L’ESPANYA DE XARANGA I BARRETINA

En las anteriores entradas que habíamos dedicado a contar el nacimiento del rock en diferentes puntos de España, diferenciados por sus situaciones sociales y económicas, no habíamos profundizado todavía en cómo surgió el movimiento conocido como ROC CATALÁ.

Si comparamos la forma en que este fenómeno surgió en la ciudad condal encontraremos algunas similitudes con la forma en que surgió en Sevilla y sus alrededores el rock andaluz, pero también algunas diferencias importantes. Al igual que ocurrió en Sevilla, en Barcelona no surgieron los grupos de rock de la noche a la mañana, allí ya había un trasfondo musical importante mantenido por los músicos de la Nova Cançó, que si bien hacían una música que nada tenía que ver con el rock, pero podemos considerarlo el semillero de los músicos del roc catalá… Sisa, Albert Batiste, Pau Riba… mucho más que todas aquellas bandas primeras, bastante más cercanas al rock, de las que ya hemos hablado por aquí: Sirex, Mustang, Salvajes, Lone Star… en lo que respecta al roc catalá ninguna de estas bandas sirvió para nada.

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Sisa – “Carrer”

El punto de partida podemos situarlo en la editora Els quatre vents, fundada por Angel Fábregas, en la que creció y se popularizó el Grup de Folk, que aunque llegaron a convertirse en los mayores contestatarios y revolucionarios de la cultura ortodoxa venían de unos principios tan católicos como el movimiento diocesano y los boy-scouts catalanes. La base del trabajo que hacían estos cantantes folkies se nutría de canciones americanas de Bob Dylan, Joan Baez, Pete Seeger, traducidas al catalán, que posteriormente, gracias sobre todo a Pau Riba y María del Mar Bonet, se fueron cambiando por canciones tradicionales, unas veces respetando la forma en que siempre se habían cantado en Cataluña y otras veces cambiadas en su forma y letra para molestar a esa cultura ortodoxa que antes mencionábamos.

El folk que practicaban todos estos músicos era, en realidad, una evolución de sus ideas anteriores; y como las ideas como mejor se desarrollan es siguiendo en su evolución, el siguiente estado en el que se encontraron todos estaba ya más cercano al rock que al folk. La primera experiencia que podemos llamar rockera fue el lanzamiento de Sisa, con su música ya electrificada, y con los teclados y arreglos de Enrique Herrera, que se convirtió en el personaje principal de todos los discos nuevos que iban sacando las bandas, hasta que se decidió a reunir a tres colegas más y formar la suya propia en 1969. Así nació Màquina!

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Màquina! – “Earth’s daughter”

Y ésta fue en Barcelona, como ocurriese también en Sevilla con Smash, la banda singular que aglutinó las posturas vitales de los jóvenes rockeros. Y aunque Smash subvertió los conceptos de estos jóvenes a través de lo que hicieron con su música, en realidad lo mejor de Màquina! fue lo que nunca llegó a hacer: cantar en castellano en un programa hortera de televisión española dirigido por Valerio Lazarov. Porque Màquina! fue un grupo en el que la profesionalidad nunca brilló más que por su ausencia, lo que les hizo incumplir multitud de contratos y no gozar jamás de ningún éxito popular. Al contrario que lo que ocurrió con Smash, a ellos prácticamente no les había escuchado nadie, su prestigio les llegó por otra vía…

Porque cuando Lazarov mandó llamar a Màquina! para grabar en los estudios madrileños de Prado del Rey, y exigirles además que cantaran en castellano, lo único que consiguió fue hacer germinar una conciencia de clase que terminó por convertirse en el movimiento de música popular más fuerte de la España de aquellos tiempos. Con la negativa de Màquina! a hacer aquello, en Barcelona ya no solo no se iba a hacer rock adulterado en castellano, sino que ni siquiera se iba a hacer rock. Desde aquel otoño de 1970 los músicos más concienciados de aquella ciudad iban a hacer la música que sentían, tal como la sentían… iban a hacer roc catalá. O al menos iban a poner las primeras piedras para comenzar a edificarlo y comenzó a tomar cuerpo de la mano de Música Dispersa, Agua de Regaliz, Vértice, Cerebrum, Crac, Om…

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Pau Riba – “Rosa d’abril (l’amor s’hi posa)”

Hace siete u ocho meses que todas las presiones externas a mi creación, los líos de censura, la precariedad de las actuaciones y los consejos para hacer discos me los paso por los cojones. Quiero hacer las canciones que me gustan, con las letras que me vengan en gana y la música que me interesen. Y las cantaré como yo entienda que deba hacerlo. ¿Que no me pasan la censura? Mala suerte. ¿Que la casa de discos no se arriesga a grabarla? Mala suerte, ¿Que Fulano de Tal no quiere oírme? Mala suerte. ¿Que nadie quiere contratarme para actuar? Pues mala suerte… (PAU RIBA)

Y en esos siete u ocho meses, Pau Riba no actuó ni una vez, claro. Pero los músicos tomaron conciencia de clase, sintieron la necesidad de expresarse en su propio idioma, bajo una cultura propia y dentro de un contexto autóctono muy definido. Rompieron definitivamente con la interpretación de versiones y ahondaron en el folklore propio; los grupos de barrio que hacían cançó también se electrificaron, se unieron, contrastaron opiniones y criterios… y al ser Barcelona una ciudad innegablemente con más influencias europeas que el resto de las ciudades españolas, podía poner sus ojos más allá de Perpiñán y tener más accesibilidad a las fuentes musicales originales. Eso posibilitó que los nuevos grupos de rock pudiesen dejar de basarse en los patrones consumistas y bebiesen directamente de los artistas más interesantes tanto creativa como técnicamente… Miles Davis, Weather Report, Traffic, Yes, Larry Coryell, John McLaughlin… el camino que seguían los músicos progresivos catalanes era paralelo al que seguían los músicos del resto del mundo, con la diferencia de que en lugar de apartarse del jazz para avanzar por el rock, aquí abandonaban el folk de toda la vida para madurar en el rock… bueno, en el roc.

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Música Dispersa – “Arcano”

De todas formas, al igual que en el resto de España, las movilizaciones rockeras seguían siendo una cosa minoritaria; en plena efervescencia del movimiento underground, el disco que más se vendió en España en 1970 fue “Un rayo de sol” de Los Diablos. Y los catalanes, además, tuvieron que enfrentarse a otro obstáculo, colocado en su camino por el resto de las compañías discográficas del país, que para aprovechar el tirón de las buenas bandas que estaban saliendo a flote con una credibilidad musical basada en adaptar lo que hacían los grandes del rock en el extranjero, decidió inundar el mercado español con todos los discos originales de esas bandas, que hasta ahora habían estado inéditos aquí. La gente del resto de España, pues, prefirió gastarse su dinero en discos de Santana, Chicago, Blood Sweat & Tears, Simon & Garfunkel, Bob Dylan, y sobre todo en un disco de referencia para todos los que andamos ya con la cincuentena pasada, que se podía comprar a precio normal aunque fuese doble, y que por eso teníamos todos en nuestras casas; se llamaba “Llena tu cabeza de rock” y reunía una grandísima muestra de todos los grupos y artistas progresivos americanos. Con él descubrimos nuevos mundos casi todos los jóvenes rockeros del país, y dejamos de lado el camino que comenzaron los catalanes.

Pero allí, en Barcelona, resistieron bien el tirón; y aunque en los conciertos, los festivales, las salas, se reunía también siempre la misma gente, allí, seguramente como consecuencia de la costumbre y de las raíces del folk, el número de personas que se metió de lleno en el roc catalá creció de forma exponencial, y en el escaso tiempo de cinco años, cuando el festival de “Seis horas de cançó” de Canet abrió paso al primer festival de “Canet Roc”, en él se reunieron cincuenta mil personas, toda una fuerza popular que no estaba allí atraída por ningún grupo estrella extranjero que pudiese justificar aquel poder de convocatoria; no, allí solo había grupos catalanes sirviendo de catalizadores de toda aquella fuerza… Iceberg, la Companya Electrica Dharma, Ia & Batiste, Oriol Tramvia, la Orquesta Platería, la Mirasol… bueno, sí que hubo dos actuaciones de artistas que no eran catalanes, pero eran artistas que habían vivido las mismas circunstancias vitales que éstos y eran perfectamente asimilables: Gualberto y Lole y Manuel, pero que incluso con ese pedigrí fueron los más incomprendidos, subvalorados y fuera de lugar de todo el festival.

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Iceberg – “La flamenca eléctrica”

Posiblemente los catalanes también padecieron esa mala costumbre española de mirarse demasiado el ombligo, y con la euforia y las ganas de vender el roc catalá comenzaron a lanzarse al mercado discográfico una serie de grabaciones de muy floja calidad que en el resto de España comenzaron a rechazar, sobre todo porque los medios que más se ocupaban de la cultura underground de aquella época se empeñaban en identificar la identidad del rock español con la del roc catalá, dejando de lado las sombras, la impotencia, la dispersión y la renuncia que acechaban al movimiento en su crecida. La carta que me publicó el Vibraciones y que Luis Clemente reprodujo en su libro sobre el rock sevillano fue solo una pequeñísima gota en un mar de quejas, y desde Madrid también se echaba constantemente en cara a Barcelona el desdén hacia los trabajos que no saliesen de allí.

La contestación, aparte de la que me hizo a mí Claudí Montañá (y perdón por personalizar, pero es testimonio de primera mano) sobre que “en Catalunya se hace la mejor música de todo el estado español” también tuvo órdagos como el último punto de la carta que los responsables de la sala Zeleste, con la firma de un gran número de músicos del roc catalá, dirigió a la prensa de entonces:

Exigimos una crítica musical inteligente y culta, que se deje de tratar al movimiento musical de Barcelona como un género de subnormales. El nivel técnico y creativo, la seriedad y profesionalidad de nuestros músicos y la cultura de nuestro pueblo se lo merecen.

Ya veis, pocos y mal avenidos… quizás todo el problema radicase en ver este fenómeno como divagaciones lingüísticas y nacionalistas en lugar de verlo como caudal de sentimientos; al fin y al cabo el rock es algo que no se puede definir, ni explicar; el rock, además de esa cosa que cada dos o tres meses algún enteraíllo dice que se está muriendo, es lo que tú y yo sentimos cuando escuchamos esa música que te abre los labios en una sonrisa o te los tuerce en un gesto de indignación. Eso es el rock… o el roc.

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Companya Elèctrica Dharma – “Ball llunàtic-toc”

LOS COLORES DEL ARCO IRIS

Judy Garland había muerto hacía unos días. Un icono se había ido para siempre. La chica que nos prometía tiempos mejores al final del arco iris había fallecido en Inglaterra el día 22 de junio de 1969, cuando solo contaba con 47 años de edad. Fue encontrada sin vida en el piso que tenía alquilado en Londres.

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Judy Garland – “Over the rainbow”

A pesar de que Judy estaba continuamente luchando con sus problemas de salud y que sus deudas ascendían ya a más de un millón de libras, su desaparición parecía increíble. Pero la realidad golpeó a todos sus compatriotas cuando unos días después el cuerpo de la diva llegó volando desde Inglaterra hasta Nueva York, para reposar en la funeraria de la Avenida Madison, esquina con la 81, donde 22.000 personas desfilaron delante de su ataúd abierto durante las siguientes 24 horas. Previamente a su entierro, el día 27, se ofició una ceremonia fúnebre a la que asistieron dolientes como Frank Sinatra, Yip Harburg (el autor de “Over the rainbow”) o James Mason, que fue quien leyó el panegírico.

Mientras eso ocurría algunos gays acudieron al Stonewall Inn, en el Greenwich Village, para beber, bailar y celebrar su recuerdo. Pero la policía hizo una redada, golpeó a los dueños del local y detuvo a los clientes para determinar que eran hombres. Hubo rumores de que la policía había acudido a cerrar el Stonewall por vender alcohol sin licencia y que todo se les fue de las manos. Pero el caso es que los gays decidieron que ya estaba bien de marginación y maltrato, y se rebelaron contra la ley que le imponían. Jayne County, en su autobiografía titulada “Lo suficientemente hombre para ser una mujer”, cuenta como Peaches y Marcia, dos de las reinas de la calle más guerrilleras, se pusieron realmente furiosas y cerraron la puerta del Stonewall, apilaron un montón de basura contra ella, y le pegaron fuego mientras los policías estaban todavía dentro. Aquello provocó que todavía apareciesen más coches de policía, y los disturbios se multiplicasen.

Todos los vecinos del Village se pusieron de parte de los sublevados, y se organizó una marcha en la que todos los gays, lesbianas y travestís iban cantando mientras lanzaban besos a los policías vestidos con todas sus armas antidisturbios.

El enfrentamiento principal solamente duró un par de horas, bastante adelantada ya la madrugada del día 28, y la policía, que sufrió cuatro heridos entre sus miembros, realizó trece detenciones. Los gays suponían que la policía había asaltado el Stonewall porque no habían recibido sus habituales “mordidas”. Y que los polis confiscasen la caja registradora pareció confirmar que su interés era puramente económico.

Pero cualquiera que fuese la razón, por primera vez los gays se unieron para protestar. Y por esa causa el 28 de junio fue designado como el DIA DEL ORGULLO GAY.

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Plushgun – “Dancing in a minefields”

…y bailamos en un campo de minas con una botella de whiskey.

Hacemos ruidos con juguetes eléctricos,
y hay chicos besando a otros chicos
en el momento en que llegan los policías.
Y nos empujan, y nosotros les empujamos a ellos.
Sí, mantenemos nuestro lugar en su moralidad de policía estatal.
Nos echan a patadas y volveremos de nuevo, esta noche si no ahora…

REWIND

¿No estaría bien que nuestra vida también se pudiese rebobinar…?

2011

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The pains of being pure at heart – “Belong”

2007

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Deerhunter – “Spring hall convert”

2004

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Franz Ferdinand – “Take me out”

1999

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Mercromina – “Evolution”

1993

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R.E.M. – “the sidewinder sleeps tonight”

1989

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Compañía Malpaso – “El trip de las 5”

1984

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Nacha Pop – “Lucha de gigantes”

1982

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Fischer Z – “Marliese”

1979

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Blondie – “11:59”

1976

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Bruce Springsteen – “Backstreets”

1973

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David Bowie – “The Jean Genie”

1970

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Pink Floyd – “Careful with that axe, Eugene”

1967

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Bob Dylan – “Like a rolling stone”

1964

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The Beatles – “She loves you”

1961

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The Teen Tops – “Popotitos”

1958

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Gloria Lasso – “Luna de miel”

LAS LARGAS ALAS DE LA MARIPOSA

Hoy hace 43 años que el mundo del rock vivió una pequeña revolución. Ese día se editó un disco con una canción que distaba mucho de la duración convencional de las piezas que hasta entonces habíamos conocido. Quizás ese fue el factor que marcó que tuviese tan inmenso éxito en su tiempo, más que su propia calidad o la de los miembros de la banda que la compuso y la interpretaba.

La formación original de IRON BUTTERFLY (el cantante y teclista Doug Ingle, el guitarra Danny Weis, el bajo Jerry Penrod y el batería Ron Bushy) ya se había labrado una buena reputación en el circuito de clubs de Los Angeles antes de que se fijaran en ellos Charles Greene y Brian Stone, managers de Buffalo Springfield y Sonny and Cher, y al olor del dinero decidiesen representarlos también a ellos.

Así que se presentaron en su enorme limusina, les atiborraron de comida y bebida, les dieron una buena charla y les convencieron de que firmasen un contrato con ellos, a pesar de que Neil Young les aconsejó que no lo hiciesen.

Y bien que tuvieron tiempo de arrepentirse porque lo que ellos pensaban que sería un éxito rápido se convirtió en una lenta agonía. Su primer disco, “Heavy”, languideció en los cajones del sello discográfico Atco durante prácticamente un año, algo que no pudieron aguantar la mitad de los miembros del grupo. Danny y Jerry se separaron de la banda antes de que se confirmase una fecha de edición para el disco, y fueron reemplazados por el bajista Lee Dorman y por el jovencísimo guitarrista Erik Brounn.

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“Iron Butterfly theme”
(Del “Heavy”)

Por fin la discográfica decidió que el grupo tenía con la nueva formación potencial suficiente y les editó el disco en marzo de 1968, metiéndoles además en una gira con los Doors y Jefferson Airplane.

Y precisamente una noche de éstas en las que teloneaban a los Jefferson fue cuando decidieron revelar una nueva canción que habían compuesto: “In-a-gadda-da-vida”. Una canción que nació como una balada country sin que estuviese planeado de antemano que se convirtiese en aquella enorme pieza épica que llegó a ser; comenzó siendo una canción normal de cuatro minutos y medio… hasta que los solos se fueron alargando… y alargando. La banda dice que en realidad la canción, tal como la conocimos todos grabada en el disco, era una versión corta…

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“In-a-gadda-da-vida”
(Versión original)

Cuando la gira pasó por New York, los Iron Butterfly se metieron en los estudios Ultra-Sonic, de Long Island, para grabar durante unos días de descanso que tuvieron. El ingeniero que les asistió en la grabación fue Don Casale (conocido por sus trabajos con Vanilla Fudge o los Rascals), pero su trabajo aquí nunca fue acreditado. Lo cierto es que la grabación de “In-a-gadda-da-vida” se hizo en una sola toma y sin que la banda supiese que Don les estaba grabando; fue cosa de magia que saliese así. Cuando bastante tiempo después por fin llegó Jim Hilton, el ingeniero y productor que realmente se llevó el crédito, excusándose… “lo siento chicos, llego tarde… el tráfico, ya sabéis…”, los del grupo le dijeron que querían usar esa toma para el disco.

A los de la discográfica no les hizo ni pizca de gracia, y no dejaron de protestar por la excesiva longitud de la canción. Pero a la banda esas protestas le importaron muy poco y se mantuvieron en sus trece diciéndoles que así es como ellos eran, y que esa canción, tal como estaba, era lo que mejor les representaba.

De forma irónica, las limitaciones financieras funcionaron a favor de Iron Butterfly, porque con el presupuesto para el próximo disco ya casi gastado del todo Jim Hilton tenía pocas posibilidades de rechazar esta canción y ponerse a grabar otras más. Así que aunque los ejecutivos de Atlantic Records no veían nada clara esa jugada de que una sola canción ocupase toda una cara de un LP, el manager del grupo les terminó de convencer.

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“Are you happy?”
(Del “In-a-gadda-da-vida”)

El disco “In-a-gadda-da-vida” tuvo éxito inmediatamente en el mercado underground nada más editarse en el mes de junio, ayudada en gran parte por el extrañísimo título de la canción que le daba su nombre. Entró en las listas de Billboard el 20 de julio y se quedó en ellas durante 140 semanas, convirtiéndose en el disco más vendido de todo el catálogo del sello Atlantic.

El éxito de “In-a-gadda-da-vida” como single también tuvo una curiosa historia, marcada por el comercialismo más descarado. Porque aunque vendieron muchos discos, pero Iron Butterfly no fueron conocidos a escala nacional, y mucho menos internacional, hasta que un disc-jockey de una emisora de radio de Detroit no puso un trozo de la canción en su programa, en el que le permitían poner bandas de heavy metal (…desde aquí oigo rechinar los dientes de la peña integrista…). Eso fue al principio, porque después no le permitieron poner más la canción si no tenía una versión más corta. Así que él mismo se ocupó de cortar y pegar por aquí y por allá y se fabricó esa versión más editada. Y se la envió a la gente de Atlantic Records para ver si la aprobaban. Y no solo la aprobaron, sino que fabricaron un montón de miles de singles con aquella versión. Y los Iron Butterfly ni se enteraron. Fue una decisión estrictamente comercial, para ganar más dinero.

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“In-a-gadda-da-vida”
(Versión single)

A pesar del éxito de “In-a-gadda-da-vida”, el siguiente disco de la banda, “Ball”, no llevaba ningún potencial himno épico, resultando ser un disco más conservador, de nueve canciones, ninguna de las cuales sobrepasaba los seis minutos. De todas formas entró también en el Top 10 de los discos más vendidos debido al tirón que todavía tenía el anterior.

Pero fue entonces cuando se desarrolló la primera gran grieta en el interior de la banda. El guitarra Erik Braunn no aguantaba al cantante Doug Ingle, que se sentía en cierta forma el líder del grupo y quería que las cosas se hiciesen solamente a su manera, por lo que hubo reparto de hostias entre los dos más de una vez. Al final terminaron por hacer salir a Erik del grupo y sustituirle por Mike Pinera, que fuese guitarra de los Blues Image, y por Rhino Reinhardt, que venía de los Second Coming, la banda que precedió a los Allman Brothers.

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“Real fright”
(Del “Ball”)

Así grabaron el siguiente disco, “Metamorphosis”, que se benefició de la excelente producción de Richard Podolor y Bill Cooper. Pero las tensiones en el seno de la banda seguían creciendo, sobre todo porque Doug estaba cada vez más empeñado en hacer de Iron Butterfly una banda de baladas, sacándola de la senda del metal. Y aunque la banda ya estaba completamente dividida, pero siguieron soportando que Doug les manejase a su antojo hasta la gira europea que hicieron en 1971 con el grupo Yes.

A partir de ahí Rhino y Lee Dorman decidieron abandonarles y meterse juntos en otro proyecto, que acabó por convertirse en Captain Beyond. Con este nombre grabaron en 1972 un disco que fue un serio competidor para los discos progresivos más heavies de su época.

Desde entonces los Iron Butterfly se han reformado varias veces, con distintas formaciones y éxito desigual, siendo la de más fortuna la formación que incluyó a Doug, reconciliado con Lee, y unidos además a Ron Bushy, el batería original que se largó aburrido de esperar que sacasen el primer disco. Pero en realidad todo lo que hacían era seguir perpetuando el espíritu épico de “In-a-gadda-da-vida”, por lo que no vamos a darle más vueltas a la historia.

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“Easy rider”
(Del “Metamorphosis”)

EL HOMBRE TRANQUILO

Para los pocos que hayan oído hablar alguna vez de CLIFFORD T. WARD, éste será solamente eso que se llama un “one hit wonder”. Y ese hit en cuestión fue “Gaye”, editado en marzo del ’73, que se metió en el Top 10 inglés gracias a su cantidad de ventas.

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“Gaye”

Clifford era un joven profesor de instituto, de apacible apariencia, con una melena larga y limpia. Y a pesar de que gracias a esa canción también gozó de cierto renombre el disco del que se extrajo, “Home thoughts”, nunca más volvió a gozar de ningún éxito significativo. Parecía que éste iba a ser el principio y el final de su corta carrera como cantante… pero nada más lejos de la realidad.

Como muchos de sus contemporáneos que posteriormente se convirtieron en cantautores, Clifford T. Ward se pasó la segunda mitad de la década de los ’60 tocando en varios grupos amateurs de estructura similar a los Beatles. El único de esos grupos que llegó a ser algo conocido fue The Secrets, que se convirtieron en profesionales, hicieron algunas giras por Inglaterra, Alemania y Francia, y llegaron a editar varios singles en la CBS. Clifford también logró un contrato con Immediate Records, el sello de Andrew Loog Oldham, pero el súbito colapso de esta compañía y que con el grupo no ganase apenas dinero para mantener a una joven familia como la que él ya tenía, ya que a los 17 años se casó con su novia embarazada, le hizo abandonar la música para buscar trabajos esporádicos mientras estudiaba los tres años de carrera de magisterio.

Pero el gusanillo de la música nunca le abandonó, y mientras estudiaba continuó escribiendo canciones y le envió una cinta con varias de ellas a John Peel, que le contrató para el incipiente sello musical Dandelion, que estaba creando con Clive Selwood. Su primer disco llevaba el evocador título de “Singer songwriter”; y después fue cuando grabó el “Home thoughts”, pero Dandelion se cerró antes de que pudiese editarlo y Clifford se cambió a Charisma Records, que fue el sello que le editó su más famoso single además de un trío de LPs, el mencionado “Home thoughts”, “Masterpieces” y “Escalator”.

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“Escalator”

“Escalator” se editó en abril de 1975, en un momento en que el propio Clifford tenía enormes dudas sobre el disco, el cual había producido también él mismo. Lo había regrabado hasta siete veces, en su afán de conseguir el sonido que realmente quería. Lo cierto es que no veía claro que esas fuertes y dramáticas orquestaciones le sentaran bien a sus canciones. Éstas eran el desarrollo natural de su forma de componer y quería que lo reflejasen así, que fuesen más modestas… pero creo que se equivocaba; tal como quedó, el disco me parece el producto de un maestro compositor esforzándose por alcanzar la perfección y consiguiéndolo prácticamente.

Se grabó en los estudios Sound Techniques de Chelsea, donde los Fairport Convention, Sandy Denny y Nick Drake grabaron también sus mejores discos, con un equipo de músicos que incluía a colegas suyos de mucho tiempo atrás como el guitarrista Derek Thomas, el bajista Terry Edwards y el batería Ken Wright. Pero las sesiones no fueron un paraíso de tranquilidad, sino más bien una pesadilla en la que nada salía bien. Al final la mayoría de los músicos quedaron tan hartos de Clifford que acabaron por largarse de allí y hubo que sustituirlos por músicos de sesión. Después se le metieron los adornos orquestales del arreglista Richard Hewson y el disco quedó completado por fin.

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“A day to myself”

Todo es ahora tan diferente
de hace solo unas semanas,
cuando abril comenzaba a sonreír a Inglaterra
y yo me tenía que marchar.

Ahora estoy de nuevo aquí,
muy lejos de donde cantan los mirlos
y de los senderos que tanto me gustaba recorrer.
Perdido en mis pensamientos,
y recordándote a ti, mi amor.
Aunque estés tan lejos
todavía estás junto a mí en todo lo que hago y veo.

Y así pasan mis días.
Pude haber elegido monumentos,
castillos históricos, palacios,
o encontrar formas de mejorar mi francés.
En vez de eso elegí vagar en solitario
por allí donde abundan los bosques y campos,
y en un rincón tranquilo encontrar el lugar de descanso
de los soldados ingleses caídos en la guerra.

¿Y cuál de ellos, mi amor?
¿quién murió tan lejos de su casa
sin besos de despedida?
Todo lo que queda es esto.

Y me hace sentir tanta pena
lo que ellos piensen de mí
porque yo podré ver a mi amor de nuevo.

Todo es ahora tan diferente
de hace solo unos años,
cuando abril comenzaba a sonreír a Inglaterra
y ellos se tenían que marchar.

El resultado fue uno de los mejores discos para levantar los ánimos en un día tristón o resacoso, una mezcla imperecedera de canciones llenas de paz, llenas de leves tintes jazzísticos y, predominantemente, baladas basadas en el piano. Canciones como “The way of love”, “A sad affair” o “A day to myself” (la favorita del propio Clifford) están maravillosamente orquestadas y tienen una atmósfera casi como de himno… ¿no te trae recuerdos ésta última de esa clase de canciones como el “Bridge over troubled water”?

En contraste a las baladas están “Jig-saw girl”, la misma “Escalator” o “Cellophane”, todas ellas beneficiándose del excelente saxo alto de Pete King, un virtuoso del jazz. Estas canciones, al contrario que las otras, son más etéreas y optimistas… éstas me recuerdan más a Steely Dan.

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“Jig-saw girl”

En cuanto a las letras, aunque su fuerte era la poesía y las historias de amor y relaciones rotas, también las complementaba con la solidaridad hacia los mineros y sus problemas (en “Miner”), con historias conmovedoras contra las guerras (como era “A day to myself”) e incluso hay en este disco una canción, “Mr. Bilbo Baggins”, superviviente de un anterior proyecto abortado sobre “El Señor de los Anillos”.

Después, en la década de los ’70, Clifford editó tres discos más, “No more rock’n’roll”, “Waves” y “New England days”, e incluso otros dos más en los ’80, pero a pesar de que logró conseguir casi la misma altura en algunas canciones sueltas, nunca logró de nuevo las cotas de calidad y consistencia que tuvo en el “Escalator”. Si a eso le unimos que ya antes había perdido la oportunidad de capitalizar el éxito que tuvo con “Gaye” por negarse a tocarlo en directo aduciendo diversos problemas de sonido, no es extraño que se diluyera con el tiempo. Sin embargo, la explicación más obvia era que Clifford nunca quiso alejarse mucho de su casa, en la que siempre le esperaban sus cuatro hijos pequeños, lo que no deja de ser una decisión admirable, aunque le privase de conseguir un mayor reconocimiento.

En 1987 le diagnosticaron como enfermo de esclerosis múltiple y su salud se deterioró muy rápidamente. Clifford pasó muchos años con una incapacidad física que le impedía completar las composiciones que su claridad mental le dictaba; y aunque nunca más volvimos a tener verdaderas muestras de su talento único y original, el inagotable apoyo de su esposa, Pat, hizo que su vida no fuese del todo un infierno hasta su muerte, a finales del 2001.

Todas éstas canciones que has oído en el post están extraídas de la recopilación que compré a través de la revista “Mojo”, en 1998, que la escritora Liz Williams se ocupó de seleccionar y editar para conseguir fondos con los que ayudar a la familia de Clifford a sostenerle durante su ya larga y ruinosa enfermedad.

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“Scullery”

LAS PIEDRAS COMIENZAN A RODAR

Siempre ha estado muy bien documentado, y todo el mundo conoce, cómo Brian Epstein se hizo manager de los Beatles, y de su mano comenzaron el ascenso al estrellato. Sin embargo los Rolling Stones tuvieron una figura paralela en la persona de Andrew Loog Oldham, que fue quien los convirtió en “un estilo de vida” más que en “una banda de rock and roll”, y el inicio de su camino juntos es más desconocido. Hoy vamos a intentar ponerle remedio a ese desconocimiento.

Andrew Loog Oldham ya era una estrella ascendente en el negocio de la promoción del mundo del rock aquella tarde en que iba sentado en el metro camino de Richmond. Para entonces él ya había llevado a los Beatles cuando éstos eran más conocidos por sus novedosos cortes de pelo que por su música; trabajó con Mark Wynter durante el tiempo que duró su sueño de ídolo juvenil; mantuvo en alza a Jet Harris y convirtió a Kenny Lynch en carne de fans adolescentes. En menos de tres años Andrew Loog Oldham había crecido desde ser un niño ambicioso que sabía lo que quería, hasta un hombre con ideas militantes que lo había conseguido. Y solamente tenía 19 años.

Los periodistas le conocían y le respetaban. Andrew era joven, dinámico y apasionado por la música en una industria dominada por gente de lo más mezquina. Sin embargo él tenía una visión más abierta, una visión que iba mucho más allá de promocionar simplemente a una banda. Los ídolos de Andrew no eran los músicos, sino los cerebros que había tras ellos, gente como Phil Spector o Bob Crewe. Por eso cuando Peter Jones, un periodista del Record Mirror, le sugirió que fuese a ver a un grupo sobre el que acababa de escribir en su revista, un grupo de rhythm & blues que se llamaba The Rollin’ Stones, Andrew le hizo caso. Y aunque no tenía muy claro en realidad que era eso de rhythm & blues, lo importante es que The Rollin’ Stones tiraron por tierra todas sus reservas.

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“I want to be loved”

El domingo siguiente, 21 de abril de 1963, Andrew volvió a ir a verles al Crawdaddy Club y allí ya enloqueció con ellos. Esta no era una banda de garrulos de barriga cervecera apaleando el típico repertorio de Muddy Waters, eran sexo, violencia, y rock and roll en su máxima crudeza. Al poco rato de verles actuar Andrew ya había determinado los rudimentos de la imaginería que iba a permanecer como la especialidad de los Stones durante todo lo que quedaba de década.

En aquellos Stones del ’63 estaba Bill Wyman, pálido, demacrado y casi medieval; su pelo parecía pegado con pegamento y su expresión era helada. Y estaba Charlie Watts, que parecía que solo pasaba por allí y se subió a acompañar unos blues; y Keith Richards, con el pelo lleno de trasquilones, igual que la cara, todavía con un cuerpo de niño metamorfoseado en demonio de la guitarra. Brian Jones era la imagen reflejada en el espejo del propio Andrew, feo y guapo a la vez, más grande que pequeño, con un brillante cabello rubio tapándole una cara que ya parecía reflejar que tenía algunas deudas pendientes con la vida. Y estaba Mick Jagger, que se movía como un Tarzán adolescente recién sacado de la selva, sin sentirse a gusto aún en su traje… un cuerpo que todavía no había decidido cómo iba a ser. Ah, y estaba también Ian Stewart, un tipo de ojos saltones, con mandíbula de boxeador y un pelo que sí se podía domar con el peine.

Los Stones con Andrew. Es el segundo por la izquierda.

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“Fortune teller”

Después del concierto Andrew les dijo “hola” y se fue enseguida a su casa, necesitaba reagrupar sus pensamientos, traducir las emociones de la noche del domingo a palabras. Y una semana más tarde volvió al Crawdaddy con su colega Eric Easton. Cuando los Stones terminaron de tocar Andrew dejó que fuese Eric quien hablase con ellos, no porque fuese mayor y tuviese un aire de experiencia y confianza, sino porque él quería dejar lo mejor, su “visión”, para el final. Además, si fuese él quien estuviera hablando no podría ver, y eso es lo que necesitaba hacer. Mirando las cosas con propiedad, Brian Jones era… el líder de la banda, pensaba Andrew para sí mismo. Pero… estudiando a Jagger y Richards, sintió una ambición más profunda.

Quedaron para reunirse todos al día siguiente en las oficinas de Andrew y Eric en Regent Street, y de los Stones acudieron solamente Mick Jagger y Brian Jones, que fue quien comenzó los tratos con Eric: “¿Qué podéis hacer por nosotros?”, le preguntó, yendo al grano. “Todo lo que podamos”, le contestó Eric Easton. Entonces Brian Jones les preguntó a los dos qué les gustaba de la banda, y esa fue la oportunidad de Andrew.

Les explicó que era una cuestión de opuestos: Dios y el Diablo, Sherlock Holmes y Moriarty, Elvis y Pat Boone, los Beatles y… cada héroe necesita un antihéroe. Así que lo más despacio y claro posible les dijo: “Tenemos a los Beatles. Ahora queremos algo que no sea los Beatles. Y vosotros estáis aquí para eso”. Y después de la charla se terminó la reunión.

Tres días después, el 1 de mayo de 1963, Brian Jones firmaba el contrato que unía a The Rolling Stones (ya oficialmente con “g” en vez de Rollin’, como solían escribir muchas veces su nombre) con Impact Sound, la compañía que acababan de crear Andrew y Eric. Había llegado el momento de cambiar la vida de todos.

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“Poison ivy”

Lo primero que hizo Andrew una vez que estuvo al frente de la nave fue decirle a Ian Stewart que no encajaba en la imagen que había proyectado del grupo, y aunque nunca fue apartado oficialmente de los Rolling Stones y continuó colaborando y tocando con ellos durante el resto de la década, dejó de formar parte de la banda, que a partir de entonces comenzó a aparecer de forma oficial como quinteto.

Una semana después entraron por primera vez en unos estudios de grabación. Y no fueron los únicos, porque a Andrew Loog Oldham le pasaba lo mismo; no fue extraño, pues, que tuviese que pedir ayuda al ingeniero de sonido… “oye, soy el productor y ésta es la primera sesión de grabación a la que asisto; no tengo ni puta idea de música ni de cómo grabarla…”.

Menos mal que el grupo tenía las ideas más claras que él, y aunque disponían de un repertorio enorme de canciones de rythm & blues de otros grandes autores, no querían comenzar con ninguna de las canciones más conocidas que ya hubiese grabado cualquier otro grupo inglés, así que para no ser obvios pero sí razonablemente comerciales eligieron una canción oscura y poco característica de Chuck Berry que no había llegado a ser editada nunca en Inglaterra: “Come on”. Y la reconstruyeron a su modo de tal forma que apenas guardaba parecido con el original de Chuck.

La primera grabación, como no podía ser de otro modo, resultó un fiasco enorme y la Decca (el ínclito Dick Rowe de infausto recuerdo) les dijo que no podían publicar algo tan espantosamente grabado, por lo que los volvió a meter en otros estudios diferentes para que lo repitiesen todo de nuevo. Y esa vez sí salió una canción aceptable, la que significó el comienzo de la andadura de los Rolling Stones con su edición en un día como el de hoy, 7 de junio, de 1963. Coincidiendo con su aparición hicieron también su debut en televisión para promocionarla de forma adecuada en “Thank you lucky stars”, el programa de más audiencia del país, a pesar de contar con un productor de tan excelsa visión de futuro como para dar este consejo a Andrew Loog Oldham: “Si tienes alguna ambición con respecto a estos Rolling Stones lo primero que debes hacer es deshacerte de ese cantante de apariencia repulsiva, que tiene neumáticos en vez de labios…”.

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“Come on”