CUÉNTAME COMO PASÓ

Pues por fin, desde el jueves ya estoy de vacaciones. Como siempre, saldremos de viaje sin plan establecido, aún no sé exáctamente cuando vamos a salir ni muchísimo menos cuando vamos a volver. Cuando he salido otras veces siempre he dejado post escritos que Ambrosio ha ido subiendo, y así no os ha faltado material nuevo, pero aunque aún me quedan decenas de historias como las últimas publicadas (que ya os iré contando) esta vez quiero hacer otra cosa diferente. Quiero que seais vosotros los que mantengais actualizado el blog escribiendo comentarios que podrían ser considerados también posts. Textos del estilo del que os vais a encontrar a continuación, que he rescatado en parte de unos comentarios de cuando comenzamos la andadura del Blogin’, en el que explico como descubrí la música y como fueron mis primeros pasos en ella.

¿Quereis vosotros hacer lo mismo? Teneis tiempo para redactarlos. Creo que saldrán unos comentarios-posts muy buenos y, si quereis también, muy trabajados, que pueden generar mucho feed-back y descubrir y recobrar muchas cosas que teníamos muy olvidadas. Además servirán para conocernos mejor entre nosotros…. qué mejor oportunidad que ésta para que os estreneis todos los que soleis pasar por aquí a leer y no soleis dejar comentarios? Podeis contar lo que querais y como querais, y comentaros unos sobre los comentarios de los otros, dadle vida y guiños al blog mientras no estoy. Yo intentaré participar alguna que otra vez desde algún ordenador que pille por ahí, aunque tampoco os prometo nada hasta mi vuelta, que será sobre el 5 o 6 de septiembre.

Después haremos un radio-blogin con todo el batiburrillo de canciones que hayan aparecido en vuestros recuerdos. No me falleis.

Mi primer encuentro con la música fue cuando vivía en las casitas bajas del Polígono de San Pablo, entre los 5 y los 10 años. Allí fuimos a parar gente de todas clases a las que la riada del Tamarguillo nos dejó con una mano atrás y otra delante. Gente de diferentes niveles culturales y mezcla de payos y gitanos.

Eran calles paralelas estructuradas en pequeñas manzanas de 8 casitas, cuatro frente a otras cuatro, y se llevaba mucho hacer fiestas (bodas, bautizos, comuniones y cualquier cosa que mereciese celebrarse) en mitad de la calle. En cuanto a lo de poner música, lo típico eran los picús (españolización de pick-up), que eran unos pequeños maletines cuadrados, que se abrían y el cuerpo de abajo era el tocadiscos en sí, y el de arriba era el altavoz, que llevaba un cable largo y solía colgarse en la calle para que la música la pudiesen disfrutar todos. Os podeis imaginar la mezcla de música que salía de aquellos picús: La Yenka, los hermanos Toronjo, el Principe Gitano, Frank Sinatra, el Celentano de “Pregueró”, el Dúo Dinámico, José Guardiola, los Teen Tops de “Popotitos, con sus piernas flacas como un par de palillitos”, los Tres Sudamericanos, pasodobles por un tubo (”de noche cuando me acuestoooo le rezo a la Virgen de la Macareeenaaaa”)…. Toda ésta fue la música que me atrapó para siempre…

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Teen Tops – “Popotitos”

Y allí también empezó mi primera gran pasión musical de la que guardo consciencia.

No había apenas teles. La veíamos porque en la casita de la esquina de mi calle el Malaca tenía una y la ponía a disposición del vecindario previo pago de una peseta. Tenía el salón lleno de banquitos de madera corridos y no veais como se ponía aquello cuando empezaba “Sesión de Noche” o jugaba el Madrid en la Copa de Europa. A los niños nos daba más canchilla y la pesetilla nos daba derecho a entrar y salir (sobre todo para ver dibujos animados y marionetas de Herta Frankel) siempre que no molestásemos mucho y no fuera horario de noche, cuando aquello siempre estaba lleno con los adultos además de nosotros.

En la mazana de al lado mía vivían unos gitanillos y una de las niñas, (algo mayorcilla que yo) pasó un día corriendo por delante de mi casa como alma que lleva el diablo en dirección a la casa del Malaca, gritando “los beatles… los beatles… (ella no decía bítels, sino be-atles, tal como se escribe)… que están saliendo en la tele los beatles….” Yo no tenía ni puta idea de lo que decía, pero como aquello parecía al menos curioso pues empecé a correr yo también a ver qué era merecedor de tal alboroto… y al entrar en la casa y ver en la tele a aquellos extraños melenudos cantando aquello tan pegadizo de ye-ye-yé… se acabaron los pasodobles y los sucedáneos.

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Beatles – “She loves you”

¡Mi barrio! El Polígono de San Pablo de los primeros años 70. Las zonas verdes que se ven tras los bloques altos era el barrio americano de Santa Clara. Esa iglesia de planta triangular que veis es la sede de la cofradía del barrio, que ha empezado este año a hacer la carrera oficial. Su pico bajo de la izquierda apunta a la calle donde vivía yo, en el bloque de la esquina con esa avenida ámplia (la de Pedro Romero) al otro lado de ella; y en el bloque de frente blanco y costado rojo que hay justo detrás de ese vértice de la iglesia nació una de las múltiples figuras de la cultura que tanto esplendor le han dado al barrio… el Farruquito.

En 1967 nos dieron un piso. Nos podía haber tocado el Tiro de Línea, pero nos tocó “el Polígano” que construyeron al lado de Santa Clara, el barrio residencial de los oficiales americanos de las bases de Morón y Rota. Y aquello era otro mundo. No había gran relación entre los dos barrios, pero los niños son igual de niños en todos lados y sí nos relacionábamos más, aunque fuera para darnos collejas y nosotros para mangarles tó lo que podíamos.

Por entonces no había apenas LPs, todo eran discos pequeños de 2 o 4 canciones, que nos cambiábamos con los americanos, cuando no por discos españoles, por triquitraques o tebeos. De entonces, recuerdo haber tenido, aparte de EPs de los Beatles, pues el “Black is black”, el “Summertime girl” de Los Iberos, el “Get on your knees”, que entonces se conocía como “el pollo en lata”, de los Canarios (de cuando Teddy Bautista aún era cool), “El muelle de la bahía” de Otis, “Spirit in the sky” de Norman Greenbaum, “Psychotic reaction” de Count Five, “I had too much to dream” de Electric Prunes, “We ain’t got nothin yet” de Blue Magoos, el single de los sevillanos Green Piano, y un single que se llamaba “Satisfaction”, que me encantaba y que no pude recuperar hasta hace apenas un año, y era de un grupo español que se llamaba Franklin, de los que nunca supe nada más hasta hace poco…

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Franklin – “Satisfaction”

Justo entonces comenzaba la década de los ’70. Probablemente fuese 1.971, con mis recién estrenados 14 añitos, el año de los primeros recuerdos musicales más consistentes. El año de los primeros amigos con intereses musicales comunes, de las tardes de los sábados sintonizando a duras penas la emisora de la base americana de Rota, de Radio Vida y su programación musical. Y del cambio del single al LP. El primer disco grande que me compré fue el “Madman across the water” del Elton John que nunca debió cambiar. Y la verdad es que no lo conservo, lo que me da bastante rabia sobre todo porque en España salió a través del club “Discolibro” con una portada completamente diferente a la original que os reproduzco, que es con la que ha seguido reeditándose hasta ahora.

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Elton John – “Madman across the water”

Por entonces nuestros discos solo podíamos escucharlos en casa o si acaso en la de algún amigo, pero no podíamos sacarla a la calle hasta que llegaron los radiocassettes. El primero que tuvimos en casa fue un Sanyo que mi padre le compró a unos gitanos (vete a saber la procedencia del cacharro) y se lo vendieron con una cinta dentro. De ello deduzco que aquel debió ser el año 1.973 porque fue cuando se editó dicha cinta, que era la de Las Grecas… y anda que en mi casa no se escuchó veces ni ná aquello de “testoy amando locamenteeee pero no se como te lo viá desiiiiiiií….”

Y por entonces fue cuando ya todo cambió para mí y la música se entremezcló con todos los aspectos de mi vida. Aparecieron en ella Bowie y el glam… pero todo eso, junto a más vivencias juveniles, ya lo conté en este otro post, que podeis recuperar pichando en el enlace, si es que os interesa.

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David Bowie – “Lady grining soul”

UN CUERPO DANONE

El periodista del Record Mirror tenía ganas de impresionarles. Estaba en la oficina de Epic Records contándole a todos los currantes del sello discográfico sus batallitas con las superestrellas del rock. Se veía que este hombre era amigo y confidente de las estrellas. Y su pose, y sus maneras mundanas, y su forma tan fresca de pasar de los convencionalismos del tacto y la compostura… era un encanto de tío, vamos.

Pero en realidad todo era solo una forma de enmascarar su falsa modestia, porque esto hombre no era más que otro típico periodista musical enteraíllo.

Y estaba allí para entrevistar a MEAT LOAF, que en aquel momento de los primeros años ’80 era uno de los principales artistas del sello.

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Meat Loaf & Ellen Foley – “Paradise by the dashboard light”

Al contrario de lo que de su muy cuidada y cultivada imagen pública de tipo salvaje pueda desprenderse, Meat Loaf en realidad es un tío muy inteligente y con mucho sentido del humor (como demuestra el hecho de elegir un nombre artístico que significa “cacho carne”). Pero como le ocurre a todos los gordos, se mostraba poco sensible y comprensiblemente cabreado con los que le hacían notar su considerable volumen. Y además estaba luchando por reducirlo siguiendo estríctamente la famosa Dieta Cambridge. Por lo que su humor no estaba en su mejor momento.

Al periodista se lo avisaron, claro. Para que no metiese la pata en la entrevista y todo se desarrollase de forma conveniente.

Después de un corto paseo desde la oficina de prensa hasta la sala donde iba a tener lugar la entrevista, el periodista fue presentado a Meat Loaf, y les dejaron solos.

El currante que había traído al periodista desde la sala de prensa apenas había dado veinte pasos de regreso a ella cuando un grito de furia similar al estallido de una bomba atómica que arrasase el mundo le llegó a través del aire. Volvió corriendo a la sala de la entrevista, encontrándose con la puerta abierta y el desventurado plumilla saliendo a toda velocidad de ella a trompicones, víctima a todas luces de un fuerte empujón, para estamparse de forma poco elegante contra la pared de enfrente.

Rápidamente sacó al periodista de allí con vistas a poner entre él y la estrella la mayor distancia posible. Cuando la cosa se calmó el hombre explicó lo que había pasado:

-De verdad que no lo entiendo. Simplemente le hice la primera pregunta y el tío se volvió loco. Joé! Y todo lo que le pregunté es que si lo suyo es un problema glandular o si es que come demasiado…

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Meat Loaf – “Bat out of hell”

LA MUERTE DE UN MUJERIEGO

Don Was, productor, intérprete y amigo de todas las estrellas del firmamento del rock, estaba viendo cumplido uno de sus sueños largamente acariciados cuando en 1.988 estaba subiendo y bajando los botones de la mesa de mezclas del estudio en el que se estaba grabando el “Brick by brick” de Iggy Pop.

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Iggy Pop – “Candy”

En aquellas sesiones, que se estaban grabando en Los Angeles, era normal que apareciesen estrellas tan diversas como Slash y Duff, de los Guns N’Roses, los B-52’s (Kate Pierson es quien canta con él ahí arriba) y todo el que tuviese cierto nombre en cualquier banda de Hollywood; y junto a ellos, la insólita figura de Leonard Cohen.

El mordaz poeta canadiense era amigo desde hacía mucho tiempo de Don Was, y había decidido darse una vuelta por allí para saludarle y escuchar un poco a Iggy, un tipo del que había oído hablar mucho pero con el que apenas había tenido oportunidad de cruzarse antes.

Y a pesar de ser personajes tan diferentes los dos entablaron rápidamente una buena amistad, establecida no tanto en los gustos musicales como en el gusto por las mujeres que ambos compartían. Y pasaron muchas noches juntos hablando de sus ligoteos entre copas y copas.

En una de esas noches, Leonard le confesó a Iggy que últimamente llevaba un periodo de sequía en lo que respecta a llevarse chicas a la cama. De hecho, llevaba varias semanas sin follar y se estaba temiendo que su encanto hubiese desaparecido.

Pero al día siguiente, mientras paseaba la vista por la sección de corazones solitarios de la revista “L.A. Reader”, sus ojos se detuvieron sobre uno de los anuncios: “Chica. Guapa. Acuario. 23 años. Busco hombre con el cerebro de Leonard Cohen y el cuerpo de Iggy Pop para estimulación mental y física. No importa la edad”. Parecía que el destino por fin le volvía a repartir buenas cartas a Lenny.

Cohen le sugirió a Iggy que entre los dos “podían volver loca” a esta chica, contestando a su anuncio y ofreciéndole la oportunidad de satisfacer todos sus deseos, tanto los de la cabeza como los del resto del cuerpo, a la vez. Pero a Iggy no le gustó la idea, e incluso le decía a Lenny que por qué quería meterse en esos rollos que solo suelen dar problemas.

-Pues porque está clarísimo, por eso –le contestaba a Iggy- No hay que dejar pasar nunca una oportunidad, sobre todo cuando una tía dice que tú eres exáctamente lo que anda buscando…

Así que un nada convencido Iggy ayudó a Leonard Cohen a escribir una respuesta a aquel anuncio lleno de promesas intelectuales y físicas. Lo firmaron los dos con su nombre y escribieron debajo el número de teléfono de Leonard para establecer contacto.

La historia, sin embargo, tuvo un final predeciblemente patético. Una semana más tarde, cuando Don Was e Iggy estaban dándole los toques finales al disco, un alicaído Leonard Cohen se presentó en la sala de control.

-Hey, Lenny, ¿Cómo te fue con aquella chica del anuncio? –le preguntó Iggy, sonriéndole con picardía.

-Mmmmmmm –le contestó Cohen.- Una vez que la tía se dio cuenta de que yo era Leonard Cohen de verdad y que no tenía el cuerpo de Iggy Pop todo lo que quería hacer es hablar, y hablar, y hablar, y hacerme escuchar sus canciones, que eran horribles… ¡odio a los cantautores! Especialmente a los californianos.

Iggy y Don se partían de risa. Pero Leonard no le encontraba el lado divertido.

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Leonard Cohen – “Death of a ladies man”

CAMBIA EL POLVO POR BRILLO

Quizás no lo sepais, pero el estupendo baladista BILLY JOEL desde siempre ha tenido un corazón muy frágil. Pero no padece de nada que pueda ser curado con un marcapasos, me refiero a otra cosa. Billy siempre ha padecido de una angustia existencial que hace que hasta Billie Holiday parezca más alegre que unas castañuelas.

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Billy Joel – “Piano man”

Seguramente el punto más bajo de su carrera fue en 1.970, poco después del trágico rompimiento del dúo de heavy metal del que formaba parte, Attila. Sin amigos y expulsado de mala manera de su apartamento, Billy entró en una depresión tan grande que su novia decidió que este tío era un perdedor irrecuperable y le dio también la patada.

Así que el pobre Billy no tuvo más remedio que volverse a ir a vivir a casa de su madre. Y decidió que de una vez quería romper con todo.

Buscando una forma de acabar con su vida, se puso a investigar en el armario de las medicinas de su madre… y después en los muebles de cocina. Primero se fijó en una botella de lejía, pero después de oler un poco el contenido decidió que aquello era demasiado fuerte e iba a ser un método de suicidio muy poco placentero.

En vez de eso eligió un bote de líquido para limpiar muebles, que tenía en su etiqueta un aviso de que era peligroso para la salud, que a él le pareció de lo más dramático y, por tanto, adecuado para la situación. Esto sería lo que pondría punto final a su sufrimiento. Y poniendo su destino en sus manos, se bebió la botella de Pledge enterita.

Y entonces Billy se sentó y esperó…

Y esperó…

Pero en vez de las horribles convulsiones que anunciarían su final, lo que sintió fue un extraño movimiento en sus tripas, que se iba intensificando poco a poco… hasta que Billy comenzó a tirarse pedos.

Con cada uno de los pedos desplegaba el olor del limpiador Pledge por todo el piso de su madre.

Cuando la madre de Billy volvió a casa, encontró a su hijo gozando de una salud perfecta; el futuro de la música pop estaba a salvo.

Pero hubo algo que le llamó la atención y la dejó un poco mosqueada. Todos los muebles se veían inverosímilmente brillantes.

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Billy Joel – “All for Leyna”

¡QUÉ FANTÁSTICA, FANTÁSTICA ESTA FIESTA!

Si nos pusiésemos a pensar en invitados para nuestra fiesta ideal imaginaria, seguro que ninguno elegiríamos a Iggy Pop o a Alice Cooper. Y menos aún en los años ’70. Después de todo, las costumbres personales de Iggy, como cortarse el pecho con botellas rotas, o romperse la ropa hasta quedarse desnudo, lo desaconsejaban bastante. Por no mencionar que Alice Cooper podía presentarse en la fiesta con su enorme serpiente pitón; e incluso la visión de la soga quemada alrededor de su cuello podía aguar la fiesta más animada.

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The Beach Boys – “Wouldn’t it be nice”

Así que nunca sabremos en qué coño estaba pensando BRIAN WILSON, un tipo tan simpático como para escribir todas aquellas canciones tan amables y bonitas de los Beach Boys, para invitar a estos dos a su casa de Bel Air una noche de verano de 1.970. ¿De verdad que no esperaba follón?

Brian y su compadre de hace tiempo, Danny Hutton, de los Three Dog Night, habían encontrado a los dos salvajes éstos en una fiesta de sexo, drogas, música a todo volumen y rubias tontas en la suite de un lujoso hotel de Beverly Hills. Y cuando Brian invitó a la pareja a seguir la fiesta en su casa, aceptaron alegremente.

Ya en la mansión, Hutton veía sin podérselo creer como Brian sentaba a los dos invitados a su piano y ponía a cantar a Alice Cooper Mama mama mama…, mientras a Iggy lo ponía a cantar Shortnin’ shortnin’ shortnin’… formando un trío vocal a lo Beach Boys de lo más curioso.

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The Emeralds – “Shortnin’ bread”

Mama’s little baby loves short’nin’, short’nin’,
Mama’s little baby loves short’nin’ bread.

Después de más de un cuarto de hora con Brian aporreando las teclas y aullando la cancioncilla que solía aliviar a los negros de las plantaciones, “Shortnin’ bread”, Iggy y Alice estaban ya más aburridos que viendo la prórroga de un Malta-Chipre…

Aunque todavía aguantaron el tipo. Pero después de una larguísima hora con la misma canción, se excusaron como pudieron y se fueron.

Cuando la puerta de la calle se cerraba detrás de ellos, Hutton, que les había acompañado hasta ella, pudo oír como Iggy le decía bajito a Alice:

-La hostia, tú!, aquí no volvemos más, eh. Este tío está demasiado majara para nosotros…

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The Cramps – “Shortnin’ bread”

LIVING LA VIDA LOCA

PETE WAY, bajista de los metaleros legendarios que fueron UFO, resultó ser un marido romántico y considerado, pero su esposa siempre consideró que adolecía, sin embargo, de un fallo fatal.

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UFO – “When it’s time to rock”

Cuando llega el momento del rock
Somos los únicos.
Nadie nos quita este puesto,
Porque somos los números uno.

Porque UFO era una banda de heavy, y las bandas de heavy andan mucho de gira. Y ya se sabe lo que ocurre en las giras, que los músicos suelen sucumbir a los legendarios excesos que en ellas se producen. Y estamos hablando de los ’70, así que cuando decimos “excesos” estamos empleando una palabra que en realidad se queda corta. Y las habladurías que llegaban a su esposa a través de la prensa decían que Pete tenía un talento natural para los excesos…

Así que un día la señora Way se puso seria.

-A ver, tú! –le dijo a Pete- Para ti se han acabado las giras, ¿me entiendes?

Y en vista de que una buena esposa es algo difícil de encontrar, Pete dijo que OK, y se tiró en el sofá frente a la tele, con una pack de latas de birra, para comenzar una vida de felicidad doméstica.

Pero había un pequeño problema. Que los UFO habían firmado una gira enorme por todos los Estados Unidos, lo que significaba cuatro meses de ganar pasta a manta, y disfrutar de drogas y groupies a todo tren.

Sus colegas de banda, a medida que lo iban llamando por teléfono todos los días, se iban desesperando, porque Pete permanecía imperturbable diciéndoles que no. Su maleta permanecía bajo la cama; sus trajes de cuero de los conciertos, en el armario; y él tirado felizmente en el sofá. Si por su mente pasaban ensoñaciones sobre buenos hoteles, chicas esposadas a los cabeceros de las camas de sus habitaciones, e imaginativos usos de juguetitos de sospechosas formas, ciertamente, no lo demostraba en lo más mínimo.

Y por eso mismo, la señora Way no se preocupó en absoluto cuando Pete se levantó cansinamente del sofá una tarde, se desperezó, y le dijo que iba a echar una carta al buzón de la esquina.

-Vuelvo enseguida, amor. –le dijo, mientras se arrastraba con una carta hasta la puerta de la calle, con sus pantuflas y su camiseta deshilachada.

Pero justo al otro lado de la esquina le estaba esperando un coche estacionado con el motor en marcha. En cuanto el conductor abrió la puerta, Pete saltó a su interior, y salieron a todo gas hacia el aeropuerto de Heatrow, donde el resto del grupo le estaba esperando.

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UFO – “Back into my life”

De vuelta a mi vida…

Cada noche es otra noche
En la que vuelves a buscar.
Intentando llenar las largas horas, y los minutos,
Y los espacios vacíos.

No volvió a casa hasta cuatro meses después.

Pete Way todavía sale de gira con los UFO… pero ahora le espera en casa otra esposa diferente.

EL COCHE FANTÁSTICO

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David Crosby – “Guinnevere”

El coche favorito de DAVID CROSBY era un Mercedes Sedán 6.3 azul, que en aquella época pasaba por ser el coche familiar más rápido de todos, y que él había tuneado al estilo James Bond con un panel accionado con un resorte, que estaba debajo de la guantera, y que con solo pulsar un botón ponía directamente en su mano una pistola del calibre 45 que siempre estaba cargada.

Pero, debido a circunstancias adversas que no podía controlar, se vió obligado a cambiarlo por una onza de cocaína, que para entendernos con nuestro sistema de medidas son casi 30 gramos, y 4.000 dólares en efectivo.

Sin embargo, esa misma noche, una vez que miró por la ventana de su casa, vió que el coche estaba aparcado a un lado del camino de entrada a ella.

El camello al que se lo había vendido había muerto esa misma tarde de una sobredosis de caballo, y uno de sus colegas, que no quería que David Crosby se viese implicado en aquel feo asunto, se lo devolvió.

Así que Crosby se lo volvió a vender a otro camello, esta vez a cambio de dos onzas de cocaína.

Esa misma noche, otra de las veces que miró por la ventana… ¿quién lo iba a decir? Ahí estaba aparcado otra vez su coche favorito.

Algo dentro del capó había explotado mientras el camello lo estaba conduciendo, y éste lo había remolcado hasta la casa de Crosby para descambiárselo.

David lo hizo. Y luego le volvió a cambiar el coche a un tercer camello, esta vez por tres onzas de coca.

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David Crosby – “Drive my car”

Quiero conducir mi coche,
No me importa hasta donde,
Lo que quiero es deambular por ahí yo solo.

KNOCKIN’ ON MY FRIEND’S DOOR

A finales de 1.985, BOB DYLAN estuvo llamando a la puerta, no exactamente del cielo, pero al menos sí a la de una de las antiguas sedes del negociado más terrenal de Dios, una antigua iglesia del norte de Londres, ahora reconvertida en algo muy distinto.

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Bob Dylan – “Under your spell” (Dave Stewart a la guitarra)

A primeros de ese año, nuestro querido padrino Bobby había establecido una sólida amistad con DAVE STEWART, el de los Eurythmics. Y habiendo sido Dave un admirador desde hacía muchos años de Dylan, le dio a éste la dirección de su estudio de grabación: The Church, 145 Crouch Hill, que como ya habreis adivinado incluso por el nombre (The Church = La Iglesia) era el edificio reconvertido que mencionaba antes. Y le sugirió además que cuando Bob fuese la próxima vez a Londres podía darse una vuelta por allí, y tocar un rato juntos, y ver todo aquello.

Y así fue como Bob estaba un día llamando a la puerta del 145, donde fue cordialmente saludado por la amable señora que le abrió la puerta.

-Hola. ¿Está Dave? –preguntó Bobby.

Pero en ese momento Dave no se encontraba allí, aunque volvería enseguida. Así que Bob fue invitado a pasar, y le ofrecieron un confortable sillón en una salita de espera donde poder disfrutar mientras tanto de una tacita de té.

Efectivamente, Dave regresó pocos minutos después.

-Tu amigo Bob te espera en la salita. –le dijo la mujer.

A Dave le extrañó que le esperase allí, no era algo normal, ni tampoco esperaba ver a su viejo amigo Bob. Le encontró muy cambiado, pero no había duda, esa cara le era muy conocida.

-Hola, Bob, ¿Cómo estás? Hacía siglos que no te veía, menos mal que tu cara no se me despinta. Si no fuese porque conozco esa cara no hubiese dicho que eras tú. Te veo muy bien.

-Muchas gracias, muy amable. Y… ¿usted quién es, por favor?

-Pues Dave. Tu amigo Dave… joder! No me digas que no me reconoces…

La conversación continuó adquiriendo tintes kafkianos hasta que se pudo aclarar que nuestro admirado portavoz generacional había estado disfrutando de su taza de té no en los estudios de The Church, en el 145 Crouch Hill, sino en la residencia doméstica de Dave, el fontanero del barrio, y su amable esposa, en el 145 Crouch End Hill. Que desde entonces tienen algo muy interesante que contar a sus nietos.

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Bob Dylan – “Knockin’ on heaven’s door”