Atrapado por el blues de Memphis
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55 – Rey del Glam

Escrito originalmente por Carrascus, el sábado 13 may 2006 a las 15:32

Para JuanMa. Por su regreso. Y por traerme éstos recuerdos.

Hace un par de días JuanMa me pedía en sus comentarios una historia sobre Marc Bolan. Le dije que no, pero junto al personaje me volvió a la memoria el recuerdo de una época musical. Sin duda ninguna la más querida para mí por todo lo que significó. El glam rock.

Yo tuve la suerte de ser un niño del políngano, y vivir rodeado de americanos. Para ir al cole, a la Academia Pio XI, me cruzaba andando todos los días de dos a cuatro veces la zona residencial de Nervión, donde todo eran chalets de oficiales americanos, y donde con ellos vivían sus hijos, que sentían por nosotros y nuestra cultura tanta curiosidad como nosotros por la de ellos. Y al lado de mi barrio estaba Santa Clara, un trozo de los USA en Sevilla. Andar por sus calles, rebuscar en sus limpias basuras tebeos de Supermán que no podíamos leer o (¡que gran tesoro!) revistas atrasadas del Play-Boy que sí (¡sí, sí, sí!) podíamos mirar, se convirtió en una experiencia tan brutal como ver a los gorilas aquellos jugar al fútbol americano en un campo que hoy es el Colegio del Santo Angel, o escuchar los discos singles que ponían en sus reuniones en el green (así llamaban a sus enormes jardines) y a las que a veces nos dejaban entrar cuando no nos reconocían como alguno de los que les habían dado una colleja para mangarle un rato las bicis mientras ellos compraban montones de petardos y triquitraques en el puestecillo del viejecito que vivía en la plazoleta de detrás de mi casa.

Sí, fui afortunado. No solo podía escuchar las canciones que nos ponían en la radio de la época, sino también a Wilson Pickett, a Sam Cooke, a Otis Redding… En el instituto no había mucha gente con la que poder compartir los gustos musicales, y yo me sentía como alguien diferente. Y era una sensación que me gustaba, de alguna manera me colocaba un paso más allá… no al mismo nivel de aquellos héroes que corrían delante de los grises, pero en ese camino.

Lo que os quiero decir con esto es que yo, por entonces, ya era una persona muy interesada en el rock, que (dentro de los límites propios) conocía muchas formas de música, y tenía un criterio que no era el habitual del resto de mis amigos y mi entorno; pero que tampoco era algo demasiado significativo en mi vida o en mi comportamiento.

Y un día vi un disco que lo cambió todo.

La apariencia de máscara. El rayo de lamé. La brillantez de la cara iluminada como un relámpago por los cosméticos. La cara de Bowie en la portada del “Aladdin Sane”. Y de pronto, en un salón de reuniones de jóvenes del barrio en la Iglesia de San Francisco Javier, del Polígono San Pablo, me di cuenta de que un oscuro estremecimiento recorría mi cuerpo de dieciséis años, algo peligroso me desafiaba a ir a un lugar para el que yo no estaba preparado.

Ser un adolescente en la España de los primeros 70 hizo que, básicamente, me perdiese el glam rock. Aquí la música, incluso la más underground, seguía otros cauces mucho más “populares” o “americanizados”, como os contaba antes. Pero conforme avanzó la década se hizo mucho más evidente, incluso para todos aquellos que andábamos ocultos por los barrios proto-canis de entonces, que algo estaba al acecho en las sombras de la música que tanto nos gustaba. Algo extraño e intoxicante que contravenía cualquier clasificación. De pronto, un montón de nuevas palabras salían de los labios pintados de rojo cereza de las pocas chicas que había en la Escuela de Ingenieros, cuando entablaban diálogo con los hombretones de tercero. Conversaciones extrañas frescamente salpicadas con iggys, ziggys, bowies, bisex… Aquella cara de la portada de “Aladdin Sane” me alborotó y me fascinó, y me hizo preguntarme muchas cosas sobre mi todavía apenas emergente sexualidad. Sin estar muy seguro de que fuese conveniente, me las apañé para conseguir el disco por los cauces alternativos a las tiendas de la época, donde era imposible comprarlo.

No fue en realidad hasta mis primeros momentos de universitario, allá por el 74, en los que supe de qué modo iba a amar la música. Bowie, Lou Reed. Iggy, Roxy (¡aquel primer disco de la banda comprado por cauces normales en Discolibro, ¿o ya lo había absorbido el Circulo de Lectores?!)… Ahora llegaba a nosotros lo que estaba siendo un breve capítulo en la historia del pop, centrado en Londres, el resultado de una mezcla única de rock underground americano con una distintiva marca inglesa de teatralidad demodé (¿o todavía se decía “camp”?) y cambio de sexo. Y durante un breve tiempo, la cultura pop proclamaría que las identidades y la sexualidad no eran cosas estables, sino palpitantes y de quita y pon, como cualquier disfraz; y el rock se pintaría la cara y se miraría al espejo subvirtiendo nuestro mundo tal como lo conocíamos hasta ahora.

Musicalmente y a nivel de letras de canciones y de revolución de imágenes, el glam fue nada más y nada menos que un ataque al rock and roll. Cuando Marc Bolan apareció en la tele llevando sombra de ojos; cuando Bowie se la chupó a Mick Ronson encarnado en su guitarra; cuando la androginia se convirtió en bisexualidad; toda la homofobia y misoginia que poblaban las canciones con las que crecimos los jóvenes de entonces, se transformó en atrayente futurismo, en calientes baladas combinadas con rock duro, en melancolía irónica combinada con mandar al carajo los valores. Desde la elegante delgadez de Bowie al masoquismo hardcore de Iggy, el glam impuso, justo al contrario que el punk años después, una feroz e innnatural femineidad a las tradiciones masculinas del rock. Por supuesto, solo era una pose, pero tal como hiciese antes Oscar Wilde, artistas como David Bowie o Bryan Ferry eran capaces de elevar el artificio y la ironía en su comportamiento sin sacrificar ni un ápice de emoción en su música. Por encima de todo, en aquel desfile de andróginos de estilo propio y de alter-egos, y en su declaración de “ch-ch-ch-ch-changes”, la etapa glam presentó al mundo un nuevo y más fluido modelo de identidad sexual, no tanto definido por su permanencia, sino por el multicolor resultado del constante cambio y la reinvención.

Y no duró, claro. Estaban llegando los años 80, y con ellos una huida global de todas las inversiones politico-sociales que hicieron posible el glam. Con pocas excepciones, el glam se fue marchitando en la frágil memoria de la cultura pop, disperso y rediseñado por el gay-rock y el heavy metal, y enterrado por las negativas y rechazos de Bowie y Lou Reed a sus pasados homosexuales. El glam se convirtió en algo inconsecuente para un mundo de valores restaurados; de límites bien marcados entre una cosa y su binaria; un mundo de hombres y mujeres; de gays y heteros; de mandos y mandados; sin nada de interés común entre ellos.

Y a lo mejor ahora es el momento de la resurrección. De volver a caminar por el lado salvaje.

Comentarios

1. El sábado 13 may 2006 a las 17:52, por JuanMa Replicante :: sitio

Muchas gracias Carrascus. me ha encantado.
“Get it on, bang a gong, get it on”
Sepan ustedes queridos lector@s que todos aquellos que hayan visto la película Billy Elliot, esa del chico que quería ser bailarín, habran disfrutado un montón con marc Bolan y sus T-Rex.

2. El lunes 15 may 2006 a las 16:11, por EuLaliA

Jooo Carrascus, que vida mas interesante has debido tener ¿no? Si yo me pongo a pensar no encontraria en mi vida ni el diez por ciento de cosas interesantes que cuentas tu en un post como este o como el del Arny. Que envidia.

3. El lunes 15 may 2006 a las 19:55, por carrascus

Pues no te creas, eh, Lali. La vida de cualquiera parece más interesante cuando se mira atrás y se cuenta.

Mientras se está viviendo fluye sin apercibirte de casi nada especial, porque todo lo que te pasa te parece normal. Hace falta la distancia y la perspectiva del tiempo para que posteriormente parezca más de lo que en realidad fue.

Muy normal, muy normal, de verdad.

4. El lunes 15 may 2006 a las 21:43, por JL Ambrosio

Recuerdo que el primer “Vibraciones” que me compré tenía el monográfico central dedicado al Glam Rock, pero no es mucho lo que recuerdo de aquel número. A mí esa época posiblemente me pilló aún sin mucho discernimento musical, más allá de lo que pusieran en la radio (cuando Los 40 no era aún una fórmula de 24 horas al día y La Voz del Guadalquivir FM era lo mejor que te podías encontrar) y de mis cassettes de bandas sonoras que me grababa un colega.

Pero supongo que todo es cuestión de contexto: puedo fantasear con cuál sería la reacción de los jóvenes de la clase trabajadora inglesa cuando ponen la tele un día de los primeros 70 y, de pronto, aparece Bowie en Tops of The Pops en fase andrógina, y a la tienda de discos llega “Transformer” de Lou Reed con esa extraña portada. Y los grandes tacones, y el glitter en la cara. En el pub ni se habla de ello, no vayan a tacharle a uno de otra cosa.

Como decía Alaska en el 84:

Con tu tacón de aguja
los ojos pintados ,
dos kilos de Rimmel ,
muy negros los labios
Te has quedado en el 73
con Bow y T-Rex.
Hombreras gigantescas
Glitter en el pelo
esmalte de uñas negro
leopardo y cuero
Te has quedado en el 73
con Bow y T-Rex.
Eres el Rey del Glam,
nunca podrás cambiar
ajeno a otras modas
que vienen y van
porque tú, tú,
eres el Rey del Glam.

5. El lunes 15 may 2006 a las 21:51, por carrascus

Ese es el kid, querido Ambrosio, que la pinta que describe esa canción (que da título al post, por cierto) podía llevarse en el 84. Porque lo que es en el 73… jajajaja, déjeme que recuerde y me ría….

6. El lunes 15 may 2006 a las 23:36, por JL Ambrosio

Es lo que decía del contexto. En 1973, por seguir en Inglaterra, un tío con maquillaje bajo la cara de garrulo y tacones largos podía resultar incómodo(no diremos “escandaloso”) para la peña rockera. La película “Billy Elliot” que citaba Juanma lo explicaba perfectamente. 10 años después, sale un grupo con dos peazo lobas al frente como Frankie Goes to Hollywood y no sólo no se hunde el mundo sino que logran tres números uno consecutivos.
Y hoy en día…no sé por qué, creo que hoy en día está la cosa peor que en los 70, y por supuesto mucho peor que en los 80: basta con ver las reposiciones de “La Edad de Oro” (¡se cargaron el Canal Nostalgia TVE!) para comprobar que con sólo dos cadenas de TV había más espacio para las tendencias rompedoras que hoy en día con 200. Entre los nuevos reaccionarios y lo políticamente correcto, y que todo el mundo está ya curado de espanto, poco sitio queda ya para la transgresión, más allá de internet, claro.