Atrapado por el blues de Memphis
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EXITUS (1)
Categorías: If not for you
Carrascus

El hombre que estaba en la cama no le era desconocido, estaba seguro de que lo había visto en alguna sesión de diálisis pero no acertaba a relacionar esa cara con ningún nombre. Probablemente el estado en que se hallaba le desfiguraba bastante. Y la mascarilla de oxígeno que le tenían colocada no contribuía a que Miguel pudiese reconocerle mejor.

Estaba en el “riñón chico”, la sala para enfermos agudos, en la que, además, el personal sanitario del Hospital iba colocando todo lo que les estorbaba, ya fuese una máquina averiada o un paciente en fase terminal. Hoy estaba llena. A la derecha, junto a los ventanales, un monitor que había conocido días mejores descansaba de su continua faena esperando que alguna mano amiga le sacase el polvo y los chorreones de bicarbonato, ya más que reseco, que el sol teñía de amarillo brillante. A la izquierda estaba el hombre, y su aspecto no era mejor que el de la máquina.

Yacía exangüe sobre la cama, sin mover más que el pecho; cansadas inspiraciones que le llevaban a los pulmones el oxigeno que sin cesar le enviaba el tubo. No se le oía quejarse, no se le oía siquiera respirar; sus ojos abiertos, apagados, ni siquiera parpadeaban, ¿qué verán los que agonizan? El único signo de vitalidad era el vaivén de su tórax, no había ni rastro de ningún movimiento que hiciese de forma consciente. ¿Sería consciente de algo? ¿Sabría que se iba a morir? Miguel se acordó de aquello, unas semanas atrás.

¡Qué manera de llover! Ya sólo caían las últimas gotas, pero el suelo de la autopista rebosaba de toda el agua caída hacía unos segundos. Quizás debido a lo despacio que había tenido que marchar durante el diluvio ahora pisaba con más ganas el acelerador. En el kilómetro diecinueve el drenaje era especialmente malo y allí es donde quedó el charco traidor de agua remansada. Cuando el coche pasó por encima de él pareció quedarse clavado e incluso culear un poco, pero lo habría pasado sin problemas si Miguel no hubiese pisado el freno. La parte trasera se fue desplazando a la izquierda, sin control, para convertir al automóvil en una peonza cuyo giro quedó abortado cuando las ruedas traseras entraron en la mediana y se produjo el vuelco.

Ahora el coche daba vueltas de campana sobre su diagonal. Apoyado en su esquina trasera izquierda, la velocidad hizo que se levantase entero sobre ella para volver a caer sobre la parte delantera derecha, que se convirtió en un nuevo punto de apoyo para comenzar otro giro… así hasta tres… ¿o cuatro?

¿Cómo sería el golpe final? ¡Miguel no sentía miedo! Pasado el susto inicial supo que iba a morir. Y su mente lo asimiló. Mientras el coche daba volteretas, él, sujeto al asiento por el cinturón de seguridad, ahora cabeza arriba, ahora cabeza abajo, estaba totalmente tranquilo, sólo sentía una gran curiosidad por como iba a terminar todo aquello: ¿un estallido y fuego? ¿un porrazo fuerte en la cabeza u otra parte vital?

¿Sentiría miedo el hombre de la cama? Parecía en paz. Miguel lo miraba y se preguntaba qué estaría pasando por su cabeza en este momento. Los personajes de los libros y de las películas, en momentos así rememoraban su vida o soñaban cosas sin sentido. Él sabía por experiencia que no era así. Claro que su experiencia duró sólo unos segundos, y cualquiera sabe cuanto tiempo llevaba el hombre en este estado.

No dejaba de observarle. Parecía como si quisiera penetrar en el cerebro del hombre postrado y ver sus pensamientos. Él sabía que no se teme a la muerte cuando ya sabes cierto tu final, pero no comprendía la razón. Dejar atrás tantas cosas y tantas personas que te importan debería llenarte de pavor. Algo debe anularse dentro de ti, algo que te ayuda a pasar el umbral. A fuerza de observarle, entre los dos debió establecerse alguna misteriosa relación. Miguel supo en su interior que el hombre de la cama estaba preparado para morir.

El coche quedó parado cabeza abajo y el esperado golpe final no llegó nunca. Miguel comprendió que el destino le brindaba otra oportunidad y con ello llegó la urgencia por salir de allí. En ese momento fue cuando apareció el miedo. Miedo a que el coche se incendiara o algo parecido, miedo a una muerte estúpida después de haber sobrevivido a lo peor. Aunque el miedo no le dejó ver que todo estaba en calma, el motor apagado, el peligro pasado, tampoco le impidió mantener el mínimo de serenidad necesaria para desabrocharse el cinturón y salir a rastras por la ventanilla pegada al suelo, abierta, por suerte. Se tranquilizó al salir de nuevo a la autopista y ver la expresión de incredulidad reflejada en la cara de las seis o siete personas que habían salido de los coches que pararon al ver su accidente.

Estaba sólo. Tanta gente en el Hospital y éste hombre iba a morir absolutamente sólo. La muerte así debe ser aún más triste. Por el pasillo de vez en cuando pasaba alguien, una auxiliar, un enfermero, tal vez algún médico o alguna limpiadora; nadie se paraba en la puerta, siquiera para mirar si aún respiraba. En el control de la sala de diálisis, justo al volver la puerta, había, por lo menos, ocho o nueve personas atendiendo a los pacientes en tratamiento. Pero este hombre se iba a morir sólo.

A lo mejor había alguien que le esperaba abajo; o que al menos esperaba noticias de su estado. Miguel ya llevaba muchos años de técnico y sabía que un enfermo de diálisis normalmente va acompañado. Aunque sólo fuese el taxista que le trae desde su pueblo, pero abajo habría alguien que le esperase. Quizás su esposa, su hija, ¿dónde estarían? Porque además, estos familiares son especialmente atentos con ellos… ¡cuánto sacrificio! ¿No estaría casado con alguien como la madre de Manolita? Seguro que se levantaba antes que los gallos porque su hija se dializaba en el primer turno, y para llegar había que hacer más de 80 kilómetros. Se quedaba en la sala de espera hasta asegurarse de que “la niña” estaba montada y todo había ido bien. Ahora a buscar un rincón donde echar una cabezada, incómoda. Siempre pendiente, ¿cómo tiene la tensión?, ¿como se va de peso? Cuatro horas más tarde otra paliza para volver. Y pasado mañana lo mismo, año tras año.

¿No tendría una hija como Rocío? Posiblemente no tendría ni novio. ¿Como? si cuando no estaba acompañando a su madre estaba pendiente de los males de su padre; siempre cargada con su libro o su bocadillo. De forma recíproca, también estaban los padres de Manuel. Envejecidos, adustos, ella de luto eterno, a él nunca le han visto sonreír. Guía a su hijo, joven, ciego, hasta el vestuario y cuando empieza la sesión se le ve salir con su mujer no se sabe dónde. Miguel los vio una vez en las cercanías, quizás ella no le conoció, quizás él tampoco, pero como les miraba le dedicaron una suave inclinación de cabeza seguido de un “mú güenas”. Gente sencilla haciendo una comida sencilla: el chusco, el queso y la navaja; encima del poyete unas tajadas de melón… muchas horas que matar.

Sentado en el incómodo banco de madera de la sala de espera que había en el incómodo servicio de Urgencias fue cuando a Miguel se le comenzó a venir el mundo encima.

Continuará…
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9 Comments

  • El dia 24.08.2009, lu dijo:

    Vaya tela.

    • El dia 25.08.2009, EuLaliA dijo:

      Desde luego que si, Lu, que vaya tela el relato que nos ha dejado el Carrascus para las vacaciones…….una alegria. Ahora cuesta imaginarselo conduciendo por ahi, porque el relato tiene toda la pinta de ser autobiografico.

      Casi me echo a llorar imaginandome a ese pobre hombre muriendose solo. Carrascus saca las emociones a flor de piel. ¿Y como seguira? Igual se despierta antes de morir y le dice algo a Miguel…..

      ¿Y por que se le caera el mundo encima esperando en urgencias? No debe ser porque le pase nada malo a el, porque luego esta bien con el enfermo y reparando la maquina………a ver que sorpresa nos da en la segunda entrega…………..

      • El dia 25.08.2009, Microalgo dijo:

        Mardito programador de post inacabados.

        Ándele, Carrascus.

        • El dia 25.08.2009, Diciembre dijo:

          Vaya, Carrascus, pelín deprimente el relato, pero bueno. Voy a olvidar que estas situaciones tan dramáticas se dan a diario, y me centraré en que tan sólo se trata de ficción, porque, ¿lo es, no?.

          Presiento que Miguel y el hombre moribundo, son la misma persona. Sucede que está en su fase extracorpórea (OBE: ‘Out of body experience’, que la llaman). Se encuentra en una especie de plano no-físico en el que la conciencia puede desconectarse del cuerpo físico. El cerebro pierde de alguna manera contacto con la información sensorial proveniente del cuerpo. Esto dispara una serie de mecanismos psicológicos que pueden conducir a algunos a sentir la OBE. Miguel está observando su cuerpo, desde el exterior.

          Se le viene el mundo encima porque comienza a ser consciente de que es él, quien está a punto de morir…

          • El dia 25.08.2009, carmen dijo:

            Me llena esperanza la frase que asegura que cuando uno va a morir lo asume…

            • El dia 25.08.2009, EuLaliA dijo:

              Pues esperemos que el relato sea autobiografico, Carmen, o al menos este basado en la realidad, porque como sea lo que Diciembre presiente, adios esperanza de morir conformados.

              • El dia 26.08.2009, Diciembre dijo:

                Bueno Lali, supongo que ver tu propia muerte debe ser algo muy extraño, pero está claro que no quedaría más remedio que aceptarlo. Miguel, tras el lógico shock, fácilmente imaginable, también lo hará…

                El cine ha utilizado éste tema tan inquietante, en numerosas ocasiones: “Ghost”, “Más allá de los sueños”, “Dragonfly”, “City of Angels”, “Límite mortal”, “White noise”…

                • El dia 26.08.2009, JuanMa Replicante dijo:

                  Bueno Carrascus, estoy poco a poco de vuelta después de un tiempo apartado de la atmósfera blogera y me han sorprendido mucho los colores de vuestro blog.
                  El relato me ha gustado bastante, aunque también me ha parecido un poco triste, como a algún lector más, pero sigues escribiendo tan bien como es habitual en ti.
                  Enhorabuena y, ¿para cuándo la segunda parte?

                  • El dia 26.08.2009, dama dijo:

                    Vaya… ¿el desenlace para cuando?

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