¿Y TÚ… HAS SIDO LEGAL ESTE AÑO?

Si no nos limitamos a hablar solamente de música, lo peor del año está sucediendo ahora mismo: bombas y más bombas cayendo sobre Gaza sin discriminar quien forma parte de Hamas y quien es solamente un padre de familia preocupado por el bienestar de los suyos. Y lo mejor es que por fin salió de las urnas americanas un hombre elegido para parar cosas como ésta. Esperemos que no nos defraude. Cuando Obama fue elegido, nuestro padrino Bob Dylan se refirió a él diciendo que “tenemos que coger siempre lo mejor del pasado, dejar atrás lo peor e ir hacia delante en el futuro”.

Las palabras de Dylan, por supuesto, son igualmente aplicables a la música… aunque él mismo no haya sido capaz del todo de aplicárselas a sí mismo.

Y vamos con el resumen de lo que ha sucedido con la música, pues. Aunque como ya os dije me cuesta bastante trabajo, porque uno de los aspectos más notables de intentar estar al tanto de todo lo que sale, asimilándolo, hablando de ello (y no os digo nada si además curras en una revista, ¿no, Vidal?), es cómo este proceso distorsiona el tiempo. A estas alturas ya saqué del disco duro, del cargador del coche, del iPod, prácticamente todos los discos que se mencionarán a continuación, y el pensamiento y los oídos están puestos en otros nombres y otras obras que seguramente poblarán durante el 2.009 este rincón del ciberespacio. ¿Véis…? Esta es otra de las cosas que le hacen a uno sentirse mayor. Y no son fechas éstas para pensamientos sombríos, jejeje…

No sé si me estáis entendiendo, pero a lo mejor lo lográis mejor si vemos que uno de los discos más alabados del año (y con razón) ha sido el de los Vampire Weekend, que ya no escuchaba desde poco después de habernos ocupado de ellos hace casi quince meses.

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Vampire Weekend – “Cap Cod Kwassa Kwassa”

Pero vamos a parar los relojes y hacer una pausa para reflejar lo que ha pasado en estos doce meses que se han ido. Y así podremos congratularnos por la enorme cantidad de buena música que ha pasado por nuestra órbita durante este periodo de tiempo. Yo soy de los que piensan que la música sigue inspirándonos y cautivándonos, excitándonos y divirtiéndonos, en claro contraste con la impresión que casi siempre percibo por ahí de que cualquier tiempo pasado fue mejor. No hay que dejar las cosas dentro del armario con bolitas de alcanfor, ni caminar por la música en círculos cada vez más pequeños celebrando lo que se hacía en décadas que ya hace tiempo que pasaron. Hay que hacer lo que Dylan decía en la frase que os cité antes, por eso el mejor disco que he oído este año parece tan antiguo como el propio tiempo y tan nuevo como el rocío que todas las mañanas alegra mi desayuno desde el jardín. Robin Pecknold, el joven líder de los FLEET FOXES ha usado la colección de discos de su padre (y me temo que también sus tarjetas de crédito) para hacer una obra maestra de lo más despreocupado e informal, donde la oscuridad más misteriosa se encuentra con las soleadas armonías de los Beach Boys, y la historia del rock and roll es absorvida por la banda de tal modo que la convierten en algo de su propiedad. Olvídate del virtuosismo cuando escuches este disco, lo que importa es el sentimiento que transmite. Gracias a Dios, aunque algunos digan que la música se hunde, los músicos todavía seguirán haciendo obras como ésta.

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Fleet Foxes – “Blue Ridge mountains”

Lo que contrasta enormemente, ya que hemos mencionado a los Beach Boys, con el disco que ha editado este año Brian Wilson, “That lucky old sun”, lleno de canciones que, con sus 66 años, sigue dedicando al amor al estilo de vida de sus playas californianas y a las chicas en bikini, lo que ya comienza a ser algo enfermizo. La verdad es que Brian debería de dejar de darle patadas a su propia leyenda.

Es curioso, sin embargo, que la mejor reedición del año también llegue desde la misma casa, del garbanzo negro del clan de los Wilson. Aunque la reputación de Dennis Wilson como borracho, bronquista y mujeriego ensombreciera casi siempre su talento musical, para las jóvenes generaciones conocer ahora su “Pacific Ocean Blue” de 1.977 ha sido toda una revelación. Y no solo por la diversidad y calidad de sus visiones sonoras, sino también porque está lleno de cruda emoción y profundidad espiritual.

No han sido malas las reediciones de este año. Sigamos con ellas ya que hemos introducido la anterior, y mencionemos también la colección de cintas caseras de Richard James, condensadas en un disco doble de Aphex Twin, “Selected Ambients Works 85-92”, que en su momento fueron el punto de referencia de la música electrónica y que abrieron la senda por la que se colaron, por ejemplo, los Radiohead de “Kid A”.

Y el otro de los discos antiguos que ha brillado este año por encima de todos los demás es el que nos demostró porqué Kevin Shields fue incapaz de moverse más allá de su ya clásico “Loveless” de 1.991; y es sencillamente porque nadie más ha sido capaz de hacerlo tampoco… así que quizás lo que ocurre es que este disco de My Bloody Valentine, que reconfiguró el rock con ese sonido que a veces te hacía sangrar los oídos, es imposible de superar.

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My Bloody Valentine – “Only shallow”

Y mira tú por donde, de nuestro Dylan, que fue capaz de brindarnos el mejor concierto al que asistí este año, también ha llegado (y mira que me fastidia reconocerlo) la peor reedición de canciones antiguas: el “Tell tale signs”. La etiqueta “Rare and unreleased” nunca ha sido más engañosa, y esta dudosa colección espero que no sea el primer paso para tirar por tierra una serie tan digna como estaba siendo “The Bootleg Series”.

Pero volvamos a lo mejor del año. Otro que ha sabido moverse fantásticamente entre su colección de discos para recoger lo mejor ha sido Alex Turner, quien liberado de las pesadas expectativas que sostenía como “el próximo mejor poeta de esta década” con sus Artic Monkeys, ha formado equipo con Miles Kane, un extraño tipo de la escena garagera de Liverpool, y han producido entre los dos un disco de pop de atmósferas sesenteras, grabado en Francia, con ecos de Matt Monro y Scott Walker… al menos eso es en lo suelen incidir todas las críticas, aunque yo les aprecio más un sentimiento muy a lo Merseybeat, y me recuerdan también discos de Gene Pitney como “24 Sycamore” o “That girl belongs to yesterday”. Las canciones de este “The Age of the Understatement” de The Last Shadow Puppets se remontan muy por encima del mero pastiche para mostrarnos historias agridulces del siglo 21 revestidas de un dramático tejido sinfónico.

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The Last Shadow Puppets – “Standing next to me”

Con otro de los discos que ya tratamos por aquí hace tiempo, “For Emma, Forever Ago”, de Bon Iver, ha pasado algo muy curioso, y es que prácticamente todo el que ha llegado a oírlo (incluído yo, por supuesto) ha sentido que lo había descubierto por sí mismo, lo que le ha añadido una dosis extra de magia a la experiencia de escucharlo… mira que disco acabo de descubrir, y quiero compartirlo contigo. La reacción a estas sencillas canciones fue tan grandiosa cuando Bon Iver las presentó para mezclarlas que se editaron casi tal cual las había grabado, el cándido y solitario sonido de alguien lamiéndose sus heridas en el bosque. Y la respuesta del público a este disco mágico y sincero ha sido tan fuerte como su música.

Otra de las bandas primerizas que ha grabado un disco muy bueno ha sido Glasvegas. Es una pena que la barrera del idioma haga que las letras pasen desapercibidas aquí, porque su cantante, James Allan, es capaz de encontrar poesía hasta en una barca de pedales medio arruinada (como demuestra la canción “Lonesome swan”). Y cuando sus letras son impulsadas por el brillante fuzz que el resto del grupo ha aprendido en la pared de sonido de Phil Spector, el resultado es euforia garantizada. Imagínate que los Biris, o cualquier otro grupo de hinchas futboleros, fuesen capaces de cantar ordenadamente y entonados, y además estuviesen muy bien arropados musicalmente, y tendrías una sensación similar a la que causan estos tipos que, sin duda, son lo mejor que ha salido de Escocia desde hace tiempo.

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Glasvegas – “Daddy’s gone”

Y el disco de título imposible de los islandeses Sigur Rós, el quinto de su carrera y el más accesible hasta ahora. Siguen suministrando plenamente esos paisajes sonoros que siempre han sido su especialidad, pero esta vez nos traen hasta canciones pop de tres minutos e incluso cantan en inglés… y a veces hasta se les entrevé el espíritu de los U2 gracias al productor de ambos, Flood. Pero todo se ve sobrepasado por la obra orquestal que es la pieza central del disco, “Ára Bátur”, el éxtasis sinfónico llevado a sus límites. Si la escuchas cuidadosa y detenidamente podrás oír cantar a los ángeles.

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Sigur Rós – “Ára Bátur”

Ha sido uno de los años que yo recuerde que ha sido más aceptada la música que se movía por fuera de los cauces rítmicos habituales que buscan los seguidores del rock. No solo ha sucedido con Bon Iver o Sigur Rós, sino también, por ejemplo, con Benga, cuyo “Diary of an Afro Warrior” es el mejor disco de dubstep que he escuchado en mucho tiempo, y no sé si me equivoco mucho diciendo que algo que ya comenzaba a estar superado como el bleep-and-bass (ya sabes… esos pitidos que te ponen tan nervioso cuando se juntan con un bajo que te resuena en el cerebro) ha vuelto a escucharse en las radios, e incluso a comprarse en las tiendas, de manos de este prodigio que se llama Beni Uthman.

Y aquí vamos a incluir también a Byetone, que es uno de los favoritos de nuestro amigo Vidal, y así evitamos que nos haga un comentario preguntando por qué nos hemos olvidado de él, como ha hecho en otro blog del entorno. Aunque de todas formas es muy merecida esta mención especial a Olaf Bender, que con su nombre de guerra ha editado “Death of a Typographer”, un disco lleno de… de… de qué, joé? De unas piezas que no se mueven necesariamente hacia delante, que no revelan ninguno de los elementos de las técnicas compositivas convencionales, pero que de alguna manera parecen emerger de algún núcleo estático de sonido… yo no sé explicártelo mejor, pero hay hasta quien lo encuentra bailable…

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Byetone – “Grand style”

El tercer disco de los experimentalistas favoritos de David Bowie también merece estar en este repaso: “Dear Science”, de los TV On The Radio. Esta vez parece que se han centrado mucho más en las canciones propiamente dichas, y han conseguido un montón de ellas muy irónicas y optimistas que podíamos definir como future-soul… o indie-funk… de todas formas, sean lo que sean lo que sí está claro es que la calidez de los tonos que le dan los dos vocalistas, Tunde y Kyp, hace que sean canciones de aquí y de ahora. Y el resultado es art-rock con una cara muy humana.

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Portishead – “The rip”

Y voy a ir terminando antes de que me den las uvas mencionando también a Portishead. Si esperar 14 años para el nuevo disco de los Guns N’Roses no ha merecido mucho la pena, no se puede decir lo mismo de los once que hemos esperado para este “Third” de Beth Gibbons y sus dos colegas. La voz de Beth sigue siendo aquel vehículo para la melancolía más exquisita que todos recordamos. Si a eso le añadimos que los paisajes sonoros con que la arropan Geoff y Adrian le dan una amplificación y una intensidad aún mayor de la que recordábamos, no podemos sino afirmar que éstos que una vez definieron el trip-hop de los años ´90 siguen haciendo una música que nadie más que ellos sabe hacer.

Y aunque no sean mi especialidad, porque la verdad es que el volumen de grupos españoles que escucho con respecto a los extranjeros es sangrantemente corto, quiero traer también a este resumen a los Tom Cary malagueños, y su disco “That’s right! Clean your soul”, que lo de menos es que esté producido por Steve Albini, y lo de más es que nos los presenta en su condición más pura, sin añadidos ni overdubs (al menos eso dicen), grabado tocándolo todo absolutamente en directo. A mí me gustan, pero… díme una cosa… ¿de verdad le veis esas sombras de Velvet Underground en las que tanto insisten los artículos sobre ellos?

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Tom Cary – “Energy never disspaears only”

El punto final no lo voy a poner yo, sino Bill Drummond, antiguo cerebro de los KLF, y autor de “17”, el mejor libro musical del año, que comienza con este texto tan ad-hoc:

Aviso: Toda la música grabada ha llegado al final de su curso. Ya ha sido consumida, comercializada, descargada, comprendida, oída anteriormente, sampleada, aprendida, revivida, juzgada y hallado que no da la talla…

Desde aquí, y aunque les pese a muchos burócratas de la cultura nosotros tenemos que coger siempre lo mejor del pasado, dejar atrás lo peor e ir hacia delante en el futuro… lo dijo Bobby, no lo olvides.

NOCHE DE PAZ, NOCHE DE HORROR

Debe ser fácil odiar la Navidad, muchos de vosotros lo hacéis y así lo habéis hecho constar. Os aburre la inacabable letanía de buenos deseos por parte de todo el mundo, o el frenesí consumista impulsado por los anuncios de televisión… la fantasía de “La gran familia” de la que Atikus nos habla en su blog, disuelta en la realidad de “Matrimonio con hijos”.

Pero no importa lo malas que puedan llegar a ser tus navidades, ten la seguridad de que aún pueden ser muchísimo peores.

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“Noche de paz”

El hogar dulce hogar no era el mejor lugar para la familia de R. Gene Simmons, de Arkansas. La familia se había ido desmembrando rápidamente alejándose de él. Incluso su hija favorita, que además le había dado un nieto, había optado por casarse e irse de casa. Era el momento de la venganza. Los convenció a todos para que volvieran a reunirse en casa por Navidad y pasar aunque fuese un día feliz todos juntos. Durante la cena, Simmons disparó a todos los adultos y estranguló a todos los niños. Esa Nochebuena este hombre hizo polvo a tres generaciones de Simmons de golpe. A catorce de ellos, para ser exactos. Fue la peor carnicería familiar en la historia americana.

Pero espera… todavía no había terminado. Aún quiso conceder unos bises.

Como nadie descubrió el hecho durante el día de Navidad, pasado éste Simmons se dirigió con la escopeta a la oficina del paro aquella en la que solo le ofrecían trabajos de mierda. Mató a dos personas e hirió a cuatro más antes de entregarse a la policía.

Simmons se convirtió en el primer hombre ejecutado con una inyección letal con forma de arbolito de Navidad en el estado de Arkansas.

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“Jingle bells”

Pero el impulso navideño de erradicar a la familia de uno no está limitado a gente tan disfuncional como Simmons. H. Sanford Williams era un señor eminentemente respetable, pastor metodista, miembro de una fundación benéfica jesuíta, y jefe de la fundación que manejaba los fondos para la jubilación de sus feligreses.

Pero se tomó demasiado en serio que estos días de Navidad estaban hechos para compartir y dilapidó todo el dinero de la fundación que regentaba aplicándose el lema de que la caridad, bien entendida, empieza por uno mismo. Desde entonces la fundación tuvo un problema muy serio. Y también él.

Así que en Nochebuena cogió el rifle que se había comprado con algunos de los dólares sacados de aquel fondo y disparó con él a su mujer y a sus dos hijos antes de volver el arma contra sí mismo.

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“Estrellas, sol y luna”

En aquel colegio de Oklahoma los padres estaban emocionados cuando la fiesta infantil estaba llegando a su climax. Había terminado ya el último niño que recitaba, las notas del último villancico estaban fundiéndose con los atronadores aplausos. Y ahora llegaba el mágico momento en el que Santa Claus entraba cargado con su saco lleno de regalos para todos lo niños. Pero… oh, nooo! Santa Claus al volverse le ha dado con el saco al árbol de navidad y lo ha tirado… sus luces están estallando… fuegoooooo!!!

En cuestión de minutos la sala era un infierno furioso con doscientos hombres, mujeres y niños intentando encontrar a la fuerza el camino de salida: una puerta que se abría hacia adentro.

Murieron treinta y cuatro personas. Pero gracias a los heroicos esfuerzos de Santa Claus y el profesor que hacía de presentador de la fiesta (los cuales perecieron también incinerados) solo cinco niños se contaron entre los muertos.

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“O Holy Night”

La sustitución de luces incandescentes por velitas no elimina la tendencia de los árboles de navidad a convertirse en pirotécnicos troncos achicharrados. Una de las bombas de fuego más mortales fue la del árbol del Hospital de la calle Niles, en Connecticut.

Cuando una enfermera desenchufó las luces del árbol de navidad, un chispazo encendió las secas agujas del abeto. La chica cogió un extintor, pero el pánico que le entró al ver las amenazantes llamas pudo con su ánimo y huyó. No solo no usó el extintor, sino que, en su desesperación, ni siquiera pensó en llamar a los bomberos. A éstos los avisaron los vecinos varios minutos después, cuando el crepitar de las llamas les despertó.

Y no solo no usó el extintor ni avisó a los bomberos, sino que en su huída dejó abierta la puerta del salón para ventilar apropiadamente el fuego. El edificio se consumió por completo, y quince pacientes y dos enfermeras murieron aquella noche.

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“El pequeño tamborilero”

En Temoaya, México, acababa de terminar la Misa del Gallo. Tres mil devotos abandonaban pacíficamente la enorme iglesia cuando uno de ellos tropezó con el cable que no debía.

Hubo un brillante flash azul… y después la oscuridad más absoluta.

Todos los sentimientos de paz y deseos de buena voluntad hacia el prójimo se desvanecieron y la multitud se transformó en una turba asolada por el pánico que salía en estampida del santuario. Para cuando volvió la luz apenas unos minutos después veintitrés personas habían muerto y más de doscientas estaban seriamente heridas.

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“Afunfun afanfan”

Me alegro de que tú hayas podido llegar hasta aquí y puedas leer este post. Has sobrevivido a la Nochebuena, a la familia y a las circunstancias… algo que mucha otra gente no puede decir.

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“Feliz Navidad”

CANCIÓN DE NAVIDAD

FELIZ NAVIDAD para todos, amigos; para los que disfrutais de estas fechas y para los que esperáis pasar de largo lo antes posible. Esta historia tiene los matices completos entre la alegría y la tristeza. Por eso os la dedico.

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The Temptations – “Silent night”

Era el verano de 1.972 y Artie Wayne, uno de los compositores de la Motown estaba recibiendo presiones porque ya hacía tiempo que solo escribía canciones de relleno para los discos de los artistas de la compañía, y no había escrito ni un solo éxito que pudiese editarse en single.

Así que Artie se puso manos a la obra y comenzó a pensar en algo bueno que ofrecer a los Jackson 5 o al pequeño Michael, que a los 12 años ya daba los primeros pasos en una carrera individual al margen de sus cuatro hermanos.

Pero por mucho que se estrujaba los sesos ante la partitura en blanco, no era capaz de sacar nada que le convenciese, así que decidió pedir ayuda al único escritor de su compañía qué él sabía que podía escribir instantáneamente un clásico del Rhythm & Blues, George Clinton Jr.

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The Jackson 5 – “Santa Claus is coming to town”

Y antes de verle a él se le ocurrió pasar por el estudio de los dos productores que más le gustaban a George para arreglar sus canciones, Jerry Marcelino y Mel Larson, que además ya habían tenido dos grandes éxitos con Michael Jackson, en sus “Rockin’ Robin” y “Little bitty pretty one”. Y estuvieron charlando sobre como la nueva canción que habían producido para él, “Ben”, de la película del mismo nombre, estaba comenzando a tener mucho éxito y a escalar a lo más alto de las listas.

Así que allí sentado con ellos, estaban pensando sobre qué clase de canción podrían grabar ahora con Michael. Teniendo en cuenta que estaban en verano y que a “Ben” le quedaban algunos meses de buenas ventas, para seguir a ésta lo mejor sería una canción de Navidad. Una canción muy comercial para editarla como single y hacerse con el mercado navideño. Así que eso fue lo que Artie Wayne propuso.

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Michael Jackson – “Ben”

A los productores los ojillos les hicieron chiribitas con la idea. Sobre todo cuando Artie les dijo que él ya estaba currándose una canción así con George Clinton Jr.

Cuando le pidieron que les dejase oírla, Artie les dijo que todavía estaban trabajando en ella… cuando de hecho ni le había dicho nada aún a George. “No puedo deciros siquiera el título, porque todavía no lo hemos pensado”. Los productores estaban locos por ponerse manos a la obra con la canción, pero como tenían también muchas otras obligaciones, le preguntaron si podría tener la canción lista para el lunes. “No hay problema”, les respondió Artie.

Al salir de allí y llegar a su estudio no se atrevía ni a ver en persona a George para decírselo, así que optó por llamarle por teléfono: “Quééééé…? No me puedo creer que les hayas dicho que vamos a tener una canción para el lunes… pero tío, si hoy es viernes noche ya, y ni siquiera hemos empezado…!”.

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Stevie Wonder – “Ave Maria”

Así que quedaron para la mañana siguiente, sábado, en la oficina de Artie. En mitad del verano y a 35 grados a la sombra la verdad es que no había mucho ambiente navideño para meterse en situación. Pero Artie le contó a George como su novia, Diana, le había abandonado durante las navidades pasadas, y mientras iba regando todo el suelo y los muebles de la oficina con ese corcho blanco que simula la nieve en los belenes. Consiguieron tal clima de navidades tristes que en muy poco rato ya tenían el estribillo: “Arbolito de Navidad, que estás tan triste y solo como yo. A nadie pareces preocuparle, solo pasan por tu lado y te dejan ahí… completamente solo en Nochebuena”.

El lunes por la mañana George hizo una grabación al piano de la canción y Artie se la llevó por la tarde a Jerry y Mel. A éstos les gustó tanto que dejaron de lado todos los demás compromisos que tenían y se pusieron a grabarla con Michael al día siguiente.

A Artie se le saltaron las lágrimas cuando escuchó el disco completamente grabado la semana siguiente. Todos estaban encantados con la canción y no tenían ninguna duda de que iba a ser el número uno que siguiese a “Ben”.

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Diana Ross & The Suprmes – “My favorite things”

Pero las lágrimas se le saltaron del todo, y no precisamente de alegría cuando poco antes de la fecha de edición recibió noticias de Berry Gordy.

La película “Ben”, de la que la canción de Michael era el tema principal, estaba siendo un éxito mucho mayor de lo esperado, hasta el punto de que la canción iba a ser nominada para los Oscars. Así que para no romper la cadena de ventas que esto iba a originar no se iba a sacar ningún nuevo single de Michael Jackson hasta después de la ceremonia de entrega de los Oscars… la cual era después de Navidad!

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Smokey Robinson & The Miracles – “Jingle bells”

Cuando Artie se sobrepuso al disgusto, como no quería que su canción quedase en los baúles del olvido, porque era inviable sacar una canción como ésa una vez pasadas las navidades, se presentó en la oficina del jefe de la Motown con un plan alternativo, sacar un disco doble con sus artistas principales cantando una canción de Navidad de las que ya tenían grabadas anteriormente e incluir como gancho una canción nueva (idea que después prosperó, y no veáis de qué modo, en todas las discográficas), que sería la de Michael Jackson.

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The Temptations – “The little drummer boy”

Y así fue como se editó “A classic Motown Christmas”, uno de los discos más famosos y más vendidos de todos los recopilatorios navideños, lleno de canciones de las Supremes, los Temptations, Stevie Wonder, Diana Ross, Smokey Robinson… además del “Little christmas tree” de Michael Jackson.

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Michael Jackson – “Little christmas tree”

Veía caer los copos de nieve
contra el cristal de mi ventana
y me preguntaba si tú
estarías viendo los copos también.
Di un paseo hasta el centro,
allí donde solíamos encontrarnos,
había alegría por todos lados
pero todo lo que me esperaba allí era un…

Arbolito de Navidad,
que estás tan triste y solo como yo.
A nadie pareces preocuparle,
solo pasan por tu lado y te dejan ahí,
completamente solo en Nochebuena.

Escucho las campanillas de Navidad,
la gente cantando feliz,
las canciones del frío que solo me trae lágrimas.
Cierro mis ojos tristemente
Y rezo una pequeña oración para que tú estés esperándome,
Pero todo lo que veo es un…

Arbolito de Navidad,
que estás tan triste y solo como yo.
A nadie pareces preocuparle,
solo pasan por tu lado y te dejan ahí,
completamente solo en Nochebuena.

Estos son los días del amor.
Pero yo no puedo estar más triste.
Porque tú me dejaste…

Arbolito de Navidad,
que estás tan triste y solo como yo.
A nadie pareces preocuparle,
solo pasan por tu lado y te dejan ahí,
completamente solo en Nochebuena.

CUÉNTAME UN CUENTO

Se llama Raissa Kahn-Panni, tiene 32 años y es la voz. Los compositores Mark Horwood y Paul Sandrone, y un fluído elenco de 20 músicos completan la formación: THE MUMMERS. Un variopinto grupo al estilo de aquellas troupes medievales que iban de pueblo en pueblo, vistiendo máscaras y trajes exóticos, cantando y contando historias a base de teatro y mímica. A esto último precisamente hace alusión su nombre de “Los Mimos”. En realidad ellos no visten esas máscaras ni esos extraños trajes, pero su música sí que parece venir de otro tiempo, de otro lugar.

La chica tiene una voz gloriosa, que nos parecería incluso más extraordinaria de lo que es si nunca hubiésemos oído cantar a Björk. Y con esa voz ilumina unas historias de mundana fantasía, como la del romántico viaje a casa en un autobús de línea nocturno de Londres.

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“Nightbus”

Raissa pasa su tiempo a medias entre el sur de Londres y Brighton, ciudad en la que suele dormir en la playa en el interior de su forgoneta. Una costumbre algo zíngara que no le resulta extraña, ya que desde muy pequeña está acostumbrada a viajar y dormir al raso. Con una rara mezcla de sangre china, india, mejicana y rusa en sus venas, Raissa viajó a pie con 12 años a través de la India, en una especie de viaje iniciático con sus padres, que pensaron que le enseñaría mucho más de lo que pudiese aprender en la escuela. Y con 18 años recorrió toda Europa y América, buscándose el sustento tocando en las calles y donde buenamente podía. Era un prodigio de la música clásica y en las esquinas de Viena interpretaba a Mozart con su guitarra, su oboe y su violín, algo que aprendió a hacer desde los cinco años; y cantaba acompañándose de los rítmos que salían de su ghetto-blaster. A mediados de los ’90 volvió a casa, a Bristol, donde comenzó a estudiar música a la vez que emergía en la escena musical de la ciudad.

Como vocalista en solitario, Raissa grabó tres discos bajo su nombre que ya forman parte de un pasado olvidado. Aunque tuvo algunos momentos importantes, como telonear a Brett Anderson o que los Cypress Hill remezclaran una de sus canciones; pero un gran sello como Polydor, que se había fijado en ella, le rescindió el contrato al no conseguir ni un solo Top-40. Alcanzó su cima al ser la cantante invitada con el dúo de música dance LHB cuando telonearon a Kylie Minogue en su grandiosa gira del año 2.002. Los seis años siguientes los ha pasado en completa oscuridad hasta que ha re-emergido con The Mummers, cuyo primer disco, “Tale to tell (Part One)”, sale ahora para rellenar los espacios que quedan entre los Flaming Lips, Goldfrapp y las bandas sonoras de las películas Disney.

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“March of the dawn”

La música de The Mummers está llena de cuentos de hadas y vuelos fantásticos que escribió en su mayoría la propia Raissa mientras trabajaba como camarera en un restaurante de Brixton y se enamoraba del sonido drum’n’bass. En esos momentos fue cuando la encontró Mark Horwood y le dio una canción que él había arreglado, pero sin darle también alguna dirección o teléfono de contacto. Ella le buscó infructuosamente durante todo un año sin saber que Mark se había ido a Hollywood a intentar trabajar en la música de las grandes películas; le encontró por fin a su vuelta, viviendo en una casa que se había construído él mismo en los árboles del Sussex rural. De una pareja así solo podía salir una música que es una fantasía en technicolor, lujósamente orquestada e inspirada en las alegres bandas que tocan mientras marchan, en las big-bands, en la música de los parques de atracciones… por no mencionar a Rufus Wainwright. Raissa podría ser la Doris Day del siglo 21.

La andadura del grupo tuvo un prólogo que comenzó cuando Raissa le hizo una visita al guitarrista que la acompañó en sus discos en solitario, que ahora tenía un estudio de grabación en Brighton. Él la invitó a grabar allí algunas canciones, entre las que estaba una versión del “River man” de Nick Drake que, por casualidad, pasó a manos de otro de los músicos que grababa por allí, y que resultó ser Mark, un pianista de jazz y aspirante por entonces a compositor de bandas sonoras. Construyó sobre la voz de Raissa un poderoso y sorprendente armazón instrumental y se la hizo llegar dejándosela en los estudios. Ya sabéis como se encontraron después. Ese día comenzó la andadura de The Mummers, en la copa de un gran árbol.

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“Lorca and the orange tree”

Imaginaos una casa colgando entre los pinos, llena de órganos antiguos, harmoniums e instrumentos de percusión de la India… y allí a una chica aburrida de currar en un restaurante; haciendo diariamente un trabajo duro, rutinario, tedioso; del que solo escapaba a ratos creando visiones para mantenerse cuerda… todo cobró sentido para ella. Su propio mundo, al que a veces escapaba, los sueños que más le gustaban, todo estaba reflejado allí.

Por eso, porque son sus propios sueños, Raissa también valora la forma de trabajar con el grupo. Prefiere hacerlo de forma independiente con The Mummers sin tener detrás una compañía discográfica echándoles el aliento en el cogote. Incluso aunque no tengan dinero, pero tienen el control completo para construir el mundo que ellos quieren construir. Y lo han conseguido de momento. En realidad ella tiene experiencia para lidiar con las situaciones de crisis. Es algo que heredó de su padre, un periodista político chino, criado en India, y enraizado en Inglaterra, que solía asumir muchos riesgos económicos. Él incluso dejó su trabajo e invirtió todos sus ahorros en la Bolsa… pero eligió un mal momento, solo unas semanas antes de producirse el Lunes Negro de 1.987. En un día lo perdió todo. En un día pasaron de tener coche, casa, a no tener nada al día siguiente. Lo que para cualquiera de nosotros sería devastador para Raissa fue liberador, incluso divertido. Por eso no es de extrañar que nada más bajar de la casa de los árboles dejase su empleo en el restaurante para centrase en The Mummers, volviendo de vez en cuando a tocar a las calles para ayudar a financiarse.

Entonces, si el dinero no le preocupa, y su música probablemente seguirá sin entrar en ninguna lista de éxitos… ¿a qué aspira esta chica con esta banda? Lo mejor será que ella misma nos lo explique.

Mi sueño es tocar con una orquesta completa y una banda de metales en el Albert Hall. Marcharíamos hacia allá desde Brighton como si fuésemos una banda del ejercito de Salvación, uniéndose a nosotros la gente que hubiese por donde pasáramos. Y ellos pasarían también a formar parte de The Mummers.

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“Hush”

SACA EL GÜISQUI, CHELI

Estamos en un momento del año muy dado a la organización de fiestas. Por eso se me había ocurrido hablar de algunas de las más famosas del mundo del rock. Y quisiera comenzar por una de las que más papeletas tenía para haber sido un éxito mediático perdurable, y ni siquiera se recuerda; la que organizó PUFF DADDY cuando estaba en su apogeo.

La fiesta del 29 cumpleaños de Puff iba a ser la fiesta del siglo. El champán más caro del mercado estaba en el frigorífico, las chicas de compañía más lujosas estaban avisadas, los chulos correspondientes también, para no perderlas de vista… menos mal que todos sabemos que los raperos son gente de barrio, sin pretensiones, porque a la vista de todo aquello cualquiera podía pensar que Puff Daddy era un snob.

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Puff Daddy – “Come with me”

Pero no todo estaba hecho, todavía quedaba el diseño de las invitaciones, que tenían que ser tan brillantes como la fiesta prometida. Así que se le hizo el encargo a la mejor imprenta, porque las invitaciones no solo tenían que invitar al invitado a asistir, sino que también tenían que recordarle lo afortunado que era por haber recibido tal invitación para tal fiesta.

Pero eso no era todo. También pedían a cada invitado que contribuyese a la brillantez de una fiesta que “iba a ser parte de la historia contemporánea”, y la invitación tenía impresa una lista de instrucciones sine-qua-non. Decía esto:

1.- Señoras — Cera, pedicura y manicura serán indispensables.

2.- Caballeros — Zapatos nuevos, o tendreis un problema para entrar.

3.- Todos — Los trajes deben ser los mejores del armario.

Y respecto a este tercer punto se adjuntaba también una lista de diseñadores aceptables: Gucci, Yves Saint Laurent, Versace… Debajo del todo, en letras doradas que resaltaban, estaba escrito en grande: “Esta va a ser la mejor fiesta de todos los tiempos”.

¿Pero lo fue realmente? Yo no la recuerdo, ¿y tú? De haberlo sido la recordaríamos como las que daba Freddie Mercury, que él si que entendía (…de organizar fiestas, digo).

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Queen – “Good old fashioned lover boy”

Es bien conocido el hecho de que él pensaba que las chicas de culos gordos eran las que mantenían en movimiento al mundo. Pero su comprensión de las leyes de la física gravitacional aplicada a los humanos también le hicieron interesarse muchísimo en los enanos… eh! calma, que no es lo que estás pensando; no hay evidencias de que Freddie fuese el sujeto pasivo de ninguna escena de sexo con ellos.

En realidad no es que le interesasen los enanos en sí, sino los enanos que portaban plateadas bandejas de cocaína sobre sus cabezas. Y para ser exactos, en realidad no los enanos que portaban plateadas bandejas de cocaína sobre sus cabezas, sino los enanos que portaban plateadas bandejas de cocaína sobre sus cabezas en las fiestas.

Las fiestas… sííí… su especialidad aparte de cantar en una banda de rock. Las fiestas de Freddie Mercury sí que eran legendarias, y no las de Puff Daddy. Déjate de trajes de grandes diseñadores, Freddie era lo suficientemente exuberante como para asistir a ellas con su chaleco amarillo, con su bigotón a lo Village People, y sus grandísimos y feísimos dientes siempre por delante. De modo que si así era el anfitrión, imagínate como serían las fiestas.

Decadentes no es la palabra… bueno sí, decadentes es la palabra: gente desnuda, litros y litros de alcohol, bailarines… gente desnuda a tope de alcohol y bailando… todo el mundo se moría por asistir a estas fiestas a excepción de Roger Taylor, que era un tío más aburrido que el copón.

Pero a decir verdad, montones de fiestas de la gente del showbiz han tenido gente desnuda, alcohol y bailarines. Algunas incluso han acabado con algún invitado muerto, ahogado en una piscina con el cuello de una botella de vodka rota metido en el culo ¿verdad, Michael Barrymore? Pero solo las fiestas de Freddie tenían enanos llevando bandejas de cocaína.

Y es más, los enanos iban disfrazados. Pero no para que la gente se burlase de ellos como si fuese una pantomima; no llevaban zapatones, ni ridículos sombreritos… no, nada tan estúpido. Llevaban el torso desnudo y tenían correas de piel y collares de tachuelas, vamos, la clase de vestuario que a Blanca Nieves le hubiese provocado un ataque al corazón. Pero hay una aplastante lógica si uno piensa en todo esto. Si le vas a ofrecer cocaína a los invitados a tu fiesta, ¿qué mejor forma de hacerlo que servida sobre la cabeza de un enano?. Tienen la altura justa para inclinarse solo un poco y esnifar a gusto, ¿no? No tiene uno que agacharse incómodamente sobre una mesita rinconera ni nada de eso… de esta forma la coca viene a ti sin tener que ir a buscarla y está fácilmente a tu alcance. Freddie había pensado en todo. ¿Era un genio o no? ¿Era o no era el rey?

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Queen – “Don’t stop me now”

Pero… ¿es verdad todo esto que se cuenta? Uno ha oído ya rumores y contra-rumores a lo largo de muchos años, pero sobre este particular hay una evidencia que ví publicada una vez en una revista inglesa. Era una foto que un roadie decía que había encontrado en una de las cajas de transporte del material de las giras de Queen, y en ella se veía un enano vestido como decía antes, que tenía encima una bandeja de un sospechoso polvo blanco dispuesto en rayitas listas para el consumo, y al fondo, borroso y desenfocado, se veía a un tío que parecía ser ser el propio Freddie Mercury… aunque lo mismo podía haber sido Lady Godiva sobre su caballo, pero con bigote. El roadie contaba en el artículo que había estado varios meses de gira con Queen y que incluso había asistido alguna vez a estas fiestas. Después de que Freddie muriese y los Queen dejasen de hacer giras él había comprado varios de los baúles de transporte de material y había encontrado la foto en uno de ellos… ¿nos lo creemos?

Del fondo del baúl de las historias apócrifas también podemos rescatar las de algunas de las fiestas que organizaban las emergentes figuras de los ’80. Por ejemplo Marc Almond, otro que también entendía un montón… (de organizar fiestas, vuelvo a decir). Él era la mitad del dúo electrosexual que se dio a conocer mundialmente con “Tainted love”, la canción que les lanzó desde los clubes más mediocres hasta el estrellato. La otra mitad del dúo era Dave Ball, cuyo trabajo consistía básicamente en estar a su lado enseñando el bigotillo.

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Soft Cell – “Tainted love”

La historia de una de sus fiestas está destinada a pasar de generación en generación como “la historia de Marc Almond y el aspìrador médico de secreciones”.

Y como tal, seguro que tú ya sabes de qué va, porque se ha convertido en todo un clásico de las leyendas urbanas. Pero vamos a recordarla porque para eso estamos de fiesta. El popular cantante Marc Almond dio una fiesta previa a su gran concierto de presentación en Londres; los detalles de qué clase de fiesta era no están del todo claros, pero creo que podemos asumir sin temor a equivocarnos que no era una de esas que suelen terminar tomando chocolate con churros. Era más bien una fiesta típica de los ’80 en la que él seguramente se codearía con gente de Limahl, China Crisis, los Blow Monkeys, y todos juntos beberían, y bailarían con la música de sus propios discos, y en la que Marc estuvo celebrando su próximo concierto de forma privada con casi todos los asistentes. Al salir, mientras se entretenía diciendo adiós a los Kraftwerk, o se tomaba la última con Kenny Loggins, apenas llegó a tiempo de subirse al escenario para empezar.

Y cuando llevaba aproximadamente media hora cantando fue cuando le vino el colapso.

El concierto se interrumpió abruptamente mientras las asistencias iban a por él. Los médicos rápidamente diagnosticaron un fortísimo dolor de estómago, y como Marc era una estrella del pop con todo lo que eso implica, enseguida asumieron que estaba padeciendo alguna clase de sobredosis, y pidieron un aspirador médico para un lavado de estómago.

Estaban en lo cierto: era una sobredosis. Pero, ¿de qué? De su estómago sacaron más de un cuarto de litro de semen… aunque la cantidad varia tanto como tantas historias se cuenten. Marc Almond había sido ingresado en el hospital con el primer caso existente de envenenamiento por semen.

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Marc Almond – “Cara a cara”
(¿Sabéis quien es el autor de esta canción?)

Hay que decir que Marc ha negado categóricamente este sórdido incidente, y la verdad es que yo le creo. De hecho, esta misma historia ha sido atribuida a través de los años a Elton John, Rod Stewart, Andy Warhol, Mick Jagger, Jeff Beck, Jon Bon Jovi, el batería de Bon Jovi, el cantante de los New Kids on the Block, los Bay City Rollers (a todos ellos), Alanis Morissette, Lil’ Kim y Britney Spears… que yo sepa.

Pero como cuando el río suena agua lleva, esta historia ha debido de salir de algún lado, así que pensemos a quién podía haberle ocurrido. Yo apuesto por Freddie Mercury. Y no porque sepamos que sus fiestas también eran salvajes, sino porque ya ha muerto y no puede desmentirlo… ni demandarnos por difundirlo.

¿Y tú…? ¿Recuerdas fiestas dignas de ser recordadas…? Y si has participado en alguna y nos la cuentas, la cosa ya sería de sobresaliente. ¿Tendremos suerte y Vidal nos contará aquella fiesta en el “Fun Club” en que a una conocida presentadora de Canal Sur se la follaron por detrás en los servicios…? ¿Osará decirnos el nombre de ella…? ¿Nos lo insinuará, al menos, de una forma en la que no pueda llegarse hasta su comentario con una comprometedora búsqueda en el Google…? ¿O se esconderá como un cobardica…?

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…pues eso.

LA EXTRAÑA PAREJA (2)

Aprovechando que en la nueva actualización del WordPress, que es la base sobre la que hacemos este blog, viene una nueva herramienta llamada QuickPress, que te permite hacer posts cortitos y rápidos como éste, aprovecharé para postular que Coldplay y Satriani, en vez de tirarse los trastos a la cabeza por asuntos de plagio, harían mejor en unirse y sacar en disco esto que resultaría de solapar sus dos piezas:

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“Coldplay+Satriani”

I’M WAITING FOR THE BAND

14 años en hacerse.

1.000 cintas grabadas.

Un millón de dólares pagados a Axl Rose en 1.998 para que continuase grabando.

Un cuarto de millón de dólares mensuales en alquiler del estudio de grabación durante el 2.001.

13 millones de dólares de gastos totales.

…para sacar a la calle esto???

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“Chinese Democracy”

La última vez que los GUNS N’ ROSES editaron un disco todavía era presidente del gobierno Felipe González, nadie habíamos visto todavía ni un episodio de la cansina serie “Friends” y Kurt Cobain todavía estaba vivo. ¿De verdad merecía la pena tal espera para la obra magna de Axl Rose…? Estoooo… mmmmm… me parece que no.

Podemos decir de Axl Rose lo que queramos, pero desde luego el tío sabe mantener interesada a la peña. Allá por los primeros años ’90, cuando los Guns N’ Roses todavía parecían una banda tradicional de rock más que una amalgama de músicos mantenidos cosidos al estilo del monstruo de Frankenstein, en un intento de sacar adelante la visión de un hombre, el cantante habitualmente hacía salir a la banda al escenario con muchísimo retraso, cosa que padecimos ampliamente los que fuimos a verles al campo del Betis. Sin embargo, esto no hacía que sus seguidores habituales montasen en cólera, sino que servía para aumentar la expectación por verlos. Que esta malvada táctica nunca terminase generando un grave follón es algo que ilustra bien a las claras la devoción y la paciencia de los seguidores de los Guns N’ Roses.

Y este mismo mecanismo de tira y afloja ha sido aplicado a su nuevo disco, “Chinese Democracy”, pero en una escala muchííííísimo mayor.

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“Better”

Un periodo de gestación desmedido, gastos de grabación más que multimillonarios, y una lista de colaboradores y currantes en los estudios digna de cualquier película épica del mismísimo Cecil B. DeMille. Todo eso ha elevado al disco hasta un status casi de mito: era descrito como la obra magna de Axl Rose, o su gran locura, dependiendo de si tu nombre era o no era Slash. Y el título también formaba parte de la diversión, nos daba a entender que el disco era como la idea de la actual democracia en China, que puede que nunca se materializase.

Pero este plan maestro, ya fuese intencionado o no, por fin ha llegado a su final. Cuando la canción que da título al disco fue emitida por las emisoras de radio americanas en octubre, los vagos rumores que habían rodeado al disco desde que comenzó a hablarse de él hace catorce años ya eran comentarios abiertos. El nuevo disco de los Guns N’ Roses dejó de pronto de ser un rumor para convertirse en una realidad palpable como la que pocas veces se verá otra igual. Una canción que traía al siglo 21 el sonido del grupo que tanto se había echado de menos.

De hecho, supongo que los únicos que no disfrutarían nada serían los ejecutivos de Dr. Pepper, que habían prometido una de sus bebidas (parecidas al Seven Up) gratis a cada americano si el disco se editaba antes de fin de año. Aunque en realidad estos ejecutivos deberían estar todavía más preocupados porque su nombre, Dr. Pepper, vaya a estar desde ahora irremisiblemente ligado a un disco que no está a la altura de su propia leyenda, más que por las implicaciones económicas de tener que repartir gratis varios millones de latas de refresco.

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“I.R.S.”

Catorce años es mucho tiempo para juguetear con nada, y Axl Rose parece haber perdido su capacidad para resumir las cosas en algún punto del recorrido, porque “Chinese Democracy” es un disco tela de largo; 14 canciones en casi 70 minutos… y lo peor es que cuando uno lo escucha entero parece que dura tanto tiempo como el que se ha tardado en grabarlo.

Y también es un disco casi sin alma. Cuando el primer disco de los Guns N’Roses, “Appetite for destruction”, allá por 1.987, era una bestia salvaje impulsada por las drogas duras y las malas aptitudes, este “Chinese Democracy” es un enorme, reluciente y pomposo disco de rock con mucho músculo pero muy poco corazón. Mucha culpa de esto la tiene la producción, con la que Axl Rose y su “pareja de hecho” musical, Caram Constanzo, han enterrado todos los momentos más lentos bajo una densa y sofocante pared de sonido que muestra toda la gama sónica imaginable, desde las cuerdas más dramáticas hasta las capas de efectos electrónicos. Y esto último quizás sea el mayor defecto del disco, porque hace que Axl Rose suene como si fuese el cantante de The Prodigy en vez de el de los Guns N’ Roses. Que tampoco sería una mala cosa, pero es que eso ha hecho que también unten todas las canciones con gruesas capas de rítmos cut-up como si fuesen tostadas untadas de mermelada, o no se corten un pelo a la hora de meter samples. Y esas cosas no les van nada bien al sonido de un grupo como éste. Tanto florecimiento alrededor de lo que de verdad importa nos recuerda que Axl Rose ha estado trabajando en estas canciones durante una década; desafortunadamente esa década parece haberse limitado a la de los ’90, porque estos últimos años parece que ni los ha olido.

Y es una lástima. Porque en realidad sí que hay muchas cosas más que salvables, incluso algunas grandes canciones, en este disco. Si conseguimos saltarnos la torre de instrumentos, vemos que “Better”, “I.R.S.” y “Scrapped” nos traen de nuevo al viejo Axl Rose de aquellos años, con sus aullidos sobrepasando a la invasiva producción. “A veces siento como si el mundo estuviese encima de mí”, canta en “Scrapped”, apuntando unos signos de obsesión y paranoia similares a aquel de “quien me pone la pierna encima”, que recorren todo el disco. Muchas de las letras de Axl van sobre venganza, traición, y de cómo él tiene que pelearse con el mundo. “Voy a apretar el botón y todo se va a ir al carajo”, canta también en “Shackler’s Revenge”… bueno, son los desconcertantes e increíbles sentimientos de un tío que se ha pasado los últimos catorce años básicamente encerrado en su mansión en calzoncillos.

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“Street of dreams”

Pero sí que está presente también aquí esa dualidad de Axl que le ha hecho ser diferente al resto de los demás componentes de la manada heavy; por cada desapasionado “Welcome to the jungle” que hacía, también escribía un lastimero “Sweet child o’mine”, y en el “Street of dreams” de este disco se deja vencer por sus fantasías de ser como Elton John para marcarse un clásico del heavy-metal que es la única pieza a la que le sienta bien la sobrecargada producción. Y por otra parte está la meditada (¿o ponemos melancólica?) “Madagascar”, que es una pieza épica marca de la casa que continúa donde se quedó “November rain” en… joder!… 1.991. Aunque la decisión de samplear el discurso del “I have a dream” de Martin Luther King a estas alturas, y todo eso de los mártires, demuestra lo desconectado que está Axl de la realidad.

Y esa arrogante falta de perspectiva, tanto a nivel de letras como de música, se extiende por todo el “Chinese Democracy”. Se ve que todo el equipo que ha participado en su confección era demasiado respetuoso (o le daba demasiado miedo) como para decirle al jefe que había que pisar el freno un poquito; pero la contención es algo que nunca ha estado en el ánimo de los Guns N’ Roses, y esta vez, a lo que claramente tenía que haber sido una obra maestra, el no contemplarla le ha hecho un flaco servicio.

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“Madagascar”

EL DITERO SIEMPRE LLAMA DOS VECES

BRINSLEY SCHWARZ eran un puñado de pub-rockers de los ’70, llamados así en honor al guitarrista del grupo, a los que su compañía discográfica decidió hacer una campaña publicitaria que fuese la madre de todas las campañas publicitarias.

Para ello contrataron un vuelo charter desde Londres a New York para llevar allí a docenas de periodistas ingleses para que les viesen tocar en directo en el legendario Fillmore East, el 3 de abril de 1.970. De este modo, sobornando a los plumillas con un vuelo transoceánico gratis y toda la cerveza que fuesen capaces de beberse, se asegurarían críticas favorables para la banda cuando volviesen a Inglaterra, y con ello aumentar considerablemente las ventas de su disco.

Se gastaron una pasta considerable.

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Brinsley Schwarz – “Peace, love and understanding”

Sin embargo, las cosas no fueron del todo bien. Primero, el avión en el que iban los periodistas tuvo algún problema cuando volaba sobre el Atlántico y tuvo que volverse para atrás, aterrizando en el aeropuerto de Shannon, en Irlanda, donde permaneció, con todos sus ocupantes durante casi 24 horas.

Por supuesto, a las damas y caballeros, enormemente contrariados, de la prensa, se les dio acceso gratuito al bar.

Mientras tanto, a 5.000 kilómetros de allí, en la frontera de Canadá con los USA, se le impedía el paso a este país a dos de los miembros de la banda debido a unas antiguas detenciones por asuntos de drogas. Al final pudo solucionarse el problema y los dos músicos llegaron a New York, pero sin tiempo de ensayar y apenas un rato antes de la hora de comienzo del concierto.

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Brinsley Schwarz – “Country girl”

Los periodistas, a su vez, llegaron prácticamente todos borrachos de tanto tiempo bebiendo, y ni siquiera pudieron ver el concierto en condiciones, lo que unido a que los músicos no estuvieron demasiado finos, hizo que después les lloviesen unas críticas pésimas en las páginas de todos los periódicos y revistas..

Y el colmo de los despropósitos fue cuando los Schwarz descubrieron que la compañía discográfica les iba a hacer pagar todo el dinero que se habían gastado como adelanto para preparar esto. La pasta se la iban a ir descontando al grupo de lo que fuesen ingresando con la venta de sus discos.

La cosa no hubiese estado mal, excepto por un detalle importante… que los discos del grupo no los compró apenas nadie.

Y eso que fueron cabecera de cartel del primer festival de Glastonbury, actuando delante de Paul McCartney y los Wings; y que aparecieron en la película “Stardust” con David Essex (coño, a lo mejor eso fue lo que les hundió…). Pero nada; los cinco discos consecutivos que los Brinsley Schwarz editaron fueron fracasos comerciales uno detrás de otro. Y después de eso la banda se disolvió.

En los años que siguieron, su bajista Nick Lowe, que era realmente el alma de aquella banda, aunque Brinsley le diese nombre, comenzó a labrarse una carrera en solitario, e incluso nada menos que Elvis Costello grabó una versión de una de las canciones que escribió para el grupo, “Peace, love and understanding”. Y la salvación de todos fue que otra versión de ella, que hizo el cantante Curtis Stigers, se incluyó en la banda sonora de “El guardaespaldas”.

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Curtis Stigers – “Peace, love and understanding”

Hasta entonces, en 1.992, más de veinte años después de aquel fallido concierto en New York, la banda aún le debía al sello discográfico la cantidad de 60.000 dólares. Y aunque el grupo ya no existiese, sus miembros tenían que ir pagando con los royalties de sus canciones, que tampoco eran gran cosa… hasta ahora.

Porque la banda sonora de “El guardaespaldas” fue 17 veces disco de platino, y de pronto Nick Lowe se encontró con un cheque a su nombre por valor de un millón de dólares en royalties, al que poco después siguió otro más con idéntica cantidad escrito en él.

Por fin se pudo cancelar la deuda, aunque ninguno más de los miembros de la banda vió un solo céntimo del dinero de Nick porque éste lo invirtió todo en comprarse su propio estudio de grabación en Islington.

No fue hasta trece años después, en el 2.005, cuando el actor Bill Murray cantó también “Peace, love and understanding” en el karaoke de la película “Lost in translation”, que de nuevo comenzaron a llegar algunos royalties más en cantidad suficiente como para que Nick Lowe se acordase de repartir algo con los compañeros que la grabaron originalmente con él, y gracias a eso el batería de los Schwarz, Billy Rankin, pudo permitirse algún capricho gracias al cheque de 1.000 dólares que recibió.

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Elvis Costello – “Peace, love and understanding”

LA LUZ QUEMA TU PIEL

“And the light it burns your skin…”, entona tiernamente Alan Sparhawk, con su voz parpadeando como la llama de una vela, “In a languague you don’t understand…”. Su esposa Mimi Parker envuelve estas últimas palabras al final de la canción en unas armonías vocales similares a una campanilla, y la nota final deja un eco con una claridad que bordea lo sobrenatural…

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“Two step” (Del “Secret name”)

Ellos son LOW y vienen el lunes a cantar a Sevilla. Y lo harán en el Teatro Central, un marco fantástico que seguramente solo podía verse superado por el Monasterio de San Jerónimo (si no hiciese este frío, claro) en cuanto a crear un ambiente monástico lo suficientemente adecuado para dejarnos embelesados con su música. Y estoy hablando en primera persona del plural de forma muy poco adecuada porque yo no voy a poder estar presente en tan señalada ocasión; los compromisos familiares que implica tener una madre y una hermana que celebran su onomástica el día 8 de diciembre lo hacen imposible.

Pero tú no deberías perderte detalle de este trío de Duluth y sus interpretaciones espartanas pero bellamente matizadas. Low pasan por ser una de las bandas que más fuertemente establece una conexión con su audiencia. Algo que no han conseguido de la noche a la mañana, porque aunque te resulten desconocidos ya llevan más de quince años emocionándolas con sus conciertos.

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“In silence” (Del “Drums and guns”)

Cuando ellos comenzaron su camino, la estética imperativa en la música underground americana era la del ruido a borbotones que bandas como Nirvana habían convertido en algo vendible y comercial. Otros grupos, como Slint, por ejemplo; o los menos celebrados pero igualmente majestuosos Codeine, podían haber abierto la puerta a estos paisajes sonoros antes que ellos, pero ninguno lo hizo tan completamente como Low. La fuerza impulsora de lo que estaban haciendo era precisamente el ser tan diferentes, tanto que provocaban una reacción muy fuerte y muy variada en la gente que los escuchaba, y aunque la mayoría rechazaba esta música, o no se sentía cómodo con ella, la pequeña cantidad de gente que les aceptaba iba haciendose mayor… y mayor… y mayor… ¿Recuerdas lo que consiguió Ghandi? Pues aplícalo a la música y tendrás algo parecido: Low no golpean a nadie en la cabeza con su música, lo suyo es más bien aguantar con paciencia a que la gente vaya con ellos. Y entre ellos y los que hacen el esfuerzo de escucharlos se establece una unión tan fuerte que los que solo buscan en la música diversión y fondo ruidoso a sus acciones nunca podrán entender ni romper.

El tercer elemento de Low es Steve Garrington, el elemento cambiante, el cuarto socio ya en la historia del matrimonio, y aunque los tres forman un conjunto compacto, la verdadera alma del grupo radica en Mimi, la mujer, a la que su marido, con gran admiración, atribuye todo el mérito de que en el grupo nadie desee hacer otra música más que la hacen, la que les da su distintivo.

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“Hatchet” (Del “Drums and guns”)

No hace falta conocer mucho de su biografía para poder apreciar esta música que en la “Guía Universal del Rock” definen como “equilibrio de guitarras procesadas y tempos pausados, magnéticos; sobriedad instrumental y puntos de luz”, pero igual te apetece saber que el grupo, como ya te dije antes, se creó en Duluth (Minnesota) hace ya quince años y pico con la unión de Alan y Mimi, un matrimonio mormón, a la guitarra y batería respectivamente, y los dos en las voces, y John Nichols al bajo, al que sustituyeron por Zak Sally después de editar el primero de sus discos, “I could live in hope”. Después grabaron “Long Division”, producido por Kramer más o menos en la misma época en que produjo también el primer disco de nuestro paisano Sr. Chinarro.

No les han faltado nunca buenos productores, para “Secret Name” contaron con Steve Albini, al que conocemos también por sus trabajos con Nirvana o PJ Harvey. Con él dieron un paso más en su sonido instrumental, añadiendo una sección de cuerdas y notas de piano. Su sonido se hizo algo más accesible, todavía con Albini en los controles para cuando grabaron “Things we lost in the fire”.

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“Dinosaur act” (Del “Things we lost in the fire”)

Últimamente vienen editando una obra nueva cada poco más de dos años, añadiendo giros continuos a lo grabado anteriormente… “Trust”, “The great distroyer” y “Drums and guns”, el último hasta ahora, editado el año pasado con Matt Livingston sustituyendo en el bajo a Zak Sally, para ser sustituido a su vez después de salir el disco por Steve Garrington.

Yo nunca les he visto en directo, pero he leído por ahí que en sus actuaciones, aparte del material propio que podemos encontrar en sus muchos discos, también suelen recrear a su manera canciones de los Smiths, de Joy Division… espero que cuando salgas del concierto me cuentes si esta vez he tenido la mala suerte de perdérmelos haciendo esta versión de nuestra canción de cabecera…

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“Blowin’ in the wind”

Como veis en el cartel que anuncia el evento, antes de Low tocaran también URSULA. Los detalles de este grupo dejo que te los cuente Vinué, que para eso se ha molestado en enviarnos a nuestros mails todo el material promocional:

Ursula, grupo dirigido por David Cordero, tiene ya una amplia trayectoria a sus espaldas. Desde sus inicios en San Fernando como proyecto surgido de las cenizas de Superdoctorestereo, han demostrado que sus influencias (de todo tipo y condición, no en vano citan a Camarón, John Coltrane o David Lynch como sus referencias fundamentales) pueden fundirse de manera elegante en un mapa sonoro donde priman los sentimientos a flor de piel, la querencia por los ambientes melancólicos y unas letras que analizan las relaciones de pareja desde una perspectiva más bien fúnebre. Con discos como “La Banda Sonora de mi Funeral” (Foehn, 2001), “Todo Vuelve a Ser Lo Que No Era” (Foehn, 2002) y “Autoayuda Emocional” (Lejos Discos, 2005) bajo el brazo, más un reguero constante de singles y EPs, han conseguido situarse como una de las bandas independientes más respetadas en nuestro país. Su sonido, deudor de la intensidad del slowcore, el folk confesional y el paisajismo neoclásico, puede recordar tanto a Hood y Arab Strap como a Stars of The Lid o Alva Noto, pero por supuesto con personalidad propia. Los mejores teloneros posibles para Low.

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“Yoyo Pang song” (Último single de Ursula)

MELANCOLÍA GÓTICA

Si tú vieses, pongamos por caso en el “Fun Club”, o algún tugurio de tu ciudad, a una chica menuda como ésta, arrastrando un contrabajo como éste…¿no serías tan caballeroso de ofrecerle inmediatamente tu ayuda?

El problema es que casi todos a los que la escena inspira esa caballerosidad son tipos que normalmente andan ya bastante pasados de alcohol y lo que consiguen es poner nerviosa a la chica y que les diga que no… “pero con los amplis es otra cosa, para cargar con ellos cualquier ayuda es bienvenida”.

Quien dice esa última frase es AMY LaVERE, y aunque la próxima vez que venga de gira por Europa seguramente ya podrá permitirse algunos roadies que le ayuden, dada la aceptación que está teniendo su música tras pasarse todo el mes pasado teloneando a Seasick Steve y haber aparecido en el programa de televisión de Jools Holland, que todo lo consagra, en la actualidad todavía no tiene aquí el mismo nivel que en los USA, donde ya le pagan un hotel y todo cuando está de gira, y tiene que buscarse la vida para dormir en los pisos de amigos de otros amigos de sus amigos… si la ves anunciada por ahí, ya sabes qué puedes hacer para tener en tu casa a una futura figura del rock.

Amy y su desquiciado trío de blues-country (con el guitarrista Steve Selvidge y su actual pareja, el batería Paul Taylor) nos traen rock, y valses, y tangos, que sirven de soporte a las narraciones de pequeños aconteceres de la vida que les resultan familiares a todo el mundo en todos los sitios; desde la mujer atascada en la rutina y sufriendo por el deseo de escapar de todo, en “Washing machine”; hasta la que apuñala a su hombre hasta matarlo, en “Killing him”, con su fantástico estribillo: “Matándole no haces que el amor se esfume”.

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“Killing him” (Del “Anchors & anvils”)

Él no volvió a casa hasta el alba,
no estuvo con ella, le diría.
Se pelearon durante toda la mañana y todo el día.
Ella tendría que matarlo para conseguir que se quedase.

Matándole no haces que el amor se esfume.

Amy LaVere se pasó los primeros 7 años de los 25 que tiene en una caravana, en los bosques cercanos a Bethany, un pueblucho en la frontera de Texas con Louisiana. Su padre, Charlie, estaba yendo y viniendo constantemente debido a su trabajo en un equipo de construcción de plataformas petrolíferas en Alaska. Desde entonces hasta que cumplió los 13 la familia completa anduvo errante con su hogar móvil por todos los estados americanos en los que le ofreciesen algún trabajo, hasta que se asentaron por fin en la pequeña ciudad de Ortonville, en Michigan, donde sus padres se separaron poco tiempo después.

Su madre, Catherine, componía canciones, así que Amy desde pequeña se acostumbró a ello y tras su aprendizaje ayudándola comenzó a plasmar por sí misma su ostentosa rebelión juvenil en forma de canciones que aireaba en una primeriza banda de art-punk.

A los 20 años consiguió un trabajo en una oficina de management en Nashville, donde descubrió su aptitud natural para el contrabajo tras unirse al guitarrista y bajista Gabe Kudela, después de un amplísimo noviazgo de tres semanas, en las que aprendió las bases técnicas para manejarlo.

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“Tennessee Valentine” (Del “Anchors & anvils”)

El espíritu gitano de la chica hizo que convenciese a Gabe para dejarlo todo, así que sin decirle nada a nadie se fugaron como en las películas; pasaron por una pequeña capilla, en la que se casaron, y se fueron a Memphis, donde tocaron muchas veces juntos en clubs o en la calle con una banda de rockabilly que formaron; para comer se dedicaban a pintar casas, y en cuanto tenían ocasión montaban su concierto con canciones propias, de los Replacements, de Hank Williams… se sentían grandes.

Pero entonces rompieron. Los celos de Gabe porque la atención siempre se enfocase en ella y el no querer emprender nuevos retos artísticos a causa de una pretendida integridad musical por parte de él, hizo que Amy se sintiese en una situación de práctica vigilancia policial; se hartó de que él sabotease las oportunidades que se le ofrecían, y sus pensamientos se fueron haciendo cada vez más divergentes. Y esa es la raíz del primer disco de Amy en el 2.006, su disco de sufrimiento y desengaño, “This world is not my home” (“Este mundo no es mi hogar”).

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“Never been sadder” (Del “This world is not my home”)

Después de tantos años tocando en directo, a Amy eso de encerrarse en un estudio y grabar sus canciones es algo que no le gustaba en absoluto. Y se notó. Las partes más rockeras sonaban muy rígidas, así que las desechó. Y las más tranquilas y confesionales, que fueron las que se editaron, adolecen de la falta de entereza que le daba sentirse observada constantemente por los extraños que pululaban por el estudio mientras ella ponía sus dolorosas emociones bajo el microscopio… era como extirparle quirúrgicamente un órgano.

Pero esas son las canciones que permanecieron en el disco; las tristes y las melancólicas, las depresivas. Las canciones que Amy podía sentir porque sin ellas no hubiese sido capaz de vivir en el pasado. Era algo natural que el disco fluyese en esa dirección, la de la pérdida de la inocencia y los romances rotos.

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“We went sailing” (Del “This world is not my home”)

Vamos navegando…
tú saltas del barco para pescar a otra…
irás navegando con los demás tiburones…
haciendo que se oscurezca mi mundo…
y yo no iré a pescar nunca más.

Pero la autocomplacencia no es una buena opción. Y su segundo disco, “Anchors & anvils” (“Anclas y yunques”), ya capturó perfectamente la delicadeza de su obra con la confianza que da tener el respaldo del más importante veterano de la escena de Memphis, Jim Dickinson, músico de sesión y productor de Bob Dylan, Aretha Franklin, Big Star, Primal Scream, el “Sticky fingers” de los Stones… “Como productor, tengo que llevar al artista al borde del precipicio, donde tiene que aprender a confiar en ti. Y por supuesto, luego tienes que empujarles. Muchos de ellos se estrellan. Pero Amy tiene alas para volar. De hecho, creo que este es uno de los mejores discos que he producido”.

Un disco que en las primeras escuchas nos recuerda a una Norah Jones más peligrosa y con más raices. Un disco con diez elegantes y sexys historias de amor tenebroso, dolor, seducción y blues desde las tripas, que es totalmente impredecible y audaz; el sonido de una artista fuera de lo común, incapaz de ser exactamente quien en realidad es.

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“Time is as train” (Del “Anchors & anvils”)

Aunque Amy últimamente ya puede ganarse más o menos bien la vida con la música, todavía continúa con un trabajo que le gusta mucho, como guía freelance del antiguo hogar de Elvis o Sam Phillips que fueron los estudios de Sun Records. Quizás la aureola histórica que se encuentra entre aquellas paredes le procure la necesaria inspiración para que su tercer disco sea otro escalón en su ascenso.

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“Washing machine” (Del “Anchors & anvils”)