EL DIABLO EN SUS DEDOS, EL BLUES EN SU ALMA

La campana del infierno sonó a las once y cinco de la noche. Justo cincuenta minutos después de que se hubiese puesto en marcha el “Tren del Rock’n’Roll”, al que nos subimos los 65.000 espectadores, encantados de que nos llevase directos al averno. Todos juntos, varias generaciones de fans disfrutamos a tope anoche de un concierto en el que la inmensa mayoría de las canciones fueron compuestas por la banda antes de que casi ninguno de los presentes hubiese nacido siquiera. Porque junto a las cuatro canciones nuevas con las que salpicaron su concierto, solamente sonaron éxitos clásicos del grupo, que con la excepción de “Thunderstruck”, eran anteriores a 1.981.

Los miembros de AC/DC llegaron al escenario bajando de aquel tren de caricatura, que varias chicas a las que les habían dibujado muy poca ropa trataron sin éxito de detener. Y comenzó la fiesta con la única de las canciones de su último disco que tiene la suficiente fuerza como para convertirse en otro de esos éxitos que la banda podrá seguir tocando en directo año tras año, si es que resisten el paso del tiempo tanto como para hacer que su tren pueda dar cabida a otra generación más de admiradores.

Todos directos al averno, sí. Y no necesitábamos siquiera que Brian Johnson nos convenciera gritando de forma desaforada que “El infierno no es un mal sitio para estar”. Y menos aún si allí iban a estar también los AC/DC. Aunque casi nos sobraba con dos de ellos, porque enseguida quedó clarísimo que esto iba a ser un espectáculo basado solamente en Brian y Angus. Los dos se movieron incansables arriba y abajo, a un lado y al otro del escenario, y por la larguísma pasarela que unía a éste con el centro del Estadio Olímpico. Malcolm Young, el otro guitarrista, y Cliff Williams, el bajista, apenas se movieron en toda la noche más allá de dos metros de Phil Rudd, el batería; y las pocas veces que lo hicieron fue tan solo para respaldar vocalmente a Brian y volver inmediatamente a su secundario lugar al unísono. No podía haber un mayor contraste entre el comportamiento de los dos hermanos Young, con la frenética locura de Angus y el calmado porte de Malcolm.

Pero todavía quedaba una vuelta de tuerca más en el entusiasmo de la multitud, porque la tercera canción que atacaron fue “Back in black”, la que le daba nombre a un disco de hace ya treinta años que merecería una revisión completa en directo por parte de sus creadores. Su icónico riff de guitarra nos hizo tener la seguridad de que Angus tenía los dedos en forma para lo que todos esperábamos que nos ofreciese a medida que la noche avanzase.

Un nuevo crescendo hubiese sido difícil de soportar, sobre todo para unos tipos que andan por una media de edad superior a los 60 y que hacían sospechosos intervalos entre canciones que nos hacían pensar que la próstata ya anda chunga… pero bromas aparte, todo se vino un poco abajo con “Big Jack”, otra de las canciones nuevas, sólida pero falta de espectacularidad. Había que volver de nuevo a los grandes himnos: “Dirty deeds done dirt cheap”, seguido de otro profundo tajo a la nostalgia, “Shot down in flames”, que mantuvo a los más antiguos seguidores cantando felices hasta que todo el estadio a la vez se uniese en un trueno. Llegó el momento de “Thunderstruck”, y una de las veces en las que el griterío de la masa llegó a imponerse por instantes al estruendo del mogollón de vatios que escupían los altavoces.

Y otro respiro. Aunque a decir verdad elegir para meter en una noche como ésta una canción como “Black ice”, por muy rockero de la muerte que sea su título, es una perfecta metedura de pata. Fue la única vez en toda la noche que la gente se sentó de forma generalizada, y que hubo embotellamiento masivo en las barras. Mira que habrá canciones en su extenso catálogo como para hacer ésta… aunque sea del disco nuevo; ellos ya no tienen que promocionar nada, su producto se vende solo. Hagan lo que hagan, la gente va a aullar… ¿qué no?

Que sí. De qué otra forma se explica que miles y miles de tíos hechos y derechos aullen como lobos ante el strip-tease menos sexy de la historia del erotismo. Y no digo tías… que tendría su aquél… sino que miles y miles de gargantas masculinas se rompían ante la visión de un culo canijo de casi sesenta años enfundado en unos calzoncillos con el anagrama de la banda…

Antes de llegar a eso, Angus se había ido despojando de la ropa, poco a poco, luciéndose (intentándolo) en ello, frotándose su chaleco de colegial por la polla, en una visión que logró apagarme la trempera producida por las chicas del público que unos momentos antes se levantaban la camiseta por encima de las tetas cuando se veían a sí mismas en las pantallas gigantescas.

Y todo eso ocurría mientras le servía de fondo el blues más sucio de la historia, “The Jack”. Con una pieza como ésta se acaban esas discusiones que hemos tenido por aquí sobre si los AC/DC son una banda de hard-rock o de jevi… en el fondo, los AC/DC son una banda de blues de garito, con el botón del volumen de sus amplis puesto en el 11.

Se agrandan con la mezcla del básico y desnudo sonido del blues con el ampuloso exceso del rock duro, catalizada principalmente por la fuerza motriz de la Gibson SG de Angus, que toca en una forma que consiste sobre todo en martillearle y arrancarle simultáneamente una nota, y estirar las cuerdas como si estuviesen hechas de chicle.

Y luego todo fue diluyéndose en un fundido en negro, mientras descendía la campana.

Cuando quisimos darnos cuenta, Brian ya estaba corriendo y saltando hacia la campana del infierno, que sonó atronadora anunciando la intro de “Hells bells”, con la que volvíamos a las canciones más significativas del “Back in black”, dos seguidas, porque tras ella, sin pausa, sonó “Shoot to thrill”… el sudor… el sudor…

Otro video animado saltó a las pantallas para anunciar la última canción nueva de la noche, “War machine”. El dibujito de Angus se convirtió en un piloto que en lugar de bombas arrojaba guitarras y mujeres en paracaidas, e hizo que la gente se distrajese de la endeblez de una canción que de otra forma no funcionaría, y a la vez apartase los ojos de Brian y del Angus real, que aprovecharon para tomarse el único minuto de verdadero respiro de la noche, y retomar fuerzas para lo que se avecinaba.

Porque el resto fue lo que todos estábamos esperando de AC/DC. Comenzaron con “High voltage” para seguir con la mejor combinación de canciones de lo que iba de concierto: “You shook me all night long” y “T.N.T.”. No hay sutilezas que valgan; las rúbricas más conocidas del grupo para hacer que revienten las costuras del cemento del estadio.

Y después llegó la chica, “Whole lotta Rosie”. Mientras la canta, Brian prácticamente respira testosterona, su forma de hacerlo es la perfectamente imperfecta forma de poner voz a una banda que es la más pura destilación de virilidad imaginable. El repertorio entero de los AC/DC, como bien nos están demostrando esta noche, igual sirve para pelear que para follar, porque sus canciones están envenenadas de sexo, volumen, violencia, y más sexo todavía.

Con Rosie desapareció también el tren del escenario, reemplazado en las pantallas por imágenes de la banda a través de su historia. El set terminó con “Let there be rock”, convertido en un grito de “let there be light” por parte de Brian que hizo que por primera vez se encendiesen las luces del estadio para que todos pudiésemos ver nuestras caras de mutua felicidad.

La canción no terminaba nunca, mantenida por Angus interpretando el padre de todos los solos, quedándose sin respiración tanto en la esquina más recóndita del escenario como encima de la plataforma que se elevó desde el centro del punto más alejado de él. Pero sus dedos tienen vida propia porque los maneja el diablo, y todos los primitivos bluesmen que hicieron un pacto con la bestia se meten en el corazón de Angus para que no necesite respirar mientras se recorre una y otra vez, y otra, y otra más, la inmensa pasarela que le acerca a nosotros. Angus corriendo, Angus saltando, Angus revolcándose por el suelo… pero sus dedos seguían y seguían… mientras su cuerpo y su cara se cubrían del confetti que exhalaban cuatro enormes tubos que en pocos segundos inundaron todos los rincones del estadio de papelillos que habían acariciado el cuerpo de Angus antes de hacerte llegar con ellos a ti, donde quiera que estuvieses, una pequeña parte del sudor que estaba derramando.

Por fin recorrió la pasarela por última vez hacia el escenario, y por allí desapareció, todavía sin dejar de tocar… para volver de nuevo en un último impulso que le unió al resto de la banda, que le esperaba allí mientras duró su lucimiento. Brian nos agradeció la atención y todos p’adentro.

…pero solo dos minutos. El ennegrecido escenario se llenó enseguida de luz roja y humo, desde el que emergió otra vez Angus tocando lo que todos reconocimos como el comienzo de “Highway to hell”. Cuando se unió a él toda la banda, la rendición de esta mítica canción fue algo estelar. El recuerdo de que, más allá de su trascendencia, el rock es algo que perdura para siempre; el recuerdo de lo poderoso y perfecto que puede llegar a ser.

Y llegó el final. El saludo final para todos los que estamos aquí por ese rock: “For those about to rock (We salute you)”.

Seis cañones disparaban las salvas de despedida… “os saludamos… fuegooooo”“os saludamos… fuegooooo”, “nosotros os saludamos, Sevillaaaaaaa…”, y el estruendo de los cañonazos era mayor que la música, mayor que la pasión de la gente convertida en decibelios… “fuegooooooo…” y el último estallido permaneció largo rato en nuestros oídos transfigurado en aplauso…

Se terminaba una noche entre felicitaciones por haber estado allí y últimas cervezas. Un concierto como éste es una oportunidad de cambiar el proceso de la vida, de ir de padretón cincuentañero a joven de veinte años por unas horas… y en el corazón de cada adolescente habita el amor por las explosiones y por ver como todo se consume devorado por el fuego. Anoche, fueron los AC/DC los que encendieron la chispa.

Esa misma chispa que a través de las grandes pantallas se veía en los ojos de Angus después de hacer su último sprint; una mirada en la que, después de todos estos años, y de las últimas dos horas y pico, solo se leía una cosa: “ninguno de vosotros, malditos cabrones… ninguno de vosotros, se va a ir de aquí sin decir que ésta ha sido la mejor noche de su puta vida…”.

METAL PESADO

Después de nuestro anterior post tenemos algo más claro qué es el fenómeno indie. Y si eso ha ayudado a que los integristas del rock lo desprecien un poquito menos, pues mejor que mejor.

Pero quizás haya también algunos indies a los que el rock duro les cause rechazo, y creo que es justo que también les expliquemos a ellos el cómo y por qué surgió, sobre todo cuando esta misma semana nos va a visitar en Sevilla una de las bandas que ostenta la máxima representación del género.

Sirva pues, esta nueva entrada, para rendirle homenaje a la escena hard-rock y heavy, y en la medida de mis escasas posibilidades, devolverle un poco del respeto que le tienen perdido los indies más integristas, y que así todos podamos disfrutar llenos de amor y fraternidad del concierto que el sábado nos ofrecerán aquí los AC/DC.

Los miembros de AC/DC sonrientes en el salón del asilo, contentísimos de haber conseguido meter un cuarto acorde en una de sus canciones antes de morirse.

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AC/DC – “Highway to hell”

El heavy metal tuvo sus orígenes a finales de los años ’60, cuando los pensadores más importantes del campo de la música popular comenzaron a darse cuenta de que las canciones de rock’n’roll normal no eran lo suficientemente largas, ni sonaban lo suficientemente altas.

El rápido crecimiento de los conciertos de rock de altos decibelios causó sorderas parciales y totales entre millones de fans. Como consecuencia de ello, la gente ahora se quedaba en sus asientos, como tonta, sin capacidad siquiera de discernir lo que estaba oyendo, ni de levantarse a mear. Esto supuso una amenaza para la vasta industria musical, la cual, en aquella época primitiva estaba pensada principalmente para satisfacer los oídos.

Afortudamente, la ciencia americana llegó en su ayuda. En 1.969, científicos de la CTS (Clonglomerated Technotronics & Sonics) desarrollaron el woofer de partículas subatómicas, un dispositivo capaz de amplificar la música hasta unos nunca oídos ni vistos antes diecisiete millones de decibelios, aunque para ello hubiese que lamentar la pérdida de cientos de monos y ratones blancos en ensayos de laboratorio, principalmente debido a que estallaban sus cabezas. Pero con este nuevo artefacto, la gente que oía menos que un gato de yeso con audífono pudo apreciar de nuevo el rock’n’roll, aunque fuese sintiendo las vibraciones a través del suelo, algunas de las cuales llegaban a alcanzar un cuatro en la escala de Richter.

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AC/DC – “TNT”

La escena, pues, ya estaba preparada para una nueva revolución. Todo lo que se necesitaba era un grupo adecuado para llegar a tocar rock’n’roll de una forma increíblemente alta y distorsionada, a la cual se le aplicaría el nombre de “heavy metal”.

Y dicho grupo bajó del cielo como un globo.

La mayoría de los musicólogos y también una gran parte de los metalúrgicos están de acuerdo en que la más importante de todas las bandas de heavy metal que asolaron la tierra fue Led Zeppelin.

Led Zeppelin fue realmente un grupo que rompió moldes. Y cuando no estaban rompiendo moldes, normalmente estaban rompiendo muebles. Se podría escribir un libro entero sobre el arte de devastar una habitación de hotel, y varios capítulos largos tendrían que estar dedicados a Led Zeppelin. Desde entonces la aplicación de este arte fue la que dividió a los músicos entre los que eran rockeros y los que no. Led Zeppelin lo hacían con precisión y brillantez. Su legendario batería John Bonham jamás se sentó en un sofá al que no prendiera fuego después y a continuación lo arrojase por una ventana. Su legendaria muerte en 1.980 ocurrió cuando una vez, más borracho de lo habitual, se olvidó de tirarlo después de pegarle fuego. Los igualmente legendarios Robert Plant y Jimmy Page fueron una vez invitados a una prestigiosa universidad para dar una clase magistral sobre la forma más eficaz de arrancar tuberías de la pared.

Extraordinariamente dotados para ello, los Zeps no planeaban ni ensayaban sus épicas destrucciones de hoteles, sino que se aproximaban a cada uno con un espíritu de inspirada improvisación. Desafortunadamente, ninguna de estas arrasadoras sesiones fue jamás grabada o televisada, así que solo podemos confiar en la palabra de otros músicos invitados a asistir, o de groupies también invitadas; pero la mayoría de los testigos y peritos de compañías aseguradoras están de acuerdo en que la composición que hicieron de la suite 1237 del Omaha Holiday Inn fue la mejor obra que se haya hecho nunca en este campo. La comenzaron con Bonham circulando con una moto de gran cilindrada a través de las habitaciones a gran velocidad, para alcanzar el climax cuando Plant y Page prendieron fuego al pelo de su manager, para después apagarlo usando como extintores botellas de champán Dom Perignon.

Los miembros de Led Zeppelin en el jardín que rodeaba al hotel “Ramada”, en 1.974, mirando tristemente cómo éste ardía, después de que ellos accidentalmente hubiesen prendido fuego a su suite.

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Led Zeppelin – “Rock and roll”

Casi tan influyentes como Led Zeppelin (que llegaron a infectar a todo un continente en cuestión de días) fueron los miembros de otra banda británica de heavy metal llamada Black Sabbath.

Líderados por el temible Ozzy Osbourne, los Sabbath se aficionaron al ocultismo, lo cual podría haber estado bien si se hubiesen limitado a invocar a los demonios para que mataran y se comiesen a sus enemigos, y los hubiesen mantenido lejos de las salas de conciertos. Pero incorporar la magia negra al grupo no solo hizo de Black Sabbath la primera banda de culto oculto, sino que también hizo posible las posteriores carreras de Alice Cooper y Marilyn Manson.

Pero tanta maldad tuvo su castigo. Un romántico Ozzy Osbourne cantó sobre maldiciones, matanzas, plagas, rapiñas, violencia y delirios de locura que él personalmente había experimentado y disfrutado. Si hubiese sabido que el destino le depararía terminar su carrera como el inepto y risible padre de familia zumbado por las drogas de una telecomedia, indudablemente hubiese preferido también suicidarse sobre un escenario.

Pero en aquellos tiempos, aunque desdeñados por la clase alta de los críticos de rock y por la mayoría de los miembros de las AMPA de todos los institutos, Black Sabbath vendieron más discos que Cat Stevens y Eric Clapton juntos; megamillones de discos. Para cuando se metieron de nuevo en sus ataúdes buscando un largo periodo de reposo, ya habían logrado que la Reina de Inglaterra les premiase con el honorífico título de Caballeros Ejecutores del Reino, con el que tanto ellos como sus descendientes tenían el derecho de condenar a muerte a cualquiera que no les gustase.

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Black Sabbath – “Paranoid”

En los años de sequía heavy que siguieron, los grupos metálicos como Black Sabbath fueron muchas veces culpados de inducir a los adolescentes a que cometiesen suicidio. Pero esto fue desmentido de forma evidente cuando unos estudios revelaron que la mayoría de estas personas habían sido conducidos a terminar con sus propias vidas por el aburrimiento causado por John Denver y los Osmonds. Además, como Ozzy dijo una vez en uno de sus raros momentos de lucidez, “es un jodido milagro que todos los jodidos jovencitos no se hayan jodidamente suicidado”.

Pero volvió de nuevo la época de vacas gordas porque, aunque en Inglaterra fue donde comenzó el heavy metal, era inevitable que los americanos sacasen su propia versión; después de todo en los USA es donde más lunáticos hay por metro cuadrado. Así que muy pronto los grupos metálicos americanos comenzaron a brotar rápidamente hasta de debajo de las piedras, derribando a menudo a los incautos que no eran capaces de apartarse lo suficientemente rápido del agujero que se estaba formando bajo ellos. Estos misteriosos socavones en el continuum espacio-tiempo puede que tengan también algo que ver con la destrucción del medio ambiente, dicen los expertos.

Así surgieron bandas tales como Metallica, Guns N’Roses, Mötley Crüe y otras más, demasiado numerosas para exterminarlas, que se extendieron sin oposición por toda la faz de la tierra, llegando incluso hasta el continente perdido de Australia, donde según recogimos en un anterior escrito, habían ido a parar los británicos desterrados portadores del genoma del heavy.

Los miembros de Metallica, Lars Ulrich, Robert Trujillo y James Hetfield, informando a Kirk Hammett que había sido expulsado de la banda por aparecer frecuentemente sin gafas de sol y también por parecer un tipo feliz.

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Metallica – “Fuel”

Con sus lóbregos riffs, pesados, repetitivos, distorsionados, causaron un enorme resurgimiento de los remedios contra el dolor de cabeza, para gran fortuna de la industria farmacéutica. En las décadas que siguieron el heavy metal crecería tanto que ya nada pudo destruirlo. Fallaron contra él las armas de destrucción masiva, los ataques nucleares, la senectud que trajo la propia naturaleza. El heavy metal no puede ser destruido por ningún medio conocido.

Así que no queda otra elección que asumirlo y unirse a él… al menos yo así pienso hacerlo el próximo sábado por la noche…

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AC/DC – “For those about to rock (We salute you)”

INDIESEABLES

Para Lu. Que aguanta estoicamente el petardeo que se traen los rockeros integristas en su blog contra los indies.

Desde hace algún tiempo los INDIES están comenzando a resurgir de nuevo en Sevilla. En realidad no sé si en las demás ciudades españolas y europeas está ocurriendo lo mismo, aunque intuyo que sí. Y valga este post para rendirle un homenaje a la escena indie y, en la medida de mis escasas posibilidades, devolverle un poco del respeto que le tienen perdido los rockeros más integristas, dando de lado el hecho de que de ella han surgido algunos de los mejores discos de pop de todos los tiempos.

Y en realidad… todos éstos que denostan a los indies, ¿saben bien qué son? ¿dónde y cómo surgieron? Es más… ¿se han parado alguna vez a escucharlos sin dejarse influir por sus prejuicios? Al fin y al cabo los indies sacan su inspiración del punk, y están enamorados de la cultura de los ’60. Así que tampoco creo que haya tantas cosas que les separen.

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The Stone Roses – “I wanna be adored”

Nuestra historia comienza en la tarde del martes, 28 de diciembre de 1.976, en los estudios Indigo, en Manchester. Allí hay un grupo, los Buzzcocks, que en apenas cinco horas han grabado y mezclado cuatro canciones.

Un mes después se edita el EP “Spiral scratch” en el sello New Hormones, que pertenece a la propia banda. Ése es el primer disco indie.

“Indie” no es lo mismo que “independiente”. Ya se habían editado muchísimos discos antes en sellos independientes, desde los años ’50 hasta la mitad de los ’70 en que salió éste. “Spiral scratch” no fue ni siquiera el primer disco de la era punk editado por uno de estos sellos independientes, honor que pertenece al “New Rose” de los Damned en Stiff Records. Pero el “Spiral scratch” de los Buzzcocks fue el primer disco en ser auto-editado por sus creadores y en asentar conscientemente una declaración ideológica: el poder de hacer arte pertenece a la gente de la calle.

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Buzzcocks – “Breakdown” (Del “Spiral scratch”)

Hablando tanto en términos de forma musical como de propiedad de los medios de producción, “Spiral scratch” fue un disco revolucionario, sin el que probablemente no hubiesen existido muchos de los que le siguieron… Echo & The Bunnymen, This Mortal Coil, Felt, Joy Division, The Fall, The Smiths, My Bloody Valentine, Primal Scream, Stone Roses… hasta los Artic Monkeys… y aunque los Buzzcocks pronto cedieron a las presiones económicas y ficharon por una multinacional, su cóctel molotov metafórico contra la industria musical sirvió como faro de guía para todos los demás. Acababa de nacer la estética indie. La gente comenzó a experimentar la excitación pura de hacer las cosas por sí mismos.

La escena indie floreció en esta Inglaterra gobernada por Margaret Thatcher y el clima político de confrontación que hubo allí en los últimos años ‘70 y primeros ’80. La Dama de Hierro estaba en guerra contra la sociedad y eran tiempos bastante malos. No es extraño, pues, que la mayoría de los sellos independientes importantes emergieran en sitios donde eran fuertes el Partido Laborista y el sindicalismo organizado… Factory en Manchester, Zoo en Liverpool, Rough Trade y Creation en las partes menos “nobles” de Londres… el estilo retro que aportaban los indies hacía volver al recuerdo de tiempos mejores. En mayo del ’83 el single número 1 en las listas oficiales era “True”, de Spandau Ballet, una banda de chicos a la cara y última moda, tal como “debían ser” las aspiraciones de los jóvenes de clase obrera, el sueño thatcheriano hecho realidad. En el número 1 de las listas independientes estaba “Hand in glove”, el primer single de los Smiths, una banda de Manchester que fue la encargada de dar la salida a los perdedores de todo el mundo.

Sí, puede que nosotros vistiéramos de trapillo… pero teníamos algo que ellos no tenían…

Los dos discos venían de universos diferentes. Y ser indie significaba que tú, instintívamente, sabías a cual de ellos pertenecías.

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The Smiths – “Hand in glove”

Los Smiths también pasaron muy pronto a las listas generales de ventas y disfrutaron de una considerable fama y fortuna, aunque siempre propugnaron un principio clave de los indies, la libertad de fallar. Entre el subsuelo cultural, el ser competente musicalmente era mirado de forma sospechosa, pero el mayor de todos los crímenes era la ambición. Por eso el boom del Britpop marcó la muerte espiritual del indie, porque muchas bandas que estaban en los primeros sellos indies, amenazados ahora de ruina financiera, se aliaron con grandes sellos discográficos con el fin de aspirar a verse en las listas de éxitos. Como en todas las revoluciones, una vez que los indies asumieron las propuestas del régimen al que antes se habían opuesto, perdieron su autoridad moral.

Hoy el fenómeno indie persiste principalmente como una definición genérica de la música que surgió de la fermentación posterior al punk, el sonido sin “las posturitas”. Pero eso no quiere decir que no haya ahora mismo buenos discos indies, ni importantes sellos independientes, que los hay a puñados, sino que en la era del capitalismo global y de internet la independencia ya no es lo que fue en su momento.

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My Bloody Valentine – “You made me realise”

LA SEXTA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Pues llegaba una vez más el momento de organizar la nueva “Cita en Sevilla”, y después de haber rebasado ampliamente el primer trimestre del año 1.989 nuestros ediles estaban tan en desacuerdo unos con otros que todavía ni siquiera habían aprobado los presupuestos municipales de este año. Así que el Área de Cultura tuvo que utilizar los presupuestos prorrogados del año anterior. Por lo tanto no se podía tirar la casa por la ventana.

Menos mal que en el año anterior, aunque como recordaréis muchos perdieron dinero, el importe de los contratos de los distintos artistas iba a correr por cuenta de promotores particulares. Pero claro, las incertidumbres de la taquilla, y mucho más en esa Sevilla nuestra, hizo que éstos estuviesen cortitos a la hora de arriesgar el dinero, y de entrada, antes incluso de la presentación del cartel de este año, ya se habían caído de él las dos máximas estrellas que iban a darle relumbrón: Pink Floyd y Elton John.

Así que el presupuesto para la organización del evento iba a sumar 70 millones de pesetas, de los cuales los “arriesgados” promotores locales solamente iban a aportar 13 para traer gente a actuar… así que ya os podéis imaginar como fue el desfile de conciertos de este año por el Prado. El Ayuntamiento pondría 47, treinta de ellos para gastos de infraestructura y diecisiete más para gastos de producción.

De todas formas debo decir que, como siempre, esto le pareció al Partido Popular un gasto desmesurado, ya que consideraban que la Cita de este año no tenía ni calidad ni altura, y aunque nos pesase reconocerlo, les asistía la razón en eso, porque la programación, más que de una gran urbe como comenzaba a ser Sevilla, parecía la de la Feria de cualquier pueblo o pequeña ciudad de provincias (con todos mis respetos para estas comunidades, eh), y se desarrolló con carácter innovador mínimo y escasa variedad temática.

Pero volviendo al dinero, si sumamos, nos salen solo 60 millones. ¿Y los otros diez…? Pues esos los pondría un patrocinador nuevo que desde este año salía a la luz y del que ya no íbamos a dejar de tener noticias hasta en la sopa. La mayoría de ellas para bien. Y este nuevo mecenas no era otro que la Expo ’92, y estaba dispuesto a hacer un regalito de 10 millones de pesetas para la causa.

Ahora bien, imponía sus condiciones; y éstas eran que todos ellos irían destinados al espectáculo inaugural de la Cita, que tendría que hacerse coincidir con los actos que tenían ya preparados para conmemorar los tres años justos que faltaban para el inicio de la Exposición Universal. Por lo tanto este año hubo que retrasar el inicio de la Cita en Sevilla, y no se inauguró durante la Feria, como los anteriores, sino que esperó hasta el viernes 21 de abril, que era el día siguiente al que se iba a presentar el himno oficial de la Expo, y el anterior al que se presentaría en sociedad a la mascota… ese Curro al que tanto cariño le cogimos. Así que quedaría establecida una sucesión de tres días a mayor gloria de la futura Expo del ’92, que comenzaría el día 20 en el teatro Lope de Vega con la pieza que Manuel Castillo compuso para la muestra universal, terminaría el día 22 en la Plaza de España con un gran espectáculo en el que Curro llegaría a Sevilla, y en medio tendríamos la noche del día 21 en el Auditorio del Prado, en el que todos iríamos a disfrutar de Camarón y Pata Negra.

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Camarón – “Soy gitano”

Aunque decir disfrutar fuese mucho decir, porque en realidad el espectáculo resultó bastante mediocre. Camarón no tuvo una buena noche y Pata Negra se presentaba por primera vez desgajado de su miembro principal.

Nunca había visto antes, ni volví a ver después el Auditorio del Prado más lleno que esta noche… y gitanos… todos los gitanos del mundo estaban allí para reverenciar a Camarón, transidos de una emoción casi religiosa. Más de 10.000 personas que vieron como su héroe no les dijo esta noche absolutamente nada; como sus cantiñas, sus tarantos, sus tientos, sus fandangos, se limitaban solo al apunte, al esbozo; Camarón, acompañado a la guitarra por Tomatito, además de por Carles Benavent, Jesús Bola y Manolo Soler, entre otros, se limitaba a cumplir, viniéndose un poco arriba solamente en el cuplé hecho bulería. Todavía le quedaban tres años de vida, pero quizás ya no podía, y estábamos asistiendo al principio del fin. La fiesta gitana que montó con el grupo que le acompañaba animó más el ambiente. La verdad es que a mí el baile flamenco nunca me ha dicho nada, pero los que entienden de eso decían que Joselito, el hijo de Curro Fernández, marcándose unas bulerías, fue lo mejor de la noche; y que Diego Carrasco también estuvo a gran altura.

Y después salió Pata Negra. Y aunque nos quisieron hacer creer que sin Raimundo aquello iba a ser lo mismo, ya que al fin y al cabo el que cantaba siempre era Rafaelillo, y éste era el que permanecía en el grupo, el mal bajío que había hecho chocar de tan mala manera a los dos hermanos se hizo patente allí de alguna forma para aguar la fiesta. Y no es que a Rafael le acompañasen malos músicos, que allí estaban Juanjo Pizarro a la guitarra, Jesús Arispont al bajo, Antoñito Smash a la batería, y Emilio Fernández a la guitarra flamenca… pero el “duende” se había quedado en casa.

El que hubiese tantísimo público, tan heterogéneo, me hizo recordar la espantá el año pasado de Juana la del Revuelo en el festival del Palacio de Deportes… esta noche nadie se movió del escenario antes de tiempo, pero ni los de arriba, ni muchísimos de los de abajo, estaban motivados, ni fluía la comunicación necesaria entre todos.

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Pata Negra – “Camarón”

Todo lo contrario que ocurrió el domingo 23 en la actuación del guitarrista Lee Ritenour. Era un concierto inicialmente previsto para el teatro Lope de Vega, sede habitual de todos los que como éste también, organizaba la Universidad de Sevilla; pero como Lee venía con una banda de siete músicos, pertrechados de una gran infraestructura para soportar la moderna tecnología que aplicaban a sus sonidos, se prefirió ubicarlo en el Auditorio. La idea no fue ni buena ni mala… tampoco es que nos diésemos cita allí muchos más que los que hubiesen acudido al Lope de Vega, pero seguro que nos entregamos más aquí, donde además podíamos bailar con las trazas brasileñas y los rítmos funkies que Lee aplicó a su jazz-fusion.

Lee Ritenour es un guitarrista muy ecléctico, y aquí lo demostró, alternando sus vertiginosas correrías por el mástil de guitarras diferentes, acústicas y eléctricas, con las ensoñaciones de los rítmos brasileños según los lee la tradición jazzistica del Village neoyorkino. Para ello contaba con la ayuda inestimable de, entre otros, el bajista Anthony Perkins, asiduo de los discos de Quincy Jones y Michael Jackson, con el que establecía contínuas luchas instrumentales que hacían enardecer el ambiente; del teclista Dave Widom y de Phil Perry, un vocalista que brillaba sobre todo cuando entonaba un buen blues.

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Lee Ritenour – Bahia funk”

La del miércoles día 26 fue una noche fallida, porque la actuación anunciada de Alaska tuvo que ser suspendida unos días antes, ya que la cantante aducía unos problemas que hacían que ese día tuviese que estar en Londres. Yo, que soy muy mal pensado, creo que el dejar de lado esta noche sevillana, que iba a ser la primera de su larga gira por España, tiene más que ver con que en la noche anterior (la del martes) y su consiguiente larga madrugada, Alaska iba a ser una de las invitadas VIP del concierto que Village People daban en Madrid… aunque a lo mejor son solo cosas mías.

De todas formas, al confirmarse con antelación que Alaska no iba a poder estar, nuestro Ayuntamiento, con buen criterio, decidió suspender el concierto aunque sí que estuviese disponible para actuar el otro grupo que iba a hacerlo esa noche. Éstos eran Milli Vanilli, pero como por esta época ya se sabía que cantaban en playback, los programadores pensaron que no valía la pena ponerlos a ellos solos si del cartel se caía Alaska. Así que les dijo que podían ahorrarse el viaje, y aquí tuvimos noche de descanso. Lo que no me explico de este caso es que si aquí en Sevilla, unos programadores musicales ya se habían olido que los Vanilli eran un auténtico bluff, y que era mejor pasar de ellos, ¿cómo es que en todo el mundo siguieron siendo un gran éxito, e incluso les llegaron a conceder un Grammy varios meses después…?

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La Unión – “Lobo hombre en París”

El descanso de esa noche lo prorrogué yo también a la noche siguiente, porque el cartel del concierto no me atraía en absoluto. Las estrellas de la noche fueron La Unión, que estaban promocionando su cuarto disco, “Vivir al este del edén”, pero que después de sus más que prometedores inicios con la historia del aquel lobo hombre en París, paulatínamente se habían ido desinflando, para estar actualmente acomodados en la cara fácil del pop, como carne de radiofórmulas y versioneros por el palo del “bacalao” de sus canciones más comerciales.

Si a eso unimos que quien les teloneaba era Un pingüino en mi ascensor, con una música aún más facilona que la de La Unión, la decisión de no asistir no me costó mucho trabajo tomarla. Esto del Pingüino era un proyecto del madrileño José Luis Moro, en plan “yo me lo guiso y yo me lo como”, al que apoyaba Mario Gil, al que antaño yo admiraba cuando estaba en Paraiso y en La Mode. Cierto es que a su favor tenían unas letras cachondas, pero que después de haberlas oído ya varias veces en disco, ir a un concierto a hacer lo mismo hubiese sido como acudir a escuchar chistes que ya te sabías. De todas formas, todos los que amamos la música tenemos que estarles agradecidos porque con el tiempo se convirtieron en uno de los nombres que más se significaron en la lucha contra la incorporación a la música pop de los dichosos gaiteros.

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Un pingüino en mi ascensor – “Espiando a mi vecina”

La siguiente noche, viernes 28 de abril, volvían a subir al escenario los chicos de Albania, que el año pasado telonearon a Duncan Dhu, y este año iban a hacer lo mismo con Al Stewart. Este concierto significó el principio del declive de Albania, con un segundo disco que se quedó en los cajones de todas las tiendas, una compañía discográfica que por pasar de ellos hasta pasaba de darles la carta de libertad, y que para poder tocar en un escenario tuvieron que convertirse en orquesta de fiestas. Un triste final para el primer grupo sevillano que vió su música editada en CD.

El concierto de Al Stewart tampoco fue de los que pasaron a la historia; acompañado por una banda muy bien engrasada fue dejando pinceladas de sus baladas, extraídas sobre todo de su por entonces último disco, “Last days of the century”. Pero ni estas canciones nuevas, ni las que interpretaba de su primera época levantaron el ánimo del personal, que alíi había ido masivamente a escuchar “Year of the cat”. Y fue esta canción, y otras de su mismo disco, las que dieron a la noche la poca emoción que tuvo.

Y eso fue debido sobre a que éstas las conocíamos y podíamos identificarlas sobre las demás, porque no recuerdo haber asistido en mucho tiempo a un concierto más plano que éste. Al Stewart procuraba que todo pareciese espontáneo y sincero (“auténtico”, como comenzaba por entonces a llamarse a aquello), y su banda, tan profesional y robótica como cualquiera, no fallaba una nota; sin embargo todas las canciones sonaban igual, ya fuese una vieja conocida como “On the border”, o estrenos como “Josephine Baker”.

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Al Stewart – “Year of the cat”

Después de aquello hubo un parón de prácticamente una semana, y aunque comenzaba ya a tener “mono” de conciertos debido a ello y a la escasa atracción que ofrecía la programación de este año, el jueves 4 de mayo decidí faltar también a la actuación de Joaquín Sabina, porque era éste ya un artista que hacía algún tiempo que había dejado de interesarme.

Y no fui el único en perder interés por él, porque a pesar de que Sabina llevaba ya tres años sin aparecer por Sevilla, y que un concierto de bastante expectación que tenía que haber dado en el mes de octubre pasado se había cancelado por la lluvia, dejando a la gente con las ganas, la verdad es que en esta noche apenas se reunieron 3.000 personas para verle en directo. Sabina llegó rodeado de buenos músicos, entre los que estaban Pancho Varona, Javier Paxairiño, o el batería Ñete, uno de los nombres más míticos de “la movida”; pero sobre todo de lo que llegó rodeado fue de parafernalia y luminotécnia, como la estrellona que ya era, y que podía permitirse el lujo de dejar a la gente sin piezas codiciadas como “Pongamos que hablo de Madrid” o “Calle melancolía”. Así y todo, los asistentes disfrutaron de sus canciones y le hicieron salir a varios bises. Aunque a punto estuvo la noche de terminar bastante mal cuando uno de los espectadores le lanzó a Sabina una botellona, algo que al cantante le sentó fatal y se encaró con él. Menos mal que la botellona era de plástico y no fue una litrona de la Cruzcampo… y al fin y al cabo el lanzador no dejaba de ser un fan extasiado mostrándole su cariño…

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Joaquón Sabina – “Una de romanos”

Y si la última vez que Sabina estuvo en la Cita en Sevilla, hacía tres años justos, había coincidido en la misma noche con otro concierto de Isabel Pantoja, esta vez casi sucede lo mismo, porque quien actuó en el Auditorio del Prado la noche siguiente a él, fue también ella. Isabel Pantoja tenía dos actuaciones en la Cita de este año, y la primera fue en la noche del viernes 5 de mayo; pero si hace tres años su concierto en el Sánchez Pizjuán significó que éste se abarrotase por completo, hoy estuvo lejísimos de lograr lo mismo; hay que tener en cuenta que allí la entrada era gratis y aquí había que pagar 2.000 pelas; también hay que tener en cuenta que allí estaba aún reciente el morbo de su vuelta tras la muerte de Paquirri, y el “espectáculo” añadido de Paquirrín… en suma, que al concierto de esta noche fue muchísima (pero muchísima) menos gente de la esperada.

No sé si esto fue lo que realmente motivó (recordad que por ahí arriba ya os he dicho que soy muy mal pensado) que el concierto programado para la noche siguiente, el sábado 6, se suspendiese; lo que la organización adujo fue que la fría noche había afectado a la garganta de Isabel, y ésta tenía hoy una afonía que le impedía cantar.

Seguramente, a estas alturas los programadores estarían tirándose de los pelos pensando en que una típica guerra de divas había hecho que Paloma San Basilio se cayese de los carteles de la Cita, porque la fecha que le ofrecían era justamente la siguiente a los conciertos de la Pantoja, y Paloma pensaba que iba a ser demasiado concierto glamouroso seguido para los sevillanos, y la iban a dejar más sola que la una… bien pensado, en vista de lo sucedido, seguramente ella estaría también ahora arrepintiéndose de su decisión.

Pero los conciertos siguieron sucediéndose, y mi interés por ellos seguía por los suelos. El siguiente fue el que patrocinaban “Los 40 Principales”, para para reforzar la doctrina de sus oyentes conversos, mientras escuchaban las canciones de El Norte y Rey Lui, dos jóvenes grupos de pop españoles que, desde que naciesen en los pasados tres o cuatro años, se habían hecho un hueco en las ondas con algunas canciones muy comerciales; aunque en realidad Rey Lui, más que una banda en sí, era como los del Pingüino, el proyecto de un solo músico, Raúl de Góngora. Curiosamente, tras un montón de años inactivos después de separarse a principios de los ’90, las dos bandas continúan ahora en activo de nuevo… o al menos continuaban hasta hace poco…

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Rey Lui – “Quiero ser como tú”

La noche siguiente tampoco estuve en el Auditorio; esa noche el grupo estrella era Danza Invisible, con el que me pasaba algo similar a La Unión, había ido perdiendo interés en ellos a medida que su carrera se iba consolidando y se iban acomodando con trabajos que les iban dando el status de “grupo imprescindible” de la escena musical española. Ya ni siquiera fui a verles cuando estuvieron en la sala “Rrio” unos días antes de navidades, así que aquí también opté por emplear las 800 pesetas de la entrada en alguna otra cosa más reconfortante.

Sus teloneros fueron La Luna les Canta, un trío barcelonés que estaba presentando su primer disco, con canciones llenas de arabescos, intentando seguir la senda de sus paisanos de El Último de la Fila… lo que ocurre es que si éstos últimos con el tiempo pasaron a ser reiterativos en sus planteamientos, los de La Luna ya nacieron siendo así. En directo tenían un sonido muy profesional, fruto de la cantidad de años que llevaban sus miembros como músicos de estudios, pero no fue ésta tampoco una noche en que mucha gente lo apreciase.

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La luna les canta – “Y la luna les canta”

Y como ya era hora de volver a presenciar algún concierto, la noche siguiente me decidí por fin a acudir a la Cita, aunque el espectáculo previsto no fuese de los que más me atraían.

El viernes, día 12, era la dedicada a “Noches de Brasil”, y si bien los artistas previstos inicialmente no me hubiesen hecho asistir a ella (más que nada porque no conocía a ninguno de los que iban a venir: Nara Leao, Roberto Menescal y la Familia Caymmi), el que casi sobre la marcha se cambiase el cartel sustituyendo a todos los previstos por la única presencia de Caetano Veloso me hizo cambiar de opinión.

Y menos mal que hubo este cambio a última hora, porque de haber seguido el cartel como estaba previsto, los artistas hubiesen tocado prácticamente en familia, ya que con la presencia de Veloso, que ya era un artista consagradísimo, no llegamos a reunirnos allí ni siquiera mil espectadores. Y el precio era de los más baratos del ciclo, 400 ó 500 pelas…

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Caetano Veloso – “Tropicália”

Posiblemente ocurra que la gente no asociaba el nombre de Caetano Veloso con algunas canciones que sí les eran muy conocidas, ni su compañía discográfica se moviese demasiado para promocionarlo, porque su último disco por entonces ni siquiera se había editado en España; quizás también el cambio de última hora afectó a la publicidad local, porque si para los demás conciertos Sevilla amanecía llena de carteles anunciadores, de Caetano Veloso no apareció casi ninguno.

Por todo esto seguramente el concierto comenzó frío, pero enseguida todos nos enganchamos a aquellas canciones de tan peculiar psicodelia, herederas del tropicalismo del que él mismo fue uno de los fundadores. Durante un rato del concierto, los cuatro músicos que le acompañaban le dejaron solo con su guitarra, y esos fueron los momentos más intimistas, melancólicos, acariciadores y sensuales de la noche. Su voz sonaba perfecta y llena de matices, y su estilo de cantar era muy llamativo, por lo poco en común que tenía con el de otros brasileños también clásicos. El resultado fue que al final todos tuvieron que volver a alargar los bises, en el que sonaron su emocionante recreación de “Terra”, y algunas canciones en plan “rebujito” en las que mezclaba los más puros sonidos de Bahia con algunos fragmentos sorprendentes entre los que se podían adivinar notas del “Billie Jean” de Michael Jackson o del “Eleanor Rigby” de los Beatles.

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Elena García – “River deep, mountain high”

Y tras un nuevo parón de cinco días, llegó la divertida noche habitual de los últimos años, el “Festival de la Canción Femenina”, que en esta quinta edición presentaba una novedad muy importante, ya que el concurso iba a ser además una muestra, para lo cual se eligieron a las nueve mejores cantantes de las cuatro ediciones anteriores, y éstas fueron las que subieron al escenario.

Se está agotando la cantera femenina musical después de cuatro años de selección, por eso el recital de esta noche será más interesante, porque todas han demostrado ser buenas cantantes. Este V Festival de la Canción Femenina representa lo que es, ha sido y será Sevilla, el crisol, la patria de las mezclas, lo más puro, que es la mezcla feliz (Pive Amador, siempre tan barroco).

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Inma Trujillo – “Rezaré”

Desde luego, en lo que a Pive no le faltaba razón era en lo de la mezcla, porque esta noche se mezclaba el viejo soul de Phil Spector (“River deep, mountain high” de Elena García) y el soul de los beat ingleses de Spencer Davis Group (“I’m a man” de Lourdes Carvajal), con los recuerdos del pop italiano, ya sea el clásico (“Parole” de Antonia de Miguel) o el heredado del rock’n’roll americano y tamizado por la devoción sevillana (“Rezaré” de Inma Trujillo), y con la canción española de Quintero, León, Quiroga y el Maestro Solano (“La zarzamora” de Johana Jimenez y “Tengo miedo” de María del Valle García), pasando por el power pop (“Town called Malice” de Mercedes Rivero), las baladas de hard rock (“Distant thunder” de Emilia Pinzón) o esa (per)versión realizada con la complicidad del Pive por Carmen Feria, aquella niña de doce años (ahora con quince) que nos sorprendió a todos en la segunda edición del festival, de una de las canciones más conocidas de Silvio: “La chamaca de la Nueva España”.

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Carmen Feria – “La chamaca de la Nueva España”

Además de poder cantar de nuevo ante tanta gente, las chicas tuvieron la oportunidad también de grabar un disco, patrocinado por el Área de Cultura del Ayuntamiento, y editado por Cambayá Records, en el que cada una de ellas aportó una canción (que es la que ilustra este texto), acompañada por la flor y nata de los músicos sevillanos, Juanjo y el Pájaro en las guitarras, Antoñito Smash en la batería (excepto en “I’ll go crazy”, que las baquetas las tomó el Pive), Miguelito Suarez al bajo, los saxos de los hermanos Aquiles y Gautama del Campo, las trompetas de Guillermo Fernández, el piano de Jesús Arispont… en realidad no todas ellas cantaron la misma canción en el Festival que en el disco, Lourdes cantó en directo “I’m a man”, pero había grabado el “I’ll go crazy” de James Brown con el que ganó la edición del año anterior.

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Lourdes Carvajal – “I’m a man”

La vencedora absoluta fue Emilia Pinzón, por lo que se embolsó las 200.000 pesetas que había de premio, además de firmar un contrato discográfico. La segunda fue Antonia de Miguel, quedando Lourdes Carvajal en tercer lugar. A ésta última, junto a Emi y a Elenita volvimos a oirlas juntas en este mismo escenario seis días después… pero a eso ya llegaremos.

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Emilia Pinzón – “Distant thunder”

El fin de fiesta volvió a correr a cargo de Baldomero Torre y sus cuchillos afilados, que acababan de editar su segundo disco, “Sin un duro”, endureciendo el sonido rockabilly del anterior, quitándole bastante de la chulería que le caracterizaba y acercándose más al palo de Dogo y los Mercenarios (por cierto, en la última formación del Dogo, el año pasado, el bajista era Luis “Baldomero”). No cuajaron, y ellos pensaban que era sobre todo por culpa de la compañía discográfica.

La técnica de la compañía es “a ver si al burro le suena la flauta”, y les sonó con los Chanclas. Es la ley del porcentaje: graban veinte discos y a alguno le sonará la flauta. Estamos deseando que los Chanclas triunfen, se vayan a Estados Unidos y nos dejen algunas actuaciones.

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Baldomero Torre y sus Cuchillos Afilados – “Volando en un deportivo rojo”

Con ellos volvieron a la Cita los grupos de pop y rock españoles y sevillanos, que coparon las noches siguientes. El viernes 19 abrieron el fuego La Frontera, pero su concierto no se pareció ni de lejos al que les vimos dos años antes en los locales de la Aeronáutica de Triana, cerrando una de las noches del concurso de rock de la Diputación. Seguramente sería porque por entonces aún eran esa banda diferente de rock vaquero que derramaba entusiasmo. Ahora, estaban a contrapié, pisando un terreno que les iba a hacer sacar enseguida su cuarto disco, “Rosa de los vientos”, del que presentaron aquí varias canciones, que les asemejaba en su postura a los ya mencionados antes La Unión y Danza Invisible (también por cierto, invitados éstos a cerrar otra de aquellas noches del concurso de la Dipu). La capacidad creativa de Javier Andreu se estaba desplazando hacia el lado de los clichés de forma alarmante.

Y las estrellas de la noche, Los Ronaldos, tuvieron esa misma actitud pero multiplicada por tres. A estas alturas, esta banda ya era una de las punteras del panorama nacional, pero yo siempre que les ví en directo me parecieron decepcionantes. Si a eso les unimos que habían cogido las costumbres de los grupos que pasan a ser mayoritarios… ya sabéis… ahora a dar palmitas… ahora a ponernos uniformes y previsibles… pues el resultado final es un concierto perfectamente olvidable, como así ocurrió.

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Los Ronaldos – “Adiós papá”

De todos modos, con ellos la gente volvió al Auditorio. Se notaba que había ganas de verlos después de su fallido concierto de fin de año. Pasado el verano del año anterior, Manolo Están, uno de los organizadores de eventos (exitosos y fallidos) más famoso de Sevilla, instaló en el Prado, al lado mismo del Auditorio la “Disco Carpa Cu”, una enorme carpa, capaz de alojar a cuatro mil personas, en la que había una discoteca, con césped artificial, calefacción… y cuando fueron llegando las navidades comenzó a anunciar una macrofiesta de fin de año, en la que por 2.500 pesetas (cuando el precio medio de los cotillones en la ciudad era de 4.000) tendrías fiesta, barra libre de champán (entonces aún no se decía cava) y el concierto de Los Ronaldos y Tam Tam Go, la banda de moda entonces tras la sorpresa masiva de su primer disco. El caso es que los hosteleros sevillanos de siempre vieron en esto una competencia desleal y lesiva para sus intereses, y no pararon de dar el coñazo en el Ayuntamiento hasta que lograron que las autoridades municipales prohibiesen esta fiesta. Esta anulación y las trabas continuas hicieron que Manolo cerrase el macro-chiringuito poco después.

Pero ahora estábamos a sábado, 20 de mayo, y si anoche tocaron por fin Los Ronaldos, hoy lo iba a hacer la otra banda de aquel cotillón, Tam Tam Go, el grupo revelación del año pasado con su elegante pop en inglés, y sus canciones límpidas y bonitas que hicieron que todos sacasen sus mecheritos, menos los que estábamos ya en la barra con las manos ocupadas por los vasos de cerveza, y que después de haber visto a 21 Japonesas, aquello ya no nos decía nada de nada.

La noche comenzó con los sevillanos Círculo Vicioso, ahora ya fuera de la multinacional WEA y con cambios de formación, ya que ahora el bajo lo tenía Pacoco, el de Helio, y la batería Ricardo Pachón, el hijo del manager y mentor de Pata Negra, entre otros grupos. Las canciones se sucedían desde las más conocidas de su primer disco a las nuevas del “Habitaciones vacías” que José María Sagrista editó en su propio sello discográfico de La Jungla. Pero ya no era lo mismo, las canciones habían perdido el sabor y la eterna promesa que era Círculo Vicioso comenzaba a afrontar lo que el propio Sagrista solía decir, en una de sus frases lapidarias: “Aquí acaba la vida y empieza la supervivencia, como decía el jefe indio”.

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21 Japonesas – “Piel tabú”

Lo mejor de la noche fue, sin duda ninguna, la segunda banda en subir al escenario, 21 Japonesas, unos chavales de San Sebastián que calentaron el ambiente desde el principio, haciendo que la gente recuperase las ganas de divertirse y se animara con sus rítmos importados directamente de África, intensos, cálidos y bailables, arropando a unas letras muy inteligentes. Insttrumentalmente eran bastante discretos, pero les sobraba garra para conectar de forma efectiva con la gente. En este concierto estaban además presentando muchas de las canciones de su segundo disco, aún sin publicar, en el que los rítmos latinos se imponían a la magia africana. Con esta música nueva a veces parecían el Sting en su vena más exótica, o el Peter Gabriel más rítmico que reflexivo… pero así y todo no les perdí el cariño cogido con la sorpresa del primer disco.

El martes 23 llegó la ineludible cita de Silvio con el festival. Fue una noche netamente sevillana, en la que los primeros en salir fueron Los Picapiedras, grupo coleguita de los Baldomero (todos provenían del instituto San Isidoro, e incluso compartían al batería) y una de las bandas más simpáticas y optimistas surgidas de Sevilla. Su concierto resultó tan divertido como sus letras, sus melodías se te pegaban al oído enseguida y no te soltaban… y en directo su rock subía muchos enteros con respecto a los singles que tenían publicados.

Los conciertos de Dogo y los Mercenarios nunca defraudaban, y éste menos aún. Con ellos ardió el escenario igual que lo hacía Sevilla desde los surcos de su segundo disco, que ya había dejado huella; así y todo los momentos mágicos fueron los tiros bien dados por una lbanez Steve Vai de “Gloria o muerte” y toda la peña coreando el “Rock and roll caliente”, dos canciones de sus primeros tiempos. A Dogo le he oído decir “siempre hemos dicho que las baladas son rock’n’roll”, y escuchándoles tocar “Solo mi cuerpo” no hay quien lo dude. Estuvieron soberbios.

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Dogo y los Mercenarios – “El polígono Sur”

Y después llegó el turno de Silvio y Sacramento. En uno de los mejores momentos de su carrera, Silvio llevaba un año en el que apenas se bajaba de los escenarios repartidos por casi todos los pueblos de esta parte occidental de Andalucía. El éxito de su “Fantasía occidental”, y de las canciones del single que le precedió hizo que el teléfono de Pive no dejase de sonar pidiendo actuaciones. Y eso también hizo que el rítmo de un disco cada cuatro años se alterase y el nuevo, que estaban presentando ahora, “En misa y repicando”, solo tardase un año en salir después del anterior. Sus facultades iban mermando a ojos vista, sin embargo nunca fue más apreciado ni provocó más delirio en sus admiradores que en esta época dorada. Lástima que le llegase tan tarde; incluso sus músicos de acompañamiento comenzaron poco después a desmarcarse, de ahí el comentario que me puso el Pive en esta foto de abajo, la última en la que aparecieron juntos con Silvio todos los que subieron con él aquella noche al escenario: el propio Pive, Miguelito, Juanjo, el Pájaro y las tres chicas del coro, Lourdes, Emi y Elenita. En la foto también están Manolito Luzbel y Don Curro, eternos amigos de Silvio que, tras dejar constancia de que nunca fallaba en la Cita en Sevilla, dejó el escenario despidiéndose de la gente canturreando aquello de “blaaaaaanca y radiaaaaaaante va la nooooviaaaaaaa…”.

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Silvio y Sacramento – “Tres pasos hacia el cielo”

La noche siguiente subió a este mismo escenario otro de los asiduos de la Cita, otro cantante de los que casi nunca fallaban y que este año nos enteramos de porqué tenía especial interés en venir siempre que podía y darse un baño de multitudes en Sevilla. Aute quería quitarse una espinita que tenía clavada con nosotros desde que hace quince años tenía que dar un concierto en dos funciones en el cine Alkázar. La primera de las funciones la tuvo que suspender porque solo se presentaron catorce espectadores… “anda, hacedme un favor y tomaros algo en el bar mientras va llegando la gente para la segunda sesión…”. Yo no estuve esta noche tampoco, pero en este concierto interpretó casi todas las canciones de su nuevo disco, “Segundos fuera”, con el que intentaba reivindicarse como “auténtico”, en contraposición a todos aquellos antiguos amigos izquierdistas que tanto le estaban defraudando.

Según el programa establecido ya solo hubiese quedado una noche de conciertos, con la que se hubiese cerrado la edición de este año, pero desde hacía un par de semanas, los programadores venían gestando la idea de traernos un artista sorpresa, en un intento de compensarnos un poco por la linealidad y la falta de interés que la Cita estaba teniendo hasta entonces. Aunque con los últimos grupos triunfantes en España que habían venido el interés subió un poco, los del Área de Cultura mantuvieron la idea, y se buscaron a un cantante muy popular, que vendía muchos discos y que iba a traer una nueva dosis de alegría a la Cita. No repararon en esfuerzos para que el día 1 de junio pudiéramos disfrutar de la música de… José Luis Perales. Nada más que añadir.

Y por fin llegó la clausura en la noche del viernes 2 de junio. Unos prácticamente acabados Mermelada abrieron el concierto con su rythm’n’blues que ya solo interesaba a los nostálgicos pre-movida. Pero la mayoría de los presentes estábamos allí por Los Rebeldes, que aunque también convertidos últimamente en éxito de Los 40 Principales, sin embargo, al contrario que la mayoría de los divos sobrevenidos del pop español, Carlos Segarra sabía evitar los momentos más radicales, para fastidio de sus nuevos fans. Que eso de “renovarse o morir” no tiene porqué ser una equivocación siempre. Su nuevo rerpertorio era más pop, pero ellos seguían siendo explosivos desde el principio con “Bailando con el hombre lobo” hasta el bis final con “Mescalina”, y todos bailamos y disfrutamos con su música llena de rockabilly, soul y, sobre todo, fuerza. A la altura de cuando estuvimos dos años antes con ellos en Alcalá de Guadaira grabando su disco en directo.

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Los Rebeldes – “Mescalina”

Y al final, en una Cita tan fallida como ésta, incluso los números le dieron la esplada al Ayuntamiento. Los 47 millones de inversión previstos al principio se habían convertido en más de 52 y medio; y gracias a que pudo recuperar casi seis millones que a duras penas pudo arrancarle a la Junta de Andalucía, tres y medio que nos gastamos los pocos espectadores en las barras, y otros trece más que aportaron entre la Cruzcampo, la Coca-Cola e Hijos de Ybarra, porque si hubiese dependido de su parte correspondiente del taquillaje, el fiasco hubiese sido escandaloso.

Porque es que aunque la inversión en el caché de los artistas por parte de las empresas privadas y la Expo-92 fue de 21 millones y pico de pesetas, el taquillaje total vendido en toda la Cita en Sevilla apenas sobrepasó los once millones y medio. Con eso no hubiesen tenido ni para pagar a los dos cantantes que más cobraron, Joaquín Sabina, seis kilos y medio, y la Pantoja, seis kilos más…

Pérdidas por todos lados, debidas a una programación fracasada que no supo despertar el interés del público. Esta fue la Cita en Sevilla a la que menos espectadores asistieron. Ante unas perspectivas como ésta, es poco explicable como varios locos nos liamos la manta a la cabeza y en noviembre formamos “Producciones Informales” con la finalidad de traer a Sevilla a tocar a bandas de rock extranjeras arriesgando nuestro propio dinerito, sin depender de la ayuda de papá Ayuntamiento.

Eso sí, para el próximo año la Concejalía de Cultura habría de tomar medidas, y la principal de ellas sería mejorar la calidad y variedad de los espectáculos, así como traer a más figuras internacionales… pero eso ya será una historia que tendrá lugar a partir de “la séptima vez que nos citamos en Sevilla”.

THE DRUGS DON’T WORK

Ya os lo decía en uno de mis comentarios del post anterior: no todos los discos creados bajo el influjo de las drogas son psicodélicos. Os ponía los ejemplos de los Beatles y de los Rolling Stones… y ahora me voy a extender un poco más. Aunque tampoco demasiado; creo que ya hemos dicho suficientes palabras, y aquí, sobre todo, vamos a escuchar música. El texto que acompañará a cada canción procuraré que sea muy cortito. Y así, además, podré ponerme de una vez a terminar el post de la siguiente “Cita en Sevilla”.

Éstos que siguen son un puñado de discos, que probablemente, y ya sabes que siempre lo digo bajo mi criterio personal, sean los más importantes y significativos que se han hecho en unos momentos en que los músicos que los grababan estaban más afectados por el continuo uso de sustancias estupefacientes. En esas condiciones es muy normal que salgan obras muy singulares, entendiendo esta palabra tanto en su acepción más buena como en la más peyorativa. Y aquí vas a tener muestras a las que poder aplicarle las dos opciones.

Los Beatles, para empezar por ellos, entraron en el país de las maravillas psicodélicas a través de “Revolver”. Unas canciones inspiradas por diversas drogas, como el ácido (“Tomorrow never knows”), los porros (“Got to get you into my life”) y las pastillitas de colores (“Dr. Robert”) necesitaban unos respaldos musicales diferentes a los habituales. Y por eso en este disco hay loops de cintas a diferentes velocidades, guitarras grabadas y reproducidas marcha atrás, cuartetos de cuerda, sitares, efectos de sonido, submarinos amarillos, la invención del flanger… experimentación hecha estando colgados.

Pero estaba allí George Martin, que mantenía a raya los excesos de los Beatles, y consiguió que de todo aquello saliese un disco de baladas y joyas perfectas del pop.

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Beatles – “Tomorrow never knows”

Y en el bando de los Rolling Stones, el periodo drogota más serio de Keith produjo también uno de los clásicos de la banda, “Exile on Main Street”.

Según ha admitido él mismo en muchas entrevistas, Keith Richards era un esclavo absoluto de la heroína cuando los Rolling Stones se reunieron durante el verano de 1.971 en el sur de Francia para trabajar a destajo en el que iba a ser su décimo disco. El hábito de Keith le costaba 10.000 dólares al mes, así que os podéis imaginar que aquel no era el mejor paisaje para ponerse a trabajar. Añadid a eso que Mick Jagger pasaba más tiempo en París que allí, acompañando a su mujer, Bianca, que en aquel tiempo estaba embarazada.

¿Fue, sin embargo, este disco una de sus obras maestras? Creo que estaremos de acuerdo la mayoría en pensar así, aunque el propio Jagger dijera dos décadas después de grabarlo que “fue un disco bastante sobrevalorado, a decir verdad”.

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Rolling Stones – “Happy”

Uno de los discos más influyentes de todos los tiempos se grabó también bajo el influjo de las drogas. Puede decirse incluso que los Velvet Underground inventaron el art-rock oscuro con “The Velvet Underground and Nico”, su primera obra.

Tampoco ayudó la rivalidad que Lou Reed y John Cale mantenían por despertar el amor en aquella doncella de hielo, con la voz de Marlene Dietrich, que era Nico… y es que ésta era una yonky más preocupada por su ración diaria de droga que por cualquier otra cosa. Y no era la única…

Las propias canciones eran unas fotos sinceras del cuelgue del propio Lou Reed, contando la historia de cómo le cobraban 26 dólares por su ración de heroína los camellos de Harlem (en “I’m waiting for the man”), y el chute intravenoso que se metía después con ella (en “Heroin”). De ésta canción decía Lou que “es muy cercana a lo que realmente sientes cuando te metes un chute así”.

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Velvet Underground – “Heroin”

No sé bien adónde voy
pero voy a tratar de llegar al reino, si puedo,
porque hace que me sienta un hombre
cuando me meto un pico en la vena.
Y os digo que las cosas ya no son igual
cuando tengo una subida.
Y me siento un hijo de Jesús,
y supongo que no sé,
y supongo que no sé…

He tomado una gran decisión,
voy a tratar de anular mi vida.
Porque cuando la sangre comienza a fluir,
cuando sube hasta el cuello de la jeringuilla,
cuando estoy cercano a la muerte,
nadie puede ayudarme, ni vosotros, tíos,
ni todas las dulces chicas con su dulce conversación.
Os podéis ir todos al carajo.
Y supongo que no sé,
y supongo que no sé…

Desearía haber nacido hace mil años,
haber navegado los oscuros mares
en un gran clipper,
ir de un país a otro
con gorra y traje de marinero,
lejos de la gran urbe,
donde un hombre no puede verse libre
de todos los males de esta ciudad,
ni de él mismo, ni de los que le rodean.
Oh, y supongo que no sé,
oh, y supongo que no sé…

La heroína es mi muerte.
La heroína es mi esposa y es mi vida.
Porque una dosis en mi vena
va hasta un centro de mi cabeza
y entonces me siento mejor que muerto.
Porque cuando el caballo empieza a fluir
ya no me importan en absoluto
todos los payasos de esta ciudad,
ni todos los políticos haciendo un ruido loco,
ni todos cargándose a los demás,
ni todos los cadáveres amontonados en pilas.

Porque cuando el caballo empieza a fluir
ya no me importa nada.
Ah… cuando la heroína está en mi sangre,
y esa sangre está en mi cabeza,
entonces doy gracias a Dios por estar tan bien como muerto,
doy gracias a vuestro Dios por no estar consciente,
doy gracias a Dios de que nada me importe.
Y supongo que no sé,
oh, y supongo que no sé…

Neil Young también grabó un disco abatido aún por la pena de perder a dos buenos amigos a causa de la heroína, “Tonight’s the night”, un disco ensombrecido por la aguja y el daño fatal hecho al guitarrista de Crazy Horse, Danny Whitten, y a Bruce Berry, uno de los roadies de Crosby, Stills, Nash & Young.

Neil rumiaba sus muertes y sus pérdidas, arrastrando prematuramente su cansado culo a través de tristes blues crepusculares y rocks bonitos, pero solo en su superficie, como “Roll another number (for the road)”, porque interiormente todavía rebosan de dolor.

“El tequila me apartaba de la realidad”, dijo luego Neil; y el resto de la banda siempre estaba hasta arriba de coca, lo que explica el relajado fluir de las canciones… casi deprimente…

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Neil Young – “Come on baby let’s go downtown (live)”

“Nosotros éramos drogadictos haciendo música, más que músicos metiéndose drogas”. Esto lo dijo Joe Perry, el guitarrista de Aerosmith, refiriéndose al periodo más narcótico de la banda. Que fue cuando grabaron el “Draw the line”.

Lo grabaron en un antiguo convento de monjas, ahora abandonado, mientras todos los de la banda se pasaban los días echándose carreras con sus Ferraris, poniéndose hasta el culo de coca, y haciendo tiro al blanco con los platillos de la batería. Steve Tyler llegó a tomar tantos tranquilizantes que veía triple… y Perry le presentaba a su mujer a los demás cada vez que se cruzaban con ellos, aunque todos la conocían ya desde hacía muchos años…

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Aerosmith – “Bright light fright”

A los Primal Scream los metió en el éxtasis Alan McGee, el jefe de Creation, la compañía discográfica para la que grababan. Y la verdad es que los miembros de la banda demostraron ser unos conversos entusiastas.

En esas condiciones, y con la ayuda del principal DJ del acid-house, como era Andrew Weatherall, al que habían conocido (como no) en una rave, fue como grabaron su tercer disco, “Screamadelica”.

El resultado, mezclando el blues de los Stones con los ritmillos que te hace sacar el éxtasis, fue una fiesta sin fin… lo mismo que debieron ser las propias sesiones de grabación donde todo se coció. Puro “sexo, drogas y rock’n’roll”.

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Primal Scream – “Higher than the sun”

El icono desquiciado por antonomasia no podía faltar en esta lista. Syd Barrett se dio cuenta de que ya estaba fuera de Pink Floyd cuando el resto de la banda no se molestó siquiera en avisarle para que se viniese a la gira de 1.968. Así que Barrett, ayudado por el ácido se metió a grabar el primero de sus dos discos en solitario, “The madcap laughs”… al menos en los ratos en que su cabeza no estaba demasiado cocida tras intentar superar los bajones del ácido con el tranquilizante de moda, el Mandrax.

…cuando le preguntaban a Syd en qué clave musical estaba la canción que iban a grabar, para que lo supiesen los músico que tenían que tocar con él, éste se limitaba a responder, “yeah”

La verdad es que Syd nunca hubiese conseguido terminar este disco de no haber contado con la ayuda de David Gilmour, precisamente el tipo que le sustituyó en los Floyd.

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Syd Barrett – “Dark globe”

Del tercer disco de Oasis, “Be here now”, se dice que fue el iceberg que hundió el Titanic del Britpop. Y cuando su propio autor habla de él diciendo que era “el sonido de cinco tíos en un estudio, hasta arriba de coca y tocándose los huevos”, no hay duda de que este disco no merecía ser el sucesor de otros dos anteriores que habían marcado época.

Ni una sola de las canciones de este disco (y eso que era largo, 72 minutos) mereció siquiera figurar en la recopilación de grandes éxitos del 2.006. En “Magic pie”, por ejemplo, Noel desperdició siete minutos soñando despierto que estaba en “Strawberry Fields”… obviamente no era así. Como el propio Noel reconocía delicadamente algún tiempo después, “he cagado mierdas mejores en mi retrete”

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Oasis – “Magic pie”

Y es que hay veces que darle a una banda mucho dinero y dejar que haga con él lo que quiera, no conduce a nada bueno. Otro ejemplo como el de Oasis es el de Fleetwood Mac, que después de haber vendido más de trece millones de copias del “Rumours” tuvieron carta blanca de su compañía, más la suma de un millón y medio de dólares, para construirse su propio estudio de grabación, y comprarse todas las “drogas recreativas” que quisieran.

El resultado fue “Tusk”, uno de los discos dobles más malos de la historia del pop, en el que Lindsay Buckingham pudo hacer y deshacer a su antojo sin que los ejecutivos del sello moviesen un dedo para evitarlo… probablemente porque ellos estaban más llenos de cocaína todavía que los de la banda.

Sobre la grabación de este disco hay montones de historias apócrifas y verdaderas, de la que una de las más normalitas es que cuando todos estaban altos de coca, montaban orgías entre ellos mismos y follaban unos con otros sin recato alguno… recordad que por entonces Fleetwood Mac lo componían dos mujeres y tres hombres.

Lo que sí es cierto, por ejemplo, es que Lindsay, intentando recrear el sonido maquetero que lograba grabando en el cuarto de baño de su casa, mandó construir una réplica del mismo en el estudio… o que para la canción que daba título al disco alquilaron una banda de ésas que tocan marchas, de 112 miembros, además de un estadio de béisbol…

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Fleetwood Mac – “Not that funny”

Un disco también puede estar lleno de los demonios interiores de su autor, como ocurrió con el “Car button cloth” de los Lemonheads.

La decisión de Evan Dando de unirse a Oasis tocando la pandereta, en la gira del ’94 de éstos, tenía perfecto sentido en un momento en el que el crack había hecho polvo la voz de Evan. Por eso éste se tuvo que refugiar en una clínica de rehabilitación de Boston. La experiencia le llevó a producir este irregular y cansado disco, descrito posteriormente por Evan como “un par de canciones buenas… pero, básicamente, mierda…”.

Al menos, tras ser detenido en el aeropuerto de Sydney, frito de ácido y heroína, la voz de socorro de Evan Dando fue oída. Y si para una recuperación así fue necesario el exorcismo de un disco como éste, pues bienvenido sea.

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Lemonheads – “Hospital”

Es curioso como el bajista Duff McKagan se fue de Seattle huyendo de la heroína, para llegar a Los Angeles y unirse a los Guns N’ Roses. Al contrario que los demás miembros de la banda, Duff evitó la aguja como la deliberádamente sórdida forma que eligió la banda para ascender al superestrellato. Bueno, Axl Rose, también sabiendo controlar la situación tanto como para no convertirse en drogadicto, en vez de en eso cimentó sus credenciales al ser filmado follando con una stripper para el climax del disco, “Rocket queen”.

El disco en cuestión es, ya lo sabrás, “Appetite for destruction”, el manifiesto hedonista de una banda tan peligrosa en aquellos momentos que tuvo que pagar 22.000 dólares por los daños que causaron en la casa en la que escribieron “Sweet child o’ mine”.

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Guns N’ Roses – “Mr. Brownston”

Jason “Spiritualized” Pierce y Pete “Sonic Boom” Kember, cuando todavía eran Spacemen 3, hicieron su obra maestra “The perfect prescription”, como si fuese la descripción de un trip inducido por las drogas, y en él rendían un generoso tributo musical a numerosos héroes jodidos por las drogas… Iggy Pop, Roky Erickson, Keith Richards, Lou Reed, Brian Wilson, Joe Meek…

El final es un toque irónico: “Call the doctor”.

El “Sonido Extasis” de los Spacemen 3 se creó grabando y tratando diez pistas de una sola nota de teclado (en La) con numerosos efectos diferentes.

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Spacemen 3 – “Ecstasy symphony / Transparent radiation (Flashback)”

Y terminamos el repaso recordando otro disco grabado en unas condiciones que no solamente terminaron con la banda, sino que prácticamente también lo hicieron con el sello discográfico para el que grababan, Factory Records.

Los Happy Mondays fueron exiliados a las Barbados por su manager, Nathan McGough, en un intento de sacar a Shaun Ryder de la heroína… pero fue como saltar de la sartén al fuego, porque si algo abundaba en aquella isla era el crack y la coca. Y los miembros de la banda no tardaron en aprenderse el camino que les llevaba a todos los camellos del lugar, sobre todo Shaun, que no tardó ni una semana siquiera en fumarse más de 25 piedras diarias e ir al estudio de grabación de Eddy Grant nada más que a tomarse un respiro en su dopaje. La verdad es que tenía muchas ideas en su cabeza para las canciones, pero no podía concentrarse en nada.

Y así ocurrió que el disco “Yes please!” fuese acumulando costos, hasta que Factory cerró el grifo. El resultado fue que el dance-rock que estaban creando se desmoronó, y también lo hizo el sello.

Cuando las sesiones de grabación fueron canceladas, al cabo de dos meses, las partes vocales de Shaun Ryder no estaban aún completas. Y él tampoco estaba para mucho más, porque por entonces estaba intentando vender muebles y utensilios del estudio de grabación para poder mantener su hábito.

Este enloquecimiento se aprecia en su ronca y maníaca voz, que suena claramente como si hubiese sido grabada mientras estaba en crack… y en realidad así fue.

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Happy Mondays – “Dustman”

Y ahora es nuevamente tu turno, puedes dejar tus impresiones sobre lo que has leído, o puedes ponernos más ejemplos, que seguro que los encuentras sin tener que rebuscar demasiado, solo tienes que pensar en Pete Doherty, Peter Tosh, John Frusciante, Layne Staley, Sly Stone…