Atrapado por el blues de Memphis
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01 – Crossroads

(Publicado originalmente el domingo 23 octubre 2005 a las 22:56)
Robert Johnson

En esta sección de Replicante no busques noticias actuales, ni comentarios sesudos sobre los últimos discos publicados. Aquí nos vamos a especializar en bulos, rumores y leyendas urbanas de todos los tiempos de la música rock. Vamos a intentar divertirnos con todas esas pseudo-historias que casi todos asumen como ciertas y nunca han sido realidad, pero que merecieron serlas. O con esos otros mitos que alguien ha oído alguna vez o leído no recuerda ya donde. Espero tu colaboración, tanto para acotar mis entradas con tus sabios comentarios que aportarán más luz a cualquier tema, como para presentar algunos otros sobre los que podamos hablar. Que no falte el sentido del humor…

Y el mejor comienzo creo que será la leyenda más antigua de todas, una de las más bonitas y, sin duda, la que más canciones, literatura y películas ha generado. La Leyenda del Cruce de Caminos.

Robert Johnson se dirigió al cruce de caminos aquel cálido y fatídico día. “Quiero ser el bluesman más grande de todos los tiempos”, gritó, secándose el sudor de la cara. “Necesito ser maaalo, tocar la guitarra como si la tierra estuviera llorando y cantar como si matara. Quiero escribir canciones que hagan que las mujeres se aferren a mi cuerpo. No sólo canciones para hoy, sino cosas perdurables. Canciones que se transmitan a través de los tiempos”.

El Diablo escuchaba. Luego, sonriendo como ninguna otra criatura había sonreído antes, se sentó, considerando la situación, sólo considerando. “Pides mucho, chico. Pides tanto como el infierno. Y nadie sabe más del infierno que yo”… Se afiló sus grandes garras y continuó: “Déjame que te diga, ya he tenido bluesmen, jazzmen, incluso cantantes de gospel aquí antes. Todos ofreciendo sus almas uno por uno. Pero tú quieres mucho, condenadamente demasiado. Un alma no es suficiente para pagarlo. A cambio, necesitaré las almas de todos aquellos que sigan tu estela. Gente que tú nunca conocerás, pero gente que seguirá tu mismo camino. Guitarristas que tocarán con el poder del relámpago, cantantes que se dirigirán a campos repletos de miles de personas, algunos tan jóvenes que sus madres ni siquiera tendrán tiempo de secar las lágrimas de sus ojos antes de que yo exija mi pago.”

Robert Johnson escuchaba. No comprendía, pero sabía que si aceptaba, la fama llegaría hasta él. Fama real. Fama eterna. “Coge mi alma”, accedió, “y coge todas las almas que vengan; todas las que quieras”.

Llegado el acuerdo, hubo un flash de luz. Robert Johnson rasgó su guitarra y salió un imponente sonido, como el quejido de varias generaciones. El diablo sonrió y anticipó lo que quedaba por llegar. Drogas, blasfemia, sexo, asesinatos… rock’n’rooooll. “Chico”, pensó. “¡Nos vamos a divertir!”.

La realidad puede que fuese otra muy distinta, de todas formas la vida de Robert Johnson siempre fue bastante enigmática. Se supone, pero no se sabe con seguridad, que nació en 1911. Se supone, pero no se sabe con seguridad, que murió en 1938. Se cuenta que le envenenó un marido celoso. No se sabe donde está su tumba. Nunca dio una entrevista, y parece ser que tampoco hablaba demasiado… todo lo que se sabe sobre el o sobre las canciones que grabó, unas 29, es información de segunda mano… tierra fértil para crear mitos.

Esta aplicación del mito de Fausto sobre Robert Johnson viene de otro bluesman antiguo, no tan conocido como él, Son House, que en muchas entrevistas que le hicieron en los años 60 contaba que conoció a Johnson en 1930, cuando el chico, que asistía a una de sus actuaciones, le dijo que era un fan suyo y que, por favor, le dejase acompañarle con su guitarra en alguno de sus blues. House accedió, pero se arrepintió enseguida, echándole casi a patadas del escenario, porque aquella guitarra sonaba del carajo de mal.

Un año después House volvió a encontrar a Johnson en otro bar, pidiéndole lo mismo, y contra todo buen juicio (House estaría mamado o fumado) le dio una segunda oportunidad… Lo que oyeron esta vez dejó a todos sorprendidos y con la boca abierta… Tio!! Era bueníiiiisimo…. Y a House no se le ocurrió que el chico podía haberse pasado el año aprendiendo y ensayando; en aquellas tierras de la América Profunda era más obvia la explicación de que Johnson había hecho un trato con Satán, Príncipe de las Tinieblas: “Ha vendido su alma al diablo para poder tocar así”… y además, los titulitos de las canciones: “Hellbound on my Trail”, “Me and the Devil Blues”… la leyenda se asentó…

¿O no fue una leyenda, después de todo? Al fin y al cabo, era muy joven cuando el marido celoso vertió la estricnina en su vaso… ¿el Diablo exigió su pago cuando indicaba el contrato que firmaron en el Cruce…? Johnson tenía 27 años. ¿Es solo coincidencia que también muriesen a esa edad Johnny Kidd… Jimi Hendrix… Brian Jones… Jim Morrison… Janis Joplin… Pete Ham… Les Harvey… Karen Carpenter… Paul Kossoff… Nick Drake… Kurt Cobain… Tim Buckley…………?

Comentarios

1. El lunes 24 octubre 2005 a las 01:17, por Profesor Franz

Mon Dieu! Esto se anima! El maestro Carrascus con columna propia en el REPLICANTE! Vaya nivelazo! Que tiemblen las torres de marfil de la blogosfera!

2. El lunes 24 octubre 2005 a las 10:47, por JuanMa :: sitio

Pues si señor. Bienvenido Sr. Carrascus!

3. El lunes 24 octubre 2005 a las 15:17, por Monsieur Jacobine

Hay una película de los años 80, llamada precisamente Crossroads, que seguro esta dilecta audiencia conocerá. Era de la época en que el desaparecido –no físicamente, pero si artísticamente- Walter Hill hacia buenas cosas. El film daba absoluto crédito a la leyenda y en un final algo delirante el demonio transmutado en guitarrista de Heavy –bueno, de que quejarse, siempre el infierno les ha molado a los melenudos de cuero negro- era derrotado por un Ralph Macchio que interpretaba con una guitarra eléctrica… ¡¡a Bach!!. Rara forma de sabotear una película que teóricamente estaba empapada de blues.

4. El lunes 24 octubre 2005 a las 15:25, por carrascus

Recuerdo la peli, claro… el niño de la guitarrita era ese que dices, el “dar cera, pulir cera” de aquella otra saga de Karate Kid. Y el demonio era el mismísimo Steve “No hay nada más coñazo que un guitarrista virtuoso” Vai.
Una peli demasiado light para lo que podían haber sacado.

5. El lunes 24 octubre 2005 a las 19:32, por Maria

Gracias Carrascus, por tenernos en cuenta informarnos de este espacio, y culturizarnos. Gracias