Atrapado por el blues de Memphis
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70 – The sound of silence

Escrito originalmente por Carrascus, el 24 de junio del 2.006

Para Vidal, que lo pidió.

¿Creéis que la música puede tener forma física?

CHRISTIAN MARCLAY lleva toda su vida intentando dársela y creando nueva música en el proceso. Para él la música es la intersección entre el audio y la visión, y su obra es la herramienta que difumina la distinción que hay entre estos dos medios.

Christian nació en California, creció en Suiza, y volvió a los USA para estudiar pintura en una universidad bostoniana. Pero en 1977 (cuando tenía 22 años) formó parte de un programa de intercambio de estudiantes y se fue a New York. Y allí cambió su vida.

Allí conoció las performances artísticas, se interesó en lo que hacían artistas como Vito Acconci, Joseph Beuys o Chris Burden (del que ya nos ocupamos en un post anterior) y se sumergió en el punk rock atraído por su cruda energía. Enseguida vio la relación entre las dos escenas y relegó su interés por la pintura en favor de la música. Comenzó a visitar mucho más los clubs donde había música en directo que los museos y galerías de arte.

Cuando volvió a Boston, con su compañero Kart Henry formó una banda de dos hombres. Y como no tenía ni idea de tocar ningún instrumento, en vez de la guitarra al uso se colocó atado con unas correas sobre el hombro un plato giradiscos y se convirtió en el percusionista más singular de su época a base de hacer scratch con discos de vinilo que compraba de saldo o de segunda mano, amplificando el sonido todo lo que podía. Nunca se gastó más de un dólar en un disco, y casi poco más en los aparatos con los que los reproducía. Sus favoritos eran un viejo gramófono que encontró en la basura y un enorme giradiscos Califote que encontró (¿mangó?) en el departamento de audiovisuales de su facultad.

“Siempre he pensado que el sonido grabado es sonido muerto, que no está vivo nunca más. Los discos viejos tienen la cualidad del pasado, la esencia de la pérdida. La música está embalsamada. Yo estoy intentando devolver la vida a la música”.

Se especializó también en romper los discos y luego volver a pegar los fragmentos de forma aleatoria con mucho cuidado, de forma que los Beatles, Beethoven y una nana infantil podían compartir surco en un vinilo suyo. Con su revolucionaria forma de hacer música, el tocadiscos se convertía en un instrumento musical legítimo, y todos sus componentes en herramientas de expresión musical. Con docenas de discos a la vez, creaba una vertiginosa sucesión de collages sonoros, sin uniformidad, marcando ritmos, haciendo y deshaciendo sonidos de toda clase de fuentes, que se convertían en algo muy diferente de lo que habían sido originalmente.

Esta forma de re-crear la música hacía que la gente que le escuchaba tomase conciencia del medio, del vinilo; un cacho de plástico barato que era la forma en que nos relacionábamos con la música la mayoría de las veces. Christian quería que el oyente no hiciese abstracción del medio que le llevaba lo que estaba oyendo, y por eso le daba una voz, un poder de expresión en sí mismo. Los clicks, los soplidos, los sonidos resultantes del deterioro de los discos, en vez de rechazarlos, los usaba y los traía a un primer plano para que la gente viese que lo que escuchaba era una grabación, no música en vivo; y que cuando algo va mal, cuando la aguja da un salto, ocurre algo impredecible, algo que no está en la intención del artista, algo nuevo y excitante… y él usaba todo ese potencial creativo.

“En mis conciertos, destruyo, rayo y atento contra la fragilidad del disco para liberar la música de su cautividad. Cuando un disco salta o se encalla siempre procuramos hacer de ello una abstracción, de modo que el flujo musical no se interrumpa. Mi intención es que la gente advierta estas imperfecciones y las acepte como música. La grabación es una ilusión, las rayaduras, en cambio, son reales”.

Todo esto se perdió cuando los avances tecnológicos trajeron el CD. Ya ni los discos ni los reproductores eran tan simples, ni podías físicamente hacer scratch con ellos, ni romperlos y esperar que la máquina todavía fuese capaz de reproducirlos. Ofrecían posibilidades, por supuesto, incluso más que los vinilos, pero interpretar con los CDs en un escenario no era nada excitante visualmente, por lo que Christian comenzó a centrar más su trabajo en los estudios de grabación, donde aparte de en sus propias obras colaboró en la de otros maestros de la vanguardia como John Zorn, Elliot Sharp, David Moss, Jon Rose, Zeena Perkins, Fred Frith o Sonic Youth.

Pero lo que ocurre en un estudio no es necesariamente lo mismo que ocurre en un escenario. La concentración y la atención del que oye un CD en casa, donde puede oír la misma pieza una y otra vez, pararla cuando quiera, oírla mientras lee o está tirado en el sofá, es totalmente diferente del que oye esa misma pieza en directo, donde también están presentes el efecto visual, el proceso de creación que tan importante es para Christian: ser capaz de ver y escuchar a la vez la música (lo que os decía al principio de darle forma física)… Es importante escuchar la música de la misma forma en que vemos el arte.

Normalmente todos hacemos esas dos cosas, pero nunca en el mismo sitio. Y esa es otra de las cosas con las que Christian siempre ha luchado. Siempre ha intentado romper las divisiones entre las audiencias de una actuación musical y las de una manifestación artística visual. Abrir las mentes para que salga la curiosidad sobre todo aquello que no entiendes, que te cuestiones el sonido tanto como las imágenes, meter el sonido en el contexto del arte visual y unir los dos mundos.

Una obra de Christian Marclay no enfoca nuestra atención solamente en sus cualidades audibles, sino también en la forma en que experimentamos el sonido, lo visualizamos y los transformamos en otra cosa. Y por eso su innovador uso de materiales visuales y audibles ha hecho que sus trabajos a través de los años hayan sido tan cambiantes, provocativos, imaginativos y convincentes. Démosles un repaso.

En adición a los discos reciclados, con los que comenzó su carrera artística, también se interesó en las portadas que los contenían, rompiéndolas, modificándolas, uniéndolas de otra forma… en suma, usándolas como medio para explorar el modo en que la música funciona socialmente, exponiendo estereotipos nostálgicos y sexuales de forma hábil y poderosa convertidos en collages de portadas de discos tales como estos “Doorsiana”, “Slide Easy In”, “Guitar Neck” y “Footstompin’” que podéis ver aquí abajo. Son de los años 1991 y 92.

Fue en los noventa cuando el artista se acercó al campo de las artes visuales a través de instalaciones y esculturas que exploraban las relaciones entre las representaciones visual y auditiva. Solía incorporar a sus obras elementos tan familiares como los altavoces, los teléfonos, las cintas de los cassettes y grabadoras… una de sus obras más evocadoras es “The Beatles”, en la que usaba las obras completas del cuarteto grabada en cinta de audio para hacer ganchillo y coserlas así sobre una almohada de plumas. De esta forma Christian no solo nos presentaba la música y el sonido en forma física, sino que exploraba su profundo significado social, reflejando la comodidad y familiaridad que millones y millones de personas (excepto el Vinué, claro está) compartimos con los Beatles y su música.

“La música es un material. La tecnología la ha transformado en objeto. Y una gran parte de mi trabajo trata sobre este objeto tanto como sobre la música”.

Otros ejemplos de esta forma escultural de la música son sus instrumentos musicales grotescamente distorsionados, de forma que es físicamente imposible tocarlos pero que nos sugieren que clase de monstruo sería capaz de hacerlos sonar o que clase de salvaje sonido podría salir de ellos: El “Drumkit” es una batería en la que los tambores y platos estaban colocados a una altura acorde con su tono, desde el más bajo (o grave) hasta el más alto (o agudo) como una representación visual del sonido que producían. El “Virtuoso” es un acordeón larguísimo y serpenteante que promete imposibles tonos sostenidos. El “Lip Lock”, es una amalgama entre una tuba y una trompeta pequeñita, de forma que no queda sitio para poner los labios. O el curioso bajo de silicona que es “Prósthesis”.

“Las vibraciones efímeras e inmateriales de la música se han transformado en objetos tangibles como casetes, cd´s o discos de vinilo. Esta transmutación me parece muy interesante. Uno no piensa necesariamente en la música como una realidad física, pero tiene manifestaciones tangibles. Puede tratarse también de una fotografía, una pintura o un dibujo. Asimismo, en una actuación en vivo está presente la presencia visual de alguien que produce sonido. Constantemente estoy tratando con esta contradicción entre la realidad material de la obra y su potencial inmaterialidad”.

Con la entrada del nuevo siglo Christian comenzó también a experimentar con el vídeo y ensanchar sus principios creativos. Uno de sus trabajos más impactantes es “Guitar drag”, un video de 14 minutos que muestra una guitarra Fender conectada y amplificada, atada con una larga cuerda a la trasera de un camión, donde también va montado el amplificador. Cuando la guitarra es arrastrada por carreteras malísimas y caminos polvorientos produce una gama de sonidos musicales cacofónicos que dan cuerpo a lo que estás viendo en la pantalla. Esta obra evoca asociaciones tan diferentes como el efecto de romper la guitarra en los conciertos de rock y los linchamientos de negros en el Sur americano. El video está inspirado por el linchamiento de James Byrd, un americano negro que fue asesinado por tres blancos que le encadenaron por los tobillos a un camión y le arrastraron durante tres millas por una carretera de Texas hasta dejarlo morir frente a una iglesia de mayoría de feligreses negros. La agresión de los blancos como ruido trasgresor y el ruido como una expresión estática del destino. La violencia del video es singular, la imagen de la guitarra que se despedaza es un eco sonoro y visual de una violencia que tiene que ser sanguinaria visualmente.

“Video Quartet” es una proyección en DVD a cuatro pantallas, que muestra extractos de cientos de películas antiguas en las que salen músicos y actores tocando y cantando, y resulta una composición a la vez visual y sonora a la altura de cualquier composición de John Cage. Fragmentos de “Psicosis”, “Woodstock”, “Poltergeist”, “Deliverance”, Julie Andrews cantando, los Hermanos Marx, el ruido de las claquetas, o de un grifo que deja correr el agua…todo se mezcla, se desordena, se armoniza en un espectáculo visual y sonoro.

“Up and Out” es una recreación de la película de Antonioni “Blow-Up”, a la que ha desprovisto de su banda sonora y la ha sustituido por la de la película de Brian De Palma “Blow Out”. Los espectadores deben poner toda su atención e imaginación para hacer que la imagen y el sonido se ajusten de forma homogénea y saquen algún sentido de esta radical expresión de imágenes y sonidos asíncronos. El significado de la obra variará según el grado de sutileza del espectador.

Más oscuras y difíciles son sus “instalaciones”, como “Acompagnement musical”, que consiste en una colección de cajas de violines, violas y cellos, todas colocadas en el suelo con sus tapas abiertas dando la impresión de que forman un enorme piano o una formación de ataúdes de los que va a emerger Drácula de un momento a otro. Mezcla de sonido y silencio, arte y música, diferentes esferas culturales que van desde los niveles más altos a los más cutres.

Para “Echo & Narcissus” cubrió todo el suelo de una enorme sala con compact discs creando una metáfora de la femenina Eco, capaz de repetir un sonido de un lugar a otro, y el masculino Narciso, que miraba su imagen reflejada incansablemente. Lo repitió a lo largo de seis años en varios lugares, como el Museo de Bellas Artes de Jerusalem. Pero la primera de todas fue cuando el suelo de una sala de la galería Shedhalle de Zurich fue embaldosada con 3.500 copias del CD “Footsteps” (“Pisadas”), sujeta al suelo con cinta adhesiva de doble cara. El CD contenía el sonido de pasos que él mismo había grabado en un estudio de New York, y durante seis semanas la gente caminó sobre ellos para pasar de una sala a otra, o para visitar ésta misma por curiosidad; mientras caminaban los discos podían ser vistos, pero no escuchados, claro está. Cuando terminó la exposición de la obra habían caminado sobre ella casi dos mil personas, todas dejando su huella y alterando la superficie de los CDs con suciedad y rayones. Se recogieron del suelo y se metieron en una funda convencional y se firmaron y numeraron para venderse (repartirse más bien) entre quien estuviese interesado en poseerlos. Cuando éstos los ponían en su reproductor escuchaban los pasos grabados mezclados con una aleatoria composición final de pautas rítmicas que tenía tantas variaciones como número de discos existían. La obra fue dedicada a la memoria de Fred Astaire.

“Yo quiero que mi obra trate sobre el sonido, pero no debe necesariamente tener relación con la música”.

Como veis, la idea del abandono y el reciclaje siempre ha estado presente en la obra de Christian Marclay; sus esculturas y sus collages normalmente están construidos de desechos que graban o transmiten sonido: aparatos estropeados, cintas acústicas, cassettes, portadas y discos recuperados al borde de la obsolescencia a la que la mayor parte de la gente ha dejado condenados. Su obra es una llamada de atención sobre lo efímero y evanescente de las cosas materiales. Y el sonido y la música siempre han estado presentes también, siendo sus interpretaciones improvisadas y sus directos oleadas de energía que salían de las mezclas de discos modificados sobre platinas múltiples. Christian precedió a los DJs contemporáneos en varios años y se ha establecido como el primer eslabón entre los mundos del arte contemporáneo y la música.

Su obra plástica solo podemos apreciarla en fotos o si tenemos la suerte de poder visitar algún museo que la exponga, pero su obra sonora si está más accesible para nosotros a través de sus CDs publicados; y si quieres empezar a sumergirte en su mundo comienza a hacerlo a través de DJ Trio, un concepto que Christian comenzó a mediados de los 90 y que se basa en la confrontación de tres DJs sobre el mismo escenario haciendo improvisaciones. Según los lugares en los que se producían las interpretaciones, el trío variaba de DJs siendo Christian el único miembro permanente. En el disco se pueden oir también con él a Toshio Kajiwara, Erik M, DJ Olive o Marina Rosenfeld… Y Vidal seguro que te recomienda algún artefacto sónico… dejo abierta la sección de comentarios y le invito desde aquí.

Comentarios

1. El sábado 24 junio 2006 a las 16:46, por Sérilan

Cuando tenga tiempo de leremelo entero diré algo sobre el post, de momento ahora solo tengo tiempo de desearle a JuanMa muchas “felicidades por su santo”, y a todos los que anden por el blog y tambien celebren su anomástica.

Un beso. Muuuuuaaaaaaccccccccccccccccc……….

2. El sábado 24 junio 2006 a las 21:40, por JuanMa Replicante :: sitio

Gracias por las felicidades. Queda pendiente una reunion.
Que pedaso de post. Me lo he leido entero con dos…
Muy interesante, si señor. Este tio es un artista total. Alucinantes me han parecido sus collages de portadas con las que crea una obre totalmente nueva.
Un 10 Carrascus.

3. El domingo 25 junio 2006 a las 11:54, por Sérilan

Magistral Carrascus…

Está usted seguro de no haberse equivocado de profesión en su vida..?

Sorprendente, excitante y provocador este CHRISTIAN MARCLAY

Yo no sabía nada de él, por lo que hace aún más interesante para mí este post, además del estilo y la elegancia con que Carrascus nos lo ofrece.

Me atrae lo desconocido, lo que está por descubrir, el riesgo en el hallazgo, el vértigo en el empeño, la reacción de los sentidos, la espiral de la imaginación una vez provocada, el indagar caminos vírgenes que aporten cualquier estilo de “arte” fuera de cánones establecidos.

Entiendo que la vida debe se una continua sorpresa y parece que CHRISTIAN hizo de eso su meta con una capacidad sorprendente.

Ya logró en mí una reacción. Impaciencia por escuchar y ver alguno de sus trabajos.

Carrascus…me quito el sombrero ante él y ante usted..como no.

4. El domingo 25 junio 2006 a las 12:33, por Vidal

El otro día, en Barcelona, descubrí que Phaidon acaba de publicar un goloso libro sobre Marclay, con entrevistas, afotos chulas y anécdotas muy jugosas (pesaba un quintal, así que no era plan de comprarlo en aquel momento, claro). Allí también tenían una copia del “Record without a cover”, que es posiblemente el trabajo más famoso del susodicho (y que es el picture disc blanco y con letras negras que aparece en el post de Carrascus. La idea era no poner jamás una funda a este disco, y dejar que el polvo y las rayaduras fueran alterando su contenido…

En cuanto a recomendar un disco… bueno, dada la naturaleza del trabajo de Marclay, lo suyo no es escucharle en disco, sino verlo actuar en directo. Pero, si en cualquier caso tienen curiosidad, les recomiendo una recopilación que sacó Atavistic hace unos años, que selecciona lo mejor que hizo el muchacho durante los años ochenta, y que se llama “Records 1981-1989”.

5. El domingo 25 junio 2006 a las 23:38, por carrascus

Descubrirle opciones nuevas a alguien como usted, querida Sérilan, hace que valga la pena pasar varias horas ante el ordenador. Aunque debo decirle que el descubrimiento es mutuo. Cuando Vidal me pidió un post de Christian, al que debo reconocer que tenía más que olvidado, le recordé de mis tiempos del Trip, de algunos discos de John Zorn (que era uno de los favoritos del programa) en que participaba, o de alguna recopilación de la Knitting Factory. Pero buscar ahora tanta información de él me ha hecho reencontrarle y reavivar mi curiosidad por su obra. Así que ya ve, el feedback nos une a todos. Gracias, amiga mágica, su comentario es fantástico.

Vidal, tío… le has visto pinchar en directo alguna vez? Creo que algún año ha participado en el Festival de Barcelona… cuenta algo si es así. O cuenta algo de todas formas… si al final te compras ese libro, pásalo. Yo de todas formas estoy buscando todo lo que tengo por aquí por casa en que sale él, y lo que no tenga procuraré bajarlo de internet.

6. El lunes 26 junio 2006 a las 17:58, por Vidal

Efectivamente, Marclay tocó en el Sónar,,, un año que yo no fuí. Dicen que estuvo bien, que moló y tal, pero que a estas alturas hay gente que hace lo mismo mucho mejor. Como Institut Fur Feinmotorik, por ejemplo, cuatro tipos que utilizan otros tantos platos en directo, y ponen discos rotos, papel de lija y otras lindezas (muy impresionante), o como Otomo Yoshihide, que es otro que hace el cafre de mala manera.

Vamos, que a estas alturas, más que transgresor, Marclay debe resultar un tipo entrañable…

7. El lunes 26 junio 2006 a las 18:58, por carrascus

Mmm… yo tengo un disco de Otomo Yoshihide junto a Christian Marclay, “Moving Parts”, pero para escucharlo en casa es más coñazo que otra cosa, lo suyo sería verles en acción… hay que darte la razón en lo que decías en el comentario 4.

8. El lunes 26 junio 2006 a las 23:37, por Sérilan

Pués nada, si creen ustedes que lo mejor es el directo mantenganme informada de posibles eventos porfa

9. El martes 27 junio 2006 a las 23:29, por JuanMa Replicante :: sitio

Pues sí estimada Sérilan, lo intentaremos, aunque la verdad en Sevilla pasando mayo… como que no hay mucho donde rascar.
Por cierto, ¿como fue el examen?

10. El miércoles 28 junio 2006 a las 00:11, por Sérilan

El examen fué de lo mejor. Cuarenta y tres aciertos sobre cincuenta. No está mal no..?

Lo peor fué que nada más terminar tuve que salir corriendo para hacer la funcion de ese dia, terminé agotada. Si llega a ser al contrario me luzco