Atrapado por el blues de Memphis
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I’M GOING WHERE THE SUN KEEPS SHINING (2)
Categorías: Forever Young
Carrascus

La entrada anterior terminó con Fred Neil y Vince Martin asociándose para cantar en los escenarios…

Fred y Vince juntos eran una atracción en el Village. Tenían una magia entre ellos que capturaba a las audiencias. Vince solía situarse en el escenario y Fred al fondo de la sala; y tocaban y cantaban a la vez, o uno y otro, y todo lo que había en medio de ellos se derretía.

Una tarde Vince encontró andando por la calle a un chaval que llevaba un cinturón del que colgaban un montón de armónicas, era un estudiante de 18 años llamado John Sebastian. Le preguntó sobre las armónicas; si las tocaba, las vendía o qué. Y como John le dijo que las tocaba le invitó a que esa noche subiese al escenario con él y Fred, que les vendría bien a su música el contrapunto de ese instrumento. John aceptó y les dejó sorprendidos de lo bueno que era soplándolas. Además John fue acompañado por un amigo suyo, Felix Pappalardi, que sacó buenas notas de bajo de su “guitarrón” mejicano. Con John y Felix unidos a ellos, el informal grupo se convirtió en una banda con todas las de la ley: Martin & Neil.

Con esta formación fue como les descubrió el productor Paul Rothchild y les ofreció la oportunidad de grabar para Elektra Records, un gran sello en el que ya habían despuntado otros grandes del folk como Josh White, Judy Collins y Tom Paxton. Aceptaron pero pronto se dieron cuenta de que grabar discos no era lo suyo. Fred parecía ido entre las paredes del estudio, su actitud era la de que hacer algo comercial era como venderse, no quería esa clase de compromiso musical. Esta impresión la compartían muchos de los folkies de entonces; no solo Fred, sino Dino Valente, Karen Dalton, Richie Havens, todos tenían un punto de vista muy sospechoso sobre el proceso de grabar y vender discos. Al contrario que los rockeros, que siempre estaban deseando meterse a grabar, los folkies no querían formar parte del mercado. Se cuenta siempre la historia de Dino Valente, que se bajó del escenario y se marchó en mitad de una actuación porque “sentía” que entre el público había un tío de una compañía discográfica…

Así y todo, en medio de sesiones muy volubles, en las que el productor Paul Rothchild hacía de poli malo y los músicos de poli bueno con Fred, pudo completarse el disco “Tear down the walls”. El día que se reunieron todos para la primera escucha Fred puso una enorme cara de disgusto y se fue sin terminar de oírlo. Había algo en la forma en que su voz sonaba en el disco que a él le ponía enfermo. No soportaba escucharse.

Hay dos voces que he oído en mi vida que ningún micrófono es capaz de captar. La de Paul Robeson era una; la otra es la de Fred Neil. Su voz en el disco es magnífica, pero cuando tú le escuchabas en persona alcanzaba otros niveles. No sé como describirlo, excepto diciéndote que todo mi cuerpo respondía a ella. Su voz era un instrumento de curación. Experimentarlo en directo era una maravilla. Ninguna de sus grabaciones le hace justicia. (Odetta)

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Martin & Neil – “Linin’ track”

Y la aversión de Fred Neil a los discos se extendió también a los escenarios, llegando a ser legendaria. Raras veces llegaba a tiempo a sus conciertos y cuando llegaba ya estaba planeando la forma de escapar. Su truco favorito era cortar con un cortaúñas una de las cuerdas de la guitarra… “Vaya, lo siento, se me ha roto una cuerda… voy un momento ahí atrás a cambiarla…”.Y ya no volvía.

Las drogas comenzaron también a ejercer una gran influencia en él. Los canutos clandestinos se habían convertido en algo mucho más oscuro. Su introducción en las drogas duras fue el inevitable resultado de la intensa actividad musical en el Village.

Había muchísimas oportunidades de trabajar. Yo podía hacer una actuación en el Café Wha?, cruzar la calle y hacer otra en el Gaslight, después ir a otra en el Bitter End y volver al Wha? para una sesión golfa a las tres de la mañana. Uno podía hacer cuatro actuaciones por noche, cobrar unos 80 dólares y sentirse el tipo más rico del mundo. Pero incluso así Fred siempre estaba en la ruina. Él podía currar de esta forma un par de días, quizás tres a la semana, pero nunca fue un tipo de trabajar seis días, eso seguro. Yo he trabajado seis noches a la semana durante 35 años y solamente he dejado de hacer un concierto. Eso es algo de lo que estoy orgulloso. (Vince Martin)

La gente que trabajaba como Vince ha descrito no tenía más remedio que meterse cosas para mantenerse despierto y poder llevar ese ritmo de trabajo. Y eso les llevaba a tener que meterse otras más para poder relajarse después del curro. La mayoría de la gente no tenía ni idea de lo que estaba haciendo o a donde podría llevarles. No se daban cuenta hasta que era demasiado tarde.

Pero las drogas también hacían más soportable a Fred Neil su paso por los escenarios, algo que llegó a odiar con todas sus fuerzas. Cuando terminaba de cantar y le aplaudían, él se bajaba murmurando entre dientes “que os jodan a todos, hijos de puta…”, y las drogas le liberaban lo bastante como para darle salida a su creatividad, e incluso para direccionarla. Pero Fred era muy frágil…

El segundo disco de Martin & Neil tenía que grabarse en directo en el Bitter End con los Bitter Ends Singers. Con Felix, John, Vince y Fred sobre el escenario comenzó a grabarse el concierto… pero casi inmediatamente después a Fred se le rompió una cuerda. Salió del escenario y los demás continuaron sin él hasta el final. Cuando terminaron Felix Pappalardi se encaró con Fred. Felix no era un tipo violento, pero esa noche le dio tal hostia a Fred que lo tiró rodando por el suelo. Lo levantó a tirones de las solapas, gritando: “Si vuelves a hacer eso una vez más, te rompo la cara…”. Fred se fue corriendo de allí y no volvieron a verle durante los siguientes cuatro meses. Nunca se supo donde se metió durante ese tiempo. Pero ahí se terminó el proyecto del segundo disco. Y de la banda. Vince Martin volvió a Coconut Groove con su mujer. Mucho tiempo después llamaron a su puerta; era Fred. “Hola Vince”… “Joder tío, ¿qué te ha pasado?”… “Nada”… “Anda, entra. ¿Qué voy a hacer contigo?”

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Martin & Neil – “Dade county jail””

Recuerdo una vez en el Night Owl, el club que tenía un patio trasero en el que había un árbol. Ëse fue el lugar en el que le hice a Fred la foto que después aparecería en la portada del disco “Fred Neil”. Ese día él estaba teniendo problemas con su guitarra de 12 cuerdas, a la que no podía mantener con la afinación adecuada. Yo no soy guitarrista, pero sé que es muy difícil mantener bien afinada una guitarra como ésa. Fred se bajó del escenario y se fue al patio de atrás. Y después se escuchó un golpe muy fuerte. Al momento entró Fred diciendo “ya está, esa puta guitarra ya no se volverá a desafinar”. (Jim Marshall, fotógrafo)

Fred Neil perseguía el Santo Grial de los tonos. Si podía conseguir un punto perfecto, que cualquier otro músico hubiese matado por lograr, todavía le parecía que podía llegar a algo mejor. Cuando afinaba su guitarra escuchaba además todas las máquinas del club, el aparato de aire acondicionado, el motor del frigorífico… le era imposible concentrarse; no podía aislarse de todos esos ruidos y era incapaz de afinar la guitarra como quería. Era capaz de distinguir las notas de cada ruido que escuchaba. Era como si la música le rodease constantemente; y una música bastante mala y mal afinada, además. Tiene que ser horrible; yo no puedo imaginarme estar en su pellejo. Cualquiera de nosotros es capaz de “apagar” todos esos sonidos… pero él los oía todos.

Fred me dijo que todo era música. Cuando salíamos una noche de su apartamento apagó la luz del ascensor en que bajábamos y me dijo: “Escucha, la música está por todas partes”. Los viejos cables del ascensor y la cabina hacían “chackata-bang-ringy-bang-chackawhump…” y era verdad; Fred tenía razón. (David Crosby)

No se sabe en realidad por qué Rotchchild volvió a meterse en un estudio de grabación con Fred Neil. Quizás porque pensó que ya le había sufrido todo lo posible en el disco anterior y en este las cosas no podían resultar peor. Pero no fue así, músico y productor continuaron chocando entre sí y el disco solamente pudo completarse a base de “corta y pega”. Fred hacía algunas tomas, o solamente trozos de ellas y se iba cuando quería, nada le parecía bien. Solamente la paciencia de algunos de sus músicos que siempre lograban persuadirle de que volviese de nuevo al estudio pudo hacer posible que el disco se terminase. Fred Neil podía haber sido el Elvis del folk si hubiese querido, talento para ello no le faltaba. Y seguramente eso era lo que tenía tan frustrado a Paul Rotchchild, que sentía que el comportamiento de Fred era una traición. Elegir, trozo a trozo, lo mejor de lo que se había podido grabar, y convertirlo en el disco “Bleecker & MacDougal”, fue un acto de amor por parte de Rotchchild. De amor por lo que estaba escuchando y del deseo tan enorme de que se escuchara lo que de verdad habría podido ser.

Con Fred era difícil separar la persona del músico. Aunque en la discográfica a todos les gustaba su música a casi nadie le gustaba Fred como persona. Fred era una rata, no mantenía sus promesas, estaba constantemente pidiendo anticipos. Una vez y otra venía a pedir dinero y siempre decía que la vez anterior no se lo habían dado… lo normal en los junkies. Jac Holzman, el jefe de Elektra, le aguantó porque su música merecía la pena. Y nunca se arrepintió.

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“Blues on the ceiling”

Fueran cuales fuesen los dramas que se desarrollaron detrás del telón, lo cierto es que “Bleecker & MacDougal”, el primer disco en solitario, propiamente dicho, de Fred Neil, es uno de los clásicos del folk de todos los tiempos y contiene joyas eternas como “Blues on the ceiling”, “Other side to this life”, “Little bit of rain”… canciones todas ellas en las que era fácil ver una despedida a los días del Greenwich Village. “Quiero irme a mi casa”, cantaba en la canción que daba título al disco; un deseo de huir. Varias veces más regresaría al Village para volver a pisar sus escenarios, pero con sus asuntos profesionales tan cerca de dar un giro hacia el oeste, sus días como pueblerino trasplantado a New York estaban tocando a su fin.

Pero todo eso lo iremos viendo en la tercera entrega de la historia…

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10 Comments

  • El dia 07.03.2012, losmierdas dijo:

    señor Carrascus, el “Bleecker & MacDougal” no tiene desperdicio! …y si no nos cuenta usted las tribulaciones de Paul Rothchild para sacar estos trece temas de un neurótico con instinto de fuga, estaríamos pensando en un cantante en estado de gracia levitando en el estudio!

    …enormemente agradecido por este nuevo descubrimiento… sigue usted siendo una mina!

    • El dia 07.03.2012, carrascus dijo:

      No hay nada que agradecer, amigo Losmi. Y en el post me he quedado corto con las tribulaciones de Paul Rotchild, jejeje… uno de los libros que he consultado para el texto ha sido la autobiografía, “Follow the music”, que escribió a finales de los 80 Jac Holzman, el fundador de Elektra Records. En ella pintaba un retrato muy feo de Fred Neil según lo veía Rotchild; éste consideraba a Fred un compositor brillante, pero también un cabronazo de marca mayor (usaba la palabra “scumbag”) para el que seguramente se inventó la palabra escaqueo. Una de las cosas más curiosas que contaba Paul Rotchild era que Fred Neil solía convertirse en una especie de Pete Townshend del folk en lo que se refería a cargarse guitarras a golpes, pero que solía hacerlo con guitarras que les pedía prestadas a sus amigos. Ya hemos visto en el post lo que podía hacer con una guitarra cuando ésta no respondía a sus intentos de afinación, jejeje…

      • El dia 09.03.2012, Vidal dijo:

        Señor Carrascus, estuve ayer de charlitas telefónicas con Manuel Göttsching y me contó uno de esos chismes que tanto le gustan a usted: según parece, la única vez que Ash Ra Tempel salió en la tele fue en España, en el “Musical Express” de Ángel Casas. Y lo más mejor es que vinieron expresamente para eso; vamos, que no llegaron a tocar en Barcelona (ni en ninguna otra ciudad de por aquí) en ningún momento. Ea, ahí se lo dejo para la Carrascupedia.

        • El dia 09.03.2012, carrascus dijo:

          Pues es un dato interesante, D. Vidal; sobre todo por lo que a través de él se puede intuir sobre la forma de entender la música de los Ash Ra Tempel. No sé si usted hablaría con Manuel sobre aquella época, pero he estado mirando en los archivos para ver si encontraba algo de aquella visita a España y no solo no hay nada de ella, sino prácticamente nada de ninguna otra cosa. Al contrario de otros contemporáneos suyos del Krautrock, de Ash Ra Temple, en las revistas españolas solo hay un par de menciones en reseñas sobre el rock alemán (nada sobre ellos singularmente) en un Vibraciones y en un Ruta 66. Hablo hasta el boom del internet, que dejé de informatizar mis archivos. Pero es que en la prensa inglesa tampoco hay nada, ni en los NME, ni los MM, ni Q, ni Mojo, ni Select, ni Vox… nada de nada; ni unas míseras críticas de conciertos… igual es que por allí tampoco dieron ninguno… y no crea que en las enciclopedias se ocupan tampoco mucho de ellos; de todas las que tengo solamente salen en dos…

          • El dia 09.03.2012, Vidal dijo:

            Hablé, hablé. De Ash Ra Tempel, de los Cosmic Jokers y de sus discos en solitario (que, de hecho, la excusa es que viene a Madrid a tocar el “E2-E4”). Y según me ha contado, hizo giras de manera regular hasta mediados de los ochenta. Luego, ya en solitario, le resultaba muy costoso mover todo el equipo que tenía que utilizar (ah, los tiempos analógicos) y además las nuevas generaciones no eran ya demasiado fans de los cósmicos (“Llegó un momento en el que a nadie le interesaban ni Can, ni Faust, ni Amon Düül, ni nosotros, así que tuvimos que retirarnos”, me decía).
            Y no parece que la cosa pinte mucho mejor: el de Madrid será el sexto concierto que de con el material de “E2-E4” desde que lo estrenó… hace ya cinco años…

        • El dia 09.03.2012, Microalgo dijo:

          Vaya voz que tenía el nota.

          Y si todo el mundo dice que las grabaciones no le hacían justicia…

          • El dia 09.03.2012, carrascus dijo:

            Me alegro que le guste, amigo D. Micro. Por cierto, ¿ha cantado usted alguna vez el “Everybody’s talkin'”?

          • El dia 12.03.2012, carrascus dijo:

            Pues D. Vidal, todavía suena fresco ese “E2-E4”. Ya ni me acordaba de él, pero hoy me ha servido de compañía en los viajes de ida y vuelta que he tenido que hacer al hospital y creo que esos conciertos madrileños van a estar muy bien.

            Lo del hospital no es nada excesivamente grave, no se preocupen; el ingresado es mi suegro, con bronconeumonía y muchos años encima, al que prefieren dejar allí unos días mientras le aplican un tratamiento que en otro lugar sería más difícil de controlar. Pero al final las dudas entre si ir hoy a la manifeastación o al baloncesto han quedado resueltas por sí solas.

            Esperemos que la semana que entra ahora mismo se presente con mejor cara.

            • El dia 17.03.2012, zambombo dijo:

              Acojonante la relación amor-odio que tienen algunos músicos con la música, no se sabe si es cosa de las drogas, o al revés. Quiero decir, cuál es la causa y cuál el efecto. Pero me inclino a pensar que es congénito.

              • El dia 13.07.2013, antonio molina-murcia dijo:

                Sorprendente! la historia de Fred Neil es realmente sorprendente. Su voz es una mina y sus canciones son eternas…

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