CONCIERTOS DE ROCK Y AMOR… Y SUDOR
En el post de hoy me hubiese gustado hablar de algún descubrimiento reciente que he escuchado, pero como aún me duran las miasmas cerebrales debido a los virus que se han adueñado de mí durante los últimos días, los dejaré para las próximas entradas y subiré hoy algo que ya tenía medio pergeñado y solo ha habido que darle dos o tres toques para terminarlo.
Y no es que después de todo no venga a cuento, porque al fin y al cabo, con esto de la visita a Sevilla del Boss el mayor tema de conversación de por aquí últimamente es el de los conciertos de rock…
…y es que en los conciertos suelen presentarse situaciones muy divertidas.
Una de mis favoritas ocurrió en uno de Kiss, del que solo fui testigo a través de un vídeo, ya que debió suceder allá por los meses finales de 1.976.
Realmente no se donde ocurrió, pero tampoco tiene importancia. El estadio lleno, la gente enfebrecida; llevaban aproximadamente media hora tocando, el maquillaje comenzando a correrse, la lycra sudada… “(I wanna) Rock and roll all night” acababa de sonar a todo volumen. Antes lo habían hecho “Let’s put the X in sex”, y con ella comenzó el despegue, y “Crazy crazy nights”, que había convertido la noche en una de esas en las que sientes que había que haber estado allí. Sí. Esa noche Kiss habían sacado los cañones.

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Cuando la banda alcanzó el climax final en “I love it loud”, la pirotecnia se adueñó de todo y los decibelios del estallido de los fuegos artificiales superaron a los que escupían los altavoces. Las luces se volvieron salvajes y la audiencia gritaba tan alto que parecía que los muros se iban a hundir…
- ¿Estáis pasándolo bieeeeeeen?. Gritaba Gene Simmons.
- ¡Uuuuooooooaaaaaaooooohhhhh!. Chillaban los 73.000 espectadores, alzando sus brazos y moviendo sus largas melenas roqueras, relamiéndose de gusto.
- ¡Vamos a tocar ahora una gran canción! ¡Para todos vosotros!. Anunció Gene, casi ronroneando ante el micrófono…
- ¡Uuuuooooooaaaaaaooooohhhhh!. Opinó la muchedumbre.
- ¿Estáis preparados para otraaaaaaaaaa? Les preguntó elevando de nuevo la voz hasta convertirla en un poderoso aullido.
- ¡Uuuuooooooaaaaaaooooohhhhh!. No dudaron todos en contestar.
- ¿Cuál es la segundaaaa canciooooón del “Destroyeeeeer”?. Les gritó de nuevo a todos.
- ¡“King of the night time world”!. Le gritaron todos a él. Todos a una, sin pensárselo.
Y entonces hubo una pausa.
Y luego otra pausa más.
Y luego otra.
Y entonces Gene Simmons aulló de nuevo:
- Vale, vale… ¿Cuál es la primeraaaaaaa cancioooooón del “Destroyeeeeeer”?.
- ¡”Detroit Rock City”!. Volvieron a gritar todos a una.
Y Gene levantó su maquillada cara al cielo, y de su boca salieron palabras en forma de truenos…
- ¡Eso eeeeeeeeeesssss! Esto es “Detroit Rock Cityyyyyyyyyy”…
Y la noche continuó.

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Otra de las historias viene de la mano de un personaje que ha dado para muchas, muchas, muchas, muchas, muchas de ellas, todas impublicables y de moralidad más que dudosa. Las perpetradas por el libertino de Chuck Berry.
Pero hay una que tiene que ver con un concierto… o al menos con los prolegómenos de éste, y que sucedió más o menos por el mismo año que la anterior de los Kiss.
Tuvo lugar en el salón de actos de una pequeña universidad americana, y antes que él, actuaba como telonero el cantautor roquero Greg Kihn.
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Greg estaba comprensiblemente muy contento con esta oportunidad de compartir cartel con su héroe de juventud, y como todavía no había tenido oportunidad de verle a pesar de que él ya incluso había terminado su actuación, pidió al organizador que le dejase ser quien fuese al camerino de Chuck Berry para anunciarle que le quedaban cinco minutos para empezar su show.
Así que cuando faltaba ese tiempo para que Berry subiese al escenario Greg Kihn llamó a la puerta de la estrella de la noche y entró…
Lo que vieron sus ojos seguramente permanecerá en su mente para siempre. O al menos hasta que se muera, que seguramente será antes.
El legendario padre del rock’n’roll estaba sentado en una silla de plástico comiéndose un sándwich de tres pisos de pastrami, queso y pepinillos con los pantalones y los calzoncillos bajados hasta los tobillos, mientras una jovencísima estudiante de identidad desconocida estaba administrándole a su persona, lo que la gente educada llamaría alivio oral.
De los tres que se encontraban en aquella extraña situación, fue el pobre Greg quien habló primero; seguramente porque era el único que no tenía la boca llena.
Recobrándose de la impresión con una compostura digna de todo encomio, dijo sencillamente:
- Cinco minutos para empezar, señor Berry.
Y con la boca llena como la tenía de trozos de carne a medio masticar, mayonesa, queso y pepinillos, gran parte de todo lo cual fue salpicado y espurreado por la preciosa melena de la chica cuando habló, Chuck le replicó:
- Venga, hombre… sé razonable, por favor… al menos déjame terminar mi sándwich…
La chica mientras tanto, Dios la bendiga, no paró siquiera para respirar.

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Y vamos a terminar con un cantante que no se hubiese asomado nunca a este blog a no ser en una situación como ésta.
Se trata del principal exponente de los lujuriosos ritmos latinos de discoteca, llamado Ricky Martin, quien no solo suele lucir vistosos músculos saliendo en camiseta, sino que también gusta de vestir pantalones especiales reforzados en esa parte que estás pensando, para que cuando grita esas finas rimas de “vida loca” con “color mocha” las niñas se den cuenta de cómo se mueve su paquete.
Y la verdad es Ricky luce bien en los conciertos… porque tiene un secreto.
Veréis, cuando los cantantes pasan tanto tiempo en el escenario, debajo de tórridas y deslumbrantes luces, lo normal es que se pongan a sudar como cochinos. Incluso los cantantes que no se mueven mucho en el escenario. Dave Gilmour, por ejemplo, no es famoso por las patadas que da saltando, como lo era Pete Towhsend, sin embargo yo lo he visto sudar a chorros bajo los poco indulgentes haces de luz que acompañan su música. Y los Kraftwerk mismo, que no son tampoco una gente que se pase con las coreografías, pero apostaría a que esos jerseys negros de cuello vuelto que se gastan en los conciertos, después en los camerinos huelen ampliamente a humanidad…
Así que puedes imaginarte qué niveles de transpiración puede llegar a tener un latino saltarín que no deja de bailar en todo el rato.
¿Qué hacer entonces? Porque el sudor continuo se carga la ropa lavado tras lavado. Y las camisas de volantes hechas a mano que viste Ricky deben costar un pastón como para ir estrenando varias de ellas en todos los conciertos. Y no hay ningún desodorante que sea capaz de parar el río de sudor hispánico que debe emanar del bronceado torso de tan impulsivo rey del ritmo latino. Así que como Ricky parece ser un hombre lleno de recursos, encontró la solución…
Y ésta tiene un nivel de ingenio que nosotros nunca esperaríamos de un tío que sin vergüenza de ninguna clase es capaz también de hacer rimar “Mata Hari” con “story” sin preocuparle lo más mínimo lo que el mundo piense.
Su solución es que antes de subir al escenario se coloca una compresa en cada sobaco.
Sí señor, un par de absorbentes compresas para la higiene femenina en las fuentes de sudor. Él se rellena las axilas de Evax Ultra y no teme moverlas p’acá y p’allá durante toda la noche.
Parece una locura… pero tiene sentido, ¿no? Todos hemos tenido camisas y camisetas descoloridas por la parte de abajo del brazo a pesar del desodorante, y el maquillador menstrual de Ricky resuelve el problema. No más anillos de sudor o de spray bajo los brazos; y lo que es más, compresas las hay en todos sitios y de todos los tamaños para ajustarse a los tíos grandes y a los pequeños.
No me digáis que Ricky Martin no es un genio secando glándulas… a él nunca le cantan los alerones.
Ahora debería hacer algo también para que tampoco le cantasen los discos.
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Ricky Martin – “Light my fire” (Con José Feliciano y Santana… para hacerlo más llevadero)

Todos conocéis a Robert Plant, Jimmy Page, John Bonham y John Paul Jones. Efectivamente, estos cuatro eran los pilares de Led Zeppelin. Pero en realidad había un quinto miembro, aunque nunca fuese reconocido como tal más que por los que les conocían realmente. Y ese era Peter Grant, su manager; un hombre-montaña, que les gobernaba como puede esperarse de un hombre-montaña, que sembraba el terror en todos aquellos que se cruzaban en su camino; o se atrevían a dirigirle la palabra; o solo a mirarle… de hecho, yo ahora mismo me estoy poniendo nervioso solamente de escribir su nombre. Y eso que sé que ya hace mucho tiempo que se murió…
Todos miraban sus relojes nuevos, y se los llevaban a la oreja… ¿qué podía ser eso que sonaba?






1.847.- Es el año más trágico de la vida de Poe. El 30 de enero, en Fordham, muere Virginia, el gran amor de su vida.
Algunos otros, como Gladys Knight & The Pips y los Isley Brothers ya habían tenido éxito antes de unirse al sello y continuaron teniéndolo después de dejarlo, de forma más lucrativa incluso, pero la música que hicieron en los años de la Motown también forma parte imborrable de la historia del sello y de su grandeza. Añade a todo esto una cabalgata de escritores y productores, comenzando con los hermanos Brian y Eddie Holland y Lamont Dozier, de los que se podría sacar un Top 100 de grandes canciones escritas por ellos solitos; Nickolas Ashford & Valerie Simpson, Norman Whitfield… el catálogo es inmenso. Y todo mezclado con los legendarios Funk Brothers, la banda de la casa, con dos de los más influyentes músicos de sesión que haya habido nunca, el batería Benny Benjamin y el bajista James Jamerson. El talento y la inspiración listos para servir.








Gas manejaba la música con una visión bastante peculiar; cogía samples de música clásica, principalmente, y la distorsionaba, creaba capas con ella, la estiraba como chicle y la hacía fluctuar monótonamente, le metía loops melódicos, y dejaba que sonaran todos los clicks, los soplidos y los chasquidos de los discos de vinilo de donde la había sacado. Lo que le salía lo apuntalaba con un sordo sonido de graves muy technos y lo dejaba fluir a su aire en piezas que duraban entre seis y quince minutos. El resultado era un todo homogéneo realmente inquietante pero lleno de matices, colores, melodías y sabores individuales. Música hipnótica y extraña, pero realmente hermosa. Es difícil entresacar un tema concreto de todos ellos, porque aunque las piezas funcionen individualmente sus identidades y peculiaridades como mejor están es sumergidas en el todo.
Para mí ha sido otro descubrimiento la electrónica elegante de Kelley Polar. Su disco “I need you to hold on while the sky is falling” es otro de los favoritos de Vidal en este año pasado y la verdad es que es todo un logro la forma en que el minimalismo techno ha sido convertido casi por arte de magia en una brillante mezcla de música disco de los ’80 y funk del más nostálgico.







