Atrapado por el blues de Memphis
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THERE IS NO GOD BUT YOU
Categorías: Forever Young
Carrascus

Para Vidal, que lo pidió como premio por haber casi escrito el comentario nº 11.000 del blog, cosa que hice yo esta vez sin darme cuenta… él escribió el anterior y el posterior

McCartney Productions Limited, más conocida como MPL, es un conglomerado de compañías editoriales musicales, creada por Macca al desvincularse de Apple Records, para preservar sus intereses y derechos; tanto los que provienen de sus propias composiciones, como lo que llegan a través de otras, y que él ha ido adquiriendo con el tiempo.

Entre esas canciones cuyos derechos posee Paul McCartney hay 89 que tienen samples de alguna composición de DAVID AXELROD… y nunca le ha pagado un euro de royalties.

Me gustaría que me pagaran por el trabajo que he hecho yo. Soy uno de los diez artistas más sampleados del mundo, y él tiene muchos de los samples. El día que tenga un concierto cerca de donde vivo y consiga pillarle, me acercaré a él y le tiraré un puto vaso de vino a la cara…

Cuando estás escuchando una pieza musical es difícil ignorar la batería. Y ésta era parte integral del paladar de David Axelrod. Y sus baterías eran tremendas, enormes, eran lo que daba poder a su música y la apartaba del jazz y de las bandas sonoras llevándola hacia una dimensión más inquietante, más irreal. Por eso a él se le recuerda aún mucho más que a otros arreglistas contemporáneos suyos como Horace Ott, Arnold Goland o Teacho Wilshire, y el único que se le puede comparar sea H. B. Barnum, que hizo trabajos maravillosos con Nancy Wilson, Etta James, Gladys Knight e incluso con el propio David Axelrod.

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“The smile”

Y es por eso por lo que hay que rendir cumplido homenaje al batería Earl Palmer (al que conoces de escucharle tocar en el “Summertime Blues” de Eddie Cochram, por ejemplo), por ser la persona usada por Axelrod para sacar adelante ese sonido con su marca de fábrica; una música que desprende un interminable calor púrpura; que suena como cuando te perdías entre el humo de cualquier garito con música en vivo…

Sus mejores obras, “Songs of Innocence” y “Songs of experience”, fueron vehículos para adentrarnos en las profundidades de la poesía de William Blake, y como sus títulos indican, estaban llenos de canciones para evocar las visiones y tinieblas religiosas del poeta, del que Axelrod pensaba que “estaba, por supuesto, completamente loco”. La alienación en technicolor de estas canciones, con sus majestuosos arreglos orquestales, su guitarra psicodélica y una batería jamás escuchada anteriormente, te llevaba al interior del infierno que Blake tenía en su mente; pero escuchando las fantasmagóricas cuerdas y el aire misterioso de “A divine image” no es muy difícil representarnos a un alucinado David Axelrod conversando con el Arcángel Gabriel, tal como William Blake había hecho antes que él. Cuando la prestigiosa revista Billboard hizo la crítica de “Songs of innocence” acuñó un término que hizo fortuna a través de los tiempos: jazz fussion.

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“A divine image”

David Axelrod nació en Hollywood, en 1933, y creció en el sur de Los Angeles. Su padre fue un líder sindical y se mudó con toda la familia a una casa de las inmediaciones de Jefferson Park, un barrio de vida bastante dura en la parte de la ciudad donde casi todos los vecinos eran negros. Allí comenzó a escuchar música; el R&B y el jazz comenzaron a ser la banda sonora de su vida, y las baterías en primer plano comenzaron a metérsele en la cabeza al escuchar a su hermano acompañando con ese instrumento los discos que ponía en el gramófono. No tardó mucho en tener la edad suficiente para que le dejasen entrar en los clubs… Melody Room, Milion Dollar Theatre… donde se ensimismaba escuchando en directo a cantantes como Amos Milburn.

Después se hizo boxeador. Pero no duró demasiado; tuvo la suerte de ser acogido por un matrimonio amigo que le enseñaron a tocar el piano y le alentaron a que aprendiese a componer. Este amigo suyo, Jack Devaney, tenía también conexiones por ser el representante en la Costa Oeste de la revista “Cash Box” y le presentó a David al décimo hombre más rico de California, el Barón Milton W. Vetter, que había ganado con el petróleo más millones de los que podría gastar en varias vidas y había montado un sello discográfico para poder justificar pérdidas a la hora de hacer la declaración de Hacienda. Fue entonces, a mediados de los años 50, cuando David Axelrod volvió a cambiar de oficio. De los rings había pasado a otro menos arriesgado como pianista de sesión para bandas sonoras de películas de cine y televisión, las dos industrias por las que su ciudad natal es mundialmente conocida. Ahora por fin pasaba a las producciones discográficas, con tres discos en un año para Motif (que así se llamaba el sello) que en realidad solo sirvieron para que los inspectores de Hacienda comprobasen que aquello era de verdad una empresa en funcionamiento. Pero le permitió conocer a grandes nombres del jazz como Oscar Peterson y Art Tatum y comenzar a desarrollar su propio estilo, que comenzó a vislumbrarse en los ruidos que metió en el “The fox” de Harold Land, en 1959.

Pero aún tuvo otro amigo, Jimmy Talbot, que hizo por Axelrod otra cosa todavía más importante que encaminarle hacia la música. Éste le cogió un día, cuando David, a sus 19 años, llevaba ya dos arruinando su vida con la heroína, y le encerró en una habitación de su piso durante diez días, abriendo la puerta solamente para darle leche, pequeñas cantidades de whiskey y jarabes de codeína, para limpiarle los vómitos y las diarreas… hasta que por fin pudo abrirla de par en par para dejarle salir limpio y sano. Y así se mantuvo desde entonces, aunque confesando que alguna vez durante los locos años 60 se dejó tentar por la coca, pero nunca mientras estaba trabajando.

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“Urizen”

En aquel final de la década de los 50 Los Angeles no era, que digamos, un buen lugar para los negocios musicales; apenas se le prestaba atención al jazz, así que os podéis imaginar que el pop ni existía. Para un joven autodidacta y lleno de talento, como era David, aquella zona no tenía futuro artístico ni comercial. Sin embargo, en Fairfax High había una generación de jóvenes como él que estaban comenzando a construir lo que posteriormente sería el mito musical de California.

David consiguió un trabajo en Capitol Records a finales de 1963 y comenzó a trabajar en enero de 1964, justo cuando sus nuevos compañeros de sello, los Beatles, comenzaron a arrasar con su música. Los fabulosos ingleses comenzaron a meter dinero a espuertas en Capitol, que podía permitirse el lujo de gastar parte de él en proyectos variados, aunque fuesen los que presentaba un tipo tan inconformista y disidente con lo establecido como David Axelrod. Una de las primeras medidas que David tomó como ejecutivo de Capitol fue emplear a promocioneros negros para que le diesen a la música negra una mayor presencia en las emisoras de radio negras… el resultado fue que del siguiente disco que editó Lou Rawls, producido por el propio Axelrod, se vendieron medio millón de copìas. David se convirtió en la joya de la corona.

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“The mental traveller”

En Capitol David Axelrod pasó por casi todos los cargos y puestos: A&R (Artist & Repertoire: el que descubre nuevos artistas y los desarrolla musical y comercialmente), composición de canciones, producción… su visión musical se extendía en proporción geométrica. Su formación hollywoodiense le llevó a encontrar perlas donde nadie las buscaba, y así, por ejemplo, tomó la decisión unilateral de contratar como cantante a David McCallum, que por entonces representaba el papel de un joven espía ruso con cara de póker en la serie “El agente de CIPOL”, y al que ahora podéis ver como doctor Duckie en otra serie actual, “Navy: Investigación criminal”. La idea se le ocurrió cuando leyó en el “Variety” que McCallum acababa de batir el record que tenía Clark Gable de recibir más cartas de fans en una semana, y pensó que esa fama podía trasladarla al mundo del pop. Y además se encontró con que David McCallum no estaba desprovisto de talento musical, porque su padre había sido violinista y le había dado una formación de música clásica de pequeño que le hacía ser un más que aceptable concertista de oboe. Axelrod hizo incluir una foto firmada de McCallum en cada disco, y la popularidad de éste último se extendió tanto que durante 1966 llegó a grabar tres LPs seguidos, con gran éxito de ventas.

Os adjunto una muestra de las canciones extrañas y con toques exóticos que Axelrod construyó para McCallum sobre una pared de sonido del estilo de las de Spector, llenas de cuerdas y metales, donde sobresalían la batería (siempre la batería) de Earl Palmer y el bajo de Carol Kaye, que hacían que canciones como ésta fuesen las favoritas de los disck-jockeys que programaban música en horas crepusculares en las emisoras californianas.

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David McCallum – “House of mirrors” (Escrito y producido por David Axelrod)

Las obras maestras propias de David Axelrod llegaron después de sus devaneos con Reprise Records. Este sello discográfico le contrató para que hiciera los arreglos y la producción del tercer disco de los Electric Prunes, una banda de protopunkies ácidos que había tenido bastante éxito con algunas canciones de garaje psicodélico, pero que habían cometido la equivocación (habitual en los grupos novatos ansiosos de éxito de aquella época) de firmar un contrato por el que dejaban todos sus derechos en manos de su pigmaliónico representante Dave Hassinger, al que no le terminaba de gustar aquella clase de música. Así que Hassinger le dio carta blanca a Axelrod para que hiciese con la banda lo que le viniese en gana. Y éste dejó por completo al margen a los Electric Prunes y creó íntegramente “Mass in F Minor”, un disco conceptual que era una especie de misa o ceremonial judeo-cristiano… con grandes toques de batería, claro. Y el caso es que fue el disco de los Electric Prunes que mejor se vendió, a pesar de que el contrariado grupo se desbandó mientras estaban grabando con él éste y un segundo disco más prácticamente a la vez.

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The Electric Prunes – “Holy are You” (Escrito y producido por David Axelrod)

Visto lo que hizo Axelrod para Reprise, en Capitol Records comprensiblemente se pusieron algo celosos y le preguntaron a David si podía hacer algo similar para su propia compañía, que al fin y al cabo, era la que le pagaba regularmente. Y sí que pudo hacerlo… e incluso repetirlo. “Songs of innocence” y “Songs of experience” son dos monstruos psicotrópicos de 1968.

Cuando uno escucha estos discos oye los poemas de William Blake, pero también oye a Debussy, Berlioz, Wagner… a Gil Evans… podríamos encuadrarlos en aquel género que se dio en llamar “third-stream”, el término que acuñó el compositor Gunther Schuller para definir la síntesis entre la música clásica y el jazz. David Axelrod hizo en estas obras eso mismo pero además con ritmos de rhtyhm & blues y rock and roll.

William Blake expresó su espiritualidad en términos simples y aislados, pero la música que les asoció Axelrod es la menos simple que uno se pueda imaginar, está llena de adornos y portentos que solo puede aportar una orquesta psicodélica dirigida por un artista tan inspirado que logra elevarse con ella por encima de sus propias pretensiones. La fórmula adquiere consistencia repitiéndose a través de los discos: el batería comienza a mover el sistema con unos ritmos funkies bastante abiertos y libres; la orquesta masiva surge y se alza construyendo frenéticas cumbres de sonido y al final algún solo de guitarra, normalmente cada vez más freaky que el de la pieza anterior, baja el interruptor apagando la intensidad de la música y la devuelve a sus verdaderos orígenes, los últimos años ’60.

Es música devota que se esfuerza por ser amplia y sinfónica y, de forma sobresaliente, casi siempre lo consigue. A pesar del tufillo a diletante que pueden desprender mis descripciones de Axelrod y su obra, la verdad es que sus majestuosos esquemas nunca descienden para convertirse en kitsch. “Songs of innocence” es ligeramente superior… es el que contiene el asombroso “Holy Thursday”, y el “The mental traveller”… y “Songs of experience” es un poco más sosegado, como el descanso merecido después de haber estado escuchando en el otro disco las presiones de la existencia. Pero los dos son discos de gran altura y merecerían su liberación de la élite de gafapastas y enteraíllos que son los únicos que prácticamente conocen su existencia. Y estoy seguro de que hasta un poeta tan siniestro como William Blake estaría de acuerdo conmigo…

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“Holy Thursday”

El tono eclesiástico de sus trabajos de más fama, los dos anteriores y el de los Electric Prunes, podrían dar la falsa impresión de que Axelrod era un fanático religioso, pero no es ése el caso. Después de estos discos de concepto y éxito gemelos, David sacó el igualmente extraño “Earth rot”, un disco concienciado con la ecología, de agradables armonías vocales, que es tan oscuro y profético como el “America the beautiful” de Gary McFarland, otro disco de 1969, de suaves tintes jazzies, que junto al de David Axelrod abrieron las puertas a Norman Whitfield y al “What’s going on” de Marvin Gaye.

“Earth rot” se compone de dos largas suites en las que una gran banda de jazz acompaña a un grupo de cantantes que entona canciones con letras extraídas casi en su totalidad del Antiguo Testamento y de las leyendas de los indios navajos. Estas voces añaden un poco de diversidad al estilo de Axelrod, aunque sirven más como propósito de acentuar la música que como columna vertebral de las canciones; el corazón de éstas es instrumental, como siempre. En su momento algunos críticos lo consideraron un paso atrás, desde el lounge psicodélico de David al muzak (aunque psicodélico también) y lo subestimaron, en comparación con sus dos obras anteriores, pero yo os recomendaría que os aproximaseis a él con la mente lo más abierta posible, para que entren en ella todas las sutilezas que contiene.

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“Warning talk (Part 3)”

La época dorada de Axelrod llegó a su fin con la muerte de su hijo, Scott. Esta desgracia le hizo perder el hilo de la música, el deseo. El último disco de su época de productor con Capitol, “Tensity”, escrito y grabado con Cannonball Adderley para el Festival de jazz de Monterey de 1970, fue completado unos días antes de la tragedia.

Cuando volvió a los estudios de grabación lo hizo a través de una senda sinuosa que le llevó a reescribir el “Mesías de Haendel” para después adentrarse en el jazz-funk y por fin aventurarse de nuevo en el jazz fussion, para ir dejando durante la década de los 70 una estela de seis discos muy desiguales en los que muchas veces sus baterías, sus cuerdas taciturnas y sus espacios oscuros se desvanecían en favor de material más extraño a él, como versiones de canciones AOR tan descaradas como el “You’re so vain” de Carly Simon, o en favor de vueltas a los ritmos jazzies más animosos que aprendió en su anterior sociedad con Cannonball Adderley.

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“Hallelujah”

David Axelrod fue cayendo en el olvido y cuando se hablaba de él durante la década de los ’80 era para vilipendiar su música con el calificativo de pomposa, poco más que basura religiosa para airados fans de los Electric Prunes. Pero con la llegada de los ’90 las figuras del hip hop le reivindicaron como un héroe cuando descubrieron sus primitivas atmósferas de “drum and bass” y sus discos comenzaron a poblar las discotecas de los coleccionistas. DJ Shadow le robó sus ritmos de baterías, James Lavelle le puso a remezclar para un disco de UNKLE, Richard Ashcroft le nombró su director espiritual y los conciertos de The Verve comenzaban con el “Holy are You” de los Electric Prunes anunciando su entrada al escenario… y cientos de DJs hambrientos de samples decidieron que la opulenta mezcla de alma y retórica cósmica de Axelrod estaba madura para alimentar sus platos y laptops.

En esta nueva década retomó su carrera editando un disco sobre los nazis y los judíos, “Requiem: The Holocaust”, en 1993; y dos años después “The Big country”, sus dos obras más olvidables. De hecho, el segundo de los mencionados surgió cuando estaba discutiendo por teléfono con un colega sobre la idea de hacer un disco de standards de la música country. Axelrod en realidad estaba siendo sarcástico con su compañero, pero éste se lo había tomado en serio, y cuando inmiscuyó en el asunto al mismísimo Garth Brooks, Axelrod, con gran pesar, ya no pudo echarse atrás. Después , ya con 65 años a sus espaldas se convirtió en el artista más viejo del sello Mo’Wax, en el que apoyado por su rendido admirador James Lavelle, editó en el 2001 un disco llamado como él, que era semi restrospectivo, porque junto a dos temas totalmente nuevos contenía otros siete remasterizados, que habían sido extraídos directamente de sus acetatos originales.

Ahora, transcurrida todavía una década más, el polvo se ha asentado y lo que prevalece es su música, tan gigantesca como desconcertante. Y por esto último la historia no le ha dado un lugar junto a otros mitos de los años 60 como Brian Wilson, Phil Spector y George Martin… pero el tiempo está de su lado y todavía le debe un favor.

Y como giro que nos devuelve al principio del post, quizás os interesará saber que los derechos de “Songs of innocence” y “Songs of experience” también pertenecen a Sir Paul McCartney, así que no tengas escrúpulos por buscarlos en la red y bajártelos, que no va a echar de menos los pequeños ingresos que deje de percibir por ello… y menos ahora que se ha vuelto a casar, esta vez con una rica heredera.

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“Crystal ball”

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10 Comments

  • El dia 15.10.2011, Vidal dijo:

    Espero, ejem, que eso de “gafapasta y enteraíllo” no fuera por mí… gracias, Carrascus, me voy a seguir con un poco de espeleología Axelrodiana…

    • El dia 15.10.2011, carrascus dijo:

      No, hombre, D. Vidal, tranqui… lo decía en general. De todas formas tanto usted como yo tenemos ya más que asumido lo que somos y lo que no somos.

      De vuelta ya en casa tras la manifestación y la reposición posterior de fuerzas en el “Ajoblanco”, donde tras varios años de ausencia he podido reconocer de nuevo las caras Jeckyll y Hyde de mi “amigo” Manolo. Pero nada empaña una tarde emocionante y divertida como ésta. Por cierto, D. Vidal, que he estado a punto de encontrarme con su concu, pero no ha sido así porque el Profe Fran se perdió de su lado y se encontró con nosotros ya solo, y se quedó. Con él, por ejemplo, no es raro encontrarse en una manifestación así; uno, más o menos, a los que ve en estas ocasiones no le extraña encontrárselos… pero esta tarde he visto en ella a mi médica de cabecera…! ¿estará de verdad cambiando el mundo…?

      • El dia 16.10.2011, losmierdas dijo:

        …felicitarnos por sus estimables incursiones en las facetas mas esquinadas de la música que amamos, lo que nos nutre y nos divierte a la vez, como tiene que ser… mi agradecimiento

        apenas sabía nada de Axelrod, un músico que jamas se cruzó en mi camino, mas allá de sus encuentros artísticos con Johnny Guitar Watson, de quién me ocupé con mas o menos acierto hace unos años… ambos colaboraron a mediados de los setenta, quizás mas centrados en sus sociedades de producción y edición musical que en lo estrictamente creativo… no obstante, nutrieron sus respectivos discos de entonces con diversas colaboraciones… dejo aquí un tubo corrrespondiente al álbum de 1974 Heavy Axe, donde aparece el guitarrista dejando sus fragancias (solo central) en It Ain’t For You

        …pués eso… mas de estos!

        • El dia 17.10.2011, carrascus dijo:

          Pues sí, D. Losmi; éste es uno de esos seis discos que grabó durante la década de los 70, bastante desiguales. Éste que cita usted es del 74, y en él estaba también George Duke a los teclados. Y, por cierto, también es éste el que contiene la versión pamplinosa del “You’re so vain” a la que me refería en el post.

          • El dia 17.10.2011, zambombo dijo:

            Empapándome los dos “Songs of…” completos. Sabía de este caballero por su nombre, pero no tenía idea de quién era. Me gusta ese aire retro y evocador. Y es sorprendente lo de la cantidad de samples suyos que hay… No sólo hip-hop; hasta Sublime recurrieron a su música.

            Y lo de que los derechos los tenga otro, sea el Macca o quien sea… eso es una cuestión que no consigo aceptar del mundo de la música. Cuando los derechos derivados de la autoría se convierten en moneda de cambio, se queda uno con la impresión de que todo es falso y puro negocio.

            • El dia 17.10.2011, losmierdas dijo:

              zambombo, falso no lo se, pero que todo esto es puro negocio… al final, es como si un banco pusiera un saco de billetes en la acera junto a la puerta y sin vigilancia alguna, con un cartel que dijera “esto es mío, ni se te ocurra tocarlo”… escrúpulos? los precisos y siempre atendiendo al lado humano de la música (que tambien existe)

              • El dia 18.10.2011, zambombo dijo:

                Me refiero al hecho de que se llegue a situaciones como la de que uno tenga que pagar por tocar su propia música, o que alguien no tenga los derechos de sus propias canciones pero sí los de las de otro tipo. Ya sé que son cosas del mundo empresarial, pero van contra el sentido común.

                • El dia 18.10.2011, carrascus dijo:

                  Esa situación de llegar a pagar por tocar su propia música tiene matices. Uno nunca pierde los derechos sobre sus canciones, lo que ocurre es que los derechos que generan los royalties se dividen en dos, los derechos del autor y los derechos de edición, que si el autor no tiene ninguna empresa que le gestione sus negocios también son suyos. Estos derechos de edición son los que muchas veces se han ido vendiendo a unos y otros, pero si tú eres el autor y los has vendido… pongamos por caso, Axelrod a MPL, o a otra empresa anterior que después haya sido la que los ha vendido a ésta… ya te has embolsado antes de generarlos una cantidad a cuenta de estos derechos. A no ser que los hayas regalado o perdidos en una partida de cartas…

                  Sigamos con el caso de Paul McCartney. Cada vez que canta “Yesterday” se puede decir que paga por hacerlo porque los derechos de las canciones de los Beatles eran de una compañía relacionada con Jacko. Pero vamos con los matices. Los derechos generados los cobra esa compañía, y se queda con la mitad; y la otra mitad la reparte entre McCartney y los herederos de Lennon. ¿Qué significa esto, pues.? ¿Que McCartney le ha pagado a esa compañía la mitad de sus derechos por cantar…? Es una forma de verlo. Pero él también ha cobrado la otra mitad (siempre junto a los herederos del co-autor John Lennon). Y además ya había cobrado de antemano una buena tajada por cederle los derechos de edición a esa compañía…

            • El dia 17.10.2011, carrascus dijo:

              Hombre, yo también he andado un poco precipitado diciendo que cuando descargáis ilegalmente esos discos de Axelrod, al que evitáis las ganancias es a McCartney, porque en realidad también se las evitáis a David Axelrod, ya que los autores siempre, siempre, tienen derecho a royalties de sus obras, aunque tengan cedidos o vendidos a alguna compañía (como en este caso a MPL) sus derechos de edición.

              Todo esto ya lo expliqué con pelos y señales en un post anterior que podéis recuperar desde este enlace si no os da miedo la acumulación de números…

              • El dia 18.10.2011, carrascus dijo:

                ESTE POST VUELVE A SER ACTUALIDAD.

                Lo escribí hace un par de años, más o menos, cuando surgieron los rumores de que volvían a unirse los Stone Roses. En aquel momento no se confirmó el rumor, pero ahora la reunión ha vuelto a surgir y esta vez no es un rumor, sino una noticia en toda regla.

                Si eres de los que disfrutaste con esta banda, seguramente también te gustará volver a releer aquella entra del blogin’. Y a escucharlos de nuevo.

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