EL MUNDO EN SUS MANOS

Cuando ganó la nominación para ser el candidato a presidente por el partido Demócrata, se dijo de su discurso que había sido la pieza de oratoria política más importante del mundo de los últimos 40 años. ¿Pero todo fueron brillantes palabras tan solo, o realmente el político americano más carismático desde JFK es lo que parece ser…?

El martes son las elecciones. Las más mediáticas de las últimas décadas y las que más atención atraen en todo el mundo debido a las circunstancias que se viven en los momentos en que llegan: puede ser el primer presidente negro, el mundo vive en un estado de crisis económica que amenaza incluso con convertirse en recesión… En todas partes se habla de este hombre; ¿así que por qué no hacerlo también nosotros? Al fin y al cabo casi todo el mundo está de acuerdo en que quien preside los Estados Unidos también influye en alguna medida sobre tu propia vida, vivas en la parte del mundo en la que vivas.

Hace dos años era un completo desconocido, pero desde hace unos meses este político de Chicago, alto y delgado, de 47 años de edad, que responde al nombre de BARACK OBAMA, nos es tan familiar como cualquier estrella del rock de las que normalmente vienen a estos textos.

La inminente salida del presidente Bush, ampliamente considerado como el más desastroso de todos ellos desde Richard Nixon, ha dado lugar a la oportunidad de un nuevo comienzo, tanto dentro como fuera de los USA, y a la aparición de un candidato lo suficientemente valiente como para ir más allá de lo que lo ha hecho nunca ningún otro candidato, y postularse como “ciudadano del mundo”.

Seguramente la mayoría sois muy jóvenes para haberlo vivido, porque incluso yo con poco más que una decena de años lo recuerdo todo nebulosamente y más por lecturas que por observaciones propias, pero solo John F. Kennedy, y después su hermano Bobby, se preocuparon como ahora lo hace Obama por la desigualdad y la injusticia social que produce el “american way of life” y, como ellos hicieron en su momento con el escaso éxito que todos recordamos, intenta persuadir a sus paisanos de que es el momento de abordar de nuevo esas cuestiones, e intentar reconstruir unos Estados Unidos que todo el mundo asocia rápidamente con la Guerra del Irak o con las prisiones de Guantánamo.

Yo no lo veo todo tan de color de rosa como Obama lo pinta; no creo en una renovación americana ni mucho menos, pero sí es cierto que la nula popularidad del presidente Bush y un genuino deseo de cambio entre muchos de los votantes puede brindarle esa rara oportunidad para rehacer el país.

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Bruce Springsteen – “The promised land”

No es coincidencia que el hermano menor de los Kennedys mencionados antes, Teddy, haya apoyado tan explícitamente a Obama, algo muy simbólico para todos los que creen que Estados Unidos es una nación capaz de estar a la altura de los ideales de sus fundadores y actuar como una fuerza de bien en todo el mundo.

Y aunque Obama no esté haciendo del color de su piel una cuestión fundamental en su carrera hacia la Casa Blanca, su raza ha dominado su campaña electoral y es indudable que el hecho de que sea negro hace de estas elecciones un hecho histórico.

El último presidente del partido Demócrata que hubo, Bill Clinton, era un tipo muy popular, lleno tanto de encanto sureño como de carisma de estrella de cine, y su ámplio apoyo entre los votantes negros hizo que muchos periódicos se refiriesen a él como “el primer presidente negro”. Muchos pensaban que Clinton era lo más cercano que un país que hasta hace muy poco convivía con el legado de la esclavitud, podía elegir como presidente con fuertes raices en la comunidad negra. Pero no han pasado tantos años y aquí está Obama. Incluso aunque muchos votantes del sur le den la espalda y a él se le haya podido grabar diciendo de ellos que “desde los ’70 están aferrados a las pistolas y la religión”, Obama ha cicatrizado la controversia pidiendo una más perfecta unión entre todos ya que la nación es más que la suma de sus partes, y pone el ejemplo de su propia herencia genética, la madre de Obama es blanca y él está muy unido a sus abuelos, blancos y negros, a los que no duda en subir a los escenarios y situarlos estratégicamente detrás de su mujer, Michelle.

Y también, como Clinton, es un político con status de estrella del rock. Obama incluso tonteó con la cocaína al final de su adolescencia, y al contrario que a todos los políticos americanos, españoles, o de cualquier lugar del mundo conocido, a él no le importa admitirlo, es más, incluso lo escribió en sus memorias, “Los sueños de mi padre”, en 1.995: “Los porros ayudan, y la bebida, incluso un poco de coca cuando puedes permitírtelo”. Todo esto lo hace único, como también otro hecho muy importante que todos parecen pasar por alto, Obama es el primer candidato a presidente de los Estados Unidos que nació demasiado tarde para haber combatido en Vietnam.

Como los U2 o los Rolling Stones, Obama ha estado llenando estadios por los USA y por todo el mundo, y en ellos, como Bono o Jagger, ha puesto a cantar a la vez a miles de personas ese estribillo que ya nos resulta tan conocido, ese “Yes we can”. Pero a pesar de que la prensa nos lo ha metido hasta en la sopa en realidad sabemos muy poco de su carácter. Y ya que estamos en este blog… ¿qué sabemos de la música que le gusta? Pues sobre todo, los artistas americanos más venerados y más consolidados en el mercado: su gran héroe musical es Stevie Wonder, que además ha tocado para él en alguna convención del partido; Sheryl Crow también está en su iPod, como también Bruce Springsteen, el músico que más (y a veces de forma más sensiblera) se ha volcado con él, llegando a decir de Obama que “él habla a la América que yo he estado reflejando en mi música durante los últimos 35 años”.

Obama también escucha hip-hop y ha elogiado a Jay-Z y a Ludacris como “grandes talentos y grandes hombres de negocio”. Sin embargo se vió obligado a denunciar la canción de este último, “Politics as usual”, este verano pasado, por rechazar la posible elección de Hillary Clinton como candidata a vice-presidenta con frases como “esa puta es irrelevante”, y declarar que el candidato republicano John McCain “no se sentará en ninguna silla a no ser que se quede paralítico”. Obama admira el rap, pero expresa su preocupación por algunas de sus letras: “Me molestan a veces por su misoginia y materialismo… pero creo que el genio de esta forma de arte ha elevado la cultura y ha ayudado a desegregar la música”.

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Ludacris – “Politics as usual”

Obama nació y creció en Hawai, lo que podía haberle covertido en otra persona tan gris como las demás si en los ’80 no se hubiese ido a Chicago fraguando una base de poder político en una ciudad en la que la población negra es casi la mitad del total. Allí fue donde se alió con el pastor Jeremiah Wright, ése que acusó a la política exterior norteamericana de ser la culpable del atentado del 11-S, y maldijo a los Estados Unidos por la forma de tratar a la población afroamericana. Y aunque Obama echó los dientes currando con los grupos de aquella comunidad, ha sido después muy cuidadoso a la hora de asociarse con cualquier causa política importante que pueda limitar su atractivo electoral. Incluso expulsó en los inicios de la campaña al pastor Wright de su equipo de asesores. Obama es camaleónico, a él nunca le escucharás discursos explícitos como los de otros activistas por los derechos civiles como Al Sharpton o Jesse Jackson. Y hay que tener también en cuenta, que aunque quieran vendérnoslo así, Obama no es un personaje de alguna de las canciones de Springsteen, Obama es un miembro de la élite americana que estudió leyes en la Universidad de Harvard y fue el primer presidente negro de la revista de leyes de esa Universidad, que tanto poder e influencia tiene en el mundo entero.

No es perfecto, después de todo… ¿pero no le preferirías antes que a McCain, hijo de un general condecorado, y que en vez de graduarse cum laude en Harvard fue un estudiante del montón en la academia militar de West Point? ¿No le preferirías antes que a un tipo que ni siquiera se acuerda del número de casas que tiene? Vale que Obama no resista las comparaciones con Martin Luther King, pero es la antítesis de un hombre como McCain, que tiene unos puntos de vista totalmente reaccionarios sobre el aborto y el control de armas, por citar solo dos ejemplos, y que está establecido en la corriente política actual dominante.

Desde España, como desde todo el resto del mundo, lo que se mirará con más atención será su política exterior, y en eso Obama es bastante inexperto. Ha dicho que retirará a los soldados de Irak, pero solo cuando los comandantes estén de acuerdo y sea seguro hacerlo… ¿es una promesa o una forma de no comprometerse? Más allá de la retórica y de la sonrisa de showbizzness que usa, Obama parece probablemente el hombre que mejor puede asegurar los valores de Occidente en unos tiempos en que los Estados Unidos ya no son lo suficientemente poderosos como para mantenerlos. Esperemos, pues, que los deseos de Obama sean genuinos y no tengamos que acordarnos constantemente para mal del presidente americano, como en los últimos ocho años.

¿El miércoles se inicia el cambio?

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Jimi Hendrix – “Star spangled banner”

ENCARGADO DEL TRABAJO SUCIO

Johnny Cash era un tipo difícil de sobrellevar cuando estaba de gira, pero Jerry Lee Lewis solía entenderlo bien. Y eso que la primera vez que se vieron, a Johnny le cayó fatal.

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Johnny Cash – “I walk the line”

Por entonces Johnny Cash gozaba de una fama más que merecida y triunfaba con su “I walk the line” cuando, en abril de 1.957, el poco conocido Jerry Lee Lewis Trio se añadió a las bandas que andaban de gira con aquél por todo el país llenando los teatros con sus espectáculos de música country.

Como cabecera de cartel, Johnny se quedó horrorizado cuando Jerry Lee encendió al público de tal forma en su primera aparición como telonero en Sheffield, Alabama, que después de él su actuación estelar pareció no tener importancia alguna.

“Juro por Dios que Jerry Lee Lewis no volverá a telonearme nunca más”, bramaba Johnny Cash. Pero las bandas siguieron su gira por los estados del sur.

Y como Jerry Lee Lewis no era un maestro de la diplomacia precisamente, no perdía ocasión de meter los dedos en la herida. Hasta que unos días más tarde Johnny apareció con su cara de granito todavía más harto de lo habitual. El público estaba ya llenando la sala, y su pianista no daba señales de vida.

Después de una frenética búsqueda, alguien recordó que esa mañana le había visto en el hotel, pidiendo en el bar una botella de bourbon. Johnny salió disparado hacia el cercano hotel para encontrarse al impenitente borracho no solo ciego de alcohol, sino sumergido totalmente inmóvil en un relajante baño caliente.

“Saca tu culo de la bañera!!!”, se desgañitaba Johnny. Pero el pianista le ignoraba totalmente. Y Johnny, con la paciencia cada vez más perdida intentó convencerlo con buenas palabras, después con sobornos, y finalmente con amenazas de todas clases, incluída la de la violencia física. Pero el pianista continuaba con su baño sin demostrar siquiera que le estaba escuchando.

En ese momento, cuando Johnny Cash ya estaba al borde del ataque de nervios e iba a empezar a tirarse de los pelos, apareció Jerry Lee Lewis. Dándose cuenta de la situación con solo un vistazo apartó suavemente a Johnny diciéndole, “Deja esto al Killer…”. Y empezó a desabotonarse la bragueta.

Antes de que las primeras gotas de su agüita amarilla se unieran a las del agua de la bañera, el pianista salió de un salto jurando en hebreo. Esa noche, el espectáculo pudo continuar.

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Jerry Lee Lewis – “Whole lotta shakin’ goin’ on”

ALGO MÁS QUE CARNE MALDITA

Hace poco tiempo, en el post de las canciones que los Beatles cedieron a otros intérpretes, apareció la figura de P.J. PROBY y os dije que era éste un personaje digno de tener una entrada para él solo. Pues aquí está lo prometido, ahora que vamos a celebrar su cumpleaños. La base de este texto está extraída de otro que ya escribiese hace años para la revista “Ruta 66”; y después de un rato de edición, actualización y rebusca de fotos y canciones, aquí os presento, para los que no tuviéseis el placer de conocerlo ya, a la penúltima estrella.

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“Out of time”

La de vueltas que da la vida. Cuando nunca has pisado las listas de éxitos al menos eres un maldito; pero si has estado en la cima de ellas en un periodo de tu vida y después te han arrojado al pozo negro del olvido, entonces parece que no hay sitio para tu alma ni entre los triunfadores ni entre los vencidos. En la tierra de nadie, ahí debe estar P.J. Proby, narcisista y mundano, la estrella total, el penúltimo fetiche pop.

En la década de los ’60 Proby fue un cantante descomunal, proclive al escándalo y a la autodestrucción, que llenó el hueco existente entre Elvis y Tom Jones; tempestuoso, genial y desproporcionado… algo más que carne maldita. Sigue en activo, aunque olvidado por todos, lleno de secuelas de su alcoholismo, y seguramente arruinado, por lo que a sus 70 años sigue subiéndose a escenarios de tercera.

Su historia musical comenzó como rockero tejano que gana sus primeros dólares como compositor y se introduce, de pirata con coleta, en las listas inglesas durante la explosión beat, protagonizando el mayor escándalo televisivo desde que los Rolling Stones mearon en público. Después hizo algunas de las peores versiones de soul que se recuerdan, participó en San Remo, grabó con los primeros Led Zeppelin y con Focus, pasó de crooner a cantante de ópera-rock y en los ochenta nos salió con versiones de nuevos clásicos, tipo “Anarchy in the UK” y “Heroes”. Luego falló en un relanzamiento de la mano de uno de sus alumnos más aplicados, Marc Almond, debido a la poca confianza demostrada por su compañía discográfica, EMI; y en la actualidad hace giras nostálgicas con otras estrellas olvidadas como los Troggs y los Herman’s Hermits, y busca a alguien que le publique un libro sobre su vida que él mismo tiene terminado y guardado en un cajón desde hace tiempo. Proby es muchos personajes en uno, su historia es un folletín, una tragicomedia…

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“Whatever will be will be”

Nació al sol de Texas el 6 de noviembre de 1.938, en una familia más que acomodada que le bautizó como James Marcus Smith. De su infancia solo cabe destacar a una de sus hermanastras, que llegó a salir con Elvis Aaron, para el que Proby hizo algunas maquetas de canciones. Participó de secundario en varios westerns hasta que Sharon Shelley, una chica que escribía canciones para Jackie Dee Shannon, Rickie Nelson y Eddie Cochram, y que por tanto tenía buenas relaciones en el negocio, le proporcionó su primer contrato discográfico con Liberty Records y una gira por diferentes estados con el seudónimo de Jett Powers. La cosa no resultó, a pesar de que entre sus músicos de apoyo se contaban futuros Canned Heat y Captain Beefheart’s Magic Band. Cuando Sharon, ahora ya novia de Eddie Cochran, le propuso el alias de P.J. Proby, ya tuvo una base para iniciar un nuevo comienzo.

En los primeros ’60 y ya con ese nombre, lo intentó sin éxito con varios singles. A pesar de seguir bien respaldado, porque en todas las grabaciones estaban David Gates al bajo, Leon Russell al piano y Glen Campbell a la guitarra. Además todos tenían que cantar trozos en falsetto porque Liberty era un sello tan modesto que no podía permitirse el lujo de contratar chicas para los coros. Proby siempre tuvo un falsetto bastante bueno, pero sobre todo a causa de como lo perfeccionó aquí: “Puedes hacerlo cuando te pagan por ello. Te sorprendería saber lo alta que puede llegar a ser tu voz por dinero…”

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“Together”

Incluso lo intentó con otro nombre, Orville Woods, por el lado soul, hasta que los oyentes descubrieron el color de su piel. Su estilo vocal era muy esquizoide, dejaba al oyente en fuera de juego, inseguro del significado de sus canciones. Tuvo algo más de suerte en su faceta de autor de canciones, y viendo como aceptaban sus composiciones estrellas como Johnny Burnette, Ricky Nelson y Del Shannon, y que su “Ain’t gonna kiss ya” cruzaba el Atlántico con la nítida caligrafía de los Searchers para encabezar un disco de éxito en Gran Bretaña, los pasos para la reorientación de nuestro afectado protagonista estaban más que señalados.

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“Ain’t gonna kiss ya”

Y aquí es cuando entra en nuestra historia Jack “mano de garfio” Good, uno de esos tipos que a toda costa pretendieron que el rock se deshiciera de su complejo de inferioridad, intuyendo que algún día se pondría a la cabeza del mundo del espectáculo; que no era una moda pasajera a la que hubiese que sacar el mayor partido posible antes de que llegase la cordura y todo retornara a la normalidad. Además creía en una de las fórmulas mágicas del rock: búscate algo que haga temblar a los adultos e inmediatamente tendrás en las manos un éxito garantizado. Así que se llevó a Proby al otro lado del charco y le hizo aparecer en el especial “Around the Beatles”, en 1.964, con una pinta de dandy decimonónico que se ajustaba a la ambientación de sus congojas románticas, pormenores que no abandonaría en mucho tiempo. Después de todo ya fue Jack Good quien atavió a Gene Vincent como un Hamlet de cuero negro; y Proby estaba hecho a la medida de esta regla: con un carácter flamígero, llevaba su largo pelo recogido en una coleta, se ceñía entallados pantalones de terciopelo, camisas caprichosas y zapatos con hebilla. Y por encima de todo una voz vibrante que envolvía definitívamente su imagen.

Todo estaba preparado, Jack Good y P.J. Proby ceden a la Decca los derechos para editar “Hold me”, que lleva una producción absolutamente demencial, todo lleno de aullidos de harmónica, fuzz por un tubo, paredes de sonido a lo Spector… todavía suena como uno de los discos más ruidosos que se han grabado nunca. En aquella sesión estaba Jimmy Page en la guitarra rítmica y Big Jim Sullivan (el que suena en el “Black is black” de los Bravos) en la solista, Charles Blackwell en el bajo y el mismísimo Ginger Baker en la batería; según cuenta la leyenda, P.J. Proby la grabó en pijama y con la promesa de una botella al finalizarla. De cualquier forma, el disco trepa hasta el número 3 de las listas; nunca más llegaría tan alto como con este single de debut en Inglaterra.

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“Hold me”

Su siguiente lanzamiento fue la revisión de un oldie más tranquilo, “Together”, aquí sin la guitarra de un Jimmy Page aflequillado que no podía ser el solista de las sesiones porque la guitarra que mandaba era la de Big Jim, y un ritmo calcado de su disco anterior. En vista de su escalada, su sello americano, Liberty, reedita su catálogo anterior y llega a un acuerdo con Jack Good para prensar sus próximos vinilos. El reencuentro lo marcó “Somewhere”, un standard de Sondheim/Bernstein que podría pasar por una de las cumbres del amaneramiento. Pero Proby estaba hecho de otra madera y el mundo se le abría en esos momentos; desde septiembre del ’64 había conseguido tres top-10 en cuatro meses, sus shows provocaban el delirio de las adolescentes, mientras él parpadeaba, extendía los brazos, rugía, se contoneaba y caía de rodillas, agonizante…

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“Somewhere”

Y ahí le falló el truco. Al comenzar el ’65 participa en una gira junto a Cilla Black y Tommy Roe, y actuando en el Castle Hall de Croydon, se tira al suelo y sus pantalones se rajan por la rodilla; sigue la función y el roto se extiende a la entrepierna. El mito ha chismorreado mucho desde entonces, pero la verdad es que llevaba unos largos calzoncillos debajo. En cualquier caso, Croydon no estaba preparado para aquello. Los que le concedieron el beneficio de la duda por accidente se lo negaron cuando dos semanas más tarde vuelve a dejar hechos trizas sus pantalones en el Ritz Cinema de Luton, corriendo un tupido velo sobre la trayectoria de Proby como ídolo teenager. La televisión le niega el pan y la sal y su lugar en la gira es ocupado por el galés rugiente, Tom Jones.

Se disculpó, aplicando un fina capa de ironía a sus disculpas, con su siguiente single, “I apologise”, y volvió de nuevo a “West Side Story” con una enardecida “Maria” y la canción más sobresaliente de la temporada, el “That means a lot” de Lennon y McCartney que ya conoceis del post de hace unas semanas. Proby estaba exorcizando demonios o Dios sabe qué en compañía de sus dos viejos amigos Jim Bean y Jack Daniels, a base de épica en sus interpretaciones. Por entonces lo encuentra el joven Nick Cohn, al que dejó impresionado con una lacrimógena versión de su propia historia, y se contagió de su espíritu trágico al narrar con apasionamiento como eran cada una de sus actuaciones:

Se ponía detrás de una cortina, extendía un dedo del pie y todas sus niñas gritaban. Lo volvía a meter, a sacar y a meter de nuevo. Esto podía durar unos cinco minutos, haciéndose cada vez un poco más atrevido, dejando ver por un momento incluso su cadera, y entonces, de repente, daba un enorme salto y se plantaba en medio del escenario (…) Se quedaba casi inmóvil, daba de pronto una vuelta y se ponía a andar a saltitos a través del escenario como una loca; se paraba en seco y se apretaba la ingle como en un obsceno y vulgar strip-tease cómico; se alejaba hacia los bastidores con exagerados movimientos, como un bailarín de ballet que hubiese perdido la línea, y volvía tímido, coqueto y recatado como una colegiala, refunfuñaba, hacía pucheritos y todo volvía a empezar (…) De cualquier forma, se pasaba actuando durante más de una hora y gritaba hasta perder la voz, sudaba hasta que su cuerpo terminaba por parecer el de un sapo, de tan pegajoso y viscoso, y aún desbordaba intensidad, agonía, rabia. “¿Soy limpio?”, gritaba acongojado. “¿Soy limpio? ¿Soy inmaculado? ¿Soy puro?”. Cuando acababa, cuando se había destrozado lo bastante a sí mismo, se tambaleba a ciegas hacia los bastidores y se desmayaba, semiinconsciente, en su camerino.

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“Maria”

Su canción más conocida en los USA fue “Nicki Hoeky”, un rock al ralentí que grabó en 1.967. Animado por este éxito y empujado por la presión fiscal inglesa (deudas de 60.000 libras) que le quitó el coche, el jet, le embargaba los pagos, se volvió a su país, pero no consiguió mantener alto el listón y decidió ver terminar la década otra vez desde la isla inglesa. Estos último años ’60 no serían gratos en triunfos pero sí prolíficos en grabaciones. De entonces son las sesiones acompañado por unos primitivos Led Zeppelin al completo, y sus canciones con la producción de John Paul Jones, que le inyectan un plasma diferente. También le produjo Steve Rowland, que obtuvo alguna canción a base de darle palique sobre los días de Hollywood; el título era “Mary Hopkins never had days like this”, y aunque detrás seguían los Zeppelin, no se editó en el LP final, “Three week hero”, sino que quedó confinada a la cara B de un single. La vida de Proby también se estaba convirtiendo en una cara B.

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“Mary Hopkins never had days like this”

La lista de productores se iba alargando, incluso con nombres legendarios: Jack Nietzsche, Les Reed, Barry Mason… Proby parecía no resignarse nunca a dejar de ser una estrella; grandes mansiones y fiestas, más borracheras y más deudas. Para finalizar esta encarnación de nuestro protagonista nada mejor que imaginarlo de galán que muestra su caducidad en el Festival de San Remo, con “Per questo voglio te”. La pluma de Nick Cohn en su más famoso libro, “Awopbopaloobop alopbamboom”, lo describe de nuevo con grandes dosis de grandilocuencia transalpina:

(…) el compositor italiano llega con ánimo de supervisarle. Éste es toda una caricatura, mostachos rizados y ojos extásicos. Proby, que no está muy sobrio, es una clásica estampa de sí mismo, legañoso y con barba de tres días. Están solos en medio del enorme estadio y Proby está cantando. No sabe una sola palabra de italiano, no sabe lo que está diciendo, pero mueve los brazos, echa la cabeza hacía atrás y solloza. Habría roto el corazón de cualquiera. ¡Qué dolor, qué ternura, qué terrible pasión! El compositor nunca ha oído nada semejante y le mira extasiado.

Al final de la toma, el italiano se abraza al cuello de Proby y le felicita entusiasmado. Proby resplandece.

-Sr. Proby -dice el compositor-, ¿cómo lo hace?.

-Maestro -responde Proby-, no lo hago, soy así…

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“Per questo voglio te”

En 1.970 vuelve a aparecer Jack Good en nuestra historia, acudiendo al rescate de Proby para darle el papel de Yago en la ópera-rock “Catch my soul”, una adaptación del Otelo shakesperiano… muy en su papel. Pero así y todo, P.J. Proby no se sobrepone a la nueva década, que le ve de lejos cantando en cabarés, clubs y restaurantes de lujo, malvendiendo sus dotes de tenor entre singles sin repercusión, que en realidad se confeccionaban comprando el sello discográfico viejos fondos musicales y poniendo encima la voz de P.J. Proby… algunas veces las lineas ni siquiera coincidían ni estaban sincronizadas música y voz. Decía él, a modo de curiosidad, que llegó a grabar un disco con Brinsley Schwarz, pero nada de eso vió la luz. Sí lo hizo, sin embargo, una grabación en la que está respaldado por los sinfónicos Focus, “Focus con Proby” (en español en el original). Así de extraña era su carrera entonces, en un momento estaba cantando por Waylon Jennings para poder comer, y al minuto siguiente era el reemplazo de Jan Akkerman cantando jazz progresivo en un disco de Focus… o aparecía cantando enmascarado para que no viesen que era un profesional, en un concurso de nuevos talentos de televisión.

Jack Good aparece por última vez en 1.978 para librarle de sus melenudas compañías y, en plena necrofilia Elvis, le propone reencarnar la última etapa de su paisano, cuando ya estaba fofo e hinchado. Por unos meses la cosa parece ir bien, “Elvis on stage” cosecha buenas críticas y su interpretación recibe algunos galardones. Pero su ego, de nuevo su ego, vuelve a zancadillearle sin piedad.

Empieza a llegar borracho a escena y a pasarse el guión por donde quiere, a alargar las canciones y a burlarse de la audiencia. De patitas en la calle y el adiós definitivo a Jack Good y su protección. Después de esto vuelve a ser noticia por sus visitas a los tribunales, unas veces por insolvente, otras por agresiones a su mujer… por lo visto era ella quien pagaba los platos rotos cuando P.J. volvía de farra con su compinche Keith Moon. “Soy un artista y debería estar por encima de toda esa mierda”, solía decir, con la cabeza bien alta, quizás intentando olvidar la vez que tuvo que salir a toda leche de los USA debido a un incidente, en el que también aparecía una escopeta, que truncaba su idilio con la hija de Dean Martin. No debía de ser nadie el tío…!

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“Wingless” (Con Focus)

Los ochenta le llegan viviendo en Yorkshire, casado por quinta o sexta vez, envuelto en incidentes de tanto en cuando, grabando singles menores y resistiéndose a abandonar el mundo de la adolescencia. Su campo natural iba más allá de los humperdinkes y los tomjones, pero no tuvo la suerte de toparse con un Jim Steinman que diese vidilla a sus posibilidades. Su voz seguía teniendo una fantástica rotundidad a pesar de los últimos quince años de mala vida. Su forma de cantar ya distaba mucho de la de sus años dorados, claro está, aunque seguía teniendo intacta su capacidad de adaptación para persuadir al mundo de que su genialidad no tenía fondo, y a los 48 años se empeña en la redención, atreviéndose a hacer lo que nunca hizo, entre el mito y la transposición.

Dave Britton era un fan de inquebrantable confianza en su ídolo P.J. Proby cuando llegó a casa de éste con la intención de escribir su biografía. Como quiera que tanto por la prensa amarilla como por la policía era conocido el hecho de que Proby, a sus casi cincuenta años tenía de novia a una chica de catorce e intentaban buscarle las cosquillas, la idea del libro no parecía muy buena. En vez de eso lo que hizo fue relanzar su carrera por medio de Savoy Records, un sello independiente que montó en Manchester con su amigo Mike Butterworth. Las canciones de este nuevo resurgir no tienen nada de revisiones de éxitos añejos, sino que para elegirlas intentan seguir una regla compuesta de cuatro pasos: 1) que vayan bien con su voz, 2) que signifiquen algo para las nuevas generaciones interesadas por la música, 3) que fueran comerciales, y 4) que no les gustasen a los productores.

Y el Proby de espíritu burlesco, el arquetipo del cantante pop para el que no había nada fuera de su alcance, que bromeaba con todos los estilos y desechaba ideas preconcebidas, se vió de pronto metido en la energía de las grabaciones modernas. Su primer lanzamiento respaldado por Savoy contenía “Tainted love” y un paródico “Love will tear us apart”, y casi nadie se enteró. Dave Britton propuso el “Heroes” de Bowie para el siguiente single, haciéndola sonar como un maldito requiem militar; en su cara B recita “The Wasteland”, un poema de T. S. Elliott, sobre un trasfondo que podría remitir a Varese. El disco se cierra con una canción de Iggy Pop, “The passenger”, mutada en una melopea sardónica que no dispararía a las ondas ningún locutor sensato, solo algunos como el de “El Trip de las 5”. Durante las sesiones de grabación le abandona su última esposa y su descorazonamiento interviene en el sonido mortecino. Para rematar la imaginería degenerada, P.J. Proby aparece crucificado en la portada.

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“Heroes”

Siguió intentándolo con un “Anarchy in the UK” pistolero; con una pieza de baile, “The Mugwump dance”, sugestionada por continuos trucos de sonido en una catarsis que se torna delirio; con un single con variaciones muy comedidas y respetuosas del “Sign O’ the times” de Prince; con un ficticio dueto con Madonna, “Hardcore”, sobre bases de rap pornográfico, que casi le cuesta una demanda de los managers de la estrella (seguramente no lo demandaron porque no iban a poder sacar nada de un borracho en bancarrota que lo más seguro es que se muriese antes de que el juicio tuviese sentencia); con una extraña recreación de “In the air tonight”, que mataría de vergüenza a Phil Collins… si en realidad P.J. pasaba de la música moderna y lo que quería era hacer country.

Ni EMI, ni Virgin (jajajajaja…) querían distribuir aquello. Los discos no se vendían y se amontonaban en las oficinas de Savoy Records. Y Proby estaba demasiado enfermo para actuar y más aún para salir de gira. En las emisoras a las que David y Mike iban a promocionar los discos, los ciegos locutores que no se daban cuenta de que aquello era necesario en esa era de rock corporativo, siempre terminaban por poner el antiguo disco de “Somewhere” en lugar de éstos. Probablemente aún se estarán preguntando quien sería el típo aquél que no dejaba de pedirles discos (y se los enviaban encantados) para ponerlos en su programa, desde esa ciudad remota de España llamada Sevilla…

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“Love will tear us apart”

La aventura terminó cuando volvió a su país para asistir al entierro de su madre y posteriormente fue arrestado por vagancia. Fue lo mejor que pudo pasarle; a su paso por calabozos y hospitales le debe el estar cuatro años sin probar un trago de alcohol. Una especie de rehabilitación.

En los ’90 volvió a los escenarios. Bill Kenwright le coló como pudo en “Good rockin’ tonight”, la obra que recreaba la vida de su antiguo padrino Jack Good. De la mano de Pete Townsend y Roger Daltrey fue incluído en la gira de representaciones de “Tommy” y “Quadrophenia”. Y tras muchos años, un nuevo disco a su nombre volvió a salir a la luz, el que le produjo Marc Almond, “Legend”, cantando algún irresistible dúo con él, incluso. Fue un retorno a sus raices, ya que se dejó de modernidades y volvió al rock standard, las baladas, el country, el blues…

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“Yesterday has gone” (Con Marc Almond)

El nuevo siglo le trajo un recuerdo en la voz del maestro Van Morrison, “Whatever Happened to P.J. Proby?”, una canción de sus disco “Down the road” en la que echa de menos aquellos tiempos de Proby, Scott Walker, Screaming Lord Sutch… mientras nuestro loco personaje se enfrentaba a delitos por defraudar a Hacienda (si apenas le quedaba para vivir, hombre…) y grababa inútiles CDs caseros con sus conciertos en directo para vender a través de internet.

Y así termina la historia de una vida. La crónica de un cantante que se burló de todo con su fino pitorreo mundano, que muchas veces exageró hasta el sarcasmo. P.J. Proby tenía la habilidad de coger la más banal de las baladitas, desmantelarla, reconstruirla, y hacerla pasar por un trabajo romántico de altos vuelos. Se cargó las canciones buscando el feeling a costa de recargadas bases musicales (lo que por otra parte era la intención de los productores) a las que se encargó de complicar en un absurdo estilo vocal. Un minuto gimiendo y farfullando en el más lacrimoso proceder, para levantarse en el siguiente resonando con el más imponente vibrato, arrancando con ímpetu los últimos fragmentos vocales del libreto. Libidinoso. Persiguió el efectismo sentimental a través de remolinos de violines y tempestades de viento, secundado por coros álgidos; pero todo eso pareció volverse contra él con el paso del tiempo, hasta convertirse en la rutina histérica del torturado… que todavía repite una y otra vez por esos escenarios perdidos y llenos de nostalgia.

NOT EMBEDABLE

“GIBSON FAKE” GUITAR

Los coleccionistas de objetos relacionados con el rock son gente muy obsesiva. Sobre todo los de guitarras. Durante muchos años la Santísima Trinidad de las guitarras han sido la Flying V que usaba Jimi Hendrix, la Explorer que usaba The Edge con los U2, y la horrorosamente fea Moderne usada por cualquiera que no estuviese en su sano juicio.

Jimi luciendo orgulloso su Gibson Flying V.

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Jimi Hendrix – “Purple haze”

Y un día surgieron noticias de un “eslabón perdido” en esta familia de guitarras que alborotó y puso de los nervios a todos los aficionados a este coleccionismo. En su número de abril de 1.992, la prestigiosa revista inglesa “Guitar Magazine” anunció el descubrimiento de la Thunderbolt, el legendario modelo perdido de las guitarras Gibson.

El artículo y las fotos que lo acompañaban hablaban de cómo la mítica Thunderbolt había llegado a las manos de un anciano músico de swing, al que le pareció que aquella guitarra no había forma de tocarla bien y se la vendió a un “colgao” inglés por 40 dólares.

Las absurdas idas y venidas de la guitarra y los ridículos giros de su historia culminaban con la noticia de que iba a ser subastada el día 1 de abril, una indicación para todo el mundo, excepto para los más crédulos, de que esta increíble historia era la broma del April Fools.

Y ahora conviene hacer un inciso en la historia para señalar a todo el que no lo sepa que el April Fools es una festividad similar a la nuestra de Los Santos Inocentes, pero que en muchos paises del mundo se celebra (no se sabe muy bien porqué) el día 1 de Abril. Y ese día todos los medios de comunicación tienen la costumbre, como los nuestros el 28 de diciembre, de insertar una broma. Este año ha habido algunas muy graciosas, como el anuncio de un remake de la película “Casablanca” que iba a comenzar a rodarse, en la que los papeles de Bogart e Ingrid Bergman los iban a hacer Tom Cruise y Madonna; o una radio musical que anunció que desde ese día todos los martes (este año el 1 de abril caía en martes) iban a ser “los martes pegadizos”, y solo iban a poner los estribillos de las canciones, como así se llevaron haciendo todo ese día. La BBC programó un documental presentado por Terry Jones, de los Monty Phyton, en el que aparecía una nueva colonía descubierta de pingüinos voladores, y mostraba como al llegar el 1 de abril éstos se iban volando desde la Antártida hasta la selva del Amazonas. En otro sitio anunciaban que desde ese día cambiaba el valor del número pi, al que le quitaban todos los decimales para hacerlo matemáticamente más manejable. O los cachondos de la Wikipedia, que durante ese día la cambiaron a Wookieepedia, y en vez de estar escrita en inglés aparecía en todos los ordenadores escrita en el extraño idioma que hablaba el bicho orejudo ese de la Guerra de las Galaxias.

The Edge luciendo orgulloso su Gibson Explorer.

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U2 – “Sunday bloody sunday”

Pues bien, en 1.992 la broma del “Guitar Magazine” llevó a expertos de la guitarra de todo el mundo a llamar a los perpetradores de la misma para felicitarles por lo bien y lo creíble que les había quedado, ya que incluso se habían tomado la molestia de mandar hacer una imaginativa y meticulosa construcción de una guitarra que presentaron como la Thunderbolt, y que aparecía fotografiada desde todos los ángulos en el reportaje. La guitarra fue fabricada por encargo de los periodistas por un luthier, que usó para ello varias partes de otras cuatro o cinco guitarras Gibson ensambladas entre sí, logrando lo que podeis ver en las fotos del post.

Tres años después, un periodista amigo de los que habían elaborado la broma estaba curioseando por el backstage del festival de tributo a Elvis que se celebraba en Memphis. Y su sorpresa fue mayúscula cuando vio a uno de los roadies limpiando la guitarra que habían hecho para aquella ocasión. Emocionado, se acercó a ella y le dio un cariñoso rasgueo, preguntándose cómo habría llegado hasta allí desde un humilde servicio de caballeros reconvertido en estudio fotográfico para el engaño.

“Aparta tus manos de ella!!!”, le gritó el roadie. “Esa guitarra es más rara que un perro verde y solo le está permitido poner las manos sobre ella al propio Rick”.

Rick luciendo orgulloso su Gibson Fake.

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Cheap Trick – “Don’t be cruel”

El periodista, después de aquello, escuchaba sin salir de su asombro que ahora la guitarra pertenecía a Rick Nielsen, el guitarrista de los Cheap Trick, un hombre muy conocido por su enorme colección de guitarras, documentada muchas veces en revistas especializadas de todo el mundo. La Thunderbolt había sido su última adquisición y Rick ya había hecho planes para que apareciese en su siguiente video-clip y fotografiarla para hacer con ella un lujoso calendario junto a otras guitarras similarmente disfuncionales como ésta.

En ese momento, el periodista cometió el fatal error de decirle al roadie que cortara el rollo porque él sabía perfectamente que esa guitarra era falsa. “Falsaaaaa!!! claro que nooo es falsaaa, es una guitarra que no tiene precio!”. El roadie cada vez estaba más mosqueado. Y plantó sus casi dos metros y 120 kilos de peso delante del temerario periodista, amenazando con meterla la guitarra de Rick por el culo antes de que tuviese ocasión de volver a decir que era falsa. “Esto es una Gibson Thunderbolt. Se fabricó en la fábrica de Gibson en Memphis, Tennessee, en 1.959, ¿te enteras, listillo? Y como vuelvas a decir que es falsa vas a volver a tu casa en ambulancia…”.

El periodista captó la indirecta. No volvió a decir palabra alguna, pero antes de irse se inclinó sobre la guitarra y le dio la vuelta de forma que el clavijero apuntase al roadie, y entonces le señaló unas palabras medio ocultas en él, en las que podía leerse: “Made in Croydon”.

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Cheap Trick – “Dream police”

LA BALADA DE LEROY MERLIN

Aunque desde los nueve años estuvo dando clases de piano clásico y este instrumento no tenía secretos para él, no fue hasta el año 2.005 cuando Volker Bertelmann descubrió las complejidades del piano de cola reestructurado y preparado como consecuencia de insertar en su interior tornillos, tuercas y papel para crear nuevos sonidos y efectos. Todo sucedió mientras grababa en los estudios Twin Peaks, en el sudeste de Gales, y de pronto se vió asaltado por un aplastante sentimiento de claustrofobia.

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“Traffic” (Del “The prepared piano”, 2005)

De pronto pasó de hacer música electrónica con ordenadores portátiles a quedar atrapado en esta nueva tela de araña de querer abrirlo todo y rellenarlo con bolsas de plástico y tapones de botellas. Del interior del piano de cola surgió un inmenso racimo de instrumentos diferentes, sin que mediase ninguna clase de técnica especial. Transfirió las experiencias con el piano preparado de John Cage al mundo sónico de la electrónica post-clásica.

Desde entonces, durante los siguientes cuatro años, Bertelmann, asentado ahora en Dusseldorf, y con su nombre cambiado a HAUSCHKA, se ha establecido a sí mismo como una luz de guía del crossover del nuevo milenio, combinando las sensibilidades electrónicas con esas técnicas post-clásicas que mencionaba antes para crear una música lírica y minimalista que sugiere un profundo conocimiento de las músicas moderna y clásica del siglo veinte. Cuatro años encontrando formas para hacer que el viejo sonido de los grandes pianos suene tan moderno y vitalista como la última pieza musical extraída con la más reluciente tecnología.

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“Rode null” (Del “Ferndorf”, 2008)

La senda musical de Hauschka ha sido caprichosa y serpenteante. Comenzó como rapero en 1.994, para seguir en el grupo God’s Favourite Dog, un trío electrónico llamado Nonex, otro proyecto llamado Tonetrager, para por fin tener algo más de continuidad en Music A.M., con Luke Sutherland (de Long Fin Killie) y Stefan Schneider (de To Rococo Rot).

En el 2.004 quiso darle alguna salida operativa a la música industrial comercial y editó “Substantial”, su primer disco como Hauschka, nombre que copió del de una compañía farmacéutica alemana porque le encontraba cierto toque de melancolía rusa y le venía muy bien para mantenerse en el anonimato y dar a la vez una sensación europea oriental. Logró más aceptación de la que nunca antes había tenido.

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“Sequence I” (Del “Substantial”, 2004)

Las melodías que caían como gotas de lluvia y los hipnóticos rítmos de sus dos primeros discos jugaron un papel clave en su éxito, pero fueron las improvisaciones de sus interpretaciones en directo las que se lo dieron. En ellas conjuraba y arrancaba melodías desde el interior de aquel inmenso piano reconfigurado con las artes de la carpintería, los juguetes de plástico, las bolsas de la compra y los trozos de cinta de precintar.

Aquello fue un rompimiento con la electrónica de su tiempo. Los intépretes comenzaba a aburrirse ya de los ordenadores portátiles. La primera vez que tocó en directo de esta forma fue en Montreal, abriendo el concierto para un cuarteto de techno que quedó asombrado con él. No podían creerlo… nunca habían oído nada como eso antes. Les encantaba la aleatoriedad , el aspecto humano que hacía a la música más abierta.

Con su reciente disco, “Ferndorf”, llamado así por su ciudad de nacimiento en Alemania, que significa “ciudad lejana” (por el nombre, a lo mejor es donde vivían los padres de la princesa Fiona, en “Schrek 2”) Hauschka ha llevado aún más allá el sonido extraído del núcleo de su piano preparado, y ha usado una sección de cuerda para ampliar el espectro emocional de su música, escindida en esta obra entre las piezas puramente improvisadas y las composiciones más ordenadas.

Con su disco anterior, “Room to expand”, del 2.007, el patrón de músico-sentado-a solas-con-su-piano ya llegó hasta los límites más lejanos a los que podía llegar, por eso en este disco nuevo ha empleado a ese dúo de cuerdas y lo ha envuelto todo en una suave nube electrónica para conseguir metas más ambiciosas.

Y “Ferndorf” es un triunfo, un intento de Hauschka de capturar en la naturaleza de la música la intemporalidad perdida de su propia infancia… con títulos que traducidos hablan de “descalzo por la hierba”, “nieve recién caída”, este disco consigue evocar todas aquellas emociones. ¿Recordais cuando éramos niños y el día se terminaba pero nosotros no queríamos terminar con él…? Queríamos seguir jugando, queríamos quedarnos más tiempo en la calle… Pues esta música es algo así. Existe una profunda conexión entre las improvisaciones y la niñez de Hauschka; el piano sugiere las sensaciones físicas tales como las gotas de lluvia, el sonido de los pasos, las risas… mientras las cuerdas evocan la profunda melancolía que acompaña a todos esos recuerdos.

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“Blue bycicle” (Del “Ferndorf”, 2008)

LA SEGUNDA VENIDA DEL MESÍAS

Un pequeño pueblo del Sur de los USA, al lado de la frontera con México, es el lugar que Jesucristo eligió para su Segunda Venida al mundo.

Al menos eso es lo que parecía poco antes de la Semana Santa de 1.994. Unos días antes de las festividades algunos habitantes del pueblo comenzaron a notar un perfil casi imperceptible que aparecía en la pared exterior de la cantina local. Durante los días siguientes el contorno iba creciendo lentamente a la vez que se iba haciendo más definido.

Primero aparecieron los brazos extendidos hacia las desposeídas masas. Después los largos mechones de cabello rizado aparecían cayendo en cascada sobre sus hombros, enmarcando un par de bondadosos y comprensivos ojos llenos de paz. Y por fin, apareció la beatífica sonrisa, trayendo esperanza para el mundo.

El milagro comenzó a extenderse de boca en boca como un fuego salvaje en los secos bosques, y no tardó mucho tiempo en que la gente comenzase a llegar en peregrinación desde cualquier lugar de la costa del Pacífico hasta la santa cantina.

Las cadenas de televisión llegaron para llevar a todos los hogares americanos el fervor religioso que se había adueñado de este pequeño pueblo, mientras un cada vez más crecido número de visionarios, profetas y frikies de toda condición proclamaban que esto era la señal de que había llegado el Día del Juicio Final.

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“Preparad el camino al Señor”

A medida que pasaba el tiempo, las revelaciones continuaban. A los pies de la figura comenzaron a surgir Palabras. ¿Sería un mensaje, o mandamientos del Cielo a la gente del mundo? “Próximo… nuevo… Amor… Guerra… 34…” Expertos en la Biblia, predicadores, sacerdotes, todos fueron llamados para interpretar las Sagradas Escrituras que surgían. ¿Sería un críptica alusión al Libro del Apocalipsis…? ¿O al Evangelio de San Lucas…? Capítulo 3, versículo 4… “Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice: Voz que clama en el desierto, preparad el camino al Señor”.

Justo cuando parecía que el Vaticano iba a darse por enterado oficialmente, un granjero que llegó hasta allí, perplejo por la conmoción causada, informó con indiferencia a los asombrados peregrinos que su Mesías se parecía como una gota de agua a otra, al legendario cantante de country Willie Nelson.

Una investigación posterior dejó claro que un antiguo cartel anunciando uno de los discos de Willie en los años ’60, “Of Love and War”, había sido pegado hacía muchísimo tiempo sobre la pared por los anteriores propietarios de la cantina. Un invierno particularmente lluvioso había humedecido tanto la pared que la tinta del cartel se había filtrado a través de su pintura, dando como resultado esa figura del divino San Willie.

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Willie Nelson – “Arrodillado a los pies de Jesús”

LOS PROFETAS DEL DESASTRE

Para Juanma, que lo pidió… pero solo si promete que se va a leer el post enterito.

Se libró por un pelo. Hace ahora cinco años Peter Hammill sufrió un ataque al corazón en plena calle. Del que fuese cantante del grupo VAN DER GRAAF GENERATOR no puede decirse que sea un tipo demasiado conocido, pero si aquel día llega a tener que escribirse su necrológica la cantidad de figuras que hubiesen aparecido a rendirle tributo hubiese eclipsado a cualquier cielo estrellado.

Porque aunque Juanma, cuando hizo la petición de este post escribió sobre Van Der Graaf Generator que “lamentablemente parecen haber caído en el más absoluto de los olvidos, y nadie ya los cita ni siquiera como influencia”, en realidad no es del todo así, y a Peter Hammill siempre le reconocen como una de sus más claras influencias gente como David Bowie, John Lydon, Mark E. Smith, Nick Cave, Grahan Coxon, Luke Haines… como veis, una lista de los talentos más maravillosos y malintencionados del rock. En una carrera que dura ya más de 40 años, Peter Hammill ha sido constantemente desconocido; es uno de los últimos tesoros enterrados del pop.

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“Killer”

Y vives en el fondo del mar,
y matas a todo el que se acerca a tí…
Pero estás muy solo
porque todos los demás peces te temen…

En un día negro, de un mes negro,
en el negro fondo del mar,
tu madre te dió la vida
y murió inmediatamente.
Porque no puede haber dos asesinos
viviendo en la misma casa…

Ninguna banda separaba a los hombres de los niños en la forma en que ellos lo hacían. En 1.970, un crítico de la revista “Friends” escribió que escuchar su disco “H to he who am the only one”, de donde hemos sacado esta pieza anterior, le hacía vomitar.

Lo que siempre llamaba la atención por encima de todo era su forma de cantar. Peter Hammill aspiraba a ser “el Jimi Hendrix de la voz”, y a finales de los ’60 solía poner a tope, rayando en la distorisión, los altavoces que escupían su voz. John Lydon siempre dijo que su aullido punk lo basó en esa forma de cantar de Hammill. ¿No es esto una contradicción? Es decir… si el punk barrió a los grupos progresivos, a los que odiaba, ¿cómo es que la principal influencia de uno de los Pistols es Van Der Graaf Generator? Es que en realidad, aunque a este grupo se le recuerde con el sello de “rock progresivo”, al contrario que sus contemporáneos (no citemos nombres) las ambiciones de romper los límites del rock no eran simplemente actitudes pretenciosas ni pomposo virtuosismo; las letras eran una mezcla embriagadora de ciencia ficción, anhelo existencial y nostalgia, y las expresaban en largas canciones en las que, en la era de Led Zeppelin, ellos preferían saxofones y órganos en vez de guitarras solistas, y estructuraban sus melodías como si fuesen pequeñas sinfonías.

En particular, cuando tocaban en directo, a veces podían ser diabólicos, lo peor que uno podía ver; otras veces podían ser increíblemente brillantes. Y a veces nadie estaba de acuerdo en cuando habían sido de una u otra forma. Van der Graaf Generator eran fanáticos del volumen y la distorsión, que simplemente disfrutaban del caos. Su sonido poseía la cabalística facultad de perturbar. Por eso nunca fueron un éxito comercial ni se les pudo enmarcar en ningún estilo concreto, y su música tiene el mismo sentido hoy del que tenía en 1.971… perfecto sentido si eres capaz de pillarla, y ningún sentido si no lo haces.

Cuando Van der Graaf se deshizo, en 1.978 el teclista Hugh Banton se dedicó a construir órganos para iglesias, el saxofonista David Jackson retomó su carrera de profesor de instituto, el batería Guy Evans trabajó con los minusválidos y Peter Hammill se apartó también tranquilamente de la industria del disco pero no de la música, y construyó su propio estudio de grabación y lanzó su propio sello discográfico. Y desde entonces hasta ahora ha editado 51 discos a su nombre. Y eso sin contar los otros tres que lleva editados con los Van der Graaf Generator desde que volvieron a reunirse en el 2.004. El último lo editaron en marzo pasado, y se llamaba “Trisector”. Sus canciones contemporáneas suenan así:

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“Drop dead”

Pero vamos a remontarnos en el tiempo. De toda la obra de Peter Hammill quizás nos ocupemos en uno (o dos… o tres…) de nuestros futuros posts, pero éste vamos a acotarlo a una etapa más corta y manejable, una que empezó cuando él, junto a algún que otro amigo de la universidad de Manchester reunió una banda con la pretensión de ser marginalmente más serios, y hacer algo más que singles, que todos aquellos grupos de moda en los que sus miembros llevaban los trajes igualitos. Y lo cierto es que parecía que iban a lograrlo; Van Der Graaf Generator fueron recibidos como los entorchados de una nueva ola que se apartaba del rock americanizado que dominaba el mundo en los últimos dos o tres años. Su música era tan confusa, sorprendente y excitante como la del primero de los discos de King Crimson. Pero, desafortunadamente, no llegaron más allá, sus discos se vendían muy poco, y cuando vieron que la música en este grupo no les aseguraba un trabajo continuado como para llevar una vida más o menos segura, lo deshicieron.

Como el discurrir de esta banda es un lío gordísimo, os dejo aquí los hechos fríos y cronológicos, así podreis volver a ellos en cualquier momento de la narración, a modo de la guía de personajes que aparecían al principio de las novelas de Agatha Christie:

1967.- Muere Robert J. Van Der Graaf, inventor del generador de ondas Van Der Graaf.

Nace Van Der Graaf Generator en la Universidad de Manchester, formado por Chris Smith (batería), Nick Pearne (teclados y guitarra) y Peter Hammill (guitarra y voz).

1968.- Hugh Banton reemplaza a Nick Pearne. Se une Guy Evans. Les deja Chris Smith. Se une Keith Ellis. El grupo se rompe.

1969.- El grupo se reforma para grabar “The aerosol grey machine”.

Nic Potter reemplaza a Keith Ellis. Se les une Dave Jackson.

1970.- En febrero editan “The least we can do is wave to each other”

Les deja Nic Potter.

En diciembre editan “H to he who am the only one”.

1971.- En octubre editan “Pawn hearts”.

1972.- El grupo vuelve a romperse.

Durante tres años Peter Hammill edita cuatro discos en solitario. En todos ellos hay siempre uno o más de los componentes de Van Der Graaf Generator.

1975.-
En agosto dan un concierto de regreso en Londres.

En octubre editan “Godbluff”.

1976.- En marzo editan “Still life”.

En septiembre editan “World record”.

1977.- Les dejan David Jackson y Hugh Banton. Vuelve al grupo Nic Potter. Se incorpora Graham Smith (violin).

La banda acorta su nombre, dejándolo en Van Der Graaf.

En septiembre editan “The quiet zone/The pleasure dome”.

David Jackson vuelve al grupo. Se incorpora Charles Dickie (cello y teclados).

1978.- En julio editan “Vital”, su primer disco en directo.

El grupo vuelve a romperse. Esta vez de forma definitiva durante 26 años.

2004.- Banton, Jackson y Evans se unen a Hammill en un concierto de éste y deciden reformar el grupo y grabar material nuevo.

2005.- En abril editan “Present”.

Dan un concierto de reunión en Londres y salen de gira.

2006.-
David Jackson abandona el grupo, que se queda en trío.

2007.- En marzo editan “Real time”, un disco live que contiene el concierto de reunión de Londres integramente.

2008.- En marzo editan “Trisector”.

Bueno… pues estos son los hechos desnudos y ahora vamos a elaborarlos un poco más a ver si somos capaces de comprender el cómo y el porqué de tantos cambios. Sin duda, la personalidad más influyente y dominante de la banda ha sido la de Peter Hammill, sobre la que ha girado toda la historia del grupo. La primera formación duró solo el tiempo suficiente para grabar el single “The people you were going to” antes de que Hugh Banton reemplazase a Nick Pearne.

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“The people you were going to”

Por entonces Guy Evans se movía en el ambiente artístico de la Universidad, y un periodista que cubría el Festival de las Artes le habló de una banda que estaba buscando un batería porque el que tenían prefería los instrumentos de viento. Como él lo era y tenía ganas de tocar les llamó. No es que se cayesen muy bien, mutuamente pensaban que ni él ni la banda eran demasiado buenos, pero continuaron ensayando juntos pensando que si lograban que Chris Smith, que había cambiado la batería por el saxo y las ocarinas, se fuese del grupo, o al menos dejase las ocarinas, las cosas mejorarían bastante.

Como Chris no parecía querer irse, Peter Hammill pasó al ataque. Y un día mientras iban a la sala de ensayos en la furgoneta fue metiendo mano en la caja de las ocarinas de Chris y tirándolas una a una a lo largo de todo el camino… “Mis ocarinaaaaas!!! Cabroneeeees!!!” fueron los desesperados gritos de Chris antes de salir a buscarlas y volver tres horas más tardes con casi todas ellas recuperadas. Pero tamaña crueldad e insensibilidad para con sus instrumentos como todos demostraban le hizo abandonar por fin el grupo dos días después, y montar su propia banda con Dave Jackson, que sí demostró tener la compasión, comprensión humana y ternura con la que deben ser tratados los saxofonistas y sopladores de ocarinas.

La banda se solidificó entonces alrededor de Peter, Hugh, Guy y Keith Ellis, que se unió a ellos después de que su banda, The Koobas, se disolviese. A partir de ahí dio comienzo un calvario de tocatas por clubs cada vez más cutres, y la edición de un disco que nadie compraba, sobre todo porque su compañía solamente lo editó en los USA, donde eran unos perfectos y absolutos desconocidos, hasta que se dieron cuenta de que así no iban a ningún lado y se disolvieron también ellos.

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“Afterwards”

Peter Hammill se retiró para grabar las canciones que luego editase en el disco “Fool’s mate”; Keith Ellis se fue a América y Guy Evans se unió al grupo The Misunderstood, donde conoció al bajista Nic Potter. Hugh Banton se acercaba de vez en cuando al estudio de Peter y colaboraba con él en su disco en solitario, algo que también terminó por hacer Guy Evans… y ya que de todas formas estaban tocando juntos ¿por qué no intentar seguir con la banda? Necesitaban más instrumentistas, así que Guy convenció a su nuevo amigo Nic; y Dave Jackson al final demostró que no era tan duradera su sensibilidad por las ocarinas de Chris y también le dejó tirado para unirse a los nuevos Van Der Graaf Generator.

Aquí están todos. De izquierda a derecha: Peter Hammill, Dave Jackson, Nic Potter, Guy Evans y Hugh Banton.

Ahora que el Farfisa de Hugh Banton estaba acompañado por el mordiente saxo de Dave Jackson, el sonido era más atmosférico y contundente, más que fusionarse como músicos al uso, Hugh y Dave crearon un dúo que dialogaba lleno de tirantez, que hacía que su escucha no fuese fácil. Se convirtieron en una banda de magalomaníacos: Hugh Banton era un enamorado de los órganos de iglesia, pero como gran fan de Jimi Hendrix, quería que en el interior de sus grandes tubos hubiese Marshalls que aullasen el sonido lleno de feedback; quería que Van der Graaf Generator fuese una banda de órgano… y Dave Jackson quería que fuesen una banda de saxo… y Peter Hammill quería que fuesen una banda vocal… y todos los que les oían pensaban que eran un pandemonium.

Esta formación fue la que por fin logró una cierta continuidad cimentada por su segundo disco, “The least we can do is wave to each other”, una obra llena de excelentes canciones interpretadas por un Peter Hammill totalmente implicado con ellas, y complementadas con una música soberbia a cargo del resto del grupo. De allí es este “Refugees”, una de las piezas musicales más emotivas que se hallan grabado nunca.

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“Refugees”

Caminábamos juntos, a veces cogidos de la mano,
entre las finas líneas que separan la arena y el mar;
sonriéndo llenos de paz,
comenzamos a notar que podríamos ser libres,
y nos fuimos juntos al oeste…

Somos refugiados, huyendo de la vida que conocimos y amamos.
Nada que hacer ni decir, ningún sitio donde estar; ahora estamos solos.
Somos refugiados, llevando todo lo que poseemos en bolsas marrones atadas con cuerdas.
Nada en qué pensar, nada tiene significado; pero somos felices a nuestra manera.

Siguieron dos discos más, “H to He who am the only one” y “Pawn hearts”, que mantenían el estilo único que había establecido el anterior, aunque ninguno consiguió repetir el mismo impacto dramático. El principal logro de Van der Graaf Generator fue siempre su extraordinaria e inflexible intensidad, tanto musical como lírica… a veces calmada, meditada, casi melancólica, y otras furiosamente agresiva e implacable, su música siempre provenía de una mezcla extraña e inmanejable por otros que no fuesen ellos, a base de free-jazz, rock’n’roll del más directo, música clásica, una completa mezcolanza de sonidos que complementaba las descarnadas e imaginativas letras de Hammill de forma perfecta.

Durante las sesiones de grabación del “H to He”, Nic Potter estaba tan aterrado que abandonó el grupo. Nic era el más joven, apenas 18 años, y le preocupaba que el interés de Peter Hammill en el ocultismo podía estar sumergiendo a los miembros de Van de Graaf Generator en problemas psíquicos reales. Pero en realidad no era así, es cierto que Peter estudiaba y escribía sobre mitología y brujería, pero lo hacía de forma científica y racionalista… quizás dejaba volar más su imaginación en las letras de las canciones, pero nunca hizo proselitismo ni intentó adoctrinar a los demás. Nic Potter no fue reemplazado en la banda, Hugh Banton, un músico bien entrenado, podía sacar del órgano el sonido del bajo con su pie. Sin guitarrista ni bajista, Van der Graaf Generator eran el cuarteto de rock menos ortodoxo de la historia.

Dave Jackson era lo más cercano que la banda tenía a una estrella del rock: pelo largo y barba, chupas militares de cuero, el saxo colgado de su hombro como una serpiente; incluso una vez el “Melody Maker” le dio la portada. Pero en el grupo no eran rockeros convencionales, sus conversaciones, en vez de mujeres y alcohol, giraban sobre aviones de la primera guerra mundial. De drogas sí que hablaban más, y no solo hacían eso, sino que también eran grandes fumadores de ella. Pero en el verano del 1.971, a mitad de una monstruosa gira de 142 conciertos en siete países, se pasaron al LSD. Ya no controlaban bien, su percepción de la realidad se iba difuminando. El ácido saturó los ensayos de su siguiente disco, “Pawn hearts”.

Y así les salió. Los tres cortes del disco se acomodan a cualquier sonido del otro mundo que uno sea capaz de concebir, desde el escalofrío inducido por las flautas y los atormentados mellotrones hasta las robóticas oscilaciones del bajo y el paroxismo del saxo metálico. La segunda cara del LP era una anatomía de 23 minutos de un ataque de nervios: “A plague of lighthouse keepers”, una pieza cargada de truculentas alucinaciones que concluye con un ambiguo pasage de trascendental belleza que requiere que el oyente decida si el narrador de la historia ha encontrado su paz mental en la liberación, el delirio o el suicidio.

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“A plague of lighthouse keepers”(excerpt)

Como un perro en la noche, debo correr hasta un refugio
…ahora soy el extraño en su propia casa.
Todo el dolor que he visto
me hace perseguir la paz solitaria;
pero guardo la experiencia en mi cabeza…
Estoy muy cerca de la luz,
pero no creo que deba mirarla, porque me cegará…

Con este disco ocurrió algo increible, aunque en su país discurrió por los mismos cauces de ventas que los demás, o incluso peores, en Italia, un país en el que nunca habían estado, fue un número uno. Así que para solucionar esa falta organizaron una gira por el país, aunque sin esperar nada extraordinario.

Cuando se bajaron del avión en Milán, el ejercito estaba controlando las calles… ¿qué pasaba? se asombraban… ¿una guerra…? ¿un golpe de estado…? No. En absoluto. Estaba allí por ellos, por Van der Graaf Generator. Durante los seis meses siguientes su vida se convirtió en una locura. Desde entonces y durante 1.972 hicieron tres giras por Italia, intentando asimilar las incongruentes escenas que se repetían una y otra vez; fans histéricos abandonados a la euforia, los soldados disparando gases lacrimógenos para controlar las entradas a las salas de conciertos, audiencias de casi cinco mil personas que idolatraban su música como si fuesen óperas de Verdi…

Mientras tanto también hicieron giras cortas por Inglaterra, Francia, Bélgica, Suiza, Alemania y Holanda. Estaban exhaustos, pero en ningún sitio tuvieron fama real como en Italia. Allí “Pawn Hearts” permaneció como número uno de la lista de LPs durante más de cuatro meses seguidos. Pero a pesar de todo la banda no vió ni un céntimo de royalties. Italia les rompió. Exprimidos tanto emocional como financieramente, en agosto Peter Hammill escribió a los demás su carta de dimisión. La aventura se terminaba de nuevo.

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“Theme one”

Y aunque la consciencia demandase un cambio real, al fin y al cabo los miembros del grupo continuaron viéndose regularmente y grabando juntos, ya fuese en las sesiones de los discos en solitario de Peter, como en “The long hello”, el que grabaron los demás miembros en Italia sin él… romper… reformarse… en realidad nada es tan definitivo como suena, y como todos se dieron cuenta de que Van der Graaf Generator era más que la suma de sus partes, decidieron volver a levantar la banda.

Aunque el pensamiento de la reforma surgió en 1.974, no fue hasta el año siguiente en que la reunión tuvo efecto. Y el disco que editaron entonces, “Godbluff”, era una prueba de que todos los componentes del grupo habían madurado musicalmente, especialmente como individualidades, durante los años de ausencia. La esencia de la banda todavía era la misma, su estilo único seguía ahí, pero todos estaban por fuera del perímetro interior creando, comprometiéndose con su propio estilo de paranoia musical.

“Godbluff” era un clásico en cada minuto de su contenido. Conjuraba extensos campos de batalla, chozas quemadas por los saqueadores, enloquecedores carros de guerra avanzando entre poblados, nubes de lanzas cayendo sobre la tierra. Y en medio de todo aquello, Peter Hammill, como un místico Zoroastro, buscando desesperada y elocuentemente algún vestigio de moral donde ésta no existía.

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“The sleepwalkers”

En la noche, el ejército ciego, atacó sin disención alguna,
entrando en acción sin disminuir su marcha.
En formación, con gran presición, estos bailarines de la noche
avanzaban contra la oscuridad. Eran implacables!
Los ojos brillando a la luz de la luna, brazos en jarras,
caminan y viven, esperando salir muy pronto de este limbo.

En cuanto “Godbluff” desapareció de las listas al poco tiempo, enseguida editaron el majestuoso “Still life”, que funcionó comercialmente igual de mal. Ni tampoco les fue bien con “World record” seis meses después. Y en julio del ’76 vuelven a Italia, donde fueron recibidos como héroes. Pero cuando de nuevo volvieron allí en noviembre, el país había enloquecido, los conflictos entre los comunistas (que habían organizado su gira) y los fascistas (que intentaban sabotearla) dieron lugar a algunos de los disturbios más terribles de los años ’70. En el Palasport de Roma, tocando para 30.000 espectadores, sufrieron la invasión de bandas de enmascarados fascistas golpeando e incluso disparando; después del tercer concierto de la gira les robaron el camión y tuvieron que seguir tocando con instrumentos prestados. Se negaron a seguir, sobre todo Hugh, que no podía extraer de otros saxos los sonidos que sacaba de los suyos, trucados y modificados por él mismo… pero les apuntaron a la cabeza: “Esto es una pistola. Seguireis tocando”. La semana siguiente fue infernal. Los componentes de Van der Graaf Generator regresaron a Inglaterra con los nervios y las finanzas hechas girones. No parecía el momento más idóneo para que Peter Hammill rompiese con su novia.

Un crispado Hammill se volcó entonces en su trabajo en solitario; Hugh y Dave re-examinaron sus prioridades. Hugh Banton, casado y con un hijo recién nacido, deja el grupo al comenzar el 1.977, y en febrero también se va Dave Jackson. Nic Potter se despierta de un sueño que estaba teniendo, en el que Peter Hammill le estaba llamando para que volviera a unirse a Van der Graaf Generator. Pocas horas más tarde suena su teléfono. Era Peter Hammill pidiéndole que volviera a unirse a Van der Graaf. Como deferencia a la partida de Hugh y Dave, había cortado el Generator de la banda.

Optando por un cambio radical en su sonido, Peter Hammill y Guy Evans, los miembros que permanecían, junto con Nic ahora, buscaron al violinista Graham Smith, y grabaron el “The quiet zone/The pleasure dome”, desplegando en él una especie de funk intelectual que, adelantándose en dos años a su tiempo, creó una yuxtaposición del virtuosismo musical con la amenaza del futuro post-punk.

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“The sphinx in the face”

Las bajas ventas, los buenos vinos a los que se aficionaron en Italia y las innecesariamente grandes cantidades de roadies y ayudantes en las giras hizo que contrajeran profundas deudas. Guy Evans comenzó a cansarse… y Nic no estaba ahora menos asustado de lo que lo estuviese en el ’70, la nueva formación, con el sonido de Graham Smith, le daba miedo, a veces sentía como si una nube estuviese bajando sobre él, era un sentimiento siniestro, angustioso. Y el resto del grupo comenzó a contagiarse de él. No era ansiedad exactamente lo que sentían, sino más bien una dislocación filosófica… había una atmósfera extraña que seguía a Van der Graaf a todas partes. Las giras eran largas y tenían el sentimiento subyacente de no saber como iban a terminar; y, por supuesto, la música no contribuía a que nada fuese predecible. El estado normal de los músicos era la preocupación, el más profundo desconfort.

La puntilla les fue clavada en Ibiza, en el transcurso de un festival veraniego. Graham, mientras se bañaba en la playa con Guy, fue arrastrado por la corriente y tuvo que ser sacado del mar inconsciente, casi muere ahogado. Poco después, en un concierto en Francia, en una antigua iglesia de Annency, Nic Potter notó como en el camerino se habían desplegado varias túnicas sacerdotales. Mientras estaba tocando se estaba imaginando que la iglesia estaba intentando alguna clase de exorcismo contra algunos de los elementos de Van der Graaf, a cuya música se resistía violentamente. El aterrorizado bajista tuvo que ser ayudado a volver al hotel, presa de un ataque de nervios. Realmente sentía miedo de algo malo que estaba pasando… de algunas fuerzas oscuras alrededor de Van der Graaf, de las que sentía la necesidad de huir.

Y como con este disco finalizaban su contrato con el sello Charisma, rehacios a fichar por otra compañía nueva, Peter Hammill y Guy Evans dieron por terminada formalmente la andadura de la banda. Se despidieron en 1.978 con la edición del disco “Vital”, grabado en directo.

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“Still life”

Durante los años que siguieron a la ruptura definitiva… ¿definitiva?, Peter, Dave, Guy y Hugh solo tocaron juntos en tres ocasiones, la fiesta por el 40 cumpleaños de Sue Jackson, la esposa de Dave; después también en la fiesta por su 50 cumpleaños, en el 2.001; y en medio de esas dos veces, en un concierto en 1.996 de Peter Hammill en solitario, para el que contaba con la ayuda de Guy Evans, y al que se sumaron también para una versión de “Lemmings” Hugh Banton y Dave Jackson.

Por eso, en abril del 2.005 “Present” fue un regalo inesperado, sobre todo el primero de los dos discos de que se componía, que teclados digitales aparte, contenía alguna pieza que no hubiese estado fuera de lugar en cualquiera de los discos antiguos de Van der Graaf Generator, con sus rítmos palpitantes. La segunda parte, compuesta de improvisaciones, ciertamente no pasará a la posteridad.

Y aparte el disco que editaron después con su concierto de reunión en directo, el flamante “Trisector”, ahora con la banda convertida en trío tras el abandono de Dave Jackson, es un reprise de la complejidad que se había perdido en el “Present”. Hay emociones contradictorias para los viejos fans de la banda, como Juanma o yo mismo; ya no tenemos aquellos fantasmagóricos duelos de saxo y órgano, pero en su lugar encontramos una nueva tensión que hierve a fuego lento… “Este es el momento en el que hemos decidido / que no se admiten pasajeros en esta singladura…”

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“Over the hill”

DOS GOLPES Y UNA PALMADA

Para los súbditos de la Reina

Era el latido de un pie colectivo pisando fuerte dos veces y una bofetada de carne sobre carne. Era un sonido que reverberaba en los estudios Wessex de Londres, y que tenía una cualidad primitiva e hipnótica. Y mientras en aquel histórico verano de 1.977 en que los Sex Pistols estaban encerrados en el estudio B grabando el “Never mind the bollocks”, la obra que iba a cambiar la música tal como la conocíamos, otra de la más notables y polémicas bandas de rock británicas estaba abajo, en la espaciosa iglesia gótica reconvertida en estudio A. No se sabe ciertamente, aunque parece que fue después de 15 tomas golpeando con los pies ya fuese un bombo o una tabla de madera perdida en el estudio, cuando todos estuvieron de acuerdo en que habían encontrado el rítmo de la que se convertiría en una de sus canciones más imperecederas, “We will rock you”.

Incluso sus vecinos del estudio de arriba estaban intrigados por la presencia de la realeza del rock… así que en uno de los descansos de la grabación de “Good save the Queen”, bajaron a curiosear sobre aquel sonido que provenía de la otra Reina de Inglaterra, la que reinaba sobre todos los grupos de rock…

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“We will rock you”

Brian May congenió enseguida con John Lydon, que le miraba con absoluto respeto siempre que hablaban de música. Y la mitología del rock cuenta el encuentro entre el pintoresco cantante de QUEEN y el enfant terrible de los Pistols, Sid Vicious, que preguntó a modo de saludo: “Ah, Freddie Mercury, ¿todavía están ustedes intentando llevar el ballet a las masas?”. “Oh, siiiií, Mister Ferocius, querido…” fue su contestación, para apostillar después: “Es que eso es lo que mejor sabemos hacer”.

Brian May, sin embargo, admiraba a aquel chaval tan joven que parecía recien salido de la escuela; veía en él talento real y pasión… no en vano Queen y los Sex Pistols eran los polos opuestos en el tribal mundo del rock de los ’70. Y ahora, en el 2.008, los Pistols (excepto el ya fallecido Sid) están de nuevo de gira; y Queen (excepto el también ya fallecido Freddie y el bajista ya retirado John Deacon) también están de nuevo de gira, y llegarán a España dentro de pocos días. Incluso tienen un nuevo disco, “The Cosmos Rocks”, fruto de la relación desde hace tres años y medio con el antiguo cantante de los Free y los Bad Company, cuidadosamente acreditado a Queen + Paul Rodgers. Una de sus canciones, “Still burnin’” se atreve a incluir unos retazos de los famosos dos golpes y una palmada… “We will rock you” suena como el fantasma de las navidades pasadas, presentes y futuras de Queen.

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“Still burnin'”

La singularidad de Queen se refleja en la personalidad de sus miembros supervivientes. Brian, ahora con 61 tacos, es un tipo tranquilo, de maneras suaves, que se acomoda perfectamente a lo que conocemos más de él, como su pasión por la astronomía, y a lo que conocemos menos, como que fue profesor de primaria (enseñó matemáticas a Poly Styrene, la cantante de X-Ray Spex); tiene un aire marcadamente profesional y es una de esas rara avis del estrellato del rock para los que lo realmente importante sigue siendo la música.

Roger Taylor, con sus 59 años a cuestas, todavía es feliz denunciando a “todos esos viejunos” del showbiz, y encarna a la verdadera estrella del rock de Queen; amante de la música, sí, pero sospecho que más amante aún de la buena vida que ésta le proporciona. Bastante más garrulo que Brian, pero si le preguntas, seguro que tuerce el gesto y te dice: “Tío… todavía podemos enseñarles una o dos cosas a todos esos grupillos nuevos…”.

Puede parecer un riesgo comenzar esta nueva etapa, pero es que esa fue siempre la condición natural de Queen. Pueden gustarte más o menos, pero no se les puede negar que asumieron riesgos ya desde el principio, y en sus primeros cinco años de vida pasaron a través del rock progresivo, el heavy metal, las baladas folkies, y un amanerado pop inglés que solo hacían ellos. Junto con Brian y Roger estaba la presencia de John Deacon, un tipo sin pretensiones que, sin embargo, compuso algunos de los mayores éxitos del grupo, y la de Freddie Mercury, siempre cómicamente exuberante y sinvergonzón, aunque en privado fuese el tipo más sensible del mundo y su vida girase en torno a la música que creaba. Con cuatro personajes así, los discos de Queen siempre eran impredecibles.

En 1.977 cambió la música tal como la conocíamos… lo he dicho ya, ¿no?. Y también cambió la de Queen de forma más profunda de lo que lo había hecho nunca. “We will rock you” se editó como single de doble cara A junto a “We are the champions”, y además de ser otro gran éxito, fue la marca de fábrica de su nuevo álbum, “News of the world”. El nuevo sonido de la banda se apartaba de la extravagancia coral de “Bohemian Rhapsody”, que tanta fama les estaba dando en los últimos tres años, y se acercaba más al sonido que estaban haciendo las bandas nuevas como la de Mister Ferocious y sus amigos. Queen querían crear algo más crudo y más básico, y lo lograron. Brian tuvo la idea de “We will rock you” en un sueño, y se despertó con la idea en mente de crear una canción en la que la audiencia pudiese participar… una canción para las masas…

Con “We will rock you” los Queen comenzaron un periodo de su vida que acabó en 1.983, con la reaparición de la banda en el Live Aid, y en el que tuvieron que tomar las decisiones más valientes de toda su vida y crear la música más exigente de su carrera.

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“We are the champions”

Llegó 1.978 y Queen se encontraron de pronto sin manager. John Reid les dejó para concentrarse en su otro cliente, Elton John. Eso sí, no sin antes arreglar un contrato que le aseguraba mantener el cinco por ciento de todos los royalties de Queen de por vida. Tuvieron que formar su propia compañía de management con el abogado Jim Beach, una decisión que les ayudaría a multiplicar sus ganancias en los años venideros. Negocios aparte, sus vidas privadas también se convulsionaron; Freddie Mercury salió de un salto del armario, abandonando la relación con su novia de siempre, Mary Austin, para comenzar una nueva con David Minns, un joven ejecutivo de su compañía discográfica.

La política financiera del partido laborista británico comenzó a dejarse sentir entre las estrellas del rock que más rentas obtenían… Queen llegaron a dejarse en impuestos prácticamente un 98 por ciento de sus ingresos. Así que la decisión siguiente estaba clara: abandonar el país.

El siguiente disco lo fabricaron en el dorado exilio, entre Niza y Montreux. Era la primera vez que Queen grababan lejos de casa, y la idea era que no hubiese distracciones… pero por supuesto hubo incluso más todavía, y de todas clases.

En Niza, Freddie se quedó colgado con el Tour de Francia. Los demás no podían entender porqué, hasta que se presentó con una deliciosa canción, “Bycicle race” (“Carrera de bicicletas”), inspirada, según el rumor que más te guste creer, por el paso de la más famosa carrera ciclista del mundo bajo la terraza de su hotel, o por el affaire que mantuvo con uno de los corredores, como Brian dejó caer años más tarde en una entrevista.

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“Bycicle race”

Con sus rítmos de staccato, el garabato del solo de guitarra, los anticuados coros y el timbre de las bicis, la canción estaba llena de alegría de vivir (bueno, de “joie de vivre”, que estamos en la France); y además, su letra tópica y divertida … “Tiburón” nunca fue mi peli, y no me gusta “La guerra de las galaxias”… era puro escapismo, como ver una de esas películas de las que hablaba.

Y la otra canción de este single, también con doble cara A, era igual o más kitsch aún. La compuso Brian May pensando en Freddie, a quien le gustaban especialmente las chicas (y chicos, sobre todo) con el culo bien grande: “Fat bottomed girls” (“Chicas culonas”). Canciones completamente desechables, como el propio cantante reconociese poco después. Queen no quería cambiar el mundo con sus canciones, la gente podía usarlas y después tirarlas.

Pero a pesar del sentido del humor de estas dos piezas, no todo el LP era tan comercial ni tan lleno de falsa modestia. “Jazz” fue un disco ambicioso que no sobrevivió a su ambición, a pesar de contener otro de los grandes momentos de la banda, el “Don’t stop me now” (“Nadie me detendrá ya”) de Freddie Mercury, el homenaje a todos sus excesos actuales con el sexo, con las drogas… con la vida. El “good time, good time” que canta podía referirse perfectamente al tiempo de fiesta que estaba viviendo, bacanales de ámplio presupuesto para toda clase de vicios, carne de historias apócrifas. Sin embargo, cuando llegaba el momento de actuar, de asumir la responsabilidad de presentarse ante su público, Freddie siempre recuperaba el control.

Hasta que se fueron a Munich a grabar el siguiente disco, y todo comenzó a desmoronarse.

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“Crazy little thing called love”

Entonces ocurrió otro cambio: hasta ahora todos los discos de Queen incluían una nota que venía a decir más o menos “…y nadie tocó el sintetizador”. Y rompieron su regla; Taylor se compró un sintetizador polifónico Oberheim, uno de los primeros de su clase, y lo usaron… vaya si lo usaron. Con él comenzaron a explorar toda clase de posibilidades. Y una de ellas fue la aproximación a los rítmos disco que dividió al grupo. “Another one bites the dust” como nuevo single?… ¿pero os habeis vuelto locos o qué…?”

Ah… los famosos clubs y discotecas de Munich, y todo el mal que le hicieron a la música. El favorito de la banda era el Sugar Shack, que además les ofrecía un servicio único: les proporcionaba un sistema de sonido enormemente sofisticado y bueno en el que poder probar las canciones antes de presentarlas al público. Las discusiones y diferencias entre ellos eran a veces feroces… pero siempre estaban de acuerdo en algo, ya fuesen las canciones más “dance” o más “rock”, tenían que sonar tan bien como ésta que usaban para ajustar el sistema, y que era la culminación de la búsqueda de la perfección: “Feel like making love”, de Bad Company… ¿y sabeis quien era el cantante de esa canción, el que sacaba al aire todos los colores que pudiesen sacarse de un sonido…? Efectivamente, ese cantante era Paul Rodgers. ¿Entendeis mejor ahora algunas cosas?

Entre vuelos privados transoceánicos con el Concorde lleno de invitados a sus fiestas, Ferraris quemados, yates tirados en medio del océano con guardacostas rescatando a navegantes demasiado pasados como para volver al puerto, ridículas apariciones con el Royal Ballet para bailar “Bohemian Rhapsody” (Roger Taylor todavía no puede aguantar la risa cuando se acuerda), llegó el momento de editar “The Game” y del definitivo cambio de imagen de Freddie. A su corte de pelo añadió un excesivo bigote que le daba la apariencia de clon de “macho” que tanto éxito tenía en los clubs gays. En los USA el rechazo fue fuerte, aunque poco a poco se fueron apaciguando tanto sus audicencias más rockeras que le duraban de los ’70 como las del pulcro pop de los ´80 al que acababan de hacer la transición. El paso siguiente era el cine. Y quisieron ser los primeros en escribir una banda sonora totalmente rock para una película que no fuese musical…. “Flash….. ahaaaaa!”. Taylor se desmarcó con su primer disco en solitario. Y Freddie comenzó a dejarse ver menos y a mantener el misterio sobre su nueva personalidad.

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“Flash”

Y otra vez a Munich a grabar nuevo material. Esa ciudad parecía sacar lo peor de ellos. Hasta ahora siempre habían acreditado las canciones al que había tenido la idea de cada una de ellas, aunque en su elaboración final hubiesen colaborado los cuatro… ahora no lograban ponerse de acuerdo sobre quien tenía más participación en cada canción y quien tenía que firmarla. Freddie les apaciguó logrando que todas se acreditasen a la banda por entero, firmándolas como Queen. Las discusiones eran especialmente agrias entre Brian y Roger; el Fairlight que se habían comprado ahora más por capricho de éste que otra cosa, las nuevas tecnologías electrónicas y el estilo de la actual música del grupo hacía que cada vez fuese menos necesaria la guitarra solista. Freddie era el siempre mediador: “A ver, queridos… podemos hacer esto de esta manera o de esta otra… ¡así que callaos de una puta vez y poneos a currar para hacerlo de cualquiera de ellas!”.

Y tanto como las diferencias musicales, también se convirtió en un punto de desunión bastante serio el hedonismo general. Nadie les negará nunca que trabajaban duro, pero en la dichosa Munich los días terminaban muriendo envueltos en vapores de vodka. Y aunque no fuese el caso de Brian, también rodeaban al grupo toda clase de drogas. Eso hacía que casi siempre estuviesen trabajando a horas extrañísimas, y los días iban a la deriva hacia las noches en un ciclo sin fin. John Deacon era el más anárquico de todos, y a nadie le extrañaba llegar un día al estudio de grabación y encontrar una nota suya diciendo “me he echado unos nuevos amigos muy enrollados, me voy a Bali con ellos diez días”, o algo aún más impredecible.

Por fin consiguieron terminar de grabar y editar el siguiente disco, “Hot Space”, que fue otra patada en el culo para sus fans de siempre aún mayor que la de “Another one bit the dust”, sobre todo el primer single que editaron, “Body language”, una canción conducida por el bajo, y seguramente la canción del grupo más desprovista de guitarra. Un disco odiado por Brian May al que solo pudieron conformar cambiando los arreglos de las canciones para tocarlas en directo de forma que su guitarra cobrase más protagonismo. Aquella fue una de las giras más difíciles de la banda. Y eso que por entonces no sabían que Freddie Mercury jamás iba a volver a cantar en los USA.

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“Body language”

Más de dos años de descanso para recuperarse, y tras un espectacular regreso en el Live Aid en 1.985, un nuevo disco, “The Works”, conducido por la canción “I want to break free”, con un vídeo promocional en el que los miembros de la banda aparecían como drags, lo que les acarreó que prohibiesen su emisión en los USA. La banda, pues, se concentró en tocar por Europa y Oriente.

Y en noviembre del ’91 la muerte de Freddie Mercury cerró las puertas de Queen definitivamente… ¿definitivamente?

Durante los años que siguieron, los otros miembros de la banda tocaron en solitario o en otros grupos, aparecieron en discos de otra gente… pero no era lo mismo. En palabras de Elton John, “para May, Deacon y Taylor debe ser como tener un fabuloso Ferrari en el garage y no poder conducirlo”. Y contra todo pronóstico, el Ferrari por fin salió del garage.

Desde los tiempos en que usaban su canción para afinar los controles de sonido de aquella discoteca, Brian May sentía mucha admiración por Paul Rodgers, y esa admiración se asentó en una buena amistad precisamente aquí, en Sevilla, hace ahora 17 años, en los conciertos de “Guitar Legend” que inauguraron el Auditorio de la Cartuja… ¿os habeis parado a pensar alguno de sus fans que la primera vez que Paul Rodgers puso su voz a una canción de Queen fue el 19 de octubre de 1.991 en Sevilla…? Fue en la interpretación de “Now I’m here”. Yo estaba allí y oí como Brian May le presentaba:

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“Now I’m here” (Sevilla, 19-10-91)

Y a raiz de este buen feeling entre ellos, en septiembre del 2.004 Brian May apareció como guitarra invitado en un concierto de Paul en Wembley. En el backstage, posteriormente, la química entre ellos era tan buena que dijeron que para ser una banda en condiciones solo les faltaba un batería… ¿uno como Roger Taylor…? Un mes después ya teníamos en marcha la nueva reencarnación de la Reina. God save twice the Queen!

La ventaja principal de tener como nuevo solista a un cantante del status de Paul Rodgers es que tiene su estilo propio y no se limita a imitar el de Freddie Mercury. Él coge las canciones clásicas del grupo, se aprende las letras y las canta a su manera. Y en el disco nuevo tiene tal vía libre que incluso, como ya os dije, se acredita a nombre de los dos: Queen + Paul Rodgers. El bajo se lo reparten entre Brian y Paul en ausencia de John Deacon, el hombre que se ha hecho tan invisible que, aparte de unas historias extramaritales aireadas por los tabloides hace algunos años, de él no se sabe casi nada. Le han enviado una copia del disco, pero Brian y Roger dudan de que vaya a molestarse siquiera en decirles qué le ha parecido; después de darles su bendición se largó y ni siquera ellos saben donde vive ahora.

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“Cosmos rockin'”

LA MANSION DEL HORROR

Hubo un momento en su carrera en que los SMALL FACES parecía que iban a ser tan grandes como los Beatles o los Kinks.

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“Itchycoo Park”

Para cultivar aún más su estela y darle más realce y misterio entre los jóvenes que se sentían atraídos por la banda, sus managers Tony Calder y Andrew Loog Oldham, decidieron que los miembros del grupo debían tener su propia mansión en la ciudad, donde podrían vivir, al estilo de los Monkees, rodeados de toda clase de lujos.

Para ello eligieron una casa de tres plantas en Pimlico, que se convirtió en uno de los after-hours más famosos de Londres, y era el lugar de moda en el que terminaban todas las fiestas de la ciudad.

Pero todo el mundo comenzó a notar, sin embargo, que Kenny Jones, el batería de la banda, nunca ponía los pies en la casa.

Cuando en las entrevistas salía el tema de la casa, o a Kenny le preguntaban directamente por qué no se había mudado también a ella, él procuraba cambiar discretamente de tema, o les contestaba que a él le gustaba la forma en que su madre cocinaba, encontrarse su desayuno preparado por las mañanas y, sobre todo, dormir en su propia habitación. Aunque en realidad lo que todos pensaban es que Kenny era un tío demasiado aburrido como para disfrutar de una buena fiesta.

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“Sha la la la lee”

La verdad no se supo hasta treinta años más tarde, en que Kenny por fin confesó en una entrevista lo que le ocurría con aquella casa.

Una fatídica tarde, Kenny fue de visita a la casa, cuando estaban preparándose para habitarla, para ver como estaba quedando y tomar posesión de la primera planta para él. Cuando llegó le abrió la puerta un resacoso Steve Marriott que todavía no se tenía muy bien en pie debido a los excesos alcohólicos de la noche anterior, y tras un traspiés se cayó al suelo y se quedó allí mismo tirado terminando de dormir la mona, por lo que Kenny tuvo que apañárselas él mismo para encontrar el camino desde la puerta hasta la cocina.

El batería apenas había andado unos metros por el vestíbulo cuando su nariz fue asaltada por un pestazo horrible. Dando otro paso hacia la cocina intentando desesperadamente no vomitar, sintió como su pie resbalaba. Como pudo encontró el interruptor de la luz y se iluminó ante él completamente desplegado todo el horror que encerraba la casa de Pimlico…

Steve Marriott, aparte de un excelente guitarrista, era también un gran amante de los animales, y recogía a todos los perros y gatos que se encontraba perdidos por la calle, para darles un hogar en la casa. Y lo que la tenue luz de la casa cerrada le había hecho parecer al principio a Kenny que era una alfombra que se extendía de pared a pared llena de estampados de cachemira marrones y amarillo limón, resultó ser algo infinítamente más horrible.

Sus zapatos nuevecitos estaban pisando extensos charcos de meadas de gato y estaban salpicados de mierda de perro… Kenny dio media vuelta lo más rápido que pudo y salió de la casa corriendo y gritando a pleno pulmón. Y nunca volvió a poner los pies en el hogar comunal de la banda.

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“Here comes the nice”

De izquierda a derecha: Kenny Jones, Ian Mclagan, Ronnie Lane y Steve Marriott