Atrapado por el blues de Memphis
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EL PADRINO (1)
Categorías: Forever Young
Carrascus

Fue el fundador de Atlantic, la mayor compañía discográfica independiente que ha existido nunca. Y fichó para ella a todo el que era alguien en la música, desde Ray Charles hasta los Rolling Stones. Y lo hizo todo derrochando un estilo como el que nadie más tenía en la industria musical. Por eso en estos próximos posts, con el beneplácito adelantado de algunos de los lectores habituales, vamos a contar la vida y milagros de AHMET ERTEGUN y a conocer más profundamente el imperio que creó…

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Ray Charles – “What’d I say”

Ya fuese engullido por el humo de los porros en el antro más peligroso de Harlem, firmando contratos millonarios en la piscina de algún lujosísimo hotel de Berverly Hills o tomando copas con cualquier músico callejero de New Orleans, Ahmet siempre se sentía como en casa. Vestía trajes hechos a medida por los mejores sastres de Saville Road, se movía con la gracia de un bailarín de tangos, hablaba con la erudición natural y peculiar que le daba ser hijo de un diplomático de carrera pero manejaba de igual forma todos los tacos, códigos y palabrejas empleadas en el argot de los callejones. Hablaba de arte con Andy Warhol, de blues con Mick Jagger y de ballet con Mikhail Baryshnikov. Con Pelé hablaba de fútbol, su otra gran pasión además de la música. Con Kissinger discutía con conocimiento de causa sobre la siempre cambiante escena política mundial. Y cuando llegaba la hora de comer, ya estuviese en Alabama, Chicago o New Orleans, siempre dirigía sus pasos al más grasiento de los restaurantes baratos de pollo frito, donde siempre tenía un sitio tranquilo reservado para él.

Igual que cualquier monarca de la realeza europea, Ahmet también tenía una corte, compuesta por desmelenados dioses del rock, actrices de Hollywood y un gran surtido de pelotas y agradaores, que le acompañaba siempre, tanto a los áticos más elitistas de Manhattan como a los clubs de jazz más undergrounds, donde el jefe de la Mafia local les sentaba a su mesa y les invitaba a compartir su champán. Las noches se hacían eternas, las fiestas se calentaban hasta la fiebre, y llegado el momento, Ahmet Ertegun, siempre dueño de sí mismo, mandaba llamar un taxi, una limusina, un autobús, incluso; cualquier vehículo que fuese necesario, para llevarles al siguiente destino.

Saltando de yates atracados en los puertos del Mediterráneo para ir a comer con Carl Bernstein, parando antes un rato para pujar por una obra maestra de Picasso o ver los resultados de la liga en la BBC, Ahmet siempre estuve moviéndose hasta que se murió, el 14 de diciembre del 2006, seis semanas después de caerse desde el escenario del Beacon Theatre de New York, durante el concierto que los Stones estaban ofreciéndole a Bill Clinton en su fiesta de 60º cumpleaños.

Y mientras tanto, encontró tiempo para fundar y dirigir Atlantic Records, el más grande y más influyente de los sellos musicales independientes del siglo 20.

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The Rolling Stones – “Rocks off”

De todas formas, si no hubiese sido por su hermano Nesuhi, Ahmet Ertegun se hubiese convertido en otro poderoso político o playboy internacional, porque antes de cumplir los dos años, este chaval, nacido en Turquía, ya pertenecía a la jet-set y había volado a Suiza, Francia e Inglaterra, debido a las ocupaciones como embajador de su padre. En Londres, Nesuhi, que era un fan de la música jazz, introdujo a su joven hermano Ahmet, cuando éste apenas contaba diez años, en las alegrías de Duke Ellington y Cab Calloway, que actuaron en directo en el Palladium, en 1933.

En Washington, el siguiente destino paterno, Ahmet, ahora con once años, se hizo amigo de Cleo Payne, el conserje negro de la embajada turca. Esta relación fue una de las más influyentes para este Ahmet pre-adolescente, porque descubrió de una sola tacada la comida basura, el boxeo, la cerveza y, lo más importante de todo, la escena del jazz y el blues que dominaba el estilo de vida de los negros americanos en Washington y en el cercano New York.

Ahmet y Nesuhi se convirtieron en dos jóvenes enfermizamente poseídos por el jazz, el blues y el góspel de los años 20, 30 y 40. Ellos además tenían la suerte no solo de poder asistir a los conciertos en los teatros de la ciudad, sino que en las fiestas de la embajada de Turquía podía aparecer a tocar Count Basie, si se encontraba en la ciudad, o quizás Lester Young. Ellos dos no solo vivían el sueño de escuchar la gran música americana de la época, sino que formaban parte de su escena y estaban envueltos en ella.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el sueño americano estaba en todo su esplendor, y como muchos otros emigrantes, Ahmet Ertegun quería una porción de la tarta. En 1947 se graduó en la universidad y se trasladó a New York, desde donde hablaba regularmente por teléfono con Nesuhi, que estaba en Los Angeles, sobre la sorprendente nueva música que estaba sonando en los discos que sacaban compañías como Modern, Chess, Specialty… sin apenas dinero, pero con una gran predisposición a entrar también en el juego, Ahmet consiguió un préstamo de 10.000 dólares del doctor Vahdi Sabit, el dentista de la familia, y se asoció con un amigo suyo tan entusiasta del jazz como él, Herb Abramson, también dentista, para producir singles para el floreciente sello National. Abramson aportó otros 2.500 dólares de su bolsillo y en Octubre, en el Hotel Jefferson, nació Atlantic Records.

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Stick McGhee – “Drinkin’ wine spo-dee-o-dee”

Dos años después el sello tuvo su primer éxito, una canción de country blues de Stick McGhee, llamada “Drinkin’ wine spo-dee-o-dee”, que se grabó originalmente para el sello Harlem Records y se volvió a grabar de nuevo para Atlantic cuando un distribuidor de New Orleans pidió de forma urgente 5.000 copias del disco. La canción entró en las listas de Billboard y se vendieron más de 400.000 singles.

Con el impulso de este éxito y la ayuda de un gran ingeniero de sonido como era Tom Dowd, que había dejado su carrera de físico nuclear por las mesas de mezclas; la de la mujer de Abramson, Miriam, que se ocupaba de todos los detalles del negocio y la de Francine Wakschal, la primera contable de la compañía, Atlantic fue capaz de editar varios cientos de singles en un solo año, de gente como Art Pepper, los Clovers o Leadbelly y firmar a nuevos artistas como Big Joe Turner, Clyde McPhatter o Ruth Brown por el camino.

El buen gusto de Ahmet guiaba la política musical de la compañía, incluso componiendo algunos de sus éxitos, con el nombre de Nugetre (su apellido leído al revés), por lo que su enorme personalidad quedó totalmente entrelazada con la identidad del sello.

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Ray Charles – “Hallelujah I lover her so”

Por 2.500 dólares, la cantidad que costó comprar su contrato a Downbeat, Ray Charles se unió a Atlantic en 1952, el año en que la compañía necesitó mudarse a un local mucho más grande. Los negocios se ampliaban y la empresa se movía; aunque Ahmet y Abramson, a pesar de ser grandes entusiastas de la música todavía estaban muy verdes en los negocios. Y la cosa se puso aún peor cuando el ejército reclutó a Abramson en 1954 y le envió a Europa a ejercer como dentista de las tropas. Así que Ahmet se vio obligado a reclutar también a un nuevo miembro, y así fue como Jerry Wexler, hasta entonces crítico musical del Billboard, al que le gustaba lo que estaba haciendo Atlantic, pasó a ocupar el puesto vacante. Antes de que Abramson tuviese que irse, ya habían intentado que Jerry entrase a formar parte de la compañía, pero éste no quería tener de jefes a sus amigos y estropear su relación por problemas laborales, por lo que desechó la idea si no le admitían como socio. Aquella vez se rieron de su ocurrencia, pero ahora Ahmet no tuvo más remedio que admitirlo tal como él pedía.

Ahmet tenía muchas cualidades, como ya os he indicado, pero sobre todo, lo que a él le interesaba era regir la compañía. Y Jerry Wexler y Tom Dowd tenían el conocimiento necesario para hacerla funcionar. Mientras Ahmet era el productor ejecutivo, Jerry era el que realmente sabía cómo dar el acabado final a los discos. Ray Charles podía haber tenido éxito en cualquier otro sello discográfico, porque era bueno, simplemente; pero antes de grabar para Atlantic estaba fuertemente influenciado por Nat King Cole y Charles Brown. Atlantic quería que Ray tuviese una voz original. Y fueron los únicos que lograron darle un sonido identificable.

Ray Charles mejoró su estilo en Atlantic y consiguió un éxito tras otro con canciones como “I got a woman”, “Hallelujah I lover her so”, “The right time”, “What’d I say”… después de grabar “I got a woman” todo el mundo en la compañía supo que todo lo que grabase Ray se iba a hacer de oro.

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Ray Charles – “I got a woman”

Con compositores como Doc Pomus y Leiber & Stoller y un productor como Phil Spector, los Drifters, los Coasters, Ray Charles y Ruth Brown continuaron manteniendo el status económico de Atlantic, lo que permitió a la compañía diversificar sus estilos a partir de 1956, sacandos discos de LaVern Baker, Milt Jackson, The Modern Jazz Quartet, Charlie Mingus, The Clovers, Ivory Joe Hunter, Chuck Willis, Wynonie Harris, T-Bone Walker y la orquesta de Teddy Charles. Y cuando Abramson fue licenciado en el ejército, tras dos años de servicio militar, y volvió a New York, se encontró con que Ahmet y Jerry habían establecido una relación de compenetración que él no podía romper. En lugar de darle la bienvenida a la actual sociedad, le dieron el sello subsidiario de Atco para que lo dirigiese, en el que Abramson lo intentó pero falló sacando adelante a un pianista blanco llamado Bobby Darin. Tuvo que ser Ahmet quien viese que allí había un potencial que no se podía desaprovechar y en 1957 se pasó dos horas grabando tres canciones con aquel fan de Ray Charles que era el mencionado Bobby, una de las cuales fue “Splish Splash”, el primer single de música pop editado por Atlantic que llegó al millón en ventas.

Bobby Darin fue el primer cantante verdaderamente grande de Atlantic. Casi por accidente. Y todo el mundo pensó que era negro.

Jerry Wexler, Nesuhi, Bobby Darin y Ahmet.

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Bobby Darin – “Splish Splash”

La ley de la gravedad es inexorable y dice que todo lo que sube tiene que bajar. Y Atlantic Records también estaba supeditada a ella, por eso cayó a finales de los ’50. Fue algo inesperado, pero una vez que el desastre dio el primer golpe, todos los proyectos de la discográfica fueron cayendo uno a uno como fichas de dominó.

Aunque no creas que ése fue el final de este sello. Todavía nos queda mucho que contar sobre él, sobre Ahmet Ertegun y sobre la gente que les rodeaba. Seguiremos en el próximo post.

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3 Comments

  • El dia 17.10.2012, Red River dijo:

    Ahhh, no sabes cómo disfruto estas series.
    Y el glamour de unas épocas en que hasta los directivos de las discográficas, a pesar de sus claroscuros, eran rutilantes estrellas.
    Abrazos.

    • El dia 17.10.2012, carrascus dijo:

      Ya sabía yo que tú eras de los clásicos que disfrutan con entradas como ésta. En la siguiente ya comenzarán a salir también los británicos… quedas avisado…

      Un abrazo, niño.

      • El dia 18.10.2012, Rinat Rafaé dijo:

        Muy interesante, conocía la personaje y algo de su vida profesional sobre todo después de ver el biopic de Ray Charles (donde recreaban como le “prestó” a Ray What I’d say), pero no había profundizado yo en este señor, se me ha hecho muy cortito el artículo, estaré especialmente atento a la segunda parte!

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        Si quieres poner una afoto en tu comentario, pega el enlace aquísh. Muuusho cuidao con lo que ponemoh.