Atrapado por el blues de Memphis
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LET ME KNOW, IF THIS IS A DREAM (4ª Semana)
Categorías: Tangled up in blue
Carrascus

Ya lo dijo Jardiel: En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen; la mayoría se roncan.

Me turban presagios de malos momentos. Esta noche me apetece revivirlos en sueños. Que no ocurran en la realidad y solo sean una pesadilla que al despertar quede reducida a un recuerdo. Buenas noches a todos; que descanséis.

Hoy me han parado por la calle unas chicas de una emisora de radio para preguntarme sobre la Expo, que se está volviendo a recordar en Sevilla con motivo de su 20º aniversario. Les dije solamente dos o tres generalidades. Pero en realidad de la Expo guardo muy buenos recuerdos, como el del concierto de Marisa Monte. Después del concierto, habían preparado una pequeña fiesta en uno de los salones del Auditorio, en la que el propio comisario del pabellón de Brasil andaba por allí preocupado de que a ninguno de los invitados nos faltase nunca en la mano un vaso de caipirinha, servidos por una amplia muestra de las bellísimas azafatas brasileñas, que fueron otra de las principales atracciones de la Expo. Y allá andaba yo cuando por una de las puertas laterales entró una chica jovencísima, enfundada en un ceñido y espectacular traje largo negro, que se paró conmigo saludándome efusivamente e interesándose por cómo estaba… no había terminado aún de preguntarme quién sería esta diosa cuando un movimiento generalizado de todos los que estaban allí hacia nosotros me hizo caer en la cuenta de que estaba ante la presencia de la propia Marisa. Imperdonablemente no la había reconocido, seguramente porque en el concierto no la veía desde tan cerca, y allí su presencia me deslumbraba por completo. Además, uno siempre se imagina a las estrellas más mayores de lo que son en realidad, y ella era una jovencita que acababa de cumplir 25 años hacía unos días… Yo ya iba advertido de la posibilidad de que podía encontrármela tras el concierto y me había llevado la portada de su reciente CD para que me lo firmase. Ese momento de cordialidad mientras lo hacía, más el descubrir que yo era el único de los presentes que sabía algo de ella y que ya la había escuchado antes de esa noche hizo que su conversación se dirigiese a mí casi por entero. Una noche inolvidable, que hoy me apetece revivir en sueños. Buenas noches a todos; que descanséis.

Cuando era joven y estudiante, aparte del curro a media jornada que tenía, no solo me sacaba la pasta que podía dando clases particulares a los que se retrasaban algo en sus estudios, como ya dije hace unos días, sino que aprovechaba todo lo que surgía. Y los sábados por la mañana me convertía en vendedor de aceite a granel… la cantidad de aceite que vendimos mi compi Antonio y yo por esos barrios de Sevilla machacando esta canción en el radio-cassette de su coche, mientras intentaba convencerle de que Bruce iba a ser el nuevo Dylan… esta noche me apetece revivir en sueños aquellos sábados en los que terminábamos puliéndonos casi todas las ganancias a base de cañas y tapas en un bar de Miraflores. Buenas noches a todos; que descanséis.

Mi primer encuentro con la música fue cuando vivía en las casitas bajas del Polígono de San Pablo, adonde llegué con cinco años para permanecer cuatro más. Allí fuimos a parar gente de todas clases a las que la riada del Tamarguillo nos dejó con una mano atrás y otra delante. Gente de diferentes niveles culturales y mezcla de payos y gitanos. Eran calles paralelas estructuradas en pequeñas manzanas de 8 casitas, cuatro frente a otras cuatro, y se llevaba mucho hacer fiestas (bodas, bautizos, comuniones y cualquier cosa que mereciese celebrarse) en mitad de la calle. En cuanto a lo de poner música, lo típico eran los picús, que eran unos pequeños maletines cuadrados que se abrían y el cuerpo de abajo era el tocadiscos en sí, y el de arriba era el altavoz, que llevaba un cable largo y solía colgarse en la calle para que la música la pudiesen disfrutar todos. Os podéis imaginar la mezcla de música que salía de aquellos picús: La Yenka, los hermanos Toronjo, el Principe Gitano, Frank Sinatra, el Celentano de “Pregueró”, el Dúo Dinámico, José Guardiola, los Teen Tops de “Popotitos, con sus piernas flacas como un par de palillitos”, los Tres Sudamericanos, pasodobles por un tubo…. toda ésta fue la música que me atrapó para siempre… Y allí también empezó mi primera gran pasión musical de la que guardo consciencia. No había apenas teles. La veíamos porque en la casita de la esquina de mi calle el Malaca tenía una y la ponía a disposición del vecindario previo pago de una peseta. Tenía el salón lleno de banquitos de madera corridos y no veáis cómo se ponía aquello cuando empezaba “Sesión de Noche” o jugaba el Madrid en la Copa de Europa. A los niños nos daba más canchilla y la pesetilla nos daba derecho a entrar y salir (sobre todo para ver dibujos animados y marionetas de Herta Frankel) siempre que no molestásemos mucho y no fuera horario de noche, cuando aquello siempre estaba lleno con los adultos además de nosotros. En la manzana de al lado mía vivían unos gitanillos y una de las niñas, (algo mayorcilla que yo) pasó un día corriendo por delante de mi casa como alma que lleva el diablo en dirección a la casa del Malaca, gritando “los beatles… los beatles… (ella no decía bítels, sino be-atles, tal como se escribe)… que están saliendo en la tele los beatles….” Yo no tenía ni puta idea de lo que decía, pero como aquello parecía al menos curioso pues empecé a correr yo también a ver qué era merecedor de tal alboroto… y al entrar en la casa y ver en la tele a aquellos extraños melenudos cantando aquello tan pegadizo de ye-ye-yé… se acabaron los pasodobles y los sucedáneos para siempre. Esta noche me apetece revivir en sueños algún día de mi vida en las casitas bajas; las primeras canciones que me gustaron, la gitanita ye-yé… buenas noches a todos; que descanséis.

Yo fui feliz en la época de la miseria. Desde que nací en 1957 hasta 1962 viví en una casa que mis tíos compartían con mis padres en un campo poco lustroso entre las tapias de la Renfe y San José Obrero, que apenas puedo situar ahora en el mapa actual de Sevilla. No sé si desde siempre porque, obviamente, no guardo memoria de mis primeros años, pero en los últimos meses de aquello sí que recuerdo que al descampado que había lindando con nuestra huerta llegaba un camión dos o tres veces a la semana y dejaba unos enormes montones de basura sacada de Santa Clara, el barrio de los americanos. Era basura limpia, en realidad, nada que ver con los desechos a los que nosotros aplicamos ese término; no sé si aquello vendría de casas, aunque me inclino ahora a pensar que sería de supermercados o tiendas o algo así, porque sobre todo lo que había allí eran muchas cajas, muchos embalajes, muchos excedentes… y entre ellos, mi amigo Correa y yo rebuscábamos los tesoros. Y había muchísimos: chocolatinas (a veces incluso alguna caja llena de ellas), chicles, utensilios y herramientas, a veces usadas y a veces nuevas, caramelos raros y comidas extrañísimas perfectamente embaladas aún, leche condensada en tubos como los de la pasta de dientes, muchos tebeos, aunque no los entendíamos porque estaban en inglés, claro; discos que no nos interesaban porque no teníamos cómo escucharlos ni sabíamos qué hacer con ellos a nuestra corta edad… esta noche me apetece revivir en sueños alguna de aquellas tardes rebuscando sueños en aquellas montoneras y encontrar alguna edición original de “Supermán”, con la que comenzar una valiosa colección con más comics encontrados después, y tener el suficiente conocimiento como para conservarla. Incluso algún single original americano que ahora sí sabría apreciar adecuadamente. Buenas noches a todos; que descanséis.

Siempre he sentido una gran fascinación por Lisboa. Hubo una época, en los últimos años 80, en los que iba mucho por allí con mi amigo José Manuel, el dueño de “Discos Burial”, a comprar discos ingleses de importación para su tienda y mi programa de radio. Y aprovechamos para ver buenos conciertos de Cure, Jesus & Mary Chain… y para disfrutar de la vida nocturna de la ciudad. Le tengo aún un cariño especial al “Perestroika”, un garito en el que te recibían en la puerta unas preciosas chicas vestidas de soldados rusos (con mini uniforme) y que cribaban mucho la entrada… de hecho a nosotros nos dejaban pasar con el rollo de que éramos promotores de conciertos en Sevilla… una vez dentro, te podías encontrar actuando en directo a Repórter Estrábico y después tomarte unas copas con ellos, dejando que te invitasen y te hiciesen la pelota para que los trajeses a tocar aquí. Hoy me apetece revivir en sueños alguna de aquellas noches en la parte más decadente y hermosa de la última ciudad romántica de Europa. Buenas noches a todos; que descanséis.

Las tardes y noches de los domingos tienen un punto agridulce. Ahora que trabajo siempre en el mismo sitio y no soy el autónomo que viajaba tanto, he ganado en estabilidad emocional y en eso que se llama “calidad de vida”…creo. Pero hay cosas que todavía sigo echando de menos después de estos dieciséis años así, como lo de no poder trasnochar y tener que levantarme antes de las seis de la mañana, poder sentir que la noche del domingo no es el final de nada, sino que tras ella sigue el modo de vida que te gusta llevar. Pero lo que sobre todo echo de menos son los viajes de trabajo a tiro hecho, en los que sabía que no me iba a empantanar, y como los gastos de kilometraje, estancia y comidas estaban cubiertos de sobra, me llevaba conmigo a mi mujer, que me esperaba tranquilamente en algún punto mientras yo terminaba y después nos dedicábamos a hacer turismo, pasarlo bien o echar el día de playa, fuese verano o invierno, sin prisas por regresar. Esta noche me apetece revivir en sueños aquellos viajes por las ciudades, pueblos y costas andaluzas, las sierras extremeñas y portuguesas, las calles comerciales y las fronteras africanas de Ceuta… Buenas noches a todos, que descanséis.

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