Atrapado por el blues de Memphis
Si no te gustan estos colores, recarga la página; gracias.

PINK SUEDE SHOES

Para un tío tan fashion-victim como era en los años ’60 Eric Clapton seguro que fue todo un shock que le condujesen de forma tan poco ceremoniosa al calabozo con aquella ropa tan holgada, basta y fea que le ponían a los detenidos. Menos mal que la policía de Los Angeles por lo menos le dejó seguir con sus estilosas botas de color rosa.

Solo unas pocas horas antes, la noche del 20 de marzo de 1968, Eric estaba en plena jam sesión, en una desenfadada reunión de rockeros, en la casa que Stephen Stills tenía en Topanga Canyon. Por entonces Stephen formaba parte de Buffalo Springfield, y los Cream estaban en California, una de las paradas de su actual gira americana. Los Buffalo Springfield se hallaban en los estudios de grabación haciendo las mezclas del que sería su siguiente single, “Uno mundo”; y como Stephen Stills era un declarado admirador de siempre de Eric Clapton era natural que la pareja se hubiese encontrado, compartido algunos trucos guitarreros y después se fuesen a descansar a la casa que Stephen ocupaba con su novia, Susan Hafey.

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“Uno mundo”

El problema es que los vecinos que tenían Stephen y Susan era muy tiquismiquis y estaban muy molestos por los ruidos que habían estado haciendo los Buffalo Springfield con sus ensayos durante los últimos días en la casa de este bonito y tranquilo barrio residencial, donde hasta que ellos llegaron, lo más que se escuchaba por la noche era el ruido del aleteo de los pájaros.

Las quejas, pues, habían menudeado, y todos los días llamaban la atención a Susan por el alto nivel de ruido nocturno que procedía de su casa. Y la noche de la visita de Eric Clapton, al menos uno de aquellos sufrientes vecinos telefoneó a la policía para denunciar que en la casa de al lado estaban haciendo una ruidosa fiesta.

Como el bajista de los Springfield, Bruce Palmer, había sido pillado en una redada anti droga por enésima vez tan solo unos días antes, a la policía le alegró tener la oportunidad de comprobar si en aquella fiesta encontrarían motivos para encerrarlo una buena temporada, y de paso capturar un buen alijo. Así que ya pasadas las diez de la noche, justo cuando el batería Dewey Martin abandonaba la fiesta para irse a su casa, aparecía un coche con una pareja de policías buscando el 1174 de Old Topanga Canyon Road. La casa estaba bastante tapada por algunos árboles, pero el ruido que procedía de ella era inequívoco. Aquello tenía pinta de que había mucha gente. Pidieron refuerzos.

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“Mr. Soul”

No habían pasado más de quince minutos cuando la pareja de polis llamó a la puerta de la casa. Unos momentos después la puerta se abrió y, de acuerdo al informe que los agentes escribieron después, “el humo de la marihuana casi nos tira de espaldas”. Dentro, el infierno se había desatado. Tal como ocurrió cuando Lopera se presentó en la fiesta de Halloween de Benjamín, los del interior comenzaron a buscar la ventana más próxima, incluyendo al anfitrión, Stephen Stills, que consiguió salir, aunque dejando atrás toda su dignidad, por una de ellas, y escapar a la autoridad.

El manager del grupo, Chris Sarns, mantuvo la cabeza más fría que los demás, y en lugar de intentar huir lo que hizo fue recoger toda la droga que tenían por allí y meterse con ella en el cuarto de baño.

“Los polis salían de todos lados”, recordaba posteriormente Richie Furay, el guitarra rítmica de los Springfield. “Parecían la banda de los hombres de Harrelson”. Por eso no es de extrañar que, aunque Chris intentó andar listo, algunos de estos antidisturbios le pillasen mientras estaba tirando cosas por el wáter, y junto a otras 13 personas más le arrestasen bajo la acusación de “estar en un lugar donde se sospechaba que se estaba consumiendo marihuana”.

Richie Furay contaba también lo que ocurrió en la comisaría: “Nos hicieron pasar por todas las mierdas habituales de las detenciones; fue horrible: nos fumigaron, nos despiojaron, nos quitaron toda la ropa y nos dieron otra antes de encerrarnos en unas sucias celdas”. En el caso de Neil Young, estos procedimientos tan alarmantes y degradantes le produjeron un ataque epiléptico. Fue entonces cuando a Eric Clapton, que era la mayor, por no decir la única, celebridad que había caído en la redada, le separaron de los demás. “No sé que pasó después con Eric”, contaba también Richie.

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“Burned”

Mientras tanto, Stephen Stills había podido llegar a la casa de Chris, el mánager, desde donde pudo contactar con Dennis Wilson, de los Beach Boys, que era la banda estrella que llevaba Chris Sarns, y aquél movió todas sus influencias para poner a trabajar a todos los abogados de la empresa de management a favor de los Buffalo Springfield.

Consiguieron que fijasen una fianza de 1.250 dólares por cabeza y, después de una incómoda noche en las celdas, todos fueron puestos en libertad. En el juicio que se celebró un mes después todos ellos fueron declarados culpables de alterar la paz, pero los cargos sobre las drogas fueron reducidos a faltas leves y salieron del paso con pequeñas multas.

En sí mismo, este incidente, aunque tiene su jugo, pero no es una cosa excesivamente significativa. Provocó un día de titulares escandalosos en la prensa de Los Angeles y después se desvaneció tan rápidamente como el humo de la marihuana. Sin embargo, se convirtió en el final del camino para los Buffalo Springfield.

Neil Young ya llevaba algún tiempo amenazando con irse de la banda; a Bruce Palmer, que también era canadiense, ya lo habían deportado una vez, en una de sus múltiples detenciones; Stephen Stills tenía en mente proyectos en solitario que le interesaban más que los de la banda, y el incidente de la casa de Topanga Canyon sirvió para cristalizar los sentimientos de todos ellos. Los dos conciertos que los Springfield tenían que dar el fin de semana en el Kaleidoscope fueron cancelados y en una reunión que tuvieron todos estuvieron de acuerdo en que oficialmente la banda se disolvería a primeros de mayo.

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“For what it’s worth”

Pero… volviendo a los calabozos de la comisaría… ¿qué pasó con Eric Clapton?

Como si la ropa de presidiario que le dieron no fuese ya suficiente castigo para él, resultó que le encerraron en la misma celda que tres enormes e intimidantes negros miembros de los Black Panthers.

Y durante toda la noche, el Dios inglés de la guitarra, tuvo que gastar una enorme cantidad de tiempo y de energías intentando convencer a aquellos tres malencarados tipos de que él era un bluesman con un profundo y antiguo respeto por la música negra. Y mientras lo hacía no dejaba de preguntarse si quizás no hubiese sido mejor que los carceleros le hubiesen quitado también aquellas botas de color rosa que daban tanto el cante en una situación como ésta…

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Cream – “Spoonful”

La guitarra tan de “música negra” que suena en ese blues la maneja este tipo de aquí abajo, Eric Clapton.

CON LAS MANOS EN LA MASA

Para Lu. Para hacerme perdonar esta competencia desleal a una sección de su blog.

Después de terminar su etapa en Hüsker Dü todos hemos oído hablar bastante de las carreras posteriores de Bob Mould y de Grant Hart. Pero ¿qué pasó con su tercer componente?

GREG NORTON se pasó la década de los ’80 tocando el bajo en los Hüsker Dü, viajando a través del mundo difundiendo su estridente mensaje de punk melódico. Después, en enero de 1988, la banda se disolvió y él se dio cuenta de que necesitaba una nueva fuente de ingresos rápidamente.

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Hüsker Dü – “Don’t want to know if you are lonely”

Cuando el grupo terminó Greg tenía una hipoteca que pagar y consideró la posibilidad de seguir en la música, pero para eso “tenía que esperar mesa” durante bastante tiempo. Había comenzado con una nueva banda llamada Grey Area, pero después de grabar algunas canciones que nunca llegaron a editarse y de hacer una pequeña gira en la que no fue a sus conciertos casi nadie, se tuvo que poner a trabajar en algo más.

Pero su escasa formación académica y laboral no le dio más que para ser contratado en un restaurante para lavar los platos. Sin embargo, allí el chef y propietario, Lenny Russo, congenió con él y le dio la oportunidad de pasarse del fregadero a los fogones. Incluso le enseñó algunas cosas que Greg podía aplicar en la cocina.

La caída cuesta abajo y sin frenos que Greg estaba padeciendo fue detenida por el destino, aliado con su mujer. En 1993 ésta fue aceptada en un programa de estudios de Derecho en Londres, que le permitiría huir de la miseria sobrevenida en Minnesota. Greg se vino a Europa con ella.

Una tarde, mientras su esposa estaba en sus clases, él mataba el tiempo hojeando una revista sobre su nueva afición culinaria, “Bon Appetite”. En ella había una entrevista al famosísimo chef Gary Rhodes, un tipo que ha escrito 17 libros sobre el arte de la cocina y que posee 8 restaurantes de lujo. En una de las fotos que ilustraban el artículo Greg pudo ver una estantería del salón de Rhodes, en la que había un disco de Hüsker Dü, por lo que pensó que este gran maestro de la cocina podía ser un fan de su antigua banda. Y quizás se brindase a echarle una mano.

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Hüsker Dü – “Sorry somehow”

Greg le escribió a Gary Rhodes una carta de presentación, acompañada de un curriculum y éste le aceptó en su restaurante de Mayfair, el “Green House”, como aprendiz. No le pagaba sueldo alguno, pero le enseñó a cocinar y compartió con él algunas de sus recetas y fórmulas.

Mientras eso ocurría, su esposa fue distanciándose de él hasta que llegó la ruptura matrimonial. Así que ya sin ataduras y con el conocimiento de primera mano de las técnicas de Rhodes, Greg se volvió a St. Paul, donde no le costó demasiado encontrar un trabajo como ayudante del chef de un restaurante. Después de algún tiempo allí volvió al restaurante de Lenny Russo y encontró una nueva pareja, una chica que planeaba abrir un restaurante en la cercana ciudad de Red Wing, en el que colocó a Greg de chef.

En éste restaurante, “Sarah’s”, no solo cocinaba, sino que también ejercía de director, le daba por escrito a cada uno de los empleados las faenas que tenían que hacer; hacía los pedidos de vinos, cervezas y materias primas de cada plato; confeccionaba y escribía los menús… y terminó por casarse con la dueña.

Tras 65 horas de trabajo a la semana, cerraban los domingos y los lunes por la noche, periodos en los que Greg volvió a dedicarse a su primera pasión, la música. Ahora, asentado de nuevo emocional y económicamente, intentó volver al mundo del rock, aunque como trabajo secundario, formando parte de la nueva banda Gang Font feat. Interloper.

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Gang Font feat. Interloper – “The litigious Mike Love”

Pero la nueva aventura rockera apenas duró un año. Su trabajo en el restaurante copaba ya toda su vida y reemplazaba por completo a la música.

Y de todas formas tampoco son vidas tan diferentes. En el restaurante me paso tantas horas como antes cuando iba de gira. Y aunque la diferencia de la cocina con la música es que requiere más técnica que arte, también tienen muchas similitudes. Un menú es como un setlist, la preparación del restaurante es como la prueba de sonido, y abrir las puertas a los comensales es el showtime… ¡y la coreografía es más importante en la cocina que en la música!.

Greg echa de menos a su bajo, pero no a la caja en que lo guardaba para andar siempre de viaje. Y pasear por el restaurante mientras los clientes comen y le hacen comentarios sobre lo buenísima que está la comida y lo mucho que les ha gustado le hace sentir como cuando los espectadores rompían en aplausos tras alguna canción de Hüsker Dü. El feedback instantáneo sigue existiendo en su nueva vida.

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Hüsker Dü – “Ice cold ice”

¿Y qué mejor forma de cerrar este post que con la receta de una de las especialidades del restaurante de Greg y Sarah? Además, si os gusta el salmón tanto como a mí, posiblemente os interesará prepararla. Él la prepara con salmón dorado salvaje de Rusia, pero nosotros podemos sustituirlo por el que compramos en el hipermercado.

Ingredientes:

8 filetes de salmón de unos 200 gramos
Salsa curry (que puedes comprar ya hecha o prepararla como él, según se indica más abajo)
Sambal (que es un condimento de extremo oriente que nosotros podemos preparar según sus instrucciones, más abajo también)
Arroz de jazmín, que podemos sustituir por el arroz largo que más nos guste
Aceite de oliva
Sal y pimienta

Para la salsa curry:

Leche de coco (algo menos de medio litro) Puedes comprar una lata de 400 ml por menos de 2 euros
Curry (solo una cucharadita de café bien colmadita)
¼ de taza de pasta de tamarindo (que nosotros podemos sustituir por un trocito de manzana)
½ taza de azúcar moreno
7 cucharaditas de café de salsa de pescado (Fish sauce, no es difícil de encontrar)

Echar en un cazo la parte más pastosa de la leche de coco y el curry y dejar que hierva mientras vas removiendo. Añadirle después el líquido que queda en la lata de leche de coco y los demás ingredientes. Hacer hervir todo de nuevo. Después bajar el fuego y dejar cocer a fuego lento hasta que la salsa se haya reducido hasta la mitad de su volumen. Apartar y dejarla a mano.

Para el sambal:

2 pepinos (cortados en rodajas finas)
1 cebolla (cortada en juliana)
1 zanahoria (cortada en tiras finas)
Un poquito de albahaca molida
Un poquito de yerbabuena molida
Un poquito de cilantro molido
Un chorreón de vinagre
2 cucharaditas de azúcar
2 cucharaditas de salsa de pescado
Sal y pimienta blanca al gusto

Combinar todos los ingredientes en una ensaladera y mezclarlos todos muy bien. Dejar aparte.

Preparación final:

Aliñar bien los filetes de salmón con el aceite de oliva y condimentarlos con sal y pimienta. Poner los filetes en la grill o en la parrilla hasta que se oscurezcan por el centro y la piel de alrededor dé señales de que se desprende bien. Esto para los que les guste el salmón poco hecho, los demás que lo dejen un ratito más al fuego.

Cocer el arroz mientras se prepara el salmón. No debe quedar muy duro ni hecho una pasta, el punto depende del gusto de cada uno.

El arroz servirá de fondo del plato y el salmón se colocará sobre él. Echar unas cucharadas de la salsa curry sobre los filetes y después echar también sobre ellos el sambal.

Greg lo sirve acompañado de un vino blanco del Ródano, de uvas marsanne roussanne, que nosotros podemos sustituir perfectamente por un blanco seco de Rueda muy fresquito.

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Hüsker Dü – “Makes no sense at all”

LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS

Seguramente nuestro amigo Vidal hubiese preferido que en lugar de dirigir la mirada hacia la Motown lo hubiese hecho hacia Warp Records. Para él, en desagravio.

Es un misterio por qué Berry Gordy acogió bajo su protección a CHRIS CLARK, una chica blanca nacida en Los Angeles. Cuando ella tenía 17 años hizo una audición para el productor de la Motown, Hal Davis, en 1963, con una seductora recreación del “All I could do was cry” de Etta James. Davis envió el acetato que grabaron durante la prueba al jefe de la Motown, quien, tras oírlo, se mostró impaciente por escuchar a Chris en directo.

Cuando la chica llegó a Detroit se encaminó enseguida a la sede de la discográfica y cuando se disponía a cantar la canción, Berry Gordy le preguntó si podía acompañarla al piano. Chris Clark le contestó que era una canción muy difícil de interpretar, y que seguramente él iba a encontrarla demasiado complicada…

Berry la miró burlonamente y no la acompañó. Después de escucharla la llevó a que se la cantase a Holland, Dozier & Holland, y después a que lo hiciese también para Smokey Robinson. Cada vez, Berry insistía en acompañarla al piano, y cada vez Chris declinaba su ayuda… y apreciaba en Berry una mirada que cada vez le resultaba más extraña…

Hasta que alguien le dijo que Berry Gordy era el compositor de aquella canción tan difícil.

Pero Berry no se ofendió por sus dudas, sino que entusiasmado por aquella alta y sofisticada rubia platino, llena de descarada desenvoltura y dueña de una emotiva voz, que había afilado en los clubs nocturnos de San Francisco durante su estancia en la Universidad, lo que hizo fue meterla en un estudio de grabación con uno de sus mejores equipos de composición y producción, el formado por Brian Holland, Lamont Dozier y Eddie Holland.

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“Do right baby, do right”

Durante el bautismo de fuego de Chris Clark en los estudios de Hitsville, su autoconfianza bajó un poco por lo intimidante de la situación; allí estaba ella, una novata, rodeada de los compositores de mejor pedigrí del mundo. Tampoco ayudaba nada que Berry estuviese siempre presente, lo que creaba un clima de miedo que hacía que a veces los asustados músicos de sesión alquilados para las grabaciones sufrieran ataques de pánico y perdiesen los nervios, cosa que ocurrió con uno de ellos mientras grababan el single con el que la chica debutó en la Motown, “Do right baby, do right”, una canción compuesta también por Berry, que insistía en que sonase especialmente bien. Chris debió contagiarse del ambiente porque cuando tenían que comenzar a grabar “Love’s gone bad” se equivocó y comenzó a cantar el “In the midnight hour” de Wilson Pickett, lo que hizo que Brian Holland saliese malhumorado del estudio. Posteriormente, esta canción fue el único éxito de Chris en 1966.

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“Love’s gone bad”

No fue ese el problema menor que tuvo Chris Clark durante su estancia en la Motown, sino que compartió los mismos que tenían también otro pequeño grupo de artistas de ese sello. Cuando llegaban las navidades, la Motown organizaba un concierto en el Fox Theatre de su ciudad, Detroit, antes del cual, a modo de prueba, pasaba una película con los intérpretes de cada año ante una mediana audiencia de espectadores para ver su reacción ante unos y otros. Cuando el blanco rostro de Chris apareció en la pantalla toda la audiencia prorrumpió en un estallido de abucheos y pataleos.

A pesar de ello, la noche del festival Chris estaba también allí. Stevie Wonder y los Temptations le habían aconsejado que no saliese a cantar, pero Berry Gordy se la llevó a un rincón y le dijo que comenzase a hacerlo fuera del escenario, y así nadie podría verla. Lo hizo así, y todo el mundo comenzó a aplaudir al escucharla; unos momentos después Chris caminó hacia el escenario, y al aparecer en él los aplausos se convirtieron en un silencio mortal, pero ella siguió cantando hasta el final.

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“From head to toe”

Las reacciones ante ella eran siempre bastante parecidas; cuando la gente de promoción llevaban a las emisoras de radio sus singles la acogida de los disck-jockeys era bastante buena, y los ponían a menudo, pero cuando se enteraban de que la chica era blanca se quejaban a la Motown de que habían querido engañarlos.

Por eso Chris Clark se sorprendió tanto cuando Berry Gordy le ofreció un contrato para grabar un LP completo el año siguiente.

En ese disco ella no tuvo ninguna capacidad de decisión, entró al estudio y los productores le dieron las canciones que querían que cantase y Chris tuvo una hora para aprendérselas antes de grabarlas. Tenían tres veces la cantidad de material que necesitaban para el disco y lo despacharon todo en muy poco tiempo.

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“If you should walk away”

El disco se llamó “Soul sounds”, y a pesar de ser un producto fabricado típicamente con los standards de la Motown, tenía cosas que le hacían extraordinario. Uniendo el rhythm & blues potente de Martha Reeves, con la maestría de Dusty Springfield y la forma melosa de cantar de las Supremes, la voz de Chris Clark era el recipiente perfecto para las sinfonías en miniatura de Berry Gordy y Holland-Dozier-Holland: “I want to go back there again” es tan patética como efusiva; “Whisper you love me baby”, que ya conocíamos por la versión de Mary Wells, es una súplica deliciosa; “From head to toe” de Smokey Robinson y el “Got to get you into my life” de los Beatles son vertiginosas canciones de baile; “If you should walk away”, que después fue un éxito cuando la hicieron a dúo las Supremes y los Temptations, es una balada de puro pop…

Pero “Soul sounds” recibió poquísima promoción y se hundió sin dejar rastro.

Chris todavía llegaría a grabar un LP más en 1969, el decepcionante “CC rides again”, que fue el único disco que se editó en Weed Records, un sello filial de la Motown que tuvo tan poco recorrido en el mundo discográfico como el de la propia Chris Clark.

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“I want to go back”

En realidad como ella dejó su marca no fue con su música, sino como vicepresidenta de la división cinematográfica de Motown, periodo durante el que escribió el guión en 1971 para la biografía de Billie Holiday que vimos en el cine con el título de “Lady sings the blues”.

Una década después se convirtió en vicepresidenta de Motown Productions, donde supervisaba practicamente todo lo que salía de la compañía, pero dimitió en 1989 para dedicarse a la rehabilitación de animales heridos y enfermos.

Durante muchos años vivió en una cabaña en los bosques de Arizona, con la compañía de dos enormes perros mixtolobos irlandeses, sin echar de menos para nada el stress del negocio discográfico.

Me gustaba lo que hacía, pero no cambiaría en nada mi decisión de dejarlo. Pasé la mitad de mi vida en la Motown y allí aprendí todo lo que sé. Y todavía recuerdo con cariño a Berry Gordy y todos aquellos tiempos…

Y quizás este recuerdo terminó por pesar demasiado, junto a los achaques de la edad, que ya hacía peligrosa su silvestre forma de vida, y se trasladó a la más soleada California, donde se dedica actualmente a montar exposiciones fotográficas con sus trabajos sobre animales y naturaleza, y a subirse de vez en cuando a algún escenario para regalarle a la concurrencia alguna buena pieza de soul.

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“Got to get you into my life”

007 CONTRA EL MANAGER MALVADO

“Unos tíos en potentes coches negros nos siguieron a casa. Hasta después no descubrí que eran agentes del MI5”.

¿Por qué los colegas de James Bond seguían al grupo THE MOVE…?

Para promocionar el tercer single de la banda, “Flowers in the rain”, el innovador manager del grupo, Tony Secunda, editó una postal para distribuirla por todos los periódicos, radios y sitios de importancia e influencia del pop. En ella se veía al por entonces Primer Ministro inglés, Harold Wilson, retozando desnudo en una cama en compañía de su secretaria personal, Marcia Williams. Ya había rumores en la prensa más amarilla de estas relaciones, pero la postal de Secunda provocó más reacciones de las que él había esperado… porque además envió una de estas postales al 10 de Downing Street.

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“Flowers in the rain”

Tony Secunda ya era un tipo bastante versado en la ciencia de manipular a los medios de comunicación. Ya había ayudado a construir la reputación de The Move antes incluso de que éstos hubiesen editado su primer disco, introduciendo elementos tales como espachurrar coches sobre el escenario en sus conciertos. También, cuando firmaron su contrato discográfico Secunda les fotografió echándole la firma al documento escrito en la espalda de una chica desnuda. Pero con las postales de Harold Wilson se catapulto a sí mismo y su banda a unas aguas tan turbulentas que lo normal es que todo el que se metiese en ellas se ahogase.

Cuando The Move iban a dar su primer concierto el mismo día de editar el single todavía no se habían enterado de la jugada de su manager, por eso para ellos fue todo un shock descubrir que en la sala les estaban esperando más de 50 periodistas y fotógrafos. Fue entonces cuando Secunda les reunió en el camerino y les enseñó la postal. La banda no sabía qué hacer, así que al menos al manager hay que darle el crédito que merece por enfrentarse él mismo a la prensa: “Sí, ya sé que ha sido un movimiento arriesgado. Pero captura la atmósfera del momento”.

Después del concierto se fueron todos al piso de Secunda y se quedaron allí toda la noche esperando a los primeros periódicos del día siguiente para leer las críticas del concierto y del single. A las cuatro de la mañana se dieron cuenta de que estaban en las portadas. Y claro, además las historias iban creciendo; las noticias no solo no decían que los de la banda no tenían nada que ver con las postales, sino que se publicaba que los músicos las habían estado repartiendo en el concierto, y que además, alguno incluso las había autografiado.

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“Night of fear”

Fuese cual fuese la realidad, que aquí nunca podemos dar por sentado nada de nada, el caso es que Tony Secunda subestimó la sensibilidad del Primer Ministro sobre su imagen pública. Al principio la reacción del grupo fue aprovechar todo lo posible la publicidad; en una entrevista en el New Musical Express, el cantante, Carl Wayne, se puso en plan machote:

No es que estuviésemos buscando problemas, pero parece que éstos nos encuentran a nosotros, porque somos esa clase de gente. Los músicos pop que realmente admiramos en este negocio son aquellos a los que les importa una puta mierda el sistema establecido…

Años después, Carl Wayne, recordando esta época decía que en realidad solo eran cinco capullos de Birmingham, incluso algunos todavía en su adolescencia, que en aquellos años ’60 se dejaban arrastrar por el juego de pelear contra el Sistema. Pero que la verdad es que estaban muy asustados y solamente hacían lo que les decían.

Lo más seguro, pues, es que cuando decían cosas como ésas que hemos reproducido, no se hubiesen dado cuenta siquiera del enorme enfado que habían causado en el gobierno, y de la cantidad de granizo que les iba a llover sobre sus cabezas. De haber sido así no hubiesen hecho caso a Secunda cuando les propuso como nuevo movimiento publicitario posar junto a ellos en una foto delante del edificio de los juzgados.

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“I can hear the grass grow”

Tony Secunda solo vio la luz al final del túnel cuando fue convocado a Downing Street para, sospechaba él, echarle una buena bronca. Quien le mandó llamar fue Quintin Hogg, a quien podríamos considerar como el ministro del interior de la oposición en la sombra, ya que era conservador y el partido que gobernaba era el laborista; y fue él, irónicamente, quien había decidido en nombre del Primer Ministro dar un escarmiento a todos esos melenudos del rock demandando a la compañía discográfica de The Move.

El juicio se celebró a primeros de noviembre de 1967, hace justamente ahora 44 años. Y Secunda y los chicos se lo tomaron con tanta calma que cuando llegaron a la sala donde se celebraba ya se había terminado. Y ganó la acusación del gobierno, claro.

El juez dictaminó que todos los royalties del single serían para Harold Wilson y que éste destinaría el dinero a las obras de caridad que considerase oportunas. Tony Secunda, muy escarmentado, fue obligado a pedir perdón públicamente allí mismo, en la sala del juicio, y poco después, afectado por todo esto, rompió también su provechoso contrato como representante de The Move.

Tuvimos que hacer toda clase de concesiones. Estábamos luchando contra el Primer Ministro y nosotros solo éramos gamberros para la gente. Si hubiésemos estado en esta década podíamos haber luchado de muchas otras maneras, pero en aquellos tiempos las estrellas del rock no tenían nada que hacer contra el primer Ministro. Así de simple. (Carl Wayne)

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“Fire brigade”

“Flowers in the rain” fue la primera canción que se emitió en Radio One, y alcanzó el número 3 en las listas de ventas, superada solamente por “The last waltz” y “San Francisco”. Desde entonces ha generado aproximadamente un cuarto de millón de libras que nadie sabe cómo estaba distribuyendo Harold Wilson hasta su muerte en 1995. Y aunque esto fue un gran golpe para toda la banda, quien más lo sintió fue Roy Wood, el autor de la canción, que siempre se ha quejado profundamente de su mala suerte:

Por entonces estábamos ya empezando a conseguir alguna pasta de royalties. Y lo más chungo es que cuando se edita algún disco de recopilación de los años ’60 siempre incluyen “Flowers in the rain”, y nunca me han pagado nada por ella.

Con el tiempo, en posteriores reediciones del single se cambió la cara B para que The Move pudiesen recibir al menos algunos royalties. Poco después de que Carl Wayne muriese en el 2006 de cáncer de esófago se decidió que la página web oficial de The Move haría una nueva reedición de “Flowers in the rain” en vinilo rojo, y todo el dinero que se recaudase con ella en las ventas directas a los fans a través de la red irían a parar a una fundación para la investigación contra el cáncer que lleva el nombre del cantante.

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“Blackberry way”

WHO LOVES YOU? WE DO

No sé si muchos de vosotros conocéis una figura del mundo musical que es el “promocionero”, una figura intermediaria entre los músicos y los sellos discográficos por un lado y la prensa y las emisoras de radio y televisión por otro. Yo no he conocido a muchos, aunque tuve la suerte de tener amistad con uno de ellos, de EMI, que me presentó un día a Brian May y que me dio uno de los primeros vídeos en formato de CD que comenzaron a circular (y que aún conservo), conteniendo clips de canciones de Blur, para promocionar a esta banda antes de que llegase a ser archifamosa. En Inglaterra y los USA esta figura tiene mucha más solera que aquí y se le conoce con el nombre de “plugger”. Y el más famoso de todos ellos fue BILL FOWLER, un radio plugger que casi no puede entrar en su casa debido al espacio que ocupan los discos de oro de las bandas que él ha conseguido meter en los programas de radio y televisión.

A él le son debidas, por ejemplo, las primeras escuchas radiofónicas de “Tears of a clown”, “School’s out” o “Shinny happy people”. Estuvo de roadie con los Kinks, de mediador con los Beatles y se codeaba con los Who. Terminó su carrera encargándose de los asuntos de R.E.M., Madonna y Eric Clapton; fue colega de correrías de Keith Moon, compartió piso con Dave Dee y apostaba en el canódromo con Suggs, el líder de los Madness. Alice Cooper es el padrino de su hijo.

Y tiene en su haber la colección más extravagante de historias del rock, que aunque parezcan apócrifas las vivió en primera persona. Y algunas de ellas son las que vamos a contar hoy aquí, comenzando por la que seguramente será la más chocante de todas: Bill estaba con John Lennon y Yoko Ono la tarde en que Mark Chapman le pidió a John que le firmase aquel disco cuando se acercó a ellos al salir del Edificio Dakota.

Los de arriba son Bill, la típica señora que se cuela en las fotos y que nadie sabe su nombre para ponerlo al pie y Andy Peebles. A los de abajo los conoces sobradamente.

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R.E.M. – “Shinny happy people”

Al principio Bill no lo supo, porque después de haber terminado las sesiones de entrevistas que le había estado haciendo a John el periodista Andy Peebles, de la BBC (al que dos días antes John le había dicho que podía ir a cualquier lugar de New York y sentirse seguro), mientras tenía lugar el asalto y los disparos de Chapman ellos estaban en un vuelo transoceánico que les devolvía a Inglaterra. Sobre sus rodillas llevaba un maletín con las cintas de las entrevistas.

Cuando se bajaron del avión los periodistas que estaban allí esperándoles prácticamente les asaltaron para preguntarles sobre lo que habían estado haciendo con Lennon. Bill tuvo que proteger las cintas casi con su vida…

Después, cuando vio en la televisión las imágenes que acompañaban las noticias del crimen y salió la cara de Chapman dijo: “Yo a ése le conozco…”. Todo el mundo le miró y le preguntó… “¿de qué?”. Y fue cuando recordó que ése era el tipo que les había parado cuando salieron esa tarde del edificio.

Y recordó también cómo antes de salir John le había pedido que se quedasen allí porque quería que escuchasen las nuevas canciones que acababa de grabar. Pero Bill tenía que coger el avión porque en Inglaterra tenía que asistir a un funeral, y no podía esperar.

Bill sabe que no podía hacer nada… pero en su fuero interno seguramente todavía sigue preguntándose si no hubiese ocurrido todo de otra forma muy diferente si él se hubiese quedado allí con John y no hubiesen salido del Dakota.

Entre que tomasen esta foto y la anterior solo transcurrieron dos días.

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John Lennon – “(Just like) Starting over”

El 30 de enero de 1982 Bill estaba en otro vuelo. En un Cessna en el que volvía a casa desde un festival Midem, en Cannes, con Gary Numan, que también era el piloto. Alguien debió cometer un error antes de salir, porque la avioneta se quedó sin combustible antes de llegar a su destino y tuvieron que hacer un aterrizaje forzoso en mitad del campo.

Fue terrible. Todavía estaban sobrevolando el mar, cerca de la costa de Southampton cuando se quedaron sin electricidad. De pronto apareció el copiloto y le dijo a Bill: “agáchate y mete la cabeza entre las rodillas”, lo hicieron enseguida él y el otro pasajero, el padre de Gary; “el motor se ha parado”. “Pero la hélice se mueve todavía”, dijo Bill. El copiloto gritó: “¡Es por el viento!… dele usted a esa palanca y avíseme cuando vea que las ruedas salen para afuera”.

Las vio aparecer allí abajo solo unos momentos antes de llegar al suelo; pero de todas formas sirvieron de poco porque una de las alas de la avioneta golpeó contra un poste de la línea telefónica y se ladeó de costado, atravesando una carretera deslizándose sobre su panza hasta quedar parado contra unos setos del otro lado. El primer vehículo que pasó por allí después de eso fue un camión cisterna de la Shell lleno de gasolina. Unos minutos más y el avión no hubiese tenido nada que envidiarle a una bomba atómica…

Después de besar el suelo se echaron una fotito: Bill, el padre de Gary, el copiloto y Gary Numan. Obsérvese la sonrisilla nerviosa de todos ellos y la cara de estar apretando el esfínter.

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Gary Numan – “Are friends electric?”

Por aquí hemos tenido ya muestras de la singularidad mental de Captain Beefheart; Bill también la tuvo un día en que acompañó a Kid Jensen, otro de los más famosos comentaristas musicales de la BBC, a hacerle una entrevista a Luxemburgo. De camino al restaurante donde celebrarían la comida previa a dicha entrevista, un grupo de vacas aparecieron delante del coche en el que iban y Beefheart sacó medio cuerpo por la ventanilla y comenzó a gritarles: “¡Saludos, habitantes de la Tierraaaaaaa!”.

Si aquí Bill ya comenzó a sospechar de su chaladura, al llegar al restaurante tuvo la confirmación. El sitio era pequeñito, de madera, junto a un lago; al comenzar a llover Beefheart se volvió hacia él diciéndole: “Me gusta la lluvia, me gusta muchísimo el agua”. “¿Y eso por qué”, le preguntó Kid. El Capitán contestó muy seriamente: “Porque mi madre era un pato”.

En realidad todo era debido al sentido de la teatralidad de Captain Beefheart, que tampoco es que estuviese tan loco. Mientras le hacían la entrevista fue haciendo un enrevesado dibujo, que después le regaló a Bill. Ahora lo tiene enmarcado en su casa… tened en cuenta que con el tiempo, aparte de músico Captain Beefheart consiguió también una buena reputación como pintor abstracto.

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Captain Beefheart – “Dali’s car”

Durante la primera gira europea de Madonna, Bill la llevó al “Top of the Pops”. Por su participación allí le iban a pagar 250 libras, pero como ella andaba corta de dinero le pidió a Bill que se las adelantase.

Bill se lo pensó… estaba seguro de que si se lo prestaba nunca más volvería a ver el dinero… “¿para qué lo quieres?”, le preguntó. “Para comprarme un vestido”, le contestó ella. Bueno, al final le prestó las 250 libras… pero no sin antes haberle hecho firmar un pagaré.

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Madonna – “Material girl”

Bill tenía un hermano, Ronnie Fowler, que era el road manager de los Who mientras él lo era de los Merseybeats. Bill siempre solía vestir traje y corbata, a pesar de que su trabajo consistía básicamente en ponerse al borde del escenario y evitar que los fans de las primeras filas se agarrasen a los pies de micro o directamente a las piernas de los componentes de la banda. Una noche, durante uno de los conciertos, lo que hicieron los fans fue coger a Bill por la corbata y tirar de él hasta sacarlo fuera del escenario, a donde volvió a subir bastante después, aunque con el traje totalmente roto por los tirones y sacudidas sufridas allí abajo.

Pete Towhsend se enteró de esto, y cuando la semana siguiente estaba cantando al frente de los Who en ese mismo escenario, se dirigió al público para decirles: “La semana pasada hicisteis ahí abajo lo que quisisteis con el manager de los Merseybeats… esta semana podéis hacer lo mismo con su hermanooooooo!”. Y a continuación levantó su bota hasta un poco más arriba del culo de Ronnie y le empujó, arrojándole encima de los enloquecidos fans.

Bill entre Roger Daltrey y Rod Stewart. A la izquierda otra señora típica.

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The Who – “Won’t get fooled again”

Cuando estaban promocionando el “Graceland” de Paul Simon la gira de conciertos le llevó a Miami durante la época en que tuvieron lugar los días de más fuerte viento que uno se pueda imaginar; vendavales de gran fuerza se levantaban constantemente. Y los promotores del concierto querían celebrarlo al aire libre.

Bill, muy diplomáticamente, intentó decirles que mejor era hacerlo en un local cerrado, que fuera hacía demasiado viento. “Bah, no pasa nada”, decía uno de los promotores; “Paul no va a pillar un refriado con este calor”. Y Bill seguía poniendo excusa tras excusa.

Al final lo único que consiguió fue que los promotores se cabreasen con él. Así que no tuvo más remedio que decirles el motivo de su empeño: “Miren ustedes; no podemos hacer el concierto al aire libre con todo este viento… porque Paul Simon lleva una puñetera peluca…”.

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Paul Simon – “Diamonds on the soles of her shoes”

Una apuesta personal de Bill Fowler fue la canción “Silver star”, de los Four Seasons. Estaba incluída en el LP “Who loves you?”, aunque en una versión que duraba unos diez minutos, por lo que era imposible que la pusiesen en la radio. Pero él estaba convencido de que si la acortaban lo bastante hasta editarla quedándose en la duración habitual de un single, se convertiría en un éxito.

Y como Bill tenía en la compañía discográfica el poder de publicar los singles que quisiera, lo ejerció con esta canción.

Cuando días después recibió la llamada telefónica de Tom Ruffino, el jefe de la sección de Internacional de la Warner para decirle que los costes del estudio de grabación se estaban disparando porque les estaba costando muchísimo trabajo acortarla de forma apropiada, Bill se puso muy nervioso y pensó que como aquello saliese mal le iban a mandar, como mínimo, a la mierda. Cuando el single se fabricó y se enviaron las primeras copias de promoción, Bill se quedó sentado en su despacho durante un montón de horas, sin atreverse siquiera a asomarse afuera, solamente esperando las primeras reacciones de las emisoras de radio.

Pero se demostró finalmente que su jugada había sido brillante. Fue “Disco de la Semana” en casi todas las emisoras y subió hasta el nº 3 de las listas de ventas. El factotum de los Four Seasons, Bob Gaudio, fue a verle en persona y le llevó como regalo un colgante de oro representando el LP “Who loves you?”, (“¿Quién te quiere a ti?”), al que habían añadido una inscripción que decía “We do”, (“Nosotros”).

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Four Seasons – “Silver star”

Ronnie también quería a Bill.

OTROS CRÍAN LA FAMA

En este blog no solemos tener muchas tradiciones, ya sabéis que es la casa de los iconoclastas. Pero como también es la de los mitómanos sí que procuramos mantener viva la costumbre de inaugurar el nuevo curso bloguero cada mes de septiembre con un post dedicado a los Beatles, que para eso se supone que fueron los padres de todo esto.

Y estamos en un nuevo mes de septiembre. Los posts que tenía ya preparados y programados han ido entrando poco a poco mientras he estado de vacaciones y en los días posteriores a éstas, en que hay que volver a aclimatarse a la rutina; y ya es la hora de volver a sentarse y escribir. Así pues, recurrimos de nuevo a LOS BEATLES.

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“Please, please me”

Si mencionamos a Dick Rowe seguro que la mayoría de vosotros tendrá de él el infausto recuerdo de ser el hombre que rechazó a los Beatles cuando éstos quisieron firmar por la Decca. Dick ha tenido que cargar a través de todos los años que han ido pasando con la vergüenza de ser recordado por eso. Incluso aquí, en este blog, hemos sacado su nombre a relucir varias veces. Y aunque se lo mereció sobradamente, sin embargo no fue el único que no confió nada en absoluto en el cuarteto de Liverpool. Por eso hoy vamos a sacar algún que otro nombre más para que le acompañe en la deshonra.

Y para encontrarlos tenemos que cruzar el charco. Porque en los Estados Unidos los Beatles llegaron a ser más grandes incluso que en Inglaterra. Fue el único grupo que tuvo 7 discos a la vez en el Top 20, incluyendo el número uno, por supuesto, con “She loves you”. Y al poco de entrar en aquel país coparon por completo el panel del “Juke Box Jury”, figuraron en una serie de conciertos navideños como cabeceras de cartel junto a todas las grandes figuras americanas y, ya para canonizarlos del todo, el prestigioso Sunday Times proclamó a Lennon & McCartney como los más grandes compositores desde Beethoven!!

¿Y no es extraño entonces que el sello americano del grupo, Capitol, no hubiese editado en los USA ni uno solo de los discos que ya habían lanzado los Beatles en Europa?

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“She loves you”

Pues sí, así fue. El jefe supremo del departamento artístico de Capitol, Dave Dexter Jr. (apuntaros el nombre), que llevaba 20 años en esta compañía afiliada a la EMI, había rechazado los cuatro primeros singles que los Beatles habían editado con EMI. “Son una pandilla de niñatos melenudos”, fue lo que displicentemente le dijo sobre ellos a Alan W. Livingston, el presidente de Capitol. “No son nada”, añadió aún.

Y como Dave Dexter tenía un impresionante curriculum en la compañía y había producido muchos de los mejores lanzamientos de ésta, pues Livingstone confió en su juicio.

El propio Alan W. Livingston también tenía tras de sí un pasado como productor, pero se había centrado sobre todo en ediciones infantiles… por ejemplo él fue el productor de las sintonías de “El Pájaro Loco” o “Bugs Bunny”… y no controlaba demasiado las producciones pop. Por eso, cuando Brian Epstein le telefoneó para preguntarle por qué coño estaban pasando tan olímpicamente de “She loves you”, Livingston tuvo que admitirle que él ni siquiera había llegado a escuchar la canción.

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“I’ll get you”

El que más sorprendido estaba con todo lo que ocurría era George Martin, que enviaba de forma regular a sus colegas y amigos de la Capitol americana todos los discos que les iba produciendo a los Beatles y siempre recibía respuestas entusiasmadas del tipo de “este grupo es fantástico, tienes que traerlos, tienes que venderlos en los Estados Unidos”… pero el problema era que otras de las mayores estrellas de la EMI, como fue el caso de Cliff Richard, habían tenido muy poco impacto con sus ediciones americanas de la Capitol, así que la situación que se daba con los Beatles no era tan extraña después de todo.

Así que como Capitol les rechazó de plano, la EMI no tuvo más remedio que transferir los derechos de las canciones de los Beatles a una compañía llamada Transglobal Music, que cedió las licencias de los tres primeros singles enviados a los USA del grupo a sellos discográficos muy pequeños y casi desconocidos. “Please, please me” y “From me to you” salieron en Vee-Jay, un sello de Chicago que se había establecido editando principalmente gospel y r&b; mientras que “She loves you” salió en otro sello todavía más pequeño que ése, llamado Swan.

Imaginaos el interés que pondrían en ellos que en el disco de “Please, please me” el grupo figuraba erróneamente con el nombre de “The Beattles”, con dos “t”. Ni eso les importaba; los discos apenas fueron promocionados y, por supuesto, no se vendieron nada en absoluto.

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“From me to you”

Todo comenzó a cambiar, sin embargo, el 27 de noviembre de 1963, cuando perdida entre las páginas de la revista “Variety”, apareció esta noticia: “The Beatles, el cuarteto musical más candente de Gran Bretaña, ha firmado un contrato para tres apariciones en el Show de Ed Sullivan”. Parecía absurdo que un grupo que iba a disponer de tamaña cobertura no tuviera siquiera un disco editado en una de las grandes compañías americanas.

Fue entonces cuando Alan W. Livingston, al enterarse de esto, volvió a ponerse en contacto con Brian Epstein y se enteró de que “I want to hold your hand” tenía una lista de espera en Inglaterra de más de un millón y medio de peticiones para cuando se editase y por fin estuvo de acuerdo en que Capitol lanzase este single en los USA… y le prometió a Brian Epstein que por lo menos se iban a gastar en promoción 50.000 dólares.

Para el 23 de diciembre todo estaba ya a punto en Capitol, y el jefe de merchandising, Paul Russell, había enviado un memorándum a todas las tiendas de discos del país para que pusiesen el máximo empeño e interés en el comienzo de la campaña de lanzamiento de los Beatles. En la nota les proporcionaba toda clase de detalles sobre el single y el posterior LP, “Meet the Beatles”, así como una orden de obligado cumplimiento: “Poco después del día de Año Nuevo recibirán grandes cantidades de pelucas imitando el peinado de los Beatles; todos y cada uno de los vendedores y empleados de los departamentos de promoción tienen que llevar puesta una de ellas durante toda la jornada de trabajo”.

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“I want to hold your hand”

Pero los planes de Capitol para editar “I want to hold your hand” de forma ordenada y totalmente planificada el 13 de enero quedaron tirados por tierra con la cada vez mayor popularidad de los Beatles. A mediados de diciembre, los avispados disc-jockeys americanos se habían hecho ya con copias de importación del disco y lo ponían tantas veces que crearon una demanda tal que la edición del disco se tuvo que adelantar al día 26 de diciembre. Durante el mes siguiente a esta fecha la canción ascendió hasta el número uno de la lista del “Billboard”, donde se quedó durante siete semanas seguidas, siendo el disco inglés de mayor venta en Estados Unidos de todos los tiempos. La beatlemanía golpeaba Norteamérica.

¿Y a Dave Dexter no se le cayó la cara de vergüenza con todo esto? Ni mucho menos… no solo no se le cayó sino que la levantó bien alta con la siguiente jugada que hizo.

Como él seguía pensando que las canciones de los Beatles no eran gran cosa, para reforzarlas cuando se editaron los LPs las hizo pasar por un proceso duofónico, que a él le parecía que necesitaban. Y como estas remezclas fueron las que aparecieron en los dos primeros LPs que los Beatles editaron en los USA… puso su nombre en las portadas como productor!!!!

George Martin no recibió crédito alguno como productor de los dos primeros LPs que los Beatles publicaron en los USA. Y aunque su nombre ya tuvo la debida atención en los dos siguientes, Dexter se embolsó una cantidad de pasta igual a la de George Martin también en estos dos, porque también se editaron tras pasar el proceso duofónico.

Dave Dexter Jr. falleció en 1990 después de haber creado, de una u otra forma, unos 400 discos. Pero lo mejor que le ocurrió es que escapó al castigo que el destino le deparó a Dick Rowe, a pesar de haber hecho tantos o más merecimientos que éste para sufrirlo.

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“Can’t buy me love”

Dexter… si es que incluso tenía nombre de asesino en serie…

THE BURNING STONE

Con el “Some girls” recién editado, los Rolling Stones se pasaron la mayor parte del mes de septiembre de 1978 grabando las bases del futuro “Emotional rescue” en los estudios de Wally Heider de Los Angeles.

Con Anita Pallenberg fuera de la ciudad, KEITH RICHARD alquiló una casa en Laurel Canyon que se convirtió en el antro donde daba sus fiestas constantemente. En una de ellas, cuando ya se marcharon todos los invitados, un par de horas después de que Kiz se retirase a la habitación principal con una joven rubia a la que posteriormente describiría como “el plato del mes”, se despertó de improviso para notar que el dormitorio se estaba llenando de humo…

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The Rolling Stones – “Miss you”

Alguien, por lo visto, después de prepararse algo en la cocina había dejado el mando de uno de los fogones sin cerrar del todo, con el gas abierto. Y éste se había ido escapando, creando una mezcla explosiva que terminó por encenderse cuando llegó a una de las varitas de incienso que tenían prendidas por allí.

Desplegando una inusual presencia de ánimo, además de una gran preocupación por la seguridad de los demás, Kiz empujó a la chica por la ventana del dormitorio, saltando él mismo tras ella. Mientras dejaban a su espalda la casa brillantemente iluminada por las llamas, los amantes ilícitos, completamente desnudos al borde de la piscina del jardín, se felicitaban por haber podido escapar de una muerte angustiosa con solamente algunas magulladuras.

Pero de pronto el alivio se convirtió en pánico, cuando Kiz escuchó el sonido de las sirenas de los coches de la policía, que se aproximaban allí a toda velocidad.

A Kiz se le pasaron por la imaginación los titulares de los tabloides en cuanto se enterasen de la noticia… “Stone pillado desnudo en un infernal nido de amor”… pero entonces la salvación pareció ofrecérsele una vez más. Un coche apareció derrapando y con gran chirrido de frenos, y al detenerse, el conductor se asomó y les gritó: “¡Eeeeh, vosotroooos… venga, subid!”.

Dando gracias a su buena estrella Kiz cogió del brazo a la chica y salió corriendo hacia el coche, porque acababa de reconocer al conductor… el primo de Anita Pallenberg.

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The Rolling Stones – “All about you”

LITTLE FURRY THING

Para el Epi. Que en el post-concierto de los ZZ Top me recordó una historia de canguros que escribí una vez por aquí, y le hizo mucha gracia. Aquí lleva otra.

Todo el mundo conoce a AXL ROSE como cantante heavy, matón, pendenciero, mujeriego, borde, y algunas otras cosas más, pero muy poca gente sabe que también es un gran amante de los animales.

Durante su carrera, Axl ha adoptado a un gran número de mascotas peludas y adorables, pero el orgullo de su colección lo adquirió durante su gira australiana de 1988, y era un wallabi, un canguro pequeñito.

Por lo visto, el bichillo, con sus orejitas picudas, era una monería increíble, y una criaturita muy divertida; tanto, que se convirtió en el animal favorito de Axl. Éste le puso de nombre Ozzie, un buen juego de palabras sobre los orígenes australianos del animal (en inglés australiano es “aussie”), y que éste estaba tan majara como el famoso cantante de los Sabbath, del que no tengo que recordaros su nombre.

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Guns N’Roses – “Sweet child o’ mine”

Axl pasaba tantas horas felices jugueteando con su amigable marsupial, que se lo llevó con él a recorrer el mundo durante la gira de los Guns N’Roses. Ozzie incluso tenía su propia caja para volar, acomodada con el resto del equipo, con varios agujeros incorporados, para que el aire penetrase en su interior. Si algún empleado le preguntaba, lo que Axl tenía planeado era decirles que el bicho se había metido él mismo allí sin que nadie le viese, y que se quedó atrapado en su interior…

Tristemente, el convincente disfraz de Ozzie como parte del equipo eléctrico y de sonido de la banda terminó en tragedia.

Fue durante los días en que la gira les llevó a Alaska. Una tarde, uno de los roadies dejó lo que él pensaba que era una maleta de sobra en el trailer, mientras la banda hacía la prueba de sonido. Cuando Axl vino buscando a su peludo amigo el roadie abrió la caja y… expuesto tanto tiempo como había estado a temperaturas bajo cero en el interior del camión, Ozzie era un témpano de hielo sólido.

Las leyendas urbanas sobre los Gun N’Roses dicen que otro bienintencionado roadie intentó aliviar el dolor de Axl llevándose a su casa al desafortunado cangurito, y metiéndolo en su arcón congelador, con la esperanza de que los avances en la criogenización permitiesen resucitar a Ozzie algún día.

También dicen las leyendas que Axl dedicó mucho esfuerzo y dinero para que los veterinarios pudiesen encontrar un remedio con el que sacar de la congelación profunda a su amigo.

Y también andan diciendo por ahí que Ozzie fue visto por última vez, junto a la cabeza de Walt Disney, en el congelador de mi cocina, mientras el Koloke andaba buscando la botella de licor de hierbas para prepararse un chupito…

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Guns N’Roses – “Don’t cry”

AVE MARÍA PURÍSIMA…

Era el 30 de octubre de 1968. Y era en Utica, una pequeña comunidad compuesta en su mayoría por familias de granjeros que estaba solamente a treinta kilómetros al norte de Detroit. Todo estaba preparado para el anual baile de Halloween.

Tendría lugar en el colegio St. Lawrence, un lugar pequeñito, de apenas 300 estudiantes, donde imperaba la costumbre de que los chavales del último curso, que ya iban a dejar el colegio tras su finalización, organizasen actividades tales como lavados masivos de coches de los vecinos, ventas de tartas caseras, con las que recaudar fondos para la parroquia local, cuyas hermanitas en Cristo eran las encargadas de impartir educación al alumnado..

Pero algunos estudiantes del último curso de este año eran bastante más rockerillos y querían aprovechar el baile de Halloween para esta recaudación. En aquel tiempo, en las áreas urbanas más cercanas a este pueblo solía haber al menos diez o doce grupos de garaje que tocaban en clubs juveniles, fiestas y bailes… pero nuestros amigos quisieron picar más alto: decidieron contratar a una banda que acababa de firmar con el sello Elektra y aunque ya comenzaba a hacerse famosa, pero aún no lo era tanto como para que pidiesen mucho dinero por sus conciertos… los MC5.

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“Ramblin’ Rose”

Llegaron a un acuerdo por 300 dólares con el manager del grupo, el posteriormente célebre John Sinclair… seguramente todos recordaréis lo que ocurrió con él diez años más tarde; aquello que John Lennon inmortalizó en su canción sobre él, que contenía aquel verso de “they gave him ten for two”, refiriéndose a que le echaron diez años de cárcel por dos porros…

Otra cosa que atraía a los estudiantes con esto era el sentimiento de que estaban engañando a las monjitas dominicas que ejercían de profesoras de la escuela bajo la atenta mirada pastoral del monseñor que tenían como superior.

Y así se formó el comité para promocionar el concierto en el baile. Los elegidos para ello inundaron los pueblos cercanos con flyers y posters caseros… Rochester, Troy, Clawson, para invitar a los universitarios que las poblaban, y Center Line, Warren, Hamtrarnick, para que también acudiesen los más paletillos…

En realidad ninguno de los organizadores esperaba una gran cosa, si acaso divertirse y cubrir gastos, o incluso ganar un poco de dinero con el que justificarse ante las monjitas. Imagínate entonces su sorpresa cuando la tarde del día del concierto empezaron a llegar coches y más coches, hasta llenar por completo el parking y formarse una cola ante la taquilla de más de cien personas. Y todavía seguían llegando coches, así que a 3 dólares con cincuenta la entrada, en poco tiempo tenían ya más de 900, en billetes pequeños, en la caja de puros que habían improvisado para ir guardando la recaudación. Y como no habían previsto ninguna clase de seguridad tuvieron que acudir a las monjas, para que se guardasen los billetes entre sus sagrados hábitos, para mantenerlos a salvo de los que tuviesen las manos demasiado largas.

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“Rocket reducer nº 62″

Mientras solucionaban estos pequeños problemas de intendencia, nuestros amigos se encontraron con que algunas crisis más se estaban desarrollando en los vestuarios, arreglados para que fuesen los camerinos de la banda. Los músicos se habían traído con ellos a sus novias y a todo un surtido de hippies y tipos raros, ante los que no se cortaban a la hora de desnudarse y cambiarse de ropa para actuar… y además para complicarlo todo estaba también el extraño olorcillo de ese humo que emanaba del interior… la verdad es que Sor María y Sor Josefina no estaban nada contentas con ese comportamiento…

Así que nuestros amigos tuvieron que pedirles educadamente a todas las mujeres que había en el interior de los camerinos que saliesen de él mientras los hombres se cambiaban, cosa que hicieron, pero no sin antes haberse partido el culo de risa. También se las apañaron bien los chavales para explicarles a las mosqueadas monjitas que todo aquel oloroso humo era porque los músicos tenían la costumbre de quemar incienso antes de sus conciertos para crear una “atmósfera apropiada”. Las cándidas monjas se lo creyeron y así pudo evitarse la crisis… era el momento de centrar toda la atención en el concierto, que ya estaba próximo.

Porque, como buenos degustadores de discos de rock, todos nuestros amigos sabían que el plato fuerte de los MC5 era su canción “Kick out the jams”, la cual comenzaba su letra con aquello de “kick out the jams motherfuckers!!”… algo de difícil traducción, pero que podría ser más o menos “vamos a por todas hijoputas!!”… una frase muy poco apropiada para emplearla en aquella escuela religiosa. Por eso hablaron con el cantante, Rob Tyner, para que se autocensurase un poco y, al contrario que solía hacer en todos los conciertos, no cantase la letra tal cual, sino tal como la grabaron en la versión del single, sustituyendo el “motherfuckers” por un más moderado “brothers and sisters”. Sin embargo, no se habían puesto de acuerdo con él cuando ya llegó la hora de empezar.

Así que allá estaban los organizadores, entre los demás espectadores, junto a tres o cuatro de las monjas, esperando a que los MC5 causaran su expulsión y su desgracia, y que los convirtiesen para siempre en leyendas a ojos de sus compañeros de escuela, cuando Rob avanzó ferozmente hacia el micro, lo cogió y gritó… “Kick out the jams… mother superior!!”.

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“Kick out the jams”

Después de todo, la fiesta terminó muy bien, y los beneficios para las monjitas fueron de 2.500 dólares… muchísimo más que los 175 que habían recaudado los catetillos del año anterior con sus tartas.

Y seguramente os interesará a todos saber que las dos noches siguientes a que ocurriese esto que os he contado, los MC5 las emplearon en tocar en el Grandee Ballroom de Detroit, grabando sus canciones para después seleccionarlas y editarlas tal como las habéis escuchado en este post, formando parte de su mítico primer disco. Y el resto, como suelo decir, es historia sobradamente conocida.

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“Come together”

THE GOOD LOOKING CORPSE

En días como éste de hoy es cuando me suelo acordar de Sid Vicious, del que ya he dicho por aquí que nació el misma día que yo, pero que muy al contrario de mí, ya no puede disfrutar de las cervezas bien frías ni de otros placeres pequeños y mundanos como ése. Estoy de acuerdo con todo el mundo en que él será reconocido por el resto de la humanidad durante mucho tiempo y yo no. Pero yo nunca le pillé el punto a que a cambio de eso uno tuviese que vivir rápido y dejar un bonito cadáver.

Y me suelo acordar en días como éste, porque hoy hace cuarenta años que murió uno de los grandes iconos del rock.

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“Touch me”

La mórbida fascinación con las estrellas del rock muertas continúa cautivando a la gente. Nuestro protagonista maldito portaba todas las cargas habituales: Jim Morrison sufrió abusos cuando era un niño y tuvo una juventud difícil, le abrumaba el peso de la fama, su genialidad pasaba mucha veces a locura… Y en aquel telón de fondo de los años ’60 se une a Pamela, una novia anoréxica casi tan problemática como él mismo; la historia estaba servida: seductor y melancólico astro del rock conoce a su pareja de cabellos flamígeros y cósmicos, y desde ese momento la autoaniquilación que hacían por separado de sus vidas se multiplica. Juntos comienzan con la hierba, después pasan al ácido y después terminan chutándose para poder permanecer juntos y comenzar todo el ciclo de nuevo. Así eran sus días.

Pobre viejo Jim. Y además él tenía una enzima de menos que implicaba que no era capaz de metabolizar el alcohol apropiadamente. Después de algunas horas bebiendo se transformaba en un odioso Mr. Hyde, que se ridiculizaba a sí mismo y se meaba en las botellas que se había bebido. Nunca se cambiaba de calzoncillos, y tenía que ser Pamela quien se los quitase aprovechando que se quedaba durmiendo sus agonías.

Las interpretaciones de Jim en los escenarios se convirtieron en penosas parodias; la desintegración de los Doors se convirtió en algo inevitable. Hinchado por el alcohol, saturado por las mujeres, enloquecido por la fama, la estrella de pacotilla en que se convirtió y su compañera abandonaron Los Angeles para intentar un nuevo comienzo en París. Y el negro final fue allí de todos conocido.

Porque el final no fue nada deslumbrante. Olvídate de la mística de los asesinatos misteriosos, de las sobredosis, de las teorías conspiratorias para encubrir su fallecimiento… lo más seguro es que lo que mató a Jim Morrison fuese el asma.

Que prosaico, ¿no?

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“The end”

POR EL HUMO SE SABE

Hasta que el día 16 de mayo de 1969 Pete Townshend no echó de una patada del escenario a aquel policía de paisano en el Fillmore East, había estado siendo un mes tranquilito para THE WHO.

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“Pinball wizard”

Habían comenzado a primeros de mayo con una aparición en el “Top of the Pops” con su “Pinball wizard”, y al día siguiente hicieron la presentación de su muy celebrada ópera rock sobre “Tommy”, en un concierto especial solo para la prensa en el club de Ronnie Scott. Una semana más tarde estaban rompiendo récords de asistencia de público en la maratoniana gira que hacían por los Estados Unidos. Cuando llegaron a New York para su concierto en el Fillmore East el enfebrecido público de la Gran Manzana ya había agotado todas las localidades con mucha anticipación.

Todos estaban enloquecidos cuando abarrotaron el Fillmore, porque les encantaban los Who, y ya habían oído el “Pinball wizard”, y esperaban ver y oír el espectáculo de “Tommy” en su totalidad. Y así fue como The Who realizaron el concierto.

Hacia el final del mismo, en la explosiva parte pirotécnica, el humo comenzó a adueñarse por completo del auditorio. La gente pensó que aquello formaba parte del espectáculo… pero no era así. El supermercado que había al lado del Fillmore estaba ardiendo. Alguien le había arrojado un cóctel Molotov porque el propietario había rehusado seguir pagando por su “protección”.

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“We’re not gonna take it”

De pronto los pasillos laterales se llenaron de bomberos armados con hachas, pero la audiencia seguía sin mostrar signos de ansiedad. Por lo que todos estaban viendo, los Who habían montado un maravilloso final para su concierto. El promotor, Bill Graham, decidió que había que terminar ya con la música y se estaba subiendo al escenario cuando se fijó en otra figura que ya lo había hecho y se aproximaba por detrás hacia Pete Townshend.

Bill le reconoció como uno de los muchos policías que habían pedido para salvaguardar la seguridad del concierto, y que para no hacerse notar demasiado, estaban vestidos como cualquier otro hippie de los asistentes, con sus barbitas y sus abalorios. El oficial de policía de la Fuerza Táctica, Daniel Mulhearn, era uno de ellos, y decidió hacerse él mismo con el control de la situación yendo hasta el micrófono del centro del escenario.

Pete Townshend, tan ignorante como el resto de la audiencia de la verdadera razón del humo, vio de reojo a Mulhearn y asumió que era uno de los super excitados fans buscando su momento de gloria. Así que sin perder un instante, se olvidó de su guitarra y se centró en echarle del escenario de una patada.

La audiencia enloqueció con esto. Hasta ahora habían estado más quietecitos porque los Who ya terminaron con “Tommy” y estaban interpretando el “Summertime blues”; pero cuando el tipo aquél salió lanzado del escenario se vinieron todos arriba. Ahora estaban todos de pie, incluso muchos sobre sus asientos, gritando todo lo que podían, y Bill Graham pensó… “¿cómo coño vamos a conseguir que toda esta gente salga de un edificio que está ardiendo…?”.

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“Summertime blues”

Pero eso no era lo peor, sino que fuera había otras 2.000 personas más esperando a entrar para el segundo pase del concierto. Bill Graham se abrió paso a empujones hasta la esquina del escenario y trepando a él le gritó frenéticamente al oído al Who que tenía más cerca que el Fillmore estaba ardiendo. Y aunque era un tipo con cierta propensión a la excitabilidad fue notable la forma en que Bill se acercó al centro del escenario y tranquilamente le explicó al público que había un incendio en el edifico de enfrente del Fillmore. No quiso que supieran que en realidad el que se quemaba era el edificio de al lado y el fuego se había extendido hasta aquí.

Y el caso es que la mentira le funcionó, porque las 2.000 personas de dentro, que unos momentos antes habían estado botando y gritando, se calmaron en un momento y abandonaron tranquilamente el Fillmore saliendo en una ordenada doble fila. Nadie resultó herido.

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“The acid queen”

Mientras tanto, en el interior del edificio, la flor y nata de la policía neoyorquina removían cielo y tierra buscando al narizotas inglés gilipollas que le había dado una patada en los huevos a su compañero. Y Bill Graham tuvo que acudir de nuevo al rescate, sacando subrepticiamente a la banda por una puerta trasera y escondiéndolos en un apartamento del 71 de la Séptima Avenida.

Cuando las cosas se calmaron un poco al día siguiente, Pete Townshend y Roger Daltrey fueron a la comisaría. A Roger le dejaron libre sin cargos, pero a pesar de los esfuerzos de Bill Graham, a Pete Townshend le acusaron de asalto en tercer grado y para salir en libertad tenían que pagar una fianza.

Pero Peter no tenía ni un puto dólar, así que Bill, y Jane Geraghty, la contable de su empresa, y todos los demás empleados que pudieron encontrar, tuvieron que exprimir sus cuentas corrientes para que el guitarrista no fuese a la cárcel.

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“I’m free”

COSER Y CANTAR

Harvey Bramham estaba cansado. Y se le cerraron los ojos. Lo cual significó una tragedia para los FAIRPORT CONVENTION, ya que Harvey estaba conduciendo la furgoneta que les llevaba de vuelta a Londres después de un concierto en Birmingham. Ocurrió un día como el de hoy, el 12 de mayo de 1969.

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“Fotheringay”

En las primeras horas de la mañana, en algún lugar cercano a Mill Hill, el vehículo se salió de la carretera y dio varias vueltas de campana, resultando muertos en el accidente el batería Martin Lamble, y su novia Jeannie Franklin, y quedando heridos de diversa consideración varios miembros más de la banda, como Richard Thompson, Simon Nicol y Ashley Hutchings, todos ellos trasladados al hospital de Stanmore. La cantante del grupo, Sandy Denny, no viajaba con ellos porque decidió volverse a casa con su novio, Trevor Lucas, el guitarrista de los Eclection, que era el grupo que les había servido de teloneros en el concierto de la noche anterior.

Pasaron las horas y las horas heridos y esperando porque los médicos luchaban por rescatar a Martin de las garras de la muerte. Por Jeannie no pudieron hacer nada porque murió ya en la ambulancia que la trasladaba… Richard Thompson no hacía más que mirar a la pared desde su sillón; Ashley Hutchings ni siquiera podía ver la pared por la cantidad de sangre que tenía en la cara. A Simon Nicol solo tenían que extraerle un pedazo de cristal del parabrisas que tenía clavado en el brazo.

La policía de tráfico no tardó en llegar al hospital. Y lo hicieron acompañados por algunos agentes de la unidad de drogas, porque habían encontrado hachís entre los restos del accidente. Eso significó que Harvey Bramham fuese acusado de conducción temeraria y condenado a algunos meses de cárcel.

Posteriormente, cuando la banda se recuperó y se reagrupó, el cuerpo de Martin Lamble fue incinerado y sus cenizas esparcidas por las colinas de Gales.

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“Meet on the ledge”

En un extraño giro del refrán de que “no hay mal que por bien no venga”, resultó que Fairport Convention, que por entonces eran unos absolutos desconocidos en los Estados Unidos, a raíz de este accidente vieron su nombre en todos los titulares de los periódicos y revistas musicales de ese país. Porque allí era una celebridad Jeannie Franklin.

Conocida como Genie the Tailor (Genie la Sastra), ella había empezado como camarera en un club nocturno de Los Angeles, donde comenzó a confeccionar trajes para clientes como Zal Yanovsky y Steve Boone, de los Lovin’ Spoonful. Después abrió un par de tiendas y se hizo con una clientela que incluía a Donovan, a los miembros de The Mothers of Invention, de Love, de Buffalo Springfield, de los Turtles, a Keith Moon, a Jack Bruce (que la inmortalizó en el título de su primer disco, “Songs for a tailor”), a Tiny Tim, a los Moby Grape… se decía que ella fue la que convenció a los Temptations de que se pusieran volantes.

…y también corrían rumores sobre sus métodos para tomar las medidas. Se contaba cómo Otis Williams tuvo que quejarse una vez, diciéndole: “Oye, tía, no necesitas medirme eso…”.

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“She moves through the fair”"

EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

Habían tenido que echar de la banda a Ozzy. Y su sucesor, Ronnie James Dio, ya les había dejado también. Pero eso no preocupaba en absoluto a los demás componentes de BLACK SABBATH. Lo que hicieron ahora fue persuadir a Ian Gillan, el antiguo vocalista de Deep Purple, de que fuese su nuevo cantante, y además se iban a asegurar de que su próxima gira americana, la de 1983, fuese la más espectacular que habían hecho nunca. Los miembros de la banda habían pensado ellos mismos cómo iba a ser el escenario, y cuando volvieron a Birmingham contrataron a algunos viejos amigos para diseñarlo.

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“Trashed”

Poco tiempo después ya estaban en la oficina de su manager desplegando planos y diagramas y mirando una maqueta a escala de Stonehenge hecha de contrachapado. Su manager había calculado el número de camiones articulados que necesitarían para recorrer los USA con las piezas de lo que iba a ser una reproducción casi a tamaño natural del prehistórico círculo de piedras, y movía su cabeza, lleno de dudas. Pero lo que él no sabía era que la banda ya se había gastado una pasta en aquello y ordenado que el proyecto saliese adelante.

El primer concierto de la gira iba a ser en Montreal. Para irse conjuntando con su nuevo vocalista, los Sabbath llegaron tres días antes para ensayar, seguidos por una flota de camiones conteniendo el Stonehenge. En piezas… la mayoría de las cuales no cabía por las puertas…

Quince carpinteros tuvieron que trabajar contra reloj durante tres días, hasta que por fin todo quedó instalado… el problema era que ahora no quedaba sitio para el público…

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“Stonehenge”

El grupo abandonó Canadá con un par de tableros verticales y largueros en el fondo de un camión. El resto de Stonehenge está todavía en el fondo de la Bahía de Hudson, que fue donde lo echaron.

Y todo por una pequeña confusión que hizo que los que confeccionaron las piezas tomaran los números del proyecto como metros, en lugar de como pies, que era la medida correcta.

Y luego dice la gente que la peli de “Spinal Tap” es una exageración…

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“Smoke on the water”
(Ian Gillan se trajo su más famosa cancion con él)

COCINA DE AUTOR

Para el Koloke. Conocido degustador de bocatas poco convencionales.

GLEN MATLOCK nunca fue un tipo demasiado querido por el resto de los Sex Pistols. Y más aún desde que el grupo se convirtió en el enemigo público número 1 después de la famosa entrevista que les hizo Bill Grundy en su programa de televisión. Desde ese momento sus compañeros de grupo estaban cada vez más mosqueados con su comportamiento. Y es que, francamente… Glen Matlock era un tipo demasiado decente.

Los Pistols originales. Glen es el primero por la izquierda.

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“Anarchy in the U.K.”

A los demás Pistols les repateaba que mientras estaban de gira, en vez de unirse a la orgía de vandalismo y violencia que caracterizaban sus salidas nocturnas, Glen prefiriera desacreditarse como punk en condiciones conversando tranquilamente con Mick Jones, el de los Clash, tomándose unas cervezas. Y encima hablando de música.

Y como sus compañeros no se andaban con chiquitas a la hora de mostrarle el desprecio que sentían por su manera de ser, fue un alivio para Glen que cuando la gira finalizó todos suavizasen sus actitudes con él. En un ensayo incluso el guitarrista Steve Jones se ofreció a prepararle un pequeño piscolabis mientras se tomaban un descanso.

-Claro, tío, me encantaría -le dijo Glen, muy agradecido, disfrutando de nuevo del espíritu de compañerismo de la banda, que parecía perdido hacía ya tiempo.

Así que Steve desapareció en la cocina, frió un par de filetes de hígado y los metió en una baguette calentita.

Y como el chef magistral que era, Steve decidió que aquello necesitaba un toque más especial, para mostrarle a Glen aún más “intimidad”; una especie de salsa que completase el efecto.

Apareció unos minutos después, dándole el bocata a Glen.

-¡Mmmm, está rico! -decía- pero la mayonesa sabe un poco rara… ¿no estaría caducada? ¿Has mirado la fecha en el bote?

-Es que no es mayonesa -le contestó Steve, luciendo su sonrisa más diabólica, que al momento se convirtió en una estruendosa risotada, que acompañaron los otros dos con el mismo regocijo.

En el siguiente ensayo de los Pistols, el bajo ya estaba en manos de Sid Vicious.

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“God save the Queen”

Los Pistols conocidos. Glen ya no es el primero por la izquierda.

FROM GENESIS TO REVELATION

En el verano de 1970 GENESIS se estaban planteando si merecía la pena seguir en la música ya que su vida como banda estaba siendo muy problemática, y aunque ya llevaban editados dos discos, el público no les hacía demasiado caso, y además estaban teniendo serios problemas para mantener fijos a un guitarrista y a un batería. Anthony Philips, el guitarra original, les tuvo que dejar por problemas de salud, y los baterías, hasta un número de tres se habían ido sucediendo desde que al primero de ellos, Chris Stewart, le echaran sin muchas contemplaciones, lo que nos permitió con el paso del tiempo disfrutar de sus libros escritos en la sierra de Granada, y de los que, dicho sea de paso, uno de los ejemplares de la primera edición lanzada en castellano, el que contiene la primera dedicatoria que Chris realizó en nuestro idioma (a mí, por cierto), ocupa un lugar preferente en una de mis estanterías.

Estas eran las caras y la música de los Genesis originales:

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“The silent sun”
(El batería, Chris, es el de la derecha del todo en la foto)

En el verano de 1970 Phil Collins acababa de dejar una banda llamada Flaming Youth después de que casi se matan o se quedan sin pies por no dominar las armas que estaban empleando en la performance de su disco conceptual “Ark 2”.

Por entonces Phil no había oído hablar de Genesis nunca en su vida, pero un día, leyendo el Melody Maker vio un pequeño anuncio que estaba remarcado en un cuadro aparte de los demás, lo que a él le pareció una buena señal, porque eso quería decir que quien hubiese puesto el anuncio manejaba dinero.

El anuncio decía: “Tony Stratton-Smith requiere un batería y un intérprete de guitarra de 12 cuerdas sensibles a la música acústica”.

Tony Stratton-Smith, Strat para los amigos, era el manager de Genesis, y así es como le conocía Phil Collins, porque se contaba entre su círculo de conocidos. Así que fue una tarde al bar del Marquee Club, donde sabía que lo iba a encontrar, para que lo enchufase con el grupo éste del anuncio. “Son unos tíos muy melindrosos”, le dijo Strat; “así que no podré meterte por la cara. Tendrás que ir a hacer la audición de prueba como los demás”. Y así lo hizo Phil; la prueba se realizó en la gran casa que tenían los padres de Peter Gabriel en Chobham.

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“The knife”
(Aquí el batería era John Mayhew)

Phil Collins fue allí acompañado de su amigo, el guitarrista Ronnie Caryl, que también iba a probar suerte en el casting. Cuando llegaron ya había esperando delante de ellos varios baterías más.

Phil había hecho ya muchas audiciones, pero ésta le sorprendió. Para hacerla se presentó allí con una camiseta y unos vaqueros, porque las audiciones solían ser siempre en clubs pequeños y sudorosos, pero ésta era en un día muy soleado, en un gran jardín, con un enorme piano debajo de los árboles, a la sombra. Y de la casa salió Mike Rutherford vestido con un batín y en zapatillas. Phil pensó que aquello no tenía más cojones que ser la banda de acompañamiento de Noël Coward; le parecía todo increíble.

Después salió Peter Gabriel y le dijo: “Todavía te queda un buen rato para la prueba, mientras la hacen los otros, si quieres, te puedes dar un baño”, señalándole la enorme piscina que había también en el jardín. “Fantástico”, pensó Phil; y mientras se dirigía hacia ella pensaba “estos tíos tienen pasta, seguramente a ellos podré pedirles 6 libras a la semana en vez de las 5 que ganaba antes… bueno, mejor 7 libras…”

El baño le dio también la oportunidad de ir escuchando a los otros baterías, y de aprenderse las canciones. Su reacción inicial a la música fue, “joder! esto es como Crosby, Stills & Nash”. Demasiado suave, y además música demasiado difusa para su gusto. Pensó que tendría que meterle cojones para espabilarla un poco.

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“Dusk”
(Las baquetas todavía las tenía John)

Cuando se sentó ante la batería parecía como si Phil Collins fuese el que tenía el control de aquello; Mike, Tony y Peter parecían nerviosos, como agobiados; parecían tímidos e inseguros. Aunque dentro de su inseguridad a Phil le parecieron arrogantes. Pero, bueno, lo que importaba era que ellos tenían un trabajo que ofrecer y él estaba en el paro.

Cuando iban en su coche de vuelta a casa, su amigo Ronnie le dijo, “yo lo he hecho bastante bien, pero tú les has volado la cabeza, tío”. “No jodas!”, le contestó Phil; “¿en serio…?”

Y sí. Era en serio. Porque tres semanas después Peter Gabriel le llamó por teléfono para decirle. “Mmmm, eeehh, ¿está Phil ahí?”. Así era como Peter hablaba, con muchos “mmmm”, “eeeeeh” y “estooooo”. “Nos gustaría, mmmm, eeeeehh, que te unieses, estooo, a la banda. Mmmmm, te podremos pagar, estooooo, 10 libras eeeeeh, a la semana…”

Y el resto de la historia ya la conocéis todos.

Luego Phil se fue estropeando con el tiempo.

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“For absent friends”
(La primera canción compuesta por la banda con Peter Gabriel y Steve Hackett)

SOLO SE MUERE DOS VECES

El primer día del verano de 1975 PHIL OCHS fue asesinado en el Chelsea Hotel por John Train, que es quien está hablando ahora. Yo maté a Phil Ochs. La razón por la que le maté es que él era una especie de genio, pero bebía demasiado y acabó por convertirse en un gilipollas aburrido. Por el bien de las sociedades, públicas y secretas, era necesario que nos deshiciésemos de él. Aunque él había tenido ideas brillantes, como “An evening with Salvador Allende”, y un par de buenas canciones, como “Crucifixion” y “Changes”, hacía tiempo que ya no era necesario ni útil… (John Train, en una entrevista, 1975)

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“Changes”

Las escenas de mis años jóvenes están frescas en mi mente,
visiones de sombras que brillan.
Hasta que un día volví y me dí cuenta
de que habían sido víctimas de las enredaderas del cambio…

No era necesario ni útil. Nadie podía imaginar un destino peor para un cantante de folk de los años 60; y con la excepción de Bob Dylan, no hubo un cantante de folk más grande en las calles del Greenwich Village que Phil Ochs.

Él personificó la embriagadora exuberancia del activismo político de la era Kennedy, produciendo canciones grandes y regulares para causas grandes y pequeñas. Su material fue elevado más allá de la propaganda por su agudo sentido del humor, pero a veces se volvía profundo, con una enternecedora compasión que le hacía escribir también canciones como “Changes” y “There but for fortune”. Después de todo, el borracho tenía corazón.

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“There but for fortune”

Muéstrame una prisión, muéstrame una cárcel,
muéstrame un prisionero cuya cara haya empalidecido,
y yo te mostraré a un joven con tantas razones como él,
y que si no hubiese sido por la suerte, podríamos ser tú o yo…

Los ’70 no fueron buenos años para los cantantes de folk. Con la Guerra del Vietnam terminada y Nixon despedido de su despacho, algo se había desinflado dentro de “el movimiento”. La nueva década parecía no interesarse por mucho más que el negocio de la industria. Phil Ochs no editó ningún disco más desde 1970, el irónicamente titulado “Phil Ochs’s Greatest Hits”, y el título de la última de sus canciones lo dice todo: “No more songs”. Llegado 1975, su bloqueo para escribir, su incapacidad para ver un lugar para Phil Ochs en el nuevo esquema de las cosas, era tan agudo, que su única solución fue convertirse en otra persona diferente.

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“No more songs”

Hola, hola, hola,
¿hay alguien en casa?
Solo llamo para decir
que lo siento.
Han despertado los tambores
y todas las voces se han ido.
Y parece que no habrá más canciones…

Y se convirtió en John Train. Un nombre muy adecuado para él, porque entonces era como una locomotora desenfrenada de cabeza al desastre. Se le veía en las calles del Village, con su abrigo andrajoso, completamente fuera de control. A todos los conocidos le preocupaba, pero nadie sabía qué hacer. La verdad es que todos estaban luchando también su propia versión de la misma batalla que Phil.

Casi todas las ideas simplistas de los años 60 sobre el bien y el mal ya no tenían vigencia. El mundo ya no era lo que solía ser. El movimiento de Martin Luther King no tenía ya nada que ver con el de Rap Brown, y todos los que vivieron profundamente los 60 estaban ahora confundidos de un modo u otro… algo parecido a lo que ocurrió aquí unos años más tarde cuando los antiguos clandestinos parafraseaban aquello de “contra Franco vivíamos mejor”.

El propio Phil Ochs había puesto los poemas de Mao Tse-Tung en la contraportada de uno de sus discos para mostrar que su alma poética era víctima de la paranoia de la guerra fría americana. Pero sin tratar de justificar, ni mucho menos, esta paranoia, resultó después que Mao era responsable de la muerte de más personas que Hitler. Ya nada era blanco o negro…

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“The war is over”

Veteranos con una sola pierna dan la bienvenida a un nuevo día.
Y van silbando alguna marcha mientras cortan el césped.
Y las gárgolas solo están allí quietas llorando por ellos.
La gitana que me leyó la mano me dijo que habíamos sido engañados.
Uno solo es aquello que cree.
Y yo creo que la guerra se ha terminado.
Se ha terminado. Se ha terminado…

John Train se movía a toda velocidad por el Village en un constante estado de hiperansiedad, paranoia y borrachera, armado con cualquier cosa excepto una guitarra. Dilapidó los treinta mil dólares de los ahorros de Phil Ochs en locuras y acabó loco perdido, durmiendo en el cuarto de calderas del Chelsea Hotel.

Unos meses después John Train volvió a dejar que Phil Ochs saliese a la luz, pero se alejó de New York, donde su personalidad anterior había dejado algunos enemigos peligrosos. Se trasladó a Los Angeles por una breve e igualmente infeliz temporada. Su personalidad de John Train por fin se había desvanecido, pero el tiempo que la mantuvo le costó perder su lugar en la “Rolling Thunder Revue”, la gira que había montado Bob Dylan, que estaba basada en un concepto que los dos habían discutido a menudo. La manera en la que Phil Ochs quedó después de sobrevivir a los estragos de John Train hizo que su crónica depresión se convirtiese en desesperación. Ahora veía que su carrera había quedado hecha un desastre, su cuenta corriente agotada, y en lo personal había quemado todas sus naves. Sus amigos y su familia intentaron convencerle de lo contrario, pero Phil lo sabía mejor que nadie. Estaba vacío; una vacuidad que abrumaba todos los demás aspectos de su ser.

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“Chords of fame”

Toca los acordes del amor, amigo.
Toca los acordes del dolor,
si quieres seguir con tus canciones.
Pero no, no, no toques los acordes de la fama…

Y un día como hoy, el 9 de abril de 1976, con solo 35 años de edad, Phil se colgó en el cuarto de baño de la casa de su hermana, con la que ahora estaba viviendo, en Far Rockaway, muy cerca de donde nació Margo Guryan, otra cantautora que tuvimos en este blog la semana pasada.

El Phil Ochs que tomó la decisión de suicidarse estaba equivocado. Estaba vacío, sí, pero no estaba acabado. La trampa más cruel que a uno le tiende una depresión es hacer pensar a su vícima que el vacío es una parte natural del ciclo de la vida, que es permanente. El desesperado acto final de Phil significó que nunca supo qué hubiese sentido al cantar respaldado por los Clash, que nunca pudiese conspirar con Billy Bragg, que nunca lo detuviesen con Martin Sheen… y no pudo ver a su hija crecer para convertirse en una de las organizadoras de la Unión por las Libertades Civiles de América. Y a nosotros nos privó de su consejo, de su energía, de su corazón…

Uno no puede más que entender la reacción de sus amigos: rabia. Todos estaban furiosos con Phil por haber cometido semejante estupidez, semejante sinsentido. Solo podían llorar. Y llorar. Y seguir llorando.

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“I ain’t marchin’ anymore”

Marché en la batalla de Nueva Orleans
y en la primera guerra contra los británicos.
La tierra joven comenzó a crecer,
la sangre joven comenzó a fluir.
Pero ya no marcharé nunca más.

Porque ya maté a la cantidad de indios que me correspondía
en miles de luchas diferentes.
Yo estuve en Little Big Horn
y escuché a muchos hombres mentir;
y ví a muchos más morir.
Pero ya no marcharé nunca más.

Siempre nos han llevado a la guerra los mayores,
y siempre han caído los jóvenes.
Míranos ahora a todos los que hemos vencido con el sable y la pistola
y díme si ha merecido la pena.

Porque yo robé California de la tierra de los mejicanos,
peleé en la sangrienta guerra civil,
sí, e incluso maté a mi hermano
y a muchos otros más.
Y ya no marcharé nunca más.

Porque marché a las batallas de las trincheras alemanas
en una guerra que iba a acabar con todas las guerras.
Oh, pude haber matado a un millón de hombres,
y ahora quieren que vuelva de nuevo.
Pero ya no marcharé nunca más.

Porque volé en la misión final sobre el cielo de Japón,
y desencadené el poderoso hongo que rugió.
Cuando ví a las ciudades arder
supe que estaba aprendiendo algo.
Que ya no marcharé nunca más.

Ahora el líder laborista grita cuando cierran las plantas de missiles.
La United Fruit grita en las costas de Cuba.
Llámalo paz, o llámalo traición,
llámalo amor, o llámalo razón.
Pero ya no marcharé nunca más.

CRÓNICA DE UN CAMBIO ANUNCIADO

Las desavenencias entre Mick Jagger y Keith Richards se comenzaron a vislumbrar en 1971, cuando la relación del primero de ellos con Bianca Pérez-Mora parecía tener prioridad sobre la grabación del “Exile on Main Street”. A partir de entonces fueron aumentando de forma paulatina con la grabación en Jamaica del “Goats head soup”, y ya en 1974 terminó de cabrear a Keith que el bajista Bill Wyman editase en solitario su “Monkey grip”, frustrado porque los Stones no avanzaban ya que Mick estaba cada vez más interesado en figurar en la alta sociedad y Keith bastante tenía con preocuparse de que no le condenasen constantemente por asuntos de drogas.

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“It’s only rock’n’roll (but I like it)”

Así que con la salida en octubre del “It’s only rock’n’roll (but I like it)”, los ROLLING STONES se congrearon en torno a ese título optimista y se presentaron mostrando una cara más unida y desafiante. Pero por vez primera en su carrera el disco fue recibido como una auto falsificación, un innoble descenso de la banda al terreno del cliché, incluso de la autoparodia. Y todo fue aún a peor porque a mediados de diciembre Mick Taylor, que se había unido al grupo en 1969 tras la muerte de Brian Jones, anunció por sorpresa que les dejaba. En realidad no fue una decisión impulsiva, porque Mick reconoció que ya llevaba algún tiempo mascullándola.

En el comunicado de prensa en que lo anunciaba decía que los últimos cinco años y medio pasados con los Stones habían sido muy excitantes y habían sido su periodo más inspirador. Sobre los demás componentes decía que los respetaba mucho, como músicos tanto como personas, y que no sentía más que admiración por los Rolling Stones, pero que sentía también que ya había llegado el momento de marcharse y hacer algo nuevo.

Sin embargo, las lenguas de doble filo tradujeron sus palabras por otras que decían que Mick Taylor se iba en realidad porque no era feliz con el escaso papel que le daban en los créditos de las canciones, porque la música de los Stones ya le aburría, y porque estaba hasta los cojones de los cuchicheos por las actitudes de Jagger y Richards y de las drogas duras que pululaban por el entorno.

Mick tuvo que admitir que esos rumores contenían mucha parte de verdad y que las relaciones en el seno de la banda habían apresurado su salida de ella. Veía muchos problemas personales en las relaciones entre los demás, rupturas, peleas, disputas con Jagger, Kiz e incluso con él mismo. Todo estaba yendo demasiado lejos.

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“Time waits for no one”

Y además Mick Taylor estaba deseando ir más allá musicalmente. El año 1974 no fue un buen año para los Stones; él pensaba que hasta entonces habían sido muy buenos creatívamente, pero sentía que al “It’s only rock’n’roll” le faltaba verdad, no tenía dirección alguna, y eso tipificaba el estado en que se encontraba la banda en aquel momento. Y encima su fantástica contribución musical a la canción “Time waits for no one” no le supuso cobrar las ganancias como co-autor que él había esperado; Mick Jagger no le incluyó en los créditos y Mick Taylor se enfadó muchísimo.

Para hacerlo todo aún peor, Taylor había comenzado a meterse heroína. En aquellos días comenzó a hacerlo de forma recreativa, sin pensar que podía convertirse en un adicto serio, fue mucho después cuando se encontró enganchado a ella por completo.

Antes de anunciarlo oficialmente a la prensa Mick Taylor se lo había dicho a los Stones en noviembre, cuando Jagger estaba en los USA batallando contra las leyes de inmigración del país para no tener problemas en su próxima gira americana de 1975 y el resto del grupo estaba en Munich, esperando para meterse en los estudios Musicland para comenzar a grabar el siguiente disco. Así que a la vuelta de Jagger, Taylor y él se citaron en el concierto de Eric Clapton del Hammersmith el 4 de diciembre para discutir la situación. Jagger intentó convencerle para que se quedase, pero la decisión de Mick Taylor ya era firme.

Así que Jagger, en la fiesta de después del concierto, por la que también andaba Ronnie Wood, el guitarrista de The Faces, le dijo a éste: “Mick Taylor deja la banda, ¿quieres unirte a los Stones?”.

Pero Ronnie era leal a sus Faces y le dijo que no, en principio… pero que si andaba muy desesperado le llamase.

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“Dance little sister”

Desde ese diciembre del 74 hasta marzo del 75 los Rolling Stones estuvieron haciendo audiciones con diferentes guitarristas para ocupar el puesto de Taylor. Por allí pasaron Wayne Perkins, Harvey Mandel, Jeff Beck… y al final Jagger hizo la desesperada llamada a Ronnie.

El 30 de marzo Ron Wood estaba haciendo el casting para los Stones, aunque se lo podían haber ahorrado perfectamente y haberle dicho que entrase del tirón… ¿qué iban a ver ahora de la forma de tocar de Ron Wood que no hubiesen visto unos meses antes cuando Jagger, Keith Richards y Mick Taylor le ayudaron a grabar su disco en solitario? Obviamente le invitaron a formar parte de la banda ese mismo día, hace justamente ahora 36 años. Y por eso lo estamos recordando en este post.

Un par de semanas más tarde, el 14 de abril, se anunció que Ron Wood se iba a unir a los Rolling Stones, prestado por The Faces de forma temporal, para ayudarles en los conciertos de su gira americana.

En diciembre Rod Stewart abandonó a The Faces diciendo que parecía que Ron Wood se iba a quedar prestado de forma permanente.

Y no fue hasta el 28 de febrero de 1976, más de un año después de que Mick Taylor dejase la banda, cuando Ron Wood fue final y oficialmente nombrado nuevo guitarrista de los Rolling Stones.

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“Hey negrita”

CREMA AGRIA

Hace ahora justamente 45 años que CREAM comenzaron a tocar juntos. Fue en 1966, cuando se encontraron en la casa que Ginger Baker tenía en Neasden, y en su salón principal montaron una jam que fue el germen de donde floreció la banda.

Sobre ella se ha hablado muchísimo y todos conocéis su historia, o podéis leerla en cualquier enciclopedia musical y en cientos de páginas web, así que aquí no vamos a ahondar en ella. Pero sí me parece interesante contar como fueron los principios y el precipitado final del grupo porque siempre se ha dicho que aquello fue una constante lucha de egos que terminó por hacer naufragar el proyecto. Y en realidad no fue del todo así, sobre todo no lo fue en el caso de Eric Clapton, que es a quien se culpa principalmente.

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“Sunshine of your love”

Los tres miembros de la banda vivían en distintos barrios, cercanos entre sí, del norte de Londres, y además habían tocado unos con otros en diferentes proyectos o reuniones. En aquel momento Eric estaba buscando alguna forma de expresar su música que no quedase tan encuadrada en los clasicismos de los Bluesbreakers, y una tarde se encontraba en el nuevo Rover que Ginger se había comprado con las rentas del éxito que acababa de tener con la cara B del “Yeah yeah” de Georgie Fame, de camino a la casa de éste, mientras Jack Bruce hacía lo mismo en su Mini Cooper, accediendo a una petición que le había hecho Eric sin mencionárselo a Ginger.

Aquella brillante y soleada tarde estuvo a punto de ennegrecerse totalmente cuando Eric le dijo a Ginger que había invitado a Jack a compartir con ellos la sesión musical que iban a hacer. Eric no sabía que aquellos dos ya se conocían de los tiempos en que estuvieron en la banda de Graham Bond, y habían terminado tan de mala manera que todavía tenían pendientes viejas rencillas que hacían que no se dirijiesen la palabra.

El encuentro, pues, en aquel piso apenas amueblado, pero repleto de artefactos africanos cubriendo las paredes, debió estar lleno de tensión al encontrarse Ginger y Jack y recordar éste como el primero le expulsó de la banda a punta de cuchillo. Al principio Ginger pensaba que Jack Bruce no era gran cosa con el bajo, y cuando comenzaron a trabajar juntos en la Graham Bond Organization éste tocaba uno acústico; pero una vez que lo cambió por otro bajo eléctrico ya se hacía notar su sonido en el grupo, lo que le quitaba a Ginger un poco de su atronador (literalmente atronador) protagonismo. Esta causa de su relación amor-odio fue también una constante durante toda la existencia de Cream.

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“Crossroads”

Lo que estaban haciendo en aquel piso era simplemente una jam session, tocando algo de blues. Ginger tenía la batería Perspex verde que se había construido él mismo. Jack tenía su Fender Six. Y a pesar del duelo que establecieron entre los dos instrumentos, era obvio que tenían algo único y excitante, y mientras tocaban se miraban sonriéndose de esa manera en que lo hacen los que saben algo que los demás desconocen. Cualquier cosa que intentaban con sus instrumentos parecía funcionar, era mágico.

Tocaron toda la tarde, pero tuvieron que parar porque Jack Bruce tenía esa noche un concierto con los Manfred Mann, que era la banda en la que estaba actualmente. Pero mientras se dirigía a la sala donde debían dar el concierto él ya sólo iba pensando en cómo decirles que les iba a dejar.

Y desde entonces, y durante los siguientes dos años y medio, disfrutamos de una de las mejores bandas de la historia del rock.

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“White room”

Pero en noviembre del 68 ya no se aguantaban. No es que fuese una lucha de egos, es que si te pasas la vida en la carretera, y solamente sois tres, es mejor que sólo os veáis en el escenario. Eric Clapton era el pacificador, el único que se metía en medio de Ginger y Jack para que no se matasen el uno al otro.

Los últimos conciertos fueron en el Albert Hall. Para entonces ya cada uno de los tres llegaba con sus entornos separados. Y estaban de acuerdo en que lo mejor era que todo terminase.

Pero una vez que se pusieron a tocar sintieron algo grande. Jack Bruce, años después dijo que no tenía verdaderos recuerdos de aquello, que la gente le decía que el segundo concierto fue el mejor de los dos… pero él ni siquiera era consciente de que hiciesen dos conciertos, estaba embebido por la música y la reacción de la gente ante ella… pensaban que tras tanto tiempo en los USA, en Inglaterra ya les habían olvidado, pero Jack miraba a Eric en el escenario y podía ver que estaba pensando lo mismo que él: ¿estamos haciendo lo correcto?

Y es cierto que Eric estaba pensando exactamente lo mismo. Estaban tocando y estaban conmovidos por la situación, muy tristes. Si cualquiera de ellos hubiese dicho “tíos, nos estamos equivocando con la separación”, podían haber seguido juntos algún tiempo más. Pero ya era demasiado tarde, aquello era el final de los treinta meses más intensos de sus vidas.

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“Badge”

Bajaron del escenario y siguieron sus caminos separados. No hubo fiesta de despedida; ni aunque fuese una cena para decirse adiós. Todo fue bajarse de allí e irse sin siquiera darse la mano, porque todos tenían camerinos separados y simplemente salieron, se adentraron en la noche con sus propios acompañantes y groupies y todo eso… y comenzaron así el resto de sus vidas.

VIVIR PARA EL ARTE

Era un 9 de marzo como el de hoy. Ella estaba dormida cuando él murió. Antes de irse a la cama le había llamado al hospital para darle las buenas noches; no tuvo ocasión de hacerlo porque él se hallaba sedado bajo muchas capas de morfina. Pero a través del teléfono pudo oír su trabajosa respiración, sabiendo que quizás sería la última vez que la oyese.

Después de colgar ella ordenó tranquilamente sus cosas, su ordenador portátil y su pluma estilográfica. El tintero azul cobalto que habia sido de él. Su taza persa, su corazón púrpura, una bandejita con dientes de leche de su hijo. Subió después las escaleras contando los escalones, como tenía por costumbre, catorce en total, uno tras otro. Arropó a su hijo en la cuna, le besó cuidando de no despertarle, después se echó en la cama junto a su marido y rezó unas oraciones. Pensando en él, que todavía estaba vivo. Y enseguida se durmió.

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Patti Smith – “Elegy”

Se despertó muy temprano y mientras bajaba las escaleras algo le hizo sentir que ya había muerto. Todo estaba en calma salvo por el sonido del televisor, que se había quedado encendido toda la noche. Estaba sintonizado por un canal de arte, y estaban retransmitiendo una ópera. Ella bajó el volumen mientras en la pantalla Tosca estaba declarando, plena de poder y dolor, su pasión por el pintor Cavaradossi. La mañana de marzo amaneció fría y ella se puso su jersey.

Subió las persianas y la luz inundó el estudio. Alisó el guardapolvos que cubría el sillón y escogió un libro de pinturas de Odilon Redon, abriéndolo por la imagen de la cabeza de una mujer flotando en un pequeño mar. “Les yeux clos”. Tenía todo un universo aún por descubrir esperando entre aquellas pálidas tapas del libro. Pero sonó entonces el teléfono y ella se tuvo que levantar para responder.

Era Edward, el hermano más joven de Robert. Le dijo que le había dado a Robert un último beso por ella, tal como le había prometido. Ella se quedó inmóvil, totalmente fría; y lentamente, como en un sueño, volvió al sillón. En aquel momento Tosca comenzaba su gran aria “Vissi d’arte”. “He vivido para el amor, he vivido para el Arte”. Patti cerró los ojos y entrecruzó los brazos. La providencia había determinado la forma en que ella le estaba diciendo adiós.

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Maria Callas – “Vissi d’amor” (Tosca)

THE GOOD GODFATHER

JOHN McLAUGHLIN era un perfecto desconocido cuando llegó a New York en enero del ’69 para tocar en Lifetime, la nueva banda que Tony Williams estaba montando tras abandonar unos días antes su puesto de batería en el grupo de Miles Davis.

Tras el primer ensayo de Lifetime, John, que no conocía a nadie por allí y tampoco tenía nada mejor que hacer, acompañó a Tony a casa de Miles a cobrar el dinero que éste le adeudaba por los últimos conciertos. Miles Davis entabló conversación con John, interesándose por él y por sus proyectos musicales, y le dijo: “Ven mañana a mi estudio y tráete tu guitarra”. Tony Williams puso mala cara ante esa invitación… pero tampoco podía hacer nada…

John llegó al estudio de Miles presa de un ataque de nervios, porque Miles era todo un Dios para él. Le había estado siguiendo desde 1.958 en que editó “Milestones”. John se sentía intimidado al maximo.

La primera pieza que tocaron fue “In a silent way”, de Joe Zawinul, que entonces era uno de los componentes de la banda de Miles, junto a Herbie Hancock, Wayne Shorter y Chick Corea… se entiende mucho mejor que John se sintiese intimidado, ¿verdad?, aquella banda la componían todos su héroes.

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Miles Davis – “In a silent way”

Pero así y todo la interpretación del tema que hacían estos magos no terminaba de gustarle a Miles Davis, aunque no decía por qué. Mandó parar a todo el mundo una de las veces y miró a John McLaughlin. “Tócalo tú solo a la guitarra”, le dijo. Lo que John tenía para guiarse era una partitura fotocopiada con las partes del piano… John no paraba de sudar, los nervios le hacían atropellarse una y otra vez.

“Tócala como si no supieses tocar la guitarra”, le dijo Miles ahora. Así que John se olvidó de todos los acordes escritos por Zawinul y tocó un solo acorde en Mi, añadiendo la melodía y un poquito de color. La luz roja del estudio se encendió, por lo que John se dio cuenta de que le estaban grabando, con lo cual su nerviosismo y su baño de sudor aumentaron aún más; llegó un momento en que no sabía ni lo que estaba haciendo. Y entonces Wayne Shorter entró tocando también, y después lo hizo Miles Davis.

Cuando terminaron, Miles de dijo al productor, Teo Macero, que pusiese la cinta desde el principio. A todo el mundo le gustó. Así que John pasó la prueba del algodón. Lo que más sorprendió a John es que Miles fuese capaz de sacarlo todo de él sin que se diese cuenta siquiera. Después de esa sesión se convirtieron en algo parecido a amigos inseparables. Y para su sorpresa, los primeros pasos musicales serios de John McLaughlin comenzó a darlos en dos grupos a la vez, el de Miles Davis y el Tony Williams’ Lifetime.

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Miles Davis – “Right off”

Miles Davis influyó en el desarrollo musical de John McLaughlin en todas las formas posibles… ¿te imaginas a un joven pintor estudiando con Picasso…? Y lo hizo aún a pesar de todas las críticas que recibió por tener en su banda a un chico blanco. “Bueno”, respondía él a esas críticas. “Encuéntrame a un negro que toque como John y le contrataré”.

John McLaughlin siempre ha dicho que Miles Davis fue una bendición para él; y no solo musicalmente, sino también en las diferentes circunstacias en que tuvo la oportunidad de estar cerca de él. No solo en los estudios de grabación, no solo en los escenarios, sino también en su vida personal. Miles le invitó a acompañarle al gimnasio de Brooklyn al que él solía acudir, y le enseñó a boxear. También le invitaba a salir de marcha con él. John siempre era perceptivo a todo lo que emanaba de Miles.

En octubre de 1.970 Miles Davis y su banda estaban tocando en una sala de Boston. Después del concierto se quedaron solos en los camerinos Miles y John. Estaban charlando tranquilamente, y en un momento determinado, de pronto, Miles Davis miró a los ojos a John McLaughlin y le dijo: “Ha llegado el momento de que formes tu propia banda”.

Esa frase fue una bomba para John. Él no había pensado de ninguna de las maneras en formar una banda; pero ahora tendría que hacerlo, aunque solamente fuese para justificar la fe que Miles tenía en él. Así que John se fue a su casa, estuvo pensando… y de aquellos pensamientos salió la Mahavishnu Orchestra.

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Mahavishnu Orchestra – “Meeting of the spirits”

A la primera persona que John llamó para su proyecto fue a Billy Cobham, quien le había dejado maravillado cuando tocaron juntos en el “Right off” del disco “Jack Johnson” de Miles. Y desde ahí…

Miles Davis fue a verlos a uno de sus primeros conciertos y les dijo: “¡Estáis locos!”. Pero estaba bien aquello; a Miles le gustaba la idea de volverse algo locos. Desde entonces siempre que coincidían cerca uno de otro iban a sus respectivos conciertos. Y siguieron en contacto hasta que Miles murió.

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Mahavishnu Orchestra – “Eternity’s breath”

BAKER STREET SHUFFLE

La noche del pasado día 4 falleció GERRY RAFFERTY, ya lo estuvimos comentando aquí, y recordando sus dos canciones más famosas.

De una de ellas me estoy acordando mucho más porque en la prensa, en la radio, en internet, cada vez que hablan del fallecimiento de Gerry salen a relucir la canción “Baker street” y su famosísimo solo de saxo. Es normal, claro. Y también es normal que hablen del intérprete de ese solo: Bob Holness. En todas y cada una de las menciones que he oído estos días sigue glosándose junto a la de Gerry la figura de Bob y su mítico solo de saxo.

Y eso que Bob Holness no era un músico, sino un antiguo actor de novelas radiofónicas, posteriormente consagrado en Inglaterra como presentador de televisión de uno de sus más famosos concursos de preguntas y respuestas… digamos que sería como un personaje paralelo a Christian Gálvez, el del “Pasapalabra”, pero con algunos años más…

Además de eso, Bob Holness fue también durante una época DJ en la Radio 1 de la BBC, lo que le hizo tener una estrecha relación con la música, por lo que no era extraño que en 1.978 apareciese haciendo ese solo en la canción de Gerry Raffery… y qué solo!… que cosa tan fantástica!… vamos a oirlo de nuevo, que la ocasión lo merece…

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Gerry Rafferty – “Baker street”

Escucha… escucha… no pierdas oído en la parte en que empieza a sonar el saxo… escúchalo con atención… enorme, no? Majestuoso. Evocador. Inolvidable. Épico, podríamos decir también… es difícil imaginar que algo tan grandioso sea interpretado por este melifluo presentador televisivo, que ni siquiera era músico…

Sí. Es muy difícil de imaginar.

Porque el que toca no es él.

Pero hombre… por Dios… qué disparate! ¿Cómo es posible que semejante estupidez siga teniendo crédito entre tantísima gente cuando esto solo fue una divertida historia que publicó Stuart Maconie cuando era periodista del New Musical Express? Pero si es una historia apócrifa que ya viene desmentida hasta en la Wikipedia…

El caso es que la mentira ha tenido tanto éxito durante los últimos treinta años que hasta el propio Bob Holness se cansó de desmentirla, y haciendo gala de un magnífico sentido del humor inglés comenzó a decir que él era también quien interpretaba las principales partes de guitarra en el “Layla” de Derek & the Dominoes y que era también él quien hacía reir a Elvis en la famosa versión de “Are you lonesome tonight” en la que éste se parte el culo sin poder aguantar la risa. Mientras tanto, Stuart Maconie se aburrió ya de esto y lanzó un nuevo rumor sobre que David Bowie poseía los derechos del “Trivial Pursuit”

Hay que joderse…

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Stealers Wheel – “Stuck in the middle with you”

Y mientras escucháis la otra gran canción por la que Gerry Rafferty es conocido, y para que veáis que este blog es informativo además de sarcástico y mal hablado, os diré también que quien en realidad interpreta el solo de saxo de “Baker street” es un músico de sesión llamado Raphael Ravencroft, al que además de aquí podéis oir en discos de Abba, Pink Floyd, Mike Oldfield, Robert Plant, UB 40… además de ser profesor de saxo en la Universidad de York y haber publicado algunos libros sobre técnica interpretativa de este instrumento. Incluso llegó a publicar un disco a su nombre en 1.979… pero eso sí que es mejor que quede en el olvido…

LA DANZA DEL FUEGO

Imagínate que te envían una invitación en la que dice: “Fuego de campamento en el jardín de Noel y Liam. Tráete una botella de algo”.

Yo iría perdiendo el culo. Como hicieron todos los que la recibieron un viernes de diciembre, y se presentaron por la noche en el enorme jardín trasero de la casa de los Gallagher. Allí se reunió una ámplia selección del estrellato musical británico, compartiendo patatas asadas, salchichas un poco quemadas por el fuego, salsas calentitas y el pequeño pero significativo placer de escribir tu nombre en el aire con el humo de una bengala.

Todo ello alrededor de una gran hoguera, con abundancia de fuegos artificiales, y muchas botellas de vino yendo de acá para allá… sobre todo en dirección a Paul Weller, que había decidido desmelenarse esa noche y divertirse lo máximo posible. Lo cual es algo raro, porque normalmente, en las entrevistas y en el trato habitual el tío es un poco seco y hasta antipático.

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“Town called Malice”

Noel Gallagher estaba particularmente contento de que Paul Weller hubiese venido porque éste era uno de sus héroes, y qué mejor forma de hacerse notar por el gran hombre que enseñarle su deslumbrante colección de rocallas y fuentes plateadas. ¿Cómo no iba a impresionarlo con aquella selección de salchichas y fuegos artificiales que había desplegado?

Fue una tarde-noche muy divertida. Y más o menos sobre la una de la mañana los invitados comenzaron a irse a sus casas. Pero no así Paul Weller. Para delicia de Noel, el ex-Jam que influyó a toda una generación punkie estaba más que feliz de seguir bebiendo e incluso de tocar la guitarra del propio Noel.

A las tres de la mañana, sin embargo, Noel estaba ya cansado, y como Paul no daba muestras de querer irse a la cama lo hizo él, dejándole en el jardín.

Noel llevaba ya un buen rato durmiendo cuando algo le despertó. No estaba seguro de qué había sido. Y aún con la caraja del sueño se levantó medio traStabillado preguntándose qué estaba pasando. Y a medida que se iba despejando lo iba oyendo más claro: las crepitaciones del fuego y un rítmico canturreo… Noel corrió hacia la ventana rápido como un flash. Desde allí se dominaba el jardín y vio como Paul Weller se había convertido en un indio. El Padrino del Mod estaba danzando alrededor del reavivado fuego, con el torso desnudo, odeando salvajemente su camiseta por encima de su cabeza, y cantando su nombre… “Weeeeelaaaaaa… weeeeelaaaaaaa… weeeeeelaaaaaa…”; aunque también podría haber sido la canción ésa de “Grease”“weeela, weeela, weela, tel mi moar, tel mi moar…”, pero eso hubiese sido algo ridículo, no?

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“Going underground”

Noel se había quedado boquiabierto ante el espectáculo, sin moverse del quicio de la ventana de su dormitorio. A la pálida luz de la luna de diciembre, su héroe, el compositor de “Going underground”, “Down in the tube at midnight”, “Town called Malice”, “Stanley Road” y “The Changingman”, estaba enfrascado, medio desnudo, muy atractivo, en una animal danza ritual alrededor del fuego, ante sus propios ojos… Noel abrió entonces la ventana, y respondió a la llamada salvaje de Paul Weller…

-Túúúúúú… Estúpido viejo gilipollaaaaas. ¿Quieres irte ya a dormir la mona y dejar de molestaaaar…? –le gritó.

Y después cerró la ventana y se volvió a la cama a seguir durmiendo.

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“Heat wave”

EL EFECTO MARIPOSA

La muerte de J. D. Salinger, acaecida el pasado mes de enero, fue algo triste por lo que lo son también todas las demás muertes de las personas como él: el día en que se apaga la luz de la vida de cualquier gran figura artística nos recuerda que incluso los más poderosos solo pasan por aquí durante un corto espacio de tiempo.

Pero Salinger llegó a una edad bastante avanzada, los 91 años, y pasó la mayor parte de sus últimas seis décadas en reclusión, eludiendo obsesivamente la mirada de interés que sus libros… bueno, en realidad solamente su primera novela… generaban sobre él; y consiguiendo que su personalidad permaneciese oculta y apenas conocida.

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Indochine – “Des fleurs pour Salinger”

Llevo flores para Salinger,
inquilino de un monasterio.
Flores para Salinger,
el diablo de los escritos desencadenados…

Pero dejadle guardar sus secretos,
su intimidad;
lo hace para protegerse,
está cansado de todas vuestras estupideces…

En una época en que la publicidad nacional e internacional va frecuentemente acompañada por el ascenso a la fama de gente que ni siquiera posee un talento identificable, parece una cosa fuera de este mundo que un hombre que quiso compartir su habilidad y sus ideas, o al menos las de ficción, prefiriese evitar la atención de los críticos, periodistas, fotógrafos, biógrafos, académicos y, sobre todo, de los fans.

De hecho, tal privacidad es una reliquia de otros tiempos. Hoy es imposible ver cualquier publicación que no contenga algún compromiso con algo que ayude a la promoción de un nuevo título. Hoy es imposible asumir que un texto tiene un valor genuino, o al menos potencial, sin que el aspirante a escritor quiera acceder a los medios de comunicación de gran audiencia. Y dudo que Salinger pensase que la literatura debía estar sometida a eso.

Pero la postura de Salinger tampoco me parece a mí que fuese la adecuada; a mí no me gustaba su aislamiento, al fin y al cabo los humanos somos humanos y queremos conversar y debatir, y charlar e intercambiar ideas… ¿por qué este individuo le tenía que negar al mundo las respuestas a algunas preguntas que tenía? Y no me refiero a preguntas invasivas de su intimidad, ni a preguntas insidiosas, o procaces, o voyeurísticas, sino a preguntas que genuinamente interrogasen al escritor sobre su arte y su talento, su enfoque y sus actitudes creativas…

Y no me pareció la postura de Salinger la más adecuada tampoco, por lo que tuvo que ver en el comportamiento de su lector más notable.

Cuando Mark Chapman disparó a John Lennon al salir del edificio Dakota, en Mahattan, hace ahora justamente treinta años, él no solamente llevaba consigo un venenoso deseo de asesinar a nuestra mayor leyenda del rock, sino también una copia del trabajo más conocido mundialmente de Salinger.

¿Había tenido Mark Chapman en el resentimiento adolescente de Holden Caulfield un modelo al que parecerse? ¿Había cultivado Mark Chapman una amargura tan empozoñada desde las semillas sembradas por el protagonista literario tan alienado y solitario que Salinger envió al mundo en 1.951?

Puede que sea un pensamiento sin una justificación plausible, pero no dejo de pensar que si Salinger no hubiese sido un tipo tan misántropo y tan determinado a permanecer oculto, a lo mejor Mark Chapman tampoco se hubiese convertido en un pistolero loco aquella terrible noche del 8 de diciembre de 1.980…

Quizás… y solo quizás… si Salinger hubiese sido una persona más abierta, más cercana, hubiese discutido las motivaciones que movían a Holden Caulfield, hubiese explicado las nociones que había detrás de “El guardián entre el centeno” en algún foro lo suficientemente ámplio para llegar al gran público. Quizás si él hubiese compartido algo de su análisis e inteligencia en vez de encerrarse en sí mismo durante todo ese tiempo, posiblemente el perturbado Mark Chapman hubiese comprendido el libro… y la vida también… solamente un poquito mejor. Y no se hubiese expresado a través de sus tendencias criminales de una forma tan horrorósamente excesiva como lo hizo hace justamente treinta años.

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John Lennon – “Watching the wheels”

CINCO AÑOS CAMINANDO DESDE EL CRUCE

Cómo pasa el tiempo… ya hace cinco años que estoy inmerso en este mundo de la blogosfera. Nunca me planteé que esto fuese a durar tanto tiempo, ni tampoco lo contrario. Por aquí habéis pasado muchos, enriqueciendo mis textos con vuestros comentarios. A unos os he puesto cara y a otros no. Unos habéis desaparecido, o habéis dejado de escribir comentarios, y otros seguís haciéndolo, otros más habéis ido apareciendo con el tiempo. Con algunos de vosotros he cimentado una buena amistad… y aunque solamente haya sido por eso, la andadura está valiendo la pena.

Muchas, muchas, muchísimas gracias a todos los que estáis a ese lado de la pantalla.

Cinco años hace ya. Y todo comenzó con este post.

…y el mejor comienzo creo que será la leyenda más antigua de todas, una de las más bonitas y, sin duda, la que más canciones, literatura y películas ha generado. La Leyenda del Cruce de Caminos.

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Robert Johnson – “Hellbound on my trail”

Robert Johnson se dirigió al cruce de caminos aquel cálido y fatídico día. “Quiero ser el bluesman más grande de todos los tiempos”, gritó, secándose el sudor de la cara. “Necesito ser maaalo, tocar la guitarra como si la tierra estuviera llorando y cantar como si matara. Quiero escribir canciones que hagan que las mujeres se aferren a mi cuerpo. No sólo canciones para hoy, sino cosas perdurables. Canciones que se transmitan a través de los tiempos”.

El Diablo escuchaba. Luego, sonriendo como ninguna otra criatura había sonreído antes, se sentó, considerando la situación, sólo considerando. “Pides mucho, chico. Pides tanto como el infierno. Y nadie sabe más del infierno que yo”… Se afiló sus grandes garras y continuó: “Déjame que te diga, ya he tenido bluesmen, jazzmen, incluso cantantes de gospel aquí antes. Todos ofreciendo sus almas uno por uno. Pero tú quieres mucho, condenadamente demasiado. Un alma no es suficiente para pagarlo. A cambio, necesitaré las almas de todos aquellos que sigan tu estela. Gente que tú nunca conocerás, pero gente que seguirá tu mismo camino. Guitarristas que tocarán con el poder del relámpago, cantantes que se dirigirán a campos repletos de miles de personas, algunos tan jóvenes que sus madres ni siquiera tendrán tiempo de secar las lágrimas de sus ojos antes de que yo exija mi pago”.

Robert Johnson escuchaba. No comprendía, pero sabía que si aceptaba, la fama llegaría hasta él. Fama real. Fama eterna. “Coge mi alma”, accedió, “y coge todas las almas que vengan; todas las que quieras”.

Llegado el acuerdo, hubo un flash de luz. Robert Johnson rasgó su guitarra y salió un imponente sonido, como el quejido de varias generaciones. El diablo sonrió y anticipó lo que quedaba por llegar. Drogas, blasfemia, sexo, asesinatos… rock’n’rooooll. “Chico”, pensó. “¡Nos vamos a divertir!”.

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Robert Johnson – “Me and the devil blues”

La realidad puede que fuese otra muy distinta, de todas formas la vida de Robert Johnson siempre fue bastante enigmática. Se supone, pero no se sabe con seguridad, que nació en 1911. Se supone, pero no se sabe con seguridad, que murió en 1938. Se cuenta que le envenenó un marido celoso. No se sabe donde está su tumba. Nunca dio una entrevista, y parece ser que tampoco hablaba demasiado… todo lo que se sabe sobre él o sobre las canciones que grabó, unas 29, es información de segunda mano… tierra fértil para crear mitos.

Esta aplicación del mito de Fausto sobre Robert Johnson viene de otro bluesman antiguo, no tan conocido como él, Son House, que en muchas entrevistas que le hicieron en los años 60 contaba que conoció a Johnson en 1930, cuando el chico, que asistía a una de sus actuaciones, le dijo que era un fan suyo y que, por favor, le dejase acompañarle con su guitarra en alguno de sus blues. House accedió, pero se arrepintió enseguida, echándole casi a patadas del escenario, porque aquella guitarra sonaba del carajo de mal.

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Son House – “County farm blues”

Un año después House volvió a encontrar a Johnson en otro bar, pidiéndole lo mismo, y contra todo buen juicio (House estaría mamado o fumado) le dio una segunda oportunidad… Lo que oyeron esta vez dejó a todos sorprendidos y con la boca abierta… Tio!! Era bueníiiiisimo…. Y a House no se le ocurrió que el chico podía haberse pasado el año aprendiendo y ensayando; en aquellas tierras de la América Profunda era más obvia la explicación de que Johnson había hecho un trato con Satán, Príncipe de las Tinieblas: “Ha vendido su alma al diablo para poder tocar así”… y además, los titulitos de las canciones: “Hellbound on my Trail”, “Me and the Devil Blues”… la leyenda se asentó…

¿O no fue una leyenda, después de todo? Al fin y al cabo, era muy joven cuando el marido celoso vertió la estricnina en su vaso… ¿el Diablo exigió su pago cuando indicaba el contrato que firmaron en el Cruce…? Johnson tenía 27 años. ¿Es solo coincidencia que también muriesen a esa edad Johnny Kidd… Jimi Hendrix… Brian Jones… Jim Morrison… Janis Joplin… Peter Ham… Les Harvey… Karen Carpenter… Paul Kossoff… Nick Drake… Kurt Cobain… Tim Buckley…………?

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Robert Johnson – “Crossroads blues”

TREINTA Y SIETE AÑOS CON MARIO

Que a un jovencito de dieciséis años, reprimido sexual y aspirante a universitario en la España franquista de finales de 1.973, le hablen de un libro que trata sobre un batallón de putas, descrito con pelos y señales, en las profundidades de la selva amazónica, es como un anzuelo que no tiene más remedio que morder.

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Marvin Gaye – “Let’s get it on” (Otoño del ’73)

Y como ese jovencito era yo, pues eso es lo que hice. Así que le pedí a los Reyes Magos el libro de “Pantaleón y las visitadoras” y quedé atrapado en el mundo de MARIO VARGAS LLOSA y la literatura comprometida para siempre jamás. Y en realidad no fue solo por los divertidos y tragicómicos episodios descritos en torno a las fatiguitas de Panta y su tropa de meretrices, sino sobre todo por el extremismo del hermano Francisco y sus iluminados Hermanos del Arca, que crucifican a un bebé, beatificado popularmente en una exaltación religiosa y mística en la que sucumbre incluso la propia madre de Panta. Después, al ver la película protagonizada por José Sacristán, me decepcionó que toda esta parte quedase fuera de la acción. La corrupción de los medios de comunicación, el lavado de cerebro de una secta religiosa…

Aquél fue un año muy convulso para mí. Hasta ahora, la parte más importante de mi vida estudiantil la había pasado en el Instituto Martinez Montañés, y ahora debía comenzar el COU. Pero los pocos ingresos familiares que teníamos hacían también necesario que comenzase a trabajar. En aquella época no era tan difícil como ahora encontrar un empleo, y yo tuve suerte en el primero que busqué. Tras un examen bastante fácil en las oficinas que tenían en la Encarnación y una entrevista con el Sr. Bustamante, jefe de personal, en la central de la Avenida, conseguí entrar en El Corte Inglés como recepcionista de mercancías en los enormes almacenes de la Carretera Su Eminencia.

El Corte Inglés tenía una academia para que sus empleados más jovenes pudiesen estudiar el bachiller por las noches, y eso fue lo que me movió principalmente a buscar trabajo en esa empresa… para, una vez dentro, descubrir que ese mismo verano habían dejado de impartir clases de COU en su academia. Así que después de solamente un mes tuve que cambiar mi fantástico trabajo, en el que ganaba la enorme cantidad de 4.500 pesetas mensuales (los auxiliares administrativos y los vendedores primerizos se quedaban más o menos en las 3.000), por otro solamente de algunas horas vespertinas ocupándome de los albaranes de la mercancías que entraban y salían de los almacenes. Mis ingresos menguaron así más de la mitad, pero podía seguir estudiando. Aquello tampoco duró mucho, antes de Navidad ya lo había dejado gracias a una mejora laboral de mi padre y, sobre todo, gracias a la bondadosa asistente social que nos visitó un poco antes de eso y escribió un informe lo suficientemente favorable sobre nosotros como para que nos concediesen una Ayuda Familiar de 12.000 pesetas… aquella fue una de las mejores navidades de mi familia.

Pero el caso es que al pasar a finales de agosto a trabajar y no poder estudiar por la noche con la empresa me encontré con un grave problema: en el Martinez Montañés había perdido mi plaza y no me dejaban matricularme para COU. Perdí demasiado tiempo intentando entrar en el Bécquer, el único instituto en que por entonces se podía estudiar de forma nocturna, y lo que conseguí fue que me denegaran plaza en los dos. Afortunadamente pude conseguirla in extremis en el Fernado de Herrera… que me pillaba lejísimos del Polígono (en la otra punta de Sevilla) y del trabajo, y en el que no estarían los amigos que había hecho durante los años anteriores. Conviene recordar que en aquellos años en nuestra ciudad solamente había siete institutos; cuatro masculinos: Fernando de Herrera, Martinez Montañés, San Isidoro y Bécquer; y tres femeninos: Velázquez, Murillo (…ay! las chicas guerrilleras del Murillo!) y Luca de Tena.

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Rolling Stones – “Angie” (Navidad del ’73)

De todos esos amigos que ahora me quedaban lejos, el mejor era Manolo Franco, hijo y nieto de algunos de los más famosos capataces de la Semana Santa sevillana, que me enseñó muchas claves para comprender ésta desde sus puntos antropológicos y estéticos, y con el que nunca perdí el contacto, hasta el punto de que con el paso de los años se convirtió en el prestigioso arquitecto que me construyó la casa donde ahora vivo, en la que consiguió hacer realidad su sueño de que hubiese en Sevilla un edificio privado singular con una cubierta de cobre tal como tenían la torre de la RENFE de Torneo, el edificio del Barranco o el Pabellón de la Navegación de la Expo…pero me estoy yendo por las ramas, aunque he introducido a mi amigo Manolo porque juega un papel importante en el resto de este texto.

Volviendo a “Pantaleón y las visitadoras”, es posible que toda la parte en que se describía la secta de los Hermanos del Arca me llegase de una forma tan fácil porque me recordaba en muchos aspectos al proselitismo que por entonces hacía el Opus Dei con cualquier jovencito que le pillase a mano. Y yo también fui uno de esos jovencitos.

Y aunque nunca sucumbí a sus “tentaciones”, el caso es que muchas de ellas fueron lo suficientemente atrayentes como para disfrutarlas, aunque a cambio tuviese que padecer algunas veces su activismo religioso. Y es que ellos tenían los mejores pisos de reuniones, las mejores y más surtidas salas de lectura, las actividades al aire libre más divertidas (siempre dentro de un orden moral, claro está…) y, lo que a mí más me interesaba, las mejores colecciones de discos y los mejores campos de fútbol de Sevilla. ¿Os podréis creer que yo descubrí la música de Yoko Ono en un piso del Opus en Amate? Y era un placer disfrutar de las instalaciones deportivas de Altair, aún sin ser alumno de allí, aunque tuviese que contener la risa cuando el árbitro paraba los partidos de fútbol de los sábados a las doce de la mañana… para ponernos a todos en grupo a rezar el ángelus.

Todo aquello lo conocía porque uno de los amiguetes de mi calle, el Alfonso (del que, por cierto, la historia de su familia daría para una buena novela), se metió no sé cómo en eso del Opus, y le acompañé muchas veces. Los chavales que pululaban por allí, aunque totalmente conversos a la doctrina, eran buena gente y se enrollaban bien conmigo. A bastantes de ellos les he visto de mayores en buenos puestos y cargos… el que me dejaba los discos fue hasta no hace mucho director de la prisión sevillana, el que me enseñó los acordes de “Smoke on the water” me vendió libros (con buenas rebajas) muchas veces en la librería que tenía “la Obra” en Méndez Nuñez…

Pero su proselitismo era muy light y nunca lograron convencerme para hacerme un miembro de carnet. Sus conatos eran solo una pequeña molestia al lado de los buenos ratos que pasé con ellos. Cuando la presión comenzó a ser insoportable fue al entrar en el Fernando de Herrera. Este instituto estaba situado en una zona de gran influencia del Opus, rodeado de residencias y colegios mayores llenos de cachorros para los que la palabra de Monseñor Escrivá era algo incontestable. Y en las diferentes clases del COU del ’73 había muchos. Y en pie de guerra.

A uno de ellos incluso le partieron la cara tras una acalorada asamblea de estudiantes por apoyar los cánones exclusivistas que los demás pensábamos que había detrás de la implantación de la Selectividad que querían hacer justo al final de este curso. En mi clase había gente de todo pelaje, que ahora mismo son (aparte de los sempiternos funcionarios de la Junta) desde empleados de correos hasta militares de alta graduación; el presidente para España de la compañía que fabrica los AVE; uno que fue terrorista del GRAPO y otro que fue militar adscrito precisamente al servicio de antiterrorismo… y mi compañero de pupitre, el madrileño Quique (perdonadme que evite su apellido), con el que tampoco he perdido el contacto, aunque no estoy seguro de si es porque aún intenta redimirme de mis pecados o por los tocinos de cielo que le hace mi mujer cuando viene por aquí. Quique es actualmente un influyente sacerdote, que controla la prensa de la Iglesia española y ha concelebrado misas incluso con el actual Papa antes de que lo fuese. Después del COU estudió periodismo en la facultad de Pamplona, que es del Opus, y derecho canónico en el mismísimo Vaticano, donde también se ordenó. Y cuando se sentaba a mi izquierda en aquel pupitre doble era uno de los cabecillas de las “bandas” opusdeísticas que se oponían a nuestras movilizaciones contra la Selectividad. Pero creo que se convenció de que a mí me tenía perdido para la causa en aquella ocasión, poco antes de Navidad, en que a todos los alborotadores nos expulsaron del instituto y no nos volvieron a readmitir hasta que no tuvieron una charla con nuestros padres, uno por uno… aunque también seguramente les ablandó el miedo en el cuerpo que le metió a toda la autoridad establecida la voladura del coche de Carrero Blanco, con él dentro.

Así que aquél no fue un año convulso solamente para mí. Menos mal que las vacaciones de Navidad supusieron un impasse que a todos los estudiantes nos vino muy bien. Y más aún cuando recibimos posteriormente la noticia de que el Ministerio de Educación y Ciencia anulaba la Selectividad que nos quería imponer. Los estudiantes del año siguiente no supieron defenderse con el mismo ardor y ellos fueron los primeros en padecerla. Seguramente, que nos la quitasen a nosotros tendría más que ver con razones logísticas del propio Ministerio que con nuestras movilizaciones… pero que nos quiten lo bailao…

Cuando ví de nuevo en clase a Quique, lo primero que le dije fue que su Opus era como los Hermanos del Arca del libro que me acababa de leer. Le piqué la curiosidad con lo que le conté del libro y también lo leyó, aunque si llego a saber lo que tuve que aguantar después no se lo hubiese dejado. Supongo que su cristiana bondad fue lo que impidió que me tirase el libro a la cabeza por semejante comparación. Nunca le he preguntado si ha vuelto a leer algo más de Vargas Llosa, pero quizás por la influencia negativa de esa asociación entre su “Obra” y la de los “Hermanos” que yo le hice establecer, aunque equivocadamente, y de la temática general del libro, este escritor pasó a formar parte de su lista negra. Y aún así la amistad pudo más y me ayudó con aquello tres meses después…

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MFSB – “The Sound of Philadelphia” (Primavera del ’74)

Fue Manolo Franco el que me dijo que Vargas Llosa venía a Sevilla. Él seguía haciendo el COU en el Martinez Montañés y su profesor de lengua y literatura era el escritor José María Vaz de Soto (otra cosa que me perdí con el cambio), que fue quien les dijo en clase que a su colega peruano le había invitado la cátedra de literatura hispanoaméricana de la Universidad para dar dos conferencias en la Facultad de Filosofía y Letras, y que después de eso daría otra charla, con coloquio posterior, en el salón de actos del colegio mayor Hernando Colón, en la que él, Vaz de Soto, sería uno de los moderadores.

Como Manolo estaba contagiado de mi entusiasmo por Vargas Llosa, así como prendido de la forma tan empírica en que les enseñaba Vaz de Soto, no nos costó tiempo alguno ponernos de acuerdo en la asistencia a dicho coloquio.

Otra cosa que no sabía y que me sorprendió a última hora es que Vargas Llosa se pasaría también antes de la primera conferencia en el Rectorado por El Corte Inglés de la plaza del Duque (el único que había entonces) para firmar ejemplares de su última obra, precisamente “Pantaleón y las visitadoras”. Y allá que fui también. Me daba corte presentarle a la firma un libro que no acababa de comprar allí, que al fin y al cabo era de lo que se trataba, así que me exprimí un poco el bolsillo y me compré “La casa verde”, que es el que me firmó con una ámplia sonrisa.

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Blue Swede – “Hooked on a feeling” (Primavera del ’74)

No sé si sería cierto o no, pero comentando con los compañeros de clase que quería ir a escucharle al Hernando Colón, todos ellos me advertían sobre la exclusividad de ese colegio mayor y de que me iba a ser imposible acceder a su interior sin que enseguida me despachasen de allí. En la actualidad la verdad es que no movería un solo dedo por asistir a una charla neoliberal de Vargas Llosa, pero entonces no había nada que me interesase más; y por eso recurrí a Quique. Él no se alojaba en ese colegio, ya que éste era solamente para chicos con unas calificaciones fuera de lo normal o para los que tuviesen unos padres con unos ingresos más fuera de lo normal todavía, y Quique no cumplía ninguno de esos requisitos para poder ingresar en esa residencia, cuya titularidad era de la propia Universidad. Él residía en otro colegio mayor cercano, el Guadaira, que sí era propiedad del Opus y, por tanto, de fácil acceso para él. Aunque eso no era óbice para que pasase gran parte de su tiempo de estudio en la biblioteca del Colón, donde era conocido por todos sus correligionarios de superior élite social.

Así que aquella noche de primeros de abril quedé con él en la puerta del Guadaira, allá en la Palmera cerca de Eritaña, y tras presentarle a Manolo nos dirigimos los tres al Colón. Quique solamente se quedó con nosotros un rato, despidiéndose tras disfrazar su aversión por Vargas Llosa con unas excusas sobre unas inaplazables tareas de estudios; pero lo suficiente para dejarnos ya introducidos y sin que nos mirasen como sospechosos. Mientras andábamos por allí, como aún era temprano, vimos como iban llegando los asistentes y los componentes de la mesa. Cuando entró Vaz de Soto se fijó en Manolo y parece que le dio mucha alegría ver por allí a uno de sus alumnos, porque se acercó a nosotros y tuvimos un ratito de charla antes de que llegase el escritor invitado, cuando para entonces ya estaba el salón de actos rebosante de personas, que se sentaban en los pasillos, se mantenían de pie en los laterales, y ocupaban cualquier centímetro cuadrado que pillasen.

En el ratito que charlamos con Vaz de Soto sobre Vargas Llosa, del que nos preguntó qué era lo que más nos gustaba, le dije que me había llamado la atención en “Pantaleón y las visitadoras”, la única novela que había leído de él todavía, la forma en que era capaz de escribir en realidad tres novelas distintas siguiendo el mismo corto hilo temporal; hay que tener en cuenta que hasta entonces, de los sudamericanos yo solamente había leido los “Cien años de soledad”, que aunque solo tuviese seis o siete años de existencia, ya era todo un clásico de lectura obligada en sexto, y cuya trama se desarrolla justamente de forma contraria; y los demás libros que habían caido en mis manos (con 16 años todavía no demasiados), se limitaban a contarte una sola historia cada vez, de forma muy lineal.

Después, el coloquio giró en torno a lo que Vargas Llosa era entonces y dejó de ser con el tiempo, el escritor inconformista y rebelde que utilizaba la literatura para protestar, contradecir y criticar. El concepto que yo tenía de aquel Vargas Llosa, con la sola lectura de “Pantaleón y las visitadoras”, supongo que era, visto ahora con los años, el de un escritor perturbador social, descontento, agitador, inquieto, alarmista… que me defraudó bastante en aquel entorno tan academicista. Por mucho que intentaron tirarle de la lengua se mantuvo en afirmar que la literatura no debía ser entendida como vehículo de ideas políticas, y que la política y la literatura tenían que ser dos actividades muy diferenciadas. Incluso apoyó que muchos de los mejores escritores hispanoaméricanos diesen la espalda a la difícil situación de Latinoamérica y sus obras no tuviesen resonancias políticas.

Entre todo aquello y que después, de la mano de otros moderadores como Collantes de Terán y Aquilino Duque, se enfangaron en un análisis de sus formas de expresión, yo estaba cada vez más aburrido; hasta que la intervención de Vaz de Soto me sacó de mi sopor. No sé si se acordó de lo que habíamos hablado antes, pero le preguntó a Vargas Llosa sobre su técnica para romper la acción y desmadejar la narración, de forma que se podía después volver a componer y sacar tres novelas diferentes de una sola… y esta distorsión del tiempo en Vargas Llosa, en contraposición a la distorsión en García Márquez fue la cuestión más debatida y más divertida de todo el coloquio.

Vargas Llosa decía que el tiempo narrativo nunca es igual al tiempo real, y en la forma de manejarlo a tu antojo es en lo que influía la técnica novelística. Decía que García Márquez tenía su “truco”, y él tenía también otro muy concreto… pero no quiso desvelárnoslo. De todas formas sí que profundizó en el hecho de que él no seguía una línea, sino que se acercaba al tema que quería tratar de una forma irregular porque pensaba que así llegaba mejor a la sensibilidad del lector, algo que le discutieron algunos de los asistentes, que decían que así era muy difícil entender sus novelas, que a veces parecía que escribía en clave, de forma oscurantista. Yo estaba como en fuera de juego, porque solo había leído una de ellas y la había entendido perfectamente… o al menos eso creía yo hasta que Vargas Llosa comenzó a hablar de la experimentación, de que a él no le interesaba tanto que el lector entendiese su obra como que la sintiera…

Con el tiempo he leído casi todos los demás libros que ha escrito (e incluso releido un par de veces “Pantaleón”) y es cierto que a veces hay que esforzarse mucho en entender lo que quiere decir; no se pueden abordar sus libros de forma maquinal sin hacer el menor esfuerzo por seguir la línea argumental. A veces hasta he llegado a pensar que a Vargas Llosa le gusta fastidiar a sus lectores. De la misma forma en que ahora nos fastidian tantas de sus opiniones políticas y sociales. Después de treinta y siete años yo no volvería nunca ya a asistir a ninguna charla o conferencia suya, pero seguiré leyendo sus libros, porque eso sí, sus partidarios y detractores siempre estarán de acuerdo en una cosa: Mario Vargas Llosa es un escritor de primera línea.

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The Jim Jones Review – “Righteous wrong” (En la actualidad)

Ah… y ya para terminar. En el año 1.973 no solamente surgieron cosas determinantes para cambiar mi vida, sino también algo que lo fue para cambiar la vida de todo el mundo… ¿no se os ocurre qué pudo ser? Pues que en 1.973 se desarrolló el Protocolo de Internet. Lo hicieron los americanos Cerf y Kahn como parte de un proyecto del Departamento de Defensa de los Estados Unidos…

QUE TE PIRES, SABINA

Supongo que a estas alturas todos los que soléis pasar por aquí ya sabréis que JOAQUIN SABINA no es santo de mi devoción, aunque hubo un tiempo en que sí lo fue… pero de eso ya hace mucho, muchísimo.

Las personas cambian, y algunas de ellas se convierten en otra que ya no me gusta. Hay veces que es su personalidad la que hace que deje de interesarme su obra, que siempre refleja de algún modo lo que uno es, y por eso, por ejemplo, dejé de leer a Cela o a Umbral; otras veces es el trabajo que realizan el que deja de tener interés para mí, y por eso, por ejemplo también, dejé de seguir la carrera de Sting. Pues con Sabina ocurrieron las dos cosas, primero dejó de escribir historias interesantes para enfangarse en una pseudopoesía que para los ojos de muchísimas personas, sin embargo, es tan vistosa y brillante como el traje del emperador (por no añadir que además cada vez canta peor); y como persona se convirtió en un tipo megalómano y mesiánico, portador de la bandera guay que le acreditaba como merecedor de que le riesen todas las gracias, aunque fuesen insultos gratuitos o chistes fáciles a favor de corriente.

Por todo eso siempre he procurado no escribir sobre él… lo normal es que uno no pierda el tiempo escribiendo sobre cosas que no le interesan. Pero se da la circunstancia de que en estos días va a venir a cantar a Sevilla y creo que ésta sí es una ocasión para hablar de él. No voy a entrar a valorar su obra más de lo que lo he hecho en el párrafo anterior, pero sobre su personalidad sí que me gustaría decir algunas cosas, aunque sea sólo como turno de réplica después de lo que dijo él de los sevillanos.

Hace un par de meses Joaquín Sabina actuó en Huelva, y allí volvió a hacer algo que repite en muchos conciertos, aunque en realidad no tendría necesidad de hacerlo, porque la gente que va a oirle cantar ya está entregada a él de antemano y no tendría por qué ir a ganarse más aplausos por la cara con trucos que va desgranando durante la actuación y que fomentan el catetismo y el ombliguismo localista. Él después se desdice, y con su sonrisa y su encantadora pose de canalla dice que solo son “bromas de bar”, con las que nadie tiene que darse por aludido.

Y así, en Guipúzcoa habla de Bilbao, igual que lo hace de alguna otra localidad cercana en una que tenga escozores con respecto a ella. Con Sevilla ya lo hizo una vez en Málaga y ahora lo ha vuelto a hacer en Huelva… espero de mis paisanos que si aquí intenta hacer lo mismo, mofándose de la gente de Huelva, o de Málaga, o de donde sea, para ganarse algunas risas y aplausos fácilones, lo que se gane en cambio sea un buen abucheo. De todas formas la otra noche en Huelva no es que dijese ningún insulto grave, y además supongo que también sabréis, solamente con leer algunos de los textos que he escrito por aquí, que yo soy alérgico a la “sevillanía”, del mismo modo que no entro en el juego del insulto a otra comunidad por el mero hecho de ser eso, otra comunidad diferente de Sevilla. Pero es que tiene delito que venga a decir que “los sevillanos son muy suyos”, y que “¿qué se creen, que son los mejores?”, un tipo con una personalidad que le ha hecho escribir letras de canciones como las de “Oiga, doctor”, “Pacto entre caballeros” o “Y nos dieron las diez”.

De todas formas éstas son cosas que yo pienso, bastante subjetivas, que otra gente no compartirá, y ponerse de acuerdo sobre quien tiene la razón sería una tarea ardua y poco o nada productiva, así que haciendo caso de aquello tan sabio que decía la Bíblia sobre que “por sus hechos les conoceréis”, vamos mejor a analizar una serie de hechos, ocurridos en torno a la génesis de la última de las canciones citadas, “Y nos dieron las diez”. Aunque para ello tengamos que partir de una historia que puede ser real o apócrifa.

Se dice, se cuenta, se lee por ahí que Joaquín Sabina y Enrique Urquijo (el de Los Secretos) eran amiguetes y una noche estaban compartiendo unas copas en un bar. Enrique andaba corto de inspiración esos días y le preguntó a Sabina si no tendría por ahí una idea para alguna canción. Y éste le dio un papel que llevaba en el bolsillo desde hace unos días con unas frases que podrían servir para una de ellas, en el que se leía “Fue en un pueblo con mar una noche después de un concierto; tu reinabas detrás de la barra del único bar que vimos abierto”. Le dijo que se podía quedar con él, que no pensaba usar para nada eso que tenía escrito.

A Enrique le gustaron estas palabras y se quedó con el papel, y esa misma noche, en el taxi de camino a casa continuó escribiendo lo que se convertiría en la letra de la canción “Ojos de gata”. Posteriormente, o incluso ya cuando la iba escribiendo, fue pensando la música, hasta que la canción tomó su forma definitiva.

Días o semanas después, como persona cortés y educada, fue a mostrarle a Sabina lo que había germinado de su semilla.

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Los Secretos – “Ojos de gata”

Se dice, se cuenta, se lee por ahí que Joaquín Sabina vio el filón que podía ser una canción como aquélla, y no solo terminó también por hacerla, sino que incluso la lanzó como single de presentación de su nuevo disco.

Pero claro… una persona como él no podía dejar que le viesen como un cantante ordinario que se vuelve vulgar al bajar del escenario, que no es capaz de culminar un ligue y que, al fin y al cabo, es un tío como cualquier otro, al que después del curro lo que le apetece es beber un poco y descansar. Y escribió otra letra diferente que le mostrase como realmente es: el tío irresistible que es capaz de estar dándole placer a cualquier mujer durante horas y horas y salir tan fresco de la batalla… y eso que llevaba sin dormir toda la noche anterior y seguramente todo el día anterior a la noche también…

La música, sin embargo, no parece que la cambiase demasiado, ¿no?. ¿Vosotros que pensáis?

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Joaquín Sabina – “Y nos dieron las diez”

Claro que las cosas que se dicen, se cuentan y se leen por ahí normalmente no pueden cotejarse bien y uno nunca sabe qué es del todo verdad y del todo mentira. He leído que a raíz de esto hubo algunos malos rollos entre los dos, y he leído también que la cosa no tuvo mayor importancia. Yo tampoco me voy a decantar con claridad porque no quiero que Sabina me incluya en ese grupo de malpensados del que dijo que “siempre hay hijoputas que piensan que alguien le robó algo a alguien”.

Pero volviendo a lo de los hechos, que esos sí son total y absolutamente objetivos, y se pueden ver claramente, aquí tenemos dos canciones, que partiendo de las mismas frases se bifurcan hasta polos totalmente opuestos, fruto de la personalidad de dos músicos diferentes. ¿Qué cual de los caminos es el preferible? Eso también lo decide cada uno… yo, que he trabajado con músicos después de un concierto, sé que la letra más veraz, honrada y auténtica es la de Enrique… pero algunos puede que no lo veáis como yo.

Lo que sí tenemos que ver todos de la misma forma es otro hecho objetivo que éste sí que no tiene vuelta de hoja y que demuestra muchísimas más cosas todavía de cómo es Joaquín Sabina… ¿iba a perder él una sola peseta de royalties…? Anda yá… pues menudo es Sabina…!

Dejadme que os pregunte de nuevo por las diferencias entre la música de las dos canciones. Y ahora echadle de nuevo un vistazo a la letra de Los Secretos que os puse más arriba y fijaros en cómo está acreditada la canción…

Y como yo no tengo el disco de Sabina no he podido escanear los créditos desde él. Pero no hay problema, porque están también en su pagina web oficial… y podemos verlos perfectamente… y sentir mucha vergüenza ajena.

HUMOR INGLÉS

Se dice que las aficiones que tiene uno dicen mucho sobre su personalidad. Estoy seguro de que todos sabéis quien es LEMMY KILMISTER… sobre todo si en vez de referirme a él con ese nombre lo hacemos con el de Lemmy Motorhead. De la misma forma, estoy también seguro de que no sabríais decirme ningún otro nombre de los componentes de Motorhead sin mirar el Google… pero eso ahora no viene al caso.

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“The hammer”

De lo que vamos a hablar es de la afición de Lemmy, que es el aeromodelismo y tiene su casa llena de montones y montones de aviones de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo de bombarderos alemanes.

Y esa obsesión la incluyó en el montaje de los escenarios de los conciertos de la gira de Motorhead en 1.979. Lemmy estuvo experimentando para ello con una enorme cantidad de cachivaches, y con luces, con flashes, con disfraces, bigotes, verrugas, más flashes cegadores, y unos altavoces de un tamaño y peso aproximado a los del propio local en el que fuesen a actuar. Pero, por encima de todo, lo que más iba a llamar la atención era una maqueta a tamaño natural de un bombardero Lancaster inglés, que colgaba de unos rieles del techo y salía al escenario a la vez que ellos.

Uno de los conciertos de esa gira de 1.979 lo iban a dar en la ciudad alemana de Dresde, que tiene tras de sí una triste historia que vamos a rescatar a grandes rasgos ayudados por la Wikipedia y otras páginas de internet:

El bombardeo de Dresde se llevó a cabo hacia el final de la Segunda Guerra Mundial por parte de la Royal Air Force británica (RAF) y las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos (USAAF). Fueron cuatro ataques aéreos consecutivos que se realizaron entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, aproximadamente doce semanas antes de la capitulación de la Alemania nazi. Durante los mismos, entraron en acción más de mil bombarderos pesados, que dejaron caer sobre la ciudad cerca de 4.000 toneladas de bombas altamente explosivas y dispositivos incendiarios, arrasando gran parte de ella y desencadenando una tormenta de fuego que consumió el centro histórico de la misma. El número de víctimas varía enormemente en función de la fuente, pero la línea mayoritaria en la historiografía actual lo sitúa entre 18.000 y 35.000 muertos. El ataque sobre Dresde ha anidado en el subconsciente popular como paradigma de la destrucción y los horrores de la guerra.

En la actualidad sigue siendo uno de los episodios más polémicos de la Segunda Guerra Mundial y todavía persiste el debate sobre si la capital sajona era un objetivo de interés estratégico, tal y como aseguran fuentes militares aliadas, si por el contrario el bombardeo fue una represalia desproporcionada e indiscriminada o incluso si pudo tratarse de un crimen de guerra.

Los primeros aparatos que alcanzasen Dresde serían dos escuadrillas de bombarderos ‘Lancaster’, compuestas por un total de 245 aviones de ese tipo. El grupo de ataque transportaba alrededor de unas 75 bombas incendiarias. La idea era primero destruir ventanas y techos con explosivos y luego hacer llover las bombas incendiarias para llevar el fuego a las casas tocadas produciendo tempestades de chispas que se filtrarían por las ventanas y techos destrozados, prendiendo fuego a las cortinas, tapices, muebles, vigas, etc.

La primera ola de ataque reemprende la ruta de regreso, siendo cubierta por nuevas fuerzas que abrieron fuego sobre Dresde a la 1:30 de la madrugada, con otros 529 aviones ‘Lancaster’, que en total transportaban 650.000 bombas incendiarias más.

Cuando todo terminó, durante 10 minutos otro ‘Lancaster’ equipado con cámaras hizo el recorrido filmando la dantesca escena para la sección cinematográfica de la RAF. Esta película ahora se conserva en el ‘Imperial War Museum’, siendo uno de los más siniestros testimonios de la Segunda Guerra Mundial, y en el que se puede comprobar como Dresde no estaba defendida, ya que no aparece en la cinta ningún proyector y ninguna batería antiaérea.

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“Bomber”

Volviendo a Lemmy, éste es un tipo obsesionado con las relaciones anglo-alemanas, específicamente con las partes en que esas especiales relaciones se basaban en darse por culo los unos a los otros. No solo colecciona todas esas maquetas de aeromodelismo, sino que también es famosa su colección de memorabilia nazi, un hobby que le ha llevado algunas veces a ser acusado de tener tendencias de extrema derecha. Pero para ser sinceros, esto en realidad más que una indicación de que Lemmy abogue por el genocidio o la ascendencia de la raza aria, es una indicación de que el tío está loco por los uniformes. En una entrevista en un “Waste Music” del 2.004 decía esto:

A los chicos malos siempre nos han gustado los uniformes. Napoleón, los confederados, los nazis… todos tenían unos uniformes del carajo. Lo que quiero decir es que el uniforme de las SS era de puta madre, jodídamente brillante! Ellos eran las estrellas del rock de su tiempo. ¿Qué quieres que te diga…? Es que se veían muy bien con ellos. Pero que no me llamen nazi porque yo tenga uniformes…

Y puede que tenga razón, mientras más diabólico e hijoputa era un ejercito, más chulo era su uniforme. Pero los más críticos contra Lemmy también hacen notar la Cruz de Hierro que lleva incrustada en su bajo. Bueno, ¿y qué? Solo porque un tío lleve el símbolo del ejercito alemán, y por asociación, del Holocausto, en su instrumento musical no significa que sea un nazi.

Ni tampoco porque sea el orgulloso propietario de una daga de las SS y de un rarísimo sable Damascus de la Luftwaffe, que vale por lo menos 10.000 euros.

De lo que ya no estoy tan seguro con respecto a su ideología es del hecho de que haya declarado que muchas de las cosas del Holocausto han sido exageradas por los historiadores, y de la admiración que profesa por Goering:

Él es el único al que admiro absolutamente, en parte porque este poderoso jefe de la Luftwaffe extendió el poder de la Gestapo, la policía secreta de los nazis, y asumió toda la culpa cuando le juzgaron en Nuremberg después de la guerra. Su suicidio, horas antes de que le ahorcaran, fue fantástico.

¿Veis? En realidad Lemmy es un tipo con un sentido del humor muy agudo…

…lo que nos lleva de nuevo a esos conciertos de su gira del ’79, a la que llamó “Motorhead Bomber Tour”, y que esta noche estaba en Dresde, con el bombardero Lancaster colgado de sus rieles, esperando a hacer su aparición al mismo tiempo que saliese a tocar el grupo.

Lemmy y su banda ya estaban preparados para tocar su primera canción. Y las luces se encendieron todas a la vez iluminando la enorme máquina de guerra británica que, por encima de sus cabezas, avanzaba hacia el público.

“Buenas nooooocheeeeees, Dresdeeeeeeeeeeee”, aulló Lemmy. “Apuesto lo que queráis a que hacía tiempo que no veíais uno de éstos por aquíííííí…………..”

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“The ace of spades”

UN SORBITO DE CHAMPÁN (CON PAJITA)

Como lo de mi ordenador se está convirtiendo en “la historia interminable” y el último post que colgué ya no da más de sí, vamos a salir del paso durante unos días más con otro refrito. Mirando hoy en la página de administrador del blog he visto que un antiquísimo post (de los tiempos de “Replicante”, cuando aún no podía meter música en ellos siquiera) está siendo revisitado mucho porque en una página web de por ahí le han puesto un enlace en relación a una cosa de ésas de “los placeres de leerse la letra pequeña”. Y como el post me parece muy divertido y lleno de anécdotas y recuerdos muy buenos lo he recuperado para que lo apreciéis también todos los demás lectores del blog.

Cuando se organiza un concierto uno puede encontrarse en el contrato que le presenta el manager del artista algunas pretensiones con las que te partirías de risa sino fuese porque las tienes que pagar tú.

Y como muy bien apuntaba nuestro querido Ambrosio en los comentarios al post anterior, MARIAH CAREY es una de las más estrafalarias a la hora de llevar sus peticiones a curiosos extremos. ¿A vosotros no os parece una gilipollez pedir en tu contrato botellas de Champagne Cristal, copas de champán y pajitas de ésas que se doblan para bebérselo…? Pues ella lo pide así en sus contratos. Y perritos, y gatitos, y hasta conejitos como animalitos de compañía para su camerino. Es razonable la petición de que no haya escaleras en su camino, sobre todo si es patosilla o lleva tacones muy altos, y también es razonable que pida un asistente para que esté al lado de ella y cuide de todo lo que vaya necesitando… pero pedir un asistente para irle dando los chicles mascados para que los tire…!!!!! Pues ella también lo hace. Y las únicas botellas de agua aceptables son las de la marca Evian; 16 para su camerino y tropecientas mil para los camerinos de los chicos y las chicas (camerinos separados, of course) de su trouppe. Con tanto músico y tanto cuerpo de baile es normal que los que organizan conciertos de Mariah se dejen una pasta enorme en comida, bebida y transporte, pero los pobres chinitos que la llevaron a cantar a su gran país tuvieron que poner a su disposición además 4 furgonetas extra solo para su equipaje: 60 enormes baúles entre los que había, por ejemplo, 350 pares ( ¡¡¡!!! ) de zapatos. Y para terminar con ella una perla final: Una vez mandó a una enorme tienda de discos en la que tenía que firmar ejemplares (ojo, ni siquiera tenía que cantar) a 20 asistentes para que redecorasen los lavabos, y sobre todo se asegurasen de que el papel higiénico tenía el tono rosa pálido que ella usa.

Jennifa

¡Ay… las divas! JENNIFER LOPEZ lo quiere todo blanco: paredes blancas, cortinas blancas, flores blancas, mesas blancas, manteles blancos, velitas blancas, sofás y sillones blancos… un reproductor de DVD y otro de CDs (blancos) con una selección de 43 CDs que incluían todo lo último editado en R&B, rap y salsa. Y… mucho ojo con su café, porque solo pueden movérselo meneando la cucharilla en sentido contrario a las agujas del reloj… BRITNEY SPEARS quiere una línea de teléfono privada en su camerino, y en su contrato especifica bien clarito que como pille a alguien llamando, el promotor del concierto tiene que indemnizarla con 5.000 dólares. Y cuando KYLIE MINOGUE andaba por su país promocionando uno de sus discos, en un hotel de Sydney exigió que metiesen en su habitación un enorme piano Yamaha C5, que por lo visto es el más grande que existe, por si le apetecía tocar algo mientras estaba allí. Hubo que desmontar todas las puertas desde recepción hasta su habitación para poder pasarlo. Ignoro si a la chica le apeteció tocar algo en los ratitos que pasó allí durante los dos días que permaneció en la ciudad.

A ver… ¿para qué pueden querer en sus camerinos los BEASTIE BOYS 30 cajas de condones surtidos con los colores del arco iris…? ¿y P DIDDY 50 paquetes de servilletas con su nombre estampado en ellas…? Son mucho más comprensibles las pretensiones de MOBY y los RED HOT CHILI PEPPERS, que lo que quieren que se les suministre en su camerino son varios calzoncillos y calcetines nuevos. Pero hombre, 20 botellas mágnum de vodka, otras 20 de Bacardí, y 15 de champán Jouet Belle Epoque, junto con dos bailarinas que hagan la danza del vientre para animarlos mientras se bebían todo eso, y un Rolls Royce para llevarlos a su hotel a dormir la mona me parece demasiado pretencioso para un grupo como N.E.R.D.

MARIYLN MANSON quiere su camerino con la refrigeración a tope y muchos doritos para picar… aunque a mí, para un satanista como él, no me parecen ni el ambiente ni la dieta más adecuada, ¿qué quereis que os diga? PRINCE requiere la presencia de un médico que antes de salir a actuar le inyecte un chute de vitamina B12. A CHRISTINA AGUILERA también le van las vitaminas, pero en pastillitas, por favor… LIMP BIZKIT quieren lámparas y apliques a los que se les pueda regular la intensidad de la luz. Los INXS quieren una mesa de ping-pong. Y los DEF LEPPARD quieren saber las frecuencias que usan las emisoras de la policía, las ambulancias y los bomberos de las ciudades donde actúan, para asegurarse de que no interferirán con sus guitarras inalámbricas; y cuando están en el escenario exigen que todos los teléfonos móviles y walkies de la policía y los miembros de seguridad que se mueven cerca de ellos también estén apagados.

Leppards

Peticiones como ésta anterior, aunque quizás desmedida pero tienen una base lógica (no me atrevo a decir que razonable) que las sustenta. Al hilo de esto me gustaría contaros que VAN HALEN pedían en sus conciertos una ensaladera llena de chocolatitos M&M (como nuestros Lacasitos, para entendernos) pero con todos los de color marrón quitados. David Lee Roth no quería ver ningún lacasito de color marrón porque eso era señal de que seguramente algo iba a ir mal durante el concierto. Una exigencia tonta y exagerada, ¿verdad? Pero David aclara en su autobiografía por qué pedía esto. Según él, la presencia de lacasitos marrones implicaba una probabilidad muy alta de que hubiese errores técnicos porque eso quería decir que el organizador no se había leído bien el contrato. Debido a la enorme parafernalia que unos avezados heavys como Van Halen movían en sus actuaciones, llenas de instrumentos musicales, de humo, de efectos, de pirotecnia… sus contratos estaban repletos de cláusulas y peticiones para que hubiese sitio donde conectarlo todo, seguridades, potencia suficiente… en fin, que sus contratos eran un enorme coñazo lleno de letra pequeña que hacía un martirio el leérselos, pero que no había más remedio que hacerlo así para que todo fuese como la seda. Si después llegaba y miraba el plato de su camerino y había lacasitos marrones era porque el organizador no se había leído bien el contrato ni había puesto atención a la letra pequeña, y los problemas estaban garantizados. Y no le faltaba razón, porque solía ser así y a veces tuvieron problemas tan graves que incluso amenazaban su vida y la de los espectadores. En una sala de conciertos en la que había lacasitos marrones en el plato resultó que no habían comprobado los requerimientos que especificaba el contrato sobre el peso que debía soportar el escenario y éste se hundió con todo el stage del grupo. El concierto aún no había comenzado, por suerte, pero todos los tiestos de Van Halen se hicieron polvo, por lo que la falta de atención le costó miles de dólares al organizador…

Van Halen

lacasitos

¿Profe Franz… recuerdas cuando los espectadores lanzaron a uno de ellos encima de la mesa de mezclas en el concierto que hicimos con Extremoduro…? Ya apuntaba en el comentario del otro post que también nosotros sufrimos las exigencias de muchas de las bandas que trajimos a tocar a Sevilla, pero la verdad es que eran unos peso mosca comparados con los que llevamos citados hasta ahora, e incluso era divertido poder desmarcarse un rato de la vorágine para poder buscarle whisky canadiense a los Fuzztones, o whisky irlandés a los Godfathers, además de bombones y flores, que éstos iban de delicados. O Remy Martin y Riojas tintos y blancos para los Uriah Heep, que luego el manazas del cantante se encargó de hacer polvo al dejarlos encima de la mesa más inestable del camerino, con lo que éste quedó durante varias semanas sumido en un agradable olorcillo que le daba ambiente de bodega… o ir al supermercado de la esquina para comprarles a los Del Fuegos un par de surtidos de galletas y unos tetrabricks de leche, que fue todo lo que pidieron. En fin, que no puedo reprimir una amplia sonrisa al releer este post; y al ver las exigencias de las divas mencionadas antes me viene a la memoria como las Lunachicks subieron felices al escenario tras haberles traído un rato antes 5 pizzas y unas latas de Cocacola.

Nos divertimos, ¿verdad Franz? Y sobre todo, como nosotros éramos unos empresarios muy sui-generis que estábamos en esto no solo por el dinero, procurábamos complacer a los artistas en la medida de lo posible sin mirar demasiado los gastos o los esfuerzos, por eso estoy seguro de que ningún gran empresario de estrellas de primera magnitud guardará con tanto orgullo como yo el disco de una de sus bandas favoritas a la que siempre había seguido, firmado con una dedicatoria que dice “To make an effort is human, to bend over backwards is godly, we won’t forget” (más o menos: “Hacer un esfuerzo es de humanos, hacer incluso lo imposible es de dioses, no te olvidaremos”).

chicks

La Lunachick del pantalón a rayas tras digerir su pizza

COLLAGE

Ayer os contaba que en estos días no puedo contar con mi ordenador, por lo que no podía subir ningún nuevo post al estar en él los textos que había preparado y las herramientas para manejar las fotos y las canciones que incluyen. Así que os decía también que en unos días no habría ninguna entrada nueva.

Pero lo que sí puedo hacer con cualquier ordenador, como éste portátil que le pillo a mi hijo aprovechando que no está esta tarde en casa, es acceder a través de la página de administrador a todos los posts anteriores, y cortar y pegar por aquí y por allá de las entradas más antiguas, y confeccionar un collage que os ofrezco mientras se restablece la normalidad. Perdonad los lectores más antiguos por el refrito; pero estoy convencido de que los más nuevos de la casa no conocerán estos retazos de historias.

Y ahora iré a echarle un ojo al partido del Mundial… la verdad es que nunca he entendido por qué a estos partidos como el Alemania-Uruguay de hoy, que juegan los perdedores, le llaman final de consolación. Cuando en realidad deberían llamarle final de desconsuelo…

El batería de la Bongo Band era Jim Gordon, al que todos recuerdan mucho más porque también formaba parte del grupo Derek and the Dominoes. Seguramente habrás oído innumerables veces la canción “Layla”; pues el piano que suena en la parte final lo toca él, y además Jim Gordon fue co-autor de la canción junto a Eric Clapton. A Jim además podemos oírle en incontables discos de, entre otros, John Lennon (en el “Imagine”), George Harrison, Traffic, Frank Zappa, Steely Dann, los Monkees… un músico absolutamente increíble.

Jim Gordon se sumergió de cabeza en la faceta más tópica del mundo del rock. Después de años de vida entre lujos y de mantener su reputación como músico de confianza, pasó a ser famoso como uno de los drogadictos más tirados. Dejaron de llamarlo para tocar en sesiones y comenzó a obsesionarse con voces que oía en su cabeza. Después de una serie de episodios violentos y de ingresar voluntariamente una temporada en una institución psiquiátrica, en 1.983 asesinó a su madre con un cuchillo, porque la suya era una de las voces que le atormentaban en su mente. Desde entonces está ingresado en el Hospital de Salud Mental de Atascadero (que también tiene cojones el nombrecito del sitio), y sobrevive sin demasiados problemas gracias a los royalties de sus canciones, sobre todo de “Layla”.

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Neil Diamond siempre ha sido una intrigante mezcla de contradicciones. Un hombre intensamente callado y profundamente introvertido que sin embargo ha usado sus canciones para, de una forma inversa a su propia manera de ser, desnudarse autobiográficamente, mostrar una muy convincente ventana a sus propios demonios interiores; y quizás esta haya sido la válvula de escape para un hombre que ha procurado mantenerse solitario y al margen de la manada, y para el que la vida no ha sido todo lo fácil que pudiéramos pensar por el brillo de lamé que desprende su figura más tópica. Estoy seguro que a cualquier persona debe marcarle mucho que a la edad de 12 años, viviendo en uno de los barrios más peligrosos de Brooklyn, y perteneciendo a una de sus bandas juveniles, te peguen dos tiros en la cabeza. O que con 16 años haya cambiado de colegio 9 veces… ¿Si pasas por eso, no tendrías también tú una resistencia patológica a cualquier clase de conformidad?

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Neil Diamond – Sweet Caroline

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En este profundo Sur en el que Junior creció, allá por los finales años treinta y principios de los cuarenta, no había nada parecido a guarderías para niños ni nada para facilitarles la vida; más bien el pensamiento de la gente era del estilo de “si tu mula se muere, te compras otra” y “si tu negro se muere, contratas a otro por un salario de mierda”. Lo que significaba que si te ponías enfermo, o te curabas solito o te morías; y si te ibas al otro mundo, habría varios cientos más esperando a ocupar tu lugar. Así que había poco interés en mantener la salud de los negros. Junior perdió casi todos sus dientes debido a la piorrea y se mantenía bastante desnutrido, y desde entonces siempre mantuvo en su interior el fuego y la rabia que traen consigo la pobreza, los rompimientos familiares, y la indiferencia social que experimentó en su niñez. Y como muchos otros negros nunca pudo sacudirse del todo ese miedo adquirido tan pronto.

Su vida real comenzaba por la noche. Cuando todos los niños buenos se iban a dormir, él tomaba las calles, bailando a cambio de monedas, o abrillantando zapatos para sacar algo más. Aunque fuese una obligación el tener que ganar el dinero suficiente para aportar comida a la mesa, a Junior le excitaba ganarlo; y si un día lograba la inmensa cantidad de diez dólares, éso le hacía sentir que ya había aprendido todo lo que necesitaba saber en la vida.

Sobre todo, bailar le hacía sentirse alguien. Y a medida que lo iba haciendo mejor y la gente le pedía que bailase más y más, sintió la necesidad de adquirir un nombre para ese “alguien” que ya empezaba a ser. Junior era poca cosa, era como le llamaban desde niño, y él ya no era un niño. Así que un día decidió que se lo iba a cambiar. Quería un nombre corto, fácil de recordar. No era necesario que dijese nada sobre él, solo que sonase bien y tuviese ritmo. Quería que sonase como uno de sus héroes, ese actor que le maravilló en “Objetivo Birmania” y que ahora hacía de Teniente Rip Masters en su nueva serie favorita, “Rin Tin Tin”; además se llamaba casi como él, podría mantener el apellido… sí, definitivamente, desde ahora el mundo iba a conocerle con el nombre de JAMES BROWN.

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…Y así cantaba

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Eran algo completamente diferente. Para empezar, todos los grupos existentes eran de hombres o de mujeres al completo. Y esta mezcla de timbres vocales, unido a sus grandes melodías y a sus frescas armonías, le daba un nuevo giro al folk-rock. “El grupo de pop más innovador y el primero con un sonido vocal realmente novedoso desde los Beatles…” la prensa musical les dio así su bendición a THE MAMA’S AND THE PAPA’S.

Justo lo que John había soñado toda su vida. Y aún así, atravesaba uno de los momentos más bajos de ella, sabiendo que Michelle estaba viéndose con Denny sin preocuparse por ocultarlo delante suya. Pronto quedó claro que era imposible que los cuatro siguieran viviendo juntos. Y como los tiempos de penuria económica habían quedado muy atrás podían permitirse vivir separados. Denny se compró un palacio de 14 habitaciones en Laurel Canyon. El matrimonio Phillips adquirió la mansión que Jeanette McDonald tenía en Bel Air. Y Mama Cass pudo hacer realidad su casa soñada en el barrio de los famosos.

Ninguno reparaba en gastos. Sus vidas enloquecieron a base de comprarse cualquier ropa o capricho que se les antojaba o en alquilar aviones particulares para desplazarse a cualquier lugar. Se hicieron legendarias las fiestas en Bel Air con los Beach Boys, Jane Fonda o Jack Nicholson; o la costumbre de Cass de invitar a desayunar a todos los ocupantes del hotel en el que se despertase esa mañana. En esas condiciones de derroche continuo salir de gira en realidad les costaba dinero; y si a eso sumamos los problemas de convivencia en carretera y que siempre tenían diversión garantizada en casa, no es extraño que en dos años y medio en que el grupo estuvo junto, solo diesen 30 conciertos.

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I Saw her again

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A través de Toshi, Yoko Ono conoció a John Cage y a otros compositores y artistas de vanguardia, dadaístas y librepensadores con los que comenzó su carrera artística: poemas, pinturas, performances, arte conceptual de inspiración Zen que buscaba estimular al espectador para obtener de él cualquier clase de respuesta mental. Formó parte de la secta artística que se llamó “Fluxus”, con la que se ganó una reputación como artista creativa conceptual. Se casó entonces con el productor Tony Cox, y tuvo a su hija Kyoko. Yoko también fue una adelantada a su tiempo como mujer casada que se dedica a su trabajo mientras su marido se queda cuidando a la niña. Se trasladaron a Inglaterra y llegaron los experimentos sobre improvisación musical y películas como “Bottoms”, en la que se mostraban 365 culos desnudos de la flor y nata del “Swinging London”, con comentarios de los participantes; interpretaciones como “Cut Piece”, en la que la audiencia iba cortándole sus ropas con unas tijeras mientras ella permanecía impasiblemente sentada; o la publicación del libro “Grapefuit”, un pequeño volumen de ideas conceptuales publicado en una edición limitada para los USA y Japón.

En 1.966 John Lennon asistió a una exhibición en Londres del trabajo de Yoko, donde apreció el positivismo de un “Sí” sobre el peldaño de una escalera, y el descaro de un stand donde se vendía una manzana por 200 libras (unas 50.000 pesetas de aquella época), y reconoció un espíritu gemelo al suyo en aquella chica, a la que hizo su compañera en el arte y en la vida.

En mayo del 68 Tony Kox y Kyoko estaban de viaje en Francia, y Cynthia Lennon estaba de vacaciones. Yoko fue a casa de John y éste la invitó a subir a su estudio para grabar unas cintas experimentales (que con el tiempo se convirtieron en “Two Virgins”). La medianoche les sorprendió arriba, pero el amanecer, no. Cuando Cynthia llegó por la mañana y vió por allí a aquella japonesa vestida apenas con un escueto pijama de John, se hizo evidente lo que había ocurrido. Lo siguiente fueron dos divorcios en las vidas de John y Yoko y los capítulos que están en la mente de todos vosotros.

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“Nadie me mira como lo haces tú” remixed by Apples in Stereo

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Kane, 2003

¿Y Arthur Kane? Se hundiría en la oscuridad durante casi treinta años, una vez desistido de perseguir el sueño de convertirse en una estrella del rock respetada por sus semejantes, no sin haber antes pasado por un montón de grupos sin pena ni gloria. En este período vería como fallecieron sus amigos Johnny Thunders (en un hotel de Nueva Orleans en 1991, solo y desatendido, enfermo de leucemia y presumiblemente envenenado con estricnina) y Jerry Nolan (1992, debido a una neumonía fatal complicada con meningitis), e incluso él mismo pudo haberlo hecho de prosperar el intento de suicidio que cometió en 1.989 saltando al vacío desde una ventana, para salir del paso con las rodillas hechas polvo, o si el tipo que lo asaltó unos años después le hubiese machacado un poco más con su bate de beisbol hasta darlo por muerto y dejarlo tirado en la calle; de aquello también escapó Arthur con sólo una placa de metal en su cabeza tras casi un año de hospital. Por aquel entonces Kane se había establecido en Los Angeles y convertido al mormonismo. Los hijos de Mormón le habían buscado un trabajo en su famoso Archivo Histórico, donde Arthur trabajó con miles de árboles geneaológicos, llegando incluso a reconstruir el de aquel chico de Londres que tanto le admiraba, y que acabó tan mal, Sid Vicious. Y así hubiera acabado sus días, yendo cada día al trabajo en el bus y recordando su pasado de rock star, como describe el film “New York Doll”

…de no ser porque uno de aquellos jovenes ingleses que se enamoraron de la banda en su aparición televisiva en la BBC en 1973, Morissey, tenía entre sus manos la organización del famoso festival musical londinense Meltdown, con bastantes medios a su disposición, por lo que no dudó en llamar a Sylvain y Johansen (quienes no se hablaban desde hacía más de diez años) para que reformasen los Dolls y tocasen en Meltdown 2004. Estos se acordaron de su amigo Kane, quien se vió tremendamente sorprendido por la noticia. Después de todo, había estado fuera de la música treinta años, y ni siquiera en sus mejores tiempos fue un bajista fiable. Echandole valor, Arthur decidió que aquella era la ocasión de su vida y acompañó a sus amigos en lo que fue, a todos los efectos, la canonización de aquella banda de Nueva York que había sido pionera para tantos otros arriba mencionados pero que tan poco reconocimiento había tenido. Los aplausos y las críticas de aquella noche en el Royal Albert Hall debieron sonarles a gloria después de tantos años.

Kane and Sylvain, live 2004

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The New York Dolls, directo Londres Meltdown 2004 – Looking for a kiss

Aquella fue la gran noche de Kane. David y Sylvain se le acercaron para abrazarle y besarle en más de una ocasión entre canción y canción, como si fuera él precisamente el hijo pródigo recien llegado al rebaño. Todo parecía listo para la reaparición, al fin y con todos los honores, de The New York Dolls. Al dia siguiente del concierto, Arthur regresó a Los Angeles a un chequeo médico, sintiendose cansado. El diagnóstico fue contundente: leucemia. Arthur falleció dos horas después de recibir los resultados. Se hicieron planes para que fuese enterrado en el mismo cementerio en que estaban Johnny Thunders y Jerry Nolan, pero hasta éso le salió mal y fue incinerado en Los Angeles. A pesar de todo, muchos de los obituarios que le dedicaron mantenían que Arthur había fallecido con una sonrisa en su cara; su más ferviente deseo, volver a tocar con los New York Dolls encima de un escenario, se había hecho por fin realidad.

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Y The Supremes se convirtieron en las primeras cantantes, después de Elvis, en conseguir cinco números 1 seguidos. Después de aquello tuvieron cinco números 1 más, y un álbum también en la cima. Solo los Beatles rivalizaban con ellas en las listas de éxitos americanas. Las Supremes se convirtieron en un símbolo de las aspiraciones del propio Berry Gordy y de todos los que aspiraban a terminar con la segregación y a reconocer a la clase media negra. Berry, con sus clases de Artist Development, había reemplazado el sudor de los artistas de Rhytm and Blues de los 50, por la elegancia, encanto y sofisticación de los refinados y planeados hasta el más mínimo detalle, artistas de la Tamla Motown. Y la Alta Sociedad americana les admiraba cuando Diana Ross se presentaba ante ella: “Señoras y señores… la de aquel lado es Florence Ballard… ella es la calladita… la de en medio es Mary Wilson… ella es la sexy del grupo… y mi nombre es Diana Ross… y yo soy la inteligente…” Los aplausos atronaban.

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“You can’t hurry love”

La televisión les llevó a todos los hogares de América, y hasta los astronautas del Apolo V querían oírlas desde su nave en órbita. Anuncios para la Coca-Cola, sus caras te presentaban perfumes y comidas…

…pero en 1.966 Diana estaba tan exhausta que sufrió un colapso en plena actuación en Boston. Y a Florence, el hecho de que Diana cada vez dominase más el grupo y cantase como solista la mayoría de las veces, estaba destruyéndola poco a poco. Comenzó a beber para ser capaz de sobrellevarlo. A final de año los periodistas no cesaban de preguntarles por el rumor de que el grupo iba a pasar a llamarse Diana Ross & The Supremes; Florence y Mary lo denegaban continuamente, y nadie de la Motown le daba veracidad, ni siquiera Diana dijo una palabra sobre éso. Pero ahora Diana tenía su propio camerino mientras Florence y Mary tenían que compartir uno, y contestaba todas las preguntas de las entrevistas sin mirar siquiera a quien le habían preguntado de ellas.

El principio del fin fue en julio del 67, cuando poco antes de un concierto con todas las entradas vendidas en el Flamingo Hotel de Las Vegas, Berry Gordy reveló que desde ahora el grupo se iba a llamar Diana Ross & The Supremes, haciendo realidad el largo rumor. Las chicas, además de por sus canciones, tenían una reputación más que merecida por las coreografías lujosas y de gran calidad que acompañaban a sus interpretaciones. Pero esa noche algo fue muy mal. Florence estaba borracha, con la peluca torcida, vistiendo un modelito de dos piezas que estaba visiblemente confeccionado para una figura mucho más esbelta que la suya… y para Berry Gordy, que había pasado su vida creando la impoluta imagen de la Motown, aquello era imperdonable.

La increpó llamándole gorda, y que tenía que hacer algo con su peso y con su comportamiento; ya no iba a pasarle por alto sus borracheras ni sus desplantes. La respuesta de ella fue arrojarle a la cara la bebida que estaba tomando y salir de allí gritando.

La noche siguiente Florence fue reemplazada en el escenario por Cindy Birdsong, que antes había cantado con el grupo de Patti LaBelle. Para Diana y Mary esto no fue más que otro capítulo del melodrama en que se había convertido su vida. Para Florence era la última vez que cantaba con las Supremes, el grupo que ella formó, al que le dió notoriedad con su potente voz, y al que incluso le puso el nombre.

“Al menos tuve algún crédito por algo”, dijo en su última entrevista, antes de morir.

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Todo el mundo esperaba esta intentona militar, pero nadie esperaba que fuese tan brutal, con tanta bestialidad y tanto odio. Cuando Víctor Jara volvió a llamar a casa por la tarde ya se sabía que Allende había muerto. Lo comentó con Joan. Le dijo también que esa noche no podría volver a casa por el toque de queda…

-No te preocupes, aquí estaremos bien, toda la gente está aquí dentro… -no quiso decirle, sin embargo, que en ese momento la Universidad estaba rodeada por los militares. –Mañana intentaré llegar a casa… cuídate, Joan… sabes que te quiero mucho.

Pero no hubo mañana. El doce de septiembre amaneció con Joan esperando a su marido. Mientras tanto, a las nueve de la mañana, los militares estaban entrando en la Universidad con los tanques. Habían pasado toda la noche ametrallando a los que estaban dentro; a los que habían tratado de salir les habían matado a tiros. Víctor se pasó casi toda la noche cantando para mantener el ánimo de los que permanecían allí.

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El derecho de vivir en paz

Les hicieron prisioneros a todos nada más entrar; profesores, estudiantes… unas seiscientas personas, incluyendo al Rector. Los trataron brutalmente… sobre todo a Víctor, a quien habían reconocido. Ya se la tenían jurada de antes; conscientes del poder que podía tener una canción, odiaban a Víctor Jara y ya le habían atacado antes más de una vez, los fascistas le habían apedreado una vez en uno de sus conciertos, era un enemigo declarado de la reacción. Los llevaron a un estadio cercano, donde los juntaron con los demás prisioneros que habían ido recogiendo de las fábricas y otros lugares… unos cinco mil… para una capacidad normal de tres mil quinientos. Víctor conocía muy bien aquello, había cantado allí varias veces.

El trece de septiembre Joan ya estaba desesperada. Por la radio oyó la noticia de la toma de la Universidad y de los prisioneros. Un amigo del matrimonio que había podido salir del estadio le trajo una nota de Víctor: “…no podré salir de aquí… cuida de nuestras hijas… ten valor y continúa con nuestra lucha…”. A pesar del desconcierto, lo que su amigo le contaba le hizo darse cuenta de la gravedad de la situación, le hizo darse cuenta de que aquellos eran capaces de matar a la gente teniéndoles prisioneros, a sangre fría.

El resto del día lo pasó en la embajada británica, intentando que sus compatriotas le brindasen ayuda, o al menos, se enterasen de cómo estaba su marido. No consiguió nada. Y así pasó los siguientes cinco días.

No consiguió saber que a pesar de sentirse reconocido desde el principio, Víctor tuvo una actitud de fuerza moral inquebrantable contra los militares; que cantó para todos a pesar de ellos, primero acompañándose con la guitarra, y después solo con la voz, cuando el teniente Edwin Dimter Bianchi, “El Príncipe”, le rompió las manos.

-¡Canta ahora si puedes, hijo de puta…! ¿Me escucha la cloaca marxista? ¿Me oyen los comemierda? ¡Ahora se acabaron los discursos, chuchas de su madre! Ahora van a tener que trabajar. Los que se nieguen a trabajar, los fusilaremos. ¿Me escuchan los vendepatria…?

No consiguió saber que le torturaron a la vista de todos, y que después de esa violencia pública le llevaron a los vestuarios del estadio donde el teniente coronel Roberto Souper ordenó que acabasen con su vida con una ráfaga de balas y un disparo de gracia final.

No consiguió saber que su marido compuso un poema final y que algunos de los que estaban presos con él lo aprendieron de memoria…

Somos cinco mil aquí,
En esta pequeña parte de la ciudad;
Somos cinco mil.
¿Cuántos somos en total en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí, diez mil manos, que siembran y hacen andar las fábricas.
¿Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura?
Seis de los nuestros se perdieron
En el espacio de las estrellas.
Uno, muerto; uno, golpeado como jamás creí
que se podía golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores.
Uno, saltando al vacío;
Otro, golpeándose la cabeza contra el muro.
Pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto produce el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera, sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas solo existe un número que no progresa,
Que lentamente querrá más la muerte.
Pero, de pronto, me golpea la conciencia,
Y veo esta marea sin latido.
Y veo el pulso de las máquinas,
Y los militares mostrando su rostro de matrona llena de dulzura,
Y Méjico, y Cuba, y el mundo, que gritan esta ignominia.
Somos diez mil manos menos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?
La sangre del compañero Presidente
Golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, qué mal me sabes cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto
De verme entre tantos y tantos momentos del infinito,
En el que el silencio y el grito son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi,
Lo que he sentido y lo que siento
Hará brotar el momento…

…Y ahí quedó inconcluso.

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Portavoz

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La izquierda norteamericana estaba siendo despedazada con el beneplácito de la gente, temerosa de lo que pudiese traer esa “guerra fría” en la que su patria se hallaba inmersa. Las organizaciones de izquierda se habían quedado sin afiliados y hundidas en la clandestinidad; los sindicatos habían sido purgados de elementos indeseables.

Y Pete Seeger fue llamado a declarar. Cuando el “New York World Telegram” publicó los archivos del FBI que había filtrado el propio Edgar Hoover, se rebeló que Pete y su grupo The Weavers habían sido los primeros músicos en toda la historia americana en ser investigados por sedición. Tampoco le ayudó nada a Pete Seeger que su nombre apareciese en el “Red Channels”, una lista de 151 nombres de escritores y personalidades del cine y la música, a los que se acusaba de haber pertenecido a organizaciones subversivas anteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero que no habían llegado a estar en las listas negras de McCarthy. En ella estaban también Edward Dmytryck, Dalton Trumbo, Elia Kazan, Larry Adler, Leonard Bernstein, Dashiell Hammett, Burl Ives, Zero Mostel, Arthur Miller…

Pero él no se dejó amilanar. No recurrió siquiera a cobijarse bajo recursos constitucionales como la Primera o Quinta Enmienda que habían invocado antes muchos de los testigos que se negaban a someterse a las canallescas preguntas de los cazadores de brujas. Para Pete Seeger eso eran fríos legalismos y para él aquella situación era un atropello inmoral de toda clase de libertades. Así que simplemente lo que hizo fue impugnar la legalidad del Comité y manifestar su absoluto desprecio por los inquisidores.

“Estas preguntas son impropias. Yo no voy a responder ninguna pregunta que se refiera a mis contactos, mis creencias religiosas o filosóficas, mis creencias políticas ni ninguna otra cuestión privada. Creo que es muy impropio que a cualquier americano se le hagan esa clase de preguntas, sobre todo bajo una coacción como ésta.”

Naturalmente, no se lo perdonaron y le acusaron por “desprecio al Congreso”. Le procesaron formalmente en 1.957, y en 1.961 fue condenado a un año de prisión. Durante todos esos años su nombre fue borrado de todas las bocas, apenas pudo cantar más que en algunas Universidades y sus discos dejaron de radiarse en todas las emisoras, a pesar de que en los años anteriores a este declive fueron tan populares como para haberse vendido más de cuatro millones de ellos.

En 1.962 el Tribunal de Apelaciones anuló su condena, presionado por las protestas que le llegaban desde todo el mundo, pero aunque liberado de prisión, Pete siguió siendo un ciudadano sospechoso.

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Un tiempo para nacer, un tiempo para morir.
Un tiempo para sembrar, un tiempo para cosechar.
Un tiempo para matar, un tiempo para curar.
Un tiempo para reir, un tiempo para llorar…

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Bobby Darin tuvo una vida digna de ser novelada, y por eso también ha sido llevada al cine. Su nombre de verdad era Warren Robert Cassotto, pero en realidad ni siquiera eso era cierto, porque Bobby nunca conoció a su padre, y su padre nunca llegó a saber que había tenido un hijo. Esta situación todavía era más complicada por el hecho de que su madre, Nina Cassotto, crió a Bobby haciéndole creer que era en realidad su hermana, y que los dos eran hijos de Polly, la madre de Nina.

Nina quedó embarazada en el colegio y no le quiso decir nada a su joven amante. Así que toda la familia se mudó a otra ciudad para evitar las murmuraciones propias de los años 30. Y pasó el tiempo y nadie informó a Bobby de la verdad hasta 1.968, cuando éste ya tenía 32 años de edad y ya era un famosísimo cantante que se codeaba tanto con los rock’n’roleros de su época como con el mismísimo Frank Sinatra. Era además un músico consumado, que dominaba el piano, la batería y el vibráfono. Y además tuvo bastante éxito como actor, llegando a estar nominado para un Oscar por su papel de fascista psicótico en la película “La escuela del odio”, que dirigió Stanley Kramer en 1.962. Y si aún no tenía bastante, en 1.968 se echó en brazos de la política, en las filas del Partido Demócrata americano.

Así que sabiendo que ahora toda la vida de Bobby iba a estar bajo el atento escrutinio de la mirada pública, y que el partido de la oposición no iba a pestañear siquiera a la hora de usar los hechos de su nacimiento contra él, fue por lo que Nina Cassotto por fin le reveló la verdad.

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“Dream lover”

Aquello le dejó destrozado, pero siguió adelante, uniendo su carrera musical y sus creencias políticas. Estaba en el equipo de Robert Kennedy cuando éste ganó las primarias del estado de California y se perfilaba como el nuevo presidente de los Estados Unidos. Pero en cuestión de horas la pistola de Sirhan Sirhan le redujo de nuevo a la desesperación. En el funeral de Kennedy, Bobby contaba a sus amigos más cercanos que había tenido una experiencia mística que le había llevado a vender todas sus posesiones y retirarse al Profundo Sur a llevar una vida de ermitaño. Los rumores comenzaron a circular: que si era alcohólico, que si era drogadicto… la realidad era muy diferente; Bobby había sufrido problemas cardíacos desde muy joven, hasta el punto de que se llegó a dudar de que alcanzase los 16 años siquiera.

Viviendo ya una vida de prestado, Bobby volvió a cantar, incluso fue uno de los pocos cantantes blancos que fichase por la Motown. Su primera operación del corazón llegó en 1.971, tras la cual ya todos los pulgares apuntaban hacia abajo…

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Con todos los flashbacks que me vinieron a la mente preparando el post anterior sobre los conciertos recordé algunas cosas divertidas que entre copas me contaban los miembros de La Iguana, los promotores nacionales a los que solíamos comprarles la mayoría de las actuaciones que traíamos a Sevilla.

Saxon

Una de ellas tenía como protagonista a Biff Byford, gritón solista de los metaleros SAXON, que apenas era cascarón de huevo cuando la banda tuvo su primer éxito allá por 1980.

Doce años después, la banda estaba en su fase de bajada cuando los trajeron de gira por nuestro pais y un oscuro secreto de Biff (un legado de lo rápido que se aprecian los efectos de la edad cuando llevas mala vida) iba a ser revelado a todo el mundo.

En uno de los conciertos en directo en España, una combinación del implacable calor de nuestro verano unido a los sudores propios del heavy tuvieron su efecto en el grupo telonero de Saxon, la banda de la rocker-glam y modelo a tiempo parcial LISA DOMINIQUE.

Corriendo fuera del escenario en mitad de la actuación debido a la urgente necesidad de alguna bebida fresca, la rubia cantante pilló un vaso de agua en el abierto camerino más cercano y comenzó a engullirla… para encontrarse un par de dentaduras postizas tintineando siniestramente en el fondo del vaso.

Guiado al camerino por el inconfundible sonido de una vomitona, Biff identificó los picarones dientes como su “dentadura de hablar”, explicando que la que él llevaba puesta en esos momentos era su “dentadura de cantar”, una prótesis mucho más resistente y adherente que la del vaso que le permitía gritar sin contemplaciones himnos metálicos tales como “Wheels of steel” y “Strong arm of the law”.

Lisa

METAL PESADO

Después de nuestro anterior post tenemos algo más claro qué es el fenómeno indie. Y si eso ha ayudado a que los integristas del rock lo desprecien un poquito menos, pues mejor que mejor.

Pero quizás haya también algunos indies a los que el rock duro les cause rechazo, y creo que es justo que también les expliquemos a ellos el cómo y por qué surgió, sobre todo cuando esta misma semana nos va a visitar en Sevilla una de las bandas que ostenta la máxima representación del género.

Sirva pues, esta nueva entrada, para rendirle homenaje a la escena hard-rock y heavy, y en la medida de mis escasas posibilidades, devolverle un poco del respeto que le tienen perdido los indies más integristas, y que así todos podamos disfrutar llenos de amor y fraternidad del concierto que el sábado nos ofrecerán aquí los AC/DC.

Los miembros de AC/DC sonrientes en el salón del asilo, contentísimos de haber conseguido meter un cuarto acorde en una de sus canciones antes de morirse.

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AC/DC – “Highway to hell”

El heavy metal tuvo sus orígenes a finales de los años ’60, cuando los pensadores más importantes del campo de la música popular comenzaron a darse cuenta de que las canciones de rock’n’roll normal no eran lo suficientemente largas, ni sonaban lo suficientemente altas.

El rápido crecimiento de los conciertos de rock de altos decibelios causó sorderas parciales y totales entre millones de fans. Como consecuencia de ello, la gente ahora se quedaba en sus asientos, como tonta, sin capacidad siquiera de discernir lo que estaba oyendo, ni de levantarse a mear. Esto supuso una amenaza para la vasta industria musical, la cual, en aquella época primitiva estaba pensada principalmente para satisfacer los oídos.

Afortudamente, la ciencia americana llegó en su ayuda. En 1.969, científicos de la CTS (Clonglomerated Technotronics & Sonics) desarrollaron el woofer de partículas subatómicas, un dispositivo capaz de amplificar la música hasta unos nunca oídos ni vistos antes diecisiete millones de decibelios, aunque para ello hubiese que lamentar la pérdida de cientos de monos y ratones blancos en ensayos de laboratorio, principalmente debido a que estallaban sus cabezas. Pero con este nuevo artefacto, la gente que oía menos que un gato de yeso con audífono pudo apreciar de nuevo el rock’n’roll, aunque fuese sintiendo las vibraciones a través del suelo, algunas de las cuales llegaban a alcanzar un cuatro en la escala de Richter.

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AC/DC – “TNT”

La escena, pues, ya estaba preparada para una nueva revolución. Todo lo que se necesitaba era un grupo adecuado para llegar a tocar rock’n’roll de una forma increíblemente alta y distorsionada, a la cual se le aplicaría el nombre de “heavy metal”.

Y dicho grupo bajó del cielo como un globo.

La mayoría de los musicólogos y también una gran parte de los metalúrgicos están de acuerdo en que la más importante de todas las bandas de heavy metal que asolaron la tierra fue Led Zeppelin.

Led Zeppelin fue realmente un grupo que rompió moldes. Y cuando no estaban rompiendo moldes, normalmente estaban rompiendo muebles. Se podría escribir un libro entero sobre el arte de devastar una habitación de hotel, y varios capítulos largos tendrían que estar dedicados a Led Zeppelin. Desde entonces la aplicación de este arte fue la que dividió a los músicos entre los que eran rockeros y los que no. Led Zeppelin lo hacían con precisión y brillantez. Su legendario batería John Bonham jamás se sentó en un sofá al que no prendiera fuego después y a continuación lo arrojase por una ventana. Su legendaria muerte en 1.980 ocurrió cuando una vez, más borracho de lo habitual, se olvidó de tirarlo después de pegarle fuego. Los igualmente legendarios Robert Plant y Jimmy Page fueron una vez invitados a una prestigiosa universidad para dar una clase magistral sobre la forma más eficaz de arrancar tuberías de la pared.

Extraordinariamente dotados para ello, los Zeps no planeaban ni ensayaban sus épicas destrucciones de hoteles, sino que se aproximaban a cada uno con un espíritu de inspirada improvisación. Desafortunadamente, ninguna de estas arrasadoras sesiones fue jamás grabada o televisada, así que solo podemos confiar en la palabra de otros músicos invitados a asistir, o de groupies también invitadas; pero la mayoría de los testigos y peritos de compañías aseguradoras están de acuerdo en que la composición que hicieron de la suite 1237 del Omaha Holiday Inn fue la mejor obra que se haya hecho nunca en este campo. La comenzaron con Bonham circulando con una moto de gran cilindrada a través de las habitaciones a gran velocidad, para alcanzar el climax cuando Plant y Page prendieron fuego al pelo de su manager, para después apagarlo usando como extintores botellas de champán Dom Perignon.

Los miembros de Led Zeppelin en el jardín que rodeaba al hotel “Ramada”, en 1.974, mirando tristemente cómo éste ardía, después de que ellos accidentalmente hubiesen prendido fuego a su suite.

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Led Zeppelin – “Rock and roll”

Casi tan influyentes como Led Zeppelin (que llegaron a infectar a todo un continente en cuestión de días) fueron los miembros de otra banda británica de heavy metal llamada Black Sabbath.

Líderados por el temible Ozzy Osbourne, los Sabbath se aficionaron al ocultismo, lo cual podría haber estado bien si se hubiesen limitado a invocar a los demonios para que mataran y se comiesen a sus enemigos, y los hubiesen mantenido lejos de las salas de conciertos. Pero incorporar la magia negra al grupo no solo hizo de Black Sabbath la primera banda de culto oculto, sino que también hizo posible las posteriores carreras de Alice Cooper y Marilyn Manson.

Pero tanta maldad tuvo su castigo. Un romántico Ozzy Osbourne cantó sobre maldiciones, matanzas, plagas, rapiñas, violencia y delirios de locura que él personalmente había experimentado y disfrutado. Si hubiese sabido que el destino le depararía terminar su carrera como el inepto y risible padre de familia zumbado por las drogas de una telecomedia, indudablemente hubiese preferido también suicidarse sobre un escenario.

Pero en aquellos tiempos, aunque desdeñados por la clase alta de los críticos de rock y por la mayoría de los miembros de las AMPA de todos los institutos, Black Sabbath vendieron más discos que Cat Stevens y Eric Clapton juntos; megamillones de discos. Para cuando se metieron de nuevo en sus ataúdes buscando un largo periodo de reposo, ya habían logrado que la Reina de Inglaterra les premiase con el honorífico título de Caballeros Ejecutores del Reino, con el que tanto ellos como sus descendientes tenían el derecho de condenar a muerte a cualquiera que no les gustase.

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Black Sabbath – “Paranoid”

En los años de sequía heavy que siguieron, los grupos metálicos como Black Sabbath fueron muchas veces culpados de inducir a los adolescentes a que cometiesen suicidio. Pero esto fue desmentido de forma evidente cuando unos estudios revelaron que la mayoría de estas personas habían sido conducidos a terminar con sus propias vidas por el aburrimiento causado por John Denver y los Osmonds. Además, como Ozzy dijo una vez en uno de sus raros momentos de lucidez, “es un jodido milagro que todos los jodidos jovencitos no se hayan jodidamente suicidado”.

Pero volvió de nuevo la época de vacas gordas porque, aunque en Inglaterra fue donde comenzó el heavy metal, era inevitable que los americanos sacasen su propia versión; después de todo en los USA es donde más lunáticos hay por metro cuadrado. Así que muy pronto los grupos metálicos americanos comenzaron a brotar rápidamente hasta de debajo de las piedras, derribando a menudo a los incautos que no eran capaces de apartarse lo suficientemente rápido del agujero que se estaba formando bajo ellos. Estos misteriosos socavones en el continuum espacio-tiempo puede que tengan también algo que ver con la destrucción del medio ambiente, dicen los expertos.

Así surgieron bandas tales como Metallica, Guns N’Roses, Mötley Crüe y otras más, demasiado numerosas para exterminarlas, que se extendieron sin oposición por toda la faz de la tierra, llegando incluso hasta el continente perdido de Australia, donde según recogimos en un anterior escrito, habían ido a parar los británicos desterrados portadores del genoma del heavy.

Los miembros de Metallica, Lars Ulrich, Robert Trujillo y James Hetfield, informando a Kirk Hammett que había sido expulsado de la banda por aparecer frecuentemente sin gafas de sol y también por parecer un tipo feliz.

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Metallica – “Fuel”

Con sus lóbregos riffs, pesados, repetitivos, distorsionados, causaron un enorme resurgimiento de los remedios contra el dolor de cabeza, para gran fortuna de la industria farmacéutica. En las décadas que siguieron el heavy metal crecería tanto que ya nada pudo destruirlo. Fallaron contra él las armas de destrucción masiva, los ataques nucleares, la senectud que trajo la propia naturaleza. El heavy metal no puede ser destruido por ningún medio conocido.

Así que no queda otra elección que asumirlo y unirse a él… al menos yo así pienso hacerlo el próximo sábado por la noche…

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AC/DC – “For those about to rock (We salute you)”