ESTE AÑO NO HE OÍDO MUCHOS GRUPOS ESPAÑOLES

Antes de que me digáis nada al ver la selección de discos que he elegido para resumir el año 2011 que acaba de terminar ya lo escribo yo claramente en el título del post.

También quiero deciros que todos esos discos que han ido apareciendo en las listas de los mejores del año de las publicaciones en papel y en internet también me han gustado mucho a mí. Tanto los de artistas completamente establecidos que sacan un disco bueno cada vez que se ponen a ello, como los de los que llevan camino de convertirse en próximos referentes musicales, como los de los que acaban de salir y se han ganado a la primera el respeto del público y de la crítica.

Sí, a mí tambien me han gustado mucho los discos de Fucked Up, TV on the Radio, Panda Bear, James Blake, Arctic Monkeys, Bon Iver, Fleet Foxes, PJ Harvey, St. Vincent, The Horrors, Laura Marling, Tom Waits, Paul Simon, Radiohead, Wilco, Anna Calvi…

Y además todos éstos otros, que no aparecen en esas listas, pero que a mí me han dado muchos minutos de disfrute y excitación. No te los presento en ningún orden establecido; tampoco podría decirte cuál me ha gustado más o cuál menos, sino que he ido escribiendo notas sobre ellos a medida que los iba recordando.

THE WAR ON DRUGS – “Slave ambient”

Desconcertantes, en el mejor sentido de la palabra. Su sonido es un drone muy relajado (no en vano el disco se llama “esclavo del ambient”) que oculta en su interior armonías bastante poppies y permite que los colores del rock más clásico se filtren por todos sus resquicios. De su líder, Adam Granduciel, se dice mucho que se parece a Bob Dylan, sin embargo este disco recuerda más a los Byrds, aunque enfocados a través de la lente de los Spacemen 3… ¿qué decís vosotros…? Incluso una canción como ésta, “Baby missiles”, tiene un aura de sintetizadores que trae a la memoria al Springsteen de los ’80, con unos salpicones de Arcade Fire…
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The war on drugs – “Baby missiles”

TY SEGALL – “Goodbye bread”

A este tipo ya le conocíamos porque había editado antes varios discos de punk bastante caustico, que no aportaban demasiadas novedades al género. Pero parece que este año él también se ha dado cuenta de ello y le ha quitado el polvo y ha fregado bien su estilo, de forma que su voz, que normalmente estaba enterrada en las mezclas finales ahora se asoma por encima de ellas y suena hasta feliz, igual que los riffs de guitarra. Pero como no todos los cambios van a ser de una vez, incluso en un disco como éste, entre los claros estribillos todavía se aprecia al habitual friky que Ty Segall solía ser, capaz de convertir una sencilla canción de amor, como “You make the sun fry”, en una repulsiva insinuación para follarte a una tía…

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Ty Segall – “You make the sun fry”

FRANK TURNER – “England keep my bones”

Otro cantante que, como el anterior, procede también del punk, aunque ha derivado hacia terrenos más folkies, convirtiéndose en una especie de ahijado espiritual de Billy Bragg. No cree en nada e intenta hacer que cada momento de la vida cuente, y hace de su descreimiento una fiesta musical. Escuchando su disco vemos que persigue la salvación en la experiencia cotidiana… “No culpemos de nuestros males a bestias imaginarias / porque nunca existió Dios”“Aquí y ahora es cuando tenemos que intentar hacer las cosas correctamente”… ya ves, ni excusas ni disculpas, para Frank Turner no existe la autocomplacencia. Y así lo demuestra desde la primera canción, la que he elegido (enlazada con otra) para que oigas aquí: “El día que muera diré / por lo menos lo he intentado, joder!”… “¿Quién iba a pensar que después de todo / algo tan simple como el rock’n’roll era lo que nos iba a salvar a todos…?”

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Frank Turner – “Eulogy” / “If ever I stray”

LITURGY – “Aesthethica”

Liturgy son el equivalente de un grupo de black metal a una película de Lars Von Trier. Su líder, Hunter Hunt-Hendrix, tiene más que cabreados a los puristas del género, con su heterodoxa visión de lo que debería ser éste, en lugar de la escena y sonidos tan dogmatizados que son en realidad. Teclea en el Google “Transcendental Black Metal: A Vision of Apocalyptic Humanism”, que es el nombre del manifiesto que creó y entenderás por qué el sonido de Liturgy es un acto de renihilismo (así llamó a su primer disco, hace dos años) en el que la negación de todo principio o creencia se transforma en afirmación.

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Liturgy – “Returner”

XIMENA SARIÑANA – “Ximena Sariñana”

Ximena es una actriz bastante conocida en México que debuta en el mundo de la música con este fantástico disco que lleva su propio nombre. Hace un pop muy dulce y que a veces te invita a mover el cuerpo lentamente, guiado por los sintetizadores que respaldan su voz, muy bien colocados por Greg Kurstin, el productor habitual de los discos de Lily Allen, a la que a veces nos recuerda, cuando no se nos parece más a Cat Power… aunque Ximena es más intrigante . El disco está cantado prácticamente todo en inglés, pero para darte una pincelada he elegido la canción que canta en castellano, “Tú y yo”, en la que interviene también uno de nuestros músicos “modernos” favoritos, Omar Rodriguez López, de Mars Volta, como bajista.

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Ximena Sariñana – “Tú y yo”

SBTRKT – “SBTRKT”

Si ya eran controvertidos los términos de post-rock o post-punk, imagínate ahora el de post-dubstep… pues este disco es la mejor forma de entender qué quiere decir eso. SBTRKT es un solo hombre enmascarado, tal como ya apareciese cuando remezcló a Radiohead y a M.I.A., que aquí se ha rodeado de varios vocalistas que se lucen por encima del armazón de bajo y dolor que levanta esta nueva estrella del pop de vanguardia. Por aquí andan, fundiendo el dubstep con el house y el rhythm and blues, gente como Yukimi Nagano, Sampha (que tiene un timbre que cada vez recuerda más a James Blake) o la dulce y melodiosa Jessie Ware, que es a la que oyes en esta canción.

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SBTRKT – “Right thing to do”

STEPHEN MALKMUS & THE JICKS – “Mirror traffic”

Después de pasarse más o menos un año tocando las canciones de Pavement por todo el mundo, no es extraño que el quinto disco de Stephen Malkmus fuera de su antigua banda guarde girones de la mordaz energía que aquélla tenía. Aunque con los Jicks, perfectos profesionales que saben cuantas cervezas deben tomarse para coger bien el punto sin pasarse, sus canciones son más directas. Y aún así no pierden ni un ápice del efecto de las otras. Os pongo para que oigáis “Senator”, donde Stephen deja claro cuál es el sentido de la vida: “Yo sé lo que todo el mundo quiere, / lo que todo el mundo quiere es una mamada…” que no?

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Stephen Malkmus & The Jicks – “Senator”

WASHED OUT – “Within and without”

Esto es chillwave para aquellos a los que no les guste el chillwave. Y además, al contrario que en la mayoría de los discos de este género, la música que contiene no está basada en los samplers, sino en la instrumentación en vivo de su autor, que no es otro que Ernest Green, guiado por Ben Allen, al que le debemos también algunas de las mejores producciones de los Animal Collective. Con este nombre de Washed Out, Ernest revisita todo aquello que más le gustó de los ’80… Ibiza, los nuevos románticos… e incluso le da nuevas fuerzas al trip-hop de los ’90, como puedes ver en esta pieza.

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Washed out – “Before”

ICEAGE – “New brigade”

Unos chavales llenos de furia, que en vez de presentarse a operaciones triunfo ni a factores X se meten en el garage de la casa de alguno de ellos, allá en Dinarmarca (son lo mejor que he visto de allí este año, junto a la serie original de “The killing”), y nos asaltan con un disco lleno de canciones cortas y punkies que tienen el estrépito del punk de los Wire, la melancolía post-punk de los Joy Division y la visceralidad bipolar de cualquier grupo de hardcore que se te ocurra. Energía salvaje e implacable en el más puro estilo DIY.

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Iceage – “Collapse”

YUCK – “Yuck”

Y aquí tienes a más veinteañeros, ingleses esta vez, que han sacado también un primer disco totalmente refrescante, lleno de fuerza y plagado de riffs como los que ya hace tiempo que no solemos escuchar. Si te gustaba el rock más feroz de los ’90, este disco de Yuck está lleno de detalles que nos traen a la memoria las partes de guitarra más heavies de Dinosaur Jr. mezcladas con las texturas más shoegazers de los Jesus & Mary Chain.

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Yuck – “Get away”

ALELA DIANE – “Alela Diane & Wild Divine”

La muerte, la locura y los sufrimientos de los anteriores discos de Alela están aquí más desplazados por otras texturas más soleadas y brillantes. Quizás es que ahora tenga reparos en desnudar tanto su alma ante los Wild Divine, la nueva banda por la que se hace acompañar, en la que tocan tanto su marido como su padre. Menos mal que en la producción está Scott Litt, que al igual que hiciese en sus trabajos anteriores con R.E.M. y Nirvana, consigue que la accesibilidad de las canciones no haga que éstas dejen de ser devastadoras. Si te gustaban Natalie Merchant o Paula Frazer, puedes sumergirte en el fatalista mundo de Alela Diane… pero si te asustan las películas de miedo, más vale que te mantengas apartado.

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Alela Diane – “Suzanne”

THE WEEKND – “House of balloons”

The Weeknd es el vehículo con el que el cantante canadiense Abel Tesfaye nos ha proporcionado este año dos buenos trabajos, “House of balloons” y “Thursday”, de los que yo me voy a quedar con el primero, que está lleno de un rhythm and blues más seductor, al que Abel ha añadido atmósferas espaciales, dubstep, teclados minimalistas y samples de bandas contemporáneas como Beach House tanto como de bandas de la vieja escuela como Siouxsie & the Banshees. Escucha “What you need”, y dime si cuando canta “soy la droga en tus venas” se refiere a una amenaza o a un placer…

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The Weeknd – “What you need”

SMITH WESTERNS – “Dye it blonde”

Y ya que hemos mencionado a los Beach House, resulta que su productor (al que también conocíamos por llevar los controles de los Yeah Yeah Yeahs) ha acogido en su regazo a los Smith Westerns y los ha movido desde la recreación de Bowie y T. Rex de su primer disco a un status superior con éste segundo. Siguen haciendo canciones sobre chicas y sueños en realidad, pero ahora las hacen mucho mejor. Es uno de los pocos casos que conozco en los que el exceso de producción le sienta bien a un disco.

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Smith Westerns – “End of the night”

LYKKE LI – “Wounded rhymes”

Cuando esta cantante sueca comenzó en el 2008 con apenas 20 años era tan solo una cosita bonita y adorable que sabía cantar bien, pero ahora, tres años y un corazón roto más tarde, Lykke Li se ha convertido en una princesa de hielo capaz de crear canciones que fluctúan desde la furia al abatimiento. “Sadness is a blessing”, la canción que he elegido del disco, es una torch-song de esquemas spectorianos, que es también uno de los momentos más bonitos y tristes de la música de este año. La tristeza no es solo su musa, sino también su amante… lloremos con ella…

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Lykke Li – “Sadness is a blessing”

tUnE-yArDs – “Who kill”

Este es el segundo disco de Merrill Garbus bajo su alias de tUnE-yArDs y la chica ha hecho un buen trabajo limpiando los collages de su disco anterior para convertirlos en canciones más consistentes. La fórmula es más o menos la misma, eso sí, mezclar su elástica voz, que es capaz de pasar instantáneamente del chillido más histérico a la más profunda guturalidad, con un funky de aires reggae y un violento pop-art de lo más denso e impredecible. Los resultados son salvajes (quizás sea éste uno de los discos más salvajes del año), como un maremoto que lo sumerge todo… aunque si eres capaz de sobrevivir a él, saldrás canturreando algunas de las melodías de ésas que se pegan al oído sin que puedas desprenderlas, que también abundan aquí, aunque hablen de sexo terrorífico y violencia grupal.

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tUnE-yArDs – “My country”

ZOLA JESUS – “Conatus”

Nika Roza Danilova, anteriormente reencarnación de Siousxie, Lisa Gerrard y Elizabet Fraser, para su tercer disco con el nombre de Zola Jesus se ha convertido en un ángel exterminador. Como ya ocurriese con los Swans, que fueron saliendo de las profundidades cada vez más hacia la luz, en este “Conatus” (en latín, esfuerzo) la música de Zola fluye con cuerdas, piano, baterías sordas y electrónica muy vivaz, que realzan su voz, severa pero suave. Todo nos evoca ambientes extraños, pero es un disco acusadamente intuitivo, que resuena profundamente en tu interior y te sacude los huesos… incluso puedes cambiar la “s” de huesos por una “v”…

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Zola Jesus – “Hikikomori”

KURT VILE – “Smoke ring for my halo”

Éste es el cuarto disco de Kurt y sin duda el mejor de todos ellos. Es un borrón de psicho-folk acústico y drone que une el caótico punk de los Stooges, las espléndidas baladas del Neil Young de la época “Harvest” y la guitarra del J. Mascis más colgado, todo en uno. Y gran parte de de este logro hay que atribuírselo también a John Agnello, que como ya hacía con los Sonic Youth, con su producción ha añadido la calidez necesaria y las vibraciones que lo envuelven todo. Cascadas de guitarras, progresiones de folk-blues, reverbs y melodías hipnóticas…

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Kurt Vile – “Baby’s arms”

DUM DUM GIRLS – “Only in dreams”

El noise que había incrustado en el pop guitarrero que estas chicas mostraron en su primer disco ha desaparecido casi por completo en éste otro, que presenta un sonido más limpio y brillante… más seductor. Claro que eso tampoco es muy difícil porque Dee Dee (el alias de Kristin Gundred, la líder del grupo) nos evoca a Chrissie Hynde en sus momentos más sensuales. Puede que sea menos estilizada que nuestra admirada heroína, pero es más accesible incluso que ella en golpes emocionales como esta joya de canción que es “Bedroom eyes”.

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Dum Dum Girls – “Bedroom eyes”

WILD FLAG – “Wild flag”

Aunque solamente sea porque este disco es el primero de una banda compuesta por Carrie Brownstein y Janet Weiss, guitarra y voz más batería de Sleater-Kinney; Mary Timony, guitarra y voz de Helium y Rebecca Cole (a la que no tengo el gusto de conocer, aunque me da la impresión de que su nombre, en honor de la primera mujer negra que se licenció en medicina en los USA, oculta a alguna otra eminencia de las riot grrrls), ya hubiese llamado la atención de los estetas del indie y el punk como yo, que ya tenemos una cierta edad. Pero es que además, las canciones que han conseguido meter en el disco son tan vertiginosas que te quitan la respiración, y la nostalgia es lo de menos con ellas.

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Wild Flag – “Racehorse”

S.C.U.M. – “Again into eyes”

Y he dejado para el final a una banda de la que no voy a decir nada nuevo. Simplemente que todo lo que apuntamos en aquel post que escribí hace tiempo, con el que tanto me alegré de descubríroslos y que os atrajesen de esa forma, se ha cumplido con creces con la edición este año de su primer disco largo.

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S.C.U.M. – “Faith unfolds”

MAMÁ, QUIERO SER ARTISTA

¿Sois buenos fisonomistas? En el juego que os propongo hoy podéis ver si es así.

Aquí debajo tenéis dos slides con 50 de vuestras estrellas musicales favoritas (bueno, a lo mejor alguna no es de vuestras preferidas), fotografiadas antes de que llegasen a serlo.

La mecánica del juego es fácil… miráis las caras e intentáis adivinar quién es.

Hay de todas la épocas y de todos los estilos… incluso del heavy (bueno, del hard-rock), para que el Koloke y el resto de los talibanes puedan divertirse también.

Todos son muy conocidos, aunque a lo mejor os cuesta trabajo pillar algunas de las caras. Creo que las de las chicas, que son las que ocupan el segundo slide, son más fáciles… aunque también creo que están ahí las dos o tres más difíciles.

Las tres piezas musicales que ilustran el post están interpretadas por gente que sale en las fotos. Ya tenéis una buena pista para comenzar.

Ahí tenéis la sección de comentarios; podéis empezar…

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NUNCA TE ACOSTARÁS SIN OÍR UNA CANCIÓN MÁS

Llega una nueva Navidad y en estas fechas siempre hay algo que hacer que te impide escribir un buen post. Así que mientras volvemos a la normalidad vamos a recurrir otra vez a los Slideshares y algunos jueguecitos. Livianos, para que podáis jugar todos.

Aquí debajo tenéis dos pantallitas. Una de ellas con una docena de hechos curiosos relacionados con el rock, y la otra con las fotos de los artistas a los que corresponden esos hechos. Solo tenéis que relacionarlas entre sí. Ya sabeis como funciona esto, ¿no?

Como habéis visto, en las pantallas se habla de varios récords. Siempre me pregunté qué lleva a la gente a medirlo todo. Seguramente el exceso de tiempo libre que tienen algunos. Decidme si no quien iba a gastar la cantidad de horas necesarias, por ejemplo, para calcular cuantos iPods serían necesarios para almacenar todas las canciones editadas en el mundo… pues alguien lo ha hecho. Y resulta que para almacenar los más de 4 billones de canciones que se han editado necesitaríamos algo más de 4 millones de iPods de 4 Gigas, o 100.000 de esos otros ultramodernos de 160 Gigas.

El cálculo de los gigas necesarios para almacenarlas es relatívamente fácil, lo complicado es ponerse a averiguar cuántas canciones se llevan editadas en el mundo hasta ahora.

Es posible incluso que ese mismo matemático aficionado a la música sea el que ha confeccionado la estadística que dice que una persona de… pongamos por caso, 27 años como a lo mejor tienes tú, se ha pasado 5 años completos de su vida escuchando 800.000 canciones… lo malo de eso es que 6 semanas te las has pasado escuchando a Sabina…

Pongamos nuestro granito de arena, aportándote un ratito de tu escucha habitual, con la canción más conocida de una de las intérpretes que aparecen en nuestras fotos.

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Chico… eres tan creído…

DULCE NAVIDAD

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“Feliz Navidad”

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“Jingle bells”

PAISAJES OLVIDADOS

Tardó tres años en grabarlo. Entre 1971 y 1973, y tuvo como invitados especiales a varios de los más grandes nombres del folk-rock británico. Desde entonces, el paso del tiempo ha confirmado dos cosas sobre este disco de STEVE ASHLEY, además de que podemos aventurarnos a decir que, a pesar de una gestación tan prolongada, nació muerto… o casi.

Pero vamos con esas dos cosas. La primera es que el disco es una obra maestra en su especie, una maravillosa colección de canciones muy inglesas, una colección rica y profundamente atmosférica; como una novela musical de Charles Dickens o unos christmas victorianos. La segunda, que todavía es uno de los secretos mejor guardados de la historia discográfica. Su nombre: “Stroll on”.

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“Fire and wine”

Puede que muchos consideren aquellos primeros años ’70 como una edad dorada para el folk-rock británico, sin embargo, mientras encontraban salida para sus chorradas la mayoría de los intérpretes sub-standards, esta potente obra, de fantástica textura musical y dulce épica, casi se cae del nido y se rompe.

Rechazada por treinta sellos, fue solamente la tenacidad de su productor, el inconformista Austin John Marshall, el que la salvó del olvido. El curriculum de Marshall ya nos decía que éste había sido el cerebro tras la fructífera sociedad entre Davy Graham y Shirley Collins además de haber sido quien filmó el primer documental sobre la Jimi Hendrix Experience en los ’60. Steve Ashley le conoció en 1967, mientras los dos trabajaban como diseñadores en The Observer, y tras terminar la jornada de curro se iban a un club de folk donde solían tocar los Incredible String Band.

Escuchar a esta gran banda fue inspirador para Steve, y así fue como comenzó a componer y a cantar sus propias canciones formando un dúo con Dave Menday, al que bautizaron como los Tinderbox. A parte de en la música de la Incredible, a Steve no le faltaba inspiración tampoco en su propia casa, ya que vivía en una antigua vicaría, al pie del castillo de Rochester, un sitio muy mágico y con un gran sentido de la historia, repleto de mansiones dickensianas. Steve siempre ha reconocido en entrevistas posteriores que aquel ambiente impactó con fuerza en sus textos.

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“Farewell green leaves”

La mayoría del disco fue escrito en aquellos momentos, en 1968. La Incredible String Band se movía a través de diferentes clases de estilos musicales, pero Steve Ashley se centró en la música inglesa, escribiendo melodías modales y asegurándose que el lenguaje utilizado y las expresiones eran inequívocamente inglesas

Yo escribía hasta dos o tres canciones semanales. Y enseguida parecían adquirir vida propia.

Austin John Marshall estuvo ofreciendo a Steve a varios sellos discográficos pero solo se aseguró un contrato con Polydor por una canción, “Farewell Britannia”, de las que hacía con Tinderbox. Y en 1970 le llegó un golpe de suerte; conoció al dueño de los estudios Olympic Sound, en Barnes y éste le ofreció un contrato para ser su compañía editorial y la oportunidad de grabar un disco en sus estudios con los músicos que quisiera… algo increíble.

Steve decidió que estaría muy bien tener arreglos de cuerda, al estilo de Delius o de Vaughan Williams, y entonces Austin le puso un disco de Nick Drake… “eso es lo que quiero”, casi le gritó. Así que el siguiente paso fue buscar a Robert Kirby, al que Steve le canturreó algunas ideas melódicas para las canciones que aquél fue capaz de convertir en sorprendentes y alucinantes arreglos.

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“Lord Bateman”

“Stroll on” se grabó prácticamente entero en 1971, pero durante los tres años de rechazo que le siguieron, Steve no paró de hacerle ajustes. Dos de las canciones, “Spirits of Christmas” y “Love in a funny way” (aunque después se rescatasen cuando se editó en CD), fueron sacadas del disco para sustituirlas por una épica grabación del tradicional “Lord Bateman”, con la por entonces todavía desconocida Albion Country Band, un grupo que Steve cofundó en 1972. También unos arreglos primerizos de la principal canción suya, “Fire and wine” (que ya había sido grabada antes por Annes Briggs en su “The time has come” de 1971), fueron reemplazados por otros mucho más arrolladores a cargo de Ragged Robin, otra banda de folk posterior a la Albion, que Steve lideró durante 1973, de la que solamente tenemos circulando por ahí otros disco, respaldando a la mencionada Anne Briggs en su última grabación, “Sing a song for you”, y que también estuvo inédita durante más de 25 años, hasta que el mercado discográfico la rescató con la entrada del nuevo siglo.

Austin John Marshall no consiguió un contrato para poder editar “Stroll on” hasta 1974, con el sello Gulf Records, y para entonces, Steve era ya más que escéptico:

No me lo creeré hasta que no lo vea en alguna tienda de Chelsea y me pueda comprar uno.

Pudo hacerlo… pero su ejemplo no lo siguió mucha gente más y las ventas del disco fueron bastante pobres. Por el contrario, los críticos no pararon de alabarlo y consiguió varios premios. Incluso habla mucho a su favor que el más inglés de todos los discos fuese distribuido en los USA por el más afro-americano y poppie de todos los sellos discográficos, la Motown.

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“Silly summer games”

Para cuando Steve grabó un año después su segundo disco, “Speedy return”, el contrato de colaboración de Gulf y Motown ya se había finiquitado y su carrera discográfica pasó directamente al limbo, de donde logró salir de forma ocasional por algún que otro disco más, singles y colaboraciónes de tirada muy discreta, que posteriormente formaron parte de la recopilación “The test of time”, aparecida en 1999.

Después de eso, Steve Ashley ha estado editando de vez en cuando algún otro disco más, hasta el 2007, en que sacó “Time and tide”, pero en ninguno ha llegado a igualar la magia que derramó en aquel primer “Stroll on”. Si acaso te interesa profundizar un poco más en su figura después de leer esto, podrías intentar hacerte con su séptimo disco, el “Everyday lives” del 2001, que tenía algún asomo del espíritu de su primera obra.

El propio Steve reconocía con los años que la magia nunca volvió a visitarle, pero que sus posteriores discos eran más maduros… en lugar de tener “fuego y vino” tenían rescoldos de leña quemada y un barril de oporto de buena cosecha.

Pero parece que nadie tuvo muchas intenciones de compartir con él los tragos y el fuego del hogar… fíjate que Steve Ashley ni siquiera está en la Wikipedia…

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“Say goodbye” (Del “Everyday lives”)

THE MAN WHO FELL TO EARTH

VINCE TAYLOR estaba en plena forma en 1962. Los que le vieron actuar en aquellos tiempos le recuerdan como un tipo guapo con aires de gamberro, vestido de cuero negro de la cabeza a los pies, con cadenas rodeando sus guantes de piel y ascendiendo por sus brazos, con un exagerado tupé. Pero además él acentuaba su extraña pinta con maquillaje de color naranja, pintándose con lápiz de ojos todo el contorno de los suyos y realzándose el color de sus labios con un poco de carmín. En el escenario, su banda atronaba con un poderoso rock’n’roll mientras él gritaba y ululaba como un Eddie Cochran poseso, retorciéndose, follándose a las columnas, rugiendo, tirándose al suelo presa de salvajes espasmos epilépticos…

Cuatro años después, Vince casi se había ido. No muerto, solo ido. Canciones como el martilleante “Brand new cadillac” de 1959 parecían cosa del pasado mientras él mismo se había transformado en un mugriento junkie que andaba vestido con una túnica roja, llamándose a sí mismo Mateus y predicando por los bares de Londres como “el nuevo Jesucristo”. Todo eso fue lo que le apartó de convertirse en una leyenda.

Sin embargo, el breve ascenso y caída de Vince Taylor dejó su marca. La historia, el mito… el ascenso y la caída… inspiraron a David Bowie para crear a Ziggy Stardust. Y Joe Strummer, que versionó “Brand new cadillac” con los Clash, decía de él que “Vince Taylor fue el comienzo del rock’n’roll británico. Antes que él no había nada. Él fue un milagro”.

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“Brand new cadillac”

Vince Taylor se llamaba en realidad Brian Maurice Holden y nació, siendo el menor de cinco hermanos, el 14 de julio de 1939 en Isleworth, Middlesex. En una posguerra dura que no tenía nada que ofrecer, toda la familia emigró a los Estados Unidos en 1946. Después de una corta estancia en el Bowery neoyorkino se trasladaron a New Jersey, donde el padre de Vince encontró trabajo como minero. En 1954 su hermana Sheila estaba trabajando en Hollywood, donde conoció a Joe Barbera, que poco después se convertiría en la mitad del famosísimo dúo Hanna-Barbera de creadores de dibujos animados. Después de que Sheila y Joe Barbera se casasen en 1955, Vince y sus ya envejecidos padres se trasladaron de nuevo, esta vez a California. Enamorado de Elvis, en 1958, el joven Vince ya estaba cantando en los clubs nocturnos de Los Angeles y pergeñando un plan. Su padre murió en primavera y para él comenzó una nueva era; con su buena pinta y sus maneras de rocker, su plan era volver a Inglaterra y hacer explotar los escenarios de Londres. Su cuñado le apoyó, y con el éxito de los dibujos animados de Huckleberry Hound, que comenzaron a emitirse en la tele en 1958, financió la entrada de Vince Taylor en el mundo del rock and roll.

Vince le había dicho a su familia que había escuchado un disco de Tommy Steele y pensó que si aquello era rock’n’roll en Inglaterra, lo suyo sería una tormenta. Así que junto a su guitarrista, Bob Frieberg, y su manager, Joe Singer, se trasladó a Londres, y lo primero que hicieron fue buscar los sitios adecuados para lo que querían hacer. Un camarero les habló de un bar que había en el Soho, el 2 i’s.

Precisamente en ese bar había comenzado Tommy Steele, que al convertirse en estrella y ascender, dejó allí una banda de músicos completamente engrasada (en la que estaba Brian Bennett, posterior batería de los Shadows), que acompañaba a todo aquél que quería convertirse en cantante y se subía al escenario. Vince Taylor también la aprovechó y realmente causó impacto en la audiencia, especialmente cuando dejó que todos tuviesen la impresión de que era americano; fue por entonces cuando cambió su nombre real por el artístico: Vince por Gene Vincent y Taylor por el actor Robert Taylor.

Vince no se cortaba un pelo tampoco; le decía a todo el mundo que como Elvis era tan grande en los USA, por eso no había sitio allí para los dos. Aunque en realidad Vince era un cantante muy limitado, que no poseía una buena voz ni cantaba de forma afinada. Pero su magnetismo eclipsaba todas sus limitaciones y nadie las apreciaba. Y su ambición aún era mayor que su magnetismo…

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“Sweet little sixteen”

Y su ambición le llevó a considerar pequeño el 2 i’s. Para buscar prados más verdes, Vince decidió formar su propia banda con Tony Harvey, Tony Sheridan y Bob Frieberg, a las guitarras; Tony Meehan, de los Vipers, a la batería y Tex Makins, de los Worried Men, al bajo. Respaldado por ellos, Vince Taylor se convirtió en la sensación de la escena musical londinense; como ya he dicho antes, no cantaba demasiado bien, pero hacía todo lo que los demás cantantes de rock and roll hacían desde que éste existía, y era el primero en hacerlo en Inglaterra. Cuando salían de las salas de conciertos siempre tenían que echar a correr perseguidos por una multitud de chicas.

Vince le puso de nombre a su banda The Playboys, y a medida que se hacía más famoso fue metiendo algunos cambios. Bueno, el primero de todos ellos le vino dado por el regreso a USA de su amigo Bob, por lo que Tony Sheridan se convirtió en el guitarra solista. Pero poco a poco fue sustituyendo a los demás por la flor y nata de los músicos que salían del 2 i’s, y aunque Tony Harvey siguió también en la guitarra rítmica, el bajo y la batería pasaron a ser propiedad de Brian “Licorice” Locking y Brian Bennett. Después de ensayos intensivos y de una audición para la EMI, por fin consiguieron un contrato discográfico.

Parlophone editó el primer single de los Playboys en noviembre de 1958, con dos revisiones salvajes de rockers del sello Sun: “Right behind you, baby” , de Ray Smith y “I like love” de Roy Orbison.

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“I like love”

El single no tuvo mucho éxito, a pesar de que entre diciembre del 58 y enero del 59 Vince y su banda aparecieron tres veces en “Oh Boy”, el programa musical de televisión más famoso del momento. Y digo Vince y su banda, porque lo normal es que los cantantes actuasen respaldados por la propia banda que tenía el programa, Lord Rockingham’s XI, algo a lo que él se negó categóricamente aunque su decisión creó muchísimas fricciones con los productores: “Me estáis jodiendo, no hacéis las cosas bien. En América se hacen las cosas como yo digo…”

Con el segundo single las cosas le fueron muchísimo mejor. Se editó en abril del 59 y contenía la primera composición suya, ese “Brand new cadillac” que ya conoces. Y aunque esta canción se destinó a la cara B, para poner de cabecera una versión bastante ñoña del “Pleding my love” de Johnny Ace, el “flamante cadillac” fue reconocido a través de los años posteriores como uno de los momentos definitivos del rock’n’roll inglés, junto al “Shakin’ all over” de Johnny Kidd y el “Move” de Cliff Richard.

Y con el éxito llegaron los problemas. Los Playboys eran una buena banda, pero entre sus miembros no había buena química. Tony Sheridan y Vince Taylor habían trabajado duramente para sacarla adelante, pero los dos tenían unos egos enormes y Tony Sheridan quería dominarlo todo. Hubo muchas disputas entre los dos, que se extendieron también a los demás, para los que era muy irritante tener que ejercer siempre de niñeras de los otros. Y como tenían mejores ofertas de otras bandas, por fin, tras una aparición en un programa de la BBC, los Playboys se disolvieron y Bennett y Licorice se unieron a Marty Wilds & The Wild Cats durante un corto tiempo, para pasar los dos después a los Shadows. Tony Sheridan empezó de nuevo desde cero, formando un trío en el que nadie le negase su autoridad.

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“Shakin’ all over”

Con las pocas ganancias que le dejaron sus actuaciones, Vince Taylor, siempre un tipo de recursos, abrió un club, el Top Ten en la esquina del Soho que Oasis inmortalizó en la portada de “(What’s the story) Morning glory?”, con el que se aseguraba poder seguir comiendo todos los días. Pero, sin banda, para poder volver a subirse a un escenario tuvo que regresar al 2 i’s. Un paso atrás… a finales del 59, un año y medio después de llegar a Londres, estaba en el mismo sitio que entonces. Y con la llegada de 1960 su madre enfermó gravemente y tuvo que regresar a los Estados Unidos. Para muchos rockers éste hubiese sido el punto final. Pero no para Vince Taylor.

Para marzo ya estaba de nuevo en Inglaterra formando a otros nuevos Playboys, también de muy corta vida, con los que tuvo dos momentos importantes; el primero de ellos fue tocar en un concierto de homenaje a Eddie Cochran, en el que la estrella fue su idolatrado Gene Vincent. Y el segundo fue la firma de un nuevo contrato discográfico, esta vez con Palette, un sello belga que tenía distribución en Inglaterra, con el que sacaron su tercer single en agosto. La canción estrella era “I’ll be your hero”, ligeramente tintada de country, dejando el rock fuerte para la cara B, con “Jet black machine”. De este disco sí que vendió bastantes copias, pero a medida que subía artísticamente, su comportamiento se hacía menos estable.

Comenzó por irse de sus conciertos sin darlos. Antes de ir telefoneaba a su novia para asegurarse de que ella iba a estar allí. Si ella no iba, o se marchaba antes de terminar, Vince saltaba fuera del escenario y se iba en su coche a buscarla. Aunque parezca increíble, esto lo hizo varias veces. Y tampoco se llevaba especialmente bien con los nuevos componentes de sus Playboys, hasta el punto de que una pelea con el guitarrista Tony Harvey, cuando iban a dar un concierto fuera de Londres, terminó con Tony tirando a Vince por la ventanilla del tren en marcha. Suponemos que iba despacito…

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“I’ll be your hero”

A primeros de noviembre Vince Taylor desapareció. Un día, los componentes de su banda le dijeron que si no les pagaba no seguirían con la gira que estaban haciendo, y como Vince no consiguió dinero del manager los Playboys se volvieron a Londres dejando colgados el resto de los conciertos para pasar a ser la banda que respaldase a Duffy Power. Mientras tanto, nadie supo exactamente qué pasó con Vince Taylor. Cuando volvieron a verlo unos meses después, éste les dijo que se había vuelto a marchar a los USA y que ya estaba de nuevo de vuelta. Y comenzó a vérsele otra vez por los sitios habituales donde la banda tocaba.

Por suerte para Vince, Duffy Power tampoco era un cantante de emociones fiables, y no se presentó al concierto que tenían que dar en Guildford hasta muy tarde, por lo que quien subió al escenario con la banda fue Vince. Cuando Duffy llegó finalmente, solo pudo ver como Vince se había adueñado de la voluntad de todos los espectadores y estaba arrasando con su actuación; lo único que pudo hacer fue darle una par de hostias al batería, Bobbie Woodman, que ejercía de líder del grupo y conducir de vuelta a su casa. Así que tras un par de puntos de sutura en la cara de Woodman, pudieron terminar el concierto.

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“Jet black machine”

Fueron unos meses de cierta estabilidad, que le valieron al grupo ser uno de los elegidos para una demostración del rock’n’roll inglés que iba a tener lugar en el Olympia de París los días 8 y 9 de julio de ese año 1961. Allí estarían Vince Eager, Wee Willie Harris, Nero & The Gladiators y Dave Sampson. Y Vince Taylor, claro, que sería el telonero de todos los demás.

Vince sacó todo lo mejor de sí para los conciertos de París. Durante los ensayos actuó de la forma más salvaje que podía, apareciendo por primera vez totalmente vestido de cuero negro, con cadenas rodeando sus brazos, y maquillado. Cuando los promotores vieron aquello, inmediatamente le colocaron como cabeza de cartel. Y Vince cautivó a todos los franceses; en “L’Observateur” lo describieron como “un ser casi felino, animal y primitivo, sometido a convulsiones incontroladas”. Aquello era algo impresionante para los standards rockeros franceses, y el encargado de fichar nuevos talentos para el sello Barclay Records se aseguró de que el jefe en persona, Eddie Barclay, estuviese presente en el concierto de la segunda noche.

Le presentaron un contrato nada más bajarse del escenario. El 15 de agosto comenzaba su andadura en este importante sello nada menos que con unas actuaciones en Le Vieux Colombier, en el corazón de la Costa Azul. Vince Taylor se tomó su sobrevenido estrellato tan en serio que desde el aeropuerto hasta la sala se desplazó asomado al techo de una limousina.

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“Twenty flight rock”

En Barclay se aseguraron de que Vince Taylor & The Playboys trabajasen duro, y en septiembre tenían a la venta el primer EP francés del grupo, al que siguieron otros cinco más en cada uno de los meses siguientes. Publicitariamente lanzaron a Vince diciendo de él que había nacido en Hollywood, e incluso rodaron algunos cortos muy parecidos a los actuales video-clips, que capturaban todo su salvajismo.

Los parisinos pudieron verles en los mejores teatros y locales de su ciudad y el 18 de noviembre iban a ser las estrellas del Festival de Rock que se celebraba en el Palacio de los Deportes de París. Sin embargo, los disturbios se desencadenaron antes de que a ellos les tocase salir; roturas de sillas, peleas por todos los rincones, la policía deteniendo a todo el que pillaba por delante… A Vince le sentó todo aquello muy mal y las cámaras de televisión que estaban filmando el concierto le enfocaron mientras se dirigía al público intentando apaciguar los ánimos. Pero al día siguiente los periódicos le mostraron en mitad de los restos provocados por todo aquel descontrol, capitalizándolo por completo.

Una semana después, en un concierto de Lille volvieron a repetirse los disturbios. Cuando dos días más tarde se desplazó a Bélgica para dar unos conciertos en Bruselas, la policía le escoltó desde el aeropuerto al teatro. La prensa local le describió como “más salvaje que un hombre de Neanderthal”.

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“Long tall Sally”

El año fue coronado con unas actuaciones estelares en el Olympia de París, desde el 27 de diciembre hasta el 15 de enero del ’62. La seducción de Vince por el estilo de vida de las celebridades se completó durante esta etapa. Todas las noches iban a los mejores restaurantes y night-clubs de París, donde les identificaban como estrellas y les ofrecían lo mejor que tenían. Las ocho de la mañana era la hora de salida habitual, puestos hasta arriba de tabaco y Preludin, el estimulante químico que se usaba cuando el speed aún no circulaba. Y el abuso le voló la cabeza.

Vince a veces no recordaba siquiera que ya había actuado, tan solo unos minutos después de bajarse del escenario. La gota que colmó el vaso fue el incidente con unos moteros belgas a los que no les gustaba que un advenedizo como él se las diese de duro usando las cadenas de sus máquinas; una noche les acorralaron a la salida de una de sus actuaciones y tuvo que intervenir la policía. Vince Taylor estaba de nuevo en las noticias.

A finales de octubre los Playboys abandonaron a Vince, que ya había perdido por completo el norte entre cajas vacías de Preludin. El batería, Bobbie Woodman, que era en realidad su único amigo, aceptó, sin embargo, volver con él un mes después, cuando Vince le dijo que tenía una oferta para unos conciertos en el Star Club de Hamburgo. Lo único que consiguieron fue que Horst Fascher, el propietario del mítico club, les amenazase con un tiro en la cabeza si volvían por allí.

Woodman acabó con él, desengañado del todo, y volvió a París para unirse a la banda de Johnny Hallyday, para ayudar a éste a hacerse con algo de la magia de Vince. Y lo consiguió hasta el punto de que la prensa parisina volvió a acordarse de Vince Taylor y reputadas revistas como “Disco Revue” y “Salut les Copains” comenzaron una campaña para su regreso. Y consiguieron que volviese y subiese de nuevo a los escenarios con los Downbeats de Liverpool. Pero su comportamiento ya era totalmente errático.

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“Fever”

Hubo alguna que otra sesión de grabación con Barclay, e incluso un concierto teloneando a Little Richard, pero casi todo el año 1964 Vince se lo pasó en Saint Tropez, viviendo con su novia, Helene Abril, quien le mantenía con su trabajo como modelo.

El destino todavía le brindó a Vince una nueva oportunidad cuando Johnny Hallyday tuvo que hacer el servicio militar y Bobbie Woodman formó otra banda: Vince Taylor & The Bobbie Clarke Noise. En este nuevo grupo formó Stanislas “Stash” Klossowski, el hijo del pintor Balthus. No les fue mal durante la última parte del año, fogueándose en pequeños escenarios de París, y en marzo de 1965 se vinieron a España. Sus destinos fueron el club Imperator de Madrid y el Top Ten Club de Torremolinos, donde Vince encarnaba sobre el escenario las figuras de Johnny Burnette, Rick Nelson, Gene Vincent, o se ponía una coleta falsa para aparentar que era P. J. Proby. Después, en abril, de vuelta en París, telonearon en el Olympia a los Rolling Stones y después del primer concierto pasó la noche en su piso con Charlie Watts escuchando discos de jazz, mientras el resto de los dos grupos se ambientaba en todos los bares que les salían al paso.

El 22 de mayo tenían un concierto en el Locomotive de París para dar la bienvenida a Joe Barbera y a Sheila, quienes se encontraron al llegar con que Vince no estaba. Se había ido a Londres a intentar que le pagasen los conciertos de Torremolinos, que todavía le debían. Al irse le había jurado a Bobbie que volvería a tiempo para el concierto. Y lo cumplió. Bueno, en realidad volvió… alguien… pero no era Vince Taylor.

Quien llegó a las seis de la tarde de aquel sábado venía con los zapatos destrozados, el pelo sucio y enmarañado, las uñas roñosas, un hatillo de harapos bajo el brazo y una botella de vino “Mateus” en la mano. Se dirigió a todos: “¿Creéis que soy Vince Taylor, verdad? Pues no. No lo soy. Mi nombre es Mateus. Soy el nuevo Jesús, el hijo de Dios”. Cuando le preguntaron si había conseguido cobrar el dinero de la banda, Vince arrojó un puñado de francos al suelo, para después meterle fuego al resto de los billetes. “El dinero es la raíz de todo mal. Queréis dinero… esto es lo que os traigo…”

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“Lovin’ up a storm”

Días después los de la banda se enteraron de que Vince había estado en Londres en una fiesta en honor de Bob Dylan y había tomado LSD por primera vez en su vida. Le gustó tanto la experiencia que se las apañó para que alguien le ayudase a comprar 200 libras de aquella droga.

Y bajo sus efectos llegó al Locomotive… sin afeitar, dando tragos de la botella de vino… Sheila se asustó mucho. Cuando le preguntó que le había pasado, la respuesta de su hermano fue: “Yo no soy Vince. Soy el hijo de Dios”. Y se puso a rezar para después montar en cólera sin motivo alguno. La banda tuvo que salir a tocar sin él.

A la mañana siguiente, ya afeitado, peinado y bien vestido, Vince les pidió perdón a todos. Les dijo que se sentía un poco extraño, pero que estaba preparado para el nuevo concierto de esta tarde. Todos pensaron que estaba bien y por la tarde se dirigieron con él al club. Al pasar por la puerta y ver un poster suyo, Vince Taylor tachó su nombre y en su lugar escribió con un rotulador “Mateus”. Después, en el escenario, la banda comenzó con los acordes de apertura de “C’mon everybody” y Vince no comenzaba a cantarla… repetían la introducción una y otra vez, pero él seguía sin comenzar. En lugar de hacerlo, se bajo del escenario lanzándole un “Que Dios os bendiga” a toda la audiencia. Consiguieron hacer el concierto, sí; pero después de terminarlo Vince salió a la calle Pigalle, dirigiéndose hacia el Sena, rezando en voz alta para todos los paseantes que se encontraba, y para regocijo y asombro de los aproximadamente 20 fans que le seguían.

Al volver al hotel les dijo a todos que tenían que volver a California. “Habrá un avión preparado en la pista a medianoche y el piloto será Dios. Yo soy el hijo de Dios, y voy a llevaros volando a todos a Hollywood”. A Bobbie le costó trabajo retenerlo allí hasta pasada la medianoche. Por la mañana Sheila trajo noticias de que tras hablar largo y tendido con él, Vince estaba de acuerdo en que lo ingresasen en una clínica psiquiátrica en Inglaterra.

Ése fue el final de Vince Taylor.

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“C’mon everybody”

Después de aquello, Barclay Records, intentando salvar algo del naufragio, editó las últimas sesiones de la pasada primavera, añadiéndole ruidos de espectadores, como un falso “live”, con el título de “Vince…!”. En julio de 1967 se intentó una nueva vuelta, con una gira llamada “L’Epopee Du Rock”, pero resultó un tremendo fracaso. Vince Taylor cantó durante 15 minutos del primero de los conciertos y después se fue.

Vince tenía un aspecto horrible, más cercano a un zombie que a una persona. Lo único que hacía durante el día era levantarse a las diez de la mañana, desayunarse una tortilla y sentarse a pensar; hasta las seis de la tarde, en que volvía a comerse otra tortilla para volver a sentarse a pensar; a la una de la noche cambiaba la tortilla por una sopa y se acostaba… a pensar…

Cuando dejó de pensar se pasó los siguientes cuatro años en Londres, de bar en bar, subsistiendo a base de vino, ácido, speed, tortillas y visiones religiosas. Había rebasado del todo la línea que separaba al rocker de Mateus, el hijo de Dios. Las historias apócrifas del psicodélico Londres de finales de los ’60 hablaban de un Vince Taylor vengador, azote de los delincuentes del Soho; o de un loco sifilítico que relinchaba como un caballo, o que daba sermones, vestido con una túnica blanca, declarándose a sí mismo como Jesucristo, la resurrección, e incitando a la gente a que se amotinase por donde quiera que pasaba. Rumores sin confirmar sitúan a Vince como camello en una casa de okupas del West End londinense y rodeado de violentos personajes del submundo de la ciudad. Incluso también he podido consultar fuentes francesas, quizás más fiables, que hablan de cómo pasó mucho tiempo entrando y saliendo de clínicas psiquiátricas y de reposo, hasta que tuvo otro intento de reaparición en el Golf Drouot de París, en 1972.

Desde entonces su historia ha sido mucho más clara y se le han conocido varias bandas de apoyo… Papoose… Voyag… Les Pieds Joints… Le Poiung… e incluso a primeros de 1974 volvió a entrar en unos estudios para grabar el single “L’Homme a la moto” con la Larry Martin Factory. Después se dedicó varios meses a tocar por clubs nocturnos y mercadillos de París, respaldado por músicos callejeros, y a finales de 1976 editó su autobiografía, “Alias Vince Taylor”, un libro lleno de pocos hechos, mucha fantasía y tremenda bravuconería del que pudo haber sido y no fue. En 1977 vio la luz también un horroroso disco en directo.

En 1979 todavía dio algunos conciertos ocasionales cuando los chicos de la banda Matchbox le dieron una oportunidad de tocar con ellos a quien una vez fuese su ídolo. Poco después conoció también a Joe Strummer, otro músico que le idolatraba, al que aburrió durante horas contándole una y otra vez como el Duque y la Duquesa de Windsor estaban planeando asesinarle con una tarta de chocolate envenenada.

En 1983 se casó con Nathalie Minster y se mudó con ella a Suiza; curándose de su alcoholismo durante seis meses en un centro de desintoxicación de Montreaux cuatro años después. Desde 1987 llevó una vida tranquila, apareciendo algunas veces cantando en pequeños clubs suizos. Después de tres penosos meses ingresado en el hospital, Vince Taylor murió de cáncer el 27 de agosto de 1991.

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“Unchained melody”

David Bowie conoció a Vince Taylor en el café La Gioconda, de Londres, en 1966. Por entonces Vince ya estaba completamente ido…

Estaba realmente fuera de este mundo. No recuerdo si me dijo que era un alien o el hijo de Dios, pero podía ser un poco de los dos. ¡Y tenía a toda una legión de sicofantes que le creían!. El tío era un número uno… (David Bowie)

Al final de esa noche, Vince se sentó con Bowie junto a las escaleras de la estación de metro de Tottenham Court Road, y desplegó un mapa mundial que se sacó del bolsillo. Le mostró a Bowie todos los lugares secretos donde había dinero enterrado, donde los aliens tenían sus bases secretas y donde él mismo, con sus fans, iban a construir la nueva Atlántida. El Vince Taylor que Bowie conoció ese día era un hombre que había caído en un abismo tan profundo que ya le era imposible salir de él. Un prototipo de cómo te puede quemar el rock and roll; había algo tan profundo, tan patético, tan doloroso en Vince y su maltrecho mapa del mundo que Bowie sabía que este recuerdo iba a permanecer con él para siempre.

En 1973, cuando Vince ya había sido olvidado por todos, cuando solamente era una curiosidad olvidada de la historia del rock and roll, su alma renació en el concepto del alter-ego que se había creado David Bowie para él: Ziggy Stardust.

Junto con la versión que los Clash hicieron de su “Brand new Cadillac” en en “London calling”, y los recuerdos de la gente que alguna vez le vio sobre un escenario, “Ziggy Stardust and The Spiders from Mars” es probablemente el legado más imperecedero de Vince Taylor… el lento suicidio del Mesías leproso.

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David Bowie – “Rock and roll suicide”

El tiempo coge un cigarrillo, lo pone en tu boca.
Tú alargas un dedo, más tarde otro dedo y después el cigarrillo.
El eco te llama, insiste, después lo olvidas.
Ohhhh, eres un suicida del rock and roll.

Eres demasiado viejo para perder, demasiado joven para elegir.
Y el reloj espera con paciencia tu canción.
Pasas por el café, pero cuando has vivido demasiado no comes
Ohhhh, eres un suicida del rock and roll.

Los frenos del Chevy chirrían y chocas en la calzada.
Pero amanece un nuevo día, de modo que corres a tu casa.
No permites que el sol destruya tu sombra,
No dejas que el carrito del lechero domine tu mente.
Es tan natural, tan religiosamente cruel.

¡Oh, no, amor! No estás solo.
Te miras en tu interior, pero te sientes tan infeliz…
Tienes la cabeza perdida; si pudiese ayudarte…
¡Oh, no, amor! No estás solo.
No importa qué o quién hayas sido.
No importa cuándo o dónde te hayan visto.
Todos los cuchillos parecen torturar tu cerebro,
Pero a mí me importa, te ayudaré en tu dolor.
No estás solo.

Alucina conmigo, no estás solo.
Alucinemos y vivamos, no estás solo.
Dame tus manos, porque eres maravilloso.
Dame tus manos…

FUERZAS DEL CAOS Y LA ANARQUÍA

¿Precursores de los hippies? ¿Abanderados de la contracultura? ¿Tripulantes de naves de ciencia ficción? ¿La aristocracia del rock de San Francisco…? Los JEFFERSON AIRPLANE ocupan una curiosa posición en la historia del rock: florecieron con el perfecto “Surrealistic pillow”; reinaron en el tormentoso verano del ’67 con dos maravillosas canciones como “Somebody to love” y “White rabbit”; formaron una parte fundamental del legado folky del “Summer of love”… y se fueron apagando en una secuencia de discos menos centrados y más fanfarrones, que culminaron con el “Long John Silver” de 1972, que era un triunfo de la forma sobre el fondo, del envoltorio sobre el contenido. Y a finales de los ’70 directamente asesinaron su legado, transformados ya en Jefferson Starship, suministrando música AOR para radio fórmulas.

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“Somebody to love”

Como símbolos de un momento y de un movimiento, los Jefferson Airplane fueron un espejo que reflejaba los locos y magníficos ideales de un tiempo, de forma tan concreta que una gran parte de su repertorio suena ahora desfasado, e incluso algo ridículo. Como sexteto poco manejable que eran la mayoría de las veces, entre ellos se peleaban tanto como lo hacían con la ley: cuando todos los elementos que conformaban el grupo se resistían a cuajar, el resultado era un horroroso aluvión de guitarras chillonas y voces estridentes. Y como ocurría con muchos de los grupos de su época, las drogas podían ser tanto una cárcel como una liberación. Pero cuando todo marchaba por su camino correcto, los Jefferson eran capaces de capturar el éxtasis que desde San Francisco se regalaba a todo el mundo.

Y eso ocurrió sobre todo en tres de sus primeras obras: “Surrealistic pillow”, “Crown of creation” y “Volunteers”. Al contrario que en sus bandas equivalentes, los componentes de Jefferson Airplane, salvo su bajista Jack Casady, tenían pocas influencias del rhythm & blues y del soul; Paul Kantner provenía del folk; al igual que Marty Balin, aunque éste había tenido una prehistoria en el pop comercial; Jorma Kaukonen venía del folk-blues y podríamos decir que era el principal puntal sobre el que se construía el sonido del grupo; y Grace Slick venía de una banda de trance-rock que se llamaba The Great Society, y se trajo con ella las dos canciones que habían sido la marca de fábrica de esta banda y que aquí se convirtieron también en los dos primeros grandes éxitos de los Jefferson, las dos canciones que ya mencionamos antes y que son las primeras que ilustran este post. El resultado de tal amalgama de músicos podía ser tan heavy como el grupo más salvaje y tan light como el grupo más baboso. Rock que no era rock.

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“White rabbit”

La voz y las guitarras eran lo principal. Con Marty Balin, Paul Kantner y Grace Slick los Jefferson tenían una primera línea muy poderosa, capaz de pasar desde la ternura hasta el sarcasmo más hostil en la misma frase, o de abrir una canción con una súbita declaración de amor. No siempre cantaba Grace, la verdad es que Marty Balin tenía una sensibilidad romántica que envolvía a los Jefferson en sus mejores momentos, sobre todo cuando cantaba arropado por la perfecta guitarra acústica de Jorma Kaukonen, como en el “Comin’ back to me” que oirás después.

Si Marty Balin era el corazón, Grace y Paul Kantner eran el acero. Paul con su pomposidad conceptual y Grace con su azotador sarcasmo, que te podía matar desde el vinilo aunque no entendieses del todo lo que decía. Como demostraba en las dos canciones que hemos oído ya, Grace era la voz del pop, lo suficientemente fuerte como para destacar por encima de la media de forma poderosa e identificable; y tenía además una actitud dura y agresiva que le llevaba a capitanear el naciente feminismo. Los Jefferson Airplane eran ambiciosos. Muy ambiciosos. En su canción “She has funny cars” cantaban que “el mundo está esperando a ser conquistado”, y ellos lo conquistaron. El problema es lo que pasó después de que lo conquistasen.

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“Comin’ back to me”

El primero de sus discos significativos (que era en realidad el segundo que editaban), una vez que sustituyeron a Signe Anderson por Grace Slick, “Surrealistic pillow”, era lo que uno hubiese podido esperar de una banda de San Francisco, un modelo de economía pop. Bajo las riendas del productor de cabecera de la RCA, Rick Jarrard, e inspirados por Jerry García (que incluso permea con su guitarra líquida la canción “Today”), los Jefferson suministraron once canciones, de las que solamente cuatro pasaban de los tres minutos. Ahí tienes folk-rock, dos grandes baladas, un cristalino instrumental de folk-blues, ataques al sistema, a la televisión… y por supuesto, estaba también “White rabbit”, una de las canciones más extrañas que hayamos podido encontrarnos alguna vez en una lista de éxitos; pura e incesantemente in crescendo desde el principio al final.

Haciendo canciones como ésas, de un estilo que todavía no tenía nombre siquiera, la banda alcanzó con este disco un merecidísimo éxito, que atrajo sobre ellos la atención de todos los medios de comunicación musicales, junto con la oportunidad de la autocomplacencia a muchos niveles. La respuesta del grupo, siguiendo la perenne moda de los demás grupos de rock, fue incrementar su autonomía y el experimentalismo en la música, para crear el infravalorado “After bathing at Baxter’s”, que no es que fuese un fracaso comercial, pero que ni ellos mismos llegaron a interpretar en directo nunca. Y por eso también le vamos a dar de lado en nuestra historia.

Pero todavía había camino por andar. Y el siguiente paso fue “Crown of creation”.

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“Lather”

“Crown of creation” fue el disco que les consolidó. Comenzaba con fino estilo de la mano de Grace con ese brutal “Lather”, aunque provisto de una dulce guitarra y de psicodélicos efectos de sonido. Ahí encontrabas también la versión definitiva del “Triad” de David Crosby, invertida de forma muy satisfactoria al ser interpretada desde una perspectiva femenina. Seguían rocks como “If you feel” y canciones “extrañas” como la que daba título al disco, o incluso rudimentarios tambores en el “Chushingura” de Spencer Drayden, que hacen de la brevedad su mayor virtud. Era el disco hippy por excelencia, todo a medio tiempo, desordenado, algo sucio y estridente, con letras como “no podemos tolerar su obstrucción”

Y después llegó “Volunteers”. Fue algo desafortunado para los Jefferson Airplane que su disco más abiertamente contestatario e inmerso en el “movimiento” entrara en las listas de ventas americanas pocos días antes de que Marty Balin, el único miembro del grupo que hizo algo en aquella vergonzosa situación, fuese golpeado en Altamont. Es una medida de que “Volunteers” puede ser el resumen de una era, y ser el disco dentro del cual puedes escuchar la disolución del sueño hippy entre discursos políticos extremos, historias de vida en el país, fantasías de ciencia ficción y música tradicional. En este disco todavía la forma estaba supeditada al contenido.

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“We can be together”

Ese “contra la pared, hijo de puta…” que oías era una frase dura, pero gran parte del “Volunteers” era mucha charla y poca acción, lo mismo que los políticos a los que atacaban. El disco reflejaba a una banda disolviéndose entre la promiscuidad estilística y los instrumentales interminables. Así y todo contiene su última obra maestra ácida, la traducción al trance que Jorma Kaukonen hizo del himno tradicional “Good shepherd”. Y tampoco hay que negar la transparente voz y el poder instrumental de “We can be together”, con su profética fórmula, usada desde entonces por todos y cada uno de los grupos que se movieron desde entonces bajo el lema que los Jefferson Airplane cantaban en ella: “Somos fuerzas del caos y la anarquía; todo lo que dicen que somos, lo somos. Y estamos muy orgullosos de nosotros mismos…”. ¿No os suena eso a punk…?

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“Good shepherd”