SOCIEDAD PARA LA PRESERVACIÓN DE LA MÚSICA INMORTAL

Hace poco más de un año y medio ya hablamos (muy bien) aquí mismo de Jose Casas. Incluso la presentación en Sevilla de su nueva banda por entonces sirvió como fiesta de presentación también de este blog. Eso significa que es amigo nuestro y no vamos a hablar mal de él… pero es que aunque no lo fuese, su forma de hacer música por gusto y sin servidumbres (palabras del colega Ambrosio) siempre le situaría como referente de la escena musical sevillana. Y ahora vuelve a la carga…

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“The Village Green Preservation Society”

Junto a miembros de su grupo La Pistola de Papá, Jose Casas se ha autoimpuesto la ingrata tarea de rendir un fabuloso tributo al disco “The Kinks are the Village Green Preservation Society” con motivo del 40 aniversario de su edición. Y para ello han grabado cuatro versiones de canciones de ese disco.

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“Starstruck”

A esta banda paralela que ha montado la ha llamado THE VILLAGE GREEN EXPERIENCE, y además de aquí, puedes oírla y saber más cosas de ella en su página de Myspace.

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“Big sky”

Su presentación oficial en Sevilla la van a hacer el próximo viernes día 3, como ya habrás visto en el cartel anterior, en la sala “Malandar”, la misma en la que hicimos las presentaciones de las que antes te hablaba. Esa noche marcará el inicio de una pequeña gira que después les llevará por Lora del Río (día 18 en el “Farándula”), por Madrid (el 22 de noviembre en “La Pequeña Betty”) y por Utrera (el 13 de diciembre en el “Latino”).

Nosotros vamos a ir. Ninguna ocasión como ésta para recordar este disco y las grandes canciones de los Kinks…. ¿te veremos por allí?

Hasta que llegue ese momento vamos también a rendir nosotros nuestro homenaje, hablando de esa fantástica obra y sitiuándola en el contexto en que fue creada…

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“Do you remember Walter?”

El origen de los KINKS se remonta a los tiempos en que el rock tal como lo conocemos también comenzó a caminar, a 1.964 para ser exactos. No había muchos grupos de rock por entonces, apenas los Rolling Stones y los Beatles, junto a algunos otros como los Byrds, los Them, los Who y los Yarbirds… como la mayoría de los demás, los Kinks también comenzaron con standards del rock’n’roll, pero “Long Tall Sally”, su primer disco pasó bastante desapercibido y a partir de su primer LP ya comenzaron a tocar material original, excepto, claro, los periódicos revivals del “Louie Louie”.

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“Louie Louie”

Y desde ahí, el ascenso meteórico, casi en vertical. En 1.966 Inglaterra era como aquella España de Felipe II en la que nunca se ponía el sol, Londres era el centro de la cultura mundial… y por si esto fuera poco Inglaterra ganó el Mundial de fútbol que ella misma organizó, destrozando en su camino a su bestia negra alemana. En julio de 1.966 los Kinks eran uno de los tres mejores grupos de esa “Gran Bretaña”, y como su palabra era ley, una revista invitó a Ray Davies a escribir un artículo sobre el “Revolver” de los Beatles. Fue una elección astuta. El “Sunny afternoon” acababa de desbancar al “Paperback writter” del número uno en tan solo una semana, lo que Davis describió como una de las alegrías de su vida. Esto confirmó a los Kinks en su posición de juglares de la corte de la nueva aristocracia del pop. El exaltado joven compositor, con su maravillosa esposa y su reciente hija, asentado en su residencia situada en una frondosa zona verde de gran exclusividad, y reconocido mayoritariamente en la escena local… lo había logrado todo creativamente con tan solo veintidós años. Ray Davies estaba en la gloria.

Y efectivamente, el veredicto de Ray para la obra de los Beatles fue característicamente irreverente, aunque para ojos modernos pudiesen parecer sacrílegos. Incluso se permitió observar que esa clase de canciones que hacían los Beatles ahora son las que ellos hacían dos años atrás. Y no le faltaba razón, porque con el zumbido de la guitarra de “See my friends”, en 1.965 los Kinks anticiparon la moda de las ragas que ahora poblaban los discos de los Beatles, los Rolling Stones, o los Byrds.

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“See my friends”

A mediados de 1.966, sin embargo, Ray Davies parecía querer volver a la época de los Beatles pre-experimentales, algo que se veía por lo que comentó sobre “Good day sunshine”: una vuelta a los antiguos y reales Beatles. Sin electrónica; unos Beatles que tenían que volver a ser como los chavales de la puerta de al lado, que era lo que mejor les sentaba. Y Ray Davies era así también, su canción “I’m not like everybody else” (“No soy como los demás”), no era una fanfarronada, era un modus operandi. La mayoría de la gente veía el pop desde un punto de vista mercantil: “¿Qué es popular…? ¿Esto…? Pues esto es lo que vamos a hacer”. Pero para Ray las cosas no eran así, él pensaba: “¿Qué podemos hacer que no estemos siguiendo una moda…?” Y eso es lo siguiente que hacían ellos. Cuando en el verano del ’66 todos los músicos experimentaban con loops de cintas, extrañas producciones, guitarras marcha atrás… las interferencias atmosféricas de la tormenta psicodélica que se avecinaba… Ray Davies se concentró en la poesía de las canciones. “Sunny afternoon” fue la primera manifestación del nuevo estilo de los Kinks que culminó dos años después con el disco que hoy celebramos, “The Kinks are the Village Green Preservation Society”… pero para cuando salió, poca gente quedaba ya para escucharles.

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“The Village Green Preservation Society”(Del “The Kinks are the Village Green Preservation Society”)

Dios salve a Fu-Manchú, a Moriarty y a Drácula…
Dios salve a las tiendecitas, a las tazas de porcelana china y a la virginidad…
Dios salve a las casas de estilo Tudor, a las mesas antiguas y a los billares…

Después de muchos retrasos, revisiones de canciones y sesiones desechadas, “Village Green” se editó el 22 de noviembre del ’68, casualmente el mismo día en que los Beatles editaban su nueva colección de canciones en su Doble Blanco. Dos años en que las antiguas rivalidades de ambas bandas ya eran historia. Los Beatles vendieron dos millones de copias de su disco en una semana en el mundo entero, y de nuevo eran adorados por la crítica y el público como el más grande grupo de pop de su tiempo, mientras los Kinks eran ignorados y olvidados. “Village Green” no entró en ninguna lista de ventas del mundo, en todo el cual apenas se vendieron veinticinco o treinta mil copias. Y encima les prohibieron actuar en los Estados Unidos por un supuesto comportamiento ofensivo. Algo bastante penoso para un grupo que solo un año antes contaba siempre por encima de los 200.000 el número de singles que vendía de cada uno de los que editaba, y quien escribía los mismos era festejado como el autor más brillante de todos. Y la humillación era aún mayor porque los pocos que habían llegado a escuchar “Village Green” tenían plena conciencia de que era el mejor trabajo de Ray Davies hasta la fecha.

El nuevo disco de los Kinks huía deliveradamente de cualquier moda imperante en el pop o el rock británicos; no había largos solos de guitarra, ni extensas jams donde todos se lucían con libertad, ni letras basadas en “El Libro Tibetano de los Muertos” o “El Manifiesto Comunista”. En vez de eso, los Kinks cantaban canciones sobre viejos amigos, tragos de cerveza, viajes en moto, brujas malvadas y gatos voladores. Ray bebió de fuentes personales y tradicionales para crear un disco que, aunque a simple vista estaba lleno de personajes que habitaban en pequeños pueblecitos verdes, se incrustaban profundamente en territorios que apenas estaban explorados en el pop: recuerdos, arrepentimiento, fracaso, envejecimiento… el disco sonaba muy inglés, pero solo en su superficie, porque era una metáfora del problema universal con el que Ray Davies estaba luchando: el problema de estar vivo.

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“Picture book”(Del “The Kinks are the Village Green Preservation Society”)

Álbum de fotos, de cuando eras solo un niño,
en aquellos días cuando eras feliz,
hace ya tanto tiempo…

Ahora, en nuestros días, reconocemos “Village Green” como el punto más alto de la a menudo confusa carrera de Ray Davies, algo que incluso él mismo encuentra a la vez gratificante y mortificante, y aunque reconoce que es su disco favorito de todos los que ha compuesto, también se refiere a él con pesar como “el fallo más aclamado de todos los tiempos”. Y yo agrego algo más, estoy seguro de que la mayoría de la gente que habla hoy de él ni siquiera lo ha escuchado.

“Village Green” no es solo el mejor disco que hicieron los Kinks, sino que a medida que han ido pasando los años desde su edición, se ve que ha resultado ser el único disco de pop de su época que miraba más allá de los años ’60, y contemplaba lo que iba a pasar después. No marcaron tendencias, pero con este disco los Kinks crearon algo duradero y sin igual, no solo la más perfecta manifestación del inimitable ingenio de Ray Davies, de su tristeza, su rabia contenida, su encanto, sino también un recuerdo intemporal de que todas las fiestas, por muy fantásticas que sean, llegan a su final.

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“Wicked Annabella”(Del “The Kinks are the Village Green Preservation Society”)

No entres de noche en el bosque,
porque por debajo de las ramas y las piedras
hay montones de demonios pequeñitos esclavos de la malvada Annabella,
esperándote para arrastrarte a su casa.

La fiesta de los Kinks comenzó a decaer justo tras el punto álgido que significó su gran “Waterloo Sunset”. La semana siguiente de su edición todos los periódicos musicales sacaron grandes titulares en los que anunciaban que Ray Davies dejaba los Kinks, siguiendo el ejemplo de Brian Wilson, que había dejado a los Beach Boys para concentrarse en la música del grupo. El abandono no llegó a suceder, pero era innegable que había en el seno de la banda más problemas de los acostumbrados. Se debatía también la carrera en solitario de Dave Davies, que quería volver a hacer canciones primitivas como las primeras que grabaron los Kinks. En el “Something else” ya aparecían incluso tres canciones suyas junto a las de su hermano Ray, y llegó a grabar un LP en solitario que quedó inédito. Dave y Pete Quaife (el bajista) preferían seguir tocando viejo rock’n’roll, y el batería Mick Avory y Ray preferían las canciones como las que estaban grabando ahora. La edición del “Autumn almanac”, tan lleno de capas y de producción tan complicada marcó el primer signo de decaimiento en el grupo. Este single glorioso, uno de los más grandes logros del pop británico de los ’60, fue ámpliamente criticado en su momento por ser demasiado similar a los anteriores discos de los Kinks; la prensa acusó a Ray de trabajar en base a una fórmula y no a unos sentimientos, de ser aburrido, de haber comenzado a escribir sobre cosas diarias poco emocionantes, de haberse anquilosado musicalmente, y le señalaban que ya era hora de intentar algo diferente.

Además su LP “Something else”, editado en 1.967, que podía haber sido un triunfo porque contenía algunas de sus canciones más inmortales como “David Watts”, “Two sisters” o “No return”, también era demasiado difuso, sonaba menos coherente que el anterior “Face to face”… y encima tenían que luchar con la estela del “Sgt. Pepper”. Las idiosincráticas viñetas de Ray Davies de pronto parecían pequeñas e inconsecuentes en comparación. Aunque ahora, cuarenta años después, atesoremos esas modestas canciones sobre cigarrillos, tés de las cinco y soldaditos de plomo, entonces parecían tener una fatal carencia de ambición. En consecuencia, el disco fue un fracaso comercial. A finales de año los Kinks ya no estaban de moda, se habían convertido en un anacronismo. Y Ray Davies entendió estos signos de aviso, y enterró la cabeza en su trabajo, persiguiendo obstinadamente sus visiones para sus nuevas obras… las navidades llegaron y pasaron; y ellos continuaban en los sótanos de Pye Records grabando, grabando, grabando…

Ray Davies escribió casi todas las canciones del “Village Green” en su mansión georgiana de Londres, una parte de la ciudad, de la época Tudor, que era mágica y tenía la apariencia de una pequeña y verde ciudad, por lo que Ray no tenía que mirar muy lejos para encontrar inspiración. Y lo que escribió no fue tanto una excursión nostálgica como una apreciación de las cosas viejas y buenas de la vida, y de la habilidad para disfrutar de ellas. En la canción que daba título a todo el disco, los Kinks expusieron (quizás medio en serio, medio en broma) su credo, una maravillosa lista de cosas que merecían ser preservadas. Los Kinks fueron el primer y el único grupo en sugerir que muchas de las cosas antiguas y clásicas que habían hecho grande a Inglaterra y a ellos mismos merecían ser preservadas en la creación del nuevo mundo, una sugerencia que chocaba frontalmente con el pensamiento de muchísima gente que en esos tiempos revolucionarios (tened siempre en mente que estamos hablando de 1.968) estaban más interesados en la música alta, la música que te embotaba la mente, el misticismo psicodélico… ¿Pues sabeis qué os digo? Que ellos se lo perdieron.

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“People take pictures of each other”(Del “The Kinks are the Village Green Preservation Society”)

La gente se hacen fotos unos a otros
solo para demostrarse que existieron realmente.

INTIMIDAD FANTASMAL

Para Microalgo y Lu, que lo pidieron.

Los cantautores suelen tener una especie de factor común entre todos ellos, llamémosle estilo, o textura musical… pero ELLIOTT SMITH era totalmente singular. Sus ensueños melancólicos eran absolutamente contemporáneos y no eran empalagosos en absoluto. Algo así como música folk para junkies… intimidad fantasmal.

En realidad no importan las palabras que empleemos para describir su música, él simplemente sacaba lo que tenía en su interior sin saber siquiera qué era, ni importarle lo más mínimo. Cuando un músico no está en una banda y toca la guitarra acústica hay una cierta inclinación a encasillarle. Y normalmente los propios músicos son los que se dejan encuadrar así en los cánones establecidos, quizás eso les hace sentir cómodos. Pero tanto de lo mismo termina por hacer perder el interés a gente que pide más. ¿Nosotros somos de ésos…? Yo creo que sí, de ahí la petición de este post, y de que entre nosotros tengan tanto éxito gente como PJ Harvey, Ron Sexmith, Aimee Mann, Beck, Rufus Wainwright… y también este sencillo chaval de Portland, que cantaba con una tan total falta de pretensiones como hacía tiempo no escuchábamos.

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“Miss Misery”

Así y todo, Elliott tuvo un momento cumbre que para sí hubiesen querido cualquiera de los músicos de estética lo-fi del mundo: cantar para 200 millones de personas a la vez. Y él lo hizo, cantando “Miss Misery” en la ceremonia de entrega de los Oscars, en la que estaba nominado por incluir esta canción en la película de Gus Van Sant “El indomable Will Hunting”. No ganó, claro; nada podía hacer ante la magnificencia comercial de Celine Dion y la canción de “Titanic”. Pero entraba así en la fase interesante para todo el que se dedica a algo para ganarse la vida. Atrás quedaban los sellos discográficos pequeños y sin contrapartidas económicas buenas, a pesar de sacar al mercado grandiosos discos como su “Either/On” del año anterior, para pasar a la primera división de firmar un contrato con mucha pasta en el sello DreamWorks. De toda aquella obra primeriza, además de en sus tres discos oficiales, tienes muestras en “New Moon”, un disco que editaron el año pasado con maquetas y desechos de sus horas de curro en básicos estudios de grabación.

Los dos discos que sacó en la multinacional, “XO” y “Figure eight” (años 1.998 y 2.000 respectivamente), nos presentaron a Elliott en todas sus facetas, aprovechando todos y cada uno de los juguetitos electrónicos y accesorios exóticos con los que pudo contar en los carísimos estudios de grabación Sunset Sound de Los Angeles.

Fue la primera vez que grabó algo por sí mismo en un estudio real, y todo se vio reflejado en los discos que sacó desde entonces, en los que aparecían pianos, cuerdas, mellotrones… incluso grandes bombos orquestales que había que tocar con una maza. Elliott siempre fue partidario de la filosofía de intentar hacer todas las cosas que se puedan, y si luego hay algunas que no valen, pues simplemente se sacan, y punto.

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“Everything reminds me of her”

Y le salieron canciones brillantes, ya fuesen tranquilas (“Everything reminds me of her”, “Tomorrow tomorrow”, “Pretty Mary K”), o enérgicas (“Amity”, “LA”, “Junk bond trader”); todas ellas repletas de sentimientos agridulces, de atmósferas ambiguas. Canciones que reflejaban el propio estado de ánimo del cantante, y por extensión de cualquier otro de nosotros, porque nunca estamos tristes del todo, lo estamos a veces, tanto como otras no lo estamos. Igual que cuando vemos una buena película, que nos conmueve y divierte porque a ratos es alegre y a ratos triste.

Y de pronto, la peor de las facetas comenzó a adueñarse de la situación. De pronto todo comenzó a ir mal para Elliott. Comenzaron a circular alarmantes rumores de adicción a la heroína así como historias de disputas con su compañía discográfica.

El que Elliott Smith tuviese discrepancias con Lenny Waronker, que siempre protegía a los cantautores del sello y era el ángel de la guarda de gente como Randy Newman, Rickie Lee Jones o Rufus Wainwright, sin duda, era una mala señal.

Por entonces Elliott estaba trabajando en las canciones del disco que iba a seguir a “Figure Eight”, pero la fecha de su edición se aplazaba una y otra vez. Seguramente sus estados físico y mental le harían una persona difícil de sobrellevar, por lo que el productor del disco, Jon Brion, que era amigo suyo desde hacía tiempo tuvo tal pelea con él que incluso hubo reparto de hostias y se anuló la continuación del disco. Elliott quedó profundamente deprimido y no quiso ni volver a oír hablar de aquellas canciones que estaba grabando.

Se reunió con los responsables musicales de DreamWorks y les dijo que quería anular su contrato. Elliott ahora había añadido el crack a su dieta química diaria, que ya incluía la heroína y todas las pastillas que podía sacar de la farmacia con o sin receta. El resultado fue una paranoia de tal magnitud que le llevó a creer que todos los empleados del sello le estaban puteando, y que incluso habían entrado en su casa a robarle archivos musicales del ordenador. Se reavivaron sus fantasmas abandonados hace cuatro o cinco años cuando combatió durante algunos meses sus ataques epilépticos a base de whisky.

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“Amity”

Aquí en California las cosas fueron aún mucho peor, culminando en un grave altercado que tuvo con la policía a finales del 2.002, en un concierto de los Flaming Lips, al que acudió con su novia Jennifer Chiba, y que acabó con sus huesos en la cárcel.

Seguramente eso debió verlo como un punto de inflexión en su cuesta abajo, porque después, tanto él como su novia, ingresaron en un centro de desintoxicación de Beverly Hill, donde los médicos, con algún tratamiento demasiado invasivo, lograron que detestase las drogas, pero a costa de perder también su personalidad y sus recuerdos a corto plazo.

Al salir, casi todo el dinero que le quedó lo invirtió en un proyecto de caridad, la “Fundación Elliott Smith Para Niños Maltratados”. Nunca explicó porqué lo hizo, pero es algo que tiene perfecto sentido si sabemos leer bien algunas de las letras de sus canciones.

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“Waltz #2”

Parémonos en esta magnífica “Waltz #2”, una canción de esquemas muy elviscotellianos en las que habla del hombre con el que su adorada madre, Bunny, se volvió a casar, y con el que quiere saldar cuentas: “Aquí está, la venganza a su contínua cantinela: No eres bueno, no eres bueno, no eres bueno…”, más que añadir: “Díle a Don Personaje con planes imposibles que me deje en paz, para que yo pueda cometer mis propios errores”.

Aún antes, en la canción que daba título a su primer disco allá por el 1.994, “Roman candle”, Elliott hablaba también de venganza contra un hombre que “podía ser encantador y cruel contigo y conmigo, sabiendo que nosotros no podíamos resistirnos de ninguna forma”. La violencia doméstica se mostraba en más canciones de ese disco, como “No name #2” y “No name #3”; y en el del año siguiente, “Elliott Smith”, incluye una canción, “Southern Belle”, en la que incluso da indicios de un hombre que estaba asesinando emocionalmente a su esposa: “¿Es que no te da vergüenza de lo que estás haciendo?… ¿ni de que ella se arrepienta de haberte elegido?”.

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“Southern Belle”

De su disco póstumo, “From a basement on the hill”, se quitaron algunas canciones, incluyendo una que se llamaba “Abused” (“Maltratado”), a pesar incluso de que los herederos de Elliott (sus padres divorciados y sus respectivos cónyuges) habían aprobado su inclusión.

Las que quedaron, de todas formas, un puñado de canciones oscuras y angustiosas, dejan pocas dudas del estado mental en el que se encontraba en los años anteriores a su muerte.

El disco está lleno de presentimientos de muerte, ya sea autoinflingida o de otra forma, y no es de escucha alegre, que digamos; no hay en él experimentaciones pop, ni pintorescas florituras de teclados electrónicos… solo un paisaje sonoro destrozado por la rabia. En él, si acaso, solo hay una canción de la que pueda decirse que es “bonita”, “Let’s get lost”, que apenas es una válvula de escape, todas las demás indican desesperación en sus formas más lúgubres y negras. El título de la última canción es todo un slogan sobre la adicción a las drogas, “A distorted reality is now a necessity to be free” (“Una realidad distorsionada ya es una necesidad de ser libre”). E incluso de nuevo volvió a hablar del abuso sobre el que había escrito anteriormente, en “Last hour”: “Tu opinión era la ley de la tierra… algo que yo nunca pude entender…”.

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“Last hour”

¿Podrían estos maltratos que Elliott sufrió cuando niño en Dallas explicar la pena, la vergüenza y el odio sobre sí mismo que le llevaron a suicidarse a los 34 años? Tampoco sería de extrañar. Aunque límpio de drogas y sobrio cuando se apuñaló dos veces en el corazón, este hombre había alcanzado ya los límites del dolor soportable, y su autoestima había bajado más aún incluso que la de Kurt Cobain.

La edición de su disco póstumo proporcionó un amplio campo de acción a los buitres de la prensa, más fascinados por la muerte y destrucción que por la vida y la creación artística. La necrofilia cultural de nuestros tiempos hizo que en los días posteriores a su muerte se escribiesen sobre él muchísimas más palabras de las que se habían escrito en toda su vida, algunas expresando ideas tan irresponsables como que, al igual que con el mencionado Kurt Cobain, él había sido asesinado por su pareja, Jennifer Chiba.

Pero si todo ese morbo repugnante sirvió para que alguien más se acercase a la delicada, inteligente y evocadora música de Elliott Smith, podemos darlo por bien empleado. Mientras más se escucha “From a basement on the hill”, más extraordinario suena. Tan maravillosas como perturbadas, la mayoría de sus canciones están a la misma altura que las de sus primeros discos, y en todas ellas buscaba desesperadamente el sentido de su implacable agonía existencial.

La gente lucha contra sí mismo todos los días. Todos somos tan caóticos por dentro… pero lo filtramos a través de algo como un disco o un libro. Los filtros convierten ese caos en algo que podemos comprender. Parece como si la gente no se comunicase, no quieren comprender nada más allá de ellos mismos…

Elliott Smith dejó muchísima comunicación en los versos de las canciones que dejó detrás. Y como resultado entendió muchas cosas sobre sí mismo. Pero igual que ocurrió con Nick Drake, Ian Curtis o Kurt Cobain y muchos otros visionarios inadaptados sociales, las heridas causadas por la culpa y el dolor fueron tan grandes que nunca pudieron cicatrizar.

Una vez le preguntó un periodista por qué doblaba tan a menudo su voz en los discos. Su respuesta es profundamente triste: “Me gusta como suena la voz doblada… me gusta porque me hace sonar menos como yo mismo…”.

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“A distorted reality is now a necessity to be free”

Todos los títulos de sus discos son enlaces para poder bajarlos completos desde nuestro servidor.

OOOH… THAT VOICE!

Cuentan los que le conocen de cerca que VAN MORRISON no es un tipo muy simpático cuando está de gira. Eso es algo que pude constatar también a través de algunas personas que estuvieron cerca de él cuando, no hace mucho tiempo, estuvo en Sevilla dando un concierto, al que no pude asistir.

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“Caravan”

Pero la historia que traemos hoy al blog ocurrió a finales de los años ’70, durante otra larga y extenuante gira a través de los Estados Unidos, en la que, a medida que iban pasando los días, Van Morrison se mostraba cada vez más belicoso.

Ya de natural, Van es un intérprete genuinamente espontáneo y bastante emocional, para el que las repetitivas rutinas de una gira casi siempre se convierten en inaguantables.

Todos los miembros de sus bandas que han conseguido conservar su empleo con él durante cantidades largas de tiempo ya saben que, a medida que la gira lo va agotando, el entusiasmo inicial de Van Morrison se va diluyendo, y la verdad es que puede llegar a convertirse en un tipo muy poco razonable, del que lo más prudente es mantenerse apartado lo más posible.

En un día particularmente negro, Van, uno de los promotores locales de la gira, y otro miembro de la banda llegaron al backstage sumidos en una profunda y agria discusión.

“Hola, Van”, se aventuró a decirle alegremente una voz desde uno de los rincones de la estancia. Al principio Van no pareció oirle, pero luego dejó de discutir para concentrarse en echar una amplia mirada de ésas que matan a todos los ocupantes de la sala, cada uno de los cuales fue objeto de un largo y fulminante escrutinio.

Sin pronunciar palabra, Van Morrison se volvió y salió muy ofendido del backstage, seguido por los dos con los que había entrado. En el pasillo, donde ya no podían oírle los de dentro, se encaró con el promotor local… “¿Qué hostias estaba haciendo el hijoputa ése ahí dentro? ¿Quién coño es ese tío…? ¡Quienquiera que sea, lo quiero ahora mismo fuera de aquí…!!!”.

Quedándose blanco como el papel, el promotor local le dijo que él no lo conocía. “¡Pues deshágase de él!”. Van Morrison echaba chispas, dándole voces. “No quiero volver a ver su puta cara”

Viendo sin podérselo creer, como la situación iba haciéndose cada vez más agria, el otro miembro de la banda reunió todo el valor que pudo para interrumpirle, y le dijo: “Estoooo… Van… que ese tío es tu bajista. Ha estado a tu lado en el escenario tó las noches desde hace dos semanas…”.

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“Bright side of the road”

LA NOCHE DE LOS PURETAS VIVIENTES

Quería escribir ésto como un comentario en el post de Imán, pero como ha salido muy largo he pensado incluirlo mejor como un post aparte, y así los comentarios que hagais quedarán todos juntos sin otros más fuera del contexto… Las fotos son prestadas y no hay canciones, solo letras; pero escritas con el corazón. Eso sí, escritas muy deprisa porque está a punto de empezar el Betis-Sevilla.

Bueno… pues habrá que hablar del concierto de anoche. Joé, nos libramos del diluvio por tres horitas apenas, menos mal.

Antes que empezar a desgranar las cosas que vimos quiero escribir un mensaje para los imanoides que suelen aparecer por aquí. No sé si en todos estos conciertos anteriores Imán estuvieron como anoche, supongo que no; que al ser un concierto de estas características, con tan poco tiempo de actuación, concentrarían las esencias que en un set más largo quizás se diluyan un poco… pero si los demás conciertos que habeis vivido fueron como éste enteritos, dejadme que os diga que habeis sido señalados por el dedo de la musa de la música. Si todos sus conciertos han sido como el de anoche, pero con muchos más minutos para disfrutar, no solo vuestra devoción por ellos está justificada, sino que se queda corta. Anoche Imán fueron lo mejor con diferencia… con mucha… mucha… pero que mucha diferencia. Felicidades, imanoides.

Cuando Manolo se acercó al micrófono después de “La marcha de los enanitos” (era esa la primera, no, imanoides? A ver si voy a ir yo de listo y voy a meter la pata) y comenzó diciendo, “No sé que decir…”, se oyó por las primeras filas una voz estentórea y cervecera que gritaba, “Po no digas ná y sigue tocando, cabrooooón!”. Espero que si me oyeron, ustedes disimularan y mirasen para otro lado… era cosa de la emoción del momento y pretendía ser un cumplido…

La verdad es que todo fue mejor de lo que yo pensaba a priori. Por aquí ya habreis leído mis reservas sobre el evento, pensando que sería una cosa muy oficial y para darse cera unos a otros, y lo cierto es que fueron conciertos bastante independientes, sin mamoneos ni colegueos de unos con otros (excepto, claro, la excepción obvia que comentaremos luego), aunque cortitos.

De la primera actuación, la de Lole, no puedo opinar porque me la perdí. La escasa capacidad de los camareros de algunos bares para servir las tapas con rapidez hizo que llegase cuando “la abuela del flamenco-rock” (coño… Luis, no sé yo si le haría mucha gracia que la despidieses llamándole así) ya estaba terminando.

En la cola de los tickets de la cerveza la gente se extrañaba de que con Pata Negra no saliese Raimundo. A mí me hubiese sorprendido lo contrario; y no por que Raimundo sea una estrella que no se digne rebajarse a estas cosas, porque en realidad es un tío bastante accesible; hace poco, incluso, en el concierto de Territorios, donde él ni siquiera actuaba, estuvo y terminó la noche en el backstage tocando la guitarra flamenca en una juerguecita con los New York Dolls. Pero es que las relaciones entre Raimundo y su hermano Rafael Amador terminaron de tan mala manera, que solo les faltó matarse, que la brecha es demasiado grande.

Rafael no estaba en mala forma. Sentado, con su guitarra, entonaba bastante bien y la gente se dejaba llevar por las versiones de las canciones más conocidas de la Pata. A mí me sirvió para ir entrando en calor y asimilando el ambiente. Me sobró esa improvisación de sonido trompetero con la boca, que es de esas cosas que si las hace un payo lo llaman “borracho malage” y si es un gitano dicen que “hay que ver como lleva el compás en la sangre”. Hubo blues… pero por mucha fusión y mucho que haya escuchado a los clásicos américanos, Rafalito con lo que de verdad se siente cómodo y lo que de verdad le echa p’arriba es el flamenco; no hubo más que ver la apoteosis final con la que terminó su concierto.

Y luego Cai. Es curioso como un grupo en el que su sonido se caracterizaba por la profusión de los teclados, anoche tuvieron sus momentos de más brillo cuando el primer plano lo ocupaban las guitarras. Había veces en que el guitarra principal (sorry, no recuerdo su nombre) recordaba al Adrian Belew de una de las épocas tardías de King Crimson, lástima que durasen tan poco esos flashes y quedasen como ensoñaciones dentro de un maremagnum de sonido bastante ladrillo. El caso es que de los teclados las notas que salían técnicamente eran las mismas que siempre han salido, pero les faltaba el pellizco (sea lo que sea eso… es algo que se siente), igual la diferencia estribaba en que hace treinta años quien hacía surgir esas notas era Chano Dominguez, en lugar del teclista de anoche.

A Guadalquivir los esperaba con cariño; en aquella época eran de mis favoritos, y nada más verlos salir y comprobar que el Mangarra está más calvo que yo y el Andrés más gordo me hizo sonreir pensando que esa noche ya iba a irme más alegre a mi casa, jejeje… me acordé de cómo Máximo Moreno cogía hace tiempo al Mangarra por el hombro, cuando su pelo empezaba a clarearle y blanquearse y le decía, “Quillo… cada día te pareseh má al papa de Roma”. Con la túnica roja de tres cuartos de anoche más bien parecía el Dalai Lama. Pero con la guitarra no ha perdido el toque, y eso es lo más importante.

Empezaron con mucha fuerza, tocando un jazz-rock de altura en el que Mangarra (sobre todo) y Andrés insuflaban mucha vida a las renacidas piezas más conocidas de sus inicios. Pedro me pareció que estuvo algo más bajo con el saxo, aunque quizás es que ya mis dudas no me permitieron apreciarlo con imparcialidad. Es que, vereis… a mí la fusión me gusta, me parece interesante y enriquecedora, pero no pienso igual de los pastiches. Y el montaje de Guadalquivir con esas tablas y ese acompañamiento que muchas veces salta al primer plano me parece (con perdón, eh… mil perdones) un pastiche. Así que aprovechando que el Guadalquivir, camino de Triana, daba un pequeño rodeo pasando por la India, yo me fui a la barra en busca de más cerveza.

En la actuación de Alameda me dediqué a rebuscar viejos conocidos por el patio, aunque lo cierto es que la mayoría (viejunos asquerosos) estaban cómodamente sentados en las gradas. Pepe Roca sigue cantando igual de bien que en sus buenos tiempos, los teclados y la guitarra no desentonan cuando toman el primer plano, su sinfonismo andaluz sigue teniendo el mismo duende… es decir, que suenan igual que hace treinta años; y como a mí entonces me gustaban solo lo justito, pues anoche no cambió la cosa.


Con ellos vino el momento emotivo de la noche. Al final de su set presentaron a Eduardo Rodriguez Rodway, que salió con un cellista o un contrabajista (no distinguía desde mi sitio muy bién lo que era, ni tampoco lo enfocaron en las pantallas ni su sonido estuvo tan en primer plano como para reconocerlo) para hacer el homenaje a Triana que era de rigor. En vista de que ya han fallecido dos de sus tres miembros, allí estaba Eduardo para marcarse un sentido “Tu frialdad” en su memoria. Y Eduardo empezó por ahí, por recordar a todos los que nos faltan de aquella época; sacó un papelito y empezó a leer… Julio Matito, Silvio, Tele, Miguel Angel Iglesias, Manolo Marinelli, su querido Jesús de la Rosa… “¿ya está…? ¿ya se ha acabado la lista…?” Teniendo en cuenta las listas de bajas de los rockeros ingleses y americanos, y de que de los Ramones ya se hayan muerto más componentes que de los Beatles, que en casi cuarenta años solo se hayan ido p’allá seis o siete de los nuestros es algo de mucho mérito… debe ser cosa de la dieta mediterránea…

La gente se entregó al acto, y debo reconocer que incluso mi corazoncito iconoclasta se conmovió un poco cuando empezó aquello de “cada noooche mi viida es paara tiiií…”; y cuando el auditorio entero coreaba los “laralailalaaaaá eee e eeeeé” con lucecitas en las manos, mi amiguete Juan dijo “voy un momento a meá…”. “Teh qui yá…”, le dije yo. “Que te conozco, tío; tú a lo que vas es a buscarte un rincón pa jartarte de llorá sin que te veamos…”. Así era la carga emocional del instante.

Y bueno, aunque me noteis un pelín sarcástico debo reconocer también que cuando entre esta actuación y la de Tabletom asomó por el cielo una estrella fugaz, a la hora de pedir un deseo lo primero que se me ocurrió fue que “dentro de otros treinta años podamos vernos todos en otra como ésta”.

Tabletom se hicieron esperar más que los otros: “Es lo que tienen estos cacharros modernos”, se disculpaba el Roberto. “Que se tarda mucho en montarlos pero luego suenan del carajo”.

Con ellos llegó el rock. Nada de flamenco, rock vibrante para arropar a un Roberto con los papeles bastante perdidos. Los juegos de flautas, de saxo después, las guitarras en las que sobresalía un chaval con pinta del Carlos Santana de sus inicios, tanto en el look como en la forma de tocar, y que cuando esta banda sacó su primer disco, más que con el mástil se estaría peleando con el biberón… la instrumentación muy buena. Pero Roberto… “me estoy quitando, me estoy quitando, ya na más que me meto de vez en cuando…”. Se ve que se está quitando, se está quitando, desde hace tres décadas pero todavía no se ha quitao del tó… tiene cojones, que de las cuatro canciones que cantó (?), de la única que no se acordaba de la letra es de la que más fama le ha dado. Divertido y tierno, pero nada que realmente tenga cabida en un concierto serio… “Ah, pero esto es un concierto serio?”, “Joé, Gema… a ver si vas a ser tú más excéptica que yo…”.

Lo siguiente era aprovisionarse de más cerveza y tirá p’alante; para las primeras filas junto al escenario, que iban a salir los que llevaba esperando todo el rato: Imán, Califato Independiente. Así que dejamos atrás a Gema y los demás cobardes y el Juanito y yo nos preparamos para gritar y sudar como cuando teníamos edad para hacerlo. Y no nos defraudaron… que vá, ni lo más mínimo. Hicieron trizas nuestras expectativas pasando por encima de ellas como conquistadores.

Cuando empezó a sonar “La marcha de los enanitos” todos vimos (no solo los entregados, sino también los que andaban por allí para ver a un grupo u otro sin conocer o importarle quienes fuesen) que aquello era una banda de verdad, y no un compuesto para la ocasión. Los diálogos de Manolito con la guitarra y Marcos con los teclados eran de un preciosismo y derramaban una magia que ríete tú de Pink Floyd y su puta madre… la parte final del tema, más plana (sin esas subidas de montaña rusa a las que tanto pareció gustaros que las comparase en aquel post) se deslizaba con tanta fluidez y elegancia que el tiempo pareció detenerse.

Y que frescura en “Darsham”! Qué efusiones de jazz-rock! Que soberbia instrumental! Qué cortedad de palabras para definir el sonido y las sensaciones que producía…! Y Kiko empieza a cabalgar por encima del “Cerro Alegre”, y la noche se transforma en éxtasis… ¿quién dice que Imán no son flamencos…? Si para cuando al final de la pieza, Manolito deja unos segundos la guitarra para pedirle a la gente que acompañe la despedida con palmas, los de allí abajo ya llevábamos un rato largo acompañando la música con palmas por seguiriyas y no desentonaban lo más mínimo…

Buenooo… pongamos alguna pega, no vayan a pensar los demás que estoy haciéndole la pelota a los imanoides que con tanto cariño tratan el blog. Una sola, pero pequeña: “Darsham” debería durar un poco menos… concretamente debería terminarse en el momento en que Manolito pone fin a la calma de la pieza acelerando su guitarra, para que, de pronto, Marcos la pare con unas secas y perfectas notas de su teclado… desde ahí, un fade-out y todo quedaría perfecto; los tres o cuatro minutos posteriores diluyen el ambiente creado antes.

Y Smash, las grandes estrellas, el origen de todo esto… fueron un bajonazo espectacular.

Nos quedamos allí a ver si los disfrutábamos también, a seguir con el estómago encogido. Pero tuvimos que irnos para atrás defraudados.

Comenzaron con un medley que había montado Gualberto para el lucimiento vocal de los tres; el cuarto en discordia (nunca mejor dicho) era el bajista Álvaro Ramos, al que incluso Luis Clemente se olvidó de presentar, al que conocíamos de La Banda de Atila y otro montón de grupos sevillanos. Pero entre que Henrik no sabe cantar, a Gualberto no se le oía apenas y Antoñito aburre a las ovejas, la fiesta se vino abajo estrepitosamente entre sones deslabazados que recordaban (querían recordar, aunque muy lejanamente) a Hendrix o Cream.

El bache fue tan profundo que ni siquiera logró remontarlo una canción que siempre funciona y es tan potente como el “All along the watchtower” electrificado. Incluso el sonido parecía peor y más bajo que el del resto de las bandas.

Cuando salió con ellos Manuel Molina lo arregló un poco. Su sabiduría gitana tiró del ánimo de la gente y el flamenco asociado al rock funcionó mejor aunque fuese basado más en la nostalgia que en la calidad. La ya aguada fiesta terminó con “El garrotín”, que dejó a la gente sin ánimos para pedir un bis siquiera, como sí hiciesen antes con Imán.

Y es que Smash son un tesoro… que debería permanecer enterrado.

Todas las fotos son cortesía de nuestra amiga Lu, que me las ha dejado sacar de su blog. Muchísimas gracias

DE LA CIMA DEL MUNDO AL FONDO DEL OCÉANO

Para Vidal. Porque ¿quien puede resistirse a una petición como ésta?: “Oiga, cúrrese un post sobre Dennis Wilson… total, un tipo que murió cayéndose de un yate hasta el culo de cubatas y cocaína tiene que dar juego, ¿no?”

Pues seguro que lo da. Y aunque su muerte parezca carne de historia apócrifa es completamente verdad. DENNIS WILSON terminó su tempestuosa carrera ahogado en las aguas de Marina del Rey, en Los Angeles, después de haber pasado todo el día bebiendo a más no poder a bordo del yate de su amigo Bill Oster, anclado al lado de donde debía estar el suyo propio, si no hubiese sido embargado unos meses antes.

Aunque la realidad es que posiblemente se cayese del yate sin más, las leyendas cuentan que Dennis comenzó a sumergirse en las aguas, a pesar de estar heladas por el pleno invierno, porque con la papalina le dio por buscar fotos y objetos personales de sus antiguas novias y esposas que otras veces anteriores había ido tirando al mar en ataques de despecho. E incluso se dice que recuperó algunas de esas cosas.

Cuando los demás se extrañaron de no verlo deambular por el barco, ni de encontrarlo en ninguno de los bares cercanos al embarcadero, fue cuando dieron aviso a la patrulla portuaria, que le encontró ahogado al lado mismo del yate. Tenía 39 años, y en todo ese tiempo, aparte de apurar la vida a tragos y arruinarla a marchas forzadas, también fue el Beach Boy al que se le ocurrió que para ser diferentes y tener éxito en la música tenían que grabar canciones de surf. También fue la primera astilla en separarse del tronco, al ser el primero de la banda que grabó un disco en solitario, titulado, muy a la moda surfera “Pacific Ocean Blue”.

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Dennis Wilson – “Pacific Ocean Blue”

Pero lo que siempre más se ha resaltado de él ha sido la cara oscura de su luna, la que le llevó a encapricharse del mítico criminal Charles Manson e invitarle a él y a toda la Familia a hospedarse en su casa de Sunset Boulevard en 1.968, poco antes de asesinar a Sharon Tate y perpetrar la famosa carnicería. La que le llevó a ir totalmente borracho a muchísimas sesiones de grabación de finales de los ’60 y primeros ’70, hasta el punto de que en 1.971, en la grabación del “Surf’s Up” estuvo a punto de caerse por una ventana atravesando el cristal y salvando milagrosamente su vida gracias a la rapidez de su esposa Bárbara, que le cortó la enorme pérdida de sangre del brazo con un torniquete. Esa herida fue de tal calibre que le impedía tocar la batería, por lo que tuvieron que forzarle a dejar a los Beach Boys durante algunos meses, siendo reemplazado por Ricky Fataar. La que le hizo abusar de toda clase de bebidas y drogas hasta el punto de no poder mantener mucho tiempo a su lado a ninguna de sus esposas y tener continuas refriegas con los demás miembros de la banda, a pesar de ser todos de la misma familia. Su primo Stanley, hermano del vocalista Mike Love, casi lo mata un día de una paliza por darle cocaína y otras drogas peligrosas a Brian Wilson, a quien Stanley, más que su primo, consideraba su hermano menor.

Podríamos seguir contando historias sobre Dennis hasta terminar el post, pero solo os contaré una más, suficientemente ilustrativa. Poco antes del incidente anterior con la ventana, en un descanso en una prueba de sonido de un concierto en New York, a pesar de estar en una tarde desapacible y con mucho viento, a Dennis se le antojó que quería escalar un edificio que se veía desde allí, y que a pesar de estar aún en construcción, ya era la estructura más alta que el ser humano había levantado jamás, el World Trade Center. Toda la mitad inferior de la primera torre estaba ya ocupada y Dennis y su colega Gregg Jakobson subieron por ella con el ascensor tan alto como pudieron para después mezclarse con los trabajadores que seguían con la obra y seguir ascendiendo más y más totalmente desprotegidos. Fueron dejando atrás a los soldadores, los fresadores, los electricistas… hasta que alcanzaron en solitario la planta 110, que en aquel momento no constaba más que de las vigas que formaban su esqueleto. Allí Dennis se puso a dar gritos de alegría y triunfo y a bailar por las cuatro esquinas sin hacer caso del fuerte viento que soplaba a través de donde tenían que estar los inexistentes muros, decidido a admirar las espectaculares vistas desde todos los ángulos posibles.

Así era Dennis Wilson, un tipo temerario, que no conocía el miedo ni la vergüenza; imprudente, insensato y deseoso de hacer cualquier cosa con tal de exprimir hasta la última molécula de cualquier experiencia que la vida pudiese ofrecerle. Igual que no tenía vértigo a las alturas tampoco lo tenía a vivir intensamente. Como miembro de los Beach Boys, fue él quien definió la imagen de la banda y personificó la cultura bohemia californiana de la época. Pero fue mucho más, Dennis atacó cada momento con tal gusto y abandono que sus excesos dejaban pequeños incluso a los de otros lunáticos tan celebrados como Keith Moon y John Bonham (también baterías, por cierto, ¿será verdad lo que dicen de ellos?). Pero sobre todo, Dennis Wilson era UN ARTISTA, y tenía un talento que era tan profundo como el océano que acabó tragándoselo. Así que… ¿qué tal si nos dejamos ya de leyendas urbanas y nos ocupamos de su arte…? Porque, aunque no tuviese tiempo para la música en su vida, la música fue la única cosa que impidió que su cabeza fuera siempre una casa de los horrores.

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Dennis Wilson – “River song”

Desde muy joven Dennis supo cual iba a ser su destino definitivo: la playa. Cuando contempló por vez primera la infinita extensión del Océano Pacífico se sintió como en su casa y completamente libre. En el surf encontró la liberación que el resto de su familia encontraba en la música. En los otros surfistas, y en las chicas que pululaban con ellos por la playa encontró su propia familia, su primera banda. El océano era su rock’n’roll.

Y desde muy joven también Dennis fue diagnosticado como un caso grave de hiperactividad y déficit de atención, era como si su cerebro estuviese cableado para distraer su atención con todo, constantemente alimentado con demasiada información. Y ser batería de una banda de rock que siempre está de gira es un trabajo perfecto para una persona así. Aunque él lo aceptase solo ante la continua insistencia de su madre, que quería que los Beach Boys fuesen un grupo familiar, integrado por él y sus hermanos Brian y Carl, al bajo y la guitarra, su primo Mike Love, que era la voz solista, y un compañero de clase de hacía mucho tiempo, Alan Jardine, también guitarrista.

Dennis era un alien dentro de su propia familia, era un intruso aún antes de haber tocado una sola nota, y esa sería la posición que ocuparía dentro del negocio familiar durante toda su vida. Pero sin darse cuenta, sus descontentos y excépticos compañeros de banda, habían coseguido con él, además de un grano en el culo, una de sus mejores bazas para el triunfo. Porque no solo es que el surfista Dennis les sugiriese el argumento de la canción que les lanzó, sino que cuando ellos se convirtieron en los Beach Boys después de editar ese single con “Surfin’”, él les dio toda su identidad. Él era sobre quien el grupo cantaba, los demás solo fingían ser como él. Él era el único Beach Boy que surfeaba, dejando a Brian en casa para que escribiese canciones sobre eso. Cuando el grupo cantaba sobre coches, era Dennis quien hacía carreras con ellos. A veces, como en “Fun Fun Fun”, sus hazañas inspiraban sus canciones; su vida era una película y los Beach Boys grababan su banda sonora.

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The Beach Boys – “Fun Fun Fun”

Y claro, al principio Dennis era solamente todo imagen: el guapo, el divertido, el bronceado, el que atraía a las chicas. Le gustaba inmensamente el directo, porque para él eso era como cabalgar sobre la energía del público como si estuviese haciendo surf, incluso controlando las olas. Para desesperación de Mike, que muchas veces veía como nadie prestaba atención a su canción, embrujados por la personalidad de Dennis, que les hacía saltar y erupcionar en cualquier momento, aunque no viniese a cuento con la actuación. Era una estrella aún sin pretenderlo. Y he dicho que le gustaba el directo, y no “tocar en directo”, porque eso de tocar le fastidiaba bastante, y el grupo frecuentemente tenía que recurrir a baterías alquilados para grabar sus discos, y las canciones en las que él aparecia poniendo su voz normalmente había que desecharlas porque no eran más que un amasijo de gritos de las chicas que le acompañaban; sus interpretaciones no sugerían que él fuese a ser capaz de mucho más. Para entendernos, musicalmente Dennis Wilson era el equivalente a una rubia tonta.

El primer indicio de que Dennis podría tener algo más enterrado en su interior se vio en la cara B del LP “The Beach Boys Today!”. La canción “In the back of my mind” ofrecía un vistazo intimista de la aterrada psique de Brian Wilson, aunque vestida con una orquestación que presagiaba su madurez musical… y él eligió la voz rabiosa y emocional de su hermano Dennis para presentarla. Y desde ese día los dos hicieron frente común contra los demás para cambiar la fórmula Beach Boys durante los dos siguientes años, aunque el genio creador de Brian dirigiendo y dominándolo todo aún dejaba a Dennis con menos que hacer todavía de lo que hacía hasta ahora.

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The Beach Boys – “In the back of my mind”

Pero cuando Brian, tras haber volado con el “Pet Sounds” tan cerca del sol que se quemó y se consumió bajo el peso de su inacabada obra maestra que él llamó ”Smile”, los otros Beach Boys se dieron cuenta de pronto de su sequía creativa para mantener el rítmo, y nadie esperaba que el patoso batería hiciera ninguna contribución. Así que tanto ellos, como el resto de la familia, como todos los fans de la banda se vieron sorprendidos cuando dos canciones que Dennis había escrito con el poeta Steve Kalinich, “Little bird” y “Be still”, no solo fueron la espina dorsal del disco “Friends”, sino que todavía perduran como dos de las mejores canciones del grupo.

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The Beach Boys – “Little bird”

Steve componía un poema, y en menos de lo que se tarda en recitarlo Dennis ya tenía pensada una música para respaldarlo. La música salía de él sin pensarla, Dennis era todo pasión. Pero aún habiendo tenido este nacimiento artístico, su primer impulso fue el de hacer que Steve se asociase con su hermano Brian… generoso aunque no fuese a sacar provecho él mismo.

Así era también Dennis Wilson. Todos, desde su hermano a cualquiera que le conociese desde hacía solo diez minutos, decían lo mismo, que tenía un gran corazón. Debbie Holtsclaw puede dar fe de ello. Ella solo tenía 17 años cuando consiguió su primer trabajo como chica para responder el correo de los Beach Boys. Uno de los managers la envió a unos mandados dejándole su coche. La pobre chica se pegó una hostia con él y lo dejó bastante abollado. Y no tenía forma de pagar su reparación. El manager la echó y le dijo que no volviese hasta que no tuviese la pasta. Cuando Dennis se enteró se fue a ver al manager y le preguntó que cuanto le debía la chica. Cuando éste se lo dijo, se sacó del bolsillo un gran fajo de billetes, contó la cantidad debida y se lo tiró a la cara al otro, que permaneció sentado al otro lado de la mesa. Cuando Debbie supo que podía quedarse le preguntó a Dennis que cómo quería que le devolviese el dinero. “El brillo de tus ojos cuando haces algo por nosotros es suficiente pago”, dicen que fue su respuesta.

Dennis abría su corazón a todo el mundo… y eso fue lo que Charles Manson aprovechó para colarse dentro de él.

Gracias a este asesino, esta faceta de la vida de Dennis es suficientemente conocida y no vamos a revolcarnos en ella, baste decir que su relación con él le costó a Dennis más de cien mil dólares en ropa, coches, comida y alojamiento, por no mencionar las facturas de los médicos que tenían que venir constantemente a curar las gonorreas de los miembros de la Familia Manson. Todo lo que Dennis obtuvo a cambio fue la mediocre canción de Manson, “Cease to exist”, que incluso tuvo que reescribir, para eterno disgusto de Charlie, para convertirla en el “Never learn not to love” que grabaron los Beach Boys. Bueno… en vista de cómo terminó todo, pudo ser peor; al fin y al cabo, como Dennis decía, lo único que perdió fue dinero.

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The Beach Boys – “Never learn not to love”

Dennis fue también el primero de los Beach Boys en unirse a los Beatles cuando abrazaron la Meditación Trascendental… y el primero al que echaron de allí, que todo hay que decirlo. Pero tanto Mike Love como Al Jardine siguieron fieles al Maharishi, y tras una desastrosa gira con él, en 1.968, después de que los Beatles ya le hubiesen repudiado públicamente, la credibilidad de los Beach Boys descendió en picado, uniéndose a ello además, la paranoia que despertó el arresto de Charles Manson. Parecía como si los Beach Boys hubiesen sido los culpables de desenmascarar el lado oscuro del mito de la soleada California. En 1.969, con Brian Wilson ya en su retiro, el grupo tuvo quizás el punto más bajo en sus 40 años de carrera de montaña rusa.

Y la banda tuvo que reinventarse a sí misma… y aquí fue donde la rubía tonta de la batería comenzó a brillar. Mientras todos los demás miembros del grupo se estrujaban la sesera intentando compensar la ausencia de Brian, Dennis era libre para crear su propia música sin presión alguna. Y de él emergió algo grande. Supo asociarse con gente que sabía escribir palabras, los ya mencionados Gregg Jakobson y Steve Kalinich, Stan Shapiro… y él mismo junto al pianista clásico que respaldaba al grupo, Daryl Dragon, a quien en broma llamaban “El Capitán Tecla” (y hacemos un inciso para decir que si recordais a un dúo que tubo cierto éxito con el nombre de Captain & Tenille, ya sabeis de donde venía eso de Captain) ponían los acordes de piano que las convertirían en maravillosas canciones.

Dennis no tenía formación pianística, solo se sentaba ante él y sacaba acordes que cualquier maestro hubiese matado por componer. No se sabía los nombres de las notas, solo tocaba y tocaba hasta que encontraba las notas que eran iguales a los sonidos que escuchaba en su cabeza. La riqueza e innovación instintiva de sus acordes recordaba en cierto modo a Richard Wagner, aunque estoy seguro de que Dennis ni siquiera había oído hablar nunca de él.

La cima de su contribución creativa a los Beach Boys fue “Sunflower”, el disco que editaron en 1.970. En ausencia de Brian, Dennis llevó el timón de su grabación, y ahí están quizás las últimas canciones de rock reales de la banda. Y aunque no fuese un éxito tan grande como sus más conocidas canciones, el maravilloso “Forever” se convirtió en inmortal, y asentó las formas baladísticas y los sentimientos románticos que fueron el territorio artístico del propio Dennis durante los próximos años.

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The Beach Boys – “Forever”

Pero en vez de ser esto “el principio de una hermosa amistad”, el principio de un nuevo respeto e igualdad dentro de los Beach Boys, los demás le dieron de lado del todo (¿celos, quizás…?). En el siguiente disco del grupo, el “Surf’s Up”, no incluyeron ninguna de sus canciones, y a medida que iban pasando los años ’70, apenas metían una o dos canciones suyas en los demás discos, a pesar de la innegable calidad de algunas como “Cuddle up” o “Only with you”. Dennis no escribía con arreglo a la fómula Beach Boys, y esa fórmula ahora era la referencia a la propia historia del grupo. Dennis era invisible… excepto cuando se metía en problemas, por supuesto; y eso no era aceptable. Él no solo era un tipo despreciado prácticamente en el mundo del rock, sino que también lo era en el interior de su propia banda, que respondía con la mayor indiferencia a los ofrecimientos de canciones que él seguía haciéndoles. La despedida estaba servida.

El tiempo que pasó grabando en solitario “Pacific Ocean Blue” seguramente fue el más satisfactorio de toda su vida como músico. Ahora era cuando él se aceptaba a sí mismo como artista. No se pensaba demasiado lo que quería hacer, simplemente lo hacía. Cuando necesitó un ingeniero de sonido para que le grabase, simplemente apuntó con el dedo a uno que había por allí por los estudios, y le dijo: “Tú… tú mismo…”. Y John Hanlon dio los primeros pasos que después le llevarían a trabajar asiduamente con gente como Neil Young o REM. Espontáneo, sin dejar lugar a la elección.

El disco fue considerado completo cuando Otto Hinsche murió de pronto. Este hombre era el padre de Billy Hinsche, uno de los más antiguos miembros de la familia Beach Boys, y había sido prácticamente también el padre adoptivo de Dennis desde que murió el feroz Murray, el suyo propio. Esa mañana Dennis llegó al estudio y anunció que el disco no se iba a terminar; después se sentó al piano y de éste comenzó a brotar una maravillosa melodía. Seguramente Dennis nunca estuvo tan concentrado en algo como en la composición de este “Farewell, my friend”.

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Dennis Wilson – “Farewell, my friend”

Hay tristeza en la canción, pero lo que más se deja sentir en ella es lo mucho que Dennis quería a este hombre, y cómo celebraba su vida. Dennis tenía la habilidad de llegar al corazón de todo y grabar el sentimiento en una cinta magnética.

No solo es que este disco no sonase como nada de los Beach Boys, aunque algunas de sus canciones (“River song” y sus aires de gospel, por ejemplo) son las que la banda hubiese hecho de no estar tan preocupados de perseguir su propio rabo, sino que “Pacific Ocean Blue” parece que no está abierto a ninguna influencia musical; es música que fluye de su propia fuente. Al contrario que Brian Wilson, que siempre tenía la cabeza llena de ideas, las grabaciones de Dennis parecen sonidos sin terminar. Música capturada en el mismo momento en que se estaba explorando sobre ella. La instrumentación cambia de canción a canción pero uno siempre sale con la seductora sensación de que el cantante te ha hecho un guiño que has sabido entender.

Cuando el disco se editó en 1.977, sorprendió a todo el mundo vendiendo un cuarto de millón de copias, más que cualquier disco de los Beach Boys de esa época, lo que causó una enorme irritación a los miembros de la banda. Por si ya no estaban bastante jodidos con él, ahora el hijoputa tenía un disco en solitario que era un éxito… los Beach Boys se sentían intimidados y asustados. Y aunque en realidad no es que fuese un éxito supermayoritario, sí que demostró que había una considerable cantidad de gente que todavía guardaba afecto por “este simpático chico”, lo que realmente era una base fuerte sobre la que construir su carrera en solitario. Y el próximo peldaño iba a ser otro disco para el que ya tenía pensado el nombre de “Bamboo”.

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Dennis Wilson – “Wild situation” (Del “Bamboo”)

Pero aunque el recibimeinto de “Pacific Ocean Blue” sugería que Dennis podía tener una vida significativa aparte de los Beach Boys, todo comenzó a derrumbarse a su alrededor. Desde los días pre-Manson, Dennis y sus compañeros de correrías Gregg Jakobson y Terry Melcher formaban una especie de club, al que llamaban “Los Penetradores Dorados”, cuya base era un enorme coche pintado de dorado que Dennis tenía aparcado en su jardín. Allí es donde llevaban a las chicas objeto de sus “doradas penetraciones”. Pero el tiempo fue pasando y todos se convirtieron en hombres casados, y aunque los otros habían sentado la cabeza respetando su nuevo estado, Dennis aún era el típico macho que pensaba que cualquier deseo que saliese de su polla había que satisfacerlo, y no dudaba en, como el día del entierro de su padre, huir de la ceremonia hasta París, acompañado de la mujer de uno de los empleados de su discográfica, rompiendo así dos matrimonios de golpe, el suyo y el de ella.

La exploración de la consciencia y la libertad de los años ’60 estaba corrompida por el abuso químico de los ’70 y la autocomplacencia, y las cosas adquirieron para él un cariz muy, pero que muy feo. La locura y los excesos hicieron que, a medida que la década progresaba, las penetraciones dejaran de ser doradas para siempre. Y la música fue fiel reflejo de su decadencia. Dennis bebía constantemente, y mientras más evidentes se hacían los efectos del alcohol más estruendosa, salvaje e incoherente se volvía la música que sacaba del piano. Los inolvidables acordes que una vez saliesen de sus manos ahora eran estrujados por sus puños sobre el marfil de las teclas. Era como si destruyese la belleza a la vez que la creaba. Nunca sabía cuando ni como parar…

La bebida fue la principal culpable, pero el problema ya venía de lejos. Las secuelas de su relación con Manson le llevaron a la hierba y al LSD, y le dejaron paranoico perdido. Y el problema aún se agravó cuando, tras el incidente de la ventana que ya os conté, tuvo que dejar la batería, dejando a su hiperactividad con demasiado tiempo libre, y cuando los excesos con la cocaína se pusieron de moda en los ’70, él se apuntó también enseguida. Parece como si tuviese algo genético que le impulsara a las adicciones.

Los años finales de la vida de Dennis Wilson son una historia que pide a gritos no ser contada. La tristeza del imparable deterioro de una persona que llegó a tener tanta vitalidad y una presencia tan hermosa, y que ahora apenas podía distinguirse de cualquier homeless de la calle no tiene cabida en un sitio como este blog.

Se pasó la vida dándoselo todo a los demás sin guardarse nada para sí mismo, y terminó por perderlo todo, el dinero, los coches, las casas, las chicas. Los demás Beach Boys, hartos del drama que acompañaba a su deterioro y a su incapacidad (o falta de voluntad) para aceptar ayuda con sus adicciones, hicieron algo impensable tratándose de hermanos, se lavaron las manos en todo lo que tuviese que ver con él. Para Mike Love esta fue la victoria definitiva sobre su irresponsable primo, al que ahora describía ante la prensa como “un drogadicto y un parásito sin talento del que nos hemos librado”. Pero el destino, y Dennis, aún se guardaban una última bala en la recámara: en la vuelta de tuerca más morbosa del concurso de despropósitos que había llegado a ser su vida, Dennis dejó embarazada a Shawn, la hija de Mike Love.

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Dennis Wilson – “He’s a bum” (Del “Bamboo”)

El disco que tenía que haber salido con el nombre de “Bamboo” había tenido un comienzo muy esperanzador, con el material más potente que Dennis había producido desde el “Sunflower”; pero con la confusión reinante en su vida personal y en la profesional, la grabación se fue haciendo lenta y sufrida, hasta detenerse del todo. Dennis hizo intentos esporádicos de continuar, pero su intrumento primario ya había volado: la voz que nos llevaba por mil intimidades, que antes fuese encantadoramente irregular, estaba ya totalmente arruinada.

El 28 de diciembre de 1.983 Dennis se sumergió por última vez en su querido Pacífico, dicen que buscando un arcón lleno de tesoros personales que le trajesen algún resquicio de su antigua vida. Y nunca volvió a salir. Desde la cima del mundo al fondo del océano en 39 años. Unos días después, ya metidos en enero, Dennis Wilson fue despedido como debía ser, no con un entierro, sino arrojado al mar.

Ya tenía toda la paz que siempre quiso. Ya solo queda de él su música, ahora más brillante que nunca tras la edición en la colección “Legacy” del “Pacific Blue Ocean” y los restos salvados del “Bamboo”. Pero hay otra cosa que seguro que Dennis hubiese querido por encima de todo: un minuto más. Un minuto más de vida.

Para apurarla… como apuraba esas apariciones en directo que siempre le gustaron tanto. En los conciertos de los Beach Boys, Dennis siempre era el último en abandonar el escenario, prolongando el disfrute de la euforia… “Muchas, muchas gracias …”, se despedía. “Por darme todo lo que siempre soñé…”

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Dennis Wilson – “End of the show”

MADONNA MÍA

Será el próximo martes. El día 16 de septiembre del año de gracia del 2.008. Y ya le están preparando un recibimiento digno de Ella…

En otros lugares de nuestro reino hispano se han tenido que conformar con recibir a viejos vasallos caducos y trasnochados como Bob Dylan, Bruce Springsteen, Tom Waits… pero aquí… ¡esto es Sevilla, aquí hay que mamar!. Aquí vendrá la verdadera Reina Del Pop.

Y para conmemorar su visita, en este blog, puesto a sus pies, vamos a celebrar los momentos decisivos de su triunfal reinado.

16 de Agosto de 1.958.- Madonna Louis Veronica Ciccone nace en Bay City (Michigan). Inmediatamente convoca una conferencia de prensa para anunciar su llegada.

22 de Junio de 1.966.- Madonna redefine la naturaleza del erotismo escolar cuando brevemente se levanta la falda y enseña sus braguitas mientras cantaba una canción dedicada a su mamá en la fiesta de fin de curso. Aparte de los múltiples desmayos causados, los niños de su curso y de los dos inmediatamente superiores quedaron visiblemente excitados y varios de ellos comenzaron a dejarse la barba desde entonces.

12 de Septiembre de 1.972.- Madonna se matricula en la Universidad de Michigan, donde se especializa en Ingeniería de la Imagen, para posteriormente sacar un master en ironía postmoderna.

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3 de Abril de 1.978.- Madonna se traslada a New York con solo tres dólares en su corsé, y da comienzo a su carrera en el show-business después de contestar a un anuncio en el “Variety”, que solicitaba una chica para aprendiza de megaestrella.

4 de Abril de 1.979.- Dándose cuenta de que su hermoso cabello negro estaba impidiendo que fuese promocionada como bomba rubia, Madonna se tiñe de bote el pelo por vez primera y lo encuentra emocionante, una experiencia que cambió su vida.

16 de Julio de 1.980.- Después de ser expulsada de la Academia de Danza Clásica por pellizcar a los chicos en la barra de ensayos, Madonna comienza a frecuentar las discotecas y garitos del centro de la ciudad. Allí desarrolla un llamativo look a base de combinar ropa interior de encaje y crucifijos de bisutería chillona. Eso atrae a una gran cantidad de conflictivos admiradores deseosos de llevársela a su casa a conocer a mamá, y después violarla sobre la mesa de la cocina.

21 de Agosto de 1.980.- Un amigo deja a Madonna cantar y tocar la batería en su banda, a menudo simultáneamente. Tan ansiosa está ella por hacerlo bien que frecuentemente continúa cantando y tocando incluso después de que los otros miembros de la banda ya se han ido y el local ha cerrado.

29 de Enero de 1.981.- Madonna consigue que la dejen entrar en la ultramoderna discoteca “Danceteria” a cambio de comenzar tres tendencias nuevas al año. Haciendo honor a su promesa, ella inventa el techno-punk, el e-mail y la costumbre de usar desodorante dos veces al día.

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9 de Febrero de 1.982.- Madonna graba su primer disco, “Madonna”. Sus canciones suenan incesantemente en la MTV, convirtiéndola en una estrella nacional. Pero el estrellato nacional no es suficiente, así que Madonna comienza a estudiar español, francés, alemán, chino, swahili y serbo-croata.

16 de febrero de 1.983.- En una epifanía de su carrera, Madonna decide que ella permanecerá en la cima del pop para siempre reinventándose a sí misma, cambiando su imagen con cada nuevo disco, película o subidón hormonal. En el espacio de solo tres semanas pasa por el look de princesa azteca, el de guarda forestal y el de Pequeña Lulú.

28 de Enero de 1.984.- Madonna edita el disco que la lanzó mundialmente, “Like a virgen” (“Como una virgen”), a pesar del gran esfuerzo mental que le susupo intentar recordar cómo era ser eso.

16 de Agosto de 1.985.- Madonna se casa con el actor Sean Penn. El matrimonio fue parado en el primer asalto, con Madonna declarada vencedora por KO.

16 de Octubre de 1.986.- Se estrena “Shangai Surprise”, la película que interpretan juntos como estrellas consagradas Madonna y Sean Penn. La crítica la aclama unánimemente como la peor película del año y, en una gran parte, también del año próximo.

5 de Abril de 1.987.- Desvelando su nueva y rompedora imagen en la película “Who’s that girl?”, Madonna presenta su nuevo look punkie. Ahora lleva el pelo-pincho de color platino y luce enormes músculos cedidos para la ocasión por el Increíble Hulk. La película establece a Madonna como una estrella cinematográfica de magnitud comparable a la de Harrison F Ben Affleck.

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1 de Junio de 1.989.- El video de Madonna, “Like a prayer”, en el que aparecen cruces ardiendo y un erótico Jesucristo negro, es atacado por el Vaticano, que se quejaba amargamente de que el verdadero Jesucristo jamás hubiese bailado con una canción tan mala. Afortunadamente, el 63 por ciento del público mundial del pop creía que la versión de Madonna era más creíble que la del Catecismo.

20 de Septiembre de 1.990.- Madonna interpreta junto a su novio de pega, Warren Beatty, la película “Dick Tracy”, interpretando a Susurros Mahoney, una cantante de cabaret a la que le gusta Dick. Los rumores de un amorío entre Madonna y Warren Beatty causan pánico entre las americanas de la tercera edad, que se temían que el sexo salvaje entre los dos pudiese causar el fallecimiento del jubilado galán.

9 de Septiembre de 1.991.- En el documental que filmó presentando la trastienda de su vida, “En la cama con Madonna”, la estrella volvió a romper todas las reglas y a causar furor, esta vez por aparecer en la película completamente vestida.

5 de Noviembre de 1.992.- Madonna reafirma su visión para los negocios firmando un contrato multimillonario con la Warner, que le daba el control absoluto de todo el dinero de su cuenta corriente.

30 de Abril de 1.996.- Interpretando el vídeo musical más largo de la historia, “Evita”, Madonna encarna brillantemente a la estrella del pop argentino Eva Perón, cautivando a las audiencias de la película con su interpretación de famosos clásicos de Andrew Lloyd Weber como “No te rías de mí Argentina”, o el conmovedor vals “Ché, creo que estás en la peli equivocada”.

14 de octubre de 1.996.- Madonna es madre por primera vez. De una niña a la que llama Lourdes. Se cree que este nacimiento no fue virginal.

8 de Agosto de 1.999.- Tras este largo periodo de tiempo, parece que Madonna se ha retirado.

3 de Octubre de 1.999.- Madonna no se ha retirado!!!

1 de Mayo del 2.000.- Madonna se muda a Londres y comienza a tomar clases de acento británico. Muy pronto suena tan británica que la Reina Isabel la confunde con un miembro de la familia real y le regala un castillo. Madonna se queja a la prensa de que lo que ella realmente quería era ser la Princesa de Gales.

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22 de Diciembre del 2.000.- Madonna se casa con Guy Ritchie, director de la aclamada película de gangsters “Te mataré, cabrón, hijoputa apestoso. Ah, sí? Pero tú solo o con tu banda?”. Entre los tres mil invitados a la boda en la Abadía de Westminster se encontraban Sting y su amiga Lula, el Arzobispo de Canterbury, Stephen Hawking, y la Princesa Diana de Gales, que había obtenido un permiso especial en el cielo para la ocasión.

23 de Agosto del 2.003.- Madonna hace una irónica aparición en la gala de los premios de la MTV. Britney Spears se lo toma fatal, pensando que estaba burlándose de ella.

6 de Septiembre del 2.003.- Madonna comienza a impartir clases en la prestigiosa Universidad de Harvard sobre Ingeniería de la Imagen e ironía postmoderna.

18 de Diciembre del 2.003.- Madonna comienza a estudiar las antiguas tradiciones mística judías contenidas en la Cábala, y adopta el nombre espiritual de Esther Shylock.

12 de Mayo del 2.004.- Mientras entonaba un ancestral canto místico judío, Madonna se lía con la pronunciación de un crucial verbo arameo en gerundio y por error convoca a un espíritu malicioso que la posee dolorosamente a través de su ombligo. Para solucionar esto fue necesario practicar un antiguo ritual místico conocido como onfalectomía, del que Madonna sobrevivió milagrosamente.

3 de Agosto del 2.005.- El primer ministro israelí Ariel Sharon anuncia que el ejercito de Israel ha comenzado a construir un muro alrededor de Madonna para protegerla contra ataques terroristas islámicos.

24 de Agosto del 2.008.- En su reinvención definitiva (hasta ahora), Madonna comienza una gira por dieciseis paises convertida en un dulzón y empalagoso bombón de fresa. Los científicos andan aún desconcertados sobre cómo ha logrado esta asombrosa transformación… a su edad, por Dios!

16 de Septiembre del 2.008.- Madonna es evacuada a toda prisa del Estadio Olímpico de Sevilla, aterrorizada por la mirada feroz del Director Técnico de la clínica de diálisis adyacente al escenario donde unos minutos antes ha terminado su sensual actuación, que se dirige hacia ella babeando incontroladamente, con intenciones probablemente más que libidinosas, tras quedar alucinado comprobando las cosas guays que puede llegar a hacer una señora de su misma edad y haber roto a cabezazos la enorme y gordísima cristalera que la separaba de ella, además de resistir milagrosamente a la lluvia de golpes que los fornidos miembros de seguridad estaban descargando sobre él.

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HACE TIEMPO QUE NO DEDICAMOS UN POST A LOS BEATLES…

…y este es el mejor momento para ponerle solución. Por lo que se ha visto en la entrada anterior, este grupo ha sido la base de las aficiones musicales de muchos de los lectores de este blog. Y casi todos os confesais devotos.

Seguramente, pues, conocereis la práctica totalidad de las canciones de los Beatles. Y las identificareis instantáneamente con solo ver su nombre… “Let it be”, “Something”, “Paperback writter”, “Helter skelter”

Pero… ¿y si os cito otros títulos como “Sour milk sea”, “Bad to me”, “Penina”…? ¿Las reconoceríais como canciones de los Beatles? Pues lo son. Lo que ocurre es que ellos nunca las grabaron (al menos de forma oficial), y prefirieron cederlas a otros cantantes. Algunas gozaron de mucho éxito, otras se diluyeron en el olvido. Pero hoy las tienes todas aquí. Con sus respectivas historias…

Para todos vosotros, que habeis mantenido el interés del blog durante mis vacaciones. Gracias, amigos.

“Come and get it” es una composición de McCartney, compuesta para la película de Ringo Starr “The Magic Christian”, donde los Badfinger la cantaban sobre los títulos de crédito.

Badfinger fue el grupo que, dejando aparte a los propios Beatles, más éxito tuvo en el sello Apple. Les conocerás seguramente porque ellos escribieron la versión original de “Without you” que tanto éxito le dio a Nilsson, y vivieron su era dorada a finales de 1.969, cuando los Beatles los presentaron al mundo con “Come and get it”, y los cuatro años siguientes, en que encadenaron varios éxitos más y aparecieron en “El concierto para Bangla Desh” y en discos tan importantes como el “Imagine” de John Lennon o el “All things must pass” de George Harrison.

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Badfinger – “Come and get it”

Pero después comenzaron los problemas con Apple y se tuvieron que ir a la Warner Brothers, con la que no volvieron a editar ninguna canción de éxito. Y las cosas aún fueron a peor cuando se quedaron en bancarrota porque todos sus royalties se gastaban en batallas legales con Apple y su escaso éxito en Warner apenas les reportaba beneficios, aunque el sello se portó bien con ellos y les proporcionó algún dinero extra para aliviar sus problemas.

Sin embargo, el caos financiero terminó por apretarles tanto que el líder del grupo, Peter Ham se suicidó ahorcándose en abril de 1.975, dejando una nota en la que culpaba de su suicidio al negocio musical en general y al manager del grupo en América en particular.

Durante un par de años la banda estuvo disgregada y los otros miembros, Joey Molland y Tom Evans, currando en trabajos aparte de la música, hasta que les pudo el tirón y volvieron a reformar la banda. Pero en Noviembre de 1.983, Tom siguió los pasos de Peter y también se ahorcó. En su nota de suicidio decía que Joey Molland sería el siguiente, pero afortunadamente éste no siguió los pasos de aquellos y estuvo al frente de unos renovados Badfinger hasta no hace mucho tiempo.

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The Applejacks – “Like dreamers do”

“Like dreamers do” es otra composición de Paul McCartney, de sus primeros tiempos. Tanto que formaba parte del repertorio del grupo cuando aún se llamaban The Quarrymen, y la tocaban frecuentemente en sus conciertos hasta 1.962. Y también fue una de las trece canciones incluídas en la grabación que presentaron en la Decca cuando el sello discográfico les rechazó.

Es curioso, por tanto, como después de todo esta canción llegó a ser un gran éxito en Decca cuando los Applejacks, un grupo de Birmingham, se la pidieron a los Beatles para convertirla en su segundo single y llevarla hasta a las listas de ventas en verano de 1.964.

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Billy J. Kramer & The Dakotas – “I’ll be on my way”

Billy Kramer era un guitarrista reconvertido en cantante el día que le robaron la guitarra. La falta de éxito le estaba haciendo pensar que mejor haría dejando el negocio musical y volviendo a su trabajo como ferroviario, que nunca debió abandonar. Pero algo debió ver en él Brian Epstein, el gran manager y factotum de los Beatles, cuando le mandó llamar y se ofreció a ser también su manager.

Desde ese momento todo fue muy rápido. John Lennon le puso una J (por su hijo Julian) en medio a su nombre, Brian le proporcionó una banda para respaldarlo, y les enviaron a todos a Hamburgo a que se foguearan como en su momento hicieron los Beatles. A su vuelta, Billy J. Kramer & The Dakotas estaban preparados para su lanzamiento discográfico.

Su primer single fue una versión de una de las canciones que los Beatles ya habían incluído en su primer LP, “Do you want to know a secret?”… pero no es ésta la que nos interesa y por eso no la he reproducido, sino la que incluyeron en la cara B, “I’ll be on my way”, una canción que Paul McCartney escribió expresamente para Billy.

El éxito de este single aún fue superado por el del siguiente (y eso que con éste primero se plantaron en el número dos de las listas). Llegaron a la cima con una canción que John Lennon escribió también expresamente para ellos mientras estaba de vacaciones en España, “Bad to me”.

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Billy J. Kramer & The Dakotas – “Bad to me”

Algo menos exitosa, pero aún llegó al número cuatro de las listas, fue la siguiente canción que le dieron los Beatles a Billy, “I’ll keep you satisfied”. Y ya el éxito fue solo relativo (se quedó en el 10 de las listas) con la cuarta de las canciones, “From a window”, que Paul McCartney escribió también expresamente para ellos.

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Billy J. Kramer & The Dakotas – “I’ll keep you satisfied”

Billy J. Kramer & The Dakotas aún tuvieron algunos éxitos menores más con otras canciones que no eran de Lennon y McCartney, pero se ve que Billy echaba de menos aquellos primeros laureles y le pidió a Paul que le diese otra canción. Éste, siempre amable, le ofreció una composición sencillita en la que estaba trabajando al margen de los Beatles, pero a Billy no le gustó, y demostrando una gran visión de futuro le rechazó a Paul su canción… “Yesterday”.

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Billy J. Kramer & The Dakotas – “From a window”

Como el destino a veces da unos giros inciertos, resultó que Billy aún grabó una canción más de las que escribieron los Beatles y nunca llegaron a publicar éstos. Se trata de “One and one is two”, escrita principalmente por Paul McCartney en un hotel de París, después de uno de sus conciertos en el Olympia, pero con la ayuda de Lennon a la guitarra.

Fue éste, John Lennon, quien al oír la versión finalmente grabada por Billy J. Kramer & The Dakotas, y ver que el resultado era bastante pobre, dio a Billy un buen consejo: “Edita esta canción y tu carrera musical se habrá acabado”. Le hizo caso.

La canción, posteriormente, fue ofrecida a los Fourmost, pero su líder, Brian O’Hara, la vió tan falta de chicha que la rechazó sin grabarla siquiera; y se hubiese quedado inédita de no ser porque Mike Shannon & The Strangers, un oscuro grupo sudafricano afincado en Liverpool (antiguos amigos de los Beatles) del que ni siquiera se conservan fotos, la grabó posteriormente. Como ya se temiese Lennon, el fracaso fue absoluto… y es que la canción tampoco era como para enmarcarla, que coño! los Beatles, a veces también escribían algún que otro fiasco.

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Mike Shannon & The Strangers – “One and one is two”

Como ya habeis visto que hizo Lennon en España, a los Beatles parece que les gustaba relajarse en sus vacaciones escribiendo canciones, porque Paul McCartney hizo lo propio cuando disfrutaba de ellas en Portugal con la canción “Penina”, llamada así porque ése era el nombre del hotel en el que se alojaba.

El cantante portugués Carlos Mendes oyó a Paul cantarla, y le gustó tanto que Paul se la regaló. La verdad… no sé que pensareis vosotros, pero yo no encuentro motivos para que el portugués la celebrase tanto…

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Carlos Mendes – “Penina”

Otra de las bandas de la zona de Liverpool que después de haberse recorrido todo el circuito de conciertos en directo hicieron su debut discográfico con una canción cedida por los Beatles fueron los Fourmost.

Una noche de verano de 1.963, cuando ambos grupos estaban en el cartel del concierto del Queen’s Theatre, en Blackpool, después de oír a los Fourmost, Lennon habló con Billy Hatton, su vocalista, y le dijo (más o menos). “Tenemos una canción nueva que a vosotros os vendría de maravilla”. A lo que Billy respondió algo así como: “Pues no veas lo bien que nos viene, porque queremos grabar ya un disco y no tenemos muy claro qué canción meter, a pesar de que ya tenemos comprometidos los estudios y todo para el miércoles”… y ya era domingo por la noche.

Así que tras el concierto todos se fueron a la casa de Lennon, donde éste les dio un papel con la letra de la canción escrita, y una cinta casera con una interpretación que improvisaron allí mismo Paul y él para que los otros tuviesen una idea de cómo era la música. A las cuatro de la mañana, los Fourmost salían de allí contentos, pero temiéndose dos o tres días de duro trabajo.

El miércoles por la noche estaban terminando de aprendérsela a la vez que la iban grabando, con el consiguiente cabreo de George Martin, que no estaba para perder mucho tiempo. Pero salió una buena canción que se metió en el Top 10 de las listas: “Hello little girl”.

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The Fourmost – “Hello little girl”

Todavía grabaron los Fourmost otra canción que Lennon escribió en la época pre-Beatles y que Brian Epstein le pidió para dar continuidad a la carrera del grupo, “I’m in love”. Aunque con un poco menos de éxito que la anterior, pero les sirvió para sentar las bases sobre la que seguir grabando discos de mediano éxito, ya con canciones suyas.

En 1.969 Paul McCartney les produjo su canción “Rosetta” e incluso tocó el piano en ella, como devolución del favor que algunos de los componentes de los Fourmost le hicieron a él colaborando en “Lady Madonna”.

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The Fourmost – “I’m in love”

Cuando los Beatles comenzaron a hacerse muy famosos, la atención del mundo entero se enfocó en su ciudad de Liverpool, de la que esperaban ver surgir algunas otras figuras comparables a ellos. Y aunque no fuese así, sí que apareció algún que otro cantante que merecía la pena. Este fue el caso de Cilla Black, una chica a la que Brian Epstein lanzó al mercado diciendo que era la encargada del guardarropa de The Cavern, cuando en realidad su trabajo era el de una poco glamourosa mecanógrafa en una empresa local que por las noches subía a cantar alguna canción con bandas locales que actuaban en el Café Zodiac, donde trabajaba de camarera con su amiga Pat Davies, la novia por entonces de Ringo Starr.

Su primer single fue una canción de McCartney que George Martin produjo para ella, “Love of the loved”, también de los primeros tiempos como The Quarrymen, y otra de las canciones incluídas en la fracasada cinta de prueba para la Decca. También esta vez pasó con más pena que gloria.

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Cilla Black – “Love of the loved”

Brian Epstein vio que la cosa no funcionaba y le impuso un cambio. Le dio una imagen más sofisticada y americanizó su repertorio con canciones como “Anyone who had a heart”, de Burt Bacharach, que la convirtieron rápidamente en una estrella.

Y entonces de nuevo volvió a darle canciones escritas por los Beatles. La siguiente fue “It’s for you”, en la que incluso participó Paul McCartney tocando el piano.

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Cilla Black – “It’s for you”

Cilla Black logró tanto éxito que incluso tuvo su propio programa de televisión en la BBC, “Cilla”, en el que además de cantar ella y sus invitados, hacía sketchs y parodias en los que solía participar su antiguo amigo Ringo, que siempre tuvo una gran bis cómica. La sintonía de esta serie era una canción que había escrito para ella Paul McCartney, llamada “Step inside love”.

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Cilla Black – “Step inside love”

Y todavía hubo una colaboración más entre Cilla y los Beatles, porque George Harrison escribió también expresamente para ella la canción “I’ll still love you”, pero cuando los estudios de grabación estaban preparados con George Martin para producirla y Ringo sentado a la batería, Cilla sufría un enorme dolor de muelas acompañado de un gran flemón, que le impidió cantarla, y ya después, por una u otra causa, nunca hubo una nueva ocasión de hacerlo, por lo que nunca llegó a existir un disco con esta canción.

Y ya que hablamos de Harrison, éste también escribió una canción junto a Doris Troy que sirvió a esta cantante como entrada en el sello Apple, “Ain’t that cute”.

Doris ya era una cantante establecida en los USA, donde la apodaban “Mama Soul”, y que con el tiempo desarrolló una carrera musical que, si bien nunca la mantuvo como estrella de primera fila, sí que la consolidó en un status que hacía que esa clase de rutilantes estrellas sí que la llamasen para colaboraciones, siendo quizás una de las más importantes la de poner su voz en el “Dark side of the moon” de Pink Floyd.

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Doris Troy – “Ain’t that cute”

Otra de las chicas protegidas por los Beatles y su entorno fue Mary Hopkin.

Mary era una jovencita rubia galesa que cantaba folk y que llamó la atención de McCartney cuando Twiggy le dijo a éste que fuese a verla a su programa de jóvenes talentos de la tele.

A Paul le encantó la chica y le ofreció un contrato en Apple. Incluso le produjo su primer single, una canción que los Moody Blues no habían querido grabar, que se llamaba “Those were the days” (“¡Qué tiempo tan feliz!” cuando la lanzaron en castellano) y que se vendió por millones en todos los paises donde fue lanzada, en muchos de ellos (España, Italia, Alemania, Francia…) incluso con posteriores versiones en su propio idioma.

Paul se volcó con ella y con su promoción. En la primera rueda de prensa de la chica, aparte de asistir él mismo con Linda, llevó también a Donovan y a Jimi Hendrix para que la amenizasen un poco, la coló en todos los grandes programas de televisión… y le volvió a producir su segundo gran éxito, éste “Goodbye” que escribió especialmente para ella.

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Mary Hopkin – “Goodbye”

La asociación entre Paul y Mary fue larga y fructífera, pero al final todos los líos y la vorágine que atenazó a Apple Records la pillaron también a ella por medio y no terminaron demasiado bien. Su carrera terminó bajo la protección de Tony Visconti, que además de ser su productor se convirtió también en su marido.

La abundante historia apócrifa beatleliana dice que una vez Paul le dijo a los demás que acababa de escribir una canción que empezaba con la frase “Por favor, enciérrame…” y los demás se le echaron a reir diciéndole que eso mismo es lo que tenían que haber hecho con él hace años.

Seguramente no sea verdad (aunque merezca serlo), y al final, esa canción se convirtió, con el nombre de “A world without love”, en el primer paso hacia el éxito del joven dúo Peter & Gordon.

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Peter & Gordon – “A world without love”

Estos dos chavales se conocieron en la exclusivísima escuela de la Abadía de Westmister, y al ver que tenían intereses en común, prefirieron darle el disgusto a sus padres respectivos, que querían que se convirtiesen en grandes médicos como ellos, y prefirieron convertirse en un dúo de folk (que también son ganas).

La suerte de estos dos pijitos es que uno de ellos era hermanito de otra niña pija, Jane Asher, que se había cruzado en el camino de Paul McCartney, convirtiéndose en su novia. Así que el chaval decidió aprovechar la ocasión, y pensó muy agudamente que si la siguiente maqueta que presentaban era una pieza que McCartney hubiese escrito para ellos, no se la iban a devolver, como había ocurrido con las 63 anteriores que habían presentado en las discográficas. Y le dijo a su hermanita que le hiciera el favor.

Y el favor consistió en que Paul les dio “A world without love”, una canción que no solo no les rechazaron al presentarla, sino que se convirtió en un superventas en el mundo entero cuando la editaron en 1.964.

Tanto éxito tuvieron que en los USA les llamaron urgentemente para que apareciesen en el show de Ed Sullivan, y Paul les dio otra canción más para que la estrenasen allí como su segundo single. El resultado fue que “Nobody I know” fue otro super-éxito y Peter & Gordon se convirtieron en la pareja de moda entre los jóvenes.

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Peter & Gordon – “Nobody I know”

Todavía les cedió una tercera canción, “I don’t want to see you again”, a la que siguieron una serie más de canciones de otros autores, que sin tener el éxito de las anteriores, les mantuvieron en la cima…

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Peter & Gordon – “I don’t want to see you again”

… y entonces fue cuando a Paul McCartney se le ocurrió realizar un experimento: ¿Qué pasaría si el dúo grababa una nueva canción escrita por él, pero sin apoyarse en la ventaja que era editarla acreditándola como composición de Lennon & McCartney…?

Para ver qué pasaba les dio la canción “Woman”, pero insistiendo en que tenían que grabarla poniendo en los créditos que su autor no era él, sino un tal Bernard Webb, que era un nombre inventado. El resultado es que la canción apenas pasó del puesto treinta (el 28 para ser exactos) de las listas de ventas.

No sabemos qué conclusión sacaría Paul del experimento… tú puedes sacar las tuyas propias.

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Peter & Gordon – “Woman”

Con el tiempo y los cambios de aires en los estilos musicales imperantes, el dúo se separó y Gordon se dedicó a cantar en solitario con escaso éxito, hasta que se pasó al floreciente negocio que comenzaba a surgir con la venta de fotocopiadoras; mientras Peter dejó de cantar desde la separación y se unió al staff de Apple Records como cazatalentos. Y no tuvo mal ojo en vista de que el primer cantante al que contrató fue James Taylor.

¿Recordais el post que dedicamos hace algunos meses al tiempo que pasaron los Beatles en la India? Lennon y McCartney no fueron los únicos en usar su placentera estancia en Rishikesh para escribir nuevas canciones. Mientras George Harrison se relajaba en el ashram del Maharishi también escribió algunas, entre ellas “Sour Milk Sea”.

Pero por alguna razón no le enseñó esta canción a los demás Beatles y se la guardó para usarla como lanzamiento al estrellato de un viejo amigo suyo, Jackie Lomax, que también había pasado a formar parte de la escudería de Apple Records. Éste sería su single de lanzamiento, producido por el propio Harrison, que había reunido a todo un elenco de estrellas para grabarlo. Además de él (en la guitarra rítmica) y de Jackie suenan aquí la guitarra solista de Eric Clapton, el bajo de Paul McCartney, la batería de Ringo y el piano de Nicky Hopkins. A pesar de todo no se convirtió en éxito y todos quedaron bastante defraudados, porque Jackie Lomax, además, tenía potencial para haber triunfado.

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Jackie Lomax – “Sour milk sea”

Jackie Lomax cantaba en una banda y había contactado, a través de Cilla Black, con Brian Epstein, y éste tenía pensado hacerles crecer de una vez, ya que llevaban varios fracasos a sus espaldas. Con Brian seguro que por fin levantarían el vuelo, no había más que ver lo que había logrado hacer con los Beatles y sus demás protegidos… pero en esos momentos Brian Epstein falleció. Esa persistencia en la mala suerte hizo que el grupo se desmembrase y todos sus componentes, excepto Jackie y otro de ellos, emigrasen a los USA en busca de nuevas oportunidades.

Y fue entonces cuando George Harrison tomó a Jackie Lomax bajo su protección, lo rodeó de la mencionada superbanda… y ni aún así la mala suerte le dio la espalda.

Sus siguientes singles y su LP fueron igualmente fracasos, a pesar incluso de que su último single se lo grabó Paul McCartney en la sesión que hizo la noche antes de casarse con Linda, usando a todos sus músicos… pero nada.

Al final también Jackie Lomax tuvo que irse a los USA, donde tampoco tuvo suerte con los discos que grabó en Warner y Capitol. Y el culmen de su mala sombra ocurrió cuando su esposa quedó con graves secuelas físicas tras un accidente de tráfico que casi acaba con su vida y él dejó definitivamente su carrera musical para dedicarse a cuidar de ella durante toda su vida, currando en otras cosas que no le apartasen de su lado y le dejasen tiempo para dedicárselo.

Hay gente que nace con estrella y otros nacen estrellados, como solía decirse. Y es una pena, porque Jackie tenía una voz singular y distintiva que tendría que haberle convertido en una superestrella.

Pero no fue Jackie el único intento beatleliano que terminó en fracaso. Anteriormente ya hubo otro caso cuando Brian Epstein quiso lanzar como solista a Tommy Quickly, un chico de diecisiete años que por las mañanas era instalador de teléfonos y por la noche lideraba una banda que teloneaba a los Beatles algunas veces. Y les pidió a éstos una canción para él. Lennon y McCartney eligieron “No reply” y fueron al estudio para que la grabase. Pero después de diecisiete intentos Tommy no era capaz de cantarla con la adecuada afinación y la pareja de Beatles dijo que mejor se la quedaban para cantarla ellos mismos. La sesión de grabación se anuló.

Algunos meses después, ante la insistencia de Brian, le cedieron “Tip of my tongue”, otra de las canciones que formaban parte del repertorio de los Beatles cuando aún eran los Quarrymen, y que había sido escrita por Paul McCartney… pero a George Martin no le gustaba y dejaron de cantarla.

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Tommy Quickly – “Tip of my tongue”

Con ella Tommy Quickly fue promocionado fuertemente. Pero fue también tirar el dinero, porque nunca llegó a reconocérsele a pesar de los esfuerzos físicos y económicos de Epstein.

Quizás por eso Tommy se convirtió en uno de los primeros músicos de la historia en buscar refugio en las drogas duras, e incluso fue protagonista involuntario de una rocambolesca historia en la que la prensa le dio por muerto de una sobredosis de heroína.

Nos queda aún “That means a lot”. Esta canción la compusieron Paul McCartney (casi toda) y John Lennon para la película “Help”, incluso los Beatles llegaron a grabarla en 1.965. Pero el resultado no satisfizo a Lennon, que la vetó… simplemente pensó que era un pastel demasiado dulce para su gusto, y que mejor se la regalaban a alguien que tuviese un estilo al que le fuese mejor.

Y la canción fue a parar a manos de P. J. Proby.

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P. J. Proby – “That means a lot”

Un día os tengo que hablar más extensamente de este tío: James Marcus Smith, un histriónico cantante tejano rebautizado como P. J. Proby después de que Jack Good le trajese a Inglaterra para aparecer en el programa de televisión “Around the Beatles” y ascender meteóricamente.

De verdad que su figura merece un post para él solo. No olvideis su nombre hasta entonces, que tengo que recuperar un artículo que escribí sobre él hace años para el “Ruta 66” y reconvertirlo en entrada para el blog.

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Chris Barber & His Jazz Band – “Catcall”

Y aunque no era nada corriente, aparte de canciones, Paul McCartney también escribió algún instrumental. Uno de ellos, de finales de los años ’50, cuando todavía eran The Quarrymen, fue “Catswalk”, rebautizado casi una década después como “Catcall” cuando lo grabaron Chris Barber & His Jazz Band.

Como curiosidad, quizás os interese saber que en el batiburrillo de voces que se escuchan al final de la pieza estaban las del propio McCartney y la de su esposa Jane Asher, porque asistieron a la sesión en la que se grabó, que como habeis podido apreciar, terminó en juerga…

Y cerramos el post con otra pieza instrumental aparecida en el single en el que John Foster & Sons Ltd. Black Dyke Mills Band, una banda de ésas que tocan marchas vestidos con horribles uniformes, hacían una rendición muy pepperlandiana del “Yellow submarine”. Se trata de “Thingumybob”, escrita por McCartney como sintonía de una fallida serie de televisión, que con éste mismo título duró apenas un mes y medio en la parrilla de la televisión inglesa tras el verano del ‘68.

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John Foster & Sons Ltd. Black Dyke Mills Band – “Thingumybob”