LA INEVITABLE LISTA ANUAL

Un año más os presento la lista orientativa de lo que más me ha llamado la atención en la música. Éste ha sido un buen año; se ve que es cierto que cuando las crisis aprietan florece la creatividad.

Los 20 discos de los que voy a hablaros aquí no están ordenados atendiendo a ningún criterio más allá de cómo los he ido recordando. No pretendo deciros que sean los mejores del año e incluso puede que ni siquiera lo sean para mí; este año han florecido viejas glorias del rock como Leonard Cohen, Dr. John, Mark Lanegan, Orbital, Bruce Springsteen, John Zorn (que ha sido especialmente prolífico), Neil Young (que nos ha dado una de cal y otra de arena con los dos discos que ha editado), los Tindersticks, Garbage, Antony, los Sigur Ros… hasta Bob Dylan ha sacado un disco bueno. Los Deftones también; y Dinosaur Jr, y los Grizzly Bear. Además de algunos otros menos esperados pero también magníficos, como los de Lindstrom, Purity Rings, Pallbearer, King Tuff, Baroness, Death Grips… e incluso Ty Segall, que estaba en esta lista el año pasado, ha vuelto este año con dos discos más.

Pero no se puede hablar de todos ellos. Así que aquí tienes los que me han dado más minutos de disfrute y excitación. Espero que compartas mi gusto en la mayor cantidad de ellos posible.

TAME IMPALA – “Lonerism”

Tame Impala han conseguido con su último disco, “Lonerism”, actualizar los cánones de la psicodelia. Tomando el ADN del “Revolver” de los Beatles, sobre todo de “Tomorrow never knows”, que fue una de las cimas del sonido que sale tras experimentar con sustancias psicodélicas, este disco de Tame Impala nos muestra, después de hacer algunas clonaciones, el camino que hubiese tomado el sonido beatleliano si después de 1966 hubiesen seguido explorando por esta dirección. Este disco contiene todas las delicias del caos.
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Tame Impala – “Feels like we only go backwards”

ANIMAL COLLECTIVE – “Centipede HZ”

Animal Collective ha creado con su “Centipede HZ” un estroboscopio en el que el pasado, el presente y el futuro de la música pop se mueve tan rápido y choca tantas veces entre sí, que la figuras que nos quedan para ver forman parte de una realidad distorsionada y que nada tiene que ver con la realidad de la que una vez salieron. Esta música es una Torre de Babel de idiomas musicales; es la estela sónica que deja la Partícula de Dios en su movimiento; es la banda sonora del Juicio Final y la marcha que hubiese acompañado nuestro desfile hacia el Averno si los Mayas no se hubiesen equivocado en su predicción.

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Animal Collective – “Today’s supernatural”

JACK WHITE – “Blunderbuss”

Desde que llegaron al final su banda y su matrimonio, Jack White se ha reconvertido en un Robert Plant moderno y ha editado un magnífico primer disco en solitario, “Blunderbuss”. Y además no ha intentado trillar viejas fórmulas: si me permitís hacer un juego de palabras, este disco suena mucho más a “White Album” que a White Stripes. Después de más de quince años probando con The Raconteurs o con Dead Weather, ahora nos llega lo mejor que ha dado de sí mismo. A ver si va a ser éste el camino… yo estoy dispuesto a apostar…

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Jack White – “Sixteen saltines”

GOAT – “World Music”

El “World music” de los Goat ha sido toda una sorpresa. Un disco con las vibraciones de los Black Sabbath primigenios, hecho por unos tíos salidos de una extraña y peliculera ciudad sueca, famosa porque en ella hay más seguidores del vudú que en Haití. ¿Te imaginas que el Krautrock, en vez de en Alemania, hubiese surgido en África…? Pues deja de imaginártelo y ponte a escuchar las insanas y caóticas armonías deconstruidas que hay en este disco… y libera tu mente…

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Goat – “Goatman”

FRANKIE ROSE – “Interstellar”

“Interstellar” ha significado la ascensión de Frankie Rose de chica de banda de garaje a experta dominadora de sintetizadores y guitarras de la new wave de los años ’80. Éste es uno de esos discos que no sabríamos si hubiese sido tan bueno sin su trabajo de producción, multigrabando capas y capas de armonías y suavizando los sonidos con la sutil y suave voz de Frankie. Pero para mí ya es un punto a favor que aunque sea por una vez no sean sinónimas las expresiones sobreproducción y falto de alma.

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Frankie Rose – “Interstellar”

TORCHE – Harmonicraft”

Torche han subvertido las convenciones del metal con su disco de este año, “Harmonicraft”. ¿Que eso qué significa…? Pues que todos los excesos que tiene este género los han invertido con sus guitarras caleidoscópicas, sus armonía vocales de pop chicletero y sus borrones de acoples… pero esto sigue siendo jevi… no? Hacía tiempo que no veía una portada de un disco que describiese tan bien la música que tiene dentro; en ella se ven criaturas míticas vomitando arcoíris.

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Torche – “Kiss me dudely”

ANDY STOTT – “Luxury problems”

Andy Stott ha editado este año un impresionante disco de techno oscuro y atmosférico, “Luxury problems”, lleno de samples, loops, ritmos industriales… De alguna manera, este disco es una vuelta a las raíces de Andy, que se ha hecho acompañar por su antigua profesora de piano para procesar su voz a través de toda clase de efectos, provocando la música menos familiar y menos convencional que hayamos podido escuchar este año (Scott Walker aparte, claro). La voz de esta señora, que parece ser que hizo sus pinitos en la ópera, es el elemento que más se nos queda en la mente porque todo lo demás es una continuación de la experimentación y de la diversidad habitual de Andy Stott, pero la yuxtaposición de Stott y su profesora no es una relación de tensión y conflicto, sino un diálogo de mutua comprensión… el yin descubriendo al yan…

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Andy Stott – “Numb”

SCOTT WALKER – “Bish Bosh”

“Bish Bosh” es el disco con el que Scott Walker por fin ha terminado esa trilogía extraña y oscura que comenzó con “Tilt” y siguió con “Drift”. Si tú ya no eres seguidor de la faceta más majestuosa y escatológica de Scott, este disco no es para ti… puedes pasar de largo perfectamente. Para ti no se ha hecho esta experiencia sónica por parte de un ángel caído, pudriéndose en mitad de un mal viaje. El título del disco viene de “bish”, que es el término deformado que los ingleses usan en slang para decir “bitch” (puta); viene también de “bosh”, que es el apellido del pintor medieval Hieronymous Bosch, autor de tantas locuras salidas de sus pinceles; y viene también de “bish bosh”, que es otro término del slang inglés usado para referirse al trabajo hecho, terminado… Aquí hay dúos de tuba y saxo, sonidos de flatulencias después de un pasaje de cuerda, insultos, guitarras agresivas; pero por encima de todo, la aterciopelada voz de Scott Walker, es lo que permanece como el instrumento más dinámico de todo el disco.

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Scott Walker – “Epizootics!”

THE XX – “Coexist”

¿Qué es esto… los XX han dejado de ser minimalistas en su disco de este año…? Pues creo que podemos decir que sí, porque en “Coexist” hay samplers de percusión, borrones atmosféricos, teclados por un tubo… sin embargo, lo que hace especial el sonido que consiguen es que aún manejando tal cantidad de armamento sónico, no lo hacen con todo a la vez; apenas dos o tres sonidos desplegados cada vez, en un balance exacto. Todo está en su lugar, nada suena extraño. Quizás es que esta nueva inspiración técnica la han logrado dejando de escuchar a los Cure y poniendo en sus reproductores en cambio los discos de Burial.

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The XX – “Angels”

BILL FAY – “Life is people”

“Life is people” es el extraordinario disco que ha editado este año Bill Fay, uno de los viejos maestros que todavía tiene historias que contarnos, lo que hace todavía más inexplicable que haya tardado 40 años en editar un nuevo disco con canciones nuevas. Has leído bien… 40 años. Porque Bill Fay es otro de esos protagonistas de las historias que te he ido contando en este blog sobre artistas olvidados cuyo éxito depende de sucesos arbitrarios, más relacionados con la suerte que con la capacidad artística. Bill es un cantautor inglés que editó dos discos al comienzo de la década de los ’70, con los que no tuvo éxito alguno y fue despedido por la Decca, dedicándose desde entonces a currar en parques, fábricas y tiendas, hasta que su segundo disco, convertido en uno de esos artefactos de culto, hizo que se interesasen en él gente como Nick Cave, Julian Cope y Marc Almond y volviese de nuevo a los estudios, de donde nunca debió de haberse ido. Y eso que hace cinco años los de Wilco le invitaron a que hiciese con ellos su gira mundial. Este disco está por encima de todos los que han hecho este año los músicos contemporáneos de Bill… sí, incluyendo a Van Morrison… puede que porque haya estado reservando sus mejores canciones durante toda una vida. O puede que porque, como todos sabéis, la mayoría de las veces, menos es más.

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Bill Fay – “There is a valley”

SKY FERREIRA – “Ghost”

El “Ghost” de Sky Ferreira ni siquiera es un LP, sino más bien un EP largo; pero es que la chica ésta tiene una versatilidad y un estilo, que no me he resistido a meterla en esta selección anual. El disco apenas llega a los 20 minutos, pero en él Sky va cambiando de sencilla cantante folk a ampulosa cantante de standards; de riot-grrrl del post punk a diva del electropop… y aparentemente no le cuesta ni una mijita de esfuerzo. A lo mejor, para triunfar en este mundo de la música necesita centrarse en un estilo y encontrarse a sí misma… pero mientras se busca intentaré seguir su estela.

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Sky Ferreira – “Everything is embarrasing”

BAT FOR LASHES – “The haunted man”

Natasha Khan tiene aires de Tori Amos, Liz Fraser, Kate Bush… Su activismo feminista salta a la vista ya desde la portada del disco que Bat For Lashes ha editado este año, “The haunted man”, en el que se la ve desnuda, llevando sobre sus hombros a un hombre sin identificar. La cámara ha capturado la vulnerabilidad de la misma forma en que los micrófonos de los estudios lo han hecho también. Natasha ha asumido su papel en el mundo y está cómoda con él, por eso éste es su disco más sólido y más personal; incluso lo ha producido e interpretado ella misma casi en su totalidad. Y no ha necesitado ni pitos ni flautas, solamente su esencia desnuda.

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Bat For Lashes – “Laura”

FRANK OCEAN – “Channel Orange”

De Frank Ocean solamente os voy a decir una cosa. Este año ha salido del armario con sus declaraciones a la prensa, tergiversadas de la forma habitual por los tabloides, sobre su bisexualidad. A la vez ha firmado un contrato millonario con una compañía puntera, Def Jam… y todo eso se ha visto como una campaña publicitaria montada por él mismo y por su entorno para convertirle en el músico de rythm & blues más discutido del año. Puede ser. Pero lo que yo os quería decir, simplemente, es que el disco que ha sacado con esa compañía, “Channel Orange”, no lo necesita en absoluto. Es así de bueno y ya está. El Ziggy Stardust del R&B.

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Frank Ocean – “Bad religion”

JAPANDROIDS – Celebration rock”

El “Celebration rock” de los Japandroids empieza con fuergos artificiales y termina con las guitarras diluyéndose de nuevo en ellos; son apenas 35 minutos, pero te dejan exausto, sobre todo si, como yo, ya hace tiempo que has dejado atrás la edad de disfrutar de las gamberradas y la disipada vida de los jovencitos. Éste sí que es un típico “disco del verano”… pero se disfruta todo el año. Si los dos tipos éstos organizaran una fiesta, yo no me la perdería por ná del mundo… aunque terminase para el arrastre y con resaca de dos semanas. El que dijo que el año 2012 había sido el de la resurrección del punk no andaba desencaminado del todo.

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Japandroids – “The house that heaven built”

SLEIGH BELLS – “Reign of terror”

Si hace tiempo que no has sido sacudido por una seducción mórbida, prueba a escuchar a Alexis Krauss en el “Reign of terror” que ha sacado este año su banda Sleigh Bells. Es difícil al principio, lo sé… éste es uno de esos discos que va creciendo con el tiempo y las escuchas y con la cantidad de cosas que tenemos para elegir en estos tiempos no es fácil darle esa oportunidad, pero si lo haces, seguro que Alexis se convierte en una de tus nuevas amigas más excitantes. Aunque muchas veces sus tonos y matices sean sacrificados en aras del volumen.

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Sleigh Bells – “Comeback kid”

GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR – “Allelujah! Don’t Bend! Ascend!”

Godspeed You! Black Emperor han vuelto a grabar un disco después de aproximadamente una década de silencio. Se llama “Allelujah! Don’t Bend! Ascend!” y son dos construcciones a base de drone mastodónticas que reflejan el tono y los modos de la actual época de terror social que estamos viviendo. Al menos yo siento el miedo y la incertidumbre de nuestro mundo escuchando este disco. La guitarra que oyes aquí te hace el mismo daño cuando la escuchas que la charla de un locutor anunciándote nuevos recortes.

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Godspeed you! Black Emperor – “Mladic”

CHEVAL SOMBRE – “Mad love”

Cheval Sombre es el vehículo que utiliza el neoyorquino Christopher Porpora para hacernos llegar sus canciones, nada pretenciosas y en las que todo fluye de forma tranquila y sin esfuerzo. El disco “Mad love” es uno de los más relajados que hemos oído este año, sus suaves guitarras acústicas son pausadas, sus teclados y sus cuerdas están adormecidas por una plétora de efectos psicodélicos, los tempos de las canciones cada vez son más lentos… para meditar… para perderse en la niebla…

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Cheval Sombre – “Someplace else”

KATHLEEN EDWARDS – “Voyageur”

Se puede decir que el disco de Kathleen Edwards, “Voyageur”, está pasado de moda, pero es que las baladas que contiene son tan bonitas y sus instrumentaciones son tan claras y perfectas que escucharlo te quita de encima esos diez años que bien podría tener en lugar de ser una obra actual. Y eso seguramente lo habrá conseguido Kathleen porque durante el proceso de la creación del disco su estado de ánimo fue pasando del hundimiento y el preguntarse “¿qué voy a hacer con mi vida?”, que provocó su reciente divorcio y que dio lugar a la composición de casi todas las canciones que lo componen, hasta el sentimiento del incipiente amor reencontrado en la persona de Justin Vernon, el factótum de Bon Iver, que produce el disco de principio a fin y se ocupa de quitarle cualquier capa que pudiese tener de ese polvo que acumulan las canciones que nos hacen pensar que son de otra época y ya están olvidadas en el desván. Canciones como “Change the sheets” nos suenan de otras muchas que ya hemos escuchado antes, pero esa alegría que solo llega cuando has superado una profunda crisis y vuelves a ver la luz es tan contagiosa que no te importa repetir la experiencia.

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Kathleen Edwards – “Change the sheets”

SWANS – “The Seer”

Los Swans tienen que estar en esta lista aunque solo fuese por el concierto de hace unas semanas en Sevilla. Pero es que el disco que han hecho este año, “The seer”, tiene la misma maestría salvaje que sus directos. Proporciones monumentales, hipnosis, lamentos de ultratumba, drones épicos… el disco más ambicioso tanto sónica como estructuralmente de todos los de los Swans y, por supuesto, de todos los editados este año. Michael Gira ha conseguido destilar el jugo de todos los discos anteriores de los Swans para conseguir un elixir que nos aterra y nos extasía al mismo tiempo.

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Swans – “The Seer”

PAUL WELLER – “Sonik kicks”

Y porque a pesar de que ha intentado superar la crisis de los cincuentaytantos casándose con una tía güena a la que dobla en edad y ha empezado a temer a las colonoscopias, Paul Weller ha sido capaz de hacer uno de los mejores discos del año, como es “Sonik kicks”. Y lo traigo a esta lista para que le ponga el broche final. David Bowie cada vez le tiene más celos…

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Paul Weller – “Green”

NOCHE DE PAZ, NOCHE DE HORROR

Debe ser fácil odiar la Navidad, muchos de vosotros lo hacéis y así lo habéis hecho constar. Os aburre la inacabable letanía de buenos deseos por parte de todo el mundo, o el frenesí consumista impulsado por los anuncios de televisión… la fantasía de “La gran familia” disuelta en las pesadillas de las pelis de Tim Burton.

Pero no importa lo malas que puedan llegar a ser tus navidades, ten la seguridad de que aún pueden ser muchísimo peores.

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“Noche de paz”

El hogar dulce hogar no era el mejor lugar para la familia de R. Gene Simmons (no confundir con el de los Kiss), de Arkansas. La familia se había ido desmembrando rápidamente alejándose de él. Incluso su hija favorita, que además le había dado un nieto, había optado por casarse e irse de casa. Era el momento de la venganza. Los convenció a todos para que volvieran a reunirse en casa por Navidad y pasar aunque fuese un día feliz todos juntos. Durante la cena, Simmons disparó a todos los adultos y estranguló a todos los niños. Esa Nochebuena este hombre hizo polvo a tres generaciones de Simmons de golpe. A catorce de ellos, para ser exactos. Fue la peor carnicería familiar en la historia americana.

Pero espera… todavía no había terminado. Aún quiso conceder unos bises.

Como nadie descubrió el hecho durante el día de Navidad, pasado éste, Simmons se dirigió con la escopeta a la oficina del paro aquélla en la que solo le ofrecían trabajos de mierda. Mató a dos personas e hirió a cuatro más antes de entregarse a la policía.

Simmons se convirtió en el primer hombre ejecutado con una inyección letal con forma de arbolito de Navidad en el estado de Arkansas.

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“Jingle bells”

Pero el impulso navideño de erradicar a la familia de uno no está limitado a gente tan disfuncional como Simmons. También tenemos a H. Sanford Williams, que era un señor eminentemente respetable, pastor metodista, miembro de una fundación benéfica jesuíta, y jefe de la fundación que manejaba los fondos para la jubilación de sus feligreses.

Pero se tomó demasiado en serio que estos días de Navidad estaban hechos para compartir y dilapidó todo el dinero de la fundación que regentaba aplicándose el lema de que la caridad, bien entendida, empieza por uno mismo. Desde entonces la fundación tuvo un problema muy serio. Y también él.

Así que en Nochebuena cogió el rifle que se había comprado con algunos de los dólares sacados de aquel fondo y disparó con él a su mujer y a sus dos hijos antes de volver el arma contra sí mismo.

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“Estrellas, sol y luna”

En aquel colegio de Oklahoma los padres estaban emocionados cuando la fiesta infantil estaba llegando a su climax. Había terminado ya el último niño que recitaba, las notas del último villancico estaban fundiéndose con los atronadores aplausos. Y ahora llegaba el mágico momento en el que Santa Claus entraba cargado con su saco lleno de regalos para todos lo niños. Pero… oh, nooo! Santa Claus al volverse le ha dado con el saco al árbol de navidad y lo ha tirado… sus luces están estallando… fuegoooooo!!!

En cuestión de minutos la sala era un infierno furioso con doscientos hombres, mujeres y niños intentando encontrar a la fuerza el camino de salida: una puerta que se abría hacia adentro.

Murieron treinta y cuatro personas. Pero gracias a los heroicos esfuerzos de Santa Claus y el profesor que hacía de presentador de la fiesta (los cuales perecieron también incinerados) solo cinco niños se contaron entre los muertos.

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“O Holy Night”

La sustitución de luces incandescentes por velitas no elimina la tendencia de los árboles de navidad a convertirse en pirotécnicos troncos achicharrados. Una de las bombas de fuego más mortales fue la del árbol del Hospital de la calle Niles, en Connecticut.

Cuando una enfermera desenchufó las luces del árbol de navidad, un chispazo encendió las secas agujas del abeto. La chica cogió un extintor, pero el pánico que le entró al ver las amenazantes llamas pudo con su ánimo y huyó. No solo no usó el extintor, sino que, en su desesperación, ni siquiera pensó en llamar a los bomberos. A éstos los avisaron los vecinos varios minutos después, cuando el crepitar de las llamas les despertó.

Y no solo no usó el extintor ni avisó a los bomberos, sino que en su huída dejó abierta la puerta del salón para ventilar apropiadamente el fuego. El edificio se consumió por completo, y quince pacientes y dos enfermeras murieron aquella noche.

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“El pequeño tamborilero”

En Temoaya, México, acababa de terminar la Misa del Gallo. Tres mil devotos abandonaban pacíficamente la enorme iglesia cuando uno de ellos tropezó con el cable que no debía.

Hubo un brillante flash azul… y después la oscuridad más absoluta.

Todos los sentimientos de paz y deseos de buena voluntad hacia el prójimo se desvanecieron y la multitud se transformó en una turba asolada por el pánico que salía en estampida del santuario. Para cuando volvió la luz apenas unos minutos después veintitrés personas habían muerto y más de doscientas estaban seriamente heridas.

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“Afunfun afanfan”

Me alegraré de que tú puedas sobrevivir a la Nochebuena, a la familia y a las circunstancias… algo que mucha otra gente no podrá decir. Si es así, recibe mis más cordiales deseos de felicidad y de fuerza y paciencia para afrontar otro duro año de crisis y gobierno del PP.

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“Feliz Navidad”

JAILHOUSE FOLK

Hay un disco llamado “Red Hash”, que es una obra maestra de la melancolía, compuesto e interpretado por GARY HIGGINS, quien es a menudo citado por los fans del folk hippy con la misma reverencia que Skip Spence, Linda Perhacs o Vashti Bunyan, de la que ya nos hemos ocupado también antes en este blog. Pero al contrario que con estos cantantes, sin embargo, la historia de Gary Higgins tiene un giro muy novelístico: en el momento en que este disco fue editado, en marzo de 1973, él estaba cumpliendo condena en una prisión de máxima seguridad.

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“Thicker than a smokey”

Nacido y criado en las profundidades rurales de Connecticut, Gary y un grupo de amigos, entre los que se encontraba Simeon Cox, el futuro líder de los Silver Apples, formaron en 1963 una banda llamada The Random Concept. Después de algunos años tocando en el circuito de salas de New York y colegueando por la ciudad con gente de los Lovin’ Spoonful y Tiny Tim, el grupo, con la excepción de Cox, volvió a Connecticut para convertirse en la banda residente del club Hukah, donde respaldaban a los que pasaban por allí a dar conciertos, así fueron los músicos de apoyo de Gary US Bonds y telonearon a Chuck Berry, entre otros.

En los primeros años ’70 Gary se había desviado del sonido orientado a jam sessions de los Random Concept y tenía ya escrita una buena cantidad de canciones de regustillo folkie para cuya interpretación había montado una banda diferente, acústica, llamada Wooden Wheel.

Gary y sus nuevos colegas se autodescribían como hippies viviendo en el campo y el mayor crimen que cometían era fumar marihuana… bueno, a veces alguno se daba al vicio hasta el extremo incluso de inhalarla… pero su situación se volvió más seria cuando Gary y Chico Cardillo, el manager de los Random Concept, fueron detenidos en una redada propiciada por la recientemente declarada Guerra a las Drogas de Richard Nixon. Los dos cayeron bajo las redes de una operación policial encubierta cuando estaban fumándose unos canutos y se encontraron de pronto enfrentándose a largas sentencias de prisión.

Mientras se celebraba el juicio fueron puestos en libertad condicional, lo que Gary aprovechó para grabar algunas de sus canciones en una cinta, porque no estaba seguro de si más tarde iba a tener oportunidad de hacerlo.

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“Looking for June”

Cuando su periodo de libertad condicional estaba a punto de extinguirse, Gary se metió en unos estudios de grabación para unas sesiones contra reloj en febrero de 1973. Estuvo grabando con miembros tanto de los Random Concept como de los Wooden Wheels y sacaron adelante las once canciones que dieron forma al disco “Red Hash”, al que Gary puso ese nombre porque así era como le llamaban a él los polis y los demás presos con los que se encontró en el calabozo en su arresto inicial, debido a su pelo rojo y a su afición por el haschis. Como vienes observando en las canciones que salpican este texto, el disco era una mezcla de folk bucólico, psicodelia sutil y suaves melodías introvertidas.

Desde la inquisitiva “Thicker tan a smokey” hasta la idílica “Looking for June”, que ya has escuchado, todas las canciones del disco estaban inspiradas por diferentes afinaciones de guitarra en las que Gary estaba trabajando. Por ejemplo: tenía la guitarra afinada en Fa como Doc Watson, y cuando quería hacer cosas más parecidas a las de los Beatles, cambiaba la afinación a Sol; o a Mi para tocar como Crosby, Stills, Nash & Young… muchos de los estilos le venían de sus primeras influencias del folk, como Dave Van Rock.

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“Cuckoo”

A pesar de la calidez pastoral de canciones como “Cuckoo” o “Down on the farm”, todas las interpretaciones de Gary están permeadas por un sentimiento de tristeza muy real y profundo, que a veces incluso le hace titubear; algo muy comprensible dado su difícil y oscuro futuro inmediato. Y también comprensible debido a que todo el disco se completó en apenas 40 días, que en aquella época era lo que tardaban los cantantes simplemente en calentarse la voz para grabar una canción.

Gary Higgins fue conducido a prisión antes de que el disco fuese mezclado. Chico Cardillo, que se las apañó para conseguir algún tiempo extra antes de que le metiesen en la cárcel también a él, fue el que completó el trabajo de postproducción del disco, buscó un sello donde editarlo, Nufusmoon, y usó los fondos recaudados entre los familiares y amigos de Gary, para financiar las 2.500 copias que salieron. Y aunque fue recibido con un puñado de buenas críticas y llegaron a radiarlo emisoras de sitios tan lejanos como Wisconsin o California, la muerte del disco fue bastante rápida.

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“Down on the farm”

Gary Higgins fue puesto en libertad en 1975 y regresó a Connecticut, donde siguió haciendo música pero nunca volvió a editar nada más. Con el tiempo, el “Red Hash” se fue convirtiendo en un disco de culto y fue creciendo su atracción sobre una minoría de fans, a los que les llegó a interesar tanto que a finales de los 90 volvieron a editarlo de forma semi pirata, en formato de CD, en el sello italiano Flash Record. Después, las copias originales del disco comenzaron a ser un fetiche de precios bastante altos en las subastas de eBay. Y, por supuesto, poco más se supo de Gary y de su destino posterior. Circularon historias sobre que el disco se había grabado en prisión y que Gary se había vuelto loco, o que había abandonado el país, o que había desaparecido misteriosamente.

Sin embargo, numerosos músicos actuales, desde Devendra Banhart hasta los Animal Collective, han citado muchas veces este disco durante sus carreras, aunque fue Ben Chasny, el líder de Six Organs of Admittance, quien más importancia adquirió en el redescubrimiento de Gary Higgins grabando una versión de “Thicker than a smokey” como una especie de llamada de atención sobre nuestro esquivo héroe.

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Six Organs of Admittance – “Thicker than a smokey”

Después de una búsqueda exhaustiva, el sello discográfico de Ben Chasny, Drag City, por fin localizó a Gary en enero del 2005 y le hizo una oferta para reeditar el “Red Hash”.

Por su parte, Gary se tomó su vuelta a la luz como un premio del Karma:

A la luz de cómo me han ido siempre las cosas, lo que está pasando ahora me parece, literalmente, mágico. A veces tengo que sacudir la cabeza. Que sí, que han pasado 32 años, pero ¿a quién le importa? La gente por fin está escuchando mi disco.

Con el disco de nuevo en el mercado, Gary aprovechó para subir otra vez a los escenarios y dar una buena serie de conciertos muy bien recibidos por el público, por lo que se mantuvo como músico en activo y en el 2009 el sello Drag City le volvió a sacar a la luz discográficamente, esta vez con “Seconds”, el primer disco de Gary con material nuevo en más de tres décadas.

Pero con este disco se vio claramente que la historia hacía empalidecer a su música actual y aunque la voz de Gary había permanecido sorprendentemente suave y clara, pero sus canciones actuales no eran capaces de volver a capturar el brillo mágico de las del “Red Hash” y se quedaban en viejos clichés del folk rock ya caduco. Así que la gente de Drag City se lo pensó mejor y a la hora de sacar otro disco de Gary, prefirieron volver a las raíces y rescataron algunas canciones de las que grabó en 1970 y 71, antes de que compusiese las de su disco, y las editó con el nombre de “A dream a while back”. Y aunque esta pequeña colección de joyitas no tienen la altura de las del “Red Hash”, nos muestran un documento fascinante sobre un joven cantautor encontrando su voz. Y nos deja preguntas sin resolver sobre lo que puedo haber llegado a ser si en su camino no se hubiese cruzado la dura ley represiva de Richard Nixon.

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“It didn’t take too long”

BUBBLEGUM METAFÍSICO

Desde Pink Floyd a The Fall y Radiohead, el productor John Leckie ha trabajado con algunos de los artistas más importantes del rock. Pero juntando todas las penalidades que sufrió con los egos de todos ellos nunca llegó siquiera a rozar los niveles de stress que padeció trabajando en el disco que DENIM grabó en 1992, “Back in Denim”. Lawrence, el líder y motor del grupo, lo recordaba así años después:

Un día, John me dijo que fuese con él fuera del estudio. El tío estaba llorando. Me dijo: “He trabajado con Phil Spector y con John Lennon y con Syd Barrett, pero ya no puedo con esto. Estás más loco que todos ellos.”

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“Back in Denim”

Y el caso es que Lawrence veía esta clara muestra de John Leckie de haber perdido la batalla con cierto orgullo. ¿Qué esperaba? Lawrence se había pasado la década anterior como cantante, compositor y famoso déspota meticuloso del art rock en el grupo Felt. Y mientras que los 10 discos y 10 singles que Felt habían grabado lo habían hecho con un presupuesto modesto y para sellos independientes, “Back in Denim” lo estaba siendo con una compañía multinacional. Era la oportunidad de trabajar que Lawrence siempre había estado esperando.

“Back in Denim” fue pensado y estructurado mentalmente en New York, a principios de los años ’90. Lawrence se había establecido allí cuando Felt se disolvieron, pero la nostalgia pronto pudo con él. Y la gota que colmó el vaso fue la llegada de las habituales revistas inglesas a las que estaba suscrito. Leyéndolas, su mente voló hacia su infancia en su West Midlands natal; hacia Mickie Most, Mike Leander y la Glitter Band, a los chavales con los que jugaba al fútbol de verdad y no a la mierda ésta de fútbol americano que tenían aquí, que no entendía ni Dios; hacia Lee Perry y los demás colegas del barrio… pensó que era el momento de volver a casa.

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“The Osmonds”

De nuevo en Londres, Lawrence firmó por Boy’s Own, un sello que sacaba principalmente música para bailar y que recientemente había firmado un contrato de distribución con London Records. Le llevó tiempo, sin embargo. “Back in Denim” se grabó y se mezcló entre mayo de 1990 y julio de 1992; era el trabajo de una mente muy especial. La retrospección de Lawrence tenía mucho que ver con una extraña y obsesiva remembranza de las cosas del pasado. Igual que le ocurrió a Proust con el trozo de magdalena que había echado en el té, que le hizo evocar todo el tiempo perdido, el mordisco que Lawrence le dio a una galleta de chocolate como las que hacía su madre le hizo sentir escalofríos de morriña.

“Back in Denim” es una peculiar y hechicera mezcla del ayer y del hoy que Lawrence estaba viviendo; de los coches Mini y de los teclados MIDI. Lleno de estribillos de glam y de pop, construidos a la perfección con lo mejor de la ciencia de los estudios de grabación de 1990. El disco comienza con la canción que le da título y su inconfundible ritmillo glitter, no en vano el batería era Pete Phipps, el mismo de la Glitter Band. El disco también tiene canciones llamadas “The Osmonds” y “I saw the glitter in your face”, pero sería un error considerarlo como una mezcla de revivalismo glam y nostalgia del “Space Oddity”. Lawrence, años después, lo describía como un disco de protesta.

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“I saw the glitter in your face”

Y así era. Un disco de protesta contra la inocencia perdida y contra los cánones establecidos en la música pop. El primer y único single que se extrajo del disco, “Middle of the Road”, tenía una parte que decía: “Odio a Otis y a Marvin Gaye / al Dylan de sus inicios y a Aretha / Hey, la pared de Spector, echémosla abajo…”. Aquello era Lawrence contra cualquier idea de reverencia; como cuando todo el mundo dice que hay que haber visto a los Rolling Stones al menos una vez en la vida. “¿Por qué?”, diría él, “¿Por qué coño vamos a tener que hacer eso?”.

Middle of the Road es también el nombre de la banda que sacó en 1971 la canción “Chirpy chirpy cheep cheep”. Lawrence nos estaba dirigiendo hacia un sub estrato cultural que todo el mundo tiene abandonado. Durante la siguiente década y también hoy en día sí que se iban a dirigir los músicos en esa dirección. Los cubos de basura de la historia del pop han sido examinados a conciencia desde entonces, buscando producir recopilaciones de “placeres culpables”, pero Lawrence fue quizás el primero en hacerlo sin sentir vergüenza alguna. Lejos de lo que hacía la tele intentando presentar aquella era de los ’70 como algo ridículo, las meditaciones de Lawrence eran sombrías, enternecedoras, con brillo de lamé y motos Chopper, con discos de Trojan Records y atentados del IRA en los pubs de Birmingham…

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“Middle of the Road”

A la vista de todo esto podemos discutir si con su melancólico examen de la vida británica y su adopción de estilos del pop de otras épocas, “Back in Denim” fue también el anteproyecto del Britpop. Probablemente Jarvis Cocker estaría de acuerdo con eso en vista de que eligió a Denim como teloneros de Pulp para su concierto en Wembley en los días de apogeo del Britpop. Pero aunque Lawrence cantaba sobre éxitos de otros tiempos, el suyo propio nunca llegó.

El disco se estaba mezclando al principio en los estudios de Abbey Road con John Leckie, que le había prohibido a Lawrence que entrase en ellos. Tras muchas amenazas de irse y dejarlos tirados, a John le permitieron terminar el trabajo con la ayuda de Brian O’Shaughneassy. Sin embargo, cuando estaba a punto de editarse la primera canción como single, Lawrence intentó de nuevo volarle la cabeza a su propia obra, pidiendo que se volviese a grabar otra vez el estribillo. Pero los ejecutivos de London Records le dijeron que ya no les quedaba más tiempo de alquiler en los estudios.

La caja registradora se había cerrado, pero a Lawrence no le importaba que ya no hubiese más presupuesto; aquélla era su obra maestra e iba a luchar hasta la muerte para que la hiciesen bien. Y si eso significaba que iba a terminar vendiendo tan solo 25 copias de ella, entonces así era como iba a ser.

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“Fish and chips”

Y casi fue así. Se vendieron más, por supuesto… pero tampoco tantas. En la tienda del Gordo se podían comprar, por cierto, de allí es mi copia. Cuatro años después, Lawrence volvió a las andadas con “Denim on ice”, fue aquél el momento en que tocaron con Pulp, a pesar de que en el disco atacaba desconsideradamente al Britpop en contraposición a gente como Devo o Ultravox. Después de una recopilación de caras B, Denim aún grabaron otro disco más, pero la falta de éxito de los anteriores hacía que en su sello tuviesen ya más ganas de quitárselos de encima que otra cosa, por lo que la muerte de Lady Di fue una excusa perfecta para la compañía, alegando a Lawrence que editar música en aquellos tristes momentos sería algo de mal gusto.

Desde entonces, tras una despedida entre agria y amistosa, Lawrence ha estado trabajando en un proyecto personal llamado Go Kart Mozart , con el que editó dos discos más tomándoselo con mucha, mucha calma, ya que salieron en 1999 y 2005 respectivamente. Desde entonces para acá ha estado fabricando un tercer disco… y la verdad, no entiendo del todo por qué ha tardado seis años y pico en hacerlo las dos veces, teniendo en cuenta además que muchas de las canciones que los componen las ha recuperado de aquel último e inédito disco de Denim. Si tienes curiosidad por oír su última obra, se llama “On the hot dog streets” y salió a la venta este verano pasado.

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“I’m against the eighties”

QUIEN RÍE ÚLTIMO

Todos conocéis a NINA SIMONE por sus canciones, al menos por algunas de ellas más conocidas por haber tenido éxito o por haber aparecido en anuncios… o porque se te han quedado pegadas al oído gracias a su peculiar voz cuando has tenido alguna ocasión de escucharlas. Pero Nina Simone era mucho más que una gran cantante.

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“I love you Porgy”

Nina Simone fue una pionera en la lucha por los derechos civiles. Sí, ella era una artista intransigente cuya música no podía encuadrarse en ningún género definido. Y sí, era una cascarrabias de mucho cuidado, una friky de la mística, era compleja, excéntrica, capaz de cambiar de humor en cuestión de segundos, diferente a la mayoría de las divas de la música negra que conocemos. Pero era también Eunice Waymon, una mujer que nació en febrero de 1933 en una pequeña ciudad de Carolina del Norte. Y era inteligente y tenía una sensibilidad que la desbordaba. Era una combinación de Madre Tierra y reina africana reencarnada.

Cuando uno quiere acercarse a la esencia de esta mujer única, lo normal es hacerlo a través de los hitos musicales que jalonaron su carrera; baladas como “I love you Porgy”, su lectura de la canción de Gershwin que la catapultó a la fama en 1959; o canciones que expresaban su indignación ante la injusticia y los prejuicios, como “Mississippi goddam”; o himnos plenos de poder e inspiración, como “To be young, gifted and black”.

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“To be young, gifted and black”

Pero tenía también canciones que reflejaban otros aspectos de la vida diaria, canciones que hablaban de sexo, como “I want a Little sugar in my bowl”, cargadas de doble sentido; y otras esparcidas por sus discos, que casi nunca se mencionan, como “Gimme some”, “Turn me on”, “Tell me more and more and then some” o “Do I move you”, del disco de 1966 con el que debutó en la gran industria de la música fichando por la RCA. Incluso a los 66 años, cuatro antes de morir, el sexo todavía formaba parte de su menú. Su biógrafo y presidente de su club de fans, David Nathan, contaba que en esa época postrera de su vida se encontró cenando en la misma mesa que ella tras la ceremonia de entrega de unos premios de la Asociación Internacional de Música Afroamericana y Nina, con gran aplomo, le dijo que tenía un novio sudafricano. “¿Estás enamorada?”, le preguntó él; “¡Noooo, no se trata de amor…!” le contestó ella sonriendo de oreja a oreja mientras se echaba hacia atrás y separaba sus manos veintitantos centímetros, describiendo gráficamente los atributos amorosos de su príncipe azul… bueno, negro…

Lo que quiero reflejar contando esto, sobre todo, es el enorme repertorio de canciones de temas diferentes que podemos descubrir en Nina Simone, donde expresiones lujuriosas como ésa eran simplemente parte de su innato deseo de reflejar todas las emociones humanas. Ningún otro artista contemporáneo de ella tuvo esa audacia de pasar del emotivo “Ne me quitte pas” de Jacques Brel, al estridente “Break down and let it all out” de Van McCoy, y cambiar después a un canto tribal africano como “Zungo”, a una canción del folklore israelí como “Erets zavat chalav”, a un standard de Duke Ellington como “Do nothin’ till you hear from me” y a un clásico de Billie Holiday como “Don’t explain”. Era como si Nina, una consumada narradora de historias, estuviese decidida a explorar cada uno de los niveles de la experiencia humana a través de su música. Y uno llega a la conclusión de que era así porque ella se había investido a sí misma como la gran experimentadora de todas esas experiencias, viviéndolas hasta el fondo y llevando una vida, que a menudo la vivía hasta el límite.

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“Ain’t got no (I got life)”

¿Vivir hasta el límite…? En 1968 estaba dando un concierto en el London Palladium ante un público que en su enorme mayoría era blanco y que estaba allí sobre todo atraído por el éxito de la canción del musical “Hair” que Nina había incorporado a su repertorio, “Ain’t got no (I got life)”. Al presentarla, ella les dijo desde el escenario que estaba haciendo aquel concierto “para las personas negras de la audiencia”; que ellos se quedasen en la sala, los demás podían irse.

Salidas de tono como éstas eran la que aterrorizaban a todo el entorno de Nina Simone, pero así era ella, impredecible, volátil y a veces muy predispuesta a enfadarse… como aquella vez que cantaba en el Ram Jam de Brixton, en 1967.

En aquel concierto la mayor parte del público era de origen jamaicano y quizás por eso Nina no esperaba que le pidiesen a gritos cada vez con más insistencia la canción “My baby just care for me”. Hasta que consiguieron enfurecerla y cerró la tapa del piano con un golpe atronador, tras lo cual abandonó el escenario echando chispas. Su manager y marido, Andy Stroud, intentó en el backstage razonar con ella… “solo quieren que cantes esa canción”“¡No voy a cantar esa mierda!”, gritaba Nina como respuesta. Solamente las fervientes súplicas del propietario del club y un par de vasos bien colmados de ginebra, que le trajo Andy, le convencieron para volver. “Vale, eso es lo que quieren, ¿no?”, dijo amenazadoramente, convocando a cada brizna del poder de su vida pasada como gran sacerdotisa del vudú que pudo reunir, para lanzarse a una abrasadora versión de esta vieja canción de Sinatra. La audiencia enloqueció con lo que escuchaba. Y una vez más, una desafiante y triunfadora Nina volvió a abandonar el escenario, esta vez de forma definitiva, dejando a la gente pidiendo más.

Con la clase de ironía que solamente puede existir en una vida como la suya, “My baby just care for me” se convirtió en un Top 5 de las listas de éxito para Nina Simone cuando casi treinta años después la usaron para anunciar por televisión un perfume de Chanel.

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“My baby just care for me”

El viaje vital desde niña prodigio creciendo en el Sur de la segregación hasta las consagradas salas europeas y más allá no fue fácil para Nina Simone. Sus deseos primerizos de establecerse como una prominente mujer negra pianista de música clásica (tres cosas casi imposibles a la vez en los USA de los años 50) se desvanecieron aplastadas por la realidad cuando le denegaron la entrada en el Instituto Curtis de Música de Philadelphia en 1954. Así que se tuvo que reconvertir a intérprete de night clubs de escasa iluminación, transformándose a sí misma desde Eunice Waymon a Nina Simone, utilizando su preparación en el piano clásico para crear un estilo únicamente de su propiedad.

Desde ese punto, Nina comenzó una extraordinaria carrera musical prácticamente por rebeldía.

Nunca pudo superar del todo su rechazo del Instituto Curtis, que ella achacaba al racismo. Le negaron sus sueños de la niñez, pero siempre que recordaba aquello en alguna de las entrevistas que le hicieron a través de los años, decía que ella fue quien rió la última. Aunque siempre se le notaba el tono nostálgico en su voz. Nunca sabremos como hubiese sido la vida de Nina si el Instituto Curtis la hubiera aceptado como alumna y le hubiese abierto las puertas a su carrera como pianista clásica. Pero seguramente el mundo se hubiese quedado sin conocer a un increíble talento musical. Y no tendríamos su voz resonando en nuestras almas cuando la escuchamos entonar canciones como “Don’t let me be misunderstood”.

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“Don’t let me be misunderstood”