LOS CIMIENTOS DEL GARAJE

Una de las marcas de fábrica de las canciones de garaje clásicas era la gran cantidad de gritos y berridos que se pegaba en ellas, no tienes más que escuchar el “You’re gonna miss me” de los 13th Floor Elevators. Pero si hay otra pieza, incluso más arquetípica que ésta, es aquélla tan mística que Gerry Roslie hacía con THE SONICS: “Psycho”. En ella podemos contar hasta 14 aullidos de primera categoría. Determinar cuántos hay en todo el disco “Here are The Sonics!!!” puede llevar a que las matemáticas encuentren una nueva dimensión.

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“Psycho”

Los Sonics salieron de Tacoma, una mugrienta ciudad del estado de Washington, atestada de serrerías y de trabajadores de la industria maderera que poblaban sus innumerables fábricas que constantemente vomitaban contaminación por sus chimeneas. El adolescente guitarrista Larry Parypa fue el fundador de la banda en 1960, contando con la ayuda de su madre como segunda guitarrista para los conciertos que les salían. Después se le uniría también su hermano mayor, Andy, como bajista, hasta llegar a convertirse también en el líder nominal del grupo. En el sombrío panorama de la música popular de los primeros años 60 había algunos casos aislados, como The Wailers, una banda de aquella ciudad de Tacoma, empeñada en llevar al máximo la estética y los comportamientos más garrulos. Estos Wailers fueron el origen del sonido Northwest, un antecedente directo del grunge que también se originó en aquella zona noroccidental de los USA. Su sonido era enloquecido, con instrumentaciones llenas de arañazos de saxo y guitarras muy fuertes que tenían sus raíces en el más crudo rhythm & blues. Pat O’Day, el disck jockey más influyente de Seattle en aquel momento, dijo de ellos: “The Wailers fueron los verdaderos inventores del heavy metal. La guitarra de Rich Dangel mostró el camino”. Bien, pues The Wailers fueron el espejo en el que se miraron The Sonics.

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The Wailers – “The hang up”

Buck Ornsby, el otro guitarrista de The Wailers, se convirtió en el principal valedor de los Sonics, produciéndoles sus primeras sesiones de grabación y consiguiéndoles un contrato con Etiquette, el sello en el que estaba su propia banda y que él mismo dirigía. Buck había mamado el R&B de primera mano, el que traían a Tacoma los grupos negros que aparecían por el Evergreen Ballroom durante sus giras.

El rock and roll estaba en su infancia. Comparado a lo que sonaba en la radio, el rhythm and blues era más real, tenía mucha más alma y energía. En el Evergreen podíamos ver a muchos grupos negros del resto del país… Hank Ballard & The Midnighters, James Brown, Little Richard… íbamos allí todos los domingos, encantados con aquellos sorprendentes grupos, y les copiábamos todo: la manera de interpretar, los riffs, los pasos; todo lo que pudiéramos después hacer en nuestros conciertos. (Buck Ornsby)

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“Think”

Aquellas primitivas grabaciones de los Sonics de primeros de 1961 muestran a una banda muy joven, empeñada en calcar el rudo sonido R&B de los Wailers. Hasta 1963 no comenzaron a tener el sonido característico con el que siempre les hemos conocido después. Como necesitaban un teclista, los hermanos Parypa fueron a ver a un grupo llamado The Searchers, y le mangaron por la cara al chaval que tocaba el órgano con ellos. Éste era Gerry Roslie, que no se hizo mucho de rogar para cambiar de banda, lo único que pidió (y los hermanos accedieron) es que con él entrasen en los Sonics también el batería Bob Bennett y el saxofonista Rob Lind.

En realidad Gerry, Rob y Bob ya lo tenían todo hablado y fueron ellos mismos los que buscándose los canales adecuados propiciaron el encuentro con los hermanos Parypa, ya que sabían que si se unían a ellos entre todos iban a formar una banda más que buena. Y comenzaron a ensayar en casa de los Parypa un sábado por la tarde. El padre de los hermanos estaba trabajando en el jardín, y cuando llevaban tres canciones tocadas entró en la casa eufórico: “Eso es fantástico. Lo tenéis, chicos. Ése es el sonido…”. Todavía hacían principalmente instrumentales, pero ya comenzaron a tener una nueva actitud: mucho más agresivos, lascivos, infernalmente ruidosos.

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“Do you love me”

El siguiente paso era conseguir grabar un disco con el que les conociese mucha más gente para poder llenar las salas de conciertos. Para ello hablaron con su amigo Buck Ornsby, que fue a verlos al garaje de Bob Bennett, que era donde ahora ensayaban. El sonido que tenían le gustó, pero todo lo que hacían era versiones de otros intérpretes. A Buck no le interesaba eso y ya se iba a ir, cuando se le ocurrió preguntarles si tenían alguna canción que fuese original de ellos. Y sí, tenían una que había escrito Gerry. La música estaba totalmente llena de energía; aquello era ya muy parecido a lo que desde ese momento iba a ser el sonido de los Sonics, pero ni la letra ni la voz que la cantaba estaban todavía a la altura, aquello era un pastiche muy parecido al twist. Buck les dijo que volviesen a escribir una letra diferente. Lo hicieron así y cuando volvieron a presentarse ante él con la canción convertida en “The Witch”, con Gerry poniendo toda su alma y energía (y sus más potentes gritos) en la voz con que la cantaba, Buck quedó convencido y les firmó un contrato para el sello Etiquette. Aunque lo dejó condicionado a que compusieran más canciones.

Pero en su fuero interno, Buck estaba convencido de que aquél era el sonido que siempre había estado buscando. Incluso superaba sus expectativas. Así que enseguida les metió en el estudio para que grabasen un single con el “Keep a knockin’” de Little Richard y aquel “The Witch” como canción estrella.

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“The Witch”

A Buck le llevó seis meses de dura promoción conseguir que las emisoras principales emitiesen la canción, pero una vez que lo consiguió ésta se disparó hasta las números 1 o 2, dependiendo de la ciudad que fuese. En Seattle, por ejemplo, se quedó en el segundo puesto porque, como confesaba Pat O’Day, el disck jockey que os cité anteriormente, la canción les pareció a los programadores demasiado cruda. Y no es extraño que fuese así, porque los Sonics tenían un sonido propio, hacían el rock más duro que el hombre había escuchado hasta entonces. De todas formas, los programadores de aquellas emisoras de la ciudad tuvieron que reconocer su error cuando se dieron cuenta de que “The Witch” había vendido el triple de discos que la canción por la que ellos apostaron, que fue el “Downtown” de Petula Clark.

El éxito obtenido con “The Witch” llevó a los Sonics directamente a crear “Psycho”. Una tarde de domingo, con media hora de trabajo en los estudios Audio Recordings de Seattle, fueron suficientes para dar a luz a la que fue su canción más importante. Siempre fueron muy impacientes; se les ocurría una canción y ya querían tenerla lista, así que simplemente entraron en el estudio y comenzaron a tocar. Se dejaron las manos y la garganta en el intento pero, construida sobre el feroz ritmo primitivo de Bob y el riff copiado del “Farmer John” de The Premiers, “Psycho” es una de las canciones más embrolladas, y así y todo hermosas, del rock.

Con ella circulando por las radios comenzaron a llenar salas de conciertos mucho más grandes. Abriendo para bandas como los Beach Boys podían tocar en el Seattle Coliseum ante 25.000 espectadores. También hicieron giras con Jan & Dean y con los Kinks, de los que siempre han dicho que fueron una gran influencia para ellos.

También los distribuidores discográficos, en vista del éxito de “Psycho”, comenzaron a pedirles más material, por lo que los Sonics tuvieron que volver a los estudios de Barton, donde grabaron “Here are The Sonics!!!” de un tirón. Les salió una obra magnífica y de mucha más altura que cualquier otro disco de una banda blanca de su entorno. Se editó en 1965 y era un enorme muro que te aplastaba. Cualquiera de las canciones originales de Gerry Roslie (“The Witch”, “Boss Hoss”, “Psycho” y “Strychnine”) eran lo suficientemente buenas como para que este disco pasase a la historia, pero juntas, entremezcladas con las insanas versiones de algunos clásicos del R&B, que machacaban con la batería y se les desgarraba la garganta, eran demasiado incluso para los oídos más avezados de la época.

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“Strychnine”

Durante aquel año de 1965 la reputación de los Sonics creció muchísimo. A Gerry Roslie le consideraban el mejor vocalista blanco de aquellos tiempos, y le daba a la banda un empaque aún mayor. Los Sonics tocaban de forma incansable en todas las salas y nunca fallaron a la hora de agotar las entradas. Los conciertos de la banda te garantizaban una subida tan alta como la de las drogas y un estado, al final de la actuación, de gloriosa extenuación. Pero es que Gerry, además, bordaba las baladas como ningún otro dulce cantante podía hacerlo. Rob le hacía un perfecto acompañamiento con su voz de tenor, Gerry era capaz de sacar los matices más cálidos de su teclado e incluso Bob suavizaba su sólida batería. Larry era un genio de los riffs y Andy era el apoyo perfecto con su bajo, enraizado en todos los ritmos que hasta entonces se habían conocido. Músicos futuros y fans se aglomeraban delante del escenario para aprender, escuchar y recargar energías.

El sello Etiquette fue sacando las canciones como singles una tras otra y en febrero de 1966 editó el disco “Boom”, considerado casi de forma unánime el mejor de los Sonics, construido de nuevo alrededor de cuatro originales de Gerry y algunas piezas de R&B muy bien seleccionadas. Para entonces la banda tenía ya material suficiente como para montar conciertos completos de más de una hora, por lo que tenían un repertorio de entre 50 y 60 canciones, así que solamente tenían que elegir las que iban a grabar.

El éxito que tuvo “Boom” llevó a los Sonics a pensar en cotas más altas. Y Jerry Dennon, del sello Jerden, importante porque sus discos los distribuía la ABC, tenía ideas similares. Como The Wailers tenían un calendario de actuaciones tan apretado como los propios Sonics, y no tenían demasiado tiempo para interesarse por los negocios de éstos, y eso unido a que Jerry Dennon había tenido un sorprendente golpe de suerte con el bombazo del “Louie Louie” de los Kingsmen, todo se unió para el cambio de sello discográfico. Los Sonics vieron que su fichaje por un sello distribuido por una compañía multinacional era una oportunidad para verse lanzados hasta la estratosfera. De mutuo acuerdo, terminaron su contrato con Etiquette, en el que el único que salió perdiendo fue Buck Ornsby, que ya no pudo seguir ejerciendo de productor de los Sonics, porque Jerry se los llevó a Hollywood; a los famosos estudios Gold Star.

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“Cinderella”

Antes de salir para California, el nuevo sello, Jerden, dejó editado un single en el verano del 66, como adelanto del tercer disco de la banda, que era el que grabarían allí. Las sesiones duraron una semana, pero la banda no quedó en absoluto satisfecha con los resultados, incapaces de comprender por qué los ingenieros de sonido no eran capaces de grabarles tal como ellos eran. Todos eran infelices, porque no estaban preparados para una situación como aquella; habían estado tanto tiempo en una gira tras otra que en realidad no tenían un concepto de qué querían para este disco, lo único que sabían es que aquella no era la forma de hacerlo, no había ninguna sincronía entre ellos y los técnicos, que estaban más acostumbrados a grabar los nuevos sonidos que se estaban produciendo en California. Definitivamente, la era hippy había comenzado y los Sonics no se habían subido a ese tren. La psicodelia no se había hecho para ellos; siempre habían sido un grupo al que le gustaba experimentar, pero esto les era ajeno.

Pero por fin “Introducing The Sonics” se publicó a finales del 66 y con él se pudo constatar que la banda seguía en plena forma. La mayor parte del material era garaje punk de primera generación, pero aparte de “The Witch” y de “Psycho”, canciones que el nuevo sello le había comprado al anterior para volver a publicarlas a mayor nivel, las nuevas canciones no derrochaban el poder de las antiguas. El disco fracasó en su intento de distribución nacional. Se publicó otro single más, una versión del “Anyway the winds blows” de los Mothers, cuya suave producción folk rock daba una pista de la evolución que los Sonics hubiesen debido seguir. Pero ellos no lo vieron. Los miembros del grupo comenzaron a distanciarse. Siguieron más discos, pero la banda real no volvió a tocar nunca más junta hasta un concierto de reunión en 1972. Pero para entonces ya estaban desfasados y muy lejos de aquel filo agudo y cortante que tuvieron.

Irónicamente, su redescubrimiento iba a comenzar un año después cuando el sello Buckshot editó “Explosives”. Este disco, junto a la colección de “Nuggets” fueron los pilares de la locura que se desató con la música de garaje, una era que no hubiese sido ni la mitad de salvaje sin el ejemplo fundamentalista de los Sonics.

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“Anyway the winds blows”

Después los Sonics desaparecieron durante treinta y cinco años. Ya en el nuevo siglo se escucharon rumores de reunión, pero Gerry Roslie, que durante ese tiempo se había ganado la vida como trabajador de la construcción, pavimentando calles allá en Northwest, había sufrido problemas cardíacos graves, hasta el punto de que tuvieron que trasplantarle el corazón y no terminaba de recuperarse y abandonar la convalecencia. En Northwest, su ciudad de siempre, también continuaron viviendo Andy, establecido como músico profesional y Larry, que estuvo trabajando en una agencia de seguros. Bob también se dedicó a ese mismo negocio, pero se estableció en Hawai. Y Rob fue piloto comercial en la Costa Este.

Hasta el 2007 no volvieron a reunirse, aunque solamente Gerry, Larry y Bob, con los otros dos miembros sustituidos por músicos de aquella primitiva escena local, entre ellos uno de los antiguos Wailers. Así estuvieron casi dos años, divirtiéndose recordando sus tiempos gloriosos en una gira europea y americana que les trajo también por aquí, donde pudimos verles, por ejemplo, en el Primavera Sound y en el Azkena Rock del 2008.

Cuando aparecimos por primera vez después de 40 años en New York no sabíamos qué esperar. Pesábamos que nos iban a tirar tomates o algo así. Cuando uno es tan mayor que asume que la mejor parte de su vida ya ha quedado atrás, es el momento de empezar a pensar en sillas de ruedas en vez de en guitarras eléctricas. (Gerry Roslie. 2012)

Para una gente que siempre ha vivido en el gélido estado de Washington, cambiar el noroeste americano por el noroeste español debe ser una delicia, quizás por eso la última noticia que tuve de los Sonics fue en un concierto que dieron en A Coruña el día 3 del pasado mes de diciembre. Los ancianos buscan el calorcito, ya se sabe…

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“Boss Hoss”

TODOS PERDIERON AL GANAR LA PARTIDA

Cristina me lo pidió. Lu la apoyó en ello. Va por las dos.

En nuestro altar de la locura no solamente adoramos a los dioses del rock, sino también a otros dioses que forman parte de la vanguardia artística, entre los que ocupan un lugar destacado los escritores.

Hace algún tiempo, de la mano de un comentario de Cristina, surgió en este blog la idea de dedicar una entrada a los simbolistas franceses, que fueron una inagotable fuente de inspiración para muchos de los músicos que tanto nos gustan por aquí. Y como todos esos poetas han formado parte de mi literatura favorita desde que en sexto de bachiller, en la asignatura de francés, en vez de gramática, lo que dimos fue literatura francesa, pensé que no estaría mal hacerlo. Y además, algunos de vosotros aún me espoleasteis más…

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Lou Reed – “Walk on the wild side”

Durante una gran parte del siglo XX París fue el centro artístico del mundo, allí se desarrolló el cubismo de Picasso, el dadaísmo de Tzara, el neoclasicismo de Stravinsky y, fundamentalmente, el simbolismo de Baudelaire, Verlaine, Rimbaud… poetas visionarios, perturbadores, malditos…

La Segunda Guerra Mundial rompió en pedazos el halo de romanticismo de París y el relevo surgió al otro lado del Atlántico con conceptos renovados que poco a poco, a través de poco más de un par de décadas, se fueron aglutinando desde la aridez de escritores como Dos Pasos hasta el enjambre de músicos lunáticos que intentaban sobrevivir cada día en la colmena de New York.

La música de esta ciudad tenía un carisma especial. Mientras en la Costa Oeste los músicos hablaban de paz, flores y fraternidad, la metrópolis desmedida neoyorkina se poblaba de zombies, de mentes feroces y peligrosas, inmersas en la misma ola de malditismo, pasión y angustia que aquellos franceses sacudidos de violencia que encendían las calles con su poesía.

He engullido un estupendo trago de veneno.
Sea tres veces bendito el consejo que me ha llegado.
Las entrañas me arden.
La violencia del veneno retuerce mis miembros,
me vuelve deforme, me abate.
Muero de sed, me ahogo, no puedo gritar.

(Rimbaud. “Una temporada en el infierno”)

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Velvet Underground – “Heroin”

He tomado una importante decisión:
voy a tratar de anular mi vida.

La muerte y el sexo han sido siempre dos de las principales fuentes de inspiración para los músicos y los escritores. Y a través de ellas Lou Reed y sus colegas de la Velvet Underground crearon en sus discos uno de los mayores infiernos de perversidad que uno pueda imaginarse. La profanación musical a través del ruido, la violencia como acto de autosabotaje para dar lugar a los siete minutos más obsesivos de la historia del rock: ese “Heroin” que tienes ahí más arriba.

Rimbaud apostó por la derrota; se paseó por todo lo largo y ancho del camino peligroso, por el lado oscuro, por el lado del mal al que Lou Reed le dedicase su canción más famosa. Él mismo se convirtió en el mal en “Una temporada en el infierno”, versos salidos de los sueños enfermizos del adolescente de diecinueve años que era entonces.

Una noche senté a La Belleza en mis rodillas.
Y la encontré amarga.
Y la injurié.

(Rimbaud. “Una temporada en el infierno”)

La renuncia a la belleza, la elevación a los altares del caos y la autodestrucción reconvierte y reinventa el propio concepto que tenemos todos de lo que entendemos normalmente como bello. El mal era el auténtico paraíso para Lou Reed y para Rimbaud, la mayor fuente de creatividad para ambos…

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Lou Reed – “The bed”

Éste es el sitio donde solíamos vivir,
pagué por ello con amor y con sangre.
Y éstas son las cajas que ella ponía en el estante,
llenas de su poesía y de sus cosas.
Y ésta es la habitación donde cogió la cuchilla de afeitar
y se cortó las muñecas en aquella noche extraña y fatídica.

En la Velvet Underground, junto a Lou Reed había otro personaje capaz de recrear con el sonido o las palabras la mayor masacre o el pasaje más delicado. John Cale lo construía todo con trazos de pura y simple lírica.

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John Cale – “Santies”

Entonces oyó coros de ángeles.
Coros de ángeles cantando.
Ávidos ángeles
escupiendo gloria sobre su fracaso.
Aquel polvo estelar de fracaso,
como si fuese una medicina inútil.

Esa extraña dualidad que caracterizaba a John Cale, ese toque especial que poseía, parecía extraído directamente de “Las flores del mal”. Baudelaire era maldito y romántico, oscuro y vitalista a la vez. Escribía sobre la pasión con letra mayúscula y al mismo tiempo descubría el peligro de dejarse arrastrar por ella, recreándola en imágenes violentas.

Ha llegado el crepúsculo, buen amigo del crimen;
como un cómplice viene, quedamente.
Los cielos cierran lentos las puertas de la alcoba del aire,
y el que siente impaciencia se hace bestia feroz.

(Baudelaire “Las flores del mal”)

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Patti Smith – “Gloria”

Jesús murió por los pecados de alguien,
pero no por los míos…
Mis pecados los cometo yo,
me pertenecen a mí. A mí…

Rock’n’roll y muerte. Visiones de la locura de tantos y tantos perdedores. Asalto, saqueo, violación de la divinidad… Patti Smith surgió en 1975 como un latigazo de poesía y electricidad. Su primer disco, y quizás el mejor, “Horses”, reivindicaba a la vez la acometida sacrílega de Artaud y una forma de entender el rock como vehículo transmisor de sucio voltaje que la emparentaba a los Stooges, los MC-5, los New York Dolls… pero la intensidad y esa savia creativa de sus canciones, incapaz de surgir de la cordura, eran típicas de Antonin Artaud, el poeta que desde 1920, en que publicó sus primeros poemas, hasta que murió en 1948 totalmente desquiciado y desheredado del mundo, acuciado por la paranoia, las drogas y los tratamientos de electro-shock, dio forma a la descripción más brutal que se haya hecho jamás de la angustia humana.

Hay una angustia ácida y turbia,
poderosa como una navaja,
cuyo descuartizamiento pesa lo que la tierra;
una angustia en relámpagos,
con puntuación de abismos estrujados y tupidos como chinches,
como una especie de piojos duros
cuyos movimientos estén cuajados;
una angustia en la que la mente se ahorca
y se corta a sí misma. Se mata.

(Artaud. “El ombligo de los limbos”)

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Television – “Venus”

Television fue otro de los grupos básicos en los ’70. Nunca fueron los suficientemente apreciados, pero discos como “Marquee Moon” se agradecerán eternamente y canciones como “Venus” deberían ser de escucha obligatoria en los colegios.

A través de su banda, Tom Verlaine hizo el retrato de un mundo en decadencia y lo hizo a la perfección, sin arranques de histeria y con mucha sensibilidad, casi siempre llena de tristeza. Tom Verlaine construía sensaciones, atmósferas nocturnas, descriptivas, servidas con elegancia y con una gran madurez de música y texto. Poeta neoyorkino maldito, como también lo fue el poeta francés del que tomó el nombre, Paul Verlaine.

De maldito a maldito. El Verlaine francés tenía una poesía frágil y arranques iguales a los de Rimabud. Razón, demencia, elegancia a flor de piel…

Los vencidos se han dicho en la noche de sus mazmorras:
Ellos nos han encadenado, pero aún vivimos.
Mientras que las argollas nos encorvan los hombros,
en nuestras venas, buen tesoro, la sangre circula.

(Paul Verlaine. “Los vencidos”)

Tras abandonar Television, la carrera en solitario de Tom Verlaine no desmereció en absoluto de sus anteriores trabajos. Es más, sus canciones cobraron una dimensión aún más literaria. Eran apuntes, pasajes estremecedores de la realidad cotidiana. Y la palabra “tristeza” seguía siendo imprescindible para describir sus canciones, que se desvanecían en un colchón de guitarras eléctricas y afiladas. Impecables.

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Tom Verlaine – “Words from the front”

23 de enero,
Hace ya tres días y tres noches que llueve;
la carretera ha desaparecido,
el barro nos llega hasta las rodillas.
John murió ayer por la noche,
no tuvo muchas oportunidades
en manos de un cirujano borracho.
Es difícil saber quién es quién.
Los fuegos que encendemos
enseguida se consumen.
Nos movemos como en sueños,
y ahí están,
esperando que el general ordene el ataque,
cuatro mil hombres.
Si la suerte prevalece y me dan el permiso,
estaré en casa para el 17…

El paralelismo entre los músicos neoyorkinos más viscerales y los poetas franceses de los que tienen una extraña dependencia podría seguir con nombres como Jim Carroll, quien además de escribir textos completamente alejados de los tópicos en sus canciones lo hizo también en su libro autobiográfico “The basketball diaries” (“Diario de un rebelde” en español); como Lydia Lunch y su vómito sónico; como Sonic Youth y sus elegías al ruido y la autodestrucción; como Laurie Anderson, como David Byrne y sus canciones para el “Fear of music” de los Talking Heads… y con nombres como Apollinaire, Breton, Valery, sacrílegos, saboteadores, anarquistas de una estética nueva, la de la ruptura, el desorden, la derrota…

Pero quiero acabar con el nombre que me es más cercano porque incluso le conocí personalmente y tuve una larga conversación con él, Elliot Murphy.

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Elliot Murphy – “Lady Stiletto”

Veo a esa chica pequeñita vestida de negro
escupiendo en el escenario
y, como una gata perdida, arqueando la espalda.
Encabeza el desfile anarquista,
es una poetisa con rimas prostituidas.
Dicen que no tiene vergüenza
y cuando grita algo sobre una fábrica
sus ojos arden con la rabia de Rimbaud…

Devoto confeso de Lou Reed, Jim Morrison y los primeros Stones, Elliot era el cronista de las ciudades desesperadas. Sus discos son una dramática declaración de amor/odio al New York de los tipos más perdidos, de los visionarios como él… lee de nuevo la letra de la canción anterior y dime si no está describiendo a Patti Smith… su pequeño mundo de textos arriesgados y fatalistas es paralelo al de Jean Cocteau, quien, como Elliot, alternó la literatura y la música, con incursiones también en el dibujo, el cine, el teatro. Sus poemas, que comenzó a escribir en 1911, descubren una sensibilidad violenta, un mundo interior fuertemente influido por su adicción al opio y la muerte prematura de Raymond Radiguer, el poeta al que acogió como mentor y amor platónico… Cocteau era abiertamente homosexual y Raymond era un mujeriego que no dudaba en usar y tirar a las mujeres tras usarlas sexual y socialmente.

Abril. 1930.
En pleno cielo azul, de pie sobre una bola,
igual que el mundo hindú reposa sobre el elefante y las tortugas,
hay mundos que son personas de carne y hueso,
caparazones rosados, monstruos de soledad y de amor.

(Jean Cocteau. “Opio”)

Cocteau era un dandy. Y Elliot Murphy también; un Oscar Wilde del rock sobrevolando por encima de los vaivenes de una marea llamada decadencia.

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Elliot Myrphy – “Party girls and broken poets”

Desde la península
miramos al otro lado de la bahía.
Desde la península hablamos del ayer,
de las fiestas que han acabado,
de a quién se ligaron los chicos de la medianoche.
Y ahora me siento a mirar a las prostitutas,
de pie, junto a una cabina telefónica.
Para darnos un baño de luz de luna,
ella se desliza por la bahía.
Cogimos un coche,
dijimos: “nos encontraremos a mitad de camino”.
Y esperamos una hora.
Y la estuvieron buscando todo el día siguiente
pero no encontraron a nadie.
Algunas fiestas terminan así.

THE GREAT UPSETTER

FRANK ZAPPA siempre fue un tío incordiante. Se divertía tirando barreras abajo, provocando a los censores y haciendo que los abogados de su compañía discográfica se tirasen de los pocos pelos que les quedaban a causa de la cantidad de problemas que acarreaban sus nuevos discos.

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“Brown shoes don’t make it”

Echando la vista atrás podemos recordar aquella vez en la que Zappa se pasó diez días en la cárcel después de hacer la producción de una peli porno para un vendedor de coches usados… que resultó ser un policía camuflado. O cuando por fin vio hecho realidad su sueño con los Mothers of Invention en forma de su segundo disco “Absolutely free”, que le daba una patada sexual a los convencionalismos con “Brown shoes don’t make it”, una canción que describe como un ejecutivo de mediana edad decide que la mejor diversión que puede tener en su casa es una chavalita de 13 años. La parte que dice “despojada de su ropa y echada en la cama, donde ella alimenta sus fantasías durante toda la noche” revela todo lo que necesitas saber.

Con su tercer disparo de vinilo, “We’re only in it for the money”, Zappa causó verdaderos ataques de apoplejía a los censores con la canción “Harry, you’re a beast” y la frase “don’t come in me”, en la que ese “come” tenía el mismo significado que Lenny Bruce le daba cuando hacía aquel famoso monólogo de “To is a preposition, come is a verbe”. Si no lo pillas porque tu inglés no es muy bueno lo entenderás cuando veas la traducción del título de otra canción al final del post, tranqui…

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“Harry, you’re a beast”

La guerra de Zappa contra los convencionalismos establecidos se fue caldeando. Y llegó a su punto de ebullición en la ceremonia de los premios Grammy que se celebró en el Waldorf Astoria de New York, el día de los enamorados de 1967. Los contrataron para darle en las narices a todos aquellos que pensaban que la ceremonia era demasiado seria y formal y los Mothers subieron al escenario mientras la banda de Woody Herman interpretaba “Satin doll” (Muñeca de satén). Lo hicieron vestidos con las ropas más freakies que pudieron encontrar y se pusieron a “mutilar la canción” desmembrando muñecas y ofreciéndole sus brazos y piernas a los espectadores de las primeras filas.

Después de aquello no volvieron a invitar a Zappa nunca más a los Grammy. Para él fue divertido, pero para la mayoría de la gente fue una atrocidad, un escándalo.

En 1985 las cosas se pusieron más serias cuando Frank Zappa se vio envuelto en un debate sobre la censura con las “Esposas de Washington”, las medias naranjas de varios políticos importantes, como resultado de la edición de su disco “The Mothers of Prevention”.

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“Porn wars”

Frank Zappa ya nos dejó hace tiempo, pero su legado vive todavía a través de canciones como “Take your clothes off when you dance” (Quítate la ropa cuando bailes) , “Titties and beer” (Domingas y cerveza), “I promise not to come in your mouth” (Prometo no correrme en tu boca), “The Illinois enema bandit” (El asaltante de las lavativas de Illinois), “Penis dimensión” (El tamaño ése que dicen que no importa), “I have been in you” (He estado dentro de ti), “Why does it hurt when I pee?” (¿Por qué me duele cuando meo?) o “Harder than your husband” (Más duro que tu marido). Y, por supuesto, también de algunos grandes fraseos de guitarra.

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“I have been in you”

ESOS TÍOS NO SON MIS AMIGOS

En estos días de finales de octubre y de principios de noviembre se cumplen cuarenta años de la desaparición de una de nuestras bandas favoritas de siempre. Llevaba ya algún tiempo rumoreándose, pero ya sabéis que las cosas la mayoría de las veces no deben ser creídas hasta que no se demuestren y, de momento, nada había sido oficialmente admitido. Por eso cuando los CREDENCE CLEARWATER REVIVAL publicaron un comunicado que comenzaba con las palabras “no consideramos esto un rompimiento”, se vio claramente que el final era ya cosa hecha.

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“Bad moon rising”

Terminaba el mes de octubre de 1972 y la banda que había dominado las listas de éxitos americanas desde 1969 con trallazos de rock del bayou prácticos y funcionales, sencillos, sin adornos, sin extras musicales, como “Pround Mary” o “Bad moon rising”, estaba perdiendo su ímpetu. O, al menos, lo estaba perdiendo John Fogerty, que explicó años más tarde que dio este paso porque “ya estaba aburrido”.

John estaba ya aburrido de tener que componer y arreglar todo el material de la banda, cansado de que las ventas de sus discos fuesen disminuyendo paso a paso, y por encima de todo, enfermo de las constantes discusiones sobre su liderato, a lo que contribuyó el abandono del grupo por parte de su hermano Tom el año anterior. El batería, Doug Clifford, había acusado a John Fogerty de ser un loco del control, pero cuando éste soltó las riendas para el disco que sacaron ese año de 1972, “Mardi Gras”, compartiendo con los demás las obligaciones de componer e interpretarlo todo, el resultado fue un desastre de crítica y público de tal consideración, que el final del camino quedó totalmente a la vista de todos.

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“Hey tonight”

Y como si sus responsabilidades creativas no fuesen ya suficientes, el contrato que John Fogerty había firmado años atrás dejaba la mayor parte de los royalties generados por sus canciones en manos de Saul Zaentz, el boss de Fantasy Records. Sus canciones se vendían por millones, pero de ellas John solo conseguía algunas migajas. “Todo lo que yo había creado me fue robado”, era lo que solía comentar de forma sucinta.

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“Who’ll stop the rain”

Ninguno de ellos fue capaz de labrarse una nueva carrera en solitario después del final de la Credence. Al menos no hasta que John Fogerty editó en 1985 su “Centerfield”, que fue un éxito de ventas. Pero aún así, todavía estaba claro que las heridas infligidas años antes todavía le dolían; en la canción “Zanz Kant Danz” cantaba: “…pero él te robara el dinero / vigílale o te costará un ojo de la cara…”

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“Zanz Kant Danz”

El hecho de que Saul Zaentz fuese el propietario de los derechos de las canciones de John Fogerty dio lugar al más disparatado caso de plagio que se haya juzgado en el mundo cuando acusó a John de que una de las canciones de ese disco, “The old man down the road”, estaba copiada de “Run through the jungle”, una canción de Credence Clearwater Revival que también había escrito John. Los jueces tardaron, pero por fin en 1988 le dieron la razón a John Fogerty, aunque las disputas por unas cosas y otras continuaron muchos años más. Como también lo hizo el rencor de John hacia sus antiguos compañeros de grupo. En 1998 le preguntaron qué pensaba sobre que Stu Cook y Doug Clifford siguiesen haciendo giras con el nombre de Credence. La de nuevo sucinta respuesta de John fue: “Esos tíos no son mis amigos”.

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“The old man down the road”

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“Run through the jungle”