¿Y TÚ… HAS SIDO LEGAL ESTE AÑO?
Si no nos limitamos a hablar solamente de música, lo peor del año está sucediendo ahora mismo: bombas y más bombas cayendo sobre Gaza sin discriminar quien forma parte de Hamas y quien es solamente un padre de familia preocupado por el bienestar de los suyos. Y lo mejor es que por fin salió de las urnas americanas un hombre elegido para parar cosas como ésta. Esperemos que no nos defraude. Cuando Obama fue elegido, nuestro padrino Bob Dylan se refirió a él diciendo que “tenemos que coger siempre lo mejor del pasado, dejar atrás lo peor e ir hacia delante en el futuro”.
Las palabras de Dylan, por supuesto, son igualmente aplicables a la música… aunque él mismo no haya sido capaz del todo de aplicárselas a sí mismo.
Y vamos con el resumen de lo que ha sucedido con la música, pues. Aunque como ya os dije me cuesta bastante trabajo, porque uno de los aspectos más notables de intentar estar al tanto de todo lo que sale, asimilándolo, hablando de ello (y no os digo nada si además curras en una revista, ¿no, Vidal?), es cómo este proceso distorsiona el tiempo. A estas alturas ya saqué del disco duro, del cargador del coche, del iPod, prácticamente todos los discos que se mencionarán a continuación, y el pensamiento y los oídos están puestos en otros nombres y otras obras que seguramente poblarán durante el 2.009 este rincón del ciberespacio. ¿Véis…? Esta es otra de las cosas que le hacen a uno sentirse mayor. Y no son fechas éstas para pensamientos sombríos, jejeje…
No sé si me estáis entendiendo, pero a lo mejor lo lográis mejor si vemos que uno de los discos más alabados del año (y con razón) ha sido el de los Vampire Weekend, que ya no escuchaba desde poco después de habernos ocupado de ellos hace casi quince meses.

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Pero vamos a parar los relojes y hacer una pausa para reflejar lo que ha pasado en estos doce meses que se han ido. Y así podremos congratularnos por la enorme cantidad de buena música que ha pasado por nuestra órbita durante este periodo de tiempo. Yo soy de los que piensan que la música sigue inspirándonos y cautivándonos, excitándonos y divirtiéndonos, en claro contraste con la impresión que casi siempre percibo por ahí de que cualquier tiempo pasado fue mejor. No hay que dejar las cosas dentro del armario con bolitas de alcanfor, ni caminar por la música en círculos cada vez más pequeños celebrando lo que se hacía en décadas que ya hace tiempo que pasaron. Hay que hacer lo que Dylan decía en la frase que os cité antes, por eso el mejor disco que he oído este año parece tan antiguo como el propio tiempo y tan nuevo como el rocío que todas las mañanas alegra mi desayuno desde el jardín. Robin Pecknold, el joven líder de los FLEET FOXES ha usado la colección de discos de su padre (y me temo que también sus tarjetas de crédito) para hacer una obra maestra de lo más despreocupado e informal, donde la oscuridad más misteriosa se encuentra con las soleadas armonías de los Beach Boys, y la historia del rock and roll es absorvida por la banda de tal modo que la convierten en algo de su propiedad. Olvídate del virtuosismo cuando escuches este disco, lo que importa es el sentimiento que transmite. Gracias a Dios, aunque algunos digan que la música se hunde, los músicos todavía seguirán haciendo obras como ésta.

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Lo que contrasta enormemente, ya que hemos mencionado a los Beach Boys, con el disco que ha editado este año Brian Wilson, “That lucky old sun”, lleno de canciones que, con sus 66 años, sigue dedicando al amor al estilo de vida de sus playas californianas y a las chicas en bikini, lo que ya comienza a ser algo enfermizo. La verdad es que Brian debería de dejar de darle patadas a su propia leyenda.
Es curioso, sin embargo, que la mejor reedición del año también llegue desde la misma casa, del garbanzo negro del clan de los Wilson. Aunque la reputación de Dennis Wilson como borracho, bronquista y mujeriego ensombreciera casi siempre su talento musical, para las jóvenes generaciones conocer ahora su “Pacific Ocean Blue” de 1.977 ha sido toda una revelación. Y no solo por la diversidad y calidad de sus visiones sonoras, sino también porque está lleno de cruda emoción y profundidad espiritual.
No han sido malas las reediciones de este año. Sigamos con ellas ya que hemos introducido la anterior, y mencionemos también la colección de cintas caseras de Richard James, condensadas en un disco doble de Aphex Twin, “Selected Ambients Works 85-92”, que en su momento fueron el punto de referencia de la música electrónica y que abrieron la senda por la que se colaron, por ejemplo, los Radiohead de “Kid A”.
Y el otro de los discos antiguos que ha brillado este año por encima de todos los demás es el que nos demostró porqué Kevin Shields fue incapaz de moverse más allá de su ya clásico “Loveless” de 1.991; y es sencillamente porque nadie más ha sido capaz de hacerlo tampoco… así que quizás lo que ocurre es que este disco de My Bloody Valentine, que reconfiguró el rock con ese sonido que a veces te hacía sangrar los oídos, es imposible de superar.

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Y mira tú por donde, de nuestro Dylan, que fue capaz de brindarnos el mejor concierto al que asistí este año, también ha llegado (y mira que me fastidia reconocerlo) la peor reedición de canciones antiguas: el “Tell tale signs”. La etiqueta “Rare and unreleased” nunca ha sido más engañosa, y esta dudosa colección espero que no sea el primer paso para tirar por tierra una serie tan digna como estaba siendo “The Bootleg Series”.
Pero volvamos a lo mejor del año. Otro que ha sabido moverse fantásticamente entre su colección de discos para recoger lo mejor ha sido Alex Turner, quien liberado de las pesadas expectativas que sostenía como “el próximo mejor poeta de esta década” con sus Artic Monkeys, ha formado equipo con Miles Kane, un extraño tipo de la escena garagera de Liverpool, y han producido entre los dos un disco de pop de atmósferas sesenteras, grabado en Francia, con ecos de Matt Monro y Scott Walker… al menos eso es en lo suelen incidir todas las críticas, aunque yo les aprecio más un sentimiento muy a lo Merseybeat, y me recuerdan también discos de Gene Pitney como “24 Sycamore” o “That girl belongs to yesterday”. Las canciones de este “The Age of the Understatement” de The Last Shadow Puppets se remontan muy por encima del mero pastiche para mostrarnos historias agridulces del siglo 21 revestidas de un dramático tejido sinfónico.

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Con otro de los discos que ya tratamos por aquí hace tiempo, “For Emma, Forever Ago”, de Bon Iver, ha pasado algo muy curioso, y es que prácticamente todo el que ha llegado a oírlo (incluído yo, por supuesto) ha sentido que lo había descubierto por sí mismo, lo que le ha añadido una dosis extra de magia a la experiencia de escucharlo… mira que disco acabo de descubrir, y quiero compartirlo contigo. La reacción a estas sencillas canciones fue tan grandiosa cuando Bon Iver las presentó para mezclarlas que se editaron casi tal cual las había grabado, el cándido y solitario sonido de alguien lamiéndose sus heridas en el bosque. Y la respuesta del público a este disco mágico y sincero ha sido tan fuerte como su música.
Otra de las bandas primerizas que ha grabado un disco muy bueno ha sido Glasvegas. Es una pena que la barrera del idioma haga que las letras pasen desapercibidas aquí, porque su cantante, James Allan, es capaz de encontrar poesía hasta en una barca de pedales medio arruinada (como demuestra la canción “Lonesome swan”). Y cuando sus letras son impulsadas por el brillante fuzz que el resto del grupo ha aprendido en la pared de sonido de Phil Spector, el resultado es euforia garantizada. Imagínate que los Biris, o cualquier otro grupo de hinchas futboleros, fuesen capaces de cantar ordenadamente y entonados, y además estuviesen muy bien arropados musicalmente, y tendrías una sensación similar a la que causan estos tipos que, sin duda, son lo mejor que ha salido de Escocia desde hace tiempo.

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Y el disco de título imposible de los islandeses Sigur Rós, el quinto de su carrera y el más accesible hasta ahora. Siguen suministrando plenamente esos paisajes sonoros que siempre han sido su especialidad, pero esta vez nos traen hasta canciones pop de tres minutos e incluso cantan en inglés… y a veces hasta se les entrevé el espíritu de los U2 gracias al productor de ambos, Flood. Pero todo se ve sobrepasado por la obra orquestal que es la pieza central del disco, “Ára Bátur”, el éxtasis sinfónico llevado a sus límites. Si la escuchas cuidadosa y detenidamente podrás oír cantar a los ángeles.
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Ha sido uno de los años que yo recuerde que ha sido más aceptada la música que se movía por fuera de los cauces rítmicos habituales que buscan los seguidores del rock. No solo ha sucedido con Bon Iver o Sigur Rós, sino también, por ejemplo, con Benga, cuyo “Diary of an Afro Warrior” es el mejor disco de dubstep que he escuchado en mucho tiempo, y no sé si me equivoco mucho diciendo que algo que ya comenzaba a estar superado como el bleep-and-bass (ya sabes… esos pitidos que te ponen tan nervioso cuando se juntan con un bajo que te resuena en el cerebro) ha vuelto a escucharse en las radios, e incluso a comprarse en las tiendas, de manos de este prodigio que se llama Beni Uthman.
Y aquí vamos a incluir también a Byetone, que es uno de los favoritos de nuestro amigo Vidal, y así evitamos que nos haga un comentario preguntando por qué nos hemos olvidado de él, como ha hecho en otro blog del entorno. Aunque de todas formas es muy merecida esta mención especial a Olaf Bender, que con su nombre de guerra ha editado “Death of a Typographer”, un disco lleno de… de… de qué, joé? De unas piezas que no se mueven necesariamente hacia delante, que no revelan ninguno de los elementos de las técnicas compositivas convencionales, pero que de alguna manera parecen emerger de algún núcleo estático de sonido… yo no sé explicártelo mejor, pero hay hasta quien lo encuentra bailable…
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El tercer disco de los experimentalistas favoritos de David Bowie también merece estar en este repaso: “Dear Science”, de los TV On The Radio. Esta vez parece que se han centrado mucho más en las canciones propiamente dichas, y han conseguido un montón de ellas muy irónicas y optimistas que podíamos definir como future-soul… o indie-funk… de todas formas, sean lo que sean lo que sí está claro es que la calidez de los tonos que le dan los dos vocalistas, Tunde y Kyp, hace que sean canciones de aquí y de ahora. Y el resultado es art-rock con una cara muy humana.

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Y voy a ir terminando antes de que me den las uvas mencionando también a Portishead. Si esperar 14 años para el nuevo disco de los Guns N’Roses no ha merecido mucho la pena, no se puede decir lo mismo de los once que hemos esperado para este “Third” de Beth Gibbons y sus dos colegas. La voz de Beth sigue siendo aquel vehículo para la melancolía más exquisita que todos recordamos. Si a eso le añadimos que los paisajes sonoros con que la arropan Geoff y Adrian le dan una amplificación y una intensidad aún mayor de la que recordábamos, no podemos sino afirmar que éstos que una vez definieron el trip-hop de los años ´90 siguen haciendo una música que nadie más que ellos sabe hacer.
Y aunque no sean mi especialidad, porque la verdad es que el volumen de grupos españoles que escucho con respecto a los extranjeros es sangrantemente corto, quiero traer también a este resumen a los Tom Cary malagueños, y su disco “That’s right! Clean your soul”, que lo de menos es que esté producido por Steve Albini, y lo de más es que nos los presenta en su condición más pura, sin añadidos ni overdubs (al menos eso dicen), grabado tocándolo todo absolutamente en directo. A mí me gustan, pero… díme una cosa… ¿de verdad le veis esas sombras de Velvet Underground en las que tanto insisten los artículos sobre ellos?

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El punto final no lo voy a poner yo, sino Bill Drummond, antiguo cerebro de los KLF, y autor de “17”, el mejor libro musical del año, que comienza con este texto tan ad-hoc:
Aviso: Toda la música grabada ha llegado al final de su curso. Ya ha sido consumida, comercializada, descargada, comprendida, oída anteriormente, sampleada, aprendida, revivida, juzgada y hallado que no da la talla…
Desde aquí, y aunque les pese a muchos burócratas de la cultura nosotros tenemos que coger siempre lo mejor del pasado, dejar atrás lo peor e ir hacia delante en el futuro… lo dijo Bobby, no lo olvides.







y a escalar a lo más alto de las listas.









Es bien conocido el hecho de que él pensaba que las chicas de culos gordos eran las que mantenían en movimiento al mundo. Pero su comprensión de las leyes de la física gravitacional aplicada a los humanos también le hicieron interesarse muchísimo en los enanos… eh! calma, que no es lo que estás pensando; no hay evidencias de que Freddie fuese el sujeto pasivo de ninguna escena de sexo con ellos.
La historia de una de sus fiestas está destinada a pasar de generación en generación como “la historia de Marc Almond y el aspìrador médico de secreciones”.



Y esto último quizás sea el mayor defecto del disco, porque hace que Axl Rose suene como si fuese el cantante de The Prodigy en vez de el de los Guns N’ Roses. Que tampoco sería una mala cosa, pero es que eso ha hecho que también unten todas las canciones con gruesas capas de rítmos cut-up como si fuesen tostadas untadas de mermelada, o no se corten un pelo a la hora de meter samples. Y esas cosas no les van nada bien al sonido de un grupo como éste. Tanto florecimiento alrededor de lo que de verdad importa nos recuerda que Axl Rose ha estado trabajando en estas canciones durante una década; desafortunadamente esa década parece haberse limitado a la de los ’90, porque estos últimos años parece que ni los ha olido.



Pero nada; los cinco discos consecutivos que los Brinsley Schwarz editaron fueron fracasos comerciales uno detrás de otro. Y después de eso la banda se disolvió.





Amy LaVere se pasó los primeros 7 años de los 25 que tiene en una caravana, en los bosques cercanos a Bethany, un pueblucho en la frontera de Texas con Louisiana. Su padre, Charlie, estaba yendo y viniendo constantemente debido a su trabajo en un equipo de construcción de plataformas petrolíferas en Alaska. Desde entonces hasta que cumplió los 13 la familia completa anduvo errante con su hogar móvil por todos los estados americanos en los que le ofreciesen algún trabajo, hasta que se asentaron por fin en la pequeña ciudad de Ortonville, en Michigan, donde sus padres se separaron poco tiempo después.

Pero la autocomplacencia no es una buena opción. Y su segundo disco, “Anchors & anvils” (“Anclas y yunques”), ya capturó perfectamente la delicadeza de su obra con la confianza que da tener el respaldo del más importante veterano de la escena de Memphis, Jim Dickinson, músico de sesión y productor de Bob Dylan, Aretha Franklin, Big Star, Primal Scream, el “Sticky fingers” de los Stones… “Como productor, tengo que llevar al artista al borde del precipicio, donde tiene que aprender a confiar en ti. Y por supuesto, luego tienes que empujarles. Muchos de ellos se estrellan. Pero Amy tiene alas para volar. De hecho, creo que este es uno de los mejores discos que he producido”.