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Categorías: Forever Young
Carrascus

Todos conocéis a NINA SIMONE por sus canciones, al menos por algunas de ellas más conocidas por haber tenido éxito o por haber aparecido en anuncios… o porque se te han quedado pegadas al oído gracias a su peculiar voz cuando has tenido alguna ocasión de escucharlas. Pero Nina Simone era mucho más que una gran cantante.

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“I love you Porgy”

Nina Simone fue una pionera en la lucha por los derechos civiles. Sí, ella era una artista intransigente cuya música no podía encuadrarse en ningún género definido. Y sí, era una cascarrabias de mucho cuidado, una friky de la mística, era compleja, excéntrica, capaz de cambiar de humor en cuestión de segundos, diferente a la mayoría de las divas de la música negra que conocemos. Pero era también Eunice Waymon, una mujer que nació en febrero de 1933 en una pequeña ciudad de Carolina del Norte. Y era inteligente y tenía una sensibilidad que la desbordaba. Era una combinación de Madre Tierra y reina africana reencarnada.

Cuando uno quiere acercarse a la esencia de esta mujer única, lo normal es hacerlo a través de los hitos musicales que jalonaron su carrera; baladas como “I love you Porgy”, su lectura de la canción de Gershwin que la catapultó a la fama en 1959; o canciones que expresaban su indignación ante la injusticia y los prejuicios, como “Mississippi goddam”; o himnos plenos de poder e inspiración, como “To be young, gifted and black”.

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“To be young, gifted and black”

Pero tenía también canciones que reflejaban otros aspectos de la vida diaria, canciones que hablaban de sexo, como “I want a Little sugar in my bowl”, cargadas de doble sentido; y otras esparcidas por sus discos, que casi nunca se mencionan, como “Gimme some”, “Turn me on”, “Tell me more and more and then some” o “Do I move you”, del disco de 1966 con el que debutó en la gran industria de la música fichando por la RCA. Incluso a los 66 años, cuatro antes de morir, el sexo todavía formaba parte de su menú. Su biógrafo y presidente de su club de fans, David Nathan, contaba que en esa época postrera de su vida se encontró cenando en la misma mesa que ella tras la ceremonia de entrega de unos premios de la Asociación Internacional de Música Afroamericana y Nina, con gran aplomo, le dijo que tenía un novio sudafricano. “¿Estás enamorada?”, le preguntó él; “¡Noooo, no se trata de amor…!” le contestó ella sonriendo de oreja a oreja mientras se echaba hacia atrás y separaba sus manos veintitantos centímetros, describiendo gráficamente los atributos amorosos de su príncipe azul… bueno, negro…

Lo que quiero reflejar contando esto, sobre todo, es el enorme repertorio de canciones de temas diferentes que podemos descubrir en Nina Simone, donde expresiones lujuriosas como ésa eran simplemente parte de su innato deseo de reflejar todas las emociones humanas. Ningún otro artista contemporáneo de ella tuvo esa audacia de pasar del emotivo “Ne me quitte pas” de Jacques Brel, al estridente “Break down and let it all out” de Van McCoy, y cambiar después a un canto tribal africano como “Zungo”, a una canción del folklore israelí como “Erets zavat chalav”, a un standard de Duke Ellington como “Do nothin’ till you hear from me” y a un clásico de Billie Holiday como “Don’t explain”. Era como si Nina, una consumada narradora de historias, estuviese decidida a explorar cada uno de los niveles de la experiencia humana a través de su música. Y uno llega a la conclusión de que era así porque ella se había investido a sí misma como la gran experimentadora de todas esas experiencias, viviéndolas hasta el fondo y llevando una vida, que a menudo la vivía hasta el límite.

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“Ain’t got no (I got life)”

¿Vivir hasta el límite…? En 1968 estaba dando un concierto en el London Palladium ante un público que en su enorme mayoría era blanco y que estaba allí sobre todo atraído por el éxito de la canción del musical “Hair” que Nina había incorporado a su repertorio, “Ain’t got no (I got life)”. Al presentarla, ella les dijo desde el escenario que estaba haciendo aquel concierto “para las personas negras de la audiencia”; que ellos se quedasen en la sala, los demás podían irse.

Salidas de tono como éstas eran la que aterrorizaban a todo el entorno de Nina Simone, pero así era ella, impredecible, volátil y a veces muy predispuesta a enfadarse… como aquella vez que cantaba en el Ram Jam de Brixton, en 1967.

En aquel concierto la mayor parte del público era de origen jamaicano y quizás por eso Nina no esperaba que le pidiesen a gritos cada vez con más insistencia la canción “My baby just care for me”. Hasta que consiguieron enfurecerla y cerró la tapa del piano con un golpe atronador, tras lo cual abandonó el escenario echando chispas. Su manager y marido, Andy Stroud, intentó en el backstage razonar con ella… “solo quieren que cantes esa canción”“¡No voy a cantar esa mierda!”, gritaba Nina como respuesta. Solamente las fervientes súplicas del propietario del club y un par de vasos bien colmados de ginebra, que le trajo Andy, le convencieron para volver. “Vale, eso es lo que quieren, ¿no?”, dijo amenazadoramente, convocando a cada brizna del poder de su vida pasada como gran sacerdotisa del vudú que pudo reunir, para lanzarse a una abrasadora versión de esta vieja canción de Sinatra. La audiencia enloqueció con lo que escuchaba. Y una vez más, una desafiante y triunfadora Nina volvió a abandonar el escenario, esta vez de forma definitiva, dejando a la gente pidiendo más.

Con la clase de ironía que solamente puede existir en una vida como la suya, “My baby just care for me” se convirtió en un Top 5 de las listas de éxito para Nina Simone cuando casi treinta años después la usaron para anunciar por televisión un perfume de Chanel.

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“My baby just care for me”

El viaje vital desde niña prodigio creciendo en el Sur de la segregación hasta las consagradas salas europeas y más allá no fue fácil para Nina Simone. Sus deseos primerizos de establecerse como una prominente mujer negra pianista de música clásica (tres cosas casi imposibles a la vez en los USA de los años 50) se desvanecieron aplastadas por la realidad cuando le denegaron la entrada en el Instituto Curtis de Música de Philadelphia en 1954. Así que se tuvo que reconvertir a intérprete de night clubs de escasa iluminación, transformándose a sí misma desde Eunice Waymon a Nina Simone, utilizando su preparación en el piano clásico para crear un estilo únicamente de su propiedad.

Desde ese punto, Nina comenzó una extraordinaria carrera musical prácticamente por rebeldía.

Nunca pudo superar del todo su rechazo del Instituto Curtis, que ella achacaba al racismo. Le negaron sus sueños de la niñez, pero siempre que recordaba aquello en alguna de las entrevistas que le hicieron a través de los años, decía que ella fue quien rió la última. Aunque siempre se le notaba el tono nostálgico en su voz. Nunca sabremos como hubiese sido la vida de Nina si el Instituto Curtis la hubiera aceptado como alumna y le hubiese abierto las puertas a su carrera como pianista clásica. Pero seguramente el mundo se hubiese quedado sin conocer a un increíble talento musical. Y no tendríamos su voz resonando en nuestras almas cuando la escuchamos entonar canciones como “Don’t let me be misunderstood”.

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“Don’t let me be misunderstood”

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5 Comments

  • El dia 02.12.2012, fidelon dijo:

    Grande, la Simone.

    • El dia 02.12.2012, carrascus dijo:

      Sí, Fidelón. Y además, parece que le gustaban las cosas grandes como ella, jejeje…

    • El dia 03.12.2012, lu dijo:

      Creo que los del Instituto Curtis se equivocaron rechazando a Nina Simone. Siempre me ha parecido mejor pianista que cantante, una auténtica concertista de música clásica. En cualquier caso, no hay mal que por bien no venga y ella supo hacerse un (gran) hueco en el mundo de la música sin necesidad de aguantar las exigencias de ese conservatorio. Ella por libre se lo guisó y se lo comió. Inmensa, la Simone.

      • El dia 04.12.2012, carrascus dijo:

        Es verdad, Lu; su peculiar forma de cantar siempre ha dejado un poco en las sombras su forma de tocar el piano, pero es una excelente intérprete de este instrumento.

        Oye, he leído en el facebook que pasas el puente fuera de Sevilla. ¿Significa eso que no te veo el domingo en el concierto de los Swans, o ya estarás de vuelta?

        • El dia 12.12.2012, Microalgo dijo:

          Creo que a Severo Ochoa, cuando era joven, le tangaron una plaza en la Universidad por meter a un “hijo de”. Quién sabe por dónde habría tirado, de haberla conseguido.

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          Si quieres poner una afoto en tu comentario, pega el enlace aquísh. Muuusho cuidao con lo que ponemoh.