EL CIELO NO HA PODIDO ESPERAR

El post de hoy lo vamos a comenzar con un video al que me gustaría que echáseis un vistazo antes de leer, y si es posible, que lo viéseis entero. Aparte de porque siempre es un placer escuchar a Petula Clark cantando una de las canciones más bonitas del pop de todos los tiempos, como es “Downtown”, porque lo que nos interesa de este video ocurre al final, concretamente a partir del minuto 2,43.

Está extraído de un famoso show televisivo que se grabó en el “Hullabaloo” de Hollywood en 1.965.

Como véis, Petula, paseando entre el público se fija en un chico y le tiende la mano. Éste la retiene un rato y cuando ella por fin se suelta, en un plano más general se ve que ese chaval desentona un poco entre tanto niño bien y niña mona gritones. Él, al contrario que los demás, en vez de llevar el pelo cortado como Dios manda, lleva una melena hasta los hombros, y en vez de seguir el rítmo de la canción batiendo palmas como todos, sigue con la mirada ensimismada en su diosa.

Pues ese chico falleció también el pasado jueves eclipsado para todos los medios de comunicación por las muertes de Farrah y Michael. Se llamaba Richard Marx, pero muy poco tiempo después de esto iba a ser muy conocido en el mundo de la música rock con el nombre que ya se había puesto a sí mismo de SKY SAXON.

No sabemos a qué edad ha muerto porque nunca estuvo claro cual fue su fecha de nacimiento (su viuda dice que no lo sabía ni ella porque él pensaba que la edad era algo irrelevante), variando ampliamente en un margen de unos diez años, pero por lo poco que se aprecia en este video y por las primeras fotos con su grupo THE SEEDS, en 1.965 Sky apenas llegaría a los 19 o 20 años. Pero fue muy precoz, para entonces ya había tenido dos efimeras bandas anteriores e incluso ya había editado el primer single con los Seeds, “Can’t seem to make you mine”.

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“Can’t seem to make you mine”

Aunque no tuviese repercusión alguna la verdad es que esta canción era bastante alucinante para su época, sobre todo a causa de ese etéreo piano y los indescriptibles aullidos que Sky lanzaba al final de cada verso. Aunque era una melodía pegadiza, quizás por su sonido único entonces, después de ponerlo en las emisoras de radio un par de veces, se olvidaron de la canción.

Y lo mismo ocurrió con sus dos siguientes singles, “Pushin’ too hard” y “Try to understand”… y eso que el primero de estos dos se convirtió posteriormente en su marca de fábrica y en la canción que les llevó a la posteridad.

Pero mientras ocurría todo esto, otra banda de la misma ciudad de Los Angeles, los Love de Arthur Lee, se estaban hinchando de vender discos, ya que después de haber sacado un single con una versión del “My little red book” de Burt Bacharach, habían aprovechado el tirón para sacar un LP que estaba siendo un enorme éxito en toda esa zona occidental de los USA. Así que los responsables del sello GNP/Crescendo, en el que grababan los Seeds, y el propio Sky Saxon decidieron que ellos no iban a ser menos, así que pusieron en las tiendas un LP también.

Y al rebufo de Love, se extendió de boca en boca la existencia de esta otra banda similar, pero en la que sus miembros todavía parecían más duros y ariscos y llevaban el pelo tan largo como nunca antes se había visto por allí. Y así los hicieron aparecer en la portada del disco: Sky Saxon, super-guay, con sus gafas de sol redondas, tan singulares para la época; el guitarrista Jan Savage, indio, y posando como tal con sus dos plumas en la cinta del pelo; y Daryl Hooper, el teclista, y Rick Andridge, el batería, los dos con pinta de cazurros. Seguramente muchos de los discos que la gente compró de ellos fue por mera curiosidad, pero el rumor se extendió y convirtió a este primer LP de la banda (llamado “The Seeds” como ellos) en el prototipo de una sensación underground.

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“Pushin’ too hard”

La banda nunca llegó a alcanzar las cimas que lograron con este primer disco, tanto en ventas como en calidad, y a partir de su edición en la primavera del ’66, incluyendo en él los tres singles anteriores, fue cuando comenzó a cimentarse la fama de “Pushin’ too hard”, su canción más famosa y el arquetipo de melodía de los Seeds: un incesante riff de dos acordes impulsado por su distintivo piano eléctrico y un punteo de guitarra simplicísimo pero muy apropiado y efectivo… y una letra rencorosa, escupida viciosamente, sobre como la chica lo está agobiando, que era la cima de la lírica del rock’n’roll, a pesar de que a Sky apenas le llevó diez minutos escribirla mientras esperaba a su novia en el parking del hipermercado.

“Pushin’ too hard” era tan buena que los Seeds de hecho usaron el riff una y otra vez… y otra… y otra… a lo largo de toda su carrera, sin cortarse un pelo. Y comenzando ya incluso en este mismo LP, donde hay algunas canciones más que suenan como ella; especialmente “No escape”, en la que apenas varía un acorde, y que hacía que cuando iban a tocarla en directo la gente comenzase a gritar de gusto pensando que era “Pushin’ too hard”. Oídlo vosotros mismos:

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“No escape”

Pero nada de eso importaba, Sky Saxon y los Seeds eran verdaderos maestros del plagio, que saqueaban su propia obra y la de los demás, pero con un tremendo buen gusto. Y así, en este primer disco se podía escuchar también a los Stones de “Down home girl” o de su revisado “Not fade away”… ésta última era descará, porque Sky incluso cantaba “gotta love won’t fade awaaaaaayyyy”

Pero les salvamos, aparte de por ser caraduras de buen rollito, porque también tuvieron aportaciones propias adelantadas a su tiempo, como el frenético ruido blanco del final de “Girl I want you”, el hipnotizador vudú de “Evil Hoodoo”, con el que encarnaron al Dr. John muchos años antes de que éste apareciese…

Con una clara visión de la jugada, la discográfica había vuelto a editar “Pushin’ too hard” como single, y las emisoras de radio se encargaron de propagarlo por toda California. El resultado fue que su eco llegó hasta San Francisco, desde donde comenzaron a llamarles también para que tocasen, cosa que hicieron con tanto éxito que ensombrecieron a los mismísimos Jefferson Airplane, a los que teloneaban. Claro que por entonces todavía no había llegado el “verano del amor” y todas las bandas que florecieron con él, como los Airplane, ahora mismo eran apenas primerizas.

Y los Seeds se hicieron los amos. Sus apariciones en la tele organizaban tumultos entre las fans, de la misma forma que ocurría en sus conciertos, y a los ojos y oídos ávidos de experiencia de aquellos jovencitos americanos, un músico como Daryl Hooper era el artista de los teclados más fenomenal que habían visto nunca (nadie sabía nada aún de los Doors, que incluso muchos opinan que sacaron de los Seeds su sonido de teclados y voz) y su forma de tocar a la vez el órgano para las notas graves y el piano eléctrico era verdaderamente impresionante. Y Jan Savage aparecía como un consumado maestro de la guitarra; y en realidad lo era, porque nadie era capaz de hacerle sombra tocando aquellos solos de una sola nota. Y el magnetismo de Sky Saxon lo llenaba todo, era el Mick Jagger americano sin duda alguna.

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“Girl I want you”

Y como nuestro padrino Bobby Dylan todavía no había puesto de moda eso de tomárselo con calma en la grabación de los discos, y tardar más de un año entre un LP y el siguiente, para septiembre de este mismo año ’66 los Seeds ya tenían en la calle su segundo disco largo, “A web of sound”. Había, claro, que aprovechar el tirón de su canción estrella, que ahora mismo estaba en la cumbre.

Y como el primer paso ya estaba dado con el primer disco, con éste ya se mostraron tanto en la foto de la portada como en la música que contenía, algo más convencionales y formalitos. Pero tampoco sin pasarse, eh… vale que ya no parecían tan amenazadores, pero no iban a ser tan blanditos como los Beatles… su modelo a seguir también estaba en Gran Bretaña, pero era algo más loco: los Rolling Stones de “Aftermath”, que si habían deslumbrado a la gente con una canción como “Goin’ home”, que rompió todos los cánones de la época en cuanto a duración, llevaron a los Seeds a saltar a este tren en marcha y sacar en este segundo disco otra canción más larga todavía que la de los Stones. Se trata de “Up in her room”, una extravagancia sexual crypto-psicodélica de 14 minutos y medio, que seguramente sería una mutación de otra canción mítica llamada “Acid” que se supone que Sky Saxon compuso en la época del primer disco pero que nunca llegó a editar.

Todo el material que hicieron siguiendo ese patrón stoniano, aquellas secuencias electrificadas, impresionaban mientras eran novedosas, pero ya el tiempo las ha anquilosado y ahora se consideran el punto más bajo de la discografía de la banda. Eran mejores las seis canciones que ocupaban la otra cara del disco, en las que aún estaba presenta la dinamita del “Pushin’ too hard”. Como “Mr. Farmer”, que era la primera incursión de los Seeds en los terrenos socio-culturales, llena de toda la imaginería de semillas que crecen (recordad que su nombre traducido es “Las Semillas”), que les hizo precursores de su posterior inmersión en el entorno del “flower power”. El disco presentaba en su conjunto un sonido más dirigido por el órgano y era más light que el anterior, y se vendió muy bien por los alrededores de Los Angeles y San Francisco, donde fue un Top-10, pero sus ventas fueron marginales en el resto del país.

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“Mr. farmer”

Después del éxito local de “Mr. Farmer” a principios del ´67, los Seeds ya tenían un status bastante sólido. Debemos tener en cuenta que los Byrds ya estaban comenzando a decaer, los Love eran cada vez más erráticos, los Beach Boys estaban inactivos, y los Buffalo Springfield apenas estaban empezando a ser conocidos; así que si uno era “demasiado mayor” para los Monkees, y no era un ultra-hippie de los que solo escuchaban a los grupos de San Francisco, la elección estaba clara. La cantidad de fans de los Seeds seguía creciendo, y comenzaron a interesarse por ellos los periodistas musicales más establecidos.

Timothy Hudson, “Lord Tim”, era el típico buscavidas del rock que se metía en todos los fregados y tenía que salir por piernas de muchos de ellos. El gran triunfo de su vida fue acoger a los Seeds bajo su manto. Se asoció con ellos a principios del ’67 y enseguida comenzó a comerles el coco a todos los periodistas y disck-jockeys más importantes con aseveraciones rimbombantes del estilo de “La generación de los Seeds sobrepasará a la de los Rolling Stones en menos de seis meses” (visionario que era el tío…), y a enviar a las revistas biografías del grupo en las que decía que el teclista Daryl Hooper tenía más de 200 años de edad, y que era la reencarnación de todos los grandes pianistas del mundo, desde Beethoven, que fue en el que comenzó su existencia.

Lord Tim fue también (aunque algunas biografías mantienen erróneamente que fue el propio Sky Saxon) la persona que acuñó el término de “flower power”, que tanto éxito ha tenido hasta ahora para describir una época concreta del rock. Y lo hizo como etiqueta definitoria de los Seeds, a los que presentaba diciendo cosas como ésta:

En la antigüedad la vida se originó partiendo de elementos únicos, el sol, la lluvia y la tierra; pero la tierra necesitaba semillas (“seeds”) para que germinase la generación de las flores, gritando desde debajo de la tierra. Nuestro sonido indudablemente no es rock’n’roll; el rock’n’roll lo comenzó Alan Freed e iba sobre chaquetas anchas, pelo corto y colores apagados. Nuestra música florece con poder y color. Y por eso le hemos dado un nombre nuevo, uno que es digno de su sonido: “flower music”.

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“March of the flower children”

El primer ejemplo de “flower music” fue el tercer disco de los Seeds, “Future”. El protopunk arquetípico del primer disco, y el incipiente punk psicodélico del segundo, dieron paso en éste a visiones más beatíficas, pesadillas siniestras y confusos comentarios sociales… “flower power” en estado puro.

El sonido básico de guitarra, bajo, teclados y batería fue aumentado (inútilmente la mayoría de las veces) por cellos, tubas, sitar, tablas, arpas, metales, que lo convirtieron en un disco que iba de lo sublime a lo ridículo. Ni el LP se vendió bien, ni consiguieron sacar de él ningún single de éxito, por lo que comenzaron a llegar los problemas económicos. Dejaron de sonar paulatinamente en las emisoras de radio y la gente terminó por perder el interés en ellos, sobre todo porque podían disfrutar de cosas mucho mejores que comenzaban a ofrecerle los grupos de San Francisco.

Y entonces, para determinar ya su destino, su siguiente paso fue editar un nuevo LP llamado “A full spoon of seedy blues”, que a pesar de ser de ellos apareció misteriosamente acreditado a nombre de Sky Saxon Blues Band. Y es curioso como también con este disco se anticiparon al boom del renacimiento del blues del ’68, pero fue una jugada comercial malísima.

Aparte de suponer una crisis de identidad entre los fans fieles que les quedaban, el disco estaba lleno de blues bastante malos y pobres, que hizo que la gente no llegase a escucharlo entero siquiera y le diesen la espalda para siempre a los Seeds. Hoy en día, escuchado en pequeñas dosis, el disco puede parecer una graciosa parodia, hecha inconscientemente, de la mayoría de los aburridos grupos de blues blanco que comenzaron a proliferar después, pero en aquel momento la reacción fue muy distinta, y el disco tuvo un efecto muy drástico en la carrera de la banda. Y eso que colaboró con ellos, e incluso les cedió una canción, el mismísimo Muddy Waters, que ejerciendo también de gran visionario, escribió en el interior de la portada este texto:

Creo sinceramente que por fin América ha producido un grupo que pueden ser los próximos Rolling Stones. Cuando escuches este nuevo disco de blues, tú, el oyente, comprenderás porqué creo de forma tan convencida en el futuro éxito de estos músicos. El entusiasmo, el deseo, la comprensión, y por encima de todo, la habilidad, hicieron para mí de esta sesión una de las mejores en las que haya estado nunca. El blues pertenece al alma, y ellos la tienen!.

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“One more time blues”

Sin embargo, el futuro de los Seeds fue el de precipitarse cuesta abajo y sin frenos. Las salas en las que tocaban eran cada vez más pequeñas, porque ya no tenían capacidad de convocatoria para llenar de fans otras más grandes. Pero los que acudían aún a sus conciertos eran fieles y entusiastas, por lo que esas actuaciones normalmente eran como fiestas, llenas de buen feeling. Y eso les permitió culminar su discografía con mejor sabor de boca, porque tuvieron un canto del cisne con la reaparición estelar que supuso “Raw and alive – The Seeds in concert”, un disco grabado en la pequeñísima sala angelina Merlin’s Music Box (aunque con retoques y gritos añadidos en el estudio), que estaba lleno de sólidas versiones de todas sus mejores canciones, e incluso una versión más corta y “escuchable” de “Up in her room”, con nuevas letras, y seis canciones nuevas, bastante buenas para lo que ya acostumbraban.

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“Satisfy you”

Pero después de aquello continuó su declive. Ya ni siquiera les llamaban para actuar porque el orgullo de Sky le impedía cobrar menos dinero por sus conciertos, por lo que su actividad se fue reduciendo hasta quedarse solamente en la mera grabación de otro single a mediados del ’69, con dos canciones cedidas por Kim Fowley, que fue otro nuevo fracaso comercial.

Nada se supo más de ellos durante dos años. Parece que ese tiempo lo emplearon en desintoxicarse de las sustancias habituales a las que se aficionaron como otros astros del rock. Y de pronto, aparecieron en el sello multinacional MGM con un nuevo single, “Bad part of town”, que se convirtió en un clásico instantáneo.

Durante los años en que los Seeds estaban en su apogeo, Sky no había perdido ninguna oportunidad de vanagloriarse proclamando que su banda era la mejor del mundo, y había adquirido un enorme complejo mesiánico que le hacía cada vez más insoportable, y en consecuencia, fueron apartándose de él sus colaboradores y compañeros de grupo, que ya le consideraban un iluso. Cuando la MGM editó un segundo single, “Love in a summer basket”, los demás Seeds se habían diseminado hacia destinos desconocidos (aunque sabemos que el guitarrista indio, Jan, terminó trabajando como policía en Los Angeles), y el disco salió a nombre de Sky, que ahora se llamaba a sí mismo “Sunstar”.

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“Love in a summer basket”

Y a partir de ahí comienza otra historia de bastante menor interés, en la que el protagonista es un Sky Saxon cada vez con los pies más alejados de la tierra, intentando vender los derechos de sus canciones por unos miserables 200 dólares, con la esperanza de poder grabar con ese dinero sus nuevas canciones. Unas canciones que, según él, le iban a reportar más de 100 millones si alguna compañía las editaba. Unas canciones que dejarían en nada a las de los Beatles, y a las de los Stones, que no se atrevían a compartir cartel con él en ningún concierto por miedo a verse ensombrecidos.

Su vida tomó derroteros más espirituales, perdiéndose durante años en una secta religiosa, trabajando como carpintero y como jardinero (siempre le atrajeron las semillas y las flores), y retirándose a Hawai. Durante todos estos años ha ido dejándose ver de vez en cuando con discos a su (siempre cambiante) nombre o con conciertos con unos Seeds reinventados… pero siempre con la cabeza llena de pájaros: “Tengo 25 álbumes grabados que están negociándose con Ahmet Ertegun para aparecer en Atlantic Records”.

De un año y pico para acá se volvió a oir hablar de Sky Saxon, sobre todo porque algunas de las nuevas grandes figuras del rock como los White Stripes, los Strokes o los Smashing Pumpkins (que incluso le sacaron de invitado en uno de sus video-clips) estaban reivindicando su figura como precursor del garage-rock con los Seeds. Y como la crisis mundial no está como para dejar pasar ninguna oportunidad, Sky había aprovechado la coyuntura para reaparecer, junto a unos Seeds nuevamente inventados, y tenía comprometida una gira de conciertos en agosto, que ya no va a poder llevar a cabo… como Michael Jackson… porque debido a causas todavía desconocidas, pero que parecen tener que ver con infecciones internas, nos dejó para siempre el pasado jueves 25 de junio… como Michael Jackson…

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“Bad part of town”

Bueno, creo que me retiraré cuando me muera. Sin embargo, yo no creo en la muerte, así que me parece que me retiraré cuando deje mi cuerpo. Pero planeo seguir escribiendo e interpretando canciones en el cielo. (Sky Saxon, Marzo del 2.009)

ANTES DE JUZGARME, ESFUÉRZATE UN POCO POR QUERERME

En sus fotos de hace ocho o diez años para acá MICHAEL JACKSON ya no parecía negro, es más, ya apenas parecía humano. Y considerando que al final de la década de los ’70 él era uno de los más guapos y atractivos jóvenes afroamericanos del mundo, a todos nos asalta una pregunta: ¿por qué una persona se hace eso a sí misma?

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“Beat it”

Todas las grandes preguntas sobre Michael Jackson comienzan de la misma forma. ¿Por qué… para él resulta tan difícil de comprender el hecho de que para la mayoría de la gente la idea de un señor de más de 40 años compartiendo su cama con los niños de otros padres parece una cosa tan extraña y, peor aún, tan siniestra? ¿Por qué… balanceó a uno de sus hijos desde aquel famoso balcón? ¿Y por qué… sus discos eran cada vez más malos a pesar de que cada vez tardaba más y más tiempo en grabarlos y se gastaba más y más dinero en ellos?

Hace veinticinco años Michael Jackson seguramente era el tío más cool del mundo. De hecho hubo sobre todo una noche en que lo fue sin lugar a dudas, el 23 de mayo de 1.983, cuando en la tele estaban poniendo el show de celebración de las bodas de plata de la Motown y Michael, después de haber completado su porción de nostalgia con sus hermanos Jackson 5, interpretó en solitario “Billie Jean”, una canción de su segundo disco en su nuevo sello discográfico, Epic. Y la interpretación fue Épica (con E mayúscula). Michael cantó esta tensa obra maestra de la paranoia sexual mientras desvelaba pasos de baile que se iban a convertir en columna vertebral de las futuras coreografías; pasos sacados de los más jóvenes bailarines callejeros, pero tuneados con su propia y espectacular habilidad… y entonces hizo el “moonwalk”, el famoso paso en el que parece caminar por la luna moviéndose hacia delante cuando parece que se mueve hacia atrás. La audiencia de la sala se levantó unos instantes rugiendo en una gran erupción, y cincuenta millones de televidentes de todo el mundo hicieron prácticamente lo mismo. El disco anterior de Michael, el “Off the wall” de 1.979 ya se había vendido muy bien, pero el nuevo, “Thriller”, el que incluía este “Billie Jean” y algunas más que seguro que también recuerdas, rompió su techo, y rompió todos los techos, y subió a unas alturas que ni los contables más avariciosos de las compañías discográficas hubiesen soñado en su vida. Se vendió… y se sigue vendiendo… y se seguirá vendiendo; durante un mes, en 1.984, del “Thriller” se vendían un millón de copias cada semana.


El primer “paseo por la luna”.

Desde entonces fue una indiscutible figura mundial; pero Michael Jackson no había sido extraño al éxito anteriormente. Como pieza central de los Jackson 5 había sido uno de los cantantes más queridos de los americanos antes incluso de cumplir los diez años. Con su exuberantemente funky cadena de éxitos que comenzó en el ´69 con el irresistible “I want you back”, se había convertido en el primer sex-symbol negro pre-adolescente de la América blanca, dejando atrás a sus hermanos, que también formaban parte del grupo. Toda la banda en sí era infinítamente cercana, cinco adorables mini Jimi Hendrix con sus llamativos peinados afros, camisas de brillitos entalladas y pantalones de campana… le daban sopa con onda a los Osmods, el otro grupito de hermanos que iban más por parecerse a una versión infantil del Elvis de Las Vegas; y el pequeñín Danny Osmond no era más que un pálido Pat Boone comparado con el incandescente Little Richard que Michael llevaba dentro.

El jovencito Michael era un cantante y bailarín tan experto que en sus primeros años de aprendizaje pre-Motown, junto a sus hermanos había currado en tantos clubs y bares de los alrededores de su ciudad de Indiana y les había dado tales palizas al resto de participantes en los concursos de jóvenes talentos en que participaba, que ya había levantado tal cantidad de envidias y malestares que lo menos que decían de él es que no era un niño con talento, sino un enano bastante experimentado.

Y enano no, pero experimentado… antes de su adolescencia Michael Jackson ya había cantado en los clubs más obscenos y en los bares más cutres que te puedas imaginar, mirando a las strippers mientras esperaba su hora de cantar, haciendo actuaciones que incluían la “gracia” de mirar bajo las faldas de las mujeres sentadas en las primeras filas (que se partían de risa, no creas), o compartiendo habitaciones de hotel con sus hermanos mayores mientras éstos se entregaban entusiásticamente a follar con sus admiradoras más jovencitas.

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The Jackson 5 – “I want you back”

Y al mismo tiempo era endurecido por la embrutecida versión de maestro de escuela de arte que ejercía sobre él su propio padre, que solía darle frecuentemente una manta de hostias cuando una canción o un baile se le atragantaban en los ensayos. Unos ensayos que tenía que hacer a la fuerza mientras los demás niños de su edad se dedicaban a hacer alegremente lo que hacen los demás niños de su edad. Y con la pubertad llegaron todavía más traumas; cuando uno es una estrella que no para de dar conciertos y de hacer actuaciones en la televisión, el que te salgan granos en la cara es tanto un desastre profesional como personal, especialmente cuando tu padre/manager está constantemente diciéndote lo feo y estúpido que eres. No es sorprendente, pues, que en cuanto Michael tuvo la oportunidad, mandó al carajo a su padre, tanto personal como profesionalmente, encargándose él mismo de sus propios asuntos.

No es sorprendente tampoco que Michael Jackson, como la mayoría de las estrellas infantiles para los que la niñez estuvo compuesta casi íntegramente por experiencias desconocidas para los demás niños normales, creciese de forma extraña. El “amor”, después de todo, era solo una cosa abstracta que solo recibía de las audiencias que le veían, no era algo que el joven Michael experimentase de primera mano. E incluso el éxito como Jackson 5 fue eclipsado por todo lo que siguió a la edición del “Thriller” en 1.983. Michael Jackson ascendió al mismo nivel de fama que Elvis o los Beatles, convirtiéndose en uno de los más conocidos y más instantáneamente reconocibles rostros y voces del planeta.

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“Thriller”

Y “Thriller” se merecía su éxito. Independizado ya como compositor y productor del férreo régimen de la Motown y de la tormentosa presencia de su padre, Michael se asoció al veterano productor y arreglista Quincy Jones para crear una colección de novedosos bombazos a las verdades del pop y del soul, usando a la vez a los más antiguos y experimentados músicos de sesión y a las últimas y más desconocidas herramientas electrónicas de los estudios de grabación, uniendo los más descarados rítmos bailables con las más suntuosas y casi empalagosas de las baladas. Lo que Michael Jackson y Quincy Jones inventaron, de forma suave en el “Off the wall” y triunfálmente en el “Thriller”, era una nueva forma de música pop. Una forma que enseguida comenzaron a hacer suya cientos de nuevos cantantes jóvenes, y que se convirtió en el nuevo mainstream. Y remataron con una trilogía de vídeos carísimos e innovadorísimos que realzaron tanto sus movimientos de baile, que te dejaban boquiabierto, como las diferentes facetas de una extraña y compleja nueva persona.

Pero después los interrogantes comenzaron a bullir. La gente se preguntaba qué pasaba con su cara, en la que ya se apreciaban cambios tanto de forma como de color. ¿Se estaba intentando parecer a una de sus primeras mentoras, a Diana Ross, que tampoco era ajena a los bisturíes? Eso pensaban muchos; pero otros lo negaban diciendo que lo que no quería era parecerse a su padre, al que se asemejaba más físicamente a medida que crecía. Comenzaron a circular las historias apócrifas, como la de que hacía que su chófer le llamase “Señorita Ross”, o la que hablaba de cómo la propia Diana Ross le había encontrado una vez en un camerino suyo en Las Vegas, vistiéndose y maquillándose con las cosas de ella, o su enfado cuando ella se casó… “mi madre, mi amante y mi hermana, combinadas todas en una persona extraordinaria”.

También fue motivo de risa su fijación con los animales que tenía de mascotas: las llamas de su rancho “Neverland”, la serpiente “Muscles”, el chimpancé “Bubbles”… y las fotos en su cámara hiperbárica, las mascarillas que siempre tenía puestas, la constante mutación de su cara y su expresión… “Bad”, el disco que siguió al “Thriller”, no solo no alcanzó las ventas de su predecesor, algo normal ya que el éxito a esas escalas se produce muy raramente para cualquier artista, sino que la forma tan ridícula en que aparecía tanto en la portada como en el video de la canción “Bad”, presagiaban que su sentido común le estaba abandonando gravemente. Sus proyectos crecían de forma grandilocuente; él mismo ya se sabía el “Rey del Pop”, y como tal quería ser tratado.

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“Bad”

Sus (más o menos) éxitos siguientes venían rodeados de presuntuosidad, estatuas gigantes suyas erigidas en varias ciudades del mundo, videos que parecían más casos estudiados de megalomanía que cualquier otra cosa. Michael no solo quería salvar al mundo y, concretamente, a sus niños, sino que parecía estar convencido de que ya lo había logrado. Por eso cuando Jarvis Cocker “le hizo un calvo” en plena ceremonia de los premios Brit, muchísima gente nos reímos sin tapujos.

Un talento extraordinario, un éxito extraordinario, una vida extraordinaria; y sin embargo todo ha terminado francamente mal. El super-niño del pop y el soul con relámpagos en sus pies, emoción en su voz, maravilla en sus gestos, el mago de los estudios y el compositor de megaplatinos, se convirtió en un grotesco recluso, perseguido por los juzgados y las revistas, mientras los abogados dilapidaban su envidiable imperio financiero, aplastado además bajo el peso de discos cada vez más costosos y que sin embargo cada vez se vendían menos. Su enrevesada existencia se convirtió en materia de burla y especulación. Sus eternos calcetines blancos escondían el barro del que estaban hechos los pies del ídolo. Michael Jackson ha muerto convertido en un chiste de mal gusto.

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“Black or white”

¿El alivio cómico, el malo de la película o la figura trágica de ella? Es muy humano que no sintamos compasión de los multimillonarios megalómanos, pero deberíamos pensar un poco antes de condenarlos tan rápidamente. Michael Jackson era un alma enferma, y aunque eso no sea excusa para los daños colaterales que pudiese haber causado a otros, es evidente que su enloquecido comportamiento exterior era, de forma consciente o no, una expresión de su enloquecido mundo interior, el resultado de su educación y de su fama. Y siendo lo peor de todo el que haya fallecido tan joven, aún es más trágico que lo haya hecho sin sacar a la luz otro disco decente, algo que entendiésemos y cuadrase con los oyentes que más o menos somos de su edad y que tan alegremente le prejuzgamos y le condenamos; un disco que diera sentido a su mundo interior.

Pero para haber conseguido eso, primero tenía que haber logrado que su mundo interior tuviese sentido para él mismo… y, por lo que se veía cada vez que aparecía en los medios de comunicación, eso estaba muy lejos de ser una realidad.

Pobre Michael Jackson. Todo lo que deseó siempre únicamente era que le quisieran. En aquella canción que compuso para la peli “Liberad a Willy” cantaba lastimeramente: “antes de juzgarme, esfuérzate un poco por quererme”. Pero si él se extrañaba de porqué ya no le adoraban de la misma forma en que lo hacían antes, quizás la explicación la tenía él mismo, y así lo dejó ver cuando en su autobiografía de 1.988, “Moonwalk”, dijo que “cuando el sexo es usado como un instrumento de chantaje o de poder, estamos haciendo un uso repugnante de uno de los regalos de Dios”.

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“Childhood”

ROBOPOP

¿Tú no le prestarías un momento de atención a una cantante de 24 años que empieza en esto aseverando que su meta es alterar la historia?

JANELLE MONAE se ha dado a conocer de esta forma. Y ante eso, uno se ve forzado a preguntarle qué historia. Quizás las pistas para saberlo las encontremos en el primer disco que ha editado, “Metropolis: The Chase Suite”, una obra conceptual basada en las tribulaciones de una cyborg llamada Cindi Mayweather en el año 2.719.

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“Many moons”

Bailamos libres, pero permanecemos aquí en los subterráneos;
Y todos intentamos imaginar que salimos fuera.
Hey, hey, hey, todo lo que siempre hemos querido decir,
Que fuimos cazados, borrados y arrojados aquí,
Y día tras día vivimos aturdidos.

Marchamos todos juntos hasta que el sol da paso a la noche, hijos.
Sueños rotos, sin la luz del sol, crimenes sin fin,
Estamos deseando la libertad. La libertad.
Eres libre, pero solo en tu mente; tu libertad está atada.

Cindi es una especie de arma androide enviada para salvar al mundo de los cyborgs diabólicos. Y Cindi es tan real que comienza a confundirse con la propia Janelle, de la que no es solamente un alter-ego. Cindi es un androide de verdad y ha hecho un pacto con Janelle para contar a sus respectivas civilizaciones lo que está pasando en Metropolis.

Janelle canta sobre tópicos conocidos en todo el mundo, como la adicción al crack y la cultura stripper, envueltos en un manto musical que se mueve entre el funk futurista de Gnarls Barkley y la elegancia de Erikah Badu, con el gusto orquestal de los clásicos de James Bond que cantaba Shirley Bassey. Y tiene la chica también un aspecto vistoso, apropiadamente atemporal… un peinado pompadour bajo el que viste una imagen y unos trajes extraidos directamente del guardarropa de Pelle Almqvuist, el de los Hives. El efecto total es un chispeante recipiente para la cara, el corazón y la mente, que, al contrario que Cindi, Janelle sí tiene.

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“Violet stars happy hunting”

Soy una alienígena del espacio exterior.
Soy una chica cyborg sin cara, corazón ni mente.
Un producto del hombre. Soy un producto del hombre.
Mira, mira, mira, mira, mira,
Soy una chica del espacio sin raza alguna,
Siempre corriendo porque están aquí para borrarme y desmontarme.
Me van a destruir. Me van a destruir.

El camino que Janelle ha seguido hasta el 2.719 ha sido muy largo. Creció pobre, entre la mugre, en el pueblo de un condado de Kansas que es uno de los de renta per cápita más bajos de los Estados Unidos. Su vida familiar se vió acuciada por la prostitución y un padre adicto al crack que siempre estaba entrando y saliendo de la cárcel. Y si su padre biológico era un junkie que apenas convivió con su madre, su padre adoptivo todavía lo era más; la pobre chica nunca supo lo que era vivir en una casa propia. Pero el día en que vió la película “Metropolis”, que Fritz Lang dirigió en 1.927, su vida cambió por completo. Se sintió particularmente intrigada por los trabajadores, que curraban duro a instancias de los miembros más ricos de la sociedad, que además les mantenían apartados. Se vio reflejada de forma instantánea en ellos porque Janelle también se sentía atrapada en ese subterráneo repleto de gente que tenía sueños y aspiraciones, y sin embargo dejaban que les oprimiesen.

Así que dejó atrás las calurosas tierras de Kansas, a las que cambió por la American Musical & Dramatic Academy de New York, para más tarde estudiar también Ciencias en el Georgia Perimeter College. Su debut oficial sobre un escenario tuvo lugar durante esta etapa de estudiante; participó en una pieza conceptual llamada “The Auction”, que trataba sobre un oso panda que se llamaba Jeremías. Fue un fracaso absoluto, pero quizás fue mejor así, porque toda la frustración que sintió la ayudó a determinar que su camino no era actuar, sino cantar. Además, en Broadway no había papeles que mereciesen la pena para mujeres negras.

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“Sincerely Jane”

Que deje la ciudad, mi madre me ha dicho que no vuelva a casa.
Los chavales de por aquí se matan unos a otros, han perdido la cabeza, no tienen solución.
Dejan la escuela, tienen hijos y apenas saben leer.
Se precipitan hacia su caida, Dios tenga piedad de ellos.
Uno, dos, tres, cuatro, tus primos andan por ahí vendiendo drogas
Mientras sus padres, tu tío, les busca, nervioso.
Niñas con hijas, siempre ardiendo en lágrimas, mientras sus sueños se van a la mierda.

Así que se lanzó a ello, y para pensar bien la jugada y permanecer alejada y tranquila mientras lo hacía, se apuntó a un viaje de intercambio estudiantil que la iba a llevar a Escocia. Pero nunca llegó; durante la escala que hicieron en Atlanta algo en su interior le dijo que no se moviese de allí. Hizo caso de su intuición y no necesitó ya pensarse nada para cantar en todos los lugares en lo que le ofreciesen la oportunidad de hacerlo. Y poco después, en una noche de micrófonos abiertos en el restaurante Justin’s se fijó en ella Big Boi, uno de los dos componentes de Outkast. A la otra mitad de este dúo, Andre 3000, lo conoció poco después en la celebración de una boda, mientras bailaban el “Macarena”. Los dos quedaron tan impresionados con ella que Janelle acabó cantando en “Idlewild”, el siguiente disco que editaron Outkast.

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Outkast (Ft. Janelle Monae) – “Call the law”

Pero no fueron ellos los únicos que sucumbieron a los encantos de la chica. Después de una actuación suya en Los Angeles, mientras estaba en el backstage recibió una llamada de teléfono. Una profundísima voz le decía por el auricular: “Siento haberme perdido tu actuación, pero quería conocerte y que supieras que me encanta tu voz y lo que haces… por cierto, soy Prince…” Al final, después de quedar para otro día parece que terminaron la conversación charlando sobre iluminación de escenarios.

Ya ves… la han rodeado amiguetes muy famosos, pero éstos casi siempre son algo efímero y duran poco. Lo importante es que Janelle está aquí para durar mucho, para un recorrido largo. Ha venido para redefinir los estereotipos y permanecer siendo funky mientras lo hace. Así habla ella, sin cortarse un pelo, ya te lo dije al principio. Y con un poco de suerte, su música también hablará por sí misma.

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“Mr. President”

Señor Presidente,
Sea el día que sea, un libro merece más la pena que una bomba.

MÁS RÁPIDO, MÁS ALTO, MÁS FUERTE

Llegaron a Inglaterra el 21 de septiembre de 1.966. En algún momento, mientras cruzaban el Atlántico, Jimmy James se había convertido en JIMI HENDRIX.

Las autoridades inglesas le habían denegado a Hendrix un permiso de trabajo. Lo más que podían concederle era un visado por cinco días. Así que Chas Chandler tenía que moverse muy de prisa. Tenía que convertirlo en una estrella. Una estrella de la magnitud de Bob Dylan, los Beatles o los Rolling Stones, y no aceptaría nada que fuese menos que eso.

A través de las llamadas trans-oceánicas que hizo desde los USA, Chas se había asegurado de que todos sus contactos supiesen quien era Hendrix, y qué se disponía a hacer con él. Y para lograrlo, lo primero que había que hacer era fabricarle una banda. Eso era esencial.

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“Purple haze”

Hendrix era capaz de resolver por sí mismo muchos de los problemas que implica tener una banda. Él mismo era capaz de tocar tantas cosas con la guitarra que en realidad apenas iba a necesitar apoyo, de hecho, bastaría con solo dos músicos, un batería y un bajista.

El permiso de trabajo era otro problema; un problema muy serio. Tenían que convencer a las autoridades de que Hendrix poseía un talento que no podía ser igualado por ningún otro trabajador, o parado, de Inglaterra. A la gente del negocio musical no había que convencerlos, y dejaron que fuesen ellos los que convenciesen a su vez a las autoridades gubernativas.

Los anuncios y el boca a boca se pusieron en marcha. Cuando Chas Chandler (del que hay que recordar que no solo era productor y manager musical, sino que también era el bajista de los Animals) avisaba a los bajistas y baterías para que viniesen a realizar una prueba, la mayoría de ellos creían que estaban haciéndola para los Animals, pero cuando veían a Jimi Hendrix rápidamente dejaban de creerlo. Los Animals no iban a cambiar su estilo por este americano negro, y eso es lo que iban a tener que hacer si tocaban con él, porque lo que hacía el negro éste era algo totalmente diferente.

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“All along the watchtower”

Noel Redding fue elegido principalmente por su pinta: su voluminoso y rizado cabello afro-caucásico, enmarcando una cara sensible e inteligente. Y además era muy receptivo. Noel era en realidad un guitarrista, con la fluidez de un guitarrista, que se convirtió en bajista nada más conocer a Hendrix. Fue un golpe de suerte, porque estaban teniendo muchos problemas para encontrar un bajista. Hendrix sabía exactamente lo que quería. Y para lo que él quería no había un modelo anterior a seguir. Así que enseguida se hizo patente que tocar con Hendrix no iba a ser tarea fácil.

Jimi Hendrix, que era un excelente bajista también, tuvo que decirle a Noel Redding exáctamente como tenía que tocar. Y Noel, que nunca antes había tocado un bajo en toda su vida, solo tuvo que seguir las instrucciones. Así que tenía buena pinta, se portaba bien, y tocaba lo que le decían… todo perfecto.

Mitch Mitchell, por otra parte, era un chulito, descarado y hortera, muy confiado en sus habilidades como batería… la actitud típica de un batería, ya sabéis. Había estado tocando antes con bandas de jazz y de rock por toda Inglaterra, y él mismo era un entusiasta del jazz también. Incapaz de ocultar su desprecio por Hendrix, lo canalizó en su forma de tocar; no se limitaba a seguir el rítmo con la batería… sino que le desafiaba. Esto siempre mantuvo una tensión en el interior de la banda que nunca desapareció, y que iba más allá de lo estrictamente musical.

La Jimi Hendrix Experience nació el 12 de Octubre, y una vez que el grupo estuvo formado por estos tres, Chas Chandler echó la bola a rodar. Les consiguió conciertos en todos los clubs importantes de Londres, pero conciertos especiales; en contraposición a los habituales, que solían durar mucho, ellos tocaban mini-conciertos varias veces cada noche. Los habituales, los enteraos, los connoisseurs, los manejadores del cotarro, todos prestaron atención. Y todos se dieron cuenta de que aquello era algo especial. Incluso tan solo seis días después, el 18 de octubre, les subió a un avión que les llevó a Paris para tocar esa misma noche en el Olympia, teloneando a Johnny Hallyday, ante 14.500 fans que abarrotaban el teatro, y que se entregaron también a ellos. Pero Chas sabía que no pasaría apenas nada más si no grababan un disco.

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“Hey Joe”
En directo desde el Olympia de París

Los detalles de la discografía y de la biografía oficial del grupo a partir de aquí son archiconocidos y los puedes encontrar en cualquier enciclopedia física o virtual. Pero lo que nosotros vamos a recordar es que todo esto ocurría en el contexto de la Inglaterra de los años sesenta, donde la sociedad no era ajena al tradicional odio hacia los negros, y de esto no escapaban ni Noel Redding ni Mitch Mitchell.

La incongruencia de que estos estrafalarios jóvenes ingleses tuviesen algo que ver con el “Wild Man” del pop hizo incluso más aún por proyectar la imagen de Jimi Hendrix en el Reino Unido. En vez de ser jóvenes formales, tanto Noel como Mitch habían elegido seguir la senda del jazz y del blues y, como todos, querían triunfar en alguno de estos campos. Nunca en su vida habían pensado que iban a estar asociados con un negro, ni mucho menos que a éste lo iban a considerar superior. Y aunque el dinero iba llegando cada vez más, y todos los beneficios de esta sociedad eran buenos, tanto a uno como al otro les amargaba el hecho de que eran segundones de Hendrix.

Y a pesar del contrato que les unía a él, Noel y Mitch comenzaron a cuestionar y a desafiar personalmente a Jimi, y en las entrevistas para la prensa siempre hablaban de la falta de prestigio que tenían en la Experience. La verdad es que Jimi hizo incluso algunas declaraciones apaciguadoras, pero el conflicto persistió. Los otros dos no eran recién llegados al mundo del pop; Mitch Mitchell había tocado ya antes con varios grupos populares y respetados, el último de los cuales había sido el Georgie Fame’s Blue Flames; y Noel Redding tocó con los Loving Kind… esta situación actual no era aceptable.

A veces incluso usaban insultos racistas hacia Hendrix cuando hablaban con él. Solían usar “de broma” palabras como “nigger” o “coon” (nuestros equivalentes a “negrata” o “negro de mierda”), y al final Jimi se cansó y el conflicto entre ellos se incrementó todavía más.

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“Crosstown traffic”

Y en la música, y sobre el escenario, este conflicto también asumía diferentes proporciones. Muchas veces boicoteaban abiertamente los conciertos… pero eso era precisamente lo que Hendrix quería. Noel Redding, que ya os he dicho antes que se consideraba a sí mismo principalmente como un guitarrista, quemaba literalmente las lineas de bajo; casi siempre lo ponía a todo volumen, empujando a Hendrix tan lejos como podía; pero éste era un virtuoso y se deleitaba en ir más alto aún en aquel fuego cruzado.

Mitch Mitchell tocaba en su batería todos los rítmos posibles, extendiéndose desde el simple marcado de rítmo hasta los rítmos jazzisticos circulares. El bajo de Noel subía tanto que se cargaba toda la intensidad de los agudos, compitiendo con la guitarra solista de Jimi y con la voz de éste cuando cantaba. Pero toda esta energía, avivada por los conflictos de clase y de color, dieron a la Experience el sonido total que Jimi Hendrix buscaba.

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“Voodoo chile”

La música de Hendrix era única y poderosa, y aunque las autoridades inglesas no cesaban de ponerle trabas, el mundo del rock lo aceptó rápidamente. Terminaron por darle el visto bueno Eric Clapton, y Pete Townsend, y los Beatles, y los Stones (bueno, con excepción de Brian Jones, que nunca mostró reserva alguna con él). Y algo importante también: Hendrix no era nadie en su país, en los USA; allí no era conocido más que como un buen guitarrista de rhythm & blues tradicional, así que ¿por qué no aceptarlo aquí?, hacerlo propio y que diera más poder y veracidad al rock inglés… Y acertaron. Jimi Hendrix, con la comodidad de la aceptación de Inglaterra tomó el camino que dejaron los Beatles cuando en el ’66 y el ’67 comenzaron a escribir e interpretar canciones con más sabor británico, y fue mucho más alto con la música más cruda. Hendrix le dio a la música de Inglaterra la dosis de música negra más fuerte que allí hubiesen escuchado nunca.

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“Wild thing”
Seguro que recuerdas la imagen de Jimi en Monterrey arrodillado ante su guitarra en llamas. El sonido de acople que se oye al final de esta grabación es la de esa guitarra ardiendo.

NIÑOS DOS VECES NIÑOS

Se conocían desde que en la guardería los pusieron a pintar juntos en un caballete doble sobre el que la profesora colocaba un gran papel en blanco por cada lado para que los niños ejerciesen su imaginación desbordante convertida en manchas de cera y rotulador.

En seguida intimaron y entre ella y él surgió una complicidad que hacía que al final de cada mañana hubiese muchas más de esas manchas en sus caras y en sus batitas que en los pliegos de papel. La mutua compañía que se ofrecían era cada vez mayor porque los demás niños huían despavoridos de su lado cuando comenzaban con sus batallitas de pintura, lanzándose colores el uno al otro.

En realidad él era un niño fuerte, que causaba espanto en los demás, el matoncillo de la guardería que trataba a todos a base de empujones. Excepto a ella. Le gustaba tenerla cerca, le pedía que hiciese cosas con él, se intercambiaban carantoñas, construcciones con piezas de madera, dibujos… le parecía encantadora, y de mayor se casaría con ella. En cuanto tuvieran algunos años más de los cuatro que tenían ahora.

Pero sus mundos era muy dispares. Él tenía un padre muy rico e importante y en su casa era testigo de las continuas disputas que éste tenía con su madre. Hasta que mamá se cansó y abandonó el hogar, llevándoselo también a él. Otra ciudad, otras escuelas, otras amigas…

Ella, en cambio, tenía una familia normal, que le dio las atenciones normales de cualquier otra niña de clase media, y creció y estudió apartada de las drogas y los vicios de la juventud de los años ’70 para convertirse a su vez en otra profesora de escuela que fue testigo de otras nacientes amistades infantiles como la que ella tuvo con Julian.

Pero quizás ella no tenía la misma paciencia que los profesores que había tenido en sus clases. Le gustaban los niños, eran su vida, pero no podía con ellos. Terminaba la jornada de trabajo exausta y con una fatiga extrema. Cuando comenzaron a aparecer también los dolores y aquellos problemas en la piel pensó que quizás los revoltosos niños no fuesen después de todo los causantes de su cansancio. El análisis clínico a que se sometió dio como resultado que Lucy padecía de psoriasis.

Mientras tanto, Julian había pasado por todas las fases de la vida que tiene que soportar un niño con una familia extraña y desestructurada. Su madre pasó por varios matrimonios más que hacían que cada vez se apartase más de su padre, quien también había comenzado una vida familiar nueva con otra mujer, y había terminado por irse a vivir con ella a los Estados Unidos. A él no le faltaban los caprichos ni las nuevas amistades, ya fuesen sinceras o interesadas. Con el dinero de la familia podía comprarse coches, novias, drogas…

Poco a poco fue madurando y convirtiendo las experiencias de su vida en canciones. Se hizo músico, aunque nunca llegó a tener mucha fama ni reconocimiento público. Pero sí daba conciertos y hacía giras. En una de ellas le salió una actuación en una sala cercana a la ciudad en la que nació y dio sus primeros pasos.

Lucy vio su nombre en los carteles, pero no sabía si asistir al concierto o no. Ya no eran niños, y seguro que él no la recordaría ni tendría tiempo para charlar con una chica a la que no veía desde hacía casi veinte años y que ahora era una completa desconocida. Sin embargo, su hermana tenía entradas gratis, y de las mejores, de las que incluso les permitían pasar por el backstage después del concierto. Se las había dado una amiga suya que debido a lazos que se perdían en el recuerdo, ahora trabajaba como asistente personal de Julian.

El encuentro entre ellos fue fugaz. En realidad ella estuvo más tiempo charlando con la madre de él porque Julian tenía que atender otros intereses, prensa, compromisos… se recordaron, se dieron un par de correctos besos y quedaron en mantener un contacto que nunca tuvo continuidad.

A través de su asistenta, diez años después de aquello, él se enteró de que ella se casaba y le envió un regalo y una nota de felicitación. Tempus fugit… hasta la próxima vez que él volviese a tener noticias de ella pasarían otros trece años más.

Julian vivía desde hacía tiempo en Francia. Su carrera musical había dado paso a otras facetas artísticas, y ahora se centraba casi exclusivamente en dirigir películas documentales. Fue su asistenta quien se lo dijo: “¿Recuerdas a Lucy…? Está muy enferma. Tiene una enfermedad degenerativa que la ha hecho abandonar su trabajo hace tiempo. Ahora, con 46 años, la pobre solo se consuela trabajando en su jardín y poco más.”

La psoriasis de ella nunca mejoró, todo lo contrario, cada vez se sentía peor y, a pesar de ser una luchadura y estar siempre apoyada por su familia, al cansancio se sumaban las profundas depresiones que sufría. Su vida se llenó de enfermeras y tubos de sangre, de los que por fin salió la verdad que terminó de hundirla. No estaba del todo claro si había sido un mal diagnóstico anterior y sus dolencias lo habían enmascarado, si había estado siempre ahí latente, o si con los años había sobrevenido, pero ahora la estaba devorando un lupus. Y no hay cura para él.

A cada persona le ataca de una forma diferente, pero el lupus ulcera y destruye tu propio cuerpo; tu sistema inmunológico se rebela contra ti y ataca a tu propio tejido… a veces se ceba con los riñones, otras con el corazón, o con el cerebro; e incluso con la piel, haciendo que a veces los médicos lo confundan con psoriasis. El lupus ataca a nueve mujeres por cada hombre y es potencialmente mortal.

Julian se conmovió con el relato de su empleada, y la buscó a través de ella. Lucy no esperaba que de la noche a la mañana él volviese a aparecer en su vida, y le causó una gran sorpresa e ilusión aquel ramo de flores tan bonito que le llegó junto a un montón de vales que podía cambiar en los viveros y floristerías de su ciudad por todas las plantas que quisese. Ella pensó que era un gesto muy dulce y personal. A eso siguió la llamada de teléfono… “sé que apenas sales de casa más que para acudir al hospital, y que te apasiona trabajar en tu jardín, amiga Lucy. Espero que las plantas dibujen una gran sonrisa en tu cara…”

De eso hace tan solo poco más de dos meses. Después han seguido los emails en los que él sigue ofreciéndole su amistad y renovar su contacto para que ella tenga más días de distracción. Las visitas, que hacen más llevadero el golpe de la enfermedad. Él va haciendo por ella todo lo que puede.

Y ahora, después de su última visita a ella, Julian se encuentra en su antigua casa. El pasado no deja de aflorar mientras repasa todos los recuerdos y preciadas posesiones que atesoraba y que el día 16 de junio se dispone a donar al museo que la ciudad tiene dedicado a su padre y a sus compañeros.

Casi se le saltan las lágrimas mirando el dibujo. Recuerda aquel día de hace cuarenta y dos años en que entró en la casa corriendo y, como siempre solía hacer, buscando a su padre: “Papi, papi, mira lo que he dibujado hoy en la guarde…”.

“Qué bonito, Julian… ¿quién es esta niña… y qué son todas esas estrellas…?”. Le preguntó. Y el niño sonrió divertido viendo que su padre no entendía nada. “Es mi amiga”, le dijo. “Es Lucy en el cielo con diamantes”.

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LSD

EL RUIDO FUERTE Y FLOJO

No sé si os resultará familiar el nombre de JIM WEBB. No es un nombre demasiado conocido, no era asiduo de la MTV, ni salía en los programas más populares de pop de la tele, ni sus canciones sonaban en la programación de la radio-fórmula, y en realidad nunca fue “famoso” en el ámplio sentido de la palabra como, por ejemplo, Pete Doherty. Pero Jim ciertamente que hubiese merecido serlo, porque durante su carrera hizo algunas cosas deliciosamente locas.

Bueno, empiezo por hablaros un poquito de él, a modo de presentación. Puede discutirse, claro, pero Jim Webb fue uno de los mejores autores de canciones de su tiempo; escribió “Galveston” y “Wichita Lineman” para Glen Campbell, y “MacArthur Park” para todo aquél que quisiera cantarla.

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Donna Summers – “MacArthur Park”

Pero no es de eso de lo que vamos a hablar hoy. No. Hoy voy a contaros la historia del planeador.

Corría el año 1.977 y Jim estaba trabajando en un disco en solitario con el maestro de los discos beatlelianos, George Martin; uno de sus discos más famosos con el paso del tiempo, el que se llamaría “El Mirage”, aunque el propio Jim Webb siempre lo consideró una puta mierda. En él había una canción llamada “If you see me getting smaller, I’m leaving” (“Si ves que me hago más pequeño, es que me estoy yendo”), un curiosos título inspirado en las palabras que Wylon Jennings le dijo al director de una película que estaba rodando, cuando se marchó aburrido de esperar y repetir escenas, dejándolo plantado.

Por algún motivo que nadie acertaba a explicar (¿algó que se fumó, quizás?), Jim quiso que en esa canción, quizás como metáfora de eso que decía de irse, apareciese un planeador. Mejor dicho, apareciese el sonido de un planeador. Sí… ya sé que los planeadores no tienen motor y no hacen ruído, pero ya os digo que algo raro se habría fumado.

Los planeadores eran otra de las pasiones de Jim Webb y por eso apareció un día en el estudio de grabación con la elaborada y loca idea de mezclar el ruido de uno de ellos en la canción. Pero el ruido real, no un efecto de sonido.

Así que alquiló una pista de aterrizaje de dos kilómetros de larga para el día de la grabación, y colocó en ella un micrófono cada 2 metros. Esto requirió desplazar varias toneladas de equipo de grabación y producción en exteriores, además de tres camiones, 8.000 metros de cable, pantallas atenuadoras de aire, un estudio móvil y, sobre todo, no lo olvidemos, una funda enorme para el planeador. Bueno… y un planeador, claro.

Llegado el momento, Jim, que había decidido pilotarlo él mismo, se encaramó al interior de su trampa mortal flotante y se elevó al cielo remolcado por un avión de motor (coño… se nos había olvidado meter el alquiler de éste también en la parafernalia anterior).

Los micrófonos estaban preparados y conectados, la pista despejada, la cinta de grabar rodando. En un perfecto aterrizaje, Jim tomó la pista con un sonido silbante después de un suave planeo, y la recorrió entera pasando junto a los cientos de micrófonos exactamente tal como tenía previsto.

Esta compleja operación, con su enorme presupuesto y meses de meticulosos planes, resultó un completo éxito.

Y aquí podéis escuchar tal como quedó el fabuloso efecto sonoro en la canción.

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Jim Webb – “If you see me getting smaller, I’m leaving”

¿Qué…? ¿Qué no lo habéis apreciado…? Sí, hombre; si se oye perfectamente allá por el minuto tres, cuando la canción comienza su tramo final… esperad, que lo aislo y os lo pongo separado:

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Ahí está… el complejo efecto de sonido que logró Jim Webb.

No me digáis que no hay que ser gilipoooooollas para realizar tal dispendio de dinero, tiempo y energías para conseguir un efecto de sonido que hubiese quedado igual o mejor si se hubiese puesto él mismo ante el micrófono y simplemente hubiese hecho “ffffffhhhhh” con la boca…

Fffffffhhhhh, flojito… y ya hubiese estado. Pero ya os dije que Jim Webb hizo algunas cosas verdaderamente locas durante su carrera.

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Jim Webb – “The highwayman”

Y ahora nos vamos a la Iglesia.

Esta institución, debido al descreimiento generalizado que cada vez padecemos más, ya no es tan floreciente como antes. De hecho, para poder decir esto sin que el Profe Franz me acuse de no documentarme, me he leído en Internet un tocho eclesiástico del que he sacado en claro que en los últimos 25 años sus ingresos han descendido en un 30 por ciento.

Y claro, muchas iglesias necesitan fondos para reparar sus campanarios y para costear los honorarios de los abogados que defienden a sus sacerdotes en los juicios por pederastia. Así que para mantener a los pobres curas fuera de las cárceles había que buscar una fuente de ingresos alternativa, y eso es lo que hicieron los que estaban destinados en una iglesia de Londres que se alquilaba habitualmente como escenario sagrado para filmar videos de rock. ¿Quieres ver uno de ellos…?

Ahí lo tenías. El día de la grabación el gran OZZY OSBOURNE se encontraba vestido para la ocasión, al final de la noche, subido al esculpido y adornado altar de la capilla, mientras más abajo, a sus pies, chillaban, mugían (o como se llame lo que hacen estos bichos), y correteaban entre los bancos varias decenas de cochinos.

Varias decenas de cerdos corriendo todos por allí dando lugar a algo que sin duda ninguna el director del video-clip esperaba que fuese “satánico”.

Sí… aquello era puro rock’oink’roll… y de eso iba el vídeo de “Miracle man” que habéis visto antes; una historia satírica de un hipócrita predicador evangelista de esos que amenazan con el fuego eterno, pillado en una bajada de pantalones.

No estaba claro como iban a hacerle saber esto a los cochinos, porque no suelen leerse los guiones, pero el director había pedido cerdos, y le habían llevado cerdos. A nadie se le había ocurrido que éste es un bicho impredecible, y podía arruinar el rodaje.

Pero bueno… todo estaba preparado: cada técnico en su sitio, las luces encendidas, los cochinos a su aire y el Príncipe de las Tinieblas encima del altar, los brazos extendidos como en una crucifixión, preparado para hacer el playback de la canción. Las cámaras comenzaron a rodar y el director gritó “Accioooooón”.

Ese fue el momento en el que el técnico de sonido apretó el botón de “play” para que comenzase a sonar la canción de Ozzy mientras todo el mundo contenía la respiración. El primer acorde de guitarra, monstruoso, fue lo suficientemente fuerte como para despertar al propio diablo:

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¿Te haces una idea…? No sé si tú te habrás sobresaltado, pero los montones de cochinos, que estaban tan tranquilos y no se esperaban aquello… se cagaron vivos.

Y no te lo digo de forma figurada. Te lo digo de forma literal… totalmente literal. Los cochinos se cagaron.

El rodaje tuvo que suspenderse un mes, que fue lo que tardaron en limpiar todo aquello.

En la entrevista de la que he sacado esta historia, Ozzy terminaba diciendo: “Tío, he vuelto allí algunas veces más, y todavía me sigue llegando la puta peste a mierda…”

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Ozzy Osbourne – “War pigs”

SENSACIONES DISTINTAS

De todas las músicas que estamos y seguiremos teniendo en esta primavera y verano sevillana, este fin de semana llegan las menos convencionales.

¿No te gustaría hacer una prueba? Ya sabes como es el sonido de una guitarra con un punteo límpio y con un feedback de lo más guarro; ya sabes como suena una sección rítmica potente con un buen bajo y una contundente batería; ya sabes apreciar la voz de barítono de un buen cantante… pero ¿y si esa voz fuera la que diese sentido a un sofisticado collage electrónico?; ¿y si lo que escuchases fuese una guitarra que no termina por decidirse entre la disonancia y la melodía, surgiendo de una niebla electrónica abstracta?; ¿y si el rítmo lo marcase un controlador midi…?

No tienes que imaginarte nada de esto que te digo, lo puedes tener desde mañana hasta el sábado. Y gratis. En el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, que es el rimbombante nombre con el que conocemos al Monasterio de la Cartuja, en el que hemos pasado las noches del fin de semana anterior.

El factor común de todo lo que te decía antes es la electrónica. Más aún: la electrónica digital, que avanza imparable en todos los órdenes de la vida; y por supuesto, también en la música. Y esa digitalización musical es la que se explora en esta segunda edición de ”TERRITORIOS DIGITALES”.

Es algo bastante común entre los aficionados a la música pop y rock el pensar que la digitalización le roba a ésta parte de su alma, que es muy fría; que la música electrónica no es música, sino ruido… pues a través de varias exposiciones, instalaciones y conciertos, aquí vas a ver como eso no es así; lo importante es tener la idea para conseguir una creación artística, y la digitalización te permite explorar, mezclar y multiplicar las posibilidades de lograrla.

En este enlace tienes toda la información que necesitas sobre estos ”Territorios Digitales”, aquí, como hacemos casi siempre, vamos a centrarnos en la música, que este año tendrá mucho más protagonismo que el que tuvo en la edición anterior.

Trailer del “Rheo”, de Ryoichi Kurokawa. Que tal como nos lo presenta “Vimeo” sale tarde y mal; pinchad mejor aquí y lo tendréis con más calidad.

El jueves tendremos a Benge y a Tim Exile. Me gustaría ver la cara de la sra. Carrascus si en vez de estar casada con un coleccionista compulsivo de discos, libros y revistas, lo estuviese con otro que amontona compulsivamente en su casa… sintetizadores. Ese tipo es Ben Edwards, al que conocemos también como Benge, y los tiene de todas las clases imaginables, analógicos y digitales. Y supongo que algunos de ellos los traerá por aquí para enseñárnoslos, porque el año pasado editó su décima obra musical en la que éstos fueron los únicos protagonistas: una historia de la evolución del sonido electrónico desde 1.968 hasta 1.987, a la que puso por nombre “Twenty systems”, y en la que cada uno de estos veinte sistemas le servía para interpretar una de las piezas del disco. El principal instrumento de la música electrónica dando vida a veinte piezas musicales sin ayudas exteriores, ni efectos ni procesos adicionales, solo el sonido puro de los instrumentos individuales ayudándonos a comprender la evolución desde el primer Moog que se podía comprar en 1.968 hasta el Kawai totalmente digital de 1.987.

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Benge – “1976 Yamaha CS80”

Tim Exile tampoco se llama así en realidad, sino Tim Shaw, pero lo que nos interesa de él es que es un licenciado en filosofía, que aprendió a tocar el violín desde muy pequeño, para después darse cuenta de que lo que a él realmente le gusta es encandilar a la gente poniéndoles música. Y no de cualquier manera… para él, los DJs convencionales están obsoletos, lo que él quiere que escuchemos no puede salir de unos discos que anden p’atrás y p’alante o de un ordenador; sus experimentos sonoros salen de herramientas que ha pensado y programado él mismo, y con ellos ha llenado ya tres discos, el último de los cuales se llama “Listening tree” y te va a encantar cuando lo oigas en directo, porque así vas a saber de una vez por todas qué significan esas palabras cabalísticas que pronuncian tus amigos enteraíllos y que te dejan en fuera de juego: gabber, drum’n’bass, breakcore, post-techno, IDM…

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Tim Exile – “Family Galaxy”

El viernes vendrá el canadiense Tim Hecker, que como los anteriores también gusta a veces de cambiarse el nombre, haciendose llamar Jetone, aunque ya hace tres años que lo dejó, después de su tercer disco con ese alias.

“An imaginary country” se llama su último disco, de este mismo año, que aunque respire disonancias por casi todos sus poros, también tiene tanta melodía como para que podamos considerarla su obra más accesible. Este “país imaginario” está lleno de música para una sociedad utópica que seguramente sería mejor que la que puebla cualquier país real; y es, además, un disco de música verdaderamente “ambiental”, en el sentido que originalmente le daba Brian Eno a su definición de “ambient music”: la que puede ser disfrutada tanto si la estás escuchando de forma pasiva, como si le estás pegando el oído y desgranando y haciendo un escrutinio de todo lo que oyes. Así que ya sabes… la disfrutarás tanto si estás en ese momento con la birra y el bocata teniéndola de fondo, como si te estás dejando introducir maravillosamente en su atmósfera.

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Tim Hecker – “Sea of pulses”

¿A que ya sospechabas que el siguiente de la noche del viernes, Daedelus, tampoco se llamaba así…? Pues aciertas, se llama Alfred Darlington y eligió ese sobrenombre por sus obsesiones desde niño con las invenciones y los experimentos, los cuales, aún a pesar de ser un músico de formación e incluso de trabajos convencionales en bandas de rock y de jazz, han hecho que tenga en su haber ya una buena cantidad de discos de tendencias electrónicas y desinhibidas estilísticamente; el último de ellos se llama “Love to make music to”.

Sus conciertos son impresionantes ejercicios de improvisación, que consigue con un interface que aunque no fue desarrollado por él mismo (al menos eso creo), si que fue el primero en usarlo asiduamente en directo, que se llama Monome, y que es una herramienta fundamental para que Daedelus pueda amalgamar todo lo que se le ocurra pillar de la cultura pop, del jazz, del hip-hop, del cine, para dar forma (o para presentar una masa informe) a un inetiquetable estilo electrónico… que se puede hasta bailar, oiga usté.

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Daedelus – “Fair weather friends”

El sábado tendremos esculturas de imagen y sonido, las que genera con su arte el japonés Ryoichi Kurokawa (éste sí se llama así de verdad). En “Territorios Digitales” estará, tras haber pasado por festivales como el Sónar y museos como la Tate Modern, por partida doble: con el concierto audiovisual “Rheo” y la instalación “Scentless”.

Según él, la imagen y el sonido son algo indisoluble y no pueden estar separados, por eso construye esas… “cosas”… audiovisuales, de las que dice que el sonido y la composición visual están sincronizados… pero yo no me lo termino de creer del todo.

“Rheo”, del que puedes hacerte una idea con el vídeo de más arriba, es un proyecto inspirado en “panta rhei”, la expresión del filósofo griego Heráclito de Éfeso, que significa que todo está en estado de flujo, que uno no puede, por ejemplo, cruzar dos veces el mismo río, porque tanto el agua como la persona habrán cambiado con el tiempo transcurrido entre esas dos veces.

Para realizar su obra, Kurokawa transfigura y distorsiona material analógico con un proceso digital… algo así como lo que hace el propio cerebro humano cuando representa nuestros recuerdos en los que las percepciones sonoras y visuales se reconstruyen de una forma inconsciente. De esa manera las imágenes virtuales y la realidad emergen de una forma incontrolada… sobre tres pantallas.

…no te preocupes, yo tampoco me entero del todo, por eso quiero verlo con mis propios ojos. Y aunque este artista es el más conocido y de más renombre de todos los que vienen, personalmente, es con el que más reservas tengo de los seis; con esa mezcla de minimalismo y complejidad que tiene, no sé si voy a disfrutar de una sorprendente obra de arte contemporáneo, o voy a sufrir un coñazo sónico de proporciones dañinas para la salud.

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Ryoichi Kurokawa – “Read #2”

Y por último tendremos a Kangding Ray, un francés afincado en Berlín, cuyo nombre real (jejeje… éste tampoco) es David Letellier, y hace una música en la que combina los sonidos mecánicos con las melodías, situándola en algún punto entre lo digital y lo sensible.

En sus paisajes sonoros hay de todo: loops de guitarra, líneas de bajo, ruido residual, instrumentos acústicos, anomalías digitales… de todo ello hay buenas muestras en su segundo disco, “Automne fold”; sonidos crudos, oscuros y orgánicos que retienen la simplicidad emocional de las estructuras tradicionales de las canciones, solo que aquí, en vez de convivir mensajes e imágenes lo hacen texturas abstractas bastante radicales y sonidos estáticos de formas muy cerradas. Va a ser de lo más interesante de los tres dias de muestras… a ver qué tal funcionan sus rítmos pulsantes perdidos entre cuerdas saturadas. Parafraseando a la escritora favorita de mi mujer: “Sense and sensibility”.

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Kangding Ray – “Automne fold”

Si en su primera edición en las Atarazanas, “Territorios Digitales” propuso una reflexión acerca de la imparable digitalización de la música, en ésta pretende explorar ese punto de fricción entre mundos, el analógico y el digital, que en apariencia se contraponen y evocan sensaciones distintas.

A través de exposiciones, instalaciones y conciertos, el público podrá comprobar que es posible trabajar con herramientas en los dos sentidos, que el trasvase entre lenguajes es posible y enriquecedor.

Esto lo dice el comisario de estos “Territorios Digitales”, y a nosotros no nos va a engañar, ¿no?, que para eso es amigo nuestro y le gusta discutir con vosotros escribiendo aquí comentarios con su nombre de Vidal… sí, él si se llama así de verdad.

SÉ LO QUE HICISTEIS

Seguro que todos conocéis a Susan Boyle y ya le habéis oído cantar esas fantásticas piezas de “Los Miserables” o “Cats”. Ha salido en todas las televisiones y sus videos son de los más visitados del YouTube.

Se ha convertido en una gran estrella mediática. Y por eso la prensa amarilla ha caído sobre ella.

Y lo ha hecho con tanta fuerza que la pobre señora pilló tal sofocón que se recluyó e incluso pensó en abandonar el concurso de talentos y no presentarse a la final de este pasado fin de semana, a pesar de ser la gran favorita.

Y todo ello porque unos miserables a los que solo les interesa vender periódicos de ésos que no hace falta refregar por los meados del gato antes de darle en las narices con él, porque ya de por sí huelen muy mal, la emprendieron a insultos y mofas con ella el pasado miércoles en un hotel de Londres.

Yo he visto algunas ráfagas de las actuaciones de esta señora, y la verdad es que da juego y parece simpática y llena de humor… así que no puedo imaginarme siquiera qué cosas llegarían a decirle esos “periodistas” (eran del “Sun”, claro), para hacerle perder los estribos de la forma en que lo hizo.

Muy mal debió quedar la señora, ya os digo, porque para que continuase y apareciese en la final, la organización tuvo que ponerle un psicólogo que, al parecer, solo ha hecho su trabajo a medias, ya que logró convencerla para que cantase el sábado noche, pero con el bajón de no resultar ganadora a la pobre señora se le volvió a venir el mundo encima de tal forma que hubo que ingresarla de urgencia en un hospital de Londres, donde todavía continúa.

Y esto me ha recordado otro caso que resultó mucho peor que éste, y en el que también se vió envuelta una chica favorita de la audiencia televisiva, que ahora estaba triunfando en el mundo del pop: Cheryl Tweedy… su nombre no te dice nada, ¿verdad?. Pero a lo mejor la historia sí te es más familiar.

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Girls Aloud – “I’ll stand by you”

Éstas que has oído cantar aquí arriba son las GIRLS ALOUD, una banda prefabricada que surgió en el año 2.002 de uno de ésos realitys musicales que tanto proliferan en la tele. En este caso, las chicas salieron del “Popstars” inglés, y la verdad es que tomaron el camino sorprendentemente bien, ya que todavía siguen haciendo y vendidendo discos, al contrario de otros que quedaron mejor en los programas, como Gareth Gates o Hear’say.

Ser un grupo de chicas manufacturado con el propósito de brillar en un programa de televisión, y tener cada uno de tus movimientos, cada una de tus sonrisas, cada uno de tus topless, reflejado en las portadas de todas las revistas, era, y seguramente todavía lo será, una especie de infierno en vida; pero tienen que consentirlo como pago de su éxito.

Sin embargo, y tristemente, ese éxito significa también que las puertas del inevitable infierno de la prensa amarilla se abrirán en tu dirección. Y eso fue lo que ocurrió cuando un día del año 2.003 estalló todo como si un elefante hubiese entrado en una cacharrería.

Una de las chicas de la banda, Cheryl Tweedy, estaba en un club por la noche en Guildford, haciendo simplemente lo que haría cualquier otra chica de 19 años como ella. En un determinado momento tuvo que ir a los lavabos, en los que esa noche estaba currando una señora negra de 39 años llamada Sophie Amogbokpa.

Yo nunca he entendido para qué hay señores y señoras asistentes en los lavabos de los sitios finos, si lo único que hacen es ponerte la mano para que les des una propina. Es un misterio de tal naturaleza que ni siquiera Dan Brown se atreve a desarrollar en una de sus novelas.

Lo que siguió al encuentro de Cheryl y la señora Amogbokpa se convirtió en una acusación, un caso penal, un comentario racista y una pelea a puñetazos. No necesariamente en ese mismo orden.

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Girls Aloud – “Sound of the underground”

Los periódicos se cebaron con Cheryl, clamando muy alegremente que ella había golpeado a la señora Amogbokpa en la cara, y dejaron caer y extenderse lo que llamaron “un torrente de insultos raciales”. Las otras chicas de la banda quedaron aterradas (no, no fue porque la señora le hubiese pedido a Cheryl una libra, …una libra!!! de propina por un chorrito de jabón líquido). Y la señora Amogbokpa más aterrada todavía, diciendo ante cualquier periodista o micrófono cosas como ésta:

Yo estaba indignada. No me importa cuantos números uno haya tenido ésta, si ella es alguien no tenía que haberme dicho esas cosas ni golpearme. Yo no le hice nada y tiene que ser castigada por ponerme el ojo así.

Y entonces seguía diciendo que Cheryl estaba furiosa y que la llamó “puta negra”, diciendo que le iba a pegar otra vez.

La Girl Aloud fue debidamente arrestada y detenida durante diez horas por la policía. Y después en el juzgado se le desestimaron los cargos por motivos racistas, pero la encontraron culpable de asalto, castigándola con una multa y una advertencia, además de 120 horas de servicios comunitarios.

Después de aquello, Cheryl se casó con el futbolista del Chercy (uy!, perdón, que no está el horno para bollos) Chelsea, Ashley Cole, aunque nunca quedó claro si esto también formaba parte de la condena impuesta.

Pero lo que sí es concluyente es que Cheryl Tweedy, la estrella de las Girls Aloud, podía ser una matona, aunque desde luego no era racista, como tan exageradamente clamaron los titulares de los tabloides. Aquí abajo puedes verla con su marido.

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Girls Aloud & Sugababes – “Walk this way”