UN SEPULCRO BLANQUEADO (2)

La aparente dependencia de BADFINGER del patrocinio de los Beatles fue algo que les persiguió toda su vida, pero en este momento lo único que sentían era gratitud hacia ellos. “Come and get it”, producida por el propio Paul McCartney, que también interpretó las partes de piano, fue un Top 10 tanto en Inglaterra como en los USA durante los primeros meses de 1970, y llevó a Badfinger al estrellato de la noche a la mañana. Pero para cuando comenzaron a promocionarla, la formación de la banda ya había cambiado, y el pobre Ron Griffiths se había convertido en el Pete Best de los Badfinger. Su crimen fue casarse con su novia, a la que había dejado embarazada.

Un niño en una casa con un grupo de rock no es la combinación ideal, pero no tenían dinero para mudarse los dos a otro piso. Y Bill Collins siempre estuvo intentando disuadir a los chicos de que tuviesen relaciones significativas; le preocupaba la forma en que otras personas podían influir sobre ellos. Y en lo que a Bill concernía, él era el mentor del grupo. (Viv Jones)

Ron Griffiths tuvo que regresar, pues, a Gales y ponerse a trabajar en una fábrica, desde donde escuchaba por la radio el disco en el que él aparecía. Después, en su casa, vio por la tele el “Top of the Pops” en el que su lugar lo ocupaba Joey Molland, otro chaval que Bill Collins buscó en Liverpool. Aunque en realidad no es correcto decir que ocupaba su lugar, ya que Joey era guitarrista y para poder acomodarlo en la banda, el que había asumido el papel de bajista que tenía Ron había sido Tom Evans, al que se le daba bien este instrumento porque en los estudios de grabación Paul McCartney le dejaba su legendario Höfner Violin para que ensayase con él.

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“Rock of all ages”

Y ahora que los Beatles ya se habían disuelto de manera oficial, Badfinger eran vistos como los Elegidos, los sucesores ungidos. El New Musical Express los fotografió posando en The Cavern y el periodista no paraba de expresar en el artículo su asombro sobre la increíble similitud facial de Joey Molland con la cara más reflexiva de McCartney… supongo que ahora entenderéis por qué le fichó Bill aún no siendo bajista, que era lo que estaba buscando.

Pete Ham no estaba muy conforme con la idea general: “Nosotros somos unos primeros Badfinger, no unos segundos nadie”. Pero en 1970 la búsqueda de unos nuevos Beatles era una obsesión global y los Badfinger no tenían escapatoria. Cuando “Come and get it” se editó en los USA la gente pensó que eran los Beatles con otro nombre. Algunos promotores de pocos escrúpulos incluso anunciaron la aparición de uno de los Beatles en los conciertos de Badfinger, lo que fastidió bastante a éstos, que no querían engañar de esa forma a sus fans.

Al single de “Come and get it” le siguió la edición precipitada de un LP, “Magic Christian music”; tan apurado de tiempo que ni siquiera incluía en la portada la foto de Joey Molland y que se rellenó con algunas canciones antiguas de los Iveys, tres canciones escritas para la película (incluyendo la preciosa “Carry on til tomorrow”, en la que el dúo compositor de Pete Ham y Tom Evans derramaba toda su melancolía) y algunas canciones nuevas que se encargo de producir Mal Evans. Con la disputa doméstica de los Beatles, cada vez más empantanada en los infiernos de los juzgados, y Apple Records bajo el poder absoluto de Allen Klein, hubo casi un año de retraso hasta la edición del siguiente single, pero la canción “No matter what”, compuesta por Pete Ham, fue también directa al Top 10. El primer disco completo por cuyas venas solamente corría sangre de Badfinger fue “No dice”, grabado con Geoff Emerick (el ingeniero de sonido de los Beatles) al mando de los controles en Abbey Road. Con la guitarra de Joey completamente incrustada en su sonido, Badfinger adquirió bordes mucho más duros y rockeros, complementando perfectamente la introspección de Pete y el gusto por las melodías de Tom.

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“No matter what”

Éramos diferentes de la mayoría de las bandas de nuestra época. A lo mejor porque todo el mundo decía que sonábamos como los Beatles. La verdad es que hacíamos muchas clases diferentes de canciones: algunas rockeras, una balada acústica, una cosita country… y no nos preocupaba establecer ningún sonido particular para la banda, como Led Zeppelin o los Rolling Stones. Nosotros teníamos cuatro compositores en nuestro grupo y simplemente hacíamos nuestras canciones. Cuando la revista “Rolling Stone” hizo la crítica de nuestro disco dijo: “Así es como sonarían los Beatles si siguieran juntos”. Pero nosotros no intentábamos sonar como los Beatles, así que eso nos hirió un poco, porque la gente siempre nos estaba preguntando cosas como “¿Y cómo está John Lennon?” o “¿Paul es tan buen tío como parece?”. Estábamos hartos. Verás, nosotros queríamos mucho a los Beatles, pero no queríamos tener que estar hablando de ellos todo el santo día. (Joey Molland)

En ese “No dice” había una canción de Tom y Pete que pasó casi totalmente desapercibida, “Without you”. Pete había escrito unos versos… “no puedo olvidar esa noche / ni tu cara cuando me dejabas”… pensando en su novia, Bev Ellis. Por su parte, Tom tenía en su cabeza un estribillo… “No puedo vivir / si en mi vida no estás tú”… y estaba buscando cómo incrustarlo en alguna canción. Así que los dos colegas combinaron sus respectivos pedacitos y a duras penas consiguieron una canción. Pero la versión de Badfinger de “Without you” es una especie de esqueleto, del que la banda nunca estuvo especialmente orgullosa.

Y el giro más extraño de toda la carrera musical de Badfinger tuvo lugar apenas un año después, cuando estaban grabando en los estudios AIR de Londres. El cantante americano Harry Nilsson, que era también amigo personal de los Beatles desde hace tiempo, quiso conocerles y se presentó a ellos, tras lo cual les invitó a pasar a su estudio, allí al lado, para que escuchasen algo que acababa de grabar. Los miembros de Badfinger casi se caen de culo de la sorpresa al escuchar aquello. Lujosamente orquestada, y cantada con una pasión increíble, la versión del “Without you” que grabó Nilsson, producida por Richard Perry, elevaba la canción a niveles nuevos y majestuosos. Esta versión se convirtió en uno de los singles más conocidos y permanentes en el recuerdo de todos los tiempos, grabado por decenas de cantantes, desde Shirley Bassey a Roberta Flack, y en 1994 volvió a ser de nuevo otro enorme éxito de superventas, esta vez en la voz de Mariah Carey.

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“Without you”

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Nilsson – “Without you”

En estos momentos era cuando la fortuna más le sonreía a Badfinger. Joey Molland y Tom Evans fueron invitados por John Lennon a las sesiones de grabación de “Imagine”, e incluso se alojaron en la mansión que Lennon tenía en Ascot. Todos los Badfinger tocaron en el mayor éxito de Ringo, “It don’t come easy” y en el disco “All things must pass” que grabó George Harrison. De la casa en la que vivían pasaron a alquilar todo un castillo. Después de años de lucha y frustración eran famosos, respetados, trabajaban en armonía y veían ante ellos un futuro fabuloso.

Pero había signos de aviso. Aunque en los USA eran muy admirados por los fans del powerpop, su estilo estaba ya pasado de moda en su país, donde las audiencias post-Beatles habían vuelto sus ojos al glam de Bowie, Bolan y Roxy Music; a las nuevas formas del rock underground de Led Zeppelin y Pink Floyd; a la música llena de buen rollo de Slade y de los Faces de Rod Stewart; a Stevie Wonder y Elton John, que eran los máximos vendedores de discos; a los Osmonds y los Bay City Rollers, que eran los que divertían a los más jóvenes… naturalmente, Badfinger centró toda su atención en los Estados Unidos. Y Bill Collins tuvo que buscar representantes por allí.

El elegido fue un empresario de New York llamado Stan Polley, que tenía las credenciales de haber sido manager de Al Kooper y Lou Christie. Bill Collins permaneció siendo el manager personal del grupo y Stan Polley se convirtió en el supervisor financiero como presidente de la empresa que crearon, Badfinger Enterprises Inc. Desde ese momento todas las ganancias se encauzarían a través de él, para distribuirlas después. Les prometió a todos que iban a ser ricos muy pronto.

A instancias de Polley, Badfinger estaban continuamente de gira por los USA. En una de las ciudades por las que pasaron Joey Molland conoció a la que sería su esposa, Kathie. El tiempo que les quedaba para grabar su disco siguiente era muy escaso y cuando lo hicieron en Londres con Geoff Emerick de nuevo a los controles, a los de Apple no les gustó nada y lo rechazaron. La situación la salvó George Harrison, que dio un paso adelante y dijo que él produciría un segundo intento. Y así pudo nacer “Straight up”.

La joya de estas nuevas sesiones fue una canción de Pete Ham, “Day after day”, con una parte de guitarra slide compuesta e interpretada conjuntamente por George Harrison y Pete, y conteniendo el piano de un amigo de George llamado Leon Russell. Fue el tercer gran éxito de Badfinger.

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“Day after day”

Pero no se pudieron grabar muchas canciones más porque todo el trabajo se paró cuando Ravi Shankar llamó a George Harrison para que se encargase de organizar en New York el “Concert for Bangla Desh”. Badfinger acompañaron incluso a George en aquel histórico concierto, celebrado el 1 de agosto de 1971. Pero con George ocupado en la edición y distribución del disco que se grabó de él, Apple Records tuvo que buscar otro productor para terminar el proyecto que Badfinger tenían a medias. Y ficharon a Todd Rundgren.

No congeniaron mucho porque a los miembros de la banda Todd les parecía un tipo insoportable y mandón, pero a duras penas, a finales de año ya tenían en la calle una nueva obra, que contenía algunos de sus mejores momentos… “Baby blue”, “Name of the game”… En febrero de 1972 “Day after day” entraba en el Top 5 de las listas de ventas americanas, al lado del “Without you” de Nilsson. Nada podía ir mal…

Pero los días de Apple estaban contados. Con sus miembros fundadores diseminados por ahí y ausentes, el sello ya estaba moribundo. Los resultados de las nuevas sesiones de Badfinger fueron de nuevo rechazados y contrataron al productor Chris Thomas a ver si podía arreglar algo. El último disco que sacaron con Apple fue “Ass”, editado como finiquito del contrato de los antiguos Iveys, y contiene una de las canciones más conmovedoras de la banda, “Apple of my eye”, en la que Pete Ham le dice adiós al desventurado sello, con la agridulce sensación de un amante despechado.

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“Apple of my eye”

Badfinger dejó Apple Records y pasaron a otra gran compañía multinacional. Los Estados Unidos parecían ser para ellos la tierra de Eldorado. Nada podía ir mal. Pero ya sabemos que la naturaleza humana tiene muchos claroscuros… en la última entrada dedicada a esta banda lo comprobaremos de forma fehaciente.

UN SEPULCRO BLANQUEADO (1)

Eran Los Nuevos Beatles. Hasta los propios Beatles lo decían. Pero la brillante promesa se fue desvaneciendo en una oscuridad tal que incluso hoy, tantos años después, todavía ensombrece su legado musical.

Por lo que mejor se les recuerda fue por una canción que no compusieron ellos: “Come and get it”, que fue un regalo de Paul McCartney. Y sin embargo, apenas se les relaciona con un clásico del pop que sí compusieron: “Without you”, que se convirtió en un gran éxito que otros aprovecharon.

Estamos hablando de BADFINGER, una banda que si ha encontrado un lugar en la mitología del rock, ha sido por otras razones completamente diferentes de las musicales. El lóbrego hecho más conocido de su historia es que sus dos componentes principales, Pete Ham y Tom Evans, decidieron ahorcarse. Empujados hasta el borde de la desesperación, los dos compartieron un sentimiento de fracaso personal que les atormentó durante su existencia. Solo muchos años después nos comenzamos a dar cuenta del desperdicio que significó la pérdida de esas vidas; solo muchos años después el mundo comenzó a reconocer la verdadera escala de los logros de Badfinger. Su carrera, abortada de forma tan brutal, es probablemente la historia más trágica del rock and roll. Y la que contiene una mayor moraleja.

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“Come and get it”

Los suicidios de Pete Ham y Tom Evans siempre han tendido una oscura y macabra sombra sobre la música que hicieron; una música que nunca fue suficientemente reconocida. Hasta la entrada del nuevo siglo, en que se comenzaron a reeditar sus discos, que hasta ahora permanecían descatalogados, en formato de CD, y que un ingeniero de sonido de la reputación de Dan Matovina escribió una extensa biografía sobre ellos, la gente no comenzó a apreciar su olvidado talento.

Badfinger fueron adoptados por los Beatles en 1968 y comenzaron a subir los primeros escalones hacia el estrellato con un respaldo que cualquier otro grupo de su época solamente podía tener en sus sueños más felices. Ellos eran los herederos designados; sus esperanzas ascendía en progresión geométrica… pero en algún punto del camino el sueño se convirtió en pesadilla y su fortuna se precipitó al vacío en caída libre. Y todo en demasiado poco tiempo. Los brillantes días de Badfinger se esfumaron tal como llegaron y se quedaron presos de la oscuridad. Y fue en 1975 cuando Pete Ham, un hombre amable, un baladista al que le sobraba sensibilidad, amarró una soga a una viga de su garaje y rompió con todo. Ocho años después, su colega Tom Evans, un rockero lanzado y temerario, llevó una soga al patio trasero de casa, escogió uno de los árboles e hizo lo mismo.

Las ironías desgarradoras son abundantes. Cuando “Come and get it” entró en las listas de éxitos con las que se estrenaba el año de 1970, la gente se les rifaba. La canción se podía escuchar en una escena de “The Magic Christian”, la película para la que fue compuesta, mientras en la pantalla se veía a un montón de gente de Londres en medio de excrementos humanos, rebuscando una fortuna en billetes, esparcidos por allí por un millonario loco que quería demostrar que el dinero hacía que la gente no se parase ante nada. Al principio, Badfinger eran indiferentes a las riquezas, y no prestaban ninguna atención al dinero que estaban generando. Pero había otros que sí lo hacían y terminaron por dejar a los músicos sin nada de nada. En un último análisis, fue el dinero lo que mató a Pete y a Tom.

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“Baby blue”

Todo comenzó en 1966. Durante el día, un joven Pete Ham era aprendiz de electricista en Swansea. Por la noche lideraba un grupo de pop, The Iveys, con los que tocaba R&B y versiones de canciones de éxito por los bares y pubs del sur de Gales. En uno de ellos les vio una noche un tipo de Liverpool llamado Bill Collins, con muchos años en el negocio de la música y que últimamente era el manager de The Mojos, una banda cuya estrella estaba ya en declive. Precisamente esta noche, teloneando a los Mojos estaban los Iveys y a Bill le gustó lo que escuchaba, especialmente la dulce e implorante voz del cantante, Pete.

Así que Bill se tomó la molestia de visitar las casas de todos los componentes del grupo para hablar con sus padres y persuadirlos de que era una buena idea que los chavales dejasen sus trabajos diarios y se fuesen con él a Londres, donde los Mojos tenían una casa comunitaria en la que se podrían alojar. Y todos aceptaron, así que junto a Pete Ham se fueron el batería Mike Gibbins, el bajista Ron Griffiths y el guitarrista Dai Jenkins. Una vez en la capital pudieron rodarse bastante a base de conciertos y se integraron de lleno en la vida del Swinging London… todos, excepto Dai, que cada vez echaba más de menos su vida en Swansea y terminó por volver a casa. Bill Collins le reemplazó entonces por alguien de su ciudad de Liverpool de quien le habían hablado bien, un joven de 20 años llamado Tom Evans, que a pesar de tener una personalidad mucho más bullanguera que la de Pete, congenió con él enseguida y en poco tiempo escribieron juntos una docena de canciones que Bill grabó en una cinta y la paseó por todas las compañías discográficas de Londres.

El mayor golpe de fortuna llegó una noche en que vino a visitar a Bill Collins uno de sus viejos amigos de Liverpool, Mal Evans, un antiguo gorila de la puerta de The Cavern, que había pasado a ser roadie de los Beatles y ahora era uno de los miembros claves del circulo interior de éstos. Hablando entre ellos, Bill le contó que el buscatalentos de Apple, Peter Asher, ya había visto a los Iveys en un concierto en el Marquee y no le habían impresionado demasiado, pero como a Mal Evans sí que le gustaban mucho le prometió a Bill que se llevaría la cinta de ellos a Liverpool y, saltándose la cadena protocolaria, se la haría llegar directamente a los propios Beatles.

Y lo hizo así. A Paul McCartney le gustaron, pero dudaba de que entre aquellas canciones pudiese haber algún éxito. George Harrison fue más positivo y dijo que Apple debería ficharlos. John Lennon estuvo de acuerdo con él. Mal Evans siguió paseando la cinta por todos los rincones de Apple Records y la gente se sentaba a escucharlos con interés porque la banda desprendía un extraño parecido a los Beatles cuando éstos comenzaron. Aquello ya era una pista de que los Beatles podrían formar a los Iveys a su propia imagen y semejanza. La resonancia de las armonías de Pete y Tom, y la mezcla que el cuarteto hacía de melodías lastimeras con un rock and roll muy dulce era además muy del agrado de la gente de Apple. Para los chavales de Badfinger fue un sueño que les firmasen un contrato; y aunque siguiesen ganando todavía 8 libras a la semana cada uno alucinaban encontrándose por los pasillos con James Taylor o sabiendo que mientras ellos estaban allí trabajando en sus canciones los Beatles estaban arriba grabando “Get back”.

Para su primer single, los Iveys grabaron una melancólica balada titulada “Maybe tomorrow”, producida por Tony Visconti.

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The Iveys – “Maybe tomorrow”

Lo que más me impresionaba era lo similares que eran sus voces a las de los Beatles. A veces tenía que mirar a través del cristal de la sala de control hacia el estudio para asegurarme de que los que estaban cantando no eran John y Paul. (Tony Visconti)

Los amigos y novias de los componentes de Badfinger escribieron cientos de cartas a Radio Luxembourg pidiendo la emisión de la canción, pero “Maybe tomorrow” no fue un éxito. Como tampoco lo fue el LP del mismo nombre que editaron en julio de 1969. La mayor parte de su material todavía era muy superficial.

Alguien pensó que quizás no llamaban la atención de la gente porque su nombre estaba bastante pasado de moda. Paul McCartney sugirió que se lo cambiasen a Home. John sugirió Prix. Y Neil Aspinall, la mano derecha de los Beatles, sugirió Bad Penny, que era un personaje de la canción de Humphrey Lyttleton en la que se habían inspirado para crear “Lady Madonna”. Ese nombre fue el que les llevó al definitivo de Badfinger, una palabra que se decía mucho por Abbey Road desde los tiempos del “Sgt. Pepper” porque “Bad finger boogie” había sido el título provisional de “With a little help from my friends”. La banda tenía así nuevo nombre… sin embargo, a la vez llegaron los primeros problemas.

Por entonces los Beatles ya apenas se soportaban unos a otros y Apple Records seguía funcionando por inercia. Badfinger se quedó en el limbo. Seguían dándole al sello canciones de variada calidad, pero nunca les dieron ningún crédito por ellas; es más, prácticamente las tiraban a la basura. Así que un cabreado Ron Griffiths, el bajista de la banda, se quejó amargamente en una revista musical de que los Beatles no les estaban brindando ningún apoyo. Y Paul McCartney leyó el artículo.

A Macca le habían pedido que compusiese algunas canciones para la película “The Magic Christian” y ya tenía terminada “Come and get it”. Así que se reunió con unos atemorizados Badfinger en los estudios y les dijo que podían quedarse con esta canción para sacarla como nuevo single, pero con el compromiso de que ellos tenían que componer dos canciones más para la película. Los chicos, que estaban tan asombrados de que Paul se dignase siquiera a dirigirles la palabra, todavía lo estuvieron mucho más de que éste pensase que iban a ser capaces de escribir el resto de las canciones de la película. Por supuesto, aceptaron.

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“Carry on til tomorrow”

La película “The Magic Christian”, estrenada en 1970, estaba basada en una novela de Terry Southern y estaba interpretada por Ringo Starr, Raquel Welch y Peter Sellers, y era una parábola sobre el poder corruptor del dinero. En realidad, lo que ocurrió con las canciones probablemente sería que Paul se había visto en el compromiso de tener que aceptar escribir la banda sonora, pero como estaría demasiado ocupado vio el cielo abierto ante la posibilidad de poder pasarle el muerto a aquellos aprendices de Apple Records. No sin antes advertirles que no variasen “Come and get it” ni un ápice de cómo él la había grabado ya con los Beatles, que se limitasen a copiarla al pie de la letra. Les dijo que puede que sintiesen que eso era algo poco digno para ellos, que no era muy digno copiar tan rígidamente el trabajo de otro, pero que así como sonaba era como se iba a convertir en un hit… “creedme; yo entiendo de esto…”. Los de Badfinger se limitaron a asentir y aceptar. No habían oído la canción ni tenían ni idea de cómo sonaba, pero si Paul le había hecho los arreglos, lo que él les dijese era la Palabra de Dios.

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The Beatles – “Come and get it”·

A partir de aquí llegó la bendición y, a la vez, la maldición de estar a la sombra de los Beatles. Pero de eso hablaremos en el próximo post.

LA CULTURA NO ES UN LUJO

Tras el anuncio de las últimas medidas tomadas por el Gobierno de España relacionadas directamente con materias culturales, un considerable grupo de medios musicales del país hemos decidido unirnos para manifestar una común disconformidad. Esperamos que lo expuesto a continuación sea compartido anímicamente y respaldado dentro de lo posible por nuestros lectores, tan afectados como nosotros mismos.

Todas las cabeceras que firmamos este manifiesto tenemos en común la pasión por la música, que cada cual refleja a su manera, de forma peculiar e independiente. Más allá de eso otra característica nos define prácticamente a todas: salvo algunas excepciones, en nuestras páginas el comentario político había sido hasta hoy, cuando algunas ya están cerca de los treinta años de existencia, tangencial o incluso inexistente. Sin embargo, vivimos un momento histórico extraordinario que requiere de respuestas no menos extraordinarias por parte de todos. No se nos escapa que España pasa por momentos muy complicados. Tampoco que en esta situación se demanda del ciudadano de renta media-baja un esfuerzo enorme que se traduce cada día en cientos y miles de nuevos dramas humanos. A la vez, asistimos atónitos a los beneficios millonarios de los directivos de esas cajas que han quebrado el país, a las suculentas indemnizaciones de altos cargos que abandonan sus puestos de responsabilidad en medio del escándalo, a la indecencia de buena parte de nuestros políticos. En medio de este paisaje el Gobierno ha decidido dar una nueva vuelta de tuerca a una situación ya insostenible tomando una serie de medidas que condenan a la ciudadanía en general a poco menos que la indigencia y a un sector determinado, el de la música y la cultura popular, a la desaparición.

Entre las medidas adoptadas el pasado viernes 13 de julio se encuentra el incremento del 8% al 21% del impuesto del valor añadido (IVA) sobre el precio de las entradas a salas de cine, teatros, festivales musicales y conciertos. Es el definitivo golpe de gracia para un sector que depende del gasto en ocio para su supervivencia y que ha ido viéndose acorralado progresivamente por las decisiones de nuestros gobernantes. Porque en el mundo de la música popular, a diferencia de otros sectores industriales e incluso culturales, la subvención siempre ha sido escasa cuando no directamente nula y, sin embargo, la lista de zancadillas a la iniciativa privada por parte de las Administraciones es interminable: desde la promesa incumplida por parte del anterior Gobierno de considerar los discos y directos como producto cultural y rebajar su IVA al 4%, hasta la prohibición a acceder a una sala de conciertos a los menores de edad, pasando por las periódicas trabas a promotores y hosteleros para impedir que programen música en directo. Especial hincapié merece la nula respuesta que han dado nuestros gobernantes durante la última década al problema de las descargas ilegales, que se ha llevado por delante infinidad de puestos de trabajo en discográficas y distribuidoras.

Discográficas, distribuidoras, promotores, salas, empresas de promoción y comunicación, técnicos y por encima de todo músicos son los damnificados del desprecio y hasta rencor que muestran nuestros gobernantes para con un sector que supone buena parte de ese 3% del PIB generado por la cultura y que se encuentra en proceso de descomposición. También uno de los mejores escaparates posibles para esa marca “España” que a nuestros políticos tanto les gusta pasear: ¿alguien duda lo mucho que hacen por la imagen y la economía de este país nuestros músicos o festivales?

Por supuesto entre los damnificados también nos encontramos nosotros, la prensa especializada, que vemos cómo la publicidad (una importante fuente de ingresos. Y otra vez insistimos: que no el dinero público) se bate en retirada. Primero se fueron las discográficas como consecuencia de las nulas ventas, luego las grandes marcas a causa de la caída en el consumo y ahora lo harán los promotores, salas y festivales, condenados por la subida del IVA del ministro de Hacienda, el señor Montoro. Esto, unido a la inevitable caída de las ventas de quiosco, definitivamente nos deja en una situación difícil de sortear.

Por eso, la razón de ser de este manifiesto es doble.

Por un lado, mostrar nuestra absoluta solidaridad con el resto de compañeros del mundo de la música, brindar nuestro apoyo y demandar el suyo a la vez: si de todo esto algo se salva será únicamente por la fuerza que mostremos unidos.

Y por otro, dirigirnos a todos los que nos leéis, que nos consta que sois muchos y fieles. Lo cierto es que el tiempo se ha acabado y nos encontramos ante un ahora o nunca: o reclamamos aquello que consideramos justo o nos veremos privados de ello para siempre. Y esta advertencia se refiere tanto a la posibilidad de ver a tu grupo favorito tocando en tu ciudad como al acceso a la educación y la sanidad. No nos corresponde a nosotros señalar a unas siglas concretas, pero sí pedirte con todas nuestras fuerzas coherencia y que actúes conforme a tu conciencia desde hoy mismo respecto a todo lo que está ocurriendo a tu alrededor, vivas en Barcelona, Madrid, Burgos o un pueblecito de Galicia. No te calles. No te acomodes y reclama lo que consideras que es justo. Y si a pesar de nuestro esfuerzo nos lo siguen negando, no te olvides de cuanto ha ocurrido estos últimos años cuando llegue la hora de votar.

Ilustración: Pepo Pérez

Firmado:

A Viva Veu (www.avivaveu.com)

ARDEmag (www.ardemag.com)

bi fm (www.bifmradio.com)

Binaural (www.binaural.es)

Blogin’ In The Wind (www.blogin-in-the-wind.es)

Clone (http://clonemagazine.com/)

Club De Música (www.clubdemusica.es)

DJ Mag (www.djmag.es)

El Enano Rabioso (www.elenanorabioso.com)

Efe Eme (www.efeeme.com)

Enlace Funk (www.enlacefunk.com)

Fantastic Plastic Magazine (www.fantasticplasticmag.com)

FREEk! (http://freekmagazine.com)

Funkmamma (http://funkmamma.com)

Gent Normal (www.gentnormal.com)

Go Mag (www.go-mag.com)

Guía del Ocio BCN (www.guiadelociobcn.com)

H Magazine (http://hmagazine.com/)

HH Directo (www.hhdirecto.net)

Hip Hop Life (www.hiphoplifemag.es)

Indienauta (http:// indienauta.com)

Indiespot (http:// indiespot.es)

Jenesaispop (http:// jenesaispop.com)

Klubbers (www.klubbers.com)

La Heavy De Mariskalrock.com (www.mariskalrock.com)

La Ventana Pop (http://blogs.grupojoly.com/ventana-pop/)

Lados Magazine (www.ladosmagazine.com)

MondoSonoro (www.mondosonoro.com)

Muzikalia (http://muzikalia.com)

Numerocero (http://numerocero.es)

Orbita (www.orbitamagazine.com)

PlayGround (www.playgroundmag.net)

Revolver (https://www.facebook.com/pages/Revolver-España/375069532503958)

Rockdelux (www.rockdelux.com)

Rockviu (http:// blocs.mesvilaweb.cat/rockviu)

Rockzone (http://zona-zero.net/)

Rock Estatal (www.rockestatal.es)

Ruta 66 (www.ruta66.es)

Time Out Barcelona (www.timeout.cat)

The Metal Circus (www.themetalcircus.com)

This is Rock (www.thisisrock.net)

Versos Perfectos (http://versosperfectos.com)

Vicious (www.viciousmagazine.com)

We Go (www.revistawego.com)

Zona De Obras (www.zonadeobras.com)

Durante el transcurso de la tarde se han ido sumando más medios en esta muestra de disconformidad. A la lista anterior hay que añadir a todos éstos, que también firman el manifiesto:

31Canciones (http://www.treintayunacanciones.com/)
40putes (www.40putes.com)
Aragón Musical (www.aragonmusical.com)
Butxaca, l’agenda cultural de Barcelona (www.butxaca.com)
Coolture Magazine (www.coolturemag.com)
Clubbingspain.com (www.clubbingspain.com)
Crazyminds (www.crazyminds.es)
De Risio (http://derisions.wordpress.com)
Desconcierto (www.desconcierto.com)
Dod Magazine (www.dodmagazine.es)
El Giradiscos (www.elgiradiscos.com)
Farandularte! (www.farandularte.com)
Fentlindie (www.fentlindie.com)
Goetia Media (www.goetiamedia.com)
Good2b (www.good2b.es)
Hao! (http://jelouhao.wordpress.com)
Indie World (www.indieworld.info)
La Pagina 0 (www.lapagina0.com)
La Ruta americana (blogs.elpais.com/ruta-norteamericana)
L’Ampli (www.lampli.com)
LaguiaGO! (www.laguiago.com)
Lamono magazine (www.lamonomagazine.com)
Letras Furiosas (http://letrasfuriosas.blogspot.com.es)
M.A.Confidential (www.maconfidential.com)
Madriz (www.madriz.com)
Mercadeo Pop (http://mercadeopop.blogspot.com.es)
Métronome Music (www.metronomemusic.net)
Moosic.es (www.moosic.es)
Musikorner (www.musikorner.com)
Myfeetinflames (www.myfeetinflames.com)
Notikumi (http://www.notikumi.com)
Notodo (http://notodo.com)
Paranoid Androids (www.paranoidandroids.net)
Renacer Eléctrico (http://renacerelectrico.blogspot.com)
Rock and Roll Army (www.rockandrollarmy.com)
ScannerFM (www.scannerfm.com)
Similarrock (www.similarrock.com)
Soviet Magazine (www.sovietmag.com)
Shookdown (www.shookdown.es)
Tanaka Music (http://tanakamusic.com/)
The Soap Club (www.thesopaclub.net)
Transistora (www.transistora.com)
Ultrasonica (www.ultrasonica.info)
Venus Plutón (htto://venuspluton.com)
ViniloBCN (http://www.vinilobcn.es)
Waaau.tv (http://waaau.tv)
Yonkimusic Blog (http://yonkimusic.wordpress.com)
La Isla de Encanta (www.laisladencanta.es)

Perdonad que no ponga los enlaces directos de todos, pero es un trabajo de chinos y mañana tengo que madrugar.

MARK 1

Llegó la hora. Se habían pasado los últimos cinco meses encerrados en una aislada granja de Hertfordshire, alejados del mundanal ruido, y ahora ya se sentían preparados para comenzar a dar conciertos.

Ahora mismo eran un quinteto: Jon Lord, Ritchie Blackmore, Ian Paice, Rod Evans y Nick Simper.

Y tenían un plan: irse de gira a Escandinavia, donde algunos de ellos ya habían estado tocando antes con otras bandas, que fueron muy bien recibidas. Y hacerse un nombre, al estilo de los Beatles en Hamburgo, que les facilitara más las cosas a la hora de comenzar a tocar en su propio país, en el que no sabían si iban a ser bien recibidos estando tan verdes como ahora.

Ritchie, Rod, Ian, Nick y Jon.

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“Help”

En aquel tiempo los miembros de la banda eran todavía bastante aprensivos con su futuro musical, aunque no se planteaban la posibilidad de pasar desapercibidos sin dejar rastro alguno. No se puede decir, pues, que pecasen de falsa modestia, porque sentían que tenían mucho que ofrecer musicalmente.

Ciertamente, tampoco es que fuesen unos recién llegados a este negocio; todos ellos tenían ya un pedigrí de cierta consideración. El teclista, Jon Lord, había estado tocando rhythm and blues con los Art Woods, la banda que lideraba el hermano mayor de Ron Wood, y tenía también mucha experiencia como músico de sesión, lo que le llevó a formar parte de la banda que se montó para salir de gira y capitalizar el éxito de “Let’s go to San Francisco”, un single que se había editado acreditada a los Flowerpot Men, que no eran más que un grupo ficticio, porque en realidad esas canciones las habían grabado sesioneros profesionales.

Ritchie Blackmore a estas alturas era ya casi un guitar-hero también; principalmente debido a su trabajo con el productor Joe Meek, contribuyendo con exuberantes toques de guitarra en discos de gente como Screaming Lord Sutch, Heinz y Mike Berry & The Outlaws. El batería, Ian Paice, había puesto sus baquetas al servicio de The Maze, cuyo cantante era Rod Evans, que ahora estaba también aquí con él. Y Nick Simper había sido el bajista de Johnny Kidd & The Pirates (de hecho, incluso había salido malherido del accidente que le costó la vida a Johnny Kidd) y también estuvo con Jon Lord en la banda que ponía cara a los Flowerpot Men. Además había tocado el bajo también con los Savages de Screaming Lord Sutch, por lo que también conocía ya de antes a Ritchie Blackmore.

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“Hush”

El concepto original para montar esta banda había sido bastante diferente a lo habitual. Dos hombres de negocios, con dinero de sobra y afición por el rock, eligieron invertir parte de sus ganancias en una nueva banda que iban a formar alrededor de Chris Curtis, el batería de los famosos Searchers. Pero a las pocas semanas, Chris pensó que los tipos que le habían puesto al lado eran demasiado salvajes para lo que él acostumbraba a tocar y se retiró discretamente, con lo que también desapareció el mecenazgo de los dos inversores.

Ya establecidos como quinteto, asumieron que la música que hacían podía funcionar bien por sí misma, pero que ellos necesitaban una imagen tan impactante como su sonido. Se inspiraron originalmente en Vanilla Fudge y comenzaron a construirse una imagen visual, creando varios personajes histriónicos que pudiesen ser algo salvaje en escena, lo que consideraban vital para interpretar sus canciones. Ritchie Blackmore y Nick Simper se pasaron horas y horas ante el espejo, perfeccionando sus posturas y movimientos.

A primeros de abril de 1968, tras abandonar la granja, la banda grabó una maqueta con algunas de sus canciones, entre las que incluyeron una versión de “Hush”, y acto seguido se encaminaron a Escandinavia, donde iban a comenzar una gira de 17 días en los que darían 11 conciertos. El primero de ellos fue en el salón de un instituto de Tastrup, en Dinamarca. Que no es que fuese un local muy significativo en el gran esquema de las cosas del rock and roll, pero que, el día 20 de abril de 1968, albergó la primera aparición de DEEP PURPLE.

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“Kentucky woman”

Aunque en realidad la banda por entonces tenía el nombre de Roundabout, que fue con el que aparecieron en los conciertos de aquella gira y con el que aparecieron ante aquellos 500 espectadores que no sabían que estaban siendo testigos de uno de los momentos estelares de la historia del rock. Y la verdad es que aunque se lo hubiesen dicho no se lo hubiesen creído, porque el estreno del grupo resultó un desastre.

La gente no protestó demasiado, ya sabéis, los fans mitómanos, con bastante cerveza y caña por la cara somos capaces de perdonar a cualquier banda; pero los plumillas locales, invitados aquella noche les dijeron que se parecían a Dave, Dee, Dozy, Beaky, Mick & Tich y todos los de la banda señalaron como causante del mal sonido a Nick Simper, con el que pillaron un cabreo tan monumental que se fueron del local en un momento en que éste estaba ocupado en los servicios plantando un pino y le dejaron allí tirado.

El pobre Nick, sin tener ni puta idea del extraño lenguaje que se hablaba en aquel país y no acordarse siquiera del nombre del hotel en el que se alojaban, se las compuso para llegar hasta él, donde se encontró con los otros cuatro en la barra del bar, lanzándole miradas asesinas. Nick tuvo con ellos más que palabras, pero no había más remedio que aguantarse y seguir. Tampoco es que durase mucho la asociación, no sabemos si se la tenían guardada o no mejoró el gusto por su forma de tocar el bajo, pero en junio de 1969, la situación en el seno del grupo había adquirido un cariz tan violento, que al regreso de una gira que hicieron por los USA, le expulsaron por fin de la banda, y con él le dieron puerta también a Rod Evans.

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“Hey Joe”

Pero volviendo a donde estábamos, los siguientes conciertos en Dinamarca siguieron resultando tan fríos como su clima, por lo que los planes de la banda de hacerse un nombre importante que les abriese las puertas de Inglaterra estaban fallando. Había que idear un plan B. Y éste consistió en terminar la gira como los Roundabuts, tal como estaban anunciados, pero enterrar el nombre para siempre allí mismo y comenzar de nuevo en Inglaterra con otro completamente nuevo que no les relacionase con estos fiascos. El nombre nuevo se le ocurrió a Ritchie Blackmore, al que su abuelita siempre le decía que ya que estaba en una banda de música, por qué no le tocaba la canción favorita de ella, una muy antigua que se llamaba “Deep purple”.

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Larry Clinton & His Orchestra – “Deep purple”

La salida de Nick fue muy agria, como os podéis imaginar, pero se tomó las cosas con bastante filosofía… “es mejor un hube sido que un nunca fui”… y aparte de seguir toda su vida montando y desmontando proyectos musicales que nunca gozaron de éxito alguno, se estableció en un barrio del oeste de Londres, donde abrió una empresa de pintura y decoración de casas, que es la que le ha dado seguridad económica para sus locos proyectos musicales paralelos, y que todavía debe mantener funcionando… si no se la ha cargado la actual crisis.

De la misma forma, Rod Evans también estuvo mezclado en varios proyectos musicales de nulo éxito, con el agravante de que en 1980 le enredaron para montar unos falsos Deep Purple, con él al frente de varios músicos de sesión, que solamente le valió para que la compañía de management del grupo real le demandase y le sacase una cantidad cercana a los 700.000 dólares en daños y prejuicios, que ha tenido que ir pagando a base de no recibir ni un céntimo de los royalties generados por los tres primeros discos de Deep Purple, en los que él participó como cantante. Aquel disgusto le retiró de la música para siempre y desde entonces se ha dedicado a ejercer la medicina en un indeterminado hospital de California, donde nunca ha querido ser encontrado más que por sus pacientes con problemas respiratorios.

Nick y Rod fueron sustituidos respectivamente al bajo y a la voz por Roger Glover e Ian Gillan y junto a los tres miembros que quedaron comenzaron una vasta y fructífera carrera musical que les ha asentado como una de las bandas más legendarias del rock y de la que, desde este punto, su trayectoria es tan ampliamente conocida que no necesitamos seguir ahondando en ella.

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“Smoke on the water”

BOND FREE

El metro de Londres estaba llegando a la estación de Finsbury Park. De pronto, una figura corriendo por el andén con los brazos extendidos, se tiró delante de él. El conductor accionó los frenos de emergencia, pero ya era demasiado tarde. GRAHAM BOND, uno de los músicos ingleses de más talento de su época, al que sus méritos habían hecho que le pusiesen el apelativo de “El Catalizador”, murió irremisiblemente bajo las ruedas de los vagones.

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Graham Bond Organisation – “Tammy”

La policía no fue capaz de identificar el cadáver hasta dos días más tarde, porque había quedado en un estado más allá de cualquier reconocimiento. La única forma en la que pudieron establecer quién era fue a través de sus huellas digitales. Posteriormente, Diana Stewart, la segunda esposa de Graham (a la que vemos con él ahí arriba el día de su boda) y otros dos amigos de él, certificaron la identificación.

Los rumores se esparcieron por todas partes. Muchos insistieron en que la magia negra había jugado un importante papel en su desaparición. Pero en la investigación y el juicio que siguieron a su muerte la declaración del juez fue de un veredicto abierto. Ni siquiera se pudo demostrar que hubiese sido un suicidio.

Pocas horas antes de su muerte, Graham Bond había telefoneado a un periódico, diciendo: “Me siento en forma. Lo he dejado todo atrás y ahora estoy mirando hacia delante, para volver a trabajar de nuevo”.

Su manager, John Hunt, con quién Graham había estado reunido algunos días antes, también lo confirmó: “Graham ha dejado las drogas y la magia; ha vuelto al rhythm and blues y a escribir canciones. Necesitaba dinero para un local de ensayo. Pero no podía conseguirlo; estaba sin un penique”.

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Graham Bond Organisation – “Neighbor neighbor”

Graham Bond había causado un gran impacto en la escena del jazz británico en 1961, cuando tocaba el saxo alto en el Don Rendell’s Quintet. En 1963 entró a formar parte de la Alexis Korner’s Blues Incorporated, antes de formar su propia banda, The Graham Bond Organisation, un grupo sensacional que en sus mejores momentos contó con el bajo de Jack Bruce y la batería de Ginger Baker, dos tercios de los Cream. También formaban parte de la Organisation el saxofonista Dick Heckstall-Smith (John Mayall, Colosseum…), que reemplazó en este grupo a John McLaughlin, y el propio Graham Bond, con el órgano Hammond.

Eran una banda enormemente funky en la que destacaba, sobre todo, la rasposa voz de Graham, tan poderosa que muchas veces era capaz de pisar al bajo o de levantarse por encima del saxo alto que a veces tocaba también a la vez que su Hammond. Cuando se disolvieron a mediados de 1967 Graham anduvo envuelto en varios proyectos antes de unirse una vez más a Ginger Baker, durante 1970, en el megalítico grupo que fue su Air Force.

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Ginger Baker’s Air Force – “Da Da man” (Graham Bond: solo de saxo; Steve Winwood: solo de órgano; Denny Laine: solo de guitarra)

Después de aquello, Graham se lanzó a un estilo de vida que le hizo perder a su primera esposa, sus tres hijos y su casa. Se convirtió en un total adicto a las drogas y creció en él un enorme interés por la magia negra, con la que había tenido contactos desde mediados de los ’60. Graham había nacido en 1937, siendo hijo de madre desconocida, y las circunstancias de su nacimiento siempre fueron un misterio. Cuando se enteró de que una de las novias de Aleister Crowley había dado a luz a un hijo ilegítimo en 1937, Graham declaró que él era hijo de Crowley, una creencia que le llevó a introducirse cada vez más en el ocultismo, hasta el punto de ponerle de nombre a su nueva banda Holy Magick.

Diane Stewart, que formaba parte de esta banda, habló más tarde de las sesiones de grabación que hacían.

Los músicos estaban un poco asustados porque Graham realizaba todo el ritual de El Advenimiento de la Luz, con su Cruz Cabalística, su fuego… un conjuro para invocar la energía. Y todos nos volvimos locos del todo al final, cuando el estudio entero salió ardiendo!

Y las cosas no mejoraron cuando Graham comenzó a cantar a voz en grito el que creía que era su nombre de verdad: “Aleister Crowley”.

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Holy Magick – “The judgement”

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Bond and Brown – “Lost tribe”

Graham Bond se consideraba a sí mismo alguien influyente en los círculos ocultistas y le dijo a Pete Brown, con el que había grabado un disco bajo el nombre de Bond and Brown, que él había sido elegido “Magus of Great Britain”. Y durante 1973 anunció que había formado una nueva banda llamada Magus, con la cantante y violinista Carolanne Pegg, a la que sacó de Mr. Fox, una famosa banda de folk eléctrico, competencia directa de Steeleye Spann y Fotheringay. Eran un grupo interesante, capaz, decían, de partir desde el piano desnudo, el violín acústico y la voz angelical hasta llegar a la más escandalosa magia electrónica.

Pero el camino de Magus fue muy corto y no llegó a editar nada; a la banda la mataron los problemas de dinero. Graham le debía mucha pasta a los camellos que le proporcionaban sus drogas y la única escapada que vio de una buena paliza, o de algo peor, fue pedir asilo en la comisaría de Notting Hill, en la que se metió llevando consigo un pequeño alijo de hachís de no más allá de media libra de valor, insistiendo en que le detuviesen por posesión.

Por esto hubo quiénes dijeron que los camellos tuvieron mucho que ver en la caída delante del metro que acabó con su vida; mientras otros decían que simplemente había perdido una batalla contra alguna obsesión oculta que fue más fuerte que él. Sea como fuere, su muerte fue pronosticada por uno de los titulares de la prensa musical que hablaba de Graham Bond, el del número de Navidad de 1973 de la revista Sounds: “Bond’s free at last”.

El 8 de mayo de 1974, el espíritu atormentado de Graham Bond obtuvo por fin su definitiva libertad.

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Graham Bond Organisation – “Spanish blues”

Última foto tomada en vida de Graham Bond

…UN GRAN PASO PARA LA HUMANIDAD

Todo comenzó cuando PINK FLOYD terminaron su gira americana en noviembre de 1971 y todos volvieron a reunirse diez días después en el estudio que usaban para ensayar, al lado de la estación del metro de West Hampstead, para hablar sobre componer material para un nuevo disco. Pero, como diría Serrat, aquel día las musas pasaron de ellos y se retiraron sin nada, pero poniéndose una fecha límite para tener algo con lo que empezar.

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“Careful with that axe, Eugene” (Del “Ummagumma”)

En enero tenían que comenzar otra gira, esta vez por Inglaterra e iba a ser la primera vez en cuatro años que iban a tocar por allí de forma significativa. Tenían ya comprometidos conciertos hasta 1973, por lo que iban a tener muy poco tiempo para grabar nada. De hecho, la crítica ya comenzaba a tildar sus conciertos de aburridos debido a la falta de nuevo material. Y mirándolo en el contexto de aquellos tiempos, incluso la banda estaba de acuerdo en eso porque viendo entrevistas de la época se puede leer como los Pink Floyd estaban descontentos de la acogida de sus dos anteriores discos, “Ummagumma” y “Atom heart mother”, y se mostraban desencantados de su vida y de su trabajo en la banda. Roger Waters decía, textualmente, que estaba “cansado de la mayoría del material que tocaban” y Nick Mason iba incluso más allá, mostrando un hastío que le hacía estar “mortalmente aburrido”.

Sin embargo, no se dejaron abatir y vieron al recién editado “Meddle” como un paso en la dirección correcta, especialmente su larguísimo tema “Echoes”, que ocupaba toda una cara y del que Roger Waters decía que era un “poema épico sonoro”. En los conciertos volvieron a estar animados con estos nuevos sonidos y se dijeron que nunca más esperarían a tener un disco en la calle para comenzar a tocar en directo sus canciones; en adelante probarían estas canciones nuevas en las giras y se comprometieron a tener suficiente material del próximo disco preparado como para poder rellenar con él toda la primera mitad de sus conciertos durante las cinco o seis semanas previas a su edición. Así que mientras actuaban teniendo el “Meddle” como base, comenzaron a plantearse su próximo movimiento.

Cuando comenzamos con un nuevo disco siempre desenterramos viejas cintas para ver si hay en ellas algo que podamos usar todavía. (David Gilmour)

Esto no es un síntoma de desesperación; cualquier banda prolífica envuelta siempre en variados proyectos alternativos aparte de sus propios discos, tiene normalmente alguna veta escondida en sus minas musicales de la que extraer algunos gramos de oro viejo. Y esta vez también les funcionó a la perfección. Roger Waters comenzó a darle vueltas a un instrumental llamado “Breathe”, que había escrito para la banda sonora de “The Body”, un documental de 1970 sobre biología humana. Rick Wright resucitó una secuencia de acordes de piano aparentemente moribunda… según David Gilmour, “una de esas cosas que la banda no sabía qué coño hacer con ella”… y que, a su debido tiempo, encontró nueva vida como “The great gig in the sky”. Rick excavó también una pieza que Michelangelo Antonioni había rechazado para la banda sonora de “Zabriskie Point”, que posteriormente vio la luz con el nombre de “Us and them”.

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“Us and them”

Nosotros y ellos.
Y, al fin y al cabo, tan solo somos tipos ordinarios.
Yo y tú.
Dios sabe que eso no es lo que habríamos escogido hacer.

“Adelante”, gritó desde detrás,
y los primeros murieron;
y el general permaneció sentado y las líneas en el mapa
se movían de lado a lado.

Negro y azul.
¿Y quién sabe cuál es cuál y quién es quién?
Arriba y abajo.
Y al final, todo se reduce a vueltas y más vueltas.

“¿No lo sabes? Es una guerra de palabras”,
dijo el que llevaba anuncios de alistamiento.
“Oye, chaval”, dijo el hombre que llevaba el arma.
“Para ti hay un puesto con nosotros”.

Abatido y deprimido.
No hay más remedio, pero es una condición general.
Con, sin.
¿Quién negará que por eso se lucha?

Déjame pasar, estoy muy ocupado.
Me preocupan muchos asuntos.
Por falta de dinero para el té y las tostadas
se murió el viejo.

Pero todas estas ideas recuperadas solamente hubiesen sido elementos deslavazados de no haber encontrado un concepto que sirviese de catalizador y éste salió de la mente de Roger Waters: las presiones de la vida moderna convertidas en una reflexión sobre la locura, una lóbrega predicción de un futuro lleno de disgustos y espantosas realidades. Los demás miembros de la banda aceptaron bien este concepto porque veían en él referencias a sus propias vidas; por una parte les parecía una crítica satírica contra los negocios, el materialismo… pero cuando incluyeron también la noción de la muerte ya sintieron que todo lo que iban a decir en este disco les pillaba muy de cerca.

Para mí, una de las mayores presiones de estar en una banda era el constante miedo a morir a causa de todos los viajes que estábamos haciendo en aviones y por las autopistas de toda Europa y América. (Rick Wright)

Con Roger Waters en la buena senda compositiva no tardaron en aflorar altos conceptos como el tiempo y el dinero, que dieron lugar rápidamente a más canciones… “Time”, “Money”… pero el viaje de nueve o diez días que tuvieron que hacer a París antes de Navidad para rodar el “Live at Pompeii” les paró por completo el proyecto. No importaba, tenían suficientes canciones preparadas como para cumplir su promesa de poder comenzar a rodarlas en los conciertos de la inminente gira. Los estudios de los Rolling Stones en Bermonsdey les sirvieron de cuartel general para terminar de atar cabos y ensayar a tope.

Todo estaba preparado para comenzar la gira en Brightom el 20 de enero y presentar allí “Eclipse”, que era como llamaban a este trabajo que aún estaban desarrollando. Sin embargo esta ciudad perdió el honor de ser la primera en la que se escuchasen las nuevas canciones de “The dark side of the moon” porque unos días antes del concierto la cinta en la que tenían los efectos especiales de “Money” se enganchó en una de las reproducciones y se relió de tal forma que quedó completamente inservible, por lo que tuvieron que recurrir para completar el set con más canciones del “Atom heart mother”. Sus concierto fueron iguales durante las noches siguientes, con el consiguiente disgusto de la banda y del público que esperaba disfrutar de nuevas canciones suyas hasta que por fin pudieron disponer de otra cinta en condiciones y la futura opera magna de Pink Floyd pudo ser escuchada por primera vez el 3 de febrero en el Festival de la Escuela Politécnica de Arte de Lanchester, a las 2 y media de la madrugada, justo después de que Chuck Berry abandonase el escenario.

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“Time”


Marcando los minutos que componen un día aburrido,
tiras y malgastas las horas sin el menor cuidado,
vagabundeando por los campos de tu pueblo natal,
esperando que alguien o algo te enseñe el camino.

Harto de tumbarte al sol y de quedarte en casa viendo llover,
eres joven, y la vida es larga y hay tiempo para perder.
Y, de pronto, un día, te das cuenta de que diez años
han quedado tras de ti.
Nadie te explicó que cuando estás corriendo
echas de menos el punto de partida.

Corres y corres para alcanzar el sol,
pero éste se está poniendo,
y rápidamente se levanta detrás de ti de nuevo.
El sol es el mismo, de un modo relativo,
pero tú eres más viejo.
Ya te falta la respiración
y estás un día más cerca de la muerte.

Todos los años son un poco más cortos,
nunca te da tiempo de nada,
de hacer planes que cualquier otro terminaría
ni de garabatear media página.
Hundirse en la callada desesperación
es algo muy inglés.
El tiempo se ha ido, la canción se ha acabado
…aunque a mí me queden cosas que decir.

Al no ser un trabajo terminado, los miembros de la banda podían tomarse libertades con las canciones y cambiar partes de aquí y de allá, variarlas según sus nuevas necesidades, etc. Por ejemplo, “Time” vio la luz del día de forma mucho más lenta de cómo se grabó en el disco (y has escuchado ahí arriba) y la banda la fue acelerando a medida que la iba interpretando en estos conciertos; también se le fueron incorporando las armonías vocales de Gilmour y Wright… para cuando llegó la fecha de la guinda del pastel de esta gira, los cuatro días seguidos en el Rainbow, a partir del 17 de febrero, la obra ya tenía un título nuevo: “Dark side of the moon (A piece for assorted lunatics)”. Fue un completo éxito; ninguna otra banda había logrado anteriormente llenar el Rainbow tantos días seguidos. Y el éxito no solamente fue de público, sino también de crítica; hasta el imperturbable “Financial Times” dijo que “Pink Floyd han extendido las más lejanas fronteras de la música pop”.

Pero el éxito trajo también una consecuencia no deseada. Alguien hizo una buena grabación de uno de los conciertos del Rainbow y un disco pirata de muy buena calidad, con el nombre de “Dark side of the moon”, comenzó a poblar las estanterías de la mayoría de las tiendas de discos del país. Cuando la banda se enteró de que las ventas de este bootleg se estimaban en unas 120.000 unidades abandonó para siempre su idea de interpretar de nuevo material inédito en sus conciertos.

No habían pasado ni tres meses desde que comenzasen a escribir el nuevo disco y ya tenían un pirata de él circulando por ahí. Y todavía quedaba más de un año para que se editase la versión oficial. El camino de “The dark side of the moon” estuvo lleno de obstáculos y distracciones, algunas planeadas, pero otras no. Uno de los aspectos más extraños de la creación de este disco, a pesar de haber marcado una época, es que una vez escrito se fue grabando a salto de mata, en fragmentos, cuando los de la banda tenían un rato para hacerlo, un día aquí y otro allá, y sobre todo, si tenían ganas de ponerse a hacer algo que les apartase de otra cosa más importante… como la grabación de otro disco, completo y distinto, de nuevo material, por ejemplo.

Aunque durante las décadas de los 80 y 90 Pink Floyd tuviesen una enorme propensión a la majestuosidad, por esta época todavía les quedaban muchos restos de su espontaneidad de los primero días. Por eso no fue de extrañar que cuando Barbet Schroeder, para el que habían hecho ya la banda sonora de la película “More”, les pidió que le hiciesen también la banda sonora de su nueva película, ellos se olvidaron por completo de la otra cara de la luna y aceptaron de inmediato.

Entre el 23 de febrero y el 23 de marzo de 1972 estuvieron en el castillo de Herouville, cerca de París, grabando la banda sonora de “La Valée”, una película en la que unos hippies vagabundean por Nueva Guinea en busca de un valle perdido y, de paso, en busca también, inevitablemente, del sentido de la vida.

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“When you’re in” (Del “Obscured by clouds”)

En mis primeros años de estudiante universitario, la señora Carrascus y yo éramos asiduos de los cine-clubs de las facultades y escuelas técnicas, por lo que tuvimos oportunidad de ver “La Valée” por entonces. El problema fue que el proyector de la Escuela en la que la vimos tuvo esa noche unos problemas técnicos y proyectaron la película sin el acompañamiento de la música de Pink Floyd… no os podéis imaginar dos horas más aburridas que ésas por mucho que lo intentéis.

La música que nos faltó esa noche había salido de Pink Floyd de una forma ultraprofesional: primero se sentaban en un salón, después escribían, después grababan, todo hecho como en una planta industrial, como en una línea de producción. Según David Gilmour, para ellos fue “muy bueno el trabajar bajo limitaciones extremas de tiempo e intentando saber siempre qué era lo que otra persona necesitaba”.

De todas formas, este mariposeo artístico de Pink Floyd en 1972 era más pragmático de lo que ahora podáis pensar; mirando en perspectiva sus vidas musicales en aquellos momentos, ellos eran unos jóvenes de clase media, con buenos ingresos, pero lo suficientemente inseguros con la poca certidumbre que ofrecía su trabajo en un grupo musical como para no explorar otras posibilidades que pudiesen ampliar sus carreras.

Supongo que ahora puede parecer una tontería, pero pensábamos en las películas como uno de nuestros posibles futuros. (David Gilmour)

Cuando terminaron este disco, “Obscured by clouds”, tuvieron que hacer frente a los compromisos que tenían de futuros conciertos… Japón, Inglaterra, USA, Alemania, Holanda… tres meses incansables que terminaron a primeros de junio, justo con la edición del nuevo disco, y eso les permitió tomarse todo un mes para meterse en los estudios Abbey Road y darle otro empujón a “The dark side of the moon”. Pero aún así tuvieron que seguir haciéndolo de forma esporádica porque tenían dos noches comprometidas en Brighton, como una especie de desagravio por no haber podido estrenar allí las canciones de este disco.

Y después de todo, como Roger Waters había estado componiendo “Eclipse” mientras estaban de gira por Estados Unidos y la pudieron montar en el estudio en los primeros días de este mes, el público del Dome de Brighton pudo disfrutar de una de sus primicias. Allí fue la primera vez en todo el mundo que Pink Floyd interpretó la pieza final de su obra maestra.

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“Eclipse”


Todo lo que tocas,
todo lo que ves,
todo lo que pruebas,
todo lo que sientes,
todo lo que amas,
todo lo que odias,
todo en lo que desconfías,
todo lo que guardas,
todo lo que das,
todo lo que cambias,
todo lo que compras,
pides, te prestan o robas,
todo lo que creas,
todo lo que destruyes,
todo lo que haces,
todo lo que dices,
todo lo que comes,
todo el mundo que conoces,
todo lo que desprecias,
todo el mundo con quien luchas,
todo lo que es ahora,
todo lo que ha pasado,
todo lo que vendrá
y todo bajo el sol está en armonía,
pero el sol está eclipsado por la luna.

Y después del verano, de nuevo de gira por los USA. La actividad de Pink Floyd después de sus vacaciones fue frenética: quince conciertos allí durante septiembre, vuelta a los estudios para grabar nueve días más, pero con una interrupción de dos noches por conciertos en Wembley… ¿no iban a terminar nunca de grabar el dichoso disco?

En realidad, eso no les preocupaba demasiado. El 27 de noviembre abandonaron Abbey Road para no volver hasta el 17 de enero del 73; durante ese tiempo, aparte de algunos conciertos salteados por Europa, se enfrascaron en otro proyecto totalmente diferente: Roland Petit, un eminente coreógrafo de vanguardia, les propuso que acompañasen con su música un ballet épico, del que se haría una película.

Ya nos dijo antes David Gilmour que les interesaban todos los posibles caminos hacia donde extender sus proyectos futuros, por lo que no es de extrañar que aceptasen de inmediato la proposición para prestar su música a esas dos obras, que iban a estar basadas en “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust… pero hubo un problema.

Para poder trabajar sobre ella con propiedad, los componentes de Pink Floyd tenían que leerse la obra original de Proust. Y el que más tiempo aguantó leyendo el tocho fue David Gilmour, que llegó hasta la página 118. A los demás el aburrimiento les hizo desistir mucho antes.

Cuando le dijeron a Roland Petit que aquello era demasiado para ellos, que todo era muy lento y que se sentían incapaces de pensar en alguna pieza que fuese apropiada, éste les contestó que no importaba, se cambiaban los planes y ya está… en vez de “En busca del tiempo perdido” iban a representar “Las mil y una noches”, que es igual de largo, pero las historias de Scherezade seguramente les resultarían menos monótonas.

Hubo muchas reuniones y cenas de trabajo con todos los Pink Floyd y Roland Petit, Rudolph Nureyev y Roman Polanski, pero los músicos cada vez se iban dando más cuenta de que eso del ballet no estaba hecho para ellos. Y lo intentaron; ensayaron y prepararon un programa compuesto por “One of these days”, “Careful with that axe, Eugene”, “Obscured by clouds” “When you’re in” y “Echoes” y respaldaron a los bailarines durante 15 representaciones en Marsella y París, pero cada vez que, al compás de “Echoes” el bailarín principal del ballet corría en mallas y cogía a la primera bailarina y la paseaba en brazos con las piernas abiertas por todo el escenario, a los Pink Floyd se les caían al suelo todas sus aspiraciones futuras en este particular campo de las Bellas Artes.

Y, después de todo, todavía tenían un disco que terminar…

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“Any colour you like”

Contando los días que estuvieron en Abbey Road entre el 18 de enero y el 1 de febrero, resulta que solamente habían estado en el estudio de grabación 38 días en siete meses. Un proceso de creación muy, pero que muy, difuso, ¿verdad?

Pero aprovecharon el tiempo. Todos sacaron lo mejor de cada uno de ellos y su trabajo fue un prodigio de cooperación. Si Roger Waters era libre de explorar cualquier mundo de sonidos o palabras, David Gilmour echaba mano de sus conocimientos rockistas para anclarlo todo… incluso le mangó a Eric Clapton el Leslie con el que habían conseguido los Cream el sonido de “Badge” para usarlo en “Any colour you like”; la idea de alternar los ecos y los sonidos secos de “Money” la copiaron de… Elton John. Alan Parsons, el productor, se pegaba horas y horas preparando la grabación de cada sonido de guitarra en cada canción, pero luego llegaban ellos y lo grababan todo de un tirón, con un solo micro, a toda velocidad y a un volumen escandaloso… David Gilmour era el que hacía disfrutar a los demás; y Roger Waters, el que les hacía pensar.

Y otro aspecto importante de estos días de grabación fue como todos los Floyd fueron capaces de reclutar e inspirar a otros participantes en el disco, que dejaron contribuciones espectaculares; y a todos los buscaron por fuera de la habitual élite de músicos de sesión profesionales. Cuando necesitaron un saxo para “Money” y “Us and them”, no sabían a quién recurrir porque nunca antes habían usado un solo de este instrumento. Así que Gilmour llamó a un antiguo compañero con el que había formado parte de una banda de jazz en Cambridge, Dick Parry, al que los sevillanos tuvimos ocasión de disfrutar en directo hace unos años, cuando vino al Territorios acompañando a los Violent Femmes.

Está bien involucrar a los amigos, a la gente con la que tienes empatía. Había algunos grandes nombres que podíamos haber elegido, pero era tedioso tratar con estos músicos profesionales. Y un poquito intimidante, también. (David Gilmour)

Sin embargo, cuando Roger Waters sugirió que unas armonías vocales le irían muy bien a “The great gig in the sky”, nadie de la banda había oído hablar de Clare Torry, simplemente aceptaron la recomendación que Alan Parsons hizo de ella. Habían pensado en Madeleine Bell o Doris Troy y cuando esta desconocida ama de casa abrió la boca y lanzó su voz no se lo podían creer. No es que fuesen muy diplomáticos con el trato que le dispensaron al principio, pero después, ese sonido orgásmico…

No solo exigieron lo mejor de sí mismos y de los demás, también lo hicieron de la tecnología que tenían a su disposición. Estaban decididos a conseguir todo lo que improvisaban y todo lo que salía de su imaginación, sin importarles qué tuviesen que usar para ello… metrónomos con micros aplicados, efectos de vibrato conseguidos por uno de ellos dándole pacientemente a un oscilador con el dedo, ecos y retrasos jugando con las cintas de carrete, un sintetizador VCS3 que David Gilmour había traído directamente de la casa de su inventor, Peter Zinovieff, uno de los genios de la BBC Radiophonic Workshop, que ya había conseguido miniaturizar los cientos de metros de cable y los cientos de componentes que tenía diseminados por el suelo y las paredes de la caseta de su jardín… Los Floyd fueron famosos por usar cualquier máquina que hubiese en el estudio, y era normal ver cables y más cables atravesando pasillos y pedazos de cintas destrozadas diseminados por el suelo.

Y llegó un momento en el que supieron que ya estaba todo terminado. Por fin habían acabado de mezclar todas las canciones, pero hasta el último día no las oyeron como la pieza musical continua que habían estado imaginando durante más de un año. Literalmente habían estado cortando con las tijeras y pegando después cientos de pedacitos de cintas, cortando eslabones de cadenas musicales y montando los finales a mano. Por fin, se pudieron sentar y lo escucharon todo entero a gran volumen. La sensación fue… … … no tuvieron palabras.

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“On the run”

Los que sí tuvieron palabras fueron los encargados de marketing de la EMI; y ésta fueron más o menos así: “No creemos en este disco y por eso no nos vamos a volcar en su promoción, porque nos parece que eso sería tirar el dinero…” Por eso, cuando Pink Floyd presentó a la prensa “The dark side of the moon” en el Planetario de Londres no contaron con el sistema cuadrafónico de sonido que les habían prometido. Los miembros de la banda se enfadaron y al acto solo asistió Rick Wright, por aquello de cubrir el expediente. En los Estados Unidos la cosas fueron muy diferentes; el 31 de marzo el disco subió hasta el número 1, catapultado por las ventas de “Money”, el single que se había extraído de él… “aquello lo cambió todo”, fue el sucinto comentario de Nick Mason años más tarde.

Capitol Records sí estuvo a la altura de las circunstancias en los USA. Al Radio City Music Hall de New York llevó el 17 de marzo a Andy Warhol, con el que fueron al concierto de Pink Floyd todos los miembros del “who’s who” de la vanguardia cultural. Los días 18 y 19 de mayo llenaron el Earls Court con más de 20.000 espectadores maravillados y sorprendidos por el helicóptero que caía en picado desde el techo hasta el escenario estallando en cientos de cohetes, a través de los cuales aparecía Pink Floyd en el escenario. En menos tiempo del que se tarda en decirlo, la banda era lo más elegante y lo más apoteósico del momento a la vez…

Creo que fuimos undergrounds hasta “The dark side of the moon”. Antes éramos vistos como una forma de rock and roll intelectual. Pero su éxito fue nuestro momento definitivo. Se puede trazar una línea recta desde la edición de ese disco a nuestra actual política global de arrasar con todo lo que pillamos por medio. (Nick Mason)

Fue “Money” lo que marcó la diferencia, más que “The dark side of the moon”. Esa canción nos dio legiones y legiones de seguidores, por lo cual le estaremos siempre agradecidos. Pero eso incluía también un elemento ajeno al camino de Pink Floyd. Y empezó ya desde el primer concierto de la gira americana, en el Madison de Wisconsin. La gente de las primeras filas no paraban de gritar: “Tocad ‘Money’…! Dadnos algo con lo que podamos mover el culo…!” Y teníamos que dárselo. Antes que eso tocábamos ante 10.000 espectadores sentados, entre los que, en los pasajes más tranquilos, podías oír el vuelo de una mosca. Siempre se siente nostalgia por los días en que podíamos tocar sin el compromiso de esos niveles de dinamismo. (David Gilmour)

Y el resto de la historia es suficientemente conocido…

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“Breathe (Reprise)”

En casa, en casa de nuevo.
Me gusta estar aquí siempre que puedo.
Cuando llego a casa, frío y cansado,
es agradable calentar los huesos delante del fuego.
En la lejanía, a través de los campos,
el tañido de la campana de hierro
llama a los fieles, que se arrodillan
para escuchar los hechizos mágicos
pronunciados en voz baja.