo más alejada posible del pop. Parecía una progresión lógica, ya que la industria discográfica necesitaba explotar la claridad de sonido de los recién nacidos CDs, sobre todo entre los rockeros que ya iban cumpliendo una edad que les iba alejando de cosas tan “moviditas” como Rick Astley, Five Star o T’Pau.

Los suaves sonidos de las sintetizadores, las cuerdas y las guitarras acústicas, interpretados por grupos con nombres tan evocadores como Ashra, Shadowfax, Metamora, Neptune, Acoustic Alchemy, llegaban a los oídos de los ejecutivos de las grandes compañías como las estridentes campanillas de las cajas registradoras. Comenzaron a surgir sellos discográficos independientes especializados; por ejemplo, Miles Copeland creó No Speak en donde no se grababa nada que tuviese vocalista. Y las multinacionales también vieron el filón: la A&M creó Windham Hill, Polygram sacó el sello Theta, la Virgin activó Venture, la BMG se puso las pilas con Novus para subirse también al carro, y la CBS no sacó ningún sello nuevo pero les ofreció a todos sus cazatalentos una paguita extra por cada nuevo fichaje al que le pudiesen poner la flamante etiqueta de New Age.

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William Ackerman – “Remedios”

Lo que ocurrió es que todos los que estaban relacionados con estos sellos, que eran de mente abierta y pelaje hippie, se corrompieron al olor de tanto dinero como se movía. La historia del sello Windham Hill es suficientemente ilustrativa. Lo fundó en 1.975 el guitarrista William Ackerman para editar su suave disco acústico “In search of the turtle’s navel”, y le puso ese nombre porque en Windham Hill es donde pasaba sus vacaciones cuando iba a la escuela, y le traía buenos recuerdos. Para la distribución del disco buscó lugares en los que se comprendiera su música, como galerías de arte, tiendas de los campus universitarios, herbolarios y tiendas de comida vegetariana, tiendas de artesanía, librerías… y la socorrida venta por correo. Y tanta fue la demanda que tuvo esta banda sonora vital, que Ackerman tuvo que expandirse. Firmó un contrato de distribución con A&M, y para el décimo aniversario del disco la compañía ya había alcanzado unas ganancias con él de 25 millones de dólares, y unos cuantos discos de platino. Así que los demás grupos compuestos por gente ya cercana a los cuarenta tacos, que no tenía ideas muy frescas, y que vio que aquí había negocio sin necesidad de ofrecer una música demasiado trabajada, se puso manos a la obra, y así volvieron a florecer bandas como Wishbone Ash, Tangerine Dream… ya sabes…

Por entonces, la New Age había sido ya tomada en serio también por las tiendas, que empezaron a dejar estanterías solo para estos discos. Y el público rebuscaba entre ellos entusiasmado, con cara de “connoisseur” y de enteraíllo. En aquellos tiempos la gente estaba bastante obsesionada con su estilo de vida, y aquellos discos encajaban perfectamente con los demás accesorios (adornos, ropa, gadgets, electrónica de nueva generación) que tanto decían sobre lo fashion y estiloso que era su propietario, y el enorme buen gusto que tenía. Las ventas fueron más allá de lo que los neo-hippies éstos llegaron a imaginarse siquiera… joé, si es que no se podía ir a cenar a un restaurante medio decente sin que hubiese un CD de New Age sonando de fondo…

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Tangerine Dream – “Cool at heart”

Pero todo fue cambiando. Con el tiempo se fueron incrementando las etiquetas que dividían los sonidos, y ya los consumidores despistados no lo tenían muy claro entre si era más guay pillarse un disco de estilo Easy Listening o de Spoken Word, y eso si los dependientes de la tienda, para quitarse de encima el lío, no metían los discos de New Age junto con los demás discos de rock normales por orden alfabético. Los sellos pequeños se fueron quitando de enmedio… incluso la A&M rescindió su contrato con Windham Hill cuando empezaron a despachar discos por centenares en vez de por decenas de mil.

Y cuando una música es difícilmente etiquetable, ocurre que los medios de comunicación dejan de interesarse por ella, porque no saben dónde meterla. Y si la radio, la prensa y la televisión no le dan publicidad la gente no la oye, ni se entera de que han salido los discos. Y éstos se quedan sin vender.

Aunque esta falta de cobertura la tienen también otros estilos, pero éstos están más definidos, y cuando un aficionado a alguno de ellos va a comprar un disco de flamenco, o de ópera, o de gospel mismo, el dependiente sabe a qué estantería enviarle… pero cuando uno va a preguntar por un disco de New Age…

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Wishbone Ash – “Clousseau”

Para solucionar todo esto se intentaron algunas cosas, la más popular fue la de asociar la música a clips en los que salían árboles ondeando con el aire, flores abriéndose, nubes pasando, la vida de las especies submarinas (hostia, sí… delfines por un tubo…). Pero con esto también había un problema, y es que el principal manifiesto de la música New Age era presentar al artista como una personalidad singular, que nos daba música pura, sin apoyo de imágenes ni sex-appeal. Fijaos que incluso en los comienzos de la New Age las portadas de los discos no tenían siquiera fotos de los intérpretes… aunque esto probablemente era debido a que los artistas de New Age, a pesar de tener un carisma especial y un gran potencial musical eran feos de cojones, y ni la mejor maquilladora del mundo, ni el mejor técnico de iluminación ni el fotógrafo más hábil eran capaces de hacerles aparecer razonablemente atractivos.

Bueno, el caso es que cualesquiera que fuesen las razones, esta falta de atractivo de las estrellas era una pesadilla para los departamentos de marketing de las discográficas. Uno de los que curraban en ellos, Andy Prevezer, de A&M, tiene estos recuerdos de cuando tenía que bregar con Windham Hill:

Al principio, cuando todo era una nueva moda, ser vendedor de Windham Hill no era demasiado malo, pero hacia el final era como darse cabezazos contra la pared para intentar que la gente tuviese interés. No había nada que dar al público para que éste enfocase su atención, así que no podíamos contar con que las bandas tuviesen seguidores. Tendría que ser la música la que primero atrajese la atención sobre un artista, pero es la personalidad, el paquete completo, el que les hace volver a por más. Y casi toda la música New Age era tan anti-estrellato que la gente se aburría de ella muy rápidamente. Ir a una tienda y preguntar por un nuevo disco de New Age no era tan excitante ni tenía el sentido de anticipación que era pedir, por ejemplo, el nuevo disco de Springsteen; era casi como si lo que estaban comprando no valiese realmente el dinero que se pagaba. Y cuando compraban un disco para comprobar que lo que tenían era música de fondo, sin caras ni nada más que seguir, y ya llevaban tres discos comprados, decidían que ya no necesitaban el cuarto.

Así que los artistas de New Age se fueron dando cuenta del valor que tenía un toque de glamour. Y apareció Enya presentándose a sí misma; y Angelo Badalamenti empleando a Julee Cruise como imagen. Y Yanni, lo más parecido que tuvo la CBS a una superestrella de la New Age… y la propia música también fue ganando carácter entremezclando entre sus notas aires de rock, de jazz, de música clásica…

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Enya – “Orinoco flow”

Pero me temo que ya fue demasiado tarde para salvar a la New Age. Quizás un cambio de nombre habría ayudado, ya que todo lo que se asociaba con ella no hacía más que obstaculizar el marketing. El nombre, New Age, era ahora la trillada manera de describir los excéntricos hábitos de un periodo de cambio social. A la mayoría de la gente comenzó a resultarle un término peyorativo.

El estilo musical ya no era tal estilo, no era nada definido; era un cajón de sastre tal que en él cabían desde Lester Bowie hasta los Golden Palominos, pasando por Hans Roedelius. Y la gente que compra sus discos es diferente, son los fans del rock, del jazz, del folk, del estilo más cercano al que se encuentre cada artista individual de New Age. Y los que se mantienen en seguir adoptando el nombre son generalmente gente que hace una música instrumental a la que no encuentra donde encasillar… ¿esto qué es…? ¿es jazz…? ¿no…? Pues entonces es New Age…

La verdad es que me causan lástima los seguidores de New Age que van a la tienda tan ilusionados, y se compran un disco… de John Zorn.

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John Zorn – “Hellfire”

LA CUARTA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Para no desentonar con los demás años, la “Cita en Sevilla” de 1.987 generó problemas antes de empezar. Como siempre, era el grupo popular del Ayuntamiento el que señalaba cómo invariablemente este certamen era un gasto inútil de dinero de los sevillanos, y la contrapartida era escasa porque la programación siempre era mediocre. Estos golpes al muñeco (léase Bernardo Bueno) comenzaron ya desde febrero, pero además este año el concejal José Luis Montoya, al que ya conocéis del post de la Cita anterior, tenía un nuevo clavo ardiendo al que agarrarse, y éste era el que sujetaba el anuncio del Festival de la Canción Femenina de este año.

Los tres millones de pesetas que el Ayuntamiento había consignado como presupuesto para su celebración le parecían excesivos, habida cuenta de que “cualquier empresa, emisora de radio, asociación de vecinos y entidades de todo tipo organizaban concursos de canción con un desembolso mínimo, ya que se trata de promocionar nuevos valores”. Asímismo se quejaba de la concesión directa de la organización del festival a La Factoría, la empresa de Pive Amador y Pepe Benavides, porque consideraba sospechoso que ésta fuese continuamente tan favorecida por la Delegación de Cultura municipal, y encima se les diese medio millón de pesetas más para “consejeros de selección” y otras doscientas mil más para pagar al jurado que tenía que dilucidar el concurso, y que La Factoría se había ido a buscar a Madrid… “¿es que no hay en Sevilla personas capacitadas para formar parte de este jurado?”.

Este festival femenino, que en realidad necesitaba casi tres meses para su desarrollo (desde la selección previa de participantes hasta la final) fue el único acto que el Ayuntamiento iba a delegar en otras manos para su organización, ya que una de las novedades fundamentales de esta Cita era que la organización iba a correr a cargo exclusivamente del Área de Cultura. La otra gran novedad era el traslado de los conciertos desde el solar de la Maestranza hasta el Prado de San Sebastián, donde se habilitó aproximadamente una parcela y media, con una inversión de treinta millones de pesetas, para crear el auditorio que sería su sede definitiva hasta el último año. Nueve mil personas era el aforo con el que contaba este nuevo auditorio, en el que 1.200 podían estar sentadas en unas gradas construídas al fondo del mismo. La verdad es que este recinto era más seguro y cómodo que el del antiguo solar y el acceso era mucho mejor también. Y como no se iba a desmantelar después de que terminase esta Cita, Bernardo Bueno se lo ofreció públicamente a los promotores que pudiese haber en Sevilla para que lo usasen y continuasen con la labor de organizar más conciertos interesantes durante el resto del año… el pobre iluso no contaba con la respuesta que tuvo unas semanas más tarde.

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Jingle de la Cita del ’87 (Los Picapiedra)

El presupuesto de este año para la Cita era de ciento cuarenta millones de pesetas, de los que la Junta de Andalucía aportaría doce, saliendo los restantes de las arcas municipales, que solamente esperaban recuperar unos veinticinco millones por ingresos de taquilla y concesiones. Por lo que ya se contaba con un déficit que sobrepasaría los cien kilos, lo que levantó las iras no ya solo de Alianza Popular, sino también de los democristianos del PDP, que tacharon al alcalde Manuel del Valle de ser el peor promotor de todo el mundo; y de Rojas-Marcos, el candidato andalucista a la alcaldía, al que todo esto le parecía un despropósito. Así y todo ese presupuesto ya se demostró escaso desde primera hora ya que no hubo dinero suficiente para contratar cuatro de las actuaciones que se esperaba que fuesen de las de mayor tirón popular. De salida, nos quedábamos sin ver a Tina Turner, Genesis, Duran Duran y Paco de Lucía. Y para la gran inauguración, que tendría lugar el día 30 de abril, jueves de feria, también causaba baja Alaska, aunque ésta no por cuestión de presupuesto, sino de fechas, y su concierto con Dinarama se pasó al 4 de junio… con lo que nadie contaba es con que también se cayera de ese día, debido a que estaba siendo sometida a tratamiento médico, arrastrando consigo a Germán Coppini, teniendo que ser sustituídos a última hora por los viejos conocidos de la Orquesta Mondragón, que actuaron el día 3. Y no fue la única baja de los anunciados en la programación, el día 14 de junio Miguel Ríos, que andaba muy ocupado con aquel programa de televisión en que tanto colegueaba con todos los demás músicos españoles, “Qué noche la de aquel año”, no pudo o no quiso sacar tiempo para venir y también dejaría su sitio a los Hombres G.

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Miguel Bosé – “Sevilla”

Y llegó el gran día, que como venía siendo habitual en los dos años anteriores, tuvo lugar durante la feria. Esta vez íbamos a tener un estreno de papel cuché de la mano de Miguel Bosé. Y además iba a ser un concierto muy especial, porque Miguel estaba en Roma rodando la película “El secreto del Sahara”, y como se sentía en deuda con esta ciudad desde que grabó su canción “Sevilla” (hombre, Miguel, que tan mala no era…), hizo un alto en su año sabático musical, y ésta fue su única actuación en directo durante todo el año 1.987… y yo me la perdí, joé… claro que a lo mejor el que viniese por aquí tuvo también mucho que ver con que el Ayuntamiento le ofreciese un contrato por 5.600.000 pesetas, el segundo mayor caché de toda la Cita, solo superado por el de Spandau Ballet. Aún así fue tanta gente que el concierto fue uno de los de mayor éxito económico.

Y aquéllos, precisamente, fueron los siguientes invitados de este año. El jueves siguiente, día 7 de mayo, y a un precio de 1.500 pesetas, que triplicaba, cuando no quintuplicaba, el de las demás actuaciones previstas, podíamos tener acceso al auditorio para disfrutar de la música de Spandau Ballet. A pesar de eso, éste fuese el concierto en el que mayor recaudación se consiguió por taquilla, y el que estableció un récord de asistencia de público que ya no pudo ser batido este año.

Un público el que allí nos juntamos, compuesto por varios miles de personas de ámplio pelaje, que abarcaban un espectro que en una de sus puntas tenía a las chicas histéricas que gritaban a sus ídolos, y en el otro a los que iban como quien va a ver una cabalgata, a ver qué pasa. Y lo que pasó fue bastante previsible. Spandau Ballet no eran malos, eso no, sino que eran vulgares; pero en vez de asumir su vulgaridad con la debida humildad, lo hacían con unos aires de pretensiones artísticas que los convertía en una banda bastante insoportable. Con los años Tony Hadley y Gary Kemp habían aprendido a ser efectistas, y la teatralidad de sus interpretaciones neutralizaba sus limitaciones naturales, por lo que su sonido compacto, unido a la cantidad enorme de voltios con que lo volcaban sobre nosotros, hizo que no fuese del todo desagradable la revisión de su repertorio más conocido, aunque así todo del golpe resultase tan monótono como para pasar más tiempo en las barras que a pie de escenario. Particularmente infumable fue la versión que perpetraron de “All the young dudes”, aunque el entusiasmo que desperaton con ella solo podía deberse a la necesidad de la gente de grandiosidad y sofisticación musical, de la que tan cortitos andábamos por aquí en aquellos años.

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Spandau Ballet – “True”

Hubo que esperar otra semana para un nuevo concierto. Esta vez los anunciados eran El Último de la Fila, que tanto nos habían gustado el año anterior, y Martirio, que por fin iba a presentar su primer disco en Sevilla. Como quiera que ésta no nos interesaba demasiado, estuvimos haraganeando por las barras, charlando con unos y con otros… por allí andaban Blas Fernández, Luis Clemente, inmerso en la salida de un nuevo “27 Puñaladas”, Jose Pardo… hacíamos tiempo, entre cervezas, para que pasase Martirio. Pero no contábamos con que éste era su día grande y la habían puesto de figura del cartel; así que en cuanto oímos que lo que comenzaba a sonar en el escenario era “El loco de la calle” tuvimos que apresurarnos todos para encontrar un buen sitio desde el que disfrutar de las demás canciones que Manolo y Quimi fueron desgranando: “Lejos de las leyes”, “Zorro veloz”, “No me acostumbro”… en un concierto que fue más o menos como el del año pasado, pero con mejores medios y mejor sonido para ayudar a vender el disco de “Nuevas mezclas” recién estrenado.

Después Martirio ofreció un espectáculo colorista y lúdico que no llegó a atrapar a todo el mundo, por razones muy diferentes. Los que ya la conocíamos no estábamos demasiado interesados en su propuesta, y los que no, se quedaron estupefactos con aquellos cambios bruscos de estilo; y aunque la mayoría del público se quedaba con ella más extasiado cuando iba del palo de Rosita Ferrer que cuando iba del de Nina Hagen, a medida que avanzaba el concierto se fueron quedando con la “copla” y puede decirse que sus historias sobre “Soy virgen” o “Estoy mala”, llena de frustraciones tan cercanas a todos, hicieron de su concierto un éxito.

Al día siguiente fui a ver a Mecano por inercia más que nada, porque su propuesta musical tampoco me atrajo nunca demasiado. Si no hubiese ido nadie me habría echado de menos, porque este fue el segundo concierto (aunque prácticamente empatado con el de los Spandau) que congregó a más público en toda la cita. En el auditorio del Prado la geisha pequeñita del techno-pop español que era Ana Torroja, se agigantó ante los miles de fans encendidos que tenía delante, y con su extraordinario falsete y su capacidad de transformar el grito en aleteo, que llegaban a todos nosotros perfectamente, porque el sonido fue extraordinario, consiguió protagonizar un concierto irreprochable desde el “Hoy no me puedo levantar”, que ya desde el principio arrancó aplausos tan atronadores que casi cubrían la barrida de golpes de batería electrónica y los sintetizadores. Pero el fairlight de Nacho Cano y las guitarras de José María lograron imponerse al tumulto a golpe de watios, y la gente salió contentísima del espectáculo.

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Mecano – “Cruz de navajas”

Y mientras llega el momento de un nuevo concierto, ahora es el momento adecuado de hablar de la respuesta que tuvieron el alcalde y Bernado Bueno por parte de los empresarios sevillanos, ya que ésta se produjo justo al final de esta semana. Cuando se presentó la Cita de este año, Manuel del Valle dijo que el Ayuntamiento tenía que asumir la organización de estas actuaciones porque en Sevilla no había empresarios capaces de hacerlo. Y esto a los empresarios no les sentó nada, pero que nada bien.

Antes de seguir me gustaría aclarar que yo soy el primero que piensa que los que se meten (o nos hemos metido alguna vez) a organizar conciertos no tendrían que depender del Ayuntamiento, porque éste está para otras cosas; y que los Ayuntamientos cuando se meten a empresarios lo hacen por cuestiones espurias la mayoría de las veces, y no se lo piensan demasiado a la hora de pagar a los artistas e intermediarios cantidades excesivas de dinero. Otra cosa es que los Ayuntamientos quieran fomentar la cultura de su ciudad, y es lícito que empleen caudales públicos en ello, pero siempre con medida y de forma consecuente. Y hay que reconocer que en las Citas se sobrepasó esa medida algunas veces.

Pero que ahora nos viniesen los empresarios del ramo, a través del Presidente de su Asociación Provincial de Salas de Fiestas, Discotecas, Tablaos Flamencos y Cafés Teatro, a asegurarnos que aquí hay muchos y muy buenos gestores privados, y que lo que pasa es que el Ayuntamiento nunca ha contado con ellos para organizar conciertos, me parece de una desvergüenza absoluta. ¿Cuándo han traído ellos en todos estos años a alguna figura de talla internacional a actuar en Sevilla…? Y ahora que lo está haciendo el Ayuntamiento dicen que así cualquiera, que con dinero público es fácil hacerlo. Y estamos de acuerdo en ello, y también en que se podría hacer mejor… pero si los profesionales del sector privado que tienen que hacerlo no lo hacen, por lo menos que no pongan chinitas en el camino de los profesionales del sector público.

Es bastante razonable eso que dice el titular del ABC que os he reproducido: que la política de contratación municipal “ha encarecido los cachés de los artistas” (aunque habría que recordar, por ejemplo, que los Kinks vivieron por menos de su caché habitual, y asumiendo riesgos; y que este mismo año algunos de los mejores artistas contratados vienen por el montante de la taquilla que generen), pero me parece patético y ridículo que en su comunicado, los empresarios sevillanos incluyesen un párrafo como éste: “El Ayuntamiento está pagando un precio excesivo por las actuaciones, que sin ningún género de dudas, nuestro empresariado hubiera conseguido más económicos, dadas las relaciones que a nivel profesional mantienen con los artistas tanto nacionales como internacionales”. Y yo me pregunto… ¿dónde estaban todos estos empresarios tan bien relacionados y tan capaces de traernos a estrellas nacionales e internacionales durante todos estos años atrás…? No sé si estaréis de acuerdo conmigo en que su profesionalidad y su imagen estaba ya tan dañada que no fue precisamente el alcalde quien les perjudicó al decir aquellas cosas en la presentación, que era de lo que realmente se quejaban.

El martes 19 de mayo volvió la diversión. Ése fue el día en que se celebró la tercera edición del Festival de la Canción Femenina. Como este año las chicas folklóricas comenzaron a ser mayoría, la selección previa y los ensayos se dividieron en dos locales, el Fun Club para las poppies y las rockers, y la escuela de Adelina Domingo, que estaba también en la Alameda, a pocos metros del Fun, para las copleras. Como el nivel general fue bastante flojito, hubo incluso que reciclar a algunas de las folklóricas hacia terrenos pop para que hubiese algo más de equilibrio, así por ejemplo, Mari Carmen Rodriguez, una de las chicas más jóvenes, que venía cantando por la Pantoja, acabó haciéndolo por Madonna. Desgraciadamente de este festival no se conservan grabaciones porque nadie se preocupó de pedirlas, así que no podemos poner el “Dress you up” de Madonna, que fue la canción que interpretó, pero como a los pocos meses ya se había convertido al soul sí que podemos rescatar esta otra grabación de octubre, cuando algunas de las chicas repitieron actuación en la Plaza de la Alianza, en otro festival organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. El problema es que los zapatos de Aretha le venían tan grandes como el sujetador de punteras de Madonna.

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Mari Carmen Rodriguez – “Chain of fools”

Ella no ganó, claro; la triunfadora de la edición de este año fue Antonia de Miguel, que hizo una interpretación del clásico “Parole”. En el curriculum de Antonia se podían leer las mágicas palabras “profesora de aerobic”, lo que le proporcionó buenos trucos para mantener la respiración mientras cantaba y bailaba. Precisamente la voz habría de convertirse en su principal instrumento, pues hoy en día dirige su propia escuela de doblaje. Su increíble voz le ha permitido ganarse la vida poniéndola al servicio de toda clase de locuciones en audios divulgativos y publicitarios y en radio y televisión. Su cara no la hemos vuelto a ver, pero su voz en off la hemos oído incontables veces en muchos programas de Canal Sur. En cuanto pase la Semana Santa, si quieres, tú mismo puedes apuntarte a un curso de locución que impartirá ella; la información la tienes aquí. Y no fue éste el único momento triunfal de Antonia, porque apenas un mes y medio después, el 4 de julio, participó también en el Festival de la Canción Andaluza que se celebró en el castillo árabe de Salobreña , y también ganó, con “Solo me quedas tú”, una suave baladita-rock compuesta por el sevillano Juan Manuel Guerra. La grabación que puedes oír de su “Parole” fue la que interpretó en el Festival siguiente, al que asistió para dar el relevo a la nueva triunfadora.

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Antonia de Miguel – “Parole”

De la que no hemos vuelto a saber nada fue de la chica que quedó en segunda posición con el “Tengo miedo”, que era María del Valle García. Al contrario que ocurrió con la que consiguió el tercer premio, Inma Trujillo, que interpretó “El hombre del piano” de Billy Joel, pero según la visión que le daba Ana Belén.

Inma también pasó por Canal Sur, pero a ella sí podíamos verle la cara porque la ficharon de presentadora (en la foto de arriba, del programa de fin de año del 2.000, ella es la de la derecha). E incluso pudimos verle algo más que la cara porque también posó muy ligerita de ropa para un anuncio de Renault que la colocó en las vallas publicitarias de toda España. Resultó un poco chocante verla así teniendo en cuenta que a los ensayos del festival venía acompañada por un padre sobreprotector, que además era Inspector de la Policía Nacional y, como muchos de los asiduos al local pudieron comprobar, se llevaba consigo la pistola reglamentaria al salir del trabajo en la comisaría de la Gavidia… por ese motivo desde unos minutos antes los músicos se pasaban por los servicios a desprenderse de sustancias extrañas y el aire acondicionado se ponía a tope para difuminar el peculiar olor de la grifa. Huelga decir que todos los musicos se comportaron como profesionales, lo que le valdría a la chica quedar clasificada en esa tercera posición y donar su premio a una organización de caridad.

Para que la oigáis cantar tenemos una de las canciones de la maqueta que grabó en sus tiempos de Canal Sur con Juan Carlos Calderón, y que prácticamente es un estreno porque pasó, justificadamente, sin pena ni gloria.

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Inma Trujillo – “No”

Otra participante ilustre de aquella edición era una chica de la Rock School de los hermanos Genil, que venía al frente de un grupo de cinco adolescentes de San Jerónimo que se llamaban BB-57. A pesar de que como os he dicho eran del entorno heavy de Storm, y de que incluso habían colaborado con sus epígonos de Cadena Perpetua, en el festival acabaron haciendo duduá de los Tennessee (sí, esos que tenían un cantante en silla de ruedas), interpretando “Prueba con mi amor”. Esta chica que os digo era Eva Rubio, pero todos vosotros la recordaréis mucho mejor con el nombre de “Marfario”, que era como se llamaba la brujita a la que encarnaba en la primera época del programa infantil de “La Banda del Sur” que tanto éxito tuvo entre los niños que lo veían en Canal Sur. Después se dedicó al teatro y fue, por ejemplo, la Yerma del “Yerma Máter” de Salvador Távora.

En la grabación que tenemos, del festival de octubre, iban compañadas por Baldomero Torre y sus Cuchillos Afilados, pero el experimento no cuajó mucho más allá.

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BB-57 – “Prueba con mi amor”

Y también en la edición de este año fue en la que participó Adriana Canaval, con el “You know that I love you” de Santana, que todos sus amigos de la primera fila despidieron al grito de “esto es canaval, esto es canaval…”. Adriana apareció hace poco en los comentarios de este blog dejandonos algunos de sus recuerdos:

El “Parole” ya apuntaba como ganadora en los ensayos y creo que estaba a un nivel muy superior que el resto de las participantes. La mayoría de nosotras (me incluyo) éramos muy crías y probablemente participando más como un juego que con una verdadera vocación y afán de vocalistas. En cualquier caso fue una buena experiencia y nos lo pasamos bien. Recuerdo la guitarra de Juanjo Pizarro y cómo aprendía de oído todas las canciones… era alucinante. Y también recuerdo a Pive Amador todo el día organizando y dando consejos en los ensayos del Fun Club. Estaría bien organizar algo para quedar todas las participantes de los festivales, la mayoría de nosotras no vivimos de la música seguro…

Y ya que ella nos recuerda a Juanjo Pizarro, os diré que este año, como era habitual, la base de la banda que acompañaba a las chicas era el grupo de Silvio, y en la guitarra, además de Juanjo estaba el Pájaro, Miguelito era el bajista, y la anterior ganadora, Emilia Pinzón, se sumó a los coros. Hubo dos novedades importantes, la primera es que Pive se dedicó por completo a las tareas organizativas y dejó la batería en manos de Antoñito Smash. Y Manuel Marinelli, que había sido el teclista la vez anterior fue sustituido en esta ocasión por Marcos Mantero, al que todos conocéis por ser uno de los músicos del grupo Imán, y que en aquel año andaba de nuevo por Sevilla, recién aterrizado de su exilio madrileño, debido a que Alaska y Dinarama acababa de hacer su primera remodelación y él se quedó en el paro.

Al principio del post os hablaba del monumental enfado que pillaron los ediles del grupo popular porque se trajo a gente de Madrid para formar parte del jurado. No recuerdo muy bien quienes fueron los miembros pero sí que el presidente del jurado fue Diego A. Manrique, un periodista con el suficiente prestigio como para no ponerle ningún tipo de pegas, que nada más levantar el brazo y declarar ganadora a Antonia de Miguel, desapareció en la noche del brazo de Delia, la pintora que habitualmente presentaba el Festival, y que este año también lo hizo, junto a Carlos “Baldomero” Nuñez. De todas formas sí que hubo sevillanos en ese jurado: dos periodistas y un señor del Ayuntamiento. Otros años hubo más representación municipal, pero este año, posiblemente por alguna consigna del propio Ayuntamiento, se quedó fuera alguno de los ediles… y dicen las malas lenguas que lo que realmente cabreó a los concejales del grupo popular fue eso; no que viniese algún madrileño a formar parte del jurado, sino que viniese a quitarle el sitio (y la diversión) a alguno de ellos.

Y dos días después, el jueves 21, se volvió a formar el inevitable follón de todos los años en la puerta del recinto. Esta vez fue en el concierto múltiple de Circulo Vicioso, Los Toreros Muertos, Dogo y Los Mercenarios, Silvio y Sacramento y Los Amos del Mundo. Se habían puesto a la venta solamente seis mil quinientas entradas, que se agotaron pronto en la venta anticipada, así que la noche del concierto se presentaron allí, además de todos los que venían con una de ellas, otros tres mil tíos más, a los que la falta de más entradas para vender no le quitó ni un poquito de las ganas que tenían por entrar. Así que el ambiente se fue caldeando por momentos… hasta que se produjo la avalancha.

Habéis leído bien el titular de aquí arriba: seis policías nacionales heridos en el transcurso de los altercados que se produjeron en la entrada del concierto. Los de fuera probaron para entrar todos los medios que se te puedan ocurrir, intentaron forzar las puertas, saltar las vallas, meterse todos a mogollón, e incluso un método más creativo que es posible que no te creas siquiera. Quizás recuerdes que el auditorio era una construcción efímera, por lo que sus paredes eran prefabricadas y no tenían cimentación ni nada, y que el suelo del Prado no era muy duro; eso hizo que algunos de los que intentaban entrar excavasen junto a una de las paredes un agujero a modo de pequeño túnel para pasar al interior… y el caso es que la cosa les estaba funcionando bien, hasta que intentó entrar el rockero más gordo de la reunión, y el pobre chaval se quedó atorado en mitad de aquello sin forma alguna de salir p’alante ni p’atrás, e impidiendo que entrase nadie más. A él tuvieron que venir los bomberos a sacarlo de allí.

A todos estos hechos, la policía respondió cargando contra la gente y disparándoles balas de goma, a lo que los presentes respondieron lanzándoles a ellos piedras y litronas. Durante la media hora aproximada que duró todo aquello fue cuando se produjeron las heridas de los polis, todas ellas de carácter leve, y también la detención de cinco de los alborotadores, que fueron puestos en libertad pocas horas después.

El concierto de esta noche se llamó Festival de Rock Andaluz (o algo parecido), aunque en realidad cuatro de los cinco grupos eran sevillanos y el otro, aunque comandado por un gaditano crecido en Sevilla, era más bien de Madrid. Lo que estaba claro es que nadie quería tocar detrás de Silvio, pero hubo discusiones subidas de tono sobre quien tenía que abrirlo, ya que no se ponían de acuerdo los representantes de los dos grupos sevillanos que menos tablas tenían… se ve que los que menos levantaron la voz fueron los de Los Amos del Mundo. Abrieron ellos, que andaban ya por su segunda encarnación, desde que Paco Alejo dejase Spray Naranja y se embarcase en este proyecto, ahora con Fernando Perea, Julián Díez, Juan Valle y Francis Romo, y estrenaron algunas de las canciones del disco (el segundo en menos de un año) que editarían poco después, que fue “Asesinando ternuras”. Sus conciertos siempre fueron algo controvertidos, y éste no iba a ser menos, porque el glamour que despedían atraía y repelía a partes iguales. El sonido que desplegaban sí que era de lo mejor que se podía oír por entonces en esta ciudad, y la voz de Juan Valle, a pesar de ser un cantante principiante, era poderosa y sabía sobresalir por encima de las notas que trenzaban los dos guitarras… pero su pop era tan ampuloso como lo que el propio nombre de la banda dejaba entrever.

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Dogo y los Mercenarios – “Jungla”

Dos deslumbrantes años de vida tenían ya Dogo y los Mercenarios cuando se subieron al escenario del Prado para echar chispas en un concierto de una intensidad inusitada, lleno de referencias a cómo te mata la ciudad, y a los personajes que viven en su noche. De Dogo se dijo que era uno de los animales escénicos más creíbles a este lado de Iggy Pop, y aquel concierto lo demostrtó de manera palpable. También ellos presentaban el disco que tenían listo para editar, “Llueve en Sevilla”, del que se habían pasado varios meses ensayando sus canciones en el Fun Club una vez que habían terminado las chicas del festival femenino, asentados ya con la banda definitiva, en la que además del Dogo estaban Juanjo, a la guitarra; Miguelito, al bajo; y el Cucharín, a la batería, que aquí instauró la costumbre de llevarse a los conciertos a su novia y a su suegra, la que junto a la madre de Silvio componían esta noche en el backstage una proporción extraña de pensionistas, para consternación de más de uno, que no veía la forma de deshacerse de este público para proceder al escancio de sustancias ilegales.

Círculo Vicioso seguían siendo la promesa del rock sevillano, y ése era el problema, que llevaban ya demasiado tiempo siéndola y no terminaban de fraguar en esa gran esperanza que se tenía en ellos. La crónica de este concierto podría ser la misma que la que escribí del que hicieron en la Cita anterior. Solo fue cuestión de tiempo que se les apagase la aureola de estrellas. Antes de subir, José María Sagrista sufría de su condición de “mandamás” del grupo, intentando en vano concentrar a su banda para que no subiesen a escena demasiado desmadrados, porque su batería, Nacho, andaba compartiendo golferío con algún que otro Mercenario, celebrando la buena actuación de éstos.

Y Silvio volvía a su habitual aparición de la Cita. Junto a Sacramento, esta noche era el estreno más o menos oficial de su disco “Fantasía Occidental” , ya con todas las canciones que conocíamos… “Betis”, “Chorla”… con una carta de naturaleza apropiada. A las tantas de la mañana Silvio no estaba para muchos estrenos, y aunque la banda comenzó atacando el “Rezaré”, enseguida tuvo que cambiar de rumbo porque Silvio, genio y figura, lo que se había puesto a cantar era aquello de que “chi non lavora non fa l’amore”. Cuando encauzaron de nuevo la canción fueron el Pive y Emilia Pinzón quienes tuvieron que ir cantando la letra, y a partir de ahí… pero realmente fue un buen concierto, como todos los que Silvio daba en las Citas. Para que las canciones saliesen lo mejor posible, ya que, como os he dicho, era la puesta de largo del disco, y era imposible que Silvio se aprendiese las letras, le colocaron delante del micro un papel con las de “Rezaré” y “La Pura Concepción”, que eran las más difíciles. El papel acabó a las primeras de cambio hecho un guiñapo, y Silvio lo convirtió en una bola que salió disparada hacia el público con un libre directo digno del Juanito Arza que mencionaba en su “versión” de “Betis”. De ahí el kafkiano comienzo del concierto por Celentano.

Con Pablo Carbonell al frente, Los Toreros Muertos ofrecieron una fiesta de diversión, de la que salieron muy airosos a pesar del mal trago que supone cerrar un concierto detrás de Silvio. Conjugando textos desquiciados y sonidos nocturnos, montaban todo un disparate vitalista a base de canciones que relatan historias absurdas, enredos inverosímiles y situaciones patéticas. A la diversión por medio del absurdo. Cerraron con un remake del “Para ti” del que no sé que hubiese pensado El Zurdo si lo hubiese oído. Llegaron poco antes de que les tocase su turno y se fueron casi nada más terminar su actuación, por lo que sus tres componentes (Pablo más el bajista Many Moure y el teclista Guillermo Piccolini, gallego el primero y argentino el segundo) apenas anduvieron por el divertido backstage, porque Pablo estuvo enseñando Sevilla antes y después a sus dos compañeros. Pero Many sí que encontró un rato para revivir con Pive y Silvio las experiencias de cuando la grabación del primer disco de éste con Luzbel, aquel “Al este del edén” de siete años antes. Entonces Many fue convocado de urgencia a los estudios RCA de Madrid cuando Silvio se quedó sin banda en su pretensión de grabar aquella extraña fusión que hoy conocemos por “Puerta España”, y Many tuvo que improvisar el bajo, acompañado sólo por las percusiones de Tito Duarte y la guitarra santanera de Pedro Mauricio.

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Silvio y Sacramento – “Sureños”

El 27 de mayo tocaba noche de jazz. Y merecía la pena asistir aunque solo fuese para ver de cerca al mítico atleta Carl Lewis, que era amigo de algunos de los componentes del Modern Jazz Quartet que actuaba esa noche, y había abandonado su residencia provisional en un chalet que le pusieron entre Guillena y Alcalá del Río para acudir al Prado a verlos. Carl Lewis estaba en Sevilla porque participaba en el Gran Premio de Atletismo que se celebraba en nuestra ciudad, en el antiguo estadio de Chapina, que ya no existe (de hecho éste fue el último premio de atletismo que se disputó allí) porque por el lugar en el que estaba vuelve ahora a pasar uno de los brazos del río. No es nada musical ni relacionado con la “Cita en Sevilla”, pero está bien recordar que la carrera de 100 metros que se corrió aquí ese año ha sido una de las más disputadas de la historia, y al final Carl Lewis la perdió con Ben Johnson solamente por una centésima de segundo, aunque Carl no estaba de acuerdo y se quejaba porque decía que la foto-finish demostraba que la carrera la había ganado él. No reconoció nunca su derrota.

El Modern Jazz Quartet nunca me atrajo demasiado con su música, el repertorio tan clásico que siempre manejaban, interpretado con esas percusiones tan suaves, nunca me llegó del todo. Aquí llegaron como una de sus paradas en la gira del 35 aniversario que estaban haciendo y pudimos escuchar “Summertime”, “Django” o “Echoes”, que era la que más me gustaba. Esta banda es también muestra muy clara de como ha pasado el tiempo desde aquello… sus cuatro componentes ya han fallecido.

A los que tocaron antes, los Newport Jazz Festival All Star, la verdad es que no les hice ni caso, y con el tiempo me arrepentí de mi indiferencia hacia ellos, porque años más tarde me enteré que uno de los músicos que había encima del escenario era Warren Vaché, uno de los mejores trompetistas blancos de la historia del jazz; él fue, por ejemplo, el que enseñó a tocar la trompeta a Richard Gere para el papel que hizo en “Cotton Club”.

Pero el aburrimiento de esta noche se tornó en pura diversión la siguiente; el jueves, día 28, los que subían al escenario eran Os Resentidos y Siniestro Total. Galicia al poder. Anton Reixa y su banda de Resentidos pusieron caliente la noche con los rítmos caribeños, afros y soul que poblaban su tercer disco, “Música doméstica”, que es el que estaban presentando aquí, y a pesar de que ya estaba la luna fuera, lograron que hiciese “un sol de carallo”.

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Siniestro Total – “Diga que le debo”

Y después, todo fue salir los Siniestro y la gente comenzar a dar botes. Ahí empezó el espectáculo de punk rústico-industrial que elaboraban a base de canciones cortas y a toda leche. Con los Siniestro Total la diversión siempre me ha parecido que está más en la gente que les mira que en ellos. Como músicos ya habían aprendido a tocar mucho mejor, pero las voces seguían siendo igual de imperfectas y de incorrectas, y como además ellos siempre estaban tan quietos como si tuviesen un palo metido por el culo, y ni gesticulaban, ni se movían para un lado u otro, ni nada, en realidad es el público el que se tiene que montar el espectáculo, y la banda parece la que les mira a ellos. Eso sí, aportando una banda sonora de lo más divertida.

La siguiente noche de concierto tuvo lugar el martes 2 de junio y estuvo dedicada al blues, también en sesión doble. Los primeros en subir fueron Buddy Guy y Junior Wells con su Chicago Blues Band, en la que sobresalía un saxofonista genial que nos puso a todos a gritar con el solo improvisado que se marcó en mitad del “Miss you” de los Stones. Buddy demostró porqué es uno de los guitarristas seminales del blues, aunque esta noche anduvo bastante reservón y dejó que se convirtiese en el centro de atención el armonicista Junior Wells. Su forma de tocar estuvo llena de guiños y se conjuntó perfectamente con la guitarra de Buddy a la hora de hacer dúos, réplicas y contrarréplicas. Terminaron su actuación dejando que el blues de más esencia se convirtiese en rhytm & blues a través de una rendición del “I got you” que el año anterior habíamos oído también en la Cita a cargo de su autor original, James Brown.

Lo de Johnny Copeland fue más aburrido; abusó hasta la extenuación de su “Copeland Special” y terminó por cansarme con sus reiteraciones. Me pasé junto a la barra una gran parte de su concierto lleno de boggies fáciles y de los numeritos de su teclista, el unico músico blanco que llevaba en la banda, y que debía creerse Jerry Lee Lewis o algo por el estilo. Cuando nos preguntó desde el escenario si teníamos ganas de fiesta, la gente que le entendió le gritó que sí, por lo que Johnny les incitó a bailar y dar palmadas, pero para entonces yo ya tenía las manos ocupadas con mi vaso de cerveza.

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Johnny Copeland – “T-Bone shuffle”

El día siguiente me permití un descanso. Era el turno de la Orquesta Mondragón, pero el histrionismo exagerado de Gurruchaga, unido a que su propuesta actual era aquella tan vomitiva de las mujeres muy muy gordas, me había apartado ya por completo de ellos. De todas formas en esa misma semana habría otra oportunidad de verlos, y además gratis, porque el lunes 8 iban a abrir el mitin que Izquierda Unida daba en la Plaza de España. Aunque también la desaproveché. De todas formas, en el concierto de la Cita de este año, la Orquesta Mondragón volvió a conseguir un lleno absoluto.

Hasta el miércoles 10 de junio no volvimos a tener nuevo concierto, y en sesión doble también. Primero salieron los Dulce Venganza, con un Benito Peinado que justo estaba comenzando a madurar y a volver a encontrar el norte tras su época de despiste musical. Desde el escenario se declaró rendido admirador de “El trasero de Joan Collins”, aunque a gritos se declarase a sí mismo como Richard Channing, el personaje malote de la serie rival de la de Joan. Resultó tan divertido como todos los demás conciertos que a partir de ahí le comenzamos a ver con frecuencia acompañado por Jesús Arispont, Manolo Sutil, Antonio Moreno, Miguel Ángel Montero y la Lola.

El grupo estrella de la noche era Radio Futura, que volvían a la Cita. Cada vez más eléctrticos, su actuación estuvo llena de ritmo y vibraciones; estuvieron arrasadores. Este año no tenían ningún disco nuevo que promocionar, por lo que su set se basaba en los tres últimos, “La ley”, “De un país en llamas” y “Juan Perro”, todos muy conocidos por el personal asistente, que podía cantar bien con ellos todas las canciones y conectar perfectamente con la banda. Tampoco faltó mi favorita, “La estatua del jardín botánico”, ni “La negra flor”, que era el mejor rap que se podía escuchar en nuestro idioma por aquellos años, a pesar de la inmadurez de fondo y de forma de la que adolecía. Reestructurados tras un año y medio prácticamente alejados de los escenarios, ahora con Carlos Torero en la batería, Pedro Navarrete en los teclados y Javier Monforte en una de las guitarras, en la banda solo quedaban de los miembros originales los hermanos Auserón, pero no creo que nadie notase la diferencia.

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Radio Futura – “La estatua del jardín botánico”

La noche siguiente también hubo doblete. Y fui porque quería ver a Nacha Pop, ya que Luz Casal, que era la estrella, nunca ha sido una cantante a la que yo le haya apreciado brillantez, ni que haya sido capaz de levantar en mí sentimientos de alguna clase; y eso a pesar de que la considero una artista trabajadora y digna… pero sus canciones, su voz, sus bonitas letras, se quedan ahí; y encima verla en directo es particularmente irritante, porque al contrario que aquella vez de jovencita en que estuvo en el Sánchez Pizjuán con Miguel Ríos y Leño, dando saltos y contagiando a la gente su alegría, ahora era una cantante estática y falta de chispa. La arropaban buenos músicos y no cantó mal, pero fue otra de esas actuaciones que me hizo sentir más entusiasmo por la cerveza de la barra que por la artista del escenario.

Antes dije que quería ver a Nacha Pop, aunque todos habíamos tenido la oportunidad de haberlos visto aquí mismo tres días antes, porque también estuvieron abriendo un mitin el mismo día que la Mondragón. Ésta vez era del PSOE, que cerraba aquí su campaña electoral; así que podíamos decir que Nacha Pop telonearon a Felipe González, Alfonso Guerra, o al alcalde Manuel del Valle, que volvía a presentar su candidatura. Y eso no hubiese sido lo peor de todo porque me podría haber ido para cuando comenzasen los políticos, pero es que para pillar buen sitio por allí debido a la aglomeración que se esperaba, hubiese tenido que estar desde mucho antes de que empezasen, con tiempo suficiente para ser martirizado por el Dúo Sacapuntas, Paco Gandía, los Cantores de Híspalis y la mismísima Massiel… vale, también cantaba el Camarón, pero los puntos en contra seguían siendo mayoría.

Esta noche, como la cosa no era gratis, sino que había que pagar 500 pesetas por la entrada, la asistencia fue menor… infinítamente menor; ni siquiera Luz Casal, que era una cantante muy popular, logró evitar que esta noche la organización se diese uno de los mayores batacazos económicos de la Cita de este año. Así que el concierto de Nacha Pop resultó casi intimista y de muy agradable recuerdo. Sus canciones de amor y desamor fluían duras, tiernas y melancólicas a la vez, conducidas por un Nacho convertido en el elemento expansivo del grupo, ya que Antonio seguía sin querer ejercer de líder, a pesar de que ése era su papel natural. Esta vez no estuvo tan introvertido como alguna de esas otras veces en que casi daba la sensación de desaparecer del escenario, pero su guitarra y su magnífica voz resultaron tan tímidas como él mismo parecía serlo. Como siempre, y aunque aquí estuviesen presentando nuevas canciones como la fantástica “Lucha de gigantes”, la apoteósis fue “La chica de ayer”.

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Nacha Pop – “La chica de ayer”

Y para mi fue la apoteosis final de la Cita, porque a los dos últimos conciertos no asistí. Éstos fueron los de Lluis Llach el viernes 12 y el de los Hombres G el domingo, día 14 de junio, que echaron el cierre que, como os dije al principio, tenía que haber echado Miguel Ríos. Punto final… y la hora de los números.

El déficit, efectivamente sobrepasó los cien kilos, tal y como se esperaba. Y eso que por taquillajes se recuperaron treinta y siete millones y medio de pesetas, lo que era un 50% más de lo que se esperaba al principio; pero como los gastos tambíen habían subido de 140 a 155 millones, al final el balance negativo en contra resultó ser de más de 117 millones de pelas. Pero ya sabemos que el Ayuntamiento no contaba en realidad este dinero como pérdida, sino como inversión. Y aunque considerase que “a tenor de la experiencia acumulada, se habían producido menos errores”, los del grupo popular no estaban nada de acuerdo con ellos y seguían detectando los mismos fallos en la programación, organización y desarrollo de la Cita, porque aunque en las elecciones habidas durante ella lograron recortarle algunos concejales a los socialistas, estaba claro que iban a tener que tragarse las siguientes ediciones todavía desde la oposición… pero esa ya será una historia que tendrá lugar a partir de “la quinta vez que nos citamos en Sevilla”.

LA TERCERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Para Maese Rancio, que también anduvo por allí.

La tercera edición de “Cita en Sevilla” fue la más corta de las celebradas hasta ahora, y el motivo para que eso ocurriese era importantísimo: tenía que estar terminada antes de finales de mayo, y esta vez no se podía contar con el mes de junio para ningún concierto… porque en esas fechas se celebraba el Mundial de Fútbol de México ’86.

El otro aspecto importante que iba a distinguir a esta edición era que el Ayuntamiento salió escaldado de la poca participación que tuvo en la Cita anterior la gente de Sevilla, a excepción hecha de la juventud, y por eso ésta se iba a dedicar por completo a los jóvenes. Así que por el Solar de la Maestranza no pasaron tonadilleras, ni cantaores de flamenco, ni cómicos, ni grupos de sevillanas… solamente grupos de rock y pop españoles y extranjeros, junto a cantantes sobre los que ya se sabía que la apuesta era segura, y que también tenían buen predicamento entre los jóvenes; cantantes como Ana Belén y Victor Manuel, Serrat y Carlos Cano.

Durante los preparativos de la Cita, algunos de los nombres que se iban filtrando eran absolutamente ilusionantes. Se habían puesto a tiro artistas que jamás soñaríamos con que pudiesen tocar en Sevilla. Pero los tres más fantásticos de todos ellos se cayeron del cartel antes de empezar. El día de la presentación, cuando nos leyeron el programa de la Cita, casi nos echamos a llorar al descubrir que entre los nombres no estaban ni Ray Charles, ni Bruce Springsteen, ni los Cramps… pero es que tampoco estaban los Kinks!

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“Jingle de la Cita de 1.986″ (Martirio)

Sí, la Cita en Sevilla de este año comenzó con muy mal pie, y no solo en lo que respecta a las expectativas, sino también porque el grupo popular del Ayuntamiento se volvió a cebar con la organización. Esta vez sus puntos de queja eran tres principalmente. El primero, la suscripción de un contrato de organización con la promotora Bética de Ideas, para que ellos gestionasen toda la Cita a cambio de unos estipendios mínimos que había que pagarles. Y la verdad es que esta vez, y sin que sirva de precedente, los populares tenían razón, porque la Bética no gestionó de la forma más profesional posible, y para lo que hizo ya se podían haber bastado los miembros de la Consejería de Cultura, a los que además ya les pagaban para eso. Otra de las acusaciones era que hubo un recorte presupuestario debido a que el Partido Socialista había gastado más de la cuenta en la campaña electoral para volver a quedarse con el gobierno de la ciudad, y ese dinero de menos empleado en la Cita iba a implicar un gran descenso en la calidad. Aquí la razón creo que habría que repartirla a partes iguales, ya que aunque ésta fue la Cita en la que más dinero gastó el Ayuntamiento, es cierto que contó con ayudas, y es cierto también que, aunque el recorte no fuese tan grave como decían los populares, sí que los problemas de solvencia fueron los principales culpables de que se cayesen del cartel los nombres anteriormente citados. Y la tercera de las quejas, totalmente infundada en vista de lo ocurrido el año anterior era que estaban “en contra de su dedicación exclusiva al público joven. Entendemos que la cultura es patrimonio de todos y es anticonstitucional no entender que, al igual que todos los ciudadanos tienen obligación de pagar sus impuestos, también tienen derecho a recibir a cambio prestaciones”. Demagógico, ¿no?.

Asímismo, y haciendo honor a esa doble forma que tienen los populares de ver algunas cosas, a la vez de que se quejaban de cómo se derrochaba el dinero municipal, se quejaban también de que se hubiese contratado a una empresa privada que por carecer de margen para obtener beneficios, no podría traer a primeras figuras a causa de su excesivo coste, por lo que el Ayuntamiento debería invertir más dinero en traer a gente de primera fila ya que la Cita era su única actividad cultural… espera, no te rías todavía, que aún te queda por saber lo que la señora que decía esto, la concejal Dolores Menéndez, entendía por gente de primera fila:

No vendrán Pawlowski, la Orquesta Filarmónica Eslovaca, John Menville, ni tampoco los Payasos de la Tele. La ausencia de estos últimos me parece coherente porque con los que hay aquí ya tenemos bastantes.

Y esta señora se permitió llamar inútiles e ineficaces a los organizadores, tanto a los del área de cultura como a los de la empresa Bética de Ideas. Otro de los concejales populares, José Luis Montoya, parecía tener un poco más claros los conceptos sobre cualificación artística para estar presente en la Cita. Así que después de echar convenientemente en cara a la Concejalía de Cultura que pagasen un diez por ciento de presupuesto a otra empresa para que hiciese lo que estaban obligados a hacer ellos mismos, analizó la programación con tal profundidad que me voy a callar yo y voy a dejar que sepas lo que nos esperaba por boca de él:

Los Kinks, que estaban anunciados en un principio como probables, y que son de auténtica talla, no vienen ante el argumento de que son muy caros. Sí vienen, sin embargo, Rosendo, que no es nada del otro mundo; los Ilegales, que son bastante corrientitos y que aunque en tiempos tuvieron cierta altura, sobre todo cuando grabaron “Revuelta juvenil en Mongolia”, ahora se han convertido en un grupo perfectamente calificable como vulgarote. De igual modo Semen-Up es muy flojito, con un rock erótico más de verbena de pueblo que de una “Cita” de importancia. Los Elegantes son un grupito de última hora que no aporta absolutamente nada a la historia de la música por su vulgaridad. Olé Olé es un grupo que realiza una música que sirve más para escucharla tomando una copa en una discoteca que para llevar público. Séptimo Sello es también muy flojito, pues no acaba de cuajar. Hombres G es un grupo comercial que produce más pena que gloria. Peor Impossible tampoco puede ser considerado un buen conjunto. Son simpáticos, pero nada más. Por último, Chick Corea, que es bueno, trae una banda que no le permitirá repetir los conciertos que ha dado en Bilbao o Vitoria, por lo que decepcionará a sus seguidores.

Ya ves, que aunque faltando bastante al respeto a muchos de los artistas, la verdad es que algunas de sus consideraciones son para estar de acuerdo con ellas. Al final sí vinieron los Kinks, y a este flojo elenco repasado por el concejal habría que unir los nombres que se dejó fuera, por lo que imagino que no tendría nada que objetar sobre ellos: Sade, Jimmy Cliff, James Brown, El Último de la Fila, Sabina, y los Serrat, Carlos Cano y Victor y Ana mencionados anteriormente, así como nuestro intocable Silvio… que hasta ahí podía llegar la broma.

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Silvio – “California”
En 1.986 esta canción aún se llamaba así porque era la única palabra que Silvio recordaba de toda la letra.

Como el año anterior la prueba que se hizo para ver si funcionaba un concierto organizado en plena feria había sido superada con éxito, este año se decidió repetir la experiencia, y la Cita en Sevilla se abrió el miércoles de feria, día 16 de abril, con un concierto de Sade, que por entonces (al igual que ocurre ahora mismo, tantos años después, con un disco que acaba de editar, que casi ha sido récord de ventas) gozaba de gran prestigio internacional, sobre todo debido a las canciones “Smooth operator” y “The sweetest taboo”, incluídas en sus dos recientes primeros discos, y era una de las cantantes de mayor seguimiento, con unas baladas que la habían convertido en la más exótica de las princesas del pop-jazz.

Y eso se notó en la afluencia de público. Esta vez el concierto no fue gratis, como el de la Mondragón el pasado año; había que pagar 500 pesetas por la entrada, pero aún así se agotaron todas las que se pusieron a la venta. El problema fue que él éxito de público no estuvo asociado al éxito organizativo. La noche del concierto se juntaron en la puerta de entrada los 7.000 espectadores que venían con su entrada ya comprada, con unos 2.000 más que llegaron con la esperanza de comprarla allí mismo, en la taquilla. Esperanza que se vio defraudada, porque ya no se iban a vender más después de que la última se despachase sobre las ocho de la tarde.

El maremágnum de la entrada aún se vio mucho más agravado porque los organizadores solamente habilitaron una pequeña puerta para acceder al interior, por la que solo pasaban dos personas cada vez, con lo cual la espera para entrar se hizo eterna. La aglomeración que se produjo en el Paseo Colón estuvo a puntito de crear un altercado de orden público porque la actuación dio comienzo con solo media hora de retraso después de las diez de la noche, y todavía quedaba muchísima gente fuera, que cada vez veía más difícil la forma de entrar. Era tremendo ver a tantos cientos de personas, brazos en alto, enarbolando su entrada para dejar claro que ellos ya la tenían, y vociferando contra la organización y contra los munícipes. Tan malamente se pusieron las cosas allí fuera que los organizadores se asustaron del todo y lo que hicieron fue CERRAR LA PUERTA. La gente, claro, intentó echarla abajo y entrar por la fuerza, por lo que la policía tuvo que hacer un amago de carga que no llegó a efectuar por no empeorar el cariz de la situación.

La puerta volvió a abrirse y además se habilitó para entrar una de las salidas de emergencia, con lo que por fin terminaron por entrar todos los que no habían huído ya despavoridos. Y total, ¿para qué? Para presenciar uno de los conciertos más sosos y aburridos en los que he tenido la desgracia de estar.

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Sade – “Smooth operator”

El sonido era un caos. De momento imaginaos el griterío de fuera, unido a los claxons de cientos de coches que, si ya en condiciones normales transitaban penosamente por allí camino de la feria en un altísimo número, ahora se encontraban sumidos en un inmenso atasco… y ahora sumadle a eso un sonido bajísimo, que llegaba poco más allá de las cinco o seis primeras filas. No es extraño que la gente de más atrás estuviese mucho más entretenida pendiente de los líos de la puerta que de Sade y sus gran banda de ocho músicos y un corista. Que además, aunque nos estaba ofreciendo su mejor set de canciones, éstas eran para disfrutarlas tranquilamente en algún lugar más íntimo que este solar.

La noche hubiese merecido mucho más. Entre otras cosas porque esta morenita que apenas había dejado de ser veinteañera hacía poco, por alguna razón que desconozco, se había enamorado perdidamente de Sevilla en algún momento de su vida y fue ella misma quien eligió terminar aquí su gira española de seis ciudades. Vino buscando el abrazo de los sevillanos, y lo que se llevó fueron muchos achuchones de nuestras típicas y tópicas bullas.

La verdad es que no sé que fue más risible, si el numerito que se montaron al final del concierto un par de miembros del staff de Sade, descolgándose con cuerdas desde lo alto de la tramoya, vestidos con trajes de flamenca, o las declaraciones posteriores del jefe del Gabinete de Información del Ayuntamiento, diciendo que “la culpa de todo el follón es del público sevillano, que no está preparado para asistir a conciertos de rock, y por tanto no sabe que se debe acudir con un par de horas de antelación”. Por cierto, y por si os lo estáis preguntando, yo logré entrar cuando Sade llevaba ya cuatro o cinco canciones interpretadas.

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Sade – “The sweetest taboo”

Y tras este accidentado prólogo, una vez que iba muriendo el mes de abril, se fueron sucediendo hasta finales de mayo las catorce actuaciones más que tuvieron lugar en el solar, a razón de una cada dos o tres días, o incluso muchas de ellas en días seguidos. Los amantes de la música tuvimos un mes de lo más ocupado.

El maratón musical lo comenzó Jimmy Cliff, quien a pesar de haber tenido no hacía mucho una canción de bastante éxito, como “Reggae nights”, de haber participado en el disco que los Stones editaron ese mismo año, “Dirty work”, y de ser una de las principales figuras del reggae, solo consiguió animar a 584 personas para que se comprasen alguna de las 7.000 entradas que se pusieron a la venta. Aunque en honor a la verdad hay que decir que también influyó bastante el mal estado del tiempo aquel día. Los que nos reunimos en el solar, aún estando en familia, estábamos más pendientes de resguardarnos del agua que estaba cayendo que de la música que se nos ofrecía sobre el escenario. Que tampoco fue nada del otro mundo, en realidad.

Al principio salió solamente Jimmy, enfundado en una manta, para sentarse en el suelo con unos bongos y cantarnos el insípido “Rivers of Babylon” que popularizaron los Boney M. Lo único que consiguió es que los espectadores más cachondos se uniesen en el grito de “más aguaaa pa ese negroooooo”. Pero la lluvia no le echó, más aún, salió el resto de la banda y la cosa se animó mucho más con su clásico “You can get it if you really want”… pero lo que realmente queríamos todos era dejar de mojarnos lo antes posible, por lo que no aguantamos demasiado allí dentro.

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Ilegales – “Yo soy quien espía los juegos de los niños”

Para los Ilegales y Rosendo sí que se animó la peña mucho más… hasta Maese Rancio anduvo por allí aquel viernes 9 de mayo… porque los heavies querían ver a su totem hispano y los oyentes de la radio-fórmula acudían en manada a todo lo que fuese un concierto “recomendado por la cadena SER”, y el de los Ilegales (aunque te cueste creerlo) lo era. Y la verdad es que los Ilegales estaban ya lejos de ser aquel grupo que hacía loas a putas, macarras y borrachos de forma creíble y su concierto estuvo plagado de topicazos musicales para gente de bien, que alucinaba con sus demostraciones de barbarismo y de eficacia instrumental, que eso sí que nunca se les pudo negar… yo me pregunto cuantos de aquellos pijillos oyentes de los 40 Principales reconocería la versión que hicieron del “God save the queen”.

Lo de Rosendo sí que fue un espectáculo para vivir y transpirar con él. Con la mirada más lúcida que nunca, a pesar de tener el cuerpo repleto de la inevitable cerveza, Rosendo dio un paso más en su intento de rodear su música macarra con una técnica precisa que le daba un encanto sibilino, muy lejos del que podía alcanzar la música del resto de los aporreadores metálicos patrios… y muchísimos de los del extranjero. Las canciones de Rosendo las cantaban todos los asistentes con la voz y el alma, mientras él las iba desgranando entre la sutileza en el manejo del entorno y la ferocidad de sus riffs con la guitarra.

Recuerdo que la gente iba más por Rosendo, que presentaba su primer disco en solitario, “Loco por incordiar”, y que interpretó casi en su totalidad, mientras que apenas tocó uno o dos temas de Leño, cosa que nos resultó un poco insuficiente a los que esperábamos más repertorio de su antigua banda.

¿Ilegales?… lo que más recuerdo del concierto es un solo que se marco el amigo Jorge Martínez con una botella de J&B a la que pegaba unos buenos lingotazos mientras aporreaba las cuerdas. (Maese Rancio)

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Rosendo – “Loco por incordiar”

El siguiente concierto también fue doble, y también desigual, como el anterior. Por una parte El Último de la Fila estaba presentando prácticamente su segundo disco, y el recital cálido y casi intimista que nos ofrecieron se apuntaló sobre todo en las nuevas canciones, sin que faltasen las mejores de su primer disco ni bastantes guiños al repertorio antiguo de los Burros y los Rápidos, bastante más elementales que las de esta nueva etapa, pero al igual que ellas con una sencillez que se convertía en vehemencia cuando la banda las entonaba. Fue un concierto fino, de escuela clásica, en el que aparecieron todas las virtudes de El Último de la Fila… y también se asomaron sus ocasionales errores, como esa tendencia a sinfonizar las canciones demasiado y darles un puntito tremendista y épico que no les hace ningún bien. Quimi y Marc disfrutaron con sus coreografías simplistas, pero graciosas, y Manolo derrochó flexibilidad para adaptarse perfectamente a las pautas musicales de algo tan sentido como “Querida Milagros”, y a las de un baño de multitudes como “Insurrección”. La sonrisa que teníamos todos los presentes demostraba que habíamos disfrutado. Fue una buena noche para terminar de celebrar mi 29 cumpleaños.

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El Último de la Fila – “Insurrección”
En directo. 1.986

Sus compañeros de cartel fueron Semen-Up, que aunque viniesen aquí con la aureola de ser el grupo revelación del año, su música era más escuchada por la novedad de ser aquello que se llamó porno-pop, y tener una canción que describía una mamada sin cortarse un pelo, que por sus valores musicales. La verdad es que fueron un grupo bastante censurado en la tele, aunque no en la radio, lo que hizo que su desinhibición y sus letras explícitas y sensuales llegasen a gran cantidad de público; pero la curiosidad por ver a Alberto Comesaña representando en directo aquello de “Lo estás haciendo muy bien” no llegaba más allá de eso, de curiosidad.

Y entonces, el lunes 12 de mayo, llegó el inesperado momento cumbre de la Cita. Esa noche tuvimos en directo un trozo de la mejor historia del pop. Esa noche asistimos a un concierto de los Kinks.

Aunque su actuación estaba prevista en un principio, se descolgó del cartel, como os dije antes, por problemas presupuestarios, puesto que pedían 17 millones de pelas por tocar aquí (a lo mejor convendría decir también que por su tocata en Madrid de dos días antes cobraron más de veinte). Después de eso se estableció un largo proceso negociador que terminó precisamente la vispera de ese concierto de Madrid, cuando la banda ya había comenzado su gira española, porque los Kinks aceptaron venir a tocar a cambio de la taquilla completa más un fijo de cinco millones, que aportó a fondo perdido el Instituto Municipal de la Juventud. Así se cubriría más o menos su caché inicial, porque se pondrían a la venta 10.000 entradas, al precio de mil pesetas, lo que hacía un total de diez millones, que llegaría hasta quince con el fijo que percibían. El problema fue que solo se vendieron 2.300 entradas…

Las previsiones se fueron a hacer puñetas y el solar de la Maestranza registró una entrada que, contando a los que por una u otra razón entraban gratis, no llegó ni a un tercio de su aforo. Un enorme descalabro económico para los organizadores (que se volcaron con la seguridad y las comodidades para que no ocurriese como la noche de Sade), los Kinks (que viajaban con un gran séquito de personas, entre las que incluso había un cocinero propio) y sus representantes. Aún así, la banda dio un concierto maravilloso que, como decían los del ABC, mereció un llenazo.

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The Kinks – “You really got me”

De todas formas, ese recorte del ABC es bastante sesgado y tergiversa la realidad, porque no dice que el concierto de Madrid, que a tanta gente reunió, era gratis. Y tampoco dice que en el concierto anterior a ése, el que dieron en el Palacio de los Deportes de Barcelona, se reunieron la misma gente que en Sevilla, o incluso menos; aunque también es cierto que allí la entrada costaba el doble que aquí, 2.000 pelas.

Porque si bien los Kinks eran una leyenda para muchos, en el año 1.986 ya eran una banda de esa otra generación que se había terminado con el punk; incluso ellos mismos ya eran otra cosa que solo mantenía de sus inicios a los hermanos Ray y Dave Davies, los otros miembros de la banda que estuvieron aquí eran el teclista Ian Gibbons, el bajista Jim Rodford y el batería Bob Henrit. Pero cuando Ray entonó el “You really got me” haciéndonoslo corear a todos, nada de eso importó; lo importante era reverenciar el desgarro vocal de Ray para darnos durante casi dos horas canciones a medios tiempos, riffs duros, sensaciones clarísimas y también ambiguas… hasta tres veces amagó con tocar “Lola” para cambiar a “Sunny afternoon”, “Dead end street”, “Come dancing”, “Word of mouth”, o cualquiera otra de las que desgranó aquella noche; y cuando por fin, después de arrancar otra vez siguió ya con ella, todos supimos que nos encontrábamos ante el espectáculo musical con el que siempre habíamos soñado… lo lo lo lo lo lo loooooola… y después, mientras la gente se desgañitaba gritándole aquello tan de moda por entonces de “torero, torero”, Ray me dio mi regalo.

Yo estaba en primera fila con mi amigo Pepe Conciertos, ése del que a veces os he hablado, y del que nunca supe su apellido a pesar de ir juntos a tantas tocatas. Y cuando Ray lanzó al aire la púa de su guitarra llegó directamente hasta mi mano. La dirigí hacia ella y cerré el puño… justo para sentir como otra docena de puños más se aferraban sobre el mío, mi muñeca, y casi todo el brazo. Así estuvimos inmóviles algunos segundos, mientras pensaba qué hacer… porque la púa había rebotado y no la pude pillar… cayó al suelo, pero eso los demás no lo sabían. Miré hacia abajo, la divisé y le coloqué el pie encima; en ese momento abrí mi puño dejando ver que estaba vacío y en las siguientes décimas de segundo un tropel de espectadores que me rodeaban se fueron al suelo a buscarla. Ni que decir tiene que no la encontraron, estaba a buen recaudo; cuando se aburrieron de buscar, la cosa se calmó, y siguió el concierto, yo me agaché disimuladamente para recojerla de debajo de mi pie. Después quisieron comprármela algunos (hasta 700 pelas me daban por ella, y eso que era una mierda de púa de plástico gris), pero todavía está en algún cajón de la casa de mis padres, a donde fue a parar cuando la sra. Carrascus y yo nos mudamos a Huelva por tres años.

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The Kinks – “Lola”

El rock en su estado más clásico era lo que nos aguardaba en la actuación siguiente, la de Silvio, que ese año era un concierto más de los de Barra Libre, porque aún no se había hecho la transición al Silvio semanasantero y “bético”, que tendría lugar en el ’87. Así que sin recordar nada especial de él, debido como el año anterior a que estuve en varios suyos, éste sería simplemente un buen concierto. Porque Silvio nunca falló en sus noches de Cita en Sevilla.

En el siguiente concierto no estuve. Ni prácticamente nadie más, porque apenas se vendieron quinientas entradas. Esa era la noche en que se presentaban Olé Olé con una de las primeras actuaciones en las que su cantante era ya Marta Sánchez, tras haber sustituido a Vicky Larraz. Pero su música nunca me invitó a escucharles. Sí en cambio me hubiese gustado más oír a Los Eelegantes, que les servían de teloneros y era uno de los pocos grupos nacionales que todavía conservaban el espíritu de las bandas de rock callejeras. Pero alguna noche había que faltar…

…y no iba a ser la siguiente, claro está. Era imposible no rendir visita al solar el día que venía el viejo tramposo enardecedor de masas.

Allí, ante el escenario vimos como comenzaban a salir negros y más negros, todos ellos aplaudidos por un público que no tenía demasiado claro si ése que estaba saliendo ahora era el que todos esperaban. Pero ninguno lo era, ni siquiera ese saxofonista medio loco, Maceo Parker, que capitaneaba a la docena de musicos (allí estaban Fred Wesley, Saint Clair Pickney…) que habían invadido ya el escenario tocando frenéticamente canción tras canción, y todas nos sonaban. Y tampoco era el negro que esperábamos ese maestro de ceremonias, loco del todo, que solo sabía dar gritos pelados de “Who’s the kiiiiiing!!!” (¿Quién es el rey?). Ni, obviamente, la negrita que cantaba muy, pero que muy bien… el espectáculo real no comenzó hasta casi pasados veinte minutos, en que apoyado en el hombro de Maceo, apareció por el fondo del escenario el que todos reconocimos como la verdadera estrella, el rey que tanto nos anunciaba el otro… James Brown.

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James Brown – “Gonna have a funky good time”

“Gonna have a funky good time” (“vamos a tener mu buen rollito funky”) para empezar; y desde ahí todas sus canciones conocidas, alargándolas hasta cansarnos de bailar, igual que hacía él mismo mientras las interpretaba… “Try me”, “It’s a man’s man’s man’s world”, “Papa’s got a brand new bag”, “Please, please, please” a toda velocidad, mientras le rendían tributo otorgándole la capa de armiño de los reyes… y “I feel good”, “Too funky in here”… y el eufórico “Sex Machine” que todos nos sabíamos y todos coreábamos en inglés macarrónico… guirappppa… más de dos horas de un dinamismo inimitable, de una voz fuera de serie, de una inmensa presencia que todo lo dirigía a su antojo, cuando no se sentaba él mismo al teclado o a la batería. Fuerza y sabiduría para dominar el escenario; puro nervio. Y nosotros, a sudar.

Una preciosa chavalita bailaba sin parar delante de mí y mi amigo Pepe, haciéndonos fijar nuestra vista en ella más veces incluso que en el Soulfather. En un momento determinado, la chica, tras un saltito, aterrizó con su tacón directamente sobre mi pié. Al volverse y ver mi expresión de grito reprimido, supongo que para hacerse perdonar, me echó los brazos al cuello y me dió un pequeño beso en los labios. Así, sin decir ni una palabra siquiera; tampoco eran necesarias.

…ni que decir tiene que me pasé el resto del concierto intentando meter de nuevo mi pié debajo de los suyos.

La ví de nuevo esa misma noche, aunque solo intercambiamos un ligero saludo cómplice, en un bar nocturno que había entre los jardines del río, por su orilla trianera, allá por la antigua Chapina, a donde fuimos a parar también muchas noches tras los conciertos, y del que no logro recordar el nombre… ¿lo podríais hacer alguno por mí?

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“Sex Machine”

A Victor Manuel y Ana Belén esta vez me los salté. De todas formas supongo que su concierto no diferiría demasiado del que dieron en la primera Cita hacía dos años, justo los que se pasaron sin pisar un escenario juntos precisamente hasta ahora, ya que éste era su segundo concierto desde su nueva reunión, por lo que tampoco estarían muy engrasados que digamos. Presentaban su disco “Para la ternura siempre hay tiempo”, ése que era doble, pero con uno de ellos cantando en cada disco, por lo que también podía comprarse por separado. Esta noche la gente no siguió mi ejemplo, y el solar registró un llenazo absoluto para corear con ellos “La Puerta de Alcalá”.

El que tenía que haberme saltado también, y sin embargo no lo hice, fue el siguiente, el que abrieron los Séptimo Sello, muy bien dispuestos, pero que perdieron una más que magnífica oportunidad para haber cambiado un poquito la letra de su canción más famosa y haberla cantado tal como lo hacíamos los sevillanos en nuestros campos de fútbol: “todos los paletos SON del Madrid”

Y tras ellos el griterío, un millón de niñas histéricas (o tal cantidad parecían), algunas incluso ondeando el sujetador, para recibir al auténtico bombazo de grupo de la temporada, Los Hombres G. Con ellos llegó el delirio, el terror… algunas de las enamoradas de David Summer se tiraban de los pelos, otras se daban pellizquitos con sus amigas, mientras sus novios acompañantes ponían cara de circunstancias, y se miraban unos a otros como diciendo “oye, que yo a ésta no la conozco de ná”. Para ellas, la G del nombre de la banda era la G de grandes, la G de genios, la G de guays y, sobre todo, la G de guapos. El “marcapasos que tenía Marta” seguramente reventaría con sus nervios. Y menos mal que había un callejón entre ellas y la banda, de no ser así, los Hombres G habrían salido de allí sin camisetas, sin pantalones y probablemente hasta sin pelos.

La verdad es que yo, personalmente, lo pasé en grande viendo a tantas chavalitas felices y entusiasmadas. Eso sí, procuré verlas dejando espacio entre yo y ellas, así que me aparté hacia la pared que daba a los jardines, donde estuve charlando tranquilamente con José Casas (ya sabéis, el de La Pistola de Papá, por aquella época en Helio) que, enfundado en un peto de color naranja chillón, era uno de los miembros del staff de seguridad que velaban por la manada.

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Hombres G – “Marta tiene un marcapasos”

Y así llegamos al viernes 23 de mayo, en que la ciudad se dividió musicalmente en dos partes. El concierto de Joaquín Sabina no fue el acontecimiento musical más importante de Sevilla en ese día, ya que se vio superado por otro de mucho mayor calado.

Esta primavera del ’86 se cumplía un año desde que El Corte Inglés inauguró su centro comercial de Nervión, y quería agradecer a los sevillanos la cantidad de compras que habían hecho allí en ese tiempo. Para ello nada mejor que organizar un concierto con Isabel Pantoja, muy de moda por entonces porque había vuelto a los escenarios tras la muerte de Paquirri, y aparecía hasta en la sopa con su hijo Paquirrín, haciendo llorar a moco tendido a todas las marujonas españolas. El concierto lo organizaron en el Sánchez Pizjuán, y con entrada gratuita, por lo que se dieron cita allí más de 60.000 personas para escuchar como la Pantoja les decía que “hoy quiero confesar que sigo enamorada”, mientras ellas se sonaban entre lágrimas de delirio.

Y Sabina no fue ajeno a la competencia que tenía, y en un momento de su actuación se dirigió a los que estábamos allí escuchándole: “Quiero daros las gracias a todos. Muchas gracias, de corazón, porque sé que hoy más que nunca es un esfuerzo estar aquí… pudiendo estar en el campo del Sevilla… ¿os imagináis…? Ahora estará saliendo Paquirrín, y ella estará con la baba caída presentando a “mi niiiñooo”… que se pondrá a cantar con ella…”.

No estuvo mal el concierto de Sabina. Por entonces aún no se había disfrazado con el traje del Emperador, hecho de pseudo-poesía de frases deslavazadas, y todos teníamos frescas sus historias sobre princesas malditas y locas juanas que salían del armario. Y todas esas canciones anteriores a la pérdida de su credibilidad estaban reunidas en el doble “En directo” que acababa de editar, y ahora andaba presentando en sus conciertos.

Y la banda que le acompañaba, Viceversa, eran unos músicos de gran altura, que cuando acometían una pieza ellos solos, sin la voz de Joaquín, lo que ocurrió al menos un par de veces, hacían exclamar a Manolo Be-Bop (actualmente Manolo Ajoblanco), que estaba allí conmigo, que “ésa sí era una banda de verdad, con sonido moderno, y no como estos grupos sevillanos, que suenan todos iguales y tela de antiguos…”.

Aquella fue la última vez que le ví en un escenario; todavía apreciaba la poesía de sus letras, la fuerza de su música, el buen hacer de su banda y la marcha que él mismo derrochaba en sus actuaciones. Pero después dejó más de lado las historias urbanas para ponerse a escribir canciones de amor, a las que hasta ahora solo se había aproximado en plan ligue callejero con “Quédate a dormir”, o con el romance deliciosamente convencional de “Rebajas de enero”, las cuales sonaron también esta noche… y su posterior disco “Hotel, dulce hotel” creo que ya ni lo compré siquiera.

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Joaquín Sabina y Viceversa – “Princesa”

Aquel mismo día ocurrió también la historia más graciosa de la Cita, también relacionada con la música, pero con ésa otra que celebraban en teatros, centros culturales e iglesias. Y en una de éstas, en la de El Salvador, daba un concierto la Filarmónica de Leningrado, una orquesta por cierto, que había costado traer a Sevilla casi tanta pasta como a los Kinks. Pues cuando la orquesta salió se encontró con la desagradable sorpresa de que el piano que tenían que utilizar, entre otras, para una de sus piezas estrella, la “7ª Sinfonía de Shostakovich”, no estaba. Tras el desconcierto inicial, el director de la orquesta optó por cambiar el programa de actuación. Nadie de la organización supo darle al pobre señor una explicación coherente… la verdad es que nadie se había preocupado del piano… que apareció al día siguiente, olvidado en un descansillo, bajo una de las escaleras de la Consejería de Cultura.

Y ya que hablamos de pianos. El siguiente invitado a la Cita en el Solar de la Maestranza también era un músico de los que se gana la vida con él, Chick Corea. Y esta vez venía acompañado de la Elektric Band, que, como su nombre bien indica, era una banda eléctrica. Se ve que Chick, después de haberse metido de lleno en la fusión del jazz-rock con su grupo Return To Forever, la vuelta al jazz clásico le vació los bolsillos de tal manera que decidió electrificar de nuevo su acompañamiento. Y aquí estaba, respaldado por una banda jazz-rockera, pero que en vez de tener entre sus componentes a Joe Farrell, Al Di Meola, Stanley Clarke y Airto Moreira, estaba compuesta por jóvenes músicos de estudio que, aunque buenos instrumentistas, no podían compararse con aquellos. Bueno, quizás con la excepción del guitarrista Scott Henderson, que tocaba con una pasión que nos arrastraba a todos.

Pero en Chick Corea no apreciábamos al genuino músico que solía ser, no veíamos la autenticidad, ni la personalidad creativa e innovadora que se perdía en un estilo musical que se estaba quedando viejo. En la música que nos estaba dando aquí los arreglos eran más simples, menos sinfónicos, con más espacios para los lucimientos personales que, en realidad, solo aprovechaba el guitarra. Yo creo que para el final del concierto todos estábamos ya algo cansados de aquello y prácticamente solo nos motivamos cuando comenzó a sonar “Elektric City”, que curiosamente era la pieza que contenía más ingredientes comerciales.

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Cick Corea & The Elektric Band – “Elektric City”

A Carlos Cano también me lo salté. Si ya me aburría con él cuando hacía canción testimonial y satírica, imaginaos ahora que estaba presentando su recién salido disco “A través del olvido”, en el que se había vuelto (todavía) más intimista, y le cantaba al amor, y a la ausencia… pues eso, que le cantase también a la mía.

Mucho más divertida se presentaba la siguiente noche, porque se celebraba la segunda edición del Festival de la Canción Femenina, que este año ya nació directamente dentro de la programación de Cita en Sevilla. De todas formas los ensayos y las primeras cribas, como Pibe Amador y Pepe Benavides contaron esta vez con un buen presupuesto, se hicieron en el recientemente re-abierto Teatro Duque, asignado desde hacía poco tiempo a Comisiones Obreras.

En esta edición del festival se abrió el espectro también a la canción ligera y, sobre todo, a las folklóricas, de la mano de una niña de 12 años llamada Carmen Feria, que asombró a la gente con su vozarrón interpretando ”Aquella Carmen”, ante el silencio atónito del personal. Se llevó el segundo premio.

Tras dejar atrás tanto horror saliendo de bellas boquitas, entre las demás que pasaron a la final del día de la Cita estaba Eva Luengo, hermana de la Cristina Luengo que participó en la edición anterior, y que traía bajo el brazo una canción compuesta especialmente para ella por su amigo Dogo, “Disparo de amor”. Con el transcurrir de los años, esta chica, rebautizada como Evita Dinamita presentaría un programa infantil de Canal Sur y después marcharía a Madrid, donde siguió luciendo sus (muchos) encantos y sus gloriosos piños en el programa matinal de Pepe Navarro en Antena 3, donde preguntaba cada día a algún concursante pillado en su casa desprevenido aquello de “¿Tiene usted pelos en la lengua?”. E incluso llegó a ocupar toda una página en “El País Semanal” como futurible chica Almodóvar, además de otros hechos interesantes en su curriculum, que conocen ya algunos de nuestros discretos lectores habituales.

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Eva Luengo (Evita Dinamita) – “Disparo de amor”
(…entrando antes de tiempo.)

Algo mejor que ella, pero tampoco mucho, hizo su interpretación la primera negrita que pasó por el Festival, Donna Jameson, que aunque se presentó como una amante del jazz, eligió para cantar “Walking between the raindrops”, un precioso tema de Donald Fagen, quien, dentro y fuera de Steely Dan, tampoco orbitaba precisamente lejos del Cotton Club. Meses después, Donna regresaría a los USA y se le perdería la pista.

Como también se le perdió muy pronto a Merchi Rivero, la chica que quedó en tercera posición con el alegre “Walking on sunshine”.

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Merchi Rivero – “Walking on sunshine”
(…el de la mesa tardó en subir el otro canal.)

Entre lo mejorcito de la noche estuvieron Mercedes Carbonell y Ana Ferrán, bautizadas para la ocasión como Las Hijas de Elena, que le devolvieron a la ceremonia la irreverencia de la que estaba tan necesitada. El arma elegida fue una canción, por entonces todavía inédita, que Pablo Carbonell (todos sabéis quien es, ¿verdad?), hermano de Mercedes, tenía en cartera para el segundo disco de Los Toreros Muertos, “Me gusta jugar con mi amigo Manolito”. Para la ocasión se trajeron a varios colegas de la facultad que se marcaron un “Gaudeamus igitur” que, la verdad, pegaba tanto allí como una trompetilla de carnaval en medio de un requiem de guerra. Ambiente plenamente festivo para Mercedes (hoy en dia pintora, como podéis comprobar en este enlace), y Ana (vinculada hoy en día al Gran Casino Aljarafe), en aquella aparición.

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Las Hijas de Elena – “Me gusta jugar con mi amiga Manolita”
(…el de la mesa seguía con la torrija)

Y de pronto, en el último tema, se hizo la luz, cuando una jovencísima Emilia Pinzón (por entonces alternando su trabajo en orquestas con una banda propia llamada Anis del Gnomo) le birló la cartera a Paul Anka, Frank Sinatra y Sid Vicious, resucitando ese cadaver exquisito que era “My Way” para luego follárselo allí mismo, delante de todo el mundo. Surfeando por encima de todo el desenfreno de la banda (los músicos de Silvio y Manuel Marinelli), su voz no se sale de límite en ningún momento, siempre bajo control dentro del más riguroso espíritu iconoclasta, como nos gusta en este blog. Los que viváis en Sevilla posiblemente os hayáis encontrado alguna vez con Emi en alguna de sus actuaciones y sabéis que, siempre y cuando ese día no haya conectado el modo autosabotaje, es dificil encontrar una voz que le haga sombra en cientos de kilómetros a la redonda. Pero como aquella noche, nunca más… Por supuesto, el primer premio fue para ella.

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Emilia Pinzón – “My way”
…mu guay

El fin de fiesta del festival corrió a cargo de la banda Peor Impossible, un combo muy divertido y muy mariquita en el que figuraban entre otros la “Estrella” de Utrera y una mucho más joven, pero igual de feísima que ahora, Rossy de Palma. Su concierto, cantando sobre que “nadie era tan mutante como ellos” y “payeses en motorino que les sepan follar bien”, pasó entre bailes y risas, y lo que más recuerdo de la ocasión es que arrojaron al público posters de la banda, enrollados a lo largo y convertidos así en lanzas, que tras adquirir gran velocidad de planeo se estrellaban contra las caras del respetable, y a punto estuvieron de saltarle un ojo a más de uno.

Y tras 11 folios que llevamos hasta ahora, llegamos ya al final, que como ocurriese el primer año, volvió a correr a cargo de Joan Manuel Serrat, esta vez mucho más bienvenido aún por su reciente declaración de intenciones plasmada en el título de su nuevo disco, “El Sur también existe”. Y aunque ya esperaba encontrarme con prácticamente lo mismo que aquella otra vez, había que ir aunque solo fuese para disfrutar del sabor de la despedida junto a otros ocho mil espectadores más totalmente entregados de antemano, como siempre, y capaces de perdonarle al monstruo (como así le gritaron repetidas veces, agradeciéndolo Serrat con un “gracias, pero de verdad que no soy tan feo”) que olvidase la letra de alguna canción, como también ocurrió esta noche. Pero salió bien del paso, no en vano es, de los cantautores, el más hábil, el que tiene más tablas, el más profesional de todos. Y en cualquier concierto suyo hay dos cosas garantizadas, el llenazo a rebosar y la absoluta satisfacción del público.

De todas formas, y con el espíritu iconoclasta que os mencionaba antes, he de ser un poco crítico y decir que había algo que chirriaba en la sacralización de Antonio Machado, y que había algo que no encajaba (como tampoco lo hace ahora de nuevo) en la operación de envolver con celofán al poeta de la cara de patata… en los recitales de Serrat todo es demasiado medido, demasiado elegante, demasiado perfecto incluso con el fallo del olvido convertido en acierto espontáneo… y es que hay algo inevitablemente demagógico en el hecho de que una persona se dirija a otros varios miles desde encima de un escenario, algo inaceptable y forzosamente comercial en sus disertaciones sobre la ecología, la geopolítica, la historia reciente de España… aparte, claro está, de que se esté de acuerdo con la postura, las buenas intenciones y la sinceridad del cantante. Pero como es eso, un cantante, y además perfectamente compenetrado con su banda de guitarra, bajo, batería y piano, desgranó casi dos horas de canciones de esas suyas que tanto conectan con la sensibilidad de todos precisamente porque no tienen un universo propio y hablan de todo. Gracias a Dios la inevitable ración de doctrina no fue demasiada y al final fui también yo mismo parte del público que le aplaudía entusiasmado. Sí, fue un gran final.

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Joan Manuel Serrat – “Para la libertad”

Aunque en el momento de ponerse a echar números, los concejales del grupo popular no estaban tan entusiasmados. El Ayuntamiento presentó un balance en el que aparecían unas pérdidas económicas de 71 millones de pesetas, ante unos gastos que llegaron a los 120 millones, de los que solo se recuperaron 49 entre taquillaje, concesiones de ambigús e ingresos varios. El problema, y hay que reconocer que esta vez a los populares tampoco les faltaba razón, es que el Ayuntamiento no contaba entre los gastos suyos los 17 millones que aportó la Junta de Andalucía, ni los cinco que aportó la Delegación de Juventud para el concierto de los Kinks, y que, al fin y al cabo, también es dinero que sale del bolsillo del contribuyente, por lo que sumando estos 22 millones, en realidad el déficit de la Cita en Sevilla de este año ascendía a 93 millones de pelas. Que son muchos millones para el dudoso resultado en el acierto de poner a Sevilla en el mapa cultural.

Y es que la culpa de todo la tuvimos los propios sevillanos, que solo fuimos capaces de comprar 52.000 entradas durante toda la Cita, en la que solo se vendió prácticamente todo el billetaje con los de siempre: Victor y Ana, Serrat, Sabina, además de con Sade y, curiosamente, con el concierto de Ilegales y Rosendo.

Este año también decíamos adiós definitivamente al solar de la Maestranza, en el que se iba a comenzar a construir el Palacio Provincial de la Cultura, al que ahora todos conocéis como el Teatro de la Maestranza, y se comenzaba a hablar del nuevo alojamiento para la Cita en Sevilla que, por supuesto, los concejales socialistas pensaban mantener a pesar de todo. Así que a la espera de lo que decidiese la Gerencia Municipal de Urbanismo, la Cita de 1.987 la íbamos a tener en la Encarnación, la Alameda, la Plaza de España o el Prado de San Sebastián… pero eso ya es una historia de “la cuarta vez que nos citamos en Sevilla”.

LA INVASIÓN BRITÁNICA

En el post anterior decíamos que los Beatles fueron pioneros de muchas cosas, algunas de ellas poco conocidas por la mayoría de la gente. Hoy vamos a contar una de esas cosas de las que ellos rompieron los esquemas establecidos, y así aprovechamos para subir nuestro recurrente post de los cuatro de Liverpool, de los que ya hacía tiempo que no escribíamos nada.

Yo creo que a mucha gente le ocurre que no distingue muy bien si los grupos y los artistas que escucha cantando en inglés son de Gran Bretaña o de los USA. Hay obviedades que de tan conocidas no ofrecen duda alguna; o por su estilo perfectamente definido también se sabe si son de este lado o del otro del Atlántico. Pero en realidad eso no es un factor importante o definitorio. Una banda nos gusta, y tampoco nos planteamos demasiado si es británica o americana. Ni a los propios habitantes de esos paises, que disfrutan de ellas de la misma forma.

Pero eso no fue siempre así.

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Louis Armstrong – “On the sunny side of the street”

En estos dos países existen unas asociaciones de músicos y trabajadores de la música (llámales sindicatos, si quieres) que tienen mucho poder y de las que sus decisiones son seguidas mayoritariamente por todos sus afiliados. Y desde que la música comenzó a ser un negocio importante, allá por mediados de los años ’30, la Unión de Músicos británicos (The Musicians Union) comenzó a preocuparse seriamente porque percibían que el tráfico de músicos que iban a tocar entre un país y otro era, en realidad, unidireccional. Es decir, que mientras que las bandas americanas estaban en continua demanda en el Reino Unido, nadie estaba preparado para dar la bienvenida a sus equivalentes británicos en los Estados Unidos. Y la razón que ponían los americanos era que los británicos no tenían equivalentes a Louis Armstrong, Duke Ellington y otros gigantes del jazz.

Y la cosa se puso fea cuando la orquesta de Duke Ellington, que iba a realizar una gira por Gran Bretaña, se vió forzada a cancelarla, porque el 11 de agosto de 1.935, la Unión de Músicos presionó al Ministro de Trabajo británico para que éste anunciase que su Ministerio no veía con buenos ojos que los americanos viniesen a tocar a las islas mientras no hubiese total reciprocidad.

Así que las fronteras se cerraron para los músicos americanos por completo, y el Ministerio de Trabajo anunció que no daría ningún permiso más, ni a Duke Ellington, ni a ninguna otra banda, para tocar en Gran Bretaña, hasta que no se ofreciesen intercambios satisfactorios con la Federación Americana de Músicos (American Federation of Musicians). Punto muerto.

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Duke Ellington – “Moonlight fiesta”

Y esta situación se mantuvo durante los siguientes 20 años. Ninguna banda británica tocaba en los USA, y ninguno de sus colegas americanos (con alguna excepción menor) aparecía en Inglaterra.

El conflicto tuvo un giro extraño el 23 de octubre de 1.955, cuando Jeff Kruger, el empresario que regentaba el “Flamingo Club” de Londres, comenzó a promocionar un concierto de Chet Baker es esta ciudad. Para que le dejasen organizarlo ofreció los beneficios del concierto a obras de caridad si la Unión de Músicos levantaba la ridícula prohibición que pesaba sobre los músicos americanos, y dejaban actuar a Chet. Pero la Unión rehusó.

El caso es que Chet Baker estaba ya en Inglaterra, dando conciertos en las bases americanas, lugares en los que la Unión no tenía poder alguno para prohibirlas, porque eran territorio americano. Y Jeff Kruger pensó que “pa chulo mi pirulo”, y organizó el concierto en el “Flamingo” de todas formas.

Y el concierto fue un inmenso éxito artístico y comercial. Y lo más importante de todo es que esa chulería del promotor, unida al éxito de Chet, rompió una barrera que necesitaba ser rota. Aunque eso le costase a Jeff Kruger el odio eterno de la Unión de Músicos.

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Chet Baker – “My funny Valentine”

A partir de entonces la Unión inglesa y la Federación americana estuvieron de acuerdo en levantar la prohibición mutua para que los músicos de un país tocasen en el otro. Pero aún así, la regla de la reciprocidad permaneció intacta.

Eso hizo que, aparte de no poder arreglar muchas giras en uno y otro lado, se diesen circunstancias poco naturales como que en mayo de 1.956 Louis Armstrong hiciese una gira de 17 días por Inglaterra a cambio de que la banda de jazz de Freddy Randall fuese a los USA, donde los incluyeron en una compañía tan inverosímil como la gira conjunta de Bill Haley, los Platters, los Flamingos y LaVern Baker.

Pero llegó 1.964 y los Beatles, en otro de estos intercambios, fueron invitados a los USA para participar en el “Ed Sullivan Show” de la tele; y ya que iban a estar en New York haciéndolo, pues podían coger un tren que les llevase a Washington, y dar en el Coliseum de allí un concierto para 18.000 personas. Y a su vuelta a New York, otro en el Carnegie Hall para 6.000 más… ¡en el Carnegie Hall! Donde ningún otro cantante de rock había puesto los pies nunca antes, e incluso a Elvis Presley se le había prohibido actuar.

Con ser muchos los miles de personas que les vieron en directo, la cifra se quedó más que corta con la de los 73 millones de americanos que les vieron por la tele y se contagiaron de beatlemania.

Brian Epstein se frotaba las manos pensando en las ganancias, junto a los promotores americanos, que prácticamente le habían enterrado el despacho con ofertas de conciertos. Demasiado para mantener una regla que se había quedado obsoleta. Los Beatles seguían rompiendo moldes. Esta visita suya marcó el comienzo de una nueva era.

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The Beatles – “Thank you girl”

Y eso en realidad fue a su pesar, porque los Beatles habían sido muy reacios a este viaje a los USA. Unos meses antes, Cliff Richard prácticamente murió musicalmente en uno de estos intercambios, ya que fue forzado a figurar como el cantante 14 de los que componían la larga nómina de nombres que acompañaban la gira de Frankie Avalon. John Lennon pensaba que ésa no era forma de encontrar una oportunidad.

Y al igual que ellos, la Federación americana tampoco estuvo por la labor. No querían comprometerse con nada, y aunque los conciertos primerizos éstos de los Beatles allí fueron muy bien, no queda constancia histórica de ellos ya que no se grabaron debido a que la Federación no permitía que quienes no fuesen miembros de la Unión inglesa trabajasen en los Estados Unidos, porque ellos no entraban en la reciprocidad. Y George Martin no estaba afiliado a la Unión. Y así, los piques y escaramuzas entre unos y otros siguieron adelante.

Pero ya estaba cantado que tras esas tres apariciones de los Beatles ya nada sería igual. Los organizadores americanos se dieron cuenta de que los músicos británicos ya no podían ser considerados desastres para sus taquillas, y la Federación tuvo que dar su brazo a torcer ante las presiones. Y así dio comienzo la British Invasion, y antes de que terminase el año los Dave Clark Five, Peter & Gordon, Gerry & The Peacemakers, Billy J. Kramer, los Animals, los Honeycombs, los Zombies, los Searchers, los Rolling Stones y los Kinks se estaban hartando de vender discos en los USA y habían firmado contratos para extensas giras americanas.

Y los Beatles volverían también en agosto para su primera gira real, la que les haría recorrer treinta y cinco mil kilómetros a través de 24 ciudades. Y por fin, el tráfico en las dos direcciones, cruzando el Atlántico, se pudo establecer para siempre.

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The Beatles – “I’ll get you”

LA SEGUNDA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Para el Ambrosio, por compartir sus cintas, sus fotos y sus recuerdos. Y para el Losmi, por enrrollarse mucho (en los dos sentidos).

La segunda Cita en Sevilla se celebró entre el 17 de mayo y el 13 de julio de 1.985, aún en contra de los sectores más reaccionarios de la ciudad, que todavía venían quejándose de lo cara y escandalosa que resultó la primera edición. Pero el alcalde Manuel del Valle defendía contra viento y marea que el Ayuntamiento tenía que organizar este tipo de iniciativas porque, en caso contrario, Sevilla sería un auténtico desierto cultural.

Este año se contaba con algo más de presupuesto para sacar adelante la Cita; la inversión iba a ser de cien millones de pesetas, de los cuales la Junta de Andalucía aportaría diez; mientras que la previsión de ingresos por entradas (entre 300 y 1.000 ptas.) se situaba en torno a los cincuenta y cinco millones de pesetas. Por lo que ya se contaba con un déficit de antemano de 45 millones para levantar un oasis en el desierto anteriormente mencionado.

Así y todo, el alcalde y el concejal de cultura se avinieron a hacer este año una programación menos espectacular que la del anterior, pero a cambio, supuestamente más equilibrada y que diese satisfacción a las preferencias de sectores más ámplios de la ciudad. Lo que después se demostró como un grave error; primero, porque la oposición municipal siguió igual de intransigente o más aún, pidiendo incluso la dimisión de Bernardo Bueno; y segundo, porque los únicos espectadores que realmente respondieron a los conciertos programados fueron los mismos del año pasado, los jóvenes ávidos de rock and roll.

Y por eso el cartel de la Cita en Sevilla de 1.985 fue un batiburrillo tremendo en el que todo tenía cabida, desde las sevillanas a la copla, pasando por el humor, los cantantes babosos y la verbena popular. Y si las expectativas que levantó su presentación no fueron del todo malas, a medida que se iba desarrollando el evento los ánimos decayeron mucho debido a las bajas de última hora.

De entrada, ya nos sorprendió el día de la presentación que en la programación no figurasen dos de las actuaciones de las que se hablaba insistentemente, y que con más ansias esperábamos. No iban a venir ni Leonard Cohen, ni Spandau Ballet. El primero, porque parece ser que después de todo las negociaciones para traerlo fueron un bulo que corrió por ciertos ambientes, y a lo mejor el desencanto producido hizo que se esmerasen tres años después para traerlo de verdad. Spandau Ballet sí iban a incluirse en el programa, pero la fractura en el pie de uno de sus componentes hizo que aplazasen la gira, suspendiendo muchos de sus conciertos. Aún así, todavía se insistió para que pudiésemos verlos el 10 de septiembre en el campo del Betis, pero tampoco cuajó la idea. De todas formas sí que entraron también en la programación de otra Cita posterior, la de 1.987. Miguel Ríos tampoco llegó a entrar en el cartel definitivo porque para su espectáculo de entonces, “Rock en el ruedo”, no quería el solar, sino la plaza de toros de la Maestranza, y sus arrendatarios se negaron en redondo a cederla.

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Miles Davis – “(Medley) You’re under arrest – Then there were none”

Así que junto a lo que os he comentado antes, los típicos y tópicos cantautores y los grupos de rock españoles y sevillanos, los nombres internacionales que realmente le daban relumbrón al programa, y que no iban a comenzar a llegar hasta que la Cita llevase ya más de un mes funcionando, eran Kid Creole & The Coconuts (el 21 de junio), Echo & The Bunnymen (el 29), Miles Davis (el 11 de julio) y Depeche Mode (el 12). De todos ellos, al único que pudimos ver fue a Miles. Los conciertos de Echo & The Bunnymen y Depeche Mode se suspendieron, y fueron reemplazados respectivamente por Ramoncín con Circulo Vicioso de teloneros, y por Radio Futura. El caso de Kid Creole & The Coconuts fue más sangrante todavía ya que no se celebró porque los músicos y sus técnicos llegaron a Sevilla muy tarde, y dada la complejidad del equipo que tenían que montar, hubiese obligado a comenzar el concierto a la una y media de la madrugada, algo que la organización consideró inadmisible (recordad que el solar de la Maestranza estaba en pleno casco urbano, y al lado de un cuartel y un asilo de ancianos). Para zanjar las posibles responsabilidades por incumplimiento de contrato, se intentó que el grupo tocase otra noche diferente, pero todo fue en vano.

Así que el primer mes de la segunda Cita en Sevilla se pasó para mí prácticamente en blanco, por lo que no os puedo contar demasiado de ella. A grandes rasgos os diré que el comienzo fue también una obra de teatro poco convencional, aunque esta vez en lugar de catalanes que soliviantasen a los capillitas, se buscó a alguien de la tierra, y así se representó “Piel de Toro”, de Salvador Távora, siendo éste su estreno mundial. Se desecharon también, por tanto, las otras dos posibilidades que se barajaban para el estreno, que eran un concierto de Carlos Cano, que en aquel momento aburría a toda España con su “Cuaderno de Coplas”, o algo más espectacular, como era un lanzamiento masivo sobre el Guadalquivir de hombres y mujeres en paracaidas, que al descender formarían con sus cuerpos las palabras “Cita-85”… si es que no se daban un buen coscorrón en el intento.

El primer concierto en el solar de la Maestranza, el viernes 17 de mayo, corrió a cargo de George Moustaki, que vino a convencer a los pocos nostágicos del mayo francés que fueron a oírle de que “el amor es todo” y de que “la libertad no es más que una utopía, un hermoso proyecto”. Yo me quedé en casa porque no me apetecía tampoco ver como uno de los representantes de la vieja guardia había pasado del blanco puro al viejo verde. Eso sí, ya que se cambiaba, lo hacía con todas sus consecuencias, y a Sevilla llegó a bordo de su avión privado.

El jueves siguiente, día 23, le tocó el turno el jazz, actuando primero un sexteto de desconocidos músicos (al menos para mí) que se encontraban participando en un seminario sobre jazz que se había organizado en Sanlúcar la Mayor, y después la Dollar Band del pianista sudafricano Abdullah Ibrahim.

El miércoles 29 llegaron los cantautores.Si José María Maldonado había servido de telonero el año anterior a Kiko Veneno e Hilario Camacho, este año él venía de cabecera de cartel. Y el telonero era un por entonces bastante desconocido Javier Ruibal, que en aquel año todavía tenía solamente un disco en la calle. No me hubiese importado ir, pero es que esa noche daban por la tele la final de la Copa de Europa que iban a jugar el Liverpool y la Juve… sí, fue ésa, la del estadio de Heysel.

El día siguiente el escenario del solar tenía que ser para Chiquetete, pero como era el día en que las carretas regresaban del Rocío y los cohetes no le iban a dejar cantar a gusto, el concierto se pasó al viernes 31. El cantante aprovechó para presentar en público a su sobrina Silvia Pantoja; pero tampoco es que nos interese demasiado. Su actuación fue seguida en la siguiente jornada por una noche dedicada al arte flamenco, con un interesante cartel en el que figuraban entre otros José Meneses y Camarón.

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Camarón – “La leyenda del tiempo”

El miércoles día 5 de junio volvió Aute, y de nuevo llenó por completo el solar, lo que causó considerables problemas a la hora de entrar, porque como ocurriese en alguna ocasión también el pasado año, solo había una puerta de acceso, que obligó a la gente a hacer cola durante más de una hora, por lo que muchos entraron cuando Aute ya llevaba un buen rato cantando. Como véis, hasta este día la gente pensaba de la programación que habíamos tenido hasta entonces más o menos lo mismo que yo, y prefirió buscarse la diversión en otros lugares. Y el público para el que se suponía que estaban programados muchos conciertos tampoco se dignó demasiado en venir a verlos. Eso tuvo como consecuencia que haste este momento el concierto de Aute fuese el único con el que se habían obtenido ganancias.

El día siguiente lo que estaba programado era algo llamado “Estrellas de la Danza” que en aquel momento ni me interesó siquiera saber de qué iba, así que imaginaos ahora… y el viernes de nuevo jazz, esta vez con el saxo como estrella, con el cubano Paquito D’Rivera, teloneado por el cuarteto de Abdu Salim. Y aunque parezca increíble, no se llegaron a vender ni siquiera cien entradas para sus actuaciones.

Puede que muchos de vosotros recordéis a Abdu Salim; era un saxofonista tejano que tras ser licenciado del ejercito americano, se estableció en Sevilla en 1.983, donde fundó la primera escuela de jazz que se veía por estas tierras. Durante los años que anduvo por aquí, antes de convertirse en el saxofonista de Lou Bennet, pudimos verlo en infinidad de ocasiones, tocando en todos los locales y bares que por entonces tenían música en vivo. También anduvo de gira durante algún tiempo con los Imán, con los que tuvo una estrecha colaboración musical de la que seguro que nos hablará mejor en los comentarios alguno de nuestros amigos imanoides. Yo no estuve en este concierto de la Cita, pero no se me olvidará una vez que ví a Abdu Salim en solitario con su saxo, subido a una especie de plataforma o falso techo que había en aquel bar de varias plantas que abrieron en la calle Torneo entre Manuel Molina y algunos socios. La verdad es que ni siquiera recuerdo el nombre del local aquél, a pesar de que allí terminamos muchas noches… bueno, quizás muchas sea demasiado decir, porque la persecución policial a la que siempre estuvo sometido hizo que su vida fuese corta.

Y el sábado 8 el horror… digo… el humor… los Morancos, que comenzaban a hacerse muy conocidos gracias a su participación en el “Un, dos, tres, responda otra vez” de la tele; Josele, que todavía seguía explotando su “Vente pa España, Antonio”, y el incombustible Paco Gandía. También estaba previsto que actuase Pepe Da Rosa, pero el pobre andaba ya con los achaques que finalmente le llevaron a la tumba pocos meses después, y estaba recién salido de una intervención quirúrgica. La verdad es que por verle a él si me hubiese merecido la pena asistir, pero no lo hice, y creo que nunca más llegué a verle en directo. Era un buen tipo, el Pepe, al que le perdono hasta que fuese tan bético… pero lo que no le perdonaré nunca es el habernos dejado en herencia al “gracioso” de su hijo.

Y mientras en los diferentes distritos se ponía en marcha el ciclo de rock, el miércoles 12 fue cuando acudí por primera vez a la Cita de ese año. Quería escuchar en directo como La Mode interpretaba aquellas canciones que tanto me gustaban, aunque ahora no fuese El Zurdo quien las cantase, retirado hacía ya dos años a causa de una lesión pulmonar. No sé si era solo cosa mía, pero con la voz de Manuel Ballester ya no eran las mismas ni la “enfermera de noche” ni “aquella canción de Roxy”. Antes que ellos el escenario fue ocupado por Objetivo Birmania, un grupo de funk sin pretensiones, que nos hizo bailar con su “Desidia”, probablemente la canción del verano del año anterior.

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La Mode – “Aquella canción de Roxy”

Y así llegamos a un nuevo fin de semana, en el que ocurrió algo muy divertido. Estaban programadas dos noches dedicadas a la copla, el viernes un concierto de “voces nuevas de la canción andaluza”; y el sábado, las consagradas, con la actuación de Lolita Sevilla y las dos grandes divas de la canción, Juanita Reina y Marifé de Triana. El problema es que éstas dos últimas se pasaron las semanas previas porfiando sobre quién era la mejor, y la que merecía ser cabecera de cartel; sin ponerse de acuerdo en absoluto, claro está. Así que al final la organización optó por una solución salomónica, reestructuró los dos conciertos, de forma que en cada uno de ellos cantasen algunas de las voces nuevas, y Juana y Marifé cerrasen una noche cada una en plan estrellona.

Y también fue muy divertido, como no, ver como al igual que ocurrió el año pasado, las mentes biempensantes volvieron a escandalizarse. Esta vez por unos dibujos de Nazario que se publicaron en el tercer número de la revista que editaba el Ayuntamiento. Unos dibujos que, sobre todo, provocaron la ira de Alianza Popular, cuyo portavoz, Javier Arenas (¿os suena el nombre?) remitió la publicación a la Fiscalía y al Defensor del Pueblo por si “esta ofensa a algo que nos representa a todos, como es el escudo de la ciudad, fuese constitutiva de delito”. El caso es que el Alcalde en esta ocasión tuvo una respuesta bastante menos firme que el año anterior, porque aunque no retiró la revista, como le exigía el Grupo Popular del Ayuntamiento, aduciendo que Nazario tenía plena libertad de expresión y, al fin y al cabo, sus dibujos estaban al alcance de cualquiera en los kioskos (en cualquier número de la revista “El Víbora”, por ejemplo), hizo pública una nota en la que hacía constar “su más firme desagrado por la utilización de símbolos que forman parte de nuestro patrimonio cultural y de representaciones que puedan atentar a los sentimientos religiosos de nuestros ciudadanos”.

Un par de dibujos de Cita en Sevilla dieron origen a unas interpretaciones libres sobre su intencionalidad. Los hice con el cariño y cachondeo con que los hago siempre. Que cada uno vea lo que quiere ver. Siempre hay alguien que se puede escandalizar. Hay gente que todavía se escandaliza con La maja desnuda. Pero no por ello le ponen un taparrabos ni prohíben a los niños ir a verla. (Nazario)

Un señor con esta conducta no puede colaborar ni una vez más con ésta institución. No ofende quien quiere, sino quien puede, y Nazario no es más que un pobre desgraciado que solo busca hacerse publicidad a costa de estos acontecimientos. (Javier Arenas)

Pero mientras en el Ayuntamiento nuestros próceres se divertían tirándose los trastos a la cabeza unos a otros a cuenta de la Cita en Sevilla, las noches locas que nos interesaba que ésta nos trajese a nosotros para divertirnos, al fin, también comenzaron el miércoles día 19 de junio. Ese día los que tocaban eran Gabinete Caligari y Loquillo.

A los primeros los habíamos visto hacía muy poco, porque el día 4 de enero ya estuvieron actuando en este mismo solar de la Maestranza; pero mereció la pena, porque todavía caliente su “Cuatro rosas”, estuvieron tan seguros y activos como siempre, dominadores de la faena en todo momento, desgranando sus canciones saviamente tanto en el espacio como en el tiempo. Gabinete Caligari ya eran un grupo asentado y eso se les veía sobre las tablas. Curiosamente, a Loquillo también podíamos haberlo visto un día después de a Gabinete, porque el día 5 de enero estaba prevista una actuación suya en la Plaza de España, junto a Alaska y Dinarama y a los UB40, dentro de un show televisivo, “Europa a Go-Go”, que se iba a celebrar a la vez en varias ciudades europeas, con motivo del Año Internacional de la Juventud, y se iba a televisar en directo en casi toda Europa. Así que por la tele pudimos ver, por ejemplo, a los Frankie Goes to Hollywood escandalizando desde no recuerdo donde a la gente con su “Relax”, o a Nena, a los Hanoi Rocks, a los Auto Da Fe, a los Golden Earrings, a los Inmaculate Fools… pero aquí llovió tanto, que además de la cabalgata de Reyes Magos se aguó también la fiesta rockera, y se suspendió; desventajas de ser el único escenario al aire libre de todos los que había esa noche. Aquella era la época dorada de Loquillo y los Trogloditas, que fueron elegidos por Radio 3 como la mejor banda en directo de ese año. Fue también su año de transición, en el que pasaron de la independiente Dro a la multinacional Hispavox, donde sacaron “La mafia del baile”, disco del que adelantaron aquí algunas canciones. Fue también el año de aquel polémico anuncio sobre drogas del que creo recordar que alguien ha hablado hace poco en este blog. Y lo que recuerdo de aquella noche es que fue un concierto brutal. Quién te ha visto y quién te ve, Loquillo de mi alma…

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Loquillo y los Trogloditas – “Chanel, cocaína y Don Perignon”

Un par de días después tenían que haber actuado Kid Creole & The Coconuts, pero ya os he contado anteriormente porqué no lo hicieron. Los que estuvimos allí aguantando hasta que al final se hizo patente que aquello se suspendía mostramos un considerable cabreo, entre otras cosas porque nadie nos daba explicación alguna del motivo.

Y el sábado fue la noche de las sevillanas; Romero San Juan, El Pali, los Cantores de Híspalis, los Rocieros… y cabreo considerable por parte de otros grupos como los Marismeños o los Amigos de Gines, que no fueron invitados a participar. Por cierto, que al principio tampoco lo fue El Pali, pero tanto coñazo debió darle el hombre a Bernardo Bueno y a Manolo Fernández Floranes que al final lo incluyeron en el cartel porque se cayeron los Romeros de la Puebla. Pero vamos con algo más divertido…

No sé si muchos de vosotros recordaréis aquellos festivales de la canción femenina que se estuvieron celebrando en la Cita durante varios años. Pues el primero de ellos tuvo lugar este 1.985, aunque en realidad no se celebró en la Cita en Sevilla, sino algunas semanas antes, concretamente el 20 de abril, el sábado anterior al inicio de la feria, en el Roll Dancing. Pero después, ya en la programación de la Cita tuvo una repetición, fuera de concurso, simplemente como una muestra de las cantantes, y como forma de que éstas pudiesen lucirse en un gran escenario y ante el numeroso público que acudió la noche del 26 de junio a ver a las estrellas del cartel: Silvio y Kiko Veneno.

La idea de los Festivales de la canción femenina estuvo compartida por Pive Amador y Pepe Benavides, que por entonces tenían una empresa llamada “La Factoría”, que se dedicaba a la promoción y el montaje de conciertos. Ellos fueron también los que organizaron los “Rock’n’Roll Festival”, y como continuación presentaron el proyecto de este festival femenino.

Cuando se publicitó el festival, a base de carteles pidiendo intérpretes para el casting previo, la primera persona que se presentó fue… un tío. Decía que su especialidad era la canción femenina, vete a saber qué entendía el hombre por aquello. Después, una vez oídas a todas la que se presentaron se eligió a siete de ellas para la final del concurso, en la que interpretarían en directo su canción, acompañadas por los mismos músicos que acompañaban a Silvio, que en aquel momento aún se llamaban Barra Libre. En otros festivales posteriores la banda fue creciendo con otros músicos más, como Antoñito Smash, Manuel Marinelli…

Yo tenía mi favorita, por supuesto; aunque no ganó. Pero desde la primera vez que la escuché cantar, y moverse en escena con aquel ajustado traje negro de hilo que dejaba adivinar muchas más cosas de las que dejaba entrever, mientras cantaba el “Only the lonely” de los Motels, me enamoré perdidamente de Elena, una chica de Alcosa, amiga de El Pájaro, que fue la que abrió el Festival… aunque no me importó lo más mínimo que lo hiciese con una nota tan desafinada que lo llenó todo de malos augurios.

…hay que ver que la primera nota que cantó la primera muchacha en el primer Festival salió desafinada, y desde la batería me entró un escalofrío, porque pensé que iba a ser un presagio. Por suerte luego salió todo bien. (Pive Amador)

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Elena (saturando el micro) – “Only the lonely”

Y tampoco ganó quien realmente mereció hacerlo, que era Cristina Luengo, una presencia clásica en la escena punkarra sevillana con su grupo Los Calaveras, rivales y amigos de Los Canijos, donde cantaba el Dogo antes de crear a Los Mercenarios. Cristina interpretó “Enciende tu motor”, una canción de Los Espasmódicos, y…

…desde el primer bufido que le pega al micro, Cristina dejó claro que los mariconeos se acababan de terminar. Su interpretación prácticamente le enseñó a su rival y amigo Dogo (que la observaba desde primera fila) cómo tenía que sonar su futuro grupo Dogo y Los Mercenarios. De hecho, un muy bisoño Dogo tomó el escenario mientras el jurado deliberaba, estrenando una nueva canción que se llamaria “Rocanrol Caliente”. Si hubiera habido un mínimo de justicia, Cristina tenía que haber ganado. (JL Ambrosio)

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Cristina (dando caña) – “Enciende tu motor”

Por el escenario pasaron también Carmen, una chica de 16 o 17 años que hizo una versión de “El crimen de Marbella” de Brigada Ligera; Betty, una chica suiza, que acompañada por su novio Stef, interpretó una pieza gótica y siniestra, en alemán, que habían compuesto ellos mismos; Elsa, una americana que andaba por nuestra ciudad, y que versionó el “Fever” en un inglés que por fin sonaba “decente” aquella noche, después de haberse lavado y afeitado las axilas allí mismo en el camerino, delante de todas las demás; Eva y sus Marujas, que eran un grupo de chicas de Los Remedios, entre las que se encontraba la actual esposa de Pive, y que cantaron y bailaron con el “Girls just want to have fun” de Cindy Lauper… y la que ganó, Maite Chacón, cantando el clásico standard “Bésame mucho”.

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Maite (acelerando al final) – “Bésame mucho”

A Maite seguro que la recordáis todos, porque desde aquel año, en que era una incipiente actriz (a la que se ve que sí habían enseñado a respirar mientras cantaba), pasó con el tiempo a ser una famosa presentadora de Canal Sur, donde la vimos, por ejemplo, en aquel “Tal como somos” que la cadena dedicaba a los pueblos andaluces, desde que se inauguró en 1.989, hasta 1.993. Después sustituyó a María del Monte en la programación matinal en los meses de verano… si no la recuerdas, mira la foto.

En el solar de la Maestranza todas ellas, bajo el nombre de Las 7 magníficas, precedieron a Silvio y Barra Libre y a Kiko Veneno. Del concierto de Silvio no recuerdo gran cosa porque por entonces todos los que ví eran más o menos iguales: éste, el que organizó la Universidad un poco antes, el del “Rock and Roll Festival” un poco después… mucho “Betis”, “Chorla”, country puro de oliva y desbarres marca de la casa, ya os hacéis una idea. Y del concierto de Kiko… bueno, a Kiko ya no le tomaba muy en serio desde que le veía con mi hija en “La bola de cristal”, jejeje…

Y ya que tanto hemos hablado de mujeres, me gustaría contaros también que aquella noche, mi amigo Pepe Conciertos y yo, después de disfrutar de la música en directo, nos dirigimos a terminar la marcha a uno de nuestros garitos favoritos, el “Be-Bop” que por entonces tenía Manolo “Ajoblanco” en la calle Sol (la calle’l só, de tó la vida). Allí también fueron a parar más tarde Kiko Veneno y su banda después de su actuación, y en un momento determinado Kiko se dirigió a la barra y le pidió a Manolo que quitase un momento el jazz que sonaba allí habitualmente y pusiese una maqueta que llevaba él, que era el disco de una protegida suya, a la que estaba produciendo, que estaba seguro de que iba a dar mucho que hablar en cuanto se editase. Manolo puso la cinta y todos pudimos oir la primicia del “Estoy mala” de la Martirio, a la que ya llevaba también en el concierto de esta noche haciendo coros. Debo decir que a mitad de la tercera canción Manolo ya le estaba diciendo con mala cara a Kiko que ya estaba bien…

El jueves 27 se dedicó la noche a la samba; fue la primera de las “Noches de Sevilla con Brasil”. Pero nada de rutilantes estrellas, Ambrosio, que anduvo por allí me dijo que sobre el escenario lo que había era una Escuela de Samba que se llevaron dos horas dale que te pego con los tambores y las cuicas. Y parece que no quedaron satisfechos con su actuación en el escenario, porque al día siguiente la repitieron (más o menos) primero en la calle Sierpes, donde la gente no daba crédito viendo a aquellas tres bellísimas brasileñas de la Escola de Samba “Padre Miguel” (ganadora del Carnaval de Río de ese año), moviendo el culo calle arriba y calle abajo. Por la noche volvieron al solar de la Maestranza, donde repitieron actuación, esta vez teloneando a Gilberto Gil.

La del sábado 29 de junio tenía que haber sido la noche en la que actuasen Echo & The Bunnymen, pero en su lugar la estrella fue Ramoncín, teloneado previamente por Círculo Vicioso, quienes poco tiempo después adquirieron una gran notoriedad en el pop español porque ganaron contra todo pronóstico el Festival de Benidorm, que ese verano había cambiado su línea y se había dedicado a jóvenes grupos de pop y rock. La banda de José María Sagrista y Juan Ortiz, después de pasar varias cribas en Andalucía, le ganó en la final a otras como Seguridad Social, Alphaville, Aerolíneas Federales o Aurelio y los Vagabundos, con la canción “Portero de noche”. Este concierto fue muy poco tiempo antes de que ocurriese aquello, y las buenas canciones y la potencia de su directo nos pilló a todos por sorpresa. Durante algún tiempo fueron la mejor banda de Sevilla; fue una pena que no durase mucho. El Ramoncín que vimos era el de “Como el fuego”, y fue un concierto en el que todavía la rabia la echaba cantando rock y no maldiciendo a los piratas que le roban sus canciones en internet. Anda y que le den…

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Círculo Vicioso – “Portero de noche”

Este año a quien le concedieron dos noches porque se suponía que iban a ser el gran bombazo de la Cita fue a La Trinca, quienes cabalgando a lomos de su “Quesquesé se merdé” se habían hecho popularísimos en toda España. Actuaron los días 2 y 3 de julio, y, al contrario que el año anterior con Serrat, yo no estuve allí ninguna de las dos noches para poder contaros nada.

Como tampoco estuve la noche siguiente, en la que Oskorri sirvieron de teloneros a Alan Stivell. Y menos aún la noche siguiente a ésa, la del día 5 de julio, en la que el escenario lo ocupó Juan Pardo.

Antes os dije que otro de los grupos programados que al final se cayó del cartel fue Depeche Mode, que tenían prevista su actuación para el día 12. Sus sustitutos actuaron, sin embargo, un par de días antes, el miércoles día 10 de julio, y fueron Radio Futura. “Escuela de calor”, “Semilla negra”… grandes canciones de su último disco, que les hicieron subir un escalón más en su status, y que tenían bien engrasadas de tanto interpretarlas en directo. Recuerdo el concierto como muy bueno; supongo que al ser de las últimas veces que iban a tocarlas antes de meterse a grabar “De un país en llamas”, se volcaban con ellas. Funky-punk tocado de memoria por un grupo que empezaba a estar cansado de rodar.

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Radio Futura – “Escuela de calor”

Y antes del colofón con una verbena popular celebrada el sábado por la noche allí mismo en el recinto del solar, el broche final a la Cita en Sevilla del ’85 lo puso de forma muy brillante Miles Davis el día 11 de julio. Aunque esta vez, en lugar de contaros yo mismo lo que pasó allí, le cederé la palabra a nuestro amigo Losmi:

…esa entrada de la foto es mas falsa que un billete de seis euros, juajua! …ya comenté por aquí que por aquel entonces no era excesivamente difícil, partiendo de una original prestada, seleccionar un papel de color y textura adecuada y con la máquina de fotocopias recién estrenada en mi curro de entonces, hacer una tirada suficientemente extensa como para hacer disfrutar de una noche en la Cita a toda la peña y agregados, con la entrada número 221 replicada hasta la náusea (y aún sobraron como podeis comprobar)…

…y vaya si disfrutamos! Además del gratis total (lo que posiblemente otros conseguían por su acreditada pertenencia a la corporación mediática gañotil y no quiero señalar, juajua!), tuvimos la inmensa fortuna de ocupar el centro de la fila 0 de sillas (aquella noche pusieron asientos), con lo que la inmersión sónica y visual en el planeta davisiano fue memorable, hasta para una memoria tan distraida como la de un servidor… prácticamente recibiendo el sonido de monitores, bien regado con la baba que salía de la trompeta de un genio encogido sobre si mismo pocos palmos por encima de nosotros…

Miles era un músico introvertido, con una suerte de concentración escénica que a primera vista lo aislaba de su banda, que a su vez mostraba una enorme capacidad para crear una plataforma emocional tremendamente eficaz, sobre la que el maestro se permitia incluso especular o “arrepentirse”, en unos trazos angulados y de corto recorrido, a modo de pinceladas… dado que los temas estaban construidos en armonías modales y por tanto sin argumento, Miles no se veía obligado a resolver sus interpretaciones mediante el recurso de la coda y terminaba sus temas abruptamente a modo de un coitus interruptus, sin pretensión alguna de provocar el aplauso inmediato.

Miles Davis acababa de publicar su “You´re Under Arrest”, el disco con el que definitivamente consiguió el repudio del stablishment jazzístico, cuando hizo suyo el lenguaje mas desenfadado y carente de virtuosismo de la música popular, en detrimento del neoclasicismo imperante en aquellos momentos, representado entonces por Wynton Marsalis, un joven y superdotado trompetista, que en un arranque de prepotencia e impertinencia tuvo la desfachatez de renegar y retirar el saludo y la consideración a uno de sus maestros… enorme registro que abarcaba un amplio panorama de estilos, desde sus eléctricas cabalgadas modales iniciadas algunos años antes con “Bitches Brew”, hasta construcciones de pop canónico en las que siquiera puntuaba especialmente la procedencia afroamericana en orígen, como demostraba la inclusión de un tema como el “Time After Time”, Top One de Billboard solo un par de años antes, a cargo de la cantante Cindy Lauper… grandísimo disco en resúmen, del que un servidor venía disfrutando y que mirusté por donde, se nos sirvió en bandeja a cargo de la misma banda que lo había grabado… Miles a la trompeta y teclados (un sintetizador dispuesto trasversalmente en medio del escenario al que Miles acudía esporádicamente a pegarle un zarpazo), John Scofield a la guitarra, iniciando con Davis una carrera que lo ha aupado entre los guitarristas de jazz mas reputados (aunque a mí no acabe de convencerme), el bajista Darryl Jones, en una actuación que me dejó literalmente planchado por su intensidad y maestría en el slap, Bob Berg a los saxos, Robert Irving III a cargo de los teclados y Al Foster a la batería, además del percusionista del que no recuerdo su nombre… por cierto, que para ponerme en situación, renuncio a coger la escalerita para auparme a los altos de los viejos vinilos y recurro a descargarme el disco directamente, evitando el peligro de desnucamiento por resbalón… hay quien por esto me llama pirata y me quiere cobrar, en fin…

Años más tarde, y después de la edición de “Tutu”, Miles volvió a Sevilla, al polideportivo de San Pablo… pero no fue lo mismo, brodas… o el mismo ya no era yo.

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Miles Davis – “Time after time”

Y con esta maravilla se cerró la segunda Cita en Sevilla (el pareado no ha sido premeditado… anda, ni éste tampoco…), que dejó en las arcas municipales un agujero de 85 millones de pesetas, casi el doble de lo que estaba previsto; y eso ocurrió porque los “ámplios sectores sociales” hacia los que se abrió la oferta cultural no respondieron como se esperaba, por lo que la próxima edición iba a volver a orientarse hacia el público más joven de Sevilla, que se había demostrado que eran los que daban una respuesta más clara y contundente. Y aunque quizás también habría que decir que parte de la culpa de que los ingresos no fuesen tantos como se pensaba la tuvo la supresión de algunos de los conciertos de más tirón, el batacazo más gordo se produjo en las noches en que la organización hizo más concesiones al sector rancio, y ni Dios Bendito fue a ver a Chiquetete, a Juan Pardo, o a las primadonnas furibundas de la copla. De los cincuenta y cinco millones de pesetas que se esperaba recaudar en el taquillaje, solo se consiguieron veintiocho. Los conciertos a los que más gente acudió fueron, por este orden, los de Aute, Miles Davis y Radio Futura, por lo que la apuesta por La Trinca también resultó fallida.

Pero antes de terminar me gustaría recordar otra cosa. El año anterior la Cita en Sevilla tuvo un epílogo a cargo de Nina Hagen, y este año, sin embargo, lo que tuvo fue un prólogo. Al Ayuntamiento se le ocurrió la idea de hacer una prueba para ver si en Sevilla, durante los días de feria había cabida para alguna otra actividad, o todo era feria y más feria. Y se trajo a tocar a la Orquesta Mondragón los días 25 y 26 de abril, jueves y viernes de feria respectivamente.

Los conciertos se celebraron también en el solar de la Maestranza y fueron gratuitos, aunque había que recoger una invitación previa en las juntas de distrito, en la delegación de Cultura o en cualquiera de las emisoras de radio que las daban. Pero sin problemas, había para todos; y la cosa salió muy bien. Yo no sabría ahora deciros a cual de las dos noches asistí, pero allí estuve, en una cita ineludible porque era la primera vez que un grupo de rock iba a grabar un disco en directo en Sevilla.

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Orquesta Mondragón (y la gente de Sevilla) – “Garras humanas”

Y eso es lo que hizo la Orquesta Mondragón. Es cierto que ya, después de diez años de andadura (que esto era lo que iban a celebrar con ese disco en directo) habían atravesado un gran bache y no eran aquel grupo fantástico de Popotxo y Jaime Stinus arropando a un Javier Gurruchaga que se montaba unos conciertos espectaculares y apabullantes. Aquí vino ya el Gurruchaga egocéntrico y maniático que utilizaba a la banda para lanzarse a sí mismo, aunque escaldado por el fracaso de “Bésame tonta” y que había vuelto al rock’n’roll elemental, básico y fuerte. Por eso sus actuaciones sevillanas estuvieron llenas de vida. Y de lo que tocaron en las dos noches sacaron el material para el “Rock and Roll Circus”, un disco doble en el que repasaban a fondo sus primeros años. No faltaron los standards y las canciones más famosas, pero hubo rock del bueno, y el show de la Mondragón fue tan fuerte como el posterior exceso de manzanilla.

Al Ayuntamiento le salió tan bien la jugada que la repitió al año siguiente… pero eso ya es una historia de “la tercera vez que nos citamos en Sevilla”.

LA PRIMERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA… (El desarrollo)

El accidentado comienzo de la ”Cita en Sevilla” hizo que sus primeros días fuesen pasando como al ralentí. La revista promocional estaba muy cuestionada, al igual que toda la programación, y la difusión de los primeros conciertos fue escasa. Y por eso el primero de todos ellos contó con una asistencia de público más baja de lo esperado, a pesar de que allí nos reunimos unas dos mil quinientas personas, cifra que no estaba mal para los conciertos que se daban en Sevilla.

Pero es que aquella ocasión mereció mucho más porque era el primer concierto de una estrella internacional de primera magnitud que había en Sevilla, y porque ésta era, ni más ni menos, que Riley “Blues Boy” King. El Rey del Blues, B. B. King, que venía a hacernos súbditos del trono que ocupaba desde hacía ya varias décadas.

El recibimiento fue tibio. Y no sé que impresión sacaría B. B. King de una organización que ni siquiera le permitió familiarizarse bien con el escenario en el que tenía que actuar, porque el recinto del Solar de la Maestranza, donde iban a tener lugar todos los conciertos importantes de la “Cita”, se terminó de preparar apenas un rato antes del comienzo del concierto.

Pero bueno, se llegó a tiempo y casi a las once de la noche apareció King, arropado por una banda de enorme clase, en la que destacaba la exótica belleza de la vocalista Debra Boston (que cantaba blues con todo su cuerpo), para dejarnos durante dos horas las notas de las tristezas nacidas en el delta del Mississippi, trasplantadas por una noche a las orillas del Guadalquivir.

Bueno, en realidad a esa hora apareció su banda. Y nos preguntábamos donde estaba King; bajo, teclados, batería, trompeta, saxo, y un guitarrista que no era él… un par de numeritos marchosos de mosqueo, más que nada supongo que para ajustar el sonido. Y después como si se tratase de un número de circo, apareció “el Rey”.

La tibieza del comienzo fue pasando paulatinamente de la tranquila calidez hasta la entrega incondicional. La intensidad fue subiendo durante todo el concierto, para ser un clamor cuando King quiso dejar el escenario después de terminar su actuación con “The thrill is gone”. No le dejamos, claro… y hasta cuatro bises tuvo que hacer antes de abandonar por fin, exausto, casi sin poder sujetar a su negra “Lucille”, su guitarra favorita.

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B. B. King – “The thrill is gone”

Dos días después volvimos al Solar de la Maestranza, para darnos cita con unas quinientas personas más que el primer día, la mayoría de ellas políticos locales y supervivientes de la antigua progresía y clandestinidad política, porque en el concierto de esta noche iba a hacer acto de presencia uno de sus iconos, Lluis Llach, sobre quien durante muchos años pesó la prohibición de cantar en público y que hoy, por primera vez en esta ciudad, venía a jugar su baza política.

Antes que él tuvimos la actuación de Maria del Mar Bonet, que como no era la estrella esperada por la mayoría pasó tan fríamente como la noche misma, que más bien parecía de invierno que de primavera. Y la verdad es que ellos se lo perdieron, porque aunque su voz, límpida y torrencial, acompañada por las notas que desgranaba su inseparable Lautaro Rosas, no les motivase en absoluto, a los que estaban como yo, enamorados de María del Mar desde que editase su “Alenar” hacía siete años, sus reminiscencias musicales mediterráneas y tunecinas nos llegaron a la médula.

Pero la estrella es la estrella, y todos se volcaron, ahora sí, con Lluis Llach, que dio también un concierto absolutamente brillante y lleno de sentido del humor y de guiños que todos entendían y celebraban. Así fue por ejemplo cuando dedicó su canción “Si arribeu” (“Si llegais”) a Fraga con estas palabras: “dedicado a D. Manuel Fraga, para que viva muchos años… en la oposición”. O cuando hizo lo mismo con su mayor éxito, “L’Estaca”, dedicándoselo esta vez a un periódico local del que seguro que no tengo que decirte el nombre, “que se escandalizaría si nos oyese a todos canturrear juntos en catalán”. Por cierto, también por él nos enteramos de que a María del Mar Bonet acababan de concederle en París el premio “Charles Cross” al mejor disco extranjero editado en el último año, en el que recopilaba lo mejor de su repertorio.

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Lluis Llach – “L’estaca”

Los siguientes conciertos me los salté. Pero el problema no es que yo lo hiciese, sino que el próximo se lo saltase también la principal figura anunciada, Ruben Blades, que dejó plantada la gira española que tenía que traerle a Madrid y a Sevilla, y aquí se tuvo que sustituir a última hora por Caco Senante… con lo que estaréis de acuerdo conmigo todos en que salimos perdiendo con el cambio.

Así que el miércoles 16 de mayo la desencantada gente me imitó en su mayoría y al concierto apenas fueron quinientas personas, a pesar de que al poco rato de comenzar las actuaciones dejaron las puertas abiertas para que entrase sin pagar todo el que quisiera hacerlo.

Y la verdad es que aunque no apeteciese demasiado ver a Caco, el otro músico de la noche sí que tenía un atractivo mayor, porque era el Gato Pérez. Pero según pude oír al día siguiente, el concierto de salsa estuvo simplemente entretenido, si más.

De todas formas, los seguidores de Ruben Blades no se quedaron sin verle, porque esta primera “Cita” se prolongó posteriormente en tres noches más, las dos primeras, subtituladas “Cita con la salsa”. En la primera de esas noches actuó Rubén con su banda Los 6 del Solar, teloneados por la Orquesta Van-Van, el día 3 de julio, y Azuquita, Tito Puente y Celia Cruz el siguiente día. De la tercera noche hablaremos más adelante.

Retomando nuestra historia, el jueves 16 de mayo tenían que actuar el cuarteto de Richie Cole y el trío de Monty Alexander, pero la noche de jazz la aguó la lluvia y el concierto tuvo que ser suspendido. Así que nos perdimos la actuación de Richie, que venía con la aureola de ser uno de los músicos que mejor tocaban el saxo alto de aquel entonces, y de Monty, uno de los nombres más conocidos entre los jovenes pianistas del jazz, que además incluía en su trío a Bobby Thomas, el que fuese percusionista de los Weather Report.

Y el viernes 17 el protagonismo era para la bossa-nova y la samba brasileña de la mano de Chiquinho Timoteo, un multi-instrumentista que, además de la guitarra, en sus actuaciones hacía sonar algunos instrumentos autóctonos brasileños, como el cavaquinho, el berimbau y la capoeira. Los sones del trópico que salían de esos instrumentos impensables tampoco consiguieron convocar a mucha gente. Yo no estuve tampoco allí, pero sí que me enteré de que los pocos asistentes no dejaron de bailar en los aproximadamente 80 minutos que duró la fiesta brasileira.

El sábado volví. Y como yo, lo hizo prácticamente toda Sevilla, porque sobre el escenario iban a estar Victor Manuel y Ana Belén. Y con ellos llegó el caos.

Las entradas se habían agotado algunos días antes del concierto. Y para que entrasen los miles de personas que teníamos entrada a algún lumbrera de la organización se le ocurrió abrir la puerta (una sola) a las nueve y media de la noche… cuando el concierto era a las diez. Y aunque se retrasó un poco, para cuando Victor Manuel dio comienzo al espectáculo cantando “Déjame en paz”, en la puerta todavía quedaba muchísima gente queriendo entrar. Y las canciones seguían, y la gente seguía estando fuera, por lo que terminaron por perder la paciencia y enfadarse, formando tal alboroto que al final la organización dejó las puertas abiertas para que entrasen libremente… tanto los que tenían su entrada como los que aprovecharon la ocasión para pasar también de forma gratuita.

Las canciones se fueron sucediendo de forma alternativa por una y otro, y la lluvia también quiso venir a escucharlos. Tuvo que ser Victor Manuel quien invocando al “Fuego” con su canción hiciese cesar el molesto aguacero. Pero ni el agua, ni la molestia de la cola de la entrada pudieron con los ánimos del personal, compuesto a partes iguales por amantes de los abrigos de pieles y de las chupas de cuero… “aquí cabemos todos”, gritó Victor Manuel cuando entró la avalancha… que se movían ondulantemente con las conocidas canciones de Ana Belén, que por entonces atravesaba su mejor momento (acababa de editar “Geminis”) y con los clásicos de Victor. La gente se sabía las canciones y las coreaban de forma multitudinaria.

Yo personalmente no es que disfrutase demasiado con aquellas canciones, pero había que reconocer que Ana y Victor fueron una pareja absolutamente profesional, que intentaron llegar a lo más alto a pesar de los inconvenientes de la noche y que el desequilibrado equilibrio entre las angustias de él y el glamour de ella funcionó a la perfección.

Hubo un momento también en que Victor dedicó una de sus canciones antimilataristas a los soldaditos que había en los balcones del cuartel de artillería que había en la calle Temprado, a los que pidio perdón por darles la espalda… “pero es que cuando a uno le rodean siempre hay que dar la espalda a alguien”

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Victor Manuel – “Déjame en paz”

Los lectores más jóvenes quizás no sepáis que estas actuaciones tenían lugar en el Solar de la Maestranza, que era eso mismo que indica su nombre, un solar. El que quedó cuando derribaron la otra parte del mencionado cuartel, y que ahora ocupa el Teatro de la Maestranza. El cuartel también desapareció y en su lugar todos hemos salido ganando el espacio libre de las Atarazanas. Y al ladito mismo del cuartel, también en la calle Temprado, estaba (y aún sigue) la Hermandad de la Santa Caridad, por lo que los ediles de Alianza Popular también protestaron lo suyo ante la celebración de los conciertos, porque decían que tanto ruido iba a molestar e impedir el descanso de los ancianos asilados allí… como si los ancianos no tuviesen siempre ganas de que suceda algo interesante que les saque de su rutina.

Este mismo día, las fuerzas vivas de la reacción ya habían encontrado también motivos para poner de nuevo el grito en el cielo a causa de la inauguración de una exposición de pintores sevillanos, encuadrada también en la programación de la “Cita”, que tuvo lugar en la Plaza de San Francisco, que según ellos perjudicaba con sus stands seriamente a los comerciantes de la zona, y que mejor hubiese hecho el Ayuntameinto en emplear los dos millones y medio de pesetas en otra cosa en vez de en levantarlos para cobijar semejantes mamarrachadas de cuadros. Y lo que ya colmó el vaso de su mariana paciencia fue que ese mismo día, en que tantos miles de fieles estaban convocados para el acto de desagravio ante la Virgen, unos desconocidos se atreviesen a representar por su cuenta y riesgo la Crucifixión de Jesucristo desde la azotea de uno de los edificios de la Plaza.

Cuando Manuel del Valle y Bernardo Bueno terminaron de pasear entre los stands, una vez inaugurada la exposición, comenzaron a sonar unos cencerros en la azotea del edificio de la Casa de Granada, allí, en su parte más alta, visible desde toda la Plaza de San Francisco, un tío, vestido solamente con un taparrabos y una corona de espinas, se crucificó en una cruz forrada de papel de estaño, mientras otro grupo a su alrededor encedía bengalas.

La verdad es que la Delegación de Cultura fue ajena a todo esto, pero la oposición la emprendió con ellos por no enviar a la policia a que parase esta burla, y después movió cielo y tierra hasta que pusieron a disposición judicial al autor de la fechoría, un estudiante de Bellas Artes llamado Victor Quintanilla, que declaró que lo unico que intentaba con su representación era transmitir un mensaje de paz.

Y llegó el domingo 20 de mayo, que era otro de los días grandes de la “Cita”. Ese fue el día en que un mito (con permiso de B. B. King) visitó Sevilla por primera vez, y fue Joan Baez.

Pero yo me aburrí. El día estaba también metido en aguas y eso hizo que al concierto fuese muy poca gente, y que además comenzase con una hora y pico de retraso, hasta que estuvo más o menos claro que no iba a volver a llover. Y entonces subió Joan, armada solamente con su guitarra para desgranarnos todas sus canciones de siempre, que ella intentaba explicarnos de qué iban entre una interpretación y otra, en un español horrible que apenas se entendía. Por eso nos perdimos casi toda la dedicatoria que de “La balada de Sacco Y Vanzetti” hizo para los presos políticos de Cuba, Vietnam, Chile, Uruguay… pero la gente coreó el “Farewell Angelina” con el estribillo que en español le pusieron Los Payos a su versión, y el “No nos moverán”; pero a mí solo me conmovió algo cuando hizo el “It’s all over now, baby blue” de Bob Dylan.

Estábamos ante un mito, como ya os dije; pero con tanto retraso que estas canciones de amor y paz de los años ’60 ya representaban muy poco en el hastío desencantado de los ’80.

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Joan Baez – “It’s all over now, baby blue”

Y el próximo concierto no tuvo lugar hasta el jueves, día 24, con la participación de los grupos de rock más jóvenes. Largas colas en la entrada de nuevo, pero no para ver a Spray Naranja, ni a Rompehielos, ni a Sabotaje, ni a Helio, ni siquiera a los 091; todos aquellos aseados muchachitos y muchachitas estaban allí porque la cabecera del cartel la ocupaban Los Pistones, que con su canción “El pistolero” eran los reyes de los 40 Principales.

Y con esa canción abrieron su concierto, ya a las tantas de la madrugada, para deleite de los seguidores que todavía aguantaban el tipo después de haberse tenido que tragar las actuaciones de todos los mencionados anteriormente (y he de decir que se necesitaba mucha bebida para tragarse algunas de ellas). Después siguieron con su repertorio, que al ser tan corto todavía, para el bis tuvieron que echar mano de nuevo de “El pistolero”, y todos contentos con el final de fiesta, incluídos los miembros más jóvenes de Alianza Popular que también andaban por allí… eso sí, con la corbata guardada en el bolsillo.

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Los Pistones – “El pistolero”

Antes que ellos, los grupos sevillanos que componían el cartel se fueron sucediendo (Spray, Sabotaje, Rompehielos, Helio, creo que fue el orden) con unos conciertos entre lo cutre y lo atropellado que solo levantaron los Helio con su mejor hacer. La gente conocía más o menos a Rompehielos porque su “No hay un joint” fue el primer disco independiente de rock elaborado totalmente en Sevilla, pero ahora tenían una formación nueva y eran una incógnita. En los Spray Naranja estaban Curtu y Pablo, que eran músicos de acompañamiento de Jarcha, y a pesar de los esfuerzos de Paco Alejo fueron lo más flojito de esta noche, que era su puesta de largo. Sabotaje era lo más parecido que teníamos por aquí a una banda “siniestra”, y ellos mismos denominaban a su sonido como morboso. Y Helio eran lo mejorcito que teníamos en cuanto a pura y vibrante música pop.

Las diferencias de calidad entre unos y otros eran enormes a pesar de que el listón no estaba muy alto, pero hay que decir que todos derrocharon ganas, supongo que porque era la primera vez que se veían tocando ante una audiencia tan multitudinaria, que hacía lo que podía para no aburrirse e intentar bailar para quitarse el frío. Por cierto, que esta noche sí se podía bailar bien porque habían quitado las sillas del solar.

Yo tenía ganas de ver a los primerizos 091, que me habían gustado tras conocer sus primeros singles (¿recordáis “Fuego en mi oficina”?); y aunque las maneras de José Antonio, Tacho y Antonio ya apuntaban alto, el que en realidad me sorprendió y me dejó alucinado fue un jovencísimo José Ignacio García Lapido, con cara y cuerpo de niño, pero manejando la guitarra como un guitar-hero absoluto.

Y el viernes más rock. Y más fuerte. Porque en escena estaban Barón Rojo. Volumen brutal para dejar claro que lo suyo es el rock. Gente a tope saltando y botando con los barones y en medio de todos ellos mi hermano y yo (creo que éste ha sido el único concierto al que he asistido con mi hermano en toda mi vida) de pie, hieráticos, y aguantando empujones… todo muy jevi. Como merecía la ocasión.

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Barón Rojo – “Los rockeros van al infierno”

El sábado era el turno de los cantautores. José María Maldonado con su petición de “amnistía psiquiátrica para los locos” ejerció de telonero sin más y Kiko Veneno intentó lucirse entre tanta gente que no entendía nada de aquello y se reía pensando que estaba de broma cuando hacía alusiones a Valle Inclán o al “I’m the walrus” beatleliano. A los demás nos dio la calidad, marcha y buen rollo que esperábamos de él. Y el que no decepcionó a nadie fue Hilario Camacho, quien, arropado por una banda eléctrica fantástica en la que sobresalían el guitarrista hendrixiano (¿era José Antonio Romero…?) y el colosal saxo de Arturo Soriano, nos dio un soberano recital de lo que debe ser un cantautor urbano.

Y el domingo descansé. Los que no lo hicieron pudieron apreciar la música celta pasada por el tamiz vasco de Labanda, que sirvieron de teloneros a Gwendal, con una música similar pero con más reminiscencias rockeras. Los que asistieron disfrutaron.

El martes de esa semana dio comienzo también el ciclo de conciertos de grupos sevillanos en diferentes partes de la ciudad: La Banda de Atila, Sabotage y SS20 en la Alameda; Silvio, Brigada Ligera, Oxi2 y Brea en el parque Amate; Rompehielos y Spray Naranja en los Jardines del Valle…

Pero la noche rockera más interesante era la del viernes 1 de junio: Ian Dury venía a golpearnos con su palo rítmico.

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Ian Dury – “Hit me with your rhythm stick”

Ian llevaba ya en Sevilla diez u once días, viviendo al principio en la calle Jesús del Gran Poder, en la casa del pintor Manuel Salinas, donde se decía que estaba componiendo las canciones de su próximo disco, aunque vete a saber si eso fue así porque él no sacó un disco nuevo hasta cinco años más tarde, el “Apples”. Tres o cuatro días después se mudó a una habitación del hotel “Los Lebreros” porque la casa tenía muchas escaleras y a él, con su polio, le resultaba muy difícil acceder a su habitación del último piso, la única disponible. Lo que sí hizo Ian fue dejarse ver por los círculos más creativos y vanguardistas (que sí, hombre… que los había) de la ciudad, aunque se frustraron algunas ruedas de prensa que pensaba dar y que nos hubiesen permitido pasar un buen rato con sus boutades. Se hizo amigo del torero Lucio Sandín, al que vió en la Maestranza, conoció el campo sevillano y la pintura clásica, aunque la monja de la entrada del Hospital de la Caridad le obligó a quitarse su sempiterno sombrero negro antes de pasar a a apreciar a Murillo, a Pedro Roldán y a Valdés Leal… y supongo que la buena mujer se quedaría también con las ganas de obligarle a quitarse sus pendientes (recordad que estamos en 1.984 y los hombres no llevaban esas cosas).

Todavía no sé porqué, ni de quien fue la idea, de dejarnos en el concierto de esa noche a palo seco. Los cubatas ya había que traérselos bebidos de fuera. Pero los que nos reunimos allí, unas siete mil personas aproximadamente, disfrutamos a tope con Ian y su banda, compuesta por ocho músicos jamaicanos con los que se compenetraba muy bien a pesar de que, paradójicamente, era la primera vez que tocaba con ellos y llegaron a Sevilla esa misma mañana.

Con aquella música, hasta el alarido más desaforado de cualquiera del público se convertía en expresión artística. El de Ian Dury era el concierto más intenso que se había vivido nunca en Sevilla. Y había que estar allí, clamando entre un mar de decibelios que nosotros también queríamos “sex and drugs and rock’n’roll”.

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Ian Dury – “Sex and drugs and rock’n'roll”

El título de esta última canción ha servido para dar nombre también a la película que se acaba de estrenar sobre la vida de Ian, al que interpreta Andy Serkis (el Gollum), y que va a servir, estoy seguro, para que este año se vuelva a hablar mucho de Ian Dury, ya que también coincide con el décimo aniversario de su muerte.

Y con él no es que despidiésemos la “Cita en Sevilla”, pero casi. Porque al día siguiente lo que había en el Solar de la Maestranza era un concierto de flamenco, y el domingo de nuevo jazz con Stan Getz. Pero de esas cosas tendrá que hablar alguno de nuestros comentaristas, si es que anduvo por allí. La siguiente semana se pasó en blanco, hasta que el domingo siguiente volvieron a abrir el solar para la guitarra de Paco de Lucía.

Fui más que nada por escuchar en directo “Entre dos aguas”, y el concierto de Paco, acompañado de un bajo eléctrico y de las guitarras de sus hermanos Pepe y Ramón, estuvo lleno de su habitual virtuosismo, aunque los constantes fallos de sonido le restasen brillantez.

Y de nuevo otro parón hasta que Serrat se encargase de cerrar la “Cita”. Éste tuvo dos actuaciones porque se preveía que iba a ser el artista más multitudinario de los que vinieron. Y así fue: lleno total en las dos ocasiones, el jueves 14 y el viernes 15. Yo estuve el primer día, acompañado por una antigua amiga con la que precisamente he recuperado el contacto hace solo unos días, y disfrutamos ambos de la mordacidad, ironía, sarcasmo, sensibilidad, crítica y romanticismo de Joan Manuel.

Y la gente, como siempre (ya había venido otras veces a Sevilla) se entregó a él entusiasmada. Serrat conoce perfectamente los resortes humanos y es capaz de hacer sentir a cada uno de los presentes que las canciones las está susurrando solo para él, a pesar de estar rodeado por una multitud.

En los conciertos de Serrat siempre ocurre algo que me deja perplejo, por lo repetido de la situación y como la gente sigue comportándose igual una vez y otra. Sus canciones en directo siempre vienen renovadas y convertidas en versiones de las originales, siempre vigentes en su tiempo. Y sobre todo al principio no se parecen a las del disco a causa de la introducción instrumental con que las abre. Esa introducción es breve siempre… excepto en una de sus canciones, en que la alarga un poco más y desaparece un momento de la escena, supongo que para beber o aclararse la garganta. Siempre lo hace de esa forma. Al menos lo ha hecho en todos los conciertos en los que yo le he visto. Y la gente aprovecha ese momento para levantarse e ir a mear o a pedir otra cerveza a la barra.

Y lo hacen porque la música no les suena de nada y piensan que es una canción que desconocen, y no se dan cuenta de que ese pequeño instrumental es el que da paso a la canción que todos estaban esperando, “Mediterráneo”. Y cuando por fin reconocen las primeras notas y ven que Serrat está de nuevo en escena, se produce la avalancha de gente que deja todo lo que había empezado a hacer para correr hacia su silla. Siempre ocurre igual… os lo juro… no escarmientan a través de las nuevas generaciones de seguidores.

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Serrat – “Mediterráneo”

Y aunque estaba previsto que la programación terminase aquí, aún hubo una coda a esta “Cita”, como ya os dije anteriormente. Y en la tercera de las noches añadidas tuvo lugar el concierto que el día 6 de julio dio Nina Hagen. En aquel momento la cantante estaba en todo su apogeo, y venía precedida de varios escándalos hábilmente manejados por sus representantes y publicistas, por lo que el Solar de la Maestranza registró una entrada de más de cuatro mil personas, y muchas más que se quedaron fuera debido a que el precio de las entradas (entre 800 y 1.000 pelas, el doble o más de lo habitual en la “Cita”) era un poco alto para la época, y prefirieron ver el espectáculo encaramados a los árboles de los jardines de la Caridad.

Nina sacó a relucir todas sus pelucas multicolores y sus habituales modales provocadores, aunque sin escandalizar demasiado a un público que no entendía ni papa de su inglés, y menos aún de su alemán, cuando hablaba de religión, de odio, y de, en suma, la estupidez humana que quería reflejar en sus canciones. Pero nos hizo disfrutar mucho con todas ellas, que se movían en terrenos que iban desde la ópera macarrónica hasta el punk y el rock más clásico, arropada por una muy buena No Problem Orchestra, que le daba más fuerza todavía a sus interpretaciones.

Al final quedó un mal sabor de boca porque la actuación fue cortísima y la gente se quedó protestando con ganas de mucho más. Porque además, como esto era el final, y el incordio del grupo popular del Ayuntamiento hacía que peligrasen las futuras ediciones de la “Cita”, vete a saber cuando íbamos a tener otra noche de rock internacional.

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Nina Hagen – “White punks on dope”

Pero la “Cita en Sevilla” siguió hasta 1.991. Y espero que todas ellas podamos recordarlas en este blog en posts sucesivos que irán apareciendo cuando buenamente se pueda, entre los habituales textos que solemos colgar. El alcalde Manuel del Valle dejó claro que los cincuenta y siete millones de pesetas que había tenido de déficit esta “Cita” (ochenta de gastos y veintitrés de ingreso por taquillajes), no habían caído en saco roto, ya que junto a la posibilidad que se había brindado a todos los sevillanos de asisitir a actuaciones de artistas que de otro modo nunca hubiesen venido por aquí, y a precios asequibles, se había conseguido que Sevilla fuese un eslabón más en las giras habituales de los grandes artistas.

Pero el mundo, y las corporaciones municipales y, sobre todo, las personas que las componen, dan muchas vueltas, y lo que tenía que haber germinado como una gran cosecha, con los años solo dio mala hierba. Aunque antes de que ésta aflore, nos queda mucha diversión… espero compartirla con vosotros próximamente en “la segunda vez que nos citamos en Sevilla”. Porque, al fin y al cabo, y parafraseando a un rocker adelantado a su tiempo que ya hemos mencionado antes, como era Valle Inclán, “nada es como hubo sido, sino como se recuerda”.

LA PRIMERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA… (Los prolegómenos)

El tiempo le ha dado a la “CITA EN SEVILLA” una pátina de nostalgia y de buenos recuerdos que hace que los que la vivieron la añoren, y los que no llegaron a vivirla sientan que se perdieron una parte muy importante de la historia musical y cultural de esta ciudad.

Sin embargo, aunque ahora todo el mundo esté de acuerdo en que las citas de todos aquellos años eran algo muy bueno y que mereció la pena celebrar, al principio no todo fueron buenaventuras, sino más bien lo contrario. La “Cita en Sevilla” tuvo que superar escollos muy grandes para poder salir adelante.

En aquella época, concretamente, el año 1.984, a esta ciudad solo habían venido a tocar desde el extranjero, que yo recuerde, los Troggs, Magna Carta y John Martyn. Y los de Producciones Informales aún no nos conocíamos siquiera. Así que la posibilidad de que alguien nos diese la oportunidad de ver en directo aquí a Joan Baez, Elton John y Eric Clapton nos parecía el colmo de la modernidad. Y eso fue lo que nos anunció el Ayuntamiento a finales de marzo de ese año.

La “Cita en Sevilla” fue un empeño del equipo de gobierno municipal del alcalde Manuel del Valle, sacado adelante por el delegado de Cultura, Bernardo Bueno, que sobre todo pretendía ser un medio para fomentar la actividad creativa sevillana, posibilitar la formación de nuevos planteamientos de vida a partir de la cultura, crear una infraestructura sólida para la producción artística tanto propia como de los artistas que viniesen de fuera, invertir en equipamiento cultural… y para ello, junto a los grandes nombres de la música mencionados antes, se invitaría también a otros de los más grandes intérpretes españoles (Serrat, Victor Manuel, Ana Belén) y a los grupos sevillanos que se movían por entonces de forma muy subliminal (Spray Naranja, Oxi 2, Brea, Brigada Ligera, Rompehielos…). Y también la “Cita” abarcaría toda una serie de ofertas que irían desde los demás estilos musicales, como el flamenco, el jazz, la ópera (venía Monserrat Caballé por primera vez); así como arriesgadas obras de teatro y exposiciones. Se trataba, en suma, de poner a Sevilla en el mapa cultural, y que la ciudad se encontrase con ella misma en unas jornadas que cubrirían los barrios y numerosos locales y solares del centro, uniendo el final de las Fiestas Grandes de la primavera con el principio del verano y la molicie de sus 40 grados a la sombra.

Después fallaron algunas de las grandes figuras anunciadas, que fueron sustituidas por otras algo menores; de todos modos quedó una programación muy aceptable, y muy ambiciosa para lo que estábamos acostumbrados a ver por aquí. Pero todo esto fue recibido por la Sevilla más casposa y rancia de una forma tan enconada, que el periódico representativo del sector reaccionario de la ciudad (sí, me refiero al “ABC”) se encarnizó con la “Cita” con este titular:

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Círculo Vicioso – “La negación”

Se preveían problemas… ¡Y vaya si los hubo!

La primera fuente de ellos fue la revista gratuita que el Ayuntamiento editó para publicitar y dar vidilla a la “Cita”, así como para dar a conocer a los artistas participantes en ella, cuya inmensa mayoría nunca había estado aquí y de los que mostraba semblanzas que ayudaban a todos a conocerlos mejor.

La “Cita en Sevilla” la abrieron Els Comediants, con tres representaciones, de las cuales, la tercera, “Demonis” iba a ser la más importante y la que realmente serviría como inauguración oficial de la programación, el sábado 12 de mayo. Como introducción, en el artículo que la revista les dedicaba, aparecía el siguiente texto:

El sábado por la noche, las orillas del Gualdalquivir, la Torre del Oro y las calles de Sevilla se llenarán de olor a pólvora y a azufre del infierno. Son los demonios que han vuelto –por fin- a rescatarnos de las mediocridades hipócritas de esta Sevilla mariana; son los diablos procaces y provocadores, que nos muestran con sus tracas y sus guiños lo aburridos que somos.

A la teniente de alcalde, de Alianza Popular, María Dolores Meléndez, le faltó tiempo para decir que aquello era una burla a la Sevilla mariana, y que “es inconcebible que desde una revista municipal se conceda un tratamiento así a uno de los valores incluídos en el escudo de la ciudad”.

Els Comediants quedaron en el punto de mira de la oposición municipal, y a causa de ello la “Cita en Sevilla” tuvo el peor de los comienzos que nadie hubiese imaginado. Y no hubiese debido ser así, porque el espectáculo del grupo catalán brilló a gran altura. A las diez de la noche del sábado éramos miles los que llenábamos los alrededores de la Torre del Oro, el puente de San Telmo y el Paseo Colón, para contemplar como los demonios llegaban en barca hasta la Torre envueltos en fuegos artificiales, bajo los estruendosos sonidos de “Fausto”, para desembarcar al grito de “Viva el infierno”. El fuego rodeó la Torre del Oro mientras los demonios, los faunos y los dragones bailaban frenéticamente. Els Comediants armaron un estrepitoso y descomunal número de feria y de magia que nos dejó boquiabiertos a todos. Aquello era una nueva forma de entender el hecho teatral como nunca antes habíamos visto, una nueva forma de relacionarse con el espectador, lejos de la solemnidad de la cultura teatral convencional.

Después el espectáculo se extendió hacia la Puerta Jerez, la Avenida de la Constitución, la Plaza Virgen de los Reyes, el Patio Banderas, donde estalló una enorme traca que había preparada… os podéis imaginar el caos circulatorio del centro de Sevilla. Mientras, los demonios se encaramaban a las columnas de la Catedral gritando “Dios no existe, muerte a la Iglesia”. ¿Os lo podéis imaginar siquiera? En el corazón mariano de Sevilla…

Ya sabéis que yo soy bastante modosito, pero en aquella borrachera de fuego y exaltación de los sentidos, fueron muchos los espectadores que se sumaron al espectáculo, que se subieron también a las columnas, que profirieron gritos más impropios aún que los de los actores, que hicieron gestos obscenos a la Catedral y al Palacio Arzobispal… que después de que los actores terminasen, siguieron la fiesta desde la Campana hasta la calle Betis… que incluso rompieron de una pedrada el cristal de la puerta del “ABC” en la calle Velázquez… lo suficiente para provocar este editorial en dicho periódico:

Ellos veían gamberrismo desatado donde solo había fiesta. Tampoco fueron para tanto los pocos desmanes que hubo; y en cuanto a espectáculo bochornoso y suciedad, lo que queda en los palcos de la Campana y la Plaza una vez pasadas las cofradías dejaba en pañales a los restos que quedaron en el Paseo del Marqués de Contadero en la madrugada que siguió a esa noche. En realidad yo no recuerdo haber visto ningún problema de orden público, ni ningún otro problema que no fuesen los motivados por la masiva asistencia de público a cualquier acontecimiento.

Pero ya estaba prendida la mecha que hizo explotar a la Sevilla nazarena. El presidente del grupo parlamentario de Alianza Popular en Andalucía, Ricardo Mena-Bernal, pidió explícitamente al alcalde que expulsase de Sevilla a Els Comediants para que así “el aire vuelva a ser límpio”. Y los concejales de la derecha volvieron a arremeter contra el artículo de la revista: “El pueblo de Sevilla es lo suficientemente divertido como para que tengamos que leer que estos “diablos” van a quitarnos el aburrimiento. Asímismo se dice que van a rescatarnos de mediocridades hipócritas, con lo que desde una revista municipal que pagamos todos se nos llama mediocres e hipócritas…”. Y aún más, salió a relucir el orgullo ombliguista: “Si Sevilla fue la primera ciudad que pidió la definición del dogma de la Inmaculada Concepción y ahora ocupa la vanguardia en la petición del de la mediación, no podemos admitir que vengan unos catalanes, traidos por un señor que no es de Sevilla, a decirnos cual es la cultura de nuestro pueblo”. Anda que no… que se note que la Sevilla mariana es la que parte la pana…!

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Avíos del puchero – “Sevilla”

Y la Sevilla mariana se movilizó. Y durante toda la semana siguiente fueron cientos las personas que fueron a la Plaza del Triunfo a arrodillarse y rezar ante la Inmaculada, dejando a sus pies flores y más flores. Y por supuesto también el Consejo General de Hermandades y Cofradías se sumó al “clamor popular”, y quiso dejar muy clarito que “la sensibilidad de nuestras hermandades y del propio pueblo de Sevilla no puede permanecer indiferente ante actos de esta naturaleza”. Y después fue el Arzobispo el que se lamentó de que “ningúna autoridad del Ayuntamiento ni ningún organizador de dicho acto “teatral” se haya entrevistado antes ni después conmigo”, desmintiendo así las informaciones que se daban en las emisoras de radio sobre que el Arzobispado había autorizado la actuación de Els Comediants… que también manda huevos la manera de informarse y contrastar las noticias de los redactores de entonces. Y después los capillitas se concentraron ante el Ayuntamiento, manifestándose contra el patrocinio municipal de los incidentes… y en la noche del viernes 18 de mayo todos juntos se unieron en torno al monumento a la Inmaculada, presididos por el Arzbispo, para realizar un acto de desagravio a la Virgen en el mismo lugar en que ocurrieron los sacrílegos incidentes. Los cristianos, unidos, jamás serán vencidos.

Y como todavía les parecía poco, al día siguiente, el sábado a mediodía, organizaron una multitudinaria misa en la iglesia del Santo Ángel para desagraviarla todavía más.

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Compañía Malpaso – “Hijos de Dios”

Es digno de resaltar aquí que aunque los hermanos mayores de todas las cofradías más representativas de Sevilla se sumaron a la corriente mariana, el hermano mayor de la Amargura, Ernesto Ollero, aunque seguidor de los mismos principios que los demás, al menos señaló que “no he visto las representaciones, pero por lo que se ha publicado y por comentarios de personas ponderadas que las vieron, entiendo que el grupo actuante no ha ofendido a institución alguna”. Él solo culpaba a las personas que se habían dejado llevar por la ocasión para faltar al respeto de los sentimientos religiosos de un alto porcentaje de los sevillanos.

Y mientras en Sevilla ocurría todo esto, en Madrid el grupo de Els Comediants recibía el Premio Nacional de Teatro, otorgado por su aportación a la renovación de la escena y por su continua evolución.

No es de extrañar, pues, que los días siguientes al pistoletazo de salida de la “Cita” fueran tan intensos que el primer concierto que se celebró en ella, que fue el de B. B. King, el domingo 13, en el Solar de la Maestranza, pasó prácticamente desapercibido.

Pero los conciertos siguieron. Algunos con más pena que gloria, pero fueron saliendo adelante y hoy los miramos con un cariño mucho mayor que el que pusimos incluso cuando nos apiñábamos entonces en las primeras filas. Y en este blog vamos a tener un recuerdo para cada uno de ellos.

Pero eso será en otro de los posts que seguirá próximamente. Atentos a “LA PRIMERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA (El desarrollo)”.

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Helio – “Aquella nueva palabra”

LA NIEVE EN SEVILLA ES UNA MARAVILLA

Hacía ya 56 años.

Aunque hay muchos escépticos que dicen que en Sevilla hoy no ha nevado, al menos yo puedo decir que en mi jardín sí que lo ha hecho.


…a ver si va a ser verdad eso que dicen sobre el cambio climático.

SIGN OF THE TIMES

Bush, Al-Qhaeda, la telebasura, la crisis… el horror… el horror…

El año pasado me dejé convencer para escribir un post resumiendo lo que me había parecido mejor de entre los discos publicados durante aquél. Este año no pienso hacerlo aunque insistáis; no quiero tener que volver a forzar mi escasa capacidad de síntesis. Y de todas formas creo que todos estaremos más o menos de acuerdo en que el mejor de todos los discos ha sido el “Merriwater post pavillion” de Animal Collective. Así que dejaremos la lista ahí.

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Animal Collective – “My girls”

Pero es que este próximo día 31 no solo se termina un año, sino también una década, la primera del siglo 21. Una década marcada por la recesión, la congelación de sueldos (cuando no la desaparición directa de los mismos) y la globalización de la miseria.

La primera parte de la década también trajo consigo el nacimiento del “Gran Hermano” y los realitys de la televisión, y con ellos cientos de horas de pseudo estudios sociológicos y antropológicos intentando explicar por qué tanta gente aparentemente civilizada encuentra placer contemplando unos espectáculos que son lo más degradante desde que a los romanos se les ocurrió la idea de poner en en el circo a unos cristianos y a unos leones al mismo tiempo para ver qué pasaba. Me parece que a las futuras generaciones tendremos mucho que explicarles sobre nuestro comportamiento.

Y la década además ha sido pródiga en cosas cada vez más irreales, como que Bush entrase en la Casa Blanca dos veces, que el PP sea una alternativa real de gobierno o que Coldplay se haya convertido en el grupo más importante del mundo.

Aunque tampoco ha sido muy difícil que lograsen serlo, ya que la mayoría de los demás grupos nuevos contendientes al puesto formaban una lista tan interminable y tan intercambiable como los propios componentes de las bandas. Una pena.

Y también hay que sentir una pena muy grande por los ejecutivos de las compañías discográficas. En un momento eran las navidades de 1.999 y estaban ellos intentando contratar nuevos empleados para que les ayudasen a llevar las carretillas llenas del dinero contante y sonante que les reportaban sus excesos de beneficios hasta sus sucursales bancarias favoritas, y en el momento actual está llegando enero del 2.010 y están ellos sentados en los bancos de las plazas públicas terminando de escribir sobre un cartoncito las palabras “tengo hambre y no tengo trabajo, antes que robar prefiero pedir, una ayuda por favor”. Pobrecitos; con el frío que hace para tener que vivir entre cartones.

¡Qué poco tiempo ha pasado! Parece que fue ayer mismo cuando todos estábamos tan asustados por los estragos del “efecto 2.000”. Justo cuando llegasen las doce de esa fatídica noche, los ordenadores iban a cobrar vida para averiar todo lo que hubiese en el mundo mientras centenares de missiles nucleares y de aviones iban a caer prácticamente en nuestro jardín. Y en un abrir y cerrar de ojos se ha terminado la década.

Y una década tan surreal ha tenido que terminar, claro, de una forma también surreal: la muerte de un presunto violador de niños no ha sido celebrada con espontáneas fiestas callejeras, sino con un diluvio mundial de tristeza como nunca antes se había visto.

Si consideramos la iconografía del siglo anterior, sus imágenes servirán como totems de su cultura para todas las generaciones posteriores: Los Beatles, JFK, Hitler, Churchill, Stalin, Dylan, Marilyn Monroe… si nos basamos en la evidencia de la década que se está terminando, ¿a quién habría que inmortalizar en piedra para conmemorar el siglo 21? A Obama, quizás…

…pero luego aparecen las imágenes de todas las Ana Rosa Quintana del mundo, con sus inanes y estúpidas sonrisas luciendo en sus caras con el inmerecido orgullo de presidir las montañas de mierda que ellas han sido elegidas para representar.

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Barón Rojo – “Telebasura”

El signo de los tiempos.

Y como éste es un blog eminentemente musical nos vamos a centrar en la música para divertirnos un poco eligiendo a la Figura de la Década. Aquí debajo podréis votar por los nominados. Pero antes tendréis que saber cuales son sus merecimientos leyendo el resto del post. ¿Y por qué comenzamos la lista con una gente que, aunque pueda ser muy representativa de esta década, en realidad sus mayores logros no son de este espacio de tiempo? ¿No hubiesen merecido el mismo trato, entonces, gente como el Boss o Dylan? Y para contestar a esas preguntas y ver de qué forma influyen unos y otros en la gente de esta década solo hay que recordar los aforos de los conciertos de los dos mencionados en Sevilla y Jerez (ciudades tan representativas socialmente como cualesquiera otras), y la rapidez en agotarse las entradas para los conciertos de U2 en todos los sitios por los que pasan.

U2: Comenzaron la década declarando que iban a volver a aplicarse para convertirse de nuevo en la mejor banda del mundo, y el año 2.000 significó una vuelta a las bases que les llevó a editar el “All that you can’t leave behind”, del que vendieron más de 12 millones de copias y con el que ganaron siete Grammys. Además de que en el 2.002 Bono fuese incluído en la lista de los 100 británicos más importantes, a pesar de ser irlandés. En el 2.004 le robaron a The Edge en Francia su copia del siguiente disco que iban a editar, “How to dismantle an atomic bomb”, y ese asunto se convirtió en uno de los pilares sobre los que se asentó la condenación de todos los que movemos música a través de internet. El grupo se convirtió en el 2.006 en abanderado de todos los que consiguen un status económico más que solvente cuando mudó todos sus negocios hasta Holanda para ahorrarse millones de libras en impuestos. Dinero que seguramente Bono habrá empleado en esa ayuda al tercer mundo que tanto predica. Y la década termina para ellos con su gira de “360º”, la más cara que los siglos nunca vieron, con un coste de tres cuartos de millón de euros diarios, que nosotros hemos ayudado a financiar a cambio de una plaza en el Estadio Olímpico el próximo mes de septiembre.

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U2 – “Get on your boots”

LILY ALLEN: Comenzó la década sin pena ni gloria, conociendo a un DJ en Ibiza, que se convirtió en su manager y que lo único que hizo por ella fue conseguir que la despidiesen de su sello discográfico, por lo que la chica tuvo que dejar la música y pasarse al negocio de la floristería. Pero como quiera que la horticultura no le ocupaba demasiado tiempo, y la chica empleaba sus muchos ratos libres en trastear con el ordenador, cuando llegó el 2.005 se había convertido en la primera superestrella mundial surgida de MySpace. Más de 400.000 amigos le abalaban, y su primer single, “Smile”, se convirtió en el número uno de ventas nada más editarse. Y hasta el dos llegó su primer CD, “Allright”, producido en parte por el hombre de moda del momento, Mark Ronson. En el 2.008 era una figura pública tan importante que hasta el alcalde de Londres se alió con ella para una conferencia destinada a intentar bajar el número de delitos con arma blanca que se cometen en la ciudad. Este año ha vuelto a ser número uno en ventas con “The fear” y, si hay que creerse lo que dice, va a dejar la música, con lo que se va a convertir en un raro especimen de ésos que se retiran a tiempo en vez de arrastrase tristemente.

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Lily Allen – “Smile”

NOEL GALLAGHER: Abandonó a Oasis por primera vez al comenzar la década, justo después de liarse a hostias con su hermano Liam en un concierto en Barcelona. Al año siguiente abandonó también a su mujer, Meg Matthews, para arrejuntarse con la publicista Sara McDonald, con la que ha pasado todo el resto de la década, al contrario de lo que hizo con su banda, con la que volvió enseguida. Y con ellos grabó en el 2.005 “Don’t believe the truth”, un disco que fue aclamado como el mejor desde el “(What’s the story?) Morning glory”. Tras recibir una lluvia de críticas por atreverse a decir que Jay-Z no merecía ser cabecera de cartel en Glastonbury y tener que ser hospitalizado después de que se abalanzasen sobre él en un concierto de Toronto, el final de la década le ha visto dejando de nuevo a Oasis, esta vez para siempre, después de otra bronca con su hermano. Parece que Noel se ha dado cuenta por fin de algo que muchos de nosostros sospechábamos desde hacía mucho: que pasar la mayor parte de tu vida productiva en compañía de un lunático borracho no conduce a nada bueno.

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Oasis – “Let there be love”

RIHANNA: Comenzó la década en su Barbados natal, formando su primera banda con dos compañeros de clase. Pero aquello se le quedó pequeño después de ganar (muy muy muy) merecídamente el concurso de Reina de las Fiestas, o su equivalente de allí. Y en el 2.005 ya estaba editando su primer disco, “Music of the sun” en el mítico sello Def Jam, después de hacer una audición para su presidente de entonces, Jay-Z (¿y éste tío por qué no está en esta lista de votación?), armada solamente de su guitarra acústica. Y en el 2.007 se comió el mundo de forma absoluta. Fue el año de “Umbrella”. Y fue el año en que se convirtió en la cara del turismo de Barbados. Ha sobrevivido a algo tan candente actualmente como es la violencia doméstica, y cambiado los golpes de su novio Chris Brown, por Grammys. Ninguna otra estrella ha sido más buscada para celebrar con ella el fin de la década, y estará en directo en las fiestas de nochevieja de Abu Dhabi y New York… ¿qué como lo conseguirá? Pues teniendo a sus pies al mundo y a sus medios de transporte. Y todavía solo tiene 21 añitos…

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Rihanna – “Umbrella”

COLDPLAY: Empezaron la década en el Top 40 con “Shiver”, y después con “Yellow”, los singles que anunciaban la bomba que iba a ser su primer disco largo, “Parachutes”. Con el segundo, “A rush to blood to the head” consiguieron todos los premios musicales que pueden comseguirse. Y Chris Martin logró también el premio adicional de casarse con Gwyneth Paltrow en el 2.003, saliendo indemne de una dura batalla contra otra de las plagas más peligrosas de la década, los paparazzi. Otro de sus discos, el “X&Y” fue el más vendido del 2.005. Y fueron ganando toneladas de credibilidad al unirse a colaboradores tales como Jay-Z (me pregunto lo mismo de antes), Kanye West, y el gran científico del art-rock Brian Eno en su obra cumbre, “Viva la vida”, con la que además de volver a ser los máximos superventas, ayudaron al Barça a lograr el récord inalcanzable de ganar los seis títulos disputados en una sola temporada.

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Coldplay – “Viva la vida”

ARCTIC MONKEYS: El grupo se formó en el 2.002 inspirado pos los Strokes, mientras todavía iban al insti. Sus primeras maquetas comenzaron a circular por internet, y gracias a ello, su disco, “Whatever people say I am, that’s what I’m not” fue el disco primerizo más vendido, y más rápidamente, de toda la historia del pop. Era el 2.006. Desde entonces, a pesar de lo que algunas voces siguen diciendo sobre lo mal que le viene internet a los músicos, los Arctic Monkeys no han dejado de ganar dinero con su música y de recibir en reconocimiento a su labor premios y más premios, que siempre acuden a recoger disfrazados de cosas divertidas como los Village People o los personajes de El Mago de Oz. El final de la década les pilla en un desierto de California grabando su tercer disco.

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Arctic Monkeys – “I bet you look good on the dancefloor”

AMY WINEHOUSE: No apareció hasta el 2.003, con la edición de su primer disco, “Frank”. Después conoció a su novio, Blake Fielder-Civil. Y en el 2.006 empezó a ser mundialmente conocida, primero con el single “Rehab”, y después con el disco “Back to black”. Por aquella época fue también cuando comenzaron sus escarceos con la heroína, y en el 2.007 era el punto de atracción de toda la prensa amarilla. En mayo se casó con su novio, y en agosto tuvo que ser hospitalizada por sobredosis. Siguieron doce meses de noticias reales e inventadas que todos conocéis, y en el concierto de homenaje a Nelson Mandela del 2.008 cambió la letra de la canción “free Nelson Mandela” por “free Blakey, my fella”, pidiendo la libertad de su marido, que estaba en la cárcel. Ese fue también el año en que la fotografiaron en un post-party con unos sospechosos polvos blancos en su nariz. El final de la década la encuentra pasando mucho tiempo tranquilo en Santa Lucía, aunque ha encontrado tiempo para divorciarse de Blakey.

Y como Amy ha representado perfectamente todo lo peor y lo mejor de la década, con el circo que siempre ha tenido montado a su alrededor y con el mejor disco que ningún otro cantante ha sido capaz de superar en todos estos diez años, es por lo que parte en esta encuesta con un voto de ventaja, el que yo le concedo. Aunque espero que no te dejes influir por ello… ni tampoco por las tetas nuevas que se ha puesto.

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Amy Winehouse – “Rehab”

EL NUEVO TESTAMENTO

Para David. Que me recordó la deuda.

Cuando comenzaba el año 1.979, los CLASH eran un grupo totalmente asentado. En sus tres cortos años de existencia habían logrado firmar un contrato con Sony por la enorme cantidad de 100.000 libras, editar un primer y definitivo disco de punk, y seguirlo de forma relativamente rápida con otro disco más pulido, pero igualmente directo que el anterior, “Give ‘em enough rope”, que fue otro escalón en su ascenso al estrellato.

Disfrutaban de éxitos en las listas de singles y de infinidad de portadas en todas las revistas, y de una gira inmensa que les estaba reportando una legión de nuevos seguidores. En un corto espacio de tiempo habían conseguido dejar su marca en la música de finales de los ’70. Ya comenzaban a surgir nuevas bandas cuyas referencias específicas eran los flashes, la arrogancia y el sentido político de los Clash. Desde David Bowie ningún otro atista británico había conseguido un sonido y un estilo tan definitorio como ellos.

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“I’m not down”

Pero, como tan a menudo sucede en el mundo del rock, las cosas no iban tan bien como parecía. Para empezar, los Clash no tenían un puto duro. Mantener una banda en estado operativo, tanto en gira como en los estudios de grabación, estaba resultando ser muy costoso, principalmente porque sus discos no se estaban vendiendo por millones, como su sello discográfico esperaba cuando les firmó el cheque del contrato.

Durante los primeros meses de la banda, su manager y mentor filosófico, Bernard Rhodes, les había propocionado un muy necesario enfoque y les había llenado el tanque de combustible ideológico. Bernard venía de la misma escuela inspirada por el Situacionismo de la que provenía Malcolm McLaren, y había dado a los Clash el valor suficiente para abrir sus mentes y no achantarse en las negociaciones de enero del ’77 por su contrato discográfico. Sin él, los Clash nunca hubiesen sido una entidad diferente de los demás. Pero dos años más tarde la figura de Bernie estaba en declive. Él nunca más iba a resurgir y sus muy necesarias inyecciones de dinero en efectivo eran cada vez más escasas y espaciadas en el tiempo. El interés que tenía por la banda se fue diluyendo además en otros fantasiosos y quiméricos asuntos relacionados con el punk, hasta el punto de echarles del local de ensayo que usaban en Camden Lock, que era suyo. Así que en el momento en que estaban preparados para comerse el mundo, resultaba que los Clash estaban solos.

Pero eso no les amilanó. Mientras otras bandas hubiesen perdido el norte por completo, ellos se convirtieron en una unidad más fuerte, y alcanzaron un nuevo nivel de comunicación que hacía que ni siquiera tuviesen necesidad de hablarse mientras tocaban. Se unieron y pusieron sus espaldas contra la pared.

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“Death or glory”

El propio movimiento del punk estaba también por entonces atravesando una crisis de identidad. Los líderes de la escena, los Sex Pistols, se habían colapsado espectacularmente durante su breve, pero lleno de experiencias e incidentes, viaje por América del Sur. Con ellos fuera, se espoleó la rivalidad entre los demás grupos y fue el año cero para bandas tales como los Buzzcocks, los Damned y Siouxsie and The Banshees, que disfrutaron de diferentes grados de éxito en el Top 40, mientras una nueva generación de grupos surgía de las calles como setas después de la lluvia.

La segunda ola del punk estaba en camino, con la mayoría de sus exponentes aparentemente contentos de seguir una fórmula que ya parecía agotada. Tres acordes. Pelos de pincho. Salivazos. Los Clash de cuando “White riot”, básicamente. Ellos mismos ya habían sido acusados de venderse por trabajar en su segundo disco con un tipo tan poco punk como Sandy Pearlman, el productor habitual de los Blue Oyster Cult; y los tradicionalistas del punk se sentían traicionados por los deseos de los Clash de dejar atrás sus días de banda de sonido de garage.

Estilísticamente también todo había cambiado. El expresionismo a lo Jackson Pollock y los sloganes Letristas estaban siendo arrojados al cubo de la basura de la cultura pop y una nueva fórmula se estaba introduciendo sin parar, una especie de cruce entre la edad dorada de Hollywood y los hooligans futboleros. Todo esto se reflejaba también en la forma en que la música se veía en todo el mundo, y todas estas ideas en vías de expansión se estaban adueñando de los vinilos. Así que como verdaderos revolucionarios en ciernes, el cantante Joe Strummer, el guitarrista Mick Jones, el bajista Paul Simonon y el batería Topper Headon, cerraron filas y decidieron recuperar el poder. La decisión de apartarse del mundo exterior y centrarse en su propio mundo conocido fue debidamente tomada. Y la música y la estética que implicaba esta decisión resultaron ser las que salvaron su carrera y produjeron uno de los discos de rock más grandes de todos los tiempos: “London Calling”.

Y ahora hace treinta años que cuatro chavales se convirtieron en hombres. Treinta años de que un grupo punk trascendió de su género y entró en la iconografía del rock moderno.

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“Revolution rock”

El 14 de diciembre de 1.979, en lo más profundo del “invierno del descontento” británico, al final de un año que vió como los tories tomaban el poder del país, los Clash editaban un disco que no solo era la destilación de treinta años de rock and roll, sino también un colorido documento sobre un mundo caótico, una postal desde las primeras líneas del frente de resistencia del rock. La portada de Pennie Smith, fotografiando a Simonon destruyendo su bajo decía todo lo que uno necesitaba saber sobre el irrrebatible punto de vista de la banda.

“London calling” subió hasta el número 9 de las listas de ventas, y fue votado como el mejor disco de los ’80 por la revista “Rolling Stone”. Pero mucho más importante que su puesto en los charts o que su aclamación por la crítica, es el hecho de que las canciones escritas en un pequeño local de ensayo mal ventilado por cuatro jovencitos inseguros de su futuro, todavía resuenan con fuerza hoy.

Y con el disco en la mochila, los Clash fueron aún más lejos. Inmediatamente dejaron atrás la reaccionaria Inglaterra, en la que el punk se había socializado y convertido en algo manso, y fueron a poner en práctica su nueva visión del rock’n’roll al lugar mismo donde éste se inventó. Apenas meses después de mantenerse apenas a flote económicamente, que no artísticamente, América les hizo suyos.

Los Clash después disfrutaron de su mayor éxito comercial con el “Combat rock” de 1.982, pero nunca más llegarían a la cumbre que consiguieron con el “London calling”. Eso nadie lo discute.

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“Spanish bombs”

Lo que sí se ha debatido a veces es qué hubiese ocurrido si la más ética de las bandas de punk se hubiese vuelto a formar después de la partida de Jones en 1.983. Un gran éxito póstumo, el “Should I stay or should I go” de 1.991; una breve reunión de Strummer y Jones en apoyo de la huelga de bomberos en el 2.002… todo fue pasando sin que la banda confirmase o denegase nunca una reunión. Y un mes después el libro se cerró del todo con la inesperada (aunque pacífica) muerte de Joe Strummer en su casa de Somerset.

Que los Clash no llegasen a sucumbir a la tentación de la reunión, como sí lo hicieron prácticamente todos sus contemporáneos, desde los Sex Pistols a Blondie, hace que nunca se resolviese el enigma de lo que esta banda hubiese podido ser con los años, ¿unos farsantes?, ¿unos románticos de la política?, ¿unos confundidos rebeldes?, ¿unos arrogantes pseudo intelectuales? ¿unos drogadictos hipócritas…? Pero no debería extrañarnos el habernos quedado con la duda, porque ya sabíamos que iba a ser así desde que Joe Strummer nos avisase en la canción que daba título al disco que hoy estamos celebrando:

Ahora que la beatlemanía farsante ha mordido el polvo
no nos mires a nosotros…

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“London calling”

EL SOSTENIMIENTO DE UNA INDUSTRIA OBSOLETA

Ante las medidas que anuncia el Gobierno en su Ley de Economía Sostenible sobre el control de páginas web, que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de la red, en el día de hoy muchos bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet, entre los que se encuentra este Blogin’, se suman al manifiesto “en defensa de los derechos fundamentales en Internet” que a continuación os detallo.

1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

VENTE A ALEMANIA, PEPE

Si yo hablase aquí del Krautrock (de hecho, lo hemos mencionado a veces) estoy seguro de que todos vosotros reconoceríais el término y sabríais de qué estamos hablando. Incluyendo a nuestra amiga, la Dama del sevillano nombre, que a veces nos habla de su ignorancia musical.

Pero, seguramente no ocurriría lo mismo si el término introducido es el KRAUTJAZZ… pues de eso es de lo que va a tratar el post de hoy.

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Volker Kriegel – “Baiafrock”

Porque los primeros años ’70 puede que fuesen el periodo en el que Kratfwerk y Neu! pusieron de moda los rítmos super electrónicos, pero Dusseldorf no fue el único centro de la actividad musical alemana. La remota ciudad de Villingen, en lo más profundo de la Selva Negra, fue el hogar desde el que surgió el krautjazz, una forma híbrida de música tan vital e igualmente innovadora que la otra.

Y todo fue debido al nacimiento de un sello discográfico, MPS, iniciales que, aunque todo el mundo del jazz pronto comenzó a extender que eran de “most perfect sound”, en realidad correspondían a Musik Produktion Schwarzwald (Producciones Musicales de la Selva Negra); y aunque totalmente tradicional en su origen, terminó por convertirse en uno de los sellos de jazz más esotéricos de Europa, editando más de 700 títulos entre 1.968 y 1.983. A lo mejor fue una cantidad excesiva, pero la calidad de su producción y sus valores musicales siempre estaban asegurados.

Con una política musical muy aventurera, MPS se extendía muy a menudo hacia los sabores latinos, e incluso flirteaba con la psicodelia y el jazz vocal. El sello sirvió también de introducción de la instrumentación electrónica en el jazz, usando tanto sitars como sintetizadores Moog, lo que fue un duro golpe para los más puristas del género. De la mano de sus técnicos de sonido, los grupos que grababan allí probaban los últimos equipos electrónicos de la época, y de MPS nació lo que ahora conocemos como “jazz-fusion”. Eso hizo que las producciones del sello estuviesen siempre a la cabeza de su tiempo, y muy lejos de lo que en este campo podían alcanzar los demás. Y sobre todo, eran una propuesta mucho más atractiva que el prog-rock de los años ’70… e incluso podía a llegar a dejarte aún más colgado, como conseguía el francés Barney Wilen con este frenético ofrecimiento free-rock de su disco de 1.968 “Dear Professor Leary”.

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Barney Wilen – “Dur dur dur”

El sello lo fundó en 1.968 el pianista Hans George Brunner Schwer (ése de la foto de arriba), para editar una “sesión de medianoche” privada que él había grabado con el gigante del piano Oscar Peterson. Para dar salida a las demás ediciones, construyó también el primitivo “MPS Tonstudio”, un estudio de grabación casero, con una sala de control en la segunda planta, y un salón para tocar en directo diseñado acústicamente para crear un óptimo ambiente de grabación.

La naturaleza independiente de este sello implicó que Brunner Schwer pudo grabar y editar todo lo que le gustaba, incluyendo cosas tan inusuales, pero que le ayudaron a comenzar de forma económicamente viable, como un single promocional de Navidad para un fabricante de medias, curiosamente titulado “The reason why I’m so sexy” (“La razón de porqué soy tan sexy”), interpretado después muy evocadoramente por la chica que ganó el Miss Alemania 1.968.

Y aunque ya habéis escuchado más arriba un par de perlas, para presentaros a algunos de los intérpretes que ayudaron a dar forma a este género olvidado vamos a comenzar por cinco hermanas de ascendencia filipina, que el sello nos dio a conocer a través de uno de los mejores discos que lanzó, “Here and now”, en cuya portada aparecían solas sobre un descarnado paisaje púrpura, una descriptiva metáfora de lo que era su sonido.

Se llamaban THE THIRD WAVE, y aunque su apariencia fuese oriental, en realidad eran de California, y tenían edades comprendidas entre los 13 y los 19 años. Estas hermanas Ente fueron descubiertas por el bajista del grupo de George Duke, y de la mano de los manufacturadores sónicos alemanes, las convirtió en un atractivo grupo de jazz vocal para los fans de Fifth Dimension y Free Design.

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The Third Wave – “Eleanor Rigby”

Si estas chicas eran suaves, la carta salvaje de la escudería MPS la ocupaban los miembros del DAVE PIKE SET, aunque en realidad eran unos jazzistas muy serios, y de muy buena formación musical.

Dave Pike también era americano, de Detroit, pero durante el convulso año 1.968 se asentó en Europa y grabó seis discos de influencia rock para MPS. El Set que reunió era un cuarteto que incluía al legendario guitarrista VOLKER KRIEGEL, del que habéis tenido una muestra de su obra en solitario en la primera de las piezas que ilustran este texto.

De ellos se lee por ahí que sus conciertos te arrebataban la respiración; y que casi toda su obra musical es esencial por lo innovadora que fue… aquí tenéis una pieza que ilustra lo que os decía antes sobre la inclusión del sitar (cortesía de Volker) en el jazz: “Mathar”.

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Dave Pike Set – “Mathar”

Los más talluditos de los lectores que andáis por aquí seguramente recordaréis la ola de emigración que llevó a tantos de nuestros familiares y conocidos a buscar pastos más verdes fuera de España. Alemania fue el principal destino de los que salieron de aquí, y de otros muchos lugares, porque era el país que más y mejores opciones les daba para su desarrollo laboral. Y esto es algo que debió ocurrir en todos los campos, incluyendo el de las artes musicales; y el sello MPS es un ejemplo perfecto de este movimiento social. Hasta ahora, los dos grupos anteriores que hemos visto que grababan allí eran de origen americano, emigrados para encontrar un público que apreciase su arte más que sus paisanos. El sello acogió también a intérpretes de toda Europa. Ya hemos tenido a un francés; el que sigue, BORA ROKOVIC, era yugoslavo.

Lo suyo es una lección magistral de la escuela (de la que tan adepto es nuestro amigo Vidal) del “menos es más”. Al llegar a Alemania, Bora echó los dientes, musicalmente hablando, como compositor y arreglista en el circuito de las big-bands de Colonia; pero muy pronto rechazó su formación clásica y rompió el libro de reglas musicales. Usando solo el piano eléctrico, un bajo y una batería, su música tenía una percusión primitiva y unos patrones de bajo que apenas arropaban el escaso paisaje que presentaban las composiciones que interpretaban.

Su fuerte en realidad era el de arreglista, y disfrutaba metiéndole rítmos jazzísticos a las composiciones de algunos maestros clásicos. Cosa que le originó algún que otro problema, porque el hijo de Richard Strauss, al ver lo que Bora había hecho con el vals “Rosenkavalier” de su padre, le dijo que no tenía derecho a jugar así con composiciones que no le pertenecían.

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Bora Rokovic – “J. B. W.”

La Escuela Superior de Música de Varsovia produjo muchos músicos extraordinarios, entre ellos NOVI SINGERS, un cuarteto vocal que ya editaba discos antes incluso de graduarse en la escuela. Y que también tuvieron que asentarse en Alemania para demostrar que estaban a una distancia de años luz en cabeza de su tiempo.

Su nombre, Novi, eran las iniciales de “New Original Vocal Instruments”, y tras él se escondían estos polacos, que eran una colisión entre Os Mutantes y los Swingle Singers.

Los Novi Singers pensaban que la voz humana puede ser un perfecto instrumento del jazz, y que tiene infinitas posibilidades en el sonido, la expresión y la interpretación; por eso decidieron adentrarse en un campo en el que aún había mucho por hacer, y se convirtieron en improvisadores reales: creaban música mientras cantaban. Eso hacía que a veces tuviesen que pasar mucho de las letras, que al fin y al cabo, te suelen hacer difíciles las improvisaciones, y se centrasen más en el dinamismo del rítmo. Y de ahí sacaban todos los temas que después escribían, pulían e incluían en sus discos, que estaban poblados de canciones influenciadas por muchos movimientos musicales, desde el jazz moderno hasta el bossa-nova. También se balancearon siempre entre los recitales de Chopin y la psicodelia, llegando a escribir finalmente, en 1.970, este “My own revolution”, una oda de influencia beatleliana sobre la libertad personal.

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Novi Singers – “My own revolution”

Es posible que a la vista de piezas como ésta última penséis que la aplicación de la etiqueta de “jazz” a esta música a veces parece hecha con demasiada libertad. Y en realidad no os faltaría razón, porque el jefe de este sello, Brunner Schwer, no era, después de todo, una persona demasiado enamorada de la escena “free-jazz”, y sus gustos ámplios son los únicos capaces de explicar porqué permitió a WOLFGANG DAUNER manejar los botones de su estudio de grabación.

Uno de los pioneros de la libre improvisacion, Wolfgang era un compositor intrigante y un pianista ambicioso que combinaba el jazz, el rock, la música electrónica y elementos de la ópera y el teatro para crear unos trabajos de muy ámplio enfoque. Sus mejores obras eran muy provocativas, tanto a niveles musicales como de conceptos culturales.

Y cuando digo provocativas debería decirlo con mayúsculas, porque aunque Wolfgang trabajó con las mayoría de las estrellas del jazz de Europa y América, él no solo componía música, sino que también realizó algunos eventos y performances extraños e incluso escandalosos para aquellos primeros años ’60. Si hablamos de músicos que rompiesen o quemasen sus instrumentos, enseguida se nos vienen a todos a la mente los nombres de Keith Moon, Pete Townshend, Jimi Hendrix; sin embargo antes que ellos él ya rompía sus violines durante el concierto, e incluso una vez prendió fuego a su piano. En otra ocasión cubrió las cabezas de los componentes de uno de los más renombrados coros de Alemania con medias de nylon para que así solo pudiesen emitir ruidos…

Y no es de extrañar, por ello, que lo que salió de aquellas sesiones fue un embriagador mejunje que llevaba en su interior lo mejor de los trabajos de los primeros artistas de la MPS. Este “Take off your clothes to feel the setting sun” incluye también un sitar y un intento de letra hippy. Para oídos como los nuestros, por los que han pasado decenas de años de escuchas de todo tipo, esto puede sonar ahora profundamente defectuoso… pero sigue siendo una delicia.

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Wolfgang Dauner – “Take off your clothes to feel the setting sun”

PETER HERBOLZHEIMER merece especial atención como el hombre que introdujo el “hip” en las big-bands de jazz. Todos hemos comprobado más a menudo de la cuenta, como los encuentros entre las secciones de metal y los combos de rock resultan ser muy poco recomendables. Sin embargo, discos como el “Wide open” de Peter Herbolzheimer son toda una revelación, el sueño de cualquier arreglista y una obra de primera clase en la que la inclusión de metales no queda como una irritante puñalada trapera.

Rumano de nacimiento, pero residente alemán desde los 16 años, en que tras una etapa de estancia en Detroit comenzó a convertirse en músico en el Conservatorio de Nuremberg, Peter fundó en 1.969 The Rhythm Combination & Brass, la gran banda para la que escribió la mayoría de sus arreglos, que incluía al gran maestro del órgano Doeter Reith, además de una increíble sección rítmica. Peter Herbolzimer grabó 10 LP’s con esta formación y se convirtió en una de las estrellas más brillantes del jazz europeo.

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Peter Herbolzimer – “That ol’ bus smell”

Antes de la formación de MPS existía otra discográfica llamada SABA, de la que Brunner Schwer heredó su pequeño catálogo y continuó editando sus discos a través de su nuevo sello. De SABA provenía KAREL VELEBNY, un profesor de música checo especialista en vibráfono, que formó equipo con los músicos del Puppet Theatre Band de Praga para formar un grupo fantástico y original, que añadía a su música oboes y fagots.

Los discos que editaron son dignos de investigación, porque mostraban una gran variedad de facetas, incluyendo el swing y los instrumentales más descentrados, y porque hacen de esta banda uno de los ejemplos más claros que conozco de esa corriente que se dio en llamar “third stream music”, y que era el término usado para definir el crossover entre el jazz y la música clásica. El mejor disco para empezar la investigación: “Nonet SHQ and Woodwinds”, grabado casi clandestinamente tras una accidentada huida a Alemania en 1.968, huyendo de los tanques rusos que nublaron la primavera de Praga.

El término “free jazz” normalmente solo tiene significado en el contexto musical. Pero a la luz de los sucesos de aquel año en Praga y de la posterior invasión soviética que se desarrollaron en el tiempo de la grabación de este disco, hay también aquí un contexto político que lo impregnó, de forma que la música que contiene era tan desenfrenada y rabiosa como el propio Karel Velebny había anhelado ser.

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Karel Velebny – “Nude”

Hasta que en 1.983 Brunner Schwer se negó a dar el paso hacia la tecnología digital, y para no vender su alma al CD vendió en cambio sus derechos a Phillips, la MPS continuó editando discos sin que sus niveles de calidad bajasen con el paso del tiempo. Y RIMONA FRANCIS es una evidencia de que el listón seguía alto en los días finales.

Rimona era natural de Israel, pero desde muy pequeña vivió en Bulgaria, y había formado un grupo de jazz-rock muy respetado, que había aprendido bien el oficio haciendo continuas giras por el circuito de kibbutzs de su país de origen. Después se marchó a New York a ampliar sus horizontes, y a la vuelta se encerró en los estudios de MPS para realizar unas sesiones en las que fundía su amor por Bela Bartok con el ultramoderno free-jazz que había aprendido en los USA.

Cuando Rimona grabó su primer disco la noción de la llamada “world music” todavía no estaba tan tergiversada como llegó a estarlo con el paso de los años, y ella practicaba este género en estado puro: israelí, búlgara, neoyorquina, cantando y tocando el piano con músicos de USA y Europa Central… lo que salía de ella era una mezcla cosmopolita que muy bien podríamos llamar “música de los continentes”. Pero ella no se para ahí, Rimona Francis se sentía igual de cómoda tanto en el rock como en la música clásica, grabando tanto con Miroslav Vitous como con una orquesta sinfónica; nunca quiso restringirse a un solo estilo musical, y su talento para combinar el sonido de saxo de, por ejemplo, Paul Desmond o Sonny Stitt con la vocalización de Sarah Vaughan o Ella Fitzgerald, sin ser meramente una imitación del “sonido negro” ciertamente favoreció su carrera musical.

En el disco que editó con su nombre, ya desde el primer tema, “Bulgarian beans”, fundado en las tradiciones musicales de Macedonia y Bulgaria, luce su enorme rango vocal, revoloteando desde el “scat” (ya sabéis, esa forma del jazz de cantar palabras sin sentido: dubidubida, babedibaba, babedubidabedubaba) hasta las improvisaciones estilísticas de Yoko Ono.

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Rimona Francis – “Bulgarian beans”

Y podíamos seguir, haciendo este post casi eterno, pero como con estas muestras ya tenéis suficiente para hacer vosotros mismos camino al andar si queréis descubrir más gemas, vamos a terminar con una pincelada latina, de esas que al principio os decía que la aventurera política musical de la casa rebuscaba en los terrenos más cálidos del jazz. Y lo vamos a hacer de la mano del guitarrista Ira Kris.

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Ira Kris – “Reza”

SÍ, QUIERO

1.993

-Oye, ¿sabes que José Luis se ha casado?

Fue lo primero que el Gordo me dijo nada más entrar en su tienda de discos. Y no me lo creí en absoluto.

José Luis era uno de los variopintos socios que comenzaron la andadura de Producciones Informales, una agrupación de amantes de la música rock que, de forma aún más informal de lo que pudiese indicar su nombre, nos dedicábamos a organizar conciertos en Sevilla con grupos extranjeros de los que venían de gira por España.

La tienda de discos del Gordo era la base por la que todos solíamos pasar en algún momento y el único local físico que teníamos para que entrase y saliese todo el material que hacía falta para la organización de los conciertos. Poco a poco la mayoría de los que empezaron se fueron quedando por el camino, e incluso ya ni siquiera existíamos como colectivo. Pero entre varios de nosotros se establecieron lazos de amistad que hacía que siguiesemos viéndonos por la tienda o que, al menos, no faltasen las noticias sobre las andanzas de unos y otros.

José Luis era médico. Pero al contrario que el Profe Franz, el otro médico del grupo, ni su apariencia ni su comportamiento se ajustaban a los cánones que definen a los doctores en medicina habituales. Su ropa consistía la mayoría de las veces en una camiseta bastante usada en la que podían leerse nombres de grupos musicales de los llamados de culto, o provocativas proclamas, y en un pantalón vaquero raído y deshilachado, que lucía rotos al estilo grunge en las rodillas, los muslos, y unos grandes rotos horizontales en las culeras, que a veces tenían un tamaño por el que se podía ver más superficie de los gayumbos que del propio pantalón.

Siempre iba rapado y luciendo pendientes o piercings, principalmente en las cejas y la nariz, pero de un tamaño pequeño y discreto que, en realidad, le sentaban muy bien. José Luis era un tipo guapetón y bien plantado, con el que casi siempre era un placer charlar, y al que no le importaba demasiado si en esos momentos tenía trabajo o no. Aunque no le faltaban contratos temporales en los ambulatorios de los pueblos de alrededor, donde la mayoría de las veces era bastante cuestionado por su apariencia, lo que llevaba a que también lo hiciesen por su profesionalidad.

“Quillo, no entres que el médico es un punkie”, nos contaba José Luis que oyó como uno de los pacientes se dirigía al que tenía el turno siguiente en su consulta del ambulatorio de La Algaba.

-Anda ya, Gordo… te estás quedando conmigo.

-Que sí, joé, que se ha casado. –insistía ante mi negativa.

Yo continuaba sin creérmelo. Él no era del tipo de los que se casan, ni sus circunstancias eran las idóneas para ello, ni nunca nos había comentado absolutamente nada de ese tema. Vamos, que no… Y estaba ese otro importante detalle:

-Que no, Gordo, que no me creo nada. Además, ¿Cómo se va a casar si las bodas entre hombres no están permitidas?.

José Luis, cuando salía el tema, siempre nos decía que era bisexual. Pero aunque nosotros sabíamos que tenía algunas amigas en el grupo con el que solía juntarse para las noches locas del “Poseidón”, sabíamos también que a él quienes en realidad le iban eran los tíos. Con ellos había sido siempre con quienes había tenido los escarceos sexuales que le conocíamos o que le intuíamos.

Y era tan efusivo que cuando nos veía a alguno de nosotros lo primero que hacía era besarnos, sin mirar demasiado donde lo hacía. Y no me refiero solo a estar en la calle o en algún sitio público lleno de gente, sino que tampoco reparaba demasiado en donde te plantaba el beso, y cuando era demasiado cerca de los labios no podíamos evitar un cierto rubor avergonzado.

-Se ha casado con una tía, hombre… -apostilló el Gordo tras una risita que dejaba entrever que me estaba leyendo el pensamiento.

-Pues por mucho que te empeñes, yo sigo sin crérmelo. ¿Cómo se va a casar José Luis? Te habrán gastado una broma, o algo…

Porque José Luis era enemigo de las instituciones, y a mí no me cuadraba que ahora, de pronto, se metiese de cabeza en una de las más sagradas de todas ellas. Su pensamiento político y social era tan radical y anárquico que a veces era mejor no estar muy cerca de él cuando realizaba alguna de las acciones “militantes” que tanto nos divertían, pero que podían costar muy caras si llegaban a pillarte; como aquella noche, al inicio de la Guerra del Golfo, en el que no se le ocurrió otra cosa que pintar en las paredes del Ayuntamiento aquello de “Sadam, sodomízalos a todos”.

Es más, no solo no me lo imaginaba casado, sino tampoco unido a ninguna otra persona de manera fija, aún sin pasar por capilla.

-No es ninguna broma, se ha casado de verdad. –insistía el Gordo.- Pero es una boda temporal.

-¿Temporal…? Ahora sí que no lo entiendo. A ver, explícame eso. –le pedí.

-Es que un tío que él conoce tiene una amiga, o una de su familia… no lo sé muy bien, que es marroquí y está aquí sin papeles ni nada. Y la han pillado y van a echarla. La van a devolver a su país. Y la chavala tenía un dinerillo juntado, o que le han enviado… tampoco lo sé muy bien; y se lo ofrecía a algún tío que quisiera casarse con ella para poder quedarse en Sevilla.

-¿Y José Luis ha hecho eso…?

-Sí. Pero no por el dinero, que no se lo ha aceptado. Lo hace solo por hacerle el favor. Total, dice que a él lo mismo le da estar casado que soltero, va a seguir viviendo igual… y para esa chica puede suponer la vida. Se casan, siguen cada uno su camino, a ella le dan los papeles que necesita. Y cuando pase un tiempo pues se divorcian… o siguen cada uno por su lado como si nada hubiera pasado… ya sabes que a éste los papeles le dan bastante igual.

-Joé… pues sí que lleva lejos este tío la solidaridad.

Mi admiración era real y sincera.

2.009

La cola para facturar el equipaje era cansina. No parecía avanzar siquiera. Habíamos llegado al aeropuerto con casi una hora y media de antelación al embarque en el avión que nos llevaría a Roma. Pero aún a pesar de que apenas eran poco más de las seis y media de la mañana, ya se habían formado tres colas ante los mostradores de Vueling, los únicos abiertos, que atravesaban casi por entero el amplísimo espacio de la terminal de salidas del aeropuerto de San Pablo.

Madrid, Barcelona, París, Bruselas… y Roma. Y todos los destinos con aviones de la misma compañía. Y todos allí, arrebujados en las mismas colas. De vez en cuando un respiro, porque al lado de los que ya funcionaban se abría otro mostrador para atender a los viajeros de una ciudad determinada. Se ve que cuando quedaba poco tiempo para uno de los embarques, procuraban darse prisa en terminar con todos los que tuviesen que volar ahí.

Pero de todas formas la espera se tornaba aburridísima. La chica que tenía delante se volvió hacia mí y me habló.

-A este paso no llegamos a facturar a tiempo para el embarque… ¿usted también va a Roma?

Me lo dijo en un perfecto castellano, sin acento apenas perceptible. Pero aunque ni su forma de hablar ni su ropa lo declarase, a mí me pareció que debía ser natural de algún país del Magreb.

En la cola tiraba de un inmenso maletón e iba acompañada de un chaval muy joven que miraba distraídamente hacía ningún sitio en especial, como si nada de aquello fuese con él.

Le contesté que sí, y continuamos una intrascendente charla sobre lo mal que tratan las aerolíneas y las empresas de servicios en general a sus clientes. El niño no dijo una sola palabra en todo el rato. A medida que pasaban los minutos notaba como el nerviosismo de ella iba en aumento, y entre frase y frase parecía buscar con la mirada a alguien entre las personas que iban llenando cada vez más la terminal. Seguramente también viniese acompañada por alguien que, como mi esposa y el matrimonio amigo que nos acompañaba, anduviese por ahí curioseando, tomando café o fumando en algún sitio donde no estuviese prohibido hacerlo.

Cuando yo también comenzaba a dudar de que lográsemos facturar a tiempo y mi paciencia ya estaba a punto de hacer que los nervios de ella pasasen también a ser míos, ví como se abría otro de los mostradores, bajo un letrero luminoso en el que podía leerse “Roma”. Mientras se lo indicaba a mi compañera de fila y me encaminaba hacia allí ya se me habían adelantado unos cuantos. La chica morita no me siguió; seguramente pensó que ya no valía la pena cambiarse de fila, porque la que se había formado era casi tan larga como ésta en la que ella estaba.

Aún así, esta cola nueva avanzaba mucho más rápido. Cuando miraba hacia ella la veía también mirando hacia aquí, y en sus ojos, además de los nervios y la impaciencia, me parecía leer también su arrepentimiento por no haberme seguido.

Cuando estaba a punto de facturar aparecieron mis tres acompañantes y terminamos la burocracia previa. Salimos hacia la puerta de embarque. La otra chica aún tenía delante a tres o cuatro viajeros.

Ya más relajados, una vez pasado el control de seguridad me entretuve un rato en el bar sin darme cuenta de que tampoco nos quedaba mucho tiempo que perder. Y encima resultó que la puerta por la que teníamos que embarcar estaba al final de un larguísimo pasillo que tuvimos que recorrer a buen paso, por si acaso. A pocos metros del final, y ya tranquilos porque veíamos que aún quedaba gente por embarcar, fue cuando la chica con la que compartí la charla de la cola nos adelantaba por la izquierda a toda velocidad, tirando de la monstruosa maleta, y seguida por el callado chaval y por un hombre en camiseta y pantalón corto, que llevaba en brazos a una niña pequeña.

Parece que nuevamente íbamos a ser compañeros de fila, porque para entrar estábamos tras ellos. En un determinado momento el hombre que la acompañaba se giró y pude verle la cara. Por su expresión comprendí que él me había reconocido a mí unos segundos antes que yo a él. Y lo cierto es que en realidad desde la última vez que nos vimos había cambiado menos que yo; o al menos eso me parecía. José Luis seguía con la misma cabeza rapada, el mismo semblante risueño, la misma sonrisa abierta que le recordaba de los tiempos de la tienda del Gordo. Lo único diferente es que ahora estaba un poquito más gordo él también.

Cuando ya estaba preparado para recibir sus besos lo que hizo fue tomarme la mano. Para tras un breve y fuerte apretón abrazarme alegremente.

Él ya conocía a mi mujer, y nos presentó a la suya, sorprendiéndose un poco de que ya nos conociésemos también. Y luego a sus hijos: la pequeñita que llevaba en brazos, y el tacirturno chaval, del que me dijo que tenía trece años y que lo había puesto a estudiar piano, a ver si conseguía hacer de él un buen músico.

Charlamos de generalidades sobre Roma, y me dijo que ahora tenía un puesto fijo en un ambulatorio de Sanlúcar, y que vivía allí desde hacía tiempo. Le contesté que sí que debía hacerlo, porque la última vez que lo ví fue hace ya muchos años y recuerdo que estaba trabajando allí.

Mi compañera de colas habló entonces.

-No. Ahora vivimos en Sanlúcar de Barrameda. Seguramente tú debes referirte a alguna vez que os vísteis cuando estaba trabajando en Sanlúcar La Mayor por el tiempo en que tuvimos a nuestro hijo.

1.996

Apenas había dejado atrás la Plaza del Museo cuando casi me dí de bruces con él. Yo, como solía hacer siempre, caminaba de forma rápida, y él andaba parsimoniosamente, haciéndole carantoñas a un niño muy pequeño que llevaba en brazos, y que se movía tanto que a veces gateaba hasta su hombro.

-Coño, tío… ¡qué alegría verte! ¿Cómo estás…? Hace siglos que no sé nada de ti.

Seguimos andando juntos un rato más. Me dijo que no era yo el único que no le veía, que ahora apenas salía, porque al final había sentado la cabeza y se había convertido en una persona seria y formal; incluso tenía trabajo fijo. Ahora vivía aquí cerca, en la calle Torneo, y hacía casi todos los días un rato de autobús hasta Sanlúcar, donde tenía una plaza de médico de cabecera. Me contó que se había casado hacía ya casi tres años… y le interrumpí…

-Tres años. Algo de eso me contaron. Pero también me dijeron que era una cosa temporal y fingida, solo para que no enviasen a una chica extranjera de vuelta a su país…

-Y esa era la idea. Ni yo mismo me imaginaba entonces que me iba a enamorar de ella de una forma en que no me importó renunciar a la vida que llevaba.

-Pues sí que debió ser fuerte, porque tú eras el tío más juerguista y promiscuo que he conocido nunca. Y las mujeres y tú…

-Así era, -se reía. –Sin embargo, ya me ves ahora. Una vez que nos casamos le dije que se quedase durante unos días en el estudio aquél que yo tenía, pero ya nunca salió de allí hasta que necesitamos un piso más grande, que ya fue de los dos. Hace cinco meses hemos tenido un hijo. Y ya no concibo la vida sin ellos.

-Saliste ganando, José Luis, con el cambio. Y tuviste el premio que merecías. La libertad que le ofreciste a ella con tu acción resultó también ser la tuya propia.

ARRIVEDERCI, ROMA

Creo que ya no voy a volver más a Roma.

Es una aseveración extraña para alguien tan enamorado de Roma como yo, ¿verdad? Pero es que esta vez he vuelto con la sensación de que a los romanos, desde el más alto munícipe, hasta el más humilde camarero, pasando por los dueños de restaurantes y los conductores de autobuses, se han quedado establecidos en la creencia de que los visitantes seguirán acudiendo a su ciudad de todas maneras, aunque ellos no hagan nada por cuidar su patrimonio material, social y cultural. Y por eso yo no voy a volver más. Sé que un grano no hace granero… pero ayuda al compañero. Sé que juego con ventaja porque yo ya conozco unas maravillas que solo pueden conocerse yendo allí. No trato de convencer a nadie, la mía es una decisión personal; pero estoy seguro de que si la siguiesen muchos turistas más, los romanos no tendrían más remedio que espabilar. Porque se han quedado anquilosados, y sobre Roma hay que comenzar a revisar muchos tópicos.

Esta diatriba no va sobre las maravillas que sigue conteniendo Roma. Sus ruinas romanas siguen siendo el testimonio de más de dos mil quinientos años de historia, y forman un conjunto arqueológico y antropológico que nadie debería morirse sin contemplar alguna vez. Y sus fantásticos templos cristianos, con todo el arte y la cultura que contienen, siguen siendo impresionantes. Y siguen teniendo ese aura que solo podían lograr los constructores de las grandes catedrales, con sus conocimientos casi místicos, y los artistas renacentistas que cambiaron el dinero vaticano por obras artísticas que te dejan sin respiración. Entramos en ellos y somos transportado a otro mundo etéreo. Nos acercamos a una escultura de Miguel Angel y notamos en nuestro interior algo parecido a lo que el gran escritor Stendhal debió sentir al entrar en el Panteón, y que ahora conocemos como el síndrome que lleva su nombre.

Estamos en Roma… la ciudad eterna…

Pero salimos a la calle, y estamos en Roma… la ciudad cada vez más perecedera…

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Sam Cooke – “Rome (wasn’t built in a day)”

Prueba irrefutable de que, aunque a veces lo parezca, en este blog no se cuentan mentiras, es que saqué el brazo de la Bocca della Veritá con la mano íntegra y todos los dedos en perfecto estado para seguir tecleando.

Tampoco trato de enviar invectivas a esa materialidad a la que se refería nuestra amiga Dama en su comentario de hace algunos días sobre “la realidad Vaticano-Audis por doquier”. Aunque allí ocurra en mayor medida al ser el centro católico del mundo, pero es una objetividad que se cumple en todos los paises en los que haya iglesias y cardenales. No voy a decir que el tesoro del Vaticano serviría para arreglar muchas penurias del tercer mundo porque no quiero que este texto caiga en la demagogia en ningún momento. A eso ya estamos acostumbrados y lo vemos también aquí en Sevilla más que en casi cualquier otra parte del mundo. Pero sí que es sangrante que entremos en una de las cuatro basílicas patriarcales, como es Santa Maria Maggiore, y se nos caiga el alma a los pies viendo los artesonados del techo, los mosaicos del coro… y en todas y cada una de las capillas laterales un bochornoso cepillo pidiendo unas monedas para ayudar en la reconstrucción. Vuelvo a decir que no quiero ser demagogo, y por eso no voy a mencionar siquiera que podrían desmontar algunas de las fabulosas columnas de oro con incrustaciones de lapislázuli de la tumba de San Ignacio, o incluso vender cuatro o cinco artísticos cálices de esos que tienen guardados en cualquier sagrario sin usar desde hace siglos. No… el arte no tiene que ser moneda de cambio. Pero me da la impresión de que bastaría con que recogieran los intereses generados por alguno de sus fondos financieros de Zurich. Seguro que incluso les sobraría para adecentar la columna de la plaza y quitarle los jaramagos silvestres que los concejales de cultura o urbanismo dejan crecer en ella desvergonzadamente.

Me temo que el Papa actual es muy diferente de aquellos otros del siglo quince y de principios del dieciseis, que supieron emplear la enorme riqueza que el Vaticano había acumulado, mientras que la desidia del Ayuntamiento romano no difiere demasiado del poder devastador de Carlos I de España a la hora de saquear la ciudad.

Y no es que uno vaya por el mundo de mezquino, porque eché monedas en bastantes de esos cepillos; pero por razones muy diferentes. Al salir de viaje intento desprenderme de las capas iconoclastas y quedarme solamente con las mitómanas; y por eso me dejo influir por la cultura, por la estética o por los recuerdos y vivencias personales, y me fotografío y dejo monedas ante la tumba de Pio XI, que fue el papa que dio nombre a la escuela sevillana en la que por primera vez un profesor me imbuyó el gusanillo de la escritura; ante el sepulcro de San Ignacio de Loyola, que es el santo que le da nombre a la iglesia del Polígano, junto a la que he vivido tantísimos años; o ante la tumba de Santa Gemma, encontrada por casualidad en un templo que no forma parte del circuito turístico, y que precisamente por eso no fotografié, ya que en aquel momento se estaba celebrando una boda, y al estar cerca del altar mayor no quise dar el cante; pero a cambio del pequeño óbolo sí que puse una velita encendida en una de las bandejitas con forma de hoja que formaban parte de la grandiosa palmatoria, con una persona amiga en mente… que cree en la religión aún menos que yo. Pero hay cosas que no se hacen por motivos tangibles.

La dualidad entre lo sagrado y lo profano queda en Roma suficientemente establecida cuando uno cambia sin solución de continuidad los lienzos de Caravaggio de Santa Maria del Popolo, por las telas de los trajes de los escaparates de las tiendas de Valentino o Armani que hay en la Via del Babuino, que es la que hay que tomar para ir desde esa iglesia hasta la famosísima Piazza di Spagna… a ver, los lectores que conozcan Sevilla… ¿os imagináis paseando por la calle Tetuán y encontraros ratas? No creo que el saneamiento de la ciudad sea tan caro ni difícil, y debería ser algo prioritario. Y es extraño esto de los roedores por el centro, porque Roma está llena de gatos… hay incluso colonias de ellos en el interior de conjuntos monumentales como las Termas de Diocleciano o el Palacio Spada, en el que hasta hay carteles avisando de que tengas cuidado porque estás en territorio felino… y son enormes, gordísimos, ladinos, que te observan aviesamente… increíble.

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Rita Pavone – “I gatti di Roma”

A lo mejor llevaba razón nuestra amiga ZP cuando dijo que aún no había perdido mi encanto, porque alguna romana perdió la cabeza por mí.

Ni tampoco debe ser excesivamente costoso gastar una parte del presupuesto destinado al mobiliario urbano en más papeleras… el pequeño vasito en el que me sirvieron el helado en la sobrevalorada “Giolitti” no pude tirarlo hasta llegar a la Piazza de la Colonna y cruzar la ancha Via del Corso porque al otro lado se vislumbraba una papelera. En ese trayecto, en Sevilla, hubiese encontrado 10 o 12 de ellas… otra cosa diferente es que aquí se utilicen más o menos que allí.

Los helados… por ahí arriba hablaba yo sobre revisar tópicos. Y quisiera recordaros que no estoy hablando de Italia entera; esta vez no he estado en Padua, ni en Siena, ni en Florencia, ni en Milán, ni en Asís… esta vez solo he estado en Roma, y es a esta ciudad a la que me estoy refiriendo únicamente. ¿Dónde están esos helados que pasan por ser los infinitamente mejores del mundo? En “Giolitti” no, en las terrazas de Piazza Nabona tampoco, ni en los variados restaurantes en los que he estado pidiéndolos de postre tras cada comida y cena… No están malos, casi ningún helado suele estarlo, pero la textura, la diversidad de sabores, son un mito que se derrumbó seguramente hace bastante tiempo. Te los sirven en cucuruchos o vasitos, de cualquier manera; en algún bar usan copas de cristal, pero olvídate de los detallitos y ornamentos que usan por aquí. ¿Si digo que prefiero los del “Rayas” me diréis que estoy muy chauvinista? Perdón si lo parece, pero es que Sevilla es la ciudad que tengo más a mano para comparar… y eso que aquí tenemos un Ayuntamiento de risa y un servicio de restauración cada vez menos servicial. Además, con lo que te cobran allí por cualquier helado podrías comprarte un kilo del Häagen-Dazs que más te apetezca, y estaremos de acuerdo en que esos sí que son buenos… no?

Seguramente los romanos comerán pasta buenísima y variada en sus propias casas, sobre todo si las prepara una madonna clásica con mucho amor y tranquilidad, pero os juro por lo más sagrado que en cualquiera de los varios restaurantes “San Marco” de Sevilla hay más variedad y calidad en los platos de pasta que en los ristorantes, trattorias y osterias de Roma; e incluso de la socorrida pizza solo aparecen las mismas cinco o seis variedades en todas las cartas. Otra antigua realidad convertida ya también en tópico. Los menús de unos lugares a otros se repiten hasta la saciedad, comida uniforme, sin demasiada calidad, ninguna variedad y preparada de cualquier manera. Y el muestreo del que me valgo para decir esto me parece suficientemente representativo porque todas las comidas y cenas las hice en restaurantes, de diferentes categorías y en diferentes zonas, tanto turísticas como de paisanaje local. Se encuentran honrosas excepciones, por supuesto; podemos encontrarnos un plato de muy buen gusto en un local de mediana clase de los alrededores de Termini, o dar por casualidad, buscando otro que estaba cerrado, con un restaurante enclavado en pleno Vaticano, en el interior del antiguo Hospital del Espíritu Santo, cuyo patio es un excelente lugar para comer tranquilamente, así como también lo es (nos trasladamos allí para el postre y el café) su interior, unos enormes salones llenos de frescos por las paredes y los techos, que habían sido dependencias personales de uno de los Papas de la familia Della Rovere. Perlas en el mar, como escribió Aute.

Todo esto no son más que unos ejemplos concretos para ilustrar la dejadez de los romanos, que con su apoltronamiento y su dejarse llevar por la inercia de la fama de la ciudad, están consiguiendo que sea una sensación de decrepitud, más que de clasicismo, la que uno se encuentra ahora andando por las calles de Roma. Siempre se ha dicho de ella que es tan grande y hay tanto que mantener que debemos volver varias veces porque siempre encontraremos algo en pleno estado de conservación, de lo que no podremos disfrutar en algún momento. Y sí, anteriormente me he encontrado yo mismo con una pared de la Capilla Sixtina tapada por restauración, o con el Arco de Constantino invisible porque estaba cubierto de andamios y protecciones; pero ese no es el caso actual. Se ven andamios (pocos) y grúas (poquísimas), y los pedazos caen con más rapidez de lo que se levanta un enlucido.

Y el olor. Desde los puentes Garibaldi o Fabricio siempre se olían los vapores de las comidas, de las carnes a la brasa, de los fritos de los locales de la orilla del Tíber. Ahora solo huele mal… simplemente mal.

El encanto del mercadillo de Porta Portese se ha diluido. Igual te daría pasear por el del Charco La Pava; ya ni siquiera queda la simpatía del regateo con aquellos mercachifles que se ofendían si les hacías una oferta a la baja porque ellos eran “romanos de séptima generación”. Las casetas de la Piazza de la Repubblica, que podrían constituir perfectamente otra Cuesta de Moyano, solo se encuentran atestadas de saldos y basura. La Via Lungaretta, del Trastevere, ya solo es una calle más de aburrida marcha nocturna y restaurantes flojitos atestados de turistas, en la que la gloria de llegar a través de ella hasta Santa María In Trastevere puede verse empañada por la miseria de perder un tobillo en un pavimento que seguro que tenía mejor conservado el ayuntamiento del año 1.609, que el que gobierna la ciudad cuatrocientos años después…

Así que por todas estas cosas, y algunas más… arrivederci, Roma. Para siempre.

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Dean Martin – “Arrivederci, Roma”
(Tal como la presentó y emitió Bob Dylan en su programa de radio a principios del año pasado)