Atrapado por el blues de Memphis
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RESIDUOS Y MISCELÁNEA
Categorías: Tangled up in blue
Carrascus

No es éste el nuevo post, sino una recopilación de textos que escribí en el Facebook durante las noches tranquilas de septiembre y que no me resisto a dejar perdidos allí, donde nadie más los volverá a ver. Al menos en este rincón siempre estarán disponibles y a mano.

¿Vosotros habéis sido testigos alguna vez de un suceso paranormal…? Yo no estoy muy seguro de haberlo sido. Ocurrió cuando hacía el servicio militar. Estuve destinado en 1980 en la Reserva General de Automóviles de Canillejas, en Madrid, donde uno de sus hangares estaba ocupado por los automóviles que usaba Franco durante su dictadura: los blindados, los Hispano-Suiza de los paseos triunfales, etc. Por el cuartel corría el rumor de que en aquel hangar pasaban cosas extrañas, incomprensibles; pero yo, que era una persona ilustrada, leída y con mucho mundo, no hacía caso alguno a las habladurías de los pueblerinos paletillos semianalfabetos que allí se hacían hombres marcando el paso… hasta aquella noche. Al ser yo el oficinista de la compañía estaba exento de hacer servicios, por lo que me libraba de las fastidiosas guardias; pero en fechas señalaítas, como navidades o Semana Santa, en las que se marchaba de permiso casi toda la compañía por turnos, los que quedaban tenían que asumir algunos servicios, por eso, aquella noche de enero yo estaba de retén, que era algo parecido a una guardia pero en lugar de estar dos horas muerto de asco vigilando desde una garita estaba dando vueltas por el interior del cuartel, que era mucho más entretenido y, al menos, podías estirar las piernas y no te entumecías. Cuando pasé por aquel hangar vi por los cristales de las ventanas que tenía en su parte superior un resplandor intenso que me hizo comprender que había fuego en el interior. Corrí al puesto de guardia y avisé al suboficial, que vino corriendo conmigo y con los cuatro soldados que había por allí que no estaban dormidos. Al llegar y mirar hacia arriba y ver aquel resplandor de llamas por las ventanas, despertó llamando con el walkie al oficial de guardia y abrió la puerta del hangar… dentro todo estaba totalmente oscuro, solamente se apreciaba el difuminado contorno de los coches a la pálida luz de la luna. Salimos y miramos hacia arriba… los cristales de las ventanas de la pared seguían dejando ver resplandores de llamas. Pero dentro todo seguía siendo igual de negro. El oficial de guardia era un culto alférez de las milicias universitarias que no se explicaba a qué se debía aquello. Ni yo tampoco. Al suboficial chusquero y a los soldados creo que les interesaba más volverse al catre que buscar una explicación. Y nos retiramos todos de allí sin saber qué pensar. Yo seguí con mi ronda, pero no volví a pasar por el lado del hangar en todo el resto de ella. Cuando se hizo de día el oficial volvió a entrar, a ver si veía algo extraño, pero no encontró nada fuera de lugar. Estoy seguro de que lo que pasaba debía tener alguna explicación física y razonable… pero aún hoy no se la encuentro. Esta noche me apetece soñar que me visita el fantasma de las navidades futuras y me lleva con él a ver cómo serán éstas próximas, dándome la oportunidad de ver qué número ha salido premiado con el gordo en el sorteo del día 22. Buenas noches a todos; que descanséis.

Una de mis sobrinas trabaja de operadora en el 112. Ella habla francés, por lo que en su turno de trabajo tiene que atender las llamadas que se producen en ese idioma y como el servicio, aunque está centralizado aquí en Sevilla, atiende las urgencias que surgen en toda Andalucía, ella es la que recoge las llamadas que los marroquíes y los subsaharianos hacen desde las pateras que se encuentran a merced del mar pidiendo auxilio. A todas estas personas que intentan entrar en España de ese modo lo que les interesa es no llamar la atención en absoluto, así que os podréis imaginar el grado de desesperación que deben tener para recurrir a su teléfono móvil y delatar su presencia. Durante las conversaciones que mi sobrina ha mantenido con ellos escuchaba de fondo el ambiente general de la patera: sollozos y llantos incontrolados de niños y de adultos, gritos de terror, rezos a coro de todos los pasajeros… o silencios sepulcrales, lo que es todavía más pavoroso. Ella intenta brindarles toda la ayuda que los protocolos establecidos y su gran humanidad le permite; pero a la vez tiene que poner en marcha todo el dispositivo que genera una de estas llamadas, y que hace posible el rescate, por lo que no solo tiene que avisar a servicios sociales y sanitarios, sino también a las autoridades… a la temida guardia civil. Por eso al día siguiente, cuando escucha en las noticias de la radio o la televisión que una patera ha sido interceptada y sus ocupantes han sido detenidos y están en espera de su deportación por parte de los funcionarios a los que ella ha tenido que avisar, llora… llora desconsoladamente hasta que la amargura va dejando paso a la rutina diaria. Y durante esos momentos ni siquiera le levanta el ánimo saber que ese aviso también les ha salvado la vida. Esta noche me apetece soñar que en este país se convocan unas elecciones abiertas en las que salen elegidos unos gobernantes que, en lugar de la catadura moral de los actuales, tienen la sensibilidad de comunes trabajadores como mi sobrina. Buenas noches a todos; que descanséis.

Esta noche, que los Extremoduro están tocando aquí en Sevilla, no tengo más remedio que acordarme de aquella otra vez, hace ya unos 21 años, en que nosotros les trajimos también para un concierto en la sala Rrio. Con esa sesión de Extremoduro quedé vacunado de ellos para toda la vida. Baste decir que a la hora en que el concierto tenía que comenzar, allá sobre las 9 y media o las diez de la noche, el grupo estaba todavía en Mérida. Cuando su manager nos llamó desde allí nos dijo, además, que no traían cables, ni baquetas ni no recuerdo qué más… si no llega a ser porque por allí andaba con nosotros Selu, el saxo de los Reincidentes, que tenía previsto subir al escenario con Extremoduro en una o dos canciones y que en una carrera contra reloj en mi coche nos llevó al local de ensayo de su grupo, en un pueblo cercano, donde pudimos abastecernos de todo lo que a los otros les faltaba, no sé que hubiésemos tenido que hacer… suspender el concierto a estas alturas era algo inviable. Había muchísima gente; en honor a la verdad he de decir que fue uno de los conciertos que organizamos en los que más público metimos. Pero conforme pasaba el tiempo todos comenzaban a estar desesperados por la tardanza. Creo que este concierto debe tener el récord de retraso de todos los organizados en Sevilla. Y además teníamos encima a los dueños de la sala, que veían que todos estos centenares de bebedores estaban consumiendo las cervezas y los cubatas en los bares de al lado, que eran más baratos que el del interior del local del concierto y no entraban, por lo que se estaban perdiendo las ganancias. La banda llegó a las tantas y sin prueba de sonido ni nada comenzaron el concierto. La gente, supongo que a consecuencia del cabreo por la gran espera y de la ingesta del alcohol consiguiente, estaba especialmente desmadrada. El Robe, en lugar de cortarse un poco por su falta de seriedad y colaborar en la medida de sus posibilidades, echó más leña aún al fuego lanzando desde el escenario una proclama en la que decía que a qué venían esas vallas que los organizadores habían puesto delante del escenario, si es que éramos unos nazis y unos fascistas para coartar la libertad de la gente de aquella manera; y la emprendió a patadas con unas vallas que estaban allí para protegerle a él y a los otros músicos de la marabunta, tirándolas y convirtiéndolas así en algo muy peligroso para los espectadores, debido a que las patas quedaban apuntando hacia arriba como si fuesen unas ominosas lanzas. Al poco rato de comenzar la banda a tocar la sala se quedó muda y a oscuras; algunos de aquellos cafres habían cogido a otro de los espectadores y habían lanzado al pobre pringaíllo encima de la mesa de PA, por lo que los asustados técnicos desconectaron los equipos de sonido e iluminación. A estas alturas yo ya pensaba que al día siguiente íbamos a ser carne de titulares del ABC, pero el concierto pudo continuar. Mis compis y yo habíamos perdido ya el poco interés que nos quedaba en Extremoduro y nos fuimos a un rincón a rezar porque no pasara nada y a ahogar nuestras penas en Cruzcampo. Cuando la banda dejó el escenario y se encendieron las luces vimos el paisaje después de la batalla: barras arrasadas y saqueadas, botellas vacías e incluso rotas por el suelo, los extintores descolgados de sus sitios y vaciados sobre cualquier superficie a la que mirásemos… cuando le pagamos al manager y les perdimos de vista respiramos aliviados. Los propietarios de la sala nos pasaron unos días después la factura de los desperfectos y tuvimos que negociarla con ellos, no podíamos asumirlo nosotros todo. Apenas quedó nada para seguir invirtiendo en otros conciertos posteriores y los de la sala ya nos ponían muchos reparos para cederla de nuevo. Quizás muchos de los que asistieron a aquel concierto lo recuerden como algo épico y memorable, pero para nosotros no mereció la pena en absoluto. Esta noche me apetece revivir en sueños algunos de aquellos otros conciertos que organizamos… Died Pretty, Flesh For Lulu, Del Fuegos, New Christs, The Godfathers, Immaculate Fools, Inmates, Mega City Four, Uriah Heep, Elliott Murphy, Meteors, Fuzztones, y tantos otros más en los que la única preocupación era si la venta de entradas había ido mejor o peor y la diversión estaba garantizada. Al fin y al cabo de eso se trataba y no lo hacíamos por negocio, sino por afición. Buenas noches a todos; que descanséis.

En 1967 la Academia Pio XI de Nervión tenía clases mixtas, aunque las niñas y los niños tenían que sentarse en filas de pupitres separadas. Desde una de las filas de los niños él la miraba a ella arrobado; no era la más guapa de todas aquellas niñas de diez años, pero era la que tenía la sonrisa más grande y bonita, los ojos más expresivos y luminosos, la carita más morena, casi renegría, como de gitanita. Y la única que siempre le aguantaba la mirada. Cuando tras las clases volvían al Polígono junto a los hermanos más pequeños de los dos, ella y él procuraban coger siempre el mismo autobús; y cuando él se despistaba un poco de su lado, distraído por alguna charla con sus amigos, ella siempre volvía a aparecer junto a él, atenta a no perderle nunca mucho de vista. Esta noche a él le apetece soñar que alguien sabe donde se halla Emilia Budia, que era aquella niña preciosa, y le da noticias de cómo se encuentra y de cómo le ha ido en la vida, porque, aunque nunca haya vuelto a saber nada de ella en los siguientes 45 años, ella fue para él lo que podría considerarse como su primer amor. Buenas noches a todos; que descanséis.

José Antonio Monago, presidente del gobierno extremeño, es un político en el que los oscuros dominan sobre los claros, sin embargo, su decisión de aplicar en su comunidad un IVA cultural del 13%, desobedeciendo la orden de su partido de aplicar el 21 como en todo el resto de España, hace que por fin, después de más de doscientos años, las tesis que mezclaban liberalismo y socialismo mantenidas por Stuart Mill, dejen de ser una utopía. La filosofía del utilitarismo de Mill tenía tantas cosas cuestionables como la política de Monago, pero el principio fundamental en el que basó su pensamiento, que no era otro que “eres libre para hacer lo que desees siempre y cuando no hagas daño con ello a los demás”, que tendría que ser una verdad de Perogrullo, siempre ha recibido demasiados pisotones. La idea de que siempre que no jodas a alguien debes tener la libertad individual necesaria para hacer lo que quieras es muy bonita sobre el papel, pero esa libertad individual, desgraciadamente, nunca ha estado garantizada en las democracias en las que hemos vivido, porque lo normal ha sido que las mayorías oprimiesen a las minorías. Siempre he mantenido absolutamente la opinión de que las minorías tienen que tener la posibilidad de poder llevar a cabo sus pretensiones si sus argumentos son razonables, y eso es algo que siempre se ha dado de hostias con algo tan usado en esta democracia como “la disciplina de voto” de los partidos, que aplasta la opinión de cualquier minoría y les quita de raíz esa posibilidad. ¿Qué cosas, no? la mayoría, elegida libremente, aplastando la libertad individual… por eso esta noche me apetece soñar que vivo en un país en el que los partidos políticos no se guían por directrices impuestas y tanto sus dirigentes como sus miembros menos significativos tienen la posibilidad de ser libres para ejercer cualquier acción que sea capaz de generar felicidad entre la gente, tanto si les ha votado a ellos como si no. Buenas noches a todos; que descanséis.

Hoy ha sido un mal día en mi clínica de diálisis. Un paciente bastante joven ha decidido que ya no quiere seguir viviendo dependiendo de mis máquinas y se ha ido sin dializarse, diciendo que ya no volverá más. Sabe que así no puede durar mucho tiempo, pero dice que el que le quede no lo pasará atado al riñón artificial. Sé que cuando comience a sentirse realmente mal volverá. Y espero no violar la deontología profesional ya que cuento esto de forma tan poco concreta. El caso es que su actitud me ha hecho recordar a Bobby Darin, quien estuvo enfermo toda la vida desde que de pequeño desarrollase unas fiebres reumáticas. Sufrió problemas cardíacos desde muy joven, hasta el punto de que se llegó a dudar de que alcanzase los 16 años siquiera y vivió siempre una vida de prestado. Su primera operación del corazón llegó en 1.971, tras la cual ya todos los pulgares apuntaban hacia abajo. Mientras nos hizo felices con sus canciones desarrolló una enfermedad coronaria y le practicaron innumerables intervenciones de corazón. Hasta que Bobby decidió no operarse más, aún a sabiendas de que no viviría mucho después de tomar esa decisión. Pero murió con dignidad, y famoso, a los 37 años… no es que esta noche me apetezca soñar con que llego a verme en una tesitura como la de nuestro paciente o como la de Bobby Darin, pero si los poderes oscuros de Oniria me traen una pesadilla así, espero tener la suficiente claridad mental para discernir si el ángel que me está susurrando lo que debo hacer viene del cielo o del infierno. Buenas noches a todos; que descanséis. Y que nuestros sueños sean dulces.

No he sabido hasta hoy que esto estaba en Youtube. Fue aquella una noche para recordarla siempre: la primera vez que salí en la tele; además, en el programa de referencia de la modernidad. El viaje con todos los gastos pagados, las posteriores visitas por los programas de radio musicales que solía escuchar desde mi casa y por los antros de los que solo podía leer en las revistas; y sobre todo, ver en persona a una de las bandas más excéntricas del rock, cuya fascinante música, totalmente atípica en aquella época, era de la que más infectaba los altavoces de mi equipo. Aprovechando el concierto que los Residents tenían programado en Madrid, Paloma Chamorro los contrató para que actuasen también en su programa, “La Edad de Oro”. Los programas que se emitían de “La Edad de Oro” eran en directo, y aparte de los momentos en que Paloma hacía sus entrevistas, se acondicionaba todo para que aquello fuese lo más parecido posible a un concierto de verdad, por lo que se distribuían invitaciones por Madrid para que acudiese público a dar ambiente real, e incluso se acondicionaba una barra en uno de los rincones del estudio que no pillaban las cámaras donde se daban gratis birras, refrescos y algo para picotear. Pero antes de eso, por la tarde, se hacía un ensayo general con todo exactamente tal como iba a salir al aire después. Yo no sé si en los demás programas la prueba y la realidad salieron calcadas… pero aquel día os puedo asegurar que no; no os digo más que el presentador americano que la banda traía en su gira tuvo que ser llevado a urgencias en una ambulancia y aquello estuvo a puntito de suspenderse. Para charlar sobre el grupo en dicho programa Paloma había contactado con personajes variopintos a los que presentó como “una representación de los fans españoles de los Residents”, entre los que además de yo mismo estaba también alguien a quien muchos conoceréis, Luis Clemente; que también manda güevos que viviendo los dos en el mismo barrio de Sevilla y teniendo intereses musicales comunes tan extravagantes, fuésemos a conocernos allí. Se encontraba además gente tan increíble como un aspirante a escritor que venía de Asturias con el principal propósito de dar a conocer su libro “Tu vecina lava más blanco porque usa tal detergente y nosequé nosecuantos”; otro tío que se sentó a mi lado y que su deporte preferido era despotricar sobre los snobs hasta que Paloma le obligó a confesar que a él mismo no es que los Residents le hiciesen mucho tilín pero que los seguía por snobismo; un chaval muy jovencito y timidito que hacía todo lo que le decía una lagartona cuya frase preferida era “para la gente solo hay dos opciones: cagar o ser cagado”, que se habían escapado de Valladolid para poder venir y que para que no les reconociesen en sus casas salieron en el programa vestidos de nazareno y de momia respectivamente… y otros especímenes más que el tiempo me había borrado del recuerdo. De lo que mi mente mitómana e iconoclasta sí que guardaba memoria cierta es de dos momentos de todo aquello. Que le toqué el culo a uno de los Residents… no penséis mal, es que como no veían muy bien con aquellos globos oculares que tenían por cabeza, durante el ensayo de por la tarde en la grada uno de ellos se había sentado encima de mis pies y tuve que empujarle un poco sin pararme a mirar demasiado dónde ponía las manos. Y que cuando Paloma terminó ya con nosotros y nos dejó libres para disfrutar de aquello como quisiésemos, los cabrones que habían entrado con las invitaciones ya habían acabado con toda la cerveza. Esta noche me apetece revivir en sueños algunos de los momentos pasados como promotor de conciertos en Sevilla, a ver si al menos así no se nos vuelve a fastidiar el que estuvimos casi a punto de organizar con los Residents en el Lope de Vega. ¡Qué bien lo pasábamos en los 80, coño! Buenas noches a todos; que descanséis. Por cierto, yo soy el que aparece hablando en el minuto 42 del video… aunque no sé por qué os lo desvelo, porque os vais a cebar en mis nervios de principiante.

Dormitando esta tarde en el sofá mientras miraba la tele, en uno de esos concursos vespertinos que hay en ella le hicieron a alguien una pregunta sobre Brian May. Y entonces recordé una noche de octubre de 1991, en la que tuve uno de esos raros privilegios que solo ocurren una vez en la vida. Fue durante el festival aquél de “Leyendas de la Guitarra” con el que se inauguró lo que hoy es el Auditorio “Rocío Jurado”. Estaba en una de las primeras filas antes de empezar los conciertos con un conocido con el que mantenía aprecio mutuo desde que nos habíamos encontrado por medio de nuestro común amigo Blas Fernández. Rafa Notario por entonces curraba en el departamento de promoción de EMI, y estaba allí para ponerse a disposición de una de las mayores estrellas de su compañía, que esa noche ejercía de maestro de ceremonias y que, mientras charlábamos, aparecía por el pasillo con otros dos señores. Fui con él a la presentación y así pude conocer durante unos minutos a Brian May, que me ofreció su mano y unas palabras de saludo. Me mantuve al margen, pero en la charla que tenían pude enterarme de algo que era una primicia, aunque estuviese en boca de todos. Todo eran habladurías, nadie supo nada concreto hasta que el propio Freddie Mercury lo anunció personalmente el día antes de fallecer un mes y medio después. Pero desde esa noche yo ya sabía sin lugar a dudas que el sida estaba terminando con él, y así lo dije la tarde siguiente en mi pequeño rincón radiofónico, aunque sin repercusión alguna. Esta noche me apetece revivir en sueños alguna de aquellas tardes pegado al micrófono del estudio de Radio Aljarafe. Porque, aunque la música ya me ha hecho asomar a la prensa generalista y especializada, a la televisión, a la organización de conciertos, a la red… lo que más echo de menos sin duda ninguna es mi queridísima radio. Así que, esta noche, para todos los habitantes de Oniria… subimos el volumen y comenzamos… “Hola ¿qué tal?. Buenas noches a todos. Como todos los días a esta hora, los que estamos aquí hemos preparado para vosotros un programa lleno de rock…….”

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2 Comments

  • El dia 12.10.2012, .juan a. uno de los dos dijo:

    Había que elegir o el desfile o “la edad de oro”, no hay color Carrascus, la edad, pedazo de programa que alguna vez que otra seguí.

    Yo, este tipo de música no es que la siguiera mucho ¡ya sabes el rock era lo que me mas nos llenaba, casi por completo! Aunque escuchando a The Residents, me acabo de acordar que había un bar (la luna) en el que yo a veces paraba para charlar en plan tranquilo con los amíguetes, donde el decorado era prácticamente un paisaje lunar, y la música, muy de este estilo…seguro que lo pinchaban…era como desconectar de las dosis de decibelios.

    No estoy de acuerdo contigo, la muleta que nos ofrece The Residennts, en el espectáculo, con esas laminas y esos tétricos dibujos, hace que por lo menos yo los entienda…de otra manera seria casi imposible. Con el paso del tiempo estos tíos no han perdido un ápice de frescura.

    Por cierto tienes una voz muy radiofónica!! ¿Has hecho radio alguna vez? jejeje
    Salud

    • El dia 12.10.2012, carrascus dijo:

      Jejeje… pues sí, amigo Juan Antonio; como ya habrás leido en el último de los textos, lo que mas echo de menos es precisamente la radio. Que empecé a hacer precisamente a raíz de haber conocido a Luis Clemente en este programa de “La Edad de Oro”. Con él empecé a hacer “Píntalo de negro” y a partir de ahí “El Trip de las 5”, “Fiebre del Milenio”…

      Y no me tengas mucho en cuenta lo que digo en el programa… es cosa de que algo había que decir y uno era un poco víctima de los nervios de no haberse visto nunca en otra tan gorda…

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