Atrapado por el blues de Memphis
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LA BANDA QUE SE REBELÓ CONTRA LA REBELIÓN (…cruz)
Categorías: Forever Young
Carrascus

El primer disco de The Band se grabó entre los estudios A&R de New York y los de Capitol Tower de Los Angeles, durante las primeras semanas de 1968. “Music from Big Pink”, que así se llamaba, fue toda una revelación, particularmente para los demás músicos del país. Albert Grossman consiguió que el grupo hiciese una virtud de su anonimato y en la portada del disco no aparecía ni el nombre ni sus fotos, solo una excéntrica pintura naïf donada por Bob Dylan y una lista con los nombres de los músicos en la contraportada, con la foto de familia que viste en el primer post en el interior de la carpeta junto a unas fotos de los miembros de la banda en la que parecían forajidos del Oeste.

Era nuestro primer disco y no teníamos ni nombre siquiera. Ya no nos íbamos a llamar más The Hawks así que decidimos llamar al disco solamente “Music from Big Pink”. No nos preocupaba no tener nombre, porque no pensábamos salir de gira por ahí. No aspirábamos a nada, simplemente a hacer el disco, y si a alguien le gustaba, pues mejor. (Levon Helm)

La música tenía además una indefinible melancolía que no guardaba ninguna relación con la que se estaba haciendo en aquel periodo de florida psicodelia. George Harrison se convirtió instantáneamente en uno de sus fans. Y Eric Clapton fue otro converso y el disco de The Band fue determinante en su abandono del gigantismo de Cream en busca de otro estilo musical más sencillo y suave. Incluso Bob Dylan, que había co-escrito con ellos tres de las canciones del disco se quedó sorprendido de lo que su banda de apoyo había sido capaz de hacer.

Cuando terminamos de grabar “The Basement Tapes” Bob sabía que nosotros íbamos a intentar hacer nuestro propio disco. Y lo hicimos todo, escribimos las canciones, las grabamos, las acabamos, las mezclamos… y él no llegó a escuchar ni una sola nota. Entonces, un día coincidimos con él en casa de Albert Grossman y le pusimos el disco. ¡Y no podía creerlo! No paraba de gritar: “¡Esto es fantástico! ¿Esto es lo que habéis estado haciendo?” ¡El tío había pintado la portada del disco y no había escuchado ni un segundo siquiera! (Robbie Robertson)

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“I shall be released”

Si “Music from Big Pink” fue un shock, el disco siguiente fue una sensación. Sin giras que les distrajesen, The Band eran libres de seguir tal como habían estado hasta ahora, componiendo y ensayando nuevas canciones, pero crecidos en confianza. Robbie Robertson había madurado como compositor y sus canciones tenían una nueva y vibrante vida; era como si la música del primer disco se hubiese convertido en semillas que hubiesen vuelto a plantar. Para volver a brotar de nuevo como plantas mucho más hermosas y potentes en este segundo disco, “The Band”.

Para grabarlo prefirieron unos estudios más hogareños que la esterilidad profesional de los que emplearon para el primero, así que el grupo alquiló la casa que Sammy Davis Jr. tenía en Hollywood y convirtieron temporalmente la casita de la piscina en unos estudios improvisados. Capitol Records les envió ingenieros de sonido que taparon con gruesas cortinas la chimenea de metal para que no se escuchase el rumor del aire, taparon con cartones las esquinas de vidrio para isonorizarlas (y protegerlas de los golpes), pusieron un micrófono y un altavoz en el cuarto de la sauna para convertirla en una cámara de ecos para la percusión… y en cuanto a los músicos, todos estaban dando lo mejor de sí y eso se refleja en el disco.

La música que The Band hicieron junto a la piscina de Sammy Davis Jr. permanece como su mayor legado. A través de una notable serie de cuadros musicales llenos de vida, la banda evoca toda la historia de Norteamérica vista desde la perspectiva de una variopinta selección de personajes comunes del folk… granjeros, tahúres, soldados, marineros, criados, ladrones… y nos la presenta pintada con tonos musicales de color sepia ricamente detallados. Siendo canadienses cuatro de los cinco componentes, The Band tenían una perspectiva de su país de adopción que estaba totalmente de acuerdo con el habitual orgullo de los propios estadounidenses. Aunque la suya no era una visión imperialista, sino una que celebraba la diversidad de la gente. Fue también un enorme éxito comercial y de “The Band” se vendieron un millón de copias prácticamente del tirón, a las que había que añadir además las ingentes cantidades de singles que se vendieron extraídos de este disco.

Robbie y Levon juntos en Big Pink. Antes de que comenzasen a fluír los cheques.

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“Up on Cripple Creek”

Tristemente, esto marcó también el principio del fin para The Band, cuando los otros miembros del grupo se dieron cuenta de la forma en que se repartían los royalties, que eran en su mayor parte para Robbie Robertson.

De lo que podías estar seguro es de que nosotros no íbamos a quedarnos nunca más allí sentados escribiendo canciones juntos para que luego viniera una persona y se llevase todo el crédito. Eso no iba a volver a pasar. (Levon Helm)

Los efectos fueron palpables en el tercer disco de The Band, “Stage fright”, grabado en el Woodstock Playhouse en junio de 1970. La idea inicial era hacer un disco divertido, grabado en directo ante una audiencia de gente de aquella pequeña ciudad, pero los concejales, temiendo una invasión de forasteros al estilo de aquella “cochambre” que invadió Burgos, rehusó darles el permiso para el concierto. Así que el disco fue grabado en directo, como ellos querían, pero con el teatro totalmente desierto. Las buenas vibraciones que se preveían para el disco fueron echadas por tierra por unas canciones que adquirieron unos tonos más oscuros de lo esperado. Las armonías y el buen rollo de las interacciones del disco anterior estaban aquí metidas con cuentagotas, reemplazado por un sumiso trabajo en solitario que reflejaba la desgana de todos a contribuir en los arreglos y en el acabado final de las canciones.

Definitivamente, el éxito había desatado a los demonios. Los cheques de los royalties acabaron con ellos. Rick Danko recibió sorprendido un cheque de 200.000 dólares como su mitad por ser coautor junto a Dylan de “This wheel’s on fire”, y el olor del dinero fresco atrajo a todos los camellos que había en varios kilómetros a la redonda. Esto fue particularmente pernicioso para Richard Manuel, que sucumbió a los atracones de alcohol y drogas. Richard describió una vez su carrera musical en una autobiografía de cuatro frases:

Comencé a los 9 años y lo dejé. Después volví cuando cumplí los 12. Luego me convertí en la estrella de la fiesta. De hecho, me convertí en la fiesta.

Pero el tiempo de fiesta estaba devorando al tiempo de trabajo, y Richard Manuel se estaba convirtiendo en una persona inestable y poco de fiar.

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“Time to kill”

La unidad musical que The Band habían sido hasta entonces dejó de existir. Comenzaron a moverse cada uno por su lado, y esto no lo hacían por diferencias musicales, en realidad, sino por diferencias químicas. Simplemente ya no controlaban lo que se metían. Nadie tuvo la culpa especialmente, pero cuando un eslabón de una cadena se rompe, toda la cadena se convierte en algo inservible. Ya nadie quería estar por allí, así que hicieron “Stage fright” lo más rápidamente que pudieron y la música ya no era una experiencia tan agradable como solía.

El material era también de un tipo diferente, con canciones como “The shape I’m in”, “Stage fright” o “Sleeping”, que reflejaban estados de ánimo más personales que las historias que contaban en el segundo disco. Robbie Robertson no se ha distinguido nunca por ser un autor muy confesional, pero sus nuevas canciones estaban más cerca que nunca de serlo.

Para cuando se editó el cuarto disco, “Cahoots”, las fisuras en The Band ya eran más que evidentes. A todos parecía darles lo mismo lo que ocurriese con el grupo e interpretaban sus partes de manera mecánica. La presión de tener que permanecer todos juntos le cobró su peaje a Robbie, cuyas nuevas canciones… “Last of the Blacksmiths”, “Shoot out in Chinatoen”, “The river hymn”… se habían convertido casi en caricaturas de sus anteriores éxitos.

Y a esta situación no le ayudó nada en absoluto que tuviesen que grabar el disco en los nuevos estudios Bearsville de Albert Grossman. Fue el primer disco que se grabó allí y en la carpeta que lo contenía se puede ver una foto de ellos, en un rincón de aquella enorme jaula de cemento, en la que se aprecia lo incómodo que se sentían todos. Parecía que alguien les estuviese retorciendo el brazo sobre su espalda y ellos estuviesen todo el rato luchando para zafarse mientras grababan el disco.

De todas formas, aún así, el disco contiene al menos dos clásicos de The Band, el resplandeciente “Life is a carnival”, con los arreglos de metal de Allen Toussaint al más puro estilo New Orleans y “4% pantomime”, un improvisado dueto entre Richard Manuel y Van Morrison, llamado así por la diferencia de cuatro grados de alcohol que marcan las etiquetas roja y negra del Johnnie Walker.

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“4% pantomime”

Esta canción es una buena muestra de cómo se hizo todo ese disco: de pronto se les ocurre algo en el estudio y los que estén allí lo hacen en una sola toma… lista la canción. Ya no se reunían para ver la mejor forma de hacerlas, para darles un corazón que latiese. The Band seguían siendo los cinco dedos de una mano, pero la mano ya era incapaz de sostener nada.

El grupo disimuló como pudo la situación que atravesaba con un disco en directo, “Rock of ages”, y otro de versiones, “Moondog matinee”, que no eran malos en sí mismos; pero cuando se trasladaron a Los Angeles parece que el espíritu de grupo que les quedaba se evaporó con el sol californiano. Todavía llegaron a grabar dos discos más, “Northern lights-southern cross” y “Islands”, antes de anunciar en 1976 su separación con el concierto de “The last waltz”.

Y aunque todavía reapareciesen en los ’90 con tres discos más y formaciones dispares, la esencia de su música se había quedado hace muchos años en Woodstock, desde donde habían esparcido las semillas de un género y de una generación que floreció durante los años siguientes… pero nunca hubo otra banda como THE BAND.

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“It makes no difference”

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3 Comments

  • El dia 13.05.2012, carrascus dijo:

    Malísimas noticias: Donald “Duck” Dunn ha muerto esta noche en un hotel de Tokyo mientras dormía. No se saben más detalles todavía. Estaba de gira. Tenía 70 años.

    • El dia 17.05.2012, Microalgo dijo:

      He tenido que mirar, debido a mi incultura musical, quién era este hombre… y vaya tela, la cantidad de gente “gorda” con la que tocó el bajo.

      • El dia 17.05.2012, carrascus dijo:

        Pues sí, amigo D. Micro; Duck era uno de los grandes, o de los “gordos”, como usted los llama, aunque siempre manteniéndose en un segundo e incluso en un tercer y cuarto plano, que además de separarle de los focos también le separaba de la pasta gansa, así que no es extraño que con lo que este hombre ha llegado a ser, haya pasado incluso durante alguna etapa de su vida como homeless.

        En este blog nos hemos referido bastantes veces a él. Por ejemplo, en este post que le enlazo, en el que le rendimos homenaje junto a otros grandes músicos de sesión.

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