Atrapado por el blues de Memphis
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LA TERCERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Para Maese Rancio, que también anduvo por allí.

La tercera edición de “Cita en Sevilla” fue la más corta de las celebradas hasta ahora, y el motivo para que eso ocurriese era importantísimo: tenía que estar terminada antes de finales de mayo, y esta vez no se podía contar con el mes de junio para ningún concierto… porque en esas fechas se celebraba el Mundial de Fútbol de México ’86.

El otro aspecto importante que iba a distinguir a esta edición era que el Ayuntamiento salió escaldado de la poca participación que tuvo en la Cita anterior la gente de Sevilla, a excepción hecha de la juventud, y por eso ésta se iba a dedicar por completo a los jóvenes. Así que por el Solar de la Maestranza no pasaron tonadilleras, ni cantaores de flamenco, ni cómicos, ni grupos de sevillanas… solamente grupos de rock y pop españoles y extranjeros, junto a cantantes sobre los que ya se sabía que la apuesta era segura, y que también tenían buen predicamento entre los jóvenes; cantantes como Ana Belén y Victor Manuel, Serrat y Carlos Cano.

Durante los preparativos de la Cita, algunos de los nombres que se iban filtrando eran absolutamente ilusionantes. Se habían puesto a tiro artistas que jamás soñaríamos con que pudiesen tocar en Sevilla. Pero los tres más fantásticos de todos ellos se cayeron del cartel antes de empezar. El día de la presentación, cuando nos leyeron el programa de la Cita, casi nos echamos a llorar al descubrir que entre los nombres no estaban ni Ray Charles, ni Bruce Springsteen, ni los Cramps… pero es que tampoco estaban los Kinks!

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“Jingle de la Cita de 1.986″ (Martirio)

Sí, la Cita en Sevilla de este año comenzó con muy mal pie, y no solo en lo que respecta a las expectativas, sino también porque el grupo popular del Ayuntamiento se volvió a cebar con la organización. Esta vez sus puntos de queja eran tres principalmente. El primero, la suscripción de un contrato de organización con la promotora Bética de Ideas, para que ellos gestionasen toda la Cita a cambio de unos estipendios mínimos que había que pagarles. Y la verdad es que esta vez, y sin que sirva de precedente, los populares tenían razón, porque la Bética no gestionó de la forma más profesional posible, y para lo que hizo ya se podían haber bastado los miembros de la Consejería de Cultura, a los que además ya les pagaban para eso. Otra de las acusaciones era que hubo un recorte presupuestario debido a que el Partido Socialista había gastado más de la cuenta en la campaña electoral para volver a quedarse con el gobierno de la ciudad, y ese dinero de menos empleado en la Cita iba a implicar un gran descenso en la calidad. Aquí la razón creo que habría que repartirla a partes iguales, ya que aunque ésta fue la Cita en la que más dinero gastó el Ayuntamiento, es cierto que contó con ayudas, y es cierto también que, aunque el recorte no fuese tan grave como decían los populares, sí que los problemas de solvencia fueron los principales culpables de que se cayesen del cartel los nombres anteriormente citados. Y la tercera de las quejas, totalmente infundada en vista de lo ocurrido el año anterior era que estaban “en contra de su dedicación exclusiva al público joven. Entendemos que la cultura es patrimonio de todos y es anticonstitucional no entender que, al igual que todos los ciudadanos tienen obligación de pagar sus impuestos, también tienen derecho a recibir a cambio prestaciones”. Demagógico, ¿no?.

Asímismo, y haciendo honor a esa doble forma que tienen los populares de ver algunas cosas, a la vez de que se quejaban de cómo se derrochaba el dinero municipal, se quejaban también de que se hubiese contratado a una empresa privada que por carecer de margen para obtener beneficios, no podría traer a primeras figuras a causa de su excesivo coste, por lo que el Ayuntamiento debería invertir más dinero en traer a gente de primera fila ya que la Cita era su única actividad cultural… espera, no te rías todavía, que aún te queda por saber lo que la señora que decía esto, la concejal Dolores Menéndez, entendía por gente de primera fila:

No vendrán Pawlowski, la Orquesta Filarmónica Eslovaca, John Menville, ni tampoco los Payasos de la Tele. La ausencia de estos últimos me parece coherente porque con los que hay aquí ya tenemos bastantes.

Y esta señora se permitió llamar inútiles e ineficaces a los organizadores, tanto a los del área de cultura como a los de la empresa Bética de Ideas. Otro de los concejales populares, José Luis Montoya, parecía tener un poco más claros los conceptos sobre cualificación artística para estar presente en la Cita. Así que después de echar convenientemente en cara a la Concejalía de Cultura que pagasen un diez por ciento de presupuesto a otra empresa para que hiciese lo que estaban obligados a hacer ellos mismos, analizó la programación con tal profundidad que me voy a callar yo y voy a dejar que sepas lo que nos esperaba por boca de él:

Los Kinks, que estaban anunciados en un principio como probables, y que son de auténtica talla, no vienen ante el argumento de que son muy caros. Sí vienen, sin embargo, Rosendo, que no es nada del otro mundo; los Ilegales, que son bastante corrientitos y que aunque en tiempos tuvieron cierta altura, sobre todo cuando grabaron “Revuelta juvenil en Mongolia”, ahora se han convertido en un grupo perfectamente calificable como vulgarote. De igual modo Semen-Up es muy flojito, con un rock erótico más de verbena de pueblo que de una “Cita” de importancia. Los Elegantes son un grupito de última hora que no aporta absolutamente nada a la historia de la música por su vulgaridad. Olé Olé es un grupo que realiza una música que sirve más para escucharla tomando una copa en una discoteca que para llevar público. Séptimo Sello es también muy flojito, pues no acaba de cuajar. Hombres G es un grupo comercial que produce más pena que gloria. Peor Impossible tampoco puede ser considerado un buen conjunto. Son simpáticos, pero nada más. Por último, Chick Corea, que es bueno, trae una banda que no le permitirá repetir los conciertos que ha dado en Bilbao o Vitoria, por lo que decepcionará a sus seguidores.

Ya ves, que aunque faltando bastante al respeto a muchos de los artistas, la verdad es que algunas de sus consideraciones son para estar de acuerdo con ellas. Al final sí vinieron los Kinks, y a este flojo elenco repasado por el concejal habría que unir los nombres que se dejó fuera, por lo que imagino que no tendría nada que objetar sobre ellos: Sade, Jimmy Cliff, James Brown, El Último de la Fila, Sabina, y los Serrat, Carlos Cano y Victor y Ana mencionados anteriormente, así como nuestro intocable Silvio… que hasta ahí podía llegar la broma.

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Silvio – “California”
En 1.986 esta canción aún se llamaba así porque era la única palabra que Silvio recordaba de toda la letra.

Como el año anterior la prueba que se hizo para ver si funcionaba un concierto organizado en plena feria había sido superada con éxito, este año se decidió repetir la experiencia, y la Cita en Sevilla se abrió el miércoles de feria, día 16 de abril, con un concierto de Sade, que por entonces (al igual que ocurre ahora mismo, tantos años después, con un disco que acaba de editar, que casi ha sido récord de ventas) gozaba de gran prestigio internacional, sobre todo debido a las canciones “Smooth operator” y “The sweetest taboo”, incluídas en sus dos recientes primeros discos, y era una de las cantantes de mayor seguimiento, con unas baladas que la habían convertido en la más exótica de las princesas del pop-jazz.

Y eso se notó en la afluencia de público. Esta vez el concierto no fue gratis, como el de la Mondragón el pasado año; había que pagar 500 pesetas por la entrada, pero aún así se agotaron todas las que se pusieron a la venta. El problema fue que él éxito de público no estuvo asociado al éxito organizativo. La noche del concierto se juntaron en la puerta de entrada los 7.000 espectadores que venían con su entrada ya comprada, con unos 2.000 más que llegaron con la esperanza de comprarla allí mismo, en la taquilla. Esperanza que se vio defraudada, porque ya no se iban a vender más después de que la última se despachase sobre las ocho de la tarde.

El maremágnum de la entrada aún se vio mucho más agravado porque los organizadores solamente habilitaron una pequeña puerta para acceder al interior, por la que solo pasaban dos personas cada vez, con lo cual la espera para entrar se hizo eterna. La aglomeración que se produjo en el Paseo Colón estuvo a puntito de crear un altercado de orden público porque la actuación dio comienzo con solo media hora de retraso después de las diez de la noche, y todavía quedaba muchísima gente fuera, que cada vez veía más difícil la forma de entrar. Era tremendo ver a tantos cientos de personas, brazos en alto, enarbolando su entrada para dejar claro que ellos ya la tenían, y vociferando contra la organización y contra los munícipes. Tan malamente se pusieron las cosas allí fuera que los organizadores se asustaron del todo y lo que hicieron fue CERRAR LA PUERTA. La gente, claro, intentó echarla abajo y entrar por la fuerza, por lo que la policía tuvo que hacer un amago de carga que no llegó a efectuar por no empeorar el cariz de la situación.

La puerta volvió a abrirse y además se habilitó para entrar una de las salidas de emergencia, con lo que por fin terminaron por entrar todos los que no habían huído ya despavoridos. Y total, ¿para qué? Para presenciar uno de los conciertos más sosos y aburridos en los que he tenido la desgracia de estar.

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Sade – “Smooth operator”

El sonido era un caos. De momento imaginaos el griterío de fuera, unido a los claxons de cientos de coches que, si ya en condiciones normales transitaban penosamente por allí camino de la feria en un altísimo número, ahora se encontraban sumidos en un inmenso atasco… y ahora sumadle a eso un sonido bajísimo, que llegaba poco más allá de las cinco o seis primeras filas. No es extraño que la gente de más atrás estuviese mucho más entretenida pendiente de los líos de la puerta que de Sade y sus gran banda de ocho músicos y un corista. Que además, aunque nos estaba ofreciendo su mejor set de canciones, éstas eran para disfrutarlas tranquilamente en algún lugar más íntimo que este solar.

La noche hubiese merecido mucho más. Entre otras cosas porque esta morenita que apenas había dejado de ser veinteañera hacía poco, por alguna razón que desconozco, se había enamorado perdidamente de Sevilla en algún momento de su vida y fue ella misma quien eligió terminar aquí su gira española de seis ciudades. Vino buscando el abrazo de los sevillanos, y lo que se llevó fueron muchos achuchones de nuestras típicas y tópicas bullas.

La verdad es que no sé que fue más risible, si el numerito que se montaron al final del concierto un par de miembros del staff de Sade, descolgándose con cuerdas desde lo alto de la tramoya, vestidos con trajes de flamenca, o las declaraciones posteriores del jefe del Gabinete de Información del Ayuntamiento, diciendo que “la culpa de todo el follón es del público sevillano, que no está preparado para asistir a conciertos de rock, y por tanto no sabe que se debe acudir con un par de horas de antelación”. Por cierto, y por si os lo estáis preguntando, yo logré entrar cuando Sade llevaba ya cuatro o cinco canciones interpretadas.

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Sade – “The sweetest taboo”

Y tras este accidentado prólogo, una vez que iba muriendo el mes de abril, se fueron sucediendo hasta finales de mayo las catorce actuaciones más que tuvieron lugar en el solar, a razón de una cada dos o tres días, o incluso muchas de ellas en días seguidos. Los amantes de la música tuvimos un mes de lo más ocupado.

El maratón musical lo comenzó Jimmy Cliff, quien a pesar de haber tenido no hacía mucho una canción de bastante éxito, como “Reggae nights”, de haber participado en el disco que los Stones editaron ese mismo año, “Dirty work”, y de ser una de las principales figuras del reggae, solo consiguió animar a 584 personas para que se comprasen alguna de las 7.000 entradas que se pusieron a la venta. Aunque en honor a la verdad hay que decir que también influyó bastante el mal estado del tiempo aquel día. Los que nos reunimos en el solar, aún estando en familia, estábamos más pendientes de resguardarnos del agua que estaba cayendo que de la música que se nos ofrecía sobre el escenario. Que tampoco fue nada del otro mundo, en realidad.

Al principio salió solamente Jimmy, enfundado en una manta, para sentarse en el suelo con unos bongos y cantarnos el insípido “Rivers of Babylon” que popularizaron los Boney M. Lo único que consiguió es que los espectadores más cachondos se uniesen en el grito de “más aguaaa pa ese negroooooo”. Pero la lluvia no le echó, más aún, salió el resto de la banda y la cosa se animó mucho más con su clásico “You can get it if you really want”… pero lo que realmente queríamos todos era dejar de mojarnos lo antes posible, por lo que no aguantamos demasiado allí dentro.

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Ilegales – “Yo soy quien espía los juegos de los niños”

Para los Ilegales y Rosendo sí que se animó la peña mucho más… hasta Maese Rancio anduvo por allí aquel viernes 9 de mayo… porque los heavies querían ver a su totem hispano y los oyentes de la radio-fórmula acudían en manada a todo lo que fuese un concierto “recomendado por la cadena SER”, y el de los Ilegales (aunque te cueste creerlo) lo era. Y la verdad es que los Ilegales estaban ya lejos de ser aquel grupo que hacía loas a putas, macarras y borrachos de forma creíble y su concierto estuvo plagado de topicazos musicales para gente de bien, que alucinaba con sus demostraciones de barbarismo y de eficacia instrumental, que eso sí que nunca se les pudo negar… yo me pregunto cuantos de aquellos pijillos oyentes de los 40 Principales reconocería la versión que hicieron del “God save the queen”.

Lo de Rosendo sí que fue un espectáculo para vivir y transpirar con él. Con la mirada más lúcida que nunca, a pesar de tener el cuerpo repleto de la inevitable cerveza, Rosendo dio un paso más en su intento de rodear su música macarra con una técnica precisa que le daba un encanto sibilino, muy lejos del que podía alcanzar la música del resto de los aporreadores metálicos patrios… y muchísimos de los del extranjero. Las canciones de Rosendo las cantaban todos los asistentes con la voz y el alma, mientras él las iba desgranando entre la sutileza en el manejo del entorno y la ferocidad de sus riffs con la guitarra.

Recuerdo que la gente iba más por Rosendo, que presentaba su primer disco en solitario, “Loco por incordiar”, y que interpretó casi en su totalidad, mientras que apenas tocó uno o dos temas de Leño, cosa que nos resultó un poco insuficiente a los que esperábamos más repertorio de su antigua banda.

¿Ilegales?… lo que más recuerdo del concierto es un solo que se marco el amigo Jorge Martínez con una botella de J&B a la que pegaba unos buenos lingotazos mientras aporreaba las cuerdas. (Maese Rancio)

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Rosendo – “Loco por incordiar”

El siguiente concierto también fue doble, y también desigual, como el anterior. Por una parte El Último de la Fila estaba presentando prácticamente su segundo disco, y el recital cálido y casi intimista que nos ofrecieron se apuntaló sobre todo en las nuevas canciones, sin que faltasen las mejores de su primer disco ni bastantes guiños al repertorio antiguo de los Burros y los Rápidos, bastante más elementales que las de esta nueva etapa, pero al igual que ellas con una sencillez que se convertía en vehemencia cuando la banda las entonaba. Fue un concierto fino, de escuela clásica, en el que aparecieron todas las virtudes de El Último de la Fila… y también se asomaron sus ocasionales errores, como esa tendencia a sinfonizar las canciones demasiado y darles un puntito tremendista y épico que no les hace ningún bien. Quimi y Marc disfrutaron con sus coreografías simplistas, pero graciosas, y Manolo derrochó flexibilidad para adaptarse perfectamente a las pautas musicales de algo tan sentido como “Querida Milagros”, y a las de un baño de multitudes como “Insurrección”. La sonrisa que teníamos todos los presentes demostraba que habíamos disfrutado. Fue una buena noche para terminar de celebrar mi 29 cumpleaños.

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El Último de la Fila – “Insurrección”
En directo. 1.986

Sus compañeros de cartel fueron Semen-Up, que aunque viniesen aquí con la aureola de ser el grupo revelación del año, su música era más escuchada por la novedad de ser aquello que se llamó porno-pop, y tener una canción que describía una mamada sin cortarse un pelo, que por sus valores musicales. La verdad es que fueron un grupo bastante censurado en la tele, aunque no en la radio, lo que hizo que su desinhibición y sus letras explícitas y sensuales llegasen a gran cantidad de público; pero la curiosidad por ver a Alberto Comesaña representando en directo aquello de “Lo estás haciendo muy bien” no llegaba más allá de eso, de curiosidad.

Y entonces, el lunes 12 de mayo, llegó el inesperado momento cumbre de la Cita. Esa noche tuvimos en directo un trozo de la mejor historia del pop. Esa noche asistimos a un concierto de los Kinks.

Aunque su actuación estaba prevista en un principio, se descolgó del cartel, como os dije antes, por problemas presupuestarios, puesto que pedían 17 millones de pelas por tocar aquí (a lo mejor convendría decir también que por su tocata en Madrid de dos días antes cobraron más de veinte). Después de eso se estableció un largo proceso negociador que terminó precisamente la vispera de ese concierto de Madrid, cuando la banda ya había comenzado su gira española, porque los Kinks aceptaron venir a tocar a cambio de la taquilla completa más un fijo de cinco millones, que aportó a fondo perdido el Instituto Municipal de la Juventud. Así se cubriría más o menos su caché inicial, porque se pondrían a la venta 10.000 entradas, al precio de mil pesetas, lo que hacía un total de diez millones, que llegaría hasta quince con el fijo que percibían. El problema fue que solo se vendieron 2.300 entradas…

Las previsiones se fueron a hacer puñetas y el solar de la Maestranza registró una entrada que, contando a los que por una u otra razón entraban gratis, no llegó ni a un tercio de su aforo. Un enorme descalabro económico para los organizadores (que se volcaron con la seguridad y las comodidades para que no ocurriese como la noche de Sade), los Kinks (que viajaban con un gran séquito de personas, entre las que incluso había un cocinero propio) y sus representantes. Aún así, la banda dio un concierto maravilloso que, como decían los del ABC, mereció un llenazo.

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The Kinks – “You really got me”

De todas formas, ese recorte del ABC es bastante sesgado y tergiversa la realidad, porque no dice que el concierto de Madrid, que a tanta gente reunió, era gratis. Y tampoco dice que en el concierto anterior a ése, el que dieron en el Palacio de los Deportes de Barcelona, se reunieron la misma gente que en Sevilla, o incluso menos; aunque también es cierto que allí la entrada costaba el doble que aquí, 2.000 pelas.

Porque si bien los Kinks eran una leyenda para muchos, en el año 1.986 ya eran una banda de esa otra generación que se había terminado con el punk; incluso ellos mismos ya eran otra cosa que solo mantenía de sus inicios a los hermanos Ray y Dave Davies, los otros miembros de la banda que estuvieron aquí eran el teclista Ian Gibbons, el bajista Jim Rodford y el batería Bob Henrit. Pero cuando Ray entonó el “You really got me” haciéndonoslo corear a todos, nada de eso importó; lo importante era reverenciar el desgarro vocal de Ray para darnos durante casi dos horas canciones a medios tiempos, riffs duros, sensaciones clarísimas y también ambiguas… hasta tres veces amagó con tocar “Lola” para cambiar a “Sunny afternoon”, “Dead end street”, “Come dancing”, “Word of mouth”, o cualquiera otra de las que desgranó aquella noche; y cuando por fin, después de arrancar otra vez siguió ya con ella, todos supimos que nos encontrábamos ante el espectáculo musical con el que siempre habíamos soñado… lo lo lo lo lo lo loooooola… y después, mientras la gente se desgañitaba gritándole aquello tan de moda por entonces de “torero, torero”, Ray me dio mi regalo.

Yo estaba en primera fila con mi amigo Pepe Conciertos, ése del que a veces os he hablado, y del que nunca supe su apellido a pesar de ir juntos a tantas tocatas. Y cuando Ray lanzó al aire la púa de su guitarra llegó directamente hasta mi mano. La dirigí hacia ella y cerré el puño… justo para sentir como otra docena de puños más se aferraban sobre el mío, mi muñeca, y casi todo el brazo. Así estuvimos inmóviles algunos segundos, mientras pensaba qué hacer… porque la púa había rebotado y no la pude pillar… cayó al suelo, pero eso los demás no lo sabían. Miré hacia abajo, la divisé y le coloqué el pie encima; en ese momento abrí mi puño dejando ver que estaba vacío y en las siguientes décimas de segundo un tropel de espectadores que me rodeaban se fueron al suelo a buscarla. Ni que decir tiene que no la encontraron, estaba a buen recaudo; cuando se aburrieron de buscar, la cosa se calmó, y siguió el concierto, yo me agaché disimuladamente para recojerla de debajo de mi pie. Después quisieron comprármela algunos (hasta 700 pelas me daban por ella, y eso que era una mierda de púa de plástico gris), pero todavía está en algún cajón de la casa de mis padres, a donde fue a parar cuando la sra. Carrascus y yo nos mudamos a Huelva por tres años.

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The Kinks – “Lola”

El rock en su estado más clásico era lo que nos aguardaba en la actuación siguiente, la de Silvio, que ese año era un concierto más de los de Barra Libre, porque aún no se había hecho la transición al Silvio semanasantero y “bético”, que tendría lugar en el ’87. Así que sin recordar nada especial de él, debido como el año anterior a que estuve en varios suyos, éste sería simplemente un buen concierto. Porque Silvio nunca falló en sus noches de Cita en Sevilla.

En el siguiente concierto no estuve. Ni prácticamente nadie más, porque apenas se vendieron quinientas entradas. Esa era la noche en que se presentaban Olé Olé con una de las primeras actuaciones en las que su cantante era ya Marta Sánchez, tras haber sustituido a Vicky Larraz. Pero su música nunca me invitó a escucharles. Sí en cambio me hubiese gustado más oír a Los Eelegantes, que les servían de teloneros y era uno de los pocos grupos nacionales que todavía conservaban el espíritu de las bandas de rock callejeras. Pero alguna noche había que faltar…

…y no iba a ser la siguiente, claro está. Era imposible no rendir visita al solar el día que venía el viejo tramposo enardecedor de masas.

Allí, ante el escenario vimos como comenzaban a salir negros y más negros, todos ellos aplaudidos por un público que no tenía demasiado claro si ése que estaba saliendo ahora era el que todos esperaban. Pero ninguno lo era, ni siquiera ese saxofonista medio loco, Maceo Parker, que capitaneaba a la docena de musicos (allí estaban Fred Wesley, Saint Clair Pickney…) que habían invadido ya el escenario tocando frenéticamente canción tras canción, y todas nos sonaban. Y tampoco era el negro que esperábamos ese maestro de ceremonias, loco del todo, que solo sabía dar gritos pelados de “Who’s the kiiiiiing!!!” (¿Quién es el rey?). Ni, obviamente, la negrita que cantaba muy, pero que muy bien… el espectáculo real no comenzó hasta casi pasados veinte minutos, en que apoyado en el hombro de Maceo, apareció por el fondo del escenario el que todos reconocimos como la verdadera estrella, el rey que tanto nos anunciaba el otro… James Brown.

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James Brown – “Gonna have a funky good time”

“Gonna have a funky good time” (“vamos a tener mu buen rollito funky”) para empezar; y desde ahí todas sus canciones conocidas, alargándolas hasta cansarnos de bailar, igual que hacía él mismo mientras las interpretaba… “Try me”, “It’s a man’s man’s man’s world”, “Papa’s got a brand new bag”, “Please, please, please” a toda velocidad, mientras le rendían tributo otorgándole la capa de armiño de los reyes… y “I feel good”, “Too funky in here”… y el eufórico “Sex Machine” que todos nos sabíamos y todos coreábamos en inglés macarrónico… guirappppa… más de dos horas de un dinamismo inimitable, de una voz fuera de serie, de una inmensa presencia que todo lo dirigía a su antojo, cuando no se sentaba él mismo al teclado o a la batería. Fuerza y sabiduría para dominar el escenario; puro nervio. Y nosotros, a sudar.

Una preciosa chavalita bailaba sin parar delante de mí y mi amigo Pepe, haciéndonos fijar nuestra vista en ella más veces incluso que en el Soulfather. En un momento determinado, la chica, tras un saltito, aterrizó con su tacón directamente sobre mi pié. Al volverse y ver mi expresión de grito reprimido, supongo que para hacerse perdonar, me echó los brazos al cuello y me dió un pequeño beso en los labios. Así, sin decir ni una palabra siquiera; tampoco eran necesarias.

…ni que decir tiene que me pasé el resto del concierto intentando meter de nuevo mi pié debajo de los suyos.

La ví de nuevo esa misma noche, aunque solo intercambiamos un ligero saludo cómplice, en un bar nocturno que había entre los jardines del río, por su orilla trianera, allá por la antigua Chapina, a donde fuimos a parar también muchas noches tras los conciertos, y del que no logro recordar el nombre… ¿lo podríais hacer alguno por mí?

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“Sex Machine”

A Victor Manuel y Ana Belén esta vez me los salté. De todas formas supongo que su concierto no diferiría demasiado del que dieron en la primera Cita hacía dos años, justo los que se pasaron sin pisar un escenario juntos precisamente hasta ahora, ya que éste era su segundo concierto desde su nueva reunión, por lo que tampoco estarían muy engrasados que digamos. Presentaban su disco “Para la ternura siempre hay tiempo”, ése que era doble, pero con uno de ellos cantando en cada disco, por lo que también podía comprarse por separado. Esta noche la gente no siguió mi ejemplo, y el solar registró un llenazo absoluto para corear con ellos “La Puerta de Alcalá”.

El que tenía que haberme saltado también, y sin embargo no lo hice, fue el siguiente, el que abrieron los Séptimo Sello, muy bien dispuestos, pero que perdieron una más que magnífica oportunidad para haber cambiado un poquito la letra de su canción más famosa y haberla cantado tal como lo hacíamos los sevillanos en nuestros campos de fútbol: “todos los paletos SON del Madrid”

Y tras ellos el griterío, un millón de niñas histéricas (o tal cantidad parecían), algunas incluso ondeando el sujetador, para recibir al auténtico bombazo de grupo de la temporada, Los Hombres G. Con ellos llegó el delirio, el terror… algunas de las enamoradas de David Summer se tiraban de los pelos, otras se daban pellizquitos con sus amigas, mientras sus novios acompañantes ponían cara de circunstancias, y se miraban unos a otros como diciendo “oye, que yo a ésta no la conozco de ná”. Para ellas, la G del nombre de la banda era la G de grandes, la G de genios, la G de guays y, sobre todo, la G de guapos. El “marcapasos que tenía Marta” seguramente reventaría con sus nervios. Y menos mal que había un callejón entre ellas y la banda, de no ser así, los Hombres G habrían salido de allí sin camisetas, sin pantalones y probablemente hasta sin pelos.

La verdad es que yo, personalmente, lo pasé en grande viendo a tantas chavalitas felices y entusiasmadas. Eso sí, procuré verlas dejando espacio entre yo y ellas, así que me aparté hacia la pared que daba a los jardines, donde estuve charlando tranquilamente con José Casas (ya sabéis, el de La Pistola de Papá, por aquella época en Helio) que, enfundado en un peto de color naranja chillón, era uno de los miembros del staff de seguridad que velaban por la manada.

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Hombres G – “Marta tiene un marcapasos”

Y así llegamos al viernes 23 de mayo, en que la ciudad se dividió musicalmente en dos partes. El concierto de Joaquín Sabina no fue el acontecimiento musical más importante de Sevilla en ese día, ya que se vio superado por otro de mucho mayor calado.

Esta primavera del ’86 se cumplía un año desde que El Corte Inglés inauguró su centro comercial de Nervión, y quería agradecer a los sevillanos la cantidad de compras que habían hecho allí en ese tiempo. Para ello nada mejor que organizar un concierto con Isabel Pantoja, muy de moda por entonces porque había vuelto a los escenarios tras la muerte de Paquirri, y aparecía hasta en la sopa con su hijo Paquirrín, haciendo llorar a moco tendido a todas las marujonas españolas. El concierto lo organizaron en el Sánchez Pizjuán, y con entrada gratuita, por lo que se dieron cita allí más de 60.000 personas para escuchar como la Pantoja les decía que “hoy quiero confesar que sigo enamorada”, mientras ellas se sonaban entre lágrimas de delirio.

Y Sabina no fue ajeno a la competencia que tenía, y en un momento de su actuación se dirigió a los que estábamos allí escuchándole: “Quiero daros las gracias a todos. Muchas gracias, de corazón, porque sé que hoy más que nunca es un esfuerzo estar aquí… pudiendo estar en el campo del Sevilla… ¿os imagináis…? Ahora estará saliendo Paquirrín, y ella estará con la baba caída presentando a “mi niiiñooo”… que se pondrá a cantar con ella…”.

No estuvo mal el concierto de Sabina. Por entonces aún no se había disfrazado con el traje del Emperador, hecho de pseudo-poesía de frases deslavazadas, y todos teníamos frescas sus historias sobre princesas malditas y locas juanas que salían del armario. Y todas esas canciones anteriores a la pérdida de su credibilidad estaban reunidas en el doble “En directo” que acababa de editar, y ahora andaba presentando en sus conciertos.

Y la banda que le acompañaba, Viceversa, eran unos músicos de gran altura, que cuando acometían una pieza ellos solos, sin la voz de Joaquín, lo que ocurrió al menos un par de veces, hacían exclamar a Manolo Be-Bop (actualmente Manolo Ajoblanco), que estaba allí conmigo, que “ésa sí era una banda de verdad, con sonido moderno, y no como estos grupos sevillanos, que suenan todos iguales y tela de antiguos…”.

Aquella fue la última vez que le ví en un escenario; todavía apreciaba la poesía de sus letras, la fuerza de su música, el buen hacer de su banda y la marcha que él mismo derrochaba en sus actuaciones. Pero después dejó más de lado las historias urbanas para ponerse a escribir canciones de amor, a las que hasta ahora solo se había aproximado en plan ligue callejero con “Quédate a dormir”, o con el romance deliciosamente convencional de “Rebajas de enero”, las cuales sonaron también esta noche… y su posterior disco “Hotel, dulce hotel” creo que ya ni lo compré siquiera.

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Joaquín Sabina y Viceversa – “Princesa”

Aquel mismo día ocurrió también la historia más graciosa de la Cita, también relacionada con la música, pero con ésa otra que celebraban en teatros, centros culturales e iglesias. Y en una de éstas, en la de El Salvador, daba un concierto la Filarmónica de Leningrado, una orquesta por cierto, que había costado traer a Sevilla casi tanta pasta como a los Kinks. Pues cuando la orquesta salió se encontró con la desagradable sorpresa de que el piano que tenían que utilizar, entre otras, para una de sus piezas estrella, la “7ª Sinfonía de Shostakovich”, no estaba. Tras el desconcierto inicial, el director de la orquesta optó por cambiar el programa de actuación. Nadie de la organización supo darle al pobre señor una explicación coherente… la verdad es que nadie se había preocupado del piano… que apareció al día siguiente, olvidado en un descansillo, bajo una de las escaleras de la Consejería de Cultura.

Y ya que hablamos de pianos. El siguiente invitado a la Cita en el Solar de la Maestranza también era un músico de los que se gana la vida con él, Chick Corea. Y esta vez venía acompañado de la Elektric Band, que, como su nombre bien indica, era una banda eléctrica. Se ve que Chick, después de haberse metido de lleno en la fusión del jazz-rock con su grupo Return To Forever, la vuelta al jazz clásico le vació los bolsillos de tal manera que decidió electrificar de nuevo su acompañamiento. Y aquí estaba, respaldado por una banda jazz-rockera, pero que en vez de tener entre sus componentes a Joe Farrell, Al Di Meola, Stanley Clarke y Airto Moreira, estaba compuesta por jóvenes músicos de estudio que, aunque buenos instrumentistas, no podían compararse con aquellos. Bueno, quizás con la excepción del guitarrista Scott Henderson, que tocaba con una pasión que nos arrastraba a todos.

Pero en Chick Corea no apreciábamos al genuino músico que solía ser, no veíamos la autenticidad, ni la personalidad creativa e innovadora que se perdía en un estilo musical que se estaba quedando viejo. En la música que nos estaba dando aquí los arreglos eran más simples, menos sinfónicos, con más espacios para los lucimientos personales que, en realidad, solo aprovechaba el guitarra. Yo creo que para el final del concierto todos estábamos ya algo cansados de aquello y prácticamente solo nos motivamos cuando comenzó a sonar “Elektric City”, que curiosamente era la pieza que contenía más ingredientes comerciales.

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Cick Corea & The Elektric Band – “Elektric City”

A Carlos Cano también me lo salté. Si ya me aburría con él cuando hacía canción testimonial y satírica, imaginaos ahora que estaba presentando su recién salido disco “A través del olvido”, en el que se había vuelto (todavía) más intimista, y le cantaba al amor, y a la ausencia… pues eso, que le cantase también a la mía.

Mucho más divertida se presentaba la siguiente noche, porque se celebraba la segunda edición del Festival de la Canción Femenina, que este año ya nació directamente dentro de la programación de Cita en Sevilla. De todas formas los ensayos y las primeras cribas, como Pibe Amador y Pepe Benavides contaron esta vez con un buen presupuesto, se hicieron en el recientemente re-abierto Teatro Duque, asignado desde hacía poco tiempo a Comisiones Obreras.

En esta edición del festival se abrió el espectro también a la canción ligera y, sobre todo, a las folklóricas, de la mano de una niña de 12 años llamada Carmen Feria, que asombró a la gente con su vozarrón interpretando ”Aquella Carmen”, ante el silencio atónito del personal. Se llevó el segundo premio.

Tras dejar atrás tanto horror saliendo de bellas boquitas, entre las demás que pasaron a la final del día de la Cita estaba Eva Luengo, hermana de la Cristina Luengo que participó en la edición anterior, y que traía bajo el brazo una canción compuesta especialmente para ella por su amigo Dogo, “Disparo de amor”. Con el transcurrir de los años, esta chica, rebautizada como Evita Dinamita presentaría un programa infantil de Canal Sur y después marcharía a Madrid, donde siguió luciendo sus (muchos) encantos y sus gloriosos piños en el programa matinal de Pepe Navarro en Antena 3, donde preguntaba cada día a algún concursante pillado en su casa desprevenido aquello de “¿Tiene usted pelos en la lengua?”. E incluso llegó a ocupar toda una página en “El País Semanal” como futurible chica Almodóvar, además de otros hechos interesantes en su curriculum, que conocen ya algunos de nuestros discretos lectores habituales.

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Eva Luengo (Evita Dinamita) – “Disparo de amor”
(…entrando antes de tiempo.)

Algo mejor que ella, pero tampoco mucho, hizo su interpretación la primera negrita que pasó por el Festival, Donna Jameson, que aunque se presentó como una amante del jazz, eligió para cantar “Walking between the raindrops”, un precioso tema de Donald Fagen, quien, dentro y fuera de Steely Dan, tampoco orbitaba precisamente lejos del Cotton Club. Meses después, Donna regresaría a los USA y se le perdería la pista.

Como también se le perdió muy pronto a Merchi Rivero, la chica que quedó en tercera posición con el alegre “Walking on sunshine”.

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Merchi Rivero – “Walking on sunshine”
(…el de la mesa tardó en subir el otro canal.)

Entre lo mejorcito de la noche estuvieron Mercedes Carbonell y Ana Ferrán, bautizadas para la ocasión como Las Hijas de Elena, que le devolvieron a la ceremonia la irreverencia de la que estaba tan necesitada. El arma elegida fue una canción, por entonces todavía inédita, que Pablo Carbonell (todos sabéis quien es, ¿verdad?), hermano de Mercedes, tenía en cartera para el segundo disco de Los Toreros Muertos, “Me gusta jugar con mi amigo Manolito”. Para la ocasión se trajeron a varios colegas de la facultad que se marcaron un “Gaudeamus igitur” que, la verdad, pegaba tanto allí como una trompetilla de carnaval en medio de un requiem de guerra. Ambiente plenamente festivo para Mercedes (hoy en dia pintora, como podéis comprobar en este enlace), y Ana (vinculada hoy en día al Gran Casino Aljarafe), en aquella aparición.

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Las Hijas de Elena – “Me gusta jugar con mi amiga Manolita”
(…el de la mesa seguía con la torrija)

Y de pronto, en el último tema, se hizo la luz, cuando una jovencísima Emilia Pinzón (por entonces alternando su trabajo en orquestas con una banda propia llamada Anis del Gnomo) le birló la cartera a Paul Anka, Frank Sinatra y Sid Vicious, resucitando ese cadaver exquisito que era “My Way” para luego follárselo allí mismo, delante de todo el mundo. Surfeando por encima de todo el desenfreno de la banda (los músicos de Silvio y Manuel Marinelli), su voz no se sale de límite en ningún momento, siempre bajo control dentro del más riguroso espíritu iconoclasta, como nos gusta en este blog. Los que viváis en Sevilla posiblemente os hayáis encontrado alguna vez con Emi en alguna de sus actuaciones y sabéis que, siempre y cuando ese día no haya conectado el modo autosabotaje, es dificil encontrar una voz que le haga sombra en cientos de kilómetros a la redonda. Pero como aquella noche, nunca más… Por supuesto, el primer premio fue para ella.

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Emilia Pinzón – “My way”
…mu guay

El fin de fiesta del festival corrió a cargo de la banda Peor Impossible, un combo muy divertido y muy mariquita en el que figuraban entre otros la “Estrella” de Utrera y una mucho más joven, pero igual de feísima que ahora, Rossy de Palma. Su concierto, cantando sobre que “nadie era tan mutante como ellos” y “payeses en motorino que les sepan follar bien”, pasó entre bailes y risas, y lo que más recuerdo de la ocasión es que arrojaron al público posters de la banda, enrollados a lo largo y convertidos así en lanzas, que tras adquirir gran velocidad de planeo se estrellaban contra las caras del respetable, y a punto estuvieron de saltarle un ojo a más de uno.

Y tras 11 folios que llevamos hasta ahora, llegamos ya al final, que como ocurriese el primer año, volvió a correr a cargo de Joan Manuel Serrat, esta vez mucho más bienvenido aún por su reciente declaración de intenciones plasmada en el título de su nuevo disco, “El Sur también existe”. Y aunque ya esperaba encontrarme con prácticamente lo mismo que aquella otra vez, había que ir aunque solo fuese para disfrutar del sabor de la despedida junto a otros ocho mil espectadores más totalmente entregados de antemano, como siempre, y capaces de perdonarle al monstruo (como así le gritaron repetidas veces, agradeciéndolo Serrat con un “gracias, pero de verdad que no soy tan feo”) que olvidase la letra de alguna canción, como también ocurrió esta noche. Pero salió bien del paso, no en vano es, de los cantautores, el más hábil, el que tiene más tablas, el más profesional de todos. Y en cualquier concierto suyo hay dos cosas garantizadas, el llenazo a rebosar y la absoluta satisfacción del público.

De todas formas, y con el espíritu iconoclasta que os mencionaba antes, he de ser un poco crítico y decir que había algo que chirriaba en la sacralización de Antonio Machado, y que había algo que no encajaba (como tampoco lo hace ahora de nuevo) en la operación de envolver con celofán al poeta de la cara de patata… en los recitales de Serrat todo es demasiado medido, demasiado elegante, demasiado perfecto incluso con el fallo del olvido convertido en acierto espontáneo… y es que hay algo inevitablemente demagógico en el hecho de que una persona se dirija a otros varios miles desde encima de un escenario, algo inaceptable y forzosamente comercial en sus disertaciones sobre la ecología, la geopolítica, la historia reciente de España… aparte, claro está, de que se esté de acuerdo con la postura, las buenas intenciones y la sinceridad del cantante. Pero como es eso, un cantante, y además perfectamente compenetrado con su banda de guitarra, bajo, batería y piano, desgranó casi dos horas de canciones de esas suyas que tanto conectan con la sensibilidad de todos precisamente porque no tienen un universo propio y hablan de todo. Gracias a Dios la inevitable ración de doctrina no fue demasiada y al final fui también yo mismo parte del público que le aplaudía entusiasmado. Sí, fue un gran final.

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Joan Manuel Serrat – “Para la libertad”

Aunque en el momento de ponerse a echar números, los concejales del grupo popular no estaban tan entusiasmados. El Ayuntamiento presentó un balance en el que aparecían unas pérdidas económicas de 71 millones de pesetas, ante unos gastos que llegaron a los 120 millones, de los que solo se recuperaron 49 entre taquillaje, concesiones de ambigús e ingresos varios. El problema, y hay que reconocer que esta vez a los populares tampoco les faltaba razón, es que el Ayuntamiento no contaba entre los gastos suyos los 17 millones que aportó la Junta de Andalucía, ni los cinco que aportó la Delegación de Juventud para el concierto de los Kinks, y que, al fin y al cabo, también es dinero que sale del bolsillo del contribuyente, por lo que sumando estos 22 millones, en realidad el déficit de la Cita en Sevilla de este año ascendía a 93 millones de pelas. Que son muchos millones para el dudoso resultado en el acierto de poner a Sevilla en el mapa cultural.

Y es que la culpa de todo la tuvimos los propios sevillanos, que solo fuimos capaces de comprar 52.000 entradas durante toda la Cita, en la que solo se vendió prácticamente todo el billetaje con los de siempre: Victor y Ana, Serrat, Sabina, además de con Sade y, curiosamente, con el concierto de Ilegales y Rosendo.

Este año también decíamos adiós definitivamente al solar de la Maestranza, en el que se iba a comenzar a construir el Palacio Provincial de la Cultura, al que ahora todos conocéis como el Teatro de la Maestranza, y se comenzaba a hablar del nuevo alojamiento para la Cita en Sevilla que, por supuesto, los concejales socialistas pensaban mantener a pesar de todo. Así que a la espera de lo que decidiese la Gerencia Municipal de Urbanismo, la Cita de 1.987 la íbamos a tener en la Encarnación, la Alameda, la Plaza de España o el Prado de San Sebastián… pero eso ya es una historia de “la cuarta vez que nos citamos en Sevilla”.

LA INVASIÓN BRITÁNICA

En el post anterior decíamos que los Beatles fueron pioneros de muchas cosas, algunas de ellas poco conocidas por la mayoría de la gente. Hoy vamos a contar una de esas cosas de las que ellos rompieron los esquemas establecidos, y así aprovechamos para subir nuestro recurrente post de los cuatro de Liverpool, de los que ya hacía tiempo que no escribíamos nada.

Yo creo que a mucha gente le ocurre que no distingue muy bien si los grupos y los artistas que escucha cantando en inglés son de Gran Bretaña o de los USA. Hay obviedades que de tan conocidas no ofrecen duda alguna; o por su estilo perfectamente definido también se sabe si son de este lado o del otro del Atlántico. Pero en realidad eso no es un factor importante o definitorio. Una banda nos gusta, y tampoco nos planteamos demasiado si es británica o americana. Ni a los propios habitantes de esos paises, que disfrutan de ellas de la misma forma.

Pero eso no fue siempre así.

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Louis Armstrong – “On the sunny side of the street”

En estos dos países existen unas asociaciones de músicos y trabajadores de la música (llámales sindicatos, si quieres) que tienen mucho poder y de las que sus decisiones son seguidas mayoritariamente por todos sus afiliados. Y desde que la música comenzó a ser un negocio importante, allá por mediados de los años ’30, la Unión de Músicos británicos (The Musicians Union) comenzó a preocuparse seriamente porque percibían que el tráfico de músicos que iban a tocar entre un país y otro era, en realidad, unidireccional. Es decir, que mientras que las bandas americanas estaban en continua demanda en el Reino Unido, nadie estaba preparado para dar la bienvenida a sus equivalentes británicos en los Estados Unidos. Y la razón que ponían los americanos era que los británicos no tenían equivalentes a Louis Armstrong, Duke Ellington y otros gigantes del jazz.

Y la cosa se puso fea cuando la orquesta de Duke Ellington, que iba a realizar una gira por Gran Bretaña, se vió forzada a cancelarla, porque el 11 de agosto de 1.935, la Unión de Músicos presionó al Ministro de Trabajo británico para que éste anunciase que su Ministerio no veía con buenos ojos que los americanos viniesen a tocar a las islas mientras no hubiese total reciprocidad.

Así que las fronteras se cerraron para los músicos americanos por completo, y el Ministerio de Trabajo anunció que no daría ningún permiso más, ni a Duke Ellington, ni a ninguna otra banda, para tocar en Gran Bretaña, hasta que no se ofreciesen intercambios satisfactorios con la Federación Americana de Músicos (American Federation of Musicians). Punto muerto.

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Duke Ellington – “Moonlight fiesta”

Y esta situación se mantuvo durante los siguientes 20 años. Ninguna banda británica tocaba en los USA, y ninguno de sus colegas americanos (con alguna excepción menor) aparecía en Inglaterra.

El conflicto tuvo un giro extraño el 23 de octubre de 1.955, cuando Jeff Kruger, el empresario que regentaba el “Flamingo Club” de Londres, comenzó a promocionar un concierto de Chet Baker es esta ciudad. Para que le dejasen organizarlo ofreció los beneficios del concierto a obras de caridad si la Unión de Músicos levantaba la ridícula prohibición que pesaba sobre los músicos americanos, y dejaban actuar a Chet. Pero la Unión rehusó.

El caso es que Chet Baker estaba ya en Inglaterra, dando conciertos en las bases americanas, lugares en los que la Unión no tenía poder alguno para prohibirlas, porque eran territorio americano. Y Jeff Kruger pensó que “pa chulo mi pirulo”, y organizó el concierto en el “Flamingo” de todas formas.

Y el concierto fue un inmenso éxito artístico y comercial. Y lo más importante de todo es que esa chulería del promotor, unida al éxito de Chet, rompió una barrera que necesitaba ser rota. Aunque eso le costase a Jeff Kruger el odio eterno de la Unión de Músicos.

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Chet Baker – “My funny Valentine”

A partir de entonces la Unión inglesa y la Federación americana estuvieron de acuerdo en levantar la prohibición mutua para que los músicos de un país tocasen en el otro. Pero aún así, la regla de la reciprocidad permaneció intacta.

Eso hizo que, aparte de no poder arreglar muchas giras en uno y otro lado, se diesen circunstancias poco naturales como que en mayo de 1.956 Louis Armstrong hiciese una gira de 17 días por Inglaterra a cambio de que la banda de jazz de Freddy Randall fuese a los USA, donde los incluyeron en una compañía tan inverosímil como la gira conjunta de Bill Haley, los Platters, los Flamingos y LaVern Baker.

Pero llegó 1.964 y los Beatles, en otro de estos intercambios, fueron invitados a los USA para participar en el “Ed Sullivan Show” de la tele; y ya que iban a estar en New York haciéndolo, pues podían coger un tren que les llevase a Washington, y dar en el Coliseum de allí un concierto para 18.000 personas. Y a su vuelta a New York, otro en el Carnegie Hall para 6.000 más… ¡en el Carnegie Hall! Donde ningún otro cantante de rock había puesto los pies nunca antes, e incluso a Elvis Presley se le había prohibido actuar.

Con ser muchos los miles de personas que les vieron en directo, la cifra se quedó más que corta con la de los 73 millones de americanos que les vieron por la tele y se contagiaron de beatlemania.

Brian Epstein se frotaba las manos pensando en las ganancias, junto a los promotores americanos, que prácticamente le habían enterrado el despacho con ofertas de conciertos. Demasiado para mantener una regla que se había quedado obsoleta. Los Beatles seguían rompiendo moldes. Esta visita suya marcó el comienzo de una nueva era.

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The Beatles – “Thank you girl”

Y eso en realidad fue a su pesar, porque los Beatles habían sido muy reacios a este viaje a los USA. Unos meses antes, Cliff Richard prácticamente murió musicalmente en uno de estos intercambios, ya que fue forzado a figurar como el cantante 14 de los que componían la larga nómina de nombres que acompañaban la gira de Frankie Avalon. John Lennon pensaba que ésa no era forma de encontrar una oportunidad.

Y al igual que ellos, la Federación americana tampoco estuvo por la labor. No querían comprometerse con nada, y aunque los conciertos primerizos éstos de los Beatles allí fueron muy bien, no queda constancia histórica de ellos ya que no se grabaron debido a que la Federación no permitía que quienes no fuesen miembros de la Unión inglesa trabajasen en los Estados Unidos, porque ellos no entraban en la reciprocidad. Y George Martin no estaba afiliado a la Unión. Y así, los piques y escaramuzas entre unos y otros siguieron adelante.

Pero ya estaba cantado que tras esas tres apariciones de los Beatles ya nada sería igual. Los organizadores americanos se dieron cuenta de que los músicos británicos ya no podían ser considerados desastres para sus taquillas, y la Federación tuvo que dar su brazo a torcer ante las presiones. Y así dio comienzo la British Invasion, y antes de que terminase el año los Dave Clark Five, Peter & Gordon, Gerry & The Peacemakers, Billy J. Kramer, los Animals, los Honeycombs, los Zombies, los Searchers, los Rolling Stones y los Kinks se estaban hartando de vender discos en los USA y habían firmado contratos para extensas giras americanas.

Y los Beatles volverían también en agosto para su primera gira real, la que les haría recorrer treinta y cinco mil kilómetros a través de 24 ciudades. Y por fin, el tráfico en las dos direcciones, cruzando el Atlántico, se pudo establecer para siempre.

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The Beatles – “I’ll get you”

LA SEGUNDA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Para el Ambrosio, por compartir sus cintas, sus fotos y sus recuerdos. Y para el Losmi, por enrrollarse mucho (en los dos sentidos).

La segunda Cita en Sevilla se celebró entre el 17 de mayo y el 13 de julio de 1.985, aún en contra de los sectores más reaccionarios de la ciudad, que todavía venían quejándose de lo cara y escandalosa que resultó la primera edición. Pero el alcalde Manuel del Valle defendía contra viento y marea que el Ayuntamiento tenía que organizar este tipo de iniciativas porque, en caso contrario, Sevilla sería un auténtico desierto cultural.

Este año se contaba con algo más de presupuesto para sacar adelante la Cita; la inversión iba a ser de cien millones de pesetas, de los cuales la Junta de Andalucía aportaría diez; mientras que la previsión de ingresos por entradas (entre 300 y 1.000 ptas.) se situaba en torno a los cincuenta y cinco millones de pesetas. Por lo que ya se contaba con un déficit de antemano de 45 millones para levantar un oasis en el desierto anteriormente mencionado.

Así y todo, el alcalde y el concejal de cultura se avinieron a hacer este año una programación menos espectacular que la del anterior, pero a cambio, supuestamente más equilibrada y que diese satisfacción a las preferencias de sectores más ámplios de la ciudad. Lo que después se demostró como un grave error; primero, porque la oposición municipal siguió igual de intransigente o más aún, pidiendo incluso la dimisión de Bernardo Bueno; y segundo, porque los únicos espectadores que realmente respondieron a los conciertos programados fueron los mismos del año pasado, los jóvenes ávidos de rock and roll.

Y por eso el cartel de la Cita en Sevilla de 1.985 fue un batiburrillo tremendo en el que todo tenía cabida, desde las sevillanas a la copla, pasando por el humor, los cantantes babosos y la verbena popular. Y si las expectativas que levantó su presentación no fueron del todo malas, a medida que se iba desarrollando el evento los ánimos decayeron mucho debido a las bajas de última hora.

De entrada, ya nos sorprendió el día de la presentación que en la programación no figurasen dos de las actuaciones de las que se hablaba insistentemente, y que con más ansias esperábamos. No iban a venir ni Leonard Cohen, ni Spandau Ballet. El primero, porque parece ser que después de todo las negociaciones para traerlo fueron un bulo que corrió por ciertos ambientes, y a lo mejor el desencanto producido hizo que se esmerasen tres años después para traerlo de verdad. Spandau Ballet sí iban a incluirse en el programa, pero la fractura en el pie de uno de sus componentes hizo que aplazasen la gira, suspendiendo muchos de sus conciertos. Aún así, todavía se insistió para que pudiésemos verlos el 10 de septiembre en el campo del Betis, pero tampoco cuajó la idea. De todas formas sí que entraron también en la programación de otra Cita posterior, la de 1.987. Miguel Ríos tampoco llegó a entrar en el cartel definitivo porque para su espectáculo de entonces, “Rock en el ruedo”, no quería el solar, sino la plaza de toros de la Maestranza, y sus arrendatarios se negaron en redondo a cederla.

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Miles Davis – “(Medley) You’re under arrest – Then there were none”

Así que junto a lo que os he comentado antes, los típicos y tópicos cantautores y los grupos de rock españoles y sevillanos, los nombres internacionales que realmente le daban relumbrón al programa, y que no iban a comenzar a llegar hasta que la Cita llevase ya más de un mes funcionando, eran Kid Creole & The Coconuts (el 21 de junio), Echo & The Bunnymen (el 29), Miles Davis (el 11 de julio) y Depeche Mode (el 12). De todos ellos, al único que pudimos ver fue a Miles. Los conciertos de Echo & The Bunnymen y Depeche Mode se suspendieron, y fueron reemplazados respectivamente por Ramoncín con Circulo Vicioso de teloneros, y por Radio Futura. El caso de Kid Creole & The Coconuts fue más sangrante todavía ya que no se celebró porque los músicos y sus técnicos llegaron a Sevilla muy tarde, y dada la complejidad del equipo que tenían que montar, hubiese obligado a comenzar el concierto a la una y media de la madrugada, algo que la organización consideró inadmisible (recordad que el solar de la Maestranza estaba en pleno casco urbano, y al lado de un cuartel y un asilo de ancianos). Para zanjar las posibles responsabilidades por incumplimiento de contrato, se intentó que el grupo tocase otra noche diferente, pero todo fue en vano.

Así que el primer mes de la segunda Cita en Sevilla se pasó para mí prácticamente en blanco, por lo que no os puedo contar demasiado de ella. A grandes rasgos os diré que el comienzo fue también una obra de teatro poco convencional, aunque esta vez en lugar de catalanes que soliviantasen a los capillitas, se buscó a alguien de la tierra, y así se representó “Piel de Toro”, de Salvador Távora, siendo éste su estreno mundial. Se desecharon también, por tanto, las otras dos posibilidades que se barajaban para el estreno, que eran un concierto de Carlos Cano, que en aquel momento aburría a toda España con su “Cuaderno de Coplas”, o algo más espectacular, como era un lanzamiento masivo sobre el Guadalquivir de hombres y mujeres en paracaidas, que al descender formarían con sus cuerpos las palabras “Cita-85”… si es que no se daban un buen coscorrón en el intento.

El primer concierto en el solar de la Maestranza, el viernes 17 de mayo, corrió a cargo de George Moustaki, que vino a convencer a los pocos nostágicos del mayo francés que fueron a oírle de que “el amor es todo” y de que “la libertad no es más que una utopía, un hermoso proyecto”. Yo me quedé en casa porque no me apetecía tampoco ver como uno de los representantes de la vieja guardia había pasado del blanco puro al viejo verde. Eso sí, ya que se cambiaba, lo hacía con todas sus consecuencias, y a Sevilla llegó a bordo de su avión privado.

El jueves siguiente, día 23, le tocó el turno el jazz, actuando primero un sexteto de desconocidos músicos (al menos para mí) que se encontraban participando en un seminario sobre jazz que se había organizado en Sanlúcar la Mayor, y después la Dollar Band del pianista sudafricano Abdullah Ibrahim.

El miércoles 29 llegaron los cantautores.Si José María Maldonado había servido de telonero el año anterior a Kiko Veneno e Hilario Camacho, este año él venía de cabecera de cartel. Y el telonero era un por entonces bastante desconocido Javier Ruibal, que en aquel año todavía tenía solamente un disco en la calle. No me hubiese importado ir, pero es que esa noche daban por la tele la final de la Copa de Europa que iban a jugar el Liverpool y la Juve… sí, fue ésa, la del estadio de Heysel.

El día siguiente el escenario del solar tenía que ser para Chiquetete, pero como era el día en que las carretas regresaban del Rocío y los cohetes no le iban a dejar cantar a gusto, el concierto se pasó al viernes 31. El cantante aprovechó para presentar en público a su sobrina Silvia Pantoja; pero tampoco es que nos interese demasiado. Su actuación fue seguida en la siguiente jornada por una noche dedicada al arte flamenco, con un interesante cartel en el que figuraban entre otros José Meneses y Camarón.

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Camarón – “La leyenda del tiempo”

El miércoles día 5 de junio volvió Aute, y de nuevo llenó por completo el solar, lo que causó considerables problemas a la hora de entrar, porque como ocurriese en alguna ocasión también el pasado año, solo había una puerta de acceso, que obligó a la gente a hacer cola durante más de una hora, por lo que muchos entraron cuando Aute ya llevaba un buen rato cantando. Como véis, hasta este día la gente pensaba de la programación que habíamos tenido hasta entonces más o menos lo mismo que yo, y prefirió buscarse la diversión en otros lugares. Y el público para el que se suponía que estaban programados muchos conciertos tampoco se dignó demasiado en venir a verlos. Eso tuvo como consecuencia que haste este momento el concierto de Aute fuese el único con el que se habían obtenido ganancias.

El día siguiente lo que estaba programado era algo llamado “Estrellas de la Danza” que en aquel momento ni me interesó siquiera saber de qué iba, así que imaginaos ahora… y el viernes de nuevo jazz, esta vez con el saxo como estrella, con el cubano Paquito D’Rivera, teloneado por el cuarteto de Abdu Salim. Y aunque parezca increíble, no se llegaron a vender ni siquiera cien entradas para sus actuaciones.

Puede que muchos de vosotros recordéis a Abdu Salim; era un saxofonista tejano que tras ser licenciado del ejercito americano, se estableció en Sevilla en 1.983, donde fundó la primera escuela de jazz que se veía por estas tierras. Durante los años que anduvo por aquí, antes de convertirse en el saxofonista de Lou Bennet, pudimos verlo en infinidad de ocasiones, tocando en todos los locales y bares que por entonces tenían música en vivo. También anduvo de gira durante algún tiempo con los Imán, con los que tuvo una estrecha colaboración musical de la que seguro que nos hablará mejor en los comentarios alguno de nuestros amigos imanoides. Yo no estuve en este concierto de la Cita, pero no se me olvidará una vez que ví a Abdu Salim en solitario con su saxo, subido a una especie de plataforma o falso techo que había en aquel bar de varias plantas que abrieron en la calle Torneo entre Manuel Molina y algunos socios. La verdad es que ni siquiera recuerdo el nombre del local aquél, a pesar de que allí terminamos muchas noches… bueno, quizás muchas sea demasiado decir, porque la persecución policial a la que siempre estuvo sometido hizo que su vida fuese corta.

Y el sábado 8 el horror… digo… el humor… los Morancos, que comenzaban a hacerse muy conocidos gracias a su participación en el “Un, dos, tres, responda otra vez” de la tele; Josele, que todavía seguía explotando su “Vente pa España, Antonio”, y el incombustible Paco Gandía. También estaba previsto que actuase Pepe Da Rosa, pero el pobre andaba ya con los achaques que finalmente le llevaron a la tumba pocos meses después, y estaba recién salido de una intervención quirúrgica. La verdad es que por verle a él si me hubiese merecido la pena asistir, pero no lo hice, y creo que nunca más llegué a verle en directo. Era un buen tipo, el Pepe, al que le perdono hasta que fuese tan bético… pero lo que no le perdonaré nunca es el habernos dejado en herencia al “gracioso” de su hijo.

Y mientras en los diferentes distritos se ponía en marcha el ciclo de rock, el miércoles 12 fue cuando acudí por primera vez a la Cita de ese año. Quería escuchar en directo como La Mode interpretaba aquellas canciones que tanto me gustaban, aunque ahora no fuese El Zurdo quien las cantase, retirado hacía ya dos años a causa de una lesión pulmonar. No sé si era solo cosa mía, pero con la voz de Manuel Ballester ya no eran las mismas ni la “enfermera de noche” ni “aquella canción de Roxy”. Antes que ellos el escenario fue ocupado por Objetivo Birmania, un grupo de funk sin pretensiones, que nos hizo bailar con su “Desidia”, probablemente la canción del verano del año anterior.

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La Mode – “Aquella canción de Roxy”

Y así llegamos a un nuevo fin de semana, en el que ocurrió algo muy divertido. Estaban programadas dos noches dedicadas a la copla, el viernes un concierto de “voces nuevas de la canción andaluza”; y el sábado, las consagradas, con la actuación de Lolita Sevilla y las dos grandes divas de la canción, Juanita Reina y Marifé de Triana. El problema es que éstas dos últimas se pasaron las semanas previas porfiando sobre quién era la mejor, y la que merecía ser cabecera de cartel; sin ponerse de acuerdo en absoluto, claro está. Así que al final la organización optó por una solución salomónica, reestructuró los dos conciertos, de forma que en cada uno de ellos cantasen algunas de las voces nuevas, y Juana y Marifé cerrasen una noche cada una en plan estrellona.

Y también fue muy divertido, como no, ver como al igual que ocurrió el año pasado, las mentes biempensantes volvieron a escandalizarse. Esta vez por unos dibujos de Nazario que se publicaron en el tercer número de la revista que editaba el Ayuntamiento. Unos dibujos que, sobre todo, provocaron la ira de Alianza Popular, cuyo portavoz, Javier Arenas (¿os suena el nombre?) remitió la publicación a la Fiscalía y al Defensor del Pueblo por si “esta ofensa a algo que nos representa a todos, como es el escudo de la ciudad, fuese constitutiva de delito”. El caso es que el Alcalde en esta ocasión tuvo una respuesta bastante menos firme que el año anterior, porque aunque no retiró la revista, como le exigía el Grupo Popular del Ayuntamiento, aduciendo que Nazario tenía plena libertad de expresión y, al fin y al cabo, sus dibujos estaban al alcance de cualquiera en los kioskos (en cualquier número de la revista “El Víbora”, por ejemplo), hizo pública una nota en la que hacía constar “su más firme desagrado por la utilización de símbolos que forman parte de nuestro patrimonio cultural y de representaciones que puedan atentar a los sentimientos religiosos de nuestros ciudadanos”.

Un par de dibujos de Cita en Sevilla dieron origen a unas interpretaciones libres sobre su intencionalidad. Los hice con el cariño y cachondeo con que los hago siempre. Que cada uno vea lo que quiere ver. Siempre hay alguien que se puede escandalizar. Hay gente que todavía se escandaliza con La maja desnuda. Pero no por ello le ponen un taparrabos ni prohíben a los niños ir a verla. (Nazario)

Un señor con esta conducta no puede colaborar ni una vez más con ésta institución. No ofende quien quiere, sino quien puede, y Nazario no es más que un pobre desgraciado que solo busca hacerse publicidad a costa de estos acontecimientos. (Javier Arenas)

Pero mientras en el Ayuntamiento nuestros próceres se divertían tirándose los trastos a la cabeza unos a otros a cuenta de la Cita en Sevilla, las noches locas que nos interesaba que ésta nos trajese a nosotros para divertirnos, al fin, también comenzaron el miércoles día 19 de junio. Ese día los que tocaban eran Gabinete Caligari y Loquillo.

A los primeros los habíamos visto hacía muy poco, porque el día 4 de enero ya estuvieron actuando en este mismo solar de la Maestranza; pero mereció la pena, porque todavía caliente su “Cuatro rosas”, estuvieron tan seguros y activos como siempre, dominadores de la faena en todo momento, desgranando sus canciones saviamente tanto en el espacio como en el tiempo. Gabinete Caligari ya eran un grupo asentado y eso se les veía sobre las tablas. Curiosamente, a Loquillo también podíamos haberlo visto un día después de a Gabinete, porque el día 5 de enero estaba prevista una actuación suya en la Plaza de España, junto a Alaska y Dinarama y a los UB40, dentro de un show televisivo, “Europa a Go-Go”, que se iba a celebrar a la vez en varias ciudades europeas, con motivo del Año Internacional de la Juventud, y se iba a televisar en directo en casi toda Europa. Así que por la tele pudimos ver, por ejemplo, a los Frankie Goes to Hollywood escandalizando desde no recuerdo donde a la gente con su “Relax”, o a Nena, a los Hanoi Rocks, a los Auto Da Fe, a los Golden Earrings, a los Inmaculate Fools… pero aquí llovió tanto, que además de la cabalgata de Reyes Magos se aguó también la fiesta rockera, y se suspendió; desventajas de ser el único escenario al aire libre de todos los que había esa noche. Aquella era la época dorada de Loquillo y los Trogloditas, que fueron elegidos por Radio 3 como la mejor banda en directo de ese año. Fue también su año de transición, en el que pasaron de la independiente Dro a la multinacional Hispavox, donde sacaron “La mafia del baile”, disco del que adelantaron aquí algunas canciones. Fue también el año de aquel polémico anuncio sobre drogas del que creo recordar que alguien ha hablado hace poco en este blog. Y lo que recuerdo de aquella noche es que fue un concierto brutal. Quién te ha visto y quién te ve, Loquillo de mi alma…

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Loquillo y los Trogloditas – “Chanel, cocaína y Don Perignon”

Un par de días después tenían que haber actuado Kid Creole & The Coconuts, pero ya os he contado anteriormente porqué no lo hicieron. Los que estuvimos allí aguantando hasta que al final se hizo patente que aquello se suspendía mostramos un considerable cabreo, entre otras cosas porque nadie nos daba explicación alguna del motivo.

Y el sábado fue la noche de las sevillanas; Romero San Juan, El Pali, los Cantores de Híspalis, los Rocieros… y cabreo considerable por parte de otros grupos como los Marismeños o los Amigos de Gines, que no fueron invitados a participar. Por cierto, que al principio tampoco lo fue El Pali, pero tanto coñazo debió darle el hombre a Bernardo Bueno y a Manolo Fernández Floranes que al final lo incluyeron en el cartel porque se cayeron los Romeros de la Puebla. Pero vamos con algo más divertido…

No sé si muchos de vosotros recordaréis aquellos festivales de la canción femenina que se estuvieron celebrando en la Cita durante varios años. Pues el primero de ellos tuvo lugar este 1.985, aunque en realidad no se celebró en la Cita en Sevilla, sino algunas semanas antes, concretamente el 20 de abril, el sábado anterior al inicio de la feria, en el Roll Dancing. Pero después, ya en la programación de la Cita tuvo una repetición, fuera de concurso, simplemente como una muestra de las cantantes, y como forma de que éstas pudiesen lucirse en un gran escenario y ante el numeroso público que acudió la noche del 26 de junio a ver a las estrellas del cartel: Silvio y Kiko Veneno.

La idea de los Festivales de la canción femenina estuvo compartida por Pive Amador y Pepe Benavides, que por entonces tenían una empresa llamada “La Factoría”, que se dedicaba a la promoción y el montaje de conciertos. Ellos fueron también los que organizaron los “Rock’n’Roll Festival”, y como continuación presentaron el proyecto de este festival femenino.

Cuando se publicitó el festival, a base de carteles pidiendo intérpretes para el casting previo, la primera persona que se presentó fue… un tío. Decía que su especialidad era la canción femenina, vete a saber qué entendía el hombre por aquello. Después, una vez oídas a todas la que se presentaron se eligió a siete de ellas para la final del concurso, en la que interpretarían en directo su canción, acompañadas por los mismos músicos que acompañaban a Silvio, que en aquel momento aún se llamaban Barra Libre. En otros festivales posteriores la banda fue creciendo con otros músicos más, como Antoñito Smash, Manuel Marinelli…

Yo tenía mi favorita, por supuesto; aunque no ganó. Pero desde la primera vez que la escuché cantar, y moverse en escena con aquel ajustado traje negro de hilo que dejaba adivinar muchas más cosas de las que dejaba entrever, mientras cantaba el “Only the lonely” de los Motels, me enamoré perdidamente de Elena, una chica de Alcosa, amiga de El Pájaro, que fue la que abrió el Festival… aunque no me importó lo más mínimo que lo hiciese con una nota tan desafinada que lo llenó todo de malos augurios.

…hay que ver que la primera nota que cantó la primera muchacha en el primer Festival salió desafinada, y desde la batería me entró un escalofrío, porque pensé que iba a ser un presagio. Por suerte luego salió todo bien. (Pive Amador)

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Elena (saturando el micro) – “Only the lonely”

Y tampoco ganó quien realmente mereció hacerlo, que era Cristina Luengo, una presencia clásica en la escena punkarra sevillana con su grupo Los Calaveras, rivales y amigos de Los Canijos, donde cantaba el Dogo antes de crear a Los Mercenarios. Cristina interpretó “Enciende tu motor”, una canción de Los Espasmódicos, y…

…desde el primer bufido que le pega al micro, Cristina dejó claro que los mariconeos se acababan de terminar. Su interpretación prácticamente le enseñó a su rival y amigo Dogo (que la observaba desde primera fila) cómo tenía que sonar su futuro grupo Dogo y Los Mercenarios. De hecho, un muy bisoño Dogo tomó el escenario mientras el jurado deliberaba, estrenando una nueva canción que se llamaria “Rocanrol Caliente”. Si hubiera habido un mínimo de justicia, Cristina tenía que haber ganado. (JL Ambrosio)

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Cristina (dando caña) – “Enciende tu motor”

Por el escenario pasaron también Carmen, una chica de 16 o 17 años que hizo una versión de “El crimen de Marbella” de Brigada Ligera; Betty, una chica suiza, que acompañada por su novio Stef, interpretó una pieza gótica y siniestra, en alemán, que habían compuesto ellos mismos; Elsa, una americana que andaba por nuestra ciudad, y que versionó el “Fever” en un inglés que por fin sonaba “decente” aquella noche, después de haberse lavado y afeitado las axilas allí mismo en el camerino, delante de todas las demás; Eva y sus Marujas, que eran un grupo de chicas de Los Remedios, entre las que se encontraba la actual esposa de Pive, y que cantaron y bailaron con el “Girls just want to have fun” de Cindy Lauper… y la que ganó, Maite Chacón, cantando el clásico standard “Bésame mucho”.

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Maite (acelerando al final) – “Bésame mucho”

A Maite seguro que la recordáis todos, porque desde aquel año, en que era una incipiente actriz (a la que se ve que sí habían enseñado a respirar mientras cantaba), pasó con el tiempo a ser una famosa presentadora de Canal Sur, donde la vimos, por ejemplo, en aquel “Tal como somos” que la cadena dedicaba a los pueblos andaluces, desde que se inauguró en 1.989, hasta 1.993. Después sustituyó a María del Monte en la programación matinal en los meses de verano… si no la recuerdas, mira la foto.

En el solar de la Maestranza todas ellas, bajo el nombre de Las 7 magníficas, precedieron a Silvio y Barra Libre y a Kiko Veneno. Del concierto de Silvio no recuerdo gran cosa porque por entonces todos los que ví eran más o menos iguales: éste, el que organizó la Universidad un poco antes, el del “Rock and Roll Festival” un poco después… mucho “Betis”, “Chorla”, country puro de oliva y desbarres marca de la casa, ya os hacéis una idea. Y del concierto de Kiko… bueno, a Kiko ya no le tomaba muy en serio desde que le veía con mi hija en “La bola de cristal”, jejeje…

Y ya que tanto hemos hablado de mujeres, me gustaría contaros también que aquella noche, mi amigo Pepe Conciertos y yo, después de disfrutar de la música en directo, nos dirigimos a terminar la marcha a uno de nuestros garitos favoritos, el “Be-Bop” que por entonces tenía Manolo “Ajoblanco” en la calle Sol (la calle’l só, de tó la vida). Allí también fueron a parar más tarde Kiko Veneno y su banda después de su actuación, y en un momento determinado Kiko se dirigió a la barra y le pidió a Manolo que quitase un momento el jazz que sonaba allí habitualmente y pusiese una maqueta que llevaba él, que era el disco de una protegida suya, a la que estaba produciendo, que estaba seguro de que iba a dar mucho que hablar en cuanto se editase. Manolo puso la cinta y todos pudimos oir la primicia del “Estoy mala” de la Martirio, a la que ya llevaba también en el concierto de esta noche haciendo coros. Debo decir que a mitad de la tercera canción Manolo ya le estaba diciendo con mala cara a Kiko que ya estaba bien…

El jueves 27 se dedicó la noche a la samba; fue la primera de las “Noches de Sevilla con Brasil”. Pero nada de rutilantes estrellas, Ambrosio, que anduvo por allí me dijo que sobre el escenario lo que había era una Escuela de Samba que se llevaron dos horas dale que te pego con los tambores y las cuicas. Y parece que no quedaron satisfechos con su actuación en el escenario, porque al día siguiente la repitieron (más o menos) primero en la calle Sierpes, donde la gente no daba crédito viendo a aquellas tres bellísimas brasileñas de la Escola de Samba “Padre Miguel” (ganadora del Carnaval de Río de ese año), moviendo el culo calle arriba y calle abajo. Por la noche volvieron al solar de la Maestranza, donde repitieron actuación, esta vez teloneando a Gilberto Gil.

La del sábado 29 de junio tenía que haber sido la noche en la que actuasen Echo & The Bunnymen, pero en su lugar la estrella fue Ramoncín, teloneado previamente por Círculo Vicioso, quienes poco tiempo después adquirieron una gran notoriedad en el pop español porque ganaron contra todo pronóstico el Festival de Benidorm, que ese verano había cambiado su línea y se había dedicado a jóvenes grupos de pop y rock. La banda de José María Sagrista y Juan Ortiz, después de pasar varias cribas en Andalucía, le ganó en la final a otras como Seguridad Social, Alphaville, Aerolíneas Federales o Aurelio y los Vagabundos, con la canción “Portero de noche”. Este concierto fue muy poco tiempo antes de que ocurriese aquello, y las buenas canciones y la potencia de su directo nos pilló a todos por sorpresa. Durante algún tiempo fueron la mejor banda de Sevilla; fue una pena que no durase mucho. El Ramoncín que vimos era el de “Como el fuego”, y fue un concierto en el que todavía la rabia la echaba cantando rock y no maldiciendo a los piratas que le roban sus canciones en internet. Anda y que le den…

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Círculo Vicioso – “Portero de noche”

Este año a quien le concedieron dos noches porque se suponía que iban a ser el gran bombazo de la Cita fue a La Trinca, quienes cabalgando a lomos de su “Quesquesé se merdé” se habían hecho popularísimos en toda España. Actuaron los días 2 y 3 de julio, y, al contrario que el año anterior con Serrat, yo no estuve allí ninguna de las dos noches para poder contaros nada.

Como tampoco estuve la noche siguiente, en la que Oskorri sirvieron de teloneros a Alan Stivell. Y menos aún la noche siguiente a ésa, la del día 5 de julio, en la que el escenario lo ocupó Juan Pardo.

Antes os dije que otro de los grupos programados que al final se cayó del cartel fue Depeche Mode, que tenían prevista su actuación para el día 12. Sus sustitutos actuaron, sin embargo, un par de días antes, el miércoles día 10 de julio, y fueron Radio Futura. “Escuela de calor”, “Semilla negra”… grandes canciones de su último disco, que les hicieron subir un escalón más en su status, y que tenían bien engrasadas de tanto interpretarlas en directo. Recuerdo el concierto como muy bueno; supongo que al ser de las últimas veces que iban a tocarlas antes de meterse a grabar “De un país en llamas”, se volcaban con ellas. Funky-punk tocado de memoria por un grupo que empezaba a estar cansado de rodar.

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Radio Futura – “Escuela de calor”

Y antes del colofón con una verbena popular celebrada el sábado por la noche allí mismo en el recinto del solar, el broche final a la Cita en Sevilla del ’85 lo puso de forma muy brillante Miles Davis el día 11 de julio. Aunque esta vez, en lugar de contaros yo mismo lo que pasó allí, le cederé la palabra a nuestro amigo Losmi:

…esa entrada de la foto es mas falsa que un billete de seis euros, juajua! …ya comenté por aquí que por aquel entonces no era excesivamente difícil, partiendo de una original prestada, seleccionar un papel de color y textura adecuada y con la máquina de fotocopias recién estrenada en mi curro de entonces, hacer una tirada suficientemente extensa como para hacer disfrutar de una noche en la Cita a toda la peña y agregados, con la entrada número 221 replicada hasta la náusea (y aún sobraron como podeis comprobar)…

…y vaya si disfrutamos! Además del gratis total (lo que posiblemente otros conseguían por su acreditada pertenencia a la corporación mediática gañotil y no quiero señalar, juajua!), tuvimos la inmensa fortuna de ocupar el centro de la fila 0 de sillas (aquella noche pusieron asientos), con lo que la inmersión sónica y visual en el planeta davisiano fue memorable, hasta para una memoria tan distraida como la de un servidor… prácticamente recibiendo el sonido de monitores, bien regado con la baba que salía de la trompeta de un genio encogido sobre si mismo pocos palmos por encima de nosotros…

Miles era un músico introvertido, con una suerte de concentración escénica que a primera vista lo aislaba de su banda, que a su vez mostraba una enorme capacidad para crear una plataforma emocional tremendamente eficaz, sobre la que el maestro se permitia incluso especular o “arrepentirse”, en unos trazos angulados y de corto recorrido, a modo de pinceladas… dado que los temas estaban construidos en armonías modales y por tanto sin argumento, Miles no se veía obligado a resolver sus interpretaciones mediante el recurso de la coda y terminaba sus temas abruptamente a modo de un coitus interruptus, sin pretensión alguna de provocar el aplauso inmediato.

Miles Davis acababa de publicar su “You´re Under Arrest”, el disco con el que definitivamente consiguió el repudio del stablishment jazzístico, cuando hizo suyo el lenguaje mas desenfadado y carente de virtuosismo de la música popular, en detrimento del neoclasicismo imperante en aquellos momentos, representado entonces por Wynton Marsalis, un joven y superdotado trompetista, que en un arranque de prepotencia e impertinencia tuvo la desfachatez de renegar y retirar el saludo y la consideración a uno de sus maestros… enorme registro que abarcaba un amplio panorama de estilos, desde sus eléctricas cabalgadas modales iniciadas algunos años antes con “Bitches Brew”, hasta construcciones de pop canónico en las que siquiera puntuaba especialmente la procedencia afroamericana en orígen, como demostraba la inclusión de un tema como el “Time After Time”, Top One de Billboard solo un par de años antes, a cargo de la cantante Cindy Lauper… grandísimo disco en resúmen, del que un servidor venía disfrutando y que mirusté por donde, se nos sirvió en bandeja a cargo de la misma banda que lo había grabado… Miles a la trompeta y teclados (un sintetizador dispuesto trasversalmente en medio del escenario al que Miles acudía esporádicamente a pegarle un zarpazo), John Scofield a la guitarra, iniciando con Davis una carrera que lo ha aupado entre los guitarristas de jazz mas reputados (aunque a mí no acabe de convencerme), el bajista Darryl Jones, en una actuación que me dejó literalmente planchado por su intensidad y maestría en el slap, Bob Berg a los saxos, Robert Irving III a cargo de los teclados y Al Foster a la batería, además del percusionista del que no recuerdo su nombre… por cierto, que para ponerme en situación, renuncio a coger la escalerita para auparme a los altos de los viejos vinilos y recurro a descargarme el disco directamente, evitando el peligro de desnucamiento por resbalón… hay quien por esto me llama pirata y me quiere cobrar, en fin…

Años más tarde, y después de la edición de “Tutu”, Miles volvió a Sevilla, al polideportivo de San Pablo… pero no fue lo mismo, brodas… o el mismo ya no era yo.

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Miles Davis – “Time after time”

Y con esta maravilla se cerró la segunda Cita en Sevilla (el pareado no ha sido premeditado… anda, ni éste tampoco…), que dejó en las arcas municipales un agujero de 85 millones de pesetas, casi el doble de lo que estaba previsto; y eso ocurrió porque los “ámplios sectores sociales” hacia los que se abrió la oferta cultural no respondieron como se esperaba, por lo que la próxima edición iba a volver a orientarse hacia el público más joven de Sevilla, que se había demostrado que eran los que daban una respuesta más clara y contundente. Y aunque quizás también habría que decir que parte de la culpa de que los ingresos no fuesen tantos como se pensaba la tuvo la supresión de algunos de los conciertos de más tirón, el batacazo más gordo se produjo en las noches en que la organización hizo más concesiones al sector rancio, y ni Dios Bendito fue a ver a Chiquetete, a Juan Pardo, o a las primadonnas furibundas de la copla. De los cincuenta y cinco millones de pesetas que se esperaba recaudar en el taquillaje, solo se consiguieron veintiocho. Los conciertos a los que más gente acudió fueron, por este orden, los de Aute, Miles Davis y Radio Futura, por lo que la apuesta por La Trinca también resultó fallida.

Pero antes de terminar me gustaría recordar otra cosa. El año anterior la Cita en Sevilla tuvo un epílogo a cargo de Nina Hagen, y este año, sin embargo, lo que tuvo fue un prólogo. Al Ayuntamiento se le ocurrió la idea de hacer una prueba para ver si en Sevilla, durante los días de feria había cabida para alguna otra actividad, o todo era feria y más feria. Y se trajo a tocar a la Orquesta Mondragón los días 25 y 26 de abril, jueves y viernes de feria respectivamente.

Los conciertos se celebraron también en el solar de la Maestranza y fueron gratuitos, aunque había que recoger una invitación previa en las juntas de distrito, en la delegación de Cultura o en cualquiera de las emisoras de radio que las daban. Pero sin problemas, había para todos; y la cosa salió muy bien. Yo no sabría ahora deciros a cual de las dos noches asistí, pero allí estuve, en una cita ineludible porque era la primera vez que un grupo de rock iba a grabar un disco en directo en Sevilla.

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Orquesta Mondragón (y la gente de Sevilla) – “Garras humanas”

Y eso es lo que hizo la Orquesta Mondragón. Es cierto que ya, después de diez años de andadura (que esto era lo que iban a celebrar con ese disco en directo) habían atravesado un gran bache y no eran aquel grupo fantástico de Popotxo y Jaime Stinus arropando a un Javier Gurruchaga que se montaba unos conciertos espectaculares y apabullantes. Aquí vino ya el Gurruchaga egocéntrico y maniático que utilizaba a la banda para lanzarse a sí mismo, aunque escaldado por el fracaso de “Bésame tonta” y que había vuelto al rock’n’roll elemental, básico y fuerte. Por eso sus actuaciones sevillanas estuvieron llenas de vida. Y de lo que tocaron en las dos noches sacaron el material para el “Rock and Roll Circus”, un disco doble en el que repasaban a fondo sus primeros años. No faltaron los standards y las canciones más famosas, pero hubo rock del bueno, y el show de la Mondragón fue tan fuerte como el posterior exceso de manzanilla.

Al Ayuntamiento le salió tan bien la jugada que la repitió al año siguiente… pero eso ya es una historia de “la tercera vez que nos citamos en Sevilla”.

LA PRIMERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA… (El desarrollo)

El accidentado comienzo de la ”Cita en Sevilla” hizo que sus primeros días fuesen pasando como al ralentí. La revista promocional estaba muy cuestionada, al igual que toda la programación, y la difusión de los primeros conciertos fue escasa. Y por eso el primero de todos ellos contó con una asistencia de público más baja de lo esperado, a pesar de que allí nos reunimos unas dos mil quinientas personas, cifra que no estaba mal para los conciertos que se daban en Sevilla.

Pero es que aquella ocasión mereció mucho más porque era el primer concierto de una estrella internacional de primera magnitud que había en Sevilla, y porque ésta era, ni más ni menos, que Riley “Blues Boy” King. El Rey del Blues, B. B. King, que venía a hacernos súbditos del trono que ocupaba desde hacía ya varias décadas.

El recibimiento fue tibio. Y no sé que impresión sacaría B. B. King de una organización que ni siquiera le permitió familiarizarse bien con el escenario en el que tenía que actuar, porque el recinto del Solar de la Maestranza, donde iban a tener lugar todos los conciertos importantes de la “Cita”, se terminó de preparar apenas un rato antes del comienzo del concierto.

Pero bueno, se llegó a tiempo y casi a las once de la noche apareció King, arropado por una banda de enorme clase, en la que destacaba la exótica belleza de la vocalista Debra Boston (que cantaba blues con todo su cuerpo), para dejarnos durante dos horas las notas de las tristezas nacidas en el delta del Mississippi, trasplantadas por una noche a las orillas del Guadalquivir.

Bueno, en realidad a esa hora apareció su banda. Y nos preguntábamos donde estaba King; bajo, teclados, batería, trompeta, saxo, y un guitarrista que no era él… un par de numeritos marchosos de mosqueo, más que nada supongo que para ajustar el sonido. Y después como si se tratase de un número de circo, apareció “el Rey”.

La tibieza del comienzo fue pasando paulatinamente de la tranquila calidez hasta la entrega incondicional. La intensidad fue subiendo durante todo el concierto, para ser un clamor cuando King quiso dejar el escenario después de terminar su actuación con “The thrill is gone”. No le dejamos, claro… y hasta cuatro bises tuvo que hacer antes de abandonar por fin, exausto, casi sin poder sujetar a su negra “Lucille”, su guitarra favorita.

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B. B. King – “The thrill is gone”

Dos días después volvimos al Solar de la Maestranza, para darnos cita con unas quinientas personas más que el primer día, la mayoría de ellas políticos locales y supervivientes de la antigua progresía y clandestinidad política, porque en el concierto de esta noche iba a hacer acto de presencia uno de sus iconos, Lluis Llach, sobre quien durante muchos años pesó la prohibición de cantar en público y que hoy, por primera vez en esta ciudad, venía a jugar su baza política.

Antes que él tuvimos la actuación de Maria del Mar Bonet, que como no era la estrella esperada por la mayoría pasó tan fríamente como la noche misma, que más bien parecía de invierno que de primavera. Y la verdad es que ellos se lo perdieron, porque aunque su voz, límpida y torrencial, acompañada por las notas que desgranaba su inseparable Lautaro Rosas, no les motivase en absoluto, a los que estaban como yo, enamorados de María del Mar desde que editase su “Alenar” hacía siete años, sus reminiscencias musicales mediterráneas y tunecinas nos llegaron a la médula.

Pero la estrella es la estrella, y todos se volcaron, ahora sí, con Lluis Llach, que dio también un concierto absolutamente brillante y lleno de sentido del humor y de guiños que todos entendían y celebraban. Así fue por ejemplo cuando dedicó su canción “Si arribeu” (“Si llegais”) a Fraga con estas palabras: “dedicado a D. Manuel Fraga, para que viva muchos años… en la oposición”. O cuando hizo lo mismo con su mayor éxito, “L’Estaca”, dedicándoselo esta vez a un periódico local del que seguro que no tengo que decirte el nombre, “que se escandalizaría si nos oyese a todos canturrear juntos en catalán”. Por cierto, también por él nos enteramos de que a María del Mar Bonet acababan de concederle en París el premio “Charles Cross” al mejor disco extranjero editado en el último año, en el que recopilaba lo mejor de su repertorio.

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Lluis Llach – “L’estaca”

Los siguientes conciertos me los salté. Pero el problema no es que yo lo hiciese, sino que el próximo se lo saltase también la principal figura anunciada, Ruben Blades, que dejó plantada la gira española que tenía que traerle a Madrid y a Sevilla, y aquí se tuvo que sustituir a última hora por Caco Senante… con lo que estaréis de acuerdo conmigo todos en que salimos perdiendo con el cambio.

Así que el miércoles 16 de mayo la desencantada gente me imitó en su mayoría y al concierto apenas fueron quinientas personas, a pesar de que al poco rato de comenzar las actuaciones dejaron las puertas abiertas para que entrase sin pagar todo el que quisiera hacerlo.

Y la verdad es que aunque no apeteciese demasiado ver a Caco, el otro músico de la noche sí que tenía un atractivo mayor, porque era el Gato Pérez. Pero según pude oír al día siguiente, el concierto de salsa estuvo simplemente entretenido, si más.

De todas formas, los seguidores de Ruben Blades no se quedaron sin verle, porque esta primera “Cita” se prolongó posteriormente en tres noches más, las dos primeras, subtituladas “Cita con la salsa”. En la primera de esas noches actuó Rubén con su banda Los 6 del Solar, teloneados por la Orquesta Van-Van, el día 3 de julio, y Azuquita, Tito Puente y Celia Cruz el siguiente día. De la tercera noche hablaremos más adelante.

Retomando nuestra historia, el jueves 16 de mayo tenían que actuar el cuarteto de Richie Cole y el trío de Monty Alexander, pero la noche de jazz la aguó la lluvia y el concierto tuvo que ser suspendido. Así que nos perdimos la actuación de Richie, que venía con la aureola de ser uno de los músicos que mejor tocaban el saxo alto de aquel entonces, y de Monty, uno de los nombres más conocidos entre los jovenes pianistas del jazz, que además incluía en su trío a Bobby Thomas, el que fuese percusionista de los Weather Report.

Y el viernes 17 el protagonismo era para la bossa-nova y la samba brasileña de la mano de Chiquinho Timoteo, un multi-instrumentista que, además de la guitarra, en sus actuaciones hacía sonar algunos instrumentos autóctonos brasileños, como el cavaquinho, el berimbau y la capoeira. Los sones del trópico que salían de esos instrumentos impensables tampoco consiguieron convocar a mucha gente. Yo no estuve tampoco allí, pero sí que me enteré de que los pocos asistentes no dejaron de bailar en los aproximadamente 80 minutos que duró la fiesta brasileira.

El sábado volví. Y como yo, lo hizo prácticamente toda Sevilla, porque sobre el escenario iban a estar Victor Manuel y Ana Belén. Y con ellos llegó el caos.

Las entradas se habían agotado algunos días antes del concierto. Y para que entrasen los miles de personas que teníamos entrada a algún lumbrera de la organización se le ocurrió abrir la puerta (una sola) a las nueve y media de la noche… cuando el concierto era a las diez. Y aunque se retrasó un poco, para cuando Victor Manuel dio comienzo al espectáculo cantando “Déjame en paz”, en la puerta todavía quedaba muchísima gente queriendo entrar. Y las canciones seguían, y la gente seguía estando fuera, por lo que terminaron por perder la paciencia y enfadarse, formando tal alboroto que al final la organización dejó las puertas abiertas para que entrasen libremente… tanto los que tenían su entrada como los que aprovecharon la ocasión para pasar también de forma gratuita.

Las canciones se fueron sucediendo de forma alternativa por una y otro, y la lluvia también quiso venir a escucharlos. Tuvo que ser Victor Manuel quien invocando al “Fuego” con su canción hiciese cesar el molesto aguacero. Pero ni el agua, ni la molestia de la cola de la entrada pudieron con los ánimos del personal, compuesto a partes iguales por amantes de los abrigos de pieles y de las chupas de cuero… “aquí cabemos todos”, gritó Victor Manuel cuando entró la avalancha… que se movían ondulantemente con las conocidas canciones de Ana Belén, que por entonces atravesaba su mejor momento (acababa de editar “Geminis”) y con los clásicos de Victor. La gente se sabía las canciones y las coreaban de forma multitudinaria.

Yo personalmente no es que disfrutase demasiado con aquellas canciones, pero había que reconocer que Ana y Victor fueron una pareja absolutamente profesional, que intentaron llegar a lo más alto a pesar de los inconvenientes de la noche y que el desequilibrado equilibrio entre las angustias de él y el glamour de ella funcionó a la perfección.

Hubo un momento también en que Victor dedicó una de sus canciones antimilataristas a los soldaditos que había en los balcones del cuartel de artillería que había en la calle Temprado, a los que pidio perdón por darles la espalda… “pero es que cuando a uno le rodean siempre hay que dar la espalda a alguien”

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Victor Manuel – “Déjame en paz”

Los lectores más jóvenes quizás no sepáis que estas actuaciones tenían lugar en el Solar de la Maestranza, que era eso mismo que indica su nombre, un solar. El que quedó cuando derribaron la otra parte del mencionado cuartel, y que ahora ocupa el Teatro de la Maestranza. El cuartel también desapareció y en su lugar todos hemos salido ganando el espacio libre de las Atarazanas. Y al ladito mismo del cuartel, también en la calle Temprado, estaba (y aún sigue) la Hermandad de la Santa Caridad, por lo que los ediles de Alianza Popular también protestaron lo suyo ante la celebración de los conciertos, porque decían que tanto ruido iba a molestar e impedir el descanso de los ancianos asilados allí… como si los ancianos no tuviesen siempre ganas de que suceda algo interesante que les saque de su rutina.

Este mismo día, las fuerzas vivas de la reacción ya habían encontrado también motivos para poner de nuevo el grito en el cielo a causa de la inauguración de una exposición de pintores sevillanos, encuadrada también en la programación de la “Cita”, que tuvo lugar en la Plaza de San Francisco, que según ellos perjudicaba con sus stands seriamente a los comerciantes de la zona, y que mejor hubiese hecho el Ayuntameinto en emplear los dos millones y medio de pesetas en otra cosa en vez de en levantarlos para cobijar semejantes mamarrachadas de cuadros. Y lo que ya colmó el vaso de su mariana paciencia fue que ese mismo día, en que tantos miles de fieles estaban convocados para el acto de desagravio ante la Virgen, unos desconocidos se atreviesen a representar por su cuenta y riesgo la Crucifixión de Jesucristo desde la azotea de uno de los edificios de la Plaza.

Cuando Manuel del Valle y Bernardo Bueno terminaron de pasear entre los stands, una vez inaugurada la exposición, comenzaron a sonar unos cencerros en la azotea del edificio de la Casa de Granada, allí, en su parte más alta, visible desde toda la Plaza de San Francisco, un tío, vestido solamente con un taparrabos y una corona de espinas, se crucificó en una cruz forrada de papel de estaño, mientras otro grupo a su alrededor encedía bengalas.

La verdad es que la Delegación de Cultura fue ajena a todo esto, pero la oposición la emprendió con ellos por no enviar a la policia a que parase esta burla, y después movió cielo y tierra hasta que pusieron a disposición judicial al autor de la fechoría, un estudiante de Bellas Artes llamado Victor Quintanilla, que declaró que lo unico que intentaba con su representación era transmitir un mensaje de paz.

Y llegó el domingo 20 de mayo, que era otro de los días grandes de la “Cita”. Ese fue el día en que un mito (con permiso de B. B. King) visitó Sevilla por primera vez, y fue Joan Baez.

Pero yo me aburrí. El día estaba también metido en aguas y eso hizo que al concierto fuese muy poca gente, y que además comenzase con una hora y pico de retraso, hasta que estuvo más o menos claro que no iba a volver a llover. Y entonces subió Joan, armada solamente con su guitarra para desgranarnos todas sus canciones de siempre, que ella intentaba explicarnos de qué iban entre una interpretación y otra, en un español horrible que apenas se entendía. Por eso nos perdimos casi toda la dedicatoria que de “La balada de Sacco Y Vanzetti” hizo para los presos políticos de Cuba, Vietnam, Chile, Uruguay… pero la gente coreó el “Farewell Angelina” con el estribillo que en español le pusieron Los Payos a su versión, y el “No nos moverán”; pero a mí solo me conmovió algo cuando hizo el “It’s all over now, baby blue” de Bob Dylan.

Estábamos ante un mito, como ya os dije; pero con tanto retraso que estas canciones de amor y paz de los años ’60 ya representaban muy poco en el hastío desencantado de los ’80.

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Joan Baez – “It’s all over now, baby blue”

Y el próximo concierto no tuvo lugar hasta el jueves, día 24, con la participación de los grupos de rock más jóvenes. Largas colas en la entrada de nuevo, pero no para ver a Spray Naranja, ni a Rompehielos, ni a Sabotaje, ni a Helio, ni siquiera a los 091; todos aquellos aseados muchachitos y muchachitas estaban allí porque la cabecera del cartel la ocupaban Los Pistones, que con su canción “El pistolero” eran los reyes de los 40 Principales.

Y con esa canción abrieron su concierto, ya a las tantas de la madrugada, para deleite de los seguidores que todavía aguantaban el tipo después de haberse tenido que tragar las actuaciones de todos los mencionados anteriormente (y he de decir que se necesitaba mucha bebida para tragarse algunas de ellas). Después siguieron con su repertorio, que al ser tan corto todavía, para el bis tuvieron que echar mano de nuevo de “El pistolero”, y todos contentos con el final de fiesta, incluídos los miembros más jóvenes de Alianza Popular que también andaban por allí… eso sí, con la corbata guardada en el bolsillo.

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Los Pistones – “El pistolero”

Antes que ellos, los grupos sevillanos que componían el cartel se fueron sucediendo (Spray, Sabotaje, Rompehielos, Helio, creo que fue el orden) con unos conciertos entre lo cutre y lo atropellado que solo levantaron los Helio con su mejor hacer. La gente conocía más o menos a Rompehielos porque su “No hay un joint” fue el primer disco independiente de rock elaborado totalmente en Sevilla, pero ahora tenían una formación nueva y eran una incógnita. En los Spray Naranja estaban Curtu y Pablo, que eran músicos de acompañamiento de Jarcha, y a pesar de los esfuerzos de Paco Alejo fueron lo más flojito de esta noche, que era su puesta de largo. Sabotaje era lo más parecido que teníamos por aquí a una banda “siniestra”, y ellos mismos denominaban a su sonido como morboso. Y Helio eran lo mejorcito que teníamos en cuanto a pura y vibrante música pop.

Las diferencias de calidad entre unos y otros eran enormes a pesar de que el listón no estaba muy alto, pero hay que decir que todos derrocharon ganas, supongo que porque era la primera vez que se veían tocando ante una audiencia tan multitudinaria, que hacía lo que podía para no aburrirse e intentar bailar para quitarse el frío. Por cierto, que esta noche sí se podía bailar bien porque habían quitado las sillas del solar.

Yo tenía ganas de ver a los primerizos 091, que me habían gustado tras conocer sus primeros singles (¿recordáis “Fuego en mi oficina”?); y aunque las maneras de José Antonio, Tacho y Antonio ya apuntaban alto, el que en realidad me sorprendió y me dejó alucinado fue un jovencísimo José Ignacio García Lapido, con cara y cuerpo de niño, pero manejando la guitarra como un guitar-hero absoluto.

Y el viernes más rock. Y más fuerte. Porque en escena estaban Barón Rojo. Volumen brutal para dejar claro que lo suyo es el rock. Gente a tope saltando y botando con los barones y en medio de todos ellos mi hermano y yo (creo que éste ha sido el único concierto al que he asistido con mi hermano en toda mi vida) de pie, hieráticos, y aguantando empujones… todo muy jevi. Como merecía la ocasión.

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Barón Rojo – “Los rockeros van al infierno”

El sábado era el turno de los cantautores. José María Maldonado con su petición de “amnistía psiquiátrica para los locos” ejerció de telonero sin más y Kiko Veneno intentó lucirse entre tanta gente que no entendía nada de aquello y se reía pensando que estaba de broma cuando hacía alusiones a Valle Inclán o al “I’m the walrus” beatleliano. A los demás nos dio la calidad, marcha y buen rollo que esperábamos de él. Y el que no decepcionó a nadie fue Hilario Camacho, quien, arropado por una banda eléctrica fantástica en la que sobresalían el guitarrista hendrixiano (¿era José Antonio Romero…?) y el colosal saxo de Arturo Soriano, nos dio un soberano recital de lo que debe ser un cantautor urbano.

Y el domingo descansé. Los que no lo hicieron pudieron apreciar la música celta pasada por el tamiz vasco de Labanda, que sirvieron de teloneros a Gwendal, con una música similar pero con más reminiscencias rockeras. Los que asistieron disfrutaron.

El martes de esa semana dio comienzo también el ciclo de conciertos de grupos sevillanos en diferentes partes de la ciudad: La Banda de Atila, Sabotage y SS20 en la Alameda; Silvio, Brigada Ligera, Oxi2 y Brea en el parque Amate; Rompehielos y Spray Naranja en los Jardines del Valle…

Pero la noche rockera más interesante era la del viernes 1 de junio: Ian Dury venía a golpearnos con su palo rítmico.

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Ian Dury – “Hit me with your rhythm stick”

Ian llevaba ya en Sevilla diez u once días, viviendo al principio en la calle Jesús del Gran Poder, en la casa del pintor Manuel Salinas, donde se decía que estaba componiendo las canciones de su próximo disco, aunque vete a saber si eso fue así porque él no sacó un disco nuevo hasta cinco años más tarde, el “Apples”. Tres o cuatro días después se mudó a una habitación del hotel “Los Lebreros” porque la casa tenía muchas escaleras y a él, con su polio, le resultaba muy difícil acceder a su habitación del último piso, la única disponible. Lo que sí hizo Ian fue dejarse ver por los círculos más creativos y vanguardistas (que sí, hombre… que los había) de la ciudad, aunque se frustraron algunas ruedas de prensa que pensaba dar y que nos hubiesen permitido pasar un buen rato con sus boutades. Se hizo amigo del torero Lucio Sandín, al que vió en la Maestranza, conoció el campo sevillano y la pintura clásica, aunque la monja de la entrada del Hospital de la Caridad le obligó a quitarse su sempiterno sombrero negro antes de pasar a a apreciar a Murillo, a Pedro Roldán y a Valdés Leal… y supongo que la buena mujer se quedaría también con las ganas de obligarle a quitarse sus pendientes (recordad que estamos en 1.984 y los hombres no llevaban esas cosas).

Todavía no sé porqué, ni de quien fue la idea, de dejarnos en el concierto de esa noche a palo seco. Los cubatas ya había que traérselos bebidos de fuera. Pero los que nos reunimos allí, unas siete mil personas aproximadamente, disfrutamos a tope con Ian y su banda, compuesta por ocho músicos jamaicanos con los que se compenetraba muy bien a pesar de que, paradójicamente, era la primera vez que tocaba con ellos y llegaron a Sevilla esa misma mañana.

Con aquella música, hasta el alarido más desaforado de cualquiera del público se convertía en expresión artística. El de Ian Dury era el concierto más intenso que se había vivido nunca en Sevilla. Y había que estar allí, clamando entre un mar de decibelios que nosotros también queríamos “sex and drugs and rock’n’roll”.

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Ian Dury – “Sex and drugs and rock’n'roll”

El título de esta última canción ha servido para dar nombre también a la película que se acaba de estrenar sobre la vida de Ian, al que interpreta Andy Serkis (el Gollum), y que va a servir, estoy seguro, para que este año se vuelva a hablar mucho de Ian Dury, ya que también coincide con el décimo aniversario de su muerte.

Y con él no es que despidiésemos la “Cita en Sevilla”, pero casi. Porque al día siguiente lo que había en el Solar de la Maestranza era un concierto de flamenco, y el domingo de nuevo jazz con Stan Getz. Pero de esas cosas tendrá que hablar alguno de nuestros comentaristas, si es que anduvo por allí. La siguiente semana se pasó en blanco, hasta que el domingo siguiente volvieron a abrir el solar para la guitarra de Paco de Lucía.

Fui más que nada por escuchar en directo “Entre dos aguas”, y el concierto de Paco, acompañado de un bajo eléctrico y de las guitarras de sus hermanos Pepe y Ramón, estuvo lleno de su habitual virtuosismo, aunque los constantes fallos de sonido le restasen brillantez.

Y de nuevo otro parón hasta que Serrat se encargase de cerrar la “Cita”. Éste tuvo dos actuaciones porque se preveía que iba a ser el artista más multitudinario de los que vinieron. Y así fue: lleno total en las dos ocasiones, el jueves 14 y el viernes 15. Yo estuve el primer día, acompañado por una antigua amiga con la que precisamente he recuperado el contacto hace solo unos días, y disfrutamos ambos de la mordacidad, ironía, sarcasmo, sensibilidad, crítica y romanticismo de Joan Manuel.

Y la gente, como siempre (ya había venido otras veces a Sevilla) se entregó a él entusiasmada. Serrat conoce perfectamente los resortes humanos y es capaz de hacer sentir a cada uno de los presentes que las canciones las está susurrando solo para él, a pesar de estar rodeado por una multitud.

En los conciertos de Serrat siempre ocurre algo que me deja perplejo, por lo repetido de la situación y como la gente sigue comportándose igual una vez y otra. Sus canciones en directo siempre vienen renovadas y convertidas en versiones de las originales, siempre vigentes en su tiempo. Y sobre todo al principio no se parecen a las del disco a causa de la introducción instrumental con que las abre. Esa introducción es breve siempre… excepto en una de sus canciones, en que la alarga un poco más y desaparece un momento de la escena, supongo que para beber o aclararse la garganta. Siempre lo hace de esa forma. Al menos lo ha hecho en todos los conciertos en los que yo le he visto. Y la gente aprovecha ese momento para levantarse e ir a mear o a pedir otra cerveza a la barra.

Y lo hacen porque la música no les suena de nada y piensan que es una canción que desconocen, y no se dan cuenta de que ese pequeño instrumental es el que da paso a la canción que todos estaban esperando, “Mediterráneo”. Y cuando por fin reconocen las primeras notas y ven que Serrat está de nuevo en escena, se produce la avalancha de gente que deja todo lo que había empezado a hacer para correr hacia su silla. Siempre ocurre igual… os lo juro… no escarmientan a través de las nuevas generaciones de seguidores.

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Serrat – “Mediterráneo”

Y aunque estaba previsto que la programación terminase aquí, aún hubo una coda a esta “Cita”, como ya os dije anteriormente. Y en la tercera de las noches añadidas tuvo lugar el concierto que el día 6 de julio dio Nina Hagen. En aquel momento la cantante estaba en todo su apogeo, y venía precedida de varios escándalos hábilmente manejados por sus representantes y publicistas, por lo que el Solar de la Maestranza registró una entrada de más de cuatro mil personas, y muchas más que se quedaron fuera debido a que el precio de las entradas (entre 800 y 1.000 pelas, el doble o más de lo habitual en la “Cita”) era un poco alto para la época, y prefirieron ver el espectáculo encaramados a los árboles de los jardines de la Caridad.

Nina sacó a relucir todas sus pelucas multicolores y sus habituales modales provocadores, aunque sin escandalizar demasiado a un público que no entendía ni papa de su inglés, y menos aún de su alemán, cuando hablaba de religión, de odio, y de, en suma, la estupidez humana que quería reflejar en sus canciones. Pero nos hizo disfrutar mucho con todas ellas, que se movían en terrenos que iban desde la ópera macarrónica hasta el punk y el rock más clásico, arropada por una muy buena No Problem Orchestra, que le daba más fuerza todavía a sus interpretaciones.

Al final quedó un mal sabor de boca porque la actuación fue cortísima y la gente se quedó protestando con ganas de mucho más. Porque además, como esto era el final, y el incordio del grupo popular del Ayuntamiento hacía que peligrasen las futuras ediciones de la “Cita”, vete a saber cuando íbamos a tener otra noche de rock internacional.

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Nina Hagen – “White punks on dope”

Pero la “Cita en Sevilla” siguió hasta 1.991. Y espero que todas ellas podamos recordarlas en este blog en posts sucesivos que irán apareciendo cuando buenamente se pueda, entre los habituales textos que solemos colgar. El alcalde Manuel del Valle dejó claro que los cincuenta y siete millones de pesetas que había tenido de déficit esta “Cita” (ochenta de gastos y veintitrés de ingreso por taquillajes), no habían caído en saco roto, ya que junto a la posibilidad que se había brindado a todos los sevillanos de asisitir a actuaciones de artistas que de otro modo nunca hubiesen venido por aquí, y a precios asequibles, se había conseguido que Sevilla fuese un eslabón más en las giras habituales de los grandes artistas.

Pero el mundo, y las corporaciones municipales y, sobre todo, las personas que las componen, dan muchas vueltas, y lo que tenía que haber germinado como una gran cosecha, con los años solo dio mala hierba. Aunque antes de que ésta aflore, nos queda mucha diversión… espero compartirla con vosotros próximamente en “la segunda vez que nos citamos en Sevilla”. Porque, al fin y al cabo, y parafraseando a un rocker adelantado a su tiempo que ya hemos mencionado antes, como era Valle Inclán, “nada es como hubo sido, sino como se recuerda”.

LA PRIMERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA… (Los prolegómenos)

El tiempo le ha dado a la “CITA EN SEVILLA” una pátina de nostalgia y de buenos recuerdos que hace que los que la vivieron la añoren, y los que no llegaron a vivirla sientan que se perdieron una parte muy importante de la historia musical y cultural de esta ciudad.

Sin embargo, aunque ahora todo el mundo esté de acuerdo en que las citas de todos aquellos años eran algo muy bueno y que mereció la pena celebrar, al principio no todo fueron buenaventuras, sino más bien lo contrario. La “Cita en Sevilla” tuvo que superar escollos muy grandes para poder salir adelante.

En aquella época, concretamente, el año 1.984, a esta ciudad solo habían venido a tocar desde el extranjero, que yo recuerde, los Troggs, Magna Carta y John Martyn. Y los de Producciones Informales aún no nos conocíamos siquiera. Así que la posibilidad de que alguien nos diese la oportunidad de ver en directo aquí a Joan Baez, Elton John y Eric Clapton nos parecía el colmo de la modernidad. Y eso fue lo que nos anunció el Ayuntamiento a finales de marzo de ese año.

La “Cita en Sevilla” fue un empeño del equipo de gobierno municipal del alcalde Manuel del Valle, sacado adelante por el delegado de Cultura, Bernardo Bueno, que sobre todo pretendía ser un medio para fomentar la actividad creativa sevillana, posibilitar la formación de nuevos planteamientos de vida a partir de la cultura, crear una infraestructura sólida para la producción artística tanto propia como de los artistas que viniesen de fuera, invertir en equipamiento cultural… y para ello, junto a los grandes nombres de la música mencionados antes, se invitaría también a otros de los más grandes intérpretes españoles (Serrat, Victor Manuel, Ana Belén) y a los grupos sevillanos que se movían por entonces de forma muy subliminal (Spray Naranja, Oxi 2, Brea, Brigada Ligera, Rompehielos…). Y también la “Cita” abarcaría toda una serie de ofertas que irían desde los demás estilos musicales, como el flamenco, el jazz, la ópera (venía Monserrat Caballé por primera vez); así como arriesgadas obras de teatro y exposiciones. Se trataba, en suma, de poner a Sevilla en el mapa cultural, y que la ciudad se encontrase con ella misma en unas jornadas que cubrirían los barrios y numerosos locales y solares del centro, uniendo el final de las Fiestas Grandes de la primavera con el principio del verano y la molicie de sus 40 grados a la sombra.

Después fallaron algunas de las grandes figuras anunciadas, que fueron sustituidas por otras algo menores; de todos modos quedó una programación muy aceptable, y muy ambiciosa para lo que estábamos acostumbrados a ver por aquí. Pero todo esto fue recibido por la Sevilla más casposa y rancia de una forma tan enconada, que el periódico representativo del sector reaccionario de la ciudad (sí, me refiero al “ABC”) se encarnizó con la “Cita” con este titular:

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Círculo Vicioso – “La negación”

Se preveían problemas… ¡Y vaya si los hubo!

La primera fuente de ellos fue la revista gratuita que el Ayuntamiento editó para publicitar y dar vidilla a la “Cita”, así como para dar a conocer a los artistas participantes en ella, cuya inmensa mayoría nunca había estado aquí y de los que mostraba semblanzas que ayudaban a todos a conocerlos mejor.

La “Cita en Sevilla” la abrieron Els Comediants, con tres representaciones, de las cuales, la tercera, “Demonis” iba a ser la más importante y la que realmente serviría como inauguración oficial de la programación, el sábado 12 de mayo. Como introducción, en el artículo que la revista les dedicaba, aparecía el siguiente texto:

El sábado por la noche, las orillas del Gualdalquivir, la Torre del Oro y las calles de Sevilla se llenarán de olor a pólvora y a azufre del infierno. Son los demonios que han vuelto –por fin- a rescatarnos de las mediocridades hipócritas de esta Sevilla mariana; son los diablos procaces y provocadores, que nos muestran con sus tracas y sus guiños lo aburridos que somos.

A la teniente de alcalde, de Alianza Popular, María Dolores Meléndez, le faltó tiempo para decir que aquello era una burla a la Sevilla mariana, y que “es inconcebible que desde una revista municipal se conceda un tratamiento así a uno de los valores incluídos en el escudo de la ciudad”.

Els Comediants quedaron en el punto de mira de la oposición municipal, y a causa de ello la “Cita en Sevilla” tuvo el peor de los comienzos que nadie hubiese imaginado. Y no hubiese debido ser así, porque el espectáculo del grupo catalán brilló a gran altura. A las diez de la noche del sábado éramos miles los que llenábamos los alrededores de la Torre del Oro, el puente de San Telmo y el Paseo Colón, para contemplar como los demonios llegaban en barca hasta la Torre envueltos en fuegos artificiales, bajo los estruendosos sonidos de “Fausto”, para desembarcar al grito de “Viva el infierno”. El fuego rodeó la Torre del Oro mientras los demonios, los faunos y los dragones bailaban frenéticamente. Els Comediants armaron un estrepitoso y descomunal número de feria y de magia que nos dejó boquiabiertos a todos. Aquello era una nueva forma de entender el hecho teatral como nunca antes habíamos visto, una nueva forma de relacionarse con el espectador, lejos de la solemnidad de la cultura teatral convencional.

Después el espectáculo se extendió hacia la Puerta Jerez, la Avenida de la Constitución, la Plaza Virgen de los Reyes, el Patio Banderas, donde estalló una enorme traca que había preparada… os podéis imaginar el caos circulatorio del centro de Sevilla. Mientras, los demonios se encaramaban a las columnas de la Catedral gritando “Dios no existe, muerte a la Iglesia”. ¿Os lo podéis imaginar siquiera? En el corazón mariano de Sevilla…

Ya sabéis que yo soy bastante modosito, pero en aquella borrachera de fuego y exaltación de los sentidos, fueron muchos los espectadores que se sumaron al espectáculo, que se subieron también a las columnas, que profirieron gritos más impropios aún que los de los actores, que hicieron gestos obscenos a la Catedral y al Palacio Arzobispal… que después de que los actores terminasen, siguieron la fiesta desde la Campana hasta la calle Betis… que incluso rompieron de una pedrada el cristal de la puerta del “ABC” en la calle Velázquez… lo suficiente para provocar este editorial en dicho periódico:

Ellos veían gamberrismo desatado donde solo había fiesta. Tampoco fueron para tanto los pocos desmanes que hubo; y en cuanto a espectáculo bochornoso y suciedad, lo que queda en los palcos de la Campana y la Plaza una vez pasadas las cofradías dejaba en pañales a los restos que quedaron en el Paseo del Marqués de Contadero en la madrugada que siguió a esa noche. En realidad yo no recuerdo haber visto ningún problema de orden público, ni ningún otro problema que no fuesen los motivados por la masiva asistencia de público a cualquier acontecimiento.

Pero ya estaba prendida la mecha que hizo explotar a la Sevilla nazarena. El presidente del grupo parlamentario de Alianza Popular en Andalucía, Ricardo Mena-Bernal, pidió explícitamente al alcalde que expulsase de Sevilla a Els Comediants para que así “el aire vuelva a ser límpio”. Y los concejales de la derecha volvieron a arremeter contra el artículo de la revista: “El pueblo de Sevilla es lo suficientemente divertido como para que tengamos que leer que estos “diablos” van a quitarnos el aburrimiento. Asímismo se dice que van a rescatarnos de mediocridades hipócritas, con lo que desde una revista municipal que pagamos todos se nos llama mediocres e hipócritas…”. Y aún más, salió a relucir el orgullo ombliguista: “Si Sevilla fue la primera ciudad que pidió la definición del dogma de la Inmaculada Concepción y ahora ocupa la vanguardia en la petición del de la mediación, no podemos admitir que vengan unos catalanes, traidos por un señor que no es de Sevilla, a decirnos cual es la cultura de nuestro pueblo”. Anda que no… que se note que la Sevilla mariana es la que parte la pana…!

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Avíos del puchero – “Sevilla”

Y la Sevilla mariana se movilizó. Y durante toda la semana siguiente fueron cientos las personas que fueron a la Plaza del Triunfo a arrodillarse y rezar ante la Inmaculada, dejando a sus pies flores y más flores. Y por supuesto también el Consejo General de Hermandades y Cofradías se sumó al “clamor popular”, y quiso dejar muy clarito que “la sensibilidad de nuestras hermandades y del propio pueblo de Sevilla no puede permanecer indiferente ante actos de esta naturaleza”. Y después fue el Arzobispo el que se lamentó de que “ningúna autoridad del Ayuntamiento ni ningún organizador de dicho acto “teatral” se haya entrevistado antes ni después conmigo”, desmintiendo así las informaciones que se daban en las emisoras de radio sobre que el Arzobispado había autorizado la actuación de Els Comediants… que también manda huevos la manera de informarse y contrastar las noticias de los redactores de entonces. Y después los capillitas se concentraron ante el Ayuntamiento, manifestándose contra el patrocinio municipal de los incidentes… y en la noche del viernes 18 de mayo todos juntos se unieron en torno al monumento a la Inmaculada, presididos por el Arzbispo, para realizar un acto de desagravio a la Virgen en el mismo lugar en que ocurrieron los sacrílegos incidentes. Los cristianos, unidos, jamás serán vencidos.

Y como todavía les parecía poco, al día siguiente, el sábado a mediodía, organizaron una multitudinaria misa en la iglesia del Santo Ángel para desagraviarla todavía más.

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Compañía Malpaso – “Hijos de Dios”

Es digno de resaltar aquí que aunque los hermanos mayores de todas las cofradías más representativas de Sevilla se sumaron a la corriente mariana, el hermano mayor de la Amargura, Ernesto Ollero, aunque seguidor de los mismos principios que los demás, al menos señaló que “no he visto las representaciones, pero por lo que se ha publicado y por comentarios de personas ponderadas que las vieron, entiendo que el grupo actuante no ha ofendido a institución alguna”. Él solo culpaba a las personas que se habían dejado llevar por la ocasión para faltar al respeto de los sentimientos religiosos de un alto porcentaje de los sevillanos.

Y mientras en Sevilla ocurría todo esto, en Madrid el grupo de Els Comediants recibía el Premio Nacional de Teatro, otorgado por su aportación a la renovación de la escena y por su continua evolución.

No es de extrañar, pues, que los días siguientes al pistoletazo de salida de la “Cita” fueran tan intensos que el primer concierto que se celebró en ella, que fue el de B. B. King, el domingo 13, en el Solar de la Maestranza, pasó prácticamente desapercibido.

Pero los conciertos siguieron. Algunos con más pena que gloria, pero fueron saliendo adelante y hoy los miramos con un cariño mucho mayor que el que pusimos incluso cuando nos apiñábamos entonces en las primeras filas. Y en este blog vamos a tener un recuerdo para cada uno de ellos.

Pero eso será en otro de los posts que seguirá próximamente. Atentos a “LA PRIMERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA (El desarrollo)”.

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Helio – “Aquella nueva palabra”

LA NIEVE EN SEVILLA ES UNA MARAVILLA

Hacía ya 56 años.

Aunque hay muchos escépticos que dicen que en Sevilla hoy no ha nevado, al menos yo puedo decir que en mi jardín sí que lo ha hecho.


…a ver si va a ser verdad eso que dicen sobre el cambio climático.

SIGN OF THE TIMES

Bush, Al-Qhaeda, la telebasura, la crisis… el horror… el horror…

El año pasado me dejé convencer para escribir un post resumiendo lo que me había parecido mejor de entre los discos publicados durante aquél. Este año no pienso hacerlo aunque insistáis; no quiero tener que volver a forzar mi escasa capacidad de síntesis. Y de todas formas creo que todos estaremos más o menos de acuerdo en que el mejor de todos los discos ha sido el “Merriwater post pavillion” de Animal Collective. Así que dejaremos la lista ahí.

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Animal Collective – “My girls”

Pero es que este próximo día 31 no solo se termina un año, sino también una década, la primera del siglo 21. Una década marcada por la recesión, la congelación de sueldos (cuando no la desaparición directa de los mismos) y la globalización de la miseria.

La primera parte de la década también trajo consigo el nacimiento del “Gran Hermano” y los realitys de la televisión, y con ellos cientos de horas de pseudo estudios sociológicos y antropológicos intentando explicar por qué tanta gente aparentemente civilizada encuentra placer contemplando unos espectáculos que son lo más degradante desde que a los romanos se les ocurrió la idea de poner en en el circo a unos cristianos y a unos leones al mismo tiempo para ver qué pasaba. Me parece que a las futuras generaciones tendremos mucho que explicarles sobre nuestro comportamiento.

Y la década además ha sido pródiga en cosas cada vez más irreales, como que Bush entrase en la Casa Blanca dos veces, que el PP sea una alternativa real de gobierno o que Coldplay se haya convertido en el grupo más importante del mundo.

Aunque tampoco ha sido muy difícil que lograsen serlo, ya que la mayoría de los demás grupos nuevos contendientes al puesto formaban una lista tan interminable y tan intercambiable como los propios componentes de las bandas. Una pena.

Y también hay que sentir una pena muy grande por los ejecutivos de las compañías discográficas. En un momento eran las navidades de 1.999 y estaban ellos intentando contratar nuevos empleados para que les ayudasen a llevar las carretillas llenas del dinero contante y sonante que les reportaban sus excesos de beneficios hasta sus sucursales bancarias favoritas, y en el momento actual está llegando enero del 2.010 y están ellos sentados en los bancos de las plazas públicas terminando de escribir sobre un cartoncito las palabras “tengo hambre y no tengo trabajo, antes que robar prefiero pedir, una ayuda por favor”. Pobrecitos; con el frío que hace para tener que vivir entre cartones.

¡Qué poco tiempo ha pasado! Parece que fue ayer mismo cuando todos estábamos tan asustados por los estragos del “efecto 2.000”. Justo cuando llegasen las doce de esa fatídica noche, los ordenadores iban a cobrar vida para averiar todo lo que hubiese en el mundo mientras centenares de missiles nucleares y de aviones iban a caer prácticamente en nuestro jardín. Y en un abrir y cerrar de ojos se ha terminado la década.

Y una década tan surreal ha tenido que terminar, claro, de una forma también surreal: la muerte de un presunto violador de niños no ha sido celebrada con espontáneas fiestas callejeras, sino con un diluvio mundial de tristeza como nunca antes se había visto.

Si consideramos la iconografía del siglo anterior, sus imágenes servirán como totems de su cultura para todas las generaciones posteriores: Los Beatles, JFK, Hitler, Churchill, Stalin, Dylan, Marilyn Monroe… si nos basamos en la evidencia de la década que se está terminando, ¿a quién habría que inmortalizar en piedra para conmemorar el siglo 21? A Obama, quizás…

…pero luego aparecen las imágenes de todas las Ana Rosa Quintana del mundo, con sus inanes y estúpidas sonrisas luciendo en sus caras con el inmerecido orgullo de presidir las montañas de mierda que ellas han sido elegidas para representar.

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Barón Rojo – “Telebasura”

El signo de los tiempos.

Y como éste es un blog eminentemente musical nos vamos a centrar en la música para divertirnos un poco eligiendo a la Figura de la Década. Aquí debajo podréis votar por los nominados. Pero antes tendréis que saber cuales son sus merecimientos leyendo el resto del post. ¿Y por qué comenzamos la lista con una gente que, aunque pueda ser muy representativa de esta década, en realidad sus mayores logros no son de este espacio de tiempo? ¿No hubiesen merecido el mismo trato, entonces, gente como el Boss o Dylan? Y para contestar a esas preguntas y ver de qué forma influyen unos y otros en la gente de esta década solo hay que recordar los aforos de los conciertos de los dos mencionados en Sevilla y Jerez (ciudades tan representativas socialmente como cualesquiera otras), y la rapidez en agotarse las entradas para los conciertos de U2 en todos los sitios por los que pasan.

U2: Comenzaron la década declarando que iban a volver a aplicarse para convertirse de nuevo en la mejor banda del mundo, y el año 2.000 significó una vuelta a las bases que les llevó a editar el “All that you can’t leave behind”, del que vendieron más de 12 millones de copias y con el que ganaron siete Grammys. Además de que en el 2.002 Bono fuese incluído en la lista de los 100 británicos más importantes, a pesar de ser irlandés. En el 2.004 le robaron a The Edge en Francia su copia del siguiente disco que iban a editar, “How to dismantle an atomic bomb”, y ese asunto se convirtió en uno de los pilares sobre los que se asentó la condenación de todos los que movemos música a través de internet. El grupo se convirtió en el 2.006 en abanderado de todos los que consiguen un status económico más que solvente cuando mudó todos sus negocios hasta Holanda para ahorrarse millones de libras en impuestos. Dinero que seguramente Bono habrá empleado en esa ayuda al tercer mundo que tanto predica. Y la década termina para ellos con su gira de “360º”, la más cara que los siglos nunca vieron, con un coste de tres cuartos de millón de euros diarios, que nosotros hemos ayudado a financiar a cambio de una plaza en el Estadio Olímpico el próximo mes de septiembre.

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U2 – “Get on your boots”

LILY ALLEN: Comenzó la década sin pena ni gloria, conociendo a un DJ en Ibiza, que se convirtió en su manager y que lo único que hizo por ella fue conseguir que la despidiesen de su sello discográfico, por lo que la chica tuvo que dejar la música y pasarse al negocio de la floristería. Pero como quiera que la horticultura no le ocupaba demasiado tiempo, y la chica empleaba sus muchos ratos libres en trastear con el ordenador, cuando llegó el 2.005 se había convertido en la primera superestrella mundial surgida de MySpace. Más de 400.000 amigos le abalaban, y su primer single, “Smile”, se convirtió en el número uno de ventas nada más editarse. Y hasta el dos llegó su primer CD, “Allright”, producido en parte por el hombre de moda del momento, Mark Ronson. En el 2.008 era una figura pública tan importante que hasta el alcalde de Londres se alió con ella para una conferencia destinada a intentar bajar el número de delitos con arma blanca que se cometen en la ciudad. Este año ha vuelto a ser número uno en ventas con “The fear” y, si hay que creerse lo que dice, va a dejar la música, con lo que se va a convertir en un raro especimen de ésos que se retiran a tiempo en vez de arrastrase tristemente.

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Lily Allen – “Smile”

NOEL GALLAGHER: Abandonó a Oasis por primera vez al comenzar la década, justo después de liarse a hostias con su hermano Liam en un concierto en Barcelona. Al año siguiente abandonó también a su mujer, Meg Matthews, para arrejuntarse con la publicista Sara McDonald, con la que ha pasado todo el resto de la década, al contrario de lo que hizo con su banda, con la que volvió enseguida. Y con ellos grabó en el 2.005 “Don’t believe the truth”, un disco que fue aclamado como el mejor desde el “(What’s the story?) Morning glory”. Tras recibir una lluvia de críticas por atreverse a decir que Jay-Z no merecía ser cabecera de cartel en Glastonbury y tener que ser hospitalizado después de que se abalanzasen sobre él en un concierto de Toronto, el final de la década le ha visto dejando de nuevo a Oasis, esta vez para siempre, después de otra bronca con su hermano. Parece que Noel se ha dado cuenta por fin de algo que muchos de nosostros sospechábamos desde hacía mucho: que pasar la mayor parte de tu vida productiva en compañía de un lunático borracho no conduce a nada bueno.

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Oasis – “Let there be love”

RIHANNA: Comenzó la década en su Barbados natal, formando su primera banda con dos compañeros de clase. Pero aquello se le quedó pequeño después de ganar (muy muy muy) merecídamente el concurso de Reina de las Fiestas, o su equivalente de allí. Y en el 2.005 ya estaba editando su primer disco, “Music of the sun” en el mítico sello Def Jam, después de hacer una audición para su presidente de entonces, Jay-Z (¿y éste tío por qué no está en esta lista de votación?), armada solamente de su guitarra acústica. Y en el 2.007 se comió el mundo de forma absoluta. Fue el año de “Umbrella”. Y fue el año en que se convirtió en la cara del turismo de Barbados. Ha sobrevivido a algo tan candente actualmente como es la violencia doméstica, y cambiado los golpes de su novio Chris Brown, por Grammys. Ninguna otra estrella ha sido más buscada para celebrar con ella el fin de la década, y estará en directo en las fiestas de nochevieja de Abu Dhabi y New York… ¿qué como lo conseguirá? Pues teniendo a sus pies al mundo y a sus medios de transporte. Y todavía solo tiene 21 añitos…

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Rihanna – “Umbrella”

COLDPLAY: Empezaron la década en el Top 40 con “Shiver”, y después con “Yellow”, los singles que anunciaban la bomba que iba a ser su primer disco largo, “Parachutes”. Con el segundo, “A rush to blood to the head” consiguieron todos los premios musicales que pueden comseguirse. Y Chris Martin logró también el premio adicional de casarse con Gwyneth Paltrow en el 2.003, saliendo indemne de una dura batalla contra otra de las plagas más peligrosas de la década, los paparazzi. Otro de sus discos, el “X&Y” fue el más vendido del 2.005. Y fueron ganando toneladas de credibilidad al unirse a colaboradores tales como Jay-Z (me pregunto lo mismo de antes), Kanye West, y el gran científico del art-rock Brian Eno en su obra cumbre, “Viva la vida”, con la que además de volver a ser los máximos superventas, ayudaron al Barça a lograr el récord inalcanzable de ganar los seis títulos disputados en una sola temporada.

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Coldplay – “Viva la vida”

ARCTIC MONKEYS: El grupo se formó en el 2.002 inspirado pos los Strokes, mientras todavía iban al insti. Sus primeras maquetas comenzaron a circular por internet, y gracias a ello, su disco, “Whatever people say I am, that’s what I’m not” fue el disco primerizo más vendido, y más rápidamente, de toda la historia del pop. Era el 2.006. Desde entonces, a pesar de lo que algunas voces siguen diciendo sobre lo mal que le viene internet a los músicos, los Arctic Monkeys no han dejado de ganar dinero con su música y de recibir en reconocimiento a su labor premios y más premios, que siempre acuden a recoger disfrazados de cosas divertidas como los Village People o los personajes de El Mago de Oz. El final de la década les pilla en un desierto de California grabando su tercer disco.

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Arctic Monkeys – “I bet you look good on the dancefloor”

AMY WINEHOUSE: No apareció hasta el 2.003, con la edición de su primer disco, “Frank”. Después conoció a su novio, Blake Fielder-Civil. Y en el 2.006 empezó a ser mundialmente conocida, primero con el single “Rehab”, y después con el disco “Back to black”. Por aquella época fue también cuando comenzaron sus escarceos con la heroína, y en el 2.007 era el punto de atracción de toda la prensa amarilla. En mayo se casó con su novio, y en agosto tuvo que ser hospitalizada por sobredosis. Siguieron doce meses de noticias reales e inventadas que todos conocéis, y en el concierto de homenaje a Nelson Mandela del 2.008 cambió la letra de la canción “free Nelson Mandela” por “free Blakey, my fella”, pidiendo la libertad de su marido, que estaba en la cárcel. Ese fue también el año en que la fotografiaron en un post-party con unos sospechosos polvos blancos en su nariz. El final de la década la encuentra pasando mucho tiempo tranquilo en Santa Lucía, aunque ha encontrado tiempo para divorciarse de Blakey.

Y como Amy ha representado perfectamente todo lo peor y lo mejor de la década, con el circo que siempre ha tenido montado a su alrededor y con el mejor disco que ningún otro cantante ha sido capaz de superar en todos estos diez años, es por lo que parte en esta encuesta con un voto de ventaja, el que yo le concedo. Aunque espero que no te dejes influir por ello… ni tampoco por las tetas nuevas que se ha puesto.

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Amy Winehouse – “Rehab”

EL NUEVO TESTAMENTO

Para David. Que me recordó la deuda.

Cuando comenzaba el año 1.979, los CLASH eran un grupo totalmente asentado. En sus tres cortos años de existencia habían logrado firmar un contrato con Sony por la enorme cantidad de 100.000 libras, editar un primer y definitivo disco de punk, y seguirlo de forma relativamente rápida con otro disco más pulido, pero igualmente directo que el anterior, “Give ‘em enough rope”, que fue otro escalón en su ascenso al estrellato.

Disfrutaban de éxitos en las listas de singles y de infinidad de portadas en todas las revistas, y de una gira inmensa que les estaba reportando una legión de nuevos seguidores. En un corto espacio de tiempo habían conseguido dejar su marca en la música de finales de los ’70. Ya comenzaban a surgir nuevas bandas cuyas referencias específicas eran los flashes, la arrogancia y el sentido político de los Clash. Desde David Bowie ningún otro atista británico había conseguido un sonido y un estilo tan definitorio como ellos.

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“I’m not down”

Pero, como tan a menudo sucede en el mundo del rock, las cosas no iban tan bien como parecía. Para empezar, los Clash no tenían un puto duro. Mantener una banda en estado operativo, tanto en gira como en los estudios de grabación, estaba resultando ser muy costoso, principalmente porque sus discos no se estaban vendiendo por millones, como su sello discográfico esperaba cuando les firmó el cheque del contrato.

Durante los primeros meses de la banda, su manager y mentor filosófico, Bernard Rhodes, les había propocionado un muy necesario enfoque y les había llenado el tanque de combustible ideológico. Bernard venía de la misma escuela inspirada por el Situacionismo de la que provenía Malcolm McLaren, y había dado a los Clash el valor suficiente para abrir sus mentes y no achantarse en las negociaciones de enero del ’77 por su contrato discográfico. Sin él, los Clash nunca hubiesen sido una entidad diferente de los demás. Pero dos años más tarde la figura de Bernie estaba en declive. Él nunca más iba a resurgir y sus muy necesarias inyecciones de dinero en efectivo eran cada vez más escasas y espaciadas en el tiempo. El interés que tenía por la banda se fue diluyendo además en otros fantasiosos y quiméricos asuntos relacionados con el punk, hasta el punto de echarles del local de ensayo que usaban en Camden Lock, que era suyo. Así que en el momento en que estaban preparados para comerse el mundo, resultaba que los Clash estaban solos.

Pero eso no les amilanó. Mientras otras bandas hubiesen perdido el norte por completo, ellos se convirtieron en una unidad más fuerte, y alcanzaron un nuevo nivel de comunicación que hacía que ni siquiera tuviesen necesidad de hablarse mientras tocaban. Se unieron y pusieron sus espaldas contra la pared.

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“Death or glory”

El propio movimiento del punk estaba también por entonces atravesando una crisis de identidad. Los líderes de la escena, los Sex Pistols, se habían colapsado espectacularmente durante su breve, pero lleno de experiencias e incidentes, viaje por América del Sur. Con ellos fuera, se espoleó la rivalidad entre los demás grupos y fue el año cero para bandas tales como los Buzzcocks, los Damned y Siouxsie and The Banshees, que disfrutaron de diferentes grados de éxito en el Top 40, mientras una nueva generación de grupos surgía de las calles como setas después de la lluvia.

La segunda ola del punk estaba en camino, con la mayoría de sus exponentes aparentemente contentos de seguir una fórmula que ya parecía agotada. Tres acordes. Pelos de pincho. Salivazos. Los Clash de cuando “White riot”, básicamente. Ellos mismos ya habían sido acusados de venderse por trabajar en su segundo disco con un tipo tan poco punk como Sandy Pearlman, el productor habitual de los Blue Oyster Cult; y los tradicionalistas del punk se sentían traicionados por los deseos de los Clash de dejar atrás sus días de banda de sonido de garage.

Estilísticamente también todo había cambiado. El expresionismo a lo Jackson Pollock y los sloganes Letristas estaban siendo arrojados al cubo de la basura de la cultura pop y una nueva fórmula se estaba introduciendo sin parar, una especie de cruce entre la edad dorada de Hollywood y los hooligans futboleros. Todo esto se reflejaba también en la forma en que la música se veía en todo el mundo, y todas estas ideas en vías de expansión se estaban adueñando de los vinilos. Así que como verdaderos revolucionarios en ciernes, el cantante Joe Strummer, el guitarrista Mick Jones, el bajista Paul Simonon y el batería Topper Headon, cerraron filas y decidieron recuperar el poder. La decisión de apartarse del mundo exterior y centrarse en su propio mundo conocido fue debidamente tomada. Y la música y la estética que implicaba esta decisión resultaron ser las que salvaron su carrera y produjeron uno de los discos de rock más grandes de todos los tiempos: “London Calling”.

Y ahora hace treinta años que cuatro chavales se convirtieron en hombres. Treinta años de que un grupo punk trascendió de su género y entró en la iconografía del rock moderno.

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“Revolution rock”

El 14 de diciembre de 1.979, en lo más profundo del “invierno del descontento” británico, al final de un año que vió como los tories tomaban el poder del país, los Clash editaban un disco que no solo era la destilación de treinta años de rock and roll, sino también un colorido documento sobre un mundo caótico, una postal desde las primeras líneas del frente de resistencia del rock. La portada de Pennie Smith, fotografiando a Simonon destruyendo su bajo decía todo lo que uno necesitaba saber sobre el irrrebatible punto de vista de la banda.

“London calling” subió hasta el número 9 de las listas de ventas, y fue votado como el mejor disco de los ’80 por la revista “Rolling Stone”. Pero mucho más importante que su puesto en los charts o que su aclamación por la crítica, es el hecho de que las canciones escritas en un pequeño local de ensayo mal ventilado por cuatro jovencitos inseguros de su futuro, todavía resuenan con fuerza hoy.

Y con el disco en la mochila, los Clash fueron aún más lejos. Inmediatamente dejaron atrás la reaccionaria Inglaterra, en la que el punk se había socializado y convertido en algo manso, y fueron a poner en práctica su nueva visión del rock’n’roll al lugar mismo donde éste se inventó. Apenas meses después de mantenerse apenas a flote económicamente, que no artísticamente, América les hizo suyos.

Los Clash después disfrutaron de su mayor éxito comercial con el “Combat rock” de 1.982, pero nunca más llegarían a la cumbre que consiguieron con el “London calling”. Eso nadie lo discute.

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“Spanish bombs”

Lo que sí se ha debatido a veces es qué hubiese ocurrido si la más ética de las bandas de punk se hubiese vuelto a formar después de la partida de Jones en 1.983. Un gran éxito póstumo, el “Should I stay or should I go” de 1.991; una breve reunión de Strummer y Jones en apoyo de la huelga de bomberos en el 2.002… todo fue pasando sin que la banda confirmase o denegase nunca una reunión. Y un mes después el libro se cerró del todo con la inesperada (aunque pacífica) muerte de Joe Strummer en su casa de Somerset.

Que los Clash no llegasen a sucumbir a la tentación de la reunión, como sí lo hicieron prácticamente todos sus contemporáneos, desde los Sex Pistols a Blondie, hace que nunca se resolviese el enigma de lo que esta banda hubiese podido ser con los años, ¿unos farsantes?, ¿unos románticos de la política?, ¿unos confundidos rebeldes?, ¿unos arrogantes pseudo intelectuales? ¿unos drogadictos hipócritas…? Pero no debería extrañarnos el habernos quedado con la duda, porque ya sabíamos que iba a ser así desde que Joe Strummer nos avisase en la canción que daba título al disco que hoy estamos celebrando:

Ahora que la beatlemanía farsante ha mordido el polvo
no nos mires a nosotros…

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“London calling”

EL SOSTENIMIENTO DE UNA INDUSTRIA OBSOLETA

Ante las medidas que anuncia el Gobierno en su Ley de Economía Sostenible sobre el control de páginas web, que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de la red, en el día de hoy muchos bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet, entre los que se encuentra este Blogin’, se suman al manifiesto “en defensa de los derechos fundamentales en Internet” que a continuación os detallo.

1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

VENTE A ALEMANIA, PEPE

Si yo hablase aquí del Krautrock (de hecho, lo hemos mencionado a veces) estoy seguro de que todos vosotros reconoceríais el término y sabríais de qué estamos hablando. Incluyendo a nuestra amiga, la Dama del sevillano nombre, que a veces nos habla de su ignorancia musical.

Pero, seguramente no ocurriría lo mismo si el término introducido es el KRAUTJAZZ… pues de eso es de lo que va a tratar el post de hoy.

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Volker Kriegel – “Baiafrock”

Porque los primeros años ’70 puede que fuesen el periodo en el que Kratfwerk y Neu! pusieron de moda los rítmos super electrónicos, pero Dusseldorf no fue el único centro de la actividad musical alemana. La remota ciudad de Villingen, en lo más profundo de la Selva Negra, fue el hogar desde el que surgió el krautjazz, una forma híbrida de música tan vital e igualmente innovadora que la otra.

Y todo fue debido al nacimiento de un sello discográfico, MPS, iniciales que, aunque todo el mundo del jazz pronto comenzó a extender que eran de “most perfect sound”, en realidad correspondían a Musik Produktion Schwarzwald (Producciones Musicales de la Selva Negra); y aunque totalmente tradicional en su origen, terminó por convertirse en uno de los sellos de jazz más esotéricos de Europa, editando más de 700 títulos entre 1.968 y 1.983. A lo mejor fue una cantidad excesiva, pero la calidad de su producción y sus valores musicales siempre estaban asegurados.

Con una política musical muy aventurera, MPS se extendía muy a menudo hacia los sabores latinos, e incluso flirteaba con la psicodelia y el jazz vocal. El sello sirvió también de introducción de la instrumentación electrónica en el jazz, usando tanto sitars como sintetizadores Moog, lo que fue un duro golpe para los más puristas del género. De la mano de sus técnicos de sonido, los grupos que grababan allí probaban los últimos equipos electrónicos de la época, y de MPS nació lo que ahora conocemos como “jazz-fusion”. Eso hizo que las producciones del sello estuviesen siempre a la cabeza de su tiempo, y muy lejos de lo que en este campo podían alcanzar los demás. Y sobre todo, eran una propuesta mucho más atractiva que el prog-rock de los años ’70… e incluso podía a llegar a dejarte aún más colgado, como conseguía el francés Barney Wilen con este frenético ofrecimiento free-rock de su disco de 1.968 “Dear Professor Leary”.

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Barney Wilen – “Dur dur dur”

El sello lo fundó en 1.968 el pianista Hans George Brunner Schwer (ése de la foto de arriba), para editar una “sesión de medianoche” privada que él había grabado con el gigante del piano Oscar Peterson. Para dar salida a las demás ediciones, construyó también el primitivo “MPS Tonstudio”, un estudio de grabación casero, con una sala de control en la segunda planta, y un salón para tocar en directo diseñado acústicamente para crear un óptimo ambiente de grabación.

La naturaleza independiente de este sello implicó que Brunner Schwer pudo grabar y editar todo lo que le gustaba, incluyendo cosas tan inusuales, pero que le ayudaron a comenzar de forma económicamente viable, como un single promocional de Navidad para un fabricante de medias, curiosamente titulado “The reason why I’m so sexy” (“La razón de porqué soy tan sexy”), interpretado después muy evocadoramente por la chica que ganó el Miss Alemania 1.968.

Y aunque ya habéis escuchado más arriba un par de perlas, para presentaros a algunos de los intérpretes que ayudaron a dar forma a este género olvidado vamos a comenzar por cinco hermanas de ascendencia filipina, que el sello nos dio a conocer a través de uno de los mejores discos que lanzó, “Here and now”, en cuya portada aparecían solas sobre un descarnado paisaje púrpura, una descriptiva metáfora de lo que era su sonido.

Se llamaban THE THIRD WAVE, y aunque su apariencia fuese oriental, en realidad eran de California, y tenían edades comprendidas entre los 13 y los 19 años. Estas hermanas Ente fueron descubiertas por el bajista del grupo de George Duke, y de la mano de los manufacturadores sónicos alemanes, las convirtió en un atractivo grupo de jazz vocal para los fans de Fifth Dimension y Free Design.

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The Third Wave – “Eleanor Rigby”

Si estas chicas eran suaves, la carta salvaje de la escudería MPS la ocupaban los miembros del DAVE PIKE SET, aunque en realidad eran unos jazzistas muy serios, y de muy buena formación musical.

Dave Pike también era americano, de Detroit, pero durante el convulso año 1.968 se asentó en Europa y grabó seis discos de influencia rock para MPS. El Set que reunió era un cuarteto que incluía al legendario guitarrista VOLKER KRIEGEL, del que habéis tenido una muestra de su obra en solitario en la primera de las piezas que ilustran este texto.

De ellos se lee por ahí que sus conciertos te arrebataban la respiración; y que casi toda su obra musical es esencial por lo innovadora que fue… aquí tenéis una pieza que ilustra lo que os decía antes sobre la inclusión del sitar (cortesía de Volker) en el jazz: “Mathar”.

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Dave Pike Set – “Mathar”

Los más talluditos de los lectores que andáis por aquí seguramente recordaréis la ola de emigración que llevó a tantos de nuestros familiares y conocidos a buscar pastos más verdes fuera de España. Alemania fue el principal destino de los que salieron de aquí, y de otros muchos lugares, porque era el país que más y mejores opciones les daba para su desarrollo laboral. Y esto es algo que debió ocurrir en todos los campos, incluyendo el de las artes musicales; y el sello MPS es un ejemplo perfecto de este movimiento social. Hasta ahora, los dos grupos anteriores que hemos visto que grababan allí eran de origen americano, emigrados para encontrar un público que apreciase su arte más que sus paisanos. El sello acogió también a intérpretes de toda Europa. Ya hemos tenido a un francés; el que sigue, BORA ROKOVIC, era yugoslavo.

Lo suyo es una lección magistral de la escuela (de la que tan adepto es nuestro amigo Vidal) del “menos es más”. Al llegar a Alemania, Bora echó los dientes, musicalmente hablando, como compositor y arreglista en el circuito de las big-bands de Colonia; pero muy pronto rechazó su formación clásica y rompió el libro de reglas musicales. Usando solo el piano eléctrico, un bajo y una batería, su música tenía una percusión primitiva y unos patrones de bajo que apenas arropaban el escaso paisaje que presentaban las composiciones que interpretaban.

Su fuerte en realidad era el de arreglista, y disfrutaba metiéndole rítmos jazzísticos a las composiciones de algunos maestros clásicos. Cosa que le originó algún que otro problema, porque el hijo de Richard Strauss, al ver lo que Bora había hecho con el vals “Rosenkavalier” de su padre, le dijo que no tenía derecho a jugar así con composiciones que no le pertenecían.

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Bora Rokovic – “J. B. W.”

La Escuela Superior de Música de Varsovia produjo muchos músicos extraordinarios, entre ellos NOVI SINGERS, un cuarteto vocal que ya editaba discos antes incluso de graduarse en la escuela. Y que también tuvieron que asentarse en Alemania para demostrar que estaban a una distancia de años luz en cabeza de su tiempo.

Su nombre, Novi, eran las iniciales de “New Original Vocal Instruments”, y tras él se escondían estos polacos, que eran una colisión entre Os Mutantes y los Swingle Singers.

Los Novi Singers pensaban que la voz humana puede ser un perfecto instrumento del jazz, y que tiene infinitas posibilidades en el sonido, la expresión y la interpretación; por eso decidieron adentrarse en un campo en el que aún había mucho por hacer, y se convirtieron en improvisadores reales: creaban música mientras cantaban. Eso hacía que a veces tuviesen que pasar mucho de las letras, que al fin y al cabo, te suelen hacer difíciles las improvisaciones, y se centrasen más en el dinamismo del rítmo. Y de ahí sacaban todos los temas que después escribían, pulían e incluían en sus discos, que estaban poblados de canciones influenciadas por muchos movimientos musicales, desde el jazz moderno hasta el bossa-nova. También se balancearon siempre entre los recitales de Chopin y la psicodelia, llegando a escribir finalmente, en 1.970, este “My own revolution”, una oda de influencia beatleliana sobre la libertad personal.

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Novi Singers – “My own revolution”

Es posible que a la vista de piezas como ésta última penséis que la aplicación de la etiqueta de “jazz” a esta música a veces parece hecha con demasiada libertad. Y en realidad no os faltaría razón, porque el jefe de este sello, Brunner Schwer, no era, después de todo, una persona demasiado enamorada de la escena “free-jazz”, y sus gustos ámplios son los únicos capaces de explicar porqué permitió a WOLFGANG DAUNER manejar los botones de su estudio de grabación.

Uno de los pioneros de la libre improvisacion, Wolfgang era un compositor intrigante y un pianista ambicioso que combinaba el jazz, el rock, la música electrónica y elementos de la ópera y el teatro para crear unos trabajos de muy ámplio enfoque. Sus mejores obras eran muy provocativas, tanto a niveles musicales como de conceptos culturales.

Y cuando digo provocativas debería decirlo con mayúsculas, porque aunque Wolfgang trabajó con las mayoría de las estrellas del jazz de Europa y América, él no solo componía música, sino que también realizó algunos eventos y performances extraños e incluso escandalosos para aquellos primeros años ‘60. Si hablamos de músicos que rompiesen o quemasen sus instrumentos, enseguida se nos vienen a todos a la mente los nombres de Keith Moon, Pete Townshend, Jimi Hendrix; sin embargo antes que ellos él ya rompía sus violines durante el concierto, e incluso una vez prendió fuego a su piano. En otra ocasión cubrió las cabezas de los componentes de uno de los más renombrados coros de Alemania con medias de nylon para que así solo pudiesen emitir ruidos…

Y no es de extrañar, por ello, que lo que salió de aquellas sesiones fue un embriagador mejunje que llevaba en su interior lo mejor de los trabajos de los primeros artistas de la MPS. Este “Take off your clothes to feel the setting sun” incluye también un sitar y un intento de letra hippy. Para oídos como los nuestros, por los que han pasado decenas de años de escuchas de todo tipo, esto puede sonar ahora profundamente defectuoso… pero sigue siendo una delicia.

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Wolfgang Dauner – “Take off your clothes to feel the setting sun”

PETER HERBOLZHEIMER merece especial atención como el hombre que introdujo el “hip” en las big-bands de jazz. Todos hemos comprobado más a menudo de la cuenta, como los encuentros entre las secciones de metal y los combos de rock resultan ser muy poco recomendables. Sin embargo, discos como el “Wide open” de Peter Herbolzheimer son toda una revelación, el sueño de cualquier arreglista y una obra de primera clase en la que la inclusión de metales no queda como una irritante puñalada trapera.

Rumano de nacimiento, pero residente alemán desde los 16 años, en que tras una etapa de estancia en Detroit comenzó a convertirse en músico en el Conservatorio de Nuremberg, Peter fundó en 1.969 The Rhythm Combination & Brass, la gran banda para la que escribió la mayoría de sus arreglos, que incluía al gran maestro del órgano Doeter Reith, además de una increíble sección rítmica. Peter Herbolzimer grabó 10 LP’s con esta formación y se convirtió en una de las estrellas más brillantes del jazz europeo.

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Peter Herbolzimer – “That ol’ bus smell”

Antes de la formación de MPS existía otra discográfica llamada SABA, de la que Brunner Schwer heredó su pequeño catálogo y continuó editando sus discos a través de su nuevo sello. De SABA provenía KAREL VELEBNY, un profesor de música checo especialista en vibráfono, que formó equipo con los músicos del Puppet Theatre Band de Praga para formar un grupo fantástico y original, que añadía a su música oboes y fagots.

Los discos que editaron son dignos de investigación, porque mostraban una gran variedad de facetas, incluyendo el swing y los instrumentales más descentrados, y porque hacen de esta banda uno de los ejemplos más claros que conozco de esa corriente que se dio en llamar “third stream music”, y que era el término usado para definir el crossover entre el jazz y la música clásica. El mejor disco para empezar la investigación: “Nonet SHQ and Woodwinds”, grabado casi clandestinamente tras una accidentada huida a Alemania en 1.968, huyendo de los tanques rusos que nublaron la primavera de Praga.

El término “free jazz” normalmente solo tiene significado en el contexto musical. Pero a la luz de los sucesos de aquel año en Praga y de la posterior invasión soviética que se desarrollaron en el tiempo de la grabación de este disco, hay también aquí un contexto político que lo impregnó, de forma que la música que contiene era tan desenfrenada y rabiosa como el propio Karel Velebny había anhelado ser.

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Karel Velebny – “Nude”

Hasta que en 1.983 Brunner Schwer se negó a dar el paso hacia la tecnología digital, y para no vender su alma al CD vendió en cambio sus derechos a Phillips, la MPS continuó editando discos sin que sus niveles de calidad bajasen con el paso del tiempo. Y RIMONA FRANCIS es una evidencia de que el listón seguía alto en los días finales.

Rimona era natural de Israel, pero desde muy pequeña vivió en Bulgaria, y había formado un grupo de jazz-rock muy respetado, que había aprendido bien el oficio haciendo continuas giras por el circuito de kibbutzs de su país de origen. Después se marchó a New York a ampliar sus horizontes, y a la vuelta se encerró en los estudios de MPS para realizar unas sesiones en las que fundía su amor por Bela Bartok con el ultramoderno free-jazz que había aprendido en los USA.

Cuando Rimona grabó su primer disco la noción de la llamada “world music” todavía no estaba tan tergiversada como llegó a estarlo con el paso de los años, y ella practicaba este género en estado puro: israelí, búlgara, neoyorquina, cantando y tocando el piano con músicos de USA y Europa Central… lo que salía de ella era una mezcla cosmopolita que muy bien podríamos llamar “música de los continentes”. Pero ella no se para ahí, Rimona Francis se sentía igual de cómoda tanto en el rock como en la música clásica, grabando tanto con Miroslav Vitous como con una orquesta sinfónica; nunca quiso restringirse a un solo estilo musical, y su talento para combinar el sonido de saxo de, por ejemplo, Paul Desmond o Sonny Stitt con la vocalización de Sarah Vaughan o Ella Fitzgerald, sin ser meramente una imitación del “sonido negro” ciertamente favoreció su carrera musical.

En el disco que editó con su nombre, ya desde el primer tema, “Bulgarian beans”, fundado en las tradiciones musicales de Macedonia y Bulgaria, luce su enorme rango vocal, revoloteando desde el “scat” (ya sabéis, esa forma del jazz de cantar palabras sin sentido: dubidubida, babedibaba, babedubidabedubaba) hasta las improvisaciones estilísticas de Yoko Ono.

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Rimona Francis – “Bulgarian beans”

Y podíamos seguir, haciendo este post casi eterno, pero como con estas muestras ya tenéis suficiente para hacer vosotros mismos camino al andar si queréis descubrir más gemas, vamos a terminar con una pincelada latina, de esas que al principio os decía que la aventurera política musical de la casa rebuscaba en los terrenos más cálidos del jazz. Y lo vamos a hacer de la mano del guitarrista Ira Kris.

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Ira Kris – “Reza”

SÍ, QUIERO

1.993

-Oye, ¿sabes que José Luis se ha casado?

Fue lo primero que el Gordo me dijo nada más entrar en su tienda de discos. Y no me lo creí en absoluto.

José Luis era uno de los variopintos socios que comenzaron la andadura de Producciones Informales, una agrupación de amantes de la música rock que, de forma aún más informal de lo que pudiese indicar su nombre, nos dedicábamos a organizar conciertos en Sevilla con grupos extranjeros de los que venían de gira por España.

La tienda de discos del Gordo era la base por la que todos solíamos pasar en algún momento y el único local físico que teníamos para que entrase y saliese todo el material que hacía falta para la organización de los conciertos. Poco a poco la mayoría de los que empezaron se fueron quedando por el camino, e incluso ya ni siquiera existíamos como colectivo. Pero entre varios de nosotros se establecieron lazos de amistad que hacía que siguiesemos viéndonos por la tienda o que, al menos, no faltasen las noticias sobre las andanzas de unos y otros.

José Luis era médico. Pero al contrario que el Profe Franz, el otro médico del grupo, ni su apariencia ni su comportamiento se ajustaban a los cánones que definen a los doctores en medicina habituales. Su ropa consistía la mayoría de las veces en una camiseta bastante usada en la que podían leerse nombres de grupos musicales de los llamados de culto, o provocativas proclamas, y en un pantalón vaquero raído y deshilachado, que lucía rotos al estilo grunge en las rodillas, los muslos, y unos grandes rotos horizontales en las culeras, que a veces tenían un tamaño por el que se podía ver más superficie de los gayumbos que del propio pantalón.

Siempre iba rapado y luciendo pendientes o piercings, principalmente en las cejas y la nariz, pero de un tamaño pequeño y discreto que, en realidad, le sentaban muy bien. José Luis era un tipo guapetón y bien plantado, con el que casi siempre era un placer charlar, y al que no le importaba demasiado si en esos momentos tenía trabajo o no. Aunque no le faltaban contratos temporales en los ambulatorios de los pueblos de alrededor, donde la mayoría de las veces era bastante cuestionado por su apariencia, lo que llevaba a que también lo hiciesen por su profesionalidad.

“Quillo, no entres que el médico es un punkie”, nos contaba José Luis que oyó como uno de los pacientes se dirigía al que tenía el turno siguiente en su consulta del ambulatorio de La Algaba.

-Anda ya, Gordo… te estás quedando conmigo.

-Que sí, joé, que se ha casado. –insistía ante mi negativa.

Yo continuaba sin creérmelo. Él no era del tipo de los que se casan, ni sus circunstancias eran las idóneas para ello, ni nunca nos había comentado absolutamente nada de ese tema. Vamos, que no… Y estaba ese otro importante detalle:

-Que no, Gordo, que no me creo nada. Además, ¿Cómo se va a casar si las bodas entre hombres no están permitidas?.

José Luis, cuando salía el tema, siempre nos decía que era bisexual. Pero aunque nosotros sabíamos que tenía algunas amigas en el grupo con el que solía juntarse para las noches locas del “Poseidón”, sabíamos también que a él quienes en realidad le iban eran los tíos. Con ellos había sido siempre con quienes había tenido los escarceos sexuales que le conocíamos o que le intuíamos.

Y era tan efusivo que cuando nos veía a alguno de nosotros lo primero que hacía era besarnos, sin mirar demasiado donde lo hacía. Y no me refiero solo a estar en la calle o en algún sitio público lleno de gente, sino que tampoco reparaba demasiado en donde te plantaba el beso, y cuando era demasiado cerca de los labios no podíamos evitar un cierto rubor avergonzado.

-Se ha casado con una tía, hombre… -apostilló el Gordo tras una risita que dejaba entrever que me estaba leyendo el pensamiento.

-Pues por mucho que te empeñes, yo sigo sin crérmelo. ¿Cómo se va a casar José Luis? Te habrán gastado una broma, o algo…

Porque José Luis era enemigo de las instituciones, y a mí no me cuadraba que ahora, de pronto, se metiese de cabeza en una de las más sagradas de todas ellas. Su pensamiento político y social era tan radical y anárquico que a veces era mejor no estar muy cerca de él cuando realizaba alguna de las acciones “militantes” que tanto nos divertían, pero que podían costar muy caras si llegaban a pillarte; como aquella noche, al inicio de la Guerra del Golfo, en el que no se le ocurrió otra cosa que pintar en las paredes del Ayuntamiento aquello de “Sadam, sodomízalos a todos”.

Es más, no solo no me lo imaginaba casado, sino tampoco unido a ninguna otra persona de manera fija, aún sin pasar por capilla.

-No es ninguna broma, se ha casado de verdad. –insistía el Gordo.- Pero es una boda temporal.

-¿Temporal…? Ahora sí que no lo entiendo. A ver, explícame eso. –le pedí.

-Es que un tío que él conoce tiene una amiga, o una de su familia… no lo sé muy bien, que es marroquí y está aquí sin papeles ni nada. Y la han pillado y van a echarla. La van a devolver a su país. Y la chavala tenía un dinerillo juntado, o que le han enviado… tampoco lo sé muy bien; y se lo ofrecía a algún tío que quisiera casarse con ella para poder quedarse en Sevilla.

-¿Y José Luis ha hecho eso…?

-Sí. Pero no por el dinero, que no se lo ha aceptado. Lo hace solo por hacerle el favor. Total, dice que a él lo mismo le da estar casado que soltero, va a seguir viviendo igual… y para esa chica puede suponer la vida. Se casan, siguen cada uno su camino, a ella le dan los papeles que necesita. Y cuando pase un tiempo pues se divorcian… o siguen cada uno por su lado como si nada hubiera pasado… ya sabes que a éste los papeles le dan bastante igual.

-Joé… pues sí que lleva lejos este tío la solidaridad.

Mi admiración era real y sincera.

2.009

La cola para facturar el equipaje era cansina. No parecía avanzar siquiera. Habíamos llegado al aeropuerto con casi una hora y media de antelación al embarque en el avión que nos llevaría a Roma. Pero aún a pesar de que apenas eran poco más de las seis y media de la mañana, ya se habían formado tres colas ante los mostradores de Vueling, los únicos abiertos, que atravesaban casi por entero el amplísimo espacio de la terminal de salidas del aeropuerto de San Pablo.

Madrid, Barcelona, París, Bruselas… y Roma. Y todos los destinos con aviones de la misma compañía. Y todos allí, arrebujados en las mismas colas. De vez en cuando un respiro, porque al lado de los que ya funcionaban se abría otro mostrador para atender a los viajeros de una ciudad determinada. Se ve que cuando quedaba poco tiempo para uno de los embarques, procuraban darse prisa en terminar con todos los que tuviesen que volar ahí.

Pero de todas formas la espera se tornaba aburridísima. La chica que tenía delante se volvió hacia mí y me habló.

-A este paso no llegamos a facturar a tiempo para el embarque… ¿usted también va a Roma?

Me lo dijo en un perfecto castellano, sin acento apenas perceptible. Pero aunque ni su forma de hablar ni su ropa lo declarase, a mí me pareció que debía ser natural de algún país del Magreb.

En la cola tiraba de un inmenso maletón e iba acompañada de un chaval muy joven que miraba distraídamente hacía ningún sitio en especial, como si nada de aquello fuese con él.

Le contesté que sí, y continuamos una intrascendente charla sobre lo mal que tratan las aerolíneas y las empresas de servicios en general a sus clientes. El niño no dijo una sola palabra en todo el rato. A medida que pasaban los minutos notaba como el nerviosismo de ella iba en aumento, y entre frase y frase parecía buscar con la mirada a alguien entre las personas que iban llenando cada vez más la terminal. Seguramente también viniese acompañada por alguien que, como mi esposa y el matrimonio amigo que nos acompañaba, anduviese por ahí curioseando, tomando café o fumando en algún sitio donde no estuviese prohibido hacerlo.

Cuando yo también comenzaba a dudar de que lográsemos facturar a tiempo y mi paciencia ya estaba a punto de hacer que los nervios de ella pasasen también a ser míos, ví como se abría otro de los mostradores, bajo un letrero luminoso en el que podía leerse “Roma”. Mientras se lo indicaba a mi compañera de fila y me encaminaba hacia allí ya se me habían adelantado unos cuantos. La chica morita no me siguió; seguramente pensó que ya no valía la pena cambiarse de fila, porque la que se había formado era casi tan larga como ésta en la que ella estaba.

Aún así, esta cola nueva avanzaba mucho más rápido. Cuando miraba hacia ella la veía también mirando hacia aquí, y en sus ojos, además de los nervios y la impaciencia, me parecía leer también su arrepentimiento por no haberme seguido.

Cuando estaba a punto de facturar aparecieron mis tres acompañantes y terminamos la burocracia previa. Salimos hacia la puerta de embarque. La otra chica aún tenía delante a tres o cuatro viajeros.

Ya más relajados, una vez pasado el control de seguridad me entretuve un rato en el bar sin darme cuenta de que tampoco nos quedaba mucho tiempo que perder. Y encima resultó que la puerta por la que teníamos que embarcar estaba al final de un larguísimo pasillo que tuvimos que recorrer a buen paso, por si acaso. A pocos metros del final, y ya tranquilos porque veíamos que aún quedaba gente por embarcar, fue cuando la chica con la que compartí la charla de la cola nos adelantaba por la izquierda a toda velocidad, tirando de la monstruosa maleta, y seguida por el callado chaval y por un hombre en camiseta y pantalón corto, que llevaba en brazos a una niña pequeña.

Parece que nuevamente íbamos a ser compañeros de fila, porque para entrar estábamos tras ellos. En un determinado momento el hombre que la acompañaba se giró y pude verle la cara. Por su expresión comprendí que él me había reconocido a mí unos segundos antes que yo a él. Y lo cierto es que en realidad desde la última vez que nos vimos había cambiado menos que yo; o al menos eso me parecía. José Luis seguía con la misma cabeza rapada, el mismo semblante risueño, la misma sonrisa abierta que le recordaba de los tiempos de la tienda del Gordo. Lo único diferente es que ahora estaba un poquito más gordo él también.

Cuando ya estaba preparado para recibir sus besos lo que hizo fue tomarme la mano. Para tras un breve y fuerte apretón abrazarme alegremente.

Él ya conocía a mi mujer, y nos presentó a la suya, sorprendiéndose un poco de que ya nos conociésemos también. Y luego a sus hijos: la pequeñita que llevaba en brazos, y el tacirturno chaval, del que me dijo que tenía trece años y que lo había puesto a estudiar piano, a ver si conseguía hacer de él un buen músico.

Charlamos de generalidades sobre Roma, y me dijo que ahora tenía un puesto fijo en un ambulatorio de Sanlúcar, y que vivía allí desde hacía tiempo. Le contesté que sí que debía hacerlo, porque la última vez que lo ví fue hace ya muchos años y recuerdo que estaba trabajando allí.

Mi compañera de colas habló entonces.

-No. Ahora vivimos en Sanlúcar de Barrameda. Seguramente tú debes referirte a alguna vez que os vísteis cuando estaba trabajando en Sanlúcar La Mayor por el tiempo en que tuvimos a nuestro hijo.

1.996

Apenas había dejado atrás la Plaza del Museo cuando casi me dí de bruces con él. Yo, como solía hacer siempre, caminaba de forma rápida, y él andaba parsimoniosamente, haciéndole carantoñas a un niño muy pequeño que llevaba en brazos, y que se movía tanto que a veces gateaba hasta su hombro.

-Coño, tío… ¡qué alegría verte! ¿Cómo estás…? Hace siglos que no sé nada de ti.

Seguimos andando juntos un rato más. Me dijo que no era yo el único que no le veía, que ahora apenas salía, porque al final había sentado la cabeza y se había convertido en una persona seria y formal; incluso tenía trabajo fijo. Ahora vivía aquí cerca, en la calle Torneo, y hacía casi todos los días un rato de autobús hasta Sanlúcar, donde tenía una plaza de médico de cabecera. Me contó que se había casado hacía ya casi tres años… y le interrumpí…

-Tres años. Algo de eso me contaron. Pero también me dijeron que era una cosa temporal y fingida, solo para que no enviasen a una chica extranjera de vuelta a su país…

-Y esa era la idea. Ni yo mismo me imaginaba entonces que me iba a enamorar de ella de una forma en que no me importó renunciar a la vida que llevaba.

-Pues sí que debió ser fuerte, porque tú eras el tío más juerguista y promiscuo que he conocido nunca. Y las mujeres y tú…

-Así era, -se reía. –Sin embargo, ya me ves ahora. Una vez que nos casamos le dije que se quedase durante unos días en el estudio aquél que yo tenía, pero ya nunca salió de allí hasta que necesitamos un piso más grande, que ya fue de los dos. Hace cinco meses hemos tenido un hijo. Y ya no concibo la vida sin ellos.

-Saliste ganando, José Luis, con el cambio. Y tuviste el premio que merecías. La libertad que le ofreciste a ella con tu acción resultó también ser la tuya propia.

ARRIVEDERCI, ROMA

Creo que ya no voy a volver más a Roma.

Es una aseveración extraña para alguien tan enamorado de Roma como yo, ¿verdad? Pero es que esta vez he vuelto con la sensación de que a los romanos, desde el más alto munícipe, hasta el más humilde camarero, pasando por los dueños de restaurantes y los conductores de autobuses, se han quedado establecidos en la creencia de que los visitantes seguirán acudiendo a su ciudad de todas maneras, aunque ellos no hagan nada por cuidar su patrimonio material, social y cultural. Y por eso yo no voy a volver más. Sé que un grano no hace granero… pero ayuda al compañero. Sé que juego con ventaja porque yo ya conozco unas maravillas que solo pueden conocerse yendo allí. No trato de convencer a nadie, la mía es una decisión personal; pero estoy seguro de que si la siguiesen muchos turistas más, los romanos no tendrían más remedio que espabilar. Porque se han quedado anquilosados, y sobre Roma hay que comenzar a revisar muchos tópicos.

Esta diatriba no va sobre las maravillas que sigue conteniendo Roma. Sus ruinas romanas siguen siendo el testimonio de más de dos mil quinientos años de historia, y forman un conjunto arqueológico y antropológico que nadie debería morirse sin contemplar alguna vez. Y sus fantásticos templos cristianos, con todo el arte y la cultura que contienen, siguen siendo impresionantes. Y siguen teniendo ese aura que solo podían lograr los constructores de las grandes catedrales, con sus conocimientos casi místicos, y los artistas renacentistas que cambiaron el dinero vaticano por obras artísticas que te dejan sin respiración. Entramos en ellos y somos transportado a otro mundo etéreo. Nos acercamos a una escultura de Miguel Angel y notamos en nuestro interior algo parecido a lo que el gran escritor Stendhal debió sentir al entrar en el Panteón, y que ahora conocemos como el síndrome que lleva su nombre.

Estamos en Roma… la ciudad eterna…

Pero salimos a la calle, y estamos en Roma… la ciudad cada vez más perecedera…

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Sam Cooke – “Rome (wasn’t built in a day)”

Prueba irrefutable de que, aunque a veces lo parezca, en este blog no se cuentan mentiras, es que saqué el brazo de la Bocca della Veritá con la mano íntegra y todos los dedos en perfecto estado para seguir tecleando.

Tampoco trato de enviar invectivas a esa materialidad a la que se refería nuestra amiga Dama en su comentario de hace algunos días sobre “la realidad Vaticano-Audis por doquier”. Aunque allí ocurra en mayor medida al ser el centro católico del mundo, pero es una objetividad que se cumple en todos los paises en los que haya iglesias y cardenales. No voy a decir que el tesoro del Vaticano serviría para arreglar muchas penurias del tercer mundo porque no quiero que este texto caiga en la demagogia en ningún momento. A eso ya estamos acostumbrados y lo vemos también aquí en Sevilla más que en casi cualquier otra parte del mundo. Pero sí que es sangrante que entremos en una de las cuatro basílicas patriarcales, como es Santa Maria Maggiore, y se nos caiga el alma a los pies viendo los artesonados del techo, los mosaicos del coro… y en todas y cada una de las capillas laterales un bochornoso cepillo pidiendo unas monedas para ayudar en la reconstrucción. Vuelvo a decir que no quiero ser demagogo, y por eso no voy a mencionar siquiera que podrían desmontar algunas de las fabulosas columnas de oro con incrustaciones de lapislázuli de la tumba de San Ignacio, o incluso vender cuatro o cinco artísticos cálices de esos que tienen guardados en cualquier sagrario sin usar desde hace siglos. No… el arte no tiene que ser moneda de cambio. Pero me da la impresión de que bastaría con que recogieran los intereses generados por alguno de sus fondos financieros de Zurich. Seguro que incluso les sobraría para adecentar la columna de la plaza y quitarle los jaramagos silvestres que los concejales de cultura o urbanismo dejan crecer en ella desvergonzadamente.

Me temo que el Papa actual es muy diferente de aquellos otros del siglo quince y de principios del dieciseis, que supieron emplear la enorme riqueza que el Vaticano había acumulado, mientras que la desidia del Ayuntamiento romano no difiere demasiado del poder devastador de Carlos I de España a la hora de saquear la ciudad.

Y no es que uno vaya por el mundo de mezquino, porque eché monedas en bastantes de esos cepillos; pero por razones muy diferentes. Al salir de viaje intento desprenderme de las capas iconoclastas y quedarme solamente con las mitómanas; y por eso me dejo influir por la cultura, por la estética o por los recuerdos y vivencias personales, y me fotografío y dejo monedas ante la tumba de Pio XI, que fue el papa que dio nombre a la escuela sevillana en la que por primera vez un profesor me imbuyó el gusanillo de la escritura; ante el sepulcro de San Ignacio de Loyola, que es el santo que le da nombre a la iglesia del Polígano, junto a la que he vivido tantísimos años; o ante la tumba de Santa Gemma, encontrada por casualidad en un templo que no forma parte del circuito turístico, y que precisamente por eso no fotografié, ya que en aquel momento se estaba celebrando una boda, y al estar cerca del altar mayor no quise dar el cante; pero a cambio del pequeño óbolo sí que puse una velita encendida en una de las bandejitas con forma de hoja que formaban parte de la grandiosa palmatoria, con una persona amiga en mente… que cree en la religión aún menos que yo. Pero hay cosas que no se hacen por motivos tangibles.

La dualidad entre lo sagrado y lo profano queda en Roma suficientemente establecida cuando uno cambia sin solución de continuidad los lienzos de Caravaggio de Santa Maria del Popolo, por las telas de los trajes de los escaparates de las tiendas de Valentino o Armani que hay en la Via del Babuino, que es la que hay que tomar para ir desde esa iglesia hasta la famosísima Piazza di Spagna… a ver, los lectores que conozcan Sevilla… ¿os imagináis paseando por la calle Tetuán y encontraros ratas? No creo que el saneamiento de la ciudad sea tan caro ni difícil, y debería ser algo prioritario. Y es extraño esto de los roedores por el centro, porque Roma está llena de gatos… hay incluso colonias de ellos en el interior de conjuntos monumentales como las Termas de Diocleciano o el Palacio Spada, en el que hasta hay carteles avisando de que tengas cuidado porque estás en territorio felino… y son enormes, gordísimos, ladinos, que te observan aviesamente… increíble.

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Rita Pavone – “I gatti di Roma”

A lo mejor llevaba razón nuestra amiga ZP cuando dijo que aún no había perdido mi encanto, porque alguna romana perdió la cabeza por mí.

Ni tampoco debe ser excesivamente costoso gastar una parte del presupuesto destinado al mobiliario urbano en más papeleras… el pequeño vasito en el que me sirvieron el helado en la sobrevalorada “Giolitti” no pude tirarlo hasta llegar a la Piazza de la Colonna y cruzar la ancha Via del Corso porque al otro lado se vislumbraba una papelera. En ese trayecto, en Sevilla, hubiese encontrado 10 o 12 de ellas… otra cosa diferente es que aquí se utilicen más o menos que allí.

Los helados… por ahí arriba hablaba yo sobre revisar tópicos. Y quisiera recordaros que no estoy hablando de Italia entera; esta vez no he estado en Padua, ni en Siena, ni en Florencia, ni en Milán, ni en Asís… esta vez solo he estado en Roma, y es a esta ciudad a la que me estoy refiriendo únicamente. ¿Dónde están esos helados que pasan por ser los infinitamente mejores del mundo? En “Giolitti” no, en las terrazas de Piazza Nabona tampoco, ni en los variados restaurantes en los que he estado pidiéndolos de postre tras cada comida y cena… No están malos, casi ningún helado suele estarlo, pero la textura, la diversidad de sabores, son un mito que se derrumbó seguramente hace bastante tiempo. Te los sirven en cucuruchos o vasitos, de cualquier manera; en algún bar usan copas de cristal, pero olvídate de los detallitos y ornamentos que usan por aquí. ¿Si digo que prefiero los del “Rayas” me diréis que estoy muy chauvinista? Perdón si lo parece, pero es que Sevilla es la ciudad que tengo más a mano para comparar… y eso que aquí tenemos un Ayuntamiento de risa y un servicio de restauración cada vez menos servicial. Además, con lo que te cobran allí por cualquier helado podrías comprarte un kilo del Häagen-Dazs que más te apetezca, y estaremos de acuerdo en que esos sí que son buenos… no?

Seguramente los romanos comerán pasta buenísima y variada en sus propias casas, sobre todo si las prepara una madonna clásica con mucho amor y tranquilidad, pero os juro por lo más sagrado que en cualquiera de los varios restaurantes “San Marco” de Sevilla hay más variedad y calidad en los platos de pasta que en los ristorantes, trattorias y osterias de Roma; e incluso de la socorrida pizza solo aparecen las mismas cinco o seis variedades en todas las cartas. Otra antigua realidad convertida ya también en tópico. Los menús de unos lugares a otros se repiten hasta la saciedad, comida uniforme, sin demasiada calidad, ninguna variedad y preparada de cualquier manera. Y el muestreo del que me valgo para decir esto me parece suficientemente representativo porque todas las comidas y cenas las hice en restaurantes, de diferentes categorías y en diferentes zonas, tanto turísticas como de paisanaje local. Se encuentran honrosas excepciones, por supuesto; podemos encontrarnos un plato de muy buen gusto en un local de mediana clase de los alrededores de Termini, o dar por casualidad, buscando otro que estaba cerrado, con un restaurante enclavado en pleno Vaticano, en el interior del antiguo Hospital del Espíritu Santo, cuyo patio es un excelente lugar para comer tranquilamente, así como también lo es (nos trasladamos allí para el postre y el café) su interior, unos enormes salones llenos de frescos por las paredes y los techos, que habían sido dependencias personales de uno de los Papas de la familia Della Rovere. Perlas en el mar, como escribió Aute.

Todo esto no son más que unos ejemplos concretos para ilustrar la dejadez de los romanos, que con su apoltronamiento y su dejarse llevar por la inercia de la fama de la ciudad, están consiguiendo que sea una sensación de decrepitud, más que de clasicismo, la que uno se encuentra ahora andando por las calles de Roma. Siempre se ha dicho de ella que es tan grande y hay tanto que mantener que debemos volver varias veces porque siempre encontraremos algo en pleno estado de conservación, de lo que no podremos disfrutar en algún momento. Y sí, anteriormente me he encontrado yo mismo con una pared de la Capilla Sixtina tapada por restauración, o con el Arco de Constantino invisible porque estaba cubierto de andamios y protecciones; pero ese no es el caso actual. Se ven andamios (pocos) y grúas (poquísimas), y los pedazos caen con más rapidez de lo que se levanta un enlucido.

Y el olor. Desde los puentes Garibaldi o Fabricio siempre se olían los vapores de las comidas, de las carnes a la brasa, de los fritos de los locales de la orilla del Tíber. Ahora solo huele mal… simplemente mal.

El encanto del mercadillo de Porta Portese se ha diluido. Igual te daría pasear por el del Charco La Pava; ya ni siquiera queda la simpatía del regateo con aquellos mercachifles que se ofendían si les hacías una oferta a la baja porque ellos eran “romanos de séptima generación”. Las casetas de la Piazza de la Repubblica, que podrían constituir perfectamente otra Cuesta de Moyano, solo se encuentran atestadas de saldos y basura. La Via Lungaretta, del Trastevere, ya solo es una calle más de aburrida marcha nocturna y restaurantes flojitos atestados de turistas, en la que la gloria de llegar a través de ella hasta Santa María In Trastevere puede verse empañada por la miseria de perder un tobillo en un pavimento que seguro que tenía mejor conservado el ayuntamiento del año 1.609, que el que gobierna la ciudad cuatrocientos años después…

Así que por todas estas cosas, y algunas más… arrivederci, Roma. Para siempre.

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Dean Martin – “Arrivederci, Roma”
(Tal como la presentó y emitió Bob Dylan en su programa de radio a principios del año pasado)

RADIO ACTIVIDAD

Para todos los que, como yo, no podrían vivir sin la magia de la radio.

En febrero de 1.957, un conductor de trenes de Stockport llamado John Axon salvó a otras personas en un accidente de ferrocarril en Derbyshire, muriendo él mismo en el intento. Su valor fue premiado de manera póstuma con la Cruz de San Jorge, pero aquella tragedia tuvo un significado cultural mucho más profundo.

Charles Parker, un extravagante excomandante de un submarino durante la anterior Guerra Mundial, reconvertido actualmente en productor de la BBC, se puso en contacto con el radical actor, compositor y cantante Ewan MacColl, y con Peggy Seeger, una joven americana que tocaba el banjo con él en sus viajes a través de Europa, para colaborar en un documental radiofónico sobre el desastre de aquellos trenes.

Pasaron horas entrevistando y grabando a los familiares, amigos y compañeros de trabajo de John Axon, y desafiando todas las convenciones de la BBC, decidieron usar aquellas grabaciones reales en lugar de las habituales voces en off de los locutores y actores de plantilla para contar la historia.

Ewan MacColl escribió y adaptó conmovedoras canciones para enlazar la narración; Peggy Seeger hizo los arreglos, y Charles Parker tomó los estudios una noche para hilvanarlo todo de forma laboriosa, mezclando la potente música de MacColl y Seeger con los emotivos pensamientos de los trabajadores.

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“John Axon was a railway man” (De “The Ballad of John Axon”)

John Axon era un ferroviario que nació y creció entre trenes de vapor.
Era el maquinista de una locomotora de Edgeley.
Durante cuarenta años trabajó y sirvió al ferrocarril.
Y perdió la vida en una de sus vías un día de febrero.

Ministro de Transportes y Aviación Civil, 10 de Julio de 1.957

Señor:

Tengo el honor de informarle del resultado de mi investigación sobre la colisión que tuvo lugar el sábado, 9 de febrero de 1.957, cuando a las 11,05 de la mañana el tren de mercancías de Buxton a Arpley perdió el control cuando estaba descendiendo un paso inclinado en una colina, y alcanzó y colisionó violentamente contra la parte trasera del tren de mercancías de Rowsley a Edgley. Lamento informarle que el conductor Axon, y el guarda del tren de mercancías de Rowsley, resultaron muertos.

Presentamos: “La Balada de John Axon”. La historia real de la vida de un ferroviario contada por los hombres que le conocieron y trabajaron con él, y convertida en canción por Ewan MacColl.

El año era 1.957, la mañana brillante y alegre,
El 9 de febrero John Axon iba conduciendo.
Iba en una locomotora de clase 8 desde Buxton.
En el camino a Chapel-en-le Frith su freno de vapor se averió.

Era una cuesta abajo de siete millas desde Bibbington Top. Oh, Johnny.
Era una pendiente del 58 por ciento y tú no tenías frenos. Oh, Johnny.
Las máquinas cogieron velocidad y la potencia se liberó; era una oración lo que hubieses necesitado.
Pero nunca la rezaste, Johnny.

Era el infierno de hierro, era una mercancía funeraria. Oh, Johnny.
Era el final de un sueño de acero y vapor. Oh, Johnny.
Hay un mundo en tu cabeza y tú tienes que abandonarlo, hay vida más allá,
Pero tú nunca la verás, Johnny.

Los jerarcas de la BBC quedaron horrorizados tanto porque sus preciosas ondas hertzianas quedasen contaminadas por las coloquiales palabras de las rudas voces de miembros de la clase trabajadora (por Dios…! ¿Cómo pueden decir por la radio “bloody” o “bugger”…?), como por las poco ortodoxas prácticas de aquellos tres pintorescos personajes que lo sacaron adelante. No querían emitirlo; “problemas técnicos”, adujeron.

Pero, no se sabe exactamente por qué razones, “La Ballada de John Axon” terminó por salir al aire en 1.958 y fue un éxito instantáneo, cosechando premios y aplausos de la crítica, e incluso contó por fin con la aprobación de la BBC, cuyo director general dijo del documental que “era el programa de radio más originalmente concebido, más brillantemente realizado y más emocionante que había oído nunca”.

Para Charles Parker aquello fue el comienzo de un viaje iniciático. Antes de conocer a MacColl y a Peggy él era muy religioso y un conservador convencido, porque así habían sido su cuna y su educación. Pero una vez que se vio envuelto en estos programas, y vio la clase de experiencias y condiciones a las que se enfrentaban diariamente trabajadores como los mineros, rápidamente percibió que las difíciles situaciones por las que pasaban y las injusticias que sufrían eran culpa del capitalismo. “¿Cómo puede uno sentirse superior en presencia de hombres que parecen haberlo experimentado todo, y que pueden hablar coherentemente de cualquier cosa bajo el sol? Conocer a los mineros y tener esta rebelación fue el principio de mi real educación…” El nacido fervor por sacar a la luz estas luchas sociales le llevó a simpatizar con el marxismo a la vez que se convertía en un apasionado defensor de la música folk. Desde ahora su vida se guiaba por el obsesivo deseo de convertir estos nuevos programas en una forma de arte por sí mismos.

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“I think it’s the soil” (De “Song of a road”, sobre la construcción de la Autopista M1)

Creo que es la suciedad, creo que es la suciedad. Quiero decir… se pueden seguir los rastros hacia atrás…

Al principio fue la tierra.

Entonces, cuando uno cava en el suelo se da cuenta del montón de mierda de verdad en la que vivimos.

La tierra se calentó, las montañas, los valles y los mares se formaron,
Ascendieron remolinos de gases,
El sol en los cielos quemó los dientes de sierra de las montañas.

Cuando estás cómodo en tu asiento,
En el frío y en el calor,
Nunca piensas que la has tenido que levantar.
Dándote una paliza cada una de las horas del día,
Trabajando entre antiguas capas de mugre.
Gatos y máquinas excavadoras,
Tractores de oruga,
Levantando torres de perforación y grúas.
Ya sea en una torre, un bulldozer o un foque,
Estás entre antiguas capas de mugre.

Pero es interesante que por encima de todos estos materiales… la caliza recubre la arcilla de Gault, la cual recubre la arena verde de glauconita, la cual recubre la arcilla de Oxford, recubriendo los grandes depósitos del jurásico y las capas de Lias, y todas estas capas se van haciendo más antiguas a medida que profundizamos… algunas hasta de 250 millones de años de antigüedad ¿sabes?.

Rocas y acantilados y montañas rotas, aplastadas y trituradas bajo el hielo, han cubierto los desnudos huesos de la tierra en las llanuras y valles.

Cuando te están esclavizando cada hora del día
Nunca piensas que las has tenido que levantar,
Te estás dando una paliza constante, y lo estás haciendo bien,
Estás trabajando entre antiguas capas de mugre.

Aunque yo no soy geólogo, estoy fascinado por esto. Por ejemplo, esas grandes máquinas que usamos guardan un sorprendente parecido con los monstruos prehistóricos. Pensar que nuestra imitación de los monstruos prehistóricos trotan por ahí desenterrando fósiles que tienen millones y millones de años…

Gatos y máquinas excavadoras,
Tractores de oruga,
Levantando torres de perforación y grúas.
Ya sea en una torre, un bulldozer o un foque,
Estás entre antiguas capas de mugre.

Durante los siguientes seis años, Charles Parker, Ewan MacColl y Peggy Seeger, hicieron más baladas radiofónicas (Radio Ballads) con el mismo formato de música y palabras reales, sobre otros asuntos como la construcción del M1 (la primera autopista británica, en la que se emplearon 19.000 obreros, en su mayoría irlandeses), las industrias pesqueras y mineras, la comunidad gitana o las penosas realidades de la polio. MacColl escribió muchísimas grandes canciones, y las Baladas revolucionaron la radio británica y le dieron relevancia y un contexto moderno a la revitalizada música folk. No en vano otro de los principales aspectos de estos programas era demostrar que Gran Bretaña tenía una cantidad de canciones populares tan ámplia, y tan fuertes y pegadas al pueblo como cualquiera de las que formaban parte de las tradiciones americanas.

Los temas centrales de estas Baladas eran el peligro y la muerte, cosas que eran bastante familiares para los músicos de folk, ya fuesen producto de los accidentes industriales y del transporte (ferrocarril, pesca y minas) o de la polio y el boxeo (“The body blow” y “The fight game”). Inevitablemente, las Baladas de más éxito eran las impregnadas del humor cotidiano y la generosidad de espíritu de la gente normal de clase obrera; humor y generosidad de la que podían perfectamente haber andado escasos en vista de su situación. Estas cualidades tenían para ellos una gran capacidad de recuperación, y de no haberlas poseído, además de su camaradería y solidaridad, para aplicarlas a la industria y a la vida, su penosa existencia hubiese sido casi siempre algo insoportable.

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“A miner has to possess that sense of humour” (De “The Big Hewer”, sobre los mineros del carbón)

El minero tiene que tener sentido del humor. Una cara triste en el subterráneo no te lleva a ningún lado, y aunque estés muy triste y muy abatido, tú tienes que participar, con tu ingenio, en cualquier cosa que se te ocurra, demostrando que estás vivo y que te has olvidado de las cosas de fuera. No podría soportar el subterráneo sin humor.

Podemos trabajar y podemos luchar, podemos cantar y contar una historia,
Ya sea que vengamos de Durham, o Northumberland, o Gales.
Deja que la jaula baje.
Vamos y pillemos la cerveza local, únete a nosotros y toma unas cuantas,
Siéntate y cuenta una historia o dos, y si la historia no es verdadera
Ni es de aquí ni de allá
Deja que la jaula baje, deja que la jaula baje.

Entonces uno de los superhombre dijo un minuto Jack, dijo, quiero verte. Entonces Jack dijo ¿para qué es para lo que quieres verme? Dijo el otro, ¿tienes chirivías (una planta parecida al apio)? ¿En el jardín? El otro dijo, sí. Adiós, tío, dijo el otro, bonitos y grandes. Entonces mira, Jack, dijo el otro, ¿podrías decirme como son de grandes? Jack dijo ¿por qué? Porque me han dicho que las raices son tan profundas que atraviesan el suelo y llegan hasta la mina, y los ponies no pueden pasar con ellas.

Un viejo compañero de mina, Dai Maddy le llamaban, montaba un enorme caballo en una veta baja, en un nivel bajo. Entonces cuando vino el bombero, pasar con aquel techo era muy, muy difícil, y el bombero le dijo, bueno, lo que tienes que hacer, es cortarle un poco las patas, para que así el caballo sea más bajo. Entonces Dai le miró y musitó algo entre dientes, y el bombero siguió su camino. Se volvieron a encontrar sobre una hora más tarde, y el tío vio a Dai avanzar dandose cabezazos en el techo. Y le dijo ¿qué coño estás haciendo, Dai? Te dije que le cortaras un poco las patas. Y el otro dijo, mira tío, no te quedes conmigo; son las orejas lo que tiene arriba, no las patas…

Cuando Isaac Lewis se murió, ¿qué creeis que hicieron con él?
Lo vendieron como antracita a 20 libras la tonelada.

Él tenía un buen remedio para un mal techo, Isaac lewis. Le dijo al jefe que él tenía un remedio.
Dejar el carbón debajo.

Deja que la jaula baje.
Vamos y pillemos la cerveza local, únete a nosotros y toma unas cuantas,
Siéntate y cuenta una historia o dos, y si la historia no es verdadera
Ni es de aquí ni de allá
Deja que la jaula baje, deja que la jaula baje.

Trabajé en una mina en América. Y no podéis haceros una idea del tamaño que tenía. No se acababa nunca, tíos. Entré en la sala de máquinas, y el tío estaba totalmente dormido. Así que le despertamos. ¡Dios bendito! ¿estabas dormido? Hay hombres ahí dentro que dependen de tí. Y el tío dijo ¿qué día es hoy? Oh, es martes, le dijimos. Ah bueno, entonces está bien, dijo él, no salen hasta el jueves…

Deja que la jaula baje.
Vamos y pillemos la cerveza local, únete a nosotros y toma unas cuantas,
Siéntate y cuenta una historia o dos, y si la historia no es verdadera
Ni es de aquí ni de allá
Deja que la jaula baje, deja que la jaula baje.

El equipo tuvo que enfrentarse, por supuesto, a múltiples adversidades y tribulaciones para conseguirlo; grandes problemas que a veces amenazaron esta fórmula pionera de hacer radio: equipo muy limitado, interminables problemas técnicos, las anticuadas actitudes y conservadores hábitos de la BBC. Para las grabaciones de las personas tenían que usar enormes y pesados magnetofones, que todavía estaban lejísimos de los cassettes grabadores, y a años luz de los grabadores digitales. Con aquellos cacharros grabaron cientos de horas de entrevistas. Luego MacColl y Peggy tenían que bucear entre todas ellas para seleccionar las que se iban a usar en los programas. Después Charles Parker, de forma manual, cortaba y empalmaba los pedacitos de cintas que necesitaban para ser intercalados con las canciones. Al final de todo ese proceso se juntaban los músicos, los técnicos y otros profesionales radiofónicos de forma simultánea, para unir aquellos elementos y esforzarse en que quedase un programa perfecto, la mayoría de las veces pasando todos allí horas y horas repitiendo sesiones muy complejas hasta que conseguían exactamente la calidad que querían Parker y MacColl.

Además de los tres protagonistas, en estas Baladas hubo también envueltos un gran número de cantantes de folk y de jazz, tales como Ian Campbell, un jovencísimo Dave Swarbrick, el legendario Bert Lloyd, Jimmie McGregor, o Alf Edwards, un genio de la concertina y único músico que participó en todas las Baladas aparte de Peggy… una vez tan solo, en la Balada dedicada al pueblo gitano, “The travelling people”, la última de las que realizaron, en lugar de usar cantantes de folk metieron en el estudio a cantantes gitanos que formaban parte de la gente a la que habían estado entrevistando para documentar el programa. Aquellos completos desconocidos recibieron una gran atención por parte de la audiencia, e incluso les llamaron para conciertos y grabaciones, por lo que encontraron una vida en la música dando a conocer sus tradiciones Belle y Sheila Stewart, gitanas de Blairgowrie; Elisabeth y Jane Stewart, de Fetterangus, o Joe Heaney, uno de los gitanos de Connemara.

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“If you took a traveller” (De “The travelling people”, sobre los pueblos nómadas británicos)

Si tú coges a un gitano y lo pones en mitad del desierto, encontrará la forma de vivir allí.
Él incluso podría venderle arena a los egipcios.
Son apañaos.

Se dice por ahí que soy un pícaro, un gitano liante,
Un afilador asqueroso y vago, pero en realidad soy muy apañao.
Viajo p’acá y p’allá, conozco cada rincón de la nación,
Y puedo siempre echar una mano en cualquier ocupación.
Soy un manitas errante, entiendo de todos y cada uno de los oficios,
Y si quieres saber mi nombre, llámame “el apañao”.
He sido un manitas errante con la talega al hombro,
He hecho pucheros y cacerolas, todos a mano, con mis tijeras de cortar latón y mi soldador;
Puedo arreglar una silla o cazar una liebre o hacer una mesa de mimbre,
Y cuando hay que afilar cuchillos, nadie se da más maña.
Soy un manitas errante, entiendo de todos y cada uno de los oficios,
Y si quieres saber mi nombre, llámame “el apañao”.

Él no tiene jefes, ni casa, él puede buscarse la vida sacando brillo a los zapatos, puede ganar dinero con la ropa usada.

He vendido cestas y canastos y estropajos hechos de brezo,
He trabajado en miles de campos, con cualquier clase de tiempo.
He recogido bayas en Blair y he recolectado más de una tonelada,
He recogido remolacha y pelado rábanos, he arrancado mala hierba.

Trabajos de agricultura, cosas de madera, arreglar paraguas, luchar en un ring, tratante de caballos, cambiando continuamente. Recolectar fruta, recolectar patatas, moler la cosecha, remendar esterillas.

Muchas veces he comprado y vendido un caballo, un potro semental y un rebaño de yeguas;
Los he entrenado durante el invierno y los he vendido en las ferias de caballos.
En Barnet y en Appleby me conocen bien en esa época,
Siempre me verás en Brough Hill, al igual que en Kirkby Stephen.
Soy un manitas errante, entiendo de todos y cada uno de los oficios,
Y si quieres saber mi nombre, llámame “el apañao”.
En invierno, cuando los días son más cortos, andamos cerca de las ciudades,
Con nuestras cestas bajo el brazo mientras las vamos pregonando.
Vamos por ahí mientras intentamos vender nuestras mercancías y tiras de encaje,
Pero por cada puerta abierta hay diez que nos cierran en la misma cara.

Vas a las casas de las señoras, grandes casas, llamas a la puerta y la señora sale. Va usted a comprar a una afortunada gitano hoy, querida, venga y le leeré su suerte en la palma de la mano, y le diré su pasado, su presente y su futuro. Ya sabe, querida, los gitanos somos como poetas, hemos nacido así, no lo hemos aprendido. Venga y le leeré la buena fortuna.

Me encontrarás en las obras de edificios currando con el pico y la pala;
Trabajaré hasta que me duerma de cansancio, por encima de la suciedad y el ruido.
Me encontrarás en las torres de alta tensión o levantando estructuras de acero,
Gateando como una mosca humana y siempre esperando la muerte.

Bueno, yo eché el primer cemento en Hatfield New Town, en aquellos trece bloques de almacenes, y lo estuve echando hasta la última viga.

En verano vamos a las granjas y hacemos trabajos de pintura,
Y a veces me pongo de rodillas para echar telas asfálticas.
Y cuando los días de verano han pasado y llega el invierno vamos a robar,
Me encontrarás entre basuras y harapos y trabajando en la compra-venta de chatarra.

Soy un hombre útil para la comunidad.

Soy un manitas errante, entiendo de todos y cada uno de los oficios,
Y si quieres saber mi nombre, llámame “el apañao”.

Parker y MacColl ya han fallecido, y del trío es Peggy la única que continúa con vida, cosa que tampoco es extraña ya que ella era significativamente más joven que los dos hombres. Aún así la hicieron responsable de la mayoría de los arreglos musicales de las Baladas.

Hay que tener en cuenta que los programas comenzaron a emitirse en 1.958, cuando la televisión todavía no se había convertido en un medio de masas para los productores ni para el público. Para 1.964 ya era imposible realizar este tipo de programas ya que la financiación necesaria había sido casi totalmente erosionada porque la BBC desvió todos sus fondos hacia el entretenimiento visual, mucho más popular, para competir así con la cadena de televisión establecida comercialmente que era la ITV. Una hora de “Radio Ballads” costaba lo mismo que una hora de televisión, veinte veces más que cualquier programa normal de radio.

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“I often think back” (De “The body blow”, sobre la psicología del dolor)

Yo. A menudo. Pienso en el pasado… Trabajé en la Ford, en la cadena de montaje de turismos.
Inútil.
Me aferré a ello desesperadamente.
Trabajé en la Ford.
Uno no es dueño de su cuerpo.
Trabajé.
Si yo hubiese sido un perro habrían tenido que sacrificarme.
Trabajé en Dagenham.
No quería que nadie estuviese a mi lado.
Siempre igual.
El peor mes lo pasé muy sola porque así tienes tiempo para pensar.
Y nadie podía ayudarme, pero me pregunto… algo bueno podré hacer. Una madre minusválida, que no es capaz de cuidar a su hijo, que no soy capaz de cuidar a mi marido, que no soy capaz de hacer nada. Siempre igual.

Las manos que fueron ágiles y fuertes, los mejores sirvientes que se podrían tener,
Débiles y tullidas ahora, ¿por qué me ha pasado esto a mí?

Uno ya no tiene más el control. Uno ya no controla nada.

Piernas fuertes y hermosas para caminar y correr y bailar también.
Débiles y tullidas ahora. ¿por qué te ha pasado esto a ti?

Le guardas rencor a tu cuerpo porque no puedes hacer las cosas que quieres. Uno le guarda rencor a todo.
Uno le guarda rencor a la vida.

¿Qué me depara la vida?
¿Arrastrame con muletas, ese será mi destino?
¿Caminar como un anciano, una pulgada por pasito?
¿Tener que respirar con una bomba?
¿Mantenerme en una silla de ruedas?
¿Ser un vegetal en la cama, como un bebé en su cuna, hasta anquilosarme y pudrirme?

Serví en todas partes durante la guerra y nunca recibí ni un rasguño. Por eso me hace reir el pensar que ahora no puedo ni moverme. Todos estos últimos años.

Pero a pesar de todos los inconvenientes técnicos de los que hemos hablado ya, y de la falta de presupuesto que finalmente hizo desaparecer a las Baladas, éstas estuvieron a punto de irse al traste después de emitirse solo la primera de ellas. Y la culpa la tuvieron los ideales que entraban en conflicto provocando grandes tensiones entre los tres miembros más importantes del equipo. Ya hemos visto que aunque Charles terminara convirtiéndose en un marxista convencido, su personalidad chocaba frontalmente muchas veces con la de los otros dos y con los planteamientos de éstos a la hora de montar los programas, aunque fuese un admirador de Ewan desde el mismo instante en que lo conoció. Ante los ultimatums de Ewan y Peggy por tener la última palabra en como debían quedar las Baladas, y sus amenazas de dejarlo todo, y las respuestas de Charles diciéndoles que de hacer eso se perderían el futuro de la radio y se pasarían la vida siendo unos folkloristas de medio pelo como hasta ahora, no tuvieron más remedio que llegar a una “entente cordiale” que terminó por dar sus frutos y por unirles más.

Pero las turbulencias que casi tiraron por tierra la segunda Balada, “Song of a road”, fueron intensísimas. Ewan MacColl, que se había terminado de enamorar de Peggy (¿has visto como ésta le sonríe en la segunda de las fotos?), aunque era veinte años mayor que ella, durante la preparación y realización de la primera de las Baladas, la había dejado embarazada (de su hijo Neill, pareja musical de Kathryn Williams). Y Charles Parker no aprobaba esta relación y así se lo hacía saber a ambos, sobre todo a ella. Pero a la vez que a Peggy, MacColl había dejado embarazada también a su esposa Joan Littlewood (de su hija Kristy), una de las grandes innovadoras del teatro del siglo veinte. Sus problemas conyugales eran agobiantes… pero no resultaron ser los peores.

Peggy se encontró con el problema añadido de que estaba trabajando en Inglaterra sin permiso de trabajo y cuando la descubrieron pasó una noche en un calabozo de la comisaría antes de ser deportada a la mañana siguiente. Sin ese permiso de trabajo, la BBC no podía hacerle un contrato, y como no tenía contrato, el gobierno no le daba permiso de trabajo. Una pescadilla que se muerde la cola que en realidad tenía su origen en los archivos de la CIA, que tanto a ella como a Ewan les tenía en una lista negra de comunistas; cosa que en realidad eran, y demostraron palpablemente cuando estuvieron actuando en Moscú y en Pekín, desoyendo el “aviso” del gobierno americano, poco antes de comenzar con la serie de Baladas.

Peggy y Ewan eran un equipo. Sin Peggy, tampoco participaría Ewan en los programas. Por su parte, a Charles Parker no paraban de presionarle para que sustituyera a Peggy con otro colaborador, algo que él rehusó con mano firme, e intentó por muchos medios, aunque sin resultado alguno, convencer al Ministerio de Trabajo de la necesidad de la vuelta de la chica. Les habló de la cantidad de libras que perderían si no seguían con los programas, del peligro de que Ewan pusiese su talento al servicio de la radio comercial, la odiada Radio Luxemburgo que tanta competencia comenzaba a hacerle a las tres emisoras de la BBC estatal. O peor aún, que se pasase a la televisión. No consiguió nada…

En cualquier caso, aquel permiso no iba a ser necesario, porque Ewan quería a Peggy sobre todas las cosas y tomó las riendas. Convenció y envió a Alex Campbell, un cantante de folk escocés, a París, para que hiciese un matrimonio de conveniencia con ella y así poder volver a Gran Bretaña con los papeles perfectamente en regla.

Por fin, “Song of road” pudo terminarse y Ewan MacColl se separó de su esposa para casarse con Peggy Seeger, junto a la que tuvo una larga vida personal y profesional. Del naciente amor que Ewan profesaba por ella nos queda como testigo una de las canciones más maravillosas de la historia, “The first time ever I saw your face”, que sin duda conoces por la interpretación que hizo de ella Roberta Flack, e incluso por otra magistral que hizo hace unos años Johnny Cash… pero seguro que nunca has oído la versión original en la propia voz de la chica para la que Ewan la compuso…

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“The first time ever I saw your face”

La primera vez que vi tu cara
Pensé que el sol salía en tus ojos
Y la luna y las estrellas eran regalos que le hacías
A la oscuridad y a los cielos vacíos, amor mío,
A la oscuridad y a los cielos vacíos.

La primera vez que besé tu boca
Y sentí tu corazón latir junto al mío
Como el corazón tembloroso de un pájaro cautivo
Que estaba allí a mi disposición, amor mío.
Que estaba allí a mi disposición.

Y la primera vez que me acosté contigo
Sentí tu corazón tan cerca del mío,
Y supe que nuestra alegría llenaría el mundo
Y duraría hasta el fin de los tiempos, amor mío.
Duraría hasta el fin de los tiempos, amor mío.

Y aunque no sea relevante para nuestra historia, seguro que te has estado preguntando todo el rato si esta Peggy Seeger tiene algo que ver con el famosísimo cantante de folk Pete Seeger… pues en realidad sí. Los dos eran hijos del mismo padre, Charles Seeger; que tuvo tres hijos con su primera esposa, Constance, el más pequeño de los cuales era Pete, antes de volver a casarse con Ruth Crawford, con la que tuvo alguna descendencia más. Peggy Seeger fue la segunda hija de este nuevo matrimonio.

GRACIAS A DIOS, YO ESTUVE ALLÍ

Para mis vecinos, cuñados y sobrinos que, los cabrones, después de terminar en la cena con toda mi provisión de Blanc Pescador, Barbadillo y Cruzcampo, me tuvieron hasta las tantas a base de chupitos de Ruavieja, Limoncello y Ledicia, por lo que este post no ha tenido la supervisión adecuada y lo que se dice en él es posible que más que fruto de la realidad sea debido a la (bien despachada) tajaíta.

Diez meses después de recibir la primera gran visita de un personaje del rock verdaderamente estelar, recibimos la del segundo. Y tendremos todos que estar allí, porque quien viene es ni más ni menos que EL JEFE en persona. La falta de asistencia es imperdonable. Una vez que los peloteros terminaron de correr (los de aquí) y de dar patadas (los de Italia) anoche, comenzaron los preparativos para que el recibimiento sea algo que recuerden las futuras generaciones de rockeros sevillanos.

Y aunque de él ya nos ocupamos aquí debidamente en otro momento anterior, hay que volver a recordarle, repasando su vida y su obra, porque, después de todo él fue el hombre que puso a New Jersey en el mapa.

Durante siglos, toda esa pantanosa área cercana a New York estuvo olvidada por el mundo. Un sitio en el que nunca pasaba nada y siempre olía mal no era el mejor sitio para vivir. La única persona famosa que vivió en New Jersey durante algún tiempo fue Albert Einstein, que ni siquiera era americano, sino importado de Alemania, y enseguida le sobornaron para que se fuese a Princeton. Frank Sinatra también nació cerca de allí, pero siempre que cogía el ferry era para irse a New York (”I want to be a part of it / New York, New York”)…

Pero en 1.949 todo cambió. Nació Bruuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuce (que es como dicen su nombre todos los asistentes a sus conciertos a la vez, cuando le ven aparecer en el escenario).

Bruce, cuyo nombre real es Springsteen, tuvo la buena fortuna de nacer y crecer en New Jersey, en una zona notablemente parecida a una playa, aunque no tan guay: Ashbury Park; por donde Bruce pudo andar a sus anchas. Era un sitio viejo, feo, sórdido, miserable; un vertedero para la gente sin futuro, los arruinados, los tarados y los inútiles en general… en otras palabras, una típica ciudad norteamericana del siglo veinte, llena de gente corriente, cuyas esperanzas machacadas y deprimentes decepciones pudo Bruce inmortalizar en provocativas, dolorosas y poéticas canciones de ésas que penetran directamente en el corazón provocándote una sangrienta herida en el ventrículo izquierdo.

Si Bruce hubiese nacido en Hollywood o en Beverly Hills nadie hubiera dado nunca un duro por sus canciones.

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“American land”

Pero antes de componerlas, Bruce tuvo que crecer, aprender a tocar la guitarra, y madurar su voz de pito en incontables bandas de mala muerte llenas de compañeros músicos tan incompetentes como él, lo cual es la manera natural de avanzar a través de las procelosas aguas estancadas llenas de bacterias perniciosas que uno debe superar en su camino al esterilizado estanque del estrellato, y que a mí me permite poner en práctica mis conocimientos recientemente adquiridos en el cursillo de la legionella, con unas bonitas metáforas.

También, el joven Bruce tuvo que desprenderse de su perturbadora tendencia a escribir canciones que sonaban como las del Dios del folk-rock, para que así dejasen de confundirlo con otro Bob Dylan, como solían hacer los cagatintas de las revistas musicales de entonces, a los que no parecía resultarles embarazoso alabar letras que Bruce escribía bajo aquella influencia; letras tales como ”Hey Mr. Tanned Machine Man / pray along with me; / in the Jersey City morning, / I’ll come wallowing, too”, que ya olían a viejas al cabo de algún tiempo… más o menos, tres minutos.

Definitivamente, fue el romanticismo de Bruce, enraizado en el idealismo de los ’60, pero atenuado por el desencanto de los ’70, los ’30, los ’40, los ’50, y los ’90 y los años posteriores al 2.000 (como todos los grandes hombres, Bruce fue profético), el que le alzó al superestrellato en los ’80. Un romanticismo que atrajo a todos los que en su día protestaban contra la Guerra del Vietnam, y que ahora, trágicamente envejecidos, echaban de menos desesperadamente tanto las manifestaciones como la juventud perdidas.

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“The rising”

En 1.973 Bruce formó la que muy pronto iba a ser mundialmente famosa Banda de la Calle E (o E Street Band, como solía escribirlo en sus discos), llamada así en honor de la única calle pavimentada que había en su pueblo de New Jersey. Y fue ya el año siguiente (para los de la Logse, 1.974) cuando el influyente corresponsal del rock, Jon Landau, vio a la banda tocar en un pequeñísimo tugurio y escribió su ya legendario titular en las revistas undergrounds: ”He visto el futuro del rock and roll y su nombre es Bryce Springstern”.

El hecho de que Landau hubiese escrito lo mismo sobre Grand Funk Railroad, Engelbert Humperdinck, Grace Jones, The Association, The Bonzo Dog Band y Los Bravos, no tiene importancia alguna, porque como el Doctor Samuel Johnson escribió una vez, ”cuando uno tiene razón, tiene razón”. Y así, la carrera de Bruce ascendió meteóricamente hasta nuevas alturas de gloria. Y con él también lo hizo Jon Landau cuando Bruce le contrató como productor, manager y masajista fisioterapeuta para los músicos de la E Street Band.

El resultado de su colaboración fue el disco que dio a conocer a Bruce en todo el mundo, ”Born to run”, lleno de canciones que celebraban las alegrías del footing.

Yo tenía 24 años y estaba cansado y aburrido de escribir cancione sobre chicas y coches. Así que en lugar de eso me puse a escribir sobre hacer footing con las chicas corriendo tras los coches.

Aunque nadie compró el disco, hubo mucha discusión sobre él entre los enteraíllos, y en los foros y revistas, lo que hizo que Bruce fuese portada a la vez del ”Time” y el ”Newsweek”, prestigiosas revistas que estaban experimentando su semana más baja en lo que a noticias se refiere de los últimos treinta años. Después de aquello, todo el mundo sabía que Bruce era famoso, aunque nunca hubiesen oído hablar de él.

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“Born to run”

Como Bruce surgió definitivamente ya metido en sus resplandecientes treintas, sus letras fueron cambiando cada vez más hacia la alienación, la soledad, la ruptura de valores, el cinismo, la pobreza espiritual y la bancarrota intelectual que siempre han sido atributos tan indispensables del “american way of life”, aunque sus melodías seguían siendo muy alegres y vitalistas… e incluso podían bailarse con chicas sositas aspirantes a estrellas de televisión…

Y a medida que su visión se oscurecía, Bruce se encontró a sí mismo enfrentándose a una crisis existencial que no le abandonó hasta que se acordó de quitarse las gafas de sol. Su obra maestra de esta época fue su disco de 1.984 ”Bored with the USA”, que conquistó incluso a sus compatriotas más reaccionarios, quienes confundieron su indignación contra ellos y sus valores con rabioso fervor patriótico. Es algo muy conocido, incluso en nuestro país, que los patrioteros no son muy perspicaces pillando los giros lingüisticos. Con la aquiescencia, pues, de todos los estamentos sociales, Bruce y su banda dieron lugar a una ola de Brucemanía que sumergió a su nación, y a todo el planeta.

Bruce se hizo tan popular que hubo que ponerle un apodo, el Boss. Aunque para lograrlo tuvo que superar una dura y sucia lucha con el propietario de los Yankees de New York, que decía poseer todos los derechos sobre dicho apelativo, el cual había heredado del difunto alcalde de Chicago, Richard Daley, que a su vez lo había recibido directamente de su antiguo colega de New York, William Marcy Tweed.

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“Born in the USA”


Y ya se mantuvo en la cima, arropado años y años por todos aquellos que habían cambiado las carreras en las manifestaciones por cómodos sofás desde donde observaban los días de gloria de Bruce a través de sus gafas fashion de cristales tintados de rosa, y que después, en los tiempos del ”Magic”, ya en el 2.007, seguían apoltronados en el sofá, pero ya habían tirado las gafas y lucían una prominente barriga debido a las latas de cerveza, que una vez vacías, arrojaban contra la tele cuando volvía a dar aburridas noticias sobre la crisis mundial que se avecinaba.

Y para poder burlar la crisis que afecta a todos y mantener el status económico que implica ser una megaestrella, Bruce se ha mantenido de gira desde que editó ese disco, escribiendo en los descansos entre cada lucrativa actuación las canciones que han compuesto su última obra, “Working on a dream”, por lo cual no le ha dado tiempo a aprendérselas bien y por eso solo canta dos o tres de ellas en los conciertos de su gira actual, aunque le haya puesto a ésta el nombre del disco.

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“Working on a dream”

Desafortunadamente, la vida personal de Bruce no ha estado tan enturbiada por la confusión como su música, dañando así su estatura como deidad mayor del rock. Él raras veces ha sufrido algún colapso por sobredosis de drogas, apenas ha sido arrestado alguna vez, y solo ha sufrido un divorcio, de una genérica modelo/actriz que era, después de todo, de sexo diferente al suyo.

Después de aquello, esperando hacer así su vida matrimonial más fácil y sin las complicaciones que trae el andar siempre de gira y lejos del cónyuge, Bruce decidió casarse con uno de los miembros de la E Street Band. Tras pensarse los pros y los contras, dudaba si hacerlo con Patti Scialfa o con Little Steve Van Zandt. Pero después de unas horas agonizantes al final se decidió por Patti. Y con el corazón roto, Steve Van Zandt dejó el grupo y se unió a la Mafia, convirtiéndose en lugarteniente del capo de New Jersey Tony Soprano. Y así se mantuvo durante muchos años, sin conexión con la música, hasta que el tiempo curó sus heridas y algo ocurrió con los mafiosos (que espero que no me contéis porque estoy siguiendo la crónica en la reposición de la FOX y todavía no ha llegado al final), y volvió al hogar donde una vez su primer jefe tanto le decepcionó, pero al que ahora puede de nuevo besar feliz.

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“Dancing in the dark”

La primera foto está hecha por mí, desde mi curro, el sábado a las tres de la tarde, con la fresquita. Las demás se las he pillado a un tío que se llama René van Diemen y que es tela de bueno haciendo fotos.

CIFRAS Y LETRAS

En un comentario del post anterior os adelantaba que en la siguiente entrada intentaría explicar de una forma lo más sencilla posible como se dividen las ganancias de una canción y a quién le corresponden los distintos derechos que genera su uso, algo de lo que se está hablando muchísimo últimamente debido a la muerte de Michael Jackson y al hecho curioso de que le perteneciesen a él los derechos de las canciones de los Beatles. Cuando se habla sobre ello se dicen muchas cosas que son erróneas y se mezclan diversos conceptos que son totalmente distintos.

Lo primero es contestar la pregunta de Zambombo de un comentario anterior, que ilustra claramente esto que digo de mezclar conceptos: no se puede decir que esté muy extendido el que los derechos de las canciones no pertenezcan en absoluto a los artistas, porque éstos siempre serán propietarios de los royalties que generen sus canciones. Siempre.

Ahora bien, como el artista generalmente no tiene tiempo ni conocimientos suficientes para manejar sus composiciones y hacer que éstas generen más dinero, y luego poder recaudar todo este dinero sin que le engañen demasiado, es por lo que recurre a una compañía que maneje y administre todo eso. Estas compañías, a cambio de hacerlo, se quedan con una parte de los royalties del artista… esta parte con la que se quedan estas compañías es lo que se llama “derechos de edición” (o derechos de publicación). Y la compañía que manejaba los asuntos de los Beatles, dejando que Lennon, McCartney y Harrison se ocupasen de otras cosas, era la ATV, llevándose a cambio los derechos de edición de sus canciones. Y esa compañía fue la que adquirió Michael Jackson.

Esto quiere decir que los royalties que generaban las canciones de Lennon/McCartney se repartían entre ellos y ATV, cuyo propietario era Michael Jackson.

En lo que sí tiene razón Zambombo es en decir que muchos autores querrían que la industria, tal como está montada, desapareciese. Porque al fin y al cabo estos royalties de los que hablamos son tan solo una mínima parte de los ingresos que genera una canción.

Para que os hagáis una idea. Imaginad un artista que vende diez mil CDs, cada uno de ellos con diez canciones compuestas por él. Los royalties que genera son de 9,1 céntimos por canción (que es lo que marca la ley desde que se revisó por última vez, que yo sepa, en el 2.007), lo que significa que serían (al haber diez canciones) de 91 céntimos por cada disco. Multiplicado por diez mil discos, sale en total una suma de 9.100 dólares (hablo en dólares porque me refiero a los USA, en España no sé como están las leyes sobre royalties).

Si consideramos que 10.000 discos a 15 dólares el disco, le han supuesto a la compañía discográfica unos ingresos de 150.000 dólares, pues ya sabéis quien se lleva la mejor tajada del negocio, cuando al autor de las canciones solo le pagan 9.100. Bueno, eso si es un artista consagrado y que vende mucho, porque últimamente, con la crisis y la “piratería”, las discográficas se han puesto de acuerdo en pagarle a los autores noveles y de ventas no demasiado elevadas solamente el 75 por ciento de esto que os he dicho.

Estos 9.100 dólares son lo que se llama “royalties mecánicos”, que son los que se derivan de que las canciones sean vendidas en formatos mecánicos, como CDs, vinilos, cassettes, DATs…

Pues bien, como el artista (supongamos que es de los buenos y le respetan los 9.100 dólares) tendrá un contrato con alguna compañía que se ocupe de recaudar ese dinero y de mirar por sus intereses, pues resultará que en la cuenta de su banco solo ingresarán 4.550 dólares. Los otros 4.550 se los queda la compañía que curra para él, en concepto de “derechos de edición”, porque está establecido como regla general que estos royalties mecánicos se los embolsan, repartidos al 50 por ciento, el autor y el propietario de los derechos de edición.

¿Va quedando la cosa clara…? Digamos, pues, que los derechos de edición (o de publicación) son los honorarios que cobra la compañía que administra los intereses del compositor en lo que se refiere a asuntos de copyright.

Y no son solo los royalties mecánicos los que genera una canción, sino que hay royalties de más clases, que también hay que repartir, aunque de formas diferentes. Profundicemos un poco más.

Están también los royalties por “interpretación pública”. Estos son los que genera una canción cuando la ponen en la radio, o es interpretada (por su autor o por otro músico cualquiera) en un concierto, o ponen el disco en un bar, o en cualquier tugurio nocturno, o incluso en una boda, ya sea en disco o porque la cante la orquesta que contratan los novios (¿recordáis el caso aquél del tío de autores que se presentó en una boda anotando todo lo que tocaba la orquesta, hasta que lo echaron a patadas?)

Cada vez que una canción es interpretada públicamente, ya sea grabada o en vivo, genera unos royalties, que la compañía de publicación se tiene que encargar de recaudar y de fiscalizar, y que generalmente también se reparten a partes iguales entre esa compañía (más “derechos de publicación”) y el autor de la canción.

Estos royalties son muy importantes, porque cuando una canción se hace muy famosa, es normal que estén interpretándola a cada momento durante mucho tiempo y se convierta en una buena fuente de ingresos. En los USA, que hacen estudios de todo, dicen que una canción que llega al número uno genera por este concepto unos 3 millones de dólares durante el tiempo en que está de moda y la gente la tiene en mente. Y luego seguirá recaudando pasta en concepto de royalties durante muchos años más, cuando deje de estar de moda, porque siempre la recordarán y la interpretarán en algún lado. Y ya sabes… la mitad de eso se lo queda la compañía que tenga los ya famosos “derechos de publicación”, y la otra mitad el autor de la canción.

Sigamos… están también los royalties por “sincronización”, que son los que genera una canción cuando es usada como respaldo de una imagen; esto ocurre normalmente en las películas, en los anuncios y en los programas de televisión.

Si una canción es sincronizada en una película, la compañía cinematográfica que la hace tiene que pagar unos derechos por ella, que van a parar… (¿ya lo sabes, verdad?) …al autor y a la compañía que tenga los derechos de publicación. Ah, y cuando editen el disco con la banda sonora, también generará royalties mecánicos, no lo olvides.

Cuando las canciones se usan para anuncios, y éstos se emiten por la radio, que no es un medio visual, el anunciante, además de los derechos de “sincronización” tiene que pagar unos derechos de “transcripción”.

Estos royalties por “sincronización” y “transcripción” también suelen repartirse a partes iguales entre el autor y la compañía de los derechos de publicación, por eso en ésta última suelen ponerse de los nervios cuando el autor al que representan sale con “tonterías” tales como que se niega a que se usen sus canciones para anunciar tabaco, alcohol, compresas, campañas políticas… y es que los autores tienen mucho mas aguzado el sentido de la ofensa que los ejecutivos de las compañías de derechos de edición.

Están también los royalties por “edición impresa” de una canción, que aunque no sean tan importantes como los anteriores, también son generados cuando una canción aparece reproducida en un medio impreso, por ejemplo en cancioneros de algún autor, libros de tablaturas de guitarra, libros recopilatorios de éxitos, letras reproducidas en revistas… el reparto de estos royalties suele negociarse entre el autor y la compañía de derechos de edición, que normalmente suele quedarse con casi todo.

Con el advenimiento de internet se han creado también los royalties por “edición digital”, que son los que se generan cuando se descarga una canción (legalmente, comprándola), o poniéndola disponible en streaming, o en cualquier otro servicio de demanda on-line. El dinero que genera en royalties una canción emitida a través de internet varía entre las sumas de 2 y 14 céntimos, según sea una web comercial o de algún otro tipo. Y varía también según las descargas puedan ser permanentes o solo limitadas a un periodo de tiempo… o diez mil variedades más que sería excesivamente prolijo enumerar. La particularidad que tienen los royalties generados por tecnología digital es que no pertenecen por entero al artista, sino solo un tercio de ellos, y de esa cantidad, como viene siendo habitual, también el 50% debe pagárselo a la compañía propietaria de los derechos de edición.

Y para no aburriros más de la cuenta solo mencionaré que existen otros tipos de royalties, que también se reparten entre el autor y el poseedor de los derechos de publicación, como los derechos de edición en otros paises, los derechos de traducción de las canciones, o los derechos que genera la venta de cacharros para grabar o bajarse canciones, y los CDs vírgenes, y todas esas tasas tan controvertidas, que también dan royalties al artista y, por supuesto, a la compañía que tenga los derechos de publicación de dicho artista.

Como ves, el que alguien tenga los derechos de publicación de un catálogo de canciones no quiere decir solamente que va a ingresar un enorme montón de dinero, sino que a cambio tiene que ofrecer muchísimos servicios, que también le van a ocasionar un enorme montón de gastos.

El que Michael Jackson tuviese los derechos de las canciones de los Beatles no significaba que se iba a llevar pasta por la cara cada vez que una canción de ese grupo se editara o sonase por la radio. Lo que significaba es que iba a tener una entrada de dinero como propietario de una compañía (la ATV) que se llevaba más de la mitad de todos los royalties de los Beatles a cambio de velar por los intereses de éstos. Y eso llevaba consigo que tenía que supervisar todos los contratos con las compañías discográficas que reeditaban sus discos; que tenía que negociar con las multinacionales del cine cuando usaban sus canciones para las pelis, y luchar para que incluyesen el mayor número de canciones posibles (originales o versiones) en el mayor número de películas posibles; que tenía que llegar a acuerdos con otras compañías como ella de todo el mundo para que les pagasen los derechos que generasen allí; que tenía que estar encima de las Sociedades de Autores de todo el mundo para que le ingresasen regularmente los royalties que después repartiría con McCartney y los herederos de Lennon y Harrison, y para que en ningún sitio infrinjan las leyes de copyright sobre los Beatles…

Es decir, que si un autor de cierta importancia no quiere pasarse la vida empantanado en burocracia y quiere dedicar el mayor tiempo posible a componer, grabar y dar conciertos, (y a jugar con sus hijos, beber cubatas con los amigos, jugar al futbito, viajar con su mujer a Thailandia) tiene que poner sus negocios en manos de una compañía de derechos de publicación, aunque ya sabe que eso le va a costar la mitad (o algo más) de la pasta que gane en royalties. Lo normal es que los autores trabajen con una compañía que su vez es parte del holding de la multinacional discográfica, como ocurre con las compañías de publishing de EMI, Universal, o ésta propia de Sony ATV que nos ocupa. Lo que ocurre es que muchas de las grandes (y más avispadas) estrellas son a su vez socios de esas compañías, como es el caso de los U2 con “Blue Mountain Music”. Eso ocurría en menor medida también en el caso de los Beatles, que eran socios en “Northern Songs” pero dejaron de serlo cuando esta compañía pasó a la ATV y ellos vendieron su parte para poder coger dinero con el que sanear el desaguisado que tenían con Apple y la ruina heredada de Klein y Epstein.

Con las nuevas formas de edición y publicación, y el “háztelo tú mismo”, han cambiado muchas cosas y los autores, si no generan un negocio a gran escala, pueden ser autosuficientes a la hora de manejar sus propios asuntos empresariales. Pero para cualquier artista que quiera vivir de su arte es indispensable una compañía de estas características, porque además de ocuparse de todo lo que he descrito más arriba, se ocupará de negociar con las discográficas un contrato en el que salga ganando lo máximo posible (con lo cual ellos también ganarán más); participará en la promoción de su gira de conciertos para que vaya a verlo más gente, que después quiera comprar sus discos o escuchar su música en la radio… invertirá en él, con la esperanza de recuperar con creces lo invertido cuando comience a recaudar derechos de publicación, tanto de los royalties mecánicos, como de los de interpretación pública.

…claro que eso sería si estas compañías materialistas no buscasen solo clientes conocidos y ya establecidos en el mundo de la música, y alguna se arriesgará a asociarse con alguien que todavía no tiene siquiera un contrato discográfico, y confiasen en que algún día iba a vender un montón de discos e iba a dar muchos conciertos. Porque es que la cosa está tan chungaaaaa…

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SENSACIONES DISTINTAS

De todas las músicas que estamos y seguiremos teniendo en esta primavera y verano sevillana, este fin de semana llegan las menos convencionales.

¿No te gustaría hacer una prueba? Ya sabes como es el sonido de una guitarra con un punteo límpio y con un feedback de lo más guarro; ya sabes como suena una sección rítmica potente con un buen bajo y una contundente batería; ya sabes apreciar la voz de barítono de un buen cantante… pero ¿y si esa voz fuera la que diese sentido a un sofisticado collage electrónico?; ¿y si lo que escuchases fuese una guitarra que no termina por decidirse entre la disonancia y la melodía, surgiendo de una niebla electrónica abstracta?; ¿y si el rítmo lo marcase un controlador midi…?

No tienes que imaginarte nada de esto que te digo, lo puedes tener desde mañana hasta el sábado. Y gratis. En el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, que es el rimbombante nombre con el que conocemos al Monasterio de la Cartuja, en el que hemos pasado las noches del fin de semana anterior.

El factor común de todo lo que te decía antes es la electrónica. Más aún: la electrónica digital, que avanza imparable en todos los órdenes de la vida; y por supuesto, también en la música. Y esa digitalización musical es la que se explora en esta segunda edición de ”TERRITORIOS DIGITALES”.

Es algo bastante común entre los aficionados a la música pop y rock el pensar que la digitalización le roba a ésta parte de su alma, que es muy fría; que la música electrónica no es música, sino ruido… pues a través de varias exposiciones, instalaciones y conciertos, aquí vas a ver como eso no es así; lo importante es tener la idea para conseguir una creación artística, y la digitalización te permite explorar, mezclar y multiplicar las posibilidades de lograrla.

En este enlace tienes toda la información que necesitas sobre estos ”Territorios Digitales”, aquí, como hacemos casi siempre, vamos a centrarnos en la música, que este año tendrá mucho más protagonismo que el que tuvo en la edición anterior.

Trailer del “Rheo”, de Ryoichi Kurokawa. Que tal como nos lo presenta “Vimeo” sale tarde y mal; pinchad mejor aquí y lo tendréis con más calidad.

El jueves tendremos a Benge y a Tim Exile. Me gustaría ver la cara de la sra. Carrascus si en vez de estar casada con un coleccionista compulsivo de discos, libros y revistas, lo estuviese con otro que amontona compulsivamente en su casa… sintetizadores. Ese tipo es Ben Edwards, al que conocemos también como Benge, y los tiene de todas las clases imaginables, analógicos y digitales. Y supongo que algunos de ellos los traerá por aquí para enseñárnoslos, porque el año pasado editó su décima obra musical en la que éstos fueron los únicos protagonistas: una historia de la evolución del sonido electrónico desde 1.968 hasta 1.987, a la que puso por nombre “Twenty systems”, y en la que cada uno de estos veinte sistemas le servía para interpretar una de las piezas del disco. El principal instrumento de la música electrónica dando vida a veinte piezas musicales sin ayudas exteriores, ni efectos ni procesos adicionales, solo el sonido puro de los instrumentos individuales ayudándonos a comprender la evolución desde el primer Moog que se podía comprar en 1.968 hasta el Kawai totalmente digital de 1.987.

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Benge – “1976 Yamaha CS80″

Tim Exile tampoco se llama así en realidad, sino Tim Shaw, pero lo que nos interesa de él es que es un licenciado en filosofía, que aprendió a tocar el violín desde muy pequeño, para después darse cuenta de que lo que a él realmente le gusta es encandilar a la gente poniéndoles música. Y no de cualquier manera… para él, los DJs convencionales están obsoletos, lo que él quiere que escuchemos no puede salir de unos discos que anden p’atrás y p’alante o de un ordenador; sus experimentos sonoros salen de herramientas que ha pensado y programado él mismo, y con ellos ha llenado ya tres discos, el último de los cuales se llama “Listening tree” y te va a encantar cuando lo oigas en directo, porque así vas a saber de una vez por todas qué significan esas palabras cabalísticas que pronuncian tus amigos enteraíllos y que te dejan en fuera de juego: gabber, drum’n’bass, breakcore, post-techno, IDM…

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Tim Exile – “Family Galaxy”

El viernes vendrá el canadiense Tim Hecker, que como los anteriores también gusta a veces de cambiarse el nombre, haciendose llamar Jetone, aunque ya hace tres años que lo dejó, después de su tercer disco con ese alias.

“An imaginary country” se llama su último disco, de este mismo año, que aunque respire disonancias por casi todos sus poros, también tiene tanta melodía como para que podamos considerarla su obra más accesible. Este “país imaginario” está lleno de música para una sociedad utópica que seguramente sería mejor que la que puebla cualquier país real; y es, además, un disco de música verdaderamente “ambiental”, en el sentido que originalmente le daba Brian Eno a su definición de “ambient music”: la que puede ser disfrutada tanto si la estás escuchando de forma pasiva, como si le estás pegando el oído y desgranando y haciendo un escrutinio de todo lo que oyes. Así que ya sabes… la disfrutarás tanto si estás en ese momento con la birra y el bocata teniéndola de fondo, como si te estás dejando introducir maravillosamente en su atmósfera.

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Tim Hecker – “Sea of pulses”

¿A que ya sospechabas que el siguiente de la noche del viernes, Daedelus, tampoco se llamaba así…? Pues aciertas, se llama Alfred Darlington y eligió ese sobrenombre por sus obsesiones desde niño con las invenciones y los experimentos, los cuales, aún a pesar de ser un músico de formación e incluso de trabajos convencionales en bandas de rock y de jazz, han hecho que tenga en su haber ya una buena cantidad de discos de tendencias electrónicas y desinhibidas estilísticamente; el último de ellos se llama “Love to make music to”.

Sus conciertos son impresionantes ejercicios de improvisación, que consigue con un interface que aunque no fue desarrollado por él mismo (al menos eso creo), si que fue el primero en usarlo asiduamente en directo, que se llama Monome, y que es una herramienta fundamental para que Daedelus pueda amalgamar todo lo que se le ocurra pillar de la cultura pop, del jazz, del hip-hop, del cine, para dar forma (o para presentar una masa informe) a un inetiquetable estilo electrónico… que se puede hasta bailar, oiga usté.

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Daedelus – “Fair weather friends”

El sábado tendremos esculturas de imagen y sonido, las que genera con su arte el japonés Ryoichi Kurokawa (éste sí se llama así de verdad). En “Territorios Digitales” estará, tras haber pasado por festivales como el Sónar y museos como la Tate Modern, por partida doble: con el concierto audiovisual “Rheo” y la instalación “Scentless”.

Según él, la imagen y el sonido son algo indisoluble y no pueden estar separados, por eso construye esas… “cosas”… audiovisuales, de las que dice que el sonido y la composición visual están sincronizados… pero yo no me lo termino de creer del todo.

“Rheo”, del que puedes hacerte una idea con el vídeo de más arriba, es un proyecto inspirado en “panta rhei”, la expresión del filósofo griego Heráclito de Éfeso, que significa que todo está en estado de flujo, que uno no puede, por ejemplo, cruzar dos veces el mismo río, porque tanto el agua como la persona habrán cambiado con el tiempo transcurrido entre esas dos veces.

Para realizar su obra, Kurokawa transfigura y distorsiona material analógico con un proceso digital… algo así como lo que hace el propio cerebro humano cuando representa nuestros recuerdos en los que las percepciones sonoras y visuales se reconstruyen de una forma inconsciente. De esa manera las imágenes virtuales y la realidad emergen de una forma incontrolada… sobre tres pantallas.

…no te preocupes, yo tampoco me entero del todo, por eso quiero verlo con mis propios ojos. Y aunque este artista es el más conocido y de más renombre de todos los que vienen, personalmente, es con el que más reservas tengo de los seis; con esa mezcla de minimalismo y complejidad que tiene, no sé si voy a disfrutar de una sorprendente obra de arte contemporáneo, o voy a sufrir un coñazo sónico de proporciones dañinas para la salud.

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Ryoichi Kurokawa – “Read #2″

Y por último tendremos a Kangding Ray, un francés afincado en Berlín, cuyo nombre real (jejeje… éste tampoco) es David Letellier, y hace una música en la que combina los sonidos mecánicos con las melodías, situándola en algún punto entre lo digital y lo sensible.

En sus paisajes sonoros hay de todo: loops de guitarra, líneas de bajo, ruido residual, instrumentos acústicos, anomalías digitales… de todo ello hay buenas muestras en su segundo disco, “Automne fold”; sonidos crudos, oscuros y orgánicos que retienen la simplicidad emocional de las estructuras tradicionales de las canciones, solo que aquí, en vez de convivir mensajes e imágenes lo hacen texturas abstractas bastante radicales y sonidos estáticos de formas muy cerradas. Va a ser de lo más interesante de los tres dias de muestras… a ver qué tal funcionan sus rítmos pulsantes perdidos entre cuerdas saturadas. Parafraseando a la escritora favorita de mi mujer: “Sense and sensibility”.

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Kangding Ray – “Automne fold”

Si en su primera edición en las Atarazanas, “Territorios Digitales” propuso una reflexión acerca de la imparable digitalización de la música, en ésta pretende explorar ese punto de fricción entre mundos, el analógico y el digital, que en apariencia se contraponen y evocan sensaciones distintas.

A través de exposiciones, instalaciones y conciertos, el público podrá comprobar que es posible trabajar con herramientas en los dos sentidos, que el trasvase entre lenguajes es posible y enriquecedor.

Esto lo dice el comisario de estos “Territorios Digitales”, y a nosotros no nos va a engañar, ¿no?, que para eso es amigo nuestro y le gusta discutir con vosotros escribiendo aquí comentarios con su nombre de Vidal… sí, él si se llama así de verdad.

DE BUTTHOLE SURFERS HABLAREMOS OTRO DÍA

En el post anterior que dedicábamos a Deerhunter, establecíamos una base sobre la que se fue creando su sonido, y mencionábamos a los Butthole Surfers, a la Velvet Underground… establecíamos incluso un paralelismo entre la figura de Bradford Cox y la de Kevin Shields. Y es en este aspecto en el que vamos a incidir ahora.

No vamos a ocuparnos de nuevo de Bradford, sí vamos a hacerlo de Kevin. Pero no centrándonos en él; más bien vamos a centrarnos en una época, que ocupa los últimos años de la década de los ’80 y el principio de la de los ’90, en la que algunos músicos geniales cambiaron el concepto del rock tal como lo conocemos.

Fueron años en los que uno escuchaba algo que estaba sonando en la radio, en una tienda de discos, en el tocadiscos de un amigo, y pensaba… ¿eso se puede hacer con una guitarra…? Y su visión de la música cambiaba para siempre.

A mí me ocurrió así.

Y además me ocurrió en un momento en que los lazos que tenía con la música eran más estrechos que nunca; por entonces mantenía mucho contacto con los músicos y críticos, organizaba conciertos con grupos extranjeros, escribía en revistas nacionales y, sobre todo, mantenía un programa de radio diario en el que no paraba de sonar el póker de grupos sobre los que se asentó toda una generación de músicos, entre los que nuestro amigo Bradford Cox ha destacado últimamente.

Si te gustó la música del post anterior… aquí tienes sus antecedentes.

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The Jesus & Mary Chain – “Just like honey”

Eso que oías ahí arriba era feedback-pop, un término acuñado por los propios JESUS & MARY CHAIN para definir su sonido. La idea era muy simple y no era nueva, ni mucho menos; era coger el “White light white heat” de la Velvet Underground y añadirle una melodía pegadiza; era coger la pared de sonido de Phil Spector y meterle una capa de guitarras ruidosas (guitarras “guarras”, si recuerdas lo que te decía no hace mucho). Las distorsiones generalizadas unidas al carácter nihilista tomado de los Sex Pistols hicieron de su disco “Psychocandy” algo sombrío y casi fúnebre.

Sin embargo, la acidez de estas piezas espectrales y abrasivas no duraron demasiado, solo lo que va desde el ’85 en que editaron este disco, hasta el ’87 en que apareció el “Darklands”, una obra mucho más light, llena de baladas melancólicas. Posteriormente editaron el “Automatic”, que ya era un disco mucho más ecléctico y “profesional”, con piezas que incluso se podían bailar. Y ya en la década de los ’90 vino la relajación total con “Honey’s Dead”.

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The Jesus & Mary Chain – “Cut dead”

De entre las ramas del feedback-pop surgieron algunas flores: Green Telescopes, Thanes, Teelstar Ponies, sobre todo Ultra Vivid Scene…

Pero mientras la poción se enfriaba, en Irlanda encontraron un ingrediente para añadirle y convertirla en algo verdaderamente mágico. Y desde el reino de la psicodelia surgió MY BLOODY VALENTINE.

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My Bloody Valentine – “Only shallow”

Ya desde sus inicios en el ’87, con su mini-disco “Ecstasy”, comenzaron a explorar la ambigüedad que haría de su sonido, una vez madurado, algo tan devastador como inolvidable: el éxtasis y el terror como dos caras de la misma luna; una luna que brillaba tanto por la noche como por el día. Las ensoñaciones y las pesadillas se convertían en un mismo estado mental cuando sus guitarras envolvían sus sencillas melodías y cuando la batería golpeaba sin piedad sus armonías vocales.

My Bloody Valentine fueron unos pasos más allá que Jesus & Mary Chain con discos como “Isn’t anything”, en el que renunciaban a la violencia punk y volvían más atrás en el tiempo, a las formas más expandidas de acid-rock. Kevin Shields y su manera shoegazer de tocar la guitarra, recogía los acordes más galácticos de Jerry Garcia y de Jimi Hendrix y nos conducía a través de las dulces letanías que interpretaba la banda hasta que entrábamos en trance y trascedíamos más allá del momento.

Cuando en 1.991 los teclados electrónicos se unieron completamente al noise de la guitarra en su nuevo disco, “Loveless”, hicieron de éste la exploración definitiva de las texturas de la música rock.

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My Bloody Valentine – “I only said”

Su contundente caos puede ser visto tanto como un embelesado mantra (oooooommmmm) al universo como el trastornado grito que sale de la celda de un loco; lo normal es que quedásemos paralizados ante el empuje de una fuerza sobrenatural.

“Loveless” cambió el significado de la palabra música, demostrando la equivalencia entre ruido y sinfonía, en la misma forma en que Einstein demostró la equivalencia entre la masa inercial y gravitacional.

El acid-rock en sus orígenes era algo relacionado con el trance, y así se lo tomaban gente como los Grateful Dead o la tantas veces citada Velvet Underground (¿habrá habido una banda más seminal que ésta?), pero su comercialización allá por 1.967, en la que tuvieron mucha culpa los Beatles, creó la falsa idea de que la psicodelia consistía en envolver melodías pegadizas con montones de arreglos brillantes y estrafalarios. Hasta veinte años después no redescubrieron los shoegazers el verdadero significado del término psicodélico.

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Spacemen 3 – “Transparent radiation”

Los guitarristas Peter “Sonic Boom” Kember y Jason Pierce formaron SPACEMEN 3, la banda que transformó el noise sostenido de las guitarras en meditación espiritual, y la psicodelia en disciplina zen. Su disco “The perfect transcription”, de 1.987, tan denso en disonancias, se suponía que era “la transcripción musical de una sobredosis”.

Con el siguiente disco, “Playing with fire”, lograron un sonido etéreo y trascendente que, de hecho, limitaba con la música ambient de Brian Eno. No es una coincidencia que el grupo grabase finalmente en 1.990 una improvisación de 45 minutos de guitarras distorsionadas, “An evening of contemporary sitar music”, dedicada explícitamente a La Monte Young, el gurú de la música estática.

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Spacemen 3 – “Suicide”

Spacemen 3 era, primero y sobre todo, una idea. La idea de desplegar melodías suaves y extasiadas alrededor de los zumbidos de las guitarras distorsionadas; una praxis india que ya había sido empleada por Brian Eno y Robert Fripp.

Y todavía más espirituales, contemplativos (y minimalistas) era los paisajes sónicos dibujados por los LOOP de Robert Hampson en su obra “Heaven’s End”, también de 1.987, y reeditada hace muy poco tiempo junto a su segundo disco, “Fade out”. Sus canciones eran variaciones de una misma pauta, a la que lograban darle formas que iban desde lo catatónico hasta lo violento. Mantras psicodélicos.

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Loop – “Forever”

Loop fue uno de los grupos que mejor supo basarse en la psicodelia tardía y algo desdibujada de finales de los ’60 para crear algo sorprendentemente original… e incluso chocante.

Su nombre lo tomaron de una oscura canción de (¡como no!) la Velvet Underground. Aunque sus influencias eran más ámplias: Stooges, Suicide, los Love de Arthur Lee, e incluso las películas de Stanley Kubrick; todo lo cual lo mezclaron no se sabe muy bien como en un magma de ruido blanco fundido en el que flotaban de vez en cuando algunos riffs y algunos efectos. Una banda muy singular incluso para su tiempo.

Después del primer disco cambiaron de discográfica y también de dirección; perdieron sus puntos de referencia psicodélicos decantándose por la sobrecarga de fuzz y una potente sección rítmica que les acercaba más al krautrock de grupos como Can o Neu!, y al post-punk de Joy Division. Alcanzaron su zenit con “A gilded eternity”, comenzando los ’90, otro disco que también está previsto que se reedite pronto.

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Loop – “Black sun”

¿Dónde estabas tú en 1.990…?

ZONA LIBRE DE DECIBELIOS

Después de décadas de que sus canciones hayan sido usadas como instrumentos de tortura, los músicos están uniendo sus fuerzas para que su trabajo deje de ser usado como una herramienta de los interrogatorios, una práctica común en muchísimos servicios secretos y fuerzas militares, sobre todo de los Estados Unidos e Inglaterra, desde hace ya décadas.

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Rage Against the Machine – “Killing in the name”
(En la foto, el grupo protestando contra el uso de sus canciones en las torturas, en el escenario del último Festival de Reading)

Trabajando con Reprieve, una organización que se dedica a intentar salvaguardar los derechos humanos de los prisioneros, Massive Attack y Rage Against the Machine han puesto en marcha el proyecyo Zero db, contra el uso de su música en las torturas, mientras Suggs (el que fuese cantante de Madness) y Trent Reznor (de los Nine Inch Nails) van un paso más allá y están buscando a través de los asesores legales de Reprieve la forma de demandar incluso a los gobiernos a o a quien corresponda.

“Me da una profunda rabia descubrir que la música en la que uno ha puesto su cabeza y su corazón para crearla haya sido usada para torturar”. (Trent Reznor)

La música como arma de guerra psicológica saltó a la luz en los titulares de los periódicos en 1.989, cuando el ejercito norteamericano aplastó con el “Never gonna give you up” de Rick Astley a las fuerzas de defensa del General Noriega cuando éste buscó refugio en la embajada del Vaticano en Panamá.

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Rick Astley – “Never gonna give you up”

Sin embargo estás técnicas ya se habían usado diez años antes por los británicos en Irlanda del Norte. Allí le ponían ruido blanco a todo trapo a los prisioneros del IRA para desorientarlos. Según los psicólogos de Reprieve, usar música es lo mismo; un ruido constante a un volumen increíblemente alto hace que la gente pierda el sentido de la realidad.

También en 1.997, un comité de la ONU contra la tortura catalogó explícitamente como tal el uso que los israelíes estaban dando a la música en sus interrogatorios, y les prohibió seguir haciéndolo.

Se tiende a creer que son en realidad pocas las personas que han sido maltratadas sicológicamente de esta manera, y que incluso aunque lo hayan sido, esta es una forma muy “light” de tortura, y que tampoco es para tanto. La realidad es muy distinta, la administración Bush admitió que en “la guerra contra el terror” habían aplicado esta técnica a 80.000 prisioneros, de los cuales todavía permanecen unos 20.000 en las diferentes prisiones que los americanos tienen repartidas por todo el ancho mundo.

Y en lo que respecta a que ésta es una fórmula muy suave de tortura, habría que preguntarle en realidad a los que la han padecido. Binyam Mohamed ha sufrido torturas de clases muy variadas, pero a pesar de haber estado 18 meses en una prisión secreta de Marruecos, en la que de forma rutinaria le practicaban cortes en el pene con cuchillas de afeitar, describe que su sensación de notar como va perdiendo la cordura es un sentimiento aún más terrorífico.

Binyam Mohamed estuvo también detenido en las “Prisiones de la Oscuridad”, en Kabul (Afghanistan), después de ser detenido en Karachi como sospechoso de terrorismo, y describe su experiencia con la tortura musical: “Se me permitían muy pocas horas de sueño, y luego me colgaban durante días. Y ponían música muy alta, Eminem y Dr. Dre durante 20 días, 24 horas al día. Muchos de los prisioneros perdieron la cabeza”.

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Eminem – “White America”

Binyam es un residente británico que fue transferido a Guantánamo, donde fue acusado de cargos de conspiración, que luego fueron retirados en octubre del 2.008. Aún así, todavía permanecía detenido en Guantánamo, hasta su repatriación a Inglaterra hace apenas quince días, el 23 de febrero pasado, donde todavía siguen temblando con las experiencias que cuenta.

Zero db está animando a todos los grupos y cantantes a que guarden un minuto de silencio en sus conciertos en homenaje a todas las víctimas de tales técnicas. Y además, la Unión de Músicos de Inglaterra ha pedido a todos los autores de canciones que protesten si su música es, o ha sido, usada con estos propósitos.

Tú también puedes unirte a esta iniciativa filmándote a ti mismo en silencio durante cinco segundos y enviándoles la grabación.

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Prince – “Raspberry beret”

Pero hay por ahí un tipejo que no está de acuerdo con nada de esto, e incluso despotrica de estas medidas. Se trata de James Hertfield, el cantante de Metallica. En el año 2.003 fuentes del ejercito americano revelaron que les habían puesto a los insurgentes iraquíes el “Enter sadman” de este grupo, pero Hetfield dice que le da igual, porque la música de su banda representa la libertad. “Si los detenidos no están en libertad, yo me alegro de este uso. Hemos castigado a nuestras familias con esta música desde siempre… por qué los iraquíes iban a ser diferentes”.

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Metallica – “Enter sandman”

Las canciones que suelen emplear los torturadores son de lo más variopinto, desde las que apelan al glorioso “american way of life” para comerle la moral a los prisioneros, hasta las que son simplemente molestas por lo ruidosas. Junto a las que ya han aparecido más arriba ilustrando este post, aquí tienes otras más que, según investigaciones llevadas a cabo por Reprieve, estarían en un Top-20 absolutamente vergonzoso aún a pesar de sus compositores.

Hay canciones que intimidan por las bravas…

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Deicide – “Fuck your god”

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Drowning pools – “Bodies”

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Nine Inch Nails – “March of the pigs”

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AC/DC – “Hells bells”

…otras que lo hacen de forma más suavona.

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Bruce Springsteen – “Born in the USA”

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Queen – “We are the champions”

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Neil Diamond – “America”

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David Gray – “Babylon”

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Bee Gees – “Stayin’ alive”

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Don McLean – “American pie”

Y para cuando quieren hacerle al prisionero una putada de verdad…

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Christina Aguilera – “Dirrty”

THE MAN-MACHINE

El uso de técnicas y efectos artificiales en el sonido es algo que ha formado parte del proceso artístico prácticamente desde que los músicos comenzaron a grabar sus voces en los discos. Y hasta ahora nadie se había planteado que este uso fuese un fraude artístico.

¿Por qué, entonces, se ha levantado en el mundo de la música tal oleada de indignación por el uso del Auto-Tune?

Nosotros solo lo fabricamos. Pero el Auto-Tune no puede crear cantantes de la nada. Y no hay nada nuevo bajo el sol; John Lennon, por ejemplo, se sentía muy insatisfecho con el sonido natural de su voz en las grabaciones, y animó al productor de los Beatles, George Martin, a aplicar toda clase de efectos y tratamientos sobre ella.

Para los productores musicales actuales el uso de esta técnica es mucho más cómodo y más barato, y les ahorra muchísimo tiempo en el proceso de grabación de los discos. Pero los más puristas piensan que se está haciendo un uso indiscriminado que fomenta una cultura de la pereza en la que ya no hace falta aplicar el esfuerzo personal para dar brillantez a las interpretaciones, porque el ordenador siempre te hará llegar hasta donde no eres capaz de hacerlo por tus propios medios.

Hoy vamos a dedicar el post a hablar de sus pros y de sus contras, y vamos a leer lo que dicen sus partidarios y sus detractores.

El Auto-Tune es un software que sirve para manipular las voces grabadas, y su historia se remonta a los primeros años ’90, cuando su inventor, Andy Hildebrand, un geofísico que trabajaba desarrollando sistemas de sonido para rastrear el subsuelo y buscar bolsas de petróleo, pensó que sus aparatos igualmente podrían servir para detectar notas desafinadas en una grabación, y corregirlas.

Una vez comercializado, el Auto-Tune fue introduciéndose rápidamente en la mayoría de los estudios de grabación y, paulatinamente, desde los más modestos cantantes hasta los mayores iconos del rock se han apoyado en él para corregir los fallos de sus voces y conseguir la perfección en sus canciones. Sin embargo, aunque era un secreto a voces, nadie hablaba, ni mucho menos admitía, el uso. Parecía como si estas técnicas digitales de corrección de la afinación en la música fuesen como la EPO de los ciclistas, un asunto incómodo que es preferible no mencionar aunque con los años se viene demostrando que pocos de ellos se resistieron a sus “encantos”. Y así continuó el status-quo hasta 1.998, año en que una estrella decadente editó una canción en la que en vez de ocultar el uso de Auto-Tune, lo exageró hasta hacerlo evidente.

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Cher – “Believe”

Seguro que la has reconocido enseguida… “Believe” fue una canción que adquirió fama mundial y era reconocible al instante debido a ese sonido distorsionado y artificial de la voz de Cher. Efectos similares se conseguían desde hacía mucho tiempo, por ejemplo con Kraftwerk, que robotizaban sus voces con los vocoders; y tras esto se escondieron los productores de Cher intentando guardar el secreto, pero no pudieron mantenerlo mucho tiempo porque todo el mundo con un poco de conocimiento de las técnicas de grabación sabía que el Auto-Tune, además de ayudar a los cantantes a superar sus limitaciones, según cómo lo configures, podía adornar sus canciones con una cierta “melancolía” digital como la que derrochaba aquí la voz de Cher.

Y si el Auto-Tune se usa en los discos… ¿había algo que impidiese usarlo también en los conciertos? Pues no. Pero no le preguntes a ninguna estrellona si lo usa porque ni siquiera se parará a discutirlo contigo. Menos mal que los cantantes de country, nada pretenciosos y con poca propensión a avergonzarse por algo (no hay más que ver las letras de sus canciones), han admitido a veces el uso en sus interpretaciones en directo.

Pero de una forma o de otra, su uso ya es incuestionable. Si Cher había dado el primer paso, el definitivo lo dio T-Pain que, después de haber descubierto el auto-tunning en una canción de Jennifer López, hizo audibles las manipulaciones vocales a través de este software, y las ha convertido en su imagen de marca. Hace apenas año y medio este cantante tenía (a su nombre o colaborando con otros) siete canciones a la vez en la lista de éxitos del Billboard, cuatro de ellas en el Top-10. Y ya no va a ningún lado sin llevar su Auto-Tune bajo el brazo, como se demuestra en el delirante buzz vocal de su último éxito, “Freeze”.

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T-Pain – “Freeze”

Y el éxito de T-Pain no ha sido el único en salir de esta cajita de trucos; se popularizó entre los demás cantantes, no solo de rap o de R&B, sino de todos los estilos, estimándose que en la actualidad aproximadamente en un 60 por ciento de las grabaciones musicales se está empleando el Auto-Tune. Pero eso no implica que todos los músicos que lo usan sean unos oportunistas culturales descarados, porque lo que debemos tener en cuenta es que este software no reemplaza a la voz humana, sino que trabaja con ella.

Y aunque muchos se han tomado como una ofensa personal la idea de que la voz sea manipulada, lo cierto es que esta técnica también puede estar perfectamente al servicio del arte. No solo corrigiendo toda clase de imperfecciones, por muy minúsculas que sean, que eso sí podría ser dicutible, sino dando cancha a los artistas con imaginación. Lo que quiero decir es que lo importante no es si en la grabación hay Auto-Tune, sino cómo está aplicado, ya que el software no puede cantar por sí mismo. Imagínatelo más bien como otro instrumento que puedes “tocar”.

En la ceremonia de entrega de los premios Grammy, el grupo Death Cab For Cutie subió al escenario con unos lazos luminosos azules en sus chaquetas para protestar contra el uso del Auto-Tune:

Creemos que durante los últimos diez años ha habido muchos buenos músicos afectados por la recién descubierta manipulación digital de la voz humana, y creemos que ya está bien de hacerlo…

Sin embargo, uno de los músicos que más discos ha vendido en los últimos tiempos, como ha sido Kanye West, en su lúgubre “808s and Heartbreak”, un disco que solo contiene tristes canciones de desamor cantadas en tono desesperado, lo ha usado para deshumanizar algunas de sus canciones, pero no para esconder nada, porque en otras de las que componen esta obra puedes oírle también con toda su “imperfecta” voz rompiendo contra las barreras de seguridad sónica.

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Kanye West – “Heartless”

¿Es más válida la postura de Kanye que la de Death Cab o que la de Neko Case, despreciando por completo el autotunning?

Las notas que llego a dar no son perfectas, pero tampoco las voy a cubrir con el Auto-Tune. Todo el mundo lo usa. Una vez pregunté a un chico de los estudios de grabación en Toronto: “¿Cuánta gente no usa el Auto-Tune?”, y me dijo, “Tú y Nelly Furtado sois las dos únicas personas que nunca lo han usado aquí”. Incluso aunque no soy muy fan de la música de Nelly Furtado, esto me hizo respetarla. Es guay que ella tenga integridad. Cuando detecto el Auto-Tune en la voz de algún artista, me es imposible tomármelo en serio. Si escucho a alguien como Alicia Keys, que técnicamente es bastante buena, y veo que le han aplicado un poco de Auto-Tune, pienso ¿por qué estás dejando que te hagan eso?. Esto es para gente como Shania Twain, que no sabe cantar. Y si Celine Dion es supuestamente la gran vocalista que dice ser, ¿cómo es que hay Auto-Tune en cada jodida palabra de sus canciones? ¿Es que no llegas a la nota tú sola, Celine?.

Neko predica la auntenticidad del producto musical. Sin embargo, la mayoría de los sonidos más novedosos del rock… la distorsión, el wah-wah, el trémolo, el eco, el scratching, el multi-tracking, ¿qué sería de Hope Sandoval sin el reverb?… han sido fruto del abuso de las herramientas de los estudios de grabación. Y nada de lo que llega a nuestros oídos a través de un soporte de audio está completamente inmaculado.

Esta nueva tecnología no ha cambiado la forma de hacer música, lo que ha cambiado es la forma que tenemos de percibirla. Se sigue grabando como se ha hecho siempre, pero ahora es más fácil arreglar pequeñas meteduras de pata aquí y allá. Si escuchamos con atención las canciones de los discos más antiguos, notaremos en ellas algunas cosas que ya no están en las canciones actuales, como la respiración del cantante entre dos líneas de la canción, o como les oímos a veces inhalar, también fallar en alguna nota; y sin embargo se dejaron así en el disco al comercializarlo porque en la mayoría de los casos ésa era la mejor toma que tenían de la canción, o quizás porque el resto de la interpretación que se había grabado ahí era demasiado buena como para desecharla por un simple fallito que en realidad apenas iba a notar nadie cuando escuchase el disco. Ahora estamos cambiando la excelencia de una interpretación, por la perfección…

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Daft Punk – “One more time”

…o estamos degradando su autenticidad? También hay quien piensa de esta forma. El Auto-Tune desvaloriza los esfuerzos de los músicos de verdad. La música es una de las Bellas Artes, no es algo que haya que medir simplemente considerando gastos y beneficios. Los que solo quieren ahorrar tiempo y dinero en las grabaciones son los que opinan que el número de euros recaudados es lo que define el factor del éxito de un disco, y con esa forma de pensar y actuar están destruyendo un concepto maravilloso, están igualando la música con un producto de masas como las hamburguesas del McDonalds. No merecen llamarse artistas…

-Pero bueno, Carrascus… nos has llenado todo esto de pros y contras, pero en realidad todavía no sabemos qué es lo que tú piensas del asunto.

-Pues yo, la verdad es que me alinearía más con los partidarios del software. No veo nada equivocado en hacer que los cantantes malos suenen un poco menos malos y los cantantes buenos suenen todavía mejor. Y además, si creéis que esta discusión se acabará si nos ponemos todos de acuerdo, esperaos a que se generalice el uso del DNA (Direct Note Acces), que es otro software capaz de analizar y diseccionar un acorde en notas individuales, de forma que uno pueda elegir las notas que le dé la gana de todas las que ha cantado o tocado en varias tomas (o incluso manipular todo lo que quiera las de una de ellas) y darle forma a otro acorde nuevo y perfecto… y todo por menos de 400 euros.

En todas las canciones que hemos puesto el Auto-Tune se ha usado sin esconderlo, pero para ilustrar cómo puede exáctamente actuar sobre una cantante, arreglándole la entonación, y haciéndola llegar a agudos y sostenidos impecables, sin que el oyente sepa que ha sido de forma artificial, puedes echarle un vistazo a este video. Y no te preocupes por no entender el inglés, en este caso tampoco importa demasiado

PEQUEÑO POST DE AGRADECIMIENTO

…y es que de bien nacidos es ser agradecidos. Y yo le debo toda mi vida laboral, en la que me va muy bien, a un señor del que me acabo de enterar que murió la semana pasada, tres días antes de cumplir los 98 años.

Se trata del doctor WILLEM KOLFF, el padre del riñón artificial, holandés de nacimiento, y establecido desde los años ’50 en los USA, residiendo en Philadelphia hasta su reciente fallecimiento.

El doctor Kolff y el doctor Nils Alwall, sin conocerse entre ellos, y de forma independiente, inventaron el riñón artificial durante la Segunda Guerra Mundial, y sentaron las bases sobre la que se fundó la compañía en la que ya llevo currando casi tres décadas.

El principal objetivo de mis esfuerzos ha sido restaurar en la gente una existencia que pudiese disfrutar. Si la vida no puede disfrutarse, no merece la pena.

El doctor Kolff era hijo de médico y quizás por eso también estudió medicina, y con la carrera terminada estuvo en Groningen trabajando como asistente de otros médicos más experimentados. Fue allí donde decidió encontrar una solución para los muchos pacientes, a menudo muy jóvenes, que ingresaban a consecuencia de un fallo renal, y morían sin solución alguna.

Su profesor en Groningen, el doctor Polar Daniëls, se suicidó cuando el ejercito alemán atacó Holanda en mayo del ‘40, por temor a los nazis, ya que él era judío. Y Kolff decidió dejar esa ciudad entonces y establecerse como especialista en medicina interna en Kampen.

Allí mismo, y durante el periodo de guerra, desarrolló el primer riñón artificial, con la ayuda de un fabricante de pinturas, y propietario de un garaje, que le vino muy bien para sus experimentos. El principio del método era que la sangre de los riñones de los pacientes, que contenía desechos tóxicos, que normalmente quitan los riñones sanos, la iba pasando a lo largo de una membrana a través de la cual podían pasar las moléculas minerales y orgánicas más pequeñas, como la urea. Estas moléculas pasaban a través de la membrana hacia una pequeña corriente de agua que fluía por el otro lado de la membrana. De esta forma el riñón artificial “limpiaba” la sangre del paciente. Este principio es todavía la base de la diálisis.

La verdad es que este rudimentario riñón artificial no tuvo éxito hasta el paciente número 17, después de más de dos años experimentando con enfermos renales. “Gracias a Dios no había comités éticos en aquel tiempo”, decía el doctor Kolff en una charla a la que pude asistir hace unos seis años.

El doctor Kolff no solo salvó muchas vidas con su invento, sino que también durante la guerra declaró no aptos para el servicio a muchísimos de los jóvenes que reclutaba el ejército alemán y extendió muchos certificados de incapacidad a favor de judíos para que no les trasladasen a los campos de concentración.

A pesar de ser el doctor una figura crucial en la resistencia local contra los nazis, el primer paciente que salvó su vida con un tratamiento de diálisis con la máquina que inventó fue una mujer, Maria Sofia Schafstadt, que era, sin embargo, una activista colaboracionista con los alemanes.

En 1.950 emigró a los Estados Unidos con su esposa y sus cinco hijos (se ve que los experimentos le dejaban tiempo…), donde estuvo trabajando en el desarrollo de su máquina, además de en la máquina de circulación extracorpórea, que tanto ayudó en los cáncer de pulmón, e incluso en los corazones artificiales. En 1.982 se implantó en Salt Lake City el primer corazón artificial basado en sus experimentos.

En 1.990 la revista “Time” le incluyó en la lista de las cien personas más importantes del siglo 20. Ha recibido todos los premios médicos y honores que pueden darse en su campo. Pero nunca le dieron el Nóbel de medicina.

Si tú puedes darle a alguien una vida feliz tienes que hacerlo, y si él no la quiere tú no debes dársela. Cuando alguien tiene un corazón artificial y ha decidido que ya no quiere vivir más debe tener un botoncito que le permita apagarlo …pero eso sí, con una clave, para que así no puedan apagárselo sus nietos…