EL CENTRO DEL MUNDO

Ya se había construido una enorme reputación a través de una sólida y homogénea colección de obras de jazz, pero cuando ROY AYERS conoció al percusionista nigeriano Fela Anikulapo-Kuti en 1979 supo que era el momento de replantearse sus pensamientos musicales y espirituales.

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“Land of fruit and honey”

Fela Kuti fue quien le dijo a Roy Ayers que éste era un descendiente directo de la tribu Yoruba y le habló de su herencia africana. Y eso hizo que Roy se sintiese en deuda y se comprometió a mostrárselo al resto del mundo. Ése fue el motivo por el que se embarcó en la grabación del colosal disco “Africa, Center of the World”, el que hacía ya el número 32 en su carrera discográfica y rompía todos los esquemas que había mantenido en ésta hasta entonces.

Atendiendo a las letras de sus canciones, el disco es toda una guía de viajes a lo largo del río Niger. Y musicalmente no se parece en nada a lo que Roy Ayers había creado previamente; es un excitante experimento de vuelta al futuro llena de afrobeat mezclado con rítmos de reggae, mezclados a su vez con fuertes latidos de funky, y éstos con fascinantes cantos tribales de mujeres lideradas por Sylvia Striplin, su compañera en el sello Polydor, que contó con la colaboración de Carla Vaughn y Marva Hicks. Y todo ello, por supuesto, respaldado por la hipnótica maestría del vibráfono de Roy.

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“I’ll just keep on trying”

Fue el contable de Roy Ayers, que también trabajaba para Fela Kuti, quien sugirió el inspirador encuentro entre los dos músicos, ya que pensaba que eran almas gemelas. Roy se unió a Fela y durante siete semanas estuvo con él de gira por lugares a los que los músicos no van normalmente. Tocaron en 20 ciudades diferentes, que muchas veces eran violentas y daban miedo. A veces, aquello en lugar de una gira parecía un safari; para Roy fue una experiencia alucinante.

Los dos músicos juntos grabaron además un EP de dos canciones para el sello Celluloid, titulado “Music of many colors”, de las que Fela contribuyó con la que se titulaba “Africa, Center of the World”, más melódica que la que proporcionó Roy, “2000 blacks got to be free”, todo un golpe directo a los sentidos. Después de aquello Roy Ayers volvió a New York con una misión que cumplir; aquel disco no había sido suficiente, tenía que compartir sus experiencias, quería que todo el mundo supiese lo que había visto y sentido en África.

Pero cuando lo propuso, su compañía discográfica se mostró bastante preocupada; en aquellos momentos las relaciones de los Estados Unidos con Libia eran muy volátiles; recordad que a finales de 1979 el ejército de Gaddafi expulsó a los diplomáticos de la embajada americana de Trípoli y le pegó fuego al edificio y Jimmy Carter declaró a ese país enemigo de los USA por su apoyo al terrorismo internacional. Roy Ayers tuvo que desplegar toda su capacidad de seducción con los ejecutivos de Polydor, pero por fin consiguió que aceptasen su idea.

Para dar título a su nueva obra eligió el mismo que Fela Kuti le había dado a la canción que habían grabado poco antes, lo que le llevó de nuevo a chocar con los del sello, que no veían nada claro eso de declarar a África como el centro del mundo, en vista de las relaciones que mantenían actualmente con ese continente. Roy tuvo de nuevo que convencerles de que el título era una mera referencia geográfica, ya que realmente África es el centro del mundo porque tanto la latitud como la longitud de 0 grados se encuentran en ella.

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“Africa. Center of the World”

Grabado en los estudios Sigma de New York y en los Artisan Sound de California, el disco tardó cuatro meses en completarse, algo también muy singular en la carrera de Roy ya que éste solía editar una media de dos o tres discos al año. Una buena parte del problema en esta tardanza era la dificultad de meter a 25 músicos a la vez en el estudio, muchos de los cuales habían acompañado a Roy en su gira nigeriana y otros muchos también habían tenido que volar a New York solo para esto. Grababan 24 horas al día. No paraban, ni querían parar; comían y dormían en dependencias de los estudios, que se convirtieron en el hogar de todos ellos.

Roy Ayers compuso nueve de las once piezas del disco y recuperó “The Third Eye”, una de las canciones que nunca faltaban en sus conciertos desde que la grabase en el “Everybody loves the sunshine” en 1976. Aquí la convirtió en una inspiradora canción de ritmo más rockero que el sedoso que tenía la original, que estaba basada (y podía haber entrado de lleno en el post que escribí hace dos semanas) en el concepto de “el tercer ojo” que el escritor libanés Kahlil Gibran describió en algunos de sus textos. Gibran mantenía que todos teníamos originalmente un solo ojo, pero que a causa de nuestra estupidez nos concedieron dos, por eso estamos bizcos actualmente; en sus obras, Gibran hablaba sobre la sabiduría, los sonidos, las visiones asociadas con el ojo pineal, y Roy Ayers quiso encapsular todo eso en un disco.

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“The Third Eye”

Roy se rodeó también de muchos de sus antiguos colaboradores, conversos como él a los nuevos sentimientos africanos, para sacar adelante este disco. Jaymz Bedford, el hombre con quien compartía los vibráfonos de su primera formación, The Latin Lyrics, estaba detrás de la pieza más épica del disco: “There’s a masterplan”. Cuando grabaron esta canción, lo hicieron primero como “There’s a music man”, pero el propio Roy, sin embargo, cambió la letra… “Hay un plan maestro / para reunirlo todo de nuevo”… También Edwin Birdsong, que formase parte anteriormente del grupo Ubiquity de Roy, pero que resulta más conocido por su “Rapper Dapper Snapper” en solitario de 1980, fue quién ayudó a reescribir el “Africa, Center of the World” de Fela Kuti, rehaciendo todos los arreglos de la canción.

La creatividad sobrevolaba las cabezas de los músicos. Había un inmenso sentimiento de espiritualidad subyacente en todas las sesiones. Roy rememoraba constantemente los momentos pasados en Nigeria; había en su interior un ansia real de volver a estar cerca de Fela y de su pueblo. Cuando escucharon por primera vez la obra terminada las lágrimas afloraron a los ojos de todos, que describieron aquel momento como una de las experiencias más maravillosas de sus vidas. A pesar de todos los que había editado ya, aquél fue el disco del que Roy Ayers se mostraba más orgulloso: “Se puede sentir la sensibilidad y el mensaje de lo que se dice en él”.

Siéntela… escúchalo… es el alma de África… es el latido de su corazón…

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“There’s a masterplan”

DETRÁS DE UN GRAN HOMBRE

Nadie duda de que John Coltrane influyese sobre la dirección musical y espiritual de toda una comunidad de intérpretes desde los años 60. Y si hizo eso sobre tanta gente, imagínate cuál sería la influencia sobre su propia esposa.

La pianista Alice McLeod era una veinteañera impresionable cuando se conocieron los dos en un club de jazz de New York en 1962. Cinco años más tarde, ella era una viuda con una gran casa, cuatro hijos y una carrera en solitario que apenas acababa de nacer. Y entonces ocurrió un milagro musical: ALICE COLTRANE creó su propio legado, enormemente influyente también, separado del de su marido; e incluso más divergente aún de las tradiciones del jazz que las salvajes exploraciones de John Coltrane.

Lo que Alice creó fue una fusión tal de músicas… blues funky y ragas indias, jazz moderno y música clásica rusa, espirituales negros e himnos hindúes… que es una prueba de la intensa curiosidad musical que fue desarrollándose en su interior.

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“Via sivanandagar”

Alice Lucille McLeod, que así se llamaba, nació en 1937 en Detroit y fue la quinta de seis hermanos que crecieron en una casa llena de predicadores y de jazz. Alice estudió piano clásico y tocaba el órgano en la iglesia; y con pesos pesados entre los parroquianos, tales como el saxofonista Yusef Lateef y el guitarrista Kenny Burrell, no tardó en picarle el gusanillo del bebop.

Cuando cumplió los 23 años se independizó y por sus propios medios se fue a París a estudiar piano con otro grande del bebop, Bud Powell, y comenzó a calentar el ambiente en los conciertos de otro genial saxofonista, Stan Getz, y del vibrafonista Terry Gibbs. Fue precisamente éste último quien le presentó a su futuro marido, quien a su vez, le presentó a ella toda una forma enteramente nueva de pensar sobre la música, en el que el todo que se creaba era distinto de la suma de las partes que lo constituían; y le enseñó a integrar en su música sus creencias personales, éticas y espirituales junto a una pasión tal que diesen forma a su expresión creativa.

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“Peace on earth”

En 1965 Alice se unió a la última formación de la banda de John Coltrane, sustituyendo a McCoy Tyner, revelándose como una fantástica pianista que había cambiado por completo su estilo, ahora lleno de cadencias envolventes, como mareas, influida por la guía de John.

Alice no era la clase de pianista típico del free-jazz que usaba el piano como un instrumento de percusión después de que Cecil Taylor le hubiese asignado este papel. Ella lo usaba mucho más para darle colorido a la pieza y servir de catalizador para las fusiones de sonido. Sus arpegios, sus trémolos, el constante uso del pedal, todo eso le venía de la formación que estaba adquiriendo como arpista; y aunque a veces este abuso de los pedales le hacía sonar de forma grandilocuente, el predominio del sonido y la resonancia hacía que sus interpretaciones se mezclasen suavemente con las del resto del grupo. Cuando más se notaba la simpleza de sus cambios de acordes era en las baladas, que tenían las funciones armónicas más sencillas que uno se pueda imaginar.

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John Coltrane – “Ogunde” (Alice al piano)

El compromiso espiritual con varias doctrinas orientales que comenzó también a crecer en ella le dio las fuerzas suficientes para sobreponerse a la muerte de su marido, en julio del ’67. Y antes de que 1968 hubiese terminado, Alice había aprendido a dominar por completo el arpa y había comenzado a usar el estudio casero que John había construido y se sumergió en profundas exploraciones espirituales de la mano de gurus como Swami Satchidananda.

Durante los siguientes doce años Alice inventó una mezcla musical absolutamente propia, en la que se podían encontrar conexiones entre lo más familiar y lo más extraño; y una forma nueva de expresar el vocabulario del jazz a través de instrumentos como el sitar, el arpa y el órgano Wurlitzer y colaboraciones con músicos entre los que se incluían Pharoah Sanders, Charlie Haden, Ornette Coleman y Carlos Santana. Cuando la década de los ’70 tocaba a su fin Alice se retiró de la música comercial para dedicarse en cuerpo y alma a ejercer de madre y guía espiritual. Fundó una serie de ashrams y se cambió el nombre a Swamini Turiyasangitananda, con el que editó también varios discos de canciones devocionales de la religión hinduista…

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“Universal consciousness”

No fue hasta muchos años después, en el 2004, cuando sus hijos la convencieron para grabar de nuevo un disco con su nombre, “Translinear light”. El disco fue producido por su hijo Ravi y contaba también con la colaboración de otro de sus hijos, Oran. En él entrelazó de nuevo sus influencias musicales y espirituales. Fue su última grabación antes de fallecer el 12 de enero del 2007.

Para Alice Coltrane hacer música y rendir culto a Dios era la misma cosa, dos aproximaciones al mismo destino. En una de las últimas entrevistas que concedió dijo: “Había veces en que estaba escuchando música y sentía que así estaba alabando a Dios”.

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“The hymn”

El talento musical de Alice, como el de muchos de los músicos que acompañaron a John Coltrane, ha estado ensombrecido por las contribuciones de este hombre, al que casi todos consideran como el último gran innovador del jazz moderno. También es razonable que nos preguntemos si los experimentos vanguardistas de Alice hubiesen recibido la misma atención si ella no hubiese llevado el apellido de Coltrane, sobre todo dado que su concepción musical, en continua expansión, y muchas veces diluida en los híbridos rituales musicales del ashram, iba más allá de las definiciones convencionales del jazz o de cualquier otro género musical identificable.

Pero si nos asomamos a su carrera sin ideas preconcebidas vemos que después de diez años de aprendizaje como pianista en una iglesia Alice compuso e interpretó piezas de estilos muy variados: gospel, bebop, rhtyhm and blues, música clásica, free jazz y música devocional hindú repartidas en los más de veinticinco discos que tenía ya editados a mitad de los años 70, llenos de composiciones originales y de virtuosas improvisaciones grabadas para los sellos Impulse y Warner Brothers con algunos de los gigantes del jazz más canónico y del más libre, como Pharoah Sanders, Leroy Jenkins, Roy Haynes, Cecil McBee, Rashied Ali, Reggie Workman o Ron Carter.

Sus discos no solo contienen piezas compuestas para ser interpretadas con la instrumentación standard del jazz, a base de contrabajo, batería y piano, sino que rebosan también de otras para arpa, órgano, cuerdas, coros… adaptó composiciones de Stravinsky, Dvorak y de su difunto marido. Se grabó también a sí misma interpretando y cantando su propia versión de los antiguos cantos e himnos hindúes. Y ya sea por razones de marketing o por asociación al nombre de John, Alice Coltrane siempre ha sido considerada una intérprete de jazz, aunque ella, mucho más que música de jazz, lo que ha interpretado ha sido música espiritual.

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Paul Weller – “Song for Alice” (Pieza que el Modfather dedicó a una de sus influencias musicales)

Para bien o para mal, Alice tuvo el destino de muchas otras mujeres de excepcional talento, casadas con hombres reconocidos por su brillantez. Aunque sus propias contribuciones musicales recibieron atención, en realidad ella nunca tuvo un trato justo. Durante los últimos años de la década de los 60 muchos de los fans de John Coltrane miraban a Alice como la Yoko Ono culpable de los experimentos anti-jazz de los años finales de John. Y su notoriedad fue agravada posteriormente aún más por el tremendo poder que Alice asumió al hacerse con el control de Jowcol Music, la compañía de su marido, y era la única que poseía capacidad de decisión sobre el material inédito que éste había dejado después de su muerte. Sobre todo, lo que más enfadó a los puristas del jazz fue que se atreviese a regrabar las piezas que incluyó en su disco “Infinity” con overdubs de cuerdas, tamboura e incluso solos completos interpretados por ella misma, o la reconstrucción de “My favorite things”, una de las piedras angulares de la carrera de John Coltrane.

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“My favorite things”

EL LIBRO DEL BUEN CANTOR

Las vacaciones de verano van quedando atrás. Comenzamos la rutina diaria que, muchas veces no tenemos muy claro, si nos esclaviza o nos libera. Esta época del año tiene en común con el Año Nuevo que siempre nos hacemos algunos propósitos que dejamos morir al cabo de poco tiempo. Sin embargo yo esta vez quiero hacerme uno que pueda mantener: volver a ser el buen lector que siempre fui. En los últimos años, entre buscar documentación, escribir, visitar casas virtuales y cruzar textos con los amigos de la red, he dejado olvidados en los estantes multitud de libros que me miran ceñudos cuando me tienen cerca y ven que los he cambiado por la visión de una de las múltiples series que sigo en la tele.

Y para que me sirva de empujoncito, el primer post de la nueva temporada va servir para unir estas dos grandes pasiones que tengo, la música y los libros. Voy a hablar de cómo los libros han inspirado muchas veces a nuestros músicos favoritos para crear algunas de sus obras más conocidas. Y después, si queréis, en los comentarios habláis vosotros también de libros… incluso podéis recomendar a los demás una lectura que les haga tener que dejarlo todo para buscarla y sentarse a leer. Y si la lectura de libros os quita algo de tiempo para la lectura del blog, os lo perdono, venga…

Y aunque a mí este libro no me terminó de gustar, pero vamos a comenzar con la historia de aquel asesino en serie que Patrick Süskind escribió a mediados de los ’80: “El perfume”.

Casi una década después Kurt Cobain se inspiró en ese libro para escribir “Scentless apprentice”. En realidad, Kurt era algo así como un perfumista frustrado, que siempre sintió una fascinación especial por los olores (¿hay que recordar el título de su canción más famosa…?) y que se sentía totalmente identificado con Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista de “El perfume”, que como había nacido sin olor corporal, robaba los olores de sus víctimas para conseguir un olor para él.

Menos mal que nuestro sensible Kurt no llegó a escuchar a los Rammstein haciendo “Du riechst so gut”, que en alemán quiere decir, más o menos, “hueles muy bien”, y que también salió de la misma fuente de inspiración.

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Nirvana – “Scentless apprentice”

En la novela que Albert Camus escribió en 1942, “El extranjero”, su protagonista, el señor Meursault, dispara a un árabe en la playa, cometiendo así el absurdo crimen que 36 años más tarde inspiró a Robert Smith para escribir la canción “Killing an arab”, el single con el que comenzó la andadura musical de The Cure.

El presidente Bush solía decir que esta obra de Camus era uno de sus libros preferidos, así que no es extraño que tuviese esta canción en su iPod presidencial cuando hacía sus ejercicios en bicicleta, porque cuando los Cure editaron en los USA su colección de grandes éxitos, “Standing on a beach” (un título con las mismas connotaciones que el de la canción) hizo que apareciese con una de esas etiquetas adhesivas de advertencia, por contener “Killing an arab”.

Ese título ha hecho pensar siempre a la gente que se trataba de una canción xenófoba que promovía la violencia contra los árabes, cuando Robert Smith siempre ha dicho que en realidad era solo “un leve intento poético de condensar mis impresiones sobre los momentos clave de ‘El Extranjero'”.

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The Cure – “Killing an arab”

A mediados de los ’90, precisamente cuando muchos americanos estaban angustiados ante la posibilidad de enfrentarse a cuatro años más de gobierno del mencionado presidente Bush, hubo en el país una escalada de concienciación social y de lucha por las libertades que llevó a uno de sus iconos, Bruce Springsteen, a conjurar al fantasma de Tom Joad, el héroe de “Las uvas de la ira”, la obra que John Steinbeck escribió en 1940.

Tom Joad había salido de la cárcel para encontrarse al regresar a su casa que toda su familia había tenido que marcharse en busca de otra ciudad en la que poder sobrevivir a la Depresión mejor de lo que podían hacerlo aquí. Solamente encontraron a otros trabajadores como ellos que combatían sus frustraciones volcándolas sobre estos intrusos a los que no veían como iguales, sino como a buitres que venían a robar lo que les correspondía a ellos por derecho. Tom se convirtió en el valedor de los más deprimidos, aunque para ello tuviese que matar y arriesgarse a volver a la cárcel para siempre.

“The ghost of Tom Joad” fue una canción que permitió al Boss reflexionar sobre la pobreza, los prejuicios, la falta de vivienda y el miedo. Al igual que ocurría con el activismo social de los años 30 que reflejaba la novela de Steinbeck, Bruce intentó trasplantar ese sentimiento al año 1995 para “dar voz a los invisibles y a los ignorados, a los indigentes y a las personas que no tenían derecho a voto”.

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Bruce Springsteen – “The ghost of Tom Joad”

Apenas un año después de que Douglas Copland popularizase en 1991 el término “Generación X”, a causa de la novela del mismo título que publicó, volvió a los escaparates de las librerías con una segunda obra llamada “Planeta Champú”, bastante más convencional y menos celebrada que la primera.

Aún así, se ve que Tim Burgess fue de los pocos a los que enganchó la lectura de este segundo libro, porque Tyler, el personaje central, euroadolescente escéptico, clónico, obsesionado por las marcas, la imagen y el placer, y al que aterroriza cualquier clase de compromiso, fue su inspiración para “Jesus hairdo”, la canción central del tercer disco de The Charlatans, editado en 1994.

“Planeta Champú” presenta a unos personajes muy parecidos a los jóvenes españoles actuales, que empiezan a ser mayores y se encuentran ante la disyuntiva de integrarse en una sociedad que no les gusta o mantenerse al margen.

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The Charlatans – “Jesus hairdo”

Una de las novelas más extrañas y experimentales de J. G. Ballard, sobre todo por su construcción a base de otras micronovelas que componen la estructura de la obra, fue “La exhibición de atrocidades”, con la que en 1969 se descubrió como un transgresor capaz de escribir manifiestos como “Por qué quiero follarme a Ronald Reagan”, que era uno de los capítulos de esta novela.

Algunos años más tarde, en 1980, Ian Curtis, además de ponerle a su gato el nombre de “Atrocity exhibition”, escribió también una canción con ese título que formaba parte del segundo disco de Joy Division, “Closer”, editado dos meses después de que Ian se suicidase.

Probablemente, Ian Curtis, al igual que le pasó a Ballard, fue un tipo abducido por sus propias pesadillas, que después vomitaban en textos radicales marcadamente obsesivos. Y también los dos fueron engullidos por los medios oficialistas, de tal forma que el capítulo de esta obra anteriormente citado sobre Reagan, diez años después de escribirlo, fue distribuido en la Convención Republicana de San Francisco como prueba del “sex appeal” subliminal del candidato… y el resultado electoral fue… escalofriante.

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Joy Division – “Atrocity exhibition”

En “Sympathy for the devil”, Mick Jagger nos retrata a alguien que no quiere dar su nombre, pero que está detrás de todo lo malo que ha pasado en el mundo. Este personaje vino a la mente de Mick cuando Marianne Faithfull le regaló el libro “El Maestro y Margarita”, del escritor ruso Mijail Bulgakov. El protagonista de esta obra es Voland, que no es otro que el propio diablo encarnado en hombre.

En la novela, el Diablo y una estrafalaria comitiva llegan a Moscú y allá por donde pasan se suceden los más inverosímiles acontecimientos: arden las casas, el dinero pierde su valor convertido en etiquetas de botellas de vino, honorables ciudadanos aparecen repentinamente en Yalta o Leningrado, hermosas damas se convierten en brujas con escoba voladora… en la canción, el Diablo nos cuenta como estuvo presente cuando Jesucristo tuvo sus momentos de duda y dolor; cuando la revolución rusa se llevó por delante al zar y a sus ministros; cuando sembró la duda sobre el asesinato de Kennedy, siendo él mismo, con nuestra ayuda, el autor del magnicidio…

Esta novela, una de las más importantes de la literatura rusa, no solamente fue la inspiración para la canción de los Stones, sino también para otras muchas más, entre las que las más conocidas son “Pilate”, de los Peal Jam; “Love and destroy”, de Franz Ferdinand o “Amen”, de Jolie Holland.

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The Rolling Stones – “Sympathy for the devil”

Raymond Carver es un autor minimalista americano de esa corriente literaria que llamaron “realismo sucio”. Y dEUS son una banda de rockers maximalistas belgas de esa corriente musical que llamaron “art-rock”.

Raymond Carver escribió en 1981 un relato corto llamado “¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”, en la que ninguno de sus cuatro protagonistas parece aclararse sobre qué significa eso tan nebuloso del “amor”… para una de ellas incluso los golpes que le daba su marido eran una forma de demostrarle su amor…

dEUS escribieron en el 2005 una canción llamada “What we talk about (When we talk about love)”, que estaba inspirada en el relato de Carver, un autor que siempre ha interesado mucho a la gente más vanguardista, no en vano sus obras han inspirado también a otros como Sonic Youth o Cold War Kids para crear su música o a nuestras amigas Carolink y Elena para titular su programa radiofónico sobre libros… un beso, chicas, que sepáis que os sigo…

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dEUS – “What we talk about (When we talk about love)”

A lo mejor sois de ésos a los que los libros gordos les echan para atrás. Así que quizás os interese saber que hay maneras de convertir 12.000 líneas en dos estrofas y un estribillo.

Eso fue, ni más ni menos, lo que el listísimo equipo editorial formado por Becker y Fagen hicieron cuando condensaron “La Odisea” de Homero en la canción “Home at last”, y la publicaron en su disco más conocido, el “Aja”, que publicaron Steely Dan en 1977.

La diferencia es que en el libro, Ulises hace un largo viaje por mar después de la Guerra de Troya, intentando llegar a su casa a pesar de las putadas que le van haciendo los dioses para impedírselo, y en la canción el protagonista va por una super autopista con el único peligro de que el brillante sol le ciegue. Pero los dos siguen amarrados al mástil, escuchando el canto de las sirenas.

Y es que hay quienes piensan que “épico” simplemente significa “farragoso”.

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Steely Dan – “Home at last”

Ah… y ya puesto a daros noticias que no sabíais, quiero deciros también que Eddie sabe leer…

¿De qué otra forma, si no, hubiese sido posible que los Iron Maiden hubiesen dado al mundo canciones de títulos mangados tan descaradamente como “Lord of the flies”, “Phantom of the Opera”, “Loneliness of the long distance runner”, “Murders in the Rue Morgue”, “The rime of the ancient mariner”…? aunque, bien pensado, a la hora de tomar prestados títulos conocidos para ponerle nombre a lo que uno escribe, creo que yo tendría que mirar para otro lado…

William Golding, Gaston Leroux, Alan Sillitoe, Edgar Allan Poe y Samuel Taylor Coleridge presentados por el palo jevi.

Podíamos haber elegido cualquiera de las canciones anteriores, pero me quedo con la que basaron en “Los crímenes de la calle Morgue”. A diferencia del relato de Poe, aquí no sabemos quien fue el asesino de las dos chicas, y es el propio protagonista de la canción, quien tras encontrar los cuerpos, encontrarse manchado de sangre y no hablar ni una palabra de francés para poder explicar la situación, se da a la fuga… y se crea tal paranoia interior que, desde entonces, estuviese donde estuviese, siempre estaba huyendo de la policía francesa.

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Iron Maiden – “Murders in the Rue Morgue”

Y para terminar nuestra asociación de libros y música vamos a hablar de un homenaje literario hecho al revés de los anteriores.

El grupo de rock progresivo que formó parte del Canterbury Sound, aunque su música tenía más raíces jazzys que las de los demás componentes, que se llamaba Hatfield And The North, editó un disco en 1973 llamado “The Rotters’ Club”.

En el año 2001 el autor inglés Jonathan Coe escribió una obra en la que se mezclaban los atentados del IRA y la concienciación política con las chicas, el punk y el rock progresivo. Esa novela no solo se llamó también “The Rotter’s Club”, sino que los Hatfield And The North e incluso su disco, aparecían también en ella.

En la novela, unos chavales intentan encontrar la respuesta a sus preguntas más básicas: ¿Por qué mis padres son tan raros y no me comprenden?, ¿por qué estoy pensando siempre en el sexo?, ¿es verdad que Eric Clapton es Dios?… al final no encuentran las respuestas, pero dejan de buscarlas cuando se dan cuenta de que sus problemas de adolescentes no son nada comparados con los problemas del profundo cambio social que les rodea. Mira, otra novela en la que los personajes también son muy parecidos a los jóvenes españoles actuales…

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Hatfield And The North – “Share it” (Del “The Rotters’ Club”)

Y una vez mostrado el camino, como siempre, os dejo a vosotros que lo sigáis en los comentarios. Os he dejado lo más fácil, las obras literarias que han inspirado a los músicos de aquí. Os dejo una pista:

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Radio Futura – “Annabel Lee”

EL PLANO DE LA ISLA

Hay veces en que algún lector nuevo entra en este blog buscando algo relacionado con la música de Sevilla y se queda en él bicheando a ver qué más puede encontrar. Cuando comenzamos no se nos ocurrió la idea de poner “tags” para marcar los diferentes contenidos y ahora ya es muy tarde para hacerlo porque sería un trabajo de chinos y no nos sobra tiempo para derrochar. Por eso en esta entrada he querido reunir todos los posts que de una u otra forma están relacionados con Sevilla, así todos podréis acceder a ellos sin tener que entrar en el laberinto blogiano para hallar algo que se encuentre escondido en él. También he incluído aquellos que trataban sobre los primeros pasos del rock en España y las primeras bandas que nos inocularon el virus que nos tiene a todos infectados.

 
 

Estos posts van sobre Silvio, el mejor referente para comenzar. Uno es la génesis de la canción “Betis” y el otro va sobre las canciones “religiosas”.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/03/11/musho-beti/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2009/04/08/la-tetralogia-divina/

 
 

Y este es uno muy antiguo, de cuando escribía en otro blog anterior, “Replicante”, repescado para éste, aunque sin música, sobre Semana Santa, Silvio, el Pájaro, etc…

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/articulos_replicante/45-la-sevilla-mariana-es-la-que-parte-la-pana/

 
 

Y aquí algunos enlaces sobre el nacimiento del rock en Sevilla y en España.

 
 


http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/02/03/uhf/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/02/10/tiempos-nuevos/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/02/24/que-tenga-mucho-ritmo-y-que-cante-en-ingles/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/03/13/spain-was-different/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/06/27/lespanya-de-xaranga-i-barretina/

 
 

Este lo escribí sobre Julio Matito.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/09/13/corromperse-por-el-palo-de-la-belleza/

 
 

Este post es la historia del grupo Triana.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2009/12/03/la-revolucion-fue-cantar-al-amor-y-a-los-suenos/

 
 

Y éste la de Imán Califato Independiente.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2007/08/09/la-reconquista-del-califato/

 
 

Éste siguiente es la historia de Los Bravos.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/04/27/vuelta-al-negro/

 
 

Y éste otro es la historia de Los Brincos.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/03/22/operacion-triunfal/

 
 

Aquí tenéis ahora cuatro seguidos que son sobre el concurso de rock que hicieron los bares Bourbon-BarBería y sobre Compañía Malpaso, que fue la banda que lo ganó. El tercero es sobre el concurso que organizó la Diputación, y el cuarto es sobre Paraplejico y los Monos, que fueron quienes ganaron.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/07/31/and-the-winner-is/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/08/06/la-gran-zorra-los-pario/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/08/11/esto-es-sevilla-aqui-hay-que-mamar-fango/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/08/19/gloria-o-muerte/

 
 

Estos cinco que os pongo ahora son sobre los conciertos que se hicieron cuando la Expo.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/11/09/no-digas-que-fue-un-sueno-1%C2%AA-parte/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/11/11/no-digas-que-fue-un-sueno-2%C2%AA-parte/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/11/15/no-digas-que-fue-un-sueno-3%C2%AA-parte/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/11/18/no-digas-que-fue-un-sueno-y-4%C2%AA-parte/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/11/26/no-digas-que-fue-un-sueno-el-banquete-final/

 
 

Y aquí tienes un artículo con la relación de todos los conciertos que se hicieron durante la Expo, tanto dentro de ella como propiciados por su celebración… no veáis el curro que me pegué recopilando datos.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/07/04/que-noches-las-de-aquellos-dias/

 
 

Todos estos de ahora son sobre las “Cita en Sevilla”.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/01/12/la-primera-vez-que-nos-citamos-en-sevilla-los-prolegomenos/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/01/17/la-primera-vez-que-nos-citamos-en-sevilla-el-desarrollo/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/02/08/la-segunda-vez-que-nos-citamos-en-sevilla/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/02/27/la-tercera-vez-que-nos-citamos-en-sevilla/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/03/31/la-cuarta-vez-que-nos-citamos-en-sevilla/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/04/28/la-quinta-vez-que-nos-citamos-en-sevilla/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/06/12/la-sexta-vez-que-nos-citamos-en-sevilla/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/08/02/la-septima-vez-que-nos-citamos-en-sevilla/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/10/05/y-la-octava-vez-que-nos-citamos-en-sevilla/

 
 

Estos cuatro enlaces son la crónica de los años que estuve trayendo a tocar grupos extranjeros a Sevilla con la gente de Producciones Informales.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2007/08/23/y-aun-dicen-que-el-pescado-es-caro-1/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2007/08/27/y-aun-dicen-que-el-pescado-es-caro-2/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2007/08/28/y-aun-dicen-que-el-pescado-es-caro-3/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2007/08/31/y-aun-dicen-que-el-pescado-es-caro-el-desenlace-final/

 
 

Estos enlaces son crónicas de conciertos de Sevilla. Hay escritas algunas más en los comentarios de otros posts, e incluso hay más entradas enteras dedicadas a comentar otros conciertos, pero éstas son las más significativas porque se refieren a conciertos en los que el número de espectadores se podía contar por miles, como el que la Bienal de Flamenco dedicó al Rock Andaluz, o el primero del Boss y AC/DC en el Estadio Olímpico, o incluso el de Bob Dylan en Jerez, aquí cerquita.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2008/09/21/la-noche-de-los-puretas-vivientes/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2009/07/29/necesitamos-que-sevilla-ponga-el-ruido/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/06/27/el-diablo-en-sus-dedos-el-blues-en-su-alma/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2008/07/09/adivina-que-viene-a-cantar-esta-noche/

 
 

Éste es sobre La Pistola de Papá, el grupo de Jose Casas, que fuese el guitarrista de Helio.

 
 
http://www.blogin-in-the-wind.es/2010/12/09/the-kids-are-alright/

 
 

Esto es un recuerdo de cómo empecé yo a interesarme por la música.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2008/08/23/cuentame-como-paso/

 
 

Y esto es más de lo mismo, pero de algunos años más tarde.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2008/04/01/rey-del-glam/

 
 

Éste lo publicamos con motivo del 20º aniversario del Fun Club, y lo volvimos a repescar hace poco, en el 25º aniversario.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2012/02/23/fun-fun-fun-25-divertidos-anos/

 
 

Éste otro fue cuando la fiesta-concierto aniversario del Colectivo Karma.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2011/10/25/el-dificil-camino-del-karma/

 
 

Y éste último es una historia que relaciona el festival de Eurovisión con la vida social de la España y la Sevilla de los 60. No tiene demasiado que ver con todo lo anterior, pero os puede interesar.

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/2008/05/20/vivo-cantando/

 
 

Y qué decir de aquellos viajes de locura que me he metido a veces con tal de disfrutar de buena música en directo…

 
 

http://www.blogin-in-the-wind.es/articulos_replicante/74-la-cochambre-ya-llego/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2007/08/20/y-lou-nos-dio-planton/

http://www.blogin-in-the-wind.es/articulos_replicante/77-from-benicassim-with-love/

http://www.blogin-in-the-wind.es/2007/06/06/%C2%A1que-noche-la-de-aquel-dia/

 
 

Con esto creo que los visitantes puntuales tenéis de sobra… procurad no pillar un empacho.

Con el siguiente post inauguraremos la nueva temporada del blog. Espero poder seguir manteniendo vuestro interés, ya seáis lectores asiduos o de paso.

Besos y abrazos para todas y todos.

I’M JUST A DREAMER WHO DREAMS OF BETTER DAYS (7ª Semana)

¿Dónde está mi sueño de ayer…? (Dogo, el de los Mercenarios)

Una vez cerraron una escuela por mi culpa. Aquello debió ser entre 1967 y 69, no recuerdo exactamente, en las casitas bajas del Polígono. Los directivos de “Educación y Descanso” habían abierto una escuela nocturna para jóvenes currantes y adultos utilizando una de las aulas del colegio del barrio y D. Antonio, un profesor que me conocía y que veía en mí cierto potencial, vete tú a saber por qué, que era quien se encargaba de dar aquellas clases, le propuso a mis padres que asistiese a ellas porque serían un buen complemento a mi educación escolar primaria. Y como mi opinión no importaba lo más mínimo, allí que fui a parar; aunque no me desagradaba, porque me codeaba con tíos muy mayores con los que aprendía también cosas muy diferentes que las que enseñaban en clase. El problema fue que el presidente, D. Benito, pensaba que un niño de poco más de diez años como yo no pintaba nada en aquella reunión de adultos y le dijo a D. Antonio que me sacase de allí. Como éste no atendió a su petición, lo que hizo D. Benito después fue ordenárselo. Y D. Antonio se encaró con toda la directiva diciendo que “para uno que estaba realmente interesado en las clases y que era el que más las aprovechaba, no iba a echarlo de ellas”. El asunto se convirtió en un cisma interno en el que D. Antonio no tenía más remedio que ceder, por lo que la decisión que tomó fue que si yo no iba a las clases no iría nadie más. La directiva le mantuvo el pulso y él cumplió su palabra. No volvió a dar clases y la escuela nocturna se cerró. Esta noche me apetece recordar en sueños aquellos tiempos en que había gente que creía firmemente en mí y en los que yo era todavía un diamante en bruto antes de que realmente se descubriera que al pulirme lo que encontrarían sería un marmolillo. Buenas noches a todos; que descanséis.

Aunque ya no viva en el barrio yo siempre seré un polinganero militante y eso ha hecho que hoy, como hago otras muchas veces, me haya dado una vuelta por mi antiguo barrio para hacer algunas gestiones en sus (bares y) comercios, en los que me conocen tanto como yo conozco a sus dueños. Y mientras lo hacía iba pensando en lo diferente que era ir escuchando en el coche una canción que podía elegir con solo el movimiento de un dedo de entre otras cientos de ellas, de cómo teníamos que ir avanzando el cassette hasta dar con una de entre apenas otras diez o doce; me di cuenta de que sin embargo la escena que presentaba la avenida por la que circulaba no difería en ninguna forma significativa de cómo se hubiese visto en 1967. Bueno, el diseño de los coches ha cambiado, pero se siguen moviendo por el suelo impulsados por motores de combustión, y no hay coches voladores ni teletransportación. Los peatones siguen caminando por las aceras en vez de moverse a gran velocidad en plataformas unipersonales. E incluso la ropa y los peinados de la gente no son especialmente singulares. De acuerdo que al igual que el resto de Sevilla y del mundo muchas calles han cambiado de aspecto, pero desde los semáforos hasta el clásico buzón de correos de al lado de la parada de autobús, pasando por éste mismo o por los taxis que paran enfrente, o el estanco de la esquina, el siglo 21 en mi barrio es penosamente poco futurista. Para un sempiterno fan de la ciencia-ficción como yo, esto es algo brutalmente decepcionante. Por eso esta noche me apetece soñar que vivo en un mundo en el que me puedo ir de vacaciones a la luna; en el que los trenes viajan como un rayo entre continentes a 1500 kilómetros por hora aspirados por el interior de túneles sumergidos; en el que las mochilas con mini-motores a reacción nos pueden hacer volar; en el que mi mujer tienen un robot mayordomo; en el que veo el baloncesto en una televisión tridimensional, cómodamente instalado en mi casa inteligente, que se anticipa a mi humor o mi estado de ánimo con cambios en su interior o simplemente en la decoración o en mantener el frigorífico siempre lleno de mis delicatessen favoritas; o en el que disponemos de algo tan pueril como el traje que nos hace invisibles para poder colarnos en la casa de esa chica que debe estar tan guapa desnuda… Buenas noches a todos; que descanséis.

A mí no me pilló la Selectividad por un año. Sin embargo después la pasé cuatro veces. No sé si esto que voy a contar aquí es conveniente, de todas formas hace tantos años que ya no importa. En los primeros años de la implantación de la Selectividad el control no era nada riguroso. A los que se examinaban les habían dado un carnet con su foto, sí, pero luego nadie te miraba ese carnet; la mecánica para entrar al examen era la siguiente: los estudiantes entraban al aula y se sentaban en unos bancos enormes en los que cabían muchos. Todos iban entregando los carnets al que tenían al lado, de forma que se amontonaban en el extremo del banco, donde uno de los profesores que vigilaba los recogía y los dejaba en la mesa que presidía el aula. Después, a medida que iban terminando el examen, los estudiantes dejaban las hojas en esa mesa, cogían su carnet y salían de allí. Así los dos días, el del examen de las optativas y el de la redacción del texto sobre la conferencia. Por eso pudieron presentarse a hacer el examen algunos que no eran el titular del carnet. Y no es que hubiese una red de suplantadores de alumnos de Selectividad, al menos no me consta, pero sí sé que, con mucho secretismo, por razones obvias, hubo bastante gente que se presentó en lugar de otros menos preparados, y yo fui uno de ellos. A través de mí entraron en la Universidad sevillana cuatro árabes que vinieron para estudiar Medicina, que no estaban seguros de poder pasar el filtro por el idioma o los conocimientos de las asignaturas. Ellos y yo coincidíamos en dos optativas, Matemáticas Especiales y Química, la tercera mía era Física y la de ellos Biología, por lo que tuve que empaparme de esta asignatura por mi cuenta. Pero valía la pena porque la pasta que te daban por entrar te apañaba el verano. A ellos no los llegué a ver nunca más que en foto, pero sé que eran dos libaneses, un jordano y un sirio, de los que mi cuñado palestino me traía en junio y septiembre los carnets y después los talegos. Esta noche me apetece revivir en sueños esa sensación agridulce de peligro que casi nunca más he vuelto a sentir, esa descarga de adrenalina cuando los profesores manipulaban los carnets y el cosquilleo en el estómago cuando eres consciente de que estás haciendo algo ilegal. En sueños no hay consecuencias posteriores. Buenas noches a todos; que descanséis.

En el concierto de los News y Doctor Explosion al que he asistido esta noche, mientras mi amiga Lu decía que hacía tiempo que no veía un pogo en las primeras filas, con chavales saltando y brincando, me he acordado de aquella otra noche en la que vi actuar en Sevilla a James Brown y de la que guardo un recuerdo imborrable, aunque no fuese él quien me lo proporcionó de forma directa. Allí estaba yo con mi amigo Pepe Conciertos, y fue una noche de mucho bailoteo al son del Padrino del Soul. En un momento la chica que saltaba delante de mí aterrizó con uno de sus tacones sobre uno de mis pies. No me dolió demasiado, pero ella debió pensar que sí, y en vez de un “perdona” o una disculpa al uso, no dijo nada, solo me echó los brazos al cuello y me dio un beso en los morros. Eso, y su sonrisa de despedida al terminar el concierto, hicieron inolvidable el show de James Brown. Ahora suelo tomármelo con más tranquilidad, y aunque hoy sí hemos andado cerca del escenario, la mayoría de las veces me mantengo más cerca de las cervezas que ponen en la barra que del mogollón de los espectadores cercanos a dicho escenario, lo que ha hecho que, básicamente, me pierda más momentos como ése que os contaba. Esta noche me apetece revivir en sueños alguno de esos instantes vividos en primera fila, en los que llegaba hasta mí el sudor que despedía la melena de Reg Presley o cazaba al vuelo la púa de la guitarra que Ray Davies había arrojado al aire. Viendo desde lejos a los Def Con Dos cuando hace unos años estuvieron en Sevilla pensaba que, a pesar de todo, nunca me atreví a ser como esos chavales medio locos de ese concierto, que se subían al escenario y desde allí se tiraban en plancha sobre los espectadores, que los recogían en su salto y los mantenían planeando por encima de sus cabezas… y, anda, mira, no solo es cosa de ellos, sino que algunas chicas también están igual de locas para hacer lo mismo. El nuevo trago de cerveza se me quedó congelado junto a la sonrisa cuando, fijándome mejor, me di cuenta de que la saltadora que ahora estaba volando sobre las primeras filas era… mi hija! Buenas noches a todos; que descanséis.

El primer libro que tuve entre mis manos fue una edición infantil de “La Isla del Tesoro” que mi madrina me regaló el día de Reyes. Cuando el viejo y curtido navegante, con su rostro cruzado por un sablazo, buscó cobijo en la hostería del “Almirante Benbow” y conoció a Jim Hawkins me sentí imbuido por el espíritu de éste y mi imaginación comenzó a viajar rumbo a la América Española. Y después el viaje siguió junto a “Un capitán de quince años”, de Verne, para continuar surcando las páginas de ingentes cantidades de libros y más libros que he ido leyendo desde entonces. Esta noche, en la que estaré apurando el final de mis vacaciones al lado del mar, me apetece revivir en sueños alguna aventura en la que yo fuese un intrépido pirata, a medias perverso y a medias héroe, porque desde que de pequeño me enamoré en aquel primer libro de John Silver “El Largo”, siempre he querido serlo de mayor. El problema es que en vez de tener la pinta de Jack Sparrow tengo la del Señor Smee, el segundo de a bordo del Capitán Garfio… y, sinceramente, no es lo mismo. Buenas tardes a todos, que paséis un buen fin de semana. Nos volvemos a encontrar al final del domingo.

Se terminaron las vacaciones. Las tardes y noches de los domingos siempre son tristes y en este caso lo hubiesen sido todavía más de no ser por la singularidad de que el niño se va ya mañana a terminar sus estudios a París y la casa ha sido hoy desde que hemos vuelto un constante trasiego de visitas de familiares, despedidas y lloriqueos. Y al final hemos optado por irnos a Sevilla a cenar en ese restaurante jordano que tanto nos gusta. No nos ha dado tiempo a pensar que mañana vuelve la normalidad. Esta noche me apetece soñar que septiembre nunca llega. Buenas noches a todos; que descanséis.

DREAMER, YOU’RE NOTHING BUT A DREAMER (6ª Semana)

Yo no tengo sueños, yo vivo dentro de ellos… (Manolo Solo)

Uno hace por sus hijos cosas que no haría por sí mismo ni loco. La primera vez que pensé esto no fue a mí en realidad a quien se le ocurrió, sino a Antonio Cuervas, a quien yo conocía por asuntos laborales, mientras veíamos lo que un señor estaba haciendo en su juguetería unos días antes de Reyes. Y hoy me vuelve a la memoria, cuando mi hijo ha terminado todo el protocolo para irse a terminar la carrera a La Sorbona, y a su madre y a mí nos toca renunciar a tantas cosas por mantenerlo en la ciudad más cara de Europa sin que pase mucha hambre. Pero todas esas cosas se hacen con una sonrisa de aceptación y cariño. No se me ocurría con qué canción ilustrar todo esto hasta que me acordé de “Te recuerdo Amanda”. Víctor Jara se la dedicó a su hija, también llamada Amanda como su abuela. La niña era diabética y su padre quiso transmitirle con esta canción el concepto de amor entre padres e hijos, lo que en este caso es especialmente meritorio porque el padre de Víctor, este Manuel que aparece en la canción, está muy idealizado en ella. En realidad era un campesino asustadizo que tenía problemas con la bebida y con una actitud que no era especialmente ejemplar. En algún momento la madre de Víctor, Amanda, incluso fue víctima de la violencia de su marido. Sin embargo Víctor Jara le transmite a su hija una idea totalmente distinta; Amanda va corriendo a la fábrica donde trabajaba Manuel, bajo la lluvia, como una compañera, como una luchadora solidaria con el esfuerzo de su marido. La verdadera historia es que Amanda tuvo que sacar adelante a sus hijos sin la ayuda de Manuel. Esta noche me apetece revivir en sueños alguno de los mejores momentos pasados viendo crecer a mis hijos, viéndoles ascender peldaño a peldaño la escalera de la vida, con su madre diciéndole “subid con cuidado” y yo animándoles a “subir uno más”. Buenas noches a todos; que descanséis.

Hoy he tenido ocasión de compartir barra con algunos músicos sevillanos. Y la verdad es que a veces llegan a ponerse bastante peñazos contándote su vida y milagros. Sin ánimo de señalar, algunos de los guitarristas con los que me cruzo podían aprender algo de Rory Gallagher, al que no le gustaba siquiera que hablasen de él. Fijaos si era modesto que cambió su nombre de Liam (sí… se llamaba Liam Gallagher, jejeje) a Rory, porque no hay ningún santo que se llame Saint Rory y por tanto ningún día en que la gente se empeñase en felicitarle. Cualquier músico de medio pelo se pasaría el día contándole a todo el mundo que le quisiera oír lo bueno que es y la cantidad de discos que ha vendido, sin embargo nunca nadie le oyó decir a Rory Gallagher que durante su carrera había vendido más de 30 millones de discos, como así ocurrió. Porque él lo decía todo con su guitarra; no en balde ha sido uno de los mejores bluesmen del mundo y con la primera Stratocaster que llegó a Irlanda era capaz de hacer cosas como ésta del vídeo. Esta noche me apetece revivir en sueños alguna de las charlas, acodados en las barras de “El Amor de la Calle”, del “Fun Club”, del “Berlín”, con alguno de los músicos que trajimos a tocar aquí, relajados después del concierto, sin apenas mencionar la música para nada, solamente hablando de Sevilla, de política, de baloncesto, de los viajes, de comida, de cervezas… Buenas noches a todos; que descanséis.

¿A vosotros os gustan las guitarras guarras? A mí me encantan. Llamo así a las guitarras que suenan disonantes, entre acoples, tan tapadas por el peso de la percusión que para hacerse oír tienen que estar a un volumen tal que las distorsiona. Pero sin perder el sentido de la melodía. Hay múltiples ejemplos en el hardcore, o entre los discos de Sonic Youth, o Neil Young… pero he puesto el vídeo de un guitarrista que también ha sido siempre otra de mis debilidades: J. Mascis. Las melodías quebradizas y la guitarra abrasiva fueron su marca de fábrica, y esta canción que he elegido me gusta sobre todo porque casi desde que empieza a sonar se establece una lucha entre la batería y la guitarra de la que 17 segundos después de los dos minutos sale ésta vencedora con un arreón final que se convierte en un magnífico solo. Cortito y por derecho… Anoche, aunque no generalicé en ningún momento, pero puede que fuese algo injusto con los músicos sevillanos, a los que tanto quiero; porque, al fin y al cabo ¿a quién no le gusta hablar de sí mismo? ¿qué coño es lo que hago yo, si no, escribiendo esto cada día? Por eso esta noche me apetece revivir en sueños alguno de los ratos pasados con ellos, sudando en locales de ensayo insalubres, emborrachándonos en bares igual de insalubres, saltando con su música en conciertos en garitos más insalubres aún, manteniendo con ellos la amistad que nos une, ésta sí total y absolutamente sana. Buenas noches a todos; que descanséis.

Mi tío Frangollo tenía la tele más rara que yo había visto en mi vida: ¡funcionaba conectada a la batería de un coche! Mi tío tenía una vaquería entre San Jerónimo y El Higuerón… bueno, en realidad no era suya, él era un subarrendado de Don Torcuato Luca de Tena, que era el terrateniente dueño de todas aquellas vaquerías. Era muy divertido ir a su casa porque aunque no había agua corriente ni electricidad ni nada mi hermano y yo nos divertíamos mucho jugando con las vacas (a los toros, aunque mansos, nos daba miedo acercarnos), nos subíamos a las higueras, nos comíamos los melones que cortábamos nosotros mismos del mato, nos reíamos con los cabreos que cogían entre ellos los mozos que trabajaban allí por culpa de unas discusiones que no entendíamos sobre cosas que estaban pasando en España, en París, en Praga, en China… con el tiempo supe que eran jóvenes con ideas comunistas, fascistas; seminaristas y estudiantes que se iban voluntarios (aún no sé por qué) a trabajar entre las vacas y el estiércol para hacerse hombres maduros o algo así… allí aprendí a montar en bicicleta; en una BH muy destartalada que nos dejaba uno de aquellos mozos y con la que, sin apenas llegar a los pedales, corríamos mi hermano y yo por la orilla del cauce del nuevo Tamarguillo, de punta a punta, por turnos; uno en la bici y el otro en el burro que tenía mi tío, cuando llegábamos a un extremo nos cambiábamos de montura. Esta noche me apetece revivir en sueños alguna de aquellas mañanas soleadas en las que mis huesos todavía eran de goma y cuando me caía de un árbol, o rodaba por el terraplén del arroyo, o me empotraba en una poza con la bici encima de mí, me levantaba como si tal cosa y seguía siendo un niño alegre y feliz. Buenas noches a todos; que descanséis.

Cuando alguien se dedica a vender ilegalmente una cosa que sirve para alimentar las pasiones de los demás… ¿es un camello? Yo lo hice durante algún tiempo, pero no para lucrarme con ello. Lo de las copias de discos en cassettes nunca fue un negocio. Aparte de que de todas formas nunca hubiese dado para mucho, solo era por compartir cosas con mis compis de COU, ya que yo tenía un contacto que conseguía discos de Génesis, Zappa, Crimson… que en aquella época (estamos hablando de 1973) era prácticamente imposible conseguir de otro modo para la mayoría de la gente. Y por supuesto, encima que se los conseguía no iba a pagárselos yo también… pero nunca lo hice con ánimo de lucro… lo juro por mi cinta de “Thick as a brick”… Esta noche me apetece revivir en sueños algunos de aquellos momentos en el COU del “Fernando de Herrera”, donde por primera vez comencé a darme cuenta de que por ahí había otros tipos que estaban tan locos como yo por la música, e incluso mucho más… Buenas noches a todos; que descanséis.

Probablemente fuese 1.971, con mis recién estrenados 14 añitos, el año de los primeros recuerdos musicales más consistentes. El año de los primeros amigos con intereses musicales comunes, de las tardes de los sábados sintonizando a duras penas la emisora de la base americana de Rota, de Radio Vida y su programación musical. Y del cambio del single al LP. El primer disco grande que me compré fue el “Madman across the water” del Elton John que nunca debió cambiar. Y la verdad es que no lo conservo, lo que me da bastante rabia sobre todo porque en España salió a través del club “Discolibro” con una portada completamente diferente a la original, que es con la que ha seguido reeditándose hasta ahora. Esta noche me apetece revivir en sueños las primeras charlas con amigos sobre Emerson, Lake & Palmer, Bowie, Pink Floyd, Jethro Tull, al sabor de las primeras cervezas en los bares. Buenas noches a todos; que descanséis.

¿Quién se acuerda todavía de las máquinas de escribir? Yo tengo una Olivetti Valentine roja, de las que venían en una funda de plástico duro que parecía una lata de gasolina. La tenía por ahí arrumbada sin echarle mucha cuenta, hasta que un día en un libro de esos de diseños venía catalogada como uno de los artículos más buscados del art-pop y decía de ella que, junto a la botella de coca-cola, la Fender Stratocaster y algunas cosas más era una joya de diseño del siglo XX… desde entonces la muestro orgulloso en una de las estanterías del salón. Me la regalaron mis padres por mi cumpleaños, pero no logro recordar en cuál de ellos. La usé durante muchísimo tiempo hasta que me compré yo mismo una Olivetti eléctrica, que fue la transición a los ordenadores actuales. Pero con aquella Valentine fue con la que comencé años después a escribir sobre música y mis primeros artículos publicados se escribieron a golpe de sus duras teclas; de hecho, aquí en casa la tengo expuesta con las hojas originales metidas en su carro mecánico del artículo sobre la disolución de Nacha Pop que escribí para el Rock De Lux y los lectores votaron como mejor artículo del año. Esas hojas muestran también la huella de las equivocaciones, de los cambios de ideas mientras escribía, en suma, de todas las correcciones realizadas sobre la marcha. Ahora basta con marcar y borrar, pero antes era muy normal tener que rehacer toda la hoja que estabas escribiendo varias veces. Para los errores más pequeños tenía yo unas tiritas que por una cara tenían una especie de cera blanca, parecido a los tipex de ahora, que la ponías sobre la letra que querías corregir, dabas a la tecla y… voilá; habías escrito encima una letra igual que la anterior pero en blanco, con lo cual no se notaba. Ahora podías volver a escribir encima la letra que te diese la gana. No era tecnología punta, ni era un dechado de pulcritud… pero funcionaba. Esta noche me apetece revivir en sueños alguna de aquellas sesiones enfrentado a la máquina de escribir, porfiando con ella para extraerle algunos folios con los inmaduros textos que devinieron en esta afición a juntar letras que ahora me domina, me consume… y me da la vida. Buenas noches a todos; que descanséis.

MY DREAMS IT’S NEVER QUITE AS IT SEEMS (5ª Semana)

Deja que tus sueños sean olas que se van…

Echo mucho de menos los cines de verano de mi preadolescencia. En las casitas bajas del Polígono había uno la mar de bueno, el “Terraza Cinema”. Y a mi padre, que era socio de “Educación y Descanso” le daban todos los días un vale. Con ese vale y una peseta nos daban dos entradas de preferencia, así que mi hermano y yo íbamos al cine todos los días… no os podéis ni imaginar la cantidad de pelis que vimos en esos años mientras nos inflábamos de comer pipas “Sayma”; porque el cine lo abrían en cuanto pasaba la feria y duraba abierto hasta “la Hispanidad”, el 12 de octubre, así que eran unas 130 películas al año. Esta noche me apetece revivir en sueños aquellas noches de pelis del oeste, de romanos, de risa, de Tarzán, de Cantinflas… y las de aquel agente secreto con licencia para matar que conseguía llenar siempre el cine hasta agolpar a la gente que le miraba en la pantalla incluso en los pasillos, pegada a la pared. Buenas noches a todos, que descanséis.

En 1967 nos dieron un piso para que dejásemos las casitas bajas. Nos podía haber tocado el Tiro de Línea, pero nos tocó “el Polígano” que construyeron al lado de Santa Clara, el barrio residencial de los oficiales americanos de las bases de Morón y Rota. Y aquello era otro mundo. No había gran relación entre los dos barrios, pero los niños son igual de niños en todos lados y nosotros nos relacionábamos más, aunque fuera para darnos collejas y para mangarles todo lo que podíamos; mi botín más preciado fue un casco de futbol americano, bastante usado ya. Por entonces no había apenas Lps, todo eran discos pequeños de 2 ó 4 canciones, que nos cambiábamos con los americanos, cuando no por discos españoles, por triquitraques o tebeos. De entonces, recuerdo haber tenido, aparte de EPs de los Beatles, el “Black is black”, el “Summertime girl” de Los Iberos, el “Get on your knees”, que entonces se conocía como “el pollo en lata”, de los Canarios (de cuando Teddy Bautista aún era cool), “El muelle de la bahía” de Otis, “Spirit in the sky” de Norman Greenbaum, “Psychotic reaction” de Count Five, “I had too much to dream” de Electric Prunes, “We ain’t got nothin’ yet” de Blues Magoos, el single de los sevillanos Green Piano, el “Satisfaction” de Franklin que os recordaba aquí no hace mucho… esta noche me apetece revivir en sueños aquellos ratos pasados en Santa Clara, con mis jóvenes ojos abiertos como platos al “american way of life”. Buenas noches a todos; que descanséis.

Aparte de la música, yo siempre he sido un gran amante del fútbol. Y se me daba muy bien. Aunque esté mal que yo lo diga, la verdad es que era un excelente extremo izquierdo de esos que tan en falta se echan ahora. Y esa falta ocurre en gran parte debido a los entrenadores, a los que siempre he odiado profundamente, y de los que pienso que han sido el mayor cáncer del espectáculo. Por aquella época en que yo estaba en las últimas etapas de juvenil jugaba en el Betis (aunque soy sevillista, el equipo de mi barrio era filial del Betis, no había elección), y tenía que aguantar el cachondeo de los cabroncetes que tenía de compañeros porque Pedro Buenaventura (el padre, el clásico, la voz más autorizada del beticismo) solía decir de mí que yo “la meneaba muy bien”… el hombre, sin pararse a pensar en cómo lo decía, se refería a “la pelota”, claro… pero os podéis imaginar la guasa con la puñetera frasecita de los cojones… Eran buenos tiempos; titular indiscutible, reconocido, jugando en un equipo que hacía un fútbol de ataque al estilo del que siempre se hacía hasta entonces… Hasta que llegaron los entrenadores y sus “revoluciones futbolísticas”. Llegó el fútbol defensivo, el quitar gente de delante para meter más gente detrás. Y surgió esa figura que desde entonces se llamó “el carrilero”, que era un futbolista que jugaba de defensa pegado a una banda y se iba también mucho hacia delante, con lo cual podía reforzarse la defensa con otro central y poner también a lo que entonces era “un líbero”, en detrimento de los extremos. Y el entrenador de mi equipo era de ésos. Llegó para mí el banquillo… unido a que por entonces también entré en la Universidad, me eché de novia a la Sra. Carrascus, y mis intereses cambiaron desde el fútbol, al que terminé por abandonar, hacia otros más amplios. Este abandono no fue de la noche a la mañana, por supuesto… pasé por otras posiciones en el campo que no me terminaban de gustar, y calenté mucho banquillo, lo que me gustaba todavía menos. Al Betis habíamos llegado cuatro chavales desde el San Pablo, con uno de los cuales ya había jugado también en el Hispania. Éste era un chaval canijo y desgarbado, con patitas de alambre, del que yo siempre pensé que estaba algo majara desde que de pequeños, en la obra de construcción del Barrio E, se embadurnó los huevos con alquitrán porque quería tenerlos negros, como las personas mayores… el loco éste, en el Betis, se reconvirtió de delantero centro, que es como empezó, a lateral izquierdo. Y como era un carrilero que corría mucho y centraba muy bien, pues yo dejé de tener sitio. Seguí coincidiendo algún tiempo con él, pero ahora en el autobús, a mediodía, de vuelta al Polígono, cuando yo lo cogía para volver desde la Escuela de Ingenieros y él ya había subido en la anterior parada, que era la más cercana al campo del Betis, y volvía de los entrenamientos. No penséis que guardo ningún rencor por nadie (bueno, puede que por los entrenadores sí), ni mucho menos por él. Porque aunque yo hubiese perseverado y no me hubiese ido del fútbol, la banda izquierda ya no hubiese vuelto a ser mía nunca más… ¿para qué iban a quererme a mí si en ella tenían a un tío que con el tiempo llegó a ser el mejor del mundo en ese puesto…? Esta noche me apetece revivir en sueños aquellos años de futbolista juvenil en los que el fútbol no era la locura en la que se fue convirtiendo después. Y volver a correr por todas aquellas bandas en las que, como si fuese el caballo de Atila, no volvía a crecer la hierba cuando galopaba por ellas con el balón. Buenas noches a todos; que descanséis.

Cuando yo era jovencito nuestros discos solo podíamos escucharlos en casa o si acaso en la de algún amigo, pero no podíamos sacar nuestra música a la calle hasta que llegaron los radiocassettes. El primero que tuvimos en casa fue un Sanyo que mi padre le compró a unos gitanos y se lo vendieron con una cinta dentro. De ello deduzco que aquél debió ser el año 1.973 porque fue cuando se editó dicha cinta, que era la de Las Grecas… y anda que en mi casa no se escuchó veces ni ná aquello de “testoy amando locamenteeee pero no sé cómo te lo viá desiiiiiiií….”. Esta noche me apetece revivir en sueños las horas pasadas grabando las primeras cintas, encontrando tesoros en la radio y en las casas de los amigos, empezando a coleccionar joyas musicales. Buenas noches a todos; que descanséis.

Todos tenemos derecho a que una música nos guste o no. Y las hay de todos los estilos y épocas. Y prescindiendo de las múltiples clasificaciones que se hagan de la música, hay muchos críticos e intérpretes que solo establecen dos: música buena y música mala… Aunque yo en realidad estoy más de acuerdo con clasificarla en otras dos modalidades mucho más intuitivas: música que nos gusta y música que no nos gusta. Al fin y al cabo la música, como todas las formas de cultura, es algo que apreciamos de forma individual y subjetiva, y dividirla en buena o mala ya implica que uno se arroga una objetividad que no tienen por qué compartir los demás, y que solo sería válida para analizar elementos concretos de la música, pero nunca para analizar cómo estos elementos inciden en el ánimo de cada uno… esta noche me apetece revivir en sueños el momento en que mis amigos más “enteraos” descubrieron que me gustaba esta canción y estuvieron a punto de quitarme (y le robo la terminología a mi amigo Pablo) el “carnet de moderno”. La cara que pusieron me tuvo con la risa floja varios días. Buenas noches a todos; que descanséis.

Los placeres culpables tienen una explicación que normalmente no se rige por la lógica. Anoche os hablé de uno de los míos en el plano musical. Y hoy os contaré su razón de ser. En los primeros años 70 los jóvenes no teníamos la capacidad moral ni social que tienen los jóvenes de ahora para poder sacar adelante sus relaciones amorosas. Y no hablo ya de mantener relaciones sexuales de forma más o menos abierta sino de tener algún lugar en el que besarse, hacer manitas y hablar de esas cosas que hablan los novios… y si esta terminología que estoy usando os parece anticuada seguro que muchos de vosotros ni siquiera os acordáis de que esta forma de mantener el contacto físico y emocional con tu novia se describía con una frase que ya está en desuso desde hace mucho tiempo: “pelar la pava”. La sra. Carrascus y yo lo hacíamos en una de las paredes laterales del bloque en el que ella vivía, en la que no había ventanas y nos amparaba la sombra de un frondoso árbol. Pero de todas formas estábamos en mitad de la calle, como aquél que dice, y por allí pasaba gente y escuchábamos cómo se desarrollaba la vida vecinal a través de las ventanas abiertas de los demás bloques. Y precisamente a través de una de esas ventanas se escuchaba la canción que puse anoche mientras nosotros acercábamos nuestros labios por primera vez. Esta noche me apetece revivir en sueños aquel primer beso. Con el tiempo le han seguido muchísimos más, pero aquél, a pesar de ser corto y un poco desmañado, siempre ha sido especial. Y, por cierto… ella también lo recuerda. Buenas noches a todos; que descanséis.

Nunca había visto a Bob Dylan en directo hasta 1991, ya bien metido yo en la treintena. Vino a Sevilla a una serie de conciertos previos a la Expo, que se llamó “Leyendas de la Guitarra” y que era un producto más televisivo que otra cosa, con los músicos saliendo, tocando algo con el anterior, luego dos o tres cosas ellos solos, y otra más acompañado por el que le iba a relevar. No recuerdo quien estaba tocando, creo que Richard Thompson, cuando de pronto entreví a Bob Dylan apareciendo por detrás del escenario de forma muy desapercibida… y todo fue verlo y erizárseme el vello, y sentir un cosquilleo por la espalda… parecerá una tontería, pero es algo que he sentido muy pocas veces… ante el David de Miguel Angel, por ejemplo… luego ya lo vio todo el mundo y comenzaron los aplausos, pero nadie me quitó la magia del instante… Esta noche me apetece revivir en sueños alguno de esos momentos en que me he convertido en un mitómano apasionado. Y volver a sentir de nuevo el escalofrío de la emoción. Buenas noches a todos; que descanséis.