LA TERCERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Para Maese Rancio, que también anduvo por allí.

La tercera edición de “Cita en Sevilla” fue la más corta de las celebradas hasta ahora, y el motivo para que eso ocurriese era importantísimo: tenía que estar terminada antes de finales de mayo, y esta vez no se podía contar con el mes de junio para ningún concierto… porque en esas fechas se celebraba el Mundial de Fútbol de México ’86.

El otro aspecto importante que iba a distinguir a esta edición era que el Ayuntamiento salió escaldado de la poca participación que tuvo en la Cita anterior la gente de Sevilla, a excepción hecha de la juventud, y por eso ésta se iba a dedicar por completo a los jóvenes. Así que por el Solar de la Maestranza no pasaron tonadilleras, ni cantaores de flamenco, ni cómicos, ni grupos de sevillanas… solamente grupos de rock y pop españoles y extranjeros, junto a cantantes sobre los que ya se sabía que la apuesta era segura, y que también tenían buen predicamento entre los jóvenes; cantantes como Ana Belén y Victor Manuel, Serrat y Carlos Cano.

Durante los preparativos de la Cita, algunos de los nombres que se iban filtrando eran absolutamente ilusionantes. Se habían puesto a tiro artistas que jamás soñaríamos con que pudiesen tocar en Sevilla. Pero los tres más fantásticos de todos ellos se cayeron del cartel antes de empezar. El día de la presentación, cuando nos leyeron el programa de la Cita, casi nos echamos a llorar al descubrir que entre los nombres no estaban ni Ray Charles, ni Bruce Springsteen, ni los Cramps… pero es que tampoco estaban los Kinks!

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Jingle de la Cita de 1.986″ (Martirio)

Sí, la Cita en Sevilla de este año comenzó con muy mal pie, y no solo en lo que respecta a las expectativas, sino también porque el grupo popular del Ayuntamiento se volvió a cebar con la organización. Esta vez sus puntos de queja eran tres principalmente. El primero, la suscripción de un contrato de organización con la promotora Bética de Ideas, para que ellos gestionasen toda la Cita a cambio de unos estipendios mínimos que había que pagarles. Y la verdad es que esta vez, y sin que sirva de precedente, los populares tenían razón, porque la Bética no gestionó de la forma más profesional posible, y para lo que hizo ya se podían haber bastado los miembros de la Consejería de Cultura, a los que además ya les pagaban para eso. Otra de las acusaciones era que hubo un recorte presupuestario debido a que el Partido Socialista había gastado más de la cuenta en la campaña electoral para volver a quedarse con el gobierno de la ciudad, y ese dinero de menos empleado en la Cita iba a implicar un gran descenso en la calidad. Aquí la razón creo que habría que repartirla a partes iguales, ya que aunque ésta fue la Cita en la que más dinero gastó el Ayuntamiento, es cierto que contó con ayudas, y es cierto también que, aunque el recorte no fuese tan grave como decían los populares, sí que los problemas de solvencia fueron los principales culpables de que se cayesen del cartel los nombres anteriormente citados. Y la tercera de las quejas, totalmente infundada en vista de lo ocurrido el año anterior era que estaban “en contra de su dedicación exclusiva al público joven. Entendemos que la cultura es patrimonio de todos y es anticonstitucional no entender que, al igual que todos los ciudadanos tienen obligación de pagar sus impuestos, también tienen derecho a recibir a cambio prestaciones”. Demagógico, ¿no?.

Asímismo, y haciendo honor a esa doble forma que tienen los populares de ver algunas cosas, a la vez de que se quejaban de cómo se derrochaba el dinero municipal, se quejaban también de que se hubiese contratado a una empresa privada que por carecer de margen para obtener beneficios, no podría traer a primeras figuras a causa de su excesivo coste, por lo que el Ayuntamiento debería invertir más dinero en traer a gente de primera fila ya que la Cita era su única actividad cultural… espera, no te rías todavía, que aún te queda por saber lo que la señora que decía esto, la concejal Dolores Menéndez, entendía por gente de primera fila:

No vendrán Pawlowski, la Orquesta Filarmónica Eslovaca, John Menville, ni tampoco los Payasos de la Tele. La ausencia de estos últimos me parece coherente porque con los que hay aquí ya tenemos bastantes.

Y esta señora se permitió llamar inútiles e ineficaces a los organizadores, tanto a los del área de cultura como a los de la empresa Bética de Ideas. Otro de los concejales populares, José Luis Montoya, parecía tener un poco más claros los conceptos sobre cualificación artística para estar presente en la Cita. Así que después de echar convenientemente en cara a la Concejalía de Cultura que pagasen un diez por ciento de presupuesto a otra empresa para que hiciese lo que estaban obligados a hacer ellos mismos, analizó la programación con tal profundidad que me voy a callar yo y voy a dejar que sepas lo que nos esperaba por boca de él:

Los Kinks, que estaban anunciados en un principio como probables, y que son de auténtica talla, no vienen ante el argumento de que son muy caros. Sí vienen, sin embargo, Rosendo, que no es nada del otro mundo; los Ilegales, que son bastante corrientitos y que aunque en tiempos tuvieron cierta altura, sobre todo cuando grabaron “Revuelta juvenil en Mongolia”, ahora se han convertido en un grupo perfectamente calificable como vulgarote. De igual modo Semen-Up es muy flojito, con un rock erótico más de verbena de pueblo que de una “Cita” de importancia. Los Elegantes son un grupito de última hora que no aporta absolutamente nada a la historia de la música por su vulgaridad. Olé Olé es un grupo que realiza una música que sirve más para escucharla tomando una copa en una discoteca que para llevar público. Séptimo Sello es también muy flojito, pues no acaba de cuajar. Hombres G es un grupo comercial que produce más pena que gloria. Peor Impossible tampoco puede ser considerado un buen conjunto. Son simpáticos, pero nada más. Por último, Chick Corea, que es bueno, trae una banda que no le permitirá repetir los conciertos que ha dado en Bilbao o Vitoria, por lo que decepcionará a sus seguidores.

Ya ves, que aunque faltando bastante al respeto a muchos de los artistas, la verdad es que algunas de sus consideraciones son para estar de acuerdo con ellas. Al final sí vinieron los Kinks, y a este flojo elenco repasado por el concejal habría que unir los nombres que se dejó fuera, por lo que imagino que no tendría nada que objetar sobre ellos: Sade, Jimmy Cliff, James Brown, El Último de la Fila, Sabina, y los Serrat, Carlos Cano y Victor y Ana mencionados anteriormente, así como nuestro intocable Silvio… que hasta ahí podía llegar la broma.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Silvio – “California”
En 1.986 esta canción aún se llamaba así porque era la única palabra que Silvio recordaba de toda la letra.

Como el año anterior la prueba que se hizo para ver si funcionaba un concierto organizado en plena feria había sido superada con éxito, este año se decidió repetir la experiencia, y la Cita en Sevilla se abrió el miércoles de feria, día 16 de abril, con un concierto de Sade, que por entonces (al igual que ocurre ahora mismo, tantos años después, con un disco que acaba de editar, que casi ha sido récord de ventas) gozaba de gran prestigio internacional, sobre todo debido a las canciones “Smooth operator” y “The sweetest taboo”, incluídas en sus dos recientes primeros discos, y era una de las cantantes de mayor seguimiento, con unas baladas que la habían convertido en la más exótica de las princesas del pop-jazz.

Y eso se notó en la afluencia de público. Esta vez el concierto no fue gratis, como el de la Mondragón el pasado año; había que pagar 500 pesetas por la entrada, pero aún así se agotaron todas las que se pusieron a la venta. El problema fue que él éxito de público no estuvo asociado al éxito organizativo. La noche del concierto se juntaron en la puerta de entrada los 7.000 espectadores que venían con su entrada ya comprada, con unos 2.000 más que llegaron con la esperanza de comprarla allí mismo, en la taquilla. Esperanza que se vio defraudada, porque ya no se iban a vender más después de que la última se despachase sobre las ocho de la tarde.

El maremágnum de la entrada aún se vio mucho más agravado porque los organizadores solamente habilitaron una pequeña puerta para acceder al interior, por la que solo pasaban dos personas cada vez, con lo cual la espera para entrar se hizo eterna. La aglomeración que se produjo en el Paseo Colón estuvo a puntito de crear un altercado de orden público porque la actuación dio comienzo con solo media hora de retraso después de las diez de la noche, y todavía quedaba muchísima gente fuera, que cada vez veía más difícil la forma de entrar. Era tremendo ver a tantos cientos de personas, brazos en alto, enarbolando su entrada para dejar claro que ellos ya la tenían, y vociferando contra la organización y contra los munícipes. Tan malamente se pusieron las cosas allí fuera que los organizadores se asustaron del todo y lo que hicieron fue CERRAR LA PUERTA. La gente, claro, intentó echarla abajo y entrar por la fuerza, por lo que la policía tuvo que hacer un amago de carga que no llegó a efectuar por no empeorar el cariz de la situación.

La puerta volvió a abrirse y además se habilitó para entrar una de las salidas de emergencia, con lo que por fin terminaron por entrar todos los que no habían huído ya despavoridos. Y total, ¿para qué? Para presenciar uno de los conciertos más sosos y aburridos en los que he tenido la desgracia de estar.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Sade – “Smooth operator”

El sonido era un caos. De momento imaginaos el griterío de fuera, unido a los claxons de cientos de coches que, si ya en condiciones normales transitaban penosamente por allí camino de la feria en un altísimo número, ahora se encontraban sumidos en un inmenso atasco… y ahora sumadle a eso un sonido bajísimo, que llegaba poco más allá de las cinco o seis primeras filas. No es extraño que la gente de más atrás estuviese mucho más entretenida pendiente de los líos de la puerta que de Sade y sus gran banda de ocho músicos y un corista. Que además, aunque nos estaba ofreciendo su mejor set de canciones, éstas eran para disfrutarlas tranquilamente en algún lugar más íntimo que este solar.

La noche hubiese merecido mucho más. Entre otras cosas porque esta morenita que apenas había dejado de ser veinteañera hacía poco, por alguna razón que desconozco, se había enamorado perdidamente de Sevilla en algún momento de su vida y fue ella misma quien eligió terminar aquí su gira española de seis ciudades. Vino buscando el abrazo de los sevillanos, y lo que se llevó fueron muchos achuchones de nuestras típicas y tópicas bullas.

La verdad es que no sé que fue más risible, si el numerito que se montaron al final del concierto un par de miembros del staff de Sade, descolgándose con cuerdas desde lo alto de la tramoya, vestidos con trajes de flamenca, o las declaraciones posteriores del jefe del Gabinete de Información del Ayuntamiento, diciendo que “la culpa de todo el follón es del público sevillano, que no está preparado para asistir a conciertos de rock, y por tanto no sabe que se debe acudir con un par de horas de antelación”. Por cierto, y por si os lo estáis preguntando, yo logré entrar cuando Sade llevaba ya cuatro o cinco canciones interpretadas.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Sade – “The sweetest taboo”

Y tras este accidentado prólogo, una vez que iba muriendo el mes de abril, se fueron sucediendo hasta finales de mayo las catorce actuaciones más que tuvieron lugar en el solar, a razón de una cada dos o tres días, o incluso muchas de ellas en días seguidos. Los amantes de la música tuvimos un mes de lo más ocupado.

El maratón musical lo comenzó Jimmy Cliff, quien a pesar de haber tenido no hacía mucho una canción de bastante éxito, como “Reggae nights”, de haber participado en el disco que los Stones editaron ese mismo año, “Dirty work”, y de ser una de las principales figuras del reggae, solo consiguió animar a 584 personas para que se comprasen alguna de las 7.000 entradas que se pusieron a la venta. Aunque en honor a la verdad hay que decir que también influyó bastante el mal estado del tiempo aquel día. Los que nos reunimos en el solar, aún estando en familia, estábamos más pendientes de resguardarnos del agua que estaba cayendo que de la música que se nos ofrecía sobre el escenario. Que tampoco fue nada del otro mundo, en realidad.

Al principio salió solamente Jimmy, enfundado en una manta, para sentarse en el suelo con unos bongos y cantarnos el insípido “Rivers of Babylon” que popularizaron los Boney M. Lo único que consiguió es que los espectadores más cachondos se uniesen en el grito de “más aguaaa pa ese negroooooo”. Pero la lluvia no le echó, más aún, salió el resto de la banda y la cosa se animó mucho más con su clásico “You can get it if you really want”… pero lo que realmente queríamos todos era dejar de mojarnos lo antes posible, por lo que no aguantamos demasiado allí dentro.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Ilegales – “Yo soy quien espía los juegos de los niños”

Para los Ilegales y Rosendo sí que se animó la peña mucho más… hasta Maese Rancio anduvo por allí aquel viernes 9 de mayo… porque los heavies querían ver a su totem hispano y los oyentes de la radio-fórmula acudían en manada a todo lo que fuese un concierto “recomendado por la cadena SER”, y el de los Ilegales (aunque te cueste creerlo) lo era. Y la verdad es que los Ilegales estaban ya lejos de ser aquel grupo que hacía loas a putas, macarras y borrachos de forma creíble y su concierto estuvo plagado de topicazos musicales para gente de bien, que alucinaba con sus demostraciones de barbarismo y de eficacia instrumental, que eso sí que nunca se les pudo negar… yo me pregunto cuantos de aquellos pijillos oyentes de los 40 Principales reconocería la versión que hicieron del “God save the queen”.

Lo de Rosendo sí que fue un espectáculo para vivir y transpirar con él. Con la mirada más lúcida que nunca, a pesar de tener el cuerpo repleto de la inevitable cerveza, Rosendo dio un paso más en su intento de rodear su música macarra con una técnica precisa que le daba un encanto sibilino, muy lejos del que podía alcanzar la música del resto de los aporreadores metálicos patrios… y muchísimos de los del extranjero. Las canciones de Rosendo las cantaban todos los asistentes con la voz y el alma, mientras él las iba desgranando entre la sutileza en el manejo del entorno y la ferocidad de sus riffs con la guitarra.

Recuerdo que la gente iba más por Rosendo, que presentaba su primer disco en solitario, “Loco por incordiar”, y que interpretó casi en su totalidad, mientras que apenas tocó uno o dos temas de Leño, cosa que nos resultó un poco insuficiente a los que esperábamos más repertorio de su antigua banda.

¿Ilegales?… lo que más recuerdo del concierto es un solo que se marco el amigo Jorge Martínez con una botella de J&B a la que pegaba unos buenos lingotazos mientras aporreaba las cuerdas. (Maese Rancio)

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Rosendo – “Loco por incordiar”

El siguiente concierto también fue doble, y también desigual, como el anterior. Por una parte El Último de la Fila estaba presentando prácticamente su segundo disco, y el recital cálido y casi intimista que nos ofrecieron se apuntaló sobre todo en las nuevas canciones, sin que faltasen las mejores de su primer disco ni bastantes guiños al repertorio antiguo de los Burros y los Rápidos, bastante más elementales que las de esta nueva etapa, pero al igual que ellas con una sencillez que se convertía en vehemencia cuando la banda las entonaba. Fue un concierto fino, de escuela clásica, en el que aparecieron todas las virtudes de El Último de la Fila… y también se asomaron sus ocasionales errores, como esa tendencia a sinfonizar las canciones demasiado y darles un puntito tremendista y épico que no les hace ningún bien. Quimi y Marc disfrutaron con sus coreografías simplistas, pero graciosas, y Manolo derrochó flexibilidad para adaptarse perfectamente a las pautas musicales de algo tan sentido como “Querida Milagros”, y a las de un baño de multitudes como “Insurrección”. La sonrisa que teníamos todos los presentes demostraba que habíamos disfrutado. Fue una buena noche para terminar de celebrar mi 29 cumpleaños.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


El Último de la Fila – “Insurrección”
En directo. 1.986

Sus compañeros de cartel fueron Semen-Up, que aunque viniesen aquí con la aureola de ser el grupo revelación del año, su música era más escuchada por la novedad de ser aquello que se llamó porno-pop, y tener una canción que describía una mamada sin cortarse un pelo, que por sus valores musicales. La verdad es que fueron un grupo bastante censurado en la tele, aunque no en la radio, lo que hizo que su desinhibición y sus letras explícitas y sensuales llegasen a gran cantidad de público; pero la curiosidad por ver a Alberto Comesaña representando en directo aquello de “Lo estás haciendo muy bien” no llegaba más allá de eso, de curiosidad.

Y entonces, el lunes 12 de mayo, llegó el inesperado momento cumbre de la Cita. Esa noche tuvimos en directo un trozo de la mejor historia del pop. Esa noche asistimos a un concierto de los Kinks.

Aunque su actuación estaba prevista en un principio, se descolgó del cartel, como os dije antes, por problemas presupuestarios, puesto que pedían 17 millones de pelas por tocar aquí (a lo mejor convendría decir también que por su tocata en Madrid de dos días antes cobraron más de veinte). Después de eso se estableció un largo proceso negociador que terminó precisamente la vispera de ese concierto de Madrid, cuando la banda ya había comenzado su gira española, porque los Kinks aceptaron venir a tocar a cambio de la taquilla completa más un fijo de cinco millones, que aportó a fondo perdido el Instituto Municipal de la Juventud. Así se cubriría más o menos su caché inicial, porque se pondrían a la venta 10.000 entradas, al precio de mil pesetas, lo que hacía un total de diez millones, que llegaría hasta quince con el fijo que percibían. El problema fue que solo se vendieron 2.300 entradas…

Las previsiones se fueron a hacer puñetas y el solar de la Maestranza registró una entrada que, contando a los que por una u otra razón entraban gratis, no llegó ni a un tercio de su aforo. Un enorme descalabro económico para los organizadores (que se volcaron con la seguridad y las comodidades para que no ocurriese como la noche de Sade), los Kinks (que viajaban con un gran séquito de personas, entre las que incluso había un cocinero propio) y sus representantes. Aún así, la banda dio un concierto maravilloso que, como decían los del ABC, mereció un llenazo.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


The Kinks – “You really got me”

De todas formas, ese recorte del ABC es bastante sesgado y tergiversa la realidad, porque no dice que el concierto de Madrid, que a tanta gente reunió, era gratis. Y tampoco dice que en el concierto anterior a ése, el que dieron en el Palacio de los Deportes de Barcelona, se reunieron la misma gente que en Sevilla, o incluso menos; aunque también es cierto que allí la entrada costaba el doble que aquí, 2.000 pelas.

Porque si bien los Kinks eran una leyenda para muchos, en el año 1.986 ya eran una banda de esa otra generación que se había terminado con el punk; incluso ellos mismos ya eran otra cosa que solo mantenía de sus inicios a los hermanos Ray y Dave Davies, los otros miembros de la banda que estuvieron aquí eran el teclista Ian Gibbons, el bajista Jim Rodford y el batería Bob Henrit. Pero cuando Ray entonó el “You really got me” haciéndonoslo corear a todos, nada de eso importó; lo importante era reverenciar el desgarro vocal de Ray para darnos durante casi dos horas canciones a medios tiempos, riffs duros, sensaciones clarísimas y también ambiguas… hasta tres veces amagó con tocar “Lola” para cambiar a “Sunny afternoon”, “Dead end street”, “Come dancing”, “Word of mouth”, o cualquiera otra de las que desgranó aquella noche; y cuando por fin, después de arrancar otra vez siguió ya con ella, todos supimos que nos encontrábamos ante el espectáculo musical con el que siempre habíamos soñado… lo lo lo lo lo lo loooooola… y después, mientras la gente se desgañitaba gritándole aquello tan de moda por entonces de “torero, torero”, Ray me dio mi regalo.

Yo estaba en primera fila con mi amigo Pepe Conciertos, ése del que a veces os he hablado, y del que nunca supe su apellido a pesar de ir juntos a tantas tocatas. Y cuando Ray lanzó al aire la púa de su guitarra llegó directamente hasta mi mano. La dirigí hacia ella y cerré el puño… justo para sentir como otra docena de puños más se aferraban sobre el mío, mi muñeca, y casi todo el brazo. Así estuvimos inmóviles algunos segundos, mientras pensaba qué hacer… porque la púa había rebotado y no la pude pillar… cayó al suelo, pero eso los demás no lo sabían. Miré hacia abajo, la divisé y le coloqué el pie encima; en ese momento abrí mi puño dejando ver que estaba vacío y en las siguientes décimas de segundo un tropel de espectadores que me rodeaban se fueron al suelo a buscarla. Ni que decir tiene que no la encontraron, estaba a buen recaudo; cuando se aburrieron de buscar, la cosa se calmó, y siguió el concierto, yo me agaché disimuladamente para recojerla de debajo de mi pie. Después quisieron comprármela algunos (hasta 700 pelas me daban por ella, y eso que era una mierda de púa de plástico gris), pero todavía está en algún cajón de la casa de mis padres, a donde fue a parar cuando la sra. Carrascus y yo nos mudamos a Huelva por tres años.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


The Kinks – “Lola”

El rock en su estado más clásico era lo que nos aguardaba en la actuación siguiente, la de Silvio, que ese año era un concierto más de los de Barra Libre, porque aún no se había hecho la transición al Silvio semanasantero y “bético”, que tendría lugar en el ’87. Así que sin recordar nada especial de él, debido como el año anterior a que estuve en varios suyos, éste sería simplemente un buen concierto. Porque Silvio nunca falló en sus noches de Cita en Sevilla.

En el siguiente concierto no estuve. Ni prácticamente nadie más, porque apenas se vendieron quinientas entradas. Esa era la noche en que se presentaban Olé Olé con una de las primeras actuaciones en las que su cantante era ya Marta Sánchez, tras haber sustituido a Vicky Larraz. Pero su música nunca me invitó a escucharles. Sí en cambio me hubiese gustado más oír a Los Eelegantes, que les servían de teloneros y era uno de los pocos grupos nacionales que todavía conservaban el espíritu de las bandas de rock callejeras. Pero alguna noche había que faltar…

…y no iba a ser la siguiente, claro está. Era imposible no rendir visita al solar el día que venía el viejo tramposo enardecedor de masas.

Allí, ante el escenario vimos como comenzaban a salir negros y más negros, todos ellos aplaudidos por un público que no tenía demasiado claro si ése que estaba saliendo ahora era el que todos esperaban. Pero ninguno lo era, ni siquiera ese saxofonista medio loco, Maceo Parker, que capitaneaba a la docena de musicos (allí estaban Fred Wesley, Saint Clair Pickney…) que habían invadido ya el escenario tocando frenéticamente canción tras canción, y todas nos sonaban. Y tampoco era el negro que esperábamos ese maestro de ceremonias, loco del todo, que solo sabía dar gritos pelados de “Who’s the kiiiiiing!!!” (¿Quién es el rey?). Ni, obviamente, la negrita que cantaba muy, pero que muy bien… el espectáculo real no comenzó hasta casi pasados veinte minutos, en que apoyado en el hombro de Maceo, apareció por el fondo del escenario el que todos reconocimos como la verdadera estrella, el rey que tanto nos anunciaba el otro… James Brown.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


James Brown – “Gonna have a funky good time”

“Gonna have a funky good time” (“vamos a tener mu buen rollito funky”) para empezar; y desde ahí todas sus canciones conocidas, alargándolas hasta cansarnos de bailar, igual que hacía él mismo mientras las interpretaba… “Try me”, “It’s a man’s man’s man’s world”, “Papa’s got a brand new bag”, “Please, please, please” a toda velocidad, mientras le rendían tributo otorgándole la capa de armiño de los reyes… y “I feel good”, “Too funky in here”… y el eufórico “Sex Machine” que todos nos sabíamos y todos coreábamos en inglés macarrónico… guirappppa… más de dos horas de un dinamismo inimitable, de una voz fuera de serie, de una inmensa presencia que todo lo dirigía a su antojo, cuando no se sentaba él mismo al teclado o a la batería. Fuerza y sabiduría para dominar el escenario; puro nervio. Y nosotros, a sudar.

Una preciosa chavalita bailaba sin parar delante de mí y mi amigo Pepe, haciéndonos fijar nuestra vista en ella más veces incluso que en el Soulfather. En un momento determinado, la chica, tras un saltito, aterrizó con su tacón directamente sobre mi pié. Al volverse y ver mi expresión de grito reprimido, supongo que para hacerse perdonar, me echó los brazos al cuello y me dió un pequeño beso en los labios. Así, sin decir ni una palabra siquiera; tampoco eran necesarias.

…ni que decir tiene que me pasé el resto del concierto intentando meter de nuevo mi pié debajo de los suyos.

La ví de nuevo esa misma noche, aunque solo intercambiamos un ligero saludo cómplice, en un bar nocturno que había entre los jardines del río, por su orilla trianera, allá por la antigua Chapina, a donde fuimos a parar también muchas noches tras los conciertos, y del que no logro recordar el nombre… ¿lo podríais hacer alguno por mí?

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Sex Machine”

A Victor Manuel y Ana Belén esta vez me los salté. De todas formas supongo que su concierto no diferiría demasiado del que dieron en la primera Cita hacía dos años, justo los que se pasaron sin pisar un escenario juntos precisamente hasta ahora, ya que éste era su segundo concierto desde su nueva reunión, por lo que tampoco estarían muy engrasados que digamos. Presentaban su disco “Para la ternura siempre hay tiempo”, ése que era doble, pero con uno de ellos cantando en cada disco, por lo que también podía comprarse por separado. Esta noche la gente no siguió mi ejemplo, y el solar registró un llenazo absoluto para corear con ellos “La Puerta de Alcalá”.

El que tenía que haberme saltado también, y sin embargo no lo hice, fue el siguiente, el que abrieron los Séptimo Sello, muy bien dispuestos, pero que perdieron una más que magnífica oportunidad para haber cambiado un poquito la letra de su canción más famosa y haberla cantado tal como lo hacíamos los sevillanos en nuestros campos de fútbol: “todos los paletos SON del Madrid”

Y tras ellos el griterío, un millón de niñas histéricas (o tal cantidad parecían), algunas incluso ondeando el sujetador, para recibir al auténtico bombazo de grupo de la temporada, Los Hombres G. Con ellos llegó el delirio, el terror… algunas de las enamoradas de David Summer se tiraban de los pelos, otras se daban pellizquitos con sus amigas, mientras sus novios acompañantes ponían cara de circunstancias, y se miraban unos a otros como diciendo “oye, que yo a ésta no la conozco de ná”. Para ellas, la G del nombre de la banda era la G de grandes, la G de genios, la G de guays y, sobre todo, la G de guapos. El “marcapasos que tenía Marta” seguramente reventaría con sus nervios. Y menos mal que había un callejón entre ellas y la banda, de no ser así, los Hombres G habrían salido de allí sin camisetas, sin pantalones y probablemente hasta sin pelos.

La verdad es que yo, personalmente, lo pasé en grande viendo a tantas chavalitas felices y entusiasmadas. Eso sí, procuré verlas dejando espacio entre yo y ellas, así que me aparté hacia la pared que daba a los jardines, donde estuve charlando tranquilamente con José Casas (ya sabéis, el de La Pistola de Papá, por aquella época en Helio) que, enfundado en un peto de color naranja chillón, era uno de los miembros del staff de seguridad que velaban por la manada.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Hombres G – “Marta tiene un marcapasos”

Y así llegamos al viernes 23 de mayo, en que la ciudad se dividió musicalmente en dos partes. El concierto de Joaquín Sabina no fue el acontecimiento musical más importante de Sevilla en ese día, ya que se vio superado por otro de mucho mayor calado.

Esta primavera del ’86 se cumplía un año desde que El Corte Inglés inauguró su centro comercial de Nervión, y quería agradecer a los sevillanos la cantidad de compras que habían hecho allí en ese tiempo. Para ello nada mejor que organizar un concierto con Isabel Pantoja, muy de moda por entonces porque había vuelto a los escenarios tras la muerte de Paquirri, y aparecía hasta en la sopa con su hijo Paquirrín, haciendo llorar a moco tendido a todas las marujonas españolas. El concierto lo organizaron en el Sánchez Pizjuán, y con entrada gratuita, por lo que se dieron cita allí más de 60.000 personas para escuchar como la Pantoja les decía que “hoy quiero confesar que sigo enamorada”, mientras ellas se sonaban entre lágrimas de delirio.

Y Sabina no fue ajeno a la competencia que tenía, y en un momento de su actuación se dirigió a los que estábamos allí escuchándole: “Quiero daros las gracias a todos. Muchas gracias, de corazón, porque sé que hoy más que nunca es un esfuerzo estar aquí… pudiendo estar en el campo del Sevilla… ¿os imagináis…? Ahora estará saliendo Paquirrín, y ella estará con la baba caída presentando a “mi niiiñooo”… que se pondrá a cantar con ella…”.

No estuvo mal el concierto de Sabina. Por entonces aún no se había disfrazado con el traje del Emperador, hecho de pseudo-poesía de frases deslavazadas, y todos teníamos frescas sus historias sobre princesas malditas y locas juanas que salían del armario. Y todas esas canciones anteriores a la pérdida de su credibilidad estaban reunidas en el doble “En directo” que acababa de editar, y ahora andaba presentando en sus conciertos.

Y la banda que le acompañaba, Viceversa, eran unos músicos de gran altura, que cuando acometían una pieza ellos solos, sin la voz de Joaquín, lo que ocurrió al menos un par de veces, hacían exclamar a Manolo Be-Bop (actualmente Manolo Ajoblanco), que estaba allí conmigo, que “ésa sí era una banda de verdad, con sonido moderno, y no como estos grupos sevillanos, que suenan todos iguales y tela de antiguos…”.

Aquella fue la última vez que le ví en un escenario; todavía apreciaba la poesía de sus letras, la fuerza de su música, el buen hacer de su banda y la marcha que él mismo derrochaba en sus actuaciones. Pero después dejó más de lado las historias urbanas para ponerse a escribir canciones de amor, a las que hasta ahora solo se había aproximado en plan ligue callejero con “Quédate a dormir”, o con el romance deliciosamente convencional de “Rebajas de enero”, las cuales sonaron también esta noche… y su posterior disco “Hotel, dulce hotel” creo que ya ni lo compré siquiera.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Joaquín Sabina y Viceversa – “Princesa”

Aquel mismo día ocurrió también la historia más graciosa de la Cita, también relacionada con la música, pero con ésa otra que celebraban en teatros, centros culturales e iglesias. Y en una de éstas, en la de El Salvador, daba un concierto la Filarmónica de Leningrado, una orquesta por cierto, que había costado traer a Sevilla casi tanta pasta como a los Kinks. Pues cuando la orquesta salió se encontró con la desagradable sorpresa de que el piano que tenían que utilizar, entre otras, para una de sus piezas estrella, la “7ª Sinfonía de Shostakovich”, no estaba. Tras el desconcierto inicial, el director de la orquesta optó por cambiar el programa de actuación. Nadie de la organización supo darle al pobre señor una explicación coherente… la verdad es que nadie se había preocupado del piano… que apareció al día siguiente, olvidado en un descansillo, bajo una de las escaleras de la Consejería de Cultura.

Y ya que hablamos de pianos. El siguiente invitado a la Cita en el Solar de la Maestranza también era un músico de los que se gana la vida con él, Chick Corea. Y esta vez venía acompañado de la Elektric Band, que, como su nombre bien indica, era una banda eléctrica. Se ve que Chick, después de haberse metido de lleno en la fusión del jazz-rock con su grupo Return To Forever, la vuelta al jazz clásico le vació los bolsillos de tal manera que decidió electrificar de nuevo su acompañamiento. Y aquí estaba, respaldado por una banda jazz-rockera, pero que en vez de tener entre sus componentes a Joe Farrell, Al Di Meola, Stanley Clarke y Airto Moreira, estaba compuesta por jóvenes músicos de estudio que, aunque buenos instrumentistas, no podían compararse con aquellos. Bueno, quizás con la excepción del guitarrista Scott Henderson, que tocaba con una pasión que nos arrastraba a todos.

Pero en Chick Corea no apreciábamos al genuino músico que solía ser, no veíamos la autenticidad, ni la personalidad creativa e innovadora que se perdía en un estilo musical que se estaba quedando viejo. En la música que nos estaba dando aquí los arreglos eran más simples, menos sinfónicos, con más espacios para los lucimientos personales que, en realidad, solo aprovechaba el guitarra. Yo creo que para el final del concierto todos estábamos ya algo cansados de aquello y prácticamente solo nos motivamos cuando comenzó a sonar “Elektric City”, que curiosamente era la pieza que contenía más ingredientes comerciales.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Cick Corea & The Elektric Band – “Elektric City”

A Carlos Cano también me lo salté. Si ya me aburría con él cuando hacía canción testimonial y satírica, imaginaos ahora que estaba presentando su recién salido disco “A través del olvido”, en el que se había vuelto (todavía) más intimista, y le cantaba al amor, y a la ausencia… pues eso, que le cantase también a la mía.

Mucho más divertida se presentaba la siguiente noche, porque se celebraba la segunda edición del Festival de la Canción Femenina, que este año ya nació directamente dentro de la programación de Cita en Sevilla. De todas formas los ensayos y las primeras cribas, como Pibe Amador y Pepe Benavides contaron esta vez con un buen presupuesto, se hicieron en el recientemente re-abierto Teatro Duque, asignado desde hacía poco tiempo a Comisiones Obreras.

En esta edición del festival se abrió el espectro también a la canción ligera y, sobre todo, a las folklóricas, de la mano de una niña de 12 años llamada Carmen Feria, que asombró a la gente con su vozarrón interpretando ”Aquella Carmen”, ante el silencio atónito del personal. Se llevó el segundo premio.

Tras dejar atrás tanto horror saliendo de bellas boquitas, entre las demás que pasaron a la final del día de la Cita estaba Eva Luengo, hermana de la Cristina Luengo que participó en la edición anterior, y que traía bajo el brazo una canción compuesta especialmente para ella por su amigo Dogo, “Disparo de amor”. Con el transcurrir de los años, esta chica, rebautizada como Evita Dinamita presentaría un programa infantil de Canal Sur y después marcharía a Madrid, donde siguió luciendo sus (muchos) encantos y sus gloriosos piños en el programa matinal de Pepe Navarro en Antena 3, donde preguntaba cada día a algún concursante pillado en su casa desprevenido aquello de “¿Tiene usted pelos en la lengua?”. E incluso llegó a ocupar toda una página en “El País Semanal” como futurible chica Almodóvar, además de otros hechos interesantes en su curriculum, que conocen ya algunos de nuestros discretos lectores habituales.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Eva Luengo (Evita Dinamita) – “Disparo de amor”
(…entrando antes de tiempo.)

Algo mejor que ella, pero tampoco mucho, hizo su interpretación la primera negrita que pasó por el Festival, Donna Jameson, que aunque se presentó como una amante del jazz, eligió para cantar “Walking between the raindrops”, un precioso tema de Donald Fagen, quien, dentro y fuera de Steely Dan, tampoco orbitaba precisamente lejos del Cotton Club. Meses después, Donna regresaría a los USA y se le perdería la pista.

Como también se le perdió muy pronto a Merchi Rivero, la chica que quedó en tercera posición con el alegre “Walking on sunshine”.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Merchi Rivero – “Walking on sunshine”
(…el de la mesa tardó en subir el otro canal.)

Entre lo mejorcito de la noche estuvieron Mercedes Carbonell y Ana Ferrand, bautizadas para la ocasión como Las Hijas de Elena, que le devolvieron a la ceremonia la irreverencia de la que estaba tan necesitada. El arma elegida fue una canción, por entonces todavía inédita, que Pablo Carbonell (todos sabéis quien es, ¿verdad?), hermano de Mercedes, tenía en cartera para el segundo disco de Los Toreros Muertos, “Me gusta jugar con mi amigo Manolito”. Para la ocasión se trajeron a varios colegas de la facultad que se marcaron un “Gaudeamus igitur” que, la verdad, pegaba tanto allí como una trompetilla de carnaval en medio de un requiem de guerra. Ambiente plenamente festivo para Mercedes (hoy en dia pintora, como podéis comprobar en este enlace), y Ana (que ahora es directora del Casino de la Exposición), en aquella aparición.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Las Hijas de Elena – “Me gusta jugar con mi amiga Manolita”
(…el de la mesa seguía con la torrija)

Y de pronto, en el último tema, se hizo la luz, cuando una jovencísima Emilia Pinzón (por entonces alternando su trabajo en orquestas con una banda propia llamada Anis del Gnomo) le birló la cartera a Paul Anka, Frank Sinatra y Sid Vicious, resucitando ese cadaver exquisito que era “My Way” para luego follárselo allí mismo, delante de todo el mundo. Surfeando por encima de todo el desenfreno de la banda (los músicos de Silvio y Manuel Marinelli), su voz no se sale de límite en ningún momento, siempre bajo control dentro del más riguroso espíritu iconoclasta, como nos gusta en este blog. Los que viváis en Sevilla posiblemente os hayáis encontrado alguna vez con Emi en alguna de sus actuaciones y sabéis que, siempre y cuando ese día no haya conectado el modo autosabotaje, es dificil encontrar una voz que le haga sombra en cientos de kilómetros a la redonda. Pero como aquella noche, nunca más… Por supuesto, el primer premio fue para ella.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Emilia Pinzón – “My way”
…mu guay

El fin de fiesta del festival corrió a cargo de la banda Peor Impossible, un combo muy divertido y muy mariquita en el que figuraban entre otros la “Estrella” de Utrera y una mucho más joven, pero igual de feísima que ahora, Rossy de Palma. Su concierto, cantando sobre que “nadie era tan mutante como ellos” y “payeses en motorino que les sepan follar bien”, pasó entre bailes y risas, y lo que más recuerdo de la ocasión es que arrojaron al público posters de la banda, enrollados a lo largo y convertidos así en lanzas, que tras adquirir gran velocidad de planeo se estrellaban contra las caras del respetable, y a punto estuvieron de saltarle un ojo a más de uno.

Y tras 11 folios que llevamos hasta ahora, llegamos ya al final, que como ocurriese el primer año, volvió a correr a cargo de Joan Manuel Serrat, esta vez mucho más bienvenido aún por su reciente declaración de intenciones plasmada en el título de su nuevo disco, “El Sur también existe”. Y aunque ya esperaba encontrarme con prácticamente lo mismo que aquella otra vez, había que ir aunque solo fuese para disfrutar del sabor de la despedida junto a otros ocho mil espectadores más totalmente entregados de antemano, como siempre, y capaces de perdonarle al monstruo (como así le gritaron repetidas veces, agradeciéndolo Serrat con un “gracias, pero de verdad que no soy tan feo”) que olvidase la letra de alguna canción, como también ocurrió esta noche. Pero salió bien del paso, no en vano es, de los cantautores, el más hábil, el que tiene más tablas, el más profesional de todos. Y en cualquier concierto suyo hay dos cosas garantizadas, el llenazo a rebosar y la absoluta satisfacción del público.

De todas formas, y con el espíritu iconoclasta que os mencionaba antes, he de ser un poco crítico y decir que había algo que chirriaba en la sacralización de Antonio Machado, y que había algo que no encajaba (como tampoco lo hace ahora de nuevo) en la operación de envolver con celofán al poeta de la cara de patata… en los recitales de Serrat todo es demasiado medido, demasiado elegante, demasiado perfecto incluso con el fallo del olvido convertido en acierto espontáneo… y es que hay algo inevitablemente demagógico en el hecho de que una persona se dirija a otros varios miles desde encima de un escenario, algo inaceptable y forzosamente comercial en sus disertaciones sobre la ecología, la geopolítica, la historia reciente de España… aparte, claro está, de que se esté de acuerdo con la postura, las buenas intenciones y la sinceridad del cantante. Pero como es eso, un cantante, y además perfectamente compenetrado con su banda de guitarra, bajo, batería y piano, desgranó casi dos horas de canciones de esas suyas que tanto conectan con la sensibilidad de todos precisamente porque no tienen un universo propio y hablan de todo. Gracias a Dios la inevitable ración de doctrina no fue demasiada y al final fui también yo mismo parte del público que le aplaudía entusiasmado. Sí, fue un gran final.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Joan Manuel Serrat – “Para la libertad”

Aunque en el momento de ponerse a echar números, los concejales del grupo popular no estaban tan entusiasmados. El Ayuntamiento presentó un balance en el que aparecían unas pérdidas económicas de 71 millones de pesetas, ante unos gastos que llegaron a los 120 millones, de los que solo se recuperaron 49 entre taquillaje, concesiones de ambigús e ingresos varios. El problema, y hay que reconocer que esta vez a los populares tampoco les faltaba razón, es que el Ayuntamiento no contaba entre los gastos suyos los 17 millones que aportó la Junta de Andalucía, ni los cinco que aportó la Delegación de Juventud para el concierto de los Kinks, y que, al fin y al cabo, también es dinero que sale del bolsillo del contribuyente, por lo que sumando estos 22 millones, en realidad el déficit de la Cita en Sevilla de este año ascendía a 93 millones de pelas. Que son muchos millones para el dudoso resultado en el acierto de poner a Sevilla en el mapa cultural.

Y es que la culpa de todo la tuvimos los propios sevillanos, que solo fuimos capaces de comprar 52.000 entradas durante toda la Cita, en la que solo se vendió prácticamente todo el billetaje con los de siempre: Victor y Ana, Serrat, Sabina, además de con Sade y, curiosamente, con el concierto de Ilegales y Rosendo.

Este año también decíamos adiós definitivamente al solar de la Maestranza, en el que se iba a comenzar a construir el Palacio Provincial de la Cultura, al que ahora todos conocéis como el Teatro de la Maestranza, y se comenzaba a hablar del nuevo alojamiento para la Cita en Sevilla que, por supuesto, los concejales socialistas pensaban mantener a pesar de todo. Así que a la espera de lo que decidiese la Gerencia Municipal de Urbanismo, la Cita de 1.987 la íbamos a tener en la Encarnación, la Alameda, la Plaza de España o el Prado de San Sebastián… pero eso ya es una historia de “la cuarta vez que nos citamos en Sevilla”.

¡SE SIENTEN, COÑO…!

Con muy pocas modificaciones, este texto fue publicado ya en el blog de Arume dos Piñeiros. Él también me hizo el honor de ser el primero (bueno, y el único) que ha traducido un texto mío a otro idioma, concretamente el gallego. Este post se lo dedico a él. Por si no lo sabéis, el “arume dos piñeiros” es esa cantidad tan incómoda de agujas que sueltan los pinos, y de los que mi jardín está siempre tan lleno.

Nunca me ha gustado contar “historias de la puta mili”, pero hoy voy a hacer una excepción, porque hace ahora justamente 29 años que anduve inmerso en una vorágine que conmovió a toda España, y que siempre suele recordarse llegada esta fecha, tanto por lo que supuso social y políticamente, como por la españolísima y chapucera forma de llevarse a cabo.

Poca gente en toda España pasaría esa noche del lunes 23 de febrero más cabreado que yo y los amigos con los que compartía mili en el Regimiento de Automovilismo de Canillejas, en Madrid.

Cada seis meses, una de las compañías de mi cuartel estaba de servicio. A nosotros nos tocó Agosto y ahora Febrero. Y durante todo el mes nos tocaba servir de transporte con nuestros camiones a los demás soldados de todos los demás regimientos de Madrid cuando iban de maniobras, o a realizar algún ejercicio táctico, o llevábamos mercancías a otros destinos militares de España; o simplemente llevábamos a soldados de otros cuarteles de visita al aburridísimo Museo Militar…

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Todos los sevillanos que se habían incorporado conmigo en enero de 1.980 se licenciaron el viernes 20, y a esta hora de la tarde del lunes ya estaban tranquilos en casa. Por culpa de nuestro puñetero mes de servicio, los dos sevillanos que fuimos a parar a este cuartel nos tendríamos que licenciar una semana más tarde, el viernes 27, cuando ya el mes estuviese tocando a su fin y nuestro servicio terminado.

El lunes 23, un coleguilla de Mora la Nueva y yo estábamos al comienzo de la tarde brindando con un cubata por el inicio de la que sería nuestra última semana militar… para que ojalá fuese muy corta. Nos interrumpió el del bar: “¿Qué hacéis aquí, no sabéis que ha habido un golpe de estado?”. Nos sonó a la típica broma del que nos quiere vacilar porque sabe que ya no nos queda nada. “Vete al carajo, tío, y ponnos otro vodka con limón”.

Pero siguió insistiendo: “Que sí, que es verdad, que los militares… bueno, vosotros, habéis asaltado el congreso”. “Sí, hombre. Y a nosotros no nos han llevado…”

Y así siguió la cosa hasta que terminamos el segundo cubata y nos fuimos a otro bar a seguir la ronda, uno con música que había unos bloques más arriba de la barriada de Las Musas.

Cuando nos vió entrar, el camarero nos miró raro: “¿Cómo es que estáis por la calle. No tendríais que estar en el cuartel, o algo…?”, “¿Por qué, son las seis y media, a esta hora ya estamos todas las tardes fuera?”. “Sí pero todas las tardes no hay un golpe de estado”.

Otro más… los cabrones de los barmans éstos se han puesto de acuerdo para putearnos nuestra última semana… pensaba yo. Pero éste hizo algo más, nos dijo que nos acercásemos y subió el volumen de la radio. A esa hora no habían empezado todavía con las marchas militares aquéllas y daban noticias sobre la interrupción del pleno de investidura. Repitieron el momento en que Tejero entró en el hemiciclo… momentos después disparos por un tubo. Por la radio no se ve si estaban disparando hacia el techo o hacia la gente. Solo se oían disparos. Fue uno de los momentos más aterradores de mi vida.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Nos fuimos rápidamente al cuartel, que estaba muy cerca, solo teníamos que cruzar la carretera de Vicálvaro. Todo estaba muy tranquilo, pero iban llegando más soldaditos con la misma cara de susto que nosotros. Al entrar en la compañía nos iban diciendo que nos vistiésemos de faena, con el correaje y el Cetme. No nos dieron cargador, pero estaban todos lúgubremente preparados en la entrada… y no estaban vacíos como siempre.

La noche fue larguísima. Los demás soldados que estaban por ahí de servicio con los camiones volvían contando como los madrileños los miraban espantados desde el interior de los coches con los que se cruzaban. Aquí dentro no nos preocupaba demasiado el futuro de España, nos lamentábamos de la desgracia de que esto ocurriese justo cuando nos quedaban cuatro días nada más para licenciarnos… íbamos a hacer más mili que el palo de la bandera.

Por la noche escuchamos esperanzados el discurso del Rey, y los acontecimientos se precipitaron poco después del alba. Como primer oficinista de la compañía que era yo, al ser el más veterano de los tres que éramos, tuve que coordinar una salida urgente de camiones hacia El Goloso y Campamento para recoger soldados con destino al Congreso de los Diputados. No sabía para qué teníamos que llevarlos allí. Ninguno de los mandos parecía saberlo tampoco.

Elegir a los ocho soldaditos más otros ocho acompañantes que tenían que conducir aquellos camiones me fue muy difícil. Parecía como si los estuviese enviando al campo de batalla. No podía elegir a nadie, todos eran conocidos y amigos míos, a los que llevaba todo el año dándoles pases de permiso… pedí voluntarios; no se ofreció ninguno. Al final opté por elegir a los dieciseis que más tiempo llevaban sin hacer guardias, para ello le pedí al furriel, que formaba conmigo lo que llamaban “la mafia sevillana” (sí, él era el otro sevillano del cuartel) el cuadrante de los servicios. Ni explicándoles el porqué de la elección dejaron de mirarme mal.

Cuando todo acabó horas más tarde, sin embargo, todo fueron sonrisas. Algunos no habían llegado a salir siquiera de los cuarteles a donde les envié. Otros sí llevaron soldados, a ésos que se veían en la tele cerca de las ventanas del Congreso, como comandos, sin que supiésemos a ciencia cierta si eran de “los buenos” o de “los malos”. Algunos de los compis que tuve que elegir se vieron más tarde también en la tele, orgullosos de haber llevado a “los buenos”.

El resto de la semana fue dura. Los mandos más reaccionarios no dejaban de hacernos la vida imposible, enfurruñados por el fracaso de lo que ellos pensaban debió haber sido un golpe liberador. España seguía presa. Y nosotros éramos los culpables, por maricones, por no haber tenido huevos de acabar con los comunistas y los socialistas, los rojos de mierda, la basura que estaba arrastrando a la Nación…

Por fin el miércoles por la tarde nos dejaron salir de nuevo del cuartel. Y el viernes 27 por la tarde pude coger un autobús en Usera que me traía a Sevilla, para no tener que volver más. Entre los sevillanos que retornábamos encontré caras conocidas que no esperaba ver. Caras pertenecientes a otros soldaditos que se habían licenciado el viernes anterior, y que en la noche del lunes 23 les habían conminado a regresar.

Al principio decía que poca gente en España pasaría esa noche más cabreado que yo. Estoy seguro de que estos paisanos míos, y otros a los que también llamaron a sus casas en otras ciudades, estaban entre esa poca gente.

Y mis padres debieron ser los padres más sufridos de todos. Yo, militar porque había pedido dos prórrogas para terminar los estudios; mi hermano menor, militar por su quinta; y el novio de mi hermana pequeña, militar voluntario…

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

LA INVASIÓN BRITÁNICA

En el post anterior decíamos que los Beatles fueron pioneros de muchas cosas, algunas de ellas poco conocidas por la mayoría de la gente. Hoy vamos a contar una de esas cosas de las que ellos rompieron los esquemas establecidos, y así aprovechamos para subir nuestro recurrente post de los cuatro de Liverpool, de los que ya hacía tiempo que no escribíamos nada.

Yo creo que a mucha gente le ocurre que no distingue muy bien si los grupos y los artistas que escucha cantando en inglés son de Gran Bretaña o de los USA. Hay obviedades que de tan conocidas no ofrecen duda alguna; o por su estilo perfectamente definido también se sabe si son de este lado o del otro del Atlántico. Pero en realidad eso no es un factor importante o definitorio. Una banda nos gusta, y tampoco nos planteamos demasiado si es británica o americana. Ni a los propios habitantes de esos paises, que disfrutan de ellas de la misma forma.

Pero eso no fue siempre así.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Louis Armstrong – “On the sunny side of the street”

En estos dos países existen unas asociaciones de músicos y trabajadores de la música (llámales sindicatos, si quieres) que tienen mucho poder y de las que sus decisiones son seguidas mayoritariamente por todos sus afiliados. Y desde que la música comenzó a ser un negocio importante, allá por mediados de los años ’30, la Unión de Músicos británicos (The Musicians Union) comenzó a preocuparse seriamente porque percibían que el tráfico de músicos que iban a tocar entre un país y otro era, en realidad, unidireccional. Es decir, que mientras que las bandas americanas estaban en continua demanda en el Reino Unido, nadie estaba preparado para dar la bienvenida a sus equivalentes británicos en los Estados Unidos. Y la razón que ponían los americanos era que los británicos no tenían equivalentes a Louis Armstrong, Duke Ellington y otros gigantes del jazz.

Y la cosa se puso fea cuando la orquesta de Duke Ellington, que iba a realizar una gira por Gran Bretaña, se vió forzada a cancelarla, porque el 11 de agosto de 1.935, la Unión de Músicos presionó al Ministro de Trabajo británico para que éste anunciase que su Ministerio no veía con buenos ojos que los americanos viniesen a tocar a las islas mientras no hubiese total reciprocidad.

Así que las fronteras se cerraron para los músicos americanos por completo, y el Ministerio de Trabajo anunció que no daría ningún permiso más, ni a Duke Ellington, ni a ninguna otra banda, para tocar en Gran Bretaña, hasta que no se ofreciesen intercambios satisfactorios con la Federación Americana de Músicos (American Federation of Musicians). Punto muerto.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Duke Ellington – “Moonlight fiesta”

Y esta situación se mantuvo durante los siguientes 20 años. Ninguna banda británica tocaba en los USA, y ninguno de sus colegas americanos (con alguna excepción menor) aparecía en Inglaterra.

El conflicto tuvo un giro extraño el 23 de octubre de 1.955, cuando Jeff Kruger, el empresario que regentaba el “Flamingo Club” de Londres, comenzó a promocionar un concierto de Chet Baker es esta ciudad. Para que le dejasen organizarlo ofreció los beneficios del concierto a obras de caridad si la Unión de Músicos levantaba la ridícula prohibición que pesaba sobre los músicos americanos, y dejaban actuar a Chet. Pero la Unión rehusó.

El caso es que Chet Baker estaba ya en Inglaterra, dando conciertos en las bases americanas, lugares en los que la Unión no tenía poder alguno para prohibirlas, porque eran territorio americano. Y Jeff Kruger pensó que “pa chulo mi pirulo”, y organizó el concierto en el “Flamingo” de todas formas.

Y el concierto fue un inmenso éxito artístico y comercial. Y lo más importante de todo es que esa chulería del promotor, unida al éxito de Chet, rompió una barrera que necesitaba ser rota. Aunque eso le costase a Jeff Kruger el odio eterno de la Unión de Músicos.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Chet Baker – “My funny Valentine”

A partir de entonces la Unión inglesa y la Federación americana estuvieron de acuerdo en levantar la prohibición mutua para que los músicos de un país tocasen en el otro. Pero aún así, la regla de la reciprocidad permaneció intacta.

Eso hizo que, aparte de no poder arreglar muchas giras en uno y otro lado, se diesen circunstancias poco naturales como que en mayo de 1.956 Louis Armstrong hiciese una gira de 17 días por Inglaterra a cambio de que la banda de jazz de Freddy Randall fuese a los USA, donde los incluyeron en una compañía tan inverosímil como la gira conjunta de Bill Haley, los Platters, los Flamingos y LaVern Baker.

Pero llegó 1.964 y los Beatles, en otro de estos intercambios, fueron invitados a los USA para participar en el “Ed Sullivan Show” de la tele; y ya que iban a estar en New York haciéndolo, pues podían coger un tren que les llevase a Washington, y dar en el Coliseum de allí un concierto para 18.000 personas. Y a su vuelta a New York, otro en el Carnegie Hall para 6.000 más… ¡en el Carnegie Hall! Donde ningún otro cantante de rock había puesto los pies nunca antes, e incluso a Elvis Presley se le había prohibido actuar.

Con ser muchos los miles de personas que les vieron en directo, la cifra se quedó más que corta con la de los 73 millones de americanos que les vieron por la tele y se contagiaron de beatlemania.

Brian Epstein se frotaba las manos pensando en las ganancias, junto a los promotores americanos, que prácticamente le habían enterrado el despacho con ofertas de conciertos. Demasiado para mantener una regla que se había quedado obsoleta. Los Beatles seguían rompiendo moldes. Esta visita suya marcó el comienzo de una nueva era.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


The Beatles – “Thank you girl”

Y eso en realidad fue a su pesar, porque los Beatles habían sido muy reacios a este viaje a los USA. Unos meses antes, Cliff Richard prácticamente murió musicalmente en uno de estos intercambios, ya que fue forzado a figurar como el cantante 14 de los que componían la larga nómina de nombres que acompañaban la gira de Frankie Avalon. John Lennon pensaba que ésa no era forma de encontrar una oportunidad.

Y al igual que ellos, la Federación americana tampoco estuvo por la labor. No querían comprometerse con nada, y aunque los conciertos primerizos éstos de los Beatles allí fueron muy bien, no queda constancia histórica de ellos ya que no se grabaron debido a que la Federación no permitía que quienes no fuesen miembros de la Unión inglesa trabajasen en los Estados Unidos, porque ellos no entraban en la reciprocidad. Y George Martin no estaba afiliado a la Unión. Y así, los piques y escaramuzas entre unos y otros siguieron adelante.

Pero ya estaba cantado que tras esas tres apariciones de los Beatles ya nada sería igual. Los organizadores americanos se dieron cuenta de que los músicos británicos ya no podían ser considerados desastres para sus taquillas, y la Federación tuvo que dar su brazo a torcer ante las presiones. Y así dio comienzo la British Invasion, y antes de que terminase el año los Dave Clark Five, Peter & Gordon, Gerry & The Peacemakers, Billy J. Kramer, los Animals, los Honeycombs, los Zombies, los Searchers, los Rolling Stones y los Kinks se estaban hartando de vender discos en los USA y habían firmado contratos para extensas giras americanas.

Y los Beatles volverían también en agosto para su primera gira real, la que les haría recorrer treinta y cinco mil kilómetros a través de 24 ciudades. Y por fin, el tráfico en las dos direcciones, cruzando el Atlántico, se pudo establecer para siempre.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


The Beatles – “I’ll get you”

THE MADCAPS LAUGHS

Para todos aquellos que piensan que la culpa de todo no la tuvo ella.

Ya hacía tiempo que no traía por aquí a un grupo nuevo. Éste de hoy lo es, aunque en realidad su creación se remonte al año 2.003 y ya tenga en circulación dos discos. Pero es una banda cambiante en el corto espacio de tiempo que lleva funcionando y que además, incluso yo mismo que estoy escribiendo sobre ella, no sé que pensar del todo sobre su música.

Es posible que cuando leas y escuches lo que sigue tampoco tú tengas claro si éste va a ser uno de los grupos que sigas escuchando con el tiempo o no… aunque igual vuelven a dar otra vuelta de tuerca a su música y para el tercer disco se nos presentan con una propuesta muy diferente. Ya lo hicieron entre el primero y el segundo, entre el sonido hiper real ochentero de unos Duran Duran del periodo “Reflex” que contenía su primer disco, “Yes”, del año 2.007, que para mí pasó sin apenas interés alguno, y entre el sonido de su nueva obra, recién estrenada (aunque en su país, Dinamarca, ya lleve circulando casi un año), y que con esas voces como de dibujos animados, esos estribillos azucarados y esas interminables capas psicodélicas, resulta como irse a comer a una pastelería: inicialmente muy atrayente, pero si insistes en seguir comiendo terminas enfermo.

Tampoco es que su propuesta sea una cosa del todo novedosa; los MGMT y los Flaming Lips ya lo hicieron antes que ellos, pero es que nuestros nuevos amigos tienen una forma de combinar la sensibilidad más perversa con el más puro pop que te arrastra. Y esta vez yo también me he dejado arrastrar por ellos… por los OH NO ONO.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Icicles”

Grandes deudas con el pomposo pop de los ’70 de la ELO y con Supertramp… ¿o me recuerda más a los Sparks?.

Como ya te he dicho antes, son de Dinamarca. Se formaron en Aalborg, el París del norte, y son Nils Svoldgard, bajista; Kristoffer Rom, batería; Aske Zidore y Malthe Fischer, guitarristas y cantantes; y el recién reclutado teclista Nicolai Koch, procedente de Choir of Young Believers. Y entre todos dan forma a este extraño arte que mezclan con una afrutada efusión de pop.

Su declaración de intenciones deja claro que ellos quieren ser como algo que nunca se haya escuchado antes; quieren hacer un espejo de todo lo que les gusta en la música.

Podríamos escribir una canción como “Single lady” de Beyoncé, pero en realidad nos cansaríamos muy rápido de esa clase de cosas.

Incluso en el nombre son singulares. Ellos decidieron que no querían ser otros “Los Esto” o “Los Aquello”, y les gustaba como quedaban los gráficos con una O detrás de otra… de ahí su nombre, Oh No Ono. Que, aunque todos sean fans de Yoko, no es una referencia directa a ella. Y su disco “Eggs” continúa con las mismas referencias, porque al fin y al cabo los huevos (los “eggs”) también tienen forma de O.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Helplessly young”

Un estribillo ascendente y un curioso instrumental que podían haber firmado Salt’n'Pepa le dan un irrefutable encanto.

En el 2.007 editaron su primera obra, “Yes”, lleno de sintetizadores y vibraciones disco, con un intenso deseo de hacernos bailar. El sonido épico de los ’80 se derramaba por todos sus surcos, aunque no faltaban los traqueteos de guitarra ni los teclados punzantes. Quizás lo más parecido a lo que iba a llegar después era esa forma en que las voces pasaban abruptamente de un primer plano a armonizarse en formas casi psicodélicas.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Keeping warm in cold country”

Del disco “Yes”. Todavía su principal influencia era el grupo Aqua.

Pero “Eggs” es completamente diferente; este segundo disco es una seductora y densa confección de psicodelia beatleliana, con melodías insistentes y grandiosos remolinos. Y el penetrante falsetto del cantante Malthe Fischer, aunque con una capa superficial de sacarina, le da a “Eggs” el inquietante filo de un sueño que está cambiando a pesadilla.

El disco está hecho así porque Oh No Ono querían que éste fuera el nuevo sonido de la banda, una música que tuviese muchas capas y fuese bastante complejo. Todos ellos crecieron con los Beatles, y les gustaba su sonido, especialmente el de las canciones pop disfrazadas de psicodelia. Entre los años 1.964 y 66 hubo una rápida progresión del sonido, que desde el pop convencional se enrareció hasta convertirse en algo más extraño, de lo que fue modelo el “Rubber soul” de los Beatles, que tan innovadores fueron en casi todo. En estos años está volviendo a ocurrir de nuevo y los sonidos más “raros” y experimentales están poblando incluso el mainstream más comercial… ahí tienes a Rihanna, Britney… así que sin querer establecer comparación alguna con los cuatro de Liverpool, lo que sí se puede decir es que “Eggs” es como un “Rubber soul” de esta generación.

Y el sonido lo han logrado también de una forma singular. Aunque completado en gran parte en los estudios de grabación, “Eggs” fue grabado también en iglesias, y al aire libre en una playa y en un bosque. Los elementos reminiscentes de los ’80 que había en el primer disco fueron abandonados en favor de texturas que el propio grupo describe como “submarinas”. Los nuevos elementos son ahora capas con voces invertidas, pájaros, gritos, terremotos, que aunque sean algo perturbadores, pero añaden mucho colorido a las voces extrañas, los pianos agrupados, las cuerdas, los metales, los coros susurrados, la gran cantidad de reverbs… otro tema recurrente es el subconsciente, un nivel al que la banda quiere llegar con su sonido.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Miss miss moss”

El elenco de actores de “High School Musical” perfectamente podría haberla interpretado si alguien hubiese rociado sus coca-colas con un poco de LSD.

Y otra cosa que no pasa desapercibida es el trasfondo sexual que tiene también “Eggs”. El CD incluye collages de la artista Malene Mathiason, que mezclan criaturas marinas con recortes de antiguas revistas pornográficas, mientras el video para la canción principal, “Swim”, sigue a un niño a través de un hospital, y le vemos mirando a una enfermera cambiándose de ropa, y posteriormente dándole el beso de la vida a otra compañera ante el alucine (y otra cosa) que le sobreviene al chaval…

Ellos dicen que nunca pensaron en el aspecto sexual de la música, pero lo cierto (y no tienes más que ver el video) es que existe ese ángulo en ella. Y las voces andróginas también son parte definitiva de ese aspecto; te atren en la misma medida en que te ponen de los nervios.

Como véis, Oh No Ono son un grupo ciertamente oblicuo; no muy distintos en eso a su famosa homónima Yoko. Aún así “Eggs” es un disco eufórico, un disco de pop. Un disco inmediato, no de vanguardia.

La música pop es como un sueño; algo que pasa en la radio o en la televisión, pero que viene de lugares en los que tú nunca has estado.

Hay mucho para disfrutar en él; justamente tanto como para odiar. Pero no hay nada en él sobre lo que quedar indiferente.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Internet warrior”

Muy rica en detalles, pero con un sonido liviano y delicado. Como un huevo (…de ahí “Eggs”…?) de Fabergé.

LA SEGUNDA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Para el Ambrosio, por compartir sus cintas, sus fotos y sus recuerdos. Y para el Losmi, por enrrollarse mucho (en los dos sentidos).

La segunda Cita en Sevilla se celebró entre el 17 de mayo y el 13 de julio de 1.985, aún en contra de los sectores más reaccionarios de la ciudad, que todavía venían quejándose de lo cara y escandalosa que resultó la primera edición. Pero el alcalde Manuel del Valle defendía contra viento y marea que el Ayuntamiento tenía que organizar este tipo de iniciativas porque, en caso contrario, Sevilla sería un auténtico desierto cultural.

Este año se contaba con algo más de presupuesto para sacar adelante la Cita; la inversión iba a ser de cien millones de pesetas, de los cuales la Junta de Andalucía aportaría diez; mientras que la previsión de ingresos por entradas (entre 300 y 1.000 ptas.) se situaba en torno a los cincuenta y cinco millones de pesetas. Por lo que ya se contaba con un déficit de antemano de 45 millones para levantar un oasis en el desierto anteriormente mencionado.

Así y todo, el alcalde y el concejal de cultura se avinieron a hacer este año una programación menos espectacular que la del anterior, pero a cambio, supuestamente más equilibrada y que diese satisfacción a las preferencias de sectores más ámplios de la ciudad. Lo que después se demostró como un grave error; primero, porque la oposición municipal siguió igual de intransigente o más aún, pidiendo incluso la dimisión de Bernardo Bueno; y segundo, porque los únicos espectadores que realmente respondieron a los conciertos programados fueron los mismos del año pasado, los jóvenes ávidos de rock and roll.

Y por eso el cartel de la Cita en Sevilla de 1.985 fue un batiburrillo tremendo en el que todo tenía cabida, desde las sevillanas a la copla, pasando por el humor, los cantantes babosos y la verbena popular. Y si las expectativas que levantó su presentación no fueron del todo malas, a medida que se iba desarrollando el evento los ánimos decayeron mucho debido a las bajas de última hora.

De entrada, ya nos sorprendió el día de la presentación que en la programación no figurasen dos de las actuaciones de las que se hablaba insistentemente, y que con más ansias esperábamos. No iban a venir ni Leonard Cohen, ni Spandau Ballet. El primero, porque parece ser que después de todo las negociaciones para traerlo fueron un bulo que corrió por ciertos ambientes, y a lo mejor el desencanto producido hizo que se esmerasen tres años después para traerlo de verdad. Spandau Ballet sí iban a incluirse en el programa, pero la fractura en el pie de uno de sus componentes hizo que aplazasen la gira, suspendiendo muchos de sus conciertos. Aún así, todavía se insistió para que pudiésemos verlos el 10 de septiembre en el campo del Betis, pero tampoco cuajó la idea. De todas formas sí que entraron también en la programación de otra Cita posterior, la de 1.987. Miguel Ríos tampoco llegó a entrar en el cartel definitivo porque para su espectáculo de entonces, “Rock en el ruedo”, no quería el solar, sino la plaza de toros de la Maestranza, y sus arrendatarios se negaron en redondo a cederla.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Miles Davis – “(Medley) You’re under arrest – Then there were none”

Así que junto a lo que os he comentado antes, los típicos y tópicos cantautores y los grupos de rock españoles y sevillanos, los nombres internacionales que realmente le daban relumbrón al programa, y que no iban a comenzar a llegar hasta que la Cita llevase ya más de un mes funcionando, eran Kid Creole & The Coconuts (el 21 de junio), Echo & The Bunnymen (el 29), Miles Davis (el 11 de julio) y Depeche Mode (el 12). De todos ellos, al único que pudimos ver fue a Miles. Los conciertos de Echo & The Bunnymen y Depeche Mode se suspendieron, y fueron reemplazados respectivamente por Ramoncín con Circulo Vicioso de teloneros, y por Radio Futura. El caso de Kid Creole & The Coconuts fue más sangrante todavía ya que no se celebró porque los músicos y sus técnicos llegaron a Sevilla muy tarde, y dada la complejidad del equipo que tenían que montar, hubiese obligado a comenzar el concierto a la una y media de la madrugada, algo que la organización consideró inadmisible (recordad que el solar de la Maestranza estaba en pleno casco urbano, y al lado de un cuartel y un asilo de ancianos). Para zanjar las posibles responsabilidades por incumplimiento de contrato, se intentó que el grupo tocase otra noche diferente, pero todo fue en vano.

Así que el primer mes de la segunda Cita en Sevilla se pasó para mí prácticamente en blanco, por lo que no os puedo contar demasiado de ella. A grandes rasgos os diré que el comienzo fue también una obra de teatro poco convencional, aunque esta vez en lugar de catalanes que soliviantasen a los capillitas, se buscó a alguien de la tierra, y así se representó “Piel de Toro”, de Salvador Távora, siendo éste su estreno mundial. Se desecharon también, por tanto, las otras dos posibilidades que se barajaban para el estreno, que eran un concierto de Carlos Cano, que en aquel momento aburría a toda España con su “Cuaderno de Coplas”, o algo más espectacular, como era un lanzamiento masivo sobre el Guadalquivir de hombres y mujeres en paracaidas, que al descender formarían con sus cuerpos las palabras “Cita-85”… si es que no se daban un buen coscorrón en el intento.

El primer concierto en el solar de la Maestranza, el viernes 17 de mayo, corrió a cargo de George Moustaki, que vino a convencer a los pocos nostágicos del mayo francés que fueron a oírle de que “el amor es todo” y de que “la libertad no es más que una utopía, un hermoso proyecto”. Yo me quedé en casa porque no me apetecía tampoco ver como uno de los representantes de la vieja guardia había pasado del blanco puro al viejo verde. Eso sí, ya que se cambiaba, lo hacía con todas sus consecuencias, y a Sevilla llegó a bordo de su avión privado.

El jueves siguiente, día 23, le tocó el turno el jazz, actuando primero un sexteto de desconocidos músicos (al menos para mí) que se encontraban participando en un seminario sobre jazz que se había organizado en Sanlúcar la Mayor, y después la Dollar Band del pianista sudafricano Abdullah Ibrahim.

El miércoles 29 llegaron los cantautores.Si José María Maldonado había servido de telonero el año anterior a Kiko Veneno e Hilario Camacho, este año él venía de cabecera de cartel. Y el telonero era un por entonces bastante desconocido Javier Ruibal, que en aquel año todavía tenía solamente un disco en la calle. No me hubiese importado ir, pero es que esa noche daban por la tele la final de la Copa de Europa que iban a jugar el Liverpool y la Juve… sí, fue ésa, la del estadio de Heysel.

El día siguiente el escenario del solar tenía que ser para Chiquetete, pero como era el día en que las carretas regresaban del Rocío y los cohetes no le iban a dejar cantar a gusto, el concierto se pasó al viernes 31. El cantante aprovechó para presentar en público a su sobrina Silvia Pantoja; pero tampoco es que nos interese demasiado. Su actuación fue seguida en la siguiente jornada por una noche dedicada al arte flamenco, con un interesante cartel en el que figuraban entre otros José Meneses y Camarón.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Camarón – “La leyenda del tiempo”

El miércoles día 5 de junio volvió Aute, y de nuevo llenó por completo el solar, lo que causó considerables problemas a la hora de entrar, porque como ocurriese en alguna ocasión también el pasado año, solo había una puerta de acceso, que obligó a la gente a hacer cola durante más de una hora, por lo que muchos entraron cuando Aute ya llevaba un buen rato cantando. Como véis, hasta este día la gente pensaba de la programación que habíamos tenido hasta entonces más o menos lo mismo que yo, y prefirió buscarse la diversión en otros lugares. Y el público para el que se suponía que estaban programados muchos conciertos tampoco se dignó demasiado en venir a verlos. Eso tuvo como consecuencia que haste este momento el concierto de Aute fuese el único con el que se habían obtenido ganancias.

El día siguiente lo que estaba programado era algo llamado “Estrellas de la Danza” que en aquel momento ni me interesó siquiera saber de qué iba, así que imaginaos ahora… y el viernes de nuevo jazz, esta vez con el saxo como estrella, con el cubano Paquito D’Rivera, teloneado por el cuarteto de Abdu Salim. Y aunque parezca increíble, no se llegaron a vender ni siquiera cien entradas para sus actuaciones.

Puede que muchos de vosotros recordéis a Abdu Salim; era un saxofonista tejano que tras ser licenciado del ejercito americano, se estableció en Sevilla en 1.983, donde fundó la primera escuela de jazz que se veía por estas tierras. Durante los años que anduvo por aquí, antes de convertirse en el saxofonista de Lou Bennet, pudimos verlo en infinidad de ocasiones, tocando en todos los locales y bares que por entonces tenían música en vivo. También anduvo de gira durante algún tiempo con los Imán, con los que tuvo una estrecha colaboración musical de la que seguro que nos hablará mejor en los comentarios alguno de nuestros amigos imanoides. Yo no estuve en este concierto de la Cita, pero no se me olvidará una vez que ví a Abdu Salim en solitario con su saxo, subido a una especie de plataforma o falso techo que había en aquel bar de varias plantas que abrieron en la calle Torneo entre Manuel Molina y algunos socios. La verdad es que ni siquiera recuerdo el nombre del local aquél, a pesar de que allí terminamos muchas noches… bueno, quizás muchas sea demasiado decir, porque la persecución policial a la que siempre estuvo sometido hizo que su vida fuese corta.

Y el sábado 8 el horror… digo… el humor… los Morancos, que comenzaban a hacerse muy conocidos gracias a su participación en el “Un, dos, tres, responda otra vez” de la tele; Josele, que todavía seguía explotando su “Vente pa España, Antonio”, y el incombustible Paco Gandía. También estaba previsto que actuase Pepe Da Rosa, pero el pobre andaba ya con los achaques que finalmente le llevaron a la tumba pocos meses después, y estaba recién salido de una intervención quirúrgica. La verdad es que por verle a él si me hubiese merecido la pena asistir, pero no lo hice, y creo que nunca más llegué a verle en directo. Era un buen tipo, el Pepe, al que le perdono hasta que fuese tan bético… pero lo que no le perdonaré nunca es el habernos dejado en herencia al “gracioso” de su hijo.

Y mientras en los diferentes distritos se ponía en marcha el ciclo de rock, el miércoles 12 fue cuando acudí por primera vez a la Cita de ese año. Quería escuchar en directo como La Mode interpretaba aquellas canciones que tanto me gustaban, aunque ahora no fuese El Zurdo quien las cantase, retirado hacía ya dos años a causa de una lesión pulmonar. No sé si era solo cosa mía, pero con la voz de Manuel Ballester ya no eran las mismas ni la “enfermera de noche” ni “aquella canción de Roxy”. Antes que ellos el escenario fue ocupado por Objetivo Birmania, un grupo de funk sin pretensiones, que nos hizo bailar con su “Desidia”, probablemente la canción del verano del año anterior.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


La Mode – “Aquella canción de Roxy”

Y así llegamos a un nuevo fin de semana, en el que ocurrió algo muy divertido. Estaban programadas dos noches dedicadas a la copla, el viernes un concierto de “voces nuevas de la canción andaluza”; y el sábado, las consagradas, con la actuación de Lolita Sevilla y las dos grandes divas de la canción, Juanita Reina y Marifé de Triana. El problema es que éstas dos últimas se pasaron las semanas previas porfiando sobre quién era la mejor, y la que merecía ser cabecera de cartel; sin ponerse de acuerdo en absoluto, claro está. Así que al final la organización optó por una solución salomónica, reestructuró los dos conciertos, de forma que en cada uno de ellos cantasen algunas de las voces nuevas, y Juana y Marifé cerrasen una noche cada una en plan estrellona.

Y también fue muy divertido, como no, ver como al igual que ocurrió el año pasado, las mentes biempensantes volvieron a escandalizarse. Esta vez por unos dibujos de Nazario que se publicaron en el tercer número de la revista que editaba el Ayuntamiento. Unos dibujos que, sobre todo, provocaron la ira de Alianza Popular, cuyo portavoz, Javier Arenas (¿os suena el nombre?) remitió la publicación a la Fiscalía y al Defensor del Pueblo por si “esta ofensa a algo que nos representa a todos, como es el escudo de la ciudad, fuese constitutiva de delito”. El caso es que el Alcalde en esta ocasión tuvo una respuesta bastante menos firme que el año anterior, porque aunque no retiró la revista, como le exigía el Grupo Popular del Ayuntamiento, aduciendo que Nazario tenía plena libertad de expresión y, al fin y al cabo, sus dibujos estaban al alcance de cualquiera en los kioskos (en cualquier número de la revista “El Víbora”, por ejemplo), hizo pública una nota en la que hacía constar “su más firme desagrado por la utilización de símbolos que forman parte de nuestro patrimonio cultural y de representaciones que puedan atentar a los sentimientos religiosos de nuestros ciudadanos”.

Un par de dibujos de Cita en Sevilla dieron origen a unas interpretaciones libres sobre su intencionalidad. Los hice con el cariño y cachondeo con que los hago siempre. Que cada uno vea lo que quiere ver. Siempre hay alguien que se puede escandalizar. Hay gente que todavía se escandaliza con La maja desnuda. Pero no por ello le ponen un taparrabos ni prohíben a los niños ir a verla. (Nazario)

Un señor con esta conducta no puede colaborar ni una vez más con ésta institución. No ofende quien quiere, sino quien puede, y Nazario no es más que un pobre desgraciado que solo busca hacerse publicidad a costa de estos acontecimientos. (Javier Arenas)

Pero mientras en el Ayuntamiento nuestros próceres se divertían tirándose los trastos a la cabeza unos a otros a cuenta de la Cita en Sevilla, las noches locas que nos interesaba que ésta nos trajese a nosotros para divertirnos, al fin, también comenzaron el miércoles día 19 de junio. Ese día los que tocaban eran Gabinete Caligari y Loquillo.

A los primeros los habíamos visto hacía muy poco, porque el día 4 de enero ya estuvieron actuando en este mismo solar de la Maestranza; pero mereció la pena, porque todavía caliente su “Cuatro rosas”, estuvieron tan seguros y activos como siempre, dominadores de la faena en todo momento, desgranando sus canciones saviamente tanto en el espacio como en el tiempo. Gabinete Caligari ya eran un grupo asentado y eso se les veía sobre las tablas. Curiosamente, a Loquillo también podíamos haberlo visto un día después de a Gabinete, porque el día 5 de enero estaba prevista una actuación suya en la Plaza de España, junto a Alaska y Dinarama y a los UB40, dentro de un show televisivo, “Europa a Go-Go”, que se iba a celebrar a la vez en varias ciudades europeas, con motivo del Año Internacional de la Juventud, y se iba a televisar en directo en casi toda Europa. Así que por la tele pudimos ver, por ejemplo, a los Frankie Goes to Hollywood escandalizando desde no recuerdo donde a la gente con su “Relax”, o a Nena, a los Hanoi Rocks, a los Auto Da Fe, a los Golden Earrings, a los Inmaculate Fools… pero aquí llovió tanto, que además de la cabalgata de Reyes Magos se aguó también la fiesta rockera, y se suspendió; desventajas de ser el único escenario al aire libre de todos los que había esa noche. Aquella era la época dorada de Loquillo y los Trogloditas, que fueron elegidos por Radio 3 como la mejor banda en directo de ese año. Fue también su año de transición, en el que pasaron de la independiente Dro a la multinacional Hispavox, donde sacaron “La mafia del baile”, disco del que adelantaron aquí algunas canciones. Fue también el año de aquel polémico anuncio sobre drogas del que creo recordar que alguien ha hablado hace poco en este blog. Y lo que recuerdo de aquella noche es que fue un concierto brutal. Quién te ha visto y quién te ve, Loquillo de mi alma…

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Loquillo y los Trogloditas – “Chanel, cocaína y Don Perignon”

Un par de días después tenían que haber actuado Kid Creole & The Coconuts, pero ya os he contado anteriormente porqué no lo hicieron. Los que estuvimos allí aguantando hasta que al final se hizo patente que aquello se suspendía mostramos un considerable cabreo, entre otras cosas porque nadie nos daba explicación alguna del motivo.

Y el sábado fue la noche de las sevillanas; Romero San Juan, El Pali, los Cantores de Híspalis, los Rocieros… y cabreo considerable por parte de otros grupos como los Marismeños o los Amigos de Gines, que no fueron invitados a participar. Por cierto, que al principio tampoco lo fue El Pali, pero tanto coñazo debió darle el hombre a Bernardo Bueno y a Manolo Fernández Floranes que al final lo incluyeron en el cartel porque se cayeron los Romeros de la Puebla. Pero vamos con algo más divertido…

No sé si muchos de vosotros recordaréis aquellos festivales de la canción femenina que se estuvieron celebrando en la Cita durante varios años. Pues el primero de ellos tuvo lugar este 1.985, aunque en realidad no se celebró en la Cita en Sevilla, sino algunas semanas antes, concretamente el 20 de abril, el sábado anterior al inicio de la feria, en el Roll Dancing. Pero después, ya en la programación de la Cita tuvo una repetición, fuera de concurso, simplemente como una muestra de las cantantes, y como forma de que éstas pudiesen lucirse en un gran escenario y ante el numeroso público que acudió la noche del 26 de junio a ver a las estrellas del cartel: Silvio y Kiko Veneno.

La idea de los Festivales de la canción femenina estuvo compartida por Pive Amador y Pepe Benavides, que por entonces tenían una empresa llamada “La Factoría”, que se dedicaba a la promoción y el montaje de conciertos. Ellos fueron también los que organizaron los “Rock’n’Roll Festival”, y como continuación presentaron el proyecto de este festival femenino.

Cuando se publicitó el festival, a base de carteles pidiendo intérpretes para el casting previo, la primera persona que se presentó fue… un tío. Decía que su especialidad era la canción femenina, vete a saber qué entendía el hombre por aquello. Después, una vez oídas a todas la que se presentaron se eligió a siete de ellas para la final del concurso, en la que interpretarían en directo su canción, acompañadas por los mismos músicos que acompañaban a Silvio, que en aquel momento aún se llamaban Barra Libre. En otros festivales posteriores la banda fue creciendo con otros músicos más, como Antoñito Smash, Manuel Marinelli…

Yo tenía mi favorita, por supuesto; aunque no ganó. Pero desde la primera vez que la escuché cantar, y moverse en escena con aquel ajustado traje negro de hilo que dejaba adivinar muchas más cosas de las que dejaba entrever, mientras cantaba el “Only the lonely” de los Motels, me enamoré perdidamente de Elena, una chica de Alcosa, amiga de El Pájaro, que fue la que abrió el Festival… aunque no me importó lo más mínimo que lo hiciese con una nota tan desafinada que lo llenó todo de malos augurios.

…hay que ver que la primera nota que cantó la primera muchacha en el primer Festival salió desafinada, y desde la batería me entró un escalofrío, porque pensé que iba a ser un presagio. Por suerte luego salió todo bien. (Pive Amador)

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Elena (saturando el micro) – “Only the lonely”

Y tampoco ganó quien realmente mereció hacerlo, que era Cristina Luengo, una presencia clásica en la escena punkarra sevillana con su grupo Los Calaveras, rivales y amigos de Los Canijos, donde cantaba el Dogo antes de crear a Los Mercenarios. Cristina interpretó “Enciende tu motor”, una canción de Los Espasmódicos, y…

…desde el primer bufido que le pega al micro, Cristina dejó claro que los mariconeos se acababan de terminar. Su interpretación prácticamente le enseñó a su rival y amigo Dogo (que la observaba desde primera fila) cómo tenía que sonar su futuro grupo Dogo y Los Mercenarios. De hecho, un muy bisoño Dogo tomó el escenario mientras el jurado deliberaba, estrenando una nueva canción que se llamaria “Rocanrol Caliente”. Si hubiera habido un mínimo de justicia, Cristina tenía que haber ganado. (JL Ambrosio)

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Cristina (dando caña) – “Enciende tu motor”

Por el escenario pasaron también Carmen, una chica de 16 o 17 años que hizo una versión de “El crimen de Marbella” de Brigada Ligera; Betty, una chica suiza, que acompañada por su novio Stef, interpretó una pieza gótica y siniestra, en alemán, que habían compuesto ellos mismos; Elsa, una americana que andaba por nuestra ciudad, y que versionó el “Fever” en un inglés que por fin sonaba “decente” aquella noche, después de haberse lavado y afeitado las axilas allí mismo en el camerino, delante de todas las demás; Eva y sus Marujas, que eran un grupo de chicas de Los Remedios, entre las que se encontraba la actual esposa de Pive, y que cantaron y bailaron con el “Girls just want to have fun” de Cindy Lauper… y la que ganó, Maite Chacón, cantando el clásico standard “Bésame mucho”.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Maite (acelerando al final) – “Bésame mucho”

A Maite seguro que la recordáis todos, porque desde aquel año, en que era una incipiente actriz (a la que se ve que sí habían enseñado a respirar mientras cantaba), pasó con el tiempo a ser una famosa presentadora de Canal Sur, donde la vimos, por ejemplo, en aquel “Tal como somos” que la cadena dedicaba a los pueblos andaluces, desde que se inauguró en 1.989, hasta 1.993. Después sustituyó a María del Monte en la programación matinal en los meses de verano… si no la recuerdas, mira la foto.

En el solar de la Maestranza todas ellas, bajo el nombre de Las 7 magníficas, precedieron a Silvio y Barra Libre y a Kiko Veneno. Del concierto de Silvio no recuerdo gran cosa porque por entonces todos los que ví eran más o menos iguales: éste, el que organizó la Universidad un poco antes, el del “Rock and Roll Festival” un poco después… mucho “Betis”, “Chorla”, country puro de oliva y desbarres marca de la casa, ya os hacéis una idea. Y del concierto de Kiko… bueno, a Kiko ya no le tomaba muy en serio desde que le veía con mi hija en “La bola de cristal”, jejeje…

Y ya que tanto hemos hablado de mujeres, me gustaría contaros también que aquella noche, mi amigo Pepe Conciertos y yo, después de disfrutar de la música en directo, nos dirigimos a terminar la marcha a uno de nuestros garitos favoritos, el “Be-Bop” que por entonces tenía Manolo “Ajoblanco” en la calle Sol (la calle’l só, de tó la vida). Allí también fueron a parar más tarde Kiko Veneno y su banda después de su actuación, y en un momento determinado Kiko se dirigió a la barra y le pidió a Manolo que quitase un momento el jazz que sonaba allí habitualmente y pusiese una maqueta que llevaba él, que era el disco de una protegida suya, a la que estaba produciendo, que estaba seguro de que iba a dar mucho que hablar en cuanto se editase. Manolo puso la cinta y todos pudimos oir la primicia del “Estoy mala” de la Martirio, a la que ya llevaba también en el concierto de esta noche haciendo coros. Debo decir que a mitad de la tercera canción Manolo ya le estaba diciendo con mala cara a Kiko que ya estaba bien…

El jueves 27 se dedicó la noche a la samba; fue la primera de las “Noches de Sevilla con Brasil”. Pero nada de rutilantes estrellas, Ambrosio, que anduvo por allí me dijo que sobre el escenario lo que había era una Escuela de Samba que se llevaron dos horas dale que te pego con los tambores y las cuicas. Y parece que no quedaron satisfechos con su actuación en el escenario, porque al día siguiente la repitieron (más o menos) primero en la calle Sierpes, donde la gente no daba crédito viendo a aquellas tres bellísimas brasileñas de la Escola de Samba “Padre Miguel” (ganadora del Carnaval de Río de ese año), moviendo el culo calle arriba y calle abajo. Por la noche volvieron al solar de la Maestranza, donde repitieron actuación, esta vez teloneando a Gilberto Gil.

La del sábado 29 de junio tenía que haber sido la noche en la que actuasen Echo & The Bunnymen, pero en su lugar la estrella fue Ramoncín, teloneado previamente por Círculo Vicioso, quienes poco tiempo después adquirieron una gran notoriedad en el pop español porque ganaron contra todo pronóstico el Festival de Benidorm, que ese verano había cambiado su línea y se había dedicado a jóvenes grupos de pop y rock. La banda de José María Sagrista y Juan Ortiz, después de pasar varias cribas en Andalucía, le ganó en la final a otras como Seguridad Social, Alphaville, Aerolíneas Federales o Aurelio y los Vagabundos, con la canción “Portero de noche”. Este concierto fue muy poco tiempo antes de que ocurriese aquello, y las buenas canciones y la potencia de su directo nos pilló a todos por sorpresa. Durante algún tiempo fueron la mejor banda de Sevilla; fue una pena que no durase mucho. El Ramoncín que vimos era el de “Como el fuego”, y fue un concierto en el que todavía la rabia la echaba cantando rock y no maldiciendo a los piratas que le roban sus canciones en internet. Anda y que le den…

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Círculo Vicioso – “Portero de noche”

Este año a quien le concedieron dos noches porque se suponía que iban a ser el gran bombazo de la Cita fue a La Trinca, quienes cabalgando a lomos de su “Quesquesé se merdé” se habían hecho popularísimos en toda España. Actuaron los días 2 y 3 de julio, y, al contrario que el año anterior con Serrat, yo no estuve allí ninguna de las dos noches para poder contaros nada.

Como tampoco estuve la noche siguiente, en la que Oskorri sirvieron de teloneros a Alan Stivell. Y menos aún la noche siguiente a ésa, la del día 5 de julio, en la que el escenario lo ocupó Juan Pardo.

Antes os dije que otro de los grupos programados que al final se cayó del cartel fue Depeche Mode, que tenían prevista su actuación para el día 12. Sus sustitutos actuaron, sin embargo, un par de días antes, el miércoles día 10 de julio, y fueron Radio Futura. “Escuela de calor”, “Semilla negra”… grandes canciones de su último disco, que les hicieron subir un escalón más en su status, y que tenían bien engrasadas de tanto interpretarlas en directo. Recuerdo el concierto como muy bueno; supongo que al ser de las últimas veces que iban a tocarlas antes de meterse a grabar “De un país en llamas”, se volcaban con ellas. Funky-punk tocado de memoria por un grupo que empezaba a estar cansado de rodar.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Radio Futura – “Escuela de calor”

Y antes del colofón con una verbena popular celebrada el sábado por la noche allí mismo en el recinto del solar, el broche final a la Cita en Sevilla del ’85 lo puso de forma muy brillante Miles Davis el día 11 de julio. Aunque esta vez, en lugar de contaros yo mismo lo que pasó allí, le cederé la palabra a nuestro amigo Losmi:

…esa entrada de la foto es mas falsa que un billete de seis euros, juajua! …ya comenté por aquí que por aquel entonces no era excesivamente difícil, partiendo de una original prestada, seleccionar un papel de color y textura adecuada y con la máquina de fotocopias recién estrenada en mi curro de entonces, hacer una tirada suficientemente extensa como para hacer disfrutar de una noche en la Cita a toda la peña y agregados, con la entrada número 221 replicada hasta la náusea (y aún sobraron como podeis comprobar)…

…y vaya si disfrutamos! Además del gratis total (lo que posiblemente otros conseguían por su acreditada pertenencia a la corporación mediática gañotil y no quiero señalar, juajua!), tuvimos la inmensa fortuna de ocupar el centro de la fila 0 de sillas (aquella noche pusieron asientos), con lo que la inmersión sónica y visual en el planeta davisiano fue memorable, hasta para una memoria tan distraida como la de un servidor… prácticamente recibiendo el sonido de monitores, bien regado con la baba que salía de la trompeta de un genio encogido sobre si mismo pocos palmos por encima de nosotros…

Miles era un músico introvertido, con una suerte de concentración escénica que a primera vista lo aislaba de su banda, que a su vez mostraba una enorme capacidad para crear una plataforma emocional tremendamente eficaz, sobre la que el maestro se permitia incluso especular o “arrepentirse”, en unos trazos angulados y de corto recorrido, a modo de pinceladas… dado que los temas estaban construidos en armonías modales y por tanto sin argumento, Miles no se veía obligado a resolver sus interpretaciones mediante el recurso de la coda y terminaba sus temas abruptamente a modo de un coitus interruptus, sin pretensión alguna de provocar el aplauso inmediato.

Miles Davis acababa de publicar su “You´re Under Arrest”, el disco con el que definitivamente consiguió el repudio del stablishment jazzístico, cuando hizo suyo el lenguaje mas desenfadado y carente de virtuosismo de la música popular, en detrimento del neoclasicismo imperante en aquellos momentos, representado entonces por Wynton Marsalis, un joven y superdotado trompetista, que en un arranque de prepotencia e impertinencia tuvo la desfachatez de renegar y retirar el saludo y la consideración a uno de sus maestros… enorme registro que abarcaba un amplio panorama de estilos, desde sus eléctricas cabalgadas modales iniciadas algunos años antes con “Bitches Brew”, hasta construcciones de pop canónico en las que siquiera puntuaba especialmente la procedencia afroamericana en orígen, como demostraba la inclusión de un tema como el “Time After Time”, Top One de Billboard solo un par de años antes, a cargo de la cantante Cindy Lauper… grandísimo disco en resúmen, del que un servidor venía disfrutando y que mirusté por donde, se nos sirvió en bandeja a cargo de la misma banda que lo había grabado… Miles a la trompeta y teclados (un sintetizador dispuesto trasversalmente en medio del escenario al que Miles acudía esporádicamente a pegarle un zarpazo), John Scofield a la guitarra, iniciando con Davis una carrera que lo ha aupado entre los guitarristas de jazz mas reputados (aunque a mí no acabe de convencerme), el bajista Darryl Jones, en una actuación que me dejó literalmente planchado por su intensidad y maestría en el slap, Bob Berg a los saxos, Robert Irving III a cargo de los teclados y Al Foster a la batería, además del percusionista del que no recuerdo su nombre… por cierto, que para ponerme en situación, renuncio a coger la escalerita para auparme a los altos de los viejos vinilos y recurro a descargarme el disco directamente, evitando el peligro de desnucamiento por resbalón… hay quien por esto me llama pirata y me quiere cobrar, en fin…

Años más tarde, y después de la edición de “Tutu”, Miles volvió a Sevilla, al polideportivo de San Pablo… pero no fue lo mismo, brodas… o el mismo ya no era yo.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Miles Davis – “Time after time”

Y con esta maravilla se cerró la segunda Cita en Sevilla (el pareado no ha sido premeditado… anda, ni éste tampoco…), que dejó en las arcas municipales un agujero de 85 millones de pesetas, casi el doble de lo que estaba previsto; y eso ocurrió porque los “ámplios sectores sociales” hacia los que se abrió la oferta cultural no respondieron como se esperaba, por lo que la próxima edición iba a volver a orientarse hacia el público más joven de Sevilla, que se había demostrado que eran los que daban una respuesta más clara y contundente. Y aunque quizás también habría que decir que parte de la culpa de que los ingresos no fuesen tantos como se pensaba la tuvo la supresión de algunos de los conciertos de más tirón, el batacazo más gordo se produjo en las noches en que la organización hizo más concesiones al sector rancio, y ni Dios Bendito fue a ver a Chiquetete, a Juan Pardo, o a las primadonnas furibundas de la copla. De los cincuenta y cinco millones de pesetas que se esperaba recaudar en el taquillaje, solo se consiguieron veintiocho. Los conciertos a los que más gente acudió fueron, por este orden, los de Aute, Miles Davis y Radio Futura, por lo que la apuesta por La Trinca también resultó fallida.

Pero antes de terminar me gustaría recordar otra cosa. El año anterior la Cita en Sevilla tuvo un epílogo a cargo de Nina Hagen, y este año, sin embargo, lo que tuvo fue un prólogo. Al Ayuntamiento se le ocurrió la idea de hacer una prueba para ver si en Sevilla, durante los días de feria había cabida para alguna otra actividad, o todo era feria y más feria. Y se trajo a tocar a la Orquesta Mondragón los días 25 y 26 de abril, jueves y viernes de feria respectivamente.

Los conciertos se celebraron también en el solar de la Maestranza y fueron gratuitos, aunque había que recoger una invitación previa en las juntas de distrito, en la delegación de Cultura o en cualquiera de las emisoras de radio que las daban. Pero sin problemas, había para todos; y la cosa salió muy bien. Yo no sabría ahora deciros a cual de las dos noches asistí, pero allí estuve, en una cita ineludible porque era la primera vez que un grupo de rock iba a grabar un disco en directo en Sevilla.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Orquesta Mondragón (y la gente de Sevilla) – “Garras humanas”

Y eso es lo que hizo la Orquesta Mondragón. Es cierto que ya, después de diez años de andadura (que esto era lo que iban a celebrar con ese disco en directo) habían atravesado un gran bache y no eran aquel grupo fantástico de Popotxo y Jaime Stinus arropando a un Javier Gurruchaga que se montaba unos conciertos espectaculares y apabullantes. Aquí vino ya el Gurruchaga egocéntrico y maniático que utilizaba a la banda para lanzarse a sí mismo, aunque escaldado por el fracaso de “Bésame tonta” y que había vuelto al rock’n’roll elemental, básico y fuerte. Por eso sus actuaciones sevillanas estuvieron llenas de vida. Y de lo que tocaron en las dos noches sacaron el material para el “Rock and Roll Circus”, un disco doble en el que repasaban a fondo sus primeros años. No faltaron los standards y las canciones más famosas, pero hubo rock del bueno, y el show de la Mondragón fue tan fuerte como el posterior exceso de manzanilla.

Al Ayuntamiento le salió tan bien la jugada que la repitió al año siguiente… pero eso ya es una historia de “la tercera vez que nos citamos en Sevilla”.

EL PADRINO DEL PUNK (y 2ª Parte)

Viene del capítulo anterior.

Nos habíamos quedado en el momento en que Kilburn & The High Roads se disolvieron…

Ian Dury y Rod Melvin (que reemplazó a Russell Hardy en los Kilburns en mayo del ’74) pasaron los meses siguientes escribiendo material para una nueva banda, que se llamaba simplemente Ian Dury & The Kilburns, y se formó en noviembre del ’75, además de con ellos, cantando y tocando el piano respectivamente, con Ted Speight en la guitarra, John Earle en el saxo, Giorgio Dionisiev en el bajo y Malcolm Mortimer en la batería.

Y con la vuelta del guitarrista Ted Speight, también se produjo la de su compañero desde los tiempos escolares, Dave Robinson, que volvió a convertirse en el manager. Pero a éste le venía grande lo de mover a más de una banda a la vez, y ya tenía otros compromisos, por lo que traspasó los asuntos de Ian Dury a Blackhill Enterprises, la compañía que sacó adelante a Pink Floyd. Todas las reticencias que Ian Dury tenía sobre relacionarse con un montón de “incompetentes hippies” se disiparon en cuanto éstos les adelantaron un montón de libras para que se comprasen un equipo decente.

Fue entonces cuando el pianista Rod Melvin se fue también del lado de Ian y en su lugar apareció su socio más fudamental, Chaz Jankel, el cual provenía de otros campos más “zeppelinianos” y fue el condimento principal para que la música que tantas influencias jazzisticas y funkies que componía Ian se tintase de toques bailables. Y al ver la buena conexión que les unía a los dos, Ian tomó una decisión fundamental: en agosto de 1.976, después de dar un concierto en el que tuvieron como teloneros a los Sex Pistols y a los Stranglers, rompió la banda, para no tener distracciones superfluas, y prácticamente se encerró durante un año con Chaz en unos estudios de Wimbledon, para componer entre los dos aproximadamente 40 canciones.

Y mientras ellos estaban recluídos, Dave Robinson y Jake Riviera fundaron el sello Stiff Records en unas oficinas que les habían dejado los de Blackhill. Por supuesto, en uno de los que primero pensaron para fichar fue en Ian Dury, que había formado una nueva banda, The Blockheads, para dar forma a muchas de las canciones que habían compuesto entre él y Chaz. Los “hippies” de Blackhill le dieron otra muestra más de confianza adelantándole 4.000 libras para que comenzasen a grabar un disco… y en cuanto oyeron la maqueta de lo que iba a ser “New boots and panties!!!”, las cuatro mil libras se convirtieron en cuarenta mil…

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Wake up and make me love”

Stiff Records era un paraiso para alguien como Ian Dury. Allí imperaba el espíritu del naciente punk y la única regla que existía es que en el mundo del rock las reglas están hechas para romperlas. Eran anarquistas, pero no en la forma en que los punkies usaban esa palabra; ellos conocían la música de Ian y sabían de su potencial, y estaban preparados para soportar sus payasadas. Ian era uno de los intérpretes más notables con los que podían trabajar, y el que más prisa tenía por triunfar, y tenía ya mucha base sobre la que apoyarse para conseguirlo. Todo lo que llevaba sufrido desde niño no lo tenía del todo procesado y siempre estaba ahí, haciendo de él un tipo enfadado e imposible de soportar muchas veces. Pero eso mismo hacía de él también un gran artista.

“New boots and panties!!!” fue el disco con el que Ian Dury destrozó todas la barreras. La pura vitalidad de las canciones y la novedad de presentarlas cantadas con una jerga y un humor puramente cockney (aprendido en todos sus años de internados salvajes), junto con la energía punk que derrochaban, demostró ser algo irresistible. Sus canciones eran como guiones para películas de tres minutos; eran el equivalente sonoro a las pinturas de Pop-Art de Peter Blake, el pintor responsable de la portada del “Sgt. Pepper”, que también le diese clases a Ian durante su estancia en la Escuela de Arte de Walthmstow. Se editó en 1.977 y con él se disiparon los horribles celos de Ian sobre todos aquellos mindundis sin talento que se hacían ricos y famosos de la noche a la mañana, mientras él sacaba canciones de las que algunas tardaba años en elaborar… habían pasado seis años de mala hostia, pero por fin el éxito le sonreía.

¿Cómo podríamos traducir “blockheads”…? Tarugos, capullos, borricos… Norman Watt-Roy, el bajista de la banda que Ian estaba formando, lo tuvo claro nada más leer las letras de Ian que se tenía que aprender: “Nosotros somos los blockheads… somos nosotros!”. Y para siempre se quedaron con el nombre. Los demás eran Charley Charles, el batería; Jon Turnbull, el guitarra, Micky Hallagher, el teclista. Y Chaz e Ian Dury.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Blockheads”

Tendrías que ver las fiestas de los blockheads,
con sus caras coloradas y sus manchas de cerveza.
Los blockheads, con restos de comida en sus dientes,
y ese estado horrible en el que están siempre.

Tienen tetas como las de las tías bajo sus camisetas malvas,
zapatos que parecen las narices de los cochinos muertos,
chaquetas ridículas y pantalones de saldo,
y una boca que nunca se cierra…

El debut de la banda fue en la gira de “Stiffs Live Stiffs”, junto a Elvis Costello, Wreckless Eric y Nick Lowe. Y del disco vendieron más de medio millón de copias; estando en las listas de superventas durante un año y medio del tirón. Ian Dury se había convertido en una celebridad de la noche a la mañana. Y gran parte de que aquello sucediese la tuvo su publicista, Kosmo Vinyl, que hizo por él todo el trabajo que a Ian no se le hubiese ocurrido… como entrar de sopetón en las oficinas del “Record Mirror” y desgarrar de un tirón el poster enorme que tenían en la pared de Jimi Hendrix: “No habléis más sobre tíos muertos. Hacedlo sobre “New boots and panties!!!”. Es para volverse loco…”

“New boots and panties!!!” se iba a llamar en realidad “Live at Lourdes”, que era una irreverente broma sobre lo milagroso que era que fuese a Lourdes un tullido desesperanzado y saliese de allí reinventado como intérprete famoso. No era para menos, de aquella época son las canciones más conocidas de Ian, las que salieron de aquel disco y los singles anteriores y posteriores a él: “Sweet Gene Vincent”, “What a waste”, “Wake up and make love with me”, “Hit me with your rhythm stick”, “Sex and drugs and rock’n’roll”… dos años llenos de canciones de la altura de las de Cole Porter o Leiber & Stoller. Dos años de singles cuyas ventas se contaban por millones.

“Sex and drugs and rock’n’roll” comienza como una suave advertencia y termina como un hermoso himno. Hubo un momento en el que yo me alimentaba de esas tres cosas, pero ahora tengo un nuevo tipo de vida. Cuando Jankel y yo escribimos esta canción robamos el riff de un solo de bajo de Charlie Haden en un disco de 1.960 de Ornette Coleman, llamado “Change of the century”. Después tuve la oportunidad de conocer a Charlie Haden y me dijo que no me preocupase, que él también había robado ese riff, ¡de una melodía del folklore cajun! La BBC lo prohibió cuando lo editamos como single, pero vendimos 18.000 discos. Con esta canción, lo que yo quería sugerir es que en la vida hay más que estas tres cosas, sexo, drogas y rock’n’roll, o que mover una palanca todo el puto día en una fábrica.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Sex and drugs and rock’n'roll”

Su segundo disco, “Do it yourself”, editado en junio de 1.979, también fue otro éxito inmenso, y lo podía haber sido aún más si Ian hubiese incluído en él algunos de sus singles anteriores, “What a waste” o “Hit me”, pero él quería ser un artista legendario, y en su mente, los artistas legendarios siempre habían mantenido sus singles fuera de sus álbumes. Aún así fue número 2 en ventas en Gran Bretaña, aunque no se mantuvo en la cima tanto tiempo como “New boots”. Tampoco aparecía en el disco el siguiente single que también era santo y seña de su sonido, “Reasons to be cherful (Part 3)”, una canción a la que debería reconocerse como el primer rap de la historia, ya que en realidad fue editada tres meses antes que “Rapper’s Delight”. Muchas veces las mejores canciones surgen de la forma más sencilla: una noche en Roma se averió la instalación eléctrica del local en el que tenían que actuar, y se suspendió el concierto; jugueteando con un teclado en el sofá del hotel, aburrido, Chaz sacó una melodía que le gustó, llamó a Ian por teléfono a la habitación de éste y se la puso… a la mañana siguiente Ian Dury le dio a Chaz Jankel un papel con la letra de la canción escrita.

Con “Do it yourself” Ian se desmarcó definitivamente de la escena punk, a la que de hecho no había pertenecido nunca, a pesar de que el punk proporcionó el clima adecuado para el éxito de Ian Dury. Pero él tenía muchas cosas que lo diferenciaban, para empezar, la edad; con 37 años Ian doblaba la de los niñatos arquetípicos del punk. Y musicalmente estaba más enamorado de los Meters que de los New York Dolls. Ian Dury se veía a sí mismo como un no-músico que entendía bastante de rítmos, y escribía letras que sonaban bien con ellos.

La otra gran diferencia entre Ian Dury y el punk era que a pesar de lo grotesco de sus letras y del dolor de su propia vida, su visión, en última instancia, era alentadora y humana, una celebración de la vida, del amor, de la alegría

No te preocupes, porque si no puedes bailar con este disco, hay otro montón de cosas que puedes hacer mientras lo escuchas…

En Europa eran aclamados por donde quiera que fuesen de gira. Pero las cosas no fueron tan bien al cruzar el océano. Uno de los mayores errores de la banda fue irse a America de gira teloneando a Lou Reed. Estuvieron haciendo dos conciertos por noche durante varias semanas y acabaron extenuados; además de padecer la incomprensión de unas audiencias para las que Lou Reed ya había dejado de ser subversivo hacía tiempo, a pesar de que Arista Records no se había percatado de ello, y por eso quiso ponerles a unos teloneros para unas mentes abiertas que luego se vió que no lo estaban tanto.

Aquí sí seguían admirándolos, y el éxito de su cadena de singles hacía que tuviesen que tocar noche tras noche. Y las reservas de energía se van agotando; sobre todo si uno es un inválido de 37 años que tiene que “actuar” en muchas de sus canciones; y además es un lunático que derrocha sus propias emociones, odio, celos, desesperación, en el escenario de una forma tan real que las hace tangibles.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Reasons to be chearful (Part 3)”

Si a eso le unimos que nunca le veían la punta económica a su trabajo no es extraño que las fisuras comenzasen a surgir. Sobre todo porque además el reparto de beneficios se hacía de una forma que a la mayoría no les parecía razonable. Ian y Chaz se beneficiaban de los royalties como autores y de los ingresos por los conciertos, y al resto del grupo solo les pagaban 75 libras semanales. Cuando las cosas fueron mejor, los demás intentaron otro arreglo, pidiéndoles una parte también de los ingresos de la gira, pero después de que Ian se llevase un 25 por ciento, Chaz otro 25 y el manager otro 25, solo quedaba un 25 por ciento más para repartir entre los otros cinco Blockheads y los roadies. Pero es que además todo ese dinero a repartir no salía “exactamente” de los ingresos por los conciertos, sino de lo que quedaba de ellos una vez restados los enormes gastos durante la gira y los no menos enormes gastos de alquiler de los estudios de grabación y del mantenimiento de una banda en funcionamiento.

Hacer una gira masiva durante todo un año y perder dinero es duro; y eso les ocurrió a ellos, en 80 conciertos acumularon unas pérdidas de 40.000 libras… y eso a pesar de que siempre agotaban las entradas en todas sus actuaciones. ¿Cómo podía ser…? No es de extrañar que los músicos estuviesen desengañados viendo que el caldero de oro que había al final del Arco Iris estaba vacío… y que Ian, sin embargo, sí tuviese dinero para disipar en unas vacaciones en las Barbados mientras ellos se quedaban en Fulham intentando grabar algún nuevo material.

Y esta forma de llevar el grupo cansaba también a Chaz, que no tenía tiempo para componer nuevo material ni investigar nuevos sonidos… ni para seguir aguantando el carácter amenazador y opresivo de Ian. Por eso, en 1.980 Chaz Jankel dejó a los Blockheads y comenzó una carrera en solitario que tuvo su punto de partida en la composición de “Ai no corrida”, un gran éxito para Quincy Jones. Wilko Johnson, guitarrista de Dr. Feelgood se asoció en su lugar con Ian, y ya aparecía en “I want to be straight”, el último superventas de los Blockheads. Después siguió otro single, “Sueperman’s big sister” (con “Superman” mal escrito a propósito para evitar problemas de copyright), y el nuevo disco “Laughter”, que ya anduvo muy cortito en cuanto a ventas.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Sueperman big sister”

Aún así Ian Dury seguía recibiendo algunas aclamaciones. Fue el invitado especial en una cena en su honor que Eddie Barclay dio en Cannes. Eddie era el propietario de Barclay Records, el sello que distribuía la música de los Blockheads en Francia, y le había concedido un premio especial. Por eso Ian estaba sentado en el lugar principal de una mesa de 300 comensales, teniendo a su derecha a Eddie, y a su izquierda a la actual novia de éste, una joven y glamourosa estrella del cine francés, unos 30 años más joven que él. Ni veinte minutos tardó Ian en meter la pata: “Esto es muy aburrido, muñeca. ¿Salimos fuera?”. Como la chica aceptó se levantaron para irse, ante la extrañeza de Eddie… “¿donde váis…?”. “A algún lugar donde pueda follarme a tu chica”, le contestó Ian. Eddie, a pesar de ser un gran magnate, que se codeaba con Chirac, y todo un caballero francés, perdió un poquito la compostura: “Tú, estúpido ignorante, siéntate ahí de nuevo, ¿quién coño te has creído que eres?”. Su contestación esta vez fue: “Eddie Barclay, tu es merd” (así, en francés, que es más fino). Por lo que éste no tuvo más remedio que replicarle: “Ian Dury, no volverás a vender un disco más en Francia en tu puta vida”.

Y seguramente tenía razón Eddie Barclay, porque con este disco Ian Dury terminó el contrato que por tres de ellos tenía con Stiff Records, y aunque en el sello le dieron la oportunidad de renovar, no lo hizo porque quería liberarse de una infraestructura que él pensaba que estaba sofocando su arte. El dinero había sido algo divertido al principio, pero en realidad él no era nada materialista y tenerlo le causaba un conflicto interior. Ian era un bohemio de corazón, feliz con pocas posesiones pero importantes para él: su poster de Bill Halley, sus fotos de Chris Killip, sus bongos…

En 1.981 Ian firmó un nuevo contrato con Polydor y editó el controvertido “Spasticus (Autisticus)”, una canción feroz e intransigente coincidiendo con la celebración del Año de los Disminuidos Físicos, algo con lo que él no estaba de acuerdo. Pero muy pocas emisoras la radiaron, alegando que era una canción de muy mal gusto, que era ofensiva. Fue un grito de guerra, una canción anti-caridad cuyo fracaso comercial acabó definitivamente con el estrellato de Ian Dury. El último clavo de su ataúd.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“Spasticus (Autisticus)”

Soy espástico. Soy espástico.
Soy espástico y autístico.

Me tambaleo cuando estoy meando
porque mi centro de gravedad está bailando.

Babeo cuando mordisqueo
y hago garabatos cuando escribo.

Durante todo el tiempo que Ian pasó con Polydor ninguno de sus Lps ni singles volvieron a ser éxitos, “Lord Upmisnter”, grabado en 1.981 con Sly Dunbar y Robbie Shakespeare se quedó en un discretísimo puesto 53 en las listas de ventas, y el siguiente, “Juke Box Duries”, una recopilación de los singles previos con Stiff, ni siquiera entró en ellas.

Lo último que editó en este sello fue “4.000 weeks holiday”, ya sin los Blockheads, de los que se había separado, por lo que salió con el nombre de Ian Dury & The Music Students. Fue durante este periodo en el que vino a Sevilla a tocar, y para entonces ya prácticamente estaba concentrado en actuar (apareció en algunas películas en papeles perfectamente olvidables), pintar y componer, que era para lo que se suponía que se había retirado aquí todos aquellos días previos al concierto.

De todas formas, un año y pico después volvió a reunir a los Blockheads para grabar “Profoundly in love with Pandora”, que sirvió de sintonía a una oscura serie de televisión. No fue la única, siguió alguna serie más e incluso se aventuró en un musical. Pero el éxito nunca volvió. Todo lo contrario, se le recrudeció la amargura. Noche tras noche Ian estallaba en lágrimas ante la impotencia de tener que mantener abierto un teatro con buenos actores y una buena banda de siete miembros, a los que había que pagarles puntualmente aunque la platea fuese un mar de asientos vacíos.

Andy Warhol dijo que todos teníamos que tener nuestros quince minutos de fama. Yo tuve veinte… creo que fui afortunado.

Veinte años antes, Basanta Kumar Mallik, el guru de su tía Molly, le había predicho su fama. Pero quizás Ian no había tenido en cuenta algo que saben muy bien todos los montañeros: “cuando has llegado a la cima, solo estás en la mitad del camino”. Ian Dury ahora tenía que enfrentarse al descenso.

Y se retiró. Se convirtió por un tiempo en embajador de UNICEF, viajando por todo el mundo para concienciar a la gente de la conveniencia de inmunizar a los niños contra la polio; durante algún tiempo fue también presentador de televisión. Y se casó con la escultora Sophy Tilson, con la que tuvo dos hijos. Ahora tenía una vida tranquila, y no le importaba demasiado si la gente le recordaba o no, tenía otra cosa de la que preocuparse, el cáncer de colon que le había sobrevenido, y que después se extendió al hígado. El tratamiento le repelía, e Ian sabía que sus días estaban ya contados. Y en parte como terapia en su lucha contra él, y relanzado por su status como punto de referencia del britpop, en el verano de 1.998, dieciocho años después de haberse separado, Ian Dury y Chaz Jankel comenzaron a trabajar en un nuevo disco de Ian Dury & The Blockheads, “Mr. Love pants”, que resultó ser notablemente bueno.

Con el grupo volvió a los escenarios. En ellos derrochaba la energía que le quedaba a base de conciertos de 90 minutos sin descanso. Su valentía y buen humor fueron una inspiración para todo el que le conocía, tanto sus amigos más cercanos, como todos los amantes de la música, que le aclamaban como una de las figuras públicas más queridas y admiradas.

El 27 de marzo del 2.000, a la edad de 57 años, Ian sucumbió finalmente tras una dura batalla de cinco años contra su enfermedad. La muerte le encontró tranquilamente en casa, dicen que con una sonrisa en su cara, con su joven familia en el piso de Hampstead que había comprado para su madre. Pocos días antes de fallecer, Ian Dury había comenzado a escribir su autobiografía. Pero estaba tan debilitado que solo logró escribir dos palabras: “Hola, chorizos”.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


“I want to be straight”