LOS TRABAJADORES TENDREMOS QUE PAGAR NUESTROS PROPIOS DESPIDOS

Hasta ahora, cuando habían venido al Estadio Olímpico figuras del pop como Madonna, Bruce Springsteen y AC/DC yo había escrito en este blog textos irónicos y festivos previos a sus conciertos, y después había disfrutado de ellos y escrito crónicas para compartir lo vivido con vosotros. Pero esta vez vienen U2 y no tengo ganas de hacerlo. No voy a entrar en el estadio, y tampoco voy a hacer uso de los palcos de los que disponemos en la clínica. No me apetece en absoluto compartir una noche de fiesta con la mayoría de la gente que va a estar allí, tanto en un sitio como en el otro.

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Cuando nos despidan podemos consolarnos poniéndonos discos de U2

Allí habrá también, lógicamente, mucha gente que conozco y estimo, y espero que lo pasen fantásticamente en el concierto. No tengo nada que reprocharles, faltaría más; la mía es una decisión totalmente personal, basada en las pocas ganas que tengo de compartir un espacio vital hedonista con todos aquellos descerebrados que al anunciarse la fecha de la Huelga General y ver que iba a coincidir con la del concierto (aunque después se cambió a un día más tarde) llenaron todas la páginas de comentarios de los periódicos y los blogs de Sevilla con unas descalificaciones tan soeces hacia todo tipo de sindicalistas sin discriminación ni análisis alguno, poniendo una cita con una banda de pop tan por encima de todo lo que verdaderamente es importante y rechazando cualquier atisbo de posible razón en lo que se va a defender ese día, que uno no tiene más remedio que replantearse muchas cosas.

Y lo que de verdad me pide el cuerpo es escribir un post sobre los motivos de esta Huelga, y sobre los sindicalistas. Y sobre lo que consiguen las huelgas generales. Y sobre el trabajo en general. Y aunque lo voy a intentar hacer desde un punto de vista objetivo, seguramente saldrán muchas cosas subjetivas e incluso rozaré (o caeré de lleno en) la demagogia, porque uno tiene las mismas contradicciones, filias y fobias que cualquier otro ser humano. Y antes de que nadie me pueda decir que estoy en una posición privilegiada que no me permite hablar con propiedad del tema quisiera exponer la razón principal que me faculta para hacerlo.

Eso que veis ahí es un escaneo de mis datos de vida laboral. Si tenéis un momento os agradecería que os fijaseis en el número de la Seguridad Social que tengo y lo comparaseis con el vuestro o con el de cualquier otro trabajador que no esté ya jubilado desde hace tiempo, por ejemplo, vuestros mismo padres… ¿veis alguna diferencia? Pues sí, la hay… en mi número, tras el 41 identificativo de Sevilla, las dos primeras cifras son el cero. Y en los números de los demás que miréis solamente lo es la primera de ellas. Eso quiere decir que mí número de la Seguridad Social solo tiene ocho dígitos, y es así porque yo estoy currando desde 1973. Cuando comencé a trabajar todavía vivía Franco, todavía existía el Sindicato Vertical y los sindicatos democráticos estaban prohibidos y perseguidos. Desde entonces he trabajado y además he sacado un título universitario mientras lo hacía… con eso os quiero decir lo mismo que Luis Aguilé en aquella canción: “lo que como me lo gano con el lomo”. Y he pasado por toda clase de sistemas laborales; soportado medidas laborales injustas, injustificadas e injustificables; privaciones de derechos… cualquier cosa que te puedas imaginar, la he vivido o conocido de cerca.

Y además estoy casado con una mujer a la que, al compartir cama con ella, he visto pasarse noches enteras en vela, dando vueltas y más vueltas entre las sábanas, porque alguna situación laboral de sus compañeros de trabajo le quitaba el sueño. Y es que la sra. Carrascus es la delegada sindical de nuestra clínica, y se preocupa por los derechos de todos, aunque sus compañeras y compañeros de mayor status laboral pasen de ella y digan que no se sienten representados por alguien de posición inferior.

A mí también me han defraudado los sindicatos muchas veces. Sé que son imperfectos, obsoletos en muchas de sus estructuras y capaces de tomar algunas determinaciones que hieren nuestra sensibilidad. Pero los sindicatos están formados por personas. Por personas que no son solamente ésas que aparecen en la tele y a las que tanto odiáis…

Antes que nada, ¿me permitís una pregunta? ¿Qué pensáis que son los sindicatos, y los sindicalistas? ¿Qué son esos “liberados” que tan mala fama tienen? Antes os he dicho que son personas, y como tales son tan imperfectas como cualquier otra; todos tienen la tentación de aprovecharse de su situación, y muchos lo hacen. ¿Pero eso los descalifica a todos?

Por ahí se oyen cosas contra los sindicalistas, contra los “liberados”, del calibre de que son un cáncer de más de 300.000 parásitos… Esperanza Aguirre no se ha cortado un pelo a la hora de decir que sobran muchos y que solamente en Madrid hay 3.242. Si lo dice toda una Presidenta habrá que creérselo… ¿pero y si lo analizamos un poco…?

Veamos… en todas las elecciones sindicales convocadas en España se han elegido algo menos de 300.000 delegados en total. Pero no todos ellos son “liberados”, sino que según la ley les corresponden unas horas mensuales, que paga la empresa, para desarrollar su actividad sindical. En España resulta que casi el 98 por ciento de las empresas tienen menos de 50 trabajadores, por lo que los delegados de éstas solo disponen de 15 horas al mes, que son dos días de trabajo… yo os puedo asegurar que mi mujer le dedica a esta actividad más tiempo que ése, y lo saca de sus horas libres. Los demás ignoro lo que harán, pero de todas formas no sé si os parecen muchas horas esas 15 para acudir a reuniones, enterarse de lo que pasa, hablar con la gente del curro, reunirse con los jefes, leerse las comunicaciones… y este tipo de representantes sindicales son la inmensa mayoría, por eso que os decía del tamaño de nuestras empresas. De todos los representantes sindicales, los que están “liberados” no llegan siquiera al 1,5 por ciento.

Para saber cuántos “liberados” hay en España acudimos a una fuente tan fiable como es la propia patronal CEOE, compuesta por todos aquellos empresarios que tienen que soportarlos, así que no creo que sean sospechosos de tirar por lo bajo, sino más bien de inflar la cifra de “zánganos” en todo caso. Pues bien, la cifra que ellos dicen que hay es de 4.127 liberados sindicales… y yo me pregunto: si en toda España hay ese número, ¿cómo es posible que solo en Madrid haya 3.242, como dice la Espe…? ¿La hemos pillado en una mentira o algo…?

Cuatro mil y pico de liberados sindicales para atender a 20 millones de trabajadores… ¿de verdad pensáis que son demasiados? Tened en cuenta que para defender a los trabajadores hay que aprenderse (o al menos leerse) las leyes, los convenios, las sentencias, saber cómo negociar un convenio colectivo, como convocar una manifestación o una huelga… ¿lo improvisan? ¿o tienen que estar preparados para estar presentes en las negociaciones, estar en las representaciones, en las reuniones con abogados, economistas, sociólogos…? ¿cómo van a llegar a los miles y miles de pequeñas y medianas empresas que hay en España…?

La Ley Orgánica de la Libertad Sindical les permite hacer todo esto en vez del trabajo habitual que tendrían que hacer en sus empresas. Pero son necesarios; y el no currar en su puesto a veces no es el chollo que parece, porque eso les impide aspirar a promocionarse laboral o económicamente muchas veces…

Los sindicatos no son perfectos. Claro que no. Hay que mejorar muchísimas cosas. Pero sin los sindicatos, sin los liberados sindicales y sin los delegados de las empresas estoy seguro de que estaríamos muchísimo peor.

Y ahora esta gente convoca una Huelga General. ¿Para qué? No lo han sabido explicar, o no les han dejado hacerlo mejor. A todos los que salen en la tele, en los periódicos y en la radio se les llena la boca con frases grandilocuentes sobre los recortes de pensiones, la jubilación a los 67 años, los recortes del desempleo y de los salarios, el despido barato… todo cosas que nos afectan pero que de tan repetidas y manidas pierden su verdadero significado y se quedan solo en slogans y excusas.

Pero si volvemos a tener la tentación de analizar la Reforma Laboral que quiere poner en marcha el Gobierno, podemos encontrar casos concretos que nos sean más cercanos a todos. Imagínate que tu jefe considera que los productos que fabrica o vende, o los servicios que presta su empresa van a dejar de ser competitivos en el futuro, ya sea por la crisis o porque la evolución de los mercados no le gusta nada. Así que lo mejor para él es dejar de producir y mandar al paro a todos los trabajadores, retirándose a vivir de las rentas. O echarte a ti y a algunos compañeros para ahorrarse una buena parte de su gasto empresarial. En la actualidad eso no se puede hacer… y si se hace hay que compensar al trabajador porque se trataría de un despido improcedente. Ahora la nueva ley admitirá expresamente que la previsión de un problema económico, organizativo, administrativo o productivo que pueda ocurrir en el futuro es motivo de despidos justificados, sin que se precise demostrar de forma concluyente estas dificultades. Es decir, que nuestra estabilidad laboral, ya seamos fijos, temporales, con contrato antiguo o nuevo, se va a hacer puñetas porque dependeremos de las meras conjeturas de futuro que quiera hacer nuestro jefe.

Vale… ya te han echado a pesar de que llevas 20 años currando ahí porque tu jefe quiere suprimir tu departamento y que ese trabajo lo haga una empresa de servicios que le va a costar más barata. Tal como están ahora las leyes, sería un despido improcedente, como dije antes, y te tendrían que pagar 45 días de salario por año trabajado, con un máximo de 42 mensualidades (por lo que poca gente llega a ese máximo, tendría que haberse pasado en la empresa unos 30 años), más los sueldos que te corresponden desde que se tramita el despido hasta el día en que sale la sentencia definitiva de dicho despido. Con la Reforma, como el despido es procedente y justificado, solo te corresponden 20 días de salario por año trabajado, y el máximo de mensualidades que vas a cobrar sería de 12 en vez de 42 (por lo que si llevas en la empresa unos 18 años ni siquiera vas a cobrar el máximo que te corresponde). Y encima, de esos 20 días tu jefe te va a pagar la mitad o menos, porque 8 o 12 de esos días se los va a subvencionar el Fondo de Garantía Salarial. Ah, y tampoco te tendrá que pagar hasta que salga la sentencia del despido. ¿Por cuánto le sale despedir a un tío que lleva 20 años currando para él?

Puede que tu jefe incluso ni quiera cubrir tu puesto de trabajo, sino repartir las tareas que hacías entre los demás que siguen trabajando… pagándoles lo mismo, claro. Para eso los va a poner a currar todos los días de la semana en jornada partida. Hasta ahora no podía hacerlo porque tu convenio colectivo dice que la jornada de trabajo es de lunes a viernes en horario de mañana. Para modificar eso tenía que haber causas muy gordas y muy justificadas. Con la Reforma se puede hacer con solo un acuerdo de empresa, sin mayor causa para hacerlo que la posibilidad de que así mejore la situación de la empresa… que mejorará, no cabe duda.

Has tenido mala suerte, menos mal que tu mujer trabaja desde hace casi tres años con un contrato de obras y servicios, por lo que ya es prácticamente un contrato indefinido y hasta que no dejen de ser necesarios realmente sus servicios tiene el trabajo garantizado. Y eso es así porque tener dos contratos de dos años en un periodo de treinta meses sería un fraude por parte de la empresa. Pero en éstas va y se reforma la Ley, y cuando a tu mujer le queda solo un mes para llegar a los tres años de trabajo el jefe la despide. Porque resulta que ahora el contrato de obras y servicios se amplía a tres años y hasta a cuatro si es necesario. Así que en lugar de a tu mujer podrá tener a una nueva empleada temporal, con menos derechos adquiridos, durante otros tres años, en que la despida también y meta a otra… y así…

La esperanza está en tu hijo, que ya se sacó hace un par de años su licenciatura universitaria; y su contrato en prácticas, con el que cobraba el 60 por ciento del sueldo el primer año, y el 75 por ciento este segundo año, ya está llegando a su fin y podrá convertirse en un trabajador más de pleno derecho. No podrán volver a hacerle ningún contrato en prácticas más porque solo se permite uno por titulación. Pero entre el Plan Bolonia y la Reforma los títulos de grado y de máster se consideran diferente titulación. Y tu hijo, que quiere formarse bien, ha estado estudiando y sacando másters, y eso, en vez de otorgarle un premio, le condena a que le puedan hacer más contratos temporales hasta cinco años (que actualmente solo son cuatro) después de haber sacado los títulos. Esto significa que se va a tirar hasta siete años currando en un puesto en el que le van a pagar como mucho el 75 por ciento de lo que le correspondería. Y luego nos quejamos de que los hijos no se independicen y estén en casa hasta después de los treinta tacos.

Mientras tanto tu jefe ha visto que tomando esta clase de medidas está aumentando su cuenta corriente y se está entusiasmando… y lo siguiente que se le ocurre es que si le pagase menos a los empleados que le quedan, más dinero todavía tendría él. Y le baja el sueldo a la mayor parte de la plantilla. Esto no se puede hacer en la actualidad porque si tu convenio colectivo dice que tu sueldo es de 1.300 euros brutos mensuales hay una Comisión Paritaria que va a velar por tus intereses y esa cantidad te queda suficientemente garantizada. Pero con la nueva Reforma tu jefe aduce que esa cantidad “puede” dañar la situación o las perspectivas de la empresa, sin precisar pruebas concluyentes, y establece un acuerdo de empresa que la puede reducir. Y se elimina el control de la Comisión Paritaria del convenio sectorial, por lo que nadie va a poder defender a esos empleados que ahora ganan menos por hacer lo mismo que antes, o incluso más (recuerda que ahora están haciendo también el trabajo que hacías tú antes de que te despidiesen).

Estos que os he puesto son ejemplos concretos de cosas que podrían pasar, pero pueden darse muchísimas situaciones más, que resulten lesivas para nuestros derechos como trabajadores. Mientras que para los empresarios todo son ventajas. Vamos a ponernos ahora en la piel de tu jefe…

Al echarte a la calle a ti con este despido improcedente, te hubiese tenido que pagar una idemnización de 45 días de sueldo por año trabajado, más el sueldo del tiempo que pase entre el despido y la sentencia del juez, porque, claro, tú le hubieses demandado… y esas cantidades habría tenido que pagarlas íntegramente él, porque el Fondo de Garantías solo pagaba estos despidos si la empresa era insolvente, quebraba, entraba en concurso de proveedores o en suspensión de pagos, etc. O si la empresa tiene menos de 25 trabajadores, que en ese caso el Fondo paga el 40 por ciento de la idemnización. Pero con esta reforma tu despido pasa a ser objetivo, por lo que tu indemnización se rebajará a 20 días de sueldo por año trabajado (si es que no llegas al nuevo máximo de mensualidades y todavía cobras menos), que es bastante menos de la mitad, y además tu jefe ni siquiera tendrá que pagártelo todo él mismo, porque ahora el Fondo se va a hacer cargo de 8 de esos 20 días sin que la empresa tenga que acreditar insolvencia o crisis alguna. Es decir, que ahora se van a subvencionar los despidos con dinero público… ¿no hay un artículo en la Constitución que prohibe eso…? Menudo papelón para el Estado… en vez de gastarse nuestros impuestos en hospitales y buenas carreteras se lo va a tener que gastar en indemnizarnos cuando nos despidan de nuestro trabajo.

Pero es que a partir del 2.012 todavía va a ser peor, porque se creará un Fondo de Capitalización, sin costo alguno para las empresas, que se utilizará para pagar estos despidos en su totalidad y para pagar nuestra jubilación. Es decir, que los propios trabajadores nos vamos a pagar nuestros despidos, con unas cantidades que nos deducirán mediante rebajas en las cotizaciones sociales a lo largo de nuestra vida laboral. Y vamos olvidándonos ya del sistema público de pensiones…

A tu jefe no le costará ni un solo euro ponerte de patitas en la calle a partir del año 2.012.

Y como esto ya se está haciendo demasiado largo no vamos a hablar de la privatización del desempleo, de cómo las empresas de trabajo temporal van a ir sustituyendo paulatínamente a las bolsas de trabajo de los Ayuntamientos, de cómo no vamos a poder padecer una enfermedad crónica o un accidente con rotura de hueso porque se facilita el despido por absentismo laboral, aunque sea justificado (como el absentismo permitido depende del número de días totales perdidos por todos los de la empresa, como en la tuya seáis solamente cinco o seis, el que te tires un par de semanas de baja ya será causa de despido procedente), de cómo…

¿Y si vamos a la Huelga conseguiremos que nada de esto tan oscuro tenga lugar? Pues no lo sé, pero echando la vista atrás podemos ver que con la primera Huelga General que se hizo en 1.977 pidiendo la libertad sindical se consiguió la sindicación libre. Con la de 1.988, aquella tan famosa en la que la televisión se quedó negra a las doce de la noche, se consiguió que retirasen el Plan de Empleo Juvenil y que el gobierno de Felipe González mejorase las condiciones de los funcionarios, ampliase la protección por desempleo de todos los trabajadores, aumentasen las pensiones… y con la del 2.002, la Huelga General que se convocó por unos motivos más parecidos a los de ésta de ahora, se consiguió que el gobierno de Aznar echase para atrás la reforma que quería poner en práctica, con la que pensaba “flexibilizar” la entrada y salida del mercado de trabajo…

Hace ocho años se consiguió. ¿Seguís pensando que una Huelga General no sirve para nada?

LEAVE MY BLUES AT HOME

Hoy se cumplían 40 años de la muerte de Jimi Hendrix. Seguro que lo sabías porque han estado glosando su figura en todos los medios informativos y casi toda la blogosfera. Por eso a mí me ha apetecido traer aquí a otro músico, sin el que quizás los caminos hubiesen tomado otros derroteros diferentes. El motivo lo váis a entender en cuanto leáis el post. Y es que a veces, la vida puede ser muy caprichosa…

Este post lo pubiqué hace ya más de tres años, cuando en el blog que hacíamos no se podían colgar todavía canciones… supongo que por hoy podréis pasar sin ellas.

Me disponía a escribir un nuevo post, pero antes se me ocurrió abrir el correo y ahí tenía un mail de Ambrosio: “Quillo, si compras “El Mundo” de hoy, verás una necrológica…” Y cambié de planes, al fin y al cabo, de lo que os iba a hablar sucedió hace 31 años, así que puede esperar tres días más.

Se ha muerto un músico, y el caso es que no era demasiado mayor (67 años), pero un ataque fulminante acabó con él. Era prácticamente desconocido. Aunque influyó en las vidas y carreras de otros tres o cuatro que sin duda tienes entre tus favoritos. Vamos a hacer una pequeña semblanza de su vida. Se llamaba JOHNNY JENKINS.

Era de Macon, Georgia, una ciudad de la que habrás oído hablar porque de allí salieron Otis Redding, Little Richard, los Allman Brothers…

Hasta que su hermana le compró una de verdad un par de años después, Johnny lo que tocaba era una guitarra que se había fabricado él mismo con una caja de puros y unas gomas elásticas. Desde los 9 años intentaba ganarse propinas tocando ese “instrumento” en una gasolinera cercana. Claro que para poder llamar la atención tocando semejante guitarra, el chico tuvo que currárselo a base de bien, y no solo me refiero a sacar de ella música decente (primitivos blues, claro) sino a tocarla de forma efectista usando trucos para que se fijasen en él.

Con 20 años participó en un concurso de la radio con la banda que había ido reuniendo y le escuchó Phil Walden, fundador del sello Capricorn Records, que vio inmediatamente las posibilidades de aquellos jovencitos que se hacían llamar The Pinetoppers. Poder firmar un contrato significó un pequeño paso adelante, que les permitió dejar de tocar en las salas de reuniones de todas las fraternidades universitarias y extender sus redes algo más allá, hacia otras salas mayores y teatros de Georgia y Alabama.

Una noche, en uno de esos teatros (Douglas Theatre) mientras esperaba su turno de subir al escenario, Johnny andaba mezclado con los espectadores que escuchaban a un joven nuevo que se llamaba Otis Redding. Al terminar la actuación Johnny le siguió al camerino:

– Chaval, no cantas mal –le dijo-, pero tu banda es de puta pena. La guitarra tiene que hacer que el cantante destaque, tapando sus puntos flacos, pero tu guitarrista lo que mejor hace es desafinar.

-¿Y tú quien coño eres, listillo? –le respondió Otis.

-Eso no importa, pero si te metes en mi grupo, te aseguro que tu sonido va a mejorar como de la noche al día, e incluso vas a parecer un buen cantante.

Y realmente lo parecía. Otis Redding brillaba cuando lo respaldaban los Pinetoppers, de los que se convirtió en cantante solista. Y entre su voz y la atrayente forma de tocar la guitarra de Johnny, el grupo subió otro peldaño. Tenían el estilo, la presencia, la personalidad, la técnica de cualquier banda triunfadora. Y además, con Otis tenían un buen chofer para traerles y llevarles por esas polvorientas carreteras sureñas.

Hasta entonces la banda solo había pisado los estudios de grabación para sacar un pequeño single con un instrumental llamado “Love Twist” pero ahora estaban preparados para entrar en el negocio discográfico por la puerta grande. Por la puerta de Atlantic Records, la mejor compañía de R&B que existía, con su sello Stax. Así que Otis tuvo que poner la furgoneta en marcha hacia Memphis, donde les esperaba un estudio equipado con la mejor tecnología.

La sesión de grabación fue un auténtico caos. Aquellos paletillos no se encontraban cómodos entre tantos “enteraos” que no hacían más que repetirles como tenían que hacerlo todo y pronto se cansaron unos de otros. Terminaron de la forma más rápida que pudieron antes de que saliesen todos a hostias y aún les sobró tiempo del que tenían reservado en el estudio. El tío que estaba ejerciendo de productor le dijo a Otis que si quería seguir cantando un rato más, que de todas formas aquello ya estaba pagado. Así que respaldado por algunos de los músicos de plantilla del estudio se puso a cantar.

Cuando los ejecutivos de Stax oyeron las cintas de aquel día, al final de las cuales estaba el “These arms of mine” que Otis había grabado por su cuenta, redactaron un nuevo contrato cambiando el nombre de la parte contratante de la segunda parte. Borraron donde ponía The Pinetoppers, y en su lugar escribieron Otis Redding.

Y comenzó así su meteórica carrera. Ahora tenía que formar una banda propia, y como el chico era agradecido, le propuso a Johnny que fuese el guitarrista en ella.

-Que va, que va –le contestó-. A mi no me va mucho eso del estrellato y de andar viajando de acá para allá. Ya sabes que yo soy de los que les encanta tocar, pero después volver a casita tranquilito. Además, me dan mucho miedo los aviones.

Otis se estrelló en uno de ellos apenas cinco años después.

Para entonces Johnny ya se conocía de memoria todos los garitos de su ciudad, Macon, donde seguía tocando incansablemente con los Pinetoppers. En uno de ellos estaba un día un chaval que había ido a visitar a una tía suya que vivía allí, y al que también le atraía ésto de la música, por lo que por las noches se iba de copas a los antros donde hubiese alguna banda en directo. Esa noche fue a ver al grupo del Johnny al “Sawyer Lake”.

El chico se quedó pasmado con lo que veía. El guitarrista que estaba en el escenario no solo tocaba bien, sino que además tenía una técnica especial para hacerlo con la zurda, como él mismo; y qué maravilla también esas cosas que hacía con la guitarra: tocar con ella en la espalda, tirarse al suelo de rodillas mientras hacía solos, tocarla con los dientes, frotársela por la entrepierna… Johnny Jenkins nunca dio la vuelta al mundo como guitarrista, pero su técnica sí que lo hizo. De la mano de aquel asombrado chico que fue a darle la lata al camerino durante varias noches y del que no volvió a saber nada más hasta un par de años más tarde, cuando realizaban una gira algo más grande que les llevó hasta New York. Al entrar en “The Scene” vieron en la cartelera de la puerta las fotos de todos los que actuarían dentro más tarde…

-Oye… -le dijo Johnny al que tenía a su lado- ¿éste que toca antes que nosotros no es el nota aquél que venía a darnos la vara a los camerinos…? Sí, éste… el Jimi Hendrix éste de la foto…

¿Te suena esta pose de Johnny…?

Johnny y su banda seguían siendo de la escudería de Capricorn Records, pero no había forma de convencerles de que grabasen regularmente. Desde el “Love Twist”, Phil Walden solo le había podido convencer para que grabasen un par más de singles en siete años. En realidad ya la banda ni siquiera existía como tal, cada uno se había buscado un trabajo decente con el que alimentar a la familia y solo se reunían de forma esporádica para tocar. Uno de esos trabajos que Walden le buscaba a Johnny era el de músico de sesión. Y esta vez le habían contratado para que fuese el guitarra de apoyo en el primer disco de Duanne Allman.

La grabación iba muy bien. Ya tenían terminadas seis canciones cuando Duanne Allman y su amigo Berry Oakley (de los que os conté algo en un post reciente) reunieron a todos los músicos y técnicos para anunciarles que acababan de formar junto al hermano de Duanne (Gregg) y otros colegas una banda que se iba a llamar The Allman Brothers Band, y que preferían dedicarse a ella por entero y enfocar toda su atención a la música que iban a hacer en ella, así que abandonaban el proyecto del disco en solitario y daban por finalizadas las sesiones de grabación.

Pero como ya había dinero invertido y material grabado, Phil Walden pensó otra cosa. Mezcló la voz de Johnny Jenkins en los seis temas grabados y continuaron grabando cinco más, principalmente versiones blueseras y material de Johnny hasta completar el LP. Lo que iba a ser un disco de Duanne con Johnny de guitarra sesionero salió al mercado justo al revés: “Ton Ton Macoute” fue el primer disco largo de Johnny Jenkins.

Y casi el último. Porque a la alergia crónica de Johnny a los largos viajes se unió el desencanto de darse cuenta de que la discográfica esperaba de él que fuese otro Jimi Hendrix, y al no ser así se desentendió prácticamente de su disco para centrarse en el lanzamiento de sus nuevas estrellas, los Allman Brothers.

Johnny abandonó la guitarra por otras máquinas más pesadas y se dedicó a trabajar con excavadoras, a conducir camiones de transporte de troncos y después a ser mecánico de éstos mismos. Trabajos duros, pero que les permitían dormir en casa todas las noches.

Y así estuvo durante 27 años, en que el sempiterno boss de Capricorn volvió a convencerle para grabar de nuevo. Ya estamos a mediados de los 90 y se edita “Blessed Blues”. Cinco años después “Handle with care”, y ya en el 2003 “All in good time”, éstos dos últimos en otro sello diferente, Orchard Records… pero tuvieron tan poca notoriedad como la tuvo su intérprete durante toda su vida.

Johnny Jenkins nunca se paseó en limousina, pero la Verdad del Blues se hacía presente cada vez que sus dedos se apoyaban en las cuerdas de su guitarra.

CORROMPERSE POR EL PALO DE LA BELLEZA

No sé por qué me atrevo a escribir sobre Smash cuando después de que lo hice la última vez no puedo ir tranquilo a los conciertos por miedo a encontrarme con mi amigo Luis Clemente…

Bueno, bromas aparte, la realidad es que después de haberles visto en concierto en la anterior Bienal de Flamenco escribí en un periódico que “Smash son un tesoro… que debería permanecer enterrado”. Y sin embargo lo único que enterraron del grupo fue su motor, en el cementerio de Gavá, hace ya más de 31 años… perdón… perdón si esto ha sonado demasiado irrespetuoso, pero es que eso era JULIO MATITO para Smash, la personalidad intuitiva de voz desgarrada que les daba la potencia necesaria para avanzar. Julio era el principal compositor y el bajista contundente, que además manejaba con estilo la guitarra y la voz.

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Smash (con Lole y Manuel) – “Tiny Peter”

Pasó su niñez en colegios de curas y dicen que las vocaciones de Julio Matito eran el seminario y la legión hasta que le regalaron una guitarra eléctrica. En ese momento se convirtió en el Hombre de las praderas que redactó “el Manifiesto del Borde” con Gonzalo García Pelayo y se convirtió en una de las mayores leyendas del rock sevillano, compartiendo podio mítico con Jesús de la Rosa y el Silvio.

Pero Julio es el más desconocido de los tres. Su trayectoria con Smash está ampliamente documentada y por eso no nos vamos a ocupar mucho de ella en este post. Aquí vamos a hablar un poco de lo que hizo cuando dejó el grupo, enredado entre broncas interiores, chuleos al manager, ácidos de diez duros y un juicio que les metieron los productores que terminó por hacerle salir cerrando de un portazo. Además afuera le esperaba su mujer con una barriga de varios meses y no era cosa de seguir en esta situación sin un puto duro.

No te creas… tantas adversidades tuvieron una cosa buena, porque después de haber bajado varios peldaños con la grabación de “El garrotín”, la separación de Smash impidió que llegasen a grabar lo siguiente que preparaban, que era una canción popular catalana que tarareaba constantemente el chófer de la camioneta que los traía y los llevaba… “tintíííín que han dado las seeeeeeis”

Y entonces comienza la carrera en solitario de Julio Matito… monta otro grupo, se marcha a Alemania, se convierte en militante socialista, se desencanta del socialismo… coño, si dio un giro tan grande que hasta se enroló en un barco mercante con bandera del país del dictador Gadaffi… ya lo dijeron años después esos ilustres pensadores modernos que son los Def Con Dos: “sexo, drogas y rock’n’roll, o acabar como Loquillo, de cantautor…” Tal parecía que habían estado pensando en Julio Matito.

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Julio Matito – “Amada mía”

Pero lo primero que hizo Julio al abandonar Smash fue juntarse con un guitarrista de su barrio que se llamaba Pedro García Mauricio, que pasando el tiempo se iba a convertir en otro de los más influyentes músicos sevillanos tanto en la escena del rock, con los Luzbel del primer disco de Silvio, como en la escena del blues, con los Blues Boys y con vete tú a saber cuantas bandas más. A ellos se les agregó Kike Morón, al que años después también recuperamos como percusionista de Karakatamba.

Al recién formado grupo le ponen de nombre La Cooperativa, y la mantienen como formación abierta, de forma que aquello debió ser una merienda de negros tal que por allí pasó hasta el Silvio. Pero la formación base eran ellos tres, con Julio al bajo y a la voz.

La Cooperativa nunca funcionó; Julio tenía que currar de oficinista en la administración pública (ya ves, se tuvo que convertir en un Hombre de las cuevas lúgubres) para llevar pasta a casa y asomarse a la música en facetas que tuviesen visos de tener alguna salida comercial, por eso trabajó en canciones para los Storm y para una chica que se llamaba Tessy, que cantaba hasta por Pink Floyd, y que nunca llegó a ser el bombazo que esperaban.

Julio principalmente era compositor, y tenía más de doscientas canciones en las carpetas de cosas pendientes… él mismo lo contaba así en una revista de 1.974:

Con Smash hacía fundamentalmente rock, rock directo, temas poco estructurados, a excepción de bastantes que tenía yo, pero que no hacía con Smash. Entonces con Pedro comencé a hacer canciones mucho más estructuradas, con voces, con armonías que se salían un poco del rock, en una línea más cercana a los Beatles, Neil Young y esa gente…

En septiembre de ese año estaba previsto que publicase un LP en el que entre su mucho material habría también una versión inédita de Bob Dylan, pero todo se quedó en el limbo. De toda aquella aventura lo único que quedó fue un single con las canciones “Al despertar” y “Tú”

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Julio Matito y la Cooperativa – “Al despertar”

Pero el Hombre de las praderas tuvo que emigrar a las tierras heladas. A Antonio Pulpón le perdonamos un poco el haber sido quien lanzase a Los Del Río porque fue también quien le consiguió a Julio y a Pedro un contrato bien pagado para pasarse seis meses tocando en locales de Finlandia. Con la pasta que ganó Julio montó un chiringuito, buscando el sol que tanto echaba de menos, en la playa de Chipiona. Y allí su vida dio otro gran vuelco.

Porque allí conoció a Felipe González y los dos se hicieron amigos del alma. Tanto tuvo Felipe que comerle el tarro que consiguió que Julio se afiliase al PSOE y que además se fuese después con él a los mítines que comenzaban a permitirse con la legalización del partido tras la muerte de Franco.

Pero antes de eso Julio anduvo por Alemania, cantando para los socios socialdemócratas que Felipe tenía en aquel país, a los que daba a conocer la obra de los poetas andaluces. Esta militancia politico-musical llevó a Julio Matito a interesarse profundamente por uno de esos poetas, seguramente el más desconocido, pero que a él le resultaba más cercano porque había nacido en Chipiona: José Miranda de Sardí. Este hombre, además de poeta había sido anarquista, periodista y politico. Cuando comenzó la guerra civil era teniente de alcalde del ayuntamiento de Cádiz y estaba volviendo en tren desde Madrid, a donde había ido a negociar con el gobierno unos fondos con los que adecentar la zona franca gaditana. En cuanto el tren llegó a la estación de su ciudad los fascistas le detuvieron y le fusilaron.

Julio consiguió que el PSOE le financiase en 1.976 la grabación de un disco con poemas de José Miranda y alguna canción propia dedicada a su figura, y lo grabó aquí mismo, en Sevilla, en plan casi minimalista. En el disco solo aparecen tres créditos: Voz y guitarra, Julio Matito; Flautas, P. G. (iniciales de Pablo Guerrero); Productor ejecutivo, PSOE.

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Julio Matito – “Poema de José Miranda”

El disco se tuvo que prensar e imprimir en Alemania y después traerlo a España, porque aquí era imposible sacar adelante una obra así, que además tenía en su portada la foto de Pablo Iglesias. El PSOE no se legalizaría en España hasta febrero del año siguiente y aquello era una obra clandestina. Y la policía de Aduanas la encontró cuando intentaban meterla en España. Les confiscaron casi todos los discos, y los pocos que se salvaron se fueron distribuyendo como se pudo a través de las casas del pueblo.

Y dejando de lado la parte musical, en cuanto a presentación, no era solo la portada la que desafiaba la ya moribunda legalidad imperante, sino que además Julio había convencido a Felipe González para que en la carpetilla escribiese un incendiario discurso que estoy seguro de que el mismo futuro presidente ya no suscribiría ni tres años después. Así que sobre un fondo con la bandera republicana podíamos leer lo siguiente:

El socialismo ha luchado siempre por liberar al hombre de sus cadenas socioeconómicas. De esta ruptura surgirá necesariamente un hombre nuevo: individuos que parten de sí mismos dentro de unas relaciones y condiciones históricas socialistas.

En la certeza de que ese momento no está lejos, los actuales socialistas queremos evitar la tentación idealista de quien olvida la actualidad de los medios para el cambio de la estructura socioeconómica y también la tentación cientifista de quien se niega a imaginar el hombre futuro.

Por el contrario, creemos que el nuevo hombre socialista y la nueva cultura que produzca, está ocurriendo ya dentro de la militancia de la lucha política y cultural.

Y con esta lucha, pretendemos que nos sea devuelta la producción de los objetos externos necesarios para nuestros impulsos; y ello mediante el cambio de las relaciones en que dicha producción se alinea dentro de una sociedad capitalista.

Queremos responder históricamente a lo que somos por naturaleza y cultura.

Mientras duraba su militancia, La Cooperativa se iba manteniendo a trancas y barrancas, pero llegado ya el año 1.977, tras tocar con los Storm en la “Covada”, la fiesta de la facultad de derecho, se hace imposibe compaginar su vida musical con la militancia. Julio se trasladó a Madrid, convertido ahora en un hombre de las cuevas suntuosas, a currar en el Comité de Cultura del PSOE y a colaborar muy activamente en la campaña electoral. Incluso se puede leer en un número de “El País” de aquellos tiempos que compuso, junto a la mujer de Felipe González, el himno del PSOE para esa campaña del ’77; pero yo tengo serias dudas al respecto porque ese himno era la canción aquella que se hizo tan famosa de “Compañero únete”, que está compuesta por Paco Cervantes y Paco Ruiz.

Sea como sea, aquello no parecía ser terreno firme para Julio, que meses después renegó de la política y de su amigo Felipe cuando éste se empeñó en que el partido abandonara sus postulados marxistas y evolucionara hacia la socialdemocracia reformista con la que tan bien parecía irle a sus colegas alemanes. Y fue entonces cuando se convirtió en marinero.

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Julio Matito – “Maldición”

Y llegó el año de 1.979 y Julio volvió a puerto para encontrarse con sus antiguos colegas Gualberto y Antoñito para volver a dar vida a Smash. Pero no se trataba de volver a hacer lo mismo de antes, sino que había que crear una banda con nuevas concepciones musicales. Para ello ensayan temas nuevos, rocks de fundamentos clásicos, contry-rock con letras guerrilleras, aires de seguiriyas, canciones acústicas… en Sevilla no llegaron a tocar pero sus nuevos managers, Juan Fideo y Adolfo Navarro (¿recuerdas aquello que cantaban los Pata Negra… “teníamo unos mánayers que eran de Güeeeelvaa; uno medio calvo y el otro con coleeeetaa…”? pues eran éstos) les arreglaron algunas actuaciones en Huelva y en Barcelona, tres días en la mítica “Zeleste” y una actuación en la tele, en el “Musical Express” de Ángel Casas, donde cantaron con la Lole y el Manuel la canción que abre este post y dos de las piezas sobre las que se estaba construyendo el nuevo armazón de Smash, “Otros días” y “Provocar”.

Los otros se vinieron para Sevilla antes que él, una vez que se grabó el programa; pero Julio se quedó en Barcelona para intentar arreglar unos asuntos sobre la grabación de un disco o algún otro problema de intendencia del grupo. Y se vino después.

Nunca tuvo suerte con los coches. Ya en 1.972, en el Festival aquél de Mariana Pineda, tuvo que tocar con la Cooperativa bastante escayolado a causa de un hostión que se dio con su seiscientos. Esta vez el accidente fue mucho más grave. Y el 13 de julio de 1.979, apenas un día después de haberse grabado ésta última canción que váis a escuchar, Julio Matito dejó este mundo.

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Smash – “Provocar”

Con canciones tan rockeras como ésta no sabemos como hubiese sido la nueva andadura de Smash, pero el proyecto de revitalización del grupo murió con él. Y este “Provocar” se quedó solo para que los otros miembros de la banda la cantasen en los conciertos esporádicos en que aparecían por Sevilla, y para que una docena de años después la recuperasen los Parachokes y con ella le diesen nombre a su segundo y último disco.

QUE TE PIRES, SABINA

Supongo que a estas alturas todos los que soléis pasar por aquí ya sabréis que JOAQUIN SABINA no es santo de mi devoción, aunque hubo un tiempo en que sí lo fue… pero de eso ya hace mucho, muchísimo.

Las personas cambian, y algunas de ellas se convierten en otra que ya no me gusta. Hay veces que es su personalidad la que hace que deje de interesarme su obra, que siempre refleja de algún modo lo que uno es, y por eso, por ejemplo, dejé de leer a Cela o a Umbral; otras veces es el trabajo que realizan el que deja de tener interés para mí, y por eso, por ejemplo también, dejé de seguir la carrera de Sting. Pues con Sabina ocurrieron las dos cosas, primero dejó de escribir historias interesantes para enfangarse en una pseudopoesía que para los ojos de muchísimas personas, sin embargo, es tan vistosa y brillante como el traje del emperador (por no añadir que además cada vez canta peor); y como persona se convirtió en un tipo megalómano y mesiánico, portador de la bandera guay que le acreditaba como merecedor de que le riesen todas las gracias, aunque fuesen insultos gratuitos o chistes fáciles a favor de corriente.

Por todo eso siempre he procurado no escribir sobre él… lo normal es que uno no pierda el tiempo escribiendo sobre cosas que no le interesan. Pero se da la circunstancia de que en estos días va a venir a cantar a Sevilla y creo que ésta sí es una ocasión para hablar de él. No voy a entrar a valorar su obra más de lo que lo he hecho en el párrafo anterior, pero sobre su personalidad sí que me gustaría decir algunas cosas, aunque sea sólo como turno de réplica después de lo que dijo él de los sevillanos.

Hace un par de meses Joaquín Sabina actuó en Huelva, y allí volvió a hacer algo que repite en muchos conciertos, aunque en realidad no tendría necesidad de hacerlo, porque la gente que va a oirle cantar ya está entregada a él de antemano y no tendría por qué ir a ganarse más aplausos por la cara con trucos que va desgranando durante la actuación y que fomentan el catetismo y el ombliguismo localista. Él después se desdice, y con su sonrisa y su encantadora pose de canalla dice que solo son “bromas de bar”, con las que nadie tiene que darse por aludido.

Y así, en Guipúzcoa habla de Bilbao, igual que lo hace de alguna otra localidad cercana en una que tenga escozores con respecto a ella. Con Sevilla ya lo hizo una vez en Málaga y ahora lo ha vuelto a hacer en Huelva… espero de mis paisanos que si aquí intenta hacer lo mismo, mofándose de la gente de Huelva, o de Málaga, o de donde sea, para ganarse algunas risas y aplausos fácilones, lo que se gane en cambio sea un buen abucheo. De todas formas la otra noche en Huelva no es que dijese ningún insulto grave, y además supongo que también sabréis, solamente con leer algunos de los textos que he escrito por aquí, que yo soy alérgico a la “sevillanía”, del mismo modo que no entro en el juego del insulto a otra comunidad por el mero hecho de ser eso, otra comunidad diferente de Sevilla. Pero es que tiene delito que venga a decir que “los sevillanos son muy suyos”, y que “¿qué se creen, que son los mejores?”, un tipo con una personalidad que le ha hecho escribir letras de canciones como las de “Oiga, doctor”, “Pacto entre caballeros” o “Y nos dieron las diez”.

De todas formas éstas son cosas que yo pienso, bastante subjetivas, que otra gente no compartirá, y ponerse de acuerdo sobre quien tiene la razón sería una tarea ardua y poco o nada productiva, así que haciendo caso de aquello tan sabio que decía la Bíblia sobre que “por sus hechos les conoceréis”, vamos mejor a analizar una serie de hechos, ocurridos en torno a la génesis de la última de las canciones citadas, “Y nos dieron las diez”. Aunque para ello tengamos que partir de una historia que puede ser real o apócrifa.

Se dice, se cuenta, se lee por ahí que Joaquín Sabina y Enrique Urquijo (el de Los Secretos) eran amiguetes y una noche estaban compartiendo unas copas en un bar. Enrique andaba corto de inspiración esos días y le preguntó a Sabina si no tendría por ahí una idea para alguna canción. Y éste le dio un papel que llevaba en el bolsillo desde hace unos días con unas frases que podrían servir para una de ellas, en el que se leía “Fue en un pueblo con mar una noche después de un concierto; tu reinabas detrás de la barra del único bar que vimos abierto”. Le dijo que se podía quedar con él, que no pensaba usar para nada eso que tenía escrito.

A Enrique le gustaron estas palabras y se quedó con el papel, y esa misma noche, en el taxi de camino a casa continuó escribiendo lo que se convertiría en la letra de la canción “Ojos de gata”. Posteriormente, o incluso ya cuando la iba escribiendo, fue pensando la música, hasta que la canción tomó su forma definitiva.

Días o semanas después, como persona cortés y educada, fue a mostrarle a Sabina lo que había germinado de su semilla.

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Los Secretos – “Ojos de gata”

Se dice, se cuenta, se lee por ahí que Joaquín Sabina vio el filón que podía ser una canción como aquélla, y no solo terminó también por hacerla, sino que incluso la lanzó como single de presentación de su nuevo disco.

Pero claro… una persona como él no podía dejar que le viesen como un cantante ordinario que se vuelve vulgar al bajar del escenario, que no es capaz de culminar un ligue y que, al fin y al cabo, es un tío como cualquier otro, al que después del curro lo que le apetece es beber un poco y descansar. Y escribió otra letra diferente que le mostrase como realmente es: el tío irresistible que es capaz de estar dándole placer a cualquier mujer durante horas y horas y salir tan fresco de la batalla… y eso que llevaba sin dormir toda la noche anterior y seguramente todo el día anterior a la noche también…

La música, sin embargo, no parece que la cambiase demasiado, ¿no?. ¿Vosotros que pensáis?

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Joaquín Sabina – “Y nos dieron las diez”

Claro que las cosas que se dicen, se cuentan y se leen por ahí normalmente no pueden cotejarse bien y uno nunca sabe qué es del todo verdad y del todo mentira. He leído que a raíz de esto hubo algunos malos rollos entre los dos, y he leído también que la cosa no tuvo mayor importancia. Yo tampoco me voy a decantar con claridad porque no quiero que Sabina me incluya en ese grupo de malpensados del que dijo que “siempre hay hijoputas que piensan que alguien le robó algo a alguien”.

Pero volviendo a lo de los hechos, que esos sí son total y absolutamente objetivos, y se pueden ver claramente, aquí tenemos dos canciones, que partiendo de las mismas frases se bifurcan hasta polos totalmente opuestos, fruto de la personalidad de dos músicos diferentes. ¿Qué cual de los caminos es el preferible? Eso también lo decide cada uno… yo, que he trabajado con músicos después de un concierto, sé que la letra más veraz, honrada y auténtica es la de Enrique… pero algunos puede que no lo veáis como yo.

Lo que sí tenemos que ver todos de la misma forma es otro hecho objetivo que éste sí que no tiene vuelta de hoja y que demuestra muchísimas más cosas todavía de cómo es Joaquín Sabina… ¿iba a perder él una sola peseta de royalties…? Anda yá… pues menudo es Sabina…!

Dejadme que os pregunte de nuevo por las diferencias entre la música de las dos canciones. Y ahora echadle de nuevo un vistazo a la letra de Los Secretos que os puse más arriba y fijaros en cómo está acreditada la canción…

Y como yo no tengo el disco de Sabina no he podido escanear los créditos desde él. Pero no hay problema, porque están también en su pagina web oficial… y podemos verlos perfectamente… y sentir mucha vergüenza ajena.

EL QUINTO ELEMENTO

Pues aunque lo parezca por el título, este post no va a hablar sobre aquella película favorita de la sra. Carrascus que tanto trabajito os costó encontrar en uno de los anteriores jueguecitos veraniegos.

Aún me quedan dias de vacaciones, pero ya va siendo hora de que comencemos con la actividad normal de la página. Y como en los años anteriores, el nuevo curso comienza con aquellos que (dicen que) dieron comienzo a la música que nos gusta: Los Beatles.

Llegadas estas fechas siempre tenemos una entrada recurrente sobre los cuatro de Liverpool, que siempre han tenido a su alrededor a alguien porfiando por ser el quinto. Y de eso sí vamos a hablar en el post… en realidad ¿quién fue EL QUINTO BEATLE?

Pues hay bastantes personas a las que se atribuye ese derecho, algunas de ellas con muchos más méritos que otras. Yo os voy a ir hablando a continuación de todas aquéllas a las que más veces se ha citado, y lo voy a ir haciendo en un orden marcado por los merecimientos que tuvieron para ser ese quinto Beatle.

Por supuesto, el orden establecido es totalmente personal y podéis mostrar en los comentarios vuestro desacuerdo con él, así como citar a algunos otros que se me hayan podido quedar en el tintero.

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“Your mother should know”

El que más se merece ser considerado como “el quinto Beatle” es, a mi parecer, BRIAN EPSTEIN, el manager que les lanzó al estrellato.

Desde la dirección de la parte musical de las tiendas que eran el negocio familiar, Brian tenía acceso a lo que ocurría en Liverpool, y se interesó por el movimiento Mersey Beat que estaba surgiendo, al que le vió muchas posibilidades artísticas y, como no, comerciales. Así que tras una breve charla con los Beatles después de haberlos visto en directo una noche en The Cavern arregló con ellos una cita para unas semanas después en la que fueron sentando las bases previas para su asociación.

Una semana después de la primera, el 10 de diciembre de 1.961 tuvo lugar la segunda reunión, en la que ya se acordó por completo que Brian Epstein se convertiría en manager de los Beatles durante un periodo de cinco años, a partir del primer día de febrero, con la cláusula de que cualquiera de las dos partes podía revocar este contrato avisando previamente con una antelación de tres meses. Las comisiones de Brian serían de un 10 o un 15 por ciento, dependiendo de los ingresos del grupo.

El contrato, ya debidamente redactado, se firmó el 24 de enero en la casa de Pete Best. Aunque no fue éste el contrato definitivo, ya que en octubre firmaron otro nuevo, también por cinco años, pero sin clausula de rescisión, y otro más en 1.963 en el que las comisiones de Brian ascendían al 25 por ciento.

Así que Brian se dedicó a pulir al grupo y su imagen. En el contrato de management se especificaba que “asesoraría a los artistas en todos los temas referentes a sus trajes, apariencia y construcción y presentación de su espectáculo musical”. En aquel momento los Beatles eran unos chavales bastante bastos, que en el escenario fumaban y masticaban chicle, se ponían a charlar con los fans entre las canciones, e iban vestidos de cuero negro. Brian les prohibió fumar y decir tacos en el escenario, les profesionalizó, y los vistió con elegantes trajes… incluso dio los pasos necesarios para recuperar las fotos que les habían ido tomando mientras estuvieron en Hamburgo, en la que se les veía en el escenario con toallas alrededor del cuello, o a John leyendo un periódico en calzoncillos… les consiguió sastres, fotógrafos, peluqueros…

También los fue sacando de The Cavern y arreglándoles conciertos como segundos de carteles encabezados por las grandes figuras que iban apareciendo por la ciudad; subió el caché del grupo por actuación y, como él era bastante nuevo en el negocio musical, se supo rodear de consejeros y expertos que muy pronto hicieron de los Beatles la banda más importante de la escena de Liverpool.

Pero lo que el grupo ambicionaba sobre todas las cosas era un contrato discográfico. Así que Brian echó mano de su posición en el negocio familiar, que movía entre sus nueve tiendas aproximadamente medio millón de discos, y contactó con EMI y Decca. El segundo de estos sellos fue el que mostró más interés por la banda, pero de todos es sabido que, tras escucharles en una sesión el día de año nuevo del ’62, en el último minuto les desechó en favor de Brian Poole & The Tremeloes.

Brian no se rindió en su búsqueda de discográfica y en mayo contactó con George Martin, que estaba en el sello Parlophone, y éste sí quedó convencido con las cintas convertidas en acetato que Brian llevó a la reunión que tuvieron. Ahí comenzó la carrera discográfica de los Beatles, ámpliamente conocida también por todos.

Con su primer single, “Love me do”, en la calle, y Pete Best reemplazado por Ringo, Brian Epstein les consiguió su primera aparición en la televisión, en el programa “People and places” de la cadena Granada, desde la que dieron el salto a la BBC y se convirtieron en asiduos de este medio.

La fama del grupo subió como la espuma; la Beatlemania fue ya imparable durante los siguientes meses y años, y Brian siguió guiándolos. Y en 1.964 conquistaron America. Brian había viajado allí a finales de 1.963 para negociar con Ed Sullivan una aparición en su famosísimo programa, y para firmar también un contrato con Capitol Records no solo para editar los discos de los Beatles sino para que el sello se gastase también una obscena cantidad de dinero, sin precedentes en el negocio de la música, para la promoción del grupo en toda la nación. Después siguieron las giras americanas, y las giras mundiales…

Y la figura de los Beatles fue creciendo a medida que la suya iba menguando. Su pérdida de interés en el negocio musical, su inmersión de lleno en el mundo de las drogas y los rumores de que los Beatles no iban a renovar el contrato con él cuando éste finalizase, hacían que Brian Epstein estuviese más interesado en arreglar sus asuntos mundanos para retirarse a España, donde vivir con tranquilidad.

No pudo lograrlo; la mañana del sábado 26 de agosto de 1.967 le encontraron en la cama, muerto de una sobredosis de carbitol. Solamente tenía 32 años.

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“I’ll get you”

Y en nuestra visión de la figura de Brian Epstein hemos introducido a la segunda persona en importancia a la hora de ser considerado como “el quinto Beatle”. Se trata de GEORGE MARTIN, el productor y arreglista de la mayoría de las canciones que los Beatles grabaron.

George entró en la vida de la banda, como ya hemos visto, a través de Brian, quien le llevó, ya pasada a un buen acetato, la cinta de la sesión que presentaron en Decca. Y aunque no es que se quedase impresionado con ellos, pero sí que le gustó ese sonido áspero y crudo que tenían, y por eso quedaron de acuerdo en que los Beatles fuesen posteriormente al estudio número 3 de Abbey Road para escucharles mejor.

Allí le confirmó a Epstein que sí les firmaba el contrato discográfico. Un contrato que no penséis que era ninguna maravilla para los Beatles; inicialmente, el grupo tenía que grabar durante el primer año cuatro EP’s, percibiendo un solo penique por cada disco que se vendiese. Estas condiciones se mantendrían durante cuatro años, incrementando los royalties del grupo en un cuarto de penique más cada año. A medida que fueron pasando los años los porcentajes de ganancias de los Beatles fueron cambiando, pero ya véis que recibían un pago irrisorio por sus esfuerzos en los estudios de grabación comparado con el de otros artistas que les siguieron, como los Rolling Stones. Otro ejemplo de algo en lo que los Beatles fueron pioneros, y establecieron un rompimiento en la forma en que los grupos que les siguieron recibían sus royalties.

El primer disco que grabaron fue “Love me do”, que solo llegó al puesto nº 17 de las listas de ventas, algo de lo que George Martin culpó directamente a la compañía editorial del sello, por lo que prescindió de ella desde entonces para pasar los derechos del grupo a Northern Songs.

Con el segundo disco hubo cierto lío, porque George no estaba aún convencido de grabar material de los propios Beatles, y quería que grabasen “How do you do it”, que había escrito Mitch Mitchell. Pero los Beatles se opusieron y le presentaron una versión rehecha del “Please please me” que convenció al productor, que además se dio cuenta del extraodinario instinto que tenían para grabar canciones comerciales y desde entonces ya no intentó imponerles más su punto de vista…

Bueno, en realidad salvo en una ocasión; cuando en enero de 1.964, en París, les insistió para que grabasen en alemán a pesar de que los Beatles no querían. George les forzó a hacerlo, pero se dio cuenta de que de nuevo eran ellos los que tenían razón y de que no había necesidad de grabar nada en otro idioma. Nunca más volvió a imponérseles.

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“Komm, gib mir deine hand”

“Please please me” fue un número 1, como también lo fueron los siguientes 11 discos que grabaron. Lo curioso del caso es que el disco que George Martin consideraba que había sido el mejor de todos, el “Penny Lane”, con “Strawberry fields forever” en la cara B, fue el único que no llegó a la cima y se quedó en el puesto 2. Aunque con los siguientes discos volvieron a las andadas.

Al principio de grabar con los Beatles lo acostumbrado era que John y Paul tocaban las canciones con guitarras acústicas y George Martin les hacía sugerencias. Todo eso cambió con “Yesterday”. Esa fue la primera canción en usar orquestaciones, la primera canción en la que George Martin había escrito música para ellos, la primera canción que incluyó otros instrumentos aparte de los habituales de la banda. Con “Yesterday” comenzó una influencia cada vez mayor de George Martin en la música de los Beatles. Los discos se hicieron más sofisticados, y su aportación en ellos fue cada vez más importante. George Martin sentía que en las grabaciones anteriores a “Yesterday” cualquier ejecutivo del sello podía ponerse ante la mesa de grabaciones, pero que ahora estaban en un momento en que hacía falta su contribución para hacer que las producciones fuesen cada vez más complejas.

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“Yesterday”

Hay una persona a la que sí se le pudo considerar como “el quinto Beatle” con todas las de la ley, porque durante un corto periodo de tiempo, cuando actuaban en Hamburgo, los Beatles no eran cuatro, sino cinco, y el quinto miembro era el bajista STU SUTCLIFFE.

Stu conocía a John y Paul desde que iban a la escuela y siempre había estado mezclado en sus proyectos musicales, a pesar de que él no era un músico bueno, sino un pintor. De hecho, pudo comprarse su primer bajo con el dinero que le dieron por uno de sus cuadros… un bajo que ni siquiera sabía tocar, y tuvo que enseñarle otro compañero martilleando el “C’mon everybody”. Durante todo el tiempo que Stu pasó en los Beatles sufrió las burlas de John y Paul, a pesar de que él, sin embargo, trajo algo intangible al grupo: un toque de estilo. Stu tenía un sentido artístico que desplegaba siempre tanto en la forma en que aparecía como en la que se vestía. Le dio al grupo otra dimensión con su aura de misterio, su pinta melancólica y su inteligencia. Fue él también quien sugirió que debían cambiar su nombre y llamarse Beetles, aunque John Lennon reemplazó la segunda “e” por una “a”.

Después de que llegasen a Hamburgo y fuesen descubiertos por los jóvenes estudiantes de la ciudad, entre los que estaba Astrid Kirchhrerr, los días de Stu con la banda estaban contados. Sobre todo por una cosa, porque Paul McCartney le quería fuera del grupo. Esto creó entre ellos fuertes tensiones, que desembocaron incluso en alguna pelea sobre el escenario, que los alemanes pensaban que era parte del show.

Stu pronto comenzó a interesarse más por los espectadores asiduos que venían a verles (The Exis, como les llamaban los Beatles) que por sus compañeros, sobre todo por Astrid, de la que se enamoró y con la que se marchó a compartir su ático. Así que cuando los Beatles regresaron a Liverpool en diciembre del ’61, Stu se quedó en Hamburgo. Por eso tuvieron que reemplazarlo en algunos conciertos con Chas Newby, un nombre que os sonará mucho porque es el que utiliza uno de nuestros comentaristas habituales. Después el bajo pasó definitivamente a ser propiedad de Paul.

Algún tiempo después Stu también volvió a Liverpool, e incluso llegó a tocar con la banda en algunos conciertos más, pero cuando recibieron la oferta de respaldar a Tony Sheridan en unas grabaciones, Paul insistió en que en ellas el bajo lo tocaría él.

Definitivamente fuera del grupo, Stu volvió a su primer amor, la pìntura, y se fue a perfeccionarlo a una escuela de arte de Hamburgo, donde estaban sus amigos artistas más cercanos. Una noche se cayó por las escaleras del piso de Astrid y desde entonces comenzó a sufrir fuertes dolores de cabeza y apagones mentales. La preocupación de sus familiares y amigos le llevó a visitar a innumerables médicos que no le encontraron nada malo, ni guiados por su ojo clínico, ni por los rayos-X o las pruebas que le hicieron. Durante ese periodo comenzaron también sus cegueras temporales. El 10 de abril de 1.962 Astrid le encontró inconsciente en la cama y llamó a una ambulancia. Stu Sutcliffe murió en los brazos de Astrid mientras le llevaban al hospital. Tenía 21 años. El resultado de su autopsia decía que había muerto de parálisis cerebral debido a una hemorragia en la cavidad derecha del cerebro. Los Beatles le seleccionaron como una de las figuras que aparecieron en la portada del “Sgt. Pepper’s”.

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“Oh! darling”

Otro de los músicos que podrían optar al honor de ser “el quinto Beatle” es BILLY PRESTON, el teclista que padeció con ellos todas las sesiones del “Let it be”, y que después de eso también se quedó con casi todas las papeletas para el premio de ser nombrado “el sexto Rolling Stone”.

Billy se hizo amigo de George Harrison en Hamburgo, cuando con quince años formaba parte del grupo de apoyo de Little Richard. Después volvieron a encontrarse en Inglaterra cuando Billy Preston estaba de gira con Ray Charles, y esta vez George le presentó a los otros tres y compraron su contrato con Vee Jay Records para ficharlo en la Apple.

Billy Preton fue el primer músico, que no fuese uno de ellos cuatro, en aparecer en los créditos de un disco de los Beatles, cuando les respaldó en el single “Get back”, que fue editado como un disco de “The Beatles with Billy Preston”. Debido a eso, y a las demás canciones en las que también aparecía… “Let it be”, “I me mine”, “I’ve got a feeling”, “Dig a pony”… Billy comenzó a ser conocido como “el quinto Beatle”. Y casi más importante que su contribución musical , fue su contribución personal a la banda, ya que su presencia en los estudios ayudó muchísimo a suavizar las tensiones que lentamente iban creciendo en el seno de los Beatles.

En los tres años durante los que Billy estuvo en Apple editó también dos discos a su nombre, producidos por George Harrison, con la participación de muchos de los músicos de su entorno (Klaus Voorman, Eric Clapton, Keith Richard, Ginger Baker…), y tocó en casi todos los discos de aquella época de George, John y Ringo.

Continuó una carrera musical de mediano éxito con muchas grandes figuras, hasta que la cocaína y el alcohol le fastidiaron los riñones. Pasó muchos años atado a una de “mis máquinas de diálisis” hasta que la enfermedad pudo más que él y falleció en el 2.006.

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“Get back”

Y así hemos introducido la figura de KLAUS VOORMAN, el siguiente en la lista de merecimientos para ser considerado “el quinto Beatle”.

Klaus era un estudiante de arte que vivía en Hamburgo con su novia, Astrid, a la que ya conocemos. Fue tras una agria discusión con ella cuando una noche se fue de copas al barrio de St. Pauli, y al pasar por la puerta del club Kaiserkeller se sintió atraído por el rock and roll que estaban interpretando dentro Rory Storm & The Hurricanes. Pero todavía le sorprendieron más los otros chicos que salieron después, The Beatles.

Cuando hizo las paces con Astrid se la llevó una noche con él al club… algo que nunca debió haber hecho, porque la chica se enamoró del guaperas que tocaba en la banda, Stu Sutcliffe, que pasó a ocupar el lugar de Klaus en el corazón y en el piso de la chica. Pero Klaus de todas formas mantuvo el interés en el grupo y no perdió el contacto con ellos, incluso viajando a Liverpool, o mudándose a Londres cuando los Beatles estuvieron allí y reemplazando a veces a Stu en el bajo cuando éste ya no estaba con ellos.

Aunque no tocaba mal este instrumento e incluso en Liverpool formó una banda con otros dos músicos, tras la cual pasó a ser el bajista de Manfred Mann, Klaus siguió trabajando seriamente en la pintura y el arte en general, especializándose en cartelería, portadas, etc… y por eso fue por lo que los Beatles le propusieron que diseñase la portada del “Revolver”, por la que Klaus ganó un premio Emmy. Posteriormente sus litografías sirvieron para ilustrar discos de Ringo, de George… también el “Anthology” que se editó de los Beatles pasado el tiempo.

Cuando Paul McCartney hizo público su anuncio de que abandonaba a los Beatles se rumoreó que su puesto como bajista en la banda lo iba a ocupar Klaus Voorman, pero los ejecutivos de Apple lo desmintieron oficialmente una vez que Paul ganó el juicio que significó la desaparición oficial de los Beatles.

Durante los siguientes años Klaus siguió al lado de los componentes del grupo, participando frecuentemente en sus proyectos en solitario y convirtiéndose en un invitado muy popular en todas las convenciones sobre la banda. Después regresó a Hamburgo para convertirse en jefe de grabación de unos estudios.

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“I’m only sleeping”

El siguiente en la lista sería la persona más cercana a los Beatles durante toda su carrera, su “tour manager”, NEIL ASPINALL.

Neil también conocía a Paul y a George de sus tiempos de instituto, pero sobre todo con quien mantenía amistad desde entonces era con Pete Best, con el que incluso compartía piso, y a través suyo entró a formar parte de la vida de la banda.

Los Beatles en sus inicios usaban el transporte público para desplazarse a los tugurios en los que tocaban, pero en febrero de 1.961 ya se hizo obvio que aquello no podía continuar así. Así que alquilaron a Frank Garner y su furgo para que les llevase, pero como éste era el portero del Casbah Club no podía atenderlos la mayoría de las veces, así que le propusieron el trabajo a Neil. Pete Best le propuso que se comprase una furgoneta de segunda mano, que no estuviese tan mal como para dejarles por ahí tirados, y ellos le pagarían 5 chelines por cabeza y viaje. Y así fue como Neil Aspinall dejó la contabilidad para entrar entusiásticamente en el mundo del showbusiness como el primer roadie de los Beatles. En julio del ’62, cuando la banda volvió de su segundo viaje a Hamburgo, Neil se convirtió oficialmente en el “road manager”.

La cosa estuvo a punto de irse al traste cuando echaron a Pete Best de la banda. Neil era íntimo amigo suyo y pilló un cabreo mayor incluso que el del propio Pete, que tuvo que ser quien le convenciese para que se quedase con los Beatles, ya que tenía el presentimiento de que iban a necesitar mucho sus servicios como conductor… una predicción que se quedó mucho más que corta.

Y a todos los sitios a donde fueron los Beatles, allá que fue también Neil con ellos. E incluso llegó un momento en el que necesitó un ayudante, por lo que contrataron a Mal Evans y Neil pasó a ser más el asistente personal del grupo. E incluso cuando los Beatles crearon Apple Records le nombraron a él director ejecutivo. Neil continuó administrando los asuntos de los Beatles incluso cuando Apple dejó de existir.

No ha habido nadie más cercano que él a los Beatles ni nadie ha tenido un conocimiento más cercano de los aspectos más privados de la vida de los cuatro. Siempre fue discreto, leal y siempre se mantuvo como una persona digna de su confianza. Siempre fue una persona de ésas que valían más por lo que se callaba que por lo que decía; y si hubiese llegado a escribir un libro sobre los Beatles tendría que haber esperado hasta su muerte, ocurrida hace un par de años, para haberlo publicado.

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“Penny Lane”

Hemos introducido ya también la figura de MAL EVANS; él sería el siguiente en la lista de merecimientos para ser “el quinto Beatle”.

Mal Evans trabajaba en la oficina de correos que había al lado del Cavern, y un día que se metió allí a comer algo en un descanso del trabajo le gustó tanto el club que se hizo asiduo de él y entabló amistad con George Harrison, con el que compartía la afición por los mismos tipos de música. George fue quien arregló las cosas para que Mal, que era un tipo grande y fuerte, se quedase en el club trabajando de “gorila” en la puerta.

Allí estuvo tres meses, hasta que Brian Epstein le ofreció el trabajo de ayudante de Neil Aspinall como road manager, ocupándose sobre todo de cargar y descargar el material, prepararlo en el escenario, etc… el curro más bajo de la escala de los roadies. Y aunque Mal estaba casado (y acababa de tener un hijo) y su mujer no quería que aceptase el trabajo, lo aceptó y viajó por todo el mundo con los Beatles.

Y como era el tipo que siempre “andaba por allí”, vigilándolo todo y pendiente de todos, muchas veces echaron mano de él cuando necesitaban a alguien en las grabaciones, y así resulta que Mal es el que toca el órgano Hammond en “You won’t see me”, canta en los estribillos de “Yellow submarine”, toca uno de los pianos en “A day in the life”, toca la pandereta en “Dear Prudence”, toca la trompeta en “Helter skelter”

Después de tres años trotando por el mundo con la banda, cuando los Beatles dejaron de hacer giras le nombraron asistente personal. Y en 1.968 entró a formar parte del cuerpo ejecutivo de Apple, ocupándose de las actividades de grabación… él fue quien, por ejemplo, descubrió al grupo Badfinger.

Tras el descalabro de Apple, Mal Evans se separó de su mujer y se trasladó a los USA, donde a pesar de escribir sobre sus experiencias con los Beatles no podía soportar el tedio que tenía ahora su vida en comparación con la que siempre había llevado, y eran frecuentes sus estados depresivos profundos. En una de sus crisis fue cuando la mujer con la que ahora vivía, incapaz de controlarlo, llamó a la policía para que le ayudasen con él. Mal se había encerrado en una habitación y cerca de él había una pistola de aire. Cuando los dos polis se cargaron la puerta y entraron a saco en la habitación vieron esa pistola e instantáneamente descargaron las suyas sobre el cuerpo de Mal, matándolo instantáneamente.

Sus cenizas y el último manuscrito en el que estaba ocupado fueron enviados a su viuda a Inglaterra, pero parece ser que se perdieron en alguna oficina de correos y nunca llegaron… aunque quizás esto solo sea una de las múltiples historias apócrifas que rodean a los Beatles.

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“You won’t see me”

El siguiente de la lista es el jefe de prensa de los Beatles y escritor en la sombra de las memorias de Brian Epstein. Se llama DEREK TAYLOR.

Derek era un periodista musical que entró a formar parte de la vida de los Beatles cuando en mayo del ’63 fue a su concierto en el Odeon de Manchester para escribir una crónica sobre él. Después de eso viajó a Liverpool para entrevistar a Brian Epstein y poco a poco se fue interesando tanto en la banda que incluso fue a Hamburgo a rodar un documental para la BBC sobre las experiencias allí del grupo. Sus colegas le conocían ya como “el hombre de los Beatles”.

Visitó a las familias de todos ellos para familiarizarse con sus historias, escribía regularmente sobre la banda e incluso abrió una columna semanal en su periódico firmada por George Harrison, aunque en realidad era él mismo quien la escribía.

Cuando Barry Leonard, el asistente personal de Brian Epstein se enfadó con él y dejó el empleo Derek lo pidió. Brian se lo pensó algún tiempo pero terminó por ofrecérselo cuando Derek le escribió también su biografía, “A cellarful of noise” (Un sótano lleno de ruido), aunque fue el propio Brian quien la firmó.

Como ayudante de Brian, Derek viajó por todo el mundo con los Beatles, pero su aventura solo duró cinco meses porque en otro de los ataques de histeria de Brian, acusándole de ir por ahí vacilando en una de sus limousinas, dimitió de su empleo y se fue a los estados Unidos con su familia. Allí estuvo currando de consultor de relaciones públicas y sus primeros clientes fueron los Byrds, después representó también a los Beach Boys y fue uno de los organizadores del Festival de Monterey. Mientras se ocupaba de estos asuntos no soltó el bolígrafo y siguió como columnista habitual de algunas revistas del país.

Tampoco perdió contacto con los Beatles, de hecho él fue quien les presento a Harry Nilsson cuando anduvieron por los USA, y se cuenta que George Harrison se escribió enterita la canción “Blue jay way” en un rato que estuvo esperando en la antesala de la oficina de Los Angeles de Derek a que éste terminase unos asuntillos para irse los dos a comer.

Cuando los Beatles fundaron Apple Corps. pensaron en él como jefe de prensa, por lo que Derek regresó a Inglaterra con toda su familia y allí permaneció representando activamente a la banda hasta la disolución de la compañía, en que se incorporó a la Warner Bros. como jefe de proyectos especiales, y siguió en el mundo del periodismo musical y escribiendo los libros más interesantes sobre los Beatles, ya que él había formado parte de su mundo interior.

En los primeros años ’90 Derek volvió a Apple (a lo que quedaba de ella) para hacerse cargo del marketing de los proyectos que se iban a lanzar… la “Anthology”, la caja de la BBC, la reedición digital del catálogo original… y en ello estaba hasta que en septiembre del ’97 murió de cáncer.

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“Blue jay way”

Para el siguiente puesto de la lista he considerado al MAHARISHI MAHESH YOGI, consejero espiritual de la banda y el que, aunque de forma muy controvertida muchas veces, les ayudó a centrar sus vidas y sus carreras en unos momentos en que andaban muy necesitados de paz.

Para no repetirnos mucho sobre lo que ya escribimos de él, os enlazo el post donde ya lo hicimos y si queréis os dirigís allí.

Y aquí pasamos al siguiente de la lista, que es el más famoso de todos los guitarristas de rock: ERIC CLAPTON.

Una de las bandas en las que Eric estuvo, Cream, formaba parte junto con los Beatles del paquete que Brian Epstein llevó a Robert Stigwood. Así fue como floreció su amistad con George Harrison, que les llevó a trabajar juntos en algunos proyectos, entre ellos la canción “Badge”, que compusieron entre los dos, y que cuando los Cream la grabaron George participó tocando su guitarra bajo el nombre de “L’Angelo Misterioso”.

Después participaron juntos también en la grabación del disco para Apple de Jackie Lomax, también en el disco de George en solitario, “Wonderwall”, y posteriormente George le llevó como guitarra invitado en la grabación de “While my guitar gently weeps”, lo que significó el precedente para que otros músicos de sesión participasen en las grabaciones de los Beatles.

La participación de Eric fue posterior a la grabación de la canción, un overdub añadido, que al principio Eric no quiso grabar porque nunca había habido otros músicos en ninguna canción de los Beatles. Pero ese 6 de septiembre del ’68 George le convenció diciéndole que “la canción no es de los Beatles, es mía”.

La carrera posterior de Eric Clapton es ámpliamente conocida, y si acaso aquí vamos a apuntar la curiosidad de que en algunas de las ocasiones en que interpretaba solos en los discos de George Harrison su compañía discográfica le puso pegas y no le dejaba hacerlo, por lo que apareció en esos discos con el pseudónimo de Eddie Clayton, nombre sugerido por Ringo en recuerdo de una de los primeros grupos en los que estuvo de jovencito, el Eddie Clayton Skiffle Group.

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“While my guitar gently weeps”

Y el último de la lista va a ser MURRAY “THE K” KAUFMAN, aunque solo sea por el hecho de que él fue quien inventó el término de “el quinto Beatle” para aplicárselo a sí mismo.

Murray fue el primer disc-jockey en acercarse a los Beatles cuando éstos fueron a los USA, y se hizo amigo de ellos y asiduo de su círculo, siendo una presencia sempiterna desde el backstage del “Ed Sullivan Show” hasta las ruedas de prensa previas a sus conciertos.

Aunque él ya se refirió a sí mismo como “el quinto Beatle” en la primera entrevista que hicieron los Beatles en su primera visita a los USA, éste era un término que no le gustaba e incluso se arrepintió de haberlo acuñado, pero su emisora de radio, la WINS (de donde echaron a Alan Freed tras el asunto de las payolas), vio el filón y no paró de utilizarlo hasta que lo popularizó en todo el mundo.

Y ya para terminar, aunque no tengan demasiados merecimientos para ser considerados como “el quinto Beatle”, sí que me gustaría citar a todos los otros baterías que pasaron por la banda: PETE BEST, que fue al que despidieron del grupo en favor de Ringo antes de que comenzase la carrera discográfica de los Beatles; ANDY WHITE, el batería de sesión de la EMI, que es al que podemos escuchar en las grabaciones oficiales de “Love me do” y “P. S. I love you” y JIMMY NICOL, el batería que se hizo cargo de las baquetas durante la gira de 1.964 por Australia, mientras Ringo estuvo enfermo.

Postdata: Los beatlemanos os queremos a todos.

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“P.S. I love you”