Atrapado por el blues de Memphis
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46 – La tristeza seguirá

(Escrito originalmente por Carrascus, el sábado 15 abril 2006 a las 11:39)

“Estaba todo lleno de gente que lo único que quería era estar sentada por allí haciendo lo menos posible, si no era para divertirse todo lo que pudieran. Pero yo nunca equiparé Universidad con diversión. Pensaba que estábamos allí para leer y aprender”.

Como veis, RICHEY EDWARDS era un tipo singular, cuya mente siempre iba por caminos distintos que la del resto de los mortales. Le gustaba la música, como a la mayoría de los jóvenes. Más aún, le fascinaba; se colgaba horas y horas de los acordes de Echo & The Bunnymen o de los Public Enemy, pero mientras otros jóvenes tanteaban con sus guitarras y aprendían acordes, él estudiaba Ciencias Políticas y refinaba su cultura con libros de Orwell, Camus, Sylvia Plath y Brett Easton Ellis.

Era buen estudiante, aunque había un lado oscuro en su afán de conocimientos sobre historia y política. Richey estaba fascinado, por ejemplo, por aquellos miembros del IRA que hicieron huelga
de hambre en la cárcel; Bobby Sands era su ídolo, y siempre le admiró por dejarse morir así. Él mismo comenzó a dejar de comer apenas, a quedarse en los huesos, a irse a la cama con la única compañía de un libro y una botella de vodka.

En parte porque había crecido con ellos, y en parte porque necesitaba dinero, aceptó el trabajo de chofer de la furgoneta con la que los MANIC STREET PREACHERS se desplazaban a sus conciertos. Aquello le gustó, y se inmiscuyó tanto en la vida del grupo que además de llevarlos y traerlos se ocupó de toda la publicidad, de llevar información a todo el que la necesitase, de confeccionar dossiers de prensa de tamaños bíblicos que hacía llegar a todos los promotores y sellos discográficos… pasó a ser alguien tan indispensable que solo era cuestión de tiempo que se convirtiese en miembro de la banda. Y en cuanto Flicker, el guitarra rítmica original, dejó el grupo, Richey ocupó su puesto.

Pero a pesar de todas las lecciones que le daba, James Dean Bradfield no conseguía hacer carrera de él. Las poses le salían muy bien, pero lo que era tocar… “¿Por qué todo el mundo anda tan colgado de un pedazo tan feo de madera con metales y cuerdas? Yo no sé tocarla muy bien, pero puedo hacer que la guitarra parezca letal”. Como Richey sí destacó inmediatamente fue escribiendo letras de canciones. A todos lados iba con su ordenador portátil en el que volcaba sus prolíficas ideas en forma de prolijos y a veces aburridos tratados sobre prostitución, odio al capitalismo, y referencias al Holocausto, temas que posteriormente saturaron el magnífico y angustioso disco “The Holy Bible”.

Sus desoladoras letras decían mucho sobre su frágil estado mental. Su anorexia y su alcoholismo alcanzaron niveles tan extremos que necesitó ayuda profesional. El verano de 1993 lo pasó casi entero en clínicas que abarcaban desde las más modestas de la Seguridad Social hasta las más caras especializadas en tratar celebridades, todo para huir de sus psicosis. Se convirtió en un poderoso icono para todos los devotos de los Manics y del rock en general a través de sus públicas batallas contra el alcoholismo, la anorexia y la auto-mutilación; se convirtió en portavoz de asuntos considerados tabú hasta ahora, una luz de guía para los marginados, los alienados y los desahuciados. Richey incluso creó un slogan, “4Real”, una macabra referencia a un incidente ocurrido en mayo del 91, cuando tras un concierto era entrevistado por un periodista del New Musical Express que no creía en sus credenciales punkies (“I don’t think people will think you are for real”) y, para demostrar el peso de sus convicciones, se grabó el término en su brazo con una navaja. No era la primera vez que lo hacía, en la Universidad se hería con el compás, y en Bangkok ya se había hecho cortes en el pecho con un cuchillo que le regaló uno de sus fans. Siempre le gustaron mucho las historias apócrifas y los mitos que rodeaban a los grupos de rock, y él no solo alimentaba su propia auto-imagen, sino también la imagen que los demás tenían de él. “Cuando me corto así yo mismo, me siento mucho mejor”, decía Richey de su hábito. “Todas las pequeñas cosas que me fastidian de pronto dejan de tener importancia porque estoy concentrado en el dolor. Yo no soy una persona que tenga facilidad para llorar o gritar, así que esta es mi única salida. Todo tiene su camino lógico.”

El incidente de “4Real” trajo a la luz la extrema personalidad de Richey. Atrajo a montones de nuevos admiradores que se identificaban con el desolado mundo que pintaban las canciones de los Manic Street Preachers y con la alienación, aburrimiento y desesperanza de Richey. Se convirtió en portavoz para una nueva “generación perdida”. Ahora se aficionó a leer las biografías de famosos suicidas y a aprenderse de memoria sus cartas de despedida. Su favorita era la que dejó el actor Tony Hancock antes de atiborrarse de somníferos : “Las cosas solo van a peor la mayoría de las veces”. O las últimas palabras de Van Gogh: “La tristesse durera”, que le sirvieron de base para componer una de las mejores canciones de la banda.

Conforme la fama de los Manic iba creciendo, también lo hacían los actos de auto-mutilación de Richey. Sus brazos se llenaron de cicatrices, moratones, tajos de navaja, lesiones de todas clases… sus heridas de guerra, como él las llamaba. Su forma de echar fuera las oscuridades que poblaban su cabeza para poder dormir cada noche. El manager del grupo murió de cáncer de forma muy penosa; su mejor (su único) amigo de la Universidad, con quien compartió su piso de estudiante, se ahorcó; su querido y viejo Snoopy, el perro de la familia, murió también… la depresión se adueñaba cada vez más de él. A pesar de todo Richey insistía en que nunca pondría su vida en peligro. El suicidio no entraba en su mente, porque él era más fuerte que todo eso.

Y, de pronto, un día desapareció.

El guitarrista abandonó el Hotel Embassy de Londres, donde se alojaba con su compañero James D. Bradfield antes de partir al día siguiente para la promoción previa a su gira por los USA, a las 7 de la mañana del día 1 de febrero de 1.995. Sobre la cama de la habitación 516 dejó algo envuelto en papel de regalo junto a una carta en la que se leía “I love you”, para su amiga Jo, su amor no correspondido. Fue a su casa de Cardiff, donde dejó el pasaporte, la tarjeta de crédito y su Prozac. Cogió su coche, un Vauxhall Cavalier y condujo hasta una estación de servicio en la autopista, en el Puente de Severn, el límite de Gales con Inglaterra y un lugar favorito para los suicidas. Lo que allí ocurriese nunca se supo. Cuando su familia y compañeros decidieron por fin denunciar su desaparición el coche fue descubierto diecisiete días después, abandonado, con la batería descargada… Richey había desaparecido de la faz de la tierra. Y así continúa hoy.


No tengo recuerdos. Los recuerdos no significan nada.

¿Está muerto…? Es imposible decirlo. En Inglaterra, cuando pasan siete años la familia de una persona desaparecida puede hacer que la declaren muerta y disponer de su herencia, pero una declaración de Sony a primeros del 2.003 decía que para la familia de Richey y para los otros tres miembros de los Manic Street Preachers nada había cambiado, el caso permanece abierto para la policía y sus compañeros de banda continúan ingresándole sus royalties en una cuenta bancaria.

La reacción de sus fans ante la desaparición fue algo sin precedentes. Los editores de todos los medios musicales británicos orquestaron campañas de búsqueda e información. Recibían cientos de cartas de admiradores diciendo que se habían cortado ellos mismos también, muchas incluyendo fotos de miembros sangrantes. Todos estos jóvenes amaban a Richey porque él articulaba sus propios sentimientos de confusión y de “nosotros-contra-el-mundo”. La mayoría eran obsesivos, adoptaban el estilo punk y desarrapado que tenía, y le escribían apasionadas cartas, algunas incluso escritas con sangre… Y ahora su héroe había desaparecido.

Desde entonces hasta ahora ha habido informes de que Richey ha podido ser visto en infinidades de lugares, desde Alemania hasta Ibiza, pero ninguna pista ha conducido a nada. La policía también ha recibido varias teorías muy elaboradas. En una de ellas Sinead O’Connor dice que Richey visitó en Hereford a un fan esquizofrénico del que ella le había hablado previamente por teléfono, pero las investigaciones en esa ciudad también fueron infructuosas. Otra de las teorías salió de una de sus profesoras de la Universidad, según la cual nuestro amigo se había ido a Alemania a conmemorar el 50 aniversario del Holocausto y visitar los campos de concentración y los lugares que fueron significativos en la liberación por las Fuerzas Aliadas. Tres folios de papel mojado.

Los padres de Richey han aprendido a ignorar todas estas falsas pistas, y han logrado seguir con su vida cotidiana, esperando que alguna vez suene el teléfono y sea él. Ellos saben que nunca fue feliz, pero las circunstancias de su desaparición no son tan malas como los tabloides han contado y esperan algún signo suyo, aunque tengan que esperar largo… largo tiempo. Pero el inspector de policía que aún mantiene abierto el caso piensa de forma más negativa: “Personalmente, y este es mi propio punto de vista y no el del Departamento de Policía, creo que Richard Edwards no volverá a estar nunca entre nosotros”.

Comentarios

1. El sábado 15 abril 2006 a las 13:28, por Vinué

Un verdadero ome de rocanrol, además de zumbao, por supuesto.

2. El sábado 15 abril 2006 a las 14:40, por Vidal

por cierto (y ya que se comenta de pasada), sepan que “Lunar Park”, el nuevo Bret Easton Ellis, está muy bien. nada que ver con todo lo anterior, que era una mierda muy gorda (dicho así, con la boca llena)

3. El domingo 16 abril 2006 a las 19:13, por JL Ambrosio

Por no hablar de la situación en que quedaron los Manic St Preachers, una vez que pierden a su elemento legitimador, y el que había acumulado la atención de los medios durante los cuatro o cinco años en que Richie formó parte del grupo. No sabía hasta que he leído este artículo que Richie no fue miembro fundador del grupo, lo que explica en parte lo que pasó tras su desaparición: el grupo siguió adelante sin él, de las letras se encargó, como antes de la llegada de Richie, Nicky Wire (bajista y con un poeta en su familia) y entraron en su mayor fase de éxito al compás de la caja registradora.
Lo que sigo sin saber es..¿por qué demonios se fueron a Cuba en el 2001 para presentar su disco de ese año (“Conoce a tu enemigo”) y se hicieron fotos sonrientes junto a Castro?. Puedo imaginar lo que les hubiera dicho Richie.

4. El domingo 16 abril 2006 a las 19:59, por JuanMa Replicante

Yeah! Da gusto ver que buena salud tiene este blog a pesar de mi ausencia. Estaba seguro que lo dejaba en buenas manos.
Solo quería saludar a todo el personal y comentaros que estoy gestionando el asunto para tener de nuevo internet en la casa donde habito provisionalmente. ¿Tiembla ciber espacio!!!
Por cierto, no sé cuando es el el ciclo de rock en el central (Two Sisters a veces está más lejos de lo que parece) pero ruego a algún amigo voluntarioso que piense acudir a tan magno evento que me saque un abono para mí, que yo pagaré su importe puntualmente.
Besos a tod@s.

5. El domingo 16 abril 2006 a las 22:02, por EuLaliA

El de la ultima foto es tambien Richie ¿no? que diferencia con la primera. Que pena que un tio tan guapo estuviera tan pirao.

6. El lunes 17 abril 2006 a las 00:15, por Vinué

¡JuanMa ha vuelto, albricias!

7. El domingo 30 abril 2006 a las 23:21, por una

joder, richey no estaba loco… era un genio… las canciones que escribió son auténticos manifiestos de depresión y rebeldía
muy buen artículo :)

8. El lunes 1 may 2006 a las 06:54, por carrascus

Siempre es bienvenida “una” nueva lectora.

Pues sí, Richey era genial… pero un poco loco también estaba, ¿para qué nos vamos a engañar? Aunque un poco de locura es inherente a la genialidad.

Espero verla de nuevo por aquí. Y gracias por su halago al artículo.

9. El lunes 8 may 2006 a las 01:50, por horror_vacuii

Me ha emocionado este articulo, como todas las cosas que tienen que ver con Richey. Usted es bueno con las palabras, muy bueno. Enhorabuena.

10. El lunes 8 may 2006 a las 13:37, por carrascus

Muchísimas gracias por su enhorabuena y sus halagos.

Con solo hacer sentir un ápice de emoción a algún nuevo lector, ya vale la pena cualquier esfuerzo.

¿Seguirá por aquí…?