NOCHE DE PAZ, NOCHE DE HORROR

Debe ser fácil odiar la Navidad, muchos de vosotros lo hacéis y así lo habéis hecho constar. Os aburre la inacabable letanía de buenos deseos por parte de todo el mundo, o el frenesí consumista impulsado por los anuncios de televisión… la fantasía de “La gran familia” disuelta en las pesadillas de las pelis de Tim Burton.

Pero no importa lo malas que puedan llegar a ser tus navidades, ten la seguridad de que aún pueden ser muchísimo peores.

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“Noche de paz”

El hogar dulce hogar no era el mejor lugar para la familia de R. Gene Simmons (no confundir con el de los Kiss), de Arkansas. La familia se había ido desmembrando rápidamente alejándose de él. Incluso su hija favorita, que además le había dado un nieto, había optado por casarse e irse de casa. Era el momento de la venganza. Los convenció a todos para que volvieran a reunirse en casa por Navidad y pasar aunque fuese un día feliz todos juntos. Durante la cena, Simmons disparó a todos los adultos y estranguló a todos los niños. Esa Nochebuena este hombre hizo polvo a tres generaciones de Simmons de golpe. A catorce de ellos, para ser exactos. Fue la peor carnicería familiar en la historia americana.

Pero espera… todavía no había terminado. Aún quiso conceder unos bises.

Como nadie descubrió el hecho durante el día de Navidad, pasado éste, Simmons se dirigió con la escopeta a la oficina del paro aquélla en la que solo le ofrecían trabajos de mierda. Mató a dos personas e hirió a cuatro más antes de entregarse a la policía.

Simmons se convirtió en el primer hombre ejecutado con una inyección letal con forma de arbolito de Navidad en el estado de Arkansas.

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“Jingle bells”

Pero el impulso navideño de erradicar a la familia de uno no está limitado a gente tan disfuncional como Simmons. También tenemos a H. Sanford Williams, que era un señor eminentemente respetable, pastor metodista, miembro de una fundación benéfica jesuíta, y jefe de la fundación que manejaba los fondos para la jubilación de sus feligreses.

Pero se tomó demasiado en serio que estos días de Navidad estaban hechos para compartir y dilapidó todo el dinero de la fundación que regentaba aplicándose el lema de que la caridad, bien entendida, empieza por uno mismo. Desde entonces la fundación tuvo un problema muy serio. Y también él.

Así que en Nochebuena cogió el rifle que se había comprado con algunos de los dólares sacados de aquel fondo y disparó con él a su mujer y a sus dos hijos antes de volver el arma contra sí mismo.

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“Estrellas, sol y luna”

En aquel colegio de Oklahoma los padres estaban emocionados cuando la fiesta infantil estaba llegando a su climax. Había terminado ya el último niño que recitaba, las notas del último villancico estaban fundiéndose con los atronadores aplausos. Y ahora llegaba el mágico momento en el que Santa Claus entraba cargado con su saco lleno de regalos para todos lo niños. Pero… oh, nooo! Santa Claus al volverse le ha dado con el saco al árbol de navidad y lo ha tirado… sus luces están estallando… fuegoooooo!!!

En cuestión de minutos la sala era un infierno furioso con doscientos hombres, mujeres y niños intentando encontrar a la fuerza el camino de salida: una puerta que se abría hacia adentro.

Murieron treinta y cuatro personas. Pero gracias a los heroicos esfuerzos de Santa Claus y el profesor que hacía de presentador de la fiesta (los cuales perecieron también incinerados) solo cinco niños se contaron entre los muertos.

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“O Holy Night”

La sustitución de luces incandescentes por velitas no elimina la tendencia de los árboles de navidad a convertirse en pirotécnicos troncos achicharrados. Una de las bombas de fuego más mortales fue la del árbol del Hospital de la calle Niles, en Connecticut.

Cuando una enfermera desenchufó las luces del árbol de navidad, un chispazo encendió las secas agujas del abeto. La chica cogió un extintor, pero el pánico que le entró al ver las amenazantes llamas pudo con su ánimo y huyó. No solo no usó el extintor, sino que, en su desesperación, ni siquiera pensó en llamar a los bomberos. A éstos los avisaron los vecinos varios minutos después, cuando el crepitar de las llamas les despertó.

Y no solo no usó el extintor ni avisó a los bomberos, sino que en su huída dejó abierta la puerta del salón para ventilar apropiadamente el fuego. El edificio se consumió por completo, y quince pacientes y dos enfermeras murieron aquella noche.

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“El pequeño tamborilero”

En Temoaya, México, acababa de terminar la Misa del Gallo. Tres mil devotos abandonaban pacíficamente la enorme iglesia cuando uno de ellos tropezó con el cable que no debía.

Hubo un brillante flash azul… y después la oscuridad más absoluta.

Todos los sentimientos de paz y deseos de buena voluntad hacia el prójimo se desvanecieron y la multitud se transformó en una turba asolada por el pánico que salía en estampida del santuario. Para cuando volvió la luz apenas unos minutos después veintitrés personas habían muerto y más de doscientas estaban seriamente heridas.

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“Afunfun afanfan”

Me alegraré de que tú puedas sobrevivir a la Nochebuena, a la familia y a las circunstancias… algo que mucha otra gente no podrá decir. Si es así, recibe mis más cordiales deseos de felicidad y de fuerza y paciencia para afrontar otro duro año de crisis y gobierno del PP.

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“Feliz Navidad”

THE GREAT UPSETTER

FRANK ZAPPA siempre fue un tío incordiante. Se divertía tirando barreras abajo, provocando a los censores y haciendo que los abogados de su compañía discográfica se tirasen de los pocos pelos que les quedaban a causa de la cantidad de problemas que acarreaban sus nuevos discos.

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“Brown shoes don’t make it”

Echando la vista atrás podemos recordar aquella vez en la que Zappa se pasó diez días en la cárcel después de hacer la producción de una peli porno para un vendedor de coches usados… que resultó ser un policía camuflado. O cuando por fin vio hecho realidad su sueño con los Mothers of Invention en forma de su segundo disco “Absolutely free”, que le daba una patada sexual a los convencionalismos con “Brown shoes don’t make it”, una canción que describe como un ejecutivo de mediana edad decide que la mejor diversión que puede tener en su casa es una chavalita de 13 años. La parte que dice “despojada de su ropa y echada en la cama, donde ella alimenta sus fantasías durante toda la noche” revela todo lo que necesitas saber.

Con su tercer disparo de vinilo, “We’re only in it for the money”, Zappa causó verdaderos ataques de apoplejía a los censores con la canción “Harry, you’re a beast” y la frase “don’t come in me”, en la que ese “come” tenía el mismo significado que Lenny Bruce le daba cuando hacía aquel famoso monólogo de “To is a preposition, come is a verbe”. Si no lo pillas porque tu inglés no es muy bueno lo entenderás cuando veas la traducción del título de otra canción al final del post, tranqui…

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“Harry, you’re a beast”

La guerra de Zappa contra los convencionalismos establecidos se fue caldeando. Y llegó a su punto de ebullición en la ceremonia de los premios Grammy que se celebró en el Waldorf Astoria de New York, el día de los enamorados de 1967. Los contrataron para darle en las narices a todos aquellos que pensaban que la ceremonia era demasiado seria y formal y los Mothers subieron al escenario mientras la banda de Woody Herman interpretaba “Satin doll” (Muñeca de satén). Lo hicieron vestidos con las ropas más freakies que pudieron encontrar y se pusieron a “mutilar la canción” desmembrando muñecas y ofreciéndole sus brazos y piernas a los espectadores de las primeras filas.

Después de aquello no volvieron a invitar a Zappa nunca más a los Grammy. Para él fue divertido, pero para la mayoría de la gente fue una atrocidad, un escándalo.

En 1985 las cosas se pusieron más serias cuando Frank Zappa se vio envuelto en un debate sobre la censura con las “Esposas de Washington”, las medias naranjas de varios políticos importantes, como resultado de la edición de su disco “The Mothers of Prevention”.

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“Porn wars”

Frank Zappa ya nos dejó hace tiempo, pero su legado vive todavía a través de canciones como “Take your clothes off when you dance” (Quítate la ropa cuando bailes) , “Titties and beer” (Domingas y cerveza), “I promise not to come in your mouth” (Prometo no correrme en tu boca), “The Illinois enema bandit” (El asaltante de las lavativas de Illinois), “Penis dimensión” (El tamaño ése que dicen que no importa), “I have been in you” (He estado dentro de ti), “Why does it hurt when I pee?” (¿Por qué me duele cuando meo?) o “Harder than your husband” (Más duro que tu marido). Y, por supuesto, también de algunos grandes fraseos de guitarra.

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“I have been in you”

ESOS TÍOS NO SON MIS AMIGOS

En estos días de finales de octubre y de principios de noviembre se cumplen cuarenta años de la desaparición de una de nuestras bandas favoritas de siempre. Llevaba ya algún tiempo rumoreándose, pero ya sabéis que las cosas la mayoría de las veces no deben ser creídas hasta que no se demuestren y, de momento, nada había sido oficialmente admitido. Por eso cuando los CREDENCE CLEARWATER REVIVAL publicaron un comunicado que comenzaba con las palabras “no consideramos esto un rompimiento”, se vio claramente que el final era ya cosa hecha.

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“Bad moon rising”

Terminaba el mes de octubre de 1972 y la banda que había dominado las listas de éxitos americanas desde 1969 con trallazos de rock del bayou prácticos y funcionales, sencillos, sin adornos, sin extras musicales, como “Pround Mary” o “Bad moon rising”, estaba perdiendo su ímpetu. O, al menos, lo estaba perdiendo John Fogerty, que explicó años más tarde que dio este paso porque “ya estaba aburrido”.

John estaba ya aburrido de tener que componer y arreglar todo el material de la banda, cansado de que las ventas de sus discos fuesen disminuyendo paso a paso, y por encima de todo, enfermo de las constantes discusiones sobre su liderato, a lo que contribuyó el abandono del grupo por parte de su hermano Tom el año anterior. El batería, Doug Clifford, había acusado a John Fogerty de ser un loco del control, pero cuando éste soltó las riendas para el disco que sacaron ese año de 1972, “Mardi Gras”, compartiendo con los demás las obligaciones de componer e interpretarlo todo, el resultado fue un desastre de crítica y público de tal consideración, que el final del camino quedó totalmente a la vista de todos.

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“Hey tonight”

Y como si sus responsabilidades creativas no fuesen ya suficientes, el contrato que John Fogerty había firmado años atrás dejaba la mayor parte de los royalties generados por sus canciones en manos de Saul Zaentz, el boss de Fantasy Records. Sus canciones se vendían por millones, pero de ellas John solo conseguía algunas migajas. “Todo lo que yo había creado me fue robado”, era lo que solía comentar de forma sucinta.

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“Who’ll stop the rain”

Ninguno de ellos fue capaz de labrarse una nueva carrera en solitario después del final de la Credence. Al menos no hasta que John Fogerty editó en 1985 su “Centerfield”, que fue un éxito de ventas. Pero aún así, todavía estaba claro que las heridas infligidas años antes todavía le dolían; en la canción “Zanz Kant Danz” cantaba: “…pero él te robara el dinero / vigílale o te costará un ojo de la cara…”

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“Zanz Kant Danz”

El hecho de que Saul Zaentz fuese el propietario de los derechos de las canciones de John Fogerty dio lugar al más disparatado caso de plagio que se haya juzgado en el mundo cuando acusó a John de que una de las canciones de ese disco, “The old man down the road”, estaba copiada de “Run through the jungle”, una canción de Credence Clearwater Revival que también había escrito John. Los jueces tardaron, pero por fin en 1988 le dieron la razón a John Fogerty, aunque las disputas por unas cosas y otras continuaron muchos años más. Como también lo hizo el rencor de John hacia sus antiguos compañeros de grupo. En 1998 le preguntaron qué pensaba sobre que Stu Cook y Doug Clifford siguiesen haciendo giras con el nombre de Credence. La de nuevo sucinta respuesta de John fue: “Esos tíos no son mis amigos”.

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“The old man down the road”

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“Run through the jungle”

MARK 1

Llegó la hora. Se habían pasado los últimos cinco meses encerrados en una aislada granja de Hertfordshire, alejados del mundanal ruido, y ahora ya se sentían preparados para comenzar a dar conciertos.

Ahora mismo eran un quinteto: Jon Lord, Ritchie Blackmore, Ian Paice, Rod Evans y Nick Simper.

Y tenían un plan: irse de gira a Escandinavia, donde algunos de ellos ya habían estado tocando antes con otras bandas, que fueron muy bien recibidas. Y hacerse un nombre, al estilo de los Beatles en Hamburgo, que les facilitara más las cosas a la hora de comenzar a tocar en su propio país, en el que no sabían si iban a ser bien recibidos estando tan verdes como ahora.

Ritchie, Rod, Ian, Nick y Jon.

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“Help”

En aquel tiempo los miembros de la banda eran todavía bastante aprensivos con su futuro musical, aunque no se planteaban la posibilidad de pasar desapercibidos sin dejar rastro alguno. No se puede decir, pues, que pecasen de falsa modestia, porque sentían que tenían mucho que ofrecer musicalmente.

Ciertamente, tampoco es que fuesen unos recién llegados a este negocio; todos ellos tenían ya un pedigrí de cierta consideración. El teclista, Jon Lord, había estado tocando rhythm and blues con los Art Woods, la banda que lideraba el hermano mayor de Ron Wood, y tenía también mucha experiencia como músico de sesión, lo que le llevó a formar parte de la banda que se montó para salir de gira y capitalizar el éxito de “Let’s go to San Francisco”, un single que se había editado acreditada a los Flowerpot Men, que no eran más que un grupo ficticio, porque en realidad esas canciones las habían grabado sesioneros profesionales.

Ritchie Blackmore a estas alturas era ya casi un guitar-hero también; principalmente debido a su trabajo con el productor Joe Meek, contribuyendo con exuberantes toques de guitarra en discos de gente como Screaming Lord Sutch, Heinz y Mike Berry & The Outlaws. El batería, Ian Paice, había puesto sus baquetas al servicio de The Maze, cuyo cantante era Rod Evans, que ahora estaba también aquí con él. Y Nick Simper había sido el bajista de Johnny Kidd & The Pirates (de hecho, incluso había salido malherido del accidente que le costó la vida a Johnny Kidd) y también estuvo con Jon Lord en la banda que ponía cara a los Flowerpot Men. Además había tocado el bajo también con los Savages de Screaming Lord Sutch, por lo que también conocía ya de antes a Ritchie Blackmore.

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“Hush”

El concepto original para montar esta banda había sido bastante diferente a lo habitual. Dos hombres de negocios, con dinero de sobra y afición por el rock, eligieron invertir parte de sus ganancias en una nueva banda que iban a formar alrededor de Chris Curtis, el batería de los famosos Searchers. Pero a las pocas semanas, Chris pensó que los tipos que le habían puesto al lado eran demasiado salvajes para lo que él acostumbraba a tocar y se retiró discretamente, con lo que también desapareció el mecenazgo de los dos inversores.

Ya establecidos como quinteto, asumieron que la música que hacían podía funcionar bien por sí misma, pero que ellos necesitaban una imagen tan impactante como su sonido. Se inspiraron originalmente en Vanilla Fudge y comenzaron a construirse una imagen visual, creando varios personajes histriónicos que pudiesen ser algo salvaje en escena, lo que consideraban vital para interpretar sus canciones. Ritchie Blackmore y Nick Simper se pasaron horas y horas ante el espejo, perfeccionando sus posturas y movimientos.

A primeros de abril de 1968, tras abandonar la granja, la banda grabó una maqueta con algunas de sus canciones, entre las que incluyeron una versión de “Hush”, y acto seguido se encaminaron a Escandinavia, donde iban a comenzar una gira de 17 días en los que darían 11 conciertos. El primero de ellos fue en el salón de un instituto de Tastrup, en Dinamarca. Que no es que fuese un local muy significativo en el gran esquema de las cosas del rock and roll, pero que, el día 20 de abril de 1968, albergó la primera aparición de DEEP PURPLE.

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“Kentucky woman”

Aunque en realidad la banda por entonces tenía el nombre de Roundabout, que fue con el que aparecieron en los conciertos de aquella gira y con el que aparecieron ante aquellos 500 espectadores que no sabían que estaban siendo testigos de uno de los momentos estelares de la historia del rock. Y la verdad es que aunque se lo hubiesen dicho no se lo hubiesen creído, porque el estreno del grupo resultó un desastre.

La gente no protestó demasiado, ya sabéis, los fans mitómanos, con bastante cerveza y caña por la cara somos capaces de perdonar a cualquier banda; pero los plumillas locales, invitados aquella noche les dijeron que se parecían a Dave, Dee, Dozy, Beaky, Mick & Tich y todos los de la banda señalaron como causante del mal sonido a Nick Simper, con el que pillaron un cabreo tan monumental que se fueron del local en un momento en que éste estaba ocupado en los servicios plantando un pino y le dejaron allí tirado.

El pobre Nick, sin tener ni puta idea del extraño lenguaje que se hablaba en aquel país y no acordarse siquiera del nombre del hotel en el que se alojaban, se las compuso para llegar hasta él, donde se encontró con los otros cuatro en la barra del bar, lanzándole miradas asesinas. Nick tuvo con ellos más que palabras, pero no había más remedio que aguantarse y seguir. Tampoco es que durase mucho la asociación, no sabemos si se la tenían guardada o no mejoró el gusto por su forma de tocar el bajo, pero en junio de 1969, la situación en el seno del grupo había adquirido un cariz tan violento, que al regreso de una gira que hicieron por los USA, le expulsaron por fin de la banda, y con él le dieron puerta también a Rod Evans.

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“Hey Joe”

Pero volviendo a donde estábamos, los siguientes conciertos en Dinamarca siguieron resultando tan fríos como su clima, por lo que los planes de la banda de hacerse un nombre importante que les abriese las puertas de Inglaterra estaban fallando. Había que idear un plan B. Y éste consistió en terminar la gira como los Roundabuts, tal como estaban anunciados, pero enterrar el nombre para siempre allí mismo y comenzar de nuevo en Inglaterra con otro completamente nuevo que no les relacionase con estos fiascos. El nombre nuevo se le ocurrió a Ritchie Blackmore, al que su abuelita siempre le decía que ya que estaba en una banda de música, por qué no le tocaba la canción favorita de ella, una muy antigua que se llamaba “Deep purple”.

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Larry Clinton & His Orchestra – “Deep purple”

La salida de Nick fue muy agria, como os podéis imaginar, pero se tomó las cosas con bastante filosofía… “es mejor un hube sido que un nunca fui”… y aparte de seguir toda su vida montando y desmontando proyectos musicales que nunca gozaron de éxito alguno, se estableció en un barrio del oeste de Londres, donde abrió una empresa de pintura y decoración de casas, que es la que le ha dado seguridad económica para sus locos proyectos musicales paralelos, y que todavía debe mantener funcionando… si no se la ha cargado la actual crisis.

De la misma forma, Rod Evans también estuvo mezclado en varios proyectos musicales de nulo éxito, con el agravante de que en 1980 le enredaron para montar unos falsos Deep Purple, con él al frente de varios músicos de sesión, que solamente le valió para que la compañía de management del grupo real le demandase y le sacase una cantidad cercana a los 700.000 dólares en daños y prejuicios, que ha tenido que ir pagando a base de no recibir ni un céntimo de los royalties generados por los tres primeros discos de Deep Purple, en los que él participó como cantante. Aquel disgusto le retiró de la música para siempre y desde entonces se ha dedicado a ejercer la medicina en un indeterminado hospital de California, donde nunca ha querido ser encontrado más que por sus pacientes con problemas respiratorios.

Nick y Rod fueron sustituidos respectivamente al bajo y a la voz por Roger Glover e Ian Gillan y junto a los tres miembros que quedaron comenzaron una vasta y fructífera carrera musical que les ha asentado como una de las bandas más legendarias del rock y de la que, desde este punto, su trayectoria es tan ampliamente conocida que no necesitamos seguir ahondando en ella.

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“Smoke on the water”

BOND FREE

El metro de Londres estaba llegando a la estación de Finsbury Park. De pronto, una figura corriendo por el andén con los brazos extendidos, se tiró delante de él. El conductor accionó los frenos de emergencia, pero ya era demasiado tarde. GRAHAM BOND, uno de los músicos ingleses de más talento de su época, al que sus méritos habían hecho que le pusiesen el apelativo de “El Catalizador”, murió irremisiblemente bajo las ruedas de los vagones.

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Graham Bond Organisation – “Tammy”

La policía no fue capaz de identificar el cadáver hasta dos días más tarde, porque había quedado en un estado más allá de cualquier reconocimiento. La única forma en la que pudieron establecer quién era fue a través de sus huellas digitales. Posteriormente, Diana Stewart, la segunda esposa de Graham (a la que vemos con él ahí arriba el día de su boda) y otros dos amigos de él, certificaron la identificación.

Los rumores se esparcieron por todas partes. Muchos insistieron en que la magia negra había jugado un importante papel en su desaparición. Pero en la investigación y el juicio que siguieron a su muerte la declaración del juez fue de un veredicto abierto. Ni siquiera se pudo demostrar que hubiese sido un suicidio.

Pocas horas antes de su muerte, Graham Bond había telefoneado a un periódico, diciendo: “Me siento en forma. Lo he dejado todo atrás y ahora estoy mirando hacia delante, para volver a trabajar de nuevo”.

Su manager, John Hunt, con quién Graham había estado reunido algunos días antes, también lo confirmó: “Graham ha dejado las drogas y la magia; ha vuelto al rhythm and blues y a escribir canciones. Necesitaba dinero para un local de ensayo. Pero no podía conseguirlo; estaba sin un penique”.

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Graham Bond Organisation – “Neighbor neighbor”

Graham Bond había causado un gran impacto en la escena del jazz británico en 1961, cuando tocaba el saxo alto en el Don Rendell’s Quintet. En 1963 entró a formar parte de la Alexis Korner’s Blues Incorporated, antes de formar su propia banda, The Graham Bond Organisation, un grupo sensacional que en sus mejores momentos contó con el bajo de Jack Bruce y la batería de Ginger Baker, dos tercios de los Cream. También formaban parte de la Organisation el saxofonista Dick Heckstall-Smith (John Mayall, Colosseum…), que reemplazó en este grupo a John McLaughlin, y el propio Graham Bond, con el órgano Hammond.

Eran una banda enormemente funky en la que destacaba, sobre todo, la rasposa voz de Graham, tan poderosa que muchas veces era capaz de pisar al bajo o de levantarse por encima del saxo alto que a veces tocaba también a la vez que su Hammond. Cuando se disolvieron a mediados de 1967 Graham anduvo envuelto en varios proyectos antes de unirse una vez más a Ginger Baker, durante 1970, en el megalítico grupo que fue su Air Force.

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Ginger Baker’s Air Force – “Da Da man” (Graham Bond: solo de saxo; Steve Winwood: solo de órgano; Denny Laine: solo de guitarra)

Después de aquello, Graham se lanzó a un estilo de vida que le hizo perder a su primera esposa, sus tres hijos y su casa. Se convirtió en un total adicto a las drogas y creció en él un enorme interés por la magia negra, con la que había tenido contactos desde mediados de los ’60. Graham había nacido en 1937, siendo hijo de madre desconocida, y las circunstancias de su nacimiento siempre fueron un misterio. Cuando se enteró de que una de las novias de Aleister Crowley había dado a luz a un hijo ilegítimo en 1937, Graham declaró que él era hijo de Crowley, una creencia que le llevó a introducirse cada vez más en el ocultismo, hasta el punto de ponerle de nombre a su nueva banda Holy Magick.

Diane Stewart, que formaba parte de esta banda, habló más tarde de las sesiones de grabación que hacían.

Los músicos estaban un poco asustados porque Graham realizaba todo el ritual de El Advenimiento de la Luz, con su Cruz Cabalística, su fuego… un conjuro para invocar la energía. Y todos nos volvimos locos del todo al final, cuando el estudio entero salió ardiendo!

Y las cosas no mejoraron cuando Graham comenzó a cantar a voz en grito el que creía que era su nombre de verdad: “Aleister Crowley”.

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Holy Magick – “The judgement”

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Bond and Brown – “Lost tribe”

Graham Bond se consideraba a sí mismo alguien influyente en los círculos ocultistas y le dijo a Pete Brown, con el que había grabado un disco bajo el nombre de Bond and Brown, que él había sido elegido “Magus of Great Britain”. Y durante 1973 anunció que había formado una nueva banda llamada Magus, con la cantante y violinista Carolanne Pegg, a la que sacó de Mr. Fox, una famosa banda de folk eléctrico, competencia directa de Steeleye Spann y Fotheringay. Eran un grupo interesante, capaz, decían, de partir desde el piano desnudo, el violín acústico y la voz angelical hasta llegar a la más escandalosa magia electrónica.

Pero el camino de Magus fue muy corto y no llegó a editar nada; a la banda la mataron los problemas de dinero. Graham le debía mucha pasta a los camellos que le proporcionaban sus drogas y la única escapada que vio de una buena paliza, o de algo peor, fue pedir asilo en la comisaría de Notting Hill, en la que se metió llevando consigo un pequeño alijo de hachís de no más allá de media libra de valor, insistiendo en que le detuviesen por posesión.

Por esto hubo quiénes dijeron que los camellos tuvieron mucho que ver en la caída delante del metro que acabó con su vida; mientras otros decían que simplemente había perdido una batalla contra alguna obsesión oculta que fue más fuerte que él. Sea como fuere, su muerte fue pronosticada por uno de los titulares de la prensa musical que hablaba de Graham Bond, el del número de Navidad de 1973 de la revista Sounds: “Bond’s free at last”.

El 8 de mayo de 1974, el espíritu atormentado de Graham Bond obtuvo por fin su definitiva libertad.

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Graham Bond Organisation – “Spanish blues”

Última foto tomada en vida de Graham Bond

…UN GRAN PASO PARA LA HUMANIDAD

Todo comenzó cuando PINK FLOYD terminaron su gira americana en noviembre de 1971 y todos volvieron a reunirse diez días después en el estudio que usaban para ensayar, al lado de la estación del metro de West Hampstead, para hablar sobre componer material para un nuevo disco. Pero, como diría Serrat, aquel día las musas pasaron de ellos y se retiraron sin nada, pero poniéndose una fecha límite para tener algo con lo que empezar.

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“Careful with that axe, Eugene” (Del “Ummagumma”)

En enero tenían que comenzar otra gira, esta vez por Inglaterra e iba a ser la primera vez en cuatro años que iban a tocar por allí de forma significativa. Tenían ya comprometidos conciertos hasta 1973, por lo que iban a tener muy poco tiempo para grabar nada. De hecho, la crítica ya comenzaba a tildar sus conciertos de aburridos debido a la falta de nuevo material. Y mirándolo en el contexto de aquellos tiempos, incluso la banda estaba de acuerdo en eso porque viendo entrevistas de la época se puede leer como los Pink Floyd estaban descontentos de la acogida de sus dos anteriores discos, “Ummagumma” y “Atom heart mother”, y se mostraban desencantados de su vida y de su trabajo en la banda. Roger Waters decía, textualmente, que estaba “cansado de la mayoría del material que tocaban” y Nick Mason iba incluso más allá, mostrando un hastío que le hacía estar “mortalmente aburrido”.

Sin embargo, no se dejaron abatir y vieron al recién editado “Meddle” como un paso en la dirección correcta, especialmente su larguísimo tema “Echoes”, que ocupaba toda una cara y del que Roger Waters decía que era un “poema épico sonoro”. En los conciertos volvieron a estar animados con estos nuevos sonidos y se dijeron que nunca más esperarían a tener un disco en la calle para comenzar a tocar en directo sus canciones; en adelante probarían estas canciones nuevas en las giras y se comprometieron a tener suficiente material del próximo disco preparado como para poder rellenar con él toda la primera mitad de sus conciertos durante las cinco o seis semanas previas a su edición. Así que mientras actuaban teniendo el “Meddle” como base, comenzaron a plantearse su próximo movimiento.

Cuando comenzamos con un nuevo disco siempre desenterramos viejas cintas para ver si hay en ellas algo que podamos usar todavía. (David Gilmour)

Esto no es un síntoma de desesperación; cualquier banda prolífica envuelta siempre en variados proyectos alternativos aparte de sus propios discos, tiene normalmente alguna veta escondida en sus minas musicales de la que extraer algunos gramos de oro viejo. Y esta vez también les funcionó a la perfección. Roger Waters comenzó a darle vueltas a un instrumental llamado “Breathe”, que había escrito para la banda sonora de “The Body”, un documental de 1970 sobre biología humana. Rick Wright resucitó una secuencia de acordes de piano aparentemente moribunda… según David Gilmour, “una de esas cosas que la banda no sabía qué coño hacer con ella”… y que, a su debido tiempo, encontró nueva vida como “The great gig in the sky”. Rick excavó también una pieza que Michelangelo Antonioni había rechazado para la banda sonora de “Zabriskie Point”, que posteriormente vio la luz con el nombre de “Us and them”.

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“Us and them”

Nosotros y ellos.
Y, al fin y al cabo, tan solo somos tipos ordinarios.
Yo y tú.
Dios sabe que eso no es lo que habríamos escogido hacer.

“Adelante”, gritó desde detrás,
y los primeros murieron;
y el general permaneció sentado y las líneas en el mapa
se movían de lado a lado.

Negro y azul.
¿Y quién sabe cuál es cuál y quién es quién?
Arriba y abajo.
Y al final, todo se reduce a vueltas y más vueltas.

“¿No lo sabes? Es una guerra de palabras”,
dijo el que llevaba anuncios de alistamiento.
“Oye, chaval”, dijo el hombre que llevaba el arma.
“Para ti hay un puesto con nosotros”.

Abatido y deprimido.
No hay más remedio, pero es una condición general.
Con, sin.
¿Quién negará que por eso se lucha?

Déjame pasar, estoy muy ocupado.
Me preocupan muchos asuntos.
Por falta de dinero para el té y las tostadas
se murió el viejo.

Pero todas estas ideas recuperadas solamente hubiesen sido elementos deslavazados de no haber encontrado un concepto que sirviese de catalizador y éste salió de la mente de Roger Waters: las presiones de la vida moderna convertidas en una reflexión sobre la locura, una lóbrega predicción de un futuro lleno de disgustos y espantosas realidades. Los demás miembros de la banda aceptaron bien este concepto porque veían en él referencias a sus propias vidas; por una parte les parecía una crítica satírica contra los negocios, el materialismo… pero cuando incluyeron también la noción de la muerte ya sintieron que todo lo que iban a decir en este disco les pillaba muy de cerca.

Para mí, una de las mayores presiones de estar en una banda era el constante miedo a morir a causa de todos los viajes que estábamos haciendo en aviones y por las autopistas de toda Europa y América. (Rick Wright)

Con Roger Waters en la buena senda compositiva no tardaron en aflorar altos conceptos como el tiempo y el dinero, que dieron lugar rápidamente a más canciones… “Time”, “Money”… pero el viaje de nueve o diez días que tuvieron que hacer a París antes de Navidad para rodar el “Live at Pompeii” les paró por completo el proyecto. No importaba, tenían suficientes canciones preparadas como para cumplir su promesa de poder comenzar a rodarlas en los conciertos de la inminente gira. Los estudios de los Rolling Stones en Bermonsdey les sirvieron de cuartel general para terminar de atar cabos y ensayar a tope.

Todo estaba preparado para comenzar la gira en Brightom el 20 de enero y presentar allí “Eclipse”, que era como llamaban a este trabajo que aún estaban desarrollando. Sin embargo esta ciudad perdió el honor de ser la primera en la que se escuchasen las nuevas canciones de “The dark side of the moon” porque unos días antes del concierto la cinta en la que tenían los efectos especiales de “Money” se enganchó en una de las reproducciones y se relió de tal forma que quedó completamente inservible, por lo que tuvieron que recurrir para completar el set con más canciones del “Atom heart mother”. Sus concierto fueron iguales durante las noches siguientes, con el consiguiente disgusto de la banda y del público que esperaba disfrutar de nuevas canciones suyas hasta que por fin pudieron disponer de otra cinta en condiciones y la futura opera magna de Pink Floyd pudo ser escuchada por primera vez el 3 de febrero en el Festival de la Escuela Politécnica de Arte de Lanchester, a las 2 y media de la madrugada, justo después de que Chuck Berry abandonase el escenario.

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“Time”


Marcando los minutos que componen un día aburrido,
tiras y malgastas las horas sin el menor cuidado,
vagabundeando por los campos de tu pueblo natal,
esperando que alguien o algo te enseñe el camino.

Harto de tumbarte al sol y de quedarte en casa viendo llover,
eres joven, y la vida es larga y hay tiempo para perder.
Y, de pronto, un día, te das cuenta de que diez años
han quedado tras de ti.
Nadie te explicó que cuando estás corriendo
echas de menos el punto de partida.

Corres y corres para alcanzar el sol,
pero éste se está poniendo,
y rápidamente se levanta detrás de ti de nuevo.
El sol es el mismo, de un modo relativo,
pero tú eres más viejo.
Ya te falta la respiración
y estás un día más cerca de la muerte.

Todos los años son un poco más cortos,
nunca te da tiempo de nada,
de hacer planes que cualquier otro terminaría
ni de garabatear media página.
Hundirse en la callada desesperación
es algo muy inglés.
El tiempo se ha ido, la canción se ha acabado
…aunque a mí me queden cosas que decir.

Al no ser un trabajo terminado, los miembros de la banda podían tomarse libertades con las canciones y cambiar partes de aquí y de allá, variarlas según sus nuevas necesidades, etc. Por ejemplo, “Time” vio la luz del día de forma mucho más lenta de cómo se grabó en el disco (y has escuchado ahí arriba) y la banda la fue acelerando a medida que la iba interpretando en estos conciertos; también se le fueron incorporando las armonías vocales de Gilmour y Wright… para cuando llegó la fecha de la guinda del pastel de esta gira, los cuatro días seguidos en el Rainbow, a partir del 17 de febrero, la obra ya tenía un título nuevo: “Dark side of the moon (A piece for assorted lunatics)”. Fue un completo éxito; ninguna otra banda había logrado anteriormente llenar el Rainbow tantos días seguidos. Y el éxito no solamente fue de público, sino también de crítica; hasta el imperturbable “Financial Times” dijo que “Pink Floyd han extendido las más lejanas fronteras de la música pop”.

Pero el éxito trajo también una consecuencia no deseada. Alguien hizo una buena grabación de uno de los conciertos del Rainbow y un disco pirata de muy buena calidad, con el nombre de “Dark side of the moon”, comenzó a poblar las estanterías de la mayoría de las tiendas de discos del país. Cuando la banda se enteró de que las ventas de este bootleg se estimaban en unas 120.000 unidades abandonó para siempre su idea de interpretar de nuevo material inédito en sus conciertos.

No habían pasado ni tres meses desde que comenzasen a escribir el nuevo disco y ya tenían un pirata de él circulando por ahí. Y todavía quedaba más de un año para que se editase la versión oficial. El camino de “The dark side of the moon” estuvo lleno de obstáculos y distracciones, algunas planeadas, pero otras no. Uno de los aspectos más extraños de la creación de este disco, a pesar de haber marcado una época, es que una vez escrito se fue grabando a salto de mata, en fragmentos, cuando los de la banda tenían un rato para hacerlo, un día aquí y otro allá, y sobre todo, si tenían ganas de ponerse a hacer algo que les apartase de otra cosa más importante… como la grabación de otro disco, completo y distinto, de nuevo material, por ejemplo.

Aunque durante las décadas de los 80 y 90 Pink Floyd tuviesen una enorme propensión a la majestuosidad, por esta época todavía les quedaban muchos restos de su espontaneidad de los primero días. Por eso no fue de extrañar que cuando Barbet Schroeder, para el que habían hecho ya la banda sonora de la película “More”, les pidió que le hiciesen también la banda sonora de su nueva película, ellos se olvidaron por completo de la otra cara de la luna y aceptaron de inmediato.

Entre el 23 de febrero y el 23 de marzo de 1972 estuvieron en el castillo de Herouville, cerca de París, grabando la banda sonora de “La Valée”, una película en la que unos hippies vagabundean por Nueva Guinea en busca de un valle perdido y, de paso, en busca también, inevitablemente, del sentido de la vida.

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“When you’re in” (Del “Obscured by clouds”)

En mis primeros años de estudiante universitario, la señora Carrascus y yo éramos asiduos de los cine-clubs de las facultades y escuelas técnicas, por lo que tuvimos oportunidad de ver “La Valée” por entonces. El problema fue que el proyector de la Escuela en la que la vimos tuvo esa noche unos problemas técnicos y proyectaron la película sin el acompañamiento de la música de Pink Floyd… no os podéis imaginar dos horas más aburridas que ésas por mucho que lo intentéis.

La música que nos faltó esa noche había salido de Pink Floyd de una forma ultraprofesional: primero se sentaban en un salón, después escribían, después grababan, todo hecho como en una planta industrial, como en una línea de producción. Según David Gilmour, para ellos fue “muy bueno el trabajar bajo limitaciones extremas de tiempo e intentando saber siempre qué era lo que otra persona necesitaba”.

De todas formas, este mariposeo artístico de Pink Floyd en 1972 era más pragmático de lo que ahora podáis pensar; mirando en perspectiva sus vidas musicales en aquellos momentos, ellos eran unos jóvenes de clase media, con buenos ingresos, pero lo suficientemente inseguros con la poca certidumbre que ofrecía su trabajo en un grupo musical como para no explorar otras posibilidades que pudiesen ampliar sus carreras.

Supongo que ahora puede parecer una tontería, pero pensábamos en las películas como uno de nuestros posibles futuros. (David Gilmour)

Cuando terminaron este disco, “Obscured by clouds”, tuvieron que hacer frente a los compromisos que tenían de futuros conciertos… Japón, Inglaterra, USA, Alemania, Holanda… tres meses incansables que terminaron a primeros de junio, justo con la edición del nuevo disco, y eso les permitió tomarse todo un mes para meterse en los estudios Abbey Road y darle otro empujón a “The dark side of the moon”. Pero aún así tuvieron que seguir haciéndolo de forma esporádica porque tenían dos noches comprometidas en Brighton, como una especie de desagravio por no haber podido estrenar allí las canciones de este disco.

Y después de todo, como Roger Waters había estado componiendo “Eclipse” mientras estaban de gira por Estados Unidos y la pudieron montar en el estudio en los primeros días de este mes, el público del Dome de Brighton pudo disfrutar de una de sus primicias. Allí fue la primera vez en todo el mundo que Pink Floyd interpretó la pieza final de su obra maestra.

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“Eclipse”


Todo lo que tocas,
todo lo que ves,
todo lo que pruebas,
todo lo que sientes,
todo lo que amas,
todo lo que odias,
todo en lo que desconfías,
todo lo que guardas,
todo lo que das,
todo lo que cambias,
todo lo que compras,
pides, te prestan o robas,
todo lo que creas,
todo lo que destruyes,
todo lo que haces,
todo lo que dices,
todo lo que comes,
todo el mundo que conoces,
todo lo que desprecias,
todo el mundo con quien luchas,
todo lo que es ahora,
todo lo que ha pasado,
todo lo que vendrá
y todo bajo el sol está en armonía,
pero el sol está eclipsado por la luna.

Y después del verano, de nuevo de gira por los USA. La actividad de Pink Floyd después de sus vacaciones fue frenética: quince conciertos allí durante septiembre, vuelta a los estudios para grabar nueve días más, pero con una interrupción de dos noches por conciertos en Wembley… ¿no iban a terminar nunca de grabar el dichoso disco?

En realidad, eso no les preocupaba demasiado. El 27 de noviembre abandonaron Abbey Road para no volver hasta el 17 de enero del 73; durante ese tiempo, aparte de algunos conciertos salteados por Europa, se enfrascaron en otro proyecto totalmente diferente: Roland Petit, un eminente coreógrafo de vanguardia, les propuso que acompañasen con su música un ballet épico, del que se haría una película.

Ya nos dijo antes David Gilmour que les interesaban todos los posibles caminos hacia donde extender sus proyectos futuros, por lo que no es de extrañar que aceptasen de inmediato la proposición para prestar su música a esas dos obras, que iban a estar basadas en “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust… pero hubo un problema.

Para poder trabajar sobre ella con propiedad, los componentes de Pink Floyd tenían que leerse la obra original de Proust. Y el que más tiempo aguantó leyendo el tocho fue David Gilmour, que llegó hasta la página 118. A los demás el aburrimiento les hizo desistir mucho antes.

Cuando le dijeron a Roland Petit que aquello era demasiado para ellos, que todo era muy lento y que se sentían incapaces de pensar en alguna pieza que fuese apropiada, éste les contestó que no importaba, se cambiaban los planes y ya está… en vez de “En busca del tiempo perdido” iban a representar “Las mil y una noches”, que es igual de largo, pero las historias de Scherezade seguramente les resultarían menos monótonas.

Hubo muchas reuniones y cenas de trabajo con todos los Pink Floyd y Roland Petit, Rudolph Nureyev y Roman Polanski, pero los músicos cada vez se iban dando más cuenta de que eso del ballet no estaba hecho para ellos. Y lo intentaron; ensayaron y prepararon un programa compuesto por “One of these days”, “Careful with that axe, Eugene”, “Obscured by clouds” “When you’re in” y “Echoes” y respaldaron a los bailarines durante 15 representaciones en Marsella y París, pero cada vez que, al compás de “Echoes” el bailarín principal del ballet corría en mallas y cogía a la primera bailarina y la paseaba en brazos con las piernas abiertas por todo el escenario, a los Pink Floyd se les caían al suelo todas sus aspiraciones futuras en este particular campo de las Bellas Artes.

Y, después de todo, todavía tenían un disco que terminar…

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“Any colour you like”

Contando los días que estuvieron en Abbey Road entre el 18 de enero y el 1 de febrero, resulta que solamente habían estado en el estudio de grabación 38 días en siete meses. Un proceso de creación muy, pero que muy, difuso, ¿verdad?

Pero aprovecharon el tiempo. Todos sacaron lo mejor de cada uno de ellos y su trabajo fue un prodigio de cooperación. Si Roger Waters era libre de explorar cualquier mundo de sonidos o palabras, David Gilmour echaba mano de sus conocimientos rockistas para anclarlo todo… incluso le mangó a Eric Clapton el Leslie con el que habían conseguido los Cream el sonido de “Badge” para usarlo en “Any colour you like”; la idea de alternar los ecos y los sonidos secos de “Money” la copiaron de… Elton John. Alan Parsons, el productor, se pegaba horas y horas preparando la grabación de cada sonido de guitarra en cada canción, pero luego llegaban ellos y lo grababan todo de un tirón, con un solo micro, a toda velocidad y a un volumen escandaloso… David Gilmour era el que hacía disfrutar a los demás; y Roger Waters, el que les hacía pensar.

Y otro aspecto importante de estos días de grabación fue como todos los Floyd fueron capaces de reclutar e inspirar a otros participantes en el disco, que dejaron contribuciones espectaculares; y a todos los buscaron por fuera de la habitual élite de músicos de sesión profesionales. Cuando necesitaron un saxo para “Money” y “Us and them”, no sabían a quién recurrir porque nunca antes habían usado un solo de este instrumento. Así que Gilmour llamó a un antiguo compañero con el que había formado parte de una banda de jazz en Cambridge, Dick Parry, al que los sevillanos tuvimos ocasión de disfrutar en directo hace unos años, cuando vino al Territorios acompañando a los Violent Femmes.

Está bien involucrar a los amigos, a la gente con la que tienes empatía. Había algunos grandes nombres que podíamos haber elegido, pero era tedioso tratar con estos músicos profesionales. Y un poquito intimidante, también. (David Gilmour)

Sin embargo, cuando Roger Waters sugirió que unas armonías vocales le irían muy bien a “The great gig in the sky”, nadie de la banda había oído hablar de Clare Torry, simplemente aceptaron la recomendación que Alan Parsons hizo de ella. Habían pensado en Madeleine Bell o Doris Troy y cuando esta desconocida ama de casa abrió la boca y lanzó su voz no se lo podían creer. No es que fuesen muy diplomáticos con el trato que le dispensaron al principio, pero después, ese sonido orgásmico…

No solo exigieron lo mejor de sí mismos y de los demás, también lo hicieron de la tecnología que tenían a su disposición. Estaban decididos a conseguir todo lo que improvisaban y todo lo que salía de su imaginación, sin importarles qué tuviesen que usar para ello… metrónomos con micros aplicados, efectos de vibrato conseguidos por uno de ellos dándole pacientemente a un oscilador con el dedo, ecos y retrasos jugando con las cintas de carrete, un sintetizador VCS3 que David Gilmour había traído directamente de la casa de su inventor, Peter Zinovieff, uno de los genios de la BBC Radiophonic Workshop, que ya había conseguido miniaturizar los cientos de metros de cable y los cientos de componentes que tenía diseminados por el suelo y las paredes de la caseta de su jardín… Los Floyd fueron famosos por usar cualquier máquina que hubiese en el estudio, y era normal ver cables y más cables atravesando pasillos y pedazos de cintas destrozadas diseminados por el suelo.

Y llegó un momento en el que supieron que ya estaba todo terminado. Por fin habían acabado de mezclar todas las canciones, pero hasta el último día no las oyeron como la pieza musical continua que habían estado imaginando durante más de un año. Literalmente habían estado cortando con las tijeras y pegando después cientos de pedacitos de cintas, cortando eslabones de cadenas musicales y montando los finales a mano. Por fin, se pudieron sentar y lo escucharon todo entero a gran volumen. La sensación fue… … … no tuvieron palabras.

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“On the run”

Los que sí tuvieron palabras fueron los encargados de marketing de la EMI; y ésta fueron más o menos así: “No creemos en este disco y por eso no nos vamos a volcar en su promoción, porque nos parece que eso sería tirar el dinero…” Por eso, cuando Pink Floyd presentó a la prensa “The dark side of the moon” en el Planetario de Londres no contaron con el sistema cuadrafónico de sonido que les habían prometido. Los miembros de la banda se enfadaron y al acto solo asistió Rick Wright, por aquello de cubrir el expediente. En los Estados Unidos la cosas fueron muy diferentes; el 31 de marzo el disco subió hasta el número 1, catapultado por las ventas de “Money”, el single que se había extraído de él… “aquello lo cambió todo”, fue el sucinto comentario de Nick Mason años más tarde.

Capitol Records sí estuvo a la altura de las circunstancias en los USA. Al Radio City Music Hall de New York llevó el 17 de marzo a Andy Warhol, con el que fueron al concierto de Pink Floyd todos los miembros del “who’s who” de la vanguardia cultural. Los días 18 y 19 de mayo llenaron el Earls Court con más de 20.000 espectadores maravillados y sorprendidos por el helicóptero que caía en picado desde el techo hasta el escenario estallando en cientos de cohetes, a través de los cuales aparecía Pink Floyd en el escenario. En menos tiempo del que se tarda en decirlo, la banda era lo más elegante y lo más apoteósico del momento a la vez…

Creo que fuimos undergrounds hasta “The dark side of the moon”. Antes éramos vistos como una forma de rock and roll intelectual. Pero su éxito fue nuestro momento definitivo. Se puede trazar una línea recta desde la edición de ese disco a nuestra actual política global de arrasar con todo lo que pillamos por medio. (Nick Mason)

Fue “Money” lo que marcó la diferencia, más que “The dark side of the moon”. Esa canción nos dio legiones y legiones de seguidores, por lo cual le estaremos siempre agradecidos. Pero eso incluía también un elemento ajeno al camino de Pink Floyd. Y empezó ya desde el primer concierto de la gira americana, en el Madison de Wisconsin. La gente de las primeras filas no paraban de gritar: “Tocad ‘Money’…! Dadnos algo con lo que podamos mover el culo…!” Y teníamos que dárselo. Antes que eso tocábamos ante 10.000 espectadores sentados, entre los que, en los pasajes más tranquilos, podías oír el vuelo de una mosca. Siempre se siente nostalgia por los días en que podíamos tocar sin el compromiso de esos niveles de dinamismo. (David Gilmour)

Y el resto de la historia es suficientemente conocido…

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“Breathe (Reprise)”

En casa, en casa de nuevo.
Me gusta estar aquí siempre que puedo.
Cuando llego a casa, frío y cansado,
es agradable calentar los huesos delante del fuego.
En la lejanía, a través de los campos,
el tañido de la campana de hierro
llama a los fieles, que se arrodillan
para escuchar los hechizos mágicos
pronunciados en voz baja.

UN PEQUEÑO PASO PARA UN HOMBRE…

Venía del trabajo escuchando música en el coche, con el mp3 en modo aleatorio y saltó una canción que hacía ya bastante tiempo que no escuchaba y que al volverlo a hacer hoy he visto que habla de un tema enormemente actual… el puto dinero.

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“Money”

Dinero. Escapa.
Consigue un buen trabajo con más sueldo y estás OK.
Dinero. Es divertido.
Coge la pasta con las dos manos y móntate en el taco.
Coche nuevo, caviar, sueños de cuatro estrellas;
creo que me compraré un equipo de fútbol.

Dinero. Vete.
Estoy bien, tío; no toques mis billetes.
Dinero es éxito.
No me hables de virtudes ni gilipolleces;
soy parte de la gente guapa
y creo que necesito un Jet privado.

Dinero es un crimen.
Compártelo justamente…
…pero no toques el mío.

Dinero. Por eso dicen que es la raiz
de todos los males.
Pero si pides un aumento
no te sorprendas de que no te den ni un céntimo.

Esta canción tiene ya la friolera de 39 años de edad y pertenece a un disco de Pink Floyd llamado “The dark side of the moon”, que es uno de los grandes monumentos de la historia del rock, una obra tan abrumadora desde el punto de vista estético como del estadístico. Un disco deslumbrante del que se han vendido más de 50 millones de copias en todo el mundo y del que aún se siguen vendiendo aproximadamente un millón más cada año que pasa en todos los formatos actuales. Y eso a pesar de no haber llegado a ser nunca número 1 en las listas de ventas de Inglaterra. Desde que se editó estuvo entre los 75 primeros de esas listas durante 310 semanas seguidas y todavía sigue apareciendo por ellas en periodos de grandes ventas, como las navidades, o cuando se reedita para conmemorar números redondos de su cumpleaños, por ejemplo. En los Estados Unidos, sin embargo, sí llegó a estar en el número 1, pero solamente durante una semana; aunque en el Top 200 de Billboard estuvo 741 semanas consecutivas… más de 14 años del tirón.

Pero si sus cifras son impresionantes, hay otra cosa que es más impresionante aún. Y eso es escucharlo.

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“Breathe”

Respira; respira en el aire.
No tengas miedo de sentir.
Vete, pero no me dejes.
Mira a tu alrededor y escoge tu propio terreno.
Vivirás muchos años y volarás muy alto,
tendrás muchas sonrisas y llorarás muchas lágrimas.
Y todo lo que puedas tocar y todo lo que veas
es lo único que tu vida será.

Corre, conejo, corre.
Cava el agujero, olvídate del sol.
Y cuando por fin hayas acabado el trabajo
no te sientes, es hora de empezar de nuevo.
Vivirás muchos años y volarás muy alto,
pero solo si te dejas arrastrar por la marea
y, balanceándote en la ola más alta
corres hacia una fosa temprana.

Y además no es en absoluto un síntoma de que te estás haciendo viejo ni una admisión de culpabilidad en los círculos más enrollados el admitir que admiras este disco, o que te gusta mucho. Desde que el punk dio a Pink Floyd una patada generacional en el culo este disco ha ido persuadiendo a las diferentes oleadas de adictos musicales de que sus veteranas credenciales son auténticas y buenas. Sobre todo, en la década de los ’90 se le demostró un especial cariño. Cuando la música dance se disparó y declaró que todo lo que se había hecho antes quedaba obsoleto, salieron los Shamen, uno de sus grupos principales, para proclamar mientras bailaban con los brazos en alto, que Pink Floyd eran su mayor fuente de inspiración. Cuando el britpop reafirmó la supremacía de las canciones de tres minutos, llenas de guitarra y buen rollito, los Radiohead se desmarcaron de la mayoría con su extraño y absorvente “OK Computer” y los críticos decían que sin duda eso había sido porque se habían pasado mucho tiempo escuchando “The dark side of the moon”. Pink Floyd son influyentes todavía, sí; sin ir más lejos ahí tienes a Nudozurdo, una de las mejores bandas que tenemos por aquí en la actualidad; o a los GAF, que tan fantástico concierto nos ofrecieron en el CICUS hace unos días…

Y la razón de eso es “The dark side of the moon”. Sin este disco Pink Floyd hubiesen sido considerados una fascinante excentricidad de la era post-hippy. Después de todo, y volviendo a las cifras como indicadores comerciales de su status, de ninguno de sus seis discos anteriores se habían vendido más de un cuarto de millón de copias; su último single de cierto éxito, “See Emily play”, lo habían editado hacía ya doce años; en los USA sus discos nunca habían llegado en las listas más allá del número 55 que logró “Atom heart mother” en 1970…

La cuestión es ¿por qué “The dark side of the moon”? Y, sinceramente, ésa es una pregunta que solo se puede responder con generalidades.

La clave parece ser el adecuado equilibrio de opuestos: está lleno de electrónica, tecnología, efectos de sonido, sintetizadores, sonido espacial, intelectualidad; pero también está lleno de alma, de grandes emociones, de voces que cantan (y que hablan) desde el corazón, y de guitarras y saxofones que hacen lo mismo. Está lleno de ruidos grandes, enormes… y de silencios casi subsónicos…

Y además estaba el lenguaje empleado. De forma muy consciente, Roger Waters se concentró en símbolos de extremos fundamentales: el sol y la luna, la luz y la oscuridad, el bien y el mal, la fuerza de la vida como opuesta a la fuerza de la muerte… y consiguió que no sonase todo como un ejercicio académico, como el sota, caballo y rey de la imaginería poética sino como si le estuviese hablando a cada uno de los oyentes concretos del disco y le estuviese diciendo: “mira, tío; sé que a veces tienes malos sentimientos e impulsos chungos porque a mí también me ocurre, y una de las formas en las que puedo estrechar mi contacto contigo es compartir el hecho de que yo también me siento mal muchas veces”. El título del disco lo explica muy bien; está extraído de una de las frases de la canción “Brain damage”: “I’ll see you on the dark side of the moon”.

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“Brain damage”

El lunático está en la hierba.
El lunático está en la hierba,
recordando juegos
y cadenas de margaritas y sonrisas.
Es necesario que los locos sigan el sendero.

El lunático está en mi pasillo.
Los lunáticos están en mi pasillo.
El periódico empuja sus caras dobladas al suelo
y cada día el repartidor de periódicos trae más.

Y si el dique se rompe demasiado pronto,
y si no queda más espacio encima de la colina,
y si tu cabeza explota con temores oscuros,
te encontraré en la otra cara de la luna.

El lunático está en mi cabeza.
El lunático está en mi cabeza.
Levantas el cuchillo, haces el arreglo.
Me arreglas hasta que esté sano.
Cierra la puerta con llave
y tíralá lejos.
Hay algo en mi cabeza,
pero no soy yo.

Y si la nube explota, atruena en tu oído.
Gritas y parece que nadie te escucha.
Y si el grupo en el que estás
empieza a tocar melodías distintas
te encontraré en la otra cara de la luna.

De todas formas hay muchos artistas que pueden explicar su trabajo con una lucidez igual o superior, pero eso no significa que su música te vaya a conmover durante cuarenta años. Una gran parte del poder musical de este disco reside en los antecedentes y la experiencia de todos los miembros de Pink Floyd. Todos ellos gente de clase media que habían crecido con la disciplina mental y el orden de una buena educación. Roger Waters y Nick Mason estudiaron arquitectura y Rick Wright, piano clásico.

Pero llegó un momento en que todos se apartaron del buen camino y se sumergieron en el underground electrónico del Londres de los últimos años 60. Aunque nunca perdieron del todo esa reserva emocional que es la quintaesencia del comportamiento inglés que todos compartían, todos los miembros de Pink Floyd se contagiaron del semi salvajismo de su colega Syd Barrett, el improvisador incansable, y aprendieron a expresar sus sentimientos más oscuros a través del rhythm & blues, que era el fuerte de David Gilmour, y del blues tradicional, con el que Rick Wright creció a través del entorno musical de su madre, una activista política radical.

Pero más allá de cualquier intento de racionalización de esta obra, lo que está claro es que lo importante es la música, los músicos y la forma en que los oyentes respondían a su escucha. Por supuesto que cuando lo editaron, los de Pink Floyd pensaban que habían hecho un gran disco, igual que lo pensaron otro montón de millones de personas; pero dentro de ese resultado satisfactorio muchas de las ramificaciones de su éxito no tuvieron nada que ver con el carácter ni las intenciones de la banda.

Por ejemplo, se asumió que “The dark side of the moon” era el disco perfecto para drogarse; la banda sonora para un trip perfecto fuese cual fuese el narcótico elegido por el oyente. Se asumió también que lo miembros de Pink Floyd compusieron y grabaron el disco igualmente cargados, pero nada más lejos de la realidad según contaba David Gilmour años más tarde.

El mayor vicio de Roger y de Nick era el alcohol. Nick y yo fumábamos algunos porros, pero de forma esporádica. Pero en aquel tiempo ésa era la imagen que tenían de nosotros. No sé con seguridad si Roger llegó a tomar alguna vez LSD, pero lo que sí sé con seguridad es que todos nos apartamos de esa sustancia después de que Syd nos dejase en abril del 68. Pero nunca nos hemos podido librar de nuestra mala reputación. Ni siquiera hoy día.

Parece que eran gente más asentada de lo que pensamos… a finales de 1971, cuando comenzaron a escribir “The dark side of the moon”, David Gilmour era el único miembro del grupo que permanecía soltero. Nick Mason y Rick Wright acababan de ser padres por primera vez. Eran tipos serios, con vidas serias, haciendo un disco serio…

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“The great gig in the sky”

Pero el éxito se les fue de las manos. Fue más allá de lo planeado, más allá de lo que hubiesen querido, más allá de todo. El destino de “The great gig in the sky”, la pieza que cerraba la cara uno del disco, es lo que quizás ilustra mejor cómo la música puede llegar a alejarse de sus creadores. Conceptualmente compuesta como una canción sobre la muerte, en los años 70 era conocida, por ejemplo, como el respaldo favorito para las chicas de los sex shows en Amsterdam. O en 1990, por poner otro ejemplo, los oyentes de la emisora nacional de radio australiana la votaron como “la mejor canción del mundo para follar”. O en 1994, por cambiar de tercio sexual, la compañía Neurofen la adoptó como banda sonora para su cura contra los dolores de cabeza.

Hoy en día uno piensa en Pink Floyd y piensa en años en el estudio de grabación, en cientos de tomas, en importantes deliberaciones, en perfeccionismo obsesivo, en salir a tocar una vez cada cinco años si es que tienen ganas… pero la creación de “The dark side of the moon” no tuvo nada que ver con esto. Dadme unos días para escribir un nuevo post y veremos cómo se fue desarrollando todo…

PRESERVATION ACT

Lo que podía haber sido una gloriosa tarde de verano, el 15 de julio de 1973, se convirtió en algo bastante lamentable.

Los espectadores que había en el estadio White City de Londres estaban muy tristones y apagados, enfriados por una continúa llovizna impropia de las fechas en las que estaban, que hacía más lamentable todavía las mediocres interpretaciones de los grupos de segunda fila que iban apareciendo por el escenario, a su vez feo y soso por las lonas extendidas para intentar proteger el equipo de sonido.

Incluso las estrellas del evento, THE KINKS, iban después interpretando dificultosamente su catálogo de quintaesenciales himnos con el mismo entusiasmo que ponen las vacas cuando van camino del matadero. Y cuando parecía que ya nada podía ir peor, Ray Davies se tambaleó ante el micrófono, trastabillando para que no se cayese la lata de cerveza que había colocado precariamente sobre su cabeza, y anunció que iba a abandonar a la banda.

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“You really got me”

“Estoy hasta los cojones de todo esto”, escupió. “Estoy hasta la polla de estar aquí”. Y entonces, ocurrió lo más deprimente de todo… no pasó nada.

Nada en absoluto; no hubo ni siquiera un silencio de sorpresa por el anuncio. Porque la mayoría de la audiencia apenas pudo oírlo. Y los demás de la banda seguramente tampoco sabrían si lo decía de verdad o no.

En aquellos días, los demás Kinks no sabían qué podían esperar de Ray Davies. Llevaba varias semanas muy deprimido, en parte porque estaba trabajando demasiado, aunque eso era algo que siempre hacía; pero sobre todo porque su mujer, Rosa, le había abandonado y se había llevado a sus dos hijas con ella. Desde entonces Ray apenas comía ni dormía.

Los demás no estaban muy seguros de que Ray pudiese salir a cantar aquella tarde y tenían músicos extra preparados por si tenían que salir a actuar sin él. Todos se sintieron aliviados cuando Ray llegó al estadio solo unos minutos antes de que tuviesen que empezar. A pesar de todo, traía bastante mala cara, no parecía estar muy bien. En el backstage estaba muy callado y el road manager tuvo que convencerle para que saliese al escenario.

Una vez allí fuera, Ray Davies se comportó como el gran profesional que era, y cuando su actuación estaba llegando al final fue cuando hizo su extraño anuncio. Los demás, repito, no sabían si tomárselo en serio o no. Ray siempre se tomó las cosas demasiado a pecho y era muy propenso al melodrama, así que puede que aquello fuese el final de la banda… o puede que no.

Lo que ninguno de ellos sabía, de hecho, era que Ray Davies era un suicida esperando a morir.

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“Lola”

Poco antes del concierto Ray se había tragado un bote entero de anfetaminas. No era un gesto melodramático, él quería morirse de verdad. Y los demás no tenían ni idea. Su hermano Dave estaba tan enfadado con él por su anuncio por sorpresa que no le dirigió la palabra siquiera cuando terminaron, sino que salió del estadio y se fue directamente a su casa.

No mucho después, cada vez más atontado por el efecto de las pastillas, Ray se las arregló de alguna forma para llegar hasta la recepción del hospital de Whittington. “Me llamo Ray Davies y me estoy muriendo”, dijo al llegar. Y todos los que había allí se rieron.

Todavía llevaba puesto cuando llegó ese traje casi de payaso que veis en las fotos, y el maquillaje del concierto, bastante corrido ya. “Te creemos, te creemos…”, le contestaron.

Y momentos después el angustiado cantante se dobló sobre sí mismo y cayó al suelo. Las sonrisas se esfumaron de la cara de todos los presentes y los celadores le llevaron rápidamente a la sala de urgencias.

La lluvia había cesado y Dave Davies contemplaba la suave noche estrellada cuando recibió una llamada telefónica pidiéndole que acudiese al hospital lo más rápido posible. A Ray le estaban bombeando el contenido del estómago y estaba seriamente enfermo.

Cuando Dave llegó, Ray parecía perdido. Se sentía fatal y Dave sintió mucha lástima por él. Todo el mundo sabía que los hermanos habían tenido agrias discusiones que la prensa había hecho públicas, pero entre ellos siempre existió un vínculo muy estrecho. Con todo el éxito que habían tenido siempre pensaron que eran invencibles, pero en ese momento, los dos se estaban dando cuenta de pronto de lo frágiles que eran en realidad.

Pero a esta dolorosa escena le siguió otra más patética aún, cuando Dave le sugirió que lo mejor que podía hacer era irse a su casa. Ray le miró y le dijo: “…pero es que no tengo a dónde ir…”. Aquello acabó con Dave. Lo único que hizo fue cogerle del brazo y llevárselo a su propia casa, donde él y su mujer le estuvieron cuidando durante un par de semanas.

Fueron malos momentos para todos, pero aquella experiencia llevó a Ray y Dave a reconectar entre ellos, a hacerles más fuertes. Cuando los Kinks por fin volvieron al trabajo, los hermanos estaban decididos a demostrar lo que valían. Y seguramente eso fue lo que definitivamente llevó al resurgimiento de la popularidad de la banda a finales de los años 70.

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“Underneath the neon sign”

Todo lo que veo es imitación.
Y no hay tierra bajo mis pies;
no hay árboles ni campo frente a mí,
solo planchas de cemento.
Los rascacielos alcanzan las nubes
y no dan a la luna la oportunidad de brillar.
Pero yo he conseguido la imitación de la luz de la luna
debajo del anuncio de neón.

¿Es real o es solo una ilusión?
¿Puede ser de día cuando es de noche?
¿Es solamente mi impresión?
¿O son los sentidos, que me engañan?
¿Es solo una alucinación?
¿Le he pegado demasiado al tinto?
No sé si es de día o es de noche
cuando estoy debajo del anuncio de neón.

Naturaleza electrónica creada por hombres con mentes de robots.
Las luces de la gran ciudad guían mi camino en la noche.
La oscuridad brilla
cuando estoy debajo del anuncio de neón.

Si no hubiese luz solar
nos bañaríamos de sol con el anuncio de neón.
Y si no pudiéramos ver las estrellas en la noche
nos sentaríamos a mirar las luces del tráfico.

Si no hubiese ninguna luz diurna
yo tendría una imitación del amanecer,
conseguiría la simulación de la claridad del sol
debajo del anuncio de neón.

¿Es solo una ilusión?
¿Le he pegado demasiado al tinto?
¿Puede ser de día cuando es de noche?
Bajo el anuncio de neón.
Bajo el anuncio de neón.
¿Es la madre naturaleza
jugándole malas pasadas a mis ojos,
y por eso brilla la oscuridad
cuando estoy debajo del anuncio de neón…?

CINCO RAZONES PARA RESPETAR A UNA ARTISTA

Ahora que han pasado ya varios días desde la muerte de WHITNEY HOUSTON y los obituarios se van diluyendo en la rutina diaria, me gustaría rendirle desde aquí un pequeño homenaje, porque a pesar de ser una diva y una cantante pop totalmente comercial, también era una artista con una de las voces más poderosas que hemos podido escuchar desde muchos años atrás para acá, de la que, como nuestra amiga Lu apuntaba muy acertadamente en su blog, nunca hemos podido disfrutar del disco que realmente tendría que haber hecho.

Con toda seguridad, para respetarla como artista y como cantante hay muchísimas razones, pero yo voy a apuntar aquí solamente cinco de ellas.

Y la primera por la que hay que hacerlo es porque su voz era de verdad. Con esto quiero decir que tenía detrás toda una tradición gospel que había llegado a ella junto con su sangre y sus genes. Su voz era considerable, imponente, imperiosa, dominante… superior. El botón de muestra es una canción que grabó en 1987 con su madre, Cissy Houston; una balada desolada de ésas que fueron la marca de fábrica de Whitney durante toda su carrera posterior, pero que aquí se convierte en un vehículo fascinante para escuchar su voz en el mismo contexto sustrato sociológico que la de su madre y comprender que era genuina de verdad.

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“I know him so well”

Porque a pesar de grabar una canción que es el paradigma de la confección musical dirigida hacia el triunfo comercial se atrevió a hacer con ella algo que ninguna otra de las estrellas que pululan por los primeros puestos de las listas de éxito hubiese aceptado hacer de ninguna manera: cantar a pelo, sin acompañamiento, sin respaldo, dibujando cada una de las sílabas que salían de su boca, cambiando la altura de cada una de ellas a medida que las cantaba, rizando el rizo.

Puede que hayas oído “I will always love you” hasta el cansancio, pero eso no quita para que tenga una de las mejores introducciones del pop; cuarenta y cinco segundos para la historia.

También puede interesarte saber algunas cosas más de esta canción, como que originalmente era una balada country de Dolly Parton, usada en otra película, que fue “La casa más divertida de Texas”. Eso se aprecia muy bien en el contexto sustrato sociológico de “El guardaespaldas” y es que Whitney la canta en el climax final porque en otra escena anterior de la película, la de la cafetería, en la que ya queda claro el amor entre ella y su guardaespaldas, la están escuchando de fondo en la versión, respetando todos los cánones de su género original, que hace John Doe, un cantante que se pasó del punk seminal que hacía en la banda X al country. La canción fue número uno en ventas durante catorce semanas seguidas, lo que en aquel momento significaba un récord. Y lo menos conocido de todo es que esta introducción a cappella tan magnífica, que hace tan singular esta canción, fue una sugerencia de Kevin Costner… mira que si hemos cambiado un mediocre actor por lo que podía haber sido un imaginativo productor musical…

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“I will always love you”

Porque Whitney Houston sentó las bases de las baladas de pop-soul que durante los últimos años de la década de los ’70 y los primeros ’80 florecieron en la música que escuchábamos por todos lados. Y después se han mantenido también, de forma tan lujosa.

Su segundo single, “Saving all my love for you”, una version de Marilyn McCoo y Billy Davis, que grabó en 1978, combinaba los arreglos de “monísimos” teclados y saxos super cursis que todos los productores comerciales copiaron posteriormente. Aunque nadie más pudo incluir el ingrediente secreto, que era la voz cantante, capaz de ascender desde una risilla tonta hasta el tono más potente y mantenerse ahí, sin perder ni un ápice de su poder, sin esfuerzo aparente, clavando en el aire una grandiosa nota alta tras otra…

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“Saving all my love for you”

Porque no solo demostró Whitney la calidad de su voz cuando comenzaron a respaldarla productores de gran prestigio comercial, sino que desde su juventud ya derrochaba ese estilo que fue madurando con los años, aunque fuese en discos del extrarradio musical.

Una de las primeras veces que pudimos oírla como solista fue cuando con 19 años prestó su voz al grupo de art-rock neoyorkino Material para la grabación de esta versión del “Memories” de Soft Machine. ¿A que no te esperabas esta incursión de Whitney en el rock progresivo…? Pues no te pierdas tampoco el contrapunto del disonante saxo que le ponía Archie Shepp, toda una leyenda del jazz.

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Material – “Memories”

Y porque inspiró a otras muchas cantantes que quisieron seguir sus pasos. Con mayor o menor fortuna. Con mayor o menor éxito. Pero sin Whitney Houston posiblemente no hubiese existido toda una generación de cantantes entre las que podíamos citar, por poner solo un ejemplo, a Alicia Keys, que fue agradecida y escribió el último single que Whitney grabó: “Million dollar bill”.

Entre la canción que grabó con Material y ésta otra pasaron 27 años de una vida con todos esos altibajos que la prensa se ha encargado de airear esta semana pasada, y todo ese tiempo y sus efectos hicieron disminuir el rango vocal y la agilidad de su juventud, pero no su maestría. Su arte aún permanecía. Y por eso era capaz de domar una canción de amor, salida de una mente salvaje y joven, para convertirla en una pieza tintada de aires disco, en la que permanece la mayoría de lo que siempre había sido Whitney Houston: una artista capaz de hilar cada frase de sus canciones con fuerza y precisión.

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“Million dollar bill”

PINK SUEDE SHOES

Para un tío tan fashion-victim como era en los años ’60 Eric Clapton seguro que fue todo un shock que le condujesen de forma tan poco ceremoniosa al calabozo con aquella ropa tan holgada, basta y fea que le ponían a los detenidos. Menos mal que la policía de Los Angeles por lo menos le dejó seguir con sus estilosas botas de color rosa.

Solo unas pocas horas antes, la noche del 20 de marzo de 1968, Eric estaba en plena jam sesión, en una desenfadada reunión de rockeros, en la casa que Stephen Stills tenía en Topanga Canyon. Por entonces Stephen formaba parte de Buffalo Springfield, y los Cream estaban en California, una de las paradas de su actual gira americana. Los Buffalo Springfield se hallaban en los estudios de grabación haciendo las mezclas del que sería su siguiente single, “Uno mundo”; y como Stephen Stills era un declarado admirador de siempre de Eric Clapton era natural que la pareja se hubiese encontrado, compartido algunos trucos guitarreros y después se fuesen a descansar a la casa que Stephen ocupaba con su novia, Susan Hafey.

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“Uno mundo”

El problema es que los vecinos que tenían Stephen y Susan era muy tiquismiquis y estaban muy molestos por los ruidos que habían estado haciendo los Buffalo Springfield con sus ensayos durante los últimos días en la casa de este bonito y tranquilo barrio residencial, donde hasta que ellos llegaron, lo más que se escuchaba por la noche era el ruido del aleteo de los pájaros.

Las quejas, pues, habían menudeado, y todos los días llamaban la atención a Susan por el alto nivel de ruido nocturno que procedía de su casa. Y la noche de la visita de Eric Clapton, al menos uno de aquellos sufrientes vecinos telefoneó a la policía para denunciar que en la casa de al lado estaban haciendo una ruidosa fiesta.

Como el bajista de los Springfield, Bruce Palmer, había sido pillado en una redada anti droga por enésima vez tan solo unos días antes, a la policía le alegró tener la oportunidad de comprobar si en aquella fiesta encontrarían motivos para encerrarlo una buena temporada, y de paso capturar un buen alijo. Así que ya pasadas las diez de la noche, justo cuando el batería Dewey Martin abandonaba la fiesta para irse a su casa, aparecía un coche con una pareja de policías buscando el 1174 de Old Topanga Canyon Road. La casa estaba bastante tapada por algunos árboles, pero el ruido que procedía de ella era inequívoco. Aquello tenía pinta de que había mucha gente. Pidieron refuerzos.

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“Mr. Soul”

No habían pasado más de quince minutos cuando la pareja de polis llamó a la puerta de la casa. Unos momentos después la puerta se abrió y, de acuerdo al informe que los agentes escribieron después, “el humo de la marihuana casi nos tira de espaldas”. Dentro, el infierno se había desatado. Tal como ocurrió cuando Lopera se presentó en la fiesta de Halloween de Benjamín, los del interior comenzaron a buscar la ventana más próxima, incluyendo al anfitrión, Stephen Stills, que consiguió salir, aunque dejando atrás toda su dignidad, por una de ellas, y escapar a la autoridad.

El manager del grupo, Chris Sarns, mantuvo la cabeza más fría que los demás, y en lugar de intentar huir lo que hizo fue recoger toda la droga que tenían por allí y meterse con ella en el cuarto de baño.

“Los polis salían de todos lados”, recordaba posteriormente Richie Furay, el guitarra rítmica de los Springfield. “Parecían la banda de los hombres de Harrelson”. Por eso no es de extrañar que, aunque Chris intentó andar listo, algunos de estos antidisturbios le pillasen mientras estaba tirando cosas por el wáter, y junto a otras 13 personas más le arrestasen bajo la acusación de “estar en un lugar donde se sospechaba que se estaba consumiendo marihuana”.

Richie Furay contaba también lo que ocurrió en la comisaría: “Nos hicieron pasar por todas las mierdas habituales de las detenciones; fue horrible: nos fumigaron, nos despiojaron, nos quitaron toda la ropa y nos dieron otra antes de encerrarnos en unas sucias celdas”. En el caso de Neil Young, estos procedimientos tan alarmantes y degradantes le produjeron un ataque epiléptico. Fue entonces cuando a Eric Clapton, que era la mayor, por no decir la única, celebridad que había caído en la redada, le separaron de los demás. “No sé que pasó después con Eric”, contaba también Richie.

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“Burned”

Mientras tanto, Stephen Stills había podido llegar a la casa de Chris, el mánager, desde donde pudo contactar con Dennis Wilson, de los Beach Boys, que era la banda estrella que llevaba Chris Sarns, y aquél movió todas sus influencias para poner a trabajar a todos los abogados de la empresa de management a favor de los Buffalo Springfield.

Consiguieron que fijasen una fianza de 1.250 dólares por cabeza y, después de una incómoda noche en las celdas, todos fueron puestos en libertad. En el juicio que se celebró un mes después todos ellos fueron declarados culpables de alterar la paz, pero los cargos sobre las drogas fueron reducidos a faltas leves y salieron del paso con pequeñas multas.

En sí mismo, este incidente, aunque tiene su jugo, pero no es una cosa excesivamente significativa. Provocó un día de titulares escandalosos en la prensa de Los Angeles y después se desvaneció tan rápidamente como el humo de la marihuana. Sin embargo, se convirtió en el final del camino para los Buffalo Springfield.

Neil Young ya llevaba algún tiempo amenazando con irse de la banda; a Bruce Palmer, que también era canadiense, ya lo habían deportado una vez, en una de sus múltiples detenciones; Stephen Stills tenía en mente proyectos en solitario que le interesaban más que los de la banda, y el incidente de la casa de Topanga Canyon sirvió para cristalizar los sentimientos de todos ellos. Los dos conciertos que los Springfield tenían que dar el fin de semana en el Kaleidoscope fueron cancelados y en una reunión que tuvieron todos estuvieron de acuerdo en que oficialmente la banda se disolvería a primeros de mayo.

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“For what it’s worth”

Pero… volviendo a los calabozos de la comisaría… ¿qué pasó con Eric Clapton?

Como si la ropa de presidiario que le dieron no fuese ya suficiente castigo para él, resultó que le encerraron en la misma celda que tres enormes e intimidantes negros miembros de los Black Panthers.

Y durante toda la noche, el Dios inglés de la guitarra, tuvo que gastar una enorme cantidad de tiempo y de energías intentando convencer a aquellos tres malencarados tipos de que él era un bluesman con un profundo y antiguo respeto por la música negra. Y mientras lo hacía no dejaba de preguntarse si quizás no hubiese sido mejor que los carceleros le hubiesen quitado también aquellas botas de color rosa que daban tanto el cante en una situación como ésta…

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Cream – “Spoonful”

La guitarra tan de “música negra” que suena en ese blues la maneja este tipo de aquí abajo, Eric Clapton.

CON LAS MANOS EN LA MASA

Para Lu. Para hacerme perdonar esta competencia desleal a una sección de su blog.

Después de terminar su etapa en Hüsker Dü todos hemos oído hablar bastante de las carreras posteriores de Bob Mould y de Grant Hart. Pero ¿qué pasó con su tercer componente?

GREG NORTON se pasó la década de los ’80 tocando el bajo en los Hüsker Dü, viajando a través del mundo difundiendo su estridente mensaje de punk melódico. Después, en enero de 1988, la banda se disolvió y él se dio cuenta de que necesitaba una nueva fuente de ingresos rápidamente.

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Hüsker Dü – “Don’t want to know if you are lonely”

Cuando el grupo terminó Greg tenía una hipoteca que pagar y consideró la posibilidad de seguir en la música, pero para eso “tenía que esperar mesa” durante bastante tiempo. Había comenzado con una nueva banda llamada Grey Area, pero después de grabar algunas canciones que nunca llegaron a editarse y de hacer una pequeña gira en la que no fue a sus conciertos casi nadie, se tuvo que poner a trabajar en algo más.

Pero su escasa formación académica y laboral no le dio más que para ser contratado en un restaurante para lavar los platos. Sin embargo, allí el chef y propietario, Lenny Russo, congenió con él y le dio la oportunidad de pasarse del fregadero a los fogones. Incluso le enseñó algunas cosas que Greg podía aplicar en la cocina.

La caída cuesta abajo y sin frenos que Greg estaba padeciendo fue detenida por el destino, aliado con su mujer. En 1993 ésta fue aceptada en un programa de estudios de Derecho en Londres, que le permitiría huir de la miseria sobrevenida en Minnesota. Greg se vino a Europa con ella.

Una tarde, mientras su esposa estaba en sus clases, él mataba el tiempo hojeando una revista sobre su nueva afición culinaria, “Bon Appetite”. En ella había una entrevista al famosísimo chef Gary Rhodes, un tipo que ha escrito 17 libros sobre el arte de la cocina y que posee 8 restaurantes de lujo. En una de las fotos que ilustraban el artículo Greg pudo ver una estantería del salón de Rhodes, en la que había un disco de Hüsker Dü, por lo que pensó que este gran maestro de la cocina podía ser un fan de su antigua banda. Y quizás se brindase a echarle una mano.

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Hüsker Dü – “Sorry somehow”

Greg le escribió a Gary Rhodes una carta de presentación, acompañada de un curriculum y éste le aceptó en su restaurante de Mayfair, el “Green House”, como aprendiz. No le pagaba sueldo alguno, pero le enseñó a cocinar y compartió con él algunas de sus recetas y fórmulas.

Mientras eso ocurría, su esposa fue distanciándose de él hasta que llegó la ruptura matrimonial. Así que ya sin ataduras y con el conocimiento de primera mano de las técnicas de Rhodes, Greg se volvió a St. Paul, donde no le costó demasiado encontrar un trabajo como ayudante del chef de un restaurante. Después de algún tiempo allí volvió al restaurante de Lenny Russo y encontró una nueva pareja, una chica que planeaba abrir un restaurante en la cercana ciudad de Red Wing, en el que colocó a Greg de chef.

En éste restaurante, “Sarah’s”, no solo cocinaba, sino que también ejercía de director, le daba por escrito a cada uno de los empleados las faenas que tenían que hacer; hacía los pedidos de vinos, cervezas y materias primas de cada plato; confeccionaba y escribía los menús… y terminó por casarse con la dueña.

Tras 65 horas de trabajo a la semana, cerraban los domingos y los lunes por la noche, periodos en los que Greg volvió a dedicarse a su primera pasión, la música. Ahora, asentado de nuevo emocional y económicamente, intentó volver al mundo del rock, aunque como trabajo secundario, formando parte de la nueva banda Gang Font feat. Interloper.

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Gang Font feat. Interloper – “The litigious Mike Love”

Pero la nueva aventura rockera apenas duró un año. Su trabajo en el restaurante copaba ya toda su vida y reemplazaba por completo a la música.

Y de todas formas tampoco son vidas tan diferentes. En el restaurante me paso tantas horas como antes cuando iba de gira. Y aunque la diferencia de la cocina con la música es que requiere más técnica que arte, también tienen muchas similitudes. Un menú es como un setlist, la preparación del restaurante es como la prueba de sonido, y abrir las puertas a los comensales es el showtime… ¡y la coreografía es más importante en la cocina que en la música!.

Greg echa de menos a su bajo, pero no a la caja en que lo guardaba para andar siempre de viaje. Y pasear por el restaurante mientras los clientes comen y le hacen comentarios sobre lo buenísima que está la comida y lo mucho que les ha gustado le hace sentir como cuando los espectadores rompían en aplausos tras alguna canción de Hüsker Dü. El feedback instantáneo sigue existiendo en su nueva vida.

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Hüsker Dü – “Ice cold ice”

¿Y qué mejor forma de cerrar este post que con la receta de una de las especialidades del restaurante de Greg y Sarah? Además, si os gusta el salmón tanto como a mí, posiblemente os interesará prepararla. Él la prepara con salmón dorado salvaje de Rusia, pero nosotros podemos sustituirlo por el que compramos en el hipermercado.

Ingredientes:

8 filetes de salmón de unos 200 gramos
Salsa curry (que puedes comprar ya hecha o prepararla como él, según se indica más abajo)
Sambal (que es un condimento de extremo oriente que nosotros podemos preparar según sus instrucciones, más abajo también)
Arroz de jazmín, que podemos sustituir por el arroz largo que más nos guste
Aceite de oliva
Sal y pimienta

Para la salsa curry:

Leche de coco (algo menos de medio litro) Puedes comprar una lata de 400 ml por menos de 2 euros
Curry (solo una cucharadita de café bien colmadita)
¼ de taza de pasta de tamarindo (que nosotros podemos sustituir por un trocito de manzana)
½ taza de azúcar moreno
7 cucharaditas de café de salsa de pescado (Fish sauce, no es difícil de encontrar)

Echar en un cazo la parte más pastosa de la leche de coco y el curry y dejar que hierva mientras vas removiendo. Añadirle después el líquido que queda en la lata de leche de coco y los demás ingredientes. Hacer hervir todo de nuevo. Después bajar el fuego y dejar cocer a fuego lento hasta que la salsa se haya reducido hasta la mitad de su volumen. Apartar y dejarla a mano.

Para el sambal:

2 pepinos (cortados en rodajas finas)
1 cebolla (cortada en juliana)
1 zanahoria (cortada en tiras finas)
Un poquito de albahaca molida
Un poquito de yerbabuena molida
Un poquito de cilantro molido
Un chorreón de vinagre
2 cucharaditas de azúcar
2 cucharaditas de salsa de pescado
Sal y pimienta blanca al gusto

Combinar todos los ingredientes en una ensaladera y mezclarlos todos muy bien. Dejar aparte.

Preparación final:

Aliñar bien los filetes de salmón con el aceite de oliva y condimentarlos con sal y pimienta. Poner los filetes en la grill o en la parrilla hasta que se oscurezcan por el centro y la piel de alrededor dé señales de que se desprende bien. Esto para los que les guste el salmón poco hecho, los demás que lo dejen un ratito más al fuego.

Cocer el arroz mientras se prepara el salmón. No debe quedar muy duro ni hecho una pasta, el punto depende del gusto de cada uno.

El arroz servirá de fondo del plato y el salmón se colocará sobre él. Echar unas cucharadas de la salsa curry sobre los filetes y después echar también sobre ellos el sambal.

Greg lo sirve acompañado de un vino blanco del Ródano, de uvas marsanne roussanne, que nosotros podemos sustituir perfectamente por un blanco seco de Rueda muy fresquito.

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Hüsker Dü – “Makes no sense at all”

LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS

Seguramente nuestro amigo Vidal hubiese preferido que en lugar de dirigir la mirada hacia la Motown lo hubiese hecho hacia Warp Records. Para él, en desagravio.

Es un misterio por qué Berry Gordy acogió bajo su protección a CHRIS CLARK, una chica blanca nacida en Los Angeles. Cuando ella tenía 17 años hizo una audición para el productor de la Motown, Hal Davis, en 1963, con una seductora recreación del “All I could do was cry” de Etta James. Davis envió el acetato que grabaron durante la prueba al jefe de la Motown, quien, tras oírlo, se mostró impaciente por escuchar a Chris en directo.

Cuando la chica llegó a Detroit se encaminó enseguida a la sede de la discográfica y cuando se disponía a cantar la canción, Berry Gordy le preguntó si podía acompañarla al piano. Chris Clark le contestó que era una canción muy difícil de interpretar, y que seguramente él iba a encontrarla demasiado complicada…

Berry la miró burlonamente y no la acompañó. Después de escucharla la llevó a que se la cantase a Holland, Dozier & Holland, y después a que lo hiciese también para Smokey Robinson. Cada vez, Berry insistía en acompañarla al piano, y cada vez Chris declinaba su ayuda… y apreciaba en Berry una mirada que cada vez le resultaba más extraña…

Hasta que alguien le dijo que Berry Gordy era el compositor de aquella canción tan difícil.

Pero Berry no se ofendió por sus dudas, sino que entusiasmado por aquella alta y sofisticada rubia platino, llena de descarada desenvoltura y dueña de una emotiva voz, que había afilado en los clubs nocturnos de San Francisco durante su estancia en la Universidad, lo que hizo fue meterla en un estudio de grabación con uno de sus mejores equipos de composición y producción, el formado por Brian Holland, Lamont Dozier y Eddie Holland.

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“Do right baby, do right”

Durante el bautismo de fuego de Chris Clark en los estudios de Hitsville, su autoconfianza bajó un poco por lo intimidante de la situación; allí estaba ella, una novata, rodeada de los compositores de mejor pedigrí del mundo. Tampoco ayudaba nada que Berry estuviese siempre presente, lo que creaba un clima de miedo que hacía que a veces los asustados músicos de sesión alquilados para las grabaciones sufrieran ataques de pánico y perdiesen los nervios, cosa que ocurrió con uno de ellos mientras grababan el single con el que la chica debutó en la Motown, “Do right baby, do right”, una canción compuesta también por Berry, que insistía en que sonase especialmente bien. Chris debió contagiarse del ambiente porque cuando tenían que comenzar a grabar “Love’s gone bad” se equivocó y comenzó a cantar el “In the midnight hour” de Wilson Pickett, lo que hizo que Brian Holland saliese malhumorado del estudio. Posteriormente, esta canción fue el único éxito de Chris en 1966.

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“Love’s gone bad”

No fue ese el problema menor que tuvo Chris Clark durante su estancia en la Motown, sino que compartió los mismos que tenían también otro pequeño grupo de artistas de ese sello. Cuando llegaban las navidades, la Motown organizaba un concierto en el Fox Theatre de su ciudad, Detroit, antes del cual, a modo de prueba, pasaba una película con los intérpretes de cada año ante una mediana audiencia de espectadores para ver su reacción ante unos y otros. Cuando el blanco rostro de Chris apareció en la pantalla toda la audiencia prorrumpió en un estallido de abucheos y pataleos.

A pesar de ello, la noche del festival Chris estaba también allí. Stevie Wonder y los Temptations le habían aconsejado que no saliese a cantar, pero Berry Gordy se la llevó a un rincón y le dijo que comenzase a hacerlo fuera del escenario, y así nadie podría verla. Lo hizo así, y todo el mundo comenzó a aplaudir al escucharla; unos momentos después Chris caminó hacia el escenario, y al aparecer en él los aplausos se convirtieron en un silencio mortal, pero ella siguió cantando hasta el final.

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“From head to toe”

Las reacciones ante ella eran siempre bastante parecidas; cuando la gente de promoción llevaban a las emisoras de radio sus singles la acogida de los disck-jockeys era bastante buena, y los ponían a menudo, pero cuando se enteraban de que la chica era blanca se quejaban a la Motown de que habían querido engañarlos.

Por eso Chris Clark se sorprendió tanto cuando Berry Gordy le ofreció un contrato para grabar un LP completo el año siguiente.

En ese disco ella no tuvo ninguna capacidad de decisión, entró al estudio y los productores le dieron las canciones que querían que cantase y Chris tuvo una hora para aprendérselas antes de grabarlas. Tenían tres veces la cantidad de material que necesitaban para el disco y lo despacharon todo en muy poco tiempo.

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“If you should walk away”

El disco se llamó “Soul sounds”, y a pesar de ser un producto fabricado típicamente con los standards de la Motown, tenía cosas que le hacían extraordinario. Uniendo el rhythm & blues potente de Martha Reeves, con la maestría de Dusty Springfield y la forma melosa de cantar de las Supremes, la voz de Chris Clark era el recipiente perfecto para las sinfonías en miniatura de Berry Gordy y Holland-Dozier-Holland: “I want to go back there again” es tan patética como efusiva; “Whisper you love me baby”, que ya conocíamos por la versión de Mary Wells, es una súplica deliciosa; “From head to toe” de Smokey Robinson y el “Got to get you into my life” de los Beatles son vertiginosas canciones de baile; “If you should walk away”, que después fue un éxito cuando la hicieron a dúo las Supremes y los Temptations, es una balada de puro pop…

Pero “Soul sounds” recibió poquísima promoción y se hundió sin dejar rastro.

Chris todavía llegaría a grabar un LP más en 1969, el decepcionante “CC rides again”, que fue el único disco que se editó en Weed Records, un sello filial de la Motown que tuvo tan poco recorrido en el mundo discográfico como el de la propia Chris Clark.

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“I want to go back”

En realidad como ella dejó su marca no fue con su música, sino como vicepresidenta de la división cinematográfica de Motown, periodo durante el que escribió el guión en 1971 para la biografía de Billie Holiday que vimos en el cine con el título de “Lady sings the blues”.

Una década después se convirtió en vicepresidenta de Motown Productions, donde supervisaba practicamente todo lo que salía de la compañía, pero dimitió en 1989 para dedicarse a la rehabilitación de animales heridos y enfermos.

Durante muchos años vivió en una cabaña en los bosques de Arizona, con la compañía de dos enormes perros mixtolobos irlandeses, sin echar de menos para nada el stress del negocio discográfico.

Me gustaba lo que hacía, pero no cambiaría en nada mi decisión de dejarlo. Pasé la mitad de mi vida en la Motown y allí aprendí todo lo que sé. Y todavía recuerdo con cariño a Berry Gordy y todos aquellos tiempos…

Y quizás este recuerdo terminó por pesar demasiado, junto a los achaques de la edad, que ya hacía peligrosa su silvestre forma de vida, y se trasladó a la más soleada California, donde se dedica actualmente a montar exposiciones fotográficas con sus trabajos sobre animales y naturaleza, y a subirse de vez en cuando a algún escenario para regalarle a la concurrencia alguna buena pieza de soul.

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“Got to get you into my life”

007 CONTRA EL MANAGER MALVADO

“Unos tíos en potentes coches negros nos siguieron a casa. Hasta después no descubrí que eran agentes del MI5”.

¿Por qué los colegas de James Bond seguían al grupo THE MOVE…?

Para promocionar el tercer single de la banda, “Flowers in the rain”, el innovador manager del grupo, Tony Secunda, editó una postal para distribuirla por todos los periódicos, radios y sitios de importancia e influencia del pop. En ella se veía al por entonces Primer Ministro inglés, Harold Wilson, retozando desnudo en una cama en compañía de su secretaria personal, Marcia Williams. Ya había rumores en la prensa más amarilla de estas relaciones, pero la postal de Secunda provocó más reacciones de las que él había esperado… porque además envió una de estas postales al 10 de Downing Street.

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“Flowers in the rain”

Tony Secunda ya era un tipo bastante versado en la ciencia de manipular a los medios de comunicación. Ya había ayudado a construir la reputación de The Move antes incluso de que éstos hubiesen editado su primer disco, introduciendo elementos tales como espachurrar coches sobre el escenario en sus conciertos. También, cuando firmaron su contrato discográfico Secunda les fotografió echándole la firma al documento escrito en la espalda de una chica desnuda. Pero con las postales de Harold Wilson se catapulto a sí mismo y su banda a unas aguas tan turbulentas que lo normal es que todo el que se metiese en ellas se ahogase.

Cuando The Move iban a dar su primer concierto el mismo día de editar el single todavía no se habían enterado de la jugada de su manager, por eso para ellos fue todo un shock descubrir que en la sala les estaban esperando más de 50 periodistas y fotógrafos. Fue entonces cuando Secunda les reunió en el camerino y les enseñó la postal. La banda no sabía qué hacer, así que al menos al manager hay que darle el crédito que merece por enfrentarse él mismo a la prensa: “Sí, ya sé que ha sido un movimiento arriesgado. Pero captura la atmósfera del momento”.

Después del concierto se fueron todos al piso de Secunda y se quedaron allí toda la noche esperando a los primeros periódicos del día siguiente para leer las críticas del concierto y del single. A las cuatro de la mañana se dieron cuenta de que estaban en las portadas. Y claro, además las historias iban creciendo; las noticias no solo no decían que los de la banda no tenían nada que ver con las postales, sino que se publicaba que los músicos las habían estado repartiendo en el concierto, y que además, alguno incluso las había autografiado.

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“Night of fear”

Fuese cual fuese la realidad, que aquí nunca podemos dar por sentado nada de nada, el caso es que Tony Secunda subestimó la sensibilidad del Primer Ministro sobre su imagen pública. Al principio la reacción del grupo fue aprovechar todo lo posible la publicidad; en una entrevista en el New Musical Express, el cantante, Carl Wayne, se puso en plan machote:

No es que estuviésemos buscando problemas, pero parece que éstos nos encuentran a nosotros, porque somos esa clase de gente. Los músicos pop que realmente admiramos en este negocio son aquellos a los que les importa una puta mierda el sistema establecido…

Años después, Carl Wayne, recordando esta época decía que en realidad solo eran cinco capullos de Birmingham, incluso algunos todavía en su adolescencia, que en aquellos años ’60 se dejaban arrastrar por el juego de pelear contra el Sistema. Pero que la verdad es que estaban muy asustados y solamente hacían lo que les decían.

Lo más seguro, pues, es que cuando decían cosas como ésas que hemos reproducido, no se hubiesen dado cuenta siquiera del enorme enfado que habían causado en el gobierno, y de la cantidad de granizo que les iba a llover sobre sus cabezas. De haber sido así no hubiesen hecho caso a Secunda cuando les propuso como nuevo movimiento publicitario posar junto a ellos en una foto delante del edificio de los juzgados.

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“I can hear the grass grow”

Tony Secunda solo vio la luz al final del túnel cuando fue convocado a Downing Street para, sospechaba él, echarle una buena bronca. Quien le mandó llamar fue Quintin Hogg, a quien podríamos considerar como el ministro del interior de la oposición en la sombra, ya que era conservador y el partido que gobernaba era el laborista; y fue él, irónicamente, quien había decidido en nombre del Primer Ministro dar un escarmiento a todos esos melenudos del rock demandando a la compañía discográfica de The Move.

El juicio se celebró a primeros de noviembre de 1967, hace justamente ahora 44 años. Y Secunda y los chicos se lo tomaron con tanta calma que cuando llegaron a la sala donde se celebraba ya se había terminado. Y ganó la acusación del gobierno, claro.

El juez dictaminó que todos los royalties del single serían para Harold Wilson y que éste destinaría el dinero a las obras de caridad que considerase oportunas. Tony Secunda, muy escarmentado, fue obligado a pedir perdón públicamente allí mismo, en la sala del juicio, y poco después, afectado por todo esto, rompió también su provechoso contrato como representante de The Move.

Tuvimos que hacer toda clase de concesiones. Estábamos luchando contra el Primer Ministro y nosotros solo éramos gamberros para la gente. Si hubiésemos estado en esta década podíamos haber luchado de muchas otras maneras, pero en aquellos tiempos las estrellas del rock no tenían nada que hacer contra el primer Ministro. Así de simple. (Carl Wayne)

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“Fire brigade”

“Flowers in the rain” fue la primera canción que se emitió en Radio One, y alcanzó el número 3 en las listas de ventas, superada solamente por “The last waltz” y “San Francisco”. Desde entonces ha generado aproximadamente un cuarto de millón de libras que nadie sabe cómo estaba distribuyendo Harold Wilson hasta su muerte en 1995. Y aunque esto fue un gran golpe para toda la banda, quien más lo sintió fue Roy Wood, el autor de la canción, que siempre se ha quejado profundamente de su mala suerte:

Por entonces estábamos ya empezando a conseguir alguna pasta de royalties. Y lo más chungo es que cuando se edita algún disco de recopilación de los años ’60 siempre incluyen “Flowers in the rain”, y nunca me han pagado nada por ella.

Con el tiempo, en posteriores reediciones del single se cambió la cara B para que The Move pudiesen recibir al menos algunos royalties. Poco después de que Carl Wayne muriese en el 2006 de cáncer de esófago se decidió que la página web oficial de The Move haría una nueva reedición de “Flowers in the rain” en vinilo rojo, y todo el dinero que se recaudase con ella en las ventas directas a los fans a través de la red irían a parar a una fundación para la investigación contra el cáncer que lleva el nombre del cantante.

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“Blackberry way”

WHO LOVES YOU? WE DO

No sé si muchos de vosotros conocéis una figura del mundo musical que es el “promocionero”, una figura intermediaria entre los músicos y los sellos discográficos por un lado y la prensa y las emisoras de radio y televisión por otro. Yo no he conocido a muchos, aunque tuve la suerte de tener amistad con uno de ellos, de EMI, que me presentó un día a Brian May y que me dio uno de los primeros vídeos en formato de CD que comenzaron a circular (y que aún conservo), conteniendo clips de canciones de Blur, para promocionar a esta banda antes de que llegase a ser archifamosa. En Inglaterra y los USA esta figura tiene mucha más solera que aquí y se le conoce con el nombre de “plugger”. Y el más famoso de todos ellos fue BILL FOWLER, un radio plugger que casi no puede entrar en su casa debido al espacio que ocupan los discos de oro de las bandas que él ha conseguido meter en los programas de radio y televisión.

A él le son debidas, por ejemplo, las primeras escuchas radiofónicas de “Tears of a clown”, “School’s out” o “Shinny happy people”. Estuvo de roadie con los Kinks, de mediador con los Beatles y se codeaba con los Who. Terminó su carrera encargándose de los asuntos de R.E.M., Madonna y Eric Clapton; fue colega de correrías de Keith Moon, compartió piso con Dave Dee y apostaba en el canódromo con Suggs, el líder de los Madness. Alice Cooper es el padrino de su hijo.

Y tiene en su haber la colección más extravagante de historias del rock, que aunque parezcan apócrifas las vivió en primera persona. Y algunas de ellas son las que vamos a contar hoy aquí, comenzando por la que seguramente será la más chocante de todas: Bill estaba con John Lennon y Yoko Ono la tarde en que Mark Chapman le pidió a John que le firmase aquel disco cuando se acercó a ellos al salir del Edificio Dakota.

Los de arriba son Bill, la típica señora que se cuela en las fotos y que nadie sabe su nombre para ponerlo al pie y Andy Peebles. A los de abajo los conoces sobradamente.

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R.E.M. – “Shinny happy people”

Al principio Bill no lo supo, porque después de haber terminado las sesiones de entrevistas que le había estado haciendo a John el periodista Andy Peebles, de la BBC (al que dos días antes John le había dicho que podía ir a cualquier lugar de New York y sentirse seguro), mientras tenía lugar el asalto y los disparos de Chapman ellos estaban en un vuelo transoceánico que les devolvía a Inglaterra. Sobre sus rodillas llevaba un maletín con las cintas de las entrevistas.

Cuando se bajaron del avión los periodistas que estaban allí esperándoles prácticamente les asaltaron para preguntarles sobre lo que habían estado haciendo con Lennon. Bill tuvo que proteger las cintas casi con su vida…

Después, cuando vio en la televisión las imágenes que acompañaban las noticias del crimen y salió la cara de Chapman dijo: “Yo a ése le conozco…”. Todo el mundo le miró y le preguntó… “¿de qué?”. Y fue cuando recordó que ése era el tipo que les había parado cuando salieron esa tarde del edificio.

Y recordó también cómo antes de salir John le había pedido que se quedasen allí porque quería que escuchasen las nuevas canciones que acababa de grabar. Pero Bill tenía que coger el avión porque en Inglaterra tenía que asistir a un funeral, y no podía esperar.

Bill sabe que no podía hacer nada… pero en su fuero interno seguramente todavía sigue preguntándose si no hubiese ocurrido todo de otra forma muy diferente si él se hubiese quedado allí con John y no hubiesen salido del Dakota.

Entre que tomasen esta foto y la anterior solo transcurrieron dos días.

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John Lennon – “(Just like) Starting over”

El 30 de enero de 1982 Bill estaba en otro vuelo. En un Cessna en el que volvía a casa desde un festival Midem, en Cannes, con Gary Numan, que también era el piloto. Alguien debió cometer un error antes de salir, porque la avioneta se quedó sin combustible antes de llegar a su destino y tuvieron que hacer un aterrizaje forzoso en mitad del campo.

Fue terrible. Todavía estaban sobrevolando el mar, cerca de la costa de Southampton cuando se quedaron sin electricidad. De pronto apareció el copiloto y le dijo a Bill: “agáchate y mete la cabeza entre las rodillas”, lo hicieron enseguida él y el otro pasajero, el padre de Gary; “el motor se ha parado”. “Pero la hélice se mueve todavía”, dijo Bill. El copiloto gritó: “¡Es por el viento!… dele usted a esa palanca y avíseme cuando vea que las ruedas salen para afuera”.

Las vio aparecer allí abajo solo unos momentos antes de llegar al suelo; pero de todas formas sirvieron de poco porque una de las alas de la avioneta golpeó contra un poste de la línea telefónica y se ladeó de costado, atravesando una carretera deslizándose sobre su panza hasta quedar parado contra unos setos del otro lado. El primer vehículo que pasó por allí después de eso fue un camión cisterna de la Shell lleno de gasolina. Unos minutos más y el avión no hubiese tenido nada que envidiarle a una bomba atómica…

Después de besar el suelo se echaron una fotito: Bill, el padre de Gary, el copiloto y Gary Numan. Obsérvese la sonrisilla nerviosa de todos ellos y la cara de estar apretando el esfínter.

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Gary Numan – “Are friends electric?”

Por aquí hemos tenido ya muestras de la singularidad mental de Captain Beefheart; Bill también la tuvo un día en que acompañó a Kid Jensen, otro de los más famosos comentaristas musicales de la BBC, a hacerle una entrevista a Luxemburgo. De camino al restaurante donde celebrarían la comida previa a dicha entrevista, un grupo de vacas aparecieron delante del coche en el que iban y Beefheart sacó medio cuerpo por la ventanilla y comenzó a gritarles: “¡Saludos, habitantes de la Tierraaaaaaa!”.

Si aquí Bill ya comenzó a sospechar de su chaladura, al llegar al restaurante tuvo la confirmación. El sitio era pequeñito, de madera, junto a un lago; al comenzar a llover Beefheart se volvió hacia él diciéndole: “Me gusta la lluvia, me gusta muchísimo el agua”. “¿Y eso por qué”, le preguntó Kid. El Capitán contestó muy seriamente: “Porque mi madre era un pato”.

En realidad todo era debido al sentido de la teatralidad de Captain Beefheart, que tampoco es que estuviese tan loco. Mientras le hacían la entrevista fue haciendo un enrevesado dibujo, que después le regaló a Bill. Ahora lo tiene enmarcado en su casa… tened en cuenta que con el tiempo, aparte de músico Captain Beefheart consiguió también una buena reputación como pintor abstracto.

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Captain Beefheart – “Dali’s car”

Durante la primera gira europea de Madonna, Bill la llevó al “Top of the Pops”. Por su participación allí le iban a pagar 250 libras, pero como ella andaba corta de dinero le pidió a Bill que se las adelantase.

Bill se lo pensó… estaba seguro de que si se lo prestaba nunca más volvería a ver el dinero… “¿para qué lo quieres?”, le preguntó. “Para comprarme un vestido”, le contestó ella. Bueno, al final le prestó las 250 libras… pero no sin antes haberle hecho firmar un pagaré.

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Madonna – “Material girl”

Bill tenía un hermano, Ronnie Fowler, que era el road manager de los Who mientras él lo era de los Merseybeats. Bill siempre solía vestir traje y corbata, a pesar de que su trabajo consistía básicamente en ponerse al borde del escenario y evitar que los fans de las primeras filas se agarrasen a los pies de micro o directamente a las piernas de los componentes de la banda. Una noche, durante uno de los conciertos, lo que hicieron los fans fue coger a Bill por la corbata y tirar de él hasta sacarlo fuera del escenario, a donde volvió a subir bastante después, aunque con el traje totalmente roto por los tirones y sacudidas sufridas allí abajo.

Pete Towhsend se enteró de esto, y cuando la semana siguiente estaba cantando al frente de los Who en ese mismo escenario, se dirigió al público para decirles: “La semana pasada hicisteis ahí abajo lo que quisisteis con el manager de los Merseybeats… esta semana podéis hacer lo mismo con su hermanooooooo!”. Y a continuación levantó su bota hasta un poco más arriba del culo de Ronnie y le empujó, arrojándole encima de los enloquecidos fans.

Bill entre Roger Daltrey y Rod Stewart. A la izquierda otra señora típica.

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The Who – “Won’t get fooled again”

Cuando estaban promocionando el “Graceland” de Paul Simon la gira de conciertos le llevó a Miami durante la época en que tuvieron lugar los días de más fuerte viento que uno se pueda imaginar; vendavales de gran fuerza se levantaban constantemente. Y los promotores del concierto querían celebrarlo al aire libre.

Bill, muy diplomáticamente, intentó decirles que mejor era hacerlo en un local cerrado, que fuera hacía demasiado viento. “Bah, no pasa nada”, decía uno de los promotores; “Paul no va a pillar un refriado con este calor”. Y Bill seguía poniendo excusa tras excusa.

Al final lo único que consiguió fue que los promotores se cabreasen con él. Así que no tuvo más remedio que decirles el motivo de su empeño: “Miren ustedes; no podemos hacer el concierto al aire libre con todo este viento… porque Paul Simon lleva una puñetera peluca…”.

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Paul Simon – “Diamonds on the soles of her shoes”

Una apuesta personal de Bill Fowler fue la canción “Silver star”, de los Four Seasons. Estaba incluída en el LP “Who loves you?”, aunque en una versión que duraba unos diez minutos, por lo que era imposible que la pusiesen en la radio. Pero él estaba convencido de que si la acortaban lo bastante hasta editarla quedándose en la duración habitual de un single, se convertiría en un éxito.

Y como Bill tenía en la compañía discográfica el poder de publicar los singles que quisiera, lo ejerció con esta canción.

Cuando días después recibió la llamada telefónica de Tom Ruffino, el jefe de la sección de Internacional de la Warner para decirle que los costes del estudio de grabación se estaban disparando porque les estaba costando muchísimo trabajo acortarla de forma apropiada, Bill se puso muy nervioso y pensó que como aquello saliese mal le iban a mandar, como mínimo, a la mierda. Cuando el single se fabricó y se enviaron las primeras copias de promoción, Bill se quedó sentado en su despacho durante un montón de horas, sin atreverse siquiera a asomarse afuera, solamente esperando las primeras reacciones de las emisoras de radio.

Pero se demostró finalmente que su jugada había sido brillante. Fue “Disco de la Semana” en casi todas las emisoras y subió hasta el nº 3 de las listas de ventas. El factotum de los Four Seasons, Bob Gaudio, fue a verle en persona y le llevó como regalo un colgante de oro representando el LP “Who loves you?”, (“¿Quién te quiere a ti?”), al que habían añadido una inscripción que decía “We do”, (“Nosotros”).

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Four Seasons – “Silver star”

Ronnie también quería a Bill.

OTROS CRÍAN LA FAMA

En este blog no solemos tener muchas tradiciones, ya sabéis que es la casa de los iconoclastas. Pero como también es la de los mitómanos sí que procuramos mantener viva la costumbre de inaugurar el nuevo curso bloguero cada mes de septiembre con un post dedicado a los Beatles, que para eso se supone que fueron los padres de todo esto.

Y estamos en un nuevo mes de septiembre. Los posts que tenía ya preparados y programados han ido entrando poco a poco mientras he estado de vacaciones y en los días posteriores a éstas, en que hay que volver a aclimatarse a la rutina; y ya es la hora de volver a sentarse y escribir. Así pues, recurrimos de nuevo a LOS BEATLES.

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“Please, please me”

Si mencionamos a Dick Rowe seguro que la mayoría de vosotros tendrá de él el infausto recuerdo de ser el hombre que rechazó a los Beatles cuando éstos quisieron firmar por la Decca. Dick ha tenido que cargar a través de todos los años que han ido pasando con la vergüenza de ser recordado por eso. Incluso aquí, en este blog, hemos sacado su nombre a relucir varias veces. Y aunque se lo mereció sobradamente, sin embargo no fue el único que no confió nada en absoluto en el cuarteto de Liverpool. Por eso hoy vamos a sacar algún que otro nombre más para que le acompañe en la deshonra.

Y para encontrarlos tenemos que cruzar el charco. Porque en los Estados Unidos los Beatles llegaron a ser más grandes incluso que en Inglaterra. Fue el único grupo que tuvo 7 discos a la vez en el Top 20, incluyendo el número uno, por supuesto, con “She loves you”. Y al poco de entrar en aquel país coparon por completo el panel del “Juke Box Jury”, figuraron en una serie de conciertos navideños como cabeceras de cartel junto a todas las grandes figuras americanas y, ya para canonizarlos del todo, el prestigioso Sunday Times proclamó a Lennon & McCartney como los más grandes compositores desde Beethoven!!

¿Y no es extraño entonces que el sello americano del grupo, Capitol, no hubiese editado en los USA ni uno solo de los discos que ya habían lanzado los Beatles en Europa?

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“She loves you”

Pues sí, así fue. El jefe supremo del departamento artístico de Capitol, Dave Dexter Jr. (apuntaros el nombre), que llevaba 20 años en esta compañía afiliada a la EMI, había rechazado los cuatro primeros singles que los Beatles habían editado con EMI. “Son una pandilla de niñatos melenudos”, fue lo que displicentemente le dijo sobre ellos a Alan W. Livingston, el presidente de Capitol. “No son nada”, añadió aún.

Y como Dave Dexter tenía un impresionante curriculum en la compañía y había producido muchos de los mejores lanzamientos de ésta, pues Livingstone confió en su juicio.

El propio Alan W. Livingston también tenía tras de sí un pasado como productor, pero se había centrado sobre todo en ediciones infantiles… por ejemplo él fue el productor de las sintonías de “El Pájaro Loco” o “Bugs Bunny”… y no controlaba demasiado las producciones pop. Por eso, cuando Brian Epstein le telefoneó para preguntarle por qué coño estaban pasando tan olímpicamente de “She loves you”, Livingston tuvo que admitirle que él ni siquiera había llegado a escuchar la canción.

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“I’ll get you”

El que más sorprendido estaba con todo lo que ocurría era George Martin, que enviaba de forma regular a sus colegas y amigos de la Capitol americana todos los discos que les iba produciendo a los Beatles y siempre recibía respuestas entusiasmadas del tipo de “este grupo es fantástico, tienes que traerlos, tienes que venderlos en los Estados Unidos”… pero el problema era que otras de las mayores estrellas de la EMI, como fue el caso de Cliff Richard, habían tenido muy poco impacto con sus ediciones americanas de la Capitol, así que la situación que se daba con los Beatles no era tan extraña después de todo.

Así que como Capitol les rechazó de plano, la EMI no tuvo más remedio que transferir los derechos de las canciones de los Beatles a una compañía llamada Transglobal Music, que cedió las licencias de los tres primeros singles enviados a los USA del grupo a sellos discográficos muy pequeños y casi desconocidos. “Please, please me” y “From me to you” salieron en Vee-Jay, un sello de Chicago que se había establecido editando principalmente gospel y r&b; mientras que “She loves you” salió en otro sello todavía más pequeño que ése, llamado Swan.

Imaginaos el interés que pondrían en ellos que en el disco de “Please, please me” el grupo figuraba erróneamente con el nombre de “The Beattles”, con dos “t”. Ni eso les importaba; los discos apenas fueron promocionados y, por supuesto, no se vendieron nada en absoluto.

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“From me to you”

Todo comenzó a cambiar, sin embargo, el 27 de noviembre de 1963, cuando perdida entre las páginas de la revista “Variety”, apareció esta noticia: “The Beatles, el cuarteto musical más candente de Gran Bretaña, ha firmado un contrato para tres apariciones en el Show de Ed Sullivan”. Parecía absurdo que un grupo que iba a disponer de tamaña cobertura no tuviera siquiera un disco editado en una de las grandes compañías americanas.

Fue entonces cuando Alan W. Livingston, al enterarse de esto, volvió a ponerse en contacto con Brian Epstein y se enteró de que “I want to hold your hand” tenía una lista de espera en Inglaterra de más de un millón y medio de peticiones para cuando se editase y por fin estuvo de acuerdo en que Capitol lanzase este single en los USA… y le prometió a Brian Epstein que por lo menos se iban a gastar en promoción 50.000 dólares.

Para el 23 de diciembre todo estaba ya a punto en Capitol, y el jefe de merchandising, Paul Russell, había enviado un memorándum a todas las tiendas de discos del país para que pusiesen el máximo empeño e interés en el comienzo de la campaña de lanzamiento de los Beatles. En la nota les proporcionaba toda clase de detalles sobre el single y el posterior LP, “Meet the Beatles”, así como una orden de obligado cumplimiento: “Poco después del día de Año Nuevo recibirán grandes cantidades de pelucas imitando el peinado de los Beatles; todos y cada uno de los vendedores y empleados de los departamentos de promoción tienen que llevar puesta una de ellas durante toda la jornada de trabajo”.

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“I want to hold your hand”

Pero los planes de Capitol para editar “I want to hold your hand” de forma ordenada y totalmente planificada el 13 de enero quedaron tirados por tierra con la cada vez mayor popularidad de los Beatles. A mediados de diciembre, los avispados disc-jockeys americanos se habían hecho ya con copias de importación del disco y lo ponían tantas veces que crearon una demanda tal que la edición del disco se tuvo que adelantar al día 26 de diciembre. Durante el mes siguiente a esta fecha la canción ascendió hasta el número uno de la lista del “Billboard”, donde se quedó durante siete semanas seguidas, siendo el disco inglés de mayor venta en Estados Unidos de todos los tiempos. La beatlemanía golpeaba Norteamérica.

¿Y a Dave Dexter no se le cayó la cara de vergüenza con todo esto? Ni mucho menos… no solo no se le cayó sino que la levantó bien alta con la siguiente jugada que hizo.

Como él seguía pensando que las canciones de los Beatles no eran gran cosa, para reforzarlas cuando se editaron los LPs las hizo pasar por un proceso duofónico, que a él le parecía que necesitaban. Y como estas remezclas fueron las que aparecieron en los dos primeros LPs que los Beatles editaron en los USA… puso su nombre en las portadas como productor!!!!

George Martin no recibió crédito alguno como productor de los dos primeros LPs que los Beatles publicaron en los USA. Y aunque su nombre ya tuvo la debida atención en los dos siguientes, Dexter se embolsó una cantidad de pasta igual a la de George Martin también en estos dos, porque también se editaron tras pasar el proceso duofónico.

Dave Dexter Jr. falleció en 1990 después de haber creado, de una u otra forma, unos 400 discos. Pero lo mejor que le ocurrió es que escapó al castigo que el destino le deparó a Dick Rowe, a pesar de haber hecho tantos o más merecimientos que éste para sufrirlo.

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“Can’t buy me love”

Dexter… si es que incluso tenía nombre de asesino en serie…

THE BURNING STONE

Con el “Some girls” recién editado, los Rolling Stones se pasaron la mayor parte del mes de septiembre de 1978 grabando las bases del futuro “Emotional rescue” en los estudios de Wally Heider de Los Angeles.

Con Anita Pallenberg fuera de la ciudad, KEITH RICHARD alquiló una casa en Laurel Canyon que se convirtió en el antro donde daba sus fiestas constantemente. En una de ellas, cuando ya se marcharon todos los invitados, un par de horas después de que Kiz se retirase a la habitación principal con una joven rubia a la que posteriormente describiría como “el plato del mes”, se despertó de improviso para notar que el dormitorio se estaba llenando de humo…

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The Rolling Stones – “Miss you”

Alguien, por lo visto, después de prepararse algo en la cocina había dejado el mando de uno de los fogones sin cerrar del todo, con el gas abierto. Y éste se había ido escapando, creando una mezcla explosiva que terminó por encenderse cuando llegó a una de las varitas de incienso que tenían prendidas por allí.

Desplegando una inusual presencia de ánimo, además de una gran preocupación por la seguridad de los demás, Kiz empujó a la chica por la ventana del dormitorio, saltando él mismo tras ella. Mientras dejaban a su espalda la casa brillantemente iluminada por las llamas, los amantes ilícitos, completamente desnudos al borde de la piscina del jardín, se felicitaban por haber podido escapar de una muerte angustiosa con solamente algunas magulladuras.

Pero de pronto el alivio se convirtió en pánico, cuando Kiz escuchó el sonido de las sirenas de los coches de la policía, que se aproximaban allí a toda velocidad.

A Kiz se le pasaron por la imaginación los titulares de los tabloides en cuanto se enterasen de la noticia… “Stone pillado desnudo en un infernal nido de amor”… pero entonces la salvación pareció ofrecérsele una vez más. Un coche apareció derrapando y con gran chirrido de frenos, y al detenerse, el conductor se asomó y les gritó: “¡Eeeeh, vosotroooos… venga, subid!”.

Dando gracias a su buena estrella Kiz cogió del brazo a la chica y salió corriendo hacia el coche, porque acababa de reconocer al conductor… el primo de Anita Pallenberg.

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The Rolling Stones – “All about you”

LITTLE FURRY THING

Para el Epi. Que en el post-concierto de los ZZ Top me recordó una historia de canguros que escribí una vez por aquí, y le hizo mucha gracia. Aquí lleva otra.

Todo el mundo conoce a AXL ROSE como cantante heavy, matón, pendenciero, mujeriego, borde, y algunas otras cosas más, pero muy poca gente sabe que también es un gran amante de los animales.

Durante su carrera, Axl ha adoptado a un gran número de mascotas peludas y adorables, pero el orgullo de su colección lo adquirió durante su gira australiana de 1988, y era un wallabi, un canguro pequeñito.

Por lo visto, el bichillo, con sus orejitas picudas, era una monería increíble, y una criaturita muy divertida; tanto, que se convirtió en el animal favorito de Axl. Éste le puso de nombre Ozzie, un buen juego de palabras sobre los orígenes australianos del animal (en inglés australiano es “aussie”), y que éste estaba tan majara como el famoso cantante de los Sabbath, del que no tengo que recordaros su nombre.

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Guns N’Roses – “Sweet child o’ mine”

Axl pasaba tantas horas felices jugueteando con su amigable marsupial, que se lo llevó con él a recorrer el mundo durante la gira de los Guns N’Roses. Ozzie incluso tenía su propia caja para volar, acomodada con el resto del equipo, con varios agujeros incorporados, para que el aire penetrase en su interior. Si algún empleado le preguntaba, lo que Axl tenía planeado era decirles que el bicho se había metido él mismo allí sin que nadie le viese, y que se quedó atrapado en su interior…

Tristemente, el convincente disfraz de Ozzie como parte del equipo eléctrico y de sonido de la banda terminó en tragedia.

Fue durante los días en que la gira les llevó a Alaska. Una tarde, uno de los roadies dejó lo que él pensaba que era una maleta de sobra en el trailer, mientras la banda hacía la prueba de sonido. Cuando Axl vino buscando a su peludo amigo el roadie abrió la caja y… expuesto tanto tiempo como había estado a temperaturas bajo cero en el interior del camión, Ozzie era un témpano de hielo sólido.

Las leyendas urbanas sobre los Gun N’Roses dicen que otro bienintencionado roadie intentó aliviar el dolor de Axl llevándose a su casa al desafortunado cangurito, y metiéndolo en su arcón congelador, con la esperanza de que los avances en la criogenización permitiesen resucitar a Ozzie algún día.

También dicen las leyendas que Axl dedicó mucho esfuerzo y dinero para que los veterinarios pudiesen encontrar un remedio con el que sacar de la congelación profunda a su amigo.

Y también andan diciendo por ahí que Ozzie fue visto por última vez, junto a la cabeza de Walt Disney, en el congelador de mi cocina, mientras el Koloke andaba buscando la botella de licor de hierbas para prepararse un chupito…

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Guns N’Roses – “Don’t cry”

AVE MARÍA PURÍSIMA…

Era el 30 de octubre de 1968. Y era en Utica, una pequeña comunidad compuesta en su mayoría por familias de granjeros que estaba solamente a treinta kilómetros al norte de Detroit. Todo estaba preparado para el anual baile de Halloween.

Tendría lugar en el colegio St. Lawrence, un lugar pequeñito, de apenas 300 estudiantes, donde imperaba la costumbre de que los chavales del último curso, que ya iban a dejar el colegio tras su finalización, organizasen actividades tales como lavados masivos de coches de los vecinos, ventas de tartas caseras, con las que recaudar fondos para la parroquia local, cuyas hermanitas en Cristo eran las encargadas de impartir educación al alumnado..

Pero algunos estudiantes del último curso de este año eran bastante más rockerillos y querían aprovechar el baile de Halloween para esta recaudación. En aquel tiempo, en las áreas urbanas más cercanas a este pueblo solía haber al menos diez o doce grupos de garaje que tocaban en clubs juveniles, fiestas y bailes… pero nuestros amigos quisieron picar más alto: decidieron contratar a una banda que acababa de firmar con el sello Elektra y aunque ya comenzaba a hacerse famosa, pero aún no lo era tanto como para que pidiesen mucho dinero por sus conciertos… los MC5.

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“Ramblin’ Rose”

Llegaron a un acuerdo por 300 dólares con el manager del grupo, el posteriormente célebre John Sinclair… seguramente todos recordaréis lo que ocurrió con él diez años más tarde; aquello que John Lennon inmortalizó en su canción sobre él, que contenía aquel verso de “they gave him ten for two”, refiriéndose a que le echaron diez años de cárcel por dos porros…

Otra cosa que atraía a los estudiantes con esto era el sentimiento de que estaban engañando a las monjitas dominicas que ejercían de profesoras de la escuela bajo la atenta mirada pastoral del monseñor que tenían como superior.

Y así se formó el comité para promocionar el concierto en el baile. Los elegidos para ello inundaron los pueblos cercanos con flyers y posters caseros… Rochester, Troy, Clawson, para invitar a los universitarios que las poblaban, y Center Line, Warren, Hamtrarnick, para que también acudiesen los más paletillos…

En realidad ninguno de los organizadores esperaba una gran cosa, si acaso divertirse y cubrir gastos, o incluso ganar un poco de dinero con el que justificarse ante las monjitas. Imagínate entonces su sorpresa cuando la tarde del día del concierto empezaron a llegar coches y más coches, hasta llenar por completo el parking y formarse una cola ante la taquilla de más de cien personas. Y todavía seguían llegando coches, así que a 3 dólares con cincuenta la entrada, en poco tiempo tenían ya más de 900, en billetes pequeños, en la caja de puros que habían improvisado para ir guardando la recaudación. Y como no habían previsto ninguna clase de seguridad tuvieron que acudir a las monjas, para que se guardasen los billetes entre sus sagrados hábitos, para mantenerlos a salvo de los que tuviesen las manos demasiado largas.

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“Rocket reducer nº 62”

Mientras solucionaban estos pequeños problemas de intendencia, nuestros amigos se encontraron con que algunas crisis más se estaban desarrollando en los vestuarios, arreglados para que fuesen los camerinos de la banda. Los músicos se habían traído con ellos a sus novias y a todo un surtido de hippies y tipos raros, ante los que no se cortaban a la hora de desnudarse y cambiarse de ropa para actuar… y además para complicarlo todo estaba también el extraño olorcillo de ese humo que emanaba del interior… la verdad es que Sor María y Sor Josefina no estaban nada contentas con ese comportamiento…

Así que nuestros amigos tuvieron que pedirles educadamente a todas las mujeres que había en el interior de los camerinos que saliesen de él mientras los hombres se cambiaban, cosa que hicieron, pero no sin antes haberse partido el culo de risa. También se las apañaron bien los chavales para explicarles a las mosqueadas monjitas que todo aquel oloroso humo era porque los músicos tenían la costumbre de quemar incienso antes de sus conciertos para crear una “atmósfera apropiada”. Las cándidas monjas se lo creyeron y así pudo evitarse la crisis… era el momento de centrar toda la atención en el concierto, que ya estaba próximo.

Porque, como buenos degustadores de discos de rock, todos nuestros amigos sabían que el plato fuerte de los MC5 era su canción “Kick out the jams”, la cual comenzaba su letra con aquello de “kick out the jams motherfuckers!!”… algo de difícil traducción, pero que podría ser más o menos “vamos a por todas hijoputas!!”… una frase muy poco apropiada para emplearla en aquella escuela religiosa. Por eso hablaron con el cantante, Rob Tyner, para que se autocensurase un poco y, al contrario que solía hacer en todos los conciertos, no cantase la letra tal cual, sino tal como la grabaron en la versión del single, sustituyendo el “motherfuckers” por un más moderado “brothers and sisters”. Sin embargo, no se habían puesto de acuerdo con él cuando ya llegó la hora de empezar.

Así que allá estaban los organizadores, entre los demás espectadores, junto a tres o cuatro de las monjas, esperando a que los MC5 causaran su expulsión y su desgracia, y que los convirtiesen para siempre en leyendas a ojos de sus compañeros de escuela, cuando Rob avanzó ferozmente hacia el micro, lo cogió y gritó… “Kick out the jams… mother superior!!”.

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“Kick out the jams”

Después de todo, la fiesta terminó muy bien, y los beneficios para las monjitas fueron de 2.500 dólares… muchísimo más que los 175 que habían recaudado los catetillos del año anterior con sus tartas.

Y seguramente os interesará a todos saber que las dos noches siguientes a que ocurriese esto que os he contado, los MC5 las emplearon en tocar en el Grandee Ballroom de Detroit, grabando sus canciones para después seleccionarlas y editarlas tal como las habéis escuchado en este post, formando parte de su mítico primer disco. Y el resto, como suelo decir, es historia sobradamente conocida.

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“Come together”

THE GOOD LOOKING CORPSE

En días como éste de hoy es cuando me suelo acordar de Sid Vicious, del que ya he dicho por aquí que nació el mismo día que yo, pero que muy al contrario de mí, ya no puede disfrutar de las cervezas bien frías ni de otros placeres pequeños y mundanos como ése. Estoy de acuerdo con todo el mundo en que él será reconocido por el resto de la humanidad durante mucho tiempo y yo no. Pero yo nunca le pillé el punto a que a cambio de eso uno tuviese que vivir rápido y dejar un bonito cadáver.

Y me suelo acordar en días como éste, porque hoy hace cuarenta años que murió uno de los grandes iconos del rock.

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“Touch me”

La mórbida fascinación con las estrellas del rock muertas continúa cautivando a la gente. Nuestro protagonista maldito portaba todas las cargas habituales: Jim Morrison sufrió abusos cuando era un niño y tuvo una juventud difícil, le abrumaba el peso de la fama, su genialidad pasaba mucha veces a locura… Y en aquel telón de fondo de los años ’60 se une a Pamela, una novia anoréxica casi tan problemática como él mismo; la historia estaba servida: seductor y melancólico astro del rock conoce a su pareja de cabellos flamígeros y cósmicos, y desde ese momento la autoaniquilación que hacían por separado de sus vidas se multiplica. Juntos comienzan con la hierba, después pasan al ácido y después terminan chutándose para poder permanecer juntos y comenzar todo el ciclo de nuevo. Así eran sus días.

Pobre viejo Jim. Y además él tenía una enzima de menos que implicaba que no era capaz de metabolizar el alcohol apropiadamente. Después de algunas horas bebiendo se transformaba en un odioso Mr. Hyde, que se ridiculizaba a sí mismo y se meaba en las botellas que se había bebido. Nunca se cambiaba de calzoncillos, y tenía que ser Pamela quien se los quitase aprovechando que se quedaba durmiendo sus agonías.

Las interpretaciones de Jim en los escenarios se convirtieron en penosas parodias; la desintegración de los Doors se convirtió en algo inevitable. Hinchado por el alcohol, saturado por las mujeres, enloquecido por la fama, la estrella de pacotilla en que se convirtió y su compañera abandonaron Los Angeles para intentar un nuevo comienzo en París. Y el negro final fue allí de todos conocido.

Porque el final no fue nada deslumbrante. Olvídate de la mística de los asesinatos misteriosos, de las sobredosis, de las teorías conspiratorias para encubrir su fallecimiento… lo más seguro es que lo que mató a Jim Morrison fuese el asma.

Que prosaico, ¿no?

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“The end”

POR EL HUMO SE SABE

Hasta que el día 16 de mayo de 1969 Pete Townshend no echó de una patada del escenario a aquel policía de paisano en el Fillmore East, había estado siendo un mes tranquilito para THE WHO.

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“Pinball wizard”

Habían comenzado a primeros de mayo con una aparición en el “Top of the Pops” con su “Pinball wizard”, y al día siguiente hicieron la presentación de su muy celebrada ópera rock sobre “Tommy”, en un concierto especial solo para la prensa en el club de Ronnie Scott. Una semana más tarde estaban rompiendo récords de asistencia de público en la maratoniana gira que hacían por los Estados Unidos. Cuando llegaron a New York para su concierto en el Fillmore East el enfebrecido público de la Gran Manzana ya había agotado todas las localidades con mucha anticipación.

Todos estaban enloquecidos cuando abarrotaron el Fillmore, porque les encantaban los Who, y ya habían oído el “Pinball wizard”, y esperaban ver y oír el espectáculo de “Tommy” en su totalidad. Y así fue como The Who realizaron el concierto.

Hacia el final del mismo, en la explosiva parte pirotécnica, el humo comenzó a adueñarse por completo del auditorio. La gente pensó que aquello formaba parte del espectáculo… pero no era así. El supermercado que había al lado del Fillmore estaba ardiendo. Alguien le había arrojado un cóctel Molotov porque el propietario había rehusado seguir pagando por su “protección”.

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“We’re not gonna take it”

De pronto los pasillos laterales se llenaron de bomberos armados con hachas, pero la audiencia seguía sin mostrar signos de ansiedad. Por lo que todos estaban viendo, los Who habían montado un maravilloso final para su concierto. El promotor, Bill Graham, decidió que había que terminar ya con la música y se estaba subiendo al escenario cuando se fijó en otra figura que ya lo había hecho y se aproximaba por detrás hacia Pete Townshend.

Bill le reconoció como uno de los muchos policías que habían pedido para salvaguardar la seguridad del concierto, y que para no hacerse notar demasiado, estaban vestidos como cualquier otro hippie de los asistentes, con sus barbitas y sus abalorios. El oficial de policía de la Fuerza Táctica, Daniel Mulhearn, era uno de ellos, y decidió hacerse él mismo con el control de la situación yendo hasta el micrófono del centro del escenario.

Pete Townshend, tan ignorante como el resto de la audiencia de la verdadera razón del humo, vio de reojo a Mulhearn y asumió que era uno de los super excitados fans buscando su momento de gloria. Así que sin perder un instante, se olvidó de su guitarra y se centró en echarle del escenario de una patada.

La audiencia enloqueció con esto. Hasta ahora habían estado más quietecitos porque los Who ya terminaron con “Tommy” y estaban interpretando el “Summertime blues”; pero cuando el tipo aquél salió lanzado del escenario se vinieron todos arriba. Ahora estaban todos de pie, incluso muchos sobre sus asientos, gritando todo lo que podían, y Bill Graham pensó… “¿cómo coño vamos a conseguir que toda esta gente salga de un edificio que está ardiendo…?”.

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“Summertime blues”

Pero eso no era lo peor, sino que fuera había otras 2.000 personas más esperando a entrar para el segundo pase del concierto. Bill Graham se abrió paso a empujones hasta la esquina del escenario y trepando a él le gritó frenéticamente al oído al Who que tenía más cerca que el Fillmore estaba ardiendo. Y aunque era un tipo con cierta propensión a la excitabilidad fue notable la forma en que Bill se acercó al centro del escenario y tranquilamente le explicó al público que había un incendio en el edifico de enfrente del Fillmore. No quiso que supieran que en realidad el que se quemaba era el edificio de al lado y el fuego se había extendido hasta aquí.

Y el caso es que la mentira le funcionó, porque las 2.000 personas de dentro, que unos momentos antes habían estado botando y gritando, se calmaron en un momento y abandonaron tranquilamente el Fillmore saliendo en una ordenada doble fila. Nadie resultó herido.

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“The acid queen”

Mientras tanto, en el interior del edificio, la flor y nata de la policía neoyorquina removían cielo y tierra buscando al narizotas inglés gilipollas que le había dado una patada en los huevos a su compañero. Y Bill Graham tuvo que acudir de nuevo al rescate, sacando subrepticiamente a la banda por una puerta trasera y escondiéndolos en un apartamento del 71 de la Séptima Avenida.

Cuando las cosas se calmaron un poco al día siguiente, Pete Townshend y Roger Daltrey fueron a la comisaría. A Roger le dejaron libre sin cargos, pero a pesar de los esfuerzos de Bill Graham, a Pete Townshend le acusaron de asalto en tercer grado y para salir en libertad tenían que pagar una fianza.

Pero Peter no tenía ni un puto dólar, así que Bill, y Jane Geraghty, la contable de su empresa, y todos los demás empleados que pudieron encontrar, tuvieron que exprimir sus cuentas corrientes para que el guitarrista no fuese a la cárcel.

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“I’m free”

COSER Y CANTAR

Harvey Bramham estaba cansado. Y se le cerraron los ojos. Lo cual significó una tragedia para los FAIRPORT CONVENTION, ya que Harvey estaba conduciendo la furgoneta que les llevaba de vuelta a Londres después de un concierto en Birmingham. Ocurrió un día como el de hoy, el 12 de mayo de 1969.

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“Fotheringay”

En las primeras horas de la mañana, en algún lugar cercano a Mill Hill, el vehículo se salió de la carretera y dio varias vueltas de campana, resultando muertos en el accidente el batería Martin Lamble, y su novia Jeannie Franklin, y quedando heridos de diversa consideración varios miembros más de la banda, como Richard Thompson, Simon Nicol y Ashley Hutchings, todos ellos trasladados al hospital de Stanmore. La cantante del grupo, Sandy Denny, no viajaba con ellos porque decidió volverse a casa con su novio, Trevor Lucas, el guitarrista de los Eclection, que era el grupo que les había servido de teloneros en el concierto de la noche anterior.

Pasaron las horas y las horas heridos y esperando porque los médicos luchaban por rescatar a Martin de las garras de la muerte. Por Jeannie no pudieron hacer nada porque murió ya en la ambulancia que la trasladaba… Richard Thompson no hacía más que mirar a la pared desde su sillón; Ashley Hutchings ni siquiera podía ver la pared por la cantidad de sangre que tenía en la cara. A Simon Nicol solo tenían que extraerle un pedazo de cristal del parabrisas que tenía clavado en el brazo.

La policía de tráfico no tardó en llegar al hospital. Y lo hicieron acompañados por algunos agentes de la unidad de drogas, porque habían encontrado hachís entre los restos del accidente. Eso significó que Harvey Bramham fuese acusado de conducción temeraria y condenado a algunos meses de cárcel.

Posteriormente, cuando la banda se recuperó y se reagrupó, el cuerpo de Martin Lamble fue incinerado y sus cenizas esparcidas por las colinas de Gales.

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“Meet on the ledge”

En un extraño giro del refrán de que “no hay mal que por bien no venga”, resultó que Fairport Convention, que por entonces eran unos absolutos desconocidos en los Estados Unidos, a raíz de este accidente vieron su nombre en todos los titulares de los periódicos y revistas musicales de ese país. Porque allí era una celebridad Jeannie Franklin.

Conocida como Genie the Tailor (Genie la Sastra), ella había empezado como camarera en un club nocturno de Los Angeles, donde comenzó a confeccionar trajes para clientes como Zal Yanovsky y Steve Boone, de los Lovin’ Spoonful. Después abrió un par de tiendas y se hizo con una clientela que incluía a Donovan, a los miembros de The Mothers of Invention, de Love, de Buffalo Springfield, de los Turtles, a Keith Moon, a Jack Bruce (que la inmortalizó en el título de su primer disco, “Songs for a tailor”), a Tiny Tim, a los Moby Grape… se decía que ella fue la que convenció a los Temptations de que se pusieran volantes.

…y también corrían rumores sobre sus métodos para tomar las medidas. Se contaba cómo Otis Williams tuvo que quejarse una vez, diciéndole: “Oye, tía, no necesitas medirme eso…”.

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“She moves through the fair””

EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

Habían tenido que echar de la banda a Ozzy. Y su sucesor, Ronnie James Dio, ya les había dejado también. Pero eso no preocupaba en absoluto a los demás componentes de BLACK SABBATH. Lo que hicieron ahora fue persuadir a Ian Gillan, el antiguo vocalista de Deep Purple, de que fuese su nuevo cantante, y además se iban a asegurar de que su próxima gira americana, la de 1983, fuese la más espectacular que habían hecho nunca. Los miembros de la banda habían pensado ellos mismos cómo iba a ser el escenario, y cuando volvieron a Birmingham contrataron a algunos viejos amigos para diseñarlo.

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“Trashed”

Poco tiempo después ya estaban en la oficina de su manager desplegando planos y diagramas y mirando una maqueta a escala de Stonehenge hecha de contrachapado. Su manager había calculado el número de camiones articulados que necesitarían para recorrer los USA con las piezas de lo que iba a ser una reproducción casi a tamaño natural del prehistórico círculo de piedras, y movía su cabeza, lleno de dudas. Pero lo que él no sabía era que la banda ya se había gastado una pasta en aquello y ordenado que el proyecto saliese adelante.

El primer concierto de la gira iba a ser en Montreal. Para irse conjuntando con su nuevo vocalista, los Sabbath llegaron tres días antes para ensayar, seguidos por una flota de camiones conteniendo el Stonehenge. En piezas… la mayoría de las cuales no cabía por las puertas…

Quince carpinteros tuvieron que trabajar contra reloj durante tres días, hasta que por fin todo quedó instalado… el problema era que ahora no quedaba sitio para el público…

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“Stonehenge”

El grupo abandonó Canadá con un par de tableros verticales y largueros en el fondo de un camión. El resto de Stonehenge está todavía en el fondo de la Bahía de Hudson, que fue donde lo echaron.

Y todo por una pequeña confusión que hizo que los que confeccionaron las piezas tomaran los números del proyecto como metros, en lugar de como pies, que era la medida correcta.

Y luego dice la gente que la peli de “Spinal Tap” es una exageración…

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“Smoke on the water”
(Ian Gillan se trajo su más famosa cancion con él)

COCINA DE AUTOR

Para el Koloke. Conocido degustador de bocatas poco convencionales.

GLEN MATLOCK nunca fue un tipo demasiado querido por el resto de los Sex Pistols. Y más aún desde que el grupo se convirtió en el enemigo público número 1 después de la famosa entrevista que les hizo Bill Grundy en su programa de televisión. Desde ese momento sus compañeros de grupo estaban cada vez más mosqueados con su comportamiento. Y es que, francamente… Glen Matlock era un tipo demasiado decente.

Los Pistols originales. Glen es el primero por la izquierda.

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“Anarchy in the U.K.”

A los demás Pistols les repateaba que mientras estaban de gira, en vez de unirse a la orgía de vandalismo y violencia que caracterizaban sus salidas nocturnas, Glen prefiriera desacreditarse como punk en condiciones conversando tranquilamente con Mick Jones, el de los Clash, tomándose unas cervezas. Y encima hablando de música.

Y como sus compañeros no se andaban con chiquitas a la hora de mostrarle el desprecio que sentían por su manera de ser, fue un alivio para Glen que cuando la gira finalizó todos suavizasen sus actitudes con él. En un ensayo incluso el guitarrista Steve Jones se ofreció a prepararle un pequeño piscolabis mientras se tomaban un descanso.

-Claro, tío, me encantaría -le dijo Glen, muy agradecido, disfrutando de nuevo del espíritu de compañerismo de la banda, que parecía perdido hacía ya tiempo.

Así que Steve desapareció en la cocina, frió un par de filetes de hígado y los metió en una baguette calentita.

Y como el chef magistral que era, Steve decidió que aquello necesitaba un toque más especial, para mostrarle a Glen aún más “intimidad”; una especie de salsa que completase el efecto.

Apareció unos minutos después, dándole el bocata a Glen.

-¡Mmmm, está rico! -decía- pero la mayonesa sabe un poco rara… ¿no estaría caducada? ¿Has mirado la fecha en el bote?

-Es que no es mayonesa -le contestó Steve, luciendo su sonrisa más diabólica, que al momento se convirtió en una estruendosa risotada, que acompañaron los otros dos con el mismo regocijo.

En el siguiente ensayo de los Pistols, el bajo ya estaba en manos de Sid Vicious.

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“God save the Queen”

Los Pistols conocidos. Glen ya no es el primero por la izquierda.

FROM GENESIS TO REVELATION

En el verano de 1970 GENESIS se estaban planteando si merecía la pena seguir en la música ya que su vida como banda estaba siendo muy problemática, y aunque ya llevaban editados dos discos, el público no les hacía demasiado caso, y además estaban teniendo serios problemas para mantener fijos a un guitarrista y a un batería. Anthony Philips, el guitarra original, les tuvo que dejar por problemas de salud, y los baterías, hasta un número de tres se habían ido sucediendo desde que al primero de ellos, Chris Stewart, le echaran sin muchas contemplaciones, lo que nos permitió con el paso del tiempo disfrutar de sus libros escritos en la sierra de Granada, y de los que, dicho sea de paso, uno de los ejemplares de la primera edición lanzada en castellano, el que contiene la primera dedicatoria que Chris realizó en nuestro idioma (a mí, por cierto), ocupa un lugar preferente en una de mis estanterías.

Estas eran las caras y la música de los Genesis originales:

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“The silent sun”
(El batería, Chris, es el de la derecha del todo en la foto)

En el verano de 1970 Phil Collins acababa de dejar una banda llamada Flaming Youth después de que casi se matan o se quedan sin pies por no dominar las armas que estaban empleando en la performance de su disco conceptual “Ark 2”.

Por entonces Phil no había oído hablar de Genesis nunca en su vida, pero un día, leyendo el Melody Maker vio un pequeño anuncio que estaba remarcado en un cuadro aparte de los demás, lo que a él le pareció una buena señal, porque eso quería decir que quien hubiese puesto el anuncio manejaba dinero.

El anuncio decía: “Tony Stratton-Smith requiere un batería y un intérprete de guitarra de 12 cuerdas sensibles a la música acústica”.

Tony Stratton-Smith, Strat para los amigos, era el manager de Genesis, y así es como le conocía Phil Collins, porque se contaba entre su círculo de conocidos. Así que fue una tarde al bar del Marquee Club, donde sabía que lo iba a encontrar, para que lo enchufase con el grupo éste del anuncio. “Son unos tíos muy melindrosos”, le dijo Strat; “así que no podré meterte por la cara. Tendrás que ir a hacer la audición de prueba como los demás”. Y así lo hizo Phil; la prueba se realizó en la gran casa que tenían los padres de Peter Gabriel en Chobham.

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“The knife”
(Aquí el batería era John Mayhew)

Phil Collins fue allí acompañado de su amigo, el guitarrista Ronnie Caryl, que también iba a probar suerte en el casting. Cuando llegaron ya había esperando delante de ellos varios baterías más.

Phil había hecho ya muchas audiciones, pero ésta le sorprendió. Para hacerla se presentó allí con una camiseta y unos vaqueros, porque las audiciones solían ser siempre en clubs pequeños y sudorosos, pero ésta era en un día muy soleado, en un gran jardín, con un enorme piano debajo de los árboles, a la sombra. Y de la casa salió Mike Rutherford vestido con un batín y en zapatillas. Phil pensó que aquello no tenía más cojones que ser la banda de acompañamiento de Noël Coward; le parecía todo increíble.

Después salió Peter Gabriel y le dijo: “Todavía te queda un buen rato para la prueba, mientras la hacen los otros, si quieres, te puedes dar un baño”, señalándole la enorme piscina que había también en el jardín. “Fantástico”, pensó Phil; y mientras se dirigía hacia ella pensaba “estos tíos tienen pasta, seguramente a ellos podré pedirles 6 libras a la semana en vez de las 5 que ganaba antes… bueno, mejor 7 libras…”

El baño le dio también la oportunidad de ir escuchando a los otros baterías, y de aprenderse las canciones. Su reacción inicial a la música fue, “joder! esto es como Crosby, Stills & Nash”. Demasiado suave, y además música demasiado difusa para su gusto. Pensó que tendría que meterle cojones para espabilarla un poco.

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“Dusk”
(Las baquetas todavía las tenía John)

Cuando se sentó ante la batería parecía como si Phil Collins fuese el que tenía el control de aquello; Mike, Tony y Peter parecían nerviosos, como agobiados; parecían tímidos e inseguros. Aunque dentro de su inseguridad a Phil le parecieron arrogantes. Pero, bueno, lo que importaba era que ellos tenían un trabajo que ofrecer y él estaba en el paro.

Cuando iban en su coche de vuelta a casa, su amigo Ronnie le dijo, “yo lo he hecho bastante bien, pero tú les has volado la cabeza, tío”. “No jodas!”, le contestó Phil; “¿en serio…?”

Y sí. Era en serio. Porque tres semanas después Peter Gabriel le llamó por teléfono para decirle. “Mmmm, eeehh, ¿está Phil ahí?”. Así era como Peter hablaba, con muchos “mmmm”, “eeeeeh” y “estooooo”. “Nos gustaría, mmmm, eeeeehh, que te unieses, estooo, a la banda. Mmmmm, te podremos pagar, estooooo, 10 libras eeeeeh, a la semana…”

Y el resto de la historia ya la conocéis todos.

Luego Phil se fue estropeando con el tiempo.

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“For absent friends”
(La primera canción compuesta por la banda con Peter Gabriel y Steve Hackett)

SOLO SE MUERE DOS VECES

El primer día del verano de 1975 PHIL OCHS fue asesinado en el Chelsea Hotel por John Train, que es quien está hablando ahora. Yo maté a Phil Ochs. La razón por la que le maté es que él era una especie de genio, pero bebía demasiado y acabó por convertirse en un gilipollas aburrido. Por el bien de las sociedades, públicas y secretas, era necesario que nos deshiciésemos de él. Aunque él había tenido ideas brillantes, como “An evening with Salvador Allende”, y un par de buenas canciones, como “Crucifixion” y “Changes”, hacía tiempo que ya no era necesario ni útil… (John Train, en una entrevista, 1975)

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“Changes”

Las escenas de mis años jóvenes están frescas en mi mente,
visiones de sombras que brillan.
Hasta que un día volví y me dí cuenta
de que habían sido víctimas de las enredaderas del cambio…

No era necesario ni útil. Nadie podía imaginar un destino peor para un cantante de folk de los años 60; y con la excepción de Bob Dylan, no hubo un cantante de folk más grande en las calles del Greenwich Village que Phil Ochs.

Él personificó la embriagadora exuberancia del activismo político de la era Kennedy, produciendo canciones grandes y regulares para causas grandes y pequeñas. Su material fue elevado más allá de la propaganda por su agudo sentido del humor, pero a veces se volvía profundo, con una enternecedora compasión que le hacía escribir también canciones como “Changes” y “There but for fortune”. Después de todo, el borracho tenía corazón.

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“There but for fortune”

Muéstrame una prisión, muéstrame una cárcel,
muéstrame un prisionero cuya cara haya empalidecido,
y yo te mostraré a un joven con tantas razones como él,
y que si no hubiese sido por la suerte, podríamos ser tú o yo…

Los ’70 no fueron buenos años para los cantantes de folk. Con la Guerra del Vietnam terminada y Nixon despedido de su despacho, algo se había desinflado dentro de “el movimiento”. La nueva década parecía no interesarse por mucho más que el negocio de la industria. Phil Ochs no editó ningún disco más desde 1970, el irónicamente titulado “Phil Ochs’s Greatest Hits”, y el título de la última de sus canciones lo dice todo: “No more songs”. Llegado 1975, su bloqueo para escribir, su incapacidad para ver un lugar para Phil Ochs en el nuevo esquema de las cosas, era tan agudo, que su única solución fue convertirse en otra persona diferente.

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“No more songs”

Hola, hola, hola,
¿hay alguien en casa?
Solo llamo para decir
que lo siento.
Han despertado los tambores
y todas las voces se han ido.
Y parece que no habrá más canciones…

Y se convirtió en John Train. Un nombre muy adecuado para él, porque entonces era como una locomotora desenfrenada de cabeza al desastre. Se le veía en las calles del Village, con su abrigo andrajoso, completamente fuera de control. A todos los conocidos le preocupaba, pero nadie sabía qué hacer. La verdad es que todos estaban luchando también su propia versión de la misma batalla que Phil.

Casi todas las ideas simplistas de los años 60 sobre el bien y el mal ya no tenían vigencia. El mundo ya no era lo que solía ser. El movimiento de Martin Luther King no tenía ya nada que ver con el de Rap Brown, y todos los que vivieron profundamente los 60 estaban ahora confundidos de un modo u otro… algo parecido a lo que ocurrió aquí unos años más tarde cuando los antiguos clandestinos parafraseaban aquello de “contra Franco vivíamos mejor”.

El propio Phil Ochs había puesto los poemas de Mao Tse-Tung en la contraportada de uno de sus discos para mostrar que su alma poética era víctima de la paranoia de la guerra fría americana. Pero sin tratar de justificar, ni mucho menos, esta paranoia, resultó después que Mao era responsable de la muerte de más personas que Hitler. Ya nada era blanco o negro…

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“The war is over”

Veteranos con una sola pierna dan la bienvenida a un nuevo día.
Y van silbando alguna marcha mientras cortan el césped.
Y las gárgolas solo están allí quietas llorando por ellos.
La gitana que me leyó la mano me dijo que habíamos sido engañados.
Uno solo es aquello que cree.
Y yo creo que la guerra se ha terminado.
Se ha terminado. Se ha terminado…

John Train se movía a toda velocidad por el Village en un constante estado de hiperansiedad, paranoia y borrachera, armado con cualquier cosa excepto una guitarra. Dilapidó los treinta mil dólares de los ahorros de Phil Ochs en locuras y acabó loco perdido, durmiendo en el cuarto de calderas del Chelsea Hotel.

Unos meses después John Train volvió a dejar que Phil Ochs saliese a la luz, pero se alejó de New York, donde su personalidad anterior había dejado algunos enemigos peligrosos. Se trasladó a Los Angeles por una breve e igualmente infeliz temporada. Su personalidad de John Train por fin se había desvanecido, pero el tiempo que la mantuvo le costó perder su lugar en la “Rolling Thunder Revue”, la gira que había montado Bob Dylan, que estaba basada en un concepto que los dos habían discutido a menudo. La manera en la que Phil Ochs quedó después de sobrevivir a los estragos de John Train hizo que su crónica depresión se convirtiese en desesperación. Ahora veía que su carrera había quedado hecha un desastre, su cuenta corriente agotada, y en lo personal había quemado todas sus naves. Sus amigos y su familia intentaron convencerle de lo contrario, pero Phil lo sabía mejor que nadie. Estaba vacío; una vacuidad que abrumaba todos los demás aspectos de su ser.

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“Chords of fame”

Toca los acordes del amor, amigo.
Toca los acordes del dolor,
si quieres seguir con tus canciones.
Pero no, no, no toques los acordes de la fama…

Y un día como hoy, el 9 de abril de 1976, con solo 35 años de edad, Phil se colgó en el cuarto de baño de la casa de su hermana, con la que ahora estaba viviendo, en Far Rockaway, muy cerca de donde nació Margo Guryan, otra cantautora que tuvimos en este blog la semana pasada.

El Phil Ochs que tomó la decisión de suicidarse estaba equivocado. Estaba vacío, sí, pero no estaba acabado. La trampa más cruel que a uno le tiende una depresión es hacer pensar a su vícima que el vacío es una parte natural del ciclo de la vida, que es permanente. El desesperado acto final de Phil significó que nunca supo qué hubiese sentido al cantar respaldado por los Clash, que nunca pudiese conspirar con Billy Bragg, que nunca lo detuviesen con Martin Sheen… y no pudo ver a su hija crecer para convertirse en una de las organizadoras de la Unión por las Libertades Civiles de América. Y a nosotros nos privó de su consejo, de su energía, de su corazón…

Uno no puede más que entender la reacción de sus amigos: rabia. Todos estaban furiosos con Phil por haber cometido semejante estupidez, semejante sinsentido. Solo podían llorar. Y llorar. Y seguir llorando.

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“I ain’t marchin’ anymore”

Marché en la batalla de Nueva Orleans
y en la primera guerra contra los británicos.
La tierra joven comenzó a crecer,
la sangre joven comenzó a fluir.
Pero ya no marcharé nunca más.

Porque ya maté a la cantidad de indios que me correspondía
en miles de luchas diferentes.
Yo estuve en Little Big Horn
y escuché a muchos hombres mentir;
y ví a muchos más morir.
Pero ya no marcharé nunca más.

Siempre nos han llevado a la guerra los mayores,
y siempre han caído los jóvenes.
Míranos ahora a todos los que hemos vencido con el sable y la pistola
y díme si ha merecido la pena.

Porque yo robé California de la tierra de los mejicanos,
peleé en la sangrienta guerra civil,
sí, e incluso maté a mi hermano
y a muchos otros más.
Y ya no marcharé nunca más.

Porque marché a las batallas de las trincheras alemanas
en una guerra que iba a acabar con todas las guerras.
Oh, pude haber matado a un millón de hombres,
y ahora quieren que vuelva de nuevo.
Pero ya no marcharé nunca más.

Porque volé en la misión final sobre el cielo de Japón,
y desencadené el poderoso hongo que rugió.
Cuando ví a las ciudades arder
supe que estaba aprendiendo algo.
Que ya no marcharé nunca más.

Ahora el líder laborista grita cuando cierran las plantas de missiles.
La United Fruit grita en las costas de Cuba.
Llámalo paz, o llámalo traición,
llámalo amor, o llámalo razón.
Pero ya no marcharé nunca más.

CRÓNICA DE UN CAMBIO ANUNCIADO

Las desavenencias entre Mick Jagger y Keith Richards se comenzaron a vislumbrar en 1971, cuando la relación del primero de ellos con Bianca Pérez-Mora parecía tener prioridad sobre la grabación del “Exile on Main Street”. A partir de entonces fueron aumentando de forma paulatina con la grabación en Jamaica del “Goats head soup”, y ya en 1974 terminó de cabrear a Keith que el bajista Bill Wyman editase en solitario su “Monkey grip”, frustrado porque los Stones no avanzaban ya que Mick estaba cada vez más interesado en figurar en la alta sociedad y Keith bastante tenía con preocuparse de que no le condenasen constantemente por asuntos de drogas.

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“It’s only rock’n’roll (but I like it)”

Así que con la salida en octubre del “It’s only rock’n’roll (but I like it)”, los ROLLING STONES se congrearon en torno a ese título optimista y se presentaron mostrando una cara más unida y desafiante. Pero por vez primera en su carrera el disco fue recibido como una auto falsificación, un innoble descenso de la banda al terreno del cliché, incluso de la autoparodia. Y todo fue aún a peor porque a mediados de diciembre Mick Taylor, que se había unido al grupo en 1969 tras la muerte de Brian Jones, anunció por sorpresa que les dejaba. En realidad no fue una decisión impulsiva, porque Mick reconoció que ya llevaba algún tiempo mascullándola.

En el comunicado de prensa en que lo anunciaba decía que los últimos cinco años y medio pasados con los Stones habían sido muy excitantes y habían sido su periodo más inspirador. Sobre los demás componentes decía que los respetaba mucho, como músicos tanto como personas, y que no sentía más que admiración por los Rolling Stones, pero que sentía también que ya había llegado el momento de marcharse y hacer algo nuevo.

Sin embargo, las lenguas de doble filo tradujeron sus palabras por otras que decían que Mick Taylor se iba en realidad porque no era feliz con el escaso papel que le daban en los créditos de las canciones, porque la música de los Stones ya le aburría, y porque estaba hasta los cojones de los cuchicheos por las actitudes de Jagger y Richards y de las drogas duras que pululaban por el entorno.

Mick tuvo que admitir que esos rumores contenían mucha parte de verdad y que las relaciones en el seno de la banda habían apresurado su salida de ella. Veía muchos problemas personales en las relaciones entre los demás, rupturas, peleas, disputas con Jagger, Kiz e incluso con él mismo. Todo estaba yendo demasiado lejos.

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“Time waits for no one”

Y además Mick Taylor estaba deseando ir más allá musicalmente. El año 1974 no fue un buen año para los Stones; él pensaba que hasta entonces habían sido muy buenos creatívamente, pero sentía que al “It’s only rock’n’roll” le faltaba verdad, no tenía dirección alguna, y eso tipificaba el estado en que se encontraba la banda en aquel momento. Y encima su fantástica contribución musical a la canción “Time waits for no one” no le supuso cobrar las ganancias como co-autor que él había esperado; Mick Jagger no le incluyó en los créditos y Mick Taylor se enfadó muchísimo.

Para hacerlo todo aún peor, Taylor había comenzado a meterse heroína. En aquellos días comenzó a hacerlo de forma recreativa, sin pensar que podía convertirse en un adicto serio, fue mucho después cuando se encontró enganchado a ella por completo.

Antes de anunciarlo oficialmente a la prensa Mick Taylor se lo había dicho a los Stones en noviembre, cuando Jagger estaba en los USA batallando contra las leyes de inmigración del país para no tener problemas en su próxima gira americana de 1975 y el resto del grupo estaba en Munich, esperando para meterse en los estudios Musicland para comenzar a grabar el siguiente disco. Así que a la vuelta de Jagger, Taylor y él se citaron en el concierto de Eric Clapton del Hammersmith el 4 de diciembre para discutir la situación. Jagger intentó convencerle para que se quedase, pero la decisión de Mick Taylor ya era firme.

Así que Jagger, en la fiesta de después del concierto, por la que también andaba Ronnie Wood, el guitarrista de The Faces, le dijo a éste: “Mick Taylor deja la banda, ¿quieres unirte a los Stones?”.

Pero Ronnie era leal a sus Faces y le dijo que no, en principio… pero que si andaba muy desesperado le llamase.

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“Dance little sister”

Desde ese diciembre del 74 hasta marzo del 75 los Rolling Stones estuvieron haciendo audiciones con diferentes guitarristas para ocupar el puesto de Taylor. Por allí pasaron Wayne Perkins, Harvey Mandel, Jeff Beck… y al final Jagger hizo la desesperada llamada a Ronnie.

El 30 de marzo Ron Wood estaba haciendo el casting para los Stones, aunque se lo podían haber ahorrado perfectamente y haberle dicho que entrase del tirón… ¿qué iban a ver ahora de la forma de tocar de Ron Wood que no hubiesen visto unos meses antes cuando Jagger, Keith Richards y Mick Taylor le ayudaron a grabar su disco en solitario? Obviamente le invitaron a formar parte de la banda ese mismo día, hace justamente ahora 36 años. Y por eso lo estamos recordando en este post.

Un par de semanas más tarde, el 14 de abril, se anunció que Ron Wood se iba a unir a los Rolling Stones, prestado por The Faces de forma temporal, para ayudarles en los conciertos de su gira americana.

En diciembre Rod Stewart abandonó a The Faces diciendo que parecía que Ron Wood se iba a quedar prestado de forma permanente.

Y no fue hasta el 28 de febrero de 1976, más de un año después de que Mick Taylor dejase la banda, cuando Ron Wood fue final y oficialmente nombrado nuevo guitarrista de los Rolling Stones.

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“Hey negrita”

CREMA AGRIA

Hace ahora justamente 45 años que CREAM comenzaron a tocar juntos. Fue en 1966, cuando se encontraron en la casa que Ginger Baker tenía en Neasden, y en su salón principal montaron una jam que fue el germen de donde floreció la banda.

Sobre ella se ha hablado muchísimo y todos conocéis su historia, o podéis leerla en cualquier enciclopedia musical y en cientos de páginas web, así que aquí no vamos a ahondar en ella. Pero sí me parece interesante contar como fueron los principios y el precipitado final del grupo porque siempre se ha dicho que aquello fue una constante lucha de egos que terminó por hacer naufragar el proyecto. Y en realidad no fue del todo así, sobre todo no lo fue en el caso de Eric Clapton, que es a quien se culpa principalmente.

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“Sunshine of your love”

Los tres miembros de la banda vivían en distintos barrios, cercanos entre sí, del norte de Londres, y además habían tocado unos con otros en diferentes proyectos o reuniones. En aquel momento Eric estaba buscando alguna forma de expresar su música que no quedase tan encuadrada en los clasicismos de los Bluesbreakers, y una tarde se encontraba en el nuevo Rover que Ginger se había comprado con las rentas del éxito que acababa de tener con la cara B del “Yeah yeah” de Georgie Fame, de camino a la casa de éste, mientras Jack Bruce hacía lo mismo en su Mini Cooper, accediendo a una petición que le había hecho Eric sin mencionárselo a Ginger.

Aquella brillante y soleada tarde estuvo a punto de ennegrecerse totalmente cuando Eric le dijo a Ginger que había invitado a Jack a compartir con ellos la sesión musical que iban a hacer. Eric no sabía que aquellos dos ya se conocían de los tiempos en que estuvieron en la banda de Graham Bond, y habían terminado tan de mala manera que todavía tenían pendientes viejas rencillas que hacían que no se dirijiesen la palabra.

El encuentro, pues, en aquel piso apenas amueblado, pero repleto de artefactos africanos cubriendo las paredes, debió estar lleno de tensión al encontrarse Ginger y Jack y recordar éste como el primero le expulsó de la banda a punta de cuchillo. Al principio Ginger pensaba que Jack Bruce no era gran cosa con el bajo, y cuando comenzaron a trabajar juntos en la Graham Bond Organization éste tocaba uno acústico; pero una vez que lo cambió por otro bajo eléctrico ya se hacía notar su sonido en el grupo, lo que le quitaba a Ginger un poco de su atronador (literalmente atronador) protagonismo. Esta causa de su relación amor-odio fue también una constante durante toda la existencia de Cream.

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“Crossroads”

Lo que estaban haciendo en aquel piso era simplemente una jam session, tocando algo de blues. Ginger tenía la batería Perspex verde que se había construido él mismo. Jack tenía su Fender Six. Y a pesar del duelo que establecieron entre los dos instrumentos, era obvio que tenían algo único y excitante, y mientras tocaban se miraban sonriéndose de esa manera en que lo hacen los que saben algo que los demás desconocen. Cualquier cosa que intentaban con sus instrumentos parecía funcionar, era mágico.

Tocaron toda la tarde, pero tuvieron que parar porque Jack Bruce tenía esa noche un concierto con los Manfred Mann, que era la banda en la que estaba actualmente. Pero mientras se dirigía a la sala donde debían dar el concierto él ya sólo iba pensando en cómo decirles que les iba a dejar.

Y desde entonces, y durante los siguientes dos años y medio, disfrutamos de una de las mejores bandas de la historia del rock.

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“White room”

Pero en noviembre del 68 ya no se aguantaban. No es que fuese una lucha de egos, es que si te pasas la vida en la carretera, y solamente sois tres, es mejor que sólo os veáis en el escenario. Eric Clapton era el pacificador, el único que se metía en medio de Ginger y Jack para que no se matasen el uno al otro.

Los últimos conciertos fueron en el Albert Hall. Para entonces ya cada uno de los tres llegaba con sus entornos separados. Y estaban de acuerdo en que lo mejor era que todo terminase.

Pero una vez que se pusieron a tocar sintieron algo grande. Jack Bruce, años después dijo que no tenía verdaderos recuerdos de aquello, que la gente le decía que el segundo concierto fue el mejor de los dos… pero él ni siquiera era consciente de que hiciesen dos conciertos, estaba embebido por la música y la reacción de la gente ante ella… pensaban que tras tanto tiempo en los USA, en Inglaterra ya les habían olvidado, pero Jack miraba a Eric en el escenario y podía ver que estaba pensando lo mismo que él: ¿estamos haciendo lo correcto?

Y es cierto que Eric estaba pensando exactamente lo mismo. Estaban tocando y estaban conmovidos por la situación, muy tristes. Si cualquiera de ellos hubiese dicho “tíos, nos estamos equivocando con la separación”, podían haber seguido juntos algún tiempo más. Pero ya era demasiado tarde, aquello era el final de los treinta meses más intensos de sus vidas.

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“Badge”

Bajaron del escenario y siguieron sus caminos separados. No hubo fiesta de despedida; ni aunque fuese una cena para decirse adiós. Todo fue bajarse de allí e irse sin siquiera darse la mano, porque todos tenían camerinos separados y simplemente salieron, se adentraron en la noche con sus propios acompañantes y groupies y todo eso… y comenzaron así el resto de sus vidas.

VIVIR PARA EL ARTE

Era un 9 de marzo como el de hoy. Ella estaba dormida cuando él murió. Antes de irse a la cama le había llamado al hospital para darle las buenas noches; no tuvo ocasión de hacerlo porque él se hallaba sedado bajo muchas capas de morfina. Pero a través del teléfono pudo oír su trabajosa respiración, sabiendo que quizás sería la última vez que la oyese.

Después de colgar ella ordenó tranquilamente sus cosas, su ordenador portátil y su pluma estilográfica. El tintero azul cobalto que habia sido de él. Su taza persa, su corazón púrpura, una bandejita con dientes de leche de su hijo. Subió después las escaleras contando los escalones, como tenía por costumbre, catorce en total, uno tras otro. Arropó a su hijo en la cuna, le besó cuidando de no despertarle, después se echó en la cama junto a su marido y rezó unas oraciones. Pensando en él, que todavía estaba vivo. Y enseguida se durmió.

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Patti Smith – “Elegy”

Se despertó muy temprano y mientras bajaba las escaleras algo le hizo sentir que ya había muerto. Todo estaba en calma salvo por el sonido del televisor, que se había quedado encendido toda la noche. Estaba sintonizado por un canal de arte, y estaban retransmitiendo una ópera. Ella bajó el volumen mientras en la pantalla Tosca estaba declarando, plena de poder y dolor, su pasión por el pintor Cavaradossi. La mañana de marzo amaneció fría y ella se puso su jersey.

Subió las persianas y la luz inundó el estudio. Alisó el guardapolvos que cubría el sillón y escogió un libro de pinturas de Odilon Redon, abriéndolo por la imagen de la cabeza de una mujer flotando en un pequeño mar. “Les yeux clos”. Tenía todo un universo aún por descubrir esperando entre aquellas pálidas tapas del libro. Pero sonó entonces el teléfono y ella se tuvo que levantar para responder.

Era Edward, el hermano más joven de Robert. Le dijo que le había dado a Robert un último beso por ella, tal como le había prometido. Ella se quedó inmóvil, totalmente fría; y lentamente, como en un sueño, volvió al sillón. En aquel momento Tosca comenzaba su gran aria “Vissi d’arte”. “He vivido para el amor, he vivido para el Arte”. Patti cerró los ojos y entrecruzó los brazos. La providencia había determinado la forma en que ella le estaba diciendo adiós.

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Maria Callas – “Vissi d’amor” (Tosca)

THE GOOD GODFATHER

JOHN McLAUGHLIN era un perfecto desconocido cuando llegó a New York en enero del ’69 para tocar en Lifetime, la nueva banda que Tony Williams estaba montando tras abandonar unos días antes su puesto de batería en el grupo de Miles Davis.

Tras el primer ensayo de Lifetime, John, que no conocía a nadie por allí y tampoco tenía nada mejor que hacer, acompañó a Tony a casa de Miles a cobrar el dinero que éste le adeudaba por los últimos conciertos. Miles Davis entabló conversación con John, interesándose por él y por sus proyectos musicales, y le dijo: “Ven mañana a mi estudio y tráete tu guitarra”. Tony Williams puso mala cara ante esa invitación… pero tampoco podía hacer nada…

John llegó al estudio de Miles presa de un ataque de nervios, porque Miles era todo un Dios para él. Le había estado siguiendo desde 1.958 en que editó “Milestones”. John se sentía intimidado al maximo.

La primera pieza que tocaron fue “In a silent way”, de Joe Zawinul, que entonces era uno de los componentes de la banda de Miles, junto a Herbie Hancock, Wayne Shorter y Chick Corea… se entiende mucho mejor que John se sintiese intimidado, ¿verdad?, aquella banda la componían todos su héroes.

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Miles Davis – “In a silent way”

Pero así y todo la interpretación del tema que hacían estos magos no terminaba de gustarle a Miles Davis, aunque no decía por qué. Mandó parar a todo el mundo una de las veces y miró a John McLaughlin. “Tócalo tú solo a la guitarra”, le dijo. Lo que John tenía para guiarse era una partitura fotocopiada con las partes del piano… John no paraba de sudar, los nervios le hacían atropellarse una y otra vez.

“Tócala como si no supieses tocar la guitarra”, le dijo Miles ahora. Así que John se olvidó de todos los acordes escritos por Zawinul y tocó un solo acorde en Mi, añadiendo la melodía y un poquito de color. La luz roja del estudio se encendió, por lo que John se dio cuenta de que le estaban grabando, con lo cual su nerviosismo y su baño de sudor aumentaron aún más; llegó un momento en que no sabía ni lo que estaba haciendo. Y entonces Wayne Shorter entró tocando también, y después lo hizo Miles Davis.

Cuando terminaron, Miles de dijo al productor, Teo Macero, que pusiese la cinta desde el principio. A todo el mundo le gustó. Así que John pasó la prueba del algodón. Lo que más sorprendió a John es que Miles fuese capaz de sacarlo todo de él sin que se diese cuenta siquiera. Después de esa sesión se convirtieron en algo parecido a amigos inseparables. Y para su sorpresa, los primeros pasos musicales serios de John McLaughlin comenzó a darlos en dos grupos a la vez, el de Miles Davis y el Tony Williams’ Lifetime.

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Miles Davis – “Right off”

Miles Davis influyó en el desarrollo musical de John McLaughlin en todas las formas posibles… ¿te imaginas a un joven pintor estudiando con Picasso…? Y lo hizo aún a pesar de todas las críticas que recibió por tener en su banda a un chico blanco. “Bueno”, respondía él a esas críticas. “Encuéntrame a un negro que toque como John y le contrataré”.

John McLaughlin siempre ha dicho que Miles Davis fue una bendición para él; y no solo musicalmente, sino también en las diferentes circunstacias en que tuvo la oportunidad de estar cerca de él. No solo en los estudios de grabación, no solo en los escenarios, sino también en su vida personal. Miles le invitó a acompañarle al gimnasio de Brooklyn al que él solía acudir, y le enseñó a boxear. También le invitaba a salir de marcha con él. John siempre era perceptivo a todo lo que emanaba de Miles.

En octubre de 1.970 Miles Davis y su banda estaban tocando en una sala de Boston. Después del concierto se quedaron solos en los camerinos Miles y John. Estaban charlando tranquilamente, y en un momento determinado, de pronto, Miles Davis miró a los ojos a John McLaughlin y le dijo: “Ha llegado el momento de que formes tu propia banda”.

Esa frase fue una bomba para John. Él no había pensado de ninguna de las maneras en formar una banda; pero ahora tendría que hacerlo, aunque solamente fuese para justificar la fe que Miles tenía en él. Así que John se fue a su casa, estuvo pensando… y de aquellos pensamientos salió la Mahavishnu Orchestra.

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Mahavishnu Orchestra – “Meeting of the spirits”

A la primera persona que John llamó para su proyecto fue a Billy Cobham, quien le había dejado maravillado cuando tocaron juntos en el “Right off” del disco “Jack Johnson” de Miles. Y desde ahí…

Miles Davis fue a verlos a uno de sus primeros conciertos y les dijo: “¡Estáis locos!”. Pero estaba bien aquello; a Miles le gustaba la idea de volverse algo locos. Desde entonces siempre que coincidían cerca uno de otro iban a sus respectivos conciertos. Y siguieron en contacto hasta que Miles murió.

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Mahavishnu Orchestra – “Eternity’s breath”

BAKER STREET SHUFFLE

La noche del pasado día 4 falleció GERRY RAFFERTY, ya lo estuvimos comentando aquí, y recordando sus dos canciones más famosas.

De una de ellas me estoy acordando mucho más porque en la prensa, en la radio, en internet, cada vez que hablan del fallecimiento de Gerry salen a relucir la canción “Baker street” y su famosísimo solo de saxo. Es normal, claro. Y también es normal que hablen del intérprete de ese solo: Bob Holness. En todas y cada una de las menciones que he oído estos días sigue glosándose junto a la de Gerry la figura de Bob y su mítico solo de saxo.

Y eso que Bob Holness no era un músico, sino un antiguo actor de novelas radiofónicas, posteriormente consagrado en Inglaterra como presentador de televisión de uno de sus más famosos concursos de preguntas y respuestas… digamos que sería como un personaje paralelo a Christian Gálvez, el del “Pasapalabra”, pero con algunos años más…

Además de eso, Bob Holness fue también durante una época DJ en la Radio 1 de la BBC, lo que le hizo tener una estrecha relación con la música, por lo que no era extraño que en 1.978 apareciese haciendo ese solo en la canción de Gerry Raffery… y qué solo!… que cosa tan fantástica!… vamos a oirlo de nuevo, que la ocasión lo merece…

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Gerry Rafferty – “Baker street”

Escucha… escucha… no pierdas oído en la parte en que empieza a sonar el saxo… escúchalo con atención… enorme, no? Majestuoso. Evocador. Inolvidable. Épico, podríamos decir también… es difícil imaginar que algo tan grandioso sea interpretado por este melifluo presentador televisivo, que ni siquiera era músico…

Sí. Es muy difícil de imaginar.

Porque el que toca no es él.

Pero hombre… por Dios… qué disparate! ¿Cómo es posible que semejante estupidez siga teniendo crédito entre tantísima gente cuando esto solo fue una divertida historia que publicó Stuart Maconie cuando era periodista del New Musical Express? Pero si es una historia apócrifa que ya viene desmentida hasta en la Wikipedia…

El caso es que la mentira ha tenido tanto éxito durante los últimos treinta años que hasta el propio Bob Holness se cansó de desmentirla, y haciendo gala de un magnífico sentido del humor inglés comenzó a decir que él era también quien interpretaba las principales partes de guitarra en el “Layla” de Derek & the Dominoes y que era también él quien hacía reir a Elvis en la famosa versión de “Are you lonesome tonight” en la que éste se parte el culo sin poder aguantar la risa. Mientras tanto, Stuart Maconie se aburrió ya de esto y lanzó un nuevo rumor sobre que David Bowie poseía los derechos del “Trivial Pursuit”

Hay que joderse…

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Stealers Wheel – “Stuck in the middle with you”

Y mientras escucháis la otra gran canción por la que Gerry Rafferty es conocido, y para que veáis que este blog es informativo además de sarcástico y mal hablado, os diré también que quien en realidad interpreta el solo de saxo de “Baker street” es un músico de sesión llamado Raphael Ravencroft, al que además de aquí podéis oir en discos de Abba, Pink Floyd, Mike Oldfield, Robert Plant, UB 40… además de ser profesor de saxo en la Universidad de York y haber publicado algunos libros sobre técnica interpretativa de este instrumento. Incluso llegó a publicar un disco a su nombre en 1.979… pero eso sí que es mejor que quede en el olvido…