VUELTA AL NEGRO

Cuando hace unas semanas dedicábamos un post a Los Brincos decíamos de ellos que habían sido un grupo prefabricado. Y quedaba pendiente contar la historia de LOS BRAVOS, que fueron también otro tinglado montado de forma artificial, aunque con la diferencia de que si aquellos estuvieron hechos para traducir a la personalidad española la música que se hacía en el extranjero, estos otros lo estaban para luchar en el extranjero con sus mismas armas. Y aunque fuese un producto netamente español, estaba construido sobre la base de dos extranjeros: Alain Milhaud, un francés que fue el inventor y Mike Kögel, un alemán que fue la imagen.

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“Black is black”

El principal protagonista de esta historia es Alain Milhaud, un francés, como ya os he dicho, que había dejado de ser director de orquestas sinfónicas para pasar a interesarse por la música pop tras haberse casado en Suiza con una chica española y haberse trasladado a nuestro país. Aquí era el director artístico de Columbia Records, una importante compañía discográfica que distribuía el catálogo de la Decca, algo que tendrá una parte importante en el desarrollo de la acción.

Alain era socio de un “cantante protesta” de aquellos descafeinados del franquismo, Manolo Díaz, con el que formaba un equipo de producción que apenas tenía cantantes a los que producir, por eso los buscaban con ahínco en los locales de baile y salas de conciertos. Fue Manolo quien le recomendó que fuese a ver a Los Sonor, el antiguo grupo en el que tocaba la guitarra él, y que de ser una banda pasada de moda y aburrida se había convertido en algo más excitante con la entrada del cantante de Mike & The Runaways. A Alain le gustó como aquel cantante alemán se movía , como enganchaba enseguida con el público por su instinto y su estilo, y además su voz tenía una garra que no era habitual en los solistas del país. Alain Milhaud estaba impresionado con ellos.

Así que se sentó a una mesa con Mike para tratar de negocios. Pero éste era muy desconfiado y su dificultad con el idioma le llevaba a ser bastante inseguro también, por lo que Alain tuvo que tratar con Manolo Fernández, otro de los componentes de la banda, con quien, tras un breve primer contacto, estableció una cita más reposada en las oficinas de Columbia.

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Los Sonor – “Hippy hippy shake”

Allí firmaron el contrato aún con el nombre de Los Sonor, convencidos por su nuevo manager, que les prometía un lanzamiento enorme y con toda clase de despliegues, apoyo promocional, posibilidades internacionales, y todo un montón de cosas más que a aquellos inexperimentados jóvenes les sonaron a gloria. La compañía les proporcionó también un buen equipo de sonido con el que comenzaron a ensayar algunas canciones escritas por Manolo Díaz y las habituales versiones de canciones foráneas.

La primera actuación del grupo fue el 4 de diciembre de 1965 en un programa de televisión que se emitía detrás del telediario del mediodía, en el que cantaron “It’s not unusual” de Tom Jones y “We’ve gotta get out of this place” de los Animals. No estrenaron aún ninguna de las cuatro canciones de Manolo que estaban preparando para editarlas en un EP, la estrella de las cuales era “No sé mi nombre”. Todo era muy precario, porque el estudio de grabación de Columbia era viejísimo, no tenía siquiera ecualizadores ni estaban preparados para grabar guitarras eléctricas, y su acústica era malísima. Era un estudio ruinoso, que se caía de puro viejo, y que databa de la posguerra española, por lo que solo estaban preparados para grabar zarzuelas y el material tradicional que editaba la discográfica. Y encima, Mike se negaba a cantar y a grabar en español.

Así y todo las dificultades se vencieron y Alain Milhaud dio el visto bueno a aquel EP, y con él se fue a ver al director de Columbia, ya que tenía en su cabeza un plan de acción: aprovechando que Columbia es la distribuidora de la Decca inglesa y que sus aspiraciones eran que la banda hiciese un sonido que siguiese la corriente consumista inglesa, pidió que se enviasen a Londres algunas copias del disco para ver si éste tenía algunas posibilidades internacionales.

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“No sé mi nombre”

Pero como España no contaba para nada en el concierto pop internacional y esto era una posibilidad bastante remota, se puso en marcha la segunda parte del plan, que era conseguir una entrada espectacular en el mercado español. Algo sin precedentes… que con el impulso de Tomás Martín Blanco y su programa “El Gran Musical” de la SER, se convirtió también en algo melodramático.

Así que uno de los domingos siguientes, a mediodía, se presentó a los cinco chicos en el programa nacional de tan amplio seguimiento: Mike Volker Kögel, cantante; Manolo Fernández, teclista; Miguel Vicens, bajo; Pablo Sanllehí, batería y Tony Martinez, guitarra. Y se les presentó como un buen grupo español que estaba a punto de disolverse por falta de apoyo, lo cual sería una verdadera lástima en vista de la notable calidad que tenía, algo que evidenció el entusiasmo que derrocharon durante la actuación posterior de la banda los chicos y chicas del público, sobre todo éstas, que no dejaron de gritar en el más puro estilo que marcaba la beatlemanía.

La jugada salió estupendamente y el grupo salió de allí en loor de multitud, rodeados de una aureola de auténticos y populares ídolos. Así que se imponía comenzar la segunda fase de la operación, que era buscarles un nombre. Para ello se hizo un nuevo llamamiento desde “El Gran Musical” en el que se arengó a los jóvenes españoles diciéndoles que ya que habían dicho que sí de forma tan rotunda a la banda, también iban a dejar en sus manos la elección del nombre con que bautizarles, para ello tenían que escribir una carta dirigida al programa sugiriendo un nombre.

La respuesta fue masiva y las cartas inundaron la redacción del programa. Lo que no sabían ninguno de los que escribieron es que el nombre estaba ya previsto desde el planteamiento inicial del asunto, porque en la técnica publicitaria no puede dejarse nada a la improvisación, la casualidad o la suerte. Manolo Díaz había sugerido el nombre de Los Bravos y a todos les había parecido de maravilla. De todas formas, se abrieron todas las cartas por si acaso alguien había aportado alguna idea mejor, e incluso se buscó a alguien que se prestó a aparecer en el programa como si hubiese sido el oyente que tuvo la brillante idea. Y ya imbuidos del ambiente triunfalista, junto con el nombre se anunció también que por primera vez en nuestra patria se iba a grabar un disco en directo de Los Bravos allí mismo.

Justo tres días después, con una velocidad digna de figurar en el libro de los records, se pusieron a la venta 500 ejemplares de ese disco en directo, un single cuyas canciones no tenían nada que ver con las que de verdad habían tocado Los Bravos en el programa del domingo anterior. Pero nada importaba, los seguidores del programa agotaron la edición en pocas horas y nunca nadie antes, como ahora Los Bravos, habían tenido en el bolsillo a una cantidad tan enorme de público sin haber tenido que demostrar nada antes, ni editar ningún disco con el que mostrar sus condiciones, ni nada de nada… todo puro marketing.

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“Quiero gritar”

Ahora era necesario agradecer el apoyo entusiasta a todos los jóvenes oyentes ofreciéndoles un concierto completo en el que Los Bravos demostrasen, por fin, todo lo que eran capaces de hacer. Y una presentación en directo tan rimbombante y espectacular, por fuerza tenía que tener un marco adecuado, así que se preparó para ello el Teatro de la Zarzuela, de Madrid, que nunca antes se había usado para nada relacionado con la música pop, y se envolvieron los sones de la banda con una orquesta sinfónica, dirigida por el maestro Adolfo Waitzman.

El domingo, 13 de marzo, de 1966, a la una del mediodía, Los Bravos dieron su concierto, que se retransmitió también para todos los oyentes de la Cadena SER. Aunque faltó muy poco para que no hubiese sido así. Porque con el éxito comenzaron a aflorar también los problemas humanos y profesionales que siguieron al grupo durante toda su carrera.

Los Bravos no ensayaban nunca, no les apetecía hacerlo. Solamente se reunían para tocar cuando no tenían más remedio a causa de la proximidad de la grabación de alguna canción de su EP, o por la necesidad de aprenderse alguna canción nueva que otros le habían escrito. Y en el seno del grupo se portaban como hermanos traviesos, se querían y se odiaban al mismo tiempo; se necesitaban pero cuando estaban juntos se lanzaban dentelladas. Y fueron así siempre, en los viajes, en los camerinos de los conciertos, en los rodajes de sus películas… todos ellos tenían asumido que Mike era la imagen, la vedette, la voz excepcional e imprescindible que le daba la personalidad al grupo, y Mike tenía un carácter difícil y taciturno, un comportamiento infantil, que junto a su casi desconocimiento del castellano le hacía estar siempre en tensión, saltando a la más mínima provocación de alguno de los otros… y claro, esas provocaciones menudeaban, y las acciones violentas de Mike también.

Antes del concierto de la Zarzuela no se presentaba ninguno a los ensayos programados, ninguno se pasaba tampoco por el sastre que les tenía que tomar medidas para los lujosos trajes de la presentación, todo eran problemas, insultos y preocupaciones… hasta que Alain Milhaud decidió que aquello era una locura y que lo mejor era pararlo todo antes de echarlo a rodar.

Y si no siguió adelante con su decisión fue porque lo convencieron (probablemente la gente de la discográfica) de que ya se había hecho una gran inversión económica, que tenían unos fuertes compromisos con la radio y con un público adicto e ilusionado (aunque eso era lo de menos) y que había que seguir, porque la razón de la existencia de Los Bravos no era la música, sino el dinero que había que ganar, y los acuciantes compromisos contraídos. Por eso había que seguir adelante sin replantearse nada, ni juzgar, ni analizar la situación.

Así de claro. Y Los Bravos quedaron condenados desde ese momento a seguir, a pegarse, a insultarse, a odiarse y a quererse. Y en esas condiciones, y sin ensayar, hicieron su triunfal presentación en el Teatro de la Zarzuela… sonaron fatal; y la orquesta todavía sonó peor que ellos, pero no importaba nada, el público tenía ya en su poder a los ídolos que ellos mismo habían fabricado.

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“Una flor corté”

La consagración como “reyes del mundo” vino poco después de la mano de El Corte Inglés. Se trataba de la primera edición de los Festivales en los que esta macrotienda presentaba su nueva moda de primavera (¿recordáis el lema aquél de “ya es primavera en El Corte Inglés”? pues comenzó aquí) y para atraer a la juventud nada mejor que un festival con las primeras figuras de la música pop española, en el Palacio de Deportes del Real Madrid, coronado con la actuación de los dos más grandes: Los Brincos y Los Bravos.

Y si Alain Milhaud a punto estuvo antes de tirarlo todo por la borda, en esta ocasión manejó el cotarro con tal habilidad, que de su mano salieron de allí Los Bravos coronados como el grupo puntero de España. Lo primero fue luchar porque a ellos los sonorizase una empresa de su confianza, diferente de la que iba a sonorizar a todos los participantes; quería que el sonido de sus pupilos tuviese una calidad alta, y para ello no dudó en amenazar… a El Corte Inglés!!! con dejarlos tirados y no actuar. Y también luchó Alain por establecer el orden de aparición; él no quería que Los Bravos fuesen los últimos, que va… pero sí que era necesario que actuasen justo antes de que lo hiciesen Los Brincos, que fueron los que cerraron el festival. La diferencia de sonido entre unos y otros, el estilo rocker de Mike y el sonido británico de Los Bravos, frente al españolismo pop de las capas de Los Brincos fue tal que aquello significó la sentencia de muerte de éstos últimos. El éxito de Los Bravos fue tan grande que la gente pedía más y más, y cuando Los Brincos comenzaron su actuación gran parte del público comenzó ya a levantarse y marcharse.

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“Recopilación”

¿Recordáis que hace ya unos cuantos párrafos que se envió el EP de Los Bravos a la Decca a ver qué pasaba…? Pues mientras ocurría todo lo que hemos estado contando, los ingleses enviaron una lacónica respuesta: “Nos puede interesar”. Más que suficiente para que en Columbia Records el olor del dinero les hiciese perder el miedo a esa cosa tan peligrosa socialmente que era una guitarra eléctrica, y su director en persona cogiese varios EPs más y se pusiese en camino a Londres acompañado por Alain Milhaud y Augusto Algueró padre, que era lo más parecido que teníamos por aquí a un arreglista de prestigio internacional.

Una vez allí les recibió Dick Rowe y les confirmó lo adelantado en la carta, que este invento español podía resultar interesante. En realidad Dick Rowe decía que sí a todo lo que se le presentaba porque aún le reconcomía la forma en que despidió cuatro años antes a unos tipos de Liverpool que le presentaron una cinta, pero como tampoco podía digerir toda la basura que se le fuese presentando tenía por costumbre derivar a la gente hacia otros ejecutivos para que fuesen éstos los que despidiesen al grupo, y así si resultaban ser otros Beatles esta vez la culpa no se la echarían a él. Así que a Los Bravos los derivó hacia Phil Solomon, que era el director de Radio Carolina, la popular emisora pirata que cambió el rumbo de la radio inglesa.

Phil Solomon aceptó las credenciales de la Decca que los españoles le presentaron y pidió escuchar allí mismo, en las oficinas apenas terminadas de montar, el disco que traían… quince segundos de cada canción (las cuatro anteriores de este post), en total un minuto para decir que aquello no estaba mal. Pero la grabación era técnicamente un desastre y para que aquello funcionase había que volverlo a grabar en Londres… y preparar más repertorio, porque cuatro canciones era muy poca cosa… y que el grupo se viniese para acá enseguida porque todo esto quería tenerlo preparado en el próximo mes y medio para empezar una promoción intensiva a base de radiarlo en su emisora quince o veinte veces diarias… y que traigan un contrato preparado en el que le nombren a él manager del grupo en Inglaterra y propietario de los derechos editoriales de las canciones… y con este visto bueno de Solomon la Decca pone a disposición de los españoles sus estudios de grabación y les asigna un arreglista local, Ivor Raymonde, para lo que puedan necesitar.

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“Trapped”

De vuelta a España, cuando la SER anuncia todo esto se produce otra oleada de patriotismo, y en ella estaban cuando dos semanas después se presenta Ivor Raymonde con seis canciones inglesas inéditas para Los Bravos, entre ellas “Will you always love me?”, “Trapped”, “Come when I call” y, por supuesto, “Black is black”, una canción original de unos jóvenes compositores ingleses a los que nunca más se les conoció otro éxito. A ninguno de los componentes de Los Bravos le gustó esta canción, y no la querían grabar, pero se impusieron las opiniones de Raymonde y de Alain Milhaud, que tenían mucha más vista comercial y decidieron no solo grabarla, sino que además fuera la canción estrella del primer single que editasen.

Después de que Raymonde le tomase la tonalidad a la voz de Mike se volvió a Inglaterra a preparar los arreglos de las canciones, mientras que aquí el equipo español se preparaba para seguirle unos días después. Y entonces llega la segunda gran crisis: en Columbia le dicen a Alain Milhaud que no consideran necesario que éste vaya a Londres para la grabación del disco, porque el presupuesto es limitado, y Alain presenta su dimisión. El pulso a la discográfica le salió tan bien como el que le echó a El Corte Inglés y aceptaron que se quedase al frente y viajase con ellos.

Una vez todos de acuerdo se presentaron en los estudios de la Decca, donde unos desilusionados Bravos se encontraron que aquello estaba lleno de músicos de sesión locales, que eran los que en realidad iban a tocar en el disco. Las razones esgrimidas por los ingleses fueron dos: primero, que las leyes sindicales inglesas son muy rígidas con los músicos extranjeros, y segundo, y más importante, que en el tiempo que tardarían los españoles en grabar un play-back defectuoso, los músicos alquilados grababan tres. Así que en “Black is black”, el mayor éxito de la historia del grupo, de ellos solamente sonaba la voz solista de Mike y los coros de Miguel y Tony, agregados más tarde sobre la sección rítmica grabada en un cuatro pistas. Con el tiempo floreció la historia apócrifa de que el guitarrista de aquella sesión fue Jimmy Page, cuando en realidad el guitarrista fue otro Jimmy, apellidado Sullivan, que también era asiduo de las sesiones de grabación inglesas. Incluso se puede escuchar también la Strato de otro famoso músico de sesión, como era Vic Flick… pero de esta faceta del futuro Zeppelin y de los otros músicos mercenarios ingleses hablaremos más en profundidad en otro post posterior.

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“La parada del autobús”

De vuelta a España, “El Gran Musical” les preparó un recibimiento apoteósico en el aeropuerto de Barajas, donde el triunfalismo desbordado llegó incluso a avergonzar a los propios componentes del grupo, que no tenían más remedio que prestarse a inflar el globo con más mentiras… “sonido inglés… ambiente fantástico… sonamos maravillosamente…”. Mientras en España se editó un single con “La parada del autobús” y “Will you always love me?”, dos de aquellas canciones grabadas en Inglaterra, en el mercado británico apareció el “Black is black” a finales de junio, y gracias a la prometida promoción de Phil Solomon fue un éxito absoluto en una brevísima cantidad de tiempo.

Y se daba la paradoja de que mientras Los Bravos tocaban en Mallorca para los turistas, racaneando mil pesetillas más cada vez que las noticias hablaban del ascenso internacional de la canción, ésta llegó al número dos de todas las listas inglesas y americanas (bueno, en honor a la verdad hay que decir que en el Billboard solo llegó al tres), y prácticamente también de toda Europa, solamente superada en número de ventas por el “Paperback writer” de los Beatles. En España, el “Black is black” no se editó hasta octubre y, lógicamente, fue flechado hacia el número uno. Mientras eso ocurría, en Inglaterra ya se había editado incluso, en la primera semana de septiembre, el segundo single, “I don’t care”.

El gran boom que estaba siendo “Black is black” en todos los países extranjeros donde se editó hizo que los ingleses llamasen a Los Bravos para un viaje de promoción, que incluía cóctel en la Decca, visitas a las emisoras de radio y actuación en el “Top of the Pops” de la BBC, donde Mike volvió a dar la nota negándose a actuar porque “aquello era una porquería y esa gente no entendía de música ni de ná”; después que si el micro no funciona bien, que si la luz de los focos le molestaba… todo por la inseguridad tan grande que le producía tener que salir a cantar. Aquello fue el inicio de una loca carrera por el mundo cumpliendo contratos y recogiendo dinero a manos llenas. A medida que el negocio se iba haciendo mayor, Los Bravos comienzan a manifestar más agudamente toda su inexperiencia y su irresponsabilidad, siempre tenían alguna excusa para retrasar los ensayos, ponerle todas las pegas del mundo a los equipos de sonido y a los decorados de los estudios de televisión, destrozan cosas en arrebatos de locura, se enfrentan con los empresarios que les contrataban. Las cosas fueron mucho peor aún en los Estados Unidos, adonde les llevaron por el éxito alcanzado también. La gira americana fue un auténtico desastre, la comenzaron como cabezas de cartel de las actuaciones que hacían, pero como músicos no eran nada del otro mundo y además no tenían empeño en mejorar, por lo que en directo sonaban bastante mal, y aunque aquí en España podían colar, ante públicos acostumbrados a ver a los mejores músicos del mundo aquello no tenía futuro; pasaron a cerrar la primera parte de los programas, y de ahí a ser meros figurantes de los shows, hasta que terminaron por mandarles de vuelta a casa sin cobrar ni un dólar. Si a eso unimos que el “I don’t care” solo llegó al número 16 de las listas y se olvidó rápidamente, la consecuencia es que la carrera internacional de Los Bravos corrió la misma suerte, el olvido.

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“I don’t care”

Había que relanzarlos en España, con un concierto a lo grande y en un sitio de prestigio; y como el Teatro Real de Madrid estaba cerrado, lo hicieron de nuevo en el de la Zarzuela, otra vez con una orquesta de 40 músicos y motos y motores por todos lados para ambientar la canción que se editó como single aquí, “La moto”, la única de las canciones grabadas en Londres en la que realmente tocaban ellos los instrumentos. El éxito fue de nuevo espectacular, lleno absoluto, a lo que contribuyó que “El Gran Musical” subvencionase casi todo el concierto, por lo que la entrada costaba solo cinco duros. El público de toda España estaba ansioso por ver a su ídolos, así que el siguiente paso fue rodar una película, que tendría asegurada su rentabilidad desde antes de comenzar a hacerse.

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“La moto”

“Los chicos con las chicas” fue un gran éxito de taquilla a pesar de ser una película sin grandes pretensiones, que ofrecía a la gente lo que ésta esperaba ver y que sirvió para que Los Bravos se tomasen el rodaje casi como unas vacaciones en las que hacían lo que les daba la gana, incluso cambiar el guión a su antojo, y donde volvió a “brillar” el mal humor de Mike, siempre insultando y peleándose con los compañeros, y obsesionado con sus crisis taquicárdicas, ya que desde que se desmayó en un concierto en Turquía, tras la mala experiencia que tuvo con unas hierbas que le dio un taxista, se había convertido en un auténtico hipocondríaco.

Y tras esta película todavía embarcaron al grupo en el rodaje de otra, ya que tenían un contrato firmado por tres de ellas. Aunque esta vez los productores, cansados de la poca formalidad y profesionalidad del grupo, tomaron sus precauciones y no les dejaron hacer nada fuera de lugar. Así pues, el rodaje de “Dame un poco de amor” se convirtió en un aburrimiento absoluto, con un guión muy rígido y el intento fallido de hacer pasar por actores a unos músicos que no lo eran en absoluto.

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“Los chicos con las chicas”

Ya casi al final del rodaje de esta segunda película fue cuando ocurrió la tragedia de Manolo. Éste no solo era el teclista de la banda, sino también el cerebro y el “intelectual”, que era el mote por el que lo conocían los demás. Era asiduo de las fiestas de la gente guapa madrileña, íntimo amigo de Lucía Bosé y conversador animoso, ya que al contrario que sus compañeros, solía leer libros y periódicos y estaba al tanto de lo que pasaba por el mundo. En una de esas noches de vino y rosas conoció a Lotty Beatriz Rey, una joven modelo medio suiza, con la que se había casado hacía apenas un mes, y ahora estaban juntos en Mallorca, donde estaban todos los demás reunidos también porque ahora el que se casaba era Miguel. Después de la ceremonia se fueron todos a sus respectivos hoteles; Manolo y Lotty se alojaban en las afueras de Palma y hacia allí se dirigieron en el deportivo con el que Manolo disfrutaba de otra de sus grandes pasiones, la velocidad…

De madrugada sonó el teléfono de la habitación del hotel en el que se alojaba Alain Milhaud, que despertó sobresaltado y somnoliento, pero se despejó de golpe al escuchar a través del auricular la voz de Manolo balbuceando “he matado a Lo… he matado a Lo”.

Alain se dirigió todo lo rápido que pudo al hospital, para encontrarse en una triste habitación a Manolo, de pie al lado de una cama en la que estaba su mujer tapada con una sábana. “He matado a Lo…” era lo único que se le oía decir. Más tarde, con la tranquilidad que dan los sedantes más fuertes, pudo contarle como a la salida de una curva se había encontrado con un autocar y como al tratar de esquivarlo no pudo hacerse con el control de su Triumph y volcó, clavándosele a Lotty una de las barras del techo descapotable. “No puedo soportarlo… por favor Alain, ayúdame a matarme yo también y enterradme a su lado”. En lugar de eso, Alain Milhaud arregló los documentos para internar a Manolo en una clínica para una cura de sueño de siete días.

Al salir la mejoría era notable, dejó de tomar medicamentos antidepresivos y siguió adelante con los conciertos, el rodaje de “Dame un poco de amor”, la normalidad… Manolo parecía tenerlo todo superado y estaba de nuevo totalmente integrado en el grupo. Parecía…

El día 20 de mayo los cinco componentes de Los Bravos habían comido tranquilamente en Valencia después de su actuación del día 18. Al salir del restaurante se dirigieron directamente al aeropuerto para llegar a Madrid por la tarde. Manolo se fue en taxi desde Barajas a su piso de la calle Añastro, al ático que había ocupado con su esposa dos días después de la boda. Llamó por teléfono a Alain para que le informase sobre las siguientes actuaciones de Los Bravos, y tanto su voz como sus palabras parecían normales. Parecían…

Fue su amigo José Luis Bermúdez de Castro quien le encontró tendido en la cama, abrazado a una almohada y rodeado de fotografías de Lotty. Solo 21 días después del fallecimiento de su amada esposa, Manolo se había suicidado, disparándose al pecho con una escopeta de caza.

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“Bring a little lovin'”

En torno a su trágica muerte muchas revistas y periódicos, sobre todo el diario Pueblo, construyeron un emotivo serial en el que presentaban a Manolo poco menos que como “el último Romeo”; su popularidad, el que fuese un joven músico de pop y que la censura dejase de vetar la palabra “suicidio”, propiciaron la mayor y más sensacionalista de las mitificaciones que habíamos tenido hasta entonces en nuestro país. Pero con la muerte de Manolo y su mitificación posterior Los Bravos comenzaron su camino de cuesta abajo, que unos años después culminó con su total desaparición.

Las últimas escenas de “Dame un poco de amor” en las que Manolo aún tenía que participar se rodaron con un doble suyo filmado siempre de espaldas a las cámaras. Y la tercera película contratada no se llegó a rodar; a los productores no les interesaban unos Bravos en sus nuevas condiciones, a pesar de que ya tenían contactos con Manolo Summers para dirigirla y hasta se habían hecho pruebas para ella.

Alain Milhaud luchó con todas sus fuerzas para que la película se rodase, pero esta vez cayó en su propia trampa. En el contrato él mismo había hecho incluir una cláusula que lo rescindía en el caso de la separación voluntaria de alguno de sus miembros. Así que acudieron a los tribunales y estos dieron la razón a los productores por considerar en la sentencia que el suicidio era un acto voluntario de separación. No fue éste el único juicio que perdieron Los Bravos en aquellas fechas, ya que en la portada de su nuevo single, “Just holding on”, aparecieron las medallas que habían usado en las pruebas de la película, lo que les costó una demanda del Ejército por uso indebido de dichas medallas, y una fuerte multa.

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“Just holding on”

A pesar de las vicisitudes Los Bravos seguían siendo un fenómeno demasiado importante, que aún tenía que cumplir con sus muchos compromisos contraídos, por lo tanto había que sustituir a Manolo. Y Alain Milhaud de nuevo creó un enorme montaje publicitario para hacer renacer al grupo de sus cenizas… show must go on…

Como en España no encontró a ningún otro teclista a la altura del sevillano Manolo, hubo que buscarlo en el extranjero. El elegido fue Peter Solley, un joven músico inglés que estaba tocando con los Crazy World de Arthur Brown y que aceptó la oferta porque un grupo con la fama anterior de Los Bravos todavía resultaba apetitoso… y junto a la oferta, también aceptó el montaje.

El plan de Alain Milhaud consistía en crear suspense sobre el nuevo organista, y por eso lo preparó con todo detalle. Se tomaron todas las medidas habidas y por haber para que nadie descubriese la identidad del músico inglés, y éste siempre viajaba solo y se hospedaba en hoteles diferentes a los de los demás músicos y su entorno; cuando llegaba la hora del concierto iba un coche a recogerlo y antes de salir al escenario se ponía una capucha para que nadie le viese la cara. El plan consistía en repetir lo mismo en todas las actuaciones previstas y luego plantear a escala nacional un concurso para descubrir quién era el nuevo teclista de Los Bravos.

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“Save me, save me”

Y todo fue bien mientras anduvieron de gira por diferentes ciudades españolas, pero en Madrid quiso rizar el rizo convirtiendo el juego en una mala película de espías: para el concierto del sábado en el Club Imperial se tuvo a Peter encerrado allí mismo en el local desde el viernes, al abrigo de las miradas incluso de los propios empleados y de los dos periodistas que se plantaron en la puerta a las cinco de la mañana. A estos avezados reporteros se les escapó que subirían al escenario a quitarle la capucha al nuevo y Alain la sustituyó esa noche por un casco de armadura, por si acaso.

Después de la actuación presentaron un enorme baúl a los fotógrafos de la prensa, diciéndole que en su interior se encontraba el misterioso nuevo teclista, lo cual era verdad, para a continuación cargarlo en una furgoneta y llevarlo así a su hotel. Por si algunos periodistas les seguían tenían preparado un camión en una calle estrecha del recorrido para meterse en medio de su paso y mientras pasar al teclista a otro coche, que sería el que le llevaría de verdad al hotel… una cosa demencial que hizo que los medios informativos pasaran de seguirle el jueguecito a Alain y que, al contrario de lo que éste esperaba, se ensañasen con él de tal forma que incluso llegaron a publicar que todo este premeditado montaje se extendía desde mucho antes y que en realidad Manolo ni se había suicidado ni nada, y que todo formaba parte del plan, y él era el encapuchado.

Éste fue el definitivo golpe a Los Bravos, del que ya no se resarcieron; si un planteamiento bien calculado les había encumbrado, otro planteamiento mal calculado les había hecho rodar desde la cumbre. Y la prensa que tanto les mimó ahora les daba la espalda, por lo que les fue imposible desde aquí volver a conseguir la popularidad perdida. Peter, ya sin capucha, tocó con ellos en algunas de las siguientes actuaciones y poco después se volvió a Inglaterra huyendo de la quema. Su sustituto fue Jesús Gluck, pero a pesar de que éste sí era un teclista prestigioso, que incluso compuso algunos temas propios para la banda, algo casi insólito en ellos, el grupo no levantó cabeza.

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“Love is a symphony”

Con más pena que gloria, y unas canciones horribles que incluso tenían chirriantes arreglos de cuerda, se mantuvieron juntos hasta los primeros meses de 1969, en que llegó al final el contrato de tres años que les mantenía a todos unidos. Alain Milhaud se separó del proyecto llevándose con él a Mike, a quien a partir de este momento lanzaría en solitario con el nombre de Mike Kennedy. El resto de Los Bravos decidieron seguir adelante y buscaron a un cantante alto, rubio y extranjero, que mantuviese la imagen de Mike; y ficharon a Bob Wright sin preocuparse en exceso de si cantaba bien o no. Tras seis meses de ensayos tuvieron que comenzar los conciertos aunque Bob no cantaba un pimiento y se ahogaba en mitad de las frases, por lo que en una pequeña gira que les apañaron por Inglaterra hablaron con él para que se quedase en su casa y se olvidase de cantar.

Durante esa gira fueron a un concierto de Yes, y hablando de sus problemas en los camerinos con Jon Anderson, éste les dijo que su hermano Andy también era cantante y estaba ahora mismo desocupado. Simplemente con echarle un vistazo Los Bravos comprendieron que éste era su hombre y se entendieron con él a las mil maravillas. Andy Anderson incluso aportaba muy buenas ideas para la composición de canciones, y con él a la voz se presentaron en 1970 al concurso Barbarella 70, ganándolo con la canción “People talking around”, quedando por encima de otro famoso grupo que por entonces empezaba, Focus; aunque en realidad no es que Los Bravos fuesen mejores, sino que a Focus los descalificaron por sobrepasar el tiempo límite de actuación.

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“People talking around”

Después de aquello, el grupo se mantuvo de un modo bastante gris hasta su separación. Tony no se resignó a salir del camino y mantuvo a unos Bravos en los que él era el único miembro original, y cambió la orientación musical hacia rítmos más discotequeros y negroides como “Ma marimba”. En 1976 trató de reformar a Los Bravos originales, con Mike incluído, y aunque éste aceptó los otros pensaron que solo era un sueño imposible y no se unieron a la idea hasta que ya fue demasiado tarde para hacerlo, y el disco “Mike Kennedy & Los Bravos” se editó sin ellos. Tampoco perdieron nada, porque el disco fue malísimo y pasó prácticamente desapercibido.

Y de esta forma tan triste terminó una historia plagada de ideas para el éxito y para la crónica negra, aunque desde entonces para acá hayan intentado reactivarla numerosas veces a base de reuniones tanto con miembros originales como con otros diferentes. La despedida la haremos con unas palabras sacadas de la “Historia de la canción española”, que escribiese Álvaro Retama, a quien ya conocéis por su aparición en el post que anteriormente dedicamos a Los Brincos.

A los conjuntos ingleses se los llevaban los diablos advirtiendo que los cinco hijos de la tierra del sol y de la sal triunfaban sobre ellos, llevando camino de rivalizar con los Beatles. Sus grabaciones en Londres sobrepasaron la venta mundial de conglomerados musicales británicos de primera categoría. Les superaban como ejecutantes, como autores de su repertorio, por guapetones y por lucir unas melenas más exquisitas… ¡Ánimo, chicos, y a ver si cantando conseguís que nos devuelvan Gibraltar!

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“El loco soy yo”

COCINA DE AUTOR

Para el Koloke. Conocido degustador de bocatas poco convencionales.

GLEN MATLOCK nunca fue un tipo demasiado querido por el resto de los Sex Pistols. Y más aún desde que el grupo se convirtió en el enemigo público número 1 después de la famosa entrevista que les hizo Bill Grundy en su programa de televisión. Desde ese momento sus compañeros de grupo estaban cada vez más mosqueados con su comportamiento. Y es que, francamente… Glen Matlock era un tipo demasiado decente.

Los Pistols originales. Glen es el primero por la izquierda.

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“Anarchy in the U.K.”

A los demás Pistols les repateaba que mientras estaban de gira, en vez de unirse a la orgía de vandalismo y violencia que caracterizaban sus salidas nocturnas, Glen prefiriera desacreditarse como punk en condiciones conversando tranquilamente con Mick Jones, el de los Clash, tomándose unas cervezas. Y encima hablando de música.

Y como sus compañeros no se andaban con chiquitas a la hora de mostrarle el desprecio que sentían por su manera de ser, fue un alivio para Glen que cuando la gira finalizó todos suavizasen sus actitudes con él. En un ensayo incluso el guitarrista Steve Jones se ofreció a prepararle un pequeño piscolabis mientras se tomaban un descanso.

-Claro, tío, me encantaría -le dijo Glen, muy agradecido, disfrutando de nuevo del espíritu de compañerismo de la banda, que parecía perdido hacía ya tiempo.

Así que Steve desapareció en la cocina, frió un par de filetes de hígado y los metió en una baguette calentita.

Y como el chef magistral que era, Steve decidió que aquello necesitaba un toque más especial, para mostrarle a Glen aún más “intimidad”; una especie de salsa que completase el efecto.

Apareció unos minutos después, dándole el bocata a Glen.

-¡Mmmm, está rico! -decía- pero la mayonesa sabe un poco rara… ¿no estaría caducada? ¿Has mirado la fecha en el bote?

-Es que no es mayonesa -le contestó Steve, luciendo su sonrisa más diabólica, que al momento se convirtió en una estruendosa risotada, que acompañaron los otros dos con el mismo regocijo.

En el siguiente ensayo de los Pistols, el bajo ya estaba en manos de Sid Vicious.

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“God save the Queen”

Los Pistols conocidos. Glen ya no es el primero por la izquierda.

SOMBRA SACRA

En años anteriores, cuando llegaba la Semana Santa solíamos colgar en este blog un post que tuviese relación con ella. Creo que ya el año pasado perdimos la costumbre. Y este año en realidad también, porque la entrada que podéis leer a continuación fue la que escribimos hace ya cuatro años. De todas formas, como la mayoría de los lectores actuales no andábais por aquí entonces, podéis recuperarlo en esta ocasión… y seguro que a más de uno os sorprenderá.

Marchas procesionales. Buf. La inevitable banda sonora de estos días, capaz de atraer a una buena parte de los sevillanos y de poner en fuga al resto, literalmente, hacia las playas o las montañas, a cualquier sitio donde no llegue el olor a incienso.

Lo cual, visto con cierta objetividad, es una pena, pues constituye una de las pocas expresiones musicales auténticamente locales. Si no fuera porque nos la están martilleando a todas horas desde nuestra más tierna infancia, tanto en esta semana como en el resto del año, y así lo pueden atestiguar aquellos que vivan al lado de alguna de las plazas, solares o descampados donde las bandas de música hacen sus ensayos de corneta y tambor desde octubre hasta mayo dale que te pego. En suma, no es extraño que para muchos sevillanos esta expresión musical sea territorio “yuyu”, e intenten alejarse de tanto “Estrella Sublime” y el resto del repertorio. Desaparecida con Silvio la figura del capillita rockero, salvo por ese artista todo terreno que es Andrés Herrera y sus versiones a la guitarra de marchas procesionales, la brecha entre los aficionados a la música y la Semana Santa se acentúa cada año.

La Banda Ionica

De ahí la sorpresa que supuso en el año 1998 encontrarnos que un alma ya de por sí inquieta como es ROY PACI (Augusta, Sicilia, 1969) se saliese aún más de su ya de por sí diversa trayectoria (que alternaba aventuras multiétnicas como la Radio Bemba de Manu Chao, o su propio grupo Mau Mau, junto a numerosas bandas experimentales oscilando entre el jazz y la vanguardia) para formar, junto a su compadre en Mau Mau, Fabio Barovero, la llamada Banda Ionica, a la cual atraen a unos cuantos jovencísimos músicos pertenecientes a distintas Bandas y Agrupaciones de Sicilia. El primer resultado de aquella experiencia fue un disco llamado “Passione” que puso en los circuitos de la World Music un tipo de música que a la mayoría de los críticos les sonaba a Fellini o a Begnini y que sólo acertaban a comparar con Nino Rota o Nicola Piovani, por el dramatismo de sus timbres. Obviamente, ninguno de esos críticos conocía a los maestros Font de Anta o López Farfán.

Passione

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Banda Ionica – Pianto Eterno (Quatrano)

  • “Son las primeras luces del Alba. Tras pocos minutos, desde el monte de la Abadía de San Miguel Arcangel comenzará, lentamente, la procesión del Misterio. Con las primeras notas de la banda, una incontrolable emoción riega de lágrimas a los fieles. (…) Lágrimas, no sólo de duelo y pena por la muerte de Cristo, sino de pura angustia acumulada, incluso para aquellos que no son devotos. Y cómo no conmoverse, más o menos devotamente, con el sobrecogimiento del campanilleo vibrante de un soplo emocionado, seguido de un cortejo de cadenciosos clarinetes, trombones, tubas, trompas y fliscornios con los que se abre la celebérrima “Jone”, marcha fúnebre escrita en 1858 por Enrico Petrella, y hoy en día muy extendida en todas las procesiones de la Italia meridional.” (de la nota interior de “Passione”)

Ionica en su salsa

Y no sólo allí. “Jone”, rebautizada por estos lares como “Ione”, es una de las típicas marchas del denominado estilo “sevillano” que acompañan a más de un palio cuando marcha “sobre los pies” durante la Semana Santa. “Ione” es una adaptación de la ópera “Jone” de Enrico Petrella, compositor contemporáneo de Verdi, que el maestro Font y Fernández de la Herranz, arregló para ser interpretada procesionalmente en 1899.

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Banda Ionica – Jone (Petrella)

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Soria 9 – Ione (Font y Fdez. de la Herranz)

Durante la grabación de aquel primer disco, en el año 1997, el mayor de los músicos que participaron en la grabación tenía 21 años, mientras que los más jóvenes aún no habían cumplido los 15. En su mayor parte, se trataba de chavales pertenecientes a varias Bandas de Catania y Siracusa, dirigidos por el “Maestro Rosario Patania” (seudónimo de Roy Paci), y que, al igual que él, compartían el mismo amor por la tradición regional de una tierra que, como la nuestra, lleva el peso de la historia sobre sí. Conocidas allí como “marchas fúnebres”, resulta obvio el lazo que une estas interpretaciones a las que nuestros propios chavales machacan en más de un descampado a la caída del sol y que, una vez que han sido suficientemente ensayadas, acompañan a nuestras procesiones desde que sale la Cruz de Guía hasta que se recoge el último costalero.

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Banda Ionica – Una Lacrima sulla tomba di mia madre (Vella)


Roy Paci en traje de paisano, flanqueado por dos colegas

  • “Todo empezó con Fabio Barovero, quien había quedado fascinado por el sonido de las Bandas. Aunque él nació en Turin y ha vivido en el Lazio, y esta sonoridad no le era extraña, toda esta música le parecía un folkore muy lejano y tradicional. Así que nos unimos en este proyecto y todo salió muy rápido. Elegimos los músicos más jóvenes y arriesgados de varias bandas, teniendo en cuenta que no hubieran estudiado música clásica, para evitar que pareciera una gran orquesta interpretando marchas fúnebres. Así nació la Banda Ionica. Que, por cierto, ha tenido un éxito increíble, con conciertos en España, Francia y Holanda, y ya nos están reclamando desde America y Japón, a los japoneses les encanta estas cosas tan curiosas. Estoy orgulloso de haber logrado esto junto a Fabio y queremos llevar adelante el proyecto. Una pena que en Italia no haya tenido tanta consideración y, sin embargo, los medios se vuelcan con otros proyectos mucho más publicitarios, como ese de los cuatro cantantes de Ópera, con todo mi respeto para ellos. En cambio, asistir a un concierto de la Banda es asistir a aquello que nos puede sugerir un cierto tipo de imagen, de paisaje del sur de Italia. Normalmente no me gusta alabar mis propios proyectos, es la primera vez que lo hago, si me permites la presunción. Y la Banda Ionica es, de entre todos los trabajos que he hecho, el que más me ha compensado, siendo como soy tan crítico con mis obras. Es un gran proyecto, gracias ante todo a la intervención de los grandes artistas que han dado de verdad un trozo de su corazón para realizar el disco y llevarlo al directo.” (entrevista a Roy Paci)

La segunda obra de la Banda Ionica, “Matri mia”, llega en el año 2001, y, como no podía ser menos en la trayectoria de Paci, supone un cambio radical respecto al anterior trabajo. El tono lúgubre de las marchas fúnebres deja paso a un universo más abierto, donde se intenta revivir toda la tradición centenaria de las bandas musicales del sur de Italia, más allá de la Semana Santa. Esta vez hay interpretaciones vocales, cortesía de Macaco El Mono Loco, Arthur H, Cristina Zavalloni, Mauro Ermanno Giovanardi, Lara Martelli y el poliédrico Vinicio Capossela, que aparecen como artistas invitados. Las letras, como sugiere el título del disco, están dedicadas a las mujeres y en particular a la figura maternal.

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Banda Ionica – Intro / Espinita (voce: Dani Macaco)


Il maestro Rosario Patania a la trompeta

La mayor parte de estos músicos y cantantes pasaron por Sevilla en mayo del 2004, cuando la Banda Ionica abrió la serie “Territorios” con un concierto en el Patio de Los Alcazares. Para entonces, el sonido más artesanal y recogido del primer disco ya se había expandido para reverberar casi como una gran orquesta, mitigando así el shock que suponía que una banda siciliana viniera a Sevilla a presentar su repertorio de marchas de Semana Santa. Como fuese, algunos de los que allí estuvimos guardamos un excelente recuerdo de aquella noche.

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Banda Ionica – Raissa (voce: Arthur H)


Roy Paci metido en faena

De ese año 2.004 es también la aparición del grupo en la banda sonora de “After midnight” (“Dopo mezzanotte” en el original), una película italiana que rendía tributo al cine clásico; y al año siguiente aún los escuchamos en otra banda sonora, esta vez de “La fiebre”, que incluso ganó el premio de la Crítica Joven de Europa en el Festival de Sevilla. Y desde entonces poco es lo que se ha sabido de la Banda Ionica. El principal motivo es, cómo no, la hiperactividad de Roy Paci, muy atareado con sus múltiples proyectos (¿no descansa este tío?), entre los que destacan por un lado Aretuska, con un repertorio que salta entre ritmos tan dispares como el rock’n’steady, ska, soul, funk y las tarantelas, y, por otro, su alter-ego Corleone, más próximo al jazz y la avant-garde, siempre desde la perspectiva mediterránea.

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Roy Paci & Aretuska – Se stasera sono qui (con Meg 99 Posse)

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Roy Paci & Aretuska – Viva la vida

De momento, en Sevilla, un muro invisible sigue separando el mundo de la música procesional de las tendencias musicales más actuales. Es posible que haya por ahí un Roy Paci que aparte de una vez las telarañas y los prejuicios que envuelven una de nuestras formas musicales más personales. Aunque los resultados no están garantizados. En uno de los capítulos de su libro “45”, Bill Drummond, antiguo manager de Echo and the Bunnymen y Julian Cope, que alcanzó el éxito a inicios de los 90 con los ritmos acid de The KLF, relata la inmensa frustración que para él y Jimmy Cauty (su otra mitad en KLF) supuso intentar montar una versión de su éxito “What time is love” con una banda de metales y tambores, razonando sobre la dificultad de cuadrar los tiempos de una banda orquestal con la métrica del “acid dance”.

Aunque…¿quién sabe? Igual un día de estos los chavales del descampado nos sorprenden ensayando ritmos batucada con sus tambores o sirviendo de soporte a las letras de algún cantante local. Todo es posible.

Desde que se editó este post, hace cuatro años, como os dije antes, Roy Paci ha seguido manteniendo activamente el proyecto de Aretuska, editando desde entonces un par de discos más y un “grandes éxitos”, a la vez que intervenían en algunas películas cinematográficas y programas de televisión. Por su parte, Roy a devenido en un activista por la paz, comprometido en campañas contra la violencia de género, la ayuda a los niños, y la intervención humanitaria en África.

LOS PAJARITOS CANTAN, LAS NUBES SE LEVANTAN

“Solo otro día de diamante, solo una brizna de hierba…” Una voz como de flauta, melancólica, muy inglesa, cantando de una forma tan suave que algunas palabras apenas son susurros. El disco que grabó VASHTI BUNYAN en 1970, ha llegado a ser uno de los más celebrados artefactos de folk ingleses de aquellos tiempos, y ciertamente el más raro de todos los que se produjeron en la compañía Witchseason, propiedad de Joe Boyd, que fue quien lo produjo personalmente.

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“Diamond day”

Desde su edición, Vashti fue tan esquiva y misteriosa como el propio disco, de hecho solo se le conocían unas pocas entrevistas que dio para promocionar su primer single, que le produjo Andrew Loog Oldham. De allí sacamos en claro que ella era tímida, bastante tristona, se gastaba una pinta muy a lo Françoise Hardy y unas veces sí y otras no decía que era descendiente de John Bunyan, un escritor y predicador cristiano inglés del siglo 17, que tiene el honor de haber escrito entre otras muchas obras, “El progreso del peregrino”, del que se dice que es el libro más leído en lengua inglesa.

Vashti nació en Newcastle, pero pronto se trasladó a Londres, donde aprendió a tocar la guitarra a través de un amigo de la escuela de arte, lo que le ocasionó la expulsión de dicha escuela ya que los profesores le dijeron que no podía dedicarse a la vez a la música y a la pintura, que era lo que originalmente estaba aprendiendo allí. Ese fue el espaldarazo definitivo para que optase por la música, y armada con una guitarra acústica y un puñado de canciones propias se recorrió pacientemente todos los despachos de Tin Pan Alley intentando encontrar un manager.

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“Leave me”

Aquello ocurría en 1965 y ella tenía entonces solo 19 años de edad, sin embargo no escribía tontas canciones de amor, sino canciones que iban de cómo a veces algo puede ir mal en el amor; pero como no estaba al frente de una banda, ni vestía a la moda del Swinging London, nadie tenía ni idea de qué hacer con ella. Así que iba de oficina en oficina consiguiendo solamente algunas palmaditas en la espalda seguidas de la consabida frase de “muy bonito, muy bonito, ya te avisaremos, querida…”.

Lo que no consiguió de la forma oficial lo hizo de forma oficiosa: cantando en una fiesta en el Soho, donde la descubrió Monte Mackay; pero como este hombre era agente de artistas de teatro se la pasó a su amigo Andrew Loog Oldham, que en pocos días la hizo grabar para Decca un single con una canción de los Rolling Stones, “Some things just stick in your mind”. Se ve que el hombre quería repetir la jugada de unos meses antes con Marianne Faithfull y el “As tears go by”, pero esta vez apenas vendió copias del disco. Lo único que consiguió Vashti es que Mick Jagger se cabrease con ella porque en una de las entrevistas de promoción que antes mencionaba, en el programa de televisión de Jimmy Saville, dijo que ella escribía mejores canciones que él. Luego lo intentó arreglar diciendo que se refería a que escribía mejores canciones que Mick para cantarlas ella…

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“Some things just stick in your mind”

Vashti terminó por romper también con Oldham y su siguiente single, la exquisita “Train song”, lo editó ya en Columbia Records en mayo del ’66. Pero esta vez no tuvo televisión, ni anuncios, ni nada de nada, por lo que la chica se dio cuenta de que si quería llegar a algo en esto de la música debía tener a su lado a alguien que fuese el jefe y ejerciese como tal, así que volvió de nuevo con Oldham, que ya tenía un floreciente imperio con su sello Inmediate Records. Allí grabó un nuevo single, “I’d like to walk around in your mind”, producido por Mike Hurst (y versionado muchos años después por las chicas de Lush), que desde el principio quedó arrinconado, lo que rompió su frágil espíritu y le hizo quedar muy desengañada del negocio musical.

Fue por entonces cuando conoció a Robert Lewis, otro estudiante de arte que tenía unas ideas muy raras sobre caballos y carretas, y de reactivar las visitas a los lugares de interés geográfico e histórico a través de peregrinaciones. Esta visión de la vida le gustó a Vashti, que al fin y al cabo también tenía en sus venas sangre gitana heredada de su bisabuela materna; y como su padre la había echado de casa porque metía en ella a todos los perros que encontraba por ahí, ahora vivía en una tienda de campaña debajo de un rododendro en el campo de detrás de la escuela de arte en la que conoció a Robert.

Desde ese momento la vida de Vashti se convirtió en algo mágico. Robert era amigo de Donovan, el famoso cantante, que le dio dinero para que se comprase un caballo y una carreta. Donovan (que, como dejan traslucir algunas de sus canciones, estaba todavía más pirado que Robert) acababa de comprar la isla de Isay, una pequeña isla deshabitada de las Hébridas Interiores, al oeste de Escocia, en la que pretendía establecer un nuevo Renacimiento de las artes, atrayendo a escritores, pintores y músicos de todas partes para que se estableciesen libremente allí; algo que le iba a hacer famoso por los siglos de los siglos. Así que Donovan metió a todos sus amigos en un Land Rover y fueron los primeros en dirigirse hacia allí. Vashti y Robert también se encaminaron hacia la isla, pero ellos iban más despacito, con su carreta y su caballo tirando de ella, sin forzar demasiado al pobre animal en las interminables cuestas arriba, parando y currando por el camino para poder comer y esas cosas… vamos, que tardaron dos años en llegar, y para cuando lo hicieron todos los que estaban allí ya se habían aburrido de aquella vida de ermitaño y se habían vuelto a la ciudad.

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“Rose hip november”

Sin embargo, durante el viaje Vashti conoció a Joe Boyd, que la había visto hacía tiempo en una actuación y le había gustado mucho. Joe se mostró muy interesado en las canciones que Vashti estaba componiendo por el camino, que servían para documentar su aventura hippie, así que como en la isla ya no tenían nada que hacer se acordó de él y le llamó. Joe le ofreció un contrato discográfico en su sello Witchseason, y la oportunidad de grabar un LP. Ella no se lo pensó, si habían tardado dos años en llegar a las Hébridas, ahora solo tardaron dos días en volver a Londres.

Joe le presentó a varios de los componentes de Fairport Convention y de la Incredible String Band, a los que no conocía de nada ya que Vashti se había retirado del mundo de la música y había perdido el hilo de lo que se cocía; mejor aún, porque de haber sabido la importancia de aquellos músicos que iban a acompañarla en sus grabaciones, y que se mostraban tan amables con ella, seguramente se hubiese puesto muy nerviosa.

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“Swallow song”

Ahora sus nuevas canciones, como no podía ser de otra forma, reflejaban su nueva forma de vida. Y no creáis que no la entiendo personalmente, porque cuando uno vive en el campo se le despierta su sensibilidad hacia las arañas y los escarabajos. Así que Vashti estaba muy vulnerable y con la mente muy abierta sobre las formas alternativas de vivir la vida en el mundo. Canciones como “Window over the bay” y “Rose hip november” son evocadoras y enormemente melancólicas; en realidad todo el disco es como una colección de miniaturas en el que solamente tres de las catorce canciones llega a los tres minutos de duración. Los suaves arreglos de Robert Kirby, tanto para las artificiales máquinas de grabar como para los naturales cuartetos de cuerda, son tan buenos y tan conmovedores como los que le conocemos por sus contribuciones a las canciones de los dos primeros discos de Nick Drake. Es una joya pastoral, música folk de cámara, llena de estanques con lirios, luciérnagas, gusanos de luz, alegres riachuelos, y arco iris… el sonido del anochecer y del amanecer.

Estas canciones sobre grandes granjas construidas en piedra, pescadores que vuelven a sus casas o perros de orejas caídas podrían parecer cuentos infantiles en otras manos, pero Vashti las hace sonar intensamente personales. Mucha culpa de ello la tuvo Joe Boyd que quiso recrear en el estudio de grabación una atmósfera como de fuego de campamento, a pesar de la oposición de Vashti, que quería un poco más de sobreproducción; pero visto ahora como quedaron las canciones, creo que la razón estuvo de parte de Joe Boyd, no sé que pensaréis vosotros…

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“Window over the bay”

Después de grabarlo, el disco estuvo mucho tiempo buscando distribuidor. Island, la habitual compañía de Joe para estos menesteres, no se interesó por él en absoluto, y terminó por sacarlo la Phillips. Y cuando salió este “Just another diamond day”, Vashti ya era una año más vieja y había tenido un hijo. Se le presentaba así una disyuntiva: podía ponerse a promocionar el LP y criar a su hijo en Londres, o mudarse a una casa de campo que le proporcionaba la gente de la Incredible String Band en Escocia. Eligió esta segunda opción y se mantuvo viviendo en la Escocia rural durante más de 25 años.

El disco no tuvo muy buenas críticas y se vendió muy poco; si a eso le añadimos el hecho de que algunos críticos con más mala uva que visión musical se cebaron sobre lo ridículo que resultaba su optimismo hippie, menospreciando el disco como una cosa inconsecuente, no es extraño que Vashti diese por terminada definitivamente su carrera musical y se olvidase de su etapa anterior hasta el punto de que en su casa no dejase siquiera a sus hijos (después tuvo dos más) escuchar su música y éstos lo hiceran a escondidas cuando ya tuvieron algunos años más y se encontraron en un cajón una cinta que ella no había tirado no se sabe muy bien por qué.

Pero fueron llegando los años de la década de los ’90 y tras separarse de Robert, Vashti se enamoró del abogado que tramitó su divorcio y se trasladó a Edimburgo con sus hijos y con él. Allí, en la gran ciudad, adquirieron algunas de las comodidades mundanas, como un ordenador con conexión a internet. Y Vashti, tecleando por curiosidad su nombre en Google, descubrió que su olvidado disco se había convertido en legendario. Y los pocos ejemplares que había se vendían en las tiendas y ferias por más de 900 libras. Así que tras dos años de discusiones con su antigua discográfica, recuperando los derechos de las canciones, se las arregló para que el disco se pudiese reeditar en CD. Y de esa forma muchísima más gente pudo conocer uno de los más frágiles, hermosos y únicos discos que nunca se hayan podido escuchar.

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“Come wind come rain”

Y no solo gente anónima, sino que este resurgir de Vashti llamó también la atención de muchos artistas folkies y experimentales, como Devendra Banhart, que la invitó a aparecer en su disco del 2004, “Rejoicing in the hands”. O Stephen Malkmus, que la invitó a cantar con él en uno de sus conciertos, lo que significó la primera aparición pública de Vashti en más de tres décadas. O de Animal Collective, que grabaron con ella su EP “Prospect hummer”. O de Max Richter, que la convenció para que volviese a grabar un nuevo disco, “Lookaftering”, en el año 2005, para el que contó con la ayuda de Devendra, de Joanna Newson, e incluso de Robert Kirby de nuevo, quien ya le ayudase en la grabación del primero. Si aquel “Just another diamond day” era una descripción de los lugares donde hacía su vida, de los paisajes que recorría, éste otro describe los paisajes de su interior. Si aquél era optimismo, sueños, imaginación, éste volvía la vista atrás para ver qué pasó con todos aquellos ensueños. Una mirada hacia delante, una mirada hacia atrás… los dos discos son como las tapas de un libro que encierra toda su vida.

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“Martha my dear” (Con Max Richter)

Como si sus tres décadas de retiro solo hubiesen sido un punto y seguido, Vashti retomó su carrera, y “Lookaftering” se convirtió en el punto de partida de una gira que la llevó por Japón, Singapur, Escandinavia, Berlín, New York… después vino otra gira más, y otra…la cantante que nunca hizo una gira cuando era joven, y que pasó la mitad de su vida entre las verdes colinas escocesas, a los 60 años se veía inmersa en la presión de la vida moderna. La ironía final es que su canción “Diamond day”, escrita hacía treinta y cinco años como respuesta a su rechazo comercial, fue elegida para algo tan distante de lo que en ella se reinvindicaba como era ilustrar el anuncio de un teléfono móvil. Puede que Vashti tuviese algún sentimiento de culpabilidad por esto, pero cuando pudo enviar a estudiar a su hijo menor (nacido en 1988) a una universidad americana con el dinero que le dieron, seguro que se le disipó totalmente.

La historia de sus primeros años se completó cuando en el 2007 aparecieron antiguos acetatos y cintas en la casa de uno de sus hermanos, y después de quitarles el polvo convenientemente, todos aquellos singles llenos de referencias al sonido Spector que evocaban aquella edad dorada y permisiva en la que la mayor ilusión de Vashti era convertirse en estrella del pop, y las maquetas de 20 canciones de cautivadora simplicidad sin nada más que su voz y su guitarra, salieron a la luz bajo el título de “Some things just stick in your mind: Singles & Demos 1964-1967”. Ella nunca se vio a sí misma como una cantante folkie, y así lo atestiguan los primeros singles que editó, pero el destino es caprichoso y pasará a la historia como musa y madrina del folk británico. Algunas canciones pasan a través de las generaciones como si fuesen una especie de ADN cultural, y la convicción y simplicidad de Vashti Bunyan seguramente le asegurarán una adoración en el futuro que muchos de sus actuales discípulos, que gozan ahora de mayor éxito, es posible que no tengan entonces.

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“Against the sky”

Las canciones comenzaron a volver a mí cuando cogí de nuevo mi guitarra después de la reedición de “Diamond day”. Supongo que comencé a oir ese disco de forma diferente por las cosas bonitas que supe que se decían de él. En los años anteriores, siempre que cogía una guitarra me sonaba horriblemente, porque “Diamond day” también sonaba horrible para mí, así que la soltaba de nuevo. Incluso cuando lo he intentado de forma intermitente, era como si la guitarra estuviese completamente muerta en mis manos. Pero entonces volvió a la vida y fue… un sentimiento maravilloso. Era algo grande… y me hizo darme cuenta de cuánto lo había echado de menos.

FROM GENESIS TO REVELATION

En el verano de 1970 GENESIS se estaban planteando si merecía la pena seguir en la música ya que su vida como banda estaba siendo muy problemática, y aunque ya llevaban editados dos discos, el público no les hacía demasiado caso, y además estaban teniendo serios problemas para mantener fijos a un guitarrista y a un batería. Anthony Philips, el guitarra original, les tuvo que dejar por problemas de salud, y los baterías, hasta un número de tres se habían ido sucediendo desde que al primero de ellos, Chris Stewart, le echaran sin muchas contemplaciones, lo que nos permitió con el paso del tiempo disfrutar de sus libros escritos en la sierra de Granada, y de los que, dicho sea de paso, uno de los ejemplares de la primera edición lanzada en castellano, el que contiene la primera dedicatoria que Chris realizó en nuestro idioma (a mí, por cierto), ocupa un lugar preferente en una de mis estanterías.

Estas eran las caras y la música de los Genesis originales:

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“The silent sun”
(El batería, Chris, es el de la derecha del todo en la foto)

En el verano de 1970 Phil Collins acababa de dejar una banda llamada Flaming Youth después de que casi se matan o se quedan sin pies por no dominar las armas que estaban empleando en la performance de su disco conceptual “Ark 2”.

Por entonces Phil no había oído hablar de Genesis nunca en su vida, pero un día, leyendo el Melody Maker vio un pequeño anuncio que estaba remarcado en un cuadro aparte de los demás, lo que a él le pareció una buena señal, porque eso quería decir que quien hubiese puesto el anuncio manejaba dinero.

El anuncio decía: “Tony Stratton-Smith requiere un batería y un intérprete de guitarra de 12 cuerdas sensibles a la música acústica”.

Tony Stratton-Smith, Strat para los amigos, era el manager de Genesis, y así es como le conocía Phil Collins, porque se contaba entre su círculo de conocidos. Así que fue una tarde al bar del Marquee Club, donde sabía que lo iba a encontrar, para que lo enchufase con el grupo éste del anuncio. “Son unos tíos muy melindrosos”, le dijo Strat; “así que no podré meterte por la cara. Tendrás que ir a hacer la audición de prueba como los demás”. Y así lo hizo Phil; la prueba se realizó en la gran casa que tenían los padres de Peter Gabriel en Chobham.

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“The knife”
(Aquí el batería era John Mayhew)

Phil Collins fue allí acompañado de su amigo, el guitarrista Ronnie Caryl, que también iba a probar suerte en el casting. Cuando llegaron ya había esperando delante de ellos varios baterías más.

Phil había hecho ya muchas audiciones, pero ésta le sorprendió. Para hacerla se presentó allí con una camiseta y unos vaqueros, porque las audiciones solían ser siempre en clubs pequeños y sudorosos, pero ésta era en un día muy soleado, en un gran jardín, con un enorme piano debajo de los árboles, a la sombra. Y de la casa salió Mike Rutherford vestido con un batín y en zapatillas. Phil pensó que aquello no tenía más cojones que ser la banda de acompañamiento de Noël Coward; le parecía todo increíble.

Después salió Peter Gabriel y le dijo: “Todavía te queda un buen rato para la prueba, mientras la hacen los otros, si quieres, te puedes dar un baño”, señalándole la enorme piscina que había también en el jardín. “Fantástico”, pensó Phil; y mientras se dirigía hacia ella pensaba “estos tíos tienen pasta, seguramente a ellos podré pedirles 6 libras a la semana en vez de las 5 que ganaba antes… bueno, mejor 7 libras…”

El baño le dio también la oportunidad de ir escuchando a los otros baterías, y de aprenderse las canciones. Su reacción inicial a la música fue, “joder! esto es como Crosby, Stills & Nash”. Demasiado suave, y además música demasiado difusa para su gusto. Pensó que tendría que meterle cojones para espabilarla un poco.

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“Dusk”
(Las baquetas todavía las tenía John)

Cuando se sentó ante la batería parecía como si Phil Collins fuese el que tenía el control de aquello; Mike, Tony y Peter parecían nerviosos, como agobiados; parecían tímidos e inseguros. Aunque dentro de su inseguridad a Phil le parecieron arrogantes. Pero, bueno, lo que importaba era que ellos tenían un trabajo que ofrecer y él estaba en el paro.

Cuando iban en su coche de vuelta a casa, su amigo Ronnie le dijo, “yo lo he hecho bastante bien, pero tú les has volado la cabeza, tío”. “No jodas!”, le contestó Phil; “¿en serio…?”

Y sí. Era en serio. Porque tres semanas después Peter Gabriel le llamó por teléfono para decirle. “Mmmm, eeehh, ¿está Phil ahí?”. Así era como Peter hablaba, con muchos “mmmm”, “eeeeeh” y “estooooo”. “Nos gustaría, mmmm, eeeeehh, que te unieses, estooo, a la banda. Mmmmm, te podremos pagar, estooooo, 10 libras eeeeeh, a la semana…”

Y el resto de la historia ya la conocéis todos.

Luego Phil se fue estropeando con el tiempo.

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“For absent friends”
(La primera canción compuesta por la banda con Peter Gabriel y Steve Hackett)

SOLO SE MUERE DOS VECES

El primer día del verano de 1975 PHIL OCHS fue asesinado en el Chelsea Hotel por John Train, que es quien está hablando ahora. Yo maté a Phil Ochs. La razón por la que le maté es que él era una especie de genio, pero bebía demasiado y acabó por convertirse en un gilipollas aburrido. Por el bien de las sociedades, públicas y secretas, era necesario que nos deshiciésemos de él. Aunque él había tenido ideas brillantes, como “An evening with Salvador Allende”, y un par de buenas canciones, como “Crucifixion” y “Changes”, hacía tiempo que ya no era necesario ni útil… (John Train, en una entrevista, 1975)

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“Changes”

Las escenas de mis años jóvenes están frescas en mi mente,
visiones de sombras que brillan.
Hasta que un día volví y me dí cuenta
de que habían sido víctimas de las enredaderas del cambio…

No era necesario ni útil. Nadie podía imaginar un destino peor para un cantante de folk de los años 60; y con la excepción de Bob Dylan, no hubo un cantante de folk más grande en las calles del Greenwich Village que Phil Ochs.

Él personificó la embriagadora exuberancia del activismo político de la era Kennedy, produciendo canciones grandes y regulares para causas grandes y pequeñas. Su material fue elevado más allá de la propaganda por su agudo sentido del humor, pero a veces se volvía profundo, con una enternecedora compasión que le hacía escribir también canciones como “Changes” y “There but for fortune”. Después de todo, el borracho tenía corazón.

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“There but for fortune”

Muéstrame una prisión, muéstrame una cárcel,
muéstrame un prisionero cuya cara haya empalidecido,
y yo te mostraré a un joven con tantas razones como él,
y que si no hubiese sido por la suerte, podríamos ser tú o yo…

Los ’70 no fueron buenos años para los cantantes de folk. Con la Guerra del Vietnam terminada y Nixon despedido de su despacho, algo se había desinflado dentro de “el movimiento”. La nueva década parecía no interesarse por mucho más que el negocio de la industria. Phil Ochs no editó ningún disco más desde 1970, el irónicamente titulado “Phil Ochs’s Greatest Hits”, y el título de la última de sus canciones lo dice todo: “No more songs”. Llegado 1975, su bloqueo para escribir, su incapacidad para ver un lugar para Phil Ochs en el nuevo esquema de las cosas, era tan agudo, que su única solución fue convertirse en otra persona diferente.

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“No more songs”

Hola, hola, hola,
¿hay alguien en casa?
Solo llamo para decir
que lo siento.
Han despertado los tambores
y todas las voces se han ido.
Y parece que no habrá más canciones…

Y se convirtió en John Train. Un nombre muy adecuado para él, porque entonces era como una locomotora desenfrenada de cabeza al desastre. Se le veía en las calles del Village, con su abrigo andrajoso, completamente fuera de control. A todos los conocidos le preocupaba, pero nadie sabía qué hacer. La verdad es que todos estaban luchando también su propia versión de la misma batalla que Phil.

Casi todas las ideas simplistas de los años 60 sobre el bien y el mal ya no tenían vigencia. El mundo ya no era lo que solía ser. El movimiento de Martin Luther King no tenía ya nada que ver con el de Rap Brown, y todos los que vivieron profundamente los 60 estaban ahora confundidos de un modo u otro… algo parecido a lo que ocurrió aquí unos años más tarde cuando los antiguos clandestinos parafraseaban aquello de “contra Franco vivíamos mejor”.

El propio Phil Ochs había puesto los poemas de Mao Tse-Tung en la contraportada de uno de sus discos para mostrar que su alma poética era víctima de la paranoia de la guerra fría americana. Pero sin tratar de justificar, ni mucho menos, esta paranoia, resultó después que Mao era responsable de la muerte de más personas que Hitler. Ya nada era blanco o negro…

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“The war is over”

Veteranos con una sola pierna dan la bienvenida a un nuevo día.
Y van silbando alguna marcha mientras cortan el césped.
Y las gárgolas solo están allí quietas llorando por ellos.
La gitana que me leyó la mano me dijo que habíamos sido engañados.
Uno solo es aquello que cree.
Y yo creo que la guerra se ha terminado.
Se ha terminado. Se ha terminado…

John Train se movía a toda velocidad por el Village en un constante estado de hiperansiedad, paranoia y borrachera, armado con cualquier cosa excepto una guitarra. Dilapidó los treinta mil dólares de los ahorros de Phil Ochs en locuras y acabó loco perdido, durmiendo en el cuarto de calderas del Chelsea Hotel.

Unos meses después John Train volvió a dejar que Phil Ochs saliese a la luz, pero se alejó de New York, donde su personalidad anterior había dejado algunos enemigos peligrosos. Se trasladó a Los Angeles por una breve e igualmente infeliz temporada. Su personalidad de John Train por fin se había desvanecido, pero el tiempo que la mantuvo le costó perder su lugar en la “Rolling Thunder Revue”, la gira que había montado Bob Dylan, que estaba basada en un concepto que los dos habían discutido a menudo. La manera en la que Phil Ochs quedó después de sobrevivir a los estragos de John Train hizo que su crónica depresión se convirtiese en desesperación. Ahora veía que su carrera había quedado hecha un desastre, su cuenta corriente agotada, y en lo personal había quemado todas sus naves. Sus amigos y su familia intentaron convencerle de lo contrario, pero Phil lo sabía mejor que nadie. Estaba vacío; una vacuidad que abrumaba todos los demás aspectos de su ser.

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“Chords of fame”

Toca los acordes del amor, amigo.
Toca los acordes del dolor,
si quieres seguir con tus canciones.
Pero no, no, no toques los acordes de la fama…

Y un día como hoy, el 9 de abril de 1976, con solo 35 años de edad, Phil se colgó en el cuarto de baño de la casa de su hermana, con la que ahora estaba viviendo, en Far Rockaway, muy cerca de donde nació Margo Guryan, otra cantautora que tuvimos en este blog la semana pasada.

El Phil Ochs que tomó la decisión de suicidarse estaba equivocado. Estaba vacío, sí, pero no estaba acabado. La trampa más cruel que a uno le tiende una depresión es hacer pensar a su vícima que el vacío es una parte natural del ciclo de la vida, que es permanente. El desesperado acto final de Phil significó que nunca supo qué hubiese sentido al cantar respaldado por los Clash, que nunca pudiese conspirar con Billy Bragg, que nunca lo detuviesen con Martin Sheen… y no pudo ver a su hija crecer para convertirse en una de las organizadoras de la Unión por las Libertades Civiles de América. Y a nosotros nos privó de su consejo, de su energía, de su corazón…

Uno no puede más que entender la reacción de sus amigos: rabia. Todos estaban furiosos con Phil por haber cometido semejante estupidez, semejante sinsentido. Solo podían llorar. Y llorar. Y seguir llorando.

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“I ain’t marchin’ anymore”

Marché en la batalla de Nueva Orleans
y en la primera guerra contra los británicos.
La tierra joven comenzó a crecer,
la sangre joven comenzó a fluir.
Pero ya no marcharé nunca más.

Porque ya maté a la cantidad de indios que me correspondía
en miles de luchas diferentes.
Yo estuve en Little Big Horn
y escuché a muchos hombres mentir;
y ví a muchos más morir.
Pero ya no marcharé nunca más.

Siempre nos han llevado a la guerra los mayores,
y siempre han caído los jóvenes.
Míranos ahora a todos los que hemos vencido con el sable y la pistola
y díme si ha merecido la pena.

Porque yo robé California de la tierra de los mejicanos,
peleé en la sangrienta guerra civil,
sí, e incluso maté a mi hermano
y a muchos otros más.
Y ya no marcharé nunca más.

Porque marché a las batallas de las trincheras alemanas
en una guerra que iba a acabar con todas las guerras.
Oh, pude haber matado a un millón de hombres,
y ahora quieren que vuelva de nuevo.
Pero ya no marcharé nunca más.

Porque volé en la misión final sobre el cielo de Japón,
y desencadené el poderoso hongo que rugió.
Cuando ví a las ciudades arder
supe que estaba aprendiendo algo.
Que ya no marcharé nunca más.

Ahora el líder laborista grita cuando cierran las plantas de missiles.
La United Fruit grita en las costas de Cuba.
Llámalo paz, o llámalo traición,
llámalo amor, o llámalo razón.
Pero ya no marcharé nunca más.

SILLY LOVE SONG

Imagínate una historia como ésta: un guitarrista mundialmente famoso decide formar una banda en la que se supone que nadie va a conocerle. Mientras la está formando se enamora de la esposa de un amigo suyo, también mundialmente conocido. La esposa no deja a su marido, así que el guitarrista escribe todo un disco completo de canciones de amor para ella. El disco fracasa y la banda se disuelve. Tres de sus miembros se convierten en junkies, y uno de ellos muere. El batería se vuelve loco y mata a su madre, otro de los miembros que tocaba en las sesiones del disco se mata con su moto en el mismo cruce en el que el bajista de su banda se mata también un año después. Mientras tanto, el padrastro de nuestro guitarrista (que en realidad era su abuelastro, si es que esta palabra existe) también muere. Nuestro protagonista se mete entonces profundamente en la heroína, y resulta que pasado algún tiempo el disco que grabaron se convierte en un éxito y su canción principal se convierte en una de las canciones de rock más famosas de todos los tiempos. Finalmente también consigue a la esposa de su amigo, pero entonces cambia el caballo por la botella y terminan separándose también…

-Eh, eh, Carrascus… para el carro… nos has contado cosas extrañísimas y nos las hemos creído… aquello de los pedos, y lo de la ingravidez… joé, si hasta nos creímos lo del zombie… pero no pretenderás que nos creamos todo este rollo, ¿no…?

Pues sí; sé que es difícil de creer. Pero es que todo sucedió en realidad tal como lo cuento.

Patti Boyd, aka Patti Harrison, aka Patti Clapton… aka Layla.

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Derek & The Dominos – “Layla”

El de 1969 fue un año que marcó un antes y un después en el rock. Fue ése el año en el que los LPs comenzaron a sobrepasar en ventas a los singles por primera vez, y las bandas comenzaron a dar conciertos en estadios abarrotados y en grandes festivales. El dinero comenzaba a afluir al rock en cantidades inimaginables. Pero fue también el año en el que muchos de los principales músicos comenzaron a desilusionarse con el circo en el que el rock se estaba convirtiendo y a resentirse de las presiones, cada vez mayores, del negocio que lo rodeaba y de las expectativas de las crecientes audiencias. Fue el año en el que Jimi Hendrix rompió su Experience para volver a disfrutar haciendo jams con la Electric Church. También fue cuando Peter Green comenzó a considerar seriamente su marcha de Fleetwood Mac a pesar de que estaban vendiendo ya más discos incluso que los Beatles. Y fue también el año en el que Eric Clapton, tras la ruptura de Cream (que contamos aquí mismo hace muy poco), comenzó a buscar una salida musical que le diese más satisfacciones que las puramente monetarias.

Esas satisfacciones no las encontraba en su nueva banda, Blind Faith, porque lo que a él le gustaba era el sonido, totalmente diferente a los inacabables solos, que escuchaba en el primer disco de The Band, algo que le atrajo de forma inmediata, y que ya fue toda una apoteosis en el segundo de los que éstos sacaron. Se hacía patente que Eric tenía que cambiar la dirección de su sonido. Y eso fue lo que hizo, volver a las raices a través de su unión al grupo de Delaney & Bonnie. Tanta fue la confianza en sí mismo que adquirió Eric Clapton que incluso se atrevió a grabar su primer disco en solitario en enero de 1970.

Con su nuevo giro musical Eric comenzó a animarse y ya hasta se le veía sonriendo mientras tocaba. Incluso se animó a asistir a fiestas y a ligotear con unas chicas y otras, sobre todo con Alice Ormsby-Gore, una de las hijas de Lord Harlech, el más importante de los ocupantes de la Cámara de los Lores británica (un inciso para señalar que otra de sus hijas, Jane, mantuvo también una relación con Mick Jagger, y fue la inmortal “Lady Jane” de la canción de los Stones), y con Paula Boyd, que era hermana de la esposa de George Harrison, Patti, a su vez, el mejor amigo de Eric.

Cuando Eric conoció a Patti Boyd se terminaron todas las demás para él; ella se convirtió en la mujer más deseada… a la vez que la más inalcanzable.

Eric y Patti se vieron durante los primeros meses de 1970 sin que George sospechase nada hasta una noche de verano en que en la fiesta que daba Robert Stigwood en su casa les viera dirigirse al jardín cogidos del brazo. Sin embargo, Patti prefirió quedarse con su marido y Eric volvió al consuelo de los brazos de su hermana Paula. Pero fue la antorcha que encendió Patti la que incendió la música de Eric Clapton.

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Eric Clapton – “Lovin’ you, lovin’ me”

Amigos para siempre: un roadie con el perro, Bonnie, Delaney, Bobby Keys, Eric Clapton, Carl Radle, Jim Gordon, Jim Price, un desconocido y Bobby Whitlock.

Con el tiempo y las discusiones sobre el maldito dinero la banda de Delaney & Bonnie se fue separando de ellos para irse con Joe Cocker; excepto Bobby Whitlock, que les permaneció fiel hasta el final, en que la situación ya fue insostenible. Y se hubiese quedado comiéndose los mocos si su mentor, Steve Cropper, no le hubiese pagado un billete de avión para que se fuese a Inglaterra y se uniese a Eric Clapton, que estaba en disposición de poder levantarle el ánimo. Los dos solitos comenzaron a grabar algunas cosas, pero para sacarlas adelante vieron que tenían que formar una banda completa. Así que cuando la gira de Joe Cocker se terminó, Bobby llamó a su colega Carl Radle, que se fue también a Inglaterra con ellos, y desde allí mismo contactaron con Jim Keltner, para que se ocupase de la batería.

Ya eran un cuarteto, pero todavía ni siquiera tenían nombre cuando les invitaron a tocar en un concierto para recaudar fondos para la Defensa Legal de los que luchaban por las Libertades Civiles. Allí, en los camerinos del Lyceum londinense, Eric Clapton decía que no quería aparecer con su nombre, prefería mejor hacerlo con el de Del, que era como le llamaban varios de sus amigos, y alguno de los otros sugirió que podrían llamarse The Dynamics. Y Del & The Dynamics hubiese sido su nombre si el presentador no lo hubiese oído mal y no hubiese salido a presentarles gritando… “ladies and gentlemen… con todos ustedes… DEREK & THE DOMINOS…!!”.

Eric Clapton, Bobby Whitlock, Jim Gordon y Carl Radle.

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Derek & The Dominos – “I looked away”

Después de algunos conciertos más en Inglaterra, la banda se trasladó a Miami, porque en los estudios de grabación Criteria estaba Tom Dowd, un impresionante ingeniero de sonido y productor que ya había estado con Ray Charles, Otis Redding, Aretha Franklin, John Coltrane y Cream, donde Eric comprobó que Tom era el rey y se convirtió en la persona del mundo del rock que más respetaba, por encima incluso de los propios músicos que conocía. Cuando Robert Stigwood le contrató para que dirigiese las sesiones de Derek & The Dominos, Tom acababa de finalizar su trabajo con el “Idlewild South” de los Allman Brothers y tenía bastante amistad con ellos, por eso no le extrañó que un día le llamase por teléfono Duanne Allman diciéndole que estaban también en Miami para un concierto y que si no le parecía mal que cuando lo terminasen se viesen y le presentara a Eric Clapton, que se moría de ganas de conocerle.

Cuando Tom le preguntó a Eric, éste le contestó: “¿Te refieres al chico ése que tocaba el solo en ‘Hey Jude’…?”, mientras él mismo sacaba de su guitarra las notas del solo como aparecían en el disco de Wilson Pickett. “Pues entonces díle que no venga… nos vamos todos al concierto…”. Y de la fiesta que todos se montaron después salió el compromiso de Duanne de unirse a las sesiones de grabación de los Dominos, que frucitificó en canciones como “Why does love got to be so sad?”, “Have you ever loved a woman?” o “Tell the truth”

Duanne Allman suma su guitarra.

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Derek & The Dominos – “Tell the truth”

Las relaciones entre los músicos, la atmósfera del Criteria, la libertad que Tom Dowd ofrecía para que la música surgiese de forma natural, y la montaña de drogas que consumían sirvió para crear el ambiente propicio, “la matriz”, como decía Eric Clapton. Y otro factor importante a añadir era la presencia de Duanne Allman.

Éste se tuvo que ausentar durante cuatro días porque los Allman Brothers tenían que cumplir con unos conciertos ya comprometidos; mientras, el resto de los músicos seguía grabando, claro, porque el contador de horas y dólares seguía corriendo. En aquellos días completaron “Nobody knows you when you’re down and out” y anduvieron enredados con el esquema de una canción que interpretaron de cuatro o cinco formas diferentes. Esa canción era “Layla”, y después le daría su nombre al disco completo y cristalizaría como testamento del amor no correspondido.

La historia de Layla y Mashoun se originó en la Persia medieval, pero Layla no rechazó a su pretendiente, fueron sus padres los que se opusieron, haciendo de su amor un caso como el de Romeo y Julieta, así que la canción en realidad no refleja los problemas amorosos del propio Eric Clapton, pero a él le gustaba mucho este nombre y la forma en que la historia estaba contada. Como canción, Eric siempre ha dicho que no tenía ni idea de en lo que se llegaría a convertir. Comenzó siendo una cancioncilla sin nada especial para él, y solo hacia el final fue cuando el entusiasmo la convirtió en algo realmente poderoso. Y eso fue porque Duanne Allman volvió y se entusiasmó con ella. Y le dio su firma identificativa e inconfundible con la guitarra del principio… aunque en honor a la verdad ese riff era una versión a gran velocidad de un blues lento que compuso Albert King, “The years go passing by”

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Albert King – “The years go passing by”

“Layla” se construyó sobre un montón de brillantes capas de sonido, coronadas por los alaridos de la slide guitar de Duanne Allman. Dave Marshall, en la revista Rolling Stone describía la canción como “siete minutos de agonía… un blues perfecto sin recurrir a las formas del blues tradicional…”, a pesar de los guiños que le hace al “Love in vain” de Robert Johnson (sí, la que versionaron los Stones). Termina Dave diciendo que “la grandeza de la canción y su importancia en la historia del rock y en la carrera de Eric Clapton son incuestionables”. Una evaluación que es tan válida hoy como cuando se publicó hace ya cuarenta años. El propio Eric reconoce la enormidad de “Layla”:

Estoy enormemente orgulloso de esa canción. Tener la propiedad de algo así de poderoso es una cosa a la que no me acostumbraré nunca. He intentado recrear ese sentimiento una y otra vez. Pero no se puede hacer. Me he dado cuenta de que es inútil. Simplemente está ahí, y ahí se ha quedado.

Después de completar todas las canciones del disco, Derek & The Dominos se volvieron a Inglaterra a realizar una gira mientras Tom Dowd se quedaba en Miami haciendo las mezclas. Y ya las tenía todas hechas cuando la vuelta de los músicos le dio un gran dolor de cabeza: traían consigo la idea de unos acordes de piano que querían meter al final de “Layla”… no se sabe muy bien de donde los sacaron; se dice que se los habían oído a Jim Gordon mientras grababa su propio disco en solitario en otro de los estudios de Criteria y se lo pidieron… se dice que los había compuesto Rita Coolidge, que estaba muchas veces por los estudios… se dice también que los compuso el saxofonista Jim Horn… pero lo más seguro es que surgiese tal como le contó Bonnie Bramlett a Tom en el funeral del manager de los Allman Brothers algún tiempo después… “Oye, tío, estamos orgullosísimos. Hemos oído ‘Layla’ y quien nos iba a decir que esa parte de piano del final iba a llegar ahí saliendo de aquellas jams que nos montábamos todos juntos sentados por allí después de los conciertos de Delaney & Bonnie…”. Tampoco se sabe muy bien cómo Tom logró encajar de forma tan perfecta ese piano en la parte final de la mezcla ya realizada, en la que no figuraba ningún piano, sin contar con los sofisticados equipos ni los ordenadores que hay en la actualidad.

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Derek & The Dominos – “Keep on growing”

El disco se editó en diciembre de 1970 y a pesar de su brillantez la gente apenas lo compró. Puede que no fuesen buenos tiempos para las baladas, puede que el deseo de anonimato de Eric llevase a la gente a la indiferencia por un disco del que no conocían a los autores… la portada del disco no tenía letras ningunas originalmente, por lo que los compradores pasarían sobre él en las estanterías sin pararse mucho a mirarlo. Y a pesar de que la compañía discográfica distribuyó un montón de chapitas en las que se leía “Derek is Eric”, la mayoría de la gente no reconocía a Eric Clapton como el Derek del disco.

Y así continuaron las cosas durante los siguientes dos años, e incluso el disco doble en directo grabado en el Fillmore que la banda editó a principios de 1973 se vendió mucho mejor que el de “Layla”. En realidad no fue hasta que su canción estrella se editó como single en el ’72 que no comenzó a conocerse bien y a dar los primeros pasos para llegar a ser esa canción favorita de todos a través de los tiempos que es hoy.

Derek & The Dominos dieron su último concierto el 6 de diciembre de 1972, y después se separaron. La culpa la tuvieron principalmente las drogas. La banda era una unión de personalidades bastante diferentes que nunca dejaban de meterse coca y heroína, y que si permanecían juntos era por el pegamento que significaba el regimén de grabación que les imponía Tom Dowd y por el entusiasmo por ver terminado el disco que estaban haciendo. Pero una vez que lo acabaron y se fueron de gira las drogas, en vez de unirlos, sirvieron para aislarlos a unos de otros. Y el que en peor estado se encontraba era Jim Gordon: a través de sus ojos no asomaba ni un atisbo de alma, la heroína le había convertido en un ser surrealista; fue entonces cuando comenzó a oir voces en el interior de su cabeza…

Jim, Carl, Bobby, Eric y otro perro.

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Derek & The Dominos – “Bell bottom blues”

El principio del fin llegó cuando Jim, al que se le iba todo el dinero con el caballo y siempre necesitaba más y más, comenzó a quejarse porque gran parte del que generaba la banda iba a parar a manos de Eric y Bobby Whitlock (autores de la mayoría de las canciones) a pesar de que él, Jim, era el coautor de “Layla”. El grupo fue destruido por lo mismo que les hizo grandes: el dolor. Derek & The Dominos era en realidad el lugar que a todos ellos les servía de escondite de sus propias realidades, y eso era algo que lógicamente no podía durar para siempre. A Eric Clapton la personalidad de Derek le servía para ocultar el hecho de que estaba intentando robarle la esposa a otro. Esa fue una de las razones, así el podía escribir una canción para ella e incluso darle otro nombre a Patti Boyd; por eso surgieron Derek y Layla. Y después, cuando se casaron, muchos de sus problemas matrimoniales venían del hecho de que a menudo no podían enfrentarse a las personas reales que eran. Mientras Eric era Derek le ocultaba el anonimato, pero los Dominos se separaron demasiado pronto y Eric tuvo muchas dificultades para enfrentarse al hecho de que él volvía a ser él de nuevo.

Y además la tragedia comenzó a cebarse en todos ellos y en los amigos mas cercanos a la banda; el 29 de octubre del ’71 Duanne Allman estrelló su Harley contra la parte de atrás de un camión en Georgia. La gran cantidad de heridas internas que se produjo le llevaron a la muerte en el hospital poco después. En noviembre del ’72 el bajista de los Allman Brothers, Berry Oakley, estrelló su moto contra un autobús en aquel mismo cruce. También murió.

Duanne y Berry.

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The Allman Brothers Band – “In memory of Elizabeth Reed”

Carl Radle se volvió a unir a Eric en 1974 y permaneció con él hasta 1979. En realidad Carl fue siempre el líder de facto de los Dominos, él era el “hermano mayor”, el que sabía aconsejar a todos, con el que todos estaban en deuda; era el filósofo que guiaba las vidas de los demás, el que siempre tenía respuesta para todo… pero que no tuvo respuesta para el telegrama que le envió Eric despidiéndole a él y a los demás músicos americanos de su banda. Aquello amargó profundamente a Carl, y a pesar de que siempre había ayudado a Eric a sobrellevar sus problemas con la heroína ahora sucumbió a los suyos propios. Murió en 1980 de una infección de riñón causada aparentemente por sus problemas con las drogas, pero nunca se aclararon exactamente las circunstancias de su fallecimiento. Carl permaneció muerto durante cuatro días hasta que descubrieron su cuerpo, y cuando la noticia se hizo pública, Kay, la chica que puedes ver con la cabeza descansando sobre su mano en una de las fotos interiores del disco de “Layla”, también se pegó un tiro en la cabeza.

Jim Gordon tuvo una carrera musical ilustre durante los años ’70 tocando con John Lennon, Traffic, Frank Zappa, los Beach Boys… pero sus problemas con las drogas continuaron hasta que su salud mental fue ya irrecuperable. En 1979 aceptó un trabajo para acompañar a Paul Anka en unos conciertos en Las Vegas; pero la primera noche, apenas unos acordes después de empezar la primera canción, abandonó el escenario incapaz de seguir tocando. Las voces que oía de nuevo en su cabeza le sumergieron en la paranoia y la esquizofrenia. A las 11 y media de la noche del día 3 de junio de 1983 Jim condujo hasta el piso que tenía su madre al norte de Hollywood y llamó a su puerta. Cuando la señora la abrió Jim le golpeó la cabeza con un martillo y después le clavó un cuchillo en el pecho. Desde entonces permaneció en el manicomio de Atascadero, tranquilamente sedado hasta que unos diez años después vio por la tele del salón comunitario a Eric Clapton recogiendo el Grammy a la mejor canción del año por la versión unplugged que había hecho de “Layla”. Aquello hizo saltar algún resorte en la cabeza de Jim Gordon y se convirtió de pronto en una fiera que destrozó todos los muebles e incluso atacó a una enfermera… cuando después encontraron en su habitación una lista de nombres a los que tenía sentenciados a muerte, que incluía a su mujer y su hija, a su contable, a Robert Stigwood, a Bobby Whitlock y a Eric Clapton, las autoridades pensaron que había que tenerlo mejor vigilado y lo trasladaron a un penal de California.

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Eric Clapton “Layla” (unplugged)

Las aventuras y tribulaciones de Eric tras su etapa con Derek & The Dominos han estado siempre bien documentadas, las conocéis de sobra. Las muertes de Duanne Allman y de Jack Clapp, el hombre que le crió y que Eric siempre pensó que era su padrastro cuando en realidad era el padrastro de su madre (Eric Clapton creció en la creencia de que su madre, Patricia, era en realidad su hermana, ya que le tuvo a él con un hombre casado que después volvió con su mujer), el fracaso de “Layla” y el rechazo de Patti Boyd, siempre han sido citados como las causas de su retiro en Hurtwood Edge y su adicción a la heroína. Pero quizás sea más cierto que para él la heroína fuese la llave que le permitía salir de su jaula, la excusa para poder sobrevivir cuando estaba obligado a hacer un disco y una gira cada año o morirse en el intento… Eric y Patti por fin se casaron en 1979, pero para entonces Eric había cambiado la heroína por el alcohol, lo cual fue incluso peor para él y para los que le rodeaban, Patti incluída. Ella le abandonó en 1985 y se divorciaron tres años después.

Bobby Withlock grabó cuatro discos en solitario hasta 1976 y abandonó su carrera hasta 1999 en que volvió con “It’s about time”. El también tenía sus propios problemas que nunca ha querido desvelar. Cuando en abril de ese año le invitaron al programa de Jools Holland tocó tres canciones acompañado por un guitarrista que al principio no reconoció. Allí en la esquina, esperando para tocar, estaba Eric Clapton. Bobby y él no se habían vuelto a ver desde la disolución de Derek & The Dominos, pero cuando se vieron de nuevo en aquel escenario se reverdecieron sus antiguos vínculos. Eric le dijo: “Tío, ¿qué pasa…? aquí estamos todavía…”. Y Bobby respondió: “Sí… así es… aquí estamos todavía…”.

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Derek & The Dominos – “Little wing”

Jimi Hendrix nunca escuchó esta versión de su canción, porque murió solo diez días después de que la grabasen.