Atrapado por el blues de Memphis
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EXITUS (2)
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Carrascus
…viene del post anterior.

Si no hubiese estado sólo todo habría sido muchísimo peor. Sobre todo para los niños, que siempre viajaban atrás, donde no había cinturón de seguridad. Con las vueltas, el portalón trasero del coche se abrió y todo lo que había en el maletero y en los asientos de atrás salió volando; cajas llenas de herramientas y de repuestos… si cerraba los ojos podía ver a su hijo volando junto a ellas para caer quién sabe dónde. Mientras se sujetaba fuertemente las manos para evitar el temblor se prometió a sí mismo ir más despacio cuando su familia fuese con él. Esta vez la soledad había sido la mejor compañía.

Este hombre no se iba a morir sólo. Después de todo Miguel estaba allí con él. El enfermo ni siquiera se daría cuenta pero allí a su lado había otra persona a la que le importaba. No es que fuese el acompañante ideal, Miguel estaba atareado con la máquina que reparaba, pero no dejaba pasar muchos segundos sin dirigirle un vistazo y pensar en él. De alguna forma, extraña quizás, ese hombre postrado y a punto de morir significaba mucho para él. Miguel se sentía como si fuese el último jirón de humanidad que unía a ese hombre con la vida; se sentía como si de no estar él allí la existencia del otro ya no tendría razón de ser.

Hace muchos años, en una clase de filosofía Don Teófilo había dicho que en una habitación a oscuras todo es de color negro; los colores no existen porque no hay nadie para verlos. Y que si en lo profundo del bosque se cae un árbol, éste no hace ruido, porque nadie hay para oírlo.

La avería de la máquina no era nada especial. En realidad la culpa de que no funcionase bien era del obsoleto sistema de tratamiento de agua que tenían en el Hospital, que a base de soltar carbón había atascado el filtro de agua del monitor. Simplemente había que cambiárselo y funcionaría correctamente. Luego la limpiaría, la revisaría un poco y la dejaría lista. Los filtros los tenía todos en el coche.

El coche había quedado absolutamente irreconocible, cualquiera que lo mirase comprendería que todos los que hubiese en su interior en el momento de accidente habrían quedado poco más o menos en ese mismo estado. Miguel sonreía cuando veía las caras de la gente. Iba en la grúa, sentado al lado del conductor, camino de la chatarrería y veía como los viandantes miraban los restos del coche; uno hasta se persignó como si estuviese viendo pasar un entierro… a lo mejor pensaba en el conductor de aquel montón de hierro retorcido… en Miguel, que se reía al verlo, como se reía con la cara del conductor de otro Ford Escort como el suyo parado en el semáforo al lado de la grúa. Miguel estaba seguro, viéndole la cara, de que el hombre se imaginaba a sí mismo dentro de aquel coche; estaba seguro que mientras se acordase, aquel hombre respetaría todos los límites de velocidad y todas las luces rojas que se le pusieran por delante.

Como se reía también la misma tarde del accidente cuando fue a recoger el coche al depósito de la autopista. Entonces fue la primera vez que realmente vio el estado en que quedó. Y saber que había salido entero de allí le regocijaba y le hacía feliz. Sus ganas de bromear ni siquiera quedaban empañadas por los pensamientos que de vez en cuando le venían sobre lo que se iba a tener que gastar en otro coche, además de tener que terminar de pagar éste. Seguramente vendrían algunos meses de ruina y números rojos ¡pero qué más daba! Había escapado de la muerte.

Se dio cuenta nada más traspasar el marco de la puerta. Al entrar Miguel la primera ojeada fue para el hombre y enseguida vio que ya no respiraba.

¡Si no había tardado nada! ¿No podía haber esperado la puta muerte a que él regresase con el filtro? Se sintió como si hubiese traicionado a aquel hombre y a pesar de su silenciosa promesa al final le dejó expirar sólo… sólo.

En la sala de hemodiálisis había un paciente canturreando un fandango, los demás leían, oían la radio con sus auriculares o simplemente pensaban en sus cosas dejando pasar las cuatro horas. Algunos sanitarios iban y venían, otros estaban atareados en el control. El enfermero que tenía más cerca estaba rellenando una primitiva. Se acercó a él y le habló en voz baja.
– Paco, el hombre que está en riñón chico me parece que se ha muerto.
– ¡No jodas!
– A mí me parece que no respira. Ve a verlo tú.
Paco lo examinó y corroboró lo que Miguel ya sabía de sobra.
– Habrá que avisar a alguno de los médicos.
Fue al mostrador de planta y regresó con la doctora Méndez. Miguel les esperó en la puerta, olvidada de momento la máquina averiada.
Desde allí vio a la doctora mirarle las pupilas, auscultarle, quitarle la mascarilla de oxígeno que ya no le servía para nada. De nuevo junto a los otros dos comenzó a rellenar unos papeles.
– ¿A que hora se ha muerto?.- Preguntó.
– Miguel es el que me ha avisado.- Le contestó Paco.
Miguel miró su reloj, hizo unos cálculos y aventuró una hora aproximada.
– Ha tenido que ser entre las 11 y diez y las 11 y media, que es el tiempo que yo he estado fuera. Cuando volví ya estaba muerto.
Casi le interrumpió un enorme ronquido. Se volvió sobresaltado. Había sido el difunto, ¿como puede ser eso? ¿estaba vivo? Sus dudas fueron aclaradas por la doctora.
– Son los gases. Es normal que los muertos recientes den ese ronquido. Incluso a veces, si es más violento, puede hacer que se muevan. Da la sensación de que el muerto se incorpora.
A Miguel le pareció notar un escalofrío en ella cuando le explicaba esto, a lo mejor debido a recuerdos poco gratos de novata en la facultad.
La doctora terminó con los papeles, hicieron algunos comentarios, y cuando salía Miguel la oyó decir algo.
– ¿Este señor no era fraile o algo así? Habrá que avisar al convento.

Continuará…
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4 Comments

  • El dia 27.08.2009, carrascus dijo:

    Bon giorno desde Roma…

    En este hotel solo hay dos ordenadores con conexiòn a internet (gratis, eso si --perdon por los acentos, pero solo estan la à, la è y la ò, ya acentuadas de antemano al pulsar la tecla correspondiente--) y siempre estàn ocupados. Y si aeso le unimos que en el hotel para solo lo imprescindible… pues eso, que solo he parado un minuto para ver si los posts se estaban publicando bien.

    Para los que preguntàis por el desenlace del relato, ya escribi por ahi arriba que està estructurado en tres partes, que se iràn subiendo los domingos y mièrcoles por la noche. Tras èste habrà otro màs, tambièn en tres partes. Ya sabèis que podèis jugar con ellos como queràis… darle otros finales, sacar de contexto a los personajes… lo que se os ocurra…

    Veo que Replicante sigue adelante… felicidades Juanma. Es una buena decisiòn; mientras màas seamos mejor lo pasaremos.

    Gracias a todos por seguir por aqui en mi ausencia… todavia me quedan casi tres semanas de vacaciones. Seguirè asomàndome alguna que otra vez.

    Besos y abrazos para todos y todas… ahora me voy a seguir pateàndome Roma. Hoy tenemos visita programada (sin colas, jejeje) a los Museos Vaticanos y a la Capilla Sixtina, que la ultima vez que estuve la tenian en restauraciòn, con el techo tapado… y asi le quitaban toda la gracia.

    • El dia 27.08.2009, Diciembre dijo:

      ¡Que envidia, Carrascus!. Soy gran admiradora de los pintores del Renacimiento Italiano. Recuerdo que de niña, mi pasatiempo favorito era copiar (intentarlo, claro, jeje) algunas de las obras de Buonarroti, Da Vinci, Sanzio…, desde las fotografías de una vieja enciclopedia que todavía se conserva en casa de mis padres. Pues eso, que disfrutes muchísimo de todas las maravillas de Roma. Debe de ser un auténtico placer para los sentidos…

      Un abrazo!
      ____________________________________________________________

      En cuanto al relato, veo que mi teoría ha fallado…, de no ser que estén todos muertos, como en esa estupenda película cuyo nombre no desvelaré para no chafar la trama a los que todavía no la han visto…

      Nada sucede, si no estamos presentes para verlo, porque nada de lo que ocurre tendría razón de ser o suceder, si no existiésemos…Ayss, esto tan metafísico me ha gustado mucho.

      No lo había pensado, pero supongo que el personal sanitario que a diario atiende a personas en fase terminal, han podido sentirse en algún momento, el último jirón de humanidad que unía a esas personas, con la vida…

      Después de leer esto me he quedado de un trascendental, que no tengo claro si dejarlo todo y dedicarme a cuidar enfermos, o retirarme una temporada a meditar, a un Monasterio Cisterciense…

      De momento y mientras lo decido, me voy fuera hasta el Domingo. Mi viaje tendrá poco o nada de cultural, pero mucho de lúdico. Me lanzaré desde una tirolina de 650 metros…, pura adrenalina. Esto también tiene relación con el relato de Carrascus, pues en latín, ad, significa, al lado, y renal, está claro, viene de riñón…

      Bueno, espero no dejarme “los piños” por ahí, jeje.

      Saludos para todos!

      • El dia 28.08.2009, lu dijo:

        Ahora me daba yo un paseíto por Roma, y me comía después unos fetuccini en el Alfredo, que están de muerte. Jo.

        De tu relato no opino, hoy no quiero saber nada ni de muertes ni de enfermedades que estoy muy tocada. La noche del miércoles murió un compañero de Córdoba con sólo 31 años de un infarto cuando estaba tan tranquilo en su casa.

        • El dia 29.08.2009, zp dijo:

          Dentro de poco ira ZP a Roma a acabar de hundir tambien a los italianos.
          Saluti Carrascus.

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          Si quieres poner una afoto en tu comentario, pega el enlace aquísh. Muuusho cuidao con lo que ponemoh.