EL CIELO NO HA PODIDO ESPERAR
El post de hoy lo vamos a comenzar con un video al que me gustaría que echáseis un vistazo antes de leer, y si es posible, que lo viéseis entero. Aparte de porque siempre es un placer escuchar a Petula Clark cantando una de las canciones más bonitas del pop de todos los tiempos, como es “Downtown”, porque lo que nos interesa de este video ocurre al final, concretamente a partir del minuto 2,43.
Está extraído de un famoso show televisivo que se grabó en el “Hullabaloo” de Hollywood en 1.965.
Como véis, Petula, paseando entre el público se fija en un chico y le tiende la mano. Éste la retiene un rato y cuando ella por fin se suelta, en un plano más general se ve que ese chaval desentona un poco entre tanto niño bien y niña mona gritones. Él, al contrario que los demás, en vez de llevar el pelo cortado como Dios manda, lleva una melena hasta los hombros, y en vez de seguir el rítmo de la canción batiendo palmas como todos, sigue con la mirada ensimismada en su diosa.
Pues ese chico falleció también el pasado jueves eclipsado para todos los medios de comunicación por las muertes de Farrah y Michael. Se llamaba Richard Marx, pero muy poco tiempo después de esto iba a ser muy conocido en el mundo de la música rock con el nombre que ya se había puesto a sí mismo de SKY SAXON.
No sabemos a qué edad ha muerto porque nunca estuvo claro cual fue su fecha de nacimiento (su viuda dice que no lo sabía ni ella porque él pensaba que la edad era algo irrelevante), variando ampliamente en un margen de unos diez años, pero por lo poco que se aprecia en este video y por las primeras fotos con su grupo THE SEEDS, en 1.965 Sky apenas llegaría a los 19 o 20 años. Pero fue muy precoz, para entonces ya había tenido dos efimeras bandas anteriores e incluso ya había editado el primer single con los Seeds, “Can’t seem to make you mine”.

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Aunque no tuviese repercusión alguna la verdad es que esta canción era bastante alucinante para su época, sobre todo a causa de ese etéreo piano y los indescriptibles aullidos que Sky lanzaba al final de cada verso. Aunque era una melodía pegadiza, quizás por su sonido único entonces, después de ponerlo en las emisoras de radio un par de veces, se olvidaron de la canción.
Y lo mismo ocurrió con sus dos siguientes singles, “Pushin’ too hard” y “Try to understand”… y eso que el primero de estos dos se convirtió posteriormente en su marca de fábrica y en la canción que les llevó a la posteridad.
Pero mientras ocurría todo esto, otra banda de la misma ciudad de Los Angeles, los Love de Arthur Lee, se estaban hinchando de vender discos, ya que después de haber sacado un single con una versión del “My little red book” de Burt Bacharach, habían aprovechado el tirón para sacar un LP que estaba siendo un enorme éxito en toda esa zona occidental de los USA. Así que los responsables del sello GNP/Crescendo, en el que grababan los Seeds, y el propio Sky Saxon decidieron que ellos no iban a ser menos, así que pusieron en las tiendas un LP también.
Y al rebufo de Love, se extendió de boca en boca la existencia de esta otra banda similar, pero en la que sus miembros todavía parecían más duros y ariscos y llevaban el pelo tan largo como nunca antes se había visto por allí. Y así los hicieron aparecer en la portada del disco: Sky Saxon, super-guay, con sus gafas de sol redondas, tan singulares para la época; el guitarrista Jan Savage, indio, y posando como tal con sus dos plumas en la cinta del pelo; y Daryl Hooper, el teclista, y Rick Andridge, el batería, los dos con pinta de cazurros. Seguramente muchos de los discos que la gente compró de ellos fue por mera curiosidad, pero el rumor se extendió y convirtió a este primer LP de la banda (llamado “The Seeds” como ellos) en el prototipo de una sensación underground.
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La banda nunca llegó a alcanzar las cimas que lograron con este primer disco, tanto en ventas como en calidad, y a partir de su edición en la primavera del ’66, incluyendo en él los tres singles anteriores, fue cuando comenzó a cimentarse la fama de “Pushin’ too hard”, su canción más famosa y el arquetipo de melodía de los Seeds: un incesante riff de dos acordes impulsado por su distintivo piano eléctrico y un punteo de guitarra simplicísimo pero muy apropiado y efectivo… y una letra rencorosa, escupida viciosamente, sobre como la chica lo está agobiando, que era la cima de la lírica del rock’n’roll, a pesar de que a Sky apenas le llevó diez minutos escribirla mientras esperaba a su novia en el parking del hipermercado.
“Pushin’ too hard” era tan buena que los Seeds de hecho usaron el riff una y otra vez… y otra… y otra… a lo largo de toda su carrera, sin cortarse un pelo. Y comenzando ya incluso en este mismo LP, donde hay algunas canciones más que suenan como ella; especialmente “No escape”, en la que apenas varía un acorde, y que hacía que cuando iban a tocarla en directo la gente comenzase a gritar de gusto pensando que era “Pushin’ too hard”. Oídlo vosotros mismos:
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Pero nada de eso importaba, Sky Saxon y los Seeds eran verdaderos maestros del plagio, que saqueaban su propia obra y la de los demás, pero con un tremendo buen gusto. Y así, en este primer disco se podía escuchar también a los Stones de “Down home girl” o de su revisado “Not fade away”… ésta última era descará, porque Sky incluso cantaba “gotta love won’t fade awaaaaaayyyy”…
Pero les salvamos, aparte de por ser caraduras de buen rollito, porque también tuvieron aportaciones propias adelantadas a su tiempo, como el frenético ruido blanco del final de “Girl I want you”, el hipnotizador vudú de “Evil Hoodoo”, con el que encarnaron al Dr. John muchos años antes de que éste apareciese…
Con una clara visión de la jugada, la discográfica había vuelto a editar “Pushin’ too hard” como single, y las emisoras de radio se encargaron de propagarlo por toda California. El resultado fue que su eco llegó hasta San Francisco, desde donde comenzaron a llamarles también para que tocasen, cosa que hicieron con tanto éxito que ensombrecieron a los mismísimos Jefferson Airplane, a los que teloneaban. Claro que por entonces todavía no había llegado el “verano del amor” y todas las bandas que florecieron con él, como los Airplane, ahora mismo eran apenas primerizas.
Y los Seeds se hicieron los amos. Sus apariciones en la tele organizaban tumultos entre las fans, de la misma forma que ocurría en sus conciertos, y a los ojos y oídos ávidos de experiencia de aquellos jovencitos americanos, un músico como Daryl Hooper era el artista de los teclados más fenomenal que habían visto nunca (nadie sabía nada aún de los Doors, que incluso muchos opinan que sacaron de los Seeds su sonido de teclados y voz) y su forma de tocar a la vez el órgano para las notas graves y el piano eléctrico era verdaderamente impresionante. Y Jan Savage aparecía como un consumado maestro de la guitarra; y en realidad lo era, porque nadie era capaz de hacerle sombra tocando aquellos solos de una sola nota. Y el magnetismo de Sky Saxon lo llenaba todo, era el Mick Jagger americano sin duda alguna.
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Y como nuestro padrino Bobby Dylan todavía no había puesto de moda eso de tomárselo con calma en la grabación de los discos, y tardar más de un año entre un LP y el siguiente, para septiembre de este mismo año ’66 los Seeds ya tenían en la calle su segundo disco largo, “A web of sound”. Había, claro, que aprovechar el tirón de su canción estrella, que ahora mismo estaba en la cumbre.
Y como el primer paso ya estaba dado con el primer disco, con éste ya se mostraron tanto en la foto de la portada como en la música que contenía, algo más convencionales y formalitos. Pero tampoco sin pasarse, eh… vale que ya no parecían tan amenazadores, pero no iban a ser tan blanditos como los Beatles… su modelo a seguir también estaba en Gran Bretaña, pero era algo más loco: los Rolling Stones de “Aftermath”, que si habían deslumbrado a la gente con una canción como “Goin’ home”, que rompió todos los cánones de la época en cuanto a duración, llevaron a los Seeds a saltar a este tren en marcha y sacar en este segundo disco otra canción más larga todavía que la de los Stones. Se trata de “Up in her room”, una extravagancia sexual crypto-psicodélica de 14 minutos y medio, que seguramente sería una mutación de otra canción mítica llamada “Acid” que se supone que Sky Saxon compuso en la época del primer disco pero que nunca llegó a editar.
Todo el material que hicieron siguiendo ese patrón stoniano, aquellas secuencias electrificadas, impresionaban mientras eran novedosas, pero ya el tiempo las ha anquilosado y ahora se consideran el punto más bajo de la discografía de la banda. Eran mejores las seis canciones que ocupaban la otra cara del disco, en las que aún estaba presenta la dinamita del “Pushin’ too hard”. Como “Mr. Farmer”, que era la primera incursión de los Seeds en los terrenos socio-culturales, llena de toda la imaginería de semillas que crecen (recordad que su nombre traducido es “Las Semillas”), que les hizo precursores de su posterior inmersión en el entorno del “flower power”. El disco presentaba en su conjunto un sonido más dirigido por el órgano y era más light que el anterior, y se vendió muy bien por los alrededores de Los Angeles y San Francisco, donde fue un Top-10, pero sus ventas fueron marginales en el resto del país.

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Después del éxito local de “Mr. Farmer” a principios del ´67, los Seeds ya tenían un status bastante sólido. Debemos tener en cuenta que los Byrds ya estaban comenzando a decaer, los Love eran cada vez más erráticos, los Beach Boys estaban inactivos, y los Buffalo Springfield apenas estaban empezando a ser conocidos; así que si uno era “demasiado mayor” para los Monkees, y no era un ultra-hippie de los que solo escuchaban a los grupos de San Francisco, la elección estaba clara. La cantidad de fans de los Seeds seguía creciendo, y comenzaron a interesarse por ellos los periodistas musicales más establecidos.
Timothy Hudson, “Lord Tim”, era el típico buscavidas del rock que se metía en todos los fregados y tenía que salir por piernas de muchos de ellos. El gran triunfo de su vida fue acoger a los Seeds bajo su manto. Se asoció con ellos a principios del ’67 y enseguida comenzó a comerles el coco a todos los periodistas y disck-jockeys más importantes con aseveraciones rimbombantes del estilo de “La generación de los Seeds sobrepasará a la de los Rolling Stones en menos de seis meses” (visionario que era el tío…), y a enviar a las revistas biografías del grupo en las que decía que el teclista Daryl Hooper tenía más de 200 años de edad, y que era la reencarnación de todos los grandes pianistas del mundo, desde Beethoven, que fue en el que comenzó su existencia.
Lord Tim fue también (aunque algunas biografías mantienen erróneamente que fue el propio Sky Saxon) la persona que acuñó el término de “flower power”, que tanto éxito ha tenido hasta ahora para describir una época concreta del rock. Y lo hizo como etiqueta definitoria de los Seeds, a los que presentaba diciendo cosas como ésta:
En la antigüedad la vida se originó partiendo de elementos únicos, el sol, la lluvia y la tierra; pero la tierra necesitaba semillas (“seeds”) para que germinase la generación de las flores, gritando desde debajo de la tierra. Nuestro sonido indudablemente no es rock’n’roll; el rock’n’roll lo comenzó Alan Freed e iba sobre chaquetas anchas, pelo corto y colores apagados. Nuestra música florece con poder y color. Y por eso le hemos dado un nombre nuevo, uno que es digno de su sonido: “flower music”.
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El primer ejemplo de “flower music” fue el tercer disco de los Seeds, “Future”. El protopunk arquetípico del primer disco, y el incipiente punk psicodélico del segundo, dieron paso en éste a visiones más beatíficas, pesadillas siniestras y confusos comentarios sociales… “flower power” en estado puro.
El sonido básico de guitarra, bajo, teclados y batería fue aumentado (inútilmente la mayoría de las veces) por cellos, tubas, sitar, tablas, arpas, metales, que lo convirtieron en un disco que iba de lo sublime a lo ridículo. Ni el LP se vendió bien, ni consiguieron sacar de él ningún single de éxito, por lo que comenzaron a llegar los problemas económicos. Dejaron de sonar paulatinamente en las emisoras de radio y la gente terminó por perder el interés en ellos, sobre todo porque podían disfrutar de cosas mucho mejores que comenzaban a ofrecerle los grupos de San Francisco.
Y entonces, para determinar ya su destino, su siguiente paso fue editar un nuevo LP llamado “A full spoon of seedy blues”, que a pesar de ser de ellos apareció misteriosamente acreditado a nombre de Sky Saxon Blues Band. Y es curioso como también con este disco se anticiparon al boom del renacimiento del blues del ’68, pero fue una jugada comercial malísima.
Aparte de suponer una crisis de identidad entre los fans fieles que les quedaban, el disco estaba lleno de blues bastante malos y pobres, que hizo que la gente no llegase a escucharlo entero siquiera y le diesen la espalda para siempre a los Seeds. Hoy en día, escuchado en pequeñas dosis, el disco puede parecer una graciosa parodia, hecha inconscientemente, de la mayoría de los aburridos grupos de blues blanco que comenzaron a proliferar después, pero en aquel momento la reacción fue muy distinta, y el disco tuvo un efecto muy drástico en la carrera de la banda. Y eso que colaboró con ellos, e incluso les cedió una canción, el mismísimo Muddy Waters, que ejerciendo también de gran visionario, escribió en el interior de la portada este texto:
Creo sinceramente que por fin América ha producido un grupo que pueden ser los próximos Rolling Stones. Cuando escuches este nuevo disco de blues, tú, el oyente, comprenderás porqué creo de forma tan convencida en el futuro éxito de estos músicos. El entusiasmo, el deseo, la comprensión, y por encima de todo, la habilidad, hicieron para mí de esta sesión una de las mejores en las que haya estado nunca. El blues pertenece al alma, y ellos la tienen!.
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Sin embargo, el futuro de los Seeds fue el de precipitarse cuesta abajo y sin frenos. Las salas en las que tocaban eran cada vez más pequeñas, porque ya no tenían capacidad de convocatoria para llenar de fans otras más grandes. Pero los que acudían aún a sus conciertos eran fieles y entusiastas, por lo que esas actuaciones normalmente eran como fiestas, llenas de buen feeling. Y eso les permitió culminar su discografía con mejor sabor de boca, porque tuvieron un canto del cisne con la reaparición estelar que supuso “Raw and alive – The Seeds in concert”, un disco grabado en la pequeñísima sala angelina Merlin’s Music Box (aunque con retoques y gritos añadidos en el estudio), que estaba lleno de sólidas versiones de todas sus mejores canciones, e incluso una versión más corta y “escuchable” de “Up in her room”, con nuevas letras, y seis canciones nuevas, bastante buenas para lo que ya acostumbraban.
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Pero después de aquello continuó su declive. Ya ni siquiera les llamaban para actuar porque el orgullo de Sky le impedía cobrar menos dinero por sus conciertos, por lo que su actividad se fue reduciendo hasta quedarse solamente en la mera grabación de otro single a mediados del ’69, con dos canciones cedidas por Kim Fowley, que fue otro nuevo fracaso comercial.
Nada se supo más de ellos durante dos años. Parece que ese tiempo lo emplearon en desintoxicarse de las sustancias habituales a las que se aficionaron como otros astros del rock. Y de pronto, aparecieron en el sello multinacional MGM con un nuevo single, “Bad part of town”, que se convirtió en un clásico instantáneo.
Durante los años en que los Seeds estaban en su apogeo, Sky no había perdido ninguna oportunidad de vanagloriarse proclamando que su banda era la mejor del mundo, y había adquirido un enorme complejo mesiánico que le hacía cada vez más insoportable, y en consecuencia, fueron apartándose de él sus colaboradores y compañeros de grupo, que ya le consideraban un iluso. Cuando la MGM editó un segundo single, “Love in a summer basket”, los demás Seeds se habían diseminado hacia destinos desconocidos (aunque sabemos que el guitarrista indio, Jan, terminó trabajando como policía en Los Angeles), y el disco salió a nombre de Sky, que ahora se llamaba a sí mismo “Sunstar”.
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Y a partir de ahí comienza otra historia de bastante menor interés, en la que el protagonista es un Sky Saxon cada vez con los pies más alejados de la tierra, intentando vender los derechos de sus canciones por unos miserables 200 dólares, con la esperanza de poder grabar con ese dinero sus nuevas canciones. Unas canciones que, según él, le iban a reportar más de 100 millones si alguna compañía las editaba. Unas canciones que dejarían en nada a las de los Beatles, y a las de los Stones, que no se atrevían a compartir cartel con él en ningún concierto por miedo a verse ensombrecidos.
Su vida tomó derroteros más espirituales, perdiéndose durante años en una secta religiosa, trabajando como carpintero y como jardinero (siempre le atrajeron las semillas y las flores), y retirándose a Hawai. Durante todos estos años ha ido dejándose ver de vez en cuando con discos a su (siempre cambiante) nombre o con conciertos con unos Seeds reinventados… pero siempre con la cabeza llena de pájaros: “Tengo 25 álbumes grabados que están negociándose con Ahmet Ertegun para aparecer en Atlantic Records”.
De un año y pico para acá se volvió a oir hablar de Sky Saxon, sobre todo porque algunas de las nuevas grandes figuras del rock como los White Stripes, los Strokes o los Smashing Pumpkins (que incluso le sacaron de invitado en uno de sus video-clips) estaban reivindicando su figura como precursor del garage-rock con los Seeds. Y como la crisis mundial no está como para dejar pasar ninguna oportunidad, Sky había aprovechado la coyuntura para reaparecer, junto a unos Seeds nuevamente inventados, y tenía comprometida una gira de conciertos en agosto, que ya no va a poder llevar a cabo… como Michael Jackson… porque debido a causas todavía desconocidas, pero que parecen tener que ver con infecciones internas, nos dejó para siempre el pasado jueves 25 de junio… como Michael Jackson…
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Bueno, creo que me retiraré cuando me muera. Sin embargo, yo no creo en la muerte, así que me parece que me retiraré cuando deje mi cuerpo. Pero planeo seguir escribiendo e interpretando canciones en el cielo. (Sky Saxon, Marzo del 2.009)











Llegaron a Inglaterra el 21 de septiembre de 1.966. En algún momento, mientras cruzaban el Atlántico, Jimmy James se había convertido en JIMI HENDRIX.




En seguida intimaron y entre ella y él surgió una complicidad que hacía que al final de cada mañana hubiese muchas más de esas manchas en sus caras y en sus batitas que en los pliegos de papel. La mutua compañía que se ofrecían era cada vez mayor porque los demás niños huían despavoridos de su lado cuando comenzaban con sus batallitas de pintura, lanzándose colores el uno al otro.
No sé si os resultará familiar el nombre de JIM WEBB. No es un nombre demasiado conocido, no era asiduo de la MTV, ni salía en los programas más populares de pop de la tele, ni sus canciones sonaban en la programación de la radio-fórmula, y en realidad nunca fue “famoso” en el ámplio sentido de la palabra como, por ejemplo, Pete Doherty. Pero Jim ciertamente que hubiese merecido serlo, porque durante su carrera hizo algunas cosas deliciosamente locas.









