Atrapado por el blues de Memphis
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¡SE SIENTEN, COÑO…!

Con muy pocas modificaciones, este texto fue publicado ya en el blog de Arume dos Piñeiros. Él también me hizo el honor de ser el primero (bueno, y el único) que ha traducido un texto mío a otro idioma, concretamente el gallego. Este post se lo dedico a él. Por si no lo sabéis, el “arume dos piñeiros” es esa cantidad tan incómoda de agujas que sueltan los pinos, y de los que mi jardín está siempre tan lleno.

Nunca me ha gustado contar “historias de la puta mili”, pero hoy voy a hacer una excepción, porque hace ahora justamente 29 años que anduve inmerso en una vorágine que conmovió a toda España, y que siempre suele recordarse llegada esta fecha, tanto por lo que supuso social y políticamente, como por la españolísima y chapucera forma de llevarse a cabo.

Poca gente en toda España pasaría esa noche del lunes 23 de febrero más cabreado que yo y los amigos con los que compartía mili en el Regimiento de Automovilismo de Canillejas, en Madrid.

Cada seis meses, una de las compañías de mi cuartel estaba de servicio. A nosotros nos tocó Agosto y ahora Febrero. Y durante todo el mes nos tocaba servir de transporte con nuestros camiones a los demás soldados de todos los demás regimientos de Madrid cuando iban de maniobras, o a realizar algún ejercicio táctico, o llevábamos mercancías a otros destinos militares de España; o simplemente llevábamos a soldados de otros cuarteles de visita al aburridísimo Museo Militar…

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Todos los sevillanos que se habían incorporado conmigo en enero de 1.980 se licenciaron el viernes 20, y a esta hora de la tarde del lunes ya estaban tranquilos en casa. Por culpa de nuestro puñetero mes de servicio, los dos sevillanos que fuimos a parar a este cuartel nos tendríamos que licenciar una semana más tarde, el viernes 27, cuando ya el mes estuviese tocando a su fin y nuestro servicio terminado.

El lunes 23, un coleguilla de Mora la Nueva y yo estábamos al comienzo de la tarde brindando con un cubata por el inicio de la que sería nuestra última semana militar… para que ojalá fuese muy corta. Nos interrumpió el del bar: “¿Qué hacéis aquí, no sabéis que ha habido un golpe de estado?”. Nos sonó a la típica broma del que nos quiere vacilar porque sabe que ya no nos queda nada. “Vete al carajo, tío, y ponnos otro vodka con limón”.

Pero siguió insistiendo: “Que sí, que es verdad, que los militares… bueno, vosotros, habéis asaltado el congreso”. “Sí, hombre. Y a nosotros no nos han llevado…”

Y así siguió la cosa hasta que terminamos el segundo cubata y nos fuimos a otro bar a seguir la ronda, uno con música que había unos bloques más arriba de la barriada de Las Musas.

Cuando nos vió entrar, el camarero nos miró raro: “¿Cómo es que estáis por la calle. No tendríais que estar en el cuartel, o algo…?”, “¿Por qué, son las seis y media, a esta hora ya estamos todas las tardes fuera?”. “Sí pero todas las tardes no hay un golpe de estado”.

Otro más… los cabrones de los barmans éstos se han puesto de acuerdo para putearnos nuestra última semana… pensaba yo. Pero éste hizo algo más, nos dijo que nos acercásemos y subió el volumen de la radio. A esa hora no habían empezado todavía con las marchas militares aquéllas y daban noticias sobre la interrupción del pleno de investidura. Repitieron el momento en que Tejero entró en el hemiciclo… momentos después disparos por un tubo. Por la radio no se ve si estaban disparando hacia el techo o hacia la gente. Solo se oían disparos. Fue uno de los momentos más aterradores de mi vida.

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Nos fuimos rápidamente al cuartel, que estaba muy cerca, solo teníamos que cruzar la carretera de Vicálvaro. Todo estaba muy tranquilo, pero iban llegando más soldaditos con la misma cara de susto que nosotros. Al entrar en la compañía nos iban diciendo que nos vistiésemos de faena, con el correaje y el Cetme. No nos dieron cargador, pero estaban todos lúgubremente preparados en la entrada… y no estaban vacíos como siempre.

La noche fue larguísima. Los demás soldados que estaban por ahí de servicio con los camiones volvían contando como los madrileños los miraban espantados desde el interior de los coches con los que se cruzaban. Aquí dentro no nos preocupaba demasiado el futuro de España, nos lamentábamos de la desgracia de que esto ocurriese justo cuando nos quedaban cuatro días nada más para licenciarnos… íbamos a hacer más mili que el palo de la bandera.

Por la noche escuchamos esperanzados el discurso del Rey, y los acontecimientos se precipitaron poco después del alba. Como primer oficinista de la compañía que era yo, al ser el más veterano de los tres que éramos, tuve que coordinar una salida urgente de camiones hacia El Goloso y Campamento para recoger soldados con destino al Congreso de los Diputados. No sabía para qué teníamos que llevarlos allí. Ninguno de los mandos parecía saberlo tampoco.

Elegir a los ocho soldaditos más otros ocho acompañantes que tenían que conducir aquellos camiones me fue muy difícil. Parecía como si los estuviese enviando al campo de batalla. No podía elegir a nadie, todos eran conocidos y amigos míos, a los que llevaba todo el año dándoles pases de permiso… pedí voluntarios; no se ofreció ninguno. Al final opté por elegir a los dieciseis que más tiempo llevaban sin hacer guardias, para ello le pedí al furriel, que formaba conmigo lo que llamaban “la mafia sevillana” (sí, él era el otro sevillano del cuartel) el cuadrante de los servicios. Ni explicándoles el porqué de la elección dejaron de mirarme mal.

Cuando todo acabó horas más tarde, sin embargo, todo fueron sonrisas. Algunos no habían llegado a salir siquiera de los cuarteles a donde les envié. Otros sí llevaron soldados, a ésos que se veían en la tele cerca de las ventanas del Congreso, como comandos, sin que supiésemos a ciencia cierta si eran de “los buenos” o de “los malos”. Algunos de los compis que tuve que elegir se vieron más tarde también en la tele, orgullosos de haber llevado a “los buenos”.

El resto de la semana fue dura. Los mandos más reaccionarios no dejaban de hacernos la vida imposible, enfurruñados por el fracaso de lo que ellos pensaban debió haber sido un golpe liberador. España seguía presa. Y nosotros éramos los culpables, por maricones, por no haber tenido huevos de acabar con los comunistas y los socialistas, los rojos de mierda, la basura que estaba arrastrando a la Nación…

Por fin el miércoles por la tarde nos dejaron salir de nuevo del cuartel. Y el viernes 27 por la tarde pude coger un autobús en Usera que me traía a Sevilla, para no tener que volver más. Entre los sevillanos que retornábamos encontré caras conocidas que no esperaba ver. Caras pertenecientes a otros soldaditos que se habían licenciado el viernes anterior, y que en la noche del lunes 23 les habían conminado a regresar.

Al principio decía que poca gente en España pasaría esa noche más cabreado que yo. Estoy seguro de que estos paisanos míos, y otros a los que también llamaron a sus casas en otras ciudades, estaban entre esa poca gente.

Y mis padres debieron ser los padres más sufridos de todos. Yo, militar porque había pedido dos prórrogas para terminar los estudios; mi hermano menor, militar por su quinta; y el novio de mi hermana pequeña, militar voluntario…

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OTROS MÚSICOS, OTRAS COSTUMBRES

Mientras escribía el post anterior recordé una historia, que es la que os voy a contar en esta entrada. No os diré la relación que me llevó a recordarla, pero lo descubriréis vosotros mismos al final. Además, así vamos entonando el cuerpo para los fastos del 30 aniversario del “London calling”.

Después de habérselo pasado muy, pero que muy bien en el Womad Festival de 1.994, y decidido a mantener viva la fiesta el mayor tiempo posible, JOE STRUMMER metió a su familia en su caravana y condujo hasta los estudios Wiltshire de Peter Gabriel, donde, según había podido enterarse, todos los músicos del festival se iban a congregar para montar jam-sessions durante la siguiente semana.

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“I fought the law”

Su llegada fue espectacular. Se metió con la caravana en el césped de Peter, cortó un par de sus árboles, y con ellos se montó un enorme fuego de campamento en mitad del jardín… Strummerville, le puso de nombre a su chiringuito. Y con un enorme ghetto-blaster atronaba durante toda la noche con cintas de música mejicana y latina, mientra relataba algunas de las extrañas e interesantes historias de su vida de rock’n’roll a todo el que quería escucharle.

Sin perturbarse lo más mínimo, y armados de una gran cantidad de flema inglesa, los organizadores le dijeron a Joe que se tomase un respiro de su fiesta de world music y participara en una sesión con un venerable músico árabe. Joe Strummer estuvo de acuerdo… pero después su entusiasmo se enfrió un poco: ¿De verdad le habían dicho que iban a tocar desnudos…?

El momento de la sesión se acercaba. Y Joe daba vueltas alrededor de su caravana preguntándose qué iba a hacer. Finalmente decidió que sería muy descortés no aceptar la invitación, y se desnudó, resguardando sus partes pudendas con la guitarra estratégicamente situada por delante.

Cuando entró en el estudió se quedó totalmente cortado cuando vió que todos los demás iban en vaqueros y camiseta… “Creía que… se suponía que teníamos que estar desnudos…”, murmuró Joe.

“Creo que ha habido un malentendido”, le dijo el músico árabe, enseñándole su instrumento musical, una especie de laúd del Oriente Medio. “Vamos a tocar un oud”.

Inciso para los que no saben inglés: Desnudo, se dice en inglés “nude”, y se pronucia “nood”. Y el instrumento árabe que ya conocíais del post anterior se llama “oud”, y se pronuncia “ood”. ¿Lo pilláis…?

Por cierto. Las grabaciones resultantes de aquella sesión nunca fueron editadas.

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The Clash – “London calling”

DISCULPEN LA INTERRUPCIÓN…

Para mi padre. In Memoriam.

Él de música no tenía ni puta idea, pero de buen humor, tenía hasta para derrochar.

Con los comentarios de Lula, Epi y Maese en el post anterior recordé una vez en la que Bob Dylan pasó por un trance del que podía haber salido de forma bastante peor de lo que en realidad lo hizo. Ocurrió en la ceremonia de entrega de los premios Grammy de 1.998, en la que ganó el premio al “Mejor Disco del Año” por su “Time out of mind”. Cuando se encontraba interpretando tranquilamente en directo su canción ”Love sick”, sucedió algo inesperado.

El tipo del pecho desnudo, en el que se había pintado ese “Soy bomb”, mezcla de español e inglés, es Michael Portnoy, un artista de performance americano, que había sido contratado como parte del cuerpo de bailarines que tenía que darle buen rollito a la actuación de Dylan haciendo una coreografía detrás de la banda, en segundo plano…

Hasta que Portnoy se desgarró la camiseta, dejándose el pecho desnudo, y se adelantó hasta situarse al lado de Bobby para montar esta representación espasmódica. “Soy bomb es una explosión espontánea de mí mismo”, explicaría después Michael Portnoy; añadiendo que hizo este gesto para concienciar a la gente de que el arte debe ser así: denso, transformador, una explosión de vida… en realidad, aparte de que Bob Dylan (que seguramente se sentiría algo ridículo) le mirase de forma desconfiada durante todo el rato que estuvo a su lado y se retirase disimuladamente de él, lo único que consiguió es que la organización no le pagase los 200 dólares que estipulaba su contrato. Aunque bien mirado, fue una barata inversión en publicidad.

Cuando los guardias de seguridad se dieron cuenta de que aquello no formaba parte del espectáculo se metieron también en el escenario y sacaron a Portnoy de allí. Existe en YouTube algún video con la canción completa, pero no lo he puesto porque cuando ocurre esta acción de sacarle del escenario las cámaras siguen a Bob Dylan y no se ve nada de ello, así que tampoco valía mucho la pena ponerlo, y es excesivamente largo.

Aquella entrega de premios resultó especialmente divertida, porque además de este incidente también ocurrió otro que envolvió a Ol’ Dirty Bastard y a Shawn Colvin.

Ol’ Dirty Bastard estaba muy molesto porque no le habían dado el premio de “Mejor Disco de Rap” a su grupo, los Wu-Tang Clan, recayendo en su lugar en el disco de Puff Daddy y compañía, muy de moda en aquel momento por la canción “I’ll be missing you”, que todos recordaréis; una cosa muy lacrimógena y sentimentaloide, que usaba el sampler del “Every breath you take” de Police para montar un rap muy blandito en homenaje del recientemente asesinado Notorious B.I.G.

Ol’ Dirty además tenía a su favor que los medios de comunicación se habían ocupado últimamente mucho de él, alabándole por como salvó la vida de una niña a la que había atropellado un coche delante de los estudios de grabación en los que él se encontraba, a la que había sacado rápidamente de entre las ruedas y la había llevado al hospital. Aunque él no reveló su identidad, ésta no pasó desapercibida para la familia de la niña, que fue la que se lo dijo a la prensa, dándole ámplia cobertura.

Así que aquella noche, cuando Shawn Colvin estaba subiendo al escenario para recoger su premio a la “Mejor Canción del Año” por su “Sunny came home”, Ol’ Dirty se adelantó para lanzar su diatriba quejándose sobre el poco amor que había recibido esta noche. “Puffy es bueno, pero Wu-Tang Clan son mejores; los chavales tienen que escuchar esto. Wu-Tang Clan es para los chavales”, es una de las cosas que se le oye decir, además de otra mucho más graciosa y demostrativa de su estado de ánimo, como ésta que dice al principio: “Para esto me he comprado un traje que me ha costado una pasta…”

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Shawn Colvin – “Sunny came home”

La verdad es que las entregas de los Grammy son ceremonias ricas en “grandes momentos”. La colonia de heavies que suele visitar este blog quizás recuerde como en 1.988 le dieron el premio al mejor grupo de hard rock y heavy (el primer año que concedían este premio) a… Jethro Tull, por su disco “Crest of a knave”, dejando con un palmo de narices a los favoritos, que eran Metallica con su “And justice for all”. Menos mal que los miembros de Jethro Tull no asistieron a la ceremonia porque ni ellos mismos se creían que iban a ganar, y se libraron del abucheo generalizado en cuanto dieron el resultado. Claro que después, seguramente con bastante ironía, publicaron un anuncio en letras muy gordas en el “Billboard” que decía: “The flute is a heavy, metal instrument!”.

Los Metallica tampoco le fueron muy a la zaga en cuanto a ironía, porque dos años después, cuando esta vez sí ganaron el Grammy con su siguiente disco, “Metallica”, en las palabras que dijeron al recogerlo agradecieron el premio a Jethro Tull “por no haber editado este año ningún disco que nos hiciera la competencia”.

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Metallica – “Enter sandman”

O aquel otro año en que Jennifer Lopez salió con un traje de Versace que dejaba ver sus tetas casi por entero a presentar un premio formando pareja con… un tipo que posteriormente admitiría públicamente que tuvo que batallar con su adición al sexo. Sí, vestida así presentó el premio con Fox Mulder.

…por no mencionar que el jurado de los Grammy tuvo a bien una vez conceder el premio al “Mejor Grupo Revelación” a Milli Vanilli.

Pero centrémonos en las invasiones del escenario. Porque no hace mucho, en la ceremonia del año 2.004, tuvo lugar esto otro.

Ofendido porque no le dieron el premio al “Mejor Artista Revelación”, que en su lugar fue a parar a manos de los rockeros gótico-lights Evanescence, 50 Cent simplemente cruzó a través del escenario cuando los ganadores iban a hacer su discurso de aceptación, sin decir una sola palabra.

La chica de Evanescence hace un gesto como de que no se lo puede creer. Y tras agradecerle el “detalle” con un “Thank you, Fifty”, comienza su discurso de agradecimiento.

Después, en la rueda de prensa, 50 Cent dijo que se sentía menospreciado en los Grammy porque le tenían por agresivo. “No comprendo como le han podido dar a esos el premio al mejor artista revelación. No volveré a los Premios Grammy nunca más en toda mi carrera”.

Estas cosas solo pasan en las ceremonias de entrega de premios en las que interviene gente irrespetuosa y de mala catadura, como son los rockeros y los raperos. En una ceremonia seria y bien organizada, como por ejemplo es la entrega de los Oscars, lo más singular que se recuerda fue a una ex-cani española gritando histéricamente el nombre que todos sabemos.

Pasemos a los premios Brit. Ahí una vez las cosas llegaron a ponerse bastante serias.

DJ. Brandon Block era el “enfant terrible” de los DJs británicos, y esa noche estaba bastante cocidito, y seguramente también bastante pasadito de psicotrópicos; así que sus amigotes decidieron gastarle una broma, y le dijeron que le habían concedido el siguiente premio Brit que iban a presentar. El tío cayó en la trampa como un bendito y se coló en el escenario equivocadamente pensando que él era el ganador del premio que Ronnie Wood estaba intentando presentar.

La gente de seguridad del escenario estuvo más o menos atenta y se lo llevó de allí, pero el sorprendido guitarrista de los Stones pilló un cabreo bastante considerable, y más aún cuando Brandon se liberó de los guardas y volvió hacia el atril. Hubo un intercambio de insultos, que los micrófonos abiertos pudieron captar perfectamente, para regocijo de la audiencia, e incluso Ronnie arrojó a la cara del DJ su bebida, que, sorprendentemente, aún no se había terminado de beber.

La cosa no fue a mayores, y por fin pudieron presentar el premio y dárselo a quien realmente lo había ganado, los compositores de la banda sonora de la película “Notting Hill”.

De todas formas, se puede observar como un viejo verde que se precie, como Ronnie, no desaprovechó la coyuntura para magrear y besuquear todo lo que pudo a la “american beauty” Thora Birch.

Y también en los Brit tuvo lugar la invasión del escenario más famosa de todas. Ocurrió en 1.996, cuando en plena actuación de Michael Jackson, apareció por la izquierda Jarvis Cocker.


Jacko estaba interpretando “Earth song”, su canción más mesiánica; y lo estaba haciendo de forma grandiosa, representándose a sí mismo como una especie de redentor de la humanidad, rodeado de niños que le adoraban, y de personas de todas edades y razas.

Pero a Jarvis Cocker aquella representación le parecía inapropiada y de muy mal gusto, por lo que sin pensarlo demasiado dejó que su espigada figura se colase en el escenario en señal de protesta.

Una vez allí arriba Jarvis corría p’allá y p’acá, levantándose la camiseta, o enseñándole a Jacko el culo (sin bajarse los pantalones, eso sí). En todo el embrollo que se formó para bajarlo de allí algunos de los niños que actuaban en la representación resultaron golpeados.

La policía arrestó a Jarvis, que en el interrogatorio dijo que “las estrellas del rock tienen ya un ego suficientemente grande sin pretender además que son Jesucristo”. Fue advertido y dejado en libertad sin cargos.

Y dejamos para el final la más reciente. Sucedió este mismo año, hace muy poco, en la entrega de los premios MTV americanos, cuando Taylor Swift estaba agradeciendo a la audiencia del Radio City Music Hall la concesión del “Mejor Vídeo Femenino” del 2.009 por “You belong to me”, y Kanye West le arrebató el micro para expresar su disconformidad con lo que había decidido el jurado. No os perdáis la cara de Beyoncé…

“Hey Taylor, estoy muy feliz por ti, pero Beyoncé tenía uno de los mejores vídeos de todos los tiempos. Uno de los mejores vídeos de todos los tiempos”. Se refería al video de “Single ladies”, con el que Beyoncé ganó posteriormente el premio al “Mejor Video del año”… con lo cual quizás Kanye West se precipitó un poco.

Para compensarle el sofocón que había pasado antes, cuando Beyoncé estaba recogiendo su premio, invitó a Taylor Swift a que subiese al escenario con ella. Buena chica.

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Beyoncé – “Single ladies”

¿Recordáis vosotros alguna invasión de escenario más…? Las que solían hacer a favor de ETA en el Festival de Cine de San Sebastián no hace falta que las recordéis, que esas no tenían ni puñetera gracia. Si pensáis en alguna más simpática, que envuelva a rockeros cabreados, comentadla por aquí abajo y ponemos también el vídeo si lo encontramos.

CHANGE YOUR MIND

Fue más o menos por estas fechas, pero de hace 36 años. En noviembre del ’73 BOB DYLAN anunció que volvía a realizar una gira, desde la última que hizo en 1.966. Y agotó las entradas para todos los conciertos prácticamente al mismo rítmo en que los U2 las agotan en la actualidad, solo que entonces se vendían por correo normal en lugar de electrónico. Esa gira, realizada con el respaldo de The Band, se documentó posteriormente en uno de los mejores discos en directo de la historia del rock, “Before the flood”.

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“Most likely you go your way (and I’ll go mine)”

Pero además de ése, en el mundo de Dylan iba a haber otros cambios: de momento iba a abandonar su discográfica, Columbia Records, el sello con el que había estado desde 1.961, para fundar el suyo propio, Ashes And Sands, el cual iba a ser distribuido a través de Asylum-Elektra, la empresa de un todavía joven (30 años) David Geffen.

La decisión de Dylan no estaba basada en el dinero (al menos eso decía él), sino en que le gustaba la actitud de la compañía de Geffen; y éste se sentía más que honrado con la elección, para él era un sueño tener en su entorno al gran Bob Dylan. Así que se apresuraron a reunirse para discutir los términos de la distribución del primer disco que iba a editar Ashes And Sands, el flamante disco de Dylan, que se iba a llamar “Ceremonies of a horseman”.

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“Forever young”

Mientras tanto, en Columbia Records, su presidente, Goddard Leiberson, tenía un cabreo considerable con éste movimiento de Dylan, que él consideraba que era un paso atrás, un retroceso al punto de partida por parte del cantante. Goddard no había sido capaz de hacerle entender a Bobby que su empresa no era un organización caritativa, que estaba hecha para ganar dinero, y además, de forma contraria al argumento no-materialista del cantante, las pretensiones económicas de Dylan le parecían excesivas.

Y eso que la grabación del “Ceremonies of a horseman” no había sido demasiado costosa. Bob Dylan y The Band se habían metido en los estudios Village Recorder de Los Angeles solamente durante tres días, bajo el seudónimo de Judge Magney, un nombre que habían cogido de un área de descanso de la Highway 61. Y en aquellos tres días habían grabado el disco completo y un buen número de otras canciones que no incluyeron en él.

A pesar del poco tiempo, las grabaciones las hicieron con calma, con mucha tranquilidad, revisando las canciones y los arreglos incluso a última hora, sobre la marcha. Hasta tal punto se lo tomaban con calma que cuando estaban haciendo la mezcla final de la cinta, Bob Dylan todavía estaba escribiendo la canción “Wedding song”, que quería incluir también en el disco. Así que al final pusieron por allí unos micros y tiraron p’alante con ella, sin arreglarla posteriormente; en la grabación final se oyen los ruidos que hacen los botones de la manga de Dylan golpeando contra la guitarra.

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“Wedding song”

La fecha de salida del disco se decidió que fuese el 3 de enero de 1.974, el mismo día en que comenzaba la gira de Dylan. Una gira que Bobby iba a realizar con estilo, moviéndose de una ciudad a otra a bordo del Starship One, un Boeing 707 reformado para albergar a 40 pasajeros con mucho lujo y confort; un avión a la medida de las estrellas del rock: dormitorios, lounges, bar, piano eléctrico, y todos los demás detallitos que aparecen en las historias apócrifas que cuentan acerca de los viajes en él de gente como Led Zeppelin, Elton John y los Stones.

Y enterado de todo esto, Goddard, el presidente de Columbia, realizó una jugada de anticipación; anunció para antes de esa fecha la edición del disco “Dylan”, una recopilación de versiones extraídas de las grabaciones que quedaron fuera de los discos “Self portrait” y “New morning”. Así tenían tiempo para vender un montón de discos mientras salía el nuevo oficial de Bobby.

Lo que Goddard Leiberson no sospechaba siquiera era que iba a tener mucho más tiempo del que esperaba para ingresar dólares, porque Bob Dylan había cambiado de idea nuevamente sobre cómo y cuándo iba a aparecer el “Ceremonies of a horseman”.

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“Going, going, gone”

Originalmente el disco iba a salir con el logo de Ashes And Sands, basado en un dibujo que uno de sus hijos había hecho de su esposa Sarah. En la portada habría una pintura de Dylan, y en la contraportada un retrato suyo también. Todo según los deseos del cantante, que para eso era el jefe del sello, y tenía control absoluto. Después, tan pronto como terminase la gira, ficharía a más bandas y cantantes.

Pero no fue eso lo que ocurrió. De pronto, todo cambió. David Geffen anunció un día que Bob Dylan había decidido que ya no iba a fundar ningún sello, por lo que el contrato de distribución que tenía con él ya no iba a servir para nada; así que habían firmado otro contrato mediante el cual Bob Dylan fichaba por Asylum como otro músico más de esta discográfica.

La razón que Dylan esgrimió para este cambio es que se había dado cuenta de que ya “había demasiados sellos discográficos en el mundo”.

Y no solamente eso, sino que Bobby cambió también el nombre del disco y el diseño de la portada. Ahora, el disco se iba a titular “Planet waves”, y en la portada iría una pintura del propio Dylan. Pero la edición del disco se tuvo que retrasar otro poco más, porque Dylan todavía no había terminado de pintar el cuadro que iba a ir en la nueva portada.

Así que el disco salió a la venta el 17 de enero, cuando Bobby llevaba ya varios días de gira. Pero tampoco importó demasiado el retraso, porque nada más salir, le dio un repaso en número de ventas al disco de la venganza de Columbia, “Dylan”, y eso que éste se había metido incluso en el Top-20. Pero “Planet waves” proporcionó a Bob Dylan el primer número uno en LPs, manteniéndose en la cima durante cuatro semanas seguidas. Así que al final todos contentos…

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“You angel you”

…bueno, todos no. El que más salió perdiendo con todo este embrollo fue el enigmático cantante revivalista Leon Redbone, al que Bobby había prometido que sería el segundo artista en sacar un disco en Ashes And Sands, una vez que él publicase el “Ceremonies of a horseman”.

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Leon Redbone – “Sweet mama hurry home or I’ll be”

NO ME MOLESTES, MOSQUITO

En todas partes hay grandes festivales musicales. En Europa tenemos el de Glastonbury y el de Benicassim, en los USA está el Lollapalooza… y también, por supuesto, hay uno en Oceanía: THE BIG DAY OUT, que así se llama, y es una cabalgata de grupos de rock viajando a través de Australia y Nueva Zelanda. Porque tiene esa particularidad este festival, que no se limita a una sola ciudad, sino que durante quince o veinte días lo celebran en varias ciudades diferentes.

En 1.999, junto con Ash, Marylin Manson o Korn, las máximas estrellas del evento eran el grupo HOLE. Courtney Love estaba en un excelente estado de forma, y todos los conciertos estaban marchando muy bien. Pero hubo un momento, el 29 de enero en Adelaida, en el que todo se torció un poquito.

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“Malibu”

Durante las primeras cuatro canciones todo marchaba tan bien como los días anteriores; los fans subían al escenario para saltar desde él hacia la mutitud, los médicos tenían trabajo de sobra… y entonces, casi al final de la quinta canción, “Malibu”, Courtney anunció por el micrófono lo siguiente:

-Me acaba de picar un bicho, y lo ha hecho realmente fuerte. No estoy bromeando… me voy a morir… ¿qué clase de bicho era el cabrón…? ¡Dios mío! Era un bicho así de grande –abrió las manos para indicar un tamaño considerable-. ¡Joder! ¿pero qué clase de bichos tenéis en este país…? Estoy asustada. ¡Si me muero estáis viendo mi último concierto!

La banda comenzó con las notas de la siguiente canción, “Plump”; pero Courtney los paró después de la primera frase.

-Tengo que buscar un médico inmediatamente para que me vea el brazo… lo siento mucho, muchísimo…

Y se bajó del escenario. En el backstage Courtney rehusaba volver a él hasta que no la viese un médico. Y también se negaba a continuar la gira a menos que el promotor le hiciera un seguro que la protegiera contra las picaduras o mordeduras, o lo que fuera que hacían los bichos australianos gigantes éstos.

-¡Coño…! que si yo fuera la puta Gwyneth Paltrow hubiera tenido un médico al pie del escenario solo para mí…

Cuando le dijeron que sí, que tenía razón, y que lo arreglarían, Courtney volvió a subir al escenario; pero de muy mala gana y maldiciendo porque los médicos que había allí no tenían anti-histamínicos.

Comenzaron a cantar “Doll parts”. Y, de pronto, Courtney tiró la guitarra al suelo, le dio las gracias al público y se fue de nuevo.

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“Doll parts”

Cuando volvió al escenario muchos minutos más tarde la audiencia había bajado ya de los 40.000 espectadores iniciales a solo 1.000. ¿Y por qué volvió Courtney?

Porque consiguió que varios roadies, armados de sprays anti-insectos, rociaran a conciencia con ellos todo el escenario y sus cercanías de forma que no quedase ningún bicho por allí que volviese a molestarla.

…no sé a vosotros, pero en realidad a mí la postura de Courtney me parece razonable… vete tú a saber qué clase de bichos, como ya dijo ella, hay en ese misterioso país…

De todo lo narrado no he encontrado documentación filmada, pero sí de su concierto de unos días antes en Sydney, que fue filmado por la televisión, y se encuentra disponible en su totalidad en el YouTube, dividido en nueve partes. Este vídeo que sigue es la primera de ellas, y si te interesa, desde él puedes ir viendo todas las demás.

AMIGOS DESDE SIEMPRE

En el anterior post, al escribir que Delia Derbyshire se había retirado a su Cumbria natal, recordé una vieja historia que sucedió en uno de sus bonitos parajes naturales.

La historia envuelve a otro gran personaje del rock al que el destino tampoco ha dado su justo lugar, ROY HARPER; un fantástico guitarrista del folk-rock inglés, que precisamente después de los sucedidos que os voy a contar comenzó un nuevo renacer de la mano de un compañero de viaje que sí era suficientemente conocido, JIMMY PAGE.

Jimmy ya había colaborado en un disco de Roy Harper trece años antes, pero lo había hecho de incógnito, quedando acreditado en él con el nombre de S. Flavius Mercurius. El disco en cuestión era “Stormcock”, y se componía de solo cuatro canciones larguísimas, a modo de suites, en el que brillaban las guitarras de los dos intérpretes.

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“Me and my woman” (Os advierto que dura casi un cuarto de hora)

Por eso ahora que el programa musical de la BBC2, “The old grey whistle test”, le iba a dedicar una de sus emisiones a Roy Harper, se les ocurrió que sería una buena idea reunirlo de nuevo con Page y reinterpretar de forma acústica algunas de aquellas canciones.

Y así lo hicieron. Pero no en el estudio, sino en un marco incomparable, en una de las magníficas colinas de Cumbria, que serían un grandioso respaldo.

El plan era subir hasta el pico más alto de Inglaterra, el Scafell Pike, cuando comenzase a clarear una neblinosa mañana, y filmar las canciones teniendo de fondo la misteriosa montaña.

Así que ese 6 de noviembre de 1.984 en el hotel donde todos se alojaban comenzaron a preguntarse porqué Jimmy Page ignoraba por completo las llamadas que se hacían a su habitación para despertarlo. Y eso era porque Jimmy no se había ido aún a la cama, y por lo tanto era técnicamente imposible que le despertasen. En vez de haberse tomado un sano respiro de las tribulaciones de ser una Estrella del Rock en un tranquilo lugar rural como aquél, Jimmy Page había elegido quedarse toda la noche bebiéndose todos los cócteles que eran posibles al combinar las miniaturas del mini bar, con la compañía de unos polvos blancos de dudoso origen, y de una complaciente jovencita de origen más dudoso todavía.

Después de haber conseguido espabilar un poco a un somnoliento y legañoso Roy Harper, que seguramente tampoco había pasado una noche “tranquila”, y hartarse de dar golpes a la puerta de Jimmy, el equipo de filmación por fin consiguió sacarle de los placeres de la carne y, con las caras de Roy y Jimmy tan blancas como la neblina de la propia montaña, consiguieron ascender hasta arriba y prepararse.

Estaban allí el cameraman, el técnico de sonido, el director y el productor, junto con Roy y Jimmy, y su entorno, que se componía solamente de la complaciente jovencita de Jimmy y un puñado de las botellitas en miniatura de whisky que por la mañana aún quedaban en el minibar. Debido a las condiciones de Jimmy, la ascensión fue bastante ardua y, ansiosos por mantener la etérea luz del principio de la mañana, enseguida eligieron un sitio adecuado y comenzaron la preparación.

El rodaje lo iban a hacer con película, y los rollos que el equipo había traído eran de diez minutos de duración; así que mientras Roy y Jimmy estaban sentados en una piedra mirando la hierba con cara de no enterarse de nada, les explicaron amablemente que la versión de “Me and my woman” tenían que acortarla lo suficiente para que la grabasen en una sola toma.

Cogieron sus guitarras y la cámara comenzó a rodar… nueve minutos y medio más tarde todavía no habían llegado ni al estribillo.

-Corteeeeeeeeeennn -gritó el director.

Y se dirigió de nuevo a los guitarristas para volver a explicarles la situación.

-Disculpen señor Page, señor Harper. Lo de la regla de los diez minutos a la que me he referido antes no era para vacilarles… sino un hecho incuestionable –les dijo, asegurándose de que esta vez le entendían. –Así que por favor, necesito que se concentren porque necesitamos la canción, desde el principio hasta el fin, y tenemos que meterla en un solo rollo de película; sin cortes.

Roy y Jimmy continuaron mirando la hierba.

El cámara puso otro rollo y comenzó a rodar de nuevo; momento en el que Jimmy se levantó de la piedra, murmurando algo así como “me estoy meando”.

El cámara paró de filmar. Jimmy trastabilló hasta un cercano montón de piedras, tras las que pacían tranquilamente unas ovejas, y se quedó allí parado hasta que la complaciente jovencita llegó junto a él. Sin palabras, Jimmy le indicó que tendría que ayudarle en sus necesidades.

El cámara comenzó de nuevo a filmar. Los cámaras siempre tienen que estar preparados. Ésa es exactamente la clase de profesionalidad y habilidad que se requiere para capturar en acción a los animales que nos muestran después los documentales de “La 2”.

La complaciente jovencita, entonces, le desabrochó a Jimmy los pantalones y le sacó la picha. Y después siguieron unos fantásticos momentos en los que ella, con una práctica que solamente da la veteranía, dirigió el chorrito de Jimmy, como si de una manguera se tratase, hacia los sitios y cosas que él le iba indicando, incluyendo las piedras, las ovejas, un matojo, ella misma y, finalmente, sus botas. Cuando Jimmy por fin se quedó a gustito, la complaciente jovencita se la sacudió y se la devolvió al interior de sus pantalones de cuero (de esos que tanto le gustan a Lu).

Una vez de vuelta, Jimmy cogió su guitarra y Roy y él interpretaron una imponente versión del “Me and my woman” de principio a fin, perfecta nota por nota, dentro del tiempo asignado.

Desgraciadamente, para la posteridad no han quedado ninguna de esas dos grabaciones. Pero sí las que hicieron después, la versión de otra de las canciones de aquel disco, “The same old rock”, y una canción nueva que Roy había compuesto sobre los sentimientos de un inocente condenado a morir, “Hangman”.

Cuando se emitió, el programa fue todo un éxito y sirvió de germen para un disco que el año siguiente sacó Roy Harper, “Whatever happened to Jugula?”, en colaboración con Jimmy Page, pero esta vez acreditándolo oficialmente, que incluía ese “Hangman” que ya hiciesen juntos, y esta “Elizabeth”, que resultó la canción más conocida de él.

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“Elizabeth”

DE LA CALLE VENDRÁN

El cantante de soul y guitarrista BOBBY WOMACK comenzaba su ascenso hacia la cima del mundo a finales de la década de los ’60… para entonces la gente ya le había perdonado que se casase con la esposa de su mentor, Sam Cooke, cuando el cadáver de éste aún estaba caliente, y ahora escribía grandes canciones que se convertían en grandes éxitos, y ponía su distintivo estilo guitarrístico en incontables clásicos del soul.

Y durante el mítico año de 1.967 se encontraba en los estudios haciendo sesiones de grabación para el disco “I never loved a man the way I love you” de Aretha Franklin.

Bobby y Aretha eran muy amigos. Ella le dejaba tocar en muchas de sus canciones. Pero cuando estaban grabando las partes de guitarra de la canción “Dr. Feelgood” Aretha no era feliz. Ella quería blues.

Pero blues de verdad. El blues real. Ese blues profundamente visceral…

Y Bobby Womack estaba tocando la guitarra como si todavía estuviese acompañando a Sam Cooke. No era eso… no…

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Aretha Franklin – “Dr. Feelgood”

Así que metió en el estudio a un joven guitarrista que andaba por allí a ver que tal. Bobby se quedó muy jodido (por no emplear palabras gordas), pero se quedó allí, con una sonrisa irónica. Así era también Aretha: te castraba con una sonrisa.

Y allí estaba el jovencito chico blanco, con su guitarra en una funda mullida. Todo limpieza y educación…

-¿Puedo usar tu ampli? –le preguntó a Bobby.

Tras su señal afirmativa, el chico enchufó la guitarra, y comenzó a tocar blues tal y como si se estuviese follando a la mujer más hermosa del mundo. Escalofriante blues de Chicago… interpretado en la misma forma en que Dios lo estaba pensando cuando lo creó.

A Bobby Womack se lo llevaban los demonios; estaba totalmente atacado. Le era imposible creer que un chico blanco pudiese tocar el blues así.

-¿Qué coño sabrás tú de blues…? –le dijo.

El chico blanco siguió sacando de su guitarra notas del estilo de todos los grandes bluesmen, desde B. B. King hasta Otis Rush. Modeladas a su propia manera, muy dulces. Bobby estaba cada vez más mortificado.

Mientras tanto, tras el cristal, toda la sección rítmica de la banda, incluído Bernard Purdie, el más grande batería de sesión que hayan visto los tiempos, estaba descojonándose de risa de una forma rayana en la histeria.

-Hostia, Womack!! ¿Vas a dejar que ese chaval venga aquí y te dé una patada en el culo? –se cachondeaban.

-Tío, ¿vas a dejar que entre aquí y te enseña a tocar blues? ¿En tu propia casa…? –se seguían cachondeando.

Bobby Womack estaba casi en estado de shock; tan perplejo que sus ojos comenzaron a humedecerse de tan fijo que le miraba. Al final, Bobby se acercó al joven y le preguntó como se llamaba.

-Me llamo Eric Clapton, y estoy ahí al lado, en una banda que se llama los Cream.

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Cream – “Badge”

KNOCKIN’ ON GRACELAND’S DOOR

Una historia cortita y divertida, que ya estoy de vacaciones y no está la cosa para currar demasiado. Y sobre nuestros clásicos, que siempre dan mucho juego.

Jerry Lee Lewis tuvo algunas cosas en común con Elvis Presley. Para empezar, los dos firmaron por el sello Sun Records; para seguir, de los dos se dice que fueron los verdaderos padres del rock and roll; y para terminar, los dos se convirtieron en drogotas enloquecidos… que era el estado en el que estaban la calurosa noche de nuestra historia, cuando casi estuvieron a punto de encontrarse a las 3 de la mañana en Graceland.

¿Habéis visto “El Señor de los Anillos”? No recuerdo en cual de sus partes, creo que en la segunda de ellas, Saruman envía un enorme ejercito de Orcos, o como se llamasen los bichos feísimos ésos, a destruir el Abismo de Helm. Los malos empiezan a bombardear sus torres con rocas y catapultas gigantescas, que casi oscurecen el cielo con la cantidad de grandes bolas de fuego que arrojaban hacia donde estaban Gandalf y sus colegas.

Bueno… pues imagínate esa escena, pero en vez de los Orcos, o como se llamasen los bichos feísimos ésos, piensa en Jerry Lee Lewis. En vez del Abismo de Helm, pìensa en las puertas de Graceland. Y en vez de rocas y catapultas piensa en un Lincoln Continental conducido por un cantante y pianista enloquecido. La cantidad de grandes bolas de fuego lanzadas, puedes dejarlas igual.

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“Great balls of fire”

Pues sí. Fuera de control debido a un cóctel a base de drogas y de sexo con su prima de trece años (recuerda que en el profundo Sur americano de los seguidores de la Biblia, eso era perfectamente aceptable), Jerry Lee se había acercado hasta Graceland, y en vez de llamar educadamente a sus puertas, como hubiese hecho todo el mundo, comenzó a embestirlas con su enorme coche, mientras una Derringer cargada golpeaba las paredes de la guantera… “¡Decidle a Elvis que el Killer está aquí!”, repetía una y otra vez, y otra, y otra, y otra más… “¡Decidle a Elvis que el Killer está aquí!”.

Los guardias de seguridad se limitaron a llamar a la policía, que llegó, arrestó a Jerry Lee, y se lo llevaron esposado al calabozo. Una vez allí, con la amabilidad característica de los polis americanos le explicaron que el señor Presley no recibe a nadie a las tres de la mañana, excepto si vienen a traerle las drogas que tiene prescritas. Y como quiera que el señor Lewis solo quería echar abajo las puertas de la casa del señor Presley y matarle, pues para eso tendría que volver a una hora más razonable.

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“Whole lotta shakin’ goin’ on”

Pero Jerry Lee nunca volvió. Años después, cuando Elvis murió debido a un cáncer de hamburguesas, a Jerry Lee le pidieron unos comentarios para la prensa. “Bueno…”, dijo. “Me alegro de que se haya muerto. Uno menos en el camino. Quiero decir… Elvis esto, Elvis aquello… ¿qué coño hizo Elvis además de meterse unas drogas que yo no me podía permitir…?”.

El día después del incidente de Graceland, Jerry Lee fue al hospital y le diagnosticaron una úlcera péptica. En el momento de escribir esto, todavía vive.

Elvis, dependiendo de quien sea quien lo diga, no.

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“Suspicious mind”

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Si no ha ocurrido ningún contratiempo, este post ha debido publicarse él solito el miércoles por la noche, tal como yo lo había dejado programado. Como os decía ahí arriba, ya estoy de vacaciones, y no tengo ningún ordenador al lado. En casa hay un portátil, sí… pero tanto mi mujer como mi hijo me tienen puesta una orden de alejamiento de él; ella para que deje de teclear un ratito siquiera, y él porque vete a saber qué cosas podría encontrarme en su disco duro.

El caso es que el miércoles por la noche, aunque todavía estaba en Sevilla, pero no estaba en disposición de asomarme por aquí y publicar esto, porque o bien vendría tarde del concierto de Muni Camón, si convencía a la familia de salir el jueves para Madrid a una hora prudencial; o estaría ya durmiendo para madrugar y salir de viaje.

Así que tardaré en aparecer para escribir algo, aunque supongo que en algún momento de los viajes Madrid-Roma-Costa Dorada, podré acercarme a algún ordenador para vigilar el negocio y ver quien comenta y quien se ha desentendido del asunto. Porque, aunque esté fuera, para vosotros seguirán presentes las actualizaciones del blog.

He dejado programadas durante las tres próximas semanas publicaciones nuevas los domingos y miércoles por la noche. No serán entradas al uso, sino unos relatos cortos que he escrito y dividido en tres partes cada uno de ellos. De lo que se trata es de que una vez publicada una de sus partes, vosotros juguéis con ella. No solo comentando qué os parece, o cualquier cosa que queráis decir, sino intentando adivinar como va a seguir, como va a acabar, escribiéndola de forma alternativa, sacando al personaje del contexto y poniéndolo en otro… ejerced vuestra creatividad con los relatos, os los dejo a vuestra disposición para que los queráis, los tergiverséis, los maltratéis, los desfiguréis… pero sobre todo para que los leáis. Y os acordéis de mí durante el tiempo que estaré fuera.

Besos y abrazos para todas y todos.

NECESITAMOS QUE SEVILLA PONGA EL RUIDO…

…y Sevilla no se hizo esperar. Un estadio entero comenzó a aullar, a patalear, a poner todos sus medios durante varios segundos para crear la cacofonía sónica que EL BOSS pedía para acompañar a la música que ponía él.

En mitad de una excepcional versión del “Working on a dream” que da nombre a su último disco y a esta gira, Bruce se dirigió a la entregada masa en un castellano tan correcto como le permitía su facilidad para leer el papel que llevaba preparado: “Esta noche lo vamos a romper todo… pero con música, espíritu y ruido”. Con esos tres ingredientes Bruce confeccionó un sueño. Estuvo casi tres horas trabajando en un sueño del que ninguno de los presentes allí queríamos despertar.

Por eso, y aún llevando más de dos horas con las palmas de las manos ardiendo, y las rodillas diciéndome que ya estaba bien la cosa de marchita, en cuanto comenzaron a sonar los acordes de “Lonesome day” el primer pensamiento que me asaltó fue “mierda… esto se acaba”. Porque el guión, al que el Boss se ajustó muy poco en Sevilla, marcaba que éste era el principio del trío final de canciones. Y habíamos llegado a él sin darnos cuenta apenas.

La noche comenzó con Nils Lofgren desgranando con su acordeón las notas del habitual guiño a la ciudad en la que están. Luego me dijeron que por las primeras filas la gente incluso se emocionó cantando a coro ese “Sevilla tiene un color especial”, pero la verdad es que en la zona en la que mi amiga Gemma y yo estábamos la gente recibió aquello tomándoselo bastante a broma. Y enseguida, todo el mundo en pie para recibir al Jefe.

Con “Badlands” echó a andar la rueda que se llevó por delante las reticencias que cualquera de lo presentes pudiese tener sobre la figura de Bruce Springsteen como músico aburrido, estancado o mesiánico. De repente yo mismo volví a ser tan fan de él como en 1.978, cuando compusiese esta canción. Tan altos nos dejó que ni siquiera la primera “rareza” de la noche nos hizo dar un paso atrás a la hora de acompañar con palmas una “My love will not let you down” que seguro que este tío no cantaba desde que la grabase en los “live” de New York hace ya nueve años, y que la gente (entre ellos yo y una compi asturiana que tenía a mi izquierda, fajada ya en múltiples conciertos de Bruce) no reconocíamos ni soñábamos con adivinar, porque contábamos aún en ese momento con el hándicap añadido de un sonido que no era especialmente bueno a la hora de poder distinguir matices. Me dijeron que después subieron algo el volumen, y entre eso y que nuestro oído se acostumbra y nuestra mente nos hace reconocer cosas que “parece” que estamos oyendo bien, mejoró la calidad del sonido. O a lo mejor no… ¿a quién coño le importan esos pequeños detalles técnicos cuando lo que está comenzando a sonar es “Hungry heart”?

No sé si se notaba que ésta es una de las tres canciones del Boss que me hacen perder los papeles. Y realmente no sé tampoco si a mi edad eso será correcto, sobre todo porque Gemma me miraba a veces mientras yo vociferaba con él aquello de “everybodys got a hungry heart” como diciendo “eh, a mí no me miren, que aunque lo tenga al lado, yo a este tío no lo conozco de ná…”.

“Outlaw Pete” fue la primera de las dos únicas canciones que incluyó de su actual disco. Fantástica y poderosa a más no poder la recreación en directo que hace de ella. Si treinta mil voces llamándole (“Can you hear me…?”) no hacen que Pete salga de su helado descanso eterno, es que nunca más lo hará.

Con “Out in the streets” y Bruce paseándose por la pasarela pegada a la primera fila estallaron las emociones de los espectadores más cercanos, y en la enormes pantallas que había a los lados del escenario podíamos ver como un mar de manos y brazos se aferraba a las piernas del Boss, que lo soportaba todo con una gran sonrisa de felicidad y un derroche aún mayor de ganas de hacernos felices también a nosotros.

Y con la anteriormente mencionada “Working on a dream” llegó a un punto de inflexión, porque era imposible continuar subiendo y subiendo de ese modo. Era el momento de un respiro con la trilogía de la recesión: “Seeds” (“el banquero dijo, lo siento, hijo, todo se ha perdido” ¿te suena?), “Johnny 99” y “Youngstown”, canciones comprometidas, que hablan de trabajos perdidos, miserias laborales, jueces parciales, hipotecas, embargos y un futuro tan negro como el que padeceremos aquí mismo si la patronal lograse imponer sus criterios por encima de los sindicatos. Pero si lo que describen es negro, la forma de hacerlo, la interpretación, es brillante. La parada de “Johnny 99” (tó el mundo quieto en el escenario… que no se mueva nadie) durante unos segundos, que nos mostraban en primera fila a Bruce y a un Steve Van Zandt con la misma cara de hijoputa que ponía cuando encarnaba a Silvio, para ir arrancando poco a poco… con las guitarras convertidas en la locomotora de un tren que nos fue enganchando a todos como vagones de un larguísimo convoy camino al éxtasis. El saxo barítono nunca se asoció mejor a una guitarra heavy… qué lujo de banda.

Y ahora, ¡a recoger carteles se ha dicho! Con la banda disponiendo un fondo musical con un apropiadísimo “Raise your hands” (¡levanta tus manos!) instrumental, al Boss le faltaban manos para ir recogiendo carteles… y un bienvenido abanico… y un plátano????… a veces me da por pensar que este truco de los carteles los prepara Bruce cuidadosamente metiendo por ahí a algunos roadies suyos con carteles preparados de antemano, porque… ¿en serio una banda, por muy de la calle E que sea, puede estar preparada para improvisar con esa fuerza, esa cohesión, unas canciones tan oscuras e inesperadas como “Quarter to three” y “The E street shuffle”? La primera supe que era ésa porque pude leer el cartel que Bruce nos mostraba, una especie de twist muy alegre que te invita a bailar sin parar. Pero la segunda no la reconocí siquiera, desde donde yo estaba no pude leer el cartel que enseñó unos segundo el Boss y, aunque luego lo dejó ante el micro mirando hacia el público, estaba muy lejos y en las pantallas no llegaron a ponerlo. La tercera fue “Loose ends”, pero la tiene más engrasada e incluso ha llegado a abrir algunos conciertos de esta gira con ella.

El Boss se esfuerza en hacer diferentes sus conciertos, y éste lo estaba siendo bastante. Bruce tiene una cualidad indiscutible, que le hace único; cuando se sube al escenario él sabe que no está completo, que solo es la mitad de un todo. Y la otra mitad que le falta está ahí abajo, esperando la unión. Y aunque ésta se produzca de forma más fuerte cuando interpreta sus temas más conocidos, los lazos de unión se suavizan y se convierten en cómodos abrazos cuando nos regala algún oscuro semi-clásico de décadas pasadas como el “Darlington County” de esta noche… en momentos así te dan ganas de llorar, de abrazarte a quien tienes al lado…

Eh… ¿qué coño pasa aquí…? que la gente de las gradas está comenzando a sentarse… Para volver a levantarlos, un imponente “She’s the one”.

Y llegó “Waitin’ on a sunny day” y otro de los momentos claves de la festiva interacción de Bruce con la gente; y como en Bilbao dos días antes, aquí también había un niño en la primera fila. Y por supuesto, Bruce le acercó el micro para que cantase el estribillo con él, pero… horror! el niño no se la sabe… el niño no sabe tampoco donde meterse… ¿qué coño me está diciendo este tío…? mejor lo hago callar metiéndole una de mis chuches en la bocaza…

Y se ve que al Boss le gustaron, porque luego le quitó el paquetito entero, aunque a lo mejor fue como castigo por no saberse la letra… que no, hombre, que luego se lo devolvió tras los besos y saludos de rigor…

Vale… sé que me estoy haciendo viejo, pero me tiré toda la siguiente canción pensando que estaba escuchando “Jungleland” cuando en realidad la que estaba cantando era “The promised land”… y qué? pasa algo? …vosotros sois D. Perfecto? Ah, bueno…

Pero la siguiente era inconfundible, “I’m on fire”. Gemma bromeaba por aquello del calor sofocante que el hombre estaba padeciendo, “ésta… ésta nos representa mejor…ésta es la que nos tenía que haber dedicado en vez de la coña ésa de Los Del Río…”. Con esta interpretación Bruce fue suavizando el ambiente, aplanando el nivel como si de verdad el calor estuviese pudiendo con él; pero lo que de verdad estaba haciendo era preparar el marco adecuado…

“…forigüán shots…”, “forigüán shots”… todos los miembros de la E Street Band iban dejando, por turnos, la frase en su micro… y “American skin (41 shots)” brilló en toda su magnificencia.

Y entonces fue cuando reconocí el principio del fin: “Lonesome day”.

Qué fácil es de corear “The rising”, y cómo te levanta el ánimo. Y cómo te prepara para la apoteosis final… “Born to ruuuuuuuuuuuun”.

Todos a la vez, cantándola, bailándola, llevando el ritmo con las manos… y las luces del estadio encendidas, para que todos pudiésemos vernos las caras de felicidad y se estableciese un feedback que nos hiciese ir todavía más allá. ¡Qué grande eres, Boss… que rato nos estás haciendo pasar, joío!… míranos, míranos como disfrutamos… es que acaso sobran las ocasiones en las que se pueda ver a treinta mil personas sonriendo a la vez…?

Toda la banda se acerca al escenario, saludan, comparten sonrisas y carcajadas abiertas con nosotros. Pero después de tanto tiempo de intensidad atacan los bises sin bajar siquiera a los camerinos a descansar un poco; “Cuando yo tenga sesenta años quiero ser como Bruce”, me grita Gemma.

En realidad sí que se fue uno de ellos, Max Weinberg, el batería, y se sentó tras ella su hijo Jay. Se ve que el padre ya anda mayor y quiere traspasarle el negocio, y lo pone de vez en cuando para que se baquetee (y esta palabra nunca ha estado mejor empleada). El niño le puso rítmo a todos los bises. “Glory days” para empezar; “Seven nights to rock” para que la peña se animase de nuevo a acompañar con el estribillo, fácil aunque ésta sea otra de esas canciones que apenas se sabe nadie; y “American Land” para organizar otra orgía de los sentidos. En medio de ella la presentación de una banda que no necesita presentación… qué buen solo de guitarra nos dejaste, Nils… qué feo eres, Steve, joé… cómo te luces con las teclas, Charlie… te vemos, Gary, aunque no lo parezca, y te notamos, anda que no… Jay, eres Max con cuarenta años menos, tío…Con el enhiesto Clem, el Jefe casi soltó una lagrimita presentando a su viejo amigo… se paró, se adornó, se gustó… el Graaaaan Clareeeeence Cleeeeeeeeeeeem Cleeeeemoooooooooons… y a seguir con esa cosa medio irlandesa que tiene la virtud de poner a todo el mundo de buen humor.

Después de “Bobby Jean”, el último momento típico de sus conciertos. La chica que subió a bailar “Dancing in the dark” con Bruce no se lavará jamás la mano que éste le besó tan delicadamente, antes de cogerla (no tan delicadamente) en brazos y soltarla en su lugar de la primera fila. El buen rollito ya era hasta empalagoso… joé, Bruce, ponte serio, coño, que se supone que eres un rockero…

Y ahí estaba el homenaje a los clásicos. Un “Twist and shout” convertido en “La Bamba” después de un giro, para volver a ser de nuevo esa canción de saltos y gritos que todos seguimos hasta casi quedar afónicos de gritar con él y casi perder los dedos en las sacudidas que dábamos a las manos en alto.

Bruce se para… se agarra al pie del micro… pierde fuelle… “¡qué caló… qué caló… qué caló!” le oímos musitar tres veces antes de caer… las tres últimas palabras del concierto. De las sombras de atrás sale un tío con una botella de oxígeno y le pone una mascarilla… la peña sigue saltando y gritando… Bruce parece recuperarse… Steve se acerca a él haciendole perentorios gestos con la mano… “levántate ya, mamón, que tenemos que terminar esto para irnos a donde haya aire acondicionado”… parece decirle con una cara en la que se leía además, “o te voy a pegar dos tiros como hice con la novia del sobrino de Tony Soprano”. Y Bruce se levantó y volvió a caminar, y volvió a gritar, y volvió a poner cara de que lo estaba pasando muy bien en aquel baño de multitudes. Y aquellas tres anteriores no fueron las últimas palabras.

Y después se acabó… como todo lo bueno que nos ocurre en la vida.

LOS REYES SON LOS PADRES

Hace ya 25 años de una película irreverente, “This is Spinal Tap”. Y los componentes de la banda protagonista de aquel documental de pega han vuelto desde la tumba para grabar y promocionar a base de conciertos un nuevo disco, “Back from the dead”, lleno de versiones regrabadas de las clásicas canciones de entonces.

En aquella película se humillaba de forma bastante consciente a las grandes bandas británicas como grandes instituciones que eran. Mostraba todos los tópicos de los grandes grupos de rock. Grupos pasados, presentes y futuros…

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“Stonehenge” (1.984)

Una parodia de grupos como por ejemplo…Oasis.

Oasis son grandes. Y no me refiero a ahora mismo, que ya es algo discutible, sino a cuando vivieron sus mejores tiempos. A los años en que “Wonderwall” se había convertido en un himno de la juventud desafecta; una juventud que creía fervientemente que todos los caminos que se les presentaban delante eran largos y tortuosos, y que todas las luces que podían alumbrarles estaban fundidas. Vale que Oasis eran unos pretenciosos de cojones, pero era un gran canción y Oasis estaban en su apogeo.

Y seguramente, como siempre tenían algo que celebrar, una noche Noel y Liam lo hicieron yendo a ver a Spinal Tap en concierto. Algunos de los componentes de éstos, junto a otros nuevos, se habían embarcado en otra parodia sobre unos músicos de folk de los ’60 que se reúnen para revivir viejas glorias, y les pareció una buena idea volver a encarnar a la banda de rock más cafre de todos los tiempos.

“This is Spinal Tap” era una de las películas favoritas de Liam de toda la vida, y el chico estaba radiante ante la posibilidad de verlos en un escenario, en directo, en carne y hueso. Y por supuesto, el concierto fue una pasada. Dos horas de puro Spinal Tap sin adulterar. Y después todavía iban a hacer un bis. Para el cual los tíos de Spinal Tap salieron bajo su personalidad de “A Mighty Wind”, la peli que os decía antes sobre la reunión de viejos músicos… y como tales comenzaron a interpretar su errática música folk.

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“A kiss at the end of the rainbow”

Liam, entonces, a mitad de la primera canción, se volvió hacia su hermano y dijo:

- ¿Y estos tíos quién coño son?

- Son ellos. -le contestó Noel, mirándole extrañado.

- ¿Qué…? ¿Ellos, quiénes…?

- Ellos…-le susurró Noel.

- ¿Ellos quiénes? –insistió Liam.

– ¡Cojones ya, Liam! –estalló Noel, volviéndose a él.– Son ellos, los Spinal Tap.

– Sí, hombre. Ésos no son Spinal Tap. Son unos gilipollas folkies. –le respondió Liam.

– No, Liam. Son ellos. Son Harry Shearer y los otros. Son actores. Los actores que interpretan a los Spinal Tap.

Hubo un momento de silencio por parte de Liam. Incluso Noel ya sabía que era lo próximo que éste iba a decir.

- ¿Actores…? ¿Spinal Tap… son actores…?

Y con cara de bochorno, salió de allí.

Y es por eso por lo que su hermano todavía no le ha dicho la verdad sobre quién pone en realidad los regalos bajo el árbol el día de Navidad.

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“Back from the dead” (2.009)

BILLY, DON’T BE A HERO

Fue un icono aún a su pesar. Nos dijo que no quería cambiar el mundo, que no estaba buscando una nueva Inglaterra… solo buscaba una nueva chica. Trobadorescas palabras éstas, de Mister Stephen William “Billy” Bragg, autor de canciones protesta contra el sistema inglés, y un chico al que nada le altera. Excepto la injusticia social, que atenten contra los derechos de los trabajadores, y las máquinas de hielo seco que echan humo.

Pero que no quisiese cambiar el mundo, o no buscase una nueva Inglaterra podría ser muy discutible, en vista del papel que adquirió como airado representante del Red Wedge, a la vanguardia de la canción politizada en la Gran Bretaña de los ’80. En aquellos tiempos en los que el gobierno de Margareth Thatcher estaba empeñado en cargarse los sindicatos y romper las espaldas de la clase trabajadora de su país, por mucho que Billy nos dijese después, seguro que no tenía tiempo de andar buscando otra chica mientras andaba junto a los mineros, calentándose junto a ellos en los fuegos que encendían, y enfrentádose a la policía. Billy era de los que más gritaban, de los que más enfado mostraban… aunque las malas lenguas dicen que en realidad estaba tan airado porque Kirsty MacColl consiguió hacer un éxito en 1.984 con una canción que le dio él, “A New England”, que un año antes pasase desapercibida totalmente cuando él mismo la grabó en su disco “Life’s a riot”.

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Kirsty MacColl – “A new England”

Y así de excitado y politizado estaba nuestro amigo Billy aquella vez que accedió a una de las estaciones del Metro londinense solamente para ver con sus propios ojos las nuevas barreras automáticas que habían instalado para que nadie se colase sin el ticket correspondiente, y que tanto éxito han tenido posteriormente en todo el mundo. Ya por entonces, al igual que ocurre ahora, estas barreras no estaban exentas de problemas, y Billy, el portavoz de la clase media-baja, abordó a uno de los miembros del staff del Metro, el que se encontraba en la cabina más cercana.

“¿Para qué coño han puesto estas barreras?”
, le gritó. “No funcionan bien ni una puta vez, cuestan una fortuna, a la gente no le gustan, a los propios trabajadores del Metro no les gustan tampoco, y los bomberos las odian porque son un peligro en caso de incendio. ¡Me reconocerá usted que esta mierda de barreras son el mayor gasto de tiempo y dinero del mundo!”.

El flemático empleado uniformado le echó un vistazo apenas perceptible. Y volviendo de nuevo la vista a su libro, le dijo: “Escriba una puta canción sobre ello, entonces”.

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Billy Bragg – “A new England”

AMIGOS PARA SIEMPRE

Perdonadme que en este post vuelva a redundar sobre la muerte de Michael Jackson, pero es que la prensa seria de ayer sacaba a la luz unos artículos relacionados con él que me han llamado la atención.

En ellos se habla de cómo el abogado de Michael ha dado a conocer a su familia el testamento del fallecido y se han filtrado algunas de sus cláusulas, entre ellas que todos sus activos no líquidos (que prácticamente son los únicos que le quedaban) van a parar al fondo fiduciario “Michael Jackson Family Trust”, del que ha apartado las manos de sus parientes y ha nombrado depositarios a unos abogados y ejecutivos de su confianza.

Y en la noticia se dice que entre esos activos está la la colección de títulos musicales de The Beatles, que posee el cantante (en copropiedad con Sony). Si esto es cierto se desmentiría la noticia que a primeros de año publicó el “Daily Mirror”, y reflejaron después muchos más periódicos, sobre que Michael había modificado su testamento para dejarle los derechos de estas canciones a Paul McCartney, y restañar así las viejas heridas que le había producido a éste cuando los adquirió. Según el periódico, un portavoz decía que Michael Jackson le había dado instrucciones al respecto a sus abogados y que sentía una gran tristeza porque McCartney no le hablaba desde hacía muchos años y ahora quería hacer las cosas de forma correcta.

En este mismo blog recogíamos todo esto no hace muchos días a raíz de un comentario de nuestro amigo Vidal sobre la pertenencia de estos derechos de las canciones de los Beatles a Michael Jackson, que yo a mi vez contesté con otro en el que contaba a grandes rasgos la historia de dichos derechos e incluía este párrafo sobre Michael que copio y pego:

Pero eso será si no se muere antes… porque para darle más emoción al culebrón, a primeros de este año los periódicos más amarillos publicaron que Michael estaba arrepentido de lo que le hizo en su momento a Paul McCartney y quería reconciliarse con él. Para ello había hecho testamento y le había dejado a McCartney estos derechos. Y no sería extraño que Michael se fuese pronto p’allá porque cada vez menudean más los artículos que salen de vez en cuando diciendo que todo lo que ha abusado de su cuerpo le pasará factura más pronto que tarde.

¿Quién nos iba a decir que mi “predicción” sobre la pronta muerte de Michael se iba a hacer realidad tan solo nueve días después? Obviamente, no tengo una bola mágica, sino que lo que me llevó a escribir esto, aparte del hecho de cambiar el testamento, es que desde esa fecha no dejaban de saltar noticias sobre que Michael estaba perdiendo la visión de su ojo izquierdo, o que estaba batallando contra un enfisema, o que tenía una enfermedad genética que le hacía tener déficit de antitripsina Alpha-1, que por lo visto es una proteína de la sangre que tiene un efecto inhibidor de muchas enfermedades… sonaba fatal todo, ¿verdad?.

Supongo que a partir de ahora esos derechos de las canciones beatlelianas serán “la joya de la corona” mediática del legado de Michael Jackson y tendremos un montón de historias verdaderas y falsas sobre a quién y cómo irán a parar. Aunque yo sigo apostando con que al final la discográfica Sony, que ya posee una mitad (debido a su asociación con Jacko en el ’95, por la que éste recibió 100 millones de dólares) y que tiene la otra mitad correspondiente a Michael como garantía de varios préstamos que le hizo, será el acreedor más titulado para quedarse con esos derechos… pero sigue leyendo, porque como todas las buenas historias, en ésta hay una sorpresa agazapada.

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Beatles – “The long and winding road”

Y a todo esto… ¿qué dice Sir Paul McCartney sobre estos asuntos? Pues se mantenía en silencio hasta anteayer mismo, en que en su página web hizo público el siguiente comunicado.

Me siento triste y sobrecogido. Siento que fui un privilegiado por haber conocido y trabajado con Michael Jackson. Era un chico con un talento prodigioso y un alma tierna. Su música será recordada por siempre y mis recuerdos del tiempo que pasamos juntos serán felices. Envío mi más sentido pésame a su madre y a toda su familia, y a sus innumerables fans de todo el mundo.

La amistad entre Michael Jackson y Paul McCartney ha seguido un largo y tortuoso camino, por no decir también que bastante agitado. Michael cuenta en su autobiografía, “Moonwalker”, que la primera vez que vió a McCartney fue en una fiesta que daba éste para celebrar la terminación de su disco “Venus and Mars” con los Wings, el 24 de marzo del ’75, en el trasatlántico “Queen Mary”, que se encontraba fondeado en los muelles de Long Beach. Michael, que por entonces, aunque era una super-estrella, solo contaba con 16 años de edad, fue invitado a la fiesta por Heather, la hija de Paul McCartney, y allí pudo codearse con otros muchos famosos, como por ejemplo George Harrison.

Pero McCartney y Michael no se conocieron formalmente hasta poco después, en que el primero invitó a Jacko a otra fiesta. Durante ésta, cuenta también Michael en su autobiografía, Paul comenzó a cantarle la canción “Girlfriend”, diciéndole que la había escrito para que él la grabase. Así que los dos se intercambiaron sus números de teléfono, pero parece que nunca tuvieron suficiente tiempo para quedar y grabar la canción. Una canción que al final terminó grabando el propio McCartney y la incluyó en su disco “London Town”, de 1.978.

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Paul McCartney – “Girlfriend”

Un giro del destino quiso que pocos años después, mientras Michael estaba grabando el “Off the wall”, su productor, Quincy Jones, le sugirió que grabase una canción de Paul McCartney que él había oído hacía poco y le había gustado mucho, y pensaba que al estilo de Michael le iría muy bien. Se trataba, como no, de “Girlfriend”. Esta coincidencia animó a Michael a grabarla e incluirla en el “Off the wall”, pensando que el destino así lo quería.

Aunque en realidad no sabemos si Macca es un tipo de memoria frágil o quiso vacilarle a Jacko en aquella fiesta, porque en las entrevistas con Ray Coleman para el libro “Yesterday & Today” que éste escribió, le dijo que la canción no la había compuesto con Michael Jackson en mente…

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Michael Jackson – “Girlfriend”

De todas formas el hecho es que el día de Navidad de 1.980 Michael llamó por fin por teléfono a Paul a su casa de Inglaterra, para felicitarle las fiestas y para decirle que quería que trabajasen juntos en algo. Y cinco meses más tarde Jacko se desplazó a Inglaterra y entre los dos compusieron un par de canciones, “The Man” y el grandísimo éxito que fue “Say, say, say”, las cuales grabaron allí mismo en Londres y quedaron enfriándose hasta que casi un año después en Los Angeles les agregaron los metales y las terminaron de arreglar un poco más. Básicamente, de ellas Paul escribió la música y Michael la letra.

Por fin, casi otro año más tarde, en febrero del ’82, Michael pudo volver a Inglaterra y ya las terminaron de grabar del todo y pudieron ver la luz en el disco de Paul McCartney “Pipes of peace”, que se editó a finales de ese año. Entre los dos hicieron también un vídeo, a modo de película corta sobre la canción de más éxito. Seguramente lo recuerdas…

Cuando Paul McCartney estuvo en el 82 en Los Angeles dándole a estas canciones los toques de los que os he hablado antes, no se limitó solo a eso, sino que también grabó una canción a dúo con Michael Jackson, llamada “The girl is mine”, que posteriormente sería el primer single de los muchos que se extrajeron del “Thriller”, un álbum en el que si lo tenéis y os fijáis en los créditos, se le dan a Macca unas gracias muy especiales.

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Michael Jackson y Paul McCartney – “The girl is mine”

Como véis, floreció la amistad entre ellos durante estos años, y como Paul McCartney ya era un perro viejo en los negocios musicales, y Michael estaba comenzando a echar a rodar su carrera en solitario, pues le pidió a aquél algunas sugerencias que pudiesen resultarle provechosas. Y McCartney le dio tres consejos de todo corazón: Que dejase a su padre y se buscase un manager en el que pudiese confiar absolutamente; que produjese sus propios videos y estuviese al mando de todo lo que se hacía en ellos; y que invirtiese en la publicación musical, ya que él lo hacía desde hace tiempo y le había ido muy bien.

Parece que Jacko le dijo que el mejor negocio sería entonces invertir en la publicación de las canciones de los Beatles, que eran las que más veces se reeditaban. Siendo así serían éstas las primeras que compraría… y Paul McCartney pensó que estaba de broma con él. Y a lo mejor entonces era así.

Pero en marzo de 1.985, Jacko visitó de nuevo a Macca en su casa de Inglaterra y volvió a hablarle de este asunto.

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Paul McCartney y Michael Jackson – “The man”

Los Beatles, no mostraron mucho interés en mantener su parte, que era minoritaria de todas formas, en la Northern Songs Publishing Company, empresa que gestionaba los derechos de publicación de sus canciones, y en octubre del ’69 los vendieron a la ATV (Associated Television). Y lo hicieron a causa de las dificultades financieras que estaba atravesando su propia compañía, Apple, y a causa también de las disputas legales que estaban manteniendo con su manager Allen Klein. Y además une a todo eso las secuelas de la mala administración del difunto Brian Epstein.

Después de la muerte de John Lennon, McCartney y Yoko Ono unieron fuerzas para intentar volver a comprar el catálogo, pero les pedían 25 millones de dólares por los derechos y Yoko convenció a Paul de que esperasen algún tiempo, porque ella podría conseguirlos mucho más baratos. A Macca le pareció bien, de forma comprensible porque supongo que a todo el mundo le daría mucho porculo tener que pagar 25 millones de dólares por los derechos de publicación de unas canciones que habías escrito tú mismo, y que, lo que aún era más sangrante, habían sido tuyos anteriormente.

Pero durante ese tiempo que esperaban a las rebajas apareció Michael Jackson con dinero fresco y abundante, salido de las ventas del “Thriller”, y las compró por una cantidad que, según las fuentes que consultes, oscilan entre los 47 y medio y los 53 millones de dólares. En su compra se incluían las canciones de Lennon-McCartney, las de Harrison, alguna de Ringo, y varias de las que Lennon y McCartney escribieron en solitario tras la separación de los Beatles.

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Michael Jackson – “Come together”

Esta compra llevó consigo que Macca le retirase el saludo a Jacko, y desde entonces pensase sobre él cosas que su educación británica le impedía expresar verbalmente. Y además procuró joderle todo lo que pudo , por ejemplo, uniéndose de nuevo con Yoko para conseguir que unas negociaciones judiciales le impidiesen a Jacko usar las canciones de los Beatles para anuncios publicitarios, con lo que éste no ha tenido ocasión de embolsarse la pasta inmensa que eso hubiese generado.

El fallecimiento de Michael Jackson ha suavizado esta animadversión. Y ahora Paul McCartney, si Michael no le ha incluído en su testamento, como todo parece indicar, tendrá que buscar otros caminos si no quiere que otros se lleven un puñado de dólares cada vez que cante “Hey Jude”, a pesar de haberla escrito él. El camino a seguir tiene que pasar por Sony. Pero…

En las leyes americanas de copyright parece que hay una cláusula a la hora de renovar los derechos, que dice que si el compositor muere durante los primeros 28 años de la fase de copyright, los derechos pasan a sus herederos, independientemente de quien fuese su propietario cuando caducaron. Así que tenga Sony los acuerdos que tenga, cuando llegue el momento de renovar el copyright, los correspondientes a Lennon tendrá que compartirlos con Yoko y los hijos de éste. Y quien sabe qué pasará a partir de ahí.

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Beatles – “Come together”

NIÑOS DOS VECES NIÑOS

Se conocían desde que en la guardería los pusieron a pintar juntos en un caballete doble sobre el que la profesora colocaba un gran papel en blanco por cada lado para que los niños ejerciesen su imaginación desbordante convertida en manchas de cera y rotulador.

En seguida intimaron y entre ella y él surgió una complicidad que hacía que al final de cada mañana hubiese muchas más de esas manchas en sus caras y en sus batitas que en los pliegos de papel. La mutua compañía que se ofrecían era cada vez mayor porque los demás niños huían despavoridos de su lado cuando comenzaban con sus batallitas de pintura, lanzándose colores el uno al otro.

En realidad él era un niño fuerte, que causaba espanto en los demás, el matoncillo de la guardería que trataba a todos a base de empujones. Excepto a ella. Le gustaba tenerla cerca, le pedía que hiciese cosas con él, se intercambiaban carantoñas, construcciones con piezas de madera, dibujos… le parecía encantadora, y de mayor se casaría con ella. En cuanto tuvieran algunos años más de los cuatro que tenían ahora.

Pero sus mundos era muy dispares. Él tenía un padre muy rico e importante y en su casa era testigo de las continuas disputas que éste tenía con su madre. Hasta que mamá se cansó y abandonó el hogar, llevándoselo también a él. Otra ciudad, otras escuelas, otras amigas…

Ella, en cambio, tenía una familia normal, que le dio las atenciones normales de cualquier otra niña de clase media, y creció y estudió apartada de las drogas y los vicios de la juventud de los años ’70 para convertirse a su vez en otra profesora de escuela que fue testigo de otras nacientes amistades infantiles como la que ella tuvo con Julian.

Pero quizás ella no tenía la misma paciencia que los profesores que había tenido en sus clases. Le gustaban los niños, eran su vida, pero no podía con ellos. Terminaba la jornada de trabajo exausta y con una fatiga extrema. Cuando comenzaron a aparecer también los dolores y aquellos problemas en la piel pensó que quizás los revoltosos niños no fuesen después de todo los causantes de su cansancio. El análisis clínico a que se sometió dio como resultado que Lucy padecía de psoriasis.

Mientras tanto, Julian había pasado por todas las fases de la vida que tiene que soportar un niño con una familia extraña y desestructurada. Su madre pasó por varios matrimonios más que hacían que cada vez se apartase más de su padre, quien también había comenzado una vida familiar nueva con otra mujer, y había terminado por irse a vivir con ella a los Estados Unidos. A él no le faltaban los caprichos ni las nuevas amistades, ya fuesen sinceras o interesadas. Con el dinero de la familia podía comprarse coches, novias, drogas…

Poco a poco fue madurando y convirtiendo las experiencias de su vida en canciones. Se hizo músico, aunque nunca llegó a tener mucha fama ni reconocimiento público. Pero sí daba conciertos y hacía giras. En una de ellas le salió una actuación en una sala cercana a la ciudad en la que nació y dio sus primeros pasos.

Lucy vio su nombre en los carteles, pero no sabía si asistir al concierto o no. Ya no eran niños, y seguro que él no la recordaría ni tendría tiempo para charlar con una chica a la que no veía desde hacía casi veinte años y que ahora era una completa desconocida. Sin embargo, su hermana tenía entradas gratis, y de las mejores, de las que incluso les permitían pasar por el backstage después del concierto. Se las había dado una amiga suya que debido a lazos que se perdían en el recuerdo, ahora trabajaba como asistente personal de Julian.

El encuentro entre ellos fue fugaz. En realidad ella estuvo más tiempo charlando con la madre de él porque Julian tenía que atender otros intereses, prensa, compromisos… se recordaron, se dieron un par de correctos besos y quedaron en mantener un contacto que nunca tuvo continuidad.

A través de su asistenta, diez años después de aquello, él se enteró de que ella se casaba y le envió un regalo y una nota de felicitación. Tempus fugit… hasta la próxima vez que él volviese a tener noticias de ella pasarían otros trece años más.

Julian vivía desde hacía tiempo en Francia. Su carrera musical había dado paso a otras facetas artísticas, y ahora se centraba casi exclusivamente en dirigir películas documentales. Fue su asistenta quien se lo dijo: “¿Recuerdas a Lucy…? Está muy enferma. Tiene una enfermedad degenerativa que la ha hecho abandonar su trabajo hace tiempo. Ahora, con 46 años, la pobre solo se consuela trabajando en su jardín y poco más.”

La psoriasis de ella nunca mejoró, todo lo contrario, cada vez se sentía peor y, a pesar de ser una luchadura y estar siempre apoyada por su familia, al cansancio se sumaban las profundas depresiones que sufría. Su vida se llenó de enfermeras y tubos de sangre, de los que por fin salió la verdad que terminó de hundirla. No estaba del todo claro si había sido un mal diagnóstico anterior y sus dolencias lo habían enmascarado, si había estado siempre ahí latente, o si con los años había sobrevenido, pero ahora la estaba devorando un lupus. Y no hay cura para él.

A cada persona le ataca de una forma diferente, pero el lupus ulcera y destruye tu propio cuerpo; tu sistema inmunológico se rebela contra ti y ataca a tu propio tejido… a veces se ceba con los riñones, otras con el corazón, o con el cerebro; e incluso con la piel, haciendo que a veces los médicos lo confundan con psoriasis. El lupus ataca a nueve mujeres por cada hombre y es potencialmente mortal.

Julian se conmovió con el relato de su empleada, y la buscó a través de ella. Lucy no esperaba que de la noche a la mañana él volviese a aparecer en su vida, y le causó una gran sorpresa e ilusión aquel ramo de flores tan bonito que le llegó junto a un montón de vales que podía cambiar en los viveros y floristerías de su ciudad por todas las plantas que quisese. Ella pensó que era un gesto muy dulce y personal. A eso siguió la llamada de teléfono… “sé que apenas sales de casa más que para acudir al hospital, y que te apasiona trabajar en tu jardín, amiga Lucy. Espero que las plantas dibujen una gran sonrisa en tu cara…”

De eso hace tan solo poco más de dos meses. Después han seguido los emails en los que él sigue ofreciéndole su amistad y renovar su contacto para que ella tenga más días de distracción. Las visitas, que hacen más llevadero el golpe de la enfermedad. Él va haciendo por ella todo lo que puede.

Y ahora, después de su última visita a ella, Julian se encuentra en su antigua casa. El pasado no deja de aflorar mientras repasa todos los recuerdos y preciadas posesiones que atesoraba y que el día 16 de junio se dispone a donar al museo que la ciudad tiene dedicado a su padre y a sus compañeros.

Casi se le saltan las lágrimas mirando el dibujo. Recuerda aquel día de hace cuarenta y dos años en que entró en la casa corriendo y, como siempre solía hacer, buscando a su padre: “Papi, papi, mira lo que he dibujado hoy en la guarde…”.

“Qué bonito, Julian… ¿quién es esta niña… y qué son todas esas estrellas…?”. Le preguntó. Y el niño sonrió divertido viendo que su padre no entendía nada. “Es mi amiga”, le dijo. “Es Lucy en el cielo con diamantes”.

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LSD

EL RUIDO FUERTE Y FLOJO

No sé si os resultará familiar el nombre de JIM WEBB. No es un nombre demasiado conocido, no era asiduo de la MTV, ni salía en los programas más populares de pop de la tele, ni sus canciones sonaban en la programación de la radio-fórmula, y en realidad nunca fue “famoso” en el ámplio sentido de la palabra como, por ejemplo, Pete Doherty. Pero Jim ciertamente que hubiese merecido serlo, porque durante su carrera hizo algunas cosas deliciosamente locas.

Bueno, empiezo por hablaros un poquito de él, a modo de presentación. Puede discutirse, claro, pero Jim Webb fue uno de los mejores autores de canciones de su tiempo; escribió “Galveston” y “Wichita Lineman” para Glen Campbell, y “MacArthur Park” para todo aquél que quisiera cantarla.

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Donna Summers – “MacArthur Park”

Pero no es de eso de lo que vamos a hablar hoy. No. Hoy voy a contaros la historia del planeador.

Corría el año 1.977 y Jim estaba trabajando en un disco en solitario con el maestro de los discos beatlelianos, George Martin; uno de sus discos más famosos con el paso del tiempo, el que se llamaría “El Mirage”, aunque el propio Jim Webb siempre lo consideró una puta mierda. En él había una canción llamada “If you see me getting smaller, I’m leaving” (“Si ves que me hago más pequeño, es que me estoy yendo”), un curiosos título inspirado en las palabras que Wylon Jennings le dijo al director de una película que estaba rodando, cuando se marchó aburrido de esperar y repetir escenas, dejándolo plantado.

Por algún motivo que nadie acertaba a explicar (¿algó que se fumó, quizás?), Jim quiso que en esa canción, quizás como metáfora de eso que decía de irse, apareciese un planeador. Mejor dicho, apareciese el sonido de un planeador. Sí… ya sé que los planeadores no tienen motor y no hacen ruído, pero ya os digo que algo raro se habría fumado.

Los planeadores eran otra de las pasiones de Jim Webb y por eso apareció un día en el estudio de grabación con la elaborada y loca idea de mezclar el ruido de uno de ellos en la canción. Pero el ruido real, no un efecto de sonido.

Así que alquiló una pista de aterrizaje de dos kilómetros de larga para el día de la grabación, y colocó en ella un micrófono cada 2 metros. Esto requirió desplazar varias toneladas de equipo de grabación y producción en exteriores, además de tres camiones, 8.000 metros de cable, pantallas atenuadoras de aire, un estudio móvil y, sobre todo, no lo olvidemos, una funda enorme para el planeador. Bueno… y un planeador, claro.

Llegado el momento, Jim, que había decidido pilotarlo él mismo, se encaramó al interior de su trampa mortal flotante y se elevó al cielo remolcado por un avión de motor (coño… se nos había olvidado meter el alquiler de éste también en la parafernalia anterior).

Los micrófonos estaban preparados y conectados, la pista despejada, la cinta de grabar rodando. En un perfecto aterrizaje, Jim tomó la pista con un sonido silbante después de un suave planeo, y la recorrió entera pasando junto a los cientos de micrófonos exactamente tal como tenía previsto.

Esta compleja operación, con su enorme presupuesto y meses de meticulosos planes, resultó un completo éxito.

Y aquí podéis escuchar tal como quedó el fabuloso efecto sonoro en la canción.

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Jim Webb – “If you see me getting smaller, I’m leaving”

¿Qué…? ¿Qué no lo habéis apreciado…? Sí, hombre; si se oye perfectamente allá por el minuto tres, cuando la canción comienza su tramo final… esperad, que lo aislo y os lo pongo separado:

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Ahí está… el complejo efecto de sonido que logró Jim Webb.

No me digáis que no hay que ser gilipoooooollas para realizar tal dispendio de dinero, tiempo y energías para conseguir un efecto de sonido que hubiese quedado igual o mejor si se hubiese puesto él mismo ante el micrófono y simplemente hubiese hecho “ffffffhhhhh” con la boca…

Fffffffhhhhh, flojito… y ya hubiese estado. Pero ya os dije que Jim Webb hizo algunas cosas verdaderamente locas durante su carrera.

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Jim Webb – “The highwayman”

Y ahora nos vamos a la Iglesia.

Esta institución, debido al descreimiento generalizado que cada vez padecemos más, ya no es tan floreciente como antes. De hecho, para poder decir esto sin que el Profe Franz me acuse de no documentarme, me he leído en Internet un tocho eclesiástico del que he sacado en claro que en los últimos 25 años sus ingresos han descendido en un 30 por ciento.

Y claro, muchas iglesias necesitan fondos para reparar sus campanarios y para costear los honorarios de los abogados que defienden a sus sacerdotes en los juicios por pederastia. Así que para mantener a los pobres curas fuera de las cárceles había que buscar una fuente de ingresos alternativa, y eso es lo que hicieron los que estaban destinados en una iglesia de Londres que se alquilaba habitualmente como escenario sagrado para filmar videos de rock. ¿Quieres ver uno de ellos…?

Ahí lo tenías. El día de la grabación el gran OZZY OSBOURNE se encontraba vestido para la ocasión, al final de la noche, subido al esculpido y adornado altar de la capilla, mientras más abajo, a sus pies, chillaban, mugían (o como se llame lo que hacen estos bichos), y correteaban entre los bancos varias decenas de cochinos.

Varias decenas de cerdos corriendo todos por allí dando lugar a algo que sin duda ninguna el director del video-clip esperaba que fuese “satánico”.

Sí… aquello era puro rock’oink’roll… y de eso iba el vídeo de “Miracle man” que habéis visto antes; una historia satírica de un hipócrita predicador evangelista de esos que amenazan con el fuego eterno, pillado en una bajada de pantalones.

No estaba claro como iban a hacerle saber esto a los cochinos, porque no suelen leerse los guiones, pero el director había pedido cerdos, y le habían llevado cerdos. A nadie se le había ocurrido que éste es un bicho impredecible, y podía arruinar el rodaje.

Pero bueno… todo estaba preparado: cada técnico en su sitio, las luces encendidas, los cochinos a su aire y el Príncipe de las Tinieblas encima del altar, los brazos extendidos como en una crucifixión, preparado para hacer el playback de la canción. Las cámaras comenzaron a rodar y el director gritó “Accioooooón”.

Ese fue el momento en el que el técnico de sonido apretó el botón de “play” para que comenzase a sonar la canción de Ozzy mientras todo el mundo contenía la respiración. El primer acorde de guitarra, monstruoso, fue lo suficientemente fuerte como para despertar al propio diablo:

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¿Te haces una idea…? No sé si tú te habrás sobresaltado, pero los montones de cochinos, que estaban tan tranquilos y no se esperaban aquello… se cagaron vivos.

Y no te lo digo de forma figurada. Te lo digo de forma literal… totalmente literal. Los cochinos se cagaron.

El rodaje tuvo que suspenderse un mes, que fue lo que tardaron en limpiar todo aquello.

En la entrevista de la que he sacado esta historia, Ozzy terminaba diciendo: “Tío, he vuelto allí algunas veces más, y todavía me sigue llegando la puta peste a mierda…”

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Ozzy Osbourne – “War pigs”

SÉ LO QUE HICISTEIS

Seguro que todos conocéis a Susan Boyle y ya le habéis oído cantar esas fantásticas piezas de “Los Miserables” o “Cats”. Ha salido en todas las televisiones y sus videos son de los más visitados del YouTube.

Se ha convertido en una gran estrella mediática. Y por eso la prensa amarilla ha caído sobre ella.

Y lo ha hecho con tanta fuerza que la pobre señora pilló tal sofocón que se recluyó e incluso pensó en abandonar el concurso de talentos y no presentarse a la final de este pasado fin de semana, a pesar de ser la gran favorita.

Y todo ello porque unos miserables a los que solo les interesa vender periódicos de ésos que no hace falta refregar por los meados del gato antes de darle en las narices con él, porque ya de por sí huelen muy mal, la emprendieron a insultos y mofas con ella el pasado miércoles en un hotel de Londres.

Yo he visto algunas ráfagas de las actuaciones de esta señora, y la verdad es que da juego y parece simpática y llena de humor… así que no puedo imaginarme siquiera qué cosas llegarían a decirle esos “periodistas” (eran del “Sun”, claro), para hacerle perder los estribos de la forma en que lo hizo.

Muy mal debió quedar la señora, ya os digo, porque para que continuase y apareciese en la final, la organización tuvo que ponerle un psicólogo que, al parecer, solo ha hecho su trabajo a medias, ya que logró convencerla para que cantase el sábado noche, pero con el bajón de no resultar ganadora a la pobre señora se le volvió a venir el mundo encima de tal forma que hubo que ingresarla de urgencia en un hospital de Londres, donde todavía continúa.

Y esto me ha recordado otro caso que resultó mucho peor que éste, y en el que también se vió envuelta una chica favorita de la audiencia televisiva, que ahora estaba triunfando en el mundo del pop: Cheryl Tweedy… su nombre no te dice nada, ¿verdad?. Pero a lo mejor la historia sí te es más familiar.

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Girls Aloud – “I’ll stand by you”

Éstas que has oído cantar aquí arriba son las GIRLS ALOUD, una banda prefabricada que surgió en el año 2.002 de uno de ésos realitys musicales que tanto proliferan en la tele. En este caso, las chicas salieron del “Popstars” inglés, y la verdad es que tomaron el camino sorprendentemente bien, ya que todavía siguen haciendo y vendidendo discos, al contrario de otros que quedaron mejor en los programas, como Gareth Gates o Hear’say.

Ser un grupo de chicas manufacturado con el propósito de brillar en un programa de televisión, y tener cada uno de tus movimientos, cada una de tus sonrisas, cada uno de tus topless, reflejado en las portadas de todas las revistas, era, y seguramente todavía lo será, una especie de infierno en vida; pero tienen que consentirlo como pago de su éxito.

Sin embargo, y tristemente, ese éxito significa también que las puertas del inevitable infierno de la prensa amarilla se abrirán en tu dirección. Y eso fue lo que ocurrió cuando un día del año 2.003 estalló todo como si un elefante hubiese entrado en una cacharrería.

Una de las chicas de la banda, Cheryl Tweedy, estaba en un club por la noche en Guildford, haciendo simplemente lo que haría cualquier otra chica de 19 años como ella. En un determinado momento tuvo que ir a los lavabos, en los que esa noche estaba currando una señora negra de 39 años llamada Sophie Amogbokpa.

Yo nunca he entendido para qué hay señores y señoras asistentes en los lavabos de los sitios finos, si lo único que hacen es ponerte la mano para que les des una propina. Es un misterio de tal naturaleza que ni siquiera Dan Brown se atreve a desarrollar en una de sus novelas.

Lo que siguió al encuentro de Cheryl y la señora Amogbokpa se convirtió en una acusación, un caso penal, un comentario racista y una pelea a puñetazos. No necesariamente en ese mismo orden.

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Girls Aloud – “Sound of the underground”

Los periódicos se cebaron con Cheryl, clamando muy alegremente que ella había golpeado a la señora Amogbokpa en la cara, y dejaron caer y extenderse lo que llamaron “un torrente de insultos raciales”. Las otras chicas de la banda quedaron aterradas (no, no fue porque la señora le hubiese pedido a Cheryl una libra, …una libra!!! de propina por un chorrito de jabón líquido). Y la señora Amogbokpa más aterrada todavía, diciendo ante cualquier periodista o micrófono cosas como ésta:

Yo estaba indignada. No me importa cuantos números uno haya tenido ésta, si ella es alguien no tenía que haberme dicho esas cosas ni golpearme. Yo no le hice nada y tiene que ser castigada por ponerme el ojo así.

Y entonces seguía diciendo que Cheryl estaba furiosa y que la llamó “puta negra”, diciendo que le iba a pegar otra vez.

La Girl Aloud fue debidamente arrestada y detenida durante diez horas por la policía. Y después en el juzgado se le desestimaron los cargos por motivos racistas, pero la encontraron culpable de asalto, castigándola con una multa y una advertencia, además de 120 horas de servicios comunitarios.

Después de aquello, Cheryl se casó con el futbolista del Chercy (uy!, perdón, que no está el horno para bollos) Chelsea, Ashley Cole, aunque nunca quedó claro si esto también formaba parte de la condena impuesta.

Pero lo que sí es concluyente es que Cheryl Tweedy, la estrella de las Girls Aloud, podía ser una matona, aunque desde luego no era racista, como tan exageradamente clamaron los titulares de los tabloides. Aquí abajo puedes verla con su marido.

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Girls Aloud & Sugababes – “Walk this way”

EL MAYOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO

“Los mitos y leyendas del Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda” es uno de los títulos de discos más largos de la historia del rock, si dejamos aparte, por ejemplo, al que Fiona Apple editó en 1.999, que se llamaba “When the pawn hits the conflicts he thinks like a king what he knows throws the blows when he goes to the fight and he’ll win the whole thing ‘fore he enters the ring there’s no body to batter when your mind is your might so when you go solo, you hold your own hand and remember that depht is the greatest of heights and if you know where you stand, then you know where to land and if you fall it won’t matter, cuz you’ll know that you’re right”… joé, que mareo… he perdido la noción del espacio y del tiempo… ¿por donde iba…? Ah, sí… el Rey Arturo…

Como estaba diciendo, “Los mitos y leyendas del Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda” fue también uno de los momentos claves en la historia de RICK WAKEMAN.

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“Arturo”

Aquél que extrajese esta espada
de su yunque de piedra,
será el auténtico Rey
de toda Bretaña.

En 1.975, mientras estaba convaleciente en el hospital a causa de un ataque cardiaco de poca entidad que sufrió después de una de sus interpretaciones de su anterior obra épica, “Viaje al centro de la tierra”… (“cinco días en un mar infinitoooo… rezaban por la calma en un océano libreeee…”) y mientras sus médicos le aconsejaban que descansase, Rick Wakeman se embarcó en otra historia épica más. Como diría después, tenía escrita la música de la epopeya del Rey Arturo en su cabeza.

¡Genial! Otro disco conceptual de los ’70; además sobre algo de lo que nunca se había tratado, el regreso del verdadero y futuro rey de Inglaterra.

Y después de aquello, seguramente por tener su mente cargada de drogas para el corazón, Rick comenzó también mentalmente a bosquejar la gira mundial que acompañaría a su nueva obra. Se iba a llevar una orquesta sinfónica, el English Chamber Choir para los coros, una banda de rock completa, las luces, los escenarios, los trajes, y una espectacular puesta en escena Arturiana llena de humo y magia. Y toda la interpretación se llevaría a cabo… sobre hielo.

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“Sir Lancelot”

Una vez fuera del hospital, Rick comenzó a planear el espectáculo. Se llevó a cabo el casting, se reclutaron un montón de magos, se domaron varios dragones, y la enorme pista de hielo que se iba a convertir en un fantástico mundo de bosques, rocas, lagos y niebla, habitado por el Rey Arturo y sus bravos caballeros, fue construida en la piscina del enorme complejo deportivo de Wembley.

La noche del estreno estaba próxima. Los currantes pululaban por allí sin cesar, temblando. Puede que de la emoción de ser partícipes de todo aquello, pero lo más seguro es que fuese debido a las ráfagas heladas de las enormes unidades de refrigeración.

Llegó el momento del ensayo general y el Gran Mago de los Teclados tomó posesión de su poderoso escenario…

…para darse cuenta de que todos los instrumentos estaban congelados y no se podían tocar.

Aquello pudo ser un desastre. Un desastre divertido, lleno de gorros picudos y espadas de cartón, pero un desastre de todas maneras. Menos mal que dio tiempo a arreglarse y el espectáculo pudo continuar.

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“El Mago Merlín”

Solo fueron tres funciones. Las críticas fueron malísimas. No se metieron con la música, que les gustó a casi todos, pero el espectáculo les pareció en general bastante ridículo: los miembros de la orquesta se caían intentando mantener sus posiciones sobre el hielo, los patinadores, que apenas podían verse debido al humo que soltaban las máquinas de neblina, chocaban muchas veces y arrastraban el culo por la superficie helada… Además, mantenerlo era un suicidio económico. Rick Wakeman había tenido que hipotecar su casa para poder costear la fortuna que le estaba costando aquello.

Las tres noches el lleno fue absoluto. Las tres veces se colgó el cartel de “entradas agotadas”, pero ni así Rick pudo cubrir gastos. Por eso el espectáculo no volvió a repetirse en ningún otro lugar.

Siempre se ha dicho que esta fue la peor jugada financiera de Rick Wakeman y una de las peores de toda la historia del rock. Sin embargo no fue así. Desde que salió el disco del Rey Arturo hasta que se celebraron estos espectáculos se habían vendido tres millones de copias. Seis meses después la cantidad había crecido en 14 millones más. Recuperó su inversión con creces.

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“La última batalla”

Y enseguida llegó el punk, y los mastodontes de los ’70 comenzaron a estar en un segundo plano. Rick Wakeman mantuvo desde entonces una carrera constante, pero nunca llegó a brillar, ni en popularidad ni en creatividad, como lo hizo con sus tres primeros trabajos.

Y ahora, casi cuarenta años después, ha vuelto a montar otro espectáculo tan grandioso como el descrito anteriormente… pero sin hielo.

Coincidiendo con el 500 aniversario de la subida al trono de este otro rey, Rick Wakeman ha recuperado su primer disco, “Las seis esposas de Enrique VIII”, de nuevo con una gran orquesta completa, coros, una compañía de bailarines de ballet, un set de 20 teclados rodeándole y costosísimos artificios y sorpresas, usando como telón de fondo el palacio de Hampton Court, la más famosa residencia de todos los reyes de la dinastía Tudor.

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“Ana de Cleves”

En 1.973, cuando editó la obra y aún tenía a flor de piel su locura a lo Cecil B. De Mille, ya quiso montar un espectáculo así en Hampton Court, pero se lo denegaron, prácticamente le acusaron de traición a la Corona solo por hacer esta propuesta. Pero ahora ha sido a él a quién se lo han pedido, y sin escatimarle una sola libra.

Así que como esta vez no pagaba él, en las noche del 1 y 2 de Mayo, más de 10.000 personas pudieron admirar la recreación de la cruenta historia marital del rey que más afinidades ha tenido con la cultura pop: la búsqueda de la fama, la persecución de la felicidad a costa de lo que sea y la creencia de que el amor y el matrimonio son la misma cosa.

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“Catalina de Aragón”

Foto mangada del Flickr de un tal Skygrade1212 que, por lo visto, estuvo allí.

CASI FAMOSOS

Yo nunca he sido un gran seguidor de los video-clips, a pesar de que acepto que muchos de ellos eran magníficos y aportaban a la canción muchas facetas que, de otra forma, nos hubiesen pasado desapercibidas.

Y por supuesto, sí que conozco los video-clips más clásicos y más famosos. Como seguramente también tú. Y por eso no será la primera vez que le hayas echado un ojo a esta decena que te traigo hoy; no demasiados, para que el post no tarde un siglo en cargarse.

Todos ellos tienen una cosa en común: un protagonista que brillaba tanto o más que el grupo o cantante que interpretaba la canción sobre la que se rodó el video-clip. Personajes, modelos en su mayoría, que tuvieron su momento de gloria y de los que poco más se supo.

Hasta ahora…

Vamos a dejarle el honor de comenzar la ronda de vídeos a uno que ya formó parte de este blog en otra entrada anterior. Aquél en el que un afortunadísimo tío está recibiendo una clase de aerobic en medio de un montón de sudorosas chicas vestidas de lycra. Vestidas por decir algo, porque los sucintos atavíos y los ángulos de cámara son capaces de ruborizar hasta al ginecólogo más experimentado.

Como este blog lo siguen muchos cinéfilos, seguro que observarán que este video-clip es un homenaje a la escena aquella de la película “Perfect”, en la que los protagonistas de la clase de aerobic eran Jamie Lee Curtis y John Travolta.


Eric Prydz – “Call on me”

La profe de la clase se llama Deanne Berry, y era una bailarina australiana que Cliff Richard fichó para sus conciertos cuando estuvo de gira en aquel país. Como la chica le gustó, la invitó a seguir con la gira en Inglaterra, y allí fue donde ella se enteró del casting para este video-clip y fue elegida para rodarlo.

Lo primero que hizo cuando llegó al rodaje y le dieron la ropa fue preguntar donde estaba el resto del vestuario; y cuando le dijeron que solo tendría que ponerse “eso”, ya se dió cuenta ella de que el vídeo que iban a rodar no podría enseñárselo a su mamá. Y menos aún cuando comenzó el rodaje, y la primera vez que se puso en cuclillas le metieron una cámara entre las piernas…

Deanne tiene una profunda queja ¿sabéis? Y no le falta razón. Porque a pesar de haberse recorrido prácticamente todo el mundo promocionando con el video la canción de Eric Prydz, nunca llegó a conocer a éste. Una vez, incluso, estando en el especial de Navidad del “Top of the Pops” de la tele británica, Eric estuvo entre los invitados y ni siquiera se acercó a conocerla (¿es más maleducado o gilipollas… tú que opinas?). La chica, lógicamente se sintió muy herida. Lástima no haber estado cerca para brindarle consuelo. Cosa que sí hizo el avispado de Robbie Williams, que le dejó un papelito con su teléfono.

De todas formas, no le fue mal, desde el año 2.004, en que se rodó, se sacó el título de instructora de aerobic, y entre su formación y su fama, lleva ya rodados dos DVD superventas con sus clases, y otro que está proximo a editar.

Claro que el haber estado tan ocupada le ha impedido tener un momento para llamar a Robbie y consumar el ligue.

Y antes de pasar al siguiente video permitidme un guiño hacia nuestra amiga Lula, que sé que le gustan mucho los italianos guapos. Aunque el chico que aparece ahí en realidad es argentino y se llama Juan Pablo Di Pace; pero sus estudios de danza y coreografía los realizó en Trieste, y en la versión italiana del musical “Grease” él era Danny Zuko.

¿Quién no recuerda el video en el que Robert Palmer está rodeado de un grupo de señoritas de trajes negros y labios muy rojos que, sin apenas pestañear, hacen como que le acompañan musicalmente?.


Robert Palmer – “Addicted to love”

De las cinco chicas, a mí la que más me gusta es la que hace de bajista, que es la segunda por la derecha, y se llama Mak Gilchrist.

Cuando se rodó este video-clip en 1.985 Mak tenía solo 21 años y las fotos de estas sesiones le sirvieron para crear un “book” que le abrió después muchas puertas, y que le ha permitido mantenerse en el mundo de la moda durante los 24 años que han seguido a aquello. Aunque confiesa que ya va perdiendo interés.

Aunque nunca destacó en su campo, la cima de su carrera fue a mediados de los 90, como uno de los rostros del perfume “Allure” de Chanel.

Su rodaje resultó un tanto accidentado, porque el director, Terence Donovan, no contento con el resultado del maquillaje y de la mímica de las chicas, quiso acentuar una y otra cosa hartándolas de vino, con lo que consiguió unos colores de cara muy resultones, y una desinhibición muy sexy con los instrumentos. Pero también consiguió que Mak perdiese el paso con su grandes tacones y cayese hacia adelante, golpeando con el mástil de su bajo a Robert en la parte posterior de la cabeza, para que éste, a su vez, se diese otro considerable porrazo en la cara con el micro…

El resto de las chicas son, comenzando por la izquierda, y de pie: Patty Kelly (la del teclado), Julie Pankhurst (la de la guitarra y la minifalda), Mak con su bajo, y Julia Bolino (la de la otra guitarra); detrás, a la batería, estaba Kathy Davies.

Todas ellas siguieron con sus carreras de modelos con más o menos suerte. No hay que confundir a esta Julie Pankhurst con la creadora de la red social “Friends Reunite”, que ahora es multimillonaria debido a que su web ha sido comprada por una potente multinacional.

Y Julia Bolino se ha convertido en la desmentidora oficial de los rumores que se han puesto de moda en los programas basura de la tele inglesa (tipo “Gran Hermano”, “La Isla de los famosos”, etc), que cuentan como la mayoría de las mujeres de mediana edad que se presentan a ellos dicen que eran una de las que participaron en este video-clip… “yo sí estaba allí, ella no”

Seguro que todos habéis oído alguna vez la expresión de que todos los chinos nos parecen iguales… y las chinas también, claro. Sin embargo, a mi siempre me gustó especialmente la china que salía en el siguiente vídeo, y era capaz de distinguirla de las demás. Seguramente la razón es que la chica no era china, sino neozelandesa.


David Bowie – “China girl”

La “china” se llama Geeling Ng, y era camarera en Nueva Zelanda cuando Bowie en persona, después de verla, la eligió para que fuese el objeto de su amor en el video-clip, y enseñase el culo en la famosa escena del revolcón en la playa.

Una escena que, por cierto, fue objeto de leyenda urbana mucho tiempo, porque se afirmaba que Bowie y ella estuvieron follando de verdad sobre la arena. Y lo cierto es que no; porque aquel rodaje se realizó a las cinco de la mañana, con un agua helada que le impedía a Bowie (como a cualquier otro de nosotros, por supuesto) “levantar el ánimo”. Por no hablar de que les estaban mirando las personas de un completo equipo de rodaje y los más madrugadores de los aficionados al jogging que corrían por aquella playa. No era un espacio especialmente romántico, como te puedes imaginar.

De todas formas, Bowie y Geeling sí que se enrollaron después de aquello y estuvieron varios meses saliendo juntos; hasta que ella se hartó de tanta falta de privacidad y decidió romper la relación con él, aunque siempre ha seguido considerándolo su ídolo.

Después de aquello, la chica participó en la tercera entrega cinematográfica de “Mad Max”, y ha sido asidua en muchas series de televisión, aunque ninguna de ellas de gran impacto aquí.

Geeling tiene ahora 49 años (el vídeo es de 1.983) y es la presentadora del “Mira quien baila” de la televisión neozelandesa.

Y cambiamos de tercio para hablar de un hombre. Aunque embutido como le vimos en una máscara de látex, era el ser más terrible que hemos visto en un video-clip. Que también era, por momentos, verdaderamente aterrador.

Aphex Twin – “Come to daddy”

La “criatura” se llama Al Stokes, y antes de que el director del clip, Chris Cunningham, le ofreciese este papel no había oído nunca nada de Aphex Twin. Es más, cuando se comenzó a rodar este video, la canción aún no había sido terminada siquiera, por lo que el rodaje fue lento y Al tuvo que permanecer por allí cuatro días, con el torso desnudo, vestido con varios pares de panties de mujer y cubierto de látex; además, para darle ese aspecto de enfermo le colocaron una máscara que le impedía comer, y le embadurnaron con una especie de batido lechoso espeso por todo el cuerpo… y todo por 250 libras diarias.

El hombre pasaba tanto frío que no dejaba de tiritar, y cuando el hijoputa del director se dió cuenta, lo que hizo fue apagar la calefacción del estudio para que tiritase aún más y diese mejor todavía en el papel. Después las luces estroboscópicas reaccionaron con la máscara de silicona y le produjeron al pobre hombre un colocón mayor que si se hubiese metido medio kilo de LSD.

Pero todo lo dio por bien empleado. Cuando vio por primera vez el video completo, en la oficina de unos amigos, puedo apreciar como se quedaban todos impactados y sin poder hablar. Y él, mientras, orgullosísimo de su papel.

La experiencia, además, le dio a conocer, y desde 1.997, que fue el año en que se rodó este video, Al trabajó en películas de bastante fama, como “28 días después”, “La momia”, o la de las Spice Girls; y rodó más video-clips para grupos como Gomez y Cradle of Filth.

Pero en el 2.002 dejó de actuar para dedicarse de lleno a estudiar Diseño Gráfico en la escuela de Arte de Norwich, y cuando terminó la carrera tres años después se encontró con lo difícil que es conseguir empleo en la actualidad y ahora, con 58 años, es un parado más que se dedica a patearse las oficinas del INEM inglesas, sonriendo ante las miradas de sus compañeros en las colas que le reconocen a pesar de todo, y no pueden creerse que estén solicitando empleo al lado de la criatura del video de Aphex Twin.

Y ahora un video más convencional. El guaperas y la rubia mariposean sin parar en hoteles y lujosos yates en Florida, hasta que ella descubre que el tío está teniendo un “asuntillo” con una morena de largas piernas.

George Michael – “Careless whisper”

La rubia es Lisa Stahl, y durante el rodaje en Florida no pudo más que alegrarse cuando los operadores extraviaron las escenas de los besos y hubo que volver a rodarlas. Ella ya sabía de la homosexualidad de George, e incluso que tenía novio… pero ese día iba a ser para ella sola.

Después, George, en un ataque de divismo, decidió que no le gustaba lo que la humedad ambiental estaba haciendo con su corte de pelo e hizo venir a su hermana en avión desde Inglaterra para que se lo cortase a su gusto. El resultado fue que hubo que volver a rodarlo todo de nuevo. Y que Lisa consiguió más besos todavía. Y también consiguió un mechón de su cabello que todavía guarda como un tesoro. Y es que hay gente pa tó…

Con el cantante perdió el contacto poco después, pero siempre ha procurado no perderse ninguno de los conciertos suyos que le han pillado cerca. Incluso se casó con un hombre de sospechoso parecido a George Michael.

En el año 2.003 abandonó el oficio de modelo y se convirtió en fotógrafa profesional. Ahora tiene 44 años, sigue casada y es madre de dos hijas, a las que seguramente no dejará de dar el coñazo enseñándoles el video una y otra vez.

Y ya que hemos traído el video de una gran estrella mediática, vamos con otro que tal.

Éste fue el video-clip de Madonna más controvertido de todos los que rodó, por la aparición de ese supuesto Jesucristo negro que provocó alborotos variados entre multitud de grupos religiosos, y por el posterior contrato de 5 millones de dólares con Pepsi-Cola, para usarlo como publicidad de sus refrescos.


Madonna – “Like a prayer”

Leon Robinson no se consideraba a sí mismo un actor muy serio cuando le propusieron este papel, y lo quiso rechazar. Pero la directora, Mary Lambert, le dijo que Madonna iba a adorarle, besarle los pies, que después él la iba a besar a ella… joé, que el chico no se lo pensó dos veces.

Y en el rodaje hicieron buenas migas. No es que se enamorasen, pero Madonna incluso le envió algún que otro regalo cuando ya habían terminado.

Algunas semanas después hubo que volver a filmar alguna parte porque la Warner pensaba que la estatua no se parecía a Leon lo suficiente, así que confeccionaron esa famosa máscara que derramaba lágrimas, y que no estaba en el video original.

La controversia sobre la figura del Jesucristo negro en realidad estaba basada en un error, porque el papel que interpreta Leon no es el de Jesus, sino el de Santo Tomás, pero eso era hilar demasiado fino para los religiosos más recalcitrantes.

La participación en este video-clip (en 1.989) le proporcionó a Leon el apelativo de “El domador de señoras”, además de apariciones estelares en la MTV o el programa de Oprah Winfrey. Fue protagonista de varias series de televisión y, sobre todo, de obras de teatro, además de algunas películas de éxito como “Elegidos para el triunfo” (aquella tan divertida del equipo jamaicano de bobsleigh), “Ali” y “Esperando un respiro”.

Y tiene un grupo de reggae llamado Leon and The Peoples, al que nunca he escuchado, así que no me preguntéis qué tal son.

Ahora tiene 47 años y vive en New York con su pareja y una hija, y la última vez que vió a Madonna fue en la fiesta de los premios Grammy del 2.007. Y aunque la estrella estuvo muy fría con él, Leon sigue amándola platónicamente.

¿Y niños…? ¿No ha habido niños en los video-clips? Pues sí, alguno que otro…


Blind Melon – “No rain”

La niña disfrazada de abejorro que baila por toda la ciudad hasta que se encuentra con un campo lleno de abejas tan bailarinas como élla se llama Heather DeLoach, y consiguió el papel en este video-clip porque se parecía a la hermana pequeña del batería del grupo, que era la que aparecía fotografiada en la portada del disco donde estaba esta canción… ¿qué pasa? ¿no es esa una razón como otra cualquiera?

Además, Heather no había bailado en su vida, que era justo lo que el director del video necesitaba: una niña lo más patosa posible. Si a eso añadimos que el traje era demasiado escotado y tenía que hacer virguerías para que no se le saliesen las incipientes tetitas, pues ya véis el baile que le salió.

La “chica-abeja”, como aún la reconocen muchos, dieciseis años después (ahora tiene 26), sigue manteniéndose como actriz y ha aparecido en películas como “La niñera y el Presidente” o “Pelotas en juego”, así como en algunos episodios de una de mis serie de televisión favoritas, “Urgencias”.

Y ya que han aparecido los animalitos… ¿qué tal si seguimos con un hermoso tigre?


Duran Duran – “Hungry like the wolf”

El cantante de Duran Duran, Simon Le Bon, persigue a la modelo de las Bermudas Sheila Ming a través de Sri Lanka como preámbulo de sus retozos en la jungla.

Sheila decía después que se sentía un poco tonta con todo ese maquillaje que le pusieron para asemejarla a un tigre, corriendo por aquella selva y gritando y luchando con Simon por los suelos, mientras el cámara les echaba hojas encima para que aquello pareciese real. Pero aunque el rodaje fuese una fiesta y hubiese mucho desmadre todos fueron unos caballeros y nadie se propasó con ella.

Aquello fue en 1.982, y Sheila solo aguantó la vida del show-business cinco años; hasta que en 1.987 tuvo un ataque de nostalgia y se volvió a su casa en las Bermudas. Hasta ese día siguió haciendo video-clips para Gary Numan y Whitney Houston.

Ahora, con 44 años, está casada con un hombre que ha aportado tres hijos de su matrimonio anterior y es funcionaria de la oficina estatal de Transportes Públicos. Pero además de eso, su batalla contra el cáncer que padece desde hace algunos años le inspiró la escritura de un libro, “Fashioned for reigning: healing and encouraging scriptures”, con el que intentaba animar a los demás que pudiesen pasar por un trance como el suyo.

Y ahora un video-clip de despecho. El que rodó Justin Timberlake de la canción “Cry me a river”, una balada inspirada en su ex-novia, Britney Spears. Así que ¿por qué no usar a una chica que fuese igualito que ella…?


Justin Timberlake – “Cry me a river”

Y la chica a la que eligieron en un casting estuvo encantada, porque cuando le dijeron que era para trabajar con Justin dijo que éste era su amor secreto, hasta el punto de que una vez había estado saliendo con un tío simplemente porque se parecía a él. Tal para cual…

La chica se llama Lauren Hastings y estaba encantada en los tres días que llevaban de rodaje en Malibú, junto a la fastuosa casa de Cher. Y se puso nerviosa a más no poder cuando le presentaron por fin al propio Justin.

Pero éste le dio un poco de su propia medicina al decirle que la habían elegido nada más que por su parecido con Whitney, por lo que el amor de Lauren se convirtió en odio y no se cagó en sus muertos allí mismo porque ante todo ella era una profesional… pero lo pensó.

En los seis años y pico que han transcurrido desde aquello ha participado en algunos clips más, ha aparecido en alguna serie de televisión, pero sobre todo se ha dedicado a los anuncios para la pequeña pantalla, prestando su cara para anunciar las zapatillas de Nike y los tampones de Tampax, además del desodorante Axe, con Ben Affleck. Pero todavía, por lo que sigue siendo más conocida es por acusar a Lindsay Lohan de robarle ropa de marca por valor de diez mil dólares. Aunque ahora de nuevo seguramente volverá a las páginas de las revistas porque es el nuevo ligue del hijo de Indiana Jones.

Y para terminar, un video-clip con mensaje. Un hombre de negocios se deja caer al suelo. Después pasa otro señor, que tras tropezar con él le pregunta si se siente mal o algo; cuando el primero le contesta, después de mucho insistir, todos los demás que pasaban por allí y se habían quedado para curiosear se unen a él en el suelo.


Radiohead – “Just”

El hombre que tropezó con el caído se llama Dorian Lough, y ya era un actor experimentado antes de grabar este video en 1.995, y lo ha seguido siendo después. Pero nadie le reconoce por sus otros trabajos.

Y empieza a estar ya hasta los güevos de que solo le conozcan por este video-clip y no dejen de preguntarle qué fue lo que dijo el hombre del suelo.

CADA VEZ CUESTA MÁS…

Pues sí. Cada vez cuesta más trabajo seguir encontrando historias frescas, que no estén trilladas, y que no puedas leer en cualquier otro lugar de internet. Pero hay veces que la inspiración te llega en el momento más inesperado.

Estaba hablando con mi vecino del césped del jardín, y de cómo cuando van llegando estas fechas, en las que las horas de sol se estiran cada vez más, la puñetera grama se empeña en crecer y crecer, y para mantener la estética hay que cortarla cada semana.

Y casi mil metros cuadrados de jardín son un verdadero suplico para alguien que, como yo, odia profundamente las labores de jardinería. Así que doy por bien empleados los euros que pago a los jardineros que vienen a casa y me mantienen alejado del cortacésped.

Y paseando por el jardín y pensando en ello estaba cuando recordé una historia que tiene mucho que ver con todo esto.

Los cortacésped no han tenido, que yo sepa, un papel importante en los anales del rock. El césped propiamente dicho, sí; después de todo el batería de Toto tuvo una de las muertes más tontas del rock’n’roll cuando respiró demasiado herbicida, al que resultó ser alérgico, y cayó sobre las rosas que estaba fumigando, para no levantarse jamás. Pero, como os decía, el papel de los cortacésped en la historia musical es irrelevante.

…con una notable excepción.

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“The ceremony” (Tammy y George)

Como si estuviesen viviendo una dramatización en la vida real de una de sus propias canciones, la Familia Real del country, el señor George Jones y su esposa, la señora Tammy Wynette, tuvieron muchas subidas y bajadas en su matrimonio. Perteneciendo ambos a un mundo (del que también provenían) que dependía de la slide guitar y de los chanchullos para pasarlo bien, podemos imaginar que cualquier cosa mala que les ocurriese en su matrimonio, ya les había ocurrido a George y Tammy antes de casarse. Cualquier cosa, desde dispararle a un tío en Reno solo para ver como se moría, hasta humillarse ante otra mujer pidiéndole de rodillas que no le quitase a su hombre. Vamos, que eran una pareja con un gran potencial para que, cuando se diesen las apropiadas circunstancias maritales, los problemas creciesen a su alrededor.

Y por eso un día, probablemente después de una de sus duras batallas, particularmente fuerte debido al hecho de que George estaba de muy mal humor por llevar varias semanas en el dique seco, intentando salir de su alcoholismo, éste decidió que para sobrellevar el disgusto necesitaba una copa con la que aliviar las tensiones de su cansancio físico y emocional, que hervían a fuego lento y amenazaban con convertir el matrimonio en un volcán.

George decidió, aunque se puedan discutir sus razones, que había llegado el momento de volver a olvidar sus penas sumergiéndolas en alcohol, y le dijo a Tammy que iba a coger uno de los coches y se iba a la ciudad a pegarse algunos lingotazos.

Tammy, por supuesto, decidió a su vez que eso no estaba nada bien, y que por nada del mundo le iba a permitir que hiciese tal cosa; no después de haber pasado tanto mono y cuando ya estaba tan cerca del final. Así que escondió los cinco llaveros con las llaves de los cinco coches que tenían.

Frustraba de esa manera el plan de George porque, gracias a Dios, el rancho en el que vivían estaba a más de quince kilómetros de la ciudad, y ella sabía que irse andando hasta allí no era una opción para su marido.

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“He stopped loving her today” (George)

Pero, por supuesto, George era un cantante de country y por tanto un hombre ingenioso y lleno de recursos. Después de todo, si un hombre puede cabalgar un caballo salvaje en un rodeo, nada en el mundo le va a impedir ponerse sus pantalones de vaquero y encontrar la forma de llegar a un bar… tuviera que ver!

Así que George hizo lo mismo que haría cualquiera de nosotros que viva en el campo. Se fue a buscar el cortacésped.

Se montó encima de él y fue conduciendo, a razón de dos kilómetros por hora, hasta llegar a la ciudad, donde, unas nueves horas después de haber salido, pudo entrar en un bar y conseguir una magnífica borrachera.

Y después, cuando un río de whisky había conseguido hacerle olvidar sus penas, condujo de nuevo hasta su casa. Esta vez seguramente más lento incluso.

Esta historia quedaría muy adornada si en su vuelta a casa George hubiese atropellado a una vaca, o a su mujer, o a las dos… o que se hubiese pasado un par de horas más cortando el césped del jardín familiar de forma que en él quedasen escritas las palabras “Tammy es una puta”, de forma que ella pudiese verlo desde su ventana de la segunda planta cuando se despertase por la mañana… pero no ocurrió nada de eso.

Por lo tanto, cuando le llegó el bajón, todo esto quedó solamente en la historia de una vieja y patética estrella del country, alcohólico y cansado, que hizo el camino de ida y vuelta a la ciudad en un cortacésped penosamente lento, en busca de unas bebidas. La historia no da más de sí. ¿Pero sabéis qué? A su manera, es un cuento muy entrañable.

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“Stand by your man” (Tammy)

EL PRECIO DE LA FAMA

Hubo un tiempo en el que el Britpop marcaba las reglas musicales del mundo. Oasis eran los reyes, Jarvis Cocker era un Dios, y hasta un grupo como los Menswear se hartaba de vender discos, ¿te lo puedes creer…?

Era 1.994, y de la aburrida ciudad de Colchester emergía una banda que se llamaba BLUR.

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Blur – “Girls and boys”

Este cuarteto acababa de tener un gran éxito con “Girls and boys”, una canción que hablaba de chicos y chicas, y su cantante, Damon Albarn, comenzaba a hacerse famoso y a ganar dinero con la música, por lo que pudo pagarse el alquiler de una bonita casa de dos plantas, con grandes ventanales que llegaban hasta el suelo, a la que irse a vivir con su novia, Justine Frischman, una chica que también era famosa por… sí, hombre, ¿no era la cantante de..? joé, sí la cantante del grupo ése… si lo tengo en la punta de la lengua… no me lo digas, no me lo digas… ah, ya… la cantante de los… no… de ésos no… bueno, venga, no era tan famosa. Pero dime de qué grupo era la cantante…

De Elastica, hombre…

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Elastica – “Stutter”

Esoooo. Elastica. Bueno, el caso es que Justine por entonces tampoco era famosa. Así que como los Blur ya sí que estaban vendiendo muchos discos pues Damon asumía que toda esa gente que se agolpaba en su puerta todas las noches eran fans de Blur, esperando para poder saludar o echarle un vistazo a su héroe.

Todas las noches, a medida que la fama de la banda iba creciendo, miraba por la ventana del salón y ahí estaba la gente. Entre las diez y las doce de la noche más o menos, la parte de delante de su portal se iba llenando de gente expectante… ese era, pensaba Damon, el precio de la fama.

Una noche que llego a casa más tarde vio que el cada vez más numeroso grupo se mantenía tan vigilante como siempre delante de su casa y se dio cuenta, quizás por primera vez, que casi todos eran hombres.

Disimuladamente se caló el sombrero hasta los ojos, se subió el cuello del anorak y se puso las gafas negras. Y se unió al grupo que miraba hacia su casa. Se acercó así a uno de los mirones expectantes y le preguntó…

-Esa es la casa del cantante de Blur, ¿no?.

-¿De quién…? –le contestó el otro- Ni puta idea, tío.

Damon se quedó bastante confundido con la respuesta, y se puso a mirar también hacia su casa, en la que se veía una luz encendida a través del ventanal de arriba.

-Venimos aquí –le confió el que miraba- porque la pájara que vive ahí no tiene ni idea de que la vemos a través de los visillos y se desnuda frente a la ventana todas las noches.

Antes de que Damon pudiese decir nada, el otro continuó:

-Ella no sabe que la miramos, y si te quedas por aquí un ratito se lo podrás ver todo; el coño y todo. Lo hace todas las noches. El boca a boca se ha extendido por el barrio y todas las noches venimos a mirar.

El tío hizo una pausa, antes de continuar hablando.

-Entonces… ¿quién es el de Blur ése que dices…?

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Blur – “Charmless man”

AY, ¿QUIÉN MANEJA MI BARCA, QUIÉN?

Como el miércoles coincidí con Ambrosio en el acto de homenaje a Silvio y por fin me pudo dar mis dos entradas para el concierto de BRUCE SPRINGSTEEN, me dí cuenta de que hace mucho tiempo que no hablamos de él. Así que no vamos a esperar a los días de la víspera de su visita a nuestra ciudad, que para entonces ya se me ocurrirá algo más (digo yo), y vamos a traer hoy una de sus historias, de ésas que dieron carnaza a los fabuladores de leyendas urbanas.

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“Glory days”

La verdad es que para ser un tipo que nació y creció en New Jersey, bajo un cielo industrial, entre el ruido de las fundiciones y el dulce hedor de los sobacos de los que curraban duramente en ellas, y ser considerado un gran defensor de la clase obrera, es sorprendente que Bruce una vez estuviese envuelto en una batalla judicial contra dos de sus propios empleados porque le habían roto su canoa.

Aquello comenzó en 1.985, y sus “días de gloria” estaban en todo su esplendor; “Born in the USA” cabalgaba por las listas de éxitos artístico y económico y el Boss era una figura de tal calibre que hasta se podía permitir el lujo de poner en la portada del disco que más se vendía en todo el mundo una foto de su culo. Llenaba estadio tras estadio, donde cientos de miles de personas coreaban puño en alto su patriótico rock, y la contemplación de cientos de banderas con las barras y estrellas ondeando al aire había dejado de ser, gracias a Bruce, el signo de que los americanos estaban entrando en otra guerra.

Pero como a cualquier estrella del rock, cuando está de gira al frente de un ejercito mecánico, no solo dicho en forma metafórica, sino también literal (no hay más que ver la cantidad de camiones de gran tonelaje que van tras él), a Bruce también le apetecían las comodidades hogareñas, y para relajarse entre un concierto y otro lo que más le gustaba era surcar los fantásticos ríos y canales americanos con su canoa.

Los remansos rurales de la geografía americana eran un refugio paradisiaco lejos de los rigores del grandilocuente mundo del rock y despertaban en Bruce el deseo de alejarse y escapar de un trabajo que podía resultar muchas veces tedioso y mortalmente aburrido. Y no es difícil imaginar, por tanto, la pequeña y contenta figura del Boss, quitándose su chupa vaquera y arremangándose, y dejándose luego llevar a la deriva por las pacíficas y relajantes aguas.

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“The river”

Por eso era por lo que, para cuidar perfectamente de su canoa, y transportarla de forma segura entre las ciudades en las que actuaba, había contratado a dos roadies que solo tenían que hacer eso.

El cuidado de las canoas en las giras de rock es un trabajo altamente especializado que requiere años de formación y pide lo mejor de los profesionales más experimentados que practican este singular arte. Pero como resulta que no hay profesionales así, Bruce no tuvo más remedio que confiar la niña de sus ojos a dos transportistas pelagatos en su lugar.

Al principio todo fue muy bien… hasta que un día los roadies decidieron transportar la canoa desde la ciudad de un concierto hasta la del próximo… remando.

Nada de embalajes protectores, ni de camiones adecuados para el tesoro del jefe, ¡pa qué! Un rápido vistazo al mapa mostró a la intrépida pareja que una cuidadosa navegación por unas aguas tranquilas les llevaría directamente desde un estadio a otro, y pensando que un corto viajecito así sería un respiro de los rigores de la carretera, se aprestaron a emular la técnica de relajación de Bruce.

Desgraciadamente para ellos se fueron al carajo con canoa y todo. Y no se ahogaron de milagro.

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“Trouble river”

A partir de aquí la historia se vuelve algo confusa. Unos dicen que Bruce les llevó a los tribunales y les demandó por la pérdida de la canoa. Otros dicen que se limitó a echar a la pareja a la calle descontándoles del finiquito lo que le costó la canoa. Y otros (más cabrones y sensacionalistas) dicen que fueron los roadies los que demandaron a Bruce por seis millones de dólares por daños punitivos, apoyándose en el hecho de que el Boss se apropió del dinero del despido y de que no les pagó las horas extras del traslado de la canoa. Lo malo es que los que dicen esto son los que llevan razón.

Para ser sincero, creo que si todo lo que hizo el Boss fue retenerles el dinero de la canoa, hay que reconocer que los tíos éstos se pasaron un poco. Uno no puede destrozar la canoa de otro y no compensarle de alguna forma. Sin embargo la batalla acabó en los tribunales, donde Bruce Springsteen se encontró a sí mismo discutiendo sobre la pérdida de su canoa durante los siguientes SEIS AÑOS.

Has leído bien: seis años.

Seis años de litigio por la puñetera canoa. Y no fueron más porque al final los abogados llegaron a un acuerdo fuera de los tribunales.

Quizás esta dura experiencia pueda explicar que el Boss se encontrase en un momento anímico tan bajo como para escribir una canción tan deprimente como “Streets of Philadelphia”, ¿no?

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“Streets of Philadelphia”