Atrapado por el blues de Memphis
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LA ESTIRPE DE GODZILLA

Contrariamente a la creencia popular, la música psicodélica no estuvo confinada en el lado occidental del mundo en los años ’60, sino que su efecto se hizo sentir de forma global.

Los Beatles y los Rolling Stones crearon una nueva corriente musical también en el extremo más oriental del planeta, donde fueron muy bien acogidos por los fans japoneses del pop naciente cuando sus sonidos invadieron Tokyo. Como consecuencia de ello surgió allí un movimiento llamado Group Sounds, que llevó a cientos de jovencitos japoneses a formar instantáneamente bandas similares que grabaron sus propias y personalizadas versiones de lo que estaba surgiendo en Londres y Liverpool y, posteriormente, en San Francisco.

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Musica Transonic – (Vete tú a saber qué significan estos carácteres japoneses…)

Cuando la escena Group Sounds comenzó a decaer con el final de la década de los ’60, fue reemplazada por un sonido más progresivo de “new rock”, que fue la base para la fundación de una floreciente escena psicodélica japonesa, tan bien construida que aún hoy perdura. Aunque las influencias que condujeron a esa psicodelia japonesa eran occidentales principalmente… Cream, Blue Cheer, Quicksilver Messenger Service, Tim Buckley, Can… las motivaciones y las ideas eran totalmente originales.

El único sello independiente japonés, pionero en lanzar esta música, es PSF, que todavía continúa existiendo, con un catálogo de aproximadamente 250 títulos de una variedad realmente sorprendente, que va desde el hard rock psicodélico de Fushitsusha, Musica Transonic y High Rise, hasta otras bandas más suaves y centradas melódicamente como Ghost, Acid Mothers Temple y Toho Sara. Hay también un buen número de grabaciones de jazz experimental del saxofonista, ya fallecido por desgracia, Karou Abe, que destelló de forma brillante antes de consumirse prematuramente a los 30 años de edad.

Puede resultar un post muy freaky, pero vamos a hacer en él un viaje a Extremo Oriente, para visitar el desconocido mundo de los sonidos trituradores de oídos y derretidores de cerebros que es la psicodelia japonesa.

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The Spiders – “Johnny B. Goode”

Si hay que comenzar por lo más parecido al principio deberíamos hacerlo por The Spiders, una de las bandas de más éxito de las que englobó el Group Sounds, que creó su propia red de sonido que capturaba el ambiente de rock garagero de los ’60 al que se aferraron.

Los fichó una compañía multinacional, Phillips, para la que grabaron una plétora de originales como “Mr. Monkey” o “Furi Furi ‘66”, en los que parecían totalmente colgados, junto a unas versiones bastante insanas del “Johnny B. Goode” de Chuck Berry y el “Inside looking out” de los Animals, que siguen sin envejecer cuatro décadas y pico después. Uno de los secretos mejor guardados de la cultura japonesa.

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The Spiders – “Inside looking out”

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The Mops – “The letter”

La segunda generación de bandas del Group Sounds fue tan inventiva como la primera… en realidad lo que más les diferenciaba es que los miembros de éstas nuevas tenían el pelo mucho más largo. Una de las mejores de esta nueva hornada fue The Mops, un grupo muy florido, en la onda visual de Love, que recogía los ecos del garaje rock de los anteriores y le añadía unas dosis extra de furia guitarrera llena de fuzz y unas voces que salían de la garganta de un cantante más enloquecido.

Su endemoniado disco “Psychedelic sounds in Japan” era un collage perfectamente construido de psycho pop alucinógeno que incluía versiones distorsionadas del “The letter” de los Box Tops y del himno del flower power que escribió Eric Burdon, “San Franciscan nights”.

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The Mops – “San franciscan nights”

Cuando después de Beatles y Stones llegaron a Japón por fin Hendrix y Led Zeppelin, las bandas del Group Sounds fueron derrocadas por este nuevo movimiento del rock. Como sus homólogos occidentales, esta nueva generación de músicos se echó en brazos de los largos desarrollos de blues-rock y psicodelia. Bandas como Flied Egg, Food Brain y Farout fueron claves en esta nueva escena, pero la que mayor reconocimiento obtuvo de todas ellas fue Flower Travellin’ Band, que a golpes de guitarras mezcladas con sitar consiguió hacer explotar una compleja y excitante carga de free-rock. Una banda creada, aunque sin formar parte musical de ella, sino ejerciendo de productor, por Yuya Uchido, a quien conocemos más por haberle visto actuar en “Merry Christmas Mr. Lawrence” y “Black Rain”.

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Flower Travellin’ Band – “Satori (Part 1)”

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Flower Travellin’ Band – “Satori (Part 2)”

Uno de mis favoritos de esta nueva etapa de la psicodelia japonesa fue Overhang Party, una banda que hacía una psicodelia más poderosa que las anteriores y que, sin embargo, fue siendo tristemente olvidada por el tiempo al decaer la década de los ’90, a pesar de que fueron el relevo que se hizo cargo de la antorcha que portaban los Flower Travellin’ Band, una vez que éstos se desvanecieron. Lo que hacía Overhang Party era una metamorfosis que sonaba como un choque extraño entre los Pink Floyd de sus comienzos y los fundamentales Velvet Underground en la etapa más atronadora de su tormenta de feedback.

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Overhang Party – “Kizashi”

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Overhang Party – “Mirror”

Con los años ’80 se fue conformando aún otro movimiento psicodélico nuevo, liderado por bandas tales como la casi mítica Les Rallizes Dénudés y, sobre todo, por Fushitsusha, la banda más importante de la época, más que nada porque estaba liderada por el guitarrista Keiji Haino, una de las más grandes figuras individuales del rock japonés. Hasta que comenzaron a reeditarse en CD por el mencionado sello PSF, sus vinilos eran los más buscados por los coleccionistas, que no dudaban en rascarse del bolsillo más de 100 dólares cada vez que encontraban alguno. Y lo cierto es que si te lo podías permitir merecía la pena comprobar cómo la psicodelia podía convertirse en un embrujo tan extremo conducida por la posesa guitarra de Haino, que se convertía en una puerta de entrada para que llegasen hasta nosotros las más oscuras fuerzas musicales del otro mundo. Escuchándolos se aprecia que sus raíces ya estaban en otro lado… en el black metal y en el death metal…

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Fushitsusha – “Don’t be afraid even if your nerves snap…”

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Fushitsusha – “Untitled”

Keiji Haino también dio forma a un trío de versiones que se especializó en convertir antiguas melodías del rock en extensas sinfonías garageras e improvisaciones psicodélicas. El grupo se llamó Aihiyo y, sobre todo en directo, en sus revisiones de clásicos de las Ronettes o los Rolling Stones, o incluso de bandas colegas del principio, como The Spiders, éstas eran desmontadas por completo, despellejadas hasta el hueso y milagrosamente reinventadas de nuevo.

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Aihiyo – “Satisfaction”

Junto con Keiji Haino, otro de los principales instrumentistas de la psicodelia del Japón es el bajista Nanjo Asahito, que fue el motor que impulsaba a grupos como Musica Transonic, Mainliner, Seventh Seal y los más trascendentales (por su música meditativa, no por su reconocimiento) Toho Sara. Pero su experimento de más éxito fue el grupo High Rise, un poderosísimo trío al estilo de uno Blue Cheer empozoñados y regurgitados al máximo volumen, con el que nos volaban el cerebro al golpes de riff de la guitarra de Narita Munehiro. Su disco “Speed free sonic” parecía hecho por tigres salvajes en lugar de por músicos de rock.

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High Rise – “Acid song”

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High Rise – “Like death”

Ghost comenzaron como una banda comunal, siguiendo el espíritu de los experimentalistas del Krautrock que fueron Amon Düül II. La banda estaba liderada por el guitarrista Masaki Batoh y bajo su guía, de entre las ruinas de antiguas iglesias y templos ancestrales sacaron una música que era más edificante espiritualmente que las arremetidas guitarreras de sus contemporáneos.

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Ghost – “Rabi Rabi”

Después de hacer varios discos con PSF firmaron con un sello de Chicago, Drag City, con el que editaron su mejor obra, “Lama Rabi Rabi!”, un disco contemplativo y de gran potencial psicodélico, exuberante de gongs, guitarras y mantras hipnóticos. Su vida musical occidental les resultó lo bastante atractiva como para grabar posteriormente un disco con Damon & Naomi, el dúo que tanto nos gustó, sobre todo cuando anteriormente formaban parte de los Galaxie 500.

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Ghost – “Bad bone”

Hemos citado ya un par de veces al grupo Musica Transonic, cuyo principal guitarrista, Makoto Kawabata, es también responsable de una banda de guerreros psicodélicos llamada Acid Mothers Temple, que podían ser los equivalentes a unos Hawkwind del siglo 21. Pero es que además han ido evolucionando por encima de los solos de guitarra de Kawabata para llegar más allá de los mantras de los anteriores grupos para crear, en su lugar, unas vibraciones folkies que bien podían haber venido de unos intergalácticos Incredible String Band.

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Acid Mothers Temple – “Heroin heroine’s heritage (Part 1)”

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Acid Mothers Temple – “Heroin heroine’s heritage (Part 2)”

Así que ya veis como la psicodelia japonesa continua floreciente y abrasadora. Hemos introducido bastantes nombres nuevos, pero todavía habría más si esto más que un muestrario fuese un tratado enciclopédico. Si te ha picado el gusanillo y quieres profundizar más aún, también sería esencial la búsqueda de otras bandas como Space Streakings, Melt Banana, Boredoms, Ground Zero, Ruins… o estos Yuya Uchido & The Flowers, el germen del que floreció la Flower Travellin’ Band, con los que terminamos el viaje, que hacen una versión del “Greasy heart” de los Jefferson Airplane, que hay que oírla para creerla.

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Yuya Uchido & The Flowers – “Greasy heart”

BLACK POWER

Hoy vamos a tener un recuerdo para el pequeño sello discográfico, como a su co-fundador Jim Stewart le gustaba llamar a STAX, que definió el sonido del soul de todo el sur de los USA.

Su espesa y visceral mezcla de voces poderosas, que provenían de la puerta de atrás del góspel, rugía entre paroxismos de alegría o congoja por encima de un ritmo musculoso, mientras los metales se unían a la acción como buenos amigos, capaces de echar una mano siempre. Tipificado por Otis Redding, este estilo ofreció el contrapunto rural al sonido más alegre y pop de la Motown de Berry Gordy, y estaba más en sintonía con el sonido del tercer gran sello independiente de los ’60, Atlantic Records.

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Otis Redding – “I’ve been loving you too long”

Sin embargo, al contrario que Motown y Atlantic, Stax nunca fue capaz de igualar la majestuosidad de sus sonidos con la de su juicio a la hora de firmar contratos de negocios, y su expansión en los años ’70, imprudentemente rápida, la convirtió en presa fácil para los asaltos de una compañía multinacional y una institución financiera poco escrupulosas que le bajaron los humos y, finalmente, incluso determinaron su cierre.

La historia de Stax tiene dos fases bien definidas. Su primer y más conocido periodo comienza con su formación, en 1960, por Jim Stewart, que era empleado de banca y violinista de country, y por su hermana, Estelle Axton; desde ahí va subiendo a través de primeros éxitos basados principalmente en el trabajo y en la sorpresa, hasta alcanzar la cima con el desarrollo de carreras de estrellas internacionales, principalmente Otis Redding y Sam & Dave. Esta fase termina en 1967.

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Sam & Dave – “Soul man”

Ese año, un grupo de intérpretes de Stax Records estuvieron de gira por Europa y sus estrellas se dieron cuenta de pronto de lo famosos y respetados que habían llegado a ser, mientras que en su país seguían trabajando incansablemente y esforzándose al máximo prácticamente en soledad. Y poco después, el 10 de diciembre de ese año 1967, murió Otis Redding. Y con él murió una gran parte del espíritu del sello. El año siguiente asesinaron a tiros en Memphis a Martin Luther King, y la ciudad ardió, y en sus llamas se quemó el profundamente asentado espíritu de confianza y cooperación que existía en este sello interracial, prácticamente único en su género, que quedó herido de muerte.

Al Bell, un entusiasta promotor discográfico, había entrado unos años antes a formar parte del staff del sello y muy rápidamente fue asumiendo en él cada vez mayores responsabilidades, hasta llegar a convertirse de hecho en el segundo de a bordo, tras Jim Stewart. Después del asesinato de Luther King, los empleados blancos de Stax (incluyendo al propio jefe, Jim, y a su hermana) eran amenazados diariamente al entrar y salir de su trabajo, con la complicidad de Al Bell, que se apoyaba fundamentalmente en dos mafiosos armados y especialmente peligrosos, Johnny Baylor, propietario de Ko Ko Records, y Dino Woodward. La llegada de esta pareja introdujo la cultura de la ley del revólver en el seno de Stax, y la lista de todos aquellos a los que Baylor amenazó con su pistola, dentro y fuera de los estudios, o sufrieron una paliza que él ordenó, se extendió hasta límites alarmantes. Y cuando se convirtió en guardaespaldas de Isaac Hayes, Stax Records se convirtió en algo parecido al escenario de una novela de Chester Himes.

Isaac Hayes eligió el camino de la revolución militante tras el asesinato de Luther King y fue la pieza clave en convertir Stax en un “paraíso” negro, sustituyendo a las secretarias blancas por chicas negras, promocionando a los porteros negros a encargados del servicio de correos de la compañía, a los limpiadores negros a técnicos de los estudios de grabación… y aunque esto fuese una gran fuente de problemas en estos primeros tiempos, posteriormente se convertiría en algo muy positivo que el Oscar que logró con “Shaft” sirviese para abrir paso en Hollywood a toda una generación de compositores negros como Curtis Mayfield, Marvin Gaye, Donny Hathaway, Joe Simon, James Brown y Bobby Womack. Isaac Hayes y “Shaft” crearon el fenómeno de las bandas sonoras de Rhythm & Blues.

Jesse Jackson, Isaac Hayes y Al Bell. Black power.

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Isaac Hayes – “Theme from Shaft”

Financieramente, el sello había sufrido abundantes daños, debido al estilo de principiante con el que Jim Stewart solía cerrar los negocios y firmar los contratos. Por ejemplo, cuando su contrato de distribución con Atlantic terminó en 1968, le cedió a esta compañía todos los masters que Stax había editado y distribuido a través de ellos. ¿Os lo podéis creer…? Le cedió a Atlantic los derechos de todos sus grandes éxitos, por la cara… simplemente porque los nuevos propietarios de Atlantic, que había sido comprada por la Warner, decidieron que una extraña cláusula que Jim parecía desconocer, les daba derecho a quedarse con los masters y explotarlos a su gusto.

Y puede que incluso no fuese éste el peor negocio que firmase Jim Stewart en aquellos tiempos, porque después de eso lo siguiente que hizo fue venderle Stax a la Paramount Pictures. Y no les cobró ni un dólar por la venta, Paramount les pagó en acciones de la compañía; y el equipo directivo de Stax seguía siendo el mismo. Terrible… porque Paramount solamente fue una tapadera de su empresa máster, la Gulf & Western, que nunca supo que hacer con un sello discográfico, y menos aún con uno compuesto en su mayoría por negros; primero la puso como subsidiaria de otro sello que tenía, Dot Records, después dejó que Jim y Al Bell hicieran lo que les diese la gana con el departamento artístico, pero sin meterse en el financiero, y por fin, en 1970, les devolvió de nuevo Stax a ellos. En realidad Jim vendió su sello a Paramount Pictures con la esperanza de poder entrar a través de esta compañía cinematográfica en el mercado de las bandas sonoras; y aunque hasta años después con “Shaft” no hicieron ninguna de especial relevancia, al menos lo mejor que salió de esta oscura sociedad con Paramount fue que Quincy Jones aprendió a sincronizar su música con los 24 fotogramas por segundo que salían en las pantallas. Lo peor fue que Estelle se marchó amargada de la compañía que tanto le había costado crear junto a su hermano.

Booker T & The MG’s fueron los primeros en hacer la banda sonora de una película, fue la de “Uptight”. Y su pieza más conocida formaba parte de ella.

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Booker T & The MG’s – “Time is tight”

Con todos su grandes éxitos, por tanto, en propiedad de Atlantic Records, Al Bell quiso crear otro catálogo para Stax. Y quiso crearlo de forma instantánea. Para ello no se le ocurrió otra cosa que editar 27 LPs a la vez de todos sus artistas. Y la idea resultó ser bastante mala, porque aparte de establecer a Isaac Hayes como superstar y darnos a los majestuosos Staples Singers, lo único que consiguió fue enterrar las carreras discográficas de los demás intérpretes, en un mercado totalmente saturado.

Mientras tanto, Jim Stewart, asustado por las pistolas y por el ascenso de la militancia negra en Stax, fue quedándose más y más apartado en su propia casa, de la que se iban como ratas asustadas también sus mejores músicos. Al Bell se sentía a sus anchas, y se trajo a productores de su confianza, como Don Davis, lo que hizo que se fuese Booker T, y tras él Steve Cropper, y después de él también se fueron todos los Memphis Horn. Fue entonces cuando Estelle Axton, que era la fuente del buen sentido y del ánimo del sello, dijo que no quería volver a salir en la foto. Era el año 1969. Jim la siguió dos años más tarde; y aunque formalmente dijo que renunciaba él mismo a seguir en Stax, casi todo el mundo que estaba relacionado con la compañía de una u otra forma pensaba que en realidad fue Johnny Baylor quien le “persuadió” para que la abandonase.

Estelle Axton en tiempos mejores, cuando aún salía en las fotos. La rodean los MG’s.

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Eddie Floyd – “Knock on wood”

Al Bell, ya como amo absoluto de Stax, firmó un contrato de distribución con la CBS que, siendo un sello blanco, estaba interesado en abrirse camino en el mercado del Rhyhtm & Blues, a la vez que propiciaba que Stax pudiese acceder al masivo mercado blanco. Pero Bell no se conformaba con eso y quería aún más. El problema con que se encontró fue que una compañía tan importante como CBS no se dejaba intimidar por sus métodos mafiosos y lo que hizo fue dejar todos los discos que tenía que distribuir de Stax acumulando polvo en el rincón más profundo de alguno de sus almacenes.

Sin discos que vender, los problemas económicos comenzaron a acuciar a Stax Records, que se quedó sin efectivo para sus pagos más inmediatos (nóminas, proveedores…), lo que hizo que su principal acreedor, el Union Planters Bank, dejase finalmente de darle créditos, que la compañía no podía devolverles. Las deudas crecieron de forma exponencial.

Y un día, la policía detuvo a Baylor en el aeropuerto de Birmingham, Alabama, y encontró en su poder la cantidad de 130.000 dólares en efectivo y un cheque de medio millón más emitido por Stax. Eso hizo que interviniese el FBI, que pasó el caso a la IRS, la agencia del gobierno americano que se dedica a los asuntos de impuestos, que acusó a Baylor, a Al Bell y a Stax Records de fraude fiscal.

Rufus Thomas y su hija Carla firmando el contrato que les ligaba a Stax antes unos sonrientes Estelle, Jim y Steve Cropper, que es en la tercera foto seguida que sale.

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Rufus Thomas – “Walking the dog”

Jim Stewart, incapaz de quedarse quieto viendo lo que estaba pasando con su querida Stax, volvió a envolverse en sus problemas participando de nuevo activamente en su dirección. Para intentar reflotarla no dudó incluso en hipotecar su mansión de Memphis. Pero las deudas eran tantas y las ventas estaban en tal declive que la caída era imparable y lo único que logró Jim fue quedarse sin fortuna y sin mansión cuando el Union Planters Bank liquidó su hipoteca.

El 19 de diciembre de 1975 Stax Records fue declarada oficialmente en quiebra, y a raíz de las leyes que rigen la bancarrota de las empresas en los USA, pasó a ser propiedad de sus acreedores, por lo que el mencionado banco, Union Planters, se hizo cargo de ella, revendiéndola a Fantasy Records a través de una tercera compañía de ésas que se mencionan en películas como “Pretty Woman”, en la que brokers con la cara de Richard Gere se dedican a comprar y vender empresas en horas bajas. De todas aquellas maniobras financieras en la oscuridad resultó que con lo que se malvendió, la CBS recobró tres cuartos de millón de los 11 que Stax le debía; el Union Planters Bank recobró medio millón de los casi 31 que le adeudaban, y apenas quedaron 100.000 dólares para repartir entre la Hacienda americana y los empleados, músicos, productores y compositores de Stax, que ni siquiera pudieron recoger migajas. Y aunque muchos de los que no llegaron a ser estrellas del mundo musical (Earlie Biles, Pete Bishop…) perdieron sus casas y todo lo que de valor poseían, porque no pudieron hacer frente a sus créditos e hipotecas, uno de los más perjudicados fue Isaac Hayes, que se arruinó al no poder cobrar nunca todo lo que la compañía le debía ni cobró nunca tampoco un solo dólar de royalties por sus trabajos como compositor, productor y cantante de Stax.

La esposa de Al Bell tuvo que vender hasta su anillo de bodas para pagar los gastos del juicio contra su marido, y sus hijos todavía hoy tienen en sus brazos y piernas las marcas que les dejaron las picaduras de arañas que habitaban con ellos los insalubres apartamentos, sin terminar siquiera, donde tuvieron que vivir durante muchos años de finales de los ’70 y primeros ’80.

Jim Stewart nunca se recuperó del golpe de haber perdido su querida empresa por dos veces. Desde entonces Stax Records ha pasado por varias manos más y se ha mantenido sobre todo a base de reediciones de grandes éxitos antiguos, aunque de segunda división casi todos, porque los más potentes, al ser propiedad de Atlantic, los editaba esta compañía a través de ediciones propias o cedidas a Rhino Records. Pero como Jim nunca se preocupó de estampar su firma en contratos que le acreditasen como productor de la mayoría de aquellas canciones, nunca ha podido cobrar royalties de ellas y durante muchos años, ya retirado, el dinero para seguir subsistiendo fue una de sus principales preocupaciones diarias.

Con la entrada del nuevo milenio su figura fue reivindicada y su legado con Stax recibió el reconocimiento debido, con un Museo Stax de Música Americana y una Academia Stax y Centro de Artes Interpretativos en Memphis. Cuando Jim fue admitido como miembro del Rock and Roll Hall of Fame en el año 2002, seguía tan abatido y cansado de todo que no fue a la ceremonia en su honor, enviando en su lugar a sus dos nietas.

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The Staples Singers – “Respect yourself”

Jim y Al.

EL DIFÍCIL CAMINO DEL KARMA

Hace veinte años Sevilla hervía de bandas independientes. La infraestructura era bastante pobre, las ganas de salir adelante que tenían todos intentaba compensar esto a base de esfuerzo, trabajo e imaginación. Los grupos comenzaron a asociarse y, de la mano de Andy Jarman, un músico inglés que una vez pasó por Sevilla con su banda A Popular Story of Signs y decidió quedarse para siempre, surgió el COLECTIVO KARMA.

Después de él, y siguiendo su ejemplo, todavía surgió otro colectivo más, Zona Saturada. Sevilla era parada habitual en todas las giras de bandas indies y hasta teníamos nuestro propio festival en El Viso. Pero no todo fue bueno, la Sevilla cainita lanzaba sus habituales dentelladas y en el horizonte no era oro todo lo que relucía.

Pero sobre todo fue una época interesante que ahora va a tener un recuerdo y una celebración. Será el jueves en la sala “Malandar”, y al final de este post tendrás todos los datos de interés sobre esa noche. Aprovechando la publicación del tercer disco de Southern Arts Society, “Another life”, Andy Jarman, que está al frente de este grupo, ha querido aprovechar la ocasión para presentarlo en sociedad rodeándose de un par de bandas y DJs de entonces reunidos de nuevo para la ocasión.

Y aquí queremos también rendir un merecido recuerdo a todos los músicos y gente del entorno musical que hicieron posible todo aquello. Por entonces yo había terminado ya mi singladura en “El Trip de las 5” y ahora tenía “Fiebre del milenio” los domingos a mediodía. Para uno de aquellos programas pude reunir en el estudio a un grupo de personas entre las que había representación de las bandas sevillanas, de los dos colectivos musicales, de la radio, de los organizadores de conciertos… y durante tres horas (bueno, menos el tiempo en que se nos fue la luz y estuvimos sin emitir) más la coda posterior en la mesa de un bar de Gelves, hablamos de la música en Sevilla: del pasado, del futuro y sobre todo de aquel presente que estábamos viviendo todos.

Lo que vas a leer ahora está transcrito exactamente de lo que se dijo allí; no es, pues, una de las historias que suelo contarte aquí, sino la propia actualidad de entonces, en boca de sus propios protagonistas. Te presentaré en forma de diálogo una selección de las muchas cosas que se hablaron, para que puedas formarte una idea, si no llegaste a conocerla, o tengas un vivo recuerdo de aquel inicio de la década musical de los ‘90, si formaste parte de ella. Solo te descubriré que dos de los que estuvimos allí fuimos Andy (lógicamente), que por entonces tenía a sus Strange Fruit y yo mismo (algo también obvio), pero no te descubriré a ninguno más de los participantes porque me consta que alguno no querría aparecer y otros tienen una opinión algo diferente después de estos años pasados. Que ellos mismos se identifiquen si les parece bien.

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Strange Fruit – “American dream”

-El Colectivo Karma es una idea que surgió hace unos dos años, o algo así, y realmente era una reacción a eso que hacíamos de mandar maquetas a todos los sellos de España y no recibir respuesta, o que dijeran que a lo mejor podíamos hacer un single… sin mucho interés. Así que pensamos que por qué no intentar hacer algo por nosotros mismos. Y entonces hablamos con Sr. Chinarro, Long Spiral Dreamin’ y La Maquina Blonde y pudimos encontrar una manera de hacer un concierto y un disco colectivo barato y sin muchos riesgos. Sacamos el disco de “El Colectivo Karma”, que recibió bastantes buenas críticas, y así seguimos…

-Ya estamos en nuestra novena referencia y ahora tenemos varios proyectos, estamos haciendo un LP de versiones de Joy Division con grupos de toda España, dos de Inglaterra y uno de Portugal; y estamos grabando un LP de Explosivos Acme, y está la idea de hacer un disco de algún grupo nuevo de Sevilla, como Lilium, o Radio Ego, o varios más… Todo es más o menos por amor al arte, no ganamos nada, pero poco a poco el sello es algo más conocido y últimamente ha surgido una cosa bastante interesante, ya que parece que vamos a firmar un contrato con WEA para los asuntos de los derechos de autor, y van a ayudarnos a promocionar los discos… Poco a poco la cosa va siendo cada vez más seria y yo soy muy optimista.

-Y también organizamos conciertos, con grupos que vienen de fuera. Conciertos pequeños en el “Fun Club” con gente como Australian Blonde, Maddening Flames y grupos independientes.

-Las bases del colectivo de Zona Saturada y como empezó a funcionar es igual que ha dicho Andy respecto a Karma. Luego el desarrollo no ha sido el mismo. La fórmula de trabajo es ésa, pero hay que trabajar, si no trabajas no hay nada. Ellos trabajan más que nosotros y tienen más cosas.

-Hemos hablado de montar conciertos entre los dos y unificar un poco las cosas, porque me parece ridículo que haya un público para lo que hacemos nosotros y un público para lo que hacen ellos, y me parece posible montar algo en común. Obviamente hay grupos que son diferentes, y a lo mejor montar un concierto de Sr. Chinarro y, por ejemplo, los Wild Pajarracas sería un poco difícil; pero montar Amphetamine Discharge, Strange Fruit, Rhinozeros y Explosivos Acme sería algo perfectamente posible. Y yo creo que hay que intentarlo.

-Nosotros hicimos en principio lo de Zona Saturada porque nos copiamos de esa idea que nos pareció buenísima, sin ningún tipo de problemas ni de prejuicios. Después han surgido ese tipo de rumores y de enfrentamientos que se crean porque alguien, que no se sabe quién es, se pone a decir tonterías, o a lo mejor tiene una opinión personal de él, o tiene algo contra alguien, pero ya nos involucra. Y eso es totalmente falso.

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Explosivos Acme – “The only mistake”

Mientras suena una canción Andy habla de que aquí en Sevilla hay una cierta generación de músicos que parece que tiene algo de envidia de que vayan saliendo grupos nuevos, con otros medios, y a los que no les prestan el apoyo necesario. Casi todo el mundo está de acuerdo.

-Por ejemplo, si viene un grupo como Pribata Idaho a Sevilla, me parece que tiene un tipo de música como para que le pueda gustar a todo el mundo. Pero a lo mejor, porque estén disgustados con el Colectivo Karma, pues hay gente que no va. Lo cierto es que no fueron muchos espectadores aparte de los que van normalmente a los conciertos que organiza el Colectivo Karma, y me parece un poco extraño porque es un grupo interesante y realmente bueno… y nacional.

-Por eso yo decía que a lo mejor resultaba interesante unificar el público de Amphetamine Discharge y de Strange Fruit, porque si yo voy a un concierto de Amphetamine, veo a un tipo de gente totalmente distinto que la gente que va a ver, por ejemplo, a Australian Blonde… y realmente no entiendo por qué, porque son todo gente que está haciendo algo interesante y nuevo y no son tan distintos en su actitud.

-Hablando de lo que significa “la peña” sevillana, un hecho curioso es que al concierto que dieron los Psilicon Flesh en el “Fun Club”, que es un grupo que hace un rock bastante potente, bastante cercano a lo que mucha gente de Sevilla ha escuchado normalmente, asistieron unas quince personas. ¿Cómo se entiende eso?

-Hay un problema clave para la música en España, que no hay una infraestructura de crítica para que la gente sepa que Pequeñas Cosas Furiosas tienen una idea interesante. La gente no lo sabe, y dicen simplemente que no saben tocar. Si fuese en Inglaterra, por ejemplo, tendrían críticas en la prensa diciendo que este grupo no toca muy bien pero tiene ideas muy interesantes, y la gente sabe por qué va a ir a verles. Pero aquí, tú vas al “Indie-pendientes”, por ejemplo, y hay cuatro o cinco grupos diferentes, y a ti te gusta uno, los otros no tanto, y yo creo que la gente pasa un poco de ellos. A los grupos más experimentales no los van a aguantar, y eso es porque no hay un sistema de críticas.

-Por poner otro ejemplo, aquí la prensa pone siempre cosas antes de los conciertos, pero nunca ponen críticas, y es mucho más importante la crítica que el adelanto; el decir “este grupo fue realmente fantástico”, es mucho mejor para todos y para el grupo, porque si la gente lee que ese grupo fue fantástico la próxima vez a lo mejor van a verlo.

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Long Spiral Dreaming – “The trees”

-Es un gran problema para los grupos en España. Si los Australian Blonde fueran ingleses seguro que habrían hecho una gira por América, otra por Europa, y serían como Blur… Pero son españoles y venden 5.000 discos. Y tocan ante mil personas como máximo. Realmente esto es un límite a sus posibilidades.

-Y eso que es mucho más fácil para un grupo empezar aquí que en Inglaterra. Porque allí no le pagan nada a los grupos que no son conocidos; un grupo como Lilium nunca va a cobrar nada en Inglaterra, pero una vez que ya son algo conocidos como Rhinozeros o como Strange Fruit, ya tienen detrás una infraestructura que les ofrece posibilidades de hacer giras, hay críticas… y se puede, poco a poco, subir.

-Aquí solo se puede tocar los fines de semana, desde el jueves hasta el sábado. Y eso, sobre todo para los grupos de Sevilla, es un gran problema, porque todos los conciertos están en el Norte, y hacerte ese viaje todos los fines de semana es un coñazo total. Por ejemplo Australian Blonde han tocado unas 150 veces en un año, porque tienen ganas de hacerlo, pero no hay mucha gente capaz de soportar este tipo de trabajo.

-Si tú quieres ser músico, veo una actitud muy interesante ésa de decir “voy a arriesgar todo lo posible, hasta donde pueda”. A lo mejor mañana, los Amphetamine Discharge están uno como ejecutivo, o vendiendo panfletos por la calle, pero el hecho está en arriesgar un poco y ver hasta donde se puede llegar.

-El mercado español está empezando a copiar de los mercados de Inglaterra y USA. Y también lo que está pasando es que los sellos grandes están usando a los sellos pequeños como A&R (encargados de buscar artistas y repertorio en las compañías) para buscar los grupos que van a ser importantes, y ya si pueden vender 5.000, 3.000 o incluso 1.000 discos en una independiente hay posibilidades de vender 20.000 en una multinacional.

-Si nos fijamos, RCA tiene una relación con Subterfuge para que este sello saque grupos que en realidad los ha fichado la RCA. Si los saca Subterfuge parecen independientes. El nuevo single de Los Planetas va a salir en Subterfuge.

-Hay otra cosa importante, que es que yo creo que a veces las multinacionales hacen una labor peor para los grupos que las independientes; mira el caso de Lagartija Nick, han fichado por Sony y ahora tienen menos éxito que cuando estaban con Romilar-D. Al concierto en la “Sala Capital” fueron menos de 200 personas cuando a la sala “Rrio” fue mucha más gente. Parece que ahora que han fichado por Sony son menos respetados que antes.

-En realidad, es cuestión de suerte; un grupo tiene su momento, y Amphetamine tienen ahora su momento. A lo mejor lo van a aprovechar más que los demás porque están en una posición perfecta, porque no tienen responsabilidades ni nada que dejar atrás. Yo creo que ellos van a ganar. Y creo que el único otro de esta generación que va a conseguir vivir de la música es Luque (Sr. Chinarro). Va a ser un tío que va a poder tocar música durante toda su vida, y le van a pagar. Realmente el único.

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Sr. Chinarro – “El collar”

¿Qué te parecen esas últimas frases del texto? ¿Crees que han resultado ser ciertas? Podemos comentarlo tanto aquí como el próximo jueves en la barra del “Malandar”.

Sobre el escenario estarán SOUTHERN ARTS SOCIETY, como ya te comenté antes, además de LONG SPIRAL DREAMING, la banda en la que por entonces militaba Miguel Rivera, ahora en Maga y los SICK BUZOS de Chencho Fernández, Javi Neria y Concha Laverán. Tras el concierto, seguirá la fiesta de la mano de Javi Vila y Miriam Blanch, componentes de EXPLOSIVOS ACME, que pondrán a nuestros comentarios un adecuado fondo musical que revivirá el ambiente noventero que has respirado leyendo este post.

La hora de comienzo será las 9 de la noche y la entrada solo cuesta 8 euros, comprándola de forma anticipada en “Ropero” (Calle Feria, 37), o 10 si la sacas en la taquilla. Por cierto, que he leído por ahí que los cien primeros en entrar recibirán un regalito…

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Sick Buzos – “Watch out Meredith”

REVOLUTION GIRL STYLE

Para Cristina. Que quiso que recordásemos esta historia de rebelión… ¿utópica…?

Al frente de su banda, intentando hacerse oír a través del feedback de la guitarra, Kathleen Hanna canta “…silencio en el interior de mi silencio interior…” una y otra vez. Mientras lo hace mira lastimeramente a su audiencia y se lleva la mano a la entrepierna en un gesto que, en otra mujer como Madonna, sería una pose de virilidad masculina de exhibición del paquete, y que en ella es un acto de dolorosa protección. Su boca sigue vomitando y rugiendo “…resistiré con cada centímetro de mi cuerpo y con todo mi aliento, resistiré esta muerte psicológica…”.

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Bikini Kill – “Resist psychic death”

La sala está totalmente llena de chicas que aplauden y la aclaman. Todas ellas son RIOT GRRRLS. Su movimiento, llamado así con toda propiedad, había comenzado hacía menos de un año, como un mensaje ruidoso en el que las mujeres querían hacer constar que se habían auto otorgado el poder, y nos lo gritaban a través de varios grupos como éste de Bikini Kill. Todos los fines de semana se aglutinaban en actos como éste para tomar conciencia de sus vidas, para crear arte y música, para planear acciones políticas… para gritar alto y claro…

Tengo tanta rabia que no sé qué escribir, solo sé que quiero escribir algo, que quiero decir algo, que quiero gritar algo; algo poderoso y fuerte que compense la impotencia que siento ahora… quiero gritarle al tío que me dice que las mujeres deberíamos dejar de quejarnos porque ya tenemos todos los derechos que necesitamos. Quiero gritarle a mis hermanos, que solo leen prensa deportiva sin parar y ven telebasura… Quiero gritarles porque yo soy un ser humano como cualquier hombre, pero no siempre me tratan como tal. Quiero gritar porque, no importa lo mucho que grite, nadie me oye…

Kathleen Hanna no fue la creadora de este movimiento, allá en el extremo noroccidental de los USA, pero junto a su compañera de grupo Tobi Vail, y a sus amigas Allison Wolfe y Molly Neuman, del grupo Bratmobile, crearon un fanzine hecho a mano y publicado por ellas mismas que se llamó “Riot Grrrl”, transfigurando la palabra “girl” en “grrrl”, con lo que la asemejaba a un rugido feroz y con esas tres erres la convirtió en el término oficial para describir su movimiento. ¿Cómo podían cambiar lo que significaba ser una chica?, ¿cómo podían reinventar el feminismo para su generación? Estas cuatro chicas pensaron un plan y lo implementaron para poder contestar estos interrogantes. Bikini Kill publicó un manifiesto dando a conocer su propia forma de entender el feminismo, el “Revolution Girl-Style Now”, en el que instaban a las chicas a “resistirse a la muerte psicológica”, a “gritar en público”, a unirse a bandas de rock, a enseñarse a tocar los instrumentos unas a otras, y a pelear juntas contra todos sus posibles agresores, en particular contra El Hombre.

Somos Riot Grrrls porque sabemos que la vida es mucho más que supervivencia psicológica y estamos convencidas de que con el punk podemos hacer llegar a todas que esta idea es crucial para la revolución que busca redimir la mente y la cultura de las chicas y las mujeres de todas partes, y hacer que las vivan de acuerdo a sus propios términos, no a los de los demás.

Porque estamos cansadas de que la sociedad nos diga que ser una chica es igual a ser tonta, que ser una chica es igual a ser mala y que ser una chica es igual a ser débil.

Porque creemos en cuerpo y alma que las chicas constituyen una fuerza revolucionaria que puede hacer, y lo hará, que cambie el mundo realmente.

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Bratmobile – “Brat girl”

Hasta entonces las chicas expresaban sus pensamientos en sus diarios, en sus habitaciones, de forma muy aislada, sin compartirlos con nadie más. El movimiento de las Riot Grrrls unió todos estos eslabones que eran los dormitorios individuales en una moderna cadena menos aislada y más fuerte. El de las Riot Grrrls fue uno de los últimos movimientos que existieron antes de que se extendiese el uso de internet; muy poco tiempo después las chicas podían conectarse muy fácilmente con otras de su misma forma de pensar a través de diarios públicos en forma de blogs, y redes sociales, pero en los primeros años ’90, establecer estas conexiones era mucho más difícil.

Por eso fue tan importante y meritorio que aquellas chicas airadas decidiesen que la única forma de sobrevivir a la cultura misógina que las aplastaba era unirse entre sí para poder luchar contra la opresión que sufrían todos los días. Comenzaron a conocerse, a organizarse, y en poco tiempo consiguieron crear una comunidad que se extendió internacionalmente a través de sus producciones culturales hechas por ellas mismas y su activismo político por la cara.

Era el año 1991 y mientras la corrección política hablaba de valores familiares aunque las chicas seguían siendo violadas y maltratadas por hermanos, padres, novios y otros hombres que se sentían con el derecho de entrar en la habitación de una joven y poseer su cuerpo tanto como su espacio, las Riot Grrrls rompieron el código de silencio asociado normalmente con las víctimas de abusos imponiéndose a sí mismas el desafío de mantenerse firmes y luchar por sus derechos y por los de las demás. Aprendieron que el poder no se da, sino que se toma.

Necesitamos concienciarnos de que no debemos quedarnos quietas mientras nos tratan así. No puedes dejar que nadie controle o te dicte tu vida… nadie puede salvarnos de la opresión excepto nosotras mismas. ¡Chicas, uníos!

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7 Years Bitch – “Icy blue”

Las Riot Grrrls crearon nuevas fórmulas de identificación colectiva e influencia política para la juventud femenina; desafiaron seriamente la creencia popular de que los hombres eran las principales figuras de identificación de las mujeres y que el noviazgo y la boda eran sus únicos objetivos para el futuro. En su lugar crearon toda una comunidad donde los hombres no estaban en el horizonte, los sacaron de la ecuación que regía sus vidas. Como feministas y activistas continuaron debatiendo la efectividad de esta estrategia separatista, contextualizaron la exclusión de los hombres de sus reuniones tanto como una forma de afianzar su poder como por su seguridad.

Porque necesitamos saber que nuestra sangre está siendo derramada, que en este preciso instante alguna chica está siendo violada o golpeada y ésa podrías ser tú o tu madre o la chica que estaba sentada a tu lado en el autobús el martes pasado, y que ahora podría estar muerta mientras tú estás leyendo esto.

Porque necesitamos crear un espacio seguro para las mujeres, donde puedan abrir sus ojos y relacionarse unas con otras sin ser amenazadas por la sociedad sexista y la mierda diaria.

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Sleater-Kinney – “Off with your head”

Como reacción al materialismo rampante de los ’80, que creaba yuppies conservadores en lugar de activistas radicales, las Riot Grrrls crearon una contracultura propia independiente del capitalismo corporativo patriarcal, optando por una forma alternativa y más barata de extender su mensaje a través de la producción y distribución de música, fanzines, películas, vídeos e incluso moda. Y así, el espíritu del “do-it-yourself” que se asociaba con otras culturas alternativas fue adoptado completamente también por estas jóvenes que consideraban necesario tomar el poder en lugar de dárselo a las cuentas de resultados de las compañías usuales.

Rechazaron radicalmente los mensajes misóginos perpetuados por la industria de la moda y la belleza que empujaba a las mujeres a creer que nunca estaban lo suficientemente atractivas. El anti comercialismo de las Riot Grrrls se hizo absolutamente visible en la recuperación y reforma del cuerpo de las adolescentes y en sus accesorios. Llamando la atención sobre el tratamiento de sus cuerpos como objetos en la sociedad machista, ellas hacían su política marcando sus manos, brazos, estómagos y caras con provocativos slogans y con palabras que se usaban normalmente para denigrar a la mujer… guarra, puta, coño… además, a través de una amalgama de cosas que nunca habían estado de moda… ropa de mercadillo, horquillas y pasadores, botas de currante, calcetines hasta la rodilla, piercings , cortes de pelo de formas y colores nada convencionales… las Riot Grrrls realizaron todo un irónico despliegue de afirmación de su género y de su generación.

Mientras el estilo anti glamour era la evidencia que más saltaba a la vista de la formación de una identidad colectiva de estas jóvenes, la circulación de fanzines que contenían poesía, historias, confesiones personales, entrevistas, collages, critica cultural, manifiestos políticos, anuncios, fue uno de los primeros caminos para extender sus mensajes de revolución. Ya fuesen creados de forma personal o colectiva, los fanzines fueron una gran herramienta para las chicas que se sentían aisladas en sus casas, sus escuelas, sus centros de trabajo o sus pequeñas ciudades, estableciendo un lugar en el que todas podían encontrarse y discutir sus inquietudes sociales y personales sin miedo a censuras ni políticas editoriales. Como alternativa a las revistas juveniles comerciales, que potenciaban el consumismo y el romance en lugar de la conciencia crítica, los fanzines de las Riot Grrrls proporcionaban no solo el apoyo al sistema que las jóvenes echaban en falta, sino que también eran una forma de fantasía comunitaria donde ellas podían formular planes de acción para la creación de una sociedad más justa.

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The Tourettes – “The battle hymn”

Y aunque los fanzines fueron un componente crucial en la crítica colectiva y en la redefinición de sus objetivos, fueron responsables en menor medida de la comunicación de los mensajes de las Riot Grrrls más allá de las chicas que ya estaban envueltas en esta comunidad, ya que solían circular entre ellas mismas y la gente que las apoyaba. Sin embargo, la música creada por las intérpretes y grupos de Riot Grrrls sí que fueron el instrumento más importante a la hora de extender su mensaje, debido a su amplísima difusión por todo el mundo a través de las giras y los discos.

Desde que Bikini Kill con su “Double dare yall” llamasen a las chicas a resistir en la lucha por sus derechos, hasta que las postreras The Tourettes con su “Battle hymn” gritasen “no puedo cambiar mi forma de ser para ajustarme a tu mundo”, las canciones de las bandas de Riot Grrrls dieron el valor que les hacía falta a muchas chicas para reafirmarse personalmente y hablar y hacerse oír y luchar. Además las chicas de estas bandas modelaron el espíritu anticorporativista del “do-it-yourself” organizando sus propias giras y editando sus discos y los de otros grupos a través de sellos propios. Y también la distribución internacional de su música influyó en muchas chicas para crear otras formas de expresión cultural, especialmente proyectos de cine y video.

El amplio reconocimiento que les trajo la música trajo también la atención de la MTV y los periodistas que querían contar (y vender) la historia de esta revolucionaria joven cultura femenina. Pero casi todo lo que decían y publicaban era rechazado por las Riot Grrls por ser incompatible con sus experiencias. Viendo en todo aquello una nueva forma de explotación y una representación equivocada de su cultura por parte de periódicos y revistas tan importantes como el New York Times o Newsweek, las Riot Grrrls iniciaron en 1993 un boicot contra la prensa y se negaron a hablar o a ser fotografiadas por los medios más comerciales.

El hecho de que la filosofía y las prácticas de las Riot Grrrls fuese tan ampliamente extendido por su música fue también debido a otras circunstancias simultáneas que redirigieron las miradas de los medios de comunicación hacia otras culturas musicales alternativas. Principalmente fueron dos: el incremento de componentes femeninos en las bandas y de grupos en los que solo había mujeres, que hizo que las revistas comenzasen a hablar del fenómeno “women in rock” y el enorme éxito de muchas bandas indies que pasaron a engrosar las filas del mainstream. Pero tomando como foco el sexo de las componentes de las bandas Riot Grrrls, muchos periodistas redujeron a una comunidad tan diversa como la de estas chicas a un mero apartado del fenómeno de la masiva incorporación de las mujeres al rock. En este contexto equivocado otras artistas más antiguas como Joan Jett o Chrissie Hynde se mezclaban con las Riot Grrrls originales, y muchos periodistas, intentando actualizar la historia de la mujer en la música, conectaba a las bandas Riot Grrrls con otras bandas contemporáneas a ellas como Hole, Babes in Toyland o las L7, aunque muchas de las mujeres de estas bandas habían hecho pública su incomodidad con que las etiquetaran a ellas o a su arte con el sello de “feministas”, y además, todas ellas habían buscado el éxito y el reconocimiento a través de la industria musical establecida a la que las Riot Grrrls se oponían tan rigurosamente; la consideración de estas mujeres como santas matronas de las bandas de Riot Grrrls empañó el status de éstas como una comunidad política y contracultural. Además de esto surgieron otros problemas de esta equívoca genealogía, como que la música de las Riot Grrrls que no se podía encuadrar claramente en algún género del rock era ignorada por completo; que los componentes no musicales de la cultura Riot Grrrl se subordinaban a la música, cuando no eran directamente rechazados; que la historia de las mujeres y feministas que se saliesen de la esfera del rock era borrada y que las individualidades y grupos que habían influido en las Riot Grrrls, pero no estaban envueltos en la música, eran oscurecidos.

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Heavens to Betsy – “She’s the one”

Por otra parte, muchos periodistas intentaron situar a las Riot Grrrls dentro de la historia de la música alternativa refiriéndose a ellas como punks o punkettes y aunque no hay duda de que este nombre no era inapropiado para ellas, estos periodistas no marcaban el contexto de que el punk era un género dominado por los hombres contra el que las Riot Grrrls estaban reaccionando con fuerza. Esta fusión sin más problemas de la contracultura Riot Grrrl con la música punk oscureció muchas de sus motivaciones ideológicas, políticas y económicas más allá del “do-it-yourself”, y borró mucha de su historia como filosofía anti hegemónica de la producción y la distribución; acomodaba la rabia radical de las Riot Grrrls como otra pose anárquica más, que un maestro del punk como Malcolm McClaren podía vender fácilmente a la juventud.

Representar a las Riot Grrrls como un sub-género del punk evitó que fuesen consideradas como una comunidad política ya que los movimientos políticos radicales raras veces son absorbidos en formas consumistas. Las Riot Grrrls eran una fuerza amenazadora cuando sus miembros rehusaban ser representadas así e insistían en que debían ser tomadas en serio como activistas políticos que pedían que el resto de nosotros se replantease el poder social, cultural, económico y político que tenían las mujeres más jóvenes.

No sé decir con seguridad si tuvieron éxito o fracasaron en su intento, pero estoy convencido de que todos los valores que este movimiento tenía en su núcleo siguen siendo ahora tan necesarios como lo eran entonces. Los primero años ’90 fueron tiempos difíciles para ser una mujer, sobre todo si eras una mujer joven, y lo cierto es que las cosas no han cambiado mucho es estas dos décadas siguientes. El absolutismo de la adolescencia siempre se suaviza con el paso del tiempo, pero nunca dejaremos de necesitar su idealismo y su energía, que nos lleven a llamar a las cosas por su nombre, y a decir que lo que es correcto es correcto, y lo que es inaceptable es inaceptable; que nos lleve a conducir nuestras vidas de acuerdo a nuestros propios términos.

Recordar la historia de las Riot Grrrls debería ser un buen paso, ahora que todos estamos comenzando a dar otros muchos.

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Bikini Kill – “Rebel girl”

QUE NO, QUE NO NOS REPRESENTAN

Plan de austeridad de Grecia: recorte de sueldos y pensiones, reducción de subsidio de desempleo, cese de las desgravaciones de todo lo que antes desgravaba, subida de impuestos directos e indirectos que afectará especialmente al grueso de los trabajadores, que son los que perciben sueldos de entre 15.000 y 25.000 euros anuales; se dobla el impuesto de circulación de los coches, se sube el impuesto de cosas consideradas “lujosas”… por citar un ejemplo que a mí me pillaría de lleno… el gasoil de calefacción, en un 185% para las familias; y para las empresas la subida es 10 veces mayor; hay que pagar una misteriosa tasa solidaria…

Mientras tanto, se privatizan los servicios que componen la riqueza nacional: aeropuertos, autopistas, trenes, aviones, puertos, agua, electricidad, gas natural, minas, telefonía móvil, correos, loterías, quinielas… que van a parar a los nuevos dueños de Grecia: Deutsche Bank, AG London Branch, Credit Suisse, Credit Agricole, BNP Paribas, Eurobank EFG Equities, Societe Generale, Ernst & Young, Rothschild & Sons, Barclays Bank, HSBC, Lazard, KPMG, Citigroup Global Markets Ltd…

Como dice Pedro Olalla desde Atenas en el vídeo que circula por internet, las fuerzas económicas y financieras conquistarán por completo el poder, desaparecerá la política como ejercicio de soberanía, la democracia será una grotesca quimera y, gobierne quien gobierne, todos los griegos serán esclavos de un puñado de magnates del dinero.

Así que cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

¿Nos vemos el sábado a las 6 en la Plaza de España…? Sí, ya sé que a esa misma hora juega el Betis contra el Madrid, pero…

AND THE WINNER IS…

En el inicio de los años 90 florecían los bares en el centro de Sevilla en los que nos podíamos reunir los aficionados al rock sin tener que dar muchos pasos entre el inicio y el fin de la habitual papalina. La mayoría de las veces terminábamos en el “Fun Club” o en “El amor de la calle”, sobre todo si ésa era una de las noches en las que habíamos organizado concierto los de Producciones Informales y el Luis nos invitaba a ir a tomar copas gratis con la banda que hubiésemos traído… los Fuzztones, los Godfathers, todos pasaron por allí… pero lo habitual es que las primeras charlas y rondas de cubatas comenzasen en los bares del entorno de la calle Pérez Galdós, donde había lugares para prácticamente todos los ambientes y gustos. En la calle de las Siete Revueltas estaba terminando su andadura el “Trama”, antes de que Rafa abriese el “Berlín” el mismo día que nació mi hijo (la sra. Carrascus aún tiene resquemores de que esa noche me fuese allí a celebrar los dos nacimientos en vez de acompañarla en el hospital); el “Maketa” del Tano y el “Chapa” del Loren eran magníficos puntos de reunión también entre varios otros más. Y en esa zona estaban el “Bourbon” y el “Bar-Bería”, los bares regentados respectivamente por Fernando y el Piju, que fueron también los organizadores de dos concursos de rock, que gracias a la ilusión que pusieron ellos y los colaboradores que se les unieron, resultaron ser los mejores de los celebrados por aquí, por encima incluso de los organizados anteriormente por la Diputación y por Canal Sur Televisión.

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Los Depredadores – “Vámonos (que la muerte espera)”

Los Depredadores, a los que has oído aquí arriba, fueron los que dieron el pistoletazo de salida a las dos noches durante las que se celebró la final del primero de los concursos. Pero hasta llegar a eso antes hubo que andar un camino previo…

Un camino que comenzó con Fernando anunciando el concierto y eligiendo al jurado, en el que tuve el honor de encontrarme. Aunque estuve a punto de quedarme fuera porque llegué muy tarde a la primera de las reuniones. Este primer acercamiento de todos con lo que iba a ser el concurso se produjo en casa de Fernando, por el centro de Sevilla, y coincidió con uno de los partidos de baloncesto del Caja San Fernando (del que soy socio desde su fundación) que era imposible perderse. Esa temporada teníamos que desplazarnos a verle al Pabellón de Amate, y venía el Atlético de Madrid, que por entonces tenía un equipo de basket en el que militaba el fantástico Walter Berry. Él solito se las apañó para meter más de cuarenta puntos en un partido épico que el Caja nunca hubiese debido perder si no hubiese cometido aquellos fallos infantiles en los últimos minutos… pero, como siempre, me voy por las ramas cuando me pongo a hablar de baloncesto…

El caso es que en aquel partido se fue la luz y estuvimos a oscuras más de una hora, por lo que este retraso hizo que cuando llegué a la reunión del jurado ya estaba casi todo el pescado vendido y se habían acordado las bases, las fechas, y todos los demás detalles que hicieron que posteriormente la cosa funcionase como un reloj.

En los dos bares organizadores se recogieron un total de 49 maquetas de grupos sevillanos de los que tuvimos que elegir a doce, que serían los que pasasen a la final. Y lo hicimos en una reunión maratoniana que tuvo lugar en casa de Jorge Molina, allá por la calle Torneo, y que pudimos soportar sobre todo porque Fernando nos tuvo abastecidos de pizzas y de unos polvos blancos, de los que yo pasé completamente porque pensé que eran la harina que se había desprendido de la masa de las pizzas… aunque luego me enteré de que eran otra cosa, jejeje…

La verdad es que fue un trabajo bastante duro separar toda la paja del grano, y aunque entre nosotros hubo mucha disparidad de criterio, por fin logramos ponernos de acuerdo en la docena de bandas finalistas y sorteamos el orden en que participarían: Los Depredadores, Chatarra, Los Reservados, Velbim 20, Los Restos, Hébridas, Los Sudakas, Compañía Malpaso, La Mirada, Los Malditos, Los Pestiños Reveníos y La Sombra. La gran final se celebraría en la sala “Roll Dancing” durante las noches del último viernes y sábado de noviembre de 1990.

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Hébridas – “Perdido en el desierto”

Seguramente Hébridas fue el grupo que más recorrido tuvo de todos ellos después de este concurso, a pesar de que en él no destacaron demasiado. En este 1990 todavía eran una banda a medio conformar, en la que no figuraba Sandra, la cantante, que se unió a ellos en el 92 para mantenerse en sus filas hasta el final, que llegó tres o cuatro años más tarde debido al desinterés de todos y al poco éxito del disco que grabaron, ése del que os he reproducido ahí arriba la foto que ilustraba su portada, que mostraba a las madres de todos ellos con el instrumento que tocaba su hijo respectivo.

De la docena de finalistas, los que más experiencia acumulaban y hacían las cosas de forma más profesional eran probablemente La Sombra, cuyos componentes habían pasado ya por Círculo Vicioso y Los Amos del Mundo, y además hacían una música más convencional que la de los otros grupos y más asequible al gusto del público medio. La verdad es que venían a la final muy sobrados, y el hecho de que fuesen los últimos en actuar hacía que Paco Alejo nos dijese que “así es como tiene que ser… todos los demás están de teloneros nuestros…”.

Y aunque no les fue mal del todo ya que fueron el tercer grupo más votado, posiblemente no le faltase razón a su saxofonista, Aquiles del Campo, en unas declaraciones que Luis Clemente recogía en su libro sobre la historia de Sevilla: “La Sombra es un grupo que va a gustar al público, pero no a los músicos de Sevilla, que son una gente rarísima, con gustos totalmente diferentes a los del público”.

Eso que decía Aquiles se demostró palpablemente en las últimas deliberaciones del jurado, que el día de la final se había incrementado con la participación de varias chicas porque Fernando quería que los que votásemos no fuésemos únicamente tíos “entendidos” en la materia, sino también mujeres, gente que representase al público que suele oír el rock sevillano, gente de los bares del ambiente musical y también músicos (aunque los que estaban ya consagrados no tenían tiempo para esto y los demás eran participantes del concurso), ya que en las previas solo habíamos sido gente de la prensa y la radio. Y fueron estas chicas las que votaron masivamente a La Sombra…

Repasando la lista podemos ver también a unos primerizos La Mirada, en el que participaba como bajista nuestro amigo Vidal. Ellos fueron los que abrieron el segundo día del concurso, que se estructuró de forma que en la primera noche tocasen las ocho primeras bandas de la lista, y en la segunda las cuatro restantes, pudiendo interpretar hasta tres canciones cada una de ellas (¿o quizás fuesen cuatro…? a ver si alguien lo recuerda mejor). Después habría un fin de fiesta con un concierto de Los Enemigos durante el cual los miembros del jurado discutirían su veredicto, y tras una nueva interpretación de la banda ganadora, después de entregarle el cheque de 150.000 pesetas en que consistía el premio, dar por terminado el concurso.

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Velbim 20 – “Fría”

En esa foto podéis ver un buen muestrario de la gente que se reunió por allí. Se tomó en los servicios del “Roll Dancing” poco antes de comenzar las deliberaciones, aunque ahí no estamos todos los del jurado, y también hay gente que no formaba parte de él. El que está en primer plano, con la cerveza y los papeles para las votaciones es Luis Clemente; tras él podéis ver a Yola, una chica que creo recordar que tenía una tienda de antigüedades por el centro, y a Cristina, que era la que iba poniendo los carteles del “Fun Club” que solíais ver por las calles de Sevilla; ellas formaban parte del jurado representando a la gente de los bares y oyentes generales del rock sevillano. Detrás de Cristina aparezco yo y detrás de mí podéis ver a Blas Fernández. La que está a mi lado es Lourdes Carvajal y delante de ella está Emilia Pinzón… ésta última creo que no formaba parte del jurado, aunque no estoy muy seguro, pero Lourdes creo recordar que sí, y representaba a los músicos sevillanos. Otro de los representantes de la prensa que había en el jurado era Jorge Molina, el tipo altísimo al que podéis ver detrás de Emilia, y que no hace mucho escribió aquel controvertido libro de “123 motivos para no viajar a Sevilla”, al que ha seguido este mismo año otro sobre Doñana. A su lado asoma la cabeza de nuestro amigo Juanma, que no formaba parte del jurado, pero no se perdía un concierto. Delante de él, otra de las chicas del jurado, Pilar Contreras, de la que yo siempre anduve platónicamente enamorado (como casi todos los que trabajábamos con ella en Radio Aljarafe) y por último, a su lado, el Fernando, el artífice máximo de todo lo que se estaba celebrando allí. Él se dedicó a dar vida a todo aquello y no quiso formar parte del jurado, que para esta final fuimos once miembros. En la foto no aparece Natacha Ródenas, que también representaba a los oyentes habituales de rock, ni José Manuel, el dueño de discos “Burial”, que yo juraría que también era uno de nosotros… y seguramente se me olvida alguien más… a ver si en los comentarios lo concretamos del todo.

La mecánica de la votación fue la siguiente: cada uno de nosotros votamos por los tres grupos que más nos hubiesen gustado, sin ordenarlos de más a menos ni nada de eso, solo los nombres de los tres preferidos. Y tras el recuento final, el que más votos hubiese tenido sería el ganador.

Yo voté por la Compañía Malpaso, Los Restos y Velbim 20. Y “ayudé” en su votación a Natacha, que estaba sentada a mi lado, que tenía en su papel los nombres de La Sombra, los Pestiños y no sabía cuál más poner porque todos los demás le habían gustado o disgustado de forma similar; así que me preguntó que a cual más votaba, y yo le sugerí que lo hiciese a los Malpaso. Seguramente entre los demás miembros del jurado hubiese también todo tipo de intercambio de nombres, pero el que Natacha me hiciese caso probablemente hizo que Los Restos no fuesen los ganadores en primera instancia del concurso, porque al final hubo empate a votos entre ellos y la Compañía Malpaso. Los terceros, como ya dije antes fueron La Sombra.

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Compañía Malpaso – “Los hijos de Dios”

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Los Restos – “Gloria al alcohol”

Aún hoy, después de tantos años como han pasado sigo creyendo en la justicia divina de aquel resultado, porque entonces las dos tendencias mayoritarias en el rock de todo el mundo eran el grunge que venía de Seattle, y el rave que venía de Manchester, y aquí en nuestra ciudad teníamos una muestra genuina de cada una de estas tendencias: los Malpaso y los Restos, respectivamente. Y la mayoría estábamos de acuerdo en que eran los mejores.

Pero lo que no teníamos previsto es que hubiese un empate, así que hubo que improvisar una segunda votación. Esta vez cada uno de nosotros votaríamos solamente por una de estas dos bandas, para tener un ganador; al ser once miembros no podía haber un nuevo empate de ninguna manera. Y si antes de la primera votación estas dos bandas estaban claramente entre las favoritas, ahora mismo nadie podría decir cuál de las dos tenía más posibilidades de ganar, porque estábamos a expensas de lo que votasen las chicas, de las que ya sabíamos que después de La Sombra las demás les daban más o menos lo mismo…

Y comenzó el recuento. Luis extrajo la primera papeleta y leyó… “Los Restos”. Uno a cero. Tras sacar la segunda le volvimos a oír decir… “Los Restos”. Y lo mismo ocurrió después de sacar la tercera papeleta. Cuando tras extraer la cuarta le volvimos a escuchar el nombre de “Los Restos”, ya pensamos todos que el concurso tendría un claro ganador. Así que no nos extrañó lo más mínimo que después de sacar la quinta dijese… “Los Restos, de nuevo”.

Cuando sacó la sexta papeleta, se dibujó una sonrisa en su cara… “hombre… un voto para la Compañía Malpaso…”. Bueno, al menos no se iban a ir de vacío. Más aún porque en la séptima papeleta también estaba escrito su nombre. Cuando salieron la octava y novena papeleta y Luis leyó en las dos… “Compañía Malpaso”, todos comenzamos a poner cara de “no me puedo creer que vaya a pasar lo que parece que va a pasar…”. Y tras la extracción de la décima papeleta, en la que se podía leer el nombre de… “Compañía Malpaso”, se produjo el inesperado empate. Quedaba una sola papeleta y ahora sí que podía suceder cualquier cosa; el comentario general, entre la euforia producida por la emoción que estábamos viviendo era que “ni a Alfred Hitchcock se le hubiese ocurrido un final más disparatado e intrigante…”.

Y la última papeleta por fin nos dio un ganador; Luis leyó el nombre casi sin podérselo creer… y Compañía Malpaso ganó el concurso, tras superar el 5-0 inicial con seis votos seguidos.

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Compañía Malpaso – “Solo tú calmas mi sed”

Y aunque Los Restos hubiesen sido unos ganadores tan merecidos como Compañía Malpaso, resultó que si ya antes la justicia divina nos había hecho un guiño, ahora nos hacía otro más con este resultado, porque Compañía Malpaso había participado unos meses antes en el concurso de rock para grupos andaluces que organizó el programa “Duduá”, de Canal Sur Televisión. Los Malpaso eran los favoritos de casi todos los miembros del jurado de este anterior concurso y hubiesen resultado vencedores de no ser porque el director del programa dio su opinión convertida en orden: “¿Cómo van a ganar éstos si lo que hacen no es música sino ruido…?”. El resultado fue que bajaron a la segunda posición, y en su lugar los ganadores finales fueron Lagartija Nick.

El destino, sin embargo, no tuvo tanta piedad de Los Restos, porque en el siguiente concurso que los bares Bourbon y Bar-Bería organizaron un año después (ahora con una bolsa incrementada en 50.000 pelillas más), a pesar de ser los favoritos, volvieron a quedar en segunda posición.

Ese año yo no participé en el jurado, aunque sí estuve presente entre el público las dos noches de la final en el Roll Dancing, y la verdad es que sentí una gran decepción viendo como Los Restos volvían a quedar relegados, y esta vez no por una banda que fuese igual o mejor que ellos, sino por Los Jaspers, que hacían un rock progresivo muy pasado de moda, pero que sonaba bien a los oídos hechos al rock clásico de la flauta de Ian Anderson y similares… fue una verdadera pena, porque en aquella final se quedaron en el camino, aparte de los Hébridas otra vez, gente como Amphetamine Discharge y Sr. Chinarro, que luego han sido muchísimo más significativos en el mundo del rock que los olvidados Jaspers.

El no haber sido miembro del jurado esta vez, aparte de no ser partícipe de aquel fallo perpetrado, me permitió ver uno de los mejores conciertos que recuerdo de Dogo y Los Mercenarios, que fueron los que esta vez pusieron el punto y final al concurso…

…bueno, en realidad el punto y final lo pusieron los agentes de la policía municipal, que se presentaron allí mientras Los Jaspers, después de recoger su cheque, hacían de nuevo su versión del “Voodoo chile”, advirtiéndonos que las dos y media de la mañana ya no eran horas para seguir metiendo tanto ruido.

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Los Restos – “Syd Barret cuida de mí”

GOOD OSCILLATIONS

Reconocido por, ni más ni menos, que el Dr. Robert Moog, como el desarrollo más importante en la historia de la música electrónica, el THEREMIN fue inventado por el genio franco-ruso Leon Theremin en 1920. Fue el momento cumbre de una extraordinaria carrera que vio al inventor sumergirse desde el triunfo a la tragedia.

El theremin consiste en dos osciladores que generan frecuencias ultrasónicas idénticas; uno de los osciladores está fijo, pero el otro puede varias su secuencia de sincronización, y la diferencia entre los dos produce una nota audible.

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The Beach Boys – “Good vibrations”

El prototipo del theremin tenía un pedal para controlar el volumen, antes de asentarse con su método distintivo de usar la impedancia que ofrece el cuerpo humano al paso de una corriente eléctrica para modificar los campos magnéticos que emanan de dos antenas, una vertical, para controlar el tono, y otra horizontal en forma casi de aro, para el volumen. Y como el intérprete nunca llega a tocar las antenas, lo que parece en realidad es que esté conjurando los sonidos desde el propio aire. Aunque esa falta de contacto de las manos con él, hace también del theremin un instrumento bastante dificultoso de controlar, y es necesario tener en cuenta distancias muy pequeñas en el aire, porque el más mínimo temblor de manos causa que la nota musical pase a otro tono diferente.

…atentos a Jimmy desde el minuto 1:40 del vídeo…

Leon Theremin fue un tipo prodigiosamente inventivo, que trabajó en otras muchas cosas menos conocidas; por ejemplo, la plataforma de baile Terpsitone, en la que usaba los mismos principios que con el theremin, para crear un instrumento en el que el movimiento físico del bailarín servía para crear música; y muchos años antes de que lo hiciesen los Kraftwerk, él ya usaba el Rhythmicon, la primera caja de ritmos del mundo. También inventó un cello electrónico sin cuerdas allá por los años 20.

Pero su genialidad no se limitaba a la música; Theremin también inventó una alarma antirrobo, basada en esos mismos principios eléctricos, que impresionó tanto a Lenin que la instaló en el Banco Estatal Soviético. También trabajó en una televisión muy primitiva, que los rusos usaron como instrumento de vigilancia, mientras que los desarrollos de sus inventores occidentales rivales en el mismo campo, potenciaron en Europa y los USA su uso para el entretenimiento. Diferencias culturales, ya veis…

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Portishead – “Mysterions”

Leon Theremin, sin embargo, demostró también ser bastante adaptable a la decadente cultura imperialista cuando se trasladó a los Estados Unidos en los años 20, firmando un contrato con RCA para la fabricación comercial de los theremines. Su reputación como elemento exótico adjunto a la escena social se cimentó del todo cuando se casó con la bailarina de raza negra Lavina Williams. Pero cuando mayor era su fama, en 1938 fue secuestrado en New York por la NKVD rusa (las fuerzas de seguridad del comisariado del pueblo) y trasladado a Magadan, uno de los gulags más brutales de Siberia.

Después fue forzado a trabajar en proyectos militares, desarrollando instrumentos de rastreo para localizar submarinos enemigos, y pequeños micrófonos ocultos para espionaje y vigilancia.

Los ocho años que pasó como trabajador forzoso le congraciaron con el Régimen, y en 1947 fue liberado y premiado con la Medalla de Stalin por sus esfuerzos en favor del espionaje soviético. Eso le permitió volver a la música, ingresando en el Conservatorio de Moscú…

…pero sus problemas no acabaron ahí. Cuando un artículo en el New York Times reveló años después que continuaban sus flirteos, ya en los años 60, con la cultura americana, interrumpidos con su secuestro, volvió a caer de nuevo en desgracia y fue expulsado del Conservatorio, a la vez que sus instrumentos e inventos en curso fueron confiscados y destruidos. Así que Theremin se plantó en la década de los 70 teniendo que comenzar su vida prácticamente de nuevo. Y tan incontenible como siempre, se dedicó a desarrollar un theremin controlado por el movimiento de los ojos.

Leon Theremin falleció a finales de 1993, cuando contaba 97 años de edad.

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Mercury Rev – “Tonite it shows”

En su obligada ausencia soviética, el instrumento de Theremin siguió abriéndose paso en la cultura occidental, gracias a algunos virtuosos que incluían en sus obras la música que emanaba de él, sobre todo incluyéndola en bandas sonoras de películas de ciencia ficción.

Y en el mundo del rock, el theremin también ha sobrevivido como una presencia agitadora y discutible en la música de Stereolab, Mercury Rev, la Jon Spencer Blues Explosion… todavía ululando… noventa años después…

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Jon Spencer Blues Explosion – “Greyhound”

L’ESPANYA DE XARANGA I BARRETINA

En las anteriores entradas que habíamos dedicado a contar el nacimiento del rock en diferentes puntos de España, diferenciados por sus situaciones sociales y económicas, no habíamos profundizado todavía en cómo surgió el movimiento conocido como ROC CATALÁ.

Si comparamos la forma en que este fenómeno surgió en la ciudad condal encontraremos algunas similitudes con la forma en que surgió en Sevilla y sus alrededores el rock andaluz, pero también algunas diferencias importantes. Al igual que ocurrió en Sevilla, en Barcelona no surgieron los grupos de rock de la noche a la mañana, allí ya había un trasfondo musical importante mantenido por los músicos de la Nova Cançó, que si bien hacían una música que nada tenía que ver con el rock, pero podemos considerarlo el semillero de los músicos del roc catalá… Sisa, Albert Batiste, Pau Riba… mucho más que todas aquellas bandas primeras, bastante más cercanas al rock, de las que ya hemos hablado por aquí: Sirex, Mustang, Salvajes, Lone Star… en lo que respecta al roc catalá ninguna de estas bandas sirvió para nada.

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Sisa – “Carrer”

El punto de partida podemos situarlo en la editora Els quatre vents, fundada por Angel Fábregas, en la que creció y se popularizó el Grup de Folk, que aunque llegaron a convertirse en los mayores contestatarios y revolucionarios de la cultura ortodoxa venían de unos principios tan católicos como el movimiento diocesano y los boy-scouts catalanes. La base del trabajo que hacían estos cantantes folkies se nutría de canciones americanas de Bob Dylan, Joan Baez, Pete Seeger, traducidas al catalán, que posteriormente, gracias sobre todo a Pau Riba y María del Mar Bonet, se fueron cambiando por canciones tradicionales, unas veces respetando la forma en que siempre se habían cantado en Cataluña y otras veces cambiadas en su forma y letra para molestar a esa cultura ortodoxa que antes mencionábamos.

El folk que practicaban todos estos músicos era, en realidad, una evolución de sus ideas anteriores; y como las ideas como mejor se desarrollan es siguiendo en su evolución, el siguiente estado en el que se encontraron todos estaba ya más cercano al rock que al folk. La primera experiencia que podemos llamar rockera fue el lanzamiento de Sisa, con su música ya electrificada, y con los teclados y arreglos de Enrique Herrera, que se convirtió en el personaje principal de todos los discos nuevos que iban sacando las bandas, hasta que se decidió a reunir a tres colegas más y formar la suya propia en 1969. Así nació Màquina!

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Màquina! – “Earth’s daughter”

Y ésta fue en Barcelona, como ocurriese también en Sevilla con Smash, la banda singular que aglutinó las posturas vitales de los jóvenes rockeros. Y aunque Smash subvertió los conceptos de estos jóvenes a través de lo que hicieron con su música, en realidad lo mejor de Màquina! fue lo que nunca llegó a hacer: cantar en castellano en un programa hortera de televisión española dirigido por Valerio Lazarov. Porque Màquina! fue un grupo en el que la profesionalidad nunca brilló más que por su ausencia, lo que les hizo incumplir multitud de contratos y no gozar jamás de ningún éxito popular. Al contrario que lo que ocurrió con Smash, a ellos prácticamente no les había escuchado nadie, su prestigio les llegó por otra vía…

Porque cuando Lazarov mandó llamar a Màquina! para grabar en los estudios madrileños de Prado del Rey, y exigirles además que cantaran en castellano, lo único que consiguió fue hacer germinar una conciencia de clase que terminó por convertirse en el movimiento de música popular más fuerte de la España de aquellos tiempos. Con la negativa de Màquina! a hacer aquello, en Barcelona ya no solo no se iba a hacer rock adulterado en castellano, sino que ni siquiera se iba a hacer rock. Desde aquel otoño de 1970 los músicos más concienciados de aquella ciudad iban a hacer la música que sentían, tal como la sentían… iban a hacer roc catalá. O al menos iban a poner las primeras piedras para comenzar a edificarlo y comenzó a tomar cuerpo de la mano de Música Dispersa, Agua de Regaliz, Vértice, Cerebrum, Crac, Om…

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Pau Riba – “Rosa d’abril (l’amor s’hi posa)”

Hace siete u ocho meses que todas las presiones externas a mi creación, los líos de censura, la precariedad de las actuaciones y los consejos para hacer discos me los paso por los cojones. Quiero hacer las canciones que me gustan, con las letras que me vengan en gana y la música que me interesen. Y las cantaré como yo entienda que deba hacerlo. ¿Que no me pasan la censura? Mala suerte. ¿Que la casa de discos no se arriesga a grabarla? Mala suerte, ¿Que Fulano de Tal no quiere oírme? Mala suerte. ¿Que nadie quiere contratarme para actuar? Pues mala suerte… (PAU RIBA)

Y en esos siete u ocho meses, Pau Riba no actuó ni una vez, claro. Pero los músicos tomaron conciencia de clase, sintieron la necesidad de expresarse en su propio idioma, bajo una cultura propia y dentro de un contexto autóctono muy definido. Rompieron definitivamente con la interpretación de versiones y ahondaron en el folklore propio; los grupos de barrio que hacían cançó también se electrificaron, se unieron, contrastaron opiniones y criterios… y al ser Barcelona una ciudad innegablemente con más influencias europeas que el resto de las ciudades españolas, podía poner sus ojos más allá de Perpiñán y tener más accesibilidad a las fuentes musicales originales. Eso posibilitó que los nuevos grupos de rock pudiesen dejar de basarse en los patrones consumistas y bebiesen directamente de los artistas más interesantes tanto creativa como técnicamente… Miles Davis, Weather Report, Traffic, Yes, Larry Coryell, John McLaughlin… el camino que seguían los músicos progresivos catalanes era paralelo al que seguían los músicos del resto del mundo, con la diferencia de que en lugar de apartarse del jazz para avanzar por el rock, aquí abandonaban el folk de toda la vida para madurar en el rock… bueno, en el roc.

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Música Dispersa – “Arcano”

De todas formas, al igual que en el resto de España, las movilizaciones rockeras seguían siendo una cosa minoritaria; en plena efervescencia del movimiento underground, el disco que más se vendió en España en 1970 fue “Un rayo de sol” de Los Diablos. Y los catalanes, además, tuvieron que enfrentarse a otro obstáculo, colocado en su camino por el resto de las compañías discográficas del país, que para aprovechar el tirón de las buenas bandas que estaban saliendo a flote con una credibilidad musical basada en adaptar lo que hacían los grandes del rock en el extranjero, decidió inundar el mercado español con todos los discos originales de esas bandas, que hasta ahora habían estado inéditos aquí. La gente del resto de España, pues, prefirió gastarse su dinero en discos de Santana, Chicago, Blood Sweat & Tears, Simon & Garfunkel, Bob Dylan, y sobre todo en un disco de referencia para todos los que andamos ya con la cincuentena pasada, que se podía comprar a precio normal aunque fuese doble, y que por eso teníamos todos en nuestras casas; se llamaba “Llena tu cabeza de rock” y reunía una grandísima muestra de todos los grupos y artistas progresivos americanos. Con él descubrimos nuevos mundos casi todos los jóvenes rockeros del país, y dejamos de lado el camino que comenzaron los catalanes.

Pero allí, en Barcelona, resistieron bien el tirón; y aunque en los conciertos, los festivales, las salas, se reunía también siempre la misma gente, allí, seguramente como consecuencia de la costumbre y de las raíces del folk, el número de personas que se metió de lleno en el roc catalá creció de forma exponencial, y en el escaso tiempo de cinco años, cuando el festival de “Seis horas de cançó” de Canet abrió paso al primer festival de “Canet Roc”, en él se reunieron cincuenta mil personas, toda una fuerza popular que no estaba allí atraída por ningún grupo estrella extranjero que pudiese justificar aquel poder de convocatoria; no, allí solo había grupos catalanes sirviendo de catalizadores de toda aquella fuerza… Iceberg, la Companya Electrica Dharma, Ia & Batiste, Oriol Tramvia, la Orquesta Platería, la Mirasol… bueno, sí que hubo dos actuaciones de artistas que no eran catalanes, pero eran artistas que habían vivido las mismas circunstancias vitales que éstos y eran perfectamente asimilables: Gualberto y Lole y Manuel, pero que incluso con ese pedigrí fueron los más incomprendidos, subvalorados y fuera de lugar de todo el festival.

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Iceberg – “La flamenca eléctrica”

Posiblemente los catalanes también padecieron esa mala costumbre española de mirarse demasiado el ombligo, y con la euforia y las ganas de vender el roc catalá comenzaron a lanzarse al mercado discográfico una serie de grabaciones de muy floja calidad que en el resto de España comenzaron a rechazar, sobre todo porque los medios que más se ocupaban de la cultura underground de aquella época se empeñaban en identificar la identidad del rock español con la del roc catalá, dejando de lado las sombras, la impotencia, la dispersión y la renuncia que acechaban al movimiento en su crecida. La carta que me publicó el Vibraciones y que Luis Clemente reprodujo en su libro sobre el rock sevillano fue solo una pequeñísima gota en un mar de quejas, y desde Madrid también se echaba constantemente en cara a Barcelona el desdén hacia los trabajos que no saliesen de allí.

La contestación, aparte de la que me hizo a mí Claudí Montañá (y perdón por personalizar, pero es testimonio de primera mano) sobre que “en Catalunya se hace la mejor música de todo el estado español” también tuvo órdagos como el último punto de la carta que los responsables de la sala Zeleste, con la firma de un gran número de músicos del roc catalá, dirigió a la prensa de entonces:

Exigimos una crítica musical inteligente y culta, que se deje de tratar al movimiento musical de Barcelona como un género de subnormales. El nivel técnico y creativo, la seriedad y profesionalidad de nuestros músicos y la cultura de nuestro pueblo se lo merecen.

Ya veis, pocos y mal avenidos… quizás todo el problema radicase en ver este fenómeno como divagaciones lingüísticas y nacionalistas en lugar de verlo como caudal de sentimientos; al fin y al cabo el rock es algo que no se puede definir, ni explicar; el rock, además de esa cosa que cada dos o tres meses algún enteraíllo dice que se está muriendo, es lo que tú y yo sentimos cuando escuchamos esa música que te abre los labios en una sonrisa o te los tuerce en un gesto de indignación. Eso es el rock… o el roc.

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Companya Elèctrica Dharma – “Ball llunàtic-toc”

LOS COLORES DEL ARCO IRIS

Judy Garland había muerto hacía unos días. Un icono se había ido para siempre. La chica que nos prometía tiempos mejores al final del arco iris había fallecido en Inglaterra el día 22 de junio de 1969, cuando solo contaba con 47 años de edad. Fue encontrada sin vida en el piso que tenía alquilado en Londres.

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Judy Garland – “Over the rainbow”

A pesar de que Judy estaba continuamente luchando con sus problemas de salud y que sus deudas ascendían ya a más de un millón de libras, su desaparición parecía increíble. Pero la realidad golpeó a todos sus compatriotas cuando unos días después el cuerpo de la diva llegó volando desde Inglaterra hasta Nueva York, para reposar en la funeraria de la Avenida Madison, esquina con la 81, donde 22.000 personas desfilaron delante de su ataúd abierto durante las siguientes 24 horas. Previamente a su entierro, el día 27, se ofició una ceremonia fúnebre a la que asistieron dolientes como Frank Sinatra, Yip Harburg (el autor de “Over the rainbow”) o James Mason, que fue quien leyó el panegírico.

Mientras eso ocurría algunos gays acudieron al Stonewall Inn, en el Greenwich Village, para beber, bailar y celebrar su recuerdo. Pero la policía hizo una redada, golpeó a los dueños del local y detuvo a los clientes para determinar que eran hombres. Hubo rumores de que la policía había acudido a cerrar el Stonewall por vender alcohol sin licencia y que todo se les fue de las manos. Pero el caso es que los gays decidieron que ya estaba bien de marginación y maltrato, y se rebelaron contra la ley que le imponían. Jayne County, en su autobiografía titulada “Lo suficientemente hombre para ser una mujer”, cuenta como Peaches y Marcia, dos de las reinas de la calle más guerrilleras, se pusieron realmente furiosas y cerraron la puerta del Stonewall, apilaron un montón de basura contra ella, y le pegaron fuego mientras los policías estaban todavía dentro. Aquello provocó que todavía apareciesen más coches de policía, y los disturbios se multiplicasen.

Todos los vecinos del Village se pusieron de parte de los sublevados, y se organizó una marcha en la que todos los gays, lesbianas y travestís iban cantando mientras lanzaban besos a los policías vestidos con todas sus armas antidisturbios.

El enfrentamiento principal solamente duró un par de horas, bastante adelantada ya la madrugada del día 28, y la policía, que sufrió cuatro heridos entre sus miembros, realizó trece detenciones. Los gays suponían que la policía había asaltado el Stonewall porque no habían recibido sus habituales “mordidas”. Y que los polis confiscasen la caja registradora pareció confirmar que su interés era puramente económico.

Pero cualquiera que fuese la razón, por primera vez los gays se unieron para protestar. Y por esa causa el 28 de junio fue designado como el DIA DEL ORGULLO GAY.

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Plushgun – “Dancing in a minefields”

…y bailamos en un campo de minas con una botella de whiskey.

Hacemos ruidos con juguetes eléctricos,
y hay chicos besando a otros chicos
en el momento en que llegan los policías.
Y nos empujan, y nosotros les empujamos a ellos.
Sí, mantenemos nuestro lugar en su moralidad de policía estatal.
Nos echan a patadas y volveremos de nuevo, esta noche si no ahora…

REWIND

¿No estaría bien que nuestra vida también se pudiese rebobinar…?

2011

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The pains of being pure at heart – “Belong”

2007

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Deerhunter – “Spring hall convert”

2004

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Franz Ferdinand – “Take me out”

1999

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Mercromina – “Evolution”

1993

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R.E.M. – “the sidewinder sleeps tonight”

1989

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Compañía Malpaso – “El trip de las 5″

1984

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Nacha Pop – “Lucha de gigantes”

1982

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Fischer Z – “Marliese”

1979

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Blondie – “11:59″

1976

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Bruce Springsteen – “Backstreets”

1973

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David Bowie – “The Jean Genie”

1970

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Pink Floyd – “Careful with that axe, Eugene”

1967

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Bob Dylan – “Like a rolling stone”

1964

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The Beatles – “She loves you”

1961

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The Teen Tops – “Popotitos”

1958

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Gloria Lasso – “Luna de miel”

LAS PIEDRAS COMIENZAN A RODAR

Siempre ha estado muy bien documentado, y todo el mundo conoce, cómo Brian Epstein se hizo manager de los Beatles, y de su mano comenzaron el ascenso al estrellato. Sin embargo los Rolling Stones tuvieron una figura paralela en la persona de Andrew Loog Oldham, que fue quien los convirtió en “un estilo de vida” más que en “una banda de rock and roll”, y el inicio de su camino juntos es más desconocido. Hoy vamos a intentar ponerle remedio a ese desconocimiento.

Andrew Loog Oldham ya era una estrella ascendente en el negocio de la promoción del mundo del rock aquella tarde en que iba sentado en el metro camino de Richmond. Para entonces él ya había llevado a los Beatles cuando éstos eran más conocidos por sus novedosos cortes de pelo que por su música; trabajó con Mark Wynter durante el tiempo que duró su sueño de ídolo juvenil; mantuvo en alza a Jet Harris y convirtió a Kenny Lynch en carne de fans adolescentes. En menos de tres años Andrew Loog Oldham había crecido desde ser un niño ambicioso que sabía lo que quería, hasta un hombre con ideas militantes que lo había conseguido. Y solamente tenía 19 años.

Los periodistas le conocían y le respetaban. Andrew era joven, dinámico y apasionado por la música en una industria dominada por gente de lo más mezquina. Sin embargo él tenía una visión más abierta, una visión que iba mucho más allá de promocionar simplemente a una banda. Los ídolos de Andrew no eran los músicos, sino los cerebros que había tras ellos, gente como Phil Spector o Bob Crewe. Por eso cuando Peter Jones, un periodista del Record Mirror, le sugirió que fuese a ver a un grupo sobre el que acababa de escribir en su revista, un grupo de rhythm & blues que se llamaba The Rollin’ Stones, Andrew le hizo caso. Y aunque no tenía muy claro en realidad que era eso de rhythm & blues, lo importante es que The Rollin’ Stones tiraron por tierra todas sus reservas.

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“I want to be loved”

El domingo siguiente, 21 de abril de 1963, Andrew volvió a ir a verles al Crawdaddy Club y allí ya enloqueció con ellos. Esta no era una banda de garrulos de barriga cervecera apaleando el típico repertorio de Muddy Waters, eran sexo, violencia, y rock and roll en su máxima crudeza. Al poco rato de verles actuar Andrew ya había determinado los rudimentos de la imaginería que iba a permanecer como la especialidad de los Stones durante todo lo que quedaba de década.

En aquellos Stones del ’63 estaba Bill Wyman, pálido, demacrado y casi medieval; su pelo parecía pegado con pegamento y su expresión era helada. Y estaba Charlie Watts, que parecía que solo pasaba por allí y se subió a acompañar unos blues; y Keith Richards, con el pelo lleno de trasquilones, igual que la cara, todavía con un cuerpo de niño metamorfoseado en demonio de la guitarra. Brian Jones era la imagen reflejada en el espejo del propio Andrew, feo y guapo a la vez, más grande que pequeño, con un brillante cabello rubio tapándole una cara que ya parecía reflejar que tenía algunas deudas pendientes con la vida. Y estaba Mick Jagger, que se movía como un Tarzán adolescente recién sacado de la selva, sin sentirse a gusto aún en su traje… un cuerpo que todavía no había decidido cómo iba a ser. Ah, y estaba también Ian Stewart, un tipo de ojos saltones, con mandíbula de boxeador y un pelo que sí se podía domar con el peine.

Los Stones con Andrew. Es el segundo por la izquierda.

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“Fortune teller”

Después del concierto Andrew les dijo “hola” y se fue enseguida a su casa, necesitaba reagrupar sus pensamientos, traducir las emociones de la noche del domingo a palabras. Y una semana más tarde volvió al Crawdaddy con su colega Eric Easton. Cuando los Stones terminaron de tocar Andrew dejó que fuese Eric quien hablase con ellos, no porque fuese mayor y tuviese un aire de experiencia y confianza, sino porque él quería dejar lo mejor, su “visión”, para el final. Además, si fuese él quien estuviera hablando no podría ver, y eso es lo que necesitaba hacer. Mirando las cosas con propiedad, Brian Jones era… el líder de la banda, pensaba Andrew para sí mismo. Pero… estudiando a Jagger y Richards, sintió una ambición más profunda.

Quedaron para reunirse todos al día siguiente en las oficinas de Andrew y Eric en Regent Street, y de los Stones acudieron solamente Mick Jagger y Brian Jones, que fue quien comenzó los tratos con Eric: “¿Qué podéis hacer por nosotros?”, le preguntó, yendo al grano. “Todo lo que podamos”, le contestó Eric Easton. Entonces Brian Jones les preguntó a los dos qué les gustaba de la banda, y esa fue la oportunidad de Andrew.

Les explicó que era una cuestión de opuestos: Dios y el Diablo, Sherlock Holmes y Moriarty, Elvis y Pat Boone, los Beatles y… cada héroe necesita un antihéroe. Así que lo más despacio y claro posible les dijo: “Tenemos a los Beatles. Ahora queremos algo que no sea los Beatles. Y vosotros estáis aquí para eso”. Y después de la charla se terminó la reunión.

Tres días después, el 1 de mayo de 1963, Brian Jones firmaba el contrato que unía a The Rolling Stones (ya oficialmente con “g” en vez de Rollin’, como solían escribir muchas veces su nombre) con Impact Sound, la compañía que acababan de crear Andrew y Eric. Había llegado el momento de cambiar la vida de todos.

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“Poison ivy”

Lo primero que hizo Andrew una vez que estuvo al frente de la nave fue decirle a Ian Stewart que no encajaba en la imagen que había proyectado del grupo, y aunque nunca fue apartado oficialmente de los Rolling Stones y continuó colaborando y tocando con ellos durante el resto de la década, dejó de formar parte de la banda, que a partir de entonces comenzó a aparecer de forma oficial como quinteto.

Una semana después entraron por primera vez en unos estudios de grabación. Y no fueron los únicos, porque a Andrew Loog Oldham le pasaba lo mismo; no fue extraño, pues, que tuviese que pedir ayuda al ingeniero de sonido… “oye, soy el productor y ésta es la primera sesión de grabación a la que asisto; no tengo ni puta idea de música ni de cómo grabarla…”.

Menos mal que el grupo tenía las ideas más claras que él, y aunque disponían de un repertorio enorme de canciones de rythm & blues de otros grandes autores, no querían comenzar con ninguna de las canciones más conocidas que ya hubiese grabado cualquier otro grupo inglés, así que para no ser obvios pero sí razonablemente comerciales eligieron una canción oscura y poco característica de Chuck Berry que no había llegado a ser editada nunca en Inglaterra: “Come on”. Y la reconstruyeron a su modo de tal forma que apenas guardaba parecido con el original de Chuck.

La primera grabación, como no podía ser de otro modo, resultó un fiasco enorme y la Decca (el ínclito Dick Rowe de infausto recuerdo) les dijo que no podían publicar algo tan espantosamente grabado, por lo que los volvió a meter en otros estudios diferentes para que lo repitiesen todo de nuevo. Y esa vez sí salió una canción aceptable, la que significó el comienzo de la andadura de los Rolling Stones con su edición en un día como el de hoy, 7 de junio, de 1963. Coincidiendo con su aparición hicieron también su debut en televisión para promocionarla de forma adecuada en “Thank you lucky stars”, el programa de más audiencia del país, a pesar de contar con un productor de tan excelsa visión de futuro como para dar este consejo a Andrew Loog Oldham: “Si tienes alguna ambición con respecto a estos Rolling Stones lo primero que debes hacer es deshacerte de ese cantante de apariencia repulsiva, que tiene neumáticos en vez de labios…”.

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“Come on”

SOMBRA SACRA

En años anteriores, cuando llegaba la Semana Santa solíamos colgar en este blog un post que tuviese relación con ella. Creo que ya el año pasado perdimos la costumbre. Y este año en realidad también, porque la entrada que podéis leer a continuación fue la que escribimos hace ya cuatro años. De todas formas, como la mayoría de los lectores actuales no andábais por aquí entonces, podéis recuperarlo en esta ocasión… y seguro que a más de uno os sorprenderá.

Marchas procesionales. Buf. La inevitable banda sonora de estos días, capaz de atraer a una buena parte de los sevillanos y de poner en fuga al resto, literalmente, hacia las playas o las montañas, a cualquier sitio donde no llegue el olor a incienso.

Lo cual, visto con cierta objetividad, es una pena, pues constituye una de las pocas expresiones musicales auténticamente locales. Si no fuera porque nos la están martilleando a todas horas desde nuestra más tierna infancia, tanto en esta semana como en el resto del año, y así lo pueden atestiguar aquellos que vivan al lado de alguna de las plazas, solares o descampados donde las bandas de música hacen sus ensayos de corneta y tambor desde octubre hasta mayo dale que te pego. En suma, no es extraño que para muchos sevillanos esta expresión musical sea territorio “yuyu”, e intenten alejarse de tanto “Estrella Sublime” y el resto del repertorio. Desaparecida con Silvio la figura del capillita rockero, salvo por ese artista todo terreno que es Andrés Herrera y sus versiones a la guitarra de marchas procesionales, la brecha entre los aficionados a la música y la Semana Santa se acentúa cada año.

La Banda Ionica

De ahí la sorpresa que supuso en el año 1998 encontrarnos que un alma ya de por sí inquieta como es ROY PACI (Augusta, Sicilia, 1969) se saliese aún más de su ya de por sí diversa trayectoria (que alternaba aventuras multiétnicas como la Radio Bemba de Manu Chao, o su propio grupo Mau Mau, junto a numerosas bandas experimentales oscilando entre el jazz y la vanguardia) para formar, junto a su compadre en Mau Mau, Fabio Barovero, la llamada Banda Ionica, a la cual atraen a unos cuantos jovencísimos músicos pertenecientes a distintas Bandas y Agrupaciones de Sicilia. El primer resultado de aquella experiencia fue un disco llamado “Passione” que puso en los circuitos de la World Music un tipo de música que a la mayoría de los críticos les sonaba a Fellini o a Begnini y que sólo acertaban a comparar con Nino Rota o Nicola Piovani, por el dramatismo de sus timbres. Obviamente, ninguno de esos críticos conocía a los maestros Font de Anta o López Farfán.

Passione

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Banda Ionica – Pianto Eterno (Quatrano)

  • “Son las primeras luces del Alba. Tras pocos minutos, desde el monte de la Abadía de San Miguel Arcangel comenzará, lentamente, la procesión del Misterio. Con las primeras notas de la banda, una incontrolable emoción riega de lágrimas a los fieles. (…) Lágrimas, no sólo de duelo y pena por la muerte de Cristo, sino de pura angustia acumulada, incluso para aquellos que no son devotos. Y cómo no conmoverse, más o menos devotamente, con el sobrecogimiento del campanilleo vibrante de un soplo emocionado, seguido de un cortejo de cadenciosos clarinetes, trombones, tubas, trompas y fliscornios con los que se abre la celebérrima “Jone”, marcha fúnebre escrita en 1858 por Enrico Petrella, y hoy en día muy extendida en todas las procesiones de la Italia meridional.” (de la nota interior de “Passione”)

Ionica en su salsa

Y no sólo allí. “Jone”, rebautizada por estos lares como “Ione”, es una de las típicas marchas del denominado estilo “sevillano” que acompañan a más de un palio cuando marcha “sobre los pies” durante la Semana Santa. “Ione” es una adaptación de la ópera “Jone” de Enrico Petrella, compositor contemporáneo de Verdi, que el maestro Font y Fernández de la Herranz, arregló para ser interpretada procesionalmente en 1899.

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Banda Ionica – Jone (Petrella)

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Soria 9 – Ione (Font y Fdez. de la Herranz)

Durante la grabación de aquel primer disco, en el año 1997, el mayor de los músicos que participaron en la grabación tenía 21 años, mientras que los más jóvenes aún no habían cumplido los 15. En su mayor parte, se trataba de chavales pertenecientes a varias Bandas de Catania y Siracusa, dirigidos por el “Maestro Rosario Patania” (seudónimo de Roy Paci), y que, al igual que él, compartían el mismo amor por la tradición regional de una tierra que, como la nuestra, lleva el peso de la historia sobre sí. Conocidas allí como “marchas fúnebres”, resulta obvio el lazo que une estas interpretaciones a las que nuestros propios chavales machacan en más de un descampado a la caída del sol y que, una vez que han sido suficientemente ensayadas, acompañan a nuestras procesiones desde que sale la Cruz de Guía hasta que se recoge el último costalero.

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Banda Ionica – Una Lacrima sulla tomba di mia madre (Vella)


Roy Paci en traje de paisano, flanqueado por dos colegas

  • “Todo empezó con Fabio Barovero, quien había quedado fascinado por el sonido de las Bandas. Aunque él nació en Turin y ha vivido en el Lazio, y esta sonoridad no le era extraña, toda esta música le parecía un folkore muy lejano y tradicional. Así que nos unimos en este proyecto y todo salió muy rápido. Elegimos los músicos más jóvenes y arriesgados de varias bandas, teniendo en cuenta que no hubieran estudiado música clásica, para evitar que pareciera una gran orquesta interpretando marchas fúnebres. Así nació la Banda Ionica. Que, por cierto, ha tenido un éxito increíble, con conciertos en España, Francia y Holanda, y ya nos están reclamando desde America y Japón, a los japoneses les encanta estas cosas tan curiosas. Estoy orgulloso de haber logrado esto junto a Fabio y queremos llevar adelante el proyecto. Una pena que en Italia no haya tenido tanta consideración y, sin embargo, los medios se vuelcan con otros proyectos mucho más publicitarios, como ese de los cuatro cantantes de Ópera, con todo mi respeto para ellos. En cambio, asistir a un concierto de la Banda es asistir a aquello que nos puede sugerir un cierto tipo de imagen, de paisaje del sur de Italia. Normalmente no me gusta alabar mis propios proyectos, es la primera vez que lo hago, si me permites la presunción. Y la Banda Ionica es, de entre todos los trabajos que he hecho, el que más me ha compensado, siendo como soy tan crítico con mis obras. Es un gran proyecto, gracias ante todo a la intervención de los grandes artistas que han dado de verdad un trozo de su corazón para realizar el disco y llevarlo al directo.” (entrevista a Roy Paci)

La segunda obra de la Banda Ionica, “Matri mia”, llega en el año 2001, y, como no podía ser menos en la trayectoria de Paci, supone un cambio radical respecto al anterior trabajo. El tono lúgubre de las marchas fúnebres deja paso a un universo más abierto, donde se intenta revivir toda la tradición centenaria de las bandas musicales del sur de Italia, más allá de la Semana Santa. Esta vez hay interpretaciones vocales, cortesía de Macaco El Mono Loco, Arthur H, Cristina Zavalloni, Mauro Ermanno Giovanardi, Lara Martelli y el poliédrico Vinicio Capossela, que aparecen como artistas invitados. Las letras, como sugiere el título del disco, están dedicadas a las mujeres y en particular a la figura maternal.

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Banda Ionica – Intro / Espinita (voce: Dani Macaco)


Il maestro Rosario Patania a la trompeta

La mayor parte de estos músicos y cantantes pasaron por Sevilla en mayo del 2004, cuando la Banda Ionica abrió la serie “Territorios” con un concierto en el Patio de Los Alcazares. Para entonces, el sonido más artesanal y recogido del primer disco ya se había expandido para reverberar casi como una gran orquesta, mitigando así el shock que suponía que una banda siciliana viniera a Sevilla a presentar su repertorio de marchas de Semana Santa. Como fuese, algunos de los que allí estuvimos guardamos un excelente recuerdo de aquella noche.

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Banda Ionica – Raissa (voce: Arthur H)


Roy Paci metido en faena

De ese año 2.004 es también la aparición del grupo en la banda sonora de “After midnight” (“Dopo mezzanotte” en el original), una película italiana que rendía tributo al cine clásico; y al año siguiente aún los escuchamos en otra banda sonora, esta vez de “La fiebre”, que incluso ganó el premio de la Crítica Joven de Europa en el Festival de Sevilla. Y desde entonces poco es lo que se ha sabido de la Banda Ionica. El principal motivo es, cómo no, la hiperactividad de Roy Paci, muy atareado con sus múltiples proyectos (¿no descansa este tío?), entre los que destacan por un lado Aretuska, con un repertorio que salta entre ritmos tan dispares como el rock’n'steady, ska, soul, funk y las tarantelas, y, por otro, su alter-ego Corleone, más próximo al jazz y la avant-garde, siempre desde la perspectiva mediterránea.

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Roy Paci & Aretuska – Se stasera sono qui (con Meg 99 Posse)

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Roy Paci & Aretuska – Viva la vida

De momento, en Sevilla, un muro invisible sigue separando el mundo de la música procesional de las tendencias musicales más actuales. Es posible que haya por ahí un Roy Paci que aparte de una vez las telarañas y los prejuicios que envuelven una de nuestras formas musicales más personales. Aunque los resultados no están garantizados. En uno de los capítulos de su libro “45″, Bill Drummond, antiguo manager de Echo and the Bunnymen y Julian Cope, que alcanzó el éxito a inicios de los 90 con los ritmos acid de The KLF, relata la inmensa frustración que para él y Jimmy Cauty (su otra mitad en KLF) supuso intentar montar una versión de su éxito “What time is love” con una banda de metales y tambores, razonando sobre la dificultad de cuadrar los tiempos de una banda orquestal con la métrica del “acid dance”.

Aunque…¿quién sabe? Igual un día de estos los chavales del descampado nos sorprenden ensayando ritmos batucada con sus tambores o sirviendo de soporte a las letras de algún cantante local. Todo es posible.

Desde que se editó este post, hace cuatro años, como os dije antes, Roy Paci ha seguido manteniendo activamente el proyecto de Aretuska, editando desde entonces un par de discos más y un “grandes éxitos”, a la vez que intervenían en algunas películas cinematográficas y programas de televisión. Por su parte, Roy a devenido en un activista por la paz, comprometido en campañas contra la violencia de género, la ayuda a los niños, y la intervención humanitaria en África.

SPAIN WAS DIFFERENT

Para Zinvia. Y su señor padre.

En el anterior post que dedicamos a los comienzos del rock en España ya apuntamos que el advenimiento de los ye-yés fue una lacra difícil de superar, pero la pregunta que unos días atrás nos hacía Juan Antonio sobre aquella versión en español de “jóvenes, éramos tan jovenes” hace que retomemos de nuevo la historia porque la segunda maldición que tenía hundido a ese incipiente rock español eran precisamente las versiones.

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Los Mustang – “Los jóvenes”

Os hablé también de la rivalidad entre Los Sirex y Los Mustang, y entre sus respectivos seguidores, algo que ejemplificaba dos actitudes muy bien definidas en los grupos españoles de entonces. Los Sirex mantenían su carácter bronquista con más rebeldía que Los Mustang. El líder de los primeros, Leslie, era un chaval de barrio, y el de los segundos, Santi Carulla, era un protopijo que cantaba baladas. Los Sirex comenzaron siendo un grupo que al principio vestía chaquetas de cuero y cadenas, mientras que en Los Mustang el traje era obligado desde el principio. Los Sirex cantaron canciones propias desde el principio, o éxitos americanos (alguno incluso firmándolo como propio, como “San Carlos Club”, que no era sino el básico “Route 66”); Los Mustang versioneaban todo lo que su discográfica les ordenaba, desde los Beatles a Alain Barriere. Como véis, dos actitudes distintas, que eran arquetípicas de las tendencias de los grupos de aquella época, que a falta de unos rockers y unos mods, podríamos llamar progresistas y conservadores.

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Los Sirex – “San Carlos Club”

Que los grupos hicieran versiones de los éxitos de moda no es algo que estuviese mal visto, todo lo contrario, se consideraba una prueba de la validez de la banda, de que eran capaces de hacerlo igual que los extranjeros, algo que aquí en España siempre dio mucho lustre. Por eso era muy raro que los grupos compusiesen sus propias canciones, porque es que, además, su única posibilidad de acceso a la fama era grabando las versiones españolas de los grandes éxitos extranjeros. Ésa era la única línea comercial de las compañías discográficas, y eso terminó con cualquier posibilidad de tener grandes bandas propias. España era el único país donde la versión nacional de una canción se vendía más que la versión original. Y lógicamente, la consecuencia de ello es que ningún grupo daba forma a una música propia.

Así era casi imposible crear una música rock española, y cuando se intentó a través del “Black is black” de Los Bravos, la cosa no terminó de cuajar y se fue marchitando muy pronto.

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Lone Star – “Quiero besar otra vez tus labios”

El único grupo que se dio cuenta de que con tantas versiones no iban a ir demasiado lejos fue Lone Star, que precisamente era uno de los que más fortuna discográfica estaba teniendo con ellas. En este grupo estaban algunos de los mejores músicos de entonces, sólo hay que decir que todos ellos sabían leer partituras; además tenían a uno de los mejores guitarristas españoles, como era Joan Miró, y a un cantante carismático como Pedro Gené. En su actitud se fueron apartando de los Shadows para acercarse más a los Who, y en cualquier festival en el que participasen dejaban sordos a los demás grupos con el volumen de sus amplis… el soñado grupo español estaba ahí; pero nadie de la industria fue capaz de verlo.

De todas formas, al verlos a ellos, los demás grupos vieron que esa fuerza era la que hacía falta; que Los Sirex y Los Mustang ya sonaban antiguos, y aunque la mayoría de los que se aferraron a esta nueva forma de hacer rock fueron muy pasajeros, sí que hubo dos grupos que marcaron una nueva época. Los Salvajes y Los Cheyenes.

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Los Salvajes – “Soy así”

Los Salvajes eran unos Stones a la española: feistas, desmañados, patilleros, pero sobre todo con una cosa clara, escribían sus propias canciones; eran originales y no hacían concesiones… y por eso duraron tan poco.

Los Cheyenes eran todavía más feos y más bronquistas, y encima eran charnegos que le cantaban a “la Macarena”. Sus melenas les valieron ser tachados de malditos durante toda su existencia.

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Los Cheyenes – “Y olvídame”

Y aunque las dos bandas fueron un revulsivo que hizo que los organizadores de conciertos se planteasen que esto atraía a muchos más jóvenes (que además bebían más también) que los horterillas y bailones ye-yés habituales, y comenzaron a ganar sus primeras batallas, la principal maldición que asolaba a los jóvenes de entonces hizo que eso no sirviese de mucho y que también perdiesen la guerra… un ejemplo bélico que esta vez nos viene perfectamente al pelo, porque estamos hablando de “la puta mili”, por la que tuvieron que pasar casi a la vez todos sus miembros.

Así que los ye-yés siguieron institucionalizados; sirviendo, en el plano económico, para ganar dinero fácil y en el plano social para diluir el inconformismo de la juventud. Pero por otra parte, había que seguir atrayendo a esa juventud hacia el mensaje político con el que se les hipnotizaba desde la pantalla del televisor, y estaba visto que los jóvenes, que ya habían paladeado algo diferente, se aburrían con lo que veían en esta incipiente caja tonta. Y como en la tele estaba absolutamente prohibido que actuasen los grupos peludos, había que fabricar algo nuevo que les mantuviese pendientes.

Barcelona y Sevilla estaban lejos de los centros de decisión… por no decir que en las dos ciudades todos los músicos tenían unas greñas que les llegaban a los hombros; así que había que planificar algo, sin dejar nada sin prevenir. Y se le pidió a Fernando Arbex, que era uno de los productores discográficos más sólidos (y más afines) de entonces, que reuniese en torno suyo a un nuevo grupo. No se reparó en gastos; la compañía discográfica Zafiro creó un sello para la ocasión, Novola, y se puso en marcha la operación.

Un poco al estilo de los actuales “Operación Triunfo”, en Televisión Española se difundió un programa con el lema de “cómo nace un conjunto”, en el que se mostraban las aventuras de cuatro jovenes españolitos, muy cultos, muy formales y muy bien peinados, que aprendían los secretos de la música pop en la mismísima Nueva York, y que regresaban a la patria vestidos con capas españolísimas, y cantando cosas acordes con nuestra idiosincracia. Quedó demostrado que un grupo se podía fabricar de forma industrial, y eso significó la muerte de los grupos generacionales, del rock español de los años 60. Después de Los Brincos y su “Flamenco” ya nada volvió a ser igual.

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Los Brincos – “Flamenco”

Después de aquello la industria discográfica española solamente lanzaba un grupo nuevo cuando era capaz de prefabricarlo y de controlarlo. Todo el enorme potencial humano de los jóvenes músicos de nuestro país quedó dilapidado. Seguían surgiendo grupos nuevos por aquí y por allá, pero a excepción del oasis que significaron Los Canarios y después Los Íberos, la dictadura discográfica cortó el camino de los que no se doblegaban y demostraban tener ideas propias… ¿hace falta recordar la historia de Smash o Maquina!?

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Los Canarios – “Get on your knees”

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Los Íberos – “Summertime girl”

QUE TENGA MUCHO RÍTMO Y QUE CANTE EN INGLÉS

Los primeros grupos que se oyeron en nuestro país cantando rock and roll en español ni siquiera eran de aquí: Los Llopis eran cubanos y Los Teen-Tops mejicanos. Ellos fueron los que comenzaron a dar un poco de variedad a la poca producción extranjera de rock and roll que se editaba en discos… Elvis Presley, Pat Boone y poco más.

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Los Llopis – “Estremécete”

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Los Teen Tops – “Rey criollo”

Pero al igual que ocurría en Sevilla, como ya os contamos en un post anterior, en Madrid también tenían cercana la base americana de Torrejón, a través de la cual entraron muchos discos de rock sobre los que nacerían los primeros grupos madrileños. Y de entre ellos los primeros fueron Los Estudiantes, cantera además de las primeras verdaderamente grandes y significativas bandas de la capital, Los Pekenikes y Los Brincos.

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Los Estudiantes – “Blue suede shoes”

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Los Pekenikes – “Cerca de las estrellas”

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Los Brincos – “Nadie te quiere ya”

En Barcelona no había proveedores americanos cercanos, pero era una ciudad cercana a la frontera, playera, turística, que incluso en la dictadura olía a extranjero y a vanguardia.. Por eso desde antes de comenzar la década de los 60 ya existía allí un grupo de tres guitarras y contrabajo acústico, deudores de Duane Eddy y Gene Vincent, que responía al nombre de Los Sirex. De éstos salió un músico disidente que formó otro grupo, Los Mustang. Estas dos bandas serían las principales de todo el país en los inicios de la década gracias al apoyo discográfico. Y permanecerían en la cima del rock español hasta que la industria del disco se estableció en Madrid para estar más cerca del gigante que comenzaba a dar sus primeros pasos, la televisión española.

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Los Mustang – “San Francisco”

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Los Sirex – “Muchacha bonita”

Con esta dualidad establecida entre las dos grandes ciudades el rock and roll pasó a ser el rítmo que más se escuchaba entre la juventud. En Barcelona, posteriormente a los grandes duelos entre Los Sirex y Los Mustang, con leña incluída entre los seguidores de unos y otros al más puro estilo rocker-mod, irían surgiendo Los Gatos Negros, Lone Star, Los Extraños, Los Salvajes, Los Cheyenes… en Madrid los nombres importantes que surgieron eran los de Micky y Los Tony’s, Bruno Lomas y Los Rockeros, y un chaval que venía de más abajo de Despeñaperros y comenzaba a destacar con su nombre americanizado a Mike Ríos.

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Los Cheyenes – “Válgame la Macarena”

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Lone Star – “Nuestra generación”

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Los Salvajes – “Satisfacción”

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Los extraños – “Marabunta”

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Los Gatos Negros – “You took, your love”

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Los Rockeros – “La casa del sol naciente”

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Micky y Los Tony’s – “Sospecha”

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Mike Ríos – “Da dou ron ron”

Pero no todo fue fácil, muy al contrario. El trabajo que comenzaba a hacer el Opus Dei en el seno del sector de la comunicación hacía que en la prensa del Movimiento se escribiesen durísimos comentarios contra la juventud y sus festivales salvajes; e incluso en la radio, por cada comentarista enrollado como el inolvidable Ángel Álvarez había otro como Pepe Palau y sus admoniciones paternalistas. El resultado fue que el Gobierno Civil terminó por prohibir prácticamente todas las manifestaciones rockeras que surgían.

Y así llegó la primera maldición. Los atisbos del rock español se fueron abajo a manos de los que pretedían ser sus descubridores, El Dúo Dinámico. Con ellos la industria del disco se dio cuenta de que esa locura importada del extranjero podía dar muchísimo dinero, y si ya de por sí este dúo al principio caramelizaba hasta el máximo golosinas a lo Elvis, como “Oh Carol”, por consejo y presiones de las discográficas, pronto dieron paso a las más deleznables producciones y a los modos más abyectos del estilo ye-yé. A través de canciones como “Quince años tiene mi amor” y “Perdóname”, la juventud española se metió en un barrizal del que le costó muchos años salir.

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El Dúo Dinámico – “Oh Carol”

Todo era ye-yé… los pelos, el baile, la juventud alocada, el inconformismo. Todos los conjuntos eran considerados ye-yés aunque muchos de ellos hubiesen preferido dejar que les cortasen la mano con la que tocaban la guitarra antes de aceptar que les encuadrasen así; aunque hubo traidores en las filas, como Micky y Los Tony’s, que aceptaron protagonizar una película como “Megatón ye-yé”. Y además surgieron las chicas con minifalda para arrastrar a la causa a los que aún se lo estaban pensando… Gelu, Luisita Tenor, Conchita Velasco… aquello fue una maldición. Las señas de identidad de los jóvenes rockeros se diluyeron entre las aguas del océano ye-yé. No importaba lo que se cantase, ni como se tocara, siempre que no fuera estridente. Los conjuntos musicales ya no se ceñían al rock and roll y al rítmo, ahora valía todo lo que fuese “moderno”. Y a medida que los grupos iban siendo menos peligrosos, más dinero iban metiendo en las arcas de las compañías discográficas. Brillaba en todo su esplendor la época del Raphaelismo.

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Gelu – “Chao chao”

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Luisita Tenor – “Yeh yeh”

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Conchita Velasco – “La chica ye-yé”

Los pocos grupos que, aparte del reducto sevillano, surgían en el resto de España, como Los Tamara, que eran gallegos; Los Javaloyas, mallorquines al igual que Los Z-66, con el cantante Lorenzo Santamaría al frente, los valencianos Los Huracanes y Los Top Son, se fueron edulcorando paulatínamente conforme el público les iba pidiendo los nuevos éxitos que, en vez de los discos de rock and roll americano, provenían de festivales prefabricados como el de San Remo o el del Mediterráneo.

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Los Tamara – “I’m midnight mover”

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Los Huracanes – “Change”

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Los Z-66 – “Love is all I have to give”

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Los Top Son – “Despeinada”

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Los Javaloyas – “Buenas vibraciones”

Sevilla-Barcelona-Madrid… en las dos primeras ciudades los conjuntos musicales eran grupos de amigos, espontáneos; mientras que en Madrid eran de fórmula, como Los Pekenikes o Los Relámpagos, cuando no directamente prefabricados, como Los Brincos. Solamente cuando éstos hubieron triunfado accederían al mundo del disco otros grupos más naturales como Los Ángeles o Los Pasos. El manejo discográfico hizo que gente como Bruno Lomas pasase de ser un buen cantante de rock a un subproducto, y Micky dejó de ser un animador juvenil para convertirse en un solista menos que mediocre.

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Los Ángeles – “Dime, dime”

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Los Pasos – “Tiempos felices”

En otros posts iremos viendo como fue evolucionando el rock en Barcelona y Madrid en aquellos siguientes años 70, igual que hemos hecho ya con Sevilla. Porque los rockeros consiguieron salir adelante a pesar de que en los años 60 la industria discográfica destruyó el potencial de los grupos madrileños y de los que iban allí a grabar. Los de Barcelona siempre apuntaron alto, pero nunca cristalizaron en grandes fenómenos musicales. Y los de Sevilla fueron simplemente ignorados.

TIEMPOS NUEVOS

La historia que sigue ya ha sido contada en artículos, libros, discos y hasta en documentales. A diferencia de estas versiones, aquí no nos vamos a centrar en las trayectorias personales de los protagonistas. Hemos preferido quedarnos con el ambiente general en el que todo se desarrolló.

En los años ’60 Sevilla era la capital de la Andalucía del subdesarrollo y de la alegría farandulera. Aquí partían la pana unas fuerzas oficiales contaminadas de tradiciones marianas mal digeridas. Éramos una ciudad de provincias de una entidad mayor que pretendía ser una unidad de destino en lo universal… vamos, que no estaba la cosa como para que surgiesen nuevas corrientes ideológicas, y menos si venían del lejano y prohibido mundo anglosajón.

Así que quien nos iba a decir que contra viento reaccionario y marea represiva nacería un mundo underground (bueno, por entonces todavía se diría subterráneo), que se desarrolló gracias a la forma de comunicación más directa e inmediata de las nuevas generaciones de los paises industrializados… sí, todo se aglutinó alrededor del rock.

Cuando en todo el resto de España los jovenes andaban embelesados con lo simpático que eran los grupos ye-yés del momento, en Barcelona y en Sevilla comenzó a fermentar la pasión rockera. De Barcelona y los demás sitios hablaremos en otra ocasión para ampliar el contexto, hoy nos vamos a centrar en como nuestra ciudad desgarró su imagen folklórica sin traicionar la autenticidad de la misma.

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Smash “I left you”

Pocas revoluciones surgen súbitamente desde la nada. Normalmente, como pasa con los volcanes, hay movimientos bajo tierra que no se perciben a simple vista, pero que van ganando peso hasta que un día se abre la tierra y nos decimos “¿de dónde vino eso?”. En el rock sevillano también pasó algo así.

Los rockeros sevillanos que todavía son más viejos que nosotros… que sí, que los hay… dicen que todo comenzó a vislumbrarse a mediados de los ’60 con “Nata y Fresas”, el programa que Joaquín Salvador hacía en Radio Sevilla. Los Rolling Stones, Cream, Traffic, Jimi Hendrix, B. B. King, en aquellos grandes aparatos de radio llenos de sonoridad mezclaban sus estridencias con el desenfado de los modernos grupos españoles, como los Mustang, los Sirex, los Brincos, los Relámpagos, y todos los demás que subasimilaban la música pop foránea.

Para comprender el temprano arraigo que tuvo el rock en Sevilla no solo hay que tener en cuenta factores psicosociales, sino también datos coyunturales como lo fueron el establecimiento de las bases americanas de Rota y Morón, y la consiguiente invasión de familias yankis de todo Nervión y Santa Clara. A partir de ellas hubo una transfusión de nueva música a una juventud asimilativa como la nuestra, llena de ganas de divertirse y pasarlo bien. A través de las bases americanas los jóvenes del entorno sevillano, como un avispado Gonzalo Garcia Pelayo, conseguían muchísimos discos que podían oír previamente en la emisora de Rota, la “American Forces Radio”, que con más o menos interferencias, según los días, llegaba hasta Sevilla, y que todavía no estaban distribuidos comercialmente en España, por lo que el resto de nosotros aún no podíamos comprarlos en la tienda que Rosa María Pinto tenía en la calle Cuna. Aquellos discos americanos comenzaron a rodar por los picús de todos y por los giradiscos de las emisoras más enrolladas. Hasta tal punto que, por ejemplo, cuando Otis Redding murió, a finales de 1.967, esos rockeros sevillanos más viejos que nosotros cuentan que Alfonso Eduardo no tenía discos para rendirle tributo en su programa de “Es grande ser joven” de Radio Vida, porque el soul no había alcanzado aquí todavía su explosión consumista, y los discos de Otis no se habían editado. Así que Alfonso hizo un llamamiento en su programa y la respuesta fue inmediata y masiva: los jóvenes oyentes le llevaron sus discos comprados a través de las bases o intercambiados con los americanos en tal cantidad que pudo montarse una noche entera de canciones de Otis Redding.

Jesús de la Rosa chapurreaba en inglés y no le dejaban tocar los teclados. Ahí está también Ray Palma, recientemente jubilado como locutor de Canal Sur. Y Manolo Rosa. Y Lorenzo Romero y Enrique “el cabeza”.

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Nuevos Tiempos – “When I try to find the right time”

Ese estrecho contacto con los americanos fue también el que comenzó los movimientos subterráneos que después se convirtieron en volcán; porque las orquestas locales se encontraron de golpe con una nueva demanda de sonidos; de hecho, muchas de estas orquestas se curtieron tocando las noches de los fines de semana en las cantinas de las bases de Morón y Rota, o en los clubs de oficiales. Y aunque muchos sigan considerándolas como los parientes tontos de los que uno prefiere no hablar, la verdad es que nombres como los de Silvio, Gualberto o Jesús de la Rosa dieron sus primeros pasos en orquestas. Algunas, como Los Lentos o los 5 Mercury (a su vez una fusión de los X-5 y de los Mercury), llegaron a desterrar de su repertorio los cantes y bailes de nuestra tierra para centrarse en versionear a bandas americanas e inglesas y, sobre todo, a los Beatles. Algunos de los músicos de orquesta llegaron a montar sus tiendas de instrumentos (Isidoro) o sus pre-estudios de grabación (Abelardo). Otros llegaron a concursar en la tele… no sé si recordaréis al ye-yé de “Un millón para el mejor”. Otros tocaron junto a Conchita Velasco cuando vino a presentar “La chica ye-yé”. Aquello se parecía al rock, pero aún no era rock. Aunque le faltaba poco.

Pero así se fue forjando un gran ambiente musical del que se levantaron formas de expresión totalmente propias, y las guitarras que servían para acompañar tarantos y bulerías crujieron cuando sintieron a Jimi Hendrix en sus entrañas. Y borrachos de blues los nuevos grupos de jóvenes cambiaron las chaquetas y las pajaritas por las camisas de flores y los kaftanes y sustituyeron el Club de Tenis, el Náutico y el Mercantil por las escaleras del Archivo de Indias y la Glorieta de los Lotos; comenzaron a copar la hierba de los jardines y parques sevillanos, el campus universitario y cualquier otro rincón donde, sin aspavientos, pudiesen radicalizar su música, cantada en un extraño inglés con acento andaluz aprendido de las canciones.

Después de un lógico prólogo temporal que llegaría hasta 1.968, cubierto por grupos que se pierden en la memoria de los tiempos… los Flexos, los Continentales, los Jerrys, Draken, los Murciélagos, Foren Dahf… grupos que surgían por docenas, con chavales que se iban de sus casas obsesionados con la música, que era su única posibilidad de liberación, se produce el primer bombazo fuerte que encendería definitivamente la mecha. Y que coincide con el momento en el que aparecen Nuevos Tiempos y Gong.

Atrás, el Mane a la guitarra y voz, tapado por Pepe el Saxo. En la foto no sale Gualberto, pero en la grabación de abajo se encarga de una guitarra también. Sí sale Miguel Angel Iglesias, que tocaba percusiones y hacía las voces. Y el Ricky al órgano. ¿Y sabes quien ese tipo melenudo que toca el bajo en la foto, aunque en la grabación se encargó de la batería?

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Gong – “Love me baby”

Estamos en 1.969 y comienzan a llegar los ecos de la gran eclosión hippie, del apogeo de los grandes festivales, Monterey, Woodstock. Nuevos Tiempos y Gong se encargaron de anunciar en Sevilla que algo empezaba a moverse y a cambiar, a base de música potente y ruidosa y de conductas morales dudosas. El ambiente se agitó tanto que de él surgió el grupo más grande, más líder, de la historia de la ciudad: Smash.

Su rock era brutal; un rock híbrido de todas las mezclas posibles. Smash traían… no… Smash eran la ansiada revolución. Eran el símbolo representativo de todo un sector de gente que empezaba a abrirse a nuevos modos de comportamiento; uno de los grupos pioneros de aquello que se decía “música progresiva” y que se suponía que estaba llamado a prender la misma llama en toda España. Gualberto, Julio, Antoñito, Henrik… sus cuatro componentes clásicos son suficientemente conocidos y han sido escuchados y leídos hasta la saciedad en programas de radio y televisión y páginas impresas o virtuales, solo tienes que bucear un poco para encontrar sus palabras. Pero al principio había con ellos un quinto (el que aparece también en la foto siguiente… por el que te preguntaba en el pie de la foto anterior… ¿sabes ya quien es?) y un sexto miembros, éste último casi olvidado, al que ya hemos mencionado aquí, Joaquín Salvador, que compaginaba el micrófono en la radio con los bongos en los conciertos del grupo… y a él, apenas se le ha escuchado desde entonces…

Nuestras constantes son las actuaciones y la poca comercialidad. Hemos grabado dos temas nuestros hace poquísimo. Uno de ellos tiene la estructura del blues, pero no suena como un blues de John Lee Hooker o de Fleetwood Mac… suena como una canción de paseo, con rítmo de pasos.

¿Notaís alguien en común con la foto inmediatamente anterior?

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Smash – “Scouting”

¿Qué si nuestra música es underground? Dentro de las limitaciones que esta actitud supone en España, pues sí. Como creo que también los es la de Maquina!, Darwin Teoría o incluso la de Los Buenos; ahora bien, ser consecuente con una actitud underground, creo que no lo es ningún grupo más en España, salvo nosotros. Porque para ser auténticamente así hay que replantearse las cosas muy profundamente. Hay que revolucionar los hábitos, las costumbres, la escala de valores. El subconsciente, lo onírico, pasa a primer plano. Es todo eso de psicodelia, que es algo más que una palabra de moda. Y toda la cuestión de las drogas como medio de alcanzar esas vivencias oníricas, surrealistas. Pero como aquí la realidad nos apremia cada tres minutos, una realidad desagradable y condicionada en la que no es posible influir, este planteamiento es poco menos que ilusorio.

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Green Piano – “Blues adventure”

Y claro, fue esa puta realidad apremiante, la que acabó por resquebrajar la ilusión muy pronto como un cristal. La decadencia se inició en el ’71… bueno, vale, te doy vidilla y te concedo hasta el ’72… Gong y Nuevos Medios ya habían desaparecido, Green Piano cayeron tras grabar solamente un single, lo mismo que le ocurrió a Los Lentos, que aún perduraban de sus tiempos como grupo de baile; Galaxia tuvieron más suerte y llegaron a grabar dos; y Smash agonizaban entre trampas financieras y promesas sin cumplir en Barcelona. A ellos también les llegó la disolución. La conocida partida de Gualberto a los Estados Unidos solo fue la cabeza visible de un éxodo que se llevaría a otra mucha más gente, si no tan lejos, pero sí fuera de aquí… “vente a Alemania, Pepe”… joé, esto me suena de haberlo oído en el telediario de esta misma tarde… el tiempo convertido en pescadilla que se muerde la cola…

Los hermanos Garrido después de ser Soñadores y antes de ser Flamenco, con sus tres colegas galácticos.

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Galaxia – “La noticia”

La crisis… el socavón musical sevillano. Se abre una época de vacas flacas en la que no hay ni un puto duro para comprarse una guitarra de segunda mano ni un mal amplificador. Un pozo negro y sin perspectivas… joé, que esto me sigue sonando del telediario de esta tarde… menos mal que los músicos sevillanos tenían una solidaridad instintiva más grande que su marginación y su paro, y se ayudaban como podían a pesar de ser carne de manicomio… ¿sabías que un estudio de la época decía que el 50 % de los músicos y personajes relacionados con el ambiente rockero sevillano pasaron por aquella institución de las tres M: Manicomio Municipal de Miraflores?

Casi todos han tocado juntos en una u otra ocasión, y a pesar de las emigraciones y los abandonos consiguieron mantener el carcomido ambiente propio a base de formaciones fluctuantes como Julio Matito y la Cooperativa, Fly, Total, los Chicle, Caramelo y Pipas… hasta que casi tres años después un producto publicitario del avispado manager Fernández de Córdoba, que ya conoces del post anterior, deja colgando en el aire el fantasma del “nuevo rock del sur” que usó como etiqueta de presentación de los Storm.

No… no es un truco del Photoshop, es que el guitarrista y el batería, Angel y Diego, son hermanos gemelos; aparecen también José, el bajista, y Luis, el teclista, ya fallecido.

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Storm – “It’s all right”

Gualberto se vino de los USA con dos músicos de allí justo a tiempo de unirse al nuevo despegue que se realiza de la noche a la mañana sin que en realidad hubiese ninguna razón sólida que lo justificase. Junto al nuevo grupo de Gualberto surgieron Manantial, Blizzard, Goma, Triana. Éstas dos últimas bandas además de la suya fueron los objetivos fundamentales de la caza de talentos olvidados que realizó Gonzalo García Pelayo desde su puesto de productor discográfico en Gong-Movieplay. Esas tres bandas estaban mucho más evolucionadas que las anteriores y habían asimilado mucho mejor las aportaciones extranjeras con nuestras propias raices musicales. Ya no tenían la ingenuidad del principio, pero su mayor dominio técnico de los instrumentos les proporcionaban más riqueza y creatividad.

Los discos salieron prácticamente al mismo tiempo y con las mismas perspectivas, pero no fueron más que una cortina de humo que ocultaba a la puta realidad apremiante que se empeñaba en seguir estando ahí. Solamente Triana consiguió seguir adelante. Goma se derrumbaron junto al segundo boom y Gualberto aún sacaría dos discos más con Gong-Movieplay, pero con escasa repercusión fuera de los que sabían algo de música…

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Triana – “En el lago”

En el libro sobre la “Historia del Rock Sevillano” de Luis Clemente aparece este amargo texto de octubre de 1.976:

Luis no lo sabía entonces, pero ese airado sevillano era vuestro seguro servidor, Carrascus. Y Claudí Montañá me contestó que es que “en Catalunya se hace la mejor música de todo el estado español”… Y puede que ahora, visto con más luces y menos cabreo, hasta tuviese razón en aquel momento, porque durante tres años y pico aquí, al igual que casi en todas partes, solo surgieron grupos sin futuro como Cántaro, Sesión, Yak, Piedra, e incluso otros todavía más desconocidos, que tardaban en separarse menos tiempo del que habían tardado en pensar el nombre que ponerse… pero el suicidio de Claudi, poco tiempo después, le impidió ver como durante los años siguientes todos los grupos de su tan benignamente juzgado Rock Laietano quedaron arrasados por la coalición madrileña-sevillana que supuso el Rock Andaluz.

Y es que de las cenizas de aquellos grupos tan efímeros surgieron otros como Imán. Y las crónicas de discos y conciertos dejaron de convertirse en responsos.

El resto de la historia es suficientemente conocida.

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Imán – “Tarantos”

UHF

Aquello debió suceder a finales de 1.974 o principios del ’75. Por entonces en España solamente podían verse dos canales de televisión, el VHF y el UHF de Televisión Española, y éste último ni siquiera llegaba a todo el país.

En la primera cadena, que era el VHF se ponían todos los programas importantes, y para la segunda cadena, la que todos conocíamos como el UHF, se dejaban los programas minoritarios, los que se hacían por compromisos y los que nadie sabía muy bien como catalogar.

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Gualberto – “Tarantos (Para Jimi Hendrix)”

Y en el UHF era donde emitían los poquísimos programas musicales en los que se hablaba de rock, cantautores, música poco comercial… por aquella época todavía estaba vivo el mítico “Beat Club”, también seguía funcionando el “Mundo Pop” que dirigía Moncho Alpuente y presentaba Gonzalo García Pelayo (bueno, en realidad este programa comenzó en la primera cadena hasta que se lo cargaron, para reaparecer después en la segunda una vez pasado noviembre del ’75), aunque ya comenzaba a tener sus horas contadas porque sus contenidos resultaban molestos muchas veces para las mentes que establecían los parámetros culturales del franquismo; y se emitía desde hacía poco tiempo otro programa que se llamaba “Ahora”, y que se diferenciaba de los otros dos en que se hacía desde los estudios de Miramar de Barcelona en lugar de los de Prado del Rey de Madrid.

Y en este programa fue donde pudimos ver por primera vez un programa dedicado al rock que se hacía en Sevilla.

Con el paso del tiempo y la pátina de dignidad que le dan los años a todas las cosas, ahora podemos pensar que aquellos tiempos eran legendarios y que Sevilla era poco menos que el San Francisco español, como se decía… pero aquel programa, recordado ahora con la mente iconoclasta que nos gastamos por aquí, presentaba una realidad muy diferente…

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Goma – “Aquí y ahora”

En realidad, grupos que fuesen algo significativos solamente había cinco o seis. Todavía García Pelayo no había comenzado con su sello Gong, los componentes de Triana apenas habían comenzado a ensayar y… bueno, prácticamente solo teníamos un ambiente propicio. Había músicos dispuestos a hacer música avanzada, puede que en mayor cantidad que en otras partes de España, incluso; teníamos una gran tradición musical, probablemente la mayor del país en todos los estilos; y los disc-jockeys sevillanos (de los que el principal era García Pelayo) eran responsables directos de haber creado ese ambiente propicio para el rock.

Pero grupos… estaban Goma; estaban los grupos que formaron los miembros de Smash cuando se disolvió esta banda, que eran La Cooperativa de Julio Matito (al que ya le dedicamos un post); también Fly, la banda que montaron Antoñito y Henrik con los hermanos Rodriguez de Trujillo; el grupo que montó Gualberto al volver de los Estados Unidos, al que él mismo le daba nombre; y estaban los Storm. Y poco más.

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Julio Matito y la Cooperativa – “Al despertar”

Y a casi todos ellos les llevaba de manager Fernández de Córdoba, que ejercía de representante que los vendía. Con él, a través de él, el rock sevillano conseguía difusión, pero en base a la premisa de que lo más importante en un grupo es que se vendiera bien, porque si no lo que hacía no servía de nada. Para él lo más determinante es que la música del grupo se pudiese vender, y aunque con Storm eso le llevaba funcionando bien desde hacía algunos años, con los demás grupos, que tenían otras características distintas, la cosa no cuajó.

Y por eso este programa, aún apareciendo todos los demás mencionados, se centró sobre todo en Storm. Las grandes estrellas sevillanas que hacían alucinar en sus conciertos a todos los espectadores, y que eran como dioses entre los incipientes aficionados al rock de esta ciudad.

Pero en realidad Storm eran la parte estereotipada y vendible de un tipo de música; eran como el Avecrem, un caldo de sopa concentrado que no tiene por qué tener mal sabor y que incluso resulta rico, pero que no tiene nada que ver con la sopa de caldo hecha con hueso, carne, tocino y tó los avíos. Eran algo artificial, creado por Fenández de Córdoba.

Cuando éste comenzó a trabajar con Storm, la banda estaba totalmente en blanco. Se dedicaban a tocar “La cucaracha” y toda la música de baile que hiciese falta por los pueblos de Andalucía. Y él les puso a su disposición un buen equipo, la posibilidad de grabar, actuaciones, dinero para vivir… pero a cambio les obligaba a currar a tope, y les metía diez horas de ensayo. Y ahí estaban, funcionando al máximo, haciendo música y, sobre todo, vendiéndola bien.

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Storm – “I’ve gotta tell you mama”

Pero claro, después uno escuchaba en la tele a Ángel Ruiz diciendo que hacía seis meses fue a ver una película que se llamaba “Monterey Pop” y vio en ella una actuación de Jimi Hendrix, y se dio cuenta de que hacía lo mismo que él en el escenario, y casi le dio vergüenza seguir haciéndolo. Y uno no puede aguantar la risa…

¿Cómo puede decir eso, y pretender que nos lo creamos, un tipo al que incluso le dan el sobrenombre de Angel “Hendrix” Ruiz, y que toca la guitarra en una banda que te están vendiendo como el grupo en el que el guitarrista folla con la guitarra y toca con los dientes? Y uno enseguida piensa que igual que Hendrix. Y luego los veías en directo y te dabas cuenta de que además caminaba sobre el escenario como si estuviera pisando uvas; igual que el guitarrista de Slade, que por entonces eran lo más de lo más. Y veías que el teclista casi tumbaba su instrumento; igual que Keith Emerson… Storm eran en realidad una gran mentira; pero eso sí, una mentira muy profesional, y escuchándoles hasta parecían algo importante.

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Storm – “Un señor llamado Fernández de Córdoba”

Los demás grupos eran otra historia. Sobre todo Gualberto. Yo creo que de todos los músicos sevillanos era el que mejor sabía lo que se hacía, musicalmente hablando. Y así lo demostró en la tele con algunas canciones de su primer disco, todavía inédito. Pero el problema es que Gualberto adolecía de una falta de seriedad que ponía en duda su responsabilidad. A la grabación del programa llegó sin dos de los músicos de su grupo. Y no dos cualesquiera, porque uno de los que no se trajo fue ni más ni menos que el mismísimo Enrique Morente, que era el cantaor de parte de su repertorio. Y claro, en la tele, aunque sin que trascendiese por la pantalla, le afearon su conducta y su cara dura, porque precisamente uno de los puntos fuertes era la presencia de Morente, que por entonces comenzaba a despuntar, junto a Manuel Gerena y José Menese, como uno de los renovadores del flamenco tradicional que más estaba haciendo por acercar éste género a la juventud.

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Gualberto – “Prisioneros”

Y tras aquello, los programas musicales del UHF volvieron a decaer con las últimas bocanadas de la dictadura y tras tirar a la basura el “Mundo Pop” tuvieron que buscarse la vida por otros lados gente como Moncho Alpuente, Carlos Tena, Adrián Vogel, Gonzalo García Pelayo… y por el contrario, la música en Sevilla comenzó un auge desconocido hasta ahora, que es ampliamente recordado y está en la mente de todos: Triana, Imán

ENSEÑANZAS OBLICUAS

Éste es el segundo de los posts de mi primera época de blogger que he actualizado un poco para que lo leáis durante estos días.

Cuando una amiga que debía escribir sobre un antiguo disco de Brian Eno me pidió que le buscase en mis archivos información de la época (mediados de los ´70) sobre él, al hacerlo redescubrí algo que ya no recordaba siquiera, las Estrategias Oblicuas… la baraja con la que Eno se jugaba la suerte de sus producciones musicales.

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Brian Eno – “St. Elmo’s fire”

BRIAN ENO es el tipo extraño que manejaba los botones para Roxy Music, pionero de la música “ambient” y uno de los mayores productores del mundo, aunque conocido sobre todo por su trabajo con U2. Las cartas de “OBLIQUE STRATEGIES” que él y su amigo el pintor Peter Schmidt sacaron se han convertido en material de leyendas. Estas cartas contenían slogans, recordatorios, advertencias y sugerencias para formas alternativas de hacer las cosas, y fueron diseñadas para ser usadas y resolver dilemas o situaciones problemáticas en los estudios de grabación. Los mensajes van desde lo más claro y sencillo hasta lo ridículo y absurdamente oscuro y podía ser usado eligiendo una sola carta de la baraja o sacando cartas una tras otra hasta encontrar la inspiración.

El origen de estas Estrategias Oblicuas está en la observación de Brian Eno de la presión que significa estar observando por el rabillo del ojo como va corriendo el tiempo en el reloj de pared de un carísimo estudio de grabación que tienes alquilado por horas sin poder sacar adelante ningún trabajo productivo porque no te puedes concentrar debido a la presión que significa estar observando por el rabillo del ojo como va corriendo el tiempo en el reloj de pared de un carísimo estudio… … … … …Las estrategias eran, por tanto, una forma de despertar en sí mismo el hábito de recordar, de sacudirte la mente, de romper el círculo vicioso que se ha establecido.

Para el diseño de las cartas contó con la colaboración de Peter Schmidt, un pintor británico que ya había colaborado con Eno antes, por ejemplo decorando con sus acuarelas la contraportada de sus disco “Before and After Science”, con el que le unía una especie de conexión inalámbrica que hacía que ambos llegasen a las mismas conclusiones y posiciones intelectuales aunque llevasen varios meses sin verse. Esa manera de resolver los problemas de trabajo tanto en los estudios de grabación como de pintura con casi exactamente las mismas palabras y casi exactamente al mismo tiempo les hizo pensar que aunque a menudo los problemas se solucionan con el método más obvio o más seguro, a veces necesitamos un apunte que nos recuerde que podemos adoptar “esta” actitud o “aquella” otra.

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Brian Eno – “The paw paw negro blowtorch”

La primera Estrategia Oblicua decía “Acepta este error como una intención oculta”. Es decir plantéate lo siguiente: ¿He cometido realmente una equivocación…? y sigue por ahí a ver que sale. Comenzaron a escribir frases cada uno independientemente del otro para sorprenderse de que no solo usaban un sistema de pensamiento similar sino de que muchos de los mensajes que escribían podían superponerse uno al otro cuando no eran casi coincidentes. Por lo tanto decidieron unir sus trabajos y ponerlos a disposición de todo el mundo para su uso.

Esta especie de tarot tecnológico incorporaba axiomas como éstos:

-Abandona los instrumento normales.
-Acepta un consejo.
-Sé sucio.
-No acentúes una cosa más que otra.
-Pide a la gente que trabaje contra su mejor juicio.
-Llama a tu madre y que te diga qué tienes que hacer.
-Analiza el todo.
-¡Valor!
-Define una área segura y úsala como ancla.
-Distorsiona el tiempo.
-Acentúa la diferencia.
-Quita ambigüedades y conviértelas en específicas.
-Quita específicos y conviértelos en ambigüedades.
-Rellena cada compás con algo.
-Humaniza algo que está libre de errores.
-Respira profundamente.
-Trabaja con personal no cualificado.
-Usa pocas notas.
-Quita lo de en medio, extiende los bordes.
-Imagina la música como una serie de hechos inconexos.
-Quita los elementos que parecen no tener importancia.
-Una linea tiene dos caras.
-Compara el principio de la consistencia con el principio de la inconsistencia.
-Descubre las recetas que estás usando y abandónalas.
-Haz algo aburrido.
-Presta atención a las distracciones.
-Observa atentamente los detalles más desconcertantes y amplifícalos.
-No hagas nada mientras sea posible.
-Explica el problema con palabras tan claramente como sea posible.
-Eres un ingeniero de sonido.
-¿Necesitamos agujeros?
-Enfréntate con una elección entre dos cosas, haz las dos.
-Graba acoples en una situación acústica.
-La cinta es ahora la música.
-Usa filtros.
-Enfatiza las imperfecciones.
-Consigue que te den un masaje en el cuello.
-Da rienda suelta a tus peores impulsos.
-Corta una conexión vital.
-Imagina la música como una cadena en movimiento, o una oruga.
-¿Es ése el tono apropiado?
-No cambies nada y continúa con inmaculada consistencia.
-Canal izquierdo, canal derecho, canal central.
-Mira todos los objetos pequeños.
-Sal fuera. Cierra la puerta.
-Ensambla todos los elementos formando un grupo y trabaja con ese grupo.
-Recuerda aquellas tardes tranquilas.
-Revaloriza un espacio en blanco rodeándolo de un exquisito marco.
-Haz una lista exaustiva de todo lo que puedas hacer y haz la última cosa de la lista.
-Haz una acción súbita, destructiva, impredecible; incorpórala.
-No rompas el silencio.
-Ponte tapones en los oídos.
-Tápate la boca con precinto.
-Usa un color inaceptable.
-Agua.
-Solamente puedes hacer una cosa a la vez.
-Abandona el juego.

También se incluían cartas en blanco para irlas rellenando sobre la marcha.

Con el tiempo tanto Eno como algunos otros productores o amigos que se prestaban a colaborar (Peter ya no, porque murió en 1.980, en España precisamente) fueron incluyendo sentencias que se iban incorporando a las siguientes ediciones de este oráculo de cartón: “Dáte siempre mérito por tener más que personalidad” (Arto Lindsay), “No construyas una pared, pero coge un ladrillo”, “Siempre primeros pasos”, “Pónlo donde puedas encontrarlo”… llegaron a incorporarse tantas que Eno ya no podía incluirlas en las cartas y, probablemente después de sacar la última carta citada, comenzó a poner las siguientes frases en un diario:

-Roba una solución.
-Describe el paisaje al que pertenece.
-¿A qué se parece?
-Haz una lista de las cualidades que tiene. Haz otra de las que a ti te gustan.
-En vez de cambiar eso, cambia el mundo que le rodea.
-¿Cómo se lo explicarías a tus padres?
-Vuelve atrás algunos pasos. ¿Qué otra cosa podrías haber hecho?
-¿Qué estás haciendo? Ahora, ¿qué haces mejor?
-Primero hazlo solo. Ahora hazlo con una pareja insólita.
-¿Qué es lo más reciente que te haya impresionado? ¿A qué es similar? ¿Qué puedes aprender de ello? ¿Qué puedes extraer de ello?

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Brian Eno – “Baby’s on fire”

¿Cómo lo ves? ¿Te apetece usar estos consejos? Pueden servirte incluso para resolver los problemas que se te presentan en tu vida diaria. Las primeras ediciones de estas OBLIQUE STRATEGIES con los dibujos originales y su aura de leyenda solo pueden encontrarse en subastas a precios prohibitivos, pero hay alguna edición posterior que puede adquirirse en la tienda On Line oficial de Brian Eno al módico precio de 30 libras (unos 45 euros de nada). También puedes usar la edición que hay colgada en internet, y elegir una de las cartas solamente con pinchar en este enlace, yo acabo de hacerlo y me ha salido lo siguiente: “Trust in the you of now”, lo cual me parece un consejo totalmente perfecto, profundo y adecuado, que pienso seguir al pie de la letra.

A lo mejor con su ayuda puedes producir discos como los que le han dado fama a su autor, que seguramente ha usado estas estrategias para crear el “The Joshua Tree” de U2, el “Fear of Music” de Talking Heads, el “Faith and Courage” de Sinead O’Connor, el “Laid” de James, o los primeros discos de Devo o Ultravox…

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Talking Heads – “I Zimbra”

NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO (El banquete final)

Para Lu y Koloke, que suelen escribir posts dedicados a la comida. Y para Zambombo, que prefería un post a un comentario.

Yo tengo dos grandes pasiones, y durante el año de 1.992 que nos ocupa, y la gran muestra universal que tuvimos aquí en Sevilla, pude desarrollar las dos con una gran diversidad. En la Expo pasé casi tanto tiempo disfrutrando de sus conciertos como de su gastronomía. Y me ocurrió también que me tuve que tragar enormes bazofias… esta vez en sentido literal. Pero después de todo, igual que ocurrió con la música, creo que con la comida también el balance final fue positivo.

Eso sí, tuve que gastar pasta por un tubo. Pero en aquellos años todavía no tenía que preocuparme de ninguna hipoteca, y disfrutábamos de los tiempos a los que la señora Carrascus se refiere ahora cuando, tras un enorme suspiro, dice: “echo de menos cuando teníamos dinero…”

Porque de otra forma jamás podíamos habernos permitido el lujo de abonar facturas como las que reproduzco en este post (que han aparecido en la carpeta de recuerdos olvidados de la Expo), ni de haber sido comensales en muchos de los restaurantes de los que disfrutamos allí.

En la Expo podías comer cualquier cosa… bastaba que te girases hacia un lado y tenías alguna oferta culinaria. Y aptas para cualquier bolsillo. Pero igual que la gente hacía colas enormes para entrar en los pabellones o para consumir productos asequibles a una economía media, cuando uno acudía a los restaurantes que presentaban una oferta más singular apenas tenía problemas para realizar una reserva, o incluso podía presentarse en ellos sin realizarla siquiera y obtener una mesa. Porque los restaurantes de la Expo, en general, eran caros de cojones.

Y ese era el motivo de que siempre estuviesen llenos los bares que hemos mencionado en los anteriores posts… el “Kangaroo Pub”, el “Yankee Stadium” americano… así como el pabellón de la Cruzcampo, a pesar de ser la cervecería más grande de Europa, o las diferentes casetas del pabellón de las Tierras de Jerez; y pudieses ir a cenar sin ningún problema a “La Toque de Europa” o a la mayoría de los restaurantes de los pabellones autonómicos españoles.

En la cervecería más grande de Europa incluso fabricaban la cerveza que se consumía alli mismo.

La sra. Carrascus y yo no le hicimos ascos a nada: igual nos tomábamos un perrito caliente, una hamburguesa o unas raciones de pizza en cualquiera de los cientos de kioskos que nos encontrábamos al paso, que nos permitíamos el capricho de una cena romántica o familiar en algunos de los muchos restaurantes que se nos ofrecían a nuestra elección. Y de eso tratará esta entrada, de lo que vimos, padecimos y disfrutamos, entre fogones y mesas con manteles de hilo.

Desde el principio tuvimos claro que a los restaurantes de los pabellones autonómicos no no íbamos a acercar, más que nada porque su oferta podíamos degustarla fácilmente en otro entorno que no fuese el de la Expo… aún así no pudimos resistirnos al día en que el Pabellón de Extremadura ofrecía degustaciones gratuitas de jamón de sus dehesas, que al remojarlo la sra. Carrascus con abundante vino de pitarra de aquellas tierras, le hizo imposible dar un paso por aquel suelo de cristal de la planta superior, a través del cual se percibían muchos metros de espacio vacío hasta el nivel de la planta baja, lo que me hizo tener que representar el papel de caballero andante, y llevarla en brazos hasta los ascensores, entre el aplauso del nutrido (y muerto de risa) público asistente, que seguramente pensarían que estaban asisitiendo a una representación cutre de “Oficial y caballero”.

De todas formas, de la gastronomía española me quedé con ganas de asistir a algunas de las cenas del pabellón español. Bueno… sí que llegamos a estar en el mesón, en el que además de menús de unas 2.000 pesetas, había también raciones y bocadillos que se podían comer en un terraza magnífica con una espléndida vista sobre el lago… ¿o aquella terraza era la del pabellón de Andalucía…? No lo recuerdo con exactitud, pero en realidad da igual; a donde no pude acceder nunca fue al apartado exclusivo en el que cada cierto tiempo se dedicaba una jornada a algunos de los grandes restaurantes españoles… “El Bulli”, “Jockey”, “Sibaris”, “Señorío de Bertiz”… porque probablemente las mesas las repartirían entre la “crème” sevillana, y nunca había nada disponible cuando llamaba para hacer una reserva… en algún momento determinado me cansé de intentarlo y lo dejé por imposible.

Así que el mono de que nos cocinara un chef de gran prestigio nos lo quitamos en el restaurante “La Toque de Europa”, que era una maravilla al borde mismo del lago en el que se presentaban platos de toda la Comunidad Europea, cocinados por Iñaki Izaguirre, del que en aquella época se decía que era el Pablo Picasso de la cocina. Sabíamos que el caprichito nos iba a costar un buen pellizco, pero… qué cojones…!

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Cocinero, cocinero…

Cuando llegamos me sorprendió que la chica del atril de la entrada, en lugar de preguntarnos por la reserva que había hecho yo previamente me preguntase por las invitaciones… le dije que cuando llamé para reservar no me dijeron nada de invitaciones. Y es que la chica pensaba que veníamos a una cata de aceites que estaban haciendo en uno de los salones; lo que no me sorprendió, porque clientes… lo que se dice clientes de pago, solo estábamos nosotros dos; que teníamos a nuestra disposición toda la ámplia terraza exterior, como ya os digo, a la mismísima orillita del lago.

Y a nuestra disposición también, claro está, todo el servicio… un maitre amabílisimo y más pelota que el tío de la tienda de ropa de “Pretty woman”, un camarero atentísimo a cualquier mínimo detalle, como llenar los vasos de vino hasta su medida justa en cuanto los vaciábamos… el hombre no tenía otra cosa que hacer, de todos modos… el somelier, que vino a servirnos la botella cargado con toda la parafernalia de desgolletarla, abrirla, disponerla en la mesa, etc… con la pompa y el boato dignos de un banquete de película…

La comida estaba muy buena… buenísima… pero los platos eran algo escasitos y más historiados que el copón. Por ejemplo, el “Nido de jamón” de mi primer plato tenía poco jamón (aunque era un pata negra digno de aplauso) y mucha patatita fina formando un nido “picassiano” contrapunteado por salsas de colorines; en realidad, creo que era poca cosa para las casi 2.400 pelas que me clavaron por él (IVA aparte, jejeje), aunque el plato tenía nombre y todo, se llamaba “Curro”. El carpaccio de hígado de pato (pero de hígado de verdad) de la sra. Carrascus también era digno de prestarle una atención especial. Ahora bien, los lomos de buey rellenos de queso de cabra, acompañados de diferentes clases de purés, que nos metimos los dos de segundo fueron ya una cosa indescriptible del todo.

De postre pedimos dos diferentes para compartirlos: una “meloja”, como decimos aquí (¿qué coño es eso de “milhojas”?) con una mariconadita hecha con pétalos de rosa, y una marquesa de chocolate con jugo de fruta de la pasión… Y mientras disfrutábamos de ellos entre aaaaaahs y ooooohs de placer casi orgásmico vino el propio Iñaki Izaguirre a preguntarnos si todo había sido de nuestro gusto y a darnos un poquito de charleta. Todo muy de puta madre y digno del mejor recuerdo… hasta ahora.

Las pegas vinieron después. Y no, no estoy hablando de la factura de 14.774 pelas que véis ahí arriba. No es que fuesen cosas en exceso desagradables, pero que a mí, sin llegar a estropearme en absoluto la buena sobremesa en aquel ambiente tan encantador y propicio al hedonismo, sí que me lo enturbiaron un poquito. Para empezar, en un sitio tan “fino” y “exclusivo” como aquél no tenían bourbon del bueno… ni del corrientito siquiera; solo whisky escocés a mil pelas el pelotazo, por lo que con el cubata, aún sin ser del todo el de mi gusto, tuve que perderle el cariño a mil trescientas y pico de pelas más (IVA aparte, claro). Y fue durante esta sobremesa cuando aparecieron los únicos otros comensales que tuvieron esa noche, un pequeño grupo de tres adultos y un niño, encabezados por la señora Duquesa de Feria, que pasaron, por cierto, por nuestro lado sin dejar ni una pequeña muestra de algo que pareciese un saludo, a pesar de que éramos las únicas personas que estábamos allí en ese momento.

En cuanto se sentaron apareció junto a su mesa Iñaki Izaguirre y esta vez el peloteo fue más o menos como el que nos hizo a nosotros el maitre, pero multiplicado por diez. Y lo que me sentó fatal es que a ellos les regalase una botella de oloroso tan bonita e historiada como sus platos, para que se la llevasen de recuerdo o la disfrutasen mientras les servía… ¿Y por qué me molestó? Vale, yo no soy nadie de fama o prestigio como la señora Nati Abascal, y me parece muy bien que el chef quisiera tener un detalle con ella… pero yo lo hubiese hecho de forma más discreta para no hacer de menos a nadie que estuviese cerca… joé, que nosotros también éramos clientes (los únicos hasta ese momento, recalco) que nos dejábamos allí una pasta y no tuvieron ni el detalle de invitarnos a algo, aunque hubiese sido a una copa que compensase que la que me sirvieron no era siquiera la que me había apetecido.

No sé vosotros si pensáis como yo de una situación como ésa, pero a mí me hizo constatar cómo de diferentes son las atenciones a las personas según su clase social, aunque estén en el mismo entorno. Y lo peor no es eso, que no soy un iluso y sé que las cosas son así, sino mostrarlo abierta y ostentósamente sin cortarse lo más mínimo con quien pueda sentirse agraviado comparativamente. A mí personalmente me pareció una grandísima falta de educación.

Y aunque me quedó cierto regustillo amargo, opté por mandarlos mentalmente a todos al carajo, y seguir disfrutando de la compañía de la sra. Carrascus en aquel vergel de tranquilidad y belleza.

La vista de la sobremesa.

Como os dije antes, aunque con un chef español, y una mayoría de especialidades también españolas, éste era el restaurante que representaba a la Comunidad Europea. De países concretos de nuestro continente también visité bastantes, aunque los restaurantes tenían muchos altibajos. De entre los mejores, el pabellón de Alemania, que tenía en su planta superior un restaurante en el que todo te lo servían en porcelanas y cristalerías muy finas, aunque tanto arenque y pasta casera alemana no me terminase de convencer; el lomo de buey portugués y el bacalao también eran dignos de repetir visita; el italiano tampoco estaba mal, aunque era excesivamente caro y aunque tenían el gancho de tener un vino diferente por cada día que duraba la Expo, en realidad casi ninguno soportaba comparaciones serias con los españoles. El restaurante suizo, el “Eaten by…”, tenía mucha fama porque tenía colgados del techo y de las paredes muchos tiestos extraños, y cuadros con botellas, bandejas, pretendiendo ser todo muy artístico, pero en realidad a mí me parecía bastante feo y la comida era absolutamente forrajera, aunque se salvaban el mousse de chocolate y que los menús costaban solamente 1.650 pelas. El que sí era bonito de verdad era el restaurante del pabellón de Hungría, a dos niveles entre aquellos campanarios, con menús a base de oca, pescados de río, sopa gulasch. Normalmente los restaurantes que estaban en plantas altas presentaban unas vistas muy buenas de la Expo que hacían agradables las sobremesas, pero no eran muchos los que superaban la “prueba del 9”, y gastronómicamente hablando no tenían la misma altura… era una pena que en un rincón tan bonito como la terraza del pabellón que compartían Polonia y Bulgaria solo se pudiesen degustar derivados del chucrut…

Pero sin duda ninguna, nuestro restaurante favorito, no solo de los europeos, sino de toda la Expo, era el del pabellón de Noruega, el “Restaurante La Rica Noruega”, que tenía un buffet grandísimo en el que podías servirte a voluntad cualquier clase de salmón, preparado de múltiples formas; carnes de alce, reno, ballena, aves raras; muchos pescados y mariscos…

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Qué gustito, qué placer…

No era barato, pero merecía la pena; el cubierto costaba 3.800 pelas por cabeza, y los niños pagaban la mitad; y aunque podías comer todo lo que quisieras, la bebida te la cobraban aparte… nosotros solíamos remojarlo todo con su típica cerveza Ringnes, a razón de 350 pelas la jarra. Pero os juro que de allí salíamos que en vez de andar, rodábamos… por eso íbamos sobre todo a mediodía en vez de a cenar.

La factura que os he escaneado, en la que nos cobran dos menús infantiles debe ser de un día que vino con nosotros nuestra sobrina Laura (el Joselillo tenía apenas dos años y no pagaba), que era algo mayor que nuestra hija. Y recuerdo especialmente esa ocasión porque nos libramos por un pelo de que nos llamasen la atención. Las dos niñas estaban especialmente contentas y no paraban de ir y venir y andar entre las mesas (bastante separadas como para molestar a nadie) y por todo el salón, sin parar de reír y de comentar cosas que parecían hacerles mucha gracia… la sra. Carrascus y yo seguíamos comiendo y charlando con la tranquilidad que da el saber que por allí no iban a perderse; hasta que en uno de los momentos en que las miramos los ojos se nos quedaron abiertos como platos al ver que las dos estaban probando de todos los postres que había en el buffet… con las cucharas que había para servirlos! Las puñeteras se acercaban a alguno de los postres, cogían el cucharón con el que la gente se los apartaba a sus platos, lo llenaban y lo probaban… comentaban entre risitas si les gustaba o no, o vete tú a saber qué, soltaban el cucharón de nuevo en el recipiente del postre y se iban a hacer lo mismo con otro… y así. Menos mal que nos dimos cuenta antes que los atareados camareros…

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Con las manos en la masa…

Como véis, mi sobrina siempre ha tenido un talento especial para meter los dedos donde no debe.

De entre los restaurantes europeos hubo un par de ellos que me hubiese gustado visitar pero no pude hacerlo. Uno de ellos fue el de Rusia; pero no el autoservicio que tenían, que ése tenía de ruso lo mismo que yo, ya que estaba gestionado por la misma compañía que llevaba el restaurante del aeropuerto sevillano, y la comida era igual de previsible y mala, y más cara todavía que la de éste. Sin embargo tenían un pequeño restaurante, en el que por 5.000 pesetas te ponían un menú con caviar del de verdad, berenjenas rellenas con nueces, solomillos con salsas especiales… pero os juro que en toda la Expo nunca pude pillarlo abierto. De verdad que llegué a dudar de si este restaurante existía realmente, o solo tenía la puerta, sin nada más detrás… decenas de veces llamé por teléfono para reservar sin que nadie me cogiese el auricular en aquel lado, y otras muchas veces fuimos allí directamente mientras estábamos en la Expo, a horas del día diferentes, del mediodía y la noche, y nunca pude ver aquella puerta abierta; siempre estaba cerrado sin que nadie pudiese indicarme si había algún horario en el que pudiese uno venir a comer…

El otro que me quedé con las ganas de visitar fue el restaurante francés. “La Carte de France”, se llamaba, y era todo de diseño vanguardista y cálidez. Pero tenía muy pocas mesas y nunca pude conseguir ninguna. De todas formas la verdad es que tampoco lo intenté con tanto ahínco como con el ruso, porque aquí una cena te salía por unas 12.000 pelas por persona… y realmente era un precio que me echaba para atrás si me lo pensaba un poco.

De entre los restaurantes americanos nuestro favorito era el de Cuba. A él íbamos exclusivamente por la langosta, que te las servían cortadas por la mitad transversalmente, por lo que era muy cómodo comerlas. Eran pequeñas y por eso costaban solamente 500 pesetas cada una de esas mitades, un precio más que asequible para lo que se acostumbraba en el resto del recinto. Ya puestos, también comíamos cochinito con yucas y plátanos fritos, picadillos criollos, tartas de frutas tropicales…

La terraza de las langostas y los mojitos.

Allí tuve un problema en nuestra primera visita a la hora de pagar. En aquella época mi empresa tenía un convenio con American Express que nos reportaba algunas ventajas a los empleados, y ésa era la tarjeta de crédito que yo entonces usaba. Una tarjeta que era aceptada en todos los pabellones de la Expo igual que lo era en cualquier tienda del país. Pues cuando se la dí al camarero para que se cobrase la cuenta, me dijo que no… que no… “hermanoooo… esto es Cuba… hasta aquí llega el bloqueo americano…”, me dijo. Así que tuve que dejar allí a la familia un rato mientras yo iba al cajero más cercano (los había por todos lados también) a sacar dinero en efectivo.

Al resto de los pabellones americanos íbamos sobre todo a beber cócteles tropicales y café colombiano, porque en su mayoría sus platos estrellas eran ensaladas con frutos y verduras exóticas, y mucho forrajillo; aunque no nos quedamos sin probar también un día el menú único que ofrecían en su parrilla los argentinos, que consistía en ensalada, sopa de melón, y un enorme entrecot o solomillo de su famosa ganadería vacuna. No estaba mal, pero tampoco es que fuese una maravilla digna de las 7.000 pelas por comensal que nos dejamos allí. No repetimos.

Lo que sí estaba muy bien y era un sitio muy recurrente para nosotros era la tienda de helados de México. Había un kiosko abajo y otro en la terraza, por lo que lo normal era subir a ella, tomarse un helado allí disfrutando de aquel paisaje azteca que recreaban, y al bajar, comprar otro helado para disfrutarlo andando camino a otros pabellones.

La comida africana también la degustamos bastante. En la Plaza de África había un restaurante bastante informal en el que podía hacerse algo parecido a comer de tapeo como en los bares sevillanos. Y también la mayoría de sus “tapas” estrella tenían como base un componente muy andaluz: los camarones. Pero con una diferencia…

El caso es que a mí esos bichitos tan chiquitines nunca me han entusiasmado; no soy muy partidario de esas tortillas de camarones que tanto encandilan a mis paisanos. Y por eso allí en “La Marmita Africana” no iba a pedir hojas de mandioca con camarones, ni aguacate con camarones… hasta que ví como algunos de mis familiares sí los pedían, y comprobé que los africanos (la madre que los parió) llaman camarones a unos bichos que son como nuestros langostinos de la talla XXL. Por supuesto, las gambas, gambones y langostinos sí son de mi aprobación, por lo que me hice asiduo de aquellos platos.

Aquí se comía lo mismo que Aníbal 2.200 años antes.

Estuvimos una vez en el restaurante del pabellón de Marruecos, “La Mamounia”, que tenía un menú degustación por 8.000 pesetas de todas sus especialidades, y era una maravilla… tajines de ternera, hombros de cordero, pichones con almendras, dulces marroquíes… pero añadirle las bebidas a ese precio (cervezas a 400 pelas, y el vino ya ni te digo) hacía que fuese prohibitivo el volver por allí en más ocasiones. Así que se convirtió en nuestro restaurante africano de referencia el de Túnez, en el que te costaba comer menos de la cuarta parte que en el marroquí, y encima era menos conocido y estaba siempre muy tranquilo y con ambiente relajado. Y la verdad es que este restaurante, “Cartago” se llamaba, hubiese merecido mucha más atención, porque era toda una obra de investigación culinaria; los platos que tenían se basaban en los que habían heredado de los cartagineses, los fenicios, los romanos… vamos lo que se llama “dieta mediterránea” con absoluta propiedad. Allí, aparte de unas perdices que ríete tú de las que ponen en la sierra de Cádiz, me dí cuenta de que el cous-cous que yo acostumbraba a comer en el Hacho de Ceuta (por entonces yo aún viajaba por los centros de diálisis) no se parecía en nada al plato magrebí preparado en su forma clásica; aquí más que sémola casi seca, que es como suelen presentárnosla, era más parecido a nuestros potajes andaluces… y como no, la repostería de estos países, que es para no parar de comerla, aunque sea sin acompañarla con té, del que no soy nada partidario.

Y ya por fin, de los asíaticos dejamos aparte el japonés porque su comida no lograba ponernos a todos de acuerdo, y el chino, porque no ofrecía apenas nada más que no conociésemos ya en todos los restaurantes que hay por aquí. Así que nuestro rincón favorito era una especie de placita rodeada por kioskos en los que podías comprar comida de Malasia, de Singapur, de Taiwan… y comértela sentado por allí en alguno de los bancos y mesas dispuestos para ello. Un día que estábamos allí una gran parte de la familia, en total trece o catorce personas con algunos niños, tuvimos un problema que pudo llegar a ser bastante serio, porque un empleado de alguno de aquellos kioskos vio que a los niños les estábamos dando sandwichs y otras cosas que llevábamos nosotros (ya sabéis, nocilla, bollicaos, y esas guarrerías que les gustan), y el tío, en un español macarrónico casi imposible de entender, se empeñó en decirnos que aquello no podía ser y que había que consumir comida comprada allí. Nuestros intentos de convencerlo de que lo estábamos haciendo así y que esa comida era solo la de los niños, que no comen otras cosas, fueron infructuosos, y el hombre aquél cada vez gesticulaba y nos gritaba más y más sin atender a razones, e incluso hizo ademán de quitarle a uno de los niños su bocata… y cuando ya uno de mis cuñados iba a darle la primera hostia lo cogió por banda otro señor de su mismo tenderete (imagino) y lo puso firmes, diciéndole entre otras cosas que nos dejase en paz porque todos los adultos que estábamos allí nos estábamos dejando una pasta gansa en comida y bebida, y que no pasaba nada porque los niños comiesen lo que les diese la gana que trajésemos de casa. Ese señor sí que sabía mirar por su negocio…

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Comer es un placer…

Los niños huyendo del tío que les quería quitar los bollycaos.

Y en realidad todos estos restaurantes orientales era así como funcionaban, basándose en preparar comida para llevar; así que no había mucha variedad entre la que escoger, sobre todo porque además uno de los restaurantes convencionales, el de Filipinas, lo cerraron por problemas de higiene durante las primeras semanas. Prácticamente solo quedaba que mereciese la pena el de Pakistán, al que fuimos varias veces porque no era muy caro (unas 2.500 pelas el menú) y tenía unos excelentes platos de ternera preparada de muchas formas diferentes, en filetes, en pinchitos, picada, en albóndigas, horneada… había un plato de ternera con gambas y arroz pakistaní que era una maravilla.

Y así se nos fue pasando la Expo. A lo mejor os parece que comíamos demasiado, pero no os preocupéis porque bajábamos bien todo lo que comíamos a base de paseos por el recinto y los pabellones… de verdad que no acumulábamos nada de grasa.

He ido hilvanando mis recuerdos intentando estructurarlos de alguna forma, y mientras iba escribiendo me iba acordando de algunas otras cosas. Como el restaurante de Nueva Zelanda, al que era un coñazo ir a comer porque a cada rato estaban los maoríes ésos de los cojones bailándose una Haka a tu lado; que la primera vez que lo ves tiene su gracia, pero después son más pesados que las tunas de aquí.

En otro restaurante (y en general en todo el pabellón) donde eran también particularmente pesados era en el de Yugoslavia. En aquellos días la guerra de los Balcanes estaba en todo su apogeo y los servios, que eran los que estaban en el pabellón, se empeñaban en decirnos una y otra vez que ellos “no eran los malos”, y a cada momento te venían con un papelito para que lo firmases, en el que decían que ellos estaban allí muy bien, y que no tenían nada que ver con las guerras contra los bosnios y los croatas, que esto era una fiesta y no hiciésemos caso a los exterminios que decía la prensa… y otro montón más de tonterías justificativas. Y encima los puñeteros te ponían mala cara si no se los firmabas…

Los Estados Unidos tampoco ofrecían nada especial, más que una hamburgesería de “genuino sabor americano”, que era inmensa y siempre estaba hasta la bola… creo que allí solo llegué a comerme un hot-dog de ésos que veía en las pelis, pero tampoco fue nada especial. Y qué cosa más incómoda de sitio…

Una vez fui al pabellón de Australia con la esperanza de poder comer canguro (si es que se come) o algún bicho raro de los de por allí, pero los cabrones no tenían restaurante para el público, el que tenían era solamente para recibir a los visitantes VIPs y a los políticos y a toda esa gente a la que había que darle coba. Se ve que con el “Kangaroo Pub” consideraban que tenían bastante para la plebe… y aún así se fugaron de él en mitad de la Expo con la pasta que pudieron arramplar.

También quise probar el cordero tan famoso que preparan los turcos, pero el restaurante de ese pabellón, aunque sí abierto al público, era también una especie de saloncito VIP, de un lujo inalcanzable, así que…

Y al de Gran Bretaña ni me acerqué… total, para comer asquerosas “fish and chips” en una típica y tópica taberna inglesa no merecía la pena perder el tiempo.

Y ya para terminar, a los que seáis muy queseros, como es mi caso, os daré un poco de envidia al contaros que en el restaurante de Dinamarca había una tablas de quesos enormes, en el que todos estaban buenísimos… y rizando el rizo, en el restaurante del pabellón de Holanda, lo único que había para comer era queso. En pequeñas porciones. De todas las variedades y calidades. Y todos también buenísimos.

Que aproveche, amigos.

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Buen menú…

NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO (y 4ª Parte)

En la entrega anterior nos quedamos pendientes de lo que ocurría en el concierto de No me pises que llevo chanclas

Con los Chanclas el éxito estaba garantizado de antemano; la fiesta ya había comenzado horas antes de que salieran al escenario, con sombreros, vasos e incluso sillas volando por encima de nuestras cabezas. El grupo bien, cuatro discos de agropop dieron para hacer un repertorio infalible. El grupo quizá fallaba a la hora de encajar un par de temas algo más serios en el repertorio, aunque les agradecía el intento de colar “Maria Ignacia” en el setlist. (Zambombo)

Por allí también anduvo nuestra amiga Lu. Pero ella, como siempre, iba más bien a lo suyo…

En el de No me pises me lo pasé teta, cantando “Bolillón” y demás canciones chorras. Pegar botes y beber cerveza, mis amigos y yo no hicimos otra cosa. Y había sombreros de paja por todas partes. (Lu)

Mucho menos divertida fue la noche del jueves 13, en la que yo había vuelto ya de mis vacaciones para sufrir el aburrimiento desplegado por John Lurie.

Esa fue la noche en la que estrenó “World is fair”, una obra que le había encargado la Expo hacía ya dos años, y que le había pagado por adelantado; y que en vista de lo que nos ofreció, nos hizo salir de allí bromeando a los que estábamos, Blas, Luis, yo, algunos más, que este tío se había pasado casi los dos años puliéndose la pasta que le dio la Expo y a última hora, cuando ya le pillaba el toro, se puso a improvisar una cadena de pizzicatos, que aquí corrieron a cargo de The Balanescu Quartet, con un par de solos de saxo, para cubrir el expediente. La cosa fue así de frustrante.

No empezó mal del todo, porque como la obra le había quedado tan cortita, para poder ofrecernos un espectáculo musical que pudiese llamarse así, antes salieron solamente los Balanescu para interpretarnos “Stranger than paradise”, la banda sonora que Lurie compuso para la película de Jim Jarmush. Pero cuando él se unió al cuarteto y comenzaron con el estreno de la nueva obra, aquello no había por donde cogerlo; una cosa tan fría, reiterativa y cansina, que solo consiguió de los espectadores que todavía no nos habíamos ido de allí levantar unos aplausos al final precisamente por eso, porque era el final. Y recibimos nuestro merecidísimo premio con un bis que, gracias a Dios, no tuvo nada que ver con lo anterior y nos devolvió a nuestro John Lurie enérgico, sacando de su saxo notas de verdadera belleza.

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John Lurie – “Harlem nocturne”
(El bis valió por todo el concierto)

Y mientras tanto los conciertos de grupos españoles del actual mercado del pop se iban sucediendo en la Plaza Sony…

Me saqué, es decir, mis padres me pagaron, el pase nocturno, así que estaba día sí, día no, en aquel recinto. Me llevé grandes recuerdos y también pésimos resultados académicos. Debí asistir a bastantes conciertos en aquella Plaza Sony.

En el de OBK pasé por allí pero no me quedé ni de coña. Recuerdo a la gente gritando “la misma, la misma”, pidiendo que volvieran a interpretar su único éxito. (David González)

Había que tener ganas… y mucha necesidad de música en directo para ir a ver hasta a OBK.

También fui a OBK; el único del que me marché al segundo tema, pues me parecieron peor aún que en disco, la fotocopia de la fotocopia de unos grandes, con todos sus defectos y ninguna de sus virtudes.

Siempre que podía, gracias a tener el pase de temporada, me acercaba a la plaza Sony a ver qué caía. Tenía 21 años, y apenas había asistido a un puñado de conciertos hasta entonces. No era virgen en ese terreno, pero casi. Mis gustos, por aquel entonces, eran bastante convencionales. Sólo ello explica que omitiera a grandes figuras y me tragara grandes bodrios. (Zambombo)

Nuestros dos comentaristas solo pasaron esa noche de refilón; pero hubo más noches para quedarse: Cómplices, Revolver, La Unión, Danza Invisible

Otros de los “prescindibles” que me tragué por pura curiosidad melómana fueron Modestia Aparte (sin comentarios), Rico (que no estuvieron mal, divertidos), Los Limones (poca cosa) y unos aún recientes Revolver que ya entonces me hicieron echar de menos a Comité Cisne. Pese a un par de buenos temas en su repertorio y a que Goñi no era aún el soso en que se convirtió después, me pareció imperdonable el que eligieran “La Bamba” como bis. ¿No había otro tema? Además llevaban un guitarrista que estaba más emocionado de la cuenta, demasiada pose para un público tan frío.

La Unión fueron sólo a cubrir el expediente ante un público poco exigente, pero les observé mucha menos pasión que en 1989, donde tuve la suerte de verles dos veces en muy buena forma.

Algunos de esos grupos pop dieron un espectáculo más que digno, como Cómplices, que estaban en su mejor momento, con Teo de multinstrumentista; creo recordar que había dos baterías en el escenario. Uno de esos casos en los que te das cuenta de que el directo amplía tu concepto del grupo, aunque realmente se tratara de un proyecto personal. Por otra parte, también quedaba claro lo poco que pintaba allí la señora de este hombre.

Danza Invisible es otro de esos que dieron un buen espectáculo, enérgico y largo, parecían incansables. Aún no habían pasado a hacer ese pop insulso que hacen ahora, aunque ya estaban en plena transición, y desde luego el repertorio no era el de su Directo del 86, aunque sí que tocaron una durísima “Espuelas”, por ejemplo. Los Raperos del Sur se les unieron para hacer y ampliar el rap de uno de los temas del “Catalina”. (Zambombo)

Y el lunes, 31 de agosto, tuvimos la mayor sorpresa de la Expo: los Scorpions, que se estaban tomando un año sabático, replanteándose muchas cosas de su carrera, de la que ya habían descabalgado a Francis Buchholz y aún no habían dado paso a Ralph Rieckerman, hacían una excepción y se venían los cuatro que en ese momento formaban la banda a Sevilla a dar el único concierto que hicieron ese año, en formato semiacústico, en el pequeño auditorio del pabellón de Alemania.

El concierto que más recuerdo es el de Scorpions en el Pabellón de Alemania. Set acústico ya sin la presencia del bajista Francis Buchholz, que acababa de dejar la banda y que no fue reemplazado por ningún músico para este concierto.

Clásicos del rock (Elvis, Beatles…) y clásicos de Scorpions se mezclaron en un concierto sin trampa ni cartón, allí no había grandes equipos de sonido, sino lo básico para que aquello sonara decentemente.

Supongo que el show que pocos tuvimos la oportunidad de presenciar fue lo más parecido a ver a los músicos alemanes tocando en casa para unos colegas.

La anécdota más destacada fue los coros béticos “a lo Silvio” que el público cantó mientras los Scorpions interpretaban, con cierta cara de asombro, el clásico de Elvis “(Marie’s the name) His latest flame”. (Maese Rancio)

Era curioso ver la cara de asombro de los señores scorpiones mientras el auditorio acompañaba la parte instrumental de esa canción de Elvis con los gritos de “Beeeeetis, Beeeeeetis…”.

Un par de guitarras, acústica y eléctrica, un instrumento percusivo que no llegaba a batería, y la voz versátil de Klaus (junto a las palmas de un par de chicas en alguna canción), para llevarnos durante algo menos de una hora por un viaje en el tiempo, que comenzaba en Elvis y los Beatles, pasaba por las baladas más conocidas de la banda alemana, y volvía de nuevo a los orígenes, poniendo punto final al concierto con “Long tall Sally”.

Esta noche aquí en la Expo quedó tirado por tierra ese tópico sobre lo bien que lo organizan todo los alemanes, porque después de anunciarse que el concierto sería gratis y se dejaría pasar a la gente hasta que se ocupase todo el aforo del auditorio, al ir llegando el personal se encontraron con la sorpresa de que les pedían unas invitaciones que nadie tenía ni puta idea de donde tenían que haber recogido (menos mal que los carnets de prensa sirvieron para algo). Los que estaban dentro no sé como se las apañaron, pero lo que sí sé es que fuera se quedaron muchos chavales que habían pagado la entrada a la Expo solamente para ver a los Scorpions y se encontraron jodidos y sin concierto.

Con todo el dolor del mundo me perdí a Crowded House porque me había ido de acampada y a los Scorpions. Cuando nos presentamos en el pabellón de Alemania no nos dejaron pasar. No sé si estaba ya lleno o era necesaria invitación, pero fue una gran decepción. Nos contentamos con escuchar el concierto desde fuera. (David González)

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Scorpions – “Still loving you”

La semana siguiente la música más atractiva se desarrolló puertas afuera de la Expo, durante los “Encuentros de Nueva Música”, así que cambiamos la Plaza Sony (que al fin y al cabo lo más interesante que ofrecían esta semana era a los Presuntos Implicados) por los escenarios de los teatros Maestranza y Alameda, e incluso por la mismísima calle, ya que también tuvimos música en la Plaza de San Francisco y en otras de las más emblemáticas de la ciudad.

Gavin Bryars fue el encargado de abrir el ciclo con un concierto en el Teatro Alameda lleno de minimalismo melancólico que no fue lo suficientemente atractivo como para apasionarnos con su música. Es cierto que el grupo que le acompañaba vino bastante menguado con respecto a lo que se esperaba, por ejemplo, nos quedamos sin la guitarra de Bill Frisell, así que lo más interesante era el violín de Alexander Balanescu oscilando entre los patrones repetitivos que tejían dos vibrafonistas. Gavin se mantuvo casi imperceptible conduciendo las piezas (cinco en total) tras el contrabajo o los teclados del sintetizador y el piano, saliendo al primer plano prácticamente nada más que en la ocasión en que se sentó al piano con Dave Smith para desgranar una agradecida lluvia de notas a cuatro manos que rompieron la monotonía que nos amenazaba.

El día siguiente me salté a Joanna McGregor y volví al teatro (esta vez al Maestranza) el miércoles para ver al gran maestro de los loops y los sonidos secuenciales. Stockhausen se presentaba en Sevilla con un grupo de siete u ocho acompañantes (perdí la cuenta a base de salir bailarines y trompeteros) entre los que se encontraban sus tres hijos, Markus, Simon y Jellena, para presentar parte de la gran ópera que llevaba componiendo desde 1.977 sobre los días de la semana y de la que aún le quedaba mucho por componer… a razón de cuatro años de escritura para cada día, echad la cuenta…

Aquí tuvimos el “lunes”, el día dedicado al personaje de Eva (los otros son Miguel y Lucifer), que representa los espíritus de nacimiento y renacimiento del ser humano, es decir, el día de la mujer y los niños… pero todo eso lo sabemos porque lo explicó él mismo en la conferencia de prensa anterior al concierto, porque lo que es con su música… bueno, con sus sonidos… o con sus ruidos… o con los resultados de sus inmersiones en la electroacústica y la fonética… o bueno, con lo que fuera aquello que vimos y oímos allí..

Como de allí salí vacunado de “nuevas músicas” para una buena temporada, decliné la asistencia dos días después al concierto de Schönberg, y por supuesto al de Michael Nyman, al que ya de antemano tenía previsto faltar porque con una vez en mi vida que haya estado en uno de ellos ya ha sido suficiente.

La Michael Nyman Band cerró los “encuentros” en el Auditorio de la Cartuja. En esta ocasión junto a la Orquesta Andalusí de Tetuán. Después de sufrir la decadencia de ambas bandas, tocaron el encargo hecho por la Expo a Nyman. Un tríptico pastiche a caballo entre música druida y villancico gitano. Impersonal, superficial… (Antonio Murga)

Y el domingo, día 20, por la noche en la Plaza de San Francisco el gran bluff final de este ciclo, con la broma de llamar “Nueva Música Española” a Eduardo Laguillo, Gualberto y Manuel Imán… ¿qué serían entonces Esplendor Geométrico, Macromassa, Gringos…? Y terminar con las aburridas notas y cacareos de Wim Mertens. Una noche totalmente opuesta a la anterior, la del sábado, en la que un montón de grupos de percusión de diferentes paises y estilos se adueñaron de esta misma plaza, además de las del Salvador, el Pan, Santa Ana, Alianza y Santa Marta para ofrecernos todo un viaje por el espacio y por el tiempo, desde Mozambique hasta Japón, y desde los rítmos tribales más arcaicos hasta la percusión más contemporánea.

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Stockhausen – “Montags – Eva” (Corte)

Y así entramos en el último mes de la Expo, el más aburrido de todos en cuanto a música. Y si a esto le uníamos que el cuerpo ya estaba resintiéndose de los cinco meses y pico que llevábamos arrastrados, yo ya estaba deseando que terminase la cosa.

Sé que después lo iba a echar de menos, como así fue. Y puede que tuviesen razón los que pensaban que aquello debía durar todavía más, sobre todo porque nunca habíamos tendio tanta oferta cultural diferente en la ciudad… pero mirado desde mi punto de vista de padre de familia, en la que (aparte de los conciertos) la asistencia a la Expo prácticamente todos los días, y todos los fines de semana, se había convertido en una obligación, por el afán de que los niños lo viesen todo, de que a nosotros no se nos escapase nada que mereciese la pena, y de que a cambio solo obtuviésemos colas y más colas interminables para entrar a pabellones que solamente ofrecían mediocridades (los buenos, buenos de verdad ya los habíamos visto y revisto con anterioridad), hacía que yo estuviese deseando que llegase el día 12 de octubre.

En las últimas tres semanas, apenas un par de cosas interesantes musicalmente ocuparon nuestra atención…

Quizás mi mayor sorpresa fue la Orquesta Mondragón. Nunca los había visto, y no sabía que fueran tan rockeros, tenía otro concepto de ellos. Con un gran Toni Carmona a la guitarra y un Gurruchaga como no hay otro, vestido con un traje de chaqueta rojo rojísimo y probablemente zapatos de charol, disfruté enormemente de esa sobredosis de rock and roll, con muchas versiones, largos solos y las posturas obscenas de, creo recordar, una corista con mucho morbo (aparte de la obesa negra de gran voz), que simuló hacerles mamadas a Carmona y Gurruchaga. Ahora me pregunto qué sería haberlos visto en su mejor momento, pero entonces me parecieron grandes, a pesar de que también tocaran la del “Huevo de Colón”, qué remedio. (Zambombo)

A Zambombo le gustó la Orquesta Mondragón en la Plaza Sony; yo me perdí a los Chieftains en el Auditorio de la Cartuja, y el padre de Lu se sorprendió con Nacha Guevara en el Auditorio de la Plaza de América.

También recuerdo que mi padre fue a ver a Nacha Guevara, pues siempre ha sido fan de ella, y se quedó muerto. Llegó a casa diciendo “¡Nacha Guevara se ha hecho heavy!”. (Lu)

Y no era para menos el asombro del padre de Lu, porque Nacha, tras sacar una rara inspiración de un concierto de Bon Jovi al que asistió, en el que se imaginaba a la banda interpretando tangos endurecidos, decidió hacerlo ella misma, y montó el espectáculo “Heavy tango”, que fue el que presentó aquí en los días finales de la Expo, en el que cantaba los tangos más clásicos y conocidos, respaldados por rítmo hard rock de guitarras eléctricas, bajo y batería. La división de opiniones suscitada parecía no importarle a la cantante, que decía que prefería que a la gente le pareciese ridículo que mediocre.

Mi útima experiencia musical en la Expo no fue en directo, sino grabada; pero fue tan alucinante como el mejor concierto. Quedaban dos días para el final de la muestra, y todavía no había tenido ocasión de ver la película de los Rolling Stones en el Pabellón de los Descubrimientos. Así que el día 10, que era además el último día en que la proyectaban, la familia Carrascus y los allegados nos dirigimos allí a poner remedio a la situación, previo sufrimiento matutino en una larguísima cola que nos daba derecho a adquirir la entrada que puedes ver aquí debajo.

En ese pabellón había un cine en formato Omnimax, el Cine Espacial Alcatel, que ocupaba toda una enorme cúpula, en la que tú estabas en el interior, y se te ofrecían dos o tres películas rodadas con un sistema nuevo, de las que una (la de las 11 y media de la noche) era sobre la gira del ’91 de los Stones, con imágenes de sus conciertos de Berlín, Londres y Turín. El resultado era algo impresionante y sin igual. Tú estabas allí, en medio de Ron Wood y Keith Richards, acompañando a Mick Jagger en sus carreras por el escenario, y mirando a la vez que él las pantallas del telepronter que había al pie del escenario con el orden de las canciones.

Eran dos partes de 45 minutos cada una, con un pequeño descanso para cambiar los rollos (en este formato no se pueden encadenar), en la que pasábamos del incendiario “Start me up” a “Brown Sugar”, “Satisfaction”, “Sympathy for the devil”, “Honky tonk woman”… tras el descanso, “Paint it black”, y un delirio psicodélico a base de efectos digitalizados con “2000 light years from home”. Quince canciones en total que te dejaban absolutamente abrumado.

El primer síntoma de que todo se acababa fue el irónico párrafo que se marcó por los altavoces un speaker de entre los currantes del cine, antes de empezar la película, que vino a decir más o menos que “esta proyección va dedicada a todos los que curramos aquí: acomodadores, azafatas, proyeccionistas, etc, que después de ver esta película todos y cada uno de los días de los últimos seis meses, estamos ya hasta los mismísimos güevos de los Rolling Stones y tenemos unas ganas locas de perderlos de vista…”

Y así dio comienzo el principio del final.

NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO (3ª Parte)

Cuando hablábamos en la anterior entrega del concierto de Guns N’Roses alguien mencionó que éstos se cayeron del cartel de Madrid por la aluminosis del estadio del Atleti. Pues el caso es que el estadio del Betis también la padecía, aunque con mucha menos gravedad que aquél, y si el día de los rockeros no pareció importar mucho, sí que se habló bastante de ello en los días previos al concierto de Elton John. Porque aquí sí que se preveía desde el principio que aquello iba a estar lleno a reventar.

A mí Elton John nunca me ha gustado y no tenía el más mínimo interés en ese concierto, pero sí en cierta chica que era muy fan; así que aproveché para quedar como un señor rumboso invitándola a zona vip. De esa noche tengo el recuerdo muy vivo del voladizo del campo del Betis agitándose como si la tierra temblara cuando la gente se puso a pegar botes. En cuanto pude me fui de allí. Ah, la chica al final resultó ser una petarda. (El Profe Franz)

Pero aparte de unas tiritonas de la tribuna, probablemente más imaginadas por la prevención que tenía la gente que reales, allí lo único que se derribó fueron los prejuicios que cualquiera pudiese tener contra Elton John, que nos ofreció un concierto maravilloso, sustentado prácticamente por su repertorio anterior a sus discos más recientes… es decir, por todas sus canciones buenas. Fue una delicia absoluta escuchar en directo “Tiny dancer”. Pero es que también nos cantó “Rocket man”, “Daniel”, “Saturday night”, “Funeral for a friend” encadenado a “Love lies bleeding”, “Your song”, incluso una versión del “Show must go on” de Queen.

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Elton John – “Tiny dancer”

Se habla de la puntualidad inglesa como un tópico, pero es que Elton se pasó. Si miráis la entrada que os pongo aquí arriba veréis que su hora de comienzo era las 22:30… bueno, pues para entonces ya llevaba un rato cantando. Y ese adelanto fue debido a que Versace le había diseñado un escenario y un cambio de vestuario que, para poder mostrarlo entero sin agobios, necesitaba como mínimo dos horas, así que para toda la gira española amplió un poco el repertorio y la duración de los conciertos, y los adelantó a su hora.

Pero nadie se perdió nada porque allí estábamos todos ya a las 9 y cuarto pasadas cuando salieron al escenario Tomatito y Juan Carmona (el de Ketama), con un bajista y otro que tocaba el cajón, para ir calentando el ambiente a base de bulerías a la guitarra, aunque nadie les echase demasiada cuenta. Era la reaparación de Tomatito tras la muerte de Camarón y allí se mantuvo serio, dedicándole la actuación al cantaor desaparecido y manteniéndose en el escenario poco menos de media hora. Telonero de lujo.

El concierto de Elton John fue todo lo intimista que se puede ser ante una audiencia de varias decenas de miles de personas, y ante su piano, con las mismas ganas y sensibilidad que se le apreciaban en sus primeros discos, nos regalaba tres baladas por cada rock directo, en el que quien se lucía era Davey Johnston, un guitarrista buenísimo como pocos. Cuando el primer plano lo recuperaba Elton, los tonos de su voz te atravesaban.

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Elton John – “Love lies bleeding”

Y la noche siguiente nueva sesión de apretujones, esta vez en la plaza Sony de la Expo, porque estaban allí los chicos de La Frontera dando un concierto que estaban grabando porque poco después se editaría como LP doble con el título de “Capturados vivos”.

El calor que pasamos fue sofocante a pesar de ser las once de la noche… que agobio de gente, por Dios, ni en las madrugás de la semana santa me había visto tan apretujada. A mí me gustó mucho, no es que el sonido fuese una maravilla y como además la gente se sabía las canciones y las cantaba con el grupo pues lo que yo escuchaba era más a tíos desafinando que al cantante, pero hicieron todas las canciones buenas de sus primeros discos y aquello lo compensaba todo, aunque la mejor se la guardaron para el final del todo, cuando ya creíamos que no iban a salir más y que aquello se había terminado, pero por fin cantaron “Cielo del sur”. Despues de aquello ya fue imposible que siguieran con más bises. (Lali)

No les quedaron mal ni el concierto ni el disco, la verdad. Mucha potencia derramada en la voz de Javier Andreu… aunque a Lali se la tapasen los coristas de alrededor… y un acompañamiento musical demoledor, en el que tenía mucho que ver que en la batería estaba Ñete, el que ocupase ese mismo puesto en Nacha Pop. También andaban estrenando guitarra, Guille Martín, que anduviese antes en los Desperados.

El disco en directo en realidad no se grabó en su totalidad aquí en la Expo, también tiene canciones del concierto que dieron en Alicante dos noches después. Pero en la mayoría, a los que se oye aullar es a nosotros.

Mucho más relajados estuvimos cuatro días después, el lunes 20 de julio, cuando en el Auditorio de la Cartuja apareció Ryuichi Sakamoto con una camisa amarilla de ésas que dicen que da mala suerte a los artistas… a lo mejor por eso su concierto fue tan desigual.

De entrada recuerdo que me pasé casi todo el tiempo en el bar del auditorio charlando con Jose Pardo, que andaba por allí igual de aburrido que yo. Y es que el concierto fue bastante pesado en su mayor parte. El Moriyama era un cantante melódico si ningún interés; Sakamoto venía él solo con piano, como Mari Cruz Soriano, y fue un tostón de los que hacen época…

…estooo, Profe Franz, disculpe la interrupción, pero me parece que aquella noche estaba usted más pedo de lo que recuerda. Se lo digo más que nada porque Moriyama no era un tío, sino una mujer… vale que al ser japoneses y vestirse tan raro y parecerse todos y eso, pudiese usted confundirse… ¿pero que el Sakamoto vino solo con el piano…? Si había cinco tíos y hasta una cantante con él…!

Bueno, no es de extrañar. Yo creo que en aquella época bebíamos demasiado y seguramente hasta nos drogábamos, por lo que las neuronas que tenían que fijarse en las cosas para luego recordarlas estaban generalmente a otro rollo.

Eso sí, con la Orquesta de la Luz disfruté como un enano: eran un combo de salsa con una puesta en escena espectacular, vestidos todos iguales con camisas de chorreras, con movimientos coreografiados y todo eso, y cantando en español con acento japonés: para mí, lo más divertido de la Expo. (El Profe Franz)

Antes de que apareciese la estrella de la noche tuvimos a Ryoko Moriyama, una cantante melódica, que en Japón seguramente sería una gran figura, pero que a nosotros no nos dijo apenas nada. Y después, como ha dicho el Profe, sí nos divertimos mucho más con la Orchestra of Light, antes de que Ryuichi comenzase con su atípico set.

Los ecos de “Nuages” marcaron el inicio, y solo frente al piano desgranó las notas compuestas para “Tacones lejanos”. Sonaron piezas de “Music Encyclopedia” y “Field work”, con diferentes formaciones, antes de que la banda al completo (dos violines eléctricos, bajo, percusiones, la deliciosa Vivian Saunders a la voz y Manu Katché a la batería) atacara la vertiente house del repertorio. Relevo de público: los de la new wave se fueron a echar una cervecita y los bailones se levantaron de sus sillas; sonaron “Beauty” y “Heartbeat”. Pero la fiesta es corta, porque cuando el personal comienza a calentarse Ryuichi dice adiós. Concede un bis relajante, un fragmento de la banda sonora de “Hollywood Zen”, y muy educado y simpático nos deja con un palmo de narices. Entre lo sublime y lo deslabazado. (Blas Fernández)

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Ryuichi Sakamoto – “Nuages”

Y tres noches después nueva cita en la Plaza Sony, que esta vez sí ibamos a tener rock internacional, o al menos algo que se le parecía mucho, porque aunque lo suyo no fuese la caña por la cara, pero Crowded House sabían despachar impecables joyas melódicas, que había que oír… aunque haya más gente que no se acuerde muy bien de aquello…

Del concierto de Crowded House recuerdo sobre todo a Parachokes, eran de mi barrio y había expectación por verlos en directo, y encima en un escenario grande. Eran (éramos) unos niños jugando a ser los Stones. (Lu)

Y no solo los Stones, el concierto de Parachokes fue toda una muestra de las actitudes que podíamos ver en los conciertos de las grandes figuras. Musicalmente jugaban a ser tanto los Stones como los Guns N’Roses, y visualmente tenían todos los tics de las bandas de rocks conocidas, el cantante se cambiaba la camisa según la ocasión, se subía en los bafles, corría por el escenario pa’ un lao y p’al otro… varios conciertos en uno. ¿A quien le importan las malas críticas cuando aquello era pura diversión?

Los Parachokes llegamos a Sevilla, para tocar en la plaza Sony, despues de una gira con Crowded House. Éste era el penultimo concierto con ellos y la verdad es que ya llevabamos siete u ocho por toda España, sin contar otros compromisos anteriores. El caso es que llegamos muy cansados pero con muchas ganas de estar con nuestras familias y ver a nuestra gente, pero sobre todo a nuestras familias, porque en esa época aun vivíamos con nuestros padres.

Lo mas importante era tocar en un gran escenario en nuestra ciudad. Recuerdo que llegamos a Sevilla y nos encontramos con una rueda de prensa como nunca tuvimos. Era en la sala de un Hotel y había por lo menos cuarenta medios de comunicación. Esto nos puso muy nerviosos y suponía una gran responsabilidad para la hora de la actuación.

El concierto en nuestra opinion fué un buen concierto y creemos que la gente quedó contenta y satisfecha. Lo digo porque a la semana salió el concierto en un canal de televisión (Canal Plus) y las imagenes lo dicen todo.

Como anécdota, es que cuando nos disponiamos a hacer un bis, el manager de Crowded House se negó porque esto retrasaba la hora del concierto de su grupo, nosotros contamos hasta tres y salimos corriendo antes de que lo hicieran ellos y tuvieron que esperar tres temas más.

En general tampoco es muy diferente de otros conciertos que dimos en esa época, claro, teniendo en cuenta que es nuestra ciudad. (Ramón Arias, guitarrista de Parachokes)

Y tras ellos, Crowded House, sin Tim Finn, se metieron al público en el bolsillo en un momento; la verdad es que estaban de muy buen humor y estuvieron muy simpáticos desde el escenario, con aquellos jueguecitos con las banderas del público y los saludos por nacionalidades… y con su música, un pop sublime, tocado por la varita mágica de los Beatles más acústicos, a los que hicieron un guiño incluso, metiendo en una de sus canciones algunos acordes de “I’m looking throuh you”.

Como había grandes canciones, al igual que ocurrió en el concierto de Elton John, no se necesitó mucha parafernalia ni un gran montaje; bastó con el saber estar de los componentes de la banda, que se mostraban tan intimistas como energéticos, y tan eléctricos como acústicos según lo requerían las canciones… y no unas canciones cualesquiera, que estamos hablando de “Weather with you”, “Don’t dream is over”, “Fall at your feet”… a pesar de que aquello se había convertido en una fiesta en que la mayoría iba a su bola, la magia se conservó intacta. Fue éste uno de los conciertos de los que mejor recuerdo conservo de la Expo.

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Crowded House – “Always take the weather with you”

Y el fin de semana que comenzaba tras este concierto, comenzaba también el periodo de vacaciones familiares, así que durante los siguientes diez días no estuve en Sevilla y no pasé por la Expo, pero nuestros amigos del blog sí anduvieron por allí, y nos cuentan qué pasó.

El domingo, día 2 de agosto, era el estreno de “Rock andaluz. Ayer y hoy”, un espectáculo musical que la Expo le había encargado a Manuel Imán, y tras su presentación en la Plaza Sony, coincidiendo con el Día de Andalucía en la muestra universal, se paseó por las ocho provincias andaluzas. Aquí se recortó con respecto a su duración normal porque a la una de la noche tenía que estar acabado para poner en la pantalla del Jumbotrón el resumen diario de los Juegos Olímpicos (había un acuerdo con el Comité Olímpico).

La primera parte era para Manuel Imán, acompañado de músicos de aquellas bandas… Pepe Roca y Manuel Marinelli, de Alameda; Pilo Menchén, el bajista de Cuarto Menguante; Chano Domínguez, el teclista de Cai; Antoñito Smash a la batería; las percusiones de Tato Macías… que hacían un repaso del ayer del rock andaluz, con temas de Cai, Smash, Goma, Triana, Alameda e Imán. La segunda parte era el hoy del rock andaluz, y para eso el grupo elegido (que manda güevos la cosa) fue Tabletom. Y la tercera parte era Manuel Imán en solitario presentando su último disco de entonces, aunque él mismo decía que aquello de rock andaluz no tenía ná de ná…

Tabletom no me dijo nada. La superbanda de rock andaluz tocó principalmente temas de Triana, Alameda, Cai e Imán, y sorprendía sobre todo la compenetración de Chano Domínguez y Manolito en los diálogos de teclados y guitarra al recrear temas de Cai (“Mercado del piojito”) o Imán (“Darshan”). Creo que también sonaron “Abre la puerta” de Triana y “Amanecer en el puerto” de Alameda. E interpretaron “El Garrotín” de Smash.

De Tabletom no recuerdo nada, no me gustó mucho. Y lo mejor fue Manuel presentando su disco “La danza del espacio”. Recuerdo concretamente tres temas: “Batalla de dos sueños”, (que también ha llegado a interpretar con Imán en la reciente etapa) y dos temas muy elegantes de ese disco, que sin ser rock andaluz tenían ecos arabes y andaluces respectivamente: “Sombras de Tanger” y “Anhelo sevillano”, el set, que no podía pasar de la media hora, lo completó con “Rumbo” y “Jardín oculto”. Recuerdo que alternó guitarra acústica (amplificada) y guitarra eléctrica. (Imanato)

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Manuel Imán – “Rumbo”

La plaza Sony estaba llena y en el público creo recordar que se identificaban dos sectores; unos, seguidores del rock andaluz y principalmente de Triana, porque coreaban con más entusiasmo los temas de Triana que interpretó la Superbanda y llevaban camisetas alusivas al grupo. Otro, seguidores de Manuel Imán, celebrando su vuelta a la música creativa tras su abandono de la Década Prodigiosa, y que habían llenado un año antes el salón de actos de la Escuela Universitaria Politécnica de la calle Virgen de Africa (para mí, que no soy de Sevilla, recuerdo que pensé en la plaza Sony que muchas caras eran las mismas que había visto el año antes en Virgen de Africa) donde Manuel presentó el repertorio que formaría en el ‘92 el disco “La Danza del espacio”.

De esta iniciativa se desencadenó una gira por las ocho capitales de provincia. Yo ví la de Cádiz, en el Teatro Pemán, en esta cita gaditana faltó Pepe Roca, el vocalista, por enfermedad, y tuvo que cantar el repertorio Manolito. Me gustó más porque se prestó más a la improvisación y frescura. Chano estaba en su tierra, y al final improvisaron un rhythm and blues de quilates. (Imanato)

Después me enteré de que al finalizar el concierto, y antes de que apareciesen los Juegos Olímpicos, en la pantalla del Jumbotrón pusieron el video-clip del “Combustión” de Helio… nadie sabe quién lo programó así ni por qué, así que nos quedamos sin saber a quién agradecer este grandioso milagro… a no ser que tuviese algo que ver con aquello Paco Parra, el batería de los propios Helio, que por entonces curraba en la Plaza Sony.

Y como hasta ahora todo estaba siendo demasiado pulido y limpito, para arreglarlo, el jueves día 6 llegaron Siniestro Total.

De lo que mejor recuerdo fue el infame concierto de Siniestro Total. Seguro que más de uno lo cuenta. Estaban ellos en su momento álgido, tan punkirrones, dando mucha caña, cuando un vaso o una botella de cristal se estampó en el escenario. Ya habían caído varios objetos previamente, así que pararon y Julián Hernández, creo recordar, se dirigió a la audiencia y dijo que mejor nos dejamos de tonterías o el concierto se va al carajo. Así que se fueron p’adentro dejando al público reflexionando. Decirle eso a la gente en un concierto como éste es como decirle a mi crío de año y medio que no toque los mandos de la tele, así que en cuanto volvieron a tocar no pasaron dos minutos hasta que otro capullo tiro otra botella al escenario. Como es lógico cumplieron su palabra y se fueron con viento fresco, para horror, supongo, de la seguridad del concierto, que debió temer que aquello degenerara en disturbios. (Daviz González)

Sin embargo, no sé si es que David no se quedó a esperar, pero un cuarto de hora más tarde los Siniestro salieron de nuevo al escenario por tercera vez, seguramente forzados por los ejecutivos de los “40 Principales”, para, con gesto muy serio y sin dirigir la palabra a nadie, atacar el “Vamos muy bien” de Obús y “Bailaré sobre tu tumba”, con dedicatoria vitriólica incluída. Para entonces las cosas ya se habían calmado, y aunque el rítmo estaba totalmente roto con tanto incidente y tanta entrada y salida, todavía la banda salió una cuarta vez para despedirse definitivamente con un bis que incluyó el “Highway to hell” de AC/DC.

Hubo otros que pudieron ser grandes conciertos y se quedaron en un triste recuerdo, como el de Siniestro Total, interrumpido varias veces por objetos lanzados al escenario. De nada sirvió que uno de los miembros pidiera un sonoro “hijo de puta” para el lanzador del último vaso o botella, aquello no tenía arreglo, y el grupo acabó tocando su setlist de mala gana. (Zambombo)

Y después de aquello tocaba diversión descarada… aunque, a juzgar por lo que nos contará también Zambombo, no exenta de algún peligro… ¿sillas volando en un concierto de No me pises que llevo chanclas…?

…eso lo veremos en la cuarta y última parte de esta historia. Venid preparados, porque en ella nos picarán los escorpiones…

NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO (2ª Parte)

La primera parte la habíamos terminado de camino al campo del Betis…

Por aquella época, yo era un chavalín de escasos 16 añitos, con unas incipientes greñas que no acababan de crecer y dedicado a ir al cole, a hacer botellón los fines de semana y a escuchar rock. Me juntaba con un grupo de amiguetes con intereses comunes pero, por entonces, lo de comprar discos era un poco prohibitivo (y sin descargas, claro) y los macroconciertos eran pura ciencia ficción para nosotros. Así que nos conformábamos con las gangas del BID y con algunas revistas que te enviaban cintas de VHS con conciertos piratas (todavía conservo una con Guns N’ Roses en el Ritz, el “Texas Jam” de Aerosmith en el 78 y un show de los Ramones nosedonde).

En ésas estábamos cuando anunciaron la llegada a Sevilla de Guns N’ Roses, grupo al que teníamos devoción casi religiosa (recuerdo incluso quedar en casa del Nicolai para escuchar un concierto que retransmitían en la radio desde París). Así que el shock fue brutal, te puedes imaginar: en cuanto salieron a la venta, corrimos a por nuestras entradas y desembolsamos la pequeña fortuna que nos suponían 4.500 pelas (coño, 4 talegos y medio daban para mucho). (Koloke)

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Guns N’Roses – “Welcome to the jungle”

Total, que con nuestras entradas aseguradas en el bolsillo esperamos impacientemente a que llegara el día del concierto, sin saber que fuimos de los pocos primos que compraron la entrada. Sí señor, a falta de pocos días para que se celebrara el concierto, la venta de entradas había sido tan miserable que ante la amenaza de tener que suspender el concierto no les quedó otra a los promotores que regalarlas. Una amiga me contó que se presentó su jefe en su empresa con un fajo de entradas para repartir. A otro amigo le regalaban la entrada sin más que comprar un disco de Guns N’ Roses en la tienda. Sólo así consiguieron un aforo decente. ¿Cómo es posible que con un cartel como éste ocurrieran estas cosas?. Tengamos en cuenta que hablamos de la primera y entonces única actuación en España de Guns N’ Roses (el concierto de Madrid se suspendió por aluminosis en el estadio Vicente Calderón). ¿Falta de promoción?…¿Falta de medios para comprar la entrada?… No lo sé, pero básicamente creo que es que aquí somos unos catetos que nos creemos que estas cosas deben ser gratis. El caso es que aquel fiasco lo hemos pagado los sevillanos con creces y no ha sido hasta hace bien poco que se vuelven a celebrar en esta ciudad eventos de esa magnitud. (David González)

Yo también me pagué la mía, y mientras esperábamos en la tienda del Gordo hasta que nos reunimos todos y nos pusimos de acuerdo sobre las clases de whiskey y drogas que había que llevar, cuando llegamos al estadio los Soundgarden ya habían tocado y dentro estaban ya las 25.000 personas que se congragaron para el evento. Una entrada pobrísima si tenemos en cuenta que solamente para cubrir gastos se necesitaban 30.000 espectadores. Y de esos 25.000 muchos habían pasado con entradas conseguidas del modo que cuenta David, cuando no las habían comprado en la misma puerta del estadio por solo 1.000 pelas, o las habían conseguido con una simple llamada a la radio, ya que Gled S. L., la productora de Rufino González, que organizaba el concierto, había distribuido así muchísimas, llegando a darle a la SER más de mil entradas para que las regalase de esa forma.

Me pasó una cosa curiosa durante la Expo, y es que el promotor de los conciertos que se hicieron en el campo del Betis, Rufino González, era amigo de mi padre, con lo que yo tenía entradas VIP para todos los espectáculos. Es más, llegó a ofrecerme que me hiciera cargo del servicio médico de los conciertos a lo que yo, prudentemente, me negué. Lo siento por las jugosas anécdotas que podría haber contado.

De este primer concierto recuerdo que pasé de la zona VIP y me fui con la gente al césped. Recuerdo también que entre tomarnos unas copas antes e ir a pillar algo llegamos tarde y nos perdimos a Soundgarden. No lo lamentamos entonces mucho porque en aquella época no eran tan conocidos como luego llegaron a serlo; yo personalmente no los conocía. De la cosa musical sólo recuerdo que los Guns N’Roses nos aburrieron soberanamente. (El Profe Franz)

Pero con lo que sí nos divertimos fue con Faith No More y su legendaria lluvia de objetos.

Ya perfectamente situados comenzó el concierto de Soundgarden, la banda del entonces melenudo Chris Cornell. No recuerdo mucho del concierto porque desconocía la discografía de este grupo y el concierto fue muy breve, una media hora más o menos. No sonaban mal, ¡pero se les veía tan diminutos en aquel inmenso escenario!. Todo lo contrario que los siguientes Faith No More, que aunque tenían el mismo espacio reservado, se hicieron dueños absolutos del mismo. El show de los Faith No More dejó pequeños a los mismísimos Guns N ’Roses. “Caffeine”, “The Real Thing”, “We Care a Lot”, “Epic”…todos temazos en un show de poco más de una hora. Fue al finalizar “Land of Sunshine” cuando el zumbao de Mike Patton comenzó a provocar al público: “Cabrones”, “Bastardos”, eran algunas de las lindezas que soltaba. El respetable comenzó a lanzar al escenario todo tipo de objetos y el Patton, lejos de amedrentarse, animaba a la gente a tirar más cosas: “Más cosas aquí! …Ahorita! …Más cosas!”, decía. De pronto, como en la película “300”, el sol se oscureció. Una impresionante lluvia de botellas y latas sobrevolaba nuestras cabezas hacia el escenario. Y el Patton esquivándolas con una habilidad alucinante. “Hurt me!, Hurt me!”, seguía arengando. En pocos minutos todo el escenario era un mar de plásticos y latas. Y ellos tocando como si nada. Acojonante. Hay un vídeo comercial que se llama “Video Croissant” donde los propios Faith No More rememoran este concierto y lo califican como uno de los mejores de la gira. (David González)

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Faith no more – “Epic”

Esta es la única foto que no está tomada en Sevilla en aquel tiempo. Es de Lisboa, de unos días después que aquí, en que repitieron el numerito. No le tiraron ni la décima parte de basura que nosotros… pero te puede servir para hacerte una idea.

El día del concierto nos plantamos en el Estadio del Glorioso sobre las 12 de la mañana. Corría el rumor de que iba estar medio vacío aún habiendo regalado entradas a patadas, pero nos daba igual: Guns N’ Roses llegaban a la ciudad y nosotros íbamos a estar en primera fila. Así que allí estábamos, sentados en la puerta, pertrechados con innumerables botellas de Hunting Lodge (menos de 1000 pelas la botella, más venenoso incluso que el Dyc), litros de refresco y algunas bolsas de hielo, que se fundieron a las primeras de cambio. Toda la mañana tirados, buscando alguna sombra miserable en un día en el que estaban cayendo papas cocidas del cielo, pero privando sin interrupción. Hasta que a eso de las 4 de la tarde se abrieron las puertas y corrimos como posesos hasta la primera fila.

Al principo se estaba desahogado, tranquilitos, finiquitando los últimos litros de güijqui mezclado que habíamos colado al campo y soportando como podíamos la caló (ahora a pleno sol, sin refugio posible). Pero, poco a poco, se fue masificando la zona y empezamos a pasarlo una mijita regular. Además, se nos acabó el bioalcohol, así que lo único que podíamos beber eran las pocas gotas que podías pillar, sacando la lengua, cuando daban algún manguerazo. Pasaban las horas y recuerdo sed y calor y más sed y más calor. Pero de allí no nos pensábamos mover aunque tuviéramos que acabar bebiendo meados.

En éstas que empezó Soundgarden. No les había escuchado antes: sonaban bien, pero mi preocupación principal en esos momentos era no morir deshidratado, así que no recuerdo mucho de ellos. Una pena.

Tras otro rato, aparecieron Faith No More. Eran tan espectaculares en escena que se me pasaron todos los males y me puse a hacer el cabra como loco. La presencia en el escenario de Mike Patton era impactante, un auténtico showman que saltaba, gritaba, corría y transmitía una fuerza que te obligaba a desatarte como un poseso. Y me acuerdo muy bien de Jim Martin, con sus barbas y sus gafas colorás, aparentemente impasible pero llenándolo todo con cada guitarrazo que daba.

Y, de pronto, comenzaron a tocar “Epic”. Y, de pronto, se armó la de San Quintín: Mike Patton empezó a provocar al público y éste respondió lanzando al escenario latas, botellas y todo lo que pillaban. A mí me tocó en primera fila y puedo jurar que aquello era una puta tormenta. Y el Patton seguía achuchando, “más, quiero máaaas”, decía en un macarrónico español. Y más que caía. Impresionante, no he vuelto a ver nada semejante en mi vida. (Koloke)

A Mike ni lo tocaron con ninguno de los proyectiles improvisados… latas, botellas y plásticos variados, vasos, cualquier objeto susceptible de ser lanzado… aunque parezca un contrasentido, aquella lluvia de basura fue un momento bellísimo y lleno de simbolismo; uno de los mejores efectos visuales que se hayan podido vivir en un concierto de rock.

Y tras este breve pero intenso show, abandonaron el escenario para que se preparara para los Guns N’ Roses. Entre cientos de pipas correteando por todos lados, un tipo de la organización, viendo el panorama, advirtió a la audiencia que con el señor Axl y compañía nada de tirar cositas al escenario, o el concierto se va al carajo. Y la gente se comportó, creo más bien que porque se había quedado sin munición. Es curioso que en aquellos tiempos fueran tan permisivos con los posibles objetos arrojadizos. Estamos hablando de latas de refresco o cerveza que bien podrían estar totalmente llenas. Tiempos más salvajes, sin duda.

En los Guns N’ Roses del año 92 no está Izzy Stradlin, y ya hace tiempo que expulsaron al drogata de Steven Adler, pero están en su momento más popular y llevan uno de los más impresionantes shows de aquellos tiempos. Pantallas y carteles gigantes, metros y metros de pasarela para correr, luminotecnia, pirotecnia, sensual sección de viento, Slash con su chistera, la Les Paul y el pelo de perro chouchou, un Axl Rose más endiosado que nunca, el petardo de Duff McKagan, versiones clásicas como “Live and Let Die” y “Knocking on Heaven’s Door”, guiños a “Mother” de Pink Floyd y “Wild Horses” de los Rolling, el Padrino, “Welcome to the Jungle”, “Paradise City”, “Sweet Child of Mine”… “Guns N’ Roses at his best”. Un concierto memorable que no distó mucho de alguno que hay publicado oficialmente en vídeo. (David González)

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Guns N’Roses – “Nightrain”

Y, bueno, tras una larga espera y agotados por la maratoniana jornada, por fin llegaron nuestros ídolos. Estábamos ya bastante cascados, así que para no perder lugar, nos atamos a las vallas con los cinturones, para que ni la madre de todos los pogos pudiese apartarnos de la primera fila. Poco te puedo contar, porque estaba en pleno éxtasis y se me pasó el show volando. Sé que salté, canté, grité, me embrutecí y disfruté como el enano que era. Pero no te puedo hacer una crítica musical seria porque al terminar el concierto se me formateó la neurona.

Salimos del concierto flotando, agotados pero felices. Y, como colofón, recuerdo muy bien que me tomé las dos mejores cervezas de mi vida: arrastrándonos conseguimos llegar al bar La Viña y nos pedimos dos cada uno, la primera de un trago y la segunda saboreándola mientras hacíamos balance de un día tan grande. (Koloke)

Vale, como el Koloke no puede, dejemos la crítica musical seria en manos de Blas Fernández, que escribía esto en el “ABC”:

Se encienden los focos y las pantallas de vídeo, y el “The lion sleeps tonight” sirve como prólogo antes de que la guitarra de Slash provoque una explosión de júbilo entre los asistentes. Las gradas vibran y el césped queda apisonado: los Gunners descargan su calculada electricidad sobre Sevilla.

…Los trucos pirotécnicos hacen acto de presencia con “Live and let die”. No serán los únicos; un par de inmensos globos, para regocijo del personal, se hinchan mientras suena “Welcome to the jungle”. Estamos asistiendo a un espectáculo en el más exacto sentido del término, y lo musical, aunque la más importante, solo es parte de él.

En uno de esos solos que quitan el hipo Slash exagera los aires pseudoflamencos al final de “Double talkin’ jive”, que cierra con un guiño, siempre tan bien recibido, a Hendrix.

…Y como no hay jardín sin flor ni concierto heavy sin solo de batería, Matt Sorum se pasa siete minutos golpeando los tambores, tiempo que el resto de la banda probablemente aprovecha para una cena rápida.

Y así, entre lucimientos individuales y canciones coreadas por la mutitud (aquí el estadio ofrecía ya un aspecto menos lamentable) llegamos a la buena versión del “Knockin’ on heaven’s door” tras el que la banda se despide, para volver poco después a ofrecer el único bis, de antemano previsto.

Esa previsión en todos y cada uno de los movimientos que realizan sobre el escenario es lo que me molesta de Guns N’Roses. Musicalmente no descubren nada en absoluto, pero sería ridículo no reconocerles un directo impecable y lleno de fuerza, una calidad como instrumentistas fuera de toda duda y una capacidad innata para conectar con su audiencia. (Blas Fernández)

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Guns N’Roses – “Sweet child o’ mine”

No es extraño que ante tal descarga, el día siguiente no acudiese ni Dios al Auditorio a escuchar a Celine Dion en la fiesta del día de honor de Canadá. De hecho, ni siquiera en la prensa hubo crónicas del concierto… se ve que Blas Fernández, Luis Clemente y Quico Pérez-Ventana todavía estaban desatascándose los oídos. Sí recuerdo haber visto circulando por YouTube algún vídeo de aquel concierto, porque fue retransmitido por la televisión canadiense y era fácil de copiar. Aunque ése, si os interesa, lo buscáis vosotros mismos.

El siguiente gran concierto tuvo lugar varios días después, el sábado día 11 de julio, en el auditorio de la Plaza de América, organizado por el pabellón de Brasil. Esa noche disfrutamos del encanto de Marisa Monte.

Cuando llegamos a la Expo todavía se veían por allí centenares y centenares de agüeletes; ese día estaba dedicado a la tercera edad, o al Inserso, o a algo por el estilo, así que los ancianos campaban a sus anchas por el recinto. Y había multitud de ellos en la inmediaciones del auditorio, cosa que me chocó bastante, hasta que una vez comenzado el concierto me dí cuenta que todos estaban allí porque se creían que a quien iban a ver era a María del Monte. Así que después de quitarle muchísimos asientos a gente realmente interesada en la brasileña (menos mal que yo llevaba acreditación, si no me quedo fuera con mi amigo el Profe Franz, que también pudo entrar por fin), prácticamente todos los vejetes se fueron del concierto después de las primeras canciones, cuando vieron que aquello no era lo que esperaban. Y después de todo, hubo asientos vacíos de sobra.

Aquél fue un concierto para recordar, lleno de aires brasileños y neoyorkinos; de reggae y de funk; de pop y de rock; por el que sobrevolaron los espíritus de los Beatles (increíble versión del “Dig a pony”) y de los maestros del soul (no menos increible versión del “I can see clearly now”)… y sobre todo, la indescriptible presencia de una mujer tan llena de magnetismo como Marisa. Cuando salimos de allí, hablando de todo aquello, le propuse a Blas que coronase su crónica de “ABC” con el escueto titular de “Sexo platónico”. Aunque no se atrevió del todo y lo suavizó un poco…


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Marisa Monte – “De noite na cama”

Marisa Monte canta con todo el cuerpo, hasta con las manos y los ojos. Su presencia es sexo sonoro, ensoñación sensual, excitación mental y física que entra por los oídos y se instala en las neuronas con efectos adictivos.

Cuando se acerca lentamente al micrófono, a paso de sensualidad incendiaria, y entona el “De noite na cama” de Caetano Veloso, hasta el iceberg del pabellón chileno sube de temperatura. (Blas Fernández)

Y si verla era un enorme placer, escucharla cantar era una experiencia inolvidable. Blas la comparaba también en su crónica con una mujer mezcla de Carmen Miranda, Vampirella y Martha Davis, que sobrepasó todas nuestras expectativas con una soltura que debía salirle del alma.

Después del concierto, habían preparado una pequeña fiesta en uno de los salones del Auditorio, en la que el propio comisario del pabellón andaba por allí preocupado de que a ninguno de los periodistas nos faltase nunca en la mano un vaso de caipirinha, servidos por una ámplia muestra de las bellísimas azafatas brasileñas, que fueron otra de las principales atracciones de la Expo.

Y allá andaba yo cuando por una de las puertas laterales entró una chica jovencísima, enfundada en un ceñido y espectacular traje largo negro, que se paró conmigo saludándome efusivamente e interesándose por cómo estaba… no había terminado yo aún de preguntarme quién sería esta diosa cuando un movimiento generalizado de todos los que estaban allí hacia nosotros me hizo caer en la cuenta de que estaba ante la presencia de Marisa Monte. Imperdonablemente no la había reconocido, seguramente porque en el concierto no la veía desde tan cerca, y allí su presencia me deslumbraba por completo. Además, uno siempre se imagina a las estrellas más mayores de lo que son en realidad, y Marisa era una jovencita que acababa de cumplir 25 años hacía unos días…

Yo ya iba advertido de la posibilidad de que podía encontrármela tras el concierto y me había llevado la portada de su reciente CD para que me lo firmase. Ese momento de cordialidad mientras lo hacía, más el descubrir que yo era el único de los presentes que sabía algo de ella y que ya la había escuchado antes de esa noche hizo que su conversación se dirigiese a mí casi por entero; así pude enterarme de que la semana siguiente estaría en New York trabajando con la élite musical de aquella vanguardia, incluyendo a John Zorn, así que le pude decir que le conocí unos años antes y que cuando le viese le dijera que el cantaor de flamenco que tan flipado le dejó cuando estuvo en Sevilla, acababa de fallecer.

Todo se desarrollaba de modo fantástico… hasta que se me ocurrió meter la pata como el gilipuertas inexperimentado que era entonces (y que espero que no penséis que sigo siendo). Se me ocurrió preguntarle si no era una contradicción que alguien como ella, que había escrito letras como las de algunas canciones de su disco, viniese a participar en una fiesta que conmemoraba su colonización… antes de que pudiese contestarme unas manos se apoderaron de mí y me retiraron a un rincón; el comisario (político) del pabellón se ocupó de contestarme él mismo mientras me quitaba de en medio a base de tópicos como que el Pabellón estaba haciendo un gran esfuerzo para traer a actuar a las principales figuras de su país y bla-bla-blá. Y allá que me dejó en el exilio del rincón rodeado de azafatas, supongo que con la misión de mantenerme la boca ocupada constantemente con caipirinhas, para que no pudiese volver a sacar mi lengua viperina. Aunque, en realidad, pensándolo después, tampoco estuvo tan mal…

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Marisa Monte – “Dig a pony”

Cuando bajé de la nube seguían sucediendo cosas en la Expo. Pero ésas os las contaré ya en la tercera parte de la historia, la que, al igual que ésta segunda, la comenzaremos camino del campo del Betis…

NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO (1ª Parte)

Para todos los que habéis colaborado con vuestros recuerdos.

El alcalde de Jerez, Sr. D. Pedro Pacheco, ha interpuesto una queja oficial a la organización de la Expo debido a que la pantalla gigante (la pantalla de video más grande de Europa) que Sony ha instalado en la plaza de su nombre, el Jumbotrón, no deja de vomitar durante todo el santo día video-clips a un volumen altísimo, por lo que en el Pabellón de la Tierras de Jerez, que está justo a su lado, no logra entenderse nadie; los caballos andaluces bailan al rítmo de U2 en vez de al que les ha compuesto Luis Cobos y las niñas tienen que bailar las sevillanas al compás de Bruce Springsteen. (Noticia que yo mismo envié a la agencia con la que colaboraba en aquellas fechas)

Ah… la Expo y sus contradicciones. En realidad casi la única música de rock que se oyó en la muestra universal es la que salía de los poderosos altavoces de ese Jumbotrón y sus video-clips. Hubo muchísima música en directo, de muchísimos estilos distintos, pero muy poco rock. Hubo grandes estrenos mundiales en el Teatro Central a cargo de grandes figuras a las que se había pagado mucho dinero por adelantado para que las creasen, y hubo mucha música de radio-fórmula delante de este Jumbotrón a cargo de todos los grupos que eran algo en el panorama del pop nacional, y a los que se obligaba, se coaccionaba, para que actuasen gratis. Las comisarías de los pabellones andaban algunas tan escasas de recursos financieros que muchas veces la programación musical que tenían establecida peligraba, y los artistas tenían que cobrar por su arte gracias al mecenazgo de empresas privadas, como fue el caso de Farruco y su gente en el Pabellón Disperso (y Difuso) de Sevilla; y por fuera de la Expo otras empresas privadas empeñadas en mantener el rock a buena altura tenían que desistir porque la Expo se tragaba todas las iniciativas culturales paralelas; y por eso, aunque en el campo del Betis se ofrecieron tres conciertos guapetones, hubo que desistir de hacer también los de Dire Straits, Prince, Michael Jackson y el cuarteto de leyendas del rock compuesto por Chuck, Jerry Lee, Carl y B.B.; además de que (a un nivel muchísimo menor) los de Producciones Informales, que también sacamos adelante dos o tres noches, tuvimos que anular las de The Fall, Lagartija Nick, Mick Taylor y Teenage Fanclub.

Pero en este post no vamos a lamentarnos por lo que no vimos, sino a recordar y celebrar lo que sí disfutamos; porque, como dice Lu:

…mi Expo fue más cachondeo que otra cosa, y disfruté mucho de la música… (Lu)

La lista completa, con las fechas y el lugar de celebración, de todos los conciertos de la Expo, la tienes en este post anterior. Aquí vamos a desgranar las sensaciones que tuvimos en aquellos conciertos a los que pudimos asistir.

Ya desde el primer día tuve ocasión de atisbar un poco el concierto de Youssou N’Dour en el Palenque. Pero solo un rato; no era tarde aquella de apalancarse en un solo sitio, era la inauguración de la Expo y toda la familia tenía los ojos llenos en cada rincón de ella. Había que ver los pabellones por fuera, el ambiente festivo, la fastuosa cabalgata, el deslumbrante espectáculo del lago… Martika, que estaba en la Plaza Sony, podía esperar.

El primer concierto que disfruté completo fue el de Milton Nascimento en el auditorio de la Plaza de América. Y fue también la primera vez que mi hija vino conmigo. Era por entonces una niña de diez años vivaz y simpática que después, andando por el backstage con Blas y otros periodistas que tenían que currar, llamó enseguida la atención de todas las chicas brasileñas azafatas que tan enamorados nos tuvieron. Fue la primera de las dos veces que estuve rodeado de ellas, y aunque sus atenciones no estaban dirigidas a mí directamente, era un verdadero placer estar inmerso entre tanta belleza. Lástima que Celia se aburriese con Milton y no quisiera venir conmigo a ningún concierto más…

Así que al siguiente al que asistí lo hice acompañado de Epi, el guitarrista de la Compañía Malpaso, y Viqui, su mujer. Todos éramos fans de Laurie Anderson y no podíamos perdernos el estreno mundial de “Halcyon days”, el espectáculo que le había encargado la Expo. Pero en realidad aquí nos aburrimos bastante todos.

No fue éste un concierto al uso, sino más bien algo parecido a una “spoken word”, en la que Laurie se presentaba ella sola en el escenario, en el que solamente había un templete, una pantalla de video y una esfera y un cilindro sobre los que se proyectaban imágenes mientras ella iba desgranando sus historias y diatribas sobre la guerra nuclear; su abuela, que se fue al Japón a evangelizar a los budistas; la crispación de la sociedad actual americana, las neurosis colectivas… “cuando cayó el muro, observé un gesto conocido en la cara de los berlineses: el ansia de comprar…”, y otro montón de cosas más que apenas pudimos entender a pesar de que Laurie tuvo el detalle de esforzarse en contárnoslas en castellano, aunque su forma de leer fuese “de aquella manera”, supongo que ya me entendéis.

La música estaba pregrabada casi en su integridad, y el único instrumento musical que apareció por allí fue un sintetizador que apenas manipuló. Vanguardia dura.

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Laurie Anderson – “The end of the world”
(A nosotros nos lo leyó en castellano… o casi)

El concierto de los Gun me pareció cañero y me gustó. No había mucha oferta de rock porque creo recordar que aquello era dominio de los 40 Principales, ¿no?, así que con este concierto tuve mi racioncita. (Lu)

Es curioso que el concierto de los Gun del 27 de mayo en la Plaza Sony sea el más recordado por todos los lectores habituales de este blog. Quizás sea por eso que apunta Lu ahí arriba, y yo también en los primeros párrafos, sobre la poca oferta de música rock en la Expo. Había que aprovechar la que nos diesen.

Quizá el concierto que recuerdo con más cariño sea el de Gun. Ya los había visto en directo en Valencia, en la gira del primer disco. Aquí llegaban con el segundo, y me encontré con que venían con un guitarra menos y una puesta en escena mil veces más gamberra. Guitarreo, desmadre y más guitarreo, me pareció todo un señor concierto de rock. El desmadre fue tremendo en el escenario y también entre el público; recuerdo a gente muy pasada de vueltas orinando en todo el centro de una Plaza Sony abarrotada. Aunque no fue el momento más destacable, imposible de olvidar que el batería agarró el micro en los bises para regalarnos la peor versión de “Smell like teen spirit” que consigo recordar. (Zambombo)

Yo sin embargo ví un concierto soso, sin chispa ni feeling, e incluso con un sonido de muchos menos watios que los conciertos anteriores (joé, si hasta Sergio Dalma sonó más fuerte la noche antes, y eso que había mucha más gente aún que hoy). Y además, el fuerte viento que había en ocasiones se encargó de llevarse esos pocos watios, por lo que el sonido fue muy desigual; aunque eso nos libró de sufrir bajo el amasijo de notas creadas por los dos guitarristas, que ni siquiera tuvieron el detalle de ofrecernos un buen punteo. La cosa se animó un poco hacia el final del set, cuando interpretaron sus temas más conocidos y versionaron a Metallica; pero en realidad se animó por detalles ajenos a la música, como fueron el engullimiento por parte del público del cantante, que al principio se dejó hacer, pero que llegó a pasarlo mal y emergió de entre la marabunta sin micrófono y casi sin pantalones. Luego se puso a ligar con una chavalita a la que sacó desde las primeras filas al escenario, aunque le quedó bastante burdo el numerito final de meterle entre las tetas (que se realzaban en todo su esplendor en el Jumbotrón) una acreditación para el “aftershow”, o al menos creo que yo que sería eso, para que luego pasase a verle.

El mayor desastre vino al final, en un segundo bis en el que el cantante pasó a la batería, el batería al bajo y el bajo se puso a cantar. En realidad eran todos tan malos que daba igual el instrumento que tocasen cada uno, y como ya nos ha dicho Zambombo, hicieron una versión del “Smell like teen spirit” de Nirvana, que si éstos llegan a oírla les ponen una demanda. Hasta consiguieron enfriar a un público que despertó al reconocer los primeros acordes de la canción, pero que pasaron tanta vergüenza ajena que ya no les pidieron más bises.

Glenn Branca era un absoluto desconocido para mí cuando tuve la ocasión de acudir a una de tantas convocatorias musicales que se ofertaban en la Expo, que por lo general no conseguían motivarme lo suficiente para entrar en el engranaje de aquella macroestructura festiva, en la que los esfuerzos e impedimentos varios no compensaban la mayoría de los resultados… pero aquella noche de mayo, en unión de toda la peña, acabamos en el teatro Central después de salir huyendo de lo que hoy es su explanada de aparcamiento, entonces el cine de verano de la Expo… allí se encontraba actuando Enrique Morente junto a una banda de cornetas y tambores, en lo que parecía una amalgama imposible e injustificable (las cosas de la Expo)… (Losmi)

Al entrar al concierto de Glenn Branca, las chicas de la puerta nos daban unos tapones para los oídos, diciéndonos que eran para preservar nuestro sentido, ya que el sonido en el interior iba a ser demasiado fuerte. Yo dudo de que cualquier oyente habitual de música rock se los llegase a poner, y tampoco fue para tanto el nivel de decibelios. Sobre el escenario una banda compuesta por bajo, batería, percusión, teclados y seis (!!!) guitarras. Lo que ocurrió allí y sus antecedentes os dejo que lo cuente Losmi.

Lo de los tapones fue un gesto efectista que predisponía a una experiencia sónica brutal y que sin embargo era perfectamente asumible, al menos para los oídos educados a pie de las torres de sonido de cualquier concierto de rock…

…el programa, un encargo de la Expo al artista, se configuraba en tres partes, correspondientes cada una a un movimiento de la Sinfonía nº 8, estreno absoluto en los dos días que se ejecutó (28 y 29 de mayo)… sin embargo, el registro discográfico de esta obra (1994) recoge una versión reducida a dos movimientos (“Pasión” y “Anarquía Espiritual”), debido a que en el disco se incluye asimismo la Sinfonía nº 10 y el formato CD por aquel entonces, solo permitía 72 minutos de música… en el camino y de acuerdo al programa, se ha quedado el segundo movimiento, denominado “Destrucción”, en una maniobra comercial de baja estofa, muy habitual en la edición musical y con una larga tradición en todos los géneros, que ha afectado decisivamente a muchas obras clásicas (en su caso, por la normalización en la duración de los espectáculos), que hoy nos han llegado en versión “reader digest”… desconozco si existe un registro sonoro de los conciertos de la expo, lo que supondría un documento de enorme interés para conocer la obra íntegra, tal y como se recogió en la partitura original y tuvimos la inmensa suerte de disfrutarla en el teatro Central…

…me parece evidente con la perspectiva de los años y el conocimiento de la obra de Glenn Branca (quien desde aquella noche entró a formar parte de mi santoral particular), que el compositor y director orquestal hacía años que se había apeado de su prominente lugar en el escalafón de la No Wave neoyorquina, de la que había sido un pionero destacado si bien sus seminales registros discográficos (rescatados por Branca muchos años después), apenas nos hacen vislumbrar sus decisivas aportaciones… no obstante, la principal característica de la musica de Branca, el tratamiento tímbrico de la armonía atonal, se recoge en algunas de las canciones de su primera banda de rock Theoretical Girls (1977), dónde encontramos ese sonido que generado por guitarras eléctricas, resulta “otra cosa” absolutamente diferente, resultante de sus afinaciones particulares, tan apartadas de las claves (temperadas o no) de la música canónica… en resumidas cuentas, Branca no vino a tocar rock a Sevilla, un género del que se había apartado con bastante anterioridad, como pone de manifiesto en una de sus primeras obras de cámara, “Lesson nº 1” de 1979, con un formato múltiple de guitarras similar al de este concierto… (Losmi)

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Glenn Branca – “Symphony Nº 8 – 1st Movement – The Passion” (Corte)

Este concierto, que fue uno de los más arriesgados y brillantes de toda la Expo, fue un caos calculado milimétricamente por Branca. La belleza del estruendo, con la armonía dentro; cuando la encontrabas, el éxtasis estaba garantizado…

…el sinfonismo de Branca no se sustenta en la tridimensionalidad melodía-armonía-ritmo habitual en el planeta sinfónico, por mas que algunos presuntos dinamitadores como Bartok apuntaran tímidamente en esa dirección… Branca construye un muro de sonido mediante una amalgama armónica de tonos disonantes en principio, que esquivan conscientemente cualquier dibujo melódico y va mutando imperceptiblemente en una sucesión temporal que hace evolucionar los acordes de forma imperceptible, logrando un efecto narcótico que desde luego no tiene antecedente alguno, siquiera en las elucubraciones de la psicodelia sesentera, efecto narcótico que no eliminaba un ápice la tensión a la que el oyente se encontraba sometido (si se prestaba al juego propuesto con la concentración adecuada… fueron muchos los que abandonaron la sala y algunos aprovechamos para abalanzarnos a las primeras filas bajo el pasillo transversal para no perdernos detalle…)

Personalmente y en mi experiencia como oyente, este concierto marcó un antes y un después, sirviendo fundamentalmente para abrirme de orejas a otros formatos musicales y sobre todo, comprender los fundamentos de la música modal, en la que la melodía pierde protagonismo y la construcción artística se basa en la resonancia orgánica con un estímulo mas primordial, conseguido exclusivamente por la tensión armónica y tímbrica suspendida de forma intemporal, sin conclusión aparente… (Losmi)

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Glenn Branca – “Symphony Nº 8 – 2nd Movement – Spiritual anarchy” (Corte)

Otro que recuerdo muy bien fue el de Celtas Cortos, que ya entonces se habían vendido a la radiofórmula descaradamente y estaban lejos de ese grupo folk de los primeros discos. Los gratos recuerdos no son por el concierto en sí, que estuvo bastante bien, sino porque tuve un affaire con una chica a la que llevaba persiguiendo hace tiempo. (David González)

Es curioso lo que dice David, porque en ese concierto de los Celtas Cortos también yo reencontré a una antigua amiga a la que hacía siglos que no veía, y con la que pasé todo el concierto y gran parte de la noche. Y era difícil, ya que ésta era la noche en la que más público se había congregado hasta ahora en la Plaza Sony. Para mí fue una recompensa por haber acudido por inercia a la cita con una banda que no me interesaba nada en absoluto y a la que siempre consideré un pastiche.

Los Celtas Cortos ya en su cuesta abajo, solo sus dos primeros discos me interesan. Concierto a años luz de uno magnífico que dieron en Sevilla años atrás en una pequeña sala, cuyo nombre no recuerdo. Lo más “divertido” fue el mitin antidescubrimiento de América que el cantante dió entre canción y canción, precisamente en un concierto que tuvo lugar en un recinto donde se celebraban los 500 años de dicho descubrimiento. Pelín demagógico cobrar de ellos y luego largar. Lo lógico habría sido haberse negado a actuar en la Expo, pero poderoso caballero es don dinero. (Maese Rancio)

En realidad el poderoso caballero esta vez no era don dinero, como apunta el Maese, porque como ya he dicho por ahí arriba, allí había que tocar gratis. Pero, como decía Blas en su crónica del “ABC”, el grupo tenía que devolver el favor a esa cadena de radio sin la cual seguirían siendo un grupo minoritario. Y una vez “vendidos” resultaba una completa incoherencia salir al escenario a cantar vestido con una camiseta con el lema estampado de “V Centenario… ¿de ké?”, y lanzar la diatriba a la que se refiere Maese, y algunas proclamas más contra la mili, demasiado facilonas, solo para caer bien a la gente.

Eso fue el jueves, 4 de junio; dos noches después , de la mano del Pabellón de la Cruzcampo, otro lleno absoluto en la plaza, ésta vez para escuchar a Luz Casal.

El de Luz me sorprendió mucho por la calidad del sonido. Fue brutal de bueno, unos músicos de lujo. ¿Llevaba dos bateras? ¿Uno de ellos era Tino di Geraldo? En mi cabecita retuve esa información, pero no sé si es cierta o me la inventé. Lo que sí puedo asegurar es que aquello sonó de putísima madre. (Lu)

Y tan de putísima madre que sonaría, al menos en lo que se refiere a potencia, algo que puedo atestiguar aunque no estuve allí. Por entonces yo aún vivía en el Polígono de San Pablo, que en relación a la ubicación de la Expo está en el otro extremo de Sevilla según el eje Oeste-Este; pues con las ventanas de mi piso abiertas, y una leve brisa de poniente, podía escuchar desde mi salita la voz de Luz… os lo juro…

Y los conciertos de los “40 Principales” y “Cadena Dial” se fueron sucediendo… el siguiente fue el de los Hombres G

Asistí a algunos conciertos totalmente prescindibles, como el de Hombres G, aunque me parecieron bien, dentro de su línea, porque era un grupo que ya había perdido un poco su sitio y estaba más bien en tierra de nadie. Recuerdo que el guitarra solista (Rafa) estuvo pésimo, con algunos solos fuera de escala. Tuvieron la osadía de tocar uno de los temas que le compusieron a Luz Casal (“Te dejé marchar”) y salir airosos del lance, aunque algunos días antes la propia Luz ya le hizo verdadera justicia al tema en el mismo escenario, en un buen concierto. (Zambombo)

Después fueron pasando por allí Duncan Dhu, La Trampa, La Guardia, Los Ronaldos

Los Ronaldos también dieron un concierto interesante y caliente, pero algo extraño; ya habían dejado de ser una sopresa y unos chavales y estaban sondeando, quizá demasiado, otros territorios, no siempre bien entendidos por el público. La imagen que mejor recuerdo de ese concierto es a Coque Malla echándole cubos de agua al público. (Zambombo)

Y tras dos cubos para bañar a la multitud, el tercero fue para bañarse él mismo, que hacía mucho calor y Coque estaba dando lo mejor de sí, en un concierto que me reconcilió con ellos después de sus vulgares apariciones de la Cita en Sevilla.

Quizás es que estuvo imbuído por algún espíritu de leyenda que llegase a él a través del suave viento nocturno. Ese mismo día, el 2 de julio de 1.992, se había apagado una estrella. Y Coque lo recordaba desde el escenario: “Este concierto se lo vamos a dedicar todos a Camarón, pero no con minutos de silencio, sino con todo el ruido posible, que a él le encantaría”.

Sí que recuerdo mucho que en la Plaza Sony ponían ¿todos los días? a Camarón, acababa de morir y siempre se me saltaban las lágrimas cuando aparecía en el pantallón. Me sobrecogía escucharle, verle cantar ahí con el torso desnudo, consciente de que le quedaba ya poco tiempo. No lo podía evitar. (Lu)

Seguramente, de todos nosotros, a pesar de momentos de congoja como los que nos cuenta ahí, quien mejor se lo pasaba por allí era nuestra amiga Lu.

De Los Ronaldos, ¿qué te voy a contar? No me acuerdo absolutamente de nada… Pero… ¿no tocaron los Ketama? Recuerdo perfectamente habérmelos encontrado en la Plaza Sony y hablar con ellos, al día siguiente actuaban y les prometí que iría a verlos. No recuerdo si lo hice, la verdad, en esa época mi vida era un continuo desmadre. La adolescencia… tú sabes. (Lu)

Pues no, Ketama no llegaron a tocar porque su noche era la del 30 de junio. Y esa noche el público musical de verdad no iba a estar en la Plaza Sony, sino en el campo del Betis.

…pero eso ya lo contaremos en la segunda entrega de esta historia.

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Ronaldos – “Adiós, papá”

EL CANTOR DEL CREPÚSCULO (Y LOS ZOMBIES)

Cuando llega el domingo por la tarde, más aún en estas fechas del nuevo horario recién estrenado, en que la noche te cae sobre las espaldas sin que apenas te des cuenta, le entra a uno algo parecido a una depresión, que es la antesala de otra dura semana de trabajo y rutina. Pero este fin de semana, que pone para mí un punto y seguido entre una semana de vacaciones y otra que aún me queda, no va a terminar con un domingo de ésos. Y si queréis, para muchos de vosotros tampoco, porque el inicio de semana es más que bueno en lo que se refiere a poder salir a disfrutar de conciertos, incluyendo un agradable viajecito rápido a Cádiz en la noche del lunes.

Pero de eso hablaremos después. Primero nos vamos a ocupar de lo que va a ocurrir el martes en el Teatro Central de nuestra ciudad. Esa noche podremos ver a GREG DULLI, presentándose en directo en los escenario por vez primera con su propio nombre en lugar de cómo integrante de una banda.

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The Twilight Singers – “The killer”

En este post, en el que lo que hacemos es reseñar unos conciertos, no vamos a detenernos mucho en los detalles biográficos de los músicos, porque además son bastante conocidos. Greg Dulli, como cabeza visible del grupo The Afghan Wighs, entró de lleno en el mundo del rock, más que por una puerta grande, por una puerta inmensa que le propiciaba el que a medidados de los años ’90 le quisieron considerar como “el nuevo Kurt Cobain”. Pero Greg no quiso medrar bajo esa etiqueta, y en vez de dedicarse a lo seguro, se ha pasado una década y media amalgamando el Rhythm & Blues con el trip-hop y el folk-rock en solitario y en otras formaciones como The Twilight Singers, con los que todavía sigue, como veréis seguidamente, o como The Gutter Twins, en el que estaba asociado con Mark Lanegan, otro tipo que pasará dentro de poco también por aquí.

Así que Greg Dulli es un animal de escenario al que las arenas del tiempo no han conseguido enterrar, a pesar de que nunca le ha sonreído demasiado el éxito comercial ni ha colocado discos en las listas de ventas. En lugar de eso ha sido una gran figura del rock alternativo que ha conseguido arrastrar a una legión de seguidores de culto, que le mantienen todavía artísticamente vivo, mientras muchos de sus contemporáneos han sido relegados por la historia al papel de cadáveres o, lo que es peor, de músicos que graban discos de ésos que van casi al día siguiente directamente a los cajones de saldos de las tiendas. Greg eligió no estancarse.

Porque posibilidades de hacerlo tuvo. Ya te he dicho antes que él no quiso medrar bajo ninguna etiqueta, y eso que hace diecisiete años, cuando The Afghan Whigs fichó por una discográfica multinacional, editó un disco con canciones maravillosas como “Debonair”, “What jail is like” o “Gentlemen”, que eran productos totalmente de su tiempo y que eran radiadas continuamente; eran el paradigma de lo que esa escena rockera alternativa podía producir. Pero el género comenzó a marchitarse y Greg prefirió no continuar intentando revalidar sus éxitos.

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The Afghan Whigs – “What jail is like”

En los discos que siguieron la música de Greg Dulli ha sido siempre oscura, con letras que te describen los rincones más sombríos y los espacios más horrorosos del alma de la mayoría de las personas. Pero él en realidad parece ser un tipo divertido que en el escenario se transforma y no tiene nada que ver con su otro yo que escuchamos en los discos. Él es uno de los cantantes más carismáticos de los últimos veinte años, romántico y expeditivo, intenso como muy pocos más, un especialista en convertir el rock en música soul en constante tensión emocional.

En la gira que le trae aquí no viene con una banda completa, le acompañan solamente dos músicos más, Rick Nelson, que es el violinista y cellista de The Polyphonic Spree, y Dave Rosser, un guitarrista eléctrico y acústico, desde hace mucho tiempo compañero de Greg en The Twilight Singers, que aquí también le respalda en las voces.

Y la gira es una cura saludable para él. Un descanso… aunque parezca un contrasentido. Greg llevaba mucho tiempo enredado en la grabación del próximo disco de The Twilight Singers, que tras cuatro años de gestación saldrá al mercado en el sello Sub Pop de aquí a pocos meses, y necesitaba parar, dejar de pensar en él porque se iba a volver loco. Greg es propenso a los trastornos obsesivos y compulsivos y tenía que retirarse a un rincón a meditar sobre la situación. Así que para no seguir dándole vueltas y más vueltas a la música que grababa se fijó a sí mismo una fecha definitiva para la masterización del disco, que siempre iba posponiendo. Y para no poder postergarla nunca más contrató para unos días después esta gira, que al tener fechas comprometidas en diferentes ciudades era imposible cancelar.

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The Afghan Whigs – “Let me lie to you”

Entre los tres eligieron unas 30 o 35 canciones de todas las épocas de Greg y las desnudaron hasta el hueso, hasta dejar totalmente al descubierto su núcleo oscuro y atormentado, y las ensayaron prácticamente unplugged. Las críticas de los primeros conciertos de la gira, allá en los USA, hablan unánimemente de magia, de abrasadores conciertos dignos de las mejores encarnaciones de Dulli con sus bandas completas, de interpretaciones en las que tanto los músicos como los espectadores terminan sudando fuego.

Con tantas canciones preparadas, los conciertos no se parecen mucho de una a otra noche, pero Greg promete que siempre habrá al menos una canción de cada uno de los discos que ha hecho. En su mayoría son canciones que nunca ha interpretado antes por una razón u otra, algunas versiones de Bjork, Basement Jaxx, Big Star… e incluso hay alguna que otra del disco que acaba de terminar. Todo un reto para Greg, que es la primera vez que encara una serie de conciertos de matiz minimalista; pero lo va superando con creces, le gusta como quedan así las canciones. Y es que cuando una canción es buena se puede interpretar como se quiera; y como las suyas lo son, ahora también brillan aunque estén despojadas de todos sus lujos y oropeles, que es como puedes escucharlas en este post. Todas las que he puesto forman parte de los sets de la gira.

Pero aunque el montaje en su conjunto sea más sobrio de los que acostumbraba con sus bandas, Greg Dulli no pierde ni un ápice de su poder de showman ni de su sentido teatral; él sabe perfectamente como trabajarse un concierto, en el que cada canción sobrepasa a la anterior, hasta terminar con el auditorio puesto en pie, pidiendo más aún.

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The Afghan Whigs – “Candy cane crawl”

Antes que Greg Dulli ocupará el escenario DANI LLAMAS, un músico jerezano que lleva ya más de once años editando discos y dando infinidad de conciertos tanto por España como por Europa y Canadá. Primero integrado en el grupo G.A.S. Drummers, y desde hace algún tiempo en que Ken Stringfellow le animó a desarrollar el potencial de sus composiciones, dejando sus joyas pop en solitario.

Aquí estará presentando su disco “Speaking thru the others” él solo, tal como canta siempre en directo, pero seguro que a todos los que vayamos nos gustará, porque tiene tablas, desparpajo y, sobre todo, canciones, llenas de melodías acertadas, sobriedad y elegancia. Os dejo una muestra.

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Dani Llamas – “Kiss me when I’m dead”

Y el lunes todos a Cádiz. Aunque el que no quiera ir tiene también la opción de ver a los BellRays en el “Malandar”.

Pero es que en el “Aulario de la Bomba” de Cádiz estará uno de los grupos ingleses míticos de los años ’60, THE ZOMBIES, todavía en buena forma porque sus dos líderes, Colin Blunstone y Rod Argent, no han dejado nunca de estar en la brecha, como lo demuestra que el último disco de la banda se editase en el 2.004 y actualmente se encuentren grabando uno nuevo, que verá la luz en mayo del año próximo.

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The Zombies – “She’s not there”

Pero aquí vienen con el repertorio de “Odessey and oracle”, la obra maestra de los Zombies, que vio la luz en 1.968, y del que la banda viene celebrando su 40º aniversario desde hace dos años, ofreciéndolo en directo en conciertos en los que junto a la voz de Colin y los teclados de Rod, se alinean la guitarra de Tom Toomey, la batería de Steve Rodford y el bajo de Jim Rodford, que ya militase antes en los Kinks entre 1.978 y 1.996, por lo que fue el bajista que vino con ellos a la “Cita en Sevilla”.

Sus canciones, desde que debutasen con el single “She’s not there” hace una eternidad, siempre se han beneficiado de la susurrante voz de Colin y de los imaginativos arreglos de teclados de Rod, lo que les daba una marca de identidad muy distintiva. Su estilo se mantuvo en los demás singles que siguieron al primero, excelentes todos ellos, aunque sin demasiado éxito comercial en su país, debido sobre todo a la estrechez de miras de la Decca, discográfica que si unos años antes no quiso saber nada de los Beatles, ahora no tenía ni puta idea de cómo vender estos diamantes pulidos. No fue así en los USA, donde fueron estrellas incontestables. Pero el no ser profetas en su tierra fue algo que les frustró y amargó a la banda durante toda su carrera en los sesenta, por lo que terminaron por romper justo al terminar de grabar el “Odessey and oracle”, comenzando Colin Blunstone una carrera en solitario, y Rod con la banda que fue ámpliamente conocida con su apellido de Argent. Pero como fueron un grupo que merecía mucha mejor suerte de la que tuvo, el destino les iba a deparar una larga vida después de todo.

La promesa de todos aquellos primeros singles culminó con la magnífica colección de canciones que presentaron en este disco, las cuales combinaban muy hábilmente innovación, melodías y harmonías muy bien construidas. El cierre lo ponía “Time of the season”, el mayor éxito que tuvieron The Zombies en toda su historia.

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The Zombies – “Time of the season”

A pesar del paso de los años Colin sigue haciendo que voz se interrelacione perfectamente con las harmonías, y el grupo mantiene la mayor parte del nivel de energía y entusiasmo de los primeros brillos. Y aunque esta celebración de los cuarenta años del disco comenzase siendo un movimiento nostálgico, los conciertos tenían tal sentimiento que sin ser algo calculado por Colin y Rod tuvieron una influencia decisiva en que ambos se metiesen de nuevo en los estudios de grabación para experimentar y cambiar acordes de canciones que ya tenían pensadas, para ensayar con ellas y para completar un nuevo disco. Y la magia y el misterio eran de tal calibre que todavía hoy, muchos meses después de aquella fecha conmemorativa, siguen rememorando los viejos tiempos encima de los escenarios.

Lo mejor de todo, según le he leído a Rod en una reciente entrevista, es que todavía siguen aprendiendo; y ese proceso de descubrimientos nuevos es lo que les da el poder que les impele a seguir y a arrastrar a la gente con ellos.

Y por eso, aunque normalmente soy reacio a los ejercicios de añoranza, yo el lunes pienso dejarme llevar hasta donde ellos quieran. Larga vida al rock and roll!.

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The Zombies – “Care of cell 44″

Y LA OCTAVA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Triste despedida. La octava CITA EN SEVILLA, que tuvo lugar durante la primavera de 1.991 fue la más desastrosa de todas, y no solo en lo que respecta a la programación, sino también a la organización, cambios de cartel, caídas de última hora, gestión de fechas… y por si fuera poco, coincidencia con otros espectáculos que a muchos de nosotros nos pusieron en el brete de tener que elegir; algo que en realidad es bueno porque eso implica que la oferta musical es variada, pero que en aquellos tiempos en que no estábamos nada acostumbrados a eso, nos fastidió bastante algunas noches.

Como siempre, en los prolegómenos de la Cita se hicieron oír los ediles del Partido Popular, esta vez acusando al alcalde de que la iba a utilizar con fines puramente electoralistas. Como quiera que el festival se iba a celebrar durante la campaña para las elecciones municipales, Jaime Bretón acusaba a Manuel del Valle de rentabilizar políticamente los eventos que tendrían lugar y aprovecharlos para desviarlos hacia las urnas.

Y es posible que la concejalía de cultura intentase hacerlo así porque la verdad es que se movió bastante intentando cerrar un cartel que fuese atractivo, pero se encontró con el problema de que la Guerra del Golfo, que tuvo sus momentos álgidos entre enero y abril, precisamente en los momentos de contacto con los artistas, había hecho que prácticamente todos los grupos y cantantes americanos que tenían previsto comenzar giras fuera de su país las retrasasen, con lo que no sirvieron de nada los avanzados contactos que se tuvieron con B. B. King, Suzanne Vega, Bonnie Raitt, Gloria Estefan, los New Kids on the Block… pero a pesar de todo lograron apuntarse el triunfo en el más ansiado de todos los intentos: íbamos a tener para cerrar la Cita nada menos que a Bob Dylan.

Con los españoles también hubo algunos problemas de contratación, y declinó su aparición Rocío Jurado, aunque se compensaron las ganas de tener un concierto con algún artista español mayoritario al contratar a los Héroes del Silencio. Miguel Bosé también fue otro de los que en los primeros contactos dijeron que no vendrían, porque este año no iba a hacer conciertos en España, pero al final aceptó y, como ya ocurriese en una ocasión anterior, fue él quien inauguró la Cita de este año. Una Cita en Sevilla que terminó por quedar configurada definitivamente tal y como podéis ver en el cartel reproducido aquí a la izquierda.

De todas formas os lo he reproducio solamente para que veáis que es cierto que tuvimos programados inicialmente a ésos, pero no hace falta que lo miréis demasiado ni os lo aprendáis de memoria porque no os iba a servir para mucho.

Con este cartel, el concejal de cultura, Bernardo Bueno, aseguraba que se recuperaba la brillantez de otras ediciones anteriores, sobre todo con la gran atracción que suponía la venida a Sevilla de Bob Dylan. Y además habían logrado contratarlo por un precio realmente bajo, porque las grandes figuras internacionales se movían en cachés que oscilaban entre los treinta y los cuarenta millones de pesetas, que era algo que el Ayuntamiento no podía sufragar sin un mayor patrocinio de las empresas privadas, y a Dylan solamente les costaba traerlo doce millones de pesetas.

El presupuesto total de esta octava edición de la Cita en Sevilla era de 150 millones, de los que la Sociedad Estatal Expo ’92 aportaba 30 y el resto los ponía el Ayuntamiento, con aportaciones de la Consejería de Cultura, la de Asuntos Sociales, las juntas municipales de distritos, la Universidad y varias entidades comerciales. Y a la hora de presentarla ya se aseguró que el año siguiente no iba a celebrarse la Cita, dada la amplia oferta de actividades culturales que se preveían con motivo de la Expo.

Así que quince días después, el sábado 27 de abril, llegó el gran día de la inauguración del evento, y con él llegó también la gran desilusión. El fantástico broche de oro que teníamos se había desprendido y se nos había perdido: Bob Dylan anunciaba precisamente hoy que suspendía su gira por España y Portugal. No fue el único en salir del cartel… pero ¿a quien le importaba un carajo que tampoco fuesen a venir los anunciados Tam Tam Go! al lado de la pérdida de Dylan?

Y con ello el discurso del Partido Popular cambió por completo. Donde antes todo eran acusaciones de que el PSOE se había guardado este as dylaniano en la manga para utilizarlo con fines electoralistas, ahora la acusación era que los artistas que venían a la Cita eran los mismos de siempre, y la concejalía de cultura había desaprovechado, como siempre, una oportunidad de haber puesto a Sevilla en el mapa de las giras de los grandes artistas de rock, al igual que estaban otras ciudades españolas mucho menos importantes que la nuestra. Y dejando aparte el hecho del maniqueísmo de estas nuevas afirmaciones de Jaime Bretón, la verdad es que (y mira que me repatea tener que darle la razón, jejeje) el cartel, sin Bobby, estaba poblado por artistas que ya habíamos visto por aquí casi en su totalidad.

Y a todo esto, Miguel Bosé cantando sobre el escenario del Auditorio del Prado, sin interés para nadie, ni siquiera para la prensa sevillana que prácticamente no le dedicó unas líneas a su concierto ni para contar el ambiente previo ni para hacer una crítica de la actuación. A mi no me miréis, que yo tampoco estuve.

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Lole y Manuel – “Tu mirá”

El siguiente concierto tendría lugar el jueves día 2 de mayo con Lole y Manuel, una pareja artística y matrimonial que ya había dejado de ser las dos cosas, pero que de nuevo se estaban dejando escuchar conjuntamente tras su reaparición tres meses antes en dos noches de conciertos en las que llenaron por completo el corto aforo del Teatro Lope de Vega. Así que todos los seguidores que en esa ocasión se quedaron sin verlos tenían ahora una nueva oportunidad. A mí podéis seguir sin mirarme, porque preferí seguir dejando esa oportunidad para otra ocasión porque en el Fun Club tocaban esa misma noche los Del Tonos, y su disco “Tres hombres enfermos”, uno de los mejores que circulaban entonces por España, me atraía más que una ración de nostalgia.

En la noche siguiente, la del viernes 3, estaba previsto el concierto que organizaban los 40 Principales, pero se aplazó hasta el día 28, por lo que el siguiente concierto de la Cita era el de los Héroes del Silencio, el día 9 de mayo. Venían durante la gira de presentación de su disco “Senderos de traición”, con la que se afianzaron como el grupo de masas que todos conocemos. Pero la verdad que a mí su ampulosa música nunca me ha atraído, por lo que tampoco anduve esta noche por el Auditorio del Prado.

Como tampoco lo pude hacer dos noches depués, el sábado día 11, y esta vez bien a mi pesar porque Carmel era el grupo que más me atraía de toda la Cita de este año. Pero para cuando se había hecho pública la fecha de este concierto resultó que mis colegas de Producciones Informales y yo ya teníamos programado otro concierto para la misma noche.

Así que después de no haber tenido nunca apenas conciertos de rock para poder asistir, en quella intensa noche que señalaba la prensa sevillana tocaban a la vez Carmel y The Godfathers, “dos de los acontecimientos más interesantes, dentro del mundo de la música eléctrica, que hayamos podido presenciar en Sevilla en mucho tiempo”, según señalaba Luis Clemente en “El Correo de Andalucía”.


Y para que este post no siga siendo un texto desierto de crónicas de los conciertos que hubo en aquella Cita, os dejo algunos párrafos que el propio Luis escribió también.

La noche fue la del 11 de mayo. Quizás la fecha más interesante de la actual Cita en Sevilla, una vez descolgado Bob Dylan del cartel. El nombre era Carmel, el de la cantante y el trío respaldado por otros tres músicos. Dieron un repaso a su discografía, que fundamentalmente promocionaba los grandes éxitos de su último LP.

Algunos decían de ella que más que elegante era sosita, pero la música sí que era impecable, ya fuera vestida de soul, reggae, pop o sobre ritmos africanos. Y la voz de Carmel McCourt era “de calité”.

Los que después del último tema de Carmel (una larga versión del clásico “Tracks of my tears”) decidimos recorrernos el kilómetro largo que hay hasta la sala Alcázar, nos encontramos con un ambiente ya humeante y sudoroso. Hacía un cuarto de hora que los Godfathers ya estaban repartiendo caña, y por supuesto que nos perdimos al grupo precedente, Los Restos.

Después de un mesurado concierto al aire libre nos castigábamos los tímpanos con las estridencias de una guitarras sin piedad que se confabulaban con la torturante acústica de la sala. Pero valía más una sola mirada punk de Peter Coyne sobre la audiencia que todo un concierto de cualquier baboso; el cantante solo movía un poco el pie derecho y bramaba flanqueado por dos guitarras fufriosas para basar su repertorio en el último LP, “Unreal world”, Actitudes comprometidas e himnos coreados por un millar de asistentes saltarines al que podría ser el último concierto tanto de Producciones Informales como de la sala Alcázar.

En fin, que o pasamos largos meses de sequía o nos llega de golpe a los oídos el maná. A saber cuando nos volverá a visitar algún grupo extranjero interesante.

Éstas últimas apreciaciones de Luis sobre el negro futuro de la sala, los promotores y las visitas internacionales, no llegaron a cumplirse, aunque en el momento de escribirlas estaban muy bien fundadas. El que nosotros hubiésemos realizado nuestra mayor inversión económica hasta la fecha para traer a un grupo internacional, y el encontrarnos con el relatívamente pobre respaldo del público, nos hizo replantearnos nuestra situación, e incluso algunos de los “socios” informales abandonó el barco. Pero continuamos durante dos años y pico más trayendo nuevas bandas foráneas. Y la sala también siguió albergando conciertos, tanto con este nombre actual como posteriormente, ya transformada en La Fábrica de Colores, una vez que Manolo Están y Paco Trilita decidiesen invertir en ella, en lugar de en comprarse un chalet (como me dijo el propio Manolo), las ganancias que tuvieron con sus trabajos en recursos humanos para los conciertos de los espectáculos previos de la Expo (¿recuerdas aquello del “Guitar Legends”, por ejemplo?) y de los de la propia muestra universal.

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Carmel – “I’m not afraid of you”

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The Godfathers – “Unreal world”

El concierto de Carmel fue precedido esta noche por otro de los sevillanos Sexto Sentido, que se hallaban inmersos en la preparación de su segundo disco, después de sufrir un gran cambio tanto de estilo como de personal; y si no habían cambiado también el nombre fue por rentabilizar el conocimiento que la gente todavía tenía de él. No solo teloneaban a Carmel aquí, sino también en el resto de los conciertos que dio la banda inglesa por tierras andaluzas, en Granada, Córdoba y Málaga; aunque su misión no iba más allá de calentar el ambiente durante media hora.

Como has visto ya en el texto de Luis Clemente, nosotros también pusimos a otro grupo sevillano para ir encendiendo los ánimos; fueron los Restos. En aquella época, la escena indie sevillana basculaba entre los dos polos musicales más atractivos que existían, los situados en Seatle y en Manchester, y si la Compañía Malpaso se miraba en el espejo de los grupos procedentes de la ciudad americana, los Restos eran la mejor muestra que teníamos de un sonido con reminiscencias del “madchester”. Guille, David, Diego y José María dieron un concierto lleno de sonidos potentes y tenebrosos, de los que tienes una muestra en el Radioblogin’ que hay a la izquierda de la pantalla, ya que la canción incluída, “Gloria al alcohol”, está grabada precisamente en esta noche. Por cierto, que hace unos días me dijeron que los Restos andan reunidos de nuevo.

Aunque no se notó en absoluto, The Godfathers vinieron aquí un poco cojos de personal, porque el bajista Chris Coyne (hermano de Peter, el cantante) se había roto un brazo unas semanas antes y se había quedado en Inglaterra con su escayola; aquí lo estaba sustituyendo el técnico de sonido de la banda, aunque el sonido con él era igual de contundente y salvaje que con el bajista original. Repasaron las mejores canciones de sus comienzos, aunque el repertorio básico del concierto lo extrajeron de su reciente disco, “Unreal world”, dejando un par de buenas versiones para el último de los bises, en el que revisitaron a los Ramones y a los Small Faces, dedicando el “All or nothing” a Steve Marriot, que había fallecido hacía solamente dos semanas.

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Londonbeat – “I’ve been thinkin’ about you”

A Londonbeat, que fue el grupo que llegó al Auditorio del Prado el día 15 tampoco fui a verlos. Y eso que éste hubiese sido el mejor momento para hacerlo porque fue el punto álgido de su carrera, cuando arrasaban con la canción “I’ve thinkin’ about you”; pero su sonido de rhythm & blues pasteloso y bailable, con mezclas africanas y reggae del más light, no me atraía en absoluto, por lo que decidí pasar de ellos. Nunca volvieron a tener un éxito como aquél, a pesar de que todavía siguen en activo… pero degenerando tanto con el tiempo que incluso llegaron a participar en el Festival de Eurovisión.

Y dos días después, el viernes 17 de mayo, llegaban La Unión, que si ya dos años antes me parecían lo suficientemente pasados como para no asistir a su concierto, imaginaos éste año en que además a la misma hora que ellos en el Fun Club estarían tocando los Surfin’ Bichos, que sí eran un compromiso ineludible; no en vano estos albaceteños, liderados por el genio de Fernando Alfaro, eran lo más parecido que teníamos por aquí a los Pixies o a Jesus & Mary Chain, y venían presentando su mejor disco, “Fotógrafo del cielo”.

Y por fin llegó el día en que visité el Auditorio por primera vez este año. Fue el jueves 23 de mayo, en un concierto que había tenido ya dos cambios de cartel; el primero con la caída de él de Tam Tam Go!, y el segundo con el adelanto del viernes al jueves para no coincidir con los mítines de fin de campaña de los partidos políticos, que en su mayoría tendrían también grupos actuando; sin ir más lejos, aquí mismo en el Prado tendría lugar el mitin del PSOE, con la presencia de Lole y Manuel (de nuevo) y de Alcatraz.

Así que en el concierto de esta noche solamente estarían La Frontera, y fui a verlos más que nada porque el año anterior no pude ir, al coincidir su actuación en la misma noche en que nosotros trajimos a Cancer Moon y Died Pretty. El suyo fue un concierto desigual, bastante deshilvanado, y que más o menos parecía un ensayo de puesta a punto para la gira que iban a comenzar el mes siguiente presentando su último disco, “Palabras de fuego”, que ya estaba lleno de canciones que sobre todo eran de ésas para escuchar tranquilamente en la barra de un bar, pegado a un cubata, más que en un concierto al aire libre. El grupo había optado por la fórmula de gustar a todo tipo de público, y eso era lo que había esta noche por allí, todo tipo de público en plan “vamos a escuchar a este grupo tan guay que hace canciones tan bonitas de domingos por la tarde”. Demasiado azúcar donde antes había polvo del desierto.

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La Frontera – “Viento salvaje”

Y la Cita que se paraba durante unos días porque el domingo 27 se celebraban las elecciones municipales. Aquí en Sevilla, pese a lo quemado que estaba el partido del gobierno municipal, el PSOE, solamente perdió un concejal de los 13 que tenía. Izquierda Unida perdió otro, que fueron los dos que ganaron los andalucistas, superando así en número de concejales, con 9, a los del PP, que se mantenían en 8. Y aunque los socialistas mantenían una buena diferencia sobre los demás, un pacto contra natura entre los andalucistas y la derecha (fuertemente rechazado incluso desde dentro del PA por algunos de sus pesos pesados, como Pedro Pacheco), hizo que perdiesen la alcaldía, que fue a parar a manos de Alejandro Rojas-Marcos.

La Cita en Sevilla se reinició el lunes 28 con el concierto que organizaban los 40 Principales, que había sido desplazado a este día desde el viernes 3 de mayo, que era su ubicación original. Esta vez nos traían a Los Ronaldos, a los que precisamente había visto junto a La Frontera en la Cita de dos años atrás, en un concierto tan perfectamente olvidable, que esta vez no estaba dispuesto a repetir la experiencia.

Y dos noches después quien venía era Lito Vitale, que también repetía por segundo año consecutivo. Estuve tentado de asistir, pero en esta Cita en que tan poca inercia de conciertos tenía, dos noches seguidas con música que no fuese rock eran algo que me superaba; así que deseché la new age latina de esta noche a favor del flamenco de la siguiente. Además, a lo mejor podíamos ver por fin a un Camarón tal y como lo recordábamos de años atrás.

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Camarón – “Se me partió la barrena”

¡Y joder que si lo vimos! Tras dos años fallidos por fin tuvimos a un Camarón de alta categoría, sin los artificios de una voz convertida en maullidos, con gran profundidad y riqueza. A lo mejor es que necesitaba la pureza de que su voz no fuese acompañada más que por una guitarra (Tomatito, como no) para cantar por derecho, con la personalidad que nadie le discutió nunca… entero… largo Camarón… ¿fue esta la noche en que incluso cogió una guitarra para hacer dúo con Tomatito, o me traiciona mi memoria y solo lo he soñado? Y qué taranta, por Dios…!

Yo estaba allí por Camarón, pero esa noche había dos voces más, la de Aurora Vargas y la de Rancapino. Y yo, que en esto del flamenco soy más festero que sentío (qué le vamos a hacer) disfruté bastante más con los tientos de la primera que con las soleás del segundo… menos mal que siempre todos terminan por bulerías.

Gracias a Dios, los comentarios que se extendían por el Auditorio mientras estaban los otros, de que las condiciones de Camarón posiblemente no hiciesen posible que se subiese al escenario, resultaron falsos y pudimos tener una noche llena de musicalidad flamenca, que ya nunca más se pudo repetir, porque Camarón dejaría de existir apenas trece meses después.

Y una vez caído Bob Dylan de los carteles, ya solamente quedaba la noche final de la Cita de este año; para la que aún había que esperar una semana, y que iba a ser la habitual noche dedicada a los grupos sevillanos, entre los que siempre figuraba el de Silvio. En la Cita del año anterior ya habían presentado canciones de las que figuraban en el último disco de Silvio y Sacramento, ”En misa y repicando”, aunque más que canciones habría que decir esbozos, ya que Silvio no pillaba bien todavía ni una de las letras. El disco finalmente se editó bastante después de ese concierto, por lo que en realidad su presentación oficial fue en esta Cita del ’91, con un Silvio ya recuperado del accidente que tuvo con un motero despistado, que le valió lucir durante bastante tiempo una buena cicatriz en la cabeza… de ahí que en la portada del disco apareciese con sombrero. Y además el personaje de Silvio estaba de actualidad porque sobre su figura se había editado también un libro, el que escribió Alfredo Valenzuela, con el nombre de ”Vengo buscando pelea”, que extrajo de una de las canciones del mencionado disco, una versión que Silvio hacía de una copla de Antonio Molina, o como decía él, ”de don Antonio Molina de Horces Castillo-Hidalgo, que vive en Ibiza más tranquilo que unas pascuas”.

En el escenario le acompañaron esta noche otras dos formaciones de aquí; la primera, Sexsoul, la banda de Javier Bonilla, en la que no podía faltar a la batería el inefable Antoñito Smash, y que solían hacer clásicos del rock en clave soul, con fuertes influencias de James Brown, Stevie Wonder y Quincy Jones… bueno, y de Toni Polster, según el guitarrista Sitín, que era un Biri de cuidao… aunque si mi memoria no me falla, y como Sexsoul era un grupo de formación bastante abierta, esta noche Sitín no estaba aquí y la guitarra corría a cargo de Valentín Ponce.

La otra banda era en realidad la estrella de la noche: Caledonia Blues Band, el mejor combo de blues de toda España (y parte del extranjero), que venía con una formación en la que Lolo Ortega había dejado su puesto de guitarrista a Quique Bonal durante la grabación del tercer disco del grupo, que acababan de terminar hacía muy poco tiempo, pero que no presentarían en directo hasta el mes de febrero siguiente. La verdad es que no sabría distinguir muy bien pasado todo este tiempo qué fue lo que oí en este concierto, ya que mi mente mezcla todo lo escuchado mientras les seguí durante aquellos casi dos años, en una florida etapa en que no pararon de tocar en nuestra ciudad… tras la Cita, dos conciertos en el Salón Dadá; otros dos o tres más en el Fun Club, uno de los cuales registró el mayor lleno de la historia del local, en una noche en la que Pepe Benavides tuvo que decirle al portero que dejara ya de vender entradas y cerrase la puerta; el concierto de la Expo, el que dieron abriendo para Charlie Musselwhite, después abriendo también para la segunda vez que vino Johnny Winter… así que para escribiros algo concreto opté por llamar por teléfono a los propios componentes de la Caledonia, pero o la mala vida les está pasando factura o ellos tienen los recuerdos aún más mezclados que yo, porque ni Mingo Balaguer ni Quique Bonal se acuerdan, no ya de algo concreto de esta noche, sino que no recuerdan este concierto siquiera…

Lo que sí recuerdo es que se daba el curioso caso de que uno de los componentes de cada uno de los tres grupos de esta noche habían sido socios en otro grupo anterior; uno bastante poco conocido, que se pierde en la noche de los tiempos de la historia del rock de la ciudad, pero que era una buena representación de la Escuela del Prensa. Su nombre era Pi Lakatú Fonsana (no me he hecho un lío con las teclas… se llamaba así); y en él estaban el Rama, batería de la Caledonia, que fue quien lo formó durante sus años en el Instituto Martinez Montañés; Juanjo Pizarro, guitarrista de Silvio y Sacramento y Javier Bonilla, vocalista de Sexsoul.

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Caledonia Blues Band – “What I have to do”

Y así llegó a su final la anual Cita en Sevilla. No diremos que con más pena que gloria, porque terminar con Silvio y la Caledonia, que son dos de los máximos referentes de la historia del rock sevillano es una forma bonita de hacerlo; pero hubiese merecido este evento un final mejor que éste de pie quebrado, con el concierto descolgado de una gran figura que nadie se preocupó siquiera de sustituir, y con un cambio de gobierno municipal tras el que tampoco nadie se preocupó de ofrecer resultados y balances de lo acontecido este año.

Tras el relevo en el Ayuntamiento, la concejalía de cultura pasó a manos de la andalucista Enriqueta Vila, aquélla que una vez me dijese, textualmente, que “el rock no es cultura”, y aunque se mantuviese muchos meses intentando hacernos creer la mentira de que la Cita no iba a morir, sino que simplemente tenía un año de aplazamiento para no tener que competir con la Expo del 92, lo cierto es que quedaba enterrada del todo.

Y también aunque Amparo Rubiales y Bernardo Bueno se quejasen amargamente muchas veces de que el nuevo gobierno municipal se estaba cargando a marchas forzadas la cultura en Sevilla, de la Cita solo nos quedó ya el epitafio que publicó la prensa de la ciudad.

LOS TRABAJADORES TENDREMOS QUE PAGAR NUESTROS PROPIOS DESPIDOS

Hasta ahora, cuando habían venido al Estadio Olímpico figuras del pop como Madonna, Bruce Springsteen y AC/DC yo había escrito en este blog textos irónicos y festivos previos a sus conciertos, y después había disfrutado de ellos y escrito crónicas para compartir lo vivido con vosotros. Pero esta vez vienen U2 y no tengo ganas de hacerlo. No voy a entrar en el estadio, y tampoco voy a hacer uso de los palcos de los que disponemos en la clínica. No me apetece en absoluto compartir una noche de fiesta con la mayoría de la gente que va a estar allí, tanto en un sitio como en el otro.

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Cuando nos despidan podemos consolarnos poniéndonos discos de U2

Allí habrá también, lógicamente, mucha gente que conozco y estimo, y espero que lo pasen fantásticamente en el concierto. No tengo nada que reprocharles, faltaría más; la mía es una decisión totalmente personal, basada en las pocas ganas que tengo de compartir un espacio vital hedonista con todos aquellos descerebrados que al anunciarse la fecha de la Huelga General y ver que iba a coincidir con la del concierto (aunque después se cambió a un día más tarde) llenaron todas la páginas de comentarios de los periódicos y los blogs de Sevilla con unas descalificaciones tan soeces hacia todo tipo de sindicalistas sin discriminación ni análisis alguno, poniendo una cita con una banda de pop tan por encima de todo lo que verdaderamente es importante y rechazando cualquier atisbo de posible razón en lo que se va a defender ese día, que uno no tiene más remedio que replantearse muchas cosas.

Y lo que de verdad me pide el cuerpo es escribir un post sobre los motivos de esta Huelga, y sobre los sindicalistas. Y sobre lo que consiguen las huelgas generales. Y sobre el trabajo en general. Y aunque lo voy a intentar hacer desde un punto de vista objetivo, seguramente saldrán muchas cosas subjetivas e incluso rozaré (o caeré de lleno en) la demagogia, porque uno tiene las mismas contradicciones, filias y fobias que cualquier otro ser humano. Y antes de que nadie me pueda decir que estoy en una posición privilegiada que no me permite hablar con propiedad del tema quisiera exponer la razón principal que me faculta para hacerlo.

Eso que veis ahí es un escaneo de mis datos de vida laboral. Si tenéis un momento os agradecería que os fijaseis en el número de la Seguridad Social que tengo y lo comparaseis con el vuestro o con el de cualquier otro trabajador que no esté ya jubilado desde hace tiempo, por ejemplo, vuestros mismo padres… ¿veis alguna diferencia? Pues sí, la hay… en mi número, tras el 41 identificativo de Sevilla, las dos primeras cifras son el cero. Y en los números de los demás que miréis solamente lo es la primera de ellas. Eso quiere decir que mí número de la Seguridad Social solo tiene ocho dígitos, y es así porque yo estoy currando desde 1973. Cuando comencé a trabajar todavía vivía Franco, todavía existía el Sindicato Vertical y los sindicatos democráticos estaban prohibidos y perseguidos. Desde entonces he trabajado y además he sacado un título universitario mientras lo hacía… con eso os quiero decir lo mismo que Luis Aguilé en aquella canción: “lo que como me lo gano con el lomo”. Y he pasado por toda clase de sistemas laborales; soportado medidas laborales injustas, injustificadas e injustificables; privaciones de derechos… cualquier cosa que te puedas imaginar, la he vivido o conocido de cerca.

Y además estoy casado con una mujer a la que, al compartir cama con ella, he visto pasarse noches enteras en vela, dando vueltas y más vueltas entre las sábanas, porque alguna situación laboral de sus compañeros de trabajo le quitaba el sueño. Y es que la sra. Carrascus es la delegada sindical de nuestra clínica, y se preocupa por los derechos de todos, aunque sus compañeras y compañeros de mayor status laboral pasen de ella y digan que no se sienten representados por alguien de posición inferior.

A mí también me han defraudado los sindicatos muchas veces. Sé que son imperfectos, obsoletos en muchas de sus estructuras y capaces de tomar algunas determinaciones que hieren nuestra sensibilidad. Pero los sindicatos están formados por personas. Por personas que no son solamente ésas que aparecen en la tele y a las que tanto odiáis…

Antes que nada, ¿me permitís una pregunta? ¿Qué pensáis que son los sindicatos, y los sindicalistas? ¿Qué son esos “liberados” que tan mala fama tienen? Antes os he dicho que son personas, y como tales son tan imperfectas como cualquier otra; todos tienen la tentación de aprovecharse de su situación, y muchos lo hacen. ¿Pero eso los descalifica a todos?

Por ahí se oyen cosas contra los sindicalistas, contra los “liberados”, del calibre de que son un cáncer de más de 300.000 parásitos… Esperanza Aguirre no se ha cortado un pelo a la hora de decir que sobran muchos y que solamente en Madrid hay 3.242. Si lo dice toda una Presidenta habrá que creérselo… ¿pero y si lo analizamos un poco…?

Veamos… en todas las elecciones sindicales convocadas en España se han elegido algo menos de 300.000 delegados en total. Pero no todos ellos son “liberados”, sino que según la ley les corresponden unas horas mensuales, que paga la empresa, para desarrollar su actividad sindical. En España resulta que casi el 98 por ciento de las empresas tienen menos de 50 trabajadores, por lo que los delegados de éstas solo disponen de 15 horas al mes, que son dos días de trabajo… yo os puedo asegurar que mi mujer le dedica a esta actividad más tiempo que ése, y lo saca de sus horas libres. Los demás ignoro lo que harán, pero de todas formas no sé si os parecen muchas horas esas 15 para acudir a reuniones, enterarse de lo que pasa, hablar con la gente del curro, reunirse con los jefes, leerse las comunicaciones… y este tipo de representantes sindicales son la inmensa mayoría, por eso que os decía del tamaño de nuestras empresas. De todos los representantes sindicales, los que están “liberados” no llegan siquiera al 1,5 por ciento.

Para saber cuántos “liberados” hay en España acudimos a una fuente tan fiable como es la propia patronal CEOE, compuesta por todos aquellos empresarios que tienen que soportarlos, así que no creo que sean sospechosos de tirar por lo bajo, sino más bien de inflar la cifra de “zánganos” en todo caso. Pues bien, la cifra que ellos dicen que hay es de 4.127 liberados sindicales… y yo me pregunto: si en toda España hay ese número, ¿cómo es posible que solo en Madrid haya 3.242, como dice la Espe…? ¿La hemos pillado en una mentira o algo…?

Cuatro mil y pico de liberados sindicales para atender a 20 millones de trabajadores… ¿de verdad pensáis que son demasiados? Tened en cuenta que para defender a los trabajadores hay que aprenderse (o al menos leerse) las leyes, los convenios, las sentencias, saber cómo negociar un convenio colectivo, como convocar una manifestación o una huelga… ¿lo improvisan? ¿o tienen que estar preparados para estar presentes en las negociaciones, estar en las representaciones, en las reuniones con abogados, economistas, sociólogos…? ¿cómo van a llegar a los miles y miles de pequeñas y medianas empresas que hay en España…?

La Ley Orgánica de la Libertad Sindical les permite hacer todo esto en vez del trabajo habitual que tendrían que hacer en sus empresas. Pero son necesarios; y el no currar en su puesto a veces no es el chollo que parece, porque eso les impide aspirar a promocionarse laboral o económicamente muchas veces…

Los sindicatos no son perfectos. Claro que no. Hay que mejorar muchísimas cosas. Pero sin los sindicatos, sin los liberados sindicales y sin los delegados de las empresas estoy seguro de que estaríamos muchísimo peor.

Y ahora esta gente convoca una Huelga General. ¿Para qué? No lo han sabido explicar, o no les han dejado hacerlo mejor. A todos los que salen en la tele, en los periódicos y en la radio se les llena la boca con frases grandilocuentes sobre los recortes de pensiones, la jubilación a los 67 años, los recortes del desempleo y de los salarios, el despido barato… todo cosas que nos afectan pero que de tan repetidas y manidas pierden su verdadero significado y se quedan solo en slogans y excusas.

Pero si volvemos a tener la tentación de analizar la Reforma Laboral que quiere poner en marcha el Gobierno, podemos encontrar casos concretos que nos sean más cercanos a todos. Imagínate que tu jefe considera que los productos que fabrica o vende, o los servicios que presta su empresa van a dejar de ser competitivos en el futuro, ya sea por la crisis o porque la evolución de los mercados no le gusta nada. Así que lo mejor para él es dejar de producir y mandar al paro a todos los trabajadores, retirándose a vivir de las rentas. O echarte a ti y a algunos compañeros para ahorrarse una buena parte de su gasto empresarial. En la actualidad eso no se puede hacer… y si se hace hay que compensar al trabajador porque se trataría de un despido improcedente. Ahora la nueva ley admitirá expresamente que la previsión de un problema económico, organizativo, administrativo o productivo que pueda ocurrir en el futuro es motivo de despidos justificados, sin que se precise demostrar de forma concluyente estas dificultades. Es decir, que nuestra estabilidad laboral, ya seamos fijos, temporales, con contrato antiguo o nuevo, se va a hacer puñetas porque dependeremos de las meras conjeturas de futuro que quiera hacer nuestro jefe.

Vale… ya te han echado a pesar de que llevas 20 años currando ahí porque tu jefe quiere suprimir tu departamento y que ese trabajo lo haga una empresa de servicios que le va a costar más barata. Tal como están ahora las leyes, sería un despido improcedente, como dije antes, y te tendrían que pagar 45 días de salario por año trabajado, con un máximo de 42 mensualidades (por lo que poca gente llega a ese máximo, tendría que haberse pasado en la empresa unos 30 años), más los sueldos que te corresponden desde que se tramita el despido hasta el día en que sale la sentencia definitiva de dicho despido. Con la Reforma, como el despido es procedente y justificado, solo te corresponden 20 días de salario por año trabajado, y el máximo de mensualidades que vas a cobrar sería de 12 en vez de 42 (por lo que si llevas en la empresa unos 18 años ni siquiera vas a cobrar el máximo que te corresponde). Y encima, de esos 20 días tu jefe te va a pagar la mitad o menos, porque 8 o 12 de esos días se los va a subvencionar el Fondo de Garantía Salarial. Ah, y tampoco te tendrá que pagar hasta que salga la sentencia del despido. ¿Por cuánto le sale despedir a un tío que lleva 20 años currando para él?

Puede que tu jefe incluso ni quiera cubrir tu puesto de trabajo, sino repartir las tareas que hacías entre los demás que siguen trabajando… pagándoles lo mismo, claro. Para eso los va a poner a currar todos los días de la semana en jornada partida. Hasta ahora no podía hacerlo porque tu convenio colectivo dice que la jornada de trabajo es de lunes a viernes en horario de mañana. Para modificar eso tenía que haber causas muy gordas y muy justificadas. Con la Reforma se puede hacer con solo un acuerdo de empresa, sin mayor causa para hacerlo que la posibilidad de que así mejore la situación de la empresa… que mejorará, no cabe duda.

Has tenido mala suerte, menos mal que tu mujer trabaja desde hace casi tres años con un contrato de obras y servicios, por lo que ya es prácticamente un contrato indefinido y hasta que no dejen de ser necesarios realmente sus servicios tiene el trabajo garantizado. Y eso es así porque tener dos contratos de dos años en un periodo de treinta meses sería un fraude por parte de la empresa. Pero en éstas va y se reforma la Ley, y cuando a tu mujer le queda solo un mes para llegar a los tres años de trabajo el jefe la despide. Porque resulta que ahora el contrato de obras y servicios se amplía a tres años y hasta a cuatro si es necesario. Así que en lugar de a tu mujer podrá tener a una nueva empleada temporal, con menos derechos adquiridos, durante otros tres años, en que la despida también y meta a otra… y así…

La esperanza está en tu hijo, que ya se sacó hace un par de años su licenciatura universitaria; y su contrato en prácticas, con el que cobraba el 60 por ciento del sueldo el primer año, y el 75 por ciento este segundo año, ya está llegando a su fin y podrá convertirse en un trabajador más de pleno derecho. No podrán volver a hacerle ningún contrato en prácticas más porque solo se permite uno por titulación. Pero entre el Plan Bolonia y la Reforma los títulos de grado y de máster se consideran diferente titulación. Y tu hijo, que quiere formarse bien, ha estado estudiando y sacando másters, y eso, en vez de otorgarle un premio, le condena a que le puedan hacer más contratos temporales hasta cinco años (que actualmente solo son cuatro) después de haber sacado los títulos. Esto significa que se va a tirar hasta siete años currando en un puesto en el que le van a pagar como mucho el 75 por ciento de lo que le correspondería. Y luego nos quejamos de que los hijos no se independicen y estén en casa hasta después de los treinta tacos.

Mientras tanto tu jefe ha visto que tomando esta clase de medidas está aumentando su cuenta corriente y se está entusiasmando… y lo siguiente que se le ocurre es que si le pagase menos a los empleados que le quedan, más dinero todavía tendría él. Y le baja el sueldo a la mayor parte de la plantilla. Esto no se puede hacer en la actualidad porque si tu convenio colectivo dice que tu sueldo es de 1.300 euros brutos mensuales hay una Comisión Paritaria que va a velar por tus intereses y esa cantidad te queda suficientemente garantizada. Pero con la nueva Reforma tu jefe aduce que esa cantidad “puede” dañar la situación o las perspectivas de la empresa, sin precisar pruebas concluyentes, y establece un acuerdo de empresa que la puede reducir. Y se elimina el control de la Comisión Paritaria del convenio sectorial, por lo que nadie va a poder defender a esos empleados que ahora ganan menos por hacer lo mismo que antes, o incluso más (recuerda que ahora están haciendo también el trabajo que hacías tú antes de que te despidiesen).

Estos que os he puesto son ejemplos concretos de cosas que podrían pasar, pero pueden darse muchísimas situaciones más, que resulten lesivas para nuestros derechos como trabajadores. Mientras que para los empresarios todo son ventajas. Vamos a ponernos ahora en la piel de tu jefe…

Al echarte a la calle a ti con este despido improcedente, te hubiese tenido que pagar una idemnización de 45 días de sueldo por año trabajado, más el sueldo del tiempo que pase entre el despido y la sentencia del juez, porque, claro, tú le hubieses demandado… y esas cantidades habría tenido que pagarlas íntegramente él, porque el Fondo de Garantías solo pagaba estos despidos si la empresa era insolvente, quebraba, entraba en concurso de proveedores o en suspensión de pagos, etc. O si la empresa tiene menos de 25 trabajadores, que en ese caso el Fondo paga el 40 por ciento de la idemnización. Pero con esta reforma tu despido pasa a ser objetivo, por lo que tu indemnización se rebajará a 20 días de sueldo por año trabajado (si es que no llegas al nuevo máximo de mensualidades y todavía cobras menos), que es bastante menos de la mitad, y además tu jefe ni siquiera tendrá que pagártelo todo él mismo, porque ahora el Fondo se va a hacer cargo de 8 de esos 20 días sin que la empresa tenga que acreditar insolvencia o crisis alguna. Es decir, que ahora se van a subvencionar los despidos con dinero público… ¿no hay un artículo en la Constitución que prohibe eso…? Menudo papelón para el Estado… en vez de gastarse nuestros impuestos en hospitales y buenas carreteras se lo va a tener que gastar en indemnizarnos cuando nos despidan de nuestro trabajo.

Pero es que a partir del 2.012 todavía va a ser peor, porque se creará un Fondo de Capitalización, sin costo alguno para las empresas, que se utilizará para pagar estos despidos en su totalidad y para pagar nuestra jubilación. Es decir, que los propios trabajadores nos vamos a pagar nuestros despidos, con unas cantidades que nos deducirán mediante rebajas en las cotizaciones sociales a lo largo de nuestra vida laboral. Y vamos olvidándonos ya del sistema público de pensiones…

A tu jefe no le costará ni un solo euro ponerte de patitas en la calle a partir del año 2.012.

Y como esto ya se está haciendo demasiado largo no vamos a hablar de la privatización del desempleo, de cómo las empresas de trabajo temporal van a ir sustituyendo paulatínamente a las bolsas de trabajo de los Ayuntamientos, de cómo no vamos a poder padecer una enfermedad crónica o un accidente con rotura de hueso porque se facilita el despido por absentismo laboral, aunque sea justificado (como el absentismo permitido depende del número de días totales perdidos por todos los de la empresa, como en la tuya seáis solamente cinco o seis, el que te tires un par de semanas de baja ya será causa de despido procedente), de cómo…

¿Y si vamos a la Huelga conseguiremos que nada de esto tan oscuro tenga lugar? Pues no lo sé, pero echando la vista atrás podemos ver que con la primera Huelga General que se hizo en 1.977 pidiendo la libertad sindical se consiguió la sindicación libre. Con la de 1.988, aquella tan famosa en la que la televisión se quedó negra a las doce de la noche, se consiguió que retirasen el Plan de Empleo Juvenil y que el gobierno de Felipe González mejorase las condiciones de los funcionarios, ampliase la protección por desempleo de todos los trabajadores, aumentasen las pensiones… y con la del 2.002, la Huelga General que se convocó por unos motivos más parecidos a los de ésta de ahora, se consiguió que el gobierno de Aznar echase para atrás la reforma que quería poner en práctica, con la que pensaba “flexibilizar” la entrada y salida del mercado de trabajo…

Hace ocho años se consiguió. ¿Seguís pensando que una Huelga General no sirve para nada?

LA SÉPTIMA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

La Cita en Sevilla de 1.990 nació marcada por el mal rollo cuando la verdad es que desde el principio lo tenía todo a favor. Se contaba con un presupuesto de 143 millones de pesetas, de los que la División Cultural de la Expo ’92 iba a aportar 25. Y con las contrapartidas que implicaba esa aportación llegaron las discordias.

La Sociedad Estatal de la Expo ponía a disposición del Ayuntamiento 25 millones para esta Cita y 30 para la próxima, 13 millones más para el programa de Música Antigua de estos dos años, y otros 50 para la Bienal de Flamenco. Y en contrapartida, el Ayuntamiento cedía durante la celebración de la Expo a la Sociedad Estatal de forma gratuita todos los espacios escénicos municipales: el teatro Lope de Vega, el Teatro Alameda, el Auditorio del Prado, el Casino de la Exposición…

Sin embargo la oposición municipal consideró este trato como un “nuevo intento de avasallamiento de la ciudad por parte de la Expo”, y se negó en redondo a firmarlo. En realidad el problema de fondo era que durante 1.991, antes de la celebración de la Expo, habría nuevas elecciones municipales, y como los socialistas estaban ya tan quemados, prácticamente nadie confiaba en que volviesen a tener mayoría y nadie quería que se llevasen ellos los beneficios de estos dos años, y le dejasen la cultura hipotecada en el ’92 cuando el alcalde fuese de otro de los partidos. Jaime Bretón, concejal del grupo popular lo dejó bastante claro al decir que el alcalde Manuel Del Valle sabía que iba a perder esas próximas elecciones y que estaba buscándose un carguito como Consejero Delegado de la Expo, mientras el presidente de ésta, Jacinto Pellón, aspiraba a subir peldaños en la política sevillana: “Si Pellón quiere ser el alcalde de Sevilla, que se presente a las elecciones y las gane”.

A los populares se unieron los andalucistas, porque Rojas Marco aspiraba (cosa que conseguiría) también a la alcaldía, y los de Izquierda Unida, porque, aunque les daba igual todo aquello, se acogieron al viejo aforismo de que “al enemigo, ni agua”.

Por lo tanto el contrato inicial fue rechazado sin ser aprobado y durante varias semanas todos se enzarzaron en guerras particulares, bastante sangrientas algunas veces, hasta que se pusieron de acuerdo en la redacción de uno nuevo que tenía consenso general. Cuando este nuevo acuerdo vio la luz, la prensa nos lo presentó como un triunfo de la oposición, que había obligado al Ayuntamiento a aceptar todas sus modificaciones y enmiendas, y habían logrado un nuevo texto más equilibrado. Los partidos de la oposición brindaban sonrientes, y uno se temía lo peor…

Pero te ponías a leer el nuevo acuerdo… y en realidad la modificación más “importante” que se veía es que donde antes decía “el Ayuntamiento cede el uso de sus espacios escénicos a la Expo”, ahora dice “el Ayuntamiento da prioridad en el uso de sus espacios escénicos a la Expo”. ¿Y para esto tantas hostias y tanta mala sangre? Porque la participación económica de la Expo seguía siendo la misma, y prácticamente todo quedaba igual salvo algún matiz pamplinoso como que en la publicidad, en lugar de poner “Expo ’92-Ayuntamiento”, pondría “Ayuntamiento-Expo ‘92”

Así que para el presupuesto de la Cita en Sevilla se podía seguir contando con los 25 millones de la Expo. El Ayuntamiento ponía 43, con lo que incrementaba sensiblemente su participación con respecto a años anteriores, y los otros 75 millones restantes salían de las arcas de la Junta de Andalucía y de la Universidad, y de los bolsillos de promotores privados y empresas colaboradoras que asumían el riesgo de participar activamente en el desarrollo de la Cita.

Y ésta comenzaría el 20 de abril porque la Expo ’92 quería que la gente se fuese acostumbrando a esa fecha ya que ésa misma iba a ser la de la inauguración de la gran muestra dos años más tarde. Y para empezar a lo grande, la Cita se iba abrir con el artista internacional de más prestigio mundial en ese momento: Phil Collins.

Y ahora volvemos un poco hacia atrás de nuevo para preguntarnos si en las encarnizadas negociaciones antes mencionadas no hubo algo oculto, ni algún mosqueo no publicado de la Sociedad Estatal de la Expo, ni algo extraño de lo que nunca tuviésemos noticia. Porque cuando el día 3 de abril fuimos todos al Casino de la Exposición para la presentación del programa de la Cita nos encontramos con que ésta iba a comenzar el día 21 de abril con la actuación de Kool & the Gang. Phil Collins y la fecha mágica se habían caído del cartel.

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Kool & The Gang – “Celebration”

Así que en la noche del sábado, día 21, aunque la banda elegida no tenía mayor interés para mí, me encaminé al Auditorio para presenciar el espectáculo de 325.000 watios más 8 cañones de luz, 25.000 watios de sonido y 16 músicos en el escenario que prometía la publicidad. Y más o menos se cumplió aquello; el problema fue que la cantidad de gente empleada en la organización y desarrollo de dicho espectáculo fue casi mayor que la cantidad de gente que pasó por taquilla. Los espectadores no llegábamos a mil ni contándonos generosamente. Aquella fue la inauguración más pobre de todas las Cita en Sevilla que se llevaban celebradas.

Y con el segundo de los conciertos previstos para el viernes siguiente, día 27 de abril, continuó la desventura; porque si en la anterior ocasión en que se anunciaron Kid Creole & the Coconuts, su concierto se tuvo que suspender por el retraso con el que la banda llegó a Sevilla, ésta vez fue la lluvia la que obligó a suspender de nuevo su actuación. Aunque en realidad casi mejor que fuese así, porque apenas se habían vendido entradas para verles. Definitivamente, Kid Creole no ha tenido suerte con Sevilla.

Hubo que esperar a que se terminase la Feria para reanudar la Cita, y por eso no hubo ninguna nueva actuación hasta el siguiente viernes, 4 de mayo. Esa noche el escenario del Auditorio lo ocupó Duncan Dhu, en un concierto organizado por la Universidad Hispalense (que esta primavera estuvo muy prolífica) para que sirviese de contrapeso a otras actuaciones de audiencias más minoritarias que también organizaría. Se sumaba así la Universidad a la programación de la Cita en el Auditorio por partida triple, ya que después vendrían los conciertos de La Guardia y Lito Vitale, y quizás debió haber programado también allí el concierto de reaparición de Gualberto después de diez años, ya que el salón de actos de Arquitectura se le quedó pequeño el día 8.

Duncan Dhu aparecían por aquí estrenando la nueva gira por España y Europa que iban a hacer ahora que se habían convertido en grupo multitudinario, que volvía de una extensa gira por los USA, adonde habían llegado de la mano de la inclusión de su canción “Herida de miel” en la banda sonora de “Dick Tracy“, interpretada con Ofra Haza. El concierto lo abrieron de forma contundente, con las canciones más guitarreras de su último disco, “Autobiografía”, que fue la base del repertorio. Y eso fue lo peor también, porque sus treinta canciones eran tan irregulares que por fuerza el concierto tenía que terminar siendo también así, a pesar de que al menos incluyeron diez de sus éxitos anteriores. A mí me parecieron tan empalagosos como siempre, cosa que al sector femenino de la audiencia no parecía importarle, y solo se arriesgaron un poco con algunos ritmos jazzísticos que salían, sobre todo, del teclado de Luis Lozano, sin duda ninguna el mejor instrumentista de los 14 que había sobre el escenario.

Todos sabemos que cuando un concierto es gratis va mucha más gente que cuando hay que pagar; pues bien, Duncan Dhu son la demostración palpable en esta ciudad: apenas un par de años después actuaron gratis en la Expo y abarrotaron la plaza Sony y los alrededores, congregando a 120.000 espectadores, en el que pasa por ser el concierto de mayor afluencia de público de la historia del rock español. Y sin embargo esta noche fueron escasos lo espectadores que asistieron pagando las mil pesetas de la entrada.

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Duncan Dhu y Ofra Haza – “Herida de miel”

Después de los desastrosos taquillajes obtenidos hasta ahora, el grupo popular volvió a la carga, acusando al Ayuntamiento de irresponsabilidad a la hora de hacer una programación abocada al fracaso y que estaba generando unas pérdidas que iban a tener que sufragar con el dinero del contribuyente. Y que hubiese sido mejor que en lugar de programar dieciseis conciertos durante un mes y medio, el dinero se hubiese empleado en solo tres conciertos de gran nivel internacional, como han hecho en otras ciudades, que van a contar con las actuaciones de Phil Collins, los Rolling Stones y Elton John.

Aquí sin embargo nos teníamos que conformar con No me pises que llevo chanclas, que el jueves, día 10 de mayo, venían a hacer la presentación oficial de su segundo LP, el “Buenos días, te lo juro”. Y ya véis, con ellos se produjo la primera buena entrada de la Cita de este año, que hasta ahora estaba pasando con muchísima más pena que gloria.

Yo no estuve allí esa noche, porque era mi cumpleaños y no me apetecía celebrarlo con Pepe Begines y su banda de agropó; pero la gente que acudió se lo pasó en grande con ellos, berreando con el grupo todas sus canciones, que se sabían al pie de la letra… al menos las del primer disco. Y eso que al principio del concierto comenzó a caer una fina llovizna, pero duró poco y no enturbió para nada las ganas de pasárselo bien de todos.

Cuando sí acudí fue tres días después, el sábado, día 12, porque había una cita ineludible; venía uno de los más grandes de todos los tiempos: Jerry Lee Lewis.

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Jerry Lee Lewis – “Whole lotta shakin’ goin’ on”

Pero antes de que subiese al escenario el maestro teníamos además a unos teloneros interesantes, Los Picapiedras, que hacían también la presentación oficial de su segundo disco, “Corta el rollo, periquito”.

Vinieron ya con su nuevo batería, el Dustis, después de que Carlos se quedase en el camino durante la grabación del disco, y en general todos los del grupo andaban ya un poco quemados con el trato de la discográfica y la marcha de la banda, así que se puede decir que este concierto marcó también el final de su carrera. Pedro Picapiedra se marchó a Granada tras sacar las oposiciones de Canal Sur, y después anduvo por ahí, vinculado a la música a salto de mata, hasta ahora, currando en Alemania.

Como Pedro nunca ha sido músico que tire de repertorio antiguo y siempre le ha gustado recrear en el escenario sus últimas composiciones, el concierto de esta noche se basó casi en su totalidad en ese segundo disco; pero no fue una noche para recordar especialmente. Sobre todo porque la actuación estelar que siguió tampoco fue nada memorable.

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Los Picapiedras – “Villa Fiorentina”

Jerry Lee Lewis había reunido a gente de todo pelaje; allí estábamos los rockeros “de toda la vida”, junto a las nuevas generaciones que le habían conocido a través de la recientemente estrenada película sobre su vida, que volvió a convertirlo en un icono. Todos juntos aclamábamos y bailábamos con la estrella a pesar de que la veintena larga de canciones añejas y sabrosas que nos dejó las fue soltando a un ritmo constante pero relajadito, que solo fue vibrante en contadas ocasiones como en la recuperación de grandes clásicos como “Shake, rattle and rock” o “Great balls of fire”, que era la más conocida por todos, ya que le había dado título a la película sobre él, y sonaba en las radios a todas horas.

Lo cierto es que Jerry Lee ya no estaba para muchos trotes porque la edad y la mala vida iban haciendo estragos; pero eso sí, aunque el killer se vista de chorreras y zapatos de charol, killer se queda… e intentó montarse su show habitual ya hacia el final para que no nos fuésemos de allí sin decir que no habíamos visto al Jerry Lee clásico. La banqueta del piano salió volando de una patada, y después se acercó a él para subir encima la pierna y aporrearlo con el pie… pero las fuerzas ya no son las que eran, y como el pie no le llegaba, lo único que pudo poner sobre las teclas fue su viejo culo… un par de años después, sin embargo, en Coruña, sí que reunió fuerzas suficientes para darle una patada en el culo a uno de los roadies que le ayudaban, provocando un abucheo tan generalizado del público que tuvo que abandonar el escenario no mucho después de haber comenzado su actuación.

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Jerry Lee Lewis – “Great balls of fire”

Aquí no tuvimos ningún espectáculo como ése, aunque estoy seguro de que si llega a alcanzar a algún “pipa” desafortunado la gente lo hubiese celebrado igual que cuando realizaba sus habituales numeritos de aporrear el piano. Y es que bastaba que el mito posase un solo dedo sobre el teclado para poner a todo el Auditorio a bailar. Aunque a veces (demasiadas) fallase la coordinación con su banda, un grupo de músicos mercenarios ingleses reclutados a la manera de Chuck Berry, con los que Jerry Lee apenas cruzó palabra alguna siquiera porque llegó, guiado por una chica, poco antes de comenzar su actuación, y se marchó nada más terminar sin tener ningún roce con nadie más. Si cerramos los ojos mitómanos y abrimos los iconoclastas, debemos reconocer que el de esa noche fue un concierto más patético que divertido.

Pero la siguiente fue la gran noche de la Cita de este año. El miércoles 16 de mayo reinaron las guitarras en el Auditorio, que estuvo prácticamente lleno de espectadores con ganas de asistir por fin a un buen concierto, y que se pasaron todo el rato bailando, tan apasionados como agradecidos por el blues eléctrico, el rhythm & blues y el rock que nos brindó Johnny Winter.

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Johnny Winter – “Jumpin’ Jack Flash”

La sesión la abrió Robben Ford, un músico de sesión que toca el blues como pocos músicos más pueden hacerlo. Por eso no era de extrañar que hubiese trabajado con músicos de jazz, blues y rock, que van desde Miles Davis a Little Feat. Esta noche fuimos testigos presenciales de su técnica, depuradísima y elegante, que le permitió moverse por terrenos mucho más eclécticos que aquellos en los que Johnny se movería después. Sus dedos desgranaron notas de blues sosegado, de aires jazzísticos, e incluso a veces Robben parecía transfigurarse en el propio Ry Cooder para darnos un paseo por la frontera. Una sorpresa inesperada para los que no le conocíamos demasiado, a pesar de haberle escuchado tocar en innumerables discos.

Tras él subió al escenario ése al que todos conocían como el mejor guitarrista blanco de blues. Una leyenda viva que aún hacía ondear la gran melena albina que todos tenemos tan firmemente asociada a su imagen. Su guitarra Lazer sin clavijas, demasiado moderna para el sonido que sacaba de ella, estaba acompañada por el bajo de Jeffrey Ganz y la batería de Tom Compton, y entre los tres hicieron una exposición de puro sonido negro interpretado con personalidad propia, con la impronta de Johnny Winter marcada a fuego.

A pesar de que en sus últimos discos se había estado rehabilitando como figura del blues americano moderno, en su concierto se decantó por un espeso repertorio de blues-rock… “Sunshine of your love”, “Gimme shelter”… mucho más cercano a lo que hacía en los años ’70 que a lo que estaba haciendo una década y pico después. Y todos se lo agradecimos, porque, en realidad, eso era lo que íbamos buscando… aunque a veces es cierto también que la similitud entre muchos de sus desarrollos instrumentales hacía que la actuación fuese algo monótona. Pero para curarte de esas malas sensaciones siempre aparecía por tu lado algún clásico de la escena musical sevillana, como el malogrado Juan Azagra, para gritarte: “tíooo… me estoy corriendo de gustoooo!”.

El tiempo se detuvo cuando comenzó a sonar el inconfundible riff de “Johnny B. Good”, que demostró que, a pesar de haber pasado ya cuarenta y seis años, el diabólico veneno que Johnny llevaba en su sangre no había perdido ni un ápice de su poder de contagio. Cuando terminó de despachar, sin delicadeza alguna, el “Jumpin’ Jack Flash”, y un algo más sosegado “Hey Joe”, ninguno de los presentes queríamos irnos aún a nuestra casa.

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Johnny Winter – “Johnny B. Goode” (…o mejor “Johnny W. Goode”)

Dos días después, el viernes 18, la gente se retrajo de nuevo a la hora de acudir al Auditorio, y solamente hubo una corta media entrada para el concierto que patrocinaba Coca-Cola con su nuevo grupo para la imagen de marca, los Gabinete Caligari.

A las doce en punto de la noche salió la banda, entre los acordes por megafonía del “Je t’aime”, que se fundió con el “Tomando el airecico”, ya con los Gabinete en vivo. Las canciones de su nuevo disco, “Privado” no les llegaban ni a hacer sombra a las de “Camino Soria”, que eran las que la gente más conocía y cantaba con la banda. Y la verdad es que era solo en estos momentos en los que se lograba escuchar algo, porque no recuerdo ningún otro concierto con un cantante de tan escasísima voz como la de Jaime Urrutia esta noche. Fieles a su estilo, los Gabinete dieron un concierto que gustó a sus incondicionales, y a los que estábamos en un término medio no nos molestó como fondo para nuestras cervecitas.

Antes que ellos, el escenario lo ocuparon los Avíate, una banda de Gibraleón, que calentó el ambiente y poco más.

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Gabinete Caligari – “Solo se vive una vez”

El sábado 19 de mayo no estuve yo en el Auditorio porque la copla es un género que no me atrae apenas, pero los aficionados más viejos del lugar dicen que no recuerdan una apoteosis semejante a la que generó esta noche Marifé de Triana. Su triunfo fue un hito memorable para un público cautivado, fanatizado, traumatizado por la voz profunda y trágica de esta mujer. Al contrario que ocurriese en años anteriores, cuando fallaba el público de la copla con otras de sus grandes estrellas, seguramente ésta sí que fue (con permiso de Johnny) la noche más grande de la Cita de este año.

Al siguiente concierto tampoco asistí. Fue el que protagonizaron los granadinos de La Guardia el miércoles, día 23, en la segunda noche en que la Universidad ejercía sus funciones de empresarios de la Cita en Sevilla. Pero algo más allá de su canción “Mil calles llevan hacia ti”, el pseudo country-rock en el que este grupo se movía era tan pegadizo y comercialote como para que podamos aplicarle el calificativo de superficial. Nada que me moviese demasiado a ir a verlos.

Como tampoco iba acudir a ver a los que actuaban la noche siguiente, los Héroes del Silencio, cuya actuación se aplazó inicialmente para la siguiente semana, y después se suspendió del todo, arrastrando también la actuación de El Norte, la banda que tenía que abrir la noche que tocasen los zaragozanos. De las causas de la suspensión, la verdad es que ni me acuerdo ni he encontrado ningún sitio donde la aclarasen. Pero no creáis tampoco que nos libramos tan fácilmente de ellos, porque en la Cita del año siguiente volvieron a estar en el cartel.

Y así avanzamos un día más y llegamos al viernes 25 de mayo. Esa noche había flamenco, y ganas de quitarse la espinita que nos dejó clavada Camarón el año anterior. Pero como antes que él saldría al escenario Diego Carrasco, nos daba tiempo de asistir a otro acontecimiento musical singular e inigualable que había en el Lope de Vega un poco antes.

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Camarón – “Yo vivo enamorao”

La Universidad estaba programando uno de sus ciclos, el que dedicaba a los “Encuentros Internacionales de Música de Cine”, y esta noche venía John Zorn a recrear, triturar, emborronar, embellecer, la música que Alex North crease para películas maravillosas como “Un tranvía llamado deseo” (su melodía nunca sonó más tensa), “Espartaco” (genial su tema de amor), “Cleopatra” (qué íntimo exotismo!), “¿Quién teme a Virginia Woolf?”, “Dublineses”, “El largo y cálido verano” (nunca tan sudoroso como en este blues), “Vidas rebeldes”… y no sería éste un concierto cualquiera, sino el estreno mundial de dicho espectáculo. Para el que John Zorn había ensamblado con precisión de relojero a un fantástico grupo compuesto por… pásmate… Wayne Horvitz, Anthony Coleman y David Weinstein, en los teclados; Marc Ribot en la guitarra; Mark Dresser en el contrabajo; Bobby Previte y Ciro Baptista en las percusiones; la arpista Carol Emanuel; la violinista Jill Jaffee; y los metales de Marty Ehrlich, que le daba el contrapunto al saxo de John Zorn, Vicki Bodner y Tom Varner.

Al salir de allí, Antonio Murga y yo solo tuvimos que dar un pequeño paseo hasta el Auditorio; pero llenos aún de un éxtasis que hacía que los bailes y el colegueo gitano que Diego Carrasco se traía ya casi al final de su actuación nos pareciese un sinsentido. Dando unas vueltas para respirar el ambiente y poder coger tono para el Camarón nos dimos cuenta que algunos de los músicos que acabábamos de escuchar en el Lope de Vega también habían tenido nuestra misma idea, así que nos aproximamos a ellos y logramos entablar conversación con Carol, la chica del violín, antes de que los demás se fuesen desbandando, cada uno a su aire.

Cuando Camarón llevaba ya un rato en el escenario apareció junto a nosotros el mismísimo John Zorn, que a nuestras preguntas sobre qué le parecía esto del flamenco no paraba de balbucear, babeando y con los ojos como platos, “unbelievable… unbelievable… unbelievable…”. Y la verdad es que tampoco era para tanto; ya me hubiese gustado a mí haberlo visto en una actuación de Camarón realmente buena, porque la de esta noche tampoco fue mucho más allá de la mediocridad del año pasado.

Apenas tres meses antes ya tuvo una actuación más que discreta aquí en Sevilla, y esta noche repetía programa y textos flamencos, con lo que hacía aún más visible su declive. Ya no era el cantaor poderoso que todos conocimos, sino un hombre empequeñecido y quemado al que solamente el morbo o el desconocimiento de los guiris como Zorn impelía a prestar atención. Y no solo eso, sino que excepto con algunas excepciones honrosas, como cuando le daba a sus queridos tangos de toda la vida, en los demás palos parecía perder el compás y la cuadratura… cantiñas, soleás, bulerías, tientos, en los que la banda se perdía con él y solo salvaban el paso por tratarse de músicos tan contrastados como Raimundo Amador, el Manglis, Tino di Geraldo, Moraíto chico… Camarón ya no era un cantaor, sino un fenómeno sociológico. Menos mal que aún le quedaba una nueva Cita al año siguiente para poder despedirse de Sevilla con algo parecido a un triunfo.

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Camarón – “Rosa María”

Tras el fin de semana, la Cita se reanudaba el lunes, día 28, con la noche dedicada a Los 40 Principales. Y aunque la banda que traían no era mala, porque se trataba de La Frontera, el haber adelantado la fecha de celebración (¡cabrones!) en cuatro días hizo que el concierto coincidiese de lleno con el que nosotros, los esforzados chicos de Producciones Informales, organizábamos en el Roll Dancing con Died Pretty y Cancer Moon. Así que os podéis imaginar que esa noche no aparecí para nada por el Auditorio del Prado.

Y los que optaron por acudir a la Cita se perdieron uno de los mejores conciertos que se han celebrado en las salas sevillanas. Y no es porque lo diga yo, podéis preguntarle a cualquiera que conozcáis de los que andan por aquí… para mí, éste fue el mejor de todos los conciertos que organizamos, y del que más contento salieron tanto los espectadores (que fueron muchos) como los músicos.

A Cancer Moon les traje dos veces a tocar a Sevilla. Y a través de ellos comprendí lo arrastrada que debía ser a veces la vida de los grupos españoles que comenzaban a hacer giras por el país y quedaban en manos de los habituales organizadores de conciertos.

Eran cosas nimias, cosas que yo daba como sobreentendidas… y por eso me extrañaba como los miembros del grupo se sorprendían por algo tan básico como tener preparadas toallas para ellos después de su actuación… “Hostia, tíooo! Toallas nuevas…!!!”, alucinaba Josetxo secándose el sudor… mientras, la peña entusiasmada por su concierto les pedía que saliesen de nuevo. Me miraban… y yo no entendía por qué. Hasta que de nuevo Josetxo me preguntó… “podemos salir…? nos apetece, está siendo un concierto grande…”. Y ahora el sorprendido era yo. Yo suponía que el grupo salia si quería, pero parecía ser que la norma es que no… que las estrellas se mosqueaban si le robaban protagonismo los teloneros. Le dije que sí, claro que sí. Y él… “y los Died Pretty no van a decir nada…?”. “Que digan misa si quieren, niño… además ahora están comiendo y no se enteran de ná. Vosotros salid y tocad hasta que os canséis…” Y allá que salieron de nuevo al escenario más contentos que unas pascuas. Y la gente que los veía, y yo, más aún… figúrate tú…

Así que cuando los volví a llamar para preguntarles si querían venir a tocar en un concierto-fiesta para la emisora de radio en que yo estaba, con los Lagartija Nick y los Cerebros Exprimidos, dijeron que sí sin preguntar siquiera cuánto les íbamos a pagar…

Y si después de verles a ellos pensábamos que la noche no podía ir a más, estábamos equivocados; Died Pretty nos sorprendieron con una intensidad instrumental digna de la Velvet Underground, salida de la guitarra de Brett Myers y el teclado de John Hoey (nunca se me borrará su sonrisa de sorpresa y felicidad al ver botando en primera fila junto a los demás al promotor local de su concierto) y la fuerza vocal de Ron Peno (el cantante más feo de la historia, joé) que se dejaba llevar y nos arrastraba a los años 70, a Jim Morrison, a Michael Stipe… una banda absolutamente vibrante, sin perder ni un poquito del sentido de la melodía. Geniales en directo.

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Died Pretty – “Blue sky day” (En directo en el “Roll Dancing”)

Pero volvamos a la Cita en Sevilla, porque la noche siguiente también había concierto, el tercero de los que organizaba la Universidad. El invitado de esta noche era Lito Vitale, un músico argentino, pianista, encuadrado últimamente en la New Age, que inicialmente tendría que haber actuado la noche siguiente en el Teatro Lope de Vega, un escenario que se adapta mucho mejor a su música, pero que al estar ocupado por José Luis Gómez y su representación de “Azaña”, rebotó a este espacio abierto del Auditorio. Me perdonaréis que no reseñe más de este concierto, pero lo cierto es que preferí quedarme en casa descansando de la intensísima noche anterior.

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Loquillo y los Trogloditas – “Mis problemas con las mujeres”

Volví al Auditorio dos días después, el jueves 31 de mayo, para ver la actuación de Loquillo y los Trogloditas. Había mucha gente para ver a José María y su banda, totalmente entregados todos de antemano; y en momentos así es como Loquillo se crece; esta noche estuvo más estrella, más chulo y hasta más alto que nunca, ofreciendo un muy buen concierto de rock and roll, en el que también brillaron los Trogloditas, una de las mejores formaciones de rock que había entonces en España… que pena que ya no estuviese Sabino en ella. Una lástima también que Loquillo, con los años, no haya seguido siendo el revulsivo para el rock nacional que solía ser, y se haya tirado de lleno a esa ola de conservadurismo formal que, para qué vamos a engañarnos, siempre dejó también entrever.

Y hasta el miércoles siguiente, día 6 de junio, en el penúltimo de los conciertos del programa de este año, no hizo acto de presencia Silvio, que seguía sin fallar en ninguna de sus ediciones.

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Silvio y Sacramento – “Marguerita Margueró”

Pero antes que él hubo otros invitados. La noche se abrió con la Sevilla Big Band, una banda dirigida por Pepe “El Saxo”, que aglutinaba a músicos de la banda municipal, profesores del conservatorio, y rockeros sevillanos de amplia trayectoria; dieciséis músicos en total, que tocaban cinco saxos, cuatro trompetas, tres trombones, tuba, guitarra, bajo y batería, entre los que destacaban, además de Pepe, Ángel de Jesús con la trompeta, Manolo Rosa en el bajo y Manuel Marinelli en la batería. Su repertorio se nutría de piezas de Glenn Miller, Duke Ellington… ya os podéis hacer una idea.

Emilia Pinzón Group era la banda siguiente. Se suponía que éste debía ser el concierto de presentación del disco que Emilia tenía que haber grabado en Discos Senador como premio por haber sido la ganadora del Festival de la Canción Femenina; pero la maqueta previa que presentó no cuajó y el disco no llegó a grabarse, con lo que se jodió la presentación de esta noche. Y en realidad no sé siquiera si llegó a existir ese Group de acompañamiento de Emi, que debía estar compuesto por el Pájaro a la guitarra, Ale al bajo, y algunos miembros más, pero esta noche el concierto lo hizo Emilia Pinzón (espectacular sobre la moto) acompañada de algunos de lo músicos de Silvio, cantando el repertorio habitual que le conocíamos, en el que siempre brillaba su versión de “My way”.

Y el posterior concierto de Silvio y Sacramento tampoco fue para recordar. Presentaban su nuevo disco, “En misa y repicando”, que aún no había salido siquiera, y del que Silvio prácticamente no atinaba con ninguna de sus letras. Estaba ya en condiciones bastante malas y esto era el principio del fin de la banda, e incluso de “La Factoría” que lo sustentaba todo. Pive Amador se estaba pasando ya de lleno a la televisión (era el tiempo de “Fanzine”, “Duduá”, en el que también colaboraba yo…) y los músicos de la banda estaban cada uno con sus proyectos paralelos… el disco de Los Flotadore, el grupo del Pájaro y Miguel Ángel Iglesias, salió casi a la vez que el de Silvio… todo iba quedando ya en recuerdos… ¿volvería Silvio también a la Cita del año próximo?

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“¿cual quieres, Silvio…?

Y al día siguiente se acabó todo por este año; el jueves 7 era Canal Sur quien patrocinaba el concierto, y se trajo a dos bandas que estaban en plena campaña de promoción de sus últimos discos: Los Rebeldes, con “En cuerpo y alma” y los Presuntos Implicados, con “Alma de blues”. Pero tampoco esa noche anduve por allí.

Se cerraba una edición en la que, con algunos conciertos que reunieron a bastante público, no se llegó a llenar el Auditorio ni una sola noche, y eso que su aforo tampoco era nada espectacular. Los miembros del grupo popular del Ayuntamiento volvieron a incidir en el fracaso de la Cita y esta vez fueron incluso más allá, con unas declaraciones kafkianas del concejal Jaime Bretón que consideraba que la Cita de este año había sido tan floja porque el Ayuntamiento lo había hecho así deliberadamente, para el año próximo programar algún bombazo que la hiciese subir de calidad y así usarla de forma partidista para ayudarle a ganar las elecciones que se habían convocado durante la celebración de la misma… !!!

Y al margen del relativo éxito o fracaso artístico, en lo que no hay duda es en que económicamente sí que fue un palo para el Ayuntamiento, porque la Cita generó un déficit de 58 millones de pesetas. En su conjunto, organizarla costó más de 145 millones y medio, de los que solamente se recuperaron 41 a través de los distintos taquillajes… una cifra para echarse a llorar.

Este certamen anual cada vez interesaba menos a la gente, y ya solo quedaba darle la puntilla… pero eso ya será una historia que tendrá lugar a partir de “la octava y última vez que nos citamos en Sevilla”.

MÚSICA ORGÁNICA

¿Vosotros sabéis qué es la “música orgánica”…?

Es ésta una etiqueta que se ve muchas veces últimamente asociada a la música electrónica, y en una forma parecida a como nos pasa a nosotros con el jevi y el hard (siento volver a sacar el tema, Lu), nadie parece ponerse de acuerdo exáctamente sobre su significado.

Y saco esto a colación porque este fin de semana vamos a tener aquí en Sevilla conciertos de dos grupos que hacen “música orgánica”.

Luego nos ocuparemos más a fondo de ellos, pero de momento los mencionaremos solo de pasada. El primero de los grupos, el que tocará mañana viernes, es AUFGANG, y tienen una página de MySpace en la que dicen que “su música es profundamente orgánica y se revela a sí misma completamente sobre un escenario, donde puede crear el caos…”

La otra banda, la que toca el sábado, es TO ROCOCO ROT, de la que nuestro amigo Blas Fernández dice en su blog del Diario de Sevilla que están “entre la electrónica y la música orgánica, y fueron uno de los nombres grandes de la era dorada del post-rock europeo, facción sintética…”

Con estos dos ejemplos nos bastará, aunque el término se usa en casi todas las descripciones de la música de estos dos grupos que he leído. Entonces, pues, ¿qué vamos a escuchar los que vayamos a estos dos conciertos? ¿Dónde está lo “orgánico” de su música…?

Según algunas definiciones está en las texturas y paisajes sonoros, creándose sonidos volátiles y etéreos… según otras en los trabajos de ambient y de dub, que crean sonidos burbujeantes, con mucho reverb y texturas que evolucionan… otras dicen que está en el intento de captar la belleza de la naturaleza, y también de hacer que eso influya en el sonido de la música y que la imite…

Como véis todas son definiciones muy volátiles que sirven para convertir esta etiqueta en otro cajón de sastre en el que meter música que nadie sabe con seguridad donde encasillar.

Si queréis saber mi opinión, aunque últimamente está bastante desautorizada tras la polémica del rock duro, os diré que la música orgánica es la que se hace con instrumentos tradicionales y se secuencia por medio de un sampler… así de fácil.

Y eso es lo que hacen las bandas anteriormente citadas… a no ser que ahora entre Vidal y nos diga otra cosa…

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Aufgang – “Barock (remix)”

Pero lo que de verdad espero con todo eso que os he escrito anteriormente es despertaros la curiosidad para que asistáis a los dos conciertos que forman la segunda parte del III Ciclo de Música Electrónica de la Universidad de Sevilla, Electrochock (US) 2010, que se celebran el viernes y el sábado en el CICUS (calle Madre de Dios, número 1, la antigua Escuela de Comercio), y son gratuitos; solo tenéis que recoger una invitación previamente, a partir de las 9 de la noche, y después tomaros una cervecita por algún bar cercano (el sábado incluso podéis echarle mientras un vistazo al Mundial para ver como el niño Torres sigue arrastrándose por esos campos sudafricanos), hasta que entréis a disfrutar de los conciertos, que comienzan a las 10 y media.

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To Rococo Rot – “Horses”

Mañana viernes tenemos en el escenario a Aufgang, una banda con una formación tan poco habitual como la de dos pianos y batería. Son un trío compuesto por un pianista luxemburgués y otro libanés, Francesco Tristano y Rami Khalifé; más un batería francés reconvertido en programador, Aymeric Westrich, que están juntos desde que Francesco conoció a los otros dos hace cinco años en Barcelona, cuando estaba actuando en una galería de arte y Rami se le unió. Después de eso, con cinco noches de ensayo, los tres subían ya como Aufgang a uno de los escenarios del Sonar.

La música de esta banda es la aproximación más cercana que tenemos a lo que podría estar haciendo Bach si hubiese nacido trescientos años más tarde. Aufgang es una de las bandas más innovadoras a la hora de mezclar la música clásica con la electrónica, y nos la presenta con una irrupción al principio, seguida por un desarrollo y un intercambio de motivos rítmicos y líneas melódicas, que tejen una estructura sobre la que van introduciendo nuevas ideas, van creando espacios, densos unas veces y aéreos otras… música experimental, urbana e insólita.

El sábado podremos escuchar a To Rococo Rot (¿os habéis fijado que el nombre es un palíndrome?), otro trío, esta vez alemán, con más años de existencia que los anteriores, (se formó en 1.995, aunque últimamente se han tirado cinco años sin grabar nada nuevo) aunque casualmente también se conocieron y formaron en una galería de arte; y que en lugar de mezclar la electrónica con la música clásica lo hace con el rock, pero con resultados igualmente atractivos.

La formación de este grupo es más “convencional” que la de Aufgang, porque aquí tenemos guitarra, Robert Lippok; bajo, Stefan Schneider; y batería, Ronald Lippok, hermano del primero y uno de los componentes de Tarwater, una de las piedras angulares sobre las que se asentaba el post-rock. Pero no esperes escuchar la habitual música que saldría de una formación así, porque por encima de todo, los tres trabajan con la electrónica y los efectos.

Básicamente, su música se basa en ámplios y suntuosos paisajes apuntalados por las lúgubres líneas de bajo de Stefan, y viene a ser algo así como música electrónica abstracta. Son más accesibles que los del viernes, sobre todo si basan su concierto en el disco que han editado hace poco, “Speculation”, que tiene sonidos más intimistas que los que solían recrear, aunque igualmente mantienen lo intrincado de sus melodías… digamos que ahora son más elegantes que sofisticados.

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To Rococo Rot – “Seele”

INDIESEABLES

Para Lu. Que aguanta estoicamente el petardeo que se traen los rockeros integristas en su blog contra los indies.

Desde hace algún tiempo los INDIES están comenzando a resurgir de nuevo en Sevilla. En realidad no sé si en las demás ciudades españolas y europeas está ocurriendo lo mismo, aunque intuyo que sí. Y valga este post para rendirle un homenaje a la escena indie y, en la medida de mis escasas posibilidades, devolverle un poco del respeto que le tienen perdido los rockeros más integristas, dando de lado el hecho de que de ella han surgido algunos de los mejores discos de pop de todos los tiempos.

Y en realidad… todos éstos que denostan a los indies, ¿saben bien qué son? ¿dónde y cómo surgieron? Es más… ¿se han parado alguna vez a escucharlos sin dejarse influir por sus prejuicios? Al fin y al cabo los indies sacan su inspiración del punk, y están enamorados de la cultura de los ’60. Así que tampoco creo que haya tantas cosas que les separen.

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The Stone Roses – “I wanna be adored”

Nuestra historia comienza en la tarde del martes, 28 de diciembre de 1.976, en los estudios Indigo, en Manchester. Allí hay un grupo, los Buzzcocks, que en apenas cinco horas han grabado y mezclado cuatro canciones.

Un mes después se edita el EP “Spiral scratch” en el sello New Hormones, que pertenece a la propia banda. Ése es el primer disco indie.

“Indie” no es lo mismo que “independiente”. Ya se habían editado muchísimos discos antes en sellos independientes, desde los años ’50 hasta la mitad de los ’70 en que salió éste. “Spiral scratch” no fue ni siquiera el primer disco de la era punk editado por uno de estos sellos independientes, honor que pertenece al “New Rose” de los Damned en Stiff Records. Pero el “Spiral scratch” de los Buzzcocks fue el primer disco en ser auto-editado por sus creadores y en asentar conscientemente una declaración ideológica: el poder de hacer arte pertenece a la gente de la calle.

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Buzzcocks – “Breakdown” (Del “Spiral scratch”)

Hablando tanto en términos de forma musical como de propiedad de los medios de producción, “Spiral scratch” fue un disco revolucionario, sin el que probablemente no hubiesen existido muchos de los que le siguieron… Echo & The Bunnymen, This Mortal Coil, Felt, Joy Division, The Fall, The Smiths, My Bloody Valentine, Primal Scream, Stone Roses… hasta los Artic Monkeys… y aunque los Buzzcocks pronto cedieron a las presiones económicas y ficharon por una multinacional, su cóctel molotov metafórico contra la industria musical sirvió como faro de guía para todos los demás. Acababa de nacer la estética indie. La gente comenzó a experimentar la excitación pura de hacer las cosas por sí mismos.

La escena indie floreció en esta Inglaterra gobernada por Margaret Thatcher y el clima político de confrontación que hubo allí en los últimos años ‘70 y primeros ’80. La Dama de Hierro estaba en guerra contra la sociedad y eran tiempos bastante malos. No es extraño, pues, que la mayoría de los sellos independientes importantes emergieran en sitios donde eran fuertes el Partido Laborista y el sindicalismo organizado… Factory en Manchester, Zoo en Liverpool, Rough Trade y Creation en las partes menos “nobles” de Londres… el estilo retro que aportaban los indies hacía volver al recuerdo de tiempos mejores. En mayo del ’83 el single número 1 en las listas oficiales era “True”, de Spandau Ballet, una banda de chicos a la cara y última moda, tal como “debían ser” las aspiraciones de los jóvenes de clase obrera, el sueño thatcheriano hecho realidad. En el número 1 de las listas independientes estaba “Hand in glove”, el primer single de los Smiths, una banda de Manchester que fue la encargada de dar la salida a los perdedores de todo el mundo.

Sí, puede que nosotros vistiéramos de trapillo… pero teníamos algo que ellos no tenían…

Los dos discos venían de universos diferentes. Y ser indie significaba que tú, instintívamente, sabías a cual de ellos pertenecías.

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The Smiths – “Hand in glove”

Los Smiths también pasaron muy pronto a las listas generales de ventas y disfrutaron de una considerable fama y fortuna, aunque siempre propugnaron un principio clave de los indies, la libertad de fallar. Entre el subsuelo cultural, el ser competente musicalmente era mirado de forma sospechosa, pero el mayor de todos los crímenes era la ambición. Por eso el boom del Britpop marcó la muerte espiritual del indie, porque muchas bandas que estaban en los primeros sellos indies, amenazados ahora de ruina financiera, se aliaron con grandes sellos discográficos con el fin de aspirar a verse en las listas de éxitos. Como en todas las revoluciones, una vez que los indies asumieron las propuestas del régimen al que antes se habían opuesto, perdieron su autoridad moral.

Hoy el fenómeno indie persiste principalmente como una definición genérica de la música que surgió de la fermentación posterior al punk, el sonido sin “las posturitas”. Pero eso no quiere decir que no haya ahora mismo buenos discos indies, ni importantes sellos independientes, que los hay a puñados, sino que en la era del capitalismo global y de internet la independencia ya no es lo que fue en su momento.

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My Bloody Valentine – “You made me realise”

LA SEXTA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Pues llegaba una vez más el momento de organizar la nueva “Cita en Sevilla”, y después de haber rebasado ampliamente el primer trimestre del año 1.989 nuestros ediles estaban tan en desacuerdo unos con otros que todavía ni siquiera habían aprobado los presupuestos municipales de este año. Así que el Área de Cultura tuvo que utilizar los presupuestos prorrogados del año anterior. Por lo tanto no se podía tirar la casa por la ventana.

Menos mal que en el año anterior, aunque como recordaréis muchos perdieron dinero, el importe de los contratos de los distintos artistas iba a correr por cuenta de promotores particulares. Pero claro, las incertidumbres de la taquilla, y mucho más en esa Sevilla nuestra, hizo que éstos estuviesen cortitos a la hora de arriesgar el dinero, y de entrada, antes incluso de la presentación del cartel de este año, ya se habían caído de él las dos máximas estrellas que iban a darle relumbrón: Pink Floyd y Elton John.

Así que el presupuesto para la organización del evento iba a sumar 70 millones de pesetas, de los cuales los “arriesgados” promotores locales solamente iban a aportar 13 para traer gente a actuar… así que ya os podéis imaginar como fue el desfile de conciertos de este año por el Prado. El Ayuntamiento pondría 47, treinta de ellos para gastos de infraestructura y diecisiete más para gastos de producción.

De todas formas debo decir que, como siempre, esto le pareció al Partido Popular un gasto desmesurado, ya que consideraban que la Cita de este año no tenía ni calidad ni altura, y aunque nos pesase reconocerlo, les asistía la razón en eso, porque la programación, más que de una gran urbe como comenzaba a ser Sevilla, parecía la de la Feria de cualquier pueblo o pequeña ciudad de provincias (con todos mis respetos para estas comunidades, eh), y se desarrolló con carácter innovador mínimo y escasa variedad temática.

Pero volviendo al dinero, si sumamos, nos salen solo 60 millones. ¿Y los otros diez…? Pues esos los pondría un patrocinador nuevo que desde este año salía a la luz y del que ya no íbamos a dejar de tener noticias hasta en la sopa. La mayoría de ellas para bien. Y este nuevo mecenas no era otro que la Expo ’92, y estaba dispuesto a hacer un regalito de 10 millones de pesetas para la causa.

Ahora bien, imponía sus condiciones; y éstas eran que todos ellos irían destinados al espectáculo inaugural de la Cita, que tendría que hacerse coincidir con los actos que tenían ya preparados para conmemorar los tres años justos que faltaban para el inicio de la Exposición Universal. Por lo tanto este año hubo que retrasar el inicio de la Cita en Sevilla, y no se inauguró durante la Feria, como los anteriores, sino que esperó hasta el viernes 21 de abril, que era el día siguiente al que se iba a presentar el himno oficial de la Expo, y el anterior al que se presentaría en sociedad a la mascota… ese Curro al que tanto cariño le cogimos. Así que quedaría establecida una sucesión de tres días a mayor gloria de la futura Expo del ’92, que comenzaría el día 20 en el teatro Lope de Vega con la pieza que Manuel Castillo compuso para la muestra universal, terminaría el día 22 en la Plaza de España con un gran espectáculo en el que Curro llegaría a Sevilla, y en medio tendríamos la noche del día 21 en el Auditorio del Prado, en el que todos iríamos a disfrutar de Camarón y Pata Negra.

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Camarón – “Soy gitano”

Aunque decir disfrutar fuese mucho decir, porque en realidad el espectáculo resultó bastante mediocre. Camarón no tuvo una buena noche y Pata Negra se presentaba por primera vez desgajado de su miembro principal.

Nunca había visto antes, ni volví a ver después el Auditorio del Prado más lleno que esta noche… y gitanos… todos los gitanos del mundo estaban allí para reverenciar a Camarón, transidos de una emoción casi religiosa. Más de 10.000 personas que vieron como su héroe no les dijo esta noche absolutamente nada; como sus cantiñas, sus tarantos, sus tientos, sus fandangos, se limitaban solo al apunte, al esbozo; Camarón, acompañado a la guitarra por Tomatito, además de por Carles Benavent, Jesús Bola y Manolo Soler, entre otros, se limitaba a cumplir, viniéndose un poco arriba solamente en el cuplé hecho bulería. Todavía le quedaban tres años de vida, pero quizás ya no podía, y estábamos asistiendo al principio del fin. La fiesta gitana que montó con el grupo que le acompañaba animó más el ambiente. La verdad es que a mí el baile flamenco nunca me ha dicho nada, pero los que entienden de eso decían que Joselito, el hijo de Curro Fernández, marcándose unas bulerías, fue lo mejor de la noche; y que Diego Carrasco también estuvo a gran altura.

Y después salió Pata Negra. Y aunque nos quisieron hacer creer que sin Raimundo aquello iba a ser lo mismo, ya que al fin y al cabo el que cantaba siempre era Rafaelillo, y éste era el que permanecía en el grupo, el mal bajío que había hecho chocar de tan mala manera a los dos hermanos se hizo patente allí de alguna forma para aguar la fiesta. Y no es que a Rafael le acompañasen malos músicos, que allí estaban Juanjo Pizarro a la guitarra, Jesús Arispont al bajo, Antoñito Smash a la batería, y Emilio Fernández a la guitarra flamenca… pero el “duende” se había quedado en casa.

El que hubiese tantísimo público, tan heterogéneo, me hizo recordar la espantá el año pasado de Juana la del Revuelo en el festival del Palacio de Deportes… esta noche nadie se movió del escenario antes de tiempo, pero ni los de arriba, ni muchísimos de los de abajo, estaban motivados, ni fluía la comunicación necesaria entre todos.

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Pata Negra – “Camarón”

Todo lo contrario que ocurrió el domingo 23 en la actuación del guitarrista Lee Ritenour. Era un concierto inicialmente previsto para el teatro Lope de Vega, sede habitual de todos los que como éste también, organizaba la Universidad de Sevilla; pero como Lee venía con una banda de siete músicos, pertrechados de una gran infraestructura para soportar la moderna tecnología que aplicaban a sus sonidos, se prefirió ubicarlo en el Auditorio. La idea no fue ni buena ni mala… tampoco es que nos diésemos cita allí muchos más que los que hubiesen acudido al Lope de Vega, pero seguro que nos entregamos más aquí, donde además podíamos bailar con las trazas brasileñas y los rítmos funkies que Lee aplicó a su jazz-fusion.

Lee Ritenour es un guitarrista muy ecléctico, y aquí lo demostró, alternando sus vertiginosas correrías por el mástil de guitarras diferentes, acústicas y eléctricas, con las ensoñaciones de los rítmos brasileños según los lee la tradición jazzistica del Village neoyorkino. Para ello contaba con la ayuda inestimable de, entre otros, el bajista Anthony Perkins, asiduo de los discos de Quincy Jones y Michael Jackson, con el que establecía contínuas luchas instrumentales que hacían enardecer el ambiente; del teclista Dave Widom y de Phil Perry, un vocalista que brillaba sobre todo cuando entonaba un buen blues.

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Lee Ritenour – Bahia funk”

La del miércoles día 26 fue una noche fallida, porque la actuación anunciada de Alaska tuvo que ser suspendida unos días antes, ya que la cantante aducía unos problemas que hacían que ese día tuviese que estar en Londres. Yo, que soy muy mal pensado, creo que el dejar de lado esta noche sevillana, que iba a ser la primera de su larga gira por España, tiene más que ver con que en la noche anterior (la del martes) y su consiguiente larga madrugada, Alaska iba a ser una de las invitadas VIP del concierto que Village People daban en Madrid… aunque a lo mejor son solo cosas mías.

De todas formas, al confirmarse con antelación que Alaska no iba a poder estar, nuestro Ayuntamiento, con buen criterio, decidió suspender el concierto aunque sí que estuviese disponible para actuar el otro grupo que iba a hacerlo esa noche. Éstos eran Milli Vanilli, pero como por esta época ya se sabía que cantaban en playback, los programadores pensaron que no valía la pena ponerlos a ellos solos si del cartel se caía Alaska. Así que les dijo que podían ahorrarse el viaje, y aquí tuvimos noche de descanso. Lo que no me explico de este caso es que si aquí en Sevilla, unos programadores musicales ya se habían olido que los Vanilli eran un auténtico bluff, y que era mejor pasar de ellos, ¿cómo es que en todo el mundo siguieron siendo un gran éxito, e incluso les llegaron a conceder un Grammy varios meses después…?

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La Unión – “Lobo hombre en París”

El descanso de esa noche lo prorrogué yo también a la noche siguiente, porque el cartel del concierto no me atraía en absoluto. Las estrellas de la noche fueron La Unión, que estaban promocionando su cuarto disco, “Vivir al este del edén”, pero que después de sus más que prometedores inicios con la historia del aquel lobo hombre en París, paulatínamente se habían ido desinflando, para estar actualmente acomodados en la cara fácil del pop, como carne de radiofórmulas y versioneros por el palo del “bacalao” de sus canciones más comerciales.

Si a eso unimos que quien les teloneaba era Un pingüino en mi ascensor, con una música aún más facilona que la de La Unión, la decisión de no asistir no me costó mucho trabajo tomarla. Esto del Pingüino era un proyecto del madrileño José Luis Moro, en plan “yo me lo guiso y yo me lo como”, al que apoyaba Mario Gil, al que antaño yo admiraba cuando estaba en Paraiso y en La Mode. Cierto es que a su favor tenían unas letras cachondas, pero que después de haberlas oído ya varias veces en disco, ir a un concierto a hacer lo mismo hubiese sido como acudir a escuchar chistes que ya te sabías. De todas formas, todos los que amamos la música tenemos que estarles agradecidos porque con el tiempo se convirtieron en uno de los nombres que más se significaron en la lucha contra la incorporación a la música pop de los dichosos gaiteros.

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Un pingüino en mi ascensor – “Espiando a mi vecina”

La siguiente noche, viernes 28 de abril, volvían a subir al escenario los chicos de Albania, que el año pasado telonearon a Duncan Dhu, y este año iban a hacer lo mismo con Al Stewart. Este concierto significó el principio del declive de Albania, con un segundo disco que se quedó en los cajones de todas las tiendas, una compañía discográfica que por pasar de ellos hasta pasaba de darles la carta de libertad, y que para poder tocar en un escenario tuvieron que convertirse en orquesta de fiestas. Un triste final para el primer grupo sevillano que vió su música editada en CD.

El concierto de Al Stewart tampoco fue de los que pasaron a la historia; acompañado por una banda muy bien engrasada fue dejando pinceladas de sus baladas, extraídas sobre todo de su por entonces último disco, “Last days of the century”. Pero ni estas canciones nuevas, ni las que interpretaba de su primera época levantaron el ánimo del personal, que alíi había ido masivamente a escuchar “Year of the cat”. Y fue esta canción, y otras de su mismo disco, las que dieron a la noche la poca emoción que tuvo.

Y eso fue debido sobre a que éstas las conocíamos y podíamos identificarlas sobre las demás, porque no recuerdo haber asistido en mucho tiempo a un concierto más plano que éste. Al Stewart procuraba que todo pareciese espontáneo y sincero (“auténtico”, como comenzaba por entonces a llamarse a aquello), y su banda, tan profesional y robótica como cualquiera, no fallaba una nota; sin embargo todas las canciones sonaban igual, ya fuese una vieja conocida como “On the border”, o estrenos como “Josephine Baker”.

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Al Stewart – “Year of the cat”

Después de aquello hubo un parón de prácticamente una semana, y aunque comenzaba ya a tener “mono” de conciertos debido a ello y a la escasa atracción que ofrecía la programación de este año, el jueves 4 de mayo decidí faltar también a la actuación de Joaquín Sabina, porque era éste ya un artista que hacía algún tiempo que había dejado de interesarme.

Y no fui el único en perder interés por él, porque a pesar de que Sabina llevaba ya tres años sin aparecer por Sevilla, y que un concierto de bastante expectación que tenía que haber dado en el mes de octubre pasado se había cancelado por la lluvia, dejando a la gente con las ganas, la verdad es que en esta noche apenas se reunieron 3.000 personas para verle en directo. Sabina llegó rodeado de buenos músicos, entre los que estaban Pancho Varona, Javier Paxairiño, o el batería Ñete, uno de los nombres más míticos de “la movida”; pero sobre todo de lo que llegó rodeado fue de parafernalia y luminotécnia, como la estrellona que ya era, y que podía permitirse el lujo de dejar a la gente sin piezas codiciadas como “Pongamos que hablo de Madrid” o “Calle melancolía”. Así y todo, los asistentes disfrutaron de sus canciones y le hicieron salir a varios bises. Aunque a punto estuvo la noche de terminar bastante mal cuando uno de los espectadores le lanzó a Sabina una botellona, algo que al cantante le sentó fatal y se encaró con él. Menos mal que la botellona era de plástico y no fue una litrona de la Cruzcampo… y al fin y al cabo el lanzador no dejaba de ser un fan extasiado mostrándole su cariño…

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Joaquón Sabina – “Una de romanos”

Y si la última vez que Sabina estuvo en la Cita en Sevilla, hacía tres años justos, había coincidido en la misma noche con otro concierto de Isabel Pantoja, esta vez casi sucede lo mismo, porque quien actuó en el Auditorio del Prado la noche siguiente a él, fue también ella. Isabel Pantoja tenía dos actuaciones en la Cita de este año, y la primera fue en la noche del viernes 5 de mayo; pero si hace tres años su concierto en el Sánchez Pizjuán significó que éste se abarrotase por completo, hoy estuvo lejísimos de lograr lo mismo; hay que tener en cuenta que allí la entrada era gratis y aquí había que pagar 2.000 pelas; también hay que tener en cuenta que allí estaba aún reciente el morbo de su vuelta tras la muerte de Paquirri, y el “espectáculo” añadido de Paquirrín… en suma, que al concierto de esta noche fue muchísima (pero muchísima) menos gente de la esperada.

No sé si esto fue lo que realmente motivó (recordad que por ahí arriba ya os he dicho que soy muy mal pensado) que el concierto programado para la noche siguiente, el sábado 6, se suspendiese; lo que la organización adujo fue que la fría noche había afectado a la garganta de Isabel, y ésta tenía hoy una afonía que le impedía cantar.

Seguramente, a estas alturas los programadores estarían tirándose de los pelos pensando en que una típica guerra de divas había hecho que Paloma San Basilio se cayese de los carteles de la Cita, porque la fecha que le ofrecían era justamente la siguiente a los conciertos de la Pantoja, y Paloma pensaba que iba a ser demasiado concierto glamouroso seguido para los sevillanos, y la iban a dejar más sola que la una… bien pensado, en vista de lo sucedido, seguramente ella estaría también ahora arrepintiéndose de su decisión.

Pero los conciertos siguieron sucediéndose, y mi interés por ellos seguía por los suelos. El siguiente fue el que patrocinaban “Los 40 Principales”, para para reforzar la doctrina de sus oyentes conversos, mientras escuchaban las canciones de El Norte y Rey Lui, dos jóvenes grupos de pop españoles que, desde que naciesen en los pasados tres o cuatro años, se habían hecho un hueco en las ondas con algunas canciones muy comerciales; aunque en realidad Rey Lui, más que una banda en sí, era como los del Pingüino, el proyecto de un solo músico, Raúl de Góngora. Curiosamente, tras un montón de años inactivos después de separarse a principios de los ’90, las dos bandas continúan ahora en activo de nuevo… o al menos continuaban hasta hace poco…

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Rey Lui – “Quiero ser como tú”

La noche siguiente tampoco estuve en el Auditorio; esa noche el grupo estrella era Danza Invisible, con el que me pasaba algo similar a La Unión, había ido perdiendo interés en ellos a medida que su carrera se iba consolidando y se iban acomodando con trabajos que les iban dando el status de “grupo imprescindible” de la escena musical española. Ya ni siquiera fui a verles cuando estuvieron en la sala “Rrio” unos días antes de navidades, así que aquí también opté por emplear las 800 pesetas de la entrada en alguna otra cosa más reconfortante.

Sus teloneros fueron La Luna les Canta, un trío barcelonés que estaba presentando su primer disco, con canciones llenas de arabescos, intentando seguir la senda de sus paisanos de El Último de la Fila… lo que ocurre es que si éstos últimos con el tiempo pasaron a ser reiterativos en sus planteamientos, los de La Luna ya nacieron siendo así. En directo tenían un sonido muy profesional, fruto de la cantidad de años que llevaban sus miembros como músicos de estudios, pero no fue ésta tampoco una noche en que mucha gente lo apreciase.

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La luna les canta – “Y la luna les canta”

Y como ya era hora de volver a presenciar algún concierto, la noche siguiente me decidí por fin a acudir a la Cita, aunque el espectáculo previsto no fuese de los que más me atraían.

El viernes, día 12, era la dedicada a “Noches de Brasil”, y si bien los artistas previstos inicialmente no me hubiesen hecho asistir a ella (más que nada porque no conocía a ninguno de los que iban a venir: Nara Leao, Roberto Menescal y la Familia Caymmi), el que casi sobre la marcha se cambiase el cartel sustituyendo a todos los previstos por la única presencia de Caetano Veloso me hizo cambiar de opinión.

Y menos mal que hubo este cambio a última hora, porque de haber seguido el cartel como estaba previsto, los artistas hubiesen tocado prácticamente en familia, ya que con la presencia de Veloso, que ya era un artista consagradísimo, no llegamos a reunirnos allí ni siquiera mil espectadores. Y el precio era de los más baratos del ciclo, 400 ó 500 pelas…

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Caetano Veloso – “Tropicália”

Posiblemente ocurra que la gente no asociaba el nombre de Caetano Veloso con algunas canciones que sí les eran muy conocidas, ni su compañía discográfica se moviese demasiado para promocionarlo, porque su último disco por entonces ni siquiera se había editado en España; quizás también el cambio de última hora afectó a la publicidad local, porque si para los demás conciertos Sevilla amanecía llena de carteles anunciadores, de Caetano Veloso no apareció casi ninguno.

Por todo esto seguramente el concierto comenzó frío, pero enseguida todos nos enganchamos a aquellas canciones de tan peculiar psicodelia, herederas del tropicalismo del que él mismo fue uno de los fundadores. Durante un rato del concierto, los cuatro músicos que le acompañaban le dejaron solo con su guitarra, y esos fueron los momentos más intimistas, melancólicos, acariciadores y sensuales de la noche. Su voz sonaba perfecta y llena de matices, y su estilo de cantar era muy llamativo, por lo poco en común que tenía con el de otros brasileños también clásicos. El resultado fue que al final todos tuvieron que volver a alargar los bises, en el que sonaron su emocionante recreación de “Terra”, y algunas canciones en plan “rebujito” en las que mezclaba los más puros sonidos de Bahia con algunos fragmentos sorprendentes entre los que se podían adivinar notas del “Billie Jean” de Michael Jackson o del “Eleanor Rigby” de los Beatles.

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Elena García – “River deep, mountain high”

Y tras un nuevo parón de cinco días, llegó la divertida noche habitual de los últimos años, el “Festival de la Canción Femenina”, que en esta quinta edición presentaba una novedad muy importante, ya que el concurso iba a ser además una muestra, para lo cual se eligieron a las nueve mejores cantantes de las cuatro ediciones anteriores, y éstas fueron las que subieron al escenario.

Se está agotando la cantera femenina musical después de cuatro años de selección, por eso el recital de esta noche será más interesante, porque todas han demostrado ser buenas cantantes. Este V Festival de la Canción Femenina representa lo que es, ha sido y será Sevilla, el crisol, la patria de las mezclas, lo más puro, que es la mezcla feliz (Pive Amador, siempre tan barroco).

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Inma Trujillo – “Rezaré”

Desde luego, en lo que a Pive no le faltaba razón era en lo de la mezcla, porque esta noche se mezclaba el viejo soul de Phil Spector (“River deep, mountain high” de Elena García) y el soul de los beat ingleses de Spencer Davis Group (“I’m a man” de Lourdes Carvajal), con los recuerdos del pop italiano, ya sea el clásico (“Parole” de Antonia de Miguel) o el heredado del rock’n’roll americano y tamizado por la devoción sevillana (“Rezaré” de Inma Trujillo), y con la canción española de Quintero, León, Quiroga y el Maestro Solano (“La zarzamora” de Johana Jimenez y “Tengo miedo” de María del Valle García), pasando por el power pop (“Town called Malice” de Mercedes Rivero), las baladas de hard rock (“Distant thunder” de Emilia Pinzón) o esa (per)versión realizada con la complicidad del Pive por Carmen Feria, aquella niña de doce años (ahora con quince) que nos sorprendió a todos en la segunda edición del festival, de una de las canciones más conocidas de Silvio: “La chamaca de la Nueva España”.

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Carmen Feria – “La chamaca de la Nueva España”

Además de poder cantar de nuevo ante tanta gente, las chicas tuvieron la oportunidad también de grabar un disco, patrocinado por el Área de Cultura del Ayuntamiento, y editado por Cambayá Records, en el que cada una de ellas aportó una canción (que es la que ilustra este texto), acompañada por la flor y nata de los músicos sevillanos, Juanjo y el Pájaro en las guitarras, Antoñito Smash en la batería (excepto en “I’ll go crazy”, que las baquetas las tomó el Pive), Miguelito Suarez al bajo, los saxos de los hermanos Aquiles y Gautama del Campo, las trompetas de Guillermo Fernández, el piano de Jesús Arispont… en realidad no todas ellas cantaron la misma canción en el Festival que en el disco, Lourdes cantó en directo “I’m a man”, pero había grabado el “I’ll go crazy” de James Brown con el que ganó la edición del año anterior.

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Lourdes Carvajal – “I’m a man”

La vencedora absoluta fue Emilia Pinzón, por lo que se embolsó las 200.000 pesetas que había de premio, además de firmar un contrato discográfico. La segunda fue Antonia de Miguel, quedando Lourdes Carvajal en tercer lugar. A ésta última, junto a Emi y a Elenita volvimos a oirlas juntas en este mismo escenario seis días después… pero a eso ya llegaremos.

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Emilia Pinzón – “Distant thunder”

El fin de fiesta volvió a correr a cargo de Baldomero Torre y sus cuchillos afilados, que acababan de editar su segundo disco, “Sin un duro”, endureciendo el sonido rockabilly del anterior, quitándole bastante de la chulería que le caracterizaba y acercándose más al palo de Dogo y los Mercenarios (por cierto, en la última formación del Dogo, el año pasado, el bajista era Luis “Baldomero”). No cuajaron, y ellos pensaban que era sobre todo por culpa de la compañía discográfica.

La técnica de la compañía es “a ver si al burro le suena la flauta”, y les sonó con los Chanclas. Es la ley del porcentaje: graban veinte discos y a alguno le sonará la flauta. Estamos deseando que los Chanclas triunfen, se vayan a Estados Unidos y nos dejen algunas actuaciones.

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Baldomero Torre y sus Cuchillos Afilados – “Volando en un deportivo rojo”

Con ellos volvieron a la Cita los grupos de pop y rock españoles y sevillanos, que coparon las noches siguientes. El viernes 19 abrieron el fuego La Frontera, pero su concierto no se pareció ni de lejos al que les vimos dos años antes en los locales de la Aeronáutica de Triana, cerrando una de las noches del concurso de rock de la Diputación. Seguramente sería porque por entonces aún eran esa banda diferente de rock vaquero que derramaba entusiasmo. Ahora, estaban a contrapié, pisando un terreno que les iba a hacer sacar enseguida su cuarto disco, “Rosa de los vientos”, del que presentaron aquí varias canciones, que les asemejaba en su postura a los ya mencionados antes La Unión y Danza Invisible (también por cierto, invitados éstos a cerrar otra de aquellas noches del concurso de la Dipu). La capacidad creativa de Javier Andreu se estaba desplazando hacia el lado de los clichés de forma alarmante.

Y las estrellas de la noche, Los Ronaldos, tuvieron esa misma actitud pero multiplicada por tres. A estas alturas, esta banda ya era una de las punteras del panorama nacional, pero yo siempre que les ví en directo me parecieron decepcionantes. Si a eso les unimos que habían cogido las costumbres de los grupos que pasan a ser mayoritarios… ya sabéis… ahora a dar palmitas… ahora a ponernos uniformes y previsibles… pues el resultado final es un concierto perfectamente olvidable, como así ocurrió.

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Los Ronaldos – “Adiós papá”

De todos modos, con ellos la gente volvió al Auditorio. Se notaba que había ganas de verlos después de su fallido concierto de fin de año. Pasado el verano del año anterior, Manolo Están, uno de los organizadores de eventos (exitosos y fallidos) más famoso de Sevilla, instaló en el Prado, al lado mismo del Auditorio la “Disco Carpa Cu”, una enorme carpa, capaz de alojar a cuatro mil personas, en la que había una discoteca, con césped artificial, calefacción… y cuando fueron llegando las navidades comenzó a anunciar una macrofiesta de fin de año, en la que por 2.500 pesetas (cuando el precio medio de los cotillones en la ciudad era de 4.000) tendrías fiesta, barra libre de champán (entonces aún no se decía cava) y el concierto de Los Ronaldos y Tam Tam Go, la banda de moda entonces tras la sorpresa masiva de su primer disco. El caso es que los hosteleros sevillanos de siempre vieron en esto una competencia desleal y lesiva para sus intereses, y no pararon de dar el coñazo en el Ayuntamiento hasta que lograron que las autoridades municipales prohibiesen esta fiesta. Esta anulación y las trabas continuas hicieron que Manolo cerrase el macro-chiringuito poco después.

Pero ahora estábamos a sábado, 20 de mayo, y si anoche tocaron por fin Los Ronaldos, hoy lo iba a hacer la otra banda de aquel cotillón, Tam Tam Go, el grupo revelación del año pasado con su elegante pop en inglés, y sus canciones límpidas y bonitas que hicieron que todos sacasen sus mecheritos, menos los que estábamos ya en la barra con las manos ocupadas por los vasos de cerveza, y que después de haber visto a 21 Japonesas, aquello ya no nos decía nada de nada.

La noche comenzó con los sevillanos Círculo Vicioso, ahora ya fuera de la multinacional WEA y con cambios de formación, ya que ahora el bajo lo tenía Pacoco, el de Helio, y la batería Ricardo Pachón, el hijo del manager y mentor de Pata Negra, entre otros grupos. Las canciones se sucedían desde las más conocidas de su primer disco a las nuevas del “Habitaciones vacías” que José María Sagrista editó en su propio sello discográfico de La Jungla. Pero ya no era lo mismo, las canciones habían perdido el sabor y la eterna promesa que era Círculo Vicioso comenzaba a afrontar lo que el propio Sagrista solía decir, en una de sus frases lapidarias: “Aquí acaba la vida y empieza la supervivencia, como decía el jefe indio”.

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21 Japonesas – “Piel tabú”

Lo mejor de la noche fue, sin duda ninguna, la segunda banda en subir al escenario, 21 Japonesas, unos chavales de San Sebastián que calentaron el ambiente desde el principio, haciendo que la gente recuperase las ganas de divertirse y se animara con sus rítmos importados directamente de África, intensos, cálidos y bailables, arropando a unas letras muy inteligentes. Insttrumentalmente eran bastante discretos, pero les sobraba garra para conectar de forma efectiva con la gente. En este concierto estaban además presentando muchas de las canciones de su segundo disco, aún sin publicar, en el que los rítmos latinos se imponían a la magia africana. Con esta música nueva a veces parecían el Sting en su vena más exótica, o el Peter Gabriel más rítmico que reflexivo… pero así y todo no les perdí el cariño cogido con la sorpresa del primer disco.

El martes 23 llegó la ineludible cita de Silvio con el festival. Fue una noche netamente sevillana, en la que los primeros en salir fueron Los Picapiedras, grupo coleguita de los Baldomero (todos provenían del instituto San Isidoro, e incluso compartían al batería) y una de las bandas más simpáticas y optimistas surgidas de Sevilla. Su concierto resultó tan divertido como sus letras, sus melodías se te pegaban al oído enseguida y no te soltaban… y en directo su rock subía muchos enteros con respecto a los singles que tenían publicados.

Los conciertos de Dogo y los Mercenarios nunca defraudaban, y éste menos aún. Con ellos ardió el escenario igual que lo hacía Sevilla desde los surcos de su segundo disco, que ya había dejado huella; así y todo los momentos mágicos fueron los tiros bien dados por una lbanez Steve Vai de “Gloria o muerte” y toda la peña coreando el “Rock and roll caliente”, dos canciones de sus primeros tiempos. A Dogo le he oído decir “siempre hemos dicho que las baladas son rock’n’roll”, y escuchándoles tocar “Solo mi cuerpo” no hay quien lo dude. Estuvieron soberbios.

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Dogo y los Mercenarios – “El polígono Sur”

Y después llegó el turno de Silvio y Sacramento. En uno de los mejores momentos de su carrera, Silvio llevaba un año en el que apenas se bajaba de los escenarios repartidos por casi todos los pueblos de esta parte occidental de Andalucía. El éxito de su “Fantasía occidental”, y de las canciones del single que le precedió hizo que el teléfono de Pive no dejase de sonar pidiendo actuaciones. Y eso también hizo que el rítmo de un disco cada cuatro años se alterase y el nuevo, que estaban presentando ahora, “En misa y repicando”, solo tardase un año en salir después del anterior. Sus facultades iban mermando a ojos vista, sin embargo nunca fue más apreciado ni provocó más delirio en sus admiradores que en esta época dorada. Lástima que le llegase tan tarde; incluso sus músicos de acompañamiento comenzaron poco después a desmarcarse, de ahí el comentario que me puso el Pive en esta foto de abajo, la última en la que aparecieron juntos con Silvio todos los que subieron con él aquella noche al escenario: el propio Pive, Miguelito, Juanjo, el Pájaro y las tres chicas del coro, Lourdes, Emi y Elenita. En la foto también están Manolito Luzbel y Don Curro, eternos amigos de Silvio que, tras dejar constancia de que nunca fallaba en la Cita en Sevilla, dejó el escenario despidiéndose de la gente canturreando aquello de “blaaaaaanca y radiaaaaaaante va la nooooviaaaaaaa…”.

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Silvio y Sacramento – “Tres pasos hacia el cielo”

La noche siguiente subió a este mismo escenario otro de los asiduos de la Cita, otro cantante de los que casi nunca fallaban y que este año nos enteramos de porqué tenía especial interés en venir siempre que podía y darse un baño de multitudes en Sevilla. Aute quería quitarse una espinita que tenía clavada con nosotros desde que hace quince años tenía que dar un concierto en dos funciones en el cine Alkázar. La primera de las funciones la tuvo que suspender porque solo se presentaron catorce espectadores… “anda, hacedme un favor y tomaros algo en el bar mientras va llegando la gente para la segunda sesión…”. Yo no estuve esta noche tampoco, pero en este concierto interpretó casi todas las canciones de su nuevo disco, “Segundos fuera”, con el que intentaba reivindicarse como “auténtico”, en contraposición a todos aquellos antiguos amigos izquierdistas que tanto le estaban defraudando.

Según el programa establecido ya solo hubiese quedado una noche de conciertos, con la que se hubiese cerrado la edición de este año, pero desde hacía un par de semanas, los programadores venían gestando la idea de traernos un artista sorpresa, en un intento de compensarnos un poco por la linealidad y la falta de interés que la Cita estaba teniendo hasta entonces. Aunque con los últimos grupos triunfantes en España que habían venido el interés subió un poco, los del Área de Cultura mantuvieron la idea, y se buscaron a un cantante muy popular, que vendía muchos discos y que iba a traer una nueva dosis de alegría a la Cita. No repararon en esfuerzos para que el día 1 de junio pudiéramos disfrutar de la música de… José Luis Perales. Nada más que añadir.

Y por fin llegó la clausura en la noche del viernes 2 de junio. Unos prácticamente acabados Mermelada abrieron el concierto con su rythm’n’blues que ya solo interesaba a los nostálgicos pre-movida. Pero la mayoría de los presentes estábamos allí por Los Rebeldes, que aunque también convertidos últimamente en éxito de Los 40 Principales, sin embargo, al contrario que la mayoría de los divos sobrevenidos del pop español, Carlos Segarra sabía evitar los momentos más radicales, para fastidio de sus nuevos fans. Que eso de “renovarse o morir” no tiene porqué ser una equivocación siempre. Su nuevo rerpertorio era más pop, pero ellos seguían siendo explosivos desde el principio con “Bailando con el hombre lobo” hasta el bis final con “Mescalina”, y todos bailamos y disfrutamos con su música llena de rockabilly, soul y, sobre todo, fuerza. A la altura de cuando estuvimos dos años antes con ellos en Alcalá de Guadaira grabando su disco en directo.

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Los Rebeldes – “Mescalina”

Y al final, en una Cita tan fallida como ésta, incluso los números le dieron la esplada al Ayuntamiento. Los 47 millones de inversión previstos al principio se habían convertido en más de 52 y medio; y gracias a que pudo recuperar casi seis millones que a duras penas pudo arrancarle a la Junta de Andalucía, tres y medio que nos gastamos los pocos espectadores en las barras, y otros trece más que aportaron entre la Cruzcampo, la Coca-Cola e Hijos de Ybarra, porque si hubiese dependido de su parte correspondiente del taquillaje, el fiasco hubiese sido escandaloso.

Porque es que aunque la inversión en el caché de los artistas por parte de las empresas privadas y la Expo-92 fue de 21 millones y pico de pesetas, el taquillaje total vendido en toda la Cita en Sevilla apenas sobrepasó los once millones y medio. Con eso no hubiesen tenido ni para pagar a los dos cantantes que más cobraron, Joaquín Sabina, seis kilos y medio, y la Pantoja, seis kilos más…

Pérdidas por todos lados, debidas a una programación fracasada que no supo despertar el interés del público. Esta fue la Cita en Sevilla a la que menos espectadores asistieron. Ante unas perspectivas como ésta, es poco explicable como varios locos nos liamos la manta a la cabeza y en noviembre formamos “Producciones Informales” con la finalidad de traer a Sevilla a tocar a bandas de rock extranjeras arriesgando nuestro propio dinerito, sin depender de la ayuda de papá Ayuntamiento.

Eso sí, para el próximo año la Concejalía de Cultura habría de tomar medidas, y la principal de ellas sería mejorar la calidad y variedad de los espectáculos, así como traer a más figuras internacionales… pero eso ya será una historia que tendrá lugar a partir de “la séptima vez que nos citamos en Sevilla”.

EN AQUELLOS TIEMPOS, LA MÚSICA…

En este blog hemos retrocedido en el tiempo muchas veces para contar algunas historias, pero nunca tan atrás como hoy. Lo que os voy a contar en esta entrada sucedió hace 95 años, pero para situarla en su contexto hay que retroceder casi un siglo y medio.

Se me ocurrió hablar de ello cuando en el post anterior, nuestro amigo Ambrosio nos metió en los comentarios el video de Pata Negra haciendo playback en Ibiza, y yo os recordé más cosas de los conciertos con música pregrabada del programa de televisión en el que colaboré… ¿Cuándo fue la primera vez que a alguien se le ocurrió que las máquinas podían reproducir fielmente la música y las canciones como si estuviesen en vivo?

Todo comenzó el día que Thomas Alva Edison, en su laboratorio de New Jersey, se puso a cantar “Mary tenía un corderito” a través de un rudimentario micrófono. El sonido fue grabado en un papel encerado y quedó ahí registrado, haciendo de Edison el primer ser humano en grabar un sonido y luego reproducirlo.

Unos meses después él mismo descubrió el primer fonógrafo, el cual usó para grabar una nueva versión de la misma canción (se ve que en su cerebro no había sitio para aprenderse más canciones), esta vez sobre papel de estaño.

Y una tarde de un viernes, treinta y ocho años después de eso, otro fonógrafo de Edison convenció a varios cientos de personas en la cercana ciudad de Montclair de que una grabación podía sonar igual que la vida misma.

El concierto fue por estricta invitación. Todo el que estaba allí era porque alguien de Phonograph Sales Company, el proveedor local de los productos de audio de Edison y sponsor del evento, pensaba que era uno de los miembros más distinguidos de la comunidad. Se contrató a varios intérpretes: la contralto Christine Miller, el violinista Arthur Walsh y el flautista Harold Lyman. Pero cuando la gente comenzó a llenar la sala del Montclair Club, el 17 de septiembre de 1.915, la verdadera estrella del espectáculo estaba ya en el escenario, justo en el centro, frente a todo el mundo… Un fonógrafo Edison Diamond Disc sobre un precioso mueble de madera.

El fonógrafo Diamond Disc no era una “máquina parlante” cualquiera, un término, además, que a Edison le parecía un insulto a lo que él consideraba nada menos que como un instrumento musical. Él y su equipo de investigación cuidadosamente seleccionado habían pasado años desarrollándolo, realizando cientos de pruebas y haciendo incontables ajustes para conseguir una máquina que sonase de forma perfecta. Incluso habían inventado ellos mismos un nuevo tipo de resina para los discos.

El fonógrafo Diamond Disc era perfecto porque “desaparecía” cada vez que lo ponías en marcha. La máquina era un medio neutro: lo escuchaba todo, y no añadía ni sustraía nada, emitiendo una música tan pura que Edison confiaba en que podía resistir el más difícil desafío.

El concierto de esa noche se anunció como una “prueba de tono”.

Verdi E. B. Fuller, el jefe de la división fonográfica de la compañía de Edison salió al escenario:

-Señoras y caballeros -dijo-, el mero hecho de la reproducción del sonido hace ya tiempo que no es ninguna novedad. Pero últimamente ha sido desarrollado por el señor Edison un nuevo arte de grabación y recreación de todas las formas de sonido. Ustedes han sido invitados a escuchar este nuevo instrumento de recreación de sonidos, en el que el nuevo arte del señor Edison ha quedado plasmado.

En las invitaciones ya se mencionaba algo de aquello, una especie de comparación entre la voz en vivo y su facsímil reproducida. Fuller le dijo a la audiencia que la máquina de Edison podía “oír” con la misma sensibilidad que el oído humano, y que por eso podía reproducir un sonido que era indistinguible del original.

-Vamos a demostrarles que el tono característico de cada instrumento musical puede ser fielmente recreado -añadió en su discurso-, y la reproducción de la voz humana es igualmente fiel.

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Christine Miller – “O rest in the Lord”

Fuller invitó a pasar a Christine Miller al escenario y puso en el fonógrafo un disco de ella cantando “O rest in the Lord”, un aria del “Elijah” de Mendelssohn. El disco comenzó a dar vueltas y Christine lo dejó sonar unos momentos. Luego comenzó a cantar a la vez que él… y después se paró. Hubo exclamaciones de sorpresa entre la audiencia. Era extraño lo cercanamente que la voz grabada de Christine reflejaba los sonidos que salían de ella misma en el escenario. El disco continuaba sonando con Christine parándolo y volviéndolo a poner en marcha, como un DJ. La audiencia aplaudía cada vez que ella dejaba de mover sus labios y hacía que el disco cantase por ella. Después hizo lo mismo con otra grabación de ella misma cantando el “Abide with me” de Liddle.

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Christine Miller – “Abide with me”

Luego se tomó un descanso y Fuller presentó a Arthur Walsh, que hizo un solo de violín sobre una grabación del “Ave María”. Después llegó el turno de Harold Lyman, y tras él Christine Miller volvió a cantar “Ah! Mon fils” y algunas canciones folklóricas escocesas, acompañada por los dos instrumentistas. Y luego llegó el momento del número final. Fuller puso una grabación de Christine cantando “The olds folks at home”, de Foster. Su voz salía al aire fuerte y potente desde el altavoz del fonógrafo…

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Christine Miller – “The olds folks at home”

Way down upon the Swanee River
Far, far, away
That’s where my heart is yearning ever
Home where the old folks stay…

La Christine del escenario comenzó a cantar junto con la Christine de la máquina. Cuando la Christine mecánica cantaba, la Christine de carne y hueso la seguía y dejaba de hacerlo a intervalos… los espectadores estiraban el cuello todo lo que podían para ver cuando sus labios dejaban de moverse. Ésa era la única forma que tenían de saber si ella estaba cantando o no. Cuando la canción ya llevaba más de la mitad, en un momento en que las dos Christine estaban cantando, la audiencia recibió una sorpresa final. Se apagaron todas las luces de la sala.

El público permanecía ahora sumido en una total oscuridad mientras la música continuaba. Solo podían guiarse por sus oídos, y sus oídos les engañaban.

Las luces volvieron a encenderse, y allí estaba Christine Miller, con sus labios congelados en una amplia sonrisa… ¿Cuándo había dejado de cantar…?

Todo el público estalló en una enorme ovación y gritos de elogio.

…que todavía hoy perduran en todas las salas de concierto donde se usa playback y música pregrabada.