Cuando hace unas semanas dedicábamos un post a Los Brincos decíamos de ellos que habían sido un grupo prefabricado. Y quedaba pendiente contar la historia de LOS BRAVOS, que fueron también otro tinglado montado de forma artificial, aunque con la diferencia de que si aquellos estuvieron hechos para traducir a la personalidad española la música que se hacía en el extranjero, estos otros lo estaban para luchar en el extranjero con sus mismas armas. Y aunque fuese un producto netamente español, estaba construido sobre la base de dos extranjeros: Alain Milhaud, un francés que fue el inventor y Mike Kögel, un alemán que fue la imagen.

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“Black is black”
El principal protagonista de esta historia es Alain Milhaud, un francés, como ya os he dicho, que había dejado de ser director de orquestas sinfónicas para pasar a interesarse por la música pop tras haberse casado en Suiza con una chica española y haberse trasladado a nuestro país. Aquí era el director artístico de Columbia Records, una importante compañía discográfica que distribuía el catálogo de la Decca, algo que tendrá una parte importante en el desarrollo de la acción.
Alain era socio de un “cantante protesta” de aquellos descafeinados del franquismo, Manolo Díaz, con el que formaba un equipo de producción que apenas tenía cantantes a los que producir, por eso los buscaban con ahínco en los locales de baile y salas de conciertos. Fue Manolo quien le recomendó que fuese a ver a Los Sonor, el antiguo grupo en el que tocaba la guitarra él, y que de ser una banda pasada de moda y aburrida se había convertido en algo más excitante con la entrada del cantante de Mike & The Runaways. A Alain le gustó como aquel cantante alemán se movía , como enganchaba enseguida con el público por su instinto y su estilo, y además su voz tenía una garra que no era habitual en los solistas del país. Alain Milhaud estaba impresionado con ellos.
Así que se sentó a una mesa con Mike para tratar de negocios. Pero éste era muy desconfiado y su dificultad con el idioma le llevaba a ser bastante inseguro también, por lo que Alain tuvo que tratar con Manolo Fernández, otro de los componentes de la banda, con quien, tras un breve primer contacto, estableció una cita más reposada en las oficinas de Columbia.

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Los Sonor – “Hippy hippy shake”
Allí firmaron el contrato aún con el nombre de Los Sonor, convencidos por su nuevo manager, que les prometía un lanzamiento enorme y con toda clase de despliegues, apoyo promocional, posibilidades internacionales, y todo un montón de cosas más que a aquellos inexperimentados jóvenes les sonaron a gloria. La compañía les proporcionó también un buen equipo de sonido con el que comenzaron a ensayar algunas canciones escritas por Manolo Díaz y las habituales versiones de canciones foráneas.
La primera actuación del grupo fue el 4 de diciembre de 1965 en un programa de televisión que se emitía detrás del telediario del mediodía, en el que cantaron “It’s not unusual” de Tom Jones y “We’ve gotta get out of this place” de los Animals. No estrenaron aún ninguna de las cuatro canciones de Manolo que estaban preparando para editarlas en un EP, la estrella de las cuales era “No sé mi nombre”. Todo era muy precario, porque el estudio de grabación de Columbia era viejísimo, no tenía siquiera ecualizadores ni estaban preparados para grabar guitarras eléctricas, y su acústica era malísima. Era un estudio ruinoso, que se caía de puro viejo, y que databa de la posguerra española, por lo que solo estaban preparados para grabar zarzuelas y el material tradicional que editaba la discográfica. Y encima, Mike se negaba a cantar y a grabar en español.
Así y todo las dificultades se vencieron y Alain Milhaud dio el visto bueno a aquel EP, y con él se fue a ver al director de Columbia, ya que tenía en su cabeza un plan de acción: aprovechando que Columbia es la distribuidora de la Decca inglesa y que sus aspiraciones eran que la banda hiciese un sonido que siguiese la corriente consumista inglesa, pidió que se enviasen a Londres algunas copias del disco para ver si éste tenía algunas posibilidades internacionales.

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“No sé mi nombre”
Pero como España no contaba para nada en el concierto pop internacional y esto era una posibilidad bastante remota, se puso en marcha la segunda parte del plan, que era conseguir una entrada espectacular en el mercado español. Algo sin precedentes… que con el impulso de Tomás Martín Blanco y su programa “El Gran Musical” de la SER, se convirtió también en algo melodramático.
Así que uno de los domingos siguientes, a mediodía, se presentó a los cinco chicos en el programa nacional de tan amplio seguimiento: Mike Volker Kögel, cantante; Manolo Fernández, teclista; Miguel Vicens, bajo; Pablo Sanllehí, batería y Tony Martinez, guitarra. Y se les presentó como un buen grupo español que estaba a punto de disolverse por falta de apoyo, lo cual sería una verdadera lástima en vista de la notable calidad que tenía, algo que evidenció el entusiasmo que derrocharon durante la actuación posterior de la banda los chicos y chicas del público, sobre todo éstas, que no dejaron de gritar en el más puro estilo que marcaba la beatlemanía.
La jugada salió estupendamente y el grupo salió de allí en loor de multitud, rodeados de una aureola de auténticos y populares ídolos. Así que se imponía comenzar la segunda fase de la operación, que era buscarles un nombre. Para ello se hizo un nuevo llamamiento desde “El Gran Musical” en el que se arengó a los jóvenes españoles diciéndoles que ya que habían dicho que sí de forma tan rotunda a la banda, también iban a dejar en sus manos la elección del nombre con que bautizarles, para ello tenían que escribir una carta dirigida al programa sugiriendo un nombre.
La respuesta fue masiva y las cartas inundaron la redacción del programa. Lo que no sabían ninguno de los que escribieron es que el nombre estaba ya previsto desde el planteamiento inicial del asunto, porque en la técnica publicitaria no puede dejarse nada a la improvisación, la casualidad o la suerte. Manolo Díaz había sugerido el nombre de Los Bravos y a todos les había parecido de maravilla. De todas formas, se abrieron todas las cartas por si acaso alguien había aportado alguna idea mejor, e incluso se buscó a alguien que se prestó a aparecer en el programa como si hubiese sido el oyente que tuvo la brillante idea. Y ya imbuidos del ambiente triunfalista, junto con el nombre se anunció también que por primera vez en nuestra patria se iba a grabar un disco en directo de Los Bravos allí mismo.
Justo tres días después, con una velocidad digna de figurar en el libro de los records, se pusieron a la venta 500 ejemplares de ese disco en directo, un single cuyas canciones no tenían nada que ver con las que de verdad habían tocado Los Bravos en el programa del domingo anterior. Pero nada importaba, los seguidores del programa agotaron la edición en pocas horas y nunca nadie antes, como ahora Los Bravos, habían tenido en el bolsillo a una cantidad tan enorme de público sin haber tenido que demostrar nada antes, ni editar ningún disco con el que mostrar sus condiciones, ni nada de nada… todo puro marketing.

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“Quiero gritar”
Ahora era necesario agradecer el apoyo entusiasta a todos los jóvenes oyentes ofreciéndoles un concierto completo en el que Los Bravos demostrasen, por fin, todo lo que eran capaces de hacer. Y una presentación en directo tan rimbombante y espectacular, por fuerza tenía que tener un marco adecuado, así que se preparó para ello el Teatro de la Zarzuela, de Madrid, que nunca antes se había usado para nada relacionado con la música pop, y se envolvieron los sones de la banda con una orquesta sinfónica, dirigida por el maestro Adolfo Waitzman.
El domingo, 13 de marzo, de 1966, a la una del mediodía, Los Bravos dieron su concierto, que se retransmitió también para todos los oyentes de la Cadena SER. Aunque faltó muy poco para que no hubiese sido así. Porque con el éxito comenzaron a aflorar también los problemas humanos y profesionales que siguieron al grupo durante toda su carrera.
Los Bravos no ensayaban nunca, no les apetecía hacerlo. Solamente se reunían para tocar cuando no tenían más remedio a causa de la proximidad de la grabación de alguna canción de su EP, o por la necesidad de aprenderse alguna canción nueva que otros le habían escrito. Y en el seno del grupo se portaban como hermanos traviesos, se querían y se odiaban al mismo tiempo; se necesitaban pero cuando estaban juntos se lanzaban dentelladas. Y fueron así siempre, en los viajes, en los camerinos de los conciertos, en los rodajes de sus películas… todos ellos tenían asumido que Mike era la imagen, la vedette, la voz excepcional e imprescindible que le daba la personalidad al grupo, y Mike tenía un carácter difícil y taciturno, un comportamiento infantil, que junto a su casi desconocimiento del castellano le hacía estar siempre en tensión, saltando a la más mínima provocación de alguno de los otros… y claro, esas provocaciones menudeaban, y las acciones violentas de Mike también.
Antes del concierto de la Zarzuela no se presentaba ninguno a los ensayos programados, ninguno se pasaba tampoco por el sastre que les tenía que tomar medidas para los lujosos trajes de la presentación, todo eran problemas, insultos y preocupaciones… hasta que Alain Milhaud decidió que aquello era una locura y que lo mejor era pararlo todo antes de echarlo a rodar.
Y si no siguió adelante con su decisión fue porque lo convencieron (probablemente la gente de la discográfica) de que ya se había hecho una gran inversión económica, que tenían unos fuertes compromisos con la radio y con un público adicto e ilusionado (aunque eso era lo de menos) y que había que seguir, porque la razón de la existencia de Los Bravos no era la música, sino el dinero que había que ganar, y los acuciantes compromisos contraídos. Por eso había que seguir adelante sin replantearse nada, ni juzgar, ni analizar la situación.
Así de claro. Y Los Bravos quedaron condenados desde ese momento a seguir, a pegarse, a insultarse, a odiarse y a quererse. Y en esas condiciones, y sin ensayar, hicieron su triunfal presentación en el Teatro de la Zarzuela… sonaron fatal; y la orquesta todavía sonó peor que ellos, pero no importaba nada, el público tenía ya en su poder a los ídolos que ellos mismo habían fabricado.

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“Una flor corté”
La consagración como “reyes del mundo” vino poco después de la mano de El Corte Inglés. Se trataba de la primera edición de los Festivales en los que esta macrotienda presentaba su nueva moda de primavera (¿recordáis el lema aquél de “ya es primavera en El Corte Inglés”? pues comenzó aquí) y para atraer a la juventud nada mejor que un festival con las primeras figuras de la música pop española, en el Palacio de Deportes del Real Madrid, coronado con la actuación de los dos más grandes: Los Brincos y Los Bravos.
Y si Alain Milhaud a punto estuvo antes de tirarlo todo por la borda, en esta ocasión manejó el cotarro con tal habilidad, que de su mano salieron de allí Los Bravos coronados como el grupo puntero de España. Lo primero fue luchar porque a ellos los sonorizase una empresa de su confianza, diferente de la que iba a sonorizar a todos los participantes; quería que el sonido de sus pupilos tuviese una calidad alta, y para ello no dudó en amenazar… a El Corte Inglés!!! con dejarlos tirados y no actuar. Y también luchó Alain por establecer el orden de aparición; él no quería que Los Bravos fuesen los últimos, que va… pero sí que era necesario que actuasen justo antes de que lo hiciesen Los Brincos, que fueron los que cerraron el festival. La diferencia de sonido entre unos y otros, el estilo rocker de Mike y el sonido británico de Los Bravos, frente al españolismo pop de las capas de Los Brincos fue tal que aquello significó la sentencia de muerte de éstos últimos. El éxito de Los Bravos fue tan grande que la gente pedía más y más, y cuando Los Brincos comenzaron su actuación gran parte del público comenzó ya a levantarse y marcharse.

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“Recopilación”
¿Recordáis que hace ya unos cuantos párrafos que se envió el EP de Los Bravos a la Decca a ver qué pasaba…? Pues mientras ocurría todo lo que hemos estado contando, los ingleses enviaron una lacónica respuesta: “Nos puede interesar”. Más que suficiente para que en Columbia Records el olor del dinero les hiciese perder el miedo a esa cosa tan peligrosa socialmente que era una guitarra eléctrica, y su director en persona cogiese varios EPs más y se pusiese en camino a Londres acompañado por Alain Milhaud y Augusto Algueró padre, que era lo más parecido que teníamos por aquí a un arreglista de prestigio internacional.
Una vez allí les recibió Dick Rowe y les confirmó lo adelantado en la carta, que este invento español podía resultar interesante. En realidad Dick Rowe decía que sí a todo lo que se le presentaba porque aún le reconcomía la forma en que despidió cuatro años antes a unos tipos de Liverpool que le presentaron una cinta, pero como tampoco podía digerir toda la basura que se le fuese presentando tenía por costumbre derivar a la gente hacia otros ejecutivos para que fuesen éstos los que despidiesen al grupo, y así si resultaban ser otros Beatles esta vez la culpa no se la echarían a él. Así que a Los Bravos los derivó hacia Phil Solomon, que era el director de Radio Carolina, la popular emisora pirata que cambió el rumbo de la radio inglesa.
Phil Solomon aceptó las credenciales de la Decca que los españoles le presentaron y pidió escuchar allí mismo, en las oficinas apenas terminadas de montar, el disco que traían… quince segundos de cada canción (las cuatro anteriores de este post), en total un minuto para decir que aquello no estaba mal. Pero la grabación era técnicamente un desastre y para que aquello funcionase había que volverlo a grabar en Londres… y preparar más repertorio, porque cuatro canciones era muy poca cosa… y que el grupo se viniese para acá enseguida porque todo esto quería tenerlo preparado en el próximo mes y medio para empezar una promoción intensiva a base de radiarlo en su emisora quince o veinte veces diarias… y que traigan un contrato preparado en el que le nombren a él manager del grupo en Inglaterra y propietario de los derechos editoriales de las canciones… y con este visto bueno de Solomon la Decca pone a disposición de los españoles sus estudios de grabación y les asigna un arreglista local, Ivor Raymonde, para lo que puedan necesitar.

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“Trapped”
De vuelta a España, cuando la SER anuncia todo esto se produce otra oleada de patriotismo, y en ella estaban cuando dos semanas después se presenta Ivor Raymonde con seis canciones inglesas inéditas para Los Bravos, entre ellas “Will you always love me?”, “Trapped”, “Come when I call” y, por supuesto, “Black is black”, una canción original de unos jóvenes compositores ingleses a los que nunca más se les conoció otro éxito. A ninguno de los componentes de Los Bravos le gustó esta canción, y no la querían grabar, pero se impusieron las opiniones de Raymonde y de Alain Milhaud, que tenían mucha más vista comercial y decidieron no solo grabarla, sino que además fuera la canción estrella del primer single que editasen.
Después de que Raymonde le tomase la tonalidad a la voz de Mike se volvió a Inglaterra a preparar los arreglos de las canciones, mientras que aquí el equipo español se preparaba para seguirle unos días después. Y entonces llega la segunda gran crisis: en Columbia le dicen a Alain Milhaud que no consideran necesario que éste vaya a Londres para la grabación del disco, porque el presupuesto es limitado, y Alain presenta su dimisión. El pulso a la discográfica le salió tan bien como el que le echó a El Corte Inglés y aceptaron que se quedase al frente y viajase con ellos.
Una vez todos de acuerdo se presentaron en los estudios de la Decca, donde unos desilusionados Bravos se encontraron que aquello estaba lleno de músicos de sesión locales, que eran los que en realidad iban a tocar en el disco. Las razones esgrimidas por los ingleses fueron dos: primero, que las leyes sindicales inglesas son muy rígidas con los músicos extranjeros, y segundo, y más importante, que en el tiempo que tardarían los españoles en grabar un play-back defectuoso, los músicos alquilados grababan tres. Así que en “Black is black”, el mayor éxito de la historia del grupo, de ellos solamente sonaba la voz solista de Mike y los coros de Miguel y Tony, agregados más tarde sobre la sección rítmica grabada en un cuatro pistas. Con el tiempo floreció la historia apócrifa de que el guitarrista de aquella sesión fue Jimmy Page, cuando en realidad el guitarrista fue otro Jimmy, apellidado Sullivan, que también era asiduo de las sesiones de grabación inglesas. Incluso se puede escuchar también la Strato de otro famoso músico de sesión, como era Vic Flick… pero de esta faceta del futuro Zeppelin y de los otros músicos mercenarios ingleses hablaremos más en profundidad en otro post posterior.

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“La parada del autobús”
De vuelta a España, “El Gran Musical” les preparó un recibimiento apoteósico en el aeropuerto de Barajas, donde el triunfalismo desbordado llegó incluso a avergonzar a los propios componentes del grupo, que no tenían más remedio que prestarse a inflar el globo con más mentiras… “sonido inglés… ambiente fantástico… sonamos maravillosamente…”. Mientras en España se editó un single con “La parada del autobús” y “Will you always love me?”, dos de aquellas canciones grabadas en Inglaterra, en el mercado británico apareció el “Black is black” a finales de junio, y gracias a la prometida promoción de Phil Solomon fue un éxito absoluto en una brevísima cantidad de tiempo.
Y se daba la paradoja de que mientras Los Bravos tocaban en Mallorca para los turistas, racaneando mil pesetillas más cada vez que las noticias hablaban del ascenso internacional de la canción, ésta llegó al número dos de todas las listas inglesas y americanas (bueno, en honor a la verdad hay que decir que en el Billboard solo llegó al tres), y prácticamente también de toda Europa, solamente superada en número de ventas por el “Paperback writer” de los Beatles. En España, el “Black is black” no se editó hasta octubre y, lógicamente, fue flechado hacia el número uno. Mientras eso ocurría, en Inglaterra ya se había editado incluso, en la primera semana de septiembre, el segundo single, “I don’t care”.
El gran boom que estaba siendo “Black is black” en todos los países extranjeros donde se editó hizo que los ingleses llamasen a Los Bravos para un viaje de promoción, que incluía cóctel en la Decca, visitas a las emisoras de radio y actuación en el “Top of the Pops” de la BBC, donde Mike volvió a dar la nota negándose a actuar porque “aquello era una porquería y esa gente no entendía de música ni de ná”; después que si el micro no funciona bien, que si la luz de los focos le molestaba… todo por la inseguridad tan grande que le producía tener que salir a cantar. Aquello fue el inicio de una loca carrera por el mundo cumpliendo contratos y recogiendo dinero a manos llenas. A medida que el negocio se iba haciendo mayor, Los Bravos comienzan a manifestar más agudamente toda su inexperiencia y su irresponsabilidad, siempre tenían alguna excusa para retrasar los ensayos, ponerle todas las pegas del mundo a los equipos de sonido y a los decorados de los estudios de televisión, destrozan cosas en arrebatos de locura, se enfrentan con los empresarios que les contrataban. Las cosas fueron mucho peor aún en los Estados Unidos, adonde les llevaron por el éxito alcanzado también. La gira americana fue un auténtico desastre, la comenzaron como cabezas de cartel de las actuaciones que hacían, pero como músicos no eran nada del otro mundo y además no tenían empeño en mejorar, por lo que en directo sonaban bastante mal, y aunque aquí en España podían colar, ante públicos acostumbrados a ver a los mejores músicos del mundo aquello no tenía futuro; pasaron a cerrar la primera parte de los programas, y de ahí a ser meros figurantes de los shows, hasta que terminaron por mandarles de vuelta a casa sin cobrar ni un dólar. Si a eso unimos que el “I don’t care” solo llegó al número 16 de las listas y se olvidó rápidamente, la consecuencia es que la carrera internacional de Los Bravos corrió la misma suerte, el olvido.

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“I don’t care”
Había que relanzarlos en España, con un concierto a lo grande y en un sitio de prestigio; y como el Teatro Real de Madrid estaba cerrado, lo hicieron de nuevo en el de la Zarzuela, otra vez con una orquesta de 40 músicos y motos y motores por todos lados para ambientar la canción que se editó como single aquí, “La moto”, la única de las canciones grabadas en Londres en la que realmente tocaban ellos los instrumentos. El éxito fue de nuevo espectacular, lleno absoluto, a lo que contribuyó que “El Gran Musical” subvencionase casi todo el concierto, por lo que la entrada costaba solo cinco duros. El público de toda España estaba ansioso por ver a su ídolos, así que el siguiente paso fue rodar una película, que tendría asegurada su rentabilidad desde antes de comenzar a hacerse.
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“La moto”
“Los chicos con las chicas” fue un gran éxito de taquilla a pesar de ser una película sin grandes pretensiones, que ofrecía a la gente lo que ésta esperaba ver y que sirvió para que Los Bravos se tomasen el rodaje casi como unas vacaciones en las que hacían lo que les daba la gana, incluso cambiar el guión a su antojo, y donde volvió a “brillar” el mal humor de Mike, siempre insultando y peleándose con los compañeros, y obsesionado con sus crisis taquicárdicas, ya que desde que se desmayó en un concierto en Turquía, tras la mala experiencia que tuvo con unas hierbas que le dio un taxista, se había convertido en un auténtico hipocondríaco.
Y tras esta película todavía embarcaron al grupo en el rodaje de otra, ya que tenían un contrato firmado por tres de ellas. Aunque esta vez los productores, cansados de la poca formalidad y profesionalidad del grupo, tomaron sus precauciones y no les dejaron hacer nada fuera de lugar. Así pues, el rodaje de “Dame un poco de amor” se convirtió en un aburrimiento absoluto, con un guión muy rígido y el intento fallido de hacer pasar por actores a unos músicos que no lo eran en absoluto.

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“Los chicos con las chicas”
Ya casi al final del rodaje de esta segunda película fue cuando ocurrió la tragedia de Manolo. Éste no solo era el teclista de la banda, sino también el cerebro y el “intelectual”, que era el mote por el que lo conocían los demás. Era asiduo de las fiestas de la gente guapa madrileña, íntimo amigo de Lucía Bosé y conversador animoso, ya que al contrario que sus compañeros, solía leer libros y periódicos y estaba al tanto de lo que pasaba por el mundo. En una de esas noches de vino y rosas conoció a Lotty Beatriz Rey, una joven modelo medio suiza, con la que se había casado hacía apenas un mes, y ahora estaban juntos en Mallorca, donde estaban todos los demás reunidos también porque ahora el que se casaba era Miguel. Después de la ceremonia se fueron todos a sus respectivos hoteles; Manolo y Lotty se alojaban en las afueras de Palma y hacia allí se dirigieron en el deportivo con el que Manolo disfrutaba de otra de sus grandes pasiones, la velocidad…
De madrugada sonó el teléfono de la habitación del hotel en el que se alojaba Alain Milhaud, que despertó sobresaltado y somnoliento, pero se despejó de golpe al escuchar a través del auricular la voz de Manolo balbuceando “he matado a Lo… he matado a Lo”.
Alain se dirigió todo lo rápido que pudo al hospital, para encontrarse en una triste habitación a Manolo, de pie al lado de una cama en la que estaba su mujer tapada con una sábana. “He matado a Lo…” era lo único que se le oía decir. Más tarde, con la tranquilidad que dan los sedantes más fuertes, pudo contarle como a la salida de una curva se había encontrado con un autocar y como al tratar de esquivarlo no pudo hacerse con el control de su Triumph y volcó, clavándosele a Lotty una de las barras del techo descapotable. “No puedo soportarlo… por favor Alain, ayúdame a matarme yo también y enterradme a su lado”. En lugar de eso, Alain Milhaud arregló los documentos para internar a Manolo en una clínica para una cura de sueño de siete días.
Al salir la mejoría era notable, dejó de tomar medicamentos antidepresivos y siguió adelante con los conciertos, el rodaje de “Dame un poco de amor”, la normalidad… Manolo parecía tenerlo todo superado y estaba de nuevo totalmente integrado en el grupo. Parecía…
El día 20 de mayo los cinco componentes de Los Bravos habían comido tranquilamente en Valencia después de su actuación del día 18. Al salir del restaurante se dirigieron directamente al aeropuerto para llegar a Madrid por la tarde. Manolo se fue en taxi desde Barajas a su piso de la calle Añastro, al ático que había ocupado con su esposa dos días después de la boda. Llamó por teléfono a Alain para que le informase sobre las siguientes actuaciones de Los Bravos, y tanto su voz como sus palabras parecían normales. Parecían…
Fue su amigo José Luis Bermúdez de Castro quien le encontró tendido en la cama, abrazado a una almohada y rodeado de fotografías de Lotty. Solo 21 días después del fallecimiento de su amada esposa, Manolo se había suicidado, disparándose al pecho con una escopeta de caza.

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“Bring a little lovin’”
En torno a su trágica muerte muchas revistas y periódicos, sobre todo el diario Pueblo, construyeron un emotivo serial en el que presentaban a Manolo poco menos que como “el último Romeo”; su popularidad, el que fuese un joven músico de pop y que la censura dejase de vetar la palabra “suicidio”, propiciaron la mayor y más sensacionalista de las mitificaciones que habíamos tenido hasta entonces en nuestro país. Pero con la muerte de Manolo y su mitificación posterior Los Bravos comenzaron su camino de cuesta abajo, que unos años después culminó con su total desaparición.
Las últimas escenas de “Dame un poco de amor” en las que Manolo aún tenía que participar se rodaron con un doble suyo filmado siempre de espaldas a las cámaras. Y la tercera película contratada no se llegó a rodar; a los productores no les interesaban unos Bravos en sus nuevas condiciones, a pesar de que ya tenían contactos con Manolo Summers para dirigirla y hasta se habían hecho pruebas para ella.
Alain Milhaud luchó con todas sus fuerzas para que la película se rodase, pero esta vez cayó en su propia trampa. En el contrato él mismo había hecho incluir una cláusula que lo rescindía en el caso de la separación voluntaria de alguno de sus miembros. Así que acudieron a los tribunales y estos dieron la razón a los productores por considerar en la sentencia que el suicidio era un acto voluntario de separación. No fue éste el único juicio que perdieron Los Bravos en aquellas fechas, ya que en la portada de su nuevo single, “Just holding on”, aparecieron las medallas que habían usado en las pruebas de la película, lo que les costó una demanda del Ejército por uso indebido de dichas medallas, y una fuerte multa.

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“Just holding on”
A pesar de las vicisitudes Los Bravos seguían siendo un fenómeno demasiado importante, que aún tenía que cumplir con sus muchos compromisos contraídos, por lo tanto había que sustituir a Manolo. Y Alain Milhaud de nuevo creó un enorme montaje publicitario para hacer renacer al grupo de sus cenizas… show must go on…
Como en España no encontró a ningún otro teclista a la altura del sevillano Manolo, hubo que buscarlo en el extranjero. El elegido fue Peter Solley, un joven músico inglés que estaba tocando con los Crazy World de Arthur Brown y que aceptó la oferta porque un grupo con la fama anterior de Los Bravos todavía resultaba apetitoso… y junto a la oferta, también aceptó el montaje.
El plan de Alain Milhaud consistía en crear suspense sobre el nuevo organista, y por eso lo preparó con todo detalle. Se tomaron todas las medidas habidas y por haber para que nadie descubriese la identidad del músico inglés, y éste siempre viajaba solo y se hospedaba en hoteles diferentes a los de los demás músicos y su entorno; cuando llegaba la hora del concierto iba un coche a recogerlo y antes de salir al escenario se ponía una capucha para que nadie le viese la cara. El plan consistía en repetir lo mismo en todas las actuaciones previstas y luego plantear a escala nacional un concurso para descubrir quién era el nuevo teclista de Los Bravos.

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“Save me, save me”
Y todo fue bien mientras anduvieron de gira por diferentes ciudades españolas, pero en Madrid quiso rizar el rizo convirtiendo el juego en una mala película de espías: para el concierto del sábado en el Club Imperial se tuvo a Peter encerrado allí mismo en el local desde el viernes, al abrigo de las miradas incluso de los propios empleados y de los dos periodistas que se plantaron en la puerta a las cinco de la mañana. A estos avezados reporteros se les escapó que subirían al escenario a quitarle la capucha al nuevo y Alain la sustituyó esa noche por un casco de armadura, por si acaso.
Después de la actuación presentaron un enorme baúl a los fotógrafos de la prensa, diciéndole que en su interior se encontraba el misterioso nuevo teclista, lo cual era verdad, para a continuación cargarlo en una furgoneta y llevarlo así a su hotel. Por si algunos periodistas les seguían tenían preparado un camión en una calle estrecha del recorrido para meterse en medio de su paso y mientras pasar al teclista a otro coche, que sería el que le llevaría de verdad al hotel… una cosa demencial que hizo que los medios informativos pasaran de seguirle el jueguecito a Alain y que, al contrario de lo que éste esperaba, se ensañasen con él de tal forma que incluso llegaron a publicar que todo este premeditado montaje se extendía desde mucho antes y que en realidad Manolo ni se había suicidado ni nada, y que todo formaba parte del plan, y él era el encapuchado.
Éste fue el definitivo golpe a Los Bravos, del que ya no se resarcieron; si un planteamiento bien calculado les había encumbrado, otro planteamiento mal calculado les había hecho rodar desde la cumbre. Y la prensa que tanto les mimó ahora les daba la espalda, por lo que les fue imposible desde aquí volver a conseguir la popularidad perdida. Peter, ya sin capucha, tocó con ellos en algunas de las siguientes actuaciones y poco después se volvió a Inglaterra huyendo de la quema. Su sustituto fue Jesús Gluck, pero a pesar de que éste sí era un teclista prestigioso, que incluso compuso algunos temas propios para la banda, algo casi insólito en ellos, el grupo no levantó cabeza.

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“Love is a symphony”
Con más pena que gloria, y unas canciones horribles que incluso tenían chirriantes arreglos de cuerda, se mantuvieron juntos hasta los primeros meses de 1969, en que llegó al final el contrato de tres años que les mantenía a todos unidos. Alain Milhaud se separó del proyecto llevándose con él a Mike, a quien a partir de este momento lanzaría en solitario con el nombre de Mike Kennedy. El resto de Los Bravos decidieron seguir adelante y buscaron a un cantante alto, rubio y extranjero, que mantuviese la imagen de Mike; y ficharon a Bob Wright sin preocuparse en exceso de si cantaba bien o no. Tras seis meses de ensayos tuvieron que comenzar los conciertos aunque Bob no cantaba un pimiento y se ahogaba en mitad de las frases, por lo que en una pequeña gira que les apañaron por Inglaterra hablaron con él para que se quedase en su casa y se olvidase de cantar.
Durante esa gira fueron a un concierto de Yes, y hablando de sus problemas en los camerinos con Jon Anderson, éste les dijo que su hermano Andy también era cantante y estaba ahora mismo desocupado. Simplemente con echarle un vistazo Los Bravos comprendieron que éste era su hombre y se entendieron con él a las mil maravillas. Andy Anderson incluso aportaba muy buenas ideas para la composición de canciones, y con él a la voz se presentaron en 1970 al concurso Barbarella 70, ganándolo con la canción “People talking around”, quedando por encima de otro famoso grupo que por entonces empezaba, Focus; aunque en realidad no es que Los Bravos fuesen mejores, sino que a Focus los descalificaron por sobrepasar el tiempo límite de actuación.

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“People talking around”
Después de aquello, el grupo se mantuvo de un modo bastante gris hasta su separación. Tony no se resignó a salir del camino y mantuvo a unos Bravos en los que él era el único miembro original, y cambió la orientación musical hacia rítmos más discotequeros y negroides como “Ma marimba”. En 1976 trató de reformar a Los Bravos originales, con Mike incluído, y aunque éste aceptó los otros pensaron que solo era un sueño imposible y no se unieron a la idea hasta que ya fue demasiado tarde para hacerlo, y el disco “Mike Kennedy & Los Bravos” se editó sin ellos. Tampoco perdieron nada, porque el disco fue malísimo y pasó prácticamente desapercibido.
Y de esta forma tan triste terminó una historia plagada de ideas para el éxito y para la crónica negra, aunque desde entonces para acá hayan intentado reactivarla numerosas veces a base de reuniones tanto con miembros originales como con otros diferentes. La despedida la haremos con unas palabras sacadas de la “Historia de la canción española”, que escribiese Álvaro Retama, a quien ya conocéis por su aparición en el post que anteriormente dedicamos a Los Brincos.
A los conjuntos ingleses se los llevaban los diablos advirtiendo que los cinco hijos de la tierra del sol y de la sal triunfaban sobre ellos, llevando camino de rivalizar con los Beatles. Sus grabaciones en Londres sobrepasaron la venta mundial de conglomerados musicales británicos de primera categoría. Les superaban como ejecutantes, como autores de su repertorio, por guapetones y por lucir unas melenas más exquisitas… ¡Ánimo, chicos, y a ver si cantando conseguís que nos devuelvan Gibraltar!
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“El loco soy yo”
