NECESITAMOS QUE SEVILLA PONGA EL RUIDO…

…y Sevilla no se hizo esperar. Un estadio entero comenzó a aullar, a patalear, a poner todos sus medios durante varios segundos para crear la cacofonía sónica que EL BOSS pedía para acompañar a la música que ponía él.

En mitad de una excepcional versión del “Working on a dream” que da nombre a su último disco y a esta gira, Bruce se dirigió a la entregada masa en un castellano tan correcto como le permitía su facilidad para leer el papel que llevaba preparado: “Esta noche lo vamos a romper todo… pero con música, espíritu y ruido”. Con esos tres ingredientes Bruce confeccionó un sueño. Estuvo casi tres horas trabajando en un sueño del que ninguno de los presentes allí queríamos despertar.

Por eso, y aún llevando más de dos horas con las palmas de las manos ardiendo, y las rodillas diciéndome que ya estaba bien la cosa de marchita, en cuanto comenzaron a sonar los acordes de “Lonesome day” el primer pensamiento que me asaltó fue “mierda… esto se acaba”. Porque el guión, al que el Boss se ajustó muy poco en Sevilla, marcaba que éste era el principio del trío final de canciones. Y habíamos llegado a él sin darnos cuenta apenas.

La noche comenzó con Nils Lofgren desgranando con su acordeón las notas del habitual guiño a la ciudad en la que están. Luego me dijeron que por las primeras filas la gente incluso se emocionó cantando a coro ese “Sevilla tiene un color especial”, pero la verdad es que en la zona en la que mi amiga Gemma y yo estábamos la gente recibió aquello tomándoselo bastante a broma. Y enseguida, todo el mundo en pie para recibir al Jefe.

Con “Badlands” echó a andar la rueda que se llevó por delante las reticencias que cualquera de lo presentes pudiese tener sobre la figura de Bruce Springsteen como músico aburrido, estancado o mesiánico. De repente yo mismo volví a ser tan fan de él como en 1.978, cuando compusiese esta canción. Tan altos nos dejó que ni siquiera la primera “rareza” de la noche nos hizo dar un paso atrás a la hora de acompañar con palmas una “My love will not let you down” que seguro que este tío no cantaba desde que la grabase en los “live” de New York hace ya nueve años, y que la gente (entre ellos yo y una compi asturiana que tenía a mi izquierda, fajada ya en múltiples conciertos de Bruce) no reconocíamos ni soñábamos con adivinar, porque contábamos aún en ese momento con el hándicap añadido de un sonido que no era especialmente bueno a la hora de poder distinguir matices. Me dijeron que después subieron algo el volumen, y entre eso y que nuestro oído se acostumbra y nuestra mente nos hace reconocer cosas que “parece” que estamos oyendo bien, mejoró la calidad del sonido. O a lo mejor no… ¿a quién coño le importan esos pequeños detalles técnicos cuando lo que está comenzando a sonar es “Hungry heart”?

No sé si se notaba que ésta es una de las tres canciones del Boss que me hacen perder los papeles. Y realmente no sé tampoco si a mi edad eso será correcto, sobre todo porque Gemma me miraba a veces mientras yo vociferaba con él aquello de “everybodys got a hungry heart” como diciendo “eh, a mí no me miren, que aunque lo tenga al lado, yo a este tío no lo conozco de ná…”.

“Outlaw Pete” fue la primera de las dos únicas canciones que incluyó de su actual disco. Fantástica y poderosa a más no poder la recreación en directo que hace de ella. Si treinta mil voces llamándole (“Can you hear me…?”) no hacen que Pete salga de su helado descanso eterno, es que nunca más lo hará.

Con “Out in the streets” y Bruce paseándose por la pasarela pegada a la primera fila estallaron las emociones de los espectadores más cercanos, y en la enormes pantallas que había a los lados del escenario podíamos ver como un mar de manos y brazos se aferraba a las piernas del Boss, que lo soportaba todo con una gran sonrisa de felicidad y un derroche aún mayor de ganas de hacernos felices también a nosotros.

Y con la anteriormente mencionada “Working on a dream” llegó a un punto de inflexión, porque era imposible continuar subiendo y subiendo de ese modo. Era el momento de un respiro con la trilogía de la recesión: “Seeds” (“el banquero dijo, lo siento, hijo, todo se ha perdido” ¿te suena?), “Johnny 99” y “Youngstown”, canciones comprometidas, que hablan de trabajos perdidos, miserias laborales, jueces parciales, hipotecas, embargos y un futuro tan negro como el que padeceremos aquí mismo si la patronal lograse imponer sus criterios por encima de los sindicatos. Pero si lo que describen es negro, la forma de hacerlo, la interpretación, es brillante. La parada de “Johnny 99” (tó el mundo quieto en el escenario… que no se mueva nadie) durante unos segundos, que nos mostraban en primera fila a Bruce y a un Steve Van Zandt con la misma cara de hijoputa que ponía cuando encarnaba a Silvio, para ir arrancando poco a poco… con las guitarras convertidas en la locomotora de un tren que nos fue enganchando a todos como vagones de un larguísimo convoy camino al éxtasis. El saxo barítono nunca se asoció mejor a una guitarra heavy… qué lujo de banda.

Y ahora, ¡a recoger carteles se ha dicho! Con la banda disponiendo un fondo musical con un apropiadísimo “Raise your hands” (¡levanta tus manos!) instrumental, al Boss le faltaban manos para ir recogiendo carteles… y un bienvenido abanico… y un plátano????… a veces me da por pensar que este truco de los carteles los prepara Bruce cuidadosamente metiendo por ahí a algunos roadies suyos con carteles preparados de antemano, porque… ¿en serio una banda, por muy de la calle E que sea, puede estar preparada para improvisar con esa fuerza, esa cohesión, unas canciones tan oscuras e inesperadas como “Quarter to three” y “The E street shuffle”? La primera supe que era ésa porque pude leer el cartel que Bruce nos mostraba, una especie de twist muy alegre que te invita a bailar sin parar. Pero la segunda no la reconocí siquiera, desde donde yo estaba no pude leer el cartel que enseñó unos segundo el Boss y, aunque luego lo dejó ante el micro mirando hacia el público, estaba muy lejos y en las pantallas no llegaron a ponerlo. La tercera fue “Loose ends”, pero la tiene más engrasada e incluso ha llegado a abrir algunos conciertos de esta gira con ella.

El Boss se esfuerza en hacer diferentes sus conciertos, y éste lo estaba siendo bastante. Bruce tiene una cualidad indiscutible, que le hace único; cuando se sube al escenario él sabe que no está completo, que solo es la mitad de un todo. Y la otra mitad que le falta está ahí abajo, esperando la unión. Y aunque ésta se produzca de forma más fuerte cuando interpreta sus temas más conocidos, los lazos de unión se suavizan y se convierten en cómodos abrazos cuando nos regala algún oscuro semi-clásico de décadas pasadas como el “Darlington County” de esta noche… en momentos así te dan ganas de llorar, de abrazarte a quien tienes al lado…

Eh… ¿qué coño pasa aquí…? que la gente de las gradas está comenzando a sentarse… Para volver a levantarlos, un imponente “She’s the one”.

Y llegó “Waitin’ on a sunny day” y otro de los momentos claves de la festiva interacción de Bruce con la gente; y como en Bilbao dos días antes, aquí también había un niño en la primera fila. Y por supuesto, Bruce le acercó el micro para que cantase el estribillo con él, pero… horror! el niño no se la sabe… el niño no sabe tampoco donde meterse… ¿qué coño me está diciendo este tío…? mejor lo hago callar metiéndole una de mis chuches en la bocaza…

Y se ve que al Boss le gustaron, porque luego le quitó el paquetito entero, aunque a lo mejor fue como castigo por no saberse la letra… que no, hombre, que luego se lo devolvió tras los besos y saludos de rigor…

Vale… sé que me estoy haciendo viejo, pero me tiré toda la siguiente canción pensando que estaba escuchando “Jungleland” cuando en realidad la que estaba cantando era “The promised land”… y qué? pasa algo? …vosotros sois D. Perfecto? Ah, bueno…

Pero la siguiente era inconfundible, “I’m on fire”. Gemma bromeaba por aquello del calor sofocante que el hombre estaba padeciendo, “ésta… ésta nos representa mejor…ésta es la que nos tenía que haber dedicado en vez de la coña ésa de Los Del Río…”. Con esta interpretación Bruce fue suavizando el ambiente, aplanando el nivel como si de verdad el calor estuviese pudiendo con él; pero lo que de verdad estaba haciendo era preparar el marco adecuado…

“…forigüán shots…”, “forigüán shots”… todos los miembros de la E Street Band iban dejando, por turnos, la frase en su micro… y “American skin (41 shots)” brilló en toda su magnificencia.

Y entonces fue cuando reconocí el principio del fin: “Lonesome day”.

Qué fácil es de corear “The rising”, y cómo te levanta el ánimo. Y cómo te prepara para la apoteosis final… “Born to ruuuuuuuuuuuun”.

Todos a la vez, cantándola, bailándola, llevando el ritmo con las manos… y las luces del estadio encendidas, para que todos pudiésemos vernos las caras de felicidad y se estableciese un feedback que nos hiciese ir todavía más allá. ¡Qué grande eres, Boss… que rato nos estás haciendo pasar, joío!… míranos, míranos como disfrutamos… es que acaso sobran las ocasiones en las que se pueda ver a treinta mil personas sonriendo a la vez…?

Toda la banda se acerca al escenario, saludan, comparten sonrisas y carcajadas abiertas con nosotros. Pero después de tanto tiempo de intensidad atacan los bises sin bajar siquiera a los camerinos a descansar un poco; “Cuando yo tenga sesenta años quiero ser como Bruce”, me grita Gemma.

En realidad sí que se fue uno de ellos, Max Weinberg, el batería, y se sentó tras ella su hijo Jay. Se ve que el padre ya anda mayor y quiere traspasarle el negocio, y lo pone de vez en cuando para que se baquetee (y esta palabra nunca ha estado mejor empleada). El niño le puso rítmo a todos los bises. “Glory days” para empezar; “Seven nights to rock” para que la peña se animase de nuevo a acompañar con el estribillo, fácil aunque ésta sea otra de esas canciones que apenas se sabe nadie; y “American Land” para organizar otra orgía de los sentidos. En medio de ella la presentación de una banda que no necesita presentación… qué buen solo de guitarra nos dejaste, Nils… qué feo eres, Steve, joé… cómo te luces con las teclas, Charlie… te vemos, Gary, aunque no lo parezca, y te notamos, anda que no… Jay, eres Max con cuarenta años menos, tío…Con el enhiesto Clem, el Jefe casi soltó una lagrimita presentando a su viejo amigo… se paró, se adornó, se gustó… el Graaaaan Clareeeeence Cleeeeeeeeeeeem Cleeeeemoooooooooons… y a seguir con esa cosa medio irlandesa que tiene la virtud de poner a todo el mundo de buen humor.

Después de “Bobby Jean”, el último momento típico de sus conciertos. La chica que subió a bailar “Dancing in the dark” con Bruce no se lavará jamás la mano que éste le besó tan delicadamente, antes de cogerla (no tan delicadamente) en brazos y soltarla en su lugar de la primera fila. El buen rollito ya era hasta empalagoso… joé, Bruce, ponte serio, coño, que se supone que eres un rockero…

Y ahí estaba el homenaje a los clásicos. Un “Twist and shout” convertido en “La Bamba” después de un giro, para volver a ser de nuevo esa canción de saltos y gritos que todos seguimos hasta casi quedar afónicos de gritar con él y casi perder los dedos en las sacudidas que dábamos a las manos en alto.

Bruce se para… se agarra al pie del micro… pierde fuelle… “¡qué caló… qué caló… qué caló!” le oímos musitar tres veces antes de caer… las tres últimas palabras del concierto. De las sombras de atrás sale un tío con una botella de oxígeno y le pone una mascarilla… la peña sigue saltando y gritando… Bruce parece recuperarse… Steve se acerca a él haciendole perentorios gestos con la mano… “levántate ya, mamón, que tenemos que terminar esto para irnos a donde haya aire acondicionado”… parece decirle con una cara en la que se leía además, “o te voy a pegar dos tiros como hice con la novia del sobrino de Tony Soprano”. Y Bruce se levantó y volvió a caminar, y volvió a gritar, y volvió a poner cara de que lo estaba pasando muy bien en aquel baño de multitudes. Y aquellas tres anteriores no fueron las últimas palabras.

Y después se acabó… como todo lo bueno que nos ocurre en la vida.

GRACIAS A DIOS, YO ESTUVE ALLÍ

Para mis vecinos, cuñados y sobrinos que, los cabrones, después de terminar en la cena con toda mi provisión de Blanc Pescador, Barbadillo y Cruzcampo, me tuvieron hasta las tantas a base de chupitos de Ruavieja, Limoncello y Ledicia, por lo que este post no ha tenido la supervisión adecuada y lo que se dice en él es posible que más que fruto de la realidad sea debido a la (bien despachada) tajaíta.

Diez meses después de recibir la primera gran visita de un personaje del rock verdaderamente estelar, recibimos la del segundo. Y tendremos todos que estar allí, porque quien viene es ni más ni menos que EL JEFE en persona. La falta de asistencia es imperdonable. Una vez que los peloteros terminaron de correr (los de aquí) y de dar patadas (los de Italia) anoche, comenzaron los preparativos para que el recibimiento sea algo que recuerden las futuras generaciones de rockeros sevillanos.

Y aunque de él ya nos ocupamos aquí debidamente en otro momento anterior, hay que volver a recordarle, repasando su vida y su obra, porque, después de todo él fue el hombre que puso a New Jersey en el mapa.

Durante siglos, toda esa pantanosa área cercana a New York estuvo olvidada por el mundo. Un sitio en el que nunca pasaba nada y siempre olía mal no era el mejor sitio para vivir. La única persona famosa que vivió en New Jersey durante algún tiempo fue Albert Einstein, que ni siquiera era americano, sino importado de Alemania, y enseguida le sobornaron para que se fuese a Princeton. Frank Sinatra también nació cerca de allí, pero siempre que cogía el ferry era para irse a New York (”I want to be a part of it / New York, New York”)…

Pero en 1.949 todo cambió. Nació Bruuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuce (que es como dicen su nombre todos los asistentes a sus conciertos a la vez, cuando le ven aparecer en el escenario).

Bruce, cuyo nombre real es Springsteen, tuvo la buena fortuna de nacer y crecer en New Jersey, en una zona notablemente parecida a una playa, aunque no tan guay: Ashbury Park; por donde Bruce pudo andar a sus anchas. Era un sitio viejo, feo, sórdido, miserable; un vertedero para la gente sin futuro, los arruinados, los tarados y los inútiles en general… en otras palabras, una típica ciudad norteamericana del siglo veinte, llena de gente corriente, cuyas esperanzas machacadas y deprimentes decepciones pudo Bruce inmortalizar en provocativas, dolorosas y poéticas canciones de ésas que penetran directamente en el corazón provocándote una sangrienta herida en el ventrículo izquierdo.

Si Bruce hubiese nacido en Hollywood o en Beverly Hills nadie hubiera dado nunca un duro por sus canciones.

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“American land”

Pero antes de componerlas, Bruce tuvo que crecer, aprender a tocar la guitarra, y madurar su voz de pito en incontables bandas de mala muerte llenas de compañeros músicos tan incompetentes como él, lo cual es la manera natural de avanzar a través de las procelosas aguas estancadas llenas de bacterias perniciosas que uno debe superar en su camino al esterilizado estanque del estrellato, y que a mí me permite poner en práctica mis conocimientos recientemente adquiridos en el cursillo de la legionella, con unas bonitas metáforas.

También, el joven Bruce tuvo que desprenderse de su perturbadora tendencia a escribir canciones que sonaban como las del Dios del folk-rock, para que así dejasen de confundirlo con otro Bob Dylan, como solían hacer los cagatintas de las revistas musicales de entonces, a los que no parecía resultarles embarazoso alabar letras que Bruce escribía bajo aquella influencia; letras tales como ”Hey Mr. Tanned Machine Man / pray along with me; / in the Jersey City morning, / I’ll come wallowing, too”, que ya olían a viejas al cabo de algún tiempo… más o menos, tres minutos.

Definitivamente, fue el romanticismo de Bruce, enraizado en el idealismo de los ’60, pero atenuado por el desencanto de los ’70, los ’30, los ’40, los ’50, y los ’90 y los años posteriores al 2.000 (como todos los grandes hombres, Bruce fue profético), el que le alzó al superestrellato en los ’80. Un romanticismo que atrajo a todos los que en su día protestaban contra la Guerra del Vietnam, y que ahora, trágicamente envejecidos, echaban de menos desesperadamente tanto las manifestaciones como la juventud perdidas.

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“The rising”

En 1.973 Bruce formó la que muy pronto iba a ser mundialmente famosa Banda de la Calle E (o E Street Band, como solía escribirlo en sus discos), llamada así en honor de la única calle pavimentada que había en su pueblo de New Jersey. Y fue ya el año siguiente (para los de la Logse, 1.974) cuando el influyente corresponsal del rock, Jon Landau, vio a la banda tocar en un pequeñísimo tugurio y escribió su ya legendario titular en las revistas undergrounds: ”He visto el futuro del rock and roll y su nombre es Bryce Springstern”.

El hecho de que Landau hubiese escrito lo mismo sobre Grand Funk Railroad, Engelbert Humperdinck, Grace Jones, The Association, The Bonzo Dog Band y Los Bravos, no tiene importancia alguna, porque como el Doctor Samuel Johnson escribió una vez, ”cuando uno tiene razón, tiene razón”. Y así, la carrera de Bruce ascendió meteóricamente hasta nuevas alturas de gloria. Y con él también lo hizo Jon Landau cuando Bruce le contrató como productor, manager y masajista fisioterapeuta para los músicos de la E Street Band.

El resultado de su colaboración fue el disco que dio a conocer a Bruce en todo el mundo, ”Born to run”, lleno de canciones que celebraban las alegrías del footing.

Yo tenía 24 años y estaba cansado y aburrido de escribir cancione sobre chicas y coches. Así que en lugar de eso me puse a escribir sobre hacer footing con las chicas corriendo tras los coches.

Aunque nadie compró el disco, hubo mucha discusión sobre él entre los enteraíllos, y en los foros y revistas, lo que hizo que Bruce fuese portada a la vez del ”Time” y el ”Newsweek”, prestigiosas revistas que estaban experimentando su semana más baja en lo que a noticias se refiere de los últimos treinta años. Después de aquello, todo el mundo sabía que Bruce era famoso, aunque nunca hubiesen oído hablar de él.

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“Born to run”

Como Bruce surgió definitivamente ya metido en sus resplandecientes treintas, sus letras fueron cambiando cada vez más hacia la alienación, la soledad, la ruptura de valores, el cinismo, la pobreza espiritual y la bancarrota intelectual que siempre han sido atributos tan indispensables del “american way of life”, aunque sus melodías seguían siendo muy alegres y vitalistas… e incluso podían bailarse con chicas sositas aspirantes a estrellas de televisión…

Y a medida que su visión se oscurecía, Bruce se encontró a sí mismo enfrentándose a una crisis existencial que no le abandonó hasta que se acordó de quitarse las gafas de sol. Su obra maestra de esta época fue su disco de 1.984 ”Bored with the USA”, que conquistó incluso a sus compatriotas más reaccionarios, quienes confundieron su indignación contra ellos y sus valores con rabioso fervor patriótico. Es algo muy conocido, incluso en nuestro país, que los patrioteros no son muy perspicaces pillando los giros lingüisticos. Con la aquiescencia, pues, de todos los estamentos sociales, Bruce y su banda dieron lugar a una ola de Brucemanía que sumergió a su nación, y a todo el planeta.

Bruce se hizo tan popular que hubo que ponerle un apodo, el Boss. Aunque para lograrlo tuvo que superar una dura y sucia lucha con el propietario de los Yankees de New York, que decía poseer todos los derechos sobre dicho apelativo, el cual había heredado del difunto alcalde de Chicago, Richard Daley, que a su vez lo había recibido directamente de su antiguo colega de New York, William Marcy Tweed.

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“Born in the USA”


Y ya se mantuvo en la cima, arropado años y años por todos aquellos que habían cambiado las carreras en las manifestaciones por cómodos sofás desde donde observaban los días de gloria de Bruce a través de sus gafas fashion de cristales tintados de rosa, y que después, en los tiempos del ”Magic”, ya en el 2.007, seguían apoltronados en el sofá, pero ya habían tirado las gafas y lucían una prominente barriga debido a las latas de cerveza, que una vez vacías, arrojaban contra la tele cuando volvía a dar aburridas noticias sobre la crisis mundial que se avecinaba.

Y para poder burlar la crisis que afecta a todos y mantener el status económico que implica ser una megaestrella, Bruce se ha mantenido de gira desde que editó ese disco, escribiendo en los descansos entre cada lucrativa actuación las canciones que han compuesto su última obra, “Working on a dream”, por lo cual no le ha dado tiempo a aprendérselas bien y por eso solo canta dos o tres de ellas en los conciertos de su gira actual, aunque le haya puesto a ésta el nombre del disco.

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“Working on a dream”

Desafortunadamente, la vida personal de Bruce no ha estado tan enturbiada por la confusión como su música, dañando así su estatura como deidad mayor del rock. Él raras veces ha sufrido algún colapso por sobredosis de drogas, apenas ha sido arrestado alguna vez, y solo ha sufrido un divorcio, de una genérica modelo/actriz que era, después de todo, de sexo diferente al suyo.

Después de aquello, esperando hacer así su vida matrimonial más fácil y sin las complicaciones que trae el andar siempre de gira y lejos del cónyuge, Bruce decidió casarse con uno de los miembros de la E Street Band. Tras pensarse los pros y los contras, dudaba si hacerlo con Patti Scialfa o con Little Steve Van Zandt. Pero después de unas horas agonizantes al final se decidió por Patti. Y con el corazón roto, Steve Van Zandt dejó el grupo y se unió a la Mafia, convirtiéndose en lugarteniente del capo de New Jersey Tony Soprano. Y así se mantuvo durante muchos años, sin conexión con la música, hasta que el tiempo curó sus heridas y algo ocurrió con los mafiosos (que espero que no me contéis porque estoy siguiendo la crónica en la reposición de la FOX y todavía no ha llegado al final), y volvió al hogar donde una vez su primer jefe tanto le decepcionó, pero al que ahora puede de nuevo besar feliz.

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“Dancing in the dark”

La primera foto está hecha por mí, desde mi curro, el sábado a las tres de la tarde, con la fresquita. Las demás se las he pillado a un tío que se llama René van Diemen y que es tela de bueno haciendo fotos.

LOS REYES SON LOS PADRES

Hace ya 25 años de una película irreverente, “This is Spinal Tap”. Y los componentes de la banda protagonista de aquel documental de pega han vuelto desde la tumba para grabar y promocionar a base de conciertos un nuevo disco, “Back from the dead”, lleno de versiones regrabadas de las clásicas canciones de entonces.

En aquella película se humillaba de forma bastante consciente a las grandes bandas británicas como grandes instituciones que eran. Mostraba todos los tópicos de los grandes grupos de rock. Grupos pasados, presentes y futuros…

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“Stonehenge” (1.984)

Una parodia de grupos como por ejemplo…Oasis.

Oasis son grandes. Y no me refiero a ahora mismo, que ya es algo discutible, sino a cuando vivieron sus mejores tiempos. A los años en que “Wonderwall” se había convertido en un himno de la juventud desafecta; una juventud que creía fervientemente que todos los caminos que se les presentaban delante eran largos y tortuosos, y que todas las luces que podían alumbrarles estaban fundidas. Vale que Oasis eran unos pretenciosos de cojones, pero era un gran canción y Oasis estaban en su apogeo.

Y seguramente, como siempre tenían algo que celebrar, una noche Noel y Liam lo hicieron yendo a ver a Spinal Tap en concierto. Algunos de los componentes de éstos, junto a otros nuevos, se habían embarcado en otra parodia sobre unos músicos de folk de los ’60 que se reúnen para revivir viejas glorias, y les pareció una buena idea volver a encarnar a la banda de rock más cafre de todos los tiempos.

“This is Spinal Tap” era una de las películas favoritas de Liam de toda la vida, y el chico estaba radiante ante la posibilidad de verlos en un escenario, en directo, en carne y hueso. Y por supuesto, el concierto fue una pasada. Dos horas de puro Spinal Tap sin adulterar. Y después todavía iban a hacer un bis. Para el cual los tíos de Spinal Tap salieron bajo su personalidad de “A Mighty Wind”, la peli que os decía antes sobre la reunión de viejos músicos… y como tales comenzaron a interpretar su errática música folk.

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“A kiss at the end of the rainbow”

Liam, entonces, a mitad de la primera canción, se volvió hacia su hermano y dijo:

– ¿Y estos tíos quién coño son?

– Son ellos. -le contestó Noel, mirándole extrañado.

– ¿Qué…? ¿Ellos, quiénes…?

– Ellos…-le susurró Noel.

– ¿Ellos quiénes? –insistió Liam.

– ¡Cojones ya, Liam! –estalló Noel, volviéndose a él.– Son ellos, los Spinal Tap.

– Sí, hombre. Ésos no son Spinal Tap. Son unos gilipollas folkies. –le respondió Liam.

– No, Liam. Son ellos. Son Harry Shearer y los otros. Son actores. Los actores que interpretan a los Spinal Tap.

Hubo un momento de silencio por parte de Liam. Incluso Noel ya sabía que era lo próximo que éste iba a decir.

– ¿Actores…? ¿Spinal Tap… son actores…?

Y con cara de bochorno, salió de allí.

Y es por eso por lo que su hermano todavía no le ha dicho la verdad sobre quién pone en realidad los regalos bajo el árbol el día de Navidad.

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“Back from the dead” (2.009)

THIS SONG’S FOR YOU

Para el Koloke. Porque este post surgió de una charla con él.

Cuando la otra noche, una vez finalizado el concierto de John Fogerty, estábamos en la barra del auditorio cordobés hablando con el Koloke sobre la guitarra que había sacado para la interpretación de “Centerfield”, caí en la cuenta de que esa canción no hablaba solo de béisbol y mencionaba a alguna de sus figuras, sino que también citaba otra canción, que fue la que le sirvió de inspiración, el “Brown eyed handsome man” de Chuck Berry. Y a partir de ahí pensé que quizás podría montar un post divertido en el que haceros partícipes a todos vosotros también. Y aquí está.

Voy a poner una decena de canciones que están inspiradas en otro cantante diferente. Hay muchas más, por supuesto. Y ahí es donde entráis vosotros. A ver si entre todos descubrimos muchas. Yo mismo conozco bastantes más, pero si las pongo sería una entrada demasiado larga y os quitaría mucha “diversión” a vosotros. Encontradlas, y con todas ellas montaremos un radioblogin’, que el actual se nos está quedando ya bastante obsoleto.

Las que voy a poner son todas de cantantes y grupos extranjeros. En español también hay canciones así, pero ésas, que supongo que serán más fáciles de encontrar, os las dejo todas a vosotros.

Comencemos por el principio:

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John Fogerty – “Centerfield”

Vale, no le des más vueltas y tira p’alante. ¡Ya ha salido hoy el sol!
Hemos vuelto a nacer, hay hierba nueva en el campo.
Dobla la tercera base y de cabeza a apuntarse una carrera, qué negro más chulo;
Todos podéis entender cómo me siento.

Bueno… la traducción anterior es muy libre, porque es pura terminología del béisbol, un deporte lleno de misterios para mí. Incluso los que conocen el tema no se ponen de acuerdo sobre qué jugador negro es el homenajeado por Chuck Berry en su canción, y posteriormente por Fogerty, así que imagínate yo…

Bien incluída queda la canción por ser la que ha dado lugar al post, pero creo que será mejor que nos pongamos a hablar de cosas que sí conocemos. Y para ir cogiendo carrerilla, será mejor comenzar por lo más obvio.

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George Harrison – “All those years ago”

Nadie somos muy sinceros,
Pero tú señalas el camino a la verdad cuando dices:
“Todo lo que necesitas es amor”.

La canción se llama “All those years ago” y la compuso George Harrison para que la grabase Ringo Starr, pero éste lo intentó y no le gustaron ni la letra ni el estilo. Se la devolvió a George, agradeciéndole la intención.

Y mientras todo esto ocurría, un fan enloquecido asesinó a John Lennon, así que George retomó la canción, le cambió un poco la letra, y la convirtió en un homenaje a su amigo fallecido.

Esta canción merece también ser recordada aunque solo sea por el hecho de que reúne a los tres miembros entonces restantes de los Beatles. Y porque marcó, aunque fuese de manera póstuma, el fin de la animosidad que entre los dos Beatles había desde que George impidió que Yoko Ono cantase en el Concierto para Bangla Desh. Aunque al ser George Harrison una persona tan espiritual y religiosa, la canción contiene algunas ideas que estoy seguro que un tío tan agnóstico como Lennon no compartiría en absoluto.

Y como sé que los Beatles son uno de tus grupos favoritos (no ibas a ser tú un bicho raro) pues te dejo que busques entre sus canciones las que están relacionadas con el tema que nos ocupa, que algunas hay… por ejemplo, y como buena pista, os diré que en una de ellas se menciona también (aunque no explícitamente) a Chuck Berry.

Y otro de los que me consta que es también uno de los grandes favoritos de los lectores de este blog es Neil Young, que cuando él pensaba que estaba comenzando a ser ya bastante irrelevante, compuso una canción que fue la piedra angular del “grunge”: “Hey Hey, My My (Into the black)”.

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Neil Young – “Hey Hey, My My (Into the black)”

El rey se ha ido,
Pero no ha sido olvidado.
¿Es ésta la historia
De Johnny Rotten?
Es mejor arder
Porque la corrosión nunca para.
El rey se ha ido,
Pero no ha sido olvidado.

En esta canción hay una referencia doble, al Rey que se fue, Elvis Presley, que se quemó completamente, y quedó en el recuerdo de todo el mundo para la posteridad. Y a Johnny Rotten, el actual (en aquel momento) rey, el líder de los Sex Pistols. A rey muerto, rey puesto.

Y Neil Young se preguntaba si el destino de Johnny iba a ser igual al de Elvis. Con la mala vida que llevaban los punks en general, y Johnny Rotten en particular, parecía que éste iba a terminar igual que aquél, ardiendo rápidamente en una pira cegadora. Pero, como véis, el tiempo ha demostrado que no fue así, porque Johnny Rotten continúa aún arrastrando la herrumbre producida por la corrosión que nunca se detiene.

Años más tarde, allá por el ’94, esta canción adquirió un significado aún más profundo cuando Kurt Cobain incluyó en su nota de suicidio la línea “it’s better to burn out than to fade away”. Kurt estaba de acuerdo con Neil en que era mejor arder de una vez que ir marchitándose.

A Neil Young, por su parte, le citan también en una canción mega-famosa… ¿os atrevéis a decir cual es?

Tan famosa como ésta otra, que seguramente podremos escuchar en directo dentro de muy pocos días: “Thunder Road”.

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Bruce Springsteen – “Thunder Road”

El vestido de Mary ondea,
Como una visión, ella baila en el porche
Mientras en la radio suena
Roy Orbison cantando para el solitario.

Bruce mira extasiado como baila Mary al rítmo del “Only the lonely” de Roy Orbison, al que no solo quiso homenajear al principio de esta canción, sino que también se inspiró en su estilo vocal para interpretarla.

Hay otra canción, con una letra densa, de ésas que cuentan historias como las de Bruce o las de Dylan (y esto ya es una pista importante), que hace referencia al Boss a través de ésta última canción suya que hemos oído… ¿os atrevéis a buscar cual puede ser? Amigo NoSurrender, seguro que usted puede.

Y ahora una pregunta… ¿sabéis cual es el mejor grupo del mundo, de los desconocidos para la mayoría de la gente? Te lo van a decir los They Might Be Giants.

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The Might Be Giants – “We’re The Replacements”

Hola, somos los Replacements,
Y tocamos en una banda de rock’n’roll.
Lo estamos pasando muy bien,
Aquí, dándole al rock hasta el amanecer.

They Might Be Giants (por cierto, éste nombre sí sabéis a qué hace referencia, ¿verdad?) continuaban aquí con una vieja tradición del mundo del rock como es elogiar a otros músicos poco apreciados. En esta “We’re The Replacements” capturan la esencia de esta banda de Minneapolis y le hacen un homenaje más que merecido.

Algo que los propios Replacements habían hecho ya anteriormente con otro de los músicos que más influyó en ellos, Alex Chilton.

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The Replacements – “Alex Chilton”

Niños a millones cantan por Alex Chilton cuando él viene por aquí.
Cantan: “Estoy enamorado. ¿Cuál es esa canción?
Estoy enamorado de esa canción”…

El hombre invisible que canta con una voz visible.

Esos millones (ya serán menos) de hijos de Alex Chilton y su legado, que van a verle cuando él anda de gira cerca de sus ciudades, cantan, obviamente, “I’m in love with a girl”, una canción de Alex con la que los Replacements hacen este juego de palabras.

De Alex Chilton podemos decir casi sin temor a equivocarnos que fue el fundador del power-pop, aunque posteriormente se vio superado por muchos de sus discípulos, y nunca tuvo los honores que realmente se merecía. Los Replacements no solo quisieron dárselos haciéndole protagonista de esta canción, sino también haciéndole productor de algunas de ellas, pero eso no lo consiguieron porque su discográfica quiso poner en la mesa del estudio a alguien de más nombre, de más prestigio, y eligieron a Tommy Ramone, que aunque para entonces ya se había quedado medio sordo, ayudó a que el disco “Tim” fuese el mejor de toda la discografía de la banda.

Alex Chilton, por su parte, estuvo en los Box Stops, fue el líder de Big Star… pero nunca pasó de ser poco más que ese “hombre invisible” que dicen los Replacements. Y cuentan las historias apócrifas que cuando en las entrevistas le preguntan si se siente orgulloso de la canción que éstos le dedicaron, dice que no, que la odia… que los Replacements debían estar borrachos cuando la grabaron.

Antes vísteis que una canción servía como tributo a dos personas a la vez; pues hay algunas otras que homenajean incluso a más gente todavía. Y tenemos un par de ejemplos.

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Mott The Hoople – “All the young dudes”

El hombre de la televisión está enloquecido
Diciendo que somos delincuentes juveniles echados a perder.
Venga, tío… ¿para qué necesito la tele si tengo a T. Rex?

Explícitamente, la canción (“All the young dudes”) solo menciona a T. Rex, pero hay referencias a los Beatles, a los Rolling Stones… es todo un grito generacional a los jóvenes seguidores del glam, un estilo que nació para convertirse en el futuro del rock, pero que se quedó en el camino… como el punk… ¿como el rap…?

La canción la interpretaron Mott The Hoople, pero quien la escribió fue David Bowie, que se la ofreció a la banda, además de producir el disco en que se incluyó, porque quería sacarles de un inmerecido ostracismo que iba a llevarles a la ruptura. Que lo consiguiese o no es algo discutible, porque en realidad, aunque los puso en el mapa del rock, de Mott The Hopple el 99,9 por ciento de la gente solo conoce esta canción… a ver, en quince segundos y sin consultar el Google… ¿recuerdas el nombre de alguna otra canción de este grupo…?

Antes de pasar a otra os daré una buena pista para que saquéis más canciones: a T. Rex les citan en una canción de una banda española y en otra de una banda inglesa de las más conocidas. A por ellas…

Y ésta otra canción también está llena de referencias a músicos de la época del grupo que la canta; en realidad podemos decir incluso que es autobiográfica. Es el “Creeque Alley” de The Mama’s & The Papa’s.

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The Mama’s & The Papa’s – “Creeque Alley”

John y Mitchy estaban sintiendo una especie de picorcillo
Que les iba a hacer dejar atrás la música folk.
Zal y Denny curraban por unas monedas
Intentando que alguien se fijase en ellos para un buen contrato.
En una cafetería se sentaba Sebastian,
Y después de cada actuación pasaban el sombrero.
McGuinn y McGuire llegaron a lo más alto en Los Angeles,
Ya sabes donde digo.
Y nadie conseguía engordar excepto Mama Cass.

No me digáis que no es genial esta última frase de la canción… ¿no es eso reirse de sí mismos?. Las penurias que todos padecían en sus comienzos les hacía pasar más hambre que el proverbial perro de un ciego.

En “Creeque Alley”, que es además el nombre del club de las Islas Vírgenes en el que se metieron a vivir al comenzar a formar The Mama’s & The Papa’s, cuentan éstos como fueron sus inicios, y van mencionando a todos los que estaban a su alrededor por entonces.

John y Mitchy eran John Phillips y su esposa Michelle, que andaban ya aburridos del folk de su grupo The New Journeymen, al que dejaron atrás para comenzar su andadura en The Mama’s & The Papa’s. Los otros dos miembros del grupo, Mama Cass y Denny Doherty, salieron de otra de las bandas de la zona, The Mugwumps; de ahí la siguiente referencia a Denny y a Zal, que no era otro que Zal Yanovsky, que después entraría a formar parte de Lovin’ Spoonful junto al siguiente que se cita en esta canción, y que también estaba en esta primera banda con ellos dos: John B. Sebastian. Que era el que pasaba el sombrero después de cada actuación de los Mugwumps en el “Night Owl”, donde además de sacar alguna pasta para sobrevivir, esperaban que alguien se interesase por ellos tanto como para ofrecerles un contrato discográfico, que nunca llegó.

Todos querían emular a las figuras locales Roger McGuinn y Barry McGuire, que habían llegado al número uno de las listas de ventas con sus canciones “Mr. Tambourine man” y “Turn, turn, turn”, el primero de ellos, al frente de los Byrds; y “Eve of destruction”, el segundo.

Más chicos de California… Pavement. Esto es el tributo de una banda indie hacia otra banda indie, que con el tiempo ha trascendido a algo mucho más grande.

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Pavement – “Unseen power of the Picket Fence”

Algunas bandas me gustan ya por su nombre.
Y una de ellas es R.E.M.,
Canciones clásicas con una larga historia.
Chicos del Sur como tú y como yo.
R – E – M.
Un flashback a 1.983,
“Chronic Town” fue su primer EP,
Después vino “Reckoning”.
Arte de pesimistas, y títulos al uso:
“South Central rain”, ”Don’t Go Back To Rockville”,
”Harbourcoat”, “Pretty Persuasion”…

Esta canción, “Unseen power of the Picket Fence”, es todo un repaso a la trayectoria primera de R.E.M… y por cierto ¿no te recuerda esta guitarra del Bayou a la de John Fogerty…? El mundo es un puto pañuelo.

Aunque si hay unas notas de guitarra que despiertan los recuerdos de cualquiera de nosotros a los pocos segundos de escucharlas son éstas… ¿qué no…?

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Deep Purple – “Smoke on the water”

Fuimos todos a Montreux
En la orilla del Lago de Ginebra,
A grabar un disco con un estudio móvil.
No teníamos mucho tiempo,
Frank Zappa & The Mothers
Estaban en el mejor sitio;
Pero algún gilipollas con una bengala
Quemó el lugar hasta los cimientos.
Humo en el agua, fuego en el cielo.

El lago de Ginebra, es el lago Leman, al norte de los Alpes, y uno de los más grandes de Europa. En uno de sus extremos está Ginebra, y en el otro, Montreux, en uno de cuyos casinos iban a grabar los Deep Purple su disco “Machine Head” justo el día después de que diesen allí un concierto Frank Zappa & The Mothers of Invention.

Pero como dice la canción, algún descerebrado se las apañó para pegarle fuego a todo con una bengala durante ese concierto de Zappa, por lo que los Purple tuvieron que ser realojados en otro sitio y grabar su disco con los estudios móviles de los Rolling Stones.

Por entonces, los Purple aún no se habían montado en el dólar y no tenían mucho presupuesto para grabar el disco, así que el tiempo que podían disponer del alquiler de este estudio se había pasado cuando aún no habían terminado, y por ello tuvieron que terminar de grabar el “Smoke on the water” con la policía aporreando las puertas del estudio para echarlos… quizás por ese stress no les salió del todo bien. Pero después se resarcieron cuando volvieron a sacar la canción en el “Made in Japan”; esa sí que es la versión definitiva. Y es la que os he puesto.

¿Queréis ver la que lió el hooligan de la bengala…? Pues solo tenéis que mirar esta foto. Humo en el agua. Fuego en el cielo.

Y ha llegado vuestro momento. Ahí tenéis la sección de comentarios. ¿Seréis capaces entre todos de encontrar 24 canciones más con las que llenar un radioblogin’? Yo no lo dudo.

Ahora bien… no me vale ésa que estáis pensando todos ahora mismo. “American Pie” hace referencia a mucha gente y ya la tenemos más que escuchada en este blog. Así que tachadla de vuestra lista, jejeje… buscad mejor entre la discografía de Pink Floyd, Jonathan Richman, Teenage Fanclub, Steely Dan (les recuerdo hasta dos de ellas), Robyn Hitchcock, Van Morrison, Mojo Nixon, Randy Newman… y no olvidéis a los españoles…

ESTA ENTRADA ESTÁ REPE

Sí… este post está repetido porque lo publiqué hace un año y medio aproximadamente. Desde aquel momento, estas chicas de las que hablaba han sacado al mercado un tercer disco (cuya portada es ésta que os reproduzco) y han pasado a ser bastante más reconocidas, hasta el punto de que mañana jueves vienen a dar un concierto a Sevilla.

Y como el puñetero curso de la legionella me tiene sin horas libres, y es de rigor volver a recordarlas, porque seguro que su actuación merecerá la pena, os las vuelvo a traer y así las conocéis los lectores nuevos, y las recordáis los más antiguos. Y yo, con un “copia y pega” me saco una actualización fantástica y oportunísima. A mí, personalmente, me encantaría estar por la noche en el “Nocturama”, pero no sé si me va a ser posible. Haré todo lo que esté en mi mano, pero dependo de circustancias externas, además de una propia muy importante, que es que a esa hora de la noche ya llevaré 16 horas seguidas despierto, currando y aprendiendo cosas aburridas, aún estaré sin cenar ni comer nada desde las 3 de la tarde, y encima, el viernes a media mañana es el examen del curso éste de los cojones…

A lo mejor puedo hacerlo yo mismo; pero si no es así, por favor, contadme aquí alguno de vosotros como han estado las chicas, que les tengo bastante cariño.

Conocí su música a través de una entrevista a David Lynch que leí, en la que decía que éste era su grupo favorito. Hablaba de ellas diciendo que tenían un sonido tan fresco, tan nuevo, tan hip… El siguiente paso lógico era hacerse con sus discos. Solo tenían uno. Ahora ya son dos. Tienen nombre de despedida a la francesa: AU REVOIR SIMONE.

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“Sad Song” (Del “The bird of music”)

No son una banda al uso, con instrumentos al uso. Lo que manejan estas chicas son sintetizadores pasados de moda y una clásica caja de ritmos; máquinas de las que ellas logran mostrar un corazón casi humano. Alguien dijo una vez que la caja de ritmos es el sonido de la ciudad, mecánica, sin sentimientos, solitaria… ¿Pero quién dice que la tecnología no puede ser también emotiva?

Etéreas melodías vocales, la palpitante caja de ritmos, y tres teclados que son lo que le da sentido a todo. De los teclados salen cientos de sonidos, cada uno de ellos diferente de los otros, y capaces todos de transmitir hasta el más mínimo matiz emocional conocido por el hombre. Esta sutil interacción entre máquinas y humanos da lugar a las relucientes joyitas de pop sintético con las que está ilustrado este post, y que te darán una idea de las dicotomías entre las que se mueven estas tres chicas: ritmos fríos y voces cálidas, alegrías y tristezas, cables y sangre… Sonido diferente, exquisito e increíblemente cool; y la buena pinta que tienen, un toque Audrey Hepburn, un toque chica de película de Eric Rohmer, simplemente completa el paquete.

Erika Forster y Annie Hart se conocieron durante el otoño del 2.003 en un tren en el que regresaban a sus casas de Brooklyn tras un fin de semana en Vermont. Matar una aburrida tarde intercambiando con la compañera de asiento historias y ambiciones les hizo darse cuenta de que en la otra tenían un alma gemela con la que sacar adelante el deseo de formar un grupo musical. Heather D’Angelo se unió poco después a los ensayos informales que hacían, normalmente en el dormitorio de alguna de ellas; ventajas de no necesitar espacio para amplificadores y batería. Durante algún tiempo fueron un cuarteto. Pero Sung Bing Park, la otra chica que también anduvo con ellas las dejó porque tenía otros intereses que no podía anteponer a los conciertos que frecuentemente les iban saliendo en pequeños locales desperdigados por New York. Aunque sí que está presente en su estreno discográfico.

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“Through the backyards” (Del “Verses of comfort, assurance & salvation”)

Su forma tan casera y simple de crear música electrónica se vio reflejada perfectamente en su primer disco, un miniLP que grabaron en el sótano de su amigo (y productor, y manager) Rod Sherwood; más concretamente tras unas mamparas que separaban los pocos muebles de los que éste disponía del rincón en el que estaba la ducha. Nada que unas imaginativas manos no pudiesen convertir ese baño en un estudio de grabación añadiendo unos edredones, acolchando por aquí; y unos micrófonos, registrando por allá. Unos días de diversión, y ya tenían grabada una pequeña colección de “Versos de consuelo, confianza y salvación” que capturaban no tanto la habilidad musical para hacer sentir cosas a los oyentes de la música como los sentimientos de las propias chicas protagonistas, que ahora estaban plenas, inspiradas y felices.

Que pena que Air lo hayan hecho ya tan perfectamente, que si no, nuestro disco podía haber servido perfectamente para ponerlo de banda sonora de “Las Vírgenes Suicidas”.

Air es uno de los grupos que primero se viene a la mente del que quiere dar una referencia de su sonido. El barroco electrónico de Magnetic Fields es otro referente. Pero sobre todo se les compara con Stereolab y Saint Etienne. Quizás la razón por la que la gente hace eso es porque también tienen vocalistas femeninas e instrumentos electrónicos, pero por otros muchos aspectos, estas Au Revoir Simone son más como Yo La Tengo. De todas formas, al contrario que la mayoría de las bandas, a las que se suele comparar con otras anteriores en cuanto a sonido, ésta tiende más a evocar imágenes de paisajes, nubarrones, sirenas…

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“Stay golden” (Del “Verses of comfort, assurance & salvation”)

El disco es divertido de escuchar, y tan acogedor como sugiere su título; la combinación de ritmos suaves y ligeros y melodías desmayadas e inmediatas suena como la música que hiciesen unos ángeles jugueteando con sus instrumentos musicales. Y prácticamente así se creó, cuando las chicas al principio jugueteaban con los Casios y Yamahas que habían comprado por un talego en una venta de garage de esas que salen en las pelis americanas. Ahora tienen Roland Junos, Mini-Korgs, que le dan a la música más profundidad… pero aún usan algunas de aquellas maquinillas con las que empezaron a ensayar.

Nuestras canciones reflejan quienes somos. Muchas veces sentimos que tenemos más cosas en común con los músicos más folkies y más suaves que con los grupos electrónicos.

Su nuevo disco, el recién editado “The Bird of Music”, es mucho más experimental e incluso han alquilado cuerdas y metales para algunas canciones y han invitado a algunos amigos a cantar con ellas. Son canciones de pop más directas, algunas más ensoñadoras, otras más épicas, pero con el amor como tema central. Aunque sea tristeza de amor: “Las cosas más deprimentes son las camas vacías y las comidas en soledad / y las mujeres que llegan a la mediana edad con los dedos desnudos”.

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“Fallen snow” (Del “The bird of music”)

No rebajan el grado de encanto ni de angelical espíritu soñador, pero suenan más edificantes y valientes, con más rigurosidad musical. El sonido es más complejo, más suntuoso… y no solo por los músicos de sesión empleados, sino por la mayor gama de instrumentos y pedales usados. Y también tiene mucho que ver la vitalidad que le da al sonido haber sido regrabado, después de las mezclas finales, en un equipo analógico.

La inocencia y la madurez no solo se contraponen, sino que también pueden combinarse. Aún tienes ahí a la derecha el radioblogin’ de los girl-groups sesenteros. Una moderna actualización de cualquiera de ellos daría lugar a esta infecciosa canción con la que ponemos el punto final: “Un mundo violento e inflamable”. Hasta cuando quieras, Simone.

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“A violent yet flammable world” (Del “The bird of music”)

¿HAS VISTO ALGUNA VEZ LLOVER EN UNA NOCHE ESTRELLADA?

En la cola discutíamos mi sobrina, su pareja el Yinyerbeiker y yo (ayer íbamos en familia) sobre si JOHN FOGERTY está ya más cerca de los 70 que de los 65, pero antes de escribir esto he mirado en los libros y no, “solo” tiene 64 recién cumplidos; lo que “explica” su buen estado de forma y que todavía conserve todo su hermoso pelo.

Mientras nos dejaban pasar al interior a duras penas, la puerta solo un pelín abierta para controlarnos bien… pero hombre, si todos somos honrados padres de familia (e incluso abuelos, al más joven que ví en tó la noche fue al Koloke) que no nos vamos a colar; ni que fuésemos heavies, punkies o raperos… íbamos oyendo comentarios sobre lo buenos que eran los Credence con el lógico acento andaluz, pero dejillos de Córdoba, Sevilla, Jaén, Málaga… estaba claro que la noche iba a ser una fiesta celebrando la nostalgia. Lleno absoluto, con 3.500 fans de todas partes, entregados a la causa.

Y los americanos entienden de esto. Para empezar, cinco o seis canciones que todo el mundo conocía; clásicos de la Credence (no me preguntéis el orden, porque no me acuerdo, ni falta que hace), con John volando a través de ellos con su todavía poderosa voz y sus hábiles dedos, respaldado por una banda fantástica en la que figuraban dos guitarristas de la talla de Billy Burnette (sí, el antiguo Fleetwood Mac, hijo del mítico Johnny. Era el de la camisa roja) y Hunter Perry (el de las barbitas), a los que no permitió hacer ni siquiera un solo en toda la noche. Estaba claro quien era la estrella y el jefe.

El batería era punto y aparte: Kenny Aronoff. Dicen de él que es el mejor batería de sesión del mundo, y para respaldar esa afirmación está el hecho de que participa en una media de 20 discos al año, desde los Stones y Jagger en solitario; pasando por Elton John, Rod Stewart, Meat Loaf, Joe Cocker, Lynyrd Skynyrd, Alice Cooper, Neil Diamond; hasta Ricky Martin y los Revolver de Carlos Moñi (el apellido no es un error, sino un guiño hacia mi amiga Lu, que también anduvo anoche por allí). Espectacular.

El bajista, David Santos, sobrio. Otra leyenda de los estudios de grabación (Crosby, Stills & Nash, Billy Joel, Elton John, James Taylor…), ni una nota de más ni de menos. Y el tejano Matt Dolen, unas veces con otra guitarra, y brillando mejor en los teclados de su Hammond, era otro esclavo del proceso creativo de Fogerty. ¡Qué buen sonido desplegaban!

Y aún había otro músico más, que me va a permitir abrir un pequeño paréntesis para que veáis la “seriedad” de los comentaristas musicales que se gastan los periódicos generalistas españoles (Blas, tú no te des por aludido, eh). Desde los artículos previos, a las crónicas de los conciertos de San Javier y de anoche en Córdoba, todos vienen presentando a este hombre como Jason Mowery; seguramente por alguna información extraída del MySpace de John Fogerty, que no se actualiza desde el 2.007. Y como ninguno de estos periodistas tiene mucha idea de lo que se trae entre manos, ni se preocupan de contrastar noticias, ni de buscarlas, ni de hacer bien su trabajo, pues se van copiando unos a otros, por lo cual todos van cometiendo los mismos errores, como éste, o como el de escribir todos ellos en sus artículos que “Have you ever seen the rain?” es una canción de la época en solitario de John y no de la Credence. Todos dicen las mismas generalidades, los mismos tópicos y tienen los mismos errores. Y mención especial para el “iluminado” que ha escrito hoy la crónica del concierto de anoche en “El Diario de Córdoba”, seguramente sin haber estado allí siquiera, que además de redundar en lo mismo que los demás, nos cuenta como John nos deleitó con innumerables canciones de la época Credence, como “Travellin’ band” o “Hey tonight”, que por desgracia para nosotros, se reservó para otra ocasión.

Pues no, el chaval que iba pasando de la guitarra a la mandolina, a las congas, y que tan buen feeling tenía con John Fogerty cuando cogía el violín, era Dan Hochhalter, por lo que tendremos que poner también en cuarentena la información que leí por ahí sobre que éste (o el otro) era sobrino de John.

Siguiendo con lo que interesa, después de las cinco primeras canciones se preveía que la noche iba a ser de sobresaliente; y hubiese sido así en vez de notable altísimo de mantener ese nivel durante todo el concierto, algo que seguramente Fogerty hubiese logrado de no haberlo hecho tan largo. Sobraron minutos. Y sobró la música de esos minutos, alguna de ella bañada de country clasicón y alguna otra más llena de las canciones de sus discos en solitario. Y si de éstas no sobraron todas fue porque en algunas vimos los momentos más efectistas del concierto, como la interpretación de “Centerfield”, una de las más conocidas canciones sobre el béisbol, al que es muy aficionado, con una guitarra construida especialmente para él, cuyo mástil es un bate de este deporte; o con el respaldo de la batería, todos los demás músicos alineados al frente del escenario, cada uno con una guitarra (bueno, David con un bajo), entonando a la vez los acordes de “The old man down the road”; o el upbeat de “Rock and roll girls”

En la única vez que se sentó para cantar, se dirigió al público presentando la canción “Joy of my life”, dedicada a su mujer, como la única de amor que había compuesto en su vida, y… tío, John, más vale que permanezca siendo la única, porque vaya pastelazo de canción; ¿tú crees que una señora que lleva veinte años dándote felicidad se merece una canción así…?

Pero siempre estaban ahí las clásicas, las que levantaban a la gente y hacían bailar y gritar hasta a la sra. Carrascus (que ya hay que tener habilidad para lograrlo), “Green river”, “Bad moon rising”, “Down on the corner” (anunciado por el palo de Dan golpeando un cencerro), “Up around the bend”, “Have you ever seen the rain?”, “Born on the bayou”, “Cotton fields”, “The midnight special” (que fue un momento verdaderamente especial), “Lookin’ out my back door”, “Conmotion”, “Who’ll stop the rain”, “Lodi”, “Fortunate son”, que cerró la actuación… para volver de nuevo y cerrar el primer bis con la que todo el mundo esperaba, un “Pround Mary” que hizo que durante apenas tres minutos todos tuviésemos cuarenta años menos. Y después, para que esa ilusión de juventud reencontrada se fuese desvaneciendo sin sentirlo, todo fue terminando mientras bailábamos un rock and roll de lo más clásico, “Good golly Miss Molly”… y volver al presente tragando la nostalgia acompañada de cerveza, en la barra, de charla con otros sevillanos que fueron pasando por allí.

John Fogerty es un artista. Más aún, es un maestro. Nadie como él es capaz de englobar en una sola canción, que además no es de las mejores que ha compuesto (pero sí de las más largas, jejeje), como “Keep on chooglin’”, cuando la recrea en directo, toda la historia del rock clásico en siete minutos y pico, en la que comienzan como si fuesen una banda de heavy a lo Van Halen, terminan como otra de noise a lo Sonic Youth, y por en medio nos ha parecido que estábamos viendo a la Charlie Daniels Band, a los Allman Brothers, y a cualquier banda de blues blanco que se te ocurra y tenga un armonicista de grandes pulmones.

Y aún siendo un killer… estilo, todo el quieras…! Una guitarra casi para cada canción, la que mejor convenía para desgranar sus acordes: no solo la que parecía un bate de beisbol para “Centerfield”, sino también una Paul Reed Smith de color azul zafiro para estrenarse, una Ernie Ball roja para “Lookin’ out the back door”, una Gibson Les Paul Goldtop dorada para “Rockin’ all over the world”, otra Les Paul Custom verde para el momento mágico en que desgranó el mejor solo de la noche, otra Gibson J200 acústica, Telecasters, Rickenbackers, y otras, y otras…

Es difícil decir qué fue lo mejor de la noche, si ver al propio mito que los creó interpretar en directo todos esos riffs de guitarra que tanto recuerdos nos traían, o escuchar por primera vez en vivo su expresiva voz, ya para siempre eterna. Hay montones de canciones buenas que se editan cada año… ¿pero seguirán sonando como éstas cuando pasen otros cuarenta años más?

De vez en cuando, John nos decía “que Dios os bendiga”, “muchas gracias”, “gracias por cantar conmigo”… de nada, hombre; los agradecidos somos nosotros. Siempre.

Gracias a la paciencia y habilidad de nuestro amigo Koloke para grabar estas cosas os dejo aquí un trocito de gloria. La foto de arriba, por cierto, es la de Sánchez Moreno que publica el “Diario de Córdoba” de hoy; en cuanto pueda coger prestadas algunas de las que hizo Lu, la cambio.

BILLY, DON’T BE A HERO

Fue un icono aún a su pesar. Nos dijo que no quería cambiar el mundo, que no estaba buscando una nueva Inglaterra… solo buscaba una nueva chica. Trobadorescas palabras éstas, de Mister Stephen William “Billy” Bragg, autor de canciones protesta contra el sistema inglés, y un chico al que nada le altera. Excepto la injusticia social, que atenten contra los derechos de los trabajadores, y las máquinas de hielo seco que echan humo.

Pero que no quisiese cambiar el mundo, o no buscase una nueva Inglaterra podría ser muy discutible, en vista del papel que adquirió como airado representante del Red Wedge, a la vanguardia de la canción politizada en la Gran Bretaña de los ’80. En aquellos tiempos en los que el gobierno de Margareth Thatcher estaba empeñado en cargarse los sindicatos y romper las espaldas de la clase trabajadora de su país, por mucho que Billy nos dijese después, seguro que no tenía tiempo de andar buscando otra chica mientras andaba junto a los mineros, calentándose junto a ellos en los fuegos que encendían, y enfrentádose a la policía. Billy era de los que más gritaban, de los que más enfado mostraban… aunque las malas lenguas dicen que en realidad estaba tan airado porque Kirsty MacColl consiguió hacer un éxito en 1.984 con una canción que le dio él, “A New England”, que un año antes pasase desapercibida totalmente cuando él mismo la grabó en su disco “Life’s a riot”.

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Kirsty MacColl – “A new England”

Y así de excitado y politizado estaba nuestro amigo Billy aquella vez que accedió a una de las estaciones del Metro londinense solamente para ver con sus propios ojos las nuevas barreras automáticas que habían instalado para que nadie se colase sin el ticket correspondiente, y que tanto éxito han tenido posteriormente en todo el mundo. Ya por entonces, al igual que ocurre ahora, estas barreras no estaban exentas de problemas, y Billy, el portavoz de la clase media-baja, abordó a uno de los miembros del staff del Metro, el que se encontraba en la cabina más cercana.

“¿Para qué coño han puesto estas barreras?”
, le gritó. “No funcionan bien ni una puta vez, cuestan una fortuna, a la gente no le gustan, a los propios trabajadores del Metro no les gustan tampoco, y los bomberos las odian porque son un peligro en caso de incendio. ¡Me reconocerá usted que esta mierda de barreras son el mayor gasto de tiempo y dinero del mundo!”.

El flemático empleado uniformado le echó un vistazo apenas perceptible. Y volviendo de nuevo la vista a su libro, le dijo: “Escriba una puta canción sobre ello, entonces”.

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Billy Bragg – “A new England”

CIFRAS Y LETRAS

En un comentario del post anterior os adelantaba que en la siguiente entrada intentaría explicar de una forma lo más sencilla posible como se dividen las ganancias de una canción y a quién le corresponden los distintos derechos que genera su uso, algo de lo que se está hablando muchísimo últimamente debido a la muerte de Michael Jackson y al hecho curioso de que le perteneciesen a él los derechos de las canciones de los Beatles. Cuando se habla sobre ello se dicen muchas cosas que son erróneas y se mezclan diversos conceptos que son totalmente distintos.

Lo primero es contestar la pregunta de Zambombo de un comentario anterior, que ilustra claramente esto que digo de mezclar conceptos: no se puede decir que esté muy extendido el que los derechos de las canciones no pertenezcan en absoluto a los artistas, porque éstos siempre serán propietarios de los royalties que generen sus canciones. Siempre.

Ahora bien, como el artista generalmente no tiene tiempo ni conocimientos suficientes para manejar sus composiciones y hacer que éstas generen más dinero, y luego poder recaudar todo este dinero sin que le engañen demasiado, es por lo que recurre a una compañía que maneje y administre todo eso. Estas compañías, a cambio de hacerlo, se quedan con una parte de los royalties del artista… esta parte con la que se quedan estas compañías es lo que se llama “derechos de edición” (o derechos de publicación). Y la compañía que manejaba los asuntos de los Beatles, dejando que Lennon, McCartney y Harrison se ocupasen de otras cosas, era la ATV, llevándose a cambio los derechos de edición de sus canciones. Y esa compañía fue la que adquirió Michael Jackson.

Esto quiere decir que los royalties que generaban las canciones de Lennon/McCartney se repartían entre ellos y ATV, cuyo propietario era Michael Jackson.

En lo que sí tiene razón Zambombo es en decir que muchos autores querrían que la industria, tal como está montada, desapareciese. Porque al fin y al cabo estos royalties de los que hablamos son tan solo una mínima parte de los ingresos que genera una canción.

Para que os hagáis una idea. Imaginad un artista que vende diez mil CDs, cada uno de ellos con diez canciones compuestas por él. Los royalties que genera son de 9,1 céntimos por canción (que es lo que marca la ley desde que se revisó por última vez, que yo sepa, en el 2.007), lo que significa que serían (al haber diez canciones) de 91 céntimos por cada disco. Multiplicado por diez mil discos, sale en total una suma de 9.100 dólares (hablo en dólares porque me refiero a los USA, en España no sé como están las leyes sobre royalties).

Si consideramos que 10.000 discos a 15 dólares el disco, le han supuesto a la compañía discográfica unos ingresos de 150.000 dólares, pues ya sabéis quien se lleva la mejor tajada del negocio, cuando al autor de las canciones solo le pagan 9.100. Bueno, eso si es un artista consagrado y que vende mucho, porque últimamente, con la crisis y la “piratería”, las discográficas se han puesto de acuerdo en pagarle a los autores noveles y de ventas no demasiado elevadas solamente el 75 por ciento de esto que os he dicho.

Estos 9.100 dólares son lo que se llama “royalties mecánicos”, que son los que se derivan de que las canciones sean vendidas en formatos mecánicos, como CDs, vinilos, cassettes, DATs…

Pues bien, como el artista (supongamos que es de los buenos y le respetan los 9.100 dólares) tendrá un contrato con alguna compañía que se ocupe de recaudar ese dinero y de mirar por sus intereses, pues resultará que en la cuenta de su banco solo ingresarán 4.550 dólares. Los otros 4.550 se los queda la compañía que curra para él, en concepto de “derechos de edición”, porque está establecido como regla general que estos royalties mecánicos se los embolsan, repartidos al 50 por ciento, el autor y el propietario de los derechos de edición.

¿Va quedando la cosa clara…? Digamos, pues, que los derechos de edición (o de publicación) son los honorarios que cobra la compañía que administra los intereses del compositor en lo que se refiere a asuntos de copyright.

Y no son solo los royalties mecánicos los que genera una canción, sino que hay royalties de más clases, que también hay que repartir, aunque de formas diferentes. Profundicemos un poco más.

Están también los royalties por “interpretación pública”. Estos son los que genera una canción cuando la ponen en la radio, o es interpretada (por su autor o por otro músico cualquiera) en un concierto, o ponen el disco en un bar, o en cualquier tugurio nocturno, o incluso en una boda, ya sea en disco o porque la cante la orquesta que contratan los novios (¿recordáis el caso aquél del tío de autores que se presentó en una boda anotando todo lo que tocaba la orquesta, hasta que lo echaron a patadas?)

Cada vez que una canción es interpretada públicamente, ya sea grabada o en vivo, genera unos royalties, que la compañía de publicación se tiene que encargar de recaudar y de fiscalizar, y que generalmente también se reparten a partes iguales entre esa compañía (más “derechos de publicación”) y el autor de la canción.

Estos royalties son muy importantes, porque cuando una canción se hace muy famosa, es normal que estén interpretándola a cada momento durante mucho tiempo y se convierta en una buena fuente de ingresos. En los USA, que hacen estudios de todo, dicen que una canción que llega al número uno genera por este concepto unos 3 millones de dólares durante el tiempo en que está de moda y la gente la tiene en mente. Y luego seguirá recaudando pasta en concepto de royalties durante muchos años más, cuando deje de estar de moda, porque siempre la recordarán y la interpretarán en algún lado. Y ya sabes… la mitad de eso se lo queda la compañía que tenga los ya famosos “derechos de publicación”, y la otra mitad el autor de la canción.

Sigamos… están también los royalties por “sincronización”, que son los que genera una canción cuando es usada como respaldo de una imagen; esto ocurre normalmente en las películas, en los anuncios y en los programas de televisión.

Si una canción es sincronizada en una película, la compañía cinematográfica que la hace tiene que pagar unos derechos por ella, que van a parar… (¿ya lo sabes, verdad?) …al autor y a la compañía que tenga los derechos de publicación. Ah, y cuando editen el disco con la banda sonora, también generará royalties mecánicos, no lo olvides.

Cuando las canciones se usan para anuncios, y éstos se emiten por la radio, que no es un medio visual, el anunciante, además de los derechos de “sincronización” tiene que pagar unos derechos de “transcripción”.

Estos royalties por “sincronización” y “transcripción” también suelen repartirse a partes iguales entre el autor y la compañía de los derechos de publicación, por eso en ésta última suelen ponerse de los nervios cuando el autor al que representan sale con “tonterías” tales como que se niega a que se usen sus canciones para anunciar tabaco, alcohol, compresas, campañas políticas… y es que los autores tienen mucho mas aguzado el sentido de la ofensa que los ejecutivos de las compañías de derechos de edición.

Están también los royalties por “edición impresa” de una canción, que aunque no sean tan importantes como los anteriores, también son generados cuando una canción aparece reproducida en un medio impreso, por ejemplo en cancioneros de algún autor, libros de tablaturas de guitarra, libros recopilatorios de éxitos, letras reproducidas en revistas… el reparto de estos royalties suele negociarse entre el autor y la compañía de derechos de edición, que normalmente suele quedarse con casi todo.

Con el advenimiento de internet se han creado también los royalties por “edición digital”, que son los que se generan cuando se descarga una canción (legalmente, comprándola), o poniéndola disponible en streaming, o en cualquier otro servicio de demanda on-line. El dinero que genera en royalties una canción emitida a través de internet varía entre las sumas de 2 y 14 céntimos, según sea una web comercial o de algún otro tipo. Y varía también según las descargas puedan ser permanentes o solo limitadas a un periodo de tiempo… o diez mil variedades más que sería excesivamente prolijo enumerar. La particularidad que tienen los royalties generados por tecnología digital es que no pertenecen por entero al artista, sino solo un tercio de ellos, y de esa cantidad, como viene siendo habitual, también el 50% debe pagárselo a la compañía propietaria de los derechos de edición.

Y para no aburriros más de la cuenta solo mencionaré que existen otros tipos de royalties, que también se reparten entre el autor y el poseedor de los derechos de publicación, como los derechos de edición en otros paises, los derechos de traducción de las canciones, o los derechos que genera la venta de cacharros para grabar o bajarse canciones, y los CDs vírgenes, y todas esas tasas tan controvertidas, que también dan royalties al artista y, por supuesto, a la compañía que tenga los derechos de publicación de dicho artista.

Como ves, el que alguien tenga los derechos de publicación de un catálogo de canciones no quiere decir solamente que va a ingresar un enorme montón de dinero, sino que a cambio tiene que ofrecer muchísimos servicios, que también le van a ocasionar un enorme montón de gastos.

El que Michael Jackson tuviese los derechos de las canciones de los Beatles no significaba que se iba a llevar pasta por la cara cada vez que una canción de ese grupo se editara o sonase por la radio. Lo que significaba es que iba a tener una entrada de dinero como propietario de una compañía (la ATV) que se llevaba más de la mitad de todos los royalties de los Beatles a cambio de velar por los intereses de éstos. Y eso llevaba consigo que tenía que supervisar todos los contratos con las compañías discográficas que reeditaban sus discos; que tenía que negociar con las multinacionales del cine cuando usaban sus canciones para las pelis, y luchar para que incluyesen el mayor número de canciones posibles (originales o versiones) en el mayor número de películas posibles; que tenía que llegar a acuerdos con otras compañías como ella de todo el mundo para que les pagasen los derechos que generasen allí; que tenía que estar encima de las Sociedades de Autores de todo el mundo para que le ingresasen regularmente los royalties que después repartiría con McCartney y los herederos de Lennon y Harrison, y para que en ningún sitio infrinjan las leyes de copyright sobre los Beatles…

Es decir, que si un autor de cierta importancia no quiere pasarse la vida empantanado en burocracia y quiere dedicar el mayor tiempo posible a componer, grabar y dar conciertos, (y a jugar con sus hijos, beber cubatas con los amigos, jugar al futbito, viajar con su mujer a Thailandia) tiene que poner sus negocios en manos de una compañía de derechos de publicación, aunque ya sabe que eso le va a costar la mitad (o algo más) de la pasta que gane en royalties. Lo normal es que los autores trabajen con una compañía que su vez es parte del holding de la multinacional discográfica, como ocurre con las compañías de publishing de EMI, Universal, o ésta propia de Sony ATV que nos ocupa. Lo que ocurre es que muchas de las grandes (y más avispadas) estrellas son a su vez socios de esas compañías, como es el caso de los U2 con “Blue Mountain Music”. Eso ocurría en menor medida también en el caso de los Beatles, que eran socios en “Northern Songs” pero dejaron de serlo cuando esta compañía pasó a la ATV y ellos vendieron su parte para poder coger dinero con el que sanear el desaguisado que tenían con Apple y la ruina heredada de Klein y Epstein.

Con las nuevas formas de edición y publicación, y el “háztelo tú mismo”, han cambiado muchas cosas y los autores, si no generan un negocio a gran escala, pueden ser autosuficientes a la hora de manejar sus propios asuntos empresariales. Pero para cualquier artista que quiera vivir de su arte es indispensable una compañía de estas características, porque además de ocuparse de todo lo que he descrito más arriba, se ocupará de negociar con las discográficas un contrato en el que salga ganando lo máximo posible (con lo cual ellos también ganarán más); participará en la promoción de su gira de conciertos para que vaya a verlo más gente, que después quiera comprar sus discos o escuchar su música en la radio… invertirá en él, con la esperanza de recuperar con creces lo invertido cuando comience a recaudar derechos de publicación, tanto de los royalties mecánicos, como de los de interpretación pública.

…claro que eso sería si estas compañías materialistas no buscasen solo clientes conocidos y ya establecidos en el mundo de la música, y alguna se arriesgará a asociarse con alguien que todavía no tiene siquiera un contrato discográfico, y confiasen en que algún día iba a vender un montón de discos e iba a dar muchos conciertos. Porque es que la cosa está tan chungaaaaa…

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AMIGOS PARA SIEMPRE

Perdonadme que en este post vuelva a redundar sobre la muerte de Michael Jackson, pero es que la prensa seria de ayer sacaba a la luz unos artículos relacionados con él que me han llamado la atención.

En ellos se habla de cómo el abogado de Michael ha dado a conocer a su familia el testamento del fallecido y se han filtrado algunas de sus cláusulas, entre ellas que todos sus activos no líquidos (que prácticamente son los únicos que le quedaban) van a parar al fondo fiduciario “Michael Jackson Family Trust”, del que ha apartado las manos de sus parientes y ha nombrado depositarios a unos abogados y ejecutivos de su confianza.

Y en la noticia se dice que entre esos activos está la la colección de títulos musicales de The Beatles, que posee el cantante (en copropiedad con Sony). Si esto es cierto se desmentiría la noticia que a primeros de año publicó el “Daily Mirror”, y reflejaron después muchos más periódicos, sobre que Michael había modificado su testamento para dejarle los derechos de estas canciones a Paul McCartney, y restañar así las viejas heridas que le había producido a éste cuando los adquirió. Según el periódico, un portavoz decía que Michael Jackson le había dado instrucciones al respecto a sus abogados y que sentía una gran tristeza porque McCartney no le hablaba desde hacía muchos años y ahora quería hacer las cosas de forma correcta.

En este mismo blog recogíamos todo esto no hace muchos días a raíz de un comentario de nuestro amigo Vidal sobre la pertenencia de estos derechos de las canciones de los Beatles a Michael Jackson, que yo a mi vez contesté con otro en el que contaba a grandes rasgos la historia de dichos derechos e incluía este párrafo sobre Michael que copio y pego:

Pero eso será si no se muere antes… porque para darle más emoción al culebrón, a primeros de este año los periódicos más amarillos publicaron que Michael estaba arrepentido de lo que le hizo en su momento a Paul McCartney y quería reconciliarse con él. Para ello había hecho testamento y le había dejado a McCartney estos derechos. Y no sería extraño que Michael se fuese pronto p’allá porque cada vez menudean más los artículos que salen de vez en cuando diciendo que todo lo que ha abusado de su cuerpo le pasará factura más pronto que tarde.

¿Quién nos iba a decir que mi “predicción” sobre la pronta muerte de Michael se iba a hacer realidad tan solo nueve días después? Obviamente, no tengo una bola mágica, sino que lo que me llevó a escribir esto, aparte del hecho de cambiar el testamento, es que desde esa fecha no dejaban de saltar noticias sobre que Michael estaba perdiendo la visión de su ojo izquierdo, o que estaba batallando contra un enfisema, o que tenía una enfermedad genética que le hacía tener déficit de antitripsina Alpha-1, que por lo visto es una proteína de la sangre que tiene un efecto inhibidor de muchas enfermedades… sonaba fatal todo, ¿verdad?.

Supongo que a partir de ahora esos derechos de las canciones beatlelianas serán “la joya de la corona” mediática del legado de Michael Jackson y tendremos un montón de historias verdaderas y falsas sobre a quién y cómo irán a parar. Aunque yo sigo apostando con que al final la discográfica Sony, que ya posee una mitad (debido a su asociación con Jacko en el ’95, por la que éste recibió 100 millones de dólares) y que tiene la otra mitad correspondiente a Michael como garantía de varios préstamos que le hizo, será el acreedor más titulado para quedarse con esos derechos… pero sigue leyendo, porque como todas las buenas historias, en ésta hay una sorpresa agazapada.

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Beatles – “The long and winding road”

Y a todo esto… ¿qué dice Sir Paul McCartney sobre estos asuntos? Pues se mantenía en silencio hasta anteayer mismo, en que en su página web hizo público el siguiente comunicado.

Me siento triste y sobrecogido. Siento que fui un privilegiado por haber conocido y trabajado con Michael Jackson. Era un chico con un talento prodigioso y un alma tierna. Su música será recordada por siempre y mis recuerdos del tiempo que pasamos juntos serán felices. Envío mi más sentido pésame a su madre y a toda su familia, y a sus innumerables fans de todo el mundo.

La amistad entre Michael Jackson y Paul McCartney ha seguido un largo y tortuoso camino, por no decir también que bastante agitado. Michael cuenta en su autobiografía, “Moonwalker”, que la primera vez que vió a McCartney fue en una fiesta que daba éste para celebrar la terminación de su disco “Venus and Mars” con los Wings, el 24 de marzo del ’75, en el trasatlántico “Queen Mary”, que se encontraba fondeado en los muelles de Long Beach. Michael, que por entonces, aunque era una super-estrella, solo contaba con 16 años de edad, fue invitado a la fiesta por Heather, la hija de Paul McCartney, y allí pudo codearse con otros muchos famosos, como por ejemplo George Harrison.

Pero McCartney y Michael no se conocieron formalmente hasta poco después, en que el primero invitó a Jacko a otra fiesta. Durante ésta, cuenta también Michael en su autobiografía, Paul comenzó a cantarle la canción “Girlfriend”, diciéndole que la había escrito para que él la grabase. Así que los dos se intercambiaron sus números de teléfono, pero parece que nunca tuvieron suficiente tiempo para quedar y grabar la canción. Una canción que al final terminó grabando el propio McCartney y la incluyó en su disco “London Town”, de 1.978.

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Paul McCartney – “Girlfriend”

Un giro del destino quiso que pocos años después, mientras Michael estaba grabando el “Off the wall”, su productor, Quincy Jones, le sugirió que grabase una canción de Paul McCartney que él había oído hacía poco y le había gustado mucho, y pensaba que al estilo de Michael le iría muy bien. Se trataba, como no, de “Girlfriend”. Esta coincidencia animó a Michael a grabarla e incluirla en el “Off the wall”, pensando que el destino así lo quería.

Aunque en realidad no sabemos si Macca es un tipo de memoria frágil o quiso vacilarle a Jacko en aquella fiesta, porque en las entrevistas con Ray Coleman para el libro “Yesterday & Today” que éste escribió, le dijo que la canción no la había compuesto con Michael Jackson en mente…

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Michael Jackson – “Girlfriend”

De todas formas el hecho es que el día de Navidad de 1.980 Michael llamó por fin por teléfono a Paul a su casa de Inglaterra, para felicitarle las fiestas y para decirle que quería que trabajasen juntos en algo. Y cinco meses más tarde Jacko se desplazó a Inglaterra y entre los dos compusieron un par de canciones, “The Man” y el grandísimo éxito que fue “Say, say, say”, las cuales grabaron allí mismo en Londres y quedaron enfriándose hasta que casi un año después en Los Angeles les agregaron los metales y las terminaron de arreglar un poco más. Básicamente, de ellas Paul escribió la música y Michael la letra.

Por fin, casi otro año más tarde, en febrero del ’82, Michael pudo volver a Inglaterra y ya las terminaron de grabar del todo y pudieron ver la luz en el disco de Paul McCartney “Pipes of peace”, que se editó a finales de ese año. Entre los dos hicieron también un vídeo, a modo de película corta sobre la canción de más éxito. Seguramente lo recuerdas…

Cuando Paul McCartney estuvo en el 82 en Los Angeles dándole a estas canciones los toques de los que os he hablado antes, no se limitó solo a eso, sino que también grabó una canción a dúo con Michael Jackson, llamada “The girl is mine”, que posteriormente sería el primer single de los muchos que se extrajeron del “Thriller”, un álbum en el que si lo tenéis y os fijáis en los créditos, se le dan a Macca unas gracias muy especiales.

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Michael Jackson y Paul McCartney – “The girl is mine”

Como véis, floreció la amistad entre ellos durante estos años, y como Paul McCartney ya era un perro viejo en los negocios musicales, y Michael estaba comenzando a echar a rodar su carrera en solitario, pues le pidió a aquél algunas sugerencias que pudiesen resultarle provechosas. Y McCartney le dio tres consejos de todo corazón: Que dejase a su padre y se buscase un manager en el que pudiese confiar absolutamente; que produjese sus propios videos y estuviese al mando de todo lo que se hacía en ellos; y que invirtiese en la publicación musical, ya que él lo hacía desde hace tiempo y le había ido muy bien.

Parece que Jacko le dijo que el mejor negocio sería entonces invertir en la publicación de las canciones de los Beatles, que eran las que más veces se reeditaban. Siendo así serían éstas las primeras que compraría… y Paul McCartney pensó que estaba de broma con él. Y a lo mejor entonces era así.

Pero en marzo de 1.985, Jacko visitó de nuevo a Macca en su casa de Inglaterra y volvió a hablarle de este asunto.

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Paul McCartney y Michael Jackson – “The man”

Los Beatles, no mostraron mucho interés en mantener su parte, que era minoritaria de todas formas, en la Northern Songs Publishing Company, empresa que gestionaba los derechos de publicación de sus canciones, y en octubre del ’69 los vendieron a la ATV (Associated Television). Y lo hicieron a causa de las dificultades financieras que estaba atravesando su propia compañía, Apple, y a causa también de las disputas legales que estaban manteniendo con su manager Allen Klein. Y además une a todo eso las secuelas de la mala administración del difunto Brian Epstein.

Después de la muerte de John Lennon, McCartney y Yoko Ono unieron fuerzas para intentar volver a comprar el catálogo, pero les pedían 25 millones de dólares por los derechos y Yoko convenció a Paul de que esperasen algún tiempo, porque ella podría conseguirlos mucho más baratos. A Macca le pareció bien, de forma comprensible porque supongo que a todo el mundo le daría mucho porculo tener que pagar 25 millones de dólares por los derechos de publicación de unas canciones que habías escrito tú mismo, y que, lo que aún era más sangrante, habían sido tuyos anteriormente.

Pero durante ese tiempo que esperaban a las rebajas apareció Michael Jackson con dinero fresco y abundante, salido de las ventas del “Thriller”, y las compró por una cantidad que, según las fuentes que consultes, oscilan entre los 47 y medio y los 53 millones de dólares. En su compra se incluían las canciones de Lennon-McCartney, las de Harrison, alguna de Ringo, y varias de las que Lennon y McCartney escribieron en solitario tras la separación de los Beatles.

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Michael Jackson – “Come together”

Esta compra llevó consigo que Macca le retirase el saludo a Jacko, y desde entonces pensase sobre él cosas que su educación británica le impedía expresar verbalmente. Y además procuró joderle todo lo que pudo , por ejemplo, uniéndose de nuevo con Yoko para conseguir que unas negociaciones judiciales le impidiesen a Jacko usar las canciones de los Beatles para anuncios publicitarios, con lo que éste no ha tenido ocasión de embolsarse la pasta inmensa que eso hubiese generado.

El fallecimiento de Michael Jackson ha suavizado esta animadversión. Y ahora Paul McCartney, si Michael no le ha incluído en su testamento, como todo parece indicar, tendrá que buscar otros caminos si no quiere que otros se lleven un puñado de dólares cada vez que cante “Hey Jude”, a pesar de haberla escrito él. El camino a seguir tiene que pasar por Sony. Pero…

En las leyes americanas de copyright parece que hay una cláusula a la hora de renovar los derechos, que dice que si el compositor muere durante los primeros 28 años de la fase de copyright, los derechos pasan a sus herederos, independientemente de quien fuese su propietario cuando caducaron. Así que tenga Sony los acuerdos que tenga, cuando llegue el momento de renovar el copyright, los correspondientes a Lennon tendrá que compartirlos con Yoko y los hijos de éste. Y quien sabe qué pasará a partir de ahí.

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Beatles – “Come together”