Atrapado por el blues de Memphis
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49 – The KKK took my baby away

(Escrito originalmente por Carrascus, el martes 25 abril 2006 a las 16:58)

Para los colegas del nuevo blog “todoarroz.com”. Leyendo uno de sus posts se encendió la llama de éste otro.

Este mes hace justo cincuenta años. NAT KING COLE era el cantante negro más popular del mundo, con una media de ocho o nueve éxitos anuales.

Y también era el máximo objetivo del Ku Klux Klan y de todas las organizaciones americanas racistas como el Concejo de Ciudadanos del Norte de Alabama, que había reunido a más de doce mil (!!!) de sus miembros unos meses antes para enviarlos a Montgomery (precisamente donde nació Nat) a protestar contra la admisión del estudiante negro Authentic Lucy en la Universidad de Alabama. Allí, ante hombres y mujeres, millonarios y granjeros codo con codo, tomó la palabra un senador de Mississipi: “A menos que presentemos un frente sureño organizado, vamos a ser aplastados por los negros”. El Profundo Sur era más sólido que nunca.

Nat King Cole andaba de cabecera de cartel en una gira en la que también estaban la cantante June Christy y el grupo The Four Freshmen; una big band inglesa interracial (The Famous British Orchestra) liderada por el trombonista Ted Heath servía de respaldo musical a Nat. Los conciertos en Houston, en San Antonio, y en otros lugares más habían transcurrido sin novedad. Sin embargo, dos conciertos planeados en Birmingham (Alabama) en abril, parecían llamados al desastre. Miembros del entorno de Nat, como su manager y su batería le avisaron, pero él no quiso saber nada de suspender los conciertos. Así que la Asociación de Ciudadanos Blancos decidió actuar.

El cabecilla de la asociación era Asa Carter, un veterano del ejercito y disk-jockey de la ciudad al que habían expulsado de la emisora el año pasado debido a sus comentarios anti-semitas y que ahora, con su feroz oratoria y su estrechez de miras, declaraba cosas como que el rock and roll hacía que los chicos y chicas blancas descendiesen hasta el nivel de los animales. Esta Asociación, al contrario que los hombres del Klan, en general evitaba la violencia, y en su lugar combatía la integración racial con el sistema judicial y la presión económica. Pero estaban atravesando por un grave cisma. No se permitió a Asa Carter formar parte de la dirección debido a su rechazo hacia los influyentes miembros judíos y este formó su propia facción, a la que se afiliaron más de cuatro mil miembros, sobre todo de los que no poseían mansiones ni cenaban regularmente en los clubs de campo. Carter se rodeó de mecánicos, trabajadores de fundiciones, electricistas, policías, y toda la clase trabajadora media que no confiaba en la política ni en los políticos y temían que el avance de la integración racial pusiese en peligro sus empleos y su precaria posición social. Y estos eran mucho más radicales…

La música de los negros, el be-bop y el rock and roll estaban declarados como inmorales, y como Nat representaba esa música de los negros tenía que ser disuadido de cantar en ningún lugar del Sur. Como éste seguía pensando en tocar allí, la Asociación de Ciudadanos Blancos montó un plan para desbaratar los conciertos y secuestrar a Nat King Cole.

Iban a tomar parte en él 150 miembros de la Asociación, pero al final solo se presentaron seis, armados de rifles, bates de béisbol y puños de acero.

El primero de los dos conciertos era solo para público blanco. Y ahí tuvieron lugar los primeros disturbios. Las cosas ya comenzaron torcidas cuando en el propio escenario una cortina separaba a los músicos negros de los blancos de la banda de Ted Heath. Cuando Nat iba por su tercera canción, “Little girl”, cuatro hombres se acercaron corriendo por los pasillos laterales y tres de ellos lograron subir al escenario tras evadir el control de la policía. Arrebataron y golpearon con su propio micrófono a Nat con tanta fuerza que éste cayó sobre la banqueta del piano, que se rompió debajo de él. Cuando otro de los asaltantes ya le había cogido para seguir golpeándole pudo ser salvado por la policía que ya se estaba haciendo con el control a base de emplear sus porras aunque a uno de ellos le costó que le partiesen la nariz de un botellazo. Y entonces, de nuevo estalló el caos. Ted Heath hizo levantar la cortina de separación y en un arranque de típico patriotismo pidió a los músicos que tocasen el himno nacional. La banda arrancó con los acordes del “God Save the Queen” entre los gritos de Ted: “¡El vuestro noooo, gilipollas!… el americanoooo… anda, anda, dejad de tocar y volved a correr la cortina…!!!”. Y mientras tanto la policía uniformada volvía a enfrentarse a golpes con otros policías de paisano que subían a ayudarles, creyendo que se trataba de otra oleada de atacantes.


Por fin lograron hacerse con el control de la situación, sacar a Nat del escenario y arrestar a los cuatro y a los otros dos que se habían quedado en la salida con los coches preparados. Los incidentes ocurrieron ante 4.000 espectadores blancos, que aunque no se sumaron a la batalla, ninguno de ellos movió un dedo para ayudar a Nat. Eso es un buen reflejo de como era en general la cultura sureña, no todos los blancos apaleaban negros ni quemaban iglesias, pero tampoco intentaban parar a los que lo hacían.

Después de recibir las primeras atenciones en el botiquín, Nat volvió a salir entre una estruendosa ovación que duró cinco minutos. Se dirigió al público: “Yo solo vine a divertiros. Es lo que pensaba que queríais. Yo nací aquí, en Alabama. Pero estos tíos me han fastidiado la espalda. Y no puedo continuar porque tengo que ir a que me vea un médico”.

El examen médico reveló que no había nada roto y Nat pudo celebrar el segundo concierto, que esta vez era para el público negro. Después volvió a Chicago a recuperarse suspendiendo los conciertos de Raleigh y Charlotte. Los atacantes racistas fueron condenados a seis meses de prisión, los que entraron a la sala; y a más de 5.000 dólares de multa los de los coches.

A pesar de esta digna actitud, no creáis que Nat King Cole se ganó muchos amigos entre su propia gente. Muchos mantenían que no debería haber cantado para audiencias segregadas, e incluso bastantes clubs de Harlem retiraron sus discos de los jukeboxes y los rompieron en plena calle. Le acusaban de prestarse a jugar el papel de Tío Tom.

“Lo importante”, decía Nat King Cole, “es que los negros y los blancos se comuniquen. Incluso si se sientan en lugares separados en una sala de conciertos, quizás un blanco le pida fuego para su cigarrillo a un negro o le pregunte si le está gustando el concierto. De esa forma empieza la comunicación, que es la respuesta al problema. Seguiré tocando para audiencias segregadas porque ese es mi trabajo, y es una locura pensar que un mero cantante como yo pueda ir al Sur y pedir que las audiencias se integren en un concierto cuando el Tribunal Supremo está teniendo mil problemas para conseguir que se integren en las escuelas”.

Nat pudo haber tenido una oportunidad de hacer llegar este mensaje a mucha más gente cuando pocos meses después le ofrecieron su propio programa de televisión, “St. Louis Blues”. Pero aunque muchos nombres famosos (Peggy Lee, Sammy Davis Jr, Eartha Kitt, Bing Crosby, Louis Armstrong) acudieron gratis o sin cobrar apenas más que los gastos, no pudieron sacar el proyecto adelante por falta de dinero, y duró muy poco. No conseguían anunciantes ni patrocinadores. El programa salió al principio cubriendo los gastos la propia NBC, que pensaba que al ver el programa en el aire, y lo sofisticado que era, conseguirían un sponsor a nivel nacional, pero estaba comprobado que en esos tiempos de racismo nadie quería ver a un negro dirigiendo un programa de televisión. Las compañías decían que si se anunciaban en el programa de Nat, nadie en el Sur de los Estados Unidos iba a comprar sus productos.

En Birmingham las cosas no fueron a mejor. Se creó un Fondo para la Defensa de los Hombres Blancos, para recaudar dinero con el que pagar a los abogados de los asaltantes; Carter publicó una carta abierta al Alcalde pidiéndole “que no permitiese el uso del Auditorio Municipal para los conciertos indecentes y vulgares de los africanos ante nuestros hijos blancos”. Y promovió otra movilización en mayo contra un concierto multirracial que reunía a Bob Diddley, los Platters y Bill Haley con pancartas en las que se leía “La música de la jungla favorece la delincuencia”, “El Be-Bop promueve el comunismo”… y otros lemas “para llamar la atención de todos los padres blancos sobre que el rock and roll y la música negroide y animal están siendo usadas para rebajar a nuestros hijos al nivel de los negros”.

Las criticas contra Nat hirieron más profundamente su orgullo de lo que su espalda lo había sido en el asalto, y le dolió que hubiesen olvidado tan pronto sus conquistas contra la prohibición de que los músicos negros se alojasen en hoteles o sus contribuciones a los fondos de las organizaciones de derechos civiles. Al final, Nat King Cole zanjó las controversias convirtiéndose en miembro de por vida de la NAACP (Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color) y jurando no volver a poner los pies en su Alabama natal.

Comentarios

1. El martes 25 abril 2006 a las 21:54, por Vinué :: sitio

Gracias por la alusión, Don Carrascus. Y 50 años nada más, ¿eh? Y ahora son la bandera de la libertad (de todo tipo, excepto la que a ellos no les convenga) para el Mundo Mundial. Evidentemente no digo que no se sea racista en otras partes, pero al menos no se vanaglorian de ello cada cinco minutos. Y por cierto, ¿sabemos si Nat volvió alguna vez a Alabama?

2. El martes 25 abril 2006 a las 23:21, por carrascus

Pues no, amigo Vinué. Según la documentación que consulté para el post, Nat se estableció en California y no volvió a pisar Alabama. De todas formas tampoco es que tuviese que poner mucho empeño en mantener su palabra, porque menos de diez años después se murió de cáncer de pulmón.

3. El miércoles 26 abril 2006 a las 12:08, por JL Ambrosio

Brillante. Posiblemente el mejor artículo que le he leído a Mr Carrascus.
Dejando aparte el penoso tema de fondo (y la actual paradoja de un mercado musical actualmente copado por la industria rap y los cantantes de color, donde se constata un cierto racismo en sentido contrario), me quedo con la extraña sensación de anticlimax que me ha dejado el artículo. Tras varios párrafos describiendo cómo la tensión se iba acumulando en los días previos al concierto de Birmingham, el desenlace se me queda corto, será cosa de la mala influencia que los guionistas han ejercido sobre uno, malacostumbrandole a finales de traca y petardo final. Aunque ciertamente los disturbios de aquel día fueron de suficiente relevancia para tener su sitio en la historia reciente de Alabama.
Y luego la triste coda de la marginación que, en efecto, sufrió Nat Cole por parte de los propios músicos negros por prestarse a seguir tocando ante audiencias segregadas.
Lo único bueno de esta historia es que, afortunadamente, esos morlacos no detuvieron la expansión del rock and roll, pese a sus temores de que degradaba al ser humano. Me pregunto que hubieran dicho si en 1956 les hubieran colocado directamente algún disco de grindcore.

Y eso sí, mi recuerdo más afectuoso para Nat King Cole, y muy especialmente aquellas versiones en español que sonaban día sí día también en las tardes de Radio Sevilla en mi más tierna infancia…

“An-sie-dah / de tenehte en mih bhazos / muhsihtandoh pahlahbrah de amow….”

4. El miércoles 26 abril 2006 a las 20:02, por Vinué :: sitio

Eso que dice usted, Señor Ambrosius, me recuerda a la tesis de uno de los mejores discos de hip-hop de los últimos años, “The Minstrel Show” de Little Brother, que por supuesto os recomiendo. En él, los de 9th Wonder, ese súper productor, comparan al mainstream rapero con aquellos minstrel shows donde se parodiaba a los negros incluso con negros con la cara pintada con tizón (como lo que decía sobre la TV “Bamboozled”, de Spike Lee). Según ellos, los raperos actuales se autoparodian, interpretando el papel de “negro rapero” que le conviene a la industria, y en el que “no molesta”, derivando no sin cierta lógica que esa misma es una actitud bien racista y que atenta tanto contra el legado del rap como contra la cultura afroamericana en general. En fin, que pocas cosas han cambiado, la verdad…

5. El miércoles 26 abril 2006 a las 21:27, por carrascus

Espinosa controversia ésta que acabas de levantar. Se supone que con el avance social de los negros, precisamente al final de la década que retrata el post, se acabaron los minstrel shows.

Muchos piensan éso que dices, que los actuales raperos, que generalmente cantan para audiencias blancas, hacen lo mismo que los antiguos actores del minstrel.

Y hay quienes todavía van un paso más allá y sostienen que en realidad a los blancos les gusta la música afroamericana pero no les gustan los negros, y que los raperos blancos, o incluso los músicos de rock blancos que hacen música derivada del blues imitando a los músicos negros, no están expresando su admiración, están simple y llanamente robándoles. No están de verdad haciendo algo por la mutua comprensión de culturas diferentes, sino cayendo en parodias como las de los minstrels shows, solo que sin pintura en la cara.

¿Cierto… o una forzada vuelta de tuerca…? Se admiten opiniones.

6. El jueves 27 abril 2006 a las 09:16, por JL Ambrosio

Odio hablar de este tipo de cosas, pero yo diría que se trata de una forzada vuelta de tuerca. Si me pongo en la piel de un adolescente inglés de mediados de los años 60, posiblemente la música más excitante que podía oírse por entonces fueran los discos de R&B llegados de USA. ¿Qué problema había en que unos cuantos decidieran ponerse a interpretar ese tipo de música, algunos de ellos con bastante soltura? ¿Hubiera sido más políticamente correcto decir “oh, bueno, eso es música de negros, mejor que la sigan tocando ellos”?. El elemento negativo, si acaso, está en el hecho de que los recien llegados a esta música se encontraron de la noche a la mañana con una acogida que los originarios maestros del R&B no alcanzaron casi nunca, y cuando lo hiceron ya pocos bajaban de los 60 años.
Como historia apócrifa (desmentida en el excelente libro “Spinning Blues into gold”), se dice que la primera vez que Keith Richards pisó, de la mano de Leonard Chess, los estudios de Chess Records en Chicago, estaban haciendo reparaciones y allí, en lo alto de una escalera con la brocha en la mano, estaba Muddy Waters. La refutada, pero no por ello menos atractiva, leyenda dice que Keith le reconoció y se acercó a saludarle, y cuando le preguntó qué estaba haciendo allí, Muddy le confesó que andaba corto de fondos y que aceptó ese trabajo, no sin antes lanzar su famosa predicción: “Preparate, porque igual el año que vienes eres tú el que está aquí subido a la escalera”.

Y respecto a lo de los raperos actuales, “Africa’s Gateway”, un sitio web dedicado a las reivindicaciones de los afroamericanos en USA, dice a propósito del disco de Little Brother lo mismo que Vinué: que han pasado 200 años desde los minstel shows y las caras pintadas de carbón pero que todo sigue igual, burlandose de la comunidad negra (materialismo insensato, violencia excesiva, misoginia feroz) aunque ahora lo llaman RAP.

http://www.africasgateway.com/article1333.html

7. El viernes 28 abril 2006 a las 09:08, por Vinué :: sitio

Fueraparte de eso, es cierto que en estos dos últimos años el hip-hop está volviendo a dar grandes frutos en lo que siempre se ha llamado concious-rap, uséase ese rap que tiene menos músculo y más cerebro. Como ejemplos, el ya expuesto de Little Brother, la vuelta de De La Soul, el nuevo de Dilated Peoples, o el pepinazo de Kanye West (con su producción para el “Be” de Common como otro de los grandes pilares). No todo son lechuguinos como 50 Cent o The Game, no… (Aunque a mí estos cenutrios me gusten en ciertos momentos, todo sea dicho).

8. El viernes 28 abril 2006 a las 13:15, por carrascus

Joder Vinué, que viejo me has hecho con una frase de tu anterior comentario: “la vuelta de De La Soul”.

La vuelta, tío… la vuelta.

Parece que fue ayer, pero fue en diciembre de 1989. En el nº 59 del Rock De Lux, apareció el primer artículo que se publicó en la prensa española sobre De La Soul. Lo firmaba un Carrascus con dieciseis años y medio menos.

9. El viernes 28 abril 2006 a las 16:05, por Sèrilan

Oiga Carrascus…leyendo todo lo que usted publica en este blog y disfrutando como disfrutamos de sus post. le aseguro que me pica la curiosidad por sus articulos de antaño.
Nos sorprenderá alguna vez rescatando alguno de ellos para nosotros..?

10. El viernes 28 abril 2006 a las 21:50, por JuanMa Replicante :: sitio

Interesante debate, humm…
Personalmente pienso que a pesar de que el mercado y los medios estan “saturados” de músicos negros parece que todos ellos hacen música politicamente correcta y la verdad es que a los leñeros que siguen en activo (léase Public Enemy, etc…) apenas les dan cancha.
Por otra parte el producto en general da auténtica pena y se repite como el ajo, y a pesar de levantar alguna ampolla entre algunos lectores, las supuestas estrellas como Beyonce, por poner un ejemplo, cantan menos que un grillo pisado. Eso sin hablar de los videos, recurrentes a más no poder a los topicazos de negrata musculoso y macarra y negrita macizorra con caderas de alta velocidad.
Eso sí, Mary J. Blige canta de miedo. Y ya por último, recomiendo a Tote King, rapero sevillano con la mente muy bien amueblada.

11. El sábado 29 abril 2006 a las 03:12, por Vidal

Leñes: yo me acuerdo de aquel artículo, don Carrascus. Consuélese y piense que yo era un pipiolo y que ahora me tiene aquí, dando por culo con grupos de esos raros y tal… (que no sé, por otra parte, si es bueno o malo. Ahem)

12. El lunes 1 may 2006 a las 08:37, por carrascus

Pues, querida Sérilan, en pricipio no tengo pensado rescatar ninguno de los artículos antiguos que escribí. ¿Sabe que pasa? Que en realidad prefiero dejar el buen recuerdo que parecen tener de ellos gente como Vidal, a rescatarlos ahora y arriesgarme a que penseis que no han envejecido bien.

La vida sigue, y espero que usted tenga oportunidad de leer cosas mías durante mucho tiempo. De todos modos, muy agradecido por su interés.

13. El lunes 1 may 2006 a las 22:09, por Abraham :: sitio

Os acordais que el 2003, cuando le dieron un Oscar a Eminem por el tema de 8 Millas, se aireó a bombo y platillo que era el primer tema de rap que ganaba un premio de la Academia (creo que, aunque no puedo asegurarlo, era también la primera vez que se nominaba uno), como si aquello fuera la señal de que los tiempos estaban cambiando. Estoy casi seguro de que aquello no fue una estrategia de marketing coordinada, me inclino más a pensar que la gente del mainstream gringo (los de hollywood) quisieron dar a entender –de alguna manera– que ya aceptaban aquel movimiento musical que tanta pasta generaba, pero, sintomáticamente, lo hicieron premiando al primer blanco que había vendido lo suficiente y obtenido el apoyo y/o la adhesión de colegas negros. Recuerdo que pensé que muchos de los académicos pensarian algo asi como “coño, a mi el tipo este de Detroit no me gusta nada, pero si los negros le dan el visto bueno, porque no darle un Oscar, matamos dos pájaros de un tiro”

14. El lunes 1 may 2006 a las 23:13, por carrascus

….hay que ver, hay que ver…. ¿donde quedó aquello de que el rap era el nuevo punk???