Atrapado por el blues de Memphis
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EXITUS (y 3)
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Carrascus
…viene del post anterior.

– ¿Quieres que avisemos a tu familia?.- Le preguntó la enfermera después del primer reconocimiento.
– No, déjalo. Prefiero llamarles por teléfono yo mismo. Si les llama alguien del Hospital diciendo que he sufrido un accidente se van a asustar mucho. Prefiero que me oigan personalmente para que sepan que no me ha pasado nada.
Miguel llamó a su mujer y después a casa de sus padres. Tanto en un sitio como en otro le dijeron que iban para allá enseguida.
Cuando estaba en una camilla del quirófano el enfermero que le estaba poniendo los cinco puntos en el dorso de la mano derecha le hizo una seña con la cabeza para que mirase hacia atrás. Al volverse sonrió y saludó con la otra mano. Se dio cuenta de como se relajaban los preocupados rostros de su mujer y su padre, que le miraban desde las ventanitas de la puerta.

– Miguel, tienes que salirte un rato.
Quién le hablaba era Carmina, una de las auxiliares de la unidad de Diálisis.
Tuvo que abandonar un rato el trabajo y dedicarse a dar vueltas por el pasillo.
De vez en cuando se asomaba a la habitación a ver qué le hacían a aquel hombre. Una de las veces vio como el cadáver estaba puesto de costado y todo sucio de chorreones parduscos. Le impresionó y retiró la cabeza; nunca estuvo seguro de qué era aquello, pensó que probablemente a alguna de las auxiliares se le había derramado el bote de Betadine sobre él. No volvió a mirar.
No volvió a asomarse a la habitación hasta que vio salir a las auxiliares. Sólo vio un bulto envuelto en sábanas encima de la cama. Un cadáver amortajado.
Su reacción le sorprendió hasta a él mismo. De pronto casi no podía contener la risa. Le asaltó el recuerdo de otra mortaja, en aquella misma habitación, meses atrás.

Las dos camas del “riñón chico” estaban separadas por un biombo. En la de la izquierda estaba dializándose Rosalía, una señora ya bastante mayor y llena de achaques que se sumaban a la insuficiencia renal.
Había llegado de urgencia, bastante mal, con el potasio por las nubes. Los enfermeros no se explicaban como había llegado: aquella cantidad de potasio era incompatible con la vida.
No tuvieron más remedio que pasarla a aquella habitación y conectarla rápidamente al primer monitor que encontraron de reserva. Pese a las circunstancias.
En la cama de la derecha yacía el cadáver amortajado de Luisa. Otra señora mayor que no había sobrevivido a la última diálisis.
También en el rincón entre la cama y la pared se hallaba la máquina que Miguel había ido a reparar ese día.
La falta de un taller en condiciones se hacía notar más aún en situaciones como ésa. Miguel tenía que vagar por el pasillo o quedarse allí en la puerta de charla con alguien hasta que sacasen el cadáver.
Mari Carmen se paró un momento con él cuando llegó.
– Ve a tomarte un café si quieres, ya mismo van a venir los celadores para llevársela.
Miguel prefirió quedarse allí.
Mari Carmen era la supervisora del servicio. A Miguel le gustaba. De vez en cuando tenían alguna pequeña bronca porque ella siempre le daba los avisos de avería diciéndole que eran urgentes y que tenía que ir a reparar los monitores en seguida. A veces era imposible hacerlo.
Pero la chica siempre hablaba con él, le preguntaba por sus cosas. Y sobre todo, era muy cariñosa con los enfermos.
– ¿Qué, Rosalía, otra vez te has hartado de fruta?.- Reprendió a la enferma, y le preguntó por su estado al enfermero que la atendía.
– De esta también sale, pero viene muy mal y muy deprimida.
Llegaron los celadores con una camilla. Mari Carmen les indicó que no hablaran llevándose su dedo índice a los labios. Por lo visto quería ahorrarle el disgusto a la señora y no deprimirla más.
– ¡Venga, Luisa, que ya están aquí los niños para llevarte a tu habitación! Mira que mala suerte, que podía haber llegado Rosalía antes y no te hubieses dializado sola, con lo que os gusta a las dos hablar de los nietos.
¡Se estaba dirigiendo a la muerta! Miguel no se movió de la entrada. Aquello no se lo podía perder.
Con señas, como pudo, le dio a entender la situación a los celadores cuando se dirigían al otro lado del biombo.
Mari Carmen seguía hablándole al cadáver.
– Sobre todo tú no te muevas, eh. Que ellos te cogen con la sábana entre los dos y te pasan a la camilla. Verás que paseito, como si estuvieras en el columpio. Pero tú no te muevas, no te vayas a caer.
Los celadores cooperaban, sobre todo uno de ellos.
– Ya mismo se va usted a quedar tranquila en su habitación. Usted no se mueva que cuando yo cuente tres la pasamos. Una, dos y tres… ¡vaaaamos! ¿Qué, a que no le ha dolido? ¡Ea, pues preparada que nos vamos!
Miguel contenía la risa a duras penas. Mari Carmen le miraba y sonreía también abiertamente. Le hizo a los chicos una seña para que esperaran y se fue a entretener a la otra. Junto con el enfermero se colocaron delante de Rosalía, de forma que no pudiese ver bien la camilla que tenía que pasar ante su cama.
– ¿Como estás? ¿Ha hecho ya tu nieta la primera comunión? Cuando la haga nos traerás un trozo de tarta para que la probemos ¿no?, que nosotros te tendremos aquí un regalito para ella…
Así siguió, hablándole de esto y de lo otro mientras le señalaba a los celadores que pasasen ya.
– Dile adiós a tu amiga Luisa, Rosa, que ya se va. Pasado mañana otro ratito.
Transportaron la camilla rápidamente. El celador aquel debía tener vocación de actor. Cuando salían aún se dirigió una vez más a las sábanas que llevaba delante.
– Si ve usted que se marea o va incomoda nos avisa, que nosotros paramos y la colocamos mejor.
Ya fue demasiado para él. Miguel tuvo que salir de allí riendo a carcajadas.

FIN.
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6 Comments

  • El dia 31.08.2009, EuLaliA dijo:

    Que final tan tierno para una historia tan dura.

    La iconoclastia tambien consiste en reirse un poco de la muerte. Genial, Carrascus.

    • El dia 31.08.2009, Diciembre dijo:

      Estoy segura de que el sentido del humor en el día a día de médicos y enfermeras, es fundamental para enfrentarse a situaciones tan difíciles como las que describes. Imagino es una especie de terapia para evitar un exceso de carga emocional y psicológica.
      Ojala haya muchas Mari Carmen, en la profesión. Me parece tremendamente humana y comprometida su forma de actuar a fin de evitar malos momentos a otros pacientes.
      Como no comprender esas sonrisas cómplices entre ella, y Miguel…

      Eso sí, se ha echado en falta un poquito de ‘tensión sexual’, jeje…, recuerda ‘Anatomía de Grey’, o ‘House’ 😛 …, ay, ése morbillo…

      Ahora en serio, Carrascus, estaría bien que escribieras un libro sobre anécdotas en tu trabajo. Algo me dice que estaría repleto de situaciones divertidas, tiernas, surrealistas, aunque supongo que otras también, muy difíciles, claro. Pero en definitiva, positivizar esas situaciones cotidianas, no está reñido con el respeto.

      Jolín que seria me he puesto. Bueno, ya mejor háblanos de lo que has encontrado en tu largo caminar. Cuéntanos como te ha ido y si has conocido la felicidad, jeje…

      Un abrazo!

      • El dia 31.08.2009, Antígona dijo:

        Me hubiera gustado jugar al juego de las apuestas si hubiera tenido más tiempo, pero reconozco que me ha encantado la experiencia de leerlo todo de un tirón. Has conseguido ponerme la piel de gallina en varias ocasiones.

        Sospecho un notable componente biográfico al menos en parte de la historia por algo que una vez nos contaste de ti mismo en tu blog. ¿Es así?

        En cualquier caso, y sin tratar de discernir entre ficción y realidad, me ha encantado el modo en que has ido conjugando la historia de Miguel con la del moribundo, esa forma de entremezclar la mirada de quien siente que ha recibido una oportunidad frente a quien agoniza sin remedio. La muerte es un misterio. Tan grande como la vida misma, que nunca puede dejar de mirar a la muerte para saber de sí misma.

        En final, realmente conmovedor. A veces es necesario disfrazar la muerte, tomársela un poco a risa, utilizar el humor para aplacar los temores que sentimos ante ella. Creo que si yo, como Miguel, hubiera presenciado esa misma escena, no hubiera podido evitar tampoco las carcajadas.

        Excelente narración. A ver si de cuando en cuando te prodigas con alguna otra, que me lo he pasado muy bien leyéndola.

        Un besazo y disfruta de lo que te quede de tus vacaciones!

        • El dia 01.09.2009, dama dijo:

          Chapó.

          Espero que le sea leve la realidad Vaticano-Audis por doquier… Besos.

          • El dia 02.09.2009, Sonu dijo:

            Mira qué foto me hice con Ibon Errazkin y Teresa Iturrioz el día del conciertazo de Single…me puedo morir después de esto!!!….

            • El dia 03.09.2009, Microalgo dijo:

              Tupendo, el relato.

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