AND THE WINNER IS…

En el inicio de los años 90 florecían los bares en el centro de Sevilla en los que nos podíamos reunir los aficionados al rock sin tener que dar muchos pasos entre el inicio y el fin de la habitual papalina. La mayoría de las veces terminábamos en el “Fun Club” o en “El amor de la calle”, sobre todo si ésa era una de las noches en las que habíamos organizado concierto los de Producciones Informales y el Luis nos invitaba a ir a tomar copas gratis con la banda que hubiésemos traído… los Fuzztones, los Godfathers, todos pasaron por allí… pero lo habitual es que las primeras charlas y rondas de cubatas comenzasen en los bares del entorno de la calle Pérez Galdós, donde había lugares para prácticamente todos los ambientes y gustos. En la calle de las Siete Revueltas estaba terminando su andadura el “Trama”, antes de que Rafa abriese el “Berlín” el mismo día que nació mi hijo (la sra. Carrascus aún tiene resquemores de que esa noche me fuese allí a celebrar los dos nacimientos en vez de acompañarla en el hospital); el “Maketa” del Tano y el “Chapa” del Loren eran magníficos puntos de reunión también entre varios otros más. Y en esa zona estaban el “Bourbon” y el “Bar-Bería”, los bares regentados respectivamente por Fernando y el Piju, que fueron también los organizadores de dos concursos de rock, que gracias a la ilusión que pusieron ellos y los colaboradores que se les unieron, resultaron ser los mejores de los celebrados por aquí, por encima incluso de los organizados anteriormente por la Diputación y por Canal Sur Televisión.

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Los Depredadores – “Vámonos (que la muerte espera)”

Los Depredadores, a los que has oído aquí arriba, fueron los que dieron el pistoletazo de salida a las dos noches durante las que se celebró la final del primero de los concursos. Pero hasta llegar a eso antes hubo que andar un camino previo…

Un camino que comenzó con Fernando anunciando el concierto y eligiendo al jurado, en el que tuve el honor de encontrarme. Aunque estuve a punto de quedarme fuera porque llegué muy tarde a la primera de las reuniones. Este primer acercamiento de todos con lo que iba a ser el concurso se produjo en casa de Fernando, por el centro de Sevilla, y coincidió con uno de los partidos de baloncesto del Caja San Fernando (del que soy socio desde su fundación) que era imposible perderse. Esa temporada teníamos que desplazarnos a verle al Pabellón de Amate, y venía el Atlético de Madrid, que por entonces tenía un equipo de basket en el que militaba el fantástico Walter Berry. Él solito se las apañó para meter más de cuarenta puntos en un partido épico que el Caja nunca hubiese debido perder si no hubiese cometido aquellos fallos infantiles en los últimos minutos… pero, como siempre, me voy por las ramas cuando me pongo a hablar de baloncesto…

El caso es que en aquel partido se fue la luz y estuvimos a oscuras más de una hora, por lo que este retraso hizo que cuando llegué a la reunión del jurado ya estaba casi todo el pescado vendido y se habían acordado las bases, las fechas, y todos los demás detalles que hicieron que posteriormente la cosa funcionase como un reloj.

En los dos bares organizadores se recogieron un total de 49 maquetas de grupos sevillanos de los que tuvimos que elegir a doce, que serían los que pasasen a la final. Y lo hicimos en una reunión maratoniana que tuvo lugar en casa de Jorge Molina, allá por la calle Torneo, y que pudimos soportar sobre todo porque Fernando nos tuvo abastecidos de pizzas y de unos polvos blancos, de los que yo pasé completamente porque pensé que eran la harina que se había desprendido de la masa de las pizzas… aunque luego me enteré de que eran otra cosa, jejeje…

La verdad es que fue un trabajo bastante duro separar toda la paja del grano, y aunque entre nosotros hubo mucha disparidad de criterio, por fin logramos ponernos de acuerdo en la docena de bandas finalistas y sorteamos el orden en que participarían: Los Depredadores, Chatarra, Los Reservados, Velbim 20, Los Restos, Hébridas, Los Sudakas, Compañía Malpaso, La Mirada, Los Malditos, Los Pestiños Reveníos y La Sombra. La gran final se celebraría en la sala “Roll Dancing” durante las noches del último viernes y sábado de noviembre de 1990.

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Hébridas – “Perdido en el desierto”

Seguramente Hébridas fue el grupo que más recorrido tuvo de todos ellos después de este concurso, a pesar de que en él no destacaron demasiado. En este 1990 todavía eran una banda a medio conformar, en la que no figuraba Sandra, la cantante, que se unió a ellos en el 92 para mantenerse en sus filas hasta el final, que llegó tres o cuatro años más tarde debido al desinterés de todos y al poco éxito del disco que grabaron, ése del que os he reproducido ahí arriba la foto que ilustraba su portada, que mostraba a las madres de todos ellos con el instrumento que tocaba su hijo respectivo.

De la docena de finalistas, los que más experiencia acumulaban y hacían las cosas de forma más profesional eran probablemente La Sombra, cuyos componentes habían pasado ya por Círculo Vicioso y Los Amos del Mundo, y además hacían una música más convencional que la de los otros grupos y más asequible al gusto del público medio. La verdad es que venían a la final muy sobrados, y el hecho de que fuesen los últimos en actuar hacía que Paco Alejo nos dijese que “así es como tiene que ser… todos los demás están de teloneros nuestros…”.

Y aunque no les fue mal del todo ya que fueron el tercer grupo más votado, posiblemente no le faltase razón a su saxofonista, Aquiles del Campo, en unas declaraciones que Luis Clemente recogía en su libro sobre la historia de Sevilla: “La Sombra es un grupo que va a gustar al público, pero no a los músicos de Sevilla, que son una gente rarísima, con gustos totalmente diferentes a los del público”.

Eso que decía Aquiles se demostró palpablemente en las últimas deliberaciones del jurado, que el día de la final se había incrementado con la participación de varias chicas porque Fernando quería que los que votásemos no fuésemos únicamente tíos “entendidos” en la materia, sino también mujeres, gente que representase al público que suele oír el rock sevillano, gente de los bares del ambiente musical y también músicos (aunque los que estaban ya consagrados no tenían tiempo para esto y los demás eran participantes del concurso), ya que en las previas solo habíamos sido gente de la prensa y la radio. Y fueron estas chicas las que votaron masivamente a La Sombra…

Repasando la lista podemos ver también a unos primerizos La Mirada, en el que participaba como bajista nuestro amigo Vidal. Ellos fueron los que abrieron el segundo día del concurso, que se estructuró de forma que en la primera noche tocasen las ocho primeras bandas de la lista, y en la segunda las cuatro restantes, pudiendo interpretar hasta tres canciones cada una de ellas (¿o quizás fuesen cuatro…? a ver si alguien lo recuerda mejor). Después habría un fin de fiesta con un concierto de Los Enemigos durante el cual los miembros del jurado discutirían su veredicto, y tras una nueva interpretación de la banda ganadora, después de entregarle el cheque de 150.000 pesetas en que consistía el premio, dar por terminado el concurso.

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Velbim 20 – “Fría”

En esa foto podéis ver un buen muestrario de la gente que se reunió por allí. Se tomó en los servicios del “Roll Dancing” poco antes de comenzar las deliberaciones, aunque ahí no estamos todos los del jurado, y también hay gente que no formaba parte de él. El que está en primer plano, con la cerveza y los papeles para las votaciones es Luis Clemente; tras él podéis ver a Yola, una chica que creo recordar que tenía una tienda de antigüedades por el centro, y a Cristina, que era la que iba poniendo los carteles del “Fun Club” que solíais ver por las calles de Sevilla; ellas formaban parte del jurado representando a la gente de los bares y oyentes generales del rock sevillano. Detrás de Cristina aparezco yo y detrás de mí podéis ver a Blas Fernández. La que está a mi lado es Lourdes Carvajal y delante de ella está Emilia Pinzón… ésta última creo que no formaba parte del jurado, aunque no estoy muy seguro, pero Lourdes creo recordar que sí, y representaba a los músicos sevillanos. Otro de los representantes de la prensa que había en el jurado era Jorge Molina, el tipo altísimo al que podéis ver detrás de Emilia, y que no hace mucho escribió aquel controvertido libro de “123 motivos para no viajar a Sevilla”, al que ha seguido este mismo año otro sobre Doñana. A su lado asoma la cabeza de nuestro amigo Juanma, que no formaba parte del jurado, pero no se perdía un concierto. Delante de él, otra de las chicas del jurado, Pilar Contreras, de la que yo siempre anduve platónicamente enamorado (como casi todos los que trabajábamos con ella en Radio Aljarafe) y por último, a su lado, el Fernando, el artífice máximo de todo lo que se estaba celebrando allí. Él se dedicó a dar vida a todo aquello y no quiso formar parte del jurado, que para esta final fuimos once miembros. En la foto no aparece Natacha Ródenas, que también representaba a los oyentes habituales de rock, ni José Manuel, el dueño de discos “Burial”, que yo juraría que también era uno de nosotros… y seguramente se me olvida alguien más… a ver si en los comentarios lo concretamos del todo.

La mecánica de la votación fue la siguiente: cada uno de nosotros votamos por los tres grupos que más nos hubiesen gustado, sin ordenarlos de más a menos ni nada de eso, solo los nombres de los tres preferidos. Y tras el recuento final, el que más votos hubiese tenido sería el ganador.

Yo voté por la Compañía Malpaso, Los Restos y Velbim 20. Y “ayudé” en su votación a Natacha, que estaba sentada a mi lado, que tenía en su papel los nombres de La Sombra, los Pestiños y no sabía cuál más poner porque todos los demás le habían gustado o disgustado de forma similar; así que me preguntó que a cual más votaba, y yo le sugerí que lo hiciese a los Malpaso. Seguramente entre los demás miembros del jurado hubiese también todo tipo de intercambio de nombres, pero el que Natacha me hiciese caso probablemente hizo que Los Restos no fuesen los ganadores en primera instancia del concurso, porque al final hubo empate a votos entre ellos y la Compañía Malpaso. Los terceros, como ya dije antes fueron La Sombra.

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Compañía Malpaso – “Los hijos de Dios”

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Los Restos – “Gloria al alcohol”

Aún hoy, después de tantos años como han pasado sigo creyendo en la justicia divina de aquel resultado, porque entonces las dos tendencias mayoritarias en el rock de todo el mundo eran el grunge que venía de Seattle, y el rave que venía de Manchester, y aquí en nuestra ciudad teníamos una muestra genuina de cada una de estas tendencias: los Malpaso y los Restos, respectivamente. Y la mayoría estábamos de acuerdo en que eran los mejores.

Pero lo que no teníamos previsto es que hubiese un empate, así que hubo que improvisar una segunda votación. Esta vez cada uno de nosotros votaríamos solamente por una de estas dos bandas, para tener un ganador; al ser once miembros no podía haber un nuevo empate de ninguna manera. Y si antes de la primera votación estas dos bandas estaban claramente entre las favoritas, ahora mismo nadie podría decir cuál de las dos tenía más posibilidades de ganar, porque estábamos a expensas de lo que votasen las chicas, de las que ya sabíamos que después de La Sombra las demás les daban más o menos lo mismo…

Y comenzó el recuento. Luis extrajo la primera papeleta y leyó… “Los Restos”. Uno a cero. Tras sacar la segunda le volvimos a oír decir… “Los Restos”. Y lo mismo ocurrió después de sacar la tercera papeleta. Cuando tras extraer la cuarta le volvimos a escuchar el nombre de “Los Restos”, ya pensamos todos que el concurso tendría un claro ganador. Así que no nos extrañó lo más mínimo que después de sacar la quinta dijese… “Los Restos, de nuevo”.

Cuando sacó la sexta papeleta, se dibujó una sonrisa en su cara… “hombre… un voto para la Compañía Malpaso…”. Bueno, al menos no se iban a ir de vacío. Más aún porque en la séptima papeleta también estaba escrito su nombre. Cuando salieron la octava y novena papeleta y Luis leyó en las dos… “Compañía Malpaso”, todos comenzamos a poner cara de “no me puedo creer que vaya a pasar lo que parece que va a pasar…”. Y tras la extracción de la décima papeleta, en la que se podía leer el nombre de… “Compañía Malpaso”, se produjo el inesperado empate. Quedaba una sola papeleta y ahora sí que podía suceder cualquier cosa; el comentario general, entre la euforia producida por la emoción que estábamos viviendo era que “ni a Alfred Hitchcock se le hubiese ocurrido un final más disparatado e intrigante…”.

Y la última papeleta por fin nos dio un ganador; Luis leyó el nombre casi sin podérselo creer… y Compañía Malpaso ganó el concurso, tras superar el 5-0 inicial con seis votos seguidos.

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Compañía Malpaso – “Solo tú calmas mi sed”

Y aunque Los Restos hubiesen sido unos ganadores tan merecidos como Compañía Malpaso, resultó que si ya antes la justicia divina nos había hecho un guiño, ahora nos hacía otro más con este resultado, porque Compañía Malpaso había participado unos meses antes en el concurso de rock para grupos andaluces que organizó el programa “Duduá”, de Canal Sur Televisión. Los Malpaso eran los favoritos de casi todos los miembros del jurado de este anterior concurso y hubiesen resultado vencedores de no ser porque el director del programa dio su opinión convertida en orden: “¿Cómo van a ganar éstos si lo que hacen no es música sino ruido…?”. El resultado fue que bajaron a la segunda posición, y en su lugar los ganadores finales fueron Lagartija Nick.

El destino, sin embargo, no tuvo tanta piedad de Los Restos, porque en el siguiente concurso que los bares Bourbon y Bar-Bería organizaron un año después (ahora con una bolsa incrementada en 50.000 pelillas más), a pesar de ser los favoritos, volvieron a quedar en segunda posición.

Ese año yo no participé en el jurado, aunque sí estuve presente entre el público las dos noches de la final en el Roll Dancing, y la verdad es que sentí una gran decepción viendo como Los Restos volvían a quedar relegados, y esta vez no por una banda que fuese igual o mejor que ellos, sino por Los Jaspers, que hacían un rock progresivo muy pasado de moda, pero que sonaba bien a los oídos hechos al rock clásico de la flauta de Ian Anderson y similares… fue una verdadera pena, porque en aquella final se quedaron en el camino, aparte de los Hébridas otra vez, gente como Amphetamine Discharge y Sr. Chinarro, que luego han sido muchísimo más significativos en el mundo del rock que los olvidados Jaspers.

El no haber sido miembro del jurado esta vez, aparte de no ser partícipe de aquel fallo perpetrado, me permitió ver uno de los mejores conciertos que recuerdo de Dogo y Los Mercenarios, que fueron los que esta vez pusieron el punto y final al concurso…

…bueno, en realidad el punto y final lo pusieron los agentes de la policía municipal, que se presentaron allí mientras Los Jaspers, después de recoger su cheque, hacían de nuevo su versión del “Voodoo chile”, advirtiéndonos que las dos y media de la mañana ya no eran horas para seguir metiendo tanto ruido.

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Los Restos – “Syd Barret cuida de mí”

THE BURNING STONE

Con el “Some girls” recién editado, los Rolling Stones se pasaron la mayor parte del mes de septiembre de 1978 grabando las bases del futuro “Emotional rescue” en los estudios de Wally Heider de Los Angeles.

Con Anita Pallenberg fuera de la ciudad, KEITH RICHARD alquiló una casa en Laurel Canyon que se convirtió en el antro donde daba sus fiestas constantemente. En una de ellas, cuando ya se marcharon todos los invitados, un par de horas después de que Kiz se retirase a la habitación principal con una joven rubia a la que posteriormente describiría como “el plato del mes”, se despertó de improviso para notar que el dormitorio se estaba llenando de humo…

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The Rolling Stones – “Miss you”

Alguien, por lo visto, después de prepararse algo en la cocina había dejado el mando de uno de los fogones sin cerrar del todo, con el gas abierto. Y éste se había ido escapando, creando una mezcla explosiva que terminó por encenderse cuando llegó a una de las varitas de incienso que tenían prendidas por allí.

Desplegando una inusual presencia de ánimo, además de una gran preocupación por la seguridad de los demás, Kiz empujó a la chica por la ventana del dormitorio, saltando él mismo tras ella. Mientras dejaban a su espalda la casa brillantemente iluminada por las llamas, los amantes ilícitos, completamente desnudos al borde de la piscina del jardín, se felicitaban por haber podido escapar de una muerte angustiosa con solamente algunas magulladuras.

Pero de pronto el alivio se convirtió en pánico, cuando Kiz escuchó el sonido de las sirenas de los coches de la policía, que se aproximaban allí a toda velocidad.

A Kiz se le pasaron por la imaginación los titulares de los tabloides en cuanto se enterasen de la noticia… “Stone pillado desnudo en un infernal nido de amor”… pero entonces la salvación pareció ofrecérsele una vez más. Un coche apareció derrapando y con gran chirrido de frenos, y al detenerse, el conductor se asomó y les gritó: “¡Eeeeh, vosotroooos… venga, subid!”.

Dando gracias a su buena estrella Kiz cogió del brazo a la chica y salió corriendo hacia el coche, porque acababa de reconocer al conductor… el primo de Anita Pallenberg.

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The Rolling Stones – “All about you”

GOOD OSCILLATIONS

Reconocido por, ni más ni menos, que el Dr. Robert Moog, como el desarrollo más importante en la historia de la música electrónica, el THEREMIN fue inventado por el genio franco-ruso Leon Theremin en 1920. Fue el momento cumbre de una extraordinaria carrera que vio al inventor sumergirse desde el triunfo a la tragedia.

El theremin consiste en dos osciladores que generan frecuencias ultrasónicas idénticas; uno de los osciladores está fijo, pero el otro puede varias su secuencia de sincronización, y la diferencia entre los dos produce una nota audible.

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The Beach Boys – “Good vibrations”

El prototipo del theremin tenía un pedal para controlar el volumen, antes de asentarse con su método distintivo de usar la impedancia que ofrece el cuerpo humano al paso de una corriente eléctrica para modificar los campos magnéticos que emanan de dos antenas, una vertical, para controlar el tono, y otra horizontal en forma casi de aro, para el volumen. Y como el intérprete nunca llega a tocar las antenas, lo que parece en realidad es que esté conjurando los sonidos desde el propio aire. Aunque esa falta de contacto de las manos con él, hace también del theremin un instrumento bastante dificultoso de controlar, y es necesario tener en cuenta distancias muy pequeñas en el aire, porque el más mínimo temblor de manos causa que la nota musical pase a otro tono diferente.

…atentos a Jimmy desde el minuto 1:40 del vídeo…

Leon Theremin fue un tipo prodigiosamente inventivo, que trabajó en otras muchas cosas menos conocidas; por ejemplo, la plataforma de baile Terpsitone, en la que usaba los mismos principios que con el theremin, para crear un instrumento en el que el movimiento físico del bailarín servía para crear música; y muchos años antes de que lo hiciesen los Kraftwerk, él ya usaba el Rhythmicon, la primera caja de ritmos del mundo. También inventó un cello electrónico sin cuerdas allá por los años 20.

Pero su genialidad no se limitaba a la música; Theremin también inventó una alarma antirrobo, basada en esos mismos principios eléctricos, que impresionó tanto a Lenin que la instaló en el Banco Estatal Soviético. También trabajó en una televisión muy primitiva, que los rusos usaron como instrumento de vigilancia, mientras que los desarrollos de sus inventores occidentales rivales en el mismo campo, potenciaron en Europa y los USA su uso para el entretenimiento. Diferencias culturales, ya veis…

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Portishead – “Mysterions”

Leon Theremin, sin embargo, demostró también ser bastante adaptable a la decadente cultura imperialista cuando se trasladó a los Estados Unidos en los años 20, firmando un contrato con RCA para la fabricación comercial de los theremines. Su reputación como elemento exótico adjunto a la escena social se cimentó del todo cuando se casó con la bailarina de raza negra Lavina Williams. Pero cuando mayor era su fama, en 1938 fue secuestrado en New York por la NKVD rusa (las fuerzas de seguridad del comisariado del pueblo) y trasladado a Magadan, uno de los gulags más brutales de Siberia.

Después fue forzado a trabajar en proyectos militares, desarrollando instrumentos de rastreo para localizar submarinos enemigos, y pequeños micrófonos ocultos para espionaje y vigilancia.

Los ocho años que pasó como trabajador forzoso le congraciaron con el Régimen, y en 1947 fue liberado y premiado con la Medalla de Stalin por sus esfuerzos en favor del espionaje soviético. Eso le permitió volver a la música, ingresando en el Conservatorio de Moscú…

…pero sus problemas no acabaron ahí. Cuando un artículo en el New York Times reveló años después que continuaban sus flirteos, ya en los años 60, con la cultura americana, interrumpidos con su secuestro, volvió a caer de nuevo en desgracia y fue expulsado del Conservatorio, a la vez que sus instrumentos e inventos en curso fueron confiscados y destruidos. Así que Theremin se plantó en la década de los 70 teniendo que comenzar su vida prácticamente de nuevo. Y tan incontenible como siempre, se dedicó a desarrollar un theremin controlado por el movimiento de los ojos.

Leon Theremin falleció a finales de 1993, cuando contaba 97 años de edad.

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Mercury Rev – “Tonite it shows”

En su obligada ausencia soviética, el instrumento de Theremin siguió abriéndose paso en la cultura occidental, gracias a algunos virtuosos que incluían en sus obras la música que emanaba de él, sobre todo incluyéndola en bandas sonoras de películas de ciencia ficción.

Y en el mundo del rock, el theremin también ha sobrevivido como una presencia agitadora y discutible en la música de Stereolab, Mercury Rev, la Jon Spencer Blues Explosion… todavía ululando… noventa años después…

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Jon Spencer Blues Explosion – “Greyhound”

LÁGRIMAS QUE SE SECAN

Por razones obvias. Rescatamos este antiguo post que Ambrosio le dedicó a Amy, y que publicamos aquí hace algo más de cuatro años.

“Intentaron que fuese a rehabilitación y les dije ‘no, no, no’
He estado chunga pero cuando vuelva ya sabrás
que no tengo tiempo para esto
y si papá piensa que estoy bien
intenta hacerme ir a rehabilitación, porque no iré
Prefiero quedarme en casa con Ray
no tengo setenta dias libres
Porque no hay nada, nada que podaís enseñarme
y que no haya aprendido ya de Mr Hathaway
Puede que no tenga mucha clase
Pero al menos sé que un vaso de tubo no te la da”

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Amy Winehouse – Rehab

¿Quién diantres podría firmar una letra así? ¿Pete Doherty? ¿Joe Cocker? Ciertamente no puede ser Britney, ¿verdad?. Casi casi, porque AMY WINEHOUSE también es una chica, aunque con 23 años en el carnet y 50 en la garganta. Su segundo Lp, “Back to Black”, lleva ya desde octubre en las tiendas inglesas, aunque no ha desembarcado en USA, y además en todo lo alto del Top 10 hasta marzo, alcanzando de paso otro número uno añadido en las listas de descargas. Y la verdad es que el paso de los meses ha ido dándole al disco una capa de lustre, dejandose oír mejor cada día.

Y así es que el disco en cuestión es ya un clásico, lo más destacado, a mi corto entender, de la invasión de chicas inglesas que lleva arrasando en las listas americanas desde hace meses. Aunque no todos piensan lo mismo…

Amy 01

Muchos de los que ven la imagen de Amy Winehouse después de haber estado oyendo sus canciones durante algunos días creen estar sufriendo alguna inocentada. ¿Me estás diciendo en serio que esa canija morena es la dueña de ese cañonazo de voz?. Venga, que a estas alturas, después de casi una década de triunfitos y popstars, ya sabemos que tiras una piedra y salen cientos de cantantes potentes, aunque, para su desgracia, hasta un Teletubby tiene más personalidad que todos ellos juntos. Pero algo en Amy te dice que no estamos ante el mismo caso. Hay algo más que una gran voz.

Un espíritu indomable, por ejemplo. Un talento capaz de unir grandes lineas melódicas del mejor soul y jazz con letras directamente salidas de las calles de Londres. ¿Quién si no sería capaz de hacer esta particular recreación (que no versión) de aquel clásico de Billy Paul, “Me and Mrs Jones”?

“Nadie se interpone entre yo y mi hombre
¿Qué clase de folleteo nos traemos?
Hoy en día ya no vales un carajo para mí
Podría dejar que me engañases,
A ver quién toca este sábado
¿Qué clase de folleteo te traes?
Eres mi judío negro preferido después de Sammy
Pero juraría que ya habíamos terminado
Y aún así me pregunto qué estarás haciendo ahora”

Amy 02

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Amy Winehouse – Me and Mr Jones

El dia de su actuación en el macro festival tejano “South by Southwest”, a mitad de marzo de este año, su Lp había entrado arrasando en Billboard, y su camerino se llenó de estrellonas (ejem) como Courtney Love o Bruce Willis, quien la invitó a cantar en su fiesta de cumpleaños (la chica rechazó, lo que demuestra que no es ninguna boba). En su reseña, Rolling Stone dijo de ella que

Amy Winehouse = (Aretha + Janis) – Comida

Lo cual no deja de ser una ordinariez, como si las grandes voces tuvieran que ir cargadas de kilos de tejido adiposo. En su caso, a juzgar por sus letras, yo no me preocuparía por los kilos de más, por cuanto sus vicios parecen ser otros…

“Dile a tu novio la próxima vez que venga
Que traiga su propia grifa y no se fume la mía
Me daría igual si me diese algo más
Aunque prefiero que te deje a tí antes que dejarle mi costo
Así que cuando te fumes toda mi grifa
Vas a tener que llamar a los hombres de verde
Para que yo me lleve lo mío
Y tú lo tuyo
(….)
Me hace ser adicta
más de lo que ningún carajo podría”

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Amy Winehouse – Addicted

Pese a que el trabajo de producción en su disco recae, al igual que en el anterior, “Frank”, sobre pesos pesados como Mark Ronson (Christina Aguilera) o Salaam Remi (Nas, Fugees) quien ya la acompañó en “Frank”, lo cierto es que los grandes nombres no llegan a oscurecerla y el trabajo no deja de ser puro Amy Winehouse en ningún momento (por contraposición al último de Nelly Furtado, por ejemplo). Más allá de modas retro, “Back to black” no es ningún tipo de tributo al sonido de una época dorada como Motown, sino la continuación de la misma. ¿Quién si no se apropiaría del glorioso “River Deep Mountain High” y lo haría suyo como hace ella?

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Amy Winehouse – Tears dry on their own

Amy 03

De entre todo el frente de nuevas divas inglesas que parecen haber copado el mercado yankie para enseñarles (o recordarles, al menos) cómo se hace un buen disco de soul y R&B hoy en día, Amy y su compi de correrías Lily Allen (otra que se las trae) parecen lo más potable. Al menos más que Joss Stone, quien hizo el ridiculo en la última entrega de los premios Brits (donde Amy se llevó el premio a la mejor artista femenina) dando una conferencia de prensa ante los encargados de seguridad, incapaz ya de distinguir entre éstos y los periodistas. De momento, los tabloides y la prensa de trazo grueso ya han encontrado un chollo para comentar sus extravagancias y su comportamiento. Y no sólo la prensa…

Esta primavera y verano, Amy se enfrentará a un nuevo desafío, al llevar su sonido desde la intimidad de los clubs para los que ha sido diseñado hasta los grandes escenarios como Glastonbury, donde ocupa cabeza de cartel. Salga como salga, no parece probable que vaya a afectarle mucho en el futuro. La chica parece tener aguante.

“No perdió tiempo en lamentarse
y mantuvo húmedo su carajo
con su apuesta segura de siempre
Yo con la cabeza alta
viendo mis lágrimas secarse
por tener que seguir adelante sin mi chico
Volviste a lo que mejor conoces
alejado de lo que pasamos juntos
mis apuestas están cerradas
Volveré al negro
Sólo nos dijimos adios con palabras
Me he muerto al menos cien veces
Tú vuelves con ella
Y yo vuelvo…vuelvo a nosotros”

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Amy Winehouse – Back to black

Amy 04

***** ***** ***** ***** *****

Johnny Kidd… Jimi Hendrix… Brian Jones… Jim Morrison… Janis Joplin… Peter Ham… Les Harvey… Karen Carpenter… Paul Kossoff… Nick Drake… Kurt Cobain… Tim Buckley… Amy Winehouse…

A lo mejor la leyenda del cruce de caminos y el pago exigido por el éxito es más real de lo que nuestras mentes quieren creer… al fin y al cabo fue Robert Johnson el primero en morir a los 27 años…

Amy… ciao, baby…

LITTLE FURRY THING

Para el Epi. Que en el post-concierto de los ZZ Top me recordó una historia de canguros que escribí una vez por aquí, y le hizo mucha gracia. Aquí lleva otra.

Todo el mundo conoce a AXL ROSE como cantante heavy, matón, pendenciero, mujeriego, borde, y algunas otras cosas más, pero muy poca gente sabe que también es un gran amante de los animales.

Durante su carrera, Axl ha adoptado a un gran número de mascotas peludas y adorables, pero el orgullo de su colección lo adquirió durante su gira australiana de 1988, y era un wallabi, un canguro pequeñito.

Por lo visto, el bichillo, con sus orejitas picudas, era una monería increíble, y una criaturita muy divertida; tanto, que se convirtió en el animal favorito de Axl. Éste le puso de nombre Ozzie, un buen juego de palabras sobre los orígenes australianos del animal (en inglés australiano es “aussie”), y que éste estaba tan majara como el famoso cantante de los Sabbath, del que no tengo que recordaros su nombre.

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Guns N’Roses – “Sweet child o’ mine”

Axl pasaba tantas horas felices jugueteando con su amigable marsupial, que se lo llevó con él a recorrer el mundo durante la gira de los Guns N’Roses. Ozzie incluso tenía su propia caja para volar, acomodada con el resto del equipo, con varios agujeros incorporados, para que el aire penetrase en su interior. Si algún empleado le preguntaba, lo que Axl tenía planeado era decirles que el bicho se había metido él mismo allí sin que nadie le viese, y que se quedó atrapado en su interior…

Tristemente, el convincente disfraz de Ozzie como parte del equipo eléctrico y de sonido de la banda terminó en tragedia.

Fue durante los días en que la gira les llevó a Alaska. Una tarde, uno de los roadies dejó lo que él pensaba que era una maleta de sobra en el trailer, mientras la banda hacía la prueba de sonido. Cuando Axl vino buscando a su peludo amigo el roadie abrió la caja y… expuesto tanto tiempo como había estado a temperaturas bajo cero en el interior del camión, Ozzie era un témpano de hielo sólido.

Las leyendas urbanas sobre los Gun N’Roses dicen que otro bienintencionado roadie intentó aliviar el dolor de Axl llevándose a su casa al desafortunado cangurito, y metiéndolo en su arcón congelador, con la esperanza de que los avances en la criogenización permitiesen resucitar a Ozzie algún día.

También dicen las leyendas que Axl dedicó mucho esfuerzo y dinero para que los veterinarios pudiesen encontrar un remedio con el que sacar de la congelación profunda a su amigo.

Y también andan diciendo por ahí que Ozzie fue visto por última vez, junto a la cabeza de Walt Disney, en el congelador de mi cocina, mientras el Koloke andaba buscando la botella de licor de hierbas para prepararse un chupito…

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Guns N’Roses – “Don’t cry”

THE SULTANS OF BOOGIE

¡Qué cabrones, estos ZZ TOP…! No esperaron siquiera un cuartito de hora de cortesía para que pudiésemos pedir unas cervecitas a gusto. Y en ésas estábamos el Koloke y yo cuando a las 11 de la noche en punto oímos desde la barra unos extraños sonidos ochenteros que resultaron ser la introducción al “Got me under pressure” con el que la banda comenzó su concierto.

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“Got me under pressure”

Al salir con los vasos a las gradas el paisaje había cambiado por completo, el tranquilo público, en su mayoría bastante puretón, que hace unos minutos estaba tranquilamente sentado o paseando por allí hablando de cómo habían comenzado a engordar sus barrigas mientras se les iba cayendo el pelo, se había convertido en una enfervorecida masa que recibía un baño de rock que les devolvía sus perdidos últimos veinticinco años. La oscuridad, las entradas de los pasillos taponadas… se habían agotado todas y cada una de las entradas de la Axerquía… y el habitual despiste orientativo que me caracteriza me tuvo perdido por allí, y si no es por la habilidad de la Sra. Carrascus para fijar mi atención todavía hubiese estado dando vueltas.

Así que para cuando logré acomodarme y disfrutar de los ZZ Top, éstos ya estaban machacando el “Waitin’ for the bus” y la abrasadora y limpia guitarra de Billy Gibbons permanecía siendo la maravilla que recordaba de sus discos, y el bajo de Dusty Hill y la batería de Frank Beard estaban tan ajustadas al sonido de la canción como la mejor de las secciones rítmicas que pueden ser posibles. Incluso los pequeños bailecitos y movimientos sincronizados con sus instrumentos que Billy y Dusty comenzaron a apuntar, para mantener después durante todo el concierto, eran una alegría para los ojos que les miraban… milimétricos; y es que después de cuarenta años juntos, cada uno de ellos debe saber cómo se va a mover el otro hasta en sueños.

No abandonaros el disco de “Tres Hombres”, porque, sin solución de continuidad, encadenaron el “Jesus just left Chicago” para demostrarnos cómo suenan los acordes de un blues en manos de unos tipos que ayudaron a sentar las bases del rock de los ’80 con discos como “Degüello” y “Eliminator” (éste ampliamente recordado, porque anoche hicieron hasta cinco de sus canciones) y que hoy continúan manteniendo intacto su legado.

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I’m bad, I’m nationwide”

Los primeros toques de frivolidad aparecieron con la chica que emergía de la gran pantalla del fondo del escenario para acompañar las notas de “Pincushion”, la canción “más nueva” de todas las que sonaron anoche, con sus diecisiete añitos ya cumplidos. Frank contrapunteaba perfectamente las cabalgadas guitarreras de Billy desde su gran batería, que ocupaba toda la parte central del escenario, cubierta de calaveras de arriba abajo. Y después llegó el primer intento de poner a cantar a todo el auditorio, “I’m bad… y ahora todos juntos… I’m nation wiiiiiiide”. Bueno, solamente salió regular, para qué nos vamos a engañar; no fueron demasiadas las voces que acompañaron a la de Billy, y no sería porque no habían entrado en calor, porque entre la calurosa noche cordobesa y “el calor de la música”, como previamente había apuntado Billy en un perfecto castellano, estábamos todos más que a punto… no importa, luego lo intentamos de nuevo, que ahora es el momento de rendir homenaje a los clásicos del blues. Y todo el mundo sabe que para que un blues salga perfecto hay que cantarlo con un sombrero Fedora sobre la cabeza… “a ver, ¿dónde está mi sombrero de los blues?”, preguntó Billy mirando hacia atrás, para que del backstage saliesen dos bellas azafatas, ataviadas de rojo cegador, portando entre sus manos el pedido sombrero, como si se tratase de la corona del Rey del Blues.

La señorita se lo cambió por un beso… pero dejó la otra mejilla puesta… “cierto”, dijo Billy, “que no estamos en Texas, sino en España… dos besos”. Y tras plantarlos en las mejillas ofrecidas se encasquetó el sombrero… encima de la gorra! Hasta a mí me dio más calor mientras comenzaban a sonar las notas del “Future blues” que compusiese Willie Brown en los últimos años 20. Los blues del Delta todavía suenan activos cuando se tocan con la fuerza de ZZ Top.

Y vuelta al “Degüello” con “Cheap sunglasses”“mira, Lu, la canción que has puesto en tu blog…”, fue casi la única frase que dirigí a mi amiga, porque ella es de las cabales que en los conciertos están a lo que hay que estar, y eso no es charlar con el que tiene al lado… después estábamos empezando a cogerle el tranquillo a “My head’s in Mississippi”, cuando Billy manoteó y paró la música: “bueno… mi cabeza está en Mississippi… o en Córdoba?!!”, y cuando sus dedos volvieron al mástil la canción ya se había convertido en “I need you tonight”, y precisamente esos dedos de Billy se volvieron los protagonistas absolutos del momento. En todas las enciclopedias hablan de esos guitarristas habituales en los que estás pensando como los grandes guitar-heroes del rock, y todas pasan de puntillas sobre Billy, que sin embargo es un “axeman” portentoso, que anoche nos asombraba usando su mano derecha solamente para vacilarnos y metérsela en el bolsillo, mientras desgranaba las notas de la balada de la noche solamente moviendo por el mástil los dedos de su mano izquierda… será simple efectismo, pero también resultó enormemente efectivo…

“Y ahora queremos rendir homenaje a un amigo…” mientras en la pantalla aparecía la reconocida por todos figura de Jimi Hendrix. Y se produjo la gran respuesta masiva de la gente al reconocer las primeras notas de “Hey Joe, ¿dónde coño vas con esa pistola en la mano…? Voy a matar a la guarra de mi mujer, que me la está pegando con otro tío…”, ¿importa demasiado la corrección política en un concierto de hard-rock…?

Y la sorpresa llegó para mí con la siguiente canción, un “Brown Sugar” recuperada del primer disco de la banda… cuarenta años a sus espaldas, y con ella los tíos seguían aullándole a la luna llena cordobesa como los hombres lobo que parecen ser tras los pelos que les transforman en bestias escénicas.

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“Brown sugar”

Y la marcha siguió in-crescendo con “Party on the patio”. La fiesta se desbocaba, los frenos se habían quemado. Un roadie le cambió la guitarra a Billy y parecía que las primeras notas blueseras que le arrancó a esa nueva Les Paul iban a significar una bajona, pero solo fue una falsa alarma, porque el blues lento solo sirve para poner unas pocas notas de principio y de final para “Just got paid”, en medio de ellas la tormenta vuelve a desatarse.

Un poco de calma… que hace mucha caló… Billy nos presenta al batería; en realidad no hacía falta, todos le conocíamos, pero eso le dio a éste pie para comenzar a marcar un ritmillo al que momentos después siguieron Billy y Dusty con el familiar riff con el que empieza la canción que les catapultó a la estratosfera del rock MTV: “Gimme all yout lovin’”. Comenzaba así la galopada final del set, para la que ya no abandonaron el “Eliminator”.

Las canciones del 83 siguen enormemente actuales, no así los vídeos, un tanto cutres y desfasados que las acompañan, mostrando a unas chicas de mallas ajustadas y pelo encrespado, que parecerían recién sacadas de un video de Eva Nasarre si no fuese porque no puede hacerse aerobic pintadas como monas… aunque todo eso era una clara muestra de que aunque este perenne trío de asesinos son unos intérpretes muy, pero que muy serios, tampoco se toman a sí mismos demasiado seriamente… desde ahora acompañan también en los altares de este blog a nuestros héroes iconoclastas.

Con “Sharp dressed man” el segundo intento de que todos cantásemos a coro tampoco es que saliese maravillosamente, pero a estas alturas ya no nos importaba nada en absoluto, Billy y Dusty seguían marcándose sus bailecitos de doble paso, sin perder el compás ni una sola vez, y todos disfrutábamos con ellos con esa alegría que nos da tener un corazón rebosante de rock and roll.

La sonrisa no se perdía ni aunque al coger las guitarras peludas y atacar el “Legs” notásemos una más que sospechosa subida de agudos en la voz cantante… ¿seguro que no hay truco, Billy…? El final comenzó a hacérsenos presente al contemplar todas aquellas fotos de la amplia carrera de ZZ Top. Les vimos hasta sin barbas, en aquellos primeros años 70, e incluso aparecían con Jimi Hendrix en una de las fotos, sin duda tomada antes todavía de que sacasen su primer disco, porque para cuando esto ocurrió Jimi ya nos había dejado hacía unos meses…

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“Legs”

Aunque todos sabíamos que aquello no iba a ser el final. Aún faltaban dos de las canciones que la gente en general y yo en particular estábamos esperando. La de la gente fue la que abrió los bises. “La Grange”, con sus acordes de blues ahora sí coreados por todos… se paran, Billy nos vacila otro ratito, y la retoman, aunque tras los primeros acordes se convirtió en un popurrí, por el que aparecieron el “Sloppy drunk blues” de Sonny Boy Williamson, que Billy españolizó con gritos de “Borrachoooo!!”, y un poquito del “Bar-B-Q” de su segundo disco, aquel “Rio Grande mud” de tan grato recuerdo.

Y, por supuesto, la última fue la mía, el magnífico “Tush” con el que les descubrí cuando tenía 16 ó 17 años… ahora ya tengo 54… con el micro principal cedido a Dusty y Billy haciendo que todos, los que estaban de pie y los que estaban sentados, se moviesen compulsivamente al ritmo del boogie, de los que ellos son, y serán siempre, los sultanes… los putos amos…

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“Tush”

Ochenta y nueve minutos, cortos pero intensos, que se convirtieron en otros tantos, en una fantástica reunión post-concierto en la barra del auditorio, donde todos fuimos haciéndonos partícipes de nuestra mutua alegría, tanto entre los que ya llevábamos muchas horas juntos, como entre los demás que se iban agregando al ser conocidos de unos y de otros… el Koloke encontró un alma gemela en la persona de uno de los amigos de David González, del que lamento no recordar el nombre… el Epi y yo tenemos un extraño magnetismo que hace que nos encontremos en las barras de todos los sitios a los que acudimos casualmente, por muy grandes que sean y muy llenos de gente que estén… y fui apurando los últimos minutos con mi reencontrada amiga Isabelita Barea, a la que nunca se le ha reconocido bastante todo lo que hizo por el rock sevillano de los 80 y los 90 desde las oficinas de Trilita y de los estudios Central. Diecinueve años sin vernos, y apenas hemos cambiado nada, jejeje, como se puede apreciar en esa foto de ahí arriba… cuando leas esto dale otro abrazo a Luis, al que me encantó conocer también ayer…

Y la Media Mandarina, el Yinyerbeiquer, y el señor y la señora Carrascus emprendieron el camino de vuelta a Sevilla con el plácido sabor de boca que dejan las grandes noches, y una sonrisa aún más luminosa que la luna llena que nos acompañó durante todo el camino.

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“I need you tonight”

ELECTRÓNICA BÁSICA

Las cosas que Frank Zappa hacía a finales de los años 60, ya las había estado haciendo RAYMOND SCOTT en los años 40.

Atrevido inicio para un post, ¿no es verdad?, pero es que este hombre fue un pionero del ambient y dejó un extraño legado que apenas nadie se ha ocupado de recordar. Con una errática carrera, que comenzó como director de una banda de swing de cierta fama por sus apariciones en la televisión y sus composiciones, que se usaron para toda clase de anuncios publicitarios o para ilustrar las aventuras de Bugs Bunny y del Pato Lucas… e incluso más recientemente, de los Simpsons.

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“Powerhouse”

Pero en 1957 se cansó de todo eso y se retiró al estudio musical que tenía en su casa para convertirse, de hecho, en el padre de la electrónica, así como para dar el empujón inicial en ese campo a un joven ingeniero que acogió bajo su tutela, llamado Robert Moog.

La obra musical que salía de aquellos estudios estaba entre diez y veinte años adelantada a su tiempo. Y no solo es su música la explicación para que artistas como Elvis Costello o Andy Partridge hayan señalado a Raymond Scott como un visionario del siglo XX, es que además dejó tras de sí una enorme cantidad de equipos electrónicos de fabricación casera, como la Videola, que probablemente fue el primer dispositivo diseñado para componer bandas sonoras; o un scanner de radio-frecuencias, que fue el precursor de los auto-radios que aparecieron más tarde. En casa de Raymond llegó a haber también incluso una máquina de fax muy primitiva, pero que no tuvo ningún uso porque en 1967 no había nadie más que tuviese otra…

Raymond Scott llegó a tener montado en su casa su propio estudio de investigación, que en aquel momento de finales de los 50 era la instalación más grande e importante del mundo para la creación de música electrónica. En un folleto anunciando su laboratorio de sonido para todos los que quisieran usarlo en New York, hacía una lista que incluía cuatro mesas de grabación, con nueve canales cada una de ellas; moduladores de sonido, generadores de ondas de formas variables, dispositivos de pre-programación, y generadores de ritmos electrónicos cromáticos, entre otras muchas más cosas.

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“Nescafe”

Su primer proyecto, al que puso de nombre “Karloff” podía imitar el resuello de una tos bronquial o la crepitación de un huevo al freírse; y en 1957 diseñó el Clavivox para su hija Carrie, que era un teclado portátil de tres octavas, con botones de vibrato, que imitaba el sonido de un theremin, pero que era más fácil de tocar.

Ayudando a Raymond a diseñar y a construir los instrumentos, casi en plan cadena de montaje, estaba un joven estudiante de ingeniería de la Universidad de Columbia, que se llamaba Robert Moog, y que era el pionero del sintetizador modular y de teclado.

La primera vez que vine a trabajar con Raymond vi que tenía un laboratorio inmenso en el sótano de su mansión. La habitación estaba completamente llena de racks tras racks de relés, motores, calibradores, circuitos electrónicos… él podía ponerlos en marcha y luego ir moviéndose por allí ajustando varias cosas para cambiar las pautas del sonido que se estaba produciendo. Nunca había visto nada como aquello. (Robert Moog)

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“B.C. 1675”

En la música de Raymond es difícil identificar cada instrumento; parece bastante claro que las melodías estaban interpretadas con el Ondioline o el Clavivox, e incluso se puede apreciar un primitivo Electronium a partir de las que grabó en los años 70, que fue cuando lo desarrolló. Este Electronium era una máquina que podía ir interpretando la música a medida que se iba componiendo, y en realidad partía de componentes ya diseñados por Moog; según un reportaje periodístico de la época, aquello “se parecía más al panel de instrumentos de una cápsula espacial, con luces que flasheaban y todo el panel brillando con una luz naranja…”.

Otra de las invenciones de Raymond que usaba mucho en aquel tiempo era un secuenciador basado en una vieja centralita telefónica analógica. Según Moog sería justo decir que Raymond construyó el secuenciador más grande del mundo, la instalación ocupaba entera una de las habitaciones del sótano.

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“The wild piece”

A pesar del velo de secretismo con que Raymond comenzó a cubrir a sus criaturas electrónicas, debido a su cada vez mayor estado de paranoia, lo que era capaz de hacer el Electronium corrió de boca en boca, y Berry Gordy, el gran jefe de la Motown, se presentó en casa de Raymond con una flota de seis limousinas, y quedó tan impresionado con todo lo que vio por allí que le nombró Director de Investigación y Desarrollo de la Motown, instalándole en un gran garaje de Los Angeles, que Raymond ocupó desde 1972 a 1977.

Pero aquello en realidad no funcionó muy bien. Sobre todo porque Berry Gordy, una vez disipado el entusiasmo inicial, estaba más interesado en hacer películas con Diana Ross, por lo que Raymond se volvió a su casa, donde llegó a grabar cientos de cintas experimentales con el Electronium.

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“Twilight in Turkey”

Raymond murió en 1994 olvidado por todo el mundo. Aunque cuarenta años después de sus comienzos juntos Robert Moog todavía le agradecía la influencia que tuvo en su carrera. Raymond tenía una intuición brillante, y cualquier cosa que imaginaba, a través de experimentos y más experimentos, era capaz de llevarla a la práctica y obtener los resultados que deseaba. Eso se refleja fielmente en unas palabras que le dijo a Moog: “Tu problema es que crees que solamente pensando en algo, eso ya va a estar hecho”. Y seguramente gracias a esa pequeña frase, mitad bronca, mitad consejo, Moog fue capaz de desarrollar su sintetizador, que todavía hoy es parte intrínseca de la banda sonora de la vida moderna.

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“Take me your violin teacher”

AVE MARÍA PURÍSIMA…

Era el 30 de octubre de 1968. Y era en Utica, una pequeña comunidad compuesta en su mayoría por familias de granjeros que estaba solamente a treinta kilómetros al norte de Detroit. Todo estaba preparado para el anual baile de Halloween.

Tendría lugar en el colegio St. Lawrence, un lugar pequeñito, de apenas 300 estudiantes, donde imperaba la costumbre de que los chavales del último curso, que ya iban a dejar el colegio tras su finalización, organizasen actividades tales como lavados masivos de coches de los vecinos, ventas de tartas caseras, con las que recaudar fondos para la parroquia local, cuyas hermanitas en Cristo eran las encargadas de impartir educación al alumnado..

Pero algunos estudiantes del último curso de este año eran bastante más rockerillos y querían aprovechar el baile de Halloween para esta recaudación. En aquel tiempo, en las áreas urbanas más cercanas a este pueblo solía haber al menos diez o doce grupos de garaje que tocaban en clubs juveniles, fiestas y bailes… pero nuestros amigos quisieron picar más alto: decidieron contratar a una banda que acababa de firmar con el sello Elektra y aunque ya comenzaba a hacerse famosa, pero aún no lo era tanto como para que pidiesen mucho dinero por sus conciertos… los MC5.

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“Ramblin’ Rose”

Llegaron a un acuerdo por 300 dólares con el manager del grupo, el posteriormente célebre John Sinclair… seguramente todos recordaréis lo que ocurrió con él diez años más tarde; aquello que John Lennon inmortalizó en su canción sobre él, que contenía aquel verso de “they gave him ten for two”, refiriéndose a que le echaron diez años de cárcel por dos porros…

Otra cosa que atraía a los estudiantes con esto era el sentimiento de que estaban engañando a las monjitas dominicas que ejercían de profesoras de la escuela bajo la atenta mirada pastoral del monseñor que tenían como superior.

Y así se formó el comité para promocionar el concierto en el baile. Los elegidos para ello inundaron los pueblos cercanos con flyers y posters caseros… Rochester, Troy, Clawson, para invitar a los universitarios que las poblaban, y Center Line, Warren, Hamtrarnick, para que también acudiesen los más paletillos…

En realidad ninguno de los organizadores esperaba una gran cosa, si acaso divertirse y cubrir gastos, o incluso ganar un poco de dinero con el que justificarse ante las monjitas. Imagínate entonces su sorpresa cuando la tarde del día del concierto empezaron a llegar coches y más coches, hasta llenar por completo el parking y formarse una cola ante la taquilla de más de cien personas. Y todavía seguían llegando coches, así que a 3 dólares con cincuenta la entrada, en poco tiempo tenían ya más de 900, en billetes pequeños, en la caja de puros que habían improvisado para ir guardando la recaudación. Y como no habían previsto ninguna clase de seguridad tuvieron que acudir a las monjas, para que se guardasen los billetes entre sus sagrados hábitos, para mantenerlos a salvo de los que tuviesen las manos demasiado largas.

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“Rocket reducer nº 62”

Mientras solucionaban estos pequeños problemas de intendencia, nuestros amigos se encontraron con que algunas crisis más se estaban desarrollando en los vestuarios, arreglados para que fuesen los camerinos de la banda. Los músicos se habían traído con ellos a sus novias y a todo un surtido de hippies y tipos raros, ante los que no se cortaban a la hora de desnudarse y cambiarse de ropa para actuar… y además para complicarlo todo estaba también el extraño olorcillo de ese humo que emanaba del interior… la verdad es que Sor María y Sor Josefina no estaban nada contentas con ese comportamiento…

Así que nuestros amigos tuvieron que pedirles educadamente a todas las mujeres que había en el interior de los camerinos que saliesen de él mientras los hombres se cambiaban, cosa que hicieron, pero no sin antes haberse partido el culo de risa. También se las apañaron bien los chavales para explicarles a las mosqueadas monjitas que todo aquel oloroso humo era porque los músicos tenían la costumbre de quemar incienso antes de sus conciertos para crear una “atmósfera apropiada”. Las cándidas monjas se lo creyeron y así pudo evitarse la crisis… era el momento de centrar toda la atención en el concierto, que ya estaba próximo.

Porque, como buenos degustadores de discos de rock, todos nuestros amigos sabían que el plato fuerte de los MC5 era su canción “Kick out the jams”, la cual comenzaba su letra con aquello de “kick out the jams motherfuckers!!”… algo de difícil traducción, pero que podría ser más o menos “vamos a por todas hijoputas!!”… una frase muy poco apropiada para emplearla en aquella escuela religiosa. Por eso hablaron con el cantante, Rob Tyner, para que se autocensurase un poco y, al contrario que solía hacer en todos los conciertos, no cantase la letra tal cual, sino tal como la grabaron en la versión del single, sustituyendo el “motherfuckers” por un más moderado “brothers and sisters”. Sin embargo, no se habían puesto de acuerdo con él cuando ya llegó la hora de empezar.

Así que allá estaban los organizadores, entre los demás espectadores, junto a tres o cuatro de las monjas, esperando a que los MC5 causaran su expulsión y su desgracia, y que los convirtiesen para siempre en leyendas a ojos de sus compañeros de escuela, cuando Rob avanzó ferozmente hacia el micro, lo cogió y gritó… “Kick out the jams… mother superior!!”.

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“Kick out the jams”

Después de todo, la fiesta terminó muy bien, y los beneficios para las monjitas fueron de 2.500 dólares… muchísimo más que los 175 que habían recaudado los catetillos del año anterior con sus tartas.

Y seguramente os interesará a todos saber que las dos noches siguientes a que ocurriese esto que os he contado, los MC5 las emplearon en tocar en el Grandee Ballroom de Detroit, grabando sus canciones para después seleccionarlas y editarlas tal como las habéis escuchado en este post, formando parte de su mítico primer disco. Y el resto, como suelo decir, es historia sobradamente conocida.

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“Come together”

LA ESTRELLA QUE NO BRILLABA

De todos los discos esotéricos que se editaron en Straight Records, el sello de Frank Zappa y de su manager Herb Cohen, a finales de los años 60, prácticamente solo se recuerda hoy el “Trout mask replica” de Captain Beefheart. Sin embargo en ese sello hubo bastantes más talentos, como Alice Cooper; The GTO´s, que era un grupo que formaron algunas goupies famosas; Jeff Simon, el futuro bajista de Zappa; Tim Dawe, un cantante y compositor que anduvo asociado con los Iron Butterfly de los que hablamos aquí hace muy poco; el legendario Tim Buckley… y un tipo que había sido miembro de los Lovin’ Spoonful, JERRY YESTER, que junto a su esposa JUDY HENSAKE crearon un disco atemporal e injustamente olvidado, del que nos vamos a ocupar en este post.

El disco se llamaba “Farewell Aldebaran”, y tenía diez canciones, con la letra y la voz principal de Judy y la música de Jerry, que iban desde el rock más surrealista hasta las parodias del bubblegum, pasando por el folk medieval y las composiciones de vanguardia inspiradas más en Stockhausen y Sun Ra que en el pop psicodélico que hacía antes con los Spoonful.

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“Farewell Aldebaran”

La pareja se conoció en 1962, cuando Jerry estaba en la cresta de la ola como cantante, con su potente y distintiva voz, y Judy actuaba como corista temporera de la banda que le acompañaba. Posteriormente Jerry se unió al Modern Folk Quartet y Judy firmó un contrato con el sello Elektra, donde grabó varios discos como cantante solista, producidos por su manager Herb Cohen… incluso tuvo algo parecido a un éxito con la canción “High flying bird”, que después se hizo muy conocida por la versión que hicieron los Jefferson Airplane. Jerry entonces prefirió abandonar al cuarteto de folk para concentrarse en escribir canciones para Judy, ahora conocida como “la reina de los beatnicks”.

Fue una etapa muy buena para los dos, llena de magia creativa, que hizo que los Lovin’ Spoonful se fijasen en Jerry y le invitasen a unirse a ellos. Así lo hizo, lo que Judy aprovechó para retirarse del negocio musical y dedicarse a llevar tranquilamente su embarazo. Se convirtió en una ama de casa neoyorquina mientras su marido disfrutaba del éxito en su nueva banda y escribía más canciones que nunca.

Pero nada dura para siempre, y los Lovin’ Spoonful terminaron separándose, así que Herb Cohen les sugirió al feliz matrimonio que se mudasen a California, donde podrían grabar en el sello que había echado a rodar junto a Zappa. Jerry era fan de Zappa, y a Zappa le gustabann los Spoonful, así que no hubo mucho más que pensar ni que hablar…

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“Snowblind”

Con ayuda como co-productor de su colega en los Spoonful, Zal Yanovsky, Jerry y Judy comenzaron a injertar carne musical que envolviese los huesos de las canciones que ya traían escritas, contando para ello con una gran banda de músicos de sesión y una orquesta del estilo de las del Ejército de Salvación. Lo primero que grabaron fue el poderoso “Snowblind”, con esa lacerante guitarra, que es testimonio de lo que era capaz de hacer una formación tan experimentada… ahí puedes oír, además de la voz de Judy y de la rítmica de Jerry, la guitarra solista de Zal Yanovsky y la batería de Larry Beckett, antiguo miembro de la banda de Tim Buckley… la canción comenzó siendo una especie de minué, pero a medida que la iban orquestando e iba cambiando de sonido fue la propia Judy la que dijo: “qué hostias… si la canción quiere ser un blues, pues dejemos que sea un blues…”

También supieron aprovechar las nuevas técnicas de los estudios de grabación (no os había dicho todavía que estamos a principios de 1969) para crear la voz apocalíptica que servía para que un imaginario invasor interplanetario, el asteroide en llamas del “Farewell Aldebaran” que también escuchasteis antes, nos contara su historia… como la de éste, las trayectorias del pop y del rock entraban en una órbita musical totalmente diferente.

Jerry fue también en esa canción uno de los primeros intérpretes en usar un sintetizador Moog, que fue llevado al estudio por el propio Paul Beaver, uno de los pioneros de la música electrónica con el uso de este sintetizador.

Y a esta otra pieza… ¿podríamos llamarla pop barroco…?

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“The three ravens”

Pero a pesar de que los críticos pusieron al disco por las nubes, éste cayó a tierra de forma estrepitosa. Judy y Jerry terminaron tan afectados por el fracaso que el desencanto incluso se extendió a su vida personal. Los dos juntos dieron forma al grupo Rosebud, en un intento de canalizar las inquietudes musicales que aún compartían, pero el proyecto duró muy poco y sobrevino el colapso matrimonial que hizo que separasen sus caminos.

Jerry contaba en una entrevista un incidente irónicamente cruel que ilustra lo cerca que llegaron a estar del éxito con esta nueva banda:

Yo estaba saliendo del parking de la Warner cuando uno de sus ejecutivos principales, Mo Ostin, llegaba a su coche, que estaba a mi lado. “Oye, vuestro disco nos gusta un montonazo… vamos a darle un gran empujón…”, me dijo. Yo bajé la mirada y le dije: “Judy y yo acabamos de romper”. Él me dijo: “Vaya, lamento oír eso…”, y se metió en su coche y se marchó. Eso fue todo, no quiso apoyar algo que era tan tenue. La cosa murió antes de poder hacer algo con ella.

Judy se casó con Craig Doerge, el teclista de Rosebud. Jerry con el tiempo también volvió a casarse y se dedicó a la producción discográfica, comenzando su nueva carrera en discos de Aztec Two Steps para el sello Elektra y de Tom Waits para su manager y amigo Herb Cohen. Y en esas continuó; por sus manos pasaron las obras de Gavin Coyle, un cantante irlandés; de No Neck Blues Band, un grupo de avant-rock de New York; de Forq, una curiosa banda que formaron algunos antiguos Loovin Spoonful con sus hijas… actualmente se dedica de nuevo a cantar en solitario, sin moverse demasiado de los alrededores de Arkansas, donde reside ahora.

Judy, tras su segundo matrimonio, volvió a retirarse como ama de casa, aunque nunca dejó de escribir canciones, e incluso ya convertida en una ancianita aburrida cercana a los setenta años volvió a meterse en los estudios para grabar dos nuevos discos que se editaron a caballo del siglo pasado y el actual…

…su obra conjunta, este “Farewell Aldebaran”, mientras tanto, ni siquiera llegó a poder ser considerada una obra de culto, y permanece aún esperando que las nuevas generaciones de oyentes la descubran, antes de pasarse de madura y pudrirse. Pero no nos vamos a poner aquí melodramáticos, mejor nos despedimos con la canción más alegre del disco, con un poquito de sunshine-pop…

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“Horses on a stick”

THE GOOD LOOKING CORPSE

En días como éste de hoy es cuando me suelo acordar de Sid Vicious, del que ya he dicho por aquí que nació el mismo día que yo, pero que muy al contrario de mí, ya no puede disfrutar de las cervezas bien frías ni de otros placeres pequeños y mundanos como ése. Estoy de acuerdo con todo el mundo en que él será reconocido por el resto de la humanidad durante mucho tiempo y yo no. Pero yo nunca le pillé el punto a que a cambio de eso uno tuviese que vivir rápido y dejar un bonito cadáver.

Y me suelo acordar en días como éste, porque hoy hace cuarenta años que murió uno de los grandes iconos del rock.

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“Touch me”

La mórbida fascinación con las estrellas del rock muertas continúa cautivando a la gente. Nuestro protagonista maldito portaba todas las cargas habituales: Jim Morrison sufrió abusos cuando era un niño y tuvo una juventud difícil, le abrumaba el peso de la fama, su genialidad pasaba mucha veces a locura… Y en aquel telón de fondo de los años ’60 se une a Pamela, una novia anoréxica casi tan problemática como él mismo; la historia estaba servida: seductor y melancólico astro del rock conoce a su pareja de cabellos flamígeros y cósmicos, y desde ese momento la autoaniquilación que hacían por separado de sus vidas se multiplica. Juntos comienzan con la hierba, después pasan al ácido y después terminan chutándose para poder permanecer juntos y comenzar todo el ciclo de nuevo. Así eran sus días.

Pobre viejo Jim. Y además él tenía una enzima de menos que implicaba que no era capaz de metabolizar el alcohol apropiadamente. Después de algunas horas bebiendo se transformaba en un odioso Mr. Hyde, que se ridiculizaba a sí mismo y se meaba en las botellas que se había bebido. Nunca se cambiaba de calzoncillos, y tenía que ser Pamela quien se los quitase aprovechando que se quedaba durmiendo sus agonías.

Las interpretaciones de Jim en los escenarios se convirtieron en penosas parodias; la desintegración de los Doors se convirtió en algo inevitable. Hinchado por el alcohol, saturado por las mujeres, enloquecido por la fama, la estrella de pacotilla en que se convirtió y su compañera abandonaron Los Angeles para intentar un nuevo comienzo en París. Y el negro final fue allí de todos conocido.

Porque el final no fue nada deslumbrante. Olvídate de la mística de los asesinatos misteriosos, de las sobredosis, de las teorías conspiratorias para encubrir su fallecimiento… lo más seguro es que lo que mató a Jim Morrison fuese el asma.

Que prosaico, ¿no?

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“The end”