Atrapado por el blues de Memphis
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MADE IN GERMANY
Categorías: Forever Young
Carrascus

Nada mejor para un post publicado en la semana de la Resurrección, como el de la historia de un grupo que vuelve a salir a la luz del día a través de la reedición de su obra. Y también, para resultar más apropiado, los miembros del grupo se llaman “Los Monjes”… pero no te preocupes, no insistiremos con los temas religiosos; ése solo era el nombre elegido por cinco soldados americanos destinados en Alemania y dos intelectuales de ese país, que a mediados de la década de los ’60 intentaron reconstruir la música de nuevo.

Nuestra historia comienza en 1.953 en Ulm, una ciudad alemana castigada enormemente por los bombardeos aliados en la recientemente terminada Segunda Guerra Mundial, donde una mujer de 35 años llamada Inge Scholl formó la “Escuela de Diseño de Ulm”. Como continuación de las ideas de la Bauhaus previas a la guerra, esta escuela se convirtió en uno de los principales centros de educación política, a la vez que se enseñaban artes y oficios a todos los alumnos con el fin de mejorar la situación de la alicaida sociedad alemana.

Inge, que tenía un hermano y una hermana que habían sido asesinados por los nazis, sabía muy bien lo que se traía entre manos. Sus estudiantes salían de su colegio llenos de ideas liberales que aplicar al campo del diseño industrial, ideas con las que se intentaba reconstruir Alemania. La Escuela de Ulm fue la responsable de diseños tales como la grulla en el interior del círculo que usa la Lufthansa como logo, de la “Braun Kitchen Machine”, que es la abuela y directa predecesora de la Thermomix… y de un grupo de rock de corta vida llamado THE MONKS.

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“Shut up”

En 1.965, un graduado de esa escuela, Karl-H. Remy, junto a Walter Niemann, que procedía de otra escuela similar de Essen, estaban bucando algún trabajo en el que aplicar sus conocimientos de arte y tecnología, y por las noches se relajaban y planeaban su busqueda para el día siguiente en el Bar “Rio” de Stuggart, en el que solían tocar cinco ardientes jóvenes americanos que se hacían llamar The 5 Torquays.

Estos Torquays eran Gary Burger, Larry Clark, Dave Day, Roger Johnston y Eddie Shaw, y habían sido soldados americanos destinados en la base de Gelnhausen desde 1.961 hasta 1.964, que vigilaban la frontera con Alemania Oriental sentados en sus tanques, y que a punto estuvieron de ser embarcados en un avión con destino a Cuba cuando la famosa crisis de los misiles. Como veis, carne de cañón que se desahogaban tocando versiones de sus canciones favoritas en el bar “Maxim”, en noches que casi siempre terminaban con redadas de la Policía Militar americana que desalojaba el local a base de hostias y gases lacrimógenos. A finales del ’64, cuando se licenciaron, decidieron quedarse en Alemania tocando en bares y clubs de Frankfurt, Munich, Stuggart y Nuremberg, ensayando por la tarde, tocando por las noches, quedándose de marcha hasta por la mañana, durmiendo hasta por la tarde… para volver a empezar… rutina… aburrimiento…

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“I hate you”

En 1.965 ya tenían algún material propio y se decidieron a experimentar con un sonido más directo en el que la sección rítmica de Roger y Eddie arropaba los loops de feedback de la guitarra de Gary; y fue este naciente poder el que atrajo a Karl y Walter, que les tomaron como la “empresa” que buscaban. Se unieron a ellos como managers y enseguida se hicieron con un contrato que les aseguraba un buen número de codiciados conciertos en Hamburgo y el compromiso con un poderoso sello discográfico, pero solo si respondían a la confianza que estaban depositando en ellos. En realidad los dos alemanes querían apartar a los americanos de todo aquello que más amaban en la música y hacerles emprender un nuevo comienzo.

El plan de Karl y Walter era transformar a los Torquays en unos anti-Beatles, una banda despojada de cualquier sentimiento pop. Una nueva banda construida con la simpleza, la energía y la repetición que habían aprendido en Ulm; con todos estos elementos dejaron las nuevas canciones de Gary Burger y Dave Day en su más absoluta esencia: el repetitivo bajo de Eddie Shaw y los tambores tribales de Roger Johnston aliados al eclesial órgano de Larry Clark y al fuzz de la guitarra de Gary Burger. A sugerencia de Karl, Dave Day cambió su guitarra por un banjo de seis cuerdas amplificado que conducía el sonido de la banda de forma más agresiva.

Las nuevas canciones eran mantras minimalistas que llevaban hasta lo enervante la tensión, y las letras eran gritos abstractos en forma de insultos (“I hate you, baby!, but call me!”), o cantos dadaistas sin apenas sentido (“We do, wie du, we do”). Pero este sonido en realidad solo era un anteproyecto de lo que iba a seguir. La transformación todavía no estaba completa. Necesitaban una nueva imagen.

Después de desechar una gran variedad de… digamos… anti-nombres: Fried Potatoes (Patatas Fritas), Molten Lead (Plomo Fundido), Heavy Shoes (Zapatones)… el colectivo se decidió por The Monks. Y el uniforme fue un golpe maestro: completamente de negro, con hábitos y capuchas, cordones blancos atados al cuello y tonsuras de monje; y cada paso del maquillaje y disfraz convenientemente fotografiado y publicado en todas las revistas juveniles alemanas de entonces.

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“We do, wie du”

Karl pensaba que aquella forma de presentarse evocaría tanto el minimalismo en blanco y negro de la Bauhaus como el surrealismo anticatólico (ya sabes, aquello de “God is dead”) que comenzó con el siglo XX. Se establecieron en la Reeperbahn, la calle más famosa del ya de por sí famoso barrio de St. Pauli, en Hamburgo, el centro de la vida nocturna del país, y a base de alcohol y anfetaminas su fama creció desmesuradamente, sobre todo entre las “chicas malas”. La gente de bien, sin embargo, les cedían el paso cuando se cruzaba con ellos; parecían una congregación sagrada de verdad… hasta que les oían decir “Joder!”, o les veían encender un cigarrillo. Aquello fue todo un experimento sobre el comportamiento humano y la deconstrucción.

Y sus conciertos eran arrolladores. Habían superado las expectativas y no se hizo esperar el contrato discográfico, que firmaron con la poderosa Polydor alemana; y después de un mes de ensayos y de comidas de coco por parte de Karl, que quería asentar su imagen corporativa a base de repetirles “eres un monje, piensa como un monje”, The Monks entraron en un estudio de grabación en Colonia en noviembre de ese año ’65. Les produjo Jimmy Bowien de forma impecable, consiguiendo la fuerza y la intensidad que era esencial para su sonido, el que ahora se rescata con la reedición del “Black Monk Time”, la incomparable obra maestra que consiguieron plasmar.

Las canciones anteriores, reeditadas también en el disco “The Early Years 1964-65”, son ahora más rápidas y más violentas, más discordantes, más aridas. La guitarra eléctrica de Gary y el distorsionado órgano de ciencia-ficción de Larry acuchillaban los implacables rítmos creados por el imparable triunvirato que formaban Roger y Eddie junto al discordante banjo eléctrico de Dave.

Karl había conducido además a estos ex-soldados hacia una visión crítica de la Guerra de Vietnam; la primera canción del disco, “Monk Time”, tras una parte instrumental se abre con el grito de “¡¿Por qué matais a todos esos niños en Vietnam? / loco vietcong / mi hermano murió en Vietnam!”. Se podía notar el desdén en la voz de Gary.

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“Monk time”

Sería demasiado simplista describir a The Monks como precursores de los Sex Pistols, pero con frases como “¡Sé siempre un mentiroso / cállate / no llores!” gritadas sobre el órgano discordante de “Shut up”, The Monks estaban tomando posiciones en un lugar que iba a adquirir una importancia capital en la música de nuevo en 1.976. Quizás la línea de conexión entre esos dos puntos temporales es el krautrock. “Black Monk Time” se editó en marzo del ’66 y se vendieron 3.000 ejemplares. La banda comenzó una gira sin freno durante cuatro años y medio, llegando a tocar incluso en tres ciudades diferentes al día.

En el sur de Alemania, mucho más religioso que el resto del país, The Monks no estaban muy bien vistos, pero en Colonia fundaron un multitudinario club de fans de ellos, en el que los miembros incluso se afeitaban la cabeza para hacerse la misma tonsura que exhibían los músicos y copiar a sí su imagen. La televisión se sintió atraida por ellos y también menudearon sus apariciones. En julio de ese año, la banda apareció en el mítico programa “Beat Club” ante una audiencia de seis millones de espectadores. Uno de los adolescentes que estaba viendo ese programa cuando tenía 15 años era Hans Joachim Irmler, uno de los fundadores del grupo Faust. “Aquello era una nueva libertad. Un NO! positivo. Era un nuevo comienzo, todo se basaba en un latido, un rítmo arcaico y en el feedback. Aquello era… el futuro”.

Para The Monks, sin embargo, fue todo lo opuesto. La gira les dejó exhaustos, y un cada vez más alcoholizado Karl H. Remy tiró la toalla y les dejó. Sus singles se fueron haciendo cada vez más poppies y la banda terminó por romper del todo unos meses más tarde, cuando estaban preparando una nueva gira por Asia en 1.967. Joder…! Imagínate lo que podía haber sido aquello de haberse llevado a cabo, The Monks en Saigón cantándole “I hate you!” a los soldados destinados en Vietnam; aquello hubiese sido la declaración definitiva de la vanguardia del rock… o podrían haberlos matado.

Seguramente eso mismo pensaron ellos, sobre todo después de enterarse que un mes antes un músico había resultado muerto y otro herido cuando un comando de vietcongs arrojó una bomba al interior de uno de los locales llenos de soldados en los que actuaba una banda. Al borde del ataque de nervios, un día Gary se fue a Suecia y Roger volvió a casa de sus padres en Texas. Ni siquiera se despidieron.

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“Blast off”

The Monks siguieron caminos separados desde aquí, pero su mito continuó, creciendo cada vez más, dando forma a las revoluciones musicales del krautrock y del punk. La banda se reunió para participar en el Festival de Cavestomp en 1.999 con otros fantasmas del pasado como los Standells, la Chocolate Watch Band, los Fleshtones, Gravedigger 5, Dead Moon… incluso salió un disco con lo que hicieron allí. Pero Roger Johnston falleció en el 2.004 y el genio del banjo eléctrico, Dave Day, lo hizo también un año más tarde.

The Monks ya nunca podrán volver a ser una banda, pero la perfección que es “Black Monk Time” siempre vivirá. Los diseños clásicos permanecen para siempre.

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“Love can tame the wild”

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17 Comments

  • El dia 15.04.2009, Vidal dijo:

    Casualidades: el mes pasado me mandaron el DVD que han editado con el documental de The Monks. Se llama “The trasatlantic feedback” y es muy bueno. Cómprenlo, bájenlo, disfrútenlo…

    • El dia 15.04.2009, EuLaliA dijo:

      Pues de mis favoritos tampoco van a ser, pero si que son potentes los tios, para su tiempo.
       
      Carrascus, una duda ¿no habia un grupo de Sevilla que tocaban vestidos con las tunicas de nazarenos?

      • El dia 15.04.2009, carrascus dijo:

        Haremos por ver ese documental, D. Vidal…Y sí, Lali. Los que tocaban vestidos de nazareno, no solo con la túnica, sino incluso con el antifaz (sin capirote) eran Orthodox, el grupo que os comenté por ahí detrás que estuve viendo en concierto el Domingo de Ramos. Lo que ocurre es que tocaron de paisano, sin las túnicas; no sé si ya han desechado eso para siempre, o esta vez fue algo puntual.  Yo era la primera vez que los veía, pero Vidal, que estaba conmigo, decía que sin las túnicas pierden mucha fuerza en la imagen.

        • El dia 15.04.2009, carrascus dijo:

          Una cosa… estoy viendo que el cuadrito para escribir comentarios es un procesador de texto con muchas opciones. Ha debido ponerlo Ambrosio. Se puede sacar mucho partido de él.

          Pero puede que os ocurra lo que me está ocurriendo a mí, que no sé si será normal o no. Cuando escribo el comentario, y pico en “Manda tu comentario” para que se publique, me sale un aviso que dice “comment can not be empty”, que se quita dándole a “aceptar”, pero el comentario no se publica.

          Hasta que lo solucionemos, podeis hacer lo siguiente: En vez de picar en “manda tu comentario” hacedlo en “previsualiza”; y cuando lo tengais previsualizado, entonces picad en “manda tu comentario” y esta vez sí saldrá publicado.

          Venga…

          • El dia 15.04.2009, Microalgo dijo:

            ¿Y Los Inhumanos no llevaban una indumentaria parecida (al menos al comienzo de sus etílicas actuaciones)?
             
            Y sí que debe dar juego esto, sí… Lleva el sello del JL. Moztruo.

            • El dia 15.04.2009, carrascus dijo:

              Pues ahora que lo dice… sí que recuerdo haber visto a los Inhumanos con unas túnicas blancas. Al menos la única vez que les he visto en directo un ratito, en un festival con muchos grupos que hubo una vez en el palacio de los Deportes. Y no es porque me gustasen, que nunca me gustaron nada, sino porque en una de sus canciones, una chica que llevaban hizo un striptease… y claro, tampoco era cosa de andar fijándose en como iban vestidos ellos…

              • El dia 16.04.2009, EuLaliA dijo:

                Joooooo……los Inhumanos si que eran malos.
                 
                La verdad es que es una tonteria escribir solo para decir eso, pero es que queria probar el cajetin nuevo este.
                 
                A ver si salen las letras de colorines……….   :) 

                • El dia 16.04.2009, EuLaliA dijo:

                  Que rollo……. me salian de colorines pero al mandar el comentario salen como siempre……….
                   
                  Y tampoco me sale la carita que sonrie……………

                  • El dia 16.04.2009, carrascus dijo:

                    Pues sí… parece que el editor de textos tiene algunos fallos, así que creo que mejor lo dejo desactivado hasta ver si se pueden resolver…

                    Maese, ¿vino usted ayer tarde a lo de Silvio…? Una pena no haberle visto si fue así. A los que sí conocí fue a Lu y al Koloke, con los que Ambrosio y yo pasamos una muy agradable tarde/noche de charla y cervecitas.

                    Supongo que la próxima vez será cuando coincidamos en el “Territorios” el día de la tocata de Wilco. Por cierto, que para ese día se confirma también la actuación de los Jayhawks, así que la noche será más redonda todavía.

                    Lo de Silvio bien, nos reímos bastante con las cosas que contaron los músicos que han estado rodeándole de un modo u otro en algunos momentos de su vida. Sobre todo nos reimos con las cosas que contó Manolo Luzbel, al que encontré en una forma espléndida… y le he visto en momentos bajos, eh… en la mesa también estaban el Pibe, Pepe Begines, Luz Casal y el Pájaro, que no habló pero acompañó con su guitarra de palo a los de la mesa, que se cantiñearon el “Acción dorada” y el “Sureños” en memoria de Silvio. Que lo pasamos bien, vaya…

                    Y Alicia, tía… no me dijiste que hoy era tu (des)cumpleaños, si no, no te vas sin haber compartido siquiera un ratito de la tertulia cervecera. Felicidades. Besos.

                    • El dia 16.04.2009, Maese Rancio dijo:

                      Cuando llegué estaban contestando la última pregunta y vi (lo que me dejaron las cabezas y la columna) la pequeña actuación que comentas. Pero no me pude quedar porque había quedado con unos amigos que han venido de Italia a pasar unos días. Eché un vistazo rápido pero no pude reconocerle entre tanta gente y me fuí corriendo.
                      A ver si puede ser en Wilco, porque en el concierto del Boss va a ser un poco más complicado 😉

                      Pensé que no estaba Luz, debía estar detrás de la parte de la mesa que me tapaba la columna, porque a los otros sí que los videé (que diría nuestro amigo Alex DeLarge)

                    • El dia 16.04.2009, carrascus dijo:

                      Pues no se crea que en el del Boss va a ser más complicado, porque aprovechando que mi trabajo está allí mismo, y mientras los escasos accesos de salida se van despejando de coches, había pensado ofrecer una copilla y algo de papeo en alguno de los salones de la clínica a los amiguetes que quisieran juntarse por allí después del concierto.

                      Una pena lo de ayer. Y sí, Luz Casal estaba en la mesa, justo en medio, entre el Chanclas y el Luzbel. Y la cocorota calva de su marido, Paco Perez Bryan, estaba justito delante mía. Y usted debió tenernos a Ambrosio y a mí casi delante de sus narices, porque entre saludos a los viejos conocidos y charlas se llenó toda la sala y nos quedamos de pie al lado del acceso de entrada y cerca de la columna que usted cita. Con que hubiese usted susurrado… “están por aquí el Ambrosio o el Carrascus”, le hubiésemos escuchado, jejeje…

                      Una cosa… excepto Vidal que sí y Lali que no, nadie más ha dicho si les gustan los Monks. ¿Vamos a dejar la cosa en empate o lo deshace alguien…?

                      • El dia 16.04.2009, carrascus dijo:

                        Volviendo al tema del homenaje de Silvio de ayer, me acabo de dar cuenta de que algo de lo que contó Manolo Luzbel no cuadra con la realidad.

                        Veréis… él contó ayer una anécdota muy divertida sobre el asalto a la cocina de un hotel a las cinco de la mañana que hicieron él, Silvio, y una tercera persona. Manolo dijo que esta historia siempre se la había atribuido Loquillo, pero que en realidad esa tercera persona fue Hilario Camacho. Y nos contó que la historia se desarrolló en un hotel de Madrid cuando estuvieron tocando en el “Festival del Estudiante y la Radio”, que para los más jóvenes os diré que era un festival que organizaba la universidad de Madrid y duraba 24 horas, desde las doce de la mañana del sábado a las 12 de la mañana del domingo, y se hizo dos años. Todos estos recuerdos me han traído ganas de escuchar de nuevo aquello, ya que tengo grabadas casi todas las actuaciones de las dos ediciones… y me he dado cuenta de una cosa: Silvio y Barra Libre actuaron en la edición de 1.984. E Hilario Camacho actuó en la de 1.985. Por lo que Hilario no pudo ser el tercero en discordia de aquella historia. ¿Y sabéis quién más tocó en la edición de 1.984…? Pues sí, el Loquillo. Creo que en realidad quien protagonizó la historia fue de verdad Loquillo… y Manolito Luzbel no está después de todo tan en forma como me pareció ayer.

                        • El dia 17.04.2009, jl ambrosio dijo:

                          Cierto que Manolito nunca dejaría, como los periodistas de raza, que la verdad le estropease una buena anécdota. Huh…

                          Como bien dices, en la edición del Santo Tomás de 1984, tocó Silvio y Barra Libre, es decir, Silvio y Miguel Angel Iglesias (otro que está pidiendo a gritos un artículo sobre su persona) junto a un puñado de músicos de sesión de Madrid, salvo por la presencia “in extremis” de Miguel Angel Suarez, quien fue convocado expresamente por Silvio la misma mañana del concierto, porque decía que “si no tenía al lado a uno de los suyos no se subía al escenario”. Por tanto, Manuel Luzbel nunca estuvo en ese concierto, en el que Silvio soltó al entrevistador aquella máxima de “Avanti con la guaracha”.

                          Lo cual hace suponer que aquella anécdota ocurrió entre el 79 y el 82, los años en los que Luzbel tocó con Silvio y alguna que otra vez subieron a Madrid. Yo me inclinaría por pensar que ocurrió en un macroconcierto que tuvo lugar en el 80 en el Parque de Atracciones de Madrid, aquel en el que Silvio prefirió dar la tocata en el camerino ante sus amigos que en el escenario ante el público, y en el que compartían cartel con ellos varios artistas más, entre ellos Miguel Rios y, posiblemente, Hilario Camacho. Hubiera tenido gracia que el protagonista de la anécdota hubiera sido Miguel Ríos, ¿eh?

                          • El dia 17.04.2009, carrascus dijo:

                            Oye, Ambrosio, pues no descartes que fuese Miguel Ríos, jejeje… por una razón muy sencilla. Si la aventura ocurrió en Madrid, como sí parece claro… ya me dirás qué coño pintaba Hilario Camacho alojado en un hotel de esa ciudad a las 5 de la mañana, cuando él vivía en Madrid. El protagonista de la historia debió ser algún músico que, al igual que los sevillanos, fuese de otra ciudad diferente a Madrid y, por tanto, tuviese que estar alojado en algún hotel por la organización… ¿donde vivía Miguel Ríos en aquella época…? Si era en Madrid, tampoco pudo ser… cachis… mira que si al final va a resultar que quien sí protagonizó aquello fue Loquillo y, sin embargo, Manolito Luzbel es quien se lo atribuye aunque solo lo sepa porque se lo contaron Silvio o Miguel Angel…?

                        • El dia 16.04.2009, Maese Rancio dijo:

                          Están bien, tienen un gustillo a antiguo que me gusta.
                          Me ha llamado la atención “Love can tame the wild” porque una parte de la canción me recuerda a “All together now” de The Beatles. No digo que sea un plagio, sino que tiene un aire a dicho tema.
                          Por cierto, a alguno de los Monks casi casi no le hace falta que le hagan la tonsura… la tienen natural… jajajaja.

                          • El dia 16.04.2009, carrascus dijo:

                            Hubiese sido imposible, de todos modos, que fuese un plagio, amigo Maese, porque este disco de los Monks se grabó a finales del ’65 y se editó en el ’66; y el “All together now” de los Beatles se grabó en el ’67 y la gente no la escuchó hasta el ’69 en que se editó en el disco de la banda sonora de “Yellow submarine”.

                            Bueno, pues con este resultado de 2-1 favorable a los que les gustan los Monks (3-1 si cuenta mi voto), pasamos a otra cosa.

                            • El dia 17.04.2009, lu dijo:

                              A mí me han gustado mucho, sobre todo por el sonido del órgano, se me van los pies…

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