LA QUINTA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

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Jingle de Silvio y Sacramento

La principal novedad de la Cita en Sevilla de 1.988, en lo que se refiere a asuntos extramusicales, fue que el Ayuntamiento renunció a ser “manager” y no contrató directamente a los artistas, como venía siendo habitual. En parte por el revuelo que organizaron el año pasado los empresarios sevillanos, y en parte también por ver si así, siendo menor la inversión pública, el grupo popular (bueno, y Rojas Marcos, que seguía látigo en mano) dejaba de echarles en cara los estrepitosos fracasos económicos anteriores y les daba menos caña, cosa que a priori sí que consiguieron. El Ayuntamiento seguiría asumiendo todos los gastos de infraestructura necesarios, más de cincuenta millones de pesetas, pero ya ni la Junta de Andalucía ni la Diputación aportarían capital, y la contratación de los artistas que constituirían la programación correría a cargo de iniciativas privadas.

La consecuencia inevitable de esto, y la que más nos afectaba a los espectadores, era que el precio de las entradas iba a aumentar mucho, quedando este año en torno a las mil quinientas pesetas cuando se trataba de artistas de primera fila, que aunque ahora parezca barato, en aquellos años era una pasta importante para un joven, ya fuese universitario, currante o parado. De lo que se recaudase por taquillaje el Ayuntamiento se llevaba un porcentaje que variaba según el contrato específico que hubiese firmado con cada uno de los organizadores privados. De lo que se trataba era de que el taquillaje quedase en manos de los empresarios hasta un caché y unos costes de organización preestablecidos, y lo que sobrase (cuando sobrase, jejeje…), es decir, los beneficios, se repartirían a partes iguales entre el organizador y el Ayuntamiento.

Al igual que se venía haciendo en los años anteriores, los espectáculos de la Cita comenzaron a rodar durante la Feria, esta vez con programa triple, desde el jueves 21 al sábado 23 de abril, con el ambicioso espectáculo de Los Cantores de Híspalis con la Royal Philarmonic Orchestra de Londres.

En aquella segunda mitad de la década de los ’80 las sevillanas se pusieron muy de moda en toda la geografía española, y en Madrid no paraban de inaugurar salas rocieras que enseguida se llenaban de famosos del papel couché que iban allí a bailar y a alternar, y servían de tirón para que la bola ne nieve siguiese creciendo. Fueron unos tiempos espléndidos para Los Cantores de Híspalis, los cuales contaban las ventas de sus discos (de platino, por supuesto) “Gente güena” y “Danza” por cientos de miles. Éste último era el que estaba recién salido al mercado cuando tuvo lugar esta Cita, y en él participaba la Philarmonic londinense poniendo un pretencioso respaldo musical a las sevillanas. Y aunque en sus actuaciones habituales, los Cantores, obviamente, no podían contar con tan fastuoso respaldo, para la inauguración de la Cita decidieron echar la casa por la ventana y traerse a la Royal Philarmonic al audiorio del Prado para montar un espectáculo llamado “Con la música a otra parte”, en el que además de la Royal iban a intervenir todos los elementos que habían tomado parte en el disco. Ellos mismos actuaban como empresa organizadora.

El problema es que a la gente de Sevilla les pareció más divertido gastarse las mil pelas de las entradas en manzanilla (creo que por entonces todavía no se había inventado el asqueroso rebujito) y escuchar las sevillanas in situ en el Real de la Feria, y al concierto no fue ni el Tato. Así que tras varios años de éxito en el inicio de las Citas con la Mondragón, Sade y Miguel Bosé, en éste hubo un fracaso de tal magnitud que las pérdidas económicas ascendieron a TRECE MILLONES de pesetas. La iniciativa privada comenzaba haciendo aguas. Aguas mayores.

Anda, que si lo llegan a saber se hubiesen metido en esto “por los cojones”, como me decía el Fali, amigo polinganero de patadas al balón (y padre de Falete); y encima habían ampliado las dos fechas previstas iniciales del jueves y el viernes porque el concierto que tenían previsto el sábado en Málaga se les cayó y tenían ya contratada a la Royal… setenta y cinco tíos con habitaciones individuales en un hotel de Rota, tres autobuses a su disposición para moverse, ayudantes para transportar el equipo, siete millones de pelas para ellos y casi otro tanto para viajes, alojamiento, comidas, atenciones… la ruina. Una ruina de la que tampoco se libró el Ayuntamiento, porque se encontró con que no podía recuperar ni una sola peseta de la inversión en infraestructura de los posibles beneficios. Bernardo Bueno era otro de lo que también estaban contentos… “mira que les dijimos a los Cantores que solo actuasen una noche… pero no… ellos no solo no se conformaron con las dos que les dimos al principio, sino que encima pidieron una tercera…”. Y es que, como siempre, la culpa de todo se la echaron a él “por no haber programado esto antes del comienzo de la Feria, cuando los sevillanos están todavía ansiosos por escuchar sevillanas y tienen menos alternativas de diversión”… tócate los güevos!

El jueves 28 comenzó el rock, de la mano de Kruiz, a los que teloneaban los españoles De Calle, un grupo heavy del que nunca más se supo. Yo tampoco estuve allí esa noche para apreciar la música de Kruiz, una banda rusa que, para ser de heavy metal, eran bastante comedidos, porque ni bebían más que coca-cola, ni fumaban… seguramente por eso los dejarían salir de Rusia, para que nos mostraran que eran el crisol en el que se fundían las juventudes socialistas de la Perestroika. El líder del grupo, Valery Galyna, había sido incluso galardonado por el Partido Comunista ruso con la distinción de “mejor guitarrista de la Unión Soviética”, porque siempre se había negado a tocar con músicos occidentales, por eso creó este grupo hacía ya siete años. Las letras que cantaban eran de su compañera, Olga, y hablaban casi exclusivamente de paz, porque los del grupo decían que en su país el rock no se empleaba como protesta contra el modelo de sociedad en el que vivían (…tuviera que ver… por la cuenta que les traía) , sino solo para dar a conocer la música.

Que por aquí viniese a actuar un grupo heavy de un sitio tan raro como Rusia, fue sobre todo debido al empeño que puso el concejal Luis Pizarro (hermano, como sabéis de Juanjo, el guitarrista de los grupos de Silvio y Dogo, y de Manuel, de los Reincidentes), que a través del colectivo “Artistas por la paz”, que estaban vinculados a Comisones Obreras (Luis era de Izquierda Unida) y eran los que estaban preparando la gira del grupo, se enteró de las fechas en que iban a andar por España e hizo unas llamadas para gestionar que tuviesen también una parada en Sevilla. Seguramente los del colectivo acabarían arrepintiéndose de haber hecho caso a Pizarro, porque con este concierto perdieron un millón de pesetas.

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Kruiz – “Brave new world”

Entre los pocos que se dejaron ver por el auditorio para escuchar a estas bandas estuvo nuestro amigo Maese Rancio, que nos cuenta sus impresiones:

“Vientos de cambio”, que cantaba Scorpions. La veterana banda rusa de heavy Kruiz cruzó el Telón de Acero para aterrizar en la “Cita en Sevilla”. Los que allí asistimos lo hicimos más por curiosidad que por ser seguidores de la banda, a la que, en aquellos tiempos sin internet, yo juraría que no conocía nadie entre los asistentes. El trío de bajo, batería y guitarra eran la base del sonido de los rusos (voz aparte, claro) que tocaban un speed metal más que correcto. También usaron un teclado para hacer la intro de una canción que me pareció un pelín larga. En resumen un concierto que atrajo a curiosos por ver como sonaba un grupo heavy ruso y que al final no defraudó.

Poco tiempo después llegué a ver un vinilo de Kruiz a la venta en “Sevilla Rock” y en el 89 se celebró en Rusia el “Moscow Peace Festival” con Ozzy Osbourne, Scorpions, Mötley Crüe, Bon Jovi y la banda local Gorky Park entre otros. Los propios Bon Jovi hicieron de padrinos de los Gorky Park, a los que ayudaron a lanzar un disco a nivel mundial aunque su repercusión fue escasa. “Winds of change”.

Antes de que se organizase un nuevo evento en el Prado, la Cita se paró el fin de semana porque en la noche del viernes al sábado se celebró en el Palacio de los Deportes del Polígono de San Pablo el festival “Andalucía abierta”, del que seguramente hablaremos más en profundidad en alguna otra ocasión. Ahora solo os diré que aquello fue una cosa muy desigual que comenzó a las seis y media de la tarde de la mano de José Manuel Soto, para seguir después con Javier Ruibal, Paco Ortega e Isabel Montero, los Viceversa sin Sabina ni Pancho Varona, Gwendal, Raúl Alcover… para ir dejando durante la noche el camino abierto a los más rockeros: 21 Japonesas, La Dama se Esconde, Ana Curra, Semen-Up, los Secretos, Brighton 64, Siniestro Total, Os Resentidos, Micky (el antiguo), que también ejerció de presentador, los Inhumanos, con strip-tease de una chica incluído, Ketama, Martirio, Ricky Amigos, para algunos geniales y para otros de vergüenza ajena, Sendero Luminoso, los sevillanos Picapiedras y Baldomero Torre… algunas cosas no pegaban demasiado, por eso Juana la del Revuelo se había bajado del escenario a las dos y pico de la mañana apenas después de haber interpretado un par de tangos y bulerías porque la gente no le hacía ni puto caso… y es que, como decía ella misma en los vestuarios deportivos, apañados como camerinos (por los que pude deambular porque estábamos retransmitiendo aquello para “Radio Aljarafe”), …”la noche no está pa ná… y este público no está pa esto…”.

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Duncan Dhu – “Cien gaviotas”

En la Cita en Sevilla el primer lleno se produjo el martes siguiente, día 3 de mayo. Y en realidad no fue un lleno absoluto, porque en el Auditorio cabían más personas de las 6.500 que habían entrado con todas las localidades que se pusieron a la venta, cosa que solamente consiguieron en toda la Cita Duncan Dhu esta noche, y Gabinete Caligari diez días después. Es cierto que algunas de las figuras internacionales que pasaron también por aquí recaudaron en taquilla más pasta que ellos, pero eso fue porque las entradas eran más caras, porque en lo que respecta al número de espectadores, ninguno logró batir los récords de estos dos grupos españoles.

Duncan Dhu atrajo sobre todo a un público que comenzaba a dejar atras la adolescencia y que les gradeció con constantes muestras de entusiasmo el desfile de canciones, muy conocidas la mayoría, que la banda iba desgranando. Yo debí ser la excepción de la regla que marcaba que había que divertirse, porque durante toda la noche no dejé de pensar que la delicadeza que tenían las melodías de la banda quedaba estropeada por no dejarlas sueltas y que nos empujasen con su fuerza natural, y es que los Dhu se empeñaban en imprimirles una potencia artificial a base de martillearlas con un bajo atronador que, más que darles una mayor pegada, cosa que no necesitaban unas canciones líricas y soñadoras como las suyas, les arrebataba toda su fuerza melódica. Con lo bien que hubiesen quedado dejando que las guitarras llevasen la función rítmica librando al bajo y a la batería de la carga de poner en movimiento los cuerpos de los espectadores…

Antes que ellos subieron al escenario a calentar el ambiente los miembros de la nueva formación de Albania, una banda sevillana que ya actuó en la primera de las Citas cuando aún se llamaban SS 20. Ahora les había fichado una discográfica grande, como Zafiro, y tras haber echado de la banda a Víctor y tomado Manolo el mando, hacían unas canciones en las que la brillantez anterior la tapaban ahora con maquillaje comercial para que les dejasen entrar en las radio-fórmulas.

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Albania – “Días de sol”

Y la noche siguiente tuvimos un nuevo descanso en la Cita, pero esta vez forzoso, ya que la lluvia obligó a suspender el concierto de Aute, que venía a presentarnos su nuevo disco, “Templo”.

El jueves 6 de mayo fue el día en el que pudimos ver a la flor y nata de la música rockera sevillana, como todos los participantes no se cansaron de decir durante los días previos: Kiko Veneno, Silvio y Sacramento y Pata Negra, según el orden de actuación.

Aunque ya llevábamos escuchando en directo las canciones de “Fantasía Occidental” durante mucho tiempo, en realidad el disco todavía no se había llegado a editar, solamente había salido el single esta misma primavera con aquellas canciones semanasanteras, así que el concierto de esta noche era, aparte de la ineludible cita de Silvio con este evento, parte de la promoción de dicho disco, cuya salida ya sí que era inminente.

Unos días antes, en uno de los descansos en la grabación del programa que hizo con Jesús Quintero, el propio Silvio hablaba de lo que iba a ser el concierto de la Cita:

Po yo que sé… que vamos a tocá el día 6. Yo creo que estaremos hora y pico, depende de la gente, y haré tó mis temas nuevos, en eso he quedao con el Pive… güeno, si me acuerdo de las letras, porque hay uno del que me cuesta trabajo acordarme, pero creo que de aquí a entonces ya me la habré aprendío… sí, sí, ése, “Swing Maria”… a la gente le gusta musho, cuando salió se quedaron tós como las cabras, loquitos de contento; no ha habío nadie que se haya quedao como los cocodrilos, con los dientes abiertos…

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Silvio y Sacramento – “La Pura Concepción (Swing María)”

Y loquitos de contentos se quedaron todos los asistentes cuando al final de la noche asistieron a la insólita reunión de los tres grupos tocando al unísono “para darle gloria al público”, como decía Raimundo Amador. Fue uno de los mejores momentos, no ya de esa noche, sino de todo el rock simpático sevillano, ver ya al final a Raimundo a la batería y a Silvio entonando algo así como

Mi caballo se bebió
cubo y medio de aguardiente…
Viva mi caballo y yo…

que era una de esas canciones a las que Silvio se refería como “canciones de la cuatro de la mañana”… que vete tú a saber de donde salían, y ni tenían autor ni ná….

Ese fue el broche de oro al “mejor cartel que podía salir de Sevilla”, según afirmaba Pive Amador sin cortarse un pelo… y en realidad no le faltaba razón, porque Silvio era la estrella más genuina, Kiko era por entonces el mejor autor de canciones del país (o casi) y Pata Negra era el grupo más internacional de Andalucía, como lo demostraba el hecho de que poco después de terminar este concierto partían para New York a comenzar una gira americana y posteriormente europea. Silvio interpetó rock, Pata Negra flamenco y Kiko… canciones de toda índole, como era habitual, e incluso estrenó dos o tres de las nuevas que tenía para su posterior reencuentro con Raimundo en unos nuevos y fallidos Veneno: “A la Habana yo me fui”, “Buscando la vida”, la adaptación que hizo de “Palabras para Julia”

Pata Negra provocaron una conmoción, nunca estuvieron más cercanos a la genialidad que en estos momentos, y además se veía como los hermanos se divertían sobre el escenario tanto o más que los que estábamos abajo. Dos guitarras y la voz de Rafalillo, para hacer un concierto de blues que iba y venía del flamenco, del rock, o de lo que se terciara, de lo que les diese la gana a ellos, porque no había dúo de guitarras capaz de hacerles sombra. Por aquel entonces Raimundo todavía tenía esa mirada niña que derretía las cuerdas…

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Pata Negra – “El rock del Cayetano”

Ya quisiera yo haber salido igual de contento seis noches después, el día 12, del concierto de Joe Cocker. El caso es que la noche se presentaba muy bien, había dejado de llover y el concierto salía adelante contra todo pronóstico, porque hasta solo un par de horas antes nos temíamos que éste también se iba a suspender como el de Aute, o el de Rocío Jurado de dos días antes, aunque ése solamente se aplazó una semana. En la cola para entrar, muchísimas risas, porque me había tocado delante Terry White, aquel pivot que estaba en la primera formación del Caja San Fernando, y que era tan payaso fuera como dentro de las pistas de basket. Muchísima gente joven también en las colas, algo que me sorprendió un poco porque yo pensaba que Joe era para los más puretones, pero se ve que la publicidad que sacó de “Oficial y caballero” y de “Nueve semanas y media” había sido todo un revulsivo. Por lo tanto es normal que éste fuese el concierto que más dinero recaudó de toda la Cita, más de siete millones y cuarto de pelas (superando en unas 300.000 al de Rocío Jurado), aunque, como ya os dije antes, no fuese el que más gente reunió.

Al salir de allí aquella noche, yo pensaba que Joe Cocker ya estaba acabado para siempre, sin embargo, apenas tres años después, cuando le volví a ver en el Auditorio de la Cartuja formando parte del heterogéneo elenco de “Leyendas de la Guitarra” me congracié con él. En apenas tres o cuatro canciones derramó más pasión y energía aquella otra noche que en este nefasto concierto… joé, si hasta el “Unchain my heart” que era su canción estrella del momento, brilló más en la macarrónica versión que hizo Silvio una semana antes…

De todas formas, a la gente pareció gustarle bastante lo que oía, porque no faltaron canciones para todos los gustos: las de las pelis mencionadas antes, para los más jóvenes y últimos reenganchados; o “Feelin’ alright”, “The letter” o “You’re so beautiful”, para los seguidores “de toda la vida”. Y por supuesto, “With a little help from my friends” para todos… y anda que no le vino bien ni ná la “ayuda de la amistad” que le proporcionaron las fabulosas negritas del coro, que le tapaban todos los defectos vocales.

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Joe Cocker – “The letter”

Tampoco es que la noche siguiente fuese más animada. En cuanto a público, sí; ya os he comentado antes que los únicos que lograron vender todas las entradas que se pusieron a la venta habían sido los Duncan Dhu, y ahora también Gabinete Caligari. Y no se parecieron solo en eso estos dos grupos, sino que parece que Jaime Urrutia había creado escuela con su forma de cantar, y Mikel Erentxun el otro día hizo lo mismo que Jaime esta noche: cantar todas las canciones igual. Y claro, así no fueron capaces de crear la atmósfera conveniente para sacar adelante un espectáculo musical, que pierde mucho con estas interpretaciones tan planas y homogéneas.

La gente disfrutó de todas formas… y a estas alturas del texto ya me está entrando complejo de inconformista retroactivo… con el camino a la gloria de Gabinete, que desde Soria hasta el mercado americano había hecho una pequeña parada en esta Sevilla que se supone que tanto sabe de toreo, y que tan bien supo apreciar los pases airosos de esta banda tan cañí. Lo dicho, al final, ovación, oreja y vuelta al ruedo… ea.

De teloneros tuvieron a un grupo malagueño (concretamente de San Pedro de Alcántara) que se llamaba Cuerpo Diplomático, que eran un sexteto comandado por Maite Martinez, una chica que cantaba de una forma tan blandita que solo merecía la pena escucharla pasándola por el tamiz de una buena cerveza. Y eso es lo que hice, irme a la barra huyendo de una canción horrorosa que presentaron como “Vieja mansión”. Por aquellos días tenían en circulación un miniLp que se llamaba “Cartas credenciales”, pero, la verdad, ignoro si llegaron a seguir algo más adelante.

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Frank Zappa – “Ravel’s Bolero”

El domingo, 15 de mayo de 1.988, fue uno de los días más grandes de todas las Citas, junto al de los Kinks de hace dos años. Éste fue el día que subió al escenario Frank Zappa para, ayudado por otros once músicos a los que dirigía magistralmente, dejarnos una sucesión de piezas suyas y ajenas, engarzadas en una suite que todavía permanece en la memoria de los que estuvimos allí.

Estuvo casi el mismo tiempo con la batuta que con la guitarra, pero cuando pulsaba las cuerdas de su Fender sacaba unos sonidos tan cálidos, tan sugestivos, tan… indescriptibles. Con aquel ropaje de una sección de viento de cinco componentes, a cual más polivalente, había veces que costaba pillar qué pieza estaban interpretando, pero cuando llegaba a reconocer algunas de mis favoritas, “Montana”, “Cosmic debris”, “Willie the Pimp”, “My guitar wants to kill your mama”… me quedaba alelado con la forma en que Zappa había sabido recrearlas; las había recompuesto, alterado; solo un genio tan corrosivo e irredento como éste hubiese sido capaz de escribir de nuevo aquellas partituras cambiándoles el sabor de esa forma, pero es que muy pocos músicos sabían tanto de estructuras musicales como Zappa.

Y su grupo, no ya solo con los vientos, sino con los teclados, las percusiones, las voces… una orquesta ensayada al milímetro pero que aún así era capaz de encontrar resquicios para improvisar en medio de aquellos intrincados nuevos arreglos. Fantástico el teclista Bobby Martin y su soberbia demostración vocal cuando entonó el “Whipping post” de los Allman Brothers poniendo el punto final a unos bises densos y espectaculares en los que engarzó el “Bolero” de Ravel con el “Stairway to heaven” de Led Zeppelin, en el que la voz cantante la llevó esta vez el guitarrista, Ike Willis… y es que allí todo el mundo sabía hacer de todo.

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Frank Zappa – “Stairway to heaven”

Su impronta iconoclasta salió a la luz en un bloque en el que estuvo aderezando clásicos beatlelianos con notas de su cosecha, pero la gente se extasiaba cuando reconocía “Norwegian wood”, “Lucy in the sky with diamonds”, “Strawberry fields”, en aquella manufactura sónica no tan espectacular por sus trucos, sino por reflejar un modo de comportamiento sobre el escenario que tendría que sentar cátedra. Hasta el tema de “Bonanza” sonaba cool.

“Pues mira, aquí que hemos venido a ver a una leyenda”, me decía un antiguo compañero de carrera al que me encontré entre la gente. Uno más entre los casi cuatro mil doscientos espectadores que anduvimos por allí; muy pocos para los que se merecía este “genio del rock and roll”, como lo anunciaban los carteles. Un genio que comenzaba a apagarse precisamente en estos meses en que estaba haciendo, sin saberlo, su última gira. Hubo suerte de que casi todos sus conciertos, incluído éste, fuesen grabados para algún proyecto futuro que nunca llegó a hacerse realidad. El de Barcelona, que tuvo lugar dos días después que éste, fue retransmitido por la segunda cadena de TVE y existen buenas grabaciones de él, así como otras, extraídas de aquí y de allá, formando parte de singles y recopilaciones, de donde he extraído el “Stairway to heaven” y el “Bolero”. Del concierto de Sevilla también llegó a editarse de forma oficial una de las piezas, este “Strictly gentle” que escucharéis ahora, que formaba parte del disco “Make a jazz noise here”, que Zappa editó tres años más tarde. Ahí al final podéis escuchar gritando y aplaudiendo a todos los que anduvimos por allí.

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Frank Zappa – “Strictly gentle” (En directo en Sevilla)

Cuando alguna figura del mundo de la música para por Sevilla, sobre todo si además se le ve moverse en algunos ambientes concretos, siempre sale algún chismorreo sobre él, o se corre algún rumor que nunca llega a concretarse en nada. Le ocurrió ya, por ejemplo, a Ian Dury, al que incluso le adjudicaron amoríos con alguna dama sevillana. Y también ocurrió con Zappa, ésta vez hasta haciéndose la prensa eco de ellos. Se publicó que Zappa se había quedado tan alucinado con Sevilla que le había propuesto a Bernardo Bueno, el Delegado de Cultura del Ayuntamiento, la grabación de una “ópera flamenca”, con Paco de Lucía, el Camarón y el Tomatito… aunque a mí me olía más a que algún socialista cachondo mental había querido meterle a su compi de la oposición en el consistorio, el Montoya, la parte ésa que rima con su apellido, en vista de lo que a éste le gustaba darse el pisto de adelantar noticias “culturales” en la página de cotilleo que mantenía en el ABC. Y no es que no me crea que Zappa alucinase con Sevilla, sino lo del flamenco; sobre todo porque a Zappa era un género que no le interesó en absoluto, y cuando lo descubrió decía que no lo entendía, y que le aburría.

No fue ésta la primera vez que se habló de proyectos de esta clase; no mucho tiempo después, cuando John Zorn anduvo de conciertos por Sevilla, también se dijo que había quedado alucinado con la forma en que la gente le tocaba las palmas… ya sabéis, con ese ritmillo por seguiriyas con que a veces el público obsequia aquí a los intérpretes, sobre todo cuando pide algún bis. Y se aseguraba que Zorn iba a componer una pieza musical con ese rítmo como base. Aunque nunca llegó a hacerlo, al menos que yo sepa. Seguramente tan solo fue un rumor; sin embargo de John Zorn sí que me hubiese creído lo de la fusión de flamenco con cantaores y guitarristas, porque él sí que se maravilló con este arte, y sobre todo con Camarón; y eso sí que lo sé de primera mano… porque fue a mí a quien se lo dijo.

Zappa volvió a Sevilla un año después con la pretensión de venderle a los organizadores de la Expo un proyecto de orquesta étnica formada por músicos de muchos países tocando todos a la vez instrumentos étnicos, combinándolos con música electrónica y los instrumentos habituales de una orquesta filarmónica. El asunto no coló, y tras pasar una noche en “La Carbonería”, con Gualberto, Javier García Pelayo y otros amiguetes más, parece que se dirigió a Madrid a ver si Juan Barranco sí picaba, aprovechando que allí también iban a organizar fastos del Quinto Centenario.

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Frank Zappa – “Cuaaatro jineteees vienen de Bonaansaaaaaa” (A caballo por Sevilla)

El martes, 17 de mayo, se dieron cita en el auditorio más de cinco mil personas para asistir al concierto de Rocío Jurado, trasladado a esta fecha a causa de la lluvia del día 10. Un bombazo que también llenó los bolsillos del promotor, que era Angel Arias, el propietario de la famosa discoteca “Zaira”, que parece que le pilló el gustillo a esto de organizar conciertos después del éxito que tuvo cuando trajo a Cicciolina, y para la Cita en Sevilla se atrevió con Rocío y Serrat. De momento, en este concierto recaudó prácticamente siete millones de pelas, con unos beneficios que le arreglaron el cuerpo para una temporada.

Según parece, los espectadores se dejaron arrastrar por las portentosas cualidades artísticas (no hay por qué negarlo) de la diva, y salieron muy contentos de su espectáculo. Les dio todo lo que esperaban e incluso más, no solo todas sus canciones más conocidas, sino incluso una fiesta flamenca, con ella en “cantaora”, para terminar los bises con un fandango sin acompañamiento después del “Clavel” dedicado a Sevilla, ya en plan apoteosis. Incluso se atrevió con el “Feelings” de Morris Albert… en inglés!

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Cristina Luengo – “Fernando”

Y el martes 19 de mayo tuvo lugar el habitual Festival de la Canción Femenina, que ya llegaba a su cuarta edición y en el que entre las participantes estaba la que acabáis de escuchar ahí arriba, Cristina Luengo, a la que recordaréis porque aquí la declaramos “vencedora moral” de la primera edición, y que fue la única participante que apareció en dos ediciones del certamen sin haber sido la ganadora de alguna edición previa. Su interpretación de este año nos volvió a traer rocanroll por derecho y, lo que es más importante, comprobamos como había pulido algunos de los defectos que se le notaban en la primera edición. De algo le tenía que haber servido capitanear durante casi un año a una banda punkarra sevillana llamada Metralla, quienes antes de eso habían sido los problemáticos Montón de Guardias Civiles Muertos, y habían cambiado su nombre con el cambio de su cantante por Cristina. La canción que ella eligió para este nuevo Festival fue una versión muy particular de los Dead Kennedys (otro nombre encantador), a la que ella lamaba “Fernando”.

Y no fue solamente en Cristina en la que se notó una gran mejoría, sino en todas las participantes en general, ya que esta edición supuso un “salto de calidad” con respecto a las anteriores, que se notó no solo en las ganadoras, sino también en las que quedaron atrás.

Para elegir a las doce finalistas que actuaron en la Cita hubo antes que hacer una criba con las ochenta participantes que se inscribieron en total, que esta vez se llevó a cabo por completo en el Teatro Duque, lo que empezaba ya a indicar un cierto distanciamiento de Pepe Benavides de este proyecto que era, cada vez más, la niña bonita de Pive Amador.

Y precisamente el Pive, por azares del destino, volvió a encontrarse un montón de años después como jurado de otra de las participantes de este Festival.

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Joana Jimenez – “La Zarzamora”

La de la foto de ahí arriba y la que canta la canción son la misma persona, con veinte años de diferencia. Joana Jimenez era en 1.988 una niña de diez años educada en las artes de la peineta y el abanico, que hoy en día reina entre sus pares tras su triunfo en la primera edición del multitudinario programa “Se llama copla”.

Este festival no lo ganó, quedó en segunda posición, pero sin duda ha sido la chica a la que la vida ha deparado un triunfo mayor de todas las que participaron en estos festivales. No es que sea éste de la copla nuestro palo favorito pero, bueno, ya sabéis que aquí estamos abiertos a lo que haga falta… y si queréis saber más cosas de ella, de su disco, de sus actuaciones, pues te remitimos a su página web oficial.

De la otra participante que también venía con canción española, Maika Fernández, no se supo nada más, así como de las participantes con canciones melódicas, Elena Rodriguez, Ester Romero, María José Márquez, que entonó un bossa-nova, Clara González, con una canción francesa… ni tampoco de las rockeras más light, como el cuarteto de Las Niñas o la jerezana Montse Rueda. Sí volvimos a ver por los escenarios sevillanos a Michelle Anderson, una negrita de Los Angeles que posteriormente formó como vocalista en el grupo de soul Ragtime. Y sobre todo a las que formaron el podio junto a Joanna.

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Elena García – “I won’t feel bad”

Puede ser discutible que precisamente las tres chicas que actuaron en los últimos lugares fueron a la postre las que ganaron los tres primeros premios, pero después de todo las reglas de un buen espectáculo dejan claro que la traca siempre va al final, y no cabía la menor duda de que en aquella ocasión resultaron ser las que más juego dieron. Y también, aunque en distintos niveles, las tres siguen aún en activo.

La tercera posición fue para Elena García, a la que presentaron como cantante de “funky blanco”, y aunque hoy en día se haya especializado en el formato acústico-íntimo, como podrás comprobar accediendo a su página de MySpace, aquella noche se presentó en el escenario ataviada con una chaqueta a lo David Byrne, es decir, varias tallas más grande, y poniéndole voz a una canción del segundo disco de los Simply Red, “I won’t feel bad”.

En años posteriores montó el grupo La Bruja Maruja y Sus Granujas junto a unos cuantos músicos locales, y a partir de 1.992 se fue a Londres, donde además de tener dos hijos y un gato también ha tenido numerosos proyectos musicales, en los que continúa. Así y todo, alguna vez ha vuelto por aquí, como en aquella ocasión en que vino expresamente a Málaga a participar en el programa que por entonces hacía Marifé de Triana en Canal Sur, “Lo que yo te cante”, en el que grabó una impresionante versión del “Rescue me” que durante mucho tiempo fue el vídeo de cabecera de mi hija Celia, aún pequeñita, y una de las piedras sobre las que comenzó a basarse su afición por el soul y la gran Aretha.

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Lourdes Carvajal – “I’ll go crazy”

Y la gran triunfadora fue Lourdes Rodriguez Carvajal (aunque el Rodriguez desapareció enseguida de su nombre artístico), una chica que por aquel entonces prácticamente debutaba con el micro, aunque siempre se había movido por la llamada “Escuela Sevillana”. Esa noche se puso a James Brown por montera, y cantando en un lindo dialecto vikingo no muy distinto al que Silvio solía emplear en sus actuaciones, se llevó al jurado de calle.

Lourdes también intentó posteriormente hacer carrera en Gran Bretaña, pero se volvió pronto de allí, y de nuevo en Sevilla unió su carrera profesional y también personal a la de Antonio Samuel Rodriguez, al que todos conocéis como Antoñito Smash, y actúa junto a éste por los escenarios de esta parte de Andalucía y de los de más allá que pueden llegar. Y la verdad es que a veces incluso llega a restarle el debido protagonismo a Antoñito, como ocurrió en Utrera, donde en un momento determinado del concierto le comenzaron a llover a éste algunos gritos para que se callase y dejara que cantase solo la chica… lo que habla muy bien del gusto musical de los utreranos. Nuestro amigo Yinyerbeiquer estaba allí.

Esa tarde fuimos a ver a Antoñito Smash. Tocaba en un pub del centro, un local pequeño. Esperaba un concierto en familia aunque la cosa fue aún peor. Íntimo casi, porque aparte de Antoñito Smash, su mujer y apenas otro músico estábamos Media Mandarina y yo, algún que otro transeúnte aburrido y… Rogelio. Quien lo conoce sabe que no es precisamente la clase de persona que invitarías a una fiesta en tu embajada (en el poco probable aunque no despreciable caso de que llegaras a tener una).

Empezó cantando la estrella, que causó entre el respetable una sensación que si pudiera trascribirse sería mediante aquello de “ZZZZZZZZZZ” que ponían en los tebeos, aunque la cosa se recuperó bastante cuando su mujer tomó la voz cantante. Pero ¡ay! poco dura la eufonía en la casa del pobre y hete aquí que Antoñito volvió a empuñar el micrófono para dejar claro que lo de su mujer no había sido sino una guest starring; cuando, de entre el público, es decir, Rogelio, se oye salir una súplica a voz en grito “¡noooo! ¡tú nooooo! ¡que cante ellaaaaa!!!!”.

La boca de Antoñito masculló un sonido que podríamos transcribir con otra de esas cosas que ponían en los tebeos, “mcgntotuputmdr”… o algo así… ponle tú mismo las vocales.

El fin de fiesta del Festival femenino corrió a cargo de los siempre divertidos Baldomero Torre y sus Cuchillos Afilados, que estaban presentando debidamente las canciones de su primer disco, que fue el primero que se editó en el sello Mano Negra; antes incluso que el de Silvio.

Y el otro gran fiasco económico de la Cita de este año llegó el domingo, día 22. No es que estuviésemos en familia, como con Antoñito en Utrera, pero que el promotor de un concierto de Leonard Cohen pierda tres millones de pesetas por traerlo a Sevilla da que pensar.

El concierto de Lenny no estuvo nada mal; se presentó distinguido, sobrio, con otros siete músicos tan efectivos y discretos como él y dos chicas para los coros que sí se hacían notar bastante más. Los que estábamos allí seguramente nos hubiéramos entregado sin condiciones a cualquier cosa que nos ofreciese, y lo que hizo fue darnos sus clásicos irrenunciables: “Dance me to the end of love”, “Bird on the wire”, “Joan of Arc”; no faltaron tampoco canciones nuevas de su “I’m your man”, como la del título o el ahora ya famoso “First we take Manhattan”… con el “Suzanne” se hizo de rogar y la dejó para los bises, acompañándola con el “Hallelujah”, y “So long, Marianne”. Incluso interpretó alguna canción prescindiendo de la banda y apañándoselas él solo con un teclado que tenía el bajo y los rítmos secuenciados, pero eso sí, las dos chicas no le faltaron tampoco. Un tipo elegante y un concierto rebosante de buen gusto.

Unos días después Leonard Cohen tenía que haber actuado también en Badajoz, pero el concierto se suspendió a causa de la lluvia, y el manager desapareció de la ciudad con los seis millones y medio de pesetas que había cobrado por anticipado… se ve que el hombre tenía ganas de recuperarse de cómo palmaron en Sevilla.

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Leonard Cohen – “Suzanne”

Dos días después de Leonard la estrella era Serrat, pero esta vez no fui a su concierto. La verdad es que tenía miedo de que se pusiese a cantar todos aquellos tangos a los que se había aficionado recientemente, y que ahora paseaba por las televisiones. Pero no, fue un concierto de los habituales suyos, con todas las canciones que todo el mundo conocía. Como siempre, brilló ante un público entregado de antemano.

El viernes 27 tampoco fui a la “Noche Afrojamaicana” protagonizada por The Wailers. Su concierto tenía que haber tenido lugar una semana antes, el día 20, pero había sido desplazado al 27 con bastante antelación, no recuerdo bien porqué. Esto tuvo como consecuencia que desapareciesen del cartel los Ghetto Blaster, y fuesen sustituidos por Ray Lema. Esa noche fue una de las que menos público asistió, pero recuerdo que en algún otro lugar de este blog alguien mencionó una vez este concierto, así que desde aquí le invito a que nos cuente alguna cosa de él en los comentarios.

El sábado por la mañana los que subían al escenario del Prado serían Espinete y sus amigos del “Barrio Sésamo”, pero a mí ya me pillaba muy mayor y parece que los papás sevillanos estaban demasiado ocupados para acercarse allí con sus hijos, porque este show, propiciado por la TVE, fue otro de los que mayores pérdidas económicas tuvo en esta Cita.

La gente parecía haberse aburrido de la Cita tras el concierto de Zappa, porque dejando aparte algo tan casero como el certamen de canción femenina, solamente Serrat dio un concierto que repartiese beneficios, todos los demás resultaron con pérdidas. Y todavía quedaban dos… que también fue de los que más pasta perdieron: más de tres millones de pesetas entre ambos.

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Dulce Venganza – “Y además no está de moda”

En las pérdidas del martes 31 de mayo colaboré también yo activamente, porque fui uno de los que no se presentó a escuchar a Olé Olé. El grupo que abría la noche, Dulce Venganza, sí que me interesaba, sobre todo porque Benito había conseguido aglutinar un grupo fantástico con (además de Lola, claro) Miguel Ángel Montero, en la guitarra; Manolo Sutil en la batería y Jesús Arispont en el bajo, pero las canciones de sus “veinticinco años de cultura televisiva” ya las había escuchado en directo varias veces (la última hacía poco, cuando tocaron en Dos Hermanas con Los Secretos), y me parecía demasiada penitencia para disfrutar de ellas tener que aguantar después a Marta Sánchez con sus medias de malla y sus bodies estilo primera época de Madonna… y encima vendrían creciditos después de que los locos de la Coca-Cola les hubiesen dado 100 kilos por un contrato de publicidad… creo que entonces fue cuando me pasé del todo al vodka con limón…

Supongo que esa noche Benito notaría la falta de asistencia de todos nosotros y le jodería bastante, porque unos días antes de la actuación decía lo siguiente:

Cuando tocamos el año pasado con Radio Futura me fijé atentamente en el público, como siempre hago, y me alegré de ver caras nuevas… menos mal, porque es triste actuar para los incombustibles rockeros de siempre…

Me temo que esta noche solo vería “caras nuevas”, que no estaban allí precisamente por él. Joé… a lo mejor los rockeros incombustibles hicimos mal dejándolo solo aquella noche…

Y ya solo quedaba la despedida. El último concierto de esta Cita. Y aunque siempre he sido algo reacio a tragarme un concierto entero de blues clásico, los antecedentes que tenía de este artista me hicieron cambiar de opinión y allá que fui.

Y no me arrepentí, porque a James Cotton le gustaba cambiar el punto de vista que tenía la gente sobre los blues. La gente espera escuchar música triste, pero él solía insuflarles alegría a todas esas canciones antiquísimas que recuperaba junto a composiciones propias y otros clásicos más modernos y mucho más conocidos.

No es que no interpretase ninguna balada, que sí prestó su voz aguardentosa para dejarnos cuatro o cinco de ellas, rotundas, de una intensidad emocionante. Pero donde sobresalían él y los siete músicos que componían la Chicago Blues Band era en la alegría, que nos contagiaron llenos de espontaneidad y fuerza interpretativa. Porque el buen hacer musical no está reñido con la diversión, y estos tipos se lo pasaron de puta madre tocando, sobre todo el guitarrista gordinflón Michael Coleman que, sin perder el ritmo ni una vez se montaba unas juergas increíbles, que nos llevaron a a soltar alguna carcajada incluso en algunos de los momentos más tensos de sus interpretaciones. El único blanco del grupo era el teclista, Tomas O. Heindal, que se movía a toda velocidad por entre aquellos blues, supongo yo que para no quedarse atrás en la marcha que tenían todos aquellos negros, sobre todo cuando el bajista, Tim Green, le azuzaba metiéndole marcha. Todos ellos hacían resaltar la opacidad de la armónica de Cotton en su labor de hacer que aquello no fuese una simple y lánguida noche de blues. Fue una pena que hubiésemos tan pocos espectadores para apreciarlo.

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James Cotton & The Chicago Blues Band – “Rocket 88”

Los números finales decían que aunque el número de asistentes a los distintos conciertos había descendido en proporción (solamente se habían vendido 60.573 entradas en todos los conciertos del Auditorio), la recaudación total obtenida (48 millones de pesetas) había sido superior a las que se habían obtenido en las anteriores Citas, prueba evidente de lo que os decía al principio sobre el incremento en el precio de las entradas que supuso la intervención de la iniciativa privada en la organización.

Los empresarios privados se repartieron estos ingresos de forma muy desigual, porque esos 48 millones eran bastante menores que el total que se gastaron en los cachés de los artistas, que ascendió a 70 millones. Eso hizo que algunos tuviesen grandes pérdidas, aunque después las compensaran con los patrocinadores que tenían, o con los seguros que habían suscrito antes; otros se limitaron a cubrir gastos y dar gracias a Dios, y alguno que otro se forró, como el mencionado Ángel Arias, que con su empresa de Bética de Espectáculos decidió seguir tentando a la suerte, y aprovechó la invitación de Bernardo Bueno para que los empresarios siguiesen usando durante el resto del año el Auditorio del Prado, y el 3 de junio nos trajo a El Último de la Fila, y en septiembre, una vez pasados los calores, a Miguel Bosé y a Mecano.

En lo que respecta a las cuentas del Ayuntamiento, los gastos totales fueron de unos 56 millones de pesetas, en realidad cinco más de los previstos, porque esta cantidad se utilizó para compensar un poco las pérdidas (para que luego digan que los políticos son mala gente, jejeje) de los promotores que trajeron a Leonard Cohen, los Wailers y James Cotton. Y de las distintas empresas colaboradoras, inscripciones y ambigús solo recuperó seis millones, por lo que las pérdidas de este año “se limitaron” a cincuenta, que como siempre, se consideraron “una rentable inversión de futuro”.

Pero después de todo, aún con pérdidas, la experiencia de colaboración entre organismo público y empresas privadas fue considerada positiva por ambas partes y se decidió que se mantendría para la próxima Cita, aunque, eso sí, esta vez el Ayuntamiento no se iba a limitar a poner la infraestructura para que actuase la iniciativa privada, sino que pretendía cobrar un cánon por la prestación de sus servicios y vigilar para que los promotores ajustasen los cachés con los artistas y éstos no pidieran cantidades disparatadas, como había sucedido con alguno este año… pero eso ya será una historia que tendrá lugar a partir de “la sexta vez que nos citamos en Sevilla”.

NACIDAS PARA SER MALAS

Después de varios posts seguidos en los que hemos discutido sobre frikies, música algo meliflua, y diferencias entre música y ruido, creo que es hora de volver a traer a este blog música rock por la cara, antes de que los lectores talibanes que nos quedan terminen por irse de aquí. Y para volver a las esencias del rock crudo y salvaje, que al fin y al cabo fue el que nos metió a todos en esto, aunque después buscáramos satisfacciones en otras músicas del extra-radio, creo que nada mejor que hablar de una banda que de nuevo vuelve a estar de actualidad porque su vida ha sido llevada al cine. Hoy, para que no nos pille de nuevas cuando veamos la película, vamos a repasar la vida de THE RUNAWAYS.

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“Queens of noise”

Ellas eran las reinas del ruido, la respuesta a tus sueños. Esas frases dicen todo lo que se necesita decir sobre las Runaways. La única cuestión es saber exactamente a los sueños de quién se referían estas Lolitas rockeras. La respuesta es muy variada: a los de todos aquellos que tenían en su casa el “Back in the USA” de los MC5, o el primer disco de los Stooges, o el “Love it to death” de Alice Copper; a los de los primitivos protopunkies que flipaban con los Troggs y los Count Five; a los de los jovencitos de los ’70, que pensaban que el rock lo habían inventado los Sweet y los Kiss; a los de los tíos de mediana edad con bultos sobresaliendo de sus pantalones, que seguramente usarían las portadas de sus discos para lo mismo que las fotos del Playboy; a los de los chavales que todavía no sabían exactamente qué eran esos bultos que sobresalían…

Pero la aparición de las Runaways en los sueños de todos no hubiese tenido lugar sin la intervención de un Pigmalion, al que hay que introducir en nuestra historia desde el principio.

Kim Fowley es una especie de Dorian Grey del rock. A pesar de que su figura, sus logros y sus contribuciones a la cultura y a la música pop han permanecido desconocidas por las grandes audiencias. Y en la historia del rock’n’roll se le puede catalogar como escritor, productor, estafador, vividor… y nos quedamos cortos.

Pero también fue un mangante magnate. La lista de negocios en los que tenía intereses es enorme; desde zapatos ortopédicos hasta emisoras de radio, desde maderas hasta revestimientos de linóleo para suelos; Kim tenía más cosas para vender que un bazar de los chinos. Y en lo que respecta a su faceta como autor, productor y publicista musical, en algún momento de su vida estuvo envuelto con prácticamente todas las grandes figuras de su época, desde Soft Machine hasta los Kiss. Pero seguramente nunca hizo una jugada que le diese tanta notoriedad como la de mezclar su nombre con el de las Runaways.

Kim Fowley actuó como catalizador para moldear a cinco quinceañeras en edad escolar para constituir uno de los grupos de rock más prometedores, que aunque tuvo una existencia corta y fulminante, nos dejó un legado generoso y gamberro sobre desacatos a la autoridad paterna, himnos al sexo rápido y otro sin fín de delitos morales, arropados por un espeso rock’n’roll con drenaje metálico.

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“Blackmail”

Todo comenzó una tarde en que Kim estaba leyendo el Billboard y le llamó la atención (su olfato para los negocios siempre alerta) como un periodista escribía que seguramente la mayor atracción que podía haber en el rock sería un grupo de chicas que fuesen como Elvis Presley, con camisas desabrochadas (excepto un botón, por supuesto) y con canciones sobre sexo y violencia. Recuerda que estamos a primeros de la década de los ’70 y este sería un papel totalmente inverso para las mujeres.

Poco después a Kim, en una fiesta a la que asistió con Alice Cooper, le presentaron a Kari Krome, una chica que se presentó a sí misma como “la Bernie Taupin del heavy metal”… la niña tenía solo catorce años y más de diez mil frases e ideas escritas desde que tenía diez, con las que poder formar cientos de canciones que ella aspiraba a que fuesen interpretadas por un poderoso grupo de rock compuesto por chicas como ella. Y como dos y dos son cuatro, Kim Fowley olió el negocio y la contrató (con un salario de mierda) para que escribiese esas canciones y con la promesa de que si ella encontraba a la primera componente de ese futuro grupo, él encontraría a las demás.

Kari encontró enseguida a Joan Jett, que por entonces era una chavalita con un look muy a lo Suzie Quatro, que tocaba la guitarra en un grupo de pop/rock escolar llamado Chinni Chap. A Kim le gustó la forma en que rellenaba su chupa negra de cuero y le dio el visto bueno. Pocos días después, mientras Kim echaba la pota en el parking del Rainbow, a las dos de la mañana, salió de la nada una chica con pinta de surfera, que allí parecía fuera de lugar. Entabló charla con ella, que dijo llamarse Sandy West y que tocaba la batería… y sí, estaba interesada en conocer a una letrista y a una guitarrista, y en meterse en un grupo.

Las tres chicas comenzaron a tocar juntas, pero Kim decidió que aunque Kari era una fantástica letrista, lo cierto es que no cantaba muy bien, así que lo siguiente que hizo fue llamar a todas las emisoras de radio donde ponían música rock y pedirles que anunciasen que buscaba chicas para una nueva banda. De las entrevistas posteriores salió la cantante y bajista Micki Steele. Aunque en realidad, llamarla bajista era muy aventurado, porque para que consiguierse sacar algunas notas del instrumento tuvieron que pedirle a Nick St. Nicholas, de los Steppenwolf, que le enseñase a tocarlo.

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“Dead end justice”

Con esta formación básica ya podían comenzar a actuar. Incluso tenían ya el garito en el que debutar. Pero antes había que ensayar bastante y pulir muchas cosas; Kim le compró a Joan Jett otra guitarra con la que sustituir aquella malísima que tenía, que se había comprado en Sears por cuarenta dólares. Sandy tenía su propia batería, y Micki podía disponer de un bajo que una chica de Cleveland que vivía con ella se había dejado en el piso cuando volvió a su pueblo. Poco tiempo después ya estaban en los estudios Cherokee viendo como podrían sonar en una grabación.

Para entonces se les había unido también Carmelita Ford, a la que Kim quiso incorporar cuando ésta se presentó a los anuncios aquellos de la radio, pero Lita (su nombre latino acortado) había salido bastante malparada de una pelea en la que se metió en un bar unos días después y no pudo ser; ahora ya estaba plenamente recuperada y disponible, lo que le venía muy bien a la banda para ser la guitarrista líder porque Joan aspiraba más a ser Keith Richards que Duanne Allman, y los punteos y los solos no le iban en absoluto, prefería más mantener el rítmo de las canciones.

Mientras iban tocando en todos los sitios que se ponían a mano, ya fuesen bares de mala muerte como concursos de nuevos talentos, la banda fue perfilándose aún más. Kim Fowley sacó del grupo a Micki (que no reaparecería hasta los ’80, en las Bangles), que con sus 19 años era demasiado vieja para las demás, que solo tenían 16, y 17 Joan, y tras una corta estancia de Peggy Foster, fue reemplazada finalmente por Jackie Fox, otra quinceañera que les trajo Rodney Bingenheimmer, un conocido propietario de discotecas y promotor de otros negocios, que merecería un post para él solito. La última en entrar fue Cherie Currie, a la que Kim descubrió precisamente en una de las discotecas de Bingenheimmer, y le produjo escalofríos nada más verla… aquella Brigitte Bardot del rock sería la perfecta cantante para las Runaways.

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“Cherry bomb”

No soporto mi casa, no soporto el colegio,
Mis amigos se burlan de mí,
Soy una chica corriente,
Soy la zorra que has estado esperando.
Hola papi, hola mami,
Soy vuestro petardo en el culo.

“Runaways”, el primer y mejor disco de la banda era pura diversión, pero tenía un sesgo juvenil en sus letras, que era tan sincero como cualquier otro disco de Springsteen o Bob Marley, por citar a dos grandes de aquellos años. Y además, aunque todavía tuviesen que ir al instituto, las sesiones de ensayos de hasta diez horas a las que Kim las sometía, habían dado sus frutos y habían aprendido a tocar bastante conjuntadas. “Cherry bomb”, la canción que lo abría, es de ésas que te entran a la primera y te impactan, como el “Wild thing” aquél de los Troggs; “You drive me wild” tenía la vitalidad de los grupos de Liverpool; “Is it day or night” regeneraba los riffs de los primeros grupos psicodélicos; “Blackmail” era un himno callejero por la cara; “Dead end justice” era la vuelta de tuerca final, la combinación de “Taxi driver” con Cagney y Bogart, rock sucio y obsceno, de la mano de unas niñas que no tenían todavía edad siquiera para poder comprar alcohol. Y entre todas las composiciones de Kari Krome y Joan Jett, solo una canción prestada, el “Rock and roll” de Lou Reed, que les arregló el propio guitarrista que su autor usaba en directo, Steve Hunter, otro de los grandes amigos de Kim Fowley. Sus limitaciones se hacen perfectamente evidentes en todas las canciones, pero uno de los mayores encantos de este primer disco es que las chicas no intentan enmascarar ese poco nivel que tienen en su desarrollo instrumental. Y es una representación bastante honrada de lo que eran y de lo que querían hacer.

Aunque en realidad Kim Fowley hizo algo de trampa. Primero grabó las pistas musicales con las chicas, dejando fuera a Jackie, que aún no era demasiado buena con el bajo, y haciendo que éste lo tocase en su lugar Nigel Harrison (el de Blondie), y después Cherie grabó las voces ella sola. La metió en la cabina, apagó las luces y le dijo que se relajara, y allí quedó ella, aguantando el micrófono en la oscuridad, bailando y cantando completamente a ciegas. De esa forma Kim quería sacar lo mejor de ella, y parece que funcionó. Cuando todo se mezcló, aquello realmente plasmaba el sonido que tenían en los ensayos.

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“Is it day or night”

Amplificadores a todo volumen y adolescentes en plena erupción hormonal, la receta perfecta para triunfar en el rock; un artefacto de tantas posibilidades tenía a su alrededor a demasiada gente intentando controlar la situación… drogas, poder, dinero; pero ninguna de las chicas vio nunca un dólar de las ganancias del grupo, Kim Fowley y su abogado se encargaron de robárselo todo.

Puede que el buen funcionamiento de este primer disco, junto a la gira que realizaron, que de dos semanas previstas fue ampliándose hasta tres meses, marcase el principio del final de las Runaways, aunque esto parezca una contradicción. Scott Anderson, que por entonces era el ayudante del mítico Bob Ezrin, fue el productor de este disco, y quiso aprovechar el buen momento de las chicas para embarcarlas en una gira por Europa. Sin embargo Kim Fowley opinaba que todo eso era demasiado prematuro, había que ensayar y tocar mucho más, y consolidarse como banda. Pero las chicas (era obvio, no?) se dejaron deslumbrar por la aventura y se pusieron de parte de Anderson, hiriendo mortalmente el amor propio de Kim Fowley, que enfrió mucho las relaciones con sus protegidas, para centrarse en su nuevo proyecto, Venus & The Razor Blades.

Musicalmente, la gira fue muy bien; en Inglaterra tuvieron buena acogida y bastante éxito, lo que alguna que otra vez acarreó serios problemas, sobre todo en Glasgow y Liverpool, donde cientos de hooligans invadieron el escenario con las peores intenciones. Y la despedida del país también fue traumática, la policía las detuvo en el aeropuerto cuando a Joan y a Cherie les encontraron un montón de llaves robadas en los hoteles en que se habían ido alojando, así como varios secadores de pelo, algo que hubiese sido considerado como una travesura adolescente, si no hubiesen tenido ya los antecedentes de otra detención anterior por haberse zurrado en Belfast con unos soldados que querían de ellas algo más que su música. Las mantuvieron retenidas durante noventa horas, hasta que Anderson llegó a un acuerdo con las autoridades y se las pudo llevar de vuelta a los USA.

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“Rock and roll”

De nuevo en Los Angeles, pronto descubrieron que Kim había fraguado su venganza por el desaire a base de sembrar cizaña sobre ellas en la prensa canallesca. Y las chicas picaron el anzuelo como adolescentes descerebradas que eran. En esa edad en la que afloran tantos complejos sobre quien es la más guapa, quien atrae más a los chicos, lo único que les hacía falta es que alguien alimentase el fuego de egos que crecía en la trastienda del grupo. Los celos crecieron sobre todo porque la prensa siempre se fijaba en Cherie como representación de toda la banda; ésta incluso tuvo que rechazar una portada en Rolling Stone porque la querían a ella sola, y eso hubiese significado el fin del grupo, sobre todo en lo que respectaba a Lita Ford.

El segundo disco que grabaron, “Queens of noise”, ya no consiguió el resultado esperado; tampoco estaba ya Kari aportando letras de canciones, porque ella fue la primera en desencantarse de como Kim Fowley manejaba el asunto y retirarse de él.

Si tú eres uno de los músicos, el ingeniero, o el productor, estás envuelto en el proceso creativo… ¿pero yo qué iba a hacer? Yo era la compositora… ¿y qué iba a decir… “oye, que no estás diciendo esa palabra correctamente…”?

Con este nuevo disco apostaron más abiertamente por el alto voltaje, subrayando unas guitarras y una fórmula con un envoltorio cada vez más metálico. También sofisticaron su imagen de colegialas canis, para pasar a ser vampiresas hieráticas… había que aprovecharse de que a las niñas les habían crecido ya unas tetas tan desafiantes como ellas mismas. Pero igual que crecían ellas, también crecían sus adicciones; las drogas siempre estaban ahí, todo el mundo las tomaba y las ofrecía: managers, productores, promotores… antes de cada concierto siempre acababan metidas en los lavabos esnifando coca; no llegaron a convertirse en yonkies, pero poco les faltó.

Las cosas comenzaron a torcerse y decidieron aprovecharse del éxito que tenían aún en Japón, por lo que se fueron allá de gira y editaron un tercer disco con el poderoso concierto que dieron en Tokio que, sin embargo, tampoco tuvo demasiada resonancia. Eligieron Japón porque allí eran tan queridas como los Beatles prácticamente; no podían ir por la calle sin que las parasen para pedirles firmas y hacerse fotos con ellas; los conciertos eran algo delirante, todos querían acercarse y robarles un mechón de pelo o un trozo de ropa

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“You drive me wild”

Los contratiempos por fin consiguieron desanimarlas y en 1.977 Jackie Fox y Cherie Currie abandonaron el grupo. La primera les dejó mientras aún estaban en Japón mezclando el disco y fue sustituida al bajo por Vicky Blue, y Joan Jett se hizo cargo de la voz solista cuando se fue Cherie al volver a los USA; ya no podía con los celos y los conflictos.

Con esta recortada formación grabaron su cuarto disco, “Waiting for the night”, sin ninguna canción que destacase sobre las demás, pero formando un todo potente de heavy chicletero y guitarras gamberras. Con el disco no llegaron a ningún lado, pero sí teloneando a los Ramones en su gira americana del ’78, algo que les dio el reconocimiento suficiente como para que les permitiesen grabar su último LP, “And now The Runaways!”, demasiado orientado hacia el heavy, y que significó el final de una banda confundida, que aunque seguía poseyendo su espíritu innovador, era demasiado inmadura para sobrevivir en este mundo de tanta inestabilidad musical, que demostró que no estaba preparado para matener a una banda de chicas viciosas y frívolas como éstas. El disco ni siquiera se llegó a editar en los USA, donde se grabó tras el fallido intento de hacerlo en Londres, porque Phil Wainman, que tantos éxitos crease para los Sweet y los Bay City Rollers se cansó de que las chicas prefiriesen las juergas nocturnas en compañía de todos los camellos de la ciudad a meterse en los estudios a grabar.

Su último concierto tuvo lugar en la Nochebuena de 1.978, en San Francisco. Después se disolvieron, quedando su travesía como un dramático culebrón de acritud, cocaína y contratos cargados de letra pequeña. Después de aquello tan solo Joan Jett y Lita Ford consiguieron estabilizar carreras musicales en solitario. Cherie hizo unos intentos fallidos también sola (más que nada para que Kim Fowley pudiese terminar de grabar el número de discos estipulados por su contrato) y con su hermana gemela; y tras una corta carrera también como actriz, terminó por escribir un libro sobre su vida, dejar las drogas y casarse para ejercer de madre abnegada; actualmente tiene abierta al público una galería de arte en California. Jackie Fox terminó la carrera de derecho y todavía ejerce como abogada, y Sandy West continuó en el negocio musical a trancas y barrancas con una banda propia, hasta que hace cuatro años un cáncer de pulmón se la llevó a la tumba. Kari, sin embargo, una vez que también abandonó el alcohol y las drogas se hizo adicta a la vida sana, y no come carne ni consume productos alimenticios ni cosméticos que tengan química; también tiró su televisor al contenedor de basuras, y actualmente trabaja como redactora de Time en New York y DJ freelance.

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“Thunder”

Como todos los pioneros, las Runaways fueron inicialmente ridiculizadas y vilipendiadas, pero su influencia en todos los grupos femeninos que surgieron después es incalculable. En un momento en que primaba el tedio de los instrumentistas virtuosos y la autenticidad más sosa, a ellas les acusaron de ser manufacturadas, aunque como sus ahijadas espirituales, las Spice Girls, una vez manipuladas y colocadas en una posición estelar, ellas rápidamente usaron un poder de independencia que mantenían oculto hasta entonces, y aunque no fuesen muy hábiles con sus instrumentos, se las apañaron para que eso fuese un plus en lugar de un lastre, y no desentonaron entre los grupos masculinos que como los Ramones o los Sex Pistols comenzaron a emerger bajo premisas parecidas a las de ellas.

Las Runaways fueron fabricadas de una forma tan deliciosa como los intemporales girl-groups de la década anterior. Y aunque sus canciones tenían claramente muchos ecos dramáticos de las Shangri-Las, su imagen no era tan blandita ni tan deslumbrantemente femenina; las Runaways eran una tropa de asalto con tacones de aguja, delincuentes juveniles vestidas de cuero, que invariablemente hacían llorar a sus madres e infringían la ley, sin que las consecuencias les preocupasen demasiado.

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“Born to be bad”

La otra noche telefoneé a mi madre,
Le dije, hey, te llamo desde Hollywood
Para decirte que estoy en una banda de rock
Y que nunca más volveré a casa.
¿Sabéis lo que hizo?
Se puso a llorar, y a patalear y a lamentarse
Como hacen todas las madres.
Despertó a mi padre y se lo contó,
Y él dijo, joder, no podemos hacer nada,
Ella es así,
Nació para ser mala.

LA RIDICULEZ DE LO SUBLIME

En los comentarios que siguieron al post de las Shaggs, nuestro amigo Ambrosio recordó que sus dos discos ocupaban los puestos números 16 y 17 en el ranking del libro de “Los peores discos de Rock’n’Roll de todos los tiempos”; y sugirió que escribiese una entrada sobre los quince que le preceden en tan “gloriosa” lista. Y eso es lo que tenéis aquí: los 15 peores discos de toda la historia del rock’n’roll; la cara oscura, aburrida y tonta del rock, la que dejan ver los artistas cuando en vez de vacas sagradas son humanos, y se comportan como tales.

Como la lista y las razones por las que ocupa el puesto en ella cada disco ya están escritas en el libro, lo que veréis escrito en cursiva, presentado como cita, son palabras extraídas y traducidas del propio libro, por lo que no son mías, sino de los autores Jimmy Guterman y Owen O’Donell, así que los insultos y los recuerdos a sus santas madres se los dedicáis a ellos, que yo no tengo nada que ver. Yo me limitaré a escribir algunas impresiones y vosotros ya tendréis la sección de comentarios para explayaros a gusto. Ea… para que luego digáis que yo soy sarcástico…

Comenzamos de atrás hacia adelante. Y el disco que ocupa el puesto número 15, entre los peores de todos es el de ANDERSON, BRUDFORD, WAKEMAN, HOWE que se llamaba exactamente igual que ellos.

En los quince años que siguieron a “Tales from topografic oceans” (no te preocupes, de él hablaremos más adelante) los miembros de Yes se disolvían y se volvían a reunir tan rápidamente como cualquier ejecutivo les presentase un nuevo contrato. La permutación que menos sentido tuvo de todas las que hicieron tuvo lugar en 1.989.

Sobre el papel parecía una buena idea; las cuatro quintas partes del grupo que creó las únicas obras duraderas de la banda en los ‘70, “Fragile”, “Close to the edge”… …pero tal respeto se deterioraba en una situación de interpretación musical en la que ninguno se comunicaba ni ninguno se cuestionaba nada. Eran cuatro músicos que interpretaban sus partes sin establecer ningún contacto, sin establecer ningún terreno común…

…la música era tan compleja, vaga y difusa, que uno se pregunta si Anderson, Brudford, Wakeman y Howe estaban interpretando diferentes composiciones al mismo tiempo. Esa era la razón por la que esta unidad no tenía nombre, es que en realidad no eran una banda. Eran meramente un grupo de individuos tocando sus propias partes, cada uno de ellos ignorando felizmente las contribuciones de los otros.

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Anderson, Brudford, Wakeman, Howe – “Themes”

¿Vosotros pensáis que alguien ha escuchado este disco más de una vez en su vida…? Buena razón para su inclusión en la lista.

Los puestos números 13 y 14 son para QUEEN, con sus obras “Queen II” y “Live Killers”.

El cuarteto de art-metal británico Queen se deterioró en un espectáculo tan pretencioso que nos olvidamos fácilmente de que eran una banda verdaderamente maligna cuando empezaron. Aparecieron en los primeros ’70 como una especie de copia glam de Led Zeppelin, con el guitarrista Brian May como un sub-Jimmy Page tocando riff heavies, mientras el batería Roger Taylor hacía ruidos oscilantes y el bajista John Deacon intentaba seguirlos. Mientras tanto, el cantante y pianista ocasional Freddie Mercury brincaba por el escenario con unos monocromáticos leotardos y con pinta de Mick Jagger imitando a Robert Plant.

El más ruidoso de su primeros discos fue “Queen II”. Se pretendía que hubiese sido una ópera rock… …pero quizás la única razón por la que estamos seguros de que “Queen II” era un disco conceptual es porque una cara del disco estaba etiquetada con el nombre de “Cara blanca”, y la otra con el de “Cara negra”. Que suerte tuvieron estos genios de no tener que preocuparse por entonces de los CDs, que no tienen más que una cara.

Queen alardeaban en las portadas de sus primeros discos (entre ellos el “Queen II”) de que “nadie toca el sintetizador”. Esto lo que realmente quería decir es que ninguno de la banda se había preocupado de comprar uno. Los incesantes overdubs de más guitarras, pianos y clavicordios desmentía la “honestidad musical” que habitualmente acompañaba a las bandas que eran agresivamente libres de sintetizador. Una masa de cualesquiera otros instrumentos puede ser tan engañosa y sonar tan falsa como un sintetizador, como Queen demuestran a través de todo el “Queen II”…

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Queen – “Some day one day”

…Queen grabaron algunos discos horribles en estudios en los años que siguieron a “Queen II”… …pero no tocaron fondo hasta “Live Killers”, grabado durante una gira europea a primeros de 1.979…

…para describir el climax de “Live Killers” nos ceñiremos a lo que dice el que escribió las notas interiores del disco: “Un solitario foco cae sobre Freddie sentado al piano, cantando el principio de “Bohemian Rhapsody”, que no necesita presentación porque es el mayor éxito de Queen en todo el mundo. Es impensable que puedan omitir esta canción, aunque su sección operística de multicapas era puramente una creación de los estudios. Ferozmente opuestos a interpretar con cualquier música grabada de antemano, el grupo resolvió el problema de la forma típica tan poco comprometida de Queen: abandonaban el escenario y ponían el disco”.

Sí señor, eso es lo que se llama integridad… ¿que no…?

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Queen – “Don’t stop me now”

El puesto número 12 es para los BYRDS , con el disco de reunión que se llamaba como ellos, “Byrds”, que editaron en 1.973.

¿Cuando uno piensa en los Byrds, qué le viene a la mente?… …los Byrds originales eran algo más que cinco individuos que juntos eran capaces de crear una especie de rock híbrido que cruzaba la cara rock del folk de Bob Dylan con el folk al que tendía el rock de los Beatles. Cuando estaban mejor eran un todo fuerte e indisoluble. Desafortundamente, cuando David Geffen les ofreció camiones llenos de dólares para que dejasen atrás su animosidad personal y grabasen este disco de reunión el espíritu es posible que todavía permaneciese dispuesto, pero el talento se había evaporado…

…Con este disco lo único que los Byrds perdieron fue su credibilidad; y lo único que encontraron fue el final de su contrato discográfico.

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Byrds – “Cowgirl in the sand”

Hay cosas que no deberían hacerse ni siquiera por dinero, y una de ellas es un disco como éste: una edición solo para sacar pasta, en la que cada uno de los miembros de la banda aprovechó para meter las canciones que no querían meter en sus respectivos discos en solitario. Así que en este disco ni recuperábamos a los antiguos Byrds, ni teníamos a unos nuevos Byrds, porque este disco no era un esfuerzo de grupo, sino canciones de cada uno de sus miembros individuales, con la particularidad, además, de que cada uno de los otros procuraba quitarse musicalmente de en medio en las canciones que no eran las suyas.

Con el disco que ocupa el puesto número 11 ya os digo de antemano que yo no estoy nada de acuerdo, es el “Aqualung” de JETHRO TULL.

La ambición es buena. Anima a los artistas, y a los que quieren serlo, a ir más allá, a explorar e incluso quizás adquirir maestría en nuevas áreas. Pero los intérpretes ambiciosos que no comienzan desde una base firme frecuentemente lo que sacan son galimatías pretenciosos que alternativamente causan risa y repulsión. Si Emerson, Lake & Palmer no saben tocar rock’n’roll, imagínate lo que pueden hacer con los clásicos!

Tanta gente se colgó de este torpe collage de teología del siglo quince, teatrero y light heavy metal y equivoca nostalgia rural, que hizo de “Aqualung” un enorme éxito entre los treintañeros pretenciosos de todos los tiempos…

…para aproximarse a la emoción cuando canta, Ian Anderson deja las sílabas demasiado alargadas y extiende tanto las palabras que pierden su significado. Pero incluso su forma de cantar es sublime comparada con su flatulenta forma de tratar la lengüeta de la flauta… …Anderson actúa como si pensara que tocar demasiado rápido y demasiado fuerte nos iba a convencer a todos de que es un genio.

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Jethro Tull – “Aqualung”

Pues a mí me gustan estas historias del viejo verde Aqualung, que miraba a Mary la Bizca mientras estaba en el patio del recreo, y eso que cuando descubrí este disco (todavía) no era un treintañero pretencioso… por eso os decía antes que no estoy de acuerdo con la inclusión de este disco en la lista de los peores. Aunque Jethro Tull hicieron luego otras cosas que sí merecerían aquí un lugar muy destacado.

Y como los autores del libro nos prometieron antes, aparece por fin el “Tales from topographic oceans”. Con este disco el grupo YES ocupa el puesto número 10.

El disco más pesado del grupo más pesado de todos los británicos con pretensiones artísticas, Yes (Zzzzzzzzzzzz). “Tales from topographic oceans” es la destilación de séptima mano del pensamiento del mundo, de acuerdo a cinco de las personalidades más difusas que jamás hayan intentado coexistir en un grupo de rock. El teclista, Rick Wakeman, y el batería, Alan White, eran los únicos rockers genuinos del grupo, aunque la idea que Wakeman tenía de la inventiva muchas veces era sacar con paciencia sonidos de pedos de su órgano Hammond B-3, y Alan White muchas veces parecía tan desconcertado por los no-arreglos tan elaborados que pasaba de seguir el ritmo. El bajista, Chris Squire, era un guitarrista frustrado, que rellenaba cada espacio abierto que encontraba en una canción con demasiadas notas, y el sub-clásico guitarrista Steve Howe buscaba distanciarse todo lo posible de su base de guitarrista de blues-rock. La guinda del pastel la ponían con la displicente voz de registro muy alto de Jon Anderson, que fingía ser inocente e ingenua, pero que de hecho era insolente e infantil… …en otras palabras, el desastre era inevitable.

“Tales from topographic oceans” es una larga, larga, larga canción de 81 minutos dividida en cuatro secciones (una por cada cara de un disco coble). Las letras son psicofarfulleos de mística oriental, lastradas fuertemente por tempos arrastrados. Tan pronto como una canción adquiere una rapidez suficiente como para despertar el interés, la batería inmediatamente se escabulle y nos volvemos a dar de narices con Jon Anderson gorjeando etéreamente sobre montañas o pájaros. Los pájaros vuelan y pueden huir, desgraciadamente las montañas no tienen esa suerte.

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Yes – “The revealing science of God / Dance Of The Dawn” (corte)

Yo descubrí a Yes con este disco. Tenía un amigo que me contaba maravillas sobre él, y cuando uno tiene 17 años (una enfermedad que se cura al cumplir los 18) se lo cree todo. Con amigos como ése, er Mangüe, nunca necesité enemigos… también me inició en la etapa más coñazo de John Mayall… y en los grupos de canción política chilenos!!

El puesto número 9 es para otro de esos discos que parecían no acabarse nunca, el “Europe ‘72” de GRATEFUL DEAD.

“Europe ‘72” captura a los Grateful Dead en el momento en que se convirtieron en parodia de sí mismos. En el momento en que llegaron a Londres, en abril de 1,972, ya habían llevado su visión de lo que tenía que ser una jam session alargada todo lo lejos que habían podido. Así que ahora ya que iban a hacer ¿alargarlas más todavía?. También, estaban viendo que los problemas personales les iban a impedir encontrar una forma viable de seguir con sus rollos musicales, así que uno a uno fueron dejando de tocar…

…¿Hemos mencionado que “Europe ‘72” era un disco triple? Todo en él era excesivo, perdiendo el punto a través de repeticiones de todos los fallos de Grateful Dead. Ni Jerry García, ni Bob Weir tenían la habilidad o el deseo de ser la voz solista de una banda de rock, y las monocromáticas interpretaciones definidas por sus endebles y agarrotadas voces son totalmente indolentes, y los solos de guitarra, sin alma, eran lo que los punks de media década después consideraban pasado y añejo. Las jam de boogie que se montaban dejaban las canciones tiradas casi desde el principio para comenzar a perseguirse la cola… …incluso peor todavía que no reconocer las canciones es que el oyente no puede ni encontrarlas, todo son solo, solo, solo, una calada, una esnifada, solo, solo, otro solo… …algunos han comparado las jams de Grateful Dead con el jazz, pero para estos tíos el jazz significa que no tienen que perder tiempo con ninguna estructura. Solamente enchufan y tiran p’alante.

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Grateful Dead – “China cat sunflower”

Yo, sin embargo, le tengo cariño a este disco. Cuando me fui a hacer la mili a Madrid, en 1.980, descubrí allí unas tiendas de discos de segunda mano que en Sevilla eran inconcebibles, y por cuatro perras podías comprarte cosas maravillosas, como esta caja, muy bien presentada, con un libreto interior lleno de fotos y tres fantásticos vinilos, en perfecto estado, que todavía conservo. Fue el primer disco de segunda mano que me compré allí.

Aunque cuando por fin dejé de estar hipnotizado por la portada del “Aoxomoxoa”, descubrí que no le falta razón a los autores de este libro sobre lo que piensan de Grateful Dead y su música en directo.

El disco que ocupa el puesto número 8 también es en directo. El “Alive, she cried” de los DOORS.

Jim Morrison es el intérprete más sobrevalorado de la historia del rock. Basando toda una carrera en la necesidad de escandalizar a los fácilmente impresionables espectadores, Morrison no tenía un talento más apreciable que cualquier otro potencial icono cuyas alteradas y exageradas letras y su atormentada postura de no-veas-lo-rebelde-que-soy hubiesen muerto con los ’60 aunque él mismo no lo hubiese hecho.

Lo de morirse fue el movimiento más hábil que Morrison perpetró en toda su carrera: eso le permitió interpretar el papel de Rimbaud para generaciones de chavales que nunca habían oído del modelo de conducta que tuvo. Como la famosa portada de la revista “Rolling Stone” proclamó: “He’s hot. He’s sexy. He’s dead”. Si no hubiese sido por el tercer hecho la gente no se hubiese percatado de los otros dos. Si te sonamos cínicos recuerda que prácticamente todos los aspectos de su persona fueron inventados. En el primer material publicitario de los Doors, Morrison estableció el mito de que sus padres estaban muertos, ocultando el hecho de que su apellido real era Morrisson (cambiado sin duda por razones artísticas), y que no solo sus padres estaban todavía vivos, sino que su padre era almirante de la marina americana. Entendemos que tal asociación en la América de finales de los ’60 no era bienvenida, pero es típico de Morrison que en vez de enfrentarse a los aspectos incómodos, simplemente mentía sobre ellos. Solo nos podemos imaginar que la imagen que Morrison tenía de sí mismo como “Rey Lagarto” no hubiese tenido mucho éxito entre sus fans si éstos hubiesen sabido que le esperaban un “Papi Rey Lagarto” y una “Mami Reina Lagarta” cuando volvía a casa… … Al morirse, Morrison se convirtió en todo lo que había querido ser en vida…

…”Alive, she cried” era otro en el aparentemente interminable desfile de productos de los Doors que Elektra Records continuó editando para capitalizar la negativa de que Morrison muriese también desde la perspectiva comercial. El disco consiste en grabaciones fuera de los estudios hechas entre 1.968 y 1.970 y se enfoca en las partes teatrales más cutres y en las más aburridas fantasías sexuales que la gente menciona ahora cuando describen a Morrison como “dinámico”.

La primera canción, una versión del clásico que Van Morrison escribió para Them, “Gloria”, es más que suficiente para hacerte volver corriendo a la tienda de discos y decirle al dependiente que compraste el disco por error y que porfi, porfi, porfi, porfi, si te lo puede cambiar..

…El interminable zumbido del solo de órgano de Ray Manzarek en “Light my fire” sugiere que está intentando perfeccionar un nuevo estilo de tocar que consiste en hacerlo con los codos en vez de los dedos. John Densmore, como siempre, sufre de DPMB, o desorden de personalidad múltiple del batería. Es incapaz de decidirse entre cual de los simples ritmos que conoce emplear en cada canción, así que los va alternando hasta que la canción se acaba, o Morrison se cae al suelo, y entonces deja de tocar.

En los últimos días de Morrison con los Doors, la gente iba a sus conciertos para ver qué iba a hacer en ellos, de la misma forma en que van a las carreras de coches de serie para ver si el piloto se va a estampar contra la pared…

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Doors – “Gloria”

Parece que a los autores no les gusta especialmente el “Gloria” que abre el disco, sin embargo tiene todos los ingredientes de una canción representativa de Jim Morrison. Está grabada en directo, pero no en una actuación en realidad, sino en una prueba de sonido, por eso no tiene aplausos ni nada y la instrumentación es un poco caótica, fiel reflejo de que la banda, que empieza entonándola bien, luego se las ve y se las desea para seguir a Jim, un poco como aquí solía ocurrir con los músicos de Silvio. Y Jim la interpreta como si estuviese intentando ligarse a Gloria. Sobre el minuto cuatro de la canción ya lo ha conseguido, y logra follársela… la canción de pronto adquiere un tempo más lento. Jim le va haciendo el amor a la chica, y va cada vez más rápido, cada vez más… “it’s getting harder”, grita varias veces sofocadamente, entre gemidos… y después llega el orgasmo. Pero apenas han pasado dos minutos… Gloria debe haberse quedado insatisfecha y sintiéndose una mujer objeto. Puede que, después de todo, tengan razón los autores al pensar que a Jim Morrison, tanto en la música como en la vida, solo le importaba el propio placer.

El disco del puesto número 7 reúne todo lo de los anteriores en uno solo: es un disco en directo y cuádruple, CHICAGO “At Carnegie Hall”.

Chicago está ya, aunque renqueando, en su segundo cuarto de siglo como proveedor de las más blandas baladas de pop sentimental. Y estamos usando el singular por una razón: puede que tengas media docena de discos de Chicago en tu colección, pero te retamos a que nos digas los nombres de dos de sus miembros sin mirar los créditos. Chicago es una banda singularmente desprovista de cara…

…”Chicago at Carnegie Hall” era el cuarto disco de la banda y era tan largo como la suma de los otros tres. Y eso que su primer disco era doble, desde el principio estaba claro que no sabían cuando parar. Se pueden contar todos los buenos discos cuádruples de la historia del rock con cero dedos de una mano; salvo por alguna recopilación que mostrara el trabajo de una banda durante un extenso periodo de tiempo, tal longitud es fundamentalmente opuesta a la brevedad de la mayoría del buen rock. Quizás los Stones o los Who, ambos en sus respectivas cimas en directo en el momento en que fuesen grabados, podían haber justificado un disco live tan largo que mereciese la pena. Pero no Chicago…

…”Chicago at Carnegie Hall” es una jam de free-form por un grupo más interesado en asegurarse una marca registrada para su nombre que en vivir de acuerdo a él, el nombre de una de las ciudades de más riqueza musical de América…

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Chicago – “Does anybody really know what time it is?”

Y el caso es que el disco no duraría tanto ni sería tan mega-tedioso si no tuviese esas introducciones musicales tan larguísimas y pesadas. La canción que os he puesto, “¿Sabe alguien de verdad qué hora es?” (no consta que la pregunta fuese de alguien que estaba oyendo el disco desde el principio), por ejemplo, dura algo menos de tres minutos y medio, y tiene una intro previa (que os he ahorrado… de nada) que dura… cinco minutos!, un solo de piano chungo e inútil que, como las demás decenas de intros, solo sirve para hacer que un disco doble en directo dure más del doble de lo que debería haber durado.

Y en una lista como ésta no podían faltar los MILLI VANILLI. Ocupan el puesto número 6 con su “The Remix Album”.

La loca idea de hacer secuelas una y otra vez para sacar más pasta, que inventó el cine, se aplicó a la música pop durante los años de la época disco, cuando versiones extendidas, con muy pocas diferencias, de las piezas favoritas de las pistas de baile podían ser vendidas a los fans de las originales. La mayoría eran un desastre; aquellas que perduraron, tales como las grandes mezclas del intuitivo productor Arthur Baker, eran raras excepciones.

El nadir de tales grabaciones fue el “The Remix Album” del dúo alemán Milli Vanilli, porque regurgitaba, rumiando y escupiendo, algo que ya tenía un sabor horrible la primera vez. ..

…el dúo “cantaba” incluso peor ante una audiencia, y en parte fue por sus lives de labios sincronizados por lo que los rumores se extendieron rápidamente sobre que ni Pilatus ni Morvan (¿cuál de ellos es Milli?) cantaban en realidad en los discos; acusaciones que Pilatus rechazó con exabruptos como éste que publicó “Time”: “Musicalmente, tenemos más talento que cualquier Bob Dylan. Musicalmente, tenemos más talento que Paul McCartney. Mick Jagger, sus líneas no son claras. No sabe como debe producir un sonido. Yo soy el nuevo rock’n’roll moderno. Yo soy el nuevo Elvis”. Tal rayadura de coco y eruptos que pateaban la sintaxis llevó a muchos a creer que los Milli Vanilli no solo no cantaban en sus propios discos, sino que tampoco hablaban en sus entrevistas…

…la mitad del disco son remezclas con las esperadas cuotas de ecos, scratchs, y cuchilladas de sintetizadores que supuestamente indican una remezcla. La otra mitad está hecha con sus canciones primerizas que se quedaron fuera del disco “Girl”. Imagínate si eres capaz cómo tienen que ser unas canciones que no fueron lo suficientemente buenas para entrar en un disco de Milli Vanilli !!!!.

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Milli Vanilli – “Girl you know it’s true (NY Subway mix)”

Y lo más gracioso del caso (a lo mejor fue un chiste privado de los diversos productores), es que las voces de Pilatus y Morvan (…bueno, tú me entiendes) prácticamente se pierden entre todo el amasijo de producción adicional de las canciones. Un disco de Milli Vanilli en que las voces son lo de menos… ¿a vosotros también os parece una ironía?

PAT BOONE editó un disco a su nombre en 1.957. Es el que ocupa el puesto número 5 de la lista.

Las versiones no tienen porqué ser malas. Algunas logran capturar el espíritu del original, y están también las raras ocasiones en las que una versión es incluso mejor que un notable original, como la versión que Jimi Hendrix hizo de “All along the watchtower”, que era incluso mejor que la gran versión de Dylan. Lo que a nosotros nos jode es la gente que intenta ganar pasta con el éxito de otro asaltándole y robándole su trueno.

Aunque esta práctica cada vez ocurre con menos frecuencia, era algo normal en los años ’50. Como tantas otras cosas en los USA, las listas de éxito estaban segregadas en dos categorías: las listas de pop estaban reservadas primordialmente para los artistas blancos, y las listas de rhythm & blues eran para recoger los discos de los artistas negros. Mientras el rock and roll tenía su bastión en las listas de r&b, tenía muy poca acogida en las de pop, pero a causa de quien lo grababa, no por lo que era. Poco después, los ejecutivos de las discográficas estaban haciendo que los cantantes blancos hiciesen versiones “socialmente aceptables” de los discos de más éxito de los negros , para así poder quedarse con una porción mayor del pastel.

El rey de las versiones blanqueadas fue el propio Pat Boone. Los inicios de su carrera fueron casi esquizofrénicos en su intento de unir varios tipos de música que los chicos blancos pudiesen escuchar durante la segunda mitad de los ’50. Su primer disco, éste “Pat Boone”, contiene versiones de éxitos del r&b contemporáneo a las que se le aplicó una buena capa de pintura blanca. Hay también baladas fuertemente orquestadas que eran un último intento desesperado contra la incursión de esa diabólica música rock’n’roll. Hoy en día, cuando no se está prostituyendo en algún canal de teletienda, Pat Boone dice que Little Richard nunca se hubiese hecho una carrera si no hubiera sido por él. Gracias por todo, Pat. Eres enrrollao…

…las canciones de rock’n’roll apuntan a la futilidad de un intérprete sin alma intentando interpretar música que debería venir desde el alma. De las doce canciones del disco, siete de ellas habían sido antes éxitos del rhythm & blues, pero solamente una escucha de Pat cantando “vale, podéis llamarme cantante de blues” en “Tra-La-La” es suficiente para apreciar que nadie con oídos le va a llamar nunca cantante de blues…

…no tiene sentimiento para las canciones: intenta afinar cada nota perfectamente (error!) y le da a su voz un filo duro patentemente falso que él piensa que le sienta bien al material. ..

…inconcebiblemente (a menos que sepas qué significa la palabra “payola”) las versiones de Pat Boone de “Ain’t that a shame” y ”At my front door” fueron también enormes éxitos en las listas de r&b. Por eso a mucha gente de la tradicional audiencia del r&b le eran más familiares éstas versiones que las originales…

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Pat Boone – “Ain’t that a shame”

Aún escuchándolo se le hace a uno difícil imaginarse a Pat Boone cantando estas cosas. Pat solía cambiarle la letra a veces a las canciones para hacerlas menos “sucias”, y no solo para sanearlas moralmente, sino también para hacerlas más aceptables gramaticalmente. En las notas interiores de la reedición de este disco, Randy Wood, que era la persona que elegía las canciones que Pat Boone debía cantar, cuenta que tuvo una bronca con él porque Pat no quería grabar “Ain’t that a shame” porque su título es un error gramatical… y durante todos los años de su carrera, siempre que la cantaba en directo lo hacía y la presentaba como “Isn’t that a shame”, que es la forma correcta de decirlo.

El número 4 lo ocupan CROSBY, STILLS, NASH & YOUNG con su “American dream” de 1.988.

Demos crédito a Neil Young. Cuando sus viejos amigos y ex-colegas David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash se presentaron en su rancho del norte de California para grabar con él por primera vez en más de una década, Young no se rió ni echó a patadas a estas desesperadas viejas glorias. Les dejó entrar, probablemente les dio de comer, les dejó tocar sus carísimos equipos de grabación, les dio tantas indicaciones como pudiesen entender, y contribuyó con unas cuantas canciones casi tan vacuas y aburridas como las que ellos traían. Neil repitió las pautas de cuando se unió brevemente a ellos en 1.969 para darle músculo y nervio a sus anoréxicas armonías de terciopelo, pero al menos Crosby, Stills y Nash tenían de vez en cuando una idea de lo que merecía la pena grabar. Ya no…

…las canciones de Neil Young eran fracasos que él ni se hubiese planteado meter en alguno de sus propios discos. Pero aquí, por supuesto, eran las mejores. Young ya había dicho que la única razón por la que estuvo de acuerdo en tomar parte en este disco es que le había prometido a Crosby una reunión de los cuatro si se curaba de su egoísta adicción a la coca, pero eso no es excusa para la calidad de sus propias composiciones…

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Crosby, Stills, Nash & Young – “American dream”

Si algo bueno se puede decir de este disco es que las legendarias armonías vocales del cuarteto permanecían relativamente intactas. Bueno, y que Neil Young debió quedar tan avergonzado después de grabarlo que hizo un esfuerzo para revitalizar su carrera, y gracias a ello nos dio tres discos seguidos que fueron quizás el momento más álgido de toda su vida: “Eldorado”, “Freedom” y “Ragged glory”.

Y llega el momento de presentaros a los ocupantes del podium. El número 3 lo ocupa BOB DYLAN con su “Self-portrait”.

No nos lo creemos. Este tío tiene que ser uno que finge ser Bob Dylan. Vamos a ver, estamos en 1.970. Has tenido un grave accidente de moto unos años atrás. Has estado al borde de la muerte. Durante tu periodo de recuperación y algo después has producido tus trabajos más fuertes y más maduros, como tu colaboración con The Band en “The basement tapes”, y la obra maestra de “John Wesley Harding”. Los ’60 se han acabado, y los Beatles ya se han ido; todo el mundo quiere saber lo que el reacio portavoz de su generación va a hacer ahora. ¿Qué has hecho tú?

Créenos: lo que tú has hecho no es lo que hubiese hecho el Bob real…

…pones el “Self-portrait” en el tocadiscos, pinchas la primera canción, “All the tired horses” (Todos los caballos cansados) y escuchas… exactamente lo que no merece la pena encontrarse en un disco de Dylan: lujosos arreglos de cuerda, un lento coro angelical, una letra tonta repetida hasta que lo que te apetece es coger a todos esos caballos cansados y llevarlos al matadero de una puta vez…

…si su disco anterior, “Nashville skyline”, no le salió redondo del todo, al menos todas sus canciones sonaban como pertenecientes a un todo. “Self-portrait”, en cambio, fue uno de los discos más difusos que un masivo artista de rock había grabado desde que los LPs se convirtieron en el principal medio de expresión media década atrás. Lo único que todas estas composiciones tenían en común es que ninguna era buena…

…cuando una persona normal comete un crimen abyecto , los psicólogos forenses son llamados para explicar qué le pudo haber pasado. Eso es precisamente lo que los críticos de rock equivalentes a los psicólogos forenses, los periodistas de “Rolling Stone”, intentaron hacer en un simposium impreso sin precedentes. Crítico tras crítico luchó por encontrar adjetivos que pudiesen describir la miseria que había en los surcos del “Selfportrait”; más de uno aportó la idea de una traición. Unos pocos sugirieron que el disco podría ser un chiste, pero nadie pillaba exactamente donde estaba la gracia. Incluso los expertos no se podían imaginar nada…

…Dylan ha dicho repetidamente que él nunca ha repudiado ninguno de sus discos, pero mira una cosa: cuando publicó en 1.973 el libro “Writings and drawings”, una colección ostensiblemente completa de las letras de Dylan, las letras de un disco se perdieron misteriosamente. Adivina de cuál.

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Bob Dylan – “All the tired horses”

La verdad es que Bob Dylan, en un disco que se llama “Autorretrato”, podía haber metido canciones con las que se definiese a sí mismo en términos de su influencia sobre los demás, pero esta selección de canciones tan aleatoria y horrible no tenía ni pies ni cabeza… gastar tiempo y dinero para regrabar canciones de Paul Simon o Gordon Lightfoot es como si los Beatles se hubiesen vuelto a reunir para grabar canciones de los Knack, un completo sinsentido.

En cuatro años, Bobby se precipitó desde la cima de “Blonde on blonde” hasta el abismo de “Self-portrait”… incluso la caida de Elvis fue más gradual. Menos mal que nuestro padrino del blog siempre supo reinventarse a sí mismo y volver a surgir.

¿Y éste otro no ha sido considerado el número 1? Pues no. Se ha quedado en el puesto número 2. El “Metal machine music” de LOU REED.

Damas y caballeros, les presentamos el disco más inescuchable de la historia de la música pop (incluyendo a todos los de Kenny Rogers) !

En 1.975 Lou Reed tenía muchas razones para estar de buen humor. Habían pasado ya dos años desde que el antiguo cantante y guitarrista de la Velvet Underground editó su único single de éxito, “Walk on the wild side”, pero en todo este tiempo se había asegurado una audiencia leal suficiente como para mantenerle. En respuesta, intentó matarse en un disco.

Cuando la mayoría de los artistas entran en un estudio de grabación no intentan hacer un disco terrible. Billy Joel, por ejemplo, está convencido de que todos los que ha grabado supondrán una contribución duradera a la música popular, y otros se contentan con sacar un producto que sus fans puedan simplemente disfrutar. Lou Reed, siempre rebelde, específicamente se aseguró de hacer un disco horroroso y malísimo. Según ese criterio, “Metal machine music” fue un éxito total. Lou no solo grabó algo que enfureciese a la gente (eso es algo que la mayoría de los rockeros consigue con sus Stratocaster de vez en cuando), sino que se aventuró a editar un ladrillo de vinilo diseñado para hacer gritar a la gente.

“Metal machine music” es un disco doble de 64 minutos y 4 segundos (cada cara dura exactamente 16 minutos y un segundo), que responde a lo que Lou Reed escribió en sus notas interiores: “Nadie que yo conozca lo ha escuchado entero de un tirón, incluyéndome a mí mismo”… …Lou no usa instrumentos, solo efectos electrónicos…

…lo mejor que se puede decir del “Metal machine music” es que no es peor a medida que avanza (si es que te atreves a avanzar más en él cuando lo oyes) , coge el paso desde el principio y mantiene el… el… tempo a través de las cuatro caras. Este pedestre intento de música electrónica artística hace que Philip Glass suene como Phil Spector…

…antes de que borremos todos nuestros recuerdos del “Metal machine music” déjanos añadir que habría que concederle algún premio especial al ingeniero que grabó el master del disco, Bob Ludwig, la única persona sin un largo historial de abuso de drogas que se ha escuchado las cuatro caras.

“Metal machine music” se descatalogó prácticamente el mismo día que se editó. Cuando llamamos a la RCA para preguntar si estaba prevista alguna reedición en CD, escuchamos como soltaban el teléfono y se descojonaban de risa hasta que la línea se cortó… …en el momento en que enviamos este libro a imprenta un oscuro sello independiente británico ha reeditado el “Metal machine music”, lo que demuestra que hay gente pa tó.

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Lou Reed – “Metal machine music” (tranqui, solo un poquito)

Este disco fue la forma que tuvo Lou de decirle a su casa de discos “ya que me estáis obligando a entregaros un disco nuevo refregándome el contrato por la cara, ahora os refriego yo esto por las orejas, así que joderos”. Pero, bien mirado, este disco es lo más cercano a la perfección que haya podido grabar un músico rebelde, éste es el único disco que ataca al oyente; con él de fondo es imposible completar un pensamiento, comprender nada de lo que te llega a los oídos… es un disco que no puedes controlar. Y en vinilo, aunque todas las caras duran 16 minutos y un segundo, como dicen los autores, la cuarta cara está fabricada de forma que el último surco se repite una y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y el que lo oye tiene que levantarse, moverse fisicamente, y levantar la aguja del disco para dejar de oirlo… de una puñetera vez…

Y hagamos sonar las trompetas de la victoria en honor del portador del mérito de haber hecho “El peor disco de rock’n’roll de todos los tiempos”. Por algo él es el Rey. El número 1 es ELVIS PRESLEY, por su disco “Having fun with Elvis on stage”.

En mitad de la segunda cara de “Having fun with Elvis on stage”, Elvis se corta en medio de lo que parece un chiste corto y se pregunta a sí mismo “”¿Qué coño iba a hacer yo ahora?”.

Si nosotros dos fuéramos Elvis (y podíamos serlo, porque entre los dos pesamos poco más que él cuando se murió) lo primero que hubiésemos hecho era cortar los micrófonos y asegurarnos de que este disco nunca se hubiese editado. Desgraciadamente los consejeros de Elvis en aquel tiempo eran su mafioso manager, el Coronel Tom Parker, su dispensador de drogas personal, el Doctor Nick, y la usual banda de sicofantes que le acompañaban, y no nosotros, así que dejó que lo sacaran.

Elvis fue indiscutiblemente el más grande cantante de rock’n’roll, y el intérprete individual más importante. Simplemente no hay interpretaciones de rock’n’roll que sobrepasen las de Elvis en sus mejores días de Sun Records. Desafortunadamente, hay también cincuenta y tantas bandas sonoras y discos en directo que él “grabó” en los ’60 y ’70 que están a la altura de los más desafortunados discos que se hayan editado nunca. “Having fun with Elvis on Stage” es el peor de todos por un amplio margen.

Si recordamos bien, Elvis Presley fue reconocido sobre todo como cantante. No fue distinguido como conductor de camión, electricista, soldado, actor, policía de narcóticos, o marido, aunque intentó todas estas cosas. Ni tampoco fue reconocido como monologuista cómico. Y este disco da testimonio del porqué. Esta monstruosidad de 1.974 fue subtitulada “un disco hablado solamente”, pero fue vendido como un disco en directo normal. Pero eso solo fue un problema menor: este disco en directo no tiene canciones en él, solo las rutinas que solía decir entre las canciones, chistes sin gracia repetidos, y los estúpidos jadeos al límite de sus fuerzas que fueron endémicos en todos los shows del Rey en los ’70…

…En los tres tristes años que pasaron desde la edición de este “Having fun with Elvis on stage” y su muerte Elvis hizo algunos discos verdaderamente horribles que todavía hoy permanecen como un vívido argumento contra los barbitúricos. Pero al menos en esas grabaciones Elvis sonaba espantoso en el contexto de interpretar una canción. En este disco ni siquiera podemos escuchar la música.

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Elvis Presley – “Cara 1” (si así te parece que las frases no tienen sentido, te aseguro que en su contexto tenían todavía menos…)

El Coronel Tom Parker nunca perdió la más mínima oportunidad de sacar dinero con Elvis; así que por qué iba a dejar de hacerlo mostrándonos de cuantas formas diferentes es capaz el Rey de decir “Memphis”. No sé si éste será realmente “el peor disco de rock’n’roll de todos los tiempos”, pero seguro que sí es el más inútil.

Y con él hemos llegado al final. Ahora es tu turno… ¿estás de acuerdo con la lista? ¿tienes tú una lista alternativa?

¿Exploramos entre todos los puntos débiles de los músicos que nos gustan?

DÍAS DEL FUTURO PASADO

Para Juan Antonio, que lo pidió tras haber hecho el comentario nº 8000. Espero que lo lea con el mismo sentido del humor con que yo lo he escrito.

A mediados de los ’80 la música NEW AGE fue ofrecida al mundo como el definitivo paso adelante. Eminentemente instrumental, artísticamente intrincada, convenientemente ambiental… y lo más alejada posible del pop. Parecía una progresión lógica, ya que la industria discográfica necesitaba explotar la claridad de sonido de los recién nacidos CDs, sobre todo entre los rockeros que ya iban cumpliendo una edad que les iba alejando de cosas tan “moviditas” como Rick Astley, Five Star o T’Pau.

Los suaves sonidos de las sintetizadores, las cuerdas y las guitarras acústicas, interpretados por grupos con nombres tan evocadores como Ashra, Shadowfax, Metamora, Neptune, Acoustic Alchemy, llegaban a los oídos de los ejecutivos de las grandes compañías como las estridentes campanillas de las cajas registradoras. Comenzaron a surgir sellos discográficos independientes especializados; por ejemplo, Miles Copeland creó No Speak en donde no se grababa nada que tuviese vocalista. Y las multinacionales también vieron el filón: la A&M creó Windham Hill, Polygram sacó el sello Theta, la Virgin activó Venture, la BMG se puso las pilas con Novus para subirse también al carro, y la CBS no sacó ningún sello nuevo pero les ofreció a todos sus cazatalentos una paguita extra por cada nuevo fichaje al que le pudiesen poner la flamante etiqueta de New Age.

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William Ackerman – “Remedios”

Lo que ocurrió es que todos los que estaban relacionados con estos sellos, que eran de mente abierta y pelaje hippie, se corrompieron al olor de tanto dinero como se movía. La historia del sello Windham Hill es suficientemente ilustrativa. Lo fundó en 1.975 el guitarrista William Ackerman para editar su suave disco acústico “In search of the turtle’s navel”, y le puso ese nombre porque en Windham Hill es donde pasaba sus vacaciones cuando iba a la escuela, y le traía buenos recuerdos. Para la distribución del disco buscó lugares en los que se comprendiera su música, como galerías de arte, tiendas de los campus universitarios, herbolarios y tiendas de comida vegetariana, tiendas de artesanía, librerías… y la socorrida venta por correo. Y tanta fue la demanda que tuvo esta banda sonora vital, que Ackerman tuvo que expandirse. Firmó un contrato de distribución con A&M, y para el décimo aniversario del disco la compañía ya había alcanzado unas ganancias con él de 25 millones de dólares, y unos cuantos discos de platino. Así que los demás grupos compuestos por gente ya cercana a los cuarenta tacos, que no tenía ideas muy frescas, y que vio que aquí había negocio sin necesidad de ofrecer una música demasiado trabajada, se puso manos a la obra, y así volvieron a florecer bandas como Wishbone Ash, Tangerine Dream… ya sabes…

Por entonces, la New Age había sido ya tomada en serio también por las tiendas, que empezaron a dejar estanterías solo para estos discos. Y el público rebuscaba entre ellos entusiasmado, con cara de “connoisseur” y de enteraíllo. En aquellos tiempos la gente estaba bastante obsesionada con su estilo de vida, y aquellos discos encajaban perfectamente con los demás accesorios (adornos, ropa, gadgets, electrónica de nueva generación) que tanto decían sobre lo fashion y estiloso que era su propietario, y el enorme buen gusto que tenía. Las ventas fueron más allá de lo que los neo-hippies éstos llegaron a imaginarse siquiera… joé, si es que no se podía ir a cenar a un restaurante medio decente sin que hubiese un CD de New Age sonando de fondo…

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Tangerine Dream – “Cool at heart”

Pero todo fue cambiando. Con el tiempo se fueron incrementando las etiquetas que dividían los sonidos, y ya los consumidores despistados no lo tenían muy claro entre si era más guay pillarse un disco de estilo Easy Listening o de Spoken Word, y eso si los dependientes de la tienda, para quitarse de encima el lío, no metían los discos de New Age junto con los demás discos de rock normales por orden alfabético. Los sellos pequeños se fueron quitando de enmedio… incluso la A&M rescindió su contrato con Windham Hill cuando empezaron a despachar discos por centenares en vez de por decenas de mil.

Y cuando una música es difícilmente etiquetable, ocurre que los medios de comunicación dejan de interesarse por ella, porque no saben dónde meterla. Y si la radio, la prensa y la televisión no le dan publicidad la gente no la oye, ni se entera de que han salido los discos. Y éstos se quedan sin vender.

Aunque esta falta de cobertura la tienen también otros estilos, pero éstos están más definidos, y cuando un aficionado a alguno de ellos va a comprar un disco de flamenco, o de ópera, o de gospel mismo, el dependiente sabe a qué estantería enviarle… pero cuando uno va a preguntar por un disco de New Age…

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Wishbone Ash – “Clousseau”

Para solucionar todo esto se intentaron algunas cosas, la más popular fue la de asociar la música a clips en los que salían árboles ondeando con el aire, flores abriéndose, nubes pasando, la vida de las especies submarinas (hostia, sí… delfines por un tubo…). Pero con esto también había un problema, y es que el principal manifiesto de la música New Age era presentar al artista como una personalidad singular, que nos daba música pura, sin apoyo de imágenes ni sex-appeal. Fijaos que incluso en los comienzos de la New Age las portadas de los discos no tenían siquiera fotos de los intérpretes… aunque esto probablemente era debido a que los artistas de New Age, a pesar de tener un carisma especial y un gran potencial musical eran feos de cojones, y ni la mejor maquilladora del mundo, ni el mejor técnico de iluminación ni el fotógrafo más hábil eran capaces de hacerles aparecer razonablemente atractivos.

Bueno, el caso es que cualesquiera que fuesen las razones, esta falta de atractivo de las estrellas era una pesadilla para los departamentos de marketing de las discográficas. Uno de los que curraban en ellos, Andy Prevezer, de A&M, tiene estos recuerdos de cuando tenía que bregar con Windham Hill:

Al principio, cuando todo era una nueva moda, ser vendedor de Windham Hill no era demasiado malo, pero hacia el final era como darse cabezazos contra la pared para intentar que la gente tuviese interés. No había nada que dar al público para que éste enfocase su atención, así que no podíamos contar con que las bandas tuviesen seguidores. Tendría que ser la música la que primero atrajese la atención sobre un artista, pero es la personalidad, el paquete completo, el que les hace volver a por más. Y casi toda la música New Age era tan anti-estrellato que la gente se aburría de ella muy rápidamente. Ir a una tienda y preguntar por un nuevo disco de New Age no era tan excitante ni tenía el sentido de anticipación que era pedir, por ejemplo, el nuevo disco de Springsteen; era casi como si lo que estaban comprando no valiese realmente el dinero que se pagaba. Y cuando compraban un disco para comprobar que lo que tenían era música de fondo, sin caras ni nada más que seguir, y ya llevaban tres discos comprados, decidían que ya no necesitaban el cuarto.

Así que los artistas de New Age se fueron dando cuenta del valor que tenía un toque de glamour. Y apareció Enya presentándose a sí misma; y Angelo Badalamenti empleando a Julee Cruise como imagen. Y Yanni, lo más parecido que tuvo la CBS a una superestrella de la New Age… y la propia música también fue ganando carácter entremezclando entre sus notas aires de rock, de jazz, de música clásica…

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Enya – “Orinoco flow”

Pero me temo que ya fue demasiado tarde para salvar a la New Age. Quizás un cambio de nombre habría ayudado, ya que todo lo que se asociaba con ella no hacía más que obstaculizar el marketing. El nombre, New Age, era ahora la trillada manera de describir los excéntricos hábitos de un periodo de cambio social. A la mayoría de la gente comenzó a resultarle un término peyorativo.

El estilo musical ya no era tal estilo, no era nada definido; era un cajón de sastre tal que en él cabían desde Lester Bowie hasta los Golden Palominos, pasando por Hans Roedelius. Y la gente que compra sus discos es diferente, son los fans del rock, del jazz, del folk, del estilo más cercano al que se encuentre cada artista individual de New Age. Y los que se mantienen en seguir adoptando el nombre son generalmente gente que hace una música instrumental a la que no encuentra donde encasillar… ¿esto qué es…? ¿es jazz…? ¿no…? Pues entonces es New Age…

La verdad es que me causan lástima los seguidores de New Age que van a la tienda tan ilusionados, y se compran un disco… de John Zorn.

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John Zorn – “Hellfire”