Atrapado por el blues de Memphis
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COMO LA CHUPE IGUAL QUE SOPLA…!
Carrascus

Para Lu. Por hacer las fotos.

De entrada, el concierto de KITTY, DAISY & LEWIS no empezó bien. Visualmente tienen una imagen contundente; los chicos en el centro del escenario: la del vestido rojo a la izquierda, junto a los teclados, con la armónica; el niño a la derecha, con la guitarra; y detrás, la del vestido azul, sentada a la batería. A la derecha del escenario, la madre, Ingrid Weiss, que hace muchos años sustituyó a Palmolive en la batería de las Raincoats, y que ahora pulsa las cuerdas de un enorme contrabajo para acompañar a su prole. Y a la izquierda, sentado y semiescondido detrás de los teclados, con una guitarra acústica, el artífice de este proyecto, Graeme Durham, el padre de las criaturas y amante del sonido antiguo, al que has podido oír en discos de gente que se remonta desde los Procol Harum y Grace Jones hasta los Renegade Soundwave y Sigur Rós, y haciendo música tan diferente como la que hizo con los Prodigy o con los Ozric Tentacles… vamos, que sabe de qué va esto del negocio musical…

Y eso es lo malo: que seguramente la banda familiar que se ha montado vaya más por el palo del negocio que por el de la diversión. Y vuelvo a decir que el concierto no empezó bien, porque a pesar del innegable atractivo estético, cuando la música comenzó el contrabajo se escuchaba a duras penas y la armónica no parecía existir a pesar de los esfuerzos que estaba haciendo la chica de rojo. Al cabo del rato sí que comenzamos a escuchar la armónica, pero como si de una montaña rusa se tratase, volvió a caer al fondo y de nuevo teníamos que intuirla en vez de apreciar sus notas.

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“I’m going back”

Y yo me preguntaba que para qué habían preparado un guión con las consignas a seguir por los técnicos de sonido de la sala, con las diferentes maneras de ecualizar cada canción y las posiciones de los vúmetros de la mesa dependiendo de cada pieza. Nuestro amigo Marco me contaba antes de empezar que esta gente le había fastidiado la tarde con la puñetera prueba de sonido, llena de pijadas, para después sonar de forma muy meliflua. Y la verdad es que tanto trabajo no se veía reflejado en el escenario, porque a mí me sonaba todo demasiado agudo y echaba de menos la contundencia que tenía que salir del contrabajo y de una percusión como Dios manda.

La segunda canción fue un rockabilly de formas clásicas, “I’m going back”, con el que dieron lugar a un carrusel de cambios de las hermanas en la batería, en la voz y en el teclado, al que la chica de azul golpeaba como si estuviese haciendo kárate con él. El hermano se quedó como dueño de la guitarra hasta que después de cantar el “Don’t make a fool out of me”, se pasó también a la batería. Los padres, mientras, disfrutaban orgullosos mostrándonos lo bien que habían educado musicalmente a sus hijos, y la noche avanzaba con altibajos, aunque más bajos que altos.

Y entonces, cuando el concierto comenzaba a decaer, surgió desde el backstage lo que, si estuviésemos hablando de cine, sería el alivio cómico: un negro bastante madurito, que el Google dice que se llama Tan Tan Thorton, con una trompeta muy chillona… aunque no tanto como la camisa que llevaba… que se puso al frente de la banda para atronar con algo parecido a un ska (¿era “I’m so sorry”…?) que animó bastante al personal.

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“I’m so sorry”

Tan Tan solamente estuvo en el escenario durante tres canciones, lo que fue bastante de agradecer porque una vez conocido el chiste uno ya lo que desea es que le cuenten otra cosa. Y por eso en mitad del tercer tema me fui a buscar más cerveza. Y aquí hago un inciso para decir que un concierto no va bien, cuando en mitad de él la barra está petada de gente. A la vuelta la cosa había cambiado para mucho mejor, los chicos se peleaban con el “Going up the country”, de nuevo en clave de rockabilly, y ya hasta se escuchaban los graves… no sé si era cosa de la recarga de birra o de que realmente el sonido había mejorado, el caso es que aquellos fueron los minutos de mayor disfrute, “Polly put the kettle on”, “Hold me tight”, hasta el suelo del teatro bailaba solo… el problema es que la cerveza se acabó otra vez y la música continuó, y de nuevo el tedio nos venció; hasta el punto de que la gente de la reunión comienza a perder el punto de la música y dedicarse a preguntar inconveniencias: “Oye, tú que eres la Carrascupedia, ¿Cuál de las niñas es la Kitty y cuál es la Daisy…?”. “¿Y yo que coño sé, tío. A ver, la de rojo lleva una flor en el pelo, y no es una margarita, así que ésa no debe ser la Daisy…” (los que tengan nociones de inglés entenderán el razonamiento). “Aaaah, claro… claro…”.

Y el caso es que yo llevaba razón con la suposición de la flor. Cuando el niño presentó a la banda resultó que la de rojo era Kitty y la de azul era Daisy. En lo que nos habíamos equivocado (atento al dato, amigo Koloke) es que la mayor es la que iba de azul y no la otra, como todos pensábamos.

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“Going up the country”

A pesar de que el concierto no llegaba todavía a una hora de duración, de nuevo comenzaba a pesarnos, a resultar monótono tanto en contenido como en la forma de expresarse la banda… Lu decía que el sonido parecía el de un walkman que se está quedando sin pilas, por citar un cacharrito analógico acorde al ambiente vintage que teníamos.

La última canción del set fue la mejor… y no, no por el hecho de ser la última, sino por el montaje escénico de ir presentando al padre, que se va del escenario mientras sigue la canción; después a la madre, que también se va; el quedarse los chicos solos deconstruyendo ese “Say you’ll be mine” de forma que la gente se harta de aplaudir a Kitty cuando se está quedando sin resuello soplando las dos mismas notas a la armónica durante un buen rato, para redoblar los aplausos y los gritos cuando por fin cambia a otra; el que la pieza se convierta en un animadísimo monólogo entre la guitarra de Lewis y la batería de Daisy…

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“Say you’ll be mine”

Para el bis nos tememos lo peor cuando el roadie (que se parecía tela a Enrique Morente, por cierto) saca una silla… ojú, nos van a pegar en la oreja con un blues del Delta… y los temores se acrecientan cuando los niños salen al escenario y traen dos banjos. El Koloke se acerca de nuevo a mí: “Dos banjos, ¿pa qué? si con uno hay ya de sobra…”. Y no solo eso, es que para tocar bien el hillbilly hace falta ser un garrulo sin afeitar en lugar de un niño fino al que la mamá ha repeinado después de pasarse la mano por la lengua para alisarle los pelos. Pero nos volvimos a venir arriba con el segundo bis, “What quid?”; y además resolvimos una duda que nos corroía: ¿los pedales que el niño tenía para la guitarra eran de atrezo…? Pues no, porque en esta canción usó el wah-wah y lo hizo de forma bastante convincente. Preferí quedarme con este buen sabor de boca, no fuesen a estropearlo con un tercer bis (como así fue) y al terminarlo me fui a por más cerveza.

Una vez de nuevo en la barra resultó que allí no se cabía, así que tras pertrecharnos adecuadamente nos movimos hacia la terraza para hacerle la entrega oficial del premio de la edición especial del “Nevermind” de Nirvana a los ganadores del jueguecito que propusimos aquí unos post más atrás. Al Vidal no hubo forma de encontrarlo por allí, a pesar de que en una de mis incursiones en busca de cerveza me lo encontré por el camino y quedamos para ahora. Así que solo pude hacerle la entrega a nuestra amiga Lu. Al salir tampoco pude despedirme de Bomper y sus acompañantes, con los que compartí las cervecitas pre-concierto; e igualmente de Marco, Jose Casas y Pacoco; ni de Manuela Vollini, a la que hacía mucho tiempo que no veía y con la que apenas pude cruzar cuatro palabras. Sin embargo, con Rosa “Caja Negra”, crucé saludos dos veces, lo cual no está nada mal, porque siempre es un placer besar a una mujer como ella, y además, repetir.

Por cierto, el título del post no se me ocurrió a mí, sino que la forma de tocar la armónica de Kitty se lo inspiró a alguno de los espectadores más bordes que andaban junto a Pablo. En cuanto éste nos lo contó supe que esta crónica, que en principio iba a ser un simple comentario, tenía que convertirse en un post aunque fuese solo para llevar ese encabezamiento.

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“What quid?”

Categorías: Changing of the guards -

8 Comments

  • El dia 09.10.2011, Sonu dijo:

    Vamos, que a veces la tan odiada crisis viene bien según pa qué cosas, y por esta vez me lo he ahorrado,-aunque me hubiera gustado ir-,pero ya veo que no, que hice bien en no ir, porque no hay cosa que odie más que ir a un concierto y que el grupo en cuestión sea un peñazo (ver Hidrogenesse en Nocturama) o que se oiga de pena y no cumpla las espectativas, como parece ser que pasó con éste.Como me pase algo así en el de The Horrors el 2 de diciembre en Madriles, me corto las venas, después de la que noche que me espera en ese glorioso SoCibús.

    • El dia 09.10.2011, lu dijo:

      Gracias por dedicarme el post, Carrascus. Me va a venir bien para recordar este concierto que probablemente haya olvidado en un par de semanas. Lo del walkman sin pilas lo dijo en realidad el Koloke, pero estoy totalmente de acuerdo, les falta algo, fuerza, actitud,… Sólo la Daisy tuvo en mi opinión algún destello de eso. Aunque me pareció también la menos talentosa con los instrumentos, al menos le echa una mijita de ganas a eso de cantar y moverse. En fin, Sonu, que tampoco te perdiste gran cosa.
      Ahora estoy por escuchar mi flamante Nevermind. ¡Gracias!

      • El dia 09.10.2011, zambombo dijo:

        Carrascus, cuando preguntó por el chat si me acercaba o no al Central, aparte de lo que respondí, es que tenía el pálpito de que ese no era mi sitio esa noche. Veo que no estaba equivocado…

        • El dia 09.10.2011, carrascus dijo:

          De nada, querida Lu; espero que disfrutes del CD, o que en todo caso lo haga tu hermana, que me dijiste que era la verdadera fan de Nirvana.

          Y Zambombo y Sonu; que a nosotros el concierto solamente nos gustase a ratos no significa que nuestras opiniones sean una profesión de fe. En realidad hubo mucha gente que salió bastante satisfecha, incluso entre nuestros conocidos. Pero de todas formas, yo sigo pensando que cuando la barra está llena de gente durante el concierto es mala señal. Por ejemplo, Zambombo, cuando tú estuviste con nosotros allí mismo viendo a Mark Lanegan e Isobel Campbell recordarás que también salí varias veces a buscar cerveza… pues en aquella ocasión la barra siempre estaba vacía, o con uno más abasteciéndose como yo para entrar enseguida…

          • El dia 10.10.2011, zambombo dijo:

            Estoy de acuerdo en que es así, aunque con una excepción: cuando en el ciclo de pop-rock les daba por mezclar varios grupos que no tenían nada que ver entre sí, como el día de Don Caballero, que vino con dos artistas muy diferentes. O cuando Calexico + Coco Rosie, en el que las teloneras no fueron del agrado de algunos, y no por ello les vamos a quitar relevancia.

            Claro que con el nuevo formato esto ya no ocurre.

            • El dia 10.10.2011, carrascus dijo:

              Cierto, amigo Zambombo; hubo algunas asociaciones de bandas bastante desafortunadas, y una de ellas fue aquella que terminaba con el concierto de Don Caballero. Yo estuve allí con mi amiga Velia, el Profe Fran y Blas Fernández, y nos salimos tras cinco o seis temas… o puede que incluso antes…

              • El dia 12.10.2011, losmierdas dijo:

                …pués el turutero ese (Tan Tan Thorton) también apareció en el set de El Puerto hace un par de años (será que es colega y vive por aquí, no?)

                …y lo del sonido en el Central parece que no tiene remedio (quien te ha visto y quien te vé, Maribé!)

                ejem, saludos a todos después de unos días portugueses chupando espinas!

                • El dia 12.10.2011, carrascus dijo:

                  Pues está también en el disco de los chicos, así que me imagino que su trayectoria con ellos tiene más recorrido que el de ser un tipo que vive por aquí y les acompaña cuando vienen cerca. Probablemente papá Durham le conozca desde hace tiempo, de haber coincidido en muchas grabaciones anteriores. Dice la Wikipedia que Tan Tan toca en el “Got to get you into my life” de los Beatles… imagínate!

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