Atrapado por el blues de Memphis
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LA PAZ QUE LLENA LAS CALLES
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Carrascus

    Para todos los que no conocéis la Semana Santa sevillana. Y para la sra. Carrascus, que anónimamente disfruta de la música procesional de capilla.

    Aunque basado en momentos vividos realmente, este texto es un relato imaginario.

Yo no soy de aquí. Soy americano, de los Estados Unidos, pero tengo compromisos laborales que me hacen venir de vez en cuando y coincidir con José Miguel, un amigo con el que comencé tejiendo lazos a través de la música, y ahora compartimos algunos más profundos y personales. No vengo mucho, de todos modos, pero una de las veces que lo hice fue por Semana Santa, y por fin iba a poder experimentar las sensaciones de las que tanto escuchaba hablar a los sevillanos en mis estancias anteriores.

José Miguel se prestó encantado a mostrarme la Madrugá. Y fuimos a ver El Silencio.

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En aquella callecita, durante el bullicio que antecede a la salida de la cofradía, me decía que era algo muy sevillano una ocasión como ésta, muy elegante y teatral, con los hombres vestidos con trajes oscuros y zapatos muy lustrados, las mujeres con vestidos sencillos que no deslucían su belleza (me habló de las mantillas que habíamos visto por la tarde y que ya se quedaron en casa hasta mañana), y muchos jóvenes vestidos más informalmente, como también lo estábamos nosotros.

Pero el acto al que estábamos asistiendo no era solo una fiesta. Como muchas de las cosas que son consideradas diversión en esta Sevilla sibarítica, tan extremada en sus temperaturas como en sus costumbres, esto era un rito. Y un rito que alcanza su crescendo cuando la noche enmudece y las enormes puertas de madera del templo se abren para permitir apenas la salida de los dos pasos que van a comenzar su anual paseo, caminando y parándose multitud de veces, a través de calles y plazas en las que cientos de miles de residentes y visitantes, creyentes y ateos, se aprietan hombro con hombro durante siete días y siete noches cada año.

Los pasos son elaboradas plataformas religiosas, sobre las que hay imágenes a tamaño natural de Jesús en su dolor, o de María en su duelo, adornadas con multitud de oro y plata que son un brillante testimonio del pasado colonial sevillano. Para ojos extraños como los míos, aunque solo he visto una mínima parte de los que salen, muchos de los pasos del más del centenar que se ven al aire libre durante la Semana Santa parecen intercambiables entre ellos, pero para las casi sesenta hermandades que hacen su desfile procesional durante la semana, cada una de las devocionales obras de arte es única, e inspira su propio fervor cuando son llevadas desde que salen por las puertas hasta que terminan su camino por un grupo de portadores conocido como costaleros.

Aquí en Sevilla, en contraste con otras ciudades, los portadores llevan su pesada carga ocultos a la vista de la gente, bajo unos faldones bordados que cuelgan desde la base del paso. Se consigue así la ilusión de que Jesús y María avanzan debido a su propio poder, desde sus bases adornadas con flores y candelería. Aunque si te acercas lo suficiente puedes oír los resoplidos de los costaleros, e imaginarte su esfuerzo aunque no puedas ver como se marcan en su cuello las venas pulsantes por la tensión.

Le pedí a José Miguel que me trajese de nuevo a la hora de la entrada, unas cuatro horas más tarde, cuando los costaleros regresasen para dejar su preciosa carga hasta el próximo año, y los nazarenos, penitentes con cruces al hombro y otros miembros de la hermandad regresasen con ellos. Quería vivir otro momento de exaltación como el de la salida.

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Observé como mucha gente apreciaba la magnificencia de la entrada y la salida desde balcones repletos. José Miguel me dijo que prefería formar parte de la masa colectiva cuando el pesado y rocoso paso casi acaricia, demasiado cerca, el marco de la puerta; y aunque él es más tranquilo no pude resistir el unirme a todos también en un admirativo murmullo cuando las puertas por fin, lentamente, se cerraron.

Entre esos dos momentos de la entrada y la salida de El Silencio caminamos y hablamos de todo lo que se me iba ocurriendo. Vimos como desde uno de los balcones las voces fuertes y a veces severas de un hombre y de una mujer lanzaban sus floreadas y sentidas saetas, las canciones devotas que entonan a capella ante los pasos que hacen un alto en su camino o cuando retornan a su templo o su capilla. José Miguel me habló de esos balcones que servían de pedestales a los que cantaban y que, si están en un lugar adecuado del recorrido de una procesión pueden alcanzar un fuerte valor de mercado, aunque sean de un modesto apartamento.

Después de haber visto casi todas las procesiones de la Madrugá, ya de amanecida, ante un café humeante me preguntó José Miguel: “Y después de toda esta noche de vértigo, ¿qué piensa un extranjero como tú de la Semana Santa?”.

Mi respuesta fue rápida porque en realidad ya la había estado pensando durante todo el tiempo en que miraba este espectáculo sin comprenderlo siempre: “Es una extraña mezcla de lo sagrado y lo profano”.

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Los sevillanos están sumergidos en esta extraña trama. Los rápidos cambios de rítmo y de vestuario están en la sangre de todo el que ha crecido con la Semana Santa y su decadente continuación, la Feria de la ciudad, imbuída de flamenco y manzanilla, como si fuesen el ying y el yang. Todo esto es normal y forma parte de la vida para alguien que ha crecido celebrando la Resurrección en la mañana del domingo siguiente, y en la tarde la primera gran corrida de toros de la temporada o el partido de fútbol de alguno de los encarnizados rivales locales, para después ponerse todos de acuerdo ante un buen plato de gambas; para alguien que ha crecido bebiendo y riendo en bares decorados con parafernalia de Semana Santa y carteles y cuadros con las más emblemáticas Señoras de la ciudad, la Esperanza de Triana y la Macarena, cuyas lágrimas caen por sus suaves mejillas como gotas de miel congeladas, y que ya eran famosas mucho, muchísimo antes de que inspirasen una canción pop de un síngular ídolo local y el baile más cursi de los ’90, que tanto éxito tuvo en mi país.

Sin embargo, para alguien de fuera como yo, esta inmutable mezcla de lo santo y lo secular es una novedad y vivimos un continuo contraste que nos llega desde que el incienso se arremolina en nuestra nariz y la cera de los cirios gotea sobre los adoquines del empedrado.

Cuando los pasos se aproximan, traen con ellos una paz que llena las calles. Los jóvenes endomingados siguen a las procesiones con sus teléfonos móviles y sus bebidas lights con una delicadeza de espíritu que uno pensaría que son buscadores de tesoros. Y aunque José Miguel dice que en estos tiempos hay algunas charlas en voz baja y risillas más que las que hubiese hace veinte años, además de los ocasionales problemas de control de una multitud, es muy notable lo rápido que miles de conversaciones paran cuando el paso es izado y continúa su marcha.

Como las corridas de toros, otro rito sevillano de brillantes colores que bascula entre la vida y la muerte, la Semana Santa llama tu atención por su pompa y su boato, pero revela lentamente lo que subyace por debajo de ellos. Es, por supuesto, algo religioso, pero es también tradición y adoctrinamiento.

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Mi compañero se mueve perfectamente entre el gentío, sabe a donde dirigirse y qué hacer en cada momento; conoce todas las claves, pero yo estoy contemplando mi primera Semana Santa de puntillas, tan sensibilizado de poder causar alguna ofensa como un gentil entrando calzado en una mezquita de El Cairo. Él procura explicarme todo lo que no entiendo y le pregunto, pero aunque conozco perfectamente el idioma no comprendo muchas de las conversaciones que tienen lugar cerca de donde estamos parados en algunos momentos. La Semana Santa tiene su propio vocabulario, enorme, extenso: por ejemplo, el periodo de tiempo entre el que un paso es levantado y vuelto a parar de nuevo en el suelo es una chicotá; el hombre que dirige a los costaleros es un capataz…

Y cuando el capataz da la señal, comienza la chicotá. El paso se asienta entonces, tras levantarse, sobre las espaldas, cuellos y hombros de los costaleros, con una fuerza capaz de sacudir a las imágenes y la plata que porta. Y avanza meciéndose por una antigua calle con una banda que le sigue con su música. Todas deben dirigirse siguiendo una Carrera Oficial, en la que se agolpan multitudes de personas en palcos y sillas de madera por las que han pagado para ver el espectáculo de forma privilegiada (y para que les vean a ellos, añade José Miguel con un guiño un tanto cínico) hacia el majestuoso templo catedralicio sevillano, uno de los mayores de toda la cristiandad. Marchan por la calle Sierpes, la más famosa calle comercial de Sevilla, hasta desembocar en la Plaza de San Francisco, donde en tiempos eran quemadas las víctimas de la Inquisición; después siguen por la Avenida de la Constitución, hasta la Catedral.

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No sé si estoy teniendo éxito describiendo algo tan bonito, imagínate verlo con tus propios ojos en una noche clara. En las de lluvia la magia se disuelve cuando los costaleros marchan con rapidez a poner los pasos a cobijo. La misma rapidez con que para mí discurre esta mágica noche, llena de momentos que no olvidaré nunca. Momentos excepcionales en calles que conozco bajo la luz diurna y el ajetreo habitual, y que ahora rebosan sensaciones distintas cuando llega un paso, con sus parpadeantes velas jugueteando con los claroscuros sobre las demacradas mejillas de Jesús, haciendo su camino ante la fachada de alguna tienda o algún bar del que he sido cliente habitual. Momentos increíbles en las bullas de la gente que me aprisiona apretándose unos con otros en la esquina de la Cruz Verde, mientras el paso de la Macarena gira de forma interminable para meterse por la misma calle por la que yo me encamino siempre hacia el “Fun Club”.

Yo no soy un hombre religioso, ya lo habréis observado. Y José Miguel tampoco lo es; su interés por la Semana Santa radica sobre todo en la estética, no es espiritual. Tampoco lo es el mío; mi interés en los ritos católicos es académico. Pero incluso alguien como yo, que sigue los pasos por curiosidad en vez de por fe, siente que está en sintonía con José Miguel cuando dice que hay algo profundo y tranquilizador en ver un lugar familiar transformado, por espacio de algunas horas en la misma noche de cada año, en un lugar sagrado.

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17 Comments

  • El dia 03.04.2009, Microalgo dijo:

    Una amiga mía cubana se quedó bastante espantada cuando vio a todos esos “tipos del ku-klux-klan”, desfilando cirio en mano, como si pasearan por Alabama, yendo despacito a casa del Negro Tom…

    Pero le encantó el olor.

    • El dia 03.04.2009, EuLaliA dijo:

      Joooooo………despues de un final tan hermoso lo unico que hacia falta era esa marcha. Que bonita es. Sobre todo cuando la flauta y el tamboril se rompen para dar paso otra vez a toda la banda. Tengo dos lagrimones asomandome, siempre me causa el mismo efecto. Y lo malo es que me fastidia porque yo no soy una capillita. A ver, me gusta la Semana Santa pero sobre todo en el mismo sentido que a ti y al americano amigo tuyo. Pero no puedo con el sentimiento rancio que asola Sevilla en esta epoca y que saca lo mas cursi de cada uno. Las odas a los topicos, el ombliguismo, es mas fuerte que yo y muchas veces me hace avergonzarme de una cosa que es de todos y vivir la semana santa como una aficionada vergonzante, cuando es algo que de verdad me gusta mucho.

      Tu post me recuerda que hace mucho tiempo que no veo al Silencio. Y si la marcha del final es bonita, la musica de capilla primera que has puesto es sobrecogedora. Los pitos del Silencio es una de las cosas mas bonitas y a la que menos cuenta se echa de toda la semana Santa.

      Me gusta lo que has escrito Carrascus, como siempre, pero esta vez sobre todo porque esta dicho con palabras que diria yo misma, que no tienen los topicos de la Sevilla mas conservadora ni de la mas mariana, ni los ripios floridos de baja estofa con que siempre se habla de la semana santa.

      • El dia 03.04.2009, carrascus dijo:

        Mmmmm… D. Micro, sabe que yo le quiero mucho; pero respetuosamente debo decirle que esa amiga suya no es merecedora de la amistad de usted. Supongo que será amiga, pero no colega de su gremio, no? porque su capacidad de observación y análisis es extremadamente lamentable.

        Sobre la Semana Santa, en Sevilla sobran los tópicos manidos, pero los que aportan muchos extranjeros, y sobre todo éste de la equiparación de los nazarenos a los racistas del Ku-Klux-Klan, les superan de largo en zafiedad y mal gusto.

        Jejeje… y respecto al olor, supongo que no llegaron ustedes a situarse cerca de ningún monaguillo heavy luciéndose con su pebetero rebosante de incienso…

        Y Lali… este término que aportas de “aficionado vergonzante” de la Semana Santa es todo un hallazgo; y no creas, hay muchísimos de ellos. Como también hay muchísima otra gente que piensa que el solo hecho de hablar de la Semana Santa o referise a ella en algún término más o menos elogioso, alimenta el casposo lodazal de los tópicos sevillanos.

        Me alegra que te guste la música de capilla. Y es cierto lo que dices… oír como los tres músicos comienzan a entonar la “Saeta del Silencio” (que es la primera de las piezas del post) en, por ejemplo, la calle Cuna, abarrotada de gente en el más completo silencio viendo avanzar el paso, es algo sobrecogedor.

        Y esta música debería estar mucho más reconocida. Aunque solo fuese una mínima parte de lo que lo está la de las bandas de cornetas y tambores, que habitualmente me producen tanta urticaria como la sevillanía. “Es que eso es otra afición…”, me decía una vez un amigo que toca en Tejera.

        Y de las agrupaciones musicales ya ni hablamos…

        • El dia 03.04.2009, Luliña Fortune dijo:

          Tenía curiosidad por saber como “píaba” Carrascus en lo que respecta a la Semana Santa. Yo fui durante muchos años seguidos a Sevilla, precisamente por esa madrugá. Podría decirse que soy una atea devota de la Semana Santa sevillana. Para alguien como yo,toda Andalucía, en general resulta de lo más exótico. Me tiene fascinada Córdoba, la Alhambra me pone los pelos de punta y Sevilla me desborda. Me dan ganas de llorar de gusto. He vivido momentos realmente especiales, la música, la belleza, el olor…todo se mezla y te descontrola por dentro. No soy nada (pero nada) religiosa y me gusta observar con curiosidad todos esos ritos, escuchar los comentarios de la gente, espiar a los costaleros e intentar entender algo de esa endiablada fonética. ¡Cómo no va a haber poetas en Andalucía! Debéis tener el record de poetas por metro cuadrado.
          Este año, puede que ande cerca, no lo sé con seguridad.Pero por si acaso, mantente vigilante. ¿me reconocerás?

          • El dia 03.04.2009, Vidal dijo:

            Carrascus, ¿le veo en el concierto de Orthodox, el domingo de ramos, en la Iglesia Virgen de los Reyes? La cosa promete…

            • El dia 03.04.2009, carrascus dijo:

              Pues Vidal, sí que tengo previsto ir. Si no hay ningún compromiso de última hora (ya sabe, siendo domingo de ramos y Sevilla nunca se sabe) iré a ese concierto. Seguiremos hablando por línea interna…

              Pues ya ves, Luliña. También somos muy parecidos en esto. Si vienes, ya sabes, dame un silbidito…

              • El dia 04.04.2009, Antígona dijo:

                Lo primero de todo, un saludo después de tanto tiempo de ausencia. Veo que has hechos algunos cambios considerables en la página, y me gustan. Y por cierto, que ya le he dado de comer a bloginillo un par de veces. No había reparado en la advertencia 😛

                Nunca he estado en la Semana Santa sevillana. Es más, tengo que confesar que apenas he vivido su celebración, dado que aquí en mi ciudad no hay procesiones ni nada que se le parezca. Sí en la zona de la playa, le llaman la Semana Santa Marinera, y allí me temo que la mezcla de la que hablas entre lo sagrado y lo profano se inclina incluso demasiado del lado de lo profano. Pero ya sabes, de los valencianos, con su amor por la pólvora y el ruido, poco se puede esperar de recogimiento y seriedad.

                Me encantaría, no obstante, vivir una Semana Santa en todo su apogeo religioso. Como a Lula, me interesa el rito, en mi caso desde el punto de vista antropológico y no el sentido religioso en cuanto tal. Pero estoy segura de que me dejaría impregnar totalmente por el ambiente y acabaría con los pelos como escarpias. Las emociones son contagiosas y no creo que sea posible asistir a uno de estos ritos sin acabar en ósmosis con las emociones de tanta gente. La religión es, a fin de cuentas, algo tan tan humano y revela tanto de quiénes somos.

                ¡Un beso!

                • El dia 05.04.2009, atikus dijo:

                  de pequeño, bueno con 13 o 14 años estuve en la Semana Santa Sevillana y la verdad es que alucine, no soy religioso, digamos que soy agnóstico, pero a cualquiera le alucina un espectáculo de este tipo y no se puede quedar impasible, también son interesantes las procesiones castellanas, aunque no tienen nada que ver, en fin, como la cultura Musulmana o los dioses de Egipto son cuestiones que me atraen aunque no crea en ello.

                  saludos

                  • El dia 05.04.2009, carrascus dijo:

                    Vaya, Antígona… menuda sorpresa! Aunque siempre supe que al doblar en cualquier esquina la volvería a hallar. Me alegro de su vuelta a la blogosfera. Le doy desde aquí un gran beso de bienvenida.

                    Es cierto eso que dice de que las emociones son contagiosas, y sobre todo que la religión revela mucho de quienes somos. Y quizás eso sea parte del problema, el que aquí esta muestra que aunque festiva, sobre todo es religiosa, saca lo peor de mucha gente, debido sobre todo a que algo que debería durar una semana (o si me apura 47 días si metemos la Cuaresma) muchos se empeñan en hacerla durar todo el año porque es la única manera de que sus vidas, inanes de otra forma, tengan protagonismo… y aquí meto a capillitas, jerifaltes de las cofradías y “periodistas” de lo que aquí llaman la “prensa morá”, que mantienen la “actualidad” cofradiera todo el año resaltando noticias como que se ha esconchado el costero de un paso o ha cogido la gripe el prioste de alguna cofradía…

                    Y es que de todo termina uno por saturarse. Y más cuando todo se convierte la mayoría de las veces en un esperpento tópico y casposo.

                    Yo, por ejemplo, hoy Domingo de Ramos, cambiaré la visita a las procesiones (a pesar de que sale aquella de la que fuí hermano cuando niño en El Fontanal, porque era la de mi familia) por una merienda campestre después de la comida, y un concierto de rock (eso sí, en una Iglesia) esta noche, para retirarme tempranito, que mañana también hay que currar.

                    Mañana sí rendiremos visita a las procesiones, porque además sale la del Polígano, mi barrio de toda la vida, y lleva en sus filas a una preciosa nazarenita, que además de ser nuestra sobrina, es también la ahijada de la sra. Carrascus y mía.

                    Atikus, por lo que se ve, también siente usted la ósmosis de las emociones a la que se refería Antígona. Que Dios, Alá o Ra le mantengan la capacidad de emocionarse con espectáculos alucinantes. Eso sí… pídales que no le abrumen con ellos en demasía, que el abuso es contraproducente. Ya ve lo que pasa aquí en mi ciudad…

                    • El dia 06.04.2009, JL Ambrosio dijo:

                      Recientemente he pasado un par de añitos en una localidad muy cerca de Sevilla y la verdad es que allí he podido hasta disfrutar de una Semana Santa con sus dos o tres procesiones diarias, sin nada que envidiar a la de la capital…pero con la décima parte de público, lo que la convertía en todo un gustazo, más o menos parecido a lo que C. apunta en este post.

                      Y por eso, creo captar la idea de Lali y confieso que las más de las veces uno casi desearía ser un forastero que descubre esta fiesta por primera vez. Porque a los que tenemos que pasar aquí los 358 días restantes, toda esta marea mediática nos satura tanto que preferimos ignorarla, directamente, antes de que acabemos como en la Invasión de los Ultracuerpos. No es extraño: a muchos gaditanos les pasa lo mismo con su fiesta. El exceso tiene esas cosas.

                      En fin, que tiene que haber gente pa’ tó.

                      • El dia 07.04.2009, EuLaliA dijo:

                        Me gusta eso de que uno desearia ser un extranjero que descubre la Semana Santa por primera vez, Ambrosio, aunque yo la verdad no es que me canse de ella por el exceso en sí, porque no me preocupo de oir ni saber nada durante el resto del año. Alla los cofrades con sus rollos.

                        Lo que pasa es que durante la propia Semana Santa y las semanas de visperas tiene una que tragarse tanto topico y tanto ripio que da vergüenza ajena. Por eso es por lo que yo decia que a veces me da vergüenza a mi reconocer que me gusta la Semana Santa, por no verme metida en el mismo saco. Vergüenza de ver como arrasan el alma autentica de Sevilla, que es laica, bellisima y me temo que oculta para mucha gente, todos los ignorantes engominados que no salen del “al cielo con ella”, del “que bonita va”, del “ole mi gente güena”, del “poderio con que Triana entra en Sevilla”……. Y bueno, creo que ya te has hecho una idea de lo que quiero decir.

                        Y no ser asi te hace sentirte tan incomprendida que a veces me siento hasta exiliada en mitad de una bulla. Sabiendo que soy parte de una cosa pero que en realidad no quiero ser parte de esa cosa oficial tal como la mayoria se la toma. A mi tambien se me saltan las lagrimas muchas veces viendo un paso acompañado de su musica, y se me ponen los vellos de punta y tengo todos los sentimientos a flor de piel, pero mi Semana Santa es otra cosa diferente que no se como explicar, perdon, me gustaria ser como vosotros que siempre sabeis decir lo que quereis claramente.

                        • El dia 07.04.2009, carrascus dijo:

                          Nada que perdonar, Lali, te explicas perfectamente. Y lo cierto es que creo que yo también me apunto a una Semana Santa como la tuya.

                          Un beso.

                    • El dia 06.04.2009, carrascus dijo:

                      El exceso… también nuestro amigo Ambrosio lo saca a colación. Hoy acabo de llegar tras una paliza (ojú, que caló!) al salir del curro y seguir un rato a la cofradía de mi barrio de siempre, y acompañar un poco a nuestra ahijada. Ahora ya no toca hasta el miércoles, en que la sra. Carrascus ha adquirido otros compromisos, y yo aprovecharé para intentar disfrutar algunos buenos momentos.

                      Ya me tomo todo esto en pequeñas dosis. Por ejemplo, ayer pasé.

                      Anoche no estuve viendo procesiones en Sevilla, en lugar de ello asistí a un concierto de rock.

                      Lo primero que me llamó la atención al doblar la esquina de la calle Fray Isidoro fue la cantidad de moritos que había por allí formando pequeños grupos. Al llegar a la puerta del espacio multiusos “Virgen de los Reyes” aún había más de ellos… “Joé”, pensé para mis adentros, “no me imaginaba yo que a los magrebíes pudiese interesarle tanto esta música con raices jevis, pasada por los planeos del krautrock y tamizada por los fríos ritmos del deadbeat, para ser servida en un entorno nu-cofrade…”.

                      Pero todo quedó perfectamente explicado cuando me topé con este cartel:

                      Si os acordáis de que este idioma hay que leerlo de derecha a izquierda veréis perfectamente que ahí pone: “Elecciones presidenciales argelinas”, y debajo, “Sala nº 5”. Claro, era eso… los moritos estaban allí por otra cosa. Igual el que se ha equivocado soy yo, porque por aquí no se ve fauna rockera… se imponía una llamada al móvil de Vidal.

                      “No te preocupes, es aquí, es que va todo con retraso. Nosotros estamos en el bar de la esquina dándole a la cerveza”. “Venga, po voy p’allá”.

                      Más tarde, más o menos a la misma hora en que el crucificado Cristo del Amor estaría comenzando su carrera oficial, el centenar escaso de heresiarcas que nos habíamos dado cita en la Iglesia del “Virgen de los Reyes” comenzamos a crucificar también las tradiciones arcaicas de la Sevilla cofrade (“¿Donde termina la religión y empieza la herejía…”?, me preguntaba Vidal) uniéndonos en la escucha de una música… heavy…? progresiva…? a cargo de ORTHODOX, una banda sevillana que con un saxo agregado al trío habitual armado de contrabajo, teclado y batería, comenzó a desgranar los temas de su próximo disco, “Sentencia”, que tienen un sonido muy diferente al que ya les conocíamos de sus obras anteriores. Después, se quedaron en los tres de siempre, con guitarra, bajo (tocado con arco) y batería para atronar con unas piezas que se sostenían sobre las bases de Black Sabbath para convertirse en largos desarrollos, parte Amon Duul II, parte sección de tambores de las Cigarreras. La verdad es que no encuentro palabras para definir el “noise” que conseguían, pero os aseguro que sería la banda sonora perfecta para “aquella” Madrugá. En líneas generales el concierto fue sorprendente y bueno, pero…

                      Demasiado denso todo, quizás… la banda se mostraba incansable… menos mal que en el oscuro rincón derecho de la entrada de la capilla alguien había montado una pequeña barra clandestina en la que conseguir alguna que otra refrescante cervecita, previa advertencia de la chica que nos las servía: “Tio, no dejéis los botellines tirados en cualquier parte que luego tenemos que recogerlos nosotros para que no se den cuenta, que no nos han dado permiso para la barra”.

                      Al final todos lo teníamos claro: “Estamos de acuerdo en que no necesitamos un bis, ¿verdad?”. “Sí, sí, por supuesto. De aquí p’alante ya sería penitencia”.

                      Y la gente comenzó a deslizarse suavemente hacia la salida mientras la banda se daba cuenta de que no iba a ser necesario que volviese al escenario y en el ambiente volvía a sonar la misma música sacra que nos había recibido al llegar para acompañar la espera mientras mirábamos las proyecciones del heterodoxo pintor Manolo León y su visión del mundo capillita sevillano.

                      Una capilla decorada para la ocasión con el gusto kitsch que tenía aquel bar de la calle Torneo que los más viejos del lugar recordaréis, “El joven costalero”, dando cobijo a un acto de apostasía en pleno Domingo de Ramos; en un entorno en el que los infieles se reúnen para votar por el presidente de su país islamista; y con unos servicios en los que, como ocurría en el bufete de Ally McBeal, se encontraban hombres y mujeres juntos para hacer sus abluciones… ¿A ver ahora quién es capaz de decir que la Iglesia sevillana es casposa y retrógrada…?

                      • El dia 10.04.2009, Sérilan dijo:

                        Magnificas fotos

                        • El dia 10.04.2009, carrascus dijo:

                          Me alegra que le hayan gustado las fotos. La verdad es que pasé un buen rato eligiéndolas. Excepto la de la carrera oficial, que tenía que ser una foto que definiera bien de qué se trataba eso, las demás no quería que fuesen malas, o aburridas o demasiado al uso… incluso me llegué a plantear no poner ninguna o ponerlas de algo que no fueran los pasos, pero claro, no hubiese tenido sentido hacer eso en un post enfocado sobre todo a los que no conocen la celebración. Es que ese es otro de los males de la Semana Santa, ¿sabe, Sérilan? la ingente cantidad de fotógrafos que tiene; haciendo siempre las mismas cosas, por otra parte…

                          • El dia 11.04.2009, Sérilan dijo:

                            Lástima que no hubiera uno captando la instantánea del momento de la avalancha en la famosa madrugá sevillana pasada, sobre todo mientras mi hija perdía un zapato. De momento hasta que no se le pase el susto dice que no vuelve

                            • El dia 11.04.2009, carrascus dijo:

                              ¿Pues sabe usted que esta Madrugá ha habido algunos conatos de avalancha también…? Pero por suerte todos han sido muy cortos y por incidentes concretos que pudieron ser controlados. A mí me pilló uno en la Puerta de Triana, que hizo que la Cruz de Gúía de la Esperanza de Triana se volviese para atrás y todo, pero resultó ser una pelea matrimonial y la gente retuvo al marido que estaba pegándole a su mujer hasta que llegó la policía enseguida para hacerse cargo de él. Yo ni siquiera le ví, sino que se lo oí contar a la gente. Después por los periódicos me enteré de que a la salida de los Gitanos hubo una pelea con avalancha que les obligó a cerrar la puerta del Santuario, y en Triana alguien apuñaló a un hombre, no se sabe muy bien si en una pelea o por ganas de fastidiar…

                              Pero bueno, ya le digo que todo estuvo muy controlado, y podría usted decirle a su hija que se venga, y que no tenga miedo del lobo… al fin y al cabo de aquello hace ya varios años y tampoco ocurrió nada irreparable.

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                              Si quieres poner una afoto en tu comentario, pega el enlace aquísh. Muuusho cuidao con lo que ponemoh.