Atrapado por el blues de Memphis
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DREAMER, YOU’RE NOTHING BUT A DREAMER (6ª Semana)
Categorías: Tangled up in blue
Carrascus

Yo no tengo sueños, yo vivo dentro de ellos… (Manolo Solo)

Uno hace por sus hijos cosas que no haría por sí mismo ni loco. La primera vez que pensé esto no fue a mí en realidad a quien se le ocurrió, sino a Antonio Cuervas, a quien yo conocía por asuntos laborales, mientras veíamos lo que un señor estaba haciendo en su juguetería unos días antes de Reyes. Y hoy me vuelve a la memoria, cuando mi hijo ha terminado todo el protocolo para irse a terminar la carrera a La Sorbona, y a su madre y a mí nos toca renunciar a tantas cosas por mantenerlo en la ciudad más cara de Europa sin que pase mucha hambre. Pero todas esas cosas se hacen con una sonrisa de aceptación y cariño. No se me ocurría con qué canción ilustrar todo esto hasta que me acordé de “Te recuerdo Amanda”. Víctor Jara se la dedicó a su hija, también llamada Amanda como su abuela. La niña era diabética y su padre quiso transmitirle con esta canción el concepto de amor entre padres e hijos, lo que en este caso es especialmente meritorio porque el padre de Víctor, este Manuel que aparece en la canción, está muy idealizado en ella. En realidad era un campesino asustadizo que tenía problemas con la bebida y con una actitud que no era especialmente ejemplar. En algún momento la madre de Víctor, Amanda, incluso fue víctima de la violencia de su marido. Sin embargo Víctor Jara le transmite a su hija una idea totalmente distinta; Amanda va corriendo a la fábrica donde trabajaba Manuel, bajo la lluvia, como una compañera, como una luchadora solidaria con el esfuerzo de su marido. La verdadera historia es que Amanda tuvo que sacar adelante a sus hijos sin la ayuda de Manuel. Esta noche me apetece revivir en sueños alguno de los mejores momentos pasados viendo crecer a mis hijos, viéndoles ascender peldaño a peldaño la escalera de la vida, con su madre diciéndole “subid con cuidado” y yo animándoles a “subir uno más”. Buenas noches a todos; que descanséis.

Hoy he tenido ocasión de compartir barra con algunos músicos sevillanos. Y la verdad es que a veces llegan a ponerse bastante peñazos contándote su vida y milagros. Sin ánimo de señalar, algunos de los guitarristas con los que me cruzo podían aprender algo de Rory Gallagher, al que no le gustaba siquiera que hablasen de él. Fijaos si era modesto que cambió su nombre de Liam (sí… se llamaba Liam Gallagher, jejeje) a Rory, porque no hay ningún santo que se llame Saint Rory y por tanto ningún día en que la gente se empeñase en felicitarle. Cualquier músico de medio pelo se pasaría el día contándole a todo el mundo que le quisiera oír lo bueno que es y la cantidad de discos que ha vendido, sin embargo nunca nadie le oyó decir a Rory Gallagher que durante su carrera había vendido más de 30 millones de discos, como así ocurrió. Porque él lo decía todo con su guitarra; no en balde ha sido uno de los mejores bluesmen del mundo y con la primera Stratocaster que llegó a Irlanda era capaz de hacer cosas como ésta del vídeo. Esta noche me apetece revivir en sueños alguna de las charlas, acodados en las barras de “El Amor de la Calle”, del “Fun Club”, del “Berlín”, con alguno de los músicos que trajimos a tocar aquí, relajados después del concierto, sin apenas mencionar la música para nada, solamente hablando de Sevilla, de política, de baloncesto, de los viajes, de comida, de cervezas… Buenas noches a todos; que descanséis.

¿A vosotros os gustan las guitarras guarras? A mí me encantan. Llamo así a las guitarras que suenan disonantes, entre acoples, tan tapadas por el peso de la percusión que para hacerse oír tienen que estar a un volumen tal que las distorsiona. Pero sin perder el sentido de la melodía. Hay múltiples ejemplos en el hardcore, o entre los discos de Sonic Youth, o Neil Young… pero he puesto el vídeo de un guitarrista que también ha sido siempre otra de mis debilidades: J. Mascis. Las melodías quebradizas y la guitarra abrasiva fueron su marca de fábrica, y esta canción que he elegido me gusta sobre todo porque casi desde que empieza a sonar se establece una lucha entre la batería y la guitarra de la que 17 segundos después de los dos minutos sale ésta vencedora con un arreón final que se convierte en un magnífico solo. Cortito y por derecho… Anoche, aunque no generalicé en ningún momento, pero puede que fuese algo injusto con los músicos sevillanos, a los que tanto quiero; porque, al fin y al cabo ¿a quién no le gusta hablar de sí mismo? ¿qué coño es lo que hago yo, si no, escribiendo esto cada día? Por eso esta noche me apetece revivir en sueños alguno de los ratos pasados con ellos, sudando en locales de ensayo insalubres, emborrachándonos en bares igual de insalubres, saltando con su música en conciertos en garitos más insalubres aún, manteniendo con ellos la amistad que nos une, ésta sí total y absolutamente sana. Buenas noches a todos; que descanséis.

Mi tío Frangollo tenía la tele más rara que yo había visto en mi vida: ¡funcionaba conectada a la batería de un coche! Mi tío tenía una vaquería entre San Jerónimo y El Higuerón… bueno, en realidad no era suya, él era un subarrendado de Don Torcuato Luca de Tena, que era el terrateniente dueño de todas aquellas vaquerías. Era muy divertido ir a su casa porque aunque no había agua corriente ni electricidad ni nada mi hermano y yo nos divertíamos mucho jugando con las vacas (a los toros, aunque mansos, nos daba miedo acercarnos), nos subíamos a las higueras, nos comíamos los melones que cortábamos nosotros mismos del mato, nos reíamos con los cabreos que cogían entre ellos los mozos que trabajaban allí por culpa de unas discusiones que no entendíamos sobre cosas que estaban pasando en España, en París, en Praga, en China… con el tiempo supe que eran jóvenes con ideas comunistas, fascistas; seminaristas y estudiantes que se iban voluntarios (aún no sé por qué) a trabajar entre las vacas y el estiércol para hacerse hombres maduros o algo así… allí aprendí a montar en bicicleta; en una BH muy destartalada que nos dejaba uno de aquellos mozos y con la que, sin apenas llegar a los pedales, corríamos mi hermano y yo por la orilla del cauce del nuevo Tamarguillo, de punta a punta, por turnos; uno en la bici y el otro en el burro que tenía mi tío, cuando llegábamos a un extremo nos cambiábamos de montura. Esta noche me apetece revivir en sueños alguna de aquellas mañanas soleadas en las que mis huesos todavía eran de goma y cuando me caía de un árbol, o rodaba por el terraplén del arroyo, o me empotraba en una poza con la bici encima de mí, me levantaba como si tal cosa y seguía siendo un niño alegre y feliz. Buenas noches a todos; que descanséis.

Cuando alguien se dedica a vender ilegalmente una cosa que sirve para alimentar las pasiones de los demás… ¿es un camello? Yo lo hice durante algún tiempo, pero no para lucrarme con ello. Lo de las copias de discos en cassettes nunca fue un negocio. Aparte de que de todas formas nunca hubiese dado para mucho, solo era por compartir cosas con mis compis de COU, ya que yo tenía un contacto que conseguía discos de Génesis, Zappa, Crimson… que en aquella época (estamos hablando de 1973) era prácticamente imposible conseguir de otro modo para la mayoría de la gente. Y por supuesto, encima que se los conseguía no iba a pagárselos yo también… pero nunca lo hice con ánimo de lucro… lo juro por mi cinta de “Thick as a brick”… Esta noche me apetece revivir en sueños algunos de aquellos momentos en el COU del “Fernando de Herrera”, donde por primera vez comencé a darme cuenta de que por ahí había otros tipos que estaban tan locos como yo por la música, e incluso mucho más… Buenas noches a todos; que descanséis.

Probablemente fuese 1.971, con mis recién estrenados 14 añitos, el año de los primeros recuerdos musicales más consistentes. El año de los primeros amigos con intereses musicales comunes, de las tardes de los sábados sintonizando a duras penas la emisora de la base americana de Rota, de Radio Vida y su programación musical. Y del cambio del single al LP. El primer disco grande que me compré fue el “Madman across the water” del Elton John que nunca debió cambiar. Y la verdad es que no lo conservo, lo que me da bastante rabia sobre todo porque en España salió a través del club “Discolibro” con una portada completamente diferente a la original, que es con la que ha seguido reeditándose hasta ahora. Esta noche me apetece revivir en sueños las primeras charlas con amigos sobre Emerson, Lake & Palmer, Bowie, Pink Floyd, Jethro Tull, al sabor de las primeras cervezas en los bares. Buenas noches a todos; que descanséis.

¿Quién se acuerda todavía de las máquinas de escribir? Yo tengo una Olivetti Valentine roja, de las que venían en una funda de plástico duro que parecía una lata de gasolina. La tenía por ahí arrumbada sin echarle mucha cuenta, hasta que un día en un libro de esos de diseños venía catalogada como uno de los artículos más buscados del art-pop y decía de ella que, junto a la botella de coca-cola, la Fender Stratocaster y algunas cosas más era una joya de diseño del siglo XX… desde entonces la muestro orgulloso en una de las estanterías del salón. Me la regalaron mis padres por mi cumpleaños, pero no logro recordar en cuál de ellos. La usé durante muchísimo tiempo hasta que me compré yo mismo una Olivetti eléctrica, que fue la transición a los ordenadores actuales. Pero con aquella Valentine fue con la que comencé años después a escribir sobre música y mis primeros artículos publicados se escribieron a golpe de sus duras teclas; de hecho, aquí en casa la tengo expuesta con las hojas originales metidas en su carro mecánico del artículo sobre la disolución de Nacha Pop que escribí para el Rock De Lux y los lectores votaron como mejor artículo del año. Esas hojas muestran también la huella de las equivocaciones, de los cambios de ideas mientras escribía, en suma, de todas las correcciones realizadas sobre la marcha. Ahora basta con marcar y borrar, pero antes era muy normal tener que rehacer toda la hoja que estabas escribiendo varias veces. Para los errores más pequeños tenía yo unas tiritas que por una cara tenían una especie de cera blanca, parecido a los tipex de ahora, que la ponías sobre la letra que querías corregir, dabas a la tecla y… voilá; habías escrito encima una letra igual que la anterior pero en blanco, con lo cual no se notaba. Ahora podías volver a escribir encima la letra que te diese la gana. No era tecnología punta, ni era un dechado de pulcritud… pero funcionaba. Esta noche me apetece revivir en sueños alguna de aquellas sesiones enfrentado a la máquina de escribir, porfiando con ella para extraerle algunos folios con los inmaduros textos que devinieron en esta afición a juntar letras que ahora me domina, me consume… y me da la vida. Buenas noches a todos; que descanséis.

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4 Comments

  • El dia 07.09.2012, EuLaliA dijo:

    Tio, ya estas tardando en escribir un libro con todos estos recuerdos. Estas perdiendo el tiempo como electronico.

  • El dia 08.09.2012, .juan a. uno de los dos dijo:

    Así que el nido se queda vació…me ha encantado la historia de Victor jara (como siempre aprendiendo)¿por cierto en el post anterior era el Gordo? si es él que gran honor, aunque sea betico.
    Estoy con Lali, ya tienes dos ejemplares vendido.
    Un abrazo

    • El dia 09.09.2012, carrascus dijo:

      Pues sí, amigo Juan Antonio; el nido se queda vacío. Aunque el síndrome al que le da nombre no nos va a pegar demasiado fuerte porque ya tenemos experiencia de diez años con la niña fuera y porque al niño, aunque ahora en París esté más lejos, pero tampoco es que le viésemos demasiado el pelo porque casi vivía en casa de su tía, más cerca de la facultad y sus amigos que en nuestra casa.

      Y sí; las pistas te han llevado bien a conocer quién era el futbolista.

      Muchas gracias por tus últimas frases.

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