EN BUSCA DEL ACORDE IMPERFECTO (1)

Lee Mavers siempre creyó que THE LA’S iba a ser una banda de las más grandes. Él podía escuchar el sonido en su cabeza. Entonces… ¿por qué casi treinta años después todavía no ha podido trasladar ese sonido a una grabación?

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“Timeless melody”

Creo que se puede decir que Lee Mavers ha estado haciendo desaparecer su arte. En los primeros años ’90 el eje creativo de The La’s volvió la espalda al negocio musical, sobre todo escocidos por la decisión de Go! Discs de editar una versión “inacabada” del primer disco del grupo, contra los deseos de sus miembros. Las historias sobre cómo se grabó este disco han pasado a formar parte de las leyendas urbanas del rock. Durante un periodo de tres años una gran cantidad de diferentes componentes de la banda, productores y movimientos en los estudios no fueron capaces de capturar apropiadamente la música que Lee Mavers escuchaba en su cabeza. Es famosa la petición que en un momento determinado hizo Mavers de una mesa de mezclas original de los años ’60. Se le proporcionó, sí; pero el sonido todavía no era el que buscaba. ¿El problema?: “No tenía sobre ella el polvo original de los años ‘60”.

La gota que colmó el vaso cayó en el verano de 1990, cuando los exasperados directivos de Go! Discs contrataron al productor Steve Lillywhite para recuperar de una vez el disco, lo que para Lee Mavers significó una puñalada trapera y señaló que el disco resultante era “una puta mierda, el peor disco del mundo”. Y aunque en realidad el disco, “The La’s”, fue enormemente alabado por la crítica, Lee Mavers fue incapaz de perdonar a Go! Discs que le mostrase dos caras. Desilusionado y cabreado, se convirtió en un recluso apartado de la vida musical, negándose a cumplir su compromiso de grabar el segundo disco.

Hoy día, veintidós años más tarde, todavía seguimos esperándolo.

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“There she goes”

Por ahí va.
Por ahí va otra vez.
Corriendo por mi cerebro.
Y no puedo contener
la sensación que me embarga.

Por ahí resopla.
Por ahí resopla otra vez.
Latiendo en mis venas.
Y no puedo contener
la sensación que me embarga.

Por ahí va.
Por ahí va otra vez.
Me llama.
Me arrastra.
Nadie más puede aliviar mi dolor.
Y no puedo contener
la sensación que me embarga.

Por ahí va.
Por ahí va otra vez.
Persiguiéndome sin cesar.
Y no puedo contener
la sensación que me embarga.

Por ahí va.
Por ahí va.
Por ahí va.

Cuando Oasis grabaron su primer single, allá por 1994, Noel Gallagher dijo en los periódicos que la misión de su banda era “terminar lo que The La’s habían comenzado”. Este comentario reavivó el interés de la gente en Lee Mavers, que por entonces llevaba una existencia misteriosa en las penumbras de Liverpool, su ciudad natal, a la que había vuelto; y de él comenzaron a decir que era “el gran compositor perdido de su generación”, “el arquitecto original del Britpop”, “el salvador del rock británico”… incluyendo en sus comentarios de forma invariable como prueba de ello su hit de 1990, “There she goes”, con su infecciosamente alegre riff y su melodía, melancólica y eterna, que parecía indicar que Lee Mavers poseía el arcano secreto de la fórmula mágica del éxito en el pop.

Sin embargo, los inicios de Lee no fueron así; The La’s comenzaron siendo una banda de art-rock experimental, con un sonido que apenas les habíamos escuchado nunca hasta el advenimiento del internet y la edición de “Breakloose: Lost La’s 1983-86”. La banda se compuso alrededor de Mike Badger, un estudiante de arte especializado en poesía, que se encontró con Lee Mavers en 1980, cuando Liverpool estaba experimentado su primer relanzamiento musical desde los Beatles y el Merseybeat.

Ahora puede que suene ridículo, pero aquella escena, con los Bunnymen, Wah!, Teardrop Explodes, era muy real. Tú podías pasear por la ciudad y ver a Ian McCulloch y a Julian Cope sentados en la terraza de un café. Sentías que era posible estar en una banda… lo más raro es que mis aspiraciones musicales levantaron el vuelo cuando conocí por casualidad a Captain Beefheart en una galería de arte de Manchester. Yo no sabía quién era; le vi allí en el vestíbulo dirigiéndole palabrotas a su bloc de dibujo y me acerqué a él y le pedí que me dejase verlo; pasé media hora con él y fue fantástico, fue un momento fundamental en mi vida. Cuando regresaba a casa me paré en una tienda de segunda mano y me compré una copia de su disco “Clear Spot”. (Mike Badger)

El mundo de Mike Badger recibió una nueva sacudida cuando vio en directo al grupo post-punk Neuklon dando un concierto en una fiesta de su escuela. Esta banda tenía a dos tíos tocando sintetizadores y a Lee Mavers tocando el bajo y haber teloneado a Orchestral Manoeuvres in the Dark les había servido para que Roger Eagle, el manager más influyente de Liverpool, les considerase como el futuro del rock. Damos de nuevo la palabra a Mike para que nos cuente la génesis de The La’s.

Yo entonces estaba estudiando en Londres y una noche soñé con el nombre de The La’s. Al día siguiente volví a casa de mi madre en Liverpool y en la parada del autobús de al lado vi a Lee… aquello era una señal. Un día después le llamé por teléfono y quedamos en su casa; y allí, en el dormitorio de su hermana, con unas guitarras acústicas compusimos “My girl sits like a reindeer”, la canción que después se convirtió en “Feelin’”. La cosa funcionó bien; yo iba a mi aire y Lee sacaba los riffs.

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“Feelin'”

El abuelo de Lee Mavers había sido guitarrista de jazz y su padre era un gran melómano, así que él tuvo la oportunidad de escuchar muchos discos de jazz mientras crecía, aunque probablemente, desde su nacimiento estuvo ya marcado con el signo de la música. Durante los siguientes 18 meses, los dos estuvieron en el piso del uno o del otro escribiendo una sucesión de canciones de las que posteriormente aprovecharían casi todas, ayudados, en el más puro estilo The La’s, por una interminable sucesión de amiguetes en el bajo y la batería. Los discos de Iggy Pop, Big Bill Broonzy y, por supuesto, Captain Beefheart, no paraban de girar en sus tocadiscos. Ahora lo que necesitaban era un catalizador que les sacase de las habitaciones de sus casas; y lo encontraron en la persona de John Power.

En la próxima entrada tendremos ya a The La’s apropiadamente compuesto como grupo de rock y conoceremos su extraña manera de funcionar.

EN LAPONIA HACE FRÍO, PERO YO ME RÍO

El próximo jueves hay una huelga general. La convocan los sindicatos y por eso mucha gente no la secundará. Pero aparte de quien la convoque, no podemos perder de vista el hecho de que la huelga es para protestar contra la reforma laboral que el gobierno nos ha impuesto.

Yo no te voy a decir desde aquí lo que debes o no debes hacer, pero me gustaría hablarte de cómo nos afecta esta reforma a los trabajadores ya que me imagino que no habrás tenido oportunidad ni ganas de leerte el tocho enorme en el que está redactada.

Esta nueva ley nos arranca a los trabajadores derechos que teníamos consolidados no ya desde el final de la dictadura o desde las negociaciones posteriores llevadas a cabo ya en nuestra era democrática, sino también derechos que se habían conseguido incluso a principios del siglo XX. Y además nos la ha impuesto el gobierno como decreto ley; es decir, no ha hecho un proyecto de ley que pueda discutirse en nuestras cámaras de representantes. No.

El gobierno no ha permitido ni dado lugar a ninguna negociación. Nos la ha metido sin vaselina y sin discusión alguna. Y espérate a que pasen las elecciones en Andalucía y Asturias y conozcamos los nuevos presupuestos generales del estado, que si no los han dado ya a conocer es porque seguramente darán muchísimo miedo y todavía tienen que colocar bien a Arenas. Creo que lo que todos tenemos ya seguro es que habrá recortes; muchos recortes. Y los recortes no los van a sufrir los banqueros en sus cuentas de resultados, los recortes afectarán sobre todo al estado social.

Pero bueno, dejémonos de elucubraciones. Vamos a hablar un poco de lo que ya tenemos encima y nos está afectando desde febrero, que es la causa por la que se convoca la huelga general del jueves. Hablemos del despido. La verdad es que no está todavía muy claro sin cuando despiden a un trabajador éste tiene derecho a 45 días de sueldo por año trabajado o a 33 días, con un máximo de 42 mensualidades a percibir. Pero nos va a dar igual tenerlo claro o no, porque en la práctica lo que les van a dar a los despedidos son solamente 20 días por año trabajado, con un máximo de 12 mensualidades. Eso, hablando con números que todos entenderéis significa que a alguien a quien le correspondiesen antes 70.000 euros de despido, con esta nueva reforma le van a dar solamente 8.000. Con estas cifras en mente podéis calcular cada uno cuál sería vuestro caso.

Y eso va a ser así porque las empresas podrán aplicar sobre los trabajadores de los que quieran desprenderse el despido objetivo, para lo cual no hace falta que tengan pérdidas económicas, ni siquiera que estén en peligro de poder tenerlas en el futuro; simplemente hace falta que hayan disminuido sus ingresos en los últimos nueve meses. Y en estos momentos de crisis, ¿a qué empresa no le han disminuido sus ingresos en los últimos nueve meses? Efectivamente, le han disminuido a todas: a las grandes empresas que cotizan en bolsa y a las pequeñas que te venden la botellona en la esquina.

Pero todavía se puede ir más allá aún en la desfachatez. Porque ni siquiera haría falta esa disminución de ingresos para echar a los trabajadores a la calle; se puede hacer también por cambio organizativo. Esto quiere decir, citando un ejemplo que conozco (aunque no voy a hablar aquí de mi propia empresa para no dar ideas), que si en una clínica quieren pasar los servicios de radiología o rehabilitación a una contrata pueden despedir a todos los trabajadores que mantenían en estos servicios con solamente 20 días de indemnización por año trabajado. Seguro que tú conoces en tu propio trabajo alguna faena que se hace allí que quizás a tus jefes les podría interesar pasarlo a una empresa de trabajo temporal o a una subcontrata.

Y esto nos ocurriría a los trabajadores que ya estamos trabajando desde hace algún tiempo; pero es que los que todavía tengan que comenzar a hacerlo, como sería el caso de los parados actuales o de los jóvenes que se vayan incorporando a la vida laboral, llegado el caso de que les despidieran, podrían hacerlo con cero (sí, has leído bien, cero) días de trabajo por año. ¿Y cómo puede ser que despidan a un trabajador que no está cometiendo falta alguna y que desempeña bien su labor, sin indemnización…?

Pues puede ser porque con esta reforma laboral las empresas que tengan menos de 50 trabajadores, que son el 99,3 por ciento de todas las que existen, te pueden contratar con un periodo de pruebas que pasa a ser de un año; pasado el cual te pueden despedir sin explicaciones y sin indemnización y contratar a otro. Y después a otro. Y después a otro más… no me digáis que no es una flagrante desvergüenza llamar a esto “contrato fijo”, siendo además más barato para las empresas que un contrato de trabajo temporal; por lo que está claro que será el que les hagan a todos los nuevos trabajadores. Todo son ventajas para los empresarios.

Además, antes, cuando despedían a un trabajador, si en el juicio se declaraba despido nulo, la empresa tenía que pagarle al trabajador el tiempo que había pasado desde el despido hasta la resolución judicial, hasta un periodo de seis meses. Esto es lo que se llama salario de tramitación y la empresa tenía que pagárselo al trabajador tanto si lo readmitía en el trabajo, de forma retroactiva, como si no lo readmitía y le aplicaba un despido improcedente; en este caso debía abonarle ese salario junto a la indemnización. Ahora esos salarios de tramitación dejan de existir a menos que seas delegado sindical, o a menos que después del juicio la empresa te readmita y tenga que pagarte esos atrasos. Si la empresa no te readmite, será un despido improcedente y te pagarán tu indemnización correspondiente, pero no te pagarán el salario de tramitación; con lo cual está clarísimo que ninguna empresa te readmitirá después de despedirte, aunque lo diga el juez, porque así se ahorrará pagarte un puñado de meses. Aunque no te preocupes, seguramente el caso de que la empresa estuviese en el brete de tener que volver a contratarte o de no hacerlo no llegará a producirse nunca, porque otra de las cosas que cambia con esta reforma es que la empresa ya no tiene que demostrar que tu despido no es improcedente, ahora eres tú el que tiene que demostrar que sí lo ha sido. Y recuerda lo que decíamos antes sobre por qué pueden echarte… esa figura del “despido improcedente” ha quedado muerta y bien enterrada.

Vale… tómatelo con calma… yo sé que esto que estás leyendo puede estar provocándote náuseas, pero procura no ponerte malito. Y si enfermas, cúrate pronto. Porque ahora pueden despedirte también pagándote 20 días de salario por año trabajado si te pones enfermo. Para ello solamente les es necesario que faltes al trabajo un 20 por ciento de la jornada laboral; es decir, que en dos meses no puedes faltar durante 9 días porque ya cumples el límite. Ya sé que la mayoría de las bajas duran menos de ese tiempo, pero procura no tener una lumbalgia, o una gripe larga, porque eso será motivo de despido. Si tenemos una enfermedad común o un accidente no laboral, todos a currar enfermitos si ya llevamos ocho días de baja en dos meses, porque de otra forma pueden despedirnos… cuidado todos vosotros a los que les gusta jugar al futbito u os desplazáis en moto, que los accidentes de traumatología con yesos y esas cosas suelen durar bastantes días…

Como ya os digo, la nueva reforma pasa por encima del trabajador y solo contempla derechos para los empresarios. Mirad, por ejemplo, lo que ocurre con los Expedientes de Regulación de Empleo. Ya no es necesaria la autorización de la Consejería o del Ministerio para presentarlos, ahora basta para presentar un ERE con que el empresario lo notifique a la autoridad laboral. No hay esperas, no hay gastos administrativos… decidme si eso no facilita el despido de cuanta más gente mejor.

El personal laboral de administraciones públicas puede ser despedido ahora también con 20 días de salario por año simplemente por insuficiencia presupuestaria del organismo. Es decir que aquí lo que vale es lo que diga el alcalde, que es el que maneja los presupuestos… que este año le da menos presupuesto (la crisis, ya se sabe) a los que recogen la basura; pues LIPASAM desaparece dejando en paro a todos sus empleados y se privatiza la recogida. Si yo perteneciese al colectivo de empleados públicos funcionarios y estatutarios seguramente perdería algunas horas de sueño con esto… huele a peligro…

Y es que encima de todo, apenas nos dejan recursos para hacer nada, porque la nueva reforma laboral se carga la negociación colectiva. En esas empresas antes citadas, de menos de 50 trabajadores, que vuelvo a decirte que son casi todas, el convenio de la empresa prevalecerá sobre el convenio colectivo. La empresa pone el convenio.

Pero aunque ya hubiese un convenio colectivo en vigor, la empresa puede descolgarse de él alegando razones técnicas, organizativas, de producción, etc. Y si los trabajadores no están de acuerdo pues se recurre a un arbitraje. Y no solamente pueden descolgarse de los convenios los derechos que éste te otorgaba, sino también los salarios.

Antes, cuando se terminaba el periodo en vigor del convenio colectivo, éste seguía vigente hasta que se negociaba el nuevo convenio; ahora no. Ahora el convenio desaparece a los dos años y lo sustituye el convenio que dicte la empresa o, en su caso, el estatuto de los trabajadores… que quiero que recordéis que recoge un salario mínimo interprofesional de solamente 640 euros para todas las categorías profesionales y 40 horas de curro semanales.

No quiero aburriros más; creo que con esto ya os hacéis una idea y tenéis una base para pensar si uniros a la huelga general o no. Se supone que esta reforma está hecha para acabar con el paro, pero yo solamente veo razones que harán más fácil que éste siga creciendo. Es una reforma hecha para los empresarios, dándoles la espalda a los trabajadores. Y si tienes la desgracia de que alguno de sus artículos te afecte y te quedes sin trabajo, recuerda que ni así te dejarán vivir en paz, porque como quiere ese iluminado de Feito, presidente financiero de la patronal, incluso te podrían llegar a quitar el subsidio de desempleo si no aceptas la proposición que te hacen de irte a trabajar a Laponia… por 640 euros mensuales.

I’M GOING WHERE THE SUN KEEPS SHINING (y 4)

La última entrega de la historia de Fred comienza con la década de los ’70. Desde ese momento hasta su final su vida fue un constante vaivén musical y personal…

Durante aquel año de 1970 a Fred todavía pudo vérsele en directo alguna vez más en Woodstock y a principios del año siguiente aún editó otro disco, “Other side of this life”, el más flojo de su corta discografía porque en realidad no fue más que una chapuza para poder cumplir su contrato discográfico y desvincularse totalmente de la compañía.

La primera cara del disco es un concierto mediocre del que Fred intentó escaparse tras la tercera canción y tuvo que ser severamente reprendido por su manager, Howard Soloman, para que lo terminase, o al menos tocase lo suficiente para poder hacer un disco. Pero el desastre fue tal que solamente dio para una de sus caras, y la otra hubo que rellenarla con duetos muy mediocres también de Fred con Les McCann, Gram Parsons, Stephen Stills y Vince Martin. El disco, como ya os digo, solamente sirvió para romper las ataduras de Fred con su empresa y dejar el espacio libre para el futuro. Pero 30 años después ese espacio seguía totalmente diáfano.

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Fred Neil & Gram Parsons – “You don’t miss your water”

Fred se retiró simplemente de todo el follón del negocio musical, y esa es la única opción para las almas sensibles de la música. Él eligió perderlo todo, que es una triste elección, sin duda, pero comprensible. (Paul Kantner)

Fred Neil salió de su retiro para unas ráfagas de actividad durante 1976 y 77. En ese tiempo estaba viviendo en un motel en Dinner Key, allá en Florida, con solamente una guitarra, una bicicleta y una tele antigua en la que se veían más interferencias que imágenes. Pero se organizaron una serie de conciertos a beneficio del “Dolphins Project” en el Coconut Grove Playhouse con Jimmy Buffett, Jerry Jeff Walker, Stephen Stills, Rick Danko, John Sebastian y Phil Everly y Fred se unió al elenco. También estuvo en 1976 en Sacramento celebrando un concierto por el Día de la Ballena.

Aparte de estas experiencias se sumó también a una coalición de músicos y defensores del medio ambiente que decidió comenzar una cruzada en contra de la caza de ballenas y delfines y se dirigieron al Japón para concienciar a los nipones, que eran los más significados en estas cacerías. El grupo se puso de nombre Rolling Coconut Revue, y en abril de 1977 invadieron Japón formando parte de ella gente como Jackson Browne, Mimi Farina, John Sebastian y J. D. Shouter. Y Fred Neil, claro está; así que en otro extraño giro de nuestra historia, la última aparición pública cantando de Fred tuvo lugar enTokyo.

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“Little bit of rain”

Desde entonces, en vez de dar conciertos, lo que a Fred Neil le apetecía era irse al lago con su guitarra y tocar para los delfines. O coger una barca y adentrarse en las aguas, para detenerse en algún punto de ellas y comenzar allí a tocar junto a su borda para atraerles. Una vez los delfines junto a él, eran éstos los únicos en escuchar su armónica y su guitarra.

Hubo, no obstante, un intento final de volver a grabar, en 1977, con un grupo de sus antiguos asociados y otros músicos más jóvenes que se reunieron en los estudios Bayshore de Miami. Su nuevo manager, Michael Lang, había negociado un contrato con Columbia Records hacía ya dos años y Fred todavía no les había entregado ningún disco para publicar. Así que la compañía discográfica estaba pensando seriamente en meterle una demanda judicial a Fred, por lo que entre todos sus amigos le persuadieron de ponerse a grabar.

Y se llegó a grabar un disco totalmente de versiones, aunque no llegaron a realizarse todas las sesiones programadas. El disco, que se iba a llamar “Walk on the water”, como la canción de Billy Roberts que se incluía en él, se arregló un poco y se remezcló en unos estudios de New Jersey para que lo editase la banda Stuff, a la que también manejaba Michael Lang; pero las canciones nunca llegaron a ver la luz.

En algún momento indeterminado de los primeros años ’80 Buzzy Linhart convenció a Fred para que subiese con él al escenario del café Coconut Grove, donde tocaron hasta el amanecer ante cientos de personas atraídas por su mítico nombre. Después del concierto, los dos hablaron sobre la posibilidad de actuar o grabar algo juntos y Buzzy incluso se sorprendió de lo receptivo que Fred estuvo con su propuesta y de que incluso le enseñase cuatro canciones nuevas que había compuesto. Pero tras fumarse juntos varios pitillos, beberse un par de packs de cervezas y tocar juntos un rato, Fred volvió a su rutina diaria de no hacer nada más que sentarse ante el televisor día y noche y mirarlo mientras tocaba su guitarra y musitaba alguna canción. Buzzy le insistió e incluso llegaron a hacer los amagos de ensayo de una de las canciones nuevas de Fred, una que se llamaba “Trouble in Paradise”, pero como todas las cosas relacionadas con Fred Neil, a ésta también se la llevó el viento… o en su caso, mejor dicho, las olas.

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“I’ve got a secret (didn’t we shake sugaree)”

Fred Neil se convirtió en una especie protegida, como los delfines que tanto amaba. Y se aisló cada vez más…

La última vez que vi a Fred una señora que había por allí me dijo: “Está en el fondo de la piscina”. “¿Qué?”, le pregunté; “¿se está dando un baño?”. “No, se ha metido en lo hondo, en el fondo de la piscina”. Y allí estaba él, en lo más profundo del agua, con un casco de buzo. De la parte de atrás del casco salía un tubo que llegaba hasta la superficie, por el que podía respirar; pero ahora había unos niños riéndose y echándole humo de sus cigarrillos por el tubo. Les eché de allí y comencé a hacerle señas a Fred para que subiese. Pero no había manera; ni gritándole por el tubo, ni echándole agua por él… no subió. Y me tuve que ir sin hablar con él. (Denny Doherty)

Así fue su vida hasta que murió de cáncer de forma repentina el 7 de julio del 2001. Seguramente a nadie se le ocurrirá escribir una película sobre su vida, pero de ser así me gustaría desde aquí brindarle al guionista un final para ella:

Fred Neil se encuentra en su casa, cansado por la enfermedad, medio sentado, medio derrumbado en un sofá que conoció tiempos mejores. Un primer plano nos hace ver su mirada perdida, pensando en tiempos lejanos. Un flashback nos lleva a su adolescencia. Fred y un amigo suyo, chavales muy jóvenes, hacen rabona en la escuela y se van a la parte negra de la ciudad en la que viven, Treasure Island, porque han oído que en uno de sus garitos va a actuar Louis Armstrong, y él es un gran fan suyo. Como eran muy niños no les dejan entrar, claro, pero Louis les ve rondando por allí y piensa que son pinches de la cocina del club, así que les hace una seña y les invita a sentarse con ellos y su banda a la mesa donde estaban comiendo. Louis Armstrong les trata de forma muy amable y, aunque no le hayan podido oír tocar, Fred nunca olvidará ese día. El flashback se funde con las imágenes de Fred de nuevo en la actualidad. Se mueve lentamente; alarga la mano y mete un CD en el reproductor que tiene cerca. Presiona el botón de play y mientras se oyen las notas del “Everybody’s talkin’” cantadas por la ruda voz de Louis Armstrong se produce un fundido en negro y van apareciendo en la pantalla los primeros títulos de crédito…

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Louis Armstrong – “Everybody’s talkin'”

I’M GOING WHERE THE SUN KEEPS SHINING (3)

La entrada anterior la dejamos con Fred abandonando el Village neoyorkino. Se dirigió hacia otro lugar en el que brillara más el sol…

Fred Neil decidió asentarse en Florida y allí quedó fascinado por los delfines que habitaban en su bahía. Se convirtió en asiduo visitante del Seaquarium de Miami, donde con el tiempo llegó a solidarizarse con el aburrimiento que debían sufrir en su cautividad y comenzó a llevar con él su guitarra de 12 cuerdas y a pasarse todo el día tocándola para aquellos animales, que le devolvían el favor compartiendo su diversión con él. Con ellos tenía la paciencia de un santo, toda la que le faltaba con los espectadores humanos de sus conciertos. Fred parecía comprender a los delfines de forma instintiva. Para él aquello no era un trabajo, como para los demás empleados del acuario; Fred parecía comunicarse con los delfines a través de la música que sacaba de las 12 cuerdas de su guitarra. Pasó mucho tiempo con ellos, sobre todo con Cathy, el delfín hembra que estaban usando para rodar la serie “Flipper”. Fred se hizo amigo del dueño de la casa en la que se rodaba la mayor parte de la serie y solía rondar por allí solo o con los amigos que de vez en cuando le visitaban: David Crosby, Joni Mitchell, Stan Getz…

Una vez le visité en Florida y Fred me trató con gran amor y hospitalidad. Y me presentó a su delfín favorito, uno que estaba actuando haciendo de “Flipper” en televisión, aunque su nombre de verdad era Cathy. Y lo que la gente contaba por allí era que Cathy se había enamorado de Fred… yo no puedo juzgar el amor de los delfines, pero la verdad es que parecía tener un enorme afecto por él… (Ramblin’ Jack Elliott)

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“The dolphins”

En la anterior entrada decía que Fred volvió a New York algunas veces más. Para entonces John Sebastian ya estaba profundamente metido en los Lovin’ Spoonful y Felix Pappalardi se estaba haciendo un gran nombre como productor, por lo que Fred tuvo que buscarse otros músicos. Los que más frecuentemente le respaldaron fueron el Buzzy Linhart Trio, que poco después cambiaron su nombre por el de The Seventh Sons. Con la ayuda de éstos pudo dar algunos conciertos en los que eran apreciables los diferentes cambios de su música, una combinación de folk y blues y rock con jazz y country, incluso ragas; un increíble tapiz de muy diferentes formas musicales.

Cuando su manager le arregló un contrato con Capitol Records, el sello de Hollywood en el que ya había metido a Linda Ronstadt, otra de sus representadas, las necesidades de Fred Neil de seguir yendo a tocar al Village se fueron disipando. Aunque sus pocas visitas eran todo un evento y cuando venía siempre estaba asediado; todos los jóvenes cantantes de folk querían estar con él porque le consideraban el maestro. A veces Fred tenía que ocultarse en el apartamento que uno de los Seventh Sons tenía en el Village para que nadie supiese que estaba allí; no solo sus fans y colegas, sino que no quería hablar con los ejecutivos de las discográficas, con sus antiguas novias, con sus antiguos camellos… Fred siempre fue un enigma y nunca tuvo una comunicación real ni con sus amigos más cercanos.

La asociación con Capitol Records le volvió a poner en contacto con Nik Venet, a quien ya conociese de sus tiempos en el Brill Building, cuando Venet escribía canciones para Bobby Darin. Capitol estaba en la cima del mundo con su contrato de distribución en los USA de los Beatles; y un par de grupos que Venet había llevado al sello, los Lettermen y los Beach Boys, habían hecho crecer muchísimo las ventas de éste. Los ejecutivos querían ahora sacar a la luz la escena underground de San Francisco con Quicksilver Messenger Service, la Steve Miller Band… y Venet vio en Fred Neil la oportunidad de hacer otra clase de arte.

La forma de grabar de Venet con Fred era totalmente diferente a lo que había hecho nunca antes en Capitol. Venet grababa a Fred, pero no como para hacer un disco. En realidad a Nik Venet deberíamos elogiarle por lo que no hizo, en lugar de por lo que hizo. Siempre estaba allí grabándolo todo directamente. Ninguna de las canciones se remezcló después, todo lo que suena en las canciones que hizo con Fred Neil es tal y como sonaron en el estudio, sin remezclas ni ecualizaciones. Había algo en Fred que nunca le defraudaba y Venet nunca quiso comprometer su integridad.

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“Badi-da”

Poco a poco fueron confeccionando un disco con todas aquellas canciones, pero para completarlo necesitaban una más. Se lo dijeron a Fred y, dicho y hecho, se metió en el cuarto de baño de Capitol y cuando salió de allí les dio “Everybody’s talkin’”. Como se puede ver por lo corta que es su letra, Fred todo lo que quería hacer era terminar cuanto antes y volver a Florida con sus delfines. En realidad él nunca “estuvo” en Los Angeles; dormía en su habitación del hotel Tropicana, de allí iba a los estudios de Capitol, y de allí volvía al hotel; Fred no sabía dónde estaba un lugar ni otro, ni le interesaba nada, simplemente se dejaba llevar aquí y allá por el chófer que venía a recogerlo.

Fred y yo teníamos el mismo manager, por lo que tuve la oportunidad de hacerle una visita durante una de las sesiones en las que se grababa su disco, aunque solo estuve allí unos minutos y solo le vi por el cristal del control. Fred y sus músicos estaban en una habitación grande, casi a oscuras, con la propia habitación sirviendo de cámara de ecos; estaban tocando una versión de la canción de los delfines. La tocaron de tres formas diferentes en el rato que estuve escuchando, sorprendido, porque cada nueva versión era una transformación total de ritmo y sentimiento. Salí de allí convencido de que por la voz, la música, la letra, éste iba a ser el mejor disco de los años ’60. (Tim Buckley)

Desafortunadamente, incluso un gran disco puede caerse por un barranco si el artista no está en ningún sitio para sujetarlo. “Fred Neil” se editó a primeros de 1967 y apenas nadie se enteró. Con Fred rechazando cualquier posibilidad de una gira de promoción o incluso de tocar algunas de las canciones en programas de radio o televisión, Venet dio el asunto por perdido y comenzó a pensar en otras sesiones de grabación con las que mantener musicalmente ocupado a su reticente artista.

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“Sweet cocaine”

Esta vez Venet quiso que el estudio fuese lo más parecido posible a la casa de Fred. Así que metió en él sofás, bebidas, comida, a sus amigos. Y cuando grababan no se ponía a decir, “¡toma uno!” ni “¡toma dos!”, pensaba que aquello alteraría el aspecto emocional de aquel grupo de personas; lo que hizo, en cambio, fue mantener dos magnetófonos constantemente funcionando y a tres ingenieros de sonido para manejarlo todo. Así Fred nunca se veía obligado a hacer otra toma porque todo quedaba registrado. Venet pensaba que ésa era la forma en que Fred tenía que ser grabado, la forma en que había que grabar el trabajo de los artistas.

Así que todo lo que suena en ese disco, “Sessions”, está hecho en una sola toma. Venet no editó nada, quiso ser tan honesto como para presentarlo todo al desnudo. Cuando tuvo preparados los acetatos del disco se los llevó a David Crosby, que era un gran fan y amigo de Fred Neil, para pedirle su opinión. David le gritó que era un gilipollas, que lo que había hecho era lamentable, que el disco no valía para nada… “¿cómo has podido hacerle esto a Fred…?”. Venet volvió a su casa esa noche dudando seriamente de sus habilidades.

Pero un mes después David Crosby le pidió perdón. Le dijo que probablemente aquél era el disco más honesto que había escuchado en toda su vida. Le dijo que al principio no creía en esa forma de grabarlo todo en una sola toma porque por entonces él estaba en los Byrds, una banda que usaba el tracking y el overdub y todos los trucos que podían utilizarse en un estudio. Para Nik Venet, las palabras de David Crosby fueron música celestial; desde ese momento ya no le importó si el disco iba a hacer dinero o no: él solamente hacía discos, no los vendía.

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“Felicity”

A pesar de la falta de organización que caracterizaba a Capitol Records, el rodaje de una película llamada “Cowboy de medianoche” vino a salvar la reputación de Fred Neil de las tristes garras de “Sessions”. Escuchando el disco de Harry Nilsson en busca de una potencial canción para su película, el director John Schlessinger encontró “Everybody’s talkin’”, la única del disco que no había escrito Nilsson. “Cowboy de medianoche” fue la película más premiada de 1969, y la versión de Nilsson del “Everybody’s talkin’” se convirtió en un éxito enorme y fue versionada por multitud de otros cantantes. Pero si los fans de Fred Neil pensaban que este golpe de suerte iba a sacarle de su inactividad es que no le conocían bien.

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Nilsson – “Everybody’s talkin'”

La mayoría de los cantantes hubiesen dado la mitad de su vida por aparecer en el show de Johnny Carson, pero éste a quien le pidió que apareciese con él fue a Fred Neil. Cuando le llamó por teléfono para proponérselo, Fred le contestó : “¿Qué quieres, que cante unos graves para ti?”, y le colgó riéndose. Harry Belafonte también le pidió que se fuese de gira con él y Miriam Makeba a África. La respuesta de Fred fue: “No, gracias”.

Cuando salió “Cowboy de medianoche” fui a Florida a buscar a Fred. Le encontramos demasiado pálido para vivir en un lugar tan soleado. Por entonces estaba muy metido en la heroína y parecía literalmente consumido. Se había quedado en los huesos; no comía, no hacía nada, parecía como si no hubiese usado sus músculos desde hace tiempo. Me hubiese gustado que hubiese cogido su guitarra, pero no lo hizo. Hablamos con él, pero era difícil; era obvio que no estaba disfrutando de vivir en un lugar tan alegre y soleado y eso me entristeció. Hablar con Fred era como hablar con un fantasma. (P. F. Sloan)

Entonces fue cuando se murió Flipper. El primer día de la primavera de 1970 se murió el delfín Cathy en el Seaquarium de Miami, en brazos de su cuidador, Ric O’Barry; lo que para él significó una epifanía que le hizo dedicarse desde entonces al “Dolphins Project”, una organización que se dedicó a combatir contra la vida en cautividad de los delfines. Y Fred Neil fue no solamente un compañero, sino también su inspiración.

Desde ese momento hasta el final de su vida la dedicación de Fred Neil a la música fue una constante fuente de especulaciones, pero su devoción por la causa de los delfines está más allá de toda duda. Las pocas apariciones públicas que hizo durante sus últimos 35 años fueron invariablemente en apoyo del “Dolphins Project”, cuyo trabajo se centraba en concienciar a la gente y en devolver a los delfines cautivos a su estado salvaje. Y Fred demostró la profundidad de sus convicciones donando a esta organización todos los royalties generados por su canción “The dolphins”, otra de las que más versiones ha tenido de todas las que compuso.

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Linda Ronstadt – ·The dolphins”

Ya solamente nos queda una última entrada; en ella reflejaremos esos últimos 35 años de su irregular vida…

I’M GOING WHERE THE SUN KEEPS SHINING (2)

La entrada anterior terminó con Fred Neil y Vince Martin asociándose para cantar en los escenarios…

Fred y Vince juntos eran una atracción en el Village. Tenían una magia entre ellos que capturaba a las audiencias. Vince solía situarse en el escenario y Fred al fondo de la sala; y tocaban y cantaban a la vez, o uno y otro, y todo lo que había en medio de ellos se derretía.

Una tarde Vince encontró andando por la calle a un chaval que llevaba un cinturón del que colgaban un montón de armónicas, era un estudiante de 18 años llamado John Sebastian. Le preguntó sobre las armónicas; si las tocaba, las vendía o qué. Y como John le dijo que las tocaba le invitó a que esa noche subiese al escenario con él y Fred, que les vendría bien a su música el contrapunto de ese instrumento. John aceptó y les dejó sorprendidos de lo bueno que era soplándolas. Además John fue acompañado por un amigo suyo, Felix Pappalardi, que sacó buenas notas de bajo de su “guitarrón” mejicano. Con John y Felix unidos a ellos, el informal grupo se convirtió en una banda con todas las de la ley: Martin & Neil.

Con esta formación fue como les descubrió el productor Paul Rothchild y les ofreció la oportunidad de grabar para Elektra Records, un gran sello en el que ya habían despuntado otros grandes del folk como Josh White, Judy Collins y Tom Paxton. Aceptaron pero pronto se dieron cuenta de que grabar discos no era lo suyo. Fred parecía ido entre las paredes del estudio, su actitud era la de que hacer algo comercial era como venderse, no quería esa clase de compromiso musical. Esta impresión la compartían muchos de los folkies de entonces; no solo Fred, sino Dino Valente, Karen Dalton, Richie Havens, todos tenían un punto de vista muy sospechoso sobre el proceso de grabar y vender discos. Al contrario que los rockeros, que siempre estaban deseando meterse a grabar, los folkies no querían formar parte del mercado. Se cuenta siempre la historia de Dino Valente, que se bajó del escenario y se marchó en mitad de una actuación porque “sentía” que entre el público había un tío de una compañía discográfica…

Así y todo, en medio de sesiones muy volubles, en las que el productor Paul Rothchild hacía de poli malo y los músicos de poli bueno con Fred, pudo completarse el disco “Tear down the walls”. El día que se reunieron todos para la primera escucha Fred puso una enorme cara de disgusto y se fue sin terminar de oírlo. Había algo en la forma en que su voz sonaba en el disco que a él le ponía enfermo. No soportaba escucharse.

Hay dos voces que he oído en mi vida que ningún micrófono es capaz de captar. La de Paul Robeson era una; la otra es la de Fred Neil. Su voz en el disco es magnífica, pero cuando tú le escuchabas en persona alcanzaba otros niveles. No sé como describirlo, excepto diciéndote que todo mi cuerpo respondía a ella. Su voz era un instrumento de curación. Experimentarlo en directo era una maravilla. Ninguna de sus grabaciones le hace justicia. (Odetta)

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Martin & Neil – “Linin’ track”

Y la aversión de Fred Neil a los discos se extendió también a los escenarios, llegando a ser legendaria. Raras veces llegaba a tiempo a sus conciertos y cuando llegaba ya estaba planeando la forma de escapar. Su truco favorito era cortar con un cortaúñas una de las cuerdas de la guitarra… “Vaya, lo siento, se me ha roto una cuerda… voy un momento ahí atrás a cambiarla…”.Y ya no volvía.

Las drogas comenzaron también a ejercer una gran influencia en él. Los canutos clandestinos se habían convertido en algo mucho más oscuro. Su introducción en las drogas duras fue el inevitable resultado de la intensa actividad musical en el Village.

Había muchísimas oportunidades de trabajar. Yo podía hacer una actuación en el Café Wha?, cruzar la calle y hacer otra en el Gaslight, después ir a otra en el Bitter End y volver al Wha? para una sesión golfa a las tres de la mañana. Uno podía hacer cuatro actuaciones por noche, cobrar unos 80 dólares y sentirse el tipo más rico del mundo. Pero incluso así Fred siempre estaba en la ruina. Él podía currar de esta forma un par de días, quizás tres a la semana, pero nunca fue un tipo de trabajar seis días, eso seguro. Yo he trabajado seis noches a la semana durante 35 años y solamente he dejado de hacer un concierto. Eso es algo de lo que estoy orgulloso. (Vince Martin)

La gente que trabajaba como Vince ha descrito no tenía más remedio que meterse cosas para mantenerse despierto y poder llevar ese ritmo de trabajo. Y eso les llevaba a tener que meterse otras más para poder relajarse después del curro. La mayoría de la gente no tenía ni idea de lo que estaba haciendo o a donde podría llevarles. No se daban cuenta hasta que era demasiado tarde.

Pero las drogas también hacían más soportable a Fred Neil su paso por los escenarios, algo que llegó a odiar con todas sus fuerzas. Cuando terminaba de cantar y le aplaudían, él se bajaba murmurando entre dientes “que os jodan a todos, hijos de puta…”, y las drogas le liberaban lo bastante como para darle salida a su creatividad, e incluso para direccionarla. Pero Fred era muy frágil…

El segundo disco de Martin & Neil tenía que grabarse en directo en el Bitter End con los Bitter Ends Singers. Con Felix, John, Vince y Fred sobre el escenario comenzó a grabarse el concierto… pero casi inmediatamente después a Fred se le rompió una cuerda. Salió del escenario y los demás continuaron sin él hasta el final. Cuando terminaron Felix Pappalardi se encaró con Fred. Felix no era un tipo violento, pero esa noche le dio tal hostia a Fred que lo tiró rodando por el suelo. Lo levantó a tirones de las solapas, gritando: “Si vuelves a hacer eso una vez más, te rompo la cara…”. Fred se fue corriendo de allí y no volvieron a verle durante los siguientes cuatro meses. Nunca se supo donde se metió durante ese tiempo. Pero ahí se terminó el proyecto del segundo disco. Y de la banda. Vince Martin volvió a Coconut Groove con su mujer. Mucho tiempo después llamaron a su puerta; era Fred. “Hola Vince”… “Joder tío, ¿qué te ha pasado?”… “Nada”… “Anda, entra. ¿Qué voy a hacer contigo?”

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Martin & Neil – “Dade county jail””

Recuerdo una vez en el Night Owl, el club que tenía un patio trasero en el que había un árbol. Ëse fue el lugar en el que le hice a Fred la foto que después aparecería en la portada del disco “Fred Neil”. Ese día él estaba teniendo problemas con su guitarra de 12 cuerdas, a la que no podía mantener con la afinación adecuada. Yo no soy guitarrista, pero sé que es muy difícil mantener bien afinada una guitarra como ésa. Fred se bajó del escenario y se fue al patio de atrás. Y después se escuchó un golpe muy fuerte. Al momento entró Fred diciendo “ya está, esa puta guitarra ya no se volverá a desafinar”. (Jim Marshall, fotógrafo)

Fred Neil perseguía el Santo Grial de los tonos. Si podía conseguir un punto perfecto, que cualquier otro músico hubiese matado por lograr, todavía le parecía que podía llegar a algo mejor. Cuando afinaba su guitarra escuchaba además todas las máquinas del club, el aparato de aire acondicionado, el motor del frigorífico… le era imposible concentrarse; no podía aislarse de todos esos ruidos y era incapaz de afinar la guitarra como quería. Era capaz de distinguir las notas de cada ruido que escuchaba. Era como si la música le rodease constantemente; y una música bastante mala y mal afinada, además. Tiene que ser horrible; yo no puedo imaginarme estar en su pellejo. Cualquiera de nosotros es capaz de “apagar” todos esos sonidos… pero él los oía todos.

Fred me dijo que todo era música. Cuando salíamos una noche de su apartamento apagó la luz del ascensor en que bajábamos y me dijo: “Escucha, la música está por todas partes”. Los viejos cables del ascensor y la cabina hacían “chackata-bang-ringy-bang-chackawhump…” y era verdad; Fred tenía razón. (David Crosby)

No se sabe en realidad por qué Rotchchild volvió a meterse en un estudio de grabación con Fred Neil. Quizás porque pensó que ya le había sufrido todo lo posible en el disco anterior y en este las cosas no podían resultar peor. Pero no fue así, músico y productor continuaron chocando entre sí y el disco solamente pudo completarse a base de “corta y pega”. Fred hacía algunas tomas, o solamente trozos de ellas y se iba cuando quería, nada le parecía bien. Solamente la paciencia de algunos de sus músicos que siempre lograban persuadirle de que volviese de nuevo al estudio pudo hacer posible que el disco se terminase. Fred Neil podía haber sido el Elvis del folk si hubiese querido, talento para ello no le faltaba. Y seguramente eso era lo que tenía tan frustrado a Paul Rotchchild, que sentía que el comportamiento de Fred era una traición. Elegir, trozo a trozo, lo mejor de lo que se había podido grabar, y convertirlo en el disco “Bleecker & MacDougal”, fue un acto de amor por parte de Rotchchild. De amor por lo que estaba escuchando y del deseo tan enorme de que se escuchara lo que de verdad habría podido ser.

Con Fred era difícil separar la persona del músico. Aunque en la discográfica a todos les gustaba su música a casi nadie le gustaba Fred como persona. Fred era una rata, no mantenía sus promesas, estaba constantemente pidiendo anticipos. Una vez y otra venía a pedir dinero y siempre decía que la vez anterior no se lo habían dado… lo normal en los junkies. Jac Holzman, el jefe de Elektra, le aguantó porque su música merecía la pena. Y nunca se arrepintió.

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“Blues on the ceiling”

Fueran cuales fuesen los dramas que se desarrollaron detrás del telón, lo cierto es que “Bleecker & MacDougal”, el primer disco en solitario, propiamente dicho, de Fred Neil, es uno de los clásicos del folk de todos los tiempos y contiene joyas eternas como “Blues on the ceiling”, “Other side to this life”, “Little bit of rain”… canciones todas ellas en las que era fácil ver una despedida a los días del Greenwich Village. “Quiero irme a mi casa”, cantaba en la canción que daba título al disco; un deseo de huir. Varias veces más regresaría al Village para volver a pisar sus escenarios, pero con sus asuntos profesionales tan cerca de dar un giro hacia el oeste, sus días como pueblerino trasplantado a New York estaban tocando a su fin.

Pero todo eso lo iremos viendo en la tercera entrega de la historia…