Atrapado por el blues de Memphis
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DETRÁS DE UN GRAN HOMBRE
Categorías: Forever Young
Carrascus

Nadie duda de que John Coltrane influyese sobre la dirección musical y espiritual de toda una comunidad de intérpretes desde los años 60. Y si hizo eso sobre tanta gente, imagínate cuál sería la influencia sobre su propia esposa.

La pianista Alice McLeod era una veinteañera impresionable cuando se conocieron los dos en un club de jazz de New York en 1962. Cinco años más tarde, ella era una viuda con una gran casa, cuatro hijos y una carrera en solitario que apenas acababa de nacer. Y entonces ocurrió un milagro musical: ALICE COLTRANE creó su propio legado, enormemente influyente también, separado del de su marido; e incluso más divergente aún de las tradiciones del jazz que las salvajes exploraciones de John Coltrane.

Lo que Alice creó fue una fusión tal de músicas… blues funky y ragas indias, jazz moderno y música clásica rusa, espirituales negros e himnos hindúes… que es una prueba de la intensa curiosidad musical que fue desarrollándose en su interior.

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“Via sivanandagar”

Alice Lucille McLeod, que así se llamaba, nació en 1937 en Detroit y fue la quinta de seis hermanos que crecieron en una casa llena de predicadores y de jazz. Alice estudió piano clásico y tocaba el órgano en la iglesia; y con pesos pesados entre los parroquianos, tales como el saxofonista Yusef Lateef y el guitarrista Kenny Burrell, no tardó en picarle el gusanillo del bebop.

Cuando cumplió los 23 años se independizó y por sus propios medios se fue a París a estudiar piano con otro grande del bebop, Bud Powell, y comenzó a calentar el ambiente en los conciertos de otro genial saxofonista, Stan Getz, y del vibrafonista Terry Gibbs. Fue precisamente éste último quien le presentó a su futuro marido, quien a su vez, le presentó a ella toda una forma enteramente nueva de pensar sobre la música, en el que el todo que se creaba era distinto de la suma de las partes que lo constituían; y le enseñó a integrar en su música sus creencias personales, éticas y espirituales junto a una pasión tal que diesen forma a su expresión creativa.

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“Peace on earth”

En 1965 Alice se unió a la última formación de la banda de John Coltrane, sustituyendo a McCoy Tyner, revelándose como una fantástica pianista que había cambiado por completo su estilo, ahora lleno de cadencias envolventes, como mareas, influida por la guía de John.

Alice no era la clase de pianista típico del free-jazz que usaba el piano como un instrumento de percusión después de que Cecil Taylor le hubiese asignado este papel. Ella lo usaba mucho más para darle colorido a la pieza y servir de catalizador para las fusiones de sonido. Sus arpegios, sus trémolos, el constante uso del pedal, todo eso le venía de la formación que estaba adquiriendo como arpista; y aunque a veces este abuso de los pedales le hacía sonar de forma grandilocuente, el predominio del sonido y la resonancia hacía que sus interpretaciones se mezclasen suavemente con las del resto del grupo. Cuando más se notaba la simpleza de sus cambios de acordes era en las baladas, que tenían las funciones armónicas más sencillas que uno se pueda imaginar.

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John Coltrane – “Ogunde” (Alice al piano)

El compromiso espiritual con varias doctrinas orientales que comenzó también a crecer en ella le dio las fuerzas suficientes para sobreponerse a la muerte de su marido, en julio del ’67. Y antes de que 1968 hubiese terminado, Alice había aprendido a dominar por completo el arpa y había comenzado a usar el estudio casero que John había construido y se sumergió en profundas exploraciones espirituales de la mano de gurus como Swami Satchidananda.

Durante los siguientes doce años Alice inventó una mezcla musical absolutamente propia, en la que se podían encontrar conexiones entre lo más familiar y lo más extraño; y una forma nueva de expresar el vocabulario del jazz a través de instrumentos como el sitar, el arpa y el órgano Wurlitzer y colaboraciones con músicos entre los que se incluían Pharoah Sanders, Charlie Haden, Ornette Coleman y Carlos Santana. Cuando la década de los ’70 tocaba a su fin Alice se retiró de la música comercial para dedicarse en cuerpo y alma a ejercer de madre y guía espiritual. Fundó una serie de ashrams y se cambió el nombre a Swamini Turiyasangitananda, con el que editó también varios discos de canciones devocionales de la religión hinduista…

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“Universal consciousness”

No fue hasta muchos años después, en el 2004, cuando sus hijos la convencieron para grabar de nuevo un disco con su nombre, “Translinear light”. El disco fue producido por su hijo Ravi y contaba también con la colaboración de otro de sus hijos, Oran. En él entrelazó de nuevo sus influencias musicales y espirituales. Fue su última grabación antes de fallecer el 12 de enero del 2007.

Para Alice Coltrane hacer música y rendir culto a Dios era la misma cosa, dos aproximaciones al mismo destino. En una de las últimas entrevistas que concedió dijo: “Había veces en que estaba escuchando música y sentía que así estaba alabando a Dios”.

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“The hymn”

El talento musical de Alice, como el de muchos de los músicos que acompañaron a John Coltrane, ha estado ensombrecido por las contribuciones de este hombre, al que casi todos consideran como el último gran innovador del jazz moderno. También es razonable que nos preguntemos si los experimentos vanguardistas de Alice hubiesen recibido la misma atención si ella no hubiese llevado el apellido de Coltrane, sobre todo dado que su concepción musical, en continua expansión, y muchas veces diluida en los híbridos rituales musicales del ashram, iba más allá de las definiciones convencionales del jazz o de cualquier otro género musical identificable.

Pero si nos asomamos a su carrera sin ideas preconcebidas vemos que después de diez años de aprendizaje como pianista en una iglesia Alice compuso e interpretó piezas de estilos muy variados: gospel, bebop, rhtyhm and blues, música clásica, free jazz y música devocional hindú repartidas en los más de veinticinco discos que tenía ya editados a mitad de los años 70, llenos de composiciones originales y de virtuosas improvisaciones grabadas para los sellos Impulse y Warner Brothers con algunos de los gigantes del jazz más canónico y del más libre, como Pharoah Sanders, Leroy Jenkins, Roy Haynes, Cecil McBee, Rashied Ali, Reggie Workman o Ron Carter.

Sus discos no solo contienen piezas compuestas para ser interpretadas con la instrumentación standard del jazz, a base de contrabajo, batería y piano, sino que rebosan también de otras para arpa, órgano, cuerdas, coros… adaptó composiciones de Stravinsky, Dvorak y de su difunto marido. Se grabó también a sí misma interpretando y cantando su propia versión de los antiguos cantos e himnos hindúes. Y ya sea por razones de marketing o por asociación al nombre de John, Alice Coltrane siempre ha sido considerada una intérprete de jazz, aunque ella, mucho más que música de jazz, lo que ha interpretado ha sido música espiritual.

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Paul Weller – “Song for Alice” (Pieza que el Modfather dedicó a una de sus influencias musicales)

Para bien o para mal, Alice tuvo el destino de muchas otras mujeres de excepcional talento, casadas con hombres reconocidos por su brillantez. Aunque sus propias contribuciones musicales recibieron atención, en realidad ella nunca tuvo un trato justo. Durante los últimos años de la década de los 60 muchos de los fans de John Coltrane miraban a Alice como la Yoko Ono culpable de los experimentos anti-jazz de los años finales de John. Y su notoriedad fue agravada posteriormente aún más por el tremendo poder que Alice asumió al hacerse con el control de Jowcol Music, la compañía de su marido, y era la única que poseía capacidad de decisión sobre el material inédito que éste había dejado después de su muerte. Sobre todo, lo que más enfadó a los puristas del jazz fue que se atreviese a regrabar las piezas que incluyó en su disco “Infinity” con overdubs de cuerdas, tamboura e incluso solos completos interpretados por ella misma, o la reconstrucción de “My favorite things”, una de las piedras angulares de la carrera de John Coltrane.

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“My favorite things”

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1 comentario

  • El dia 24.09.2012, carrascus dijo:

    Pues nuevamente hemos alcanzado un número bonito de comentarios; esta vez… 12.000 !!!

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    Y como podéis comprobar ahí arriba el que ha escrito el comentario de ese número ha sido nuestro amigo Manolo P, el de los Numerus Clausus.

    En las veces anteriores que los lectores han escrito comentarios con los números múltiplos de 1.000 les permití (como pequeño premio) que ellos mismos eligieran un tema para desarrollar en el blog… así que amigo Manolo, le doy a elegir, o me dice usted algo sobre lo que le interese que hablemos aquí, o nos montamos un post bonito sobre Numerus Clausus, hablando de su pasado y de su presente y dándole cancha al próximo concierto de reunión del grupo… música para ilustrarlo tengo yo por aquí, quizás me harían falta algunas fotos más de las que yo pueda encontrar en mis archivos e intercambiarnos algunas conversaciones, ya sea por medio de emails o ante unas cervecitas… espero sus noticias.

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    Si quieres poner una afoto en tu comentario, pega el enlace aquísh. Muuusho cuidao con lo que ponemoh.