LA SONRISA EN TUS LABIOS ES LO MÁS MUERTO QUE EXISTE (3)

En el anterior post contábamos cómo Ronnie inicia una nueva andadura musical, en la que se apartaba del estilo rockero de sus bandas anteriores para cambiarlo por otro más pastoral y más acorde a su nueva vida.

Bajo los auspicios de Billy Gaff, que también era el manager de los Faces y de Rod Stewart en solitario, Ronnie Lane se pasó los meses de marzo y abril del 74 grabando el primero de una serie de discos con Slim Chance. Se editó en junio, en GM Records, el propio sello de Billy Gaff y se llamó “Anymore for anymore”. Estaba lleno de un rock’n’folk muy animado que reflejaba perfectamente las aspiraciones musicales de Ronnie; toda una mezcla de estilos: rock and roll, Tin Pan Alley, folk inglés tradicional, raíces bluesy; muy melodioso y lleno de espontaneidad y más inclinado hacia la acústica que hacia la electricidad, como sería desde entonces la marca de fábrica de los posteriores discos de Slim Chance. Ronnie Lane era el corazón de los Faces, trasplantado a esta nueva banda.

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Slim Chance – “The poacher”

Aparejado a la edición de este disco, Ronnie y Kate pudieron llevar a cabo su ambición de formar una caravana de gitanos con la que cruzar todo el país. La llamaron The Passing Show, e incluía un variado surtido de músicos, bailarines, payasos y hippies y gitanos errantes viajando en una flota de cinco camiones a cual más desvencijado. Ronnie intentó convencer a algunos de sus más conocidos amigos para que formasen parte del Show, como Ron Wood, Jimmy Page y Pete Townshend, pero éstos no se dejaron convencer… la verdad es que yo tampoco lo hubiese hecho, a la vista de aquellos camiones que Ronnie le había comprado al dueño de un circo, ya retirado, que a su vez los había comprado como excedentes del Museo de Transportes de Londres. Algunos de aquellos camiones eran de los años ’40 y se habían pasado una gran cantidad de tiempo parados cuando Ronnie los compró, por lo que lo primero que tuvo que hacer fue quitarle las enormes capas de roña y cacas de pollo que los cubrían y darle después varias manos de pintura hasta dejarlos presentables.

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Slim Chance – “Anymore for anymore”

La gira apenas tuvo publicidad y los carteles fueron hechos a mano y apenas se podían leer. Ni el sello discográfico de Ronnie ni su manager creían tampoco en nada de esto, por lo que su apoyo fue escaso, por no decir nulo, hacia este insensato proyecto. La caravana salió desde Marlow a finales de mayo, y los primeros conciertos en Bath fueron cálidamente acogidos y vistos por bastante público, pero ésta fue la excepción. El primer problema fue tener que despedir a los payasos, The Dawes Family, que eran tan malos que necesitaban risas enlatadas para animar al público; los sustituyeron por una pareja de traga fuegos. La música, por supuesto, no era ningún problema, pero la mala planificación y el caos que les rodeaba siempre fue desangrando la cuenta corriente de Ronnie hasta dejarla seca.

Otro de los miembros que tuvieron que incluir en la gira fue al viejo mecánico que se ocupaba de los camiones en el circo, porque tres de ellos ya se habían averiado en los primeros 150 kilómetros. Además la caravana tenía que pararse constantemente porque cada vez que se acercaban a algún pueblo los lugareños salían para decirles que los gitanos no eran bienvenidos allí, cuando no venían los guardias a multarles porque estaba prohibido aparcar grandes remolques, y es que todas las combinaciones de vehículos y caravanas que llevaban eran ilegales de una u otra forma. El viejo mecánico resultó una fuente enorme de problemas, porque solía encararse con todos los polis que venían a darle el coñazo, y más de uno probó su llave inglesa.

Después de 23 conciertos la gira se paró definitivamente en Newcastle. La tarjeta de crédito de Ronnie ya no daba para más ni le quedaba nadie a quien seguir pidiéndole dinero. Todos estuvieron de acuerdo en que aquello había sido una idea que merecía la pena haber intentado, pero que quizás estaba demasiado adelantada a su tiempo, algo demasiado increíble y radical.

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Slim Chance – “Brother, can you spare a dime?”

A estas alturas ya habréis comprendido todos que Ronnie era un tipo raro. Y con unas aficiones extrañas; por ejemplo, era un coleccionista compulsivo de revistas de coches de segunda mano; e incluso una vez intentó poner en una de ellas un anuncio de la salida de su primer disco con Slim Chance, pero los editores de la revista pensaron que no pegaba entre sus anuncios de coches usados el promocionar algo de tan mala fama como una banda de rock y no lo aceptaron.

Ronnie quería para la segunda encarnación de Slim Chance a unos músicos que fuesen buenos instrumentistas, pero que no tuviesen los delirios de grandeza que eso implica a veces, y que no se diesen demasiados aires ni fuesen demasiado “elegantes”; en realidad fue un precursor de bandas como The Pogues o The Levellers. Y no le costó demasiado encontrar a estos músicos, porque una banda completa, a la que acababa de dejar en la estacada la chica que tenían como cantante, se presentó a la audición y los escogió a todos ellos, con lo que Slim Chance quedó compuesta por Charlie Hart, Steve Simpson, Bian Belsham, Glen Le Fleur y Ruan O’Lochlainn; aunque los dos últimos apenas duraron seis meses en ella y al marcharse entró un miembro nuevo para conformar la formación más clásica, que duraría ya hasta el final: el batería Alan Davey.

El siguiente disco los grabaron en dos semanas en los estudios Star Grove de Mick Jagger; se llamaba “Ronnie Lane’s Slim Chance” y ha sido el que mejor ha reflejado la vibrante espontaneidad que tenía en su interior la música de Ronnie. Contiene algunas de las más maravillosas y a la vez desconocidas de sus canciones… “Little piece of nothing”, “Anniversary”, la majestuosa “Tin and tambourine”, compuesta a medias con Kate… todas ellas basadas en la vida rural inglesa y las historias contadas en los pubs, en el modo de vida nómada de los gitanos… y la elección de versiones y adaptaciones también era impecable, consiguiendo yuxtaponer sin esfuerzo a Chuck Berry y Fats Domino con los Dillards.

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Slim Chance – “Tin and tambourine”

El siguiente disco fue “One for the road”, y éste sí estaba íntegramente lleno de canciones originales que el grupo pasó varios meses grabando en el estudio móvil que Ronnie tenía en su granja de Fishpool, por lo que sobre todo reflejaban la vida que llevaba en esa granja galesa con su mujer. Es el disco que menos nos llega a los oyentes extranjeros, ya que podría definirse como country local, una música difícilmente concebible en otro lugar diferente.

Kate fue una influencia crucial para Ronnie durante este periodo; ella le suministraba muchísima de la imaginería y la ideología que utilizaba en sus canciones. Que no tuvieron ningún éxito comercial, por supuesto, por lo que es fácil decir que Ronnie se equivocó de camino, pero sí que tuvieron éxito desde el punto de vista cultural, porque tuvieron muchos seguidores y se convirtieron en canciones seminales.

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Slim Chance – “Burnin’ summer”

A finales de 1976, con su economía ya en total bancarrota, la banda se disolvió, quedando Ronnie en una montaña de deudas. Fue entonces cuando los Small Faces le llamaron para una reformación del grupo, propiciada porque una reedición de su canción “Itchycoo Park” había vuelto a ponerse en los primeros lugares de las listas de ventas. Ronnie no lo tenía muy claro, pero la presión que tiene uno encima cuando debe hacer frente a sus créditos y no tiene dinero para hacerlo le llevó a aceptar la propuesta. El resultado fue un absoluto desastre.

En realidad la reunión de Ronnie con el resto de los Small Faces solamente duró una noche y éstos siguieron adelante sin él. Ronnie se emborrachaba muy rápidamente y prácticamente todos los días; siempre estaba cabreado e insultando a todo el mundo. Mirando hacia atrás, seguramente su enfermedad ya estaba allí, pero nadie lo supo en aquel momento. Ronnie vivía en un círculo vicioso; cuando no era capaz siquiera de guardarse el mechero en el bolsillo se deprimía y se daba a los excesos en las drogas y en la bebida; a veces no podía tocar bien la guitarra porque sus dedos no le respondían, y su brazo comenzaba a temblar y no paraba durante un buen rato. Le aconsejaron que fuese al médico, que un músico como él no puede permitirse el lujo de no poder tocar la guitarra, que era su modo de vida.

El mal trago de no unirse a los Small Faces se resolvió pronto gracias a su siempre fiel amigo Pete Townshend, que estuvo de acuerdo en colaborar en un disco con él e incluso en convencer a Glyn Johns de que lo produjese, porque éste no quería hacer el disco por dinero, sino por poder sacar por fin de dentro de Ronnie todo lo que él sabía que llevaba allí, aunque no le veía ahora en las condiciones para desarrollar este potencial. Cuando los dos músicos le prometieron carta blanca y que ellos se plegarían a lo que mandase en los estudios de grabación, Glyn se puso a ello, y después de eso siempre ha mantenido que el disco que les salió es uno de los mejores que ha hecho.

Ni Ronnie ni Pete hicieron concesiones para adaptarse ninguno al estilo del otro, y el disco, “Rough Mix”, es un brillante esfuerzo, con una unidad sorprendente dadas las circunstancias en las que se grabó.

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Ronnie Lane & Pete Towshend – “Rough mix”

En aquellas sesiones de grabación fue cuando se hizo patente que Ronnie no estaba bien. Podía cantar bien, pero era incapaz de tocar el bajo, lo que hacía que Pete Townshend se enfadase con él porque pensaba que estaba borracho como siempre, ya tan temprano. Un día Ronnie se equivocaba tanto durante una de las grabaciones que Pete no pudo contener su rabia contra él y le golpeó. Fue solo un pequeño golpe en el hombro, pero Ronnie se desplomó como si le hubiese atropellado un camión. Aquello no era normal; Ronnie tenía que estar enfermo. Dos años después se supo que tenía esclerosis múltiple.

Pero hasta entonces su vida siguió en declive, cayendo y cayendo hasta fondos impensables. Ronnie formó una banda a su alrededor para telonear a Eric Clapton durante la siguiente gira de éste. El manager de Clapton, Roger Forrester, los trataba bien, como si fuese la propia banda de Eric; pero en Dublin un día Ronnie, al probar el sonido quiso meter por monitores la mandolina de Charlie Hart. El manager se negó desde la mesa: “No, no podemos cambiar la configuración de Eric”. Ronnie montó en cólera, gritándole desde el micrófono: “¿Tienes una mesa de PA que cuesta un puto millón de dólares y yo no puedo meter una puñetera mandolina por un monitor?”. Se le intentó explicar que no podía hacer eso porque eran la banda que teloneaba… algo que era la primera vez que le ocurría a Ronnie; hasta ese momento él había tenido siempre todo lo que estuviese disponible. Y ésta fue la única vez que le dijeron: no, no puedes hacerlo…

Eric Clapton, aparte de llevarles en su gira solía hacer visitas también a Ronnie en su granja; había establecido un fuerte vínculo de amistad con él e incluso le había regalado un todoterreno Toyota Landcruiser. Una noche, durante una sesión de póker, después del dinero Ronnie perdió ese coche y todo lo que tenía de valor en casa; ya no le quedaba nada que jugarse. Pero aunque parezca estar en el fondo, uno puede caer aún más bajo todavía… Ronnie le dijo a Eric que se jugaba a Alana, su hijastra de cinco años, a la que podría llevarse cuando cumpliese los 16 si le ganaba la siguiente mano. Y Eric Clapton se la ganó.

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Ronnie Lane & Pete Towshend – “Street in the city”

Un día Ronnie Lane por fin fue a consultar a un médico y recibió la noticia que iba a cambiarle la vida. Durante algún tiempo intentó mantener la normalidad… Kate dio a luz a su segundo hijo, Ruben, en 1979; también continuó grabando y en 1980 editó el disco “See Me”, en el sello Gem Records, que estaba compuesto en su mayoría por las canciones antiguas del “Self-Tapper”, que nunca se llegó a editar, y sustituyendo algunas de aquéllas por otras nuevas. Al igual que en el “Rough Mix”, Eric Clapton contribuyó con su guitarra y ayudándole en la composición de algunas canciones, pero aún así el disco desapareció sin dejar rastro hasta que Edsel lo reeditó dieciséis años después.

Su otro gran amigo, Pete Townshend les insistió a él y a su familia para que se mudasen de Gales a Londres. Pensaba Pete que si Ronnie estaba más cerca de donde se cocían las cosas y tenía más feedback con todo, comenzaría también a sentirse más feliz consigo mismo. Pero se equivocó…

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Ronnie Lane – “One step”

La vida de Ronnie comienza su declive. La historia llegará a su desenlace en la próxima y última entrada…

LA SONRISA EN TUS LABIOS ES LO MÁS MUERTO QUE EXISTE (2)

El post anterior terminó con los problemas en el interior de los Small Faces y la incorporación al grupo de un elemento nuevo…

Con Ron Wood solucionaban el problema de la guitarra de Steve Marriott, pero Steve también era el que cantaba… así que esta tarea la asumió Ronnie Lane. Pero los demás de la banda no le terminaban de ver en el papel de líder que tiene que estar cantando al frente del grupo y sin decirle nada a él y sintiéndose despreciables por lo que consideraban que era una especie de traición, le propusieron a Rod Stewart que se convirtiese en el cantante de la banda. Ronnie tuvo que aceptarlo de mala gana y aunque nunca se llevó muy bien con Rod pero sí que entabló una gran amistad con Ron Wood, por lo que éste sirvió como elemento aglutinador de los otros dos.

Y el grupo renació con su nombre acortado a The Faces, y con el acierto de convertir su falta de dirección y sus inseguridades en una deslavazada pero poderosa fuerza creativa que, si había ingerido suficiente Jack Daniels, se convertía en uno de los grandes grupos en directo de los años ’70.

Los discos de los Faces, aunque irregulares, mostraban el desarrollo de Ronnie Lane como autor de canciones con un talento especial para las baladas borrachuzas y para las melodías más bucólicas que te dejaban sin aliento. El primero de ellos, “First step”, de 1970, les sirvió como punto de apoyo, siendo el segundo, “Long player”, bastante mejor . Con el tercero, “A nod’s as good as a wink… to a blind horse”, ya estaban en plena forma. Producido por Glynn Jones, fueron capaces de volcar en el estudio de grabación toda la energía que tenían en directo.

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The Faces – “Stay with me”

Pero a pesar de la fama, el dinero y la enorme creatividad, las cosas no iban bien en el seno del grupo. Antes de unirse a los Faces, Rod Stewart había firmado un contrato como cantante en solitario con Mercury Records y su escalada llegó a la estratosfera cuando el single “Maggie May” y el LP que lo contenía, “Every picture tells a story”, fueron número uno en ventas tanto en Inglaterra como en los USA en 1971.

Eso coincidió en el tiempo con la edición del “A nod’s as good as a wink…”, y los beneficios de Rod Stewart eclipsaron por completo a los de los Faces, lo que enfrió muchísimo las relaciones dentro del grupo. Y Ronnie Lane fue el más amargado de todos; sin haber digerido aún la desilusión del fracaso de Immediate Records y con un ego tan grande como el suyo y un sentido tan fuerte del orgullo y la importancia, se convirtió en un hombre taciturno que desconfiaba de todos. Y una de las cosas que más le molestaba era la tendencia de Rod Stewart a rebuscar entre las canciones de los Faces para sus discos en solitario… peor aún, Ronnie siempre se quejó de que había sido él quien escribió la melodía de “Mandolin wind”, una de las canciones del “Every picture tells a story”, que aparecía en el disco acreditada solamente a Rod. Y además estaba la ascensión de Rod Stewart al Olimpo de celebridades de los tabloides, que como no es una prensa célebre por su veracidad informativa, dejaba creer a los admiradores del cantante que los Faces eran simplemente su banda de acompañamiento. El resentimiento de Ronnie Lane seguía creciendo…

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The Faces – “Too bad”

Fue también por entonces cuando Ronnie dejó a Sue, su esposa, para irse con Kate, que a su vez también estaba casada con Mike McKinnerney, el que diseñó la portada del “Tommy” de los Who. La forma en que se conocieron debió ser espectacular: fue en una fiesta de cumpleaños de Kate y Mike, en Gales durante las navidades de 1972. Ronnie y Sue estaban entre los invitados… en algún momento Sue apareció entre sus amigos preguntando: “¿Habéis visto a Ronnie?”; mientras por otra parte de la casa era Mike quien le preguntaba a sus conocidos: “Oye, ¿habéis visto por algún lado a Kate?”. Nadie les había visto desde hacía rato, porque Kate y Ronnie se habían metido en el Land Rover que éste tenía aparcado en la puerta y se habían fugado. Durante el tiempo que pasaron en Irlanda, alejados de todo el mundo, concibieron a Luke, su hijo mayor.

Posteriormente se unió a ellos Billy Nichols, llevando con él a Alana, la hija de seis meses de edad que Kate había dejado atrás cuando se fugó con Ronnie. El dúo que éste formó con Billy se dedicó a tocar por todos los pubs irlandeses en una gira que tuvo sobre Ronnie Lane un profundo efecto en su actitud hacia los conciertos en directo, enamorándose perdidamente del contacto cercano con la gente, del calor y el feedback inmediato de alguien que está sentado a pocos metros del músico.

El cuarto disco de los Faces, “Ooh La La” fue número uno en ventas en Inglaterra, pero su edición marcó el inicio del adiós de Ronnie al grupo. Estaban de gira por los USA, en otoño de 1972, cuando algunas revistas inglesas publicaron una entrevista que habían hecho a Rod Stewart antes del viaje, sobre la edición del disco:

Bueno, off-the-record os diré que “Ooh-La-La” es una puta mierda. Esperad a que salga mi disco y veréis algo bueno. Pero esto no lo publiquéis, eh…

Como todos estaréis pensando ya, los plumillas lo publicaron, claro está; y cuando las revistas llegaron a los USA y Ronnie lo leyó montó en cólera y se encaró con Rod… “tío, que no ha sido culpa mía, les dije que no lo publicasen…”. Ronnie salió dando un portazo, no sin antes mandar a Rod a tomar por culo, y con él al resto de la banda.

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The Faces – “Cindy incidentally”

Pudieron convencerle para que se quedase hasta terminar la gira y hacer tres conciertos que tenían comprometidos también a su vuelta a Inglaterra. A primeros de junio, en su última noche como miembro de los Faces, mientras se tomaba una copa en el Tramps reconoció allí a Marc Bolan, y se acercó tímidamente a él… “Estooooo… Marc, ¿tendrías trabajo para un bajista en paro…?”

Aquél fue también en realidad el final de los Faces. El equilibrio se había perdido con la salida de Ronnie. Todos le echaban de menos; y además Rod Stewart ya no estaba nada interesado en la banda, ya solo le interesaba su carrera en solitario.

Fue una temporada tranquila la que siguió para Ronnie, al que musicalmente solo pudimos ver en la colaboración que hizo con Ron Wood en la banda sonora de “Mahoney’s last stand”. En agosto nació su hijo Luke, y cuando Kate se repuso pasó con ella el resto de 1973 viajando, hasta asentarse en Fishpool, una granja que adquirieron, en la que los anteriores propietarios dejaron un viejo tractor. Ronnie compró también varios cientos de ovejas y se matriculó en una escuela de agricultura, en la que se sentaba en clase rodeado de pequeños granjeros galeses de 15 años para estudiar los secretos de la mecánica de los tractores y las bellas artes de esquilar y capar a las ovejas y a los carneros.

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Ron Wood & Ronnie Lane – “Car radio”

Cuando ya se hartó de que el tractor no le arrancase la mayoría de las veces y que los cojones de los carneros se moviesen a un lado y a otro como si fuesen de goma, sin que pudiese pillarlos con las tijeras, decidió volver al negocio musical. Pero esta vez lo haría a su manera, nada de cansadas giras, conflictos personales, conciertos en salas impersonales ni esclavitudes del estrellato. Y así comenzó a rodar el proyecto Slim Chance, que incluía a Benny Gallagher y a Graham Lyle, con los que grabó, con Glynn Johns en la producción, su primer single, “How come”. La canción, además de ser un éxito de cierta consideración, le señaló el camino de la dirección musical que Ronnie iba a seguir durante el resto de su carrera.

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Slim Chance – “How come”

Pero ahora dejamos a Ronnie en el inicio de esa nueva vida musical en la que iba a ser él mismo quien marcase lo que había y no había que hacer. El nuevo camino, marcado por una locura increíble que llevó a cabo a pesar de que casi nadie más que él creyese en lo que estaba haciendo, lo retomaremos en la tercera entrada de esta serie…

LA SONRISA EN TUS LABIOS ES LO MÁS MUERTO QUE EXISTE (1)

Murió un 4 de junio, y su final fue tan agridulce como el amor y la contradicción que había llenado siempre su vida. Él era un músico que había dejado de tocar, un cantante que apenas supo nunca cantar, un escritor de canciones exquisitas del que no cabe duda que tenía melodías pululando por su cabeza, pero que nunca dominó del todo la forma de hacerlas salir al mundo exterior. Al final de su vida, sus ansias de ver mundo no le llevaron a la carretera, sino a una calle tranquila, a una modesta casa con su mujer y dos hijastras a las que adoraba. Allí pasaba sus días en una cama frente a una ventana por la que se veía un álamo, cuyas hojas verdes tanto le gustaban cuando la primavera llegaba a las Montañas Rocosas, su último hogar. La enfermedad que le mató impuso una irónica coda a una vida extraordinaria.

Él tuvo siempre también mucha fe en las fuerzas supraliminales. Una echadora de cartas le dijo una vez que una mujer llegaría para poner en orden tanto su complicada carrera como sus interminables problemas personales. Por eso se pasó la vida buscando a esa mujer que iba a marcar la diferencia en su existencia.

Cuando le diagnosticaron la esclerosis múltiple, la enfermedad degenerativa que primero le incapacitó y luego le mató, como había hecho anteriormente con su madre, su respuesta vital fue beber tanto que llegase incluso a beberse a sí mismo hasta morir. Finalmente comenzó a canalizar sus energías en luchar contra la terrible enfermedad. Cuando dejó Inglaterra para irse a los USA en 1984, algunos de sus amigos pensaron que lo hacía para ahorrarle a la gente que más quería la visión de su inevitable y prolongado deterioro. Otros decían que ir a morir en las Rocosas, casado con una mujer de ascendencia hispánica e india, era seguir una orden que le dio su padre cuando él era un niño.

El haber sido uno de los compositores principales en dos de las bandas de más éxito de Inglaterra en los años ’60 y primeros ’70, habría debido de hacerle, si no millonario, al menos sí tener una vida acomodada; pero aparte del gran flujo de dinero que tuvo en sus años con The Faces, sus cuentas corrientes siempre tuvieron raquitismo crónico. Su actitud hacia el dinero siempre fue sorprendentemente despreocupada. Billy Nichols, uno de los mejores amigos que tuvo, le recuerda así:

Una vez estaba conduciendo por la autopista M1 en un Mercedes descapotable. Mientras conducía abrió su maleta para algo y todo el dinero salió volando. Cientos y cientos de libras que había ganado en la gira recién terminada. Y ni siquiera se planteó pararse e intentar recuperar lo que pudiese. Simplemente siguió conduciendo.

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Ronnie Lane – “Don’t try to change my mind”

Ronald Frederick Lane, o RONNIE LANE, como siempre fue conocido, nació en Plaistow y pasó su niñez en Forest Gate. Su padre, Stan, era un camionero que, cuando no trabajaba, pasaba su tiempo cuidando de Ronnie y de su hermano mayor, Stan Jr, así como de su achacosa esposa, Elsie. Ronnie en realidad pasó una infancia feliz, con la excepción de la temperamental bipolaridad entre sus padres: Stan Lane era la personificación del ánimo y la cordialidad y Elsie, por otra parte, siempre era fría y distante y estaba sumida en la melancolía; y su frialdad era exacerbada por la falta de salud que comenzó a padecer aproximadamente cuando Ronnie nació. Pasaron bastantes años antes de que los análisis clínicos revelasen que ella padecía esclerosis múltiple. El padre tuvo que darle a los hijos todo el amor y el calor que ella no pudo ni supo darles.

En años posteriores, cuando Ronnie ha hablado de su padre siempre lo ha hecho en términos reverenciales, le describía como un santo; mientras de su madre hablaba comparativamente poco, y cuando lo hacía era sobre sus defectos, especialmente lo que él consideraba una cruel ingratitud hacia su padre. Cuando Ronnie se fue por primera vez de su casa fue una huida de la tremenda desesperación que le producía la enfermedad de su madre.

Stan Lane era también un tipo al que le gustaban mucho los aforismos, y solía tener uno para cada situación; ninguno podía haber sido más importante para su hijo que aquél que le dijo una vez: “aprende a tocar la guitarra y siempre tendrás un amigo”. Así que Ronnie aprendió a tocarla, mientras iba de trabajo en trabajo; fue aprendiz de electricista, mensajero en moto para un protésico dental, al que detuvieron por no tener el título… hasta que por fin entró en una tienda de instrumentos musicales como probador de guitarras. Fue por entonces cuando comenzó a repartir anuncios entre los clientes con la idea de formar una banda. Así surgieron The Outcasts, un grupo que se parecía a los Beatles antes de que existiesen los Beatles, y que tenía más encanto crudo que base musical.

Cuando The Outcasts se separaron, Ronnie y el batería, Kenney Jones, conocieron a Steve Marriott mientras Ronnie se estaba comprando un bajo. Con Jimmy Winston en los teclados apenas tardaron unas semanas en formar una nueva banda y en tener la suerte de que el manager Don Arden se fijase en ellos para convertirles en el mascarón de proa del incipiente movimiento Mod que estaba naciendo en Londres. Se llamaron The Small Faces y su primer éxito, “Whatcha gonna do about it” surgió de forma natural, editado por la Decca en octubre de 1965. Solo necesitaban una mano hábil para explotar sus capacidades. Y ésa fue la de Don Arden.

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The Small Faces – “Watcha gonna do about it”

Al principio, los Small Faces fueron recibidos en los círculos rockeros de Londres con bastantes reservas por lo que parecía ser una forma bastante descarada de imitar el sonido de los Who; por ejemplo, el uso de la distorsión en ese primer single que tenéis aquí arriba, pero poco a poco fueron viendo que eran menos artificiosos que los Who… más naturales; los Who se habían convertido en mods porque le venía bien a su carrera, pero los Small Faces ya eran mods antes de convertirse en un grupo musical; eran mods genuinos. Probablemente se parecían más a los Beatles en cuanto que eran una banda cuyos miembros se compenetraban muy bien e incluso al elemento que chirriaba, como aquellos en el caso de Pete Best, éstos también le dieron largas a su teclista, Jimmy Winston, para sustituirlo por Ian McLagan, un tipo al que el destino parecía tenerle reservado este puesto porque parecía el hermano gemelo de Ronnie Lane… a veces, los dos se miraban y se partían de risa, porque parecía que se estuviesen mirando en un espejo.

Ya con el grupo clásico, liderado por el tándem Steve Marriott-Ronnie Lane, que se encargaba de componer las canciones, los siguientes tres años fueron pródigos en éxitos discográficos, entrando en las listas hasta doce veces seguidas, culminando con el incandescente “All or nothing”, que desbancó incluso del Nº 1 al “Eleanor Rigby” de los Beatles en septiembre del ’66.

La etapa mod del principio había seguido su curso, convirtiéndose en una psicodelia de más amplios sonidos, que fue su periodo más fructífero. Pero antes de eso, los Small Faces cortaron tanto con la Decca como con Don Arden porque incluso después del “All or nothing” los miembros de la banda todavía eran asalariados, currantes por cuenta ajena, digamos; y no estaban de acuerdo con el reparto de ganancias que solían hacer con ellos ni de cómo los despachaban sin explicaciones cuando preguntaban sobre los asuntos financieros. La gota que colmó el vaso fue que cuando los padres de los chavales (hay que tener en cuenta que todos eran muy jovencitos aún) fueron a pedirle también explicaciones a Arden, éste les dijo que a sus hijos les daba el dinero que les correspondía y que si siempre estaban a dos velas era porque eran unos junkies que se lo gastaban todo en drogas.

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The Small Faces – “All or nothing”

Fue entonces cuando Andrew Loog Oldham estaba invirtiendo las ganancias que le reportaban los Rolling Stones en la creación de su propio sello discográfico, Immediate Records. La flexibilidad creativa que éste ofrecía fue crucial para que los Small Faces fichasen por él en febrero del ’67.

Pensábamos que aquello podía ser la versión inglesa de Stax, donde todo el mundo tocaba en los discos de los demás. Nosotros también lo hacíamos así. Nadie aparecía nunca acreditado, y claro, nadie cobraba nunca por esas apariciones. Yo tenía mi propio despacho allí y todo el mundo entraba y salía de él como quería. Nos pasábamos todo el tiempo tocando en los estudios. Reinaba una atmósfera realmente buena. (Billy Nichols)

Los éxitos comenzaron a llegar a toda velocidad: “Here comes the nice”, “Itchycoo Park”, “Tin soldier”, “Lazy Sunday”, “The universal”, “Afterglow”… y cuando se editó el LP “Ogden’s nut gone flake” en 1968, con su portada circular y la narración de Stanley Unwin (que en pago solo pidió una botella de whisky), fue directo al Nº 1, para quedarse en la cima durante seis semanas.

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The Small Faces – “Lazy sunday”

Ronnie se aceleró también en esta época dorada. Comenzó a tomar LSD, a vestir telas de cachemir y, junto con su esposa Sue, con la que se había casado en privado en abril del ’68, descubrió a través de Pete Townshend las enseñanzas del líder espiritual indio Meher Baba, que llegó a ejercer una considerable influencia en la pareja.

Y aunque la banda estaba cambiando muy rápido en la superficie, fueron los cambios estructurales constantes los que al final terminaron con ella; sobre todo los problemas que Steve Marriott tenía con todos los demás miembros del grupo. Steve era un tipo muy dinámico, era simpático y tenía mucho talento, pero llegó a ser también un grano en el culo de los demás. Él quería que el sonido de la banda cambiase hacia un rock más duro, hacia algo parecido, para entendernos, a lo que hizo después con Peter Frampton (al que conoció porque era guitarrista de sesión con los Small Faces) en su propia banda, Humble Pie. Mientras que Ronnie estaba desarrollando su propio estilo, más relajado y acústico. Las continuas discusiones les llevaron a que un día, en una sesión que estaban haciendo para Johnny Hallyday, Steve Marriott se fuese definitivamente de la banda.

Por si aquella fuese poca desgracia, los miembros del grupo descubrieron también por entonces, al igual que los demás artistas de Immediate, que el sello discográfico estaba en bancarrota. Y para ellos la herida económica fue todavía mayor que con la Decca. Nunca tuvieron suerte los Small Faces con sus discográficas. De la Decca no comenzaron a recibir royalties hasta 1991, cuando ya Steve Marriott se había muerto; y de sus discos con Immediate tampoco los recibieron hasta que en 1997 Castle Communication se hizo cargo de su catálogo y llegó a un acuerdo con ellos.

Para reemplazar a Marriott el grupo comenzó a ensayar con un guitarrista que provenía del Jeff Beck Group llamado Ron Wood (os suena a todos, eh…), que siempre acudía a las sesiones acompañado del cantante de ese anterior grupo, que además era su mejor amigo: Rod Stewart.

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The Small Faces – “Here comes the nice”

Pero de cómo los Small Faces se convirtieron en los Faces, y de las flores entre los adoquines que pavimentaron su discurrir por la música durante los años siguientes hablaremos en la próxima entrada…

LA ESTIRPE DE GODZILLA

Contrariamente a la creencia popular, la música psicodélica no estuvo confinada en el lado occidental del mundo en los años ’60, sino que su efecto se hizo sentir de forma global.

Los Beatles y los Rolling Stones crearon una nueva corriente musical también en el extremo más oriental del planeta, donde fueron muy bien acogidos por los fans japoneses del pop naciente cuando sus sonidos invadieron Tokyo. Como consecuencia de ello surgió allí un movimiento llamado Group Sounds, que llevó a cientos de jovencitos japoneses a formar instantáneamente bandas similares que grabaron sus propias y personalizadas versiones de lo que estaba surgiendo en Londres y Liverpool y, posteriormente, en San Francisco.

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Musica Transonic – (Vete tú a saber qué significan estos carácteres japoneses…)

Cuando la escena Group Sounds comenzó a decaer con el final de la década de los ’60, fue reemplazada por un sonido más progresivo de “new rock”, que fue la base para la fundación de una floreciente escena psicodélica japonesa, tan bien construida que aún hoy perdura. Aunque las influencias que condujeron a esa psicodelia japonesa eran occidentales principalmente… Cream, Blue Cheer, Quicksilver Messenger Service, Tim Buckley, Can… las motivaciones y las ideas eran totalmente originales.

El único sello independiente japonés, pionero en lanzar esta música, es PSF, que todavía continúa existiendo, con un catálogo de aproximadamente 250 títulos de una variedad realmente sorprendente, que va desde el hard rock psicodélico de Fushitsusha, Musica Transonic y High Rise, hasta otras bandas más suaves y centradas melódicamente como Ghost, Acid Mothers Temple y Toho Sara. Hay también un buen número de grabaciones de jazz experimental del saxofonista, ya fallecido por desgracia, Karou Abe, que destelló de forma brillante antes de consumirse prematuramente a los 30 años de edad.

Puede resultar un post muy freaky, pero vamos a hacer en él un viaje a Extremo Oriente, para visitar el desconocido mundo de los sonidos trituradores de oídos y derretidores de cerebros que es la psicodelia japonesa.

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The Spiders – “Johnny B. Goode”

Si hay que comenzar por lo más parecido al principio deberíamos hacerlo por The Spiders, una de las bandas de más éxito de las que englobó el Group Sounds, que creó su propia red de sonido que capturaba el ambiente de rock garagero de los ’60 al que se aferraron.

Los fichó una compañía multinacional, Phillips, para la que grabaron una plétora de originales como “Mr. Monkey” o “Furi Furi ‘66”, en los que parecían totalmente colgados, junto a unas versiones bastante insanas del “Johnny B. Goode” de Chuck Berry y el “Inside looking out” de los Animals, que siguen sin envejecer cuatro décadas y pico después. Uno de los secretos mejor guardados de la cultura japonesa.

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The Spiders – “Inside looking out”

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The Mops – “The letter”

La segunda generación de bandas del Group Sounds fue tan inventiva como la primera… en realidad lo que más les diferenciaba es que los miembros de éstas nuevas tenían el pelo mucho más largo. Una de las mejores de esta nueva hornada fue The Mops, un grupo muy florido, en la onda visual de Love, que recogía los ecos del garaje rock de los anteriores y le añadía unas dosis extra de furia guitarrera llena de fuzz y unas voces que salían de la garganta de un cantante más enloquecido.

Su endemoniado disco “Psychedelic sounds in Japan” era un collage perfectamente construido de psycho pop alucinógeno que incluía versiones distorsionadas del “The letter” de los Box Tops y del himno del flower power que escribió Eric Burdon, “San Franciscan nights”.

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The Mops – “San franciscan nights”

Cuando después de Beatles y Stones llegaron a Japón por fin Hendrix y Led Zeppelin, las bandas del Group Sounds fueron derrocadas por este nuevo movimiento del rock. Como sus homólogos occidentales, esta nueva generación de músicos se echó en brazos de los largos desarrollos de blues-rock y psicodelia. Bandas como Flied Egg, Food Brain y Farout fueron claves en esta nueva escena, pero la que mayor reconocimiento obtuvo de todas ellas fue Flower Travellin’ Band, que a golpes de guitarras mezcladas con sitar consiguió hacer explotar una compleja y excitante carga de free-rock. Una banda creada, aunque sin formar parte musical de ella, sino ejerciendo de productor, por Yuya Uchido, a quien conocemos más por haberle visto actuar en “Merry Christmas Mr. Lawrence” y “Black Rain”.

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Flower Travellin’ Band – “Satori (Part 1)”

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Flower Travellin’ Band – “Satori (Part 2)”

Uno de mis favoritos de esta nueva etapa de la psicodelia japonesa fue Overhang Party, una banda que hacía una psicodelia más poderosa que las anteriores y que, sin embargo, fue siendo tristemente olvidada por el tiempo al decaer la década de los ’90, a pesar de que fueron el relevo que se hizo cargo de la antorcha que portaban los Flower Travellin’ Band, una vez que éstos se desvanecieron. Lo que hacía Overhang Party era una metamorfosis que sonaba como un choque extraño entre los Pink Floyd de sus comienzos y los fundamentales Velvet Underground en la etapa más atronadora de su tormenta de feedback.

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Overhang Party – “Kizashi”

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Overhang Party – “Mirror”

Con los años ’80 se fue conformando aún otro movimiento psicodélico nuevo, liderado por bandas tales como la casi mítica Les Rallizes Dénudés y, sobre todo, por Fushitsusha, la banda más importante de la época, más que nada porque estaba liderada por el guitarrista Keiji Haino, una de las más grandes figuras individuales del rock japonés. Hasta que comenzaron a reeditarse en CD por el mencionado sello PSF, sus vinilos eran los más buscados por los coleccionistas, que no dudaban en rascarse del bolsillo más de 100 dólares cada vez que encontraban alguno. Y lo cierto es que si te lo podías permitir merecía la pena comprobar cómo la psicodelia podía convertirse en un embrujo tan extremo conducida por la posesa guitarra de Haino, que se convertía en una puerta de entrada para que llegasen hasta nosotros las más oscuras fuerzas musicales del otro mundo. Escuchándolos se aprecia que sus raíces ya estaban en otro lado… en el black metal y en el death metal…

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Fushitsusha – “Don’t be afraid even if your nerves snap…”

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Fushitsusha – “Untitled”

Keiji Haino también dio forma a un trío de versiones que se especializó en convertir antiguas melodías del rock en extensas sinfonías garageras e improvisaciones psicodélicas. El grupo se llamó Aihiyo y, sobre todo en directo, en sus revisiones de clásicos de las Ronettes o los Rolling Stones, o incluso de bandas colegas del principio, como The Spiders, éstas eran desmontadas por completo, despellejadas hasta el hueso y milagrosamente reinventadas de nuevo.

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Aihiyo – “Satisfaction”

Junto con Keiji Haino, otro de los principales instrumentistas de la psicodelia del Japón es el bajista Nanjo Asahito, que fue el motor que impulsaba a grupos como Musica Transonic, Mainliner, Seventh Seal y los más trascendentales (por su música meditativa, no por su reconocimiento) Toho Sara. Pero su experimento de más éxito fue el grupo High Rise, un poderosísimo trío al estilo de uno Blue Cheer empozoñados y regurgitados al máximo volumen, con el que nos volaban el cerebro al golpes de riff de la guitarra de Narita Munehiro. Su disco “Speed free sonic” parecía hecho por tigres salvajes en lugar de por músicos de rock.

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High Rise – “Acid song”

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High Rise – “Like death”

Ghost comenzaron como una banda comunal, siguiendo el espíritu de los experimentalistas del Krautrock que fueron Amon Düül II. La banda estaba liderada por el guitarrista Masaki Batoh y bajo su guía, de entre las ruinas de antiguas iglesias y templos ancestrales sacaron una música que era más edificante espiritualmente que las arremetidas guitarreras de sus contemporáneos.

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Ghost – “Rabi Rabi”

Después de hacer varios discos con PSF firmaron con un sello de Chicago, Drag City, con el que editaron su mejor obra, “Lama Rabi Rabi!”, un disco contemplativo y de gran potencial psicodélico, exuberante de gongs, guitarras y mantras hipnóticos. Su vida musical occidental les resultó lo bastante atractiva como para grabar posteriormente un disco con Damon & Naomi, el dúo que tanto nos gustó, sobre todo cuando anteriormente formaban parte de los Galaxie 500.

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Ghost – “Bad bone”

Hemos citado ya un par de veces al grupo Musica Transonic, cuyo principal guitarrista, Makoto Kawabata, es también responsable de una banda de guerreros psicodélicos llamada Acid Mothers Temple, que podían ser los equivalentes a unos Hawkwind del siglo 21. Pero es que además han ido evolucionando por encima de los solos de guitarra de Kawabata para llegar más allá de los mantras de los anteriores grupos para crear, en su lugar, unas vibraciones folkies que bien podían haber venido de unos intergalácticos Incredible String Band.

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Acid Mothers Temple – “Heroin heroine’s heritage (Part 1)”

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Acid Mothers Temple – “Heroin heroine’s heritage (Part 2)”

Así que ya veis como la psicodelia japonesa continua floreciente y abrasadora. Hemos introducido bastantes nombres nuevos, pero todavía habría más si esto más que un muestrario fuese un tratado enciclopédico. Si te ha picado el gusanillo y quieres profundizar más aún, también sería esencial la búsqueda de otras bandas como Space Streakings, Melt Banana, Boredoms, Ground Zero, Ruins… o estos Yuya Uchido & The Flowers, el germen del que floreció la Flower Travellin’ Band, con los que terminamos el viaje, que hacen una versión del “Greasy heart” de los Jefferson Airplane, que hay que oírla para creerla.

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Yuya Uchido & The Flowers – “Greasy heart”

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

El 7 de enero de 1980 el cuerpo de LARRY WILLIAMS fue encontrado tirado en medio de un charco de sangre en el suelo del garaje de su casa de Laurel Canyon, víctima de lo que el forense del condado de Los Angeles dijo que era un disparo autoinfligido.

En la mayoría de las biografías del rock más convencionales, la muerte de Larry Williams es solo otro triste final para otro estridente rocker de los ’50, un talento salvaje que nunca estuvo en primera división. Pero lo que ninguna de ellas menciona es que este estilizado, guapo y superficialmente encantador Larry, el tipo que escribió grandes canciones como “Slow down”, “Bony Moronie” y “Dizzy Miss Lizzy”, había sido también uno de los caracteres más oscuros y peligrosos de la historia del rock and roll. Detrás del nombre del sello Specialty, de la lista de clásicos versionados por los Beatles y los Stones, subyace una saga de drogas, pistolas, prostitución, violencia extrema y locura enfermiza de tales proporciones, que podría dar para una novela de James Ellroy de más de 500 páginas, más salvaje incluso que “L. A. Confidential”. Y es que ya sabéis que la realidad supera a la ficción.

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“Dizzy Miss Lizzy”

Lawrence E. Williams nació en New Orleans el 10 de mayo de 1935, apenas cinco meses después de que Elvis viese la primera luz del día en Tupelo. Su familia se uniría enseguida a la ola de emigrantes que se encaminaron hacia California, pero a él lo dejaron con una tía suya en Chicago hasta que cumplió los diez años y se unió de nuevo a la familia en Oakland, que por entonces era una ciudad que hervía de actividad al ser uno de los principales centros de la industria de defensa durante la Segunda Guerra Mundial.

En los años 60 Oakland fue la cuna de los Black Panthers y un semillero de disturbios, pero en la década de los ’40, cuando Larry pasó allí su adolescencia, la industria militar era la base de la vida y él se gastaba la pasta que ganaba fabricando balas en guitarras baratas, chatarras que pasaban por coches y enormes hamburguesas que devoraba día y noche. Los primeros signos de una inclinación seria e incluso profesional de Larry por la música llegaron cuando con algo menos de veinte años se unió a los Teardrops de Oscar Monroe (en realidad solo eran tres, contándolo a él) tocando el bajo. Aquello apenas duró, porque un accidente de tráfico se llevó por delante a Oscar y al otro Teardrop. Larry siguió adelante sin inmutarse y formó a sus propios Lemondrops. Después de algunas actuaciones locales para ir fogueándose enviaron unas grabaciones a Art Rupe, el presidente del sello Specialty, una de las discográficas más poderosas de Los Angeles, pero no le hicieron ninguna oferta. Condenados, por tanto, a no ser nada más que una banda de bares allá en Oakland, los Lemondrops se separaron; pero Larry había vislumbrado una puerta trasera en el negocio del R&B, y quizás incluso un contrato…

De vuelta a New Orleans, en una visita a sus amigos y familiares, intimó con su primo segundo, Lloyd Price, que acababa de tener un número uno en Specialty con su “Lawdy Miss Clawdy”, que poco después incluso Elvis metió en su repertorio. Larry fue contratado por su primo como chico de los recados y músico suplente… pero esto tampoco duró porque el ejército llamó a Lloyd Price y Larry pasó a tener un papel parecido al que tenía con él, pero esta vez con Roy Brown y Percy Mayfield. Incluso estuvo una temporada como chófer de Fats Domino.

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“Slow down”

Larry Williams no podía haber vuelto a New Orleans en un momento más oportuno. En aquel momento la ciudad estaba en su punto álgido de bulliciosa decadencia; desde el gobernador para abajo todos disfrutaban de aquello que Hank Williams cantaba… “big fun on the bayou…”. Sí, el gobernador se beneficiaba abiertamente de los placeres proporcionados por la voluptuosa stripper Blaze Starr, mientras sus adversarios políticos intentaban que lo declarasen legalmente incapacitado y lo encerrasen en un manicomio. La corrupción estaba por todas partes, los polis de antivicio suplementaban sus nóminas ejerciendo de proxenetas, los de narcóticos revendían la droga incautada, las calles eran controladas por tribus urbanas, por bandas callejeras que se guiaban por rituales de vudú que mantenían a la gente mortalmente asustada.

Larry se hizo asiduo de los clubs nocturnos de la ciudad; los mismos clubs en los que Fats Domino, el Professor Longhair, Huey Smith o Allen Tussaint recibían a los visitantes más célebres… Ike Turner, Ray Charles, James Brown… con las más cálidas bienvenidas. Y Larry era un tipo amigable con todo el mundo. Sobre todo con Earl Palmer, otro asiduo de los clubs nocturnos, que durante el día era el batería que lideraba la banda de los estudios de grabación de Dumaine Street, la zona cero de la creatividad local, donde se habían grabado clásicos tales como el “Tutti futti” de Little Richard o el “I hear you knocking” de Smiley Lewis. Esa amistad propició que de aquellos estudios saliesen “Short Fat Fannie” y las otras primerizas canciones de Larry Wlliams.

Larry también se hizo asiduo de los callejones más oscuros, aquellos por los que pululaban también los camellos y las putas, en los que él podía dar rienda suelta a lo que eufemísticamente llamaba su “cara oscura”. Si conocéis la obra de Dr. John quizás hayáis oído hablar de la banda Gangster Molls and Baby Dolls, de la calle Perdido… pues esa banda existió de verdad, y Larry Williams fue uno de sus chulos y camellos. Y de los más apreciados, por cierto; sobre todo por las putas, que le encontraban tan atractivo que mientras a sus habituales clientes la mayoría de las veces terminaban apuntándoles con la punta de las navajas que se sacaban de la liga, a él le apuntaban con las puntas de los tacones de aguja de sus brillantes zapatos.

New Orleans fue la escuela en la que Larry aprendió todo lo que posteriormente desarrollaría durante su vida en Los Angeles.

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“Bony Moronie”

Cuando Lloyd Price volvió del ejercito Larry intentó de nuevo acceder a una carrera musical propia a través de él. Ya que su primo era una de las mayores estrellas de Specialty, qué menos que pedirle una recomendación para el jefe, Art Rupe. Éste era el clásico judío de los estereotipos, amante tanto de la música como del dinero, por lo que había fundado su sello en 1947 e inmediatamente había tenido la suerte de sacar algunos éxitos de blues de la mano de gente como Roy Milton y Joe Lutcher. Tenía también un gran aprecio por la música góspel y enseguida se rodeó también de muchos de los mejores grupos del género, que aunque no le reportaron grandes beneficios, pero sí que atrajeron a otros artistas cuyo sonido inicial había sido casi góspel y ahora estaban triunfando en el rock and roll; así fue como empezó a lanzar éxito tras éxito con Don & Dewey y, sobre todo, con Little Richard.

Desafortunadamente a Art Rupe seguía sin gustarle nada Larry Williams. Y éste podría haber sido el punto final de su relación si no hubiesen influido algunas causas externas que, en el verano de 1956, tenían a Rupe invadido por el pánico. Con los nervios perdidos a causa de un complicado y carísimo divorcio de su esposa Lena, se enfrascó en múltiples discusiones con Lloyd Price, con el que también terminó por romper. Para complicar las cosas, Little Richard casi pierde la vida en un avión en Australia, lo que le llevó a pensar seriamente en abandonar el rock and roll y volver a Dios. Así que Rupe deseaba dos cosas por encima de todo: vengarse de Lloyd Price y encontrar un sustituto para Little Richard… y con Larry Williams obtenía las dos cosas a la vez.

Después de dejar Specialty, Lloyd Price había fundado su propio sello, KRC, para editar sus canciones. La primera de ellas sería “Just because”, y Art Rupe decidió joderle un poco editando él también un single con otra versión de la misma canción; y para hacerle sentir además de cornudo, apaleado, puso a su primo Larry a cantarla.

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“Just because”

En realidad esta versión no hizo ningún daño a la original de Lloyd Price, que entró en las listas de éxitos sin problemas, pero hicieron que Rupe le diese otra oportunidad de grabar, por lo que Larry se metió de nuevo en los estudios, con el productor Bumps Blackwell y con una banda construida alrededor de su piano, en la que estaba su amigo, el genial batería Earl Palmer. De allí salió su primera canción de cierto éxito, “High School dance”, escrita por un jovencito Sonny Bono, y después de un par de ellas más de relleno, por fin grabó una canción original suya, que sorprendió a todo el mundo por lo cercana que estaba a la fórmula de los éxitos de Little Richard: “Short Fat Fannie”.

Art Rupe siempre había tenido también un gran olfato para lo nuevo que podía llegar a triunfar y lo demostró con muchas canciones que aunque ahora las vemos como grandes clásicos, en realidad, como por ejemplo el “Tutti frutti” de Little Richard, habían empezado como una broma entre los músicos. Rupe se imaginó que “Short Fat Fannie” sería un sustituto bastante viable si por fin su estrella de mayor magnitud desertaba de sus filas para unirse a las del Señor. Y el 10 de mayo de 1957 (justamente el día que yo nací… bueno, y también Sid Vicious) Rupe editó a la vez la canción de Larry Williams y el “Jenny Jenny” de Little Richard en una jugada deliberada que llevó a los dos discos al Top 10 uno tras otro. Desde entonces los éxitos fueron cayendo en una rápida sucesión… “Bony Moronie”, “Dizzy Miss Lizzy”, Bad boy”, “You bug me baby”, “Slow down”, “She said yeah”, “Marie, Marie”, “School girl”… todos ellos grandes clásico que le metieron la directa al rock and roll de los ’50. El piloto que conducía era la nueva gran sensación del género: Larry Williams.

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“Short Fat Fannie”

Con las ganancias de esa canción Larry se compró un Cadillac Eldorado blanco, al que tuneó con unas llamativas letras doradas: “Short Fat Fannie”. Y además no le preocupaba dejarlo aparcado y abierto en cualquier lugar de New Orleans, nadie tocaba el Caddy del Príncipe del Submundo.

Pero fue la única vez que la música le dio dinero suficiente para ese tipo de caprichos. Los demás discos que sacaba en Specialty no vendían tanto como hubiesen merecido, y en realidad no era culpa suya ni del interés del público. La edición de “Short Fat Fannie” coincidió con la epidemia de las payolas. La mayoría de los principales dick-jockeys de las grandes emisoras de radio comenzaron a aceptar sobornos por emitir los discos; ya no era suficiente con el habitual envío de un par de botellas de whiskie o una putilla con la que pasar un buen rato, la escalada de “regalos” llegaba ya a enormes cantidades de dinero antes de que un disco recibiera una buena cobertura radiofónica. Larry Williams podía haber llegado a ser tan grande como Little Richard, pero Art Rupe era uno de los pocos que se mostraba contrario a esta corrupción universal en el mundo de la música. Hay quien dice que el problema es que Rupe era demasiado tacaño para pagar, pero el que no lo hiciese mermó considerablemente la venta de los singles que editaba Specialty. Hasta finales del ’58 o principios del ’59 no se dio cuenta de que no llegaría a ningún lado sin aceptar las nuevas reglas y comenzó a repartir sobres con billetes de 50 o 100 dólares en su interior, pero para entonces la mayoría de las mejores canciones de Larry ya habían agotado su tiempo.

Y además su carrera musical iba a recibir un definitivo portazo el desastroso día en que una patrulla de la policía antidroga de Los Angeles le detuvo con una buena cantidad de ella en su poder, más de la necesaria para el consumo propio, y le acusaron de ser traficante. Cuando posteriormente el juez encargado de su caso le envió a prisión, el single que tenía en la calle en aquel momento, “I can’t stop loving you”, desapareció sin dejar rastro y Specialty rescindió su contrato con él.

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“I can’t stop loving you”

Larry fue puesto en libertad en 1962 y al salir se dio cuenta de que la cara de la industria discográfica había cambiado por completo. El Congreso había limpiado las radios de las payolas y acabado con Alan Freed y muchos de los DJ’s originales del rock and roll. Ahora el poder estaba en manos de Dick Clark y su “American Bandstand”, y se había subido a los altares musicales a un montón de ídolos juveniles, Fabian y todos aquellos Bobbies y Frankies, que eran los que dominaban las ventas de discos y los programas musicales radiofónicos. Y además, la British Invasion y la sofisticación de la Motown estaban a la vuelta de la esquina. El rock and roll y el rhythm and blues estaban muy controlados… y la palabra control no estaba en el diccionario de Larry Williams.

A estas alturas ya se había convertido en un anacronismo, uno de esos cantantes negros gritones del rock de los ’50; sin embargo todavía había seguidores que le recordaban. Y por eso aún pudo conseguir un contrato discográfico con Chess Records, que produjo la formidable, aunque bastante ignorada, canción “My baby’s got soul”. Y más significativo aún fue el hecho de que Larry formase una alianza con Johnny “Guitar” Watson. Juntos estuvieron de gira por Inglaterra en 1965, dando algunos muy buenos conciertos que posteriormente vieron la luz en un disco que se llamó “The Larry Williams Show”. Pero el verdadero disco que editaron entonces fue el que grabaron en los estudios de la Decca, y que bajo el nombre de “Two for the Price of one”, les mostraba felices desde la portada, cabalgando cada uno sobre su flamante Cadillac. Y así llegaron a finales de la década de los ’60, dejando por el camino algunos éxitos menores más, como “Mercy, mercy, mercy”.

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Larry Williams and Johnny “Guitar Watson – “Mercy, mercy, mercy”

Durante ese tiempo Larry trabajó también como productor y caza talentos para el sello OKeh, filial de Columbia Records. Su principal logro en este nuevo trabajo seguramente fue “Little Richard sings his greatest hits – Recorded live”, que a pesar de su título fue grabado en unos estudios para después ser rellenado por Larry de forma brillante con ambientes escénicos, de forma que no hay otro ejemplo mejor que este disco de los gritos y comportamiento de Little Richard ante el público.

Otro de los grandes logros de Larry y Johnny durante aquellos últimos años ’60 fue el single, “Nobody”, que produjeron para la banda Kaleidoscope.

Aquello ocurrió cuando Otis Redding demostró en el Festival de Monterey que las audiencias de rock psicodélico también podían disfrutar escuchando soul y el negocio musical se apresuró a sacar beneficios de este nuevo mestizaje. Larry y Johnny saltaron al tren. Su idea fue que era necesario recubrir con elementos psicodélicos, como feedbacks de guitarra, sonidos vocales comprimidos e incluso continuos sonidos de sitar, a las secciones rítmicas funkies y de R&B. Y eligieron a una banda local emergente, como eran los Kaleidoscope, para este experimento, pero dejando que la mayor parte de la música saliese de las manos y los instrumentos de músicos que ellos conocían bien y con los que habían trabajado antes, para conseguir el latido de los antiguos clásicos de Specialty.

Kaleidoscope no llegaron a tocar en Monterey, pero no les fue mal allí, después de todo. Estaba previsto que inicialmente lo hicieran, sustituyendo a los Grateful Dead, que no querían actuar, pero cuando éstos se lo pensaron mejor les descabalgaron a ellos del cartel, así que los Kaleidoscope terminaron tocando en un escenario improvisado en la puerta de acceso al festival, para los Hell’s Angels. Para los músicos de esta banda, todos con 20 ó 21 años de edad, Larry y Johnny eran héroes, y grabar para OKeh Records, el sello cuyo anagrama veían en los discos de Screaming Jay Hawkins y en todos los discos de jazz que sus padres ponían en casa, era todo un sueño.

Pero aunque el mismísimo Wolfman Jack la repitiese en sus programas una y otra vez, “Nobody” no fue el éxito que todos esperaban, y aunque luego ha ido apareciendo en antologías de la época, la verdad es que tuvo mucha más aceptación cuando la versionaron los Three Dog Night, quienes, por cierto, apenas acreditaron a Larry Wlliams y a Johnny “Guitar” Watson como los creadores del original.

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Kaleidoscope – “Nobody”

En lo que respecta a la carrera musical de Larry Williams poco queda ya por decir; se pasó los ’70 corriendo detrás del tren en vez de subido a él. Hacia el final de la década incluso intentó subirse al vagón de la música Disco con un disco de funk que grabó en Fantasy Records. Pero no consiguió nada. Eso llevó consigo largos años de desilusión. Larry nunca llegó a ser una gran estrella, como Lloyd Price o Jackie Wilson, a pesar de no haber tenido menos merecimientos que ellos… incluso más, porque Larry era mejor músico; él sabía cómo tratar un piano, no en balde había aprendido con los mejores… el Professor Longhair, Fats Domino, Allen Toussaint…

Puede que no debamos echarle del todo la culpa de la dureza y el amargamiento de su actitud; él fue víctima de la campaña de los últimos años ’50 que intentó purgar el salvajismo del pop americano; una edad dorada fue aniquilada deliberadamente y sin motivo por el destino, el Gobierno y el sistema penal de California.

Para situar en el marco adecuado el lado oscuro que posteriormente presentó Larry Williams, lo más fácil es hacer lo mismo que en las clásicas historias de crímenes: seguir el rastro del dinero. Aunque su carrera musical fue cualquier cosa menos floreciente desde 1962 hasta su muerte en 1980, Larry siempre manejó una cantidad de dinero más que suficiente como para llevar el tren de vida de una estrella. Trajes, coches, mujeres, una casa en Laurel Canyon, en pleno Hollywood, de más de medio millón de dólares… siempre vivió por encima de sus posibilidades aparentes; la fama se había desvanecido, pero la fortuna se mantenía… que hablen los testigos:

Cuando Johnny Guitar Watson dejó de tocar, cuando yo andaba siempre con altibajos, cuando todos nosotros malvivíamos agobiados con demasiada droga y demasiado poco dinero, Larry seguía teniendo de todo. Hacienda le embargó la casa a Johnny mientras Larry todavía se forraba más. Larry manejó pasta hasta el final.

Era un chulo. Tenía a un montón de mujeres robando para él, putas de alto standing… todas robaban para él día y noche. Y no creas que curraban vestidas de trapillo, todas llevaban abrigos de armiño y fabulosas pieles de zorro… (Etta James)

¿Tiempos salvajes? ¿Estás de broma…? Sí, tío, claro que lo eran; en aquel tiempo todos éramos drogadictos, incluso yo mismo. Yo no escapé, nadie escapó, era parte de la vida. Todo el mundo esnifaba coca, fumaba hierba, y tío, me estás hablando de si eran salvajes… eran más que eso… eran… woooooohh….Ni siquiera puedo comenzar a describirte como era vivir ese momento. Mirando atrás ahora, con el tiempo, la verdad es que asusta; era una forma muy peligrosa de hacer las cosas. Le doy gracias a Dios por haber atravesado ese periodo y seguir sano y físicamente capaz de hacer lo mismo que siempre he hecho… muchos chavales tuvieron que prostituirse a causa de ese estilo de vida. (Johnny “Guitar” Watson)

Ya sabes, mucha gente dice que Larry y Johnny era proxenetas y vendían drogas, pero yo nunca vi si eso era verdad. Cuando yo estaba con ellos nunca mostraron signos de nada de esto. El trabajo de chulo de putas es un trabajo a tiempo completo; cada vez que te das la vuelta tienes que ir a sacar a alguna de tus chicas de la cárcel. ¿Por qué preocuparse de eso cuando puedes cantar, escribir una canción y volar con el viento? (Bobby Womack)

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“She said yeah”

Si la prostitución es la más antigua de las profesiones, la de chulo es la segunda más antigua, y la relación entre la cultura del rock y la cultura del proxenetismo es al menos tan antigua como el blues. Los músicos y las putas han habitado el mismo mundo nocturno de bares y clubs, y compartido la misma actitud de dejarse llevar por el sexo y las drogas desde tiempo inmemorial. Los músicos, tradicionalmente sin dinero, siempre se han sentido atraídos hacia las mujeres de una forma que podíamos describir como una fuente de ingresos. Desde siempre ha existido el estereotipo de macarra extravagante, casi tan común en el rock and roll como en las películas. Y es cierto que siempre ha existido también un intercambio de estilos entre los dos grupos relacionados. En algunos momentos, las estrellas del rock han querido parecerse a los macarras, y muchos de los rockeros más antiguos lo han evidenciado alguna vez… no vamos a recordar ahora al venerable Keith Richards y sus pieles de leopardo… otras veces han sido los chulos los que han querido emular a los músicos de élite, y desde Cab Calloway a Snoop Dog algunos hasta llegaron a convertir las dos cosas en una. Larry Williams resolvió la ecuación del proxenetismo-crimen-rock’n’roll de mejor forma que cualquiera de ellos.

No contento simplemente con chulear a sus putas, Larry fue también un camello bien surtido y un consumado mangante. Era un hábil ladrón de pisos; famoso por ser capaz de escalar una pared, cualquier pared, y arrastrase al interior de una casa o una oficina en menos tiempo del que se tarda en decirlo.

En los años ’70 Little Richard tuvo una época en la que las drogas dominaban su vida y su carrera. Bebía muchísimo y habitualmente se fumaba cócteles de marihuana y polvo de ángel hasta tal punto que cuentan las crónicas que llegaba a gastarse hasta mil dólares diarios en drogas, y vivía constantemente entre relaciones peligrosas con camellos a los que tardaba en pagar. En su autobiografía cuenta que uno de los más peligrosos de estos camellos era su anterior compañero de sello discográfico, Larry Williams:

Larry, un tipo con el que anduve en mis comienzos del showbiz, vino un día a mi casa con una pistola, para dispararme. Yo le había pillado alguna cocaína, y había acordado con él que le pagaría más tarde, y no lo hice… porque estaba colgado. Ha sido seguramente el momento en que más miedo he pasado en toda mi vida. El tío me dijo: “Richard, te voy a matar; nadie juega con mi dinero…”. Yo sabía que yo le gustaba, y esperaba que lo tuviese en cuenta. Pero tenía aquella pistola tan cerca de mi cara que me hubiese disparado si no le pagaba.

Cualquiera que fuese la esquizoide por naturaleza doble vida de chulo y rocker que Larry llevase, parece que nunca aprendió el lema principal para la vida en la calle: mientras menos te hagas notar más larga será tu vida. Él y todos los que vivían una vida delictiva como la suya tenían en común con los gangsters de todas las épocas el que parecían resignados a que una muerte tempranera o un largo encarcelamiento eran inevitables. La mayoría se adhirió a un código de vida rápida y muerte aún más rápida, y esta forma de pensar muy bien pudo haber sido la causa de la caida de Larry Williams. Lo que parece claro en la bibliografía consultada para este post es que todos los que le conocieron piensan que Larry era un tipo muy confundido en el fondo, que siempre fue incapaz de decidir si era, de corazón, un golfo o un artista. El dinero de las putas, el dinero de la droga, el dinero de los robos, era demasiado tentador, y no solo sirvió para mantenerle a flote en los tiempos de vacas flacas que todos los músicos, excepto los superstars, tuvieron que padecer, sino que le mantuvo en el estilo de vida que tenía acostumbrado.

Cuando estaba colgado, Larry se convertía en el mayor de los paranoicos. Una vez estábamos fumando en su casa y él constantemente me decía que mirase por la ventana. Me decía, “¿ves a todos esos polis ahí fuera vigilándome disimuladamente?” Y como todavía era temprano y yo no estaba colocado aún, le contestaba, “tío, ahí fuera no hay nadie”. Larry se volvió loco y sacó una Magnum 357, y apuntándome a la sien me dijo, “vuelve a mirar”. Así lo hice… “Ah, sí, Larry, están por toda la plazoleta”. Después me dijo también, “no vuelvas por aquí, tío. No vuelvas a menos que yo te llame”. (Bobby Womack)

De todos modos, antes de sentir pena por el viejo Larry no deberíamos olvidar que aunque Larry Williams, el rocker, no hubiese llegado a tener buenos momentos demasiado largos; Larry Williams, el macarra, vivió una vida más larga que la mayoría de los que se dedicaban a “negocios” como el suyo. Él anduvo forrado de pasta y manteniendo un altísimo nivel de vida durante tres peligrosas décadas, interrumpidas solamente por un encierro comparativamente corto, antes de que por fin le encontrara la bala que llevaba su nombre.

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“Bad boy”

La muerte de Larry Williams no es que sea un misterio como la del presidente Kennedy, pero hay muchas reticencias entre la gente de su época a arrojar más luz sobre cómo murió. Aunque nadie dice saber lo que ocurrió realmente, la mayoría sí que mantiene una opinión sobre lo que no pasó, y es que Larry no era, desde luego, la clase de tipo que se pone una pistola en su propia cabeza, no importa lo jodido que estuviese. Como Little Richard decía por ahí arriba, cuando Larry estaba furioso o deprimido era más propenso a apuntar a la cabeza de algún otro, que no a la suya. Algunos sugieren que la única forma en que podía haberse disparado a sí mismo era que estuviese totalmente con la cabeza perdida y se hubiese puesto a jugar a la ruleta rusa, como hizo Johnny Ace un cuarto de singlo antes. Otros piensan que forzosamente tuvo que ser asesinado, ciertamente un peligro potencial para los que se mueven entre traficantes de droga y tienen una casa de medio millón de dólares y flamantes cadillacs, ya fuese por otros matones que buscasen su dinero o por algún rival que quisiese ajustar algunas cuentas.

En enero de 1980, cuando le dispararon la bala final, Larry estaba tan apartado del mundo de la industria musical que su muerte no fue ni reseñada siquiera en los periódicos. Y los informes de la policía tampoco decían casi nada. El Departamento de Policía de Los Angeles es conocido por su chapuceros procedimientos en las escenas de los crímenes; incluso en sus casos más importantes… OJ Simpson, Marilyn Monroe, Bobby Kennedy… por sus métodos fueron calificados de ineptos y de cosas peores, así que en el caso de un macarra y camello negro, muerto de un disparo en la cabeza, la chapuza y la ineptitud se redujeron a poco más que una somera mirada alrededor del cuerpo, un encogimiento de hombros y un rápido informe sobre “disparo autoinfligido” u “homicidio por persona o personas desconocidas”… un canalla menos al que nadie va a echar mucho en falta. El caso de Larry Williams se reducía a un chulo con los sesos esparcidos por el cemento. Y a la vista de sus trajes, sus coches y su casa la Policía de Los Angeles pensó que aquello no podía haberle pasado a nadie que se lo mereciese más que él.

Las opciones eran obvias, la muerte fue el resultado de un robo, o de algún enrevesado asunto de cocaína o de algo de tan loca complejidad que los detectives no querían tocar el caso ni con dos pares de guantes. La muerte de Larry Williams fue archivada como suicidio, y eso fue todo lo que escribieron.

Como habéis visto, Larry fue a la vez uno de los mayores escándalos de vicio y violencia del rock and roll y uno de los creadores seminales más bulliciosos de la historia de la música. Y así es como hay que verle, sin separar sus dos mitades. Que el legado musical de Larry Williams haya sido permanentemente preservado por un montón de puretones y super estrellas británicas cada vez más respetables encierra una cierta ironía, pero muchas otras leyendas han sido tratadas bastante peor que él con el tiempo. Ya solo queda dedicarle una película con Denzel Washington… no, no… Denzel es demasiado blandito para representar bien el papel de Larry… creo que harían mejor en contratar para eso a Wesley Snipes…

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The Rolling Stones – “She said yeah”

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The Beatles – “Bad boy”

Good boy, bad boy. Stevie Wonder, Larry Williams.