ARMA (CASI) LETAL

No se sabe qué clase de regalo de Navidad tenía en mente Jane Ellen Henderson para el bajista de los ZZ Top, DUSTY HILL, en el momento en que se agachó ante él y comenzó a quitarle una de sus grandes botas de cowboy, aquel día de diciembre de 1.984.

De lo que sí estamos seguros es de que ella no se esperaba de ninguna de las maneras que sus maniobras con el exageradamente barbudo Dusty iban a terminar en la mesa de operaciones de un hospital de Houston.

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ZZ Top – “Tush”

Cuando Jane, haciendo acopio de todas sus fuerzas, tiró de la bota, un pequeño objeto metálico se deslizó de su interior cayendo al suelo con un sonido sospechoso.

Antes de que ninguno de ellos pudiese reaccionar hubo una fuerte explosión, seguida inmediatamente por Dusty doblándose sobre sí mismo y emitiendo un fortísimo grito.

Nadie duda de que Dusty tenía perfecto derecho a llevar consigo una pistola Derringer del 38, ya sabeis la permisividad de las leyes americanas al respecto, pero no hubiese estado de sobra tampoco que hubiese sido más prudente con ella y no se hubiese olvidado de mencionar a su amante secreta que tenía otro secreto más escondido dentro de su bota.

Jane Ellen había hecho salir la pistola, la cual, al impactar contra el suelo, se disparó, dirigiendo una solitaria bala directamente al estómago de Dusty.

Como la mayoría de los rockeros tejanos, Dusty seguramente se hubiese encogido de hombros ante el pequeño inconveniente de una bala de mediano calibre alojada en sus carnes… son así de duros ellos… pero la visión de una embarazosa publicidad si llega a morirse calzado con una sola bota sí que le causaba vergüenza. Así que llamaron a una ambulancia y Dusty pasó las siguientes tres horas en el quirófano antes de ser transferido a la sala de cuidados intensivos donde pasó la Navidad de ese año como el paciente más célebre de la reunión, y ya sin la molesta bala.

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ZZ Top – “La Grange”

Los rumores sobre que de las tres horas de quirófano, dos horas y cincuenta y cinco minutos fueron empleadas por los cirujanos en abrirse paso a través de su exuberancia folicular para llegar hasta el interior de su barriga sin llenarlo todo de pelos nunca pudieron ser confirmados.

SON COMO NIÑOS…

Para Luliña… por su fantástico sentido del humor, y porque es superfan de este tío retratado aquí debajo.

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Sting y Rod Stewart… bueno, y Bryan Adams, pero éste no importa nada para nuestra historia.

Fue a finales de 1.991. Durante uno de los traslados de lejana ciudad en lejana ciudad en la gira que estaba haciendo STING por los Estados Unidos, se sentó un rato a la mesa de la salita de estar del avión chárter que habían alquilado para los traslados.

Llamó su atención algo que estaba escrito sobre la superficie de la mesa; estaba tallado con una navaja o algún otro instrumento afilado, y en las ásperas y desiguales letras pudo leer: “Sting, bastardo pomposo, cuando vas a demostrar un poco de sentido del humor?”.

Después de hacer algunas preguntas en la compañía de alquiler del avión, Sting pudo enterarse de que el anterior ocupante del aparato había sido ROD STEWART. Y que éste último, sabiendo quien iba a ser el ocupante siguiente, había encerrado a la azafata en el baño y se había pasado una hora y pico entreteniéndose en tallar su mensaje.

Muy indignado, no se sabe muy bien si por el ataque a su persona, o por la innecesaria destrucción de otra pieza de madera proveniente de algún árbol del bosque, nuestro guerrero ecológico favorito decidió tomarse venganza.

Y cuando la gira le llevó a tocar a Los Angeles, Sting le dijo a su chófer que le llevase hasta la mansión de Rod. Como quiera que el viejo colega de la voz ronca no estaba en casa, sino que se hallaba en Reno, Sting fue a la ferretería más cercana y compró la cadena más gorda que encontró, procediendo después a introducirla entre las bonitas rejas de la cancela que se abría con mando a distancia para dejar pasar a la gente hasta la casa, y cerrando sus eslabones con un candado todavía más gordo que la cadena. La llave la tiró en medio de los fans que fueron a verle esa noche al concierto, así que alguno la guardará quizás aún de recuerdo fantaseando sobre a qué tesoros de su ídolo podría tener acceso con ella.

A su regreso, Rod Stewart tuvo que esperar en la puerta de su casa durante tres horas, hasta que encontraron a un soldador de guardia que, con una lámpara de oxiacetileno, pudo romper la cadena.

Cuando Rod se enteró de quien había sido el responsable de aquello, telefoneó al malvado sinvergüenza para mentarle a su santa madre y a todos sus gloriosos antepasados.

Según parece, la contestación de Sting fue: “Venga ya, Rodney, tío… donde está tu sentido del humor?”.

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Sting – “Se ha reído todo el mundo menos tú”

ESO SE ARREGLA EN LAS MEZCLAS…

Eran los primeros días de 1.961; los productores Harry Balk e Irving Micahnik estaban en los estudios Atlantic de New York grabando una canción llamada “Runaway” para el sello Big Top con un joven y dinámico rockero, Del Shannon.

Ellos sabían que la melodía tenía todo el potencial para ser un superventas, pero el cantante era incapaz de llegar a la nota más alta en el falsetto del climax de la canción. Tras muchos intentos, lo mejor que pudieron conseguir fue esto:

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Aunque Shanon era un buen cantante, siempre fracasaba de modo chirriante en el momento crucial. Cuando acabó la sesión, Shanon regresó a su casa en Grand Rapids, Michigan, mientras Balk y Micahnik se retiraban a un cercano estudio de masterización con Johnny Bienstock, el propietario de Big Top, para ver qué podían hacer para poder sacar de allí un éxito.

-Es imposible, Harry, esto no funciona de ninguna manera… fíjate… es incapaz de llegar…

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-¿Y qué vamos a hacer, Irving…? El estudio nos ha costado una pasta, y la canción es muy buena… habrá que sacarla…

-Pero si queda ridículo cantando así…! ¿quieres que seamos el hazmerreir del negocio de los productores…?

-Joder, tío! Qué pena de canción estropeada… anda, dale rápido a eso y quítalo de mis oídos, que me estoy poniendo malo… -Apenas dos segundo después de que Irving apretase la tecla para que la cinta comenzase el avance rápido, Harry le sujetó el brazo. -Espera, espera… espera…! Para y repite eso que has hecho…

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-Escucha eso…! A ver, ponlo de nuevo, y luego ponlo normal…

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Pasando la cinta más rápido se dieron cuenta de que las notas cruciales quedaban perfectamente en su sitio, pero eso implicaba que la voz de Del en todo el resto de la canción quedaba ligeramente alta, tenía un registro poco natural. Y también vieron que el fondo musical quedaba demasiado agudo en los momentos precisos.

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Como jefe de la compañía discográfica, la decisión tenía que tomarla Bienstock. Y se arriesgó al pensar que la distintiva voz de Shanon iba a ser el punto focal de la canción, y que la gente que la escuchase no iba a notar que ocurriese nada con la música que la respaldaba. Y para confirmarlo envió un disco de prueba al disck-jockey Dick Bartel, de la WOLF de Orlando, Florida.

Bartel emitió la canción a las dos de la mañana del sábado siguiente. E incluso a esas horas de la noche la centralita telefónica se colapsó de oyentes preguntando donde podían comprar “Runaway”. Cuando comenzaba con su programa el lunes, Bartel telefoneó a Bienstock y le dijo que tenía en sus manos un éxito de enormes dimensiones.

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Del Shannon – “Runaway”

En cuanto la canción se emitió por televisión en “American Bandstand” subió al número 1 de las listas de ventas en toda Norteamérica para mantenerse en esa posición durante un mes. Y en Inglaterra el éxito fue aún mayor; allí se mantuvo en el número 1 durante seis meses seguidos…

Bienstock mantiene que, hasta el día de su muerte en 1.990, Del Shanon nunca supo que su mayor éxito había sido acelerado artificialmente.

LA BELLEZA ES EL NUEVO PUNK

El post de hoy lo vamos a comenzar con una canción de Jeff Buckley… presta atención a la letra:

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Jeff Buckley – “Everybody here wants you”

Veintinueve perlas en tu beso, una sonrisa cantarina,
Tu piel con olor a café y lilas, tu fuego dentro de mí.
Yo soy el único que está aquí en este momento.

Sé que aquí todos te quieren,
Sé que aquí todos creen que él te necesita.
Yo estaré aquí, esperando para mostrarte…

…como nuestro amor podrá con todo,
para asombro de toda esta gente.
Soy un extraño en esta ciudad, tú serás libre conmigo.
Y nuestros ojos rendidos a nuestro amor, yo aquí, sentado orgulloso,
Incluso ahora que estás desnuda cuando sueñas conmigo.
Yo soy el único que está aquí en este momento.

Sé que aquí todos te quieren,
Sé que aquí todos creen que él te necesita.
Yo estaré aquí, esperando para mostrarte
Como nuestro amor podrá con todo.

Sé que todas las lágrimas que lloramos ya se secaron ayer,
Las aguas del mar de los engaños se han separado para nosotros,
Ya no hay nada en nuestro camino, mi amor.

¿No lo ves… no lo ves?
Eres la antorcha que encenderé con mis llamas
Para consumir toda nuestra culpa y nuestra vergüenza.
Y ascenderé como un ascua para ti.
Lo sé. Lo sé.

Sé que aquí todos te quieren.
Sé que aquí todos creen que él te necesita.
Yo estaré aquí, esperando para mostrártelo.
Déjame mostrarte que el amor puede subir, subir como ascuas.

El amor puede saber a vino de gran cosecha, chica.
Y yo sé que al final todos terminarán por verlo.
Pero te digo que soy el único.
Ya sé que aquí todos piensan que él te necesita,
Piensan que él te necesita.
Y yo estaré aquí, esperando para mostrártelo.

Sin embargo, él no va a ser el objeto de nuestro texto, sino la chica para la que escribió esta maravillosa canción, “Everybody here wants you”, de la que se enamoró y con la que estuvo viviendo hasta el día en que a Jeff le sobrevino la desgraciada y prematura muerte. Su nombre es Joan Wasser, y puedes conocerla a través de esta foto.

Por entonces, corría el año de 1.997, Joan llevaba algunos años haciendo algo tan poco convencional como tocar el violín en algunas bandas de punk rock, como The Dambuilders o These Bastards Souls, pero cuando Jeff se ahogó todo cambió para ella; los siguientes años los pasó buscando más sobre su muerte, sospechando de todo y convirtiéndose en una paranoica…

Hicieron falta muchas horas de psiquiatra y un montón de terapia, incluso ayuda religiosa, porque Joan, al igual que ocurriese con Woody Allen, se sintió atraída por el Sufismo, una creencia islámica que ve el amor como una manifestación de Dios. Y una vez curada el alma retomó el violín, uniéndose en 1.999 a la banda de Antony & The Johnsons.

Cinco años después reunió la confianza suficiente como para editar su auto-titulado primer disco, un EP corto de canciones pero que muy pronto recibió la clase de extasiados elogios que normalmente abundan para el hombre que la eligió para que formase parte de su banda además de abrir con su propio grupo todos los conciertos de su gira, Rufus Wainwright.

Para Joan la música es, nada menos, que una conexión con el mundo exterior. Compartir sus canciones la hace sentirse menos sola, y moverse entre la gente relacionada con su trabajo y ver toda la vida que sigue habiendo ahí fuera le da esperanzas…

El sentimiento general en estos tiempos es el de no confiar en nadie, todos los medios de comunicación te mienten… el sentimiento de desconfianza se palpa en el aire. Para mí, lo más subversivo que puede hacerse hoy día es ser totalmente honesto, y alabar de verdad la belleza.

Y lo que dice lo plasma en canciones como “The Ride”, una de las piezas más hipnóticas y majestuosamente tristes que se han compuesto en muchos años… y que, al menos a mi, me produce escalofríos.

Estamos comenzando,
la espera ha terminado

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Joan as Police Woman – “The ride”

Joan Wasser nació en Maine hace 38 años, en un hogar de acogida para madres solteras jóvenes que no querían quedarse con sus hijos. Posteriormente fue adoptada y creció en Connecticut. A los 6 años comenzó a tocar el piano y a los 8 aprendió a tocar el violín, algo que ya llevaba en los genes procedentes de su madre natural, y estudió música clásica en la Universidad de Boston antes de que su predominante amor por la música rock la llamase por este camino.

Sus primero pasos por esta nueva senda musical post-universitaria los dio como músico de sesión para Elton John a los que siguieron periodos en bandas con las que ganar dólares para pagar el alquiler. Después llegaron sus uniones musicales con Lou Reed, Tanya Donelly, Sparklehorse, Sebadoh, Scissors Sisters, o los mencionados Antony & The Johnsons y Rufus Wainwright… grandes estrellas del firmamento musical de New York con las que Joan ha trabajado durante su hasta ahora impresionante carrera. Como ves, no tiene que demostrarle a nadie su autoridad en la materia.

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Joan as Police Woman – “Anyone”

JOAN AS POLICE WOMAN es la banda que lidera, en la que junto a un cambiante número de músicos de los que siempre ha sido factor común el bajista Rainy Orteca, ella misma se encarga de tocar el violín, la guitarra y los teclados, así como de componer y cantar las canciones. Porque además de su talento para los instrumentos, Joan tiene una voz tan emotiva y maravillosa que alguien muy acertadamente dijo de ella una vez que es la Dusty Springfield de la generación indie.

Para bautizar al grupo tomó su nombre de la sargento Pepper Anderson, el personaje que hacía Angie Dickinson y que nos tenía a todos enamorados a finales de los ’70 en la serie de televisión “La mujer policía”.

La madurez adquirida con Rufus le dio el empujón definitivo para salir de las sombras de ser músico de sesión y acompañamiento para brillar de modo propio y editar su primer disco de larga duración, el elocuentemente titulado “Real life”, en el año 2.006. Un movimiento que, si el éxito pudiera medirse en audiencias devotas y en referencias a Nina Simone y Laura Nyro, se hubiese saldado maravillosamente, como habrás podido comprobar con las anteriores canciones que ilustraban el post… en cambio se mide en número de copias vendidas…

Y ahora llega con su segundo disco recién editado, “To survive”, una colección de canciones de tono jazzy de una tristeza que te fascina. A pesar de la fúnebre paz y de una gravedad que te hace pensar que el peso del mundo está soportado por estas canciones, ella insiste en que el disco es más positivo de lo que su título sugiere, en que es un disco optimista en realidad, y aunque esté grabado en el despertar de la muerte de otra persona muy querida, habla sobre su comprensión de que así es la vida; existir es esto, tener la oportunidad de vivir, a pesar de los golpes, una vida buena y responsable.

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Joan as Police Woman – “Magpies”

En este disco Joan va un paso más allá que en el anterior. Como indica claramente la lista de sus empleadores que te he puesto anteriormente, ella sabe algunas cosas sobre dramatismo… el piano en primer plano, la voz etérea como volutas de humo, las letras perfectamente cantadas… y su forma de escribir tiene una sutileza que (ya que hemos mencionado a Rufus) hace algo muy poco probable el que a ella la viésemos recreando un concierto de Judy Garland.

Cada una de sus canciones está llena de pequeños momentos impredecibles que confirman su declaración de intenciones: “yo hago punk-soul”. Ahí está todo, el súbito acelerón del violín en ese enrevesado glamour a lo Bacharach de “Magpies”, las voces de apoyo al estilo de Laurie Anderson en el éxtasis a medio gas de “Start of my heart”, la inquieta guitarra sobre la que se construye “Hard white wall”

Siento como mi música es la unión de los dos estilos que más amo: el soul, que abarcaba desde Al Green a Nina Simone e Isaac Hayes, y todo lo que vino del punk, como los Smiths, los Grifters y Siouxsie Sioux… el rock se acercaba muy fácilmente al punk para mí. Me encantaban los X, los Stooges, los Minutemen. En la ciudad había un club punkie para todas las edades, “The Anthrax”, ¡gracias a Dios por un sitio así!, que cambió mi vida; allí ví a Sonic Youth, Black Flag, los Bad Brains… que me volaron los sesos…

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Joan as Police Woman – “Honor wishes”

Éste es un disco intensamente personal, e incluso la política tiene un lugar en el mundo nocturno de Joan. El anterior “Honor wishes”, un lamento de piano majestuoso que recuerda los momentos más crudos del “The Greatest” de Cat Power y del “White chalk” de PJ Harvey, se hace todavía más oscuro cuando sabes que la madre de Joan murió de cáncer unos días antes de comenzar la grabación de este disco. Pero también hay canciones más luminosas, como la íntima “To be lonely”, o la disciplecente “Holiday”. Y alegatos contra la apatía política como “To America”, en la que dos grandes voces (la suya y la de Rufus) se combinan en el horror ante el estado de su nación. Esto es tensar el arco…

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Joan as Police Woman – “To America”

El cáncer es una enfermedad implacable y despiadada, y no tiene sentimientos; simplemente avanza, hasta que lo tiene todo hecho. Joan hace en la anterior canción un paralelismo entre su madre y su país; América representa a la madre de todos, porque ahora mismo allí todos sienten como su país sufre también de cáncer. Y Joan busca alguna clase de alivio de la enfermedad… pero no espera milagros, simplemente el regreso de algo parecido a un atisbo de democracia.

Como ves, la canción termina con el solitario e irónico silbido de un cohete del 4 de Julio. Sin embargo, todo el disco posee suficientes fuegos artificiales propios. Joan podría haber trabajado con un impresionante elenco de estrellas, pero no era necesario. Porque “To survive” demuestra que Joan Wasser es ya un nombre tan atractivo como cualquiera de los que alguien pueda mencionar.

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Joan as Police Woman – “To be loved”

LA EXTRAÑA PAREJA

Pues ya veis, yo pensaba que la palabra “dueto” no existía en castellano, y que era una forma de traducir el “duet” inglés, en lugar de usar nuestro “dúo” de toda la vida. Pero sí que existe en el diccionario.

Y también existe en los discos. A montones. Y desde siempre.

Pero por muchos duetos que se hagan nunca superarán el que hicieron la virginal rosa inglesa Jane Birkin y el viejo cabrón calentorro francés Serge Gainsbourg. De ellos ya os hablamos en profundidad hace tiempo y la canción está en la mente de todos. Os invito mejor a que os monteis una fantasía (de la clase que más os guste) con la revisión que hicieron estas dos chicas: Cat Power y Karen Elson, la de los White Stripes… marchaaando una de tortilla!

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Cat Power & Karen Elson – “Je t’aime (moi non plus)”

Pero no todos los dúos fueron tan afortunados como el de Jane y Serge, a pesar de ser tan insólito. Ha habido otros con muchas más posibilidades de salir adelante y se han quedado en el intento. ¿Os imaginábais que de un dúo que parecía hecho a medida por el mejor sastre del mundo, como fue el de David Bowie y Mick Jagger, saliese algo como “Dancing in the streets”, que era una versión mala con avaricia…? Había una falta de balance entre ellos que no le daba esperanza alguna al proyecto; Bowie hacía su interpretación sin mover un dedo mientras Jagger lo daba todo en la suya. El resultado fue horrible.

Y es que cuando no hay una razón verdadera para que dos cantantes formen un dúo, o cuando no hay interacción entre ellos, o cuando la narrativa de lo que cantan no se presta a dos voces, y solo se hace el dúo para mayor gloria de los que lo forman, aunque se forren económicamente, el fracaso emocional y el ridículo artístico están asegurados; aunque se llamen Jagger y Bowie, Bono y Pavarotti, Mercury y Caballé o Serrat y Sabina.

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PJ Harvey & Thom Yorke – “This mess we’re in”

Esos eran PJ Harvey y Thom Yorke, y son un magnífico ejemplo de lo que tiene que ser un buen dúo, en el que los dos representan papeles diferentes dentro de la historia que están contando. Al principio de la canción las dos voces tienen un vibrato similar, y cuando la canción va avanzando sus voces se van separando más y más, reflejando el cambio en la narración por las cualidades diferentes del tono de sus voces… exactamente lo mismo que ocurría con Jane y Serge.

“De noche y de día / sueño con follar contigo, tío…”. PJ no conocía a Thom más que por carta, hasta que se vieron en el estudio para grabar esto. Pero la canción la había escrito ella con él en la mente. Y aquí los papeles típicos hombre-mujer están invertidos, Thom Yorke suena vulnerable, y PJ Harvey segura de sí misma.

Y en el sentido contrario, también son magníficas las canciones en las que los dos cantantes actúan como las dos mitades de un todo. Por ejemplo, cuando Boy George y Antony (el de los Johnsons) Hegarty se juntaron en “I am your sister” era difícil saber cual de los dos estaba cantando; había una simetría entre ellos que cargaba de calidez la canción. Esa es otra cosa a la que habría que aspirar al formar un dúo; a formar lo más parecido a una pareja perfecta.

Boy George era el icono referencial de Antony desde que éste le vió cuando tenía once años en la portada del “Kissing to be clever” de Culture Club, cuando se dio cuenta de que la gente como ellos no tenía otro camino que convertirse en cantantes. Veintidós años después formaron una pareja que les hizo ganadores a los dos, porque Boy George nunca había sonado tan enternecedor como en esta elegía, ni Antony tan lastimero y triste.

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Antony & Boy George – “You are my sister”

Otra de las cosas que un dúo puede hacer es ofrecer dos perspectivas muy distintas de una misma cosa. La canción “Where the wild roses grow” the Nick Cave y Kylie Minogue es un perfecto ejemplo de esto. En ella cada uno de los cantantes toma un papel muy diferente en la historia que cuentan y desarrollan el drama sin interactuar en absoluto, porque si lo hicieran, arruinarían por completo el propósito de la canción, que es un vistoso vals que habla de la obsesión de dos amantes, la virginal Eliza Day, que interpreta Kylie, y un personaje mayor que ella, sin nombre, que es Nick. Consumido por su belleza, Nick Cave decide que ella debe morir, porque no puede soportar la posibilidad de perderla algún día…

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Nick Cave & Kylie Minogue – “Where the wild roses grow”

Y cuando las voces de la pareja se mezclan en una perfecta combinación el resultado también es otra maravilla. Aquel “Love hurts” que cantasen Gram Parsons y Emmylou Harris quedará para la posteridad como una de las canciones en la que el timbre de la voz de los dos cantantes mejor armonizaba. Y el placer es aún mayor cuando se licúan de esa forma incluso voces muy diferentes. En “What have I done to deserve this?”, la voz de Neil Tennant es fría, helada, y la de Dusty Springfield es cálida y conmovedora; pero cuando cantan juntos… ay!

Esa canción cimentó la fama de los Pet Shop Boys como gigantes del pop de los ’80 y significó para Dusty el regreso al status de diva al que había renunciado hace tiempo sumergiéndose en el alcohol, las drogas y la autodestrucción. Esta canción la ayudó a rejuvenecer personal y profesionalmente. Es una canción de amor trágica y llena de remordimientos que detalla el final de la relación entre un empleado y su jefa, atrapados por el agónico deseo que sienten entre sí.

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Pet Shop Boys & Dusty Springfield – “What have I done to deserve this?”

Y es que la cosa está clara, si uno ve las canciones como modelos para comprender un poquito mejor el mundo, un dúo representa la interacción con otra persona, y eso es una de las partes fundamentales de la experiencia de vivir nuestra vida. Naturalidad dentro de la situación artificial de una canción. ¿Recordais el “Fairytale of New York” que nos recreó Ambrosio hace unos meses? Ese diálogo de dos caracteres tan diferenciados como el de Shane y Kirsty nos hacía sentir que estábamos ante una conversación real.

Si tampoco es tan complicado, tampoco tiene mayor ciencia…

Ya sé que hasta las superestrellas necesitan amigos algunas veces, pero hacer parejas y meterlos en estudios de grabación con un presupuesto de varios millones de dólares no asegura que vaya a salir algo más que un ejercicio de masturbación mutua como la de Robbie Williams y Kylie Minogue, que debió conformarse con el dúo que hizo con Nick Cave; o un desafío sobre quien tiene el peluquero con más destreza, como el de Barbra Streissand y Barry Gibb. Cuando no crucifican directamente el recuerdo del original como Robbie Williams hizo de nuevo, esta vez acompañado de Nicole Kidman, con Frank y Nancy Sinatra.

Stevie Wonder y Paul McCartney también hicieron mucho para que tanto a los blancos como a los negros dejase de importarle la intolerancia racista… y es que “Ebony and Ivory” se las traía… Este es otro tema que también da mucho juego para formar un dueto: la política. Youssou y Neneh contra el racismo, Ian Brown y Sinead O’Connor contra la guerra… ellos sí que hicieron algo por intentar mejorar el mundo a través de la música.

Claro que al final, con tanta disquisición, nos hemos apartado del asunto principal para meterse en esto de formar una pareja temporal, la diversión. Y eso lo tenía tan claro Serge Gainsbourg (al final siempre volvemos a él) como el resto de viejos verdes que se buscaron a una chavalita guapa y güenorra para intentar sacar del acercamiento algo más que una buena canción… Tom Jones miraba lascivamente a Cerys Matthews mientras se acercaba a ella, Robert Plant se aprovechó de que había sido el ídolo de los sueños húmedos de una jovencita Tori Amos, Mick Jagger rondó babeando a Christina Aguilera hasta que alguien con sentido común la devolvió a la guardería, o Norah Jones intentaba mantener apartado a Keith Richards mientras éste necesitaba un cigarrillo, una copa, y seguramente una ambulancia…

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Tom Jones & Cerys Matthews – “Baby, it’s cold outside”

Y hasta aquí la teoría… os propongo ahora un poquito de divertida práctica. Aquí teneis una docena de canciones en las que aparecen todo tipo de dúos de los que hemos hablado antes; la mayoría de ellos, por no decir todos, muy buenos. Y en el slideshare teneis las fotos de todas las parejas que los interpretan. ¿Seríais capaces de unir foto con canción y decirme quienes son los cantantes…? Y si además ya decís el título de la canción, sería para nota.

No es difícil, no creais; puede que algunos sí, pero la mayoría son bastante conocidos y muchas de las canciones fueron de tanto éxito que no tendreis problemas para saber cual es. Y además, en el post os he dado también pistas sobre algunas de las parejas.

Espero que os divertais.

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Y se acabó… cuando comenteis, si os parece, decidme también cual ha sido el dúo favorito de vuestra vida…. Compararemos gustos y, si poneis material suficiente y bueno, montaremos con él un radioblogin’ divertido.

ADIVINA QUÉ VIENE A CANTAR ESTA NOCHE…

Mientras escribía esto, Yinyerbeiquer ha hecho un magistral comentario en el post anterior… esta entrada solo es, pues, para complementarlo. Va por él, y por David, y por DonBonassi (las fotos son suyas, por cierto). Siempre recordaremos esta noche.

Había ganas de comenzar a disfrutar. Todavía no eran las siete y la gente comenzaba a hacer colas para entrar al estadio. Nosotros también; los bares quedaban algo lejos de la zona habilitada para el concierto y pensamos que estaríamos mejor en las barras que hubiese dentro. Pero la organización parecía decidida a impedirlo. Aunque Bobby y su troupe fueron escrupulosamente puntuales durante toda la noche, la organización jerezana fue algo chapucera. Más de una hora de retraso en abrir que la gente pasó en las colas divirtiéndose como podía… por ejemplo riéndose de la chica que pasaba una y otra vez sujetando un cartelito que decía “Necesito una entrada gratuita”. Las risitas se convirtieron en admiración la última vez que pasó llevando en la mano, en vez del cartel, una entrada para el concierto.

La espera también hizo que DonBonassi no tuviese problemas para encontranos. Ya estábamos los cuatro: él, David, Yinyerbeiquer y yo. Vamos pa dentro…

Pillamos un sitio excepcional. Primera fila de grada justo enfrente del centro del escenario, a pesar de que un señor que había por allí se empeñaba en decirnos que aquello estaba reservado para protocolo y que nos iban a echar… lo resolvió Yinyer con un “que te pires…!”. A ver quien tenía güevos de movernos de allí… y menos cuando el resto de la peña siguió el ejemplo y la improbable zona VIP se llenó en menos de un minuto.

Con los primeros mordiscos al bocata de jamón apareció el telonero… me vais a perdonar que no recuerde el nombre… un cantautor con dejes a lo Hilario-Camacho-pero-menos, que se pasó más tiempo despidiéndose del personal de la gira y alucinando con el sampler que tenía que cantando. Mira, eso que salimos ganando todos. Así tenían que ser todos los teloneros, cuatro canciones, sin hacerse notar demasiado, y dejando sitio al que todos estamos esperando… molestando lo menos posible.

El lugar era magnífico, el escenario en uno de los fondos del estadio, mirando hacia las gradas, con sitio en medio para que cupiesen de pie algunos miles de personas sobre las tapadas pistas de atletismo. Detrás del escenario el cuidado césped, y a la derecha, en medio del campo, la puerta que daba acceso al backstage, donde fue colocado un precioso monovolumen amarillo clarito a la espera de que saliese el Maestro. Todos los moscones con pase de privilegio, entre ellos uno que desde lejos tenía toda la pinta de ser el Bunbury, se dirigieron hacía allí con él animo de verle de cerca y hacerse una foto a la diestra de Dios Padre…

Los músicos comenzaron a aparecer. Todos vestidos con impecable traje gris claro y tocados con un sombrero a juego. Y todos preferían cubrir andando los escasos cincuenta metros que habría hasta el escenario con un agradable paseíto por el césped. Dylan aún no salía… y ya eran las 9 y media, la hora fijada para empezar. Así que todos los que podían verlo desde su sitio no perdían ojo del bonito monovolumen amarillo clarito. Mientras tanto, por el lado contrario del escenario se acercaba una furgona de carga que tenía tó la pinta de ser la del tío que traía el hielo pa los cubatas. Tras un par de maniobras de torpe acercamiento se abrieron sus puertas traseras, y en vez de descender de ella un currito cargado de sacos, apareció…. “Señoras y señoreeeees, con usteeeeeedes: Míster Bob Dyyyyyyyyylaaaaan!!!!”.

Mientras nos burlábamos de los “acreditados” que regresaban de la puerta del backstage con cara de “nos han tomado por gilis”, Bobby se colocó de pie al lado de su teclado, y a una señal suya se puso en marcha la bien engrasada maquinaria que es su banda. Aullidos de placer para dar la bienvenida al blues que compuso hace más de cuarenta años en honor de la chica que gustaba de ponerse sombreritos redondos de piel de leopardo. Buenos augurios, el concierto empezaba igual que el de Vigo, que había sido la mejor noche de la gira hasta ahora… esta prometía ser otra gloriosa noche, la banda sonaba compacta, poderosa y total, y la voz de Bob era clara y brillante. El sonido era excepcional.

La segunda canción era una preciosidad… “tío, ésta qué canción es?”, preguntaba Yinyer. “Ni idea… me suena a clásica pero no la identifico…”, contestaba yo. “Po tú no eras el especialista en canciones antiguas…?”. “Güeno, tío, vale… a ver si vosotros sois tan listos adivinando las vuestras…”

Nos habíamos repartido el trabajo, porque sabíamos que nos iba a costar identificar las canciones tal como Dylan las interpreta ahora: yo tenía asignado el negociado de las canciones antiguas; DonBonassi tenía que identificar las del “Love & Theft”, el penultimo disco, que es su favorito, y Yinyer era el encargado de las canciones de su última obra, el “Modern times”. Para que pudiese hacerlo bien le había preparado un truco: al comenzar el viaje pusimos el CD en el coche para familiarizarnos más con su sonido, y a Yinyer le dí un papel con la lista de las diez canciones que lo componen y un rotulador; su misión consistía en ir anotando al lado de cada nombre de la canción las palabras del primer verso de la misma, siempre que éste fuese distinto del título… al lado de “Beyond the horizon” no hacía falta que anotase nada porque ésas son también las palabras con las que comienza el tema; y a al lado de “When the Deal Goes Down”, por ejemplo, tenía que anotar “In the still of the night…”, y luego estar atento a la primera frase de cada canción durante el concierto.

Bob Dylan interpreta las canciones ahora llenándolas de luces y de sombras, recreándolas con una arquitectura completamente diferente a la que usó al construirlas originalmente. ¿Qué importa que no las conozcamos si nos las está brindando llenas de melodía y expresividad? La segunda canción resultó ser “If you see her, say hello”, la primera visita de Dylan a los ’70 esta noche. Tras la cual subió el tono con “Rollin’ and tumblin’”… “Vale, Yinyer, no hace falta que te esfuerces, que el rítmo pegadizo de ésta lo conocemos todos”.

Con la cuarta canción eché de menos a mi colega Ambrosio. Era “Tangled up in blue”, la que presta el título a la sección de este blog en la que él escribe sus disquisiciones. La intimidad, además, de la canción me sirvió para pensar que éste era el mejor momento de coger el móvil y llamar a una querida amiga que no pudo asistir y quería vivir unos segundos del concierto en la lejanía… iba a oír a Dylan colgado en el azul. Y como el destino es caprichoso, al levantar la tapa me encuentro un sms del que no había oído el aviso: “Voy camino Dylan / ¿tú hacia donde vas?” “Yo aquí en la Punta del Sabo / no paro de protestar / qué coño hago yo en Huelva / pudiendo estar allá”. Disfrutad. Besitos de colores a todos. Eso mismo digo yo, compañero… ¿qué coño haces en Huelva mientras Bob Dylan está cantando tu canción…?

La gente comenzó a dejarse llevar de forma definitiva con “The Levee’s gonna break”“es esa, no Yinyer?” “Sí, si, siiiiií…” El viejo blues de Kansas Joe y Memphis Minnie que Led Zeppelin había adaptado a los tiempos antiguos sonaba genial ahora que Bobby lo había adaptado a los tiempos modernos. El dique se iba a romper de un momento a otro, incapaz de mantener controlada tanta pasión desbocada ante el escenario. El gran concierto que prometía ser éste se estaba convirtiendo en una noche espectacular.

Apurábamos el cubo de cerveza antes de que se calentara mientras Dylan cruzaba el “Mississippi”. “Qué bien suena con los nuevos arreglos”, se extasiaba DonBonassi. “John Brown” fue otra de las canciones que se nos pasó sin conocer. Unos versos sobre las miserias de la guerra que fue una de las primeras composiciones de Bob Dylan allá por 1.962, y que no vió la luz discográfica hasta varias décadas más tarde en su “Unplugged”. La siguiente tampoco la identificamos, Bobbby le coló un gol a DonBonassi con el boogie de “Honest with me”… dos seguidas sin pillarlas, esto es señal de que tenemos que refrescar la sesera con más birra.

Pero eso será después, porque ahora mismo acabo de oír a Dylan comenzar a cantar “If you’re traveling / in the north country fair…” y sobre el telón de fondo hay proyectadas unas manchas que me recuerdan las nieves del país del norte donde vivía la chica de la que Bob se acordaba en la oscuridad de sus noches y en la claridad de sus días.

Y mientras él sangra en el escenario tranquilizando a su madre, “It’s alright, ma”, nosotros lo hacemos ante las barras… “¡¡¡ que se os ha terminado la cerveza…!!!???, pero bueno… pero qué clase de organización es ésta…? Güeno venga, que estamos de buen rollito, pónme cuatro whiskies con seven-up y que sea lo que Dios quiera…”.

Yinyer nos muestra eufórico sus conocimientos del Dylan moderno… “Beyond the horizon” no tiene secretos para él. El truco del coche estaba dando sus frutos. Las luces bajitas; el concierto, ahora, intimista… bonito… Bobby entonando una canción country a rítmo de vals…

Y mientras Bobby nos dice que más allá del horizonte el cielo es azul, aquí se ennegrece del todo y se cierra la noche; el cuarto creciente no quiere perderse el viaje del Maestro por la autopista sesenta y uno.

Hasta este momento los toques de Dylan prácticamente pasaban desapercibidos hundidos bajo la brillantez de la música que elaboraba su banda, y cuando alguna nota de teclado asomaba era porque las sacaba del suyo Donnie Herron. Pero “Highway 61” es una de sus favoritas, es una de sus canciones fetiche, y tiene que conducirla él mismo. Ahora sí está su teclado en primer plano. Usted sí que sabe, Jefe…

Tras la tempestad, la calma de “Nettie Moore”“es ésa, no, Yinyer…?” “Si, si, siiiií…”. “Qué ilusión le hace pillarlas, joé!”. ¿Habeis visto alguna vez como la atmósfera de todo un gran estadio puede volverse tan intimista como si estuviéseis en la mesa camilla de un pequeño club oyendo a una banda tocar casi exclusivamente para vosotros…? Pues no sabeis lo que os habeis perdido.

“Ésta es fácil”, decía DonBonassi casi con displicencia. “Suena prácticamente igual que en el disco”. Y “Summer days” se nos cuela entre los sentidos que aún no tenemos embotados.

Sabíamos que el set era de quince canciones, pero a éstas alturas ya todos habíamos perdido una cuenta que en realidad nadie estaba llevando. Así que cuando la banda dejó sus instrumentos para salir escaleras abajo tras la siguiente canción todos nos quedamos mirándonos con la sensación de que algo estaba fallando en el guión. “Siempre cierra con “Ain’t talkin’”, y pa mí que esa no era…”, “Sí era”, “No era”, “Sí era, lo que pasa es que este tío ya no respeta los arreglos ni de sus canciones más modernas”, “Po güeno, po será eso…”.

Pero no era eso. Dylan nos había ofrecido una irreconocible versión de “Masters of war” para terminar: “Vamos señores de la guerra, / vosotros que fabricais todos los cañones, / vosotros que planificais la muerte, / vosotros que fabricais grandes bombas, / vosotros que os escondeis en los despachos. / Solo quiero que sepais que puedo ver / a través de vuestras máscaras”. Sí… están los tiempos para volver a recordar esta canción. Con ella y con la otra anterior de “John Brown”, Dylan nos recordaba lo reivindicativo que una vez fue; canciones crudas, difíciles para un concierto como éste, y que sin duda nos hubiesen estremecido mucho más de haber sabido reconocerlas.

El sonido del trueno en la montaña avisa que la banda está preparada de nuevo. Grandioso bis. Y ahora llegó la hora que todos esperaban… aunque yo tenía el corazón partío. Quería gritar el “Like a rolling stone” para liberar toda la tensión que ya no iba a poder tener continuidad, pero por otra parte me emocionaba pensar que Dylan podía cerrar una noche gloriosa cantándome “Blogín’ in the wind”, como en otros de los conciertos de esta gira. ¿Cuál elegiría aquí…?

Las notas que acompañaban al director de orquesta mientras nos presentaba a sus maestros no dejaban lugar a dudas… íbamos a rodar como piedras redondas. Y a qué velocidad! Todos… todos sin excepción le estábamos diciendo a Dylan “Ok, Maestro, son tus canciones y puedes cantarlas como quieras, hacerlas irreconocibles incluso. Pero ésta no. Ésta es nuestra. Ésta es patrimonio de la humanidad y tú puedes empeñarte en cantarla como te dé la gana… pero nosotros la vamos a cantar como Dios manda…”

Y nueve mil gargantas gritaron a la vez “How does it feeeeeeeeel…” en la misma forma en que todos los conversos a su fe lo vienen haciendo durante más de cuatro décadas. La voz de Bob Dylan le daba una inflexión diferente a cada entonación del estribillo, pero solo era testimonial. El protagonista era el público, totalmente entregado. Y después se fue.

A nosotros se nos veía en el brillo de los ojos lo que nos había parecido el concierto, no hacía falta preguntar. Saliendo del estadio un conocido de DonBonassi decía con mala cara “sí, bueno… no ha estado mal, pero no ha cantado mister tambourin ni ná, solo el pó ró que le gusta a los jovenes…”. “Pero bueno… ¿en qué concierto ha estao este tío?”… en el bar de la esquina, con la última cerveza antes de la marcha, me encuentro a un periodista del “Diario de Cádiz” especialista en música, que me pregunta. “Sí, me ha encantao”, le digo. “Po a mí no”, me dice él, “es que ha sido demasiado blues, y a mí el blues…”. “Quillo pero si le ha dado a todos los palos… si ha estado genial”. “Que no, que no; que demasiado blues, y a mi el blues nunca me ha dado un pellizco (el pellizco te lo voy a dar yo, mamón; pero en los güevos), además, no ha cantado nada de lo antiguo…” “Que noooo? Pero si ha cantado ésta, y ésta y ésta otra…”, le digo mientras le enumero cinco o seis. Pero que más de la mitad del concierto hayan sido clásicos no sirve para sacarle de sus trece… “que no…”.

Así que la conclusión que sacamos estaba clara: ni se nos ocurriría volver a preguntarle a nadie más por el concierto. Al fin y al cabo… qué sabe nadie!

EL HOMBRE QUE SIEMPRE ESTÁ NACIENDO

El martes. Será el martes, en Jerez, la tercera vez que vea en directo a BOB DYLAN. Ya iba siendo hora de nuevo; la vez anterior fue hace ya mucho, en A Coruña, allá por 1.993… ¿te acuerdas, Ambrosio?, la noche en que entre la multitud el destino me llevó a toparme con uno de mis mejores amigos de la mili, el único que se vino una vez a conocer Sevilla en uno de nuestros permisos. Se llama Pepe, y tiene un bar en As Neves, así que si pasas por allí, Lula, pídele que comparta un rias baixas contigo por mi recuerdo.

Un par de años antes Bobby estuvo en Sevilla, en la tercera de las cinco noches que dedicaron a las leyendas de la guitarra para ir creando ambiente pre-Expo. Estábamos inaugurando el Auditorio de la Cartuja, ahora dedicado a la memoria de Rocio Jurado, y quedándonos con la boca abierta todos los que conseguimos una acreditación de prensa con el despliegue de medios y tecnología futurista que nos iba a traer la década de los ’90 y que allí ya era presente de indicativo. Los despachos, los estudios, las salas de reuniones, el escenario, las tramoyas… la multitud de guiris entre los que podías darte media vuelta y encontrate frente a Roger McGuinn preguntándote por el camino a los lavabos… Podías darte un paseo y encontrarte de pronto al doblar una esquina con Bo Diddley e improvisar una entrevista, como le ocurrió a mi acompañante de la primera noche, Luis Clemente, que luego le publicó el “Ruta 66”.

La tercera fue la noche de Bob. Yo fui a la rueda de prensa previa con varias preguntas preparadas para dialogar con el mito. Iluso… junto a otros invitados que empalidecían bajo su alargada sombra, quien se presentó fue Keith Richard, la otra estrella de la noche, y el acaparador de todas las preguntas hasta que amenazó con retirarse si no teníamos la deferencia de hacer caso también a los otros. De lo que pasó aquella noche tendrás muestras visuales y sonoras en el post… yo miraba desde la tribuna de prensa la actuación de Jack Bruce; desde allí se dominaba muy bien el escenario y toda la parte de atrás de éste. En un momento determinado, antes incluso de que Jack y sus acompañantes terminasen el “White room”, comenzó a acercarse por detrás una figura portando una guitarra. Desde abajo nadie le veía aún. Pero a mí se me comenzaron a erizar todos los pelos del cuerpo y a sentir una especie de vacío en el estómago en la misma décima de segundo en que descubrí que aquel que tomaba posiciones era…

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“All along the watchtower” (Sevilla, 17-10-91)

La quinta noche tuve otro de esos raros privilegios que solo ocurren una vez en la vida. Estaba en una de las primeras filas antes de empezar los conciertos con un conocido con el que mantenía aprecio mutuo desde que nos habíamos encontrado por medio de nuestro común amigo Blas Fernández. Rafa Notario por entonces curraba en el departamento de promoción de EMI, y estaba allí para ponerse a disposición de una de las mayores estrellas de su compañía, que esa noche ejercía de maestro de ceremonias y que, mientras charlábamos, aparecía por el pasillo con otros dos señores. Fui con él a la presentación y así pude conocer durante unos minutos a Brian May, que me ofreció su mano y unas palabras de saludo. Me mantuve al margen, pero en la charla que tenían pude enterarme de algo que era una primicia, aunque estuviese en boca de todos. Todo eran habladurías, nadie supo nada concreto hasta que el propio Freddie Mercury lo anunció personalmente el día antes de fallecer un mes y medio después. Pero desde esa noche yo ya sabía sin lugar a dudas que el sida estaba terminando con él, y así lo dije la tarde siguiente en mi pequeño rincón radiofónico, aunque sin repercusión alguna.

…pero me estoy alejando del tema que nos ocupa. ¿Cómo rendir tributo a Bob Dylan desde aquí? La mejor forma que he pensado ha sido escribir una entrada de ésas que a veces hemos dedicado Ambrosio y yo a recrearnos con la historia de alguna canción en concreto que siempre nos gustó. En este caso son muchísimas para escoger, pero en vista de que por Lula he sabido que es una de las antiguas que él ha elegido para revivir en esta gira española, y que además el suyo es el que le da nombre a la categoría que las enmarca en el blog, la elección ha recaído en “Like a rolling Stone”. ¿Empezamos…?

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The Rolling Stones – “Like a rolling stone”

“Like a rolling stone” era diferente a cualquier disco de rock que se hubiese escuchado antes. A falta de un solo segundo para llegar a los seis minutos, era más largo que cualquier single previo, y sus oleadas de órgano, piano y guitarra formaban un sonido tan denso y portentoso que nunca nadie se había atrevido antes a ofrecer como pop, sobre todo teniendo en cuenta además el infierno que dibujaba su letra.

La interpretación de Dylan, también iba en oleadas, un blues casi hablado más que cantado, en una forma que en el futuro se llamaría rap, escupido con un aparente desinterés agrio y monótono, que a veces iba subiendo en espiral al acercarse al final de los versos; como si cantase manteniendo una sonrisa sarcástica perpetua.

En un tiempo en que las declaraciones de amor de tres minutos todavía eran la norma en el pop, esta despiadada diatriba de recriminaciones era algo sin precedentes, una extraña pero convincente experiencia, aún más turbadora si cabe por la inclusión de toda esa imaginería surrealista que fluía por ella. Todos nos preguntábamos quienes serían “la señorita soledad”, “Napoleón en harapos” y, el más extraño de todos, “el diplomático que cabalgaba un caballo de cromo mientras se balanceaba sobre sus hombros un gato siamés”…? ¿De donde coño podía salir esta gente…?

Para una industria que pensaba que la duración óptima de un single tenía que estar entre los dos y los tres minutos para que así fuese mayor el número de veces por hora que podía ponerse en un jukebox, “Like a rolling stone” era demasiado larga para poderla arropar con ámplia cobertura radiofónica, y sin embargo se convirtió en el mayor éxito comercial de Dylan hasta entonces, llegando a subir en aquel verano de 1.965 hasta el número 2 de las listas de ventas americanas y el 4 de las inglesas. Un completo ejercito de jóvenes a los que Dylan hasta entonces les había dicho muy poco, comenzaron a interesarse profundamente en él. “Yo sabía que estaba escuchando la voz más dura que había oído nunca. Era difícil, y sonaba a la vez joven y adulta… me hacía sentir como una especie de inocente irresponsable (y todavía lo hace), cuando me hacía reconocer qué poco mundo tenía un estudiante de 15 años en New Jersey en aquellos tiempos. Dylan fue un revolucionario. Bob liberó nuestra mente de la misma forma que Elvis liberó nuestro cuerpo”. ¿Sabeis quien nos contaba así su experiencia con esta canción…? El Boss.

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Jimi Hendrix – “Like a rolling stone”

“Like a rolling stone” la escribió Dylan a su regreso de Inglaterra, como una especie de vomitona liberadora. En la cabina que había alquilado con Sara en un aún desconocido Woodstock escribió diez páginas que no tenían título siquiera, tan solo eran frases rimadas sobre un papel en el que volcaba su constante odio dirigido contra nadie en especial. Al final ya no era odio, era decirle al mundo lo que el mundo no sabía, decirles que eran afortunados. Revancha es una buena palabra para describirla. Nunca pensó en sacar de ahí una canción hasta que un día esos papeles estaban cerca del piano, y comenzó a entonar suavemente “How does it feel…?” y fue como sumergirse en lava. En un momento aparecieron ante su vista todos sus enemigos consumidos por la lava; colgados por los brazos de un árbol, balanceándose ferozmente, dejándose las uñas de los pies en los golpes contra el tronco; sufriendo todo el dolor que les estaba destinado.

Quienes eran exáctamente esos “enemigos” siempre ha sido motivo de conjeturas. Joan Baez pensaba que se refería a Bobby Neuwirth, el socio de Dylan, mientras otros sospechaban que se refería a la propia Joan Baez, con la que Bobby había estado viviendo hasta hace muy poco y ahora había tirado a los escombros… y en realidad sí que hay ciertos paralelismos entre la rica y lista princesa de la canción y la reina que compartía el trono del folk-rock con él hasta hacía pocas semanas. Otra teoría más sostenía que la canción, como muchas otras de Dylan en esa época, se refería a sí mismo; después de todo, el nombre de soltera de la madre de Bobby era Stone, y él había, muy ciertamente, rodado hasta muchísima distancia de su casa. Pero nunca estuvo enfadado con su familia ni nada de eso, al contrario de lo que vimos con Jim Morrison, solo que dejó de tener contacto con ellos. Su familia vivía en Minnesota y a Dylan no se le había perdido nada allí ya, así que era más fácil estar desconectado que en contacto con ella.

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Bob Dylan – Ensayo de “Like a rolling stone”

“Like a rolling stone” refleja una nueva actitud, exponiendo que mientras más te conoces a ti mismo y más plenitud has alcanzado, más solo estás para enfrentarte al mundo; que moldeas tu futuro y tu filosofía desde tus propias experiencias, sin depender de las facilidades o los favores del patrocinio; en vez de eso, uno tiene que alejarse de la orilla y meterse de cabeza en las aguas que te llevaran lejos de casa y de la seguridad. El climax de la canción es la aseveración de que “tú ya eres invisible, ya no tienes secretos que ocultar”, una burla ostensible del schaudenfreude, el sentimiento de alegría creado por el sufrimiento o la infelicidad de otro, que puede ser leída como un paso adelante, un revelador momento de toma de conciencia.

Dylan dio forma a la canción en un piano vertical, usando el riff de “La Bamba” como rampa de despegue, después la cambió de afinación con la guitarra antes de grabarla en la tarde del 15 de junio del ’65. Lo primero fue el estribillo, que se le venía a la cabeza una y otra vez, y después los versos comenzaron a salir, lentamente al principio, y desbocados después. Lo que no tenía claro hasta que llegó al estudio de grabación era el tempo de la canción. En el fragmento del ensayo que aparece ahí arriba, Dylan y el organista Paul Griffin la intentan sacar a modo de vals, antes de que al final de la sesión cristalizara por fin en la forma en que todos la conocemos.

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Bob Dylan – “Like a rolling stone”

Hubo un tiempo en el que vestías muy bien,
Tirabas monedas a los vagabundos desde tu edén,
¿No es así?
La gente te decía: “Cuidado, muñeca, te vas a caer”.
Pensabas que te estaban tomando el pelo.
Solías reirte
De todo el mundo que andaba colgado.
Ahora ya no hablas tan alto,
Ahora ya no pareces tan orgullosa
De tener que mendigar para poder comer.

¿Qué se siente?
¿Qué se siente
Al estar sin hogar,
Como una completa desconocida,
Como una piedra rodante?

Fuiste al mejor colegio, muy bien, señorita soledad,
Pero tú sabes que sólo querías sacar
Provecho de ello.
Y nunca nadie te enseñó como se vive en la calle.
Y ahora vas a tener
Que aprenderlo.
Decías que no tenías nada que ver
Con el misterioso vagabundo, pero ahora te das cuenta
De que él no vende excusas
Cuando le miras al vacío de sus ojos
Y le preguntas
¿Quieres que lleguemos a un acuerdo?

¿Qué se siente?
¿Qué se siente
Al estar tan sola,
Sin poder ir a casa,
Como una completa desconocida,
Como una piedra rodante?

Nunca te volviste para ver la expresión de los malabaristas y payasos
Cuando se acercaban
A hacer sus juegos para ti.
Nunca entendiste que no estaba bien
Que dejases que otra gente
Se ocupara de entretenerte.
Cabalgabas en el caballo cromado con tu diplomático
Que llevaba sobre sus hombros un gato siamés.
¿No fue un palo cuando descubriste
que él no estaba donde le esperabas,
después de irse con todo
lo que te pudo robar?

Princesa sobre un pedestal
Y toda la gente gente guapa bebiendo y creyendo
Que ya lo tienen todo hecho.
Intercambiando toda clase de regalos.
Pero hubiese sido mejor que te quitaras el anillo de diamantes
Y lo empeñases, princesa.
Te divertías mucho con
Napoleón en harapos y el lenguaje que usaba;
Vete con él, ahora que te llama no puedes negarte,
Cuando no tienes nada, no tienes nada que perder.
Tú ya eres invisible, ya no tienes secretos
Que ocultar.

Un éxito crucial para el éxito de la canción fue la introducción que tiene, que corre a cargo de Al Kooper, un músico al que Dylan no conocía de antes, con el órgano, un instrumento que Kooper no había tocado nunca antes…

Al Kooper (en la foto, con Dylan) estaba allí porque era fan de Bobby y amigo de Tom Wilson, el productor de la canción, que le llevó para que conociese a su ídolo. Lo que Tom no sabía era que el ambicioso Al en realidad planeaba meterse en la grabación. Por eso, en lugar de a las 2 de la tarde, hora en que todos estaban citados, él se presentó poco después de la una con su guitarra, se sentó, la enchufó y comenzó a hacer ejercicios de calentamiento con ella. Pero cuando llegó Bobby acompañado de su guitarrista, Mike Bloomfield, a Al Kooper se le vinieron abajo todos sus sueños al comprobar como Mike era infinítamente mejor que él.

Su momento se presentó cuando, en un momento de la grabación, Paul Griffin dejó el órgano para pasarse al piano. Así que Al Kooper le dijo al productor, “oye, ¿me dejas ponerme al órgano? Tengo en mente una cosa que me parece muy buena…”. La contestación de Tom Wilson fue: “Tío… ¡pero si tú no eres organista!”. Y en ese momento le llamaron por teléfono, por lo que, técnicamente, en realidad no llegó a decirle que no. Así que Al Kooper se sentó al teclado. Y nació así uno de los organistas más importantes de la historia del rock.

Ese YouTube te muestra el fin de fiesta de aquella fastuosa noche de octubre del ’91. Voy a intentar presentártelos a todos: El de la chaqueta vaquera que cruza el escenario al principio de todo es Miguel Bosé, al que Phil Manzanera, el maestro de ceremonias de esa noche desterró junto a las chicas del coro (seguramente como castigo por la pésima y desafinada interpretación que había hecho antes de su canción dedicada a Sevilla). Phil Manzanera es el del traje y la melenita cayéndole sobre los hombros, aparecerá después. Luego se ve un plano de Bobby, que pareció un poco fuera de lugar entre toda esa troupe. Los que soplan los metales son los Miami Horns, encabezados por el saxo de Edward Manion. Y Jack Bruce, el mítico bajista de los Cream va corriendo hacia el micro para empezar la primera estrofa de la canción. El que aporrea ferozmente la pandereta es Ray Cooper. Y en la guitarra, Keith Richards, que cantará después la segunda estrofa.

El bajista de la camisa roja y chaqueta es Charlie Drayton, y junto a él, con su precioso pelo rubio y su chaqueta azul, en otra guitarra, el mismísimo Dave Edmunds. A la derecha de Keith, en otra guitarra, con camiseta de rayas horizontales y gorrito redondo, Robert Cray, elegante al toque. Otra de las estrofas es para él. Y tras ellos, sin que se le vea la cabeza, uno de los dos baterías que había, Steve Jordan. A la derecha de Dylan, otro mito a la guitarra, Steve Cropper. El guitarrista medio grunge que asoma detrás de Keith es Freddie King. El otro batería, con camiseta negra y cinta en el pelo, es Simon Phillips. Y el guitarra de la barba y la gorrita es Richard Thompson.

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“Boots of spanish leather” (Sevilla, 17-10-91)

Una magnífica forma de terminar.

TWISTING BY THE POOL

Llega el primer fin de semana en que muchos de vosotros andareis de vacaciones. Yo aún no las tengo, pero puedo combatir el calor sin salir de casa gracias a la maravillosa piscina que tuve el acierto de pedir que construyeran junto al resto del edificio. Algunos de vosotros ya la conoceis, y los demás estais invitados a hacerlo a poco que me hagais saber que pasais por Sevilla.

No tenía pues, con estos calores, muchas ganas de escribir algo nuevo que me apartase de la mente el post que ando preparando para las vísperas del concierto de Dylan, a colgar cuando el domingo esté muriendo a manos de la nueva semana laboral, pero tampoco quería dejar que se pasase de maduro el último de los pots colgados, y comenzase a oler.

Y la solución me llegó precisamente en el interior de la piscina; se ve que el agua refresca también las ideas. Y recordé una de esas deliciosas historias apócrifas que han salpimentado el transcurso de la vida de nuestros ídolos, y que no han trascendido nunca demasiado.

Tomáoslo como una entrada de transición, liviana y sin pretensiones, como si fuese parte de la programación veraniega de cualquiera de nuestras televisiones.

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Four Seasons – “Genuine imitation life”

Érase una vez hace aproximadamente cuarenta años, que BOB GAUDIO, quien seguramente no os suene demasiado, pero del que seguro habreis oído infinidad de canciones de las que ha escrito la música (como por ejemplo, “The sun ain’t gonna shine anymore”, de los Walker Brothers), pasaba por su mejor momento creativo. En esa época aún era componente, compositor y cabeza pensante de los Four Seasons, para los que co-escribió y produjo un ambicioso álbum conceptual, de los que por entonces estaban tan a la moda, llamado “Genuine Imitation Life Gazette”, en el que hablaba de las “buenas” constumbres de la moderna sociedad americana. El disco fue un fracaso absoluto.

Por eso Gaudio se quedó tan asombrado la mañana del martes en que recibió una inesperada llamada telefónica de FRANK SINATRA, en la que le decía que el disco le había gustado mucho, y se preguntaba si estaría disponible para, junto a su compañero Jake Holmes, escribir también para él un puñado de canciones similares, que también formasen una suite del mismo estilo…

“¿Puedo pasar por tu casa el sábado y discutimos los detalles?”, preguntó Frank poco antes de colgar y cerrar la cita. Bob Gaudio estaba loco de contento, el mismísimo Frank Sinatra iba a venir a su casa.

… hasta que toda su euforia se vino abajo de golpe cuando se acordó de la costumbre que Sinatra tenía de discutir los negocios relajadamente junto a la piscina. Y él no había sido tan previsor como yo, y no tenía una.

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Four Seasons – “American crucifixion resurrection”

Así que se puso a llamar frenéticamente a todos los constructores de la ciudad para ver si alguno de ellos le podía instalar una en tres días y medio. Ni siquiera contarles que era para esta ocasión especial hacía que dejasen de reirse en sus narices. Hasta que encontró a un constructor italiano que también idolatraba a Frank Sinatra, y solo una hora más tarde ya estaba allí con su cuadrilla.

Setenta y dos horas más tarde el agujero en el jardín de Gaudio estaba lleno de exhaustos curritos italoamericanos afanándose en secar el cemento con secadores de pelo, para poder empezar a pegar los gresites.

El sábado amaneció luminoso y la nueva piscina estaba ya preparada. Bob Gaudio estaba firmando un sustancioso cheque para el sudoroso contratista cuando sonó el teléfono. Era Frankie…

“Hola, Bob. Me ha salido algo urgente y no voy a poder ir hoy. ¿Te importaría venir tú a verme a los estudios de Reprise Records la semana que viene…? Venga. Hasta entonces, pues.”

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Frank Sinatra – “Waterfront”

El disco que al final Bob Gaudio produjo para Frank Sinatra se llamó “Watertown” (“Ciudad de agua”).

“Watertown” fue el más ambicioso de todos los disco de Frankie, y también el más dificultoso. Sus letras hablan de un hombre cuya esposa se va a vivir a otra ciudad, abandonándole aquí a él y a sus dos hijos gemelos. Está basado en las relaciones del propio Frank Sinatra con Mia Farrow, y está contada a base de cartas y soliloquios, creando una atmósfera de soledad asfixiante. Una soledad sin esperanza ni romanticismo; es el sonido de un hombre roto. Y fue el disco, también, más rockero (si se puede emplear esta palabra con Sinatra) de todos los que editó.

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Frank Sinatra – “Goodbye (she quietly says)”