Atrapado por el blues de Memphis
Si no te gustan estos colores, recarga la página; gracias.

HUMOR INGLÉS

Se dice que las aficiones que tiene uno dicen mucho sobre su personalidad. Estoy seguro de que todos sabéis quien es LEMMY KILMISTER… sobre todo si en vez de referirme a él con ese nombre lo hacemos con el de Lemmy Motorhead. De la misma forma, estoy también seguro de que no sabríais decirme ningún otro nombre de los componentes de Motorhead sin mirar el Google… pero eso ahora no viene al caso.

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“The hammer”

De lo que vamos a hablar es de la afición de Lemmy, que es el aeromodelismo y tiene su casa llena de montones y montones de aviones de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo de bombarderos alemanes.

Y esa obsesión la incluyó en el montaje de los escenarios de los conciertos de la gira de Motorhead en 1.979. Lemmy estuvo experimentando para ello con una enorme cantidad de cachivaches, y con luces, con flashes, con disfraces, bigotes, verrugas, más flashes cegadores, y unos altavoces de un tamaño y peso aproximado a los del propio local en el que fuesen a actuar. Pero, por encima de todo, lo que más iba a llamar la atención era una maqueta a tamaño natural de un bombardero Lancaster inglés, que colgaba de unos rieles del techo y salía al escenario a la vez que ellos.

Uno de los conciertos de esa gira de 1.979 lo iban a dar en la ciudad alemana de Dresde, que tiene tras de sí una triste historia que vamos a rescatar a grandes rasgos ayudados por la Wikipedia y otras páginas de internet:

El bombardeo de Dresde se llevó a cabo hacia el final de la Segunda Guerra Mundial por parte de la Royal Air Force británica (RAF) y las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos (USAAF). Fueron cuatro ataques aéreos consecutivos que se realizaron entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, aproximadamente doce semanas antes de la capitulación de la Alemania nazi. Durante los mismos, entraron en acción más de mil bombarderos pesados, que dejaron caer sobre la ciudad cerca de 4.000 toneladas de bombas altamente explosivas y dispositivos incendiarios, arrasando gran parte de ella y desencadenando una tormenta de fuego que consumió el centro histórico de la misma. El número de víctimas varía enormemente en función de la fuente, pero la línea mayoritaria en la historiografía actual lo sitúa entre 18.000 y 35.000 muertos. El ataque sobre Dresde ha anidado en el subconsciente popular como paradigma de la destrucción y los horrores de la guerra.

En la actualidad sigue siendo uno de los episodios más polémicos de la Segunda Guerra Mundial y todavía persiste el debate sobre si la capital sajona era un objetivo de interés estratégico, tal y como aseguran fuentes militares aliadas, si por el contrario el bombardeo fue una represalia desproporcionada e indiscriminada o incluso si pudo tratarse de un crimen de guerra.

Los primeros aparatos que alcanzasen Dresde serían dos escuadrillas de bombarderos ‘Lancaster’, compuestas por un total de 245 aviones de ese tipo. El grupo de ataque transportaba alrededor de unas 75 bombas incendiarias. La idea era primero destruir ventanas y techos con explosivos y luego hacer llover las bombas incendiarias para llevar el fuego a las casas tocadas produciendo tempestades de chispas que se filtrarían por las ventanas y techos destrozados, prendiendo fuego a las cortinas, tapices, muebles, vigas, etc.

La primera ola de ataque reemprende la ruta de regreso, siendo cubierta por nuevas fuerzas que abrieron fuego sobre Dresde a la 1:30 de la madrugada, con otros 529 aviones ‘Lancaster’, que en total transportaban 650.000 bombas incendiarias más.

Cuando todo terminó, durante 10 minutos otro ‘Lancaster’ equipado con cámaras hizo el recorrido filmando la dantesca escena para la sección cinematográfica de la RAF. Esta película ahora se conserva en el ‘Imperial War Museum’, siendo uno de los más siniestros testimonios de la Segunda Guerra Mundial, y en el que se puede comprobar como Dresde no estaba defendida, ya que no aparece en la cinta ningún proyector y ninguna batería antiaérea.

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“Bomber”

Volviendo a Lemmy, éste es un tipo obsesionado con las relaciones anglo-alemanas, específicamente con las partes en que esas especiales relaciones se basaban en darse por culo los unos a los otros. No solo colecciona todas esas maquetas de aeromodelismo, sino que también es famosa su colección de memorabilia nazi, un hobby que le ha llevado algunas veces a ser acusado de tener tendencias de extrema derecha. Pero para ser sinceros, esto en realidad más que una indicación de que Lemmy abogue por el genocidio o la ascendencia de la raza aria, es una indicación de que el tío está loco por los uniformes. En una entrevista en un “Waste Music” del 2.004 decía esto:

A los chicos malos siempre nos han gustado los uniformes. Napoleón, los confederados, los nazis… todos tenían unos uniformes del carajo. Lo que quiero decir es que el uniforme de las SS era de puta madre, jodídamente brillante! Ellos eran las estrellas del rock de su tiempo. ¿Qué quieres que te diga…? Es que se veían muy bien con ellos. Pero que no me llamen nazi porque yo tenga uniformes…

Y puede que tenga razón, mientras más diabólico e hijoputa era un ejercito, más chulo era su uniforme. Pero los más críticos contra Lemmy también hacen notar la Cruz de Hierro que lleva incrustada en su bajo. Bueno, ¿y qué? Solo porque un tío lleve el símbolo del ejercito alemán, y por asociación, del Holocausto, en su instrumento musical no significa que sea un nazi.

Ni tampoco porque sea el orgulloso propietario de una daga de las SS y de un rarísimo sable Damascus de la Luftwaffe, que vale por lo menos 10.000 euros.

De lo que ya no estoy tan seguro con respecto a su ideología es del hecho de que haya declarado que muchas de las cosas del Holocausto han sido exageradas por los historiadores, y de la admiración que profesa por Goering:

Él es el único al que admiro absolutamente, en parte porque este poderoso jefe de la Luftwaffe extendió el poder de la Gestapo, la policía secreta de los nazis, y asumió toda la culpa cuando le juzgaron en Nuremberg después de la guerra. Su suicidio, horas antes de que le ahorcaran, fue fantástico.

¿Veis? En realidad Lemmy es un tipo con un sentido del humor muy agudo…

…lo que nos lleva de nuevo a esos conciertos de su gira del ’79, a la que llamó “Motorhead Bomber Tour”, y que esta noche estaba en Dresde, con el bombardero Lancaster colgado de sus rieles, esperando a hacer su aparición al mismo tiempo que saliese a tocar el grupo.

Lemmy y su banda ya estaban preparados para tocar su primera canción. Y las luces se encendieron todas a la vez iluminando la enorme máquina de guerra británica que, por encima de sus cabezas, avanzaba hacia el público.

“Buenas nooooocheeeeees, Dresdeeeeeeeeeeee”, aulló Lemmy. “Apuesto lo que queráis a que hacía tiempo que no veíais uno de éstos por aquíííííí…………..”

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“The ace of spades”

UN SORBITO DE CHAMPÁN (CON PAJITA)

Como lo de mi ordenador se está convirtiendo en “la historia interminable” y el último post que colgué ya no da más de sí, vamos a salir del paso durante unos días más con otro refrito. Mirando hoy en la página de administrador del blog he visto que un antiquísimo post (de los tiempos de “Replicante”, cuando aún no podía meter música en ellos siquiera) está siendo revisitado mucho porque en una página web de por ahí le han puesto un enlace en relación a una cosa de ésas de “los placeres de leerse la letra pequeña”. Y como el post me parece muy divertido y lleno de anécdotas y recuerdos muy buenos lo he recuperado para que lo apreciéis también todos los demás lectores del blog.

Cuando se organiza un concierto uno puede encontrarse en el contrato que le presenta el manager del artista algunas pretensiones con las que te partirías de risa sino fuese porque las tienes que pagar tú.

Y como muy bien apuntaba nuestro querido Ambrosio en los comentarios al post anterior, MARIAH CAREY es una de las más estrafalarias a la hora de llevar sus peticiones a curiosos extremos. ¿A vosotros no os parece una gilipollez pedir en tu contrato botellas de Champagne Cristal, copas de champán y pajitas de ésas que se doblan para bebérselo…? Pues ella lo pide así en sus contratos. Y perritos, y gatitos, y hasta conejitos como animalitos de compañía para su camerino. Es razonable la petición de que no haya escaleras en su camino, sobre todo si es patosilla o lleva tacones muy altos, y también es razonable que pida un asistente para que esté al lado de ella y cuide de todo lo que vaya necesitando… pero pedir un asistente para irle dando los chicles mascados para que los tire…!!!!! Pues ella también lo hace. Y las únicas botellas de agua aceptables son las de la marca Evian; 16 para su camerino y tropecientas mil para los camerinos de los chicos y las chicas (camerinos separados, of course) de su trouppe. Con tanto músico y tanto cuerpo de baile es normal que los que organizan conciertos de Mariah se dejen una pasta enorme en comida, bebida y transporte, pero los pobres chinitos que la llevaron a cantar a su gran país tuvieron que poner a su disposición además 4 furgonetas extra solo para su equipaje: 60 enormes baúles entre los que había, por ejemplo, 350 pares ( ¡¡¡!!! ) de zapatos. Y para terminar con ella una perla final: Una vez mandó a una enorme tienda de discos en la que tenía que firmar ejemplares (ojo, ni siquiera tenía que cantar) a 20 asistentes para que redecorasen los lavabos, y sobre todo se asegurasen de que el papel higiénico tenía el tono rosa pálido que ella usa.

Jennifa

¡Ay… las divas! JENNIFER LOPEZ lo quiere todo blanco: paredes blancas, cortinas blancas, flores blancas, mesas blancas, manteles blancos, velitas blancas, sofás y sillones blancos… un reproductor de DVD y otro de CDs (blancos) con una selección de 43 CDs que incluían todo lo último editado en R&B, rap y salsa. Y… mucho ojo con su café, porque solo pueden movérselo meneando la cucharilla en sentido contrario a las agujas del reloj… BRITNEY SPEARS quiere una línea de teléfono privada en su camerino, y en su contrato especifica bien clarito que como pille a alguien llamando, el promotor del concierto tiene que indemnizarla con 5.000 dólares. Y cuando KYLIE MINOGUE andaba por su país promocionando uno de sus discos, en un hotel de Sydney exigió que metiesen en su habitación un enorme piano Yamaha C5, que por lo visto es el más grande que existe, por si le apetecía tocar algo mientras estaba allí. Hubo que desmontar todas las puertas desde recepción hasta su habitación para poder pasarlo. Ignoro si a la chica le apeteció tocar algo en los ratitos que pasó allí durante los dos días que permaneció en la ciudad.

A ver… ¿para qué pueden querer en sus camerinos los BEASTIE BOYS 30 cajas de condones surtidos con los colores del arco iris…? ¿y P DIDDY 50 paquetes de servilletas con su nombre estampado en ellas…? Son mucho más comprensibles las pretensiones de MOBY y los RED HOT CHILI PEPPERS, que lo que quieren que se les suministre en su camerino son varios calzoncillos y calcetines nuevos. Pero hombre, 20 botellas mágnum de vodka, otras 20 de Bacardí, y 15 de champán Jouet Belle Epoque, junto con dos bailarinas que hagan la danza del vientre para animarlos mientras se bebían todo eso, y un Rolls Royce para llevarlos a su hotel a dormir la mona me parece demasiado pretencioso para un grupo como N.E.R.D.

MARIYLN MANSON quiere su camerino con la refrigeración a tope y muchos doritos para picar… aunque a mí, para un satanista como él, no me parecen ni el ambiente ni la dieta más adecuada, ¿qué quereis que os diga? PRINCE requiere la presencia de un médico que antes de salir a actuar le inyecte un chute de vitamina B12. A CHRISTINA AGUILERA también le van las vitaminas, pero en pastillitas, por favor… LIMP BIZKIT quieren lámparas y apliques a los que se les pueda regular la intensidad de la luz. Los INXS quieren una mesa de ping-pong. Y los DEF LEPPARD quieren saber las frecuencias que usan las emisoras de la policía, las ambulancias y los bomberos de las ciudades donde actúan, para asegurarse de que no interferirán con sus guitarras inalámbricas; y cuando están en el escenario exigen que todos los teléfonos móviles y walkies de la policía y los miembros de seguridad que se mueven cerca de ellos también estén apagados.

Leppards

Peticiones como ésta anterior, aunque quizás desmedida pero tienen una base lógica (no me atrevo a decir que razonable) que las sustenta. Al hilo de esto me gustaría contaros que VAN HALEN pedían en sus conciertos una ensaladera llena de chocolatitos M&M (como nuestros Lacasitos, para entendernos) pero con todos los de color marrón quitados. David Lee Roth no quería ver ningún lacasito de color marrón porque eso era señal de que seguramente algo iba a ir mal durante el concierto. Una exigencia tonta y exagerada, ¿verdad? Pero David aclara en su autobiografía por qué pedía esto. Según él, la presencia de lacasitos marrones implicaba una probabilidad muy alta de que hubiese errores técnicos porque eso quería decir que el organizador no se había leído bien el contrato. Debido a la enorme parafernalia que unos avezados heavys como Van Halen movían en sus actuaciones, llenas de instrumentos musicales, de humo, de efectos, de pirotecnia… sus contratos estaban repletos de cláusulas y peticiones para que hubiese sitio donde conectarlo todo, seguridades, potencia suficiente… en fin, que sus contratos eran un enorme coñazo lleno de letra pequeña que hacía un martirio el leérselos, pero que no había más remedio que hacerlo así para que todo fuese como la seda. Si después llegaba y miraba el plato de su camerino y había lacasitos marrones era porque el organizador no se había leído bien el contrato ni había puesto atención a la letra pequeña, y los problemas estaban garantizados. Y no le faltaba razón, porque solía ser así y a veces tuvieron problemas tan graves que incluso amenazaban su vida y la de los espectadores. En una sala de conciertos en la que había lacasitos marrones en el plato resultó que no habían comprobado los requerimientos que especificaba el contrato sobre el peso que debía soportar el escenario y éste se hundió con todo el stage del grupo. El concierto aún no había comenzado, por suerte, pero todos los tiestos de Van Halen se hicieron polvo, por lo que la falta de atención le costó miles de dólares al organizador…

Van Halen

lacasitos

¿Profe Franz… recuerdas cuando los espectadores lanzaron a uno de ellos encima de la mesa de mezclas en el concierto que hicimos con Extremoduro…? Ya apuntaba en el comentario del otro post que también nosotros sufrimos las exigencias de muchas de las bandas que trajimos a tocar a Sevilla, pero la verdad es que eran unos peso mosca comparados con los que llevamos citados hasta ahora, e incluso era divertido poder desmarcarse un rato de la vorágine para poder buscarle whisky canadiense a los Fuzztones, o whisky irlandés a los Godfathers, además de bombones y flores, que éstos iban de delicados. O Remy Martin y Riojas tintos y blancos para los Uriah Heep, que luego el manazas del cantante se encargó de hacer polvo al dejarlos encima de la mesa más inestable del camerino, con lo que éste quedó durante varias semanas sumido en un agradable olorcillo que le daba ambiente de bodega… o ir al supermercado de la esquina para comprarles a los Del Fuegos un par de surtidos de galletas y unos tetrabricks de leche, que fue todo lo que pidieron. En fin, que no puedo reprimir una amplia sonrisa al releer este post; y al ver las exigencias de las divas mencionadas antes me viene a la memoria como las Lunachicks subieron felices al escenario tras haberles traído un rato antes 5 pizzas y unas latas de Cocacola.

Nos divertimos, ¿verdad Franz? Y sobre todo, como nosotros éramos unos empresarios muy sui-generis que estábamos en esto no solo por el dinero, procurábamos complacer a los artistas en la medida de lo posible sin mirar demasiado los gastos o los esfuerzos, por eso estoy seguro de que ningún gran empresario de estrellas de primera magnitud guardará con tanto orgullo como yo el disco de una de sus bandas favoritas a la que siempre había seguido, firmado con una dedicatoria que dice “To make an effort is human, to bend over backwards is godly, we won’t forget” (más o menos: “Hacer un esfuerzo es de humanos, hacer incluso lo imposible es de dioses, no te olvidaremos”).

chicks

La Lunachick del pantalón a rayas tras digerir su pizza

COLLAGE

Ayer os contaba que en estos días no puedo contar con mi ordenador, por lo que no podía subir ningún nuevo post al estar en él los textos que había preparado y las herramientas para manejar las fotos y las canciones que incluyen. Así que os decía también que en unos días no habría ninguna entrada nueva.

Pero lo que sí puedo hacer con cualquier ordenador, como éste portátil que le pillo a mi hijo aprovechando que no está esta tarde en casa, es acceder a través de la página de administrador a todos los posts anteriores, y cortar y pegar por aquí y por allá de las entradas más antiguas, y confeccionar un collage que os ofrezco mientras se restablece la normalidad. Perdonad los lectores más antiguos por el refrito; pero estoy convencido de que los más nuevos de la casa no conocerán estos retazos de historias.

Y ahora iré a echarle un ojo al partido del Mundial… la verdad es que nunca he entendido por qué a estos partidos como el Alemania-Uruguay de hoy, que juegan los perdedores, le llaman final de consolación. Cuando en realidad deberían llamarle final de desconsuelo…

El batería de la Bongo Band era Jim Gordon, al que todos recuerdan mucho más porque también formaba parte del grupo Derek and the Dominoes. Seguramente habrás oído innumerables veces la canción “Layla”; pues el piano que suena en la parte final lo toca él, y además Jim Gordon fue co-autor de la canción junto a Eric Clapton. A Jim además podemos oírle en incontables discos de, entre otros, John Lennon (en el “Imagine”), George Harrison, Traffic, Frank Zappa, Steely Dann, los Monkees… un músico absolutamente increíble.

Jim Gordon se sumergió de cabeza en la faceta más tópica del mundo del rock. Después de años de vida entre lujos y de mantener su reputación como músico de confianza, pasó a ser famoso como uno de los drogadictos más tirados. Dejaron de llamarlo para tocar en sesiones y comenzó a obsesionarse con voces que oía en su cabeza. Después de una serie de episodios violentos y de ingresar voluntariamente una temporada en una institución psiquiátrica, en 1.983 asesinó a su madre con un cuchillo, porque la suya era una de las voces que le atormentaban en su mente. Desde entonces está ingresado en el Hospital de Salud Mental de Atascadero (que también tiene cojones el nombrecito del sitio), y sobrevive sin demasiados problemas gracias a los royalties de sus canciones, sobre todo de “Layla”.

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Neil Diamond siempre ha sido una intrigante mezcla de contradicciones. Un hombre intensamente callado y profundamente introvertido que sin embargo ha usado sus canciones para, de una forma inversa a su propia manera de ser, desnudarse autobiográficamente, mostrar una muy convincente ventana a sus propios demonios interiores; y quizás esta haya sido la válvula de escape para un hombre que ha procurado mantenerse solitario y al margen de la manada, y para el que la vida no ha sido todo lo fácil que pudiéramos pensar por el brillo de lamé que desprende su figura más tópica. Estoy seguro que a cualquier persona debe marcarle mucho que a la edad de 12 años, viviendo en uno de los barrios más peligrosos de Brooklyn, y perteneciendo a una de sus bandas juveniles, te peguen dos tiros en la cabeza. O que con 16 años haya cambiado de colegio 9 veces… ¿Si pasas por eso, no tendrías también tú una resistencia patológica a cualquier clase de conformidad?

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Neil Diamond – Sweet Caroline

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En este profundo Sur en el que Junior creció, allá por los finales años treinta y principios de los cuarenta, no había nada parecido a guarderías para niños ni nada para facilitarles la vida; más bien el pensamiento de la gente era del estilo de “si tu mula se muere, te compras otra” y “si tu negro se muere, contratas a otro por un salario de mierda”. Lo que significaba que si te ponías enfermo, o te curabas solito o te morías; y si te ibas al otro mundo, habría varios cientos más esperando a ocupar tu lugar. Así que había poco interés en mantener la salud de los negros. Junior perdió casi todos sus dientes debido a la piorrea y se mantenía bastante desnutrido, y desde entonces siempre mantuvo en su interior el fuego y la rabia que traen consigo la pobreza, los rompimientos familiares, y la indiferencia social que experimentó en su niñez. Y como muchos otros negros nunca pudo sacudirse del todo ese miedo adquirido tan pronto.

Su vida real comenzaba por la noche. Cuando todos los niños buenos se iban a dormir, él tomaba las calles, bailando a cambio de monedas, o abrillantando zapatos para sacar algo más. Aunque fuese una obligación el tener que ganar el dinero suficiente para aportar comida a la mesa, a Junior le excitaba ganarlo; y si un día lograba la inmensa cantidad de diez dólares, éso le hacía sentir que ya había aprendido todo lo que necesitaba saber en la vida.

Sobre todo, bailar le hacía sentirse alguien. Y a medida que lo iba haciendo mejor y la gente le pedía que bailase más y más, sintió la necesidad de adquirir un nombre para ese “alguien” que ya empezaba a ser. Junior era poca cosa, era como le llamaban desde niño, y él ya no era un niño. Así que un día decidió que se lo iba a cambiar. Quería un nombre corto, fácil de recordar. No era necesario que dijese nada sobre él, solo que sonase bien y tuviese ritmo. Quería que sonase como uno de sus héroes, ese actor que le maravilló en “Objetivo Birmania” y que ahora hacía de Teniente Rip Masters en su nueva serie favorita, “Rin Tin Tin”; además se llamaba casi como él, podría mantener el apellido… sí, definitivamente, desde ahora el mundo iba a conocerle con el nombre de JAMES BROWN.

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…Y así cantaba

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Eran algo completamente diferente. Para empezar, todos los grupos existentes eran de hombres o de mujeres al completo. Y esta mezcla de timbres vocales, unido a sus grandes melodías y a sus frescas armonías, le daba un nuevo giro al folk-rock. “El grupo de pop más innovador y el primero con un sonido vocal realmente novedoso desde los Beatles…” la prensa musical les dio así su bendición a THE MAMA’S AND THE PAPA’S.

Justo lo que John había soñado toda su vida. Y aún así, atravesaba uno de los momentos más bajos de ella, sabiendo que Michelle estaba viéndose con Denny sin preocuparse por ocultarlo delante suya. Pronto quedó claro que era imposible que los cuatro siguieran viviendo juntos. Y como los tiempos de penuria económica habían quedado muy atrás podían permitirse vivir separados. Denny se compró un palacio de 14 habitaciones en Laurel Canyon. El matrimonio Phillips adquirió la mansión que Jeanette McDonald tenía en Bel Air. Y Mama Cass pudo hacer realidad su casa soñada en el barrio de los famosos.

Ninguno reparaba en gastos. Sus vidas enloquecieron a base de comprarse cualquier ropa o capricho que se les antojaba o en alquilar aviones particulares para desplazarse a cualquier lugar. Se hicieron legendarias las fiestas en Bel Air con los Beach Boys, Jane Fonda o Jack Nicholson; o la costumbre de Cass de invitar a desayunar a todos los ocupantes del hotel en el que se despertase esa mañana. En esas condiciones de derroche continuo salir de gira en realidad les costaba dinero; y si a eso sumamos los problemas de convivencia en carretera y que siempre tenían diversión garantizada en casa, no es extraño que en dos años y medio en que el grupo estuvo junto, solo diesen 30 conciertos.

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I Saw her again

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A través de Toshi, Yoko Ono conoció a John Cage y a otros compositores y artistas de vanguardia, dadaístas y librepensadores con los que comenzó su carrera artística: poemas, pinturas, performances, arte conceptual de inspiración Zen que buscaba estimular al espectador para obtener de él cualquier clase de respuesta mental. Formó parte de la secta artística que se llamó “Fluxus”, con la que se ganó una reputación como artista creativa conceptual. Se casó entonces con el productor Tony Cox, y tuvo a su hija Kyoko. Yoko también fue una adelantada a su tiempo como mujer casada que se dedica a su trabajo mientras su marido se queda cuidando a la niña. Se trasladaron a Inglaterra y llegaron los experimentos sobre improvisación musical y películas como “Bottoms”, en la que se mostraban 365 culos desnudos de la flor y nata del “Swinging London”, con comentarios de los participantes; interpretaciones como “Cut Piece”, en la que la audiencia iba cortándole sus ropas con unas tijeras mientras ella permanecía impasiblemente sentada; o la publicación del libro “Grapefuit”, un pequeño volumen de ideas conceptuales publicado en una edición limitada para los USA y Japón.

En 1.966 John Lennon asistió a una exhibición en Londres del trabajo de Yoko, donde apreció el positivismo de un “Sí” sobre el peldaño de una escalera, y el descaro de un stand donde se vendía una manzana por 200 libras (unas 50.000 pesetas de aquella época), y reconoció un espíritu gemelo al suyo en aquella chica, a la que hizo su compañera en el arte y en la vida.

En mayo del 68 Tony Kox y Kyoko estaban de viaje en Francia, y Cynthia Lennon estaba de vacaciones. Yoko fue a casa de John y éste la invitó a subir a su estudio para grabar unas cintas experimentales (que con el tiempo se convirtieron en “Two Virgins”). La medianoche les sorprendió arriba, pero el amanecer, no. Cuando Cynthia llegó por la mañana y vió por allí a aquella japonesa vestida apenas con un escueto pijama de John, se hizo evidente lo que había ocurrido. Lo siguiente fueron dos divorcios en las vidas de John y Yoko y los capítulos que están en la mente de todos vosotros.

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“Nadie me mira como lo haces tú” remixed by Apples in Stereo

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Kane, 2003

¿Y Arthur Kane? Se hundiría en la oscuridad durante casi treinta años, una vez desistido de perseguir el sueño de convertirse en una estrella del rock respetada por sus semejantes, no sin haber antes pasado por un montón de grupos sin pena ni gloria. En este período vería como fallecieron sus amigos Johnny Thunders (en un hotel de Nueva Orleans en 1991, solo y desatendido, enfermo de leucemia y presumiblemente envenenado con estricnina) y Jerry Nolan (1992, debido a una neumonía fatal complicada con meningitis), e incluso él mismo pudo haberlo hecho de prosperar el intento de suicidio que cometió en 1.989 saltando al vacío desde una ventana, para salir del paso con las rodillas hechas polvo, o si el tipo que lo asaltó unos años después le hubiese machacado un poco más con su bate de beisbol hasta darlo por muerto y dejarlo tirado en la calle; de aquello también escapó Arthur con sólo una placa de metal en su cabeza tras casi un año de hospital. Por aquel entonces Kane se había establecido en Los Angeles y convertido al mormonismo. Los hijos de Mormón le habían buscado un trabajo en su famoso Archivo Histórico, donde Arthur trabajó con miles de árboles geneaológicos, llegando incluso a reconstruir el de aquel chico de Londres que tanto le admiraba, y que acabó tan mal, Sid Vicious. Y así hubiera acabado sus días, yendo cada día al trabajo en el bus y recordando su pasado de rock star, como describe el film “New York Doll”

…de no ser porque uno de aquellos jovenes ingleses que se enamoraron de la banda en su aparición televisiva en la BBC en 1973, Morissey, tenía entre sus manos la organización del famoso festival musical londinense Meltdown, con bastantes medios a su disposición, por lo que no dudó en llamar a Sylvain y Johansen (quienes no se hablaban desde hacía más de diez años) para que reformasen los Dolls y tocasen en Meltdown 2004. Estos se acordaron de su amigo Kane, quien se vió tremendamente sorprendido por la noticia. Después de todo, había estado fuera de la música treinta años, y ni siquiera en sus mejores tiempos fue un bajista fiable. Echandole valor, Arthur decidió que aquella era la ocasión de su vida y acompañó a sus amigos en lo que fue, a todos los efectos, la canonización de aquella banda de Nueva York que había sido pionera para tantos otros arriba mencionados pero que tan poco reconocimiento había tenido. Los aplausos y las críticas de aquella noche en el Royal Albert Hall debieron sonarles a gloria después de tantos años.

Kane and Sylvain, live 2004

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The New York Dolls, directo Londres Meltdown 2004 – Looking for a kiss

Aquella fue la gran noche de Kane. David y Sylvain se le acercaron para abrazarle y besarle en más de una ocasión entre canción y canción, como si fuera él precisamente el hijo pródigo recien llegado al rebaño. Todo parecía listo para la reaparición, al fin y con todos los honores, de The New York Dolls. Al dia siguiente del concierto, Arthur regresó a Los Angeles a un chequeo médico, sintiendose cansado. El diagnóstico fue contundente: leucemia. Arthur falleció dos horas después de recibir los resultados. Se hicieron planes para que fuese enterrado en el mismo cementerio en que estaban Johnny Thunders y Jerry Nolan, pero hasta éso le salió mal y fue incinerado en Los Angeles. A pesar de todo, muchos de los obituarios que le dedicaron mantenían que Arthur había fallecido con una sonrisa en su cara; su más ferviente deseo, volver a tocar con los New York Dolls encima de un escenario, se había hecho por fin realidad.

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Y The Supremes se convirtieron en las primeras cantantes, después de Elvis, en conseguir cinco números 1 seguidos. Después de aquello tuvieron cinco números 1 más, y un álbum también en la cima. Solo los Beatles rivalizaban con ellas en las listas de éxitos americanas. Las Supremes se convirtieron en un símbolo de las aspiraciones del propio Berry Gordy y de todos los que aspiraban a terminar con la segregación y a reconocer a la clase media negra. Berry, con sus clases de Artist Development, había reemplazado el sudor de los artistas de Rhytm and Blues de los 50, por la elegancia, encanto y sofisticación de los refinados y planeados hasta el más mínimo detalle, artistas de la Tamla Motown. Y la Alta Sociedad americana les admiraba cuando Diana Ross se presentaba ante ella: “Señoras y señores… la de aquel lado es Florence Ballard… ella es la calladita… la de en medio es Mary Wilson… ella es la sexy del grupo… y mi nombre es Diana Ross… y yo soy la inteligente…” Los aplausos atronaban.

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“You can’t hurry love”

La televisión les llevó a todos los hogares de América, y hasta los astronautas del Apolo V querían oírlas desde su nave en órbita. Anuncios para la Coca-Cola, sus caras te presentaban perfumes y comidas…

…pero en 1.966 Diana estaba tan exhausta que sufrió un colapso en plena actuación en Boston. Y a Florence, el hecho de que Diana cada vez dominase más el grupo y cantase como solista la mayoría de las veces, estaba destruyéndola poco a poco. Comenzó a beber para ser capaz de sobrellevarlo. A final de año los periodistas no cesaban de preguntarles por el rumor de que el grupo iba a pasar a llamarse Diana Ross & The Supremes; Florence y Mary lo denegaban continuamente, y nadie de la Motown le daba veracidad, ni siquiera Diana dijo una palabra sobre éso. Pero ahora Diana tenía su propio camerino mientras Florence y Mary tenían que compartir uno, y contestaba todas las preguntas de las entrevistas sin mirar siquiera a quien le habían preguntado de ellas.

El principio del fin fue en julio del 67, cuando poco antes de un concierto con todas las entradas vendidas en el Flamingo Hotel de Las Vegas, Berry Gordy reveló que desde ahora el grupo se iba a llamar Diana Ross & The Supremes, haciendo realidad el largo rumor. Las chicas, además de por sus canciones, tenían una reputación más que merecida por las coreografías lujosas y de gran calidad que acompañaban a sus interpretaciones. Pero esa noche algo fue muy mal. Florence estaba borracha, con la peluca torcida, vistiendo un modelito de dos piezas que estaba visiblemente confeccionado para una figura mucho más esbelta que la suya… y para Berry Gordy, que había pasado su vida creando la impoluta imagen de la Motown, aquello era imperdonable.

La increpó llamándole gorda, y que tenía que hacer algo con su peso y con su comportamiento; ya no iba a pasarle por alto sus borracheras ni sus desplantes. La respuesta de ella fue arrojarle a la cara la bebida que estaba tomando y salir de allí gritando.

La noche siguiente Florence fue reemplazada en el escenario por Cindy Birdsong, que antes había cantado con el grupo de Patti LaBelle. Para Diana y Mary esto no fue más que otro capítulo del melodrama en que se había convertido su vida. Para Florence era la última vez que cantaba con las Supremes, el grupo que ella formó, al que le dió notoriedad con su potente voz, y al que incluso le puso el nombre.

“Al menos tuve algún crédito por algo”, dijo en su última entrevista, antes de morir.

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Todo el mundo esperaba esta intentona militar, pero nadie esperaba que fuese tan brutal, con tanta bestialidad y tanto odio. Cuando Víctor Jara volvió a llamar a casa por la tarde ya se sabía que Allende había muerto. Lo comentó con Joan. Le dijo también que esa noche no podría volver a casa por el toque de queda…

-No te preocupes, aquí estaremos bien, toda la gente está aquí dentro… -no quiso decirle, sin embargo, que en ese momento la Universidad estaba rodeada por los militares. –Mañana intentaré llegar a casa… cuídate, Joan… sabes que te quiero mucho.

Pero no hubo mañana. El doce de septiembre amaneció con Joan esperando a su marido. Mientras tanto, a las nueve de la mañana, los militares estaban entrando en la Universidad con los tanques. Habían pasado toda la noche ametrallando a los que estaban dentro; a los que habían tratado de salir les habían matado a tiros. Víctor se pasó casi toda la noche cantando para mantener el ánimo de los que permanecían allí.

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El derecho de vivir en paz

Les hicieron prisioneros a todos nada más entrar; profesores, estudiantes… unas seiscientas personas, incluyendo al Rector. Los trataron brutalmente… sobre todo a Víctor, a quien habían reconocido. Ya se la tenían jurada de antes; conscientes del poder que podía tener una canción, odiaban a Víctor Jara y ya le habían atacado antes más de una vez, los fascistas le habían apedreado una vez en uno de sus conciertos, era un enemigo declarado de la reacción. Los llevaron a un estadio cercano, donde los juntaron con los demás prisioneros que habían ido recogiendo de las fábricas y otros lugares… unos cinco mil… para una capacidad normal de tres mil quinientos. Víctor conocía muy bien aquello, había cantado allí varias veces.

El trece de septiembre Joan ya estaba desesperada. Por la radio oyó la noticia de la toma de la Universidad y de los prisioneros. Un amigo del matrimonio que había podido salir del estadio le trajo una nota de Víctor: “…no podré salir de aquí… cuida de nuestras hijas… ten valor y continúa con nuestra lucha…”. A pesar del desconcierto, lo que su amigo le contaba le hizo darse cuenta de la gravedad de la situación, le hizo darse cuenta de que aquellos eran capaces de matar a la gente teniéndoles prisioneros, a sangre fría.

El resto del día lo pasó en la embajada británica, intentando que sus compatriotas le brindasen ayuda, o al menos, se enterasen de cómo estaba su marido. No consiguió nada. Y así pasó los siguientes cinco días.

No consiguió saber que a pesar de sentirse reconocido desde el principio, Víctor tuvo una actitud de fuerza moral inquebrantable contra los militares; que cantó para todos a pesar de ellos, primero acompañándose con la guitarra, y después solo con la voz, cuando el teniente Edwin Dimter Bianchi, “El Príncipe”, le rompió las manos.

-¡Canta ahora si puedes, hijo de puta…! ¿Me escucha la cloaca marxista? ¿Me oyen los comemierda? ¡Ahora se acabaron los discursos, chuchas de su madre! Ahora van a tener que trabajar. Los que se nieguen a trabajar, los fusilaremos. ¿Me escuchan los vendepatria…?

No consiguió saber que le torturaron a la vista de todos, y que después de esa violencia pública le llevaron a los vestuarios del estadio donde el teniente coronel Roberto Souper ordenó que acabasen con su vida con una ráfaga de balas y un disparo de gracia final.

No consiguió saber que su marido compuso un poema final y que algunos de los que estaban presos con él lo aprendieron de memoria…

Somos cinco mil aquí,
En esta pequeña parte de la ciudad;
Somos cinco mil.
¿Cuántos somos en total en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí, diez mil manos, que siembran y hacen andar las fábricas.
¿Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura?
Seis de los nuestros se perdieron
En el espacio de las estrellas.
Uno, muerto; uno, golpeado como jamás creí
que se podía golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores.
Uno, saltando al vacío;
Otro, golpeándose la cabeza contra el muro.
Pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto produce el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera, sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas solo existe un número que no progresa,
Que lentamente querrá más la muerte.
Pero, de pronto, me golpea la conciencia,
Y veo esta marea sin latido.
Y veo el pulso de las máquinas,
Y los militares mostrando su rostro de matrona llena de dulzura,
Y Méjico, y Cuba, y el mundo, que gritan esta ignominia.
Somos diez mil manos menos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?
La sangre del compañero Presidente
Golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, qué mal me sabes cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto
De verme entre tantos y tantos momentos del infinito,
En el que el silencio y el grito son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi,
Lo que he sentido y lo que siento
Hará brotar el momento…

…Y ahí quedó inconcluso.

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Portavoz

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La izquierda norteamericana estaba siendo despedazada con el beneplácito de la gente, temerosa de lo que pudiese traer esa “guerra fría” en la que su patria se hallaba inmersa. Las organizaciones de izquierda se habían quedado sin afiliados y hundidas en la clandestinidad; los sindicatos habían sido purgados de elementos indeseables.

Y Pete Seeger fue llamado a declarar. Cuando el “New York World Telegram” publicó los archivos del FBI que había filtrado el propio Edgar Hoover, se rebeló que Pete y su grupo The Weavers habían sido los primeros músicos en toda la historia americana en ser investigados por sedición. Tampoco le ayudó nada a Pete Seeger que su nombre apareciese en el “Red Channels”, una lista de 151 nombres de escritores y personalidades del cine y la música, a los que se acusaba de haber pertenecido a organizaciones subversivas anteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero que no habían llegado a estar en las listas negras de McCarthy. En ella estaban también Edward Dmytryck, Dalton Trumbo, Elia Kazan, Larry Adler, Leonard Bernstein, Dashiell Hammett, Burl Ives, Zero Mostel, Arthur Miller…

Pero él no se dejó amilanar. No recurrió siquiera a cobijarse bajo recursos constitucionales como la Primera o Quinta Enmienda que habían invocado antes muchos de los testigos que se negaban a someterse a las canallescas preguntas de los cazadores de brujas. Para Pete Seeger eso eran fríos legalismos y para él aquella situación era un atropello inmoral de toda clase de libertades. Así que simplemente lo que hizo fue impugnar la legalidad del Comité y manifestar su absoluto desprecio por los inquisidores.

“Estas preguntas son impropias. Yo no voy a responder ninguna pregunta que se refiera a mis contactos, mis creencias religiosas o filosóficas, mis creencias políticas ni ninguna otra cuestión privada. Creo que es muy impropio que a cualquier americano se le hagan esa clase de preguntas, sobre todo bajo una coacción como ésta.”

Naturalmente, no se lo perdonaron y le acusaron por “desprecio al Congreso”. Le procesaron formalmente en 1.957, y en 1.961 fue condenado a un año de prisión. Durante todos esos años su nombre fue borrado de todas las bocas, apenas pudo cantar más que en algunas Universidades y sus discos dejaron de radiarse en todas las emisoras, a pesar de que en los años anteriores a este declive fueron tan populares como para haberse vendido más de cuatro millones de ellos.

En 1.962 el Tribunal de Apelaciones anuló su condena, presionado por las protestas que le llegaban desde todo el mundo, pero aunque liberado de prisión, Pete siguió siendo un ciudadano sospechoso.

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Un tiempo para nacer, un tiempo para morir.
Un tiempo para sembrar, un tiempo para cosechar.
Un tiempo para matar, un tiempo para curar.
Un tiempo para reir, un tiempo para llorar…

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Bobby Darin tuvo una vida digna de ser novelada, y por eso también ha sido llevada al cine. Su nombre de verdad era Warren Robert Cassotto, pero en realidad ni siquiera eso era cierto, porque Bobby nunca conoció a su padre, y su padre nunca llegó a saber que había tenido un hijo. Esta situación todavía era más complicada por el hecho de que su madre, Nina Cassotto, crió a Bobby haciéndole creer que era en realidad su hermana, y que los dos eran hijos de Polly, la madre de Nina.

Nina quedó embarazada en el colegio y no le quiso decir nada a su joven amante. Así que toda la familia se mudó a otra ciudad para evitar las murmuraciones propias de los años 30. Y pasó el tiempo y nadie informó a Bobby de la verdad hasta 1.968, cuando éste ya tenía 32 años de edad y ya era un famosísimo cantante que se codeaba tanto con los rock’n’roleros de su época como con el mismísimo Frank Sinatra. Era además un músico consumado, que dominaba el piano, la batería y el vibráfono. Y además tuvo bastante éxito como actor, llegando a estar nominado para un Oscar por su papel de fascista psicótico en la película “La escuela del odio”, que dirigió Stanley Kramer en 1.962. Y si aún no tenía bastante, en 1.968 se echó en brazos de la política, en las filas del Partido Demócrata americano.

Así que sabiendo que ahora toda la vida de Bobby iba a estar bajo el atento escrutinio de la mirada pública, y que el partido de la oposición no iba a pestañear siquiera a la hora de usar los hechos de su nacimiento contra él, fue por lo que Nina Cassotto por fin le reveló la verdad.

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“Dream lover”

Aquello le dejó destrozado, pero siguió adelante, uniendo su carrera musical y sus creencias políticas. Estaba en el equipo de Robert Kennedy cuando éste ganó las primarias del estado de California y se perfilaba como el nuevo presidente de los Estados Unidos. Pero en cuestión de horas la pistola de Sirhan Sirhan le redujo de nuevo a la desesperación. En el funeral de Kennedy, Bobby contaba a sus amigos más cercanos que había tenido una experiencia mística que le había llevado a vender todas sus posesiones y retirarse al Profundo Sur a llevar una vida de ermitaño. Los rumores comenzaron a circular: que si era alcohólico, que si era drogadicto… la realidad era muy diferente; Bobby había sufrido problemas cardíacos desde muy joven, hasta el punto de que se llegó a dudar de que alcanzase los 16 años siquiera.

Viviendo ya una vida de prestado, Bobby volvió a cantar, incluso fue uno de los pocos cantantes blancos que fichase por la Motown. Su primera operación del corazón llegó en 1.971, tras la cual ya todos los pulgares apuntaban hacia abajo…

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Con todos los flashbacks que me vinieron a la mente preparando el post anterior sobre los conciertos recordé algunas cosas divertidas que entre copas me contaban los miembros de La Iguana, los promotores nacionales a los que solíamos comprarles la mayoría de las actuaciones que traíamos a Sevilla.

Saxon

Una de ellas tenía como protagonista a Biff Byford, gritón solista de los metaleros SAXON, que apenas era cascarón de huevo cuando la banda tuvo su primer éxito allá por 1980.

Doce años después, la banda estaba en su fase de bajada cuando los trajeron de gira por nuestro pais y un oscuro secreto de Biff (un legado de lo rápido que se aprecian los efectos de la edad cuando llevas mala vida) iba a ser revelado a todo el mundo.

En uno de los conciertos en directo en España, una combinación del implacable calor de nuestro verano unido a los sudores propios del heavy tuvieron su efecto en el grupo telonero de Saxon, la banda de la rocker-glam y modelo a tiempo parcial LISA DOMINIQUE.

Corriendo fuera del escenario en mitad de la actuación debido a la urgente necesidad de alguna bebida fresca, la rubia cantante pilló un vaso de agua en el abierto camerino más cercano y comenzó a engullirla… para encontrarse un par de dentaduras postizas tintineando siniestramente en el fondo del vaso.

Guiado al camerino por el inconfundible sonido de una vomitona, Biff identificó los picarones dientes como su “dentadura de hablar”, explicando que la que él llevaba puesta en esos momentos era su “dentadura de cantar”, una prótesis mucho más resistente y adherente que la del vaso que le permitía gritar sin contemplaciones himnos metálicos tales como “Wheels of steel” y “Strong arm of the law”.

Lisa

METAL PESADO

Después de nuestro anterior post tenemos algo más claro qué es el fenómeno indie. Y si eso ha ayudado a que los integristas del rock lo desprecien un poquito menos, pues mejor que mejor.

Pero quizás haya también algunos indies a los que el rock duro les cause rechazo, y creo que es justo que también les expliquemos a ellos el cómo y por qué surgió, sobre todo cuando esta misma semana nos va a visitar en Sevilla una de las bandas que ostenta la máxima representación del género.

Sirva pues, esta nueva entrada, para rendirle homenaje a la escena hard-rock y heavy, y en la medida de mis escasas posibilidades, devolverle un poco del respeto que le tienen perdido los indies más integristas, y que así todos podamos disfrutar llenos de amor y fraternidad del concierto que el sábado nos ofrecerán aquí los AC/DC.

Los miembros de AC/DC sonrientes en el salón del asilo, contentísimos de haber conseguido meter un cuarto acorde en una de sus canciones antes de morirse.

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AC/DC – “Highway to hell”

El heavy metal tuvo sus orígenes a finales de los años ’60, cuando los pensadores más importantes del campo de la música popular comenzaron a darse cuenta de que las canciones de rock’n’roll normal no eran lo suficientemente largas, ni sonaban lo suficientemente altas.

El rápido crecimiento de los conciertos de rock de altos decibelios causó sorderas parciales y totales entre millones de fans. Como consecuencia de ello, la gente ahora se quedaba en sus asientos, como tonta, sin capacidad siquiera de discernir lo que estaba oyendo, ni de levantarse a mear. Esto supuso una amenaza para la vasta industria musical, la cual, en aquella época primitiva estaba pensada principalmente para satisfacer los oídos.

Afortudamente, la ciencia americana llegó en su ayuda. En 1.969, científicos de la CTS (Clonglomerated Technotronics & Sonics) desarrollaron el woofer de partículas subatómicas, un dispositivo capaz de amplificar la música hasta unos nunca oídos ni vistos antes diecisiete millones de decibelios, aunque para ello hubiese que lamentar la pérdida de cientos de monos y ratones blancos en ensayos de laboratorio, principalmente debido a que estallaban sus cabezas. Pero con este nuevo artefacto, la gente que oía menos que un gato de yeso con audífono pudo apreciar de nuevo el rock’n’roll, aunque fuese sintiendo las vibraciones a través del suelo, algunas de las cuales llegaban a alcanzar un cuatro en la escala de Richter.

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AC/DC – “TNT”

La escena, pues, ya estaba preparada para una nueva revolución. Todo lo que se necesitaba era un grupo adecuado para llegar a tocar rock’n’roll de una forma increíblemente alta y distorsionada, a la cual se le aplicaría el nombre de “heavy metal”.

Y dicho grupo bajó del cielo como un globo.

La mayoría de los musicólogos y también una gran parte de los metalúrgicos están de acuerdo en que la más importante de todas las bandas de heavy metal que asolaron la tierra fue Led Zeppelin.

Led Zeppelin fue realmente un grupo que rompió moldes. Y cuando no estaban rompiendo moldes, normalmente estaban rompiendo muebles. Se podría escribir un libro entero sobre el arte de devastar una habitación de hotel, y varios capítulos largos tendrían que estar dedicados a Led Zeppelin. Desde entonces la aplicación de este arte fue la que dividió a los músicos entre los que eran rockeros y los que no. Led Zeppelin lo hacían con precisión y brillantez. Su legendario batería John Bonham jamás se sentó en un sofá al que no prendiera fuego después y a continuación lo arrojase por una ventana. Su legendaria muerte en 1.980 ocurrió cuando una vez, más borracho de lo habitual, se olvidó de tirarlo después de pegarle fuego. Los igualmente legendarios Robert Plant y Jimmy Page fueron una vez invitados a una prestigiosa universidad para dar una clase magistral sobre la forma más eficaz de arrancar tuberías de la pared.

Extraordinariamente dotados para ello, los Zeps no planeaban ni ensayaban sus épicas destrucciones de hoteles, sino que se aproximaban a cada uno con un espíritu de inspirada improvisación. Desafortunadamente, ninguna de estas arrasadoras sesiones fue jamás grabada o televisada, así que solo podemos confiar en la palabra de otros músicos invitados a asistir, o de groupies también invitadas; pero la mayoría de los testigos y peritos de compañías aseguradoras están de acuerdo en que la composición que hicieron de la suite 1237 del Omaha Holiday Inn fue la mejor obra que se haya hecho nunca en este campo. La comenzaron con Bonham circulando con una moto de gran cilindrada a través de las habitaciones a gran velocidad, para alcanzar el climax cuando Plant y Page prendieron fuego al pelo de su manager, para después apagarlo usando como extintores botellas de champán Dom Perignon.

Los miembros de Led Zeppelin en el jardín que rodeaba al hotel “Ramada”, en 1.974, mirando tristemente cómo éste ardía, después de que ellos accidentalmente hubiesen prendido fuego a su suite.

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Led Zeppelin – “Rock and roll”

Casi tan influyentes como Led Zeppelin (que llegaron a infectar a todo un continente en cuestión de días) fueron los miembros de otra banda británica de heavy metal llamada Black Sabbath.

Líderados por el temible Ozzy Osbourne, los Sabbath se aficionaron al ocultismo, lo cual podría haber estado bien si se hubiesen limitado a invocar a los demonios para que mataran y se comiesen a sus enemigos, y los hubiesen mantenido lejos de las salas de conciertos. Pero incorporar la magia negra al grupo no solo hizo de Black Sabbath la primera banda de culto oculto, sino que también hizo posible las posteriores carreras de Alice Cooper y Marilyn Manson.

Pero tanta maldad tuvo su castigo. Un romántico Ozzy Osbourne cantó sobre maldiciones, matanzas, plagas, rapiñas, violencia y delirios de locura que él personalmente había experimentado y disfrutado. Si hubiese sabido que el destino le depararía terminar su carrera como el inepto y risible padre de familia zumbado por las drogas de una telecomedia, indudablemente hubiese preferido también suicidarse sobre un escenario.

Pero en aquellos tiempos, aunque desdeñados por la clase alta de los críticos de rock y por la mayoría de los miembros de las AMPA de todos los institutos, Black Sabbath vendieron más discos que Cat Stevens y Eric Clapton juntos; megamillones de discos. Para cuando se metieron de nuevo en sus ataúdes buscando un largo periodo de reposo, ya habían logrado que la Reina de Inglaterra les premiase con el honorífico título de Caballeros Ejecutores del Reino, con el que tanto ellos como sus descendientes tenían el derecho de condenar a muerte a cualquiera que no les gustase.

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Black Sabbath – “Paranoid”

En los años de sequía heavy que siguieron, los grupos metálicos como Black Sabbath fueron muchas veces culpados de inducir a los adolescentes a que cometiesen suicidio. Pero esto fue desmentido de forma evidente cuando unos estudios revelaron que la mayoría de estas personas habían sido conducidos a terminar con sus propias vidas por el aburrimiento causado por John Denver y los Osmonds. Además, como Ozzy dijo una vez en uno de sus raros momentos de lucidez, “es un jodido milagro que todos los jodidos jovencitos no se hayan jodidamente suicidado”.

Pero volvió de nuevo la época de vacas gordas porque, aunque en Inglaterra fue donde comenzó el heavy metal, era inevitable que los americanos sacasen su propia versión; después de todo en los USA es donde más lunáticos hay por metro cuadrado. Así que muy pronto los grupos metálicos americanos comenzaron a brotar rápidamente hasta de debajo de las piedras, derribando a menudo a los incautos que no eran capaces de apartarse lo suficientemente rápido del agujero que se estaba formando bajo ellos. Estos misteriosos socavones en el continuum espacio-tiempo puede que tengan también algo que ver con la destrucción del medio ambiente, dicen los expertos.

Así surgieron bandas tales como Metallica, Guns N’Roses, Mötley Crüe y otras más, demasiado numerosas para exterminarlas, que se extendieron sin oposición por toda la faz de la tierra, llegando incluso hasta el continente perdido de Australia, donde según recogimos en un anterior escrito, habían ido a parar los británicos desterrados portadores del genoma del heavy.

Los miembros de Metallica, Lars Ulrich, Robert Trujillo y James Hetfield, informando a Kirk Hammett que había sido expulsado de la banda por aparecer frecuentemente sin gafas de sol y también por parecer un tipo feliz.

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Metallica – “Fuel”

Con sus lóbregos riffs, pesados, repetitivos, distorsionados, causaron un enorme resurgimiento de los remedios contra el dolor de cabeza, para gran fortuna de la industria farmacéutica. En las décadas que siguieron el heavy metal crecería tanto que ya nada pudo destruirlo. Fallaron contra él las armas de destrucción masiva, los ataques nucleares, la senectud que trajo la propia naturaleza. El heavy metal no puede ser destruido por ningún medio conocido.

Así que no queda otra elección que asumirlo y unirse a él… al menos yo así pienso hacerlo el próximo sábado por la noche…

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AC/DC – “For those about to rock (We salute you)”

WHY YOU LEFT ME, OH SANDY?

En la tarde del lunes 18 de abril de 1.978, un joven músico de Londres llamado Jon Cole cerraba la puerta de su piso en el barrio de Barnes y se subía en su Datsun para reunirse en Hammersmith con su banda, The Movies, y hacer un par de horas de ensayos, como acostumbraban.

Salió del aparcamiento y tras doblar la esquina comenzó a enfilar la larga avenida en la que su amiga, la profesora Miranda Ward, tenía un piso duplex en la planta baja del bloque más próximo. La tarde anterior, Miranda le había dado una copia de la llave de su piso y le había pedido el favor, ya que ella tenía que trabajar, de que le echase un vistazo a la mujer que estaba viviendo una temporada allí con ella. El marido de esa mujer se había largado y se había llevado con él a la hija de ambos, y ella estaba pasando unos días muy malos. Miranda pensaba que estaría bien que alguien fuese a ver cómo estaba y a preguntarle si necesitaba algo. Pero Jon no podía entretenerse, ya iba tarde para el ensayo.

Pero, de pronto, algo le hizo cambiar de idea.

Cuando estaba parado detrás del autobús 93, esperando que éste echase a andar de nuevo tras recoger a sus pasajeros, desde la ventana del piso de su amiga, que estaba justo a ras de él, le pareció escuchar una voz que susurraba… “socorro…”

Jon no era un tipo propenso a escuchar voces, de hecho, nunca había oído ninguna, así que prestó a tención a lo que su cabeza, o su sexto sentido le parecían indicar, y aparcó el coche para dirigirse al piso de Miranda. Cuando entró se encontró a la amiga de ésta tendida en el suelo al pie de la escalera. Estaba estirada a todo lo largo, con uno de sus pies tocando el último escalón de la escalera de caracol. Y estaba sin conocimiento.

Jon comprobó su respiración. Estaba viva. Llamó a una ambulancia y le dijeron que estarían allí en cinco minutos. Mientras esperaba, fue a la cocina a hacer un poco de té. Estaba tranquilo en realidad, seguramente la mujer estaría bien, ya parecía estar volviendo en sí, además; lo más seguro es que se hubiese caido y se hubiese dado un golpe. Jon incluso le dio una voz desde la cocina: “¿Quieres una taza de té, Sandy…?”

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“By the time it gets dark”

En la mañana del jueves 13 de abril de 1.978, el marido de Sandy metió a su hija Georgia en el cochecito y le dijo a su mujer que se iba con ella a hacerle una visita a su hermana. A las cinco de la tarde Sandy llamó por teléfono a Miranda para preguntarle si su marido estaba allí con ella, como solía hacer cuando iba por esa parte de Londres. Miranda le dijo que hoy no había ido, pero que la llamaría si pasaba por allí.

A las 9 de la noche el teléfono de Miranda volvió a sonar; era Trevor, el marido de su amiga Sandy, y también amigo suyo, que le llamaba desde una cabina. Le dijo que ya no aguantaba la mala vida de Sandy y que la abandonaba de una vez y se iba, llevándose con él a Georgia, pero no le dijo a donde.

Un poco antes de medianoche su teléfono volvió a sonar, pero ella no estaba allí para cogerlo, porque se dirigía en su coche hacia la casa de Sandy. Precisamente era ésta quien estaba llamándola otra vez… había notado que faltaba bastante ropa de Trevor y de la niña.

Miranda le dio las malas noticias a Sandy cuando llegó, y le dijo que viniese a casa con ella. Sandy se lo tomó sorprendentemente bien, a pesar de todas sus flaquezas, era bastante estoica y fuerte; no se puso histérica ni soltó ninguna lágrima, ni presionó a Miranda para que le dijese a donde se había ido Trevor con su hija… Miranda estaba incluso más histérica que ella, y cuando ya estaban en su casa, y Sandy se había acostado, se puso a llamar frenéticamente a algunos amigos comunes a ver si sabían algo de él. Nadie dijo saber nada.

A la mañana siguiente Sandy se levantó quejándose de dolores de cabeza. Ella pensaba que podían ser debidos a una brecha que se hizo en ella cuando la semana pasada se cayó estando en su casa discutiendo con su madre. Sandy era preocupantemente propensa a caerse por las escaleras; incluso sus amigos bromeaban sobre eso… “si hay tres escalones en algún sitio, Sandy se cae por ellos”. Como después de esa caida no habia ido a ver a ningún médico, Miranda llamó por teléfono pidiendo cita, y se la dieron para el lunes por la tarde. Decidieron que cuando ese día la viese el médico, Sandy también debía hablarle de sus problemas con la bebida.

Durante el fin de semana las dos amigas mantuvieron largas conversaciones sobre sus recuerdos comunes y planteándose qué iba a pasar en el futuro, hablando sobre con quién podría trabajar Sandy de nuevo y cosas así. Miranda intentó también otra vez encontrar a Trevor. Sandy se mantenía firme sobre que no iba a suplicarle que volviese. El domingo había tenido una larga conversación telefónica con su hermano, y se había ido a dormir temprano de bastante buen humor.

Pero a las seis de la mañana se despertó con un terrible dolor de cabeza. Sandy fue a la habitación de Miranda para preguntarle si tenía algún calmante.

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“Listen listen”

En la mañana del lunes 18 de abril de 1.978 Miranda se fue a trabajar y le dejó a Sandy, que volvía a dormir tranquilamente, una nota con el número de teléfono del colegio en el que trabajaba, otros números en los que podría contactar con algunos amigos por si necesitaba hablar con alguien, y algunos detalles caseros de interés… “la tostadora está averiada y no se para sola, tienes que pararla tú o si no se te van a quemar las tostadas…”, y le dejó anotado también que volvería a tiempo de ir con ella esa tarde al médico, tal como tenían previsto. A la una y media Sandy recibió una llamada de Steven, el amigo suyo que se había quedado al cuidado de los perros de ésta. Después, Steven diría que Sandy no sonaba tan alegre como siempre, pero que parecía estar bien.

A primera hora de la tarde, Miranda recibió una llamada en su colegio desde el hospital Queen Mary en la que le decían que Sandy había sido encontrada inconsciente por Jon Cole, y que estaba ingresada allí. Le dijeron también que se encontraba en estado de coma.

Le habían diagnosticado una hemorragia cerebral, y estaba conectada a un respirador automático. El pronóstico no era nada bueno. Miranda se ocupó de avisar a los padres de Sandy y al resto de su familia y amigos más cercanos. Al final consiguió también el número de teléfono de los padres de Trevor en Australia, y les dijo que hiciesen el favor de hablar con él si estaba allí. Al enterarse de la noticia Trevor dejó a su hija Georgia con sus padres y se apresuró a ir al hospital.

El miércoles trasladaron a Sandy al Hospital Atkinson Morley, donde unos especialistas en cirugía cerebral iban a operarla. Pero no tuvieron éxito. SANDY DENNY murió a las ocho de la tarde. Tenía solamente 31 años.

El certificado de defunción decía que la causa había sido un “trauma cerebral”. El veredicto de la vista que siguió a su fallecimiento fue el de “muerte accidental”, sobrevenida seguramente por las heridas sin tratar médicamente que se produjo en su anterior caída.

Naturalmente, con el paso de los años, se rumoreó con otras muchas circunstancias y explicaciones de su muerte, pero ninguna tan probable como la que apuntó el veredicto del juez. No hubo informes de que se encontrasen niveles significativos de drogas o de alcohol en su cuerpo… la verdad es que fue una muerte trágicamente prosaica para poner el final a una vida tan especial como la de Sandy.

Fue enterrada en el cementerio de Putney Vale, y una solitaria gaita puso las notas musicales de fondo mientras su féretro descendía al fondo de la fosa.

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“Who knows where the time go”

En la tarde del viernes 7 de abril de 1.978 Sandy y su madre tenían una de sus habituales discusiones. Básicamente, el problema que había entre las dos era que nunca estaban de acuerdo en nada. Edna Denny, la madre de Sandy, era extremadamente crítica sobre la vida de su hija y siempre estaba echándole en cara lo que ésta estaba haciendo con ella, y era particularmente severa con respecto a su peso y apariencia.

Sandy solía decirle a sus amigos, cuando hablaban de este tema, que odiaba a su madre. Sin embargo quería a su padre, por lo que seguía viéndolos, si bien solo podía resistir un encuentro con ellos cuando tenía la suficiente confianza en sí misma para hacerlo. Edna era una mujer ultra conservadora preocupada al máximo por su status social y por “el qué dirán” de su entorno vecinal.

La caída que al final tuvo como consecuencia la muerte de Sandy, provocándole unos días más tarde la hemorragia fatal, ocurrió en su casa durante una visita de sus padres. Sandy había estado bebiendo demasiado para reunir el valor suficiente con que aguantar a su madre, y eso hizo que se cayese por las escaleras, golpeándose la cabeza contra el suelo de la cocina.

Cuando Sandy se lo contaba al día siguiente a sus amigos, les decía que aunque le dolía mucho la cabeza a causa del porrazo, su madre no quiso llevarla al hospital porque no quería que nadie viese a su hija borracha.

Solo podemos especular con ello, pero si Sandy hubiese recibido una mínima asistencia médica después de su caída, la herida que acabó días después con su vida pudo haber sido descubierta, y evitado su muerte.

Edna Denny falleció también pocos meses después con el corazón roto por la desolación.

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“Candle in the wind”

LA RIDICULEZ DE LO SUBLIME

En los comentarios que siguieron al post de las Shaggs, nuestro amigo Ambrosio recordó que sus dos discos ocupaban los puestos números 16 y 17 en el ranking del libro de “Los peores discos de Rock’n’Roll de todos los tiempos”; y sugirió que escribiese una entrada sobre los quince que le preceden en tan “gloriosa” lista. Y eso es lo que tenéis aquí: los 15 peores discos de toda la historia del rock’n'roll; la cara oscura, aburrida y tonta del rock, la que dejan ver los artistas cuando en vez de vacas sagradas son humanos, y se comportan como tales.

Como la lista y las razones por las que ocupa el puesto en ella cada disco ya están escritas en el libro, lo que veréis escrito en cursiva, presentado como cita, son palabras extraídas y traducidas del propio libro, por lo que no son mías, sino de los autores Jimmy Guterman y Owen O’Donell, así que los insultos y los recuerdos a sus santas madres se los dedicáis a ellos, que yo no tengo nada que ver. Yo me limitaré a escribir algunas impresiones y vosotros ya tendréis la sección de comentarios para explayaros a gusto. Ea… para que luego digáis que yo soy sarcástico…

Comenzamos de atrás hacia adelante. Y el disco que ocupa el puesto número 15, entre los peores de todos es el de ANDERSON, BRUDFORD, WAKEMAN, HOWE que se llamaba exactamente igual que ellos.

En los quince años que siguieron a “Tales from topografic oceans” (no te preocupes, de él hablaremos más adelante) los miembros de Yes se disolvían y se volvían a reunir tan rápidamente como cualquier ejecutivo les presentase un nuevo contrato. La permutación que menos sentido tuvo de todas las que hicieron tuvo lugar en 1.989.

Sobre el papel parecía una buena idea; las cuatro quintas partes del grupo que creó las únicas obras duraderas de la banda en los ‘70, “Fragile”, “Close to the edge”… …pero tal respeto se deterioraba en una situación de interpretación musical en la que ninguno se comunicaba ni ninguno se cuestionaba nada. Eran cuatro músicos que interpretaban sus partes sin establecer ningún contacto, sin establecer ningún terreno común…

…la música era tan compleja, vaga y difusa, que uno se pregunta si Anderson, Brudford, Wakeman y Howe estaban interpretando diferentes composiciones al mismo tiempo. Esa era la razón por la que esta unidad no tenía nombre, es que en realidad no eran una banda. Eran meramente un grupo de individuos tocando sus propias partes, cada uno de ellos ignorando felizmente las contribuciones de los otros.

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Anderson, Brudford, Wakeman, Howe – “Themes”

¿Vosotros pensáis que alguien ha escuchado este disco más de una vez en su vida…? Buena razón para su inclusión en la lista.

Los puestos números 13 y 14 son para QUEEN, con sus obras “Queen II” y “Live Killers”.

El cuarteto de art-metal británico Queen se deterioró en un espectáculo tan pretencioso que nos olvidamos fácilmente de que eran una banda verdaderamente maligna cuando empezaron. Aparecieron en los primeros ’70 como una especie de copia glam de Led Zeppelin, con el guitarrista Brian May como un sub-Jimmy Page tocando riff heavies, mientras el batería Roger Taylor hacía ruidos oscilantes y el bajista John Deacon intentaba seguirlos. Mientras tanto, el cantante y pianista ocasional Freddie Mercury brincaba por el escenario con unos monocromáticos leotardos y con pinta de Mick Jagger imitando a Robert Plant.

El más ruidoso de su primeros discos fue “Queen II”. Se pretendía que hubiese sido una ópera rock… …pero quizás la única razón por la que estamos seguros de que “Queen II” era un disco conceptual es porque una cara del disco estaba etiquetada con el nombre de “Cara blanca”, y la otra con el de “Cara negra”. Que suerte tuvieron estos genios de no tener que preocuparse por entonces de los CDs, que no tienen más que una cara.

Queen alardeaban en las portadas de sus primeros discos (entre ellos el “Queen II”) de que “nadie toca el sintetizador”. Esto lo que realmente quería decir es que ninguno de la banda se había preocupado de comprar uno. Los incesantes overdubs de más guitarras, pianos y clavicordios desmentía la “honestidad musical” que habitualmente acompañaba a las bandas que eran agresivamente libres de sintetizador. Una masa de cualesquiera otros instrumentos puede ser tan engañosa y sonar tan falsa como un sintetizador, como Queen demuestran a través de todo el “Queen II”…

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Queen – “Some day one day”

…Queen grabaron algunos discos horribles en estudios en los años que siguieron a “Queen II”… …pero no tocaron fondo hasta “Live Killers”, grabado durante una gira europea a primeros de 1.979…

…para describir el climax de “Live Killers” nos ceñiremos a lo que dice el que escribió las notas interiores del disco: “Un solitario foco cae sobre Freddie sentado al piano, cantando el principio de “Bohemian Rhapsody”, que no necesita presentación porque es el mayor éxito de Queen en todo el mundo. Es impensable que puedan omitir esta canción, aunque su sección operística de multicapas era puramente una creación de los estudios. Ferozmente opuestos a interpretar con cualquier música grabada de antemano, el grupo resolvió el problema de la forma típica tan poco comprometida de Queen: abandonaban el escenario y ponían el disco”.

Sí señor, eso es lo que se llama integridad… ¿que no…?

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Queen – “Don’t stop me now”

El puesto número 12 es para los BYRDS , con el disco de reunión que se llamaba como ellos, “Byrds”, que editaron en 1.973.

¿Cuando uno piensa en los Byrds, qué le viene a la mente?… …los Byrds originales eran algo más que cinco individuos que juntos eran capaces de crear una especie de rock híbrido que cruzaba la cara rock del folk de Bob Dylan con el folk al que tendía el rock de los Beatles. Cuando estaban mejor eran un todo fuerte e indisoluble. Desafortundamente, cuando David Geffen les ofreció camiones llenos de dólares para que dejasen atrás su animosidad personal y grabasen este disco de reunión el espíritu es posible que todavía permaneciese dispuesto, pero el talento se había evaporado…

…Con este disco lo único que los Byrds perdieron fue su credibilidad; y lo único que encontraron fue el final de su contrato discográfico.

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Byrds – “Cowgirl in the sand”

Hay cosas que no deberían hacerse ni siquiera por dinero, y una de ellas es un disco como éste: una edición solo para sacar pasta, en la que cada uno de los miembros de la banda aprovechó para meter las canciones que no querían meter en sus respectivos discos en solitario. Así que en este disco ni recuperábamos a los antiguos Byrds, ni teníamos a unos nuevos Byrds, porque este disco no era un esfuerzo de grupo, sino canciones de cada uno de sus miembros individuales, con la particularidad, además, de que cada uno de los otros procuraba quitarse musicalmente de en medio en las canciones que no eran las suyas.

Con el disco que ocupa el puesto número 11 ya os digo de antemano que yo no estoy nada de acuerdo, es el “Aqualung” de JETHRO TULL.

La ambición es buena. Anima a los artistas, y a los que quieren serlo, a ir más allá, a explorar e incluso quizás adquirir maestría en nuevas áreas. Pero los intérpretes ambiciosos que no comienzan desde una base firme frecuentemente lo que sacan son galimatías pretenciosos que alternativamente causan risa y repulsión. Si Emerson, Lake & Palmer no saben tocar rock’n’roll, imagínate lo que pueden hacer con los clásicos!

Tanta gente se colgó de este torpe collage de teología del siglo quince, teatrero y light heavy metal y equivoca nostalgia rural, que hizo de “Aqualung” un enorme éxito entre los treintañeros pretenciosos de todos los tiempos…

…para aproximarse a la emoción cuando canta, Ian Anderson deja las sílabas demasiado alargadas y extiende tanto las palabras que pierden su significado. Pero incluso su forma de cantar es sublime comparada con su flatulenta forma de tratar la lengüeta de la flauta… …Anderson actúa como si pensara que tocar demasiado rápido y demasiado fuerte nos iba a convencer a todos de que es un genio.

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Jethro Tull – “Aqualung”

Pues a mí me gustan estas historias del viejo verde Aqualung, que miraba a Mary la Bizca mientras estaba en el patio del recreo, y eso que cuando descubrí este disco (todavía) no era un treintañero pretencioso… por eso os decía antes que no estoy de acuerdo con la inclusión de este disco en la lista de los peores. Aunque Jethro Tull hicieron luego otras cosas que sí merecerían aquí un lugar muy destacado.

Y como los autores del libro nos prometieron antes, aparece por fin el “Tales from topographic oceans”. Con este disco el grupo YES ocupa el puesto número 10.

El disco más pesado del grupo más pesado de todos los británicos con pretensiones artísticas, Yes (Zzzzzzzzzzzz). “Tales from topographic oceans” es la destilación de séptima mano del pensamiento del mundo, de acuerdo a cinco de las personalidades más difusas que jamás hayan intentado coexistir en un grupo de rock. El teclista, Rick Wakeman, y el batería, Alan White, eran los únicos rockers genuinos del grupo, aunque la idea que Wakeman tenía de la inventiva muchas veces era sacar con paciencia sonidos de pedos de su órgano Hammond B-3, y Alan White muchas veces parecía tan desconcertado por los no-arreglos tan elaborados que pasaba de seguir el ritmo. El bajista, Chris Squire, era un guitarrista frustrado, que rellenaba cada espacio abierto que encontraba en una canción con demasiadas notas, y el sub-clásico guitarrista Steve Howe buscaba distanciarse todo lo posible de su base de guitarrista de blues-rock. La guinda del pastel la ponían con la displicente voz de registro muy alto de Jon Anderson, que fingía ser inocente e ingenua, pero que de hecho era insolente e infantil… …en otras palabras, el desastre era inevitable.

“Tales from topographic oceans” es una larga, larga, larga canción de 81 minutos dividida en cuatro secciones (una por cada cara de un disco coble). Las letras son psicofarfulleos de mística oriental, lastradas fuertemente por tempos arrastrados. Tan pronto como una canción adquiere una rapidez suficiente como para despertar el interés, la batería inmediatamente se escabulle y nos volvemos a dar de narices con Jon Anderson gorjeando etéreamente sobre montañas o pájaros. Los pájaros vuelan y pueden huir, desgraciadamente las montañas no tienen esa suerte.

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Yes – “The revealing science of God / Dance Of The Dawn” (corte)

Yo descubrí a Yes con este disco. Tenía un amigo que me contaba maravillas sobre él, y cuando uno tiene 17 años (una enfermedad que se cura al cumplir los 18) se lo cree todo. Con amigos como ése, er Mangüe, nunca necesité enemigos… también me inició en la etapa más coñazo de John Mayall… y en los grupos de canción política chilenos!!

El puesto número 9 es para otro de esos discos que parecían no acabarse nunca, el “Europe ‘72” de GRATEFUL DEAD.

“Europe ‘72” captura a los Grateful Dead en el momento en que se convirtieron en parodia de sí mismos. En el momento en que llegaron a Londres, en abril de 1,972, ya habían llevado su visión de lo que tenía que ser una jam session alargada todo lo lejos que habían podido. Así que ahora ya que iban a hacer ¿alargarlas más todavía?. También, estaban viendo que los problemas personales les iban a impedir encontrar una forma viable de seguir con sus rollos musicales, así que uno a uno fueron dejando de tocar…

…¿Hemos mencionado que “Europe ‘72” era un disco triple? Todo en él era excesivo, perdiendo el punto a través de repeticiones de todos los fallos de Grateful Dead. Ni Jerry García, ni Bob Weir tenían la habilidad o el deseo de ser la voz solista de una banda de rock, y las monocromáticas interpretaciones definidas por sus endebles y agarrotadas voces son totalmente indolentes, y los solos de guitarra, sin alma, eran lo que los punks de media década después consideraban pasado y añejo. Las jam de boogie que se montaban dejaban las canciones tiradas casi desde el principio para comenzar a perseguirse la cola… …incluso peor todavía que no reconocer las canciones es que el oyente no puede ni encontrarlas, todo son solo, solo, solo, una calada, una esnifada, solo, solo, otro solo… …algunos han comparado las jams de Grateful Dead con el jazz, pero para estos tíos el jazz significa que no tienen que perder tiempo con ninguna estructura. Solamente enchufan y tiran p’alante.

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Grateful Dead – “China cat sunflower”

Yo, sin embargo, le tengo cariño a este disco. Cuando me fui a hacer la mili a Madrid, en 1.980, descubrí allí unas tiendas de discos de segunda mano que en Sevilla eran inconcebibles, y por cuatro perras podías comprarte cosas maravillosas, como esta caja, muy bien presentada, con un libreto interior lleno de fotos y tres fantásticos vinilos, en perfecto estado, que todavía conservo. Fue el primer disco de segunda mano que me compré allí.

Aunque cuando por fin dejé de estar hipnotizado por la portada del “Aoxomoxoa”, descubrí que no le falta razón a los autores de este libro sobre lo que piensan de Grateful Dead y su música en directo.

El disco que ocupa el puesto número 8 también es en directo. El “Alive, she cried” de los DOORS.

Jim Morrison es el intérprete más sobrevalorado de la historia del rock. Basando toda una carrera en la necesidad de escandalizar a los fácilmente impresionables espectadores, Morrison no tenía un talento más apreciable que cualquier otro potencial icono cuyas alteradas y exageradas letras y su atormentada postura de no-veas-lo-rebelde-que-soy hubiesen muerto con los ’60 aunque él mismo no lo hubiese hecho.

Lo de morirse fue el movimiento más hábil que Morrison perpetró en toda su carrera: eso le permitió interpretar el papel de Rimbaud para generaciones de chavales que nunca habían oído del modelo de conducta que tuvo. Como la famosa portada de la revista “Rolling Stone” proclamó: “He’s hot. He’s sexy. He’s dead”. Si no hubiese sido por el tercer hecho la gente no se hubiese percatado de los otros dos. Si te sonamos cínicos recuerda que prácticamente todos los aspectos de su persona fueron inventados. En el primer material publicitario de los Doors, Morrison estableció el mito de que sus padres estaban muertos, ocultando el hecho de que su apellido real era Morrisson (cambiado sin duda por razones artísticas), y que no solo sus padres estaban todavía vivos, sino que su padre era almirante de la marina americana. Entendemos que tal asociación en la América de finales de los ’60 no era bienvenida, pero es típico de Morrison que en vez de enfrentarse a los aspectos incómodos, simplemente mentía sobre ellos. Solo nos podemos imaginar que la imagen que Morrison tenía de sí mismo como “Rey Lagarto” no hubiese tenido mucho éxito entre sus fans si éstos hubiesen sabido que le esperaban un “Papi Rey Lagarto” y una “Mami Reina Lagarta” cuando volvía a casa… … Al morirse, Morrison se convirtió en todo lo que había querido ser en vida…

…”Alive, she cried” era otro en el aparentemente interminable desfile de productos de los Doors que Elektra Records continuó editando para capitalizar la negativa de que Morrison muriese también desde la perspectiva comercial. El disco consiste en grabaciones fuera de los estudios hechas entre 1.968 y 1.970 y se enfoca en las partes teatrales más cutres y en las más aburridas fantasías sexuales que la gente menciona ahora cuando describen a Morrison como “dinámico”.

La primera canción, una versión del clásico que Van Morrison escribió para Them, “Gloria”, es más que suficiente para hacerte volver corriendo a la tienda de discos y decirle al dependiente que compraste el disco por error y que porfi, porfi, porfi, porfi, si te lo puede cambiar..

…El interminable zumbido del solo de órgano de Ray Manzarek en “Light my fire” sugiere que está intentando perfeccionar un nuevo estilo de tocar que consiste en hacerlo con los codos en vez de los dedos. John Densmore, como siempre, sufre de DPMB, o desorden de personalidad múltiple del batería. Es incapaz de decidirse entre cual de los simples ritmos que conoce emplear en cada canción, así que los va alternando hasta que la canción se acaba, o Morrison se cae al suelo, y entonces deja de tocar.

En los últimos días de Morrison con los Doors, la gente iba a sus conciertos para ver qué iba a hacer en ellos, de la misma forma en que van a las carreras de coches de serie para ver si el piloto se va a estampar contra la pared…

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Doors – “Gloria”

Parece que a los autores no les gusta especialmente el “Gloria” que abre el disco, sin embargo tiene todos los ingredientes de una canción representativa de Jim Morrison. Está grabada en directo, pero no en una actuación en realidad, sino en una prueba de sonido, por eso no tiene aplausos ni nada y la instrumentación es un poco caótica, fiel reflejo de que la banda, que empieza entonándola bien, luego se las ve y se las desea para seguir a Jim, un poco como aquí solía ocurrir con los músicos de Silvio. Y Jim la interpreta como si estuviese intentando ligarse a Gloria. Sobre el minuto cuatro de la canción ya lo ha conseguido, y logra follársela… la canción de pronto adquiere un tempo más lento. Jim le va haciendo el amor a la chica, y va cada vez más rápido, cada vez más… “it’s getting harder”, grita varias veces sofocadamente, entre gemidos… y después llega el orgasmo. Pero apenas han pasado dos minutos… Gloria debe haberse quedado insatisfecha y sintiéndose una mujer objeto. Puede que, después de todo, tengan razón los autores al pensar que a Jim Morrison, tanto en la música como en la vida, solo le importaba el propio placer.

El disco del puesto número 7 reúne todo lo de los anteriores en uno solo: es un disco en directo y cuádruple, CHICAGO “At Carnegie Hall”.

Chicago está ya, aunque renqueando, en su segundo cuarto de siglo como proveedor de las más blandas baladas de pop sentimental. Y estamos usando el singular por una razón: puede que tengas media docena de discos de Chicago en tu colección, pero te retamos a que nos digas los nombres de dos de sus miembros sin mirar los créditos. Chicago es una banda singularmente desprovista de cara…

…”Chicago at Carnegie Hall” era el cuarto disco de la banda y era tan largo como la suma de los otros tres. Y eso que su primer disco era doble, desde el principio estaba claro que no sabían cuando parar. Se pueden contar todos los buenos discos cuádruples de la historia del rock con cero dedos de una mano; salvo por alguna recopilación que mostrara el trabajo de una banda durante un extenso periodo de tiempo, tal longitud es fundamentalmente opuesta a la brevedad de la mayoría del buen rock. Quizás los Stones o los Who, ambos en sus respectivas cimas en directo en el momento en que fuesen grabados, podían haber justificado un disco live tan largo que mereciese la pena. Pero no Chicago…

…”Chicago at Carnegie Hall” es una jam de free-form por un grupo más interesado en asegurarse una marca registrada para su nombre que en vivir de acuerdo a él, el nombre de una de las ciudades de más riqueza musical de América…

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Chicago – “Does anybody really know what time it is?”

Y el caso es que el disco no duraría tanto ni sería tan mega-tedioso si no tuviese esas introducciones musicales tan larguísimas y pesadas. La canción que os he puesto, “¿Sabe alguien de verdad qué hora es?” (no consta que la pregunta fuese de alguien que estaba oyendo el disco desde el principio), por ejemplo, dura algo menos de tres minutos y medio, y tiene una intro previa (que os he ahorrado… de nada) que dura… cinco minutos!, un solo de piano chungo e inútil que, como las demás decenas de intros, solo sirve para hacer que un disco doble en directo dure más del doble de lo que debería haber durado.

Y en una lista como ésta no podían faltar los MILLI VANILLI. Ocupan el puesto número 6 con su “The Remix Album”.

La loca idea de hacer secuelas una y otra vez para sacar más pasta, que inventó el cine, se aplicó a la música pop durante los años de la época disco, cuando versiones extendidas, con muy pocas diferencias, de las piezas favoritas de las pistas de baile podían ser vendidas a los fans de las originales. La mayoría eran un desastre; aquellas que perduraron, tales como las grandes mezclas del intuitivo productor Arthur Baker, eran raras excepciones.

El nadir de tales grabaciones fue el “The Remix Album” del dúo alemán Milli Vanilli, porque regurgitaba, rumiando y escupiendo, algo que ya tenía un sabor horrible la primera vez. ..

…el dúo “cantaba” incluso peor ante una audiencia, y en parte fue por sus lives de labios sincronizados por lo que los rumores se extendieron rápidamente sobre que ni Pilatus ni Morvan (¿cuál de ellos es Milli?) cantaban en realidad en los discos; acusaciones que Pilatus rechazó con exabruptos como éste que publicó “Time”: “Musicalmente, tenemos más talento que cualquier Bob Dylan. Musicalmente, tenemos más talento que Paul McCartney. Mick Jagger, sus líneas no son claras. No sabe como debe producir un sonido. Yo soy el nuevo rock’n’roll moderno. Yo soy el nuevo Elvis”. Tal rayadura de coco y eruptos que pateaban la sintaxis llevó a muchos a creer que los Milli Vanilli no solo no cantaban en sus propios discos, sino que tampoco hablaban en sus entrevistas…

…la mitad del disco son remezclas con las esperadas cuotas de ecos, scratchs, y cuchilladas de sintetizadores que supuestamente indican una remezcla. La otra mitad está hecha con sus canciones primerizas que se quedaron fuera del disco “Girl”. Imagínate si eres capaz cómo tienen que ser unas canciones que no fueron lo suficientemente buenas para entrar en un disco de Milli Vanilli !!!!.

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Milli Vanilli – “Girl you know it’s true (NY Subway mix)”

Y lo más gracioso del caso (a lo mejor fue un chiste privado de los diversos productores), es que las voces de Pilatus y Morvan (…bueno, tú me entiendes) prácticamente se pierden entre todo el amasijo de producción adicional de las canciones. Un disco de Milli Vanilli en que las voces son lo de menos… ¿a vosotros también os parece una ironía?

PAT BOONE editó un disco a su nombre en 1.957. Es el que ocupa el puesto número 5 de la lista.

Las versiones no tienen porqué ser malas. Algunas logran capturar el espíritu del original, y están también las raras ocasiones en las que una versión es incluso mejor que un notable original, como la versión que Jimi Hendrix hizo de “All along the watchtower”, que era incluso mejor que la gran versión de Dylan. Lo que a nosotros nos jode es la gente que intenta ganar pasta con el éxito de otro asaltándole y robándole su trueno.

Aunque esta práctica cada vez ocurre con menos frecuencia, era algo normal en los años ’50. Como tantas otras cosas en los USA, las listas de éxito estaban segregadas en dos categorías: las listas de pop estaban reservadas primordialmente para los artistas blancos, y las listas de rhythm & blues eran para recoger los discos de los artistas negros. Mientras el rock and roll tenía su bastión en las listas de r&b, tenía muy poca acogida en las de pop, pero a causa de quien lo grababa, no por lo que era. Poco después, los ejecutivos de las discográficas estaban haciendo que los cantantes blancos hiciesen versiones “socialmente aceptables” de los discos de más éxito de los negros , para así poder quedarse con una porción mayor del pastel.

El rey de las versiones blanqueadas fue el propio Pat Boone. Los inicios de su carrera fueron casi esquizofrénicos en su intento de unir varios tipos de música que los chicos blancos pudiesen escuchar durante la segunda mitad de los ’50. Su primer disco, éste “Pat Boone”, contiene versiones de éxitos del r&b contemporáneo a las que se le aplicó una buena capa de pintura blanca. Hay también baladas fuertemente orquestadas que eran un último intento desesperado contra la incursión de esa diabólica música rock’n’roll. Hoy en día, cuando no se está prostituyendo en algún canal de teletienda, Pat Boone dice que Little Richard nunca se hubiese hecho una carrera si no hubiera sido por él. Gracias por todo, Pat. Eres enrrollao…

…las canciones de rock’n’roll apuntan a la futilidad de un intérprete sin alma intentando interpretar música que debería venir desde el alma. De las doce canciones del disco, siete de ellas habían sido antes éxitos del rhythm & blues, pero solamente una escucha de Pat cantando “vale, podéis llamarme cantante de blues” en “Tra-La-La” es suficiente para apreciar que nadie con oídos le va a llamar nunca cantante de blues…

…no tiene sentimiento para las canciones: intenta afinar cada nota perfectamente (error!) y le da a su voz un filo duro patentemente falso que él piensa que le sienta bien al material. ..

…inconcebiblemente (a menos que sepas qué significa la palabra “payola”) las versiones de Pat Boone de “Ain’t that a shame” y ”At my front door” fueron también enormes éxitos en las listas de r&b. Por eso a mucha gente de la tradicional audiencia del r&b le eran más familiares éstas versiones que las originales…

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Pat Boone – “Ain’t that a shame”

Aún escuchándolo se le hace a uno difícil imaginarse a Pat Boone cantando estas cosas. Pat solía cambiarle la letra a veces a las canciones para hacerlas menos “sucias”, y no solo para sanearlas moralmente, sino también para hacerlas más aceptables gramaticalmente. En las notas interiores de la reedición de este disco, Randy Wood, que era la persona que elegía las canciones que Pat Boone debía cantar, cuenta que tuvo una bronca con él porque Pat no quería grabar “Ain’t that a shame” porque su título es un error gramatical… y durante todos los años de su carrera, siempre que la cantaba en directo lo hacía y la presentaba como “Isn’t that a shame”, que es la forma correcta de decirlo.

El número 4 lo ocupan CROSBY, STILLS, NASH & YOUNG con su “American dream” de 1.988.

Demos crédito a Neil Young. Cuando sus viejos amigos y ex-colegas David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash se presentaron en su rancho del norte de California para grabar con él por primera vez en más de una década, Young no se rió ni echó a patadas a estas desesperadas viejas glorias. Les dejó entrar, probablemente les dio de comer, les dejó tocar sus carísimos equipos de grabación, les dio tantas indicaciones como pudiesen entender, y contribuyó con unas cuantas canciones casi tan vacuas y aburridas como las que ellos traían. Neil repitió las pautas de cuando se unió brevemente a ellos en 1.969 para darle músculo y nervio a sus anoréxicas armonías de terciopelo, pero al menos Crosby, Stills y Nash tenían de vez en cuando una idea de lo que merecía la pena grabar. Ya no…

…las canciones de Neil Young eran fracasos que él ni se hubiese planteado meter en alguno de sus propios discos. Pero aquí, por supuesto, eran las mejores. Young ya había dicho que la única razón por la que estuvo de acuerdo en tomar parte en este disco es que le había prometido a Crosby una reunión de los cuatro si se curaba de su egoísta adicción a la coca, pero eso no es excusa para la calidad de sus propias composiciones…

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Crosby, Stills, Nash & Young – “American dream”

Si algo bueno se puede decir de este disco es que las legendarias armonías vocales del cuarteto permanecían relativamente intactas. Bueno, y que Neil Young debió quedar tan avergonzado después de grabarlo que hizo un esfuerzo para revitalizar su carrera, y gracias a ello nos dio tres discos seguidos que fueron quizás el momento más álgido de toda su vida: “Eldorado”, “Freedom” y “Ragged glory”.

Y llega el momento de presentaros a los ocupantes del podium. El número 3 lo ocupa BOB DYLAN con su “Self-portrait”.

No nos lo creemos. Este tío tiene que ser uno que finge ser Bob Dylan. Vamos a ver, estamos en 1.970. Has tenido un grave accidente de moto unos años atrás. Has estado al borde de la muerte. Durante tu periodo de recuperación y algo después has producido tus trabajos más fuertes y más maduros, como tu colaboración con The Band en “The basement tapes”, y la obra maestra de “John Wesley Harding”. Los ’60 se han acabado, y los Beatles ya se han ido; todo el mundo quiere saber lo que el reacio portavoz de su generación va a hacer ahora. ¿Qué has hecho tú?

Créenos: lo que tú has hecho no es lo que hubiese hecho el Bob real…

…pones el “Self-portrait” en el tocadiscos, pinchas la primera canción, “All the tired horses” (Todos los caballos cansados) y escuchas… exactamente lo que no merece la pena encontrarse en un disco de Dylan: lujosos arreglos de cuerda, un lento coro angelical, una letra tonta repetida hasta que lo que te apetece es coger a todos esos caballos cansados y llevarlos al matadero de una puta vez…

…si su disco anterior, “Nashville skyline”, no le salió redondo del todo, al menos todas sus canciones sonaban como pertenecientes a un todo. “Self-portrait”, en cambio, fue uno de los discos más difusos que un masivo artista de rock había grabado desde que los LPs se convirtieron en el principal medio de expresión media década atrás. Lo único que todas estas composiciones tenían en común es que ninguna era buena…

…cuando una persona normal comete un crimen abyecto , los psicólogos forenses son llamados para explicar qué le pudo haber pasado. Eso es precisamente lo que los críticos de rock equivalentes a los psicólogos forenses, los periodistas de “Rolling Stone”, intentaron hacer en un simposium impreso sin precedentes. Crítico tras crítico luchó por encontrar adjetivos que pudiesen describir la miseria que había en los surcos del “Selfportrait”; más de uno aportó la idea de una traición. Unos pocos sugirieron que el disco podría ser un chiste, pero nadie pillaba exactamente donde estaba la gracia. Incluso los expertos no se podían imaginar nada…

…Dylan ha dicho repetidamente que él nunca ha repudiado ninguno de sus discos, pero mira una cosa: cuando publicó en 1.973 el libro “Writings and drawings”, una colección ostensiblemente completa de las letras de Dylan, las letras de un disco se perdieron misteriosamente. Adivina de cuál.

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Bob Dylan – “All the tired horses”

La verdad es que Bob Dylan, en un disco que se llama “Autorretrato”, podía haber metido canciones con las que se definiese a sí mismo en términos de su influencia sobre los demás, pero esta selección de canciones tan aleatoria y horrible no tenía ni pies ni cabeza… gastar tiempo y dinero para regrabar canciones de Paul Simon o Gordon Lightfoot es como si los Beatles se hubiesen vuelto a reunir para grabar canciones de los Knack, un completo sinsentido.

En cuatro años, Bobby se precipitó desde la cima de “Blonde on blonde” hasta el abismo de “Self-portrait”… incluso la caida de Elvis fue más gradual. Menos mal que nuestro padrino del blog siempre supo reinventarse a sí mismo y volver a surgir.

¿Y éste otro no ha sido considerado el número 1? Pues no. Se ha quedado en el puesto número 2. El “Metal machine music” de LOU REED.

Damas y caballeros, les presentamos el disco más inescuchable de la historia de la música pop (incluyendo a todos los de Kenny Rogers) !

En 1.975 Lou Reed tenía muchas razones para estar de buen humor. Habían pasado ya dos años desde que el antiguo cantante y guitarrista de la Velvet Underground editó su único single de éxito, “Walk on the wild side”, pero en todo este tiempo se había asegurado una audiencia leal suficiente como para mantenerle. En respuesta, intentó matarse en un disco.

Cuando la mayoría de los artistas entran en un estudio de grabación no intentan hacer un disco terrible. Billy Joel, por ejemplo, está convencido de que todos los que ha grabado supondrán una contribución duradera a la música popular, y otros se contentan con sacar un producto que sus fans puedan simplemente disfrutar. Lou Reed, siempre rebelde, específicamente se aseguró de hacer un disco horroroso y malísimo. Según ese criterio, “Metal machine music” fue un éxito total. Lou no solo grabó algo que enfureciese a la gente (eso es algo que la mayoría de los rockeros consigue con sus Stratocaster de vez en cuando), sino que se aventuró a editar un ladrillo de vinilo diseñado para hacer gritar a la gente.

“Metal machine music” es un disco doble de 64 minutos y 4 segundos (cada cara dura exactamente 16 minutos y un segundo), que responde a lo que Lou Reed escribió en sus notas interiores: “Nadie que yo conozca lo ha escuchado entero de un tirón, incluyéndome a mí mismo”… …Lou no usa instrumentos, solo efectos electrónicos…

…lo mejor que se puede decir del “Metal machine music” es que no es peor a medida que avanza (si es que te atreves a avanzar más en él cuando lo oyes) , coge el paso desde el principio y mantiene el… el… tempo a través de las cuatro caras. Este pedestre intento de música electrónica artística hace que Philip Glass suene como Phil Spector…

…antes de que borremos todos nuestros recuerdos del “Metal machine music” déjanos añadir que habría que concederle algún premio especial al ingeniero que grabó el master del disco, Bob Ludwig, la única persona sin un largo historial de abuso de drogas que se ha escuchado las cuatro caras.

“Metal machine music” se descatalogó prácticamente el mismo día que se editó. Cuando llamamos a la RCA para preguntar si estaba prevista alguna reedición en CD, escuchamos como soltaban el teléfono y se descojonaban de risa hasta que la línea se cortó… …en el momento en que enviamos este libro a imprenta un oscuro sello independiente británico ha reeditado el “Metal machine music”, lo que demuestra que hay gente pa tó.

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Lou Reed – “Metal machine music” (tranqui, solo un poquito)

Este disco fue la forma que tuvo Lou de decirle a su casa de discos “ya que me estáis obligando a entregaros un disco nuevo refregándome el contrato por la cara, ahora os refriego yo esto por las orejas, así que joderos”. Pero, bien mirado, este disco es lo más cercano a la perfección que haya podido grabar un músico rebelde, éste es el único disco que ataca al oyente; con él de fondo es imposible completar un pensamiento, comprender nada de lo que te llega a los oídos… es un disco que no puedes controlar. Y en vinilo, aunque todas las caras duran 16 minutos y un segundo, como dicen los autores, la cuarta cara está fabricada de forma que el último surco se repite una y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y el que lo oye tiene que levantarse, moverse fisicamente, y levantar la aguja del disco para dejar de oirlo… de una puñetera vez…

Y hagamos sonar las trompetas de la victoria en honor del portador del mérito de haber hecho “El peor disco de rock’n’roll de todos los tiempos”. Por algo él es el Rey. El número 1 es ELVIS PRESLEY, por su disco “Having fun with Elvis on stage”.

En mitad de la segunda cara de “Having fun with Elvis on stage”, Elvis se corta en medio de lo que parece un chiste corto y se pregunta a sí mismo “”¿Qué coño iba a hacer yo ahora?”.

Si nosotros dos fuéramos Elvis (y podíamos serlo, porque entre los dos pesamos poco más que él cuando se murió) lo primero que hubiésemos hecho era cortar los micrófonos y asegurarnos de que este disco nunca se hubiese editado. Desgraciadamente los consejeros de Elvis en aquel tiempo eran su mafioso manager, el Coronel Tom Parker, su dispensador de drogas personal, el Doctor Nick, y la usual banda de sicofantes que le acompañaban, y no nosotros, así que dejó que lo sacaran.

Elvis fue indiscutiblemente el más grande cantante de rock’n’roll, y el intérprete individual más importante. Simplemente no hay interpretaciones de rock’n’roll que sobrepasen las de Elvis en sus mejores días de Sun Records. Desafortunadamente, hay también cincuenta y tantas bandas sonoras y discos en directo que él “grabó” en los ’60 y ’70 que están a la altura de los más desafortunados discos que se hayan editado nunca. “Having fun with Elvis on Stage” es el peor de todos por un amplio margen.

Si recordamos bien, Elvis Presley fue reconocido sobre todo como cantante. No fue distinguido como conductor de camión, electricista, soldado, actor, policía de narcóticos, o marido, aunque intentó todas estas cosas. Ni tampoco fue reconocido como monologuista cómico. Y este disco da testimonio del porqué. Esta monstruosidad de 1.974 fue subtitulada “un disco hablado solamente”, pero fue vendido como un disco en directo normal. Pero eso solo fue un problema menor: este disco en directo no tiene canciones en él, solo las rutinas que solía decir entre las canciones, chistes sin gracia repetidos, y los estúpidos jadeos al límite de sus fuerzas que fueron endémicos en todos los shows del Rey en los ’70…

…En los tres tristes años que pasaron desde la edición de este “Having fun with Elvis on stage” y su muerte Elvis hizo algunos discos verdaderamente horribles que todavía hoy permanecen como un vívido argumento contra los barbitúricos. Pero al menos en esas grabaciones Elvis sonaba espantoso en el contexto de interpretar una canción. En este disco ni siquiera podemos escuchar la música.

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Elvis Presley – “Cara 1″ (si así te parece que las frases no tienen sentido, te aseguro que en su contexto tenían todavía menos…)

El Coronel Tom Parker nunca perdió la más mínima oportunidad de sacar dinero con Elvis; así que por qué iba a dejar de hacerlo mostrándonos de cuantas formas diferentes es capaz el Rey de decir “Memphis”. No sé si éste será realmente “el peor disco de rock’n'roll de todos los tiempos”, pero seguro que sí es el más inútil.

Y con él hemos llegado al final. Ahora es tu turno… ¿estás de acuerdo con la lista? ¿tienes tú una lista alternativa?

¿Exploramos entre todos los puntos débiles de los músicos que nos gustan?

¡SE SIENTEN, COÑO…!

Con muy pocas modificaciones, este texto fue publicado ya en el blog de Arume dos Piñeiros. Él también me hizo el honor de ser el primero (bueno, y el único) que ha traducido un texto mío a otro idioma, concretamente el gallego. Este post se lo dedico a él. Por si no lo sabéis, el “arume dos piñeiros” es esa cantidad tan incómoda de agujas que sueltan los pinos, y de los que mi jardín está siempre tan lleno.

Nunca me ha gustado contar “historias de la puta mili”, pero hoy voy a hacer una excepción, porque hace ahora justamente 29 años que anduve inmerso en una vorágine que conmovió a toda España, y que siempre suele recordarse llegada esta fecha, tanto por lo que supuso social y políticamente, como por la españolísima y chapucera forma de llevarse a cabo.

Poca gente en toda España pasaría esa noche del lunes 23 de febrero más cabreado que yo y los amigos con los que compartía mili en el Regimiento de Automovilismo de Canillejas, en Madrid.

Cada seis meses, una de las compañías de mi cuartel estaba de servicio. A nosotros nos tocó Agosto y ahora Febrero. Y durante todo el mes nos tocaba servir de transporte con nuestros camiones a los demás soldados de todos los demás regimientos de Madrid cuando iban de maniobras, o a realizar algún ejercicio táctico, o llevábamos mercancías a otros destinos militares de España; o simplemente llevábamos a soldados de otros cuarteles de visita al aburridísimo Museo Militar…

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Todos los sevillanos que se habían incorporado conmigo en enero de 1.980 se licenciaron el viernes 20, y a esta hora de la tarde del lunes ya estaban tranquilos en casa. Por culpa de nuestro puñetero mes de servicio, los dos sevillanos que fuimos a parar a este cuartel nos tendríamos que licenciar una semana más tarde, el viernes 27, cuando ya el mes estuviese tocando a su fin y nuestro servicio terminado.

El lunes 23, un coleguilla de Mora la Nueva y yo estábamos al comienzo de la tarde brindando con un cubata por el inicio de la que sería nuestra última semana militar… para que ojalá fuese muy corta. Nos interrumpió el del bar: “¿Qué hacéis aquí, no sabéis que ha habido un golpe de estado?”. Nos sonó a la típica broma del que nos quiere vacilar porque sabe que ya no nos queda nada. “Vete al carajo, tío, y ponnos otro vodka con limón”.

Pero siguió insistiendo: “Que sí, que es verdad, que los militares… bueno, vosotros, habéis asaltado el congreso”. “Sí, hombre. Y a nosotros no nos han llevado…”

Y así siguió la cosa hasta que terminamos el segundo cubata y nos fuimos a otro bar a seguir la ronda, uno con música que había unos bloques más arriba de la barriada de Las Musas.

Cuando nos vió entrar, el camarero nos miró raro: “¿Cómo es que estáis por la calle. No tendríais que estar en el cuartel, o algo…?”, “¿Por qué, son las seis y media, a esta hora ya estamos todas las tardes fuera?”. “Sí pero todas las tardes no hay un golpe de estado”.

Otro más… los cabrones de los barmans éstos se han puesto de acuerdo para putearnos nuestra última semana… pensaba yo. Pero éste hizo algo más, nos dijo que nos acercásemos y subió el volumen de la radio. A esa hora no habían empezado todavía con las marchas militares aquéllas y daban noticias sobre la interrupción del pleno de investidura. Repitieron el momento en que Tejero entró en el hemiciclo… momentos después disparos por un tubo. Por la radio no se ve si estaban disparando hacia el techo o hacia la gente. Solo se oían disparos. Fue uno de los momentos más aterradores de mi vida.

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Nos fuimos rápidamente al cuartel, que estaba muy cerca, solo teníamos que cruzar la carretera de Vicálvaro. Todo estaba muy tranquilo, pero iban llegando más soldaditos con la misma cara de susto que nosotros. Al entrar en la compañía nos iban diciendo que nos vistiésemos de faena, con el correaje y el Cetme. No nos dieron cargador, pero estaban todos lúgubremente preparados en la entrada… y no estaban vacíos como siempre.

La noche fue larguísima. Los demás soldados que estaban por ahí de servicio con los camiones volvían contando como los madrileños los miraban espantados desde el interior de los coches con los que se cruzaban. Aquí dentro no nos preocupaba demasiado el futuro de España, nos lamentábamos de la desgracia de que esto ocurriese justo cuando nos quedaban cuatro días nada más para licenciarnos… íbamos a hacer más mili que el palo de la bandera.

Por la noche escuchamos esperanzados el discurso del Rey, y los acontecimientos se precipitaron poco después del alba. Como primer oficinista de la compañía que era yo, al ser el más veterano de los tres que éramos, tuve que coordinar una salida urgente de camiones hacia El Goloso y Campamento para recoger soldados con destino al Congreso de los Diputados. No sabía para qué teníamos que llevarlos allí. Ninguno de los mandos parecía saberlo tampoco.

Elegir a los ocho soldaditos más otros ocho acompañantes que tenían que conducir aquellos camiones me fue muy difícil. Parecía como si los estuviese enviando al campo de batalla. No podía elegir a nadie, todos eran conocidos y amigos míos, a los que llevaba todo el año dándoles pases de permiso… pedí voluntarios; no se ofreció ninguno. Al final opté por elegir a los dieciseis que más tiempo llevaban sin hacer guardias, para ello le pedí al furriel, que formaba conmigo lo que llamaban “la mafia sevillana” (sí, él era el otro sevillano del cuartel) el cuadrante de los servicios. Ni explicándoles el porqué de la elección dejaron de mirarme mal.

Cuando todo acabó horas más tarde, sin embargo, todo fueron sonrisas. Algunos no habían llegado a salir siquiera de los cuarteles a donde les envié. Otros sí llevaron soldados, a ésos que se veían en la tele cerca de las ventanas del Congreso, como comandos, sin que supiésemos a ciencia cierta si eran de “los buenos” o de “los malos”. Algunos de los compis que tuve que elegir se vieron más tarde también en la tele, orgullosos de haber llevado a “los buenos”.

El resto de la semana fue dura. Los mandos más reaccionarios no dejaban de hacernos la vida imposible, enfurruñados por el fracaso de lo que ellos pensaban debió haber sido un golpe liberador. España seguía presa. Y nosotros éramos los culpables, por maricones, por no haber tenido huevos de acabar con los comunistas y los socialistas, los rojos de mierda, la basura que estaba arrastrando a la Nación…

Por fin el miércoles por la tarde nos dejaron salir de nuevo del cuartel. Y el viernes 27 por la tarde pude coger un autobús en Usera que me traía a Sevilla, para no tener que volver más. Entre los sevillanos que retornábamos encontré caras conocidas que no esperaba ver. Caras pertenecientes a otros soldaditos que se habían licenciado el viernes anterior, y que en la noche del lunes 23 les habían conminado a regresar.

Al principio decía que poca gente en España pasaría esa noche más cabreado que yo. Estoy seguro de que estos paisanos míos, y otros a los que también llamaron a sus casas en otras ciudades, estaban entre esa poca gente.

Y mis padres debieron ser los padres más sufridos de todos. Yo, militar porque había pedido dos prórrogas para terminar los estudios; mi hermano menor, militar por su quinta; y el novio de mi hermana pequeña, militar voluntario…

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OTROS MÚSICOS, OTRAS COSTUMBRES

Mientras escribía el post anterior recordé una historia, que es la que os voy a contar en esta entrada. No os diré la relación que me llevó a recordarla, pero lo descubriréis vosotros mismos al final. Además, así vamos entonando el cuerpo para los fastos del 30 aniversario del “London calling”.

Después de habérselo pasado muy, pero que muy bien en el Womad Festival de 1.994, y decidido a mantener viva la fiesta el mayor tiempo posible, JOE STRUMMER metió a su familia en su caravana y condujo hasta los estudios Wiltshire de Peter Gabriel, donde, según había podido enterarse, todos los músicos del festival se iban a congregar para montar jam-sessions durante la siguiente semana.

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“I fought the law”

Su llegada fue espectacular. Se metió con la caravana en el césped de Peter, cortó un par de sus árboles, y con ellos se montó un enorme fuego de campamento en mitad del jardín… Strummerville, le puso de nombre a su chiringuito. Y con un enorme ghetto-blaster atronaba durante toda la noche con cintas de música mejicana y latina, mientra relataba algunas de las extrañas e interesantes historias de su vida de rock’n’roll a todo el que quería escucharle.

Sin perturbarse lo más mínimo, y armados de una gran cantidad de flema inglesa, los organizadores le dijeron a Joe que se tomase un respiro de su fiesta de world music y participara en una sesión con un venerable músico árabe. Joe Strummer estuvo de acuerdo… pero después su entusiasmo se enfrió un poco: ¿De verdad le habían dicho que iban a tocar desnudos…?

El momento de la sesión se acercaba. Y Joe daba vueltas alrededor de su caravana preguntándose qué iba a hacer. Finalmente decidió que sería muy descortés no aceptar la invitación, y se desnudó, resguardando sus partes pudendas con la guitarra estratégicamente situada por delante.

Cuando entró en el estudió se quedó totalmente cortado cuando vió que todos los demás iban en vaqueros y camiseta… “Creía que… se suponía que teníamos que estar desnudos…”, murmuró Joe.

“Creo que ha habido un malentendido”, le dijo el músico árabe, enseñándole su instrumento musical, una especie de laúd del Oriente Medio. “Vamos a tocar un oud”.

Inciso para los que no saben inglés: Desnudo, se dice en inglés “nude”, y se pronucia “nood”. Y el instrumento árabe que ya conocíais del post anterior se llama “oud”, y se pronuncia “ood”. ¿Lo pilláis…?

Por cierto. Las grabaciones resultantes de aquella sesión nunca fueron editadas.

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The Clash – “London calling”

DISCULPEN LA INTERRUPCIÓN…

Para mi padre. In Memoriam.

Él de música no tenía ni puta idea, pero de buen humor, tenía hasta para derrochar.

Con los comentarios de Lula, Epi y Maese en el post anterior recordé una vez en la que Bob Dylan pasó por un trance del que podía haber salido de forma bastante peor de lo que en realidad lo hizo. Ocurrió en la ceremonia de entrega de los premios Grammy de 1.998, en la que ganó el premio al “Mejor Disco del Año” por su “Time out of mind”. Cuando se encontraba interpretando tranquilamente en directo su canción ”Love sick”, sucedió algo inesperado.

El tipo del pecho desnudo, en el que se había pintado ese “Soy bomb”, mezcla de español e inglés, es Michael Portnoy, un artista de performance americano, que había sido contratado como parte del cuerpo de bailarines que tenía que darle buen rollito a la actuación de Dylan haciendo una coreografía detrás de la banda, en segundo plano…

Hasta que Portnoy se desgarró la camiseta, dejándose el pecho desnudo, y se adelantó hasta situarse al lado de Bobby para montar esta representación espasmódica. “Soy bomb es una explosión espontánea de mí mismo”, explicaría después Michael Portnoy; añadiendo que hizo este gesto para concienciar a la gente de que el arte debe ser así: denso, transformador, una explosión de vida… en realidad, aparte de que Bob Dylan (que seguramente se sentiría algo ridículo) le mirase de forma desconfiada durante todo el rato que estuvo a su lado y se retirase disimuladamente de él, lo único que consiguió es que la organización no le pagase los 200 dólares que estipulaba su contrato. Aunque bien mirado, fue una barata inversión en publicidad.

Cuando los guardias de seguridad se dieron cuenta de que aquello no formaba parte del espectáculo se metieron también en el escenario y sacaron a Portnoy de allí. Existe en YouTube algún video con la canción completa, pero no lo he puesto porque cuando ocurre esta acción de sacarle del escenario las cámaras siguen a Bob Dylan y no se ve nada de ello, así que tampoco valía mucho la pena ponerlo, y es excesivamente largo.

Aquella entrega de premios resultó especialmente divertida, porque además de este incidente también ocurrió otro que envolvió a Ol’ Dirty Bastard y a Shawn Colvin.

Ol’ Dirty Bastard estaba muy molesto porque no le habían dado el premio de “Mejor Disco de Rap” a su grupo, los Wu-Tang Clan, recayendo en su lugar en el disco de Puff Daddy y compañía, muy de moda en aquel momento por la canción “I’ll be missing you”, que todos recordaréis; una cosa muy lacrimógena y sentimentaloide, que usaba el sampler del “Every breath you take” de Police para montar un rap muy blandito en homenaje del recientemente asesinado Notorious B.I.G.

Ol’ Dirty además tenía a su favor que los medios de comunicación se habían ocupado últimamente mucho de él, alabándole por como salvó la vida de una niña a la que había atropellado un coche delante de los estudios de grabación en los que él se encontraba, a la que había sacado rápidamente de entre las ruedas y la había llevado al hospital. Aunque él no reveló su identidad, ésta no pasó desapercibida para la familia de la niña, que fue la que se lo dijo a la prensa, dándole ámplia cobertura.

Así que aquella noche, cuando Shawn Colvin estaba subiendo al escenario para recoger su premio a la “Mejor Canción del Año” por su “Sunny came home”, Ol’ Dirty se adelantó para lanzar su diatriba quejándose sobre el poco amor que había recibido esta noche. “Puffy es bueno, pero Wu-Tang Clan son mejores; los chavales tienen que escuchar esto. Wu-Tang Clan es para los chavales”, es una de las cosas que se le oye decir, además de otra mucho más graciosa y demostrativa de su estado de ánimo, como ésta que dice al principio: “Para esto me he comprado un traje que me ha costado una pasta…”

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Shawn Colvin – “Sunny came home”

La verdad es que las entregas de los Grammy son ceremonias ricas en “grandes momentos”. La colonia de heavies que suele visitar este blog quizás recuerde como en 1.988 le dieron el premio al mejor grupo de hard rock y heavy (el primer año que concedían este premio) a… Jethro Tull, por su disco “Crest of a knave”, dejando con un palmo de narices a los favoritos, que eran Metallica con su “And justice for all”. Menos mal que los miembros de Jethro Tull no asistieron a la ceremonia porque ni ellos mismos se creían que iban a ganar, y se libraron del abucheo generalizado en cuanto dieron el resultado. Claro que después, seguramente con bastante ironía, publicaron un anuncio en letras muy gordas en el “Billboard” que decía: “The flute is a heavy, metal instrument!”.

Los Metallica tampoco le fueron muy a la zaga en cuanto a ironía, porque dos años después, cuando esta vez sí ganaron el Grammy con su siguiente disco, “Metallica”, en las palabras que dijeron al recogerlo agradecieron el premio a Jethro Tull “por no haber editado este año ningún disco que nos hiciera la competencia”.

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Metallica – “Enter sandman”

O aquel otro año en que Jennifer Lopez salió con un traje de Versace que dejaba ver sus tetas casi por entero a presentar un premio formando pareja con… un tipo que posteriormente admitiría públicamente que tuvo que batallar con su adición al sexo. Sí, vestida así presentó el premio con Fox Mulder.

…por no mencionar que el jurado de los Grammy tuvo a bien una vez conceder el premio al “Mejor Grupo Revelación” a Milli Vanilli.

Pero centrémonos en las invasiones del escenario. Porque no hace mucho, en la ceremonia del año 2.004, tuvo lugar esto otro.

Ofendido porque no le dieron el premio al “Mejor Artista Revelación”, que en su lugar fue a parar a manos de los rockeros gótico-lights Evanescence, 50 Cent simplemente cruzó a través del escenario cuando los ganadores iban a hacer su discurso de aceptación, sin decir una sola palabra.

La chica de Evanescence hace un gesto como de que no se lo puede creer. Y tras agradecerle el “detalle” con un “Thank you, Fifty”, comienza su discurso de agradecimiento.

Después, en la rueda de prensa, 50 Cent dijo que se sentía menospreciado en los Grammy porque le tenían por agresivo. “No comprendo como le han podido dar a esos el premio al mejor artista revelación. No volveré a los Premios Grammy nunca más en toda mi carrera”.

Estas cosas solo pasan en las ceremonias de entrega de premios en las que interviene gente irrespetuosa y de mala catadura, como son los rockeros y los raperos. En una ceremonia seria y bien organizada, como por ejemplo es la entrega de los Oscars, lo más singular que se recuerda fue a una ex-cani española gritando histéricamente el nombre que todos sabemos.

Pasemos a los premios Brit. Ahí una vez las cosas llegaron a ponerse bastante serias.

DJ. Brandon Block era el “enfant terrible” de los DJs británicos, y esa noche estaba bastante cocidito, y seguramente también bastante pasadito de psicotrópicos; así que sus amigotes decidieron gastarle una broma, y le dijeron que le habían concedido el siguiente premio Brit que iban a presentar. El tío cayó en la trampa como un bendito y se coló en el escenario equivocadamente pensando que él era el ganador del premio que Ronnie Wood estaba intentando presentar.

La gente de seguridad del escenario estuvo más o menos atenta y se lo llevó de allí, pero el sorprendido guitarrista de los Stones pilló un cabreo bastante considerable, y más aún cuando Brandon se liberó de los guardas y volvió hacia el atril. Hubo un intercambio de insultos, que los micrófonos abiertos pudieron captar perfectamente, para regocijo de la audiencia, e incluso Ronnie arrojó a la cara del DJ su bebida, que, sorprendentemente, aún no se había terminado de beber.

La cosa no fue a mayores, y por fin pudieron presentar el premio y dárselo a quien realmente lo había ganado, los compositores de la banda sonora de la película “Notting Hill”.

De todas formas, se puede observar como un viejo verde que se precie, como Ronnie, no desaprovechó la coyuntura para magrear y besuquear todo lo que pudo a la “american beauty” Thora Birch.

Y también en los Brit tuvo lugar la invasión del escenario más famosa de todas. Ocurrió en 1.996, cuando en plena actuación de Michael Jackson, apareció por la izquierda Jarvis Cocker.


Jacko estaba interpretando “Earth song”, su canción más mesiánica; y lo estaba haciendo de forma grandiosa, representándose a sí mismo como una especie de redentor de la humanidad, rodeado de niños que le adoraban, y de personas de todas edades y razas.

Pero a Jarvis Cocker aquella representación le parecía inapropiada y de muy mal gusto, por lo que sin pensarlo demasiado dejó que su espigada figura se colase en el escenario en señal de protesta.

Una vez allí arriba Jarvis corría p’allá y p’acá, levantándose la camiseta, o enseñándole a Jacko el culo (sin bajarse los pantalones, eso sí). En todo el embrollo que se formó para bajarlo de allí algunos de los niños que actuaban en la representación resultaron golpeados.

La policía arrestó a Jarvis, que en el interrogatorio dijo que “las estrellas del rock tienen ya un ego suficientemente grande sin pretender además que son Jesucristo”. Fue advertido y dejado en libertad sin cargos.

Y dejamos para el final la más reciente. Sucedió este mismo año, hace muy poco, en la entrega de los premios MTV americanos, cuando Taylor Swift estaba agradeciendo a la audiencia del Radio City Music Hall la concesión del “Mejor Vídeo Femenino” del 2.009 por “You belong to me”, y Kanye West le arrebató el micro para expresar su disconformidad con lo que había decidido el jurado. No os perdáis la cara de Beyoncé…

“Hey Taylor, estoy muy feliz por ti, pero Beyoncé tenía uno de los mejores vídeos de todos los tiempos. Uno de los mejores vídeos de todos los tiempos”. Se refería al video de “Single ladies”, con el que Beyoncé ganó posteriormente el premio al “Mejor Video del año”… con lo cual quizás Kanye West se precipitó un poco.

Para compensarle el sofocón que había pasado antes, cuando Beyoncé estaba recogiendo su premio, invitó a Taylor Swift a que subiese al escenario con ella. Buena chica.

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Beyoncé – “Single ladies”

¿Recordáis vosotros alguna invasión de escenario más…? Las que solían hacer a favor de ETA en el Festival de Cine de San Sebastián no hace falta que las recordéis, que esas no tenían ni puñetera gracia. Si pensáis en alguna más simpática, que envuelva a rockeros cabreados, comentadla por aquí abajo y ponemos también el vídeo si lo encontramos.

CHANGE YOUR MIND

Fue más o menos por estas fechas, pero de hace 36 años. En noviembre del ’73 BOB DYLAN anunció que volvía a realizar una gira, desde la última que hizo en 1.966. Y agotó las entradas para todos los conciertos prácticamente al mismo rítmo en que los U2 las agotan en la actualidad, solo que entonces se vendían por correo normal en lugar de electrónico. Esa gira, realizada con el respaldo de The Band, se documentó posteriormente en uno de los mejores discos en directo de la historia del rock, “Before the flood”.

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“Most likely you go your way (and I’ll go mine)”

Pero además de ése, en el mundo de Dylan iba a haber otros cambios: de momento iba a abandonar su discográfica, Columbia Records, el sello con el que había estado desde 1.961, para fundar el suyo propio, Ashes And Sands, el cual iba a ser distribuido a través de Asylum-Elektra, la empresa de un todavía joven (30 años) David Geffen.

La decisión de Dylan no estaba basada en el dinero (al menos eso decía él), sino en que le gustaba la actitud de la compañía de Geffen; y éste se sentía más que honrado con la elección, para él era un sueño tener en su entorno al gran Bob Dylan. Así que se apresuraron a reunirse para discutir los términos de la distribución del primer disco que iba a editar Ashes And Sands, el flamante disco de Dylan, que se iba a llamar “Ceremonies of a horseman”.

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“Forever young”

Mientras tanto, en Columbia Records, su presidente, Goddard Leiberson, tenía un cabreo considerable con éste movimiento de Dylan, que él consideraba que era un paso atrás, un retroceso al punto de partida por parte del cantante. Goddard no había sido capaz de hacerle entender a Bobby que su empresa no era un organización caritativa, que estaba hecha para ganar dinero, y además, de forma contraria al argumento no-materialista del cantante, las pretensiones económicas de Dylan le parecían excesivas.

Y eso que la grabación del “Ceremonies of a horseman” no había sido demasiado costosa. Bob Dylan y The Band se habían metido en los estudios Village Recorder de Los Angeles solamente durante tres días, bajo el seudónimo de Judge Magney, un nombre que habían cogido de un área de descanso de la Highway 61. Y en aquellos tres días habían grabado el disco completo y un buen número de otras canciones que no incluyeron en él.

A pesar del poco tiempo, las grabaciones las hicieron con calma, con mucha tranquilidad, revisando las canciones y los arreglos incluso a última hora, sobre la marcha. Hasta tal punto se lo tomaban con calma que cuando estaban haciendo la mezcla final de la cinta, Bob Dylan todavía estaba escribiendo la canción “Wedding song”, que quería incluir también en el disco. Así que al final pusieron por allí unos micros y tiraron p’alante con ella, sin arreglarla posteriormente; en la grabación final se oyen los ruidos que hacen los botones de la manga de Dylan golpeando contra la guitarra.

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“Wedding song”

La fecha de salida del disco se decidió que fuese el 3 de enero de 1.974, el mismo día en que comenzaba la gira de Dylan. Una gira que Bobby iba a realizar con estilo, moviéndose de una ciudad a otra a bordo del Starship One, un Boeing 707 reformado para albergar a 40 pasajeros con mucho lujo y confort; un avión a la medida de las estrellas del rock: dormitorios, lounges, bar, piano eléctrico, y todos los demás detallitos que aparecen en las historias apócrifas que cuentan acerca de los viajes en él de gente como Led Zeppelin, Elton John y los Stones.

Y enterado de todo esto, Goddard, el presidente de Columbia, realizó una jugada de anticipación; anunció para antes de esa fecha la edición del disco “Dylan”, una recopilación de versiones extraídas de las grabaciones que quedaron fuera de los discos “Self portrait” y “New morning”. Así tenían tiempo para vender un montón de discos mientras salía el nuevo oficial de Bobby.

Lo que Goddard Leiberson no sospechaba siquiera era que iba a tener mucho más tiempo del que esperaba para ingresar dólares, porque Bob Dylan había cambiado de idea nuevamente sobre cómo y cuándo iba a aparecer el “Ceremonies of a horseman”.

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“Going, going, gone”

Originalmente el disco iba a salir con el logo de Ashes And Sands, basado en un dibujo que uno de sus hijos había hecho de su esposa Sarah. En la portada habría una pintura de Dylan, y en la contraportada un retrato suyo también. Todo según los deseos del cantante, que para eso era el jefe del sello, y tenía control absoluto. Después, tan pronto como terminase la gira, ficharía a más bandas y cantantes.

Pero no fue eso lo que ocurrió. De pronto, todo cambió. David Geffen anunció un día que Bob Dylan había decidido que ya no iba a fundar ningún sello, por lo que el contrato de distribución que tenía con él ya no iba a servir para nada; así que habían firmado otro contrato mediante el cual Bob Dylan fichaba por Asylum como otro músico más de esta discográfica.

La razón que Dylan esgrimió para este cambio es que se había dado cuenta de que ya “había demasiados sellos discográficos en el mundo”.

Y no solamente eso, sino que Bobby cambió también el nombre del disco y el diseño de la portada. Ahora, el disco se iba a titular “Planet waves”, y en la portada iría una pintura del propio Dylan. Pero la edición del disco se tuvo que retrasar otro poco más, porque Dylan todavía no había terminado de pintar el cuadro que iba a ir en la nueva portada.

Así que el disco salió a la venta el 17 de enero, cuando Bobby llevaba ya varios días de gira. Pero tampoco importó demasiado el retraso, porque nada más salir, le dio un repaso en número de ventas al disco de la venganza de Columbia, “Dylan”, y eso que éste se había metido incluso en el Top-20. Pero “Planet waves” proporcionó a Bob Dylan el primer número uno en LPs, manteniéndose en la cima durante cuatro semanas seguidas. Así que al final todos contentos…

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“You angel you”

…bueno, todos no. El que más salió perdiendo con todo este embrollo fue el enigmático cantante revivalista Leon Redbone, al que Bobby había prometido que sería el segundo artista en sacar un disco en Ashes And Sands, una vez que él publicase el “Ceremonies of a horseman”.

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Leon Redbone – “Sweet mama hurry home or I’ll be”

NO ME MOLESTES, MOSQUITO

En todas partes hay grandes festivales musicales. En Europa tenemos el de Glastonbury y el de Benicassim, en los USA está el Lollapalooza… y también, por supuesto, hay uno en Oceanía: THE BIG DAY OUT, que así se llama, y es una cabalgata de grupos de rock viajando a través de Australia y Nueva Zelanda. Porque tiene esa particularidad este festival, que no se limita a una sola ciudad, sino que durante quince o veinte días lo celebran en varias ciudades diferentes.

En 1.999, junto con Ash, Marylin Manson o Korn, las máximas estrellas del evento eran el grupo HOLE. Courtney Love estaba en un excelente estado de forma, y todos los conciertos estaban marchando muy bien. Pero hubo un momento, el 29 de enero en Adelaida, en el que todo se torció un poquito.

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“Malibu”

Durante las primeras cuatro canciones todo marchaba tan bien como los días anteriores; los fans subían al escenario para saltar desde él hacia la mutitud, los médicos tenían trabajo de sobra… y entonces, casi al final de la quinta canción, “Malibu”, Courtney anunció por el micrófono lo siguiente:

-Me acaba de picar un bicho, y lo ha hecho realmente fuerte. No estoy bromeando… me voy a morir… ¿qué clase de bicho era el cabrón…? ¡Dios mío! Era un bicho así de grande –abrió las manos para indicar un tamaño considerable-. ¡Joder! ¿pero qué clase de bichos tenéis en este país…? Estoy asustada. ¡Si me muero estáis viendo mi último concierto!

La banda comenzó con las notas de la siguiente canción, “Plump”; pero Courtney los paró después de la primera frase.

-Tengo que buscar un médico inmediatamente para que me vea el brazo… lo siento mucho, muchísimo…

Y se bajó del escenario. En el backstage Courtney rehusaba volver a él hasta que no la viese un médico. Y también se negaba a continuar la gira a menos que el promotor le hiciera un seguro que la protegiera contra las picaduras o mordeduras, o lo que fuera que hacían los bichos australianos gigantes éstos.

-¡Coño…! que si yo fuera la puta Gwyneth Paltrow hubiera tenido un médico al pie del escenario solo para mí…

Cuando le dijeron que sí, que tenía razón, y que lo arreglarían, Courtney volvió a subir al escenario; pero de muy mala gana y maldiciendo porque los médicos que había allí no tenían anti-histamínicos.

Comenzaron a cantar “Doll parts”. Y, de pronto, Courtney tiró la guitarra al suelo, le dio las gracias al público y se fue de nuevo.

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“Doll parts”

Cuando volvió al escenario muchos minutos más tarde la audiencia había bajado ya de los 40.000 espectadores iniciales a solo 1.000. ¿Y por qué volvió Courtney?

Porque consiguió que varios roadies, armados de sprays anti-insectos, rociaran a conciencia con ellos todo el escenario y sus cercanías de forma que no quedase ningún bicho por allí que volviese a molestarla.

…no sé a vosotros, pero en realidad a mí la postura de Courtney me parece razonable… vete tú a saber qué clase de bichos, como ya dijo ella, hay en ese misterioso país…

De todo lo narrado no he encontrado documentación filmada, pero sí de su concierto de unos días antes en Sydney, que fue filmado por la televisión, y se encuentra disponible en su totalidad en el YouTube, dividido en nueve partes. Este vídeo que sigue es la primera de ellas, y si te interesa, desde él puedes ir viendo todas las demás.

AMIGOS DESDE SIEMPRE

En el anterior post, al escribir que Delia Derbyshire se había retirado a su Cumbria natal, recordé una vieja historia que sucedió en uno de sus bonitos parajes naturales.

La historia envuelve a otro gran personaje del rock al que el destino tampoco ha dado su justo lugar, ROY HARPER; un fantástico guitarrista del folk-rock inglés, que precisamente después de los sucedidos que os voy a contar comenzó un nuevo renacer de la mano de un compañero de viaje que sí era suficientemente conocido, JIMMY PAGE.

Jimmy ya había colaborado en un disco de Roy Harper trece años antes, pero lo había hecho de incógnito, quedando acreditado en él con el nombre de S. Flavius Mercurius. El disco en cuestión era “Stormcock”, y se componía de solo cuatro canciones larguísimas, a modo de suites, en el que brillaban las guitarras de los dos intérpretes.

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“Me and my woman” (Os advierto que dura casi un cuarto de hora)

Por eso ahora que el programa musical de la BBC2, “The old grey whistle test”, le iba a dedicar una de sus emisiones a Roy Harper, se les ocurrió que sería una buena idea reunirlo de nuevo con Page y reinterpretar de forma acústica algunas de aquellas canciones.

Y así lo hicieron. Pero no en el estudio, sino en un marco incomparable, en una de las magníficas colinas de Cumbria, que serían un grandioso respaldo.

El plan era subir hasta el pico más alto de Inglaterra, el Scafell Pike, cuando comenzase a clarear una neblinosa mañana, y filmar las canciones teniendo de fondo la misteriosa montaña.

Así que ese 6 de noviembre de 1.984 en el hotel donde todos se alojaban comenzaron a preguntarse porqué Jimmy Page ignoraba por completo las llamadas que se hacían a su habitación para despertarlo. Y eso era porque Jimmy no se había ido aún a la cama, y por lo tanto era técnicamente imposible que le despertasen. En vez de haberse tomado un sano respiro de las tribulaciones de ser una Estrella del Rock en un tranquilo lugar rural como aquél, Jimmy Page había elegido quedarse toda la noche bebiéndose todos los cócteles que eran posibles al combinar las miniaturas del mini bar, con la compañía de unos polvos blancos de dudoso origen, y de una complaciente jovencita de origen más dudoso todavía.

Después de haber conseguido espabilar un poco a un somnoliento y legañoso Roy Harper, que seguramente tampoco había pasado una noche “tranquila”, y hartarse de dar golpes a la puerta de Jimmy, el equipo de filmación por fin consiguió sacarle de los placeres de la carne y, con las caras de Roy y Jimmy tan blancas como la neblina de la propia montaña, consiguieron ascender hasta arriba y prepararse.

Estaban allí el cameraman, el técnico de sonido, el director y el productor, junto con Roy y Jimmy, y su entorno, que se componía solamente de la complaciente jovencita de Jimmy y un puñado de las botellitas en miniatura de whisky que por la mañana aún quedaban en el minibar. Debido a las condiciones de Jimmy, la ascensión fue bastante ardua y, ansiosos por mantener la etérea luz del principio de la mañana, enseguida eligieron un sitio adecuado y comenzaron la preparación.

El rodaje lo iban a hacer con película, y los rollos que el equipo había traído eran de diez minutos de duración; así que mientras Roy y Jimmy estaban sentados en una piedra mirando la hierba con cara de no enterarse de nada, les explicaron amablemente que la versión de “Me and my woman” tenían que acortarla lo suficiente para que la grabasen en una sola toma.

Cogieron sus guitarras y la cámara comenzó a rodar… nueve minutos y medio más tarde todavía no habían llegado ni al estribillo.

-Corteeeeeeeeeennn -gritó el director.

Y se dirigió de nuevo a los guitarristas para volver a explicarles la situación.

-Disculpen señor Page, señor Harper. Lo de la regla de los diez minutos a la que me he referido antes no era para vacilarles… sino un hecho incuestionable –les dijo, asegurándose de que esta vez le entendían. –Así que por favor, necesito que se concentren porque necesitamos la canción, desde el principio hasta el fin, y tenemos que meterla en un solo rollo de película; sin cortes.

Roy y Jimmy continuaron mirando la hierba.

El cámara puso otro rollo y comenzó a rodar de nuevo; momento en el que Jimmy se levantó de la piedra, murmurando algo así como “me estoy meando”.

El cámara paró de filmar. Jimmy trastabilló hasta un cercano montón de piedras, tras las que pacían tranquilamente unas ovejas, y se quedó allí parado hasta que la complaciente jovencita llegó junto a él. Sin palabras, Jimmy le indicó que tendría que ayudarle en sus necesidades.

El cámara comenzó de nuevo a filmar. Los cámaras siempre tienen que estar preparados. Ésa es exactamente la clase de profesionalidad y habilidad que se requiere para capturar en acción a los animales que nos muestran después los documentales de “La 2”.

La complaciente jovencita, entonces, le desabrochó a Jimmy los pantalones y le sacó la picha. Y después siguieron unos fantásticos momentos en los que ella, con una práctica que solamente da la veteranía, dirigió el chorrito de Jimmy, como si de una manguera se tratase, hacia los sitios y cosas que él le iba indicando, incluyendo las piedras, las ovejas, un matojo, ella misma y, finalmente, sus botas. Cuando Jimmy por fin se quedó a gustito, la complaciente jovencita se la sacudió y se la devolvió al interior de sus pantalones de cuero (de esos que tanto le gustan a Lu).

Una vez de vuelta, Jimmy cogió su guitarra y Roy y él interpretaron una imponente versión del “Me and my woman” de principio a fin, perfecta nota por nota, dentro del tiempo asignado.

Desgraciadamente, para la posteridad no han quedado ninguna de esas dos grabaciones. Pero sí las que hicieron después, la versión de otra de las canciones de aquel disco, “The same old rock”, y una canción nueva que Roy había compuesto sobre los sentimientos de un inocente condenado a morir, “Hangman”.

Cuando se emitió, el programa fue todo un éxito y sirvió de germen para un disco que el año siguiente sacó Roy Harper, “Whatever happened to Jugula?”, en colaboración con Jimmy Page, pero esta vez acreditándolo oficialmente, que incluía ese “Hangman” que ya hiciesen juntos, y esta “Elizabeth”, que resultó la canción más conocida de él.

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“Elizabeth”

DE LA CALLE VENDRÁN

El cantante de soul y guitarrista BOBBY WOMACK comenzaba su ascenso hacia la cima del mundo a finales de la década de los ’60… para entonces la gente ya le había perdonado que se casase con la esposa de su mentor, Sam Cooke, cuando el cadáver de éste aún estaba caliente, y ahora escribía grandes canciones que se convertían en grandes éxitos, y ponía su distintivo estilo guitarrístico en incontables clásicos del soul.

Y durante el mítico año de 1.967 se encontraba en los estudios haciendo sesiones de grabación para el disco “I never loved a man the way I love you” de Aretha Franklin.

Bobby y Aretha eran muy amigos. Ella le dejaba tocar en muchas de sus canciones. Pero cuando estaban grabando las partes de guitarra de la canción “Dr. Feelgood” Aretha no era feliz. Ella quería blues.

Pero blues de verdad. El blues real. Ese blues profundamente visceral…

Y Bobby Womack estaba tocando la guitarra como si todavía estuviese acompañando a Sam Cooke. No era eso… no…

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Aretha Franklin – “Dr. Feelgood”

Así que metió en el estudio a un joven guitarrista que andaba por allí a ver que tal. Bobby se quedó muy jodido (por no emplear palabras gordas), pero se quedó allí, con una sonrisa irónica. Así era también Aretha: te castraba con una sonrisa.

Y allí estaba el jovencito chico blanco, con su guitarra en una funda mullida. Todo limpieza y educación…

-¿Puedo usar tu ampli? –le preguntó a Bobby.

Tras su señal afirmativa, el chico enchufó la guitarra, y comenzó a tocar blues tal y como si se estuviese follando a la mujer más hermosa del mundo. Escalofriante blues de Chicago… interpretado en la misma forma en que Dios lo estaba pensando cuando lo creó.

A Bobby Womack se lo llevaban los demonios; estaba totalmente atacado. Le era imposible creer que un chico blanco pudiese tocar el blues así.

-¿Qué coño sabrás tú de blues…? –le dijo.

El chico blanco siguió sacando de su guitarra notas del estilo de todos los grandes bluesmen, desde B. B. King hasta Otis Rush. Modeladas a su propia manera, muy dulces. Bobby estaba cada vez más mortificado.

Mientras tanto, tras el cristal, toda la sección rítmica de la banda, incluído Bernard Purdie, el más grande batería de sesión que hayan visto los tiempos, estaba descojonándose de risa de una forma rayana en la histeria.

-Hostia, Womack!! ¿Vas a dejar que ese chaval venga aquí y te dé una patada en el culo? –se cachondeaban.

-Tío, ¿vas a dejar que entre aquí y te enseña a tocar blues? ¿En tu propia casa…? –se seguían cachondeando.

Bobby Womack estaba casi en estado de shock; tan perplejo que sus ojos comenzaron a humedecerse de tan fijo que le miraba. Al final, Bobby se acercó al joven y le preguntó como se llamaba.

-Me llamo Eric Clapton, y estoy ahí al lado, en una banda que se llama los Cream.

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Cream – “Badge”

KNOCKIN’ ON GRACELAND’S DOOR

Una historia cortita y divertida, que ya estoy de vacaciones y no está la cosa para currar demasiado. Y sobre nuestros clásicos, que siempre dan mucho juego.

Jerry Lee Lewis tuvo algunas cosas en común con Elvis Presley. Para empezar, los dos firmaron por el sello Sun Records; para seguir, de los dos se dice que fueron los verdaderos padres del rock and roll; y para terminar, los dos se convirtieron en drogotas enloquecidos… que era el estado en el que estaban la calurosa noche de nuestra historia, cuando casi estuvieron a punto de encontrarse a las 3 de la mañana en Graceland.

¿Habéis visto “El Señor de los Anillos”? No recuerdo en cual de sus partes, creo que en la segunda de ellas, Saruman envía un enorme ejercito de Orcos, o como se llamasen los bichos feísimos ésos, a destruir el Abismo de Helm. Los malos empiezan a bombardear sus torres con rocas y catapultas gigantescas, que casi oscurecen el cielo con la cantidad de grandes bolas de fuego que arrojaban hacia donde estaban Gandalf y sus colegas.

Bueno… pues imagínate esa escena, pero en vez de los Orcos, o como se llamasen los bichos feísimos ésos, piensa en Jerry Lee Lewis. En vez del Abismo de Helm, pìensa en las puertas de Graceland. Y en vez de rocas y catapultas piensa en un Lincoln Continental conducido por un cantante y pianista enloquecido. La cantidad de grandes bolas de fuego lanzadas, puedes dejarlas igual.

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“Great balls of fire”

Pues sí. Fuera de control debido a un cóctel a base de drogas y de sexo con su prima de trece años (recuerda que en el profundo Sur americano de los seguidores de la Biblia, eso era perfectamente aceptable), Jerry Lee se había acercado hasta Graceland, y en vez de llamar educadamente a sus puertas, como hubiese hecho todo el mundo, comenzó a embestirlas con su enorme coche, mientras una Derringer cargada golpeaba las paredes de la guantera… “¡Decidle a Elvis que el Killer está aquí!”, repetía una y otra vez, y otra, y otra, y otra más… “¡Decidle a Elvis que el Killer está aquí!”.

Los guardias de seguridad se limitaron a llamar a la policía, que llegó, arrestó a Jerry Lee, y se lo llevaron esposado al calabozo. Una vez allí, con la amabilidad característica de los polis americanos le explicaron que el señor Presley no recibe a nadie a las tres de la mañana, excepto si vienen a traerle las drogas que tiene prescritas. Y como quiera que el señor Lewis solo quería echar abajo las puertas de la casa del señor Presley y matarle, pues para eso tendría que volver a una hora más razonable.

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“Whole lotta shakin’ goin’ on”

Pero Jerry Lee nunca volvió. Años después, cuando Elvis murió debido a un cáncer de hamburguesas, a Jerry Lee le pidieron unos comentarios para la prensa. “Bueno…”, dijo. “Me alegro de que se haya muerto. Uno menos en el camino. Quiero decir… Elvis esto, Elvis aquello… ¿qué coño hizo Elvis además de meterse unas drogas que yo no me podía permitir…?”.

El día después del incidente de Graceland, Jerry Lee fue al hospital y le diagnosticaron una úlcera péptica. En el momento de escribir esto, todavía vive.

Elvis, dependiendo de quien sea quien lo diga, no.

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“Suspicious mind”

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Si no ha ocurrido ningún contratiempo, este post ha debido publicarse él solito el miércoles por la noche, tal como yo lo había dejado programado. Como os decía ahí arriba, ya estoy de vacaciones, y no tengo ningún ordenador al lado. En casa hay un portátil, sí… pero tanto mi mujer como mi hijo me tienen puesta una orden de alejamiento de él; ella para que deje de teclear un ratito siquiera, y él porque vete a saber qué cosas podría encontrarme en su disco duro.

El caso es que el miércoles por la noche, aunque todavía estaba en Sevilla, pero no estaba en disposición de asomarme por aquí y publicar esto, porque o bien vendría tarde del concierto de Muni Camón, si convencía a la familia de salir el jueves para Madrid a una hora prudencial; o estaría ya durmiendo para madrugar y salir de viaje.

Así que tardaré en aparecer para escribir algo, aunque supongo que en algún momento de los viajes Madrid-Roma-Costa Dorada, podré acercarme a algún ordenador para vigilar el negocio y ver quien comenta y quien se ha desentendido del asunto. Porque, aunque esté fuera, para vosotros seguirán presentes las actualizaciones del blog.

He dejado programadas durante las tres próximas semanas publicaciones nuevas los domingos y miércoles por la noche. No serán entradas al uso, sino unos relatos cortos que he escrito y dividido en tres partes cada uno de ellos. De lo que se trata es de que una vez publicada una de sus partes, vosotros juguéis con ella. No solo comentando qué os parece, o cualquier cosa que queráis decir, sino intentando adivinar como va a seguir, como va a acabar, escribiéndola de forma alternativa, sacando al personaje del contexto y poniéndolo en otro… ejerced vuestra creatividad con los relatos, os los dejo a vuestra disposición para que los queráis, los tergiverséis, los maltratéis, los desfiguréis… pero sobre todo para que los leáis. Y os acordéis de mí durante el tiempo que estaré fuera.

Besos y abrazos para todas y todos.

NECESITAMOS QUE SEVILLA PONGA EL RUIDO…

…y Sevilla no se hizo esperar. Un estadio entero comenzó a aullar, a patalear, a poner todos sus medios durante varios segundos para crear la cacofonía sónica que EL BOSS pedía para acompañar a la música que ponía él.

En mitad de una excepcional versión del “Working on a dream” que da nombre a su último disco y a esta gira, Bruce se dirigió a la entregada masa en un castellano tan correcto como le permitía su facilidad para leer el papel que llevaba preparado: “Esta noche lo vamos a romper todo… pero con música, espíritu y ruido”. Con esos tres ingredientes Bruce confeccionó un sueño. Estuvo casi tres horas trabajando en un sueño del que ninguno de los presentes allí queríamos despertar.

Por eso, y aún llevando más de dos horas con las palmas de las manos ardiendo, y las rodillas diciéndome que ya estaba bien la cosa de marchita, en cuanto comenzaron a sonar los acordes de “Lonesome day” el primer pensamiento que me asaltó fue “mierda… esto se acaba”. Porque el guión, al que el Boss se ajustó muy poco en Sevilla, marcaba que éste era el principio del trío final de canciones. Y habíamos llegado a él sin darnos cuenta apenas.

La noche comenzó con Nils Lofgren desgranando con su acordeón las notas del habitual guiño a la ciudad en la que están. Luego me dijeron que por las primeras filas la gente incluso se emocionó cantando a coro ese “Sevilla tiene un color especial”, pero la verdad es que en la zona en la que mi amiga Gemma y yo estábamos la gente recibió aquello tomándoselo bastante a broma. Y enseguida, todo el mundo en pie para recibir al Jefe.

Con “Badlands” echó a andar la rueda que se llevó por delante las reticencias que cualquera de lo presentes pudiese tener sobre la figura de Bruce Springsteen como músico aburrido, estancado o mesiánico. De repente yo mismo volví a ser tan fan de él como en 1.978, cuando compusiese esta canción. Tan altos nos dejó que ni siquiera la primera “rareza” de la noche nos hizo dar un paso atrás a la hora de acompañar con palmas una “My love will not let you down” que seguro que este tío no cantaba desde que la grabase en los “live” de New York hace ya nueve años, y que la gente (entre ellos yo y una compi asturiana que tenía a mi izquierda, fajada ya en múltiples conciertos de Bruce) no reconocíamos ni soñábamos con adivinar, porque contábamos aún en ese momento con el hándicap añadido de un sonido que no era especialmente bueno a la hora de poder distinguir matices. Me dijeron que después subieron algo el volumen, y entre eso y que nuestro oído se acostumbra y nuestra mente nos hace reconocer cosas que “parece” que estamos oyendo bien, mejoró la calidad del sonido. O a lo mejor no… ¿a quién coño le importan esos pequeños detalles técnicos cuando lo que está comenzando a sonar es “Hungry heart”?

No sé si se notaba que ésta es una de las tres canciones del Boss que me hacen perder los papeles. Y realmente no sé tampoco si a mi edad eso será correcto, sobre todo porque Gemma me miraba a veces mientras yo vociferaba con él aquello de “everybodys got a hungry heart” como diciendo “eh, a mí no me miren, que aunque lo tenga al lado, yo a este tío no lo conozco de ná…”.

“Outlaw Pete” fue la primera de las dos únicas canciones que incluyó de su actual disco. Fantástica y poderosa a más no poder la recreación en directo que hace de ella. Si treinta mil voces llamándole (“Can you hear me…?”) no hacen que Pete salga de su helado descanso eterno, es que nunca más lo hará.

Con “Out in the streets” y Bruce paseándose por la pasarela pegada a la primera fila estallaron las emociones de los espectadores más cercanos, y en la enormes pantallas que había a los lados del escenario podíamos ver como un mar de manos y brazos se aferraba a las piernas del Boss, que lo soportaba todo con una gran sonrisa de felicidad y un derroche aún mayor de ganas de hacernos felices también a nosotros.

Y con la anteriormente mencionada “Working on a dream” llegó a un punto de inflexión, porque era imposible continuar subiendo y subiendo de ese modo. Era el momento de un respiro con la trilogía de la recesión: “Seeds” (“el banquero dijo, lo siento, hijo, todo se ha perdido” ¿te suena?), “Johnny 99” y “Youngstown”, canciones comprometidas, que hablan de trabajos perdidos, miserias laborales, jueces parciales, hipotecas, embargos y un futuro tan negro como el que padeceremos aquí mismo si la patronal lograse imponer sus criterios por encima de los sindicatos. Pero si lo que describen es negro, la forma de hacerlo, la interpretación, es brillante. La parada de “Johnny 99” (tó el mundo quieto en el escenario… que no se mueva nadie) durante unos segundos, que nos mostraban en primera fila a Bruce y a un Steve Van Zandt con la misma cara de hijoputa que ponía cuando encarnaba a Silvio, para ir arrancando poco a poco… con las guitarras convertidas en la locomotora de un tren que nos fue enganchando a todos como vagones de un larguísimo convoy camino al éxtasis. El saxo barítono nunca se asoció mejor a una guitarra heavy… qué lujo de banda.

Y ahora, ¡a recoger carteles se ha dicho! Con la banda disponiendo un fondo musical con un apropiadísimo “Raise your hands” (¡levanta tus manos!) instrumental, al Boss le faltaban manos para ir recogiendo carteles… y un bienvenido abanico… y un plátano????… a veces me da por pensar que este truco de los carteles los prepara Bruce cuidadosamente metiendo por ahí a algunos roadies suyos con carteles preparados de antemano, porque… ¿en serio una banda, por muy de la calle E que sea, puede estar preparada para improvisar con esa fuerza, esa cohesión, unas canciones tan oscuras e inesperadas como “Quarter to three” y “The E street shuffle”? La primera supe que era ésa porque pude leer el cartel que Bruce nos mostraba, una especie de twist muy alegre que te invita a bailar sin parar. Pero la segunda no la reconocí siquiera, desde donde yo estaba no pude leer el cartel que enseñó unos segundo el Boss y, aunque luego lo dejó ante el micro mirando hacia el público, estaba muy lejos y en las pantallas no llegaron a ponerlo. La tercera fue “Loose ends”, pero la tiene más engrasada e incluso ha llegado a abrir algunos conciertos de esta gira con ella.

El Boss se esfuerza en hacer diferentes sus conciertos, y éste lo estaba siendo bastante. Bruce tiene una cualidad indiscutible, que le hace único; cuando se sube al escenario él sabe que no está completo, que solo es la mitad de un todo. Y la otra mitad que le falta está ahí abajo, esperando la unión. Y aunque ésta se produzca de forma más fuerte cuando interpreta sus temas más conocidos, los lazos de unión se suavizan y se convierten en cómodos abrazos cuando nos regala algún oscuro semi-clásico de décadas pasadas como el “Darlington County” de esta noche… en momentos así te dan ganas de llorar, de abrazarte a quien tienes al lado…

Eh… ¿qué coño pasa aquí…? que la gente de las gradas está comenzando a sentarse… Para volver a levantarlos, un imponente “She’s the one”.

Y llegó “Waitin’ on a sunny day” y otro de los momentos claves de la festiva interacción de Bruce con la gente; y como en Bilbao dos días antes, aquí también había un niño en la primera fila. Y por supuesto, Bruce le acercó el micro para que cantase el estribillo con él, pero… horror! el niño no se la sabe… el niño no sabe tampoco donde meterse… ¿qué coño me está diciendo este tío…? mejor lo hago callar metiéndole una de mis chuches en la bocaza…

Y se ve que al Boss le gustaron, porque luego le quitó el paquetito entero, aunque a lo mejor fue como castigo por no saberse la letra… que no, hombre, que luego se lo devolvió tras los besos y saludos de rigor…

Vale… sé que me estoy haciendo viejo, pero me tiré toda la siguiente canción pensando que estaba escuchando “Jungleland” cuando en realidad la que estaba cantando era “The promised land”… y qué? pasa algo? …vosotros sois D. Perfecto? Ah, bueno…

Pero la siguiente era inconfundible, “I’m on fire”. Gemma bromeaba por aquello del calor sofocante que el hombre estaba padeciendo, “ésta… ésta nos representa mejor…ésta es la que nos tenía que haber dedicado en vez de la coña ésa de Los Del Río…”. Con esta interpretación Bruce fue suavizando el ambiente, aplanando el nivel como si de verdad el calor estuviese pudiendo con él; pero lo que de verdad estaba haciendo era preparar el marco adecuado…

“…forigüán shots…”, “forigüán shots”… todos los miembros de la E Street Band iban dejando, por turnos, la frase en su micro… y “American skin (41 shots)” brilló en toda su magnificencia.

Y entonces fue cuando reconocí el principio del fin: “Lonesome day”.

Qué fácil es de corear “The rising”, y cómo te levanta el ánimo. Y cómo te prepara para la apoteosis final… “Born to ruuuuuuuuuuuun”.

Todos a la vez, cantándola, bailándola, llevando el ritmo con las manos… y las luces del estadio encendidas, para que todos pudiésemos vernos las caras de felicidad y se estableciese un feedback que nos hiciese ir todavía más allá. ¡Qué grande eres, Boss… que rato nos estás haciendo pasar, joío!… míranos, míranos como disfrutamos… es que acaso sobran las ocasiones en las que se pueda ver a treinta mil personas sonriendo a la vez…?

Toda la banda se acerca al escenario, saludan, comparten sonrisas y carcajadas abiertas con nosotros. Pero después de tanto tiempo de intensidad atacan los bises sin bajar siquiera a los camerinos a descansar un poco; “Cuando yo tenga sesenta años quiero ser como Bruce”, me grita Gemma.

En realidad sí que se fue uno de ellos, Max Weinberg, el batería, y se sentó tras ella su hijo Jay. Se ve que el padre ya anda mayor y quiere traspasarle el negocio, y lo pone de vez en cuando para que se baquetee (y esta palabra nunca ha estado mejor empleada). El niño le puso rítmo a todos los bises. “Glory days” para empezar; “Seven nights to rock” para que la peña se animase de nuevo a acompañar con el estribillo, fácil aunque ésta sea otra de esas canciones que apenas se sabe nadie; y “American Land” para organizar otra orgía de los sentidos. En medio de ella la presentación de una banda que no necesita presentación… qué buen solo de guitarra nos dejaste, Nils… qué feo eres, Steve, joé… cómo te luces con las teclas, Charlie… te vemos, Gary, aunque no lo parezca, y te notamos, anda que no… Jay, eres Max con cuarenta años menos, tío…Con el enhiesto Clem, el Jefe casi soltó una lagrimita presentando a su viejo amigo… se paró, se adornó, se gustó… el Graaaaan Clareeeeence Cleeeeeeeeeeeem Cleeeeemoooooooooons… y a seguir con esa cosa medio irlandesa que tiene la virtud de poner a todo el mundo de buen humor.

Después de “Bobby Jean”, el último momento típico de sus conciertos. La chica que subió a bailar “Dancing in the dark” con Bruce no se lavará jamás la mano que éste le besó tan delicadamente, antes de cogerla (no tan delicadamente) en brazos y soltarla en su lugar de la primera fila. El buen rollito ya era hasta empalagoso… joé, Bruce, ponte serio, coño, que se supone que eres un rockero…

Y ahí estaba el homenaje a los clásicos. Un “Twist and shout” convertido en “La Bamba” después de un giro, para volver a ser de nuevo esa canción de saltos y gritos que todos seguimos hasta casi quedar afónicos de gritar con él y casi perder los dedos en las sacudidas que dábamos a las manos en alto.

Bruce se para… se agarra al pie del micro… pierde fuelle… “¡qué caló… qué caló… qué caló!” le oímos musitar tres veces antes de caer… las tres últimas palabras del concierto. De las sombras de atrás sale un tío con una botella de oxígeno y le pone una mascarilla… la peña sigue saltando y gritando… Bruce parece recuperarse… Steve se acerca a él haciendole perentorios gestos con la mano… “levántate ya, mamón, que tenemos que terminar esto para irnos a donde haya aire acondicionado”… parece decirle con una cara en la que se leía además, “o te voy a pegar dos tiros como hice con la novia del sobrino de Tony Soprano”. Y Bruce se levantó y volvió a caminar, y volvió a gritar, y volvió a poner cara de que lo estaba pasando muy bien en aquel baño de multitudes. Y aquellas tres anteriores no fueron las últimas palabras.

Y después se acabó… como todo lo bueno que nos ocurre en la vida.

LOS REYES SON LOS PADRES

Hace ya 25 años de una película irreverente, “This is Spinal Tap”. Y los componentes de la banda protagonista de aquel documental de pega han vuelto desde la tumba para grabar y promocionar a base de conciertos un nuevo disco, “Back from the dead”, lleno de versiones regrabadas de las clásicas canciones de entonces.

En aquella película se humillaba de forma bastante consciente a las grandes bandas británicas como grandes instituciones que eran. Mostraba todos los tópicos de los grandes grupos de rock. Grupos pasados, presentes y futuros…

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“Stonehenge” (1.984)

Una parodia de grupos como por ejemplo…Oasis.

Oasis son grandes. Y no me refiero a ahora mismo, que ya es algo discutible, sino a cuando vivieron sus mejores tiempos. A los años en que “Wonderwall” se había convertido en un himno de la juventud desafecta; una juventud que creía fervientemente que todos los caminos que se les presentaban delante eran largos y tortuosos, y que todas las luces que podían alumbrarles estaban fundidas. Vale que Oasis eran unos pretenciosos de cojones, pero era un gran canción y Oasis estaban en su apogeo.

Y seguramente, como siempre tenían algo que celebrar, una noche Noel y Liam lo hicieron yendo a ver a Spinal Tap en concierto. Algunos de los componentes de éstos, junto a otros nuevos, se habían embarcado en otra parodia sobre unos músicos de folk de los ’60 que se reúnen para revivir viejas glorias, y les pareció una buena idea volver a encarnar a la banda de rock más cafre de todos los tiempos.

“This is Spinal Tap” era una de las películas favoritas de Liam de toda la vida, y el chico estaba radiante ante la posibilidad de verlos en un escenario, en directo, en carne y hueso. Y por supuesto, el concierto fue una pasada. Dos horas de puro Spinal Tap sin adulterar. Y después todavía iban a hacer un bis. Para el cual los tíos de Spinal Tap salieron bajo su personalidad de “A Mighty Wind”, la peli que os decía antes sobre la reunión de viejos músicos… y como tales comenzaron a interpretar su errática música folk.

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“A kiss at the end of the rainbow”

Liam, entonces, a mitad de la primera canción, se volvió hacia su hermano y dijo:

- ¿Y estos tíos quién coño son?

- Son ellos. -le contestó Noel, mirándole extrañado.

- ¿Qué…? ¿Ellos, quiénes…?

- Ellos…-le susurró Noel.

- ¿Ellos quiénes? –insistió Liam.

– ¡Cojones ya, Liam! –estalló Noel, volviéndose a él.– Son ellos, los Spinal Tap.

– Sí, hombre. Ésos no son Spinal Tap. Son unos gilipollas folkies. –le respondió Liam.

– No, Liam. Son ellos. Son Harry Shearer y los otros. Son actores. Los actores que interpretan a los Spinal Tap.

Hubo un momento de silencio por parte de Liam. Incluso Noel ya sabía que era lo próximo que éste iba a decir.

- ¿Actores…? ¿Spinal Tap… son actores…?

Y con cara de bochorno, salió de allí.

Y es por eso por lo que su hermano todavía no le ha dicho la verdad sobre quién pone en realidad los regalos bajo el árbol el día de Navidad.

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“Back from the dead” (2.009)

BILLY, DON’T BE A HERO

Fue un icono aún a su pesar. Nos dijo que no quería cambiar el mundo, que no estaba buscando una nueva Inglaterra… solo buscaba una nueva chica. Trobadorescas palabras éstas, de Mister Stephen William “Billy” Bragg, autor de canciones protesta contra el sistema inglés, y un chico al que nada le altera. Excepto la injusticia social, que atenten contra los derechos de los trabajadores, y las máquinas de hielo seco que echan humo.

Pero que no quisiese cambiar el mundo, o no buscase una nueva Inglaterra podría ser muy discutible, en vista del papel que adquirió como airado representante del Red Wedge, a la vanguardia de la canción politizada en la Gran Bretaña de los ’80. En aquellos tiempos en los que el gobierno de Margareth Thatcher estaba empeñado en cargarse los sindicatos y romper las espaldas de la clase trabajadora de su país, por mucho que Billy nos dijese después, seguro que no tenía tiempo de andar buscando otra chica mientras andaba junto a los mineros, calentándose junto a ellos en los fuegos que encendían, y enfrentádose a la policía. Billy era de los que más gritaban, de los que más enfado mostraban… aunque las malas lenguas dicen que en realidad estaba tan airado porque Kirsty MacColl consiguió hacer un éxito en 1.984 con una canción que le dio él, “A New England”, que un año antes pasase desapercibida totalmente cuando él mismo la grabó en su disco “Life’s a riot”.

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Kirsty MacColl – “A new England”

Y así de excitado y politizado estaba nuestro amigo Billy aquella vez que accedió a una de las estaciones del Metro londinense solamente para ver con sus propios ojos las nuevas barreras automáticas que habían instalado para que nadie se colase sin el ticket correspondiente, y que tanto éxito han tenido posteriormente en todo el mundo. Ya por entonces, al igual que ocurre ahora, estas barreras no estaban exentas de problemas, y Billy, el portavoz de la clase media-baja, abordó a uno de los miembros del staff del Metro, el que se encontraba en la cabina más cercana.

“¿Para qué coño han puesto estas barreras?”
, le gritó. “No funcionan bien ni una puta vez, cuestan una fortuna, a la gente no le gustan, a los propios trabajadores del Metro no les gustan tampoco, y los bomberos las odian porque son un peligro en caso de incendio. ¡Me reconocerá usted que esta mierda de barreras son el mayor gasto de tiempo y dinero del mundo!”.

El flemático empleado uniformado le echó un vistazo apenas perceptible. Y volviendo de nuevo la vista a su libro, le dijo: “Escriba una puta canción sobre ello, entonces”.

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Billy Bragg – “A new England”

AMIGOS PARA SIEMPRE

Perdonadme que en este post vuelva a redundar sobre la muerte de Michael Jackson, pero es que la prensa seria de ayer sacaba a la luz unos artículos relacionados con él que me han llamado la atención.

En ellos se habla de cómo el abogado de Michael ha dado a conocer a su familia el testamento del fallecido y se han filtrado algunas de sus cláusulas, entre ellas que todos sus activos no líquidos (que prácticamente son los únicos que le quedaban) van a parar al fondo fiduciario “Michael Jackson Family Trust”, del que ha apartado las manos de sus parientes y ha nombrado depositarios a unos abogados y ejecutivos de su confianza.

Y en la noticia se dice que entre esos activos está la la colección de títulos musicales de The Beatles, que posee el cantante (en copropiedad con Sony). Si esto es cierto se desmentiría la noticia que a primeros de año publicó el “Daily Mirror”, y reflejaron después muchos más periódicos, sobre que Michael había modificado su testamento para dejarle los derechos de estas canciones a Paul McCartney, y restañar así las viejas heridas que le había producido a éste cuando los adquirió. Según el periódico, un portavoz decía que Michael Jackson le había dado instrucciones al respecto a sus abogados y que sentía una gran tristeza porque McCartney no le hablaba desde hacía muchos años y ahora quería hacer las cosas de forma correcta.

En este mismo blog recogíamos todo esto no hace muchos días a raíz de un comentario de nuestro amigo Vidal sobre la pertenencia de estos derechos de las canciones de los Beatles a Michael Jackson, que yo a mi vez contesté con otro en el que contaba a grandes rasgos la historia de dichos derechos e incluía este párrafo sobre Michael que copio y pego:

Pero eso será si no se muere antes… porque para darle más emoción al culebrón, a primeros de este año los periódicos más amarillos publicaron que Michael estaba arrepentido de lo que le hizo en su momento a Paul McCartney y quería reconciliarse con él. Para ello había hecho testamento y le había dejado a McCartney estos derechos. Y no sería extraño que Michael se fuese pronto p’allá porque cada vez menudean más los artículos que salen de vez en cuando diciendo que todo lo que ha abusado de su cuerpo le pasará factura más pronto que tarde.

¿Quién nos iba a decir que mi “predicción” sobre la pronta muerte de Michael se iba a hacer realidad tan solo nueve días después? Obviamente, no tengo una bola mágica, sino que lo que me llevó a escribir esto, aparte del hecho de cambiar el testamento, es que desde esa fecha no dejaban de saltar noticias sobre que Michael estaba perdiendo la visión de su ojo izquierdo, o que estaba batallando contra un enfisema, o que tenía una enfermedad genética que le hacía tener déficit de antitripsina Alpha-1, que por lo visto es una proteína de la sangre que tiene un efecto inhibidor de muchas enfermedades… sonaba fatal todo, ¿verdad?.

Supongo que a partir de ahora esos derechos de las canciones beatlelianas serán “la joya de la corona” mediática del legado de Michael Jackson y tendremos un montón de historias verdaderas y falsas sobre a quién y cómo irán a parar. Aunque yo sigo apostando con que al final la discográfica Sony, que ya posee una mitad (debido a su asociación con Jacko en el ’95, por la que éste recibió 100 millones de dólares) y que tiene la otra mitad correspondiente a Michael como garantía de varios préstamos que le hizo, será el acreedor más titulado para quedarse con esos derechos… pero sigue leyendo, porque como todas las buenas historias, en ésta hay una sorpresa agazapada.

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Beatles – “The long and winding road”

Y a todo esto… ¿qué dice Sir Paul McCartney sobre estos asuntos? Pues se mantenía en silencio hasta anteayer mismo, en que en su página web hizo público el siguiente comunicado.

Me siento triste y sobrecogido. Siento que fui un privilegiado por haber conocido y trabajado con Michael Jackson. Era un chico con un talento prodigioso y un alma tierna. Su música será recordada por siempre y mis recuerdos del tiempo que pasamos juntos serán felices. Envío mi más sentido pésame a su madre y a toda su familia, y a sus innumerables fans de todo el mundo.

La amistad entre Michael Jackson y Paul McCartney ha seguido un largo y tortuoso camino, por no decir también que bastante agitado. Michael cuenta en su autobiografía, “Moonwalker”, que la primera vez que vió a McCartney fue en una fiesta que daba éste para celebrar la terminación de su disco “Venus and Mars” con los Wings, el 24 de marzo del ’75, en el trasatlántico “Queen Mary”, que se encontraba fondeado en los muelles de Long Beach. Michael, que por entonces, aunque era una super-estrella, solo contaba con 16 años de edad, fue invitado a la fiesta por Heather, la hija de Paul McCartney, y allí pudo codearse con otros muchos famosos, como por ejemplo George Harrison.

Pero McCartney y Michael no se conocieron formalmente hasta poco después, en que el primero invitó a Jacko a otra fiesta. Durante ésta, cuenta también Michael en su autobiografía, Paul comenzó a cantarle la canción “Girlfriend”, diciéndole que la había escrito para que él la grabase. Así que los dos se intercambiaron sus números de teléfono, pero parece que nunca tuvieron suficiente tiempo para quedar y grabar la canción. Una canción que al final terminó grabando el propio McCartney y la incluyó en su disco “London Town”, de 1.978.

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Paul McCartney – “Girlfriend”

Un giro del destino quiso que pocos años después, mientras Michael estaba grabando el “Off the wall”, su productor, Quincy Jones, le sugirió que grabase una canción de Paul McCartney que él había oído hacía poco y le había gustado mucho, y pensaba que al estilo de Michael le iría muy bien. Se trataba, como no, de “Girlfriend”. Esta coincidencia animó a Michael a grabarla e incluirla en el “Off the wall”, pensando que el destino así lo quería.

Aunque en realidad no sabemos si Macca es un tipo de memoria frágil o quiso vacilarle a Jacko en aquella fiesta, porque en las entrevistas con Ray Coleman para el libro “Yesterday & Today” que éste escribió, le dijo que la canción no la había compuesto con Michael Jackson en mente…

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Michael Jackson – “Girlfriend”

De todas formas el hecho es que el día de Navidad de 1.980 Michael llamó por fin por teléfono a Paul a su casa de Inglaterra, para felicitarle las fiestas y para decirle que quería que trabajasen juntos en algo. Y cinco meses más tarde Jacko se desplazó a Inglaterra y entre los dos compusieron un par de canciones, “The Man” y el grandísimo éxito que fue “Say, say, say”, las cuales grabaron allí mismo en Londres y quedaron enfriándose hasta que casi un año después en Los Angeles les agregaron los metales y las terminaron de arreglar un poco más. Básicamente, de ellas Paul escribió la música y Michael la letra.

Por fin, casi otro año más tarde, en febrero del ’82, Michael pudo volver a Inglaterra y ya las terminaron de grabar del todo y pudieron ver la luz en el disco de Paul McCartney “Pipes of peace”, que se editó a finales de ese año. Entre los dos hicieron también un vídeo, a modo de película corta sobre la canción de más éxito. Seguramente lo recuerdas…

Cuando Paul McCartney estuvo en el 82 en Los Angeles dándole a estas canciones los toques de los que os he hablado antes, no se limitó solo a eso, sino que también grabó una canción a dúo con Michael Jackson, llamada “The girl is mine”, que posteriormente sería el primer single de los muchos que se extrajeron del “Thriller”, un álbum en el que si lo tenéis y os fijáis en los créditos, se le dan a Macca unas gracias muy especiales.

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Michael Jackson y Paul McCartney – “The girl is mine”

Como véis, floreció la amistad entre ellos durante estos años, y como Paul McCartney ya era un perro viejo en los negocios musicales, y Michael estaba comenzando a echar a rodar su carrera en solitario, pues le pidió a aquél algunas sugerencias que pudiesen resultarle provechosas. Y McCartney le dio tres consejos de todo corazón: Que dejase a su padre y se buscase un manager en el que pudiese confiar absolutamente; que produjese sus propios videos y estuviese al mando de todo lo que se hacía en ellos; y que invirtiese en la publicación musical, ya que él lo hacía desde hace tiempo y le había ido muy bien.

Parece que Jacko le dijo que el mejor negocio sería entonces invertir en la publicación de las canciones de los Beatles, que eran las que más veces se reeditaban. Siendo así serían éstas las primeras que compraría… y Paul McCartney pensó que estaba de broma con él. Y a lo mejor entonces era así.

Pero en marzo de 1.985, Jacko visitó de nuevo a Macca en su casa de Inglaterra y volvió a hablarle de este asunto.

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Paul McCartney y Michael Jackson – “The man”

Los Beatles, no mostraron mucho interés en mantener su parte, que era minoritaria de todas formas, en la Northern Songs Publishing Company, empresa que gestionaba los derechos de publicación de sus canciones, y en octubre del ’69 los vendieron a la ATV (Associated Television). Y lo hicieron a causa de las dificultades financieras que estaba atravesando su propia compañía, Apple, y a causa también de las disputas legales que estaban manteniendo con su manager Allen Klein. Y además une a todo eso las secuelas de la mala administración del difunto Brian Epstein.

Después de la muerte de John Lennon, McCartney y Yoko Ono unieron fuerzas para intentar volver a comprar el catálogo, pero les pedían 25 millones de dólares por los derechos y Yoko convenció a Paul de que esperasen algún tiempo, porque ella podría conseguirlos mucho más baratos. A Macca le pareció bien, de forma comprensible porque supongo que a todo el mundo le daría mucho porculo tener que pagar 25 millones de dólares por los derechos de publicación de unas canciones que habías escrito tú mismo, y que, lo que aún era más sangrante, habían sido tuyos anteriormente.

Pero durante ese tiempo que esperaban a las rebajas apareció Michael Jackson con dinero fresco y abundante, salido de las ventas del “Thriller”, y las compró por una cantidad que, según las fuentes que consultes, oscilan entre los 47 y medio y los 53 millones de dólares. En su compra se incluían las canciones de Lennon-McCartney, las de Harrison, alguna de Ringo, y varias de las que Lennon y McCartney escribieron en solitario tras la separación de los Beatles.

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Michael Jackson – “Come together”

Esta compra llevó consigo que Macca le retirase el saludo a Jacko, y desde entonces pensase sobre él cosas que su educación británica le impedía expresar verbalmente. Y además procuró joderle todo lo que pudo , por ejemplo, uniéndose de nuevo con Yoko para conseguir que unas negociaciones judiciales le impidiesen a Jacko usar las canciones de los Beatles para anuncios publicitarios, con lo que éste no ha tenido ocasión de embolsarse la pasta inmensa que eso hubiese generado.

El fallecimiento de Michael Jackson ha suavizado esta animadversión. Y ahora Paul McCartney, si Michael no le ha incluído en su testamento, como todo parece indicar, tendrá que buscar otros caminos si no quiere que otros se lleven un puñado de dólares cada vez que cante “Hey Jude”, a pesar de haberla escrito él. El camino a seguir tiene que pasar por Sony. Pero…

En las leyes americanas de copyright parece que hay una cláusula a la hora de renovar los derechos, que dice que si el compositor muere durante los primeros 28 años de la fase de copyright, los derechos pasan a sus herederos, independientemente de quien fuese su propietario cuando caducaron. Así que tenga Sony los acuerdos que tenga, cuando llegue el momento de renovar el copyright, los correspondientes a Lennon tendrá que compartirlos con Yoko y los hijos de éste. Y quien sabe qué pasará a partir de ahí.

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Beatles – “Come together”

NIÑOS DOS VECES NIÑOS

Se conocían desde que en la guardería los pusieron a pintar juntos en un caballete doble sobre el que la profesora colocaba un gran papel en blanco por cada lado para que los niños ejerciesen su imaginación desbordante convertida en manchas de cera y rotulador.

En seguida intimaron y entre ella y él surgió una complicidad que hacía que al final de cada mañana hubiese muchas más de esas manchas en sus caras y en sus batitas que en los pliegos de papel. La mutua compañía que se ofrecían era cada vez mayor porque los demás niños huían despavoridos de su lado cuando comenzaban con sus batallitas de pintura, lanzándose colores el uno al otro.

En realidad él era un niño fuerte, que causaba espanto en los demás, el matoncillo de la guardería que trataba a todos a base de empujones. Excepto a ella. Le gustaba tenerla cerca, le pedía que hiciese cosas con él, se intercambiaban carantoñas, construcciones con piezas de madera, dibujos… le parecía encantadora, y de mayor se casaría con ella. En cuanto tuvieran algunos años más de los cuatro que tenían ahora.

Pero sus mundos era muy dispares. Él tenía un padre muy rico e importante y en su casa era testigo de las continuas disputas que éste tenía con su madre. Hasta que mamá se cansó y abandonó el hogar, llevándoselo también a él. Otra ciudad, otras escuelas, otras amigas…

Ella, en cambio, tenía una familia normal, que le dio las atenciones normales de cualquier otra niña de clase media, y creció y estudió apartada de las drogas y los vicios de la juventud de los años ’70 para convertirse a su vez en otra profesora de escuela que fue testigo de otras nacientes amistades infantiles como la que ella tuvo con Julian.

Pero quizás ella no tenía la misma paciencia que los profesores que había tenido en sus clases. Le gustaban los niños, eran su vida, pero no podía con ellos. Terminaba la jornada de trabajo exausta y con una fatiga extrema. Cuando comenzaron a aparecer también los dolores y aquellos problemas en la piel pensó que quizás los revoltosos niños no fuesen después de todo los causantes de su cansancio. El análisis clínico a que se sometió dio como resultado que Lucy padecía de psoriasis.

Mientras tanto, Julian había pasado por todas las fases de la vida que tiene que soportar un niño con una familia extraña y desestructurada. Su madre pasó por varios matrimonios más que hacían que cada vez se apartase más de su padre, quien también había comenzado una vida familiar nueva con otra mujer, y había terminado por irse a vivir con ella a los Estados Unidos. A él no le faltaban los caprichos ni las nuevas amistades, ya fuesen sinceras o interesadas. Con el dinero de la familia podía comprarse coches, novias, drogas…

Poco a poco fue madurando y convirtiendo las experiencias de su vida en canciones. Se hizo músico, aunque nunca llegó a tener mucha fama ni reconocimiento público. Pero sí daba conciertos y hacía giras. En una de ellas le salió una actuación en una sala cercana a la ciudad en la que nació y dio sus primeros pasos.

Lucy vio su nombre en los carteles, pero no sabía si asistir al concierto o no. Ya no eran niños, y seguro que él no la recordaría ni tendría tiempo para charlar con una chica a la que no veía desde hacía casi veinte años y que ahora era una completa desconocida. Sin embargo, su hermana tenía entradas gratis, y de las mejores, de las que incluso les permitían pasar por el backstage después del concierto. Se las había dado una amiga suya que debido a lazos que se perdían en el recuerdo, ahora trabajaba como asistente personal de Julian.

El encuentro entre ellos fue fugaz. En realidad ella estuvo más tiempo charlando con la madre de él porque Julian tenía que atender otros intereses, prensa, compromisos… se recordaron, se dieron un par de correctos besos y quedaron en mantener un contacto que nunca tuvo continuidad.

A través de su asistenta, diez años después de aquello, él se enteró de que ella se casaba y le envió un regalo y una nota de felicitación. Tempus fugit… hasta la próxima vez que él volviese a tener noticias de ella pasarían otros trece años más.

Julian vivía desde hacía tiempo en Francia. Su carrera musical había dado paso a otras facetas artísticas, y ahora se centraba casi exclusivamente en dirigir películas documentales. Fue su asistenta quien se lo dijo: “¿Recuerdas a Lucy…? Está muy enferma. Tiene una enfermedad degenerativa que la ha hecho abandonar su trabajo hace tiempo. Ahora, con 46 años, la pobre solo se consuela trabajando en su jardín y poco más.”

La psoriasis de ella nunca mejoró, todo lo contrario, cada vez se sentía peor y, a pesar de ser una luchadura y estar siempre apoyada por su familia, al cansancio se sumaban las profundas depresiones que sufría. Su vida se llenó de enfermeras y tubos de sangre, de los que por fin salió la verdad que terminó de hundirla. No estaba del todo claro si había sido un mal diagnóstico anterior y sus dolencias lo habían enmascarado, si había estado siempre ahí latente, o si con los años había sobrevenido, pero ahora la estaba devorando un lupus. Y no hay cura para él.

A cada persona le ataca de una forma diferente, pero el lupus ulcera y destruye tu propio cuerpo; tu sistema inmunológico se rebela contra ti y ataca a tu propio tejido… a veces se ceba con los riñones, otras con el corazón, o con el cerebro; e incluso con la piel, haciendo que a veces los médicos lo confundan con psoriasis. El lupus ataca a nueve mujeres por cada hombre y es potencialmente mortal.

Julian se conmovió con el relato de su empleada, y la buscó a través de ella. Lucy no esperaba que de la noche a la mañana él volviese a aparecer en su vida, y le causó una gran sorpresa e ilusión aquel ramo de flores tan bonito que le llegó junto a un montón de vales que podía cambiar en los viveros y floristerías de su ciudad por todas las plantas que quisese. Ella pensó que era un gesto muy dulce y personal. A eso siguió la llamada de teléfono… “sé que apenas sales de casa más que para acudir al hospital, y que te apasiona trabajar en tu jardín, amiga Lucy. Espero que las plantas dibujen una gran sonrisa en tu cara…”

De eso hace tan solo poco más de dos meses. Después han seguido los emails en los que él sigue ofreciéndole su amistad y renovar su contacto para que ella tenga más días de distracción. Las visitas, que hacen más llevadero el golpe de la enfermedad. Él va haciendo por ella todo lo que puede.

Y ahora, después de su última visita a ella, Julian se encuentra en su antigua casa. El pasado no deja de aflorar mientras repasa todos los recuerdos y preciadas posesiones que atesoraba y que el día 16 de junio se dispone a donar al museo que la ciudad tiene dedicado a su padre y a sus compañeros.

Casi se le saltan las lágrimas mirando el dibujo. Recuerda aquel día de hace cuarenta y dos años en que entró en la casa corriendo y, como siempre solía hacer, buscando a su padre: “Papi, papi, mira lo que he dibujado hoy en la guarde…”.

“Qué bonito, Julian… ¿quién es esta niña… y qué son todas esas estrellas…?”. Le preguntó. Y el niño sonrió divertido viendo que su padre no entendía nada. “Es mi amiga”, le dijo. “Es Lucy en el cielo con diamantes”.

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LSD

EL RUIDO FUERTE Y FLOJO

No sé si os resultará familiar el nombre de JIM WEBB. No es un nombre demasiado conocido, no era asiduo de la MTV, ni salía en los programas más populares de pop de la tele, ni sus canciones sonaban en la programación de la radio-fórmula, y en realidad nunca fue “famoso” en el ámplio sentido de la palabra como, por ejemplo, Pete Doherty. Pero Jim ciertamente que hubiese merecido serlo, porque durante su carrera hizo algunas cosas deliciosamente locas.

Bueno, empiezo por hablaros un poquito de él, a modo de presentación. Puede discutirse, claro, pero Jim Webb fue uno de los mejores autores de canciones de su tiempo; escribió “Galveston” y “Wichita Lineman” para Glen Campbell, y “MacArthur Park” para todo aquél que quisiera cantarla.

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Donna Summers – “MacArthur Park”

Pero no es de eso de lo que vamos a hablar hoy. No. Hoy voy a contaros la historia del planeador.

Corría el año 1.977 y Jim estaba trabajando en un disco en solitario con el maestro de los discos beatlelianos, George Martin; uno de sus discos más famosos con el paso del tiempo, el que se llamaría “El Mirage”, aunque el propio Jim Webb siempre lo consideró una puta mierda. En él había una canción llamada “If you see me getting smaller, I’m leaving” (“Si ves que me hago más pequeño, es que me estoy yendo”), un curiosos título inspirado en las palabras que Wylon Jennings le dijo al director de una película que estaba rodando, cuando se marchó aburrido de esperar y repetir escenas, dejándolo plantado.

Por algún motivo que nadie acertaba a explicar (¿algó que se fumó, quizás?), Jim quiso que en esa canción, quizás como metáfora de eso que decía de irse, apareciese un planeador. Mejor dicho, apareciese el sonido de un planeador. Sí… ya sé que los planeadores no tienen motor y no hacen ruído, pero ya os digo que algo raro se habría fumado.

Los planeadores eran otra de las pasiones de Jim Webb y por eso apareció un día en el estudio de grabación con la elaborada y loca idea de mezclar el ruido de uno de ellos en la canción. Pero el ruido real, no un efecto de sonido.

Así que alquiló una pista de aterrizaje de dos kilómetros de larga para el día de la grabación, y colocó en ella un micrófono cada 2 metros. Esto requirió desplazar varias toneladas de equipo de grabación y producción en exteriores, además de tres camiones, 8.000 metros de cable, pantallas atenuadoras de aire, un estudio móvil y, sobre todo, no lo olvidemos, una funda enorme para el planeador. Bueno… y un planeador, claro.

Llegado el momento, Jim, que había decidido pilotarlo él mismo, se encaramó al interior de su trampa mortal flotante y se elevó al cielo remolcado por un avión de motor (coño… se nos había olvidado meter el alquiler de éste también en la parafernalia anterior).

Los micrófonos estaban preparados y conectados, la pista despejada, la cinta de grabar rodando. En un perfecto aterrizaje, Jim tomó la pista con un sonido silbante después de un suave planeo, y la recorrió entera pasando junto a los cientos de micrófonos exactamente tal como tenía previsto.

Esta compleja operación, con su enorme presupuesto y meses de meticulosos planes, resultó un completo éxito.

Y aquí podéis escuchar tal como quedó el fabuloso efecto sonoro en la canción.

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Jim Webb – “If you see me getting smaller, I’m leaving”

¿Qué…? ¿Qué no lo habéis apreciado…? Sí, hombre; si se oye perfectamente allá por el minuto tres, cuando la canción comienza su tramo final… esperad, que lo aislo y os lo pongo separado:

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Ahí está… el complejo efecto de sonido que logró Jim Webb.

No me digáis que no hay que ser gilipoooooollas para realizar tal dispendio de dinero, tiempo y energías para conseguir un efecto de sonido que hubiese quedado igual o mejor si se hubiese puesto él mismo ante el micrófono y simplemente hubiese hecho “ffffffhhhhh” con la boca…

Fffffffhhhhh, flojito… y ya hubiese estado. Pero ya os dije que Jim Webb hizo algunas cosas verdaderamente locas durante su carrera.

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Jim Webb – “The highwayman”

Y ahora nos vamos a la Iglesia.

Esta institución, debido al descreimiento generalizado que cada vez padecemos más, ya no es tan floreciente como antes. De hecho, para poder decir esto sin que el Profe Franz me acuse de no documentarme, me he leído en Internet un tocho eclesiástico del que he sacado en claro que en los últimos 25 años sus ingresos han descendido en un 30 por ciento.

Y claro, muchas iglesias necesitan fondos para reparar sus campanarios y para costear los honorarios de los abogados que defienden a sus sacerdotes en los juicios por pederastia. Así que para mantener a los pobres curas fuera de las cárceles había que buscar una fuente de ingresos alternativa, y eso es lo que hicieron los que estaban destinados en una iglesia de Londres que se alquilaba habitualmente como escenario sagrado para filmar videos de rock. ¿Quieres ver uno de ellos…?

Ahí lo tenías. El día de la grabación el gran OZZY OSBOURNE se encontraba vestido para la ocasión, al final de la noche, subido al esculpido y adornado altar de la capilla, mientras más abajo, a sus pies, chillaban, mugían (o como se llame lo que hacen estos bichos), y correteaban entre los bancos varias decenas de cochinos.

Varias decenas de cerdos corriendo todos por allí dando lugar a algo que sin duda ninguna el director del video-clip esperaba que fuese “satánico”.

Sí… aquello era puro rock’oink’roll… y de eso iba el vídeo de “Miracle man” que habéis visto antes; una historia satírica de un hipócrita predicador evangelista de esos que amenazan con el fuego eterno, pillado en una bajada de pantalones.

No estaba claro como iban a hacerle saber esto a los cochinos, porque no suelen leerse los guiones, pero el director había pedido cerdos, y le habían llevado cerdos. A nadie se le había ocurrido que éste es un bicho impredecible, y podía arruinar el rodaje.

Pero bueno… todo estaba preparado: cada técnico en su sitio, las luces encendidas, los cochinos a su aire y el Príncipe de las Tinieblas encima del altar, los brazos extendidos como en una crucifixión, preparado para hacer el playback de la canción. Las cámaras comenzaron a rodar y el director gritó “Accioooooón”.

Ese fue el momento en el que el técnico de sonido apretó el botón de “play” para que comenzase a sonar la canción de Ozzy mientras todo el mundo contenía la respiración. El primer acorde de guitarra, monstruoso, fue lo suficientemente fuerte como para despertar al propio diablo:

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¿Te haces una idea…? No sé si tú te habrás sobresaltado, pero los montones de cochinos, que estaban tan tranquilos y no se esperaban aquello… se cagaron vivos.

Y no te lo digo de forma figurada. Te lo digo de forma literal… totalmente literal. Los cochinos se cagaron.

El rodaje tuvo que suspenderse un mes, que fue lo que tardaron en limpiar todo aquello.

En la entrevista de la que he sacado esta historia, Ozzy terminaba diciendo: “Tío, he vuelto allí algunas veces más, y todavía me sigue llegando la puta peste a mierda…”

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Ozzy Osbourne – “War pigs”