WHO LOVES YOU? WE DO

No sé si muchos de vosotros conocéis una figura del mundo musical que es el “promocionero”, una figura intermediaria entre los músicos y los sellos discográficos por un lado y la prensa y las emisoras de radio y televisión por otro. Yo no he conocido a muchos, aunque tuve la suerte de tener amistad con uno de ellos, de EMI, que me presentó un día a Brian May y que me dio uno de los primeros vídeos en formato de CD que comenzaron a circular (y que aún conservo), conteniendo clips de canciones de Blur, para promocionar a esta banda antes de que llegase a ser archifamosa. En Inglaterra y los USA esta figura tiene mucha más solera que aquí y se le conoce con el nombre de “plugger”. Y el más famoso de todos ellos fue BILL FOWLER, un radio plugger que casi no puede entrar en su casa debido al espacio que ocupan los discos de oro de las bandas que él ha conseguido meter en los programas de radio y televisión.

A él le son debidas, por ejemplo, las primeras escuchas radiofónicas de “Tears of a clown”, “School’s out” o “Shinny happy people”. Estuvo de roadie con los Kinks, de mediador con los Beatles y se codeaba con los Who. Terminó su carrera encargándose de los asuntos de R.E.M., Madonna y Eric Clapton; fue colega de correrías de Keith Moon, compartió piso con Dave Dee y apostaba en el canódromo con Suggs, el líder de los Madness. Alice Cooper es el padrino de su hijo.

Y tiene en su haber la colección más extravagante de historias del rock, que aunque parezcan apócrifas las vivió en primera persona. Y algunas de ellas son las que vamos a contar hoy aquí, comenzando por la que seguramente será la más chocante de todas: Bill estaba con John Lennon y Yoko Ono la tarde en que Mark Chapman le pidió a John que le firmase aquel disco cuando se acercó a ellos al salir del Edificio Dakota.

Los de arriba son Bill, la típica señora que se cuela en las fotos y que nadie sabe su nombre para ponerlo al pie y Andy Peebles. A los de abajo los conoces sobradamente.

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R.E.M. – “Shinny happy people”

Al principio Bill no lo supo, porque después de haber terminado las sesiones de entrevistas que le había estado haciendo a John el periodista Andy Peebles, de la BBC (al que dos días antes John le había dicho que podía ir a cualquier lugar de New York y sentirse seguro), mientras tenía lugar el asalto y los disparos de Chapman ellos estaban en un vuelo transoceánico que les devolvía a Inglaterra. Sobre sus rodillas llevaba un maletín con las cintas de las entrevistas.

Cuando se bajaron del avión los periodistas que estaban allí esperándoles prácticamente les asaltaron para preguntarles sobre lo que habían estado haciendo con Lennon. Bill tuvo que proteger las cintas casi con su vida…

Después, cuando vio en la televisión las imágenes que acompañaban las noticias del crimen y salió la cara de Chapman dijo: “Yo a ése le conozco…”. Todo el mundo le miró y le preguntó… “¿de qué?”. Y fue cuando recordó que ése era el tipo que les había parado cuando salieron esa tarde del edificio.

Y recordó también cómo antes de salir John le había pedido que se quedasen allí porque quería que escuchasen las nuevas canciones que acababa de grabar. Pero Bill tenía que coger el avión porque en Inglaterra tenía que asistir a un funeral, y no podía esperar.

Bill sabe que no podía hacer nada… pero en su fuero interno seguramente todavía sigue preguntándose si no hubiese ocurrido todo de otra forma muy diferente si él se hubiese quedado allí con John y no hubiesen salido del Dakota.

Entre que tomasen esta foto y la anterior solo transcurrieron dos días.

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John Lennon – “(Just like) Starting over”

El 30 de enero de 1982 Bill estaba en otro vuelo. En un Cessna en el que volvía a casa desde un festival Midem, en Cannes, con Gary Numan, que también era el piloto. Alguien debió cometer un error antes de salir, porque la avioneta se quedó sin combustible antes de llegar a su destino y tuvieron que hacer un aterrizaje forzoso en mitad del campo.

Fue terrible. Todavía estaban sobrevolando el mar, cerca de la costa de Southampton cuando se quedaron sin electricidad. De pronto apareció el copiloto y le dijo a Bill: “agáchate y mete la cabeza entre las rodillas”, lo hicieron enseguida él y el otro pasajero, el padre de Gary; “el motor se ha parado”. “Pero la hélice se mueve todavía”, dijo Bill. El copiloto gritó: “¡Es por el viento!… dele usted a esa palanca y avíseme cuando vea que las ruedas salen para afuera”.

Las vio aparecer allí abajo solo unos momentos antes de llegar al suelo; pero de todas formas sirvieron de poco porque una de las alas de la avioneta golpeó contra un poste de la línea telefónica y se ladeó de costado, atravesando una carretera deslizándose sobre su panza hasta quedar parado contra unos setos del otro lado. El primer vehículo que pasó por allí después de eso fue un camión cisterna de la Shell lleno de gasolina. Unos minutos más y el avión no hubiese tenido nada que envidiarle a una bomba atómica…

Después de besar el suelo se echaron una fotito: Bill, el padre de Gary, el copiloto y Gary Numan. Obsérvese la sonrisilla nerviosa de todos ellos y la cara de estar apretando el esfínter.

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Gary Numan – “Are friends electric?”

Por aquí hemos tenido ya muestras de la singularidad mental de Captain Beefheart; Bill también la tuvo un día en que acompañó a Kid Jensen, otro de los más famosos comentaristas musicales de la BBC, a hacerle una entrevista a Luxemburgo. De camino al restaurante donde celebrarían la comida previa a dicha entrevista, un grupo de vacas aparecieron delante del coche en el que iban y Beefheart sacó medio cuerpo por la ventanilla y comenzó a gritarles: “¡Saludos, habitantes de la Tierraaaaaaa!”.

Si aquí Bill ya comenzó a sospechar de su chaladura, al llegar al restaurante tuvo la confirmación. El sitio era pequeñito, de madera, junto a un lago; al comenzar a llover Beefheart se volvió hacia él diciéndole: “Me gusta la lluvia, me gusta muchísimo el agua”. “¿Y eso por qué”, le preguntó Kid. El Capitán contestó muy seriamente: “Porque mi madre era un pato”.

En realidad todo era debido al sentido de la teatralidad de Captain Beefheart, que tampoco es que estuviese tan loco. Mientras le hacían la entrevista fue haciendo un enrevesado dibujo, que después le regaló a Bill. Ahora lo tiene enmarcado en su casa… tened en cuenta que con el tiempo, aparte de músico Captain Beefheart consiguió también una buena reputación como pintor abstracto.

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Captain Beefheart – “Dali’s car”

Durante la primera gira europea de Madonna, Bill la llevó al “Top of the Pops”. Por su participación allí le iban a pagar 250 libras, pero como ella andaba corta de dinero le pidió a Bill que se las adelantase.

Bill se lo pensó… estaba seguro de que si se lo prestaba nunca más volvería a ver el dinero… “¿para qué lo quieres?”, le preguntó. “Para comprarme un vestido”, le contestó ella. Bueno, al final le prestó las 250 libras… pero no sin antes haberle hecho firmar un pagaré.

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Madonna – “Material girl”

Bill tenía un hermano, Ronnie Fowler, que era el road manager de los Who mientras él lo era de los Merseybeats. Bill siempre solía vestir traje y corbata, a pesar de que su trabajo consistía básicamente en ponerse al borde del escenario y evitar que los fans de las primeras filas se agarrasen a los pies de micro o directamente a las piernas de los componentes de la banda. Una noche, durante uno de los conciertos, lo que hicieron los fans fue coger a Bill por la corbata y tirar de él hasta sacarlo fuera del escenario, a donde volvió a subir bastante después, aunque con el traje totalmente roto por los tirones y sacudidas sufridas allí abajo.

Pete Towhsend se enteró de esto, y cuando la semana siguiente estaba cantando al frente de los Who en ese mismo escenario, se dirigió al público para decirles: “La semana pasada hicisteis ahí abajo lo que quisisteis con el manager de los Merseybeats… esta semana podéis hacer lo mismo con su hermanooooooo!”. Y a continuación levantó su bota hasta un poco más arriba del culo de Ronnie y le empujó, arrojándole encima de los enloquecidos fans.

Bill entre Roger Daltrey y Rod Stewart. A la izquierda otra señora típica.

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The Who – “Won’t get fooled again”

Cuando estaban promocionando el “Graceland” de Paul Simon la gira de conciertos le llevó a Miami durante la época en que tuvieron lugar los días de más fuerte viento que uno se pueda imaginar; vendavales de gran fuerza se levantaban constantemente. Y los promotores del concierto querían celebrarlo al aire libre.

Bill, muy diplomáticamente, intentó decirles que mejor era hacerlo en un local cerrado, que fuera hacía demasiado viento. “Bah, no pasa nada”, decía uno de los promotores; “Paul no va a pillar un refriado con este calor”. Y Bill seguía poniendo excusa tras excusa.

Al final lo único que consiguió fue que los promotores se cabreasen con él. Así que no tuvo más remedio que decirles el motivo de su empeño: “Miren ustedes; no podemos hacer el concierto al aire libre con todo este viento… porque Paul Simon lleva una puñetera peluca…”.

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Paul Simon – “Diamonds on the soles of her shoes”

Una apuesta personal de Bill Fowler fue la canción “Silver star”, de los Four Seasons. Estaba incluída en el LP “Who loves you?”, aunque en una versión que duraba unos diez minutos, por lo que era imposible que la pusiesen en la radio. Pero él estaba convencido de que si la acortaban lo bastante hasta editarla quedándose en la duración habitual de un single, se convertiría en un éxito.

Y como Bill tenía en la compañía discográfica el poder de publicar los singles que quisiera, lo ejerció con esta canción.

Cuando días después recibió la llamada telefónica de Tom Ruffino, el jefe de la sección de Internacional de la Warner para decirle que los costes del estudio de grabación se estaban disparando porque les estaba costando muchísimo trabajo acortarla de forma apropiada, Bill se puso muy nervioso y pensó que como aquello saliese mal le iban a mandar, como mínimo, a la mierda. Cuando el single se fabricó y se enviaron las primeras copias de promoción, Bill se quedó sentado en su despacho durante un montón de horas, sin atreverse siquiera a asomarse afuera, solamente esperando las primeras reacciones de las emisoras de radio.

Pero se demostró finalmente que su jugada había sido brillante. Fue “Disco de la Semana” en casi todas las emisoras y subió hasta el nº 3 de las listas de ventas. El factotum de los Four Seasons, Bob Gaudio, fue a verle en persona y le llevó como regalo un colgante de oro representando el LP “Who loves you?”, (“¿Quién te quiere a ti?”), al que habían añadido una inscripción que decía “We do”, (“Nosotros”).

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Four Seasons – “Silver star”

Ronnie también quería a Bill.

BLOW-UP

Como quiera que hace unas semanas colaborasteis muy activamente en el juego presentado con los slides de las chicas, hoy quiero proponer otro del mismo estilo. Esta vez el juego no tendrá nada que ver con la música, para que los que tenéis pocos conocimientos enciclopédicos de ella podais participar sin ningún problema.

En el slideshare de abajo he colocado 10 fotos. Todas ellas han marcado un hito en el universo de la fotografía y, por tanto, son tan conocidas que estoy seguro de que todos vosotros las habréis visto alguna que otra vez.

Pero… ¿seríais capaces entre todos de ordenarlas cronológicamente?

Por supuesto, también podéis comentarlas, hablar de ellas todo lo que os parezca, preguntar cosas… las fotos merecen la pena.

IT’S BETTER TO BURN OUT

Veinte años. Cumplir esta cantidad tan redonda siempre es motivo de celebración. Y por eso andamos ahora festejando la reedición de “Nevermind”, el disco con el que NIRVANA se convirtió en la gran alternativa discográfica de 1991… y de la década de los 90… y de la siguiente…

El final del rock and roll tal como lo conocíamos ocurrió en septiembre de 1991, cuando se editaron en dos mágicas semanas el “Nervermind”, y un poco antes, el single que le sirvió de adelanto, “Smells like teen spirit”, el último de los singles verdaderamente clásicos de la historia del rock, de los que rompieron las ondas con una fuerza realmente significativa, y que forma una trilogía esencial junto al “Please, please me” de los Beatles y el “Anarchy in the UK” de los Sex Pistols.

De pronto, por todos lados comenzó a sonar una canción misteriosa, contagiosa, oscura, pero inequívocamente divertida… la Generación X acababa de nacer.

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“Smells like teen spirit”

¿Y dónde estabas tú entonces? ¿Qué significó todo esto para ti?

En aquellos días yo hacía todas las tardes “El Trip de las 5” en la radio, y los tipos que me dignaban con su escucha ya estaban avisados de que en los profundos bosques del noroeste americano se estaba cociendo algo con una ebullición que ya se olía por aquí. Uno de los sellos discográficos favoritos del programa era Sub Pop, de cuyo “club de singles” habían salido muchas de las canciones que sonaban, incluyendo alguna de Nirvana que aún ronda todavía por aquí en un bonito vinilo transparente de color verde, y escudería de bandas como Green River, Soundgarden, Mudhoney, sobre todo, que nos llamaban la atención descaradamente desde las estanterías de “Burial” que José Manuel rellenaba tan primorosamente… y yo vaciaba de forma compulsiva…

Así que desde hacía año y medio, poco más o menos, en el programa sonaba un disco con una portada en la que unos tipos estaban fotografiados en negativo, aunque en su música mostraban una actitud totalmente positiva. Unos tipos que andaban por los estudios de Sub Pop diciendo: “Dejadnos hacer un disco… ¡uno que haga daño!”; y, como les dejaron, el resultado fue “Bleach”, un disco que contenía los sonidos más potentes y más malos que Sub Pop había conseguido desenterrar durante su vida; tan primitivo que consiguieron que sus compañeros de sello, Mudhoney, sonasen como unos Genesis cualesquiera; tan brutal que solamente había que subir el volumen a tope para que saliesen lanzados, arañando, hacia la cima del montón de basura musical.

Sí. Para cuando llegó la fecha que ahora conmemoramos, los que sintonizaban el dial en el 92.0 ya hacía tiempo que sabían quiénes eran Nirvana.

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“Love buzz” (Del “Bleach”)

Cuando comenzaron a grabar “Bleach”, la banda todavía era un cuarteto. Y eran un grupo por el que habían pasado al menos cuatro baterías en los dos últimos años… se ve que no se lo tomaban muy en serio, como Kurt Cobain solía decir al principio: “Comencé Nirvana porque no tenía nada mejor que hacer. No me gustan los deportes, por eso una banda me parecía el último resorte para lograr algo socialmente…”.

Pero con la salida de su último guitarrista, que ni siquiera apareció en la mezcla final del disco, la banda quedó consolidada como un trío, como siempre la ha conocido todo el mundo. Y es que los tríos son perfectos. En vivo y en disco. Es un hecho irrefutable. Cuando tales bandas tienen el balance adecuado no hay quien las pare… piensa en los Jam, en Dinosaur Jr, en Husker Dü, en los mismísimos ZZ Top que vimos hace poco en Córdoba… así eran Nirvana. Los tríos desnudan completamente la música hasta su forma más básica; y entonces, una vez que cuentan con todos los elementos, la construyen de nuevo con el mínimo de aspavientos y el máximo de efectos. Cuatro no son necesarios, cinco ya es mucho bulto. Tres es, simplemente, la perfección.

Se puede demostrar. Los tres mejores discos que entonces sonaban en “El Trip” habían sido hechos por tríos. Primero fue el “Zen Arcade” de Husker Dü; luego el primero de Dinosaur Jr, aquel “Dinosaur”. Y ahora llegaba el “Nevermind”, un disco en el que Nirvana había usado los sonidos de los dos anteriores como punto de partida, pero aún teniendo sus raíces en los gruñidos de Sub Pop, tenían también muchas ramificaciones en las asociaciones de bajo y guitarra del heavy de los años 70 y en su ideología. “Nevermind” era por eso también un disco para la gente a las que les gustaba lo que hacían Metallica, pero que les reventaba su falta de melodía. Y era un disco también para ponerlo al lado del último de los Pixies. Un shock para el sistema.

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“Territorial pissings”

Y además, Nirvana habían hecho lo que Sonic Youth hicieron tan enfáticamente con el “Goo” el año anterior, pasar de una compañía independiente a una multinacional sin descrédito alguno. De hecho, igual que Sonic Youth habían sacado un disco que respondió a las expectativas de los más escépticos, Nirvana sacaron otro que no solamente fue el mejor de toda su carrera, sino que marcó un punto de referencia para las futuras generaciones post-hardcore. Nirvana sacaron al mundo de aquella subcultura en la que los lemas que aparecían serigrafiados en las camisetas de las bandas eran más importantes que la música que éstas hacían.

Nirvana tenían poder rezumando de cada acorde de guitarra y de cada resonar de platillos, basta con escuchar la anterior canción para darse cuenta de ello. Pero es que hablar de ellos era también hablar de melodía y armonía y de todas esas cosas que uno asocia normalmente con bandas enraizadas en los años 60. Puras y completas melodías de canciones como “Smells”, o como la amenazadoramente intensa “In bloom”, que construían después de una secuencia de apertura fortísima; o como la insondablemente melancólica “Come as you are”… o como la acústica “Polly”, liderada por ese bajo…

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“Polly”

Todas las canciones de “Nevermind” estaban hechas con una destreza que combinaba tensión con vibraciones relajadas, que se separaban entre sí para producir algo fresco, construido a base de giros y espirales. Todas las canciones tenían algo etéreo en su interior, por muy trashies que fueran. Emoción… derramaban emoción cruda, de esa clase en la que el cantante desnuda su alma con el simple uso de unas palabras y frases comunicativas tan profundas cuando el que las oye sabe lo que significa esta clase de música. Escucha “Drain you” o “Lounge act”, por ejemplo, con las palabras que salen de un cascado Kurt Cobain, con una voz herida, casi indescifrable, y sin embargo terriblemente emocionante. Y cuando comienza a gritar, incapaz de soportar a los demonios que ve abrumándole, es como una pesadilla con niños llorando y autobuses chocando y rascacielos cayendo… como si esa pesadilla se hubiese hecho realidad. Nunca subestimes el poder de un buen chillido.

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“Drain you”

Diez meses después de la edición del “Nervermind”, la extenuante gira de Nirvana les trajo a España. Y en pleno verano del 92, nuestro colega Epi, el guitarrista de Compañía Malpaso; su mujer, Viqui; el por entonces menos cascarrabias Profe Fran y yo mismo, nos metimos en mi coche para irnos a verlos hasta Madrid. Mi amigo Pepe Conciertos, del que ya os he hablado por aquí en más ocasiones, nos había sacado las entradas (a 3.500 pelas de las de entonces, que no era poco) y nos había abierto su casa para ducharnos, cambiarnos de ropa, comer algo… a pesar de que le insistimos no quiso aceptar que le pagásemos una entrada a él, así que se perdió el concierto que en el Palacio de Deportes que ya no existe, porque se quemó unos años después, dieron Teenage Fanclub y Nirvana. Estaban previstos también los Surfin’ Bichos, pero se cayeron del cartel sin que nadie tuviese claro el porqué.

Cuando uno está delante de una leyenda es muy difícil que salga decepcionado porque, como mínimo, habrá compartido con ella la atmósfera que le rodea. En Madrid, compartimos todavía un poco más que eso. El concierto no es que fuese decepcionante, pero no lo fue porque ninguno de nosotros estaba dispuesto a que lo fuese; a pesar de que lo tuvimos casi todo en contra: el sonido fue de lo peor que he tenido la desgracia de escuchar en un concierto. El público, que solo ocupó poco más de la mitad del aforo, estaba dispuesto de tal forma que en la parte de arriba estaban (cerca de las barras) los habitantes de las zonas horteras y fashion de los madriles (Nirvana era una cosa a la que había que asistir) charlando por los codos, ya que aquello no les interesaba lo más mínimo y estaban allí para ser vistos ellos y en la parte de abajo estaban los saltadores y bailones de pogo, que como tenían mucho sitio para moverse podían molestarse todo el rato con sus saltos unos a otros, de tal forma que al final del concierto la mayoría de ellos ya había salido a hostias con alguien más de una vez. La banda no era capaz de comerse un escenario excesivo, al que le sobraban metros cuadrados por todos lados. Y tuvimos también en contra al propio Kurt Cobain, extático y apagado, parándose demasiadas veces entre canciones a afinar la guitarra, siempre de pie con ella, sin moverse nada y hablando todavía menos… de hecho solamente dijo “good night, thanks” tras terminar la interpretación de “Stain”, con la que terminaron el set, antes de volver con “Come as you are”. Ni un atisbo del mítico Kurt que se cargaba los amplis a guitarrazos solo meses antes…

A pesar de todo eso tuvimos energía, caña, furia rockera, velocidad y carisma repartidos por veintiuna canciones, comenzando por “The money will roll right in”, una canción de los Fang que no conocíamos y nos dejó bastante despistados a todos y terminando por “Territorial pissing”, interpretada justo detrás del esperadísimo “Smells like teen spirit”, al que apoyaron con unos fuegos artificiales que contrapunteaban los momentos más intensos de guitarra de forma impresionante. Pudimos oír prácticamente entero el “Nevermind”, del que solo faltaron “Polly” y “Lounge act”, dos versiones más, ambas de The Vaselines, e incluso el “Pennyroyal Tea”, que no editaron en disco hasta que sacaron “In utero”.

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“Come as you are”

Y después Kurt Cobain se mató. Los demonios interiores que le abrumaban dejaron de desaparecer al convertirlos en canciones y fue él mismo quien desapareció.

El día que ocurrió este desenlace fatal los cuatro que le habíamos admirado en Madrid también estábamos juntos en un concierto. Fue el 8 de abril del 94 y en El Viso del Alcor (o mejor, del Hardcore) se estaba celebrando la segunda edición del festival “Indie-pendientes”, que esa noche cerró Epi con la Compañía Malpaso. Cuando unas horas antes estaba en el escenario Sr. Chinarro, Antonio Luque interrumpió su actuación unos momentos para dar la mala noticia y canturrearse un trocito del “Smells like teen spirit” en recuerdo de Kurt.

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“Lithium”

Y ahora es el momento de volver a las preguntas que te hacía anteriormente: ¿Dónde estabas tú entonces? ¿Qué significó todo esto para ti? Añade al texto tus propios recuerdos y opiniones a través de los comentarios.

Ya os hablé hace unos días de una compañía de venta por Internet, llamada Priceminister, que está comenzando su andadura por España y que está celebrando este 20 aniversario de la edición de “Nevermind”. Y quieren premiarte si te unes a la celebración. La forma de hacerlo puedes conocerla a través de este enlace.

Y como trabaja para la compañía en toda la red un antiguo amigo nuestro, pues éste también pone a mi disposición un par de copias de la edición especial del disco, doble, con diez mezclas y ensayos de canciones, inéditos hasta ahora, además del “Nevermind” original. Para hacerte con una de ellas no tienes que hacer nada especial, solamente lo que sueles hacer aquí siempre: escribir comentarios. En todos los que lleguéis a escribir seguramente figurarán dos palabras que salen muchas veces cuando se habla de Nirvana. Los dos que de vosotros primero escriban alguna de estas palabras en sus comentarios se llevarán el regalo. Mientras más veces escribáis y más habléis de Nirvana, más posibilidades tendréis…

Y los demás, si no es a través de este blog, podréis haceros con esos CDs comprándolos muy baratitos a través de la propia tienda… un poquito de promoción por aquello del “hoy por ti y mañana por mí”… que además tiene ofertas bastante jugosas.

Por cierto… esta gente también media para que vendas los discos que ya estés harto de escuchar. Y no, Lu… los rayados no… 😉

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“In bloom”

EL DANDY DEL INFRAMUNDO

Enero de 1970. Londres. Una nueva década pop está comenzando, y dos de sus estrellas en ciernes están juntas en los estudios Trident, en el Soho.

La sesión es para la grabación de una nueva canción de David Bowie, que acababa de tener un éxito considerable con otra tan novedosa como “Space oddity”. Y su compañero es Marc Bolan, que acaba de editar con Tyrannosaurus Rex el disco “A beard of stars”, y está aquí añadiendo unos toques propios a “The prettiest star”.

Bowie y Bolan se conocían desde hacía dos años. Ambos habían emergido de la escena mod de los primeros años 60, desde la que se habían adaptado al estilo más folkie, más floreado, de la segunda mitad de la década. Y los dos estaban ansiosos de fama.

Marc Bolan estaba encantado de que alguien quisiera usarle como músico de sesión. Ya estaba aburrido de demostrar que “sabía” tocar. Y Bowie estaba también muy contento, porque le gustaba mucho Marc. Así que éste hizo su solo y todo el mundo aplaudió. Pero de pronto, June, su mujer, se volvió ferozmente hacia Bowie y le dijo: “¡Nos vamos de aquí, Marc es demasiado bueno para tocar en tu disco!”. Fue el primer atisbo de rivalidad entre ellos.

Dos años después, en plena época del glam rock, la gente se dividía entre el T.Réxtasis y la Ziggymanía. La rivalidad entre Marc Bolan y David Bowie había alcanzado su punto máximo.

Y solamente volvieron a aparecer juntos como amigos unos días antes de que Marc falleciese, tal día como hoy de hace 34 años.

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David Bowie – “The prettiest star”

Al comienzo del verano de 1969 Marc Bolan dejó boquiabiertos a los fans más hippies de su dúo T. Rex, editando una canción de pop electrificado como “King of the rumbling spires”. Fue el paso definitivo de Bolan hacia la electricidad, algo que no le era desconocido porque durante sus tiempos de mod en el grupo John’s Children ya había destrozado algunas guitarras al más puro estilo Pete Townshend. No es que fuese muy bueno con ella, al contrario, al principio era realmente malo tocándola, pero la pose de guitar-hero, unida a su excelente voz, le puso en camino al estrellato.

Hasta ahora las canciones de Bolan en Tyrannosaurus Rex estaban muy inspiradas en Tolkien y hablaban sobre elfos y unicornios, eran una diversión estilística, una música manufacturada para que fuese acorde con su tiempo. Su encarnación tan sub-Donovan apenas despertó el interés de la gente más allá de su primorosa canción “Debora”, de 1968. Así que cuanto se le presentó la oportunidad de dar el paso más allá, lo hizo feliz y rápidamente. Cuando el que tocaba los bongos en el grupo, Steve Peregrine Took, fue reemplazado por Mickey Finn, el nuevo dúo se puso manos a la obra con su primer disco totalmente eléctrico, el anteriormente mencionado “A beard of stars”.

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“By the light of a magical moon”

Yo era bastante infeliz con la forma en que me ignoraban los comentaristas de los medios de comunicación musicales de todas clases. Cuando escuchaba cosas sobre un disco nuevo de Dylan o de los Beatles, sabía que yo era tan funky como ellos, ya sabes… sabía que ése era el nivel al que había que llegar para ser considerado un artista.

Y para llegar a ese nivel Marc sabía que tenía que sentarse a escribir una canción pop que fuese un gran éxito. El resultado fue “Ride a white swan”, dos minutos y medio de animoso funky, que te hacía mover los pies y combinaba de forma brillante las cadencias más pegadizas del pop con un puntito de neo-rockabilly eléctrico al que le sentaban muy bien los incipientes riffs de la Les Paul de Marc que luego definieron el sonido de todas las grandes canciones de T. Rex.

Los más hippies nunca perdonaron a Marc Bolan el éxito de esta canción, que llegó al nº 2 de las listas de ventas. Pero éste había comprendido que el futuro del pop estaba en los adolescentes, incluso en los que aún no tenían edad siquiera para ser considerados así; y en Inglaterra no tenían a sus propios Osmonds ni Jackson Five, y la época Beatle era obvio que ya había pasado. Marc Bolan sabía que todo el mundo estaba esperando que pasara algo como T. Rex.

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“Ride a white swan”

A primeros del 71 la música de T. Rex era una forma de pop-art urbano. Con Steve Currie al bajo, Bill Legend a la batería y los agudos coros en falsetto de Flo y Eddie, el ya absoluto grupo de pop consiguió su primer nº 1 con “Hot love” en febrero. Y sacaron su siguiente disco, “Electric warrior”, que contenía sus dos siguientes singles en llegar a la cima ese mismo año: “Jeepster” y “Get it on”.

Tony Visconti, el productor de la banda, decía que el sonido de T. Rex era cosa del karma, que tenía que pasar y nadie podía evitarlo; era una historia sobre cómo la gente adecuada se conoció entre sí en el momento preciso. No solo era cosa de Marc y Mickey, aunque a Steve y Bill nunca se les diese demasiado crédito lo cierto es que Steve tenía todo un trasfondo jazzie tras él y Bill era un batería único, de la escuela de Ringo. Los dos eran mejores músicos incluso que Marc Bolan, que no era de las escuelas de Clapton o Page ni mucho menos, más bien parecía que un hobbit le hubiese enseñado a tocar; y no digamos que de Mickey Finn, que solamente se dedicaba a los bongos y lo suyo era mucho más cosa de aportar una imagen enrollada. El otro secreto que tenía el sonido de T. Rex era que los discos se grababan muy rápidamente… no sonaban perfectos, pero sonaban muy frescos.

Pero tan significativo como el sonido, para el ascenso del grupo lo fue también la imagen. June Bolan tuvo el acierto de contratar a Chelita, la mujer del manager Tony Secunda, como publicista de la banda. Chelita aprovechó que Bolan era un tipo bastante guapo y se lo llevó con ella de compras por todas las tiendas de la ciudad de ropa… de mujer. En ellas consiguieron las boas de plumas y las entalladas y bordadas chaquetas que Marc solía vestir.

Pero además, por encima de todo esto, Chelita se atrevió con una jugada todavía más audaz, maquillarle como una mujer. Cuando, con el “Hot love” en el número 1, Marc no se lo pensó dos veces a la hora de dejar que Chelita le diese unos toques de brillante purpurina bajo los ojos cuando fue a aparecer en el “Top of the Pops” y aparecer así en las teles de todo el país, fue el momento preciso en el que nació el Glam Rock. Aunque haya quienes piensen otra cosa y sitúen su nacimiento en otro lado o en manos de otros. En el siguiente concierto de T. Rex, Marc Bolan fue recibido por cientos de fans con la misma pinta de oropel y purpurina que le habían visto a él. Marc Bolan le dio al rock la pose glitter, lo hizo glamouroso…

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“Get it on”

T. Rex siguió editando más números uno… “Telegram Sam”, “Metal guru”… y el T.Réxtasis comenzó a tener serios competidores; no ya solo su antiguo amigo Bowie, sino también Slade, Gary Glitter, Sweet… Marc Bolan fue sin duda el comienzo, y la cadena de transmisión que significó T. Rex fue algo increíble.

Pero el creador se volvió contra su criatura. Su disco “Tanx” fue la respuesta contra lo que Marc pensaba que era la basura de la que se estaba llenando el glam. Para él, el glam rock se había convertido en una farsa. Después de editar el último gran single de T. Rex en junio del 73, “The groover”, Marc Bolan clamó a los cuatro vientos que ya no había ningún otro lugar al que llegar. Y, tristemente, su cada vez mayor abuso de la cocaína no ayudaba demasiado; le faltó la visión de ir más allá del glam. Glitter o no glitter, su música se fue deteriorando; nunca la desarrolló más allá del single de tres minutos. Todo lo contrario que ocurrió con David Bowie, que fue convirtiendo poco a poco el glam rock en una forma de arte.

Sin embargo Marc comenzó a editar singles cada vez más flojos, como “Light of love”, del 74 y discos inexplicables, como el “Bolan’s zip-gun”, del 75. Retirarse a Montecarlo y pasarse las noches jugando a la ruleta con Ringo Starr tampoco decía mucho sobre su apego a la música. Marc Bolan se estaba convirtiendo en una auto parodia cómica. Había perdido su toque mágico, aunque él se obcecara en pensar que todavía era el número uno, solo que no quería permanecer encasillado como músico para los más jóvenes.

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“The groover”

En los últimos años de su vida, Marc Bolan fue salvado por la televisión. Primero en la forma del famoso “Supersonic” de Mike Mansfield, donde acudió como invitado especial. Y más tarde con su propio programa, “Marc”. Después de editar su mejor disco desde el “The slider” de 1972, como fue el “Dandy in the underwolrd” del 77, volvió una vez más a la cima del pop del momento. Incluso aprovechó una gira con los Damned para proclamarse a sí mismo, de forma oportunista, como el “padrino del punk”.

Ver a Bolan en su programa “Marc” dicen que era fascinante. Por una parte parecía horriblemente desprovisto de dignidad, pero por la otra se definía lo grande que había sido al principio, su habilidad para simplemente revelar el evanescente carisma del estrellato. Su música era intemporal, y Marc la hizo así porque reconocía que una canción pop era un momento, una marca en el tiempo. Y seguramente también comprendía que, por la propia naturaleza de este fenómeno, las estrellas del pop se iban desvaneciendo…

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“I love to boogie”

El círculo de los años del glam de Marc Bolan se cerró cuando invitó a su programa nada menos que a David Bowie. Allí estaban, como puedes ver en el video de más abajo, el antiguo Ziggy Stardust, que se reinventó a sí mismo como el berlinés que cayó a la Tierra, compartiendo micrófono con el dandy del submundo que se estaba ahogando en la orilla de un programa de televisión de horario infantil.

Cuando iban a hacer un dúo con una canción compuesta de forma apresurada, llamada “Standing next to you”, y los dos apenas estaban comenzando a cantarla, Marc Bolan tropezó con un cable y se cayó fuera del escenario… ¿Podía haber una forma más penosamente simbólica de mostrar el final de la carrera del “guerrero eléctrico”?.

Una semana más tarde, el 16 de septiembre de 1977, un Mini de color púrpura, conducido por su esposa, Gloria Jones, tras un volantazo se empotró contra un árbol en Barnes, cerca de Londres. Apenas un mes antes Marc Bolan le había dicho a Steve Harley que odiaría tener que dejarlo todo ahora, porque con el tiempo apenas le dedicarían un párrafo en la página tres… pero se equivocaba; el árbol de Barnes es un santuario de peregrinación. Y MARC BOLAN todavía hoy es una de las mayores estrellas de la música pop.

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“20th century boy”

OTROS CRÍAN LA FAMA

En este blog no solemos tener muchas tradiciones, ya sabéis que es la casa de los iconoclastas. Pero como también es la de los mitómanos sí que procuramos mantener viva la costumbre de inaugurar el nuevo curso bloguero cada mes de septiembre con un post dedicado a los Beatles, que para eso se supone que fueron los padres de todo esto.

Y estamos en un nuevo mes de septiembre. Los posts que tenía ya preparados y programados han ido entrando poco a poco mientras he estado de vacaciones y en los días posteriores a éstas, en que hay que volver a aclimatarse a la rutina; y ya es la hora de volver a sentarse y escribir. Así pues, recurrimos de nuevo a LOS BEATLES.

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“Please, please me”

Si mencionamos a Dick Rowe seguro que la mayoría de vosotros tendrá de él el infausto recuerdo de ser el hombre que rechazó a los Beatles cuando éstos quisieron firmar por la Decca. Dick ha tenido que cargar a través de todos los años que han ido pasando con la vergüenza de ser recordado por eso. Incluso aquí, en este blog, hemos sacado su nombre a relucir varias veces. Y aunque se lo mereció sobradamente, sin embargo no fue el único que no confió nada en absoluto en el cuarteto de Liverpool. Por eso hoy vamos a sacar algún que otro nombre más para que le acompañe en la deshonra.

Y para encontrarlos tenemos que cruzar el charco. Porque en los Estados Unidos los Beatles llegaron a ser más grandes incluso que en Inglaterra. Fue el único grupo que tuvo 7 discos a la vez en el Top 20, incluyendo el número uno, por supuesto, con “She loves you”. Y al poco de entrar en aquel país coparon por completo el panel del “Juke Box Jury”, figuraron en una serie de conciertos navideños como cabeceras de cartel junto a todas las grandes figuras americanas y, ya para canonizarlos del todo, el prestigioso Sunday Times proclamó a Lennon & McCartney como los más grandes compositores desde Beethoven!!

¿Y no es extraño entonces que el sello americano del grupo, Capitol, no hubiese editado en los USA ni uno solo de los discos que ya habían lanzado los Beatles en Europa?

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“She loves you”

Pues sí, así fue. El jefe supremo del departamento artístico de Capitol, Dave Dexter Jr. (apuntaros el nombre), que llevaba 20 años en esta compañía afiliada a la EMI, había rechazado los cuatro primeros singles que los Beatles habían editado con EMI. “Son una pandilla de niñatos melenudos”, fue lo que displicentemente le dijo sobre ellos a Alan W. Livingston, el presidente de Capitol. “No son nada”, añadió aún.

Y como Dave Dexter tenía un impresionante curriculum en la compañía y había producido muchos de los mejores lanzamientos de ésta, pues Livingstone confió en su juicio.

El propio Alan W. Livingston también tenía tras de sí un pasado como productor, pero se había centrado sobre todo en ediciones infantiles… por ejemplo él fue el productor de las sintonías de “El Pájaro Loco” o “Bugs Bunny”… y no controlaba demasiado las producciones pop. Por eso, cuando Brian Epstein le telefoneó para preguntarle por qué coño estaban pasando tan olímpicamente de “She loves you”, Livingston tuvo que admitirle que él ni siquiera había llegado a escuchar la canción.

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“I’ll get you”

El que más sorprendido estaba con todo lo que ocurría era George Martin, que enviaba de forma regular a sus colegas y amigos de la Capitol americana todos los discos que les iba produciendo a los Beatles y siempre recibía respuestas entusiasmadas del tipo de “este grupo es fantástico, tienes que traerlos, tienes que venderlos en los Estados Unidos”… pero el problema era que otras de las mayores estrellas de la EMI, como fue el caso de Cliff Richard, habían tenido muy poco impacto con sus ediciones americanas de la Capitol, así que la situación que se daba con los Beatles no era tan extraña después de todo.

Así que como Capitol les rechazó de plano, la EMI no tuvo más remedio que transferir los derechos de las canciones de los Beatles a una compañía llamada Transglobal Music, que cedió las licencias de los tres primeros singles enviados a los USA del grupo a sellos discográficos muy pequeños y casi desconocidos. “Please, please me” y “From me to you” salieron en Vee-Jay, un sello de Chicago que se había establecido editando principalmente gospel y r&b; mientras que “She loves you” salió en otro sello todavía más pequeño que ése, llamado Swan.

Imaginaos el interés que pondrían en ellos que en el disco de “Please, please me” el grupo figuraba erróneamente con el nombre de “The Beattles”, con dos “t”. Ni eso les importaba; los discos apenas fueron promocionados y, por supuesto, no se vendieron nada en absoluto.

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“From me to you”

Todo comenzó a cambiar, sin embargo, el 27 de noviembre de 1963, cuando perdida entre las páginas de la revista “Variety”, apareció esta noticia: “The Beatles, el cuarteto musical más candente de Gran Bretaña, ha firmado un contrato para tres apariciones en el Show de Ed Sullivan”. Parecía absurdo que un grupo que iba a disponer de tamaña cobertura no tuviera siquiera un disco editado en una de las grandes compañías americanas.

Fue entonces cuando Alan W. Livingston, al enterarse de esto, volvió a ponerse en contacto con Brian Epstein y se enteró de que “I want to hold your hand” tenía una lista de espera en Inglaterra de más de un millón y medio de peticiones para cuando se editase y por fin estuvo de acuerdo en que Capitol lanzase este single en los USA… y le prometió a Brian Epstein que por lo menos se iban a gastar en promoción 50.000 dólares.

Para el 23 de diciembre todo estaba ya a punto en Capitol, y el jefe de merchandising, Paul Russell, había enviado un memorándum a todas las tiendas de discos del país para que pusiesen el máximo empeño e interés en el comienzo de la campaña de lanzamiento de los Beatles. En la nota les proporcionaba toda clase de detalles sobre el single y el posterior LP, “Meet the Beatles”, así como una orden de obligado cumplimiento: “Poco después del día de Año Nuevo recibirán grandes cantidades de pelucas imitando el peinado de los Beatles; todos y cada uno de los vendedores y empleados de los departamentos de promoción tienen que llevar puesta una de ellas durante toda la jornada de trabajo”.

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“I want to hold your hand”

Pero los planes de Capitol para editar “I want to hold your hand” de forma ordenada y totalmente planificada el 13 de enero quedaron tirados por tierra con la cada vez mayor popularidad de los Beatles. A mediados de diciembre, los avispados disc-jockeys americanos se habían hecho ya con copias de importación del disco y lo ponían tantas veces que crearon una demanda tal que la edición del disco se tuvo que adelantar al día 26 de diciembre. Durante el mes siguiente a esta fecha la canción ascendió hasta el número uno de la lista del “Billboard”, donde se quedó durante siete semanas seguidas, siendo el disco inglés de mayor venta en Estados Unidos de todos los tiempos. La beatlemanía golpeaba Norteamérica.

¿Y a Dave Dexter no se le cayó la cara de vergüenza con todo esto? Ni mucho menos… no solo no se le cayó sino que la levantó bien alta con la siguiente jugada que hizo.

Como él seguía pensando que las canciones de los Beatles no eran gran cosa, para reforzarlas cuando se editaron los LPs las hizo pasar por un proceso duofónico, que a él le parecía que necesitaban. Y como estas remezclas fueron las que aparecieron en los dos primeros LPs que los Beatles editaron en los USA… puso su nombre en las portadas como productor!!!!

George Martin no recibió crédito alguno como productor de los dos primeros LPs que los Beatles publicaron en los USA. Y aunque su nombre ya tuvo la debida atención en los dos siguientes, Dexter se embolsó una cantidad de pasta igual a la de George Martin también en estos dos, porque también se editaron tras pasar el proceso duofónico.

Dave Dexter Jr. falleció en 1990 después de haber creado, de una u otra forma, unos 400 discos. Pero lo mejor que le ocurrió es que escapó al castigo que el destino le deparó a Dick Rowe, a pesar de haber hecho tantos o más merecimientos que éste para sufrirlo.

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“Can’t buy me love”

Dexter… si es que incluso tenía nombre de asesino en serie…

ALGO SE MUERE EN EL ALMA (Vol. 2)

Hace unos tres meses estuvimos aquí inmersos en un juego que tuvo bastante aceptación, así que he decidido repetirlo. Si picáis en ese enlace anterior ya veréis como es su mecánica y como se fue desarrollando, pero de todas formas os lo vuelvo a poner aquí.

Ya sabéis que ésta es una entrada en la que no hay fotos ni música… de momento. Las iremos poniendo a medida que vosotros mismos la vayáis completando.

A vosotros os corresponde, si queréis, descubrir de quiénes estamos hablando; de qué banda y de qué músico. Yo os cuento en el post cómo fue el final de su asociación. Como ya tenéis experiencia, esta vez los grupos son un poco más dificilillos, pero de todas formas todos son más que conocidos desde siempre, y tampoco hay grupos de culto, ni de modas pasajeras, ni carne de enteraíllos…

A medida que se vayan descubriendo sus nombres iré poniendo sus fotos y sus canciones, hasta que al final quedará convertido en un post de los habituales. ¿Empezamos…?

CASO Nº 1: JOHN BONHAM Y LED ZEPPELIN

No solo dejó la banda, también dejó todo lo demás. Otro de los componentes del grupo, y uno de los roadies, le encontraron muerto en la cama cuando fueron a despertarle de una patada porque ya se estaba pasando con tanto dormir.

¡Qué cosas tiene el destino! Aquél iba a ser su segundo día de ensayos, y había mucha gente esperándolos. Aquello tenía que haber sido una especie de renacimiento para el grupo, después de todos los problemas de muertes, accidentes y malos rollos que habían dejado atrás.

Pero a él no le gustaba estar lejos de casa, y bebía demasiado. Para hacerle compañía, alguno o todos los demás solían quedarse con él por la noche para que no se sintiera solo ni deprimido por la lejanía; y esa noche, al ser la primera en la que estaba alejado de casa desde hacía mucho, se habían pasado con él todo el tiempo, hasta que llegó el amanecer y por fin se fue a dormir. La verdad es que todos le tenían mucho cariño, a pesar de todo.

Después de su muerte la banda se disolvió sin discusión alguna. La banda eran ellos, no algo que saliese de haber hecho algunas canciones famosas con músicos respaldándolas. La esencia del grupo es que eran ellos, interactuando unos con otros y haciendo la música entre todos. Simplemente, si faltaba uno, la banda ya no era tal.

Led Zeppelin. A la izquierda Bonzo con bigotillo.

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Led Zeppelin – “Rock and roll”

CASO Nº 2: MICK TAYLOR Y LOS ROLLING STONES

Ya llevaba un año dándole vueltas a la idea de abandonar el grupo. Le parecía que así no iban a ninguna parte. Llevaban dos años sin salir de gira y estaba aburrido. Y también tenía problemas personales, su matrimonio estaba rompiéndose y quizás eso nublaba su juicio.

Otro de los miembros del grupo le había hablado sobre que también estaba pensando en irse. Le pasaba como a él, que se sentía infravalorado allí. La verdad es que era un coñazo tener que estar siempre escuchando los buenos y maravillosos que eran… los otros, sobre todo…

En realidad las drogas no eran el problema. No era un secreto que la mayoría de ellos se ponían bien, y que incluso uno se había convertido en un junkie; es que sus problemas personales fueron de mal en peor. En la fiesta de cumpleaños de un amigo de todos ellos les anunció que se iba.

Después de aquello le costó bastante tiempo asentarse de nuevo en su vida. Ya no veía a todos los amigos que tenía antes de entrar en el grupo; casi siempre había estado viviendo fuera… ya no tenía raíces. Se tiró más de un año sin volver a tocar a causa de la depresión.

De vez en cuando recordaba los primeros días pasados en el grupo, cuando era divertido ser una especie de cuadrilla de gitanos que vivían y viajaban juntos las veinticuatro horas del día. Pero lo que nunca le gustó fue grabar discos. De hecho le era tan penoso grabarlos que después los odiaba tanto que ni los escuchaba siquiera. Esa fue la razón principal por la que se tiró tanto tiempo sin grabar nada propio.

Los Rolling Stones solo editaron una canción en la que acreditasen a Mick Taylor (el de las rallas horizontales, segundo por la izquierda), ésta que oyes aquí.

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The Rolling Stones – “Ventilator blues”

CASO Nº 3: JERRY MARTINI Y SLY & THE FAMILY STONE

La banda hacía tiempo que ya no era lo que solía ser. Varios de sus miembros originales ya la habían dejado, pero él se mantenía en ella aunque cada vez tuviesen que tocar en ciudades más pequeñas y perdidas en el mapa, y en locales cada vez más parecidos a tugurios.

Además, excepto él, todos los miembros del grupo odiaban al manager; uno de ellos, incluso, lleno de cocaína hasta las orejas le golpeó un día… “esta vez te he vuelto del revés las gafas sobre la cabeza, mamón… con la próxima hostia que te dé te volveré la cabeza del revés sobre las gafas…”.

Así estaban las cosas. Ya nadie creía en ellos y la autoestima de la banda estaba bajo mínimos. Se desintegraban a ojos vista; no tenían dinero… no tenían ni siquiera para pagarse el viaje de vuelta a casa después de actuar. Bueno, él normalmente sí, porque el manager se lo daba… recuerda que era el único del grupo con el que se llevaba bien. Los demás tenían que apañárselas para dormir en habitaciones de mierda y llamar a casa para que le enviasen algo de pasta para poder volver.

Qué lejos quedaban los tiempos en que salían del Waldorf Astoria sintiéndose realmente importantes. Qué lejos los conciertos en el Madison Square Garden ante 26.000 fans que les gritaban y adoraban. Ahora ya podían sentirse felices si lograban congregar a 400 personas.

Una de esas noches lo comprendió. Fue así de simple. Mientras volvía a su casa, solo, mientras los demás se quedaban en un hostal de mala muerte, supo que ya no volvería a tocar más con ellos.

La familia de Sly en sus mejores momentos. Jerry es el de la barbita, en primer plano.

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Sly & The Family Stone – “Everyday people”

CASO Nº 4: RICK WAKEMAN Y YES

El último disco que habían hecho era demasiado largo. Y tenía demasiado relleno. Se aburría y comenzó a beber cada vez más. La banda no es que fuese mala, al contrario; cuando la música que hacía le gustaba, la banda funcionaba perfectamente. Pero no le gustaba en absoluto hacía donde parecían dirigirse ahora.

Un día estaba en su casa de campo, tranquilamente, relajándose, cuando le llamaron por teléfono. Era uno de los miembros de la banda citándole para comenzar con los ensayos del nuevo disco que grabarían. Y sin pensárselo dos veces le dijo que no iba, que dejaba el grupo.

Cuando colgó se sintió muy triste; además, era su cumpleaños y estaba un poco depre. A los diez minutos volvió a sonar el teléfono. Esta vez era un directivo de la compañía discográfica diciéndole que el disco que había grabado en solitario se había puesto número uno en ventas… “ah, vale…”, contestó. “Aquí estamos todos locos, abriendo botellas de champán una tras otra… ¿y a ti solo se te ocurre decir ‘ah, vale’…?”, oyó al otro lado de la línea. Pero ni siquiera esa noticia le animó. Se sentía raro.

Es cierto que después de aquello siguió trabajando con la banda algunas veces; había un extraño magnetismo entre ellos. Pero siempre en pequeñas dosis porque aquel grupo era inmanejable, fuese cual fuese la formación que tuviese en cualquier momento. Pero para él lo importante y significativo ya no dejó de ser desde entonces su trabajo en solitario.

Yes, they are… Rick en el centro.

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Yes – “Long distance runaround”

CASO Nº 5: HOLLY JOHNSON Y FRANKIE GOES TO HOLLYWOOD

Hubo muchas versiones sobre por qué empezó todo a ir mal. Pero en realidad lo que a él más le mosqueaba era el colegueo del manager con la gente: los que bebían con él podían ir en el autobús y los otros no, esas cosas…

La primera vez que dijo que se iba del grupo fue en Holanda. El manager y su camarilla en la banda habían decidido cambiar de productor. “Con el sonido tan único que hemos conseguido con el otro ¿y ahora queréis que nos convirtamos en unos jodidos Def Leppard…?”, les dijo. Pero no le hicieron ni puto caso. Eso hizo que comenzase a llevar una vida separada de los demás, hasta que en Navidad no pudo más y les dijo que dejaba el grupo.

Pero los demás le enviaron una carta en la que le amenazaban con acciones legales si no completaba el disco y la gira. Tuvo que ceder, pero totalmente enloquecido. No les volvió a dirigir la palabra en todo el tiempo que siguió con ellos.

Todo se convirtió en algo increíble y completamente absurdo. Estaban en el mismo hotel, escribían canciones, pero no se hablaban. Los otros le daban un cassette grabado con la música y él se metía en su cuarto y escribía las letras. Sí, ahora leyéndolo puede parecer divertido… pero imagínate la situación entonces; estaba siempre al borde de un ataque de nervios.

Y el ataque le sobrevino el día que se enteró de que uno de los conciertos de los dos que iban a dar en Wembley iba a ser retransmitido en directo por la radio y a él no le habían dicho nada. Se puso tan furioso que para pararlo otro de los miembros de la banda le tuvo que dar un puñetazo. Otro de los peores momentos fue cuando poco después, en un concierto de Bélgica durante el día de su cumpleaños, toda la audiencia le cantó “cumpleaños feliz” y ni los demás miembros de la banda ni el equipo técnico se unieron a los fans… él se moría de vergüenza en el escenario.

Por fin terminó la gira y lo primero que hizo al llegar a su casa fue escribir una carta a la banda diciendo que les dejaba a todos los efectos artísticos y legales. Los demás ni le contestaron, se dijeron entre sí “qué más da… que se joda… nosotros seguiremos sin él…”.

Pero se demostró que sin él no eran nada. Se pasaron los siguientes dos años sin hacer prácticamente nada más que ensayar. Y después se disolvieron.

Holly, vestido de marinerito, desentonando entre los demás Frankies.

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Frankie Goes to Hollywood – “Relax”

CASO Nº 6: BILL BERRY Y R.E.M.

Necesitaba ser honrado con los otros, igual que lo había sido siempre. Sí, siempre había colaborado en las canciones, había escrito material para el grupo… pero ahora, mientras los demás curraban en el estudio él lo único que hacía era sentarse en la playa y mirar las olas.

Ya no tenía entusiasmo por seguir. Llevaba ya 17 años con ellos, y lo había pasado formidablemente; sentía que tenía el mejor trabajo del mundo. Pero había llegado el momento de reflexionar tranquilamente, y pensar que ya no iba a volver a ser una estrella del rock nunca más.

Cuando volvieron a su ciudad y llegó el momento de ensayar nuevas canciones, los reunió a todos: “Tengo algo que deciros. Quiero dejar la banda, pero si eso va a ser motivo de que ésta se rompa definitivamente, me quedaré…”.

Cuando la formaron habían llegado al acuerdo de permanecer juntos hasta que alguno de ellos se fuese, o hasta que dejase de ser divertido. “Bueno… si para ti esto ya no es divertido, no sigas… el grupo tampoco es una cárcel…”, le contestaron.

No estaba seguro, pero pensaba que este cansancio de su vida actual tenía algo que ver con el hecho de que le hubiesen tenido que operar. Ahora se encontraba en buena forma… pero sentía una especie de malestar espiritual que no podía definir. El haber estado en la cama de un hospital durante tres semanas le hizo ver las cosas de otra manera y replantearse sus prioridades en la vida. Antes, cuando tenían que meterse a grabar algo nuevo, la excitación le impedía dormir, sin embargo ahora no pegaba ojo porque le preocupaba la sensación de por qué no era feliz. La idea de hacer otra gira, o de meterse tres meses a grabar otro disco en un estudio… joder! hasta ahora no había caído en que en ningún estudio de los que había estado en su vida había ni una sola ventana…

Los demás siguieron adelante. Para él eso tenía la ventaja de que por fin iba a tener la oportunidad de poder ver en directo a su banda favorita… ahora vive tranquilo en una granja, se ha convertido en un más que pasable jugador de golf. Y solo toca rock para su gato.

Bill, aún todavía con buena salud, a la izquierda de los demás componentes de R.E.M.

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R.E.M. – “The sidewinder sleeps tonite”

CASO Nº 7: NATALIE MERCHANT Y LOS 10.000 MANIACS

Tomó la decisión de dejar la banda dos años antes de hacerlo. Entró en el grupo cuando tenía 17 años, y ahora, ya con 30, no le importaba todo lo que había hecho o aprendido en su seno, quería intentar algo nuevo.

La verdad es que nunca había leído el contrato que firmó hasta que se decidió a dejarlos. Se lo comunicó al resto de la banda antes de comenzar su última gira, pero estuvo de acuerdo con ellos en posponer el anuncio a la prensa hasta terminarla y también las obligaciones contractuales pendientes. Al fin y al cabo en el grupo había tres miembros que estaban casados, dos de ellos tenían hijos, incluso, y se sentía en la obligación de dejar sus planes muy claros pero dándole tiempo suficiente a todos de que pudiesen hacer los ajustes precisos. Irse por la cara hubiese sido una putada.

En la gira no lo pasó demasiado bien. Se pasaba casi todo el tiempo en la salita de la parte de atrás del autobús con la puerta cerrada. El tiempo se le hacía larguísimo. La forma en la que el grupo trabajaba era por votación, y a veces un voto era suficiente para bloquearles en el intento de hacer alguna cosa. Y sentía que estaba desperdiciando demasiado tiempo trabajando en esta forma de democracia, cuando todo lo que quería era poder ejercer la tiranía de hacer las cosas a su manera…

Nunca tuvo la independencia creativa que tienen todos los que se lanzan a la música. Muchas de las cosas con las que contribuía a la banda eran oscuras y provocativas, y a veces se equivocaba de forma lamentable por querer hacer cosas que no eran lo suyo. Así que dejarlo todo atrás y comenzar a escribir las canciones que realmente le rondaban por la cabeza le pareció una feliz elección.

Natalie rodeada de maníacos.

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10.000 Maniacs – “These are days”

CASO Nº 8: PETER TORK Y THE MONKEES

Fue el primero en dejar la banda. De hecho, durante los tres años que permaneció en ella ya había intentado dejarla un par de veces, pero siempre le convencían de que no lo hiciese.

La situación era difícil, hacían televisión, iban de gira, grababan discos… era todo tan intenso que en realidad no tenían tiempo de ser “un grupo”. Y además estaba la controversia de si ellos tocaban o no sus instrumentos, y todos los demás músicos del país pensaban que eran un fraude. Se sentía culpable, porque sí que lo eran. O al menos eso pensaba entonces.

Solamente tocaron ellos sus instrumentos en el tercer disco que editaron. Fue su momento más feliz con la banda. Le gustaba el aspecto comunitario de estar en una banda; pero era el único… los demás… uno estaba más interesado en dirigir películas, el batería pasaba de tener que repetir las partes una y otra vez, otro quería que las cosas se hicieran siempre como él decía… el espíritu comunitario que tuvieron grabando ese disco fue imposible encontrarlo de nuevo.

Se tuvo que gastar 160.000 dólares en romper el contrato que le ligaba a todo aquello. Y se quedó prácticamente arruinado. Pero quería hacer algo diferente y enseguida reunió una banda propia; pero no llegaron siquiera a grabar ni un disco. Las compañías discográficas nunca entendieron, ni apreciaron, ni se interesaron por las cosas que quería hacer musicalmente a su propio modo.

The Monkees en sus buenos tiempos. Peter es el que hace como que toca la guitarra, a la izquierda del todo.

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The Monkees – “I’m a believer”

CASO Nº 9: DAVID BYRNE Y TALKING HEADS

Se arrastró con el grupo sin necesidad durante años. Tenía que haberse plantado y mandado todo a la mierda, pero no lo hizo. Simplemente se siguió arrastrando.

Cuando el grupo comenzó a funcionar no pensó que la relación que había entre otros dos de ellos iba a afectar a su funcionamiento, pero más tarde se dio cuenta de que sí lo hacía. Cuando aquellos dos se peleaban, sus enfados afectaban a la banda… pero cuando estaban bien todavía era peor, porque siempre estaban de acuerdo y votaban en bloque sobre cualquier asunto a tratar. Y es muy difícil trabajar con alguna estrategia creativa cuando en la banda hay diferentes opiniones y la mitad del grupo vota como un solo miembro el 90 por ciento de las veces.

Hubo un periodo, mientras estaban dándole los toques finales a su último disco en que se sintió muy tenso e incómodo. Las relaciones personales entre ellos eran malas… ni siquiera escuchaban la misma música, no tenían ya nada en común. Él pensaba que tendría que estar haciendo música realmente catártica, y que le produjese alguna clase de éxtasis, en vez de seguir haciendo lo mismo de siempre. Pero no dijo nada por no crear más conflictos emocionales.

No se atrevió a romper con todo hasta tres años después. Y ni siquiera puede decirse que se atreviese; lo que hizo en su lugar fue soltar la noticia a un periodista, y éste sacó un titular con el anuncio. El resto de la banda tuvo que leer en esa revista que ya no iba a volver a grabar ningún disco con ellos y ahí terminó todo. Una forma muy chapucera de romper unas relaciones que duraban desde hacía casi veinte años.

Eso sí, al menos después se dignó a llamarles por teléfono para decirles que lo que habían leído era verdad, y pedirles perdón por haberlo comunicado de forma tan desafortunada.

David Byrne, con las gafas de sol, comenzaba a verlo todo negro en los Talking Heads.

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Talking Heads – “Psycho killer”

CASO Nº 10: HENRY McCULLOUGH Y WINGS

Llevaba ya un año y medio en la banda, pero no se sentía de verdad miembro de ella. Quería contribuir con material propio, sentirse parte de un “grupo” como tal, pero nunca lo consiguió.

Cuando estaban con los ensayos del siguiente disco que editarían, durante una reunión de la banda, le pidió al líder que le diese una oportunidad… “si no funciona, lo hacemos a tu manera”, le dijo. Coño, que ya era hora de que a los demás miembros del grupo se les permitiese tener ideas propias y desarrollarlas dentro de las buenas vibraciones colectivas…

Pero todo se fue diluyendo: la idea de una gira por las Universidades, la caravana para todos, el buen rollo… todo se estaba yendo al carajo. Pero él no quería irse de la banda. No solo por él mismo, sino también por el líder, al que la mayoría de la gente estaba empezando a considerar un gilipollas, un engreído… y él sabía que no, que era un tío con buenas ideas…

Hubo muchos rumores y noticias horribles en la prensa amarilla… que si le había apuntado al líder con una pistola… que si le había roto una botella en la cabeza… pero nada de eso era verdad; lo único cierto es que los dos sabían en su fuero interno que sus días en la banda habían terminado, y el líder le dejó elegir la forma de marcharse.

Un par de meses después de irse recibió una llamada telefónica del líder. “¿Cómo andas…?”, le saludó más o menos. “Mira, sé que hemos tenido nuestras diferencias, pero de verdad que aprecio el tiempo que estuviste en la banda y quiero que recibas unas cosas que te he enviado…”. Al día siguiente le llegó un sobre con un cheque con muchos ceros y un baúl lleno de cuerdas de guitarra de la mejor calidad. No tuvo duda de que no se equivocaba con él cuando siempre lo había considerado un caballero, aparte de un brillante músico y hombre de negocios… un gran hombre, en suma. Lástima que su asociación con él no hubiese funcionado.

La banda de Paul McCartney. A la derecha está Henry, el autor del solo de guitarra de la canción que sigue.

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Wings – “My love”