Atrapado por el blues de Memphis
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NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO (El banquete final)
Carrascus

Para Lu y Koloke, que suelen escribir posts dedicados a la comida. Y para Zambombo, que prefería un post a un comentario.

Yo tengo dos grandes pasiones, y durante el año de 1.992 que nos ocupa, y la gran muestra universal que tuvimos aquí en Sevilla, pude desarrollar las dos con una gran diversidad. En la Expo pasé casi tanto tiempo disfrutrando de sus conciertos como de su gastronomía. Y me ocurrió también que me tuve que tragar enormes bazofias… esta vez en sentido literal. Pero después de todo, igual que ocurrió con la música, creo que con la comida también el balance final fue positivo.

Eso sí, tuve que gastar pasta por un tubo. Pero en aquellos años todavía no tenía que preocuparme de ninguna hipoteca, y disfrutábamos de los tiempos a los que la señora Carrascus se refiere ahora cuando, tras un enorme suspiro, dice: “echo de menos cuando teníamos dinero…”

Porque de otra forma jamás podíamos habernos permitido el lujo de abonar facturas como las que reproduzco en este post (que han aparecido en la carpeta de recuerdos olvidados de la Expo), ni de haber sido comensales en muchos de los restaurantes de los que disfrutamos allí.

En la Expo podías comer cualquier cosa… bastaba que te girases hacia un lado y tenías alguna oferta culinaria. Y aptas para cualquier bolsillo. Pero igual que la gente hacía colas enormes para entrar en los pabellones o para consumir productos asequibles a una economía media, cuando uno acudía a los restaurantes que presentaban una oferta más singular apenas tenía problemas para realizar una reserva, o incluso podía presentarse en ellos sin realizarla siquiera y obtener una mesa. Porque los restaurantes de la Expo, en general, eran caros de cojones.

Y ese era el motivo de que siempre estuviesen llenos los bares que hemos mencionado en los anteriores posts… el “Kangaroo Pub”, el “Yankee Stadium” americano… así como el pabellón de la Cruzcampo, a pesar de ser la cervecería más grande de Europa, o las diferentes casetas del pabellón de las Tierras de Jerez; y pudieses ir a cenar sin ningún problema a “La Toque de Europa” o a la mayoría de los restaurantes de los pabellones autonómicos españoles.

En la cervecería más grande de Europa incluso fabricaban la cerveza que se consumía alli mismo.

La sra. Carrascus y yo no le hicimos ascos a nada: igual nos tomábamos un perrito caliente, una hamburguesa o unas raciones de pizza en cualquiera de los cientos de kioskos que nos encontrábamos al paso, que nos permitíamos el capricho de una cena romántica o familiar en algunos de los muchos restaurantes que se nos ofrecían a nuestra elección. Y de eso tratará esta entrada, de lo que vimos, padecimos y disfrutamos, entre fogones y mesas con manteles de hilo.

Desde el principio tuvimos claro que a los restaurantes de los pabellones autonómicos no no íbamos a acercar, más que nada porque su oferta podíamos degustarla fácilmente en otro entorno que no fuese el de la Expo… aún así no pudimos resistirnos al día en que el Pabellón de Extremadura ofrecía degustaciones gratuitas de jamón de sus dehesas, que al remojarlo la sra. Carrascus con abundante vino de pitarra de aquellas tierras, le hizo imposible dar un paso por aquel suelo de cristal de la planta superior, a través del cual se percibían muchos metros de espacio vacío hasta el nivel de la planta baja, lo que me hizo tener que representar el papel de caballero andante, y llevarla en brazos hasta los ascensores, entre el aplauso del nutrido (y muerto de risa) público asistente, que seguramente pensarían que estaban asisitiendo a una representación cutre de “Oficial y caballero”.

De todas formas, de la gastronomía española me quedé con ganas de asistir a algunas de las cenas del pabellón español. Bueno… sí que llegamos a estar en el mesón, en el que además de menús de unas 2.000 pesetas, había también raciones y bocadillos que se podían comer en un terraza magnífica con una espléndida vista sobre el lago… ¿o aquella terraza era la del pabellón de Andalucía…? No lo recuerdo con exactitud, pero en realidad da igual; a donde no pude acceder nunca fue al apartado exclusivo en el que cada cierto tiempo se dedicaba una jornada a algunos de los grandes restaurantes españoles… “El Bulli”, “Jockey”, “Sibaris”, “Señorío de Bertiz”… porque probablemente las mesas las repartirían entre la “crème” sevillana, y nunca había nada disponible cuando llamaba para hacer una reserva… en algún momento determinado me cansé de intentarlo y lo dejé por imposible.

Así que el mono de que nos cocinara un chef de gran prestigio nos lo quitamos en el restaurante “La Toque de Europa”, que era una maravilla al borde mismo del lago en el que se presentaban platos de toda la Comunidad Europea, cocinados por Iñaki Izaguirre, del que en aquella época se decía que era el Pablo Picasso de la cocina. Sabíamos que el caprichito nos iba a costar un buen pellizco, pero… qué cojones…!

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Cocinero, cocinero…

Cuando llegamos me sorprendió que la chica del atril de la entrada, en lugar de preguntarnos por la reserva que había hecho yo previamente me preguntase por las invitaciones… le dije que cuando llamé para reservar no me dijeron nada de invitaciones. Y es que la chica pensaba que veníamos a una cata de aceites que estaban haciendo en uno de los salones; lo que no me sorprendió, porque clientes… lo que se dice clientes de pago, solo estábamos nosotros dos; que teníamos a nuestra disposición toda la ámplia terraza exterior, como ya os digo, a la mismísima orillita del lago.

Y a nuestra disposición también, claro está, todo el servicio… un maitre amabílisimo y más pelota que el tío de la tienda de ropa de “Pretty woman”, un camarero atentísimo a cualquier mínimo detalle, como llenar los vasos de vino hasta su medida justa en cuanto los vaciábamos… el hombre no tenía otra cosa que hacer, de todos modos… el somelier, que vino a servirnos la botella cargado con toda la parafernalia de desgolletarla, abrirla, disponerla en la mesa, etc… con la pompa y el boato dignos de un banquete de película…

La comida estaba muy buena… buenísima… pero los platos eran algo escasitos y más historiados que el copón. Por ejemplo, el “Nido de jamón” de mi primer plato tenía poco jamón (aunque era un pata negra digno de aplauso) y mucha patatita fina formando un nido “picassiano” contrapunteado por salsas de colorines; en realidad, creo que era poca cosa para las casi 2.400 pelas que me clavaron por él (IVA aparte, jejeje), aunque el plato tenía nombre y todo, se llamaba “Curro”. El carpaccio de hígado de pato (pero de hígado de verdad) de la sra. Carrascus también era digno de prestarle una atención especial. Ahora bien, los lomos de buey rellenos de queso de cabra, acompañados de diferentes clases de purés, que nos metimos los dos de segundo fueron ya una cosa indescriptible del todo.

De postre pedimos dos diferentes para compartirlos: una “meloja”, como decimos aquí (¿qué coño es eso de “milhojas”?) con una mariconadita hecha con pétalos de rosa, y una marquesa de chocolate con jugo de fruta de la pasión… Y mientras disfrutábamos de ellos entre aaaaaahs y ooooohs de placer casi orgásmico vino el propio Iñaki Izaguirre a preguntarnos si todo había sido de nuestro gusto y a darnos un poquito de charleta. Todo muy de puta madre y digno del mejor recuerdo… hasta ahora.

Las pegas vinieron después. Y no, no estoy hablando de la factura de 14.774 pelas que véis ahí arriba. No es que fuesen cosas en exceso desagradables, pero que a mí, sin llegar a estropearme en absoluto la buena sobremesa en aquel ambiente tan encantador y propicio al hedonismo, sí que me lo enturbiaron un poquito. Para empezar, en un sitio tan “fino” y “exclusivo” como aquél no tenían bourbon del bueno… ni del corrientito siquiera; solo whisky escocés a mil pelas el pelotazo, por lo que con el cubata, aún sin ser del todo el de mi gusto, tuve que perderle el cariño a mil trescientas y pico de pelas más (IVA aparte, claro). Y fue durante esta sobremesa cuando aparecieron los únicos otros comensales que tuvieron esa noche, un pequeño grupo de tres adultos y un niño, encabezados por la señora Duquesa de Feria, que pasaron, por cierto, por nuestro lado sin dejar ni una pequeña muestra de algo que pareciese un saludo, a pesar de que éramos las únicas personas que estábamos allí en ese momento.

En cuanto se sentaron apareció junto a su mesa Iñaki Izaguirre y esta vez el peloteo fue más o menos como el que nos hizo a nosotros el maitre, pero multiplicado por diez. Y lo que me sentó fatal es que a ellos les regalase una botella de oloroso tan bonita e historiada como sus platos, para que se la llevasen de recuerdo o la disfrutasen mientras les servía… ¿Y por qué me molestó? Vale, yo no soy nadie de fama o prestigio como la señora Nati Abascal, y me parece muy bien que el chef quisiera tener un detalle con ella… pero yo lo hubiese hecho de forma más discreta para no hacer de menos a nadie que estuviese cerca… joé, que nosotros también éramos clientes (los únicos hasta ese momento, recalco) que nos dejábamos allí una pasta y no tuvieron ni el detalle de invitarnos a algo, aunque hubiese sido a una copa que compensase que la que me sirvieron no era siquiera la que me había apetecido.

No sé vosotros si pensáis como yo de una situación como ésa, pero a mí me hizo constatar cómo de diferentes son las atenciones a las personas según su clase social, aunque estén en el mismo entorno. Y lo peor no es eso, que no soy un iluso y sé que las cosas son así, sino mostrarlo abierta y ostentósamente sin cortarse lo más mínimo con quien pueda sentirse agraviado comparativamente. A mí personalmente me pareció una grandísima falta de educación.

Y aunque me quedó cierto regustillo amargo, opté por mandarlos mentalmente a todos al carajo, y seguir disfrutando de la compañía de la sra. Carrascus en aquel vergel de tranquilidad y belleza.

La vista de la sobremesa.

Como os dije antes, aunque con un chef español, y una mayoría de especialidades también españolas, éste era el restaurante que representaba a la Comunidad Europea. De países concretos de nuestro continente también visité bastantes, aunque los restaurantes tenían muchos altibajos. De entre los mejores, el pabellón de Alemania, que tenía en su planta superior un restaurante en el que todo te lo servían en porcelanas y cristalerías muy finas, aunque tanto arenque y pasta casera alemana no me terminase de convencer; el lomo de buey portugués y el bacalao también eran dignos de repetir visita; el italiano tampoco estaba mal, aunque era excesivamente caro y aunque tenían el gancho de tener un vino diferente por cada día que duraba la Expo, en realidad casi ninguno soportaba comparaciones serias con los españoles. El restaurante suizo, el “Eaten by…”, tenía mucha fama porque tenía colgados del techo y de las paredes muchos tiestos extraños, y cuadros con botellas, bandejas, pretendiendo ser todo muy artístico, pero en realidad a mí me parecía bastante feo y la comida era absolutamente forrajera, aunque se salvaban el mousse de chocolate y que los menús costaban solamente 1.650 pelas. El que sí era bonito de verdad era el restaurante del pabellón de Hungría, a dos niveles entre aquellos campanarios, con menús a base de oca, pescados de río, sopa gulasch. Normalmente los restaurantes que estaban en plantas altas presentaban unas vistas muy buenas de la Expo que hacían agradables las sobremesas, pero no eran muchos los que superaban la “prueba del 9”, y gastronómicamente hablando no tenían la misma altura… era una pena que en un rincón tan bonito como la terraza del pabellón que compartían Polonia y Bulgaria solo se pudiesen degustar derivados del chucrut…

Pero sin duda ninguna, nuestro restaurante favorito, no solo de los europeos, sino de toda la Expo, era el del pabellón de Noruega, el “Restaurante La Rica Noruega”, que tenía un buffet grandísimo en el que podías servirte a voluntad cualquier clase de salmón, preparado de múltiples formas; carnes de alce, reno, ballena, aves raras; muchos pescados y mariscos…

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Qué gustito, qué placer…

No era barato, pero merecía la pena; el cubierto costaba 3.800 pelas por cabeza, y los niños pagaban la mitad; y aunque podías comer todo lo que quisieras, la bebida te la cobraban aparte… nosotros solíamos remojarlo todo con su típica cerveza Ringnes, a razón de 350 pelas la jarra. Pero os juro que de allí salíamos que en vez de andar, rodábamos… por eso íbamos sobre todo a mediodía en vez de a cenar.

La factura que os he escaneado, en la que nos cobran dos menús infantiles debe ser de un día que vino con nosotros nuestra sobrina Laura (el Joselillo tenía apenas dos años y no pagaba), que era algo mayor que nuestra hija. Y recuerdo especialmente esa ocasión porque nos libramos por un pelo de que nos llamasen la atención. Las dos niñas estaban especialmente contentas y no paraban de ir y venir y andar entre las mesas (bastante separadas como para molestar a nadie) y por todo el salón, sin parar de reír y de comentar cosas que parecían hacerles mucha gracia… la sra. Carrascus y yo seguíamos comiendo y charlando con la tranquilidad que da el saber que por allí no iban a perderse; hasta que en uno de los momentos en que las miramos los ojos se nos quedaron abiertos como platos al ver que las dos estaban probando de todos los postres que había en el buffet… con las cucharas que había para servirlos! Las puñeteras se acercaban a alguno de los postres, cogían el cucharón con el que la gente se los apartaba a sus platos, lo llenaban y lo probaban… comentaban entre risitas si les gustaba o no, o vete tú a saber qué, soltaban el cucharón de nuevo en el recipiente del postre y se iban a hacer lo mismo con otro… y así. Menos mal que nos dimos cuenta antes que los atareados camareros…

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Con las manos en la masa…

Como véis, mi sobrina siempre ha tenido un talento especial para meter los dedos donde no debe.

De entre los restaurantes europeos hubo un par de ellos que me hubiese gustado visitar pero no pude hacerlo. Uno de ellos fue el de Rusia; pero no el autoservicio que tenían, que ése tenía de ruso lo mismo que yo, ya que estaba gestionado por la misma compañía que llevaba el restaurante del aeropuerto sevillano, y la comida era igual de previsible y mala, y más cara todavía que la de éste. Sin embargo tenían un pequeño restaurante, en el que por 5.000 pesetas te ponían un menú con caviar del de verdad, berenjenas rellenas con nueces, solomillos con salsas especiales… pero os juro que en toda la Expo nunca pude pillarlo abierto. De verdad que llegué a dudar de si este restaurante existía realmente, o solo tenía la puerta, sin nada más detrás… decenas de veces llamé por teléfono para reservar sin que nadie me cogiese el auricular en aquel lado, y otras muchas veces fuimos allí directamente mientras estábamos en la Expo, a horas del día diferentes, del mediodía y la noche, y nunca pude ver aquella puerta abierta; siempre estaba cerrado sin que nadie pudiese indicarme si había algún horario en el que pudiese uno venir a comer…

El otro que me quedé con las ganas de visitar fue el restaurante francés. “La Carte de France”, se llamaba, y era todo de diseño vanguardista y cálidez. Pero tenía muy pocas mesas y nunca pude conseguir ninguna. De todas formas la verdad es que tampoco lo intenté con tanto ahínco como con el ruso, porque aquí una cena te salía por unas 12.000 pelas por persona… y realmente era un precio que me echaba para atrás si me lo pensaba un poco.

De entre los restaurantes americanos nuestro favorito era el de Cuba. A él íbamos exclusivamente por la langosta, que te las servían cortadas por la mitad transversalmente, por lo que era muy cómodo comerlas. Eran pequeñas y por eso costaban solamente 500 pesetas cada una de esas mitades, un precio más que asequible para lo que se acostumbraba en el resto del recinto. Ya puestos, también comíamos cochinito con yucas y plátanos fritos, picadillos criollos, tartas de frutas tropicales…

La terraza de las langostas y los mojitos.

Allí tuve un problema en nuestra primera visita a la hora de pagar. En aquella época mi empresa tenía un convenio con American Express que nos reportaba algunas ventajas a los empleados, y ésa era la tarjeta de crédito que yo entonces usaba. Una tarjeta que era aceptada en todos los pabellones de la Expo igual que lo era en cualquier tienda del país. Pues cuando se la dí al camarero para que se cobrase la cuenta, me dijo que no… que no… “hermanoooo… esto es Cuba… hasta aquí llega el bloqueo americano…”, me dijo. Así que tuve que dejar allí a la familia un rato mientras yo iba al cajero más cercano (los había por todos lados también) a sacar dinero en efectivo.

Al resto de los pabellones americanos íbamos sobre todo a beber cócteles tropicales y café colombiano, porque en su mayoría sus platos estrellas eran ensaladas con frutos y verduras exóticas, y mucho forrajillo; aunque no nos quedamos sin probar también un día el menú único que ofrecían en su parrilla los argentinos, que consistía en ensalada, sopa de melón, y un enorme entrecot o solomillo de su famosa ganadería vacuna. No estaba mal, pero tampoco es que fuese una maravilla digna de las 7.000 pelas por comensal que nos dejamos allí. No repetimos.

Lo que sí estaba muy bien y era un sitio muy recurrente para nosotros era la tienda de helados de México. Había un kiosko abajo y otro en la terraza, por lo que lo normal era subir a ella, tomarse un helado allí disfrutando de aquel paisaje azteca que recreaban, y al bajar, comprar otro helado para disfrutarlo andando camino a otros pabellones.

La comida africana también la degustamos bastante. En la Plaza de África había un restaurante bastante informal en el que podía hacerse algo parecido a comer de tapeo como en los bares sevillanos. Y también la mayoría de sus “tapas” estrella tenían como base un componente muy andaluz: los camarones. Pero con una diferencia…

El caso es que a mí esos bichitos tan chiquitines nunca me han entusiasmado; no soy muy partidario de esas tortillas de camarones que tanto encandilan a mis paisanos. Y por eso allí en “La Marmita Africana” no iba a pedir hojas de mandioca con camarones, ni aguacate con camarones… hasta que ví como algunos de mis familiares sí los pedían, y comprobé que los africanos (la madre que los parió) llaman camarones a unos bichos que son como nuestros langostinos de la talla XXL. Por supuesto, las gambas, gambones y langostinos sí son de mi aprobación, por lo que me hice asiduo de aquellos platos.

Aquí se comía lo mismo que Aníbal 2.200 años antes.

Estuvimos una vez en el restaurante del pabellón de Marruecos, “La Mamounia”, que tenía un menú degustación por 8.000 pesetas de todas sus especialidades, y era una maravilla… tajines de ternera, hombros de cordero, pichones con almendras, dulces marroquíes… pero añadirle las bebidas a ese precio (cervezas a 400 pelas, y el vino ya ni te digo) hacía que fuese prohibitivo el volver por allí en más ocasiones. Así que se convirtió en nuestro restaurante africano de referencia el de Túnez, en el que te costaba comer menos de la cuarta parte que en el marroquí, y encima era menos conocido y estaba siempre muy tranquilo y con ambiente relajado. Y la verdad es que este restaurante, “Cartago” se llamaba, hubiese merecido mucha más atención, porque era toda una obra de investigación culinaria; los platos que tenían se basaban en los que habían heredado de los cartagineses, los fenicios, los romanos… vamos lo que se llama “dieta mediterránea” con absoluta propiedad. Allí, aparte de unas perdices que ríete tú de las que ponen en la sierra de Cádiz, me dí cuenta de que el cous-cous que yo acostumbraba a comer en el Hacho de Ceuta (por entonces yo aún viajaba por los centros de diálisis) no se parecía en nada al plato magrebí preparado en su forma clásica; aquí más que sémola casi seca, que es como suelen presentárnosla, era más parecido a nuestros potajes andaluces… y como no, la repostería de estos países, que es para no parar de comerla, aunque sea sin acompañarla con té, del que no soy nada partidario.

Y ya por fin, de los asíaticos dejamos aparte el japonés porque su comida no lograba ponernos a todos de acuerdo, y el chino, porque no ofrecía apenas nada más que no conociésemos ya en todos los restaurantes que hay por aquí. Así que nuestro rincón favorito era una especie de placita rodeada por kioskos en los que podías comprar comida de Malasia, de Singapur, de Taiwan… y comértela sentado por allí en alguno de los bancos y mesas dispuestos para ello. Un día que estábamos allí una gran parte de la familia, en total trece o catorce personas con algunos niños, tuvimos un problema que pudo llegar a ser bastante serio, porque un empleado de alguno de aquellos kioskos vio que a los niños les estábamos dando sandwichs y otras cosas que llevábamos nosotros (ya sabéis, nocilla, bollicaos, y esas guarrerías que les gustan), y el tío, en un español macarrónico casi imposible de entender, se empeñó en decirnos que aquello no podía ser y que había que consumir comida comprada allí. Nuestros intentos de convencerlo de que lo estábamos haciendo así y que esa comida era solo la de los niños, que no comen otras cosas, fueron infructuosos, y el hombre aquél cada vez gesticulaba y nos gritaba más y más sin atender a razones, e incluso hizo ademán de quitarle a uno de los niños su bocata… y cuando ya uno de mis cuñados iba a darle la primera hostia lo cogió por banda otro señor de su mismo tenderete (imagino) y lo puso firmes, diciéndole entre otras cosas que nos dejase en paz porque todos los adultos que estábamos allí nos estábamos dejando una pasta gansa en comida y bebida, y que no pasaba nada porque los niños comiesen lo que les diese la gana que trajésemos de casa. Ese señor sí que sabía mirar por su negocio…

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Comer es un placer…

Los niños huyendo del tío que les quería quitar los bollycaos.

Y en realidad todos estos restaurantes orientales era así como funcionaban, basándose en preparar comida para llevar; así que no había mucha variedad entre la que escoger, sobre todo porque además uno de los restaurantes convencionales, el de Filipinas, lo cerraron por problemas de higiene durante las primeras semanas. Prácticamente solo quedaba que mereciese la pena el de Pakistán, al que fuimos varias veces porque no era muy caro (unas 2.500 pelas el menú) y tenía unos excelentes platos de ternera preparada de muchas formas diferentes, en filetes, en pinchitos, picada, en albóndigas, horneada… había un plato de ternera con gambas y arroz pakistaní que era una maravilla.

Y así se nos fue pasando la Expo. A lo mejor os parece que comíamos demasiado, pero no os preocupéis porque bajábamos bien todo lo que comíamos a base de paseos por el recinto y los pabellones… de verdad que no acumulábamos nada de grasa.

He ido hilvanando mis recuerdos intentando estructurarlos de alguna forma, y mientras iba escribiendo me iba acordando de algunas otras cosas. Como el restaurante de Nueva Zelanda, al que era un coñazo ir a comer porque a cada rato estaban los maoríes ésos de los cojones bailándose una Haka a tu lado; que la primera vez que lo ves tiene su gracia, pero después son más pesados que las tunas de aquí.

En otro restaurante (y en general en todo el pabellón) donde eran también particularmente pesados era en el de Yugoslavia. En aquellos días la guerra de los Balcanes estaba en todo su apogeo y los servios, que eran los que estaban en el pabellón, se empeñaban en decirnos una y otra vez que ellos “no eran los malos”, y a cada momento te venían con un papelito para que lo firmases, en el que decían que ellos estaban allí muy bien, y que no tenían nada que ver con las guerras contra los bosnios y los croatas, que esto era una fiesta y no hiciésemos caso a los exterminios que decía la prensa… y otro montón más de tonterías justificativas. Y encima los puñeteros te ponían mala cara si no se los firmabas…

Los Estados Unidos tampoco ofrecían nada especial, más que una hamburgesería de “genuino sabor americano”, que era inmensa y siempre estaba hasta la bola… creo que allí solo llegué a comerme un hot-dog de ésos que veía en las pelis, pero tampoco fue nada especial. Y qué cosa más incómoda de sitio…

Una vez fui al pabellón de Australia con la esperanza de poder comer canguro (si es que se come) o algún bicho raro de los de por allí, pero los cabrones no tenían restaurante para el público, el que tenían era solamente para recibir a los visitantes VIPs y a los políticos y a toda esa gente a la que había que darle coba. Se ve que con el “Kangaroo Pub” consideraban que tenían bastante para la plebe… y aún así se fugaron de él en mitad de la Expo con la pasta que pudieron arramplar.

También quise probar el cordero tan famoso que preparan los turcos, pero el restaurante de ese pabellón, aunque sí abierto al público, era también una especie de saloncito VIP, de un lujo inalcanzable, así que…

Y al de Gran Bretaña ni me acerqué… total, para comer asquerosas “fish and chips” en una típica y tópica taberna inglesa no merecía la pena perder el tiempo.

Y ya para terminar, a los que seáis muy queseros, como es mi caso, os daré un poco de envidia al contaros que en el restaurante de Dinamarca había una tablas de quesos enormes, en el que todos estaban buenísimos… y rizando el rizo, en el restaurante del pabellón de Holanda, lo único que había para comer era queso. En pequeñas porciones. De todas las variedades y calidades. Y todos también buenísimos.

Que aproveche, amigos.

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Buen menú…

28 Comments

  • El dia 26.11.2010, carrascus dijo:

    Ea, pues ya tenéis una entrada nueva. Perdonadme que haya tardado tanto en actualizar el blog, pero es que he estado bastante liado estos últimos días. Os prometo que los próximos se sucederán más rápido.

    Y el post de hoy está especialmente bien traído, porque esta misma noche comienzo el ciclo deeeeeee… cenas navideñaaaaaaaaaaaaaas…!

    • El dia 26.11.2010, Rafa, de uno de los dos dijo:

      Por lo que veo (leo) te has pegao buena vida. No sabía que “además” hubiese todo eso, aunque siempre he sospechado de todos estos restaurantes regionales, ¿de dónde traen sus productos? ¡pues del super cercano! ¡como todos! Lo mismo sucederá con todos estos restaurantes españoles que hay por el mundo, no creo que les lleven desde España los productos con los que cocinan, (habrá excepciones) de cualquier manera habéis hecho muy bien en disfrutar de la gastronomía mundana.
      En cuanto a los restaurantes de lujo, con poca gente y comida exquisita, yo no me encuentro a gusto en donde con un aparente trato amable lo que hacen es discriminarte por otro más importante, más amigo, con más dinero, y eso se nota, además la relación con tu compañía se eclipsa por la exquisitez y la excelencia, y digo esto pues me acuerdo de lo que decía un amigo mío, gran conversador y que daba gran importancia a sus amigos y a su compañía que decía, cuando íbamos a un restaurante económico y de calidad, que se perdía la conversación que él consideraba superior, en las banalidades de resaltar lo exquisito constantemente, como tú bien has dicho, en aaaaaahs y oooooohs, pero en fin, eso es otra historia, porque adornar los buenos momentos de buena compañía con sutiles placeres, pues también está bien.
      Muy buena crónica por esos devenires culinarios. Te felicito.
      Saludos y a seguir zampando.
      Rafa

      • El dia 26.11.2010, losmierdas dijo:

        joé, que atracón, madredelamorhermoso!

        …ejem… voime a hacer la cena… mmm

        • El dia 27.11.2010, Koloke dijo:

          Joer, qué envidia: yo en la expo era un adolescente descerebrado que solo pasaba por allí por las noches a ponerme ciego de birras del pabellón de la Cruzcampo (a 300 pelas la jarra, pero de medio litro). Hoy fijo que los hubiera probado todos, a pesar de las clavadas. Viendo las facturas me quedo alucinado: son precios incluso caros hoy día; si les sumásemos la inflación acumulada desde el 92, creo que le daría a usté un síncope, Don Carrascus

          • El dia 27.11.2010, zambombo dijo:

            Qué barbaridad, la boca agua… que venga McFly con el DeLorean, que me voy a dejar la paga en comida…

            Mi Expo fue parecida a la del Koloke, aunque por entonces no bebía alcohol. Tenía el pase de día, pero mi interés se centraba en ver los pabellones y los conciertos de la plaza Sony. Sólo llegué a comer en el Kangaroo Pub, y es que en esa época no estaba interesado en la gastronomía. Todo un desperdicio, a la vista de lo aquí expuesto.

            En fin, errores de juventud. Felicidades por el post, me ha encantado. Geniales las fotos también, aunque yo soy tu sobrina y te demando por publicar esa foto :D.

            Joder, qué hambre me ha entrado.

            • El dia 27.11.2010, Koloke dijo:

              Lo he calculado: sumando la inflación anual (con datos sacados del INE) su cena de La toque de europa le habría costado hoy 26816 pelas, es decir 161 euritos

              • El dia 27.11.2010, juan antonio dijo:

                Esta expo te debió de salir por un ojo de la cara, me ha hecho reír cuando dices que tienes que sacar a tú señora en volandas, jeje, si es que el vino de pitarra es un cóctel molotov.
                Joder, que es la hora de comer y no se si podre después de este atracón.

                • El dia 27.11.2010, dama dijo:

                  Desde luego, si pudiera darle al tiempo atrás…
                  Con razón hay gente que me dice lo que me perdí en la Expo…

                  • El dia 27.11.2010, losmierdas dijo:

                    pero al final darían con usted, no dama?

                  • El dia 28.11.2010, carrascus dijo:

                    Coñes, Koloke… mira que tomarte la molestia de calcular eso… pues sí, hombre, es cierto lo que dices, la mayoría de los precios serían caros incluso ahora, sin la inflación acumulada. Menos mal que la Expo llegó en un momento en que no teníamos los grandes gastos de casa, comunidad, universidad… en fin, de todos esos dispendios que te distraen de emplear el dinero en las cosas que realmente importan, como son los placeres y los vicios.

                    Ciento sesenta y un euros por una cena para dos es algo realmente caro hoy en día, y más aún cuando los precios de los restaurantes van tirando a la baja con esto de la crisis. Fíjate, el viernes por la noche, en la cena que teníamos los técnicos, teníamos un menú consistente en unos entrantes para compartir, un primer plato compuesto en realidad de varios primeros platos en el que todos íbamos picando de una cosa y otra. Para el segundo plato teníamos dos clases de carnes para elegir, pero nos pusieron las dos a todos. Podíamos repetir de lo que quisiésemos… aunque como nos pusieron de todo, ninguno repetimos de nada. Y la cerveza y el vino eran a discreción, todo lo que pudieses beberte. Y salíamos solo a 35 euros por persona. Un menú así por ese precio era impensable hace tan solo un par de años…

                    La sra. Carrascus y yo, muchas veces cuando ella está currando en el primer turno y nos vamos juntos del trabajo a mediodía, ni siquiera nos planteamos llegar a casa y ponernos a cocinar, quitar la mesa, lavar platos, etc… desde nuestro curro a casa están San Jerónimo, el Parque Empresarial Torneo, el Polígono Store y el Calonge, Sevilla Este… y hay varias decenas de bares y restaurantes donde elegir, con menús completos por precios que van entre los 7 y los 12 euros, con la bebida y el postre incluídos… así que ya me diréis.

                    Y volviendo al tema de la Expo… sí, Rafa, había todo esto y muchas más cosas… y seis meses completos para intentar disfrutar de todas ellas. Y sí, Dama… se perdió usted muchísimas cosas interesantes; tiene razón toda esa gente que se lo dice.

                    Hasta el Koloke y el Zambombo le pillaron las vueltas al evento… en la medida de su edad y sus posibilidades, pero la apuraron sacándole el jugo que pudieron. Hoy lo hubiesen hecho de otra forma, claro… pero es que hoy es dieciocho años más tarde y ellos tampoco son los mismos. Pero seguro que se adaptan bien y saben disfrutar de lo que tienen ahora a su alcance… como tiene que ser.

                    Juan Antonio… lo de sacar así a mi mujer fue incluso más cómico de lo que parece, jejeje… en realidad aquel suelo impresionaba a mucha gente; verá usted, el pabellón de Extremadura era muy alto y tenía dos plantas, pero la planta alta estaba muy, muy alta… y su suelo era de cristal (de cristal muy gordo, claro), y a través de él se veía la planta baja, allí muy abajito, muy abajitooo… y era muy normal que la gente, sobre todo las mujeres (sin ánimo de señalar ni ser machista, eh… era un hecho) al salir del ascensor que las llevaba arriba se quedasen impresionadas y no fuesen capaces de dar un paso por alli. Con el tiempo tuvieron que poner por aqui y por allá unas alfombras que marcaban caminos por los que poder andar sin que pareciese que lo hacías por el aire, para que los/as miedosos/as pudiesen ver lo que había por allí arriba.

                    • El dia 28.11.2010, zambombo dijo:

                      Había otro motivo por el que las mujeres no querían pisar el suelo de ese pabellón, al menos las que llevaban falda. Al ser el suelo totalmente transparente y tratarse de la primera planta… pues eso, que más de uno salió del pabellón con dolor cervical. Desde luego, era sospechoso que los hombres prefirieran quedarse abajo.

                      Por cierto, aprovechando la temática del post, y dado que tengo mi blog de música un poco abandonado, he creído que esta era la ocasión perfecta para cambiar el enlace de mi nick por el de otro de los blogs en los que colaboro, bastante más relacionado éste con la gastronomía (y la economía).

                      • El dia 28.11.2010, carrascus dijo:

                        Jejeje… lo de las mujeres con ese suelo es como tú dices, aunque en realidad a mí siempre me pareció una prevención exagerada, porque la planta estaba tan alta que desde abajo no se veía nada con claridad como para eso.

                        El blog que enlazas con tu nombre ya lo conocía, porque era el que enlazaba Zinvia cuando escribió aquellos comentarios en el post sindicalista. Muy útil la información que dáis, por cierto.

                    • El dia 28.11.2010, David González dijo:

                      Buenas a todos. Mi Expo fué en la línea de la de Koloke y Zambombo. Supongo que al igual que ellos, comer no era una de las necesidades básicas, así que en aquel recinto no pasé de algún perrito caliente o alguna hamburguesa cuando la batería estaba ya bajo mínimos. Eso sí, en el pabellón de la cruzcampo podrías verme a menudo, a pesar del por aquel entonces desorbitado precio de una jarra de cerveza. Al menos te llevabas la jarra de regalo ¿verdad que vosotros también robásteis alguna?.
                      Ya veo Carrascus supiste aprovechar el momento y a pasear de las clavadas, seguro que no te arrepientes de nada. Y guardastes las facturas pensando ya en un futuro post para el blogin. Visionario, que eres un visionario.
                      Saludos.

                      • El dia 28.11.2010, carrascus dijo:

                        En realidad no es que las guardase yo… sino que los niños y la sra. Carrascus cogieron una carpeta y en ella fueron metiendo cosas de la Expo para recuerdo… planos y folletos de pabellones, pasaportes de aquellos con los sellos de los pabellones, entradas, recortes, facturas, parafernalia de las que daban: abanicos, viseras, esas cosas… y aunque supongo que se han perdido muchas, todavía está por aquí esa carpeta con muchas cosas. Y hay también un álbum entero de fotos familiares en sus andanzas por la Expo…

                        Pero todo fue cosa de ellos; yo, en realidad, soy bastante descuidado para eso, y poco amigo de hacer fotos y vídeos, como ya sabéis. Si no fuera por ellos y por mis cuñados ni siquiera tendría fotos y videos de Celia patinando en los campeonatos… fijaos que yo no tengo más allá de un par de fotos de mi época de futbolista…

                        • El dia 28.11.2010, lu dijo:

                          ¿Comer en la Expo yo? Creo que mi dieta era más bien líquida entonces, pero ahora me habría puesto las botas como lo hiciste tú, Carrascus.
                          Oye, una mijita respeto por el forrajillo, hombre… que una se ofende…

                          • El dia 28.11.2010, carrascus dijo:

                            No te preocupes, ya sabes que yo como de todo… en la comida soy tan ecléctico como en la música.

                            Nos vemos el miércoles en el Central. Mañana subiré un post al respecto.

                          • El dia 28.11.2010, Ilde dijo:

                            Hola Carrascus, en la siguiente dirección (la nueva cara de Bienvenidos a la jungla)podrás ver algo relacionado con Jose Casas (respecto al correo que recibí el otro día): http://www.alajungla.blogspot.com

                            Saludos.

                            • El dia 28.11.2010, carrascus dijo:

                              Vaya… se cruzan nuestros comentarios, parece que estamos on-line. Me alegra que al final vencieras tu prevención y descubrieses esta Pistola de Papá que solo dispara buenas canciones.

                              Por cierto, que el viernes noche, en las copas tras la cena de los técnicos que tuvimos, coincidí en un local de la Alameda con Álvaro, el bajista, y me pareció que tenían ganas de montárselo bien el día 10. Procuraré no perdérmelo, claro. Y unos días antes también tendrán un post por aquí.

                              • El dia 28.11.2010, Ilde dijo:

                                Ya nos contarás…

                            • El dia 28.11.2010, carrascus dijo:

                              Mientras me duchaba he tenido puesta la radio y hablaban de los resultados de las elecciones catalanas… y resulta que al Puigcercós de los cojones no lo ha votado ni Déu…! ni Déu…!!! :)

                              …y el que tenga oídos para entender, que entienda…

                              • El dia 29.11.2010, juan antonio dijo:

                                Pobrecito, Pucherco haber quien se va a meter ahora con ustedes los andaluces, ¡¡madre de déu!! que hostion que se pego el Pucherco, jeje

                              • El dia 29.11.2010, EuLaliA dijo:

                                Que a punto estuviste para tomar la foto de tu sobrina :) :)

                                Yo tambien era de las de cocacola y perrito caliente o hanburguesa en los puestos de la expo, ni siquiera de cerveza en el pabellon de la cruzcampo como los otros comentaristas. Mi expo fue bastante aburrida, nada comparable a lo que habeis contado la mayoria, y sobre todo tu, que se ve que si la disfrutaste a tope.

                                • El dia 29.11.2010, carrascus dijo:

                                  No fui yo quien tomó la foto, Lali, sino la sra. Carrascus. Se trataba de que la niña se acercase a la verja donde estaba el cervatillo para sacarles la foto, y ella metió el dedo para señalarlo, lo que aprovechó el bicho para chupárselo justo en el momento en que le tomaban la foto… y salió con esa cara de sorpresa y susto. Es divertida, verdad?

                                  Los niños de mi familia siempre se han llevado muy bien con los animales… mira, por ejemplo, esta otra foto de mi hijo cuando era chiquitín…

                                  5217381575_0d66dc9a11_o.jpg

                                  Y sí… la verdad es que procuramos disfrutar de la Expo todo lo que pudimos… y menos mal, porque nos pilló en una época muy buena tanto económicamente, como laborálmente, porque el curro nos dejaba bastante tiempo libre.

                                  • El dia 29.11.2010, EuLaliA dijo:

                                    Que foto mas bonita!!!! Oye, ¿pero no era peligroso dejar al niño tan cerca de ese ciervo tan grande?

                                    • El dia 29.11.2010, carrascus dijo:

                                      Pues en realidad no lo pensamos en aquel momento, Lali. El ciervo lo habían criado desde pequeñito los propietarios de la casa donde estábamos. Viven en la sierra, entre Lora del Río y la provincia de Córdoba, y lo habían encontrado de muy pequeñito porque en una montería los cazadores habían matado a la madre. La verdad es que era muy manso… lo tenían por allí suelto y ni se escapaba ni ná… comía de la mano de la gente…

                                      • El dia 02.12.2010, XXXXXX-Desaparezca aquí-XXXXXXXX dijo:

                                        qué manera de comer…

                                        • El dia 25.06.2011, Cascabel dijo:

                                          Me encanta este post, podría decir que es mi favorito, además me trae muchísimos recuerdos, incluído el de estar montada en el carrito ese, jeje

                                          • El dia 25.06.2011, carrascus dijo:

                                            Si vas hacia atrás hasta el primer post de esta serie de “No digas que fue un sueño”, verás que también apareces tú en uno de los párrafos…

                                          (Required)
                                          (Required, will not be published)

                                          Si quieres poner una afoto en tu comentario, pega el enlace aquísh. Muuusho cuidao con lo que ponemoh.