PASA LA VIDA

El post de hoy no va a estar dedicado a la música. Nos vamos a desmarcar un poquito de ella porque quiero compartir con vosotros un artículo que viene en la edición francesa del “Vogue” de este mes, y que me ha llamado mucho la atención. En realidad no es nada que no se haya hecho ya antes, pero nunca lo he visto hacer con tanto estilo y glamour. Vais a ver varias fotos de una misma persona como si estuviera pasando la vida por ella, desde los 10 hasta los 60 años. Pero al contrario de como suele hacerse, aquí no hay trabajo de Photoshop, solo maquillaje, luces y sombras y trabajo de fotografía. Y una modelo.

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Kraftwerk – “La modelo”

Una chica… seis decenios. La misma chica, la misma piel, los mismos cabellos. Y sin embargo, por una sutil modulación de pigmentos y de actitudes, Eniko cambia de edad sin retoques y pasa de forma natural de los 10 a los 60 años… Visión científica y enfoque de expertos para aumentar su aura de seducción, año tras año.

La modelo se llama ENIKO MIHALIK y tiene 20 años, por lo que la segunda de las fotos, en la que está representada con su edad actual ha debido ser la más fácil. Lo habitual es envejecer a la modelo… mucho más difícil es hacerla rejuvenecer, hasta hacerla parecer una niña… pero de la forma en que se describe en el párrafo anterior yo creo que lo han logrado. Y además han hecho Arte.

Mira que 10 años…

10 años. La juventud capital está intacta, las células en el summun de su eficacia, la piel fresca y suave. Como una promesa de belleza integral, para preservar durante toda su vida de adulta.

20 años. No a los cigarrillos, sí a los antioxidantes.

30 años. No al botox, sí a los cuidados pro-colágenos.

40 años. No al peeling, si a la protección de las células raices.

Yo acabo de dejar atrás la etapa de los 40. A esa edad estamos en un estado en el que ya nos preocupa mucho menos como nos vean los demás y lo que puedan decir. Durante los 40 tenemos una confianza magnánima en nuestro brillo interior que dice al mundo “Eh! Aquí estoy yo. Soy estupendo; confío en mí mismo y puedo pelearme con todo lo que se ponga por delante”. ¿Será por eso que tanto los hombres como las propias mujeres se sienten muy atraídos por las mujeres cuarentonas?

50 años. No a la silicona, sí a los tratamientos que resaltan los rasgos.

60 años. No al lifting, sí a las cremas que reducen las líneas de la edad en la piel.

Hay algo enigmático y fabuloso en la madurez. Las mujeres (y también nosotros, claro) se hacen mucho más interesantes, menos exigentes, más a gusto consigo mismas; y eso las hace mucho más atractivas. Además está el hecho de que los 60 son los nuevos 40. No; no hay que tener miedo a envejecer, hay que disfrutar al máximo.

Esta foto, con la modelo aparentando 60 años, es una de las mejores, si no la mejor de las seis. Viéndola, uno aprecia como son las nuevas mujeres de 60 años. Y puede que pienses que en la realidad no las hay con ese aspecto…

…pero los que conocemos a Debbie Harry sabemos que sí.

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Blondie – “Picture this”

Esa foto de Debbie ya la habíamos visto antes en este blog. Ahí la tienes, con 60 espléndidos años, que ya son 62 desde que se hizo esa foto. Y ya que hemos sacado el tema, ¿por qué no os enseño también un par de fotos de ella que mucha gente ha comentado siempre pero poca gente ha visto?

Todos sabeis que ella trabajó como conejita en el “Playboy”. Pero nunca posó desnuda en la revista. Las únicas fotos que hay de ella en esa época de su vida la muestran tal como la veis aquí debajo… nos ahorraremos el chiste fácil sobre la zanahoria, no?

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Blondie – “Hangin’ on the telephone”

Por aquel entonces, en los comienzos de Blondie, Debbie sabía que el sexo vendía, y ella no se cortaba lo más mínimo a la hora de vender su atractivo sexual. Y aquellas historias sobre que alguna vez apareció desnuda en sus conciertos no son una leyenda urbana en absoluto. Lo demuestra la siguiente foto, en la que aparece con una escueta camisetita que apenas le tapa nada…

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Blondie – “11:59”

Bueno… como a estas alturas, a base de mirar tanto las dos fotos anteriores os habreis hecho unos expertos en Debbie Harry, os voy a plantear un pequeño jueguecito para que apliqueis los conocimientos adquiridos.

La siguiente foto está escaneada de una revista inglesa de finales de los años 70, y en ella posan las finalistas de un concurso de dobles de Debbie Harry… ¿Cual dirías tú que ganó? ¿Cual es la que a tí más se te parece a nuestra Deborah?. ¿Cual es la más bella del baile?. Ahí tienes los comentarios…

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Sylvie Vartan – “La más bella del baile”

IN THE AUSSIE NOW

Para Zemfira, que creía que “In the army now” era una canción de Queen. Y para Mercedes, que la corrigió diciéndole que no, que era de Pink Floyd. Y para la Sra. Carrascus, que antes de aventurar ningún otro nombre tuvo el buen sentido de preguntarle a su marido, que es el que sabe de ésto.

A mitad de los ’80, ocupados en medio de una gira que les llevaba por todo el mundo, los por entonces famosísimos STATUS QUO se encontraban viajando entre dos ciudades a través del vasto, abrasador y cegador desierto del interior de Australia.

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Status Quo – “In the army now”

Todo iba muy bien en el interior del autobús; la banda y los acompañantes bebían, fumaban, se intercambiaban divertidas anécdotas sobre los tiempos en que Francis Rossi, el fundador del grupo, se ponía tan nervioso después de meterse tanta coca que casi se carga el tabique nasal… hasta que en mitad de ningún sitio y a casi 500 kilómetros de la ciudad más cercana, sucedió lo imprevisto.

Sí. En ese momento fue cuando el autobús de Status Quo atropelló a un canguro.

Sin saber muy bien de donde salió, el canguro apareció de repente delante de ellos, y en su enfrentamiento cara a cara con el vehículo, lógicamente, el animal se llevó la peor parte. A pesar de que el día comenzaba a declinar y quizás por eso el conductor tardó en verlo y reaccionar, pudo girar la mole del autobús lo suficiente para no golpear de lleno al marsupial, y aunque al bajar a verlo, el animal no estaba destrozado ni tenía las secuelas que de otra forma le hubiese producido el choque, todos pudieron comprobar que el accidente había sido mortal.

Y entonces hicieron lo que cualquier otra banda de rock que se precie hubiese hecho también: vistieron al canguro muerto con una chaqueta vaquera, unas gafas de sol y un pañuelo anudado a la cabeza como hacían los piratas y ellos mismos para los conciertos, y levantándolo y alineándose con él, se hicieron una foto para la posteridad.

Y entonces fue cuando las cosas comenzaron a torcerse.

Sobresaltado por el flash, el canguro, que en realidad solo estaba conmocionado, se despertó, y comenzó a repartir empujones y hostias a diestro y siniestro hasta que se libró de todos los Quo y, saltando sobre sus poderosas patas, se perdió rápidamente en el desierto.

En un momento se perdió por el ya apenas visible horizonte, vestido como iba, que seguramente se parecería a Lemmy Motorhead. Y los Status Quo comenzaron a partirse de risa mientras subían de nuevo al autobús pensando en que cuando contasen esta historia del canguro heavy-metal se iba a convertir en una de las anécdotas más divertidas de la historia del rock.

…hasta que de pronto las risas se cortaron de raíz cuando se dieron cuenta de que la llave de contacto del autobús iba en el bolsillo de arriba de la chaqueta que le habían puesto al canguro.

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Status Quo – “Marguerita time”

THE GREEN GOD (y 2)

Durante los años ’70 la vida de Peter Green nunca estuvo dentro de los límites de lo que puede llamarse normalidad. Después del disco que grabó pocos meses después de abandonar Fleetwood Mac solo grabó un par de singles, “Heavy Heart” y “Beasts of Burden” en los años ’71 y ’72, con una banda que le duró muy poco tiempo. Cuando Les Harvey se electrocutó tocando con los Stone The Crows ese mismo año de 1.972, le ofrecieron el puesto a él para reemplazarlo. Peter aceptó y fue a todos los ensayos… pero dos días antes el primer concierto con ellos les llamó por teléfono para decirles que no podía hacerlo.

Se fue a Israel, a vivir en un kibutz cerca de Tel-Aviv, dejando detrás a su novia de entonces, a la que dijo que quería estar cerca de su gente. Volvió a Inglaterra en 1.973 y estuvo trabajando en lo que le salía: jardinero del cementerio de Kingston, auxiliar de un laboratorio de patología, celador en un hospital en Slough… se movía de casa en casa, sin domicilio fijo, durmiendo en las casas de amigos que le dejaban estar algunas noches, como la de Snowy White, el guitarrista de Thin Lizzy, que le prestaba su sofá y su coche. Peter le dio todos sus intrumentos, todas sus cintas… allí estaban todas las tomas de “Oh well” con letras diferentes… pero un día, vete a saber porqué, le pidió todas estas cosas a Snowy y le dijo que lo llevase a Hammersmith, allí, lo donó todo a una tienda de Oxfam, la organización que lucha para erradicar la pobreza. Dejando aparte las consideraciones benéficas, una verdadera lástima, ¿no os parece?

Su grupo del ’72: Nigel Watson, Chris Kelly, Peter y, sentado, Cliff Chewaluza.

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Peter Green – “Heavy heart”

Peter Green era un completo desconocido para todos en esta fase de su vida. Para 1.974 había ganado mucho peso y se estaba medicando para contrarrestar el deterioro de su salud mental. El retiro le estaba sentando fatal, comenzó a sufrir alucinaciones y sus emociones zigzagueban erráticamente, por lo que tuvo que ser hospitalizado. Como no mejoraba con medicinas fue tratado con terapia convulsiva a base de electrochocks. Este drástico tratamiento le asustó, pero estabilizó su comportamiento reduciéndole a un nivel de docilidad en el que más bien parecía que estuviese siempre en trance.

Como los amigos ya no le dejaban sus casas y malvivía en hoteles o donde podía, Peter necesitó dinero, y llamó a su antiguo manager, Clifford Davis, para pedírselo. La respuesta de éste fue que no tenía nada, en todo caso, a su antiguo contable David Simmons, aún podría quedarle algún resto de los royalties… No era así, pero la paranoia de Peter hizo que no le creyese y le insistiese hasta el punto de amenazarle con dispararle hasta matarlo. Clifford le denunció a la policía, y Peter terminó en prisión.

La historia de su denuncia, como veis, tampoco es que fuese más allá de los delirios de un paranoico, pero la prensa amarilla se encargó de hincharla. Para ellos, Peter había amenazado a su contable apuntándole a la cabeza para que éste le firmase un cheque por valor de 30.000 libras por sus royalties. De nada sirvió para la opinión pública que el propio David Simmons lo negase.

Indudablemente, el comportamiento de Peter era errático, y tras salir de la cárcel le fue diagnosticada esquizofrenia e ingresado en una clínica privada, cuyo coste de 500 libras semanales se encargaron de cubrir los contables de Fleetwood Mac. Allí, Peter pareció recobrar alguna semblanza de normalidad. En los meses que siguieron, mientras los Fleetwood se hacían de oro con su disco “Rumours”, Peter fue dado de alta y parecía razonablemente contento con su status de músico retirado… pero esto no duró mucho.

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Peter Green – “Slabo day” (del “In the skies”)

El dueño del sello en el que el hermano de Peter trabajaba de promocionero, la PVK de Vernon Kell, le firmó un contrato discográfico, a pesar de que no lo veía aún en buen estado y de que Peter no tocaba una guitarra desde hacía cinco años. La idea era meterle en un estudio, rodearlo de músicos comprensivos, y esperar a ver como se desarrollaba todo.

Los primeros resultados fueron alentadores; pero entonces, como por arte de magia, Peter se enamoró de la violinista californiana Jane Samuels. Ésta era una chica nacida judía pero convertida al cristianismo, religión a la que convirtió también a Peter. Lo dejó todo para irse con ella a los USA y se casaron en Bel Air en enero del ’78, y tuvieron una hija, Rosebud. Y durante su periodo de vida en Los Angeles Peter Green volvió a juntarse mucho con sus antiguos compañeros de Fleetwood Mac, establecidos también allí, y comenzó a sustituir la medicación que tenía prescrita por cantidades considerables de cocaína. No tardó en recaer en sus males psíquicos, que esta vez le llevaron a pensar que su esposa había hecho un pacto con el diablo y éste estaba atacándole desde su interior.

Además, como sus compañeros de los Fleetwood, aparte de llevarlo por la vida regalada que mantenían ahora, también se preocupaban por él, le procuraron un contrato discográfico muy suculento. Mick Fleetwood, con la mejor de sus intenciones, convenció a los ejecutivos de la Warner para que le ofreciesen a Peter 900.000 mil dólares por cuatro discos durante cuatro años… no sabremos nunca que habría pasado de haber aceptado él esta oferta: podía haber sido la solución de su vida, o podía haber traído consigo otro cóctel mortal de éxito y drogas como el que le llevó a su primer colapso con los Fleetwood Mac. El caso es que Peter, pensando que esto era una de las tentaciones que le ponía el demonio en su camino, rechazó la oferta.

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Peter Green – “The Apostle” (del “In the skies”)

Su mujer le abandonó, claro. Y Peter se volvió de nuevo a Inglaterra, donde seguramente por piedad y por mediación de su hermano, volvió a entrar en los estudios de grabación de los que había salido para casarse, y completó el primer disco con el sello PVK, el desigual “In the skies”, que nos muestra a Peter a veces genial, a veces desafinado… parece ser que nunca mantuvo el control total de sí mismo durante la grabación del disco.

Sus continuas obsesiones con la religión seguían siendo evidentes, y se veían también en este disco, sobre todo en instrumentales como “The Apostle”. Sin su mujer al lado, Peter había vuelto a su fe judía, e incluso había vuelto a usar su nombre real de Greenbaum y hablaba de formar una banda con solo músicos judíos para interpretar música judía…

El disco fue un fracaso en Inglaterra y no se convirtió en una debacle porque en Alemania lo recibieron como el regreso del genio de la guitarra perdido hacía tanto tiempo, y llegaron a venderse 800.000 copias, lo que le valió que le permitiesen grabar en PVK un segundo LP, “Little dreamer”; y después un tercero, “What’cha gonna do?”; y en la asociación de Peter con algunas otras bandas del sello, Kolors, Katmandu, White Skies… perdidas todas en el olvido.

A finales de los ’80 los periódicos amarillentos volvieron a ocuparse de él para publicar que Peter Green estaba arruinado y tenía que pasar las noches al raso en Richmond, que sus guitarras habían sido robadas, que le habían golpeado en las calles varias veces, y que su vida iba de nuevo cuesta abajo y sin frenos. Parecía que su historia se acercaba al final.

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Peter Green – “Trying to hit my head against the wall” (del “Wat’cha gonna do”)

Pero el destino no estaba preparado para olvidarse de Peter. En 1.992 un hombre entró en una tienda de guitarras propiedad de David Edwards, uno de los miembros de la banda National Gold. Mientras escuchaba al hombre probar algunas de las guitarras, éste le dijo que era Peter Green. No era cierto. Era Patrick Harper, un granjero de Essex.

Edward, que había conocido a Peter, pero hacía ya más de diez años, aceptó que este hombre fuese él e incluso se convirtieron en buenos amigos. Le hizo escuchar las cintas de su grupo y el granjero le aseguró que eran brillantes, y le convenció para que buscaran un contrato de grabación intermediando él mismo, ya que aún respetaban su nombre.

Dos años duró la falsa personificación del granjero de Essex, conocido como “Egg and Potato Man”, de Peter Green. Explicaba que el motivo de su nueva identidad era proteger su privacidad para poder recuperarse mejor de su prolongado combate contra la enfermedad mental. El tío incluso convenció a Tony Meehan, antiguo batería de los Shadows, y a Roger Taylor, el de los Queen, de unirse a él para grabar un disco de reaparición. El engaño únicamente pudo ser descubierto cuando Michael, el hermano de Peter Green, se enteró de todo esto y arregló un encuentro directo con Patrick Harper quien, pillado in-fraganti, no tuvo más remedio que revelar quien era y asegurar que lo había hecho todo solo por ayudar a los National Gold…

Mientras ocurría todo eso, lo cierto es que el verdadero Peter, aunque atiborrado siempre de pastillas que le hacían parecer más un zombie que un ser humano, no dormía en las calles de Richmond como la prensa manifestaba, sino que vivía en Surrey con su vieja amiga Mich Reynolds, la ex-esposa de su antiguo manager Clifford Davis. Entre ella y su hermano Nigel, ayudados por otro antiguo manager de Peter, el que fuese guitarrista de los Tornados, Stuart Taylor, estaban intentado convencerle de volver a tocar y a grabar. Su talento con la guitarra estaba volviendo a medida que iba mejorando de su enfermedad, pero todavía su pensamiento iba más rápido que sus manos… nada que no se solucionase con tres o cuatro semanas de ensayos.

Usando una guitarra Gibson Jazz Fusion se encerró en los estudios con Nigel, además de Cozy Powell en la batería, Spike Edney en los teclados y Neil Murray en el bajo, para grabar un puñado de canciones que ya no tenían su distintiva técnica, y que eran nuevos arreglos de sus clásicos junto con algunos standards del country y del blues y algunas canciones originales escritas por Nigel. Editaron el material y salieron de gira como banda, con el nombre de The Splinter Group. Fue una época de renacimiento para Peter, que disfrutaba enormemente de todo y no quería volver a dejar la música nunca más.

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Peter Green – “Terraplane blues” (del “Robert Johnson Songbook”)

La vida volvía a sonreirle; cuando no estaba tocando se dedicaba a ver pelis en la tele, a tocar country con un grupo de amigos y a ir a pescar. No le pedía mucho a la vida, solo poder comprarse una casa en la que poder instalar un estudio de grabación, y que la bomba de relojería que tenía en su cerebro se desactivase para siempre.

De este resurgir salieron “Robert Johnson Songbook”, con el que consiguió el premio W. C. Handy al mejor disco de reaparición, y “Hot foot powder”, con el que completó el canon de Johnson. Y también “Destiny Road”, producido por Pete Brown, y que aunque todavía no contenía canciones originales del propio Peter sí que dejaba ver muchas muestras de toques añejos rebosantes de gusto y sutileza.

The Splinter Group: Peter, Cozy, Nigel, Neil y Spike

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Peter Green – “Big change is gonna come” (del “Destiny road”)

Con el nuevo siglo vieron la luz “Peter Plays the Blues: The classic compositions of Robert Johnson” y “Blues don’t change”, que solo se vendía en sus conciertos y, adaptándose a los nuevos tiempos, a través de internet. En febrero del 2.003 apareció un nuevo disco con Splinter Group, “Reaching the cold 100”, un nombre extraído de una canción de Robert Johnson, “Terraplane Blues”, referida a aquel futurista automóvil de primeros del siglo XX que llegó a alcanzar la velocidad de 100 millas por hora. Marcando significativamente el cierre de un círculo nos presentaba ahora versiones regrabadas de aquellos clásicos de los primeros tiempos de Fleetwood Mac como “Black Magic Woman”, “The green Manalishi”, “Albatross”

Este disco significó también la ruptura de Splinter Group por motivos que nunca han salido a la luz debido a razones legales, aunque todo apunta al enfriamiento de su amistad con Nigel debido a la falta de tacto de éste que colmó el vaso presentándose a tocar en un concierto de B.B. King al que solo habían invitado a Peter. ¿Quién sabe?

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Peter Green – “Black Magic Woman” (del “Reaching the cold 100”)

Desde entonces Peter Green lleva más de cuatro años en silencio, apareciendo en apenas tres o cuatro conciertos poco publicitados. Pero mantiene estable su salud tanto física como mental. Lo que pueda hacer en el futuro solo puede especularse. Ahora mismo no está trabajando, solo toca de vez en cuando por placer… y no blues, sino acordes atmosféricos tranquilos… solo se deja llevar…

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Peter Green – “Albatross” (del “Reaching the cold 100”)

THE GREEN GOD (1)

Para Lu y todos los que han rayado innumerables veces a base de escuchas los discos del guitarrista más influyente y más olvidado de la historia del rock.

“If music be the food of love, then play on”. William Shakespeare.

Era pleno invierno, en 1.968. Los cinco miembros de Fleetwood Mac estaban agrupados, cogidos de las manos, sentados en el suelo de la habitación del hotel Gorham de New York. Estaban acojonados.

Mick Fleetwood miró a Peter Green y lo vió muerto, un esqueleto sin carne, pero en movimiento. A los demás no podía ni mirarlos. Era un sentimiento horrible, se sentía desvalido. Habían oído antes historias de malos viajes, y de cromosomas dañados y psicosis permanentes producidas por el LSD, pero no tenían ni puta idea de qué hacer. Comenzaron a llorar pidiendo ayuda…

Para Mick Fleetwood y John McVie esta primera experiencia con el LSD, aunque aterradora, era algo que podían manejar. Para Peter Green fue la apertura de las puertas de la perdición; un camino que, con el paso del tiempo, lo conduciría a prisión, al hospital psiquiátrico y a dos décadas de oscurantismo.

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Fleetwood Mac – “Black magic woman”

Aunque formados menos de 18 meses antes, Fleetwood Mac ya eran la primera atracción del blues británico. Un impresionante primer disco y dos singles de gran éxito, “Black Magic Woman” y “Need your love so bad”, les habían hecho saltar por encima de otras bandas de más solera como los Bluesbreakers de John Mayall o el grupo de Alexis Korner.

La batería de Mick Fleetwood y el bajo de John McVie proporcionaban una potente sección rítmica. La personificación que Jeremy Spencer hacía de Elmore James con su slide era brillante, y la ecléctica técnica de Danny Kirwan añadía variedad. Pero el corazón de Fleetwood Mac era PETER GREEN.

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Fleetwood Mac – “Need yoor love so bad”

Nacido con el nombre de Peter Greenbaum, un judío cockney, en 1.946, fue un niño sensible al que la música siempre inspiraba poderosas sensaciones. Siempre se echaba a llorar cuando escuchaba las canciones de la película de “Bambi” porque no podía dejar de recordar el sufrimiento del cervatillo. Pero su sensibilidad se movía también por otros caminos. Ser un niño judío en el barrio portuario de Londres hacía que fuera constante objeto de burlas y golpes, y las cicatrices permanecieron aún cuando llegó a ser adulto. Sandra Eldson, la mujer de “Black Magic Woman”, le representa claramente a él hablando sobre el dolor de crecer. Sus blues eran autobiográficos.

Ya a mediados del ’66, cuando Peter reemplazó a Eric Clapton en los Bluesbreakers, su blues era único, y lo había perfeccionado a base de estudiar a todos los clásicos que escuchaba en la amplísima colección de discos y cintas que John Mayall tenía en su casa. Pero en septiembre de 1.968, en el segundo disco de los Fleetwood Mac, “Mr. Wonderful”, él seguía refiriéndose a los traumas de su niñez en canciones como “Trying so hard to forget”. En esa canción Peter volcaba el alma del niño que había crecido en el ghetto judío de Londres; uno puede sentir el dolor, la herida, la pérdida que expresaba en el blues, que le servía de consuelo.

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Fleetwood Mac – “Trying so hard to forget”

Este fue su primer paso alejándose del clásico blues negro para convertirle en origen del blues blanco. Desde entonces sus canciones, casi de forma invariable, documentaron sus estados de ánimo.

Aquel mismo verano los Fleetwood Mac emprendieron su primer viaje a los USA. En San Francisco anduvieron con los Grateful Dead, cuyo legendario químico del ácido, Augustus Stanley Owsley III, les ofreció pastillas de LSD de la mejor calidad. Ellos, muy educadamente, se lo agradecieron pero rechazaron su ofrecimiento; el LSD les asustaba. De hecho ya estaban bastante asustados solo por estar en América. Pero Owsley se aseguró de que le prometiesen que la próxima vez que vinieran sí probarían sus productos.

Y volvieron en Diciembre. Fleetwood Mac estaban en New York para una gira de 30 días que comenzaba en el Fillmore East como teloneros de Grateful Dead. Esta vez, cuando Owsley les ofreció dijeron que sí. Si no lo probaban ahora, que tenían el LSD más puro del que se podía disponer, ¿cuándo hacerlo?. Pero no querían tocar en ácido; así que lo guardaron para después, cuando estuviesen descansando en su hotel, el Gorham.

No fue lo que se esperaban. Después de una hora el grupo experimentó una ansiedad común que se convirtió en un trip de pesadilla. En el momento más bajo sonó el teléfono; era Owsley llamando para preguntarles si estaban disfrutando. Por teléfono Owsley les hablaba bajito, utilizando palabras suaves y dirigiéndolos firmemente hasta que la experiencia se convirtió en algo más placentero… una sensación de volar…

Fleetwood Mac: Mick, Peter, John y Jeremy

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Fleetwood Mac – “Albatross”

Mientras ellos estaban allí, el single con el plácido instrumental de “Albatross”, un giro radical desde el blues puro con el que la gente identificaba al grupo, iba ascendiendo por las listas de ventas inglesas. Y antes de volver a su país grabaron el single siguiente en New York, “Man of the world”. Una vez más, a pesar del creciente éxito del grupo, las letras revelaban la confusión interior de Peter Green. Cuando le entrevistaron durante la promoción le dijo al periodista: “Es muy triste. Es la forma en que siempre me siento. Soy yo y mi tristeza”. Y le salió fantásticamente; Peter se concentró en la grabación, sabiendo en todo momento lo que quería lograr y poniendo en ello toda su profesionalidad. Si en aquellos momentos estaba en ácido, la verdad es que en la canción no hay trazas en absoluto.

Pero fuera del estudio, sin embargo, todos comenzaron a notar que algo estaba pasando. Peter les decía que se sentía como una lavadora, solo tenían que enchufarlo y comenzaba a tocar. Se obsesionó además con que la banda no debería ganar dinero, tenía que donarlo todo.

Cuando volvieron a Inglaterra, a Peter se le veía infeliz… comenzó a sentirse separado de todo el proceso que implicaba estar en una banda de éxito. Y esta separación se demostró claramente durante la grabación del siguiente LP, “Then play on”, en la que Peter pasó la mayor parte del tiempo trabajando en solitario, grabando múltiples partes de guitarra, e incluso pautas de batería. El resto de la banda, efectívamente, fue excluída.

En la primavera de 1.969 los Fleetwood Mac volaron de nuevo a los USA para su tercera gira. Cuando tocaron con los Grateful Dead en Nueva Orleans Owsley reapareció, esparciendo LSD en el agua de las fuentes. Esa noche Peter estuvo demasiado “alto” como para tocar bien; Danny también se sintió muy extraño, y Mike tocaba la batería como le venía en gana… fue un concierto muy extraño. Normalmente, después de tocar todos se reunían en el hotel de los Dead charlando amigablemente, pero esta noche los Mac estaban demasiado mosqueados por como les había salido todo y decidieron irse a su propio hotel. Viendo las noticias por la mañana se enteraron de que esa noche, como los Grateful Dead describen en su canción “Truckin’”, el hotel de éstos fue asaltado por la policía, buscando a Owsley, y los arrestaron a todos. Si Fleetwood Mac hubiesen estado allí, su arresto les hubiese significado también la deportación.

Los mismos de antes, con Danny a la derecha del todo

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Fleetwood Mac – “Man of the world”

“Man of the world” se editó en abril y tuvo tanto éxito como “Albatross”. Pero Peter seguía en otro mundo; echaba de menos a los amigos de los USA, que le habían abierto los ojos a tantas cosas desconocidas. Se convirtió en un estudioso de “Words of Wisdom”, un libro que era un compendio de baratijas místicas tales como “los hombres han nacido con dos ojos y una boca, para que así puedan ver dos veces más de lo que dicen”, o “saber lo que sabe y lo que no sabe es la característica principal del que realmente sabe”

Por entonces Peter estaba cuestionándose sus creencias más fundamentales y los demás le respetaron. Pero aunque “Then play on” estaba demostrando ser su disco de más éxito hasta el momento, Peter seguía resbalando por su cenagal personal de profunda depresión. Una noche, después de un concierto, le dijo a los demás de la banda: “Quiero saber más sobre Dios. Quiero creer que el papel de toda persona en la vida es hacer el bien a los demás, y que lo que estamos haciendo ahora nosotros solo es una mierda”. Nada de lo que los demás Fleetwoods dijeron pudo sacarle de su depresión, y después de un rato todos se sumieron en un largo e incómodo silencio.

Finalmente, Peter lo rompió diciendo: “A veces creo que la música lo es todo, y otras veces pienso que no es nada. El dinero me importa un carajo. Estoy en un terrible estado en el que no sé qué es lo que está bien”. Para cuando el grupo comenzó otra gira americana en agosto, él ya había renegado de su fe judía en favor de una mezcla de cristianismo y budismo, y en el escenario vestía túnicas blancas de monje, con un enorme crucifijo colgándole del cuello.

En octubre, una vez más, Peter enseñó sus cartas en forma de otra canción, “Oh well”, con Dios como presencia principal. En realidad la canción prácticamente era una interpretación suya en solitario, otra radical separación de las anteriores canciones de Fleetwood Mac. Los miembros del grupo se apostaron algunas libras con él a que aquello no podía ser un éxito. La canción llegó al número 2 y la banda fue invitada a aparecer en el “Top of the pops”, donde Peter apareció ante toda Inglaterra con su túnica y su crucifijo. No era teatro, así era él en realidad; tenía una cruzada en su mente y nadie tenía ni idea de lo profundamente que la estaba luchando.

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Fleetwood Mac – “Oh well”

Su estado aún se agudizaba más por la mescalina que tomaba a todas horas, se sentía santo y compasivo… hasta el punto de que viendo un programa de televisión sobre los niños hambrientos de África, rompió a llorar mientras firmaba un cheque por 12.000 libras que envió a Save The Children.

Sus necesidades tampoco necesitaban de demasiado dinero. Peter seguía viviendo en casa de sus padres, donde todo era amor y confort. Nunca sintió la necesidad de independizarse, ni de dejar el nido familiar, donde sus padres cuidaban de todas sus necesidades. Él, a cambio, se convirtió en el proveedor familiar, el que pagaba todas las facturas, y el que incluso les compró otra casa más grande y mejor, a la que pusieron de nombre “Albatross”.

Y tampoco hay dudas, y perdonadme si esto suena a tópico chiste sobre los judíos, de que el comportamiento de sus padres tampoco ayudó mucho a estabilizar la vida de Peter. El abundante amor que le prodigaban ayudó muchísimo a aislarle de la realidad; su madre, por ejemplo, contestaba todas las llamadas telefónicas y ahora es bien sabido que le decía a todas las mujeres que preguntaban por él, que Peter no estaba en casa, o no se podía poner. La desconfianza de la familia en todas las mujeres que se acercaban a él se debía al hecho de que tales mujeres eran una amenaza potencial para la seguridad financiera de la casa.

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Fleetwood Mac – “Underway”

En 1.969 los lectores del New Musical Express votaron a Fleetwood Mac como la mejor banda británica, y vendían tantos discos allí y en el resto de Europa como los Beatles y los Stones. Ése fue el momento elegido por Peter Green para comunicarle a los demás que todos los beneficios que la banda obtuviese desde ahora iban a ser donados para obras de caridad. Con excepción de Jeremy Spencer, al que los colocones con él ácido le habían comido el coco de tal forma que se había convertido en un fanático religioso que posteriromente le llevó a dejarlo todo para militar en la secta de Los Niños de Dios, los demás miembros del grupo no estuvieron de acuerdo con su idea… amos, andaaa!!

Desde entonces las relaciones entre ellos iban cada vez peor y no ayudó nada el que en su gira europea fuesen invitados por unos iluminados hijos de papá alemanes a convivir con ellos en su comuna de Munich, donde pasaban las horas entre música (tenían incluso un estudio de grabación) y LSD. Peter se incrustó en aquella vida relajada y no volvió a ser el mismo desde entonces; la banda solo le vió a la hora del concierto que tenían. Después de ése, los Fleetwwod Mac debían ponerse en camino porque tenían más conciertos comprometidos en la gira, pero no había forma de arrancar a Peter de la comuna; estaba colgado del ácido pero lúcido. Tras muchas discusiones lograron convencerle de que al menos debía seguir con ellos hasta terminar la gira, porque de otra forma corrían el riesgo de que los demandasen. En el siguiente concierto Peter estuvo alegre, sintiéndose en una forma maravillosa, sin poderse creer lo que estaba haciendo, sacando de su guitarra notas que ni siquiera conocía y que se dispersaban en todas direcciones en el espacio… el resto de la banda no lo vió así. “Sonabas como si estuvieses loco”, le dijeron.

Y quizás eso fuese lo que empezaba a ocurrirle. Varios días después Peter se despertó sudando de una horrible pesadilla. Soñó que estaba muerto y no podía moverse, que luchaba por volver a su cuerpo… y despertó y miró a su alrededor, todo estaba oscuro y se vió a sí mismo escribiendo una canción. Sobre el dinero. “The greeen Manalishi” es dinero, una canción que reflejaba su miedo a ganar mucho dinero y que eso le separase de todo el mundo.

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Fleetwood Mac – “The green Manalishi”

Escribió la canción y se grabó en marzo. Hasta entonces las grabaciones del grupo habían sido muy espontáneas, básicamente blues alrededor del cual cada miebro encajaba sus partes, incluso en el “Oh, well”. Pero “The green Manalishi” fue una cosa muy a lo Brian Wilson; Peter grabó todas las partes él mismo en un Revox en su casa, y luego llegó al estudio con la cinta diciéndo que esa era la canción que había que editar. De todos modos algo más le agregaron en la sesión de grabación más extraña del mundo; John McVie ni siquiera participó porque el bajo ya quedaba bien como estaba, Jeremy estaba a lo suyo, con los Niños de Dios, y tampoco grabó nada. Peter ya no confiaba en el juicio de la banda y necesitaba tener el control completo.

No es extraño que la canción fuese inspirada por una pesadilla; la descripción de “Manalishi” del descenso infernal, con sus voces, su locura, su desesperación… demostró ser un anticipo escalofriantemente exacto de lo que con el tiempo llegó a ser el tormento diario de Peter Green.

A primeros de mayo, mientras estaban de gira por Suecia, en el autobús que les llevaba a la siguiente ciudad, Peter Green anunció que abandonaba Fleetwood Mac. Se dirigió a la parte delantera del autobús y desde allí les dijo a todos que se iba; que respetaría todos los compromisos que tenían pendientes, pero que después de eso su perturbación emocional no le permitía seguir más.

Oficialmente dejó la banda el 31 de mayo de 1.970, cuando “The green Manalishi” comenzaba su ascenso por las listas. Pero eso a él ya no le importaba lo más mínimo. Las cosas materiales habían dejado paso a las espirituales. Mick Fleetwood, pasados los años, dijo una vez: “Si Peter hubiese seguido con nosotros, hubiésemos llegado a ser Led Zeppelin”.

Lo mejor y lo más admirable que puede hacer un ser humano en la tierra es esforzarse en intentar ser como Él, como Dios… la gente tiene miedo de decirlo, pero yo siento que me guía el espíritu de Dios, o el mismo Dios, si tú quieres…

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Peter Green – “” (del “The end of the game”)

A finales de año, para cumplir sus obligaciones contractuales con la Warner, Peter editó su primer disco en solitario, “The end of the game”. Fue su disco de LSD, en el que intentó alcanzar cosas que nunca antes había podido alcanzar sin la ayuda del ácido y la mescalina. Nadie lo compró, solo circuló entre sus amigos, sus conocidos, sus familiares, sus novias…

Mientras tanto, para ocupar el hueco dejado por Peter Green, los Fleetwood Mac ficharon a la más prominente de todas las mujeres que cantaban blues en quellos momentos, Christine Perfect, que con el tiempo, tras su boda con John, cambiaría su nombre a Christine McVie. Pero todo lo que sucedió después con ellos pertenece a una historia diferente. El camino de Peter Green se bifurca aquí en otra dirección, por la que caminaremos con él en el siguiente post.

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Peter Green – “” (del “The end of the game”)

SMOKE GETS IN YOUR EYES

Seguro que todos recordais aquella película inglesa… “4 bodas y un funeral”. En ella, aparte de hacerse ya famoso de una vez por todas en el mundo entero el tartamudeante Hugh Grant, también consiguió eso mismo el grupo que cantaba la canción más escuchada de su banda sonora. Estamos hablando de Wet Wet Wet. No creo que sea necesario recordaros aquella canción, pero lo vamos a hacer de todos modos. No babeéis demasiado sobre el teclado.

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Wet Wet Wet – “Love is all around”

Este grupo apareció en la escena musical en 1.987 con una canción de la que también vendieron cantidades ingentes, “Popped in, souled out”, pero no fueron megaestrellas hasta seis años después en que grabaron la versión del “Love is all around” de los Troggs para la peli de las bodas y el funeral.

Sin embargo, entre una ocasión y la otra sí que tuvieron un número uno con otra versión, esta vez de un clásico de los Beatles, “With a little help from my friends”. Y la cosa fue bastante notable porque se trataba de un insólito disco single de doble cara A que compartían con BILLY BRAGG, acompañado por Cara Tivey, la pianista habitual de los discos de éste.

Billy versionaba otra canción de los Beatles, “She’s leaving home”, y ambas estaban extraidas de un LP llamado “Sgt. Pepper knew my father” que se había editado con fines benéficos para ayudar a los niños con problemas en 1.988, y en el que un puñado de artistas ingleses regrababan el clásico LP de los Beatles a su modo.

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Wet Wet Wet – “With a little help from my frieds”

El single de doble cara A estuvo en el número uno de las listas de ventas 11 semanas seguidas y una semana tras otra, en el famoso programa de la tele inglesa “Top of the pops”, que era un programa semanal que se ocupaba de las listas de ventas discográficas y que era de los más seguidos por los telespectadores, adivina a quien invitaban para que cantase la canción que estaba en la cima: ¿a los cuatro guapísimos escoceses con su heroinómano carismático y colgado sonriente cantante… o al adusto cascarrabias de Essex, con su guitarra desafinada y sus fuertes manifiestos políticos a favor de los mineros en huelga y contra el gobierno…? Efectívamente. Apúntate un diez.

Y así, como digo, una semana tras otra, hasta que Billy sintió que ya le habían hecho el feo bastante tiempo y se enfrentó a los productores de “Top of the pops” diciéndoles que él también tenía un número uno y, por tanto, derecho a aparecer en el programa. Y tras amenazarlos con vete tú a saber que clase de movilizaciones consiguió que le brindasen su momento de gloria.

Billy Bragg, loco de contento, se lo dijo a todo el mundo, amigos, familiares, a su querida madre… su gran momento había llegado, iba a salir en el programa más famoso de la tele cantando su canción, que era número uno…

Billy estaba muy, muy, pero que muy emocionado… hasta el momento en que se dio cuenta de que como nunca le habían permitido cantar la canción en televisión nunca se había preocupado mucho de aprenderse bien la letra después de haberla grabado, y no se la sabía muy bien.

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Billy Bragg – “She’s leaving home”

Pero bueno, no había problema, escribió la letra en un folio y lo pegó en el suelo, al lado del pie del micro. El ensayo salió muy bien… más que eso, de hecho; la interpretación que realizó en el ensayo es considerada uno de los grandes momentos de Billy como cantante. Ya podían hacer la grabación final para el programa.

“Y ahora”, arengaba el presentador, “ésta es la primera aparición en Top of the Pops de la otra canción del single que ocupa el número uno, “She’s leaving home”… con todos ustedes, Billy Bragg!”.

Esta presentación enmudeció los aplausos de la audiencia, compuesta totalmente por jovencitas que estaban absolutamente desencantadas porque no iban a salir los Wet Wet Wet.

Y mientras tanto, en el escenario, Billy iba notando que la nube de humo que producían las máquinas de hielo seco se iba adueñando de todo. Durante el ensayo no lo habían hecho porque el hielo seco es caro, pero ahora se estaba convirtiendo en humo blanco que se iba esparciendo por todo el escenario a ras del suelo tapando totalmente las palabras que Billy había escrito en el folio… unas palabras que no recordaba bien.

Las crónicas cuentan que durante la grabación se hizo tal lío que cantó la mitad bien, la mitad mal, y se sintió como un conejo no solo deslumbrado por las luces de un coche, sino como un conejo deslumbrado por las luces de un coche en el que en el radiocassette estaba sonando una canción cuya letra no se sabía… pero si seguís el video que os adjunto al final vereis como en realidad sí que sigue fielmente (más o menos) la letra de la canción; eso sí, parece que haciendo grandes esfuerzos por recordar, titubeando en algún comienzo de estrofa, desafinando dos o tres veces debido a la desgana y, en suma, dando una imagen lamentable para un tipo que una vez dijo que “cuando alguien se sube al escenario a cantar se imagina que es John Lennon, o Bob Dylan; yo me imagino que soy… los Claaaaash!”.

Al final, sintiéndo que había hecho el ridículo de forma horrorosa, pidió a los productores si podían repetir la grabación. Pero los malditos cabrones rencorosos le dijeron que no. Su gran momento quedó arruinado.

No es extraño, pues, la cara de mala uva que desde entonces ha tenido siempre Billy Bragg.

El “2” que sale al principio no sé que querrá decir, porque este single fue número uno hasta el 18 de junio del ’88, y el programa, como se ve también, es de mayo.

GORILAS EN LA NIEBLA

Las alianzas de Elton John con la elegancia y el refinamiento de los Versaces y las lentejuelas son algo bien conocido por todos. Pero es menos celebrada su relación con el Lázaro resucitado del mundo del rock que ha sido Iggy Pop.

En 1.973 Iggy y los Stooges, expulsados por su compañía discográfica y abandonados por sus managers, se vieron reducidos a un cutre zigzag a través de los garitos de los USA. Elton John, mientras tanto, había alcanzado su primer número 1 en LPs con “Don’t shoot me, I’m only the piano player”, y el siguiente, “Goodbye yellow brick road”, llevaba el mismo camino.

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Elton John – “Have mercy on the criminal”

Como los royalties le entraban a saco, Elton John decidió invertir parte de ese dinero en crear su propio sello discográfico, Rocket, llamado así en honor de su famosa canción. Y como siempre había sentido una profunda admiración tanto por Iggy, como por el chico malísimo que manejaba la guitarra en los Stooges, James Williamson, quiso que éstos fuesen el primer fichaje de su nueva compañía.

Y pensó que éste era el momento adecuado para realizar una teatral presentación a la banda; algo que levantase sus decaídos espíritus y les ayudase a ganar autoestima. Y después de hablar por teléfono con todos sus contactos en la prensa musical americana, Elton, por fin tuvo una idea.

En septiembre los Stooges tenían que tocar en Atlanta, el mismo día que la gira de 42 conciertos de Elton John pasaba también por esa ciudad. Era el momento perfecto que Elton John esperaba.

¿Su ocurrencia? Iba a alquilar un disfraz de gorila, y vestido con él se iba a subir al escenario mientras tocaban e iba a agarrar a Iggy… se iban a echar unas risas que no veas!.

Los Stooges estaban a mitad de una actuación no muy lograda, y estaban siendo abucheados por un público bastante hostil, cuando Elton John subió para agarrar a Iggy.

Pero poco podía Elton imaginarse que Iggy, cansado y deprimido, se había metido antes un par de pastillas de ácido con la vana esperanza de un estímulo psicológico. Y cuando el intrépido cantante vió a un enorme gorila furioso avanzar hacia él, de pronto se quedó petrificado por el pánico, totalmente seguro de que la enloquecida bestia salvaje iba a desmembrarle todas las partes de su cuerpo, o algo peor. James Williamson, instintívamente, se precipitó sobre la amenazante criatura para pegarle con su guitarra, pero afortunadamente, los roadies le sujetaron antes de que pudiese hacerle daño a la célebre estrella del rock que sabían que se escondía bajo el disfraz.

Para cuando el extravagante Elton había dado por concluído su pequeño juego y estaba bajándose la cremallera del disfraz de gorila, Iggy ya había huído del escenario con la agonía de un mal viaje. El público miraba la embarazosa farsa con un desdén cada vez mayor…

No es necesario que diga que los Stooges jamás firmaron por Rocket Records, y que Iggy Pop nunca le ha dirigido la palabra a Elton John en toda su vida.

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The Stooges – “Search and destroy”

LA CAJA LISTA

Para Lula, porque una de las entradas de su blog me dio la idea. Y para mí, que me acaban de instalar el iPlus, y ahora puedo ver lo que quiera cuando quiera con solo mover un dedo.

Si echamos la vista atrás y vemos las programaciones de televisión de los años ’70 y primeros ’80 y la forma en que la veíamos, y la comparamos con lo que hacemos ahora, seguramente tendremos un shock cultural.

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Ironside, el doctor Gannon, J.R. Ewing, Laura Ingalls, nos eran nombres muy familiares, las mujeres de la pantalla mantenían sus cuerpos bien tapados por discretos trajes, y parecía que todos los documentales eran sobre animales. Ahora, por supuesto, solo lo es uno de cada tres; los otros dos son de cómo se hicieron tal o cual película.

Pero la diferencia fundamental es que en aquellos años, sin tener aún siquiera los beneficios de un video con el que grabar nada, había que verlo todo en el momento en que lo estaban poniendo.

Y guárdenos Dios de que pusiesen dos programas interesantes a la vez, o no pudiésemos estar en casa mientras ponían algo que queríamos ver. Los televidentes de los años ’70 estaban ineludiblemente atados al presente.

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Ahora, en la era de los grabadores de video personales, DVDs, iPlayers, YouTube y la gran repetición de programas de los canales digitales, podemos ver fácilmente tanto lo que pusieron en la tele hace cinco minutos como lo que pusieron hace un mes, o hace un año, o incluso descargar las series de internet meses antes de que lleguen a España, a veces incluso con subtítulos en castellano. Excepto los deportes, las elecciones, y los concursos basados en eliminaciones, no hay ningún sentido del tiempo en cuando ves lo que ves. Todo está ahí, todo el tiempo.

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Como resultado, nosotros somos la primera generación de televidentes que podemos comportarnos como si fuésemos fans musicales, que compran (o bajan) un montón de CDs al mes y apenas escuchan la radio. El primer episodio de la nueva temporada de “House” seguramente lo ha visto mucha gente, pero es una cantidad muy corta comparada con la cantidad de ventas que tienen sus primeras temporadas en el Fnac y en los hipermercados, y con la que van a tener con las próximas festividades. Una conversación ahora entre gente que ve una serie no comienza con la pregunta “¿Viste “Urgencias” anoche?”, sino con “¿Qué temporada de “Urgencias” estás viendo?”.

“House” es un ejemplo claro de “caja de DVDs” de series de televisión, una clase de demanda que sería inconcebible en los años ’70: “Los Soprano”, “Perdidos”, “Anatomía de Grey”… Este salto de gigante en esta forma de arte, hasta el punto en que ahora mismo solamente un snob enterao puede mantener que la televisión no alcanza los niveles creativos del cine o la novela, ha sido posible solo a causa de la tecnología que permite a la gente verla en el momento en que ellos elijan; y el dinero de las ventas de DVDs, los ingresos de las televisiones de pago y los intrincados acuerdos financieros multinacionales, son los que permiten sobrevivir a estas series tan caras manteniendo además su calidad.

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Los ejecutivos de las compañías discográficas lo único que pueden hacer es mirar a los ejecutivos de la tele con envidia. Mientras aquellos se enfrentan a consumidores que quieren gratis algo por lo que antes solían pagar, las cajas de DVDs de series de televisión fomentan que la gente pague por cosas que antes solían tener gratis.

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Por supuesto, la calidad no es la base fundamental, de todos modos, para el éxito televisivo. Por muchos miles de televidentes que tenga el episodio de una serie buena, no será comparable a los millones que tenga cualquier programa de esos que idiotizan a las masas. Ahora las audiencias habitan universos paralelos que raramente coinciden. Y ya no ocurre que cada cierto tiempo haya un gran programa que las unifique y requiera que desempolvemos ese viejo inicio de conversación que es “¿Viste…?”; un país unido en las delicias de ver a Martes y Trece delirando en una conversación telefónica entre Encanna y la señora de las empanadillas de Móstoles, o a Paco Umbral despotricando en una mesa de contertulios políticos porque él había ido a hablar de su libro.

El resto del tiempo, los televidentes a los que les gusta discernir lo que ven, pueden estar agradecidos de que la caja les ofrezca series tan exquisitamente producidas como “Mentes criminales”, o que existan cosas tan ingeniosas como “Monk”. Los parámetros de la televisión se han expandido: la mala televisión es más mala que nunca, y las cosas buenas que tiene son mejores que nunca. Y la elección, de una forma que nuestros padres nunca pudieron imaginar siquiera, es nuestra.

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¿Te han traído recuerdos las sintonías que había por ahí salpicadas…? Pues cuéntanoslos, anda… o háblanos de tus favoritos.

THEN PLAY ON

La historia de los Fleetwood Mac tiene innumerables giros extraños. Está por ejemplo la banda falsa que reunió su manager Clifford Davis para hacer una gira por los USA con su nombre. O la tristemente célebre historia del barbudo granjero de Essex que aparentemente convenció a Roger Taylor y a Jimmy Page de que él era el legendario guitarrista Peter Green. Pero quizás, la más extraña de todas las experiencia de Fleetwwod Mac sea la historia que contaba Bob Brunning, el bajista original de la banda.

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Fleetwood Mac – “I believe my time ain’t long”

Primer single de Fleetwood Mac, una de las pocas canciones en las que se puede oír el bajo de Bob Brunning

Brunning había seguido una carrera musical bastante gratificante, pero poco lucrativa, después de romper con Fleetwood Mac en 1.967. La Brunning Sunflower Blues Band editó algunos discos de blues británico bastante buenos hasta 1.978, en que Bob prefirió dejar la música para dedicarse a la enseñanza y poder seguir pagando las facturas de la familia.

Y una tarde fue sorprendido por una llamada de teléfono del guitarrista original de los Fleetwood Mac, Jeremy Spencer, que había dejado la banda sin previo aviso en 1.968, para unirse a la secta de Los Niños de Dios, tras decir a los demás miembros del grupo que iba un momento a comprar el periódico. Spencer le dijo por teléfono a Brunning que había abandonado el culto y estaba ansioso por ponerse a tocar blues de nuevo.

Cuando se encontraron Spencer estaba igualito a como Bob lo había dejado cuando se fue del grupo allá a finales de los ’60. Más viejo, obviamente, pero todavía tan travieso como en los mejores momentos de la banda. Le dijo que ya había abandonado la slide guitar porque estaba aburrido de tocar las viejas canciones de Elmore James, y que ahora prefería los punteos de una guitarra solista. En los ensayos Bob Brunning estaba sorprendido de lo bueno que su antiguo colega había llegado a ser.

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Fleetwood Mac – “Black magic woman”

Reclutaron a un batería, a un segundo guitarra, y a un manager que les arregló un regreso triunfal al Town Hall de Wimbledon. La noche del concierto, los enteraos del blues llegaron de todos los rincones para ser testigos del regreso de estos dos prodigios de esta música. Pero cuando la banda se dirigía hacia el escenario, un tipo trajeado llegó casi sin aliento hasta Bob y le entregó una citación judicial.

Los padres de Jeremy Spencer le habían denunciado, y le amenazaban con emprender acciones legales muy duras si la banda tocaba. Bob continuó leyendo, cada vez más y más asombrado, hasta que llegó a la parte del escrito en la que leyó que los padres de Spencer decían que su hijo Jeremy todavía pertenecía a Los Niños de Dios, y que, de hecho, ahora mismo estaba viviendo en Italia con un grupo de ellos. Un incrédulo Bob se volvió para enfrentarse al impostor que, simplemente, se había evaporado.

¿Y qué hizo Bob entonces, os preguntareis? Pues la única cosa que un hombre en su posición podía hacer. Irse al bar y beber hasta caerse al suelo inconsciente.

Y al día siguiente volver a la escuela a seguir dando clases a los niños de cinco años, donde continuó hasta su jubilación.

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Fleetwood Mac – “Albatross”

Fleetwood Mac en sus principios. Jeremy es el tercero, el que tiene cara de “niño de Dios”. Los otros son Peter Green, Mick Fleetwood y John McVie

BORN TO LOSE

No sé porqué, pero desde hace unos días este post que escribí hace mucho tiempo, cuando aún estaba en el blog “Replicante”, está siendo muy visitado a través de gente que llega hasta él a través del Google. No tengo noticias de ninguna reedición de su disco (solo que he visto que en Amazon está como especial coleccionista a un precio de casi 90 dólares) ni de nada especial que tenga que ver con ellos. Pero como es uno de mis artículos favoritos y la mayoría de vosotros no lo conocerá, se me ha ocurrido reeditarlo y así además puedo ilustrarlo con música, ya que cuando lo escribí originalmente aquel blog no permitía incluir canciones. Va por todos los navegantes que hacen escala aquí sin que lo advirtamos.

Los músicos se tomaron un respiro y andaban de acá para allá en busca de una cerveza o de algo para comer. Dave entró en una de las salas de descanso que había en aquellos inmensos estudios y en uno de los sillones se encontró a Haines tocando unos acordes con su guitarra.

– Hey! Que bien suena eso… ¿qué es?

– Nada… algo que ha surgido en el interior de mi cabeza.

– Por lo que veo, tu cabeza sigue funcionando.

– Je, je…! Tú eres de los pocos que sigue pensando así. De todas formas, esto sonaría mucho mejor en la eléctrica. Quédate los acordes si quieres, seguro que tu los tocarás mejor… anda, úsalos… son tuyos.

– No, tío. No puedo hacer eso, esa progresión de acordes es tuya… ¿Cómo voy a usarla yo en una de mis canciones?

Pero en su interior DAVE MATTHEWS ya estaba buscando ubicación para incluir los acordes en la canción que tendrían que ensayar después del descanso. Como ya había hecho con otros esbozos y trozos de canciones que HAINES FULLERTON le había dado sin pedir a cambio más que le dejasen bichear por allí, comprobar niveles de sonido… siempre en algún rincón apartado de las miradas de los demás. Como si intentara ser invisible.

Es curioso como un músico tan fantástico como Haines siempre ha tenido tanta mala suerte en sus flirteos con el estrellato. Dave no podía dejar de pensar en el oscuro paralelismo inverso que tenía el éxito de su grupo, The Dave Matthews Band, con la clásica tragedia en que se había convertido la historia de la banda de Haines. Ya la conocía casi toda, y veía como se entrelazaba con la suya propia. Era en momentos como éste, a lo largo del tiempo que ya llevaban conociéndose, cuando Haines cerraba los ojos durante unos segundos y su mente realizaba un flashback al pasado:

The Deal. El principio.

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“Maybe i’ll just keep you hangin’ on”

THE DEAL podían haber sido muy grandes. Su semilla germinó en la primavera de 1.979, cuando Haines, que todavía seguía siendo universitario en su ciudad de Charlottesville, se aburrió de la mezla de heavy y fusion que tocaba con los Fiction Free, y les propuso al dúo acústico que vino a tocar a un pub del campus que se uniesen a él. Con ciertas reservas Mark Roebuck y Eric Schwartz aceptaron, y junto a un batería amigo de Haines, que se prestó a ayudarles unos días, grabaron unas maquetas baratas que usaron para darse a conocer.

La máquina comenzó a moverse muy despacio. Fue creciendo poco a poco en sonido y en componentes. Se fueron uniendo Hugh Patton y Jeff Roberts, batería y bajo respectivamente. Durante más de un año solo ensayaban y grababan en un modesto estudio de cuatro pistas. Cuando llegaron las vacaciones de verano Jeff se marchó diciendo que ya no volvería. Se quedaron sin bajista y a cambio encontraron a Jim Jones, un excelente músico que había estudiado piano clásico y que además tenía una voz potente y poderosa. Era el punto que le hacía falta a la banda… ya tenían un cantante en condiciones. Daba igual que Jim no hubiese tocado el bajo en su vida. Le compraron uno y le dijeron que tenía todo el verano para aprender a tocarlo. En cuanto llegó septiembre The Deal comenzaron a actuar en los garitos locales.

Eran realmente buenos. El boca a boca funcionó y sus conciertos cada vez eran más frecuentes y en lugares cada vez más lejanos. Incluso necesitaron ya un técnico de sonido propio, así que Allen McCool, el amigo que se había prestado antes a ser batería, acudió de nuevo al silbidito de Haines. En uno de esos conciertos se enamoró de ellos Linda Stein y les ofreció un contrato para llevar sus asuntos durante cinco años. El camino comenzaba a ser dorado… ya compartían manager con los mismísimos Ramones. Y para ofrecer sus conciertos tenían la misma agencia de contratación que los Clash, los Pretenders, Roxy Music, Eurythmics, Van Halen, Talking Heads, Paco de Lucía… Hasta U2 y el Boss formalizaban sus giras en la misma oficina que ellos…

Mark, Haines, Hugh, Eric, Jim.

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“5”

El asunto de los conciertos ya funcionaba. Pero todavía faltaba buscarles un sello discográfico. Y de eso se iba a ocupar Seymor Stein, que todavía le debía a Linda el favor de no haberlo desplumado completamente cuando se divorciaron… además, si él ya había descubierto y lanzado a Madonna, ¿por qué no iba a hacer lo mismo con The Deal…? Sí… le arreglaría a su “ex” una visita a uno de los conciertos de los chicos.

Le impresionaron. Y Seymour les presentó a Albert Grossman, otro perro viejo que ya se había cansado de manejar cansadísimas giras con Bob Dylan, The Band o Janis Joplin, y desde hace unos años se lo tomaba con más calma al frente de su sello Bearsville Records, que como el Sire de Seymour era subsidiario de la potente Warner Brothers. Sin pensárselo dos veces firmó al grupo un contrato por cinco discos haciendo ya cuentas de la cantidad que tendría que prensar para que la multinacional los distribuyese por todo el mundo. Ese chaval que tanto brillo le sacaba en las producciones al sonido de Blondie serviría para manejar la mesa de grabación.

Pero Warner y Bearsville comenzaron a tener altercados a causa de diferentes puntos de vista financieros que terminaron incluso en los tribunales a veces. Cuando Warner Brothers recrudeció su mortal odio y rescindió su contrato de distribución con Bearsville apenas ellos habían terminado de grabar su disco, y a éste se le cerraron de golpe todas las puertas de distribución, un telón muy negro cayó sobre los sueños de todos ellos…

– …fue un golpe muy duro. –El recuerdo ensombreció la mirada de Haines- Tan duro que Hugh y Eric no pudieron soportarlo y dejaron la banda para seguir con sus estudios. Tuvimos que dejar de actuar en directo, claro.

La nostalgia se apoderó de aquel salón en el que los dos músicos parecían querer recordar aquel tesoro sin descubrir que era la música de The Deal. Dave Matthews sintió un cálido afecto por aquel hombre al que el tiempo marcó tan patéticamente, un fenómeno que la cultura más amplia nunca había podido descubrir ni abrazar.

– Sin una guitarra podíamos pasar –siguió recordando Haines- pero no sin batería. Para reemplazar a Hugh vino Jody Stephens, que ya había estado en Big Star, pero echaba tanto de menos a su novia, que se había quedado en Memphis, que solo estuvo con nosotros tres semanas antes de volver con ella.

– ¿Y no tuvisteis modo alguno de continuar?

– Durante casi dos años no vimos la luz al final del túnel. Yo quería mantener viva la llama y de vez en cuando podía convencer a los demás para grabar alguna cosilla en los estudios de Bearsville Records con ayuda de músicos de sesión que anduviesen por allí… una vez Todd Rundgren tocó un solo de guitarra en una de nuestras canciones.

Haines. Guitar man.

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“Rebel girl”

The Deal seguían grabando material en los estudios de su sello pero sin un contrato formal de grabación. Las cosas no iban bien tampoco por allí y Albert Grossman no podía mantener económicamente un sello discográfico del que no podía distribuir los discos.

Después de año y pico sin dar conciertos, la banda ya había fundido el adelanto que le dieron al firmar con Bearsville y tampoco podía mantenerse. Así que decidieron buscar un batería fuese como fuese y encontraron a Mike Clark. No es que fuese una maravilla a las baquetas, pero se había curtido en múltiples bandas locales de Charlottesville y tenía experiencia suficiente para salir del paso. El grupo volvió al circuito de conciertos.

Cuando las relaciones con Warner Brothers quedaron del todo finiquitadas y sin cabos sueltos y Bearsville ya era un sello completamente independiente, Albert Grossman decidió que era el momento de buscar nuevos mercados para sus discos y sus grupos. Así que recopiló una muestra de todos los trabajos de su sello que estaban pendientes de editar, así como de las cintas con las últimas grabaciones de sus bandas, entre las que estaban las de The Deal, que le habían vuelto a impresionar. A ellas unió toda la información que pudo sacar de las revistas especializadas y todas las críticas positivas que encontró. Allí iba la página completa de la revista “Interview”, de Andy Warhol, en la que se leía que “The Deal eran un nuevo grupo dedicado a las más altas armonías y a las más bajas moralidades. La respuesta de la Costa Este al sonido de los Beach Boys”; o el de la revista “Musician”, que les consideraba “una de las mejores 20 bandas del mundo todavía sin contrato discográfico”.

Europa era el destino de todo ésto. Si en los USA no encontraba marketing ni distribución para sus productos discográficos, probaría suerte en el viejo continente, donde seguramente sí encontraría inversores para salvar su sello. Así que reservó plaza en el Concorde para un vuelo trasatlántico de cuatro horas con destino a Londres. Pero a mitad de camino un ataque cardíaco terminó con la vida de Grossman.

Todos los discos y masters quedaron bloqueados legalmente en Bearsville Records y nunca pudieron editarse…

-…y con él murieron nuestras esperanzas. –Haines abrió los brazos al decir ésto, señalando la inevitabilidad del destino- Esta vez la banda se rompió del todo y cada uno emprendimos un camino diferente. Y por si fuera poco, mi novia me dejó también después de cuatro años de relaciones. Seguramente es que yo estaba insoportable, solo vivía para la banda.

– Sin embargo -señaló Dave- yo tengo un disco vuestro…

– Sí. Tienes “Brave New World”. Jody logró convencernos para volver a entrar en los estudios y grabar nuevas canciones. Todo fue muy complicado, el dueño del estudio nos dejó grabar gratis haciéndonos firmar un papel por el que nos comprometíamos a pagarle un porcentaje cuando el disco se editase y se vendiera. –Un sonoro suspiro daba fe de las dificultades de aquel momento- Las grabaciones eran un caos, dependíamos como siempre de los músicos de sesión que estuviesen trabajando allí en aquellos momentos y quisieran ayudarnos con sus instrumentos. Aún así íbamos consiguiendo cosas… incluso Alex Chilton nos hizo los coros de una canción.

– Para cualquier músico con un poco de sensibilidad sería un honor participar en tu trabajo –le sonrió Dave.

– Si tú lo dices… Pero nadie quería editarnos el disco, así que para cumplir el compromiso con el señor aquel tuvimos que editarlo nosotros mismos, sacando las copias que nuestros propios bolsillos podían permitirse pagar. Pero a pesar de que hasta el New York Post nos hizo una buena crítica tuvimos que distribuirlo también nosotros mismos. No pudimos conseguir firmar por ningún sello. A finales del 88 la banda volvió a separarse, exhaustos tanto financiera como emocionalmente, esta vez de forma definitiva… Mike se fue tan corriendo que ni siquiera desmontó la batería del local de ensayo.

The Deal. El final.

Dave Matthews sintió abatirse la tristeza sobre él porque fue en aquella época en la que se conocieron. Mark Roebuck, el otro miembro fundador junto a Haines que quedaba en The Deal, una vez disuelto el grupo comenzó a escribir canciones de manera informal con Dave. Su meteórica carrera tuvo su base en aquellas canciones acústicas que ambos tocaban y que hicieron que Dave Matthews sintiese la necesidad de reunir una banda propia con la que dar salida a todas las canciones que bullían en su cabeza.

El primer trabajo de The Dave Matthews Band se lo proporcionaron Mark y Haines que, convencidos de que nunca iban a poder vivir de la música, ahora curraban de camareros en el vetusto bar “Eastern Standard”

…50 dólares y todas las copas que se bebiesen durante la noche.

Eso era lo que The Dave Matthews Band cobraban por sus actuaciones todos los martes en el bar.

Haines y Mark nunca se recobraron del todo de los golpes que el destino le dio a su banda. Y a Mark no le ayudaba ver cada semana como la banda de Dave atraía más y más público mientras él permanecía tras la barra, músico frustrado, sintiendo como el verde monstruo de la envidia se adueñaba de su ser. Así que en vez de permanecer allí pensando una y otra vez en el éxito que alguna vez pudo haber tenido, decidió abandonarlo todo y comenzar los estudios para convertirse en Graduado Social, y obtener un trabajo de verdad con el que poder sostener una familia.

Dave, Mark. Cara, cruz.

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“Pass away”

Quizás Haines debió hacer lo mismo que él, pero en lugar de eso se refugió en los libros filosóficos y religiosos buscando una nueva dirección y significado a su vida. Su espiritualidad, cada vez más intensificada le hizo convertirse en una persona aislada y mesiánica que solo parecía resurgir del abismo cuando se hallaba en compañía de Dave Matthews y otros músicos de Charlottesville como Shannon Worrell, con los que se unía para informales jam-sessions o para servir de ayudante de los técnicos de alguna grabación o ensayo en los estudios de la ciudad, que tantos recuerdos le traían.

Y ahora, en Septiembre de 1.996, se encontraba conversando con Dave Matthews en el descanso de uno de aquellos ensayos…

– … ¿y qué sabes de de Mark? –le preguntó a Haines- Desde que escribió conmigo aquella canción del “Remember Two Things” no he vuelto a tener noticias suyas. Ni siquiera sé si le ha gustado como quedó una vez grabada.

– En realidad no sabía nada de él hasta hace muy poco… ¿sabes, Dave? Yo creo que se apartó de mí porque empezaba a preocuparse demasiado de mi interés en los libros de guía espiritual y de sistemas de pensamiento. Mark siempre fue muy terrenal y me miraba muy mal cuando yo le aseguraba que Dios me hablaba y que me estaba utilizando para preparar grandes cambios en el mundo… Un día se despidió diciéndome que yo estaba influyendo en él más fuertemente de lo que pensaba, y su ego y sus creencias estaban comenzando a depender de mí… Después de años sin hablarnos, lo único que se me ocurrió fue pedirle perdón.

Mark y Haines. La fuerza impulsora.

Dave procuraba que Haines no notase en él la misma mirada que antes había notado en Mark, y se mordía la lengua para no preguntarle sobre esos supuestos cambios. No podía dejar de pensar si no le estaba ocurriendo a él lo mismo que a Mark. Haines era como un virus espiritual que necesitase un huésped para sobrevivir. Había en él algo tormentoso, egotista… pero no se le podía odiar. Era tan purista y perfeccionista que a Dave no le extrañaba que se considerase a sí mismo como Cristo. Y debía reconocer que durante algún tiempo fue una gran influencia en su música. También aprendió de él lo importante que era la comunicación con los demás miembros de la Dave Matthews Band, el único camino para llegar a ser realmente grandes.

– Dave, tu llegarás muy lejos. Desde que te conocí pensé que eras el mejor hombre del mundo. Caminarás con paso seguro por la feroz arena de la popularidad y sabrás llevar la terrible responsabilidad de la fama –Haines le tendió la mano y se la estrecharon- Tú quedarás en la memoria del público… yo ya solo quedo en las manos de Dios.

Cuando Haines se despidió de él con aquellas palabras y se marchó con la mirada perdida, Dave se dijo a sí mismo que aunque Albert Grossman hubiese vivido, The Deal se hubiesen quemado solos. Haines siempre hubiese estado marcado por el exceso. Incluso cuando era tan altruista, hasta el punto de querer borrarse a sí mismo.

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“Strangers in disguise”

De camino a casa, Haines entró en el “By-Pass Market”, una tienda de artículos de caza y pesca, en el que compró una pequeña pistola. Cuando llegó le dijo a Rivet, su compañera actual, que se sentía preparado para descubrir qué se ocultaba al otro lado de la cortina. Se comió una de las albóndigas que ella estaba cocinando y salió diciéndole: “De lo único que uno es responsable en esta vida es de seguir a su corazón”.

Mientras llegaba a la piscina fue metiendo tres balas en los seis huecos de la recámara; una sí, una no, una sí, una no, una sí, una no… como si dejase en manos de Dios la decisión de si ya había llegado su hora.

Aquella noche el guarda de seguridad del bloque de apartamentos encontró su cuerpo sin vida en la caseta de la piscina. Tenía 37 años, y con la misma intensidad con que se había lanzado de cabeza a la música y a las vidas de los demás, se lanzó ahora al olvido.

Hasta el año 2.003 en que se editó “Goodbye September”, no llegaron a los oídos del público de todo el mundo las canciones de The Deal.

Bearsville Records es ahora un potente sello discográfico independiente, liderado por la viuda de Grossman, y desde hace cuatro años Warner Brothers vuelve a distribuir sus discos. Pero no es solo éso, sino un enorme complejo en el que se encuentra uno de los mejores estudios discográficos del mundo, al que acuden asiduamente buscando calidad, confort y tranquilidad para crear sus discos, grupos como R.E.M., Pretenders… o la propia Dave Matthews Band. Mick Jagger suele celebrar sus fiestas de cumpleaños en el lujoso lago que hay en sus instalaciones.

Dave Matthews ha editado ya 17 discos con su banda. Y es una estrella.

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“DC-10’s”